Groenlandia: colocarse de parte de los inuit

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ludovic Slimak, Archéologue, penseur et chercheur au CNRS, Université de Toulouse

74º escuadrón de cazas interceptores F-89 en la base aérea de Thule, en Groenlandia, en 1955. United States Air Force – Menard, David W. / Wikipedia

Es 16 de junio de 1951. El explorador francés Jean Malaurie avanza en trineos tirados por perros por la costa noroeste de Groenlandia. Había llegado solo, de forma impulsiva, con unos escasos ahorros del CNRS, oficialmente para trabajar en los paisajes periglaciales. En realidad, este encuentro con pueblos cuya relación con el mundo era de otra naturaleza forjaría un destino singular.

Ese día, tras largos meses de aislamiento entre los inuit, en el momento crítico del deshielo, Malaurie avanza con algunos cazadores. Está agotado, sucio, demacrado. Uno de los inuit le toca el hombro: “Takou, mira”. Una espesa nube amarilla se eleva hacia el cielo. A través del catalejo, Malaurie cree al principio que se trata de un espejismo: “una ciudad de hangares y tiendas de campaña, de chapas y aluminio, deslumbrante bajo el sol entre el humo y el polvo […] Hace tres meses, el valle estaba tranquilo y desierto. Había plantado mi tienda, un día claro del verano pasado, en una tundra virgen y llena de flores”.

El aliento de esta nueva ciudad, escribirá, “no nos abandonará jamás”. Las excavadoras tentaculares raspan la tierra, los camiones vomitan los escombros al mar, los aviones dan vueltas. Malaurie es proyectado de la edad de piedra a la era atómica. Acaba de descubrir la base secreta estadounidense de Thule, cuyo nombre en clave es Operación Blue Jay, uno de los proyectos de construcción militar más ambiciosos y rápidos de la historia de los Estados Unidos.

La base estadounidense de Thule a principios de la década de 1950.
U.S. Army, The Big Picture — Operation Blue Jay (1953), CC BY

Tras este nombre anodino se esconde una logística faraónica. Estados Unidos teme un ataque nuclear soviético por la ruta polar. En un solo verano, unos 120 barcos y 12 000 hombres se han movilizado en una bahía que hasta entonces solo había conocido el silencioso deslizamiento de los kayaks. Groenlandia contaba entonces con unos 23 000 habitantes. En 104 días, sobre un suelo permanentemente helado, surge una ciudad tecnológica capaz de albergar los gigantescos bombarderos B-36, portadores de ojivas nucleares.

A más de 1 200 kilómetros al norte del círculo polar ártico, en un secreto casi total, Estados Unidos acaba de levantar una de las bases militares más grandes jamás construidas fuera de su territorio continental. En la primavera de 1951 se había firmado un acuerdo de defensa con Dinamarca, pero la base de Thule ya estaba en marcha: la decisión estadounidense se había tomado en 1950.

La anexión del universo inuit

Malaurie comprende inmediatamente que la desmesura de la operación supone, de hecho, una anexión del universo inuit. Un mundo basado en la velocidad, la máquina y la acumulación acaba de penetrar de forma brutal y ciega en un espacio regido por la tradición, el ciclo, la caza y la espera.

El arrendajo azul (“Blue Jay” en inglés) es un pájaro ruidoso, agresivo y extremadamente territorial. La base de Thule se encuentra a medio camino entre Washington y Moscú por la ruta polar. En la era de los misiles hipersónicos intercontinentales, ayer soviéticos, hoy rusos, es esta misma geografía la que sigue sustentando el argumento de la “necesidad imperiosa” invocado por Donald Trump en su deseo de anexionar Groenlandia.

La base de Thule tiene una posición estratégica entre Estados Unidos y Rusia.
U.S. Army, The Big Picture — Operation Blue Jay (1953), CC BY

El resultado inmediato más trágico de la Operación Blue Jay no fue militar, sino humano. En 1953, para asegurar el perímetro de la base y sus radares, las autoridades decidieron trasladar a toda la población inughuit local a Qaanaaq, a unos cien kilómetros más al norte. El traslado fue rápido, forzado y sin consulta, rompiendo el vínculo orgánico entre este pueblo y sus territorios ancestrales de caza. Un “pueblo raíz” desarraigado para dar paso a una pista de aterrizaje.

Es en este momento de cambio radical donde Malaurie sitúa el colapso de las sociedades tradicionales inuit, en las que la caza no es una técnica de supervivencia, sino un principio organizador del mundo social. El universo inuit es una economía del sentido, hecha de relaciones, gestos y transmisiones, que dan a cada uno reconocimiento, papel y lugar. Esta coherencia íntima, que constituye la fuerza de estas sociedades, también las hace extremadamente vulnerables cuando un sistema externo destruye repentinamente sus fundamentos territoriales y simbólicos.

Consecuencias del colapso de las estructuras tradicionales

Hoy en día, la sociedad groenlandesa está ampliamente urbanizada. Más de un tercio de los 56 500 habitantes vive en Nuuk, la capital, y casi toda la población reside ahora en ciudades y localidades costeras sedentarizadas. El hábitat refleja esta transición brutal.

En las grandes ciudades, una parte importante de la población ocupa edificios colectivos de hormigón, muchos de ellos construidos en los años sesenta y setenta, a menudo vetustos y superpoblados. La economía se basa en gran medida en la pesca industrial orientada a la exportación. La caza y la pesca de subsistencia persisten. Las armas modernas, los GPS, las motos de nieve y las conexiones por satélite acompañan ahora a las antiguas costumbres. La caza sigue siendo un referente identitario, pero ya no estructura la economía ni la transmisión.

Las consecuencias humanas de esta ruptura son enormes. Groenlandia presenta hoy en día una de las tasas de suicidio más altas del mundo, especialmente entre los jóvenes inuit. Los indicadores sociales contemporáneos de Groenlandia –tasa de suicidio, alcoholismo, violencia intrafamiliar– están ampliamente documentados. Numerosos trabajos los relacionan con la rapidez de las transformaciones sociales, la sedentarización y la ruptura de las transmisiones tradicionales.

Maniobras militares estadounidenses en Thule.
U.S. Army, The Big Picture — Operation Blue Jay (1953), CC BY

Volvamos a Thule. El inmenso proyecto secreto iniciado a principios de la década de 1950 no tiene nada de provisional. Radares, pistas, torres de radio, hospital: Thule se convierte en una ciudad totalmente estratégica. Para Malaurie, el hombre del arpón está condenado. No por una falta moral, sino por una colisión de sistemas. Advierte contra una europeización que no sería más que una civilización de chapa esmaltada, materialmente cómoda, pero humanamente empobrecida.

El peligro no reside en la irrupción de la modernidad, sino en la llegada, sin transición, de una modernidad sin interioridad, que opera en tierras habitadas como si fueran vírgenes, repitiendo, cinco siglos después, la historia colonial de América.

Espacios y contaminaciones radiactivas

El 21 de enero de 1968, esta lógica alcanza un punto de no retorno. Un bombardero B-52G de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, comprometido en una misión permanente de alerta nuclear del dispositivo Chrome Dome, se estrella en el hielo marino a unos diez kilómetros de Thule. Transportaba cuatro bombas termonucleares. Los explosivos convencionales de las bombas nucleares, destinados a iniciar la reacción, detonaron con el impacto. No se produjo una explosión nuclear, pero la deflagración dispersó plutonio, uranio, americio y tritio por una amplia zona.

En los días siguientes, Washington y Copenhague lanzan el Proyecto Crested Ice, una vasta operación de recuperación y descontaminación antes del deshielo primaveral. Se movilizan unos 1 500 trabajadores daneses para raspar el hielo y recoger la nieve contaminada. Varias décadas más tarde muchos de ellos iniciarán procedimientos judiciales, alegando que trabajaron sin la información ni la protección adecuadas. Estos litigios se prolongarán hasta 2018-2019, dando lugar a indemnizaciones políticas limitadas, sin reconocimiento jurídico de responsabilidad. Nunca se llevará a cabo una investigación epidemiológica exhaustiva entre las poblaciones inuit locales.

Hoy rebautizada como Pituffik Space Base, la antigua base de Thule es uno de los principales nodos estratégicos del dispositivo militar estadounidense. Integrada en la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, desempeña un papel central en la alerta antimisiles y la vigilancia espacial en el Ártico, bajo un régimen de máxima seguridad. No es un vestigio de la Guerra Fría, sino un eje activo de la geopolítica contemporánea.

En Los esquimales del Polo: los últimos reyes de Thule, Malaurie muestra que los pueblos indígenas nunca tienen cabida en las consideraciones estratégicas occidentales. Ante las grandes maniobras del mundo, la existencia de los inuit se vuelve tan periférica como la de las focas o las mariposas.

Las declaraciones de Donald Trump no dan lugar a un mundo nuevo. Su objetivo es generalizar en Groenlandia un sistema que lleva setenta y cinco años en vigor. Pero la postura de un hombre no nos exime de nuestras responsabilidades colectivas. Escuchar hoy que Groenlandia “pertenece” a Dinamarca y depende de la OTAN, sin siquiera mencionar a los inuit, equivale a repetir un viejo gesto colonial: concebir los territorios borrando a quienes los habitan.

