Así son las auroras rojas que han iluminado (y pueden volver a iluminar) los cielos de España y toda Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, Instituto de Ciencias del Espacio (ICE – CSIC)

La pasada noche del 11 noviembre fue posible disfrutar desde toda Europa, Norteamérica y Centroamérica del espectáculo de las auroras. Desde España se han visto y fotografiado las llamadas auroras SAR (acrónimo de Arcos Rojos Estables o Stable Aurora Red arch), una especie de reflejo lejano de las que se dan a gran altura en latitudes boreales. Se aprecian como una luminosidad rojiza cercana al horizonte norte que se aprecia a simple vista, aunque las cámaras la captan maravillosamente dada su mayor sensibilidad.

Que veamos auroras SAR es normal, incluso que cambien de intensidad según el devenir de la actividad geomagnética. También se produjeron en mayo del año pasado, en un momento álgido (como ahora) de la actividad solar.

En estos momentos, el Sol se encuentra en una fase especialmente activa en la que sufre grandes erupciones, acompañadas de la emisión masiva de protones y partículas alfa (núcleos de helio) a grandes velocidades (algunas del orden de 1 800 km/s).

Muchos astrofotógrafos aprovechan estos días para tomar imágenes increíbles de la fotosfera solar que muestran la gran actividad del astro rey.

El origen de las auroras y sus preciosos colores

Tras la emisión de masa coronal del Sol, las partículas atómicas, en buena parte cargadas eléctricamente, pasan a formar parte del llamado viento solar y se difunden por el medio interplanetario. Esa gigantesca ola de átomos e iones tardará entre 1,5 y 4 días en llegar a la Tierra, en función de la velocidad de la ráfaga de masa coronal eyectada.

Los cinturones de Van Allen nos protegen de la radiación llegada del Sol.
Nasa Space Place

Las energéticas partículas quedan retenidas en el campo magnético de nuestro planeta. Posteriormente, viajan por las líneas de dicho campo hasta golpear la atmósfera superior de la Tierra, cerca de los polos Norte y Sur. Cuando estos átomos interactúan con los gases de nuestra atmósfera, producen las auroras boreales y australes, respectivamente.

Y, aunque en latitudes medias como las de España se suelan ver únicamente las auroras SAR rojas, desde latitudes más boreales o australes es posible contemplar hermosas cortinas de colores. El cromatismo de los hermosos arcos de la luz que se mueven por el cielo dependen de las moléculas ionizadas que emiten esa luz. Por ejemplo, el oxígeno emite luz verde y roja, mientras que el nitrógeno molecular brilla intensamente en colores azules y púrpuras.

El Sol dispara y los planetas reciben

Precisamente, el 11 de noviembre hubo una enorme emisión de masa coronal desde la región solar activa catalogada AR14274. Debido a la magnitud de esa erupción, esperamos que haya actividad geomagnética extraordinaria también en las próximas noches.

Precisamente las regiones más activas están asociadas a los grupos de manchas solares, a veces vinculados a brillantes segmentos llamados fáculas. Desde esas regiones suelen producirse las erupciones solares, desencadenadas por los cambios magnéticos que tienen lugar en la fotosfera solar.

El grupo activo 14274 fotografiado el 11 de noviembre desde el Observatori de Gualba, Barcelona, una hora después de la erupción que protagonizó y que ahora está produciendo auroras. Podemos apreciar una brillante fácula debajo de las manchas principales.
Albert Sànchez Caso/MPC442-Gualba Obs./AstroMontseny

Muy atentos a las próximas noches

Es una gran oportunidad para los astrofotógrafos, pero cualquiera que disponga de un teléfono móvil también puede capturar alguna imagen nocturna de pocos segundos si se apoya en algún objeto o tiene un buen pulso. Precisamente esta misma tarde, la del 12 de noviembre, ya desde el crepúsculo tendremos muchas posibilidades de volver a ver auroras SAR desde la península ibérica.

De hecho, podremos seguir en tiempo real la actividad geomagnética en esta página de la Universidad de Kioto (Japón). Una web muy útil para comprobar el grado de actividad geomagnética es Heliomon, creada por Josep Maria Llenas, director del Observatori Astronòmic i Meteorològic de Pujalt, en Barcelona.

En particular existe un índice representativo de las condiciones geomagnéticas globales, conocido como Kp. Estos valores indican la actividad geomagnética esperada para cualquier período de tres horas durante los próximos tres días, como refleja la gráfica que sigue a este párrafo.

El índice Kp da cuenta de la actividad geomagnética global en períodos de tres horas durante los próximos tres días. Las horas son en tiempo universal coordinado (súmese una hora para la hora local peninsular, CET).
NOAA/SWPC Boulder, Col, EUA

Un buen ejemplo de las sesiones fotográficas que espero incentivar fue la realizada anoche por el astrofotógrafo Joan Manuel Bullón desde el pico de la Travina, en el municipio valenciano de Aras de Alpuente. Imágenes como esta precisamente me han animado a escribir el presente artículo para enfatizar que la próxima noche podría también ser histórica, una gran oportunidad para los amantes del tiempo (espacial).

Aurora captada la pasada noche desde Aras de Alpuente, Valencia.
Joan Manuel Bullón i Lahuerta

The Conversation

Josep M. Trigo Rodríguez recibe fondos del proyecto del Plan Nacional de Astronomía y Astrofísica PID2021-128062NB-I00 financiado por el MICINN y la Agencia Estatal de Investigación.

ref. Así son las auroras rojas que han iluminado (y pueden volver a iluminar) los cielos de España y toda Europa – https://theconversation.com/asi-son-las-auroras-rojas-que-han-iluminado-y-pueden-volver-a-iluminar-los-cielos-de-espana-y-toda-europa-269614

¿Podemos aprender igual de bien en un segundo idioma?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Reyes Sánchez, Profesora de Psicología de la Memoria y de Aprendizaje y Condicionamiento. Área de especialización: estrategias de metamemoria en contextos bilingües., Universidad Loyola Andalucía

EQRoy/Shutterstock

Hoy en día, el uso de un segundo idioma se ha vuelto casi imprescindible y el inglés a menudo se utiliza como lengua vehicular (o lengua franca) en la educación superior. Esta tendencia no es casual: los programas de inglés como medio de instrucción (EMI) se han multiplicado en las últimas décadas, incluso en países no anglófonos. Para quienes no somos personas nativas, trabajar en esa lengua puede suponer un reto que exige un esfuerzo extra.

¿Afecta esta “carga adicional” al modo en que aprendemos? ¿Somos capaces de estudiar y recordar información en inglés igual que en nuestra lengua materna? ¿O estudiar en inglés nos obliga a invertir recursos cognitivos que podrían limitar nuestras estrategias de aprendizaje y penalizar el resultado final?

La respuesta a estas preguntas es, para muchas personas, que leer y estudiar en inglés cuesta más, resulta más difícil y deja la sensación de que el aprendizaje no es tan exitoso.

Pero estudios recientes muestran que la cuestión es más compleja: depende de qué tipo de prueba usemos para evaluar el aprendizaje, del nivel en inglés y de las estrategias cognitivas y metacognitivas que se pongan en marcha.

Recordar no siempre significa lo mismo

Para evaluar el aprendizaje es habitual utilizar pruebas directas de memoria en las que se solicita abiertamente que se recupere la información. Pueden ser de dos tipos: recuerdo libre (recordar lo estudiado sin apoyos) y reconocimiento (identificar de entre varias opciones la correcta).

Por ejemplo, tras haber estudiado definiciones de conceptos, una prueba de recuerdo libre implicaría generar las definiciones libremente como cuando se pregunta “¿Qué entendemos por bilingüismo?” y se evalúa nuestra producción escrita.




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Este tipo de pruebas requieren que la información se organice adecuadamente en el momento de estudio y que se seleccionen estrategias de recuperación adecuadas. Eso implica que, si la tarea se hace en inglés, parte de los recursos cognitivos se destinan a procesar aspectos lingüísticos –vocabulario y gramática–, lo que deja menos recursos disponibles para organizar la información y seleccionar estrategias adecuadas de recuperación.

