El tráiler de la nueva ‘Cumbres Borrascosas’: un minuto y medio de pura controversia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Celdrán Noguera, Contratada predoctoral en el Departamento de Filología Inglesa, Universidad de Murcia

Jacob Elordi y Margot Robbie en la nueva versión de _Cumbres Borrascosas_. FilmAffinity

El pasado 3 de septiembre, Warner Bros. lanzaba el esperado primer tráiler de la nueva adaptación del clásico de Emily Brontë, Cumbres Borrascosas, dirigida por Emerald Fennell. Menos de dos minutos bastaron para sembrar la polémica entre los futuros espectadores. Las redes sociales pronto se vieron inundadas por indignados defensores de la novela, apelando a la falta de fidelidad a la fuente literaria, el anacronismo o la hipersexualización como argumentos.

Desde foros académicos el posicionamiento fue más cauto, aunque tremendamente esclarecedor: el Brontë Parsonage Museum –hogar familiar de las escritoras y actual encargado de “conservar, interpretar, exhibir y fomentar” el estudio de su patrimonio– optó por hacer un llamamiento a la calma apelando al halo de controversia inherente a esta obra desde su publicación a mediados del siglo XIX.

¡Bueno! Esto sí que ha provocado una conversación. Igual que en 1847, tras la publicación de la novela de Emily. Y no olvidemos tampoco las críticas mixtas que recibió el libro en su momento. Siempre estamos contentos de que el trabajo de las Brontë siga
Tras la publicación del tráiler en sus redes, el museo se vio obligado a responder ante la avalancha de comentarios: ‘¡Bueno! Esto sí que ha provocado una conversación. Igual que en 1847, tras la publicación de la novela de Emily. Y no olvidemos tampoco las críticas mixtas que recibió el libro en su momento. Siempre estamos contentos de que el trabajo de las Brontë siga generando debate. Por favor, recuerden ser amables los unos con los otros en los comentarios’.
Brontë Parsonage Museum

Y es que si de algo ha sido siempre capaz la única novela de Emily Brontë es de generar polémica. Cumbres Borrascosas es un texto que habla de deseo reprimido, raza y etnicidad, traumas generacionales, relaciones tóxicas, duelo, lucha entre clases sociales, género.

No obstante, en su transición al medio audiovisual, estos elementos se pierden, dejando la trama reducida a un romance. Por ello, al contrario que otros clásicos, todavía no ha tenido una versión que se considere completa y haya sido unánimemente celebrada. La de Fennell, hasta ahora, no promete desmarcarse de esta tendencia sino llevarla a nuevos extremos.

Los amantes de las cumbres

Remontémonos a 1939, año en que se estrena la adaptación dirigida por William Wyler y protagonizada por Merle Oberon y Laurence Olivier en los papeles de los protagonistas de la primera parte del libro: Heathcliff y Catherine.

Producto de la Edad de Oro de Hollywood, esta versión elimina los elementos más enrevesados e incómodos de la trama. Por ejemplo, queda borrada la segunda generación de personajes, que son las víctimas de la crueldad y sed de venganza desencadenada por sus mayores. Como si de Romeo y Julieta se tratase, la espiral de odio generada entre las dos familias protagonistas –los Linton y los Earnshaw– muere con los amantes. Así, las figuras de los fantasmas de Heathcliff y Catherine cogidos de la mano perdiéndose en la distancia hacia las cumbres han quedado grabadas en el imaginario popular: al fin y al cabo, no sólo los libros sino también las películas tienen la capacidad de constituir canon.

La pregunta ahora es: ¿qué va a hacer esta nueva adaptación con su herencia?

En primer lugar, aceptarla. El póster oficial hace una inequívoca referencia al cine clásico, mostrándonos a los protagonistas envueltos en un hollywoodiense abrazo. Asimismo, llegará a los cines el día de San Valentín, toda una declaración de (románticas) intenciones.

Tres carteles que muestran un mismo tipo de abrazo en su diseño gráfico.
Comparativas de los carteles de Cumbres Borrascosas de 1939, la nueva versión que se estrenará en 2026 y la película clásica de Hollywood Lo que el viento se llevó.
Amazon/Filmaffinity

Por otro lado, doblar la apuesta. Donde otros directores sólo se han atrevido a sugerir, Fennell va a ser explícita. Su tráiler ofrece cuerpos semidesnudos, sudor, corsés, miradas lascivas y fetichismo. Su estética abigarrada recuerda a María Antonieta, Romeo + Julieta o Pobres Criaturas.

Además, todo sucede al ritmo de “Everything is romantic” (“Todo es romántico”) de Charli xcx. Esta canción aparece en el álbum BRAT, fenómeno electro-pop famoso (y premiado) por su descarada exploración de la feminidad, la sexualidad, las contradicciones y la complejidad emocional que implica ser mujer. Todos estos elementos, denominados “paratextuales”, no deben ser ignorados, dado que ayudan a descifrar claves de gran importancia escondidas a plena vista.

El casting: Barbie conoce al chico de moda

“Era moreno, y por el color de su tez parecía un gitano”.

Con estas palabras describe el narrador, Mr. Lockwood, a Heathcliff al comienzo de la novela. El protagonista masculino es un personaje marginal, un intruso; diferenciado del resto por su origen incierto.

En 1939, este Heathcliff quedó transformado en un contenido caballero. En los años 70 fue visto como un hombre más salvaje y agresivo y, de los 90 en adelante, adoptó un matiz trágico.

En 2026, llega Jacob Elordi, el rostro de moda de la industria. Ha pasado de interpretar papeles juveniles (Mi primer beso, Euphoria) a integrarse en la oscura y erótica Saltburn (también dirigida por Fennell en 2023) y ser “la criatura” en el Frankenstein de Guillermo del Toro (2025). Con este bagaje, su presencia en la futura Cumbres Borrascosas promete una mezcla entre el ostracismo del monstruo de Mary Shelley y el sex appeal del icono adolescente.

Un hombre en un páramo y una mujer en un coche de caballos.
Jacob Elordi y Margot Robbie en dos escenas de la nueva Cumbres Borrascosas.
IMDB

¿Y quién es ella? Nada más y nada menos que Margot Robbie: Harley Quinn, Isabel I, Sharon Tate, Barbie… A lo largo de su carrera ha cosechado papeles de mujeres que no pasan desapercibidas y, para más inri, Robbie es fundadora de LuckyChap, la productora que está tras esta película y que nació de un deseo de dar mayor preeminencia a los papeles femeninos. A pesar de la criticada diferencia de edad entre los intérpretes, tras esta elección existe el potencial de un primer acercamiento a Catherine Earnshaw desde el empoderamiento.

Un hombre de piel negra observa algo fuera de campo.
James Howson como Heathcliff en la versión de 2011 de Cumbres Borrascosas.
IMDB

Sin embargo, no es tanto lo que prometen sino lo que no cumplen lo que se ha convertido en motivo de debate. Y es que, con excepción de la adaptación dirigida por Andrea Arnold en 2011, no se ha vuelto a ver a un Heathcliff que encajase con la descripción de su creadora. Para decepción de los espectadores, esta versión vuelve a dar el papel protagonista a un actor con rasgos caucásicos.

En cuanto a Cathy, se corre el riesgo de volver a convertirla en un objeto de deseo, y no en la mujer que sueña con correr por los páramos “medio salvaje, fuerte y libre”, como la describió Brontë.

El futuro de Cumbres Borrascosas

¿Conseguirá la adaptación de Fennell romper la maldición que ha impedido a sus predecesoras ganarse a su entregado público? Hasta el 14 de febrero de 2026 no se podrán hacer declaraciones definitivas.

Sin embargo, sí hay una conclusión a la que se puede llegar a día de hoy: este tráiler ha conseguido mantener el espíritu provocador de Cumbres Borrascosas con vida. Este no es otro que el objetivo de la adaptación como fenómeno cultural y disciplina académica: analizar, conjeturar, debatir. Disfrutemos pues, hasta el día del estreno, de la incertidumbre.

The Conversation

Lucía Celdrán Noguera es beneficiaria de un contrato de Formación del Personal Investigador a cargo de la Fundación Séneca (Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia)

ref. El tráiler de la nueva ‘Cumbres Borrascosas’: un minuto y medio de pura controversia – https://theconversation.com/el-trailer-de-la-nueva-cumbres-borrascosas-un-minuto-y-medio-de-pura-controversia-265420

Why a quick compromise to the first government shutdown in nearly 7 years seems unlikely

Source: The Conversation – USA – By Charlie Hunt, Associate Professor of Political Science, Boise State University

The Capitol is seen in Washington, D.C., on Sept. 25, 2025. AP Photo/J. Scott Applewhite

Congress failed to meet an Oct. 1 deadline to adopt a spending measure and keep the federal government open, resulting in the first government shutdown in nearly seven years. With both Democrats and Republicans seemingly prepared for a long fight, Alfonso Serrano, a politics editor at The Conversation, interviewed Charlie Hunt, a congressional expert at Boise State University, about the prospects of a compromise and what’s at stake for both parties.

Both sides appear to be dug in. Do you see a path to a quick compromise?

