La edición genética podría desactivar a uno de los principales culpables del cáncer de pulmón

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Pablo Medina Vico, Catedrático en el Departamento de Biología Molecular y Bioquímica. Director del Grupo de Investigación de Regulación Génica y Cáncer en el Centro de Investigación Genómica y Oncológica (GenyO)., Universidad de Granada

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El paso del tiempo lo cambia casi todo menos la principal causa de cáncer en el mundo, que en las últimas décadas ha sido el cáncer de pulmón. Solo en España se diagnostican más de 30 000 casos cada año, y la supervivencia a cinco años apenas alcanza el 20 %. Parte del problema es que los tumores suelen detectarse tarde y que los tratamientos, incluso los más novedosos, acaban perdiendo eficacia.

KRAS: el interruptor genético que no se apaga

Entre los principales culpables está un gen con nombre propio: KRAS. Codifica una proteína con un interruptor que indica a las células cuándo crecer y dividirse. Cuando el gen que la produce muta, el interruptor queda atascado en la posición de “encendido”, desencadenando una proliferación descontrolada.

Aproximadamente un tercio de los pacientes con adenocarcinoma de pulmón presenta mutaciones en KRAS. Y los tumores se vuelven “adictos” a estas versiones mutadas de la proteína: si se eliminan, el tumor no sobrevive.

Del “gen intocable” a un blanco terapéutico

Durante años, KRAS fue considerado inabordable desde la farmacología. Todos los intentos de bloquearlo fallaban. El panorama cambió con la llegada de inhibidores como Sotorasib, aprobado en 2021 para una mutación concreta de KRAS llamada G12C. El fármaco supuso un avance histórico, aunque con limitaciones importantes: muchos pacientes no responden y otros desarrollan resistencia en cuestión de meses.

Nuestro equipo ha explorado otra vía. En lugar de bloquear la proteína mutada, hemos intentado eliminar la mutación de raíz, atacando al gen que produce la proteína. Para ello empleamos HiFi-Cas9, una versión de alta fidelidad de la herramienta CRISPR-Cas9.

KRAS.

La clave es la precisión. Diseñamos guías capaces de distinguir las mutaciones más comunes en KRAS (G12C y G12D). HiFi-Cas9 corta exclusivamente el ADN mutado y respeta la copia normal del gen. Así, las células tumorales –adictas a las proteínas mutadas– dejan de producirlas y, en consecuencia, mueren, mientras que las normales no se ven afectadas.

En modelos preclínicos, las células cayeron fulminadas

En cultivos celulares y en esferoides tridimensionales, que reproducen mejor la realidad de un tumor, la viabilidad celular se desplomó tras la aplicación de nuestra terapia. Es decir, las células no resistieron y cayeron fulminadas.

El siguiente paso fueron los xenoinjertos PDX, pequeños fragmentos de tumor de pacientes directamente implantados en ratones. En este modelo más realista, HiFi-Cas9 frenó de manera significativa el crecimiento tumoral. En algunos casos, la eficacia fue incluso superior a la de Sotorasib. Y lo más prometedor: también mostró actividad en modelos resistentes al fármaco.

En organoides de pacientes, es decir, minitumores cultivados en laboratorio, los resultados fueron consistentes: nuestra terapia experimental volvió a limitar la proliferación de las células con KRAS mutado.

Lo más interesante es que KRAS no es exclusivo del pulmón: también está implicado en tumores de páncreas y colorrectales de mal pronóstico. Si logramos aprovechar esta “adicción tumoral” como vulnerabilidad terapéutica, la estrategia podría extenderse a varios tipos de cáncer.

Eliminar la mutación desde el origen

¿Qué aporta la edición genética frente a los fármacos actuales? La diferencia esencial es que CRISPR elimina la mutación en su origen, mientras que los inhibidores como Sotorasib solo bloquean la proteína una vez producida. Esto podría explicar por qué las herramientas de edición genética funcionan en contextos donde los fármacos dejan de hacerlo.

Pero hay que ser cautos. Se trata aún de una prueba de concepto preclínica. El gran reto pendiente es encontrar formas seguras y eficientes de llevar las herramientas de edición génica a las células tumorales dentro del organismo. En nuestro estudio usamos partículas virales como vehículo, pero esta tecnología debe continuar mejorándose antes de que pueda ser suministrada de manera generalizada a los pacientes.

¿Puede ser esta la terapia oncológica del futuro?

La edición genética con HiFi-Cas9 abre un camino distinto en oncología. No es todavía una terapia disponible en la clínica, pero combina la potencia de la investigación básica con la ambición de la medicina personalizada. Mostrar que es posible eliminar mutaciones clave directamente en el ADN tumoral es un primer paso hacia nuevas terapias para quienes más lo necesitan.

Obviamente, plantea una serie de cuestiones importantes. Por ejemplo, ¿podemos garantizar que el sistema actúe solo en células tumorales? ¿Cómo evitamos reacciones inmunes frente a los vehículos de entrega? ¿Qué consecuencias a largo plazo puede tener alterar de forma permanente el ADN?

Responderlas llevará años de investigación y ensayos rigurosos. No obstante, nuestros resultados, junto con otros trabajos pioneros, sugieren que esta terapia es prometedora y merece seguir siendo explorada.


Este estudio ha sido realizado por investigadores de la Universidad de Granada (GENYO), el Hospital 12 de Octubre (Madrid), el Hospital General Universitario de Valencia y la Universitat Politècnica de València. El trabajo ha contado con la financiación de la Asociación Española Contra el Cáncer, el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Junta de Andalucía.


The Conversation

Las investigaciones que han dado lugar a este artículo, cuentan con financiación de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). La AECC no ha tenido ninguna injerencia en el diseño, desarrollo, análisis ni interpretación de los resultados.

ref. La edición genética podría desactivar a uno de los principales culpables del cáncer de pulmón – https://theconversation.com/la-edicion-genetica-podria-desactivar-a-uno-de-los-principales-culpables-del-cancer-de-pulmon-265573

El cansancio emocional del turismo: por qué algunos vecinos están hartos (y otros no tanto)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Soliguer Guix, Investigadora TWINTUR, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

El turismo no solo transforma las calles. También afecta cómo sienten los vecinos su ciudad. Entender el turismo desde la psicología social permite verlo como una relación humana, con tensiones y límites, no solo como una industria.

Hablar de emociones puede parecer poco técnico. Pero es esencial para crear modelos turísticos sostenibles y ciudades habitables.

En ciudades como Barcelona o Lloret de Mar, convivir con millones de turistas es un desafío. No solo urbano sino también emocional. Grafitis como “Tourists go home” o protestas contra los pisos turísticos no expresan odio al visitante. Reflejan el cansancio de quienes sienten que su ciudad ya no les pertenece.

Gente con pancartas contra el turismo masivo.
Protesta contra el turismo en Lloret de Mar (Girona) durante el verano de 2024.
Fotografía realizada por vecinos afines a la plataforma UALEP (Un Altre Lloret És Possible)

En mi investigación doctoral sobre vecinos y turismo quise entender este malestar. Analicé medios, protestas vecinales y emociones cotidianas de los residentes. Descubrí que la turismofobia no es odio al turista. Es una reacción emocional ante un modelo turístico que ha sobrepasado los límites de la convivencia.

La turismofobia nació en los titulares

Aunque el término turismofobia se popularizó en los medios españoles en 2016, no nació en los barrios. Al analizar el tratamiento mediático del turismo en Barcelona comprobé que el concepto surgió en las redacciones. Los medios lo usaron para simplificar un fenómeno complejo. Cualquier crítica vecinal al turismo se interpretaba como “odio al turista”.

Esta etiqueta desvió la atención. Sirvió para desactivar la protesta y presentar a los vecinos críticos como enemigos del progreso. Pero sus quejas no iban contra los turistas: se dirigían al modelo turístico. Señalaban la presión sobre la vivienda, la saturación del espacio público y la pérdida de identidad barrial.

En trabajos posteriores mostré cómo este discurso mediático refuerza los estereotipos y dificulta la empatía. Cuando el conflicto se presenta como una fobia se pierde la posibilidad de diálogo.

