Qué nos dicen las coquinas del Guadiana y el Guadalquivir sobre los microplásticos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Íñigo Donázar Aramendía, Investigador postdoctoral biología marina, Universidad de Cádiz

_Scrobicularia plana_ o coquina de fango. Saxifraga/ Fitis Sytske Dijksen, CC BY-NC-SA

La almeja Scrobicularia plana, conocida comúnmente como coquina de fango, es un molusco bivalvo de concha ovalada y frágil, de color grisáceo, y largos sifones, con los que se alimenta filtrando partículas del agua y del sedimento. Esta especie, muy apreciada en nuestra gastronomía, vive enterrada en los sedimentos blandos de marismas y estuarios –zonas de transición entre ríos y océanos, donde tienden a acumularse diversos contaminantes, incluidos los microplásticos–.

En un estudio colaborativo entre la Estación Biológica de Doñana, la Universidad de Sevilla y la Universidad de Roma III, nos propusimos investigar la presencia de microplásticos en esta especie, en los estuarios de los ríos Guadiana y Guadalquivir.

Coquina al microscopio

Primero, recogimos ejemplares en distintos puntos de ambos estuarios, desde la desembocadura hasta zonas más interiores. En el laboratorio, los tejidos blandos de las almejas fueron digeridos con una solución de peróxido de hidrógeno, que permite eliminar la materia orgánica sin dañar las partículas de plástico. El material resultante se filtró y se examinó al microscopio para identificar las partículas en función de su forma, color y tamaño.

Posteriormente, una parte de estas partículas se analizó mediante espectroscopía infrarroja (micro-FTIR), una técnica que permite confirmar con precisión su composición química y distinguir entre plásticos sintéticos, fibras de celulosa tratada u otros materiales.

Para garantizar la fiabilidad del análisis, se aplicaron protocolos de control de calidad que minimizaron posibles contaminaciones durante el procesamiento de las muestras.

Los resultados revelaron que, pese a las diferencias en la presión humana entre los estuarios del Guadiana y del Guadalquivir, las concentraciones de microplásticos en los bivalvos fueron similares.

Contaminación de largo alcance

Nuestro hallazgo sugiere que factores naturales, como la dinámica del agua por mareas o corrientes (hidrodinamismo) y las variaciones estacionales, podrían influir en el transporte y la acumulación de estos contaminantes, más allá de las fuentes locales.

Además, no se observó un gradiente claro en la contaminación de microplásticos a lo largo del curso de los estuarios, lo que indica que la proximidad a focos puntuales de contaminación no basta para explicar su distribución; es esencial considerar también los procesos naturales de dispersión y sedimentación.

Fallos en el tratamiento de aguas residuales

La mayoría de los microplásticos encontrados en ambos estuarios eran fibras oscuras, probablemente derivadas del lavado de ropa y de una deficiente filtración en las plantas de tratamiento de aguas residuales. Este tipo de microplásticos es especialmente abundante en ambientes acuáticos, ya que, por su forma y composición, tienden a flotar con mayor facilidad que otras partículas.

No obstante, los análisis sí revelaron diferencias en la composición de polímeros de microplásticos entre estuarios, siendo el tereftalato de polietileno (PET) y la celulosa pigmentada –presente en papeles y cartones, especialmente para embalajes y productos de higiene– más frecuentes en el Guadiana.

A pesar de estas diferencias, ambos estuarios presentaban contaminantes comunes como PET, celulosa, celofán, PVC, poliamidas y acrílicos, lo que refuerza la idea de una contaminación generalizada por estos materiales.

Almejas más grandes, menos contaminadas

Otro hallazgo relevante del estudio es que los individuos de menor tamaño contenían, en promedio, más partículas de microplásticos que los ejemplares más grandes. Esto sugiere que, a medida que crecen, las almejas podrían desarrollar mecanismos más eficaces para expulsar o evitar la acumulación de estas partículas.

El estudio demuestra que Scrobicularia plana, además de ser un reconocido bioindicador de contaminación por metales pesados, también podría desempeñar un papel clave en la detección de microplásticos en estos entornos. Debido a sus hábitos alimenticios y de vida, esta almeja podría reflejar condiciones ambientales tanto de la columna de agua como del sedimento, lo que la convierte en una herramienta especialmente útil para evaluar la contaminación.

Evaluar el riesgo para la salud

Es fundamental evaluar la acumulación de microplásticos en esta y en otras especies de bivalvos a largo plazo, no solo por su valor como bioindicadores, sino también por su posible papel como vectores de contaminantes hacia otros niveles tróficos, incluido el ser humano.

La coquina se recolecta habitualmente para el consumo. Por ello, resulta crucial investigar en mayor profundidad hasta qué punto los microplásticos pueden transferirse a lo largo de la cadena alimentaria y, con ellos, los contaminantes que pueden estar asociados. Más allá de los efectos directos sobre los organismos, la presencia de estos materiales podría alterar el equilibrio de las redes tróficas y favorecer procesos de biomagnificación, con potenciales consecuencias para la salud ambiental y humana.

The Conversation

Íñigo Donázar Aramendía no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Qué nos dicen las coquinas del Guadiana y el Guadalquivir sobre los microplásticos – https://theconversation.com/que-nos-dicen-las-coquinas-del-guadiana-y-el-guadalquivir-sobre-los-microplasticos-262483

Voces ucranianas (I): testimonios desde exilio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Léna Georgeault, Directora del Grado en Relaciones Internacionales, Universidad Villanueva

Refugiados ucranianos esperan el tren en la ciudad polaca de Przemysl en junio de 2022, en los primeros meses de la guerra. rospoint/Shutterstock

“Crucé la frontera legalmente”, me dice Theodor* nada más sentarse, con las manos firmes sobre la mesa. No lo sabía todavía, pero todas mis entrevistas con hombres ucranianos en Polonia empezarían así: con una justificación.

Theodor llegó a Breslavia (Polonia) para estudiar apenas unos días antes de la invasión rusa, en febrero de 2022. Me explica que quizás no hubiese sido posible unos meses después. Al principio de la guerra, los estudiantes internacionales aún podían salir del país. Luego se endurecieron las normas, al comprobarse un uso masivo –y a menudo fraudulento– de esa vía para evitar el servicio militar obligatorio. “Quizás te salvó Dios”, le dijo su padre.

Fue Oksana* quien nos puso en contacto. Trabaja en la sede polaca de la Universidad Católica de Ucrania, que me había invitado a participar en un evento sobre su experiencia de la docencia en tiempos de guerra: un testimonio de compromiso y resiliencia.

Oksana abandonó Ucrania hace unos meses con su hija para reunirse con su marido. Insinúa que su presencia en Polonia no es del todo legal, pero no piensan volver. Le parece inasumible: dos semanas de entrenamiento y al frente, sin salida, salvo en un ataúd. Algunos de sus amigos se ofrecieron voluntarios al comienzo de la guerra, convencidos de que sería cuestión de meses. Ninguno volvió.

Como Oksana y su familia, muchos ucranianos eligieron el exilio. En mayo de 2025, la ONU estimaba en un millón el número de refugiados ucranianos en Polonia, un país de 37 millones de habitantes. Pero esa cifra podría estar muy por debajo de la realidad: no todos los desplazados se registran oficialmente al llegar. Y, desde luego, no todos comparten la misma experiencia del exilio.

Natalia*, estudiante ucraniana, reconoce que su experiencia fue muy distinta a la de muchos de sus compatriotas. Siempre había soñado con estudiar en el extranjero, y llegó a Breslavia con una beca, el apoyo de su universidad y alojamiento asegurado desde el primer día. Pero sabe que su caso no es representativo: “Para otros es mucho más difícil. Han perdido su casa, cambian de país, tienen que aprender un idioma desde cero… y ellos no lo han elegido.”

