No existe una varita mágica para eliminar todo el plástico del planeta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Diaz Marcos, Profesor departamento materiales y microscopista , Universitat de Barcelona

Aleksandr Grechanyuk/Shutterstock

En apenas 70 años, hemos pasado de producir dos toneladas de plástico al año (en 1950) a más de cuatrocientas (en 2022). Además, estas cifras se han acelerado en el siglo XXI. Desde el año 2000, se ha fabricado más de la mitad de la cantidad total de plástico existente. Si seguimos esta progresión, se espera que para el 2050 la producción se acerque a los 1 500 millones de toneladas.

De esta enorme cantidad total de plásticos, se recicla menos de un 20 %. Está claro que a los grandes beneficios del plástico les acompaña una terrible mochila: la contaminación ambiental asociada, que cada día es más grande.

¿Y si con una varita pudiéramos eliminar los plásticos?

A pesar de que existe un amplio debate crítico sobre los plásticos, si nos queremos plantear de forma seria, sin demagogia, su sustitución, hemos de implicar a otros materiales como el vidrio, el metal, la madera o la cerámica. Estas alternativas, aunque útiles, presentan desafíos significativos.

En primer lugar, son materiales más pesados, lo que implica costes energéticos más altos. Por ejemplo, una botella de vidrio de un litro puede pesar hasta veinte veces más que una de igual capacidad de plástico.

Por otra parte, ¿qué sería de la deforestación de los bosques si la madera sustituyera a los plásticos y se utilizara de forma masiva? ¿Qué residuos se generarían por la producción masiva de vidrios y metales? Además, producirían residuos de difícil postprocesado y reciclado. La suma de todos estos factores implicaría un impacto muy pernicioso para nuestro planeta.

El caso de los hospitales

Los plásticos han transformado de forma irreversible nuestras vidas, pero su ausencia cambiaría radicalmente nuestra sociedad. Es, por lo tanto, crucial su uso responsable y el desarrollo de alternativas sostenibles para asegurar un futuro más limpio y saludable.

Así, sectores como la medicina o la automoción han evolucionado de una manera exponencial gracias al desarrollo de los plásticos. A todos los críticos de este material, que ven viable su sustitución, les preguntaría: ¿cómo gestionarían un hospital sin plástico? ¿De qué material fabricarían los guantes, tubos, jeringas o las bolsas de sangre y suero? ¿Qué implicaciones tendría la ausencia de plásticos en la seguridad y la higiene en los hospitales?

Es lícito y realista plantear, eso sí, que el plástico de un solo uso se utiliza en exceso en los centros sanitarios. Por ejemplo, un estudio en un hospital del Reino Unido demostró que una simple operación de amigdalitis generaba más de un centenar de piezas separadas de residuos de plástico.

En este momento, el plástico es esencial e insustituible en medicina; sin él se perderían muchas vidas.

¿Irremplazable o usado en exceso?

No solo el sector médico depende del plástico, otros también demandarían soluciones si este se eliminara. Desde el sector alimentario al de servicios o el tecnológico, plantearían preguntas tan básicas como: ¿podríamos mantener el ritmo frenético de crecimiento de dispositivos electrónicos en la sociedad actual? ¿Qué sería de las nuevas tecnologías?

La afirmación de que, sin plástico, nuestro sistema alimentario se desmoronaría es arriesgada, pero bastante realista. ¿Qué tipo de envases tendríamos? ¿Podríamos mantener igual de frescos y seguros los alimentos? ¿Podríamos garantizar el abastecimiento de comida a todos los confines del planeta?

¿Podemos entonces convivir sin plásticos? La respuesta es no, pero esto no es óbice para observar cómo el crecimiento desmesurado e insostenible de su utilización plantea un problema de difícil solución: la contaminación plástica.

La nanotecnología entra en acción

Si queremos tener un equilibrio respecto al uso responsable de los plásticos, debemos repensar fundamentalmente la forma en que los fabricamos, usamos y reutilizamos, para que no se conviertan únicamente en residuos sin uso. La economía circular puede ser un enfoque interesante para lograr este objetivo.

Es aquí donde entran en juego nuevos avances, como la nanotecnología diseñada para detectar cambios microbianos o bioquímicos en los alimentos. En este contexto, diversos equipos de investigación trabajan en “embalajes inteligentes”, que nos proporcionará información sobre el producto que contiene.

También será clave en el futuro la mejora de las técnicas de reciclaje y la apuesta decidida por el reciclaje químico, donde los residuos poliméricos cambian su estructura química para ser utilizados como materia prima en la fabricación de nuevos plásticos. Un enfoque totalmente ajustado a la economía circular. A pesar de sus beneficios, aquí todavía debemos superar ciertas barreras, como las energéticas y las de rendimiento en comparación con el reciclado mecánico.

Cambio de hábitos

Un mundo sin plásticos no es posible, pero un mundo con el actual consumo de ellos, tampoco. Así, una llamada a la acción para poner fin a nuestra dependencia de los plásticos debe ir acompañada de pasos claros y tangibles, con una comprensión de las implicaciones de nuestras elecciones.

Si queremos transitar hacia una economía circular, solo queda alejarnos del modelo actual de “consumir, fabricar, desechar”. Debemos rediseñar productos para que sean más duraderos, reutilizables, reparables y reciclables. ¿Estamos preparados para cambiar nuestros hábitos? La respuesta a esta pregunta marcará nuestro futuro con o sin plásticos.

The Conversation

Jordi Diaz Marcos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El nacionalismo vuelve con fuerza: del siglo XIX al MAGA de Trump

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Torres Aguilar, Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones y director de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos, Universidad de Córdoba

Un seguidor de Trump lleva la gorra con el lema MAGA. Roschetzky Photography/Shutterstock

La ideología nacionalista nacida a finales del siglo XIX marcó buena parte de la historia desde entonces hasta casi la primera mitad del XX. Ahora está llamando de nuevo a nuestro presente.

Algunos ejemplos actuales revisten elementos compartidos con esa vieja ideología. Uno se viene arrastrando desde hace mucho tiempo: la reivindicación de China sobre Taiwán. Otro lo tenemos a las puertas de Europa desde hace menos tiempo: la aspiración de Rusia a ser la Gran Rusia, con todo lo que ello conlleva.

Los grandes fastos de EE. UU en 2026

Ahora se une a este florecer del nacionalismo excluyente el MAGA –Make America Great Again, “Haz América Grande Otra Vez” en español– de Donald Trump, que va a encontrar en la celebración del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, en 2026, su formulación más integrista y provocadora: la política antiinmigración y el renacido y furibundo nacionalismo MAGA.

Por su parte, en Europa los partidos de ultraderecha tratan de imitar el modelo, reivindicando el sentimiento nacional por encima de cualquier propuesta de multilateralismo o integración y tratando de atacar los cimientos de la Unión Europea con argumentos de lo más pintoresco.

De este modo hacen el trabajo sucio, cual caballo de Troya, al proyecto de Trump de debilitar y, si es posible, romper la Pax Europaea que se construyó sobre las cenizas de más de 55 millones de muertos.

Algunas de las actividades previstas para las celebraciones del próximo año en Norteamérica recuerdan mucho a los desfiles de nibelungos, deidades y mitos pangermánicos, exaltaciones de la pureza aria y demás que llenaron las calles de Alemania en los años previos a la II Guerra Mundial.

EE. UU. va a tener en 2028, una vez más, hasta unos Juegos Olímpicos –en Los Ángeles–, por si faltase algún ingrediente.

No es cuestión baladí el mensaje que quiere transmitirse desde el gobierno trumpista. El proyecto de reescritura de la historia norteamericana que están llevando a cabo –bajo la premisa de que hay que eliminar todas las mentiras introducidas por la cultura de la “izquierda radical”– cumple su deseo de hacer una historia sin historiadores. En ese sentido, se trabaja en una historia que modifique contenidos, museos, archivos y bibliografía, si es preciso, para exaltar el valor de lo propio frente a cualquier otro elemento integrador.

