El agua como arma de guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lillo Ramos, Colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

Países del golfo Pérsico como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Catar dependen en gran medida de la desalación para obtener recursos hídricos. Stanislav71/Shutterstock

En el conflicto entre Israel-Estados Unidos (EE. UU.) e Irán parece que se han atacado infraestructuras de suministro de agua por los dos bandos. Mientras Irán denuncia el bombardeo estadounidense de la planta desalinizadora de la isla de Qeshm, el mismo Irán parece haber atacado la planta desalinizadora de Bahréin, un pequeño país del golfo Pérsico.

Las fuentes de agua dulce en el golfo Pérsico

El agua es un recurso crítico en los países del Golfo y, en muchos de ellos, son las plantas desalinizadoras las que proveen la mayor parte del suministro de agua potable (el 93 % en Kuwait, 86 % en Oman, 70 % en Arabia Saudi, 48 % en Qatar, 42 % en Emiratos Árabes Unidos).

Las desalinizadoras de Irán, en contraste, solo aportan el 3 % del suministro de agua potable, que se basa fundamentalmente –los embalses están muy por debajo de su capacidad tras cinco años de sequía– en el aprovechamiento de las aguas subterráneas, que ya ha sobrepasado el umbral de sobreexplotación.

En Israel, con más recursos de aguas superficiales, el suministro del 50 % de agua potable es proporcionado por cinco grandes desalinizadoras.

Un recurso bélico en conflictos armados

El uso del agua como arma no es nuevo. Hay numerosos ejemplos que han ocurrido desde la antigüedad en diferentes zonas del globo. Muchos de ellos implican la destrucción de infraestructuras de captación y distribución.

Los ataques más recientes se registraron en los conflictos de Gaza, Siria y Ucrania. Entre ellos se incluyen la supuesta destrucción intencionada de la presa de Kakhovka en Ucrania, de la que se acusan mutuamente Rusia y Ucrania, así como la destrucción y daños de presas en el río Irpin y en Oskil por el ejército ucraniano y de una presa en el río Inhulets por las tropas rusas.

Otros actos relativamente cercanos en el tiempo han sido aquellos perpetrados por el Estado Islámico en Irak y Siria. También en la I Guerra Mundial y en la II Guerra Mundial ocurrieron casos similares en Europa y Asia. Las inundaciones provocadas han sido utilizadas de manera recurrente en los últimos siglos como estrategia ofensiva o defensiva en conflictos en algunas áreas de los Países Bajos.

Implicaciones del uso del agua como arma

El agua empleada como recurso estratégico con fines bélicos tiene diferentes implicaciones que conviene considerar. Una de ellas está relacionada con la rapidez de los efectos generados cuando se produce una intervención (por ejemplo, la destrucción de una instalación). Otra, más importante, tiene que ver con los graves daños extensivos a la población –a corto y largo plazo– que esa intervención puede ocasionar.

Si bien estos daños pueden permanecer y prolongarse en el tiempo –lo cual puede ser contraproducente para quien los ha provocado en el caso de una invasión–, tienen un impacto poco decisivo en el curso del conflicto, incluso en el control de la población a escala local.

Aunque el objetivo sea infligir un grave daño al oponente, hay varias formas de hacerlo, dependiendo de si el propósito es estratégico, táctico, represivo, terrorista o extorsionador. Una de ellas consiste en provocar un corte en el suministro de agua, que a su vez puede estar causado por daños en instalaciones de captación y potabilización –sean presas, pozos, plantas de potabilización, o desalinizadoras–, por daños en infraestructuras de distribución –canales, conducciones, depósitos, etc.– o simplemente por una contención de caudales en cauces de cuencas transfronterizas.

Otra modalidad de ataque consiste en utilizar el agua como un factor de riesgo directo. Por ejemplo, por inundaciones provocadas, contaminación inducida, etc.

Hay que destacar que tanto las intervenciones en el corte de suministro como las inundaciones provocadas pueden causar impactos negativos en infraestructuras de generación de energía y centros de operaciones informáticas, como objetivos adicionales.

La destrucción de infraestructuras de saneamiento –plantas de tratamiento de aguas residuales, alcantarillado, etc.– puede tener impactos muy negativos. No solo afecta al suministro de agua potable, que puede contaminarse, sino que también genera un entorno propicio para el desarrollo de enfermedades que van a tener un mayor impacto en los sectores de la población más vulnerables, especialmente en la infancia.

Todos estos efectos (estén relacionados con cortes en el suministro, con daños en los sistemas de saneamiento, con inundaciones provocadas o con contaminación inducida) van a tener una mayor incidencia en la población en aquellas regiones donde el agua es más escasa. Y donde, además, a la afección directa a la población se añaden otros graves impactos acumulativos en áreas cultivables, con implicaciones en el suministro alimentario, y en ecosistemas.

A la destrucción física de infraestructuras hídricas causada por bombardeos se le suman otro tipo de ataques que están adquiriendo mayor relevancia en los últimos conflictos: aquellos que pueden determinar la parada y bloqueo de tales instalaciones –causados por cortes en el suministro energético y ataques a los sistemas informáticos que controlan las infraestructuras hidrológicas– y aquellos basados en la desinformación a través de medios y redes sociales. Estos últimos tienen como objetivo sembrar el pánico en la población a través de la la diseminación de noticias falsas como, por ejemplo, la posible contaminación biológica del agua potable.




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La necesidad de abandonar el campo de batalla hídrico

Así, considerando los graves impactos que causa emplear el agua como un arma contra la población civil, es crítico que no se utilice como tal. Pero también es esencial proteger los recursos hídricos –incluyendo instalaciones e infraestructuras– y ecosistemas asociados. Por ello, se hace necesaria la aplicación de las normas del derecho internacional humanitario y del derecho internacional sobre medio ambiente con el fin de limitar y mitigar tales impactos en conflictos armados.

Aunque tal y como señalaba al comienzo de este texto, el agua se sigue utilizando como arma, también se está produciendo una mayor reacción internacional ante ello. Así, en 2019 se presentó la Lista de Principios de Ginebra sobre la Protección de las Infraestructuras Hidráulicas como documento de referencia para su uso por las partes en conflictos armados, con recomendaciones que van más allá de la legislación vigente. Pero es imprescindible que los países apoyen y sigan estas iniciativas a escala global. Si no es así, todos perderemos en las guerras.

The Conversation

Javier Lillo Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El agua como arma de guerra – https://theconversation.com/el-agua-como-arma-de-guerra-278447

El póster científico: una propuesta sencilla con multitud de beneficios para el aprendizaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Madrid Martín, Profesora del área de Didáctica de la matemática, Universidad Pontificia de Salamanca

Taris Tonsa/Shutterstock

¿Se imagina resumir en un solo vistazo el contenido de un artículo científico? ¿Explicar meses de investigación de forma clara, visual y comprensible para cualquiera?

El reto se vuelve aún mayor cuando el tema es complejo: explicar qué es la neuropsicología y cómo aplicarla en educación, diseñar un programa de intervención para estudiantes con dificultades en lectura o presentar estrategias para favorecer el desarrollo de la competencia matemática en estudiantes con discalculia. Y hacerlo en un soporte físico de 70 x 120 centímetros.

Esta propuesta pedagógica puede sorprender en un contexto tan digitalizado como el actual, pero lejos de resultar antigua o anacrónica, permite convertir el aula en un espacio de exposición, diálogo y construcción compartida del conocimiento favoreciendo la capacidad de síntesis, la organización visual de la información o la comunicación oral. Además, potencia el desarrollo de habilidades transversales como el pensamiento crítico, el trabajo en equipo o la competencia investigadora.

Una propuesta visual que obliga a pensar

El póster académico obliga a presentar la información de manera clara, visual y concisa para que el contenido pueda entenderse con un solo vistazo. A diferencia de una exposición oral más tradicional, el póster permanece expuesto en el aula y puede analizarse con calma, al ritmo de cada persona, atendiendo la diversidad de capacidades en un aula.

Captar la esencia de un trabajo completo en un único formato visual nos obliga a centrarnos en los aspectos más importantes. En el ámbito académico, es una manera eficaz para presentar resultados, generar discusión y recibir retroalimentación.

El aula como congreso científico

Nuestra experiencia se desarrolló en una asignatura del grado en maestro en educación primaria. El reto planteado al alumnado fue en primer lugar, elegir un artículo científico relevante relacionado con la asignatura. A continuación, analizarlo y transformarlo en un póster académico que posteriormente deberían defender públicamente antes sus pares, simulando un congreso.

El proceso implicaba varias fases: búsqueda del documento en una base de datos como Scopus o Web of Science considerando los contenidos de la asignatura. Para evitar que se duplicaran los artículos seleccionados, se creó una wiki en la que fueron poniendo los datos del texto elegido. Para elaborar el póster, era necesario llevar a cabo una lectura comprensiva, identificar los objetivos y la metodología, seleccionar los resultados relevantes y realizar una síntesis de conclusiones.

Lo verdaderamente transformador ocurrió después. Durante las sesiones de exposición, el aula cambió de dinámica. El formato generó un clima de escucha activa y debate académico poco habitual en las clases tradicionales.

Al permanecer expuestos simultáneamente en el aula, los trabajos permitieron comparar enfoques, establecer conexiones entre investigaciones y generar una visión más global del conocimiento. El aprendizaje dejó de ser individual y fragmentado para convertirse en colectivo y relacional.

Profundización y apropiación

Los resultados fueron reveladores. El alumnado manifestó un aumento claro del interés por la asignatura y una percepción elevada de aprendizaje. Especialmente valoraron que la actividad les obligara a profundizar en un tema concreto y a comprender la estructura real de un artículo científico, algo que consideraban últil para futuros trabajos académicos.

