Detenidas en el tiempo: en España, las mujeres siguen cobrando peores pensiones que los hombres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Grau Pineda, Profesora Titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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Cinco años después de alertar sobre la necesidad de aplicar una mirada de género al sistema de pensiones, la brecha entre hombres y mujeres sigue siendo muy significativa en España.

Según datos de junio de 2025 de la Seguridad Social, las mujeres cobran, de media, 532 euros menos al mes en pensiones contributivas de jubilación.

Aunque la diferencia ha bajado –del 34 % de 2020 al 30 % actual–, sigue siendo una de las más altas de Europa. Y lo más preocupante es que, como las mujeres viven más años tras jubilarse, reciben pensiones más bajas durante más tiempo.

Cuidar penaliza

La raíz del problema está en que el sistema de pensiones se basa en las trayectorias laborales. Y las de las mujeres, históricamente, han sido más irregulares: trabajos a tiempo parcial, interrupciones por cuidado de hijos o familiares, menor estabilidad laboral. Todos estos factores se traducen en menos años cotizados y menores bases de cotización. Es decir, en pensiones más bajas.

Aunque se han logrado avances en igualdad legal, la realidad es que muchas desigualdades siguen presentes y no basta con tener las mismas leyes para todos si, en la práctica, las mujeres parten de una situación distinta a la de los hombres.

Y esto se aplica también al lenguaje jurídico: escribir leyes con un tono neutral no garantiza la igualdad si no se tienen en cuenta las diferencias estructurales entre hombres y mujeres. Por ejemplo, una norma que trate por igual a quien tiene una carrera laboral larga y estable, y a quien la ha tenido interrumpida por cuidar a otras personas penaliza, sobre todo, a las mujeres.




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Tres medidas clave

En los últimos años se han puesto en marcha algunas medidas que buscan reducir esta brecha. Son lo que se conoce como “acciones positivas” –directas o indirectas– y tienen como objetivo incidir directamente sobre el cálculo de las pensiones para compensar las desigualdades de género.

Estas acciones directas han tenido un impacto positivo, aunque limitado. Han contribuido a reducir ligeramente la brecha, pero no lo suficiente como para reducirla a cifras próximas al 5 %, nivel considerado como tolerable. Las tres más relevantes son:

  1. Las ficciones de cotización: se trata de medidas que reconocen como cotizados ciertos periodos en los que no se ha trabajado, siempre que estén vinculados al cuidado de hijos o familiares. Se trata, por tanto, de una medida que impacta en el cálculo de la pensión. Por ejemplo, se consideran cotizados los 112 días posteriores al parto si no se disfrutó del permiso de maternidad, o periodos de hasta tres años de excedencia para cuidar a hijos o familiares. Estas medidas permiten que esos periodos cuenten para calcular la pensión, lo que beneficia especialmente a las mujeres, que son quienes más asumen estas responsabilidades.

  2. La integración de lagunas: de nuevo, se trata de una medida que impacta en el cálculo de la pensión. Cuando hay meses sin cotizar, esta medida permite rellenarlos con bases mínimas para que no afecten demasiado a la pensión final. Desde enero de 2026, las mujeres podrán cubrir el 100 % de la base mínima los primeros 60 meses sin cotización y con el 80 % los siguientes 20. Esta mejora no requiere haber sido madre y reconoce que las mujeres, en general, sufren más interrupciones en su vida laboral. Para los hombres, estas mejoras solo se aplican si se prueba un perjuicio profesional tras el nacimiento de un hijo.

  3. El complemento para reducir la brecha de género: introducido en 2021 y reformado en 2023, este complemento se añade a la pensión de las personas con hijos que han visto afectada su carrera profesional. Está pensado especialmente para mujeres, que lo reciben de forma preferente. Los hombres solo pueden acceder a él si demuestran una pérdida profesional significativa y que su pensión es inferior a la de la madre del hijo en común. De este modo, solo uno de los progenitores puede ser beneficiario del complemento en un determinado momento, lo que excluye la titularidad simultánea pero no la titularidad sucesiva: primero uno y después otro. El importe es fijo y acrecienta el monto total de la pensión, con un importe, para el año 2025, de 35,90 euros por descendiente).

Un complemento en entredicho

El complemento para reducir la brecha de género ha sido criticado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que, en dos ocasiones –2019 y 2025– lo ha considerado incompatible con la Directiva 79/7, de 19 de diciembre de 1978 (relativa a la aplicación progresiva del principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en materia de seguridad social) por ser de titularidad “privilegiadamente” femenina.

El Alto Tribunal europeo considera que, al favorecer a las mujeres sin base objetiva suficiente, no se respeta el principio de igualdad. Persiste así en el “mito del varón pensionista discriminado”.

De hecho, en su último pronunciamiento al respecto, controvertido pero esperado, el TJUE evidencia que las acciones positivas exigen un diseño legal extremadamente equilibrado y sujeto al derecho antidiscriminatorio europeo.

Medidas a corto y medio plazo

A corto plazo es importante ajustar el complemento por brecha de género para evitar conflictos legales y un uso ineficiente de los recursos. También habría que mantener su enfoque principal: compensar a quien más ha visto afectada su carrera por tener hijos, algo que sigue ocurriendo más entre las mujeres.

A medio plazo sería conveniente reconsiderar si la estrategia más eficiente es la de seguir aplicando medidas positivas directas, que chocan con el derecho antidiscriminatorio europeo. O si es mejor cambiar de rumbo y optar por acciones positivas indirectas (como favorecer la conciliación y la corresponsabilidad en el cuidado, y la presencia de mujeres en espacios tradicionalmente masculinos) que, a la larga, impactan sobre las bases de cotización, fundamentales en el cálculo de la pensión.

The Conversation

Carmen Grau Pineda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Detenidas en el tiempo: en España, las mujeres siguen cobrando peores pensiones que los hombres – https://theconversation.com/detenidas-en-el-tiempo-en-espana-las-mujeres-siguen-cobrando-peores-pensiones-que-los-hombres-260753

Por qué movernos nos ayuda a borrar los malos recuerdos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar Elía Zudaire, Profesor de Psicología, Universidad Europea

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“Dale duro al gym y no le des más vueltas, tío”.

Esa frase, a medio camino entre el meme y el consejo bienintencionado, tiene más trasfondo científico del que parece. Detrás de los batidos de proteínas y los selfies en el espejo hay una base científica sorprendentemente sólida: entrenar puede ayudarnos a olvidar malos recuerdos. Y no, no se trata de broscience (algo así como la ciencia de los devotos de los gimnasios), esto es neurociencia de verdad.

Nuevas neuronas al rescate

En lo más profundo de nuestro cerebro, en el hipocampo –una estructura cerebral clave para la memoria–, está la zona subgranular del giro dentado, donde se generan continuamente nuevas neuronas. Este proceso, llamado neurogénesis adulta, es uno de los pocos ejemplos de nacimiento de células nerviosas que perdura durante nuestra vida.

Las neuronas “recién nacidas” se integrarán en los circuitos cerebrales ya existentes formando nuevas conexiones sinápticas. Y es ahí donde viene lo interesante: estas nuevas neuronas y el nuevo “cableado” añadido a nuestro cerebro, además de ayudarnos a aprender, desestabiliza los recuerdos que ya no necesitamos.

