De las redes sociales a la calle: la ultraderecha española más joven sale en busca del desorden

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

En las ultimas semanas, figuras como el influencer Vito Quiles han recorrido universidades y ciudades al grito de “libertad”. Con cámaras en mano y estética de youtuber insurgente y rodeado de seguidores que lo vitorean, ya no se esconden tras la pantalla del movil: la provocación digital se ha hecho carne, y el escenario ya no es un timeline, sino la plaza pública.

La escenografía invierte la estética tradicional de un mitin político. Ya no hay atril, el líder habla desde la calle, entre la multitud como si fuera uno más, pero con el control absoluto del relato y del plano. Cada aparición se convierte en un espectáculo que se graba, se corta y multiplica en las redes.

En algunos actos ondean banderas preconstitucionales, se entonan himnos y se corean lemas que evocan el franquismo. Y, sin embargo, no persiguen un regreso literal al pasado, sino algo más inquietante: la exaltación del desorden como forma de identidad y poder. Su objetivo no es restaurar el franquismo, sino reanimar su estética, vaciarla de historia y llenarla de adrenalina.

Expertos en polarizar

La ultraderecha digital ha aprendido a polarizar: simplificar conflictos, “emocionalizar” los debates y convertir al adversario en enemigo. Ahora ese aprendizaje ha salido del algoritmo para ocupar el espacio físico.

De TikTok y Telegram han pasado al mitin improvisado, del meme a la consigna amplificada con megáfonos. Quiles y otras nuevas figuras de la ultraderecha digital se autoproclaman “libertarios”, pero actúan como emprendedores del caos, disputando la atención mediática mediante escenificaciones calculadas.

Frente a ellos, las respuestas de la ultraizquierda suelen ser reactivas, sin el control simbólico ni la eficacia comunicativa de este nuevo extremismo. No disputan el relato, sino que responden a él, entrando en la lógica del adversario: reaccionan a sus provocaciones, y al hacerlo refuerzan su visibilidad.

Este enfrentamiento no es simétrico: quien domina la narrativa domina también la realidad. Mientras la ultraderecha juega en un terreno comunicativo que domina –la emocionalidad, la provocación, el lenguaje audiovisual–, la izquierda radical sigue apelando a marcos racionales o morales que no generan el mismo impacto emocional ni mediático.

La libertad como grito de guerra

El lema es claro: libertad. Libertad frente a la censura, al feminismo “impositivo”, a la “agenda 2030” o al supuesto adoctrinamiento progresista. Pero esa libertad es un caballo de Troya: se presenta como antisistema, aunque se propaga gracias a los mismos algoritmos y plataformas que sostienen el sistema.

La libertad se vuelve una coreografía de rebeldía que no busca deliberar, sino provocar. En cada vídeo viral se condensan los ingredientes del nuevo populismo juvenil: desafío, emoción y teatralidad.

Los datos ayudan a entender esta deriva. En España, los jóvenes muestran un desencanto creciente con la democracia y una mayor tolerancia hacia actitudes autoritarias. Mientras generaciones anteriores mostraban un compromiso más sólido con la democracia, entre los jóvenes actuales aumenta el apoyo potencial a regímenes autoritarios, sostienen algunos autores.

El enemigo no es un adversario político, sino un símbolo que activa emociones inmediatas: ira, orgullo, nostalgia, miedo. Y esas emociones se amplifican con estética de vídeo en TikTok: banderas, gritos, planos cenitales, frases cortas…

La European Parliament Youth Survey 2024 confirma que los jóvenes europeos priorizan la autoexpresión y los espacios simbólicos sobre la pertenencia partidaria tradicional. A su vez, el informe From Posts to Polls revela que el atractivo del mensaje radical aumenta entre los menores de 25 años, especialmente en el sur de Europa.

Mejor cuanto más escandaloso

Cuando estos influencers anuncian que van a “salir de las redes”, no buscan dialogar: buscan performar la libertad. Su presencia en universidades o plazas es una extensión del algoritmo: quien más escándalo genera, más visibilidad obtiene.

La provocación se ha convertido en marketing político. Su lenguaje es el del clickbait: breve, agresivo, eficaz. Pero lo que venden no es un proyecto, sino un sentimiento: la libertad entendida como rechazo a cualquier límite.

Mientras tanto, la participación democrática se desploma. Solo el 36 % de los menores de 25 años votaron en las elecciones europeas de 2024, frente al 42 % de 2019. En España, la participación total fue del 46,39 %. El Eurobarómetro 2024 confirma ese escepticismo: la mayoría de jóvenes reconoce que votar es importante, pero dudan de que sirva para algo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2024) añade que el voto se sustituye por formas de participación simbólica, activismo digital, boicot o performance, que generan sensación de acción, pero poca transformación institucional.

Entre el ruido y la democracia

Frente a lo que se pudiera pensar, no asistimos al regreso del franquismo, aunque su escenografía revive en cada bandera y cada consigna. Lo que emerge es una mutación: el populismo digital convertido en espectáculo callejero. Lo que se busca es mantener la tensión y colonizar el imaginario juvenil con una idea adulterada de libertad.

La respuesta no puede ser el silencio ni la réplica airada. La pedagogía democrática debe recuperar el sentido crítico, la escucha y la complejidad. La libertad no se defiende en un grito ni en un tuit, sino en la capacidad de disentir sin destruir.

Mientras las redes se llenan de estas imágenes, la democracia se observa en silencio. Y quizá ese silencio, cómodo, cansado o incrédulo, sea hoy su mayor riesgo.

The Conversation

Maite Aurrekoetxea Casaus no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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‘Duoteísmo’ mexicano: el idilio sagrado entre el Club Deportivo Guadalajara y la Virgen de Guadalupe

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Aficionados del Club Deportivo Guadalajara durante el partido que le enfrentó al Club América el 15 de octubre de 2023. Ringo Chiu/Shutterstock

En enero de 1957, José Garibi Rivera, arzobispo de Guadalajara y representante del Vaticano, recibió a los jugadores del equipo de fútbol de las “chivas”, quienes acababan de ganar su primera liga tras derrotar al Irapuato, gracias a un gol de cabeza del histórico delantero Chava Reyes.

La sorpresa de los futbolistas fue mayúscula cuando el que fuera primer cardenal mexicano y miembro del cónclave que eligió a Pablo VI se levantó la sotana y dejó ver debajo de ella la mítica camiseta rojiblanca de las “chivas”, a las que en ese momento bautizó con el sobrenombre que han llevado hasta la fecha: “El rebaño sagrado”.

La fe que une a millones

En México, las pasiones se viven a flor de piel. Dos de las más intensas son la devoción a la Virgen de Guadalupe y el amor por el Club Deportivo Guadalajara, conocido como las “chivas”. A simple vista, parecen mundos distintos: uno religioso, otro deportivo. Pero si miramos de cerca, descubrimos que ambos comparten símbolos, emociones y un vínculo profundo con la identidad mexicana.

Los días 12 de diciembre de cada año, millones de personas llegan a la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Jóvenes, familias y adultos mayores recorren caminos a pie, en bicicleta o incluso de rodillas para rendir tributo a la patrona de México. Esa fecha transforma al país en un mosaico de fe. Cantos, rezos y “mañanitas” (cumpleaños feliz) se sienten en todo México.

Millones de devotos de la Virgen de Guadalupe se dirigen a su Basílica el 12 de diciembre,
Angela Ostafichuk/Shutterstock

Algo similar ocurre cuando las “chivas” salen a la cancha. Sucede en vivo, dentro del estadio Akron, o frente a una televisión. Los colores rojo, blanco y azul generan la misma intensidad emocional que provoca el manto de la Virgen. Aficionados cantan, gritan goles y, en ocasiones, encomiendan el resultado a la “Morenita del Tepeyac”.

