El Medievo idílico de los prerrafaelitas conquista el cine contemporáneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lara López Millán, Docente Universitaria de Artes y Educación, Universidad Camilo José Cela

Arwen y Aragorn en una escena de ‘La comunidad del anillo’, la primera entrega de ‘El señor de los anillos’. IMDB

Vivimos inmersos en una corriente estética que transforma el Medievo en un paraíso contemplativo: bosques cubiertos por una bruma suave, claros dorados al atardecer y castillos emergiendo de la niebla como fantasmas benevolentes. Bajo el nombre de “medievalismo suave” se esconde una visión idealizada y nostálgica del pasado, en la que los conflictos y la dureza histórica quedan relegados para darles todo el protagonismo a la belleza natural y la atmósfera lírica.

Con raíces en la nostalgia romántica y el deseo de calma, esta estética proyecta sobre la Edad Media un refugio donde la luz dorada del ocaso y la niebla susurrante hablan de un mundo detenido.

Al evocar praderas de un verde intenso, arroyos cristalinos y jardines secretos, el medievalismo suave invita al espectador a fundirse con un paisaje casi poético. Allí, cada elemento natural –hojas, flores, musgo– adquiere una dimensión casi sacra.

Collage de tres pinturas que retratan a tres mujeres en época medieval.
A la izquierda Ophelia, por John William Waterhouse (1910). En el centro, Mariana, por John Everett Millais (1851). Y a la derecha, Beata Beatrix, por Dante Gabriel Rossetti (1870).
Montaje a partir de reproducciones de las obras

Esta mirada contemporánea hunde sus raíces en un movimiento pictórico decimonónico que se rebeló contra la frialdad academicista: la Hermandad Prerrafaelita, cuyos lienzos saturados de color y detallismo naturalista anticiparon el ánimo lírico que ahora recupera el cine de fantasía.

Hoy, verdes intensos, ocres cálidos y azules profundos tiñen cada escena de un Medievo idílico en la gran pantalla. Nos invitan así a un viaje visual que privilegia el encanto emotivo sobre la fidelidad histórica.

Herencia prerrafaelita

A mediados del siglo XIX, en 1848, surgió en Londres la citada Hermandad Prerrafaelita, fundada por Dante Gabriel Rossetti, John Everett Millais y William Holman Hunt, como reacción directa al academicismo victoriano y a la burocratización de la Royal Academy. En su manifiesto original, este grupo defendía regresar a la delicadeza, el detalle naturalista y la vivacidad de color que precedían a Rafael, rechazando las convenciones rígidas de la pintura histórica oficial.

Sus exposiciones iniciales causaron polémica: mientras algunos críticos los tildaban de excesivamente literales o sentimentales, otros aplaudían su minucioso estudio de la flora, la anatomía y la luz. Cada lienzo era concebido casi como un herbario pictórico, donde la representación exacta de hojas, flores y texturas botánicas convivía con narraciones tomadas del folclore, la poesía medieval y la mitología.

Pintura de un hombre abrazando a una chica sentada en la hierba rodeados de naturaleza.
The Hireling Shepherd (El pastor mercenario), de William Holman Hunt, 1851.
Manchester Art Gallery

Además de la exploración naturalista, la Hermandad incorporó a su obra símbolos extraídos de la iconografía cristiana y popular –como la llama purificadora, el cisne o la gruta misteriosa–, otorgando a la naturaleza un papel de escenario místico y espiritual. Las figuras femeninas, idealizadas pero dotadas de intensidad psicológica, reflejaban tanto la melancolía romántica como un anhelo de pureza y redención.

De los lienzos prerrafaelitas al cine contemporáneo

Algunas producciones recientes no solo se inspiran en el Medievo como época, sino que lo reinterpretan visualmente desde claves pictóricas decimonónicas.

Es el caso de Damsel (Juan Carlos Fresnadillo, 2024), que transforma cada escena en una suerte de cuadro prerrafaelita en movimiento. Cuando la protagonista cabalga al amanecer, los tenues rayos solares filtran la bruma, realzando las texturas del follaje y la armonía cromática. Verdes pálidos se funden con dorados suaves, como si cada elemento natural formara parte de una misma sinfonía visual. En los jardines de la reina, la cámara capta primeros planos de pétalos perlados por el rocío y fuentes que reflejan el cielo, recordándonos la obsesión prerrafaelita por el detalle botánico.

Tráiler de Damsel.

Por su parte, Catherine Called Birdy (Lena Dunham, 2022) ofrece una variación juguetona del medievalismo suave al fusionar cromatismos pastel con un sentido del humor claramente contemporáneo.

El vestido de Catherine, en suaves tonos melocotón y lavanda, adquiere matices cambiantes a lo largo del día: al caer la tarde, la prenda refleja la calidez dorada del sol poniente, como si el atardecer mismo se hubiera teñido en la tela. Los muros cubiertos de glicinias y madreselvas se configuran como marcos vivos que enmarcan a la protagonista en escenas casi teatrales, donde la naturaleza se convierte en decorado y coprotagonista.

Fotografía de dos adolescentes con vestidos de época medieval.
Imagen de Catherine Called Birdy.
Prime Video

En este fotograma, vemos a Catherine y su prima Sophie caminando por el jardín del castillo al amanecer, con sus rostros iluminados por la luz suave del sol que realza los tonos melocotón y rosa de sus vestidos. La expresión traviesa de Catherine, frente a la mirada más contenida de Sophie, ejemplifica el contraste entre espontaneidad juvenil y elegancia aristocrática, mientras las flores del fondo añaden un toque de delicadeza botánica.

Bosques míticos y luz sagrada

En la trilogía de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001–2003) y su spin‑off televisivo Los anillos del poder (J. D. Payne; Patrick McKay, 2022), los claros de Lothlórien y los corredores élficos se erigen como santuarios de luz.

En esas localizaciones la luz dorada se filtra a través de finos doseles de hojas, realza los reflejos en estanques cristalinos y otorga a los personajes un halo sobrenatural. Este tratamiento lumínico no solo enfatiza la divinidad de los espacios forestales, sino que dota de un aura casi sacro a las figuras femeninas que los habitan.

Por ejemplo, la figura de Arwen leyendo emerge como un icono de feminidad mística: su rostro sereno, bañado por la luz dorada del bosque, y su gesto contemplativo refuerzan la sensación de comunión entre mujer y naturaleza.

Una mujer morena y con el pelo largo lee un libro en una estancia idílica, con luz suave.
Liv Tyler como Arwen en un fotograma de El señor de los anillos: El retorno del rey (Peter Jackson, 2003).

Por contraste, en el siguiente fotograma de Los anillos del poder, un grupo de personajes jóvenes corre libre por una pradera bañada en luz dorada, cruzando un arroyo cristalino.

Aquí la cámara rescata la exuberancia del paisaje: los extensos pastizales, los robles y sauces al fondo, y el juego de luces y sombras que parecen sacados de un cuadro prerrafaelita. La imagen traslada el espíritu de un herbario vivo al terreno audiovisual, mostrando la naturaleza como un espacio de libertad infantil y exploración poética.

Fotografía de un paisaje verde y ocre con niños.
Fotograma del primer episodio de Los anillos del poder (J. A. Bayona, 2022).
Prime Video

Así, tras celebrar la naturaleza en todas sus formas, el medievalismo suave se revela como un refugio visual y un ejercicio de ecologismo estético. Al proyectar un Medievo idílico y libre de conflictos, recuerda el valor de la belleza contemplativa y del entorno natural con el objetivo de apaciguar nuestras ansiedades.

The Conversation

Lara López Millán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El Medievo idílico de los prerrafaelitas conquista el cine contemporáneo – https://theconversation.com/el-medievo-idilico-de-los-prerrafaelitas-conquista-el-cine-contemporaneo-261039

¿Sigue teniendo sentido el concepto de ‘caballerosidad’? De los duelos por honor a las polémicas de TikTok

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Darina Martykánová, Historiadora, Universidad Autónoma de Madrid

¿Modales? ¿Educación? ¿Algo rancio? Everett Collection/Shutterstock

Hace unos meses, las redes sociales volvieron a revivir la enésima discusión sobre la “caballerosidad”. La influencer Carolina Moura popularizó de nuevo el debate al decir que no volvería a salir con un chico español, que los hombres en España eran más “dejados” y que no era la única que lo opinaba.

Otra influencer, Marina Rivers, por su parte, alegó que pedirle a un hombre que fuese un “caballero” con las mujeres le sonaba algo añejo y que lo que había que ser era, independientemente del sexo, educado. Rivers reflexionaba además sobre la desigualdad que el concepto proyectaba sobre las relaciones heterosexuales y mencionaba que en muchos lugares donde los hombres se consideraban más “caballerosos” también eran más machistas.

Del Medievo a la Edad Moderna

Lo cierto es que la palabra “caballero” evoca la Edad Media. Nos imaginamos a un noble a caballo, con armadura brillante, apresurándose a la batalla.

