Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iván Fernández Suárez, Profesor en el máster en Prevención de Riesgos Laborales. Consultor PRL para Fraternidad Muprespa. Grupo de investigación TR3S-i, Trabajo Líquido y Riesgos Emergentes en las Sociedad de la Información., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja
Vivimos, pues, en un mundo hiperconectado en el que el entorno laboral se ha vuelto flexible. Pero esa flexibilidad, que tiene un lado positivo en aspectos como la conciliación y la igualdad de oportunidades, también ha generado amenazas. Ahora que podemos trabajar en cualquier lugar y en cualquier momento, separar la vida profesional de la vida privada se ha vuelto cada vez más complicado.
Este cambio ha hecho que cada vez más países incorporen en su normativa el derecho a la desconexión digital de los trabajadores. Pese a que este es un paso necesario para el bienestar digital de las personas, estas normas solo establecen los límites legales y deben ser mejoradas.
España dispone desde 2018 de una Ley de Protección de Datos Personales y garantía de derechos digitales. Sin embargo, las legislaciones establecen mínimos, las empresas deben ser más ambiciosas. No sirve con evitar situaciones que generen daño, hay que buscar bienestar digital y salud. Por ello debemos avanzar más allá de lo legalmente exigido. Implementando estrategias que fomenten un uso adecuado de las tecnologías.
¿Cómo hacer un uso más racional de las tecnologías y optimizar el binomio productividad y salud? El reto que supone la desconexión digital en un mundo hiperconectado puede tener su respuesta en la inteligencia artificial, que ofrece opciones en diferentes categorías.
Autoconciencia y monitoreo
Más allá del mero conteo del tiempo de uso, se pueden integrar sistemas inteligentes en los dispositivos para detectar patrones de utilización y obtener información sobre qué usos, y en qué momentos, generan más estrés o ansiedad.
Luego, los datos obtenidos a través del monitoreo de uso se correlacionan con los datos sobre patrones de sueño, actividad física y constantes vitales que proporcionan dispositivos como los relojes, las pulseras y los anillos inteligentes. Así, se obtiene una visión integral del impacto de la conexión digital en las personas y emitir alertas a nivel individual.
Desconexión consciente
Ya en 2021, investigadores de la Universidad de Stanford advertían que los estadounidenses miraban su móvil entre 50 y 80 veces al día para revisar sus notificaciones. La IA puede definir los horarios y momentos con mayor tráfico para filtrar esos avisos y reducir el tiempo de conexión. También puede crear modos de desconexión inteligente en los que filtra la información no relevante.
Para fomentar una desconexión digital más efectiva, la IA puede detectar los momentos óptimos para sugerir actividades offline (actividad física, meditación, atención plena o desconexión digital).
Uso intencional
Los modelos de inteligencia artificial pueden obtener los patrones de productividad de los trabajadores y, a partir de allí, sugerir tiempos de pausa y actividad en función de las características del individuo. Un ejemplo es la monitorización de la fatiga mediante herramientas que sean capaces de medir el ritmo de trabajo a través de indicadores como el parpadeo, el movimiento, la tasa de acierto o incluso la sudoración.
Muchos relojes y pulseras de actividad ya presentan funciones similares para activar nuestra movilidad y vencer el sedentarismo. Hemos pasado de sistemas que detectan la somnolencia en un conductor a sistemas de conducción asistida por inteligencia artificial.
La IA también puede filtrar información para optimizar la comunicación online y offline, reducir el ruido y evitar el exceso de información y el tecnoestrés.
El desarrollo de la inteligencia artificial permite analizar grandes cantidades de datos y determinar cómo las interfaces y algoritmos afectan a nuestra atención y generan comportamientos adictivos. Esta información podría ayudar a llevar a cabo intervenciones individuales, ajustadas a las necesidades de cada quien.
Aprovechar los datos
Donde surge una amenaza también surge una oportunidad. La aparición de estas herramientas pueden permitir avances en dos aspectos fundamentales:
La optimización de los recursos para disminuir el tiempo dedicado a tareas tediosas y aumentar la eficacia de los trabajadores.
La autoconciencia, el poder de atracción de las nuevas tecnologías es tan alto que se pierde la noción del tiempo. En un mundo en el que todo se mide, no se han incorporado herramientas efectivas que controlen los tiempos de exposición a este riesgo emergente.
Es el momento de ser reflexivos en el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones para que su uso aumente la eficiencia y el bienestar en el trabajo. Quizás el primer paso sea tomar conciencia del tiempo que se pasa frente a las pantallas.
Iván Fernández Suárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Javier Gago Valiente, Profesor en el Departamento de Enfermería de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Huelva., Universidad de Huelva
La educación ha sido históricamente uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de las sociedades, evolucionando constantemente para adaptarse a los cambios sociales, económicos y culturales de cada época.
En las últimas décadas, la aceleración de las transformaciones tecnológicas y la globalización han generado un nuevo paradigma educativo que trasciende las concepciones clásicas sobre cuándo y cómo se produce el aprendizaje. La sociedad del conocimiento ha impulsado una reconceptualización de los procesos formativos, donde la adquisición de saberes ya no puede limitarse a etapas específicas de la vida.
Existen múltiples alternativas para quienes buscan continuar su formación. Dentro de la educación formal, existen programas de formación continua como los programas universitarios para adultos que proporcionan titulaciones específicas adaptadas a perfiles con experiencia profesional; la formación profesional de grado superior que permite una especialización técnica avanzada vinculada al sector productivo; y los másteres y posgrados que aportan formación especializada que combina teoría y práctica profesional.
Todos ellos han experimentado un incremento del 32 % en su matrícula durante el último quinquenio, destacando especialmente las áreas tecnológicas y sanitarias.
Educación no formal: MOOC y Certificados de Profesionalidad
Asimismo existen certificaciones profesionales, es decir, acreditaciones específicas reconocidas por la industria en ámbitos como tecnología, gestión o marketing digital. Ejemplo de ello son los Certificados de Profesionalidad como “Desarrollo de aplicaciones con tecnologías web”, “Actividades de gestión administrativa” o “Gestión comercial inmobiliaria”.
El aprendizaje informal puede obtenerse en comunidades de práctica o grupos de profesionales que comparten conocimientos y experiencias. También a través de la autoformación mediante recursos digitales como podcasts, tutoriales, blogs especializados y otras fuentes de acceso libre. Sin olvidarnos de la mentoría de expertos en áreas específicas.
Cada vez más demanda de formación
Hay que destacar que la demanda de formación continua ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años. Un 54 % de los trabajadores participaron en alguna actividad formativa durante el último año, frente al 38 % registrado en 2015. Este aumento responde a diversos factores:
Automatización y transformación digital: según el Foro Económico Mundial (2023), el 50 % de los empleados necesitarán recualificarse significativamente antes de 2027 debido a la integración de nuevas tecnologías en los procesos productivos.
Cambios en los modelos de carrera profesional: la media de cambios profesionales ha aumentado a 12 a lo largo de la vida laboral, frente a los 7 registrados hace una década.
Mayor esperanza de vida y carreras más largas: el envejecimiento activo ha incrementado la necesidad de actualización continua para mantener la empleabilidad en etapas avanzadas.
En este sentido, el mercado de la formación continua ha respondido a esta creciente demanda con una expansión significativa. Ejemplo de ello son las siguientes modalidades de formación, en la actualidad cada vez en un mayor auge:
Hiperpersonalización formativa: plataformas que utilizan inteligencia artificial para crear itinerarios formativos individualizados según necesidades específicas, habilidades previas y objetivos profesionales. Un ejemplo muy representativo de este tipo de plataformas sería la de Coursera, la cual utiliza algoritmos de inteligencia artificial y machine learning para crear rutas de aprendizaje personalizadas que se adaptan a las necesidades específicas, habilidades previas y objetivos profesionales.
Micro-credenciales: certificaciones de corta duración centradas en competencias específicas, con un crecimiento anual del 83 %. Este formato está orientado tanto a la inserción de las personas egresadas en el mercado laboral como a personas trabajadoras que desean garantizar su empleabilidad y la progresión en sus carreras, con o sin titulación universitaria previa. Esta formación se oferta dentro de las secciones de títulos propios de las universidades.
Formación inmersiva: utilización de realidad virtual y aumentada que ha mostrado resultados de aprendizaje un 76 % superiores respecto a métodos tradicionales en determinadas áreas técnicas.
España muestra una tendencia similar, con un incremento del 41 % en la participación en actividades de formación continua desde 2020, aunque sigue por debajo de la media europea.
Los datos evidencian un crecimiento sostenido tanto en la demanda como en la oferta de estas alternativas formativas, impulsado principalmente por la transformación digital, los cambios en el mercado laboral y la necesidad de adaptación constante.