Rituales que emocionan

La religiosidad guadalupana y el fervor rojiblanco tienen algo en común: los rituales. Veladoras, rosarios y altares en un lado; playeras, banderas y porras (grupos de animación) en el otro. Ambos espacios, templo y estadio, transforman lo individual en colectivo. En una sociedad donde la humanidad está cada vez más encapsulada, la devoción compartida une a multitudes en el dolor, la esperanza y la alegría.

Estudios recientes muestran que los aficionados sienten orgullo no solo por los títulos, sino también por los valores de su equipo. Desde sus inicios, las “chivas” solo juegan con futbolistas mexicanos, un fenómeno similar al que encarna el Athletic Club de Bilbao en España, que sólo integra a futbolistas de origen vasco.

El marcado acento nacional de las alineaciones del Club Deportivo Guadalajara conecta con los valores asociados al imaginario de la devoción mariana guadalupana. Pocos mexicanos se sienten ajenos a estas manifestaciones populares, que ejercen de aglutinantes del sentir nacionalista.

Esta coincidencia hunde sus raíces en aquella bendición clerical del arzobispo Garibi Rivera y en el bautismo del “rebaño sagrado”. La conexión religiosa con el equipo de fútbol se ha mantenido y consolidado en la ciudad de Guadalajara, así como a lo largo y ancho del país. No en vano, el propio Papa Pio XII dio su bendición a las “chivas” a instancias de aquel cardenal con vocación de hincha.

Orgullo mexicano más allá de las fronteras

La devoción guadalupana también se adapta a la cultura local. En algunas regiones indígenas, los rituales mezclan elementos católicos y tradiciones locales, fortaleciendo la identidad cultural. Esta conexión explica por qué podemos ver a la Virgen y al escudo rojiblanco juntos en murales y tribunas. Son símbolos de orgullo y pertenencia.

El “duoteísmo” que reúne a la Virgen de Guadalupe y a las “chivas” no se queda en México. Millones de migrantes en Estados Unidos llevan estampitas y camisetas rojiblancas. Este hábito representa una forma de mantener viva su identidad mexicana a pesar de la distancia. Para ellos, ambos signos funcionan como “símbolos maestros”, que sostienen la cultura y comunidad lejos del país natal.

Cultura de emociones compartidas

Uno de los elementos distintivos de la cultura mexicana consiste en vivir las emociones en comunidad. Ya sea en la Basílica o en el estadio. Los cantos, lágrimas y gritos se multiplican. La Virgen de Guadalupe y las “chivas” funcionan como catalizadores de identidad: permiten reconocerse, sentirse acompañados y reforzar un sentido de pertenencia.

El diario Los Angeles Times señala que la Virgen también simboliza resistencia cultural y memoria indígena. Una característica compartida por el equipo de las “chivas”, que asimismo inspira ese sentimiento de raíz nacional.

A las puertas del mundial 2026

Con motivo de la celebración del mundial de fútbol 2026, el país vive ya un ambiente festivo. Para esta tercera justa (México ya fue sede en 1970 y 1986), la ciudad de Guadalajara se prepara para recibir a miles de aficionados y turistas.

Los tapatíos (ciudadanos de Guadalajara) y los jaliscienses (naturales de Jalisco) se convertirán por unas semanas en anfitriones de espectadores venidos de todo el mundo. Para recibirlos, las autoridades locales y estatales han anunciado grandes obras que buscan facilitar la estancia de los visitantes y mejorar los servicios.

Tan importante como esas obras será el papel que jugarán la devoción guadalupana y el color de la afición local. Estas expresiones de la cultura popular y de la arraigada fe mexicana constituyen signos distintivos que acompañarán a unos y otros, uniéndolos en un mismo acontecimiento festivo.

La conexión religioso-futbolística cobrará mayor relevancia si cabe en la capital, la Ciudad de México, ya que en este mismo espacio geográfico coexisten la “catedral” del fútbol mexicano (Estadio Azteca) y la Basílica de Guadalupe.

La pasión “sagrada” que late en el corazón mexicano

La Virgen de Guadalupe y las “chivas” del Guadalajara habitan mundos distintos, pero se tocan en el corazón mexicano. Ambas representan fe en lo imposible, esperanza frente a la adversidad y la necesidad de símbolos que den sentido a lo colectivo.

Entre rezos y goles, la cultura mexicana late con la misma intensidad. Para millones de personas, llevar en el corazón a la Virgen y a las “chivas” no es solo una costumbre. Es una forma de ser mexicano, de celebrar la identidad y compartir emociones que trascienden generaciones y fronteras.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Duoteísmo’ mexicano: el idilio sagrado entre el Club Deportivo Guadalajara y la Virgen de Guadalupe – https://theconversation.com/duoteismo-mexicano-el-idilio-sagrado-entre-el-club-deportivo-guadalajara-y-la-virgen-de-guadalupe-266445

Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos solo con analizar nuestra foto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Garcia Torres, Doctorando en Deporte y Salud, Universidad Miguel Hernández

Cuando subimos una foto a una red social, igual no nos imaginamos todo lo que los algoritmos pueden deducir de nosotros solo por esa imagen. Antoine Beauvillain / Unsplash., CC BY

Es una sensación familiar para cualquiera que use redes sociales: el asombro, a veces inquietante, de que una plataforma parezca conocernos mejor que nadie. Un vídeo recomendado que acierta de lleno, un anuncio que responde a una conversación reciente, un recuerdo que aparece en el momento justo… Atribuimos esta aparente magia a los algoritmos que, suponemos, aprenden de nuestras interacciones directas. Sin embargo, esta es solo la capa más superficial de un sistema mucho más complejo.

La verdadera capacidad de estos sistemas no reside en registrar nuestras acciones explícitas, sino en su habilidad para interpretar nuestra identidad a partir de los datos que compartimos, a menudo, de forma inconsciente. Un sencillo experimento con una sola fotografía personal revela hasta qué punto estos sistemas construyen perfiles psicológicos, ideológicos y económicos que van mucho más allá de lo que el usuario pretende comunicar.

De la visión por computador a la interpretación semántica

Cuando subimos una imagen a internet, no solo la ven otros usuarios: también la “leen” los sistemas de visión por computador, como la API de Google Vision que, según anuncia Google, “extrae información valiosa de imágenes, documentos y vídeos”. Estas tecnologías ya no se limitan a identificar objetos o rostros. Su alcance llega a la interpretación semántica: pueden deducir emociones, contextos culturales o rasgos de personalidad.

Herramientas como TheySeeYourPhotos, creada por un exingeniero de Google para denunciar este tipo de prácticas, permiten comprobarlo. Su objetivo es mostrar cuánta información personal y sensible puede inferirse a partir de una sola fotografía, utilizando la misma tecnología que emplean las grandes corporaciones.

El problema no está en que las máquinas reconozcan lo que ven, sino en que interpreten lo que creen que esa imagen dice sobre nosotros. Y ahí surge una pregunta clave: ¿están diseñadas para servir nuestros intereses o para explotar patrones de comportamiento que ni siquiera reconocemos?

Caso de estudio: el perfil inferido de una fotografía

Para explorar los límites de esta capacidad interpretativa, en la Universidad Miguel Hernández realizamos un experimento: analizamos una fotografía personal mediante la herramienta mencionada anteriormente. Los resultados que obtuvimos se pueden clasificar en dos niveles.

Análisis que la herramienta TheySeeYourPhotos hace sobre una de las fotos empleadas en este estudio.

El primer nivel es el del análisis descriptivo, mediante el que la IA identifica elementos visuales objetivos. En este caso, describió correctamente la escena principal (un joven junto a una barandilla y un monumento) y se aproximó a la localización geográfica. Este nivel, aunque propenso a errores fácticos (como estimar una edad algo diferente), se mantiene en el plano de lo esperable.

