Cómo enseñar a los futuros profesionales de la salud a comunicarse eficazmente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Unai Adrián Pérez de Arrilucea Le Floc’h, Profesor de Anatomía y Fisiología en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Fisioterapia, Enfermería y Psicología, Universidad Europea

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Luis tiene 55 años y desde hace unos meses siente una fuerte acidez de estómago cuando se acuesta por las noches. Tras una consulta con su médica de cabecera, solicita cita con el especialista. La doctora le recibe con una sonrisa, presentándose y mirándole a los ojos mientras Luis explica lo que le ocurre. Le hace una serie de preguntas concretas e interpreta sus síntomas. Finalmente, le explica qué ha podido causar el problema, qué pruebas serán necesarias o cómo modificar determinados hábitos (hora de la cena, tipo de alimentos) en busca de la solución. Luis sale de la consulta sintiéndose más tranquilo. Entiende qué puede estar pasando y los tratamientos que existen.

En cambio, Lucía, con síntomas parecidos, se ha encontrado con un especialista que se limitaba a escribir el informe al ordenador mientras ella hablaba, le hacía las preguntas de forma mecánica y le ofrecía una información muy limitada sobre el tipo de pruebas a las que debía someterse. Tras la consulta, la preocupación de Lucía ha aumentado, pues no le queda claro si puede tratarse de un síntoma preocupante o de una anomalía sin gravedad. Queda a la espera de las pruebas con la ansiedad de confirmar que no tiene nada grave.

Estas escenas son reales y muestran que la capacidad de comunicación en salud tiene consecuencias importantes. Porque entender lo que nos pasa y sentirnos acompañados cambia completamente cómo vivimos una enfermedad o malestar.

En un mundo saturado de información, en el que es difícil resistir la tentación de investigar por cuenta propia a qué puede deberse determinado síntoma, es más imprescindible que nunca que los profesionales de la salud sepan comunicar de una manera eficaz y cercana.

Pero la formación universitaria en Ciencias de la Salud sigue centrada en los contenidos teóricos y deja en segundo plano habilidades esenciales como la expresión oral, la empatía o la regulación emocional. Estas competencias son clave para ofrecer una atención sanitaria de calidad y un trato más humano.

La brecha formativa en comunicación

Esta falta de formación específica en comunicación oral y emocional genera una distancia entre lo que se enseña en las aulas y lo que se necesita en la práctica clínica. La relación con pacientes, equipos de trabajo y la sociedad requiere habilidades que van más allá del conocimiento técnico.




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El papel de la inteligencia emocional, un concepto descubierto en los 90, se sigue investigando en el contexto sanitario debido a su gran implicación en la comunicación hacia los pacientes. Ya se ha demostrado que dicha inteligencia está asociada con una mayor calidad de atención y satisfacción del paciente.

Comunicar bien ayuda a salvar vidas

Una comunicación clara mejora la adherencia al tratamiento, reduce errores clínicos y fortalece la relación entre el médico o enfermero y el paciente. La regulación emocional del sanitario ayuda a manejar mejor las situaciones críticas, disminuir el estrés y prevenir el síndrome de estar quemado, tan frecuente en estas profesiones.

Además, en una sociedad que exige transparencia, los sanitarios deberían ser capaces de explicar la ciencia con rigor y empatía. Por eso, fomentar estas habilidades desde la formación inicial es tan importante y debería integrase en el plan de estudios.

‘La Voz de la Ciencia’: una experiencia innovadora

Recientemente hemos puesto en marcha el proyecto La Voz de la Ciencia para mejorar las habilidades comunicativas y emocionales del alumnado de Ciencias de la Salud a través de monólogos científicos. Los estudiantes aprendieron a contar historias científicas en primera persona, con claridad, emoción y rigor.




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La intervención incluyó talleres de expresión oral, tutorías personalizadas y sesiones de ensayo. El proceso culminó en un evento final abierto al público donde presentaron sus monólogos ante una audiencia diversa.

Los resultados fueron medidos antes y después de la experiencia. Se observaron mejoras significativas en la claridad expositiva, la expresividad verbal y no verbal y el uso de recursos como metáforas y humor.

Una de las participantes los resumió así:

“Nunca pensé que podría hablar en público con tanta seguridad. Me he sentido escuchada y valorada.”

Sin embargo, no todo cambió. El nerviosismo y el estrés al hablar en público no disminuyeron de forma significativa. Esto sugiere que es necesario complementar estas intervenciones con estrategias específicas de regulación emocional.

¿Qué otras alternativas existen?

Además de los monólogos científicos, existen otras metodologías activas que también han demostrado ser eficaces.

Así, el aprendizaje experiencial permite aprender a través de la práctica y la reflexión, mientras que la gamificación introduce dinámicas de juego para aumentar la motivación y el compromiso del alumnado.

También hay iniciativas internacionales como FameLab o 3 Minute Thesis que promueven la comunicación científica en formatos breves y accesibles. Los talleres de teatro científico son otra opción para entrenar la expresión oral y la conexión emocional con el público.

Una formación más humana

Todas estas iniciativas demuestran que la comunicación es una herramienta esencial y que puede entrenarse desde la universidad. El impacto en la autoconfianza y la capacidad expresiva del alumnado es real y medible.

Formar profesionales capaces de comunicar con claridad, emoción y rigor mejora la atención sanitaria y fortalece el vínculo entre ciencia y sociedad.

Mientras un paciente como Luis se siente seguro en la atención recibida, y mantiene con mayor compromiso las recomendaciones, Lucía, una vez despejadas las dudas pues las pruebas resultaron negativas, se queda con un mal sabor de boca y no sigue las recomendaciones sanitarias pertinentes.

Por eso proyectos como La Voz de la Ciencia son importantes. Trabajar por una comunicación en salud más humana, favoreciendo consultas donde la escucha activa, la empatía y la claridad sean protagonistas, nos ayudará a mejorar la atención sanitaria. Porque detrás de cada dato y cada tratamiento hay personas que necesitan comprender y sentirse acompañadas.

The Conversation

Unai Adrián Pérez de Arrilucea Le Floc’h no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo enseñar a los futuros profesionales de la salud a comunicarse eficazmente – https://theconversation.com/como-ensenar-a-los-futuros-profesionales-de-la-salud-a-comunicarse-eficazmente-266932

6-7, parasocial y ‘rage bait’: 2025 en tres palabras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Calabaza de Halloween que hace referencia al meme de 6 7. Wikimedia Commons., CC BY

En 2024, “brainrot” (que podemos traducir al español como “podredumbre cerebral”) fue elegida como palabra del año por el Diccionario Oxford. El término pone en evidencia el deterioro mental causado por el consumo excesivo de contenido digital trivial y de baja calidad.

Este año 2025, tres instancias lingüísticas de prestigio, Dictionary.com, Diccionario Cambridge y Diccionario Oxford de inglés, sugieren el paso a una fase más activa y compleja. La “jerga” digital apunta a las tácticas de manipulación emocional (“rage bait”), las ilusiones de intimidad (“parasocial”) y los códigos absurdos de pertenencia (“6-7”) como la radiografía de la cultura actual.

6-7: el código del absurdo

Skrilla, el rapero autor de la canción Doot Doot (6 7).
Aux Cable Label / Wikimedia Commons., CC BY

Dictionary.com seleccionó “6-7” (o simplemente “67”) como su palabra del año. Este término sólo parece tener sentido para la generación alfa (nacidos entre 2010 y 2024). Su origen remite a la canción “Doot Doot (6 7)” del rapero Skrilla y se ha popularizado a través de memes virales en TikTok y YouTube, convirtiéndose en el ejemplo perfecto de la velocidad vertiginosa de la jerga o slang digital.

Lo que destaca de “6-7” no es su definición, sino la ausencia de ésta. A menudo acompañada de un gesto de manos, significa “más o menos”, “quizás esto o aquello”, aunque, a veces, no significa absolutamente nada.

No existe un acuerdo por parte de la generación alfa sobre su significado exacto. Es utilizada, incluso, como elemento de burla o incordio hacia los adultos o profesores.

Dictionary.com la describe como una muestra de “jerga brainrot”, es decir, términos intencionalmente absurdos y sin sentido diseñados para ser remezclados infinitamente, como ya ocurriera con los “Italian brainrots”.

Su uso es una señal de identidad tribal, un “shibboleth” –rasgo de una lengua que indique o ponga de manifiesto el origen social o regional de una persona– digital, generado por la comunidad de usuarios. Esto demuestra que la cultura online valora la conexión y la performance por encima del significado semántico tradicional.

Parasocial: la intimidad artificial

Mientras “6-7” habla de diferencias generacionales, la palabra del año que propone el Diccionario Cambridge, “parasocial”, señala una desesperada búsqueda de reconocimiento.

El término fue acuñado en 1956 para explicar la intimidad ficticia que las audiencias formaban con figuras mediáticas. En 2025, cobra una nueva dimensión al calor de las redes sociales y la inteligencia artificial.