Raíces del nacionalismo

El nacionalismo tal y como lo conocemos no siempre ha acompañado a la humanidad. Es una ideología que apareció entre los años 1880-1914, aunque tiene sus atencedentes tras la Revolución Francesa. El término comenzó a usarse en Francia, Italia y Alemania para definir a los grupos ideológicos de derecha extrema que utilizaban las apelaciones a la patria frente a extranjeros, liberales y socialistas.

La base del nacionalismo es la voluntad de identificar emocionalmente al individuo con los elementos identitarios de su nación, frente a otros a los que considera inferiores, de modo que quien no comparta estos principios sea simplemente un traidor a la patria.

De otra parte, en cuanto a las conmemoraciones, celebraciones, centenarios y demás, no es algo que hunda sus raíces en la memoria de los tiempos. Es un invento también ligado al nacionalismo.

Baste recordar que, por mucho que busque cualquier investigador, no encontrará ninguna referencia al III Centenario del descubrimiento de América, y menos al segundo o al primero. Sencillamente, era algo que no existía en la conciencia política. Los reyes solo celebraban sus cumpleaños, onomásticas y algún que otro asunto religioso. La primera vez que se conmemoró tal efeméride fue en 1892, con motivo de los 400 años del viaje de Cristóbal Colón.

“Patria” y “España” no siempre fueron sinónimos

Con el ánimo de seguir relativizando la fortaleza de estos conceptos, es preciso recordar que en español la palabra “patria” no fue sinónimo de España hasta el siglo XIX, con anterioridad el término se refería a la localidad de nacimiento.

Algo parecido pasa con el italiano y la palabra “paese”. Cuando las comunidades locales tales como la aldea, el pueblo, la comarca iban debilitándose, la patria se convirtió en la metáfora para integrar al imaginario de la nación. La escuela, los nuevos medios de comunicación de masas, incluso la religión, fueron contribuyendo a crear y fortalecer el concepto de la comunidad, del yo frente a la comunidad del otro.

Es paradigmático el caso del Imperio austrohúngaro, en el que la conciencia de pertenencia a una nación no fue incompatible con la idea del apoyo a la monarquía habsbúrgica. Claro está, hasta que saltó por las aires tras la caída del Imperio y las naciones centroeuropeas acrecentaron su idea nacional, que desembocaría en las guerras europeas del siglo XX.

A la altura de 1914 ya no era la gloria individual o la conquista lo que inspiraba a los beligerantes, sino la idea de la amenaza al nosotros, de la agresión del ellos contra nuestra libertad y nuestra civilización. No es casual que la xenofobia encontrara también en este momento su mejor caldo de cultivo. Nuestra victoria ya no era la de nuestra gloria, sino la de la patria.

Solo basta recordar que después de la Gran Guerra, como la patria ya eran todos, se abandonó la idea del campo de batalla y nació el concepto de guerra total que encontraría su cenit en la II Guerra Mundial. En ella, los muertos eran todos, no solo los soldados, y las bombas iban contra todos: niños, mujeres, ancianos, civiles en general. Exactamente como hoy se hacen las guerras, atacando más a las retaguardias, a los civiles, y haciendo a toda la comunidad objetivo militar.

Desgracias en nombre de la nación

La nación, la patria, ha sido desde finales del siglo XIX el origen de las mayores desgracias de la humanidad. En cambio, los proyectos colectivos y de integración –Naciones Unidas, Unesco, Organización Mundial de la Salud, FAO y, por supuesto, la Unión Europea– han traído las épocas de mayor prosperidad y solidaridad mundial o regional y paz.

Advertidos estamos porque tenemos cerca los dos modelos. Después de Napoleón, hasta el nacimiento de los nacionalismos, Europa había vivido en paz. Luego acabó todo. El renovado protagonismo de esta ideología nada bueno puede augurar.

The Conversation

Manuel Torres Aguilar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El nacionalismo vuelve con fuerza: del siglo XIX al MAGA de Trump – https://theconversation.com/el-nacionalismo-vuelve-con-fuerza-del-siglo-xix-al-maga-de-trump-261333

¿Funcionan las mantas refrescantes virales en TikTok?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Dolores Martín Alonso, Materials Science PhD, IMDEA MATERIALES

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TikTok tiene la asombrosa capacidad de convertir objetos cotidianos en milagros virales. Un día es una crema que borra las arrugas en segundos, al siguiente, una manta que promete noches frescas sin aire acondicionado. Las “mantas refrescantes” son el nuevo fetiche del algoritmo: vídeos con millones de visualizaciones muestran a influencers envolviéndose en tejidos que, según ellos, “absorben el calor corporal”.

Uno de los vídeos más comentados es el del portal SlashGear, que realizó una prueba práctica con una de las mantas virales más vendidas. Dejaron esa manta y una convencional al sol. ¿El resultado? La manta “refrescante” mostraba hasta 6 °C menos en su superficie exterior. A simple vista, parece una victoria… pero la física, como suele ocurrir, pide una segunda opinión.

La bajada de temperatura con la manta

¿Por qué muestra esa bajada en la temperatura si ni siquiera hay contacto humano? La clave está en cómo cada tejido absorbe, refleja o disipa el calor del entorno. Algunos materiales sintéticos, como el nailon o el polietileno modificado, reflejan más la radiación solar o se calientan menos al sol, lo que puede explicar esa diferencia superficial.

Esa diferencia, sin embargo, no garantiza automáticamente una sensación de frescor duradera cuando entramos en contacto con la manta. La sensación de alivio térmico al contacto se debe principalmente a la conductividad térmica. Algunos tejidos, como los mencionados nailon o polietileno, transfieren el calor de nuestra piel de forma más eficiente que otros, como el algodón. Es el mismo principio por el que un pasamanos metálico se percibe mucho más caliente al sol que uno de madera, aunque ambos estén expuestos a las mismas condiciones.

Por eso, muchas personas que prueban estas mantas en una habitación templada dicen que “sí, se nota más fresca”, al menos al principio. Pero esa sensación inicial no dura. En foros como Reddit es fácil encontrar experiencias que contrastan con la euforia inicial. “Los primeros diez minutos, genial. Luego fue como envolverme en papel film.”

El efecto desaparece al romper el equilibrio térmico

Lo que ocurre es que, tras absorber nuestro calor corporal, el tejido alcanza rápidamente el equilibrio térmico. Si ese calor no se disipa, por ejemplo, si estamos tumbados sin ventilación o hace mucho calor ambiental, la manta deja de ser fresca. Es decir, si no hay un mecanismo que mantenga el gradiente térmico, el efecto desaparece.

Sin embargo, hay mantas que sí logran mantener ese gradiente durante más tiempo. Lo hacen gracias a materiales específicamente diseñados para ello. Y ahí es donde entra en juego la física.

La física básica: un cambio de fase

El truco no está en el tejido, ni en la textura, ni en una fórmula secreta al estilo Coca-Cola. Está en un principio básico de la física térmica: el cambio de fase.

Cuando un material cambia de estado (por ejemplo, de sólido a líquido), necesita absorber una gran cantidad de energía sin aumentar su temperatura. Esa energía se llama calor latente de fusión. El ejemplo más cotidiano es el hielo: puede absorber mucho calor al derretirse, pero permanece a 0 °C hasta que se ha convertido en agua por completo.

En el caso de las mantas realmente refrescantes, se utilizan materiales llamados PCM (Phase Change Materials por sus siglas en inglés), diseñados para fundirse a temperaturas cercanas al confort térmico humano, entre 18 y 21 °C. Durante ese cambio de estado, absorben el calor del cuerpo sin calentarse hasta que todo el PCM haya fundido, lo que permite mantener una sensación de frescor durante más tiempo.

Imaginemos que nos tapamos con una manta llena de “cubitos invisibles” que se derriten justo a la temperatura ideal. Mientras lo hacen, se “beben” parte del calor que generamos al dormir. Esa es, literalmente, la esencia de una manta con PCM. Y lo mejor es que, una vez que el material ha terminado de fundirse, se puede “recargar” dejándola en un lugar fresco para que se solidifique de nuevo.