El segundo nivel, el del análisis inferencial, es el que resulta más revelador y problemático. A partir de la misma imagen, el sistema construyó un perfil detallado basado en patrones estadísticos y, previsiblemente, en sesgos algorítmicos:

  • Origen étnico (raza mediterránea) y nivel de ingresos estimado (entre 25 000 y 35 000 euros).
  • Rasgos de personalidad (tranquilo, introvertido) y aficiones (viajes, fitness, comida).
  • Orientación ideológica y religiosa (agnostico, partido demócrata).

El propósito de este perfilado exhaustivo es, en última instancia, la segmentación comercial. La plataforma sugirió anunciantes específicos (Duolingo, Airbnb) que tendrían una alta probabilidad de éxito con el perfil inferido. Lo relevante no es el grado de acierto, sino la demostración de que una sola imagen es suficiente para que una máquina construya una identidad compleja y procesable de un individuo.

Del perfilado a la influencia: el riesgo de la manipulación algorítmica

Si un algoritmo puede inferir nuestra ideología, ¿su objetivo es simplemente ofrecernos contenido afín o reforzar esa inclinación para volvernos más predecibles y rentables?

Esa es la frontera difusa entre personalización y manipulación. Meta, por ejemplo, ha experimentado con usuarios generados por inteligencia artificial, diseñados para interactuar con perfiles solitarios y aumentar su tiempo en la plataforma. Y si los sistemas pueden simular compañía, también pueden crear entornos informativos que guíen sutilmente opiniones y decisiones.

A ello se suma la falta de control real sobre nuestros datos. La multa récord de 1 200 millones de euros impuesta a Meta en 2023 por transferencias ilegales de información de Europa a EE. UU. demuestra que el cumplimiento normativo se convierte, para las grandes tecnológicas, en un cálculo de riesgo-beneficio, más que en un principio ético.

La conciencia crítica como herramienta de defensa

El resultado de este perfilado masivo es la consolidación de las “burbujas de filtro”, un concepto acuñado por Eli Pariser para describir cómo los algoritmos nos encierran en entornos informativos que refuerzan nuestras creencias. Así, cada usuario habita un mundo digital hecho a su medida, pero también más cerrado y polarizado.

Ser conscientes de que cada interacción digital alimenta este ciclo es el primer paso para mitigar sus efectos. Herramientas como TheySeeYourPhotos son valiosas porque revelan cómo se construye la ilusión de personalización que define nuestra experiencia en línea.

Por tanto, el feed de nuestras redes sociales no es un reflejo del mundo real, sino una construcción algorítmica diseñada para nosotros. Comprender esto es indispensable para proteger el pensamiento crítico y navegar de forma consciente en un entorno digital cada vez más complejo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos solo con analizar nuestra foto – https://theconversation.com/los-algoritmos-adivinan-como-somos-o-cuanto-ganamos-solo-con-analizar-nuestra-foto-265994

Cuando el enemigo está dentro: las emociones que nos hacen vulnerables a un ciberataque

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Halty, Profesora e investigadora del departamento de Psicología, Universidad Pontificia Comillas

Nanzeeba Ibnat / ISTOCK

¿Por qué algunas personas, incluso advertidas por las herramientas de seguridad y los antivirus, siguen haciendo clic en un enlace fraudulento? ¿Qué nos hace confiar más en un correo que nos promete un estupendo premio que en una alerta que nos invita a ser precavidos?

Cada día, millones de correos electrónicos intentan engañar a sus destinatarios mediante técnicas como el phishing, un tipo de ciberataque que busca obtener información confidencial –contraseñas, datos bancarios o credenciales corporativas– mediante la manipulación psicológica. Si bien la tecnología logra detener entre el 90 % y el 99 % de estos ataques, el pequeño porcentaje que logra pasar las barreras técnicas suele bastar para poner en peligro tanto a las organizaciones como al eslabón más débil de la cadena: el ser humano. Por eso, el siguiente gran avance pasa por comprender ese 1 % (y protegerlo).

El análisis del comportamiento de los usuarios ha sido, precisamente, el centro de la investigación del proyecto EVE (Emotions and Vulnerabilities Exposed and Protected), que ha dado como resultado un algoritmo capaz de aumentar nuestra ciberprotección. Integrado en una plataforma de neurociberseguridad, este algoritmo predice la vulnerabilidad del factor humano ante un ciberataque, basándose en diversas variables psicológicas. Se trata de un nuevo y pionero enfoque en ciberseguridad que une neurociencia, tecnología y psicología para predecir el riesgo humano ante un ataque digital y protegernos, así, de nosotros mismos.

Un cerebro preparado para sobrevivir… pero no en internet

Nuestro cerebro está programado para reaccionar con rapidez ante amenazas físicas. Cuando percibimos un peligro –un ruido repentino o una sombra inesperada–, se activa la amígdala, que pone en marcha una respuesta automática de defensa. Este mecanismo, conocido como sesgo de negatividad, nos ha permitido sobrevivir durante millones de años.

Sin embargo, en el entorno digital el sistema no se activa porque no tenemos factores de supervivencia: no hemos generado una respuesta instintiva a las amenazas, cosa que sí sucede cuando oímos el rugido de un león, incluso aunque nunca hayamos estado en la sabana. Como leer un correo electrónico aparentemente no pone en riesgo nuestra supervivencia, el cerebro no enciende la alarma emocional. Y cuando lo hace, suele ser en la dirección equivocada: el miedo se orienta hacia las consecuencias de no actuar, no hacia el ataque.

Mensajes como “Su cuenta será bloqueada si no actualiza sus datos” o “Ha perdido 1 000 euros de su cuenta bancaria, pulse aquí para recuperarlos” provocan miedo al castigo, no al engaño. Ese miedo “secuestra” la atención y deja todo el peso de la decisión al pensamiento racional, más lento y exigente. Si además estamos cansados, distraídos, estresados o bajo presión, nuestra capacidad para analizar el mensaje disminuye y el clic se vuelve casi inevitable.

Personalidad y contexto

El modelo científico que sustenta el algoritmo EVE se apoya en tres variables psicológicas y de personalidad clave, a las que se añaden variables contextuales, como la carga de trabajo, la multitarea, la presión del tiempo o el nivel de implicación con el asunto del correo. Todo ello puede aumentar o reducir nuestra capacidad para procesar la información de forma crítica.

La primera de esas variables es el Sistema de Inhibición del Comportamiento (BIS). Mediado por la ansiedad, quienes puntúan alto reaccionan con miedo ante posibles castigos y son más vulnerables a mensajes del tipo “si no actúas ahora, pierdes algo”.

Otro elemento a tener en cuenta es el Sistema de Activación del Comportamiento (BAS). Está asociado a la impulsividad y la búsqueda de recompensa, y los usuarios responden más fácilmente a mensajes que prometen beneficios inmediatos (“gana un premio”, “aprovecha la oferta”).

Finalmente, interviene la Necesidad de Cognición (NC), que mide la tendencia a disfrutar del pensamiento complejo. Las personas con NC suelen analizar más y caer menos, aunque pueden ser víctimas de correos que apelan a la curiosidad intelectual (“descubre más”, “lee este informe exclusivo”).

Integrando estos componentes, EVE ha generado un perfil dinámico de vulnerabilidad, que no pretende etiquetar a las personas sino entender en qué condiciones concretas cada individuo es más propenso a caer. Lejos de ser estático, el algoritmo entrena según la toma de decisiones y el comportamiento humano. Si cambia el nivel de vulnerabilidad, se alerta al usuario y a la organización de la transformación, porque lo que se pretende es un círculo virtuoso.

Este empieza con la validación del autodiagnóstico, de cómo somos, las variables psicológicas y rasgos de personalidad. A partir de ahí, se despliega un mecanismo que se basa en simulaciones de phishing para validar esa hipótesis continuamente. Así se genera un sistema de alerta, denominado semáforo, que se contrarresta con una serie de microhistorias que explican los procesos cognitivos por los que se ha caído o no en esa simulación. Y vuelta a empezar. En este círculo virtuoso, el algoritmo está siempre entrenando y aprendiendo del comportamiento de los usuarios.