El concepto define una relación unilateral entre una persona anónima y una celebridad o influencer que desconoce el afecto de la primera (fan). Este año, el término se expandió debido a fenómenos como la relación entre Taylor Swift y Travis Kelce, pero también por la cada vez mayor vinculación humana con la inteligencia artificial.

Taylor Swift es una de los famosos que han sido objeto de relaciones parasociales, en las que sus admiradores establecen una relación unilateral de afecto con los primeros.
Wikimedia Commons., CC BY

En el actual ecosistema digital, los usuarios están desarrollando relaciones emocionales con chatbots y compañeros virtuales. Las interacciones digitales con IA y algoritmos está reconfigurando la soledad humana. Es una forma de llenar el vacío social con simulacros que, aunque unilaterales, generan sentimientos genuinos de lealtad y afecto.

Rage bait: la monetización de la ira

Finalmente, el Diccionario Oxford se ha decantado por “rage bait” (en español, algo así como “cebo de ira”) como su palabra del año. Este concepto destaca un cambio fundamental en cómo se capta la atención en internet. Rage bait es la evolución del clickbait (“cebo de clics”) y se refiere a contenido diseñado deliberadamente para provocar indignación, ofensa o ira, con el único fin de aumentar la interacción.

El auge del término evidencia que los algoritmos de las redes y plataformas digitales han aprendido una lección peligrosa: la ira se propaga más rápido y genera más compromiso que la alegría o la neutralidad. Así, el rage bait convierte las emociones negativas en ingresos publicitarios para otros.

Oxford señala que el uso de este término se triplicó en el último año. Su impacto tiene que ver con cómo el algoritmo manipula a los usuarios haciendo que participen en debates polarizantes. Las consecuencias son dejar a la ciudadanía mentalmente exhausta y deteriorar las instituciones y el modelo democrático.

Adaptación a un entorno hostil

Al analizar “6-7”, “parasocial” y “rage bait” en conjunto, surge una fotografía de cómo la esfera digital influye en la sociedad. Estas palabras no son meras curiosidades lingüísticas, sino la prueba de una adaptación conductual a un entorno hostil determinado por la tecnología.

La falta de valores unida a un exceso de información y manipulación hacen que los usuarios más jóvenes respondan con el “6-7” casi de manera irracional. Esta suerte de mecanismo de defensa utiliza el absurdo y el sinsentido (características del brainrot) para crear comunidad sin necesidad de contenido sustancial. Es la respuesta lúdica al agotamiento informativo. Una forma de crear comunidad sin hacer problema de nada concreto.

Asimismo, la reaparición de “parasocial” demuestra que la hiperconexión digital no ha resuelto la soledad básica. Simplemente, la ha redirigido hacia entidades que corresponden los afectos de forma sucedánea. La tecnología permite simular compañía, alterando la capacidad para distinguir entre vínculos reales y transaccionales.

Por último, el dominio del rage bait confirma la vulnerabilidad social a algoritmos que explotan los instintos y conductas más básicas de defensa y agresión. Si el brainrot es el cansancio por el scroll pasivo, el rage bait es la fatiga por la manipulación activa de nuestras emociones.

Las palabras del año 2025 plantean que la cultura digital es un agente activo de la psicología social. Basculando entre el absurdo intraducible, la falsa intimidad y la ira manufacturada, el año 2025 grita que las emociones están siendo hackeadas, reprogramadas, empaquetadas y vendidas. ¿Está el lenguaje cambiando para poner palabras a esto nuevo que nos pasa?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. 6-7, parasocial y ‘rage bait’: 2025 en tres palabras – https://theconversation.com/6-7-parasocial-y-rage-bait-2025-en-tres-palabras-271228

Vuelven los griegos: la sisifemia explica la falta de sentido del esfuerzo laboral

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Hay días en los que trabajamos sin parar y, aún así, al final de la jornada tenemos la sensación de no haber avanzado. Correos respondidos, reuniones encadenadas, informes enviados, formularios cumplimentados. Mucho movimiento, poca transformación.

No es cansancio físico. Tampoco falta de compromiso. Es algo más difícil de nombrar: la percepción persistente de que el esfuerzo no conduce a ninguna parte.

A esa experiencia la podemos llamar sisifemia.

El mito que vuelve una y otra vez

Según la mitología griega, Sísifo, rey de Corinto, fue condenado a empujar eternamente una enorme piedra hacia arriba, sólo para verla caer justo antes de alcanzar la cima. El castigo no consistía únicamente en el esfuerzo físico, sino en la inutilidad repetida del esfuerzo. Nada se acumulaba, nada se consolidaba, nada cambiaba.

El Nobel francés Albert Camus interpretó el mito desde una clave existencial, proponiendo imaginar a un Sísifo feliz en su rebelión frente al absurdo. Sin embargo, la sisifemia contemporánea no tiene mucho de heroica. Es más silenciosa, más cotidiana y, precisamente por eso, más desgastante. No se vive como una rebelión, sino como una normalización del sinsentido.

¿Qué es la sisifemia?

La sisifemia puede describirse como un estado psicológico y organizacional caracterizado por la vivencia de esfuerzo constante sin progreso significativo ni sentido percibido. No se trata de no hacer nada, sino de hacer mucho sin que ese hacer se traduzca en aprendizaje, mejora o impacto real.

Algunos rasgos característicos son:

  • Alta actividad con baja percepción de utilidad.

  • Repetición de tareas que no generan cierre ni resultados visibles.

  • Cumplimiento formal acompañado de desgaste emocional.

  • Sensación de estar siempre “empezando de nuevo”.

Sisifemia, burnout y workaholic no son la misma cosa

La sisifemia aparece con frecuencia en personas responsables, vocacionales y comprometidas, precisamente porque siguen empujando la piedra, incluso cuando intuyen que volverá a caer. A veces, se puede confundir la sisifemia con otros términos que conviene diferenciar: el burnout y el workaholism.

La sisifemia no es burnout, aunque puede conducir a él. El burnout es un síndrome de desgaste psicológico provocado por sobrecarga emocional y laboral sostenida, que desemboca en agotamiento, cinismo y sensación de ineficacia. La sisifemia, en cambio, no surge necesariamente del exceso de trabajo sino de la percepción de inutilidad del esfuerzo, incluso cuando la carga de trabajo es razonable.




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Por otro lado, la sisifemia se diferencia del workaholism en que el adicto al trabajo trabaja en exceso porque necesita hacerlo. Hay compulsión, dificultad para desconectar y, en muchos casos, una búsqueda constante de rendimiento y reconocimiento. La sisifemia, en cambio, no nace de la adicción al trabajo, sino de su vaciamiento de significado. La persona sisifémica no trabaja más porque quiere sino porque debe. No encuentra placer ni orgullo en lo que hace, pero continúa por responsabilidad, por lealtad o por inercia. No hay euforia productiva, sino resignación activa.

En definitiva:

  • La persona que sufre burnout está exhausta porque ha dado más de lo que podía durante demasiado tiempo.

  • El workaholic se sobreimplica porque el trabajo lo absorbe.

  • Quien sufre sisifemia se desgasta porque el trabajo no le devuelve sentido.

Un mal muy actual

La sisifemia se manifiesta con especial intensidad en contextos como:

Vivimos en una cultura que valora el estar ocupado más que el avanzar, el cumplir más que el comprender, el medir más que el transformar. La sisifemia es, en gran medida, el resultado de esa lógica.

Consecuencias psicológicas

Cuando el esfuerzo deja de tener sentido, las consecuencias no tardan en aparecer:

Cuando hay sisifemia no hay gritos ni quejas. Simplemente erosiona el ánimo de quien la sufre.

¿Qué hacer frente a la sisifemia?

No existen soluciones mágicas, pero sí algunas orientaciones claras:

  1. Ir más allá de los objetivos y volver a dar sentido al trabajo. Los objetivos se cumplen o no. El sentido se construye a través de la reflexión personal. Sin una narrativa que explique el “para qué”, cualquier tarea acaba volviéndose pesada.

  2. Cerrar ciclos. Ver resultados, aunque sean modestos, es fundamental. La sisifemia prospera en entornos donde todo queda abierto, provisional o pendiente de la siguiente evaluación.

  3. Reducir tareas simbólicamente inútiles. No todo lo que se hace aporta valor. Aprender a eliminar lo superfluo es una forma de cuidado organizacional y personal.

  4. Dar voz a la experiencia. La sisifemia disminuye cuando las personas pueden nombrar lo que viven y participar en la redefinicion de los procesos.

Un cierre necesario

No siempre podemos dejar de empujar la piedra. La vida, el trabajo y las organizaciones implican esfuerzo. Pero sí podemos, y debemos, preguntarnos por qué, para qué y hasta cuándo.

