Viajar al pasado sin salir del aula: la realidad virtual como máquina del tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Villena Taranilla, Profesor universitario en Educación y Tecnología / Especialista en innovación educativa y tecnologías emergentes, Universidad Camilo José Cela; UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

SeventyFour/Shutterstock

“¡Profe, me muevo! ¡Estoy dentro del coliseo romano!” gritaba Pablo, girando la cabeza de un lado a otro, intentando seguir la carrera de cuadrigas con las gafas puestas y los brazos extendidos. A su lado, Lucía se inclinaba hacia atrás como si temiera que los gladiadores pudieran empujarla “¡Mira ,Rafa, parecen de verdad!”, me decía entre risas.

Un murmullo de asombro recorría toda la clase junto a expresiones como: “¡Se oyen los gritos del público!”; “¡Hay fuego! ¡Están luchando!”; “¡Estoy encima del acueducto! ¡Mira el río!”; “¡No quiero quitarme las gafas todavía!”…

En apenas unos minutos, la clase se había transformado en la antigua Emérita Augusta. Los niños no estaban leyendo sobre Roma, ni viendo vídeos ni fotos: estaban paseando por ella. Algunos se agachaban para mirar los mosaicos del suelo, otros giraban la cabeza buscando a los soldados que oían detrás.

Gladiadores luchando en la reconstrucción digital de Emérita Augusta de la aplicación educativa VirTimePlace

Vivir la historia

Durante décadas, la idea de viajar al pasado parecía algo exclusivo de la ciencia ficción. Hoy, gracias a la realidad virtual, los estudiantes pueden cruzar las puertas del tiempo sin moverse de su pupitre. Solamente necesitan un visor de cartón, un teléfono inteligente o tableta y una aplicación gratuita que recrea escenarios históricos en 360 grados. Pueden mirar en todas direcciones, moverse libremente por calles, templos o anfiteatros; explorar ciudades romanas, griegas, medievales… observar sus foros o el bullicio de una batalla.

¿Influye esto en cómo aprenden? ¿Recuerdan mejor? ¿Se sienten más motivados?

Para responder a estas preguntas, realizamos un estudio con alumnado de Educación Primaria. Descubrimos que no solo obtenían mejores notas sino que también mostraban más motivación y más curiosidad que en las clases magistrales basadas en el libro de texto. Son resultados que coinciden con otros estudios nuestros e investigaciones que destacan las ventajas de la interactividad y la inmersión en el desarrollo de una representación espacial de los contenidos, el incremento de la motivación intrínseca y su potencial para estudiantes con dificultades de aprendizaje, como la dislexia.




Leer más:
Ventajas de la realidad virtual para la clase de Educación Física


Cómo ponerlo en marcha

En esta experiencia concreta, cerca de 100 estudiantes de cuarto de Educación Primaria de tres colegios de Castilla La Mancha, en España recorrieron virtualmente la ciudad romana de Emérita Augusta (la actual Mérida). Cada estudiante exploró de forma individual la reconstrucción digital de la aplicación educativa VirTimePlace. No se trataba de ver un vídeo, sino de entrar en el escenario.

Teatro Romano de Mérida.
MRMPICS / shutterstock

Ellos podían desplazarse libremente por las calles, girar sobre sí mismos, mirar hacia arriba para contemplar los templos o acercarse a los mosaicos del suelo.




Leer más:
Un día en la escuela de 2035: la educación del futuro será inmersiva, colaborativa y con inteligencia artificial


Cada movimiento cambiaba su punto de vista y la ciudad reaccionaba a su mirada, generando una sensación real de presencia. Por unos minutos, el aula desapareció: solo existía Emérita Augusta, viva ante sus ojos.

Algunas alumnas de primaria durante la experiencia inmersiva.
Rafael Villena Taranilla.

De acuerdo con nuestra evaluación posterior del proyecto, los alumnos que vivieron la historia desde dentro comprendieron mejor los procesos históricos y mostraron una motivación mucho más alta que quienes aprendieron con el libro de texto tradicional.

La emoción como motor de aprendizaje

Tras comprobar que esta experiencia mejoraba la comprensión y la motivación con los contenidos históricos, quisimos dar un paso más y conocer cómo influía esta tecnología en quienes pronto estarían al otro lado del aula.

Con este nuevo estudio con estudiantes del Grado en Educación Primaria, futuros maestros y maestras, pudimos comprobar que la inmersión virtual no solo aumentaba su motivación y curiosidad, sino que también transformaba su forma de concebir la enseñanza de la Historia.

Muchos reconocieron que, por primera vez, entendían cómo despertar en su futuro alumnado la misma emoción y deseo de aprender que ellos habían sentido dentro de aquel mundo virtual.

La otra cara: problemas que debemos afrontar

No obstante, no todo es tan fácil. En la revisión sistemática que publicamos recientemente identificamos las principales barreras que frenan su expansión:

  • Problemas técnicos y económicos. Desde el coste del equipamiento, falta de dispositivos suficientes para todo el alumnado o las deficiencias en la conexión a internet.

  • Dificultades de uso, como la necesidad de calibrar dispositivos, los mareos o la fatiga por un uso prolongado. Sin embargo, la mayoría de los estudios revisados coinciden en que estos efectos son temporales y fácilmente evitables, limitando la inmersión a periodos cortos.

  • Escasa formación docente. Algunos estudios incluidos señalan como una barrera clave la capacitación del profesorado. La solución pasa por incorporar estas herramientas a los planes de estudio del Grado de Educación Primaria y a la formación permanente, de modo que los docentes no solo aprenda a usarlas sino a diseñar actividades significativas con ellas.

  • Riesgo de superficialidad. Por eso, más que dejar al alumnado “solo” dentro del entorno virtual, se recomienda combinar la experiencia con una guía activa del docente: primero, los estudiantes exploran el escenario histórico mientras que el docente comenta detalles, plantea preguntas y orienta su mirada hacia los elementos clave. Después, ya sin gafas, se contrasta lo que se ha visto con imágenes o textos del libro de Historia. Finalmente, el grupo reflexiona sobre cómo vivían las personas de esa época y qué aspectos del pasado se entienden mejor tras haberlos experimentado.

De este modo, la inmersión no sustituye la explicación, la complementa; la emoción se transforma en comprensión.

De la fascinación a la pedagogía

Las mejores experiencias con realidad virtual son las que integran la inmersión con la reflexión, y no terminan al quitarse las gafas. Por ejemplo, en nuestras clases universitarias, los futuros docentes visitaron virtualmente una ciudad romana y, después, diseñaron actividades para que su alumnado analizase la organización social o los valores culturales observados.

La realidad virtual se convierte así en un punto de partida para el pensamiento crítico, no en un fin en sí misma. Tras la tecnología, llegaron las preguntas y el diálogo posterior. Finalmente, debemos evaluar con rigor, para garantizar que la emoción inicial se traduce en aprendizaje real. Es imprescindible comprobar si lo vivido se ha entendido de verdad.

Esta tecnología puede facilitar una aproximación a la asignatura de historia más realista y vivencial, aumentando la motivación y la curiosidad, mejorando la comprensión y la implicación, y reforzando la conexión con el pasado.

The Conversation

Rafael Villena Taranilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Viajar al pasado sin salir del aula: la realidad virtual como máquina del tiempo – https://theconversation.com/viajar-al-pasado-sin-salir-del-aula-la-realidad-virtual-como-maquina-del-tiempo-266850

¿Es ‘ser hombre’ una competencia oculta para dirigir proyectos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rocío Poveda Bautista, Profesora Titular de proyectos de Ingeniería, Universitat Politècnica de València

fizkes/Shutterstock

En las organizaciones, la persona que liderará un proyecto suele decidirse con información incompleta y bajo presión de tiempo. En ese contexto, los atajos mentales y estereotipos influyen más de lo que pensamos. Empresas y administraciones llevan años promoviendo la diversidad, pero los resultados son dispares: a menudo persisten brechas de género en puestos de liderazgo. Una explicación plausible es el peso de los juicios rápidos y automáticos: lo que denominamos sesgos inconscientes.