Ciencia aplicada a una ciberseguridad más humana

Nuestro equipo probó el modelo en dos fases: primero con estudiantes universitarios y, después, con empleados de empresas, para aproximarse a contextos laborales reales. Cada participante completó pruebas de personalidad y se enfrentó a simulaciones de phishing mientras los investigadores medían tiempos de reacción, emociones evocadas y decisiones tomadas. Con esos datos, el algoritmo aprendió a predecir patrones de conducta y puntos débiles, y el usuario recibía píldoras de aprendizaje personalizadas sobre ciberseguridad.

Pero no todo el mundo tiene que recibir la misma formación para enfrentar una amenaza que llega por correo electrónico. Una persona con alta ansiedad no debería recibir el mismo entrenamiento que otra más impulsiva. Así, la formación adaptada al perfil psicológico puede reducir significativamente el riesgo de caer en la trampa y, sobre todo, evitar la falsa sensación de seguridad que generan los cursos genéricos.

De esta forma, el proyecto EVE marca un cambio de paradigma: entender la ciberseguridad no solo como un desafío técnico, sino como un fenómeno profundamente humano. Los ciberdelincuentes no atacan máquinas: atacan emociones. Por eso, los sistemas del futuro deberán aprender a protegernos también de nuestras propias vulnerabilidades.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Lucía Halty no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el enemigo está dentro: las emociones que nos hacen vulnerables a un ciberataque – https://theconversation.com/cuando-el-enemigo-esta-dentro-las-emociones-que-nos-hacen-vulnerables-a-un-ciberataque-269200

COP30: por qué debemos ser cautos ante el fondo de 125 000 millones de dólares para conservar bosques tropicales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Resco de Dios, Catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global, Universitat de Lleida

Selva amazónica en el Parque Nacional Yasuní, Ecuador. Maris Maskalans/Shutterstock

Los bosques absorben en torno al 30 % de las emisiones de gases con efecto invernadero. Lamentablemente, no sabemos cuánto tiempo durará este “sumidero” de carbono. A raíz de su creciente degradación, los bosques tropicales y boreales podrían liberar cantidades colosales de dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera. Si esto llegara a ocurrir, el cambio climático se aceleraría y amplificaría.

Algunos indicios sugieren que este proceso podría haber empezado ya: las emisiones de CO₂ batieron récords de crecimiento en 2024 debido a los megaincendios tropicales.

Preservar los bosques frente a su degradación y a la deforestación cuesta dinero. Por desgracia, muchos aumentan su valor tras ser transformados en cultivos o minas, o incluso después de un incendio, dado que se pueden cobrar créditos de carbono por la repoblación posterior. La clave para la conservación de los bosques pasa, por tanto, en lograr que el bosque en pie, sano y en buen estado de conservación valga más que un bosque quemado o roturado.

En la cumbre climática de Brasil, la COP30, se presentará un nuevo mecanismo financiero desarrollado con ese fin: la Tropical Forest Forever Facility (TFFF). Antes de explicar en qué consiste, conviene recordar que la TFFF no es la primera iniciativa financiera probiodiversidad.




Leer más:
COP30 de Brasil: una cumbre incierta, pero imprescindible para la acción climática


Gestión por comunidades rurales e indígenas

Los bosques no son ambientes puramente naturales, sino también culturales. Más del 90 %, incluso de los tropicales, han sido gestionados por el hombre durante los últimos 10 000 años. Lo que determina su estado de conservación, por tanto, no es la presencia o ausencia del ser humano, sino qué han hecho los humanos que gestionaban esos ambientes.

Ancestralmente, la preservación de los bosques estaba ligada al aprovechamiento por parte de las comunidades rurales o indígenas, y al posterior desarrollo de cadenas de valor. Esto es, la necesidad de leñas durante muchas generaciones, por ejemplo, fomentaba una gestión de los bosques sostenible en el tiempo.

Esta gestión se vio reforzada a partir del siglo XIX, con la creación de escuelas especializadas como la de los ingenieros de montes, que evaluaron y elevaron el conocimiento tradicional a conocimientos científicos y técnicos. Otro cambio importante lo encontramos en los años 90: se desarrollaron sistemas de certificación forestal que acreditan la sostenibilidad ambiental y social del aprovechamiento y, por ende, aumentan el valor de los productos.

“Canjear deuda por naturaleza”

Durante el siglo XX, sobre todo en la segunda mitad, surge una conciencia ambiental en la sociedad que es capitalizada por oenegés ambientalistas. Estas oenegés han sido muy creativas a la hora de encontrar fuentes de financiación. Un ejemplo lo encontramos en la operativa “canjear deuda por naturaleza”, iniciada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). A través de esta medida, un país del sur global puede ver reducida su deuda exterior (que es adquirida por una ONG o por los gobiernos de otros países) si acomete actuaciones de restauración de la naturaleza.

En 2021, por ejemplo, Belice redujo su deuda exterior en 216 millones de dólares tras comprometerse a destinar 107 millones a la conservación. En la actualidad existen más de 100 proyectos similares. Una parte importante de estos presupuestos se redirigen hacia entidades ambientalistas, que son las encargadas de acometer, o certificar, las actuaciones de restauración en colaboración con los gobiernos.

Los problemas con las entidades ambientalistas

Si bien los objetivos ambientales de estas iniciativas son positivos, se han denunciado los conflictos de interés y prácticas deficientes detrás de esos proyectos.

Este tipo de operativas implican, en la mayoría de casos, la sustitución de comunidades ancestrales por oenegés ambientalistas, tanto en su función como gestores de la tierra como en la recepción de los fondos. Como no podía ser de otra manera, estas medidas han desembocado en una gran tensión entre las oenegés y las comunidades rurales e indígenas.

En el año 2004, el antropólogo Mac Chapin ya advertía sobre cómo las entidades ambientalistas estaban abusando de las comunidades rurales e indígenas. En el tercer congreso de la Unión Internacional de la Naturaleza, Martin Saning’o, portavoz de los masái, declaraba abiertamente que eran enemigos de la conservación de la naturaleza: les estaban echando de sus tierras en pro de una supuesta conservación. Y en 2019 los periodistas Tom Warren y Katie Baker documentaron cómo esas expulsiones estaban siendo agravadas por violaciones, torturas y asesinatos a indígenas por parte de los guardas de reservas naturales, pertenecientes a grupos paramilitares, financiados por WWF.

Además, disciplinas científicas como la ecología o la dasonomía, junto con disciplinas sociales como la historia o la antropología, han documentado que la mejor forma de preservar los bosques está en su gestión por parte de las comunidades rurales o indígenas que de ella dependen.

Las oenegés ecologistas siempre han sido reticentes a admitir esta realidad: si el mejor gestor de la naturaleza está en las comunidades locales, estas entidades dejan de tener sentido. En la actualidad, las evidencias científicas sobre cómo las comunidades locales son las mejores gestoras tan abrumadoras, que han tenido que dar su brazo a torcer y admitirlo abiertamente.

El fondo que se lanzará en la COP30

Para conservar la biodiversidad, y asegurar que las comunidades rurales e indígenas siguen gestionando sus ecosistemas ancestrales, se ha diseñado la Tropical Forest Forever Facility (TFFF).

La TFFF sigue un esquema que en esencia ya se esbozó hace más de dos décadas: consiste en pagar por la preservación de los servicios que nos prestan los ecosistemas. Ahora bien, este mecanismo se articula a través de bonos.

En primer lugar, se crea un fondo de inversión alimentado por gobiernos e inversores privados que espera movilizar 125 000 millones de dólares. Este invierte su capital en un portafolio basado en mercados emergentes y economías en desarrollo, de manera que parte de las ganancias van a parar a los países con bosques tropicales seleccionados para recibir pagos.

Se utilizan sistemas de seguimiento forestal para vigilar si ha habido deforestación. Si se cumplen los objetivos, el país receptor recibe 4 dólares por cada hectárea forestal preservada, mientras que la deforestación y la degradación suponen una reducción de los pagos.