Ilustración de dos caballeros medievales.
La primera referencia que tenemos a la palabra caballero es… un hombre que va a caballo.
Alberto Durero/Gallica

Sin embargo, cuando se habla de la “caballerosidad”, se nos viene a la mente más bien un hombre trajeado inclinándose para besar la mano de una dama, o, en un sentido más realista y cotidiano, un señor que nos sujeta la puerta de la entrada al metro en vez de soltárnosla en la cara. Pequeñas mercedes…

Si bien el origen de la palabra es, efectivamente, medieval, la acepción actual deriva de su uso en una época bastante más reciente, el siglo XIX. Quizás resulta sorprendente, pero, como ha mostrado el historiador Miguel Martorell, la palabra se empezó a usar en España a mediados del siglo XIX para englobar a los “hombres de bien”. Es decir, se recuperó una categoría antigua para crear una identidad común para hombres nobles y burgueses y asociarlos con una serie de prácticas y comportamientos deseables.

El caballero no era, entonces, un residuo medieval, sino el producto de una nueva sociedad en la que se iban diluyendo las fronteras entre la aristocracia y la burguesía, a la vez que las nuevas élites sentían la necesidad de reforzar las barreras que las separaban de las clases trabajadoras. No sorprende entonces conocer que, décadas antes, en la industrializada Inglaterra, la palabra gentleman hubiese adquirido un uso muy parecido.

Cómo ser un hombre de honor

¿Qué se esperaba entonces de un caballero? Ante todo, que cumpliese con su palabra, que fuese de fiar. La historiadora Raquel Sánchez pone énfasis en la respetabilidad. Un caballero debía demostrar que era un hombre de honor, ya que, a diferencia de los nobles antes de la Era de las Revoluciones, su reconocimiento como tal no se basaba en su origen, en la cuna. El comportamiento respetable consistía ante todo en la fiabilidad, en ser un hombre de palabra.

Además, un caballero debía ser cortés con los hombres y con las mujeres de su clase y benévolo hacia las clases sociales vistas como inferiores. La cortesía implicaba dominar unas reglas de comportamiento que se entendían como la “buena educación”. Sin embargo, en aquella época, estas normas no eran iguales para todos, sino que variaban según a quién se dirigían: a un hombre de la misma clase, a una mujer o a personas procedentes de las llamadas “clases inferiores”.

Ilustración de un hombre y una mujer del siglo XIX saliendo de un coche de caballos.
Ilustración para Madame Bovary en la que la protagonista sale del coche de caballos ayudada por su marido, Charles.
Wikimedia Commons

Además, no olvidemos la importancia que tenía la honra de las mujeres para el honor de un caballero: el hombre que aspiraba a serlo debía vigilar el comportamiento de las mujeres de su familia y guiarlas con autoridad para que no manchasen su reputación. Es más, un caballero debía estar dispuesto a enfrentarse a otros hombres para defender el honor de cualquier mujer vejada, fuera su amante o una desconocida.

Sin embargo, el honor de un caballero tenía también una dimensión política. Las acusaciones de cobardía y de traición, pero también de corrupción, se entendían como afrenta a ese honor.

La nueva lógica capitalista no triunfó sin trabas entre la burguesía. En muchos países de Europa continental, ciertas formas de emprendimiento se veían como vulgares, hasta deshonrosas; un hombre de honor no debería “venderse” para hacerse rico.

Para negociar qué prácticas capitalistas eran dignas de un hombre de honor y cuáles merecían condena social en muchos países se usaron las metáforas y los insultos antisemitas. A la vez que se ponía en duda el valor y la lealtad de los oficiales judíos ejemplares como el francés Alfred Dreyfus, un hombre de negocios podía ser insultado como “judío” si sus prácticas como vendedor o financiero se entendían como demasiado agresivas.

También el trabajo cotidiano fue percibido por muchos como una “desgraciada necesidad” que rebajaba socialmente a un hombre, que le restaba autonomía. Los profesionales, como ingenieros, abogados o médicos, confluyeron con el movimiento obrero al resistir esta visión del propietario rentista como un ciudadano y un hombre ideal. Postularon que aquel que no trabajase no era plenamente hombre.

Honor a tiros

En este ambiente marcado por grandes cambios políticos y sociales, las categorías existentes, como la de caballero, eran muy inestables y requerían ser vigiladas y defendidas.

Portada de una revista con un dibujo en el que dos hombres se apuntan con sendas pistolas.
Duelo en Le Petit Journal francés entre el político (y futuro primer ministro en Francia) Georges Clemenceau y Paul Déroulède, cuya oposición amenazaba la Tercera República.
Wikimedia Commons

Precisamente por esta razón resurgió en muchos países de Europa y América el duelo, fuese con espadas o con pistolas. En Inglaterra, muy reticente a recuperar esta práctica, la pugna por las fronteras de la categoría de gentleman se desarrolló más bien en torno al acento, al dominio de los clásicos y a la práctica de ciertos deportes. Se plasmó también en la obsesión por la formación en uno de los internados (Eton, Harrow, etc.) cuya jerarquía de prestigio era ampliamente conocida también entre aquellas clases que no podían ni soñar con enviar a sus hijos allí.

En la Europa continental y en América Latina el duelo experimentó un resurgimiento, si bien hubo diferencias entre países en su práctica. En las tierras alemanas se llegaron a crear tribunales de honor incluso para dirimir las disputas profesionales entre médicos. Además, allí y en Rusia, sobre todo entre los aristócratas, se trataba de duelos a muerte.

En cambio, en Francia, España e Italia solían ser duelos a primera sangre. Rechazar el duelo como algo antipatriota o ridículo podía conllevar un alto coste social, al exponerse el crítico a las acusaciones de cobardía. Sin embargo, los aristócratas –sobre todo– podían permitirse oponerse al reto si venía de hombres al borde de la respetabilidad, como podían ser, por ejemplo, los periodistas.

Revolución posbélica

La caballerosidad llegó a su pico durante la Belle Époque. La cortesía y las buenas costumbres fueron aceptadas y adaptadas a las sociedades del siglo XX y defendidas incluso por muchas corrientes del movimiento obrero hasta la gran revolución de las costumbres a partir de la década de 1960.

Actualmente, como decíamos al principio, hay quien cuestiona la diferencia de género en las normas de cortesía: mientras algunas personas abogan por abandonar la diferenciación, otras la defienden como un juego agradable e inocuo. Y hay quien prefiere la cortesía –sea como sea– a una disolución total de normas.

Sin embargo, las prácticas como los duelos y las nociones del honor vinculadas a la estrecha vigilancia de las mujeres más que a la virtud individual murieron, junto con millones de jóvenes, en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial.

The Conversation

Darina Martykánová es profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.

ref. ¿Sigue teniendo sentido el concepto de ‘caballerosidad’? De los duelos por honor a las polémicas de TikTok – https://theconversation.com/sigue-teniendo-sentido-el-concepto-de-caballerosidad-de-los-duelos-por-honor-a-las-polemicas-de-tiktok-257781

Craquer pour un prédateur ? Voici des contes qui font l’apologie de l’hybristophilie, à votre insu…

Source: The Conversation – in French – By Sylvie Genest, Professeure titulaire, Faculté des arts, Université du Québec à Montréal (UQAM)

L’amour sublimé par la peur n’est jamais une protection contre les crimes d’un assassin. (Image tirée du film Mia et le lion blanc)

Dans cet article, j’examine la portée symbolique de quelques contes familiaux mettant en vedette des animaux prédateurs en relation de proximité physique avec de « jeunes filles au cœur pur » : Mystère de Denis Imbert (2021), Mia et le lion blanc (2018) et Le dernier jaguar (2024) de Gilles de Maistre. À ceux-ci, on pourrait ajouter Le renard et l’enfant (2007), Le loup et le lion (2021) et même Moon le panda (2025) qui met en scène un garçon plutôt qu’une fille.

Je suggère de voir dans ces aventures une ruse symbolique dans laquelle l’animal est l’incarnation métaphorique du tueur en série tandis que l’héroïne, une jeune fille en processus de maturation sexuelle, psychologique et sociale, illustre le cas troublant de l’hybristophilie, une condition qui désigne l’attirance morbide que peuvent éprouver certaines femmes à l’égard de criminels dangereux.

Mon interprétation vise à susciter un regard critique sur les œuvres de l’industrie du divertissement, lesquelles sont trop souvent prises à la légère par un journalisme culturel complaisant. Je fais cette lecture avec tout le sérieux de l’anthroposémiotique, discipline qui a fait ses preuves, notamment au sein des facultés de communication et des programmes de psychologie familiale.

Pour ma part, je m’y exerce dans le cadre de mes travaux à la Faculté des arts de l’UQAM. Mes analyses sont motivées par l’intention féministe d’amortir les effets de la propagande phallocrate là où elle se fait la plus sournoise, comme c’est toujours le cas lorsqu’elle se déguise en histoires amusantes destinées à un public d’enfants à l’aube de la puberté.