La manta del futuro

Para conseguir estas mantas realmente refrescantes necesitamos echar mano de la ciencia de materiales. No todos los sólidos se funden a temperaturas útiles para el confort humano que, al mismo tiempo, absorban una cantidad significativa de calor. Los PCMs más comunes se dividen en tres grandes grupos: orgánicos, inorgánicos y eutécticos.

Los PCMs orgánicos, como las parafinas, son populares por su estabilidad y bajo coste. Están compuestos por largas cadenas hidrocarbonadas que, al fundirse, absorben calor y se mantienen estables durante muchos ciclos térmicos. Su temperatura de fusión puede ajustarse eligiendo el número de átomos de carbono.

En el contexto de las mantas, estos PCMs se encapsulan en microestructuras, normalmente cápsulas poliméricas, que les permiten pasar de sólido a líquido sin escapar ni dañar el textil. El encapsulado protege al material de la degradación y permite que la manta soporte muchos ciclos sin perder eficacia.

¿Y están ya en el mercado o aún son ciencia de laboratorio?

Los cubitos invisibles ya son una realidad

Aunque hablar de “cubitos invisibles” suene a ciencia ficción, los materiales de cambio de fase ya están presentes en productos reales, no solo en mantas, sino también en ropa deportiva, calzado técnico o arquitectura bioclimática.

En el sector textil, varias marcas han comenzado a comercializar tejidos que incorporan microcápsulas de PCM. Una de las más conocidas es Outlast Technologies, que surgió a partir de colaboraciones con la NASA y aplica estas tecnologías en ropa térmica, sábanas o chaquetas.

Mientras tanto, la investigación sigue avanzando. Las líneas más activas se centran en mejorar la estabilidad a largo plazo, aumentar la conductividad térmica y desarrollar materiales más sostenibles y con el mayor calor latente de fusión por masa posible. El reto ya no es demostrar que funcionan, sino lograr que lo hagan de forma fiable, asequible y cómoda.

Como muchas modas virales, las mantas refrescantes tienen un pie en la realidad y otro en la exageración. Algunas sí funcionan, pero no por arte de magia ni por una “fórmula secreta guardada en un sobre lacrado”, sino gracias a principios bien conocidos de la física y la ingeniería de materiales. Y aunque su efecto no sea eterno ni milagroso, tal vez sea suficiente para pasar una noche de verano sin sudar la gota gorda.

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María Dolores Martín Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Funcionan las mantas refrescantes virales en TikTok? – https://theconversation.com/funcionan-las-mantas-refrescantes-virales-en-tiktok-261779

Peligros de la exposición de menores en redes sociales: una moda que debemos y podemos evitar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis M. Rojo Bofill, Facultativo Especialista en Psiquiatría en H. La Fe, Valencia, Spain. Profesor Asociado, Universitat de València

Prostock-studio/Shutterstock

El sharenting, la exposición de información relacionada con menores por parte de sus cuidadores –una práctica que incluye imágenes, vídeos, o datos personales del menor– se ha vuelto cada vez más común.

Aunque el término hace referencia a los progenitores y cuidadores cercanos, atañe también a otras figuras de su entorno, como el profesorado. Todos ellos son referentes y modelos para el menor, quien puede resultar muy vulnerado por esta práctica en auge en las redes sociales.




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Información personal y huella digital

Una fuente de riesgos relacionados con el sharenting es la aportación de información que facilita la identificación e interacción con el menor. Este tipo de datos, como sus gustos o sus rutinas, son susceptibles de ser utilizados por terceros de manera inadecuada.

Además, la acumulación de información sobre la identidad y el pasado de una persona, su huella digital, también puede resultar fuente de muchos problemas. Una imagen comprometida, por ejemplo, podría dar lugar a una situación de acoso escolar, o formar parte de la misma. Por otro lado, compartir datos sobre la salud podría tener consecuencias futuras. Pese a esto, las publicaciones sobre los menores se comparten frecuentemente sin su consentimiento, un fenómeno que se ha disparado en los últimos años.

Esa exposición en redes sociales podría además tener consecuencias psicológicas en los menores, según están empezando a plantear algunos profesionales de la salud mental.




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Sharenting y autoimagen

La importancia que se concede a la imagen o al éxito cuando se genera contenido sobre el menor puede impactar en su manera de percibirse a sí mismo y a lo que le rodea. En estos casos, ese niño o niña es frecuentemente consciente de que su imagen está siendo compartida y, por tanto, juzgada por otros, lo que puede tener especial repercusión en una persona con un autoconcepto y pensamiento crítico que se encuentran en proceso de construcción.

Además, si la imagen es previamente editada, el mensaje que se transmite puede entenderse como: “tal y como eres no es suficiente para ser aceptado; tu imagen debe ser modificada para agradar”. Estos aprendizajes, que en el sharenting son promovidos por el entorno del menor, influyen en cómo la persona se considera y se compara con los demás.




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La mercantilización de los menores

Por otro lado, cuando el contenido en redes sociales está relacionado con menores tiene una mayor difusión. Esto promueve que, en ocasiones, los cuidadores compartan información, buscando más visibilidad, así como beneficios directos o indirectos. Ello supone una mercantilización de la imagen del niño o niña.

Es más, la repercusión aumenta si la información incluye imágenes comprometidas o del menor sufriendo. Aquí, no solo se nutre la huella digital, sino que el cuidador puede llegar a generar situaciones artificiales para grabarles en situaciones desagradables (por ejemplo, creando vídeos en los que se les humilla).

En algunos casos, cuando el pequeño está sufriendo, en vez de responder a su malestar de una manera que les ayude a regular sus emociones, se les graba, propiciando aprendizajes peligrosos sobre cómo gestionar las emociones.




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Desconfianza en su figura de referencia

Las dinámicas que ocurren en torno al sharenting influyen, además, en la relación entre el menor y sus cuidadores. Las situaciones que genera esta práctica puede incrementar la desconfianza hacia ellos. En casos extremos, los niños podrán llegar a dudar de si un paseo responde a un deseo de disfrutar juntos o a una necesidad de generar likes, o incluso de si un regalo es únicamente fruto de una colaboración.

De la misma forma, esta práctica pone en duda los límites de la intimidad propia y de la relación con el cuidador: si como hijo te cuento una experiencia muy personal o si como alumno te escribo una carta que acaba siendo pública, ¿qué parte de mí puedo confiarte? ¿Qué debería dejar de compartir sobre mí con los demás?

Responsabilidad compartida

El sharenting puede llevar la exposición de los menores al extremo, monetizándola, buscando impacto y seguidores. Pero no hace falta llegar tan lejos: una sola imagen ofrece datos de lugares, de edades, etc. Además, la propia fotografía puede ser empleada con finalidades malintencionadas. Por tanto, como profesionales, debemos recomendar evitar compartir datos de los menores en redes sociales.

Como familias, intentemos no subir imágenes de los pequeños de la casa a cualquier red social y, en caso de hacerlo, debería ser siempre de forma consciente, meditada, consentida y responsable. Precisamente ahora, en verano, no podemos dejar de señalar los riesgos potenciales de compartir imágenes o vídeos de menores en playas o piscinas.

Recordemos que esto incluye las fotos de perfil de Whatsapp, red en la que tenemos contactos con los que puede hacer años que no hablamos o con los que no tenemos confianza o son completamente desconocidos. Por eso resulta importante revisar la configuración o evitar poner imágenes con menores.




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Como educadores no debemos subir fotografías del alumnado a nuestras redes, ni a nivel personal ni como centros educativos. Aunque tengamos el permiso de los progenitores, deberíamos buscar otros modos de trasladar nuestras actividades por medios privados o sin exponer a los estudiantes. Al fin y al cabo, compartir experiencias del aula o del centro en redes sociales identificando al menor no responde a ningún objetivo didáctico o pedagógico.

