La selección: intervencionismo, expansionismo, imperialismo en el siglo XXI

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elba Astorga, Editora de Economía, The Conversation

Libin Jose/Shutterstock

Que a nadie extrañe la vuelta estadounidense a una nueva versión de la doctrina Monroe, a la manera de Trump, puesta en evidencia hace justo una semana con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

La doctrina Monroe ha sido la base teórica de una política internacional con sus vecinos de continente caracterizada por el expansionismo, el intervencionismo y el imperialismo, una política que ha permitido a Estados Unidos expandir sus intereses económicos en América Latina (en Centroamérica, la fruta; en Panamá, la construcción del Canal; en Venezuela, el petróleo) y que ahora busca extenderse hacia los gélidos territorios groenlandeses.

La doctrina Monroe nació dos siglos atrás, en 1823, en el fragor de las luchas independentistas de los países americanos. La frase del presidente Monroe “América para los americanos” era, de origen, idealista, y planteaba la necesidad de que el destino de las jóvenes repúblicas americanas quedase fuera de cualquier injerencia europea.

La doctrina Monroe fue un manifiesto de emancipación geopolítica: la participación europea en los procesos independentistas hispanoamericanos implicaba para Estados Unidos un ataque a su propia seguridad. Para el nuevo país, la posibilidad de que surgiesen monarquías en América implicaba un riesgo de desestabilización. Por eso, para los estadounidenses, la libertad americana tenía que ser republicana.

Años después, en 1898, esta doctrina servirá al presidente William McKinley para reivindicar el derecho natural de Estados Unidos para obrar y disponer en los países latinoamericanos y del Caribe.

El primer gran ensayo de la propuesta de McKinley fue la guerra de independencia cubana, en 1898. En 1903, Estados Unidos apoyó que Panamá se separase de Colombia, tras el triunfo de los conservadores en la Guerra de los Mil Días, lo que favorecería los intereses de EE. UU. para la construcción del Canal de Panamá (1904-1914).

Luego, a lo largo del siglo XX, y bajo la excusa de sofocar movimientos insurgentes o evitar la instauración del comunismo en la región, vendría la presencia de tropas estadounidenses en República Dominicana, Haití, Nicaragua, Guatemala y la infructuosa incursión en la cubana Bahía de Cochinos (1961), en un intento de derrocar el régimen castrista.

En el Cono Sur participó veladamente, a través de operaciones de la CIA, en la instauración de dictaduras militares en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, aunque luego se sumarían Brasil, Ecuador y Perú.

El siglo XX cierra con la invasión de la isla caribeña de Granada (1983) por el auge del marxismo, y la de Panamá (1989) para derrocar al dictador y antiguo aliado Manuel Noriega, acusado de narcotráfico.

Lo que el 1 de septiembre de 205 empezó como una gran operación de lucha contra el narcotráfico en aguas del Caribe, acabó, el 3 de enero de 2026, con la captura y traslado a Nueva York de Maduro y su mujer para ser juzgados por narcoterrorismo. Esta vuelta sin ambages a la doctrina Monroe queda claramente reflejada en en el documento sobre la estrategia de seguridad nacional presentada ante el Congreso de los Estados Unidos en diciembre de 2025.

La incursión estadounidense en territorio venezolano dibuja una estrella de cinco puntas, cinco vertientes geopolíticas que ganan importancia en 2026:

  1. El poder presidencial estadounidense busca expandirse y volverse imperial.

  2. Surge la doctrina Donroe: América para los estadounidenses.

  3. El objetivo, más que controlar ideologías, es dominar los recursos.

  4. Consecuencias geopolíticas: ¿cómo cambia el panorama en otras regiones? Pensemos en los casos China-Taiwán o Rusia-Ucrania.

  5. El peso y la importancia de los valores democráticos, el Estado de derecho o el libre comercio se desvanecen ante el resurgir del imperialismo estadounidense.

Esto no acaba aquí. El presidente Trump ha dejado claro su interés en ganar el control sobre otros territorios geoestratégicos: “Necesitamos a Groenlandia por motivos de seguridad nacional”. Y las alarmas han saltado en Europa.

The Conversation

ref. La selección: intervencionismo, expansionismo, imperialismo en el siglo XXI – https://theconversation.com/la-seleccion-intervencionismo-expansionismo-imperialismo-en-el-siglo-xxi-273113

Los líderes cubanos acaban de perder un aliado clave en Maduro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joseph J. Gonzalez, Associate Professor of Global Studies, Appalachian State University

«¿Después de usted, presidente Maduro?». Una frase preocupante para el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Juan Barreto/AFP via Getty Images

Las imágenes de Nicolás Maduro esposado y siendo escoltado a un centro de detención de Brooklyn sin duda habrán incomodado a los líderes políticos de La Habana.

“Cuba va a ser algo de lo que acabaremos hablando”, afirmó el presidente Donald Trump pocas horas después de la operación del 3 de enero de 2026 para capturar al presidente venezolano. El secretario de Estado, Marco Rubio, se hizo eco de la advertencia de Trump: “Si viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado”.

Como historiador de Estados Unidos y Cuba, creo que las relaciones de Washington con La Habana han entrado en una nueva fase bajo la administración Trump. Atrás quedaron el “deshielo cubano” de Barack Obama y las sanciones menos restrictivas de Joe Biden. En su lugar, la administración Trump aparentemente ha adoptado una política de cambio de régimen mediante la máxima presión.

Si esta administración se sale con la suya, 2026 será el último año del régimen comunista en Cuba, y pretende lograrlo sin la intervención de las fuerzas armadas estadounidenses.

“No creo que necesitemos (tomar) ninguna medida”, dijo Trump el 4 de enero. Y añadió: “Cuba parece estar lista para caer”.

El amigo con derecho a roce de Cuba

Puede que Trump tenga razón. La captura de Maduro ha supuesto la pérdida efectiva del aliado más cercano de Cuba. El predecesor y mentor de Maduro, Hugo Chávez, era un admirador declarado del líder revolucionario cubano Fidel Castro.

Poco después de asumir el poder en 1999, el Gobierno de Chávez comenzó a suministrar petróleo en condiciones favorables a Cuba a cambio de médicos y, finalmente, la formación de las fuerzas de seguridad de Venezuela. No fue una coincidencia que 32 de los agentes de seguridad muertos mientras defendían a Maduro del avance de las fuerzas estadounidenses fueran cubanos.

Maduro sucedió a Chávez como presidente en 2013 y continuó con el apoyo del país a Cuba. En 2022, un miembro de la oposición venezolana afirmó que Caracas contribuyó con 60 000 millones de dólares estadounidenses a la economía cubana entre 2002 y 2022.

Una multitud sostiene banderas en alto.
Cubanos se reúnen en apoyo al líder venezolano Nicolás Maduro en La Habana el 3 de enero de 2026.
Adalberto Roque/AFP vía Getty Images

La generosidad de Maduro resultó insostenible. A principios de la década de 2010, Venezuela entró en una grave crisis provocada por la mala gestión económica, una dependencia excesiva del petróleo y las sanciones de Estados Unidos.

El apoyo de Venezuela a Cuba se redujo a un goteo en 2016. No obstante, el Gobierno de Maduro ha seguido suministrando petróleo a Cuba en secreto, eludiendo las sanciones estadounidenses, en cantidades muy inferiores a las necesidades de Cuba.

Tiempos difíciles en Cuba

La penuria de Venezuela y la presión de Estados Unidos hacen que los cubanos estén sufriendo privaciones a un nivel no visto desde el “período especial” de crisis económica que vivió el país entre 1991 y 1995, provocado por el colapso de la Unión Soviética y el fin de las generosas subvenciones del bloque.

Desde 2020, el PIB de Cuba se ha reducido en un 11 %, mientras que el valor del peso cubano sigue cayendo.

Los cubanos ya no tienen electricidad fiable ni acceso al agua. Las enfermedades transmitidas por mosquitos, que antes eran poco frecuentes, ahora están muy extendidas porque el gobierno no puede permitirse rociar pesticidas.

Para colmo, el sistema sanitario solo proporciona la atención más básica, y los hospitales tienen pocos o ningún medicamento.

Mientras tanto, las producciones industrial y agrícola han disminuido drásticamente, al igual que las importaciones de alimentos. Y aunque todavía no se ha producido una hambruna, la inseguridad alimentaria ha aumentado, con la mayoría de los cubanos sometidos a una dieta limitada y saltándose comidas. La delincuencia también se ha vuelto habitual en las calles de Cuba, que antes eran seguras.

