Las víctimas invisibles de la pandemia: qué ha pasado con quienes sufrieron los efectos adversos de las vacunas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Mut Bosque, Profesora agregada Derecho Internacional y de la Unión Europea, Universitat Internacional de Catalunya

Aunque a la mayoría la pandemia nos parece cosa del pasado, hay quienes no pueden olvidarla. Me refiero a las víctimas más invisibles de la pandemia: las personas que desarrollaron efectos adversos graves tras la vacunación frente a la covid-19. Más de un lustro después del inicio de aquella emergencia sanitaria, continúan siendo uno de los colectivos menos reconocidos.

Una afirmación de investigadores de Harvard resume acertadamente el espíritu de este debate: “Evitar hablar de los efectos adversos de las vacunas no es provacuna: es anticiencia”. Reconocer la existencia de personas que sufrieron lesiones graves no implica cuestionar la vacunación ni la ciencia. Al contrario, supone reafirmar uno de los principios esenciales del método científico: el conocimiento progresa revisando continuamente la evidencia disponible.

Una de las grandes lecciones de la pandemia es precisamente esa. La evolución del conocimiento científico no constituye un fracaso, sino una manifestación de su propia fortaleza. La cuestión no radica en que las recomendaciones sanitarias cambiaran conforme avanzaba la evidencia, sino en si las instituciones comunicaron con suficiente claridad el carácter necesariamente provisional de ese conocimiento.

Vacunas en tiempo récord

En contextos de incertidumbre, la transparencia exige informar no solo sobre aquello que se conoce, sino también sobre aquello que todavía se desconoce.

Las vacunas contra el covid-19 se desarrollaron, autorizaron y fabricaron en un tiempo sin precedentes, gracias a un extraordinario esfuerzo científico e industrial que permitió disponer de herramientas preventivas en un momento de grave emergencia sanitaria. Sin embargo, esa rapidez implicaba limitaciones inevitables: no era posible conocer entonces ciertos efectos adversos que solo podían manifestarse tras millones de dosis y un seguimiento prolongado. Por ello, la prudencia, la transparencia y la farmacovigilancia adquirieron vital importancia.

La producción de miles de millones de dosis en pocos meses supuso también un desafío industrial extraordinario. Durante la campaña se detectaron incidentes de importancia, como partículas metálicas en determinados lotes distribuidos en Japón o un mosquito en un vial en España, que motivaron investigaciones y retiradas preventivas de cientos de miles de dosis. Estos episodios no cuestionan por sí solos la utilidad de las vacunas, pero evidencian que ningún proceso industrial está exento de riesgos y que la vigilancia de la calidad debe mantenerse durante todo el ciclo de vida del medicamento.

La historia de la medicina confirma la necesidad de actuar con prudencia. Existen precedentes de vacunas inicialmente autorizadas que fueron retiradas al detectarse efectos adversos graves durante su uso masivo. Asimismo, más de cuarenta años después del descubrimiento del VIH, aún no se ha logrado una vacuna segura y eficaz. Estos ejemplos no buscan comparar enfermedades distintas, sino recordar que la incertidumbre es inherente a la investigación biomédica y debe reflejarse también en la información que reciben los ciudadanos.

Millones de personas se vacunaron frente a la covid-19 confiando en las autoridades sanitarias, pero lo hicieron en un contexto marcado por confinamientos, restricciones, certificados COVID y fuerte presión social. Durante todo el proceso, las instituciones y diversos actores sociales afirmaron de forma reiterada que las vacunas eran seguras y eficaces, generando una expectativa legítima de confianza institucional en ciudadanos que presumían la buena fe de las instituciones y de sus portavoces.

Precisamente por ello, habría sido deseable una mayor prudencia comunicativa, evitando afirmaciones institucionales excesivamente categóricas sobre una tecnología nueva, compleja y parcialmente protegida por confidencialidad, patentes y secreto comercial.

Además, era difícil para el ciudadano medio prever sus posibles efectos individuales. Desde una perspectiva bioética y jurídica, cabe cuestionar si, en todos los casos, el consentimiento pudo ser plenamente libre e informado, conforme al artículo 3 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Especialmente cuando algunos riesgos solo fueron identificándose progresivamente mediante la farmacovigilancia con posterioridad a la vacunación.

De hecho, fue una vez iniciadas las campañas masivas cuando comenzaron a reconocerse oficialmente determinados efectos adversos graves, como algunos casos de miocarditis, el síndrome de trombosis con trombocitopenia (VITT) o el síndrome de Guillain-Barré asociado a determinadas vacunas.

Todo esto no descalifica a la ciencia: pone de manifiesto que esos riesgos no podían formar parte del consentimiento inicial porque aún no habían sido identificados.

De evitar el contagio a reducir la hospitalización

En las primeras fases de la campaña se destacó la capacidad de las vacunas para evitar el contagio y reducir la transmisión del virus. Posteriormente, conforme aparecieron nuevas variantes y avanzó el conocimiento científico, el discurso pasó a centrarse en la reducción de la enfermedad grave, la hospitalización y la mortalidad. Esa evolución hacía necesaria una adaptación constante de las recomendaciones públicas.

Mientras tanto, quienes desarrollaron lesiones graves iniciaron un proceso extraordinariamente complejo para obtener reconocimiento. A la enfermedad se sumaron las dificultades para acreditar el nexo causal, la ausencia de protocolos homogéneos, la disparidad de criterios clínicos y un fenómeno ampliamente reconocido de infranotificación de efectos adversos, que dificulta conocer la verdadera dimensión del problema.

Ningún medicamento está exento de efectos adversos

A ello se suma un importante componente social. Durante años se ha consolidado la percepción de que las vacunas carecen de riesgos graves. Sin embargo, ningún medicamento está completamente exento de efectos adversos serios y las vacunas no son una excepción; precisamente por ello existen los sistemas de farmacovigilancia.

Tampoco resulta adecuado minimizar esta realidad afirmando únicamente que quienes sufren lesiones graves son “casos muy raros”. Incluso si su frecuencia fuera reducida, ello no disminuye la gravedad del daño sufrido ni las obligaciones de los poderes públicos hacia quienes lo padecen. Además, esa valoración debe realizarse con cautela cuando todavía no existe un censo europeo de personas afectadas ni un sistema armonizado de registro.

Un fondo común de compensación

Pese a las reiteradas solicitudes de asociaciones de afectados y a diversas iniciativas parlamentarias para crear un registro europeo y un fondo común de compensación, tales mecanismos continúan sin desarrollarse.
Las víctimas de los efectos adversos de las vacunas no deberían sentirse obligadas a elegir entre defender la ciencia o defender su propia experiencia. Ambas cosas son compatibles. Escuchar a estas personas, investigar sus patologías, reforzar la farmacovigilancia, garantizar la transparencia y reconocer institucionalmente su situación no debilita la salud pública; la fortalece.

La transparencia es otra de las grandes lecciones pendientes de la pandemia. Diversas resoluciones del Tribunal General de la Unión Europea apreciaron deficiencias en el acceso a la documentación sobre la contratación de vacunas, y la Defensora del Pueblo Europeo declaró mala administración en la gestión de determinados mensajes entre la Presidenta de la Comisión Europea y el director ejecutivo de Pfizer. Estos hechos trascienden el mero acceso documental, pues inciden en la calidad de la información disponible para los ciudadanos y en la confianza que debe presidir toda actuación pública.

La pandemia también obliga a reflexionar sobre el papel de las agencias reguladoras. Su misión no consiste únicamente en reaccionar cuando la evidencia científica resulta concluyente, sino en anticipar razonablemente los riesgos emergentes mediante una farmacovigilancia independiente, rigurosa y transparente. Cuando aparecen señales plausibles de seguridad, el principio de prudencia exige una evaluación temprana y preventiva, especialmente cuando se trata de medicamentos novedosos administrados a cientos de millones de personas.

Otra gran enseñanza de la pandemia es que en situaciones de emergencia, cuando la urgencia puede llevar a flexibilizar garantías, los derechos fundamentales deben observarse con el máximo rigor, incluido el derecho al consentimiento libre e informado, protegido en el ámbito europeo como derecho primario y de obligado cumplimiento. Estos derechos no son un obstáculo para una respuesta eficaz, sino la principal garantía del Estado de Derecho y de que nuestras democracias no deriven hacia formas de actuación incompatibles con sus valores.

En definitiva, reconocer, proteger y acompañar a las víctimas constituye una exigencia de los derechos fundamentales y de la dignidad humana. Una sociedad democrática debe ser capaz de proteger la salud pública sin abandonar a quienes, actuando con responsabilidad y confianza institucional, sufrieron consecuencias graves. Solo una información transparente, un consentimiento verdaderamente libre e informado, instituciones capaces de anticipar los riesgos y el reconocimiento efectivo de estas personas permitirán fortalecer la confianza ciudadana y afrontar futuras emergencias sanitarias con mayor legitimidad democrática y con pleno respeto a la dignidad humana.

Porque la mejor ciencia no es la que se cree infalible, sino la que reconoce con honestidad sus incertidumbres, aprende de ellas y sitúa siempre a la persona en el centro de sus decisiones.

The Conversation

Maria Mut Bosque no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las víctimas invisibles de la pandemia: qué ha pasado con quienes sufrieron los efectos adversos de las vacunas – https://theconversation.com/las-victimas-invisibles-de-la-pandemia-que-ha-pasado-con-quienes-sufrieron-los-efectos-adversos-de-las-vacunas-284109

La paradoja de la generación Z: mejor formada pero con más incertidumbre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

stockpexel/Shutterstock

Los nacidos entre 1997 y 2012 (la generación Z o gen Z) son la generación más cualificada de la historia reciente, según los últimos indicadores de la OCDE. El 50,2 % de los jóvenes de entre 25 y 34 años cuenta con titulación de educación superior o universitaria –56,7 % en el caso de las mujeres– y prácticamente duplican el 26,5 % de estudios universitarios de la generación de sus padres.

A esto se suma que más del 18 % posee másteres o posgrados de especialización antes de los 30 años, la tasa de finalización de la educación secundaria superior supera el 88 % en la UE y más del 65 % domina al menos un segundo idioma, todo ello respaldado por una alfabetización digital nativa y una capacitación continua inédita en la historia del mercado laboral.

Los z, que han acumulado títulos, posgrados, idiomas y certificaciones, crecieron bajo la premisa de que estudiar, conseguir un puesto en una empresa importante y escalar la pirámide corporativa les llevaría a alcanzar el éxito y la seguridad financiera.

Sin embargo, hoy en día, especialmente en América Latina, es una generación con un futuro incierto, que ha descubierto que la vieja fórmula de éxito traía letra pequeña: precariedad laboral, agotamiento crónico y sensación de vacío.

Preparado pero sin certezas

Los datos respaldan que el modelo tradicional de éxito ha colapsado, con la tasa de emancipación en mínimos históricos (14,5 %), un gasto en vivienda que devora casi el 98 % del salario mediano joven y cerca de un 19 % de trabajadores sumidos en el riesgo de pobreza.

Dados sus altos niveles de formación, la generación Z afronta tasas de sobrecualificación de hasta el 35 %. En América Latina, además, los jóvenes afrontan un mercado laboral inestable, en el que la informalidad roza el 50 % y deja a más de 130 millones de trabajadores sin seguridad social ni garantías de futuro.

México en particular presenta elevados niveles de estrés laboral. Un 27 % de los trabajadores padece estrés crónico y el 50 % afirma que la tensión laboral impacta directamente en su vida personal. En comparación con otros países, alrededor del 75 % de los trabajadores mexicanos experimentan estrés laboral agudo, porcentaje superior al registrado en economías como la china (73 %) y la estadounidense (59 %).

Esta situación se agrava por las extensas jornadas laborales. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que México continúa siendo uno de los países donde más horas se trabaja entre los miembros de la OCDE, lo que contribuye al agotamiento, la fatiga y la disminución del bienestar laboral.

Es una inercia de desgaste crónico que termina por desplazar cualquier propósito vital, reduciendo la existencia a una rutina de mera supervivencia y rendimiento operativo donde quedan desplazados el desarrollo personal, la autorrealización y los vínculos afectivos.