Los inuit siguen siendo invisibles e inaudibles. Nuestras sociedades siguen representándose a sí mismas como adultos frente a poblaciones indígenas infantilizadas. Sus conocimientos, sus valores y sus costumbres quedan relegados a variables secundarias. La diferencia no entra en las categorías a partir de las cuales nuestras sociedades saben actuar.

Siguiendo a Jean Malaurie, mis investigaciones abordan lo humano desde sus márgenes. Ya se trate de sociedades de cazadores-recolectores o de lo que queda de los neandertales, cuando los despojamos de nuestras proyecciones, el Otro sigue siendo el ángulo muerto de nuestra mirada. No sabemos ver cómo se derrumban mundos enteros cuando la diferencia deja de ser pensable.

Malaurie concluía su primer capítulo sobre Thulé con estas palabras:

“No se habrá previsto nada para imaginar el futuro con altura”.

Por encima de todo, hay que temer no la desaparición brutal de un pueblo, sino su relegación silenciosa y radical a un mundo que habla de él sin mirarlo ni escucharlo nunca.

The Conversation

Ludovic Slimak no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Groenlandia: colocarse de parte de los inuit – https://theconversation.com/groenlandia-colocarse-de-parte-de-los-inuit-273258

Les critères d’évaluation académique ignorent les chercheurs africains qui ont un impact local, selon une étude

Source: The Conversation – in French – By Eutychus Ngotho Gichuru, PhD Candidate in Educational Management, Makerere University

Aujourd’hui, partout dans le monde, les universitaires sont enfermés dans un système d’évaluation de leurs recherches. Des indicateurs mesurent combien de fois leurs travaux sont cités par d’autres universitaires et le prestige des revues qui les publient. Ces indicateurs décident de tout y compris la carrière et le financement de leurs recherches.

Que signifie ce système international pour les universitaires africains comme nous ? Nos travaux ont montré que les indicateurs, censés mesurer l’excellence, désavantagent les universitaires qui cherchent à générer des connaissances utiles à leurs communautés.

Plus les indicateurs traditionnels (comme le nombre de citations) sont élevés pour un chercheur africain, plus son impact local et sa pertinence communautaire sont jugés faibles. En somme, les indicateurs mondialement acceptés pénalisent ce qui compte le plus, tout en bloquant la progression de carrière des chercheurs africains.

Nos conclusions montrent qu’il est nécessaire de trouver une alternative philosophique et pratique au système existant. Les travaux de Ngotho dans le cadre de son doctorat en gestion de l’éducation en proposent une : un cadre d’évaluation fondé sur le principe éthique africain de l’ubuntu: « Je suis parce que nous sommes ». Ces travaux suggèrent un outil d’évaluation pratique et quantifiable permettant de créer un score ubuntu pour les productions académiques.

Évaluer un universitaire

L’étude doctorale s’est d’abord penchée sur les mécanismes d’évaluation utilisés dans toutes les universités membres de l’Alliance des universités de recherche africaines.

Elle a révélé que les indicateurs utilisés comme base pour l’évaluation académique à travers le monde, bien qu’ils semblent objectifs dans leur conception, ne le sont pas. Ils favorisent des préjugés très ancrés à l’encontre des travaux universitaires africains.

  1. L’indice h mesure à la fois la productivité en matière de publication et l’impact des citations. Il désavantage intrinsèquement les travaux universitaires collaboratifs, en particulier les travaux communautaires, qui sont essentiels à la transformation sociale. Nos recherches indiquent que 73 % des professeurs engagés dans la recherche participative ont des indices h qui ne reflètent pas leur véritable impact. Cet indice présente d’autres défauts : il peut être artificiellement gonflé par des autocitations, et sa valeur varie en fonction de la base de données utilisée pour le calculer.

  2. Les facteurs d’impact des revues favorisent les revues du Nord. L’Europe occidentale et l’Amérique du Nord dominent l’édition universitaire, contribuant à 74 % des revues indexées en santé publique. L’Afrique ne représente que 2 %. Cela oblige les chercheurs à délaisser d’excellentes revues régionales, pourtant lues par leurs pairs et les décideurs politiques. Ce qui revient à étouffer les débats importants au niveau local.

  3. Le nombre de citations renforce les tendances négatives à l’égard de la recherche africaine dans des domaines tels que la santé publique et le développement agricole. La pression constante pour un nombre élevé de publications privilégie la quantité au détriment de la qualité. Selon cette étude doctorale, 61 % des enseignants africains déclarent avoir subi une pression excessive pour publier, ce qui ne leur laisse pas suffisamment de temps pour mener les analyses contextuelles approfondies dont leurs communautés ont besoin.

  4. Même les altmétriques, conçues pour suivre l’impact sociétal au sens large, sont calibrées pour les écosystèmes des réseaux sociaux des pays du Nord. Elles ignorent généralement la manière dont les connaissances sont transmises dans le contexte africain, comme les programmes de radio communautaires, les conférences et les ateliers locaux. Cela signifie que les comités de promotion, qui se concentrent sur les mentions dans les réseaux sociaux et les citations dans les blogs, négligent la manière dont les universitaires africains s’engagent réellement auprès de leurs communautés.

De nombreux universitaires africains souffrent de préjugés géographiques avant même que leurs travaux ne soient lus. Comme le soutient l’étude, des résumés ont même été rejetés parce que les évaluateurs avaient une mauvaise opinion de l’institution ou du pays d’origine des auteurs.

Ubuntu : une alternative africaine

La thèse de doctorat propose une alternative philosophique et pratique à ce système dysfonctionnel. Il s’agit d’un cadre d’évaluation fondé sur le principe éthique africain de l’ubuntu, « je suis parce que nous sommes », qui signifie que l’identité de chaque individu est fondamentalement liée au bien-être collectif.

Un « score ubuntu » conserve les critères classiques, mais les enrichit, voire les dépasse par “quotient d’impact collaboratif”. Il mesure la co-création de connaissances avec les communautés, le travail d’équipe interdisciplinaire, les partenariats durables et les efforts de coopération similaires dans la formation des connaissances indigènes. Les mesures ubuntu inversent la logique : on passe du bien-être individuel au bien-être collectif, en accordant de la valeur à :

  • l’analyse des défis du développement africain

  • les travaux universitaires publiés en langues africaines

  • les recherches diffusées dans des canaux pertinents au niveau régional, comme la presse africaine.

De la théorie à la pratique : les premiers succès

Des essais préliminaires menés à l’université d’Addis-Abeba en Éthiopie et à l’université de Nairobi au Kenya ont révélé que 68 % des professeurs défavorisés par le facteur d’impact traditionnel des revues ont obtenu une note élevée avec l’évaluation basée sur l’ubuntu, qui mesurait leur contribution à la société.

Des panels pilotes de parties prenantes ont été organisés à l’université de Pretoria (Afrique du Sud) et ont confirmé cette conclusion. Des chercheurs à fort impact, ignorés par les comités de promotion attachés aux seules citations, ont été reconnus par les membres de leur communauté. Leur excellence, ancrée dans le service rendu à la société, était occultée par les mesures conventionnelles.

Cela rejoint une prise de conscience de plus en plus partagée : les universités africaines doivent passer d’institutions centrées sur la recherche à de véritables moteurs d’innovations.

La question va bien au-delà de la simple création de nouveaux indicateurs. Elle implique une transformation complète de la culture universitaire.

Les systèmes de classement devraient émaner des universités africaines elles-mêmes. Encourager les citations d’articles pertinents produits par leur propre région pourrait renforcer la présence et l’influence des publications africaines.

Au-delà des mesures alternatives, l’évaluation de type ubuntu préconise une recomposition totale des valeurs universitaires. Elle ne pose pas la question « Quelle est la visibilité de ce chercheur dans le monde ? », mais « Comment les travaux de ce chercheur ont-ils renforcé sa communauté ? ». Elle ne mesure pas les citations dans des revues lointaines, mais les solutions dans des contextes locaux.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Les critères d’évaluation académique ignorent les chercheurs africains qui ont un impact local, selon une étude – https://theconversation.com/les-criteres-devaluation-academique-ignorent-les-chercheurs-africains-qui-ont-un-impact-local-selon-une-etude-273029

À quoi servent les groupements d’employeurs ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Matthieu Mandard, Maître de conférences en sciences de gestion, Université de Rennes 1 – Université de Rennes

Quarante ans après leur naissance, les groupements d’employeurs restent relativement discrets. Pourtant, cette forme juridique originale peut être un puissant levier, notamment pour les (très) petites et moyennes entreprises, en leur donnant les moyens de recruter un salarié en commun. Revue de détail des services proposés par cet outil.


Les groupements d’employeurs ont été institués en France en 1985 afin de permettre aux petites et moyennes entreprises de se regrouper pour recruter de la main-d’œuvre. Malgré leur intérêt, ces structures souffrent d’un manque de reconnaissance car leurs vertus restent mal connues.