Un grupo de personas en la calle
Cubanos hacen cola para comprar comida durante un corte de electricidad en La Habana el 3 de diciembre de 2025.
Yamil Lage/AFP via Getty Images

Desde que tomó el poder Maduro, la administración estadounidense ha esbozado políticas que parecen destinadas a aumentar la presión económica sobre Cuba y provocar un cambio de régimen. Por ejemplo, Estados Unidos ha dejado claro que ya no permitirá que Venezuela suministre petróleo a Cuba.

Al parecer, el Gobierno espera que, sin petróleo, el Gobierno cubano simplemente se derrumbe. O tal vez Trump espera que los cubanos, tan frustrados como están, derroquen a sus amos comunistas sin la ayuda de Estados Unidos.

Un régimen sin apoyo popular

En cualquier caso, el razonamiento de la administración tiene un posible fallo: los comunistas cubanos han sobrevivido a crisis como estas durante más de 60 años. Sin embargo, hay pruebas de que, a medida que la economía cubana se deteriora, también lo hace el apoyo al régimen.

Desde 2020, más de un millón de cubanos han abandonado el país, principalmente hacia Estados Unidos y países de habla hispana. Un colega cubano con acceso a investigaciones del Gobierno me dijo recientemente que la cifra se acerca más a los dos millones.

Y los que se quedaron tampoco están más satisfechos.

Cuba protesta en las calles

En una encuesta de opinión pública de 2024, una abrumadora mayoría de cubanos expresó su profunda insatisfacción con el Partido Comunista Cubano y el liderazgo del presidente Miguel Díaz-Canel.

Los cubanos también han llevado sus quejas a las calles. En julio de 2021, estallaron protestas en toda Cuba, exigiendo más libertad y un mejor nivel de vida. El Gobierno encarceló rápidamente a los manifestantes y los condenó a largas penas de prisión.

No obstante, las protestas esporádicas han continuado, a menudo de forma rápida y sin previo aviso, provocando una dura represión. En particular, el movimiento San Isidro, formado en 2018 para protestar contra las restricciones a la expresión artística, cuenta con un fuerte apoyo entre los jóvenes cubanos.

Cambio de actitud hacia Estados Unidos

A medida que los cubanos se han ido volviendo en contra de su Gobierno, se han vuelto más receptivos a Estados Unidos.

Durante mi primera visita en 1996, los cubanos culpaban al embargo estadounidense, en vigor desde principios de la década de 1960, de las privaciones que sufrían durante el “período especial”. Sin embargo, en la última década, he oído a los cubanos –al menos a los menores de 50 años– expresar más ira hacia su Gobierno que hacia el embargo estadounidense.

Una gran bandera estadounidense ondea sobre la calle.
Un triciclo utilizado como taxi está decorado con la bandera estadounidense en La Habana.
Yamil Lage/AFP vía Getty Images

No nos equivoquemos: los cubanos quieren que termine el embargo estadounidense. Pero ya no creen en el intento de su Gobierno de culpar a Washington de todos los problemas económicos y políticos de Cuba.

Parte de este cambio se debe a la extraordinaria emigración de cubanos: todos los cubanos que conozco tienen un familiar o un amigo en Estados Unidos. Internet también ha ayudado: ahora los cubanos pueden leer noticias extranjeras en sus teléfonos.

¿Liberadores bienvenidos?

Desde la captura de Maduro, he enviado mensajes a amigos en Cuba para evaluar el estado de ánimo. Todos menos uno de los seis amigos cubanos con los que logré contactar me dijeron que estaban receptivos a la intervención de Estados Unidos en Cuba, siempre y cuando eliminara el régimen que les hace la vida imposible.

Un amigo dijo: “Si los yanquis aparecieran hoy, la mayoría de nosotros probablemente los recibiríamos como libertadores”.

Es cierto que mi muestra es pequeña. Pero estas reacciones, procedentes de cubanos relativamente privilegiados que trabajan tanto en el sector privado como en el público, no pueden ser buenas noticias para lo que queda del régimen de Castro.

The Conversation

Joseph J. Gonzalez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los líderes cubanos acaban de perder un aliado clave en Maduro – https://theconversation.com/los-lideres-cubanos-acaban-de-perder-un-aliado-clave-en-maduro-273261

What Mark Carney’s China trip could mean for the future of Canadian-Chinese relations

Source: The Conversation – Canada – By Ye Xue, Research Fellow, China Institute, University of Alberta

It has been more than three years since China’s Xi Jinping told Canada’s Justin Trudeau to “create the conditions first” before the two countries could work together constructively during their awkward private exchange at the 2022 G20 summit.

Despite occasional diplomatic engagement since then, the conditions for genuine co-operation between Canada and China failed to materialize, and the relationship remained overshadowed by the Meng Wanzhou affair, the ordeal of the “Two Michaels” and disputes over foreign interference.




Read more:
Meng and the two Michaels: Why China’s hostage diplomacy failed


Threats by United States President Donald Trump to make Canada a 51st state, combined with his disruptive trade policies, have forced Ottawa to re-examine the risks of excessive economic dependence on its closest ally and articulate an ambition to double Canada’s non-U.S. exports over the next decade.

As Prime Minister Mark Carney recently put it: “Never have all your eggs in one basket. We have too many eggs in the American basket.” At the same time, China has signalled a willingness to stabilize strained relations following Carney’s election win last year.

Canada-China tariffs

Foreign Minister Anita Anand’s visit to Beijing, together with Carney and Xi’s informal meeting on the margins of the APEC summit last October, suggests that the groundwork now exists for a serious stabilization of Canada–China relations.

Carney’s visit to China this week builds on this emerging momentum.

While the visit could be positive, Canadian expectations should be realistic, since the trip marks a stabilizing process rather than a symbol of stabilized relationship.

Trade will be at the top of Carney’s agenda, particularly the Canadian push for China to lift anti-dumping duties on Canadian canola oil. Yet few should expect an immediate breakthrough. Economic sanctions are rarely undone in a single high-level meeting; more often, such visits lay the groundwork for the harder, more technical negotiations that follow.

Australia’s experience offers a reality check. China did not lift restrictions on Australian coal and review anti-dumping duties on barley during high-level visits; those steps came months later, following sustained diplomatic engagement after Foreign Minister Penny Wong’s trip to Beijing in late 2022.

Nor did Prime Minister Anthony Albanese’s state visit in November 2023 trigger the immediate removal of remaining tariffs on exports such as wine, red meat and live lobsters. Progress came gradually — through patience, process and persistent diplomacy.




Read more:
Vital Signs: Australian barley growers are the victims of weaponised trade rules


The canola dispute is different. China’s tariffs were a direct response to Ottawa’s duties on Chinese electric vehicles. In a relationship governed by reciprocity, China is unlikely to move first without a signal from Canada.

Rather than expecting immediate, tangible outcomes, this state visit is best understood as an ice-breaking moment to encourage governments at different levels and across sectors to resume or establish dialogue. Over time, such channels can normalize working relationships and foster bilateral co-operation.

More diplomacy, no security concessions

The high-profile shift in Ottawa’s China policy places the Carney government under closer domestic scrutiny. Canadians will want to know whether this approach can advance economic interests while safeguarding national security while remaining consistent with Canada’s identity as a liberal democracy.

China, for its part, will expect Ottawa to demonstrate a sustained commitment to stabilization. All of this will unfold under the continued pressure of the American China strategy, which will continue to shape the boundaries of Canada’s policy choices.

Maintaining a balance among competing national interests has become increasingly difficult for middle powers like Canada. Yet Australia’s China policy over the past three years, characterized by “pragmatic engagement without strategic concession,” suggests such a balance is possible.

But it will require Canada to invest more heavily in effective diplomacy, rather than relying on inflammatory or performative rhetoric for domestic political gain.

It means favouring neutral, precise language over emotive labelling when responding to Chinese actions. It also demands strong leadership from Carney: centralizing message discipline, enforcing cabinet coherence on China policy and reducing the risk that domestic political point-scoring spills into the diplomatic realm.

Ottawa should also use re-established communication channels as the primary venue for managing disagreements. These mechanisms can support incremental, negotiated solutions to specific disputes, rather than an over-reliance on public pressure and symbolic gestures.

‘Stabilization with continuity’

A shift in diplomatic approach does not imply a retreat from Canada’s core strategic commitments. The Carney government can and should reaffirm that stabilizing its relationship with China is compatible with maintaining robust national security and democratic values.