El mito del trabajador incansable

Ante el miedo que provoca un futuro incierto, se ha romantizado el sacrificio extremo: se admira al que se queda hasta tarde, al que responde correos en domingo y al que presume de no haber tomado vacaciones en años, creyendo que esa hiperproductividad va a garantizar su lugar en el mundo.

Esta narrativa no beneficia a una generación sobrecualificada sino a un sistema que ve al trabajador como una pieza reemplazable de una gran maquinaria. Se debe cuestionar la idea de que el valor de la persona depende de su cuota de productividad horaria: el cerebro no es una máquina, y un trabajador descansado siempre tomará mejores decisiones que uno que opera bajo la neblina constante del cortisol (la hormona del estrés).

Serenidad frente a zozobra

Redefinir el éxito en tiempos de inestabilidad no significa dejar de ser ambicioso o volverse “vago”. Curiosamente, algunas de las mentes más influyentes utilizan el descanso como una herramienta estratégica para navegar la imprevisibilidad del futuro:

El empresario mexicano Carlos Slim (México) promueve lo que él llama el “ocio productivo”. Para él, el éxito no es estar ocupado 24/7, sino tener tiempo en blanco para leer, analizar el entorno y reflexionar sin prisa. Slim entiende que la pausa es necesaria para detectar las oportunidades que otros pasan por alto debido al estrés.

El estadounidense Bill Gates es famoso por sus think weeks (semanas de pensar): se retira a una cabaña, solo y sin distracciones, para leer y pensar. No son vacaciones de esparcimiento, sino un mantenimiento preventivo para mantener su mente ágil ante un mundo cambiante.

El empresario mexicano Carlos Bremer siempre enfatizó que su verdadera energía provenía de sus pasiones fuera de la oficina, como el deporte y la familia.

Una revision del concepto de plenitud

¿Qué pasaría si se empezara a medir el éxito por la resiliencia, la calidad del descanso, la profundidad de los vínculos y el sentido de propósito? Redefinir el éxito frente a la incertidumbre implica:




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Entre el placer momentáneo y el propósito duradero: la motivación que nutre la felicidad (y mejora la salud)


Desoír las expectativas ajenas

La verdadera realización profesional llega cuando se empieza a construir la carrera personal alineándola con los valores reales.

América Latina se está haciendo a esa nueva realidad. La búsqueda de modelos como la semana laboral de cuatro días o el derecho legal a la desconexión digital son actos de resistencia para recuperar nuestra humanidad ante un futuro que no promete garantías.

Es momento de usar toda la preparación acumula para realizar el proyecto más importante: redefinir el éxito propio. Porque mucho más que solo sobrevivir a la incertidumbre, se merece vivir plenamente.

The Conversation

Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La paradoja de la generación Z: mejor formada pero con más incertidumbre – https://theconversation.com/la-paradoja-de-la-generacion-z-mejor-formada-pero-con-mas-incertidumbre-281303

La stratégie de Meta face à la justice américaine : éviter une défaite légale et reprendre le contrôle

Source: The Conversation – in French – By Barthélémy Michalon, Professeur au Tec de Monterrey (Mexique) – Docteur en Sciences Politiques, mention Relations Internationales, Sciences Po


L’ESSENTIEL

  • Un accord à l’amiable a été trouvé dans le cadre du procès intenté à Meta par des dizaines de procureurs d’États des États-Unis pour avoir volontairement rendu ses plateformes addictives pour les jeunes.

  • Meta s’est engagée à verser 18 milliards de dollars aux plaignants et à appliquer un ensemble de mesures visant à encadrer l’utilisation de ses plateformes par les mineurs.

  • Ce document permet à Meta de définir ses propres limites, de se présenter comme soucieuse du bien-être de ses jeunes utilisateurs et de conserver une certaine latitude dans la mise en œuvre de ses engagements.


Mi-août, les représentants de Meta se sont une nouvelle fois retrouvés devant la justice états-unienne pour répondre d’accusations provenant de procureurs de plusieurs États concernant les effets de ses plateformes de réseaux sociaux
– Facebook et Instagram – sur la santé mentale de leurs plus jeunes utilisateurs.

Le procès a pris fin de façon prématurée, à la suite de la présentation par l’entreprise d’une proposition d’accord à l’amiable, proposition acceptée par les plaignants.

Des plateformes conçues pour être addictives

Ce processus légal reposait sur un nouvel angle d’attaque contre les pratiques de l’entreprise de Palo Alto, déjà utilisé en début d’année par des plaignants individuels. En l’occurrence, ce ne sont pas ses décisions en matière de modération des contenus présents sur ses espaces numériques qui sont attaquées – une démarche qui a peu de chances d’aboutir dans un pays qui a historiquement défendu une interprétation très large de la liberté d’expression. Il s’agit plutôt de remettre en question ses choix concernant le fonctionnement de ses plateformes, fondé sur une série de techniques visant à rendre leur usage addictif.

Parmi ces mécanismes sont fréquemment mentionnés l’algorithme de recommandation lui-même (qui sélectionne les contenus les plus susceptibles d’attirer l’attention de chaque utilisateur), le démarrage automatique des vidéos dès leur apparition à l’écran (autoplay), le décompte visible des réactions suscitées par chaque publication ou encore l’envoi régulier de notifications, qui sont autant de rappels à interagir une fois encore avec les contenus affichés sur ces espaces virtuels.

Ce procès, de même que les autres relevant de la même logique, a été fréquemment comparé à ceux qui ont été intentés dans les années 1990 contre les grandes compagnies de cigarettes. Comme ces dernières, Meta se retrouve accusée de proposer un produit délibérément conçu pour être addictif et d’avoir minimisé voire nié les risques liés à sa consommation alors même que, grâce à des recherches menées en interne, l’entreprise était consciente de ses effets nocifs sur la santé, en l’occurrence mentale, de ses utilisateurs.

Outre Meta, d’autres compagnies de réseaux sociaux comme TikTok, Snapchat et YouTube font également l’objet de nombreuses plaintes pour les mêmes raisons. Si la pression semble pour l’instant se concentrer sur la firme dirigée par Mark Zuckerberg, c’est du fait non seulement de sa taille mais aussi de l’existence d’éléments à charge particulièrement dommageables pour la défense, comme le témoignage d’anciens employés ou la masse de documents internes, connus sous le nom de « Facebook Papers », publiés en 2021 par la lanceuse d’alerte Frances Haugen.

Bande-annonce de The Social Reckoning, consacré aux révélations de Frances Haugen.

Un accord à l’amiable qui sonne la fin anticipée d’un procès très attendu

Lors de la première semaine du procès, Meta avait adopté une posture combative, mettant en avant la complexité du sujet de la santé mentale des jeunes générations et les mesures qu’elle avait déjà adoptées pour les protéger.

Malgré cette entrée en matière, l’entreprise a annoncé, le 26 août, être parvenue à un accord à l’amiable (settlement) avec les procureurs. Cet accord, qui est en fait le fruit de négociations entamées depuis de longs mois, a mis fin au procès en cours avec effet immédiat.

Outre un dédommagement à hauteur de 18 milliards de dollars (15,4 milliards d’euros) qui sera réparti entre les nombreux États impliqués dans la plainte, le document contient une série de concessions qui reviennent sur les aspects des plateformes les plus souvent considérés comme étant directement liés à leurs propriétés addictives.

« Meta paie des milliards et bride les ados pour clore un procès historique », France 24, 27 août 2026.

À première vue, il serait tentant d’y voir une victoire éclatante du camp de l’accusation, et une « capitulation » de la part de l’entreprise dont les services sont utilisés par 3,6 milliards de personnes chaque jour. Mais si cette nouvelle est en effet encourageante dans l’optique de limiter les atteintes à la santé mentale des plus jeunes utilisateurs des plateformes de Meta, il n’en est que plus nécessaire d’examiner la façon dont l’accord proposé par l’entreprise lui permet de défendre rationnellement ses intérêts bien compris.

Dans ce but, j’ai appliqué un modèle d’analyse sur la teneur et le contexte des engagements pris par Meta. Ce modèle, développé dans le cadre de mes recherches sur les rapports de pouvoir autour des contenus en ligne, établit que les acteurs impliqués dans un mécanisme de gouvernance cherchent à peser sur ce dernier par trois moyens : le façonnement (en anglais shaping) consiste à agir sur le contenu des règles applicables ; le cadrage (framing) porte sur la façon dont elles sont présentées et éventuellement perçues ; tandis que la manœuvre (maneuvering) concerne leur mise en application.

L’utilisation de cette grille de lecture pour étudier l’accord en question se révèle d’une grande utilité pour comprendre les intentions de Meta vis-à-vis de cet accord et mettre en évidence les nombreux avantages, à différents niveaux, que ce dénouement apporte à l’entreprise.

Un accord accepté par les procureurs, mais avant tout façonné par Meta

Parvenir à un accord à l’amiable était pour Meta la seule alternative à une issue décidée par la justice au terme des longues semaines qu’aurait duré le procès. Or, celui-ci s’était engagé sur des bases défavorables pour l’entreprise, dont les arguments étaient battus en brèche. Par exemple, les procureurs ont pu présenter des documents internes révélant que Meta avait délibérément privilégié ses objectifs de performance économique au détriment de la santé mentale de ses jeunes utilisateurs, et mis en place des mesures de protection qu’elle savait inefficaces. Pour la firme de Mark Zuckerberg, la perspective d’une condamnation prenait ainsi de la consistance, ce qui aurait signifié non seulement une lourde amende mais aussi l’imposition par la justice d’une série de changements sur ses plateformes.

En proposant un règlement à l’amiable, Meta a repris le contrôle sur les obligations auxquelles elle devra se soumettre. Certes, ce contrôle n’est pas total, puisque ce document a dû recevoir l’aval tant des procureurs que de la juge chargée du procès, mais ce mode de résolution du contentieux a permis à l’entreprise de tracer elle-même les lignes qui encadreront désormais son activité. En d’autres termes, elle est parvenue à mettre en place un mécanisme relevant de l’autorégulation, ou tout au plus de la co-régulation, afin d’échapper à une régulation en bonne et due forme intégralement imposée de l’extérieur. Cette stratégie a déjà été largement éprouvée dans un passé récent par les entreprises du secteur, à commencer par Meta elle-même.

Parmi les contraintes qu’elle s’est fixées figurent en premier lieu les sommes à verser aux États fédérés associés à la plainte : le montant de 18 milliards de dollars est certes élevé dans l’absolu, mais il faut rappeler qu’au début du procès les procureurs demandaient 200 milliards et que l’entreprise a réalisé un bénéfice net de 16 milliards lors du second trimestre 2026. En outre, les paiements seront étalés sur une période de 10 ans, et 30 % de cette somme ne sera versée que si les principaux concurrents de Meta se plient aux mêmes contraintes – une condition sur laquelle je reviendrai plus loin.

Suivant la même logique, Meta garde la main sur la teneur des mesures qu’elle s’engage à mettre en œuvre sur ses plateformes pour les mineurs se trouvant dans les États signataires de l’accord. Par exemple, elle a limité à deux heures par jour l’utilisation de Facebook et Instagram, une durée à répartir entre les deux plateformes. Elle a aussi introduit un mode « nocturne », qui bloquera leur consultation entre minuit et 6 heures, une pause quotidienne forcée bienvenue mais dont la durée ne va guère au-delà du strict minimum. Les « notifications » seront suspendues entre 22 heures et 7 heures ainsi que pendant le temps scolaire, mais celles qui avertissent que des messages directs ont été reçus sur l’une ou l’autre de ces deux plateformes ne sont pas concernées par cette mesure.

Par ailleurs, Meta n’a pas éliminé l’autoplay des vidéos ni le décompte visible des réactions obtenues par chaque publication, mais a plus modestement laissé à ses utilisateurs la possibilité d’activer ou non ces options.

Cet échantillon d’exemples permet de dégager une logique commune : les engagements de Meta vont dans la bonne direction, mais ils semblent avoir été conçus de sorte que la compagnie reste capable d’en minimiser les effets. La portée géographique de l’accord est elle aussi circonscrite : si celui-ci crée des effets dans la quasi-totalité des États-Unis (à l’exception de la Floride et du Nouveau-Mexique, qui ont refusé de le signer, et du Texas qui a négocié un texte séparé), il établit textuellement qu’il ne crée de précédent « dans aucune juridiction internationale ».

