Los ojos de Copito de Nieve

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Copito de Nieve, en el zoo de Barcelona en 2003. aTarom/Wikimedia Commons

Ser prácticamente coetáneo de un animal singular imprime carácter. O al menos, yo lo he vivido así. Me estoy refiriendo a Copito de Nieve, el primer y único gorila albino conocido, que probablemente influyó en que eligiera el tema de investigación al que he dedicado más de 30 años de mi profesión: el albinismo.

Copito de Nieve fue descubierto por unos cazadores en Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) en 1966 y vendido a un primatólogo autodidacta que trabajaba en una plantación en Guinea: Jordi Sabaté Pi. Fue él quien decidió trasladarlo al Parque Zoológico de Barcelona, recinto que pisó por primera vez en noviembre de 1966, hace ahora 60 años.

¿Le miraba o me miraba él a mí?

La fecha de nacimiento de Copito se desconoce, porque nació en libertad, pero se calcula que debió venir al mundo en 1963 o 1964. Yo nací a finales de 1963 en Barcelona y recuerdo sucesivas visitas al zoo de mi ciudad natal, acompañado de mis padres, viendo cómo este gorila albino crecía y se convertía en un animal adulto, como yo. Y siempre tuve la misma sensación cuando me acercaba al cristal para verlo: esa inquietante percepción de no saber si tú estabas mirando al gorila, o más bien era el gorila quien te estaba mirando a ti. De no saber quién estaba en una jaula, si él o tú. Mirar a los ojos a un gran simio, como un gorila, es percatarte de que somos familia. Somos primates, nos parecemos mucho.

Lo llamábamos floquet de neu, en catalán, aunque su nombre original, en la lengua fang, era Nfumu Ngui, que quiere decir “gorila blanco”. El nombre por el que conocemos a este animal singular se lo pusieron unos periodistas norteamericanos de la revista National Geographic: Snowflake, que significa en inglés “copo de nieve”. Copito apareció en su portada en marzo de 1967.

Aunque mi memoria flaquea con las fechas, seguramente una de las últimas veces que lo vi en el zoo fue a finales de los 80. Tras terminar mi tesis doctoral en 1990 me fui a Alemania cinco años y poco tiempo después de mi regreso concursé y obtuve plaza en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid, en el Centro Nacional de Biotecnología, donde inauguré mi laboratorio en 1997, hasta hoy.

¿Por qué tenía los ojos azules?

El albinismo en mamíferos no solamente cursa con una aparente falta total o parcial de pigmentación, sino que conlleva un déficit visual importante. Por ello, raramente los mamíferos con albinismo logran sobrevivir en la naturaleza. De no haber sido rescatado, Copito seguramente habría muerto tras poco tiempo en la selva.

En noviembre de 2003, los veterinarios del zoo de Barcelona decidieron poner fin a su sufrimiento y dolor producido por un cáncer de piel con metástasis que había desarrollado precisamente por carecer de pigmentación protectora en la piel y pelaje. Murió con unos 40 años de edad.

Yo me enteré de la muerte de Copito de Nieve en un avión, regresando de un congreso en Ámsterdam, al leer la noticia en un periódico, cuando se repartían gratuitamente entre el pasaje. Y, al poco de aterrizar, me faltó tiempo para contactar con el banco de tejidos animales de la Universidad Autònoma de Barcelona, el BTAC, que era donde acababan los restos de animales que fallecían o eran sacrificados en el zoo de Barcelona.

Mi intención era obtener los ojos de Copito para poder analizarlos. Porque los ojos del gorila no eran rojos (como quizá cabría esperar de su albinismo), sino azules. Y yo ya sabía que ese color era síntoma de la presencia de una cantidad limitada de pigmentación.

Los ojos azules son producto de un efecto óptico, una interferencia física llamada “efecto Tyndall” mediante la cual todos los colores del espectro lumínico atraviesan el iris poco pigmentado excepto las longitudes de onda más cortas. Estas corresponden al rango del azul, que son las que se reflejan y las que dan ese color virtual azulado. Curiosamente, el efecto Tyndall también explica por qué el cielo es azul.

En busca de la mutación

¿Por qué quería yo obtener a toda costa los ojos de Copito en 2003? Porque no sabíamos qué clase de albinismo tenía este gorila. No hay uno sino muchos tipos de albinismo (22 subtipos actualmente). La modalidad más común en las personas es el oculocutáneo de tipo 1 (OCA1), causado por mutaciones en el gen de la tirosinasa, la enzima que inicia la producción de melanina. Por eso se había asumido históricamente que Copito debía ser también OCA1. Sin embargo, cuando los expertos del laboratorio de Jaume Bertranpetit (Universitat Pompeu Fabra, UPF) secuenciaron el gen de la tirosinasa de Copito, no consiguieron encontrar mutación alguna en el gen.

Nosotros pensábamos que la mutación que debía afectar al gorila albino del zoo de Barcelona debía estar en alguna zona colindante del genoma, con una función reguladora que determina cómo debe expresarse el gen de la tirosinasa. Ya habíamos observado que, pese a estar alejadas del gen, este tipo de alteraciones afectaban a la pigmentación de ratones con albinismo. En esos casos aparecían señales de pigmentación limitada en los ojos de los animales, que era lo que intuíamos podía pasarle a Copito.

Tras el pertinente papeleo administrativo, recibimos los bloques de parafina con los ojos de Copito fijados que procedimos a analizar histológicamente. El ojo de un gorila tiene un tamaño (22 mm) similar al de un ojo humano (24 mm). Son tan grandes que apenas nos cabían las secciones completas en un solo cristal portaobjetos. Tuvimos que usar cristales de mayor tamaño.

Y, efectivamente, descubrimos pigmentación en la retina de los ojos de Copito, tanto en el coroides –la capa de tejido con células pigmentarias (melanocitos) que rodea la retina– como en la monocapa de células del epitelio pigmentario que conforma la base de la retina.

No había lugar a dudas: Copito tenía pigmentación en la retina de los ojos, lo cual explicaba su color azul. No podía ser un animal OCA1A clásico, sin rastro de pigmento. Si acaso debería ser del subtipo OCA1B, con algo de pigmento. Para ratificarlo había que encontrar la mutación responsable en la zona reguladora del gen de la tirosinasa.

Sin embargo, por más que lo intentamos, nunca conseguimos encontrar una mutación en zona reguladora que pudiera explicar esa pigmentación limitada. Tras algún tiempo y muchos intentos, devolvimos los bloques de ojos del gorila albino al BTAC. No siempre salen los proyectos científicos.

Misterio resuelto

La solución al problema vino de la mano del laboratorio de Tomás Marquès Bonet (Institut de Biologia Evolutiva-UPF/CSIC), quien aprovechó la fortaleza y el desarrollo de las técnicas de secuenciación masiva para obtener la secuencia completa del genoma de Copito. Al compararla con la de otros gorilas, no albinos, descubrió una mutación en el gen SLC45A2, causante del albinismo oculocutáneo de tipo 4 (OCA4). Por eso nosotros no encontrábamos la mutación de Copito en el gen de la tirosinasa.

Ese mismo gen es el que está mutado en los tigres albinos y en personas con albinismo OCA4, como la actriz y presentadora española Patty Bonet, que también tiene los ojos azules.

Esta historia la he relatado en alguno de mis libros, cuando he hablado de albinismo en animales. Existe mucha información adicional sobre el icónico Copito de Nieve, tanto en el Zoo de Barcelona, como en la biografía de Jordi Sabaté Pi que ha escrito Toni Pou.

Por cierto, el paradero y destino de los restos de Copito también han sido motivo de polémica, como descubrió el periodista Antonio Martínez Ron.

The Conversation

Lluis Montoliu ha investigado con tejidos de Copito de nieve. Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Los ojos de Copito de Nieve – https://theconversation.com/los-ojos-de-copito-de-nieve-289076

¿Prefiere una IA que le haga la pelota o una menos complaciente? Cuando los elogios son un problema

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Arroyo Gallardo, Profesor Titular de Universidad. Departamento de Ciencias de la Computación, Universidad de Alcalá, Universidad de Alcalá

Ksw Photographer/Shutterstock

“La pregunta fue brillante” o “Es una genial idea”, son el tipo de contestaciones que suele dar la IA cuando interaccionas con ella. Sin embargo, salvo que seamos el jefe o la jefa, no es normal recibir elogios tan frecuentemente. Además, no solamente los recibe usted, sino que los recibimos todos sus usuarios con independencia de la brillantez de nuestras ideas. Este comportamiento lisonjero de las inteligencias artificiales recibe el nombre técnico de sicofancia.

Los seres humanos preferimos tratar con personas que validan y refuerzan nuestras creencias. Por eso, las empresas de IA, que ante todo quieren fidelizarnos como usuarios, entrenan a sus chatbots para que busquen el acuerdo y minimicen la fricción durante la conversación. De esta manera, buscan convertir la interacción con la IA en una experiencia placentera para nosotros. Y dado que a nadie le amarga un dulce, ¿qué problema hay en que la IA nos dé siempre la razón o nos adule de más?

El problema del exceso de adulación

Una investigación liderada por Myra Cheng, de la Universidad de Standford, publicado en Science, analizó la interacción de usuarios con chatbots ante preguntas que reflejaban situaciones personales con algún tipo de conflicto interpersonal o ético. Como por ejemplo, dejar la basura colgada de una bolsa en un árbol porque no había papeleras en el parque o no decirle a tu pareja que vas a una exposición con tu ex. La investigación mostró que los chatbots tendían a reforzar las conductas cuestionables mucho más de lo que lo hacen los seres humanos. A su vez, este refuerzo reducía la disposición de los usuarios a disculparse y a asumir la responsabilidad de su conducta. Es decir, la investigación mostraba que esta complacencia artificial y artificiosa no es inocua porque condiciona nuestra manera de actuar en sociedad.