Kinga y Oleg dan comida y refugio

Los migrantes más vulnerables son atendidos por Kinga y Oleg, de la asociación Nomada. Al principio de la guerra, interrumpieron su labor principal para atender la emergencia humanitaria, proporcionando comida, ropa y refugio. Desde mayo de 2022, retomaron sus actividades habituales: además de brindar asesoramiento legal, operan un espacio comunitario donde las personas migrantes se reúnen, reciben educación sobre violencia motivada por prejuicio y talleres formativos. “Cubrir tantos aspectos hace difícil explicar exactamente a qué nos dedicamos”, comenta Kinga, las manos envueltas alrededor de una taza estampada con el lema de Nomada: No human is illegal (“Ningún ser humano es ilegal”).

Una de las dificultades más inmediatas es encontrar alojamiento. En las ciudades, los escasos pisos disponibles suelen estar saturados: varias familias comparten un mismo espacio hacinado, sin intimidad. En las zonas rurales, los retos son distintos: faltan guarderías y acceso a atención médica, un problema especialmente grave para las madres solteras y los ancianos que huyen de la guerra.

Pero el mayor problema es la incertidumbre, que lo enreda todo. Oleg desliza con voz queda un comentario sobre la laxitud con que Polonia aplica la Directiva de Protección Temporal (2001/55/CE), activada por la Unión Europea en marzo de 2022 tras la invasión rusa. El estatuto de refugiado se concede por períodos breves, sin garantías de renovación.

Si Varsovia declara segura una región de Ucrania, quienes provienen de ella pueden perder su protección, aunque ya no tengan casa ni familia a la que regresar. Esta inseguridad jurídica se suma a la incógnita sobre la duración de la guerra, y deja a muchos en suspenso. Sin saber si lo provisional se volverá permanente, los refugiados ucranianos oscilan entre el deseo de volver y la necesidad de reconstruir una vida estable donde están.

Ante ese limbo identitario, Artem, fundador de la Fundación Ucrania, se declara abiertamente antiasimilación y antiguetos. Ni convertirse en polaco, ni quedarse al margen de la sociedad. Artem me confía que se crió en una familia “muy soviética”, una experiencia que le dejó una aversión persistente por la uniformidad forzada. “Antes tenía esa visión infantil, ingenua, de ciudadano del mundo”, dice con una sonrisa irónica.

Sentirse ucraniano en Polonia

Pero fue al mudarse a Polonia cuando empezó a sentirse profundamente ucraniano. Por eso se dedica desde hace once años, con su fundación, a cultivar esa identidad dentro de la comunidad, organizando en Breslavia eventos con figuras destacadas de la escena artística y cómica ucraniana.

Para Kinga, ese tipo de encuentros son esenciales: “Ves a varios miles de personas que son de tu país y te das cuenta de que realmente viven en la misma ciudad que tú, que podéis cantar las mismas canciones, divertiros juntos… y entonces ya no te sientes tan solo, ni tan desconectado”.

Para algunos, esa comunidad sirve para recrear un microcosmos ucraniano mientras esperan el regreso, como en el caso de Natalia. “Todo el tiempo quiero volver a Ucrania… Como en casa, en ningún sitio”, afirma con entusiasmo.

Para otros, es sólo el eco persistente de una vida que saben que no retomarán. Esa certeza parece ir calando poco a poco en Ivan*, cuya hija estudia en la Universidad de Breslavia. “Mi sueño es que quiera volver a Ucrania. Pero cuanto más tiempo pasa… menos posible me parece.”

Se hace el silencio en el semisótano, donde se nos ha hecho de noche mientras conversábamos. Un silencio largo y espeso en la oscuridad que habla de un legado que se disuelve, de la desconexión entre un padre y una hija que ya no hablan el mismo idioma. La distancia entre generaciones, esta vez, no se mide en años, sino en fronteras que ya no se cruzan.


Los nombres marcados con asterisco han sido modificados para proteger la identidad de las personas entrevistadas.


The Conversation

Léna Georgeault no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Voces ucranianas (I): testimonios desde exilio – https://theconversation.com/voces-ucranianas-i-testimonios-desde-exilio-259344

El cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel: muchos mitos y pocas realidades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Lucía Megías, Catedrático de Filología Románica, Universidad Complutense de Madrid

Julio Peña interpreta a Miguel de Cervantes en la última pelicula de Alejandro Amenábar, ‘El cautivo’, que narra los años que el autor pasó en Argel. FilmAffinity

Miguel de Cervantes fue un desconocido para sus contemporáneos, como la mayoría de los escritores de lo que conocemos como Siglo de Oro –en realidad, los siglos XVI y XVII, en los que la Monarquía Hispánica marcó el ritmo de su tiempo en la política, la economía, la ciencia y el arte–.

Cervantes no contó con un discípulo que al año siguiente de su muerte glosara de manera entusiasta su vida y su obra (como Lope de Vega y Pérez de Montalbán). Ni tampoco con un académico italiano que decidiera recordar los hechos gracias a un sobrino (como Quevedo y Pablo Antonio de Tarsia). Hubo que esperar más de un siglo después de su muerte para tener una primera biografía, la de Gregorio Mayans y Siscar al inicio de la edición inglesa del Quijote, publicada en Londres en 1738.

Y esos más de cien años que pasaron entre el fallecimiento del escritor y el relato de Mayans y Siscar, escrito sin conocer ningunos de los cientos de documentos de la época que han llegado hasta nosotros, explican muchos de los tópicos que aún hoy perduran en nuestro imaginario sobre la vida de Cervantes.

Si a esto le sumamos la visión romántica de los siglos XVIII y XIX, que ha impuesto la imagen de un Cervantes heroico y ejemplar, autor de la más grande obra literaria en lengua española, encabezada y casi limitada al Quijote, tenemos los ingredientes necesarios para aderezar el banquete de las ficciones alrededor de uno de los autores (y humanos) más complejos e interesantes del Siglo de Oro.

Y sin duda, los cinco años en que estuvo cautivo en Argel son uno de los episodios que han dado lugar a más mitos. ¿Por qué razón? Antes de adentrarnos en ellos –aprovechando el estreno de El cautivo, el último filme de Alejandro Amenábar–, es necesario conocer un poco más el Argel del siglo XVI, muy alejado de la imagen de la cárcel de alta seguridad que muchos se imaginan.

Tráiler de El cautivo, la nueva película de Alejandro Amenábar basada en los cinco años que Cervantes pasó en Argel.

Un error habitual: confundir los corsarios con los piratas

Miguel de Cervantes estuvo cautivo (es decir, raptado hasta se pagara su rescate) en Argel un lustro. Con 28 años se embarcó en Nápoles, en septiembre de 1575, y días después de hacerlo su nave fue capturada por corsarios argelinos delante de las costas catalanas. Como tantos otros miles y miles de cautivos por estos años, a partir de entonces su vida dependió del dinero y de su capacidad de conseguirlo.

Cuando hablamos de corsarios argelinos tenemos que olvidarnos de la imagen romántica del pirata, con su parche en un ojo, el loro en el hombro o una pata de palo, que ha terminado por triunfar gracias a las películas de Hollywood. Frente al pirata, cuya única ley es su deseo, el corso es un sistema económico cuidado hasta en sus más pequeños detalles. Los corsarios más famosos (y los que ahora nos interesan) son los argelinos.

El corso fue habitual en todo el Mediterráneo de la época –incluso en las costas cristianas–. Se basaba en el secuestro de personas por las que se pedía un rescate. En este sistema todo estaba reglamentado, desde los porcentajes de las ganancias (una parte para el rey de Argel, otra para el capitán, otras para los marineros, etc.) hasta el precio del rescate de los raptados, que pasaban a ser cautivos.