Del “no al turismo” al “sí a la ciudad”

En entrevistas con vecinos, activistas y trabajadores del sector turístico conocí colectivos como la Assemblea de Barris pel Decreixement Turístic, en Barcelona, y Un Altre Lloret És Possible, en Lloret de Mar. Ninguno de ellos pedía eliminar el turismo. Reclamaban recuperar su derecho a la ciudad: a vivir, trabajar y decidir sobre su entorno.

En otros estudios comprobé que los residentes valoran medidas que intentan controlar los impactos del turismo. Por ejemplo, regular los pisos turísticos o limitar el acceso a zonas saturadas. Sin embargo, muchos critican no poder participar en su diseño. “Queremos poder vivir aquí”, repetían. Esa frase resume una reivindicación política y emocional.

El papel de los ciudadanos en la transformación urbana

Los vecinos no solo sufren los efectos del turismo masivo: también pueden ser agentes de cambio. Participar en asociaciones vecinales y proponer soluciones ayuda a que la ciudad refleje las necesidades de quienes la habitan. Colaborar con las autoridades no significa rechazar a los turistas. Significa buscar un equilibrio donde la convivencia, el respeto por el espacio público y la vida cotidiana sean lo más importante. Así, la ciudad deja de ser solo un lugar turístico y vuelve a ser un hogar compartido.

El turismo mata los barrios. Fuente: Arran Països Catalans.

Muchos vecinos y pequeños empresarios prefieren hablar de regulación, no de decrecimiento. En lugar de decir “no al turismo”, piden “sí a la convivencia”. En ambos casos quieren recuperar el control sobre un territorio que sienten saturado e inseguro.

El cansancio emocional del turismo

El impacto más invisible es emocional. En encuestas a más de 400 residentes de Barcelona y Lloret de Mar observé un patrón claro: el estrés, la irritación y el nerviosismo aumentan con la presión turística.

En Barcelona, tres de cada cuatro vecinos muestran signos de malestar; en Lloret de Mar, dos de cada tres. Llamo a esto agotamiento emocional urbano: sentir que se vive en un lugar que ya no ofrece descanso ni control.

No se trata de odio irracional. Es una respuesta al estrés que provoca la presencia constante de visitantes y comportamientos incívicos. En Lloret de Mar, la dependencia económica del turismo suaviza el malestar. En Barcelona, donde la vida cotidiana se ve más afectada, se intensifica.

Hacia una gestión turística empática

La solución no pasa por reducir turistas sino por aumentar la empatía institucional. Escuchar a los residentes y reconocer su malestar como legítimo debe formar parte de cualquier política turística.

Una gestión empática significa diversificar la economía, limitar flujos en zonas saturadas, garantizar el derecho a la vivienda y combatir el incivismo. También supone cambiar el discurso oficial. En lugar de hablar solo de competitividad o atracción de visitantes, se debe hablar de bienestar local.

En realidad, la turismofobia es un síntoma de que una ciudad necesita respirar. Una gestión más humana –con límites, participación y reconocimiento emocional– puede devolver ese aire perdido. Una ciudad sostenible no solo necesita equilibrio económico o ambiental: también debe ser emocionalmente habitable.

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Ana Soliguer Guix no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El cansancio emocional del turismo: por qué algunos vecinos están hartos (y otros no tanto) – https://theconversation.com/el-cansancio-emocional-del-turismo-por-que-algunos-vecinos-estan-hartos-y-otros-no-tanto-267525

Cómo distinguir la delgada línea entre educar y adoctrinar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier M. Valle, Director del Grupo de Investigación sobre Políticas Educativas Supranacionales, Universidad Autónoma de Madrid

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Profesores con pañuelos palestinos en clase en Alcorcón (Madrid) o con lazos amarillos en Cataluña, centros que incitan a la huelga a su alumnado contra una ley educativa o que los animan a participar en marchas contrarias a ella… ¿Es educativo? ¿O es adoctrinamiento?

Educar supone tratar de desplegar el máximo desarrollo integral de cada persona. Esto incluye poder reflexionar de manera crítica sobre los problemas sociales y políticos que nos circundan. Adoctrinar, por el contrario, es imponer una visión concreta sobre esos problemas, la que el profesor o el centro tienen. Esta distinción, que parece muy gruesa, puede resultar a veces muy delgada.

Los estudiantes viven en una realidad que, al igual que a los adultos, les interpela: les invita y exige a tomar posturas e incluso decisiones políticas de activismo social (las guerras de Ucrania, Gaza y tantas otras, la radicalización de las posturas sobre temas muy sensibles como la eutanasia, el aborto, la violencia de género, la transexualidad…).

¿Qué hacer si quieren expresar sus posiciones políticas en el marco del centro? ¿Hasta que punto el centro debe alentar posiciones políticas concretas?

Lo que dice la ley

La Recomendación del Consejo de la Unión Europea propone un aprendizaje competencial que vaya más allá de los meros conocimientos debe incluir destrezas y, muy significativamente, actitudes. Ello incluye el pensamiento crítico como un componente esencial: es fundamental para evaluar información, tomar decisiones informadas y resolver problemas de manera autónoma; para comprender los sistemas sociales, políticos y económicos de hoy y participar activamente en la sociedad; para usar críticamente la tecnología digital y para identificar oportunidades, evaluar riesgos y tomar decisiones innovadoras.

Pensamiento crítico y libertad de enseñanza

Esa legislación se aplica a todos los currículos de los países de la Unión Europea. Por ejemplo, la ley española incorpora el pensamiento crítico como parte de su enfoque educativo, promoviendo su desarrollo desde las primeras etapas escolares. Los docentes deben estimular el análisis, la argumentación, el debate y la reflexión en todas las áreas.

La libertad de enseñanza (por un lado, creación de centros docentes dentro del respeto de los principios democráticos; y, por otro, garantía a los padres de poder elegir una educación para sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas o pedagógicas) está garantizada tanto en los tratados de la Unión Europea como en las democracias occidentales de nuestro entorno, cuyas constituciones así lo recogen.




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Cómo fomentar el espíritu crítico en los jóvenes sin convertirlos en opinadores de todo


Por supuesto, la Constitución Española no es una excepción (artículo 27) y, además, nuestros centros tienen la capacidad para establecer un proyecto educativo de centro que marca los valores, fines y principios que orientan su acción en el marco de su realidad contextual. Legislativamente, la autonomía de los centros educativos queda establecida también en los Reales Decretos que marcan el currículo de la enseñanza básica en cada comunidad autónoma.

De la libertad al adoctrinamiento

No obstante, ni fomentar el pensamiento crítico ni la libertad de enseñanza son excusas para que en los centros (desde las estructuras de su titularidad o sus equipos directivos, ni desde sus profesores) se practique el adoctrinamiento. Más bien lo contrario: fomentar el pensamiento crítico es la mejor defensa contra el adoctrinamiento y la libertad de enseñanza es clave para la pluralidad social.

¿Cómo podemos, pues, definir esa delgada frontera? Existe un texto clásico de los años 80, de José Manuel Esteve: “El concepto de educación y su red nomológica” (publicado en el libro Teoría de la Educación. I, coordinado por J. L. Castillejo). Su autor propone aplicar tres criterios: uso, forma y contenido. A ellos podríamos añadir los de sentido y objeto. La siguiente tabla puede comparar estos criterios para discernir los dos términos:

Cuadro con criterios para discernir cuándo se educa en pensamiento crítico y cuándo se está adoctrinando, a partir del artículo de JM Esteve El concepto de educación y su red nomológica.
Cuadro con criterios para discernir cuándo se educa en pensamiento crítico y cuándo se está adoctrinando, a partir del artículo de J. M. Esteve ‘El concepto de educación y su red nomológica’.
Elaboración propia.

Por poner un ejemplo, educar sería enseñar un hecho histórico mostrando los hechos (veraces) –teniendo como base fuentes fiables y diversas– y sus distintas interpretaciones –según actores diferentes de esos hechos–, fomentando un juicio interpretativo propio sobre el análisis crítico de las fuentes; mientras que adoctrinar sería enseñar ese hecho histórico desde una perspectiva única, presentándola como una interpretación auténtica y exclusiva y descalificando otra posible interpretación.

Detectar el adoctrinamiento

Llegados a este punto, podemos concluir que las prácticas adoctrinadoras en un centro quedan al descubierto en los siguientes casos:

1) Imposición ideológica o política:

  • Se obliga o presiona a estudiantes a participar en manifestaciones o actividades políticas.