Not at this point. The Democrats have made clear at least what their stated sticking point is: these health care subsidies that are set to expire at the end of this year that were part of the Obamacare legislation. Politically speaking, this is part of a larger tactic of pushing back broadly and finally having some point of leverage against the Trump administration. The Democrats are going to use this moment to draw attention to what they see as abuses in the administration.

There have been a number of incidents like the spectacle at the Department of Defense (on Sept. 30), the use of the military in cities, and a lot of the other uses or abuses of the Justice Department or the Trump administration. Even though those all are technically separate from the shutdown issue, it’s impossible to talk about the Democrats’ strategy without making reference to those as things that a lot of folks of the left are really upset about. And this is a vehicle by which the Democrats can push back politically and actually use some of their power to stop momentum and draw attention to what the administration is doing.

But on the Republican side of things, they have a pretty simple argument, which is they want to continue funding the government at current levels and the Democrats do not. Until those dynamics change, or until enough Democratic senators get nervous about the optics of what is going on, no, I don’t see a pathway out.

How does the White House’s power over government spending, in the form of impoundment, affect negotiations?

The process of impoundment is basically the executive branch declining to spend money that Congress has appropriated. Technically speaking, that is not legal under the Impoundment Act that was passed following Richard Nixon practicing this method in the 1970s. If you’re the Democrats and you’re trying to negotiate for some kind of spending, for instance on these health care subsidies, and say you win a concession from the Republicans, then the Democrats might rightfully say, “Why would we even agree to this when we think there’s a chance that you’re either going to impound these funds that we’re appropriating for these subsidies, or you’re just going to have another rescissions package and the Republican-led Congress, with a simple majority, is just going to take these funds back? And then we haven’t won any concessions.”

Who are key players and groups of senators and representative who might decide how long this shutdown lasts?

You have people like GOP Sen. Rand Paul who are sort of the Tea Party or Freedom Caucus wing of the party, who want to see less government spending overall, and on principal tend to oppose these continuing resolutions. He was the only Republican who voted against the GOP bill last night. I have the feeling that if Republicans like the Senate Majority Leader John Thune manage to peel off a few more Democrats, and Rand Paul ends up being the deciding vote, they might be able to get him on board to pass this package.

In terms of the Senate, the real sticking points are the Democrats. You’ve got a shrinking number of moderate Democrats who could end up joining the Republicans on future votes to pass their spending bill. (You have) John Fetterman of Pennsylvania, who has been a bit of a wild card for the Democrats ever since he took office in 2023. Then you’ve got other more moderate Democrats from middle-of-the-road states. People like Catherine Cortez Masto in Nevada and others from states like Arizona or Pennsylvania, or maybe Wisconsin. But, for the most part, the Democrats have held the line.

To me, at the end of the day it’s a question of how much leadership in these two parties can hold together their caucus. I think both Chuck Schumer and Hakeem Jeffries, the Democratic leaders in the Senate and House, respectively, have faced a ton of blowback from Democratic voters, who have made it really clear that their strategy last time was not something the left supported. So I think there’s a lot more political pressure on them this time. And (Schumer and Jeffries) are going to sort of use that pressure a lot more with their caucus members than they did last time.

The dome of the U.S. Capitol is seen surrounded by U.S. flags.
The dome of the U.S. Capitol is seen before dawn on Wednesday, Oct. 1, 2025, in Washington.
AP Photo/Mark Schiefelbein

Which party stands to lose more from the political backlash of the shutdown?

It’s perfectly possible that we end up having this fight and there are no winners. A lot of times in these negotiations it ends up being who can save the most face. Who can get away from the fight without having lost the respect of their own supporters.

I have the feeling that most Democratic senators understand that Republicans are not going to suddenly give in on these health care subsidies, or that Donald Trump is going to suddenly say, “You know what, you’re right. We shouldn’t use the military in American cities.” Or that (Director of the Office of Management and Budget) Russell Vought is suddenly going to say, “You’re right. The executive branch should really stop impounding funds and we’re just going to give you what you want.” The Democrats understand that, but they are trying to demonstrate to their voters that they are going to do some kind of fighting and use whatever small leverage they do have.

I think there is more on a policy basis for the Democrats to lose just based on their ideological principles. There are plenty of Republicans that, frankly, are happy to see the government shut down, to demonstrate to the American people that “hey, look, you don’t need this much government, you can get away with less, this is a good opportunity maybe to cut a bunch of government programs, do mass firings of federal workers, as the OMB director has suggested.” Whereas the Democrats favor more robust social safety net programs and more government spending to achieve their goals.

So the longer the government stays shut down, the less funding those programs are going to get. In that sense, the Democrats have more to lose. On the other hand, the Republicans can lose a lot in terms of public relations because of who is leading their party.

I think Donald Trump demonstrated in the last shutdown, back in 2018-2019, that he has a great deal of difficulty not making these fights all about him, at least from a public perspective. That doesn’t tend to go well for him because he’s a pretty unpopular president, because he tends to bite off more than he can chew in fights like these. And that’s something the Democrats can use to their advantage from a public relations or communications perspective, in terms of talking to their voters.

But the question is going to be: How much of that is worth the losses that are going to be incurred if we’re talking about a government that is shut down for weeks or even months? That’s going to be a lot of pain for Americans. Then it just turns to who ends up getting the blame. And I don’t think we know enough yet.

The Conversation

Charlie Hunt does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Why a quick compromise to the first government shutdown in nearly 7 years seems unlikely – https://theconversation.com/why-a-quick-compromise-to-the-first-government-shutdown-in-nearly-7-years-seems-unlikely-266450

Cellphones in schools – more states are taking action to reduce student distraction without eliminating tech access

Source: The Conversation – USA (2) – By Kui Xie, Dean of College of Education and Human Development, University of Missouri-Columbia

States including Michigan and Colorado are restricting the ways students can use digital devices in school. Jim Watson/AFP via Getty Images

Across the United States, more schools are implementing policies restricting cellphones as concerns about digital distraction, mental health and academic performance rise.

The scale of the issue is significant. According to a 2023 report from Common Sense Media, 97% of students between the ages of 11 and 17 use their cellphones at least once during the school day. These students spend a median of 43 minutes online each day during school hours. Social media, YouTube and gaming were the students’ top cellphone uses.

Schools have already begun taking action. Data from the National Center for Education Statistics published in 2025 shows that 77% of public schools ban cellphones during classes. Thirty-eight percent of schools have cellphone policies that restrict use outside of class as well – including during free periods, between classes or during extracurricular activities.

Policymakers in different states and educators in school districts across the country are putting into place a variety of solutions. Some rely on partial restrictions, while others enforce complete bans.

Many are still searching for the balance between technology access and minimizing distraction.

What is clear, however, is that cellphones have become one of the central issues shaping today’s classroom environment.

The role of technology in the classroom

As researchers and professors who study the integration of technology for teaching and learning – and who are also parents of school-aged children – we firmly believe that digital technologies are no longer optional add-ons. They have become indispensable in modern classrooms, acting as versatile instruments for instruction, collaboration and student engagement.

Take, for example, the ongoing shift from traditional paper textbooks to digital ones. This transformation has broadened access and created new opportunities for interactive, personalized learning. Abundant evidence demonstrates the positive effects of technology in supporting students’ engagement in class and their academic performance.

Students’ access to digital devices has improved significantly as schools across the United States continue investing in technology infrastructure. A 2023 report from the National Center for Education Statisitics indicates that 94% to 95% of public schools now provide devices to students who need them – although disparities exist between states.

A growing number of districts are adopting 1:1 initiatives, ensuring that every student has access to a personal device such as a laptop or tablet. These initiatives accelerated after the COVID-19 pandemic made clear the need for reliable access to learning technologies in schools for all students. They highlight the central role technology now plays in shaping everyday classroom instruction.

These technologies hold great educational potential. Yet, when not integrated thoughtfully and regulated effectively, they can inadvertently reduce focus and undermine learning.

Our recent systematic review on digital distraction in classrooms, which synthesized 26 empirical studies, finds three main drivers of distraction among students:

  • Technology-related factors included constant social networking, texting and cellphone addiction. These accounted for over half of the reported distractions.

  • Personal needs, such as entertainment, made up more than one-third.

  • Instructional environment, including classroom instruction that isn’t engaging, poor classroom management and difficult course content, accounted for the rest.

To address these challenges, the authors of the papers we reviewed suggested strategies such as teaching students how to control their own behavior and focus, silencing notifications, issuing clear device policies or banning devices.

The studies in our review also drew a clear distinction between school-provided and personally owned mobile devices. Devices provided by schools are typically equipped for instructional purposes, enhanced with stronger security and designed to restrict distracting uses. Personal devices are far less regulated and more prone to off-task use.

As schools increasingly provide devices designed for learning, the role of personal cellphones in classrooms becomes harder to justify as they present more risks of distraction than educational benefits.

Laws and policies regarding cellphone use

Several states in the U.S. have passed laws banning or restricting cellphone use in schools, with some notable differences.

States vary in how they define wireless communication devices. In Michigan, Senate Bill 234, passed in May 2025, describes a wireless communication device as an “electronic device capable of, but not limited to, text messaging, voice communication, entertainment, navigation, accessing the internet, or producing email.”