Finalmente, como usuarios de redes sociales, intentemos no viralizar, compartir, comentar o dar like a vídeos, imágenes o a información relacionada con menores. Desde todos los ámbitos de la sociedad podemos contribuir, de un modo u otro, a cuidar a nuestros niños y niñas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Peligros de la exposición de menores en redes sociales: una moda que debemos y podemos evitar – https://theconversation.com/peligros-de-la-exposicion-de-menores-en-redes-sociales-una-moda-que-debemos-y-podemos-evitar-261501

El liderazgo positivo beneficia la salud física y mental de las personas trabajadoras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Lopez-Zafra, Catedrática de Psicología Social, Universidad de Jaén

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A principios de este siglo surgió la psicología positiva, cuya finalidad es investigar el funcionamiento humano positivo para poder incrementarlo o potenciarlo. En el ámbito laboral, esta rama de la psicología indaga en las fortalezas y virtudes que fomentan el bienestar en el trabajo.

En un entorno en que, por las condiciones de crisis económicas, sanitarias o sociales, merma la salud de las personas trabajadoras nos preguntamos qué recursos personales y laborales pueden ayudarles a sobrellevar estas dificultades.

¿Cómo afrontar las dificultades derivadas de situaciones excepcionales?

Siguiendo la teoría de las demandas y recursos laborales –que sugiere que cuando no hay equilibrio entre las exigencias del trabajo y los recursos disponibles se generan estrés y agotamiento–, hemos analizado su influencia en los niveles de salud de las personas empleadas. Los resultados de nuestra investigación nos permiten señalar cuáles son los recursos personales y sociales necesarios para atender con bienestar las distintas situaciones laborales.

Para algunos personas trabajadoras, la covid-19 supuso la implementación forzosa del teletrabajo, una contingencia para la que no estaban preparadas y que afectó al bienestar laboral.




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Comprobamos que el apoyo social, un recurso interpersonal muy valioso, aumentaba los niveles de vigor en el trabajo, pero solo en situaciones presenciales, y que estos efectos desaparecían en cualquier modalidad de teletrabajo. Se entiende como vigor laboral a la sensación de poseer fuerza física, energía emocional y agilidad cognitiva mientras se realiza el trabajo.

Vigor, estrés y actividad física

En su día a día, las personas trabajadoras se enfrentan a múltiples situaciones de estrés que afectan negativamente a su salud mental. Hemos encontrado que ese efecto se produce cuando se reducen los niveles de vigor en el trabajo.

Este recurso psicológico positivo se compone de tres dimensiones: fuerza física (las capacidades físicas de la persona), vivacidad cognitiva (relativa a la agilidad mental y la fluidez del pensamiento) y energía emocional (la capacidad de mostrar empatía y compasión).

Mientras que el estrés afecta negativamente a la salud mental de las personas trabajadoras, el vigor tiene un efecto diametralmente opuesto. No obstante, los niveles altos de estrés reducen significativamente los de vigor en relación con la energía, la resiliencia, la persistencia y el esfuerzo.

En un estudio previo (2022), investigamos cómo incide el ejercicio regular en el estrés y el vigor en el trabajo. Vimos que una actividad física intensa potencia –en los trabajadores más estresados– los efectos negativos del estrés sobre el vigor en el trabajo. Esto podría deberse a que dicha actividad física intensa aumente el agotamiento. Por tanto, en situaciones de estrés laboral elevado es recomendable un nivel controlado de actividad física en términos de tipo, duración y frecuencia, para no superar el umbral en el que se ven afectados los niveles de vigor de las personas trabajadoras.

Por otra parte, investigadores daneses hicieron en 2012 un descubrimiento paradójico: mientras que la actividad física relacionada con el trabajo aumenta el riesgo a largo plazo de baja por enfermedad, la que se realiza en el tiempo libre disminuye este mismo riesgo.

¿Por qué es importante el liderazgo positivo?

Ejercer un liderazgo positivo (auténtico, ético o transformacional) favorece la salud física y mental de las personas trabajadoras.

En el caso del liderazgo auténtico, su relación con la satisfacción laboral, tanto en organizaciones privadas como públicas, se explica a través del engagement (compromiso) y el vigor que genera en el trabajo.

Además, la percepción de un estilo de liderazgo auténtico aumenta la probabilidad de pertenecer al grupo de personas trabajadoras con mayores recursos personales, lo que a su vez conlleva mayores niveles de bienestar propio.

Los efectos del liderazgo transformacional

Comparar dos estilos positivos de liderazgo, el auténtico y el transformacional, nos permitió comprobar que este último tiene un mayor efecto sobre el vigor y el compromiso en el trabajo que el liderazgo auténtico.

Este tipo de liderazgo puede definirse como aquel en que el líder se conoce bien a sí mismo y al contexto en que se encuentra, y establece objetivos en base a principios y valores éticos. Estos factores le hacen capaz de incrementar la motivación, el compromiso y la satisfacción de su equipo.

Por su parte, el líder transformacional busca provocar un cambio positivo y profundo en los equipos y las organizaciones. Inspira y motiva, generando cambios positivos en los individuos, el equipo y las organizaciones. De ahí que sea un liderazgo muy estudiado en la psicología positiva.

Mediante un análisis profundo del estilo de liderazgo transformacional, comprobamos que favorece el compromiso con la organización a nivel individual y de equipo, y tanto directa (mediante la motivación y la inspiración) como indirectamente, al crear un ambiente de trabajo positivo.

No obstante, también vemos que este efecto varía en función de si se trabaja en una organización pública o privada. En las organizaciones privadas es más relevante que en las públicas cómo perciben las personas trabajadoras el estilo de su líder. Así, mientras que en las primeras el liderazgo transformacional favorece el desempeño, en las organizaciones públicas se asocia con una menor productividad.

Liderazgo y bienestar

Si revisamos los estudios sobre el papel del liderazgo positivo en la salud de las personas trabajadoras), vemos que quienes lo reciben suelen tener un perfil más positivo (son enérgicas, vivaces y entusiastas), tienen recursos personales positivos, hacen más actividad física y están más comprometidas con su trabajo. Estos factores inciden en su bienestar emocional.

En resumen, en nuestra investigación hemos comprobado que el liderazgo positivo en el trabajo es un recurso fundamental para procurar mayor y mejor salud a las personas trabajadoras.

The Conversation

Esther Lopez-Zafra ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva.

Daniel Cortés-Denia ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva.

Manuel Pulido Martos ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva..

María del Pilar Berrios Martos ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva..

ref. El liderazgo positivo beneficia la salud física y mental de las personas trabajadoras – https://theconversation.com/el-liderazgo-positivo-beneficia-la-salud-fisica-y-mental-de-las-personas-trabajadoras-259634

By firing the Bureau of Labor Statistics chief, the Trump administration raises concerns that it may further restrict the flow of essential government information

Source: The Conversation – USA (2) – By Sarah James, Assistant Professor of Political Science, Gonzaga University

Do government programs work? It’s impossible to find out with no data. Andranik Hakobyan/iStock via Getty Images Plus

President Donald Trump’s firing of Bureau of Labor Statistics Commissioner Erika McEntarfer on Aug. 1, 2025, after an unfavorable unemployment report has been drawing criticism for its potential to undercut the agency’s credibility. But it’s not the first time that his administration has taken steps that could weaken the integrity of some government data.

Consider the tracking of U.S. maternal mortality, which is the highest among developed nations. Since 1987, the Centers for Disease Control and Prevention has administered the Pregnancy Risk Assessment Monitoring System to better understand when, where and why maternal deaths occur.

In April 2025, the Trump administration put the department in charge of collecting and tracking this data on leave.

So far, there are no indications that any BLS data has been deleted or disrupted. But there have been reports of that occurring in other agencies of all kinds.

The White House is also collecting less information about everything from how many Americans have health insurance to the number of students enrolled in public schools, and making government-curated data of all kinds off-limits to the public. President Donald Trump is also trying to get rid of entire agencies, like the Department of Education, that are responsible for collecting important data tied to poverty and inequality.

His administration has also begun deleting websites and respositories that share government data with the public.

Why data is essential for the safety net

I study the role that data plays in political decision-making, including when and how government officials decide to collect it. Through years of research, I’ve found that good data is essential – not just for politicians, but for journalists, advocates and voters. Without it, it’s much harder to figure out when a policy is failing, and even more difficult to help people who aren’t politically well connected.