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Le mythe originaire de « l’animal-époux »

Tous les contes examinés perpétuent le mythe ancien de l’animal-époux dans lequel la bête est un prince déguisé ou ensorcelé. Pour certains folkloristes, c’est l’archétype des histoires de dévotion féminine alors que pour d’autres, il faut plutôt y voir le mauvais sort de Psyché, mariée de force à un être abject pour assouvir la jalousie de Vénus.




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Dans tous les cas, le thème dominant est celui d’une union entre la sexualité divine masculine et la virginité mortelle féminine. Le couple dénaturé qui en résulte prend, dans la littérature moderne, la figure de La Belle et la Bête, une mouture complexifiée du mythe dans laquelle la jeune femme consent au sacrifice de s’accoupler avec un monstre pour sauver son père, lourdement condamné pour avoir « volé une rose », symbole chrétien de la virginité.

En psychologie, une telle abnégation féminine consentie dans l’intérêt d’un criminel s’appelle l’hybristophilie.

La naturalisation du prédateur

Les versions du mythe que j’ai choisi d’examiner ont la particularité de mettre en scène de vrais animaux filmés en prises de vues réelles plutôt que des bêtes créées avec l’assistance de procédés d’animation, de maquillage et de prothèses, de modélisation 3D ou d’effets numériques sophistiqués.

En propulsant au premier rang la bestialité littérale du mâle prédateur plutôt que sa construction imaginaire, ces œuvres parviennent à détourner notre attention de l’histoire d’amour pathologique qu’elles racontent pour mieux nous orienter sur un thème dont la portée éducative est plus susceptible de plaire aux parents : celui de la défense des animaux.

Extrait d’une interview avec le réalisateur Gilles de Maistre.

Dès lors, la logique narrative se renverse. La Bête du conte n’est plus un danger pour la fillette, mais une victime de la méchanceté humaine : c’est un loup persécuté par des fermiers, un lion chassé par des touristes cruels, un jaguar dont l’espèce est menacée d’extinction.

Bien que cet appel à la miséricorde pour la faune soit légitime dans le registre du réel, il devient un moyen fallacieux de disculper la Bête mythique des crimes commis dans le registre symbolique du conte : le rapt, la séquestration et le viol répété de la Belle.

Cette logique troublée nous rapproche de l’hybristophilie.

Un mariage « forcé » par imprégnation

Pour les actrices des trois films étudiés – Shanna Keil, Lumi Pollack et Daniah de Villiers, ayant respectivement 11, 13 et 14 ans au moment des tournages – leur engagement a nécessité de longues périodes d’adaptation avec l’animal : de 2 à 3 mois pour le loup, plus d’un an pour le jaguar, jusqu’à 3 ans pour le lion.

On parle alors d’imprégnation.

Il s’agit, en gros, d’imposer à l’animal une présence humaine constante dès sa naissance, le forçant à s’attacher à un humain au lieu de s’attacher à un membre de sa propre espèce. Cette domination précoce de son instinct permet, par la suite, une proximité sécuritaire avec le prédateur devenu énorme.

Dans le cadre du mythe, ce rapport de domination est inversé : c’est la mortelle Psyché qui se voit imposer, toutes les nuits, la présence de son animal-époux. Sous cet angle symbolique, l’imprégnation revêt une connotation phallocentrique dont le fin mot se trouve dans la théorie de la fécondation humaine telle que conçue de façon erronée au dix-neuvième siècle.

Elle consiste à imposer à une femme vierge la génétique d’un homme par son empreinte génitale et séminale durable, ce que la féministe Simone de Beauvoir a dénoncé comme un des plus grands « rêves du mâle », celui de marquer la femme de manière qu’elle demeure à jamais sienne.

Les références à l’hybristophilie

Tous les films mentionnés en début d’article contiennent des indices visuels, narratifs ou autres confirmant leur référence à l’hybristophilie. En voici quatre, lesquels évoquent respectivement le caractère obsédant, aphrodisiaque, déviant et même séditieux de l’attirance pathologique pour des criminels.

Dans le film Mystère, la petite Victoria a perdu l’usage de la parole depuis la mort de sa mère. Les premiers mots qu’elle prononce et répète obsessivement devant son père au premier tiers du film sont « tueur en série » : ce passage n’est pas là pour faire avancer le récit, mais plutôt pour confirmer aux cinéphiles avertis la présence d’une référence cachée à l’attirance des femmes pour les grands criminels.

Dans le film Mia et le lion blanc, des images suggèrent une scène de copulation entre l’actrice et un jeune mâle de 80 kilos appelé Charlie. L’obscénité de cette rencontre est accentuée par la réplique à la fois naïve et suggestive de l’adolescente : « Do you love it, Charlie ?… I suppose so ».

Dans le film Le dernier jaguar, l’héroïne affiche une conduite déviante que le scénario justifie par son désir impérieux de sauver son animal chéri. Cette conduite inclut l’isolement social, les problèmes d’opposition, le décrochage scolaire, le vol, la fugue, le vandalisme, la prise de risques et le délire de toute puissance. Tous ces problèmes de comportement suggèrent une forme agressive de l’hybristophilie qui concerne les femmes qui participent activement aux crimes violents de leur partenaire.

Mais c’est dans le film Mia et le lion blanc que l’on découvre la référence la plus claire au Syndrome de Bonnie and Clyde, nom que l’on attribue à l’hybristophilie dans la culture populaire. Dans une scène qui semble emprunter son esthétique à une minisérie de 2013 (ci-dessous), la délinquance juvénile de l’héroïne se transforme soudain en acte grave relevant du droit pénal : prête à tout pour s’échapper avec l’animal qu’elle appelle « son amour », Mia n’hésite pas à braquer un fusil à fléchettes anesthésiantes sur son père. Ce geste évoque les vols à main armée et même les meurtres commis par Bonnie Parker lors de sa cavale suicidaire avec Clyde Barrow.

Des mensonges sur l’amour

Deux faussetés criantes au sujet de l’amour sont répandues impunément par ces contes pour enfants. On en retrace les racines idéologiques dans les affirmations dogmatiques du réalisateur Gilles de Maistre en entrevue avec les médias.

La première concerne le prétendu bien-fondé des crimes commis « par amour » : sur cette question, les contes s’efforcent de nous convaincre qu’il est tout à fait légitime de « désobéir pour sauver celui qu’on aime ».

Extrait d’une interview avec le réalisateur Gilles de Maistre.
Arras Film Festival 2018555 ko (download)

La deuxième concerne les présumés pouvoirs de l’amour contre les assauts d’un partenaire violent : à ce sujet, la réalité des tournages nous invite à croire que l’amour est effectivement « la meilleure protection possible » contre les pulsions d’un prédateur.

Extrait d’une interview avec le réalisateur Gilles de Maistre.

Ces deux contrevérités à propos de l’amour sont non seulement insidieuses et imprudentes, notamment quand on cherche à les inculquer à des mineures. Elles sont également propagandistes dans la mesure où elles plaident pour une soumission idéologique et physique des femmes au bon désir de l’animâle époux, avec les conséquences fatales que l’on connaît.

C’est exactement en cela que ces contes font, à tort et à notre insu, l’apologie de l’hybristophilie.

La Conversation Canada

Sylvie Genest ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Craquer pour un prédateur ? Voici des contes qui font l’apologie de l’hybristophilie, à votre insu… – https://theconversation.com/craquer-pour-un-predateur-voici-des-contes-qui-font-lapologie-de-lhybristophilie-a-votre-insu-255693

Le retour des rencontres en personne… un défi pour la génération Z

Source: The Conversation – in French – By Treena Orchard, Associate Professor, School of Health Studies, Western University

Avec le déclin des applications de rencontre, on assiste à un retour des activités de rencontre en personne, comme le speed dating, les clubs de course à pied et les raves en journée. (Unsplash)

Avec la chute spectaculaire du nombre d’abonnés, la hausse des coûts et des utilisateurs lassés de « swiper » sans fin, le monde des applications de rencontre traverse une véritable crise.

Les récents licenciements chez Bumble soulèvent des interrogations sur l’avenir du secteur et sur les alternatives pour les personnes qui souhaitent trouver l’amour et nouer des relations hors ligne.

L’une des alternatives les plus en vogue est le retour aux activités de rencontre en personne telles que le speed dating, les clubs de course à pied et les raves en journée.

Pour les millénariaux et les générations précédentes, les rencontres en personne sont un terrain familier, mais si vous faites partie de la génération Z – souvent décrite comme la « génération numérique » – ce n’est pas forcément le cas.

Ce fossé intergénérationnel est apparu clairement lors de la première conférence canadienne sur les technologies sexuelles, où j’ai fait une présentation sur la masculinité, les applications de rencontre et les alternatives au « swiping » en personne. Pendant la séance de questions, une jeune femme est intervenue avec un commentaire qui m’a interpellé : « Vous avez peut-être le privilège d’être extraverti », m’a-t-elle dit.


25-35 ans : vos enjeux, est une série produite par La Conversation/The Conversation.