El futuro apunta hacia modelos formativos cada vez más flexibles, personalizados y orientados a resultados concretos, donde la capacidad de aprender a aprender constituirá la competencia fundamental para navegar en un entorno en permanente evolución.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
On pense bien connaître le trait de côte des cartes géographiques. Sa définition est pourtant plus complexe qu’il n’y paraît, car il ne s’agit pas d’une référence immuable au cours du temps. Le changement climatique, sans surprise, vient encore compliquer la donne.
Tout le monde pense connaître le trait de côte qui est représenté sur les cartes géographiques. Il occupe une place importante dans nos représentations et semble correspondre à une ligne de référence stable dans le temps. Nous allons voir qu’il n’en est rien.
Commençons par le définir. Selon le service hydrographique et océanographique de la Marine nationale (SHOM) et l’Institut géographique national (IGN), il s’agit de la « limite de laisse » (c’est-à-dire, jusqu’où peuvent s’accumuler les débris déposés par la mer) des plus hautes mers, dans le cas d’une marée astronomique de coefficient 120 et dans des conditions météorologiques normales (pas de vent du large et pas de dépression atmosphérique susceptible d’élever le niveau de la mer).
Il faut encore ajouter à ces conditions « pas de fortes vagues », car elles peuvent aussi faire s’élever le niveau de l’eau. De façon pragmatique toutefois, on peut se limiter aux marées hautes de vives-eaux dans des conditions météorologiques normales pour définir le trait de côte.
Les marées de grandes vives-eaux se produisant selon un cycle lunaire de 28 jours et les très grandes vives-eaux se produisant lors des équinoxes deux fois par an (en mars et en septembre).
Entre accumulation de sédiments et érosion
Le trait de côte est situé à l’interface entre l’atmosphère, l’hydrosphère (mers et océans) et la lithosphère (les roches et les sédiments), ce qui en fait un lieu extrêmement dynamique. Le trait de côte peut reculer, quand il y a une érosion des roches ou des sédiments, ou avancer, quand les sédiments s’accumulent.
Par conséquent il est nécessaire de le mesurer fréquemment. Il existe tout un arsenal de techniques, depuis l’utilisation des cartes anciennes, l’interprétation des photographies aériennes et des images satellitaires, les mesures par laser aéroporté, les mesures topographiques sur le terrain et les mesures par drones.
Les évolutions des côtes sont très variables et impliquent de nombreux mécanismes. En France, selon des estimations du CEREMA, 19 % du trait de côte est en recul.
Un indicateur très sensible aux variations du niveau de la mer
Le principal problème est que l’évolution du trait de côte est très sensible aux variations du niveau de la mer. En raison du réchauffement climatique d’origine humaine, la mer monte, du fait de la fonte des glaces continentales et de la dilation thermique des océans, et ce phénomène s’accélère.
Pour les côtes sableuses, cela conduit à une aggravation des phénomènes d’érosion déjà existants. Avec l’élévation du niveau des mers, des côtes stables, voire même des côtes en accrétion pourraient changer de régime et subir une érosion chronique. Sur un horizon de quelques décennies, il est impossible de généraliser, car la position du trait de côte dépend aussi des apports sédimentaires qui sont très variables d’une région à une autre.
Le Centre d’études et d’expertise sur les risques, l’environnement, la mobilité et l’aménagement (Cerema) estime que d’ici 2050, 5 200 logements et 1 400 locaux d’activité pourraient être affectés par le recul du trait de côte, pour un coût total de 1,2 milliard d’euros. La dynamique et le recul du trait de côte sont un sujet majeur, dont l’intérêt dépasse les seuls cercles spécialisés, avec des implications très concrètes, notamment en matière de droit de la construction. En premier lieu parce que le trait de côte est utile pour définir le domaine public maritime (DPM).
Ses limites ont été précisées en 1681 par une ordonnance de Colbert qui précise que le DPM naturel ne peut être cédé et qu’une occupation ou une utilisation prolongée par des particuliers qui se succèdent sur cette zone ne leur confère aucun droit réel ou droit de propriété.
Protéger le trait de côte sans construire des digues
La législation française relative au trait de côte a récemment évolué. En témoigne par exemple la loi Climat et résilience de 2021, qui renforce l’adaptation des territoires littoraux. La stratégie nationale de gestion intégrée du trait de côte insiste sur la mise en place de solutions durables pour préserver le littoral, tout en assurant la préservation des personnes et des biens.
Concrètement, comment faire ? L’approche la plus connue est la défense de côte en dur, souvent en béton ou en roches. Cette stratégie est chère, nécessite un entretien, elle est inesthétique et entraîne une forte dégradation, voire une disparition, des écosystèmes littoraux. Surtout, on ne pourrait généraliser cette stratégie sur les milliers de kilomètres de côtes en France et dans le monde (on parle de 500 000 km de côte).
Sans rentrer dans le détail de toutes les solutions existantes, on peut noter que la communauté scientifique qui étudie les littoraux appelle à davantage recourir aux solutions fondées sur la nature (SFN). En simplifiant, on peut dire qu’il s’agit de tirer parti des propriétés des écosystèmes sains pour protéger les personnes, tout en protégeant la biodiversité.
Ces approches ont fait leurs preuves, particulièrement en ce qui concerne les prés salés, les mangroves ou les barrières sédimentaires en général (constituées par la plage sous-marine, la plage et la dune). On peut assimiler ces écosystèmes littoraux à des « zones tampons » qui absorbent l’énergie des vagues et limitent les hauteurs d’eau tout en préservant la biodiversité et les paysages.
Source: The Conversation – France (in French) – By Thierry Gauquelin, Professeur émérite, Institut méditerranéen de biodiversité et d’écologie marine et continentale (IMBE), Aix-Marseille Université (AMU)
Créé à la fin des années 1980, ce mot a immédiatement connu un grand succès. Mais ce qu’il désigne est bien plus vaste qu’on le pense souvent. Aujourd’hui, de nouvelles notions émergent également pour nous permettre de mieux penser la diversité du vivant comme la biodiversité fantôme ou la biodiversité potentielle.
Demandez à un enfant de huit ans, à un homme politique ou à une mère de famille, quel organisme symbolise, pour eux, la biodiversité… À coup sûr, ce sera un animal et plutôt un gros animal. Ce sera le panda, le koala, la baleine, l’ours, le loup, présent aujourd’hui dans nombre de départements français. Ce sera rarement un arbre, même si la déforestation ou les coupes rases sont dans tous les esprits, encore plus rarement une fleur… Et jamais un insecte, une araignée, un ver, ou une bactérie ou un champignon microscopique… qui pourtant constituent 99 % de cette biodiversité.
Raconter l’évolution de ce terme c’est donc à la fois évoquer un grand succès mais aussi des incompréhensions et certaines limites.
Mais pour prendre la mesure de tout cela, commençons par revenir sur ses débuts.
Biodiversité, un terme récent
Le terme biodiversité traduction de l’anglais biodiversity est issu de la contraction de deux mots diversitébiologique (biological diversity). Il est relativement récent, datant seulement de la fin des années 1980, mais il a connu depuis un intérêt croissant.
Ainsi, en 2012, la Plateforme Intergouvernementale Scientifique et Politique sur la Biodiversité et les Services Ecosystèmiques (IPBES), équivalent, pour la biodiversité du Groupe d’experts intergouvernemental sur l’évolution du climat (GIEC) a été lancée par le programme des Nations unies pour l’environnement.
L’IPBES a publié depuis nombre de rapports dont, par exemple, en 2023, un rapport sur les espèces exotiques envahissantes (EEE) qui constituent l’une des cinq principales pressions sur la biodiversité.
Courbe montrant l’évolution de l’utilisation du mot biodiversité dans la base des livres disponibles sur Google Books. Capture d’écran de l’outil Google Ngram, Fourni par l’auteur
La progression spectaculaire de l’utilisation de ce terme depuis sa création témoigne de l’intérêt croissant pour cette notion, notamment depuis le sommet de la Terre de Rio en 1992 où la biodiversité et sa préservation ont été considérés comme un des enjeux principaux du développement durable.