Pintura de Miguel de Cervantes frente a un hombre poderoso de Argel.
Cervantes en Argel, cuadro original de Antonio Muñoz Degrain, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.
Hemeroteca Digital/Revista ‘La Esfera’

Y ese rescate marcaba su futuro: el de los más pobres (cautivos de almacén, que se ocupaban de las tareas necesarias para mantener Argel, desde ser galeotes a jardineros, albañiles o criados) y el de los “hombres graves”, por los que se pedían entre 300 y 500 escudos de oro, una pequeña fortuna para la época. Los primeros eran tratados como esclavos por sus amos; los segundos, como “objetos de lujo”, a los que había que preservar con vida, pues el rescate era la ganancia.

Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo, ambos soldados de los tercios italianos, consiguieron ser considerados “hombres graves”. Su precio fue de 500 y 300 ducados respectivamente.

Argel en el siglo XVI: una visión falsa en el tiempo

Para muchos, Argel, la ciudad en la que estuvo Cervantes con otros miles de cautivos, es lo más parecido a una cárcel de alta seguridad en el Mediterráneo.

Nada más lejos de la realidad. En el siglo XVI, Argel era una de las ciudades más cosmopolitas de todo el Mediterráneo. Su gobierno dependía de Estambul, siendo uno de los más codiciados por las cuantiosas ganancias que podían conseguir sus gobernadores.

Era asimismo una de las urbes más pobladas y, sobre todo, una de las más ricas, necesitada de productos de lujo y primera supervivencia. A su puerto no solo llegaban los barcos de los corsarios argelinos, sino también los de cientos de mercaderes de toda Europa y Estambul para ofrecer sus productos y poder hacer negocio. El dinero de los rescates terminaba siendo una fuente esencial para mantener la economía de la Europa cristiana.

Grabado de Argel realizado por Georg Braun en 1576.
Grabado de Argel realizado por Georg Braun en 1576.
Biblioteca Digital Hispánica, CC BY

¿De dónde procede esa imagen negativa, carcelaria, de sadismo de sus reyes y de atropello a los cristianos, que se ha convertido en un mito de mármol a lo largo de los siglos?

La fuente fundamental para conocer el trato recibido por los cristianos cautivos en Argel es la que conocemos como “literatura de cautivos”. En ella sobresale la obra de Antonio de Sosa, compañero del cautiverio de Miguel de Cervantes, Topografía e historia general de Argel, publicada en 1612.

La finalidad de estas historias era conmover al lector europeo para que ayudase con limosnas para la redención de los cautivos. Por ello ofrecen un relato desgarrador de sus vidas en tierras argelinas, teniendo que luchar contra dos grandes peligros: el reniego y la sodomía. Es decir, con la posibilidad de participar de la vida social otomana, en la que un esclavo podía llegar a convertirse en rey (así le sucedió a Hazán Bajá el veneciano, rey de Argel desde 1577 a 1580), y en la que las costumbres y posibilidades sexuales, en especial el amor entre hombres, podían disfrutarse a la luz del día.

Portada del libro Cervantes íntimo, con un dibujo de un hombre con barba, bigote, lechuguilla y pecho descubierto.
Portada de Cervantes íntimo, biografía del autor escrita por José Manuel Lucía, que se adentra en los mitos sobre los años del cautiverio de Cervantes en Argel.
Penguin Libros

Es en este contexto de movilidad social, de libertad sexual, de oportunidades económicas –siempre que uno renegara de la religión católica–, en una de las ciudades más cosmopolitas del Mediterráneo, donde hemos de situar los cinco años como cautivo de Miguel de Cervantes.

Cinco años en los que convivió con otra cultura, otra religión, otras costumbres… Y en los que demostró, una vez más, su capacidad para inventarse, para sobrevivir, para convertir sus experiencias biográficas en una particular visión del mundo, que luego supo plasmar en sus obras literarias, más allá y más acá del Quijote.

El Argel del cautiverio de Cervantes es un universo por desentrañar y por descubrir. Y lo es más allá de los brochazos míticos que se han impuesto en los últimos siglos, alentados por un mojigato siglo XIX y por una dictadura franquista de corte nacional-católica.


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The Conversation

José Manuel Lucía Megías no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel: muchos mitos y pocas realidades – https://theconversation.com/el-cautiverio-de-miguel-de-cervantes-en-argel-muchos-mitos-y-pocas-realidades-261913

El rey Lear y la sucesión en los negocios familiares

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

Rawpixel.com/Shutterstock

Un patriarca anciano y dispuesto a retirarse reúne a sus hijos para anunciarles la distribución de su legado, fruto de años de trabajo y sacrificio. Después de una vida de esfuerzos planea transferir sus negocios a sus descendientes, convencido de que no solo mantendrán su legado, sino que también lo llevarán a nuevas alturas.

En su mente, esta decisión es una extensión natural de sus propios valores: respeto por la tradición, equidad y un sentido de deber hacia su familia. Sin embargo, comete una suposición crucial: cree que sus hijos comparten su visión y que aceptarán gustosamente lo que él ha dispuesto para ellos.

Para su sorpresa y consternación, una de sus hijas rechaza la herencia y, en lugar de aceptar la transferencia de los negocios, decide quedarse a cuidar de su padre enfermo. Atónito por su rechazo, el patriarca reacciona con furia y, en un ataque de despecho, le arrebata todo y la expulsa de la finca familiar.

Sucesiones: una tragedia shakesperiana

Así comienza “El rey Lear”, una de las tragedias más grandes de William Shakespeare. Sin embargo, este escenario dramático no se limita al teatro. De hecho, dinámicas similares ocurren con más frecuencia de lo que uno podría imaginar durante la planificación de la sucesión en muchas empresas familiares.

Cuando leí por primera vez me pareció desconcertante la reacción del rey Lear ante el rechazo de su hija Cordelia a recibir su parte del legado. ¿Cómo un padre podía malinterpretar tan completamente las intenciones de su hija? La generosidad desinteresada de Cordelia es confundida con ingratitud, un error que pone en marcha una cadena de eventos trágicos que llevan a la desesperación y caída de Lear.

Sus otras dos hijas, que simulaban mostrarle amor y respeto, lo abandonan cuando las necesita, dejándolo en la miseria y la soledad. Curiosamente, este tipo de malentendido no es infrecuente en el mundo de los negocios familiares. Un fundador puede ver el rechazo de un hijo de incorporarse al negocio familiar como una ofensa, un signo de deslealtad o de ingratitud.

Comprensión y respeto

Recuerdo a un joven que, tras concluir su posgrado en administración de empresas, decidió seguir una carrera en consultoría en lugar de unirse a la empresa familiar. Su padre no solo se opuso ferozmente a su elección sino que también trató de sabotearla disuadiendo a sus posibles empleadores.

En ese momento, no pude evitar pensar en cuánto reflejaba ese comportamiento el trágico error de Lear. El padre creía que actuaba en el mejor interés de su hijo, tal como Lear pensaba que dividir su reino era una sabia decisión. En ambos casos, la falta de conocimiento y comprensión de los deseos y aspiraciones de la siguiente generación condujo a un conflicto amargo y provocó daños a largo plazo.

La cuestión central en estas historias es que la sucesión no es solo una transacción de propiedad o de poder. Es más bien una transición profunda que requiere una comprensión y respeto profundos de las necesidades y aspiraciones de los miembros de la familia involucrados.

Las nociones de propiedad y gestión se confunden con demasiada frecuencia en los negocios familiares. Si bien traspasar el patrimonio familiar puede parecer una acción lógica, la verdadera pregunta es si la siguiente generación está lista –o incluso dispuesta– para asumir las responsabilidades que esto conlleva.

