‘Paleodictyon’: el misterioso organismo que dibuja patrones en el mar profundo desde hace millones de años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto González Casarrubios, Doctorando en Zoología, Universidad Complutense de Madrid

Fósil de _Paleodictyon_, probablyemente _P. imperfectum_, hallado en roca sedimentaria en Punta de San García, Campo de Gibraltar, Algeciras. Wikimedia Commons., CC BY

La vida en la Tierra lleva evolucionando desde hace, al menos, 3 500 millones de años, la mayoría de los cuales ha sido en los océanos. Hasta ahora, una de las mejores herramientas para reconstruir quién vivió y cómo lo hizo han sido los fósiles: restos de organismos pretéritos que han quedado atrapados en rocas sedimentarias.

Sin embargo, los organismos biológicos no solo somos un cuerpo o una anatomía, sino también lo que hacemos con él. Los organismos construyen (y construimos) casas, nidos, trampas, galerías y dejamos huellas de nuestra actividad en el ambiente.

Cuando lo que se conserva en la roca no es el cuerpo del animal, sino el rastro fosilizado de su actividad, hablamos de icnofósiles o fósiles traza. La disciplina encargada de descifrarlos, la paleoicnología, intenta leer estos comportamientos congelados en el tiempo.

El catálogo de icnofósiles es inmenso. De muchos de ellos conocemos al “autor” con certeza, pero en otros casos, el organismo productor sigue siendo una incógnita. Y, entre esos misterios sin resolver, destaca uno por encima de todos.

Palaeodictyon hallado en el río Savio, Italia, perteneciente al mioceno.
Wikimedia Commons., CC BY

Patrones regulares en el mar profundo

Pocos fósiles traza son tan reconocibles como Paleodictyon. A simple vista, parece un panal de abejas fosilizado; una red perfecta de celdas hexagonales. Sin embargo, no se trata de una huella dejada en superficie por un organismo, sino de un sistema de túneles horizontales, regulares e interconectados entre sí, que en ocasiones conectan con la superficie mediante pequeños pozos verticales. Lo que se ve en superficie es únicamente un patrón de agujeros en el sedimento que esconde un sistema oculto mucho más complejo.

Su patrón es tan llamativo que el primer registro visual de este “organismo” se atribuye a Leonardo da Vinci. En sus observaciones sobre los fósiles de los Apeninos, Da Vinci dibujó una serie de patrones hexagonales que coinciden con las redes de Paleodictyon. Sin embargo, el reconocimiento oficial no llegó hasta más de 300 años después, en 1850, cuando el naturalista italiano Giuseppe Meneghini describió formalmente el género en depósitos de flysch –rocas de origen sedimentario–, en Italia.

Esquema de Da Vinci (izquierda) y fósil real (derecha) de Paleodyction.
Alberto González, modificado de Baucon (2010) y Rona et al. (2009).

Durante el siglo XIX, la confusión reinó sobre su naturaleza. A menudo, se clasificaban como “fucoides”, creyéndose restos de algas primitivas.

Sin embargo, a medida que se multiplicaban los hallazgos, surgió una sorpresa mayor que su propia identidad: su asombrosa estabilidad temporal. Paleodictyon aparece en el registro fósil desde principios del Cámbrico (hace más de 500 millones de años) hasta el Eoceno (hace unos 35 millones de años). A diferencia de otros fósiles que surgen y desaparecen, este patrón se mantuvo estable durante eones.

El hallazgo de un fósil viviente

El fósil ya era misterioso de por sí, pero la historia guardaba un giro inesperado. En 1976, el oceanógrafo estadounidense Peter Rona, de la Universidad de Rutgers 8Estados Unidos), se encontraba analizando imágenes del fondo oceánico en el rift de Galápagos y el Atlántico profundo cuando algo captó su atención: cientos de agujeros impresos en el sedimento, con un patrón hexagonal.

Al principio, Rona pensó que sus colegas le estaban gastando una broma, pero tras descartar el engaño, se puso en contacto con los mejores biólogos marinos del momento, consultándoles sobre las extrañas marcas. La respuesta fue unánime; ninguno había visto un patrón similar. En 1978, publicó sus desconcertantes resultados, bautizando las marcas como obra de “invertebrados de identidad desconocida”.

La identificación llegó poco después y no vino de la biología, sino de la paleontología. Adolf Seilacher, un renombrado paleontólogo alemán, vio las fotografías de Rona y reconoció de inmediato lo que tenía delante. Se puso en contacto con el oceanógrafo con un mensaje revelador: aquello que las fotos mostraban “vivo” a miles de metros de profundidad era idéntico a Paleodictyon nodosum, un fósil del Eoceno que él mismo había estudiado.

Esquema de varios tipos de grafoglíptidos, grupo de icnofósiles al que pertenece Paleodictyon.
Alberto González, modificado de Rona et al. (2009).

La conclusión era asombrosa: el organismo desconocido que dejó su rastro en los sedimentos hace 500 millones de años seguía vivo hoy en día, dejando su impronta en sedimentos abisales. El rastro estaba fresco; ahora solo faltaba atrapar al arquitecto.

En búsqueda del arquitecto desconocido

A pesar de la magnitud del descubrimiento, Seilacher y Rona se toparon con un muro habitual en la ciencia: la financiación. La investigación del océano profundo es compleja y costosa y, en aquella época, financiar una expedición para buscar al autor de un fósil traza parecía imposible.

La suerte cambió en 1985, cuando el propio Rona y colaboradores descubrieron fuentes hidrotermales en la dorsal mesoatlántica. Este hallazgo multiplicó el interés y la financiación, lo que permitió realizar hasta cuatro expediciones de 1990 a 2003, incluida la realización de un documental para IMAX (Volcanoes of the Deep Sea).

Aprovechando estas campañas, Rona y Seilacher consiguieron estudiar las misteriosas marcas, que yacían a pocas millas de las fuentes hidrotermales.

Los investigadores tomaron multitud de fotografías, recolectaron numerosos testigos de sedimento para analizar su química y microbiología e, incluso, realizaron reconstrucciones 3D de la red.

El sumergible Alvin en 1978, un año después de su primera exploración de fuentes hidrotermales. El rack que aparece en la proa alberga contenedores de muestras.
Johlman / Wikimedia Commons., CC BY

Cara a cara en submarino

El momento culminante llegó con un experimento in situ, gracias al famoso sumergible DSV Alvin, rociaron un suave chorro de agua sobre un ejemplar de Paleodictyon para “barrer” la capa superficial, con el objetivo de encontrar el organismo responsable escondido en el sedimento.

Al despejarse la nube de fango, apareció lo que Seilacher había predicho: bajo los simples agujeros se escondía una red hexagonal de túneles idéntica a los fósiles de hace millones de años.

Los autores publicaron un extenso artículo con todos sus resultados, en 2009. Sin embargo, la victoria fue incompleta. Ni la observación submarina, ni el análisis de la muestra en superficie, ni la secuenciación genética posterior lograron encontrar al organismo. Tenían la estructura conservada, pero el autor no estaba allí.

Fotografía de Paleodictyon actual y reconstrucción 3D.
Alberto González, modificado de Durden et al., 2020 y Rona et al., 2009.

Distribución actual

Actualmente, Paleodictyon se encuentra en el registro fósil en sedimentos marinos de todos los continentes. Es una herramienta fundamental para los paleontólogos para datar capas geológicas y reconstruir océanos antiguos. Aunque su origen evolutivo se remonta a aguas más someras en el Cámbrico, con el tiempo migró hacia el mar profundo, donde parece haberse asentado.

En cuanto al organismo “vivo”, su presencia actual no se queda atrás. Se ha documentado en los tres grandes océanos, siempre en profundidades abisales: desde la dorsal mesoatlántica hasta la inmensa zona de fractura Clarion-Clipperton en el océano Pacífico, pasando por las dorsales del Índico.

Está en todas partes y, sin embargo, parece no estar en ninguna de sus “madrigueras”.

Un enigma global: teorías sobre su origen

Aunque se han realizado numerosos estudios, desde análisis de imágenes hasta modelos teóricos, todavía nadie ha conseguido detectar al autor de estas marcas. A día de hoy, la comunidad científica baraja tres hipótesis principales:

• Madriguera de invertebrado: propuesta por Seilacher, sugiere que el rastro es una madriguera excavada por un crustáceo o un animal vermiforme, que la utilizaría para el “cultivo” y la recolección de alimento microbiano.