Qué investigamos

En verano de 2025 publicamos en la revista Complexity un análisis de cómo operan esos sesgos en profesionales de la dirección de proyectos. Para ello, usamos una técnica psicofísica, la Noise-Based Reverse Correlation (NBRC), que nos ha permitido “hacer visible” la representación mental que una persona tiene de “un buen jefe o jefa de proyecto”.

Mediante esta técnica se puede, por ejemplo, analizar las diferencias en la percepción de distintos grupos étnicos, para relacionar rasgos faciales con rasgos de personalidad percibidos o, como en este estudio, obtener imágenes prototípicas de profesionales como médicos, atletas o banqueros.

El proceso comienza con la creación de una plantilla (el rostro base) a partir de la cual se van a generar variaciones aleatorias (ruido). Para obtener el rostro base se recopilan y seleccionan imágenes de rostros siguiendo las especificaciones del estudio, en escala de grises y con los contornos faciales alineados y difuminados. Esa muestra de imágenes se combina para obtener el rostro base.

Presentamos a los participantes pares de imágenes generadas a partir del rostro base y ruido aleatorio. A partir de miles de elecciones, se reconstruye una imagen prototípica que sintetiza la intuición inconsciente del participante.

Además, pedimos a los mismos participantes que valoraran conscientemente qué competencias percibían en esas caras prototipo. Para establecer dichas competencias tomamos como referencia el estándar ICB4 de la Asociación Internacional de Jefes de Proyecto (IPMA), que las organiza en tres áreas:

  1. People (relaciones interpersonales).

  2. Practice (técnicas).

  3. Perspective (contexto).

En nuestro estudio pusimos el foco en el aspecto interpersonal (liderazgo, comunicación, negociación y resolución de conflictos, trabajo en equipo, integridad, etc.) por su relevancia para el desempeño.

Qué encontramos

Aparecieron dos prototipos nítidos. La imagen reconstruida a partir de elecciones de hombres se percibió como masculina y la obtenida a partir de elecciones de mujeres, como femenina. En la práctica, esto refleja un sesgo de endogrupo (grupo social al cual alguien se adscribe psicológicamente como miembro): tendemos a proyectar la idea de “buen jefe de proyecto” sobre los rasgos de nuestro propio género. Esto resulta relevante en profesiones masculinizadas, en las que las decisiones de contratación y promoción suelen ser tomadas por hombres.


Fuente: elaboración propia

Cuando pasamos de la impresión a la valoración consciente de competencias, la mayoría (hombres y mujeres) vio más claramente en la cara percibida como femenina las competencias de “comunicación”, “negociación y gestión de conflictos y relaciones”, “trabajo en equipo” e “integridad”.

En cambio, la “experiencia” (como señal de pericia técnica), la “capacidad de resolución” y el “liderazgo” se asociaron más a la cara percibida como masculina, sobre todo entre evaluadores varones.

En conjunto, el patrón sugiere que, aunque se reconoce explícitamente el peso de las competencias interpersonales, persisten asociaciones implícitas que vinculan la autoridad técnica con lo masculino.

A la pregunta de quién lo haría mejor, el resultado fue matizado y las respuestas se movieron cerca del empate. Pero, al tener que decidir con quién preferirían trabajar, la balanza se inclinó hacia la cara femenina. Es decir, al deliberar se valora un estilo más colaborativo, pero eso no elimina las primeras impresiones, que pueden sesgar la preselección cuando la información es escasa.

Cómo encaja con la evidencia existente

La técnica utilizada en nuestro trabajo recupera imágenes psicológicamente significativas de cómo juzgamos rostros atribuyéndoles, por ejemplo, “confiabilidad” o “dominancia”, lo que respalda la validez del método para estudiar primeras impresiones.

Por su parte, el estándar ICB4 subraya la importancia de las competencias interpersonales en el éxito de proyecto (People). Estas competencias a menudo son minusvaloradas frente a indicadores más tangibles de experiencia técnica. Nuestro hallazgo de “inconsciente masculino/técnico vs. consciente femenino/relacional-colaborativo” es coherente con ese desajuste.

Finalmente, materiales divulgativos sobre sesgo inconsciente en entornos corporativos describen fenómenos como el sesgo de afinidad (por el que tendemos a favorecer a quien “se parece” a nosotros) y recomiendan estructurar decisiones para limitar la intuición. Este marco ayuda a interpretar el sesgo de endogrupo observado.

Qué pueden hacer las organizaciones

Para reducir los sesgos conviene:

  1. Estandarizar la selección inicial: usar listas de verificación y matrices de criterios antes de mirar fotografías o perfiles sociales, de modo que el primer contacto sea competencial y no visual.

  2. Diversificar los paneles de selección: los equipos con variedad de género y experiencia disminuyen el sesgo de endogrupo y aportan miradas complementarias.

  3. Siempre que sea posible, aplicar la “selección ciega” en las etapas tempranas del proceso de selección (ocultando fotos o nombres) para reducir el riesgo de que la decisión se vea afectada por estereotipos.

  4. Medir y retroalimentar: seguir de cerca las tasas de avance y promoción por género y ajustar el proceso cuando aparezcan asimetrías, priorizando indicadores de desempeño real y no de “apariencia” de competencia.

Un mensaje final

Nuestro estudio no afirma que “los hombres seleccionen siempre a hombres” ni que “las mujeres sean mejores líderes”. Muestra algo más sutil y operativo: cuando decidimos con poca información, la imagen mental que asociamos a “buen jefe o jefa de proyecto” puede sesgarnos (y esa imagen varía por género).

Estructurando las decisiones con criterios competenciales y diseñando procesos que reduzcan la influencia de la primera impresión se puede acortar la brecha entre lo que decimos valorar y lo que efectivamente seleccionamos. De esta forma se evita que, en las profesiones masculinizadas, en las que las decisiones de promoción y contratación las toman principalmente los hombres, los puestos de liderazgo sigan siendo ocupados mayoritariamente por ellos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es ‘ser hombre’ una competencia oculta para dirigir proyectos? – https://theconversation.com/es-ser-hombre-una-competencia-oculta-para-dirigir-proyectos-267053

Así fortalece el ejercicio físico el poder de nuestro sistema inmune contra el cáncer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Lucía Mulas, Catedrático de Fisiología del Ejercicio, Universidad Europea

BearFotos/Shutterstock

Alrededor de la mitad de todas las muertes por cáncer podrían prevenirse modificando los factores de riesgo relacionados con el estilo de vida y el medio ambiente. A este respecto, la inactividad física –que está alcanzado proporciones de pandemia– es un condicionante clave, mientras que la actividad regular se vincula con menos incidencia, recurrencia y mortalidad de la enfermedad en adultos. Además, es una asociación independiente de factores de riesgo conocidos como el tabaquismo o la obesidad.

Primeras evidencias

Hace bastante tiempo que la comunidad científica sigue la pista a esas cualidades benéficas del ejercicio. Ya en 1921, Ivar Sivertsen y A. W. Dahlstrom postularon un efecto preventivo de la “actividad muscular” frente al desarrollo de tumores. Basaron su teoría en la observación de que la incidencia de carcinomas era mayor en granjeros norteamericanos ya jubilados y con un estilo de vida sedentario en comparación con sus coetáneos que permanecían físicamente activos hasta los setenta u ochenta años.

Además, los científicos observaron que los carcinomas rara vez se desarrollan en animales con altos niveles de actividad espontánea; por ejemplo, peces en libertad en comparación con peces de piscifactoría, o ratones frente a humanos.

De todos modos, en el siglo pasado aún no se contemplaba si tales efectos estaban vinculados a la función del sistema inmune, a pesar de que ya se había documentado en el maratón de Boston de 1902 el fenómeno de leucocitosis (proliferación de leucocitos o glóbulos blancos, células fundamentales de nuestras defensas) inducida por el ejercicio.

También se conocía el fenómeno de la inmunovigilancia, o sea, la capacidad del sistema inmunitario para detectar las células tumorales y destruirlas: Rudolf Virchow identificó en 1863 que los tumores a menudo estaban infiltrados por leucocitos, mientras que William Coley (considerado como “el padre de la inmunoterapia”) había intentado “condicionar” o sensibilizar el sistema inmunitario de sus pacientes, a través de la exposición a toxinas bacterianas, para tratar el cáncer en 1891.