En otras palabras, el cerebro está continuamente renovando sus conexiones, y esta reconexión hace que podamos olvidar ciertas cosas.

Un grupo de científicos ha demostrado en ratones que aumentando la neurogénesis en esa zona del hipocampo después de una experiencia traumática, el recuerdo de dicha vivencia y los síntomas de estrés postraumático asociados a ella se reducen. Los animales de laboratorio dejan de responder exageradamente a situaciones ante las que no deberían reaccionar, muestran menos síntomas de ansiedad y extinguen mejor los recuerdos asociados al miedo. Cuantas más neuronas nuevas, menos recuerdos traumáticos y menos conductas de estrés.

Ejercicio regenerador

¿Y cómo podemos aumentar la neurogénesis? Con ejercicio. Con cardio, con pesas o simplemente moviéndonos y manteniéndonos activos. Ya son varios los estudios que indican que la actividad física favorece la formación de nuevas neuronas en adultos. El ejercicio aeróbico moderado (como caminar a buen ritmo, correr o montar en bici) parece ser especialmente eficaz, aunque el entrenamiento de fuerza también puede aportar beneficios.

Este efecto se produce gracias a varias moléculas liberadas durante la actividad física, como el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que actúa como “fertilizante” para las neuronas, favoreciendo su crecimiento y conexión. Otras sustancias, como la irisina, el IGF-1 o las betaendorfinas, también están implicadas en ese proceso regenerador. Además de crear nuevas neuronas, el ejercicio mejora la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y cambiar.

Para saber más sobre cómo funciona este proceso, un equipo de investigación simuló eventos de neurogénesis en una red neuronal entrenada para reconocer objetos. Al introducir nuevas neuronas (es decir, renovando algunas conexiones), la red funcionó mejor, y pudo generalizar el conocimiento a nuevas imágenes. Es posible que nuestro cerebro utilice la neurogénesis del mismo modo: previniendo la sobrecarga cognitiva, rompiendo con viejos patrones y haciendo hueco para los nuevos.

Antes de que la mala experiencia se grabe para siempre

¡Pero no hay que esperar demasiado! Otro estudio encontró que esta forma sana de olvidar, promovida por la neurogénesis, solo funciona mientras los recuerdos todavía dependan del hipocampo. Si esperamos demasiado y ese recuerdo traumático se “distribuye” por todo el cerebro, será menos susceptible a los cambios en la plasticidad del hipocampo y dará igual el ejercicio que hagamos: nos seguirá doliendo.

En resumen: hacer ejercicio no solo hace que nos sintamos mejor, puede ayudarnos a que nuestro cerebro se resetee. No solo enterrando viejas memorias, sino ayudando a olvidarlas desde un punto de vista biológico. Todo parece indicar que el cerebro necesita esa neurogénesis para ayudarnos a olvidar, adaptarnos y seguir hacia adelante.

Así que, al menos esta vez, tu amigo del gimnasio, ese gymbro, tenía razón.

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Óscar Elía Zudaire no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué movernos nos ayuda a borrar los malos recuerdos – https://theconversation.com/por-que-movernos-nos-ayuda-a-borrar-los-malos-recuerdos-258309

La salud va por barrios: cómo afecta la escasez de recursos a los territorios desfavorecidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabel Aguilar Palacio, Profesora Titular de Medicina Preventiva y Salud Pública. Universidad de Zaragoza., Universidad de Zaragoza

Rodrigo Pukan/Shutterstock

Imagine dos barrios en una misma ciudad. En uno, las aceras están sombreadas por árboles, las viviendas son confortables y los centros de trabajo, ocio y salud quedan a pocos minutos andando. En el otro, las calles son áridas, las viviendas precarias y los servicios, escasos o lejanos. ¿Cree que sus habitantes tienen la misma salud? Lo más probable es que no.

La llamada “privación” no es solo una cuestión económica: es la acumulación de desventajas que impactan directamente en la vida de las personas. Medirla es esencial para entender y reducir las desigualdades sociales en salud.

Privación y salud

La privación es la insatisfacción de necesidades básicas por la falta de acceso a recursos materiales, sociales o económicos esenciales, con profundas implicaciones sobre el bienestar y la calidad de vida de las personas y de las comunidades. Esto impacta directamente sobre la salud de las poblaciones, con la aparición de múltiples enfermedades, tanto agudas como crónicas.

Por ejemplo, la falta de acceso a alimentos saludables, a unas condiciones de vivienda adecuadas o a espacios de ocio y de ejercicio contribuyen a la aparición de dolencias como la diabetes o las patologías cardíacas. También deteriora la salud mental, ya que el estrés crónico asociado a la incertidumbre económica, la inseguridad alimentaria o la falta de vivienda favorecen la aparición de síntomas como la ansiedad, la depresión y otros problemas vinculados a la salud mental.

Esta falta de recursos limita igualmente la capacidad de las personas para obtener cuidados formales e informales adecuados, agravando las condiciones de salud. La privación es, por tanto, un fenómeno multifacético que afecta a cada aspecto del bienestar humano.

¿Qué son los índices de privación y para qué sirven?

Con el objetivo de poder comprender y abordar las desigualdades en salud –esto es, las diferencias innecesarias, injustas y evitables–, surgieron los índices de privación. Estas herramientas cuantitativas permiten caracterizar a las personas residentes de diferentes áreas combinando datos sobre empleo, educación e ingresos, y también conocer los recursos existentes en cuestiones como la vivienda o el acceso a otros servicios básicos. La meta es generar una puntuación que refleje el grado de privación relativa o absoluta.

Los índices de privación tienen una gran variedad de aplicaciones. Se utilizan para la planificación en salud, identificando grupos en situación de mayor vulnerabilidad con el fin de diseñar políticas que sean efectivas, o para distribuir los recursos de manera más equitativa.

Además, son herramientas esenciales para evaluar las desigualdades existentes y medir el impacto de las políticas en la reducción de dichas desigualdades. Por último, desempeñan un rol crucial en la investigación, ayudando a comprender la relación entre privación y fenómenos de salud o enfermedad.

Por ejemplo, en España los índices de privación han servido para relacionarla con enfermedades tan diversas como el cáncer de estómago o el riesgo de aparición de covid-19 (https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10075210/), pero también para priorizar intervenciones en salud en zonas urbanas.

Una nueva propuesta de la Sociedad Española de Epidemiología

Uno de los primeros índices de privación desarrollado fue el índice de Townsend en la década de los 70. Peter Townsend definió la privación como “aquella situación en la que las personas carecen de los recursos necesarios para participar en las actividades, costumbres y estilos de vida considerados habituales en la sociedad a la que pertenecen”. Este enfoque fue fundamental para los estudios sobre pobreza y desigualdad.

El índice de privación de Townsend no solo consideraba la falta de recursos básicos, sino también la incapacidad de participar de forma plena en la sociedad, siguiendo el marco conceptual de desigualdad definido por el economista indio Amartya Sen, entendido como “un entorno de oportunidades”. Este punto de vista llevó al desarrollo de indicadores que medían la privación a través de distintas dimensiones, como la vivienda, el empleo, la educación y el acceso a otros servicios esenciales.

