Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Caballé May, Profesor de creatividad, storytelling y comunicación política creativa, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Mark Carney, presidente de Canadá, durante su intervención en el Foro Económico Mundial el pasado 20 de enero. World Economic Forum/Ciaran McCrickard

Cada año, el Foro Económico Mundial de Davos se convierte en un escenario privilegiado para fijar agendas globales. Pero también en un espacio profundamente saturado de discursos, informes y grandes palabras. Un lugar donde la atención no está garantizada: se disputa.

Por eso resulta especialmente relevante el discurso que el pasado día 20 de enero pronunció el primer ministro de Canadá, Mark Carney. No solo por su contenido político y económico, sino por cómo está construido para merecer atención en un contexto donde la escucha no se presupone, se gana.

Antes de seguir leyendo, conviene escuchar el discurso completo. Solo así puede apreciarse hasta qué punto su eficacia no reside únicamente en lo que dice, sino en cómo está pensado para ser escuchado y recordado.

Fuente: Grupo REFORMA.

Poner la creatividad en el centro

Lejos de improvisar o limitarse a una exposición técnica, Carney ofrece un discurso cuidadosamente trabajado desde el punto de vista narrativo. Aplica recursos propios del storytelling, el copywriting y la escritura de guion para convertir mensajes complejos en relatos comprensibles, memorables y capaces de conectar con el público.

No se trata de adornar el contenido ni de buscar el aplauso fácil. Es una muestra de que la comunicación creativa, cuando se usa con responsabilidad, puede ser una herramienta poderosa para mejorar el debate público. Especialmente cuando el contexto invita más al ruido que a la reflexión.

¿Por qué competir por la atención cuando puedes merecerla?

Ante la saturación informativa, muchos discursos optan por gritar más fuerte, simplificar en exceso o provocar artificialmente para destacar. El discurso de Carney sigue una lógica distinta.

No acelera, no dramatiza ni busca el titular inmediato. Su estrategia es otra: renunciar a competir por la atención para construir relevancia. Asume que la audiencia de Davos es exigente, diversa y saturada, y que solo escuchará aquello que perciba como claro, coherente y respetuoso.

Esta elección no es ingenua. Implica aceptar que no todo mensaje será escuchado, pero también confiar en la capacidad del público para seguir un razonamiento complejo si se presenta de forma comprensible y cautivadora.

En lugar de gritar, Carney quiere interesar.

Un discurso, una idea

Una de las reglas básicas de cualquier buen discurso es tener claro qué se quiere comunicar. No acumular mensajes, sino articular una idea central capaz de sostener todo el relato. La idea madre puede cobijar otras ideas subsidiarias, pero el mensaje debe ser claro y reconocible.

Carney inicia su intervención con una idea directa y poderosa que vertebra todo el discurso: “Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”. No cambia de tema, no abre nuevos debates, no dice nada que no refuerce la idea.

Esta coherencia no solo aporta claridad, también genera credibilidad. El oyente percibe que hay una dirección clara y que cada argumento cumple una función dentro del conjunto.

Hablar de tú a tú

Otro de los rasgos más llamativos del discurso es su tono. Carney habla desde una posición de autoridad institucional, pero evita el registro distante o grandilocuente.

Utiliza frases directas, un lenguaje accesible y un “nosotros” inclusivo que implica a la audiencia en el diagnóstico y en la responsabilidad compartida.

En comunicación pública, la autoridad no se impone solo por el cargo: se construye a través de la confianza. Y la confianza nace, en buena medida, de la sensación de estar ante alguien que habla al que escucha y no se pone por encima de él.

Algunos gestos refuerzan esa cercanía. Iniciar el discurso en francés antes de pasar al inglés funciona como un gesto simbólico de un país con dos lenguas oficiales y en un contexto global. Expresiones como “todos en esta sala sabemos que…” construyen un marco compartido que refuerza la complicidad y la credibilidad del orador.

Storytelling y metáforas para hacer comprensible lo complejo

Carney aborda cuestiones abstractas y de gran escala: el orden internacional, el poder, la democracia, la economía global. Podría hacerlo desde un lenguaje técnico o normativo, pero opta por convertir lo abstracto en experiencia compartida mediante historias, analogías y referencias culturales.

Las metáforas no simplifican el contenido, lo hacen imaginable. Ayudan a organizar el pensamiento de la audiencia y a dotar de sentido ideas complejas. No recordamos datos aislados, recordamos historias. Podemos olvidar un discurso, pero no cómo nos hizo sentir.

Un ejemplo claro es la referencia a Václav Havel, que da respuesta a la pregunta: ¿cómo se mantenía el sistema comunista? Es la historia del tendero que coloca el cartel de “¡Proletarios de todos los países, uníos!” en su escaparate sin creer en él.

Esa historia sirve para explicar una idea compleja: que el poder de un sistema no reside en su verdad, sino en la voluntad colectiva de actuar como si lo fuera. Y que su fragilidad comienza cuando alguien deja de fingir.

Carney la recupera más tarde (se llama callback narrativo) cuando afirma que “entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal y como es. Estamos quitando el cartel de la ventana”, usando la metáfora para anclar la idea de forma coherente y profunda.

Otra metáfora poderosa como “las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú” condensa en una frase comprensible una lógica geopolítica compleja.

Recursos creativos, oratoria y retórica

Desde el punto de vista formal, el discurso está cuidadosamente construido. Aparecen recursos habituales de la escritura creativa que cumplen una función cognitiva: ordenar la información, jerarquizar ideas y facilitar la memoria.

Carney utiliza anáforas para dar ritmo (“nos unimos…”, “nos elogiamos…”, “nos beneficiamos…”), contrastes para dirigir la atención (“una ruptura, no una transición”) y quiasmos que refuerzan el mensaje (“no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”).

El uso de tríadas, paralelismos y repeticiones aporta claridad y facilita la escucha. Estas técnicas no buscan lucimiento estilístico. Cuando están bien aplicadas, pasan desapercibidas. El oyente no piensa que el discurso está bien escrito, piensa que lo entiende.

Emoción sin populismo

El uso de emoción en discursos políticos suele generar recelos. Sin embargo, no existe comunicación significativa sin un mínimo de conexión emocional. Emoción y manipulación no son lo mismo.

Carney activa emociones como la preocupación compartida, la responsabilidad colectiva o una esperanza prudente. Evita deliberadamente otras más polarizadoras, como el miedo o la ira.

La emoción no sustituye al argumento, lo acompaña y lo hace accesible. Como recordaba Eduard Punset, “las palabras generan imágenes, consolidan marcos y son la antesala de las emociones. Las emociones son la comprensión”.

Lo que queda cuando termina el discurso

Más allá del aplauso inmediato o del impacto mediático, la pregunta clave es otra: ¿qué queda cuando el discurso termina?

Comunicar no es solo transmitir información, sino contribuir a construir marcos de interpretación compartidos. Las palabras no solo describen el mundo, también lo configuran.

Carney no ofrece soluciones cerradas ni promesas grandilocuentes. Ofrece un marco desde el que pensar los desafíos globales y la responsabilidad de quienes los afrontan.

El discurso del primer ministro canadiense en Davos demuestra que la creatividad no es patrimonio de la publicidad ni un adorno estético. Es una herramienta democrática cuando se pone al servicio de la comprensión, la responsabilidad y el respeto por la ciudadanía.

Es la herramienta que puede convertir un buen discurso en un gran discurso.

En un tiempo en el que muchos buscan solo ocupar espacio, algunos todavía aspiran a ayudar a comprender, ordenar ideas y activar emociones responsables.