Idealmente, los herederos deben tener la autonomía suficiente para decidir si quieren combinar la propiedad con un rol activo en la gestión, o si prefieren dejar que dirijan el negocio otras personas, más competentes o interesadas. De manera similar, puede ser invaluable para la segunda y tercera generación de la familia ganar experiencia fuera del negocio familiar antes de tomar las riendas del mismo.

El bufón, consejero del rey

En “El rey Lear”, una de las figuras más llamativas es la del bufón, que se atreve a decir las verdades que nadie más osa decir. No se anda con rodeos y no le importa ofender al rey. Él es el único que ve las acciones equivocadas de Lear y señala la necedad de sus decisiones. Y aunque Lear escucha al bufón, está demasiado cegado por su propio orgullo y rabia como para hacerle caso.

De muchas maneras, el bufón funciona como el tipo de consejero que los grandes líderes –ya sean reyes o directores generales– deberían tener a su lado y que harían bien en escuchar. En la época de Lear, solo un bufón podía hablar a un rey con franqueza y sin miedo a represalias.

Afortunadamente, las organizaciones se han vuelto más abiertas y democráticas. Ya no es necesario que los consejeros finjan ser tontos para expresar lo que piensan. Aunque se podría argumentar que sigue siendo igual de raro tener el coraje necesario para decir a los poderosos las verdades incómodas.

Diálogo abierto y escucha activa

En la sucesión de las empresas familiares –como en la historia del rey Lear– es crucial evitar el error de suponer que la siguiente generación comparte automáticamente los mismos objetivos, valores y visión propios.

Así como la mala interpretación de Lear de las intenciones de Cordelia llevó a un desenlace catastrófico, no entablar un diálogo abierto y honesto con los herederos también puede conducir a relaciones rotas y al eventual colapso de un negocio familiar.

La lección aquí es simple pero poderosa: la planificación de la sucesión requiere más que simples documentos legales o transacciones financieras: se necesita inteligencia emocional, empatía y humildad para comprender los deseos y las aspiraciones de la siguiente generación.

Se sea un rey o un fundador de negocios, es vital recordar que el futuro del legado no va a depender solo de los deseos propios sino también de la disposición de los sucesores a llevarlo adelante, a su manera.


Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.

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Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El rey Lear y la sucesión en los negocios familiares – https://theconversation.com/el-rey-lear-y-la-sucesion-en-los-negocios-familiares-264240

Reluctance to reach out to old friends is a common experience, but reconnecting can pay off

Source: The Conversation – Canada – By Kristina K. Castaneto, Ph.D. Candidate in Social Psychology, Simon Fraser University

Picture this: One day while drinking your morning coffee, you are reminded of a friend from your past. You have not spoken to this person in some time, but you remember them fondly and wonder how they are doing. You pick up your phone and start typing a message to say “hello!” only to delete the message before hitting send. Has something like this ever happened to you? If so, you are not alone.

Past research in our lab found that up to 90 per cent of people report having an “old friend” — a friend they care about but with whom they have lost touch. And while most people say they would like to reconnect with an old friend, only about 30 per cent are willing to send a message, even with favourable circumstances, such as when the relationship did not end on bad terms, people think their friend wants to hear from them or people have their old friend’s contact information.

This reluctance to reach out to old friends is puzzling because a large body of research demonstrates that social relationships are a strong predictor of health and happiness. Indeed, having a larger and more diverse social network is associated with greater well-being.

Writing notes

So what makes it more likely for someone to reach out to an old friend?

In our new research, we investigated this question in two ways. First, we examined what people express in a “reaching out” note to an old friend, and whether some content can predict which notes are sent. For instance, are people more likely to send a note with a greater focus on the past, present or future?

To find out, we analyzed more than 850 reaching-out notes that we had collected in prior studies. Importantly, all participants wrote their note with a specific old friend in mind and were given the opportunity to send their note, but participants could choose to opt out. This allowed us to investigate whether notes that were sent included different types of content compared to the notes that were not sent.

Each note was coded on over 20 theoretically relevant dimensions such as the length of the note, emotion and the presence or absence of personal memories. Specifically, 12 of these dimensions were analyzed by a computer software called Linguistic Inquiry Word Count (LIWC) that can easily and objectively capture information like word count, time-orientation (past, present or future) and the amount of positive and negative emotion.

In addition, a team of trained human coders evaluated each note. The human coding team focused on 13 more subjective and complex topics which can sometimes be hard for computers to grasp, including whether the author shared specific memories involving their old friend or whether the author took responsibility for the fading friendship.

a man looks at his smartphone
Reaching out to an old friend may help strengthen social networks.
(Sarah Brown/Unsplash), CC BY

Revealing information

After all of this, we still weren’t able to predict which notes were more likely to be sent. But our substantial coding efforts revealed many interesting things about the content of reaching out notes. For instance, messages to old friends were often positive and focused on the present.

We used statistical regression analyses to look at the relationships between the various note features and reaching out behaviour — only six were statistically significant. However, these significant relationships were were small and inconsistent across our two participant samples.

This suggests that the content of a reaching-out note may not predict who chooses to send their message and who does not.

Who reaches out

With little insight gleaned from the content of the reaching-out notes, we pivoted our focus to ask: Who is most likely to reach out to an old friend?

To explore this question, we recruited 312 participants on campus and in public spaces around the city to complete a survey. The questionnaire began by asking participants to identify an old friend. This old friend was someone who the participants cared about but had not spoken to for a long time, who they believed would want to hear from them and someone for whom they had contact information.

Then, participants answered a number of questions about themselves, including items about their happiness, loneliness, personality, friendship satisfaction and friendship beliefs.

Near the end of the survey, we asked participants if they were willing to reach out to their old friend, and then we gave them two minutes to draft a short note to the friend they previously identified. After the two minutes had ended, we asked participants if they sent their message to their old friend.

Similar to past research, 34.2 per cent of participants chose to reach out. And while some of the personality dimensions and other variables predicted how willing participants said they would be to reach out to an old friend, only one variable — “friendship resiliency” — predicted whether people sent their message to their old friend.

The concept of friendship resiliency refers to the belief that friendships can remain even after long periods of low interaction and is now something we are studying in our lab.

two older men hug
Friendship resiliency is the belief that friendships can remain, even after long periods of low interaction.
(Erika Giraud/Unsplash), CC BY

Take the leap

If the thought of an old friend crosses your mind again, don’t get too caught up on crafting the perfect message — just reach out!

For example, you could reach out when a cafe is playing a song that you both used to enjoy or you see a meme that reminds you of them, or just to say a simple “Hey, it’s been too long! How are you?”

Our findings illustrate that reluctance to reach out to old friends is not experienced by one type of person, nor do reaching-out notes that are sent follow one type of script.

Hesitancy to reach out to an old friend is a common experience, suggesting that most people may be capable of reaching out if they are willing to take the leap to do so. Realizing this could encourage people to feel like they are capable of making the first move to reconnect.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Reluctance to reach out to old friends is a common experience, but reconnecting can pay off – https://theconversation.com/reluctance-to-reach-out-to-old-friends-is-a-common-experience-but-reconnecting-can-pay-off-263079

New gun law protections target domestic violence, but real prevention must start earlier

Source: The Conversation – Canada – By Eden Hoffer, PhD Candidate, Faculty of Information and Media Studies & Faculty of Health Sciences, Western University

In Canada, having a gun in the home is one of the strongest predictors that intimate partner violence (IPV) will turn fatal.

Among intimate partner homicides, 62 per cent of cases involved shotguns and rifles, many of which were legally owned.