Constitués sous forme associative ou, plus rarement, sous le statut de société coopérative, les groupements d’employeurs (GE) permettent aux entreprises d’un même territoire de procéder à des embauches mutualisées. Les GE assurent le rôle d’employeur de salariés, dont le temps de travail est réparti le plus souvent entre deux ou trois entreprises adhérentes. Ils offrent ainsi une souplesse de fonctionnement à ces adhérents, qui disposent de compétences auxquelles ils n’auraient pas eu accès individuellement. Ils permettent aussi aux salariés de réaliser des missions diversifiées tout en bénéficiant d’un emploi à temps plein. Et à l’échelle des territoires, ils constituent un outil pour préserver des emplois et soutenir le dynamisme économique local.

Des structures peu visibles

35 ans après leur apparition, les GE restent cependant méconnus et insuffisamment utilisés. Alors que le tissu économique français est essentiellement constitué de TPE et de PME, les 5 000 GE environ que compte notre pays (dont 900 hors secteur agricole) ne représentent que 55 000 salariés (25 000 hors secteur agricole), selon les estimations réalisées par la DARES en 2021 et par le ministère de l’Agriculture en 2023.

Parmi les raisons avancées pour expliquer ce manque de popularité, le Conseil économique, social et environnemental (Cese) mentionne la pluralité des usages qui sont faits de ces structures, qui rend leur rôle peu lisible. Nous avons donc mené une recherche afin de les mettre en évidence.

S’adapter aux cycles d’activité

En premier lieu, les GE offrent à leurs adhérents la possibilité d’ajuster leurs recrutements aux cycles d’activité. Il s’agit là du rôle qui a présidé à leur création en 1985 : l’objectif était alors d’offrir un cadre légal aux pratiques, jusqu’alors informelles, de partage de personnel entre exploitants agricoles faisant face à un accroissement saisonnier de travail. De nos jours, ce type de recours aux GE s’est étendu à tout type d’entreprise dont l’activité est affectée par la saisonnalité, et en particulier à celles du secteur agroalimentaire.




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Les GE sont ainsi présents dans toutes les régions, avec des spécificités liées aux caractéristiques des territoires. À titre d’exemple, le GE “Côte Sud Emploi”, qui a été créé par et pour l’industrie agroalimentaire dans le département des Landes, a ainsi engagé des réflexions sur les complémentarités sectorielles en se positionnant également sur le thermalisme.

Mutualiser les compétences

L’usage des GE s’est progressivement étendu, puisqu’ils sont par la suite devenus une modalité stable de mutualisation des compétences. Ils permettent en effet aux PME qui en sont membres de bénéficier quelques jours par semaine de professionnels de fonctions support indispensables à la bonne conduite de leurs activités – marketing, communication, gestion des ressources humaines, hygiène et sécurité, etc.

L’intérêt pour les entreprises est ici de pouvoir bénéficier de compétences sur la durée, auxquelles elles n’auraient pas eu accès à titre individuel. Et les salariés apprécient eux aussi ce mode de recours aux GE, dans la mesure où ils peuvent ainsi acquérir de manière simultanée des expériences professionnelles diversifiées tout en bénéficiant d’un emploi stable.

Les emplois partagés proposés par le GE Mayage localisé dans le département de la Mayenne sont une bonne illustration de cette mutualisation de compétences. Le dirigeant d’une des entreprises adhérentes témoigne ainsi :

« Il y a trois ans, je cherchais à embaucher une personne pour la communication interne et externe de l’entreprise mais correspondant au volume d’une PME. Et Mayage a trouvé la personne qui, trois ans plus tard, est toujours au sein de l’entreprise. J’ai tous les avantages de la prestation sans avoir le salarié à ma charge puisque c’est Mayage qui s’occupe de tout. »

Accompagner la croissance

Un autre usage des GE est également apparu ces dernières années : leur rôle en matière d’accompagnement de la croissance. La croissance des entreprises nécessite en effet la structuration progressive de leur organisation, au travers de la mise en place de fonctions supports auxquelles les GE permettent d’accéder de manière facilitée.

Contrairement à la logique de mutualisation des compétences de long terme évoquée précédemment, il s’agit ici pour les entreprises adhérentes, dont l’activité est en plein essor, d’expérimenter momentanément le recours à des fonctions support à temps partagé, avant d’en disposer à temps plein en interne si leur croissance se poursuit. Les salariés peuvent quant à eux prendre leurs marques dans les entreprises d’accueil avant de les intégrer à temps plein. La TPE-PME bénéficie de la sorte d’un accompagnement à la croissance selon un principe de turn-over positif tel qu’il est qualifié au sein du réseau des GE. Biosupport, un GE francilien, souligne ainsi qu’« une dizaine de salariés passés au GE ont été au final embauchés par une entreprise adhérente ».

Web-agri 2023.

Pour les GE, les conséquences de ce rôle sont ambivalentes, dans la mesure où l’intégration à temps plein implique une diminution du maillage d’emplois. Si le turn-over positif devait être trop important, cela pourrait donc les mettre en difficulté économique. Mais, sur le temps long, cela traduit aussi la capacité des GE à créer des emplois sur le territoire.

Gérer la flexibilité

Si, historiquement, les GE ont été conçus pour accompagner des variations saisonnières d’activité, il s’avère qu’ils accompagnent désormais toutes les variations d’activité, à la hausse comme à la baisse. Les GE représentent ainsi une modalité de gestion de la flexibilité qui fait concurrence aux agences d’intérim.

Dans un contexte économique qui apparaît à l’heure actuelle plus tendu, certains GE font ainsi valoir auprès des dirigeants cette capacité à partager les risques. Le GE permet de gérer une crise en embauchant par exemple le salarié que l’entreprise est contrainte de licencier. Et dès la reprise d’activité, l’entreprise pourra à nouveau bénéficier de la compétence à temps plein. A l’automne 2025, le GE Hélys localisé à Rennes, présentait ainsi son offre aux dirigeants d’entreprise dont la situation économique est délicate :

« Nous pouvons permettre à une entreprise de se séparer administrativement d’un salarié, tout en continuant à bénéficier de ses compétences quelques jours par semaine en l’intégrant dans notre GE. Votre salarié devient le nôtre durant cette période de turbulence. Nous lui proposons un CDI. Nous complétons ensuite son temps de travail auprès d’autres adhérents pour lui permettre de conserver son niveau de vie. […] Et quand la tempête passe, vous pouvez réintégrer votre collaborateur. Vous savez tous le gain de temps et d’argent que cela représente versus le recrutement d’un nouveau profil. »

Vers une reconnaissance des GE ?

Au total, il s’avère que les usages des GE sont multiples, non mutuellement exclusifs, et vont bien au-delà de leur vocation originelle. En les clarifiant, nous espérons permettre aux GE, tout comme aux institutions qui les accompagnent, de communiquer plus précisément sur les services qu’ils proposent, et contribuer ainsi à accroître leur visibilité. À l’heure où les entreprises cherchent à concilier flexibilité et stabilité de l’emploi, les GE constituent une réponse originale encore trop méconnue.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. À quoi servent les groupements d’employeurs ? – https://theconversation.com/a-quoi-servent-les-groupements-demployeurs-271033

Le microcrédit, un outil financier qui peut coûter cher aux femmes

Source: The Conversation – France (in French) – By Jérémie Bertrand, Professeur de finance, IESEG School of Management et LEM-CNRS 9221, IÉSEG School of Management, IÉSEG School of Management

L’accès au microcrédit pour les femmes peut engendrer des violences conjugales. Philippe Lissac/Shutterstock

Grâce au microcrédit, les femmes gagnent une plus grande indépendance financière et un pouvoir décisionnel dans leur activité professionnelle. Corollaires à ce progrès : le surendettement, les violences conjugales et… le suicide. Quelles sont les solutions pour limiter ces effets délétères ?


Cinquante ans après le lancement du microcrédit au Bangladesh, les femmes représentent aujourd’hui 80 % des bénéficiaires, mais en profitent-elles réellement ?

Pression de groupe pouvant entraîner des suicides, spirale de surendettement ou encore manque de contrôle des femmes sur l’utilisation des prêts… autant de dérives qui peuvent accroître la vulnérabilité des emprunteuses.

Dans un état de l’art que nous avons publié récemment, nous regardons l’impact réel du microcrédit sur les femmes. Le résultat n’est pas totalement en leur faveur.

Notre état de l’art s’appuie sur des travaux menés principalement dans des pays en développement, incluant l’Asie du Sud, l’Océanie et l’Afrique subsaharienne.

La pression des pairs

Comment fonctionne le prêt solidaire, outil le plus utilisé en microfinance ?

De petits groupes, composés de cinq à dix individus, empruntent ensemble. Si l’un des membres manque une échéance, les autres doivent avancer son dû. La pression des pairs assure le remboursement du prêt, mais elle déplace la charge sociale sur le groupe.