En comunicación institucional, comunicar bien no es solo una cuestión de estilo: es una forma de liderar. Y la creatividad, su mejor aliada para conectar de forma genuina con la ciudadanía.

The Conversation

Jordi Caballé May no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa? – https://theconversation.com/hablar-para-ser-escuchado-por-que-el-discurso-de-mark-carney-se-ha-convertido-ya-en-un-ejemplo-de-comunicacion-creativa-274231

¿Pueden hacer más las universidades para mejorar el nivel de inglés de los estudiantes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Sánchez del Cubo, Profesor Ayudante Doctor – Economía Aplicada (Estructura Económica) – Área de Turismo, Universidad de Málaga

Zoran Zeremski/Shuttertock

Cada año hay más estudiantes en las universidades españolas. En el curso 2022-2023 se matricularon más de 1,3 millones en Grado y casi 290 000 en Máster. Estas cifras son históricas: un aumento de titulados en un contexto muy exigente, donde hablar inglés ya no es una ventaja extra, sino una necesidad.

Ante esta realidad, las universidades tienen que adaptar sus programas tradicionales, incorporando asignaturas o grados enteros en inglés. En muchos casos, las asignaturas en ese idioma no alcanzan el 50 % del plan de estudios, por lo que no pueden considerarse programas bilingües. Además, aún hay pocos grados completos en inglés, si bien son más frecuentes los másteres.

Aunque no tenemos datos oficiales sobre el número total de asignaturas que se imparten en inglés en España, sí sabemos que son cada vez más habituales. Su objetivo es ayudar a los estudiantes a conseguir mejores empleos y hacer que las universidades sean más conocidas en el extranjero.

No obstante, todavía persisten preguntas clave: ¿qué tipo de estudiante elige este tipo de asignaturas? ¿Qué factores explican su decisión?

¿Por qué no estudio en inglés?

Para explorar este asunto, llevamos a cabo un estudio en la Universidad de Málaga. Analizamos a estudiantes de primer curso del Grado en Turismo. Estos estudiantes habían decidido no matricularse en asignaturas impartidas en inglés, aunque pueda ser muy útil para su futuro trabajo. A todos ellos se les pidió contestar un breve cuestionario. Dicha encuesta incluía preguntas sobre su nivel de idioma, sus características personales y confianza en su nivel de inglés.

Ni la edad, el sexo o el nivel de ingresos son relevantes a la hora de tomar la decisión. Ninguna de estas variables afecta a la confianza de poder aprobar una materia impartida en inglés. Tampoco la vocación por estudiar Turismo aparece como un factor importante.

En cambio, tres elementos son clave: el nivel de inglés que el estudiante cree tener, el nivel acreditado por certificados oficiales y haber estudiado antes en clases donde se usa esa lengua.

Es decir, el estudiante necesita confiar en su nivel de inglés, tanto de manera autopercibida como a través de un certificado objetivo de nivel. Universitarios que han pasado por colegios con grupos en inglés o programas de intercambio también tienen mayor disposición a cursar asignaturas en dicho idioma.

El papel del inglés en la universidad

Mejorar el nivel de inglés puede lograrse a través de cursos cortos, estancias donde se usa el inglés todo el tiempo o prácticas internacionales. Especialmente, mediante estrategias que pongan a los jóvenes en un contexto comunicativo real, donde puedan usar el segundo idioma de manera práctica y mejorar la autoconfianza.

Nuestros resultados revelan una situación preocupante. El inglés es esencial en el ámbito laboral, especialmente en el turismo. Pero, al mismo tiempo, las competencias lingüísticas ocupan un lugar secundario en muchos grados. En estos programas predominan los contenidos técnicos o de gestión.

La universidad debe superar esta brecha, incluyendo la enseñanza en inglés en los planes de estudios y reforzando la ayuda que da a estudiantes y docentes en la etapa universitaria.




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Entre las posibles medidas, cabe destacar el aumento de la oferta de cursos cortos y programas específicos orientados a la mejora de las competencias lingüísticas tanto del alumnado como del profesorado. Por ejemplo, mediante la creación de microcredenciales reconocidas institucionalmente.

También ayudaría ampliar la oferta de asignaturas impartidas en inglés a lo largo de todo el itinerario formativo del grado universitario, de manera progresiva y coherente con los contenidos de cada curso. Favorecer el contacto con estudiantes internacionales e incorporar esta lengua en actividades extracurriculares –como conferencias, clubes de debate o talleres temáticos– son otras estrategias para mejorar el nivel y exposición al inglés de los universitarios. Asimismo, resulta útil impulsar programas de mentoría con estudiantes de cursos superiores y desarrollar materiales docentes bilingües que faciliten la inmersión lingüística del estudiantado, especialmente en aquellos grados con una clara orientación internacional.

Nivel de competencias, acreditación oficial y experiencias previas son las tres cuestiones fundamentales para superar la resistencia estudiantil a matricularse en asignaturas en inglés. Teniendo en cuenta lo importante que es mejorar el nivel de este idioma para el futuro de los estudiantes, es fundamental tomar medidas para cerrar esa brecha entre la formación universitaria y las exigencias del mercado laboral.

The Conversation

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ref. ¿Pueden hacer más las universidades para mejorar el nivel de inglés de los estudiantes? – https://theconversation.com/pueden-hacer-mas-las-universidades-para-mejorar-el-nivel-de-ingles-de-los-estudiantes-266420

Baja menstrual: el estigma y la incertidumbre hacen que estas medidas se utilicen poco en todo el mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia de la Iglesia Aza, Professor of Labour Law and Social Security, Universidade de Santiago de Compostela

Antonio Guillem/Shutterstock

Los síntomas menstruales pueden afectar gravemente a la vida laboral de una persona. Para combatir esto, ha surgido la idea de la baja menstrual. Esta medida legal permite a las trabajadoras tomarse un tiempo libre cuando los síntomas de la menstruación son demasiado difíciles de manejar en el trabajo.

Se enmarca dentro de la salud menstrual, un concepto relativamente nuevo y amplio que considera la menstruación no solo como un proceso biológico, sino también como una cuestión que afecta a la vida cotidiana, el bienestar y los derechos fundamentales de las personas.

Varios países cuentan con políticas de baja menstrual, pero las abordan de diferentes maneras. En la Unión Europea (UE), la mayoría de los países han hecho muy poco al respecto: en 2026, España es el único Estado miembro de la UE que cuenta con una normativa específica sobre la baja menstrual, introducida en 2023.

Japón fue el primer país en introducir la baja menstrual en 1947. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas mujeres se enfrentaban a duras condiciones de trabajo. Los baños inadecuados y la falta de productos sanitarios hacían imposible trabajar durante la menstruación, y la solución fue el derecho al seirikyuuka o “permiso fisiológico”, que reconoce la menstruación como una condición natural que los empleadores deben tener en cuenta.

Sin embargo, la legislación japonesa, al igual que sus homólogas más modernas, es deficiente. No especifica cuántos días se pueden tomar, no se garantiza el salario y los empleadores deciden si la baja es remunerada o no. En 2020, solo alrededor del 30 % de las empresas ofrecían el salario completo o parcial. En la práctica, menos del 1 % de las mujeres lo utilizan, y las que lo hacen a menudo se enfrentan a discriminación o acoso.

Estas dificultades son un tema recurrente en la aplicación de políticas similares en todo el mundo.




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La baja menstrual en todo el mundo

Más recientemente, otros países y regiones han introducido políticas de baja menstrual: Indonesia, Corea del Sur, Zambia, México, Taiwán, tres provincias chinas (Hubei, Shanxi y Ningxia), una provincia argentina (Federación) y dos provincias indias (Karnataka y Bihar) .