La sisifemia no es un fallo individual sino una señal que merece ser escuchada. Porque cuando el esfuerzo recupera el sentido, la piedra pesa menos. Y a veces, incluso deja de caer.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Vuelven los griegos: la sisifemia explica la falta de sentido del esfuerzo laboral – https://theconversation.com/vuelven-los-griegos-la-sisifemia-explica-la-falta-de-sentido-del-esfuerzo-laboral-272222

Los secretos del turrón y el mazapán que la impresión 3D está sacando a la luz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ekaitz Esteban Echeverria, Coordinador de Ciencia y Tecnología en Basque Culinary Center, especializado en análisis de datos, Mondragon Unibertsitatea

Figuritas de mazapán en forma de fruta. CMG_IG/Shuttesrtock

En muchas casas, el turrón y el mazapán aparecen cada año como si fueran siempre los mismos. Sin embargo, estos dulces tradicionales esconden mucho más de lo que parece. Y, curiosamente, una tecnología muy futurista está ayudando a entenderlos mejor: la impresión 3D de alimentos.

Cuando se habla de impresión 3D aplicada a la comida, solemos imaginar una máquina que “fabrica” platos con solo pulsar un botón. Pero los estudios más recientes muestran algo distinto. Su mayor valor no está en producir comida nueva, sino en ayudarnos a comprender mejor la que ya conocemos.

Al intentar imprimir chocolate, dulce de leche, queso untable o masas parecidas al turrón o al mazapán, surge una pregunta clave: ¿cómo se comporta un alimento cuando lo obligamos a fluir y a mantener una forma?

Alimentos que no son ni sólidos ni líquidos

El turrón y el mazapán no son materiales simples: no son sólidos rígidos, pero tampoco líquidos. Se sitúan en un punto intermedio.

Están formados por grasas, azúcares y pequeñas partículas sólidas, componentes que interactúan entre sí. Estudios recientes muestran que se comportan como materiales complejos cuando se someten a esfuerzos mecánicos. No pasa solo con el turrón o del mazapán. También ocurre con cremas, purés o masas dulces. A simple vista parecen estables, pero cambian por completo cuando se los aprieta, se los estira o se los empuja.

En la cocina tradicional, estos comportamientos se ajustan gracias a la experiencia de los reposteros. Se amasa, se compacta o se deja reposar. Estas técnicas funcionan porque no se exige demasiado a la masa.

Pero, al usar una impresora 3D, las cosas cambian y las propiedades internas del alimento se vuelven visibles. Esta tecnología las deja en evidencia al someter al producto a situaciones poco habituales en la cocina doméstica.

La reología estudia cómo fluyen y se deforman los alimentos cuando se les aplica una fuerza. Productos como el turrón o el mazapán cambian su comportamiento según cómo se los manipule.
Ekaitz Esteban.

Qué ocurre cuando intentamos “imprimir” un dulce tradicional

La impresión 3D de alimentos funciona empujando una pasta por una boquilla estrecha. El material se deposita capa a capa. Eso sí, para que el proceso funcione, el alimento debe cumplir dos condiciones: debe fluir para salir por la boquilla y ser estable para no deformarse después.

Investigaciones recientes muestran que este equilibrio depende del propio alimento y no solo de la máquina utilizada. Al imprimir productos ricos en azúcar y grasa, aparecen grandes diferencias.

Algunos fluyen bien, pero se deshacen. Otros mantienen la forma, pero apenas se mueven. Estos límites se describen en revisiones recientes sobre los retos técnicos de la impresión 3D de alimentos.

Una impresora 3D de alimentos deposita pastas como chocolate o dulce de leche capa a capa. El alimento debe fluir y mantener su forma al mismo tiempo.
Ekaitz Esteban.

En el proceso, la forma también importa. No es lo mismo imprimir una línea fina que una estructura alta o con huecos. Algunas mezclas aguantan unos segundos, pero fallan al acumular capas. Muchas se deforman con el tiempo.

Lo que esta tecnología nos está enseñando

Observar estos comportamientos aporta conocimiento valioso. Permite entender por qué una receta funciona y otra no. Por eso, la impresión 3D se está usando como una herramienta para analizar los alimentos desde el diseño y no solo desde la receta.

En productos tradicionales como el turrón o el mazapán, esto permite ajustar su estructura con más precisión, para mejorar texturas, reformular recetas o adaptar alimentos a personas con necesidades específicas.

Es, por otra parte, un puente que une ciencia y cocina. Muchos procesos que antes se basaban solo en la intuición ahora pueden observarse mejor. La creatividad no desaparece, pero se refuerza con conocimiento.

Además, este tipo de aproximación permite entender por qué no todos los alimentos responden igual a los mismos cambios. Dos recetas muy parecidas pueden comportarse de forma distinta si se modifica ligeramente su composición o su procesado.

Estudios recientes destacan que observar estos comportamientos bajo condiciones controladas ayuda a anticipar cómo un alimento cambiará durante su manipulación, su almacenamiento o su consumo. En este sentido, la impresión 3D actúa como una herramienta de aprendizaje que hace visibles decisiones que, en la cocina tradicional, suelen pasar desapercibidas.

Turrón de Alicante, en la Casa Mira.
Wikimedia Commons., CC BY

Tradición y tecnología no son opuestas

Existe la idea de que la impresión 3D amenaza la cocina tradicional. Sin embargo, los estudios más recientes muestran lo contrario. Su mayor potencial es complementar el conocimiento culinario existente

Entender cómo fluye la masa o cómo mantiene su forma no le quita valor cultural al turrón o al mazapán. Al contrario, ayuda a explicar por qué sus recetas han perdurado durante siglos.

Mirarlas desde la ciencia permite unir tradición e innovación: la cocina también es física y química, aunque no siempre lo notemos.

El futuro de la tecnología en gastronomía

No parece que vayamos a imprimir turrón en casa pronto. Pero sí es evidente que la impresión 3D está ayudando a comprender mejor los alimentos.

Ese conocimiento puede dar lugar a productos con texturas más agradables, o más adecuados para distintas personas y contextos.

El verdadero avance no está en la máquina. Está en lo que nos obliga a aprender. Al tratar los alimentos como materiales complejos, la impresión 3D está cambiando cómo pensamos la gastronomía. Y en ese proceso, el turrón y el mazapán vuelven a sorprendernos.

The Conversation

Ekaitz Esteban Echeverria no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los secretos del turrón y el mazapán que la impresión 3D está sacando a la luz – https://theconversation.com/los-secretos-del-turron-y-el-mazapan-que-la-impresion-3d-esta-sacando-a-la-luz-271860

Los jóvenes españoles cuestionan la meritocracia: “El ascensor social se ha roto”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mercedes Herrero de la Fuente, Profesora e investigadora en la Universidad Nebrija. Directora del programa de doctorado Innovación en Comunicación Digital y Medios. Investigadora principal Cátedra EGEDA-Platino EDUCA Cine, Mujer y Educación, Universidad Nebrija

Answer 7/Shutterstock

“Precariedad” e “incertidumbre”. Estos son los dos términos más usados cuando pedimos a distintos grupos de jóvenes definir en una palabra qué es ser joven hoy en España. Las opiniones proceden de 16 grupos focales, con un total de 75 integrantes de entre 18 y 29 años, estudiantes o antiguos alumnos de cinco universidades de la Comunidad de Madrid.

Nos acercamos a ellos después de explorar las bases de datos del Centro de Estudios Sociológicos (CIS), que desde 1968 hasta la actualidad recogen 58 estudios dedicados total o parcialmente a la situación de la juventud en España.

¿Qué asuntos afloran? ¿Cuáles son los principales problemas en la actualidad de los jóvenes españoles? ¿Cómo afrontan su futuro?

Según el último Barómetro del CIS, publicado en octubre pasado, la vivienda destaca como la principal preocupación para el 26,9 % de los consultados. Le siguen la situación política (6,2 %) y la crisis económica (5,6 %).

En el desarrollo de los grupos de foco, el precio del alquiler se manifiesta, igualmente, como el principal obstáculo para emanciparse. Los participantes abundan en comentarios como “el alquiler se come nuestra nómina” o “buscar piso es para echarse a llorar”. Inciden en cómo este problema se agrava en Madrid y apuntan, con humor: “Trae cuenta aquí echarse novio/a para poder compartir el alquiler”.

La opción de compra apenas es considerada, en un contexto donde predominan la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Incluso aquellos que han conseguido un puesto de trabajo acorde a sus intereses lamentan que “la vocación no paga el alquiler”, y los más jóvenes, que acaban de finalizar sus estudios de grado o máster (22-23), se quejan de su condición de “perfectos becarios”.

Si nos remitimos a un análisis de los datos del CIS, la vivienda ya figuraba en los últimos años entre las inquietudes de la juventud, pero muy por detrás de otras como el empleo, señalada por el 60,5 % en 2021.

La familia como “bien de lujo”

Cuando se les pregunta por el significado de la familia, los jóvenes destacan el gran apoyo recibido de sus padres, tanto en el plano afectivo como en el económico. Son mayoría los que siguen viviendo en el hogar familiar y afirman no encontrar sentido a gastar gran parte de sus ingresos en un piso compartido: “¿Voy a emplear mi sueldo en vivir en unas condiciones peores que en casa de mis padres?”

La perspectiva de formar su propia familia se contempla, pero sólo a largo plazo, y se encuentra fuertemente condicionada por la precariedad económica. Se referían a ello como “bien de lujo” y consideraban esencial a la hora de tener hijos “darles la vida que se merecen”.