La actividad de creación y exposición del póster ha incrementado el interés por la asignatura: en una escala del 1 al 5 se obtiene un resultado de 4,3. A su vez, la pregunta de si las exposiciones de los distintos temas realizadas por los estudiantes han permitido ampliar los conocimientos de la asignatura obtuvo una valoración de 4,42.

Más allá de las cifras, lo más significativo fue el cambio en la actitud: pasaron de estudiar contenidos para reproducirlos en un examen a apropiarse de ellos para explicarlos y defenderlos.

Un recurso con potencial inclusivo

El póster, además, introduce un elemento de inclusión poco visible, pero muy relevante. Al combinar información visual, síntesis escrita y explicación oral, activa distintos canales de aprendizaje para comunicar el contenido.

En lugar de un único formato de evaluación, se abre un espacio donde caben diferentes competencias: análisis, diseño, expresión oral, capacidad argumentativa y trabajo colaborativo.

Este enfoque resulta especialmente pertinente en la formación de futuros docentes. Si aspiramos a que diseñen aulas inclusivas, es necesario que experimenten primero metodologías que contemplen la diversidad de ritmos, estilos y fortalezas. El póster no homogeniza: amplía posibilidades.




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Una manera de representar las matemáticas

El póster científico es una herramienta altamente adaptable a otros niveles educativos, desde primaria hasta secundaria.

Por ejemplo, en el área de Matemáticas en educación primaria el currículo actual en España reconoce la dimensión matemática de la comunicación y de la representación, y la relevancia de fomentarla desde edades tempranas. Los pósteres pueden utilizarse para presentar ideas matemáticas, resolución de problemas o incluso demostraciones, fomentando la creatividad, la síntesis de ideas y la organización visual de la información.

En niveles superiores, su uso puede orientarse a profundizar en la metodología científica y en la presentación rigurosa de resultados, incorporando gráficos, estadísticas o citas bibliográficas.




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Recuperar la profundidad en tiempos de inmediatez

En la era de la inmediatez digital, donde la información se consume en segundos y se olvida con la misma rapidez, el póster académico introduce una pausa necesaria. Obliga a pensar antes de diseñar, a comprender antes de explicar y a dialogar antes de concluir.

Frente a la lógica del “copiar y pegar”, exige elaboración. Frente a la acumulación de diapositivas, demanda síntesis. Frente a la exposición unidireccional, promueve la conversación.

Quizá la verdadera innovación educativa no consista en añadir más pantallas al aula, sino en proponer tareas que exijan mayor profundidad cognitiva. En un entorno saturado de estímulos, detenerse a construir, explicar y debatir en torno a un soporte visible y compartido puede ser, paradójicamente, unas de las experiencias más innovadoras de la educación actual.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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El odio que no desaparece: cómo miles de mensajes siguen activos en X años después

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elías Manuel Said Hung, Catedrático de Ciencias Sociales y Jurídicas, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

En las grandes plataformas, los mensajes de odio se multiplican debido a que los algoritmos premian el contenido más emocional y polarizador. De hecho, la creciente crispación política ha disparado estos ataques en las redes sociales.

Buena parte de la investigación existente hasta la fecha se ha centrado en contar cuántos mensajes de odio aparecen en momentos de tensión, como la pandemia o unas elecciones determinadas. Sin embargo, apenas se ha estudiado por qué tantos logran superar los filtros y siguen visibles durante años. Esos mensajes quedan como “nodos latentes” que podrán reactivarse en cada nueva crisis.

El ecosistema digital difunde el odio, impulsado por los “me gusta” y los retuits, no por su verdad ni por su valor ético. El resultado es una erosión lenta, pero profunda, de la democracia y de la convivencia pacífica.

Varios investigadores de Hatemedia, hemos llevado a cabo un estudio a través del cual queríamos poner de manifiesto si el odio en español es eliminado de la red X y, en su caso, los motivos por los que esto se produce.

Para entender mejor el contexto resulta útil tener en cuenta los experimentos del Stratcom (el Centro de Excelencia en Comunicaciones Estratégicas de la OTAN), realizados desde 2021, como este realizado en 2025.

Con apenas 252 euros se compraron interacciones para difundir miles de mensajes de desinformación y odio para medir su alcance y permanencia. Tras cuatro semanas en las redes, seguían más del 84 % de mensajes de TikTok, 99 % en Vkontakte, el 43,41 % en X o el 84,03 % de Instagram.

Cómo construimos el análisis

En el estudio realizado partimos de 2,1 millones mensajes en X, emitidos como respuesta a contenidos publicados entre 2021 y 2022 en cinco medios de comunicación españoles –20 Minutos, ABC, La Vanguardia, El Mundo y El País–. Nuestro experimento se basó en el seguimiento de 9 894 mensajes de odio, recabados durante el período antes mencionado, durante los meses de noviembre y diciembre de 2024. Dichos mensajes fueron clasificados en cuatro intensidades y en varios tipos.

El objetivo era saber cuánto odio sobrevive en X y qué factores influyeron en su eliminación.

Metodología del estudio.
Imagen cedida por los autores., CC BY-NC

Hallazgos que cuestionan supuestos

Los resultados obtenidos nos mostraron que solo el 12 % de los mensajes de odio (1 170) fueron eliminados. El 88 % restante (8 724) seguía visible a los 2-3 años.

También observamos cómo la intensidad del mensaje apenas influye en su supervivencia. Las amenazas más graves, de nivel 4, se borraron incluso menos (11,54 %) que los comentarios incívicos de nivel 1 (12,11 %).

Lo que más pesó en la eliminación fue el tipo de odio: se borraron más mensajes de odio general (12,54 %), misóginos (11,97 %), sexuales (11,14 %) y xenófobos (11,10 %) que políticos (10,96 %).

También observamos diferencias según el medio. Los comentarios de odio recogidos en torno a medios informativos como ABC y La Vanguardia se eliminaron con más frecuencia (entre 14 % y 15 %), mientras que los asociados a 20 Minutos fueron los que menos (9 %).

La persistencia del odio en X.
Imagen cedida por los autores., CC BY-NC

Los mensajes que permanecían activos presentaban más interacciones y mostraban emociones más intensas, como la ira. Así, los mensajes más virales, emocionales y ligados a la política tenían más probabilidad de seguir presentes en X.

Que estos mensajes permanezcan en las redes los convierte en “durmientes”, listos para ser reutilizados periódicamente en protestas, campañas o elecciones. Esto tiene la finalidad de normalizar prejuicios y estereotipos. Mientras, los emisores de estos mensajes se aprovechan del contexto comunicativo digital del momento. Se trata de un escenario donde el silencio de algunos usuarios por miedo a sufrir ataques favorece el empobrecimiento del debate público, lo que debilita la democracia.

Rumbo a mejores estrategias

Estos datos nos ayudan a mostrar cómo lo viral y lo emocional prevalecen sobre cualquier otro aspecto. Ni siquiera parece importar la intensidad, aunque sea amenazante, para eliminarlos.

Nos encontramos, por tanto, ante una puerta abierta a la manipulación –además, muy barata– que persiste en el tiempo (el 88 % tras tres años).

No le faltaba razón al presidente de Francia, Emmanuel Macron, cuando el pasado mes de febrero expresó en el AI Summit de Nueva Delhi que la libertad de expresión en línea puede ser “una porquería” si no hay transparencia algorítmica total cuando se priorizan las interacciones tóxicas sobre la verdad y la democracia. Dicho de otro modo: la libertad sin responsabilidad es imposible.

El reto central es siempre el mismo: evitar que quienes mienten o dañan acaben limitando la libertad de expresión de quienes critican con argumentos. Los filtros son imprescindibles, pero también pueden ser peligrosos si se aplican mal.

Como mínimo, es clave que el odio ya detectado y confirmado se retire. Para ello resulta imprescindible impulsar sistemas de moderación híbridos. Es decir, que sean capaces de combinar la gestión humana con el apoyo de inteligencia artificial. Y esto, especialmente, frente al odio más sutil: el de baja intensidad (que no llega a ser insultante ni amenazante, pero que es incívico o malintencionado). Esos son los mensajes que, poco a poco, llevan a la polarización social.

Los medios de comunicación también tienen un papel clave. Estos actores necesitan buenos protocolos editoriales, alertas preventivas frente a la desinformación y contranarrativas basadas en la empatía. Y, por parte de los usuarios, hace falta una educación digital que fomente el pensamiento crítico y el contraste de la información con fuentes fiables.

Nuestro estudio muestra que el odio persiste porque el sistema actual lo hace rentable. Cambiarlo no depende solo de mejores marcos legales ni de un mejor algoritmo. Se necesita también tomar decisiones colectivas adecuadas. Por ejemplo, que prioricen la dignidad y ética por encima del rendimiento de los contenidos. Si no lo hacemos, los mensajes “durmientes” seguirán marcando la agenda del debate público.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El odio que no desaparece: cómo miles de mensajes siguen activos en X años después – https://theconversation.com/el-odio-que-no-desaparece-como-miles-de-mensajes-siguen-activos-en-x-anos-despues-276692

¿Por qué en las crisis los precios de los combustibles suben como cohetes pero caen como plumas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Garrido-Yserte, Director del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social, Universidad de Alcalá

Leka Sergeeva/Shutterstock

La guerra en torno a Irán ha vuelto a disparar el petróleo. La economía energética y la economía del comportamiento ayudan a explicar por qué los precios del diésel y la gasolina reaccionan de forma tan desigual.