Pero ¿qué sabemos hoy al respecto?

Un torrente de moléculas activado por los músculos

En primer lugar, tenemos que fijarnos en las propiedades fisiológicas del músculo esquelético (el que usamos cuando nos movemos), ya que este actúa, en cierta medida, como un órgano endocrino que libera decenas de moléculas señalizadoras al torrente sanguíneo. Incluyen principalmente proteínas o pequeños péptidos –por ejemplo, citocinas como la interleucina-6 (IL-6), IL-7, o IL-15–, ácidos nucleicos, lípidos y metabolitos como el lactato. Estas moléculas, que se denominan colectivamente “miocinas”, pueden circular libremente o viajar empaquetadas en unas vesículas microscópicas llamadas exosomas.

Además de ejercer funciones saludables a nivel metabólico y multisistémico (por ejemplo, mejoras en el control de la glucemia o en la quema de grasas), las miocinas producen efectos específicos sobre el sistema inmunológico. Por ejemplo, el músculo en contracción libera IL-6, que aumenta de manera exponencial con la intensidad y la duración del esfuerzo: de hecho, puede alcanzar un incremento de aproximadamente 100 veces sobre los niveles circulantes normales.

Aunque la IL-6 procedente de otras fuentes –como las células inmunitarias– tiene un papel sobre todo proinflamatorio, cuando se libera en el contexto del ejercicio provoca lo contrario: un efecto antiinflamatorio generalizado. Esto ocurre especialmente al inducir la liberación de otras citocinas con propiedades antiinflamatorias (IL-1RA o IL-10) y, a su vez, disminuir los niveles del factor de necrosis tumoral, que es una citocina con una potente función proinflamatoria.

Además, la IL-6 generada por el ejercicio puede unirse a los linfocitos con mayor capacidad para matar tumores –las células natural killer (NK)– y estimular su migración hacia esos tumores. Así lo demostró un grupo escandinavo en 2016, en un trabajo con ratones que dio la vuelta al mundo. Como en general las células NK infiltran muy poco los tumores, estos hallazgos eran prometedores.

El poder del ejercicio intenso y regular

Es importante señalar la importancia de la intensidad con que nos movemos. En los humanos, cada episodio “agudo” de ejercicio (caminar rápido, correr, pedalear, nadar…) de al menos 20 minutos de duración induce un considerable aumento transitorio de linfocitos. Afecta sobre todo a las células con un mayor número de receptores para la adrenalina –la hormona y neurotransmisor del estrés agudo–, que son precisamente aquellas con más capacidad de eliminar células tumorales: células NK, CD8+T y γδT, así como neutrófilos.

En suma, practicar ejercicio de manera intensa y con frecuencia produce dos efectos interesantes: la liberación regular de miocinas antiinflamatorias –hoy sabemos que la inflamación crónica es un sustrato de muchos tipos de cáncer en adultos– y un aumento de la infiltración de células inmunes en tumores. Esto último se ha demostrado, por ejemplo, en pacientes con cáncer de próstata (células NK) o de páncreas (células CD8+T).

Nuestros hallazgos

Además, a lo largo de dos décadas de investigación conjunta en la sección de Oncohematología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y la Universidad Europea de Madrid, los autores de este artículo también hemos observado los efectos positivos de la actividad física en niños con cáncer.

Así, hemos mostrado cómo el ejercicio realizado en el hospital acelera la reconstitución de las llamadas células dendríticas (que estimulan la respuesta inmune) en niños que reciben un trasplante de médula ósea. Adicionalmente, el ejercicio puede disminuir el riesgo de infecciones a posteriori y mitigar los efectos debilitantes de la quimioterapia sobre la capacidad física.

Por otra parte, ratones con neuroblastoma de alto riesgo –uno de los tumores pediátricos más agresivos– que realizaron ejercicio en cinta rodante experimentaron un aumento de los infiltrados de células inmunes en el tumor. Este incremento afectó, sobre todo, a células mieloides, es decir, las citadas células dendríticas y los macrófagos M2, que parecen tener una acción antitumoral, al menos en modelos animales.

En resumen, no faltan las pruebas de que el ejercicio es un gran aliado para fortalecer y estimular la acción del sistema inmune contra el cáncer, tanto en niños como en adultos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Así fortalece el ejercicio físico el poder de nuestro sistema inmune contra el cáncer – https://theconversation.com/asi-fortalece-el-ejercicio-fisico-el-poder-de-nuestro-sistema-inmune-contra-el-cancer-269012

Peace plan presented by the US to Ukraine reflects inexperienced, unrealistic handling of a delicate situation

Source: The Conversation – USA – By Donald Heflin, Executive Director of the Edward R. Murrow Center and Senior Fellow of Diplomatic Practice, The Fletcher School, Tufts University

U.S. Secretary of State Marco Rubio, center, with U.S. delegation members faces the Ukrainian delegation during discussions in Geneva on Nov. 23, 2025, on a plan to end the war in Ukraine. Fabrice Coffrini/ AFP via Getty Images

As Russian bombs continued to pound Ukraine, a different conflict has blown up over plans to end that almost four-year-long war. The Trump administration on Nov. 20, 2025, formally presented Ukraine with a 28-point proposal to end the war, and President Donald Trump announced the country had until Thanksgiving to sign it. But Ukraine and its European and U.S. allies said the plan heavily favored Russia, requiring Ukraine to give up territory not even held by Russia, diminish the size of its military and, ultimately, place its long-term sovereignty at risk. The Trump administration was accused by policy experts and some lawmakers of fashioning a plan to serve Russia’s interests, and Secretary of State Marco Rubio got enmeshed in an argument with U.S. senators over whether the U.S. or Russia had authored the document. On Nov. 23, Ukrainian and U.S. officials held talks in Geneva, which Rubio declared were “productive and meaningful,” and those negotiations continue. The Conversation U.S. politics editor Naomi Schalit asked longtime diplomat Donald Heflin, now teaching at Tufts University’s Fletcher School, to help make sense of the chaotic events.

I have a whole list of questions to ask you, but my first question is what on earth is going on?

It’s hard to say. Ever since the Trump administration took power for the second time, it’s alternated between leaning towards Russia in this war or being more neutral, with occasional leaning towards Ukraine. They go back and forth.

This particular peace plan gives Russia a lot at once. It gets the size of the Ukrainian army cut down from 800,000-plus to 600,000, when the country is barely hanging on defending itself with 800,000 troops. Russia gets land, including land that it has conquered. A lot of people expected that might be one of the conditions of a Ukraine-Russia peace deal. But this also gives Russia land that it hasn’t taken yet and may never take.

It bars Ukraine from seeking NATO membership. That’s not a huge surprise. That was probably always going to be part of an eventual deal. Ukraine gets security guarantees from the West. Unfortunately, the U.S. gave ironclad security guarantees in 1994 when Ukraine gave up its nuclear weapons voluntarily. It’s been invaded by Russia twice since then, in 2014 and 2022. So our security guarantees really don’t mean a whole lot in that area of the world.

A rescue worker in a uniform stands in front of the rubble of a bombed building.
Rescue workers extinguish a fire at the site of a Russian drone strike on residential buildings in Kharkiv, Ukraine, on Nov. 24, 2025.
Viacheslav Mavrychev/Suspilne Ukraine/JSC ‘UA:PBC’/Global Images Ukraine via Getty Images

And there’s more, right?

I think this is the most important part, what Putin is looking for more than anything else. Russia gets released from economic sanctions and it rejoins the group of G7 industrialized countries.

Putin’s economy is under a lot of stress. The cash that would flow in for the sale of Russian goods, particularly energy, would enable him to build a whole new army from scratch, if he needed to. That’s a huge strategic advantage. This would be a major shot in the arm for the Russian economy and for the Russian war economy.

So this is a very pro-Russian deal, unless it’s modified heavily, and there’s argument in Washington now whether the Russians just plain drafted it, or whether our State Department drafted it but for some reason leaned heavily towards Russia.

I’m inclined to think the original draft came from the Russians. It’s just too loaded up with the stuff that they want.