Chacun vit sa vingtaine et sa trentaine à sa façon. Certains économisent pour contracter un prêt hypothécaire quand d’autres se démènent pour payer leur loyer. Certains passent tout leur temps sur les applications de rencontres quand d’autres essaient de comprendre comment élever un enfant. Notre série sur les 25-35 ans aborde vos défis et enjeux de tous les jours.

Après un moment de flottement, la discussion a repris, mettant en lumière une réalité : pour beaucoup de jeunes, les rencontres en face à face sont difficiles. Nombre d’entre eux sont déçus par les applications de rencontre, mais n’ont pas l’expérience interpersonnelle que les générations plus âgées considèrent comme allant de soi.

Alors, que faire ? Dire à la génération Z de « sortir de chez elle » n’est pas seulement déplacé culturellement, mais cela pourrait également contribuer à accroître le sentiment de solitude et d’inutilité qui touche déjà un grand nombre de jeunes aujourd’hui.

Les rencontres en personne ont le vent en poupe

Si faire des rencontres via les applications vous semble devenu une corvée plutôt qu’une opportunité, vous n’êtes pas seul. Dans un article du New York Times, la journaliste Catherine Pearson encourage la génération Z à créer des communautés authentiques et à s’ouvrir à différents types de relations, en ne se limitant pas à la recherche de « l’âme sœur », une source de pression.

Certaines applications de rencontre ont d’ailleurs rejoint le mouvement. Par exemple, Hinge organise One More Hour, une initiative à impact social visant à aider les gens à nouer des relations en personne. Elle s’adresse à la génération Z, dont beaucoup déclarent ressentir de l’anxiété à l’idée d’interagir en face à face.

Une personne assise sur un lit regarde une femme sur une application de rencontre par swipe
Les utilisateurs des sites de rencontre sont lassés de swiper.
(Unsplash)

À force de vivre dans un environnement ultra-connecté, de plus en plus de jeunes trouvent rafraîchissant de rencontrer quelqu’un dans un parc, un bar ou une bibliothèque.

Ces rencontres spontanées ont aussi l’avantage d’éliminer les pratiques frustrantes des applications, comme le catfishing (l’action de créer une fausse identité en ligne). Il est révélateur que 38 % des membres de la génération Z interrogés dans le cadre d’une récente enquête souhaitent avoir accès à des espaces dédiés aux rencontres et à l’amour de soi au travail.

Comment une organisation repense les rencontres

Bien qu’elle ne cible pas exclusivement la génération Z, l’organisation We Met IRL, fondée en 2022 par l’entrepreneuse Maxine Simone Williams, joue un rôle clé dans ce renouveau des rencontres en personne.

Née d’une frustration vis-à-vis des applications de rencontre et au manque de diversité dans les espaces de rencontre traditionnels, We Met IRL organise des événements de speed dating, des soirées rencontres et des réunions sociales qui encouragent les relations amoureuses ou platoniques dans la vraie vie.

Cette évolution culturelle semble s’ancrer chez les jeunes, du moins aux États-Unis : une enquête récente indique que seuls 23 % des adultes de la génération Z ont rencontré leur partenaire via une application, les réseaux sociaux ou une communauté en ligne.

Si tant de jeunes se tournent vers les rencontres en personne, pourquoi est-ce encore perçu comme si difficile ?

Les rencontres en personne sont difficiles

Les rencontres en personne peuvent être difficiles pour plusieurs raisons. Parmi les principaux facteurs, on retrouve l’aspect performatif ou artificiel des interactions sur les applis, les défis liés au passage à l’âge adulte pendant la pandémie et une évolution des normes qui met moins l’accent sur les relations amoureuses.

Une étude que j’ai menée auprès d’étudiants de la génération Z a également mis en évidence un paradoxe : ils aspirent à des relations sérieuses, mais ont peur d’être trompés, « ghostés » ou blessés émotionnellement.

D’autres facteurs socioculturels entrent aussi en jeu : le recul de l’intimité et de la vulnérabilité chez les hommes affaiblit les structures relationnelles traditionnelles. Résultat : les jeunes générations, et les garçons, en particulier, sont décrits comme « perdus » et moins résilients sur le plan émotionnel.

À cela s’ajoute la montée en puissance des influenceurs misogynes et des politiciens qui dénigrent ouvertement les femmes, alimentant la radicalisation des garçons et des jeunes hommes.

Et oui, une partie de la gêne liée aux rencontres en personne peut s’expliquer par ce fameux « privilège de l’extraversion ». Une étude récente a révélé que la génération Z est plus timide que les autres générations, mais pas sans raison. Ayant grandi immergée dans la technologie des téléphones intélligents et les réseaux sociaux, la génération Z a eu moins d’occasions de développer ses compétences interpersonnelles.

Mais ce n’est pas parce que c’est difficile qu’il y a un problème. La connexion, la confiance et la vulnérabilité… tout cela demande de l’apprentissage et de la pratique dans un monde complexe qui ne crée pas toujours l’espace nécessaire.


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Comment prendre confiance dans les rencontres en personne

En tant qu’ancienne jeune fille terriblement timide, je peux affirmer avec certitude que les catégories « introverti » et « extraverti » ne sont pas immuables. Les jeunes qui manquent de confiance en eux dans le domaine amoureux peuvent apprendre à améliorer leurs compétences en face à face et à réduire leur anxiété lors d’événements sociaux.

Voici sept conseils pour prendre confiance lors de rencontres en personne :

  1. Préparez-vous à l’événement à l’avance, dans la mesure du possible.

  2. Recadrez votre perception et votre ressenti face à l’incertitude : ne la considérez pas comme une menace, mais comme une opportunité de croissance.

  3. Restez fidèle à vous-même.

  4. Entraînez-vous à développer vos compétences sociales pour gagner en confiance.

  5. Soyez attentif à votre langage corporel afin de vous montrer ouvert et accueillant.

  6. Rappelez-vous que vous n’êtes pas le seul à avoir du mal à avoir confiance en vous.

  7. Envisagez de demander l’aide d’un thérapeute si la peur ou l’anxiété sont trop fortes.

L’une des choses les plus utiles que vous puissiez faire est de repenser votre vulnérabilité : au lieu de la voir comme une faiblesse profondément enracinée, envisagez-la comme une porte d’entrée vers une meilleure compréhension de vous-même en tant qu’être relationnel.

Des outils tels que les tableaux de visualisation réflexive ou les exercices d’introspection peuvent vous aider à clarifier vos valeurs, vos objectifs et votre identité de façon plus profonde. Et ces pratiques de réflexion sont encore plus efficaces lorsqu’elles sont soutenues par des écoles, des communautés ou des organisations qui peuvent aider les jeunes à transformer les moments de risque ou de peur en opportunité d’exploration personnelle.

Car la résilience, tout comme un muscle, se développe avec l’entraînement. Il faut l’exercer et la mettre à l’épreuve pour qu’elle devienne une ressource essentielle. Avec un bon accompagnement et un espace sûr pour vous exercer, vous pouvez cultiver une confiance en vous durable et une conscience de soi solide, qui enrichiront tous les aspects de votre vie, bien au-delà des relations amoureuses.

La Conversation Canada

Treena Orchard a reçu des subventions du CRSH, des IRSC et de l’Université Western, mais aucun financement de recherche n’a été accordé ni utilisé pour la rédaction de cet article.

ref. Le retour des rencontres en personne… un défi pour la génération Z – https://theconversation.com/le-retour-des-rencontres-en-personne-un-defi-pour-la-generation-z-261540

Cricket’s great global divide: elite schools still shape the sport

Source: The Conversation – Africa – By Habib Noorbhai, Professor (Health & Sports Science), University of Johannesburg

If you were to walk through the corridors of some of the world’s leading cricket schools, you might hear the crack of leather on willow long before the bell for the end of the day rings.

Across the cricketing world, elite schools have served as key feeder systems to national teams for decades. They provide young players with superior training facilities, high-level coaching and competitive playing opportunities.

This tradition has served as cricket’s most dependable talent pipeline. But is it a strength or a symptom of exclusion?

My recent study examined the school backgrounds of 1,080 elite men’s cricketers across eight countries over a 30-year period. It uncovered telling patterns.




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Cricket: children are the key to the future of the game, not broadcast rights


Top elite cricket countries such as South Africa, England and Australia continue to draw heavily from private education systems. In these nations, cricket success seems almost tied to one’s school uniform.

I argue that if cricket boards want to promote equity and competitiveness, they will need to broaden the talent search by investing in grassroots cricket infrastructure in under-resourced areas.

For cricket to be a sport that anyone with talent can succeed in, there will need to be more school leagues and entry-level tournaments as well as targeted investment in community-based hubs and non-elite school zones.

Findings

South Africa is a case in point. My previous study in 2020 outlined that more than half of its national players at One-Day International (ODI) World Cups came from boys-only schools (mostly private).

These schools are often well-resourced, with turf wickets, expert coaches and an embedded culture of competition. Unsurprisingly, the same schools tend to produce a high number of national team batters, as they offer longer game formats and better playing surfaces. Cricket’s colonial origins have influenced the structure and culture of school cricket being tied to a form of privilege.