  • Se promueve el activismo obligatorio como parte del currículo.

  • Se exige adhesión a causas específicas sin opción a disentir.

2) Falta de pluralidad y pensamiento crítico

  • Se presenta una única visión de los hechos, omitiendo o descalificando otras perspectivas.

  • Se ridiculiza, estigmatiza o penaliza la discrepancia.

  • No se fomenta el debate ni el cuestionamiento.

  • Se considera “correcta” solo la ideología del docente.

3) Manipulación de contenidos

  • Se distorsionan hechos históricos o científicos para ajustarlos a una narrativa.

  • Se omiten datos relevantes.

  • Se utilizan materiales didácticos sesgados o propagandísticos.

4) Evaluación ideologizada

  • Las calificaciones dependen de repetir ideas impuestas, no del razonamiento.

  • Se premia la obediencia ideológica más que la argumentación.

5) Confusión entre opinión y ciencia

  • Se presentan creencias personales como hechos científicos o dogmas.

  • Se niegan teorías científicas por motivos ideológicos sin explicaciones racionales.

6) Lenguaje y trato discriminatorio

  • Se usa lenguaje cargado ideológicamente.

  • Se emplean términos despectivos hacia ciertos grupos, ideas o figuras históricas.

¿Qué podemos hacer ante sospecha de adoctrinamiento?

Cuando se atisba adoctrinamiento en la acción escolar, todos debiéramos ponernos alerta; muy especialmente, las familias implicadas deben tomar conciencia de que esas prácticas no son propias de una escuela con potencial educativo real.

Y pueden asumirse actitudes proactivas ante ello que se conviertan en acciones concretas:

  • Lo primero, consultar con otras familias y contrastar esa percepción para ratificarla o descartarla.

  • Contrastar también el currículo que se está impartiendo (ver el Proyecto Educativo de Centro y calibrar su grado de cumplimiento, observar los libros de texto) y, muy especialmente, si las metodologías y los métodos de evaluación que se utilizan incurren es esos supuestos.

  • Si se estiman prácticas adoctrinadoras, plantear (con toda sensibilidad) la inquietud ante la asociación de familias del centro, el equipo directivo y los docentes para abrir un debate respetuoso y plural sobre la situación.

  • Llevarlo al Consejo Escolar del centro, para abrir un debate libre y plural sobre la cuestión en el espacio de representación del centro de mayor legitimidad y entre cuyas funciones está aprobar su Proyecto Educativo.

  • Y, lo más importante, fomentar el pensamiento crítico en casa, promoviendo un diálogo familiar con los menores sobre lo que aprenden y sobre cómo eso modula su percepción de los problemas sociales emergentes, animándolos al contraste de información, a la reflexión crítica y al razonamiento argumentativo de sus ideas.

En la esfera pública, la escuela es hoy la institución educadora de mayor potencial. En toda la historia de la especie, nunca antes tuvo un papel tan determinante en la educación de los individuos, ya que está universalizada, esto es, es obligatoria y gratuita durante la infancia y la adolescencia.

Por eso hay quien la ha definido como el “proyecto más exitoso de la historia”. Ante esa enorme responsabilidad de su misión educadora, su acción no puede verse empañada por adoctrinamiento alguno.

The Conversation

Javier M. Valle no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo distinguir la delgada línea entre educar y adoctrinar – https://theconversation.com/como-distinguir-la-delgada-linea-entre-educar-y-adoctrinar-267025

What the US$55 billion Electronic Arts takeover means for video game workers and the industry

Source: The Conversation – Canada – By Johanna Weststar, Associate Professor of Labour and Employment Relations, DAN Department of Management & Organizational Studies, Western University

Electronic Arts (EA) is one of the world’s largest gaming companies. It has agreed to be acquired for US$55 billion in the second largest buyout in the industry’s history.

Under the terms, Saudi Arabia’s sovereign wealth fund (a state-owned investment fund), along with private equity firms Silver Lake and Affinity Partners, will pay EA shareholders US$210 per share.

EA is known for making popular gaming titles such as such as Madden NFL, The Sims and Mass Effect. The deal, US$20 billion of which is debt-financed, will take the company private.

The acquisition reinforces consolidation trends across the creative sector, mirroring similar deals in music, film and television. Creative and cultural industries have a “tendency for bigness,” and this is certainly a big deal.

It marks a continuation of large game companies being consumed by even larger players, such as Microsoft’s acquisition of Activision/Blizzard in 2023.




Read more:
Microsoft buys Activision Blizzard: with the video game industry under new management, what’s going to change?


Bad news for workers

There is growing consensus that this acquisition is likely to be bad news for game workers, who have already seen tens of thousands of layoffs in recent years.

This leveraged buyout will result in restructuring at EA-owned studios. It adds massive debt that will need servicing. That will likely mean cancelled titles, closed studios and lost jobs.

In their book Private Equity at Work: When Wall Street Manages Main Street, researchers Eileen Appelbaum and Rosemary Batt point to the “moral hazard” created when equity partners saddle portfolio companies with debt but carry little direct financial risk themselves.

The Saudi Public Investment Fund (PIF) is looking to increase its holdings in lucrative sectors of the game industry as part of its diversification strategy. However, private equity firms subscribe to a “buy to sell” model, focusing on making significant returns in the short term.

Appelbaum notes that restructuring opportunities are more limited when larger, successful companies — like EA — are acquired. In such cases, she says, “financial engineering is more common,” often resulting in “layoffs or downsizing to increase cash flow and service debt.”

Financial engineering combines techniques from applied mathematics, computer science and economic theory to create new and complex financial tools. The failed risk management of these tools has been implicated in financial scandals and market crashes.

Financialization and the fissured workplace

The financialization of the game industry is a problem. Financialization refers to a set of changes in corporate ownership and governance — including the deregulation of financial markets — that have increased the influence of financial companies and investors.

It has produced economies where a considerable share of profits comes from financial transactions rather than the production and provision of goods and services.

It creates what American management professor David Weil calls a “fissured workplace” where ownership models are multi-layered and complex.

It gives financial players an influential seat at the corporate decision-making table and directs managerial attention toward investment returns while transferring the risks of failure to the portfolio company.

As a result, game titles, jobs and studios can be easily shed when financial companies restructure to increase dividends, leaving workers with little access to these financial players as accountable employers.

Chasing incentives and cutting costs

The Saudi PIF has stated a goal of creating 1.8 million “direct and indirect jobs” to stimulate the Saudi economy. But capital is mobile, and game companies will likely follow jurisdictions that have lower wages, fewer labour protections and significant tax incentives.

Some Canadian governments are working to keep studios and creative jobs closer to home. British Columbia recently increased its interactive media tax credit to 25 per cent.

The move was welcomed by the chief operations officer of EA Vancouver, who said “B.C.’s continued commitment to the interactive digital media sector…through enhancements to the … tax credit … reflects the province’s recognition of the industry’s value and enables companies like ours to continue contributing to B.C.’s creative and innovative economy.”

This may buffer Vancouver’s flagship EA Sports studio, but those making less lucrative games or in regions without financial subsidies will be more at risk of closure, relocation or sale. Alberta-based Bioware — developer of games including Dragon Age and Mass Effect — could be at risk.

Other ways of aggressively cutting costs might come in the form of increased AI use. EA was called out in 2023 for saying AI regulation could negatively impact its business. Yet creative stagnation and cutting corners through AI will negatively impact the number of jobs, the quality of jobs and the quality of games. That could be a larger threat to EA’s business and reinforce a negative direction for the industry.

Game players have low tolerance for quality shifts and predatory monetization strategies. Research shows that gamers see acquisitions negatively: development takes longer, innovation is curtailed and creativity is stymied.

Consolidation among industry giants may cause players to lose faith in EA’s product — and games in general, given the many other entertainment options that are available.

Creative control and worker power at risk

Some have raised concerns that the acquisition could affect EA’s creative direction and editorial decisions, potentially leading to increased content restrictions.

While it’s still unclear how the deal will influence EA’s output, experiences in other industries might be a sign of things to come. For instance, comedians reportedly censored themselves to perform in Saudi Arabia.

The acquisition may also have a chilling effect on the workers’ unionization movement. Currently, no EA studios in Canada are unionized. Outsourced quality assurance workers at the EA-owned BioWare Studio in Edmonton successfully certified a union in 2022, but were subsequently laid off. Fears of outsourcing, layoffs and restructuring could discourage future organizing efforts.