La Ley de Igualdad de Género en el Trabajo de Taiwán de 2002 estableció un día libre al mes para las mujeres, pero solo hasta un máximo de tres días al año. Estos días no se deducen de la baja por enfermedad, pero solo si se mantienen dentro de ese límite. Las mujeres reciben solo el 50 % de su salario durante la baja menstrual, lo que refleja las normas de la baja por enfermedad.

Indonesia introdujo el permiso menstrual en 2003, permitiendo hasta dos días de descanso remunerado al mes. La ley exige que las empleadas lo notifiquen con antelación a su empleador, y los acuerdos específicos (permiso a tiempo parcial, días consecutivos o discontinuos) se dejan a criterio de las partes implicadas.

Corea del Sur siguió su ejemplo con su propia normativa en 2007, concediendo a las mujeres un día de permiso no remunerado al mes. Los empleadores están legalmente obligados a respetar este derecho, y el incumplimiento de esta obligación puede dar lugar a multas elevadas.

Tanto Taiwán como Corea del Sur se enfrentan a retos similares, ya que muchos empleadores no aplican correctamente la normativa, se niegan a conceder la baja prometida o exigen pruebas intrusivas a las empleadas, lo que socava su dignidad en el proceso.




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En 2014, el municipio de Federación, en Argentina, introdujo una política que concedía a sus empleadas públicas un día libre remunerado al mes si no podían trabajar debido a su menstruación. A nivel local, esta iniciativa se conoció como el “día femenino”.

En Zambia, la baja menstrual se estableció en 2015, y las mujeres tienen derecho a un día libre al mes, sin necesidad de presentar un certificado médico ni siquiera de avisar previamente a su empleador. Esta política se conoce como “Día de la Madre”, lo que refleja el énfasis cultural en el papel que se atribuye a la mujer en la sociedad.

En el Estado de México, a las empleadas públicas se les ha concedido un permiso por dismenorrea (dolor menstrual) como política enmarcada en la defensa de los derechos laborales. Curiosamente, la política de México no se limita únicamente a la menstruación. Identifica tres grupos principales de beneficiarios: mujeres que sufren dismenorrea grave, mujeres en la mediana edad que padecen síntomas de la menopausia o la fase climáctica, y hombres en la mediana edad que sufren molestias relacionadas con la andropausia.

La normativa mexicana se describe mejor como baja fisiológica que como baja estrictamente menstrual, ya que amplía el apoyo a los trabajadores en diferentes etapas de la vida que tienen implicaciones para la salud.

La baja menstrual en España

La normativa sobre la baja menstrual en España entró en vigor el 1 de junio de 2023, tras un proyecto de ley presentado por el Gobierno de coalición del Partido Socialista y Podemos, su socio de izquierdas. La medida no fue aceptada de forma unánime: se aprobó con 185 votos a favor, 154 en contra y 3 abstenciones.

Desde el principio, la propuesta suscitó un acalorado debate. Su carácter innovador y ambicioso suscitó fuertes críticas por parte de varios partidos políticos, en particular del Partido Popular (PP), quien advirtió que la ley podría conducir a la marginación, la estigmatización e incluso a consecuencias negativas en el mercado laboral para las mujeres.

Sin embargo, la aprobación de la ley fue aclamada por grupos feministas y organizaciones de derechos laborales como un hito histórico. Para ellos, la baja menstrual representa un reconocimiento largamente esperado de las necesidades de las mujeres y un paso hacia una mayor igualdad en el empleo.

La ley introduce nuevos derechos para las mujeres en el marco de la Seguridad Social española, reflejando lo que algunos estudiosos han descrito como el “derecho a trabajar sin dolor”. Crea una nueva situación de incapacidad temporal relacionada con afecciones menstruales incapacitantes. Esto incluye la dismenorrea secundaria y afecciones relacionadas, como la endometriosis, los fibromas, la enfermedad inflamatoria pélvica, la adenomiosis, los pólipos endometriales, el síndrome de ovario poliquístico o cualquier dificultad en el flujo menstrual.

En estos casos, la Seguridad Social cubre la prestación desde el primer día de baja. Esto difiere de la baja por enfermedad general, en la que los pagos solo comienzan a partir del cuarto día. Además, las mujeres no necesitan haber cotizado previamente a la Seguridad Social para acceder a esta protección.




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Un sistema infrautilizado

El proyecto de ley original estimaba que alrededor del 1 % de los seis millones de mujeres de entre 16 y 50 años en España, aproximadamente 60 000 trabajadoras, podrían sufrir síntomas menstruales incapacitantes.

Según las propias cifras del Ministerio, entre el 1 de junio de 2023 y el 3 de febrero de 2025 solo 2 668 mujeres hicieron uso de la prestación, con una duración media de tres días por baja. Esta cifra es muy inferior a la estimación original, lo que significa que no se está utilizando tanto como debería.

Dada su reciente introducción y el reducido número de beneficiarias, aún no hay pruebas de que la baja menstrual haya tenido un impacto negativo en el empleo de las mujeres en España.

El problema de la baja menstrual

La menstruación se suele tratar como algo vergonzoso o incómodo. Este estigma dificulta que las mujeres expresen sus necesidades en el trabajo, lo que significa que gestionar la menstruación se convierte en una lucha privada, no reconocida en el lugar de trabajo.

El permiso menstrual es solo una posible solución a este problema. Otras políticas, como horarios flexibles, áreas de descanso bien equipadas, etc., también podrían ser muy beneficiosas.

La cuestión clave es si el permiso menstrual mejora realmente el bienestar de quienes lo necesitan o si, sin quererlo, refuerza la discriminación, los estereotipos negativos y el resentimiento hacia las empleadas que lo utilizan. El debate sigue abierto y subraya la importancia de diseñar leyes laborales que reconozcan las circunstancias biológicas de las trabajadoras.

Pero una cosa está clara: abordar la salud menstrual en el trabajo es de vital importancia. El punto de partida es reconocer que cada mes, alrededor de 2 000 millones de personas en todo el mundo experimentan la menstruación. Necesitan prácticas laborales justas y solidarias.

The Conversation

Lidia de la Iglesia Aza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Baja menstrual: el estigma y la incertidumbre hacen que estas medidas se utilicen poco en todo el mundo – https://theconversation.com/baja-menstrual-el-estigma-y-la-incertidumbre-hacen-que-estas-medidas-se-utilicen-poco-en-todo-el-mundo-274653

How to cut harmful emissions from ditches and canals – new research

Source: The Conversation – UK – By Teresa Silverthorn, Postdoctoral Research Associate, University of Liverpool

Thijs de Graaf/Shutterstock

Ditches and canals are the underdog of the freshwater world. These human-made waterways are often forgotten, devalued and perceived negatively – think “dull as ditchwater”. But these unsung heroes have a hidden potential for climate change mitigation, if they’re managed correctly.

We know that ditches and canals have a large global extent, covering at least 5.3 million hectares — about 22% of the UK’s total land area. However, no one has yet mapped all global ditch and canal networks robustly, so it’s potentially more.

These waterways are also hotspots of greenhouse gas emissions, which contribute to climate change. We have previously calculated that ditches emit 333 teragrams of carbon dioxide equivalents (a common unit to express the climate impact of all greenhouse gases), which is nearly comparable to the UK’s total greenhouse gas emissions in 2023.

Ditches often contain stagnant waters and are commonly found running through farmland or cities, where they receive high amounts of nutrients from fertilisers, manure and stormwater run-off. This creates the low-oxygen, high-nutrient conditions that are ideal for the production of potent greenhouse gases methane and nitrous oxide – both of which warm the atmosphere considerably more than CO₂.