La creación de fondos financieros para la conservación de la biodiversidad no es nueva, ni tampoco lo es la venta de bonos, pero sí hay algunos detalles importantes del TFFF que son novedosos. El primero es que, por fin, las comunidades locales serán compensadas por su buen hacer: el 20 % de los ingresos, como mínimo, deben ir a esos gestores ancestrales.

El segundo es que no se financian proyectos particulares, sino políticas públicas. Esto es importante porque, a priori, garantiza que el Gobierno del país velará por su aplicación a escala nacional.

Ahora bien, tenemos que dejar bien claro que se trata de un fondo de inversión que, como cualquier otro, busca ganar dinero preservando la biodiversidad. El fondo especifica que los beneficios irán, en primer lugar, a los inversores y patrocinadores y el remanente, a pagos forestales.

Fondos de inversión parecidos a TFFF están en auge. A principios de año, Golden Sachs desarrolló un fondo que pretende movilizar 500 millones de dólares, nuevamente para preservar la naturaleza.

Estos fondos de inversión siguen la estela marcada por el Convenio de la ONU sobre Biodiversidad, que busca movilizar 200 000 millones de dólares anualmente para conservar la biodiversidad. Estamos hablando de mucho dinero y, en consecuencia, de un negocio colosal.

Necesitamos que los bosques cuidados valgan más que los destrozados. No sabemos si la TFFF, o el fondo de Goldman Sachs, servirá para tal fin. Lo que sí sabemos es que iniciativas similares estaban llenas de buenas intenciones y de grandes fracasos. Esperemos que esta vez sea diferente y que, por una vez, sean las comunidades locales, rurales e indígenas quienes resulten beneficiadas.

The Conversation

Víctor Resco de Dios recibe fondos del MICINN.

ref. COP30: por qué debemos ser cautos ante el fondo de 125 000 millones de dólares para conservar bosques tropicales – https://theconversation.com/cop30-por-que-debemos-ser-cautos-ante-el-fondo-de-125-000-millones-de-dolares-para-conservar-bosques-tropicales-269142

¿En qué medida aumentan los anticonceptivos hormonales el riesgo de contraer cáncer de mama?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Sayon Orea, Investigador Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra

SeventyFour/Shutterstock

Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), aproximadamente 1 de cada 8 mujeres españolas desarrollará cáncer de mama en algún momento de su vida. El origen de esta enfermedad es complejo: la predisposición genética explica menos del 10 % de los casos, mientras que el 90 % restante se atribuye a factores de riesgo, tanto modificables como no modificables.

Más concretamente, la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer estima que el 30 % de los casos se deben a condicionantes que sí pueden controlarse, como el exceso de peso corporal, la inactividad física o el consumo de alcohol. Y en esta categoría, el uso de anticonceptivos hormonales ha atraído la atención de los investigadores al tratarse de una patología que depende básicamente de las hormonas.

Por ejemplo, la SEOM señala: “El uso de terapia hormonal sustitutiva después de la menopausia aumenta el riesgo de cáncer de mama, así como el uso de anticonceptivos orales, aunque el incremento absoluto es bajo”.




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Interrogantes y evidencias

En la actualidad persisten numerosos interrogantes sobre la relación entre la exposición a anticonceptivos hormonales y el riesgo de desarrollar esa dolencia. A pesar de que la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, que forma parte de la OMS, concluyó en junio de 2005 que los contraceptivos hormonales son carcinógenos para el cáncer de mama, de cuello de útero y de hígado, también es cierto que su efecto ha resultado protector frente a cánceres de ovario y endometrio.

Su impacto global continúa siendo controvertido; no hay consenso entre los especialistas. No obstante, destacan algunas investigaciones recientes e importantes que sí han detectado un incremento notable en las probabilidades de desarrollar cáncer de mama.

Así, tres grandes estudios que han seguido a muchos miles de mujeres a largo plazo –el Estudio de la Salud de las Enfermeras II (NHSII, por sus siglas en inglés), el Estudio del Registro Danés de Hormonas Sexuales y el Estudio Nacional Sueco de Mujeres Jóvenes– demostraron un riesgo significativamente superior entre las mujeres que emplearon anticonceptivos hormonales en comparación con las no usuarias.

Revisión exhaustiva

En este contexto, un nuevo estudio elaborado por investigadores de la Universidades de Navarra y Harvard, en colaboración con otras universidades y hospitales, ofrece la revisión sistemática más exhaustiva realizada hasta la fecha para medir la relación entre la duración del uso de anticonceptivos hormonales y el riesgo de desarrollar dicha patología. Publicado en la revista Maturitas, incluye 20 cohortes y 23 informes independientes, en los que participaron más de 5,5 millones de mujeres y se detectaron 72 000 casos de cáncer de mama.

La conclusión de los científicos que hemos participado en este trabajo es que usar píldoras, dispositivos intrauterinos o parches contraceptivos con hormonas durante cinco o más años se asocia con un aumento del 20 % en las probabilidades de desarrollar cáncer de mama. Asimismo, hemos observado que este riesgo no sigue un patrón lineal: se incrementa progresivamente en los primeros cinco años de uso, se estabiliza entre los cinco y diez años y vuelve a subir ligeramente a partir de la década.

La asociación fue más marcada en las mujeres más jóvenes que desarrollaron los tumores de mama más prematuramente, antes de la menopausia. En ellas, dicho aumento de riesgo fue un 41 % superior en comparación con las no usuarias. El estudio también confirma que este incremento, aunque moderado a nivel individual, puede tener un impacto poblacional muy relevante, ya que más de 150 millones de mujeres utilizan esos métodos.

Hallazgos coherentes

Los hallazgos son coherentes con los de varios trabajos de gran escala publicados en las últimas dos décadas. Además, la evidencia está respaldada por los mecanismos biológicos sobre el tejido mamario, como la acción proliferativa de estrógenos y progestágenos, que son precisamente las hormonas sexuales femeninas de los contraceptivos. Tales hormonas se utilizan –en forma sintética y en dosis superiores a las naturales– para bloquear la función natural del ovario. Así se logra que no haya ovulación, además de producir otros efectos.

En resumen, esta investigación respalda la existencia de una asociación entre el uso prolongado de anticonceptivos hormonales y un aumento de las probabilidades de sufrir cáncer de mama. Además, los resultados subrayan la importancia de un asesoramiento individualizado, que tenga en cuenta la historia reproductiva y el perfil de riesgo (mujeres con antecedentes o factores genéticos predisponentes), para valorar con información precisa los posibles beneficios a la luz de los riesgos.

Por otra parte, se requieren estudios adicionales para evaluar los efectos de las formulaciones hormonales más recientes, las vías alternativas de administración y los subtipos moleculares de cáncer de mama. El objetivo es mejorar la comprensión de los mecanismos subyacentes y optimizar las estrategias de prevención.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿En qué medida aumentan los anticonceptivos hormonales el riesgo de contraer cáncer de mama? – https://theconversation.com/en-que-medida-aumentan-los-anticonceptivos-hormonales-el-riesgo-de-contraer-cancer-de-mama-268544

Canada’s food sovereignty depends on better jobs for farmworkers

Source: The Conversation – Canada – By Susanna Klassen, Postdoctoral Researcher, Department of Sociology, University of Victoria

Canada’s ongoing trade dispute with the United States has increased consumer awareness of domestic food products, with some experts arguing that food should be considered a matter of national defence.

While support for buying local food is increasing — one study found two-thirds of Canadians were willing to pay more for local food — there is still much that gets left off the table in conversations about local food.

The “buy local” adage doesn’t address the deeper issues with Canada’s food production systems. Inter-provincial trade barriers, outdated pesticide regulations, food insecurity and other gaps in Canadian food policy all undermine Canada’s ability to build an equitable and sustainable food system.