• Protozoo macroscópico: en el mar profundo, son comunes unos organismos unicelulares de un tamaño considerable llamados xenofióforos (Xenophyophorea). Algunos de ellos presentan formas tubulares y viven enterrados en el sedimento. Esta teoría propone que la red no es una excavación, sino la impresión del cuerpo de uno de estos organismos.

Esponja hexantinélida fotografiada durante la expedición MANGAN 26 (SO317).
Alberto González et al.

• Esponja de vidrio: las esponjas hexantinélidas son comunes en el mar profundo, y se han descubierto especies que poseen una arquitectura esquelética interna con patrones hexagonales. Esta teoría sugiere que Paleodictyon es el esqueleto de una esponja adaptada a la vida infaunal –organismos que viven entre las partículas del sedimento en el medio acuático–.

Misterio por resolver

Todas las teorías tienen puntos sólidos y debilidades. No se conocen animales que realicen madrigueras hexagonales regulares y nunca se ha visto ningún crustáceo o animal vermiforme habitando u ocupando estos tubos. Tampoco se han encontrado las espículas de sílice características de las esponjas, además de que no parece la mejor estrategia para un organismo filtrador vivir bajo el sedimento.

La propuesta más razonable parece ser un protista desconocido, quizás emparentado con los xenofióforos (organismos unicelulares gigantes), pero la ausencia total de filamentos de citoplasma en el interior de los tubos impide confirmarlo. En definitiva, todas las propuestas son mera especulación.

El autor de estas marcas permanece desconocido hoy en día. Y no estamos hablando de una rareza biológica confinada a un rincón perdido. El océano profundo es el ecosistema más grande de la Tierra: cubre aproximadamente el 60 % de la superficie del planeta y representa más del 90 % del espacio habitable.

No sabemos qué es Paleodictyon en sí mismo, pero sí sabemos lo que significa para nosotros: un recordatorio bello y simétrico de los muchos misterios que quedan sin resolver en el mar profundo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Paleodictyon’: el misterioso organismo que dibuja patrones en el mar profundo desde hace millones de años – https://theconversation.com/paleodictyon-el-misterioso-organismo-que-dibuja-patrones-en-el-mar-profundo-desde-hace-millones-de-anos-274866

Puede que no consuma suficiente creatina, pero eso no significa que deba suplementarse

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Permanente Laboral. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo., Universidad de Alcalá

Lazhko Svetlana/Shutterstock

La creatina está de moda. Al principio se asociaba con el deporte de alto rendimiento y los suplementos para aumentar la masa muscular, pero sus aplicaciones parecen ampliarse día a día. Cada vez surgen más estudios que plantean su utilidad en distintos contextos y poblaciones más allá del ámbito deportivo. No en vano esta molécula cumple funciones esenciales que van mucho más allá del gimnasio. Así, participa en la producción rápida de energía en músculos, cerebro y otros tejidos con alta demanda energética.

Como ocurre con casi todos los suplementos, la pregunta clave no debería ser cuánto tomar o cuándo hacerlo para obtener un beneficio. La cuestión inicial es algo mucho más básico: ¿estamos obteniendo suficiente creatina a través de la alimentación cotidiana?

La evidencia científica más reciente sugiere que, probablemente, una proporción significativa de la población no consume suficiente creatina. Esto es así especialmente en el caso de quienes consumen pocos alimentos de origen animal o siguen dietas basadas en plantas. ¿Significa eso que deberíamos tomar suplementos? Comencemos por el principio.

¿Qué es la creatina y por qué importa?

La creatina es un compuesto nitrogenado que el organismo sintetiza de manera natural. Lo hace en cantidades de alrededor de 1 gramo al día en adultos, principalmente en el hígado y los riñones. Se produce a partir de aminoácidos como arginina, glicina y metionina. También se obtiene a través de la dieta, a través del consumo de alimentos de origen animal, pues se almacena en el tejido muscular animal. Por el contrario, los alimentos vegetales (legumbres, cereales, frutas o verduras) no contienen prácticamente creatina.

En condiciones fisiológicas normales el organismo degrada alrededor 1-2% del total de creatina contenido en los músculos por día, unos 2-3 gramos dependiendo de la persona. Considerando que se recomienda ingerir entre 3-5 gramos al día de creatina,resulta necesario reponer entre 2 y 4 gramos diarios de creatina por medio de la alimentación.

En alimentos de origen animal, la creatina se encuentra en concentraciones moderadas:

  • Carne (ternera, cordero o pollo): entre 0,3 y 0,5 gramos por kilogramo de alimento.

  • Pescado (bacalao, atún o salmón): entre 0,3 y 0,5 gramos por kilogramo de alimento. Destacando el arenque con 0,6-0,8 gramos por kilogramo de alimento.

Traslademos estas cantidades a raciones reales. Para hacernos una idea, de manera general, un filete de ternera o salmón (200g) suele contener 0,8-1 g de creatina. Mientras que unos 200 gramos de arenques puede aportar hasta 1,8 gramos de creatina. Por tanto, en teoría, dos o tres raciones diarias de carne y/o pescado podrían cubrir el aporte dietético necesario para complementar la producción endógena (la que produce el organismo de manera natural).

Sin embargo, la realidad poblacional es más compleja.

A menos consumo de alimentos de origen animal, menos creatina

En las últimas décadas, muchas recomendaciones nutricionales han promovido dietas con mayor proporción de proteínas vegetales por razones de salud y sostenibilidad ambiental. Como consecuencia, el consumo de carne y pescado ha disminuido en los países occidentales.

Un análisis reciente de datos nacionales en Estados Unidos, tomados entre 1999 y 2018, incluyó a más de 89 000 participantes. Los resultados mostraron que la ingesta dietética de creatina ha descendido con el tiempo.

Además, aproximadamente dos tercios de la población consumían menos de 1 gramo diario, una cifra inferior a la cantidad estimada como necesaria para reponer las pérdidas diarias. El consumo medio de carne en algunos subgrupos resultó sorprendentemente bajo.

El impacto potencial de esta reducción es mayor en personas que siguen una alimentación vegetariana o vegana. Dado que la creatina se encuentra casi exclusivamente en tejidos animales, las dietas basadas en plantas aportan cantidades mínimas o nulas. Diversos estudios han mostrado que personas vegetarianas presentan menores concentraciones musculares de creatina y que incluso unas semanas sin consumo de carne o pescado pueden reducir las reservas intramusculares.

¿Importa realmente consumir poca creatina?

La creatina es ampliamente conocida por su papel en el rendimiento físico, pero su función en el cerebro está recibiendo creciente atención. El cerebro depende de sistemas de fosfocreatina para mantener la estabilidad energética durante periodos de alta demanda metabólica.

Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre menor ingesta dietética de creatina y peor rendimiento cognitivo en adultos mayores, incluyendo menor velocidad de procesamiento y memoria más débil.. Ensayos clínicos con suplementación también han mostrado beneficios modestos en determinadas tareas cognitivas, especialmente en situaciones de privación de sueño y en población vegetariana, aunque los resultados no son uniformes.

Estos hallazgos han llevado a proponer que la creatina podría considerarse un nutriente “condicionalmente esencial”. Esto significa que el organismo puede sintetizarla, pero no siempre en cantidades suficientes para optimizar funciones fisiológicas en todos los contextos o grupos poblacionales.

¿Deberíamos preocuparnos o suplementarnos?

No se trata de que toda la población necesite tomar suplementos. De hecho, en muchas ocasiones puede ser una pérdida de tiempo y dinero. Antes de hacerlo debemos analizar nuestra alimentación para determinar de forma objetiva si necesitamos ese suplemento o no.

Esta es una regla general para cualquier suplemento, y la creatina no es una excepción. Sin embargo, esta sustancia es una de las estudiadas en nutrición deportiva (junto con la cafeína) y su ingesta en dosis de entre 3 y 5 g/día se considera saludable.

