La ciencia pierde fuerza en la toma de decisiones climáticas internacionales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gian Carlo Delgado Ramos, Tenured professor and researcher, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

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La humanidad, la biodiversidad y el planeta Tierra enfrentan múltiples crisis de manera simultánea. La matriz energética mundial sigue siendo mayormente fósil –en más de 80 %– y el consumo creciente y desigual de energía y materiales constituye la causa principal de la responsabilidad climática diferenciada entre países.

Producto de la distribución desigual de la riqueza, se estima que el 10 % de la población más acomodada es responsable del 77 % de las emisiones globales asociadas a la propiedad privada de capital. El 40,7 % de la población más pobre, que accede a sólo 0,6 % de la riqueza global, figura en cambio entre la más vulnerable, y no sólo a los impactos del cambio climático.

Más allá del binomio energía-clima, la persistencia de formas de producción poco sostenibles y la extracción y consumo creciente de recursos están degradando la base material de la reproducción de la vida debido a la pérdida de la biodiversidad, la degradación y desertificación, así como la contaminación de aire, suelos, agua dulce, océanos y costas.

La transgresión de las fronteras planetarias es tal que ha puesto en riesgo la viabilidad de la vida, al menos tal y como la conocemos. No solo la biodiversidad y los ecosistemas están en crisis, la salud del planeta (y evidentemente la nuestra) también se encuentra bajo amenaza debido a la generación y exposición a una gran diversidad de contaminantes persistentes y tóxicos, incluyendo los plásticos que prácticamente ya se encuentran en todas las cadenas alimenticias.

Decisiones contra el negacionismo climático

En este contexto de agudización del cambio climático e impactos cada vez más severos y potencialmente irreversibles, la ciencia para la toma de decisiones en materia ambiental y climática está perdiendo fuerza y relevancia, sobre todo en lo que respecta a la cooperación internacional.

En sentido opuesto a lo que recomienda la ciencia, algunos gobiernos relajan sus compromisos y medidas o bien han hecho valer políticamente el negacionismo climático (caso, por ejemplo, de Argentina y Estados Unidos.

Otros han ampliado los marcos temporales de sus metas. Es el caso de la prohibición de la venta de vehículos de gasolina y diésel en Europa para 2035, un objetivo que ahora se propone sea solo del 90 % para ese año.

Más grave aún, algunos gobiernos están repetidamente negociando los hallazgos de la ciencia. Esto genera condiciones adecuadas para afianzar el status quo, priorizar el corto plazo, apalancar los privilegios de algunos e hipotecar el futuro de la vida humana y de otras formas de existencia.

Se implementaron medidas para evitar cualquier consenso tanto en las negociaciones para un acuerdo internacional sobre la contaminación plástica en agosto de 2025 como en la eventual aprobación del resumen para tomadores de decisiones de la séptima edición del informe Perspectiva del Medio Ambiente Mundial (GEO-7), el pasado noviembre.

En ambos casos se cuestionaron los mecanismos procedimentales, se criticaron los argumentos científicos, muchas veces sin contar con evidencias, y se buscó la imposición de narrativas como condicionante para otorgar el refrendo de dichos documentos. Estas prácticas, que pareciera se están convirtiendo en la norma, han permitido a países como Estados Unidos, Arabia Saudita, Irán y Rusia agotar los tiempos de negociación, crear puntos muertos y bloquear tanto la movilización de evidencias y de información como la construcción de consensos.

El caso del GEO-7 establece un precedente indeseable al no haber logrado un consenso en torno al resumen para tomadores de decisiones. Desgraciadamente, existe el riesgo de que se repitan situaciones similares en informes como los del Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC) o la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).




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Financiación climática

A la situación por la que cruza la ciencia para la toma de decisiones, se suma la notable erosión del financiamiento, resultado de las actuales condiciones económicas en muchos países y de las tensiones geopolíticas en curso que gradualmente se traducen en el redireccionamiento de la inversión pública hacia el gasto en seguridad y defensa.

El propio sistema de Naciones Unidas, que depende de las donaciones de los países miembro, recortó un 17 % su presupuesto y un 18 % su personal en 2025, con riesgo de terminar el año con déficit. Para 2026, los recortes ascenderán al 20 %, 3.700 millones de dólares.

La asistencia y cooperación internacional está asimismo disminuyendo y, con ello, los recursos para, por ejemplo, atender cuestiones humanitarias, de cambio climático y el medio ambiente.

En el caso de los dos principales donadores, Estados Unidos y Alemania, se constatan ajustes importantes. A principios de 2025, el Gobierno federal del primer país rescindió 4.000 millones de financiamiento al fondo verde climático (GCF), a la vez que la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) terminó con el 98,3 % del financiamiento a la acción climática. Alemania redujo un 8 % el presupuesto de 2025 del Ministerio para la Cooperación Económica y el Desarrollo de Alemania (BMZ), mientras que aumentó el gasto en defensa en 20 %.

La tendencia para 2026 no parece que vaya a cambiar pues, además del retiro de todo financiamiento al GCF por parte de EUA), la lista de otros casos similares continua, incluyendo Argentina en América Latina, que ya recortó el 80 % del presupuesto climático-ambiental. Otros países como Canadá, Francia y Reino Unido han planteado contracciones al presupuesto de ayuda internacional, aunque todavía mantienen su apoyo a la agenda climática.

China es, hasta ahora la excepción, lo cual sugiere que estamos ante una situación de reajustes geoeconómicos y geopolíticos. Al contrario que Occidente, en 2025 el país asiático mantuvo sin cambios su gasto en defensa, pero aumentó 8,4 % el financiamiento a la ayuda internacional, por ejemplo, al impulsar proyectos que propicien el desarrollo sostenible.




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Geopolítica y ciencia

Debido al ascenso de China en diversos ámbitos, incluyendo el primer lugar en publicación de artículos científicos en las más prestigiosas revistas del mundo, las tensiones que protagoniza con Estados Unidos no deben sorprender, así como tampoco el refrendo de la doctrina Monroe, calificada en la actualidad como “corolario de Trump”.

En su más reciente Estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos reafirma que América es para los estadounidenses y llama a Europa a sumarse a defender la identidad de Occidente. También se detiene a expresar su rechazo a “…las ideologías desastrosas de cambio climático y del cero neto que tanto han dañado a Europa, amenazado a Estados Unidos y subsidiado a nuestros adversarios (sic)”.

La situación en la que nos encontramos, tanto en términos políticos, económicos y sociales, pero también culturales y discursivos, desgraciadamente plantea condiciones adecuadas para dirigirnos aceleradamente hacia un escenario de transgresión de las fronteras planetarias. Contexto en el que la politización de la ciencia ha llegado al extremo de la falacia ad hominem, es decir, un error lógico derivado de atacar y desacreditar a un actor en lugar de refutar su argumento.

El “error lógico”, dígase de la Casa Blanca, es sin embargo funcional para alejarse de los acuerdos internacionales, desestimando a la ciencia y calificándola de ideología. Hace sólo unos días, Donald Trump decidió retirar a Estados Unidos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y de otros 65 grupos multilaterales de la ONU, principalmente vinculados al medio ambiente, las energías renovables, el desarrollo, la educación y la promoción de la democracia y los derechos humanos.




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¿Por qué es importante la ciencia para la política?

De cara al avance de múltiples crisis, el papel de la ciencia para la política debería ser fortalecido entendido no sólo como aquella que busca informar el proceso de toma de decisiones de los gobiernos, sino como la que además se dirige a informar, empoderar y movilizar a todos los actores sociales con la finalidad de generar soluciones basadas en alianzas, colaboraciones y diálogo.

La ciencia para la política significa poco si no apuesta por la vida, la justicia y la construcción sistémica de soluciones plurales, sensibles a los contextos locales y con visión a largo plazo.

La transformación a fondo de los factores o causas de las múltiples crisis en curso es obligada y el tiempo para hacerlo, y hacerlo de manera justa e incluyente, se reduce.

En un escenario de desequilibrios hacia el que nos dirigimos, los límites de la adaptación harán en algún momento obsoleto el mecanismo de “pérdidas y daños” propuesto en el marco de las negociaciones climáticas con el fin de compensar a países vulnerables por impactos climáticos inevitables. Lo cual implica que los mayores afectados seguirán siendo los más pobres.