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However, ditches and their surrounding landscape can be managed (by farmers and landowners, for example) in ways that reduce nutrient inputs and therefore lower their greenhouse gas emissions. This makes them an untapped solution for reducing the effects of climate change.

Many nature restoration solutions focus on storing atmospheric carbon – by planting trees or mangroves, for example. But there are also immediate wins to be made simply by reducing greenhouse gas emissions. The importance of methane reduction has now been recognised by more than 160 countries, all of which signed the global methane pledge to cut human-caused methane emissions by at least 30% from 2020 levels by the end of the decade.

Our new study outlines the steps needed to reduce emissions from global ditches and canals. First, we need to better understand these systems by mapping their global extent. We also need to collect more measurements of greenhouse gas emissions from underrepresented regions like South America and Africa. Emissions from irrigation ditches in these understudied places could be large.

We also need to improve our understanding of how the potent greenhouse gas methane escapes the sediments in bubbles. This involves using sensors that monitor methane concentrations continuously, in order to capture “hot moments” when weather or human activity (such as fertiliser use on farmland) cause sudden pulses of emissions.

All of these strategies will improve estimates of global greenhouse gas emissions from ditches. From that new baseline, any progress in reducing emissions can be more accurately measured.

New directions for ditches

There are several ways to reduce greenhouse gas emissions from ditches and canals. These include reducing fertiliser application rates on farmland, excluding livestock from areas beside ditches to reduce the amount of manure that ends up in waterways (which has already been shown to be effective for ponds), and managing pollution sources like wastewater treatment plants.

In the Netherlands, researchers have tested the effects of dredging agricultural ditches to remove the nutrient- and organic matter-rich sediments that release greenhouse gases.

They found that dredging resulted in a 35% decline in ditch emissions after one year. However, this method isn’t perfect, as the emissions from the removed sediments still need to be accounted for at a later stage, and dredging disturbs aquatic habitats and organisms.

Planting vegetation alongside ditches helps intercept nutrients and sediments before they reach the ditch. This vegetation also provides shading, which reduces water temperature and rates of greenhouse gas emissions. A study across Denmark, Great Britain and Sweden found that riverside vegetation helped to considerably reduce nutrient inputs to rivers and streams, and improved habitats for stream organisms like bugs and frogs.

Introducing floating vegetation can also trap methane and create the conditions for its removal before it is released into the atmosphere. Current trials in the UK are looking at introducing Sphagnum moss to peatland ditches. Once a floating mat of this moss has been established, it can trap bubbles of methane in an oxygen-rich environment created by the photosynthesising moss.

When methane and oxygen are present together, methane-eating bacteria can convert methane to carbon dioxide, which has a much lower impact on the climate. Initial results showed a decrease in methane of approximately 40% when Sphagnum was present.

Some of these techniques might be too expensive to scale, and many are still at the early stages of research into their use in ditches. Nevertheless, ditches and canals can in future be climate heroes – we just need to give them the chance by managing them in smart and sustainable ways.


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Teresa Silverthorn has received funding for ditch research from from Defra, the Environment Agency, and EPSRC (UK research councils).

Jonathan Ritson has receive funding from the GGR-Peat project (UKRI funding, BB/V011561/1).

Mike Peacock has received funding for ditch research from Defra, the Environment Agency, NERC and EPSRC (UK research councils), and Formas and VR (Swedish research councils).

ref. How to cut harmful emissions from ditches and canals – new research – https://theconversation.com/how-to-cut-harmful-emissions-from-ditches-and-canals-new-research-273251

Small improvements in sleep, physical activity and diet are linked with a longer life

Source: The Conversation – UK – By Eef Hogervorst, Professor of Biological Psychology, Loughborough University

CandyRetriever/Shutterstock

We may not need to completely overhaul our lives to live healthier for longer, according to a large UK-based study. This is welcome news, particularly as many people will already have abandoned their New Year’s resolutions.

The recent study followed around 590,000 people in the UK, with an average age of 64, over an eight-year period. The researchers confirmed earlier findings that healthier lifestyles are associated with lower risk of disease, including dementia, and with living longer in good health and independence.

The authors reported that even very small changes were associated with such benefits. These included around five additional minutes of sleep per night, two extra minutes per day of moderate to vigorous physical activity, and modest improvements in diet. Together, these changes were associated with roughly one additional year of healthy life. “Healthy life” here refers to years lived without major illness or disability that limits daily functioning.

More substantial changes were linked to larger gains. Almost half an hour of extra sleep per night, combined with four additional minutes of exercise per day, which adds up to nearly half an hour of extra activity per week, along with further dietary improvements, was associated with up to four additional healthy years of life.

This matters because, although women live longer on average than men, those extra years are often spent in poorer health, with significant personal and economic costs. Women face a higher risk of dementia, stroke and heart disease at older ages, as well as conditions that lead to vision loss and bone fractures. These illnesses can reduce quality of life and threaten independence.




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Lifestyle change may also reduce the risk of early death. The same lifestyle factors examined in this cohort were analysed last year in a separate study, which focused on mortality (the risk of dying).

In that analysis, people who followed healthier lifestyle patterns over an eight-year period had a 10% lower risk of death in that period. The combination of 15 extra minutes of sleep per night, two additional minutes of moderate to vigorous physical activity per day and a healthy diet was linked to a modest reduction in the risk of dying. A much larger reduction of 64% was seen among people who slept between seven and eight hours per night, ate a healthy diet and engaged in between 42 and 103 additional minutes of moderate to vigorous physical activity per week. Importantly, this benefit was only seen when these behaviours occurred together. Diet alone had no measurable effect, for instance.

Strengths and limitations

One of the key strengths of these studies is that they show health benefits at very low thresholds of behaviour change. This reduces the likelihood that the results are driven only by people who are already healthier or more motivated, and makes the findings more applicable to older adults and those with limited capacity to change their routines.

Another strength is the use of objective measurements rather than self-reported data. Physical activity and sleep were measured using wearable devices, rather than relying on participants to estimate their own behaviour. Self-reporting can be unreliable, particularly for people with memory problems, such as those in the early stages of dementia.

However, there are important limitations. The objective measurements were only collected for three to seven days, which may not reflect people’s long-term habits. From personal experience, wearing activity trackers can lead people to exercise more while they are being monitored, but these changes are often short-lived.

In addition, wrist-worn accelerometers estimate sleep and activity based on movement. During deep sleep, people move very little, but lack of movement does not always mean someone is asleep. These devices may therefore not fully capture true sleep patterns or physical activity levels. Other methods, such as thigh-mounted sensors or mattress-based sensors that detect movement during sleep, may provide more accurate assessments.

Despite these issues, objective measurements are generally more reliable than self-report. Still, because behaviour was only measured once, it is unclear whether actual changes in behaviour over time influenced health outcomes. It is also not clear whether the recorded activity reflected leisure-time exercise or physical activity at work, which can have different effects on health.

Dietary information presents another challenge. Diet was self-reported and collected three to nine years before collection of sleep and activity data. Diets often change over time, particularly after diagnoses such as cardiovascular disease, where people may be advised to reduce their cholesterol intake, or in conditions such as dementia, where people may forget to eat. As a result, it is difficult to know whether diet influenced disease risk, or whether emerging disease altered diet, eventually contributing to poor health and earlier death.




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There are also broader social factors to consider. Healthy behaviours tend to cluster together and are strongly linked to education and financial security. For example, smoking and having overweight and obesity are closely associated with deprivation and poverty.

Participants in the UK Biobank, a large long-term health research project that collects genetic, lifestyle and health data from hundreds of thousands of UK adults, are generally healthier than the average UK population.