Es más, la evidencia sugiere que una parte considerable de la población podría no estar alcanzando niveles óptimos únicamente a través de la dieta. En especial cuando hablamos de personas mayores e individuos con mayores demandas metabólicas por mayor actividad (deportistas, bomberos, militares, etc) o estar sometidos a diferentes tipos de estrés como alteraciones en sueño (trabajadores a turnos, personal sanitario o cuerpos de seguridad).

En estos grupos la suplementación podría ser una estrategia razonable para apoyar tanto la función muscular como, potencialmente, ciertos aspectos de la función cognitiva. No obstante, todavía se necesitan más estudios a largo plazo para establecer recomendaciones poblacionales formales.

Un nutriente poco visible en la transición alimentaria

También en personas que consumen una reducida cantidad de alimentos de origen animal la suplementación con creatina resulta interesante. La evidencia disponible indica que, especialmente en poblaciones que siguen dietas veganas y vegetarianas, las necesidades de creatina no terminan de cubrirse solo mediante la dieta.

Esto no invalida los beneficios demostrados de las dietas ricas en vegetales para la salud cardiovascular y metabólica. Sí invita a reflexionar sobre cómo asegurar el aporte adecuado de nutrientes menos visibles, como la creatina, en un contexto de transición hacia patrones alimentarios más sostenibles.

A medida que cambian nuestras recomendaciones dietéticas también conviene revisar qué micronutrientes pueden quedar en segundo plano. La creatina, a la luz de las evidencias disponibles, podría ser uno de ellos.

The Conversation

Alberto Pérez-López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Puede que no consuma suficiente creatina, pero eso no significa que deba suplementarse – https://theconversation.com/puede-que-no-consuma-suficiente-creatina-pero-eso-no-significa-que-deba-suplementarse-275415

Cuando emprender quema: el desapego emocional como paso previo a ‘tirar la toalla’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Pellejero, Profesor investigador en Organización de Empresas, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Chay_Tee/Shutterstock

Las pymes son el motor silencioso de la economía: sostienen empleo, oferta y tejido económico a nivel local y regional. Pero hay una parte de la historia que se cuenta poco: qué ocurre cuando emprender deja de vivirse como un proyecto con sentido y empieza a sentirse como una carga.

En un estudio reciente con 231 emprendedores y emprendedoras de pymes del sector turismo ubicadas en los municipios más turísticos de Gran Canaria, se analizó un fenómeno muy concreto: la intención de abandonar el negocio. No hablamos de “quejarse” o de pasar una mala racha, sino de la idea –cada vez más presente en algunos perfiles– de que quizá la opción más viable sea cerrar y dejarlo.

Cansancio + retirada emocional

Cuando se habla de desgaste laboral, suele reducirse a estrés o “muchas horas de curro”. Sin embargo, el burnout se entiende mejor si distinguimos dos componentes que se parecen pero no son lo mismo:

  1. Agotamiento emocional: la sensación de estar sin energía, drenado, “sin gasolina”.

  2. Desapego emocional: lo que los investigadores llaman “cinismo” y que no equivale a sarcasmo o mala intención, sino a una retirada psicológica: me implico menos, me distancio, me cuesta conectar con el trabajo, con los clientes o incluso con mi propio proyecto.

En la práctica, el desapego emocional puede funcionar como un modo supervivencia. A corto plazo alivia (si me implico menos, duele menos), pero a medio plazo erosiona el vínculo con aquello que antes daba sentido: el servicio, el oficio, la experiencia del cliente y el orgullo por sacar adelante el negocio.




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El camino hacia el abandono pasa por el desapego emocional

Los datos muestran un patrón nítido:

  • El agotamiento emocional se asocia fuertemente con un aumento del desapego emocional.

  • El desapego emocional, a su vez, se relaciona con mayor intención de abandonar el negocio.

Lo interesante es que, cuando observamos el efecto directo del agotamiento sobre la intención de abandonar, no parece decisivo por sí solo. Es decir: estar agotado no implica automáticamente querer dejarlo. Lo que marca la diferencia es si ese agotamiento termina convirtiéndose en desapego emocional.

Dicho de forma simple: muchos emprendedores pueden estar exhaustos y aun así continuar, pero cuando la respuesta al cansancio es la desconexión (“ya me da igual”, “lo hago por inercia”), entonces la idea de abandonar gana terreno.




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La pieza protectora: la actitud hacia ‘ser emprendedor’

Aquí entra una variable psicológica muy potente y a la vez muy cotidiana: la actitud hacia el emprendimiento propio. No se trata de optimismo ingenuo sino de cómo se valora el propio rol: si la persona se identifica con lo que hace, si cree que merece la pena, si siente que el proyecto encaja con sus metas y valores.

En el estudio, esa actitud cumple dos funciones relevantes:

  1. Se asocia con menor intención de abandonar: quienes puntúan más alto en actitud hacia el emprendimiento tienden a reportar menos ganas de dejar el negocio.

  2. Amortigua el salto del agotamiento al desapego emocional: cuando la actitud hacia el propio emprendimiento es mejor, el vínculo entre agotamiento emocional y desapego emocional se debilita. En otras palabras, una actitud más positiva hacia el rol puede actuar como colchón para que el cansancio no termine traduciéndose en desconexión.

Este punto es clave porque sugiere que la prevención del abandono no pasa solo por “descansar más” (aunque también), sino por evitar que el desgaste rompa el sentido y la conexión con el propio proyecto.




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¿Qué implicaciones prácticas tiene esto?

Este tipo de resultados no deberían usarse para culpabilizar al emprendedor (“si abandonas es porque no tienes buena actitud”). Al contrario: ayudan a identificar en qué tramo del proceso se deteriora la relación con el trabajo y qué apoyos pueden ser más eficaces.

Algunas acciones prudentes serían:

  • Detectar señales tempranas de desapego emocional. No solo “estoy cansado”, sino “me estoy desconectando”: trato más frío, irritabilidad constante, pérdida de orgullo por el servicio, menor cuidado por la experiencia del cliente o sensación de estar “funcionando en automático”.

  • Intervenir sobre el sentido y el rol, no solo sobre la agenda. A veces, recuperar el “para qué” (sin autoexplotación) y redefinir prioridades frena el desapego emocional más que una recomendación genérica de “tomarse vacaciones”.

  • Reducir el aislamiento. Contar con redes profesionales, asociaciones y mentoría puede amortiguar el desgaste.

También es importante recordar que el desapego emocional no surge en el vacío. En muchas pymes la carga de responsabilidad, la exposición constante al cliente y los márgenes ajustados pueden crear un caldo de cultivo donde el agotamiento se cronifica. En ese contexto, la pregunta no es solo “cómo aguantar”, sino “cómo sostener el proyecto” sin perder la conexión con lo que lo hace valioso.




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Una nota final

El estudio se realizó en pymes turísticas de Gran Canaria y utiliza medidas consolidadas para evaluar agotamiento, desapego emocional, actitud hacia el emprendimiento e intención de abandono. Y como toda investigación, invita a replicar en otros destinos y sectores. Pero el mensaje es muy aplicable: si queremos entender por qué algunos negocios acaban abandonándose, miremos el tramo intermedio del proceso.

Porque el problema no siempre empieza cuando falta energía. A veces empieza cuando, para poder seguir, dejamos de sentirnos dentro del propio proyecto.

The Conversation

Mónica Pellejero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando emprender quema: el desapego emocional como paso previo a ‘tirar la toalla’ – https://theconversation.com/cuando-emprender-quema-el-desapego-emocional-como-paso-previo-a-tirar-la-toalla-263843

Lingüística: la ciencia que nos revela el código de la ‘matrix’ en que habitamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Pérez Hernández, Catedrática de Filología Inglesa. Lingüística cognitiva, Universidad de La Rioja

CalypsoArt/Shutterstock

Un día cualquiera nos levantamos. Quizás pedimos una taza de té y una tapa en el bar, escribimos la lista de lo que falta en nuestra nevera, hacemos la compra en el supermercado y también leemos en el periódico un titular que dice: “La IA nos va a robar el trabajo”. En todos estos casos, hemos recibido o intercambiado información. Pensamos que esto ocurre en un mundo objetivo, pero en realidad operamos en una realidad construida, una suerte de matrix como la de la película de Keanu Reeves dirigida por las hermanas Wachowski.