Un accord au service du narratif que Meta souhaite diffuser

La formule de l’accord à l’amiable n’a pas seulement permis à l’entreprise d’en contrôler le contenu, mais aussi de l’utiliser à ses propres fins de communication.

D’abord, Meta a tenu à souligner que le document ne constitue pas une reconnaissance de responsabilité et continue à rejeter les accusations concernant l’impact négatif de ses plateformes sur le bien-être de ses jeunes utilisateurs.

Ensuite, comme exposé plus haut, elle a conditionné le versement de près du tiers de la somme à la mise en œuvre par YouTube et TikTok des « mêmes » mesures, ce qui lui permet de souligner que ses principaux concurrents recourent eux aussi à des pratiques accusées de rendre addictifs leurs services en ligne.

Immédiatement après l’annonce de l’accord, Meta a non seulement publié une lettre ouverte appelant ses deux concurrents à lui emboîter le pas, mais a aussi lancé une vaste campagne de communication, sur ses propres plateformes et sous forme d’encarts publicitaires dans les plus grands journaux états-uniens, pour relayer le même message.

Celui-ci éclaire sans ambiguïté l’image que Meta cherche à construire d’elle-même : selon sa lettre ouverte, elle vient d’« ouvrir la voie vers des engagements à l’échelle de l’industrie » des réseaux sociaux et d’établir « de nouveaux standards ». Il s’agit donc à présent pour YouTube et TikTok de la « rejoindre dans la protection des adolescents ».

En d’autres termes, Meta n’hésite pas à présenter un accord auquel elle a dû se résoudre pour éviter une défaite judiciaire, qui s’annonçait coûteuse en termes tant économiques que d’image, comme une initiative vertueuse et pionnière, guidée par le souci de veiller au bien-être des plus jeunes de ses utilisateurs.

Cette stratégie de communication est à relier aux inquiétudes croissantes quant aux effets des réseaux sociaux en général sur la santé mentale des adolescents, qui ont conduit plusieurs pays de la planète à interdire leur usage à ceux qui n’ont pas encore atteint l’âge limite fixé par la loi, et d’autres à réglementer strictement les caractéristiques des plateformes mises à disposition des adolescents. C’est sur cette dernière voie que semblent s’engager l’Union européenne et la France, cette dernière après la censure par le Conseil constitutionnel d’un texte plus ambitieux.

Dans ce contexte défavorable aux réseaux sociaux en général, Meta semble donc tirer profit de cet accord pour se présenter comme une entreprise en phase avec ces préoccupations généralisées.

L’application de l’accord, une étape cruciale… qui sera étroitement contrôlée par Meta

L’entreprise a ainsi déjà su peser lourdement sur le contenu de l’accord (façonnement), et l’utiliser à des fins d’image (cadrage). La mise en œuvre de ses propres engagements est hautement susceptible de représenter une troisième opportunité pour défendre ses intérêts, d’une façon (manœuvre) qui sera sans doute moins facile à déceler que dans les deux premières dimensions examinées.

S’il est trop tôt à ce stade pour établir l’existence de telles pratiques, il demeure possible d’identifier les zones grises que Meta pourrait exploiter. À commencer par l’identification de la population ciblée par cette mesure, en l’occurrence les moins de 18 ans : en Australie, où l’accès aux réseaux sociaux aux moins de 16 ans est interdit depuis décembre 2025, les autorités ont constaté que, dans les faits, les entreprises ont laissé à leurs utilisateurs de nombreux moyens d’enregistrer un âge erroné, et donc de continuer à se connecter à leurs plateformes en dépit du nouveau cadre réglementaire.




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Un autre cas de figure où les conditions de mise en œuvre pourraient être décisives est la possibilité offerte aux jeunes utilisateurs de choisir entre une présentation des contenus proposés sur leur compte soit en fonction d’une sélection algorithmique comme c’est à présent la norme, soit en ordre chronologique. Or, la façon dont Meta présentera ces deux options sera susceptible d’influer sur la décision du plus grand nombre. Cette année, le régulateur irlandais – pays dans lequel Meta a établi son siège européen – a justement ouvert une enquête sur l’utilisation par la plateforme de « dark patterns », conçus pour manipuler les choix des internautes.

Un autre exemple pourrait résider dans l’inactivation, sur Facebook et Instagram, des filtres photographiques imitant un « maquillage extrême », accusés de porter atteinte à l’estime de soi de nombreux jeunes utilisateurs et utilisatrices. Sur quelles bases Meta considèrera-t-elle un maquillage comme « extrême » ? En fonction de la réponse à cette question, l’impact de cette mesure pourrait être réel, ou bien purement cosmétique.

De façon générale, les grandes entreprises de réseaux sociaux ont jusqu’à présent fait la preuve de leur capacité à exploiter leur maîtrise technologique pour réduire l’impact ou la portée des obligations ou des attentes qui reposent sur elles lors de la mise en application de nouvelles règles. Si cette tendance se confirme, les effets concrets de cet accord salué comme historique s’en trouveraient réduits d’autant.

En conclusion, si l’accord annoncé par Meta paraît constituer les prémices d’une gouvernance de la protection de la santé mentale des mineurs états-uniens sur les plateformes de réseaux sociaux, une analyse plus approfondie permet de constater que Meta mène une stratégie visant à peser de tout son poids sur les règles et standards appelés à structurer cette gouvernance.

The Conversation

Barthélémy Michalon ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. La stratégie de Meta face à la justice américaine : éviter une défaite légale et reprendre le contrôle – https://theconversation.com/la-strategie-de-meta-face-a-la-justice-americaine-eviter-une-defaite-legale-et-reprendre-le-controle-290868

Pour les écoles, la mère reste le parent à contacter en priorité : une charge mentale qui renforce les inégalités ?

Source: The Conversation – in French – By Laura K. Gee, Associate Professor of Economics, Tufts University


L’ESSENTIEL

  • Les tâches liées à la scolarité des enfants pèsent toujours plus sur les mères que sur les pères.

  • Dans leur manière d’échanger avec les familles, les établissements scolaires contribuent-ils à ce déséquilibre ?

  • Contacter les mères en priorité peut entraîner des inégalités même dans des couples qui se répartissent les tâches.


La rentrée scolaire s’accompagne d’une liste bien connue de responsabilités pour les parents : acheter les fournitures scolaires, remplir les formulaires, organiser les trajets et répondre à un flux constant d’e-mails envoyés par les enseignants et les responsables de l’établissement.

Bien que de nombreuses familles s’efforcent de partager ces responsabilités, les études montrent systématiquement que les mères ont tendance à assumer une plus grande part des tâches liées à la scolarité de leurs enfants. Cela inclut non seulement la participation aux événements scolaires ou la préparation des déjeuners, mais aussi les tâches moins visibles telles que la prise de rendez-vous chez le médecin, l’inscription aux activités extrascolaires et la réponse aux e-mails ou aux appels de l’école.

Nous sommes des économistes qui étudions les questions de genre et la famille. Nous souhaitions comprendre si les établissements scolaires eux-mêmes pouvaient contribuer involontairement à ce déséquilibre en ayant tendance à contacter davantage les mères que les pères. Nos récentes recherches suggèrent que c’est le cas.

Parentalité : répartition des responsabilités et conséquences professionnelles

Les économistes comme d’autres spécialistes en sciences sociales ont établi de longue date que les mères consacrent plus de temps que les pères à la garde des enfants, même lorsque les deux parents travaillent à temps plein. Et bien que les hommes aient assumé davantage de responsabilités en matière de soins au cours des dernières décennies, les femmes consacrent toujours plus de temps à s’occuper de leurs enfants et de leur foyer.

Cet écart est important, car la manière dont la garde des enfants est répartie a des répercussions bien au-delà des horaires de travail des parents. Elle peut contribuer à un stress chronique et à l’épuisement professionnel et influencer la façon dont les couples perçoivent l’équité au sein de leur relation.

Elle peut également influencer la carrière des parents en ayant un impact sur leurs horaires de travail, leurs perspectives d’évolution professionnelle et leur niveau de rémunération.

Une enquête de terrain aux États-Unis

Au cours de l’été 2022, nous avons mené une enquête de terrain auprès de plus de 80 000 chefs d’établissement du primaire et du secondaire à travers les États-Unis. Les écoles ont reçu un e-mail provenant d’un foyer fictif composé d’un père et d’une mère, tous deux désireux d’inscrire leur enfant. L’e-mail mentionnait les coordonnées des deux parents, avec un numéro de téléphone chacun, et demandait au chef d’établissement d’appeler l’un d’entre eux.

Comme nous avons varié de manière aléatoire les noms et la formulation des e-mails, nous avons pu déterminer si le sexe d’un parent influençait le choix de la personne à qui l’appel était adressé.

Et c’était bien le cas.

Lorsqu’aucun des deux parents ne semblait plus disponible que l’autre, les mères avaient environ 1,4 fois plus de chances que les pères de recevoir le premier appel téléphonique. Parmi les directeurs d’école qui ont rappelé quelqu’un, environ 60 % ont contacté la mère en premier et 40 % ont contacté le père.

Nous avons également cherché à savoir si le fait de fournir davantage d’informations modifiait ces tendances. Lorsque l’e-mail indiquait explicitement que le père était plus disponible pour discuter, les directeurs étaient nettement plus enclins à l’appeler. Mais même lorsque les pères étaient présentés comme le parent le plus disponible, de nombreuses écoles continuaient d’appeler les mères en premier lieu.

Un autre indice subtil a également joué un rôle. Lorsque le père envoyait l’e-mail en mettant la mère en copie, les établissements scolaires étaient plus enclins à le contacter. Pourtant, même dans ce cas, les mères continuaient de recevoir une part importante des appels.

Ces résultats suggèrent que de nombreux établissements scolaires considèrent encore les mères comme le parent par défaut à contacter au sujet de leurs enfants, même lorsqu’ils disposent d’informations indiquant que les pères sont tout aussi disponibles – voire davantage – que les mères.

Il est important de noter que cela ne signifie pas nécessairement que les membres du personnel scolaire contactent intentionnellement les mères. Les responsables scolaires disposent souvent d’informations limitées et prennent des décisions rapides en se basant sur leur expérience. S’ils ont constaté par le passé que les mères se montraient plus réactives, les appeler en premier peut leur sembler le choix le plus efficace.

Mais lorsque des décisions similaires se répètent des milliers de fois dans les écoles et d’autres organisations, elles peuvent renforcer la répartition inégale des responsabilités parentales qui existe déjà au sein de nombreuses familles.

Une tendance plus générale

L’école n’est qu’une source parmi d’autres des sollicitations concernant les enfants.

Des études antérieures ont montré que les mères sont plus susceptibles que les pères de prendre des rendez-vous chez le médecin, de coordonner les activités extrascolaires et de gérer bon nombre des tâches en coulisses qui permettent à la vie familiale de se dérouler sans heurts. Ces responsabilités sont souvent décrites comme la « charge mentale » liée à la parentalité, car elles impliquent de planifier, de suivre et de tout coordonner.

Nos recherches suggèrent que les écoles et d’autres organisations pourraient, sans le vouloir, accentuer cette charge mentale en adressant davantage de demandes aux mères.

Dans les enquêtes que nous avons menées parallèlement à notre expérience, les éducateurs et autres adultes qui interagissent régulièrement avec les familles
– notamment les professionnels de la petite enfance, les entraîneurs et les professionnels de santé – ont également indiqué contacter plus souvent les mères que les pères.

Un simple appel téléphonique peut sembler anodin. Mais au fil d’une année scolaire – entre les appels des cabinets médicaux, des clubs de sports, des colonies de vacances et autres activités –, ces interruptions peuvent s’accumuler. Elles constituent une contrainte supplémentaire sur le temps des parents, et cette charge pèse de manière disproportionnée sur les mères.

Cette perspective permet également d’expliquer pourquoi les inégalités entre les sexes en matière de prise en charge des enfants peuvent persister, même au sein de couples qui s’efforcent de partager les responsabilités de manière plus équitable. La répartition inégale des tâches parentales est déterminée non seulement par les décisions prises au sein du foyer, mais aussi par les attentes et les habitudes extérieures au foyer.