Health research often attracts people who are healthier, better educated and more financially secure. This may reflect both interest in research and having the time and resources to take part in such studies.

Wealth also shapes exposure to risk. People with higher incomes are less likely to live in areas with high levels of pollution and are more likely to have control over their working conditions and finances. Financial stress can affect sleep quality, leading to fatigue and reducing the likelihood of exercising, shopping for fresh food, or preparing healthy meals. Over a lifetime, these factors contribute to poorer health and earlier death.

Although researchers attempted to account for these influences using statistical methods, these are deeply interconnected and difficult to separate. The widening health-wealth gap, with many people now living in severe poverty, highlights the limits of personal responsibility. These structural issues require action from policymakers, rather than placing the burden solely on people who may have very little control over the conditions that shape their health.

The Conversation

Eef Hogervorst has received funding from several governmental and charity foundations for her research into lifestyle and health including currently the ISPF and Alzheimer’s Research UK. She is affiliated with Loughborough university and has recently acted as dementia expert for NICE and the BBC. In the past she has acted as consultant on diet and dementia risk for Proctor

ref. Small improvements in sleep, physical activity and diet are linked with a longer life – https://theconversation.com/small-improvements-in-sleep-physical-activity-and-diet-are-linked-with-a-longer-life-273502

Why hospitality skills can help all businesses adapt to the AI revolution

Source: The Conversation – UK – By Alisha Ali, Associate Professor, Department of Service Sector Management, Sheffield Hallam University

Drazen Zigic/Shutterstock

The future of work is being rewritten by artificial intelligence (AI) – but technology competence alone will not be enough to empower the workforce of the future. While AI has massive potential to improve efficiency, accuracy and productivity in the workplace, it’s less clear how it will evolve to foster the person-centred concerns that all businesses face.

The human-centred skills found in the hospitality sector (empathy, creativity, adaptability, kindness, resilience and cultural intelligence) have been shown to be strategic assets in AI deployment in the workplace – things like chatbots or virtual assistants. They also remain the hardest skills to replicate in and by AI.

These qualities are not just soft skills – they should be at the heart of all customer service businesses. They enable employees to turn routine interactions into memorable experiences through emotional connection and the anticipation of customers’ needs. For now at least, AI is ill-equipped to manage this.

These hospitality skills matter for all businesses – not just those in the sector. In a world of evolving AI, they can help organisations ensure that the human touch is not lost. And investing in these skills can also drive profitability.

The UK hospitality sector leads the Social Productivity Index, a metric that measures the broader social value of industries beyond just how much revenue they make. Hospitality is the third-largest employer in the UK and the top employer of under-25s, part-time workers and minority groups. It also contributes £93 billion to the UK economy annually, accounting for 3% of GDP.

As such, investing in hospitality skills is critical to driving economic growth and building more resilient, people-centred workplaces. These skills are essential for things like creating a welcoming environment or navigating complex and changing business demands. There is a need for all businesses to prioritise these skills alongside their use of AI.

ai chatbot conversation on a phone screen
Efficient… but impersonal.
Tero Vesalainen/Shutterstock

By 2030, industries such as banking, healthcare and retail are expected to rely heavily on agentic AI (those systems that can solve complex problems in real time) to interact with customers. These industries lean heavily on efficiency, compliance and product knowledge – which are important – but they leave little room for genuine emotional engagement.

Many businesses are using chatbots and virtual concierges to resolve customers’ problems. Hospitality skills can help to determine which customer concerns can be dealt with by AI and which need to have the human touch. Similarly, AI can manage staff and rotas, but it cannot judge uncertainty or consider the impact of decisions on staff.

Hospitality comes into its own in terms of personalisation and cultural sensitivity. These skills are not just add-ons; rather they are the glue that holds great customer experiences together. Multilingual greetings, tailoring menus to cultural norms, spotting unspoken needs and other small touches all build loyalty.

Good hospitality professionals do not just serve, they anticipate, adapt and make people feel seen. Emotional intelligence and emotional labour are embedded into hospitality roles, with staff trained to manage emotions and respond with empathy.

The ‘what’ and the ‘why’ of business

In an era where technology handles the “what”, hospitality skills can deliver the “why” – that is, the meaning behind the interaction. And when transferred to sectors that also rely heavily on these strengths, such as healthcare, hospitality skills can provide great opportunities for career change or progression.

We suggest three ways organisations can embrace hospitality skills alongside AI to future-proof their talent pool.

First, staff training should be designed to combine both AI knowledge and the deep connectivity of hospitality skills. This training should encompass how businesses expect staff to engage with AI, as well as how hospitality skills can be fused to support and enhance their customers’ experience.

While AI can process data and do transactions, it cannot truly care, comfort or create trust. These are crucial measures in ensuring that the human element does not fade into the background.

Second, by investing in hospitality skills, businesses can concentrate more effectively on the customer journey and improve the efficiency of their service. For example, while AI can provide prompts on what to say, it cannot offer genuine comfort to a dissatisfied customer. Hospitality skills are essential to deliver those messages effectively and with care.

These skills help businesses to understand customer management, flow and touchpoints (points of interaction). This in turn strengthens the connection between AI and the customer experience as they interact to deliver a warm welcome.

Third, in developing AI for business use, hospitality skills will become core to the training process in order to improve the customer experience. This kind of hospitality training can transform business services from being standardised and short-termist to those that focus on building a lasting relationship with the customer.

For example, using banking apps, customers receive automatic suggestions on loans, mortgage updates or new accounts. But it is the staff’s hospitality skills that ensure these recommendations are presented with warmth and a genuine understanding of customers’ needs. This delivers experiences using AI but also conveys personalised customer service.

Businesses that engage with hospitality skills will not only navigate the AI revolution, but lead it. By combining AI-driven efficiency with the kind of skills that encourage genuine human connection, they can deliver streamlined services while making customers feel valued. In other words, technology can enhance, not replace, the human touch.

The Conversation

Alisha Ali is affiliated with the Council for Hospitality Management Education (CHME).

Lisa Wyld is affiliated with the Council for Hospitality Management Education (CHME).

Maria Gebbels is affiliated with the Council for Hospitality Management Education (CHME).

ref. Why hospitality skills can help all businesses adapt to the AI revolution – https://theconversation.com/why-hospitality-skills-can-help-all-businesses-adapt-to-the-ai-revolution-272541

Why keeping quiet about the family feud gave Brand Beckham a commercial boost

Source: The Conversation – UK – By Ashleigh Logan-McFarlane, Lecturer in Marketing, Edinburgh Napier University

The ease and global reach of social media posts make them a fitting way to divulge secrets about a commercial dynasty – particularly when your parents are David and Victoria Beckham. In the days after Brooklyn Beckham took to Instagram to say he had cut ties with his A-list family, reactions from the world’s social media users took on a life of their own.

The Beckhams’ PR machine was largely silent on the matter, despite the size of the business empire. If sold, Brand Beckham’s combined businesses are worth an estimated £500 million. In 2024, David Beckham’s DRJB holdings (with business interests in media, marketing, endorsement deals and spirits) declared a US$92 million turnover, with Victoria Beckham Holdings family and beauty brands amassing close to £113 million.

Victoria also owns the trademarks to Brooklyn Peltz Beckham’s name and brand. This means that other businesses cannot use it to market goods or services. And it is alleged that a prenuptial agreement was signed before Brooklyn’s wedding to Nicola Peltz, whose family is worth around US$1.3 billion.

On January 19, Brooklyn shared the lengthy statement on Instagram that confirmed rumours of an ongoing feud with his parents. Among his reasons was the claim that his family values self-promotion and endorsements “above all else”. “Brand Beckham comes first,” he went on.