Most critically, discussions about local food often overlook the very people that make food production possible: farm workers. These workers form the backbone of the agricultural sector, yet many face unsafe working conditions, inadequate pay and exclusion from basic labour protections.

The human cost of agriculture

Improving job quality in agriculture is important not just for the economic viability of regional food systems, but also because agricultural work is notoriously dangerous, dirty, demeaning and devalued.

An increasing proportion of Canada’s agricultural labour — about one-quarter — is performed by migrant workers from the Temporary Foreign Worker program. These workers are tied to their employers, and often face dismissal or repatriation if something goes wrong at work. This institutionalized deportability leaves many farm workers vulnerable to exploitation.




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Canada needs to overhaul the Temporary Foreign Worker program, not just tinker with it


Agricultural work in Canada is defined by precarity, suppression and exclusion. Workers often face a lack of access to health care, unhealthy living conditions and unsafe workplaces.

This is not by chance. Farm work has historically been exempt from labour-protective laws due to a long-standing belief in agricultural exceptionalism — the idea that because it’s subject to uncontrollable factors such as weather, and contributes to national food security, agriculture should be afforded special state support and regulatory exemptions.

In practice, many believe agricultural work should not be held to the same standards as jobs in other sectors. Farm workers are often excluded from important safeguards in many jurisdictions, like overtime pay.

When combined with precarious immigration status, even the limited protections that farm workers have access to on paper may not be accessible in practice.

Why organic farmers are struggling

To better understand why some employers provide better conditions for hired farm workers, we surveyed organic farmers growing vegetables — a nutritionally important and labour-intensive industry — in British Columbia.

We asked farmers about what motivates their farming decisions, the characteristics of their farm and about their perceptions of how to improve job quality for hired workers.

We focused on organic farmers because organics are often viewed by consumers as more sustainable, and the industry has aligned itself with the value of fairness in Canada, including worker well-being. In theory, organic farmers should be among the most motivated to provide good jobs for their employees.

Despite this ethical alignment, we found that both certified and non-certified organic farms in B.C. scored poorly on most aspects of job quality that we measured, including employment and grievance procedures, paid time off and extended health benefits.

Organic farms performed better on practices related to occupational health and physical strain, such as using strategies to reduce repetitive motion for workers.

The limits of good intentions

Many farmers reported social justice-oriented motivations for job quality improvement, but they were often unable to translate these ideas into practice.

The most commonly reported barrier to improving job quality was cost, while the strongest predictor of better practices was farm economic size, measured by farm revenue and income.

In larger enterprises, investments in infrastructure and procedural improvements to labour quality can be justified because they are perceived to benefit more workers and support more complex farm operations.

However, the link between larger farms and higher job quality may belie another relationship: bigger farms are better positioned to hire workers through the Temporary Foreign Worker Program, which has specific requirements for wages and terms of employment. At the same time, the program produces power imbalances that can lead to the mistreatment and structural disempowerment of migrant workers, which is certainly bad for job quality.

Our results also suggest that the price premiums from selling food organically don’t appear to be enough to overcome the perceived financial barriers of implementing job quality measures.

A resilient and affordable food system depends on good quality jobs in agriculture. Failing to address job quality for farm workers is a missed opportunity. Many low-cost improvements to support safe and decent working conditions exist, and programs to ensure living wages for farm workers should ensure organic and ecologically produced food is affordable for all Canadians.

The Conversation

Susanna Klassen receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Hannah Wittman receives funding from Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Canada’s food sovereignty depends on better jobs for farmworkers – https://theconversation.com/canadas-food-sovereignty-depends-on-better-jobs-for-farmworkers-268166

Boys do cry: The Toronto Blue Jays challenge sport’s toxic masculinity with displays of love and emotion

Source: The Conversation – Canada – By Michael Kehler, Research Professor, Masculinities Studies, School of Education, University of Calgary

In a marathon Game 7 of the 2025 World Series at the Rogers Centre, the Toronto Blue Jays fell to the Los Angeles Dodgers in 11 innings. It was a devastating finish to a series defined by unforgettable plays.

The series left fans with indelible memories of hits, runs and near-misses — unbelievable and inexplicable moments that few will forget in the years to come. But that wasn’t all the stood out.

From chants for Vladdy — first baseman Vladimir Guerrero Jr. — to calls for a “Springer Dinger” from designated hitter George Springer, fans also witnessed something deeper: the unmistakable emotional connection among these elite male athletes.

In a post-Game 7 interview, utility player Ernie Clement tearfully expressed his love for his teammates while acknowledging the emotional toll of the series.

Blue Jays discuss their World Series loss. (CTV News)

Pitcher Chris Bassitt described the bond between the team as “true love.” The sentiment echoed by many of the players was one of love, gratitude and deep friendship — qualities often reserved, if rarely expressed, among men for other men.

With the public outpouring of elation, tears and unabashed love, we are left to wonder if men’s sport culture is beginning to move beyond the toxic masculinity that has too often dominated headlines.

Rather than uphold a dominant, all-too-familiar hyper-masculine image of male athletic competitors, this years’ World Series might have opened our eyes to a counter-narrative in sport.

Masculinity and sport in Canada

Our expectations of sport culture and masculinity in Canada have largely been defined by Canada’s other national pride, hockey. Its narratives frequently valourize toughness, stoicism and physical dominance, reinforcing a narrow vision of what it means to “be a man” in sport.

Recent controversies, including Hockey Canada’s failure to address sexual assault allegations and the misuse of registration fees to settle claims, have highlighted how entrenched these norms can be.

Research shows that boys and men yearn for close male friendships. Yet in national sport, we rarely see the close intimacy, level of support and caring that were evident among the Blue Jays this year.

Men are expected to compete, not care, especially in the gladiatorial arenas of sport.

The more common, and often troubling, side of male bonding in sport has been associated with violence, aggression and locker room cases of bullying, homophobia and misogyny.

A different model of male bonding

While sport culture is often centred around competition, dominance and showmanship, interactions among the Blue Jays gave a rare glimpse at how sport culture could be different among men.

A recurring theme among all players was a genuine sense of caring for one another. “It’s not very often you get a group together that genuinely likes one another and genuinely cares about one another,” said Blue Jays manager John Schneider after Game 7.

The media and fans were drawn to what appears to be an authentically, emotionally connected group of men. Globe and Mail reporter Marcus Gee called it a “fellowship,” noting how much the players “liked each other.”

Individually and collectively, the Blue Jays were emotionally vulnerable. Gee suggested the lesson the Jays offered was “the power of unity, the power of connection, the power of love.” Whether we call it connection, love or fellowship, there is no mistake that what fans witnessed was a rare and possibly enduring lesson also about sport, masculinity and caring.

Challenging traditional masculinity

Research has shown that while boys and men are aware of the expectations for fitting in and being accepted among their peers, they also have the capacity to resist conventions of sport masculinity. Male athletes can resist the cultural norms associated with being “one of the boys.”

What we witnessed among the Blue Jays’ players was a rare public display of affection and intimacy in sport, going beyond sportsmanship, camaraderie and fellowship. The relationships, respect, friendships and love went beyond the implicit licence granted by being on the field to hug another player.

The traditional codes of masculinity when among the boys were disturbed and maybe challenged by repeated expressions of affection that men regularly avoid off the field.

The level of respect and outpouring of support along with the kindness of words signalled ways that men and boys can resist narratives of stoicism and the enduring challenge of expressing themselves.

There are indeed important lessons that sports fans might all take away along with the vivid memories of this World Series — lessons of caring among men.




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The power of friendship

Images of Guerrero Jr. hugging rookie pitcher Trey Yesavage, the emotional honesty of Clement and the visible love the Blue Jays have for their teammates remind us of the significance of friendships among boys and men, and the power of healthy relationships in which men care for, and about, others.

Sport culture among men and boys is historically a bastion of elite, privileged masculinities. Too often, boys and men are complicit in the lessons we learn about being accepted, about belonging among the boys, about being like the rest of the boys.