On the other hand, the knowledge that large financial players are making massive profits could galvanize workers, especially considering that before the buyout, EA CEO Andrew Wilson was paid about 264 times the salary of the median EA employee.

The deal certainly does nothing to bring stability to an already volatile industry. Regardless of any cash injection, EA remains very exposed.

The Conversation

Johanna Weststar has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council and the Dancap Private Equity Research Award in the DAN Department of Management and Organizational Studies at Western University. She produces the Developer Satisfaction Survey for the International Game Developers Association.

Sean Gouglas receives funding from the Social Science and Humanities Research Council. He also serves as a member of the survey committee for the Higher Education Video Game Alliance.

Louis-Etienne Dubois does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What the US$55 billion Electronic Arts takeover means for video game workers and the industry – https://theconversation.com/what-the-us-55-billion-electronic-arts-takeover-means-for-video-game-workers-and-the-industry-267206

La Mona Lisa, un inodoro de oro y ahora las joyas reales del Louvre: la fascinante historia de robos de obras de arte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Penelope Jackson, Adjunct Research Associate, School of Social Work and Arts, Charles Sturt University

El Louvre, el museo de arte más grande del mundo, cuenta con aproximadamente medio millón de objetos en su colección, de los cuales unos 30 000 están expuestos, y recibe una media de 8 millones de visitantes al año. Se trata de una cifra considerable a cualquier escala, con mucha gente y muchos objetos que vigilar. Y los domingos son especialmente ajetreados.

En una operación ingeniosamente concebida, cuatro hombres vestidos con chalecos fluorescentes llegaron al Louvre en un camión de plataforma plana a las nueve y media de la mañana del domingo. Rápidamente se pusieron manos a la obra y colocaron una escalera extensible hasta el segundo piso. Tras subirla, cortaron una ventana, entraron en la Galería Apolo y, blandiendo herramientas eléctricas, se llevaron nueve objetos exquisitos.

Los objetos sustraídos eran las joyas reales de Francia, que anteriormente pertenecieron a la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III y mecenas de las artes.

Aquí es donde la cosa se complica para los ladrones: ¿qué se puede hacer con estos objetos de valor incalculable? No pueden llevarlos puestos, ya que son demasiado grandes y llamativos como para pasar desapercibidos, y no pueden venderlos de forma legal, ya que hay imágenes de ellos por toda la red.

Las joyas.
Joyas de la emperatriz Eugenia fotografiadas en 2020. La diadema, a la izquierda, y el broche de diamantes en forma de lazo, a la derecha, han sido robados. La corona, en el centro, también fue sustraída, pero ha sido recuperada.
Stephanie de Sakutin/AFP via Getty Images

Lo mejor, desde el punto de vista de los ladrones, es desmontar las piezas, fundir los metales preciosos y vender las gemas por separado.

La corona de la emperatriz Eugenia, que los autores se llevaron y posteriormente dejaron caer mientras huían del lugar en motocicletas, contiene ocho águilas de oro, 1 354 diamantes de talla brillante, 1 136 diamantes de talla rosa y 56 esmeraldas. En resumen, se trata de una considerable cantidad de gemas individuales que hay que intentar vender.

El momento lo es todo

Para el Louvre, cualquier robo es un duro golpe. Pone en tela de juicio su seguridad, tanto electrónica como humana. Había cinco miembros del personal de seguridad cerca que actuaron para proteger a los visitantes y las alarmas sonaron, pero todo el robo se completó en siete minutos.

El momento oportuno es crucial en los robos.

Un inodoro de oro.
America, un inodoro totalmente funcional hecho de oro macizo de 18 quilates, expuesto en el Guggenheim en 2017.
MossAlbatross/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En 2019, un inodoro de oro de 18 quilates titulado America (2016), del artista Maurizio Cattelan, fue robado del palacio de Blenheim, en Inglaterra. Se lo llevaron en cinco minutos y medio. Pesaba 98 kilogramos y funcionaba perfectamente.

En otras palabras, los dos hombres que lo robaron (y que más tarde fueron detenidos y condenados a penas de prisión por sus delitos) trabajaron con rapidez y eficacia. En el momento del robo, se estimaba que el valor de los lingotes de oro ascendía a unos 4,5 millones de euros.

El cuadro de Van Gogh Jardín rectoral en Nuenen en primavera (1884) fue robado del Museo Singer Laren, en los Países Bajos, durante su cierre por la covid en 2020. Fue recuperado a finales de 2023 tras una investigación del detective de arte holandés Arthur Brand.

El robo en 2017 de dos pinturas de Gottfried Lindauer del Centro Internacional de Arte de Auckland (Nueva Zelanda) solo tardó unos minutos en culminar con éxito. Los ladrones irrumpieron en la ventana delantera de la casa de subastas donde se exhibían las pinturas, valoradas en medio millón de euros.

Los retratos fueron recuperados cinco años después a través de un intermediario, con daños menores.

Recuperación de los objetos robados

El cuadro de Picasso La mujer que llora (1937), propiedad de la Galería Nacional de Victoria, en Australia, fue robado de forma notoria por los llamados Terroristas Culturales Australianos en 1986, pero su desaparición no se notó hasta pasados dos días.

Recuperado poco más de dos semanas después, el cuadro fue dejado para que el personal de la galería lo recogiera en una taquilla de la estación de tren de Spencer Street. El motivo del robo era poner de relieve la falta de apoyo financiero a los artistas del Estado de Victoria, pero la verdadera identidad de los ladrones sigue siendo un misterio.

En 1986, 26 pinturas de temática religiosa fueron sustraídas de la galería del monasterio benedictino de New Norcia, en Australia Occidental.

Los ladrones no planificaron bien el robo: no tuvieron en cuenta que tres hombres y el alijo de cuadros no cabían en un Ford Falcon. Los cuadros fueron cortados de sus marcos, aparentemente destrozados. Uno quedó completamente destruido. Los ladrones fueron capturados y acusados.

¿Cuál será el próximo destino del ladrón?

Resulta imposible cuantificarlo, pero algunos dicen que las recuperaciones de obras de arte a nivel mundial son posiblemente tan bajas como el 10 %.

Las pinturas son más difíciles de vender, ya que no se puede cambiar su aspecto físico hasta el punto de que no se reconozcan.

Sin embargo, en el caso de objetos como el inodoro de oro o las joyas, los materiales preciosos y las gemas pueden reutilizarse. El tiempo dirá si se recuperarán las joyas napoleónicas.

Nunca digas nunca jamás. La Gioconda (1503), sin duda la principal atracción del Louvre, fue robada en 1911 y recuperada dos años más tarde. El ladrón, Vincenzo Peruggia, era un operario italiano que trabajaba en el Louvre y fue detenido cuando intentaba venderla.

Hombres junto a la Mona Lisa.
Ceremonia de regreso a Francia de la Mona Lisa, Roma, 1913.
Mondadori via Getty Images

Este último robo en el Louvre pone de relieve la vulnerabilidad de los objetos de las colecciones públicas. Lo irónico es que a menudo se donan a estas instituciones para su custodia.

Los ladrones del domingo sabían lo que buscaban y por qué. No conocemos sus motivos. Sabemos que las joyas robadas forman parte de la historia de Francia y son irreemplazables. Su robo priva a los visitantes de la posibilidad de apreciarlas individualmente por su belleza y manufactura.

Pero una parte de mí no puede evitar pensar en cómo los franceses eran parciales a la hora de apropiarse de obras de arte y objetos preciosos que pertenecían a otros. Así que tal vez este podría ser un caso de déjà vu.

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Penelope Jackson no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Mona Lisa, un inodoro de oro y ahora las joyas reales del Louvre: la fascinante historia de robos de obras de arte – https://theconversation.com/la-mona-lisa-un-inodoro-de-oro-y-ahora-las-joyas-reales-del-louvre-la-fascinante-historia-de-robos-de-obras-de-arte-267919

Pennsylvania’s budget crisis drags on as fed shutdown adds to residents’ hardships

Source: The Conversation – USA – By Daniel J. Mallinson, Associate Professor of Public Policy and Administration, Penn State

Pennsylvania Gov. Josh Shapiro’s first budget, in 2023, was not fully passed until mid-December. AP Photo/Daniel Shanken

While Americans across the country deal with the consequences of the federal government shutdown, residents of Pennsylvania are being hit with a double blow.