Durante décadas, el desarrollo de otros registros incorporaron distintas dimensiones, como son el índice de Carstairs o el Índice Europeo de Privación.

En España, la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) desarrolló el índice de privación 2011, adaptado a las características del territorio español. Esta herramienta utiliza datos censales para medir desigualdades en dimensiones clave, como el empleo y la educación.

Desde entonces, la situación del país ha cambiado. Por ese motivo, la SEE está llevando a cabo una revisión y actualización de su índice, que utilizará la información del Censo de 2021 y que incorporará nuevas dimensiones vinculadas a la desigualdad que han cobrado importancia en los últimos años, como los hogares monomarentales o características de la vivienda.

Herramienta para la acción

Medir la privación no es un ejercicio meramente teórico: es el primer paso para construir políticas públicas más eficaces y sociedades más justas. Resulta fundamental que avancemos en la comprensión y en el abordaje de las desigualdades en salud, con el fin de diseñar estas políticas que contribuyan a la existencia de sociedades más equitativas y saludables.

Los índices de privación son una herramienta clave en la evaluación de estas desigualdades y ofrecen una guía para la acción de salud pública.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología. Ignacio Duque, experto en geoestadística de indicadores sociales, ha contribuido a la elaboración de este texto.


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Isabel Aguilar Palacio recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y del Gobierno de Aragón para proyectos de investigación y de la Comisión Europea y de la Innovative Health Initiative como experta. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

Daniel La Parra Casado, Elena Mª Gras García, Mercedes Esteban Peña, Tania Fernández Villa y Unai Martin no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. La salud va por barrios: cómo afecta la escasez de recursos a los territorios desfavorecidos – https://theconversation.com/la-salud-va-por-barrios-como-afecta-la-escasez-de-recursos-a-los-territorios-desfavorecidos-258839

El reto de mantener nuestras elecciones éticas de consumo alimentario cuando viajamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Orea-Giner, Tecnóloga Social para el Turismo Regenerativo e Interseccional, Universidad Rey Juan Carlos

Maridav/Shutterstock

Consumir productos locales, evitar alimentos ultraprocesados o encontrar opciones veganas no siempre es fácil, especialmente lejos de casa. En nuestro entorno habitual, sabemos qué comprar, dónde y por qué. Pero viajar rompe esa rutina. Nos enfrentamos a menús que no entendemos, a cartas sin opciones éticas o a lugares donde el consumo responsable ni se contempla.

Una investigación reciente aborda esta cuestión. En el estudio, hemos analizado los hábitos de quienes intentan seguir comiendo de forma ética mientras viajan. Participaron personas vegetarianas, veganas, flexitarianas, defensoras del comercio justo y activistas por el bienestar animal. La conclusión fue clara: viajar pone a prueba sus convicciones, pero también las transforma.

Escena callejera con personas sentadas comiendo en la terraza de un puesto de comida
Puestos de comida callejera en Hanoi, Vietnam.
Hồng Quang Official/Pexels, CC BY-SA

Comer también es hacer política

La comida es una decisión personal, pero también política. Muchas personas eligen qué comer según criterios medioambientales, sociales o de justicia animal. Este tipo de activismo, conocido como “consumo político” o “lifestyle politics” en inglés, se expresa en lo que apoyamos, rechazamos o dejamos de comprar.

Cuando no hay opciones éticas visibles, Instagram y TikTok se convierten en herramientas clave. Estas redes sociales no solo se emplean para mostrar comida apetitosa. También se usan para señalar buenas prácticas, denunciar impactos negativos y recomendar negocios comprometidos.

Además, permiten conectar con comunidades afines y obtener información útil. Las redes también visibilizan demandas que, de otro modo, quedarían ocultas.

Podemos encontrar algunos ejemplos de estas prácticas en otro estudio reciente. El trabajo analiza iniciativas lideradas por mujeres que promueven el consumo ético y la soberanía alimentaria en ciudades y en entornos rurales.

Dos de los proyectos más destacados son Hacia lo Salvaje y Biela y Tierra. El primero busca demostrar que otra vida en armonía con la naturaleza es posible: eso se traduce en viajes lentos y alojamientos y alimentación respetuosos con el entorno. El segundo proyecto combina activismo, educación y cicloturismo para visibilizar experiencias agroecológicas y feministas en el medio rural. Además, Biela y Tierra junto a Brújula Intercultural trasladan a la práctica todas estas cuestiones a través de RuralForks, demostrando que con planificación y flexibilidad es posible. Proponen una ruta de 12 días en bici en grupo con 20 personas jóvenes menores de 30 años visitando iniciativas rurales alineadas con la sostenibilidad. Durante este viaje, ponen atención y acción para que los menús sean inclusivos, con productos locales, saludables y sostenibles. Todo esto se realiza reduciendo envases de un solo uso y buscando cómo gestionar los residuos generados, favoreciendo la circularidad.




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Cómo mantener nuestros principios lejos de casa

La buena noticia es que, con un poco de esfuerzo y planificación, es posible comer fuera de casa sin renunciar a nuestros principios éticos.

En este sentido, una de las primeras decisiones importantes a la hora de viajar es elegir bien el destino. Muchas personas buscan lugares donde sea más fácil encontrar restaurantes veganos, mercados locales o alojamientos con cocina. Antes de salir, también es útil investigar en redes sociales como Instagram o TikTok para buscar recomendaciones u opciones de viaje que cumplan con ciertos criterios éticos.

Cocinar es una opción frecuente: da más control sobre los ingredientes y evita que tengamos que comer fuera cuando no hay alternativas adecuadas. También podemos recurrir a comprar directamente en mercados locales, cooperativas o pequeñas tiendas que apuesten por la soberanía alimentaria y prácticas más justas. Además, algunas personas llevan sus propios cubiertos, bolsas o botellas reutilizables para evitar residuos innecesarios.

En los estudios mencionados anteriormente se proponen una serie de estrategias:

  1. Si viaja a un país extranjero, haga una lista de palabras clave en el idioma local relacionadas con sus restricciones o principios (por ejemplo: “producto local”, “orgánico”, “sin explotación animal”). Puede llevarlas anotadas o usar aplicaciones de traducción rápida.

  2. Lleve tentempiés éticos o productos básicos que le ayuden en momentos en los que no encuentre alternativas (frutos secos, barritas caseras, infusiones, etc.).

  3. Evite el consumo por inercia o conveniencia. Si un sitio no cumple con sus valores, busque otra opción o reduzca su consumo en ese momento. A veces, la mejor decisión es simplemente esperar.

  4. Pregunte al personal del restaurante sobre el origen de los alimentos o las condiciones laborales, aunque eso implique incomodar o romper la dinámica turística convencional.

  5. Busque alojamientos que incluyan criterios éticos y medioambientales, como el uso de energías renovables, cocina disponible o colaboración con productores locales.

  6. Aproveche el viaje para aprender: participe en talleres de cocina local sostenible, visite granjas ecológicas o conozca proyectos agroecológicos de la zona.

  7. Utilice las redes sociales para amplificar su experiencia, tanto para visibilizar iniciativas comprometidas como para señalar prácticas problemáticas.

Viajar con conciencia ética no significa tener todas las respuestas ni actuar con perfección. Pero sí implica hacerse preguntas, tomar decisiones con sentido y aceptar que cada elección, por pequeña que parezca, es parte de una transformación colectiva.