En cambio, una prueba de reconocimiento podría ser simplemente decidir si cada definición es verdadera/falsa. Siguiendo con nuestro ejemplo, “Las personas bilingües lo son porque hablan dos idiomas desde la infancia. ¿Verdadero o falso?”. (Esta definición de bilingüismo, por cierto, es falsa). En este sentido, las pruebas de reconocimiento suelen ser más fáciles de superar.




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Al comparar el recuerdo inmediato de estudiantes en lengua nativa e inglés (o segunda lengua) en una tarea de lectura comprensiva de textos, se observa una desventaja en el segundo idioma en tareas de recuerdo libre. En cambio, el rendimiento es similar en ambas lenguas cuando se utilizan pruebas de reconocimiento con respuestas de verdadero/falso. Además, recordamos lo estudiado en un segundo idioma igual de bien a lo largo del tiempo.

Reproducir frente a reconocer

Esto significa que no podemos hablar de un “déficit general” del aprendizaje en inglés, sino que hay que matizar: el coste se observa cuando necesitamos recuperar la información de manera activa (prueba de recuerdo libre), no tanto cuando debemos reconocerla entre opciones (prueba de reconocimiento).

Es posible que esto se vea modulado por el nivel de inglés que muestre la persona, siendo especialmente vulnerables a este efecto aquellas personas con bajo dominio (pues esto conlleva dificultades para construir oraciones complejas gramaticalmente, poco vocabulario, etc.)

¿Qué pasa mientras estudiamos?

Ahora bien, ¿qué ocurre durante el propio proceso de estudio? ¿Cómo afecta el inglés a la forma en que nos enfrentamos a un texto? Estudios con seguimiento del movimiento ocular durante la lectura muestran que al leer en inglés se producen más fijaciones (es decir, más paradas ante palabra/idea concreta), más regresiones (volver atrás en el texto) y tiempos de lectura más largos.

En otras palabras, los estudiantes leen más despacio y dedican más recursos atencionales en inglés o una segunda lengua. Esto no significa que no aprendan, sino que el proceso requiere más control cognitivo.

¿Y nuestras estrategias de aprendizaje?

Podríamos ir un paso más allá y preguntarnos si estudiar en inglés afecta también a la capacidad de evaluar y regular el propio aprendizaje. Para ello, se utilizan “juicios de aprendizaje” (JOLs, por las siglas en inglés de judgments of learning). En ellos, los estudiantes valoran con un porcentaje hasta qué punto creen haber aprendido el material que acaban de estudiar.

Lo que sabemos es que, aunque los estudiantes suelen percibir el material en inglés como más difícil, su capacidad para evaluar el aprendizaje en base a características intrínsecas del material (por ejemplo, el nivel de cohesión del texto) es igual de buena que en su lengua nativa. Es decir, las autoevaluaciones les permiten anticipar qué fragmentos se recordarán mejor y cuáles peor, ajustándose correctamente en ambos idiomas.

Las estrategias que ponemos en marcha son distintas según la lengua en la que estemos estudiando. Incluso con baja competencia lingüística, aunque el aprendizaje en inglés se vuelve más costoso debido al control atencional y cognitivo, esto no implica necesariamente que sea ineficaz.

En ambos idiomas, los estudiantes son capaces de detectar párrafos que tienen baja cohesión, están peor estructurados o abusan de sinónimos y no conectan las ideas de forma clara, y los juzgan como más difíciles de comprender. Esta correcta monitorización (evaluación), es necesaria para poner en marcha mecanismos compensatorios –por ejemplo, de relectura– para lograr una buena comprensión del texto.

Cuesta más pero se aprende igual

La evidencia disponible nos dice que estudiar en un segundo idioma no condena el éxito del aprendizaje. Es cierto que percibimos más dificultad, que leemos más despacio y que el recuerdo libre puede verse penalizado (especialmente para aquellas personas que dominan menos el segundo idioma). Sin embargo, también sabemos que la memoria de reconocimiento no se ve afectada (tampoco a largo plazo), y que las personas son capaces de evaluar su propio aprendizaje en ambos idiomas.

Por tanto, como estudiantes no debemos desanimarnos por la sensación de que “en inglés nos cuesta más”. Esa dificultad percibida no implica que el aprendizaje vaya a ser peor. Podemos entrenar nuestra conciencia metacognitiva (para ser capaces de detectar cuándo la atención decae o cuándo una parte del texto no se ha comprendido bien) con el fin de reajustar el estudio; incorporar descansos periódicos para evitar la fatiga cognitiva; aplicar estrategias activas como elaborar mapas conceptuales, y realizar autoevaluaciones o pruebas intermedias. Todas estas estrategias nos ayudarán más que releer o subrayar el material.

Por otra parte, como docentes, ya sabemos que conviene diversificar los tipos de evaluación: si solo medimos recuerdo libre, quizá estemos exagerando la desventaja del inglés; incluir pruebas de reconocimiento puede dar una imagen más justa del aprendizaje real.

Estudiar en una segunda lengua supone un reto que no siempre conecta con peores resultados. En muchos casos, el aprendizaje, la memoria y las estrategias de regulación del estudio siguen desplegándose de forma tan eficiente como en el idioma nativo.

El bilingüismo no solo abre puertas a nivel cultural y profesional, sino que también nos reta como estudiantes a perfeccionar nuestras estrategias de aprendizaje.

The Conversation

Marta Reyes Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Podemos aprender igual de bien en un segundo idioma? – https://theconversation.com/podemos-aprender-igual-de-bien-en-un-segundo-idioma-266743

Nuevo estudio: muchas mujeres podrían vivir con toxinas de hongos procedentes de alimentos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Lozano Relaño, Profesor Titular del Área de Nutrición y Bromatología, Universitat de València

Cultivo de hongos en un laboratorio. Pattar.w092/Shutterstock

¿Es posible seguir una dieta “saludable” y, aun así, estar expuestos a sustancias tóxicas sin saberlo? La respuesta, según nuestro último estudio, es afirmativa. Y no por aditivos artificiales ni de pesticidas, sino por compuestos naturales producidos por hongos: las llamadas micotoxinas.

En nuestro laboratorio de la Universitat de València y de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO) llevamos años investigando contaminantes invisibles en los alimentos.

No obstante, incluso nosotros nos sorprendimos con este hallazgo: el 81 % de las mujeres analizadas presentaba micotoxinas en su organismo.

¿Qué son las micotoxinas y dónde se encuentran?

Los hongos están presentes de forma natural en el ambiente. Cuando encuentran condiciones de temperatura y humedad adecuadas, especialmente durante la cosecha o el almacenamiento, producen micotoxinas.

Estas sustancias, que llevamos décadas ingiriendo en pequeñas cantidades sin darnos cuenta, no se eliminan completamente con el cocinado ni con los procesos industriales. Por eso pueden aparecer en productos cotidianos como cereales, pan, pasta, galletas, frutas, zumos, frutos secos, cerveza, vino y otras bebidas fermentadas e incluso en comida “saludable” como alimentos integrales o ecológicos.

Algunas micotoxinas están reguladas porque se sabe que pueden causar cáncer, como las aflatoxinas, capaces de contaminar alimentos como cereales, cacahuates, semillas y frutos secos. Pero existe otro grupo menos conocido: las micotoxinas emergentes. Y aquí empieza la preocupación.




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¿Qué analizamos en nuestro estudio?

Nuestro equipo de investigación forma parte del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), una gran cohorte española que sigue a madres e hijos desde el embarazo para entender cómo el entorno influye en la salud infantil.

Lo que hicimos fue analizar 524 muestras de orina de mujeres de la Comunitat Valenciana cuando sus hijos tenían 4 años. Para ello, utilizamos una técnica altamente sensible (HPLC-Q-TOF-MS) capaz de detectar múltiples micotoxinas y sus metabolitos (sustancias generadas por el metabolismo). Nuestro objetivo era saber cuántas mujeres están expuestas a estos agentes y qué factores (dieta, entorno, nivel socioeconómico) influyen en esa exposición.

¿Y qué encontramos?

Lo primero que arrojó la investigación es que la exposición de estos tóxicos provenientes de la dieta es muy alta en las mujeres: hasta el 81 % de ellas presentaba al menos una micotoxina detectable y el 29 % niveles cuantificables. Muchas de ellas estaban expuestas a varias al mismo tiempo.