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In Australia and England, the story is not very different. Despite their efforts to diversify player sourcing, private schools still dominate. Even in cricketing nations that celebrate working-class grit, such as Australia, private school players continue to shape elite squads.

The statistics say as much; for example: about 44% of Australian Ashes test series players since 2010 attended private schools, and for England, the figure is 45%. That’s not grassroots, it could be regarded as gated turf…

Yet not all countries follow this route. The West Indies, Pakistan and Sri Lanka reflect very different models. Club cricket, informal play and community academies provide their players with opportunities to rise. These countries have lower reliance on private schools. Some of their finest players emerged from modest public schooling or neighbourhood cricketing networks.

India provides an interesting hybrid. Although elite schools such as St. Xavier’s and Modern School contribute players, most national stars emerge from public institutions or small-town academies. The explosion of the Indian Premier League since 2008 has also democratised access, pulling in talent from previously overlooked and underdeveloped cities.

In these regions, scouting is based on potential, not privilege.

So why does this matter?

At first glance, elite schools producing elite cricketers might appear logical. These institutions have the resources to nurture talent. But scratch beneath the surface and troubling questions appear.

Are national teams truly reflecting their countries? Or are they simply echo chambers of social advantage?




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In South Africa, almost every Black African cricketer to represent the country has come through a private school (often on scholarship). That suggests that talent without access remains potentially invisible. It also places unfair pressure on the few who make it through, as if they carry the hopes of entire communities.

I found that in England, some county systems have started integrating players from state schools, but progress is slow. In New Zealand, where cricket is less centralised around private institutions, regional hubs and public schools have had more success in spreading opportunities. However, even there, Māori and Pasifika players remain underrepresented in elite squads.

Four steps that can be taken

1. One solution lies in recognising that schools don’t have a monopoly on talent. Cricket boards must increase investment in grassroots infrastructure, particularly in under-resourced areas. Setting up community hubs, supporting school-club partnerships and more regional competitions could discover hidden talent.

2. Another step is to improve the visibility and reach of scouting networks. Too often, selection favours players from known institutions. By diversifying trial formats and leveraging technology (such as video submissions or performance-tracking apps), selectors can widen their net. It’s already happening in India, where IPL scouts visit the most unlikely of places.

3. Coaching is another stumbling block. In many countries, high-level coaches are clustered in elite schools. National boards should consider optimising salaries as well as rotating certified coaches into public schools and regional academies. They should also ensure coaches are developed to be equipped to work with diverse learners and conditions.

4. Technology offers other exciting possibilities too. Virtual simulations, motion tracking and AI-assisted video reviews are now common in high-performance centres. Making simplified versions available to lower-income schools could level the playing field. Imagine a township bowler in South Africa learning to analyse their technique using only a smartphone and a free app?

Fairness in sport

The conversation about schools and cricket is not just about numbers or stats. It is about fairness. Sport should be the great leveller, not another mechanism of exclusion. If cricket is to thrive, it needs to look beyond scoreboards and trophies. It must ask who gets to play and who never gets seen?




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A batter from a village school in India, a wicket-keeper from a government school in Sri Lanka or a fast bowler in a South African township; each deserves the chance to be part of the national story. Cricket boards, policymakers and educators must work together to make that possible.

The game will only grow when it welcomes players from all walks of life. That requires more than scholarships. It requires a reset of how we think about talent. Because the next cricket superstar may not wear a crest on their blazer. They may wear resilience on their sleeve.

The Conversation

Habib Noorbhai does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Cricket’s great global divide: elite schools still shape the sport – https://theconversation.com/crickets-great-global-divide-elite-schools-still-shape-the-sport-261709

The African activists who challenged colonial-era slavery in Lagos and the Gold Coast

Source: The Conversation – Africa – By Michael E Odijie, Associate Professor, University of Oxford

When historians and the public think about the end of domestic slavery in west Africa, they often imagine colonial governors issuing decrees and missionaries working to end local traffic in enslaved people.

Two of my recent publications tell another part of the story. I am a historian of west Africa, and over the past five years, I have been researching anti-slavery ideas and networks in the region as part of a wider research project.

My research reveals that colonial administrations continued to allow domestic slavery in practice and that African activists fought this.

In one study I focused on Francis P. Fearon, a trader based in Accra, the Ghanaian capital. He exposed pro-slavery within the colonial government through numerous letters written in the 1890s (when the colony was known as the Gold Coast).

In another study I examined the Lagos Auxiliary, a coalition of lawyers, journalists and clergy in Nigeria. Their campaigning secured the repeal of Nigeria’s notorious Native House Rule Ordinance in 1914. That ordinance had been enacted by the colonial government to maintain local slavery in the Niger Delta region.

Considered together, the two studies demonstrate how local campaigners used letters, print culture, imperial pressure points and personal networks to oppose practices that had kept thousands of Africans in bondage.

The methods Fearon and the Lagos Auxiliary pioneered still matter because they show how marginalised communities can compel power‑holders to close the gap between laws and lived reality. They remind us that well‑documented local testimony, amplified trans-nationally, can still overturn official narratives, compel policy change, and keep institutions honest.

Colonial ‘abolition’ that wasn’t

West Africa was a major source of enslaved people during the transatlantic slave trade. The transatlantic trade was suppressed in the early 19th century, but this did not bring an end to domestic slavery.

One of the principal rationales for colonisation in west Africa was the eradication of domestic slavery.

Accordingly, when the Gold Coast was formally annexed as a British colony in 1874, the imperial government declared slave dealing illegal. And slave-dealing was criminalised across southern Nigeria in 1901. On paper these measures promised freedom, but in practice loopholes empowered slave-holders, chiefs and colonial officials who continued to demand coerced labour.

On the Gold Coast, the 1874 abolition law was never enforced. The British governor informed slave-owners that they might retain enslaved persons provided those individuals did not complain. By 1890, child slavery had become widespread in towns such as Accra. According to the local campaigners, it was even sanctioned by the colonial governor. This led to some Africans uniting to establish a network to oppose it.

The Niger Delta region of Nigeria had a similar experience. The colonial administration enacted the Native House Rule Ordinance to counteract the effects of the Slave-Dealing Proclamation of 1901 which criminalised slave dealing with a penalty of seven years’ imprisonment for offenders. The Native House Rule Ordinance required every African to belong to a “House” under a designated head. It went on to criminalise any person who attempted to leave their “House”. In the Niger Delta kingdoms such as Bonny, Kalabari and Okrika, the word “House” never referred to a single dwelling. Rather, it denoted a self-perpetuating, named corporation of relatives, dependants and slaves under a chief, which owned property and spoke with one voice. By the 1900s, “Houses” had become the primary units through which slave ownership was organised.

Therefore, the Native House Rule Ordinance compelled enslaved people in Houses to remain with their masters. The masters were empowered to use colonial authority to discipline them. District commissioners executed arrest warrants against runaways. In exchange, the House heads and local chiefs supplied the colonial administration with unpaid labour for public works.

African campaigners in Accra and Lagos organised to challenge what they perceived as the British colonial state’s support for slavery.

Fearon: an undercover abolitionist in Accra

Francis Fearon was an educated African, active in the Accra scene during the second half of the 19th century. He was highly literate and part of elite circles. He was closely associated with the journalist Edmund Bannerman. He regularly wrote to local newspapers, often expressing concerns about racism against Black people and moral decay.

On 24 June 1890, Fearon sent a 63-page letter, with ten appendices, to the Aborigines’ Protection Society in London. That dossier would form the basis of several further communications. He alleged that child trafficking continued.

As evidence, he transcribed the confidential court register of Accra and claimed that Governor W. B. Griffith had instructed convicted slave-owners to recover their “property”.

Fearon’s tactics were audacious. He remained anonymous, relied on court clerks for documents, and supplied the Aborigines’ Protection Society with evidence. He pleaded with the society to investigate the colonial administration in the Gold Coast.

Although the society publicised the scandal, subsequent narratives quietly effaced the African source.

Lagos elites organise – and name the problem

Like Fearon, Nigerian campaigners also wrote to the Anti-Slavery and Aborigines’ Protection Society. They denounced the colonial government in Nigeria for promoting slavery, but they did not remain anonymous.

By this time, the Native House Rule Ordinance had prompted some enslaved people to flee the districts in which it was enforced. They sought refuge in Lagos. Through these arrivals, Lagosian elites learned of the ordinance. They unleashed a vigorous campaign against the colonial state.

The principal figures in this movement included Christopher Sapara Williams, a barrister, and James Bright Davies, editor of The Nigerian Times. Others included politician Herbert Macaulay, Herbert Pearse, a prominent merchant, Bishop James Johnson and the Reverend Mojola Agbebi. Unlike Fearon’s lone-wolf strategy, they mounted a coordinated assault on the colonial administration. They drafted petitions, briefed sympathetic European organisations, and inundated local newspapers with commentary.