This requires embedding China policy within Canada’s broader Indo-Pacific strategy rather than treating it as a bilateral exception. It also involves deepening security co-operation with regional partners to help foster an environment where states are not forced to choose between either the United States or China.

At home, Canada should continue to strengthen institutional safeguards against foreign interference, pairing them with transparent public communication that demonstrates the government’s confidence in institutions and avoids doubling down on any public anxiety about China.

Ultimately, Canada’s China policy after Carney’s visit should be one of stabilization with continuity, making clear that engagement is being pursued from a position of institutional strength, not strategic accommodation.

The Conversation

Ye Xue does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What Mark Carney’s China trip could mean for the future of Canadian-Chinese relations – https://theconversation.com/what-mark-carneys-china-trip-could-mean-for-the-future-of-canadian-chinese-relations-273202

Lessons from Palestine: Understanding the resistance of educators and students in times of crisis

Source: The Conversation – Canada – By Emmanuelle Khoury, Associate professor, School of Social Work, Université de Montréal

Many educators and students living through war and displacement carry difficult emotions into classrooms, but they can also transform them into acts of care and resistance. To understand this, we need to understand their emotional states at a granular level.

Since January 2024, we have been collaborating on a project with the dean and professors at the School of Nursing and Midwifery at Ibn Sina College in Nablus, Palestine, with support from Université de Montréal International.

Our aim is to learn how professors and students talk about their emotions in a region marked by occupation, violence, forced displacement and chronic uncertainty.

From January 2024 to September 2025, we met every two months with five professors and the dean of nursing and midwifery at Ibn Sina College.

Palestinian university professors told us they need to be present and emotionally available for their students while grappling with the impacts of Israel’s military occupation and what many experts have labelled a genocide in Gaza, and they’re looking for tools to help them do that.

Our exchange with Palestinian educators and students led to the development of an intervention tool, CARE (Connection, Action, Resistance, Empowerment), co-designed to address two central emotional states: resistance fatigue and qahr.




Read more:
For Palestinian children living in Masafer Yatta, going to school is an act of resistance


What is qahr?

Resistance fatigue speaks to a pervasive loss of control over our days, choices and even our inner world. This emotional exhaustion is not only personal, but it is also shaped by political structures of exclusion and dispossession, which includes forced displacement, navigating checkpoints and restricted movement.

However, we witnessed another emotion salient in Arabic-speaking countries that we believe underpins resistance fatigue: qahr.

Qahr is a concept that is necessary to grasp in order to truly understand what Palestinians and others living through colonial violence in southwest Asia and north Africa are feeling.

In Arabic, the word qahr evokes an emotion that blends powerlessness, grief and an acute sense of injustice and being overwhelmed by forces larger than ourselves. More than anger and deeper than grief, qahr speaks to the suffocating weight of injustice, the pain of being silenced, muzzled, diminished, trivialized and made invisible.

Qahr is a complex emotion that also holds the potential for transformation — for naming, sharing and reimagining how to live and care for each other. It is a specific emotion shaped by oppression, perpetuated violence and historical trauma that non-Arabic languages often fail to capture.

What we have learned is that qahr is more than a feeling. It is also an action born of the Palestinian determination not to disappear. It is carried through stories, graffiti, songs and through everyday acts of resistance that push against military occupation and attempts at erasure.

Qahr might feel like rage and grief mixed into one, but it often looks like actions that serve as counter-narratives. These actions are deep forms of care, for ourselves, our communities and one’s history and ancestry. They are also political tools that reclaim space, time and dignity.

Hope and care

Our previous work with teachers in Lebanon has shown that educators and students alike carry the emotional trauma into the classroom from collective crises such as economic collapse, war and displacement. The Lebanese teachers we spoke to discussed losses, suffering, injustice, death, violence, unstable living conditions, but also feelings of hope and resistance.

Likewise, during the early days of the genocide in Gaza, many teachers expressed their profound sense of oppression and how they managed to transform it into hope and even moments of joy.

Their commitment to developing educational initiatives for their students stands as powerful evidence of this resistance. As Asma, a teacher from Gaza, explained: “People in the Gaza Strip have become experts in creating alternative life plans.”

In this way, spaces of suffering also become sites of hope and care. Our research on exploring emotion work, on valuing the role of emotions and on dialogue allowed us to turn toward specific emotions experienced by many of our project partners.

The CARE intervention

Inspired by our research findings about fathering amid political violence in occupied Palestine, we were interested in analyzing our discussions with colleagues at Ibn Sina College in terms of emotions and resilience.

Through our understanding of qahr, we created CARE (Connection, Action, Resistance, Empowerment), a culturally adapted intervention, with professors and students at Ibn Sina College. During a series of online dialogues, we reflected on the lived experience of teaching under occupation, talking about loss, and staying committed to teaching and training.

CARE builds on this insight, offering an adaptation of acceptance and commitment therapy with situated and culturally grounded strategies for educators and students to collectively hold space for their emotions and their actions.

What began as a project to support the psychosocial needs of health-care professionals in crisis turned into the co-creation of a training module on trauma and mental health. Our discussions revealed a common thread in our Ibn Sina colleagues’ objectives: a desire to share their own complex emotions to better support others, in particular their students.

As our collaborations evolve, we continue to explore how emotional concepts can inform pedagogical, political and relational practices. Qahr offers a lens through which to understand not only suffering and hope, but also the actions of resistance and reparation under conditions of war and displacement.

This is how our colleagues in Palestine began to share their complex, often opposing, feelings that arise in these circumstances, including resistance fatigue and qahr.

Together we identified key goals for the meetings, with a focus on developing psychosocial and mental health interventions and training sessions that recognize and validate these emotions. CARE emphasizes practical strategies for educators and students to individually and collectively hold space for strong emotions.

CARE was integrated into a guidebook and was first delivered to a cohort of nursing instructors and academics, who tested it with students and in professional circles in the fall of 2025. This initiative underscores the transformative strength of collaboration, and the importance of diving deep into learning about context and culturally specific emotion concepts for responsive care.

Qahr is a legitimate feeling. CARE offers a stepping stone to accompany teachers and professors in this experience, helping them to channel it in their own way, according to their resources and context. In this process, it is essential to mention that we also have much to learn from those who feel qahr. Their experiences invite us to question our own understandings and reflections of loss, anger and injustice.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Lessons from Palestine: Understanding the resistance of educators and students in times of crisis – https://theconversation.com/lessons-from-palestine-understanding-the-resistance-of-educators-and-students-in-times-of-crisis-269578

« Blue Monday » est un mythe, mais la déprime saisonnière est bien réelle. Voici comment traverser les mois d’hiver

Source: The Conversation – in French – By Joanna Pozzulo, Chancellor’s Professor, Psychology, Carleton University

En 2005, le psychologue Cliff Arnall a créé le terme Blue Monday dans le cadre d’une campagne publicitaire d’une agence de voyages britannique visant à encourager les gens à partir en vacances en hiver. À l’aide d’une formule pseudo-scientifique, il a désigné le troisième lundi de janvier comme le jour le plus déprimant de l’année marqué par la tristesse, le manque d’énergie et l’isolement social.

Bien que le concept du lundi de la déprime ait été réfuté, les émotions négatives associées à la saison froide sont bien réelles.

Le trouble affectif saisonnier (TAS) est une forme de dépression reconnue, liée aux variations saisonnières. Ses symptômes comprennent de la fatigue, de l’irritabilité, des changements d’appétit, une perte d’intérêt pour les activités agréables et un sentiment de désespoir. Selon la Société canadienne de psychologie, environ 15 % des Canadiens déclarent ressentir des symptômes de ce trouble.




À lire aussi :
Quatre méthodes pour combattre la déprime hivernale, selon la science


On pense que le TAS pourrait être lié à un manque d’exposition au soleil, ce qui perturbe l’horloge interne, ou rythme circadien, qui régule les processus biologiques tels que le sommeil et la production d’hormones.

Si l’on ne peut pas contrôler la lumière du soleil, il existe toutefois plusieurs stratégies scientifiquement prouvées pour mieux traverser l’hiver. Par exemple, en aménageant un coin lecture confortable où on peut s’installer avec une bonne couverture, un chocolat chaud et un livre, on crée un espace dédié au bien-être et à la détente. Cela permet également de favoriser la pleine conscience, qui consiste à porter son attention sur l’instant présent et à accepter ses pensées et ses sentiments sans les juger.