L’herbe de la Pampa (Cortaderia selloana), une espèce exotique envahissante, dans le Pays Basque. Fourni par l’auteur
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Les 3 principaux niveaux d’organisation de la biodiversité
Mais dès qu’on s’intéresse à ce que cette notion tâche de décrire, on voit rapidement qu’il existe différents critères complémentaires pour mesurer la richesse du monde vivant, avec au moins trois niveaux de biodiversité retenus par les scientifiques. :
la diversité spécifique, soit la richesse en espèces d’un écosystème, d’une région, d’un pays donné. Elle correspond par exemple, concernant les espèces de plantes natives, à près de 5000 espèces pour la France hexagonale pour seulement 1700 pour la Grande-Bretagne.
la diversité génétique, soit la diversité des gènes au sein d’une même espèce. C’est, par exemple, la très faible diversité génétique de la population de Lynx boréal de France, issue de quelques réintroductions à partir des Carpates slovaques.
la diversité des écosystèmes, soit la diversité, sur un territoire donné, des communautés d’êtres vivants (biocénose) en interaction avec leur environnement (biotope), ces interactions constituant aussi un autre niveau de biodiversité, tant elles façonnent le fonctionnement de ces écosystèmes.
Ces différents niveaux tranchent avec la représentation que peuvent se faire nos concitoyens de cette biodiversité, souvent limitée à la diversité spécifique mais surtout à une fraction particulière de cette biodiversité, celle qui entretient des relations privilégiées ou affectives avec l’homme. Ces espèces sont d’ailleurs aussi celles que l’on voit incarnée dans les principaux organismes de défense de la nature, par exemple le panda du WWF. Mais c’est un peu l’arbre qui cache la forêt.
Une biodiversité trop mal connue… concentrée dans les sols et dans les océans
Car à ce jour, seulement environ 2 millions d’espèces ont pu être inventoriées et on estime qu’il en existe entre 8 et 20 millions.
Cette méconnaissance affligeante et paradoxale, à une époque où l’on veut conquérir Mars, est liée au fait que cette biodiversité se trouve pour une grande partie dans deux endroits, les sols d’une part, les océans d’autre part. Soit deux milieux encore trop peu investigués et pourtant recélant l’essentiel de la biodiversité spécifique de notre planète.
Concernant les sols, si l’on s’intéresse simplement à sa faune on sait qu’elle correspond à environ 80 % de la biodiversité animale. Plus de 100000 espèces ont déjà été identifiées (notamment collemboles, acariens, vers de terre…), alors qu’il n’existe que 4500 espèces de mammifères. Mais, rien que pour les nématodes, ces vers microscopiques au rôle capital pour le fonctionnement du sol, il y aurait en réalité entre 300000 et 500000 espèces.
Il faut aussi avoir en tête tous les micro-organismes (bactéries et champignons) dont on ne connait environ que 1 % des espèces et dont on peut retrouver un milliard d’individus dans un seul gramme de sol forestier.
Ainsi, dans une forêt, et d’autant plus dans une forêt tempérée où la biodiversité floristique reste faible, c’est donc bien dans le sol que cette biodiversité, pour l’essentielle cachée, s’exprime.
Elle demeure enfin indispensable au fonctionnement des écosystèmes, indispensable au fonctionnement de la planète, marqué par les échanges de matière et d’énergie.
Darwin, en 1881, nous disait à propos des vers de terre qu’il avait beaucoup étudié, on le sait peu : « Dieu sait comment s’obtient la fertilité du sol, et il en a confié le secret aux vers de terre » il ajoutait ensuite « Il est permis de douter qu’il y ait beaucoup d’autres animaux qui aient joué dans l’histoire du globe un rôle aussi important que ces créatures d’une organisation si inférieure ».
Concernant maintenant la biodiversité des océans, et notamment celle des écosystèmes profonds, il est frappant de voir comment les chiffres avancés restent très approximatifs. On connait moins la biodiversité, notamment marine, de notre planète que les étoiles dans notre univers.
À ce propos, Evelyne Beaulieu, l’héroïne océanographe du dernier prodigieux roman de Richard Powers, Un Jeu sans fin, s’exclame, après une plongée dans l’archipel indonésien Raja Ampat :
« C’est presque absurde des compter les espèces. Rien que pour les cnidaires, il y a sans doute au moins un millier de variétés, dont un bon nombre qu’aucun humain n’a jamais vu. Combien d’espèces encore à découvrir ? autant qu’on en veut ! je pourrais passer ma vie à donner à des créatures ton nom et le mien. »
La diversité génétique
La diversité génétique demeure ensuite la deuxième manière d’aborder la biodiversité. Elle est fondamentale à considérer, étant garante de la résilience des espèces comme des écosystèmes. Dans une forêt de hêtres présentant une diversité génétique importante des individus, ce sont bien les arbres qui génétiquement présentent la meilleure résistance aux aléas climatiques ou aux ravageurs qui permettront à cette forêt de survivre. Si, à l’inverse, la forêt ou le plus souvent la plantation est constituée d’individus présentant un patrimoine génétique identique, une sécheresse exceptionnelle ou encore une attaque parasitaire affectant un arbre les affecterait tous et mettra en péril l’ensemble de la plantation.
Tous les chênes pubescents marcescents de Provence n’ont pas conservé leurs feuilles mortes en hiver : conditions stationnelles différentes ou diversité génétique ? Fourni par l’auteur
La diversité des écosystèmes
Les écosystèmes sont également définis comme des ensembles où des organismes vivants (la biocénose) se trouvent en interaction avec leur environnement physique (le biotope) dans un espace délimité. Écosystèmes et biodiversité sont ainsi indissociables d’une part parce que la diversité d’écosystèmes va de pair avec la diversité spécifique mais surtout parce que les interactions qui définissent ces écosystèmes se réalisent au travers des organismes vivants constituant cette même biodiversité spécifique. Maintenir dans un espace donné des écosystèmes diversifiés, c’est en même temps favoriser la biodiversité et le fonctionnement de chacun de ces écosystèmes. Les paysages méditerranéens du Sud de la France, présentent ainsi une diversité d’écosystèmes où se côtoient pelouses sèches, garrigue ou maquis, forêts de pins, forêts de chênes verts, blancs ou liège, s’inscrivant tous dans une dynamique successionnelle, auxquels s’ajoutent oliveraies, champs de céréales ou de légumineuses, etc.
Raoul Dufy, Vue des remparts de Saint-Paul-de-Vence, 1919 : une diversité d’écosystèmes.
Pallier au manque de connaissances ?
Pour dépasser la difficulté à inventorier complètement et partout ces différentes facettes de la biodiversité, a pu se développer le concept d’une biodiversité potentielle. Des forestiers ont ainsi développer l’Indice de Biodiversité Potentielle (IBP), un outil scientifique particulièrement intéressant et pédagogique permettant d’évaluer le potentiel d’accueil d’un peuplement forestier par les êtres vivants (faune, flore, champignons), sans préjuger de la biodiversité réelle qui ne pourrait être évaluée qu’avec des inventaires complexes, non réalisables en routine.
La forêt d’exception de la Sainte-Baume : un IBP très élevé. Fourni par l’auteur
Cet IBP permet donc d’identifier les points d’amélioration possibles lors des interventions sylvicoles. Cet indicateur indirect et « composite », repose sur la notation d’un ensemble de dix facteurs qui permettent d’estimer les capacités d’accueil de biodiversité de la forêt.
Ainsi sera noté, par exemple, la présence ou non dans l’écosystème forestier de différentes strates de végétation, de très gros arbres, d’arbres morts sur pied ou au sol mais aussi de cavités, blessures, excroissances se trouvant au niveau des arbres et susceptibles d’abriter des organismes très divers, des coléoptères aux chiroptères.
La forêt de pins maritimes des landes : un IBP faible. Fourni par l’auteur
Enfin, cette biodiversité peut aussi s’exprimer au travers de la biodiversité fantôme c’est-à-dire la biodiversité des espèces qui pourraient naturellement occuper un environnement du fait de leurs exigences écologiques mais qui en sont absentes du fait des activités humaines.
De fait, chaque écosystème a, par les caractéristiques climatiques, géographiques, géologiques de son biotope, un potentiel de biodiversité, potentiel entravé par la main de l’homme ancienne ou récente. Dans les régions fortement affectées par les activités humaines, les écosystèmes ne contiennent que 20 % des espèces qui pourraient s’y établir, contre 35 % dans les régions les moins impactées, un écart causé par la fragmentation des habitats, favorisant la part de la diversité fantôme.
Inventoriée, cachée, potentielle ou fantôme, la biodiversité n’en reste pas moins la clé du fonctionnement des écosystèmes et la clé de notre résilience au changement climatique. En témoignent toutes les publications scientifiques qui s’accumulent montrant l’importance de cette diversité pour nos efforts d’atténuation et d’adaptation. De plus en plus menacée dans toutes ses composantes sur la planète, la biodiversité doit donc plus que jamais être explorée et décrite, notamment là où elle est la plus riche mais la moins connue.