También descubrimos que las micotoxinas emergentes son las más frecuentes, y entre ellas destacaba la enniatina B, no regulada por la legislación europea. En estudios celulares y animales, se ha asociado con efectos neurotóxicos, genotóxicos (capaces de ocasionar daño en los genes) y alteraciones en las mitocondrias.

Estos agentes pueden además atravesar barreras biológicas, lo que significa que si una mujer embarazada está expuesta, el feto también podría estarlo, lo que debería preocuparnos. El cerebro en desarrollo es extremadamente sensible a sustancias tóxicas y algunas micotoxinas emergentes pueden alterar la comunicación neuronal, inducir inflamación, dañar el ADN e interferir en la producción de energía celular.

Todavía no tenemos pruebas concluyentes en humanos, pero la señal de alerta es evidente. Si se combinan con factores como dieta, contaminación o estrés, podrían contribuir al desarrollo de problemas del neurodesarrollo infantil, como dificultades cognitivas o de conducta. Por eso necesitamos investigar más, y rápido.




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¿Quién está más expuesto a estas toxinas?

Los [datos de nuestro estudio] revelaron tres patrones clave. Por un lado, vivir en zonas rurales implica una mayor exposición a micotoxinas emergentes. Y entre las posibles causas destaca el almacenamiento tradicional de alimentos, las condiciones agrícolas o el menor control industrial.

La investigación también concluyó que el nivel socioeconómico bajo es un factor determinante. De acuerdo con los resultados, las mujeres con menos recursos presentaban niveles más altos de estas sustancias. Lo que sugiere desigualdad ambiental y alimentaria, es decir, no todas las personas pueden acceder a alimentos igual de seguros.

Por otro lado, la dieta importa (y sorprende). Encontramos que alimentos como productos derivados de cereales y frutas y bebidas como cerveza, zumos y refrescos light aumentan la exposición a las toxinas emergentes. Y, que por el contrario, las carnes procesadas como salchichas o embutidos otros la disminuyen.

¿La razón? Estos productos se someten a secado, salado o tecnologías que reducen la humedad y frenan el crecimiento de hongos. No obstante, no se trata de recomendar comer más embutidos, sino de entender que la tecnología alimentaria influye en la seguridad.

¿Y qué hay de los alimentos “saludables”?

Frutas, verduras o productos integrales pueden contener trazas de micotoxinas, pero también antioxidantes y compuestos protectores. De hecho, algunos estudios sugieren que estos nutrientes podrían reducir el daño causado por micotoxinas.

Por tanto, la solución no es dejar de comer sano, sino mejorar los controles de calidad y diversificar la dieta para evitar exposiciones repetidas.




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Implicaciones para la salud pública

Nuestro estudio pone sobre la mesa varias cuestiones urgentes. La población general está expuesta a estos agentes tóxicos sin saberlo y las micotoxinas emergentes, no reguladas, son muy frecuentes. Lo más grave es que éstas podrían
afectar al neurodesarrollo infantil. Además, como evidencia nuestro trabajo, existen desigualdades sociales en la exposición a estos tóxicos y algunos alimentos concretos merecen vigilancia especial.

¿Y qué se puede hacer? Lo primero sería incluir las micotoxinas emergentes en la legislación alimentaria y mejorar el almacenamiento agrícola y la vigilancia. Se debe, además, estudiar la exposición combinada a varias micotoxinas e incorporar el embarazo y la infancia en la evaluación de riesgos. Por último, hay que reducir las desigualdades: entender que la seguridad alimentaria es igual a justicia social.

Los ciudadanos también podemos jugar un papel clave como consumidores. No se trata de alarmarse, sino de actuar con conciencia. ¿Cómo? Variando nuestra dieta, almacenando bien los alimentos, priorizando productos de origen fiable y exigiendo transparencia a la industria.

Un mensaje final

Cuando iniciamos este estudio esperábamos encontrar cierta exposición en nuestra muestra. Lo que no imaginábamos era descubrir que hasta 8 de cada 10 mujeres presentaban micotoxinas, que las no reguladas eran las más frecuentes y que las clases sociales más vulnerables están más expuestas.

Nuestro trabajo es solo el principio para acabar con un gran problema de salud pública. Para ello necesitamos más investigación, más regulación y más conciencia social. La seguridad alimentaria no solo consiste en asegurar que un alimento no nos haga daño hoy, sino en que no comprometa la salud de las próximas generaciones.

The Conversation

El proyecto INMA del que Manuel Lozano Relaño forma parte, recibe fondos de la Generalitat Valenciana, el Ministerio de Universidades, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER).

ref. Nuevo estudio: muchas mujeres podrían vivir con toxinas de hongos procedentes de alimentos – https://theconversation.com/nuevo-estudio-muchas-mujeres-podrian-vivir-con-toxinas-de-hongos-procedentes-de-alimentos-267806

Hacia un olivar más sostenible: cómo convertir los residuos de la fabricación del aceite en un fertilizante natural

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María de los Ángeles Martín Santos, Catedrática de Ingeniería Química, Universidad de Córdoba

Residuos de la producción de aceite de oliva. Marco Ossino/Shutterstock

Cada campaña olivarera deja tras de sí un desafío que, aunque huele a aceite fresco, es un residuo que hay que gestionar: el alperujo.

Tras la extracción del aceite de oliva, miles de toneladas de esta mezcla pastosa, compuesta por agua, hueso triturado y restos orgánicos, se acumulan en las almazaras andaluzas. A simple vista puede parecer un residuo sin valor, pero en realidad encierra una paradoja ambiental: puede contaminar si se gestiona mal, o convertirse en un recurso agrícola y energético de gran valor si se aprovecha correctamente.

El alperujo supone alrededor del 80 % del peso total de la aceituna molturada y contiene un alto porcentaje de humedad (60–70 %), compuestos fenólicos tóxicos y materia orgánica. Durante décadas, su gestión se ha centrado en cómo evitar su potencial contaminante. Sin embargo, la transición hacia una economía circular y los objetivos de descarbonización están impulsando su valorización como fertilizante natural mediante un proceso de compostaje.

Un ecosistema vivo

El compostaje no es una simple reacción química: es un ecosistema vivo. Millones de bacterias y hongos cooperan para transformar los residuos en un recurso fértil.

Investigadores de la Universidad de Córdoba, en colaboración con empresas del sector, hemos analizado en qué medida el tiempo de almacenamiento del alperujo afecta a su compostaje y a las emisiones de gases de efecto invernadero. En el estudio, publicado recientemente, comparamos alperujo fresco con alperujos almacenados durante tres y seis meses antes del compostaje.

El rendimiento del compost (medido en materia estabilizada para uso agrícola) fue mejor con un almacenamiento corto que con alperujo fresco sin almacenar o con alperujo de largo tiempo de almacenamiento. Esta información tiene una aplicación directa en la gestión del residuo almacenado en balsas.

Cómo reducir los gases emitidos

Además, los lotes con alperujos más frescos generaron menores emisiones de metano (CH₄) y óxido nitroso (N₂O), dos gases con un impacto climático decenas o cientos de veces mayor que el CO₂.




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Los compuestos carbonosos más sencillos se degradan hacia moléculas gaseosas en los primeros estadios de la fermentación, ya sea en la balsa o en el proceso de compostaje. Así, los alperujos sin almacenar emitieron más compuestos denominados cetonas, mientras que aquellos almacenados durante tres meses emitieron más ésteres, moléculas con mayor potencial de calentamiento global.

En resumen, almacenar menos tiempo es sinónimo de conservar más materia útil y emitir menos gases.

En todos los casos, los compuestos fenólicos –responsables de la fitotoxicidad o efecto nocivo sobre las plantas– se redujeron casi por completo al final del proceso. Esto se debe a que, durante el proceso de compostaje, se alcanzan temperaturas en torno a 45 °C en toda la masa, gracias a los volteos realizados y al tiempo empleado, lo que propicia la degradación de estos compuestos. Por ello, compostar correctamente genera un fertilizante orgánico seguro.

Aliados invisibles con resultados visibles

Además, identificamos los microorganismos presentes en el alperujo analizando el ADN de las comunidades microbianas presentes en el proceso. Descubrimos que los alperujos más frescos albergan una diversidad microbiana más rica y activa, lo que acelera la degradación de materia orgánica compleja. En cambio, los alperujos almacenados durante más tiempo pierden biodiversidad y favorecen la proliferación de microorganismos termorresistentes.