Para el Sur Global esto reafirma que la acción climática es en gran medida una cuestión de política de desarrollo y justicia social donde no sólo la velocidad y el alcance de los cambios es importante, sino también qué es lo que se está transformando, cómo y en beneficio de quién.

Esta cuestión abre sin duda la interrogante de qué tipo de gobernanza multilateral, nacional y subnacional puede realmente responder a la urgencia y complejidad que plantea el avance de múltiples crisis y cuáles son los actores que a esas distintas escalas podrían impulsarla de manera exitosa y coordinada a pesar de las adversidades imperantes.

The Conversation

Gian Carlo Delgado Ramos ha participado en diversos informes y redes internacionales de investigación en cambio climático y sostenibilidad. Fue rapporteur del Multidisciplinay Expert Scientific Advisory Group del GEO-7, ente encargado de validar la integridad científica del informe. Participó en el 5to y 6to informe de evaluación del IPCC y actualmente es CLA en el informe especial de Cambio Climático y Ciudades. Es director del hub de CDMX de la UCCRN, integrante del Comité Ejecutivo de la REDCiC–Red Mexicana de Científicos/as por el Clima, así como del Comité Asesor de Innovate4Cities 2026

ref. La ciencia pierde fuerza en la toma de decisiones climáticas internacionales – https://theconversation.com/la-ciencia-pierde-fuerza-en-la-toma-de-decisiones-climaticas-internacionales-272589

¿Es grave la desigualdad económica? Depende de nuestra ideología política y de quien nos informe sobre ella

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Velandia-Morales, Investigadora Asociada, Universidade de Santiago de Compostela

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¿Le preocupa que las personas con menos ingresos económicos no tengan las mismas oportunidades de educación y trabajo que las que tienen más recursos? Entonces le preocupa uno de los problemas sociales con mayor crecimiento de los últimos años: la desigualdad económica.

Las Naciones Unidas han incluido su reducción como una meta prioritaria dentro del Programa 2030 para el Desarrollo Sostenible. Una de las formas más efectivas de hacerlo a lo largo de la historia ha sido mediante medidas redistributivas, esto es, medidas que apoyan económicamente a las personas que tienen más dificultades económicas (por ejemplo, con subsidios) y medidas que buscan reducir la concentración de la riqueza (impuestos).

A pesar de promover la justicia social y de ser útiles para reducir la desigualdad, estas medidas no siempre cuentan con el apoyo de la ciudadanía. ¿Pero cuál es el motivo?

¿Qué nos dice la psicología social?

Desde la psicología social tenemos algunas respuestas a esta paradoja. Puede que nuestras percepciones y creencias personales sobre la desigualdad influyan en nuestras actitudes hacia la redistribución. Solemos subestimar el nivel de desigualdad económica, lo cual nos hace pensar que no es necesaria la redistribución. Pero si somos más consciente de la desigualdad que existe, es más probable que generemos actitudes más positivas hacia las políticas de redistribución.

Este razonamiento es útil, pero incompleto. Recibir información sobre la desigualdad existente no siempre motiva a las personas a apoyar la redistribución. Si creemos que la desigualdad está justificada –por ejemplo, que es el resultado del trabajo duro de unos y la pereza de otros (meritocracia)– o que unos grupos merecen más recursos que otros (dominancia), entonces es más probable que consideremos poco importante la desigualdad y, en consecuencia, no le prestemos atención a esta información.

El panorama hasta ahora parece desolador y con poco margen de cambio. No obstante, existen elementos que pueden persuadir y facilitar el razonamiento sobre la información recibida. Uno de estos elementos es la fuente de información, es decir, quién emite el mensaje. O mejor: son las características del emisor las que pueden hacer que un mensaje sea más o menos persuasivo.

Cuando hablamos de las características de la fuente o el emisor nos referimos a su credibilidad. Si una fuente se considera creíble, será más persuasiva. Imaginemos que estamos escuchando a una periodista hablar sobre desigualdad económica. Lo más probable es que juzguemos si la información es confiable en función de la credibilidad que le atribuimos. Por lo tanto, las características de la fuente de información, más allá del contenido implícito, serán fundamentales para que cambiemos la actitud hacia la redistribución.

No olvidemos que al ser la desigualdad económica un tema altamente politizado, nuestra ideología política puede condicionar la forma en la que procesamos la información sobre ella .Entonces ¿qué pasaría si a un grupo de personas con diferentes ideologías políticas les presentásemos una misma noticia sobre los actuales niveles de desigualdad en España, modificando únicamente la fuente de información?, ¿se podrían modificar sus actitudes hacia la redistribución en función de la credibilidad atribuida a la fuente y teniendo en cuenta su propia ideología?

Pues esto fue lo que estudiamos en el grupo de Psicología de los Problemas Sociales de la Universidad de Granada y encontramos que las personas aumentaron su apoyo a la redistribución cuando recibieron información de la desigualdad económica de una fuente que consideraron más confiable. Esto fue especialmente importante entre las personas que suelen justificar más la desigualdad.

Entonces, la información sobre la desigualdad es útil, pero necesitamos confiar en las fuentes que nos la proporcionan.

¿Cuál es la importancia de este hallazgo?

Primero, como consumidores de información, nos permite entender cómo nuestra forma de ver el mundo, marcada por nuestra ideología política, influye “sin darnos cuenta” en la credibilidad que le atribuimos a las fuentes de información e incide en nuestras actitudes hacia la redistribución.

Además, el mero hecho de recibir información sobre los niveles actuales de desigualdad económica no aumenta necesariamente el apoyo a la redistribución. En cambio, generar confianza hacia las fuentes de información es clave para que haya un cambio de actitud.

Construir confianza en los medios

A nivel práctico, este hallazgo nos puede ayudar a diseñar contenidos que animen a las personas a luchar contra la desigualdad. Así, cuando se informa sobre desigualdad económica, es importante tener en cuenta el público objetivo y cómo la fuente de información encaja con sus creencias, porque de esta manera podemos generar más confianza en la fuente y aumentar la eficacia de la información.

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Andrea Velandia-Morales no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Tres pautas para fomentar una resiliencia sensible en la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Manuel Martínez Domínguez, Profesor Titular en Teoría de la Educación, Universidad Rey Juan Carlos

Imaginemos a un astronauta en el espacio. Flota, no siente peso: sus músculos están por lo tanto a salvo de daños relacionados con esa presión. Sin embargo, sin la resistencia del peso de la gravedad, sus músculos se atrofian y sus huesos pierden densidad a una velocidad alarmante. Para mantenerse fuerte, el cuerpo humano necesita la carga de la gravedad.

Ahora traslademos esta idea a la educación. Ante el aumento de la ansiedad y el empeoramiento de la salud mental, podemos caer en el error de convertir las aulas y los hogares en cápsulas de “gravedad cero”, eliminando “pesos” o dificultades para que el niño no sufra.

Si combinamos esto con los enfoques modernos sobre crianza y pedagogía, que se alejan de la disciplina o la autoridad impuesta, podemos llegar a una situación de excesiva protección. Una posible solución sería avanzar hacia una “resiliencia sensible” o creativa.

Para entender cómo aplicarla, veamos tres enfoques distintos de educar.

1. La educación de invernadero

Nuestro instinto de protección básico nos hace acompañar al niño como a un brote tierno. Y está bien: se debe proteger la fragilidad de lo íntimo y evitar toda violencia o abuso.

Pero si solo hacemos esto, nos convertimos en “educadores invernadero”: los menores están bien mientras todo sea perfecto y predecible. Pero en cuanto salen al mundo real y sopla un poco de viento (un suspenso, una crítica, un “no” de un amigo), se marchitan. Al quitarles el estrés, les hemos quitado el crecimiento.




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2. La educación de muralla y veleta

Otras corrientes se centran en criar niños fuertes, “resilientes”, que resistan los golpes de la vida. Líneas de investigación destacadas en este sentido son la educación del carácter o ‘grit’ (en inglés, determinación o tenacidad) y la mentalidad de crecimiento.