Dao que utilizamos estos chatbots para todo tipo de cuestiones, el efecto perverso de la sicofancia puede extenderse a cualquier ámbito. Además, su impacto será mayor cuanto mayor sea la trascendencia y el alcance de lo que confiamos en ella.

El problema va más allá de la clásica cámara de eco, que es el efecto que sufrimos al acudir a fuentes de información que refuerzan las ideas en las que ya creemos. Ahora nuestros errores y sesgos quedan validados por el prestigio que solemos atribuir a las máquinas, a las que creemos objetivas y libres de errores, y por nuestra propia pereza a la hora de cuestionar lo que ellas nos proponen.

Por qué no hacen modelos menos complacientes

Las propias empresas de IA hace tiempo que son conscientes de que la forma en que entrenan sus modelos favorece reforzar las creencias de los usuarios por encima de la veracidad de las respuestas. Y son también conscientes de que el exceso de adulación puede hacerles perder a los usuarios más exigentes que descubren que tanto piropo, en realidad, les dificulta hacer mejor sus tareas o tomar mejores decisiones. Por eso es habitual escuchar que sus nuevos modelos, ahora sí que sí, son menos complacientes.

Sin embargo, el trabajo de Cheng también mostraba que los usuarios manifestaban una mayor intención de volver a utilizar los chatbots que refuerzan sus ideas frente a aquellos que no lo hacen. Por lo que en el fondo, como dice el estudio, el incentivo que tienen estas empresas para hacer que sus chatbots sean menos sicofánticos es muy bajo en realidad.

Elijamos preguntas

Entonces, ¿qué podemos hacer los usuarios para no ser confundidos por estas IA zalameras?

El reciente trabajo de liderado por Magda Dubois, de AI Security Institute, arroja luz sobre ello. Esta investigación ha medido cómo varía la sicofancia de los chatbots en función de cómo planteamos nuestra interacción con ellos.

La investigación muestra que, si en nuestras interacciones con los chatbots escribimos afirmaciones y mostramos seguridad, la respuesta de los chatbots tenderá a alinearse con nuestra postura, incluso en casos donde sería conveniente que la corrigieran o la matizaran. Por el contrario, si interactuamos con ellos haciendo explícitas nuestras dudas y les planteamos preguntas abiertas, los chatbots reducen su tendencia a darnos la razón cuando no es conveniente. El consejo es, por tanto, preguntar en lugar de afirmar.

Aunque la IA puede ser de gran ayuda, no debemos delegar en ella de manera ciega el análisis crítico de nuestras decisiones. En última instancia, la responsabilidad de nuestros actos es solamente nuestra. O dicho de otra manera, si esperamos que la IA tome mejores decisiones que nosotros, el problema no está en la IA.

The Conversation

Javier Arroyo Gallardo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Prefiere una IA que le haga la pelota o una menos complaciente? Cuando los elogios son un problema – https://theconversation.com/prefiere-una-ia-que-le-haga-la-pelota-o-una-menos-complaciente-cuando-los-elogios-son-un-problema-287091

De Homero a Virginia Woolf: un recorrido por los eclipses, presagios y símbolos en la literatura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Bermejo Gregorio, Profesor de literatura y teatro, Universitat Internacional de Catalunya

_Eclipse total de Sol_ (suele datarse en 1897) del artista y astrónomo alemán Wilhelm Kranz. Wilhelm Kranz

Imagine que es mediodía y el día empieza a apagarse: el aire se enfría, los pájaros callan, las estrellas asoman donde no deberían. Hoy sabemos que es la Luna cruzándose ante el Sol. Pero durante casi toda la historia ese instante fue una grieta en el orden del mundo, y los escritores llevan casi tres mil años intentando ponerle palabras.

Lo fascinante es que cada época ha visto en el mismo fenómeno una cosa distinta. Seguir ese rastro literario, del terror antiguo a la maravilla moderna, es una forma de asomarse a cómo en Occidente hemos ido cambiando de mirada.

De presagio a milagro

El punto de partida es Homero. En el canto XX de la Odisea, el adivino Teoclímeno anuncia la matanza de los pretendientes con unos versos escalofriantes:

“el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas

que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo

se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo”.

¿Describía Homero un eclipse real? Ya lo creyeron Plutarco y otros antiguos, y el debate sigue vivo: en 2008 se propuso datarlo el 16 de abril de 1178 a. e. c., aunque algunos filólogos lo dudan. Dejando a un lado la discusión, para el mundo antiguo el Sol que se apagaba era anunciador de muerte. Será esa ecuación la que aparecerá en la literatura durante siglos.

La Edad Media convirtió ese miedo en teología. El eclipse más comentado en el Medievo no procede de un poema, sino de los Evangelios. Se trata de la oscuridad que, según san Lucas, cubrió la tierra al morir Cristo.

A inicios del siglo XIV, Dante lo abordó de forma sorprendente en el Paraíso (XXIX) de la Divina comedia: en vez de describirlo, hace que el personaje de Beatriz –símbolo de la salvación– se burle de los predicadores que fabulan sobre él, y zanja que la luz “por sí misma se ocultó”.

Además de utilizar el eclipse como cambio asombroso y divino en Beatriz, el florentino sabía que un eclipse solar es imposible en luna llena –cuando cae la Pascua–, así que hizo del prodigio una lección sobre la verdad. En Dante, leer el cielo es siempre un ejercicio moral. Con él, el eclipse ya no solo asustaba, sino que también obligaba a pensar.

El desorden del mundo sobre las tablas y la herida íntima

Durante los siglos XVI y XVII, el presagio saltó al escenario, y nadie lo usó con más malicia que Shakespeare.

En El rey Lear (1608), el viejo Gloucester se lamenta de que “Estos recientes eclipses del Sol y Luna no nos presagian nada bueno”. Pero su hijo bastardo, el villano Edmund, sabe muy bien que puede aprovechar esas supersticiones para manipular a todos. A Shakespeare, que pensaba probablemente en el eclipse real de 1605, no le interesaba decir quién acertaba, sino que convirtió ese presagio en espejo de nuestra propia credulidad.

Pintura de un hombre y una mujer en una terraza abrazados mientras en el exterior sucede un eclipse.
Un eclipse de Sol de fondo en una escena de Isaac y Rebeca, espiados por Abimelec.
Logias vaticanas/Wikimedia Commons

De su mismo siglo rescatamos una voz insólita y largo tiempo silenciada. En el XVII, la poeta inglesa Hester Pulter escribió un poema titulado The Eclipse que permaneció inédito hasta 1996. Como han señalado sus editoras, los versos de Pulter corresponden a un caso rarísimo, ya que describen a la vez un eclipse de Sol y uno de Luna con el objetivo de meditar sobre la muerte y la fe. Encerrada por su condición femenina, esta mujer encontró en el Sol eclipsado y en el nuevo conocimiento astronómico de su tiempo un símbolo de su alma buscando la luz divina.

Por otro lado, su contemporáneo John Milton llevó el símbolo del eclipse a dos extremos opuestos. En El paraíso perdido (1667), el fenómeno astronómico se yergue como emblema del poder que caerá. En este poema, un Satanás derrotado aún resplandece como el Sol que, “en un sombrío eclipse, esparce un crepúsculo funesto sobre la mitad de los pueblos y atormenta a los reyes”.

Pero Milton, ya ciego, escribió también el lamento del héroe en Sansón agonista (1671): “¡Oh, oscuridad en pleno resplandor del mediodía, irremediablemente oscura, eclipse total, sin esperanza alguna de día!”. El eclipse ya no procedía del cielo, sino del interior del ser humano.

De la ciencia y el juego literario a la experiencia de mirar

Entrado el siglo XIX, la ciencia expulsó al fantasma. El poeta romántico William Wordsworth (1770-1850), tras ver un eclipse en Italia en 1820, lo escenificó como un duelo entre la Ciencia, que “aguardaba la hora”, y la Superstición, que lo combatía “con ritos impuros”.

Pintura en la que se ve un eclipse solar al fondo de un paisaje mientras diferentes personas lo observan desde una montaña.
Pintura del eclipse solar del 8 de julio de 1842 realizada por Jakob Alt.
Wikimedia Commons

Ya sin miedo, el eclipse se volvió juego en Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889). Mark Twain hizo que su protagonista, condenado a la hoguera, amenace con apagar el sol cuando sabe que llega un eclipse, y la corte aterrada lo libera.

Setenta años después, el guatemalteco Augusto Monterroso invirtió esa escena en El eclipse: fray Bartolomé intenta el truco con los mayas, pero estos recitan “las infinitas fechas en que se producirían eclipses… sin la valiosa ayuda de Aristóteles” y lo sacrifican igual. El engaño del conquistador fracasa ante el saber del conquistado: pocas veces el eclipse ha servido para una ironía tan afilada.

Y es que la llegada del siglo XX había traído algo nuevo: se dejó de interpretar el eclipse para sentirlo. Virginia Woolf viajó de noche para verlo en 1927 y escribió: “Esta era la derrota del sol. El asombro destroza el sentido”. Su ensayo El sol y el pez (1928) lo transformó en una experiencia casi cinematográfica y colectiva.