It’s clear that reforms to Canadian firearm laws are much needed. Victims of IPV are five times more likely to be killed in cases where a violent partner has access to a gun. Those numbers are even higher when the victim is a racialized woman or lives in a rural area.




Read more:
The latest mass shooting in Sault Ste. Marie highlights Ontario’s epidemic of gender-based violence


Bill C-21

Recognizing the lethal role firearms can play in IPV cases, the Canadian government has included specific measures in Bill C-21, its 2023 overhaul of firearm legislation, to expand restrictions and prohibitions related to IPV, family violence, gender-based violence and domestic violence.

These measures include “red flag” emergency prohibition orders, which allow courts to immediately remove firearms from anyone who may be a danger to themselves or others. Initial orders last up to 30 days, though courts can extend them if needed.

Additionally, since March 2025, officials known as chief firearms officers have been authorized to issue temporary licence suspensions for up to 30 days if an individual is considered a potential risk of harm, including in cases of domestic violence. During this suspension, they can keep their firearms, but cannot use, buy or import them.

While these amendments are a step in the right direction, they must be part of a broader, systemic shift in policy, practice and societal attitudes. Without comprehensive legislative and societal reforms to address IPV, the measures in Bill C-21 risk being little more than a bandage on a gaping wound.

Here are three reasons why Bill C-21’s firearm measures are necessary but will not be sufficient in ending the scourge of IPV:

1. IPV is already a crime

In Canada, IPV has long been criminalized under existing Criminal Code provisions, such as assault and assault with a weapon. Since the mid- to late 1980s, these offences have been primarily addressed through mandatory charging and “no-drop” prosecution policies, which aim to ensure IPV cases are pushed through the legal system — from charging to prosecution — so that perpetrators are brought to justice.

Nevertheless, IPV remains widespread in Canada, with police-reported incidents rising slightly in recent years and evidence indicating that criminalization alone has limited effectiveness in preventing abuse.

This suggests that simply adding new criminal consequences for IPV may have a little impact, because criminalization alone does not address the underlying causes or contributors to violence.

To truly tackle IPV, it must be recognized not only as a crime, but as a human rights violation, public health issue and deeply embedded societal problem.

2. IPV is significantly under-reported

It’s estimated about 80 per cent of spousal violence incidents in Canada are never reported to police.

This is often due to survivors’ fears of increased abuse from their partners if they report it, concerns about not being believed, awareness of the stigma IPV survivors often face, feelings of shame or a lack of trust in police.

As a result, many instances of IPV may never come to the attention of authorities, meaning the legal safeguards provided by Bill C-21 wouldn’t be triggered.

3. Other weapons will likely be used

Without broader reforms and supports, removing a perpetrator’s firearm or restricting access may not prevent fatal violence.

Proactive, systemic interventions that help survivors safely escape abuse before it escalates. Otherwise, even with firearm restrictions in place, perpetrators may obtain firearms illegally or resort to other lethal methods, such as strangulation, using blunt force or stabbing.

What to do?

Proactive policy and practice responses to IPV must reflect its severity and systemic nature, including the cyclical and escalating patterns that often characterize relationships marked by patterns of violence and control.

These reforms should include recognizing femicide as a distinct offence under the Criminal Code rather than treating it as murder or manslaughter.

Canada’s response should also be strengthened by formally acknowledging IPV as a national crisis, reflecting the urgency of the issue. Some provinces, such as Nova Scotia and New Brunswick, along with dozens of municipalities in Ontario, have taken the additional necessary step of declaring IPV an epidemic.

Additionally, survivors require trauma- and violence-informed supports, along with increased public awareness and sustained funding for critical services.

These include assistance navigating the legal system, access to safe and affordable housing, and financial support that enables survivors to leave abusive relationships before the violence escalates to a fatal level.

Crucially, policy reform and the creation of new policies in response to IPV must also address the heightened risk period following separation when women who have experienced IPV are especially vulnerable.

Research shows that women face a 75 per cent increase in violence when attempting to leave an abusive relationship — and remain at elevated risk for up to two years afterward.

This underscores the urgent need for long-term, adequately resourced social support systems that consistently prioritize survivor safety and well-being — not only at the point where violence may claim lives.

The Conversation

Eden Hoffer does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. New gun law protections target domestic violence, but real prevention must start earlier – https://theconversation.com/new-gun-law-protections-target-domestic-violence-but-real-prevention-must-start-earlier-263390

In the Salish Sea, tensions surrounding killer whales and salmon are about more than just fishing

Source: The Conversation – Canada – By Lauren Eckert, Postdoctoral research fellow, Centre for Indigenous Fisheries, University of British Columbia

In the waters of the Salish Sea, endangered southern resident killer whales and the struggling Chinook salmon they depend on are at the centre of one of Canada’s most visible conservation conflicts.

Since 2019, Canada’s Department of Fisheries and Oceans (DFO) has implemented area-based restrictions on Chinook fishing and other protective measures to safeguard the killer whales and their primary food source. These measures include area-based recreational fishing closures, interim sanctuary zones and voluntary seasonal vessel slowdown areas.

These prescriptions have stoked tensions, particularly between two groups often cast as distinct and opposed: recreational fishers and conservationists. The issue has spilled beyond local waters, surfacing on national media and even influencing fishery debates in Alaska.

Conflicts like this one aren’t unique. They surround — and can influence — many modern environmental, social and policy decisions. At their best, conflicts can bring attention to unmet community needs, spark dialogue and repair fractured relationships. But misunderstood or mishandled, they can harden divisions that stymie evidence-based decision-making, deepening distrust.

Too often in North America, default management approaches inflame such conflict rather than resolve it. But new collaborative research colleagues and I have conducted suggests pathways to transform conflict surrounding killer whale protection and Chinook fishing — and may offer broader insight for effectively managing conflicts around conservation efforts.

Our research

We surveyed more than 700 British Columbians, many of whom self-identified as either recreational fishers or conservationists. What we learned from participants has challenged dominant conflict narratives: nearly one-third of those who identified primarily as conservationists also identified as anglers, and almost half of anglers also identified as conservationists.

In other words, many of the people involved in this conflict occupy both sides of public debates, and bear multifaceted identities as they relate to whales, salmon and policy.

Yet public and political discourse about environmental management often reduces conflict to binary opposing opinions: do we support temporary recreational fishing restrictions to protect killer whales, or do we oppose them?

Humans — and conflicts — are not that simple, and treating them as such may be destructive to people, communities, policies and marine ecosystems.

Decades of research show, for instance, that conflicts are shaped not just by opinions, but by deeply rooted psychological characteristics, including identities, beliefs and values. These aspects of conflict are not trivial; they are central to how people make sense of their world, their relationships, and themselves.

We used surveys to measure beliefs, opinions and identity affiliations to assess not only opinions on killer whales and salmon management, but also the identities and beliefs beneath them.

What we found

We found that both anglers and those supporting conservation strongly tied their sense of self and well-being to the environment, as well as to their chosen identity groups (recreational fishers or conservationists). Despite disagreements, both groups valued salmon and whales — and both expressed frustration with DFO’s current management approaches.

We also identified the deeper roots of conflict between participants. Recreational fishers and conservationists differed in what they believed the fundamental priority of environmental management should be.

Conservationist respondents were more likely to emphasize protecting species regardless of their utility to humans, while recreational fishers expressed mixed views. Some agreed with that stance but others felt environmental management should prioritize species that benefit people directly or strike a balance between conservation and use.

One of our most striking findings came from comparing survey responses with social media commentary. When people responded to our survey, they tended to share their views with minimal inflammatory language. In contrast, data we extracted from Facebook discussions about the same issues contained far more hostile sentiments. Online, we saw more frequent expressions of anger, distrust, victimization and even violent rhetoric.