Pennsylvania has been without a state budget for over 100 days – and remains the only state currently operating without a budget.

As a political scientist at Penn State who studies state politics and policy, I see how Pennsylvania’s budget impasse has ripple effects that are compounded by the current budget problems in Washington.

Let’s look at the present budget problems in Pennsylvania and what we can learn from past battles over the state budget.

A double crisis

Double government budget crises, like the one Pennsylvania faces now, are rare. One reason is that 46 states, including Pennsylvania, begin their new fiscal year on July 1. The federal government’s fiscal year begins on Oct. 1. Even a state like Pennsylvania, that has had late budgets for eight of the last 10 years, would have to be very late in passing a budget for it to potentially coincide with a federal budget impasse. And, of course, federal government shutdowns do not happen all the time.

Men in suits shown in shadow underneath elaborate ceiling with arches
A group of Republican senators talk at the U.S. Capitol Building on Oct. 15, 2025, during a government shutdown that began Oct. 1.
Andrew Harnik via Getty Images

Pennsylvania’s Democratic Gov. Josh Shapiro faces a delicate political environment in Harrisburg – as he has since his first budget in 2023. The Democrats control the state House by a single seat, whereas the Republicans have a comfortable majority in the Senate.

The parties have been debating over the last several budget cycles how to handle funding surpluses – much of which came from Biden-era legislation like the Infrastructure Investment and Jobs Act – and when and how to deal with the inevitable end to those surpluses.

This year, the two sides are far apart on their views of the proper spending level.

The Democrats in the House passed a US$50.3 billion spending plan, but Senate Republicans want to keep state spending flat at $47.6 billion. The two sides have clashed over proposals surrounding school vouchers, marijuana legalization and more.

As for the federal government, Republicans have a trifecta – control of the White House, Senate and House of Representatives – but do not have the 60 votes in the Senate required to overcome a filibuster. Democrats have dug in over reversing cuts to health care from the earlier passed “one big beautiful bill” and expiring Obamacare subsidies.

There is little sign of an immediate end to either impasse.

In Pennsylvania, there is growing frustration on both sides about an inability to compromise. Nationally, House Speaker Mike Johnson has speculated that this may end up being the longest federal government shutdown in history. In neither case, though, does there seem to be a great deal of urgency in coming to a compromise.

Effects on Pennsylvania

These dual crises are affecting Pennsylvanians in many ways. The state government continues to function even without a budget, but counties, school districts and nonprofit organizations that rely on state funding are being forced to make difficult operating choices.

Some counties like Westmoreland and Northampton are beginning the process of furloughing employees. School districts are taking out loans, freezing hiring and deferring spending. The state already owes school districts more than $3 billion in missed payments for the past three months.

Woman reaches for loaf of bread on shelf that contains food products
Cozy Wilkins, 66, stocks the shelves at New Bethany, a nonprofit that provides food access, housing and social services, in Bethlehem, Pa., on July, 22, 2024.
Ryan Collerd/AFP via Getty Images

The social safety net is also fraying as social service organizations, like rape crisis centers and mental health providers, are also expending reserves, taking out loans and furloughing employees.

Then comes the federal shutdown.

Military families nationwide have been hit particularly hard, with many turning to food pantries to help meet their needs. The recent money maneuvers at the Department of Defense to pay active-duty and activated National Guard and Reserves personnel is temporary. The commonwealth also has the eighth-highest population of federal civilian employees, at over 66,000 who are not being paid.

Services like food banks are especially vulnerable in this situation, as they are seeing greater demand – which may increase due to federal workers going unpaid – but rely on both the state and federal governments for subsidies. Just this week, it was announced that Pennsylvanians buying health care through the state’s Affordable Care Act marketplace for 2026 should expect a 22% increase in premiums, on average. Part of that increase is due to expectations around the expiring Obamacare subsidies at the center of the Democrats’ demands in this shutdown.

All of these forces are coming together to pinch Pennsylvania residents.

Echoes of the past

While the compounding pain of the federal shutdown is unique, long budget delays in Pennsylvania are not.

In 2023, Gov. Shapiro’s first budget was not fully passed until Dec. 14. That budget was fundamentally delayed by the acrimonious implosion of a deal on school voucher spending between the governor and Senate Republicans. The budget negotiations ended after some horse-trading on specific programs, like removing the popular Whole-Home Repairs Program started during the COVID-19 pandemic but adding funding for lead and asbestos abatement in schools.

The difference between then and now, however, is that back then the governor and General Assembly agreed on the overall budget, but typical bargaining was needed to get the votes needed to pass the spending bills after the voucher blow-up. This time, the parties are almost $3 billion apart in what should even be spent.

In the end, however, both Pennsylvania and the federal government will pass budgets, and I expect that each will be the result of protracted negotiations over multiple spending items, as Americans have seen in the past. The question is: How much pain will citizens, nonprofits and local governments face in the interim?

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The Conversation

Daniel J. Mallinson does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Pennsylvania’s budget crisis drags on as fed shutdown adds to residents’ hardships – https://theconversation.com/pennsylvanias-budget-crisis-drags-on-as-fed-shutdown-adds-to-residents-hardships-267382

The great wildebeest migration, seen from space: satellites and AI are helping count Africa’s wildlife

Source: The Conversation – Africa (2) – By Isla C. Duporge, British–French zoologist and Postdoctoral Research Fellow, Princeton University

The Great Wildebeest Migration is one of the most remarkable natural spectacles on Earth. Each year, immense herds of wildebeest, joined by zebras and gazelles, travel 800-1,000km between Tanzania and Kenya in search of fresh grazing after the rains.

This vast, circular journey is the engine of the Serengeti-Mara ecosystem. The migration feeds predators such as lions and crocodiles, fertilises the land and sustains the grasslands. Countless other species, and human livelihoods tied to rangelands and tourism, depend on it.

Because this migration underpins the entire ecosystem, it’s vital to know how many animals are involved. A change in numbers would not only affect wildebeest, but would ripple outward to predators, vegetation and the millions of people who rely on this landscape.

For decades, aerial surveys have been the main tool for estimating the size of east Africa’s wildebeest population. Aircraft fly in straight lines (transects) a few kilometres apart and use these strips to estimate the total population. This dedicated and arduous work, using a long-established method, has given us an estimate of about 1.3 million wildebeest.

In recent years, conservation scientists have begun testing whether satellites and artificial intelligence (identifying patterns in large datasets) can offer a new way to monitor wildlife. Earlier work showed that other species – Weddell seals, beluga whales and elephants – could be identified in satellite imagery using artificial intelligence.

In 2023, we showed that migratory wildebeest could be detected from satellite images using deep learning. That study proved it’s possible to monitor large gatherings of mammals from space. The next step has been to move from simply detecting animals to estimating their populations – using satellites not just to spot them, but to count them at scale.

Our recent study was carried out through collaboration between biologists, remote sensing specialists and machine-learning scientists. We analysed satellite imagery of the Serengeti-Mara ecosystem from 2022 and 2023, covering more than 4,000km².

Using deep learning models

The images were collected at very high spatial resolution (33-60cm per pixel), with each wildebeest represented by fewer than nine pixels. We analysed the imagery using two complementary deep learning models: a pixel-based U-Net and an object-based YOLO model. Both were trained to recognise wildebeest from above. Applying them together allowed us to cross-validate detections and reduce potential bias. The images were taken at the beginning and end of August, corresponding to different stages of the dry-season migration. Smaller herds were observed earlier in the month, as expected.

Across both years, the models detected fewer than 600,000 wildebeest within the dry-season range. While these numbers are lower than some previous aerial estimates, this should not necessarily be interpreted as evidence of a population decline, and we encourage more surveying effort to work out the relative error biases in each approach. While some animals are inevitably missed, under trees or outside the imaged area, it is unlikely that such factors could account for hundreds of thousands more. To confirm that the main herds were covered, we validated the survey extent using GPS tracking data from collared wildebeest and ground-based observations from organisations monitoring herd movements in the region.

These results provide the first satellite-based dry-season census of the Serengeti-Mara migration. Rather than replacing aerial surveys, they offer a complementary perspective on seasonal population dynamics. The next step is to coordinate aerial and satellite surveys in parallel. This way each method can help refine the other and build a more complete picture of this extraordinary migration.