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Alicia Orea-Giner no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El reto de mantener nuestras elecciones éticas de consumo alimentario cuando viajamos – https://theconversation.com/el-reto-de-mantener-nuestras-elecciones-eticas-de-consumo-alimentario-cuando-viajamos-260220

Diez razones por las que la IA no sustituirá a los informáticos en un futuro próximo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ikhlaq Sidhu, Decano de IE School of Science and Technology, IE University

DC Studio/Shutterstock

A medida que los sistemas de inteligencia artificial (IA) amplían sus ya impresionantes capacidades, cada vez es más habitual pensar que el campo de la informática pronto será cosa del pasado. Esto se transmite a los futuros estudiantes en forma de consejos bienintencionados, pero en gran parte se trata de rumores de personas que, a pesar de su inteligencia, hablan fuera de su ámbito de especialización.

Personalidades de renombre como el economista ganador del Premio Nobel Christopher Pissarides han defendido este argumento, y como resultado se ha arraigado a un nivel mucho más mundano: incluso yo mismo he oído a orientadores profesionales de institutos descartar la idea de estudiar informática, a pesar de no tener ningún conocimiento del campo en sí.

Estas afirmaciones suelen compartir dos defectos comunes. La primera es que el consejo proviene de personas que no son informáticos. Y en segundo lugar, existe un malentendido generalizado sobre lo que realmente implica la informática.

La IA y el mito de la sustitución del código

No es incorrecto afirmar que la IA puede escribir código informático a partir de indicaciones, al igual que puede generar poemas, recetas y cartas de presentación. Puede aumentar la productividad y acelerar el flujo de trabajo, pero nada de esto elimina el valor de la aportación humana.

Escribir código no es sinónimo de informática. Se puede aprender a escribir código sin haber asistido a una sola clase en la universidad, pero una titulación en Informática va mucho más allá de esta habilidad. Implica, entre otras muchas cosas, ingeniería de sistemas complejos, diseño de infraestructuras y futuros lenguajes de programación, garantía de la ciberseguridad y verificación de los sistemas.

La IA no puede realizar estas tareas de forma fiable, ni podrá hacerlo en un futuro previsible. La aportación humana sigue siendo esencial, pero la desinformación pesimista corre el riesgo de alejar a decenas de miles de estudiantes con talento de carreras importantes y significativas en este campo vital.

Lo que la IA puede y no puede hacer

La IA destaca en la realización de predicciones. La IA generativa mejora esto añadiendo una capa de presentación fácil de usar al contenido de internet: reescribe, resume y formatea la información para que se parezca al trabajo de un humano.

Sin embargo, la IA actual no “piensa” realmente. En su lugar, se basa en atajos lógicos, conocidos como heurística, que sacrifican la precisión en favor de la velocidad. Esto significa que, a pesar de hablar como una persona, no puede razonar, sentir, preocuparse ni desear nada. No funciona de la misma manera que la mente humana.




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No hace mucho tiempo parecía que la “ingeniería de prompts” (instrucciones, preguntas o textos) sustituiría a la informática. Sin embargo, hoy en día prácticamente no hay ofertas de trabajo para ingenieros de prompts, mientras que empresas como LinkedIn informan de que las responsabilidades de los profesionales de la informática se han ampliado.




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Las limitaciones de la IA

Lo que ofrece la IA son herramientas más potentes para que los profesionales de la informática hagan su trabajo. Esto significa que ahora pueden llevar los conceptos más allá, desde la ideación hasta la implementación en el mercado, al tiempo que requieren menos funciones de apoyo y más liderazgo técnico.

Sin embargo, hay muchas áreas en las que la aportación humana especializada sigue siendo esencial, ya sea por motivos de confianza, supervisión o necesidad de creatividad humana. Los ejemplos abundan, pero hay 10 áreas que destacan especialmente:

  1. Adaptar un algoritmo de fondos de cobertura a las nuevas condiciones económicas. Esto requiere un diseño algorítmico y un profundo conocimiento de los mercados, no solo montones de código.

  2. Diagnosticar interrupciones intermitentes del servicio en la nube de proveedores como Google o Microsoft. La IA puede resolver problemas a pequeña escala, pero no puede contextualizar la resolución de problemas a gran escala y de alto riesgo.

  3. Reescribir código para ordenadores cuánticos. La IA no puede hacer esto sin ejemplos extensos de implementaciones exitosas (que actualmente no existen).

  4. Diseñar y proteger un nuevo sistema operativo en la nube. Esto implica una arquitectura de sistemas de alto nivel y pruebas rigurosas que la IA no puede realizar.

  5. Crear sistemas de IA eficientes desde el punto de vista energético. La IA no puede inventar espontáneamente código GPU de menor consumo ni reinventar su propia arquitectura.

  6. Crear software de control en tiempo real seguro y a prueba de ciberdelincuentes para centrales nucleares. Esto requiere combinar conocimientos sobre sistemas integrados con la traducción de código y el diseño de sistemas.

  7. Verificar que el software de un robot quirúrgico funciona en condiciones impredecibles. La validación crítica para la seguridad excede el alcance actual de la IA.

  8. Diseñar sistemas para autenticar las fuentes de correo electrónico y garantizar la integridad. Se trata de un reto criptográfico y multidisciplinar.

  9. Auditar y mejorar las herramientas de predicción del cáncer basadas en la IA. Esto requiere supervisión humana y una validación continua del sistema.

  10. Crear la próxima generación de IA segura y controlable. La evolución hacia una IA más segura no puede ser obra de la propia IA, sino que es responsabilidad de los seres humanos.

Por qué la informática sigue siendo indispensable

Una cosa es segura: la IA remodelará la forma en que se hace la ingeniería y la informática. Pero lo que se nos presenta es un cambio en los métodos de trabajo, no una destrucción total del campo.

Siempre que nos enfrentamos a un problema o una complejidad totalmente nuevos, la IA por sí sola no es suficiente por una sencilla razón: depende totalmente de los datos del pasado. Por lo tanto, el mantenimiento de la IA, la creación de nuevas plataformas y el desarrollo de campos como la IA fiable y la gobernanza de la IA requieren la informática.

El único escenario en el que podríamos prescindir de la informática sería si llegáramos a un punto en el que ya no esperáramos nuevos lenguajes, sistemas, herramientas o retos futuros. Esto es muy improbable.

Hay quien sostiene que la IA podría llegar a realizar todas estas tareas. No es imposible, pero incluso si la IA consiguiera ser tan avanzada, casi todas las profesiones correrían el mismo riesgo. Una de las pocas excepciones serían quienes construyen, controlan y desarrollan la IA.

Hay un precedente histórico: durante la Revolución Industrial, los trabajadores de las fábricas fueron desplazados en una proporción de 50 a 1 como resultado de los rápidos avances en la maquinaria y la tecnología. En ese caso, la mano de obra creció con la nueva economía, pero la mayoría de los nuevos trabajadores eran aquellos que podían operar o reparar máquinas, desarrollar nuevas máquinas o diseñar nuevas fábricas y procesos en torno a la maquinaria.