This isn’t surprising. Substantial research has identified that social media can amplify emotional responses, reward polarization and reduce the social cost of hostility. This finding indicates a potential negative feedback loop: when media and online discourse reduce complex conflicts to binary arguments, they risk entrenching people in “us versus them” stances.

Transforming conflict

Given these insights, we propose a fundamental reorientation of how DFO and other managers approach such conflict. Rather than treating conflicts as problems to be managed through superficial consultations or short-term negotiations, decision-makers must address their roots.

This means adopting transformative approaches to addressing conflict: acknowledging deeper social roots of conflict, investing in long-term dialogue and relationship-building and creating space for mutual understanding even without consensus. Research shows it is much easier to find solutions when stakeholders feel seen, included and mutually-respected.

These solutions require time, resources, trained mediators and a commitment to engage with emotional and identity-based dimensions of conflict. They also offer something that current approaches have not: the possibility of durable, locally supported solutions, improved trust and collaboration.

Visualization of conflict and transformation in the case of SRKW and Chinook management in the Salish Sea. An iceberg represents the levels-of-conflict, with visible and below-the-surface (more deeply rooted) elements of conflict identified.
(Author provided)

Conflict transformation approaches have proven effective in ameliorating entrenched conflicts between stakeholders over cougar management in the United States, elephant management in Mozambique and elsewhere.

As climate change, habitat degradation and species decline intensify, so will conflicts over environmental decisions. These conflicts may appear to be about salmon, whales or other species, but many of them are ultimately about people: their livelihoods, values, relationships, identities and visions for the future.

Accordingly, we need to stop treating conflict as an inconvenience to be managed or avoided. Instead, policymakers can leverage complex, entrenched conflicts as opportunities to identify the deeper roots of what’s at stake and create dialogue and decision-making frameworks that acknowledge people’s lived realities while building the trust needed for coexistence.

The Conversation

Lauren Eckert has previously been affiliated with Raincoast Conservation Foundation. This research was supported by a Canada Vanier Graduate Scholarship and a Raincoast Conservation Fellowship.

ref. In the Salish Sea, tensions surrounding killer whales and salmon are about more than just fishing – https://theconversation.com/in-the-salish-sea-tensions-surrounding-killer-whales-and-salmon-are-about-more-than-just-fishing-263524

Talar a tiempo los árboles para garantizar la seguridad de las ciudades y evitar accidentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Baquero, Investigador del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (BIOMA) y profesor de la Facultad de Ciencias, Universidad de Navarra

Olezzo/Shutterstock

Como todo ser vivo, los árboles tienen un ciclo vital limitado con fases de juventud, madurez y senescencia. En sus primeras etapas aportan sombra, frescor, calidad ambiental y un valor estético indiscutible al espacio urbano. Sin embargo, al envejecer sufren procesos de debilitamiento que afectan a su estabilidad. La vejez conlleva pudriciones internas, huecos en el tronco, invasiones de hongos y bacterias, y un riesgo creciente de rotura o caída.

En el medio natural, los ejemplares muertos se integran en el ciclo ecológico y ofrecen refugio a fauna especializada. En las ciudades, no obstante, donde la seguridad de las personas es prioritaria, estos mismos procesos suponen un peligro que no puede pasarse por alto.




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Grandes daños que el ojo humano no puede apreciar

La gestión del arbolado urbano exige responsabilidad y previsión. Uno de los principales problemas es que la degradación no siempre se aprecia a simple vista. Un árbol puede mostrar una copa verde y frondosa mientras su interior está hueco o debilitado.

Los hongos xilófagos, por ejemplo, aquellos que atacan la madera para alimentarse, descomponen la celulosa o lignina que la conforman, volviendo frágil la estructura.

Entre los tipos más comunes de este proceso de pudrición se pueden distinguir dos. Por un lado, la parda, cuando organismos como Paenibacillus glucanolyticus o Serpula lacrymans degradan celulosa y hemicelulosa. Por otro lado, la blanca, en la que que la lignina es degradada por el hongo Trametes versicolor.

En ambos casos el desenlace es el mismo: el árbol pierde resistencia de manera irreversible. A pesar de la gravedad que conlleva, a menudo solo es posible comprobar la magnitud del daño causado tras la tala, confirmando (o no) si la retirada del árbol era necesaria. Otras veces se puede identificar si hay desfase entre la apariencia externa y el estado real recurriendo a resistógrafos, equipos que evalúan la integridad y la densidad de la madera mediante una mínima perforación.




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Los tiempos de tala según la especie

No todas las especies de árboles tienen el mismo ciclo vital. Los árboles de crecimiento rápido, como chopos y álamos, viven menos tiempo que otros. Al llegar a unos cincuenta años suelen entrar en senescencia acelerada: sus troncos se ahuecan, las raíces pierden firmeza y el riesgo de desplome se multiplica.

Aunque han cumplido una función valiosa durante décadas, llega un punto en que deben ser sustituidos por ejemplares más jóvenes y seguros. Mantenerlos más allá de su límite vital expone innecesariamente a los usuarios de los parques al peligro de caídas inesperadas.

Es comprensible que la tala de un árbol cause pesar entre los vecinos, pues muchos ejemplares están ligados a recuerdos y forman parte de la identidad del lugar. Sin embargo, la gestión no puede guiarse solo por la nostalgia, sino por la seguridad de todos y la visión de futuro.

Retrasar el apeo (es decir, la tala de un árbol por su base para derribarlo) cuando un árbol ya está en la fase final de su vida compromete la seguridad. Y las consecuencias pueden ser graves, desde ramas pesadas que caen hasta desplomes completos de ejemplares, con riesgo de accidentes personales y daños materiales.




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Conservar troncos huecos como refugio de aves y murciélagos

La retirada de árboles envejecidos debe acompañarse de nuevas plantaciones, preferentemente de especies autóctonas o adaptadas. Así, el patrimonio verde no disminuye, sino que se renueva e incluso crece, al tiempo que se enriquece la biodiversidad. De este modo, las generaciones futuras heredarán parques más sanos y seguros.

La gestión responsable del arbolado incluye también podas sanitarias, rebajes de altura en ejemplares en riesgo y, en algunos casos, la conservación temporal de troncos huecos como refugio para aves, murciélagos e insectos. Allí donde no haya peligro directo, la madera vieja puede seguir siendo útil para la fauna. Pero en espacios de uso intensivo debe primar la seguridad de las personas.

Explicar a la ciudadanía la función de los árboles

Los árboles urbanos no son simples adornos. Regulan la temperatura, filtran contaminantes, amortiguan ruidos y embellecen el paisaje. Son un factor esencial del bienestar ciudadano. Renunciar a ellos no es una opción, pero tampoco lo es mantener ejemplares que ya han superado su vida útil y representan un riesgo inaceptable. De ahí la importancia de una adecuada gestión del arbolado.

En este contexto, la transparencia resulta fundamental. Explicar a la ciudadanía por qué se talan determinados ejemplares y qué criterios se han aplicado reduce la desconfianza. Cuando se explica que un árbol aparentemente sano está en realidad muy deteriorado y supone un peligro, la necesidad de actuar se comprende mejor. Y si la decisión se acompaña de una política de reposición con mayor número de árboles y mayor diversidad de especies, el apoyo social se refuerza.




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Ciudadanos y naturaleza en armonía

El ciclo vital de los árboles obliga a reconocer que no son eternos. Nacen, crecen, envejecen y mueren. Y en ese proceso, se plantean retos particulares en los espacios públicos urbanos.

Una gestión seria debe adelantarse a la decrepitud, evaluar los riesgos ocultos, planificar los apeos cuando sea necesario y garantizar la reposición con nuevas plantaciones. Solo así los parques de las ciudades seguirán siendo lugares seguros, bellos y llenos de vida, donde naturaleza y ciudadanía convivan en equilibrio.