While most of the states have several technology types listed under wireless communication devices, a Colorado bill passed in May 2025 clearly identified that laptops and tablets did not fall under the list of restricted wireless communication devices.

A white teen sits outside absorbed in her phone. She is wearing black clothing, glasses and headphones.
A high school student in Lafayette, Colo., checks her phone.
Hyoung Chang/The Denver Post via Getty Images

Most state laws don’t specify whether the bans apply to both personally owned devices and school-owned devices. One exception is the bill Missouri passed in July 2025, which clearly specifies its ban refers only to personal devices.

North Carolina made exceptions in a bill approved in July 2025, allowing students to use wireless communication devices for instructional purposes. Other exceptions in the North Carolina bill include an emergency, when students’ individual education programs call for it, and a documented medical condition.

In their bills, most states provide recommendations for school districts to create cellphone use policy for their students. To take one typical example, the policy for Wake County in North Carolina, one of the state’s largest school districts, specifically refers to personal wireless communication devices. For elementary and middle school students, they must be silenced and put away between morning and afternoon bells, either in a backpack or locker. For high school students, teachers may allow them to be used for lessons, but they must otherwise be silenced and put away during instructional time. They can be used on school buses with low volume and headphones.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Cellphones in schools – more states are taking action to reduce student distraction without eliminating tech access – https://theconversation.com/cellphones-in-schools-more-states-are-taking-action-to-reduce-student-distraction-without-eliminating-tech-access-256968

Jane Goodall, the gentle disrupter whose research on chimpanzees redefined what it meant to be human

Source: The Conversation – USA (2) – By Mireya Mayor, Director of Exploration and Science Communication, Florida International University

Jane Goodall appears on stage at 92NY in New York on Oct. 1, 2023. Charles Sykes/Invision/AP

Anyone proposing to offer a master class on changing the world for the better, without becoming negative, cynical, angry or narrow-minded in the process, could model their advice on the life and work of pioneering animal behavior scholar Jane Goodall.

Goodall’s life journey stretches from marveling at the somewhat unremarkable creatures – though she would never call them that – in her English backyard as a wide-eyed little girl in the 1930s to challenging the very definition of what it means to be human through her research on chimpanzees in Tanzania. From there, she went on to become a global icon and a United Nations Messenger of Peace.

Until her death at age 91, Goodall retained a charm, open-mindedness, optimism and wide-eyed wonder that are more typical of children. I know this because I have been fortunate to spend time with her and to share insights from my own scientific career. To the public, she was a world-renowned scientist and icon. To me, she was Jane – my inspiring mentor and friend.

Despite the massive changes Goodall wrought in the world of science, upending the study of animal behavior, she was always cheerful, encouraging and inspiring. I think of her as a gentle disrupter. One of her greatest gifts was her ability to make everyone, at any age, feel that they have the power to change the world.

Jane Goodall documented that chimpanzees not only used tools but make them – an insight that altered thinking about animals and humans.

Discovering tool use in animals

In her pioneering studies in the lush rainforest of Tanzania’s Gombe Stream Game Reserve, now a national park, Goodall noted that the most successful chimp leaders were gentle, caring and familial. Males that tried to rule by asserting their dominance through violence, tyranny and threat did not last.

I also am a primatologist, and Goodall’s groundbreaking observations of chimpanzees at Gombe were part of my preliminary studies. She famously recorded chimps taking long pieces of grass and inserting them into termite nests to “fish” for the insects to eat, something no one else had previously observed.

It was the first time an animal had been seen using a tool, a discovery that altered how scientists differentiated between humanity and the rest of the animal kingdom.

Renowned anthropologist Louis Leakey chose Goodall to do this work precisely because she was not formally trained. When she turned up in Leakey’s office in Tanzania in 1957, at age 23, Leakey initially hired her as his secretary, but he soon spotted her potential and encouraged her to study chimpanzees. Leakey wanted someone with a completely open mind, something he believed most scientists lost over the course of their formal training.

Because chimps are humans’ closest living relatives, Leakey hoped that understanding the animals would provide insights into early humans. In a predominantly male field, he also thought a woman would be more patient and insightful than a male observer. He wasn’t wrong.

Six months in, when Goodall wrote up her observations of chimps using tools, Leakey wrote, “Now we must redefine tool, redefine Man, or accept chimpanzees as human.”

Goodall spoke of animals as having emotions and cultures, and in the case of chimps, communities that were almost tribal. She also named the chimps she observed, an unheard-of practice at the time, garnering ridicule from scientists who had traditionally numbered their research subjects.

One of her most remarkable observations became known as the Gombe Chimp War. It was a four-year-long conflict in which eight adult males from one community killed all six males of another community, taking over their territory, only to lose it to another, bigger community with even more males.

Confidence in her path

Goodall was persuasive, powerful and determined, and she often advised me not to succumb to people’s criticisms. Her path to groundbreaking discoveries did not involve stepping on people or elbowing competitors aside.

Rather, her journey to Africa was motivated by her wonder, her love of animals and a powerful imagination. As a little girl, she was entranced by Edgar Rice Burroughs’ 1912 story “Tarzan of the Apes,” and she loved to joke that Tarzan married the wrong Jane.

When I was a 23-year-old former NFL cheerleader, with no scientific background at that time, and looked at Goodall’s work, I imagined that I, too, could be like her. In large part because of her, I became a primatologist, co-discovered a new species of lemur in Madagascar and have had an amazing life and career, in science and on TV, as a National Geographic explorer.
When it came time to write my own story, I asked Goodall to contribute the introduction. She wrote:

“Mireya Mayor reminds me a little of myself. Like me she loved being with animals when she was a child. And like me she followed her dream until it became a reality.”

In a 2023 interview, Jane Goodall answers TV host Jimmy Kimmel’s questions about chimpanzee behavior.

Storyteller and teacher

Goodall was an incredible storyteller and saw it as the most successful way to help people understand the true nature of animals. With compelling imagery, she shared extraordinary stories about the intelligence of animals, from apes and dolphins to rats and birds, and, of course, the octopus. She inspired me to become a wildlife correspondent for National Geographic so that I could share the stories and plights of endangered animals around the world.

Goodall inspired and advised world leaders, celebrities, scientists and conservationists. She also touched the lives of millions of children.

Two women face each other, smiling and holding a book
Jane Goodall and primatologist Mireya Mayor with Mayor’s book ‘Just Wild Enough,’ a memoir aimed at young readers.
Mireya Mayor, CC BY-ND

Through the Jane Goodall Institute, which works to engage people around the world in conservation, she launched Roots & Shoots, a global youth program that operates in more than 60 countries. The program teaches children about connections between people, animals and the environment, and ways to engage locally to help all three.

Along with Goodall’s warmth, friendship and wonderful stories, I treasure this comment from her: “The greatest danger to our future is our apathy. Each one of us must take responsibility for our own lives, and above all, show respect and love for living things around us, especially each other.”

It’s a radical notion from a one-of-a-kind scientist.

The Conversation

Mireya Mayor does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Jane Goodall, the gentle disrupter whose research on chimpanzees redefined what it meant to be human – https://theconversation.com/jane-goodall-the-gentle-disrupter-whose-research-on-chimpanzees-redefined-what-it-meant-to-be-human-205909

Childhood wealth and social status can help people get leadership roles in adulthood

Source: The Conversation – Canada – By Steve Granger, Assistant Professor, John Molson School of Business, Concordia University

Consider two teenagers searching for summer work. One is offered an opportunity to assist a project manager at their uncle’s construction company. The other submits a dozen retail applications, hoping for a call back. Who is more likely to hold a formal leadership position in their 20s?

Stories like this play out across families of different economic backgrounds every day. Our recent research shows that pathways to leadership often begin much earlier than many assume, and are shaped by social capital that accumulates throughout childhood and adolescence.

We studied more than 6,700 people born in the same week in April 1970 across Great Britain, tracked from birth to age 26 through the British Cohort Study.

Rather than measuring socioeconomic status at just one point in time, we were able to capture it repeatedly: at birth, and ages 5, 10 and 16. This gave us a rare opportunity to see how persistent exposure to either wealth or adversity shaped who went on to take up formal leadership roles as young adults and who did not.

Affluence versus adversity

Our findings revealed a striking pattern. Children who grew up in persistent wealth — whose parents consistently held managerial or professional occupations — were more likely to occupy leadership roles by their mid-20s.

Conversely, those who grew up in persistent adversity — whose parents consistently worked in lower-skilled or semi-skilled occupations, such as routine service, manual or support roles as defined in the U.K. National Statistics Socio-economic Classification — were less likely to hold similar leadership positions.

But what makes these findings particularly revealing is that persistent exposure to wealth or adversity isn’t simply being on opposite ends of one continuum. Instead, they represent two very different paths that result in distinct socialization experiences.

On one hand, persistent wealth creates cumulative benefits by providing repeated access to resources, enriching experiences and better-connected social networks. On the other hand, persistent adversity can compound barriers, limiting opportunities for skill development, access to quality education and early exposure to professional environments.

Both paths land young people at very different career starting points that either open or close doors to leadership opportunities.

Pathways through social networks

For children from affluent families, leadership pathways often run through social networks. Access to what we call “nepotistic opportunities” — job connections through family and friends — partially explained why these children were more likely to emerge as leaders later on.