Un conflicto a miles de kilómetros puede terminar reflejándose en el precio que pagamos al repostar. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en 2026. La guerra ha alterado profundamente el funcionamiento del mercado petrolero mundial tras la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las principales arterias energéticas del planeta.

Según el informe de marzo de 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), casi 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos que normalmente circulan por ese estrecho se han visto afectados por la crisis. Se trata de una perturbación de una magnitud excepcional en el mercado energético mundial.

Los precios que suben

Los mercados reaccionaron rápidamente a esta situación de estrés. Tras el inicio de las hostilidades, el precio del petróleo Brent pasó de los 71 dólares previos al inicio de la contienda a situarse en una horquilla de entre los 90 y 100 dólares.

Pero para muchos consumidores, el fenómeno más visible ocurre después. Cuando el petróleo sube, los precios de la gasolina y el diésel parecen aumentar casi de inmediato en las estaciones de servicio. Y cuando el petróleo baja, el descenso suele ser mucho más lento.

Los economistas conocen bien este patrón. Se denomina “cohetes y plumas” (rockets and feathers): los precios suben como cohetes y bajan como plumas. Este comportamiento ha sido documentado en estudios clásicos, como el de los economistas Severin Borenstein, A. Colin Cameron y Richard Gilbert, publicado en 1997 en el Quarterly Journal of Economics.

Del barril al surtidor

Para entender este fenómeno conviene recordar cómo se forma el precio del combustible.

El primer eslabón es el mercado internacional del petróleo, donde el precio responde a factores geopolíticos, expectativas financieras o decisiones de producción de los grandes países exportadores.

El segundo nivel es el mercado mayorista de productos refinados. El petróleo debe transformarse en gasolina, diésel o queroseno en refinerías. En Europa, uno de los principales mercados de referencia se sitúa en la región Ámsterdam-Róterdam-Amberes.

El tercer nivel es el mercado minorista, donde operan distribuidores y estaciones de servicio. A ese precio se añaden además los impuestos, que en Europa representan una parte considerable del precio final del combustible. La Comisión Europea publica un boletín semanal con estos datos.

Cuando el petróleo sube, los costes mayoristas aumentan rápidamente y las estaciones de servicio suelen trasladar ese incremento con rapidez. Cuando el petróleo baja, el ajuste suele producirse con mayor retraso.

El shock energético de 2026

La crisis actual ilustra bien cómo se transmite un shock energético global.

La Agencia Internacional de la Energía estima que la oferta mundial de petróleo podría reducirse en unos 8 millones de barriles diarios en marzo debido a la paralización de exportaciones y al cierre de infraestructuras energéticas en varios países del Golfo.

La interrupción del transporte marítimo ha obligado también a algunos productores a reducir su producción por la falta de capacidad de almacenamiento o transporte.

Para amortiguar el impacto sobre el mercado, los países miembros de la IEA han acordado liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas, una medida destinada a estabilizar el suministro global.

Sin embargo, estas intervenciones solo pueden suavizar temporalmente las tensiones. La evolución futura de los precios dependerá en gran medida de la duración del conflicto y de la reapertura de las rutas marítimas.

La competencia en el mercado de carburantes

Durante mucho tiempo se pensó que la explicación del fenómeno “cohetes y plumas” estaba únicamente en la estructura del mercado.

Los mercados de carburantes suelen tener características oligopolísticas. Es decir, las grandes compañías petroleras suelen estar integradas verticalmente –refino, transporte y distribución– y el número de estaciones de servicio que compiten directamente en una zona concreta puede ser relativamente limitado.

En este contexto, cuando los costes aumentan, las empresas trasladan rápidamente ese incremento al precio final para evitar una reducción de márgenes. En cambio, cuando los costes disminuyen, reducir precios rápidamente puede resultar menos atractivo si los competidores no lo hacen.

Pero esta explicación, basada únicamente en la competencia, no basta para entender completamente el fenómeno.

El comportamiento de los consumidores

La otra parte de la explicación se encuentra en el comportamiento de los consumidores.

Desde finales del siglo XX, la economía ha incorporado aportaciones de la psicología para entender cómo tomamos decisiones. Herbert Simon introdujo el concepto de racionalidad limitada (a falta de tiempo y conocimientos, las personas no optimizan sus decisiones, buscan soluciones satisfactorias), y Daniel Kahneman desarrolló la teoría de la perspectiva; esto es, que las personas valoran más las pérdidas que las ganancias (en cantidades equivalentes).

En el mercado de carburantes, los consumidores afrontan costes de búsqueda. Encontrar gasolina más barata implica tiempo, información y desviarse de la ruta habitual.

Por eso utilizamos precios de referencia basados en nuestra experiencia reciente. Cuando el precio supera ese nivel, muchos consumidores reaccionan rápidamente y buscan estaciones más baratas.

Cuando el precio baja ligeramente, en cambio, muchos consideran que el ahorro potencial no compensa el esfuerzo de búsqueda. La demanda se vuelve menos sensible al precio y las estaciones de servicio tienen menos incentivos para reducir precios rápidamente.

El resultado agregado de millones de decisiones individuales genera precisamente el patrón observado.

Por qué el diésel se encarece más

La crisis actual también ha puesto de relieve la vulnerabilidad específica del mercado de diésel.

El informe de la IEA advierte de que los mercados de diésel y queroseno son especialmente sensibles a las interrupciones de las exportaciones de Oriente Medio, debido a la limitada capacidad de refino disponible en otras regiones.

Además, el diésel desempeña un papel central en el transporte de mercancías, la maquinaria industrial y la actividad agrícola, lo que hace que su demanda sea menos flexible. Y esta menor flexibilidad (“inelasticidad” en la jerga de los economistas) siempre se paga en forma de mayores precios ante un shock de oferta como el que estamos experimentando.

El precio de la incertidumbre

En última instancia, los precios de los combustibles no reflejan únicamente el coste del petróleo. También incorporan lo que podríamos llamar el precio de la incertidumbre.

La Agencia Internacional de la Energía estima que un aumento sostenido del 10 % en el precio del petróleo puede reducir el PIB mundial alrededor de un 0,1  %, lo que ilustra hasta qué punto el mercado energético está conectado con la economía global.

La guerra en torno a Irán nos recuerda que la seguridad energética sigue siendo un elemento central de la estabilidad económica mundial. Por ello, además de impulsar la transición energética, muchos países están reforzando sus reservas estratégicas y mecanismos de coordinación internacional para amortiguar futuras crisis.

La próxima vez que repostemos, quizá merezca la pena recordarlo: detrás del número que aparece en el surtidor no solo hay petróleo. También hay geopolítica, mercados globales y la forma en que reaccionamos ante la incertidumbre.

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Rubén Garrido-Yserte no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué en las crisis los precios de los combustibles suben como cohetes pero caen como plumas? – https://theconversation.com/por-que-en-las-crisis-los-precios-de-los-combustibles-suben-como-cohetes-pero-caen-como-plumas-278484

Más allá de ‘la charla’: la educación sexual depende de todos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Vélez Barquilla, Personal investigador en Global Education: investigación de nuevos escenarios para la ciudadanía global, Universidad de Cantabria

Pressmaster/Shutterstock

Ninguna generación tuvo tanto acceso a información. Sin embargo, esto no ha mejorado nuestro bienestar emocional ni relacional. Tener el mundo en la palma de la mano no garantiza construir relaciones sanas, poner límites, reconocer las emociones, comprender el consentimiento…

El acceso a tanta información ha generado, de hecho, una contradicción: circulan más mensajes que nunca, pero faltan herramientas para interpretarlos críticamente, dotarlos de sentido y convertirlos en aprendizajes para la construcción de vínculos saludables.

Una charla puntual en el aula difícilmente puede contrarrestar el aprendizaje informal y constante que genera la pornificación digital, concepto de la experta española Mónica Alario, que señala cómo lo pornográfico se ha filtrado en la cultura digital.

El currículum sexual invisible

La sexualidad se construye a través de múltiples fuentes y estímulos. No se aprende solo cuando un adulto toma la palabra; se construye en los silencios, en la incomodidad percibida ante ciertos temas o en los comentarios cotidianos que escuchamos en casa, en la escuela y en los medios.

Encontramos modelos de relación en series, películas y redes sociales, donde la empatía se diluye frente a la lógica del consumo. En plataformas como Instagram o TikTok las relaciones se exhiben como escaparates: gestos de cariño convertidos en contenido o rupturas narradas para atraer visitas. Esa lógica de exposición también moldea las primeras nociones sobre la sexualidad.




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Este flujo de contenidos facilita un acceso temprano a la pornografía, cuyos contenidos están alejados del cuidado mutuo y del consentimiento y sostenidos por dinámicas de violencia y explotación sexual.

Expectativas y sobreestimulación

Todo ello está acompañado de una narrativa diseñada para la sobreestimulación cerebral, que moldea las expectativas de los más jóvenes y condiciona su respuesta neurológica mucho antes de su primera experiencia física.

Y, sin duda, el aprendizaje también viene de cómo reacciona la sociedad ante sucesos de violencia sexual. Cuando los medios de mayor alcance cuestionan a la víctima o analizan qué hacía, están lanzando un mensaje pedagógico muy potente. Esta narrativa de burla o sospecha cala muy hondo porque les enseña a desconfiar y a perpetuar el silencio en lugar de fomentar el cuidado.

La paradoja de la supervisión

Es común que familias y profesorado se señalen entre sí cuando algo falla. Las familias se sienten desbordadas por el mundo digital y las escuelas sienten que no pueden asumir más carga educativa.