Since Trump was sworn in for a second time, I have been keeping an eye on the disruption, removal and defunding of data on safety net programs such as food assistance and services for people with disabilities.

I believe that disrupting data collection will make it harder to figure out who qualifies for these programs, or what happens when people lose their benefits. I also think that all this missing data will make it harder for supporters of safety net programs to rebuild them in the future.

Why the government collects this data

There’s no way to find out whether policies and programs are working without credible data collected over a long period of time.

For example, without a system to accurately measure how many people need help putting food on their tables, it’s hard to figure out how much the country should spend on the Supplemental Nutrition Assistant Program, formerly known as food stamps, the federal supplemental nutrition program for women, infants and children, known as WIC, and related programs. Data on Medicaid eligibility and enrollment before and after the passage of the Affordable Care Act in 2010 offers another example. National data showed that millions of Americans gained health insurance coverage after the ACA was rolled out.

Many institutions and organizations, such as universities, news organizations, think tanks, and nonprofits focused on particular issues like poverty and inequality or housing, collect data on the impact of safety net policies on low-income Americans.

No doubt these nongovernmental data collection efforts will continue, and maybe even increase. However, it’s highly unlikely that these independent efforts can replace any of the government’s data collection programs – let alone all of them.

The government, because it takes the lead in implementing official policies, is in a unique position to collect and store sensitive data collected over long periods of time. That’s why the disappearance of thousands of official websites can have very long-term consequences.

What makes Trump’s approach stand out

The Trump administration’s pausing, defunding and suppressing of government data marks a big departure from his predecessors.

As early as the 1930s, U.S. social scientists and local policymakers realized the potential for data to show which policies were working and which were a waste of money. Since then, policymakers across the political spectrum have grown increasingly interested in using data to make government work better.

This focus on data grew starting in 2001, when President George W. Bush made holding government accountable to measurable outcomes a top priority.

He saw data as a powerful tool for reducing waste and assessing policy outcomes. His signature education reform, the No Child Left Behind Act, radically expanded the collection and reporting of student achievement data at K-12 public schools.

George W. Bush speaks against a school locker backdrop, next to an American flag and another flag. Above him are the words 'Strengthening our schools.'
President George W. Bush speaks about education in 2005 at a high school in Falls Church, Va., outlining his plans for the No Child Left Behind Act.
Alex Wong/Getty Images)

How this contrasts with the Obama and Biden administrations

Presidents Barack Obama and Joe Biden emphasized the importance of data for evaluating the impact of their policies on low-income people, who have historically had little political clout.

Obama initiated a working group to identify ways to collect, analyze and incorporate more useful data into safety net policies. Biden implemented several of the group’s suggestions.

For example, he insisted on the collection of demographic data and its analysis when assessing the impacts of new safety net policies. This approach shaped how his administration handled changes in home loan practices, the expansion of broadband access and the establishment of outreach programs for enrolling people in Medicaid and Medicare.

Why rebuilding will be hard

It’s harder to make a case for safety net programs when you don’t have relevant data. For example, programs that help low-income people see a doctor, get fresh food and find housing can be more cost-effective than simply having them continue to live in poverty.

Blocking data collection may also make restoring government funding after a program gets cut or shut down even more challenging. That’s because it will be more challenging for people who in the past benefited from these programs to persuade their fellow taxpayers that there is a need for investing in a expanding program or creating a new one.

Without enough data, even well-intended policies in the future may worsen the very problems they’re meant to fix, long after the Trump administration has concluded.

This article was updated on Aug. 4, 2025, with the BLS news.

The Conversation

Sarah James does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. By firing the Bureau of Labor Statistics chief, the Trump administration raises concerns that it may further restrict the flow of essential government information – https://theconversation.com/by-firing-the-bureau-of-labor-statistics-chief-the-trump-administration-raises-concerns-that-it-may-further-restrict-the-flow-of-essential-government-information-259760

Agents masqués et armés : la police migratoire de Trump sème la peur dans les rues américaines

Source: The Conversation – France in French (3) – By Dafydd Townley, Teaching Fellow in US politics and international security, University of Portsmouth

Aux États-Unis, la police de l’immigration de Donald Trump multiplient les raids ciblant les personnes non blanches, principalement sans papiers ou titulaires d’un titre de séjour. Bras armé de la politique migratoire de Donald Trump, cette agence fédérale (ICE), renforcée par un budget historique, applique une répression de grande ampleur.


Des hommes masqués, et parfois des femmes, patrouillent dans les rues des villes américaines, parfois à bord de voitures banalisées, souvent armés et vêtus de tenues militaires. Ils ont le pouvoir d’identifier, d’arrêter, de détenir des personnes qui n’ont pas la citoyenneté américaine et d’expulser les immigrés sans papiers. Ils ont également le droit d’interroger toute personne qu’ils soupçonnent de ne pas être citoyenne américaine afin de vérifier son droit de séjourner aux États-Unis.

Ce sont des agents de l’Immigration and Customs Enforcement Agency, connue sous le nom d’Ice. Il s’agit d’un organisme fédéral chargé de l’application de la loi, qui relève du département de la Sécurité intérieure (DHS) et qui joue un rôle important et controversé dans la mise en œuvre de la politique d’immigration stricte de Donald Trump.

Lors de la campagne électorale, Trump a promis « la plus grande opération d’expulsion intérieure de l’histoire américaine ». Et il donne à Ice plus de pouvoir pour réaliser ses projets.

Depuis l’entrée en fonction de Trump en janvier, le financement d’Ice a été considérablement augmenté. Le « big beautiful bill » (« grand et beau projet de loi ») de Trump, adopté par le Congrès en juillet 2025, a accordé à Ice 75 milliards de dollars US (65 milliards d’euros) pour les quatre années à venir, contre environ 8 milliards de dollars US (6,9 milliards d’euros) par an auparavant.

Cette augmentation de financement permettra à l’agence de recruter davantage d’agents, d’ajouter des milliers de lits supplémentaires et des extensions aux bâtiments afin d’augmenter la capacité des centres de détention. De nouveaux fonds sont également prévus pour des outils de surveillance avancés, incluant la reconnaissance faciale assistée par IA et la collecte de données mobiles. Une enveloppe supplémentaire de 30 milliards de dollars (26 milliards d’euros) est destinée aux opérations de première ligne, notamment l’expulsion des immigrants et leur transfert vers les centres de détention.

Le président s’est engagé à expulser toutes les personnes en situation irrégulière aux États-Unis, soit, selon le Wall Street Journal, environ 4 % de la population actuelle. Au cours des cinq derniers mois, le nombre de personnes interpellées par les agents d’Ice a augmenté rapidement.




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Le nombre moyen d’arrestations quotidiennes a augmenté de 268 %, atteignant environ 1 000 par jour en juin 2025, comparé au même mois un an plus tôt. Cela représente également une hausse de 42 % par rapport à mai 2025, selon une analyse des données réalisée par le Guardian et le Deportation Data Project. Cependant, ce chiffre reste bien en deçà des 3 000 arrestations par jour ordonnées par la secrétaire à la Sécurité intérieure Kristi Noem et le chef adjoint de cabinet de la Maison Blanche Stephen Miller.

Les tactiques d’Ice ont déjà suscité de vives critiques. La chaîne de télévision conservatrice Fox News a rapporté que des agents masqués ne présentaient pas leur carte d’identité ni le nom de leur agence lorsqu’ils interpellaient des personnes lors de raids. D’autres reportages ont mis en lumière des allégations selon lesquelles des citoyens américains seraient également parfois pris dans ces raids.

Fonctionnement et organisation d’ICE

L’agence, actuellement dirigée par le directeur par intérim Todd M. Lyons, comporte trois divisions principales :

Lyons a affirmé que le port du masque était nécessaire car les agents de l’ICE étaient victimes de « doxxing », c’est-à-dire que leurs informations personnelles, telles que leurs noms et adresses, étaient divulguées en ligne sans leur consentement. Il a également déclaré que les agressions contre les agents d’Ice avaient augmenté. Les données du DHS indiquent qu’il y avait eu 79 agressions contre des agents d’Ice entre janvier et juin 2025, contre dix sur la même période en 2024.