This isn’t always blatant favouritism. Instead, it reflects how affluent families more easily provide access to “weak ties” — the kinds of looser connections that open doors to new information and opportunities.

Consider again the teenager whose uncle arranges a summer job on a construction site. They don’t just earn money; they also learn about co-ordinating teams in professional environments and they form relationships. These encounters build social capital that can shape their path to leadership.

Not just a lack of connections

By contrast, we expected that children from disadvantaged backgrounds would show the mirror image of this pattern: that missing out on opportunities to build their social network would explain their lower odds of becoming leaders.

But our data told a different story.

Persistent early life adversity was linked to fewer leadership roles in adulthood, but not simply because of missed social opportunities. The teenager cold-applying to retail jobs does indeed face barriers to later leadership, but more complex and deeper-rooted factors are likely at play.

The disadvantages of growing up in persistent adversity may be rooted in other factors not measured in our study, such as reduced access to non-parental mentors, lower quality schooling or the toll of long-term economic stress on well-being.

What organizations can do

Addressing disadvantage requires tackling the deeper, systemic ways persistent economic wealth and adversity shape development. Employers can help level the playing field.

Acknowledging that social class differences exist in organizations is a crucial first step. This lays the groundwork for reducing bias in leadership recruitment, selection, retention efforts and improving access to leadership development.

Recruiting more widely through non-traditional networks and providing employer-sponsored preparation opportunities can make pathways into formal leadership positions more accessible. Dispelling myths about social class, for example through training, can also help reduce bias in selection and improve retention.

Finally, creating developmental networks and mentorship programs can provide the kind of career guidance and connections that affluent families often provide informally.

Leadership isn’t predetermined

The influence of childhood conditions can have lasting effects on career trajectories. In our study, the effects of early socioeconomic status conditions were still visible when participants reached their mid-20s, long after they had finished school and entered the workforce.

Addressing leadership diversity requires not just workplace interventions, but also early investment in supporting childhood development across all socioeconomic backgrounds.

Investments in quality education, mentorship programs and opportunities for young people to build professional networks is crucial for creating more equitable pathways to leadership.

While our findings highlight advantages for affluent youth and barriers for disadvantaged youth, they don’t dictate destiny. Among those who experienced at least some persistent adversity, 34 per cent still rose to leadership positions (compared to 46 per cent of those who experienced at least some persistent wealth).

What our research identifies is how socioeconomic status advantages and disadvantages compound over time, widening the disparity in social experiences that generate leadership opportunities.

Recognizing the distinction between these cumulative effects can help motivate us to create more equitable family and organizational systems where leadership potential is nurtured no matter where you start.

The Conversation

Steve Granger receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Julian Barling receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada and the Borden Chair of Leadership.

Nick Turner receives research funding from Cenovus Energy Inc., Haskayne School of Business’s Future Fund, Mitacs, and the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC).

ref. Childhood wealth and social status can help people get leadership roles in adulthood – https://theconversation.com/childhood-wealth-and-social-status-can-help-people-get-leadership-roles-in-adulthood-265457

Une agriculture 100% bio en France est-elle possible ?

Source: The Conversation – in French – By Michel Duru, Directeur de recherche honoraire, UMR AGIR (Agroécologie, innovations et territoires), Inrae

Les mangeurs bio étant moins exposés aux pesticides, il s’en suit une réduction du risque de développer des maladies chroniques non-transmissibles via l’alimentation. C’est particulièrement démontré pour le cancer du sein chez la femme ménopausée. Elina Mark, CC BY

Une agriculture française 100 % bio serait meilleure pour notre santé et celle de l’environnement. On pourrait arriver à cette généralisation du bio si l’on réduisait notre consommation de viande. Ce qui aurait également des effets bénéfiques pour notre santé.


Pour notre santé comme pour celle des écosystèmes, l’agriculture biologique apporte des bienfaits qui ne sont plus à prouver. Ses détracteurs aiment cependant dire qu’il serait impossible de la généraliser, car sa production par hectare étant souvent moindre, notre dépendance aux importations s’accroîtrait, assurent-ils.

C’est une vision parcellaire de notre système alimentaire. En effet, des études observationnelles, tout comme des scénarios de systèmes alimentaires, montrent qu’une généralisation de l’agriculture biologique serait possible si l’on réduisait en même temps notre consommation de produits animaux. Cela permettrait, d’une part, de libérer des terres arables pouvant compenser ces rendements moindres et, d’autre part, de produire ce dont notre alimentation manque cruellement pour notre santé et que, de plus, nous importons : fruits, légumes et légumineuses. Notre santé comme notre environnement s’en porteraient mieux.

Santé et environnement : des enjeux cruciaux et interdépendants

Commençons par un constat : notre système alimentaire actuel est fort coûteux. Il présente notamment une série de dépenses bien souvent invisibles pour le consommateur. On parle de coûts cachés. Il s’agit des dépenses faites ou qu’il faudrait faire pour corriger les conséquences sanitaires et environnementales de pratiques inadaptées comme :

  • l’utilisation excessive d’engrais azotés et de pesticides de synthèse, qui rendent la France très dépendante des importations et qui, du moins pour ce qui concerne la plupart des pesticides, sont nocifs pour la santé humaine et celle de l’environnement ;

  • la surconsommation de produits ultra-transformés et de produits animaux, en particulier de viande rouge et de charcuterie, qui contribuent au développement de maladies chroniques ;

  • le développement d’élevages très intensifs en intrants, souvent concentrés géographiquement, nécessitant beaucoup d’achats d’aliments pour nourrir les animaux, avec comme conséquences des nuisances graves sur les écosystèmes, comme le montre, par exemple, le problème des algues vertes en Bretagne.

Mises bout à bout, toutes ces dépenses équivalent presque aujourd’hui au prix total des denrées alimentaires consommées en France, soit 170 milliards d’euros.

La bonne nouvelle, c’est que l’agriculture et l’alimentation bio permettraient de réduire ces dépenses, car elles n’utilisent pas d’intrants de synthèse, sont plus exigeantes pour les modes d’élevage et plus restrictives quant aux additifs autorisés dans la fabrication des aliments. En outre, le bio comporte de nombreux bienfaits qui plaident en faveur de sa généralisation.

Meilleure pour la santé

L’alimentation bio est, avant tout, meilleure pour la santé. Ainsi, les produits biologiques ont en moyenne des teneurs un peu supérieures en micronutriments d’intérêt pour la santé, notamment des antioxydants, mais leur atout principal est de contenir bien moins de résidus de pesticides, à l’exception du spinosad, un insecticide naturel. Les mangeurs bio étant moins exposés aux pesticides, il s’en suit une réduction du risque de développer des maladies chroniques non transmissibles par l’alimentation, comme l’ont montré des études épidémiologiques et quelques études cliniques. C’est particulièrement démontré pour le cancer du sein chez la femme ménopausée.

Des effets contrastés sur l’environnement

L’agriculture bio a également nombre d’atouts pour le sol et pour la biodiversité qui sont bien documentés. En élevage, les vaches utilisent peu de terres labourables et elles pâturent dès que les conditions le permettent, si bien que leur alimentation entre peu en compétition avec la nôtre. Les achats de fourrages et de compléments sont également limités.

Les élevages de porcs et de volailles ont une moindre densité d’animaux par mètre carré et ont accès à des parcours, ce qui est mieux pour le bien-être animal. La plus faible densité d’animaux permet aussi d’utiliser les fumiers avec moins de risque de pollution, car plus d’hectares sont disponibles pour leur épandage. Toutes ces caractéristiques font qu’on parle d’élevage « avec lien au sol ».

Les émissions de gaz à effet de serre qui contribuent au réchauffement climatique, bien que très variables selon les études, sont, lorsqu’exprimées par kilogramme de produit, en moyenne un peu plus élevées en bio si les rendements des cultures sont plus faibles et les temps d’élevage sont plus longs. Il en est de même des pertes de nitrates à l’origine, par exemple du problème des algues vertes en Bretagne. Un autre point négatif parfois pointé est celui du cuivre et du soufre qu’utilisent certains vignerons ou maraîchers bio pour lutter contre les maladies et qui ne sont pas sans impact sur les sols.

Mais la principale faiblesse de l’agriculture bio provient des rendements de cultures moindres qu’en agriculture conventionnelle d’environ 25 % en moyenne ; les différences les plus fortes étant observées pour les céréales et pour les pommes de terre (jusqu’à 35 %) et les plus faibles pour le tournesol, pour les fruits et légumes (20 %). Pour les productions animales, les différences moyennes sont de 15 %.

De façon générale, il faut plus de surfaces pour obtenir une même quantité de produits. C’est d’ailleurs la raison pour laquelle il a été montré par modélisation au Royaume-Uni qu’une généralisation de l’alimentation bio n’est pas possible.

En France, une agriculture totalement bio est encore loin d’advenir, vu que l’agriculture conventionnelle représente aujourd’hui 90 % des terres agricoles et qu’elle reste à l’origine de 94 % des dépenses alimentaires des ménages.