Durante este periodo de grandes cambios, las habilidades técnicas eran las más demandadas, no las menos. Hoy en día, se da una situación paralela: los conocimientos técnicos, especialmente en informática, son más valiosos que nunca.

No confundamos a las nuevas generaciones con el mensaje contrario.

The Conversation

Ikhlaq Sidhu no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diez razones por las que la IA no sustituirá a los informáticos en un futuro próximo – https://theconversation.com/diez-razones-por-las-que-la-ia-no-sustituira-a-los-informaticos-en-un-futuro-proximo-260988

Disasters don’t disappear when the storm ends – cascading hazards, from landslides to floods, are upending risk models

Source: The Conversation – USA (2) – By Brian J. Yanites, Associate Professor of Earth and Atmospheric Science. Robert Shrock Professor of Surficial and Sedimentary Geology, Indiana University

The Carter Lodge hangs precariously over the flood-scoured bank of the Broad River in Chimney Rock Village, N.C., on May 13, 2025, eight months after Hurricane Helene. AP Photo/Allen G. Breed

Hurricane Helene lasted only a few days in September 2024, but it altered the landscape of the Southeastern U.S. in profound ways that will affect the hazards local residents face far into the future.

Mudslides buried roads and reshaped river channels. Uprooted trees left soil on hillslopes exposed to the elements. Sediment that washed into rivers changed how water flows through the landscape, leaving some areas more prone to flooding and erosion.

Helene was a powerful reminder that natural hazards don’t disappear when the skies clear – they evolve.

These transformations are part of what scientists call cascading hazards. They occur when one natural event alters the landscape in ways that lead to future hazards. A landslide triggered by a storm might clog a river, leading to downstream flooding months or years later. A wildfire can alter the soil and vegetation, setting the stage for debris flows with the next rainstorm.

Two satellite maps of the same location. One shows changes to the river, loss of trees and landslides.
Satellite images before (top) and after Hurricane Helene (bottom) show how the storm altered landscape near Pensacola, N.C., in the Blue Ridge Mountains.
Google Earth, CC BY

I study these disasters as a geomorphologist. In a new paper in the journal Science, I and a team of scientists from 18 universities and the U.S. Geological Survey explain why hazard models – used to help communities prepare for disasters – can’t just rely on the past. Instead, they need to be nimble enough to forecast how hazards evolve in real time.

The science behind cascading hazards

Cascading hazards aren’t random. They emerge from physical processes that operate continuously across the landscape – sediment movement, weathering, erosion. Together, the atmosphere, biosphere and the earth are constantly reshaping the conditions that cause natural disasters.

For instance, earthquakes fracture rock and shake loose soil. Even if landslides don’t occur during the quake itself, the ground may be weakened, leaving it primed for failure during later rainstorms.

That’s exactly what happened after the 2008 earthquake in Sichuan Province, China, which led to a surge in debris flows long after the initial seismic event.

A volunteer carrying a shovel over his shoulder walks past boulders and a severely damaged building.
A strong aftershock after a 7.8 magnitude earthquake in Sichuan province, China, in May 2008 triggered more landslides in central China.
AP Photo/Andy Wong

Earth’s surface retains a “memory” of these events. Sediment disturbed in an earthquake, wildfire or severe storm will move downslope over years or even decades, reshaping the landscape as it goes.

The 1950 Assam earthquake in India is a striking example: It triggered thousands of landslides. The sediment from these landslides gradually moved through the river system, eventually causing flooding and changing river channels in Bangladesh some 20 years later.

An intensifying threat in a changing world

These risks present challenges for everything from emergency planning to home insurance. After repeated wildfire-mudslide combinations in California, some insurers pulled out of the state entirely, citing mounting risks and rising costs among the reasons.

Cascading hazards are not new, but their impact is intensifying.

Climate change is increasing the frequency and severity of wildfires, storms and extreme rainfall. At the same time, urban development continues to expand into steep, hazard-prone terrain, exposing more people and infrastructure to evolving risks.

The rising risk of interconnected climate disasters like these is overwhelming systems built for isolated events.

Yet climate change is only part of the equation. Earth processes – such as earthquakes and volcanic eruptions – also trigger cascading hazards, often with long-lasting effects.

Mount St. Helens is a powerful example: More than four decades after its eruption in 1980, the U.S. Army Corps of Engineers continues to manage ash and sediment from the eruption to keep it from filling river channels in ways that could increase the flood risk in downstream communities.

Rethinking risk and building resilience

Traditionally, insurance companies and disaster managers have estimated hazard risk by looking at past events.

But when the landscape has changed, the past may no longer be a reliable guide to the future. To address this, computer models based on the physics of how these events work are needed to help forecast hazard evolution in real time, much like weather models update with new atmospheric data.

An aerial view of a river with evidence of a landslide. Broken trees look like toothpicks scattered about, and the river flow is partially blocked.
A March 2024 landslide in the Oregon Coast Range wiped out trees in its path.
Brian Yanites, June 2025
An aerial view of a river with evidence of a landslide. Broken trees look like toothpicks scattered about, and the river flow is partially blocked.
A drone image of the same March 2024 landslide in the Oregon Coast Range shows where it temporarily dammed the river below.
Brian Yanites, June 2025

Thanks to advances in Earth observation technology, such as satellite imagery, drone and lidar, which is similar to radar but uses light, scientists can now track how hillslopes, rivers and vegetation change after disasters. These observations can feed into geomorphic models that simulate how loosened sediment moves and where hazards are likely to emerge next.

Researchers are already coupling weather forecasts with post-wildfire debris flow models. Other models simulate how sediment pulses travel through river networks.

Cascading hazards reveal that Earth’s surface is not a passive backdrop, but an active, evolving system. Each event reshapes the stage for the next.

Understanding these connections is critical for building resilience so communities can withstand future storms, earthquakes and the problems created by debris flows. Better forecasts can inform building codes, guide infrastructure design and improve how risk is priced and managed. They can help communities anticipate long-term threats and adapt before the next disaster strikes.

Most importantly, they challenge everyone to think beyond the immediate aftermath of a disaster – and to recognize the slow, quiet transformations that build toward the next.

The Conversation

Brian J. Yanites receives funding from the National Science Foundation.

ref. Disasters don’t disappear when the storm ends – cascading hazards, from landslides to floods, are upending risk models – https://theconversation.com/disasters-dont-disappear-when-the-storm-ends-cascading-hazards-from-landslides-to-floods-are-upending-risk-models-259502

Qui fait la culture ? Le modèle français à l’épreuve des tensions budgétaires

Source: The Conversation – France (in French) – By Fabrice Raffin, Maître de Conférence à l’Université de Picardie Jules Verne et chercheur au laboratoire Habiter le Monde, Université de Picardie Jules Verne (UPJV)

La programmation du festival des arts de rue de Ramonville, organisé par l’association Arto, près de Toulouse, a dû être réduite d’un tiers en 2025 du fait des coupes budgétaires. Mathieu Lacout, CC BY-ND

Réductions budgétaires et logiques de concurrence mettent sous tension les différents acteurs de la culture publique. Une recomposition silencieuse du modèle français serait-elle en cours ?