Cette pression peut être plus ou moins bien supportée. En Andhra Pradesh, un État de l’Inde, le cumul de dettes et des méthodes de recouvrement oppressives ont entraîné une vague de suicides, causant près de 80 morts en 2010. Malgré les mesures de régulation mises en place par les gouvernements et les institutions du secteur, des cas de suicides continuent d’être signalés. Il demeure difficile d’estimer régulièrement le nombre de décès liés au microcrédit, faute de données.

Un surendettement à la clé

Le manque d’accompagnement et d’éducation financière des emprunteurs et emprunteuses peuvent eux mener à l’échec de l’emprunt. Force est de constater que beaucoup de microcrédits financent de petites activités sur des marchés déjà saturés, où la probabilité de dégager un profit est faible.

Concrètement, il s’agit souvent d’activités à faible barrière à l’entrée mais très concurrentielles : petit commerce (vente de nourriture, fruits et légumes, vêtements), kiosques et revente sur marché, petite restauration, couture, etc. Sur des marchés locaux où de nombreuses personnes proposent des produits et des services similaires, la demande est rapidement « partagée ». Les marges sont faibles et les revenus restent volatils, ce qui limite la capacité à rembourser.

Face à cette situation, l’emprunteuse peut devoir contracter un nouveau prêt, l’exposant à un risque de surendettement.

Il peut s’agir d’un renouvellement, ou top-up, auprès de la même institution, d’un second microcrédit auprès d’une autre institution, ou d’un prêt informel (tontine, famille ou autre prêteur particulier). Ces prêts sont souvent de petits montants mais à remboursements fréquents. Leur coût peut être élevé, une fois les intérêts inclus. Le surendettement survient souvent lorsque le nouveau prêt sert à rembourser le précédent plutôt qu’à financer une activité rentable.

Qui décide de l’usage du prêt ?

Si, comme mentionné préalablement, la majorité des microcrédits sont accordés aux femmes, ces dernières n’ont pas forcément la maîtrise de l’argent obtenu qui revient à un parent ou un conjoint. Cela s’explique par les rapports de pouvoir au sein du ménage et des normes sociales, qui font de l’homme le décisionnaire principal du couple, surtout lorsqu’il s’agit d’argent.

Ce décalage entre celle qui paie et celui qui décide peut générer des tensions au sein du ménage. Dans certains contextes, l’accès au microcrédit peut même aller jusqu’à engendrer une hausse de la violence conjugale. Par exemple, à partir d’un échantillon national au Bangladesh, soit 4 163 femmes mariées, les chercheurs Nadine Shaanta Murshid, Ayse Akincigil et Allison Zippay concluent qu’avoir un microcrédit pour les femmes avec un meilleur statut économique est associé à une probabilité de 9 % de plus de subir de la violence domestique.

Prêter autrement ?

Pour limiter ces effets, des solutions existent.

Passer de la garantie de groupe à la responsabilité individuelle réduit la pression des pairs sans hausse des défauts. Au lieu qu’un « groupe solidaire » de 5 à 10 femmes soit collectivement responsable, chaque emprunteuse signe un contrat individuel et n’est responsable que de sa propre échéance. Pourquoi cela peut fonctionner ? Parce que la pression sociale du groupe peut pousser à rembourser même quand le prêt n’est pas rentable.

Proposer des microformations très pratiques en « règles de pouce », comme une formation d’une heure et demie maximum sur les bases de la gestion financière, peut contribuer à rendre les investissements profitables et limiter le risque de surendettement. Elles peuvent porter sur des gestes très concrets de gestion : séparer l’argent du ménage et celui de l’activité, tenir un mini-carnet quotidien des entrées et des sorties ou apprendre à calculer simplement des coûts, des prix et des marges pour identifier ce qui est réellement rentable.

Gérer l’emprunt directement sur les comptes personnels des emprunteuses, notamment via les comptes mobile money, donne aux femmes une autonomie financière effective. Elles reçoivent, paient et épargnent elles-mêmes, tout en réduisant le risque d’appropriation des fonds par un homologue masculin. Le prêt est versé sur le wallet mobile de l’emprunteuse, puis les remboursements se font depuis ce même compte ; cela rend plus difficile la « capture » immédiate en liquide par le conjoint et crée une traçabilité/contrôle directe des flux (réception, paiements fournisseurs, remboursement).

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Le microcrédit, un outil financier qui peut coûter cher aux femmes – https://theconversation.com/le-microcredit-un-outil-financier-qui-peut-couter-cher-aux-femmes-264402

Faut-il, comme EDF, interdire toute consommation d’alcool dans le monde professionnel ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Caroline Diard, Professeur associé – Département Droit des Affaires et Ressources Humaines, TBS Education

EDF a indiqué interdire la consommation d’alcool sur le lieu de travail et dans les repas d’affaires. Cette décision est-elle compatible avec la liberté individuelle ? Peut-elle ou doit-elle s’appliquer dans d’autres entreprises, notamment au nom de la lutte contre les addictions et de la garantie de la sécurité du personnel ?


Dès ce mois de janvier, les salariés d’EDF n’ont plus le droit de consommer d’alcool au travail ni lors d’événements organisés par leur employeur à l’extérieur.

Cette mesure, encadrée par l’article R4228-20 du Code du travail, questionne l’équilibre entre prévention des risques (addictions, comportements inappropriés, accidents du travail), libertés individuelles et préservation des rites qui constituent la culture d’entreprise.

Cette décision très médiatisée intervient dans un contexte où la prévention des risques professionnels et des accidents du travail est au centre du débat public.

Cette décision s’inscrit dans un cadre réglementaire existant et une jurisprudence constante. Cette décision n’a donc rien de bien surprenant.

Protéger la santé et la sécurité

L’organisation d’événements festifs ponctue la vie de l’entreprise. Ces moments supposés conviviaux à l’initiative de l’employeur, du comité social et économique (CSE) ou de certains salariés, contribuent à produire une meilleure cohésion des équipes et au maintien de la culture d’entreprise.

Parfois, l’alcool s’invite dans ces temps collectifs, à l’intersection de la vie professionnelle et personnelle… Il ne suffit pas que la réunion ait lieu en dehors de l’entreprise pour exonérer l’employeur de toute responsabilité. S’il en est à l’initiative, celle-ci reste sous sa responsabilité. La consommation d’alcool sur le lieu de travail comporte cependant de nombreux risques et, à ce titre, est très fortement encadrée en France.




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Ainsi, l’article R4228-20 du Code du travail précise qu’« aucune boisson alcoolisée autre que le vin, la bière, le cidre et le poiré n’est autorisée sur le lieu de travail ». Si la consommation de boissons alcoolisées est susceptible de porter atteinte à la sécurité et à la santé physique et mentale des travailleurs, l’employeur, en application de l’article L. 4121-1 du Code du travail doit en restreindre l’usage. Cet article dispose que « l’employeur prend les mesures nécessaires pour assurer la sécurité et protéger la santé physique et mentale des travailleurs ».

L’employeur est soumis non pas à une obligation de résultat mais à une obligation de moyens renforcés (Cour de cassation, chambre sociale, 25 novembre 2015, no 14-24.444, Air France).

Règlement intérieur ou note de service ?

L’employeur peut aussi le prévoir dans le règlement intérieur – obligatoire dans les entreprises d’au moins 50 salariés. En effet, ce document fixe les règles de la vie en entreprise et notamment celles relatives à la discipline, la nature et l’échelle des sanctions. À défaut, l’employeur peut l’indiquer par l’intermédiaire d’une note de service reprenant les mesures prises pour protéger la santé et la sécurité des travailleurs et de prévenir tout risque d’accident.

Ces mesures, qui peuvent notamment prendre la forme d’une limitation voire d’une interdiction de consommation d’alcool, doivent être proportionnées au but recherché. Ainsi, l’employeur, en vertu de son pouvoir de direction, peut donc purement et simplement interdire la consommation d’alcool au sein de l’entreprise en invoquant cette obligation de sécurité. Cela lui permet de répondre à l’obligation de moyens renforcés.

Une sanction pouvant aller jusqu’au licenciement peut alors être prononcée à l’encontre des collaborateurs en cas de non-respect, si elle prévue dans le règlement intérieur.

À titre d’exemple, une clause d’un règlement intérieur précise :

« L’introduction, la distribution et/ou la consommation de toute boisson alcoolisée sur le lieu de travail (bureaux, chantiers…) sont interdites, à l’exception des dispositions prévues par l’article R. 4228-20 du Code du travail et uniquement lors des repas en dehors du temps de travail. Cette consommation devra l’être dans des quantités raisonnables de manière à ne pas altérer les capacités à occuper son emploi et/ou à être en mesure de conduire un véhicule, notamment pour regagner son domicile. L’introduction, la distribution et la consommation de produits stupéfiants dans les locaux de travail sont en outre strictement interdits. »

Le danger des pratiques addictives

Par ailleurs, l’employeur – qui est tenu d’identifier et de répertorier les risques dans le document unique d’évaluation des risques professionnels (DUERP) – doit tenir compte des pratiques potentiellement addictives (consommation d’alcool mais aussi de drogues). En effet, les pratiques addictives concernent de nombreux salariés, quels que soient le secteur d’activité ou la catégorie socioprofessionnelle.