Solemos creer que el lenguaje es solo una herramienta de comunicación, pero en realidad es el código que construye nuestra percepción del mundo. La lingüística es la ciencia que nos permite ver y entender ese código. En mi reciente libro, 20 razones para amar la lingüística, explico cómo esta ciencia estudia y desentraña la naturaleza de una de las capacidades más especiales y definitorias del ser humano.

El algoritmo que hace posible entenderse

Cuando pedimos una taza de té, el camarero entiende fácilmente que no queremos la taza, sino un té; tampoco queremos una tapa para cerrar un bote, sino una pequeña porción de algún alimento que acompañe nuestra bebida. El camarero, como cualquier hablante, llega directamente a la interpretación final de esas expresiones.

El lingüista, en cambio, ve el algoritmo que las hace posibles: la metonimia “contenedor por contenido” (taza de té por té) y la metáfora conceptual que utiliza la analogía con las tapas de los botes para referirse al pequeño bocatita que según leyendas varias los taberneros colocaban sobre los vasos de vino o los bebedores usaban para tapar los efectos del alcohol.

Lenguaje y memoria

Si se nos olvida la lista de la compra y somos hablantes de español seguramente recordaremos peor los primeros elementos de la lista que un hablante de japonés o coreano. Los lingüistas saben que se debe a que estas lenguas tienen una estructura SOV (Sujeto-Objeto-Verbo) que acostumbra a poner los modificadores antes que el sustantivo (por ejemplo, en estos idiomas se dice: “el brillante y luminoso, de navidad árbol”).

Esta particularidad hace que los hablantes de estas lenguas retengan mejor la información inicial de un listado de palabras ya que su idioma les ha entrenado para desarrollar su memoria de trabajo a corto plazo, reteniendo los adjetivos en su mente hasta llegar al objeto.

Números y palabras

La lengua que hablamos también puede facilitar el razonamiento y la memoria de trabajo al aprender y realizar cálculos matemáticos.

Por ejemplo, cuando por fin nos acordamos de lo que queríamos comprar y vamos a pagar, puede que necesitemos contar las monedas de 20 céntimos que tenemos en la cartera. Si somos hablantes de euskera podremos sumarlas un poquito más rápidamente que si hablamos italiano o español.

De nuevo, la lingüística puede explicar esta curiosidad. El euskera es una lengua que tiene un sistema numérico en base 20. El español y el italiano son sistemas decimales (base 10). Otros idiomas, como el francés, mezclan estas dos bases.

El ekari de Papúa Nueva Guinea tiene un sistema en base 60, y otras lenguas ni siquiera tienen palabras para nombrar cantidades mayores de 3 unidades. El pirahã, una lengua amazónica, carece de números. Este agujero lingüístico parece estar ligado a la dificultad que tienen sus hablantes de reconocer cantidades exactas mayores de tres.

Narrativas y metáforas

Por cierto, el yogur que elegimos porque es un 80 % libre de grasa es exactamente igual que el que no hemos comprado porque en su etiqueta nutricional declaraba un 20 % de grasa. Los especialistas en marketing, entre los que suelen encontrarse lingüistas, manipulan así las narrativas publicitarias, mostrándonos el producto desde el marco lingüístico más atractivo para influir en nuestra decisión de compra.

Algo parecido hacen los políticos y los periodistas. Cuando leemos en el periódico que “la IA nos va a robar el trabajo”, se nos está presentando lingüísticamente la inteligencia artificial como un ser con capacidad de decisión y acción. Esta personificación metafórica oculta al verdadero agente (grandes tecnológicas) y diluye la responsabilidad de los efectos de la IA sobre el mercado laboral.




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Influencia en la salud física y mental

Como muestran estos ejemplos cotidianos, el lenguaje es el código con el que se construye la matrix en la que habitamos.

Pero además, tiene efectos beneficiosos sobre la salud, ordena y da sentido al mundo en el que vivimos, permite trascender la inmediatez del aquí y el ahora, nos ayuda a coordinarnos para defendernos de amenazas y evolucionar como especie; es un instrumento de opresión, pero también de liberación; es nuestra piel, nuestra tarjeta de presentación, nos protege y también nos delata, desenmascarando a tramposos, criminales y falsificadores.

Una ciencia fundamental

La lingüística, la disciplina que nos ayuda a entender el lenguaje, es como cualquier otra ciencia que estudia aspectos fundamentales del ser humano. Y sin embargo, a menudo su naturaleza científica se pone en duda.

Quizás esto es así porque su objeto de estudio no es observable ni medible. El lenguaje es una capacidad intangible e invisible. Sin embargo, físicos y matemáticos buscan descubrir la naturaleza de la materia oscura del universo, también invisible, y predijeron la existencia de los agujeros negros antes de poder verlos a través de un telescopio, y nadie cuestionaría el carácter científico de estos estudios.




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La materia oscura de nuestro universo comunicativo

Los lingüistas estudiamos el lenguaje, la materia oscura de nuestro universo comunicativo, invisible e inmaterial, observando su reflejo sobre lenguas concretas. Analizamos su uso en situaciones reales (habla) llevando a cabo estudios estadísticos basados en corpus informáticos de millones de palabras.

También realizamos complejos experimentos psicolingüísticos y neurolingüísticos mediante resonancias magnéticas funcionales y electroencefalogramas, sensores de sudoración, pupilometrías y oculometrías. Gracias a ello sabemos que el lenguaje influye en nuestra percepción de la realidad, en nuestra toma de decisiones, en nuestra creatividad, salud, memoria y capacidad de razonamiento y cálculo, entre otros muchos aspectos de nuestra vida diaria.

Parecen razones más que suficientes para amar la lingüística. Pero si aún no he logrado resultar convincente, hay muchas más.

The Conversation

Lorena Pérez Hernández es Investigadora Principal del proyecto OTRI “Research Project on Cognitive Models in Branding” (OTEM240725), investigadora en el proyecto “Partnership on University Plagiarism Prevention” (Social Sciences and Humanities Research Council of Canada #895-2021-1016) y miembro del Grupo GRISSU (Grupo Riojano de Investigación en Semántica, Sintaxis y Uso del Lenguaje; Universidad de La Rioja) y del Grupo de Acción ICON (Campus Iberus).

ref. Lingüística: la ciencia que nos revela el código de la ‘matrix’ en que habitamos – https://theconversation.com/linguistica-la-ciencia-que-nos-revela-el-codigo-de-la-matrix-en-que-habitamos-276657

Aranceles de ida y vuelta: el coste económico de la incertidumbre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan de Lucio, Investigador – profesor. Economista, Universidad de Alcalá

Donald Trump pronuncia un discurso económico en Iowa el pasado 27 de enero. Robert V Schwemmer/Shutterstock

El Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló por ilegales los mal llamados “aranceles recíprocos”, impuestos por el presidente Trump en abril de 2025 al amparo de poderes de emergencia nacional.

Los aranceles desaparecen y lo cobrado deberá ser reembolsado a las empresas, ¿o no? Sería tentador pensar que volvemos al punto de partida, al 2 de abril de 2024, cuando desde la Casa Blanca se anunció una política generalizada de gravámenes. Nada más lejos de la realidad. En economía no hay un botón de “deshacer”.

Seguimos en un contexto negativo

En primer lugar, la lejía económica en forma de aranceles que han tenido que ingerir empresas y consumidores ha causado heridas en decisiones, cadenas de suministro y expectativas. Y eso deja cicatrices. Empresas extranjeras han dejado de exportar o han tenido que renunciar a sus planes de expansión en EE. UU., mientras que compañías importadoras estadounidenses han visto aumentar sus costes y los riesgos regulatorios.

Pero las decisiones políticas no han conseguido corregir el déficit comercial de EE. UU., que mantiene niveles similares a los del año anterior. Además, cabe esperar que las arcas públicas tengan que devolver lo recaudado, que se calcula sea un 1 % del PIB aproximadamente.

Los precios internos crecen como consecuencia de los aranceles y las represalias internacionales, pero la pérdida de poder adquisitivo y de empleo no va a ser devuelta a los consumidores. Los estudios (Fed New York y Kiel Institute) indican que los consumidores americanos soportan casi todo el coste del incremento de los aranceles (entre el 94 y el 96 %), mientras que los exportadores extranjeros soportan apenas entre el 6 y el 4 % restante.