Brooklyn’s public airing of this private family conflict, combined with David and Victoria’s decision not to respond to his criticisms, fuelled a surge of creative social media content.

Filling a PR vacuum

My own research on how passionate social media users reshaped the narrative during a royal PR crisis can help to explain this. The so-called #KateGate furore blew up after a family photo of the Princess of Wales and her children released for Mother’s Day 2024 had to be withdrawn when it emerged it had been doctored.

While research into public relations typically focuses on how brands can manage crises and address reputational threats, my study found that social media users add a different dimension to a PR crisis. When official PR machines stay silent, as the royals did, social media users start using their posts to co-create their own story about the brand or institution in real time.

This means that crisis narratives aren’t owned by the PR team. As such, brands need to consider how social media users remix, parody and challenge PR using humour and references to news and popular culture. The silent approach is not always effective, and did not work for the royal communications team. It missed opportunities to pick up on and engage with these playful disruptions before they were “formalised” in the press.

Social media users filled the communications void with resurfaced clips that appear to show how frosty the relationship had become.

But the Beckhams have fared better. In response to Brooklyn’s claim that Victoria “hijacked” the first dance at his wedding, people created memes with their own take on how this played out. Some attracted millions of views, with one featuring a clip of Victoria’s 2001 song Not Such an Innocent Girl even getting a “like” from Brooklyn’s brother Cruz.

Regardless of whether these memes mock or support Brooklyn or Brand Beckham, social media users put energy and passion into creating them. David and Victoria did not rush to address Brooklyn’s points or try to put their own case across. Instead, social media users catapulted their creative content to fill the silence with humour and speculation.

At its essence, this is really a family tragedy playing out on a global stage. But it appears it is business as usual for Brand Beckham. If anything, the feud seems to have attracted more attention to other aspects of the family’s lives and businesses. David attended the World Economic Forum in Davos alongside the chief executive of Bank of America. He also continues to post Instagram endorsement deals with brands such as Adidas and Boss clothing, reportedly for £300,000 a time.

Meanwhile sales and streams of Victoria’s single Not Such an Innocent Girl rose by 19,615% in a week, securing the former Spice Girl her first solo UK number one. Both David and Victoria also have documentaries, made by their own production company, streaming on Netflix.

And although it would have been arranged before the rift went public, there was heightened media interest when Victoria received the prestigious Knight of the Order of Arts and Letters from the French culture ministry in Paris surrounded by her other children.

In the age of social media, not all celebrity brands can afford to sit out a PR crisis and allow the posts to act for them. Smaller or lesser-known brands have more freedom to show a sense of humour and engage with the memes, comments and ridicule. But for the Beckhams, silence as a strategy seems to have worked this time.

The Conversation

Ashleigh Logan-McFarlane receives funding from Economic Social Research Council.

ref. Why keeping quiet about the family feud gave Brand Beckham a commercial boost – https://theconversation.com/why-keeping-quiet-about-the-family-feud-gave-brand-beckham-a-commercial-boost-274483

Cómo la inteligencia artificial está transformando los videojuegos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Fernández Rafael, Investigador Predoctoral en Ocio, Cultura y Comunicación, Universidad de Deusto

Una imagen del juego _Retail Mage_. Jam and Tea Studio

Imagine entrar en su videojuego favorito y que cada personaje no jugable (NPC) le ofrezca una conversación única e improvisada a su medida. O que el juego ajuste la dificultad en tiempo real según detecte su frustración, calma o modo de jugar.

Escenarios así están dejando de ser ciencia ficción: gracias a los avances tecnológicos, la forma en la que jugamos se está transformando radicalmente. Casi uno de cada cinco juegos nuevos publicados en la plataforma Steam durante 2025 utiliza ya alguna forma de IA generativa.

De NPC predecibles a personajes que improvisan

La IA en videojuegos ha existido durante décadas para controlar el comportamiento de enemigos o aliados, pero seguía guiones rígidos o programas muy definidos. Ahora, con modelos generativos de lenguaje –similares a ChatGPT– los personajes no jugables pueden hablar e interactuar de forma mucho más libre y natural.

Un ejemplo reciente es Retail Mage (2024), un videojuego de rol (RPG) en el que se atiende una tienda mágica cuyos clientes son NPC impulsados por IA generativa. En lugar de limitarse a frases predefinidas, el jugador puede teclear cualquier consulta o respuesta y el personaje no jugable improvisa un diálogo coherente en tiempo real. Esto permite conversaciones insospechadas y situaciones cómicas o creativas: los desarrolladores reportan que las posibilidades y la experiencia se multiplican al no haber “líneas de diálogo” agotables o que puedan repetirse fácilmente.

Otro caso es Mecha BREAK (2025), un videojuego de disparos multijugador (shooter). En la gran feria del videojuego europea, la Gamescom de 2024, se mostró una versión piloto con un personaje no jugable que hablaba e interactuaba gracias a la IA. El jugador podía preguntarle libremente sobre la próxima misión y este respondía con consejos tácticos generados en ese mismo momento.

Mundos creados sobre la marcha

La IA generativa no solo da voz improvisada a personajes, también puede inventar historias, misiones y mundos enteros conforme jugamos.

AI Roguelite (2023) es un caso llamativo: se presenta como “el primer videojuego de rol de texto en el que la inteligencia artificial determina al 100 % cada ubicación, enemigo, objeto y mecánica”. En cada partida, el juego genera descripciones, escenarios, eventos e incluso imágenes y música diferentes usando modelos de IA. Los jugadores destacan la flexibilidad casi infinita de este enfoque: es posible vivir desde la épica clásica de caballeros contra dragones hasta disparatadas aventuras surrealistas, todo dependiendo de las entradas del usuario y la creatividad del modelo.

También hay proyectos híbridos que combinan contenido artesanal con generación por IA. Por ejemplo, Nyric permite crear mundos sandbox en 3D (entornos virtuales en los que el jugador tiene libertad para explorar, construir y modificar sin una línea argumental predefinida) a partir de simples descripciones de texto, usando la IA para rellenarlos y adaptarlos sobre la marcha. Imagine escribir “un bosque encantado bajo una noche estrellada” y ver cómo el juego construye un paisaje inmersivo que puede explorar.

Del mismo modo, inZOI utiliza IA para generar texturas y objetos únicos según indicaciones del usuario, y emplea pequeños modelos de lenguaje integrados para dotar de mayor “profundidad psicológica” a sus personajes no jugables. Es decir, estos no solo tienen diálogos diferentes en cada partida, sino que “piensan” y actúan con cierta autonomía simulando motivaciones más complejas.

Estos ejemplos muestran cómo la IA puede servir de director creativo auxiliar, produciendo narrativas y contenido que antes requerían mucho trabajo manual. Algunos estudios en 2016 ya auguraban esta posibilidad, señalando que los juegos con adaptación basada en el afecto podían modificar sus características “de forma dinámica para mejorar la inmersión y el desafío del jugador”. Ahora, con las herramientas generativas modernas, esa adaptabilidad se extiende a la creación de tramas y escenarios enteros en tiempo real.

Juegos que sienten

Otra faceta revolucionaria es la IA afectiva, aquella que mide y responde a las emociones del jugador. La premisa es sencilla: si jugar es una experiencia emocional, ¿por qué no hacer que el juego reaccione a cómo nos sentimos?

Un pionero en este campo ha sido Nevermind (2015), un juego de terror psicológico que utiliza biofeedback. Mediante un sensor de frecuencia cardíaca o la cámara, el sistema detecta el estrés y el miedo del jugador. Si nota que está demasiado tranquilo, incrementa la dificultad y los sustos para inducirle presión, y si detecta pánico puede aliviar la intensidad. En otras palabras, el juego nos observa y adapta la experiencia para mantenernos en esa franja óptima entre el aburrimiento y la ansiedad conocida como flow.