There was a fair amount of confusing back-and-forth on Nov. 23 that Rubio had told some senators that, in fact, the plan wasn’t generated by the United States, that it reflected a Russian wish list. The senators revealed this publicly. Then a State Department spokesman called that claim “blatantly false.” You’re a former diplomat. When you see that kind of thing happening, what do you think?

It’s amateur hour. We’ve seen this before. With this administration, it puts a lot of very amateurish people – Rubio’s not one of them – in place in important offices, like Steve Witkoff, the special envoy for Russia and Ukraine who is also the special envoy for the Middle East. And they’ve gotten rid of all the professionals. They either just fired some or ran some off.

So you know, the problem here is implementation. Politicians can have great thoughts, but they usually then turn to the professionals and say, “Here’s what I’m thinking.” The people they would turn to are gone. And that was their own doing – the left hand doesn’t know what the right hand is doing.

How might that affect the ultimate goal, which is peace?

This is a very delicate situation that calls for delicate peace talks from professional diplomats. There are a couple of things that need to happen and aren’t happening very much. First off, this is a war in Eastern Europe. Europe should be very involved now. They lean against Russia, so they probably can’t be honest brokers, but they need to be involved in every step of this process. If there’s going to be any rebuilding of Ukraine, Europe’s going to have to help with that. If there’s going to be pressure on Russia, Europe buys a lot of its goods, especially energy. They’re just a necessary player, and they haven’t been included.

Two men sit on chairs in front of a number of flags.
Ukrainian President Volodymyr Zelenskyy meets with U.S. President Donald Trump at the 80th session of the United Nations General Assembly on Sept. 23, 2025. in New York City.
Chip Somodevilla/Getty Images

What else?

The other is that when people have these great ideas, normally they would turn to their professionals. Those professionals would then talk to the professionals on the other side or other sides. Staff work would be done, then your presidents or your prime ministers or your secretaries of state would meet and hammer out the deal.

None of that’s happening in this process. People are having great thoughts and getting on planes, and that’s not a recipe for a permanent peace deal.

Europe is champing at the bit to try to get involved in this, because they’ve got professional diplomats still in place, and it affects them.

Why is this happening now?

The timing of all this is really interesting. Winter’s coming, and Northern Europe, particularly Germany, is very dependent on Russian natural gas to heat their homes. These sanctions against Russia make that difficult. They make it more expensive. Should Russia decide it wanted to play hardball, it could cut off its natural gas in Northern Europe, and people in Germany would be freezing in the dark this winter. This timing is not an accident.

Trump said he wanted an agreement by Thanksgiving. Is that a reasonable requirement of a process to bring peace after a multiyear war?

No, it’s not. I don’t know if they even realize this in the
Trump administration, but that’s another sign – just as we had ahead of the Alaska Summit between Putin and Trump – that this isn’t really about trying to make peace. It’s for show and to get credit. In a war that’s been going on now for almost four years, you don’t say, “OK, within the next week, come up with a very complicated peace deal and sign off on it and it’s going to stick.” That’s just not the way it works.

The Conversation

Donald Heflin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Peace plan presented by the US to Ukraine reflects inexperienced, unrealistic handling of a delicate situation – https://theconversation.com/peace-plan-presented-by-the-us-to-ukraine-reflects-inexperienced-unrealistic-handling-of-a-delicate-situation-270488

Por qué la presión de Trump sobre Venezuela no tiene precedentes y podría llevar a una intervención militar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alan McPherson, Professor of History, Temple University

Maduro, en septiembre de 2025. AP Photo/Jesus Vargas

La enorme acumulación militar en el Caribe ha desatado especulaciones de que Estados Unidos está inmerso en su último capítulo de intervención directa en América Latina. Una idea que se ha visto reforzada en las últimas horas por la inclusión del cartel de los Soles en la lista de organizaciones terroristas que maneja el Departamento de Estado. La decisión coloca en la diana al presidente venezolano Nicolás Maduro y a altos cargos de su Gobierno.

Por ahora, al menos, el presidente Donald Trump ha dado marcha atrás en sus insinuaciones de que Washington está considerando lanzar ataques dentro de Venezuela, aparentemente satisfecho con atacar numerosos buques de guerra con el pretexto de una operación antinarcóticos. No obstante, la presencia estadounidense en la región se amplió la semana pasada con la llegada del portaaviones más grande del mundo: el USS Gerald R. Ford.

Como estudioso de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, sé que las acciones de la actual administración estadounidense se inscriben en una larga historia de intervenciones en la región. Si la escalada pasara de los ataques a barcos a una confrontación militar directa con Venezuela, tal agresión parecería algo habitual en las relaciones interamericanas.

Y, sin duda, los gobiernos de toda América Latina, tanto dentro como fuera de Venezuela, la situarán en este contexto histórico.

Pero, aunque recuerda a algunas prácticas cuasi piratas de la Marina de los Estados Unidos, el aumento del poderío militar actual no tiene precedentes en muchos aspectos clave. Y podría dañar las relaciones de Estados Unidos con el resto del hemisferio durante toda una generación.

Una historia de intervenciones

De la forma más evidente, el despliegue de una flotilla de buques de guerra en el sur del Caribe evoca oscuros ecos de la “diplomacia de las cañoneras”, el envío unilateral de marines o soldados para intimidar a gobiernos extranjeros, especialmente frecuente en América Latina. Fuentes fiables recogen hasta 41 casos de este tipo en la región entre 1898 y 1994.

De ellos, 17 fueron casos directos de agresión de Estados Unidos contra naciones soberanas y 24 fueron intervenciones de las fuerzas estadounidenses en apoyo de dictadores o regímenes militares latinoamericanos. Muchos terminaron con el derrocamiento de gobiernos democráticos y la muerte de miles de personas. Entre 1915 y 1934, por ejemplo, Estados Unidos invadió y luego ocupó Haití y pudo haber matado a unas 11 500 personas.

Un hombre se manifiesta en una concentración.
Un partidario venezolano de Maduro participa en una concentración contra la actividad militar estadounidense en el Caribe.
Federico Parra/AFP via Getty Images

Durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Washington siguió dictando la política de América Latina, mostrando su disposición a responder a cualquier amenaza percibida para las inversiones o los mercados estadounidenses y respaldando dictaduras proestadounidenses como el régimen de Augusto Pinochet en Chile entre 1973 y 1990.

Los latinoamericanos, en general, se han irritado ante estas muestras tan evidentes del poder de Washington. Esta oposición de los gobiernos latinoamericanos fue la razón principal por la que el presidente Franklin D. Roosevelt renunció a las intervenciones con su política de “buena vecindad” en la década de 1930. Sin embargo, las intervenciones continuaron durante la Guerra Fría, con medidas contra los gobiernos de izquierda en Nicaragua y Granada en la década de 1980.

El fin de la Guerra Fría no supuso el fin definitivo de las intervenciones militares. Algunas fuerzas armadas estadounidenses siguieron operando en el hemisferio, pero, desde 1994, lo hicieron como parte de fuerzas multilaterales, como en Haití, o respondiendo a invitaciones o colaborando con los países anfitriones, por ejemplo, en operaciones antinarcóticos en los Andes y Centroamérica.

El respeto por la soberanía nacional y la no intervención –dos principios sagrados en el hemisferio–, especialmente en el contexto del aumento de la violencia relacionada con las drogas, ha acallado en gran medida la resistencia a la presencia de tropas estadounidenses en los países más grandes del hemisferio, como México y Brasil.

No es un simple reinicio de la Doctrina Monroe

¿Está Trump simplemente reviviendo una postura abandonada hace tiempo sobre el papel de Estados Unidos en la región?

Ni mucho menos. En dos aspectos clave, la agresión contra Venezuela o cualquier otro país latinoamericano en la actualidad, justificada por Washington como respuesta a la insuficiente aplicación de la ley contra el tráfico de drogas, representa un peligro sin precedentes.

En primer lugar, echaría por tierra la antigua justificación de la intervención armada estadounidense conocida como la Doctrina Monroe. Desde 1823, cuando el presidente James Monroe la anunció, Estados Unidos ha tratado de mantener a las potencias extranjeras fuera de las repúblicas del hemisferio.