Future directions

Satellite monitoring is not a panacea. Images are expensive, sometimes obscured by cloud cover. And they can never capture every individual on the ground (neither can aerial surveys). But the advantages are compelling. Satellites can capture a snapshot of vast landscapes at a single moment in time, removing much of the uncertainty that comes from extrapolating localised counts.

The approach is scalable to many other species and ecosystems. And as more high-resolution satellites (capable of imaging at less than 50cm) are launched, we can now revisit the same spot on Earth multiple times a day, bringing wildlife monitoring closer to real time than ever before.

Beyond population counts, satellites also open up a new scientific frontier: the study of collective movement at scale. The wildebeest migration is a classic case of emergent behaviour: there is no leader, yet order still arises. Each animal follows simple cues like where the grass is greener or where a neighbour is moving, and together thousands create a vast, coordinated journey.

With high-resolution satellite data, scientists can now explore the basic physics that shape how animals move together in large groups. But how do density waves of movement propagate across the landscape, what scaling rules might be governing patterns of spacing and alignment, and how do these collective patterns influence the functioning of ecosystems?

Our findings demonstrate how satellites and AI can be harnessed not only for wildlife population monitoring but also for applications that extend beyond population counts to uncovering the mechanisms of collective organisation in animal groups.

The Conversation

Isla C. Duporge received funding support from the National Academy of Sciences (NAS) while leading this research. The imagery used in the project was acquired via her fellowship with NAS.

Daniel Rubenstein, David Macdonald, and Tiejun Wang do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The great wildebeest migration, seen from space: satellites and AI are helping count Africa’s wildlife – https://theconversation.com/the-great-wildebeest-migration-seen-from-space-satellites-and-ai-are-helping-count-africas-wildlife-266308

SAAQclic : voici comment les dirigeants de PME peuvent éviter de reproduire les mêmes erreurs

Source: The Conversation – in French – By Azouz Ali, Professeur en Entrepreneuriat, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Ce devait être la vitrine de la modernisation de l’État. C’est devenu un avertissement pour tous ceux qui rêvent de transformation numérique express. En observant le naufrage du projet SAAQclic, les PME québécoises peuvent tirer trois leçons clés avant de se lancer dans leurs propres virages technologiques.

Lancée en 2023 par la Société de l’assurance automobile du Québec (SAAQ), la plate-forme SAAQclic promettait un accès simple et rapide aux démarches d’immatriculation et de permis des citoyens. Mais entre retards, bogues et frustration citoyenne, ce projet technologique (trop) ambitieux est devenu symbole de fiasco.

Alors que son coût pourrait atteindre 1,1 milliard de dollars, presque le double du budget initial, le gouvernement de François Legault a précipitamment mis en place en avril 2025 une commission d’enquête pour comprendre les causes de ce fiasco. Pour les petites et moyennes entreprises (PME), cet épisode rappelle qu’un projet technologique mal géré peut rapidement se transformer en gouffre financier et réputationnel.

Que ce soit pour des projets de refonte de leur site web, l’implantation d’un logiciel de gestion de la relation client (CRM) ou encore l’automatisation de la facturation à l’aide de l’intelligence artificielle, les PME font de plus en plus le choix d’adopter des solutions numériques avancées afin de s’adapter à un environnement mondialisé et concurrentiel.

Bien que les PME soient réputées pour leur agilité et leur capacité d’adaptation, elles ne sont pas à l’abri des mêmes risques que ceux observés dans le projet SAAQclic : sous-estimation de la complexité technique, dépendance excessive aux prestataires externes, communication tardive avec les employés ou les clients, dépassements budgétaires qui plombent la trésorerie. Ainsi, le fiasco SAAQclic rappelle que les projets numériques ne sont pas seulement une affaire de technologie, mais avant tout de gouvernance et d’organisation.




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Trois leçons simples pour les PME

1. Faire confiance, sans perdre le contrôle

Par définition, les PME sont des organisations où la proximité règne. Les liens hiérarchiques y sont plus souples, ce qui favorise naturellement la confiance entre l’entrepreneur et ses équipes internes et/ou externes. Cependant, cette confiance ne devrait pas remplacer un certain niveau de rigueur. Comme les PME ne disposent pas toujours des ressources nécessaires pour mener à bien un projet technologique, confier un mandat à un prestataire externe ne dispense jamais de le suivre de près. Autrement dit, la confiance et le contrôle vont de pair. L’un ne fonctionne pas sans l’autre.

Typiquement, cela implique la nomination d’un référent ou coordonnateur (employé en interne) qui suit le projet au quotidien et s’assure de définir des jalons clairs (maquette, tests utilisateurs, mise en production). L’idéal serait de prévoir aussi des pénalités ou clauses de sortie si les engagements ne sont pas tenus par le prestataire externe.

2. Découper pour mieux maîtriser : avancer par petits pas

L’une des erreurs majeures du projet SAAQclic tient à la décision d’un déploiement intégral et simultané de la plate-forme, une approche connue sous le nom de « big bang ».

Cette stratégie, risquée même pour une grande organisation, laisse peu de place à l’ajustement et amplifie les risques. Dans une PME, mieux vaut fragmenter l’implémentation afin de limiter les risques d’échecs du projet technologique.

Avant de généraliser le projet à toute l’entreprise, il est préférable de lancer d’abord un test sur un module ou une équipe pilote. Par exemple, lors d’un projet de mise en place d’un progiciel de gestion intégré – ou ERP (Enterprise Resource Planning), un système qui centralise les principales fonctions d’une entreprise –, il est plus prudent d’automatiser d’abord la facturation avant d’intégrer le module logistique.

Du point de vue opérationnel, il est aussi essentiel d’adopter des méthodes de gestion de projet flexibles, appelées « méthodes agiles » : avancer par petites étapes (sprints), livrer régulièrement des fonctionnalités, et tester souvent avec les utilisateurs finaux. Ces étapes permettent de détecter et corriger les erreurs rapidement, à moindre coût.

3. Anticiper pour mieux rebondir

L’une des critiques qui ont été faites lors de la commission d’enquête chargée de comprendre les causes du fiasco du projet SAAQclic a été la sous-estimation des risques liés au déroulement du projet : dépassements, retards, résistances internes.

Une PME peut difficilement absorber un tel manque de proactivité. D’un point de vue financier, il est essentiel de prévoir un budget tampon de 10 à 20 % pour absorber les imprévus. Au niveau organisationnel, il est nécessaire d’envisager un plan B si le prestataire externe principal fait défaut.


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Enfin, un plan de communication devrait être établi afin de rester transparent avec les employés et les clients sur les échéances et les problèmes rencontrés. Ainsi, anticiper le pire n’est pas faire preuve de pessimisme, mais plutôt un gage de résilience.




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La transformation numérique, un levier stratégique

La transformation numérique, qu’elle soit publique ou privée, n’est pas qu’une question de technologie. C’est avant tout un exercice de gouvernance, de discipline et de confiance bien placée. Bien menée, une transformation numérique est un formidable levier pour les PME : gain de temps, amélioration de la relation client, meilleure traçabilité et prise de décisions plus rapides. Mais mal préparée, elle peut aussi entraîner perte de crédibilité, stress organisationnel et perte financière lourde.

L’affaire SAAQclic rappelle que les projets numériques sont avant tout des projets humains et organisationnels. Alors qu’il restera sans doute dans les annales comme l’un des grands fiascos numériques publics du Québec, il offre aussi une leçon précieuse pour les PME. En effet, même les projets les mieux intentionnés peuvent échouer lorsque la gouvernance, la communication et la gestion des risques sont insuffisamment réfléchies. Bien que ces principes ne garantissent pas le succès absolu, elles réduisent considérablement le risque d’un fiasco coûteux.