Imagen de un árbol desnudo en medio de dos edificios que se doblan hacia él.
Captura de pantalla del juego Nevermind.
Nevermind/Flying Mollusk

Imaginemos títulos futuros que integren un lazo afectivo completo y logren involucrar emocionalmente al usuario. Por ejemplo, juegos de terror que calibren dinámicamente su atmósfera según nuestro miedo real, o aventuras narrativas que cambien la música, los diálogos o incluso el desenlace según detecten tristeza, frustración o euforia en el jugador.

Investigaciones recientes han demostrado que esto es viable. Así, se ha logrado clasificar el nivel de experiencia y compromiso de un jugador midiendo sus ondas cerebrales (EEG) con algoritmos de machine learning.

El jugador en el centro: dificultad y experiencias a medida

Más allá de las emociones, la IA está permitiendo adaptar juegos a las preferencias y estilo de cada jugador de formas inéditas. Durante años hemos visto sistemas básicos de ajuste de dificultad: desde elegir modo fácil/difícil hasta el “AI Director” de Left 4 Dead que modulaba la intensidad de los enemigos según nuestro desempeño.

La nueva generación de IA lleva esto mucho más lejos. Por ejemplo, MIR5, un videojuego de rol de acción de próximo lanzamiento, anunció que contará con “jefes finales” controlados por IA. Los jefes finales son los enemigos principales de un nivel o de la propia narrativa del juego. Estos personajes están diseñados para suponer un gran reto y suelen marcar momentos clave de la historia. En este caso, y gracias a la IA, aprenderán y se adaptarán a las tácticas del jugador, de forma que cada enfrentamiento sea personalizado y siempre constituya un desafío.

La personalización de contenidos es otra área en crecimiento. Si un jugador tiende a explorar mucho y hablar con todos los personajes, la IA podría detectar ese patrón y generarle más misiones narrativas; si otro prefiere la acción rápida, el juego podría ofrecerle combates adicionales u omitir diálogos extensos. De cierta manera, se podrá “perfilar” al jugador y presentar la versión de la historia más acorde a los gustos y comportamiento del usuario.

Diversos estudios académicos llevan tiempo trabajando en el modelado de los jugadores (player modeling) para identificar estas preferencias y estados óptimos de compromiso e interacción. La diferencia ahora es que el motor del juego podría reconfigurarse sobre la marcha gracias a la IA generativa.

Así, en el futuro se podrá ajustar a un modelo del jugador y no permanecer estático o enfocado en un número determinado de perfiles.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo la inteligencia artificial está transformando los videojuegos – https://theconversation.com/como-la-inteligencia-artificial-esta-transformando-los-videojuegos-266198

¿Contribuye tener mascota al bienestar emocional en la infancia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Llúcia González Safont, Investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red en Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y miembro de la Unidad Mixta de Investigación en Epidemiología, Ambiente y Salud FISABIO-Universitat Jaume I -Universitat de València, Fisabio

New Africa/Shutterstock

“¿Deberíamos tener un animal de compañía?, “¿va a beneficiar a la salud mental de nuestro hijo o nuestra hija?” Estas y otras preguntas son habituales en muchas familias, y de lo más pertinentes: más de la mitad de hogares españoles cuenta hoy con uno o más animales de compañía, de acuerdo con la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía.

Cuestión de apego

Se llama apego a los lazos emocionales que se crean entre un bebé y su figura cuidadora como parte de su desarrollo, aportando seguridad y consuelo. Este vínculo puede formarse en cierto grado también con los animales, que, según las evidencias, pueden ejercer efectos beneficiosos de diferentes formas:

Pero, más allá de estas virtudes, ¿cómo afecta realmente a la salud mental de los más pequeños la convivencia con animales en casa? Nos referimos de manera específica a la mayor o menor presencia de problemas categorizados como internalizantes (síntomas de depresión, ansiedad, somatización…) y externalizantes (los que se relacionan con la conducta y pueden incomodar al entorno del menor, como la agresividad o la ruptura de normas).

Estudio dentro del Proyecto INMA

Cohortes INMA incluídas en el análisis (cuadro rojo). Número de participantes (mujeres embarazadas) en el periodo del reclutamiento para el estudio.
Llúcia González, CC BY

Para averiguarlo, analizamos los datos que proporciona el Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente). Se trata de un estudio de cohortes, o sea, un seguimiento periódico de los participantes –en este caso, desde el embarazo hasta los 6-7 años– a través de cuestionarios, mediciones ambientales y pruebas clínicas.

Gráfico descriptivo de animales en las familias.

Concretamente, nuestro trabajo incluía unas 1 900 familias de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell (Barcelona) y Valencia. De ellas, el 52,3 % tenía o tuvo uno o más animales de compañía; un 19,1 % convivió con perros; un 8,7 %, con gatos; un 14,8 %, con pájaros; y un 28,6 %, con otros animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces.

Cuando evaluamos la relación entre la presencia de animales y la salud mental, observamos que los niños y las niñas que nunca habían tenido mascota manifestaban las puntuaciones más positivas. Según algunas tendencias, aunque no pueden considerarse significativas, quienes siempre convivieron con alguna mostraban resultados ligeramente más negativos. Por su parte, quienes solo habían tenido animales puntualmente presentaban riesgos más altos de experimentar problemas. No obstante, hay que aclarar que este patrón solo fue significativo para el caso de los gatos.

Relación entre tenencia de mascotas y salud mental infantil.

Para considerar otros factores que podrían estar influyendo en esta relación, realizamos análisis múltiples que nos permitieron ajustar los resultados en función de la clase social, el sexo, la edad o la cohorte, entre otros. Así pudimos observar que no había diferencias entre quienes nunca habían convivido con animales y quienes los habían tenido siempre o solo puntualmente. Esto se aplicaba a la variable que estudiaba cualquier tipo de mascota, así como las específicas que evaluaban la relación con perros y pájaros.

Lo más curioso es que tener un gato a los 4-5 años edad sí se podía asociar con más problemas de salud mental, mientras que contar con otro tipo de animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces de forma consistente a lo largo de la primera infancia parecía ejercer un efecto protector en los niños y las niñas.

Explicaciones para estos hallazgos

En los primeros años de vida, los lazos afectivos pueden no estar totalmente formados. Por eso, es posible que la presencia de perros o pájaros no afecte mucho la salud mental. Además, otras variables no incluidas en nuestro estudio podrían haber influido en los resultados.

En el caso de los gatos, su forma de interactuar con las personas podría explicar los efectos observados. Son más independientes, lo que limita el vínculo emocional. Adicionalmente, puede influir que algunas familias que eligen este animal como mascota tengan hijos o hijas con necesidades emocionales.

Además, la toxoplasmosis es más común en gatos que en otros animales. Esta infección, provocada por el parásito Toxoplasma gondii y que puede transmitirse a humanos, se relaciona con problemas de comportamiento y está vinculado a trastornos mentales graves como el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Por último, tener peces, tortugas y hámsteres de manera constante sí parece proteger a los niños y niñas frente a problemas de salud mental. Estas mascotas no solo procuran un contacto estable y fácil, sino que también ayudan a aprender responsabilidad, empatía y autocontrol.

El impacto real de tener una mascota

En conclusión, nuestro estudio no asoció claramente la presencia de algunos animales de compañía, como perros y pájaros, con beneficios o perjuicios en la salud mental infantil. Esto podría deberse a que el trabajo está centrado en una exposición muy temprana del menor y, por tanto, se requerirían estudios centrados en edades más avanzadas.