Washington creía que, una vez que un pueblo latinoamericano ganaba su independencia, tenía derecho a conservarla, y la Marina de los Estados Unidos debía ayudar en la medida de lo posible. A principios del siglo XX, esa supuesta ayuda adoptó la forma de un policía que patrullaba el mar Caribe, ejerciendo lo que el entonces presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, denominó un “gran garrote” e impidiendo que los europeos desembarcaran y, por ejemplo, cobraran deudas. A veces esto se hacía haciendo desembarcar primero a los marines y trasladando el oro de un país a Wall Street.

Una antigua caricatura política muestra un mapa de personas mirando buques de guerra.
Una caricatura de 1904 en el New York Herald muestra a los líderes europeos observando el poder naval estadounidense bajo la Doctrina Monroe.
Bettmann/Getty Images

Una ampliación del precedente de Panamá

Incluso durante la Guerra Fría, la Doctrina Monroe podía invocarse lógicamente para mantener a los soviéticos fuera del hemisferio, ya fuera en Guatemala en 1954, en Cuba en 1961, o en la República Dominicana en 1965.

A menudo, el vínculo soviético era débil, incluso inexistente. Pero aún quedaba un hilo tenue de mantener fuera una “ideología extranjera” que parecía mantener la relevancia de Monroe.

La doctrina murió de forma definitiva en 1989 con la invasión de Panamá para derrocar a su líder rebelde, Manuel Noriega, condenado por tráfico de drogas y culpable de destruir la democracia de su país. Nadie señaló a ningún cómplice fuera del hemisferio.

El derrocamiento de Noriega por unos 26 000 soldados estadounidenses podría ser el paralelismo más cercano a la persecución por parte de Trump de los supuestos barcos de drogas en el Caribe. Trump ya ha afirmado en repetidas ocasiones que el presidente venezolano Nicolás Maduro, al igual que Noriega, no es el jefe de Estado de su propio país y, por lo tanto, es procesable.

Más aún, ha afirmado que el líder venezolano es el jefe de la banda Tren de Aragua, que ha sido designada “organización terrorista extranjera” por las autoridades estadounidenses. De ahí a pedir –y promover– el derrocamiento de Maduro con el pretexto de eliminar a un “narcoterrorista” internacional no hay más que un paso. Un paso que ha quedado confirmado este 24 de noviembre al entrar en vigor la declaración por parte del Departamento de Estado del cartel de los Soles como organización terrorista y situar al frente de la misma a Nicolás Maduro.

Pero incluso ahí, el paralelismo con Panamá diverge de manera crucial: un ataque estadounidense contra Venezuela sería muy diferente en escala y geografía. El país de Maduro es doce veces más grande y tiene aproximadamente seis veces más población. Sus tropas activas suman al menos 100 000 efectivos.

Foto de un vehículo bombardeado.
Foto de 1989 del cuartel general de las Fuerzas de Defensa de Panamá bombardeado tras ser destruido en la invasión estadounidense de Panamá.
AP Photo/Matias Recar

¿Otro Irak?

De todas las invasiones y ocupaciones estadounidenses en América Latina, ninguna ha tenido lugar en Sudamérica ni en un país grande.

Es cierto que las tropas de EE UU invadieron México varias veces, a partir de 1846, pero nunca ocuparon todo el país. En la guerra de México, las tropas estadounidenses se retiraron después de 1848. En 1914, ocuparon una sola ciudad, Veracruz, y en 1916 persiguieron a Pancho Villa en la Expedición Punitiva. En todos estos episodios, se comprobó que tomar zonas de México era costoso e improductivo.

Un cambio de régimen provocado por Estados Unidos en un país soberano hoy en día, como en Venezuela, probablemente desencadenaría una resistencia masiva no solo por parte de su ejército, sino en todo el país.

La amenaza de Maduro de una “república en armas” en caso de que Estados Unidos invadiera podría ser una bravuconada, pero tambien podría no serlo. Muchos expertos predicen que tal invasión sería un desastre. Es más, Maduro ya ha solicitado ayuda militar de Rusia, China e Irán. Incluso sin esa ayuda, la movilización de los activos estadounidenses en el Caribe no garantiza el éxito.

Y aunque a muchos gobiernos del resto del hemisferio sin duda les encantaría expulsar a Maduro, les disgustaría el método utilizado para ello. Los presidentes de Colombia y México han criticado los ataques, y otros han advertido acerca del resentimiento que se generaría en el hemisferio si se produjera una intervención.

En parte, esto se debe al pasado intervencionista de Estados Unidos en América Latina, pero también proviene de un instinto de supervivencia, especialmente entre los gobiernos de izquierda que ya han despertado la ira de Trump. Como dijo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, “si esto se convierte en una tendencia, si cada uno piensa que puede invadir el territorio de otro para hacer lo que quiera, ¿dónde queda el respeto por la soberanía de las naciones?”.

Venezuela, contrariamente a lo que afirma la Casa Blanca, no es un gran productor ni punto de tránsito de narcóticos. ¿Qué pasaría si Trump dirigiera su mirada hacia otros gobiernos aún más comprometidos con la corrupción relacionada con las drogas, como México, Colombia, Bolivia y Perú? Nadie quiere ser la siguiente ficha de dominó.

The Conversation

Alan McPherson no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la presión de Trump sobre Venezuela no tiene precedentes y podría llevar a una intervención militar – https://theconversation.com/por-que-la-presion-de-trump-sobre-venezuela-no-tiene-precedentes-y-podria-llevar-a-una-intervencion-militar-268954

Vivas de milagro: violencias médicas contra las mujeres del siglo XIX

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Lázaro Real, Investigadora colaboradora en el Instituto de Estudios de las Mujeres y de Género, Universidad de Granada

Marcha contra la Violencia contra las mujeres en Vigo, Galicia. Olivier Guiberteau/Shutterstock

Hace 25 años que, a instancias de Naciones Unidas, el mundo celebra el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Fue en una resolución específica para la que se eligió el día exacto del calendario: 25 de noviembre, efeméride del asesinato de las hermanas Mirabal, opositoras del dictador Rafael Trujillo, en República Dominicana.

Aquella resolución publicada en el año 2000 recogía, en realidad, un trabajo previo de la propia Asamblea de Naciones Unidas que, empapada por la Tercera Ola del Feminismo de los años 70, había celebrado una Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer en 1979 y que terminó 24 años después con una declaración específica sobre la violencia de género, el antecedente más próximo de todos los 25N que estarían por llegar.

Dicho de otra forma, el mundo lleva ya casi medio siglo hablando a las claras contra una de las violencias humanas más evidentes: la que sufren las mujeres por el hecho de serlo. Esa violencia que en pleno siglo XXI muchos se niegan a reconocer como una violencia con motivaciones y formas específicas es fruto de un sistema que ha reconocido al hombre como sujeto de poder, otorgándole la capacidad de violentar, y ha relegado a las mujeres al de víctimas.

Ese sistema que las sociedades democráticas tratan de transformar encontró a partir del siglo XIX en Occidente la manera de legitimarse legal, social e incluso científicamente. Sí, el siglo XIX, el mismo de los grandes avances científicos y tecnológicos de la contemporaneidad, el del nacimiento de los Estados liberales, primero, y las democracias, después, es el mismo que legitimó científicamente el patriarcado y, por tanto, convirtió a las señoras del XIX en las primeras víctimas “oficiales” de sus diferentes formas de violencia.

Ellas, las que parieron el feminismo como una corriente de pensamiento liberador para hombres y mujeres, fueron las primeras en quedar legalmente sujetas al poder de los hombres.

Tuteladas por padres y maridos

Los códigos civiles y penales que regulaban las relaciones sociales nacen en el siglo XIX con la premisa de que las mujeres deben ser tuteladas por sus padres o maridos. Su capacidad de agencia queda negada incluso en sus relaciones románticas gracias a un concepto de honra que las infantiliza.

Al mismo tiempo, sus cuerpos quedan controlados por una medicina sesgada por la moralidad imperante. La ciencia dominante ve a las mujeres como seres inferiores intelectual y sexualmente. Su sexualidad es construida científicamente a base de teorías que patologizan su capacidad para sentir deseo y placer, lo que no significa que no hubiera discursos desde los márgenes que cuestionaran esas ideas.