Se enseña a los niños que la frustración no es una señal para detenerse, sino parte del proceso de aprendizaje. Se normaliza el esfuerzo “incómodo”.

Por ejemplo: un niño o una niña se apuntan a judo o piano. A las dos semanas, se aburren o les cuesta, y quieren dejarlo. Desde este planteamiento se les invita a resistir: “Entiendo que es difícil, pero es mejor no dejar las cosas a la mitad. Te comprometiste por un trimestre. Cuando acabe el trimestre, puedes dejarlo, pero hoy vas a ir y vas a intentar hacerlo lo mejor posible”. El niño aprende que puede sobrevivir al aburrimiento y a la dificultad.

Se cambia también la forma de elogiar. Nunca se elogia el talento innato (“Qué listo eres”), sino el proceso y la estrategia (“Qué bien te has esforzado”).

Pero esta fortaleza y adaptabilidad deberían ir acompañadas de una sensibilidad propia, y no convertirse en una desconexión de sí y de los demás. En este segundo caso, sobrevivir a la tormenta no nos ayuda a aprender nada de ella y corremos el riesgo de educar niños resistentes por su dureza (muralla) o por su adaptabilidad (veleta).




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3. La educación de la intemperie

Al igual que el sistema inmunológico no mejora en un entorno sin gérmenes, sino expuesto a la intemperie, el estudiante necesita realidad. Cuando enfrenta un virus o un problema, no solo lo “aguanta”, sino que aprende y se fortalece: es la resiliencia creativa.

Los niños y adolescentes necesitan estas “vacunas afectivas”: pequeñas dosis de adversidad y reto. Si les evitamos este clima real, les robamos la oportunidad de crear sus propias defensas.

Tres claves prácticas: las fases de la luna

¿Cómo llevamos esto al aula sin pasarnos de duros ni de blandos? La clave no es buscar un “término medio”, sino saber alternar entre distintas intensidades, igual que la Luna cambia de fase, para fomentar esta resiliencia creativa.

Estas intensidades o “estados lunares” se pueden ir alternando según la edad y la materia, y también dependiendo de los factores genéticos, ambientales y actitudinales del menor.

  • Luna llena (seguridad radical): para que un niño se atreva a saltar al vacío, primero necesita saber que hay una red debajo. En esta fase, el educador debe estar totalmente presente y ser radicalmente protector. En la escuela, lo fundamental de esta fase es que cada estudiante se sienta aceptado incondicionalmente, por quien es y no por lo que hace.

    Hace falta establecer normas claras y reciprocidad empática. El acoso, la burla o la falta de respeto no se negocian. El estudiante siente que nadie se va a reír si falla, que está a salvo. Si no hay seguridad psicológica, el cerebro se bloquea y no puede aprender. Aunque nos podemos ayudar de pantallas en momentos puntuales, predomina la lectura en papel y la escritura a mano. Los momentos de “baja tecnología” calman la mente y dan estabilidad para concentrarse.

  • Fase de cuarto creciente (el entrenamiento): corregimos la técnica, animamos y exigimos esfuerzo, pero nunca levantamos la pesa en su lugar. Es el momento de introducir la adversidad: pequeños contratiempos a propósito. Por ejemplo, cambiar alguna norma: “Tenéis diez minutos menos para el examen”, o “En lugar de usar dos caras del papel, tenéis que terminar en una sola cara”.

    No es para fastidiar, sino entrenar la adaptación. Validamos su queja (“Sé que molesta”), pero exigimos la solución (“¿Cómo lo arreglamos?”). Podemos sustituir algunos exámenes tipo test por defensas orales, para que el estudiante salga a la pizarra y defienda su trabajo ante las preguntas de los compañeros. El estrés de hablar en público, una vez superado, genera un orgullo real que sube la autoestima más que cualquier nota.

  • Fase de Luna Nueva (saber desaparecer): Cuando un estudiante levante la mano (“Profe, no lo entiendo”, “Profe, no me sale”), no acudimos inmediatamente a rescatarlo. La norma podría ser: “Antes de llamarme, tienes que intentarlo tres minutos más tú solo”. Así eliminamos la dependencia y obligamos a su cerebro a buscar sus propios recursos.

    También es el momento de introducir tareas con consecuencias reales cuya evaluación dependa del éxito externo: escribir un carta a una empresa y conseguir que les regalen algo. Organizar un mercadillo solidario. Observar las consecuencias reales de su trabajo ayuda a madurar y contextualizar el aprendizaje.

Oscilar como la luna

Educar no es envolver a los niños en plástico de burbujas; es darles la confianza necesaria para que superen sus propias batallas.

No buscamos crear un entorno perfecto para que parezca que crecen, sino prepararles para crecer en el mundo real, con todas sus imperfecciones. No se trata de buscar un equilibrio estático, sino dinámico. La resiliencia creativa supone saber oscilar como la luna: a veces protegemos y a veces exponemos, para que aprendan a brillar con luz propia.

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Luis Manuel Martínez Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Tres pautas para fomentar una resiliencia sensible en la escuela – https://theconversation.com/tres-pautas-para-fomentar-una-resiliencia-sensible-en-la-escuela-271027

Comer tiene género: cómo los estereotipos influyen en nuestra alimentación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Purificación García Segovia, Catedrática de Tecnología de Alimentos, Universitat Politècnica de València

Imagine una comida con su grupo de amistades más cercano. De la carta, los hombres tenderán a pedir platos más contundentes, carnes rojas, hamburguesas… Las mujeres, por lo general, optarán por ensalada, pescado, opciones “más ligeras”. ¿Y a la hora del postre? ¿Cuántos hombres eligen tomarse ellos solos un delicioso postre? Sin embargo, es muy habitual que las mujeres propongan compartir postre o incluso se abstengan de tomarlo.

¿Coincidencia? No. Son expectativas sociales que hemos interiorizado tan profundamente que las confundimos con preferencias personales.

Esta influencia no se ejerce de forma consciente. De hecho, si preguntáramos directamente, la mayoría negaríamos que el género influye en nuestras elecciones alimentarias. Los estereotipos de género actúan como un filtro que moldea nuestras elecciones y percepciones en diversos ámbitos de la vida, incluida la comida. Estas expectativas culturales sobre los roles de género influyen en cómo vemos y seleccionamos los alimentos, asociando ciertos tipos de alimentos e incluso la cantidad de ingesta de los mismos con la masculinidad o la feminidad.

La comida es identidad

El acto de comer va más allá de la función nutritiva. La comida es identidad. Es un lenguaje con el que comunicamos quiénes somos, o quiénes creemos que debemos ser, según nuestro género. Y ese lenguaje se adquiere desde la infancia, y se va reforzando con las influencias sociales y culturales que regulan nuestros hábitos alimentarios.

¿Pero hasta qué punto estos estereotipos siguen vigentes? ¿Son iguales en todas las culturas? ¿Están cambiando con las nuevas generaciones?

Estas preguntas llevaron a nuestro equipo de investigación de la Universitat Politècnica de València a diseñar un estudio multicultural entre España y Ecuador. El objetivo era saber si realmente siguen existiendo asociaciones entre la comida y el género.

A menudo, las personas no pueden o no quieren revelar las razones subyacentes de sus elecciones de productos. Por lo tanto, si preguntáramos directamente “¿cree que hay alimentos de hombres y alimentos de mujeres?”, la mayoría respondería con un “no” o con frases como “No quiero ser sexista, pero…”. Las personas suelen dar respuestas que consideran socialmente aceptables, ocultando, incluso a sí mismas, sus verdaderos sesgos.

Los participantes de nuestro estudio realizaron un ejercicio muy simple para mitigar estos sesgos. Observando fotografías de diferentes platos, desde una ensalada hasta un plato de embutidos, pasando por salmón, carne con verduras, tarta de chocolate o un bol de frutas, debían “personificarlos”. Se les planteaba: si ese alimento fuera una persona, ¿sería masculino o femenino? ¿De qué edad? ¿Qué estilo de vida llevaría?

Esta técnica permite que afloren creencias y sentimientos inconscientes. Al hablar de una persona imaginaria en lugar de referirse a uno mismo, se pueden expresar asociaciones que, de otro modo, habrían sido censuradas.