De nombreux établissements scolaires permettent aux familles d’indiquer qui doit être contacté en premier ou de désigner différentes personnes à contacter selon les situations. Ces procédures étant mises en place dès la rentrée scolaire, le fait d’exprimer clairement ces préférences peut contribuer à ce que la communication de l’établissement reflète mieux la manière dont chaque famille choisit de se répartir les responsabilités.

The Conversation

Laura K. Gee a reçu des financements de la Russell Sage Foundation.

Kristy Buzard a reçu des financements de la Russell Sage Foundation et du Fonds Appleby Mosher de la Syracuse University Maxwell School.

Olga Stoddard a reçu des financements de la Russell Sage Foundation.

– ref. Pour les écoles, la mère reste le parent à contacter en priorité : une charge mentale qui renforce les inégalités ? – https://theconversation.com/pour-les-ecoles-la-mere-reste-le-parent-a-contacter-en-priorite-une-charge-mentale-qui-renforce-les-inegalites-289081

Le dessin peut-il révéler qu’un enfant est victime d’abus sexuels ? Ce que disent vraiment les recherches

Source: The Conversation – in French – By René Baldy, Professeur d’Université honoraire, Université Paul Valéry – Montpellier III


L’ESSENTIEL

  • Les dessins produits par des enfants victimes d’abus sexuels contiendraient des indices graphiques spécifiques permettant de détecter ces violences.

  • Les études solides sur le plan méthodologique ne valident pas cette hypothèse.

  • Dessiner a néanmoins un intérêt : il aide les enfants à raconter des événements qu’ils ont vécus.


Un enfant qui dessine une personne avec le visage ombré, un autre qui représente des organes génitaux, un troisième qui ne dessine pas les mains de ses personnages… Tous ces partis pris graphiques pourraient être des indices d’un traumatisme sexuel impossible à verbaliser, mais que les enfants parviendraient à exprimer par le dessin.

Cette idée demeure largement partagée dans la pratique clinique, et beaucoup de psychologues accordent du crédit à ce type d’observations.

Mais une croyance, aussi répandue soit-elle, ne constitue pas une preuve. Or, les données produites par les études scientifiques les plus fiables méthodologiquement racontent une tout autre histoire. Explications.

Une idée fausse qui séduit encore beaucoup de psychologues

Pour comprendre comment l’idée que les dessins des enfants pourraient renseigner sur leurs traumatismes a émergé, il faut s’intéresser brièvement à l’histoire de la psychologie.

L’idée d’utiliser le dessin dans la pratique psychologique n’est pas récente. Par exemple, dans les années 1920, la psychologue américaine Florence Goodenough, a proposé une cotation en 52 points du dessin du bonhomme pour élaborer un test d’évaluation du développement de l’intelligence des enfants.

Après la Seconde Guerre mondiale, une autre psychologue américaine, Karen Machover, a considéré « le dessin de la personne » comme la projection de l’inconscient du dessinateur. Les caractéristiques graphiques (présence ou absence, dimension, position…) des éléments du dessin (yeux, nez, bouche, mains, etc.) deviennent des symboles dont l’interprétation selon une grille psychanalytique révèle les traumatismes de leur auteur.

À la suite de Machover, les psychologues ont attribué au dessin de la personne une valeur diagnostique importante. Selon cette conception, certains détails de la personne dessinée par un enfant victime d’abus sexuels révéleraient les traces de son traumatisme.

Toutefois, à l’épreuve des faits, il s’avère que les constats produits par cette approche pourraient s’expliquer d’une façon beaucoup plus banale. Lorsqu’un dessin paraît inhabituel et que l’on découvre qu’il a été réalisé par un enfant abusé sexuellement, il est tentant d’établir un lien entre les propriétés du dessin et l’état psychologique de son auteur. Se crée alors une attente à l’origine d’un biais de confirmation bien humain : on privilégiera ensuite les observations qui confirment cette attente, réduisant ainsi la fiabilité du jugement.

Cette idée est encore largement partagée dans la pratique clinique. Une enquête montrait que près de neuf psychologues sur dix pensent que les dessins d’une personne peuvent contenir des indices révélateurs d’un abus sexuel.

Certains suggèrent même que les dessins d’un enfant interprétés par un professionnel qualifié pourraient être admissibles devant le tribunal.

Un problème de méthodologie

Si l’on se contente d’analyser uniquement les dessins des enfants abusés sexuellement, on trouvera forcément des indices qui pourront être interprétés comme étant susceptibles de témoigner de cet abus. Mais pour que ces indices aient une réelle valeur, encore faut-il être certain qu’ils sont effectivement spécifiques aux dessins d’enfants abusés.

Autrement dit, pour démontrer qu’un indice graphique révèle un abus, il ne suffit pas de le retrouver dans les dessins d’enfants victimes : encore faut-il montrer qu’il est absent des dessins des autres enfants.

Or, il s’agit là de la principale faiblesse de certaines publications : si elles rapportent bien la présence de signes graphiques dans les dessins d’enfants abusés, elles ne respectent pas cette exigence de comparaison avec les dessins d’enfants non-victimes de violences.

Elles accréditent alors l’idée déjà répandue, sans toutefois se donner les moyens de la mettre à l’épreuve.

Que répondent les études utilisant une méthode rigoureuse ?

Les dessins des enfants abusés ne diffèrent pas significativement des autres

Il apparaît que plus les études sont solides, moins elles trouvent de différences entre les dessins des enfants abusés et ceux des autres enfants.

On peut citer par exemple l’étude menée par Andrea Lisi et ses collègues en 2013. Après avoir recensé près de 70 indicateurs proposés dans la littérature scientifique, ils les ont recherchés dans trois groupes d’enfants : des victimes d’abus confirmés, des enfants initialement soupçonnés d’avoir été victimes, mais finalement non reconnus comme tels, et un groupe d’enfants « contrôle ».

Le résultat est surprenant. Aucun signe graphique ne permet de distinguer de manière fiable les enfants victimes des autres. Autrement dit, l’étude ne met pas en évidence des indices graphiques spécifiques au dessin de l’enfant abusé sexuellement.

Une revue systématique de la littérature menée à la même époque autorise une généralisation de cette conclusion. Bien que désormais un peu ancienne, cette publication reste une référence, car elle ne synthétise que des études répondant à des critères méthodologiques exigeants (publiées dans une revue à comité de lecture, utilisant un groupe contrôle et des critères d’évaluation bien définis).

Ses auteurs concluent que le dessin ne permet pas de distinguer de manière fiable les enfants abusés des autres enfants. Les supposés indicateurs de l’abus apparaissent dans des dessins d’enfants n’ayant jamais subi d’abus, tandis qu’ils n’apparaissent pas dans des dessins d’enfants abusés.

À notre connaissance, en 2026, aucune étude n’a apporté un niveau de preuve supérieur permettant de renverser cette conclusion.

Or, en psychologie comme en médecine, un outil de dépistage n’est utile que s’il produit peu de faux positifs et peu de faux négatifs. Manifestement, les indicateurs graphiques proposés dans la littérature échouent sur ces deux critères.

Le cas particulier des organes génitaux

S’il existe un indicateur auquel les psychologues sont tentés d’accorder une valeur particulière, c’est bien la représentation des organes génitaux. Là encore, les recherches invitent à la prudence.

Une étude souvent citée montre que les organes génitaux apparaissent effectivement un peu plus souvent dans les dessins d’enfants victimes d’abus sexuels que dans ceux des autres enfants. Mais leur présence est extrêmement faible dans les deux cas, puisqu’elle ne concerne que moins de 5 % des dessins.

Le risque de faux positifs (enfant qui dessine des organes génitaux par simple curiosité, parce qu’il vient de découvrir son corps ou parce que son environnement familial aborde naturellement ces questions) et de faux négatifs (enfant qui ne dessine pas les organes génitaux alors qu’il a été abusé) est donc très important.

L’absence de ce détail ne doit pas conduire à exclure l’abus, et sa présence ne doit pas en constituer une preuve (mais elle peut cependant justifier qu’un professionnel s’intéresse davantage au contexte de vie de l’enfant).

Écouter est plus fiable qu’interpréter

Si le dessin ne permet pas de révéler un abus, faut-il pour autant l’abandonner ? La réponse est non.

Depuis plusieurs décennies, les recherches ont changé de perspective. Les chercheurs ne proposent plus d’interpréter le dessin lui-même, mais s’intéressent à ce qu’il produit pendant l’entretien avec l’enfant.

Dans plusieurs expériences, des enfants sont invités à raconter un événement vécu : visite d’un musée ou visionnage d’une vidéo, par exemple. Puis certains racontent simplement ce qu’ils ont retenu, tandis que d’autres dessinent pendant qu’ils racontent. Le résultat est remarquablement constant. Les enfants qui dessinent livrent des récits plus riches et plus détaillés, sans que leur précision diminue. Et cet effet facilitateur du dessin se maintient pendant plusieurs mois.

Le dessin agit comme un support de mémoire et de communication. Il diminue l’anxiété, aide l’enfant à retrouver ses souvenirs, à maintenir son attention sur l’événement évoqué et à trouver les mots pour raconter l’expérience vécue.

Cette nouvelle approche a également été testée dans le contexte des enquêtes sur les abus sexuels. Ces travaux confirment que le dessin peut faciliter la production d’informations parfois difficiles à exprimer lorsqu’il est utilisé selon un protocole rigoureux, tel que le protocole NICHD (mis au point par le National Institute of Child Health and Human Development, aux États-Unis, ndlr), utilisé en psychologie légale, par exemple. Le dessin n’est alors plus considéré comme un test que le psychologue interprète, mais comme un outil qui aide l’enfant à parler.

En définitive, les connaissances scientifiques actuelles sont sans appel : le dessin ne contient aucun indice graphique permettant d’affirmer avec une fiabilité suffisante qu’un enfant a été victime d’un abus sexuel. En revanche, le dessin possède une valeur reconnue comme médiateur de la parole.

Pendant longtemps, on a demandé au dessin de révéler ce que l’enfant ne disait pas. En réalité, son intérêt est ailleurs. Dessiner aide les enfants à verbaliser leur expérience. L’enjeu n’est donc plus d’interpréter le dessin, mais d’écouter ce que l’enfant raconte lorsqu’il réalise son dessin…


Pour aller plus loin

René Baldy, Le Dessin du bonhomme, éditions Tom Pousse, 2026.

The Conversation

René Baldy ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le dessin peut-il révéler qu’un enfant est victime d’abus sexuels ? Ce que disent vraiment les recherches – https://theconversation.com/le-dessin-peut-il-reveler-quun-enfant-est-victime-dabus-sexuels-ce-que-disent-vraiment-les-recherches-290640

Ce que vise le lobby patronal dans la campagne présidentielle

Source: The Conversation – in French – By Michel Offerlé, Sociologie du politique, École normale supérieure (ENS) – PSL


L’ESSENTIEL

  • La Rencontre des entrepreneurs de France (REF), organisée par le Medef fin août, a réuni sept candidats à la présidentielle. Qui est le favori des patrons ?

  • Le Medef veut peser dans le débat public, mais prétend ne pas faire de politique, à travers une approche strictement économique.

  • Le président du Medef a indiqué qu’il était prêt à travailler avec le Rassemblement national en cas de victoire, au nom des principes « républicains ».


Le rendez-vous organisé par le Medef à Roland-Garros les 26 et 27 août derniers, la Rencontre des entrepreneurs de France (REF), a fait l’objet d’une forte couverture médiatique, surtout grâce à la présence de sept prétendants à la présidence de la République en 2027. On ne peut pourtant pas assurer que l’agenda politique de la présidentielle ait beaucoup progressé durant cette confrontation.

Les candidats potentiels se sont adaptés à leur public et à l’orage, certains tentant de surenchérir sur les propositions patronales, cadrées par le discours d’ouverture et les multiples messages précédant le meeting de Patrick Martin, président du Medef.

Des journalistes ont mesuré les silences, les décibels (« Attal gagnant, 90 dB ») et les huées (« Mélenchon vainqueur »), comme indicateurs de satisfaction des quelques 4 000 patrons présents.