Durante el proceso de compostaje, la temperatura es un factor clave que determina la dinámica y actividad de las bacterias responsables de la descomposición de la materia orgánica. En las primeras etapas, cuando la temperatura se mantiene entre 20 y 35° C, predominan bacterias como Pseudomonas, Enterobacter, Lactobacillus y Bacillus. Estas especies son altamente activas en la degradación de compuestos fácilmente biodegradables, como azúcares, proteínas y almidones, generando calor a través de la respiración microbiana.

Debido a la intensa actividad de los microorganismos, la temperatura se eleva y puede alcanzar unos 45 °C. En este rango prosperan bacterias termófilas como Bacillus stearothermophilus, Geobacillus, Thermus y Clostridium thermocellum. Estos microorganismos poseen enzimas termoestables capaces de degradar materiales más complejos y resistentes, como la celulosa, la hemicelulosa y la lignina, acelerando la descomposición y contribuyendo a la eliminación de patógenos y semillas de malezas debido al calor generado.

Con el tiempo, la actividad microbiana disminuye y la temperatura empieza a descender, dando paso a la fase de enfriamiento y maduración, donde se restablece la población de bacterias mesófilas y actinobacterias como Streptomyces, Nocardia y Micromonospora. Estas bacterias continúan descomponiendo los compuestos orgánicos más estables, favoreciendo la formación de humus y la estabilización del compost. En esta etapa también se desarrollan bacterias nitrificantes y fijadoras de nitrógeno, como Azotobacter, que enriquecen el producto final en nutrientes esenciales.

En conjunto, la variación térmica del compostaje regula las bacterias presentes y determina el ritmo y la eficiencia de la transformación de los residuos orgánicos en un material maduro, estable y fértil. Esta observación abre una vía clara: mantener la microbiota natural del alperujo mediante un almacenamiento corto puede mejorar el compostaje y reducir la necesidad de añadir inoculantes externos, práctica que se está postulando con cada vez más frecuencia entre la comunidad científica.




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Combinar para reducir emisiones

El compostaje del alperujo junto con otros residuos agrícolas como restos de poda, estiércoles o subproductos hortícolas supone una solución local para residuos orgánicos de un mismo entorno.

La mezcla con materiales estructurantes, como la poda triturada, mejora la aireación y reduce las emisiones de metano hasta un 50 %. Un equilibrio adecuado entre carbono y nitrógeno, que se favorece con la adecuada mezcla de residuos, disminuye la formación de óxido nitroso. Además, los compost obtenidos son más estables, homogéneos y ricos en nutrientes, ideales para regenerar suelos agrícolas.

Además, este enfoque tiene una virtud añadida: favorece la economía local, ya que se pueden utilizar residuos orgánicos disponibles en la misma localización, reduciendo costes y emisiones por transporte.

De residuo a recurso: hacia un olivar sostenible

El alperujo, asociado a los olivares, puede dejar de ser un problema para convertirse en una pieza clave de la sostenibilidad agrícola. Nuestros estudios muestran que un almacenamiento corto preserva el valor orgánico del alperujo y un compostaje bien gestionado reduce las emisiones de gases de efecto invernadero. Adicionalmente, el compostaje con otros residuos agrícolas cierra el ciclo de la materia y la energía.

En definitiva, transformar el alperujo en compost no es una utopía, sino una oportunidad real para avanzar hacia un olivar más productivo, sostenible y resiliente frente al cambio climático.

The Conversation

Los grupos de investigación RNM217 y BIO187 han recibido fondos a través de los proyectos GOPO-CO-23-0006 (Junta de Andalucía) y TED2021-130668B-I00 (Ministerio de Ciencia e Innovación), así como a las Ayudas para la Recualificación del Sistema Universitario Español a través de Francisco J. Ruiz-Castilla (contrato Margarita Salas) y M. Barbudo-Lunar (becaria predoctoral de la universidad de Córdoba (“Plan Propio”), respectivamente.

José Alhama Carmona no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hacia un olivar más sostenible: cómo convertir los residuos de la fabricación del aceite en un fertilizante natural – https://theconversation.com/hacia-un-olivar-mas-sostenible-como-convertir-los-residuos-de-la-fabricacion-del-aceite-en-un-fertilizante-natural-268829

Las motos son la columna vertebral de la economía urbana en América Latina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Herrera, Directora Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería, Universidad Católica Andrés Bello

Mototaxi en Cartagena, Colombia Anze Furlan/Shutterstock

En las ciudades latinoamericanas, las motocicletas se han convertido en protagonistas silenciosas de la vida urbana. Más que una solución de movilidad personal, hoy son un instrumento de desarrollo económico-laboral y una pieza primordial de la cadena de suministro.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (2022), su presencia se consolidó inicialmente como respuesta a la falta de transporte colectivo confiable. Desde Ciudad de México hasta Lima, de São Paulo a Caracas, las motos transportan personas, medicinas, alimentos y documentos, y cumplen un papel preponderante en la eficiencia de la economía urbana sin depender del transporte público.

Un fenómeno regional con impacto económico

América Latina registra un crecimiento notable del parque de motocicletas. En Colombia se duplicó en menos de una década. En Perú, las ventas crecieron más del 60 % tras la pandemia. Y en Venezuela, los registros oficiales señalan que, en 2025, hay más de un millón circulando por las calles de sus ciudades.

Este aumento no solo refleja un cambio en la movilidad personal, sino también la expansión de la economía digital y del delivery urbano, que conecta consumidores y negocios con una eficiencia inédita.

El auge del reparto urbano ha redefinido por completo el rol de las motos. En Brasil, iFood emplea a más de 200 000 repartidores. En Colombia, Rappi se ha consolidado como una de las principales plataformas de trabajo y de ingresos independientes, y en Venezuela, cadenas como Farmatodo desarrollan redes propias de entregas en moto.

En este contexto, la motocicleta se ha vuelto un instrumento de desarrollo económico y laboral que facilita el comercio y la distribución de bienes esenciales en entornos urbanos.

Empleo motorizado y formalización parcial

El impacto laboral del fenómeno es innegable. Hay estimaciones de que, en 2024, más de 200 000 motorizados se habrían incorporado al sector del delivery en Venezuela y serían ya más de 300 000 trabajando como repartidores.

Estas cifras reflejan la capacidad del comercio electrónico para generar empleos con ingresos que superan el salario mínimo, incluso en medio de la crisis económica.

Sin embargo, el crecimiento del empleo motorizado también pone en evidencia las tensiones entre formalidad e informalidad laboral en Venezuela. Los repartidores operan bajo contratos de prestación de servicios, sin derechos plenos, lo que crea una formalización híbrida: van uniformados, tienen seguros (parciales) y rutinas fijas, pero no estabilidad ni prestaciones completas.

Un fenómeno similar se observa en otros países de la región. En Perú, el Ministerio de Trabajo evalúa normativas para trabajadores digitales dependientes de plataformas de delivery; en Brasil, el debate sobre los motoboys de plataformas como iFood llegó al Congreso, y en Colombia, asociaciones de motorizados exigen su inclusión en la seguridad social.

En Venezuela, el fracasado intento de regular el sector ilustra la complejidad del tema y muestra la urgencia de que haya políticas coherentes que reconozcan el valor económico y social del trabajo motorizado.

Motos: la infraestructura invisible de las ciudades

Más allá del reparto, las motocicletas se han convertido en una infraestructura invisible que mantiene a las ciudades en movimiento. Conectan negocios y clientes, sostienen el comercio electrónico y facilitan la circulación de bienes primordiales en zonas congestionadas o con transporte público limitado.

Gracias a ellas, miles de familias logran ingresos y las urbes mantienen su ritmo económico diario. Este papel, a menudo ignorado por la planificación urbana, ha permitido la continuidad de servicios críticos en contextos de crisis o congestión.

Al mismo tiempo, las motos han permitido la inclusión de sectores tradicionalmente vulnerables en la economía, ofreciendo opciones de empleo flexible y adaptable. Sin embargo, este modelo plantea nuevos desafíos para la seguridad vial, la planificación urbana y la sostenibilidad ambiental.