De ce fait, cela peut sembler ironique quand on entend les craintes de dépendance aux importations que soulèvent les sceptiques du bio, car l’agriculture française est déjà aujourd’hui très dépendante des produits importés, avec 2 millions de tonnes d’engrais azotés de synthèse et 3,5 millions de tonnes de tourteaux de soja pour l’agriculture conventionnelle, auxquels il faut ajouter l’équivalent de 680 000 hectares de fruits et légumes.

D’où la question : est-il possible de consommer plus de produits bio, globalement bénéfiques pour la santé et pour l’environnement, malgré des productions agricoles plus faibles ?

Diminuer la viande dans l’assiette pour généraliser le bio

La réponse est oui, si l’on diminue notre consommation de produits animaux, et donc la surface agricole réservée à l’élevage pour en consacrer plus aux productions végétales. Pour évaluer quelle diminution serait bénéfique à la fois pour la santé et pour l’environnement, commençons par regarder quelles sont les recommandations sur la part de protéines végétales et animales que l’on devrait avoir dans notre alimentation.

Notre consommation moyenne de protéines totales (1,4 g/jour de protéines par kilogramme de poids corporel) excède aujourd’hui les recommandations d’environ 30 % et les besoins de 70 % (0,83 g/jour de protéines par kilogramme de poids corporel). Un régime plus végétalisé demeure meilleur pour la santé. Il serait même possible d’utiliser jusqu’à 80 % de protéines végétales tout en assurant nos besoins en micronutriments essentiels, comme la vitamine B12, pour apporter suffisamment de protéines, à condition d’associer des céréales aux légumineuses de façon à avoir un apport équilibré en acides aminés.

Ces données scientifiques permettent de définir un ordre de grandeur pour une baisse sans risque de la consommation de produits carnés, qui serait de l’ordre de 50 % en moyenne pour respecter les limites planétaires, notamment pour le climat et pour l’azote, sans augmenter la dépendance aux importations.

Moins manger de viande n’est d’ailleurs pas aberrant du tout d’un point de vue historique, car, si certains associent un régime très carné à des traditions culturelles, les Français mangeaient en réalité moitié moins de viande il y a cent ans.

Les produits laitiers sont également surconsommés aujourd’hui, au regard des recommandations nutritionnelles, avec une consommation moyenne de 70 grammes de fromage par jour lorsqu’il est conseillé de ne pas dépasser 40 grammes.

Une alimentation plus bio est donc possible en végétalisant l’assiette, car diminuer la consommation de produits animaux réduirait bien plus la surface pour se nourrir que la généralisation d’une alimentation bio ne l’augmenterait.

Ainsi, réduire la consommation de produits animaux permet de diviser par deux cette surface (de 8,3 m²/jour pour ceux qui mangent moins de 50 grammes de viande par jour à 16,8 m²/j pour ceux qui en mangent plus de 100 grammes par jour), alors que consommer bio ne l’augmenterait que de 30 %. De cette façon, il serait possible de libérer au moins 4 millions d’hectares de cultures utilisées par l’élevage et de les affecter à des productions végétales cultivées en bio, compensant ainsi des rendements inférieurs, notamment pour les céréales.

Quel type d’élevage favoriser ?

Reste la question de savoir quels types d’élevage il faudrait en priorité diminuer et ceux qui, au contraire, sont à favoriser.

Les élevages de ruminants (bovins, ovins) à soutenir sont ceux où l’alimentation des animaux provient principalement des prairies pâturées ou récoltées. De tels élevages sont plus faciles à mettre en œuvre en bio. Ils sont meilleurs pour l’environnement car ils génèrent moins de pollutions azotées et utilisent bien moins ou pas de pesticides. En outre, le lait et la viande sont plus riches en acides gras insaturés à fonction anti-inflammatoire.

En conséquence, la réduction des productions animales devrait surtout concerner les élevages les plus intensifs en intrants de synthèse, et/ou concentrés géographiquement, qui utilisent le plus de terres labourables et sont le plus dépendants d’importations de concentrés (soja) pour l’alimentation des animaux. Une partie des terres labourables – 3,8 millions d’hectares pour l’élevage des ruminants et 3,9 millions d’hectares pour les porcs et les volailles – serait alors utilisée pour des productions végétales en bio.

Les scénarios conçus à l’échelle de l’Union européenne et de la France montrent que la mise en œuvre de pratiques agroécologiques ne permet pas à elle seule d’atteindre les objectifs de politiques publiques en matière de climat et d’émissions d’azote. Cela nécessite donc de végétaliser l’assiette, en complément du développement massif des légumineuses, qui ont l’immense intérêt de ne pas exiger d’apport en engrais azotés, de réduire de moitié le gaspillage alimentaire, et de recycler une partie de nos urines naturellement riches en azote. En effet, un point faible de l’agriculture biologique est souvent le manque d’azote, nécessaire à la croissance des plantes.

La bio étant une forme emblématique, mais perfectible, de l’agroécologie, le progrès des connaissances pour développer une agriculture, dite biorégénératrice, fondée sur les processus écologiques permettrait de réduire les différences de production avec l’agriculture conventionnelle. Cela suppose d’activer de nombreux leviers agronomiques : la diversification végétale, les pratiques améliorant la santé du sol ainsi que des modes d’alimentation des animaux fondés sur l’herbe pour les ruminants et sur la complémentation en lin pour les monogastriques.

Ignorant ces données scientifiques quant à nos besoins en protéines animales et leurs impacts sur l’environnement, le débat sur le bio est souvent mal posé.

The Conversation

Membre du Conseil scientifique de PADV (Pour une Agriculture du Vivant)

ref. Une agriculture 100% bio en France est-elle possible ? – https://theconversation.com/une-agriculture-100-bio-en-france-est-elle-possible-263394

Dams for development? Unpacking tensions in the World Bank’s hydropower policies

Source: The Conversation – Africa – By Barnaby Joseph Dye, Lecturer, King’s College London

Dams have been emblematic of the World Bank’s approach to development for many decades. From the bank’s early years in the 1960s and 1970s, large-scale infrastructure projects such as dams, power plants and transport networks were central to its strategy for economic growth and poverty reduction. This reflected a top-down modernisation paradigm.

But the controversial social, economic and environmental impacts of dams sparked widespread criticism. This prompted internal scrutiny and a reduction in funding by the 1990s. Notable examples included the bank’s withdrawal from India’s Narmada Dam and Nepal’s Arun III hydropower project. Both followed large-scale protests.

From 2007, the bank’s support for dams began to rise again, reflected in an increasing portfolio of projects. There were two main drivers. Hydropower gained renewed appeal as a low-carbon energy source. And infrastructure-led economic growth regained prominence in development policy. Yet, earlier debates were not erased: questions about social, environmental and political consequences continued to influence decision-making.

This begs the question of whether anything has changed. Does the World Bank approach dams differently today? Did past protests and policy reforms have a longer-lasting effect?

We are researchers examining the politics of development, with a focus on dam decision-making in Africa and South Asia. In a recent book chapter we show that debates over dams are far from settled. Reforms have strengthened planning, impact assessment and mitigation. But change has been gradual, contested and layered, reflecting the deeply political nature of large-scale infrastructure projects.

In the book chapter we trace how the World Bank’s approach to dams has shifted over decades. We ask whether reforms have genuinely altered how dams are built and their impacts.

The answer is nuanced. Reforms have improved planning, impact assessment and mitigation. These changes have indeed reduced negative social and environmental effects. But they have been introduced gradually, in layers, without fully replacing older practices.

Some negative impacts continue to be overlooked, and compensation schemes are often inadequate. The balance of trade-offs has shifted. Yet decades of reform have not resolved the tensions surrounding dam-building. These remain hotly debated both within and outside the bank.

This reveals the World Bank as a dynamic institution, shaped by debates and contestations. These take place within the organisation and from governments, communities and civil society. Policy-making and implementation are inherently contested processes. Both require careful negotiation, oversight and engagement.

Our findings highlight the importance of critical engagement and independent research to influence how large-scale infrastructure projects are planned and executed. And to bring alternative perspectives into institutional decision-making.

The evolution of dam-building

In the mid- to late 20th century, the World Bank championed large dam projects as engines of economic growth. The bank supported hydropower and irrigation infrastructure across Asia, Africa and Latin America. These projects often prioritised technical and financial feasibility over social and environmental issues.

The consequences were significant: widespread displacement, ecological damage and resistance from affected communities and advocacy groups.

Civil society, academic research and internal bank discussions increasingly criticised this approach. By the 1990s, development thinking began to shift. Greater emphasis was placed on participation, environmental safeguards, and social inclusion. Concepts such as sustainable livelihoods, social capital, and community-driven development gained traction. Participatory development approaches became more prominent.

The bank increasingly positioned itself as a “knowledge bank”. It began to emphasise data collection and local consultation alongside financing.

New mechanisms were introduced to embed participation and safeguard considerations. These included social and environmental impact assessments and stakeholder consultations. Yet these processes often operated within existing frameworks that continued to prioritise economic and engineering objectives. The result was that technical and financial considerations largely remained central.

Participation or performance?

In theory, local consultation and stakeholder engagement have become integral to the World Bank’s approach to dam development. In practice, however, these processes often serve more as legitimising tools than as genuine mechanisms for power redistribution.