Volverá sobre ello la estadounidense Annie Dillard, quien en 1982 firmó lo que muchos consideran una de las mejores páginas escritas sobre el tema: “Lo que ves en un eclipse total es completamente diferente de lo que sabes”.

Coda: agosto de 2026

A lo largo de los siglos, el eclipse ha sido una pantalla donde cada época ha proyectado sus miedos y su sabiduría. Todo este recorrido, por cierto, tiene hoy un marco académico de primer nivel en Eclipse and Revelation, un volumen que reúne a especialistas para leer el eclipse desde la ciencia, la historia y la literatura.

Este verano será un buen momento para consultarlo, porque el 12 de agosto de 2026 la sombra de la Luna cruzará el cielo de España por primera vez en más de un siglo. No veremos solo un espectáculo astronómico, veremos el mismo prodigio que hizo temblar a Teoclímeno, pensar a Dante y enmudecer a Woolf. Quizá comprendamos, como Dillard, que lo que estamos a punto de ver no se parece en nada a lo que ya creíamos saber.

Lo seguro es que, en pleno siglo XXI, del mismo cielo que el de los antiguos experimentaremos ese mismo asombro. Esto nos recordará que seguimos siendo igual de humanos que ellos.


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Jordi Bermejo Gregorio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De Homero a Virginia Woolf: un recorrido por los eclipses, presagios y símbolos en la literatura – https://theconversation.com/de-homero-a-virginia-woolf-un-recorrido-por-los-eclipses-presagios-y-simbolos-en-la-literatura-285981

La fuerza muscular: el indicador de salud del que casi nadie habla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Jorge Marcos-Pardo, Catedrático de Universidad, Universidad de Almería

SeventyFour/Shutterstock

Levantarse cinco veces seguidas de una silla sin apoyarse en los brazos parece un gesto sencillo. Sin embargo, hacerlo con mayor o menor facilidad o no poder completarlo puede revelar mucho sobre la fuerza muscular y la capacidad funcional.
En apenas 30 segundos, esta prueba muestra algo que no aparece en un análisis de sangre: la capacidad real del organismo para responder a las exigencias cotidianas.

En consulta se mide la tensión y se valoran analíticas que registran los niveles de glucosa, hematíes o colesterol. La fuerza muscular, en cambio, rara vez se evalúa, aunque la evidencia lleva décadas mostrando que se asocia de forma consistente con la mortalidad por todas las causas y aporta información pronóstica independiente de otros indicadores de salud.

No es una omisión accidental. Históricamente, la medicina ha priorizado lo que puede medirse fácilmente con una analítica o una imagen. La fuerza muscular no deja rastro en una radiografía ni en una muestra de sangre. Sin embargo, su declive es uno de los cambios más tempranos y más silenciosos del envejecimiento, y empieza mucho antes de que sus consecuencias resulten evidentes.




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El diagnóstico que cambia cómo entendemos el músculo

Durante años, el foco se puso en la cantidad de músculo. Hoy el consenso europeo sobre sarcopenia (EWGSOP2) ha invertido ese orden: la fuerza baja es el primer criterio de alarma; la masa muscular reducida, solo el confirmatorio.

Dos personas con aspecto físico similar pueden diferir radicalmente en cómo suben una rampa o se levantan del suelo. La fuerza refleja la coordinación entre cerebro, nervios y tejido muscular. Cuando esa coordinación comienza a deteriorarse, aumenta el riesgo de caídas, fragilidad, hospitalización y muerte prematura, incluso en personas que se sienten bien y no tienen diagnóstico formal. No es una condena: es una señal de alerta que puede y debe responderse con tiempo.

Lo que descubrimos en más de 8 000 adultos

En un estudio de nuestro equipo con más de 8 000 adultos de entre 50 y 105 años, una fuerza de prensión baja se asoció con mayor prevalencia de caídas incluso en personas de 50 a 79 años, de forma independiente a otros factores de riesgo.

El estudio no permite afirmar que la debilidad muscular cause directamente las caídas, pero funciona como señal de riesgo real ya desde la mediana edad, no desde la vejez avanzada. El efecto era visible antes de que aparecieran diagnósticos formales de fragilidad o sarcopenia, enfermedad caracterizada por la pérdida progresiva de la masa, la fuerza y la función muscular.

En términos de salud pública, esto señala una ventana de intervención amplia y habitualmente desaprovechada entre los 30 y los 65 años, cuando el deterioro funcional todavía puede revertirse o frenarse con eficacia. Esperar a que cueste levantarse de una silla para comenzar a trabajar la fuerza es, sencillamente, esperar demasiado.

Las señales que ignoramos cada día

La fuerza de prensión medida con un dinamómetro es una prueba rápida, barata y de alto valor clínico: algo que podría incluirse en cualquier revisión médica rutinaria. Levantarse cinco veces de una silla sin apoyar los brazos es otro indicador sencillo y reproducible sin equipamiento especializado.

Pero hay señales aún más cotidianas: apoyarse en los reposabrazos para ponerse en pie, evitar escaleras, llevar menos bolsas que antes, caminar con cierta inseguridad. A menudo se atribuyen a “la edad”, pero en muchos casos, ocultan una capacidad funcional disminuida que todavía puede recuperarse y que no debería perderse en silencio.

A esto se suma un efecto poco comentado: cuando el cuerpo genera inseguridad, la persona tiende a evitar situaciones de esfuerzo. Y ese sedentarismo reactivo acelera precisamente el deterioro que intentaba esquivar. Un círculo vicioso que, con la intervención adecuada, puede romperse.

Caminar está bien pero no es suficiente

Caminar mejora la salud cardiovascular y contribuye a mantenerse activo. Pero no siempre genera el estímulo necesario para mantener o desarrollar fuerza muscular, que requiere algo más: oposición, resistencia, esfuerzo deliberado.

Además de preservar la masa y la función muscular, el entrenamiento de fuerza mejora la densidad mineral ósea, reduce el riesgo de diabetes tipo 2 y tiene efectos positivos documentados sobre el bienestar cognitivo y el estado de ánimo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda trabajar los principales grupos musculares al menos dos días por semana.

No hace falta un gimnasio, podemos hacer ejercicios de fuerza en casa o en un parque: mancuernas, bandas elásticas, el propio peso corporal o movimientos integrados en la vida cotidiana, levantarse y sentarse, empujar, tirar, ponerse de puntillas son herramientas válidas y accesibles para la mayoría.

Lo que importa es que el ejercicio suponga un esfuerzo real, se realice con buena técnica y progrese de forma gradual. La evidencia acumulada en los últimos años respalda distintas modalidades: el programa no tiene por qué ser complejo para ser eficaz.




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Una dosis que hay que ajustar a cada persona

No existe una rutina universal. La intensidad, el volumen y la progresión deben adaptarse a la experiencia previa, el estado de salud y los objetivos de cada persona. En casos de sedentarismo prolongado, enfermedades crónicas, dolor o historial de caídas, la prescripción y planificación del programa de entrenamiento debería estar supervisada por un profesional en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte colegiado, en coordinación con el equipo sanitario cuando sea necesario.

La buena noticia es que el músculo es un tejido con una notable capacidad de respuesta al estímulo, incluso en edades avanzadas. Los beneficios del entrenamiento de fuerza se observan en personas de 60, 70, 80 e incluso 90 años. La biología no cierra esa puerta: la cerramos nosotros cuando dejamos de llamar.

La población vive más años que las generaciones anteriores. El reto ya no es solo añadir tiempo a la vida, sino conservar la capacidad funcional y la autonomía para decidir cómo emplear ese tiempo. La fuerza muscular no sirve únicamente para levantar peso. Sirve para seguir levantándonos nosotros.

The Conversation

Pablo Jorge Marcos-Pardo recibe financiación de la Agencia Estatal de Investigación para proyectos sobre ejercicio físico y envejecimiento saludable.

ref. La fuerza muscular: el indicador de salud del que casi nadie habla – https://theconversation.com/la-fuerza-muscular-el-indicador-de-salud-del-que-casi-nadie-habla-288865

Proteínas en polvo, TikTok y trastornos alimentarios: lo que hacen algunos adolescentes tras el gimnasio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen da Casa Pérez, Profesor doctor Permanente Laboral, Universidad Pontificia de Salamanca

New Africa/Shutterstock

Un chico de 15 años no quiere ir a la comida familiar del domingo porque “no encaja en sus macros”. Dedica más tiempo a TikTok y el gimnasio que a los deberes. Quizá presente una preocupación patológica por conseguir un cuerpo musculado, una situación cada vez menos excepcional.

La confluencia del bum del mercado de suplementos deportivos, la presión estética algorítmica en redes sociales y el aumento de los trastornos de la conducta alimentaria entre adolescentes está generando una crisis de salud mental. Esta pasa desapercibida porque, a ojos de padres y docentes, estos chicos simplemente cuidan su alimentación y van al gimnasio.

En Europa, el mercado de los suplementos nutricionales vale más de 6 600 millones de dólares en 2026 y crece a un ritmo del 7,85 % anual, con millones de adolescentes como público objetivo.

El problema no es el mercado en sí, sino quién lo consume y bajo qué condiciones. En España, entre el 20 y el 40 % de los adolescentes que practican deporte consume algún tipo de suplemento. La cifra sube entre quienes compiten a nivel federado.