La Conversation Canada

Azouz Ali ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. SAAQclic : voici comment les dirigeants de PME peuvent éviter de reproduire les mêmes erreurs – https://theconversation.com/saaqclic-voici-comment-les-dirigeants-de-pme-peuvent-eviter-de-reproduire-les-memes-erreurs-265835

Le tilapia, un poisson dont le succès pose question, des Caraïbes au Pacifique

Source: The Conversation – France (in French) – By Samson JEAN MARIE, Doctorant en anthropologie et géographie, Ingénieur agronome, Institut de recherche pour le développement (IRD)

Originaire d’Afrique et du sud-ouest de l’Asie, le tilapia est aujourd’hui présent dans 135 pays. Rafael Medina/Flickr, CC BY

Entre promesse de résilience alimentaire et menaces écologiques silencieuses, le tilapia cristallise aujourd’hui les grands enjeux du développement de l’élevage de poissons dans les territoires insulaires. En Haïti par exemple, où il s’est largement développé, le tilapia est présenté comme une solution prometteuse pour renforcer la sécurité alimentaire. Toutefois, cette expansion, souvent promue sans garde-fous écologiques solides, soulève de vives préoccupations environnementales, notamment autour de la gestion de l’eau douce et des risques liés à la diffusion incontrôlée du tilapia dans les milieux naturels.


C’est un poisson que l’on retrouve aujourd’hui sur des îles du monde entier. On l’appelle tilapia, mais derrière ce nom vernaculaire se trouve en réalité un ensemble de cichlidés, des poissons tropicaux d’eau douce, principalement des genres Oreochromis, Tilapia et Sarotherodon, indigènes d’Afrique et du sud-ouest de l’Asie. L’élevage du tilapia est aujourd’hui pratiqué dans plus de 135 pays, de la Chine et de l’Indonésie, dans le Pacifique, au Brésil, au Mexique et à Haïti. Cet engouement s’explique par sa capacité à croître rapidement (atteignant 400 ou 500 grammes en cinq à huit mois en étang), à se nourrir de ressources variées et à s’adapter à des milieux divers, autant d’atouts qui facilitent son élevage par rapport à bien d’autres espèces de poissons d’eau douce.

Importé d’Afrique dans les années 1950, le tilapia (Oreochromis mossambicus) a été largement diffusé à travers Haïti, notamment à partir des années 1980, avec l’appui de la Organisation pour l’alimentation et l’agriculture (FAO) et du ministère de l’agriculture, des ressources naturelles et du développement rural, au point de devenir l’un des poissons d’élevage les plus utilisés dans les projets d’aquaculture rurale.

Aujourd’hui, Haïti dispose ainsi de plusieurs initiatives aquacoles d’envergure variable, allant des stations expérimentales aux exploitations privées commerciales comme Taïno Aqua Ferme sur le lac Azuéi. Toutefois, malgré ces efforts, la pisciculture demeure marginale : moins de 4 % des agriculteurs haïtiens y sont engagés, et la consommation annuelle de poisson (4,5 kg/an) reste inférieure à la moyenne caribéenne.

Parmi les freins récurrents figurent l’accès irrégulier aux jeunes poissons et aux aliments (coûts, importations), les contraintes d’eau et d’énergie, l’accompagnement technique limité, l’insécurité et des chaînes du froid et d’écoulement insuffisantes, soit autant d’obstacles qui fragilisent les modèles économiques des petites exploitations.

Malgré ce bilan pour le moins mitigé, certains, à l’instar de l’ancien ministre de l’agriculture Patrix Sévère, ont continué de nourrir l’ambition « de voir tous les plans d’eau du pays peuplés de tilapia ». En voulant « passer de la parole aux actes », l’actuel ministre de l’agriculture Vernet Joseph promettait en août 2024 d’introduire dans quatre plans d’eau du pays (le lac de Péligre, l’étang Bois Neuf, le lac Azuei et l’étang de Miragoâne), trois millions de jeunes tilapias ».

L’opération, selon lui, devait permettre, en deux mois, la production « de 25 tonnes de poissons ». Aujourd’hui, cependant, le projet est suspendu à la suite d’un avis consultatif initial de Caribaea Initiative (organisation consacrée à la recherche et la conservation de la biodiversité caribéenne) soulignant les risques écologiques, notamment pour les espèces de poissons endémiques de l’étang de Miragroâne. Aucune décision officielle n’a encore été actée quant à la poursuite ou non du projet, lequel resterait également conditionné à la mobilisation de financements, « selon un cadre du ministère de l’agriculture ».

Des expériences contrastées en contexte insulaire : l’exemple de Santo (Vanuatu)

À plus de 13 000 kilomètres de là, dans le sud de l’île de Santo au Vanuatu (archipel du Pacifique Sud), une expérience parallèle fortuite permet cependant de tirer des leçons précieuses. En avril 2020, le cyclone Harold a frappé de plein fouet cette île volcanique, provoquant le débordement de nombreux bassins piscicoles artisanaux. Des milliers de tilapias se sont ainsi échappés et ont colonisé les cours d’eau naturels, entraînant une transformation brutale des écosystèmes aquatiques. Les résultats préliminaires des enquêtes menées dans le cadre d’une thèse, conduite au sein du projet « Climat du Pacifique Sud, savoirs locaux et stratégies d’adaptation » (Clipssa), auprès d’une centaine d’usagers de cinq cours d’eau de l’île, révèlent que 87 % des personnes interrogées déclarent avoir constaté une diminution, voire une disparition, de nombreuses espèces de poissons et de crustacés autochtones depuis l’introduction involontaire du tilapia.

« Il y avait des crevettes, des poissons noirs [black fish], des anguilles […]. Maintenant, il n’y a presque plus que du tilapia », témoigne ainsi une habitante du sud-ouest de l’île.

« On ne pêche plus comme avant. Le tilapia est partout, il mange les œufs des autres poissons et tous ceux qu’ils trouvent », ajoute un pêcheur sur la côte est de l’île.

Les études menées par des chercheurs chinois et thaïlandais rapportent que l’introduction de deux espèces de tilapia dans leurs pays respectifs a également entraîné une réduction significative de la biodiversité des poissons natifs. Ces résultats sont corroborés par les données du Global Invasive Species Database, qui soulignent que le tilapia figure parmi les 100 espèces envahissantes les plus problématiques au monde.

Toutefois, il convient de nuancer ce constat. Une introduction maîtrisée de tilapia dans un écosystème ne conduit pas systématiquement à des effets négatifs. Les recherches du biologiste kenyan Edwine Yongo au sujet de la Chine et de Daykin Harohau aux îles Salomon montrent que, dans certaines conditions, l’élevage de cette espèce peut contribuer au contrôle des algues nuisibles, grâce à son régime alimentaire et à ses activités de fouissage des sédiments. Ce processus contrôlé peut ainsi améliorer la qualité de l’eau, tout en soutenant la sécurité alimentaire locale, notamment dans les contextes insulaires ou ruraux.

En somme, c’est donc moins l’espèce en elle-même que les modalités de son introduction et de son suivi qui déterminent si elle devient un facteur de dégradation écologique ou, au contraire, un levier de régulation et de sécurité alimentaire.

Quelles leçons pour Haïti ?

L’expérience de Vanuatu, tout comme les travaux menés en Chine et aux îles Salomon, offre ainsi à Haïti une précieuse grille de lecture pour penser l’avenir de l’élevage du tilapia sur son territoire. Si ce poisson peut devenir un levier de sécurité alimentaire, sa prolifération incontrôlée pourrait également menacer les écosystèmes aquatiques déjà fragiles et nuire à la biodiversité locale. Introduire massivement un poisson « pour nourrir la population locale » sans tenir compte de ces équilibres pourrait donc s’avérer contre-productif, en concurrençant les espèces locales, en perturbant les chaînes alimentaires et, in fine, en fragilisant les moyens d’existence de nombreux ménages. Son introduction dans le lac Miragoâne en Haïti pourrait par exemple entraîner un désastre écologique et conduire à l’extinction de tout un groupe d’espèces de petits poissons du genre Limia, endémiques de ce plan d’eau et que l’on ne trouve donc nulle part ailleurs en Haïti ou dans le monde.