Tras el fallo, muchas compañías no prevén bajar precios: si llega el reembolso, lo usarán para cubrir pérdidas pasadas.

Se mantiene la incertidumbre

En segundo lugar, la administración Trump ya ha anunciado que adoptará nuevas medidas. Impondrá nuevos aranceles, que tendrán una duración de 150 días, aludiendo esta vez a una cláusula de la Ley de Comercio de 1974.

De esta forma, en cuestión de horas, Estados Unidos ha pasado, de tener aranceles del 16 % (los más elevados desde 1936), al 9 % tras la decisión del Tribunal Supremo, para nuevamente subirlos, hasta el 15 %, durante 150 días. Tras este plazo volverían al 9 %, o al nivel que determinasen nuevas medidas.

La administración Trump afirma que, antes de que expiren, encontrará nuevas maneras de reconstruir los aranceles utilizando otros resquicios legales.

Los cambios son constantes e impredecibles. El peor aliado del crecimiento y el bienestar es la incertidumbre. Así lo apunta el juez del Tribunal Supremo Neil Gorsuch en su voto particular, página 73 del documento, al señalar que los aranceles deben ser aprobados por el Congreso pues al obtener “un apoyo tan amplio para sobrevivir al proceso legislativo, tienden a perdurar, permitiendo a la gente común planificar sus vidas de maneras que no pueden cuando las reglas cambian día a día”_.

El actual gobierno estadounidense no parece entender este argumento, por lo que es probable que los cambios arbitrarios y repentinos sigan afectando negativamente a la economía y, con ella, a la vida de las personas.

Tensiones y volatilidad a escala global

Finalmente, el resto del mundo no sabe a qué atenerse. Los lazos comerciales y la confianza han desaparecido. Los acuerdos son tales por un tiempo incierto. China continua su avance estratégico y Europa mantiene su desconcierto. El resultado es un clima de inversión más volátil, cadenas de valor más caras y una economía mundial un poco menos eficiente y más tensa.

En resumen: el fallo judicial es una llamada de atención sobre la necesidad de certidumbre y respeto institucional. Aún así, la dirección política sigue siendo la misma. Mientras tanto, las empresas seguirán a la espera de certidumbre, las inversiones retenidas, los beneficios esperados reduciéndose, los riegos en la economía de EE. UU. al alza y el dólar perdiendo valor frente a otras monedas refugio. La política comercial puede ser dura, pero lo que no puede ser es volátil.

The Conversation

Juan de Lucio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Aranceles de ida y vuelta: el coste económico de la incertidumbre – https://theconversation.com/aranceles-de-ida-y-vuelta-el-coste-economico-de-la-incertidumbre-276797

Leer ‘Moby Dick’ para entender el futuro de los Estados Unidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Luis Manfredi, Professor International Studies & Journalism, Universidad de Castilla-La Mancha

Actium/Shutterstock
Ilustración de la lucha final de Moby Dick en una edición de 1902.
Ilustración de la lucha final de Moby Dick en una edición de 1902.
Wikimedia Commons, CC BY

Cada dos o tres años, releo Moby Dick. No soy canónico: basta con ojear algún capítulo o pasearse por el soliloquio del Capitán Ahab para disfrutar de la “Biblia Americana”, en palabras del historiador Nathaniel Philbrick, y encontrar un matiz nuevo, un giro inesperado de la historia.

Moby Dick es la novela total del siglo americano, una tragedia griega con forma de literatura moderna. Leer hoy la caza de la ballena blanca en un Washington colapsado por la nevada es más oportuno que nunca.

Publicada en 1851, Herman Melville consiguió convertir el Pequod, la nave, en una alegoría de la joven república. En pleno proceso de expansión hacia el Oeste, con la llegada de los ferrocarriles, la exploración de ríos y montañas, la institución de la esclavitud y la Revolución Industrial en ciernes, Estados Unidos conectaba los dos océanos y se convertía en el aspirante a potencia hegemónica.

Exégetas idealistas frente a realistas

Es la esencia de un país que de verdad cree tener una misión y un destino manifiesto. La novela ha facilitado todo tipo interpretaciones.

Para los idealistas, la tripulación cosmopolita, el comercio global de aceite y la voz de Ismael representan valores innegociables del proyecto político, la democracia deliberativa.

En cambio, los realistas identifican otras ideas. El barco navega solo en el entorno hostil de la naturaleza. Hay que defender la soberanía del Pequod y atacar a la ballena, el enemigo absoluto. No hay aliados ni discusión posible sobre el rumbo que el capitán ha marcado.

En la polis flotante, Ahab es el único piloto. Su propia autocomplacencia, su ego, su fanatismo y su venganza arruinan la aventura.

Itinerarios del trumpismo 2.0

La novela proyecta los itinerarios de la segunda Administración Trump. El capitán, hoy en la orilla del Potomac, persigue su propia obsesión bajo el lema de Make America Great Again y reclama todos los instrumentos necesarios para ejecutar su proyecto.

No hay contrapesos legítimos ni legales, como él mismo recordaba en The New York Times. Los únicos límites son su mente y su moralidad. Esta sinceridad devastadora justifica la acumulación de órdenes ejecutivas, la política semántica o la militarización de la vida pública.

El poder expansivo del presidente, como en la novela, es una cruzada contra las instituciones y la globalización. Sometidas a estrés permanente, carecen de capacidad efectiva, como la tripulación que se somete al carácter y la voluntad del capitán.

¿Por qué no hay un motín? La sociedad civil estadounidense, junto a empresas, universidades y periódicos, concede un seguidismo imprudente. Cuando protesta, como en Minneapolis, el capitán apenas escucha. Esta suerte de capitulación, en la novela, acaba en desastre con el hundimiento del Pequod. El naufragio aún no ha sucedido, pero estas próximas elecciones y las primeras decisiones judiciales serán esenciales para el devenir del sistema político.

Venganza y agravio ante el mar electoral

Moby Dick es una historia de venganza y agravio. “Golpearía al sol, si este me insultara” grita Ahab, aunque podría estar en boca del mismo presidente que declaró “Si vienen a por mí, yo iré a por ellos”. La cita condensa la desconfianza ante el resultado electoral de 2020 y de las próximas de noviembre de 2026, los ataques a la independencia de la Reserva Federal, la conjura por la concesión del Premio Nobel de la Paz o el ataque a la política europea de competencia.

Las heridas –reales o figuradas– configuran una narrativa que pronostica una cruzada contra todo (normas, instituciones, ideas) y contra todos (Unión Europea, Canadá, México, Venezuela o China).

“Yo soy tu justicia (…) y tu venganza”, proclamó Trump en la Conferencia de Acción Política Conservadora de 2023. El discurso apela al votante blanco, desplazado por las políticas del partido demócrata, el afroamericano, el hispano conservador o los trabajadores empobrecidos por la inflación y el coste de vida.

Ni petróleo, ni aceite de ballena

La expedición trumpista no persevera en el aceite de ballena, que algunos comparan con el petróleo venezolano e iraní, o la expansión de los centros de datos y la economía digital. La captura de Nicolás Maduro revela el plan de Ahab: nada es suficiente para recuperar la hegemonía perdida. Hay que derribar el orden liberal internacional para sustituirlo por la geopolítica del siglo XIX. Poderes fuertes, fronteras, seguridad y geoeconomía, energía y materias primas, alianzas variables y un apetito depredador.

Sin principios o valores que aspiren a ser universales, el trumpismo establece una lógica de suma cero. El corto plazo es el nuevo estándar. Como en la novela, el aceite ya almacenado se desperdicia por la promesa de la captura de la “Ballena”. Esta obsesión vengativa del capitán anticipa el naufragio. Porque unos Estados Unidos decimonónicos vintage, cuyo poder reside en la fuerza, el poder vertical del hemisferio occidental y la superioridad militar, contará con menos aliados.

Ahí suena la voz de alerta, la misma que ha hecho sonar dieciséis exembajadores y exgenerales: la OTAN no es un acto generosidad, sino un pilar estratégico para multiplicar la fuerza efectiva y disuasoria en Europa, el Norte de África y el Cáucaso.

La retórica de la multipolaridad debilita a Estados Unidos. Si la seguridad es un servicio, habrá menos mecanismos de seguridad colectiva y más oferentes en el mercado de las políticas y las ideas de defensa. Y el mundo será más peligroso.