Hacia una movilidad productiva y sostenible

El gran reto regional consiste en reconocer a los motorizados como una parte importante de la economía y la movilidad urbana. Integrarlos en las políticas de seguridad vial, transición energética y protección social es necesario para avanzar hacia un modelo de movilidad productiva y sostenible.

La Organización Internacional del Trabajo (2021) ha señalado que los países que han logrado regular con éxito este tipo de empleo no lo han hecho restringiendo las motos, sino garantizando que tengan condiciones seguras, eficientes y sostenibles.

La electrificación de flotas y la creación de infraestructuras seguras para las motocicletas podrían reducir los siniestros viales y las emisiones, consolidando un modelo más responsable de transporte urbano.

Medidas como incentivos a la electrificación, educación vial específica, seguros adecuados y la generación de datos abiertos sobre el empleo motorizado son pasos trascendentales para transformar la movilidad productiva en una movilidad digna.

Al cierre

En América Latina, las motocicletas han pasado de ser un recurso individual de movilidad a convertirse en un componente estructural de la economía urbana. Su combinación de eficiencia logística y flexibilidad laboral redefine la movilidad, el trabajo y la planificación de las ciudades.

Reconocerlas como parte de la infraestructura económica es fundamental para diseñar políticas de transporte, seguridad y sostenibilidad que respondan a las verdaderas dinámicas de la vida urbana contemporánea porque, al final, buena parte de la economía latinoamericana sigue moviéndose –literalmente– sobre dos ruedas.

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Celia Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las motos son la columna vertebral de la economía urbana en América Latina – https://theconversation.com/las-motos-son-la-columna-vertebral-de-la-economia-urbana-en-america-latina-267941

¿Qué sabemos sobre el impacto de los programas bilingües?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Uxue Pérez Litago, Docente en el Grado en Logopedia, Universidad de Oviedo

Gorodenkoff/Shutterstock

En la actualidad, el 42,1 % del alumnado de educación primaria y el 31,4 % del de educación secundaria en España cursa programas en los que una parte de las asignaturas se imparten en inglés.

La puesta en marcha de estos programas (en el curso académico 2004-2005) se realizó sin que existieran estudios que analizaran las posibles implicaciones que dicha medida pudiera llegar tener para el estudiantado, lo que explica que aún hoy siga siendo motivo de debate. Ante la duda sobre si son beneficiosos o no, entender qué dice la investigación y ser conscientes de sus limitaciones puede ser clave para la toma de decisiones.

El debate entorno al AICLE

Lo que coloquialmente conocemos como “programas bilingües” en realidad se llaman programas de aprendizaje integrado de contenidos y lengua extranjera (AICLE o CLIL por sus siglas en inglés) y consisten en impartir en inglés entre un 30 y un 50 % de las asignaturas del currículum.

Quienes apoyan estas medidas argumentan que, hoy en día, saber inglés es una necesidad y que su uso como lengua vehicular no produce un detrimento de la lengua materna ni de los contenidos curriculares.

Quienes se oponen a esta metodología se preguntan a costa de qué debe priorizarse el aprendizaje del inglés y consideran que hacer entender conceptos complejos en una lengua extranjera resulta más difícil, lo que se traduce en una reducción y simplificación de las materias impartidas.

Este debate es tan antiguo como vigente dado que tanto su implantación como su desaceleración (desde 2023) se han llevado a cabo sin evidencias los que justifiquen.

¿Qué dice la ciencia?

Una de las grandes críticas al programa bilingüe es que, a pesar de ser un proyecto piloto prácticamente sin antedecentes y del profundo cambio que supondría para el sistema educativo, este se implementó sin contar con mecanismos de control que permitieran evaluar su desempeño.

Como consecuencia, ahora resulta difícil extraer conclusiones sobre los efectos que ha tenido a lo largo de estos años. Aunque sin duda se trata de un tema que requiere mucha más investigación, algunos estudios lo han analizado; sobre todo, en la Comunidad de Madrid, donde estos programas llevan más tiempo en funcionamiento.

Los resultados se igualan en secundaria

Diversas investigaciones concluyen de forma clara y sistemática que el alumnado de los programas bilingües obtiene mejores resultados en todas las competencias evaluadas (tanto en inglés como en el resto de las asignaturas). Pero ¡cuidado! Esto no necesariamente tiene que ver con el impacto del bilingüismo, porque los estudiantes que optan por estos programas suelen pertenecer a familias con mayor nivel económico y cultural, mientras que el alumnado con menor desempeño académico (por ejemplo, quienes presentan dificultades de aprendizaje) suelen evitarlos. Es decir, no estamos comparando alumnado con perfiles similares.

Por ello, los estudios que abordan este tema desde una perspectiva científica deben aplicar métodos estadísticos que garanticen que los grupos comparados sean equivalentes en todos los aspectos que podrían influir en los resultados. Cuando estos se controlan, observamos que, en educación primaria, los programas bilingües mejoran la competencia lingüística en inglés. Sin embargo, su impacto en la adquisición del resto de habilidades no está de todo claro.

Algunos estudios señalan que los programas bilingües reducen el nivel de conocimientos curriculares, mientras que otros afirman que no tienen ningún efecto, ni positivo ni negativo, sobre la adquisición de contenidos. De todas formas, llama la atención que todas estas diferencias entre los programas bilingües y “monolingües” podrían desaparecer al final de la ESO, dado que tanto el nivel de conocimientos como el dominio del inglés tiende a igualarse en esta etapa.

Ámame en lengua materna, ódiame en lengua extranjera

Limitarse a comparar los resultados lingüísticos y curriculares puede no ser suficiente para valorar el impacto de los programas bilingües. Por ejemplo, está ampliamente demostrado que pensar, leer o conversar en la lengua materna genera emociones más intensas que hacerlo en un idioma extranjero.

No obstante, resulta difícil que las investigaciones logren cuantificar cómo influye esto en el aula. Educar, especialmente a lo largo de la educación obligatoria, no consiste solo en transmitir contenidos, sino que también se espera fomentar la reflexión, despertar la curiosidad, generar conciencia crítica y hacer del aprendizaje un momento de disfrute.

Por ello, aunque consigamos transmitir una idea, ¿qué capacidad tiene el alumnado de transformarla, razonar, debatir o sorprenderse con ella en inglés? ¿Podemos los docentes ilusionar en esta legua?

Las evidencias tanto a favor como en contra de los programas bilingües son limitadas, y es posible que, al final de la ESO, dichas diferencias sean mínimas en cuanto al nivel de inglés y de contenidos aprendidos. Mientras tanto, convendría analizar si en estos programas se transmiten eficazmente otro tipo de saberes esenciales.

The Conversation

Uxue Pérez Litago no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué sabemos sobre el impacto de los programas bilingües? – https://theconversation.com/que-sabemos-sobre-el-impacto-de-los-programas-bilingues-267397

The shutdown has ended – but this economist isn’t rejoicing quite yet

Source: The Conversation – USA (2) – By Amitrajeet A. Batabyal, Distinguished Professor, Arthur J. Gosnell Professor of Economics, & Head, Department of Sustainability, Rochester Institute of Technology

After 43 days, the U.S. government shutdown finally came to an end late on Nov. 12, 2025, when Congress voted through a long-overdue funding bill, which President Donald Trump promptly signed.

But the prolonged gap in government-as-usual has come at a cost to the economy.

The Conversation spoke with RIT economist Amitrajeet A. Batabyal on the short- and long-term impact that the shutdown may have had on consumers, on the gross domestic product and on international trust in U.S. stewardship of the global economy.

What is the short-term economic impact of the shutdown?

Having some 700,000 government workers furloughed has hit consumer spending. And a subset of those workers believed they may not have a job to come back to amid efforts by the Trump administration to lay them off permanently.

In fact, the University of Michigan’s monthly index on consumer sentiment tumbled to a near record low in November – a level not seen since the depth of the pandemic. Because lower consumer sentiment is related to reduced spending, that has a short-term impact on retailers, too.

And because parks and monuments have been closed throughout the shutdown, tourism activity has been down – a decline no doubt worsened by the reduction in flights enforced due to shortages in air traffic controllers.