Parece que, por mucho que vigilemos el dispositivo o demos una charla en clase, no es suficiente. Y aquí es donde aparece lo que podemos denominar la paradoja de la supervisión. Creer que blindar el entorno doméstico protege al menor.




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En un mundo hiperconectado, la educación de un adolescente depende de lo que consumen y comparten sus amistades. De poco sirve que un joven no tenga móvil si en su grupo de iguales el código de conducta lo marca el último vídeo viral o el porno.

Al entender que el problema es del entorno y no de la familia a nivel individual, la culpa se transforma en una responsabilidad compartida.

‘Mi hijo no hace eso’

En mis talleres con familias, escucho a menudo una frase: “Mi hijo no ve esas cosas, no le dejo el móvil”. Ante esto, mi respuesta es siempre doble.

Primero, que la educación sexual debe ser para todas las personas: para quienes cuentan con un entorno presente, pero también para quienes no lo tienen. Si la dejamos en manos de cada familia, reproducimos desigualdades y dejamos fuera a quienes viven en silencio o desinformación. En un mismo aula puede haber adolescentes que hablan abiertamente sobre límites y consentimiento y otros que nunca han tenido ese espacio. La educación sexual debe garantizar que nadie dependa de su suerte o de su contexto para acceder a herramientas de cuidado.

Segundo, debemos entender que estos chicos y chicas se relacionan entre sí y se influyen. Ninguna familia es una isla.

Un ejemplo claro lo vemos en las chicas: aunque consumen menos porno, su sexualidad está influida por él. Sus deseos y prácticas se construyen en relación con chicos que sí han educado su mirada desde ese modelo.

Protegernos juntos

La organización social actual, marcada por el individualismo, nos aleja de la comunidad y nos hace delegar la responsabilidad en “otros”: la escuela, la tecnología o las familias. La violencia que vemos en la sexualidad es un reflejo de nuestra sociedad, no solo de quienes la ejercen.

Para ello, debemos entender que la educación sexual no ocurre en una burbuja, sino en un tejido social donde cada hilo cuenta. Una sesión puntual en la escuela puede profundizar en el consentimiento, pero lo que realmente sostiene ese aprendizaje es lo que ocurre fuera del aula: en la familia y en los entornos informales donde los jóvenes socializan; lo que circula en redes y lo que transmitimos los adultos en el ámbito digital. La sexualidad se aprende sobre todo ahí, en lo cotidiano. Los adultos somos responsables de los modelos de relación que mostramos.

Más allá del entorno doméstico

El reto está en comprometernos con el desarrollo saludable de todos: no solo de nuestros hijos, sino también de sus amistades y de cualquier menor que pasa gran parte de su tiempo en entornos digitales.

Preguntémonos qué discursos circulan, qué imaginarios se normalizan, qué herramientas tienen los jóvenes. Ayudémosles a acceder de manera progresiva a la autonomía digital antes de que aparezcan los conflictos y acompañémosles en el uso. Esto obliga a los adultos a conocer códigos, lenguajes y plataformas –por ejemplo, cómo funcionan TikTok, Twitch o Instagram–, a no intervenir desde titulares virales o alarmas descontextualizadas y a hablar sobre vínculos, poder, intimidad, exposición, responsabilidad…

Necesitamos entornos –familiares, escolares, comunitarios y digitales– donde los jóvenes puedan comprenderse, expresarse y pedir ayuda. Cuando toda la sociedad se implica, la sexualidad deja de estar marcada por la lógica del consumo y puede vivirse desde el respeto.

The Conversation

María Teresa Vélez Barquilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá de ‘la charla’: la educación sexual depende de todos – https://theconversation.com/mas-alla-de-la-charla-la-educacion-sexual-depende-de-todos-275027

Amelia, el personaje de un videojuego educativo secuestrado por la extrema derecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Doctor en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid

Escena de un momento del videojuego _Pathways_ de SOUK. SOUK

En una ironía que subraya la complejidad de la lucha contra el extremismo en la era digital, Amelia, un personaje diseñado originalmente para disuadir a los jóvenes de la radicalización, se ha transformado en un potente meme de la extrema derecha.

Amelia fue concebida como parte de Pathways: Navigating the Internet and Extremism, un videojuego educativo desarrollado por la empresa social británica Shout Out UK (SOUK) y financiado por el Ministerio del Interior del Reino Unido bajo el programa Prevent.

En el juego, Amelia era una chica gótica de pelo morado, un personaje secundario que incitaba a los jugadores a tomar decisiones controvertidas, como unirse a manifestaciones extremistas. La intención era presentarla como una figura a evitar, un arquetipo de las influencias negativas en línea.

Dibujo de un videojuego donde una chica mira un móvil y otra, con el pelo morado, marcha en una protesta contra los inmigrantes.
En el videojuego, Amelia es el personaje que pone a prueba al jugador, invitándole a unirse a marchas extremistas contra los inmigrantes.
SOUK

Sin embargo, lo que SOUK no anticipó fue la reacción adversa. La extrema derecha percibió el juego como una caricatura estatal que demonizaba sus puntos de vista. Así, en un acto de “guerra memética”, decidió reapropiarse del personaje.

A partir del 9 de enero de 2025, una cuenta anónima en X (anteriormente Twitter) comenzó a difundir versiones de Amelia, transformándola de una figura de advertencia en un icono de “resistencia” contra la inmigración masiva y el establishment. Su estética gótica y su pelo morado, tradicionalmente asociados con subculturas de izquierda, fueron cooptados para crear una waifu política, una figura idealizada y sexualizada que atrae a un público joven masculino.

La pureza como signo

La proliferación de Amelia como meme de extrema derecha ha sido exponencial, en gran parte gracias a la IA generativa. Herramientas como Grok han permitido a los usuarios crear miles de variantes del personaje con facilidad, adaptándola a diversos contextos y narrativas. Se han visto imágenes de Amelia ondeando la bandera británica frente al Parlamento, comiendo salchichas de cerdo en desafío a la cultura musulmana o en estilo manga, todas ellas con mensajes xenófobos y anti-inmigración.

Este fenómeno no se ha limitado al Reino Unido. Han surgido versiones de Amelia en toda Europa, como “Maria” en Alemania (defendiendo tradiciones bávaras), “Emma” en los Países Bajos (abogando por una Navidad tradicional) y una Amelia pelirroja en Irlanda (criticando las políticas de “fronteras abiertas” de Bruselas). Cada una de estas adaptaciones utiliza símbolos nacionales para resonar con audiencias locales, demostrando la versatilidad y el alcance de esta táctica memética.

El fenómeno no solo muestra la velocidad con la que los memes se propagan en internet, sino también la existencia de una auténtica “economía del odio”. En torno a su imagen han surgido criptomonedas y tokens que buscan sacar provecho económico de su creciente popularidad. Figuras influyentes como Elon Musk han contribuido a ampliar su alcance y legitimidad al interactuar con publicaciones que promocionan estos activos digitales. En plataformas como X, el humor provocador y el shitposting actúan como mecanismos para atraer al público hacia contenidos más extremos.

Mientras tanto, en espacios menos regulados como Telegram, el discurso se radicaliza, adoptando formas abiertamente racistas o antisemitas. Varias investigaciones han demostrado que distintas comunidades en línea se han apropiado del meme, desde quienes lo comparten con ironía hasta redes abiertamente antiinmigrantes que difunden imágenes deshumanizadoras o violentas. Este proceso ilustra cómo la cultura digital puede transformar el humor en un vehículo de difusión ideológica y de incitación al odio.

Amelia no está sola

No es la primera vez que la extrema derecha coopta símbolos culturales, incluyendo personajes de videojuegos, para sus fines propagandísticos. Esta táctica se basa en la descontextualización y la re-significación, transformando figuras populares en vehículos para ideologías extremistas.

Uno de los casos más conocidos es el de “remove kebab”, un meme que tiene su origen en una canción de propaganda serbia. Fue popularizado en la comunidad de videojuegos de estrategia, especialmente en títulos de la empresa Paradox Interactive como Europa Universalis IV o Crusader Kings II. En este contexto, la expresión se usa para aludir a la eliminación de facciones musulmanas dentro del juego, lo que termina por normalizar, en clave de broma, un imaginario de limpieza étnica en un entorno lúdico.

Algo similar ocurre con “Deus Vult” (“Dios lo quiere”), antiguo grito de guerra de las Cruzadas que ha sido reapropiado por sectores de extrema derecha como consigna identitaria. En combinación con videojuegos como Crusader Kings, esta expresión se convierte en un símbolo de nacionalismo cristiano y de exclusión religiosa. La estética del cruzado medieval –armaduras, escudos, cruces– se utiliza para proyectar una imagen de fuerza, pureza y superioridad ideológica frente a un “otro” percibido como amenaza.

También algunos personajes concretos han sido convertidos en iconos dentro de estos circuitos. Así sucede con Legate Lanius, el brutal líder militar de la Legión de César en Fallout: New Vegas. En determinados memes se le presenta como encarnación de la disciplina férrea y del orden impuesto mediante la violencia, celebrando rasgos autoritarios y vinculándolos a una visión abiertamente fascista que promete “poner fin” a la decadencia social.

El ejemplo de Doomguy, el marine de DOOM que se enfrenta sin descanso a hordas de demonios, sigue la misma lógica. En ciertos espacios extremistas, su figura se reutiliza como metáfora de un “cruzado” moderno contra lo que consideran la “degeneración” de la sociedad: minorías, activistas, feministas u otros colectivos.

El caso de Amelia, en resumen, es una llamada de atención sobre los desafíos que afrontan las estrategias de prevención del extremismo en un paisaje digital en constante evolución. La facilidad con la que la IA generativa puede ser utilizada para subvertir mensajes y crear contenido de odio a gran escala exige una reevaluación de cómo se diseñan y ejecutan estas campañas.