Y ahí es donde se me ha ocurrido mirar este 25N: al origen de las violencias contra los cuerpos de las mujeres a través de su sexualidad.

A lo largo del siglo XIX, cuando la Ginecología y la Obstetricia se consolidan como materias en las Facultades de Medicina, la teoría médica “inventa” dos enfermedades que atribuye a las mujeres que manifiestan sentir deseo o placer sexual. La histeria –utilizada como cajón de sastre para muchas otras patologías– y la ninfomanía son diagnosticadas ante el más mínimo síntoma. Y se diseñan tratamientos especialmente agresivos.

Según recogen las revistas médicas de la época, existieron tratamientos puramente físicos que en casos extremos llegaron a la extirpación de clítoris, ovarios y útero como medida preventiva.

A esa práctica se sumaban otras como la prohibición de la masturbación, considerada una práctica patológica, al tiempo que en las consultas se practicaban masajes pélvicos aplicados manualmente o mediante vibradores mecánicos y eléctricos, aunque su uso generó controversia por la posibilidad de producir excitación sexual.

Este último asunto fue fruto de una polémica al haber sido planteado por la historiadora de la tecnología Rachel Maines hace años y rebatido con posterioridad, si bien al menos en prensa especializada española sí han aparecido estos vibradores como instrumentos para paliar las “molestias de las mujeres”.

Electroterapia y bromuro contra la “lascivia”

Las señoras del XIX fueron sometidas a tratamientos como la electroterapia, uso de corrientes eléctricas en diferentes partes de la anatomía femenina, incluidos los genitales. Además, fueron tratadas con fármacos como el bromuro de potasio –recetado para combatir pensamientos lascivos y dolores de ovarios y hoy retirado de cualquier práctica sanitaria que no sea veterinaria– y remedios naturales como la quininina, valeriana y la belladona.

También probaron las “histéricas” el platino, la cloretona y hasta sangre de matadero. Cualquier cosa con tal de controlar cualquier manifestación de deseo sexual fuera del interés reproductivo.

Aquellas prácticas más agresivas físicamente fueron cayendo en desuso y sustituidas por terapias psicoanalíticas que igualmente agredían la salud mental de las mujeres. Las mujeres del XIX fueron sometidas a tratamientos mentales como la hipnosis y, lo más radical, el internamiento en manicomios en los que se practicaban también la hidroterapia, duchas frías a presión contra el cuerpo.

La expresión de sus emociones y su condición de ciudadanas tuteladas por padres y maridos las convirtió en víctimas de violencias que hoy suenan lejanas y casi anecdóticas y que fueron destruidas gracias, precisamente, a las conquistas que desde los márgenes hizo el feminismo y la investigación con perspectiva de género.

Aquel mismo feminismo que impregnara la convención de la ONU de 1979 y que este 25N nos hace conscientes de que Vivas nos queremos, aunque estemos “vivas de milagro”.

The Conversation

Elena Lázaro Real es miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica y de la Asociación de Periodistas por la Igualdad

ref. Vivas de milagro: violencias médicas contra las mujeres del siglo XIX – https://theconversation.com/vivas-de-milagro-violencias-medicas-contra-las-mujeres-del-siglo-xix-270340

Jair Bolsonaro arrested amid fears he planned to flee as coup trial nears conclusion

Source: The Conversation – UK – By Felipe Tirado, PhD Candidate in Law, King’s College London

Brazil’s former president, Jair Bolsonaro, was taken into custody on November 22 after it was determined there was a “high risk” of him attempting to flee to a foreign embassy. The arrest took place as the Brazilian supreme court was analysing Bolsonaro’s final appeal against a 27-year prison sentence for leading a coup plot after losing the 2022 election.

Bolsonaro was arrested after he broke his ankle monitor. This happened right after his son, Senator Flávio Bolsonaro, called for a vigil outside the former president’s house. The supreme court justice, Alexandre de Moraes, said Bolsonaro’s escape would have been “facilitated by the confusion caused by the demonstration called by his son”.

Federal agents took Bolsonaro to a police facility in the Brazilian capital of Brasília ahead of a custody hearing. He was subsequently taken to the Papuda prison complex, also in Brasília, where he is expected to begin serving his sentence. Bolsonaro’s sons, allies and lawyers said he wasn’t trying to flee.

Ahead of the ankle monitor incident, Bolsonaro’s lawyers had requested that he serve his sentence at home. They cited his health issues and mentioned that the supreme court had recently granted this benefit to another of Brazil’s former presidents, Fernando Collor, who was convicted of corruption earlier in 2025. The court rejected this request.

The coup plot was first discovered during investigations into an insurrection in Brasília in January 2023, where thousands of Bolsonaro supporters stormed the heart of the Brazilian government. Investigators uncovered evidence that the riot was part of an attempted coup.

They subsequently found that the plot also included a plan to assassinate Brazil’s current president, Luiz Inácio Lula da Silva, as well as his vice-president, Geraldo Alckmin, and Justice Moraes. Bolsonaro and several other high-ranking officials were indicted for their involvement in the plot in early 2025, with convictions handed down in September.

Those convicted alongside Bolsonaro include Colonel Mauro Cid, army generals Walter Braga Netto, Augusto Heleno and Paulo Sérgio Nogueira, and former navy commander Almir Garnier Santos. Also convicted were former justice minister Anderson Torres and former intelligence agency director Alexandre Ramagem.

Brazil’s supreme court ordered the arrest of Ramagem on November 21. He fled Brazil in September and has been living in the US since then. Ramagem’s lawyers and political allies informed the press that they did not know he had left the country.

Bolsonaro received the longest sentence of the eight main conspirators. The sentences handed out to Netto, Heleno, Nogueira, Garnier Santos, Torres and Ramagem range from 16 to over 26 years in prison. Cid, who was Bolsonaro’s former main military aide, will serve a two-year house arrest sentence after cooperating with the investigation.

The sentencing and arrest of Bolsonaro and his co-conspirators is a significant moment for Brazil. Never before have members of the country’s political and military elite been held to account for staging a coup.

Supreme court verdict

In total, 34 people have been formally indicted in connection with the coup plot. The supreme court has accepted all but one of these criminal complaints. It still has to analyse the charges against prominent right-wing influencer Paulo Figueiredo, who has not not yet presented his defence. Figueiredo is the grandson of Brazil’s last dictator, João Figueiredo, and lives in the US.

In October, the supreme court panel responsible for the case convicted seven other defendants for their roles in the coup plot. These people were accused of running a disinformation campaign to spread fake news about the 2022 election and attacking Brazil’s state institutions. Their sentences range from seven to 17 years in prison.

Those convicted were former army officers Ailton Barros, Ângelo Denicoli, Giancarlo Rodrigues, Guilherme Almeida and Reginaldo Abreu, as well as federal police agent Marcelo Bormevet. Carlos Moretzsohn Rocha, who was accused of drafting the report used to challenge the 2022 election results, was also sentenced to prison.

More recently, on November 18, the panel convicted nine of ten defendants who were accused of planning the plot’s violent actions. These actions involved the plans to assassinate Lula, Alckmin and Moraes.

One of these defendants, an army general called Estevam Theophilo, was acquitted due to a lack of evidence. And two others, colonels Márcio Resende and Ronald Araújo, may benefit from non-prosecution agreements.
The sentences of the other seven range from 16 to 24 years in prison.

The panel is set to judge six other defendants in December who are accused of planning and coordinating other aspects of the plot.

Reckoning with the past

Over the past few decades, some Latin American countries have held their former leaders accountable for crimes committed while in office. Argentina pioneered this trend in 1985 with the so-called “trial of the juntas”.

This trial ended with the conviction of former dictators Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola and Leopoldo Galtieri, as well as other leading figures of the military regime of 1976 to 1983 for crimes against humanity. Argentina’s last dictator, Reynaldo Bignone, has also been convicted multiple times for such crimes since 2010.