Además de los motivos económicos, intervienen otros factores, como el hecho de que las relaciones no sean duraderas o la preocupación por conciliar el trabajo con la vida familiar, mencionado especialmente entre las mujeres. También se manifiesta abiertamente, en algunos casos, el deseo de no ser padres.

Estos datos cualitativos encajan con las cifras arrojadas por el último Barómetro del CIS: un 56 % de los jóvenes entre 18 y 29 años quieren tener hijos, frente a un 34 % que no lo desea. Además, un 7 % señala que ya está en el proceso de formar una familia, porcentaje que asciende al 15 % en el tramo de 27 a 29 años. No obstante, el hecho de que cerca de un tercio rechace esta idea apunta a un cambio en los valores y prioridades de las nuevas generaciones.

Giro a la extrema derecha

En cuanto a las preferencias políticas de la juventud española, los datos más recientes del CIS revelan en términos globales un cierto predominio de la izquierda, con una intención de voto al PSOE del 22,29 %. En segundo lugar, se sitúa VOX, con un 17,47 %, mientras que el grupo de indecisos (“no sabe/no contesta) representa un 15,46 %.

También se observa una inversión de esta tendencia en la franja más joven (18-21 años), donde la derecha (VOX y PP) gana protagonismo, alcanzando un 31,73 % de intención de voto, frente al 24,04 % del partido socialista. La indecisión vuelve a ocupar el tercer lugar (13,46 %).

En los grupos de foco se muestra gran desencanto frente a la política y se percibe el viraje ideológico hacia la extrema derecha. Los jóvenes critican que “ya no se hace política para la ciudadanía” y afirman: “La gente de derechas cada vez lleva a mayor gala ser de derechas y hasta son quizás más reivindicativos”. Algunas opiniones se refieren a que el concepto de rebeldía se ha transformado: “Antes era ser anarquista, ahora es ser un fascista otra vez”.

Hay dos motores para esta polarización. El primero es la frustración y el descontento; el segundo, la dinámica de las redes sociales. Los jóvenes se referían a ellas como foco de extremismo ideológico, porque priorizan lo provocador y agresivo:

“Se oye lo que más ruido hace, que son los furiosos, los más polarizados (…) y yo me pregunto, ¿dónde está la gente razonable, la gente llegando a lo hondo de los temas y a las cosas importantes?”

Futuro y brecha generacional

Al hablar sobre su futuro, siguen revelando cierta frustración, recogida en frases como: “Teníamos una creencia sobre lo que sería nuestra vida (…), que hoy día es totalmente errónea…”. A pesar de haber realizado un gran esfuerzo para formarse, la promesa de estabilidad laboral y económica no se ha cumplido.

La meritocracia es cuestionada a medida que avanza la edad, de forma que los que ya han adquirido cierta experiencia profesional sostienen que la universidad no garantiza un futuro mejor. Algunos expresan su desencanto con frases como: “el ascensor social se ha roto”.

Al compararse con la generación de sus padres, perciben que conseguirán una estabilidad económica y laboral mucho después que ellos. Esta opinión ya se detectó en anteriores estudios del CIS, como el de 2021, cuando esta tendencia se intensificó por la pandemia.

A pesar de estas valoraciones pesimistas, la juventud afronta su porvenir también con esperanza, especialmente en cuestiones relacionadas con el potencial de la tecnología o el ejercicio de sus libertades, dentro de una sociedad más diversa.

Apelan a su capacidad de adaptación y a los pequeños acontecimientos felices que, a pequeña escala, suceden cada día. Una joven que acaba de terminar su grado afirma:

“Yo creo en los pequeños actos, porque hay grandes dinámicas globales en las que no podemos influir, pero hay cuestiones a pequeña escala que podemos cambiar”.

The Conversation

Este estudio se ha llevado a cabo con una iniciativa del CIS destinada a la explotación de su Banco de Datos. Las investigadoras implicadas en este trabajo son: Carmen Llovet Rodríguez (IP del proyecto), Universidad Nebrija; Mercedes Herrero de la Fuente, Universidad Nebrija; Sandra Benítez Peña, Universidad Carlos III de Madrid; Cristina Gallego Gómez, Universidad Rey Juan Carlos; Gema López Sánchez, Universidad Europea de Madrid.

ref. Los jóvenes españoles cuestionan la meritocracia: “El ascensor social se ha roto” – https://theconversation.com/los-jovenes-espanoles-cuestionan-la-meritocracia-el-ascensor-social-se-ha-roto-268414

25 años sin Carlos Cano: no es canción, se llama copla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Romero Ferrer, Catedrático de Literatura Española, Universidad de Cádiz

Retrato de Carlos Cano. Sony Music

Heredero directo y sin complejos de la copla y el pasodoble, la figura de Carlos Cano supuso un importante punto de inflexión respecto a la tradición de la canción española. Cano apareció justo en unos momentos, los años del tardofranquismo y la transición, donde todo ese mundo musical en blanco y negro destilaba un penetrante olor a nacionalcatolicismo y a una Andalucía de charanga y pandereta.

25 años después de su fallecimiento tenemos la distancia suficiente como para ofrecer una lectura sosegada sobre su significativa aportación a la cultura musical –y literaria– española. Tampoco debemos olvidar el fuerte compromiso social y artístico con los desheredados de la tierra asociado al autor de “Luna de abril”.

Carlos Cano nació a finales de los años 40 en una Granada caciquil anclada al pasado. Lo hizo, además, dentro de una familia muy castigada por el régimen franquista: su abuelo materno fue sentenciado a muerte a principios de la guerra civil, con todo lo que ello implicaba como estigma social.

En ese ambiente de posguerra y restricciones su banda sonora se nutrió, como la de todos los españoles de la época, de la copla y el flamenco. A través de la radio y el cine escuchó “Tatuaje” de Concha Piquer, “El emigrante” de Juanito Valderrama, “Los campanilleros” y los fandangos de La Niña de la Puebla.

Memoria histórica y cultura del exilio

Estas coplas y canciones de orígenes bastante humildes, también de consumo popular, adquirieron con el tiempo un papel esencial en la obra y trayectoria de Carlos Cano, para transformarlas en patrimonio cultural, social y político.

Durante su carrera, el cantante elaboró un interesante juego de complicidades éticas y estéticas muy comprometido con la lucha antifranquista y la defensa del nacionalismo andaluz. Así, reivindicó la copla como una categoría musical autónoma más allá de las manipulaciones, las lecturas y la apropiación interesada y esclerótica que de ella había hecho el régimen franquista. Esta apropiación se había realizado eludiendo los obvios orígenes republicanos del género, así como sus coqueteos con los aires libertinos y la obscenidad del cuplé.

Lo cierto es que la copla se había institucionalizado durante la II República española y fue símbolo de identidad en quienes tuvieron que exiliarse durante la dictadura al otro lado del Atlántico. Muchos de sus letristas y músicos siguieron compartiendo credos republicanos, como el caso de Ramón Perelló, anarquista, afiliado a la CNT y autor de los populares “Mi jaca”, “La bien pagá” y “La falsa monea”.

Cano recuperó letras y músicas de las obras de Perelló, pero no solo. Recogió el testigo de figuras como el polifacético y purgado por el régimen Miguel de Molina, el exiliado Ángel Sampedro Montero, “Angelillo” –uno de los más abiertos defensores de la República–, o el maestro Salvador Valverde –autor de “María de la O”–.

También se hizo eco del trabajo de Agustín Castellón Campos, “Sabicas” –uno de los pilares fundamentales de la guitarra flamenca– y de Encarnación López Júlvez, “La Argentinita”, y su hermana Pilar López –ambas herederas de “La Argentina”–. Nombres que destacan dentro de un amplio elenco de artistas que, tras la guerra civil y la represión franquista, tuvieron que huir al exilio para, en muchos casos, no regresar a España.

Padre musical del andalucismo

En 2025 –el 19 de diciembre– se cumple el 25 aniversario de la muerte de este cronista de su tiempo. Y el 28 de enero de 2026 Cano hubiese cumplido ochenta años como coplero y cantautor granadino estrechamente vinculado a las tierras gaditanas. A ellas les dedicó algunos de sus grandes éxitos, como las “Habaneras de Cádiz”.

Padre musical del andalucismo con su himno “Verde, blanca, verde”, el cantante también musicalizó varias obras de los poetas prohibidos, de Miguel Hernández a Federico García Lorca –Diván de Tamarit: Gacelas y Casidas–. Igualmente, reivindicó la música y las letras de la copla con sus álbumes Cuaderno de coplas, Quédate con la copla y La copla; memoria sentimental.

En ellos interpretó temas republicanos como “¡Ay, Maricruz!” (1934), “Chiclanera” (1936) o “Falsa moneda” (1939), pero también coplas nuevas, como “María la Portuguesa”, o las populares “Habaneras de Sevilla”, con letra de Antonio Burgos. En su obra también merece recordarse su antología personal del género: De lo perdido y otras coplas.