El futuro ha comenzado: el presidente Trump ha elevado el ancla y marcado el rumbo. Como los viajes oceánicos de la novela, olvidar las leyes del mar, convertir la decisión del capitán en una cuestión de soberanía y el deseo de conquistar la naturaleza no acaban en buen puerto.

The Conversation

Juan Luis Manfredi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Leer ‘Moby Dick’ para entender el futuro de los Estados Unidos – https://theconversation.com/leer-moby-dick-para-entender-el-futuro-de-los-estados-unidos-276458

Cuando la IA ‘escucha’ lo que escribimos: detección temprana y ética en salud mental digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Parapar, Director del Information Retrieval Lab, CITIC, UDC, Universidade da Coruña

DimaBerlin/Shutterstock

A las dos de la madrugada, alguien escribe: “Me siento sola”. No es un grito, no hay dramatismo. Es solo una frase más en el río de publicaciones que circula cada noche por las redes sociales. Recibe un par de “me gusta”, quizá incluso un emoji, y queda enterrada bajo el siguiente vídeo.

Al día siguiente, nada “pasa”. Pero, a veces, lo importante no ocurre en un día. Porque una frase aislada puede ser solo eso, una frase. Lo que determina la lectura es la trayectoria.

Hay motivos de preocupación cuando el tono se oscurece durante semanas, cuando se repiten temas de desesperanza, cuando las interacciones se diluyen, cuando el lenguaje se vuelve más autorreferencial o rumiativo. Y es ahí donde podemos echar mano del ‘oído digital’.

Un ‘oído’ que no ‘oye’ pero detecta patrones

Un modelo de lenguaje masivo (LLM), lo que comúnmente llamamos una IA, no “entiende” como un humano. Su habilidad es otra: identificar regularidades del lenguaje a escala.

Los LLMs se entrenan con enormes cantidades de texto. De este modo aprenden patrones del lenguaje, detectan qué expresiones suelen ir juntas, captan cómo se estructura un relato y reconocen cambios de estilo que se repiten en ciertos contextos.

Esa capacidad puede resultar muy útil para identificar tendencias en los mensajes que, en conjunto y en determinadas poblaciones, se asocian con malestar y problemas de salud mental.

Alerta temprana no es diagnóstico

Ya en 2018, antes del auge de ChatGPT, un estudio mostró algo llamativo: el lenguaje de los mensajes publicados en Facebook podía anticipar señales asociadas a depresión en registros clínicos. Y esas señales aparecían incluso meses antes de que existiera un diagnóstico documentado. Cuando, además, hay imágenes, el análisis puede ganar contexto. Texto e imagen aportan información distinta y, a veces, complementaria.




Leer más:
¿Por qué la IA no habla igual todos los idiomas? La brecha lingüística que esconden los algoritmos


Pero es importante que quede claro que la capacidad de la tecnología para detectar señales no es un diagnóstico. Lo primero permite alertar de manera probabilística para priorizar revisión, ofrecer recursos o activar apoyo humano. El diagnóstico clínico, en cambio, es una decisión sanitaria que debe estar basada en una historia clínica, en una entrevista personal con el especialista.

Al usar sistemas tecnológicos para detección temprana no se pretende reemplazar al clínico sino reducir el retraso y activar las alarmas antes de que el deterioro sea más evidente.

La investigación en sistemas digitales de detección

Un buen sistema de detección temprana no se activa por una frase triste. Se activa, si lo hace, por un patrón sostenido: semanas de empeoramiento del tono, más aislamiento, más actividad nocturna, menos señales sociales. E incluso en esos casos no sentencia. Solo sugiere: “revísalo”, como haría un triaje.

Evaluar en qué medida el sistema avisa a tiempo, cuántos falsos positivos genera o cómo cambia su comportamiento cuando llegan nuevas publicaciones es a lo que nos dedicamos en el marco del proyecto eRisk.

Escuchar donde nadie está escuchando, como propone el oído digital, suena esperanzador. Pero también abre un terreno frágil, porque en salud mental equivocarse tiene consecuencias serias.

Los falsos positivos, es decir, detectar un deterioro de la salud mental cuando no lo hay, puede provocar una intervención intrusiva, alarma familiar o estigma, con especial impacto en menores.

En cuanto a los falsos negativos, es decir, cuando no se detecta a tiempo este deterioro, pueden tener consecuencias graves, sobre todo si el sistema se presenta como red de seguridad y desplaza apoyo humano o acceso a servicios.

Aspectos culturales del lenguaje

El lenguaje del malestar no es universal. Cambia en función de la cultura, la comunidad, la edad y el contexto socioeconómico. Sin ir más lejos, un estudio encontró que modelos lingüísticos estándar predecían severidad de depresión en usuarios blancos, pero no en usuarios negros. Lo que parece señal en un grupo puede no transferirse a otro.

Por eso es preciso que el sistema cumpla un requisito más: la explicabilidad. No basta con que el modelo “acierte”, es preciso entender por qué señala una alerta. ¿Qué patrones han pesado más? Sin esa trazabilidad, es difícil auditar sesgos, corregir errores y, sobre todo, justificar una intervención. En contextos sensibles, una caja negra aumenta el riesgo de decisiones arbitrarias.

Volvamos al ejemplo inicial. Una frase como “me siento sola” no debería activar ninguna alarma. Pero si se mantuviera en el tiempo, un buen sistema debería alertar con incidcaciones del tipo: “En las últimas semanas se observa aislamiento creciente, aumento de publicaciones nocturnas y un cambio progresivo hacia expresiones de desesperanza”.

Es decir, la alerta se apoya en patrones concretos y comprensibles. Y aunque no sustituye al juicio humano, ayuda a ver y explicar lo que podría pasar desapercibido.

Plataformas y ley: cada vez menos zona gris

A menudo este debate se plantea como si fuera futurista. Pero en Europa ya existe un marco de obligaciones que empuja a las plataformas, sobre todo cuando hay menores, a gestionar riesgos para el bienestar.

Con el Digital Services Act, las plataformas grandes deben identificar y evaluar riesgos sistémicos ligados a su diseño y funcionamiento y aplicar medidas de mitigación. Además, la Comisión Europea ha publicado guías específicas sobre protección de menores, reforzando el deber de diligencia en seguridad, privacidad y diseño.

A este reto se suma el del tratamiento de datos personales. Para evitar que cada norma “viva en su isla”, el Consejo Europeo de Protección de Datos ha publicado guías sobre la interacción entre ambos marcos regulatorios.

Construir un oído digital que cuide

De la misma manera que un monitor continuo de glucosa no reemplaza al médico pero ayuda a anticipar problemas y a tomar decisiones más seguras, un oído digital responsable puede identificar señales de que alguien necesita apoyo sin extraer por ello un diagnóstico. La detección temprana debe ayudar a llegar antes sin reemplazar nunca lo esencial: el cuidado humano.

Para que funcione así, hacen falta cinco decisiones de diseño: debe tener una finalidad sanitaria nítida; contar con mecanismos de control y consentimiento real; priorizar la intervención y supervisión humana; estar sometido a evaluación y auditoría longitudinales y por subpoblaciones (no solo promedios); y, finalmente, las intervenciones deben ser proporcionales, no intrusivas, con recursos y acompañamiento.

Pero el mismo oído que puede cuidar puede convertirse en una infraestructura donde la vulnerabilidad se mide, se etiqueta y se monetiza. Por eso, el futuro de este oído digital no depende solo de lo potente que sea el modelo: depende de quién lo maneja, con qué incentivos y bajo qué garantías.

Si vamos a construir sistemas que escuchen lo que escribimos, que sea exclusivamente para cuidar.

The Conversation

Javier Parapar recibe fondos de Xunta de Galicia (ED431C 2025/49), Ministerio de Ciencia y Universidades (PID2022-137061OB-C21), Unión Europea (GA 101073351)

ref. Cuando la IA ‘escucha’ lo que escribimos: detección temprana y ética en salud mental digital – https://theconversation.com/cuando-la-ia-escucha-lo-que-escribimos-deteccion-temprana-y-etica-en-salud-mental-digital-275947

A new space race could turn our atmosphere into a ‘crematorium for satellites’

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Laura Revell, Professor of Atmospheric Chemistry, University of Canterbury

Alan Dyer/Getty Images

When we look up at the night sky and see a satellite glide past, we might not consider climate change or the ozone layer.