De l’importance de l’état d’esprit et des attentes

Selon Kari Leibowitz, psychologue et auteure de How to Winter : Harness Your Mindset to Thrive on Cold, Dark Days, la clé pour mieux traverser l’hiver consiste à faire du recadrage, c’est-à-dire à modifier sa perspective afin de trouver une interprétation plus positive, constructive ou libératrice de la situation.

Dans les cultures où l’on apprécie l’hiver, on s’y prépare et on le considère comme important. Le fait d’attendre l’hiver avec impatience peut améliorer le moral.

Essayez de remplacer les propos qui décrivent l’hiver comme quelque chose qu’on doit redouter ou endurer par une image plus positive. Ainsi, l’hiver peut être l’occasion de se reposer et de se ressourcer. Adopter un état d’esprit positif permet d’augmenter son bien-être.

Les bienfaits des activités extérieures

Le fait de sortir peut remonter le moral et donner de l’énergie. Même si les heures d’ensoleillement sont plus courtes l’hiver, il est important d’en profiter. Prenez le temps de sortir en fin de matinée et en début d’après-midi, lorsque la lumière naturelle est à son maximum.

Les conditions météorologiques hivernales peuvent rendre les activités de plein air peu attrayantes. Le froid et la glace peuvent même être dangereux pour la santé. Ainsi, le froid peut accroître les risques d’accident cardiovasculaire en contractant les vaisseaux sanguins et en augmentant la tension artérielle.




À lire aussi :
Bien se couvrir et s’hydrater : comment faire de l’exercice l’hiver en toute sécurité


Pour profiter de l’extérieur en toute sécurité, investissez dans des vêtements adaptés à la température. Par temps très froid, pratiquez une activité légère, comme la marche, et limitez la durée de vos sorties (environ 15 minutes).

Ralentir grâce au hygge

Le terme hygge, d’origine danoise et norvégienne, date du XIXe siècle et désigne le fait de vivre avec lenteur tout en tissant des liens avec les personnes qui nous sont chères.

Le hygge évoque l’idée d’un environnement agréable, avec des bougies ou un feu de cheminée, qui alimente la positivité.

Quand vous êtes à l’intérieur, installez-vous près d’une fenêtre pour travailler ou lire. Pensez également à augmenter la luminosité de l’éclairage. Optez pour des ampoules « lumière du jour » et ajoutez de l’éclairage au plafond. Cela peut accroître la production de sérotonine, une hormone qui améliore l’humeur et régule le rythme circadien, et ainsi augmenter la qualité du sommeil, l’énergie et la concentration.

Les activités de type hygge, telles que le tricot, le coloriage ou les jeux de société, peuvent favoriser le bien-être. Savourer un repas simple en bonne compagnie ou passer un moment seul dans la nature sont également des moyens de profiter pleinement de l’hiver.

Suivre les saisons et prendre soin de soi

L’hiver est naturellement une période de ralentissement, de repos et de rétablissement, comme en témoignent les ours qui hibernent et les bourdons qui s’enfouissent sous terre pour survivre. C’est le moment idéal pour vous préparer aux saisons plus actives qui le suivent.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Pour profiter du rythme plus lent de la saison, évitez de surcharger votre emploi du temps. Adaptez vos habitudes de sommeil à vos besoins personnels. Profitez de soirées calmes et couchez-vous tôt. Acceptez le fait que votre niveau d’énergie soit plus bas en hiver et que cette saison vous offre l’occasion de ralentir sans culpabiliser.

En passant plus de temps à l’intérieur en hiver, vous pourrez vous replonger dans les loisirs et les activités qui vous ont procuré du plaisir par le passé. Faire des casse-têtes, par exemple, permet de s’éloigner des écrans et de réduire le stress. La lecture d’un bon livre offre une occasion de s’évader et de se déconnecter de ses soucis. Les activités créatives, comme la pâtisserie, peuvent apporter un sentiment d’utilité.

Pratiquer des activités agréables et enrichissantes est le meilleur moyen d’améliorer son sentiment de bien-être. Pour découvrir des recommandations de livres et des stratégies fondées sur des preuves, inscrivez-vous à mon club de lecture « Reading for Well-Being Community Book Club », qui vise à promouvoir le bien-être.

La Conversation Canada

Joanna Pozzulo a reçu des financements du Conseil de recherches en sciences humaines.

ref. « Blue Monday » est un mythe, mais la déprime saisonnière est bien réelle. Voici comment traverser les mois d’hiver – https://theconversation.com/blue-monday-est-un-mythe-mais-la-deprime-saisonniere-est-bien-reelle-voici-comment-traverser-les-mois-dhiver-273156

El fenómeno de Raynaud: cuando los dedos cambian de color por culpa del frío

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leyre Riancho Zarrabeitia, Profesor asociado ciencias de la salud, Universidad de Cantabria

Con la llegada del frío algunas personas notan que sus dedos se vuelven blancos, azulados o violáceos. Este cambio viene acompañado de una sensación de dolor u hormigueo. Si alguna vez le ha pasado algo así, probablemente padezca el fenómeno de Raynaud. Se trata de un trastorno de la circulación que afecta a los dedos de las manos y de los pies, aunque también puede aparecer en la nariz, las orejas y los labios. Pero ¿a qué se debe? ¿Debemos preocuparnos? ¿Existe algún tratamiento?

El fenómeno de Raynaud se debe a una contracción excesiva de los vasos sanguíneos de pequeño tamaño en respuesta al frío y, en ocasiones, también al estrés emocional.

Esta contracción tiene tres fases que explican los cambios de color:

  1. La primera etapa es de palidez, debida a la reducción del flujo sanguíneo (isquemia) de la zona por la contracción de los vasos sanguíneos.

  2. La segunda fase muestra una coloración azulada (cianosis). La causa está en la desoxigenación de la sangre en el área afectada, debida a la reducción del flujo sanguíneo.

  3. Y en tercer lugar llega el enrojecimiento. Se debe al aumento del flujo sanguíneo (hiperemia reactiva), porque se dilatan los vasos sanguíneos en compensación.

Por esta razón los dedos se tornarán en primer lugar blancos, posteriormente entre azules y violáceos y finalmente rojos. Sin embargo, no todo el mundo presenta esta tríada: algunas personas solo muestran dos fases de este fenómeno.

Un fenómeno raro que suele ser benigno

Entre el 3 y el 5 % de la población mundial padece el fenómeno de Raynaud. Suele ser más frecuente en mujeres y en climas fríos. En España, un estudio realizado en Valencia calculó una prevalencia del 2.8 % en varones y del 3.4 % en mujeres.

En la gran mayoría de los casos, hasta el 90 % de las veces, es un proceso benigno y no asociado a ninguna patología. Sin embargo, en algunas ocasiones puede ser un efecto secundario tras el uso de fármacos como betabloqueantes y quimioterápicos, o de drogas como las anfetaminas. También ciertos factores ambientales, como la exposición a vibraciones, se han asociado con su aparición.

En un pequeño número de ocasiones el fenómeno de Raynaud puede manifestar asimismo una enfermedad hematológica o un problema vascular subyacentes. En otros casos es la forma de presentación de algunas enfermedades reumatológicas como la esclerosis sistémica, el lupus, el síndrome de Sjogren y la artritis reumatoide.

¿Cuándo debo acudir al médico?

Cuando el fenómeno se inicia a edades más avanzadas de lo habitual –entre los 15 y los 30 años–, podemos sospechar que pueda deberse a alguna enfermedad. Si aparece a partir de la treintena, es necesario estudiar sus causas.

Existen otros factores que pueden alertarnos de que hay alguna patología asociada:

  1. La asimetría. Cuando solo están afectados uno o dos dedos o solo ocurre en una mano.

  2. La gravedad de los ataques. Cuando estos aparecen con temperaturas templadas o son muy prolongados.

  3. La presencia de úlceras o heridas en las yemas de los dedos.

En estos casos conviene acudir al médico de cabecera para descartar que estemos ante un fenómeno de Raynaud secundario, en el que existan otras enfermedades subyacentes.

¿Cómo saber si tenemos un fenómeno de Raynaud secundario?

El primer paso es que el médico nos realice un interrogatorio exhaustivo. Tras eso, algunos datos analíticos y una capilaroscopia nos pueden ayudar a entender lo que pasa.

La “capilaroscopia periungueal” es una técnica no invasiva que permite valorar con un microscopio la microcirculación del lecho ungueal –el área de la epidermis que hay bajo la uña–. Para ello se mira el número y la forma de los capilares.