Mais, au fond, cet événement peut nous amener à nous interroger sur l’agenda patronal. Quelle place va occuper le Medef parmi les groupes qui vont tenter de peser sur l’élection présidentielle ? Que nous dit-il du rapport des patrons à la politique ?

Le Medef, patron des organisations patronales

D’abord, cette mobilisation entendait démontrer qui est « le patron » du monde patronal, après un automne marqué par une série de déboires pour le Medef : le fiasco de « l’énorme meeting » voulu par Patrick Martin et finalement avorté, en octobre 2025 ; les polémiques au sujet de la réception du Rassemblement national (RN) par le Medef ; la création des Entrepreneurs (ex-Confédération des petites et moyennes entreprises, CPME) ; ou la prise de distance du président de l’Union des entreprises de proximité (U2P) Michel Picon vis-à-vis du Medef.

Entre le 15 avril et le 15 juillet 2026, une vaste enquête d’opinion a été réalisée par Opinionway auprès de 65 872 dirigeants d’entreprises, à la demande du Medef. Elle n’a quasiment pas été commentée dans les médias, sauf par la Tribune qui a souligné que les résultats seraient une agrégation « de réponses volontaires de dirigeants mobilisés par le réseau patronal » (pour autant, l’échantillonnage paraît convenable par rapport à la structure générale des entreprises en France).

Cette « mobilisation » se révèle sans surprise. Les réponses des dirigeants font émerger cinq attentes majeures :

  • réduire la fiscalité et les charges des entreprises (83 %),

  • réindustrialiser la France (81 %),

  • simplifier les normes et les procédures administratives (75 %),

  • réduire la dette et les dépenses publiques (75 %),

  • stabiliser les règles fiscales et sociales (74 %).

La liste de courses est connue et elle en dit beaucoup sur les préoccupations des dirigeants du Medef qui ont commandé le questionnaire.

Certains micros-trottoirs de journalistes pendant le meeting complètent le tableau. On y retrouve certains discours classiques qui illustrent bien les rapports de patrons au monde politique : « Nous contribuons de plus en plus et nous voyons de moins en moins la couleur de cet argent », « Nous sommes les vaches à lait de l’État », « On n’a pas les politiques qu’on mérite », « On est dans la folie normative », « On en a marre des usines à gaz réglementaires », « Depuis des années, notre personnel politique s’enfonce dans la démagogie, dans les propositions éphémères », « Qu’on nous laisse faire ».

« Les patrons ne font pas de politique »

L’agenda du Medef présente la caractéristique d’être souvent dans la plainte : comme le disaient les réformateurs du Conseil national du patronat français (CNPF) dans les années 1970, « Arrêtons d’être geignards ». Les questions abordées sont uniquement économiques, la direction du Medef prétendant qu’elle ne fait pas de politique, et qu’il est possible de sanctuariser une économie dépolitisée hors des autres questions de société.

La loi Pacte et les statuts mêmes du Medef font pourtant des entreprises un lieu éminemment politique – l’article 2 des statuts du Medef (« Raison d’être ») lui ouvre une compétence très large, notamment :

« Un engagement dans les sujets qui touchent la société et les entreprises face aux mutations géopolitiques, économiques, environnementales, numériques, sociales et sociétales. »

Dans le questionnaire, il n’y a aucun item sur les politiques migratoires, sur la priorité nationale ou européenne, pour ne rien dire du partage renégocié de la valeur, de la démocratie française, de son état et de l’État de droit, qui conditionnent pourtant le bien vivre des entreprises.

Une question vague sur les politiques européennes recueille 31 % de « ne sait pas ». Un item « réduction de l’assistanat », côtoie quelques autres items, perdus dans un flux de moins-disant fiscal, social et environnemental. L’agenda du Medef est donc centré sur l’économie et peu tourné vers la définition générale de ce que peut être le vivre-ensemble au long terme.

Le Medef est-il un lobby sans aucune vision sociétale ? Un groupe de veto qui cherche à préserver les acquis et refuse tout compromis ?

Généralement, nombre de chefs de grandes entreprises se prévalent de deux certitudes : c’est « l’entreprise » qui est le lieu de la création de richesse et « l’entreprise » est par nature le lieu de l’innovation. De fait, il se passe beaucoup de choses au sein des entreprises de toutes tailles et, pourtant, cette créativité des dirigeants et aussi des salariés n’est pas forcément pensée et répercutée au sein des organisations patronales.

Lancé en 2024, le Front économique qui devait servir de boîte à idées interne du Medef, trouve peu d’écho. Rares sont les journalistes qui s’y intéressent. L’Institut Montaigne, think tank entrepreneurial et libéral, devrait présenter, début octobre, un ensemble de contributions pour la campagne électorale.

Le RN normalisé ?

La quiet politics (ou politique silencieuse) reste finalement le répertoire d’action favori des grands patrons et des grandes organisations patronales. Accéder aux décideurs de façon discrète est plus courant et payant, comme le montre le fonctionnement de l’association française des entreprises privées (Afep).

Reste que l’échéance de 2027 est différente des précédentes, si l’on excepte 1981 où les clivages étaient très marqués.

Lors de chaque présidentielle, les grands patrons et les organisations patronales, sans explicitement adouber un candidat de premier tour, avaient un champion : Sarkozy en 2007, un peu moins en 2012, Fillon en 2017 puis Macron jusqu’en 2024.

En 2027, il n’y a pas de candidat soutenu par les grandes entreprises, et la situation politique apparaît comme peu lisible et risquée. D’où un appel insistant, chez certains grands patrons à un devoir d’intervention dans le débat politique, jusqu’à des propositions, peu crédibles, d’envoyer un chef d’entreprise à l’Élysée.

Concernant le Medef, son président joue au chat et à la souris avec la qualification et la disqualification du RN, version Le Pen ou version Bardella. En attendant, la normalisation du RN comme interlocuteur a été avalisée, à l’inverse du choix du patronat allemand qui refuse tout contact avec le parti d’extrême droite AfD, au nom des valeurs – un mot peu présent dans le lexique du Medef.

Selon Patrick Martin, l’attentisme de l’organisation patronale est justifié par une phrase : « On ne connaît pas les programmes. » Il ajoute :

« Nous sommes républicains et nous travaillerons avec ceux que les Français auront portés aux responsabilités, que cela nous plaise ou non. On n’a pas d’autre choix que d’être pragmatiques. »

Droitisation du patronat ?

Cet accommodement anticipé cache aussi d’autres fractures au sein du monde patronal, dans lequel une petite minorité, du côté d’Impact France, s’inquiète de la montée de l’extrême droite, du point de vue de l’éthique et de la démocratie.

Une partie du petit patronat a déjà fait sécession électoralement et soutient sans complexe, à plus ou moins bas bruit, les candidats d’extrême droite.

Il est difficile de mesurer la proportion des hauts dirigeants qui, par crainte de la montée de l’extrême gauche, a pu se radicaliser au point d’attendre que 2027 permette un grand ménage fiscal, social, normatif, voire culturel. Le débat sur cette radicalisation risque de revenir de manière récurrente d’ici les élections de 2027.

Ce n’est pas alors du côté RN qu’il faut chercher, mais plutôt du côté Reconquête et Sarah Knafo qui ont réalisé de 2022 à 2026 de beaux résultats dans les quartiers les plus bourgeois de l’Hexagone. Sarah Knafo est soutenue par la galaxie Bolloré et son Institut de l’Espérance.

La Rencontre des entrepreneurs de France 2026, au-delà de son succès médiatique et de son peu de nouveauté programmatique, est finalement un bon terrain d’analyse de la place que la question patronale va prendre en 2027. Oui « la question patronale », car les patronats et les patrons vont jouer un rôle – encore incertain – dans l’élection. Et parce qu’ils y seront certainement mis en question.

The Conversation

Michel Offerlé ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Ce que vise le lobby patronal dans la campagne présidentielle – https://theconversation.com/ce-que-vise-le-lobby-patronal-dans-la-campagne-presidentielle-291185

Notre cerveau ne perçoit pas le monde de manière continue, mais par vagues

Source: The Conversation – in French – By Camille Fakche, Post-doctorante en Neurosciences Cognitives, University of Birmingham

Notre vision du monde n’est pas celle que l’on croit. Fourni par l’auteur

**L’ESSENTIEL

  • Même si notre perception visuelle nous semble continue, elle est en réalité saccadée.

  • De nouvelles recherches démontrent que notre perception ne varie pas seulement dans le temps, mais aussi selon la position de l’information dans l’espace.

  • Ces recherches pourraient permettre d’améliorer les interfaces cerveau-machine.


En 1895, le premier film de l’histoire, Sortie d’usine, était projeté à Paris. Cette prouesse a été rendue possible par les frères Lumières, inventeurs du cinématographe, un appareil permettant de présenter 16 images par seconde, une fréquence suffisante pour nous donner une impression de fluidité, de continuité dans les mouvements lorsqu’on regarde le film.

À l’image des caméras vidéo fonctionnant sur la base d’une suite d’instantanés les uns à la suite des autres, notre cerveau prend des instantanés de notre environnement visuel, une dizaine par seconde, analysant le monde qui nous entoure de manière périodique.

Jusqu’au début du XXᵉ siècle, la perception était considérée comme continue. C’est dans les années 1900 que des psychologues expérimentaux (comme William James et Joseph Stroud) proposent l’hypothèse d’une perception périodique. Au cours d’un cycle de 100 millisecondes (ms), notre cerveau est plus réceptif au sommet du cycle : il traite mieux les informations visuelles, comme si tout était plus clair et visible. À l’inverse, lorsqu’il est dans le creux du cycle, les informations visuelles sont moins bien perçues, parfois manquées complètement, comme si elles étaient plongées dans l’ombre (Figure 1).

Figure 1. Notre perception est périodique. L’impression de continuité ressentie en regardant une vidéo est possible grâce à la présentation successive d’images à une fréquence d’au moins 16 images par seconde (16 Hz). Notre cerveau fonctionne sur le même principe. Il analyse notre environnement selon des cycles de 100 millisecondes (fréquence de 10 Hz), avec une perception plus claire au sommet du cycle, et moins précise dans le creux.
Fourni par l’auteur

Récemment, nous avons montré dans notre laboratoire que notre perception ne varie pas seulement dans le temps, mais aussi selon la position de l’information dans l’espace. Elle agit comme une vague qui se déplace dans notre champ visuel, rendant certains endroits plus visibles que d’autres selon le moment où la vague les atteint. Lorsqu’une goutte tombe dans de l’eau, elle induit des cercles qui se propagent tout autour du point d’impact. De la même façon, à partir d’un point de référence dans notre environnement, des vagues perceptives se propagent autour de nous. Là où la vague atteint son sommet, notre perception est particulièrement précise. En revanche, dans le creux de la vague, notre perception est limitée (Figure 2).

Figure 2. Les vagues de perception. Lorsqu’une goutte tombe dans de l’eau, elle génère des vagues qui se propagent. Notre perception agit de la même manière. Depuis un point de référence, par exemple à l’endroit où nous portons notre regard, ici, le centre de l’image, des vagues de perception se propagent, avec au pic de ces vagues une vision plus précise qu’au creux.
Fourni par l’auteur

Comment montrer l’existence de vagues de perception ?

En laboratoire, nous avons plusieurs outils pour comprendre les mécanismes liant cerveau et perception. On peut utiliser des méthodes pour enregistrer l’activité de notre cerveau et ainsi la relier à nos capacités perceptives. Il est également possible d’utiliser des méthodes de mesure du comportement uniquement. Voici comment nous avons procédé.

Notre cerveau analyse l’environnement visuel à une fréquence d’environ 10 hertz (Hz), en réalisant des instantanés de notre monde environ 10 fois par seconde. Cette fréquence d’échantillonnage varie toutefois selon les individus, généralement entre 8 et 12 Hz. Des chercheurs ont raisonné que si notre perception est cyclique, alors il est vraisemblable que l’activité cérébrale qui sous-tend notre perception est cyclique elle aussi.