Las redes sociales actúan como catalizador directo de la compra. La confianza en los creadores de contenido de fitness aumenta la intención de adquirir suplementos entre los más jóvenes. Aproximadamente 1 de cada 10 adolescentes ha utilizado productos para el control del peso sin prescripción médica, según una revisión sistemática de 2024. No son deportistas de élite: son chicos del gimnasio del barrio que compran botes de proteínas en cualquier supermercado, herbolario o desde el móvil.

Del batido de proteínas a la vigorexia

La proteína en polvo, la proteína whey y la creatina son, en adultos sanos y en dosis adecuadas y pautadas, suplementos con un perfil de seguridad relativamente bien establecido, siempre bajo la supervisión de un nutricionista.

Pero los adolescentes no son adultos. Sus cuerpos están en pleno desarrollo y sus hígados y riñones aún están madurando. Además, un estudio sugiere que el uso de suplementos en entornos no controlados se asocia con peores resultados de salud en adolescentes.

Otro estudio publicado en 2025, realizado con 2 731 adolescentes y jóvenes adultos canadienses, encontró que el uso de seis suplementos musculares habituales (incluidos la proteína whey y la creatina) se asociaba con mayores síntomas de dismorfia muscular. Los síntomas se agravaban a medida que aumentaba el número de productos consumidos.

En España, entre un 11 y un 27 % de los adolescentes presentan conductas de riesgo para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. La edad media de inicio se sitúa hoy en los 12 años y medio. Según datos de la Asociación TCA Aragón, en nuestro país 400 000 personas padecen alguno de estos trastornos, de las cuales 300 000 son jóvenes de entre 12 y 24 años. Se trata de la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia.

La dismorfia muscular es la preocupación patológica por no ser suficientemente musculado. Conlleva el aislamiento social, el control obsesivo de la ingesta y, en casos graves, el consumo de esteroides. Se estima que afecta al 2,2 % de los chicos adolescentes y al 1,4 % de las chicas en Estados Unidos, aunque el infradiagnóstico en varones hace pensar que la cifra real es mayor.

Queda claro en la literatura científica la asociación entre consumo de suplementos musculares y síntomas de trastorno dismórfico corporal. La pregunta de si los suplementos causan la dismorfia o si las personas con rasgos de dismorfia tienden a consumir más suplementos no está resuelta. La evidencia de que los síntomas se incrementan a medida que aumenta el número de suplementos consumidos sugiere, al menos, que existe un efecto bidireccional.

El algoritmo como espejo distorsionante

Para entender por qué esta crisis se ha acelerado en la última década hay que mirar la pantalla del móvil. El algoritmo de recomendación de redes sociales como TikTok es extraordinariamente preciso. Los adolescentes con trastornos alimentarios han documentado que encontraban contenido proanorexia y probulimia con frecuencia sin buscarlo.

Quien interactúa con contenido de dietas o ejercicio recibe más imágenes de cuerpos cada vez más perfectos como referencia. Un estudio publicado en Plos One demostró que la exposición a contenido proanorexia tiene consecuencias inmediatas sobre la internalización de ideales corporales y la insatisfacción con el propio cuerpo. También que los usuarios más intensivos de TikTok mostraban mayores niveles de desórdenes alimentarios.

Los influencers se han convertido en fuente habitual de pautas nutricionales y de ejercicio, generando un círculo vicioso en el que los jóvenes replican y comparten lo que ven, reforzados por los “me gusta”.

Un vacío regulatorio que importa

Europa regula los suplementos alimentarios como alimentos, pero los estándares nacionales divergen. El control unificado de la publicidad dirigida a menores en plataformas digitales es inexistente.

En la práctica, un adolescente puede comprar creatina en cualquier tienda online sin que nadie le pregunte su edad, y ver decenas de anuncios encubiertos de esos mismos productos en su feed sin que estén clasificados como publicidad. Además, los estudios advierten de que los suplementos legales para ganar músculo pueden actuar como puerta de entrada al uso de esteroides. Esto triplica el riesgo de que los jóvenes comiencen a consumirlos en los años siguientes, potencialmente con consecuencias graves.

Hay precedentes de una regulación más firme. En 2023, el estado de Nueva York prohibió la venta de productos de control de peso a menores. En Europa, la presión regulatoria sobre la publicidad de alimentos ultraprocesados a menores ha avanzado más que la relativa a suplementos deportivos, pese a que la evidencia de daño en este segundo caso es igualmente sólida.

¿Qué podemos hacer?

Para las familias, la recomendación es que promuevan el consumo de proteínas y nutrientes a través de alimentos reales en lugar de suplementos. Sobretodo, prestar atención a los signos de alerta que van más allá de la vida sana, como una rigidez extrema con la alimentación, aislamiento social relacionado con la dieta o el ejercicio, uso de suplementos sin prescripción, o ansiedad cuando se interrumpe la rutina de entrenamiento.

Para los centros educativos, la educación mediática crítica es tan necesaria como la educación nutricional. Un adolescente que entiende cómo funciona TikTok tiene más recursos para resistir sus efectos. La educación nutricional empodera para cuidar el cuerpo con decisiones que realmente impulsan su bienestar y su rendimiento.

Para los sistemas de salud, el reto es doble: ampliar el concepto de trastorno alimentario y mejorar los recursos de detección y tratamiento. Para los reguladores, es necesario restringir la publicidad de suplementos dirigida a menores en plataformas digitales.

Lo que no sale en los vídeos de TikTok

Hay algo contradictorio hoy: nunca hemos sabido tanto sobre nutrición y, al mismo tiempo, nunca hemos recibido tanta desinformación sobre el tema.

Los adolescentes manejan vocabulario técnico –macros, déficit calórico, periodización– que hace una década era casi exclusivo de nutricionistas deportivos. Pero lo aplican sobre lo que un influencer les muestra en un vídeo de 30 segundos.

El problema no es que los jóvenes cuiden su cuerpo. Sí lo es que en un entorno de presión estética algorítmica, suplementos sin control y legislación insuficiente, cuidar el cuerpo acabe castigándolo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Proteínas en polvo, TikTok y trastornos alimentarios: lo que hacen algunos adolescentes tras el gimnasio – https://theconversation.com/proteinas-en-polvo-tiktok-y-trastornos-alimentarios-lo-que-hacen-algunos-adolescentes-tras-el-gimnasio-284352

Pourquoi le fait de naître sans défense pourrait être l’une des plus grandes forces de l’humanité

Source: The Conversation – in French – By Stuart I. Hammond, Full Professor in Developmental Psychology, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Les bébés naissent sans défense et le restent pendant longtemps. Ils ne peuvent ni marcher, ni se nourrir seuls, ni survivre sans les soins constants d’un adulte. La durée de cette dépendance n’a pas d’équivalent clair dans le reste du règne animal.


Contrairement à la plupart des mammifères, dont les petits atteignent une autonomie de base en quelques semaines ou quelques mois, les humains restent dépendants pendant des années. Cette impuissance est peut-être essentielle pour comprendre l’humanité.

Et pourtant, dans les sociétés qui valorisent l’indépendance et l’autosuffisance, la dépendance est souvent considérée comme quelque chose de négatif à surmonter.

En tant que chercheur en psychologie du développement, je soutiens qu’il est grand temps de repenser cette conception.

Où se situent les humains sur ce spectre ?

Les nouveau-nés animaux sont classés selon un spectre comportant deux pôles : les espèces « altricielles » et « précociales ». Les espèces altricielles, comme les rats, naissent en grandes portées, les yeux et les oreilles encore fermés. Elles ont besoin de soins parentaux intensifs.

Les espèces précociales, comme les chevaux, naissent seules, se tiennent debout et marchent peu après la naissance. Il existe même des espèces « superprécociales », telles que les oiseaux de la famille des mégapodidés, qui vivent et survivent par eux-mêmes dès leur éclosion.

Il est difficile de classer les êtres humains comme étant soit altriciels, soit précociaux.

Dans l’ensemble, nous sommes une espèce précociale, nés les yeux et les oreilles ouverts. Mais, à d’autres égards, les humains ont évolué pour devenir plus altriciels, notamment en ce qui concerne notre développement moteur. À titre de comparaison, par exemple, les chimpanzés franchissent des étapes motrices bien avant les bébés humains.

Les êtres humains restent dépendants pendant une période exceptionnellement longue et conservent des traits juvéniles bien au-delà de l’enfance, jusque dans l’âge adulte. L’alignement de notre colonne vertébrale et de notre tête, par exemple, ressemble davantage à celui d’un jeune chimpanzé qu’à celui d’un adulte.

Ce type d’impuissance prolongée nous est propre et remet en question une hypothèse courante concernant l’évolution : celle selon laquelle elle progresserait en ligne droite vers une plus grande indépendance et de meilleures capacités.




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Pourquoi les psychologues s’y intéressent

Les biologistes évolutionnistes et les anthropologues se sont demandé si la dépendance évolutive des bébés expliquait en partie notre collaboration sociale et notre innovation culturelle. Ce n’est que récemment que les psychologues de l’enfant ont commencé à examiner l’impuissance elle-même comme une caractéristique du développement plutôt que comme une limitation.

L’impuissance des nourrissons humains a souvent été expliquée par le « dilemme obstétrique », l’idée selon laquelle les humains sont confrontés à un compromis évolutif : la marche debout a entraîné un rétrécissement du bassin, tandis que notre gros cerveau nécessite que les bébés aient une grosse tête. Cette théorie postule que, par conséquent, les humains auraient évolué pour donner naissance plus tôt. Mais en matière d’évolution, même un trait apparu pour une raison donnée peut finir par avoir de nouvelles conséquences.