For example, in Nepal, the World Bank’s subsidiary, the International Finance Corporation, promotes sustainable hydropower through stakeholder-based discussions and training programmes. Yet these initiatives frequently exclude key local actors. The focus instead remains on government agencies, industry representatives and international donors.

Similarly, at the Rusumo Falls Dam in Tanzania, resettlement action committees comprising affected communities were established to liaise with project authorities and advise on compensation. The committees provided a formal avenue for local input. But they had limited power to challenge national governments or alter major financial and infrastructural decisions.

In essence the bank co-opts critical voices while proceeding with its own priorities. Local communities can voice concerns. But their influence over the trajectory of development projects remains constrained.

Where change comes from

Scholars have often attributed shifts in World Bank policy to external pressures. These include civil society advocacy, intellectual debates on development and evolving global norms.

These factors certainly play a role. But our research highlights the importance of internal dynamics within the institution.

Competing factions within the bank generate tensions that drive both reform and continuity. For example, financiers focus on lending targets. Engineers prioritise large-scale infrastructure. Others advocate for social and environmental protections.

This internal contestation helps explain why new World Bank dam policies often fail to produce the expected outcomes. Policy evolution is gradual. New priorities layered onto existing frameworks. The result is a mixture of change and continuity.

Far from being a monolith, the World Bank is an institution shaped by ongoing internal debate. Different interests, factions and ideas rise and fall in influence over time.

Rethinking participation

Dams are a microcosm of broader development debates. They demand political choices and trade-offs between infrastructure needs, financing, environmental sustainability, social equity and economic impact.

The World Bank reflects these tensions internally, with competing priorities and factions shaping how decisions are made.

For those interested in meaningful reform, the challenge is to embed more inclusive governance and decision-making. Participation must go beyond token consultation. It should involve genuine power-sharing with affected communities, stronger accountability mechanisms and real influence over project outcomes.

The Conversation

Barnaby Joseph Dye has received multilple grants and a scholarship from the UK’s Research Councils (mainly Economic and Social Science Research Council) and the British Academy. He is a member of the British Labour Party.

Udisha Saklani received funding from the UK Research and Innovation Economic and Social Research Council (ESRC) under grant number ES/P011373/1, as part of the Global Challenges Research Fund. She also acknowledges support from the Margaret Anstee Studentship awarded by Newnham College, University of Cambridge.

ref. Dams for development? Unpacking tensions in the World Bank’s hydropower policies – https://theconversation.com/dams-for-development-unpacking-tensions-in-the-world-banks-hydropower-policies-260947

Transition énergétique : une leçon autochtone venue du Myanmar

Source: The Conversation – in French – By Margaux Maurel, Doctorante en affaires internationales spécialisée sur les impacts économiques, sociaux et environnementaux des projets d’infrastructure et d’énergie dans les pays du Sud Global et l’activisme transnational. Chercheuse affiliée au CERIUM, HEC Montréal

Hydro-Québec a plusieurs projets hydroélectriques dans sa ligne de mire, notamment sur la Côte-Nord, où elle devra s’entendre avec les Innus si elle veut aller de l’avant.

Selon la société d’État,
près de 4000 MW de nouvelles capacités hydroélectriques seront ajoutés d’ici 2035 grâce à la rénovation de centrales existantes et la construction de nouveaux barrages dans plusieurs régions du Québec.

Les grands barrages occupent une place particulière dans l’imaginaire du développement national, où ils ont longtemps été associés au développement et à l’émancipation de la province.

Pourtant, ces projets, majoritairement situés sur des terres ancestrales, suscitent dans de nombreux cas une vive opposition, en particulier de la part des communautés autochtones.

Si l’attention se porte souvent sur la contestation à ces grands barrages, la question des alternatives pour ces espaces reste peu explorée.

En tant que doctorante en affaires internationales à HEC Montréal et chercheuse affiliée au CÉRIUM, mes travaux portent sur la résistance des communautés locales et autochtones à des mégaprojets (barrages, mines, exploitation pétrolière).

Cet article présente un projet inspirant au Myanmar, le Salween Peace Park, qui offre un rare exemple de victoire de la résistance autochtone et de transformation socio-écologique qui peut éclairer et inspirer les débats actuels jusque chez nous. Une zone protégée a été crée, gérée par les communautés locales. Il s’agit d’un exemple d’autodétermination, d’autonomie énergétique et de gouvernance autochtone et décentralisée à méditer ici.

Dépossession, violence et résistance

Les grands barrages produisent intrinsèquement des violences, notamment la dépossession des terres de communautés vulnérables et des violations graves des droits de la personne (répression des opposants, intimidations, travail forcé, etc.).

Selon le rapport de la Commission mondiale des grands barrages, environ 40 à 80 millions de personnes ont été déplacées durant le XXe siècle, principalement des communautés autochtones, tribales et paysannes. Ces personnes ont été économiquement, culturellement et psychologiquement dévastées. Environ 400 à 800 millions de personnes ont été confrontées à des changements d’écosystèmes liés à la construction de grands barrages en amont des cours d’eau dont ils dépendent.

Au Myanmar, en 2013, le président de l’époque, Thein Sein, a annoncé des plans pour la construction de six grands barrages sur le fleuve Salween.

Le Salween abrite un écosystème exceptionnel, mais les projets de barrages menacent gravement sa riche biodiversité et les moyens de subsistance des communautés locales. Le projet Hatgyi, situé dans une zone de conflit, a provoqué des violences, déplacements et violations des droits des Karen, qui ont résisté par diverses actions jusqu’à suspendre les travaux et créer le Salween Peace Park.




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Résister et reconstruire

En réponse à ces menaces, depuis des décennies, les communautés autochtones Karens ont employé une grande variété de stratégies pour résister au barrage Hatgyi qui agresse le fleuve Salween, vital pour leur culture, l’eau, le transport et les terres fertiles.

Une vaste coalition karen, notamment le Save the Salween Network, organise chaque année des manifestations et célébrations culturelles, comme le 14 mars, le 9 août ou le Nouvel An karen, pour défendre leur fleuve et leur territoire.

Né de cette résistance, le Salween Peace Park, créé en 2018, regroupe plus de 340 villages et 70 000 personnes. Il constitue l’un des plus grands exemples de zones autochtones protégées et autogérées au monde.

En matière de gouvernance, les pratiques traditionnelles karens – les kaw, qui régissent l’usage des terres selon des principes écologiques – structurent la gestion du territoire : harmonie écologique, autodétermination et préservation culturelle. Grâce à cette organisation communautaire, le Salween est l’un des derniers et des plus longs fleuves à écoulement libre au monde.

Cependant, il faut mentionner qu’à la suite du coup d’État militaire du 1er février 2021, des frappes aériennes mortelles ont forcé certains habitants à fuir. Malgré cela, les efforts communautaires de protection du territoire et de création d’un modèle alternatif se poursuivent et un second parc a été créé en décembre 2024.


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Une inspiration pour le Québec

Hydro-Québec a lancé en 2019 une politique d’implication des peuples autochtones dans ses projets et souhaite renforcer les partenariats. En décembre 2024 est lancée la Stratégie de réconciliation économique et de renforcement des relations avec les Premières Nations et les Inuit.

Hydro-Québec veut offrir une plus grande part des contrats à des entreprises autochtones et accroître l’accompagnement qui leur est offert.

Pourtant, il n’existe pas (encore) d’entreprises autochtones qui produisent des matériaux d’éoliennes ou de centrales hydroélectriques.

Certaines communautés collaborent déjà avec Hydro-Québec, comme les communautés d’Ekuanitshit, de Nutashkuan, d’Unamen Shipu et de Pakua Shipu pour le complexe hydroélectrique de La Romaine, sur la Côte-Nord.

Mais ailleurs, d’autres communautés dénoncent un manque de reconnaissance de leurs droits sur le territoire. En 2025, alors que la mise en œuvre du projet de loi 97 sur la gestion des forêts publiques se poursuit, les débats autour des droits autochtones et de leur participation aux décisions énergétiques restent vifs au Québec.

De plus, selon une étude menée de 1975 à 2020 dans tout le Canada, notamment au Québec, la majorité des projets d’énergies renouvelables (dont hydroélectrique), ne sont pas détenus par des Autochtones ou ne le sont que de manière minoritaire. Il n’existe pas non plus de formes de propriété décentralisées et démocratiques, telles que les coopératives et les organisations à but non lucratif.

Les partenariats et la propriété privée non autochtone restent la forme dominante, tournés vers le profit et la productivité. Des initiatives comme les Énergies Tarquti, au Nunavik, démontrent la volonté d’autonomie des communautés.

Dès lors, le Salween Peace Park montre qu’une autre voie est possible : une transition énergétique menée par et pour les communautés locales. Une source d’inspiration, au moment où le Québec redéfinit ses choix énergétiques.

Une transition socialement juste et équitable pourrait aussi passer par d’autres chemins que les barrages géants : réduction de la consommation, décentralisation, efficacité énergétique et redéfinition des besoins sont autant de pistes à envisager.