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The Conversation

Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Amelia, el personaje de un videojuego educativo secuestrado por la extrema derecha – https://theconversation.com/amelia-el-personaje-de-un-videojuego-educativo-secuestrado-por-la-extrema-derecha-276575

El arte de tomar el relevo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

New Africa/Shutterstock

¿Alguna vez ha tenido que sustituir a un líder admirado y reconocido? ¿Ha sentido el peso, y a la vez el honor, de tomar el relevo de alguien que ha dejado una huella profunda en su equipo de trabajo?

Pocos desafíos en la vida profesional ponen tan a prueba el carácter como ocupar el lugar de una figura admirada. La manera en que asumimos ese relevo dice mucho de nosotros como personas.

En la bahía de Sídney

Voy a poner un ejemplo del que es protagonista la Ópera de Sídney, una de las construcciones más icónicas de la arquitectura moderna. Con sus blancas conchas en forma de vela que se alzan sobre las aguas del puerto de la ciudad de Sídney, el edificio se alza como un símbolo global de diseño audaz y ambición cultural.

Su historia es de genialidad, ruptura y redención, y ofrece lecciones intemporales sobre la sucesión, el legado y la ética del liderazgo.

En 1957, el arquitecto danés Jørn Utzon ganó el concurso internacional para elegir al arquitecto encargado de diseñar el edificio de la ópera. Su propuesta, una serie de bocetos minimalistas y llamativos, carecía de planos técnicos completos o cálculos estructurales. Pero su visión audaz –una constelación de conchas escultóricas sobre Bennelong Point– capturó la imaginación de los jueces y la construcción comenzó con entusiasmo y optimismo.

Sin embargo, a mediados de la década de 1960, la política y los sobrecostes oscurecieron el proyecto. Un nuevo ministro del Gobierno de Nueva Gales del Sur criticó los retrasos y el aumento descontrolado de gastos y suspendió los pagos a Utzon. Frustrado y reacio a comprometer su visión, Utzon dimitió en 1966 y abandonó Australia, sin regresar jamás para supervisar la finalización de su obra más emblemática.

En este clima tenso entró Peter Hall, un joven arquitecto australiano. Hall afrontó la difícil tarea de traducir el concepto etéreo de Utzon en un edificio terminado. Diseñó las fachadas acristaladas que aportan ligereza a la estructura y completó los interiores de la Sala de Conciertos y del Teatro Joan Sutherland. Según se cuenta, aceptó el cargo solo después de confirmar que Utzon no regresaría, en una designación necesaria pero controvertida, ya que muchos en el mundo de la arquitectura creían que solo su autor original debía concluir la obra.

Hoy, los visitantes disfrutan del legado de ambos: la silueta inolvidable de Utzon y los interiores bellos y funcionales de Hall. Sin embargo, el nombre de este último apenas es conocido fuera de los círculos profesionales, mientras que Utzon se convirtió en un icono global y recibió el Premio Pritzker en 2003. Este desequilibrio en el reconocimiento plantea una cuestión mayor: ¿cómo se puede ocupar el lugar de otro, especialmente cuando ese lugar pertenece a un gigante?

Carrera de relevos

La historia muestra que la sucesión es la norma, no la excepción. Si Bramante trazó el primer plano de la romana basílica de San Pedro, luego Miguel Ángel reimaginó radicalmente su cúpula.

La catedral de Notre Dame, en París, ha ido evolucionando a lo largo de siglos, con generaciones de constructores que la modificaron y restauraron según el gusto y la tecnología de cada época.

Incluso en el cine se han dado situaciones similares: la película Lo que el viento se llevó (1939) fue moldeada por cuatro directores distintos –George Cukor, Sam Wood, William Cameron Menzies y Victor Fleming– y sin embargo es una obra maestra coherente y perdurable.

Confianza y respeto

Rendir homenaje a nuestros predecesores –en arquitectura, en gestión, en cine o en cualquier otro campo– es más que un gesto de cortesía. La disposición a reconocer la obra de otro, sin temor a que pueda disminuir la propia, es una muestra de nobleza y madurez emocional. Los líderes que honran públicamente a quienes sustituyen transmiten confianza, autenticidad y respeto. Son indicadores sutiles, pero poderosos, de credibilidad.

Por el contrario, apropiarse de méritos ajenos, o no reconocerlos, genera sospecha y erosiona silenciosamente la confianza. Los líderes que desprecian las contribuciones pasadas suelen ser recordados menos por lo que construyeron que por los puentes que quemaron.

Un error frecuente es caer en el síndrome del Mesías por el que algunos líderes recién llegados se definen rechazando todo lo anterior. Descartan logros previos, ignoran la continuidad y se presentan como salvadores de un pasado defectuoso. Aunque pueda parecer audaz, este enfoque nace a menudo de la inseguridad y, salvo en casos de crisis total, un inicio de tierra quemada rara vez es la opción de inicio más sabia.

Esto no significa que un nuevo líder deba evitar el cambio. Recibir una hoja en blanco puede ser estimulante. Cuestionar el statu quo, repensar procesos e introducir perspectivas frescas es esencial para el progreso. Pero hay una delgada línea entre la innovación y la arrogancia. En las grandes organizaciones, los giros radicales son pocas veces sostenibles. Más dañino aún es el golpe de Estado cultural, en el que el nuevo liderazgo no busca tanto mejorar como borrar lo que estuvo antes.

La tradición no siempre es un lastre que hunde; a menudo es un lastre que estabiliza. El líder perspicaz distingue entre el peso que frena y el peso que sostiene.

El valor del sucesor

En el mundo corporativo, es habitual que los directivos entrantes se distancien simbólicamente de sus predecesores: cambiando logotipos, reescribiendo la misión, reestructurando equipos. A veces estas medidas son necesarias, otras, meramente performativas. Los observadores suelen percibir la diferencia.

Y aquí reside una verdad crucial, a menudo pasada por alto: los sucesores también merecen reconocimiento. Completar una visión fundacional puede ser tan exigente como concebirla, y a veces más. Requiere una combinación de dominio técnico, habilidad diplomática y humildad para trabajar dentro de parámetros fijados por otro, dejando al mismo tiempo una huella propia. Las competencias necesarias para finalizar, consolidar y custodiar una misión heredada no son menores que las del fundador: son simplemente diferentes.

Mantenerse en la órbita

Lo hemos visto en el arte, donde intérpretes posteriores dan vida a obras de formas que sus creadores quizá nunca imaginaron, y en los negocios, donde la continuidad puede ser tan vital como la innovación. Sin el liderazgo de Tim Cook, por ejemplo, quizá Apple no habría alcanzado el éxito global y sostenido que comenzó a construir Steve Jobs. A menudo, los sucesores complementan a los fundadores: uno lanza el cohete, el otro asegura que alcance la órbita y se mantenga allí.

Este equilibrio entre respeto y renovación es la esencia de la sucesión con gracia. El liderazgo no es un acto en solitario sino una carrera de relevos. Sostenemos el testigo durante un tiempo, corremos nuestro tramo con propósito y lo pasamos.

Honrar a quienes nos precedieron no es pasividad; es nobleza. Y honrar a quienes nos suceden es igualmente vital, pues serán ellos quienes mantengan viva la llama. Como escribió Esopo, “la gratitud es la señal de las almas nobles”. La gratitud pública y sincera –tanto hacia predecesores como hacia sucesores– amplifica la credibilidad de un líder, denota autoconciencia, profundidad emocional y la comprensión de que el liderazgo no consiste en eclipsar a otros, sino en contribuir a un continuo más amplio.

La elegancia en la sucesión no es un protocolo, es una mentalidad. Es la convicción de que la mayor expresión del liderazgo no radica en demostrar ser superior a un predecesor, sino en honrar el pasado, empoderar el futuro y conocer el propio lugar en el largo arco de un esfuerzo compartido.

En una época obsesionada con la disrupción, esta forma de liderazgo tranquila y elegante puede ser el acto más radical de todos.


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Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El arte de tomar el relevo – https://theconversation.com/el-arte-de-tomar-el-relevo-275532

Agatha Christie, reine des morts, reine des mots

Source: The Conversation – France (in French) – By Isabelle-Rachel Casta, Professeur émérite, culture sérielle, poicière et fantastique, Université d’Artois

La prolifique Agatha Christie ne lésinait pas sur les références littéraires. Michaël Bemelmans/Wikimédia, CC BY

Dans la lignée de Conan Doyle, une femme a su maîtriser comme personne l’énigme à rebondissements et le jeu des références cryptées : c’est Agatha Christie, « duchesse de la Mort », s’il faut en croire le beau titre du critique François Rivière (Seuil, 1981). Les mots, la mort, le crime : bienvenue dans le labyrinthe Christie !


Faut-il relire Agatha Christie ? Oui, car son œuvre, immense, rassemble tous les états de la culture et de la sensibilité britanniques à travers des enquêtes qui sont autant de voyages au pays des savoirs humanistes. Ses détectives sont aussi savants qu’elle, et généralement les coupables le sont également ! Explorer son œuvre, c’est saisir la fusion des codes de l’énigme et de la culture britannique littéraire au sein du genre policier, pourtant longtemps considéré comme éloigné de la tradition classique.

Ainsi Christie fera-t-elle de chaque roman la rencontre insolite du divertissement attendu d’un bon polar avec la présence cryptique des plus notables œuvres du corpus lettré, comme on peut l’entendre dans une récente émission consacrée à l’autrice de légende. Mais les mots et les morts font-ils toujours bon ménage ?