Carne para ellos, ensalada para ellas: un patrón universal

De este modo encontramos que alimentos como frutas, ensaladas y dulces se asociaron con el género femenino. Por el contrario, las carnes y los embutidos se siguen relacionando con el género masculino.

No son asociaciones sutiles. Un simple plato de embutido fue identificado como “masculino” por la mayoría de los participantes, tanto en España como en Ecuador. ¿La razón? La carne sigue siendo vista como símbolo de fuerza, energía y virilidad. Las verduras, en cambio, se asocian con el cuidado y la salud, atributos tradicionalmente vinculados a la feminidad.

Aunque el patrón general era similar en España y Ecuador, en este último los estereotipos de género relacionados con la comida se manifestaron con mucha mayor fuerza. Todo era blanco o negro: comida masculina o femenina. En España, en cambio, aunque las asociaciones carne-masculino y verduras/frutas-femenino seguían presentes, había mayor flexibilidad.

¿Qué nos dice esto? Que estos estereotipos no son innatos ni universales. Son culturales, maleables y están cambiando, aunque a velocidades muy diferentes según dónde miremos.

¿Por qué seguimos comiendo según nuestro género?

Desde la infancia, se sigue transmitiendo que ciertos alimentos asumen ciertos roles. Los niños que comen mucho son “fuertes” y las niñas que comen porciones pequeñas son “delicadas”. Estos mensajes, además, se recalcan constantemente en la publicidad. Los anuncios de carne muestran hombres haciendo barbacoas, y reuniones con amigos. Los yogures, las ensaladas y los productos más “ligeros” se publicitan casi exclusivamente con y para mujeres preocupadas por su figura. Estos anuncios siguen reforzando los estereotipos de género.

Un estudio reciente muestra que los hombres que siguen dietas veganas o vegetarianas son percibidos como menos masculinos debido al estereotipo social que asocia la carne y su consumo con la masculinidad. Esto tiene impacto en las relaciones sociales y la percepción de identidad de quienes eligen dietas basadas en vegetales .

Además, existe un juicio social, que condiciona nuestras elecciones. Cuando comemos con otros comensales, creemos que nos están evaluando (por ejemplo, en parejas) y tendemos a elegir alimentos socialmente asociados con su género. Un hombre que pide una ensalada en una comida de trabajo puede ser calificado de “más femenino”. Una mujer que pide un chuletón grande puede ser calificada de “más masculina”. Afortunadamente, no siempre sucede, pero la posibilidad de ese juicio social está ahí y puede condicionar nuestras elecciones.

La importancia de ser conscientes de lo que comemos

Los estereotipos de género culturalmente construidos condicionan qué comemos y cuánto comemos, pero sobre todo, nuestra salud. Los hombres que evitan los alimentos saludables porque los perciben como “poco masculinos”, así como las mujeres que restringen sus porciones o evitan ciertos alimentos para no ser juzgadas, limitan la libertad de elección y pueden alejarse de dietas más equilibradas y saludables.

Los estereotipos de género pueden estar asociados a conductas alimentarias de riesgo. En concreto, las normas culturales asociadas a la feminidad (enfoque en delgadez y control del peso) pueden actuar como factores de riesgo para trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes y jóvenes, especialmente en mujeres.

La próxima vez que usted se siente a comer, observe qué pide y qué piden quienes le rodean. Observe si hay patrones. Observe si, en algún momento, se censura: “mejor pido esto en lugar de aquello”. Y pregúntese: ¿esto lo elegí yo, o lo eligió por mí una expectativa sobre cómo debe comer alguien de mi género?

The Conversation

Purificación García Segovia recibe fondos de la Generalitat Valenciana para la realización del estudio de investigación cuyos resultados se mencionan en parte en el artículo.

Maria del Carmen Molina Montero recibe fondos de la Universitat Politècnica de València para su contrato predoctoral.

ref. Comer tiene género: cómo los estereotipos influyen en nuestra alimentación – https://theconversation.com/comer-tiene-genero-como-los-estereotipos-influyen-en-nuestra-alimentacion-270689

‘Los domingos’ y la filosofía: ¿cómo afrontar la religión creamos o no en ella?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agustín Moreno Fernández, Profesor de Filosofía, Universidad de Granada

Fotograma de _Los domingos_, con Blanca Soroa, que interpreta a la protagonista, Ainara. BTEAM

En otoño se estrenó en los cines españoles Los domingos, la última película de Alauda Ruiz de Azúa. El argumento es sencillo: a punto de acabar el instituto, Ainara, una adolescente cuya madre ha fallecido, anuncia en su familia que está considerando ser monja de clausura en vez de ir a la universidad. Cómo reciben sus allegados la noticia, cómo intentan disuadirla y cómo vive ella su vocación son los temas centrales del filme.

Ganadora de la Concha de Oro en el último festival de San Sebastián, la película es también una de las más taquilleras en las salas españolas, donde se mantiene meses después de su estreno. Esto demuestra que ha conseguido conquistar a la crítica y también a todo tipo de públicos.

La religión en el centro

Una de las virtudes de esta producción es mostrar las dificultades que tenemos los seres humanos para comunicarnos de forma íntima y profunda sobre aquello que más nos importa. Por ejemplo, la toma de decisiones cruciales que afectan al futuro, en las que cuentan mucho nuestra forma de ver el mundo y el sentido que damos a la vida. Estos, a la vez que tienen un gran protagonismo en la propia biografía, son indemostrables e irreductibles en su dimensión de apuesta personal.

Ruiz de Azúa bien podría resultar una seguidora de Ortega y Gasset. Ambos asumen que Dios, la religión y tantos otros elementos forman parte de esas circunstancias de la vida con las que algunos se encuentran. Y a ellas atiende Ainara, la protagonista, recordando a la máxima orteguiana: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Dos posturas antagónicas

La directora del filme se declara no religiosa. Estaría en línea con Sigmund Freud cuando, sin hallar en él sentimiento religioso alguno, y a pesar de considerar la religión una ilusión, se mostró interesado y presto a analizarlo, sin derecho a negarlo, en El malestar en la cultura.

En la ficción, el personaje que más desacredita lo divino es la tía Maite. Cual filósofa, combina algunas tesis de pensadores contemporáneos con raíces antiguas y considera a Dios y la religión en términos parecidos a los suyos: como proyección imaginativa (como Ludwig Feuerbach); opio del pueblo (Karl Marx); fenómeno de masas manipuladas por sacerdotes (Friedrich Nietzsche) y resultado de traumas psicológicos no superados, como perder un progenitor a quien se busca sustitución simbólica (Freud).

Tal vez Maite defendería mejor estos argumentos sin sus estallidos emocionales y alejándose de su interés en que Ainara no decida en contra de su visión del mundo sin Dios. Porque ¿busca Maite verdaderamente su bien y respeta a su sobrina a pesar de la discrepancia?

Una adolescente habla con un hombre mientras una mujer los mira.
Ainara le explica a su tío su vocación ante la mirada de Maite.
BTEAM

El personaje de sor Isabel está en las antípodas de Maite y pugna por ser el referente con más peso para Ainara. Sus intervenciones sobre el discernimiento de la adolescente no albergan dudas: el Señor la está llamando. Y, ante las reservas por la corta edad de la joven, esgrime que Él tiene sus propios tiempos. Sor Isabel y Ainara interpretan una experiencia del amor divino que demanda la entrega a su servicio de forma irresistible, y ese sentimiento sirve para justificar la decisión de hacerse monja de clausura.

Pero, si a esta superiora le importa respetar la voluntad de Dios, ¿por qué asume sin mayor escrutinio el sentimiento manifestado por Ainara? ¿Qué sabe ella –ni nadie– sobre los tiempos de Dios? ¿No sería recomendable buscar más signos genuinos de la vocación de una adolescente antes de que tome esa decisión? El afán y el provecho de sumar una nueva y joven hermana en el convento, ¿no podría ir en detrimento de lo mejor para la candidata? Tal vez hasta podría perjudicar una indagación más esclarecida de la supuesta voluntad divina.