Típicamente, los capilares tienen forma de horquilla. La presencia de dilataciones, tortuosidades, hemorragias y zonas avasculares nos alertarán de la posibilidad de encontrarnos ante un fenómeno de Raynaud secundario.

De igual forma, la presencia de autoanticuerpos nos harán sospechar una enfermedad reumatológica subyacente. Se trata de anticuerpos que van dirigidos contra estructuras propias en sangre, como los anticuerpos antinucleares y los anticuerpos anticentrómero y los antitopoisomerasa.

¿Cómo tratarlo?

La principal medida para controlar el fenómeno de Raynaud es minimizar la exposición al frío usando guantes y ropa cálida, así como calentadores de manos y agua caliente. También es recomendable evitar cambios bruscos de temperatura y proteger todo el cuerpo del frío, ya que la pérdida de calor general favorece la vasoconstricción periférica.

Además, hay que evitar factores agravantes como el consumo de tabaco, que también contrae los vasos sanguíneos.

El estrés emocional puede actuar asimismo como factor precipitante. Por eso, técnicas como la respiración controlada y la relajación pueden ser útiles en algunos pacientes.

En la mayoría de los casos, identificar los desencadenantes y llevar a cabo estas medidas básicas suele ser suficiente. De esta forma se evita que afecte a la calidad de vida.

En los casos en que los episodios son frecuentes o incapacitantes, por su duración o intensidad, se pueden emplear diversos fármacos vasodilatadores. Los más usados son los bloqueantes de los canales de calcio, si bien existen muchas terapias disponibles que han demostrado reducir el número y la gravedad de los ataques.

Si este es su caso, y sus dedos han empezado a ponerse blancos o azules con el frío, ya conoce la causa. Con estas medidas podrá controlar sus síntomas y disfrutar del invierno en la medida de lo posible.

The Conversation

Leyre Riancho Zarrabeitia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El fenómeno de Raynaud: cuando los dedos cambian de color por culpa del frío – https://theconversation.com/el-fenomeno-de-raynaud-cuando-los-dedos-cambian-de-color-por-culpa-del-frio-272417

¿Escuelas especiales para niños con discapacidad? A veces, sí

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Rodríguez Herrero, Profesor del Departamento de Pedagogía, Universidad Autónoma de Madrid

Bangkok Click Studio/Shutterstock

¿Es deseable y prioritario que todo el alumnado con discapacidad se integre en las mismas aulas que los demás? ¿O aprende y se desarrolla mejor, en algunos casos, en centros diseñados específicamente para sus necesidades?

El debate sobre si la educación inclusiva en escuelas ordinarias (todos los niños juntos en el mismo centro) puede convivir con la educación especial (escuelas específicas para niños con discapacidad) se ha agudizado desde que la ley educativa española estableciera la primera como la modalidad deseable y más inclusiva, instando a que “en el plazo de diez años (…), los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad”.

Actualmente, el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes está elaborando el Plan Estratégico de Educación Inclusiva 2025, que pretende concretar respuestas educativas “que garanticen el derecho a la presencia, la participación y el aprendizaje de todo el alumnado”, partiendo de la base de que “las barreras para el acceso y la participación en contextos ordinarios siguen siendo una realidad para muchos alumnos y muchas alumnas”. Este planteamiento establece, por tanto, que lo deseable para todo el alumnado es el acceso a escuelas ordinarias.

En línea con lo dispuesto en esta ley española, diversos autores y colectivos entienden la educación especial (que hasta la fecha ha sido una de las modalidades de escolarización fundamentales para el alumnado con discapacidad) como una opción segregadora. Sin embargo, ¿puede ser la educación especial pertinente para algunos alumnos, en el ejercicio de su derecho a la educación?

Del principio universal a la realidad concreta

Aunque la inclusión en escuelas ordinarias pueda parecer un principio incuestionable, la realidad de algunos alumnos y sus familias muestra que, en ocasiones, no es una prioridad para ellos.

La educación debería partir de las circunstancias concretas de cada alumno. Esto implica aceptar que, en algunos casos, el principio de educación inclusiva en escuelas ordinarias debe repensarse de forma situada y atendiendo a su singularidad.

Una aplicación rígida de la educación inclusiva podría, paradójicamente, debilitar un pilar fundamental: la atención a la diversidad. En este sentido, algunos autores afirman que en la medida en que la definición más básica de la educación es esencialmente inclusiva, debe ser precisamente diferenciadora.

Una educación inclusiva con sentido

En un estudio reciente introducimos el concepto de “educación inclusiva con sentido”. En él cuestionamos que las escuelas ordinarias sean necesariamente la mejor opción, en la práctica, para todos los alumnos con discapacidad, incluso cuando cuentan con recursos. Este concepto pretende contribuir a que se tomen decisiones sobre las modalidades de escolarización que vayan más allá de un principio establecido a priori como deseable para todos, reconociendo las tensiones existentes.

En ocasiones, y dependiendo de las circunstancias y necesidades concretas del alumnado y sus familias, la educación inclusiva en aulas ordinarias puede no ser adecuada. Factores como el cuidado de la salud física, el bienestar psicológico o la posibilidad de establecer vínculos de amistad con compañeros con intereses similares pueden hacer que la educación especial sea la opción más beneficiosa para algunos alumnos con discapacidad.

Por esta razón abogamos por una aplicación flexible de la idea de escuela inclusiva, que tenga en cuenta la diversidad real y la singularidad de cada alumno. Entender la educación especial como una opción segregadora sin más no reconoce que para algunos alumnos este tipo de modalidad es su vía de acceso a la sociedad.

Inclusión y grupos de referencia

En particular, esta reflexión es especialmente oportuna en el caso del alumnado con discapacidad intelectual y altas necesidades de apoyo. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, incluir a un adolescente cuyos aprendizajes realmente significativos tienen que ver con habilidades básicas de comunicación o autocuidado en un grupo de alumnos de la misma edad sin discapacidad, que se encontrarían estudiando fracciones o geometría?

Para alcanzar una educación inclusiva, la LOMLOE propone el diseño universal para el aprendizaje (DUA), que consiste en concretar metodologías didácticas que proporcionen múltiples medios de enseñanza, expresión y motivación en el alumnado. También se está promoviendo, en los últimos años, la codocencia o docencia compartida como metodología para atender a la diversidad.

Sin embargo, no se trata (sólo) de cómo enseñar y aprender, sino de los conocimientos que se adquieren. Y estos debieran estar en el campo de posibilidades de las capacidades de cada alumno y ser valiosos para ellos.

Vivencias de exclusión en la escuela inclusiva

En este sentido, ni el mejor diseño universal del aprendizaje que podamos imaginar nos ayudaría a enseñar contenidos no asimilables desde las circunstancias de los alumnos con más necesidades de apoyo.

Su incorporación en el aula ordinaria junto con otros alumnos sin discapacidad de la misma edad puede ser una forma de violencia que no tenga en cuenta sus circunstancias. Una experiencia aparentemente inclusiva puede transformarse en vivencias de exclusión. Esto ocurre cuando, por ejemplo, el alumno con discapacidad debe aprender contenidos distintos a los del resto de la clase; o salir del aula de manera frecuente, en grupos segregados.

Qué ocurre tras la etapa escolar

La educación que se recibe en la edad escolar afecta a nuestra vida adulta. En este sentido, también es necesario que nos planteemos qué aprendizajes son más útiles para una vida plena en sociedad de los estudiantes con discapacidad.

Hay experiencias en escuelas especiales que se han demostrado positivas para la inclusión social de personas con discapacidad a lo largo de la vida, gracias al aprendizaje de conocimientos relevantes y a un adecuado desarrollo psicosocial y físico.

También existen experiencias excelentes en escuelas ordinarias y otras “potencialmente excluyentes para la vida adulta, por vivencias de aislamiento, falta de amistades genuinas, etc.”

Aplicación crítica y concreta

La educación debería reconocer la singularidad sin renunciar a principios generales, asumiendo que puede haber casos para quienes la formación junto con alumnos semejantes puede ser beneficiosa y deseable. Es decir, la educación inclusiva es un principio que debe ser aplicado de manera crítica y concreta, no abstracta y teórica.