Thierry Gauquelin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
L’opéra national de Pékin a été conçu par Paul Andreu, architecte de l’aéroport parisien de RoissyTrey Ratcliff / Flickr, CC BY-NC-ND
De la Chine à l’Indochine, en passant par Hongkong et la Corée du Sud, l’art lyrique occidental s’est implanté en Asie dans des contextes très variés. Héritage colonial ou outil de distinction sociale, il révèle bien plus que des goûts musicaux : une géographie du pouvoir, des hiérarchies culturelles, et des trajectoires d’appropriation locale.
L’art lyrique occidental co-existe avec l’opéra de Pékin, un genre populaire autochtone chinois, né à la fin du XVIIIe siècle, qui propose des spectacles mêlant musique, danse acrobatique et théâtre présentés avec des costumes colorés traditionnels.
Le répertoire européen sera timidement importé à partir des années 1980, comme en témoignent les représentations de Carmen à Pékin, en 1982, à destination d’un public chinois parfois un peu perdu face à cet art si éloigné de la tradition culturelle locale. Le Parti communiste chinois avait d’ailleurs distribué des cassettes audio aux spectateurs pour leur expliquer l’œuvre et les prévenir de la moralité de Carmen…
La maison d’opéra devient, comme en Europe, un lieu central, dont la fréquentation s’inscrit dans un processus de distinction sociale prisé des classes sociales supérieures. Ce bâtiment futuriste a ainsi remplacé une partie de la ville composée de petites maisons traditionnelles et d’habitants souvent âgés, montrant une volonté politique forte d’inscrire la Chine dans la modernité. Ce phénomène rappelle mutatis mutandis, les opérations d’urbanisme menées sous la houlette du baron Haussmann à Paris, destinées à mettre en scène l’opéra dans la ville et à structurer l’urbanisme autour de sa centralité.
En Indochine française, un théâtre d’apparat pour la bonne société coloniale puis l’élite hanoïenne
Au début du XXe siècle, l’implantation lyrique en Indochine reste strictement coloniale et sous le contrôle étroit de la censure. À Saïgon, à Haïphong ou à Hanoï, les colons français importent l’art théâtral et dans une moindre mesure l’opérette et les grandes œuvres du répertoire pour recréer les sociabilités parisiennes dont ils sont nostalgiques. Ces villes deviennent les vitrines culturelles de l’empire français reproduisant, ici comme dans d’autres colonies, les signes urbains de la centralité métropolitaine à travers le triptyque « cathédrale, théâtre et Palais du gouverneur ».
Dès les années 1880, ces édifices accueillent des troupes venues de France, renforçant ainsi le lien affectif avec la métropole. Les représentations d’art lyrique s’intègrent dans des activités culturelles variées avec le recours fréquent d’orchestres militaires. Ces activités lyriques restent destinées à la population coloniale dont le territoire lyrique demeure hermétique à la population autochtone.
Bien que parfois initiée à la culture française, celle-ci demeure le plus souvent exclue des pratiques musicales européennes, pour des raisons tant culturelles qu’économiques. Utilisé par les communistes lors de la révolution d’août 1945, l’opéra conserve aujourd’hui une activité culturelle réservée à une élite. Il est devenu le lieu où l’on accueille les délégations internationales et bientôt des touristes…
À Pondichéry, une implantation lyrique franco-indienne aidée par l’armée
Le théâtre, propriété de l’armée, devient au début du XXe siècle un lieu culturel diffusant entre autres de l’art lyrique, chanté en français et destiné à un public mêlant colons, fonctionnaires, militaires et élite tamoule francophone. Cette appropriation partielle du répertoire par certains groupes locaux témoigne d’un ancrage culturel plus diffus, bien que toujours limité à une élite cultivée. Les musiciens militaires jouent un rôle essentiel dans l’entretien de cette vie lyrique, participant parfois aux représentations.
Aujourd’hui, le lieu tente de conserver une activité culturelle variée malgré de nombreuses difficultés, notamment financières.
Hongkong, plaque tournante d’un art lyrique mondialisé
À partir des années 1970, les élites locales s’approprient l’opéra occidental. Si l’italien reste la langue dominante utilisée, des artistes chinois, comme Ella Kiang, s’imposent désormais sur scène. Par la suite, les représentations sont sous-titrées en caractères chinois, et certaines œuvres françaises traduites dans la langue locale. À partir de 1973, le festival de Hongkong devient un espace de dialogue entre cultures, tandis que l’influence française décline au profit de celle de l’Italie et du Royaume-Uni.
Le centre culturel de Hongkong, dans le quartier de Tsim Sha Tsui. Wikimedia
En Corée du Sud, un art lyrique marqué par le répertoire italien et ascenseur social pour jeunes artistes
La Corée du Sud, qui échappe aux influences coloniales occidentales directes mais pas à la mondialisation culturelle récente, adopte l’opéra comme outil de distinction sociale. L’Opéra national est inauguré en 1959, avec un répertoire dominé par Verdi, chanté en coréen.
Le National Opera adapte aussi des récits coréens dans un style lyrique mêlant musique traditionnelle et instruments occidentaux, ce qui témoigne d’une appropriation du genre à travers une esthétique hybride.
L’art lyrique en Asie, un indicateur géopolitique et culturel
À travers ces différents cas, l’art lyrique en Asie apparaît comme un révélateur des rapports de domination, de circulation culturelle et de hiérarchies linguistiques.
Si la colonisation a été un vecteur d’importation de formes lyriques européennes, elle a également été une force de sélection et de segmentation. En effet, l’art lyrique occidental n’a réellement pris racine que là où les élites – coloniales ou nationales – y ont trouvé un intérêt social ou politique. Plus récemment, la montée de classes moyennes et cultivées dans les grandes métropoles asiatiques a transformé le rapport à l’opéra, qui devient désormais un bien culturel universalisé, affranchi de ses origines européennes, adapté aux langues et aux esthétiques locales.
Ainsi, l’art lyrique, autrefois outil de cohésion entre colons, devient aujourd’hui un symbole de puissance et d’ouverture des sociétés asiatiques en quête de reconnaissance sur la scène internationale.
Frédéric Lamantia ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Les femmes sont, en moyenne, plus heureuses célibataires que les hommes, qui, de plus en plus, sombreraient dans l’heteropessimismeDrazen Zigic/Shutterstock
Baisse de l’activité sexuelle, montée d’un certain « hétéropessimisme » ou célibat revendiqué… de plus en plus d’éléments indiquent que la génération Z se détourne des formes traditionnelles de rencontres et des relations amoureuses à long terme. Dans le même temps, on observe un clivage politique entre jeunes femmes – plus libérales – et jeunes hommes – plus conservateurs. Comment analyser ces évolutions, au regard du contexte politique, social et économique ?
Des signes de clivage politique entre les jeunes hommes et les jeunes femmes ont pu être observés au cours de l’année écoulée. Les données issues des élections dans plusieurs pays indiquent que les femmes âgées de 18 à 29 ans se montrent nettement plus libérales, tandis que les jeunes hommes penchent davantage vers le conservatisme. Une récente étude, menée dans 30 pays a également révélé que la génération Z est plus divisée que les précédentes sur les questions liées à l’égalité entre les sexes.
Il s’agit d’une augmentation significative par rapport aux années précédentes. Et les adolescents états-uniens sont moins enclins à entretenir des relations amoureuses que ceux des générations précédentes.
Au Royaume-Uni, les enquêtes menées au cours des dernières décennies révèlent une tendance à la baisse de l’activité sexuelle, tant en termes de fréquence que de nombre de partenaires chez les jeunes. Les applications de rencontre perdent également de leur attrait, les principales plateformes enregistrant des baisses significatives du nombre d’utilisateurs parmi les hétérosexuels de la génération Z l’an dernier.
Une fracture politique genrée
Une fracture politique genrée rend-elle les rencontres plus difficiles ? En tant que sociologues de l’intimité, nos travaux ont montré comment les relations sont affectées par des tendances sociales, économiques et politiques plus larges.
Nos recherches sur la persistance des inégalités de genre montrent qu’elles peuvent affecter la qualité des relations intimes ainsi que leur stabilité.
Par exemple, les relations hétérosexuelles reposent souvent sur une répartition inégale du travail émotionnel et domestique, même au sein des couples ayant des revenus similaires. Certains commentateurs et chercheurs ont identifié une tendance à l’« hétéropessimisme » – un désenchantement vis-à-vis des relations hétérosexuelles, souvent marqué par l’ironie, par le détachement ou par la frustration. De nombreuses femmes expriment une lassitude face aux inégalités de genre qui peuvent apparaître dans les relations avec les hommes.
Mais l’hétéropessimisme a également été identifié chez les hommes et des recherches ont montré que les femmes sont, en moyenne, plus heureuses célibataires que ces derniers.