Depuis un an, les coupes budgétaires annoncées par l’État et les collectivités territoriales bouleversent l’écosystème culturel français. Ces réductions sont plus complexes à appréhender qu’elles n’en ont l’air. Il demeure qu’elles ont un effet structurel majeur : elles mettent en tension les différents acteurs du secteur culturel public, dont l’équilibre reposait sur des soutiens croisés (État, régions, départements, villes). De plus, elles ravivent d’anciennes lignes de fracture entre ces acteurs de la culture inégalement dotés, renvoient à des conceptions différentes de la culture, et interrogent plus largement la pertinence du modèle français d’action culturelle fondé sur l’intervention publique.

Quatre grandes familles de professionnels face à la crise

La crise actuelle révèle avec acuité la coexistence, au sein du monde de la culture subventionnée, de quatre grandes familles d’acteurs aux logiques différentes – et parfois concurrentielles.

Un premier type d’acteur est constitué des structures les plus historiquement installées : théâtres nationaux, centres dramatiques, scènes nationales, opéras, musées nationaux, conservatoires. Elles concentrent environ 75 % des crédits d’intervention du ministère de la Culture affectés au spectacle vivant et bénéficient d’une multisubvention stable et pluriannuelle. Ce sont aussi elles qui disposent d’un personnel permanent (direction, technique, administration), et qui structurent l’agenda culturel national. Mais leur centralité symbolique et économique est aujourd’hui questionnée : ces structures restent souvent centrées sur une offre culturelle relevant des Beaux-Arts, de la création contemporaine, du patrimoine artistique. Actrices de la culture légitime, inscrites dans une logique de démocratisation culturelle et centrées sur des questions artistiques, elles apparaissent parfois éloignées des pratiques et des attentes de la population. De plus, leur gouvernance verticale fait parfois obstacle à l’expérimentation ou à l’inclusion.


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Compagnies indépendantes et collectifs artistiques

Les compagnies indépendantes et collectifs artistiques constituent un deuxième groupe d’acteurs qui apparaît de plus en plus dépendant du premier. Ils sont essentiellement financés sur projets, via appels à candidatures, aides à la création ou conventionnements limités dans le temps. Ces équipes sont au cœur de la création contemporaine, mais subissent de plein fouet les logiques de sous-traitance qui les assignent à un rôle d’exécutants, contraints de s’adapter aux conditions imposées par les institutions détentrices des lieux, des moyens et de la visibilité. Près de 80 % des compagnies n’ont aucun lieu de diffusion en propre, ce qui les oblige à négocier en permanence avec les institutions pour diffuser leur travail. Le Syndicat des Cirques et Compagnies de Création (SCC) a d’ailleurs rejeté, en février 2025, la « Charte des relations entre équipes artistiques et lieux » proposée par le Syndeac, l’une des principales organisations professionnelles du secteur culturel public, estimant que le texte renforçait cette logique de sous-traitance.

Secteur associatif et citoyen

Le tiers secteur culturel (associatif et citoyen) regroupe lui les initiatives culturelles locales citoyennes, souvent portées par des associations, des tiers-lieux, des collectifs d’habitants ou des structures hybrides. Ces acteurs incarnent une vision décentrée de la culture, centrée sur l’animation des territoires, les droits culturels, et la co-construction de l’offre avec les habitants. Loin des canons de la culture classique des grandes institutions, elles apparaissent plus en phase avec les pratiques culturelles réelles des Français et les dynamiques locales : pratiques amatrices, participation, ancrage dans les réseaux locaux. Si la logique artistique et la création peuvent irriguer ces initiatives, elles sont avant tout orientée vers l’animation, l’événementiel, l’expression et la créativité des habitants. Les coupes budgétaires fragilisent en priorité ces structures, car elles dépendent le plus des financements croisés et ne disposent ni de réserves ni de financements d’État direct. En mai 2025, le collectif MCAC (Mobilisation et Coopération Arts et Culture) mettait ainsi en avant dans une lettre ouverte à la ministre de la Culture que près d’une structure sur deux a subi des coupes de la part d’au moins deux niveaux de collectivités, menaçant la pérennité d’écosystèmes locaux entiers.

Le clown Typhus Bronx devant une foule au festival de Ramonville en septembre 2024
Le clown Typhus Bronx au festival des arts de rue de Ramonville en 2024. Organisé par une association, le festival a vu sa programmation diminuer d’un tiers en 2025 en raison des coupes budgétaires.
Mathieu Lacout, CC BY-ND

Les agents territoriaux

Enfin, un quatrième groupe d’acteurs, moins visibles, regroupe les agents territoriaux chargés de la mise en œuvre concrète des politiques culturelles au sein des collectivités locales : chargés de mission, médiateurs culturels, responsables des affaires culturelles dans les mairies, départements ou régions. Au fil des lois de décentralisation, les collectivités territoriales ont acquis un rôle majeur dans la gestion et le développement culturel. Elles ont ainsi pris en charge des compétences clés comme le soutien à la création artistique, la diffusion, l’éducation artistique et culturelle, la médiation culturelle, ou encore animent des projets d’inclusion sociale. Leur action repose souvent sur des partenariats avec des structures associatives, des établissements scolaires ou des institutions artistiques. Lorsque les budgets culturels sont revus à la baisse – ou coupés comme dans la Région Pays de la Loire – les conséquences sont immédiates : suppression de projets éducatifs, gel des subventions aux associations partenaires, fermeture temporaire ou définitive d’équipements culturels, etc. Ne sachant plus comment maintenir leur action sans moyens, ces agents expriment depuis quelques mois un profond sentiment de découragement, voire de désespoir.

Concurrentes plutôt qu’irréconciliables ?

Il serait excessif de dire que ces familles d’acteurs sont « irréconciliables » : des coopérations existent, des passerelles aussi. Mais la réduction de moyens observable depuis septembre 2025 les met en compétition directe pour l’accès aux subventions, aux lieux, à la reconnaissance institutionnelle. Cette mise en concurrence accentue les asymétries, renforce le pouvoir des structures les mieux dotées, et tend à marginaliser les formes plus fragiles et expérimentales.

Dans ce contexte, les débats sur la gouvernance, sur les droits culturels ou sur la légitimité des modèles économiques prennent une tournure conflictuelle. Le rejet de la Charte du Syndeac par le SCC, mentionné plus haut, en est un symptôme : derrière un désaccord sur les conditions de travail, se cache une fracture sur la définition même du pacte culturel républicain. Le SCC revendique ici une parole singulière, celle de « ceux qui font », en opposition à « ceux qui ont ». Plus qu’un désaccord financier ou professionnel, c’est un désaccord sur les fondements mêmes du pacte culturel. Qui décide ? Qui produit le sens ? Qui est légitime pour parler au nom de « la culture » ?

La poursuite du désengagement budgétaire, même marginal, risque ainsi de déséquilibrer durablement le modèle français de soutien à la culture. Elle renforce les logiques de sélection, de concentration des moyens, et affaiblit les formes culturelles les plus proches des publics éloignés de l’offre institutionnelle.

The Conversation

Fabrice Raffin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Qui fait la culture ? Le modèle français à l’épreuve des tensions budgétaires – https://theconversation.com/qui-fait-la-culture-le-modele-francais-a-lepreuve-des-tensions-budgetaires-260359

Lemurs can help save Madagascan forests, but first we need to protect them

Source: The Conversation – Canada – By Colombe Nirina Sehenomalala, PhD candidate, Anthropology, Université de Montréal

Most people’s encounters with lemurs have occurred through their representations in popular children’s media, like Zoboomafoo or Madagascar. However, most people don’t know that lemurs play an important role in forest renewal and that they’re currently in grave danger from climate change.