Le chef de la minorité démocrate à la Chambre des représentants, Hakeem Jeffries, a comparé le port du masque par les agents d’Ice à des forces de police secrète dans des régimes autoritaires : « Nous ne sommes pas derrière le Rideau de fer. Nous ne sommes pas dans les années 1930. »

L’agence Ice a été créée en 2003 par l’administration de George W. Bush, en partie à la suite des attentats terroristes du 11 septembre, et faisait partie d’une réorganisation plus large des agences fédérales sous la direction du DHS alors tout juste créé. Elle a intégré des parties de l’ancienne Immigration and Naturalization Service (INS) ainsi que certains éléments du Service des douanes américaines.

Selon le site web de l’agence, la mission principale d’Ice est « de protéger l’Amérique par le biais d’enquêtes criminelles et de l’application des lois sur l’immigration afin de préserver la sécurité nationale et la sécurité publique ».

Comment ICE a accru ses moyens et son champ d’action

Au début du mandat présidentiel en janvier dernier, la Maison Blanche a donné à Ice le droit d’accélérer l’expulsion des immigrés entrés légalement dans le pays sous l’administration précédente. Ce « droit d’expulsion accélérée » permettait à Ice d’expulser des personnes sans qu’elles aient à comparaître devant un juge de l’immigration.

Alors que les arrestations se sont multipliées ces derniers mois, Lyons a déclaré à CBS News qu’Ice traquait tout immigrant sans papiers, même s’il n’avait pas de casier judiciaire.

L’administration Trump a également autorisé les agents de l’ICE à procéder à des arrestations dans les tribunaux d’immigration, ce qui était auparavant interdit. Cette restriction avait été introduite par l’administration Biden en 2021 afin de garantir que les témoins, les victimes de crimes et les accusés puissent toujours comparaître devant la justice sans craindre d’être arrêtés pour des infractions à la législation sur l’immigration (à l’exception des personnes représentant une menace pour la sécurité nationale).

La plupart du temps, Ice a ciblé les immigrants illégaux. Mais l’agence a aussi arrêté et détenu certaines personnes qui étaient résidentes (détentrices de la carte verte) ou touristes – et, dans certains cas même des citoyens étatsuniens.

Ces dernières semaines, selon le Washington Post, ICE a reçu l’ordre d’augmenter le nombre d’immigrants équipés de bracelets électroniques GPS. Cela augmenterait considérablement le nombre d’immigrants sous surveillance. Ces dispositifs limitent également la liberté de mouvement des personnes concernées.

Des manifestations face aux raids d’ICE

De nombreuses manifestations publiques ont eu lieu contre les raids d’Ice, notamment en Californie. Le point culminant a été atteint le 6 juin après qu’Ice ait mené plusieurs raids à Los Angeles, qui ont donné lieu à des affrontements entre agents et manifestants. Cela a conduit la Maison Blanche à envoyer environ 2 000 soldats de la Garde nationale et 700 Marines à Los Angeles, malgré l’opposition du gouverneur de Californie, Gavin Newsom.




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Une partie des tensions entre l’administration Trump et l’État vient du fait que Los Angeles et San Francisco ont adopté des politiques locales limitant la coopération avec les autorités fédérales en matière d’immigration, notamment ICE. La Californie dispose de lois sur les sanctuaires, telles que la SB 54, qui interdisent aux forces de police et aux shérifs locaux d’aider Ice dans l’application des lois civiles sur l’immigration.

Cependant, Trump semble déterminé à durcir et accélérer la répression contre les immigrants illégaux, et les agents d’Ice sont clairement en première ligne de cette stratégie.

The Conversation

Dafydd Townley ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Agents masqués et armés : la police migratoire de Trump sème la peur dans les rues américaines – https://theconversation.com/agents-masques-et-armes-la-police-migratoire-de-trump-seme-la-peur-dans-les-rues-americaines-262539

Boîtes de conserve : des risques invisibles pour la santé ?

Source: The Conversation – in French – By Antía Lestido Cardama, Doctora en el área de Innovación en Seguridad y Tecnologías Alimentarias, Universidade de Santiago de Compostela

Mieux vaut éviter d’assaisonner des pâtes ou des salades avec le liquide contenu dans les boîtes de conserve, car cela pourrait augmenter l’exposition à certaines substances à risque. Ilia Nesolenyi/Shutterstock

Les boîtes de conserve métalliques qui contiennent des aliments ou des boissons sont des emballages sûrs pour la santé. Cependant, il est nécessaire d’approfondir les interactions possibles entre l’emballage et les aliments. C’est ce qui ressort d’analyses faites sur du thon et des boissons en conserves par des chercheurs de l’Université de Santiago de Compostela, en Espagne, en collaboration avec l’Agence nationale de sécurité alimentaire et nutrition (AESAN).


Elles font partie de tout kit de survie et beaucoup d’entre elles sont indispensables à la vie universitaire des étudiants. Si nous n’avons pas envie de cuisiner ou quand nous manquons de temps, elles sont la meilleure option, et elles sont indispensables si nous partons camper. Nous parlons bien sûr des conserves qui permettent de garder différents types d’aliments et de boissons dans des conditions nutritionnelles et organoleptiques parfaites.

Ce mode de conservation est utilisé depuis des décennies dans notre système alimentaire. Parmi ses nombreux avantages, il permet notamment de garder les aliments dans nos placards pendant des années grâce à leur date limite de consommation très longue.

De ce fait, traditionnellement, dans la société, les boîtes de conserve sont associées à un moyen sûr de conserver les aliments. Cependant, d’un point de vue chimique, il est nécessaire d’étudier plus en profondeur les interactions possibles entre l’emballage et les aliments qu’il contient afin de garantir leur innocuité.

En général, sauf si nous constations des bosses ou des traces de rouille sur les conserves, nous considérions que nous pouvions être tranquilles. Un choc nous mettait en alerte et ce, à juste titre, car cela peut endommager l’intégrité de la boîte au point de provoquer de petites perforations qui ne sont pas toujours visibles, ce qui facilite l’entrée de bactéries et, par conséquent, la contamination des aliments à l’intérieur de la conserve.

Ce qui a généralement été ignoré ou, a minima, insuffisamment abordé, ce sont les questions de sécurité alimentaire liées aux composants de la boîte de conserve, par exemple l’augmentation potentielle de l’exposition à des substances dangereuses que représenterait l’assaisonnement d’une salade avec l’huile qui accompagne le thon en conserve.

Les risques liés aux composants des boîtes de conserve

De quelles substances parlons-nous ? Et surtout, à quels risques sommes-nous exposés ? Les emballages métalliques contiennent généralement des revêtements polymères qui agissent comme une barrière entre les aliments et le métal. Ce revêtement empêche la corrosion de la boîte et préserve les propriétés organoleptiques et la qualité des aliments.

Cependant, certains de ses composants peuvent se retrouver dans les aliments par un processus appelé migration. Cela peut affecter la qualité du produit et, dans certains cas, représenter un risque potentiel pour la santé du consommateur, soit en raison de son ingestion en quantités importantes, soit en raison d’une exposition cumulée tout au long de la vie via l’alimentation.

Des perturbateurs endocriniens dans les boîtes de conserve

Le groupe FoodChemPack (Recherche, développement et évaluation de la sécurité chimique des aliments et des matériaux en contact avec les aliments) de la faculté de pharmacie de l’université de Santiago de Compostela (USC), en Espagne, étudie les revêtements des boîtes métalliques, pour les boissons comme pour les conserves alimentaires, dans le cadre de plusieurs projets (MIGRAEXPO, MIGRACOATING, BACFood4Expo et ACHED), en collaboration avec l’Agence espagnole dédiée à la sécurité alimentaire et à la nutrition (AESAN).