De nombreuses expériences ont permis de valider et de confirmer cette théorie : les populations de neurones qui traitent les informations visuelles produisent elles aussi une activité électrique cyclique à 10 Hz. Cette activité, appelée oscillation cérébrale, peut être enregistrée en plaçant des électrodes sur le cuir chevelu (électro-encéphalogramme, EEG). Lorsqu’une information visuelle est présentée au sommet de l’oscillation produite par nos neurones, alors elle est bien perçue, tandis que si elle est présentée au creux, elle est moins bien perçue (Figure 1). Bien que cet article se concentre sur la modalité visuelle, les sensations auditives et tactiles seraient elles aussi traitées de manière périodique plutôt que strictement continue.

Au laboratoire, nous pouvons générer, contrôler, et mesurer les cycles de notre perception. Pour cela, dans une pièce sombre, nous présentons un disque qui clignote à une fréquence de 10 Hz sur un écran d’ordinateur. Cette modulation cyclique du stimulus visuel va produire une activité cérébrale cyclique à la même fréquence, c’est-à-dire une oscillation à 10 Hz. Ainsi, la perception d’information visuelle à proximité du disque clignotant va dépendre du cycle de l’oscillation cérébrale.

Cette manipulation expérimentale nous permet non seulement de mesurer les cycles de notre perception, mais nous pouvons également savoir quelles populations de neurones de notre cerveau entrent en jeu. En effet, les aires cérébrales qui traitent l’information visuelle sont très bien organisées, comme des cartes topographiques de notre champ visuel. Chaque neurone de chaque région visuelle a la mission de traiter une zone précise de notre champ visuel. Comme si notre champ visuel était divisé en milliers de petites cases, chacune gérée par un neurone différent.

Plus important, deux populations de neurones qui sont juste à côté l’une de l’autre dans une région visuelle vont traiter les informations en provenance de deux endroits qui sont juste à côté dans le champ visuel. Ce principe d’organisation est appelé rétinotopie, et grâce à ce principe, nous savons quelles populations de neurones vont suivre l’oscillation du disque clignotant en bas à droite de l’écran (il s’agira des régions visuelles dorsales de l’hémisphère gauche).

Au laboratoire nous pouvons induire une activité cérébrale à une fréquence de 10 Hz, avec une origine précise dans les aires visuelles. La question que nous nous sommes posées est la suivante : les oscillations à 10 Hz induites par le disque dans des neurones spécifiques se propagent-elles aux neurones adjacents comme une vague, à l’image de la goutte qui tombe dans l’eau ?

Prenons deux objets que nous pouvons retrouver sur notre espace de travail : une tasse à café et un clavier d’ordinateur (Figure 2). Si l’activité cérébrale se propage comme une vague, alors à un moment donné, la perception de la tasse à café sera meilleure que celle du clavier ; et l’inverse se produira à un autre moment dans le temps (l’hypothèse alternative où il n’y a pas de vague est présentée en Figure 3). Rappelons que notre perception évolue à une échelle de temps très rapide, de l’ordre d’un millième de seconde. Comme lorsque nous regardons un film, ces variations se produisent si vite que nous n’en avons pas conscience. Pourtant, elles influencent ce que nous voyons à chaque instant.

Nous avons répliqué ce principe en laboratoire. Nous avons présenté à des participants un disque clignotant à une fréquence de 10 Hz, ainsi que des petits points blancs à différentes positions dans l’espace et à différents temps (Figure 4). La tâche des participants est simple, il leur est demandé d’appuyer sur un bouton du clavier lorsqu’un des points est vu. Nos résultats ont montré que la perception n’est pas la même pour les trois points à un moment donné.

En effet, il y a un décalage de 5 ms entre la meilleure perception des points. Par exemple, si la perception est meilleure à 100 ms pour le point 1, elle sera meilleure à 105 ms pour le point 2, et à 110 ms pour le point 3. Ce résultat nous permet de conclure que l’activité cérébrale dans les aires visuelles est dynamique. Elle se propage de son point d’origine vers les autres points à une vitesse de 0,5 m/s, de même que la perception visuelle.

Figure 3. Des vagues ou pas de vagues ? Si notre perception ne fait pas de vagues, à un moment donné, notre cerveau perçoit aussi bien tous les éléments de l’image, alors qu’à un autre moment la perception de tout l’espace est limitée.
Fourni par l’auteur
Figure 4.Expérience au laboratoire. Les participants devaient fixer une croix située au centre d’un écran d’ordinateur, tandis qu’un disque clignotant à une fréquence de 10 Hz y était affiché. Ce clignotement induit des oscillations cérébrales à 10 Hz dans les aires visuelles. Lorsqu’un point blanc est présenté au sommet de cette oscillation (phase rouge), il est perçu par le participant. En revanche, lorsqu’il est présenté au creux de l’oscillation (phase bleue), il n’est pas perçu.
Fourni par l’auteur

Bien que notre perception semble être périodique, nous avons une impression de continuité visuelle. On ne sait pas encore précisément comment cette continuité émerge. Les mouvements rapides des yeux (les saccades) jouent probablement un rôle important.

Entre deux fixations, le cerveau semble conserver une partie des informations déjà acquises, un phénomène appelé mémoire transsaccadique, afin de maintenir une représentation stable de la scène visuelle. Cette mémoire, associée à l’intégration des informations visuelles au cours du temps, pourrait contribuer à notre impression d’un monde fluide et continu, mais la contribution exacte de ces différents mécanismes reste un sujet de recherche.

Vers des applications dans le domaine des interfaces cerveau-machine

Pendant longtemps, les chercheurs qui étudient la vision se sont principalement intéressés à la manière dont l’activité du cerveau change dans le temps pour expliquer la perception. Nous savons à présent que l’activité cérébrale se propage de manière dynamique à travers le cerveau.

Au-delà de mieux comprendre les mécanismes fondamentaux de notre cerveau, cette connaissance va nous permettre d’améliorer des techniques de réhabilitation pour les patients. Par exemple, les interfaces cerveau-machine permettent de mesurer l’activité cérébrale au niveau des aires motrices de patients para- ou tétraplégiques, pour ensuite envoyer une commande à une prothèse pour réaliser un mouvement. En mesurant l’activité cérébrale au bon moment et au bon endroit, il sera possible de réaliser des mouvements avec une plus grande précision.

Enfin, nous avons réussi à révéler l’aspect dynamique de l’activité cérébrale… sans jamais poser un seul capteur pour enregistrer le signal du cerveau. Par la seule précision de protocoles bien conçus, l’expérimentation comportementale nous permet d’entrevoir les lois qui régissent notre perception. Ainsi, derrière l’apparente simplicité de certaines expériences se cache un véritable pouvoir : celui de révéler, avec finesse, les secrets invisibles de notre cerveau.

The Conversation

Laura Dugué a reçu un financement de l’ERC (N° 852139). Elle est membre honoraire de l’IUF.

Camille Fakche ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Notre cerveau ne perçoit pas le monde de manière continue, mais par vagues – https://theconversation.com/notre-cerveau-ne-percoit-pas-le-monde-de-maniere-continue-mais-par-vagues-274081

Vers un ciel artificiel ? Ce que prévoit le droit contre la pollution du ciel nocturne

Source: The Conversation – France in French (2) – By Anna Hurova, Post-doctorante, Chaire Espace, École normale supérieure (ENS) – PSL

La nébuleuse d’Orion prise en photo en 2009. Sur les 208 minutes nécessaires à la pause, de nombreux satellites sont passés devant l’objectif et empêchent de voir une partie du ciel. A. H. Abolfath/NOIRLab/NSF/AURA, CC BY

L’ESSENTIEL

  • L’explosion en cours du nombre de satellites vient s’ajouter à la pollution lumineuse que nous émettons depuis la surface de la Terre et menace la noirceur du ciel nocturne.

  • Si la pollution lumineuse sur Terre peut être encadrée, et l’est d’ailleurs plutôt bien en France, la pollution lumineuse venant de l’espace est bien plus difficile à réguler. Les juristes sont à pied d’œuvre.

  • Saviez-vous que, dans certains pays comme le Japon, il existe des parcs naturels… astronomiques ?


Chaque année, au mois d’août, a lieu l’une des plus grandes pluies d’étoiles filantes de l’année : les Perséides. Mais si vous observez le ciel nocturne l’an prochain, que pourrez-vous voir ? Selon l’endroit où vous vous trouvez, peut-être juste un ciel gris ou orangé sur lequel vous apercevrez la constellation de la Grande Ourse, et surtout de points lumineux en mouvement, qui sont autant de satellites « en orbite basse ».




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Aujourd’hui, il existe deux sources principales de pollution lumineuse du ciel nocturne, qui limite toujours davantage un accès libre et ouvert au ciel nocturne : celles provenant de la Terre et celles provenant de l’espace, en particulier des satellites. Que dit le droit de la protection de la nuit étoilée ?

Protection contre la pollution lumineuse d’origine terrestre : l’approche française

La première source est relativement mieux réglementée. L’Association nationale pour la protection du ciel et de l’environnement nocturnes (ANPCEN) définit le phénomène comme « la dégradation de l’environnement nocturne par émission de lumière artificielle entraînant des impacts importants sur les écosystèmes (faune et flore) et sur la santé humaine suite à l’artificialisation de la nuit ».

En France, depuis moins d’une décennie, plusieurs dispositions encadrent la pollution lumineuse. Notamment, le Code de l’environnement vise à assurer un équilibre harmonieux entre les zones urbaines et les zones rurales et encadre les émissions lumineuses artificielles. De plus, un décret de 2022 vise à réduire et prévenir la pollution lumineuse, en précisant les exigences relatives à la conception et à l’exploitation des installations d’éclairage extérieur ainsi que les règles applicables aux propriétaires publics et privés. Un arrêté fixe quant à lui la liste et le périmètre des 11 sites d’observation astronomique exceptionnels.




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Un mécanisme non gouvernemental de portée internationale est le label « Réserve internationale de ciel étoilé » (RICE), décerné par l’International Dark Sky Association, basée aux États-Unis. Ce label récompense une qualité exceptionnelle du ciel nocturne et engage les territoires concernés à mettre en œuvre des actions visant à réduire la pollution lumineuse. Il en existe sept en France, mais les RICE ne bénéficient d’aucune reconnaissance officielle de la part de l’État, ce qui limite leur capacité à se développer et à influencer les politiques publiques.

Par conséquent, la ministre de la transition écologique, de la biodiversité et des négociations internationales sur le climat et la nature a reçu d’une sénatrice des Alpes-Maritimes une question portant sur la reconnaissance officielle des RICE comme territoires d’intérêt national, ainsi que sur l’élargissement du champ de l’arrêté aux éclairages privés.

Si l’on compare la France à d’autres États, elle figure parmi les pays les plus avancés en matière de lutte contre la pollution lumineuse. Les États réglementent principalement cette question au moyen de seuils d’éclairage, de restrictions techniques applicables aux installations lumineuses au niveau des différentes unités administratives, de réglementations techniques spécifiques (comme en Italie), ou encore par la certification de certains parcs nationaux en tant qu’« International Dark Sky Places », comme c’est notamment le cas au Japon.

Une pollution lumineuse sans frontières : le rôle des satellites

La pollution provenant de l’espace est due aux satellites qui réfléchissent la lumière du soleil.

La plupart des satellites polluent de façon « accidentelle ». En effet, les satellites sont construits à partir de matériaux qui réfléchissent la lumière du soleil, ce qui les rend souvent visibles à l’œil nu, sans qu’ils soient conçus spécifiquement pour cela. Le nombre de satellites en orbite autour de la Terre a connu une croissance exponentielle ces dernières années. En 2026, environ 15 000 satellites sont en orbite basse (low Earth orbit, ou LEO). Ils ont un impact direct sur l’astronomie professionnelle et amateur (contrairement aux satellites opérant sur d’autres orbites).

L’effet combiné des satellites actuellement en orbite basse et de l’accumulation de débris spatiaux pourrait déjà entraîner une augmentation d’environ 10 % de la luminosité du ciel nocturne par rapport aux niveaux naturels.

La régulation des satellites « pollueurs accidentels »

La régulation de ce domaine repose sur l’interaction entre trois catégories d’acteurs.

Les sociétés et organisations astronomiques encouragent les entreprises à coopérer et à partager leurs solutions afin de préserver les intérêts de l’astronomie. Elles incitent également les États à mettre en place des mesures incitatives visant à aider les opérateurs de satellites à développer les technologies nécessaires pour réduire au maximum les interférences avec les observations astronomiques et préserver la qualité du ciel nocturne, notamment son caractère sombre et silencieux.