The effect was particularly pronounced in places like Washington D.C. – one of the most popular destination for tourists – and Hawaii. This short-term effect will likely extend to secondary businesses, such as hotels. Indeed, prior to the shutdown, the U.S. Travel Association warned that such an event would cost the total travel industry around US$1 billion a week.

And the longer-term impact?

Estimates range, but the nonpartisan Congressional Budget Office has said that the cost to America’s gross domestic product in lost productivity is in the range of $7 billion to $14 billion – and that is a cost from a self-imposed wound that will never be recovered.

And from an international macroeconomic point of view, trust in the U.S. has been hit. Even before the shutdown, political dysfunction in Washington contributed to a downgrade in the U.S. credit rating – something that could result in higher borrowing costs.

The shutdown further erodes the United States’ standing as the global leader of the free market and rules-based international order. Accompanied by the economic rise of China, this shutdown further erodes international investors’ impression of the U.S. as an arbiter and purveyor of the established trade and finance system – and that can only hurt Washington’s global economic standing.

Has the economic pain been felt evenly?

Certainly not. Large numbers of Americans have been hit, but the shutdown affected regions and demographics differently.

Those on the lower end of the income distribution have been hit harder. This is in large part due to the impact the shutdown has had on the Supplemental Nutrition Assistance Program, also known as food stamps. Some 92% of SNAP benefits go to American households below the federal poverty line.

More than 42 million Americans rely on SNAP payments. And they were caught up in the political maelstrom – left not knowing if their SNAP payments will come, if they will be fully funded and when they will appear.

There is also research that shows Black Americans are affected more by shutdowns than other racial groups. This is because traditionally, Black workers have made up a higher percentage of the federal workforce than they do the private sector workforce.

Geographically, too, the impact of this shutdown has been patchy.

California, Washington D.C. and Virginia have the highest proportion of federal employees, so that means a larger chunk of the workers in those regions were furloughed. Hawaii has also been disproportionately hit due to the large number of military there. One analysis found that with 5.6% of people in the state federally employed, and a further 12% in nonprofit jobs supported by federal funding, Hawaii was the second-hardest-hit state during the shutdown.

How easy is it for the US to recover from a shutdown?

Because shutdowns are always temporary, recovery depends on how long it has gone on for. Traditionally, the long-term economic trend is not badly affected by the short-term pain of shutdowns.

But it may be slightly different this time around. This shutdown went on longer than any other shutdown in U.S. history.

Also, the nature of this shutdown raises some concerns. This was the first shutdown in which a president said that backpay was not a sure thing for all furloughed federal employees. And the uncertainty over those threatened with layoffs again broke from past precedent. Both matters seemed to have been settled with the deal ending the shutdown, but even so, the ongoing uncertainly may have affected the spending patterns of many affected.

And we also do not know what the economic impact of the reduction of domestic flights will be.

Have other economic factors exacerbated the shutdown affect?

While the shutdowns in Trump’s first administration did take place while tariffs were being used as a foreign policy and economic tool, this year is different.

Trump’s tariff war this time around is across the board, hitting both adversaries and allies. As a result, the U.S. economy has been more tentative, resulting in greater uncertainty on inflation.

Related to that is the rising grocery prices that have contributed to an upward tick in inflation.

This all makes the job of the Federal Reserve harder when it is trying to fine-tune monetary policy to meets its dual mandates of full employment and price stability. Add to that the lack of government data for over a month, and it means the Fed is grasping in the dark a little when it comes to charting the U.S. economy.

The Conversation

Amitrajeet A. Batabyal does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The shutdown has ended – but this economist isn’t rejoicing quite yet – https://theconversation.com/the-shutdown-has-ended-but-this-economist-isnt-rejoicing-quite-yet-269471

El ‘sueño chino’ de Xi Jinping: cómo Pekín aspira a disputar el liderazgo global a Estados Unidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluc Vidal, Profesor Titular, Director del Grado de Relaciones Internacionales de la UOC, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

El presidente chino, Xi Jinping, fotografiado el pasado 25 de abril. Photo Agency/Shutterstock

En las dos últimas décadas, el ascenso de China se ha convertido en uno de los fenómenos más determinantes de un nuevo sistema internacional en ciernes. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, el país ha pasado de ser la “fábrica del mundo” a una potencia tecnológica y diplomática que aspira a disputar la hegemonía global a Estados Unidos.

Las reformas económicas de los años ochenta permitieron a China experimentar un crecimiento sin parangón en la historia reciente. Sin embargo, el salto cualitativo ha llegado con el XIV Plan Quinquenal (2021–2025), que ha fijado como objetivo alcanzar la autosuficiencia tecnológica en sectores estratégicos como los semiconductores, la inteligencia artificial y la biotecnología.

Solo en 2024, el país concentró el 47 % de las solicitudes de patentes mundiales, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), y destinó en 2022 el 2,6 % del PIB a I+D, superando a la media de los países emergentes según los datos del National Bureau of Statistics of China.

Esta política combina una masiva inversión pública, alianzas internacionales de forma selectiva y una diplomacia tecnológica que vincula innovación y acción exterior. En otras palabras, China va a movilizar su capacidad tecnológica (5G, las energías renovables o la inteligencia artificial) como instrumento de poder e influencia internacional.

Prosperidad, cohesión y poder

El proyecto político de Xi Jinping, conocido como el “Sueño Chino” (中国梦, Zhongguo meng), busca restaurar el papel central del país en el mundo. Este sueño combina tres ejes: prosperidad económica, cohesión interna y “renacimiento nacional”. Ahora bien, ¿qué signfica este discurso? En la práctica, implica mantener un fuerte control interno y una expansión exterior controlada donde la diplomacia, la innovación tecnológica y la modernización militar se coordinan para consolidar la influencia global de China.

El gasto en defensa aumentó un 7,2 % en 2024, consolidando a China como la segunda fuerza armada mundial, con un 1.7 % sobre el PIB. Al mismo tiempo, el país está desarrollando capacidades en ciberdefensa, guerra electrónica y drones autónomos. Como sentenciaba Xi en 2017: “En circunstancias de una competencia militar global cada vez más intensa, solo los innovadores ganan”.

La política de la seda

El ascenso chino no puede entenderse sin su dimensión geográfica. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), lanzada en 2013, Pekín ha invertido más de un billón de dólares en infraestructuras que conectan Asia, África y Europa.

Esta red de corredores ferroviarios, puertos y parques industriales no solo busca facilitar el comercio, sino también reforzar la influencia de China. El control de recursos críticos, como el litio, el cobalto o las tierras raras, le otorga un poder geoeconómico considerable. China refina el 60 % del litio mundial y produce más del 70 % de las tierras raras, según la Agencia Internacional de la Energía.

Estos materiales son esenciales para la transición energética y la revolución digital, lo que sitúa a Pekín como socio indispensable. En un contexto de descarbonización acelerada, el control de los minerales críticos no solo condiciona la capacidad industrial de los Estados, sino que reconfigura las estructuras del poder económico y político mundial, un terreno en el que China parte con clara ventaja.

Europa entre la cooperación y la autonomía estratégica

Desde 2019, la UE define a China como socio, competidor y rival sistémico, una triple categoría que refleja una estudiada ambivalencia. Europa necesita a China para avanzar en su transición verde y tecnológica, pero teme depender excesivamente de ella en sectores estratégicos.

El concepto de “de-risking”, impulsado por la Comisión Europea, busca reducir dependencias sin romper los lazos comerciales. Alemania, por ejemplo, mantiene un comercio bilateral con China de más de 250 000 millones de euros anuales, pero restringe inversiones en sectores sensibles como telecomunicaciones o microchips.

Diplomacia tecnológica y narrativa global

¿Como consigue China lograr sus objetivos en materia de política tecnológica? La diplomacia china combina poder duro (hard power), económico y militar, con poder blando (soft power) basado en la proyección cultural, la cooperación educativa y la creación de instituciones internacionales propias, como el Instituto Confucio o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

Además, China promueve una narrativa alternativa al orden liberal occidental: un “mundo multipolar” donde los países del Sur Global tienen mayor voz. En 2024, China apoyó en la cumbre del BRICS la incorporación de Irán, Egipto, Etiopia y Emiratos Árabes Unidos, consolidando su papel como articulador de un bloque postoccidental.