Their arguments blended humanitarian indignation with constitutional acumen. They insisted that the ordinance contravened both British liberal ideals and African custom.

After years of pressure the law was amended and then quietly repealed in 1914.

Why these stories matter now

Contemporary scholarship on abolition is gradually shifting from asking “what Britain did for Africa” to examining the role Africans played in ending slavery.

Many African abolitionists who fought and lost their lives in the struggle against slavery have long gone unacknowledged. This is beginning to change.

The two articles discussed here highlight the creativity of Africans who, decades before radio or civil-rights NGOs, used transatlantic information circuits. They exposed colonial governments that continued to rely on forced-labour economies long after slavery was supposed to have ended.

They remind us that grassroots documentation can overturn official narratives. Evidence-based advocacy, coalition-building, and the strategic use of global media remain potent instruments.

The Conversation

Research for these articles was funded by the European Research Council under the European Union’s Horizon 2020 research and innovation programme (Grant Agreement No. 885418).

ref. The African activists who challenged colonial-era slavery in Lagos and the Gold Coast – https://theconversation.com/the-african-activists-who-challenged-colonial-era-slavery-in-lagos-and-the-gold-coast-261089

Flawed notions of objectivity are hampering Canadian newsrooms when it comes to Gaza

Source: The Conversation – Canada – By Gabriela Perdomo, Assistant Professor, Mount Royal University

The response of Canada’s legacy news media to the Israeli government’s military action in Gaza for more than 640 days points to a problem within major Canadian news organizations, according to a new Canadian book, When Genocide Wasn’t News.

In the book, journalists — some writing under pseudonyms — say their newsrooms have been severely hampered by a culture of fear and an adherence to a notion of objectivity that no longer serves the public.

Israel’s relentless military actions in the Gaza Strip following the Oct. 7, 2023 attack and taking of 251 hostages by Hamas should be prominently featured news. The Israeli Defence Forces’ illegal attacks on children, hospitals and aid workers should also be making constant headlines. But news coverage on these attacks is scarce or misleading.

I research and teach media, monitor the news and edit an online publication about journalism in Canada. My PhD thesis focused on Latin America and examined how the mandate to be objective can be confusing in times of war. I also explored questions about how journalists understand and apply objectivity in different contexts.

I found journalists who support peace efforts can easily be accused of being “biased” in favour of those promoting peace.

Not all wars covered equally

Not all wars are covered the same. Noureddine Miladi, a media and communications professor at Qatar University, found Russia’s invasion of Ukraine in 2022 received far greater coverage in mainstream media than the war in Gaza. Part of this difference in coverage lies in the ability to send reporters to cover events first hand, which is impossible in the Gaza Strip, where outside journalists are banned from entry.




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The chilling effects of trying to report on the Israel-Gaza war


Another major factor affecting coverage is how newsrooms understand and apply their norms, including objectivity. Journalism production is influenced and impacted by the dynamics of place and power that surround it.

As Carleton University journalism professor Duncan McCue argues, an unexamined adherence to objectivity can perpetuate colonial points of view. University of British Columbia journalism professors Candis Callison and Mary Lynn Young, authors of a book about journalism’s racial reckoning in Canada, also make this argument.

Accusations of antisemitism

Accusations of bias can have an outsized impact on reporting and be used to silence journalists.

According to some journalists, there is an atmosphere of fear when it comes to reporting on the Middle East in mainstream newsrooms in Canada. Some have self-censored in response to threats.

Not only do journalists say they are facing threats, they also face a context in which governments, such as the province of Ontario, are adhering to definitions of antisemitism that equate it to criticism of Israel.

In Canada, news organizations and individual journalists attempting to report on the violence in the Gaza Strip are being accused of antisemitism by groups such as Honest Reporting, according to the Canadian Press Freedom Project. This means almost anyone reporting on the Israeli government’s actions in Gaza will receive hundreds of messages claiming the report is antisemitic.

Since many scholars and the United Nations Special Committee to investigate Israeli practices have called the Israeli government’s methods “consistent with genocide, including use of starvation as weapon of war,” urgent reporting is needed — and it’s not antisemitism to call out what experts have labelled global injustices.

Left-wing bias?

The culmination of decades of this type of criticism of news media has included a right-wing narrative that accuses media of a liberal bias. The trope of the liberal media as a threat has had a steady hold of the public imagination across North America since the Cold War.

Reporters who focused on stories about human rights, questioned the tactics and budgets of the military industrial complex or challenged the mistreatment of socialist activists as being unpatriotic were accused of having a liberal, left-wing, even communist, slant.

This isn’t a phemomenon limited to North America. Latin American politicians have a long history of using “left-wing bias” labels as a powerful tool to intimidate journalists.




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What do journalists owe peace?

Research shows that audiences value objective journalism, or reporting that they deem non-partisan and keeps opinions at bay. But consumers also increasingly value journalism that is empathetic and emotionally resonant.

After United States President Donald Trump was first elected in 2016, journalism scholars recognized that a major failure of news coverage during the presidential campaign was not calling things what they were. For example, journalists used euphemisms such as “he misspoke” instead of reporting that Trump was lying, contributing to a crisis of relevance in journalism.

According to the Committee to Protect Journalists, the Israel-Gaza war has killed more journalistsr than in any other conflict it’s documented. But the allegedly deliberate targeting of journalists in Gaza, of whom at least 225 have been killed, has garnered little attention in newsrooms, despite calls by dozens of independent journalists to make the issue more visible.

This is another unprecedented set of events that should be reported on for Canadian audiences.

How will Canadian newsrooms do better? One idea could be that newsrooms join forces to fend off accusations of bias and antisemitism. They could start with reclaiming objectivity as a practice of information-gathering and moving away from objectivity as an ideal of dispassionate reporting.

They could also embrace, instead of fear, journalism’s liberal roots and reclaim journalism from a standpoint of clarity where actions against the rule of law, abuses of power, war profiteering, crimes against humanity — any illiberal acts — clearly fall on the wrong side of the liberal-democratic balance and therefore demand to be denounced. As veteran CBC journalist Carol Off has said, we need to denounce illiberal acts as anti-democratic ideology.

Every inhabitant of Gaza remains in imminent peril today, and the media have a responsibility to inform us about it.

The Conversation

Gabriela Perdomo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Flawed notions of objectivity are hampering Canadian newsrooms when it comes to Gaza – https://theconversation.com/flawed-notions-of-objectivity-are-hampering-canadian-newsrooms-when-it-comes-to-gaza-260552

From ‘God Emperor Trump’ to ‘St. Luigi,’ memes power the politics of feeling

Source: The Conversation – Canada – By Stuart J. Murray, Professor of Rhetoric and Ethics | Professeur titulaire en rhétorique et éthique, Carleton University

Why do images of Donald Trump as a galactic emperor or Luigi Mangione as a Catholic saint resonate so deeply with some people? Memes don’t just entertain — they shape how we identify with power, grievance and justice in the digital age.

A meme is a decontextualized video or image — often captioned — that circulates an idea, behaviour or style, primarily through social media. As they spread, memes are adapted, remixed and transformed, helping to solidify the communities around them.

Trump, the meme pope

Days after Pope Francis’s death in April 2025, Trump posted an AI-generated image of himself in papal regalia on Truth Social. The White House’s official X account then shared it, amplifying its reach.

Trump quickly dismissed it as a joke, but the image lingered.

Two days later, another emerged: Trump as galactic emperor, blending Star Wars aesthetics with the visual rhetoric of Warhammer 40,000, a popular dystopian sci-fi franchise featuring authoritarian rulers, imperial armies and endless war.

Trump memes like these once circulated semi-ironically in social media subcultures like Reddit and 4chan under the banner “God Emperor Trump.”

But what might previously have seemed like absurdist cosplay now carries the symbolic weight of executive power, blending religious and imperial imagery to project Trump as a mythical figure, not just a politician.

In-jokes

As I’ve argued in an article on MAGA and empathy, these memes draw on cultural codes not to parody power but to usurp it as instruments of official political communication.

Fact-checking can’t stop them. We know they are factually untrue, but they feel true and consolidate a shared sentiment among Trump’s base.

The meme is not a joke — it’s an in-joke only the in-group understands.

And that’s the point.

A meme is an accelerant, delivering compressed emotional payloads, short-circuiting debate and reinforcing people’s political identifications. Propelled by algorithms and designed to go viral, memes solicit immediate responses — outrage, loyalty, disgust, amusement.

Memes don’t ask what’s true or what’s just.

Instead, they curate — and encode — emotional alignment, replacing liberalism’s democratic ideal of reasoned public discourse with viral attachment: grievance recoded as identity.

Elon Musk and weaponizing empathy

On Feb. 20, 2025, days after Trump appointed Elon Musk to head his new Department of Government Efficiency (DOGE), the Tesla founder appeared at the Conservative Political Action Conference, an annual gathering of conservative activists and officials from across the U.S.

At the conference, Musk brandished a chainsaw, declaring: “I have become the meme!.” An image of him holding the chainsaw later actually became a meme.