Au cours de ces dernières années, nous avons constaté que de nombreux revêtements contenaient des résines époxy à base de bisphénol A diglycidyl éther (BADGE), synthétisé à partir d’épichlorhydrine et de bisphénol A (BPA), un perturbateur endocrinien qui interfère avec le système hormonal. Il contribue ainsi au développement de maladies métaboliques, telles que le diabète ou l’obésité, et peut affecter le système reproducteur, entre autres effets néfastes. En 2011, la dangerosité de ce composé a ainsi conduit à son interdiction dans les biberons pour bébé.

Les autorités européennes réduisent de plus en plus la quantité maximale de bisphénol à laquelle la population générale devrait être exposée. À tel point que la Commission européenne a récemment interdit l’utilisation du BPA et de ses dérivés dans les matériaux destinés à entrer en contact avec des denrées alimentaires.

Le thon, plutôt au naturel que dans l’huile ou à l’escabèche

Dans les boissons que nous avons étudiées (boissons alcoolisées, énergisantes, rafraîchissantes ou eau minérale), la migration de ces composés dérivés du bisphénol A s’est avérée faible. En revanche, dans les aliments en conserve, en particulier dans ceux à forte teneur en matières grasses, des niveaux de migration plus élevés ont été mesurés.

Par exemple, dans les conserves, comme le thon à la tomate, à l’escabèche ou à l’huile, des concentrations plus élevées que dans le thon au naturel ont été relevées pour un autre composé appelé cyclo-di-BADGE. Contrairement au BPA, ce composé n’est pas encore réglementé en raison du manque d’informations toxicologiques.

Pour toutes ces raisons, nous considérons que ce n’est pas une bonne habitude d’assaisonner des pâtes ou des salades avec le liquide contenu dans les boîtes de conserve, car cela pourrait augmenter notre exposition à ces substances.

De plus, il a été observé que le fait de réchauffer les aliments directement dans la boîte de conserve, une pratique associée à des contextes spécifiques, tels que le camping, peut augmenter la migration de ces composés. En effet, la chaleur accélère les processus de transfert des substances depuis la couche interne de l’emballage vers les aliments, ce qui pourrait augmenter les risques pour la santé.

Qu’absorbons-nous, comment et en quelle quantité ?

Dans des études récentes, nous avons constaté que la bioaccessibilité de ces substances, c’est-à-dire la quantité qui pourrait être absorbée par l’organisme, augmente considérablement lorsqu’elles sont ingérées avec des aliments gras.

Pour parvenir à cette conclusion, nous avons tenté de simuler la manière dont notre système digestif traite ces composés. Pour ce faire, nous avons utilisé le protocole de digestion gastro-intestinale in vitro INFOGEST qui, entre autres, simule la composition de la salive et des fluides gastro-intestinaux, la durée de chaque phase, la température ou les valeurs de pH corporelles. Nous avons ainsi pu observer comment différents groupes de populations sont exposés de manière différente à ces substances, principalement en fonction du pH basal de l’estomac, qui est de 1,5 chez les adultes, tandis que les enfants et les personnes âgées ont un pH gastrique moins acide.

Dans la majorité des cas, les quantités détectées étaient inférieures aux limites fixées par la Commission européenne. Il est toutefois important de tenir compte de l’exposition potentielle par différentes voies et de l’exposition cumulative tout au long de la vie. En effet, une personne peut être en contact avec la même substance de différentes manières, non seulement par voie orale, par l’eau ou les aliments, mais aussi par d’autres voies, telles que les voies respiratoires ou cutanées. Cela peut augmenter l’exposition totale de l’organisme à cette substance.

Même à de faibles niveaux, une exposition prolongée peut avoir des effets négatifs sur la santé, en particulier chez les groupes de populations les plus vulnérables.

Une société informée, une alimentation plus sûre

La connaissance de ces résultats, et de ceux à venir, permettra aux consommateurs de prendre des décisions éclairées concernant l’utilisation de ce type d’emballages (par exemple, ne pas chauffer directement les boîtes de conserve sur le feu lorsque l’on fait du camping) et la consommation des aliments (par exemple, éviter de réutiliser les liquides de couverture pour assaisonner les salades), ce qui contribuera ainsi à une alimentation plus sûre.

The Conversation

Lara Pazos Soto a reçu des financements de Xunta de Galicia.

Antía Lestido Cardama ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Boîtes de conserve : des risques invisibles pour la santé ? – https://theconversation.com/boites-de-conserve-des-risques-invisibles-pour-la-sante-258330

Should back-to-school require parent fundraising? Ontario schools are woefully underfunded, and families pay the price

Source: The Conversation – Canada – By Lana Parker, Associate Professor, Faculty of Education, University of Windsor

Back-to-school is around the corner, which means that many parents will soon receive requests from schools to pay fees, contribute supplies or support fundraising activities.

But many families are already shouldering significant financial concerns. This raises the question why Ontario schools have become so reliant on direct fundraising contributions from parents.

Though the Ontario government insists it has never spent more money on education, a closer look at the facts and figures reveals that the budget allocated to education is woefully short of covering necessities.

My research, “Infinite Demands, Finite Resources: A Window into the Effects of Ongoing Underfunding and Trends of Privatization in Ontario Schools,” draws on discussions with educators to share insiders’ perspectives on how underfunding looks and feels in schools.

Increased demands, shortfalls

The Canadian Centre for Policy Alternatives (CCPA) released a 2022 report showing that, even amid the increased complexity of teaching during the pandemic, the Ontario government increased class sizes, cut funding and teaching staff and continued to permit the backlog for school infrastructure repair to balloon to nearly $17 billion.

Using the current government’s budget projections, Ontario’s Financial Accountability Office has forecast the education system will see a $12.3 billion shortfall over the next decade.

While some people might ask whether these cuts are a marker of prudent financial stewardship, the numbers once again reveal a different story.

The CCPA report showed that while Ontario had robust GDP growth of nine per cent in 2021 and 6.6 per cent in 2022, Ontario’s Financial Accountability Office found that, in 2017, “overall program spending in Ontario averaged roughly $2,000 per person, per year less than the average of the other provinces.”

In other words, the province has adequate funding, but is choosing to under-serve certain portfolios. For example, Ontario announced in its latest budget it will invest $28 billion on highways over 10 years.

Public investment with future returns

The choice to underfund education is shortsighted because research shows education is a public investment that can generate a high level of future returns.

This under-investment in education has real consequences for the day-to-day quality of schools. Parents who have children with special education needs have long been raising the alarm that their children lack access to adequate testing and supports, which is a direct function of insufficient funding.

Ontario’s principals, teachers and other educators issued an urgent statement in February 2025 advising the public of chronic underfunding and subsequent system challenges that “threaten the very foundation of the education our children and young people deserve.”

How boards are managing shortfalls

My recent research shines a light on the need for more sustainable funding.

The 11 highly experienced educators and one education organizer in my study described how school boards are trying to manage budget shortfalls by asking schools to increase fundraising and by asking school principals to look for private sector contributions.

They discuss how fees are becoming commonplace for extracurricular activities, which places a burden on families.

They decry the loss of materials for school libraries, arts programs and performance spaces. And they warn that the system cannot take many more years of disinvestment.

Full scope may not be clear to parents

Because educators are employed by public school boards and are responsible to the Ministry of Education, they might not be empowered to express their concerns to parents directly. Even parents who participate in school council meetings or fundraising efforts may not understand how much of an issue education underfunding is in their child’s school.

However, with their decades of experience, the educators in my study are unambiguous about the current situation.

One educator shared, “The students who suffer the most are the ones who are in our ESL programs and who are in our special education programs.”

Another noted, “With the formulas that would have been used pre-pandemic, I would have had four and a half, maybe five special education resource teachers and last year I had fewer than two.”

Yet another revealed, “There’s hundreds of kids in our neighbourhood who have never had a music teacher.” Another spoke about playgrounds, noting their board was being encouraged to seek private donations:

“That was part of the message we got the other day: ‘Look over to this school. The
[foundation name] came and built their playground. Maybe y’all should try that.’ We’re being told that we should be seeking out these donations. That’s highly problematic.”




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These are losses of public education goods and services that not that long ago would have been available to all children.

As one of the participants noted:

“There are a number of opportunities that used to exist that no longer exist, and then parents get upset because they think, ‘Well, when I was in school, all of this was around. What happened?’ … Really, it’s about the underfunding.”