Además, la educación especial ha sido históricamente un foco de innovación y transferencia pedagógica hacia la escuela ordinaria, como muestran los inicios de Maria Montessori en su atención a niños con discapacidad o el trabajo por competencias desarrollado durante décadas en estos centros. Por ello, su existencia no supone un retroceso, sino la conservación de un recurso fundamental para la formación de muchos alumnos.

The Conversation

Pablo Rodríguez Herrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Escuelas especiales para niños con discapacidad? A veces, sí – https://theconversation.com/escuelas-especiales-para-ninos-con-discapacidad-a-veces-si-271024

Les plantes sont bien plus bavardes que vous ne le pensez

Source: The Conversation – in French – By François Bouteau, Pr Biologie, Université Paris Cité

Les plantes sont loin d’être aussi muettes que ce que l’on imagine ! Beaucoup de végétaux sont en réalité capables d’interagir entre eux et avec le reste de leur environnement. Et ces échanges façonnent et transforment activement les paysages.


On pense souvent les plantes comme des êtres silencieux, immobiles, sans intention ni action. Pourtant, de nombreuses études révèlent aujourd’hui qu’elles communiquent activement entre elles, mais aussi avec les autres êtres vivants, animaux, champignons, microorganismes. En communiquant, elles ne font pas que transmettre des informations : elles modifient les dynamiques écologiques et sont ainsi actrices des transformations de leur environnement.

Cette communication n’a rien de magique : elle repose sur des signaux principalement chimiques. Dans les faits, on peut considérer que la communication se produit lorsqu’un émetteur envoie un signal perçu par un récepteur qui, en retour, modifie son comportement. Pour communiquer, les plantes doivent donc être sensibles à leur environnement. De fait elles sont capables de percevoir de très nombreux signaux environnementaux qu’elles utilisent en tant qu’information : la lumière, l’eau, la présence de nutriments, le toucher, les attaques d’insectes ou encore la proximité d’autres plantes.

Elles savent alors ajuster leur développement : orientation des feuilles vers le soleil, développement de leurs racines vers les zones riches en nutriments ou évitement des endroits pauvres ou toxiques. Lorsqu’elles subissent l’attaque d’un pathogène, elles déclenchent des réactions chimiques qui renforcent leurs défenses ou avertissent leurs voisines du danger. Cela implique donc que les plantes sont aussi capables d’émettre des signaux compréhensibles que d’autres organismes récepteurs vont pouvoir interpréter. Ces comportements montrent une véritable capacité d’action : les plantes ne subissent pas simplement leur environnement, elles interagissent avec lui, elles vont lancer des réponses adaptées, orientées vers un but important pour elles, croître.

Parler avec des molécules

La plupart des échanges entre plantes se font notamment grâce à des composés organiques volatils. Ces molécules sont produites par les plantes et se déplacent sous forme gazeuse dans l’air ou dans le sol et peuvent ainsi véhiculer un message. Attaquée par un pathogène, une plante peut libérer des composés volatils qui alertent ses voisines. L’exemple emblématique, bien que controversé, est l’étude menée par l’équipe de Wouter Van Hoven (Université de Pretoria, Afrique du Sud, ndlr) ayant montré que les acacias soumis au broutage des koudous, une espèce d’antilope, synthétisaient des tanins toxiques et que les acacias situés quelques mètres plus loin faisaient de même.

Les chercheurs ont suggéré que les acacias broutés libéraient de l’éthylène, un composé qui induisait la synthèse de tanins chez les acacias voisins, les protégeant ainsi des koudous. Ce type d’interaction a aussi été observé chez d’autres plantes. Chez l’orge, par exemple l’émission de composés volatils permet de réduire la sensibilité au puceron Rhopalosiphum padi. Les pieds d’orge percevant ces composés peuvent activer leurs défenses avant même d’être attaqués par les pucerons.

Certains de ces composés peuvent être synthétisés spécifiquement pour attirer les prédateurs de l’agresseur. Ainsi, lorsqu’elles sont attaquées par des chenilles, certaines plantes, comme le maïs, émettent des molécules pour appeler à l’aide les guêpes prédatrices des chenilles. D’autres signaux chimiques émis dans les exsudats racinaires permettent aux plantes d’identifier leurs voisines, de reconnaître leurs parentes et d’adapter leur comportement selon le degré de parenté. Ces types d’échanges montrent que la communication végétale n’est pas un simple réflexe : elle implique une évaluation du contexte et une action ajustée.

En fonction du contexte, les plantes s’expriment différemment

Mais toutes les plantes ne communiquent pas de la même façon. Certaines utilisent des signaux dits publics, que de nombreuses espèces peuvent percevoir, ce qu’on appelle parfois l’écoute clandestine. D’autres émettent des messages dits privés, très spécifiques, compris uniquement par leurs proches ou leurs partenaires symbiotiques, c’est-à-dire des espèces avec lesquelles elles échangent des informations ou des ressources. C’est le cas lors de la mise en place des symbioses mycorhiziennes entre une plante et des champignons, qui nécessitent un dialogue moléculaire entre la plante et son partenaire fongique.

Ce choix de communication dépend donc du contexte écologique. Dans des milieux où les plantes apparentées poussent ensemble, le partage d’informations profite à tout le groupe : c’est une stratégie collective. Mais dans des milieux compétitifs, il est plus avantageux de garder les messages secrets pour éviter que des concurrentes en tirent profit. Cette flexibilité montre que les végétaux adaptent la manière dont ils transmettent l’information selon leurs intérêts.

Peut-on dire que les végétaux se parlent ?

De fait, les signaux émis par les plantes ne profitent pas qu’à elles-mêmes. Ils peuvent influencer le développement de tout l’écosystème. En attirant des prédateurs d’herbivores, en favorisant la symbiose avec des champignons ou en modulant la croissance des voisines, les plantes participent à un vaste réseau d’interactions.

La question est alors de savoir si les plantes ont un langage. Si l’on entend par là une syntaxe et des symboles abstraits, la réponse est non. Mais si on considère le langage comme un ensemble de signaux produisant des effets concrets sur un récepteur, alors oui, les plantes communiquent. Des philosophes ont recherché si des analogies avec certains aspects du langage humain pouvaient être mises en évidence.

Certains d’entre eux considèrent que la communication chez les plantes peut être considérée comme performative dans la mesure où elle ne décrit pas le monde, mais le transforme. Quand une plante émet un signal pour repousser un herbivore ou avertir ses voisines, elle n’émet pas seulement de l’information, elle agit. Ce type de communication produit un effet mesurable, ce que les philosophes du langage, dans la lignée de l’Américain John Austin, appellent un effet perlocutoire.

Les plantes façonnent activement les écosystèmes

Cette vision élargie de la communication végétale devrait transformer notre conception des écosystèmes. Les plantes ne sont pas des éléments passifs du paysage, mais des actrices à part entière, capables de transformer leur environnement à travers leurs actions chimiques, physiques et biologiques.

Ces découvertes ouvrent des perspectives pour une agriculture durable : en comprenant et en utilisant la communication des plantes, il devient possible de renforcer leurs défenses sans pesticides, grâce à des associations de cultures ou à des espèces sentinelles qui préviennent les autres du danger. La question des paysages olfactifs est aussi un sujet émergent pour la gestion des territoires.

Pour cela il faut que s’installe un nouveau regard sur le comportement végétal. En effet, pendant des siècles, on a cru que les plantes étaient dénuées de comportement, de mouvement ou de décision. Darwin avait déjà observé, au XIXe siècle, qu’elles orientaient leurs organes selon la lumière, la gravité ou le contact. Aujourd’hui, on sait qu’elles peuvent aussi mémoriser certaines expériences et réagir différemment à un même signal selon leur vécu. Certains chercheurs utilisent des modèles issus de la psychologie et de la théorie de l’information pour étudier la prise de décision chez les plantes : perception d’un signal, interprétation, choix de réponse, action.

Repenser la hiérarchie du vivant

Au-delà de la communication, certains chercheurs parlent désormais d’agentivité végétale, c’est-à-dire la capacité des plantes à agir de façon autonome et efficace dans un monde en perpétuel changement. Reconnaître cette agentivité change profondément notre rapport au vivant. Les plantes ne sont pas de simples organismes passifs : elles perçoivent, décident et agissent, individuellement et collectivement. Elles modifient les équilibres écologiques, influencent les autres êtres vivants et participent activement à la dynamique du monde.