The image projects libertarian efficiency and masculine bravado, but it more than just mocks bureaucracy — it glorifies cutting ties to domestic, global and humanitarian responsibilities.

Far from being merely a meme, it advances a policy of neglect that intentionally lets others die.

Experts estimate that DOGE’s purge of USAID could result in 14 million preventable deaths over the next five years, disproportionately affecting marginalized populations whose historical exploitation helped generate the wealth now wielded as power.

Individuals vs. the collective

But we are not meant to feel empathy. In early 2025, Musk called empathy “the fundamental weakness of western civilization,” claiming it is “weaponized by the left.”

Yet Musk doesn’t reject empathy entirely — only empathy for individuals, which he said risks “civilizational suicide.”




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Instead, Musk believes we must have empathy for “civilization as a whole.” Such rhetoric — sacrificing individuals for the collective — recalls a chilling Nazi-era slogan: Du bist nichts, dein Volk ist alles (“You are nothing, your people are everything”). Musk has also drawn criticism for making public Nazi salutes and ethno-nationalist statements advocating for white people.




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Mangione, the meme martyr

If Trump and Musk memes stage fantasies of absolute power, Mangione memes reply with fantasies of redemptive rupture.

Accused of killing UnitedHealthcare CEO Brian Thompson, Mangione has been lionized in memes that champion vulnerability and social justice, opposing the billionaire class — figures like Trump and Musk — who put profits over people.

These memes appear to oppose the MAGA meme machine, encoding class struggle as quiet defiance and anti-authoritarianism. Unlike Musk’s chainsaw-wielding bravado, which seems to mask a fragile ego, Mangione memes project a humble, rebellious heartthrob.

Yet, like Trump and Musk, Mangione has become a brand. His face adorns T-shirts and “St. Luigi” prayer candles, capitalizing on the popular meme that emerged soon after his arrest. This commodification mirrors right-wing meme economies, even if the message differs.

Emotional saturation

Mangione memes have helped raise over $1.2 million for his legal defence.

They don’t just reflect feeling — they organize it, channelling it into cultural, political and literal currency, including a Luigi crypto coin ($LUIGI) and a musical.

These memes share MAGA meme tactics: relentless repetition and emotional saturation. Instead of encouraging thoughtful debate, they rally communities around shared grievances, acts of defiance and collective faith.

Feeling our way through the feed

From MAGA to Mangione, meme-mythologies often function as rationalizations of violence — whether framed as righteous, purifying or revolutionary. But what unites Trump’s papal cosplay, Musk’s chainsaw and Mangione’s martyrdom isn’t their message but their form.

Whether cloaked in MAGA nostalgia or social justice sentiments, memes that appear to resist power often reproduce the structures that made that power so intoxicating in the first place.

We’ve seen how official White House and Department of Homeland Security social media memes have become increasingly cruel, sinister, polarizing and even radicalizing.




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Meanwhile, some liberals on the left continue to promote what is known as the “marketplace of ideas” — the belief that truth will prevail if all ideas are allowed to circulate freely. But reason doesn’t always triumph over power. And memes aren’t just ideas: they’re technologies that bypass deliberation to shape our feelings, identities and ways of communicating.

Consumed by media

We no longer “consume” media: we’re a function of the algorithms and AI powering today’s platforms. Like memes, AI tools like large language models can churn out plausible content that is nonetheless hateful, divisive and patently untrue.

Musk’s “I have become the meme” therefore reveals a paradox: he claims to master the meme, but no one can control its circulation or uptake. Trump and Mangione, too, are less individuals than avatars — produced by a digital culture that pre-shapes our perceptions of them.

The violence, however, is very real. If one violent act doesn’t justify counter-violence, it nonetheless structures and occasions it. Each side claims it is just.

Memes don’t ask: can we intentionally let others die and still be just? Answering this question is nearly impossible in a meme world. The answer will be a meme. And it will be a joke.

The Conversation

Stuart J. Murray receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. From ‘God Emperor Trump’ to ‘St. Luigi,’ memes power the politics of feeling – https://theconversation.com/from-god-emperor-trump-to-st-luigi-memes-power-the-politics-of-feeling-260388

Sénégal : réformer l’enseignement, un acte de souveraineté intellectuelle vital

Source: The Conversation – in French – By Laurent Bonardi, Professeur associé, Directeur du département MBA. Spécialiste en management et en éducation., Groupe Supdeco Dakar

Alors que l’État du Sénégal annonce une réforme curriculaire d’envergure, touchant l’ensemble des cycles de l’enseignement primaire et secondaire, la question de la qualité, de l’inclusivité et de la pertinence des contenus éducatifs revient au cœur des débats. Le chercheur Laurent Bonardi auteur d’un ouvrage critique sur le système éducatif sénégalais explique à The Conversation Africa les enjeux de cette réforme, les défis structurels de l’école sénégalaise et les leviers pour bâtir une éducation plus équitable et adaptée aux réalités locales.


Pourquoi changer les programmes d’enseignement au Sénégal ?

Au Sénégal, comme ailleurs en Afrique, l’école reste fortement marquée par les héritages de la colonisation, dans ses structures, ses langues, ses références et ses finalités. À la faveur des débats actuels sur la souveraineté et la place de la jeunesse, la question des contenus enseignés à l’école revient avec force. Et il s’agit à n’en pas douter d’une question politique qui interroge la manière dont une société pense sa transmission, son histoire et son avenir.

Le système éducatif sénégalais s’est construit sur les fondations du modèle français hérité de la période coloniale. Cette continuité historique se manifeste dans la structure même des programmes, la langue d’enseignement, les finalités implicites de l’école et l’organisation des examens. L’élève modèle, dans ce système, est celui qui maîtrise des savoirs considérés comme universels, mais dont les références culturelles, historiques ou géographiques sont souvent exogènes.

L’histoire enseignée accorde ainsi une place centrale aux conflits européens du XXe siècle. A l’inverse, les résistances africaines à la colonisation, les empires ouest-africains, ou encore les penseurs africains contemporains restent peu valorisés. En littérature aussi, le déséquilibre est patent : les élèves étudient les écrivains français Molière, Victor Hugo ou Albert Camus, mais moins en profondeur les Sénégalais comme Cheikh Hamidou Kane, Aminata Sow Fall ou Birago Diop.

En philosophie, les programmes du baccalauréat continuent de privilégier René Descartes, Emmanuel Kant ou Jean-Jacques Rousseau, avec peu de place accordée aux traditions philosophiques africaines ou aux penseurs contemporains du continent.

Outre le contenu des disciplines, les formes mêmes de savoir valorisées posent question. Les savoirs endogènes – ceux transmis par l’oralité, par l’expérience, par les pratiques sociales – sont largement absents des curricula. L’école les ignore, parfois les stigmatise, comme si seule la connaissance académique, écrite et codifiée à l’occidentale méritait d’être transmise.

Au-delà de la marginalisation des savoirs africains, ce modèle renforce le fossé entre l’école et la société. Il prépare à des trajectoires d’expatriation ou à des concours formatés, plutôt qu’à des engagements locaux, citoyens et productifs. Ce décalage nuit à l’utilité même de l’école, qui ne répond plus aux besoins économiques, sociaux et culturels du pays. D’où l’urgence d’une réforme qui ne soit pas simplement pédagogique mais aussi politique, identitaire, économique et civilisationnelle.

Réformer les programmes d’enseignement est donc une question majeure de souveraineté intellectuelle. Dans un contexte mondial marqué par les recompositions géopolitiques et les tensions identitaires, une nation qui n’enseigne pas son histoire, sa géographie, ses savoirs, se condamne à rester en marge du récit mondial. Enseigner l’Afrique à l’Afrique, le Sénégal au Sénégal, c’est faire le choix d’une école qui ne reproduit plus des modèles importés, mais qui construit ses propres repères, en lien avec son territoire, son histoire et ses aspirations.

Qu’est-ce qui doit changer concrètement ?

La réforme doit porter à la fois sur les contenus, les langues, les méthodes et les finalités de l’enseignement.

Sur les contenus, il s’agit d’équilibrer les curricula en intégrant les savoirs africains, les figures historiques du continent, les littératures africaines, les traditions philosophiques endogènes et les expériences sociales locales. Il ne s’agit pas de rejeter les savoirs dits universels, mais de les recontextualiser.

Enseigner l’écologie à partir des pratiques agricoles locales, mobiliser les contes africains pour développer le langage, ou introduire les résistants sénégalais dans les manuels d’histoire ne sont pas des options folkloriques. Ce sont de puissantes voies d’ancrage culturel et de pertinence pédagogique.

Concernant la langue d’apprentissage, une évolution est également nécessaire car la recherche montre que les apprentissages fondamentaux se construisent plus solidement lorsque l’enfant reçoit un enseignement dans sa langue maternelle. Le maintien du français comme unique langue d’enseignement dès les premières années crée ainsi une barrière linguistique et cognitive, empêchant les élèves de penser le monde avec les mots de leur culture.