Ces consommations, occasionnelles ou répétées, comportent des risques pour la santé et la sécurité des salariés. Il est donc nécessaire d’inscrire le risque lié aux pratiques addictives dans ce document unique (article R. 4121-1 du Code du travail).

Ce document est tenu à la disposition des salariés, des anciens salariés, des membres du comité social et économique, du médecin du travail, de l’agent de contrôle de l’inspection du travail et des agents des Carsat (article R4121-4 du Code du travail).

Interdire en préservant les libertés individuelles

En cas de consommation abusive d’alcool, le salarié pourrait avoir un accident dans l’entreprise ou en rentrant chez lui après un repas d’entreprise par exemple. L’employeur engagerait alors sa responsabilité dans le cadre de l’obligation de sécurité et pourrait être condamné. On pense par exemple à un accident automobile pour un commercial. De son côté, le salarié pourrait également être reconnu responsable.

Ainsi, le 10 avril 2024 (RG no 21/06884), la Cour d’appel de Rennes a statué sur la réalité d’un accident du travail dont l’origine était la consommation d’alcool par un salarié au temps et au lieu du travail. Un chauffeur alcoolisé chargeait un engin de chantier qui a basculé sur lui ; accident des suites duquel il est malheureusement décédé. À noter que les restrictions relatives à l’alcool sont par ailleurs souvent accompagnées de restrictions relatives aux stupéfiants.

Comment contrôler ?

Ainsi, le cadre légal dont relèvent les conduites addictives en entreprise est complexe, car il doit concilier l’obligation de sécurité avec le respect des droits fondamentaux de l’employé (article L.1121-1 du Code du travail).

L’employeur peut ainsi recourir au contrôle de l’alcoolémie sous réserve du respect de certaines dispositions. Le contrôle par éthylotest ne doit pas être systématique. Il doit être justifié par des raisons de sécurité et ne doit concerner que les salariés dont les fonctions sont de nature à exposer les personnes ou les biens à un danger. Ainsi, la liste des postes pour lesquels un dépistage est possible doit être prévue dans le réglement intérieur.

Cesi École d’ingénieurs, 2023.

La restriction doit cependant être proportionnée au but recherché et doit permettre de protéger les intérêts légitimes de l’entreprise. Par exemple, dans un entrepôt où travaillent des caristes (conducteurs de petits véhicules de manutention), il est légitime d’interdire complètement l’alcool, dont la consommation pourrait altérer les réflexes des salariés et produire des accidents. L’usage de substances psychoactives sur le lieu de travail, ou avant la prise de poste, augmente le risque d’accidents du travail, d’erreurs humaines et de comportements inadaptés, notamment dans les secteurs nécessitant de la vigilance ou la manipulation de machines.

Dégradation du climat social

Les conduites addictives peuvent également dégrader le climat social en entreprise. Elles peuvent générer des tensions entre collègues, créer des situations de conflit ou d’incompréhension, et altérer la cohésion des équipes, impacter négativement la productivité et la qualité du travail, augmenter l’absentéisme et les retards, causer des soucis de santé et de gestion des aptitudes.

Au-delà de la dimension juridique liée aux risques humains et de contentieux, la consommation d’alcool ou de drogues est également un enjeu managérial. En effet, la stigmatisation des personnes concernées et le tabou entourant la consommation de substances addictives peuvent freiner la détection et la prise en charge des situations à risques, conduisant à une marginalisation des salariés concernés.
Les managers et les services RH doivent apprendre à détecter les signaux faibles. Le recours à la médecine du travail est également indispensable. Information et formations sont importantes dans une stratégie de prévention.

The Conversation

Caroline Diard ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Faut-il, comme EDF, interdire toute consommation d’alcool dans le monde professionnel ? – https://theconversation.com/faut-il-comme-edf-interdire-toute-consommation-dalcool-dans-le-monde-professionnel-272283

De la beauté au bien-être : le « personal branding » à l’ère des marques de célébrités

Source: The Conversation – France (in French) – By Frédéric Aubrun, Enseignant-chercheur en Marketing digital & Communication au BBA INSEEC – École de Commerce Européenne, INSEEC Grande École

La star Selena Gomez a lancé son entreprise de cosmétique Rare Beauty contre la « beauté toxique ». bella1105/Shutterstock

Rihanna, Selena Gomez ou Kylie Jenner, ces dernières années les marques dans le secteur des cosmétiques créées ou co-fondées par des stars se sont multipliées. Mais pourquoi cet engouement particulier pour la beauté ?


Fenty Beauty, LolaVie, Blake Brown, Rare Beauty, Kylie Cosmetics, Rhode Skin ou Goop Beauty sont des marques de beauté et de soins capillaires qui ont toutes un point commun : celui d’avoir été lancées par une célébrité, comme Rihanna, Jennifer Aniston, Blake Lively, Selena Gomez, Kylie Jenner, Hailey Rhode Bieber et Gwyneth Paltrow.

Le personal branding, cette stratégie qui transforme le « moi » en image de marque unique que l’on peut valoriser sur la scène médiatique notamment, est d’autant plus pertinente dans le secteur des cosmétiques.

Alors pourquoi un tel engouement dans ce secteur et de ses consommateurs ?

« Sephora Loves Rare BeautySelena Gomez | Beauty Without Flter ».

Effet lipstick

Le marché des cosmétiques aurait générer en 2025 un chiffre d’affaires de 677 milliards de dollars, soit 574 milliards d’euros.

L’intérêt des célébrités pour la beauté n’est pas seulement une question d’image, il est également dicté par une logique économique. Les stars ont rapidement compris qu’en lançant leur propre marque, leur notoriété permettrait de réduire la lenteur de ce processus et d’amorcer une monétisation rapide de leur entreprise. La célébrité agit comme un puissant catalyseur marketing.

Qu’est-ce que le « personal branding » ?

Historiquement, le secteur des cosmétiques est résilient aux crises, ce que les chercheurs nomment « effet lipstick ». Ce dernier explique comment les consommateurs, en période de crises économiques, réduisent les dépenses importantes, telles que l’achat de voiture ou les voyages, pour s’offrir des produits de luxe abordables, comme un rouge à lèvres.

Cette stabilité du marché de la beauté garantit un revenu sûr pour les marques de stars. Il offre des marges brutes élevées et peut encore croître de 100 milliards selon le patron de L’Oréal, Nicolas Hieronimus.

Le coût de production étant faible par rapport au prix de vente, et l’absence des contraintes logistiques, comme les collections de saisons, permettent un faible coût d’entrée et une gestion des stocks simplifiée.

Transférer les attributs positifs de la star

La célébrité qui endosse une marque est définie comme un individu jouissant d’une forte reconnaissance publique qui appose son image sur une marque par le biais d’un contrat publicitaire. Cette approche vise à transférer les attributs positifs de la star vers la marque, facilitant l’identification du message par le consommateur.

Depuis une dizaine d’années, ce qu’on appelle le self-branding for entrepreneurial prend une nouvelle ampleur avec l’avènement des réseaux sociaux. La célébrité devient cheffe d’entreprise et créée sa propre marque. La star n’est plus une simple ambassadrice : elle devient actionnaire, co-fondatrice ou propriétaire d’une marque.

C’est le cas de la comédienne Jennifer Aniston avec sa marque de soins capillaires LolaVie. L’actrice ne se contente pas de poser pour sa marque mais partage elle-même des vidéos de shooting sur les réseaux sociaux. Elle se met en scène en utilisant les produits et va jusqu’à poster des vidéos d’elle coiffant sa meilleure amie, l’actrice Courtney Cox, ou encore son petit ami Jim Curtis.

Jennifer Aniston fait preuve d’authenticité en exposant son intimité et en prenant à contre-pied l’image distante et éloignée de la réalité que peut avoir une célébrité. Elle renforce cette idée en utilisant l’humour dans son spot publicitaire « No Gimmicks » (« Pas d’artifices »).

« Jennifer Aniston x LolaVie | No Gimmicks… It Just Works ».

Contre la beauté toxique

Le succès des marques de beauté fondées par des célébrités s’explique par la disruption stratégique mise en place. Des marques, comme Fenty Beauty, ont été pionnières en prouvant que l’inclusion ethnique avec plus de 40 teintes de fonds de teint proposées n’était pas un simple geste éthique mais une stratégie économique gagnante. « Fenty Beauty est une marque à 360 degrés qui s’adresse autant à une Coréenne qu’à une Irlandaise ou à une Afro-Américaine », décrypte Lionel Durand, patron de l’entreprise Black Up.

Dans la foulée, la marque Rare Beauty a élargi cette notion à l’inclusion émotionnelle, utilisant l’authenticité du discours de sa fondatrice concernant la santé mentale pour rejeter les normes de beauté toxiques. Selena Gomez n’ayant jamais caché sa bipolarité a choisi pour sa marque le slogan « Love Your Rare » (« Aimez votre rareté ») et a créé sa fondation Rare Impact Fund consacrée à cette thématique. Elle capitalise sur une communauté fidèle et engagée, là où d’autres marques valorisent essentiellement la perfection en termes de beauté.