L’idée d’agentivité végétale nous invite à abandonner la vision hiérarchique du vivant héritée d’Aristote, qui place l’être humain tout en haut d’une pyramide d’intelligence. Elle nous pousse à reconnaître la pluralité des formes d’action et de sensibilité dans la nature. Comprendre cela, c’est aussi repenser notre propre manière d’habiter la terre : non plus comme des maîtres du vivant, mais comme des partenaires d’un vaste réseau d’êtres vivants où tous sont capables de sentir, d’agir et de transformer leur environnement.

The Conversation

François Bouteau ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Les plantes sont bien plus bavardes que vous ne le pensez – https://theconversation.com/les-plantes-sont-bien-plus-bavardes-que-vous-ne-le-pensez-271783

Accord de Paris : dix ans d’engagements, un écart climatique persistant

Source: The Conversation – in French – By Rachida Bouhid, Ph.D Scholar, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Dix ans après l’Accord de Paris, les bilans climatiques sont clairs : l’écart entre promesses des États et trajectoire scientifique ne se referme pas. Il s’est institutionnalisé.

Le 12 décembre 2015, à l’issue de la COP21, l’Accord de Paris était adopté par consensus, marquant un tournant majeur dans la gouvernance climatique internationale. Pour la première fois, tous les États s’engageaient à contenir le réchauffement climatique bien en dessous de 2 °C et à poursuivre les efforts pour le limiter à 1,5 °C par rapport aux niveaux préindustriels.

Le Rapport 2025 de l’écart des émissions du programme des Nations unies pour l’environnement (UNEP), publié en guise d’évaluation de la mise en œuvre de l’Accord de Paris dix ans après son adoption, indique que les engagements climatiques actuels des États conduisent toujours à un réchauffement largement supérieur aux seuils fixés en 2015.

Le rapport précise que, même si tous les engagements actuels des États étaient pleinement mis en œuvre, le monde se dirigerait vers un réchauffement de l’ordre de 2,3 °C à 2,5 °C d’ici la fin du siècle, et jusqu’à environ 2,8 °C si l’on se base uniquement sur les politiques actuellement en place, toujours loin des objectifs de 1,5 °C de l’Accord de Paris.

Malgré certaines améliorations marginales par rapport aux réalisations antérieures, l’écart entre les niveaux d’émission observés et ceux compatibles avec les objectifs climatiques demeure considérable.

Cet état des lieux fait écho à mes travaux doctoraux, qui portent sur l’institutionnalisation des politiques climatiques. Ils analysent plus particulièrement le rôle de l’économie circulaire dans l’évolution des niveaux d’émissions et des cadres d’action territoriale, inscrits dans le prolongement direct des débats ouverts par l’Accord de Paris.




À lire aussi :
À la veille de l’ouverture des JO d’hiver, quelles attentes environnementales ?


Des objectifs connus, une action politique insuffisante

Les analyses publiées fin 2025 soulignent que cet écart ne résulte pas d’un manque de connaissances scientifiques. Une publication annuelle de la Convention-cadre des Nations unies sur les changements climatiques rappelle que les conditions nécessaires pour limiter le réchauffement sont identifiées depuis plusieurs années et exigent une réduction rapide, profonde et soutenue des émissions mondiales dès la première décennie.

Cependant l’architecture même de l’Accord de Paris contribue à la difficulté de traduire ces exigences en action concrète. Fondé sur des contributions déterminées au niveau national définies volontairement par les États, l’accord ne prévoit ni sanctions formelles ni mécanismes contraignants en cas de non-respect.

Cette souplesse institutionnelle a permis une adhésion quasi universelle, mais elle limite fortement la capacité du régime climatique international à assurer un alignement effectif entre engagements politiques et impératifs scientifiques.

Une dépendance persistante aux énergies fossiles

La dépendance persistante des économies mondiales aux énergies fossiles est un autre facteur central sur lequel convergent les bilans de 2025. Le Emissions Gap Report 2025, de l’UNEP, souligne que, malgré les engagements pris dans le cadre de l’Accord de Paris, de nombreux États continuent de soutenir le développement de nouvelles infrastructures liées au charbon, au pétrole ou au gaz, compromettant les objectifs de long terme.

Cette contradiction structurelle entre discours climatiques et décisions économiques demeure l’un des principaux freins à la réduction effective des émissions. Les progrès technologiques réalisés depuis 2015, notamment dans le domaine des énergies renouvelables, ne suffisent pas à compenser des choix d’investissement qui prolongent les dépendances carbonées et verrouillent les systèmes énergétiques.

Dix ans après Paris, des avancées réelles, mais fragmentées

Les bilans publiés en 2025 à l’occasion du dixième anniversaire de l’Accord de Paris reconnaissent néanmoins plusieurs avancées. Le think tank britannique Energy & Climate Intelligence souligne dans une récente analyse qu’une part croissante des émissions mondiales est désormais couverte par des engagements de neutralité carbone, signe d’une diffusion progressive des objectifs climatiques fixés en 2015.

De son côté, le média spécialisé Climate Change News, à l’occasion de cet anniversaire, met en évidence une hausse marquée des investissements dans les technologies bas carbone au cours de la dernière décennie, même si ces évolutions restent insuffisantes pour aligner l’action climatique mondiale avec les exigences scientifiques.

Ces progrès restent fragmentés et inégalement répartis. Les mêmes bilans susmentionnés soulignent que l’agrégation des engagements nationaux actuels ne permet toujours pas de respecter les seuils climatiques établis par la science. Le problème n’est donc pas l’absence d’initiatives, mais leur manque de cohérence systémique, leur portée limitée et la lenteur de leur mise en œuvre.

Des impacts déjà visibles et des inégalités persistantes

Pendant que les émissions demeurent à des niveaux incompatibles avec les objectifs climatiques, les impacts du changement climatique s’intensifient. Les différents bilans montrent que la dernière décennie a été marquée par une augmentation significative des événements climatiques extrêmes, en particulier des vagues de chaleur, dont la fréquence et l’intensité se sont accrues dans la plupart des régions du monde.

Ces évolutions mettent également en lumière les limites de l’Accord de Paris en matière de justice climatique. Les populations les moins responsables des émissions historiques restent les plus exposées aux conséquences du changement climatique, avec des capacités d’adaptation souvent limitées. Selon Oxfam, ces populations continuent de disposer de peu de moyens pour renforcer leurs infrastructures, leurs systèmes de santé ou leur protection sociale, en raison d’accès restreint au financement climatique dédié à l’adaptation.

Dix ans après l’Accord de Paris, les mécanismes de soutien aux pertes et dommages — destinés à compenser les impacts irréversibles du changement climatique dans les pays les plus vulnérables —, bien que reconnus politiquement, demeurent encore insuffisamment opérationnels.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.





À lire aussi :
Combattre la crise climatique en éliminant les énergies fossiles : le très difficile virage du Canada


Dix ans après, l’enjeu de l’alignement

Le constat est désormais évident. Les émissions mondiales demeurent incompatibles avec les objectifs climatiques définis par la science. Cet écart ne reflète pas un déficit de connaissances, mais une insuffisance de transformations économiques, politiques et institutionnelles.

Le Canada illustre ces tensions. L’écart est persistant entre les engagements climatiques du pays et ses résultats effectifs en matière de réduction des émissions. Malgré l’adoption de politiques climatiques et l’affirmation d’objectifs ambitieux, la dépendance aux hydrocarbures, notamment aux sables bitumineux, continue de peser sur la crédibilité climatique du pays dans le cadre de l’accord. La signature, en 2025, d’un mémorandum d’entente entre le premier ministre Mark Carney et la première ministre de l’Alberta pour un nouveau pipeline pétrolier illustre des compromis politiques favorables aux hydrocarbures, au détriment d’un alignement clair avec les objectifs internationaux.

À l’entrée dans la seconde décennie de mise en œuvre de l’Accord de Paris, l’enjeu central n’est donc plus la définition des objectifs puisque la science les a clairement établis, mais l’alignement effectif des décisions publiques et privées avec ces exigences. Sans cet alignement, l’accord risque de rester un cadre de référence symbolique plutôt qu’un levier réel de transformation climatique.

La Conversation Canada

Rachida Bouhid ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Accord de Paris : dix ans d’engagements, un écart climatique persistant – https://theconversation.com/accord-de-paris-dix-ans-dengagements-un-ecart-climatique-persistant-271574

Le plurilinguisme à l’école : une richesse invisible à reconnaître

Source: The Conversation – in French – By Sophie Othman, Maître de conférences, Centre de Linguistique Appliquée – CLA, Université Marie et Louis Pasteur (UMLP)

En France, près d’un élève sur cinq entend régulièrement une autre langue que le français à la maison. Or l’école peine encore à reconnaître et à valoriser cette richesse qui constitue, selon la recherche, un atout pour le développement des enfants et des adolescents en général.