The Conversation

Enrique Baquero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Talar a tiempo los árboles para garantizar la seguridad de las ciudades y evitar accidentes – https://theconversation.com/talar-a-tiempo-los-arboles-para-garantizar-la-seguridad-de-las-ciudades-y-evitar-accidentes-263994

¿Qué empuja a un adolescente a hacerse daño deliberadamente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Gutiérrez Hermoso, Profesora en el Área de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico del departamento de Psicología de la Universidad Rey Juan Carlos. Investigadora del equipo de investigación de alto rendimiento PERSANA (Personalidad y Salud), Universidad Rey Juan Carlos

Prathankarnpap/Shutterstock

Después de clase, Iris se perdía por los pasillos vacíos de la facultad. Fingía buscar algo, pero en realidad intentaba encontrarse a sí misma. Sentía que su cuerpo caminaba, respondía, sonreía… pero algo dentro de ella se había quedado atrás. Buscaba silencio, pero lo que encontró fue un pensamiento persistente: el dolor físico era más soportable que el emocional. Y cuando se hizo daño por primera vez, sintió que aún estaba ahí.

Este relato ficticio refleja la lucha interna entre el sufrimiento y el deseo de sentirse mejor de muchos jóvenes y adolescentes. Entre un 15 % y un 25 % de universitarios españoles recurren a las autolesiones, según recientes encuestas anónimas y entrevistas. Los resultados muestran que los universitarios forman una población especialmente vulnerable.

Como en el caso de Iris, su malestar no se ve, por lo que pocas personas se interesan en saber cómo están. Muchos reconocen que recurren a estas conductas para aliviar el malestar emocional, aunque sienten que necesitan ayuda profesional. Pero esa ayuda no llega o no se pide a tiempo.

Para quienes no han sufrido ese malestar, puede resultar un comportamiento incomprensible. ¿Por qué alguien decide hacerse daño? Hemos investigado qué rasgos pueden hacer a alguien más susceptible de caer en esta conducta para diseñar propuestas de prevención centradas en el entorno universitario.




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Un síntoma que no busca llamar la atención

Las autolesiones no son una forma de llamar la atención. Tampoco implican necesariamente quitarse la vida. Cortes, quemaduras o golpes pueden ser intentos desesperados de calmar emociones intensas, pedir ayuda sin palabras o recuperar el control cuando todo parece desbordado.

Estas conductas no siempre son puntuales. Al contrario, a menudo se repiten porque están conectadas a emociones como la culpa, la vergüenza o la desesperanza. Por eso, en algunos jóvenes, el dolor físico les ayuda a “sentir algo” cuando todo lo demás parece oscuro. Para otros, es una forma de castigo por no cumplir con lo que creen que se espera de ellos.

¿Quiénes son las personas más vulnerables?

Para entender mejor por qué algunos jóvenes se hacen daño y otros no, hemos estudiado la salud mental de una muestra de 120 estudiantes universitarios. Los primeros resultados muestran dos perfiles distintos.

El perfil más vulnerable representa al 40 % de los participantes. Son estudiantes muy exigentes consigo mismos. Les preocupa no sacar buenas notas y decepcionar a sus familias. Les cuesta manejar el estrés, no tienen suficiente apoyo emocional y sienten mucha presión externa.

En su día a día, pasan muchas horas frente a pantallas. A veces lo hacen para desconectar. Algunos incluso toman medicamentos sin receta para calmarse o dormir. En este grupo hay más casos de autolesiones como forma de liberar tensión o dolor emocional.




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Capacidad de encontrar ayuda

El segundo perfil, que representa al 60 % restante, también muestra malestar y perfeccionismo. Pero estas personas tienen más recursos para afrontar lo que les pasa. Se apoyan en amistades, practican deporte o se automotivan estableciendo metas personales, como aprender algo nuevo o participar en actividades que les gustan.

Aunque pueden tener pensamientos relacionados con hacerse daño, no llegan a hacerlo. En su rutina, es más común que busquen ayuda cuando se sienten mal. También usan estrategias como escribir, hablar con alguien de confianza o hacer actividades que les calman.

Estos perfiles no son fijos. Una persona puede cambiar con el tiempo, según lo que vive y el apoyo que recibe. Conocerlos permite ofrecer ayuda adaptada a cada caso. También ayuda a detectar señales de alerta antes de que el malestar se agrave.

El perfeccionismo: factor de riesgo

Un rasgo común de estos perfiles es el perfeccionismo. Aunque a veces se ve como algo positivo, porque obliga a la persona a esforzarse por hacer las cosas bien, el perfeccionismo puede convertirse en una trampa: cuanto más alto se pone el listón, más fácil es sentirse insuficiente.

En la universidad, esta presión aumenta. Incluso se intensifica en muchos estudiantes, sobre todo los que estudian carreras relacionadas con el cuidado de otras personas, como Medicina, Enfermería, Fisioterapia y Psicología. En estas disciplinas, el rol del cuidador se interioriza desde el inicio, y con él, la idea de que no se puede fallar ni mostrar debilidad.

En conversaciones con estudiantes de ciencias de la salud, muchos expresan que les cuesta pedir ayuda. A menudo sienten miedo a decepcionar a los demás o a sí mismos, y temen ser juzgados si muestran vulnerabilidad. Esta exigencia constante puede generar un sufrimiento profundo que no siempre se expresa, y que empieza incluso antes de ejercer profesionalmente.

Detectarlo a tiempo, mediante la escucha activa y la observación, permite intervenir antes y prevenir situaciones más graves. Aquí podemos poner en práctica el fomento del diálogo sobre errores y fracasos. Hablar de ellos como parte del aprendizaje reduce la presión por hacerlo todo perfecto y fomenta una visión más amable de uno mismo que invita a seguir el camino que queremos recorrer en beneficio de nuestros valores personales.

Redes sociales y comparación constante

El entorno social también influye. Además de la familia y la presión académica, hoy en día las redes sociales pueden ser un factor contribuyente tanto al perfeccionismo como a las autolesiones. Aunque pueden ofrecer compañía y apoyo, también fomentan la comparación constante y la exposición a contenidos sensibles.

Muchos adolescentes se exponen a contenidos sobre autolesiones fuera de contextos terapéuticos o educativos donde un especialista pueda ayudarles a interpretar adecuadamente lo que ven. En lugar de recibir orientación, se enfrentan solos a imágenes, testimonios o consejos que pueden trivializar, normalizar o incluso incentivar estas conductas.

En cambio, en un entorno con control profesional, como una sesión clínica, un programa de prevención en el aula o una intervención psicológica guiada, ese mismo material podría utilizarse para generar reflexión, promover el autocuidado o desmontar mitos dañinos.

En otro estudio que estamos realizando, muchos estudiantes han expresado lo difícil que les resulta pedir ayuda. Aunque los resultados aún no han sido publicados, los primeros testimonios apuntan a que el miedo al juicio y la presión familiar dificultan la búsqueda de apoyo emocional. Romper esta barrera para poder hablar del malestar emocional es uno de los grandes retos en la prevención del sufrimiento adolescente.




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Escuchar para comprender es la clave

Las autolesiones no son una moda ni una etapa que se supera sin más. Son señales de alerta que necesitan ser escuchadas con atención y sin juicio. Para ayudar de verdad, es importante mirar el sufrimiento con respeto, sin minimizar lo que sienten.

Las universidades y centros educativos pueden ayudar enseñando al personal docente y administrativo a detectar el malestar a tiempo, poniendo en marcha programas de prevención y detección para universitarios basados en evidencia científica y ofreciendo acceso a apoyo psicológico.