Ces stars utilisent leurs réseaux sociaux comme laboratoires narratifs où elles construisent la crédibilité de leur marque à travers des récits personnels simples, de travail et de passion. Les produits de beauté ont un avantage : ils sont désirables et mobilisent l’attention surtout s’ils sont mis en avant par une célébrité.

Les vidéos Instagram ou TikTok à l’ère du marketing de contenu permettent aux célébrités d’échanger et d’atteindre rapidement leur public. Leurs produits deviennent une extension d’elles-mêmes, des objets identitaires au même titre que la mode ou la musique. La marque bio Goop, de Gwyneth Paltrow, est une ode à son lifestyle. Sur la plateforme TikTok, elle vend ses créations comme des produits skincare, de maquillage ou une ligne de vêtements. L’actrice a développé un empire autour de la mouvance New Age.

Marqueur social

Les marques des célébrités deviennent un marqueur social, une manière de prolonger l’univers de la star dans le quotidien des consommateurs. En 2025, on assiste à la continuité de cette tendance. L’année aura été marquée par des extensions de gammes pour Rhode et Rare Beauty, mais aussi par de nouveaux lancements de marques comme les parfums de Bella Hadid, Orebella, ou la gamme de soins Dua, de Dua Lipa.

Le succès de la marque continue de reposer sur la capacité de la célébrité-entrepreneure à projeter une authenticité perçue et une implication réelle. En face, se trouve un consommateur certes sensible aux réseaux sociaux, mais qui peut s’avérer résistant à certaines manœuvres marketing.

Si la célébrité paraît opportuniste ou déconnectée du produit, la légitimité s’effondre. Tel fut le cas pour Meghan Markle au moment du lancement de sa marque lifestyle, As Ever, de produits alimentaires, bougies et vins. Les critiques ont fusé, l’accusant de peu de professionnalisme, de capitaliser uniquement sur sa notoriété et sur son statut de duchesse de Sussex.

Des marques à durée limitée ?

Les produits de beauté ne sont qu’un exemple de la diversification entrepreneuriale des célébrités. Nombreuses sont les stars qui se tournent vers des marchés où le capital image est essentiel et où le taux de renouvellement des produits est élevé.

C’est le cas du secteur de l’alcool qui offre une marge élevée et une connexion directe avec les fans. L’actrice Cameron Diaz a co-fondé une marque de vin bio et vegan qu’elle a nommé Avaline. Le rappeur Jay Z possède sa maison de champagne, Armand de Brignac.

Le phénomène de la célébrité-entrepreneure révèle une nouvelle dynamique, celle de la marque personnelle. Dès lors, la question qui se pose n’est plus la performance initiale mais la vision stratégique à long terme. Cette hyper-accélération du succès, rendue possible essentiellement par la notoriété, leur permet-elle de devenir des marques à part entière, et non de simples prolongements de la célébrité ?

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. De la beauté au bien-être : le « personal branding » à l’ère des marques de célébrités – https://theconversation.com/de-la-beaute-au-bien-etre-le-personal-branding-a-lere-des-marques-de-celebrites-270215

CPR on TV is often inaccurate – but watching characters jump to the rescue can still save real lives

Source: The Conversation – USA (3) – By Beth Hoffman, Assistant Professor of Behavioral and Community Health Sciences, University of Pittsburgh

You probably don’t want to base your CPR technique on ‘The Office.’ The Office/NBC via YouTube

Television characters who experience cardiac arrest outside a hospital are more likely to receive CPR than people in real life. But the CPR on these shows often depicts outdated practices and inaccuracies about who is most likely to experience cardiac arrest and where, according to newly published research from my team at the University of Pittsburgh.

How CPR is portrayed in the media is important to understand because research has shown that health content on screen can influence viewers. When Buffalo Bills player Damar Hamlin suffered cardiac arrest during a game in January 2023, the world watched as medical professionals swiftly performed cardiopulmonary resuscitation. Hamlin went on to make a full recovery, and in the aftermath, a team of emergency medicine professionals and I at the University of Pittsburgh – where Hamlin is an alumnus – worked to teach all Division I athletes hands-only CPR.

During the CPR training we held at Pittsburgh area middle schools and college athletic programs, participants frequently asked whether they should check for a pulse or give rescue breaths. Many mentioned seeing CPR on television shows like “Grey’s Anatomy.” While these are steps that medical professionals do when giving traditional CPR, hands-only CPR is an effective version recommended for untrained bystanders. After determining the person needs help and the scene is safe, hands-only CPR has just two steps: Calling 911 and giving hard and fast chest compressions.

Hands-on CPR takes just two steps.

As someone who researches how medical topics on screen influence viewers, this piqued my curiosity. I wondered whether participants asked about checking a pulse or giving breaths in part because they saw these practices on screen.

The power of media

In 2022, my team and I analyzed 165 studies on the effects that health and medical content on scripted television has on viewers. We found that TV stories can influence viewers’ health-related attitudes, knowledge and behaviors. Sometimes this influence can be harmful, such as exposing viewers to inaccurate information about organ donation from television. But sometimes it can be positive – one study found that viewers of an “ER” storyline about breast cancer were more likely to recommend screening and a patient navigator who supports patients through treatment.

However, we hadn’t found any studies examining how seeing CPR on screen influences viewers. While previous studies on in-hospital cardiac arrest and CPR found inaccuracies with chest compression technique and survival rates in media, none had looked at portrayals of cardiac arrest that occur outside of hospitals and CPR conducted by a lay rescuer.

Performing CPR on TV

My team searched the Internet Movie Database to identify episodes in American TV shows that depict out-of-hospital cardiac arrest or hands-only CPR. We limited our results to episodes released after 2008 – the year the American Heart Association first endorsed hands-only CPR. Of the 169 episodes that fit our criteria, we documented the sociodemographic characteristics of the character experiencing cardiac arrest and the primary witnesses, as well as whether, how and where hands-only CPR was administered.

On a positive note, we found that over 58% of on-screen characters who experienced cardiac arrest outside a hospital had a layperson perform CPR. But in real life, less than 40% of people who suffer cardiac arrest outside a hospital receive CPR. Seeing such high rates of CPR being performed on screen could motivate viewers to act, as in the case of a 12-year-old boy who saved a life in 2023 using the CPR techniques he saw on “Stranger Things.”

However, less than 30% of episodes showed hands-only CPR being performed correctly. Almost 50% of episodes showed characters giving rescue breaths, and 43% of episodes had characters checking for a pulse. While we didn’t directly assess whether these episodes influence how viewers behave, based on our observations while conducting CPR training, it’s clear that these depictions may mislead viewers about how to administer hands-only CPR.

Who gets CPR and where on screen

Our findings also raise concern that how cardiac arrest is depicted on TV may mislead viewers about where cardiac emergencies happen and who may need CPR the most.

Of the on-screen cardiac arrests that didn’t occur at a hospital, we found that only 20% happened at home. In real life, over 80% of nonhospital-based cardiac arrests occur at home.

Additionally, those experiencing cardiac arrest on screen were younger than those in real life, with over 50% of characters under age 40. In real life, the average age is about 62.

Lastly, we found that almost 65% of the people receiving hands-only CPR and 73% of rescuers performing CPR were white and male. This is consistent with real-world statistics, where people of color and women who experience cardiac arrest outside the hospital are less likely to receive CPR from a layperson.

Accurate TV to save lives

The American Heart Association’s 2025 guidelines for CPR and emergency cardiovascular care emphasized the need to help the general public envision themselves performing hands-only CPR and improve CPR education to ensure all people who need CPR receive it.

Our team is working to understand what viewers take away from TV depictions of CPR, with the goal of collaborating with public health and medical professionals to improve how CPR is portrayed in Hollywood.

Previous research has shown that entertainment narratives have the power to inspire altruistic behavior, and news reports have documented instances of people who perform CPR after seeing it on screen. Similarly, I believe scripted, compelling television may be a powerful, cost-effective way to improve CPR education and ultimately save lives.

The Conversation

Beth Hoffman receives funding from the University of Pittsburgh and the National Institutes of Health. She also consults with Hollywood, Health & Society.

ref. CPR on TV is often inaccurate – but watching characters jump to the rescue can still save real lives – https://theconversation.com/cpr-on-tv-is-often-inaccurate-but-watching-characters-jump-to-the-rescue-can-still-save-real-lives-273005

No es solo anisakis: parásitos que pueden llegar al plato (y cómo evitarlo)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León

Recreación del protozoo parásito _Toxoplasma gondii_. Kateryna Kon/Shutterstock

El anisakis se ha convertido en el parásito más famoso por ser un riesgo asociado a comer pescado crudo. Sin embargo, no es el único que puede llegar a nuestro plato. Hay otras especies que también se transmiten a través de alimentos habituales como pescado, carne y verduras. El peligro depende, sobre todo, de cómo se preparan y cómo se consumen. Por ello, con buena información y unos pocos hábitos saludables ese riesgo puede casi desaparecer.