Polars ou poèmes ?

En parcourant l’ensemble de la production d’Agatha Christie, on est frappé par l’importance des références et des citations : comptines inquiétantes (Hickory, Dickory, Dock, Pension Vanilos pour la version française) ou présence mythologique (Nemesis) : les titres plongent toujours dans un passé légendaire ou poétique.

Deux romans tardifs, le Miroir se brisa (The Mirror Crack’d from Side to Side, 1962) et La nuit qui ne finit pas (Endless Night, 1967) semblent construits selon le même système de réminiscences car ils portent, dans leurs titres mêmes, le souvenir de deux grands poètes britanniques : William Blake (1757-1827) et Alfred Tennyson (1809-1892). On a l’impression qu’ils sont les auteurs originels de ces romans, puisque chaque titre est un fragment de leurs propres écrits ! La nuit qui ne finit pas appartient à Blake (« Augures d’innocence ») et le Miroir se brisa est une citation d’un poème de Tennyson consacré à la Dame de Shalott (personnage de la geste arthurienne), poème dont la trame guide l’enquête tout au long du récit.

C’est quasiment toujours dans le passé (personnel ou collectif) qu’il faut trouver les clés des énigmes présentes : cet axiome psychanalytique et policier (mais n’est-ce pas une sorte de pléonasme ?) fonctionne pleinement dans le Miroir se brisa. Les références et les allusions y fourmillent, dominées par l’obsédante présence du poème de Tennyson.

L’intrigue est simple : Marina, une actrice, découvre qu’une admiratrice trop pressante a contaminé jadis l’enfant qu’elle portait, elle. Elle s’arrange alors pour la tuer, et la haine qui s’empare d’elle n’échappe pas à l’une des invitées, surprise de lire dans son regard la même folie que Tennyson prête à son héroïne, la pauvre Dame de Shalott. Or, selon l’universitaire Annie Combes (l’Écriture du crime) chaque référence, même la plus anodine, contient déjà toutes les réponses ! Sans cesse, les vers de « La Dame de Shalott » vont revenir scander l’enquête. Ils apparaissent une première fois dits par une vieille amie de Miss Marple, enquêtrice malgré elle et perspicace observatrice du moindre détail :

« Vous souvenez-vous de “la Dame de Shalott” ? ‘Le miroir se brisa de part en part. Je suis maudite ! cria la Dame de Shalott’. Elle me l’a rappelée. Les gens apprécient peu Tennyson, aujourd’hui, mais la “Dame de Shalott” m’a toujours beaucoup plu. »

La femme qui récite du Tennyson est déjà présente dans un autre roman, Un cadavre dans la bibliothèque : on peut ainsi parler d’autocitation ; de plus, elle dit le poème devant un tableau, donc en joignant la réminiscence littéraire à la compétence picturale. Des fragments du poème sont aussi répétés en écho par Miss Marple, toujours centrés sur la malédiction qui frappe en même temps l’héroïne de Tennyson… et l’actrice contemporaine, sans doute assassinée à la fin par son époux.

Seules de respectables dames anglaises comprennent donc pourquoi Tennyson sert d’épitaphe à la criminelle morte :

« Elle a un beau visage ;
Que Dieu dans sa miséricorde lui accorde sa grâce,
La Dame de Shalott. »

Le film inspiré de l’œuvre conserve d’ailleurs cette indécision finale. Ainsi, d’indice en élucidation, le poème aura couru tout au long du texte comme une lumière noire.

L’air du crime pour un « meurtre familier »…

On a vu que le double de l’auteur, Miss Marple, n’est pas « féminine », au sens stéréotypé du terme : elle est âgée et célibataire, donc conventionnellement asexuée. Mais elle incarne la justice et la vengeance, le Temps et, d’une certaine façon, la Mort… comme le manifeste une œuvre symétrique au roman déjà cité (et ce, même si elle n’apparaît pas spécifiquement).

La nuit qui ne finit pas se présente de fait comme le commentaire d’un texte de William Blake. Mais quelle place reste-t-il à la fiction policière ? Celle d’une parabole : revisiter la littérature anglaise à la lumière du polar contemporain. À cet égard, la disposition de l’exergue, en regard du texte, est assez étrange pour mériter une remarque :

« Chaque nuit et chaque matin, certains naissent pour le malheur. Chaque matin et chaque nuit, certains naissent pour la douce joie, certains naissent pour une nuit sans fin. William Blake.

« Chapitre premier

« J’ai souvent lu ou entendu cette chanson. Elle sonne bien, mais que signifie-t-elle au juste ? »

Il faut donc comprendre que le héros-assassin (qui dit « je ») lit ou entend le texte de Blake, puisque la mention « Chapitre premier » sépare l’exergue de la fiction proprement dite. Il est bien entendu celui qui est « né pour le malheur » ; comme par prémonition, Ellie, sa jeune et adorable femme « née pour la douce joie », fredonne elle aussi ces mots… Ainsi l’angoisse suscitée par le poème devient-elle le leitmotiv de la catastrophe imminente. Celle qui était « née pour le bonheur » périt assassinée, car dans ce monde on tue pour de l’argent (Michael ne l’a épousée que pour en hériter, d’accord avec sa maîtresse Greta) et on devient fou… La chanson la venge, et chaque apparition des fameux vers accompagne la chute vers l’abîme du criminel Michael Rogers.

L’assassin qui, à la fin, sombre dans la folie, ne jouira évidemment pas de l’argent de la femme qu’il a tuée : « […] Dans la nuit sans fin où je me suis perdu. » Dans le film qui tire son nom de celui du roman, l’interprétation sensible de Hywel Bennett renvoie d’ailleurs plutôt bien à la paranoïa du personnage.

Ce roman reprend, rappelons-le, les procédés narratifs qui firent la gloire de son auteur. En effet, en 1967, plus de quarante ans après l’affaire Ackroyd, Agatha Christie opte une nouvelle fois pour le récit au « je » du meurtrier, avec un « blanc » typographique où s’inscrit la commission du forfait : « En arrivant à un croisement… nous la découvrîmes » (le pronom « la » renvoie bien sûr au corps sans vie d’Ellie, empoisonnée par son mari juste avant une promenade à cheval).

On notera que le narrateur s’appelle Rogers, presque comme la victime du Meurtre de Roger Ackroyd ; ce fil ténu relie les œuvres, et sans doute ne faut-il pas chercher ailleurs les difficultés d’adaptation filmique des romans, notés par certains : les jeux de mots « visualisés » y sont laborieux, et la modernisation de certaines intrigues alourdit la finesse du trait… par exemple dans la mini-série de Chris Chibnall, les Sept Cadrans.

Alors restons au pied de la lettre !

Se perdre dans le labyrinthe ?

En 1971, quelques années avant sa mort, la « reine des mots » livre Nemesis, roman qui éclaire rétroactivement tout le corpus :

« II s’agissait d’une jeune fille très douce, absolument adorable. […] Cependant, elle est morte. – De quoi ?, demanda doucement miss Marple. – D’amour […], reprit sa compagne d’une voix chargée de tristesse et d’amertume. L’amour. »

Pourquoi cette histoire paraît-elle une conclusion acceptable ? Parce que s’appeler Verity (comme la jeune fille morte) et reposer dans une terre ignorée illustre la grande affaire du polar : réhumaniser la victime comme le coupable, tout en semant des indices, la plupart du temps issus de la grande culture encyclopédique ou du fonds légendaire. Tout se passe comme dans un Cluedo géant, où les bribes du passé forment un étrange rébus : celui qui le déchiffre comprend qui est le coupable.

Pourtant, conservatrice et nostalgique, Christie l’a toujours été, même si avec elle vient le temps des vieilles dames malignes et des détectives belges, qui enquêtent sans ressentiment ni complaisance. Infanticide et démence prennent ainsi les rythmes équivoques d’une comptine ou d’un poème, car « chacun lit Agatha Christie à sa manière : de la dévoration de la découverte au suçotement de celui qui connaît l’histoire » (Sophie de Mijolla-Mellor, Meurtre familier, 1995).

The Conversation

Isabelle-Rachel Casta ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Agatha Christie, reine des morts, reine des mots – https://theconversation.com/agatha-christie-reine-des-morts-reine-des-mots-275282

Aliments ultratransformés : Comment aider les consommateurs à les repérer et à les éviter ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Pierrick Gomez, Professeur associé de marketing, Neoma Business School

La question de l’ultratransformation des aliments constitue aujourd’hui un enjeu majeur tant pour l’industrie agroalimentaire que pour les pouvoirs publics. La liste d’ingrédients, information obligatoire qui figure sur les emballages alimentaires, apparaît comme un outil intéressant pour aider les consommateurs à repérer ces aliments dans les rayons. Toutefois, son efficacité reste à établir.


L’offre d’aliments ultratransformés occupe une place prépondérante sur les rayons de produits alimentaires de nombreux pays occidentaux, alors même que les consommateurs demeurent encore peu nombreux à savoir ce que recouvre cette catégorie et comment l’identifier.

Cette situation est problématique car la question de l’ultratransformation des aliments constitue aujourd’hui un enjeu majeur de santé publique. De nombreuses études scientifiques mettent en évidence une association entre la consommation d’aliments ultratransformés et un risque accru de diverses maladies chroniques, voire de mortalité.

Or, en dehors de leurs croyances personnelles, les consommateurs disposent de peu d’indices tangibles leur permettant de déterminer si un produit est ultratransformé, ou non.