Intentando comprender

El filósofo estadounidense Thomas Kuhn señaló que hay paradigmas o visiones del mundo tan diferentes que pueden resultar idiomas entre los que no fuera posible comunicarse. ¿Cómo situarse ante ellos en nuestras indemostrables concepciones últimas de la vida?

Nadie podría dejar de asumir los misterios del cosmos y del ser humano. Como defiende el filósofo y teólogo Juan Antonio Estrada, cualquier pretendida palabra divina siempre resulta inevitablemente humana, esté o no inspirada por Dios. Y cualquier persona con experiencias religiosas, como Ainara, las tiene a través de sus condicionamientos socioculturales, psicológicos y biográficos. Las religiones, la mística, las experiencias espirituales que expresan un más allá invisible, ¿se reducen a esos factores y circunstancias que las modelan, o pueden tener un referente real o sobrenatural –el mismo Dios, si es el caso– tras ellas?

Imagen de una monja en una iglesia.
Nagore Aramburu interpreta a sor Isabel, la madre superiora.
BTEAM

La tía Maite, sor Isabel y Ainara parecen tener clara su postura. Pero tarde o temprano podrían revisar el carácter certero que le han atribuido a su punto de vista. Podrían acoger una duda saludable y humana y reconocer las propias limitaciones y la ausencia de certezas objetivas. Podrían, sin cambiar de posición, ponerse en el lugar del otro, preguntarse si sus creencias son expresión o raíz de actitudes huidizas y reactivas o asertivas y constructivas, y examinarlas, viendo si redundan en su propio bien y en el de los demás.

Así lo consideró, pragmáticamente, William James en Las variedades de la experiencia religiosa. Después de todo, cabe el resentimiento con la vida, tanto en formas de afirmar a Dios como de negarlo, siendo religioso o no siéndolo.

Alauda Ruiz de Azúa observa y describe como una científica social. Advierte implícitamente lo mismo que la antropóloga Manuela Cantón en La razón hechizada: las preconcepciones hostiles que solo consideran la religión como alienante o manipuladora no ayudan a comprenderla.

Pero su película, integradora de ambigüedades, también posibilita la administración de una justa dosis de perspectiva, ganada, entre otras, por la llamada filosofía de la sospecha. En la constitución y funcionamiento de la religión, inspirada o no por lo divino, están no sólo las grandezas sino también las miserias y los intereses humanos, materiales e inconscientes. Es preciso mostrarlos, y sospechoso no hacerlo.

The Conversation

Agustín Moreno Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Los domingos’ y la filosofía: ¿cómo afrontar la religión creamos o no en ella? – https://theconversation.com/los-domingos-y-la-filosofia-como-afrontar-la-religion-creamos-o-no-en-ella-271442

Acuerdo UE-Mercosur: ¿por qué lo rechazan los agricultores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julián Briz Escribano, Catedrático emérito, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Protesta de agricultores durante la cumbre de la UE el 18 de diciembre de 2025 en la plaza de Luxemburgo de Bruselas, frente al Parlamento Europeo. PP Photos/Shutterstock

Después de décadas de negociaciones, el pasado 9 de enero la Unión Europea respaldó por mayoría cualificada la firma de un acuerdo comercial con el Mercado Común del Sur (Mercosur) –integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia y con Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam como asociados–. Previsiblemente, el acuerdo se firmará el próximo 17 de enero.

Desde el principio de las negociaciones, el acuerdo ha generado amplios debates y ha provocado el descontento de muchos agricultores, que critican el desconocimiento de su realidad por parte de los burócratas de Bruselas, cuestiones relacionadas con la Agenda 2030 y la asimetría de los Estados miembros en temas agrarios.

Esa insatisfacción ha derivado en numerosas protestas, como las ocurridas en los últimos días, que reflejan un malestar estructural del campo europeo frente a políticas que, desde la perspectiva de muchos agricultores, ponen en riesgo su viabilidad económica y la equidad competitiva del mercado agrícola comunitario.

Tensiones entre agricultores e instituciones europeas

Recientes estudios sobre movimientos de protesta agraria han mostrado que las reformas de la Política Agraria Común (PAC) –especialmente aquellas asociadas a mayores exigencias medioambientales y a la simplificación burocrática– han dado lugar a tensiones persistentes entre los agricultores y las instituciones europeas.

Las protestas que han generado no son inéditas, sino parte de una historia de movilizaciones que han influido en la evolución de la PAC desde sus primeras décadas. Las quejas de los agricultores abarcan desde la gran carga de regulaciones ambientales que deben cumplir hasta la percepción de que los mecanismos de apoyo financiero no reflejan adecuadamente los desafíos económicos contemporáneos del sector.




Leer más:
¿Cómo perciben los agricultores la transición hacia la sostenibilidad marcada por la PAC?


¿Qué supone el acuerdo con Mercosur?

El acuerdo comercial entre la UE y el bloque sudamericano del Mercosur se ha negociado durante décadas y pretende crear una de las zonas de libre comercio más amplias del mundo. Aunque sus defensores destacan los beneficios macroeconómicos y geopolíticos de eliminar aranceles y facilitar el comercio entre regiones, numerosos agricultores en Europa han expresado su oposición por considerar que la apertura comercial puede traducirse en competencia “desleal” frente a productos agrícolas que no están sujetos a las mismas normas ambientales y sanitarias de la UE.

El acuerdo supone la eliminación de los aranceles del 35 %, que tenían que pagar las empresas europeas por acceder a los países del Mercosur. Esto multiplicará los flujos comerciales en la mayor área comercial del mundo, en un momento donde las relaciones con EE. UU. pasan por una situación crítica.

Como suele ocurrir, hay sectores perjudicados por la nueva competencia en las importaciones (cereales, arroz, vacuno o miel) y otros con posibilidad de expansión de mercado (aceites, vinos, porcino, lácteos).

Este tipo de acuerdos de libre comercio tiene efectos diferenciados sobre el comercio agroalimentario y puede generar tensiones específicas en sectores sensibles. Por ejemplo, la política de subsidios de la UE –parte integral de la PAC– afecta a la dinámica competitiva entre productores europeos y socios comerciales, así como las oportunidades de acceso al mercado para productores del Mercosur.

Manifestantes con pancartas con lemas en francés como
Protesta del sector agrario en Francia el 14 de octubre de 2025.
Pierre Laborde/Shutterstock

Manifestaciones recientes y demandas del sector

El 18 de diciembre de 2025, miles de agricultores europeos bloquearon el centro de Bruselas con tractores para protestar contra lo que consideran un recorte del presupuesto de la PAC y contra la firma del acuerdo entre la UE y Mercosur. Estas movilizaciones coincidieron con una cumbre de líderes europeos, subrayando la capacidad del movimiento agrario para influir en la agenda política comunitaria.

Organizaciones agrarias, como la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja), la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), denunciaban que la propuesta del Marco Financiero Plurianual para 2028-2034 implicaría una reducción significativa de los fondos dedicados a las ayudas directas y al desarrollo rural, lo que, según sus representantes, pone en riesgo la seguridad alimentaria y la cohesión territorial en Europa.

Paralelamente, los manifestantes cuestionan que el acuerdo Mercosur se negocie sin mecanismos de reciprocidad que obliguen a que los productos importados cumplan con los mismos estándares ambientales, sanitarios y laborales que los productores europeos están obligados a respetar.

Estos movimientos expresan no solo reclamos económicos, sino también resistencias culturales ante cambios estructurales del sector y tensiones entre globalización comercial y políticas públicas nacionales o regionales. En particular, en las protestas de 2023-2024 los agricultores articularon demandas sobre precios justos, cargas administrativas y reglas de comercio internacional en el marco de una política agrícola que se enfrenta a la transición hacia sostenibilidad ambiental y competitividad global.

Además, algunos análisis señalan que las reformas ambientales vinculadas a la PAC, aunque necesarias para cumplir los objetivos climáticos de la UE, han sido percibidas como desigualmente costosas para pequeños y medianos productores –los primeros disponen de menos recursos para afrontar los cambios–, lo cual alimenta las tensiones entre agricultura tradicional y modelos de producción sostenibles.