El propio Cano llegó a afirmar que se puso a cantar copla en un momento en que era un género marginal, de homosexuales y franquistas, y que su labor ayudó a normalizar la situación. No obstante, también cultivó otros géneros como el bolero, el fado, el fandango, la murga, el pasodoble o el tango.

Nuevos aires para la copla

Un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su legado, siempre en estado latente, vuelve con mucha fuerza gracias a una recodificación contemporánea en donde la tradición dialoga con los ritmos del jazz, el pop, el rock, el rap o la electrónica.

Así sucede, por ejemplo, con el pasodoble de Genaro Monreal, Camilo Murillo y Francisco Naranjo, “Campanera” (1953) dentro de la canción “Demasiadas mujeres”, de C. Tangana. En otro orden, también se está llevando a cabo la recuperación del repertorio histórico para públicos desconocidos gracias a voces como Pasión Vega –Pasión por Cano–, Diana Navarro, o los talent shows de copla como La bien cantá.

En todas estas realidades de la copla, hoy se siente el magisterio y compromiso de Cano, de la literatura a la música y de la música a la conciencia andaluza, de acuerdo con un pueblo y una cultura con una fuerte marca de identidad.

The Conversation

Trabajo de divulgación científica de los proyectos: La copla. Género literario, musical y escénico. De la Segunda República al franquismo (1931-1975) (COPLALIT), ref. PID2023-146552NB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE; La Copla: una cartografía cultural y patrimonial de Andalucía», ref. FEDER-UCA-2024-A2-54, financiado por el Programa Operativo FEDER Andalucía 2021-2027; y El exilio artístico de la copla: de La Argentinita a Miguel de Molina (COPLAEXIL), Nº Exped. 0215-AV-2025. Subvenciones destinadas a actividades relacionadas con la recuperación de la Memoria Democrática y las víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura. Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, 2025.

ref. 25 años sin Carlos Cano: no es canción, se llama copla – https://theconversation.com/25-anos-sin-carlos-cano-no-es-cancion-se-llama-copla-272276

Miami’s new mayor faces a housing affordability crisis, city charter reform and a shrinking budget

Source: The Conversation – USA – By Sean Foreman, Adjunct Professor of Political Science, Barry University

Miami Mayor-elect Eileen Higgins speaks to supporters as she celebrates her victory on Dec. 9, 2025. Joe Raedle/Getty Images via Getty Images North America

After its first competitive mayoral election in 20 years, the city of Miami has a new mayor: former Miami-Dade County commissioner Eileen Higgins.

During the heated campaign, both national political parties were active in organizing voters and providing resources. Many high-profile politicians weighed in with endorsements and visits. Notably, Republicans President Donald Trump and Gov. Ron DeSantis endorsed Higgins’ opponent, Emilio Gonzalez. Meanwhile, Democrats Ruben Gallego – a senator from Arizona – and former Transportation Secretary Pete Buttigieg supported Higgins.

Still, Miami’s mayoralty is officially a nonpartisan position. And as the saying goes, there are no Democratic or Republican potholes; they are all of local concern.

I’m a political scientist with a particular interest in local government, and I’ve lived in the Greater Miami area for 30 years.

So what are the “potholes” confronting Miami’s new mayor?

Civility on the dais

Former Mayor Francis Suarez has a charismatic persona, but was not a forceful presence on the dais. During his tenure, City Commission meetings turned into spectacles, with shouting matches, name-calling,
and allegations of corruption.

Higgins, a bilingual, soft-spoken policy wonk, has promised to set a new tone, leading with civility and compassion. The day after the election, she reiterated that promise: “The era of commissioners yelling at one another and threatening to punch one another is going to stop.”

Affordable housing

Affordability and the cost of living were the major substantive campaign issues, with the cost of housing topping the list.

For the second year in a row, the financial services firm UBS lists Miami as the city at highest risk for a housing bubble. Another study ranked the Miami metro area as the least affordable housing market nationally.

Skyscrapers in Miami, with a couple of cranes working in the background.
A lot of the city’s recent growth has occurred in the form of new high-rise condos, which are unaffordable on a working-class salary.
Joe Raedle/Getty Images News via Getty Images North America

The good news: This rise in price appears to be fueled by a strong employment market. But the shortage of housing priced for middle- and working-class families is unsustainable.

While housing supply and prices are largely determined by market forces, government officials can set conditions to promote targeted investments. Higgins has suggested forming a city-run housing trust fund, similar to Miami-Dade County. She has also proposed dedicating city-owned land to affordable housing projects and reforming the city’s permit process.

Charter reform

Charter reform issues, including moving city elections from odd to even years to align with national elections, are on the agenda. Though a court deemed the City Commission’s attempt to move this year’s election invalid, Higgins said she supports moving the election date, pledging to cut her term short to facilitate. This change would require commissioners to hold a referendum and voters to support it.

There also is a debate about changing the size of the City Commission from five to seven or nine commissioners. Higgins supported this idea, noting that other Florida cities the size of Miami have larger commissions. This charter change would also require voter approval, but needs the commission to act or for citizens to initiate the process. The mayor’s role would be to advocate for the need for greater representation of neighborhoods and government responsiveness.

Immigration enforcement

In a city where nearly 60% of the population is foreign-born, immigration issues loom large.

In June 2025, after a contentious meeting, the commission voted 3-2 to approve a 287(g) agreement with Immigration and Customs Enforcement, or ICE, to aid Trump’s enforcement measures.

While Higgins cannot remove the city from the agreement, she plans to minimize Miami’s involvement with immigration enforcement. “There’s no reason in the city of Miami that our police department should be in the job of federal immigration enforcement,” she told the press.

City finances

Municipal budgets have been squeezed by state policies and state Department of Government Efficiency efforts. Recent federal cuts to social service and transportation grants have exacerbated the problem.

Now, state leaders are proposing to eliminate property taxes in 2026, further straining local coffers. Public spending will need to be reduced, or revenues replaced. The mayor makes budget proposals, but it is commissioners who approve them. Higgins will need to lead through persuasion and clear explanations.

The Conversation

Sean Foreman does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Miami’s new mayor faces a housing affordability crisis, city charter reform and a shrinking budget – https://theconversation.com/miamis-new-mayor-faces-a-housing-affordability-crisis-city-charter-reform-and-a-shrinking-budget-269480

Ces pointes de flèches prouvent-elles la présence d’Homo Sapiens au cœur de l’Eurasie il y a 80 000 ans ?

Source: The Conversation – France in French (2) – By Hugues Plisson, archéologue spécialisé en tracéologie (reconstitution de la fonction des outils préhistoriques par l’analyse de leurs usures), Université de Bordeaux

Des pointes de flèche retrouvées en Asie centrale. Malvina Baumann, Fourni par l’auteur

De minuscules pointes de projectile triangulaires ont été identifiées à partir de leurs fractures d’impact dans les plus anciennes couches d’occupation du site d’Obi-Rakhmat en Ouzbékistan, vieilles de 80 000 ans. Elles ont la dimension de pointes de flèches et sont identiques à celles découvertes dans une couche beaucoup plus récente d’un site de la vallée du Rhône, en France, à la toute fin du Paléolithique moyen, correspondant à une incursion d’Homo Sapiens en territoire néanderthalien il y a 54 000 ans. Cette nouvelle étude, publiée dans la revue « PLOS One », apporte un argument décisif pour la réécriture du scénario de l’arrivée d’Homo Sapiens en Europe.


Développés en Europe occidentale et plus particulièrement en France à partir de la seconde moitié du XIXe siècle, les cadres chrono-culturels et anthropologiques de la Préhistoire et les modèles évolutifs qu’ils inspirèrent furent d’abord linéaires et européocentrés : Cro-Magnon descendant de Néanderthal posait les fondements d’une supériorité civilisationnelle dont se prévalait alors cette partie du monde. Ce n’est qu’un siècle plus tard que sera mise en évidence l’origine africaine d’Homo Sapiens et des traits technologiques et sociaux structurants du Paléolithique supérieur occidental, de ~ 45 000 à 12 000 ans avant le présent (productions symboliques, réseaux à grande distance, outillages et armements lithiques et osseux diversifiés).

Les plus anciennes évidences de présence d’Homo Sapiens en Australie vers 65 000 ans précèdent de 10 millénaires celles de l’Europe dont les modalités du peuplement demeurent sujet de discussion. À ce jour, le calage chronologique des toutes premières occupations européennes du Paléolithique supérieur par rapport à celles de l’est du bassin méditerranéen, pourtant regardées comme les plus proches, demeure insatisfaisant. Soit les données sont issues de fouilles trop anciennes pour avoir été suffisamment précises, soit elles ne s’inscrivent pas dans la filiation directe supposée entre le Levant et l’Europe. Les racines mêmes du Paléolithique supérieur initial levantin, malgré la proximité africaine, sont incertaines. Une origine centre asiatique, a été suggérée par l’archéologue Ludovic Slimak en 2023.