Además, los menores que convivieron con animales como hámsteres, conejos, peces o tortugas de forma constante obtuvieron mejores resultados que los que solo las tuvieron de manera puntual. Esto sugiere que la continuidad del vínculo puede ser más beneficiosa que la exposición esporádica. Y aunque vivir con una mascota puede fomentar la responsabilidad, empatía y autorregulación emocional, su impacto real depende de factores como el tipo de vínculo, la edad y el estilo de crianza.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Contribuye tener mascota al bienestar emocional en la infancia? – https://theconversation.com/contribuye-tener-mascota-al-bienestar-emocional-en-la-infancia-266958

Los fondos de inversión españoles sostenibles y su huella de carbono

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel López García, Profesora Titular de Universidad, Departamento de Análisis Económico y Finanzas, Universidad de Castilla-La Mancha

Midnight Studio TH/Shutterstock

Las decisiones financieras que tomamos día a día tienen implicaciones en el cambio climático. Las acciones, los títulos de deuda pública o privada o los fondos en los que invertimos tienen asociados, cada uno, una huella de carbono distinta.

Esa huella se deriva de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por las actividades de las empresas. Cuando colocamos nuestro dinero en activos con una baja huella de carbono estamos financiando actividades menos perjudiciales para el cambio climático.

En 2017 se creó un grupo de trabajo para establecer qué métricas deben usar los bancos o las gestoras de fondos para medir la huella de carbono de sus carteras de préstamos o de inversión. Sin embargo, esto sólo se está aplicando de forma parcial y con carácter experimental.

¿Es un dato público y disponible?

En el caso de los fondos de inversión, ¿qué información tienen los inversores particulares comprometidos con el cambio climático para seleccionar unos u otros?

Los proveedores globales de información sobre fondos no ofrecen datos de manera gratuita sobre la huella de carbono que dejan. Por otra parte, existen ratings de sostenibilidad para este tipo de herramienta de inversión. Sin embargo, se basan en factores ASG, relativos al impacto de las empresas que forman parte de los fondos en los ámbitos medioambiental, social y de gobernanza, por lo que el enfoque es mucho más amplio que el de la huella de carbono. Además, los criterios de aplicación pueden estar sesgados o ser poco transparentes.

Un informe de Bloomberg mostró que, en 2020, MSCI, una compañía propiedad de Morgan Stanley que analiza la sostenibilidad de las empresas, elevó el rating de sostenibilidad de McDonald’s (a más sostenible) aunque sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) habían aumentado un 7 % en los cuatro años previos.

Calculando la huella de carbono

En España ha ido creciendo el porcentaje de hogares que invierten en fondos de inversión. En 2022 fue el 9,56 %, cuando 20 años atrás era el 6,85 %. Además, el peso de dichos fondos en la cartera de activos financieros de los hogares pasó del 9,4 % en 2002 al 12 % en 2022.

Pese a este crecimiento, tampoco las gestoras de fondos de inversión españolas publican la huella de carbono de los fondos que manejan. La información suministrada sólo permite conocer si promueven acciones a favor del medioambiente o del desarrollo social, o si tienen objetivos de inversión sostenible. De este modo, cumplen con los artículos 8 y 9 de la normativa europea en materia de divulgación de información relativa a la sostenibilidad.

Intentando paliar esta falta de información, hemos calculado la huella de carbono de 45 fondos de inversión que invierten en acciones de empresas cotizadas españolas. Para ello, utilizamos los datos sobre emisiones de GEI que proporcionan en sus memorias de sostenibilidad las empresas incluidas en los fondos. Siguiendo los criterios del Greenhouse Gas Protocol, el estándar internacional más utilizado para que organizaciones y gobiernos midan, gestionen y reporten sus emisiones de gases de efecto invernadero, consideramos emisiones directas (de alcance 1) e indirectas (de alcance 2 y 3).

Un ranking de fondos sostenibles

De este análisis obtuvimos que, por cada 1 000 euros invertidos en los fondos de inversión españoles, en 2022 se emitieron a la atmósfera, de media, 497 kilos de CO₂ equivalente (los gases de efecto invernadero distintos del CO₂, como metano, óxido nitroso o hidrofluorocarburos, son convertidos a su valor equivalente en CO₂). Este resultado es muy similar al que tendríamos si hubiéramos recorrido 3 075 kilómetros (casi como viajar de Madrid a Estocolmo) con un coche diésel que consumiera 6,5 litros cada 100 kilómetros (gastando 350 euros si el litro de diésel costara 1,5 €).

A partir de ahí podemos establecer un ranking de fondos de inversión, según su huella de carbono por euro invertido. Encontramos una gran variabilidad en los resultados. Los 5 fondos más sostenibles financian actividades que emiten a la atmósfera, de media, 281 kilos de CO₂ equivalente por cada mil euros de inversión. Mientras, los 5 fondos menos sostenibles emiten, de media, 842.

Así, los más contaminantes tienen un impacto hasta 5,8 veces mayor, en términos de huella de carbono, que los más sostenibles.

¿Cuáles son las empresas españolas que más contribuyen a la huella de carbono de los fondos de inversión? Por orden, son: Gestamp, Iberdrola, Acerinox, IAG y Repsol. Estas 5 forman parte de las 10 compañías (de 85 incluidas en los fondos de inversión) que generaron más emisiones de carbono en 2022.

La huella de carbono de Gestamp, Iberdrola y Acerinox se relaciona fundamentalmente con las emisiones indirectas de alcance 3 (por ejemplo, las asociadas con los metales que utilizan Gestamp o Acerinox como materia prima). Por su parte, las emisiones de carbono de IAG y Repsol son principalmente emisiones directas (de alcance 1), o sea, producidas directamente por el uso de combustibles fósiles, como el queroseno utilizado por IAG en sus aviones.

La figura de abajo ofrece una clasificación de los fondos en cuatro niveles de riesgo de carbono según las emisiones consideradas (alcance 1, 2 o 3 aguas arriba). Fondos de riesgo bajo (por debajo del percentil 25), riesgo medio-bajo (del percentil 25 al 50), riesgo medio-alto (del percentil 50 al 75) y riesgo alto (por encima del percentil 75). Al comparar las columnas 1 y 3, se observa que, de los 45 fondos de inversión, 19 cambian de color y que la identificación de la sostenibilidad de los fondos depende del tipo de emisiones consideradas. Se concluye que ignorar las emisiones de alcance 3 conduce a una identificación incorrecta de los fondos de riesgo bajo y medio-bajo, ya que son estos los que presentan un aumento más notable en sus emisiones.

En conclusión

Tanto los ciudadanos como los inversores profesionales requieren contar con información veraz y comprensible para la toma de decisiones de inversión. Establecer un sistema de medida de la calidad de la huella de carbono de las distintas alternativas de inversión, como Nutri-Score mide la calidad de los alimentos, facilitaría la identificación de aquellas más sostenibles.

La falta de información, o su complejidad, abre la posibilidad de que las empresas apliquen estrategias de ecopostureo o de greenwashing, y dificulta a los ciudadanos comprometidos con la lucha contra el cambio climático contribuir al proceso de descarbonización a través de sus inversiones.

The Conversation

Raquel López García es investigadora colaboradora de un proyecto financiado por el MInisterio de Ciencia, Innovación y Universidades

Luis Antonio López Santiago recibe fondos del Programa Horizon Europe, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de la Universidad de Castilla-La Mancha.

ref. Los fondos de inversión españoles sostenibles y su huella de carbono – https://theconversation.com/los-fondos-de-inversion-espanoles-sostenibles-y-su-huella-de-carbono-267242