Les psychologues de l’enfant étudient aujourd’hui le sentiment d’impuissance afin de comprendre, entre autres, comment l’évolution façonne l’enfance et le rôle que ce trait joue dans l’apprentissage social.

Il existe même des débats pour savoir si l’impuissance aide les bébés à acquérir des connaissances fondamentales, à l’instar de la manière dont les données d’entraînement façonnent un système d’IA.


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Dans mes propres recherches, je m’appuie sur ces idées pour élaborer une feuille de route visant à intégrer l’impuissance dans les recherches futures. Je considère les nourrissons humains comme particulièrement actifs – nous disposons de systèmes sensoriels puissants associés à des systèmes moteurs faibles, ce qui signifie que nous nous orientons plus facilement vers les stimuli sociaux – et plus largement relationnels, dans la mesure où nous dépendons des relations sociales pour survivre.

Je considère également que l’impuissance est un phénomène durable, ce qui signifie que nous ne devrions pas juger un bébé uniquement en tant que futur adulte, mais plutôt examiner comment les adultes conservent des traits de leur enfance.

Cette feuille de route peut ensuite servir à comprendre la moralité. Mes travaux sur l’impuissance sont issus de recherches sur les comportements prosociaux. En étudiant comment les comportements d’entraide se développent dès la petite enfance, je me suis demandé si le rôle de l’impuissance, qui fait que les nourrissons sont les bénéficiaires de soins, pouvait expliquer certains aspects de la manière dont ils apprennent à faire preuve de bienveillance.

Si les soins sont d’abord quelque chose que les nourrissons reçoivent plutôt que donnent, alors peut-être que la capacité d’empathie n’apparaît pas en dépit de l’impuissance, mais grâce à elle.




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L’impuissance et la dépendance considérées comme des faiblesses

Lorsque le psychiatre et psychanalyste britannique John Bowlby a inventé le terme « attachement » pour désigner la théorie de l’attachement, il avait envisagé d’utiliser le mot « dépendance ». Il ne l’a pas fait, car il s’inquiétait des connotations négatives associées à ce terme.

Le mot « impuissance » partage ces associations. Mais y a-t-il quelque chose de mal à dépendre des autres ?

Les visions du monde féministes et autochtones ont mis beaucoup plus l’accent sur l’importance de la dépendance et de l’interdépendance. La plupart des apprentissages sociaux et linguistiques ne se font pas de manière isolée, mais au sein d’une communauté.

Vue sous cet angle, la dépendance n’est pas un déficit à corriger, mais une structure qui rend possibles l’apprentissage, la culture et la bienveillance. Ce qui importe, c’est la qualité du soutien dont bénéficie un nourrisson ou un enfant dans les relations dont il dépend, plutôt que la rapidité avec laquelle il devient indépendant.

L’indépendance n’est pas l’histoire de l’humanité. La vérité, c’est que les êtres humains ont évolué et se sont développés pour dépendre les uns des autres.

La Conversation Canada

Stuart I. Hammond ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi le fait de naître sans défense pourrait être l’une des plus grandes forces de l’humanité – https://theconversation.com/pourquoi-le-fait-de-naitre-sans-defense-pourrait-etre-lune-des-plus-grandes-forces-de-lhumanite-289254

¿Por qué no debemos mirar directamente al sol?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Vecino Cordero, Catedrática de Biología Celular (UPV/EHU), Licenciada en Bellas Artes, Life Member Clare Hall Cambridge (UK). Directora del Grupo Oftalmo-Biología Experimental (GOBE), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Nick Shandra / Unsplash, CC BY-SA

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


¿A quien no le han dicho alguna vez que no mire directamente al sol porque se puede quedar ciego? Seguro que todos hemos tenido la tentación de probarlo algún que otro atardecer.

Si lo hacemos y miramos hacia otro lado inmediatamente después, seguimos viendo su destello con intensidad, aunque sin más secuelas. Sin embargo, si aguantamos un rato con la mirada fija, ese sol a punto de ocultarse nos puede hacer un daño irreversible. Y todo porque en el interior de los ojos sucede lo mismo que en la piel cuando nos exponemos al sol: al principio nos calienta y luego, si permanecemos mucho rato bronceándonos, nos quema.

¿Cómo vemos?

Cuando la luz llega al ojo, pasa primero por dos capas trasparentes consecutivas, la córnea y el cristalino, que aumentan la imagen, funcionando como una lupa. Seguidamente llega a la retina, que es una lámina muy delgada situada en la parte de atrás del ojo. Está compuesta por varias capas de células nerviosas muy especializadas, entre las que se encuentran los fotorreceptores, encargados de captar la luz para luego convertirla en imágenes. Aquí está el mayor problema de mirar al sol.

Así funciona la entrada de la luz en el ojo, cuando proviene de una fuente habitual, como una casa iluminada con luz natural, o cuando es directa del Sol.
Elena Vecino y Luiz López

Conos y bastones, cada uno su cometido

Los humanos tenemos dos tipos de fotorreceptores: los conos y los bastones. Los conos son los responsables de interpretar la luz en colores y, para que funcionen bien, necesitan que sea de día o que tengamos buena luz artificial.

El otro tipo de células fotorreceptoras, los bastones, funcionan con baja intensidad luminosa y de noche. Por eso, los animales nocturnos o que viven en ambientes poco iluminados solo tienen este tipo de fotorreceptores y solo ven en blanco y negro.

Los humanos tenemos en cada ojo unos 6 millones de conos y 100-120 millones de bastones. Ambos son muy especializados, pero solo funcionan bien en un rango de luz muy concreto. Los conos funcionan de día y los bastones mejor de noche. Por eso, en un día con mucho sol tenemos que guiñar los ojos o ponernos gafas de sol y, a medida que se hace de noche o se apaga la luz, vemos muy poco, hasta que nuestros bastones logran adaptarse a la oscuridad, un proceso que lleva varios minutos.

Una vez que los fotorreceptores captan la luz, la convierten en señales químicas y eléctricas y se la pasan a otras células de la retina que envían el mensaje a través del nervio óptico al cerebro, donde las señales se convierten en imágenes.

¿Por qué mucha luz hace daño?

Cuando la cantidad de luz que llega a los ojos no es ni excesiva ni escasa, los conos y bastones hacen su transformación de la luz a mensaje visual sin problema, como cuando ponemos una hamburguesa en la sartén a fuego lento. Pero cuando miramos al sol, la intensidad de luz es altísima porque, además de luz visible, nos llega luz dañina invisible como la radiación infrarroja y ultravioleta. Llega tanta radiación a los fotorreceptores, que estos se ponen a trabajar más de la cuenta y terminan quemándose, como esa hamburguesa cocinada a fuego demasiado fuerte.

El problema es que los fotorreceptores no duelen mientras se están quemando, porque carecen de terminaciones nerviosas nociceptoras –capaces de percibir el dolor–. Así que no nos damos cuenta hasta que miramos a otro sitio y ya no vemos. Y esta quemadura puede ser irreversible, es decir, para siempre.

Así que, cuando nos dicen que no miremos directamente al sol, o que observemos los eclipse con gafas adecuadas o de forma indirecta, no es por capricho. Mirar al sol directamente nos puede dejar ciegos.

Cuidado con mirar a alguien soldando

Algo tan peligroso (o más) como mirar al sol, pero con dolor, es fijar la mirada en cuando alguien está soldando. La luz que se produce al soldar un metal es similar a la que produce el Sol cuando lo miramos de cerca. Sin embargo, en este caso, además de quemar nuestros fotorreceptores, se queman las células que forman la córnea. Y esa sí que duele. Por eso, los soldadores llevan una pantalla oscura en la cara cuando están soldando: para que no se les quemen ni los ojos ni la piel por la alta intensidad de luz a la que se exponen.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué no debemos mirar directamente al sol? – https://theconversation.com/por-que-no-debemos-mirar-directamente-al-sol-284902

Quand la paix devient suspecte : pourquoi Peter Thiel voit le pape comme l’Antéchrist

Source: The Conversation – in French – By Laurent Tessier, Docteur en histoire, spécialiste du sionisme chrétien, École pratique des hautes études (EPHE)

À Scottsdale en Arizona, Peter Thiel s’entretient avec des dirigeants d’entreprise, des investisseurs et des leaders d’opinion participant au Converge Tech Summit de 2022, organisé dans le cadre du Waste Management Phoenix Open, un tournoi de golf professionnel. Gage Skidmore/Wikimedia Commons, CC BY

L’ESSENTIEL

  • Dans un essai publié en juillet 2026, le milliardaire états-unien Peter Thiel s’en prend aux aspirations pacificatrices du pape, qu’il associe, sans jamais le nommer, à l’Antéchrist.

  • Derrière cette comparaison se cache la dénonciation d’un « ennemi intérieur », qui, au nom de la paix et de l’universalisme, serait en train de trahir l’héritage occidental.

  • Des conservateurs états-uniens aux droites nationalistes européennes, cette vision contribue à faire de la désignation du « camp du Mal » la principale grille de lecture des conflits contemporains, par-delà la frontière entre guerre et paix.


Peter Thiel, cofondateur de PayPal et de Palantir, s’est pris de passion pour la figure de l’Antéchrist. Il lui a consacré des conférences à Rome et, avec Sam Wolfe, un essai retentissant, The Pope and the Antichrist, dans lequel l’Antéchrist prend les traits du théologien suisse Hans Küng (1928-2021), coupable d’avoir prêché l’entente entre les religions. Leur essai est paru dans First Things, l’un des grands organes intellectuels de la droite religieuse américaine. Il en a même exposé les thèses à Paris devant l’Académie des sciences morales et politiques.