In my home country of Madagascar, there is an amazing array of creatures that are not found anywhere else in the world. Madagascar is a biodiversity hotspot, and approximately 90 per cent of plant and animal species on this island are endemic.

Among them are lemurs, a group of primates that are not only the flagship symbols of the island’s fauna, but also one of the key players in the health and stability of Madagascar’s ecosystems because they do the very important work of dispersing seeds.

I am a primatologist who researches the interactions between infant-and-mother lemur dyads in wild. Their bond is a reminder of what we stand to lose, as it shows care, learning and viability. When forests disappear, so does this fragile bond, and a whole way of life we can never replace.

Lemurs’ habitats and survival are increasingly being threatened by human activities such as deforestation, forest resource exploitation and hunting. There is an urgent need for conservation projects that involve local communities in preserving Madagascar’s unique biodiversity.

a bent over branch in a rainforest
A lemur trap encountered in the field during our research.
(C.N. Sehenomalala), CC BY

Charismatic animals

Due to their charisma, media attention and their biological significance, lemurs attract tourists and researchers to Madagascar. The viability of lemurs is essential to the island’s future, both economically but especially in terms of protecting biodiversity. As they eat fruits from trees like ebony, mammea and wild coffee and then scatter seeds through their droppings, they help new plants grow.

Among the 105 lemur species of Madagascar, Propithecus candidus, commonly known as the silky sifaka, is one of the most endangered species. Only around 250 of them are currently living in the wild.

As their name implies, silky sifakas have visually striking long white hair, and they can only be found in the misty, mountainous rainforests of northeastern Madagascar.

Silky sifakas are primarily active during the daytime, and can travel very quickly through the trees by vertically clinging to them and leaping from tree to tree using their powerful legs. They have highly specialized diets consisting of leaves, flowers and fruits like Diospyros pervilleana, a native ebony species from Madagascar.

A BBC Nature documentary clip on silky sifakas.

Observing mothers and infants

I have spent 10 years studying and following lemurs daily. During my fieldwork in northeastern Madagascar, I closely observed how deforestation and habitat fragmentation affect silky sifaka females and their young.

I studied these females during their lactation season in three different forest contexts: Marojejy National Park (a mostly untouched primary rainforest), Makira Natural Park (a mix of old-growth and re-generating forest) and Anjanaharibe-Sud Special Reserve (known as COMATSA-Sud, a primary forest with heavily degraded areas).

At each forest, the forest canopy, which provides both shelter and food for the lemurs, measured above 10 metres at all sites, but was semi-open, which is a sign of habitat degradation. A semi-open canopy allows more light to permeate the forest canopy, but it also exposes animals to predators and decreases the quantity of high-quality food.

Mothers’ movements and behaviours

One clear difference between the three sites is how mother–infant pairs move and use space. In Marojejy, where the forest is more continuous even if the canopy is partly open, mothers and babies stay within fairly fixed areas, following the same paths and resting spots.

But in places like Makira and COMATSA-Sud, where the forest is broken up into separate patches, mothers have to travel farther and more unpredictably, moving between these isolated patches. This extra travelling causes them to burn more energy and face higher risks from predators and hunters.

These differences show that fragmentation doesn’t just affect food availability, but also changes how these lemurs move and survive.

Forest fragmentation affects lemurs’ social behaviour and grouping patterns to deal with low food availability. It also impacts their health and development; a poor diet causes malnourishment in the lemurs.

a white lemur feeds another one
Lemurs are social animals, but scarce resources can cause competitive behaviours to emerge.
(Simponafotsy/Wikimedia Commons), CC BY

Poor nutritional quality

While the food availability for silky sifakas in northeastern Madagascar during the lactation season is relatively abundant, it is of low nutritional quality.

This leads to increased stress and competition as dominant lactating females, desperate to feed their infants, attack subordinates to accumulate more nutrients to produce higher quality milk.

As offspring start to feed on non-milk foods, the poor nutritional quality of available plants after weaning can lead to poor health and stunted growth.

Engaging the community

The decline of lemur populations, particularly silky sifakas, shows the need for urgent conservation action. Continued monitoring — as well as sustained support and funding for Malagasy scientists — is crucial for long-term lemur and biodiversity conservation.

When it comes to the effects of human activity, this decline — habitat fragmentation, global climate change and deforestation — is the result of large-scale activites such as extraction, tourism and state infrastructural development.

Education and awareness campaigns are crucial, both in Madagascar and internationally, to inform people about lemurs’ habitat needs and what can be done to prevent their extinction.

Conservation will never be successful without building an appreciation of the environmental, cultural and economic value of lemurs and the forests they inhabit.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Lemurs can help save Madagascan forests, but first we need to protect them – https://theconversation.com/lemurs-can-help-save-madagascan-forests-but-first-we-need-to-protect-them-256300

Canada’s proposed east-west energy corridors should prioritize clean energy

Source: The Conversation – Canada – By Andy Hira, Professor of Political Science, Simon Fraser University

Canadian Prime Minister Mark Carney has made establishing east-west energy corridors a priority for Canada. He suggested that such corridors would include new oil and natural gas pipelines, designed to reduce dependence on the United States.

Energy and Natural Resources Minister Tim Hodgson has gone even further in pushing for subsidization of carbon capture and storage projects that would effectively underwrite the long-term continuation of the fossil fuel industry at taxpayer expense.

While there might be short-term political reasons for backing fossil fuels, such an approach goes against Canada’s long-term interests. Prioritizing fossil fuels undermines the country’s commitments to reduce emissions and takes away the investment needed for it to realize its potential to become a green energy superpower.

Creating energy corridors is in the national interest, and would allow Canada to take full advantage of its abundant and diverse energy and mineral resources. The government also needs to be involved, as the corridors are interprovincial and will require substantial investment. However, the government has limited resources and so Canada must think strategically about its priorities for such corridors.

Canadian taxpayers should not be subsidizing an already lucrative oil and gas industry. Instead, the federal government should prioritize funding clean energy supply solutions.

Oil and gas subsidies

Canadian governments have long faced opposition to building new pipelines. The provinces of Québec and British Columbia and many First Nations have strongly opposed new pipeline proposals. More recently, there is some signs of softening under the duress of U.S. tariffs.

Even if such shifts are lasting, it’s for the private sector to step up and invest into these projects. Previous federal investments, such as the Trans Mountain pipeline (TMX), were reflections of the private market’s unwillingness to invest in pipelines because they are bad investments. The 2024 Parliamentary Budget Office report estimated that selling the TMX would result in a loss.

There are reasons to question the soundness of fossil fuels on a purely financial basis. A 2022 Parliamentary budget office report found that climate change reduced GDP by 0.8 per cent in 2021, or around $20 billion. This number is expected to rise to 5.8 per cent per year by 2100 (or $145 billion in 2021 dollars).

By contrast, from 2017 to 2021, federal, provincial and territorial governments received an average of $12 billion annually in revenues from the the oil and gas industry.