Políticas agrícolas y comerciales más equilibradas

Las protestas de los agricultores europeos contra la PAC y el acuerdo con Mercosur reflejan una profunda disyuntiva entre las políticas comunitarias de sostenibilidad y liberalización comercial, por un lado, y la demanda de seguridad económica y estabilidad del sector agrario, por el otro. Estas movilizaciones ponen en evidencia la necesidad de diseñar políticas agrícolas y comerciales más equilibradas, que consideren tanto la competitividad internacional como la equidad social y ambiental dentro de la UE.

A pesar del descontento del sector, el presidente rotatorio de Mercosur, el canciller de Paraguay, Rubén Ramírez, ha asegurado que las medidas de salvaguarda para los agricultores europeos aprobadas por la Comisión Europea en diciembre “no forman parte del histórico acuerdo de libre comercio suscrito en Montevideo en diciembre del año pasado”.

El frente multipolar que se vislumbra nos traerá previsiblemente más protestas tanto a nivel comunitario como nacional y local, solapándose con otros aspectos de la coyuntura internacional, como los temas financieros de ayuda a Ucrania y las posturas trumpistas en comercio exterior, que sirven de marco para el desarrollo de la PAC. El declive geopolítico de la UE en el nuevo contexto, que desplaza el centro decisorio del Atlántico al Pacífico, supone una razón de peso para afianzar la sostenibilidad alimentaria como arma estratégica.

The Conversation

Julián Briz Escribano es presidente y fundador de PRONATUR, miembro de la Academia Francesa de Agricultura, miembro de las Juntas directivas de la World Green Infrastructure Network y la Federacion Europea de Infraestructuras Verdes EFB.

Isabel de Felipe Boente pertenece a la Junta Directiva de PRONATUR.

ref. Acuerdo UE-Mercosur: ¿por qué lo rechazan los agricultores? – https://theconversation.com/acuerdo-ue-mercosur-por-que-lo-rechazan-los-agricultores-273259

What our love of ‘Heated Rivalry’ tells us about the state of queer sports in Canada

Source: The Conversation – Canada – By Kyle Rich, Associate Professor of Sport Management, Brock University

The Canadian TV show Heated Rivalry recently went viral and garnered a worldwide audience far beyond its domestic market. Based on the popular novel by Rachel Reid, the series follows the secret romance between two professional hockey players, Shane Hollander and Ilya Rozanov, in a fictitious league.

The queer hockey romance was reported as the most watched original series on Crave and one of the top-rated non-animated series on HBO Max.

The show captivated audiences with steamy sex scenes, but similar to predecessors like Schitt’s Creek, it’s being touted as a Canadian cultural export and has people talking about the intersection of culture, sports and Canadian identity.

Queer people in sports

Queer inclusion in sport has become a political flashpoint. Heated Rivalry offers a timely opportunity to reflect on queer sports in the media, our communities and our national identity. It also illuminates how sports teams may lag behind other parts of society in their thinking about inclusion.

In recent years, there have been increased efforts to exclude and restrict the participation of 2SLGBTIQA+ people in sport. Governments in the United States and Alberta have introduced controversial policies targeting trans athletes specifically.

At the same time, professional sports leagues in many countries have taken steps, such as the introduction of Pride-themed events, intended to welcome queer people. But many have been criticized for tokenism and lack of authenticity — a phenomenon dubbed “rainbow washing.”

Hockey and inclusion initiatives

The NHL, and hockey more broadly, is experiencing a time of change. The league was an early partner in inclusive sport movements like the You Can Play Project and launched campaigns such as Hockey is for Everyone in attempts to reach wider audiences and “celebrate diversity and inclusion in hockey.”

However, in 2023, the league introduced a controversial policy that was widely interpreted as a ban on Pride Tape and likened to a “don’t say gay” policy in sports. Then, in early 2024, NHL Commissioner Gary Bettman showed up at a Pride Event during All-Star Weekend in Toronto to make a donation to a local gay hockey league.

Globally, Canada is often recognized as a leader in relation to sports inclusion. A long history of celebrated queer Canadian athletes — including Mark Tewksbury and Marnie McBean — as well as hockey players like Angela James, Brock McGillis and Harrison Browne have been outspoken advocates for inclusive sport. Browne, notably, also appears in Heated Rivalry as one of Rozanov’s teammates.

Harrison Browne talks about his journey from hockey player to actor with Janet McMordie.

This reputation is reflected by Canadian sport governance. The government of Canada and the Canadian Olympic Committee have clear positions and resources listed on their websites.

Sport Integrity Canada has commissioned research and taken a clear position on trans inclusion in sport. These initiatives are being implemented within national sport organizations such as Skate Canada.

However, professional sport leagues like the NHL operate outside of the sport governance system. As such, they are free to do their own thing. While they get much of the media attention, this doesn’t mean they are in touch with how Canadians feel about inclusion.

Are sport organizations out of touch?

In many ways, Heated Rivalry and the online response to it highlights how some professional sport organizations lag behind societal attitudes toward queer inclusion, and of gay men in particular. Our own research on Australian sporting organizations has shown how sporting institutions often trail broader social change.

While some teams try to leverage support for 2SLGBTIQA+ causes or interests to gain cultural capital and kudos, they often largely fail to advance genuine inclusion efforts towards queer athletes and staff in their own organizations.

There have been some important community-level efforts to make sport organizations more inclusive, and some national, provincial and community sport organizations in Canada are progressive in pursuing change.

However, organizational cultures are experienced differently across contexts, meaning inclusion is experienced unevenly and change remains slow.

While professional teams like the Professional Women’s Hockey League are champions of queer inclusion, men’s hockey seems to be lagging behind. In this context, gay hockey leagues provide important sport opportunities and act as advocates in their communities and the sport system.

For players in these leagues, Heated Rivalry invokes the fantasy to tell a story that we don’t yet have in real life.

Can ‘Heated Rivalry’ influence sport culture?

There has been a lot of online commentary focused on whether Heated Rivalry can lead to actual culture change in the NHL, ice hockey and sport more broadly.

The show draws attention to openly queer professional athletes. Athletes often hide who they are or moderate their behaviour in order to conform to dominant norms in sport.

This remains a persistent issue for many queer people in sport. A recent study shows that young athletes still choose not to come out to teammates for fear of being treated differently.

Hudson Williams, who plays Shane Hollander, has even spoken publicly about being contacted by closeted athletes who saw their own experiences mirrored in the show.

This is where where queer sport organizations play a critical role. Across the country, community-based queer sport groups have been working to offer safe and inclusive places to play.

What comes next?

We know that discrimination remains a key barrier for queer people in sport. In all contexts, addressing homophobia and broader 2SLGBTIQA+ discrimination must be a top priority. Homophobia in men’s sports is also a tool used to police masculinity and cause harm to straight men, meaning everyone stands to benefit from safer, more inclusive sporting environments.

The cultural relevance and global success of Heated Rivalry provides sports organizations, especially in Canada, an opportunity to step up efforts to make sport more inclusive for queer athletes.

It’s also a call for sports to listen to their fans and audiences. The show is a unique opportunity for queer athletes to imagine inclusion as a reality that could be realized beyond fantasy or utopia in a book.

The show has been renewed for a second season, with international releases now underway. Team Canada has even quipped that the fleece jacket featured in Episode 2 may be in the running as official team Canada merchandise. As such, this important and timely conversation is likely far from over.

The Conversation

Kyle Rich receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Ryan Storr consults to The Diversity Storr and Proud2Play. He has received funding from VicHealth and the Australian Sport Comission. He is affiliated with Proud2Play and the Diversity Storr.

ref. What our love of ‘Heated Rivalry’ tells us about the state of queer sports in Canada – https://theconversation.com/what-our-love-of-heated-rivalry-tells-us-about-the-state-of-queer-sports-in-canada-272979

How hands-on textile work inspires creativity and growth

Source: The Conversation – Canada – By Tanya White, Associate professor, Fashion, Toronto Metropolitan University

Seated on the stone floor of a medieval fortress in Italy’s Tuscan hills, students rip thin, one-inch strips of fabric. They then knot the strips together to create extra chunky yarns. With these chunky yarns, they use oversized, thick crochet hooks, knitting needles and six foot-by-six foot tapestry looms.