Sin embargo, su estrategia exterior también conlleva ciertos riesgos. La creciente deuda de algunos países africanos y asiáticos con bancos chinos y las tensiones en torno a Taiwán o el mar de la China Meridional podrían derivar en crisis de legitimidad o en una respuesta coordinada de otras potencias.

La paradoja del ascenso chino

China aspira a liderar la cuarta revolución industrial y a consolidarse como potencia global sin provocar una ruptura abierta con el orden liberal creado en 1945. Su desafío es controlar sin asfixiar, expandirse sin generar alianzas de contención y mantener la innovación dentro de un sistema político centralizado.

De su capacidad para innovar sin desestabilizar dependerá si el siglo XXI será recordado como el momento en que China desafió el orden liberal… o lo reinventó a su medida.

The Conversation

Lluc Vidal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El ‘sueño chino’ de Xi Jinping: cómo Pekín aspira a disputar el liderazgo global a Estados Unidos – https://theconversation.com/el-sueno-chino-de-xi-jinping-como-pekin-aspira-a-disputar-el-liderazgo-global-a-estados-unidos-267774

Conectados para crecer: la profunda transformación digital de la adolescencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Osuna-Acedo, Profesora Catedrática de Universidad – Comunicación y Educación, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Ilustradora: Emma Gascó.

A lo largo de la historia de la humanidad, cada generación ha hecho uso de las tecnologías que la sociedad le ponía a su alcance, algo que ha beneficiado su desarrollo y crecimiento. En nuestra sociedad interconectada, las tecnologías digitales se integran de una forma natural en cualquier acción que realice la población adolescente. Los debates públicos, a menudo, enfatizan en los riesgos del mundo digital, pero la realidad es que tenemos muchas evidencias científicas que respaldan los múltiples beneficios para los adolescentes del uso responsable de internet y las redes sociales.

Los adolescentes de las generaciones previas dependían casi únicamente del sistema escolar formal para aprender. En la actualidad esto ha cambiado. En esta etapa caracterizada por la exploración identitaria, la búsqueda de autonomía y la construcción de relaciones sociales significativas, el ecosistema digital que ofrece nuevas oportunidades para la expresión personal, la conexión social y el aprendizaje.




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Algunas redes sociales y aplicaciones virtuales, como YouTube o Duolingo, son ejemplos claros de espacios digitales que permiten el aprendizaje informal, donde los adolescentes adquieren los conocimientos necesarios según sus propios intereses.

Una investigación reciente concluía que los adolescentes prefieren obtener la información que necesitan a través de internet, ya que les resulta más accesible, rápida, privada y libre de juicios. A poco que reflexionemos sobre este sentimiento, podemos apreciar la fuerza que tiene el entorno digital para aprender en la adolescencia, sobre todo, en temas muy sensibles como la salud mental, la sexualidad, la privacidad, los problemas sociales, etc. En este mismo estudio, se menciona un argumento muy significativo de un adolescente de la muestra: “No tengo adicción a la tecnología, tengo adicción a mis amigos”.

Internet para comunicarse

Así pues, las nuevas generaciones pueden explorar desde el ciberespacio, de forma autónoma y a su ritmo, la información que necesitan en cada momento de su vida. Hay un consenso general acerca de que comunicarse es el principal uso que hacen los adolescentes de internet. Así lo afirma la autora Roxana Morduchowicz, que lleva décadas estudiando la influencia de internet en las nuevas generaciones. Las investigaciones de esta autora muestran que la realidad de la población adolescente se mueve entre dos esferas: la virtual, desde los enlaces en los que participan en el ciberespacio, y la real, en el mundo en sus relaciones cara cara. Los adolescentes entran y salen de ambos universos permanentemente, sin necesidad de distinguir sus fronteras de manera explícita. Morduchowicz también afirma que no es posible entender la adolescencia sin la importante presencia de los amigos, pero tampoco es posible comprender actualmente el concepto de amistad, sin tener en cuenta a las tecnologías digitales.

Internet ha conseguido nuevas formas de sociabilidad juvenil y nuevas formas de diálogo entre esta población, estableciéndose la interacción entre ellos de forma simultánea, en tiempo real y sin necesitar una presencia física. Obviamente, a esta situación ha contribuido el desarrollo de los teléfonos móviles y el uso que hace esta población de los mismos.

Un rol protagonista

Los adolescentes en los espacios digitales buscan nuevas oportunidades para hablar de sí mismos y compartir contenidos con sus audiencias. Es decir, pueden hablar de sus vidas, de lo que piensan y sienten sobre los temas que les preocupa, pueden mostrar lo que quieren que otros sepan de sí mismos o pueden evaluar los comentarios que reciben de otras personas. Los adolescentes tienen un rol protagonista en internet, donde se han convertido en productores de contenidos, algo que les posibilita participar en la cultura de su época de forma activa y que hasta ahora ninguna generación había conseguido. Y todo esto lo hacen mediados por las pantallas.




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Además, podemos afirmar que el uso que hacen los adolescentes de los espacios digitales les permite fomentar su creatividad. La red social TikTok o la aplicación de videojuegos Roblox son ejemplos de cocreación en línea que realizan las generaciones más jóvenes para desarrollar su creatividad, en lugar de conformarse con ser meros consumidores. Podríamos nombrar también la plataforma Scratch como ejemplo de espacio virtual de aprendizaje usado mucho en los centros educativos. Scratch que ayuda a incrementar el compromiso del estudiantado con su propio aprendizaje, mejorando el pensamiento computacional y reforzando la autoestima al permitirles enfrentarse con desafíos lógicos y creativos.

Construcción de la identidad

En general, todas las redes sociales que usan los adolescentes permiten la expresión de ideas, emociones y opiniones, utilizando lenguaje multimedia con textos, imágenes, vídeos y sonidos. Las comunicaciones creativas que realizan los adolescentes en los espacios virtuales en los que interactúan les ayudan a construir una identidad digital sólida que caracteriza a su generación. La producción creativa en línea constituye un poderoso medio de autoexpresión y autodescubrimiento.

Contrariamente a la idea de la juventud conectada a los espacios virtuales en solitario, lo que se produce realmente es una comunicación con los iguales y otras personas, cosa impensable en generaciones anteriores. El informe de la Organización Mundial de la Salud concluye que los adolescentes que hacen un uso frecuente, pero no problemático, de las redes sociales, reportan niveles más altos de apoyo emocional entre pares y menos sentimientos de soledad. Además, y contrariamente a los mensajes alarmistas que aparecen frecuentemente en los medios de comunicación, existen investigaciones que revelan que el apoyo social que reciben los adolescentes en las plataformas digitales protege contra la depresión.

Compromiso y conciencia social

Es un hecho que los adolescentes participan en movimiento sociales, en campañas solidarias y en proyectos colaborativos en línea, lo que refuerza su compromiso ético y conciencia social. El movimiento Friday For Future, impulsado por adolescentes en las redes sociales, llegó a movilizar millones de personas a nivel mundial, defendiendo acciones beneficiosas para la concienciación sobre el cambio climático. Ejemplos como este nos muestran una generación comprometida con lo que le rodea, que aprovecha las herramientas digitales a las que accede para expresarse y transformar el mundo.

En una entrevista en 2024, el experto Henry Jenkins defiende el rol de las tecnologías digitales a la hora de amplificar significativamente la presencia y participación de los adolescentes en las conversaciones públicas. A través de hashtags, campañas virales y comunidades en línea, los adolescentes visibilizan sus causas y movilizan apoyos para los temas que les conciernen directamente.

La mediación adulta

Como vemos por estos y otros estudios, el uso de la tecnología por parte de la población adolescente no es inherentemente bueno o malo. También tenemos evidencias sobre el beneficio de que estas acciones vayan acompañadas de la experiencia y mediación adulta. Por ello, es necesario que en la educación formal se fomente el diálogo abierto entre adultos y adolescentes sobre sus experiencias en línea. Esta “Alfabetización Mediática e Informacional” ya la promulga la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde la década de 1970, y cobra más actualidad en estos momentos en que la inteligencia artificial generativa está implantándose de forma tan disruptiva.