Space may feel separate from the environmental systems that sustain life on Earth. But increasingly, the way we build, launch and dispose of satellites is starting to change that.

Over the past few years, the number of satellite launches has skyrocketed. There are now nearly 15,000 active satellites in orbit around the Earth, most of them part of “mega-constellations” in which each satellite has a service life of only a few years.

New satellites must be quickly launched as replacements. To avoid leaving old, dead satellites in Earth’s already-crowded low orbits, most satellite operators deliberately de-orbit them into Earth’s upper atmosphere.

Here, they burn up or break apart into smaller pieces: a process known as “demisability”. In effect, satellites have become part of throwaway culture.

That approach is now being taken to a vastly larger scale. We are concerned about the implications for Earth’s climate and atmosphere.

A sleeper risk for our climate and ozone layer

Last month, SpaceX applied to the US Federal Communications Commission (FCC) for permission to launch one million more satellites for untested “AI data centres”.

That sheer number isn’t the only issue. SpaceX’s Starlink V2 “mini” satellites happen to weigh about 800 kilograms (kg) – roughly the mass of a small car – with later versions expected to reach around 1,250 kg. The planned V3 satellites are larger still, comparable in scale to a Boeing 737 airliner.

Rocket launches already contribute to climate change and ozone depletion. Scaling them up to deploy a million aircraft-sized satellites would push upper-atmosphere heating and ozone loss far beyond previous estimates, with the steady burn-up of dead satellites compounding the impacts.

This comes as burnt satellite dust is already being found in the atmosphere. In 2023, scientists studying aerosols in the upper atmosphere found metals from re-entering spacecraft. Just recently, lithium has been detected from the uncontrolled re-entry of a Falcon 9 rocket.

This is just a fraction of what is to come if planned megaconstellations go ahead – and SpaceX is far from the only player. Other operators worldwide have already asked for a combined total of over one million satellites.

All the while, the full environmental consequences remain poorly understood because satellite builders rarely disclose what their spacecraft are made of.

Scientists assume a large fraction is aluminium, which burns up into alumina particles, but the exact mix of materials – and the size of the particles produced – remains poorly constrained.

But we know the very smallest particles, finer than a human hair, can stay suspended in the atmosphere for years, contributing to ozone depletion and climate change.

Following similar assumptions to a previous study, we estimate that a million satellites could mean that a teragram (one billion kgs) of alumina accumulates in the upper atmosphere – enough, alongside launch emissions, to significantly alter atmospheric chemistry and heating in dramatic ways we do not yet understand.

There is no public mandate for a single company in one country to make changes on that scale to the planet’s atmosphere.

The consequences are not confined to the atmosphere. Not all re-entering satellites burn up; debris is already hitting the ground and the chance of a casualty from megaconstellation re-entries is now about 40% per five-year cycle – rising for both people and aircraft as more satellites are added to orbit.

Five person-sized pieces of shredded space debris, leaning on a wall inside a metal-sided building.
These pieces of shredded debris, which came from an expendable trunk module attached to one of SpaceX’s Dragon spacecraft, fell on farmland in Saskatchewan, Canada, in April 2024.
Samantha Lawler, CC BY-NC

In space, the picture is no less stark: the Outer Space Institute’s CRASH Clock suggests a collision would occur within 3.8 days if satellites stopped avoiding each other.

Many experts agree we are in the early stages of the Kessler Syndrome: a cascading chain reaction of collisions that multiplies space debris.

Our skies are not a dumping ground

Our night sky, especially cherished in New Zealand, is one of the few things everyone on Earth still shares.

According to simulations built by astronomers, constellations on the scale proposed by SpaceX would fill the sky with many thousands of satellites visible to the naked eye anywhere on Earth. Eventually, there could be more visible satellites than visible stars.

For scientists, observing the deaths of stars and searching for new planets would become much harder. Stargazing, astrotourism and cultural astronomy would similarly be disrupted worldwide.

All of this means the FCC’s ruling on the SpaceX proposal, now open to public submissions, could affect everyone – whether through changes to the atmosphere, growing collision risks in orbit or the loss of an unspoilt night sky.

One solution being discussed is to dispose of dead satellites in orbits away from Earth. But this would require much more fuel per satellite to escape Earth’s gravity, increasing both payload and the environmental impact of rocket launches. Some debris would still return to Earth.

With SpaceX and others planning rapid expansion, global regulation is needed: in an uncapped system, regulating one firm just shifts the problem elsewhere. As the largest operator, SpaceX is best placed to lead on an environmentally sustainable solution, just as Du Pont did with phasing out CFCs in the 1980s.

A first step is to define a safe atmospheric carrying capacity for satellite launches and re-entries. Environmental assessments should cover the full lifecycle, including atmospheric effects, and address both orbital safety and impacts on cultural and research astronomy.

Whatever the regulatory outcome, using the atmosphere as a crematorium for satellites at this scale cannot be a solution.

The Conversation

Laura Revell receives funding from the Marsden Fund and Rutherford Discovery Fellowships, administered from New Zealand Government funding by the Royal Society Te Apārangi. She is a member of the International Ozone Commission, UN Environmental Effects Assessment Panel, UN Nuclear War Effects Panel, and a lead author on the IPCC’s 7th Assessment Report.

Michele Bannister receives funding from the Rutherford Discovery Fellowships, administered from New Zealand Government funding by the Royal Society Te Apārangi. She is a member of the International Astronomical Union’s Centre for Dark and Quiet Skies.

Samantha Lawler receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada. She is a fellow of the Outer Space Institute, and a Visiting Erskine Fellow at the University of Canterbury.

ref. A new space race could turn our atmosphere into a ‘crematorium for satellites’ – https://theconversation.com/a-new-space-race-could-turn-our-atmosphere-into-a-crematorium-for-satellites-276366

20 billion galaxies: new survey of the sky will reveal the universe in unprecedented detail

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Anais Möller, Senior Lecturer and ARC DECRA Fellow, School of Science, Computing and Emerging Technologies, Swinburne University of Technology

Trifid nebula (top) and the Lagoon nebula, which are several thousand light-years away from Earth. NSF–DOE Vera C. Rubin Observatory

When you look up at the night sky, it appears unchanging. But if you look deep enough you will find that the sky is in fact constantly shifting. Satellites, asteroids and interstellar objects pass by. Stars not only shine brightly, they can suddenly burst with energy or explode in bright supernovae.

There is a plethora of explosive and cataclysmic phenomena waiting to be witnessed. For physicists, this is an opportunity to study our universe and physics that we can’t reproduce on Earth.

A whole new era of discovery is opening with the NSF-DOE Vera C. Rubin Observatory. For the next ten years, Rubin will create a high-definition video of the southern sky, revealing our universe in an unprecedented way. Many of the objects it finds will have never before been seen by human eyes.

More than 20 years in the making

This moment has been more than 20 years in the making, from the concept to completion of the Rubin Observatory.

Located on a dark sky mountaintop in Chile, the observatory represents a generational leap in astronomy with its ultra-wide, deep and high-resolution imaging capabilities.

Rubin has the largest camera ever built, with 3,200 megapixels. Each image scans an area equivalent to 40 full moons. The resolution of the images is so high that if we pointed the camera toward a lime located 24 kilometres away, it would be able to resolve exactly what type of fruit it is.

Last year, Rubin amazed us with its first test images. These images revealed a swarm of new asteroids never before detected, stars varying in our Milky Way and beautiful deep images of galaxies. This is just a taster on what is to come; this week Rubin started publicly sharing hundreds of thousands changing sky objects per night.

The telescope will be uniquely used for the Legacy Survey of Space and Time. This ten-year-long survey aims to solve the biggest mysteries of the universe – and the nature of the physics out there.

Three separate squares, each with a blue background and a patch of bright white light.
Spot the cosmic difference! A new science observation (left) is compared against a reference template built from archival data (centre). Subtracting the two leaves only what has changed, a new source visible in the difference image (right). This is a supernova candidate found with the Fink broker using Vera C. Rubin data.
Rubin Observatory/Fink broker

20 billion galaxies

With its advanced imaging capabilities and its systematic scan of the sky, Rubin will image an incredible number of objects in our universe over the next decade.