Prenons le travail domestique. Malgré les avancées en matière d’égalité entre les sexes dans de nombreux domaines, les données montrent que, dans les couples hétérosexuels, les femmes assument encore la majorité des tâches ménagères et des tâches liées au soin. Au Royaume-Uni, elles effectuent en moyenne 60 % de travail non rémunéré de plus que les hommes. Cet écart subsiste même au sein des couples où les deux partenaires travaillent à temps plein.
En Corée, l’inégalité persistante entre les sexes est considérée comme étant à l’origine du mouvement 4B. Des jeunes femmes coréennes, lassées des stéréotypes sexistes qui les cantonnent à des rôles traditionnels, déclarent rejeter le mariage, la maternité, les relations amoureuses et le sexe avec les hommes.
Dans ce pays et ailleurs, sur les réseaux sociaux, des jeunes femmes se disent « boy sober » [littéralement « sobres de garçons », ndlr_]. Le harcèlement, les abus et les « comportements toxiques » sur les applications de rencontre ont, selon certains témoignages, détourné nombre d’entre elles de toute envie de sortir avec quelqu’un.
D’autres ont opté pour la célibat volontaire. Un élément d’explication tient au fait que, pour certaines femmes, la remise en cause des droits reproductifs – comme l’abrogation de l’arrêt Roe v. Wade (qui garantissait le droit fédéral à l’avortement aux États-Unis, ndlr) – rend les questions d’intimité fondamentalement politiques.
Des désaccords politiques, qui auraient, autrefois, pu être surmontés dans une relation, sont aujourd’hui devenus profondément personnels, car ils touchent à des enjeux tels que le droit des femmes à disposer de leur corps et les expériences de misogynie qu’elles peuvent subir.
Bien sûr, les femmes ne sont pas seules à pâtir des inégalités de genre. Dans le domaine de l’éducation, les données suggèrent que les garçons prennent du retard sur les filles à tous les niveaux au Royaume-Uni, bien que des recherches récentes montrent que la tendance s’est inversée en mathématiques et en sciences.
Nombre d’hommes estiment être privés d’opportunités de s’occuper de leurs enfants, notamment en raison de normes dépassées en matière de congé parental, limitant le temps qu’ils peuvent leur consacrer.
Certains influenceurs capitalisent sur les préjudices réels ou supposés des hommes, diffusant leurs visions rétrogrades et sexistes des femmes et du couple sur les réseaux sociaux de millions de garçons et de jeunes hommes.
Compte tenu de tout cela, il n’est pas surprenant que les jeunes hommes soient plus enclins que les jeunes femmes à affirmer que le féminisme a « fait plus de mal que de bien ».
Anxiété et incertitude
Mais des enjeux politiques et économiques plus larges influencent également les jeunes hommes et les jeunes femmes, et conditionnent leur façon – voire leur décision – de se fréquenter. La génération Z atteint l’âge adulte à une époque de dépression économique. Des recherches montrent que les personnes confrontées à des difficulté économiques peuvent avoir du mal à établir et à maintenir des relations intimes.
Cela peut être en partie dû au fait que les débuts d’une romance sont fortement associés au consumérisme – sorties au restaurant, cadeaux, etc. Mais il existe aussi un manque d’espace mental pour les rencontres lorsque les gens sont sous pression pour joindre les deux bouts. L’insécurité financière affecte également la capacité des jeunes à se payer un logement et, donc, à disposer d’espaces privés avec un partenaire.
On observe, par ailleurs, une augmentation des problèmes de santé mentale signalés par les jeunes dans le monde entier. Les angoisses liées à la pandémie, à la récession économique, au climat et aux conflits internationaux sont omniprésentes.
Ces inquiétudes se reflètent dans les rencontres amoureuses, au point que certains voient dans une relation sentimentale une prise de risque supplémentaire dont il vaut mieux se protéger. Des recherches menées auprès d’utilisateurs hétérosexuels d’applications de rencontre au Royaume-Uni, âgés de 18 à 25 ans, ont révélé qu’ils perçoivent souvent les rencontres comme un affrontement psychologique – dans lequel exprimer son intérêt trop tôt peut mener à l’humiliation ou au rejet.
Il en résulte que ni les jeunes hommes ni les jeunes femmes ne se sentent en sécurité pour manifester un véritable intérêt envers un potentiel partenaire. Cela les enferme souvent dans le fameux, et souvent décrié, « talking stage » (« phase de discussion »), où les relations peinent à progresser.
Comme l’ont montré Lisa Wade et d’autres sociologues, même dans le cadre de relations sexuelles occasionnelles, l’attachement émotionnel est souvent volontairement évité.
Si la génération Z se détourne des relations amoureuses, ce n’est pas forcément par manque d’envie de créer du lien, mais sans doute en raison d’un sentiment de vulnérabilité accru, nourri par une montée des problèmes de santé mentale et un climat d’insécurité sociale, économique et politique.
Il ne s’agit peut-être pas d’un rejet des relations de la part des jeunes. Peut-être ont-ils plutôt du mal à trouver des espaces émotionnellement sûrs (et financièrement accessibles) propices au développement d’une intimité.
Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.
Le point d’aboutissement de l’attraction qu’exerce sur Stackelberg le nationalisme allemand est son adhésion au Parti national-socialiste (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP) en 1931, puis à la Schutzstaffel (SS) en 1933.JasonLincolnLester/Shutterstock
Économiste de génie et… membre de la Schutzstaffel (SS). Comment séparer la biographie un des auteurs majeurs de la théorie des jeux et du duopole, de ses convictions politiques ? Dans la période de l’entre-deux-guerres et de l’après-guerre, Heinrich Von Stackelberg entendait peser sur le cours du monde. À base de compétition, de corporatisme fasciste et d’ordolibéralisme.
Heinrich von Stackelberg est à la fois un économiste méconnu et un théoricien de réputation internationale. Il a laissé son nom à la postérité en proposant une typologie des marchés qui fait encore l’objet de recherches aujourd’hui, en développant la théorie des jeux et en questionnant l’idée d’« équilibre économique ». Il ne fut pourtant pas que cela. Son itinéraire de théoricien de l’économie renferme une face sombre, très sombre même, puisqu’il adhéra au Parti national-socialiste allemand en 1931, soit deux ans avant l’accession de Hitler à la Chancellerie.
L’actualité de la politique commerciale de Donald Trump pose un problème bien connu des économistes. Faut-il rétorquer par des sanctions similaires, et s’engager dans l’escalade tarifaire, ou bien négocier pour alléger les droits de douane additionnels du pays qui les a établis ? Doit-on participer à un jeu coopératif ou bien à un jeu non coopératif ? En lien direct avec cette actualité commerciale, c’est la figure de l’économiste et mathématicien Heinrich Freiherr Von Stackelberg qui se dessine en toile de fond. Un économiste dont la réputation tient essentiellement à son approche des coûts, de la concurrence et des formes de marché.
La figure de Stackelberg dans le champ de la science économique conduit à penser qu’un discours théorique n’est que rarement, voire jamais, séparé d’une vision du monde (Weltanschaung), d’un engagement politique. L’entre-deux-guerres en constitue une période hautement symbolique. Les théoriciens de l’économie, au sein desquels il prit place, entendaient peser sur le cours du monde, ce qui explique l’âpreté des conceptions des uns et des autres.
Équilibre et déséquilibre
L’économiste Heinrich von Stackelberg, né en 1905 à Moscou et décédé en 1946 à Madrid, a développé dès son arrivée en Allemagne, à 18 ans, une attirance pour le nationalisme conservateur. Wikimediacommons
Nul doute que cet économiste, baron de son état, né en Russie en 1905, devenu allemand par la suite et mort en Espagne en 1946, aura marqué la théorie économique. Il analyse tout particulièrement les comportements des acteurs, ces entreprises dans la sphère marchande, pouvant être à l’origine de rapports économiques asymétriques. Ces comportements participent in fine à l’émergence d’un acteur leader. Ce leader est en mesure d’empêcher, par le pouvoir dont il est doté sur le marché, la formation d’un équilibre économique. C’est lui qui fixe les règles de fonctionnement du marché, l’autre acteur étant considéré comme un suiveur. Stackelberg en déduit que l’équilibre sur les marchés est une conception très éloignée de la réalité économique.
Stackelberg s’éloigne en cela de ses prédécesseurs français, Antoine Cournot ou Joseph Bertrand, qui, pour leur part, avaient axé leur réflexion sur des jeux coopératifs. Ils aboutissaient à des marchés considérés comme équilibrés.