This is in the Fortezza del Girifalco, in Cortona, in the Tuscany region of Italy, affectionately known to our group as “the castle.”

As a fashion and textile designer and professor at Toronto Metropolitan University (TMU), I am here with students who are participating in the The Creative School’s Global Learning program.

I create with different yarns and software, developing art-to-wear, objects, sculptures and installations. Creating with textiles is how I express and process my ideas. Yet the purpose of this creative textile work with the students in this program goes far beyond exposing them to textiles. It’s about exploring processes through which we can unearth radical new forms, concepts and esthetics.

Students are from diverse programs at the Creative School at Toronto Metropolitan University (fashion, interior design, graphic communication management, journalism, professional communication, media production, performance and sports media). Over three weeks, we’ll create a substantial textile exhibition for peers, visitors and the Cortona residents.

Site of creative life

The Fortezza del Girifalco is a site of creative life. It has been repurposed and renovated for new visitors, artists and audiences. Most notably, it is the centre of the international photography festival Cortona on The Move.

Yearly, the Fortezza is reimagined, with new interior work, additional and updated partitions, floors and surfaces to facilitate the design of this world-class exhibition. It has a bistro, with coffee, drinks and food.

Planning such an educational-immersive experience involved a great deal of collaboration: discussions with the university dean’s office and professor Kathleen Pirrie Adams from the School of Media, and our Cortona operations lead, Tommaso Rossi. After this, the Fortezza Atelier course was planned and piloted in June 2025.

The aims were simple: show up, contribute, be creative and collaborate with your peers.

In three weeks, there was near-perfect attendance. Students gained skills and knowledge, culminating in the creation of a textile exhibition.

Creativity and craft

In the 2021 article, “Build to think, build to learn: What can fabrication and creativity bring to rethink (higher) education?”, authors Jean-Henry Morin and Laurent Moccozet combine their respective expertise in information systems and the representation of and visualization of knowledge to examine the inherent benefits of hands-on education.
They consider how this enriches and deepens theoretical understanding.

It is this common tacit knowledge that can’t be taught in the metaverse because it requires a shared embodied experience.

The course introduced students to making textiles, weaving, crochet, knitting and draping with a common raw material to start with, which was a roll of unbleached cotton calico or muslin. It was a purposely humble material that relied on the students’ creativity and resourcefulness.

The frayed yarns and rudimentary studio environment simplified the output, but this limitation became a benefit; they began to pick their exhibition spaces and discuss concepts, narratives and fabrication.

The Fortezza Atelier gave students the chance to unplug, disconnect and use their hands to create a textile project inspired by the Tuscan setting and their personal impressions of international travel and learning.

The classroom: the Fortezza del Girifalco

The journey to the Fortezza was a large part of the experience, set on top of the Tuscan hills.

Its steep incline provided a panoramic view of the surrounding Basilica of Santa Margherita, towns and valley.

It was accessed by a challenging but hikeable path or a small shuttle van that took the students up to the site in groups of eight. Some students would hike and some would ride.

For me, this daily commute was a near-spiritual set-up for the day, providing separation, concentration and a peaceful attitude toward work in the Fortezza — a pathway for other but related embodied creative practices.

Work began and ended with the journey up the mountain, which took presence and commitment every session.

Our Italian team member, Rossi, who manages the Fortezza, brought his two- year-old dachshund named Rustyn.

Rustyn became an honoured part of the Fortezza Atelier course, playing with the students, providing a mascot/emotional support animal role and even serving as a special guest at their final exhibition.

Communal practice

Not even a full day into the process, and without being asked, students were assisting each other, sharing knowledge and skills, forming teams organically and celebrating each other’s accomplishments. I helped and contributed to the communal learning environment.

After setting the expectations and aims on the first day, we, as a class of 32 plus one dog, worked productively, set our schedule and fulfilled our commitment to the course and each other.

Through interviews, informal conversation and a final reflective assignment, students shared their insights on the course: that with hard work, investment, care and collaboration, you can envision and create something with lasting impact.

For most, these projects seemed unattainable, even unimaginable, before time in Cortona.

The educational and social benefits of this opportunity for faculty, students and higher learning institutions also point to significant potential for other iterations of site-specific studio practice experiential learning programs tailored to specific locations and contexts.

The Conversation

Tanya White works for/consults for Toronto Metropolitan University, teaches in the Creative School Department.

ref. How hands-on textile work inspires creativity and growth – https://theconversation.com/how-hands-on-textile-work-inspires-creativity-and-growth-270914

Martin Luther King Jr. was ahead of his time in pushing for universal basic income

Source: The Conversation – USA – By Tarah Williams, Assistant Professor of Political Science, Allegheny College

Martin Luther King Jr. became involved not just in fights over racial equality but also economic hardship. Ted S. Warren/AP

Each year on the holiday that bears his name, Martin Luther King Jr. is remembered for his immense contributions to the struggle for racial equality. What is less often remembered but equally important is that King saw the fight for racial equality as deeply intertwined with economic justice.

To address inequality – and out of growing concern for how automation might displace workers – King became an early advocate for universal basic income. Under universal basic income, the government provides direct cash payments to all citizens to help them afford life’s expenses.

In recent years, more than a dozen U.S. cities have run universal basic income programs, often smaller or pilot programs that have offered guaranteed basic incomes to select groups of needy residents. As political scientists, we have followed these experiments closely.

One of us recently co-authored a study which found that universal basic income is generally popular. In two out of three surveys analyzed, majorities of white Americans supported a universal basic income proposal. Support is particularly high among those with low incomes.

King’s intuition was that white people with lower incomes would support this type of policy because they could also benefit from it. In 1967, King argued, “It seems to me that the Civil Rights Movement must now begin to organize for the guaranteed annual income … which I believe will go a long, long way toward dealing with the Negro’s economic problem and the economic problem with many other poor people confronting our nation.”

But there is one notable group that does not support universal basic income: those with higher levels of racial resentment. Racial resentment is a scale that social scientists have used to describe and measure anti-Black prejudice since the 1980s.

Notably, in our research, whites with higher levels of racial resentment and higher incomes are especially inclined to oppose universal basic income. As King well knew, this segment of Americans can create powerful opposition.

Economic self-interest can trump resentment

At the same time, the results of the study also suggest that coalition building is possible, even among the racially resentful.

Economic status matters. Racially resentful whites with lower incomes tend to be supportive of universal basic income. In short, self-interest seems to trump racial resentment. This is consistent with King’s idea of how an economic coalition could be built and pave the way toward racial progress.

Michael Tubbs, the mayor of Stockton, Calif., gestures with his hands while making a point.
As mayor of Stockton, Calif., Michael Tubbs ran a pioneering program that provided a basic income to a limited number of residents.
Rich Pedroncelli/AP

Income is not the only thing that shapes attitudes, however. Some of the strongest supporters of universal basic income are those who have higher incomes but low levels of racial resentment. This suggests an opportunity to build coalitions across economic lines, something King believed was necessary. “The rich must not ignore the poor,” he argued in his Nobel Peace Prize lecture, “because both rich and poor are tied in a single garment of destiny.” Our data shows that this is possible.

This approach to coalition building is also suggested by our earlier research. Using American National Election Studies surveys from 2004-2016, we found that for white Americans, racial resentment predicted lower support for social welfare policies. But we also found that economic position mattered, too.

Economic need can unite white Americans in support of more generous welfare policies, including among some who are racially prejudiced. At a minimum, this suggests that racial resentment does not necessarily prevent white Americans from supporting policies that would also benefit Black Americans.

Building lasting coalitions

During his career as an activist in the 1950s and 1960s, King struggled with building long-term, multiracial coalitions. He understood that many forms of racial prejudice could undermine his work. He therefore sought strategies that could forge alliances across lines of difference. He helped build coalitions of poor and working-class Americans, including those who are white. He was not so naive as to think that shared economic progress would eliminate racial prejudice, but he saw it as a place to start.

Martin Luther King Jr. speaks before a crowd at the 1963 March on Washington.
Martin Luther King Jr. believed Americans of different racial backgrounds could coalesce around shared economic interests.
AP

Currently, the nation faces an affordability crisis, and artificial intelligence poses new threats to jobs. These factors have increased calls for universal basic income.