Province appointing supervisors

Recently, the Ontario government appointed supervisors to some boards, announcing that “investigations showed they each had accumulated deficits.”

In so doing, the government is asserting more control over public education and runs the risk of political partisanship (one of the appointed supervisors is a former Progressive Conservative MPP).

Journalist Wendy Leung with The Local, who has covered the significance of these appointments, reports the move also “hampers public scrutiny over what’s happening at the boards.”

Taking over boards can be seen as a distraction tactic as the government is asking them to meet growing needs with fewer resources.

Instead of increasing funding, which is necessary and long overdue, the government is likely to cut costs in the short term by privatizing services, a trajectory researchers have documented for some time. These shifts to the private sector are shortsighted attempts to balance a budget that only serve to raise the taxpayer burden over time.

People in Ontario — and across Canada — should be proud of our public education systems. They are held in high regard globally. But education requires ongoing financial investment in our children’s futures.

It took robust political will to compel governments to offer free public education to all children.

This history suggests it will take ongoing pressure from parents applied directly to the Ministry of Education, or via engagement with school councils and school boards, to demonstrate their desire for fair and sustainable public schooling and ensure governments do not shortchange education.

In this way, support for children today will be improved, and the proud inheritance of public education will be strengthened and viable for generations to come.

The Conversation

Lana Parker receives funding from the Canadian Social Sciences and Humanities Research Council. She is affiliated with the Public Education Exchange.

ref. Should back-to-school require parent fundraising? Ontario schools are woefully underfunded, and families pay the price – https://theconversation.com/should-back-to-school-require-parent-fundraising-ontario-schools-are-woefully-underfunded-and-families-pay-the-price-261036

Vaccine hesitancy: How social and technological issues converged to spawn mistrust

Source: The Conversation – Canada – By Emanuele Blasioli, PhD Candidate in Management Science, DeGroote School of Business, McMaster University

The rise in vaccine-preventable diseases around the world is threatening decades of progress in public health and putting millions of people at risk.

The decline in vaccination coverage in the United States illustrates the global problem. Rates of most routine vaccinations recommended for children by age 24 months by the Advisory Committee on Immunization Practices, which focus on 15 potentially serious illnesses, have declined.

Canada has not been spared from this phenomenon. As of July 19, there have been 4,206 measles cases (3,878 confirmed, 328 probable) in 2025 reported by 10 jurisdictions (Alberta, British Columbia, Manitoba, New Brunswick, Northwest Territories, Nova Scotia, Ontario, Prince Edward Island, Québec and Saskatchewan).

This decline in vaccine coverage is often attributed to misinformation and disinformation. As data analytics researchers, we used operations research techniques to understand why people are vaccine-hesitant. In our study, we explore how anti-vaccination sentiments and attitudes can be better understood through an integrated approach that combines social network analysis with insights into psychological reactance and the influence of eHealth literacy on health-related behaviours.

So what fuels skepticism about vaccines? It’s a complex blend of personal, social and environmental factors.

How our brains decide (and often get it wrong)

People typically use mental shortcuts, known as heuristics, to simplify complex issues.

The purpose is to minimize analytical efforts and speed up decision-making, which can sacrifice accuracy for the sake of efficiency. This results in distortions known as cognitive biases, which influence judgment and decision-making.

Vaccination decisions are influenced by these processes in the same way as any other decision.




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How cognitive biases and adverse events influence vaccine decisions (maybe even your own)


Skepticism toward vaccines has often been associated with fears related to possible side-effects. These fears are fuelled by our broad tendency to overestimate negative consequences, a mechanism known as risk-perception bias.

A recent study published in Nature Scientific Reports confirmed that vaccine-hesitant individuals are more sensitive to risk, and give undue weight to potential side-effects.

Another study, from the journal Vaccine: X, looked at cognitive biases related to vaccine hesitancy and revealed four factors significantly associated with hesitancy. These are:

  • fear of vaccine side-effects (skepticism factor),
  • carelessness about the risks of not being vaccinated (denial factor),
  • optimistic attitude, believing they are less at risk of illness (optimistic bias factor) and
  • preference for natural products (naturalness bias factor).

Existing beliefs can also significantly interfere with evaluations and decisions, since people are inclined to seek information that reinforces and confirms their convictions. Confirmation bias interferes with the rational evaluation of evidence related to vaccine safety and efficacy.

The effect of this bias becomes particularly relevant when analyzing how susceptible individuals are to misinformation — a major barrier to vaccine uptake.

The myth of rationality

Assuming human beings can make fully rational decisions is helpful for developing simulations and models, like those in game theory. Game theory is a powerful analytical tool often used in operations research to understand phenomena arising from the interaction of multiple decision-makers, allowing us to predict the possible scenarios that may unfold.

Insights from behavioural economics and cognitive psychology suggest that any assumption of rationality is often wildly optimistic.

Bounded rationality” describes the constraints within which reason operates. Human judgments suffer from a scarcity of information, time limitations and our limited ability to analyze.

Still, even the most effective information would not be enough to convince all vaccine-hesitant individuals. In some cases, it can have the opposite effect.

Understanding psychological and attitudinal predictors of vaccine hesitancy allows us to compare their influence in different contexts. Contexts define the environmental background (or setting) in which individuals decide about the vaccine.

These comparisons show that thought patterns and attitudes that feed into vaccine hesitancy can be modified, unlike stable risk factors, including demographic factors, such as unemployment, lower education, younger age, rural residency, sex and migrant status.

Change in vaccination decision over time

Immunization behaviours evolve over time, influenced by social dynamics. Researchers have studied why voluntary vaccination programs for childhood disease sometimes fail, showing how self-interested decision-making leads to lower vaccination rates and prevents the complete eradication of the illnesses that vaccination could otherwise control.

Assuming parents can make perfectly rational decisions, the study outlined two scenarios:

  1. The benefit of vaccination for their child, accepting there might be some risk of side-effects;

  2. The benefit of not vaccinating, knowing they can avoid side-effects, and hoping their child won’t catch the disease.

Whenever these choices seem equally good to parents, the researchers found there is a critical drop in vaccination uptake, especially for highly contagious diseases.

Another study investigated why vaccination rates swing wildly up and down over time instead of remaining steady.

The authors focused on how people copy each other’s behaviour and looked at two actual vaccine scares that happened in England and Wales, one in the 1970s with whooping cough vaccine and another in the 1990s with the measles, mumps and rubella (MMR) vaccine.

They found that parents oscillated between vaccinating and not as they followed the herd in whatever choice seemed safest, causing boom-and-bust cycles and unstable community protection from the targeted illnesses.

Such dynamics can also result in localized pockets of under-vaccination that benefit the unprotected through herd immunity, but also risk unvaccinated groups becoming high-risk clusters if that protection deteriorates.

Echo chambers in social media

The COVID-19 pandemic has proven how damaging misinformation, disinformation, information voids and information gaps can be to public health, including immunization coverage and vaccine hesitancy.

The relationship between social media misinformation and vaccine hesitancy can be understood by looking at two elements: how much individuals are exposed to it and how persuasive social media is.

At the height of the COVID-19 pandemic, vaccine-skeptical content on social media had a significant negative effect and fuelled doubts about vaccine safety and effectiveness, particularly when not subjected to flagging by fact-checkers.

The impact of unflagged vaccine-skeptical content in driving vaccine hesitancy was estimated to be 46 times greater than flagged misinformation content.

Factually accurate but potentially misleading content — such as a rare instance where a young, healthy individual passed away shortly after being vaccinated — also plays a critical role in driving up vaccine hesitancy.

In our own research, we and our collaborators argue that investigating the role of social media networks can help us develop new strategies to promote and increase evidence-based vaccine literacy.

The Conversation

Elkafi Hassini received Discovery and Alliance grants funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada that supported this research.

Emanuele Blasioli does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Vaccine hesitancy: How social and technological issues converged to spawn mistrust – https://theconversation.com/vaccine-hesitancy-how-social-and-technological-issues-converged-to-spawn-mistrust-261938