Un site en Asie centrale

Vue depuis l’abri d’Obi-Rakhmat sur l’extrémité du Tien Shan.
Fourni par l’auteur

Corridor entre l’ouest et l’est du continent ou zone refuge, selon les phases climatiques, l’Asie centrale n’est encore documentée que par quelques sites paléolithiques, mais qui sont autant de références de l’histoire de la Préhistoire.

Parmi ceux-ci figure l’abri sous roche d’Obi-Rakhmat en Ouzbékistan découvert en 1962. Ce gisement livre sur 10 mètres de stratigraphie, entre 80 000 et 40 000 ans, une industrie lithique qui par certains traits s’inscrit clairement dans la continuité du Paléolithique moyen ancien du Levant mais par d’autres fut rapprochée du Paléolithique supérieur initial. Ce Paléolithique moyen ancien du Levant, associé dans le site de Misliya à de l’Homo Sapiens archaïque, disparut du Proche-Orient vers 100 000 ans. À Obi-Rakhmat, les restes crâniens d’un enfant trouvés dans une couche à ~ 70 000 ans, présentent des caractères regardés comme néanderthaliens et d’autres comme anatomiquement modernes, combinaison pouvant résulter d’une hybridation.

Lames massives mais pointes microlithiques

Éléments de l’industrie lithique de la couche 21 d’Obi-Rakhmat : lames brutes (1-2), grande lame retouchée (3), lames retouchées en pointe (4-5), pointes retouchées impactées (6-8), micro pointe Levallois brute (9), micro-pointes brutes impactées (10-11).
Fourni par l’auteur

C’est dans ce contexte que notre équipe internationale, dirigée par Andrei I. Krivoshapkin, a identifié dans les couches les plus anciennes de minuscules pointes de projectiles triangulaires. Mesurant moins de 2 cm de large et ne pesant que quelques grammes, elles sont impropres par leurs dimensions et leur fragilité à avoir été montées sur des hampes de lances. Leur étroitesse correspond au diamètre (inférieur ou égal à 8 mm) des hampes documentées ethnographiquement sur tous les continents pour les flèches tirées à l’arc droit.

Deux micro-pointes brutes de la couche 21 du site d’Obi-Rakhmat, l’une intacte, l’autre brisée et rayée par son usage en armature de projectile. L’allumette matérialise leur minuscule dimension.
Fourni par l’auteur

Question de balistique

Les armes perforantes projetées constituent des systèmes complexes dont les éléments ne sont pas interchangeables d’un type d’arme à l’autre, car répondant à des contraintes différentes en intensité et en nature.

L’importante force d’impact des lances tenues ou lancées à la main fait de la robustesse de l’arme un paramètre essentiel, aussi bien en termes d’efficacité que de survie du chasseur, la masse assurant à la fois cette robustesse, la force d’impact et la pénétration. À l’opposé, la pénétration des traits légers tirés à grande distance repose sur leur acuité, car l’énergie cinétique, beaucoup plus faible, procède là essentiellement de leur vitesse, laquelle, à la différence de la masse, décroit très rapidement sur la trajectoire et dans la cible. Cette vitesse ne pouvant être atteinte par la seule extension du bras humain, elle est obligatoirement tributaire de l’emploi d’un instrument de lancer. Les pointes de flèche et celles de lances ou de javelines ne sont donc pas conçues selon les mêmes critères et ne se montent pas sur les même hampes, les dimensions et le degré d’élasticité desquelles sont par ailleurs essentiels en terme balistique. Ainsi, comme en paléontologie où la forme d’une dent révèle le type d’alimentation et suggère le mode de locomotion, les caractéristiques d’une armature fournissent des indices sur le type d’arme dont elle est l’élément vulnérant.

Un armement propre à Sapiens ?

Le minuscule gabarit des pointes d’Obi-Rakhmat ne peut être regardé comme un choix par défaut, car non seulement la matière première lithique de bonne qualité dont on a tiré de grandes lames ne manque pas à proximité du site, mais l’inventaire des traces d’usage relevées à la loupe binoculaire et au microscope met en évidence au sein du même assemblage des pointes retouchées beaucoup plus robustes (15 à 20 fois plus lourdes et 3 à 4 fois plus épaisses) et du gabarit des têtes de lance ou de javeline.

En retournant à la bibliographie et à nos propres travaux sur des outillages du Paléolithique moyen, nous avons constaté que la présence dans un même ensemble d’armatures de divers types, pour partie microlithiques et produites à cette fin, n’était à ce jour connue que dans les sites à Homo Sapiens. Les plus anciennes occurrences documentées sont en Afrique du Sud dans les couches culturelles Pre-Still Bay (plus de 77 000 ans) et postérieures du gisement de Sibudu. Dans l’univers néanderthalien, les pointes lithiques endommagées par un usage en armature de projectile sont rares, elles sont de fort gabarit et ne se distinguent ni par leurs dimensions, leur facture ou leur type de celles employées à d’autres activités que la chasse, telles que la collecte de végétaux ou la boucherie. Cette distinction dans la conception des outillages et des armements prend valeur de marqueur anthropologique.

Pointes levallois du site d’Um el-Tlel en Syrie, Paléolithique Moyen récent levantin attribué à Néanderthal. De gauche à droite : reconstitution graphique à partir d’un fragment planté dans une vertèbre d’âne, lame de couteau à plante, lame de couteau de boucherie. Ces pointes polyvalentes sont 2 à 3 fois plus larges que les micro-pointes d’Obi-Rakhmat.
Fourni par l’auteur

En raison de leurs dates respectives, de la distance entre l’Afrique du sud et l’Asie centrale (14 000 km) et de la différence de facture des armatures d’Obi-Rakhmat et de Sibudu (lithique brut de débitage vs lithique façonné ou retouché, osseux façonné), l’hypothèse de foyers d’invention indépendants est la plus vraisemblable.

Des piémonts du Tien Shan à la vallée du Rhône 25 000 plus tard

La seule forme d’armature miniature de projectile identique actuellement connue est beaucoup plus récente. Elle fut découverte par Laure Metz, sur le site de Mandrin, en vallée du Rhône en France, qui livra aussi une dent de lait d’Homo Sapiens déterminée par Clément Zanolli. L’ensemble est daté d’environ 54 000 ans, soit une dizaine de milliers d’années avant la disparition des Néanderthaliens locaux. La similitude des micro-pointes d’Obi-Rakhmat et de Mandrin, pourtant séparées par plus de 6 000 km et 25 millénaires, est telle que les unes et les autres pourraient être interchangées sans qu’aucun autre détail que la roche ne trahisse la substitution.

Similitude des micro-pointes d’Obi-Rakhmat et de Mandrin brisées par leur usage en armature de projectile. La localisation et l’extension de leur fracture (surlignement en rouge et en bleu et détail macroscopique) signent l’impact axial.
Fourni par l’auteur

Des travaux récents publiés par Leonardo Vallini et Stéphane Mazières définissent le Plateau perse, à la périphérie nord-est duquel est situé Obi-Rakhmat, comme un concentrateur de population où les ancêtres de tous les non-Africains actuels vécurent entre les premières phases de l’expansion hors d’Afrique – donc bien avant le Paléolithique supérieur – et la colonisation plus large de l’Eurasie. Cet environnement riche en ressources pourrait avoir constitué une zone de refuge propice à une régénération démographique après le goulet d’étranglement génétique de la sortie d’Afrique, à l’interaction entre les groupes et par conséquent aux innovations techniques.

De part et d’autre du plateau perse (encadré orange), identifié génétiquement comme une aire refuge de concentration et développement démographique des Homo Sapiens sortis d’Afrique, Obi-Rakhmat et Mandrin ont en commun, à 25 000 ans et 6 000 km de distance, les mêmes micro-pointes de projectile.
Fourni par l’auteur

Mandrin et Obi-Rakhmat représentent probablement deux extrémités géographiques et temporelles d’une phase pionnière de peuplement telle qu’entrevue par Ludovic Slimak, marquée par ce que les typologues qualifiaient jadis de fossile directeur et qui ici recouvrirait la propagation d’une invention fondamentale propre à Homo Sapiens. Jusqu’à présent passées inaperçues parce que brutes de débitage, minuscules et fragmentaires, il est à parier que les micro-pointes de projectile dont les critères de reconnaissance sont maintenant posés commenceront à apparaître dans des sites intermédiaires entre l’Asie centrale et la Méditerranée occidentale.

Prémisses d’un nouveau scénario du peuplement occidental d’Homo Sapiens

Cette découverte est stimulante à plusieurs titres. Elle valide la cohérence de l’étude du site de Mandrin qui concluait à une brève incursion en territoire néanderthalien de Sapiens armés d’arcs, mais dont plusieurs éléments avaient été critiqués – ce qui est cependant le jeu scientifique habituel lorsqu’une proposition nouvelle s’écarte par trop des connaissances admises – et dont la dimension prédictive n’avait alors pas été considérée.