Con programas y terapia especializada, jóvenes como Iris pueden desarrollar una mayor autocompasión y mantener a raya su autocrítica. Esa voz dura que juzga sin descanso y que es el más severo de todos los jueces.

The Conversation

Participo activamente como miembro investigador en el equipo de investigación de alto rendimiento PERSANA (Personalidad y Salud) de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos.

ref. ¿Qué empuja a un adolescente a hacerse daño deliberadamente? – https://theconversation.com/que-empuja-a-un-adolescente-a-hacerse-dano-deliberadamente-262677

Les cartes du monde représentent mal la taille de l’Afrique : pourquoi il est important de corriger cela

Source: The Conversation – in French – By Jack Swab, Assistant Professor Department of Geography & Sustainability, University of Tennessee

L’Union africaine a approuvé la campagne #CorrectTheMap (corriger la carte), qui appelle les Nations unies et la communauté internationale à utiliser à adopter une autre représentation du monde. La campagne compte actuellement plus de 7 700 signatures.

La carte la plus couramment utilisée est appelée projection de Mercator. Les projections cartographiques permettent aux cartographes (créateurs de cartes) d’« aplatir » la Terre tridimensionnelle en une carte bidimensionnelle.

La projection de Mercator a été créée il y a plus de 450 ans pour faciliter l’exploration coloniale et le commerce maritime. Mais au fil des siècles, elle est devenue une projection « polyvalente » pour de nombreux gouvernements, éducateurs et entreprises.

Ce dessin plat gonfle la taille des pays proches du pôle Nord ou du pôle Sud. Il exagère la superficie de l’Amérique du Nord et de l’Eurasie, tout en sous-représentant la taille d’une grande partie de l’Amérique du Sud et de l’Afrique. En tant que plus grand continent du sud de la planète, l’Afrique est victime de cette inégalité cartographique.

La campagne #CorrectTheMap appelle à adopter la projection cartographique Equal Earth, développée en 2018 par une équipe internationale de cartographes. Elle corrige les distorsions présentes dans la projection de Mercator.

Les controverses sur les projections cartographiques ne sont pas nouvelles. Depuis les années 1970, les cartographes discutent de la manière dont certaines projections déforment l’apparence de la Terre et la façon dont les gens imaginent leur place dans ce monde.

Au cœur des débats sur les cartes se trouvent des tensions quant au pouvoir que les cartes exercent dans le monde.

Pour l’Union africaine, changer les projections cartographiques ne se résume pas à corriger un défaut technique. C’est aussi l’occasion d’influencer la façon dont les utilisateurs actuels et futurs des cartes perçoivent, évoquent et valorisent l’Afrique.

Cet appel est une demande pour que les Africains soient représentés selon leurs propres termes, plutôt que par le biais de traditions cartographiques qui ont longtemps minimisé leur importance et leur stature.

En tant que cartographes, nous sommes attentifs au pouvoir social et communicatif des cartes.

Étant donné que les cartes contribuent à façonner notre compréhension du monde, les choix les plus simples pour leur conception peuvent avoir des conséquences géopolitiques majeures.

Les cartes ne sont pas neutres

Il existe plus de 200 projections principales de la carte du monde. Chacune déforme l’image de la Terre à sa manière, ce qui fait du choix de la projection une décision lourde de conséquences et complexe, loin de toute neutralité.

Par exemple, la projection Dymaxion, développée par l’ingénieur américain Buckminster Fuller, a été conçue pour remettre en question les notions de nord et de sud. D’autres, comme la projection conique conforme de Lambert, sont largement utilisées dans l’aviation pour faciliter la planification des vols.

Les cartes sont une forme de narration, ainsi qu’une source d’information. Même les lignes, les couleurs, les symboles et la taille des régions représentées sur les cartes communiquent une signification sociale. Ils éduquent de manière subtile mais puissante les gens, des écoliers aux dirigeants mondiaux, sur ce qui compte véritablement.

L’intérêt récent du président américain Donald Trump pour l’achat du Groenland par les États-Unis, invoquant sa grande taille, a probablement été influencé par la distorsion cartographique. La projection de Mercator montre le Groenland comme ayant presque la même taille que l’Afrique, alors qu’en réalité, l’Afrique est environ 14 fois plus grande.

D’autres projections permettent de représenter plus fidèlement la taille réelle des continents. Certaines projections sont plus adaptées que d’autres à cette tâche spécifique ; par exemple, la projection de Gall-Peters a été utilisée dans le passé comme alternative à la projection de Mercator.

La carotgraphie comme outil de domination

La cartographie a été un puissant outil de domination tout au long de l’histoire de l’Afrique. Les topographes et les géomètres ont participé à la conquête et à la colonisation de l’Afrique par les Européens, accompagnant régulièrement les expéditions militaires. Les cartographes européens ont présenté l’Afrique comme un paysage à exploiter en peuplant les cartes de routes commerciales, de ressources et d’espaces vierges prêts à être développés, tout en ignorant souvent les traditions cartographiques et les connaissances géographiques des Africains indigènes.

La Conférence de Berlin de 1885, où les puissances européennes se sont réunies sans aucune représentation africaine, marque l’un des paroxysmes de cette approriation cratographique et coloniale et du partage du continent.

La projection de Mercator s’accompagne d’autres types de récits occidentaux, que l’on retrouve dans la culture populaire, les médias et les cercles diplomatiques – qui ont stéréotypé, dégradé et sous-estimé la place de l’Afrique dans le monde.

Dans cette optique, le débat public sur la projection de Mercator peut être interprété non seulement comme une question d’exactitude visuelle d’une carte, mais aussi comme une question de restauration de la dignité et de l’autonomie.

Pourquoi il est difficile de changer la carte du monde?

Il ne sera pas facile d’apporter des changements.

Tout d’abord, la production de cartes mondiales n’est pas régie par une seule autorité. Même si les Nations unies adoptaient la projection Equal Earth, les cartes du monde pourraient toujours être dessinées selon d’autres projections. Les cartographes sont fréquemment chargés de mettre à jour les cartes du monde afin de refléter les changements de noms et de frontières. Mais ces changements ne sont pas toujours rapidement acceptés.

Par exemple, les cartographes ont modifié les cartes du monde en anglais après que la République tchèque a adopté le nom « Czechia » comme nom anglais en 2016. Si cette modification n’a pas été difficile à réaliser, elle a été plus difficile à faire accepter.

L’image mentale que l’on se fait du monde se renforce dès le plus jeune âge. Les effets du passage à la projection Equal Earth pourraient mettre des années à se concrétiser. Les efforts précédents visant à abandonner la projection de Mercator, comme ceux des écoles publiques de Boston en 2017, ont contrarié les cartographes et les parents.

Compte tenu des objectifs plus larges de l’Union africaine, soutenir la projection Equal Earth est la première étape pour inciter la communauté internationale à voir le monde de manière plus équitable et à redéfinir la façon dont le monde valorise l’Afrique. Mobiliser le soutien social en faveur de la nouvelle projection par le biais d’ateliers avec des éducateurs, d’actions diplomatiques, de forums avec des éditeurs de manuels scolaires, des journalistes et des entreprises partenaires africaines pourrait contribuer à éloigner le monde de la projection de Mercator dans son usage quotidien.

Le simple fait de passer à la projection Equal Earth ne suffira pas à effacer des siècles de représentations déformées ni à garantir des relations mondiales plus équitables. Mais c’est un pas vers le rétablissement de la visibilité légitime de l’Afrique sur la scène mondiale.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Les cartes du monde représentent mal la taille de l’Afrique : pourquoi il est important de corriger cela – https://theconversation.com/les-cartes-du-monde-representent-mal-la-taille-de-lafrique-pourquoi-il-est-important-de-corriger-cela-264207