Elsewhere in the region, Uruguayan courts convicted Gregorio Álvarez for crimes against humanity in 2007. Álvarez was the last president of Uruguay’s dictatorship, ruling from 1981 until 1985. Former Peruvian leader Alberto Fujimori was also convicted for human rights violations while in office in 2009.

However, coup plotters and former dictators have generally remained unpunished for their crimes in most Latin American countries. Perhaps the most prominent example is Augusto Pinochet, who was never held to account for his brutal dictatorship in Chile.

Pinochet was arrested in London in 1998 on an international warrant for his alleged role in human rights abuses, but was released on medical grounds before facing trial. Once back in Chile, further charges against him were also blocked by the country’s courts.

The arrest of Bolsonaro represents a long overdue reckoning with Brazil’s authoritarian past and another step in Latin America’s progress towards accountability.

The Conversation

Felipe Tirado receives funding from the Centre for Doctoral Studies – King’s College London.

ref. Jair Bolsonaro arrested amid fears he planned to flee as coup trial nears conclusion – https://theconversation.com/jair-bolsonaro-arrested-amid-fears-he-planned-to-flee-as-coup-trial-nears-conclusion-269554

Abraham accords: Israel’s latest push to improve Arab relations could stall over Palestinian statehood

Source: The Conversation – UK – By Simon Mabon, Professor of International Relations, Lancaster University

Mohammed bin Salman wants to bring Saudi Arabia into the Abraham accords, the network of agreements to normalise relations between Israel with other countries in the Middle East and, increasingly, beyond. Donald Trump would have enjoyed hearing this when the Saudi crown prince visited the White House on November 18.

It was Trump’s first administration that brokered the initial agreements between Israel and the UAE, Bahrain, Morocco and Sudan in 2020. It’s an achievement that is often trumpeted by his supporters as the key foreign policy win of the US president’s first term in power.

But the Saudi leader’s plan to normalise with Israel comes with a price. He wants to see a “clear path [towards a] two-state solution”, he told reporters as he sat alongside Trump in the Oval Office.

The Abraham accords were the first instance of Arab countries formally recognising Israel since 1994, when Jordan and Israel signed a peace agreement. For Trump, Benjamin Netanyahu and others, the signing of the accords was a diplomatic breakthrough. It would, they believed, usher in a new age of peace and prosperity across the Middle East driven by economic aspirations.

But little substantive progress has been made on securing additional signatories since 2020. And when Kazakhstan announced its plan to join the accords and normalise diplomatic relations with Israel at the start of November, it came as something of an anticlimax.

Rumours had begun to spread about a new signatory – and advocates of the accords were almost certainly hoping for a more high-profile signatory. But the Kazakh move reveals much about the current status of the accords.

Big deal

For Trump and Israel’s prime minister, Benjamin Netanyahu, the accords were a significant move – a major effort to reshape the Middle East. But things have not quite gone according to plan in the five years since the first agreements were signed.

Prior to the terrorist attacks of October 7 2023, there was a growing expectation that Saudi Arabia would soon join the accords. Diplomatic overtures from Israel to Saudi Arabia and vice versa, were built on a form of tacit security collaboration that had long endured between the two states. This collaboration was in part driven by a shared fear of Iranian aspirations across the Middle East.

The apparent threat from Iran was a key driving force behind the accords. The UAE, Bahrain and Israel had all expressed concerns about Tehran’s nefarious activity across the Middle East.

According to US inteligence documents published by Wikileaks, Hamad bin Isa Al Khalifa, the king of Bahrain, had been telling US officials of his desire to normalise with Israel as far back as 2007.

By 2023, however, Saudi Arabia was beginning to see Iran as less of a threat. The two countries had embarked on their own process of normalisation earlier that year. They signed a deal to restore full diplomatic and security ties, an agreement seen by some in the Gulf as an indication that the region was moving towards what one scholar called a “post-American Gulf era”.

The Beijing-mediated agreement pointed to a new way of thinking about regional politics, driven by a desire for a more stable regional security environment shaped by states from the region rather than outside it.

Meanwhile, Hamas’s attack on Israel on October 7 2023 and Israel’s destruction of Gaza halted Saudi overtures to Israel. Since then, Saudi officials have declared that, in order for the kingdom to normalise relations with Israel, the establishment of a Palestinian state with East Jerusalem as its capital is a necessary step.

In the months that followed, Bin Salman was increasingly steadfast in his refusal to normalise relations with Israel without a Palestinian state. In the summer of 2024, he reportedly expressed fears about being assassinated because of normalisation with Israel. He indicated he was still pursuing normalisation, but very publicly linked this aspiration with a requirement for Palestinian statehood.

Reassessing Middle East threats

Israeli policy across the Middle East since the October 7 attacks has also shifted threat perceptions away from Iran. Israel’s strikes on Gaza, Lebanon, Syria, Iran, Qatar, Yemen, Iraq and Tunisia – coupled with raids on sites across the West Bank – have created an increasingly unstable regional security landscape.

The focus is now on deeper inter-regional collaboration. This was emphasised in the way that, in the aftermath of Israeli strikes on Iran, leaders from across the Middle East almost unanimously condemned the attacks.

At the same time, Iran has held discussions with the UAE and Saudi Arabia over an arrangement for a uranium enrichment programme which would ensure that Iran’s programme did not provide a means to developing nuclear weapons.

The words and deeds of Israeli politicians have also angered many. Benjamin Netanyahu has repeatedly spoken of his ongoing efforts to prevent the establishment of a Palestinian state.

Israel’s finance minister Bezalel Smotrich has repeatedly called for the annexation of the West Bank. The national security minister, Itamar Ben-Gvir, has provoked anger and concern across the Muslim world by praying at the site of the al-Aqsa Mosque in Jersualem, violating the agreement that only Muslims should worship there.

There was been little or no progress on the implementation of the second phase of Trump’s 20-point Gaza peace deal – a deal that has no concrete steps towards the establishment of a Palestinian state. When you consider this, and the Israeli political elite’s explicit rejection of a Palestinian state, it feels unlikely there will be any more signatories to the Abraham accords for the foreseeable future.

The Conversation

Simon Mabon receives funding from Carnegie Corporation of New York and the Henry Luce Foundation. He is affiliated with the Foreign Policy Centre.

ref. Abraham accords: Israel’s latest push to improve Arab relations could stall over Palestinian statehood – https://theconversation.com/abraham-accords-israels-latest-push-to-improve-arab-relations-could-stall-over-palestinian-statehood-269998

How we created a climate change museum to inspire hope among eco-distressed students

Source: The Conversation – UK – By William Finnegan, Head of Programmes in Lifelong Learning in Social Sciences, University of Oxford

Student contributions were added to a participatory artwork representing the Thames watershed as a 15-metre-long wearable robe.
Authors provided, CC BY

In 2023, a visit to a local state secondary school to discuss our project, The Museum of Climate Hope, led to an unexpected discussion. A few weeks earlier, an eminent climate scientist had presented a harrowing tale of climate apocalypse to the school’s sixth form. But the students told us the scientist’s presentation, intended as a wake-up call to apathetic teenagers, had backfired.

After that “doom and gloom” message, a teacher at the school told us some students who were already concerned about climate change were showing signs of eco-distress. This term has been coined by environmental psychologists to capture the negative emotional responses – worry, anxiety, despair – to environmental change.

In contrast, teachers observed that other students who were less engaged with the issue seemed to be coping by further distancing themselves from the issue.

Subsequently, we took a group of these students to the Oxford Botanic Garden and and the university’s History of Science Museum to help us identify objects to include in our own museum’s trail.

The authors’ digital storytelling project explores climate futures with young people.

The Museum of Climate Hope was designed to foster constructive engagement with the climate crisis. It can be experienced in person – as a trail of objects spread through the University of Oxford’s gardens, libraries and museums – or digitally through our interactive multimedia platform.

Climate in the curriculum

For most students in England, opportunities to learn about climate change are rare. The Curriculum and Assessment Review, published in November 2025, included education on climate change and sustainability as one of five applied knowledge areas, based on feedback from young people, parents and carers. Yet it also noted there is “currently minimal explicit inclusion of climate education in the national curriculum”.