La “alfabetización mediática e informacional” es distinta y complementaria a la alfabetización digital. Con la primera, la UNESCO se refiere a la adquisición de competencias técnicas para usar las tecnologías digitales (competencias para el uso de dispositivos digitales y sus programas, para navegar por internet y para conseguir la seguridad digital imprescindible como el uso de contraseñas o antivirus). Con la segunda, la UNESCO se refiere a la promoción del pensamiento crítico de una ciudadanía digital activa y la libertad de expresión.

Los adultos necesitan esta alfabetización mediática para conocer y comprender los consumos culturales de la población adolescente e integrarlos en la enseñanza. Es decir, todo lo contrario a lo que la escuela hace habitualmente, que elabora sus estrategias didácticas sin analizar el punto de partida adolescente. La escuela debe entender que toda la información que llegue a los adolescentes forma parte de su saber, pero el saber de cada uno de estos menores no se limita exclusivamente a la información que reciben. El papel de la educación es convertir esa información que los bombardea en conocimiento y, a su vez, que este conocimiento integre su identidad cultural. No olvidemos que estamos ante la generación que más participa en la cultura de su tiempo.

Hay que enseñar a los más jóvenes a cuestionar, investigar y verificar la información que consumen y a promover el uso de las plataformas digitales con responsabilidad, respeto y seguridad. Una narrativa alarmista sobre la relación que tienen los adolescentes y las tecnologías digitales nos lleva a no ser proactivos en cuanto a la guía y mediación que estamos obligados a aportar. Nuestro reto no es restringir el acceso de los adolescentes a las tecnologías digitales, sino ofrecerles acompañamiento, educarles y fomentar una cultura digital positiva, que empodere a las nuevas generaciones de forma crítica.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.

The Conversation

Sara Osuna-Acedo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Conectados para crecer: la profunda transformación digital de la adolescencia – https://theconversation.com/conectados-para-crecer-la-profunda-transformacion-digital-de-la-adolescencia-269243

What is Fusarium graminearum, the fungus a Chinese scientist pleaded guilty to smuggling into the US?

Source: The Conversation – USA (2) – By Tom W. Allen, Associate Research Professor of Plant Pathology, Mississippi State University

Wheat infected by *_Fusarium_*, a toxic fungus, has kernels that appear white with orange at the base. Klaus-Dietmar Gabbert/picture alliance via Getty Images

A Chinese plant scientist at the University of Michigan who drew national attention in June 2025 when she was arrested and accused of smuggling a crop-damaging fungus into the U.S. pleaded guilty on Nov. 12, 2025, to charges of smuggling and making false statements to the FBI. Under her plea agreement, Yunqing Jian, 33, was sentenced to time served and expected to be deported.

Her arrest put a spotlight on Fusarium graminearum, a harmful pathogen. But while its risk to grains such as wheat, corn and rice can be alarming, Fusarium isn’t new to American farmers. The U.S. Department of Agriculture estimates it costs wheat and barley farmers more than $1 billion a year.

Tom Allen, an extension and research professor of plant pathology at Mississippi State University, explains what Fusarium graminearum is and isn’t.

What is Fusarium graminearum?

Fusarium graminearum is a common fungal plant pathogen that creates problems for farmers across the U.S.

It causes a disease in barley and wheat called Fusarium head blight, or scab. It can also damage rice and rot corn ears and stalks. In severe cases, scab could cut a farm’s yield by 45%.

Scab has been responsible for some of the greatest annual crop losses in the U.S. In 2024, estimates from extension and research plant pathologists suggested scab reduced the U.S. wheat crop by approximately 31 million bushels or roughly 2%.

When compared with other wheat diseases that harm the head and kernels, scab is by far the most concerning because it occurs across wide areas and affects the crop at advanced growth stages.

Why is Fusarium graminearum a concern?

As a plant pathogen, the fungus responsible for scab produces a mycotoxin in grain that can harm humans and livestock. In addition, when wheat grain used for seed is infested with the fungus, the seeds are less likely to germinate and produce new plants in the next growing season.

The mycotoxin is widely categorized as a vomitoxin. It can induce vomiting if ingested in high enough concentrations, but prolonged exposure can also cause gastronintestinal damage, harm the immune system and inflame the central nervous system.

In animals, repeated exposure to the mycotoxin in food can decrease their growth and weight, and livestock can develop an immune response to the toxin that can harm their ability to reproduce.

The U.S. Food and Drug Administration has issued advisory levels, basically limits for the amount of mycotoxin considered a health hazard in grain products.

Since barley and wheat are important as food for humans and livestock, harvested grain is routinely tested when farmers bring their crops to grain elevators for sale. Entire loads of grain may be rejected if they’re found to have mycotoxin concentrations above the FDA limits.

Wheat can be treated to remove scabby kernels. If mycotoxin levels aren’t too high, it could also be used for livestock feed. The advisory threshold for the mycotoxin is higher for adult cattle and chickens, at 10 parts per million, than it is for humans, at 1 ppm.

What does the law say about importing and moving plant pathogens?

These risks are why importing and even moving plant pathogens within the U.S. is regulated by the U.S. Department of Agriculture’s Animal and Plant Health Inspection Service, or USDA-APHIS, through the Plant Protection Act of 2000.

Federal law restricts the movement of plant pathogens, including bacteria, fungi and viruses, even for research purposes, as well as their release into the environment. A scientist who wants to move a plant pathogen, either within the U.S. or from outside the U.S., must go through a permitting process with USDA-APHIS that can take up to six months to complete.

Travelers in an airport with a sign in the foreground warning against bringing in bananas, soil or plants to avoid harming crops.
A sign at a Colombian airport warns about the spread of a type of Fusarium that affects bananas and plantains.
Jeffrey Greenberg/Universal Images Group via Getty Images

The goal of these rules is to reduce the risk of introducing something new that could be even more destructive for crops.

Even with Fusarium graminearum, which has appeared on every continent but Antarctica, there is potential for introducing new genetic material into the environment that may exist in other countries but not the U.S. and could have harmful consequences for crops.

How do you manage Fusarium graminearum infections?

Fusarium graminearum infections generally occur during the plant’s flowering, rainfall and periods of high humidity during early stages of grain production.

Wheat in the southern U.S. is conducive to infection during the spring. As the season progresses, the risk from scab progresses north through the U.S. and into Canada as the grain crops mature across the region, with continued periods of conducive weather throughout the summer.

How Fusarium graminearum risk progressed in 2025. Yellow is low risk, orange is medium risk, and red is high risk. Fusarium Risk Tool/Penn State

Between seasons, Fusarium graminearum survives on barley, wheat and corn plant residues that remain in the field after harvest. It reproduces by producing microscopic spores that can then travel long distances on wind currents, spreading the fungus across large geographic areas each season.

In wheat and barley, farmers can suppress the damage by spraying a fungicide onto developing wheat heads when they’re most susceptible to infection. Applying fungicide can reduce scab and its severity, improve grain weight and reduce mycotoxin contamination.

However, integrated approaches to manage plant diseases are generally ideal, including planting barley or wheat varieties that are resistant to scab and also using a carefully timed fungicide application, rotating crops, and tilling the soil after harvest to reduce residue where Fusarium graminearum can survive the winter.

Even though fungicide applications may be beneficial, fungicides offer only some protection and can’t cure scab. If the environmental conditions are extremely conducive for scab, with ample moisture and humidity during flowering, the disease will still occur albeit at reduced levels.

A discussion of Fusarium head blight in the northern Plains. Andrew Friskop/NDSU Extension.

Plant pathologists are making progress on early warning systems for farmers. A team from Kansas State University, Ohio State University and Pennsylvania State University has been developing a computer model to predict the risk of scab. Their wheat disease predictive model uses historic and current environmental data from weather stations throughout the U.S., along with current conditions, to develop a forecast.

In those areas that are most at risk, plant pathologists and commodity specialists encourage wheat growers to apply a fungicide during periods when the fungus is likely to grow to reduce the chances of damage to crops and the spread of mycotoxin.

The Conversation

Tom W. Allen does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What is Fusarium graminearum, the fungus a Chinese scientist pleaded guilty to smuggling into the US? – https://theconversation.com/what-is-fusarium-graminearum-the-fungus-a-chinese-scientist-pleaded-guilty-to-smuggling-into-the-us-261744