À retenir

  • C’est quoi les aliments ultratransformés ? Biscuits et pains industriels, barres chocolatées, soupes en poudre, nuggets… on parle d’aliments ultratransformés pour désigner des aliments obtenus à partir d’ingrédients traditionnels qui ont subi diverses transformations industrielles (ajout d’huiles hydrogénées, « cracking » ou fractionnement d’un aliment brut en plusieurs ingrédients…) et auxquels ont été ajoutés des additifs, des colorants, des émulsifiants, etc.
  • Pourquoi les industriels procèdent-ils à ces transformations ? Ces procédés ont pour but de conférer un certain nombre de propriétés aux aliments (améliorer la texture ou le goût, allonger la durée de conservation…).
  • À ce jour, il n’existe pas de consensus concernant la définition des aliments ultratransformés, selon l’Agence nationale de sécurité sanitaire (Anses). Toutefois, parmi les différentes classifications fondées sur le degré de transformation des produits, les études épidémiologiques menées pour évaluer les effets sanitaires potentiels des aliments ultratransformés utilisent le plus souvent la classification Nova, développée par des chercheurs brésiliens.

Pour l’heure, la liste d’ingrédients constitue la principale source d’information figurant sur les emballages qui permet aux consommateurs d’identifier le degré de transformation des aliments, notamment parce qu’elle leur donne accès à la composition des produits qu’ils achètent.

Pourtant, on sait encore peu de choses sur son usage réel par les consommateurs et sur sa capacité à les aider à repérer et à éviter les aliments ultratransformés. Qui lit la liste d’ingrédients ? Cette information suffit-elle à orienter les choix vers des produits moins transformés ? Des avertissements sanitaires placés sur la face avant des emballages seraient-ils plus efficaces à cet égard ?

Nous avons cherché à apporter des éléments de réponse dans un article récemment publié dans Journal of Consumer Policy qui repose sur trois études expérimentales menées auprès de 1 088 consommateurs états-uniens et britanniques.

Qui lit la liste des ingrédients sur les emballages ?

Dans une première étude, nous nous sommes intéressés aux usages de la liste d’ingrédients et avons observé qu’environ 43 % des participants déclaraient la consulter régulièrement lors de leurs achats alimentaires. Ce résultat est déjà instructif : il montre que cet usage n’est pas marginal, tout en suggérant que plus de la moitié des consommateurs ne la consultent qu’occasionnellement, voire pas du tout.

Surtout, nos analyses indiquent que cet usage est fortement influencé par des caractéristiques individuelles. Les utilisateurs fréquents déclarent de meilleures compétences culinaires et un niveau de connaissance plus élevé en matière d’aliments ultratransformés, manifestent une préférence marquée pour les aliments naturels et se montrent plus attentifs à leur santé.

Autrement dit, l’usage de la liste d’ingrédients semble associé à des facteurs qui ne sont pas également répartis au sein de la population. Dès lors, s’appuyer sur cet outil pour orienter les choix alimentaires risque de renforcer certaines inégalités. Des analyses complémentaires mettent d’ailleurs en évidence des différences d’usage significatives selon le niveau d’éducation.

Longueur ou contenu : quelle caractéristique de la liste d’ingrédients influence les intentions d’achat ?

Le caractère ultratransformé d’un aliment peut, en théorie, s’apprécier à travers deux dimensions de la liste d’ingrédients : sa longueur (plus la liste est longue, plus on peut soupçonner un degré de transformation élevé) et son contenu (présence d’additifs et d’ingrédients d’origine industrielle). Dans une deuxième étude expérimentale, nous avons précisément isolé ces deux dimensions afin d’évaluer leur influence sur les évaluations des consommateurs.

Les participants devaient évaluer un pain industriel emballé, avec la possibilité d’accéder à la liste d’ingrédients figurant au dos de l’emballage, laquelle variait selon le contenu (modérément versus fortement transformé) et la longueur (liste courte versus longue). Par rapport à la première étude, une proportion plus élevée de participants (66 %) a choisi d’examiner la liste d’ingrédients.

Les résultats sont sans ambiguïté : le contenu de la liste l’emporte largement sur sa longueur. La présence d’additifs et d’ingrédients perçus comme industriels accroît significativement la perception de transformation du produit. Ce résultat est cohérent avec un mécanisme psychologique bien documenté en comportement du consommateur, à savoir le biais de négativité : les consommateurs accordent davantage de poids à des signaux négatifs, facilement identifiables (additifs, ingrédients industriels), qu’à la longueur de la liste dont l’interprétation reste ambiguë (un aliment peut comporter un nombre conséquent d’ingrédients sans être ultratransformé).

Un autre résultat mérite toutefois d’être souligné : bien que la présence d’additifs dans la liste modifie les perceptions, elle ne réduit pas directement l’intention d’achat du produit ultratransformé.

Ainsi, le degré de transformation ne constitue qu’un critère de choix parmi d’autres : le prix, le goût, la praticité ou encore les bénéfices perçus pour la santé peuvent peser davantage dans la décision et neutraliser l’effet de la liste d’ingrédients.

Un avertissement sur la face avant de l’emballage peut-il changer la donne ?

La troisième étude examine l’effet additionnel d’un outil plus facilement accessible et interprétable par les consommateurs : un avertissement sanitaire apposé sur la face avant de l’emballage qui signale le caractère ultratransformé des produits. Les participants recrutés devaient choisir entre trois barres de céréales présentant des niveaux de transformation différents (modérément versus fortement transformé), avec ou sans avertissement. Ils avaient par ailleurs accès à leurs compositions.

Les résultats sont sans équivoque : la présence d’un avertissement accroît fortement la probabilité de choisir le produit le moins transformé. La part de choix en faveur de l’option modérément transformée passe ainsi de 39,6 % en l’absence d’avertissement à 62,7 % lorsqu’un avertissement est présent. L’avertissement renforce la capacité des consommateurs à distinguer les produits selon leur degré de transformation et à orienter leurs choix en conséquence.

Quelles implications en matière de santé publique ?

Au final, la liste d’ingrédients apparaît comme un outil utile mais insuffisant. Elle est utilisée par un nombre limité de consommateurs et si elle permet à certains d’identifier les produits transformés, davantage à travers son contenu que sa longueur, elle ne génère pas une impulsion suffisante pour influencer directement l’intention d’achat.

Ainsi, en l’absence d’outils complémentaires, son usage risque de laisser de côté les consommateurs les moins motivés, renforçant ainsi des inégalités d’accès à l’information. À l’inverse, un avertissement simple et visible apposé sur la face avant des emballages semble nettement plus efficace pour que l’identification des produits ultratransformés se traduise en choix effectifs.

Ces résultats devront être répliqués dans des situations d’achat réelles, en interaction avec d’autres dispositifs existants (par exemple l’étiquetage nutritionnel Nutri-Score présent sur les emballages des produits alimentaires, des allégations relatives au pourcentage d’ingrédients naturels dans la composition et autres « clean labels » qui promeuvent une alimentation plus saine, ainsi que dans d’autres contextes culturels.

Ces travaux dessinent néanmoins une orientation claire pour les décideurs en santé publique : si l’objectif est d’orienter les choix des consommateurs vers des aliments moins transformés, la seule liste d’ingrédients risque de ne pas suffire ; des instruments plus persuasifs, tels que des avertissements sanitaires spécifiques, apparaissent dès lors nécessaires.

The Conversation

Pierrick Gomez ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Aliments ultratransformés : Comment aider les consommateurs à les repérer et à les éviter ? – https://theconversation.com/aliments-ultratransformes-comment-aider-les-consommateurs-a-les-reperer-et-a-les-eviter-277656

Comment lutter contre ces aliments ultratransformés poussés par des intérêts commerciaux, et non par les choix des consommateurs

Source: The Conversation – France in French (3) – By Phillip Baker, ARC Future Fellow and Sydney Horizon Fellow, School of Public Health, University of Sydney, University of Sydney

Nuggets, boissons gazeuses, chips, barres de céréales… les aliments ultratransformés sont fabriqués à partir d’ingrédients souvent modifiés par des procédés industriels, auxquels sont ajoutés additifs, colorants et autres émulsifiants. Tanya Barrow/Unsplash

Si les pouvoirs publics ne prennent pas les mesures qui s’imposent et en l’absence de réponse coordonnée au niveau mondial, les aliments ultratransformés vont occuper une place croissante dans notre alimentation et nuire à notre santé, mais aussi à l’économie. Cette mise en garde s’appuie sur trois articles scientifiques publiés dans The Lancet, une revue médicale de premier plan.


Les aliments ultratransformés sont en train de remplacer les aliments et repas traditionnels à l’échelle mondiale, en dégradant la qualité du régime alimentaire et en contribuant à l’augmentation des maladies chroniques liées à l’alimentation.

Et même si l’ensemble des dépenses publicitaires des principales entreprises qui commercialisent des aliments ultratransformés dépassent largement le budget total de l’Organisation mondiale de la santé (OMS), les gouvernements, les communautés et les professionnels de la santé peuvent faire beaucoup.

C’est ce que conclut la série de trois articles phares consacrée aux aliments ultratransformés que nous avons récemment publiés dans la revue The Lancet.

Ces produits sont fabriqués à partir d’ingrédients industriels et d’additifs alimentaires, qui contiennent généralement peu ou pas d’ingrédients intacts. On pourrait citer pour exemple les boissons gazeuses, les chips et de nombreuses céréales pour le petit-déjeuner.

Dans la classification Nova (présentées dans le schéma ci-dessous), les aliments et boissons sont répértoriés dans quatre groupes en fonction de leur degré de transformation :

  • Groupe 1 : Aliments non transformés ou transformés minimalement.
  • Groupe 2 : Ingrédients culinaires transformés.
  • Groupe 3 : Aliments transformés.
  • Groupe 4 : Aliments ultratransformés.