Mais l’Antéchrist que Thiel scrute a une particularité déconcertante : ce n’est pas un tyran sanguinaire. C’est un pacificateur.

Un Antéchrist qui apporte la paix

Encore faut-il savoir de qui l’on parle. Le terme n’apparaît que dans les épîtres de Jean, et au pluriel : « Beaucoup d’antichrists sont venus », écrit l’auteur. Il précise qu’ils sont sortis de la communauté sans jamais lui avoir appartenu (Première épître de Jean 2, 18-19). Le portrait, lui, se construit ailleurs. Paul annonce un « homme de l’impiété » qui s’installera dans le temple de Dieu pour s’y faire adorer (Deuxième lettre aux Thessaloniciens 2, 3-4). Le Livre de Daniel évoque un roi blasphémateur ; l’Apocalypse, une Bête et un faux prophète. Les Pères de l’Église rassemblent progressivement ces différentes figures en un personnage unique, auquel le moine Adson de Montier-en-Der donnera, vers 950, une biographie complète.

Un détail de vocabulaire éclaire alors tout le reste : en grec, le préfixe « anti- » signifie à la fois « contre » et « à la place de ». L’Antéchrist n’est donc pas l’inverse du Christ, il en est la contrefaçon.

L’idée d’un Antéchrist pacificateur n’est pas neuve non plus. Thiel la puise chez le philosophe russe Vladimir Soloviev, dont le Court récit sur l’Antéchrist de 1900 met en scène un unificateur philanthrope, œcuménique, adulé pour son œuvre en faveur de la paix universelle. Là où le Christ apportait l’épée (Évangile selon saint Matthieu 10, 34), l’Antéchrist de Soloviev apporte la concorde ; il abolit le partage du bien et du mal, fait oublier le Jugement dernier. Sa signature est une formule de saint Paul – « paix et sûreté » (1 Thessaloniciens 5, 3) –, cet instant de fausse quiétude qui, dit l’Apôtre, précède la ruine.

D’ailleurs, Thiel ne lit pas Soloviev seul. Il l’aborde à travers René Girard, dont il fut l’élève à Stanford, avant de fonder avec lui en 2007 le projet Imitatio chargé de diffuser sa pensée. La théorie mimétique lui fournit la clé : le Mal n’agit jamais qu’en imitant.

Dans cette tradition, l’Antéchrist ne vient pas du dehors. Il n’est ni l’infidèle ni l’étranger : il surgit du cœur même du christianisme, il est chrétien parmi les chrétiens, il est même parfois pape.

Identifier le souverain pontife à l’Antéchrist n’est pas une idée nouvelle. Longtemps position doctrinale majoritaire de la Réforme, inscrite jusque dans la Confession de Westminster (1646), la thèse s’est peu à peu marginalisée pour devenir, au XXᵉ siècle, un marqueur des franges les plus intransigeantes du protestantisme. En 1988, le pasteur nord‑irlandais Ian Paisley interrompait encore Jean-Paul II au Parlement européen en le désignant comme l’Antéchrist. Cette figure est d’autant plus redoutable qu’elle a le visage de l’ami.

Le pasteur Ian Paisley manifeste contre la visite du pape Jean-Paul II au Parlement européen, à Strasbourg en octobre 1988.
Service Photo du Parlement Européen/European Union — EP, CC BY-NC-SA

On comprend alors le renversement. Pour toute une frange de la droite chrétienne des deux côtés de l’Atlantique, la paix universelle, le pluralisme des religions et des cultures ainsi que la réconciliation ne sont pas des objectifs positifs, mais au contraire des leviers de séduction que le Mal emploie pour endormir le monde. La cible de Thiel est l’irénisme lui-même : l’idée que l’on pourrait bâtir la concorde ici-bas. La paix trop parfaite – même comme idéal – est suspecte.

Il faut rendre à cette droite son meilleur argument. Elle ne condamne pas la paix, mais ce qu’elle tient pour une fausse paix – un irénisme qui, en promettant « paix et sûreté », désarmerait les peuples. Reste que faire de toute concorde un piège conduit, en pratique, à rejeter toute paix négociée.

Le pape à la place de l’Antéchrist

Ce soupçon rencontre aujourd’hui une cible de choix. Au printemps 2026, le pape Léon XIV a publié sa première encyclique, Magnifica Humanitas, où il déclare qu’à l’exception des cas de légitime défense au sens strict, la théorie de la guerre juste est « désormais dépassée » (§ 192).

Le geste n’est pas anodin : héritée d’Augustin et de Thomas d’Aquin, cette doctrine de la guerre juste permettait depuis des siècles à l’Église d’admettre qu’un conflit pût être légitime, sous certaines conditions strictement définies. En la déclarant périmée, le pape opère une rupture et vise, sans le nommer, le vice-président des États-Unis. Quelques semaines plus tôt, J. D. Vance lui reprochait publiquement de mal comprendre la doctrine, qu’il invoquait pour justifier la récente guerre contre l’Iran.

Un pape qui élargit la définition de la paix jusqu’à récuser la guerre juste, qui fait du multilatéralisme et de la fraternité universelle le cœur de son magistère : le voilà qui occupe, presque terme pour terme, la position que la grille de Thiel réserve à l’Antéchrist. Celle-ci n’explicite jamais le rapprochement : Thiel trace les contours d’une figure, et laisse au lecteur le soin d’y reconnaître le visage du pape.

La querelle n’a donc rien d’anecdotique. Elle est structurelle : le champion de la paix et le prophète de l’Antéchrist se regardent en miroir, chacun désignant l’autre comme la menace.

Car le pape rend la pareille. Son encyclique oppose la tour de Babel – l’orgueil d’« atteindre le ciel sans la bénédiction de Dieu » – à la Jérusalem que Néhémie rebâtit grâce à l’effort commun de tous ; elle dénonce aussi la concentration du pouvoir entre des mains privées et transnationales « plus puissantes que bien des États ». Difficile de ne pas y lire une allusion aux empires technologiques, y compris celui que Thiel a bâti avec Palantir. L’ironie est parfaite : celui qui voit l’Antéchrist dans un « système de gouvernance mondiale » exploitant les peurs en a lui-même édifié l’une des infrastructures les plus puissantes.

On aurait tort d’y voir un simple duel : à l’intérieur même du catholicisme américain, des évêques ont rappelé qu’un pape qui parle de la guerre n’émet pas une opinion privée, mais exerce son magistère.

Une méfiance sans frontières

On pourrait croire l’affaire lointaine, cantonnée à un bras de fer entre Washington et le Vatican. Elle ne l’est pas. La même méfiance envers l’universalisme irrigue les droites nationalistes européennes, et les circuits transatlantiques sont désormais bien réels. Ce discours trouve d’ailleurs un terreau tout prêt.

Dès Vatican II – concile ayant duré de 1962 à 1965 –, les catholiques identitaires et traditionalistes dénoncent un Vatican « moderniste », coupable d’avoir bradé la Tradition à l’œcuménisme, au dialogue interreligieux et à l’ouverture au monde moderne. Dès lors, un pape prônant la fraternité universelle coche, à leurs yeux, toutes les cases du soupçon. Thiel ne fait que leur fournir une clé théologique.

Ce n’est pas un hasard, non plus, si First Things est allée chercher, après la seconde investiture de Trump début 2025, un polémiste français : Éric Zemmour, dont l’essai commandé par la revue est revenu en France sous forme de livre, La messe n’est pas dite. Son ennemi désigné – un « globalisme » qui dissoudrait les nations – est le pendant sécularisé de l’Antéchrist universaliste de Thiel. Lui-même n’est pas catholique : il défend une civilisation chrétienne dont il ne partage pas la foi.

Il s’inscrit pourtant dans la même logique, car ce qui unit ces sensibilités n’est pas la foi, mais une même défiance envers l’universel, du moins envers tout universel qui ne serait pas chrétien, ou « judéo-chrétien ». Zemmour n’est d’ailleurs qu’un maillon : la revue tisse patiemment les liens entre conservateurs américains et nationalistes européens, autour d’un adversaire commun, l’universalisme.

Ce réseau porte même un nom : les conférences « National Conservatism », animées depuis 2019 par la fondation Edmund-Burke de l’Israélo-Américain Yoram Hazony, qui rassemblent, de Rome à Bruxelles, les mêmes protagonistes. Zemmour y fut l’un des orateurs vedettes aux côtés de Viktor Orban en avril 2024 à Bruxelles, tout comme J. D. Vance un peu plus tard à Washington, quelques jours avant de devenir le colistier de Donald Trump.

On retrouve là, transposée en politique, la logique de l’ennemi intérieur. À Munich, en février 2025, Vance assurait déjà que la vraie menace pour l’Europe ne venait ni de la Russie ni de la Chine, mais « de l’intérieur », plus redoutable que tout ennemi venu d’ailleurs.




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De l’Antéchrist niché dans l’Église à l’ennemi tapi au cœur de l’Occident, c’est la même peur : celle de la trahison par les siens.

La frontière brouillée

L’enjeu dépasse la théologie. Faire de la paix, du dialogue et de l’universalisme des ruses du Mal, c’est délégitimer par avance la diplomatie et toute solution négociée. Le glissement est déjà visible : quand le secrétaire d’État Marco Rubio décrit la Cour pénale internationale comme une puissance qui « fait la guerre » à l’Amérique – non avec des armes, mais avec des textes de droit – et qu’il promet de « démonter, brique par brique », c’est la frontière même entre la paix et la guerre qui se déplace.