Structure du marché et équilibre
L’extrême rigueur de la démonstration de Stackelberg tient à la dotation élevée en capital mathématique qui caractérisait cet économiste. Elle lui vaut une insertion rapide dans les grands débats qui animent la science économique durant les années 1920-1930, années souvent qualifiées de « haute théorie », et ce, en dépit de la barrière de la langue allemande. Sa vision de l’instabilité des marchés fait qu’il n’est pas un économiste isolé puisque, la Grande Dépression aidant, d’autres économistes développent des travaux similaires comme ceux de Nicholas Kaldor en Grande-Bretagne.
Marktform und Gleichgewicht (1934), ou Market Structure and Equilibrium (2011) en anglais, est l’ouvrage phare de Stackelberg. Springer, FAL
Avec de telles avancées théoriques, Stackelberg s’installe durablement dans le paysage éditorial économique, et en particulier dans les ouvrages d’économie industrielle et, plus largement, dans les manuels contemporains de science économique couvrant les trois premières années d’économie dans les universités.
C’est en 1934 qu’il publie son ouvrage phare, en langue allemande, et longtemps resté sans traduction ni anglaise ni encore moins française, Marktform und Gleichgewicht. Il faudra attendre 2011 pour avoir une traduction anglaise complète de ce livre Market Structure and Equilibrium. La théorie du duopole de Stackelberg, que l’on peut trouver dans cet ouvrage, lui a valu une notoriété mondiale. Un ouvrage publié en 1934 qui suscita d’emblée des commentaires et des recensions dans les revues d’économie les plus prestigieuses, et signés par les grands noms de la discipline, à l’image de Wassily Leontief aux États-Unis, de Nicholas Kaldor et de John Hicks en Grande-Bretagne, ou encore de Walter Eucken en Allemagne.
Économiste nazi
Mathématicien, statisticien, économiste, Stackelberg est un intellectuel brillant. Ses travaux sur les coûts et les formes de marché l’attestent. La science, celle de l’économie en particulier, n’est toutefois pas idéologiquement neutre. Dans le cas de Stackelberg, l’homme de connaissances développe une conscience nationaliste, une attirance pour les mouvements paramilitaires dès qu’il foule le sol allemand à l’âge de 18 ans, après avoir fui sa Russie natale avec ses parents et ses trois frères.
Le point d’aboutissement de l’attraction qu’exerce sur lui le nationalisme allemand, est l’adhésion au Parti national-socialiste (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP) en 1931, puis à la Schutzstaffel (SS) en 1933. Si ses recherches sur les formes de marché sont finalisées dans la publication de l’ouvrage de 1934, Stackelberg publie plusieurs articles dans des revues comme Jungnationale Stimmen (Voies des jeunesses nationalistes. Lire James Konow).
On pourrait considérer qu’une ligne de démarcation sépare les travaux théoriques de l’engagement politique de Stackelberg, et affirmer ainsi que la science ne se mélange pas à la politique. L’argument principal qui plaide en faveur de cette étanchéité entre les deux champs tient à l’antériorité de l’adhésion au NSDAP sur les recherches académiques qui vont faire de lui un économiste de réputation internationale.
En réalité, Stackelberg prend des positions politiques qui transpirent dans ses analyses scientifiques.
Corporatisme d’obédience fasciste
Un premier indice réside dans sa vision de la politique monétaire. Lors d’une conférence (« Die deutsche Geldpolitik seit 1870 »), prononcée en 1942 à Bonn, dont le thème est la politique monétaire allemande, Stackelberg s’attache à retracer l’évolution des réformes monétaires de l’Allemagne depuis 1870. L’ambition de cette conférence est d’identifier les fondements d’une souveraineté monétaire de l’Allemagne en phase avec ses ambitions hégémoniques dans une Europe en voie de renouveau. La publication des inaugural lectures (Antrittsvorlesung) de l’Université de Bonn est placée sous la responsabilité de Karl Franz Johann Chudoba (1898-1976), qui enseigne la minéralogie à Bonn, mais qui est, par ailleurs, un membre actif du Parti national-socialiste des travailleurs allemands (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP).
Le second indice est beaucoup révélateur de l’articulation qu’il peut y avoir entre démarche scientifique et engagement politique. Il tient fondamentalement à la période historique dans laquelle évolue Stackelberg. Cette période, c’est celle de la défaite de 1918 et celle de la République de Weimar. Comme bon nombre d’économistes, dont le français François Perroux, Stackelberg s’emploie, dans son livre de 1934 (Marktform und Gleichgewicht), à cherche une troisième voie entre, d’une part, le bolchévisme et le nivellement social qu’il lui semble incarner et, d’autre part, le capitalisme et son individualisme exacerbé qui a mis à l’épreuve les valeurs de l’Allemagne.
C’est pourquoi, dans un court chapitre (trois pages seulement), il prône l’adhésion au corporatisme. En cela, il rejoint une frange des économistes qui, comme lui, ont la certitude que le capitalisme est instable, et qui sont en quête d’une troisième voie, celle du corporatisme d’obédience fasciste.
Ordolibéralisme
Stackelberg n’est donc pas qu’un théoricien, il définit des leviers de politique économique, admet l’importance de l’interventionnisme de l’État, dans la perspective d’une réconciliation des acteurs d’une même filière économique, participant ainsi d’une unité nationale. Cette conception, il en échange les principes fondamentaux avec son collègue et ami, l’économiste Luigi Amoroso, auteur en 1938 d’un article publié par la prestigieuse revue Econometrica, dédié à Vilfredo Pareto, et dans lequel il rend un vibrant hommage à Benito Mussolini.
Stackelberg participe pleinement à la bataille des idées économiques de l’entre-deux-guerres. S’éloignant du nazisme à partir de 1943, il rejoint le groupe de Fribourg, autour d’économistes comme Eucken Walter ou Röpke Wilhelm ou encore Böhm Franz. Un groupe qui fera date, puisque les économistes qui le composent forment l’ordolibéralisme, incarnation allemande d’une voie médiane entre le laissez-faire intégral et le socialisme. Ce courant de pensée libéral conceptualise que la mission économique de l’État est de créer et de maintenir un cadre normatif permettant la « concurrence libre et non faussée » entre les entreprises.
Des économistes qui entendent préparer le lendemain de la guerre en proposant de nouveaux principes organisationnels de l’économie allemande.
Invité par l’Université de Madrid comme visiting professor, Stackelberg profite de cette opportunité en 1944 pour fuir l’Allemagne nazie. Il échappe au sort qui fut réservé à tous les opposants au régime dont il fait partie. En effet, après son adhésion sans ambiguïté au nazisme, Stackelberg s’était rangé dans le camp des opposants à Hitler. Ses enseignements en Espagne font de Stackelberg un diffuseur de l’ordolibéralisme, dans un régime politique autoritaire, attestant une fois de plus de l’attirance de cet économiste pour le fascisme et le nationalisme.
Il va laisser une forte empreinte chez ses collègues espagnols, empreinte que l’on peut mesurer dans les recherches menées sur lui en Espagne, jusqu’à très récemment. Cette empreinte aura été réalisée dans un laps de temps très court, puisque Stackelberg mourut en 1946. Durant ces deux années, il publiera un ouvrage en langue espagnole : Principios de Téoria Economica.
Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.
A new wave of climate research is sounding a stark warning: Human activity may be driving drought more intensely – and more directly – than previously understood.
This drought has been linked to the Pacific Decadal Oscillation, a climate pattern that swings between wet and dry phases every few decades. Since a phase change in the early 2000s, the region has endured a dry spell of epic proportions.
The PDO was thought to be a natural phenomenon, governed by unpredictable natural ocean and atmosphere fluctuations. But new research published in the journal Nature suggests that’s no longer the case.
Working with hundreds of climate model simulations, our team of atmosphere, earth and ocean scientists found that the PDO is now being strongly influenced by human factors and has been since the 1950s. It should have oscillated to a wetter phase by now, but instead it has been stuck. Our results suggest that drought could become the new normal for the region unless human-driven warming is halted.
The science of a drying world
For decades, scientists have relied on a basic physical principle to predict rainfall trends: Warmer air holds more moisture. In a warming world, this means wet areas are likely to get wetter, while dry regions become drier. In dry areas, as temperatures rise, more moisture is pulled from soils and transported away from these arid regions, intensifying droughts.
While most climate models simulate this general pattern, they often underestimate its full extent, particularly over land areas.
Arizona Game and Fish Department workers pump water into a wildlife water catchment south of Tucson in July 2023. In normal years, the catchment receives enough rainwater, but years of drought have changed that. Andrew Caballero-Reynolds/AFP via Getty Images
Yet countries are already experiencing drought emerging as one of the most immediate and severe consequences of climate change. Understanding what’s ahead is essential, to know how long these droughts will last and because severe droughts can have sweeping affects on ecosystems, economies and global food security.