La Conversation Canada

Margaux Maurel ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Transition énergétique : une leçon autochtone venue du Myanmar – https://theconversation.com/transition-energetique-une-lecon-autochtone-venue-du-myanmar-227839

Devenir enseignant : une identité professionnelle à façonner

Source: The Conversation – in French – By Philippe Zimmermann, Maître de conférences en sciences de l’éducation, Université de Strasbourg

Depuis une dizaine d’années, les démissions d’enseignants progressent, particulièrement du côté des personnes débutant dans le métier. Pour enrayer ce phénomène, il importe de mieux comprendre comment se développent le sentiment d’identité professionnelle et les facteurs qui interviennent dans sa construction.


Cette rentrée 2025, un certain nombre de classes se sont une fois encore retrouvées sans enseignants. Cette pénurie de profs apparaît comme un casse-tête pour les gouvernements successifs, confrontés à la faible attractivité du métier. Non seulement les concours peinent à faire le plein de candidats mais, une fois ce cap franchi, on observe aussi une nouvelle déperdition de vocations. Depuis une dizaine d’années, le décrochage professionnel des enseignants, particulièrement des novices, augmente.

Témoins de ce climat, nombreuses sont actuellement les études qui alertent sur le malaise enseignant et pointent un contexte d’insertion professionnelle sous tension qui s’explique par la complexité croissante du métier, des charges de travail difficiles à soutenir, une reconnaissance insuffisante… Le choc de la réalité pointé depuis 50 ans et l’écart entre le métier fantasmé et la réalité du métier perdurent.

Notre analyse de la situation interroge le façonnage identitaire d’enseignants novices du premier degré, en lien avec le processus d’insertion et/ou de décrochage professionnel. Une fois lauréats d’un concours et reconnus par l’institution, les enseignants novices se sentent-ils pour autant pleinement enseignants ?

Nous allons modéliser le passage du statut d’étudiant à celui d’enseignant sous forme de quatre bascules identitaires, considérées comme des étapes types par lesquelles passent tous les enseignants novices selon un ordre et un rythme singuliers.

Des responsabilités à endosser

Étonnamment, nombreuses sont les situations au cours desquelles les enseignants novices délèguent leur responsabilité en se plaçant en retrait par rapport aux élèves. En maternelle, le rapport avec l’agent territorial spécialisé des écoles maternelles (Atsem), souvent plus âgé que l’enseignant novice et ayant une connaissance fine du contexte de la classe, explique que les enseignants novices leur confient certaines tâches qui leur incombent (effectuer les groupes, expliquer le travail à faire…). De même, lors des premières séances de natation, ils n’hésitent pas à se référer au maître-nageur, considéré comme « le professionnel ».

Cette bascule tient également à la manière de caractériser les élèves. Si certains s’attribuent pleinement l’origine des événements de la classe (des élèves peu attentifs, une séance qui n’a pas fonctionné comme espéré…) et s’engagent dans des actions visant à l’infléchir, d’autres reprochent aux élèves leur manque d’intérêt (« Ils n’en ont rien à faire »), se dessaisissent du problème et s’empêchent d’agir.

Pour l’enseignant novice, l’enjeu de cette bascule est alors de percevoir le lien entre les actions qu’il construit et leurs effets sur les actions des élèves, pour s’attribuer l’essentiel de la responsabilité de ce qu’il se passe en classe.

La bascule des gestes professionnels

La prise de responsabilité des enseignants novices est directement liée à leur sentiment d’efficience, autrement dit, à la construction et la maîtrise de gestes professionnels. Contrôler la classe sans s’épuiser, faire apprendre ou encore récupérer l’attention des élèves nécessite de disposer de ces gestes professionnels.

Certains cherchent à les « calquer », autrement dit à reproduire à l’identique ceux des enseignants chevronnés (voire même, paradoxalement, de personnes n’appartenant pas au métier : l’Atsem, le maître-nageur…). Ils constatent toutefois l’inefficience de cette reproduction des gestes sans en comprendre le sens et sans les contextualiser. Aussi cherchent-ils progressivement à s’en affranchir en les ajustant aux contextes de la classe.

Seuls les gestes qui donnent satisfaction sont conservés, ceux jugés inefficaces sont rejetés. Confrontés à répétition à des gestes inefficaces et insatisfaisants, les enseignants novices sont amenés à douter de leur capacité à répondre aux élèves et ne peuvent basculer vers l’introduction de leurs propres gestes professionnels. Le processus d’accrochage professionnel est ralenti et le façonnage de leur identité professionnelle mis à mal.

Remettre en perspective les prescriptions

En début de carrière, les enseignants réalisent rapidement qu’ils ne peuvent suivre à la lettre les prescriptions, nombreuses et parfois contradictoires, auxquelles ils sont confrontés. Certains s’en affranchissent donc en s’autorisant à les « renormaliser », dans le but de gagner en efficacité. Pour ce faire, leur entourage professionnel (les formateurs, les pairs, les collègues, le tuteur) joue un rôle majeur, partageant leurs choix dans des situations de dilemme.

Les enseignants novices peuvent alors effectuer des renormalisations « par procuration », en reprenant les choix d’autrui, ou s’en éloigner. Si être enseignant exige le suivi des prescriptions, façonner une identité professionnelle passe ainsi par une émancipation, volontaire et réfléchie, qui nécessite de faire des compromis (finir le programme en passant rapidement sur certaines notions ou approfondir les notions quitte à ne pas tout faire…) et de marquer des écarts à la prescription. Les enseignants novices gagnent ainsi des espaces de liberté qui contribuent au façonnage identitaire et à leur accrochage professionnel.

Des reconnaissances qui façonnent l’identité professionnelle

Tout au long de l’année, les enseignants novices oscillent entre des moments où ils se perçoivent encore plutôt étudiants ou davantage enseignants. Nombreuses sont les circonstances qui expliquent cette dynamique : une question d’élève qui conforte ou déboussole, une remarque d’un parent, d’un collègue… Typiquement, recevoir les clés de l’école ou sa première fiche de paie, effectuer pour la première fois des démarches administratives, recevoir des cadeaux avant les vacances sont autant de signes de reconnaissance « donnés » par autrui.

Au-delà de ces situations, l’identité professionnelle est surtout façonnée par des reconnaissances « acquises », obtenues en classe, à travers les réussites des élèves eux-mêmes, leurs progrès, l’amélioration du climat de classe grâce à sa persévérance. Les enseignants novices se sentent alors comme étant une « personne de métier ». Cette bascule identitaire se joue donc dans le passage d’une reconnaissance « par les autres adultes » à une reconnaissance « par les élèves ».

Cette approche identitaire questionne l’accompagnement à mener auprès de ces jeunes enseignants pour actionner les bascules identitaires : encourager la prise de responsabilités, ouvrir la réflexion sur les gestes professionnels adaptés aux circonstances, autoriser des écarts à la prescription et appuyer la reconnaissance du travail mené.

Le soutien du collectif trouvé dans les écoles est en effet essentiel pour éviter l’isolement, s’approprier le métier d’enseignant et exercer dans un contexte protégé qui rassure et favorise la prise d’initiatives. Il en est de même de l’accompagnement effectué par le tuteur, véritable équilibriste devant par exemple veiller à la bonne application des textes officiels tout en favorisant l’émancipation professionnelle.

En cas de difficultés persistantes, les dispositifs locaux d’aide professionnelle individualisée constituent une aide précieuse à l’entrée dans le métier. À défaut d’attirer de nouveaux enseignants, l’effort pour éviter d’intensifier la pénurie d’enseignants porte alors sur le fait de garder les étudiants et enseignants novices motivés, en leur proposant un accompagnement renforcé pouvant se prolonger en formation continue.

Espérons que la réforme de la formation des enseignants et la création d’une licence « Professorat des écoles », avec des stages en établissement proposés dès la première année d’études, suscitent à nouveau des vocations et favorisent le façonnage identitaire !

The Conversation

Philippe Zimmermann ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Devenir enseignant : une identité professionnelle à façonner – https://theconversation.com/devenir-enseignant-une-identite-professionnelle-a-faconner-265123

Ce que nous apprend l’histoire du féminisme au Québec

Source: The Conversation – in French – By Adeline Vasquez-Parra, Maître de conférences, Université Lumière Lyon 2

Retour sur la longue histoire du féminisme québécois, sur ses figures marquantes et sur la relation entre ce mouvement, lui-même hétérogène, et diverses autres structures, qu’il s’agisse de partis politiques ou d’organisations de défense des droits des peuples autochtones.


Un sondage effectué en juillet 2025 montre que plus de 56 % de la jeune génération québécoise (18–34 ans) soutient l’indépendance du Québec. Pourtant, cette même génération se mobilise avant tout pour des luttes mondiales telles que l’écologie, la justice sociale et le féminisme. Comment comprendre ce paradoxe apparent ?

L’histoire du mouvement féministe au Québec offre une clé de lecture : elle montre comment, depuis plus d’un siècle, les luttes féministes se sont entremêlées, parfois harmonieusement, parfois plus douloureusement, avec divers projets d’émancipation politique, dont celui de la souveraineté du Québec.

Aux origines

Dès le début du XXe siècle, le féminisme québécois s’inscrit dans un double héritage : celui de l’implication des femmes dans les paroisses catholiques et celui des réseaux atlantiques. Ces réseaux comprennent des échanges et des circulations de personnes et d’idées entre l’Europe et l’Amérique du Nord depuis le XVIIIe siècle. C’est à partir de ces espaces que certaines prennent la parole et portent dans la sphère publique des questions liées aux inégalités sociales et politiques, comme l’absence de suffrage universel ou les écarts salariaux.