Starting in our cosmic backyard, our Solar System, it will make 6 million detections of asteroids. Moving toward our galaxy, it will catalogue 17 billion stars. Farther away, it will gather colour images of 20 billion galaxies.

The same patch of the sky will be imaged up to 100 times each year. With an expected 10 terrabytes of image data per night, the amount of data Rubin will deliver in a single year will be greater than all optical observatories combined.

With this data, we aim to answer fundamental questions. These include the nature of the most mysterious components of our universe: dark matter and dark energy.

I am particularly interested in using the data to measure whether the universe expansion maintains a constant acceleration or changes with cosmic time. This accelerated cosmic expansion is attributed to dark energy, which comprises 70% of our universe. Yet we still don’t know what it is.

By itself, this measurement would be amazing, especially since recent observations have hinted the expansion rate may be changing. From the physics point of view, this will allow us to narrow down which potential theories can explain dark energy.

A firehose of cosmic treasures

To find changing sky objects, we compare a new image to an “old” or reference image. The difference between the two images can reveal a new object or a change of brightness.

So how do we find the most interesting exploding stars or asteroids within this mass of detections?

Rubin has selected seven “community brokers”. A broker is both the infrastructure and the team that receives this data firehose within minutes of detection, processes it to find the most exciting objects, and makes them publicly available.

One of these community brokers is Fink, which I have the privilege of co-leading.

Fink is made up of hundreds of scientists and engineers around the world working together to understand our universe. With the incredible Rubin data, comes a great opportunity but also a big challenge.

We need state-of-the-art technologies such as distributed computing (a network of computers, similar to commercial cloud services) and artificial intelligence tools to process the data very fast. We are talking about analysing thousands of detections from Rubin every minute or two, and up to 10 million every night for ten years.

Become a Rubin citizen scientist

You can also engage with Rubin right now.

Rubin’s first images are available online and you can use apps such as Orbitviewer to track asteroids, as well as look at deep images with SkyViewer.

You can also become a Rubin citizen scientist. For example, you can help to identify changing objects in our universe with Rubin Difference Detectives and find comets with Rubin Comet Catchers.

The data from community brokers is also publicly available. Through our Fink portal, you will be able to inspect the latest detections from Rubin just minutes after an image has been taken.

The data may not look like the stunning Rubin first light images. But they come directly from the telescope and are full of universe treasures.


Correction: this article originally stated the Legacy Survey of Space and Time has started. It has been amended to make clear the survey has not yet started but that the Rubin Observatory has started publicly sharing data.

The Conversation

Anais Möller receives funding from the Australian Research Council and the French National Centre for Scientific Research.

ref. 20 billion galaxies: new survey of the sky will reveal the universe in unprecedented detail – https://theconversation.com/20-billion-galaxies-new-survey-of-the-sky-will-reveal-the-universe-in-unprecedented-detail-273574

A cosmic explosion with the force of a billion Suns went unseen – until we caught its echo

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Ashna Gulati, PhD Candidate, Radio Astronomy, University of Sydney

NASA’s Goddard Space Flight Center Conceptual Image Lab

Some of the universe’s most extreme explosions leave behind almost no trace. The original explosion is unseen, but our observations can capture the long-lived echo it leaves behind as the shock front ploughs into its surrounding environment.

In new research accepted for publication in The Astrophysical Journal, we have discovered what may be the clearest example yet of one of these hidden explosions: the radio afterglow of a powerful gamma-ray burst whose initial blast went unnoticed.

The only other viable explanation for what we see is an extraordinarily rare event in which a star is torn apart by an intermediate-mass black hole: a long-hypothesised, elusive class of black holes that has proven difficult to detect.

Either way, we’re watching the slow-motion aftermath of one of the most extreme, rare events the cosmos can produce.

The explosions we usually miss

Gamma-ray bursts are brief but powerful jets of high-energy radiation. Within seconds, they release as much energy as the Sun will emit over its entire lifetime. They are caused when massive stars die and form black holes.

While these jets are launched in all directions, we only observe the small fraction whose emission is directed towards us. When it is directed away from us, the initial flash goes unseen, and all we can observe is the slowly fading afterglow.

Animation of a gamma-ray burst showing the narrow, high-energy jets.
NASA

Although these so-called “orphan afterglows” of gamma-ray bursts have been predicted for decades, finding them has proven extraordinarily difficult. Without a high-energy flash to announce their arrival, astronomers have to search thousands of square degrees of sky.

As a result, these cosmic explosions are easy to miss, and hard to recognise when they do appear – until now.

A cosmic ghost appears

Using the Australian SKA Pathfinder (ASKAP), a 36-antenna radio telescope at Inyarrimanha Ilgari Bundara in Western Australia, we scanned vast regions of sky for unexpected long-lived radio transients (astronomical objects that appear and change over weeks to years). We were trying to catch rare events that reveal themselves only through their fading radio emission.

In data from one of these wide-field surveys, we noticed a radio source (named ASKAP J005512-255834), that hadn’t been there before.

It brightened rapidly, releasing 10³² Watts of energy into space – comparable to the total radio energy output of billions of Suns – and then began to fade slowly over time.

Brightening of the radio afterglow detected in the RACS survey with ASKAP. Observations beginning in 2022 capture the source turning on, after which it remains detectable for more than 1,000 days.
Emil Lenc

This behaviour immediately set it apart. Most radio transients either evolve quickly or flare repeatedly. This source did neither. Instead, it behaved like the lingering echo of a single, immensely powerful explosion.

Although ASKAP J005512-255834 was bright at radio wavelengths, it left almost no signal at other wavelengths. We could not see a counterpart in visible light or X-rays.

This is exactly what astronomers expect from an orphan afterglow: the fading, widening glow of a tightly focused cosmic jet that was not initially pointed towards Earth, becoming visible only after it slows and spreads.

A busy neighbourhood, billions of light-years away

This rare transient is located in a small but bright galaxy around 1.7 billion light-years from Earth. The galaxy has an irregular structure and is actively forming stars, making it a natural environment for extreme stellar events such as stellar collapse or violent stellar disruption.

The image on the left shows the location of the radio afterglow within the galaxy 2dFGRS TGS143Z140, captured with the Magellan Telescope in Chile. On the right, we see the same radio source detected by the Giant Metrewave Radio Telescope in India.
Ashna Gulati

The position of the explosion is off to one side, not aligned with the galaxy’s central nucleus. Instead, it appears to lie within a compact star-forming region, possibly a nuclear star cluster.

This raises new questions about what kinds of environments can host such powerful cosmic events.

Could it be something else?

Because ASKAP J005512-255834 is so unusual, we had to do some detective work to figure out what it might be. We carefully examined (and ruled out) some alternative explanations, including stars, pulsars and supernovae.

The only other scenario capable of reproducing the observed radio behaviour involves a star being torn apart by an intermediate-mass black hole. These are a rare class of black holes that sit between stellar remnants and the supermassive giants found in galaxy centres.

Such events are thought to be extremely rare at radio wavelengths, but we cannot completely rule out this explanation. Confirming it would make this the first example of its kind, a discovery just as interesting as an orphan gamma-ray burst.

A hidden universe revealed by radio waves

Was this discovery a stroke of luck, or the first glimpse of a long-hidden population? Until recently, we simply didn’t have the tools to know.

ASKAP J005512-255834 is the most convincing orphan gamma-ray burst afterglow yet identified. It was found by using our radio telescope to search for the long-lived echo of an explosion we didn’t know had occurred.

Using the same approach, we now hope to uncover many more of these orphan afterglows and finally give them a place in our cosmic story.

In doing so, we may be able to build a full picture of the gamma-ray burst population, including those that never announced themselves with a flash, but lingered quietly as ghosts in the radio sky.

The Conversation

Ashna Gulati receives funding from the Australian Research Training Program and the Australian Research Council Centre of Excellence for Gravitational Wave Discovery (OzGrav).

Tara Murphy receives funding from the Australian Research Council.

ref. A cosmic explosion with the force of a billion Suns went unseen – until we caught its echo – https://theconversation.com/a-cosmic-explosion-with-the-force-of-a-billion-suns-went-unseen-until-we-caught-its-echo-275565