Human fingerprints on megadroughts
Simulating rainfall is one of the greatest challenges in climate science. It depends on a complex interplay between large-scale wind patterns and small-scale processes such as cloud formation.
Until recently, climate models have not offered a clear picture of how rainfall patterns are likely to change in the near future as greenhouse gas emissions from vehicles, power plants and industries continue to heat up the planet. The models can diverge sharply in where, when and how precipitation will change. Even forecasts that average the results of several models differ when it comes to changes in rainfall patterns.
We looked back at the pattern of PDO phase changes over the past century using an exceptionally large ensemble of climate simulations. The massive number of simulations, more than 500, allowed us to isolate the human influences. This showed that the shifts in the PDO were driven by an interplay of increasing warming from greenhouse gas emissions and cooling from sun-blocking particles called aerosols that are associated with industrial pollution.
From the 1950s through the 1980s, we found that increasing aerosol emissions from rapid industrialization following World War II drove a positive trend in the PDO, making the Southwest rainier and less parched.
After the 1980s, we found that the combination of a sharp rise in greenhouse gas emissions from industries, power plants and vehicles and a reduction in aerosols as countries cleaned up their air pollution shifted the PDO into the negative, drought-generating trend that continues today.
This finding represents a paradigm shift in our scientific understanding of the PDO and a warning for the future. The current negative phase can no longer be seen as just a roll of the climate dice – it has been loaded by humans.
Our conclusion that global warming can drive the PDO into its negative, drought-inducing phase is also supported by geological records of past megadroughts. Around 6,000 years ago, during a period of high temperatures, evidence shows the emergence of a similar temperature pattern in the North Pacific and widespread drought across the Southwest.
Tropical drought risks underestimated
The past is also providing clues to future rainfall changes in the tropics and the risk of droughts in locations such as the Amazon.
One particularly instructive example comes from approximately 17,000 years ago. Geological evidence shows that there was a period of widespread rainfall shifts across the tropics coinciding with a major slowdown of ocean currents in the Atlantic.
These ocean currents, which play a crucial role in regulating global climate, naturally weakened or partially collapsed then, and they are expected to slow further this century at the current pace of global warming.
A recent study of that period, using computer models to analyze geologic evidence of earth’s climate history, found much stronger drying in the Amazon basin than previously understood. It also shows similar patterns of aridification in Central America, West Africa and Indonesia.
The results suggest that rainfall could decline precipitously again. Even a modest slowdown of a major Atlantic Ocean current could dry out rainforests, threaten vulnerable ecosystems and upend livelihoods across the tropics.
What comes next
Drought is a growing problem, increasingly driven by human influence. Confronting it will require rethinking water management, agricultural policy and adaptation strategies. Doing that well depends on predicting drought with far greater confidence.
Climate research shows that better predictions are possible by using computer models in new ways and rigorously validating their performance against evidence from past climate shifts. The picture that emerges is sobering, revealing a much higher risk of drought across the world.
Pedro DiNezio receives funding from the U.S. National Science Foundation, National Oceanic and Atmospheric Administration, and WTW Research Network.
Timothy Shanahan does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Source: The Conversation – in French – By Donald Heflin, Executive Director of the Edward R. Murrow Center and Senior Fellow of Diplomatic Practice, The Fletcher School, Tufts University
Le président états-unien Donald Trump et le président russe Vladimir Poutine se rencontreront en Alaska, le 15 août 2025. Ici, ils arrivent ensemble pour la photo de groupe lors du sommet du G20 à Osaka, le 28 juin 2019.Brendan Smialowski/AFP/Getty Images
Un sommet organisé à la hâte entre les présidents Donald Trump et Vladimir Poutine est prévu le 15 août 2025 en Alaska, où les deux dirigeants discuteront d’un accord de paix entre la Russie et l’Ukraine. Le chef de l’État ukrainien Volodymyr Zelensky ne sera pas présent, sauf changement de dernière minute. « The Conversation » s’est entretenu avec le diplomate chevronné Donald Heflin, qui enseigne aujourd’hui à la Fletcher School de l’Université Tufts, près de Boston, afin de connaître son point de vue sur cette rencontre inhabituelle et sur les raisons pour lesquelles elle aboutira, selon lui, probablement à une photo et à une déclaration, mais pas à un accord de paix.
The Conversation : Comment les guerres prennent-elles fin ?
Donald Heflin : Les guerres prennent fin pour trois raisons. La première est que les deux camps s’épuisent et décident de faire la paix. La deuxième, plus courante, est qu’un camp s’épuise, lève la main et dit : « Oui, nous sommes prêts à nous asseoir à la table des négociations. »
Ce que nous voyons dans la situation entre la Russie et l’Ukraine, c’est qu’aucune des deux parties ne montre une réelle volonté de s’asseoir à la table des négociations et de céder du territoire.
Les combats se poursuivent donc. Et le rôle que jouent actuellement Trump et son administration correspond à la troisième possibilité, celle d’une puissance extérieure qui intervient et dit « Ça suffit ».
Regardons la Russie. Elle n’est peut-être plus la superpuissance qu’elle a été, mais c’est une puissance qui dispose d’armes nucléaires et d’une armée importante. Ce n’est pas un petit pays du Moyen-Orient que les États-Unis peuvent dominer complètement. C’est presque un égal. Alors, peut-on vraiment lui imposer sa volonté et le faire venir sérieusement à la table des négociations s’il ne le veut pas ? J’en doute fort.
Des habitants de Kramatorsk (Ukraine) sortent de leur voiture au milieu d’immeubles résidentiels bombardés par les forces russes, le 10 août 2025. Pierre Crom/Getty Images
De quelle manière cette rencontre entre Trump et Poutine en Alaska s’inscrit-elle dans l’histoire des négociations de paix ?
D. H. : Beaucoup de gens font l’analogie avec la conférence de Munich de 1938, où la Grande-Bretagne et la France ont rencontré l’Allemagne hitlérienne. Je n’aime pas faire de comparaison avec le nazisme ou avec l’Allemagne hitlérienne. Ces gens ont déclenché la Seconde Guerre mondiale, perpétré l’Holocauste et tué de 30 millions à 40 millions de personnes. Il est difficile de comparer quoi que ce soit à cela.
Mais sur le plan diplomatique, ce qui s’est passé en 1938 peut éclairer la situation actuelle. L’Allemagne a dit : « Écoutez, nous avons tous ces citoyens allemands qui vivent dans ce nouveau pays qu’est la Tchécoslovaquie. Ils ne sont pas traités correctement. Nous voulons qu’ils fassent partie de l’Allemagne. » Et ils étaient prêts à envahir le pays.
L’Europe est alors en pleine crise des Sudètes : la situation est explosive. Pour éviter la guerre, le premier ministre britannique Neville Chamberlain décide de mener seul des négociations avec le chancelier Hitler. Il fait trois fois le voyage en Allemagne en quinze jours et ces rencontres mèneront aux accords de Munich, qui actent la cession par la Tchécoslovaquie des Sudètes au profit du IIIe Reich, avec des garanties françaises et anglaises sur l’intégrité du reste du pays. Et cela devait s’arrêter là. L’Allemagne ne devait avoir aucune autre exigence.
Et, bien sûr, il n’a pas fallu attendre plus d’un an ou deux ans avant que l’Allemagne déclare : « Non, nous voulons toute la Tchécoslovaquie. Et, d’ailleurs, nous voulons aussi la Pologne. » C’est ainsi que la Seconde Guerre mondiale a commencé.
Le dictateur allemand Adolf Hitler, à droite, serre la main du premier ministre britannique Neville Chamberlain, lors de leur rencontre à Godesberg, en Allemagne, le 23 septembre 1938. New York Times Co./Getty Images
Pourriez-vous préciser davantage ces comparaisons ?
Des garanties de sécurité ont été données à la Tchécoslovaquie et n’ont pas été respectées. L’Occident a donné des garanties de sécurité à l’Ukraine lorsque ce pays a renoncé à ses armes nucléaires en 1994. Nous leur avons dit : « Si vous faites preuve de courage et renoncez à vos armes nucléaires, nous veillerons à ce que vous ne soyez jamais envahis. » Et ils ont été envahis deux fois depuis, en 2014 et en 2022. L’Occident n’a pas réagi.
L’histoire nous enseigne donc que les chances que ce sommet débouche sur une paix durable sont assez faibles.
Quel type d’expertise est nécessaire pour négocier un accord de paix ?
D. H. : Voici comment cela se passe généralement dans la plupart des pays qui ont une politique étrangère d’envergure ou un appareil de sécurité nationale important, et même dans certains petits pays.