Anisakis: cuando el pescado se come crudo

Anisakis es un género de pequeños gusanos cuyas especies son marinas. Son parásitos que pueden aparecer en pescados y cefalópodos –como merluza, bacaladillas y calamares–. No siempre está presente, pero su detección es más frecuente hoy gracias a una mejor vigilancia.

Un informe reciente de AZTI, un centro científico y tecnológico especializado en el medio marino y la alimentación, ha encontrado Anisakis en el 100 % de las merluzas europeas analizadas (según 223 muestras tomadas del puerto de Burela, en Lugo, entre 2019 y 2021). También hallaron el parásito en el 20 % de las anchoas.

Anisakis detectados en un arenque.
Anisakis detectados en un arenque.
Wikimedia Commons, CC BY

Estos datos han generado titulares llamativos, pero no significan que toda merluza sea peligrosa. El riesgo surge cuando se come pescado crudo o poco hecho como sushi, ceviche y boquerones en vinagre.

Si el parásito sigue vivo puede provocar anisakiasis, una infección digestiva con dolor abdominal, náuseas y vómitos. En algunas personas también puede causar reacciones alérgicas, desde leves hasta más intensas.

Los casos son poco comunes, pero la prevención no admite dudas: cocinar el pescado o congelarlo antes de consumirlo crudo. En casa basta con congelarlo a –20 °C durante al menos cinco días. En bares y restaurantes esta medida es obligatoria por ley (Real Decreto 1420/2006).

Trichinella: la carne poco hecha también tiene riesgo

Trichinella spiralis provoca la triquinelosis o triquinosis. Este parásito puede estar en la carne de cerdo y, sobre todo, en animales de caza como el jabalí. A simple vista la carne parece normal, de modo que hace falta un análisis sanitario.

Varios ejemplares de _Trichinella spiralis_, vistos al microscopio.
Varios ejemplares de Trichinella spiralis, vistos al microscopio.
olgaru79/Shutterstock

La infección aparece al comer carne cruda o poco cocinada. Primero produce malestar digestivo y después fiebre, dolores musculares o cansancio. En casos graves puede afectar al corazón y al sistema nervioso.

La prevención es tan sencilla como eficaz: cocinar bien la carne elimina el parásito. También resulta importante evitar productos sin control veterinario, como embutidos caseros y carne de caza sin analizar. Gracias a estas medidas la triquinelosis es hoy poco frecuente en Europa.

Tenias: el riesgo de la carne poco cocinada

Las tenias (Taenia spp.) son parásitos planos que pueden llegar al ser humano a través de la carne de cerdo y de vacuno. Las especies más habituales son Taenia saginata (vinculada al vacuno) y Taenia solium (asociada al cerdo).

El contagio ocurre cuando se consume carne que no ha sido cocinada lo suficiente. Las formas larvarias (cisticercos) pueden sobrevivir si la temperatura interna del alimento no alcanza los niveles necesarios para destruirlas. Una vez ingeridas, se desarrollan en el intestino y pueden pasar desapercibidas durante semanas.

Los síntomas suelen ser leves y consisten en molestias digestivas, pérdida de apetito y adelgazamiento. Sin embargo, en el caso de Taenia solium, existe un riesgo añadido: si los huevos del parásito se ingieren accidentalmente, pueden dar lugar a cisticercosis. Se trata de una infección en la que las larvas se alojan en tejidos como el músculo o, en casos graves, el cerebro.

En este caso también, cocinar bien la carne de cerdo y de vacuno elimina el parásito. Adicionalmente, conviene evitar productos procedentes de animales sin control veterinario y mantener buenas prácticas de higiene durante la manipulación de los alimentos. En los países con controles sanitarios estrictos, la teniasis es cada vez menos frecuente. Aun así, sigue siendo importante conocer y aplicar las medidas básicas de seguridad alimentaria.

Toxoplasma: un riesgo invisible y extendido

Toxoplasma gondii es uno de los parásitos más comunes del mundo. Se calcula que una de cada tres personas ha estado en contacto con él.

Puede encontrarse en carne cruda o poco hecha. También en frutas o verduras contaminadas que no se han lavado bien.

En la mayoría de las personas la infección pasa desapercibida, pero en embarazadas e individuos con defensas bajas puede causar problemas graves. Durante el embarazo, el parásito puede transmitirse al feto y provocar daños en el desarrollo neurológico y visual.

Las medidas de prevención son igualmente simples: cocinar bien la carne (más de 70 ºC durante al menos dos minutos), lavar con cuidado frutas y verduras y limpiar los utensilios después de manipular alimentos crudos nos ayudará a evitar la infección.

Las mujeres embarazadas deberían, además, evitar el contacto con las heces de gato, otra fuente posible de contagio.

Un riesgo real, pero fácil de controlar

Que existan parásitos en los alimentos no significa que debamos alarmarnos. Los controles sanitarios actuales limitan al mínimo el riesgo de infección.

En la mayoría de los casos el contagio ocurre por malas prácticas en casa. Por ejemplo, cocinar poco la comida, conservarla a temperatura incorrecta o descuidar la limpieza. Cocinar bien, refrigerar adecuadamente y mantener una buena higiene son hábitos sencillos que marcan la diferencia.

Protegernos no exige renunciar al placer de comer. Basta con conocer los riesgos y actuar con sensatez. Las personas informadas toman decisiones más seguras. Entender cómo se previenen estas infecciones nos permite disfrutar del sushi, del jamón y del ceviche sin miedo, pero con conocimiento.

Comer bien también es una forma de cuidar la salud. Y, en definitiva, la buena alimentación también es ciencia.

The Conversation

Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No es solo anisakis: parásitos que pueden llegar al plato (y cómo evitarlo) – https://theconversation.com/no-es-solo-anisakis-parasitos-que-pueden-llegar-al-plato-y-como-evitarlo-272226

Así usamos la inteligencia artificial para devolver la voz a pacientes de ELA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Linares Pellicer, Dr. en informática y profesor en la Universitat Politècnica de València, Universitat Politècnica de València

Nuestra voz nos define. No es solo un instrumento para comunicar palabras: transmite nuestra personalidad, nuestra esencia. Una broma dicha con nuestra propia entonación tiene un significado diferente al de una voz sintética. Un “te quiero” susurrado con nuestro timbre único llega de una manera que ninguna voz robótica puede replicar.

Para los enfermos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), perder la voz significa perder una parte fundamental de su identidad. Esta enfermedad neurodegenerativa va despojando progresivamente a quienes la padecen de sus capacidades motoras, incluido el habla. Los sistemas de comunicación aumentativa les permiten seguir expresándose, pero a través de voces genéricas que no tienen nada que ver con quienes fueron.

En el grupo de investigación VertexLit, perteneciente al Instituto Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN) de la Universitat Politècnica de València, nos propusimos cambiar eso. Nuestro proyecto ha conseguido clonar la voz de Fran Vivó, un paciente de ELA, devolviéndole algo que parecía perdido para siempre.

Más allá de lo funcional

Este trabajo no pretendía resolver un problema estrictamente técnico. Los pacientes de ELA disponen ya de sistemas que les permiten comunicarse mediante texto o voces sintéticas predefinidas . Lo que nosotros buscábamos era diferente: devolver dignidad.

Cuando Fran puede volver a “hablar” con su propia voz, con su prosodia, su tono, sus particularidades, algo cambia profundamente en él y en sus familiares. No es una mejora práctica en sentido estricto, pero representa un aporte enorme a la calidad de vida emocional de los afectados. Es poder escuchar de nuevo a la persona que conocían, recordarla en algo tan propio como su manera de hablar.

El reto real no está en la tecnología en sí misma, sino en ajustarla a las fuentes disponibles. Porque cuando alguien pierde la voz, las grabaciones que conserva suelen ser escasas y de calidad variable: notas de audio en el móvil, vídeos familiares, quizás algún mensaje guardado por casualidad.

Inyectar emoción en las palabras

El proyecto ha implicado identificar las mejores herramientas y modelos disponibles, y realizar entrenamientos específicos que permitan no solo mantener las características originales de la voz, sino inyectar elementos de emoción y expresividad.

Los sistemas actuales de clonación de voz son capaces de replicar con notable fidelidad el tono y el timbre de una persona. Sin embargo, cuando hablamos no solo emitimos una señal acústica característica: también tenemos un ritmo particular, usamos muletillas, hacemos pausas en ciertos momentos y modulamos las frases de formas que nos identifican tanto como nuestra propia voz. Esta dimensión expresiva, lo que podríamos llamar nuestra “huella prosódica”, es precisamente lo que hemos querido capturar.

Para conseguirlo, utilizamos modelos de inteligencia artificial que analizan en profundidad las grabaciones disponibles del paciente. Estos modelos extraen patrones de entonación, variaciones dialectales, cadencias y otros rasgos que definen su manera única de expresarse. El resultado es un perfil detallado que va mucho más allá de las características puramente acústicas de la voz.