Présenter une institution internationale comme une créature du Mal n’a d’ailleurs rien d’inédit : l’ancienne secrétaire d’État (1997-2001) Madeleine Albright rappelait que des courants apocalyptiques américains voyaient déjà dans l’ONU un instrument de l’Antéchrist. Et la défiance envers ces institutions internationales est plus ancienne encore. Les États-Unis en furent souvent les architectes avant d’en devenir les déserteurs : le Sénat refusa, en 1919-1920, d’entrer dans la Société des nations (SDN) voulue par le président Wilson, et Washington n’a jamais ratifié le traité fondant cette même Cour pénale internationale. Le réflexe souverainiste est ancien ; ce que la droite chrétienne lui ajoute aujourd’hui, c’est une dimension apocalyptique.

Sous cet habillage, chacun redessine la ligne entre la paix et la guerre : le pape en élargissant la paix, Thiel en la rendant suspecte, Rubio en requalifiant le droit en agression. Ce qui se joue, au fond, est une bataille pour savoir de quel côté se tient le Mal. Et l’histoire enseigne une chose simple : lorsque la paix devient l’ennemie et que la guerre se déguise en droit, il faut se demander ce que ce brouillage autorise.

The Conversation

Laurent Tessier est membre de l’Observatoire Pharos.

ref. Quand la paix devient suspecte : pourquoi Peter Thiel voit le pape comme l’Antéchrist – https://theconversation.com/quand-la-paix-devient-suspecte-pourquoi-peter-thiel-voit-le-pape-comme-lantechrist-288158

Pourquoi le vote des personnes détenues doit être préservé

Source: The Conversation – in French – By Laure de Galbert, Doctorante en droit public comparé, Université Paris-Panthéon-Assas

L’ESSENTIEL

  • Les personnes détenues font – en théorie – pleinement partie du corps électoral.

  • Pourtant, leur accès au vote a été largement restreint par une loi votée au cours de l’été 2025. Seuls 4 % des potentiels électeurs incarcérés ont participé au dernier scrutin municipal.

  • Ce vote doit-il être restreint ou, au contraire, favorisé afin de maintenir le lien entre les détenus et la communauté politique ?


Les personnes détenues conservent aujourd’hui par principe leur droit de vote. La loi du 31 décembre 1975 est la première à leur avoir ouvert l’accès au scrutin en leur donnant la possibilité de voter par procuration. À cette époque toutefois, une condamnation pour crime entraînait systématiquement la privation du droit de vote à vie et la commission de nombreux délits conduisait également à sa suspension pendant dix ans.

La réforme du Code pénal de 1994 a mis fin à cette automaticité. Aujourd’hui, si le juge peut décider individuellement de priver certains auteurs d’infractions de leur droit de vote, toutes les personnes détenues – prévenues comme condamnées – le conservent par principe. En 2007, un décret leur a accordé la possibilité, outre celle d’établir une procuration, de solliciter une permission de sortir pour se rendre aux urnes.

Pendant de nombreuses années, procuration et permission de sortir étaient ainsi les deux uniques modalités de vote prévues pour la population incarcérée. Ces deux procédures sont en pratique toutefois extrêmement difficiles d’accès, une large partie des personnes détenues n’étant notamment pas éligible à l’obtention d’une permission de sortir.

Le vote par correspondance, facilitateur d’accès au scrutin

Avec ces deux uniques modalités de vote, le taux de participation à l’élection présidentielle de 2017 n’avait atteint que 2 %. En mars 2018, le président Emmanuel Macron réagissait, déclarant devant l’École nationale d’administration pénitentiaire (ENAP) ne pas comprendre pourquoi le vote en prison était si compliqué, et décidait d’en faciliter l’accès.

La réflexion conduite par la suite a abouti à l’expérimentation du vote par correspondance dans l’ensemble des établissements pénitentiaires français pour les élections européennes de 2019. Grâce à cette nouvelle procédure de vote, la participation est passée à 8 %, puis à 10 % pour les élections départementales et régionales de 2021. Elle a encore augmenté ensuite, avec des taux avoisinant les 22 % pour chacun des scrutins de 2022 et de 2024.

Bien que cette procédure soit critiquable, force est de constater que le vote par correspondance a permis une véritable avancée dans l’accès au scrutin des personnes détenues. En 2022 et en 2024, plus de 90 % des personnes détenues ayant voté y ont eu recours.

La suppression du vote par correspondance dans les circonscriptions locales : un signal antidémocratique

En 2025 pourtant, en vue des élections municipales de 2026, les parlementaires ont voté un texte supprimant le vote par correspondance pour les scrutins municipaux, départementaux, régionaux et législatifs, soit ceux pour lesquels le vote est compté localement et non au niveau national. En cause : le poids que représenterait le vote des personnes détenues dans le corps électoral local.

Pourtant, dans le système actuel, elles doivent s’inscrire sur la liste électorale de la commune chef-lieu du département dans lequel se situe leur établissement d’incarcération, soit celle qui y compte le plus d’électeurs. En vue de limiter leur poids dans le corps électoral local, les personnes détenues ne votent donc pas dans la commune dans laquelle elles sont incarcérées, mais dans une commune suffisamment peuplée pour que leurs voix y soient diluées. L’importance de leur vote dans ces communes est ainsi faible, voire totalement marginale.

Cependant, malgré cette limite, les parlementaires ont estimé que ce poids était encore trop important et ne se justifiait pas. Étant incarcérées, les personnes détenues n’auraient pas de légitimité à exprimer leur suffrage pour des scrutins locaux. Elles risqueraient de faire basculer des élections alors qu’elles n’entretiennent pas de lien avec les collectivités dans lesquelles elles peuvent voter. La loi du 18 juillet 2025 relative au droit de vote par correspondance des personnes détenues revient ainsi, pour les élections municipales, départementales, régionales et législatives, à la situation antérieure : celle d’un vote par procuration ou grâce à une permission de sortir (dans la commune du domicile de l’électeur détenu, de sa dernière résidence avant incarcération, de sa naissance ou dans laquelle un membre de sa famille est né, est inscrit ou a été inscrit).

Soutenir que les personnes détenues seraient étrangères aux enjeux locaux et n’auraient, pour cette raison, aucune légitimité particulière à participer au vote est pourtant contestable. L’incarcération ne les place pas en dehors du territoire ni des collectivités locales dans lesquelles elles vivent temporairement. Elles sont en droit d’élire domicile à l’établissement dans lequel elles sont incarcérées et dépendent directement de nombreux services publics locaux tels les infrastructures sanitaires, l’action sociale ou les transports afin, notamment, que leurs proches puissent leur rendre visite. Les personnes détenues ont par ailleurs un intérêt à voter pour les députés de la circonscription de leur établissement d’incarcération, qui, s’ils disposent d’un droit de visite des lieux de privation de liberté de l’ensemble du territoire, seront plus à même de se rendre dans ceux se trouvant dans leur circonscription.

L’incarcération n’implique surtout pas nécessairement une rupture avec l’environnement local extérieur. De nombreuses personnes détenues exécutent leur peine près du lieu où elles vivaient auparavant, où résident encore leurs proches et où elles envisagent de se réinsérer après leur libération.

Le vote comme levier de réinsertion et d’existence citoyenne

Le vote par correspondance ne subsiste ainsi aujourd’hui que pour les élections présidentielles et européennes ainsi que pour les référendums. Pour l’ensemble des autres scrutins, la large partie de la population carcérale n’étant pas en capacité d’obtenir une permission de sortir se retrouve contrainte de recourir à la procuration. Cette dernière, en plus d’être difficile d’accès, ne permet pas la solennité du déplacement pour placer son bulletin dans l’urne.

Les élections municipales de 2026 ont ainsi vu la participation largement baisser et revenir à des chiffres proches de ceux antérieurs à l’instauration du vote par correspondance, qui avait véritablement permis et motivé celle de la population détenue. Ce sont en effet autour de 4 % des 66 858 individus incarcérés en capacité de voter à la date des élections qui l’ont fait, soit un peu plus de 2 500 personnes.

La peine privative de liberté a pour mission de préparer le retour des individus détenus dans la société. L’exercice du droit de vote revêt dans cette perspective un intérêt particulier. Il maintient leur lien avec la communauté politique et reconnaît leur capacité à prendre part aux décisions collectives. C’est précisément l’objectif que poursuivait l’instauration du vote par correspondance, désormais supprimé pour une partie des scrutins. À l’inverse, c’est aujourd’hui leur pleine participation démocratique qui se trouve menacée, le législateur ayant choisi de limiter l’accès au suffrage de cette population déjà fortement exclue.

En vue de contourner le supposé problème du poids local de leur vote, une réflexion pourrait être entamée sur des moyens de permettre à l’ensemble des personnes détenues de s’inscrire dans une commune avec laquelle elles entretiennent des liens personnels ou familiaux antérieurs à l’incarcération – rattachement prévu dans la proposition de loi originelle tout en garantissant leur accès au vote. Afin d’éviter la difficulté logistique de l’acheminement physique des bulletins de vote des établissements pénitentiaires vers un certain nombre de communes différentes, potentiellement compliqué, la réflexion pourrait notamment porter sur leur transmission par la voie électronique. En attendant, il a plutôt été décidé de sacrifier, pour une large partie des élections, la procédure de vote par correspondance pourtant récemment éprouvée.