D’abord, les dirigeants politiques définissent leur objectif politique, ce qu’ils veulent atteindre.
Ils communiquent ensuite leurs objectifs aux agents de l’État, des services diplomatiques et aux militaires en leur disant : « Voici ce que nous voulons obtenir à la table des négociations. Comment y parvenir ? »
Alors ces experts leur font des propositions : « Nous allons faire ceci et cela, et nous affecterons du personnel à cette tâche. Nous travaillerons avec nos homologues russes pour tenter de réduire le nombre de points litigieux, puis nous proposerons des chiffres et des cartes. »
C’est un vrai problème. L’appareil de sécurité nationale américain est de plus en plus dirigé par une équipe B, dans le meilleur des cas.
Pourquoi cela posera-t-il un problème quand Trump rencontrera Poutine ?
D. H. : Une rencontre entre deux dirigeants de deux grands pays comme ceux-ci ne s’organise pas à la hâte, à moins qu’il s’agisse d’une situation de crise.
C’est-à-dire que cette rencontre pourrait avoir lieu dans deux ou trois semaines, aussi bien que cette semaine.
En disposant de plus de temps, on peut mieux se préparer. On peut transmettre toutes sortes de documents et d’informations aux agents diplomatiques américains qui vont participer au sommet. Ceux-ci auraient le temps de rencontrer leurs homologues russes, ainsi que leurs homologues ukrainiens, voire des agents d’autres pays d’Europe occidentale. Et lorsque les deux parties finiraient par s’asseoir à la table des négociations, cela se passerait de manière très professionnelle.
Les négociateurs auraient des documents de travail similaires. Chacun aurait à peu près le même niveau d’information. Les questions seraient ciblées.
Ce n’est pas du tout le cas avec ce sommet en Alaska. Ici, il s’agit de deux dirigeants politiques qui vont se rencontrer et prendre des décisions – souvent motivées par des considérations purement politiques –, mais sans aucune idée réelle de leur faisabilité ou de la manière dont elles vont pouvoir être mises en œuvre.
Un accord de paix pourrait-il être appliqué ?
D. H. : Une fois encore, la situation est, en quelque sorte, hantée par le fait que l’Occident n’a jamais appliqué les garanties de sécurité promises en 1994.
Mettons-nous ensuite à la place de l’Ukraine. Veut-elle renoncer à la Crimée ? Elle répond « Non ». Veut-elle renoncer à une partie de l’est du pays ? Encore « Non ».
Je suis curieux de savoir ce que vos collègues du monde diplomatique pensent de cette réunion à venir.
D. H. : Les personnes qui comprennent le processus diplomatique pensent que cette initiative est de l’amateurisme et qu’elle a peu de chances d’aboutir à des résultats concrets et applicables. Elle donnera lieu à une déclaration et à une photo de Trump et de Poutine se serrant la main. Certains croiront que cela résoudra le problème. Ce ne sera pas le cas.
Donald Heflin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Have you ever walked face-first into a spiderweb while on a hike? Or swept away cobwebs in your garage?
You may recognize the orb web as the classic Halloween decoration or cobwebs as close neighbors with your dust bunnies. These are just two among the many types of spiderweb architectures, each with a unique structure specially attuned to the spider’s environment and the web’s intended job.
While many spiders use their webs to catch prey, they have also evolved unusual ways to use their silk, from wrapping their eggs to acting as safety lines that catch them when they fall.
As a materials scientist who studies spiders and their silks, I am curious about the relationship between spiderweb architecture and the strength of the silks spiders use. How do the design of a web and the properties of the silk used affect a spider’s ability to catch its next meal?
Webs’ ancient origins
Spider silk has a long evolutionary history. Researchers believe that it first evolved around 400 million years ago. These ancestral spiders used silk to line their burrows, protect their vulnerable eggs and create sensory paths and guidelines as they navigated their environment.
To understand what ancient spiderwebs could have looked like, scientists look to the lampshade spider. This spider lives in rock outcroppings in the Appalachian and Rocky mountains. It is a living relative of some of the most ancient spiders to ever make webs, and it hasn’t changed much at all since web-building first evolved.
A lampshade spider in its distinctive web between rocks. Tyler Brown, CC BY-SA
Aptly named for its web shape, the lampshade spider makes a web with a narrow base that widens outward. These webs fill the cracks between rocks where the spider can be camouflaged against the rough surface. It’s hard for a prospective meal to traverse this rugged landscape without being ensnared.
Web diversity
Today, all spider species produce silk. Each species creates its own specific web architecture that is uniquely suited to the type of prey it eats and the environment it lives in.
Take the orb web, for example. These are aerial, two-dimensional webs featuring a distinctive spiral. They mostly catch flying or jumping prey, such as flies and grasshoppers. Orb webs are found in open areas, such as on treelines, in tall grasses or between your tomato plants.
Compare that to the cobweb, a structure that is most often seen by the baseboards in your home. While the term cobweb is commonly used to refer to any dusty, abandoned spiderweb, it is actually a specific web shape typically designed by spiders in the family Theridiidae. This spiderweb has a complex, three-dimensional architecture. Lines of silk extend downwards from the 3D tangle and are held affixed to the ground under high tension. These lines act as a sticky, spring-loaded booby trap to capture crawling prey such as ants and beetles. When an insect makes contact with the glue at the base of the line, the silk detaches from the ground, sometimes with enough force to lift the meal into the air.
Watch a redback spider build the high-tension lines of a cobweb and ensnare unsuspecting ants.
Web weirdos
Imagine you are an unsuspecting beetle, navigating your way between strands of grass when you come upon a tightly woven silken floor. As you begin to walk across the mat, you see eight eyes peeking out of a silken funnel – just before you’re quickly snatched up as a meal.
Spiders such as funnel-web weavers construct thick silk mats on the ground that they use as an extension of their sensory systems. The spider waits patiently in its funnel-shaped retreat. Prey that come in contact with the web create vibrations that alert the spider a tasty treat is walking across the welcome mat and it’s time to pounce.
Jumping spiders are another unusual web spinner. They are well known for their varied colorations, elaborate courtship dances and being some of the most charismatic arachnids. Their cuteness has made them popular, thanks to Lucas the Spider, an adorable cartoon jumping spider animated by Joshua Slice. With two huge front eyes giving them depth perception, these spiders are fantastic hunters, capable of jumping in any direction to navigate their environment and hunt.
But what happens when they misjudge a jump, or worse, need to escape a predator? Jumpers use their silk as a safety tether to anchor themselves to surfaces before leaping through the air. If the jump goes wrong, they can climb back up their tether, allowing them to try again. Not only does this safety line of silk give them a chance for a redo, it also helps with making the jump. The tether helps them control the direction and speed of their jump in midair. By changing how fast they release the silk, they can land exactly where they want to.
Orb-weaving spiders usually start with a proto-web. Scientists think this initial construction is an exploratory stage, when the spider assesses the space available and finds anchor points for its silk. Once the spider is ready to build its main web, it will use the proto-web as a scaffold to create the frame, spokes and spiral that will help with absorbing energy and capturing prey. These structures are vital for ensuring that their next meal won’t rip right through the web, especially insects such as dragonflies that have an average cruising speed of 10 mph. When complete, the orb weaver will return to the center of the web to wait for its next meal.
The diversity in a spider’s web can’t all be achieved with one material. In fact, spiders can create up to seven types of silk, and orb weavers make them all. Each silk type has different material and mechanical properties, serving a specific use within the spider’s life. All spider silk is created in the silk glands, and each different type of silk is created by its own specialized gland.
Orb weavers rely on the stiff nature of the strongest fibers in their arsenal for framing webs and as a safety line. Conversely, the capture spiral of the orb web is made with extremely stretchy silk. When a prey item gets caught in the spiral, the impact pulls on the silk lines. These fibers stretch to dissipate the energy to ensure the prey doesn’t just tear through the web.
Spider glue is a modified silk type with adhesive properties and the only part of the spiderweb that is actually sticky. This gluey silk, located on the capture spiral, helps make sure that the prey stays stuck in the web long enough for the spider to deliver a venomous bite.
To wrap up
Spiders and their webs are incredibly varied. Each spider species has adapted to live within its environmental niche and capture certain types of prey. Next time you see a spiderweb, take a moment to observe it rather than brushing it away or squishing the spider inside.
Notice the differences in web structure, and see whether you can spot the glue droplets. Look for the way that the spider is sitting in its web. Is it currently eating, or are there discarded remains of the insects it has prevented from wandering into your home?
Observing these arachnid architects can reveal a lot about design, architecture and innovation.
Ella Kellner does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.