Racial prejudice continues to fuel opposition to universal basic income, as well as other forms of social welfare. But our research suggests that this is not insurmountable.

As King knew, progress toward economic equality is not inevitable. But, as his legacy reminds us, progress does remain possible through organizing around shared interests.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Martin Luther King Jr. was ahead of his time in pushing for universal basic income – https://theconversation.com/martin-luther-king-jr-was-ahead-of-his-time-in-pushing-for-universal-basic-income-272963

Manifestations en Iran : « Quoi qu’il arrive, la situation s’annonce explosive »

Source: The Conversation – in French – By Francesco Cavatorta, Professor of Political Science, Université Laval

Depuis fin décembre, l’Iran est frappé par un soulèvement inédit. Des manifestants de toutes les régions et de toutes les classes sociales descendent dans les rues pour dénoncer la crise économique et la répression politique, défiant le blocus d’Internet et de télécommunications imposé par le régime.

Le pays traverse une crise économique profonde : dévaluation de la monnaie, inflation galopante et inégalités croissantes alimentent la colère. Les Iraniens dénoncent un régime qui exige des sacrifices constants tout en étant incapable de répondre à leurs besoins.

Face à cette mobilisation massive, le gouvernement répond par une répression violente. Selon les plus récentes estimations d’ONG de défense des droits humains, le bilan de la répression s’élève à plus de 600 morts depuis le début du soulèvement fin décembre, dont une large majorité de manifestants, et plus de 10 000 arrestations ont été signalées dans tout le pays. L’ONG Iran Human Rights (IHR), basée en Norvège, estime néanmoins que le nombre réel de victimes pourrait être beaucoup plus élevé.

Dans ce contexte, le président Donald Trump a menacé de « frapper fort » si la situation devait dégénérer, relançant les inquiétudes sur une possible intervention américaine dans la région.

Pour analyser ces événements, nous avons interrogé le professeur à l’Université Laval Francesco Cavatorta, spécialiste du Moyen‑Orient. Il revient sur les causes du mouvement, les stratégies du régime et les enjeux géopolitiques.


La Conversation Canada : Quelle est l’origine profonde du mouvement de protestation en cours en Iran et en quoi diffère-t-il des précédents soulèvements (2019, 2022) ?

Francesco Cavatorta : Le mouvement actuel est le dernier épisode d’une longue série de mobilisations en Iran, qui date au moins de 2009. Depuis deux décennies, il y a des protestations périodiques. Cette fois-ci, ce qui explique l’intensité de la révolte, c’est la situation socioéconomique, et surtout économique, qui touche même des couches qui étaient auparavant favorisées : la bourgeoisie marchande, les professionnels.

Ces frustrations ont été exacerbées par les récents bombardements israéliens et américains dans la région. On a demandé à la population des sacrifices importants, mais on voit que les puissances étrangères font ce qu’elles veulent. La dévaluation de la monnaie a également contribué au ras-le-bol de personnes qui n’auraient normalement pas manifesté.

Sur les réseaux sociaux, on entend beaucoup de commentaires comme : « Normalement je ne manifeste pas » ou « J’ai convaincu mon père ». Les inégalités croissantes pèsent partout, et même si la dévaluation a été l’étincelle, les conditions de fond étaient déjà en place depuis longtemps.




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LCC : Comment expliquer l’ampleur et la rapidité des manifestations malgré le blocus d’Internet par le régime pour contenir les protestations et limiter la diffusion des images et des informations ?

F.C. : Il y a deux ou trois explications. Premièrement, ceux qui sont actifs dans l’opposition ont de l’expérience en communication ; ça fait deux décennies qu’ils protestent. Ensuite, même si l’Internet est limité, les téléphones mobiles restent fonctionnels. On peut filmer, échanger des vidéos, parler avec des proches.

Et pour une fois, la télévision d’État a même diffusé des images de manifestations, [celles pro‑gouvernementales mais aussi de bâtiment en feu]. Enfin, la crise économique touche maintenant tous les quartiers et régions, même ceux qui se croyaient à l’abri. Cela crée un sentiment partagé, ce qui explique la propagation rapide.

LCC : Quelles options réelles les États-Unis ont-ils à leur disposition et quelles seraient les conséquences ?

F.C. Si on savait ce que ferait l’administration Trump, on serait millionnaires. Les options sont difficiles à évaluer : plus de sanctions ? L’Iran est déjà marginalisé, notamment sur le système bancaire international. Bombarder qui et quoi ? Le ministère de l’Intérieur ? Les quartiers généraux de la Garde révolutionnaire ? Mais une attaque pourrait tuer des manifestants et les intimider, sans résoudre le problème de fond.

Pour l’administration Trump, l’idée de tuer le guide suprême, l’ayatollah Ali Khamenei, ne résoudrait rien. Le régime a plus de force qu’on le pense, et une intervention directe avec des soldats ne serait pas souhaitable. L’histoire de l’Irak montre les risques. Même si une intervention avait lieu, son impact serait limité : le régime n’est pas une seule personne, mais un appareil étatique structuré.

LCC : Quelles stratégies les forces de sécurité iraniennes utilisent-elles et quelles sont leurs implications ?

F.C. Avant, la répression était déjà dure, avec des morts dans la rue, mais pas à cette échelle. On arrêtait des personnalités locales, on organisait des procès spectaculaires et on exécutait parfois. Aujourd’hui, les forces de sécurité tirent à bout portant sur les manifestants, ce qui montre que le régime perçoit réellement un danger.

Deux scénarios sont envisageables : soit, à l’image de la Syrie en 2011, la répression dégénère et entraîne une guerre civile prolongée. L’autre scénario est de faire comme en Algérie en 1989 : l’armée tire, mais le régime tente ensuite de se réformer pour préserver sa légitimité [avec l’adoption d’une nouvelle constitution après les émeutes d’octobre 1988]. (Certes, il y a eu une guerre civile qui a débuté quelques années plus tard, en 1992, mais pendant trois ans l’Algérie a vécu un véritable changement.)

LCC : Quel rôle joue la diaspora et les acteurs externes dans le mouvement ?

F.C. La diaspora iranienne est très importante et suit le mouvement depuis longtemps. Reza Pahlavi, le fils exilé du chah d’Iran depuis la révolution khomeyniste de 1979, tente de s’imposer une figure de l’opposition. Son nom est souvent scandé lors des manifestations en Iran.

Mais le régime est en place depuis près de 50 ans. Ceux qui sont à l’extérieur ont moins de poids qu’avant. Il n’y a pas de leaders nationaux clairement identifiés : les manifestants veulent surtout la chute du régime, mais personne ne peut dire ce qui viendra ensuite.

L’histoire montre que se fier uniquement aux exilés peut être trompeur, comme en Irak. Pour le moment, la mobilisation intérieure reste le facteur principal.




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LCC : Quelles perspectives politiques pour le régime iranien ?

F.C. À court terme, c’est très difficile pour les manifestants. L’appareil répressif agit pour sa survie. Mais plus il tire, plus il perd de légitimité. À long terme, tout est possible. Une transition, si elle survient, pourrait être longue et complexe.

La révolution iranienne de 1979 et la chute du Shah d’Iran, Mohammad Reza Pahlavi, n’ont pas suffi : il a fallu une année ou plus de manifestations et de compromis pour que le pays trouve une nouvelle direction. La consolidation de la République islamique a été lente, car de nombreux acteurs aux idéologies différentes avaient participé à la chute du Shah. Après son départ, il a fallu du temps avant que Khomeini ne devienne le leader unique de la révolution et n’impose son modèle de régime théocratique.

Quoi qu’il arrive, la situation s’annonce explosive. C’est un pays de 80 millions d’habitants, divisé sur les plans ethnique et religieux, et doté de réserves pétrolières colossales. Je ne me risquerai à aucune prévision.

La Conversation Canada

Francesco Cavatorta ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Manifestations en Iran : « Quoi qu’il arrive, la situation s’annonce explosive » – https://theconversation.com/manifestations-en-iran-quoi-quil-arrive-la-situation-sannonce-explosive-273312