The gap between the costs and benefits is only going to increase over time. The costs cut across all aspects of life, including food security, health care, global instability and threats to coastal cities due to sea level rise.

On the other hand, every dollar invested in adaptation today has an estimated return of $13-$15.

Furthermore, a recent study indicates a likely glut in global natural gas markets, and the future prospects for oil are equally questionable. For example, one of Canada’s target markets, Japan, has been reselling its liquefied natural gas imports to other countries, suggesting the glut of oil and gas is likely to continue as cheaper producers, including those in the Middle East and Southeast Asia, who are cheaper and closer to consumers, flood the market.

Cheaper and closer oil producers are also flooding markets in anticipation of declining prices.

There are important opportunity costs of investing money in fossil fuels that could otherwise be invested in the clean energy economy. When new technologies arise, there is a limited window of opportunity for global competitors to enter into an emerging industry.

In light of the shift to electric vehicles, heat pumps and artificial intelligence, it’s clear that energy demand is bound to increase significantly in Canada in the coming years. Canada can become a global competitor, but only if it enters the race now, while the window is open.

An East-West clean energy system

Solar and wind prices have declined by 83 per cent and 65 per cent respectively since 2009. However, they suffer from the fundamental issue of intermittency; the sun is not always shining and the wind isn’t always blowing.

While battery prices are declining, they remain an expensive solution. An easier solution is at hand: Canada’s hydroelectric resources. Québec, B.C. and Manitoba have abundant hydro resources that can reduce energy costs throughout the rest of the country.

Alberta and Saskatchewan have potential for significant geothermal power generation. Ontario and the Atlantic provinces could contribute wind and solar. Trading electricity through an integrated national grid increases the investment capital and reduces the need for batteries while diversifying the energy mix.

But we need an east-west electricity market to make this happen.

An east-west grid would reduce the need for every province to run its own power generation system. Creating a pooled market would allow provinces to trade electricity, giving consumers more choice and investors a larger market and potential return on their investment.

More valuable still is the fact that electricity capacity has to be built for the few peak hours and seasons. But most of the time demand is well below full capacity, such as the middle of the night or early summer, when neither heat nor air conditioning is needed in many areas. As peak times and seasons vary across the country, Canada can reduce overall costs by trading the electricity in the lowest cost producing province at a given time to where it’s needed in the other.

By locating some of the new clean energy in First Nations, Canada can also move reconciliation forward. There is potential for a win-win situation whereby Canada increases renewable energy generation while creating new jobs and income for First Nations wherever feasible.

The first step is for regulatory reform across the provinces to support a Canada-wide electricity market, and to provide the funding for the massive infrastructure investment required to connect provincial grids. This would be a federal investment with incredible long-term payoffs for employment, taxpayers and future generations.

Following this plan could truly make Canada an energy superpower on the right side of the energy transition, create thousands of jobs and give the country a global competitive edge — all while helping to save the planet in the process.

This article was co-authored by energy consultant Sheldon Fernandes.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada’s proposed east-west energy corridors should prioritize clean energy – https://theconversation.com/canadas-proposed-east-west-energy-corridors-should-prioritize-clean-energy-259530

Want more orgasms? Choose a woman partner

Source: The Conversation – Canada – By Caroline Pukall, Professor, Department of Psychology, Queen’s University, Ontario

Being partnered with a woman is associated with an orgasm advantage. (Pexels/Cottonbro)

The orgasm gap — the consistent finding that men who have sex with women have more frequent orgasms than women who have sex with men — has been shown in study after study of cisgender, heterosexual participants.

The gap is a big one: Based on a recent Canadian study, approximately 60 per cent of women and 90 per cent of men reported reaching orgasm in their most recent sexual encounter.

In sexually diverse samples (samples that also include women who have sex with women and men who have sex with men), the pattern becomes more nuanced but still supports a gendered orgasm gap.

Two women, one with her arms around the other and kissing her forehead
Research has shown that women who have sex with women have a more equal frequency of orgasms within their partnership.
(Pexels/Ketut Subiyanto)

Research has shown that the gap in orgasm frequency is reduced (in other words, there is more equal orgasm frequency) in women who have sex with women (about 75 per cent), and this rate is significantly higher than in women who have sex with men (about 62 per cent). However, men as a group — regardless of who they were having sex with — still had significantly higher orgasm frequency (85 per cent) than women overall (63 per cent). Women are orgasm-disadvantaged overall and especially when they have sex with men.

Mind the gap

How far-reaching is the orgasm gap and what factors might be standing in the way of orgasms for all? We — a team of researchers and science journalists from the podcast Science Vsexamined orgasm frequency in a large diverse sample that included sexual (such as lesbian) and gender (such as trans) minorities and majorities, as well as racialized participants (there were no significant results with analyses focused on sexual orientation or race).

The good news? We found that many people overall were having lots of orgasms — about two-thirds reported having orgasms almost or every time they engaged sexually.

The not-so-great news? The orgasm gap persisted: cis men overall reported the highest orgasm frequency compared to women and gender minorities (who did not differ significantly from each other). In addition, we found that participants of all genders who engaged sexually with women reported significantly more frequent orgasms than those who engaged sexually with men. So being partnered with a woman is associated with an orgasm advantage.

More not-so-great news was that about 17 per cent of participants reported almost never or never having orgasms during sex and that there were many factors preventing orgasms in participants. For cis women, psychological barriers — such as insecurities, mental health struggles and distractions — were prominent, as were sexual obstacles (like not receiving adequate stimulation), difficulties inherent in having orgasms (for example, they take too long and require too much effort) and not knowing why orgasms are difficult for them to have.

Closing the gap

So why does the orgasm gap exist and persist? One main reason is that broad sociocultural norms prioritize men’s sexual pleasure over women’s. Indeed, these norms develop from the traditional (heterosexual, western) sexual script that defines the end of sexual activity as male orgasm; importantly, women’s adherence to this script has been associated with lower sexual satisfaction.

A woman in a yellow dress and a man in a dark shirt and khaki shorts sitting on a bed
Women’s own degree of familiarity with their partner has also been shown to be critical in narrowing the gap.
(Unsplash/Jonathan Borba)

Another is that mainstream media feeds into narratives of sexual expectations based on gender, such that portrayals of women who do not have orgasms are much more — even readily — acceptable than portrayals of orgasmless men. This inequality is played out in sexual encounters, perpetuating the gap and contributing to complacency in addressing it.

But there is hope: Heterosexual men’s motivation to bring their partner to orgasm and their intentional incorporation of sexual activities that increase the chance of orgasm for their partner — such as clitoral stimulation and oral sex — can help narrow (and even eradicate!) the gap. Women’s own degree of familiarity with their partner has also been shown to be help narrow the gap. Higher familiarity (think of a long-term situationship as opposed to a casual hookup) was associated with higher orgasm frequency.

The simple act of prioritizing women’s orgasm — captured with an easy-to-remember phrase of “she comes first” — may be all that is needed to substantially narrow the orgasm gap.

The Conversation

Caroline Pukall receives funding from the Canadian Institutes of Health Research, the International Society for the Study of Women’s Sexual Health, and Queen’s University.

ref. Want more orgasms? Choose a woman partner – https://theconversation.com/want-more-orgasms-choose-a-woman-partner-259655