Con ese perfil, transformamos cualquier texto que se quiera generar antes de pasarlo al sistema de clonación. En lugar de sintetizar directamente las palabras escritas, las adaptamos para que reflejen cómo las diría realmente esa persona: con sus pausas, sus énfasis y sus giros característicos. De este modo, la voz generada no solo suena como el paciente, sino que habla como él.

Nuestra meta es crear una plataforma accesible que permita, sin tecnicismos, entrenar el sistema con grabaciones disponibles y generar nuevas locuciones. Queremos que tanto el enfermo como sus familiares puedan producir mensajes en un entorno de máxima privacidad, convirtiendo esta tecnología en un complemento humano a los sistemas de comunicación actuales.

Un puente entre el mundo y las personas

Vivimos un momento crucial para la inteligencia artificial. Por desgracia, recibe más atención por sus potenciales abusos que por los beneficios que ya está aportando en campos como la salud o la calidad de vida. Se habla mucho de regularla, y es importante distinguir: lo que hay que regular son sus aplicaciones, no la investigación ni la exploración de sus posibilidades.

Para quienes investigamos en este terreno, el sentido de la inteligencia artificial está en usarla como puente, como intermediario inteligente entre la complejidad del mundo y las personas, especialmente aquellas con necesidades especiales.

Este proyecto está ahora en proceso de escalado. Trabajamos para que pueda estar disponible a través de asociaciones y organismos, permitiendo que otros afectados realicen el proceso con autonomía. El objetivo es contemplar más posibilidades, no solo para enfermos de ELA, sino para todas las personas que ven afectada su comunicación.

Utilizar la inteligencia artificial como un elemento que nos asiste, nos complementa y se adapta a las características únicas de cada individuo. Eso, en definitiva, es lo que buscamos.

The Conversation

Jordi Linares Pellicer no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así usamos la inteligencia artificial para devolver la voz a pacientes de ELA – https://theconversation.com/asi-usamos-la-inteligencia-artificial-para-devolver-la-voz-a-pacientes-de-ela-270897

No, un mono no podría haber pintado ese cuadro: lo que revela el arte abstracto sobre la mente humana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Olvido Perea García, Profesor Distinguido especializado en investigaciones de Biología y Psicología Evolutiva, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

_Una visita al estudio del artista_, pintura de Gabriel von Max. Wikimedia Commons

Quien haya visitado una galería de arte abstracto habrá oído alguna vez el comentario de “esto lo hace mi perro”. La idea parece convincente: si una obra no representa nada reconocible, cualquiera podría producirla. Sin embargo, la investigación muestra que esa intuición es falsa. Cuando observamos con atención, somos capaces de distinguir si una obra abstracta fue creada por un ser humano o por un animal, incluso sin saber explicar cómo lo hacemos.

Esto plantea una pregunta interesante: ¿qué señales visuales nos permiten detectar intención en un conjunto de trazos, manchas o líneas? Y, sobre todo, ¿hay algo en la manera humana de dejar marcas que nos resulte reconocible incluso cuando el autor no es un artista profesional?

Sabemos qué pintó un ser humano

Nuestro reciente estudio aporta nuevas respuestas. Recogimos diez pinturas abstractas creadas por personas sin entrenamiento formal en artes plásticas y diez elaboradas por chimpancés, sacados de la colección Schretlen (cedida por el museo de historia natural NATURALIS, en Leiden, Países Bajos). Todas ellas se mostraron a voluntarios en una prueba en la que debían decidir si cada imagen procedía de una persona o de un chimpancé.

Algunas de las obras usadas en el estudio. A la izquierda, obras hechas por chimpancés, parte de la colección Schretlen. A la derecha, obras hechas por personas sin entrenamiento formal.
Larissa M. Straffon, Juan O. Perea-García, Tijmen den Blaauwen, Mariska E. Kret, CC BY

Las imágenes se presentaron en dos versiones: tal cual fueron creadas y también en una versión modificada digitalmente, en la que se igualaron color y textura. Así se eliminaban pistas superficiales para comprobar si la diferencia estaba realmente en la estructura de la composición. En ambos casos, los participantes acertaron por encima del azar: incluso tras manipular las imágenes, seguían distinguiendo autorías humanas de autorías animales.

Este resultado sugiere que existe algún tipo de “firma humana” reconocible incluso en obras no profesionales. Pero ¿qué aspectos concretos de una imagen evocan esa sensación de intención?

Buscando patrones

Para explorarlo, hicimos otro estudio. Un nuevo grupo de participantes evaluó las mismas veinte obras según varios criterios: intencionalidad, equilibrio, complejidad y organización. Además, debían indicar cuánto les gustaba cada pieza.

Las obras humanas recibieron puntuaciones más altas en todos los aspectos salvo en complejidad. Es decir, no eran necesariamente más recargadas, pero sí parecían más equilibradas y organizadas, y transmitían una mayor sensación de propósito. Cuando los autores analizaron cómo contribuían estas tres características (equilibrio, organización y complejidad) a las valoraciones de intencionalidad y preferencia, encontraron conexiones claras en todos los casos.

En otras palabras, cuando una composición reparte sus elementos de forma coherente y presenta un cierto orden interno, tendemos a interpretarla como producto deliberado de una mente humana. Esas claves, que percibimos de manera casi automática, parecen guiar nuestras decisiones incluso sin que podamos verbalizarlas.

¿Por qué presentamos esta tendencia? Como especie, no podemos evitar ver patrones. Nuestra visión parece estar especialmente afinada para detectar variaciones sutiles en distribución y organización. Esto hace que busquemos señales de intención en prácticamente cualquier disposición que nos rodea. Los lectores más veteranos recordarán el entusiasmo por lo que parecía ser una cara en la superficie de Marte. ¿Acaso no nos ha recordado alguna vez un enchufe a una cara humana?

A lo largo de la evolución, reconocer cuándo un patrón había sido producido por otro ser humano probablemente supuso una ventaja. Identificar rastros, señales o símbolos creados por nuestros semejantes habría facilitado la cooperación y la comunicación a través del espacio y el tiempo. Que funcionemos así incluso en un museo no es más que un eco moderno de una habilidad ancestral.

Dónde está la intención

Otro punto interesante del estudio es la relación entre intencionalidad y preferencia. Las obras que parecían más deliberadas también tendían a gustar más, lo que sugiere que quizá estemos predispuestos a prestar atención y a valorar positivamente los patrones que creemos generados por otros humanos.

Una foto en blanco y negro de un mono sujetando unos pinceles sentado sobre unos óleos.
A mediados del siglo pasado era bastante común experimentar con simios cautivos dejándoles pintar con óleos. En la foto aparece Peter, también conocido como Pierre Brassau, del zoo sueco Borås Djurpark.
Wikimedia Commons

En conjunto, estos resultados permiten desmontar una idea común: el arte abstracto no es un conjunto de manchas aleatorias, ni mucho menos algo indistinguible de los trazos de un animal. Aunque a primera vista pueda parecer caótico, contiene rasgos de equilibrio, estructura y organización que nuestro cerebro interpreta como señales de una mente detrás del gesto.

Esto tampoco significa que cualquier persona pueda replicar la obra de un gran artista. Los experimentos solo comparan obras de estudiantes con los dibujos espontáneos de chimpancés. Pero sí muestran que, incluso en niveles muy básicos de producción artística, hay un sello humano reconocible: un modo particular de distribuir las formas que transmite intención.

El hallazgo también ayuda a entender por qué seguimos debatiendo qué es arte y qué no lo es. Parte de ese debate surge porque tratamos de identificar intención en las imágenes. Cuando la percibimos, asignamos significado, valor o emoción. Cuando no la vemos, la atribuimos a un niño o un animal. Sin embargo, incluso sin darnos cuenta, nuestro cerebro detecta patrones formales propios de la acción humana.

En resumen, nuestro estudio muestra por primera vez de manera explícita que ciertos rasgos formales como el equilibrio, la complejidad u organización interactúan para generar la impresión de intencionalidad en una obra. Y esa impresión nos permite identificar correctamente qué piezas han sido creadas por personas, incluso cuando no son artistas y aunque la obra sea abstracta.

La próxima vez que alguien diga “esto lo pinta mi perro”, quizá valga la pena recordar que incluso los garabatos menos deliberados llevan la huella de una mano humana.


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The Conversation

Juan Olvido Perea García recibe fondos de NAWA-Ulam (Agencia de Intercambio Académico Polaca) y es Profesor Distinguido por una ayuda Beatriz Galindo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Larissa M Straffon recibe fondos del Consejo Noruego de Investigación a través de su Centro de Excelencia Centre for Early Sapiens Behaviour, SapienCE y del Consejo Europeo de Investigación a través del proyecto ‘Evolution of Cognitive Tools for Quantification’ (QUANTA). El estudio aquí reportado fue parcialmente financiado por la Universidad de Leiden, Países Bajos, y la Fundación John Templeton (beca no. 61403 a LMS).

ref. No, un mono no podría haber pintado ese cuadro: lo que revela el arte abstracto sobre la mente humana – https://theconversation.com/no-un-mono-no-podria-haber-pintado-ese-cuadro-lo-que-revela-el-arte-abstracto-sobre-la-mente-humana-270032