The Conversation

Laure de Galbert a reçu des financements de l’Université Paris Panthéon-Assas (contrat doctoral de trois ans).

ref. Pourquoi le vote des personnes détenues doit être préservé – https://theconversation.com/pourquoi-le-vote-des-personnes-detenues-doit-etre-preserve-283455

Pourquoi certains chocolats ne fondent-ils pas malgré la chaleur ?

Source: The Conversation – in French – By Ana Isabel Terraes Huerta, Técnico medio de investigación de la Facultad de Química de Valencia, Universitat de València

Derrière une simple tablette de chocolat se cache une mécanique d’une grande précision. SviatlanaLaza/Shutterstock (no reuse)

L’ESSENTIEL

  • Le chocolat fond facilement, car son point de fusion est proche de la température du corps humain.

  • Les chercheurs développent des chocolats capables de résister jusqu’à 45 °C.

  • Le défi est de préserver leur goût, leur texture et leur fondant en bouche.


Peu de plaisirs égalent celui de laisser un morceau de chocolat fondre lentement sur la langue. Si le chocolat est si apprécié, c’est notamment parce que son point de fusion est très proche de la température du corps humain.

Mais cette qualité a aussi son revers : dès que la température grimpe, le chocolat ramollit, se déforme et devient difficile à stocker ou à transporter sous les climats chauds. Pour remédier à ce problème, l’industrie agroalimentaire a mis au point différentes techniques permettant de fabriquer des chocolats plus résistants à la chaleur.

Pour comprendre comment elles fonctionnent, il faut d’abord voir comment le chocolat est fabriqué, et plus particulièrement le rôle que joue le beurre de cacao dans ses propriétés physiques.

Le fruit du Theobroma cacao, aussi appelé cabosse.
nnattalli/Shutterstock

Le chocolat est fabriqué à partir des graines du cacaoyer (Theobroma cacao), un arbre originaire des forêts tropicales du bassin amazonien. Chaque fruit renferme entre 20 et 60 graines, appelées fèves, entourées d’une pulpe très riche en sucres.

Après la récolte, les fèves sont mises à fermenter. Les levures et les bactéries transforment alors la pulpe, déclenchant une série de réactions biochimiques qui produisent les précurseurs des arômes caractéristiques du chocolat. Les fèves sont ensuite séchées puis torréfiées. Cette étape permet à la réaction de Maillard de se produire, générant une grande diversité de composés aromatiques.

Fèves de cacao torréfiées.
Parilov/Shutterstock

Ce n’est qu’à l’issue de ce processus que l’on peut fabriquer ce que nous appelons du chocolat. Les fèves torréfiées sont broyées pour obtenir une pâte de cacao (ou « liqueur de cacao »), qui est ensuite soumise à un pressage à chaud afin de séparer le beurre de cacao de la poudre de cacao.

Le chocolat noir est élaboré en mélangeant cette pâte de cacao avec du beurre de cacao et du sucre. Les autres variétés sont obtenues par l’ajout d’ingrédients supplémentaires, comme le lait. Après cette étape, vient le conchage : le mélange est chauffé et brassé pendant plusieurs heures afin de réduire son humidité, d’éliminer certains composés volatils et indigestes, et de permettre au beurre de cacao d’enrober parfaitement les particules de cacao et de sucre. C’est ce procédé qui donne au chocolat sa texture onctueuse et fondante.

La dernière étape est le tempérage, un procédé de fusion puis de refroidissement contrôlés qui permet au beurre de cacao de cristalliser sous sa forme la plus stable, appelée forme V. C’est elle qui confère au chocolat son aspect brillant, sa fermeté, le claquement net lorsqu’on le casse, ainsi que son point de fusion d’environ 34 °C, très proche de la température du corps humain.

En revanche, si le beurre de cacao cristallise sous une autre forme cristalline (ou polymorphe), le chocolat perd de son éclat et sa texture est altérée. Il peut également présenter un blanchiment gras : ce voile blanchâtre à la surface est dû à la migration puis à la recristallisation des matières grasses.

Des chocolats qui résistent à la chaleur

Cette qualité si appréciée du chocolat – fondre en bouche – est aussi ce qui le rend si vulnérable aux fortes températures. Pour remédier à ce problème, les spécialistes des matériaux de l’industrie agroalimentaire travaillent au développement de chocolats résistants à la chaleur, capables de conserver leur forme entre 38 et 45 °C, voire davantage dans certaines formulations expérimentales.

Les recherches actuelles s’articulent autour de trois grandes pistes.

  • 1. Les sucres

La première approche consiste à modifier la microstructure des sucres. L’objectif est de renforcer la structure interne du chocolat en y incorporant de très faibles quantités d’eau ou de composés hydrophiles (qui attirent l’eau), comme le glycérol ou le sorbitol.

Ces additifs dissolvent partiellement les particules de sucre et leur permettent de se lier entre elles, formant un réseau tridimensionnel rigide. Cette armature interne empêche les particules solides de se désagréger et immobilise la matière grasse liquide lorsqu’elle fond. Le chocolat conserve ainsi sa forme, même à des températures plus élevées.

Le principal inconvénient de cette méthode est que l’eau doit être ajoutée avec une extrême précision. La moindre variation peut modifier la viscosité du chocolat ou provoquer un blanchiment du sucre, un défaut de surface dû à la recristallisation du sucre.

  • 2. Les matières grasses

Une autre approche consiste à modifier la composition de la phase grasse afin d’augmenter le point de fusion du chocolat. Deux stratégies sont possibles : remplacer une partie du beurre de cacao ou ajouter certains ingrédients.

Le beurre de cacao peut être partiellement remplacé par deux catégories de matières grasses végétales.

  • Les équivalents du beurre de cacao, comme le beurre de karité, l’huile de palme ou l’huile de noyau de mangue, présentent une composition chimique très proche de celle du beurre de cacao. Ils permettent donc d’augmenter la résistance à la chaleur sans modifier les propriétés du chocolat.

  • Les substituts du beurre de cacao, des matières grasses hydrogénées issues de la noix de coco ou du palmiste (l’amande du fruit du palmier à huile) qui imitent les propriétés physiques du beurre de cacao mais sont moins compatibles que les équivalents tels que le beurre de karité. Leur utilisation nécessite donc d’adapter la recette du chocolat.

Il est également possible d’ajouter des améliorants du beurre de cacao, destinés à modifier le comportement de la phase grasse et à limiter le blanchiment gras. Ces ingrédients sont obtenus soit par fractionnement – une technique qui sépare les matières grasses selon leur point de fusion –, soit par interestérification, un procédé chimique ou enzymatique qui réorganise les acides gras au sein des triglycérides afin d’augmenter la proportion de molécules plus stables à haute température.

En revanche, lorsqu’ils sont utilisés en trop grande quantité, ces additifs peuvent rendre le chocolat plus dur et lui donner une sensation cireuse peu agréable en bouche.

D’autres solutions reposent sur les oléogels et les bigels, des matériaux structurés qui immobilisent les huiles végétales grâce à des agents gélifiants. Ils peuvent remplacer partiellement, voire totalement, le beurre de cacao, ce qui améliore la stabilité thermique du produit et l’empêche de fondre prématurément.

  • 3. Le procédé de fabrication

Les recherches les plus récentes s’intéressent au procédé de fabrication lui-même, en modifiant la manière dont le chocolat est élaboré plutôt que sa composition. Plusieurs études ont montré que de légères modifications de la microstructure du chocolat peuvent améliorer sensiblement sa résistance à la chaleur.

L’optimisation des étapes de raffinage et de conchage permet d’obtenir des particules solides de taille très homogène, plus efficacement enrobées de beurre de cacao. Il en résulte une microstructure plus compacte et plus stable, capable de conserver sa forme même lorsqu’une partie de la matière grasse commence à fondre.

Il existe également des méthodes qui reposent sur une modification mécanique de la structure du chocolat. L’exemple le plus connu est sans doute la barre Cadbury Flake, dont la structure interne est constituée de multiples fines couches de chocolat séparées par de minuscules poches d’air, créées par un procédé de pliage et d’étirement.

À l’origine, cette barre n’a pas été conçue pour résister à la chaleur, mais pour offrir une texture unique. Toutefois, cette architecture particulière présente un avantage inattendu : elle ralentit la montée en température du chocolat et, par conséquent, son ramollissement.

Trouver le bon équilibre

Malgré les progrès considérables réalisés au cours des dernières décennies, il n’existe toujours pas de chocolat résistant à la chaleur capable de reproduire parfaitement toutes les qualités d’un chocolat classique. Une meilleure stabilité thermique s’accompagne généralement de modifications de la texture, de la vitesse de fonte, de la libération des composés aromatiques ou encore des sensations en bouche.

Certaines formulations peuvent même accroître le risque d’autres défauts, comme le blanchiment du sucre, ou ne plus répondre à la définition légale du « chocolat » en vigueur dans certains pays.

L’objectif des recherches actuelles n’est donc pas seulement d’empêcher le chocolat de fondre pendant son stockage ou son transport. Il s’agit aussi de préserver son brillant, sa texture, ses arômes et, surtout, sa capacité à fondre délicatement en bouche – autant de qualités qui ont fait du chocolat l’un des aliments les plus appréciés au monde.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Pourquoi certains chocolats ne fondent-ils pas malgré la chaleur ? – https://theconversation.com/pourquoi-certains-chocolats-ne-fondent-ils-pas-malgre-la-chaleur-288295