Dans de nombreuses familles, les élèves grandissent avec une ou plusieurs langues autres que le français. À la maison, on parle arabe, chinois, créole, lingala, polonais, portugais, tamoul, turc. Cette diversité linguistique fait pourtant rarement l’objet d’une reconnaissance explicite à l’école, où les langues familiales demeurent largement invisibles, voire sont perçues comme un obstacle aux apprentissages.

Selon les estimations de l’Insee et du ministère de l’éducation nationale, près d’un élève sur cinq entend régulièrement une autre langue que le français à la maison. Pourtant, très peu d’établissements proposent des activités d’éveil aux langues. Ce décalage contribue, chez certains enfants, à l’intériorisation de l’idée que leur langue d’origine serait illégitime ou sans valeur scolaire.

Cette invisibilisation peut fragiliser le rapport à l’école, à l’apprentissage et parfois à la société elle-même. Dès lors, une question s’impose : comment mieux reconnaître cette richesse linguistique et en faire un levier éducatif au service de tous les élèves ?

Le plurilinguisme, un atout pour grandir

L’école républicaine française s’est historiquement construite autour d’un modèle linguistique centralisé. Cette priorité accordée au français s’est traduite par une longue marginalisation des langues autres que le français, qu’il s’agisse des langues régionales (occitan, breton, alsacien…) ou des langues de familles issues de l’immigration. Cette dynamique a durablement influencé les représentations et les pratiques scolaires en France, au détriment de la diversité linguistique des élèves.

Or, la recherche en didactique et sociolinguistique est claire : loin de nuire à l’apprentissage du français, le maintien et la valorisation des langues d’origine favorisent le développement cognitif, la réussite scolaire et la confiance en soi.

Les neurosciences confirment d’ailleurs que les enfants plurilingues développent plus tôt certaines capacités d’attention et de flexibilité mentale. En valorisant leurs langues, on reconnaît non seulement leurs compétences, mais aussi leur identité, ce qui renforce leur motivation et leur rapport à l’école.

Accueillir d’autres langues à l’école : l’exemple suisse

Le rapport aux langues à l’école n’est pourtant pas le même partout. Dans d’autres pays européens, la diversité linguistique est pensée comme une composante ordinaire de la scolarité. C’est le cas de la Suisse, pays voisin où le français est également langue de scolarisation, mais où le plurilinguisme constitue un principe structurant du système éducatif.

Ainsi, certains cantons reconnaissent officiellement les cours de langue et culture d’origine comme complémentaires à la scolarité. Même lorsqu’ils se déroulent en dehors du temps strictement scolaire, ces enseignements s’inscrivent dans une politique linguistique cohérente, qui reconnaît la pluralité des répertoires des élèves.

En Allemagne, au Canada ou encore au Luxembourg, des dispositifs similaires existent depuis longtemps. La France ne pourrait-elle pas s’en inspirer ?

La notion de « neutralité linguistique » en France

La frilosité française face à la reconnaissance des langues familiales à l’école tient d’abord à l’héritage du modèle scolaire républicain. Depuis la fin du XIXᵉ siècle, l’école française s’est construite comme un espace d’unification linguistique, où le français est à la fois langue d’enseignement, langue de la citoyenneté et symbole de cohésion nationale. Cette orientation s’est accompagnée d’une mise à distance progressive des autres langues présentes sur le territoire, notamment les langues régionales.

La notion de « neutralité linguistique » permet de décrire ce modèle, même si elle ne constitue pas une expression institutionnelle officielle. Elle est mobilisée par les chercheurs pour qualifier une conception de l’école pensée comme linguistiquement homogène, afin d’éviter toute différenciation perçue comme communautaire. Cette approche a été largement analysée, notamment par Philippe Blanchet, qui montre comment l’unification linguistique a longtemps été considérée comme une condition de l’égalité républicaine.

À cette dimension historique s’ajoute une crainte politique persistante. La question des langues demeure étroitement liée à celle de l’intégration et de l’identité nationale, notamment dans les rapports consacrés à l’éducation plurilingue publiés en 2018 par le Conseil de l’Europe.

Cette institution rappelle pourtant que l’école peut prendre en compte l’ensemble des langues présentes, qu’il s’agisse des langues de scolarisation, des langues familiales, des langues régionales ou des langues étrangères, sans les opposer entre elles.

Il existe enfin des freins plus pratiques. De nombreux enseignants déclarent manquer de formation pour intégrer la diversité linguistique dans leurs pratiques quotidiennes, tandis que les dispositifs institutionnels restent souvent limités ou peu lisibles. Les ressources existent, mais elles sont parfois méconnues ou insuffisamment soutenues sur les plans financier et organisationnel, comme le souligne le Conseil scientifique de l’éducation nationale (CSEN) dans sa synthèse consacrée au bilinguisme et au plurilinguisme à l’école (2023).

La diversité linguistique facteur d’équilibre social

Dans ce contexte, les travaux de Jean-Claude Beacco, chercheur spécialiste des politiques linguistiques et de l’éducation plurilingue, apportent un éclairage essentiel. Pour lui, la diversité linguistique doit être pensée comme une composante de la diversité culturelle, au même titre que la biodiversité dans le domaine écologique.

Reconnaître les langues des élèves ne vise pas uniquement à améliorer les apprentissages, mais participe plus largement à un équilibre social fondé sur la reconnaissance des différences.

Beacco souligne que l’éducation plurilingue constitue un véritable projet citoyen : elle développe la capacité à comprendre l’altérité, à comparer les points de vue et à dialoguer dans des sociétés marquées par la mobilité et la diversité. En mobilisant les langues comme ressources cognitives et culturelles, l’école ne fragilise pas le français ; elle renforce au contraire la compétence à communiquer, à apprendre et à vivre ensemble. Dans cette perspective, l’éducation plurilingue concerne l’ensemble des élèves, appelés à évoluer dans des sociétés de plus en plus interconnectées.

Repenser l’enseignement : du français « seul » au français en dialogue

Dans différentes écoles, des enseignants mettent en place des pratiques qui invitent les élèves à mobiliser les langues parlées dans leur famille : présentation de mots du quotidien, comptines, récits, recettes ou expressions culturelles. Ces activités, documentées dans de nombreux travaux en didactique des langues, ne relèvent pas de l’anecdotique : elles favorisent la coopération entre élèves et contribuent au développement de compétences interculturelles, tout en renforçant l’engagement dans les apprentissages.

Ces pratiques ont notamment été observées dans des projets d’éveil aux langues menés à l’école primaire, approche didactique développée notamment par le chercheur en linguistique Michel Candelier, qui vise à familiariser les élèves avec la diversité linguistique sans enseigner ces langues. Les enseignants rapportent que la mise en circulation des langues familiales transforme les dynamiques de classe. Comme le résume une professeure de CM2 interrogée dans une étude qualitative :

« Quand un élève m’explique un mot en arabe ou en portugais, c’est tout le groupe qui apprend. Le français devient alors un lieu de partage, pas de hiérarchie. »

Ces témoignages rejoignent les propositions formulées par Jean-Claude Beacco, qui invite à aller plus loin en intégrant les comparaisons entre langues au cœur des apprentissages. Concrètement, il s’agit par exemple de comparer la manière dont différentes langues expriment le pluriel, l’ordre des mots dans la phrase, la formation des temps verbaux ou encore les systèmes d’écriture. Un travail sur les accords en français peut ainsi s’appuyer sur les langues connues des élèves pour mettre en évidence similitudes et différences, et développer une réflexion sur le fonctionnement du langage.

Ces activités renforcent la conscience métalinguistique des élèves et montrent que l’on peut apprendre le français en s’appuyant sur les autres langues. L’éducation plurilingue ne se limite donc pas à l’accueil des élèves allophones : elle concerne l’ensemble des élèves et peut irriguer toutes les disciplines, en développant des compétences d’analyse, de comparaison et de mise à distance, essentielles à la réussite scolaire.


Cet article est publié en partenariat avec la Délégation générale à la langue française et aux langues de France du ministère de la culture.

The Conversation

Sophie Othman ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le plurilinguisme à l’école : une richesse invisible à reconnaître – https://theconversation.com/le-plurilinguisme-a-lecole-une-richesse-invisible-a-reconnaitre-266693