Des exemples d’élevages circulaires ou multitrophiques, c’est-à-dire associant plusieurs niveaux de la chaîne alimentaire (poissons, mollusques filtreurs, algues) afin de recycler les nutriments, menés en Chine, au Sénégal ou d’autres types de projets pilotes en Haïti (comme Taïno Aqua Ferme, Caribean Harvest), montrent qu’il est possible de développer une aquaculture durable, à condition de :

  • maîtriser l’élevage en bassins clos ou cages flottantes sécurisées, de préférence dans des lacs artificiels, afin d’éviter tout risque pour les grands lacs naturels comme le lac Miragoâne, qui abrite une communauté de poissons endémiques ;

  • recourir à des espèces adaptées. Le rapport rédigé par Gilles, Celestin et Belot (2021) à la demande de l’Institut de recherche pour le développement (IRD) propose un modèle plus durable, adapté aux spécificités haïtiennes : l’élevage du tilapia ouest-africain Sarotherodon melanotheron, une espèce qui se nourrit surtout de débris organiques et d’algues en décomposition et qui tolère de fortes variations de salinité ;

  • valoriser les sous-produits agricoles (son de riz de l’Artibonite, pelures de banane-plantain, tourteaux d’arachide, drêche de sorgho séchée) et limiter la dépendance à des aliments importés ;

  • renforcer la formation technique des éleveurs pour garantir le bon fonctionnement des systèmes d’élevage ;

  • protéger les installations d’élevage contre les évènements météorologiques et climatiques extrêmes.

Poisson miracle pour certains, espèce à risque pour d’autres, le tilapia incarne à lui seul les dilemmes du développement aquacole en Haïti. Tirer les leçons des expériences internationales, notamment celles de Santo au Vanuatu, c’est comprendre qu’une expansion sans garde-fous écologiques pourrait transformer une solution alimentaire en problème écologique. L’avenir de la pisciculture haïtienne ne se jouerait pas seulement dans les bassins : il dépendra aussi de choix politiques éclairés, de modèles durables, et d’une écoute attentive des écosystèmes comme des communautés locales.

The Conversation

Samson JEAN MARIE ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le tilapia, un poisson dont le succès pose question, des Caraïbes au Pacifique – https://theconversation.com/le-tilapia-un-poisson-dont-le-succes-pose-question-des-cara-bes-au-pacifique-265895

John Singer Sargent et la mode : le peintre américain qui fit briller les soies et les satins

Source: The Conversation – France (in French) – By Serena Dyer, Associate Professor, Fashion History, De Montfort University

_Portrait de Mme ***, dite aussi Madame X_ (1884), pièce maîtresse des expositions londonienne et parisienne. Metropolitan Museum, CC BY

Avant que le musée d’Orsay (Paris) organise son exposition « John Singer Sargent. Éblouir Paris » (jusqu’au 11 janvier 2026), un autre événement avait mis le peintre américain à l’honneur. L’exposition « Sargent and Fashion », à Londres, avait permis en 2024 de redécouvrir le travail de cet amoureux des vêtements. L’historienne de la mode Serena Dyer l’avait alors chroniquée pour « The Conversation UK ». En voici une version traduite en français.


En tant qu’historienne de la mode, je repars toujours des musées avec l’appareil photo saturé d’images de vêtements plutôt que de visages. Je reste fascinée par la manière dont un peintre parvient à saisir les reflets changeants d’une soie bruissante ou la lumière dansante sur des bijoux étincelants.

Dans le monde de la critique d’art, la mode en peinture reste pourtant souvent méprisée. L’exposition « Sargent and Fashion » qui se tenait à la Tate Britain en 2024 a été critiquée pour ses « toiles encombrées de vieux habits » ou son « déferlement de mièvrerie ». Ces jugements révèlent des idées reçues persistantes : la mode serait frivole, secondaire, indigne d’un véritable sujet artistique.

Cette exposition, coproduite par la Tate et le Museum of Fine Arts de Boston, s’attache au contraire à corriger cette vision dépassée et réductrice. Sargent ne serait pas Sargent sans son rapport intime à la mode. Le parcours nous invite à considérer que sa virtuosité du pinceau allait de pair avec une véritable maîtrise des étoffes, des aiguilles et des épingles.

Les élégantes victoriennes qu’il peignait avaient d’ailleurs bien compris le pouvoir que leur donnaient leurs vêtements. En 1878, l’écrivaine Margaret Oliphant remarquait déjà :

« Il existe désormais une classe de femmes qui s’habillent d’après les tableaux, et qui, en achetant une robe, demandent : “Est-ce que ça se peindra bien ?” »

Art et mode étaient alors intimement liés, et la modernité, le dynamisme et la pertinence culturelle de la mode s’expriment dans chaque coup de pinceau de John Singer Sargent (1856-1925).

Sargent, styliste avant l’heure

Dès la première salle, on a l’impression d’entrer dans un salon mondain. Le visiteur est accueilli par le portrait d’Aline de Rothschild, Lady Sassoon (1907). Drapée dans une spectaculaire fantaisie de taffetas noir, son visage émerge d’un tourbillon d’ombre, irradiant sous le velours sombre de sa cape d’opéra. Même si, en tant qu’historienne de la mode, je choisis mes tenues avec soin, mais je n’ai pas pu m’empêcher de me sentir affreusement mal habillée face à tant d’éclat.

Mais sans doute est-ce parce que je ne dispose pas d’un John Singer Sargent comme directeur artistique. Car l’exposition le montre autant peintre que styliste. Il maniait les pinceaux, certes, mais aussi les épingles, modelant les tissus autour de ses modèles pour créer des formes vertigineuses. Les commissaires le comparent d’ailleurs à un directeur artistique de séance photo : ses portraits ne reproduisent pas la mode de son époque, ils construisent sa propre vision esthétique.

La cape de Lady Sassoon, exposée à proximité, en est la preuve. Datée de 1895, elle précède le tableau d’une décennie. Entre ses mains, ce vêtement ancien devient, par un savant jeu de drapés et d’épingles, une image saisissante de modernité.

Tout au long du parcours, les tableaux dialoguent avec des caricatures d’époque moquant la mode, des photographies des modèles dans leur vie quotidienne, ou encore des pièces textiles et accessoires ayant servi à la composition des œuvres.

Les femmes qu’on ne voit pas

Si le rôle de John Singer Sargent comme peintre et styliste est omniprésent, celui des créateurs et créatrices de ces vêtements – souvent des femmes modestes – reste dans l’ombre. À part un court panneau consacré à Charles Frederick Worth, figure surestimée de la couture du XIXe siècle, peu d’hommages sont rendus aux mains qui ont coupé, épinglé et cousu ces merveilles. La plupart des pièces exposées portent la mention « créateur inconnu ».

L’une de ces créatrices est cependant mise en avant : Adele Meyer, dont Sargent a peint le portrait en 1896. Femme élégante et militante, Meyer fut aussi une défenseure des droits des ouvrières du vêtement. Avec Clementina Black, elle publia en 1909 Makers of our Clothes : A Case for Trade Boards, enquête pionnière sur les conditions de travail dans les ateliers de couture.

Le livre est exposé à côté du tableau, quelque peu éclipsé par le rayonnement du portrait. Cette mise en scène rappelle – plus qu’elle ne dénonce – combien la beauté de la mode a souvent invisibilisé le labeur de celles qui la produisent.

Une exposition discrètement féministe

L’exposition interroge aussi, avec subtilité, les rapports de pouvoir. Dans les livres d’art et les catalogues d’exposition, les modèles de John Singer Sargent sont le plus souvent désignées par le nom de leur mari.

Mary Louisa Cushing devient « Mrs Edward Darley Boit », Mathilde Seligman « Mrs Leopold Hirsch ». Suivant l’étiquette victorienne, ces femmes perdent leur identité propre pour n’exister qu’à travers celle de leur époux.

Les commissaires ont pris le parti – subversif en apparence, mais en réalité légitime – d’associer à chaque titre officiel le nom de jeune fille du modèle. Un détail discret, sans doute imperceptible pour la majorité des visiteurs, mais essentiel pour redonner leur individualité à ces femmes.

Au final, cette exposition ne bouleverse pas l’histoire de la mode, mais elle avance dans la bonne direction. L’opportunité de voir ou revoir le célèbre portrait de Madame X, qui représente la mondaine Virginie Amélie Avegno Gautreau dans sa robe noire – un tableau qui a fait scandale à l’époque – a certainement attiré les foules. Mais l’exposition nous rappelle surtout une vérité subtile : si Sargent a su devenir un grand peintre, c’est parce qu’il fut d’abord un immense styliste.

The Conversation

Serena Dyer ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. John Singer Sargent et la mode : le peintre américain qui fit briller les soies et les satins – https://theconversation.com/john-singer-sargent-et-la-mode-le-peintre-americain-qui-fit-briller-les-soies-et-les-satins-267681