La similitude des micro-pointes de Mandrin et d’Obi-Rakhmat ne peut être une simple coïncidence. Elle ne porte pas seulement sur leur forme, mais aussi sur leur mode de fabrication, qui requière un réel savoir-faire comme en témoigne la préparation minutieuse de leur plan de frappe avant débitage, et sur leur fonctionnement. On pourra débattre de l’instrument approprié au tir de flèche armées de si minuscules armatures, l’arc étant en filigrane, ou si l’on préfère garder une certaine réserve ne parler que de tir instrumenté, mais cela contraste déjà avec ce que l’on connait des armes de chasse de Néanderthal et de leur conception.

L’autre aspect remarquable, encore peu habituel, est la convergence et la complémentarité de données provenant de la culture matérielle et de la mémoire de nos gènes, qui ne purent s’influencer au regard des dates d’étude et de publication respectives. Les deux conjuguées esquissent la réécriture du scénario de l’arrivée d’Homo Sapiens en Europe : on le pensait venu directement d’Afrique par le chemin le plus court, il y a 45 000 ans, et on le découvre implanté depuis fort longtemps au cœur du continent eurasiatique, bien avant qu’il n’en sorte en quête de nouveaux territoires.

The Conversation

Plisson Hugues a reçu des financements du CNRS et de l’université de Bordeaux

Andrey I. Krivoshapkin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Ces pointes de flèches prouvent-elles la présence d’Homo Sapiens au cœur de l’Eurasie il y a 80 000 ans ? – https://theconversation.com/ces-pointes-de-fleches-prouvent-elles-la-presence-dhomo-sapiens-au-coeur-de-leurasie-il-y-a-80-000-ans-267375

La transition verte, un contrat social à réinventer

Source: The Conversation – in French – By Rawane Yasser, Researcher, Agence Française de Développement (AFD)

Parmi les mesures destinées à atténuer les effets du changement climatique, les politiques fiscales et sociales jouent un rôle central pour garantir une transition écologique équitable. Cela suppose toutefois de prendre en compte les différences de situation et les vulnérabilités propres aux différents groupes sociaux. Des études menées en 2024 par des chercheuses et chercheurs de l’AFD en partenariat avec des universités en Afrique du Sud, en Colombie et au Mexique ont évalué ces dispositifs. Leurs conclusions apportent des pistes concrètes pour que les politiques sociales et fiscales accompagnent efficacement les transitions écologiques non seulement sans accroître les inégalités, mais également en contribuant activement à les réduire.


Le changement climatique constitue sans aucun doute le défi le plus important auquel l’humanité est confrontée.

En menaçant les progrès en termes de réduction de la pauvreté, d’amélioration des conditions de travail et de développement durable, il rend d’autant plus urgents les efforts visant à atténuer ses effets. Cependant, il devient également essentiel d’intégrer les questions d’équité dans les discussions, car les impacts du changement climatique ne sont pas répartis de manière uniforme.

Les transitions écologiques, conçues pour répondre à la crise climatique en évoluant vers un modèle de développement résilient et durable, impliquent de transformer en profondeur nos économies et nos modes de production pour les rendre plus durables. Cependant, ces transitions, pouvant provoquer des chocs socio-économiques et des pertes d’emploi, risquent de creuser les inégalités à travers un impact négatif disproportionné sur les plus vulnérables si la justice n’en constitue pas le socle. Elles sont avant tout un choix de société qui repose sur la répartition des coûts, des opportunités et des protections face aux changements à venir. D’où l’urgence de faire des transitions écologiques des transitions justes.

C’est dans cette perspective que le rôle des politiques sociales et fiscales devient essentiel. Elles doivent être repensées pour construire un contrat social plus équitable qui sera capable de répondre à l’aggravation des inégalités et d’accompagner les changements qu’impliquent les transitions écologiques.

Dans une synthèse des travaux récents menés avec nos partenaires, nous avons analysé comment les politiques sociales et fiscales peuvent être à la fois un facteur d’atténuation des risques de la transition, mais aussi un levier de transformation sociale.

Le cœur de notre analyse est que les transitions écologiques doivent se structurer autour de deux piliers fondamentaux : ne laisser personne de côté et répartir équitablement les coûts et les bénéfices.

Pour ce faire, nous proposons des éclairages et des outils pratiques pour rendre cette équité opérationnelle et concilier objectifs climatiques et sociaux, en mobilisant des exemples de l’Afrique du Sud, du Mexique et de la Colombie.

Nous prenons la transition juste comme point de départ, car elle est de plus en plus reconnue comme le cadre de référence pour la construction d’économies durables. Cette approche met l’accent sur la dimension sociale de la transition écologique et énergétique et souligne la nécessité de garantir les moyens de subsistance des personnes affectées négativement par cette transition. Elle prône une transition inclusive vers une économie sobre en carbone et durable, qui ne laisse personne de côté.

Quels effets des transitions écologiques sur les inégalités ?

Cette approche juste est indispensable en raison des effets potentiellement inégaux des politiques de transitions sur les différents groupes sociaux. La transformation structurelle qu’implique la transition écologique crée à la fois des opportunités et des vulnérabilités, et risque d’exacerber les inégalités existantes. Certains travailleurs seront en mesure de s’adapter et bénéficier des nouvelles technologies bas-carbone, d’autres risquent d’être laissés pour compte.

Certains groupes de la population sont particulièrement exposés à ces risques.

Un travail de recherche mené en Colombie constate que les femmes, les personnes issues d’une formation technique et les travailleurs informels ont moins de chance de pouvoir occuper des « emplois verts », c’est-à-dire des emplois qui contribuent à protéger les écosystèmes et la biodiversité ; réduire la consommation d’énergie, de matériaux et d’eau ou encore de diminuer l’intensité carbone de l’économie.

Introduire des instruments fiscaux – taxes énergétiques, réformes de subventions – peut également produire des effets inégalitaires lorsqu’ils ne sont pas accompagnés de mécanismes de redistribution. Le cas d’une taxe sur les carburants au Mexique le démontre : les ménages à faibles revenus consacrent une part plus importante de leurs revenus à leurs besoins énergétiques, ont une capacité d’adaptation limitée, et sont particulièrement vulnérables aux politiques de transition inéquitables.

Une approche juste des transitions vertes, qui prend en compte ces vulnérabilités, devient donc essentielle. Mais comment traduire efficacement ces principes en politiques sociales et fiscales ?

Quelles politiques sociales pour soutenir une transition juste ?

Pour éviter que les transitions écologiques accentuent les inégalités, nos recherches ont conclu que les politiques sociales doivent soutenir les personnes les plus exposées en identifiant les groupes à risque.

Une étude réalisée sur le secteur minier du charbon en Afrique du Sud établit le profil des travailleurs qui risquent une perte d’emploi suite à une transition énergétique : près de 80 % de ces travailleurs sont des jeunes (entre 15 et 35 ans) employés dans la province de Mpumalanga, au nord-est du pays. Par ailleurs, dans le Mpumalanga, le taux de personnes ni en emploi, ni en études, ni en formation (NEET) s’élève à 45,9 % en 2023 chez les jeunes avec de fortes disparités en termes de genre.

Ces données désagrégées sont importantes car elles permettent d’orienter des politiques ciblées et adaptées aux vulnérabilités spécifiques des différents groupes, ici les jeunes et les femmes. Parmi ces politiques, les priorités les plus urgentes visent à faciliter la transition des jeunes à faibles revenus vers des emplois verts, ainsi que la mise en place des mesures renforçant l’économie des soins (petite enfance, soutien aux familles), pour lutter contre les obstacles limitant la participation des femmes au marché du travail tout en créant des opportunités d’emploi et de la diversification économique.

Le travail de recherche sur les politiques de transitions justes appliquées au secteur minier en Afrique du Sud propose des mesures de protection sociale (aide ponctuelle au revenu, aide à la mobilité, formations et options de retraite anticipée) adaptées aux cohortes spécifiques de travailleurs déplacés en fonction de leur âge et de leurs compétences.

Pour être efficaces, les politiques sociales doivent également investir dans des compétences adaptées aux secteurs émergents (carburants durables, services aux entreprises). Les stratégies de formation doivent aller au-delà des savoir-faire génériques pour privilégier des parcours vers l’emploi, notamment dans les zones fortement dépendantes du charbon comme Nkangala en Afrique du Sud.

L’étude de l’écosystème de compétences des micros, petites et moyennes entreprises révèle des biais structurels des politiques et stratégies actuelles de transition en faveur des grandes entreprises. Des formations spécifiques conçues avec les entreprises pourront également garantir une adéquation avec la demande réelle du marché du travail.

Quelles politiques fiscales pour financer une transition équitable ?

Réorienter les subventions énergétiques pour créer de l’espace fiscal est un premier levier pour une transition juste. Les rediriger vers des investissements verts ciblés socialement – en particulier pour les ménages à faible revenu – élargis à la fois l’espace fiscal et améliore l’équité de la transition. C’est ce que montre les travaux de recherche au Mexique qui proposent de réallouer les subventions à l’électrique vers l’installation de panneaux solaires dans des municipalités stratégiques. Cette reconfiguration des flux financiers permettra de générer une part d’électricité entre 6,9 % et 9,2 % de la consommation régionale totale sans construction de nouvelles centrales et bénéficierait directement aux ménages.