En 1902, la militante féministe Robertine Barry fonde le magazine bimensuel le Journal de Françoise, qui promeut les droits des femmes. Trois ans plus tard, elle participe avec une autre journaliste, Éva Circé-Côté, à la création de l’Association des femmes journalistes canadiennes françaises, qui regroupe des militantes engagées dans les combats progressistes de l’époque.

Circé-Côté publie dans le journal les Débats jusqu’à la condamnation de celui-ci par l’archevêque de Montréal en 1903, condamnation certes morale mais très influente dans la société québécoise de l’époque. Elle y défend l’accès à la culture pour les francophones privés de bibliothèques publiques, ainsi que l’éducation laïque.

Dans les décennies suivantes, le féminisme québécois s’allie avec le militantisme syndical, ce qui lui permet de toucher davantage les classes populaires.

Des militantes syndicales comme Léa Roback s’illustrent dans la grève des Midinettes de 1937, qui rassemble 5 000 ouvrières mobilisées pour de meilleures conditions de travail. Le syndicalisme féminin devient un vecteur de revendications, déjà portées par la Fédération nationale Saint-Jean-Baptiste et ses figures de proue telles que Marie Gérin-Lajoie et Caroline Dessaulles-Béique, militantes pour l’accès des femmes au marché de l’emploi et à la protection sociale.

Féminisme et souverainisme

Le mouvement se complexifie dans les années 1960, lorsque le féminisme croise l’indépendantisme et les luttes socialistes.

Le Front de libération des femmes (FLF), fondé en 1969, relie explicitement émancipation féminine et indépendance du Québec, adoptant le slogan « Pas de libération du Québec sans libération des femmes ». Il critique l’impérialisme états-unien et le capitalisme, dans lesquels il voit des sources d’exploitation économique et symbolique, et refuse toute influence linguistique ou idéologique du féminisme anglophone, qu’il soit états-unien ou canadien, lui-même accusé d’impérialisme.

La langue, pense-t-on, forge seule les concepts, impose une vision du monde et donc, trace les frontières du commun. Malgré des actions spectaculaires et la publication d’un journal, le FLF se dissout en 1971.

« Québecoises deboutte ! », brochure publiée en 1972.
Réseau québecois en études féministes

Le Centre des femmes, créé en 1971, prolonge cet héritage mais élargit ses priorités aux questions sociétales – avortement, reconnaissance économique du travail domestique – tout en diminuant la perspective nationale.

Face à l’influence du Parti québécois (PQ), formation indépendantiste fondée en 1968, qui exprime une conception conservatrice du rôle social des femmes, le mouvement féministe québécois finit par progressivement se détourner de la question nationale à la fin des années 1970. Il ne disparaît toutefois pas du paysage politique et revendique un féminisme ancré dans son contexte, attentif à l’articulation entre l’exploitation du corps des femmes et celle du territoire, problématique approfondie par la politologue Diane Lamoureux dès les années 1980.

Le féminisme autochtone

Parallèlement au développement de ce féminisme lié à la cause souverainiste (la volonté de faire du Québec un État souverain), les femmes autochtones du Québec mènent des luttes qui articulent genre, décolonisation et justice sociale.

Mary Two-Axe Earley, militante kanien’kehá :ka (mohawk), incarne cet engagement. Dans les années 1960 et 1970, elle s’attaque à l’alinéa 12(1)  b de la Loi fédérale sur les Indiens (1876), qui prive les femmes autochtones mariées à des non-Autochtones de leurs droits fonciers et communautaires, alors que les hommes transmettent leur statut sans restriction. Militante infatigable, elle parcourt le Québec et le monde pour faire entendre la voix des femmes autochtones et réclamer l’égalité des droits au sein de leurs communautés.

En 1974, Mary Two-Axe cofonde Femmes autochtones du Québec, organisation qui défend l’émancipation et les droits fonciers des femmes autochtones, tout en mettant en lumière les discriminations spécifiques qu’elles subissent, notamment le sexisme et le racisme.

Ellen Gabriel, porte-parole de la nation mohawk de Kanehsatà :ke, prolonge cette lutte jusqu’aux Nations unies en 2009, en dénonçant la continuité de politiques fédérales et provinciales qui favorisent l’exploitation des ressources naturelles par des multinationales au détriment des besoins des communautés vivant sur des terres autochtones.

Cette dénonciation renvoie à la crise d’Oka de 1990, évènement que l’on pourrait qualifier de « refoulé », tant il exerce toujours une pression latente sur la société québécoise sans être ouvertement débattu ou discuté. La crise d’Oka a opposé en 1990 la communauté mohawk de Kanehsatà :ke aux autorités québécoises et canadiennes après l’annonce de l’extension d’un terrain de golf sur un bois sacré et un cimetière ancestral. Le conflit, marqué par des confrontations tendues avec la Sûreté du Québec puis l’armée canadienne, a duré 78 jours et symbolise une première forme de résistance politique autochtone contemporaine.

Des hommes et des femmes du territoire mohawk de Tyendinaga (Ontario) bloquent le pont Skyway qui enjambe la baie de Quinte, septembre 1990.
Chris Malette/Belleville Intelligencer

Ces luttes trouvent un prolongement contemporain dans l’Enquête nationale sur les femmes et les filles autochtones disparues et assassinées, mise sur pied en 2016. Celle-ci révèle l’existence d’une violence structurelle envers les femmes autochtones, en la rattachant à l’histoire coloniale et juridique du Canada. Aujourd’hui encore, les femmes autochtones courent un risque beaucoup plus élevé d’être victimes de violences conjugales, sans que ces violences soient signalées. Les conclusions de l’enquête rappellent ainsi que les droits des femmes ne peuvent être pleinement garantis sans la reconnaissance des droits des peuples autochtones.

La perspective décoloniale

Le croisement entre luttes autochtones, féminisme décolonial et projet d’indépendance du Québec est aujourd’hui incarné par la politologue Dalie Giroux. Dans son pamphlet l’Œil du maître (2021), elle interroge les liens entre souveraineté traditionnelle, exploitation du territoire et présence des peuples autochtones au Québec. Elle propose de « décoloniser la décolonisation » québécoise en soulignant que l’émancipation de la nation francophone doit se penser en dialogue avec les luttes autochtones, antiracistes, écologiques et féministes.

Par ailleurs, pour Giroux, l’héritage historique de l’interaction entre mouvement souverainiste et féminisme demeure ambivalent car le mouvement souverainiste n’est pas toujours jugé suffisamment inclusif.

Comme le souligne la sociologue Leïla Benhadjoudja, le Québec occupe une position singulière dans l’histoire du colonialisme, car placé sous la domination de deux régimes coloniaux distincts – français, puis britannique. La conquête britannique de 1760, qui va induire un rapport colonial entre francophones dépossédés et colonisateurs anglophones, constitue en cela un traumatisme politique durable pour les habitants canadiens francophones.

Ce passé explique une discrimination spécifique de la population canadienne francophone, mais il ne saurait être mis sur un pied d’égalité avec l’expérience coloniale subie par les peuples autochtones ou l’esclavage des populations africaines.

Enfin, la philosophe Mélissa Thériault a elle aussi analysé comment appliquer une pensée décoloniale dans ce contexte francophone nord-américain complexe. Elle insiste sur la nécessité de transformer le regard intellectuel sur les rapports sociaux afin de rééquilibrer les relations entre peuples autochtones, populations colonisées et descendants des colonisateurs européens. Selon elle, une critique féministe et décoloniale située est essentielle pour comprendre l’impact des rapports de domination à l’œuvre sur le territoire québécois, lui aussi par ailleurs qualifié par certains de « victime » du « colonialisme » de l’État canadien.

Adeline Vasquez-Parra a récemment publié Histoire du Québec. Des origines à nos jours (2025).
Éditions Tallandier

Ainsi, le féminisme autochtone et décolonial du Québec s’inscrit dans une logique de justice sociale globale depuis des enjeux plus restreints. Il ne s’agit pas seulement de droits des femmes, mais de droits collectifs, de reconnaissance territoriale et de transformation des rapports de pouvoir hérités de l’histoire coloniale occidentale.

Ce cadre offre une perspective complémentaire au féminisme québécois historique, permettant (peut-être) de concevoir un féminisme québécois hybride, à la fois national, autochtone et décolonial, capable de dépasser les modèles hégémoniques actuels.

Des leçons pour aujourd’hui

Aujourd’hui, les féminismes québécois se distinguent par leur originalité : enracinés dans un combat à la fois pour la reconnaissance politique et pour une nouvelle ouverture aux voix marginalisées, notamment celles des femmes autochtones, migrantes, allophones et réfugiées.

Ce double héritage, bien que partiel et inachevé car ne constituant pas un seul et même mouvement, constitue tout de même une richesse pour comprendre les débats contemporains sur la diversité. Reconnaître cette histoire permet de mieux comprendre les tensions actuelles entre universalisme et spécificités, luttes collectives et expériences locales.

The Conversation

Adeline Vasquez-Parra ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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