Ainsi, le Centre de l’Union astronomique internationale pour la protection du ciel sombre et silencieux contre les interférences des constellations de satellites (IAU CPS) élabore notamment, en collaboration avec les opérateurs, des recommandations techniques, par exemple concernant les limites de luminosité apparente des satellites.

Il mène également des consultations avec des organisations internationales, telles que l’Union internationale des télécommunications (UIT) et le Bureau des Nations unies pour les affaires spatiales (UNOOSA), ainsi qu’avec les gouvernements nationaux, afin de favoriser la mise en œuvre des instruments existants de soft law, tels que les Best Practices for the Sustainability of Space Operations de la Space Safety Coalition, le Code of Conduct for Space Sustainability de la Global Satellite Operators Association ou encore l’ESA Zero Debris Charter.

La pollution lumineuse intentionnelle, une source émergente et très inquiétante

La pollution lumineuse intentionnelle, quant à elle, est étroitement liée aux projets de réflecteurs solaires.

En effet, en juillet 2026, la Commission fédérale des communications (FCC) des États-Unis a accordé à la société Reflect Orbital une autorisation pour le développement d’une technologie de réflecteurs spatiaux destinés à diriger la lumière solaire réfléchie vers des zones ciblées afin de « fournir une solution d’éclairage pour les opérations critiques » sans précision sur la nature de ces opérations, celles-ci sont probablement liées à l’augmentation de la durée d’utilisation des cellules solaires.

Ce dernier exemple a relancé les débats scientifiques et soulève trois questions juridiques :

1) Cette pratique, en l’absence de normes réglementaires spécifiques, pourrait-elle contribuer à l’émergence d’une pratique coutumière, autrement dit, il s’agirait d’un mode d’action déterminé par une pratique établie, plutôt que par des normes juridiques ? Pour répondre la question, il faudrait une communication publique et transparente concernant ces technologies, avant leur mise en œuvre. Celle-ci permettrait de renforcer la prise de conscience internationale et de garantir une implication active des États dans d’élaboration des normes (un mécanisme prévu par l’article IX du Traité de l’espace).

2) Existe-t-il une perspective d’adoption par les États membres des Nations unies de la proposition de moratoire ? Il semble qu’un document unilatéral tel qu’un moratoire risquerait de demeurer peu uniforme et de conduire à une approche réglementaire asymétrique entre les États, créant ainsi une fragmentation supplémentaire de la gouvernance des nouvelles activités spatiales.

3) La lumière solaire peut-elle être considérée comme une « substance extraterrestre », au sens de l’article IX du Traité de l’espace – ce qui permettrait l’application de cette disposition aux réflecteurs orbitaux ? Par analogie avec les échantillons d’astéroïdes, la lumière solaire qui n’atteindrait pas naturellement certaines zones de la Terre, mais qui serait intentionnellement dirigée par une intervention humaine, pourrait être considérée comme une substance extraterrestre au sens de l’article IX du Traité de l’espace, qui oblige les États parties au Traité à éviter les modifications nocives du milieu terrestre et à prendre les mesures appropriées à cette fin comme l’engagement dans les consultations internationales.

Une coordination renforcée entre les opérateurs de satellites, les astronomes et les autorités publiques est indispensable pour protéger le ciel nocturne contre les pollutions lumineuses, quelle qu’en soit la source. Et même chacun d’entre nous, qui sommes à la fois des contemplateurs du ciel nocturne et des utilisateurs de services spatiaux, peut contribuer à sa protection par un engagement citoyen actif.

The Conversation

Anna Hurova ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Vers un ciel artificiel ? Ce que prévoit le droit contre la pollution du ciel nocturne – https://theconversation.com/vers-un-ciel-artificiel-ce-que-prevoit-le-droit-contre-la-pollution-du-ciel-nocturne-290885

Notre ciel nocturne est en train de disparaître : un des enjeux du Sommet international sur l’espace 2026

Source: The Conversation – France in French (2) – By Fabien Malbet, Directeur de recherche CNRS en Astrophysique, Université Grenoble Alpes (UGA)

Cette photo permet de distinguer non seulement les constellations d’Orion et du Taureau, ainsi que la Voie lactée, mais aussi les traînées laissées par de nombreux satellites traversant le ciel. Parmi ceux-ci figurent la Station spatiale internationale, des satellites de la mégaconstellation Starlink ainsi qu’une myriade d’autres satellites et corps de fusées. Ces traînées éclairées par le Soleil ont été capturées lors de prises de vue distinctes d’une minute chacune pendant environ deux heures avant l’aube, puis assemblées numériquement en une seule image. Au-dessus de la chambre funéraire de Pentre Ifan, dans le Pembrokeshire, au Pays de Galles. Max Alexander/ESA, CC BY

L’ESSENTIEL

  • Les 9 et 10 septembre 2026, la France accueillera à Paris le Sommet international sur l’espace 2026.

  • Parmi les défis à l’ordre du jour, l’un des plus urgents, et des moins médiatisés, est la préservation du ciel nocturne, aujourd’hui menacé par la prolifération des satellites.

  • Sans action rapide, nos nuits pourraient bientôt ressembler à un écran de jeu vidéo où les satellites artificiels en perpétuel mouvement éclipseraient les étoiles.


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Le ciel nocturne de demain ? L’enfant demande : « C’est quoi, ce point lumineux qui ne bouge pas ? »
Kelsey Johnson/Virginia University, Fourni par l’auteur

Lors d’une soirée d’observation avec des élèves et leurs parents à Chilly, en Haute-Savoie, l’un d’entre nous leur apprenait à distinguer les planètes des étoiles parmi les constellations. Dans la lueur du crépuscule, les lumières clignotantes des avions en approche de Genève, et d’autres à éclat constant, se déplaçaient parmi les points fixes du firmament. « Ces points lumineux qui glissent sans clignoter ne sont ni des étoiles filantes ni des comètes, mais des satellites en orbite basse éclairés par le Soleil, » ont-ils appris. Cependant, la magie du ciel que nous admirions ce soir-là pourrait bien marquer la fin d’une époque. Dans moins de cinq ans, le ciel nocturne risque d’être méconnaissable.

En effet, en 2019, on comptait 2 200 satellites actifs en orbite avant les premiers lancements de la constellation Starlink, mais aujourd’hui, ils sont plus de 18 000 (d’après l’Orbital Radar). Ces satellites, dont la plupart n’ont pas pour fonction de réfléchir délibérément la lumière vers la Terre, contribuent néanmoins déjà à la pollution lumineuse du ciel en raison de la lumière solaire réfléchie par leurs surfaces, notamment celle de leurs panneaux solaires. D’ici 2030, ce nombre pourrait atteindre 30 000 à 60 000 si tous les projets déclarés à l’International Telecommunication Union (ITU) et à la Federal Communications Commission (FCC) états-unienne voient le jour.

Une autre catégorie de projets pourrait encore accroître le nombre d’objets en orbite. Les centres de données spatiaux, comme ceux envisagés par Orbital Compute, pourraient ajouter 100 000 satellites supplémentaires, chacun équipé de panneaux solaires qui renvoient la lumière du Soleil avec pour résultat, une pollution lumineuse spatiale sans précédent, sous la forme de points aussi lumineux que les étoiles les plus brillantes, se déplaçant à grande vitesse sur la voûte céleste et visibles à l’œil nu depuis n’importe où sur Terre.

À cette croissance pourrait s’ajouter une nouvelle catégorie d’objets : des satellites conçus pour réfléchir volontairement la lumière du Soleil vers les régions terrestres plongées dans la nuit. Le projet Reflect Orbital, qui prévoit d’éclairer des zones terrestres la nuit via des miroirs géants en orbite (50 000 sont annoncés), les satellites pourraient être jusqu’à quatre fois plus brillants que la pleine Lune dans leur faisceau direct, ou aussi éclatants que Vénus en dehors de celui-ci, selon une étude récente de l’European Southern Observatory (ESO). Ils viendraient donc s’ajouter aux milliers de satellites déjà visibles qui quadrillent la voûte céleste. À cause de la diffusion de la lumière du Soleil redirigée vers des zones de nuit sur Terre, ces sources contribueraient également à rendre le fond du ciel plus brillant dans des régions jusqu’ici préservées de toute pollution lumineuse.

L’image montre comment la lumière diffusée par les miroirs Reflect Orbital augmenterait la luminosité du ciel au-dessus du Very Large Telescope de l’ESO dans le désert d’Atacama au Nord du Chili. L’image de gauche où l’on aperçoit la Voie Lactée a été prise sans Lune le 16 mai 2026 avec une caméra panoramique. L’image de droite montre un ciel devenu trois à quatre fois plus lumineux à cause des 50 000 satellites même si ceux-ci ne sont pas orientés vers l’observatoire.
Olivier Hainaut/ESO, CC BY

Des impacts bien au-delà de l’astronomie

En effet, cette perspective menace aussi la biodiversité. Les espèces nocturnes (chauves-souris, oiseaux migrateurs, insectes, pollinisateurs…) dépendent de l’obscurité pour s’orienter, chasser ou se reproduire. Une série d’études récentes montre que la pollution lumineuse perturbe les écosystèmes complexes en modifiant les comportements de prédation, de reproduction et de migration. Préserver l’obscurité nocturne constitue donc un enjeu majeur pour la biodiversité, au même titre que la limitation de l’éclairage artificiel au sol.




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Avec des dizaines de milliers de satellites en orbite basse, le risque de collisions en cascade, que l’on appelle le syndrome de Kessler, devient réel, voire imminent. Chaque collision génère des milliers de débris, rendant certaines orbites inutilisables pour des décennies. En 2026, plus de 28 000 objets de plus de 10 centimètres de taille sont déjà catalogués en orbite (Orbital Radar).

Les débris spatiaux ne constituent pas seulement une menace pour les satellites : en réfléchissant la lumière du Soleil, les milliers de petits fragments en orbite peuvent également augmenter la luminosité diffuse du ciel nocturne. Une étude récente estime que cette contribution pourrait représenter, à l’horizon 2035, entre 3 et 20 % de la luminosité naturelle du ciel, et ce quelque soit l’endroit d’où l’on observe, donc y compris dans les sites astronomiques les plus sombres. Cette lumière diffuse, contrairement aux traînées individuelles des satellites, affecterait en permanence les observations astronomiques en augmentant le bruit de fond du ciel.

D’un point de vue culturel, c’est la disparition annoncée du ciel étoilé, patrimoine commun de l’humanité. Aujourd’hui, un tiers des images du télescope Hubble sont déjà altérées par des traînées de satellites. D’ici 2030, plus de 90 % des observations de missions comme SPHEREx, ARRAKIHS ou Xuntian, trois grands télescopes spatiaux consacrés à l’étude de l’Univers, pourraient être inutilisables. SPHEREx représente à lui seul un investissement d’environ 500 millions de dollars pour la Nasa, tandis qu’ARRAKIHS bénéficie d’un budget d’environ 200 millions d’euros de l’ESA.

Mais le vrai drame est culturel : déjà en 2016, 80 % des Américains, 60 % des Européens et plus d’un tiers du reste du monde ne voyaient déjà plus la Voie lactée à cause de la pollution lumineuse terrestre. Avec les mégaconstellations, même les zones les plus sombres de la planète perdront leur ciel étoilé.

Pas de régulations… ni de régulateur

Le problème aujourd’hui, c’est qu’aucune autorité ne dispose des moyens pour imposer des limites aux opérateurs privés. Cette course à l’orbite soulève désormais des questions qui dépassent largement les enjeux techniques : elle met en évidence les limites du droit spatial actuel et l’absence de véritable gouvernance internationale des constellations privées.

L’ITU gère les fréquences radio et les orbites, mais ne couvre pas les impacts environnementaux ou astronomiques. Ce qui a fonctionné pour la gestion des bandes de fréquences électromagnétiques destinées aux communications, c’est le fait qu’une gestion anarchique de celles-ci aurait directement impacté les opérateurs. Malheureusement, ce qui se passe avec les mégaconstellations n’aura pas d’impact immédiat sur le cœur des activités des entreprises impliquées, du moins dans un premier temps. La pollution lumineuse et les perturbations pour l’astronomie concernent principalement des effets indirects, qui ne remettent pas directement en cause leur modèle économique : les opérateurs ont donc peu d’incitations à limiter spontanément ces nuisances tant qu’aucune réglementation ne les y contraint.