The review has reinforced calls from researchers for climate to be more fully integrated across school subjects, from geography to history. It also noted that enhancing climate education will involve changes not only in content but also pedagogy – the way we teach.

In collaboration with other sustainability education researchers and practitioners, we have proposed a “pedagogy of hope”. We hope this will support teachers as they implement the recommendations of the review “to equip learners to rise to the challenges of a sustainable future”.

Our museum incorporates pedagogies of hope into both structured and self-directed learning. The objects on our trail represent positive stories of resilience, innovation and transformation, rather than negative stories of loss and destruction.

For example, the Oxford University Museum of Natural History is known for having an extinct dodo in its collection. But the young people who helped curate our trail thought that swifts and beavers would be better symbols for exploring successful conservation and rewilding projects.

Another item on our trail is a bronze-age cauldron at the Ashmolean Museum. This large cooking vessel illustrates how resources were shared in those communities, while its signs of repair over many centuries indicate material value and craftsmanship, in contrast to today’s throwaway culture.

The cauldron was discovered in – and is believed to have been a gift to – the River Cherwell. So it also represents its users’ reciprocal relationship with the natural world.

Moving from museums to the classroom, we spent a term working with local primary school students to incorporate environmental themes into activities combining arts and science. Our sessions focused on understanding climate change as a local phenomenon that every child experiences directly. One example was the increased flooding of the nearby Cherwell river.

These students were introduced to another Museum of Climate Hope object in one of the Bodleian Libraries: the 400-year-old Sheldon tapestry map of Oxfordshire. They found their school and homes on the tapestry, and contrasted it with contemporary maps of the same area – helping them to explore local people’s changing relationships with rivers and landscapes. The students then created their own textile art of local nature that was important to them.

Their contributions were added to a participatory artwork representing the Thames watershed – the land area that includes the River Thames and its tributaries – as a 15-metre wearable robe. This Tamesis Unweaving robe combines elements of the Sheldon tapestry map with objects on the trail found in the Pitt Rivers Museum – a Hawaiian cloak made of feathers and an Evenki parka coat made of reindeer skin.

The wearable robe
Student contributions were added to this artwork representing the Thames watershed as a 15-metre-long wearable robe.
Author provided, CC BY-SA

For some of these young people, the first step towards climate action was creatively connecting to the local environment, and depicting a sustainable future through art.

Back at the sixth form assembly in Oxford, we were invited to do a follow-up talk. We spoke about the power of cultural change – not simply technological innovation – in response to climate change, and the importance of constructive hope.

Most of the students humoured our invitation to close their eyes and travel in time to the year 2051, to visit a future museum. It’s an activity inspired by the 1851 Great Exhibition and 1951 Festival of Britain, as well as our research on speculative digital storytelling.

They were encouraged to think of objects that might be put on a pedestal or relegated to a museum as part of the transition to a more sustainable future. We also asked them to think of any people who might have their stories told in this future museum.

One student yelled out the name of someone else in the room – claiming they were the smartest person he knew, someone who could definitely solve any problem the future could throw at us. Laughter rippled through the assembly, tension was released, and we all felt a little more hopeful.


The climate crisis has a communications problem. How do we tell stories that move people – not just to fear the future, but to imagine and build a better one? This article is part of Climate Storytelling, a series exploring how arts and science can join forces to spark understanding, hope and action.


The Conversation

The Museum of Climate Hope project is supported by the Public and Community Engagement with Research Fund and the Cultural Programme at the University of Oxford.

Tina Fawcett receives funding from UKRI and the Askehave Foundation.

Anya Gleizer does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How we created a climate change museum to inspire hope among eco-distressed students – https://theconversation.com/how-we-created-a-climate-change-museum-to-inspire-hope-among-eco-distressed-students-269544

Gut microbes may have links with sleep deprivation

Source: The Conversation – UK – By Lewis Mattin, Senior Lecturer, Life Sciences, University of Westminster

Pixel-Shot/Shutterstock

Sleep is one of the essential physiological needs for human survival, alongside food, water and air. But sleep is socially driven, influenced by environmental and personal factors, and a recent study suggests it may be affected by fragments from bacteria.

Historically scientists have thought it unlikely that gut microbes affect physiological sleep regulation. The recent study, published in Frontiers in Neuroscience, indicated bacterial cell wall components (peptidoglycan) have been found in areas of the brain called the brainstem, olfactory bulb and hypothalamus.




Read more:
Preserving barramundi, and the barra and chips


Peptidoglycan, also known as murein in scientific lore, is a strong, mesh-like layer outside the plasma membrane of most bacterial cells. This helps contain the bacteria’s shape and rigidity. Without peptidoglycan, bacteria would just be little water balloons.

The recent study suggested that concentration of peptidoglycan seems to increase in periods of sleep deprivation, or changes in sleeping patterns. This is a sign that the gut microbiota might play a role in sleep quality.

This work was carried out on nine male mice which were housed in a 12-hour light/dark cycle. Measurements were taken over 48 hours to map brain activity cycles during sleep and rest. Afterwards the mice were euthanised. Different areas of the brain were separated immediately so isolated areas could be measured independently for peptidoglycan levels.

The research has been conducted and designed in a rigorous fashion. But the study exclusively used adult male mice. Although animal models can be translated to humans, the crossover in microbiota research is weak. Animal research into microbiota can only tell us so much about what is happening in our guts because the environment in which humans and mice live is vastly different.

For example, a breakthrough paper in 2006 raised mice without any microorganisms in their bodies, known as germ-free mice, and then transplanted some of them with the gut microbiota from obese mice. The study found the mice who had the gut microbiota transplant gained more body fat than germ free mice colonised with microbiota from lean mice. This breakthrough research suggested that the gut microbiota might contribute to weight gain and a knock-on effect obesity.

But follow up studies using humans fecal microbiota transplantation from lean humans into obese adolescents did not lead to weight loss. Findings in mice can suggest mechanisms but not necessarily predict outcomes in humans.

Furthermore the recent sleep research on mice has ignored the other 49% of the population, females. It’s a gap that risks leaving half the world in the dark about sleep health.

So when it comes to understanding the gut microbiota, does it really matter what organisms are found in the gastrointestinal tract of rodents and how this might interfere with their sleep patterns?

Our brain is traditionally considered sterile and protected by the blood brain barrier. This tight system blocks microbes and molecules from entering the brain in healthy people. There is no evidence to suggest that there is a brain microbiome unlike within the digestive system and on our skin.

However, previous studies have shown fragments that relate to bacteria such as peptidoglycan and lipopolysaccharides can be detected within the brain. This is probably because the fragments are smaller than bacteria. The blood brain barrier and intestinal wall are more permeable in conditions like sleep deprivation, inflammation, ageing or even after strenuous exercise.

Woman lying on grey bedsheets with her arms over her face.
Could there be a link between sleep deprivation and gut bacteria?
fizkes/Shutterstock

Day-to-day variations in the cells that make up the wall of your intestines may be affected due to the direct effects of circadian regulation on the junctions between the cell membrane and its other compartments. These junctions form a seal that prevents the passage of molecules and ions between cells, essentially controlling what passes through.

When these junctions relax, this allows the organisms found in the GI tract to enter the blood, which are then transported around the body. It’s unclear whether that is good or bad but leaky junctions have been associated with inflammatory bowel disease.

Some research suggests that our microbiota is closely linked through the gut-brain axis. Although large amounts of research on the gut-brain axis have been conducted on rats and mice, there are very few translational links between what has been researched in animals and what actually happens in the human body.

This means researchers would need to make a massive investment in researching how the gut microbiome interacts with our organs and other physiological systems with large-scale human interventions.

Since there is still much we do not understand about the gut microbiome, we are a long way off this kind of scientific insight. However, this study does reflect growing scientific and public interest in the intersection between human microbiology and neuroscience. It may be that we are only beginning to appreciate just how interconnected the human body and everything in it is.

The Conversation

Lewis Mattin is affiliated with The Physiological Society, The Society for Endocrinology, In2Science & UKRI funded Ageing and Nutrient Sensing Network.

ref. Gut microbes may have links with sleep deprivation – https://theconversation.com/gut-microbes-may-have-links-with-sleep-deprivation-266928