Men often fear the isolation and alienation if they do not subscribe to the rules and norms typically promoted and upheld in sport culture, echoed in chants of “man up” or “no pain, no gain.”

Perhaps one of the greatest lessons from this World Series was captured in one final image: a red-haired boy collapsed in tears with his father resting his hand on his back, considering the future, not of sport, but of a son able to cry openly, unashamedly.

The Conversation

Michael Kehler does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Boys do cry: The Toronto Blue Jays challenge sport’s toxic masculinity with displays of love and emotion – https://theconversation.com/boys-do-cry-the-toronto-blue-jays-challenge-sports-toxic-masculinity-with-displays-of-love-and-emotion-268971

Why Bill Gates’ climate memo is being celebrated by skeptics while frustrating scientists

Source: The Conversation – Canada – By Ryan M. Katz-Rosene, Associate Professor, School of Political Studies, with Cross-Appointment to Geography, Environment and Geomatics, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Shortly before COP30 talks begin in Brazil, tech billionaire and philanthropist Bill Gates has launched a “narrative grenade” into the discourse of climate politics by publishing a lengthy memo calling for a rethink of how the climate crisis is framed and addressed.

Gates calls for a “strategic pivot” in climate strategy. That appears to have hit a nerve. Both social and traditional media were ablaze with erroneous assertions about Gates’ supposed reversal of opinion on climate change.

Despite reaffirming support for ambitious decarbonization, his letter is being celebrated by climate skeptics while angering some climate scientists. United States President Donald Trump weighed in, writing: “I (WE!) just won the War on the Climate Change Hoax. Bill Gates has finally admitted that he was completely WRONG on the issue.”

This is false. Gates makes no such admission. In fact, he specifically writes that “climate change will have serious consequences — particularly for people in the poorest countries.” He emphasizes that “every tenth of a degree of heating that we prevent is hugely beneficial because a stable climate makes it easier to improve people’s lives.”

Gates goes further, calling for major investments into global health and development (particularly on vaccines), and expresses continued support for pursuing net zero carbon emissions — all of which seems to fly in the face of Trump’s climate and foreign aid agenda.

Given this, why are so many climate skeptics celebrating Gates’ letter? And why are some climate scientists frustrated, despite his steadfast support for decarbonization?

What the memo actually says

The core of Gates’ memo is a request for climate negotiators to consider “three truths:”

First, that they consider climate change a “serious problem” but not the inevitable “end of civilization.”

Second, that temperature targets like the 2015 Paris Agreement’s focus on limiting warming below 2 C are not the best goalposts for measuring progress on climate change.

And third, that the best way to defend humanity against climate change is to pursue global health and economic prosperity.

The centrepiece of Gates’ analysis is the claim that technological innovations — like electric vehicles, renewable energy and battery storage —have already started to reduce the carbon intensity of global economic activity and that new, more consequential innovations in the future will be driven by economic development and healthy societies.

He provides as evidence changes in the International Energy Agency’s (IEA) carbon dioxide emissions forecasts — pointing out that a 2014 IEA projection expected significant growth in emissions, while a 2024 projection now sees significant reductions (though some commentators have contested Gates’ interpretation on this specific point).

Gates wants readers to know progress is being made on climate change thanks to growth and technological innovation, and as such, the “worst-case scenarios” are no longer plausible.

Why climate skeptics see this as a win

It is Gates’ initial framing — that climate change is “not the end of the world” — that seems to have resonated most strongly with climate skeptics. The memo begins by critiquing the “doomsday view” that “cataclysmic climate change will decimate civilization.” Instead, he argues that “people will be able to live and thrive in most places on Earth for the foreseeable future.”

From that point, climate contrarians seized on the memo. One of the largest conspiracy accounts on X falsely declared that “today Bill Gates admitted himself that Climate Change is all a lie.” Others followed suit.

Even media outlets contributed to the confusion, with Futurism running an article with the deeply misleading headline “Bill Gates Says Climate Change Isn’t So Bad After All.”

This reaction is not surprising. The claim that climate change is not a civilization-ending threat aligns closely with long-standing skeptic rhetoric that mainstream climate science relies on fear to justify politically motivated change.

Research shows that climate skeptics interpret the issue through black-and-white thinking, where cognitive binaries are used to help simplify complex systems.

Within this world view, if climate change is not apocalyptic, then it can be dismissed as exaggerated, and by extension, climate policy is unnecessary, or worse, a cover for social control.

Why some climate scientists are frustrated

The idea that climate change will not literally end civilization is not new — even for Gates. In my own work on the growth-environment debate, I’ve shown how dominant sustainability discourses have long rested on the assumption that even the most pressing environmental problems can be managed, and that economic growth and technological innovation are the best means of addressing them.

For some climate scientists, however, Gates’ memo places too much emphasis on technology — especially exploratory and high-risk technologies like small modular reactors, carbon capture and storage, and geoengineering.

The worry, as climate scientist Michael Mann expressed in reference to the Gates memo, is that this focus on “technofixes for the climate … leads us down a dangerous road,” because such approaches can distract from proven mitigation strategies and provide cover for continued business-as-usual burning of fossil fuels.

Other climate scientists found the memo downplayed the severity of global warming seen to date, not least the warming expected by the end of this century (which, in Gates’ telling could be up to +2.9 C above the pre-industrial era).

For instance, scientist Daniel Swain noted his “dismay and deep frustration” about the framing in Gates’ memo (despite agreeing with some of its central claims), precisely for glossing over the known harms and systemic risks that lie ahead. Swain invoked the late environmental studies professor Stephen Schneider’s reminder that when it comes to global warming, “the end of the world” and “good for humanity” are the two lowest-probability outcomes.

What now?

Like a dazed battlefield after a grenade is detonated, the terrain of climate politics has been unsettled by Gates’ missive, but it is not altogether transformed. The debate will continue. Skeptics will likely add screenshots of misleading headlines about Gates’ “admission” to their repertoire of doubt-casting memes.

Climate scientists, meanwhile, will continue to grapple with the difficult task of communicating climate risk, urgency and uncertainty, in a political environment that is not well-suited to nuance and complexity.

The memo does not change the science. But it does reveal how sensitive climate politics is to framing, and how the same message can become ammunition for very different projects.

The Conversation

Ryan M. Katz-Rosene was the recipient of an Insight grant from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada to study discourses of the growth-environment debate.

ref. Why Bill Gates’ climate memo is being celebrated by skeptics while frustrating scientists – https://theconversation.com/why-bill-gates-climate-memo-is-being-celebrated-by-skeptics-while-frustrating-scientists-268940

Intelligences collectives au siècle des Lumières : parterres de théâtre et foules séditieuses

Source: The Conversation – in French – By Charline Granger, chargée de recherche, Centre national de la recherche scientifique (CNRS)

Le parterre de théâtre, un laboratoire à partir duquel réfléchir aux conditions d’apparition du consensus. BNF, Arts du spectacle, FOL-O-ICO-412

À l’heure où les chaînes parlementaires diffusent des débats houleux à l’Assemblée nationale, alors que le consensus, dans une France politiquement déchirée, semble un horizon de plus en plus inaccessible, des théoriciens et dramaturges se sont demandé, à l’orée de la Révolution française, si et comment une opinion majoritaire pouvait émerger d’une foule d’individus hétérogènes. Les milieux clos que constituent des salles de théâtre furent un laboratoire opportun pour penser la contagion émotionnelle et l’apparition d’une intelligence collective.


Les salles de spectacle des XVIIe et XVIIIe siècles en France sont très différentes de celles auxquelles nous sommes habitués. De grands lustres éclairent indistinctement la scène et la salle, on entre et on sort en cours de spectacle et, surtout, plus de 80 % des spectateurs sont debout, dans le vaste espace qui se trouve en contrebas de la scène et qu’on appelle le parterre.