De notre point de vue, le problème ne réside pas dans un manque de volonté de la part des individus, mais tient avant tout à des considérations commerciales – il est le résultat d’une industrie puissante.

Ce que démontrent les données disponibles

Le premier article résume les données disponibles et montre que les aliments ultratransformés se répandent à l’échelle mondiale. La part des produits ultratransformés dans l’alimentation n’a cessé d’augmenter au fil des décennies dans les pays du monde entier.

Aux États-Unis, au Royaume-Uni et au Canada, leur part dans l’alimentation est à des niveaux élevés depuis des décennies (environ 50 % de l’apport énergétique quotidien). Les aliments ultratransformés constituent l’essentiel du régime alimentaire national. Il en va de même en Australie.

Deuxièmement, cette étude montre que les régimes riches en aliments ultratransformés favorisent la suralimentation et sont pauvres sur le plan nutritionnel : ils contiennent davantage de sucres, de graisses saturées et ont une densité énergétique plus élevée. En revanche, ils sont plus pauvres en fibres, en vitamines et minéraux essentiels, et contiennent moins d’aliments complets.

Troisièmement, cet article résume les risques que ces aliments ultratransformés font courir pour la santé. Nous avons mené une revue systématique de la littérature scientifique qui a inclus 104 études faites sur le long terme. Cette revue systématique a révélé que 92 de ces études faisaient état d’un risque accru de contracter une ou plusieurs maladies chroniques. Les méta-analyses de ces études ont confirmé des associations avec l’obésité, le diabète de type 2, l’hypertension artérielle, l’hypercholestérolémie (l’excès de cholestérol, ndlr), les maladies cardiovasculaires, la maladie rénale chronique, la maladie de Crohn, la dépression et la mortalité prématurée toutes causes confondues.

Il est essentiel de comprendre qu’il ne s’agit pas simplement d’une question d’« excès de sucre, de sel et de graisses ». Des essais cliniques ainsi que des études scientifiques montrent que quand les adultes suivent un régime alimentaire riche en aliments ultratransformés, ils consomment environ 500 à 800 calories supplémentaires par jour, prennent du poids ainsi que de la masse graisseuse, et mangent plus rapidement, par rapport à un régime non ultratransformé contenant les mêmes proportions de macronutriments. Cela s’explique probablement par la densité énergétique plus élevée, le goût appétissant et la texture moelleuse de ces aliments, qui favorisent la surconsommation.

De toute évidence, des recherches supplémentaires sont nécessaires. Cependant, les données disponibles sont désormais suffisamment solides pour justifier une réponse mondiale en matière de santé publique.

Les options sur le plan politique

Notre deuxième article présente les options politiques qui s’offrent aux gouvernements désireux de s’attaquer à ce problème. Quatre d’entre elles se distinguent particulièrement :

1. Modifier les produits : la reformulation – qui consiste à remplacer le sucre par des édulcorants ou les matières grasses par des additifs qui confèrent une texture similaire à celle des matières grasses – ne résout pas le problème. Les gouvernements pourraient plutôt fixer des limites pour une sélection d’additifs et utiliser des « marqueurs d’aliments ultratransformés » comme les colorants, les arômes et les édulcorants non sucrés (ainsi que les teneurs élevées en sucre, en graisses et en sel) pour identifier les produits ultratransformés à réglementer.

2. Améliorer l’environnement des produits alimentaires. Parmi les mesures fondées sur des données probantes, on peut citer :

  • L’adoption d’étiquettes d’avertissement obligatoires sur le devant des emballages, qui se révèlent efficaces pour informer les consommateurs et réduire les achats.

  • La protection des enfants de moins de 18 ans – en particulier sur les plateformes numériques – contre la publicité pour les aliments ultratransformés et le fait d’étendre ces protections au-delà des « heures réservées aux enfants ».

  • Des taxes sur les boissons sucrées (à 20 % minimum) ainsi que certains aliments ultratransformés ; et d’utiliser ces recettes financières pour subventionner les fruits, les légumes et les plats préparés sur place destinés aux ménages à faibles revenus.

  • La suppression des aliments ultratransformés des écoles, des hôpitaux et d’autres établissements publics, le fait de limiter la part des aliments ultratransformés dans les rayons des supermarchés et de réduire leur mise à disposition à proximité des écoles.

3. Limiter le pouvoir des entreprises : les gouvernements pourraient prendre davantage de mesures pour réglementer les gammes de produits des entreprises, ainsi que pour surveiller et limiter la part des ventes d’aliments ultratransformés ; il convient aussi de renforcer la politique de concurrence et d’envisager des réformes fiscales qui viseraient à limiter le pouvoir excessif de ce marché.

4. Réformer les subventions comme les chaînes d’approvisionnement : les gouvernements pourraient réorienter les subventions à l’agriculture afin de réduire le soutien accordé aux ingrédients issus de la monoculture utilisés dans les aliments ultratransformés (comme le maïs, le soja et le sucre), et d’aligner les politiques environnementales – concernant des questions telles que la réduction des plastiques ou l’utilisation de l’eau – sur les objectifs nutritionnels.

Le succès passera par des solutions sur mesure et coordonnées : il n’y a pas de recette miracle.

Lutter contre l’industrie des aliments ultratransformés

Notre troisième article s’interroge sur les raisons pour lesquelles les aliments ultratransformés envahissent l’alimentation humaine et sur la manière de mettre en place une réponse mondiale en matière de santé publique.

La réponse est la suivante : il faut s’attaquer au pouvoir des entreprises et à leur recherche de profit. Les aliments ultratransformés constituent le modèle économique le plus rentable du secteur alimentaire. Les plus grandes multinationales sont à la tête de réseaux mondiaux d’approvisionnement, de commercialisation et de lobbying qui élargissent les marchés, influencent la science ainsi que le débat public, et font obstacle à la réglementation.

Les fabricants d’aliments ultratransformés peuvent utiliser leurs bénéfices pour consacrer des sommes bien plus importantes au marketing, construire des usines, étendre la distribution de ces produits à l’échelle mondiale et financer des groupes de pression.

Par exemple, en 2024, les grandes entreprises agroalimentaires ont dépensé bien plus en publicité que l’ensemble du budget de fonctionnement de l’Organisation mondiale de la santé.

Les entreprises et les groupes qui y sont affiliés suivent le même scénario que les industries du tabac et des combustibles fossiles : du lobbying, du contentieux, de l’autorégulation et de la recherche scientifique qu’elles financent pour retarder la mise en place de mesures politiques.

Notre article plaide pour une réponse mondiale en matière de santé publique :

  • remettre en cause le modèle économique des aliments ultratransformés, en taxant leur production, en rendant obligatoire le recyclage des plastiques par les entreprises et en réorientant les ressources vers le soutien aux producteurs d’aliments sains et aux familles

  • protéger l’élaboration des politiques et la science contre toute ingérence, grâce à des mesures de prévention des conflits d’intérêts et à des règles d’engagement claires pour le secteur privé. Nous devons cesser de nous en remettre à l’autorégulation du secteur privé et recourir aux politiques publiques et à la législation.

  • former des coalitions pour mener des actions de plaidoyer auprès des décideurs politiques et favoriser les changements politiques, qu’il s’agisse de soutiens juridiques ou de communications stratégiques

Des sucettes disposées sur une étagère dans un magasin
Nos articles montrent que les aliments ultratransformés sont en train de supplanter les aliments et les repas traditionnels à l’échelle mondiale.
Alan Pope/Unsplash

Nos études montrent que, sans mesures politiques ni réponse mondiale coordonnée, la part des aliments ultratransformés dans l’alimentation humaine continuera d’augmenter, au détriment de la santé, des économies, de la culture et de la planète. Il est temps d’agir.

The Conversation

Phillip Baker a reçu des financements de l’Australian Research Council, de Bloomberg Philanthropies et de l’Unicef pour des projets de recherche portant sur les aliments ultratransformés.

Camila Corvalan a a bénéficié de financements pour ses recherches de la part de l’Agence nationale chilienne de recherche (ANID), de Bloomberg Philanthropies et du Centre de recherches canadien pour le développement international (CRDI). Elle fait partie du groupe stratégique de la Communauté de pratique sur la nutrition et la santé en Amérique latine et dans les Caraïbes (COLANSA), du Next Generation Leadership Collective et de l’Alianza Global para la Alimentación Saludable de Niñas, Niños y Adolescentes en Amérique latine. Elle est membre du groupe de travail sur les politiques et la prévention de la Fédération mondiale de l’obésité et du groupe de travail sur les aliments ultratransformés de l’Union internationale des sciences de la nutrition (IUNS). Elle occupe actuellement le poste de présidente de la Société latino-américaine de nutrition.

Gyorgy Scrinis a reçu des financements de Bloomberg Philanthropies destinée à financer les travaux de recherche menés dans le cadre de la série publiée dans « The Lancet ».

Priscila Machado a reçu des financements accordés par le Conseil national de la santé et de la recherche médicale (NHMRC), la Fondation australienne pour le cœur, la Fondation de recherche de São Paulo et le réseau thaïlandais Sweet Enough Network/ThaiHealth pour des projets de recherche portant sur les aliments ultratransformés.

Carlos Monteiro ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Comment lutter contre ces aliments ultratransformés poussés par des intérêts commerciaux, et non par les choix des consommateurs – https://theconversation.com/comment-lutter-contre-ces-aliments-ultratransformes-pousses-par-des-interets-commerciaux-et-non-par-les-choix-des-consommateurs-278151