Le COPUOS (Committee on the Peaceful Uses of Outer Space) est le comité des Nations unies pour les utilisations pacifiques de l’espace. Celui-ci a créé un groupe d’acteurs dont les recommandations ne sont pas contraignantes.

Ainsi, le Centre pour la protection des cieux sombres et calmes (Centre for the Protection of the Dark and Quiet Sky, CPS) de l’Union astronomique internationale coordonne les efforts entre astronomes, agences spatiales et industriels. Il travaille avec les opérateurs pour mesurer et réduire la luminosité de leurs satellites, en encourageant le recours à des traitements de surface moins réfléchissants et au partage de bonnes pratiques. Mais son influence dépend de la bonne volonté des opérateurs privés.

Dans un rapport intitulé « Large Satellite Constellations: Perspectives and Challenges », les Académies des sciences des pays du G7 ont proposé de créer un organisme de gouvernance permanent, inspiré de l’ITU, mais avec des responsabilités élargies. Cet organisme aurait pour objectif de gérer les orbites des satellites, de contrôler les impacts environnementaux, de protéger l’astronomie et de réguler le trafic spatial pour éviter les collisions. Sans ce cadre international strict et contraignant, la situation en orbite basse pourrait devenir ingérable, avec le risque accru du syndrome de Kessler, où des millions de débris rendraient l’espace inutilisable.

La France accueille les 9 et 10 septembre à Paris le Sommet international sur l’espace 2026, un événement qui réunira décideurs, scientifiques et industriels. En préparation de ce sommet, les académies des sciences du G7 ont tiré la sonnette d’alarme. Dans une déclaration commune, elles appellent à limiter le nombre de satellites en orbite basse, à créer un organisme international de régulation et à imposer des normes strictes pour réduire leur impact.

Que peuvent faire les citoyens ?

Les citoyens peuvent sensibiliser leur entourage au ciel nocturne comme patrimoine universel à protéger, au même titre que les océans ou les forêts. Ils peuvent aussi participer à des programmes, comme Globe at Night, pour mesurer la pollution lumineuse ou soutenir des initiatives, comme celles de DarkSky International pour limiter l’impact des mégaconstellations et préserver les cieux sombres.

Les décideurs, quant à eux, ont la responsabilité d’agir rapidement. Le Sommet international sur l’espace 2026 doit être l’occasion de créer un cadre international contraignant pour limiter le nombre de satellites et leur impact, de privilégier des infrastructures terrestres à faible empreinte carbone et des technologies de communication moins dépendantes des constellations satellitaires, et de protéger les sites de la pollution lumineuse à l’échelle mondiale, comme c’est le cas avec les « réserves internationales de ciel étoilé ».




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Le ciel de demain se décide aujourd’hui ! Dans dix ans, nos enfants regarderont-ils encore la Voie lactée, ou ne verront-ils qu’un réseau de lumières artificielles en mouvement ?

Le choix est entre nos mains, car le ciel nocturne n’est pas une ressource infinie. C’est un bien commun, un patrimoine culturel et écologique que nous avons la responsabilité de transmettre. Le Sommet international sur l’espace 2026 est une occasion unique pour agir.

The Conversation

Fabien Malbet est membre du GDR 2202 “Lumière et environnement nocturne” (LUMEN). Il est aussi membre de l'”Union astronomique internationale” (UAI/IAU) depuis 2006 et plus récemment du “Center for the Protection of the Dark and Quiet Sky” (IAU-CPS). Il reçoit des financements de l’Université Grenoble Alpes (LabEx FOCUS) du Centre National d’Études Spatiales (CNES), et de l’Agence Nationale de la Recherche (PEPR-Orignis, projet RETINA).

Julien Milli est membre du GDR 2202 LUMEN (Lumière & environnement nocturne). Il a reçu des financements du Labex OSUG 2024-2025, de l’Institut National des Sciences de l’Univers (INSU), de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR) et du Conseil Européen de la Recherche (ERC). Il a été employé par l’Observatoire Européen Austral (ESO) au Chili de 2012 à 2019.

– ref. Notre ciel nocturne est en train de disparaître : un des enjeux du Sommet international sur l’espace 2026 – https://theconversation.com/notre-ciel-nocturne-est-en-train-de-disparaitre-un-des-enjeux-du-sommet-international-sur-lespace-2026-290870

La voiture électrique peut-elle faire disparaître 20 milliards de recettes fiscales ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Éric Pichet, Professeur et directeur du Mastère Spécialisé Patrimoine et Immobilier, Kedge Business School


L’ESSENTIEL

  • Le véhicule électrique est un moyen de réduire les émissions de CO₂ dues aux déplacements.

  • Pour l’État, la fiscalité sur les carburants est une source de revenus importante. En outre, l’acquisition des véhicules électriques est subventionnée.

  • Autant dire que le bilan fiscal est moins favorable que le bilan environnemental. Quelles ressources pourrait trouver la puissance publique pour un passage à l’électrique gagnant-gagnant ?


La transition vers la voiture électrique est généralement présentée sous l’angle environnemental incluant la lutte contre les émissions de CO₂ et la pollution urbaine ou l’amélioration du bilan carbone des batteries. Les économistes insistent également sur les avantages budgétaires (pour les propriétaires de voitures) ainsi que sur la réduction des importations et de notre dépendance aux pays producteurs de pétrole (pour un pays producteur et exportateur d’électricité).

Le passage au tout électrique soulève pourtant une autre question, beaucoup moins discutée : que deviendront les recettes que l’automobile procure aujourd’hui aux diverses administrations publiques ?

L’automobile : une vache à lait fiscale

La question est loin d’être anecdotique, car la fiscalité automobile française repose encore largement sur un principe hérité du XXᵉ siècle : taxer fortement le carburant consommé. Lorsqu’il passe à la pompe, l’automobiliste paie sur chaque litre une accise (un droit fixe) de 60 à 75 cents par litre.

À cet impôt, composante de la taxe intérieure de consommation sur les produits énergétiques (TICPE), s’ajoute encore la TVA de 20 % sur le carburant, mais également sur l’accise soit un impôt sur l’impôt… au total la part des taxes évolue de 48 % du prix pour le gazole à 55 % pour le SP95.




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Pour l’État, cette fiscalité possède trois qualités remarquables : son assiette est très large, son recouvrement simple et son rendement dépend directement de l’utilisation du véhicule. Plus on roule, plus on consomme. Plus on consomme, plus on paie de taxes. Or, une voiture électrique ne consomme ni essence ni gazole.

À fiscalité inchangée, la généralisation de l’électrique ferait donc disparaître une partie substantielle de cette ressource.

Des recettes fiscales stables

L’analyse des comptes des transports permet de fixer quelques ordres de grandeur. En 2024 (dernières données officielles disponibles), les voitures particulières françaises ont consommé 10,9 milliards de litres d’essence et 14,8 milliards de litres de gazole. Aux taux d’accise applicables et compte tenu des prix moyens à la pompe, cela représente environ 16 milliards d’euros d’accise et 8 milliards de TVA, soit près de 24 milliards d’euros de prélèvements sur les seuls carburants consommés par les voitures particulières.

À cela s’ajoutent les recettes publiques directement liées aux voitures pour les certificats d’immatriculation (les cartes grises), les taxes sur les contrats d’assurance automobile, les taxes sur les véhicules de société, le malus automobile et environ 2 milliards d’amendes.

Un cauchemar fiscal : 40 millions de voitures électriques

Au 1er janvier 2026, les voitures électriques ne représentaient encore que 3,5 % des 40 millions de voitures particulières en circulation, mais, en août 2026, elles atteignaient déjà 38 % des immatriculations de voitures neuves.

Tentons toutefois une expérience de pensée pour estimer les pertes de recettes fiscales d’un monde idéal dans lequel circuleraient 40 millions de voitures électriques. Dans cet éden écologique, les recettes fiscales ne disparaîtraient pas intégralement, car l’exonération de taxes sur les assurances pour les véhicules électriques est déjà supprimée et elles ne sont pas totalement exonérées de la taxe sur les cartes grises. Il n’empêche que le manque à gagner serait tout de même considérable d’autant que les véhicules électriques ne subissent ni le malus CO₂ qui s’est alourdi au 1er janvier 2026 ni la taxe sur les véhicules de sociétés.

En contrepartie les recettes fiscales supplémentaires sur l’électricité doivent être évaluées. Sur la base de 470 milliards de kilomètres parcourus par an et d’une consommation électrique moyenne de 15 à 20 kilowattheures (kWh) pour 100 kilomètres, un parc entièrement électrique consommerait approximativement 70 à 95 térawattheure (TWh) d’électricité par an pour sa traction. Avec l’accise actuelle de 24,69 euros par mégawattheure (MWh), cette consommation générerait environ de 1,7 milliards à 2,3 milliards d’euros d’accise.

En y ajoutant la TVA sur l’électricité, les prélèvements supplémentaires liés à la recharge pourraient atteindre environ 4 milliards d’euros par an. Cela resterait très inférieur aux quelque 24 milliards aujourd’hui prélevés sur l’essence et le gazole consommés par les voitures particulières.

Des voitures électriques toujours subventionnées

Et ce n’est pas tout. Non seulement l’utilisation des véhicules électriques est bien moins taxée que les véhicules thermiques, mais leur achat est subventionné, conformément aux principes d’une fiscalité comportementale qui cherche à orienter les choix des particuliers par la carotte et le bâton fiscal. Ainsi, le bonus écologique budgétaire pour les voitures particulières représentait 1 milliard d’euros en 2024.

Le leasing social est, quant à lui, doté en 2026 d’une enveloppe de 401 millions d’euros pour au moins 50 000 véhicules, mais financé par les certificats d’économies d’énergie (CEE) à la charge, depuis juillet 2025, des fournisseurs d’énergie, le coût total des subventions de l’État n’est plus que de 1 milliard d’euros environ et devrait s’éteindre assez rapidement.

On peut en conclure qu’un parc de voitures particulières intégralement électriques ferait perdre, à fiscalité constante, environ 24 milliards d’euros de fiscalité annuelle sur l’essence et le gazole en ne créant que quelque 4 milliards à 5 milliards de fiscalité électrique. Le manque à gagner final serait donc proche de 20 milliards d’euros par an.

Quelle taxation future ?

Trois solutions sont possibles pour pallier ce manque à gagner.

La première serait de taxer davantage l’électricité utilisée pour la recharge. Si elle est techniquement séduisante, elle devient délicate lorsque le véhicule est rechargé sur une prise domestique alimentant également le logement.

France Info, 2026.

La seconde consisterait à déplacer la fiscalité de la consommation vers la détention du véhicule, avec une taxe annuelle modulée selon le poids ou d’autres caractéristiques un peu à la manière d’une taxe foncière sur les biens immeubles.

La troisième solution, la plus efficace et la plus équitable, consisterait à taxer l’usage réel, en fonction des kilomètres parcourus. Elle est soutenue par l’Organisation de coopération et de développement économiques (OCDE) et déjà instaurée en Nouvelle-Zélande et en Islande depuis 2024 pour les véhicules électriques. Ces dispositifs qui permettent de faire contribuer les automobilistes au financement des infrastructures indépendamment de l’énergie utilisée soulèvent toutefois des questions d’acceptabilité, de contrôle et de protection des données.

La transition vers la voiture électrique ne signifie certainement pas la disparition de la fiscalité automobile dont l’État ne saurait se passer, mais annonce plutôt sa transformation. La vraie question n’est donc pas de savoir si la voiture électrique sera taxée, mais quand et comment elle le sera lorsque les carburants cesseront d’être les vaches à lait fiscales.

The Conversation

Éric Pichet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. La voiture électrique peut-elle faire disparaître 20 milliards de recettes fiscales ? – https://theconversation.com/la-voiture-electrique-peut-elle-faire-disparaitre-20-milliards-de-recettes-fiscales-291053