Ce public, composé uniquement d’hommes, est particulièrement tumultueux. Ils sifflent, baillent, hurlent, s’interpellent, prennent à parti les acteurs, interrompent la représentation. Aussi sont-ils régulièrement et vivement critiqués, par exemple en 1780, dans un des plus grands journaux de l’époque où le parterre est assimilé à une « multitude de jeunes insensés pour la plupart, tumultuairement sur leurs pieds crottés » : les pieds sont « crottés », parce que ces spectateurs, quoiqu’aux profils sociologiques variés, ne sont pas des membres de la noblesse, qui se trouvent majoritairement dans les loges.

Une multitude pleine de promesses

Pourtant, à partir de la deuxième moitié du XVIIIe siècle, cette multitude est de plus en plus perçue par certains dramaturges et philosophes comme pleine de promesses : le tumulte qu’elle produit, au fond, serait une énergie qu’il suffit de savoir canaliser. En 1777, Marmontel, homme de lettres proche du courant des Lumières, s’ébahit de la force que recèlent les manifestations de ces spectateurs rassemblés :

« Ce que l’émotion commune d’une multitude assemblée et pressée ajoute à l’émotion particulière ne peut se calculer : qu’on se figure cinq cents miroirs se renvoyant l’un à l’autre la lumière qu’ils réfléchissent, ou cinq cents échos le même son. »

C’est que, selon lui, l’exemple est contagieux : on rit de voir rire, on pleure de voir pleurer, on bâille de voir bâiller. Les émotions sont démultipliées et, surtout, tendent à converger collectivement vers l’expression d’une seule et même émotion.

Les parterres de théâtre deviennent ainsi les laboratoires à partir desquels réfléchir aux conditions d’apparition du consensus. Car c’est dans le bouillonnement de la séance théâtrale, alors que les individus sont serrés, qu’ils ont bien souvent trop chaud et qu’ils sont gênés par une position très inconfortable, qu’une émotion puissante se communique.

Aux antipodes du jugement à froid, apparaîtrait alors une intelligence collective proprement émotionnelle, grâce à la circulation d’une énergie qui échappe à la partie la plus rationnelle de la raison. Toujours d’après Marmontel, une telle contagion des émotions donne naissance à un jugement de goût aussi fulgurant que juste : « On est surpris de voir avec quelle vivacité unanime et soudaine tous les traits de finesse, de délicatesse, de grandeur d’âme et d’héroïsme […] [sont] saisi[s] dans l’instant même par cinq cents hommes à la fois ; et de même avec quelle sagacité les fautes les plus légères […] contre le goût […] sont aperçues par une classe d’hommes dont chacun pris séparément semble ne se douter de rien de tout cela ».

Échos avec la physique de l’époque

La valorisation de cette émotion collective unifiée se fonde en grande partie sur les travaux contemporains menés sur l’électricité. Ou plutôt, sur ce qu’on appelle alors le fluide électrique, dont les physiciens Jean-Antoine Nollet et François Boissier de Sauvages montrent, entre autres, qu’il s’apparente au fluide nerveux. L’objet recevant le choc électrique devenant lui-même une source électrique, il est à son tour susceptible d’en électriser d’autres.

Cette conductivité est une caractéristique majeure de l’électricité.

Du phénomène physique à la métaphore, il n’y a qu’un pas et l’électricité est convoquée pour désigner l’unanimité qui se produit parmi les spectateurs. Marmontel affirme que « c’est surtout dans le parterre, et dans le parterre debout, que cette espèce d’électricité est soudaine, forte, et rapide ».

Le dramaturge Louis-Sébastien Mercier constate avec dépit, après que la Comédie-Française a fait installer des sièges au parterre et que les spectateurs ont été forcés de s’asseoir, que l’« électricité est rompue, depuis que les banquettes ne permettent plus aux têtes de se toucher et de se mêler ».

Une illustration tirée de l’Essai sur l’électricité des corps, par M. l’abbé Nollet, de l’Académie royale des sciences. Seconde édition, 1765.
BNF Gallica

Cette image d’une foule d’individus saisis par une même impulsion, Marmontel et Mercier ne l’inventent pas. Ils la tirent de scènes d’électrisations collectives qui sont depuis quelques décennies un véritable phénomène mondain. Le savant Pierre van Musschenbrœk se fait connaître par l’expérience connue sous le nom de « bouteille de Leyde », condensateur qui permet de délivrer une commotion générale et instantanée à une chaîne d’individus se tenant par la main : le fluide électrique, se manifestant à la surface par des étincelles, se transmet à travers l’organisme et relie entre eux des corps distincts. Après l’abbé Nollet, Joseph Priestley, qui mène des expérimentations analogues où un groupe d’individus forme une sorte de ronde, constate qu’« il est souvent fort amusant de les voir tressaillir dans le même instant ».

Un superorganisme fantasmé

La mise au jour, par le biais du modèle électrique, de cette intelligence collective dans les salles de théâtre a des implications politiques. Si, d’après ce modèle, les spectateurs du parterre ayant renoncé à leur aisance physique individuelle peuvent espérer former une véritable communauté, sensible et unifiée par la circulation d’un même fluide en son sein, c’est parce que la posture du spectateur, debout ou assis, ainsi que l’espace dans lequel il se trouve, ouvert ou fermé, sont les révélateurs de la capacité de ces publics à constituer un véritable organe politique et à représenter le peuple.

La Petite Loge (1776 ou 1779), de Charles-Emmanuel Patas (1744-1802), Troisième suite d’estampes pour servir à l’Histoire des modes et du costume en France dans le XVIIIᵉ siècle (1783), gravure de Jean-Michel Moreau, dit Moreau le Jeune.
BNF Gallica.

Les spectateurs debout au parterre s’opposent aux spectateurs assis dans les loges : ces places onéreuses forment de petites alvéoles qui compartimentent et divisent le public, alors que les spectateurs du parterre font corps les uns avec les autres dans un large espace fait pour les accueillir tous en même temps.

L’électricité se répandant de manière homogène entre tous les corps, le parterre n’est plus alors considéré comme la juxtaposition hétérogène de spectateurs, mais comme un corps cohérent qui pense et qui sent d’un seul mouvement. Le caractère holistique de cette proposition, qui veut que le tout soit plus que la somme de ses parties, dit bien combien le modèle promu par Marmontel et Mercier est une projection idéalisée de la société.

Expérience de la bouteille de Leyde, Louis-Sébastien Jacquet de Malzet, In Précis de l’électricité ou Extrait expérimental et théorétique des phénomènes électriques, Vienne, J. T.de Trattnern, [1775], planche V, fig. 36.
CNUM/CNAM

À l’aube de la Révolution française, le tumulte d’une foule désordonnée a pu être pensé comme une énergie susceptible de faire naître une véritable cohésion politique à partir d’un consensus relatif, qui se construit contre un autre groupe. Alors que le contexte politique fabriquait déjà, inévitablement, des fractures françaises, la salle de théâtre s’est présentée comme le laboratoire où pourrait s’incarner en acte, dans un espace restreint, une fiction de société, fondée sur une intelligence collective non rationnelle. Cette intuition « met en relation » (inter-legere), littéralement, les membres de l’assemblée qui baignent dans le fluide électrique, en excluant les autres, ceux qui n’occupent pas le parterre et qui incarnent, de manière si visible, les hiérarchies et les iniquités de l’Ancien Régime.

Ce superorganisme, qui illustre le jugement éclairé de la multitude, fut certainement plus rêvé que réel. Mais il a eu le mérite de tenter de figurer un temps l’émergence d’un groupe dont il fallait prouver à la fois l’unité et la légitimité politiques.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 3 au 13 octobre 2025), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Intelligence(s) ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Charline Granger a reçu une subvention publique de l’ANR.

ref. Intelligences collectives au siècle des Lumières : parterres de théâtre et foules séditieuses – https://theconversation.com/intelligences-collectives-au-siecle-des-lumieres-parterres-de-theatre-et-foules-seditieuses-267364