Au-delà des réallocations des ressources existantes, une transition juste nécessite la mobilisation de nouvelles recettes d’une manière progressive et durable. Sans mesures compensatoires adéquates, la fiscalité environnementale risque d’accroître les inégalités. Au Mexique, l’effet régressif d’une taxe sur les carburants a été démontré. Un transfert universel pur serait un mécanisme efficace pour compenser ces effets régressifs. Ça consiste en un montant égal par habitant et inconditionnel pour l’ensemble de la population.

Au-delà des outils et des mesures techniques, ces travaux démontrent la nécessité de repenser notre contrat social. Une transition écologique juste ne se résume pas à corriger des effets indésirables : elle doit redéfinir la manière dont nos sociétés répartissent l’effort, la protection et les opportunités. Les travaux de l’Institut de recherche des Nations unies pour le développement social (UNRISD) rappellent d’ailleurs que sans un nouveau pacte social, fondé sur la justice et la redistribution, les transitions risquent de renforcer les fractures existantes.

Reconnaître que certains supporteront davantage les coûts de la transition – parce que leur emploi, leur territoire ou leurs conditions de vie les exposent plus fortement – est un point de départ essentiel. Dans un contexte de polarisation croissante, remettre la solidarité au centre est indispensable : elle seule permet de maintenir l’adhésion collective face aux transformations à venir.

Une transition juste suppose donc d’assumer collectivement ces asymétries et d’organiser une solidarité réelle : entre générations, entre territoires, entre groupes sociaux. C’est ce qui permettra à la transition verte d’être non seulement possible, mais aussi légitime et durable.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. La transition verte, un contrat social à réinventer – https://theconversation.com/la-transition-verte-un-contrat-social-a-reinventer-270843

Sex, jazz, liquor and gambling: How Montréal’s nightlife shifted in the mid-20th century

Source: The Conversation – Canada – By Matthieu Caron, Postdoctoral Fellow, Department of History, Simon Fraser University

Montréal street at night, 1963-1967. (BiblioArchives /LibraryArchives/4943640/Flickr), CC BY

The history of Montréal’s night-time regulation reveals how managing nightlife expanded police power and budgets — and how burdensome effects of these changes fell disproportionately on sex workers, the queer community and hospitality industry workers.

For much of the first half of the 20th century, Montréal built a reputation as a North American nightlife capital. Tourists sought out cabarets, jazz clubs and after-hours bars, and moved through the red-light district where sex, gambling and liquor were openly available.

This permissiveness relied on a well-understood but illicit arrangement: police officers, politicians, madams, taxi drivers, performing artists and business owners all participated in a protected nighttime economy.

By the mid-1950s, however, this tolerance became the starting point for one of the largest expansions of police authority in Canadian urban history.

As I examine in my book Montreal After Dark: Nighttime Regulation and the Pursuit of a Global City, Montréal’s political leadership came to see nightlife control not as a marginal issue but as a central measure of civic order and modernity. And that shift transformed the police force.

When night became a policing problem

In the 1940s, the Montréal Police Department was already stretched thin. Officers enforced wartime blackouts, guarded industrial sites and cracked down on sexually transmitted infections among soldiers and civilians.

The Morality Squad (“Escouade de la moralité”) — enlarged during wartime fears over delinquency — patrolled theatres, bars, parks and known queer or youth meeting places.

Young women were frequently arrested for “immoral” behaviour, while queer men faced entrapment and harassment. In this, Montréal’s squad resembled its North American counterparts, variously labelled vice squads — or, in Toronto’s case, the Morality Department, disbanded in the 1930s.

Pursuing a new urban order

Pacifique “Pax” Plante, a city prosecutor, took over the Morality Squad at this time.

He insisted that officers apply laws long ignored, raiding brothels, gambling houses and nightclubs that had operated under longstanding police protection. His crusade threatened the partnerships that sustained Montréal’s nighttime economy, and this led to his dismissal in 1948.




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But the damage had been done; his campaign pushed the city into the 1950–53 Caron Inquiry, which laid bare a police force deeply entangled in the very nightlife it was meant to regulate.

Cleaning up the city required more than moral zeal. Reformers pursued a new urban order which led to hiring, retraining, centralizing authority and expanding the budget. Nightlife policing became one of the clearest justifications for growth.

Building a modern police force

Two men in black robes with white ties in a black and white photo.
Pacifique Plante, on the right, with Jean Drapeau, left, who served as Montréal mayor between 1954–57 and 1960–86.
(WikiMedia/Le Mémorial du Québec)

After the inquiry, Jean Drapeau’s Civic Action League won the 1954 municipal election on a promise to restore honesty and order. But doing so required rebuilding the police. At mid-century, the force was large but demoralized, discredited by scandal and mistrusted by residents.

Throughout the 1950s and 1960s, the city invested heavily in police professionalization. European consultants from London and Paris reorganized the department, streamlined command structures and introduced new standards of training and discipline — reforms similar to those underway in Chicago and Los Angeles. Hundreds of new officers were hired and night patrols increased. Raids on cabarets, clubs and small bars became routine.

By the late 1960s, the police budget had risen sharply. Montréal’s political atmosphere — defined by protests, marches, labour disputes, dissent and fears of radical activity — gave elected officials strong incentives to keep expanding the force.

The 1969 police and firefighter strike plunged the city into chaos: looting, fires and riots. The municipal administration used the event to argue for further investment in policing, reinforcing an upward spiral in budget growth and authority.




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Growing police budget

Moments of unrest were not daily occurrences, but they created a climate in which constant budget increases appeared necessary.

Tellingly, between the mid-1950s and 1970, Montréal’s police budget grew from $9.6 million to $49.7 million — an increase of more than 400 per cent and far outpacing overall municipal spending.

Yet, the everyday, not the exceptional, absorbed the department’s time. Officers spent their nights patrolling streets, parks, clubs and cabarets, enforcing morality laws and municipal bylaws.

They targeted sex workers, queer men and women and performing artists working after dark. Street checks, like arrests for prostitution charges, shaped the routine work of policing, linking the department’s growth directly to the governance of nighttime public space.

Nighttime surveillance — from enforcing bar hours to policing street sex work — became part of a broader municipal project that linked order, cleanliness and safety to global ambitions.

Expo 67, 1976 Olympics

Women in pastel-coloured 60s mod-inspired matching jackets and skirts.
Hostess uniforms of Expo 67.
(Library and Archives Canada/Bibliothèque et Archives Canada), CC BY

As Montréal formalized its place on the global stage, first during Expo 67 and later during the 1976 Olympics, the policing of nightlife intensified.

For example, fearing that Expo would attract sex workers and petty crime, the city adopted a controversial “anti-mingling” bylaw.

This forbade employees in licensed establishments from sitting, drinking or even talking with customers. Because this bylaw was designed to curb sex workers from soliciting in drinking establishments, police enforced the regulation most aggressively against women.

Dancers, singers, barmaids and hostesses were arrested for ordinary workplace interactions. The bylaw blurred the line between hospitality work and sex work, effectively criminalizing women’s participation in the nighttime economy.

Anti-prostitution bylaws

By the early 1980s, the city — along with other Canadian urban centres — introduced “anti-prostitution” bylaws to expand police powers despite limits imposed by the Supreme Court of Canada. This led to a pan-Canadian review of sex work in society.

These local tools disproportionately targeted women, transgender people and racialized sex workers, who were increasingly arrested simply for being in public spaces at night.

Whose night?

By the ‘80s, Montréal presented itself as a global cultural hub — home to major festivals, theatres and a thriving, “respectable” nightlife. That transformation, however, rested on the continued policing of many of the people who had historically sustained the nighttime economy.

The police department had become one of the city’s largest expenses, and nighttime enforcement one of its most visible activities.

The legacy is visible today. Independent venues face noise complaints, rising regulatory costs and the threat of closure.

The city’s recent support fund for small venues offers some relief, but it doesn’t answer the central question: who is allowed to shape Montréal and its nights, and who is pushed out in the name of order?

Seen from a nocturnal angle, Montréal’s history — like the history of many cities — shows that “safety” is never neutral. From the 1940s onward, expanding police budgets rested on the idea that the night was inherently unruly and needed constant control.

Debates about rights

Rather than allocating resources toward the concerns raised by the feminist Take Back the Night movement or by emerging queer organizations, the city focused on moral regulation — a pattern that consistently targeted those living and working after dark.

A group of women seen walking in the streets, some with protest signs like 'no rape' and 'a nous la nuit' (the night is for us)
The ‘Take Back the Night’ movement stands against sexual violence and asserts the rights of women and gender-diverse people to move freely in, and enjoy, the night.
(Howl Arts Collective/Flickr), CC BY

As cities debate how to sustain their nighttime economies while keeping residents safe, Montréal’s past reminds us that the way we govern the night determines who gets to belong in it.

For policymakers and residents today, the lesson is simple: debates about nightlife are also debates about rights, inclusion and the fair use of public space. Safer nights are built not only through policing, but through investment, participation and recognition of the communities that bring the city to life after dark.

The Conversation

Matthieu Caron does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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