L’intégration progressive des langues nationales – wolof, sérère, pulaar, etc. – dans l’enseignement fondamental apparaît donc non seulement comme souhaitable, mais véritablement essentielle pour une meilleure appropriation des apprentissages.

Quant aux formes de savoir, il faut reconnaître la valeur éducative des savoirs endogènes telles que les pharmacopées traditionnelles, les mathématiques présentes dans l’artisanat, les formes orales de transmission ou les savoir-faire locaux. Ces contenus doivent sortir de la marginalité pour devenir matière à réflexion, à recherche et à transmission.

Enfin, l’école doit valoriser les compétences utiles au développement du pays, à savoir l’esprit d’analyse avec une grille de lecture locale, la culture entrepreneuriale, les capacités à travailler dans l’agriculture, les services ou l’artisanat, souvent plus représentatifs du tissu socio-économique réel que les filières généralistes surreprésentées.

Comment réussir une telle réforme ?

La réforme curriculaire ne peut être pensée comme une série d’initiatives isolées ou de projets pilotes, comme cela a été trop souvent le cas par le passé. Elle doit être globale, cohérente et structurelle.

Elle suppose d’abord une volonté politique forte, car toucher aux programmes, c’est toucher au cœur du projet de société. Il faut oser remettre en cause les héritages coloniaux, réécrire les programmes à partir des réalités sénégalaises, repenser les finalités de l’éducation non plus comme une sortie vers l’ailleurs, mais comme une insertion et une transformation de l’ici.

Cette réforme, pour être à la hauteur de ses ambitions, demande aussi un investissement massif dans la formation des enseignants. On ne peut exiger d’eux qu’ils valorisent des savoirs endogènes ou enseignent dans les langues nationales sans les y avoir formés. Parler une langue ou connaître un domaine n’est pas le seul pré-requis pour pouvoir l’enseigner. Il faut donc revoir la formation initiale, les concours, les manuels scolaires, les outils pédagogiques et les critères d’évaluation des compétences des élèves.

Il convient également de mobiliser la recherche et les ressources nationales. Les universités, les instituts de pédagogie, les conteurs ou encore les artisans doivent être mis à contribution pour reconstruire un patrimoine éducatif national. Il faut éditer de nouveaux manuels, concevoir des outils ancrés dans le territoire afin de permettre aux enseignants de s’appuyer sur des contenus légitimes, validés, accessibles.

Enfin, il faudra affronter les freins au changement car les résistances à une réforme curriculaire n’ont pas disparu. Elles tiennent à des raisons historiques, institutionnelles, mais aussi symboliques. L’école est encore perçue, dans de nombreuses familles, comme un moyen de sortir du local, de rejoindre un univers de réussite associé à l’Occident et à l’expatriation.

Modifier les programmes en faveur de contenus africains peut alors apparaître, à tort, comme un renoncement à cette ambition. Autre aspect à ne pas négliger, les financements de l’aide internationale en matière d’éducation s’accompagnent souvent de prescriptions implicites ou explicites sur les modèles pédagogiques à adopter.

The Conversation

Laurent Bonardi does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Sénégal : réformer l’enseignement, un acte de souveraineté intellectuelle vital – https://theconversation.com/senegal-reformer-lenseignement-un-acte-de-souverainete-intellectuelle-vital-262138

Le succès des groupes de K-pop en Europe, la consécration d’un long travail du gouvernement sud-coréen

Source: The Conversation – in French – By Sarah A. Son, Senior Lecturer in Korean Studies, University of Sheffield

Le « girl group » sud-coréen Blackpink se produira les 2 et 3 août 2025 au Stade de France, confirmant l’ampleur prise par la K-pop en France. Ce double concert illustre non seulement l’essor fulgurant du genre à l’échelle mondiale, mais aussi son implantation croissante sur la scène musicale hexagonale, portée par une stratégie culturelle coréenne ambitieuse et une communauté de fans en pleine expansion.

L’occasion pour nous de vous présenter cet article paru sur The Conversation en anglais en mars 2024, trois mois avant que le groupe de K-pop SEVENTEEN joue à Glastonbury (Angleterre).


La K-pop a atteint de nouveaux sommets internationaux au cours de la dernière décennie. Le groupe féminin Blackpink a marqué l’histoire en 2024 en rejoignant le « Billions Club » de Spotify avec leur single de 2020 How You Like That, dépassant le milliard d’écoutes. Le groupe de K-pop le plus célèbre, BTS, fait également partie de ce club grâce à ses titres Dynamite (2020) et Butter (2022).

Le succès mondial de la K-pop est le résultat d’une stratégie de marketing culturel habile, déployée par le gouvernement coréen en collaboration avec les industries créatives. Cette stratégie a coïncidé avec la généralisation de l’accès aux contenus culturels via les plates-formes de streaming et les réseaux sociaux, permettant de constituer une base de fans mondiale comptant plusieurs centaines de millions de personnes.

L’histoire du succès de la K-pop

Tout a commencé lorsque le gouvernement coréen a reconnu le potentiel économique du contenu créatif dans les années 1990. La Corée du Sud cherchait alors des moyens de se relever des ravages de la crise financière asiatique de 1997.

Même lorsque la libéralisation et la dérégulation imposées par le Fonds monétaire international ont été mises en œuvre dans les années 2000, le gouvernement a continué à soutenir les industries du cinéma, de la télévision et de la musique en gardant un contrôle ferme sur leur développement et leur exportation. Cela comprenait des incitations financières pour les sociétés de production et le développement d’infrastructures, notamment l’accès à Internet haut débit dans tout le pays, afin de soutenir la production et la consommation de contenus.

Cette stratégie a porté ses fruits. La popularité d’un flux constant de séries télévisées coréennes a commencé à croître au Japon et en Chine. Le gouvernement coréen a investi davantage encore dans les infrastructures pour faire croître l’industrie et diffuser les contenus au-delà de la région. Aujourd’hui, 60 % des abonnés de Netflix dans le monde ont déjà visionné un programme coréen sur la plateforme.

Le succès de la culture populaire coréenne se ressent également dans d’autres secteurs de l’économie. Les stars de la K-pop et du cinéma signent des contrats publicitaires avec des entreprises coréennes, faisant la promotion de cosmétiques, de machines à laver ou de smartphones auprès d’un public mondial.

Le marché des contenus culturels coréens est désormais l’un des plus importants au monde, évalué à environ 80 milliards de dollars US (environ 70 milliards d’euros) en 2024, soit un niveau proche de celui de la France et du Royaume-Uni. Sa croissance continue repose sur une politique multifacettes mêlant investissements financiers, allègements fiscaux et soutien institutionnel, tant dans le pays qu’à travers des centres culturels coréens implantés à l’étranger. Le gouvernement offre également des incitations financières pour encourager la coopération entre sociétés de production et conglomérats (par exemple LG ou Samsung), qui bénéficient eux-mêmes du rayonnement de la culture populaire coréenne à l’international.

Ce succès contribue également à la diplomatie publique de la Corée du Sud. La stratégie concertée de « nation branding » mise en place à la fin des années 2000 et dans les années 2010 par l’administration de Lee Myung-Bak visait à améliorer la position du pays dans les différents classements d’image de marque des nations. Lee reconnaissait le rôle que pouvait jouer le soft power pour asseoir la position de la Corée du Sud comme puissance d’influence modérée sur la scène internationale.

Depuis lors, les stars de la K-pop ont été impliquées dans la diplomatie publique du pays sur la scène internationale, notamment à l’ONU ou lors de la COP 26.

Un groupe de K-pop pas comme les autres ?

Cela ne signifie pas que le groupe SEVENTEEN, par exemple, ne soit qu’un rouage d’une vaste machine de production et d’exportation de contenus culturels coréens. Contrairement à de nombreux autres groupes de leur génération, les membres produisent une grande partie de leur propre travail, écrivent des chansons et des raps et chorégraphient eux-mêmes leurs danses.

Particularité inhabituelle, SEVENTEEN est composé de plusieurs sous-groupes. Il arrive que ces sous-groupes enregistrent séparément afin de mettre en valeur leurs compétences respectives en rap, danse et chant. Comme c’est souvent le cas dans la culture populaire coréenne, le groupe cherche à multiplier les points de connexion avec son public.

On peut citer en exemple la série de téléréalité du groupe, Going SEVENTEEN, mélange de jeux, de défis et de coulisses diffusé chaque semaine sur YouTube et V Live, une application coréenne de streaming en direct pour les célébrités.

Autre caractéristique commune à de nombreux groupes de K-pop, SEVENTEEN compte des membres originaires de différents pays, dont la Chine et les États-Unis. Cela les aide à se connecter avec leurs fans étrangers et garantit qu’il y a toujours un membre capable de participer aux médias internationaux dans d’autres langues que le coréen.

The Conversation

Sarah A. Son ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le succès des groupes de K-pop en Europe, la consécration d’un long travail du gouvernement sud-coréen – https://theconversation.com/le-succes-des-groupes-de-k-pop-en-europe-la-consecration-dun-long-travail-du-gouvernement-sud-coreen-262277