Cómo hacer cálculos avanzados de física nuclear sin ser un experto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuela Rodríguez Gallardo, Profesora Tiular de Universidad en Física Atómica, Molecular y Nuclear, Universidad de Sevilla

Sergey Nivens/Shutterstock

Aunque pueda sonar chocante, la física nuclear no es solo un asunto relacionado con la energía o las bombas atómicas: está detrás de tecnologías que usamos cotidianamente sin notarlo. Pero, ¿podemos hacer cálculos de esas reacciones nucleares del día a día? Gracias a herramientas como Theo4Exp, hacer cálculos avanzados de física nuclear puede resultar mucho más sencillo de lo que imaginamos.

El núcleo atómico

Tras la confirmación de su existencia en 1911, gracias al experimento de Ernest Rutherford, la investigación del núcleo atómico vivió una etapa de avances vertiginosos durante la primera mitad del siglo XX. Se abrió un mundo hasta entonces desconocido.

Representación aproximada del átomo de helio-4: en el núcleo los protones están representados en rojo y los neutrones en azul.
Wikimedia Commons., CC BY

Los propios investigadores de la época no sabían hasta donde podían llegar, como se muestra en la película Oppenheimer (Christopher Nolan, 2023). En esta, podemos ver cómo Robert Oppenheimer, junto a un nutrido equipo de investigadores, cambia el rumbo de la historia durante la Segunda Guerra Mundial gracias al desarrollo de la bomba atómica, en 1945. Aunque la bomba atómica lo que realmente libera es energía nuclear, mucho más intensa que la atómica.

Su uso en el día a día

La investigación en física nuclear abarca mucho más que el ámbito militar. Se utiliza en nuestro día a día para proporcionarnos electricidad, para el tratamiento del cáncer con radioterapia así como para su diagnóstico usando radiofármacos, para el estudio de obras de arte (incluyendo la datación por carbono-14), etc.

Pero hay algo más que le debemos al núcleo atómico. Se trata de nuestra mayor fuente de energía diaria, el Sol, que nos envía energía gracias a las reacciones nucleares de fusión (unión de dos núcleos para formar otro más pesado) que se producen continuamente en su interior.

Comportamientos por estudiar

Alguien puede pensar que a estas alturas ya está todo dicho sobre el núcleo atómico. Pero lo cierto es que hay muchos núcleos poco conocidos que tienen estructuras exóticas, que pueden romperse fácilmente o transferir parte de sus componentes (protones y neutrones) a otro núcleo, al chocar con él. La investigación básica para conocer las propiedades de estos núcleos atípicos es relevante para poder llegar a aplicaciones en nuestra vida cotidiana.

Muchos de los avances de la física nuclear se llevan a cabo en grandes instalaciones especializadas que cuentan con aceleradores de partículas, reactores, detectores e instrumentación especializada. En ellas, se realizan experimentos que permitan aprender sobre la estructura de los núcleos y cómo se comportan si los hacemos chocar entre ellos.

Pero ¿y si para estudiar el comportamiento de los núcleos atómicos no hiciera falta hacer pruebas reales y el resultado pudiera simularse de forma sencilla en un ordenador? ¿Avanzaría la física más rápido?

La física nuclear como ciencia abierta

Ahí es donde nace Theo4Exp, una plataforma de acceso virtual desarrollada dentro de un proyecto con financiación de la Comisión Europea que permite que cualquier persona con nociones básicas de física pueda realizar cálculos.

Para ello es necesario introducir (o elegir) los datos del problema en una interfaz amigable, que convertirá esos datos en un fichero de entrada del programa, hará el cálculo y le devolverá los resultados. Estos se podrán ver en ficheros de texto o gráficamente en la misma plataforma. El usuario no tendrá que preocuparse de todo el proceso intermedio, sólo decidir de qué núcleo quiere ver la estructura o qué par de núcleos quiere hacer chocar.

Theo4Exp se compone de tres plataformas: dos de ellas están dedicadas a cálculos de estructura y una a reacciones nucleares. MeanField4Exp, hospedada en IFJ PAN en Cracovia, y Structure4Exp, hospedada en la Universidad de Milán, se complementan entre ellas, ofreciendo una gran variedad de modelos sobre la estructura nuclear.

Instalaciones del Centro Nacional de Aceleradores, en Sevilla.

Mientras, la plataforma Reaction4Exp, hospedada en la Universidad de Sevilla, permite realizar cálculos de reacciones nucleares que estiman la probabilidad de que, tras el choque, el núcleo que hemos lanzado –el proyectil– pueda estar en diferentes situaciones. Concretamente estar igual, haber pasado a un estado de más energía, haberse roto en diferentes fragmentos o haber transferido parte de él al núcleo con el que choca.

Plataforma web Reaction4Exp.

¿Quién usa esta plataforma?

Es ahora cuando nuestro lector se pregunta: ¿quién usa realmente estos cálculos y con qué propósito? Para empezar, antes de hacer un experimento de física nuclear en una gran instalación es necesario tener estimaciones previas sobre su viabilidad y cuáles podrían ser los resultados. Por otro lado, tras el experimento, esta plataforma es útil para el estudio de los datos en comparación con modelos teóricos. O para realizar cálculos más avanzados a medida que la investigación los vaya requiriendo.

En ciencia básica, estos cálculos pueden servir para estudiar la estructura de un núcleo y su comportamiento. Y también para simular procesos nucleares en las estrellas. Sin embargo, su fin último es el desarrollo de tecnología nuclear.

Otro uso de Theo4Exp es la formación en los estudios de máster de los futuros investigadores que realizarán experimentos en las instalaciones de física nuclear.

¿Puedo entonces jugar a ser un científico nuclear?

Se ha mencionado más arriba que la energía nuclear es mucho más intensa que la atómica. ¿Por qué razón? Si la manera que tienen de interactuar entre sí los componentes del núcleo atómico, neutrones y protones fuera la bien conocida fuerza eléctrica, la energía que se liberaría al romper un núcleo sería aproximadamente igual que al romper un átomo –por romper un átomo se debe entender separar el núcleo atómico de los electrones que andan alrededor del mismo–. Además, la fuerza eléctrica dentro del núcleo es repulsiva porque solo hay cargas positivas, los protones.

Entonces, ¿cómo se mantienen los componentes del núcleo unidos? Tiene que existir otra fuerza atractiva, es decir, que los una y no los separe. Y necesariamente debe ser más potente que la eléctrica.

Experimento para principiantes

¿Cómo podemos comprobar de una manera relativamente sencilla que existe esa fuerza de unión y que es muy intensa? Pues hagamos chocar dos núcleos atómicos, un núcleo de helio-4 (esto quiere decir 2 protones y 2 neutrones) y un núcleo de plomo-208 (82 protones y 126 neutrones). Alguien, un físico nuclear o más bien un grupo de ellos, realiza ese experimento en un gran acelerador lanzando el proyectil con una energía de 40 megaelectronvoltios (MeV) y mide la probabilidad de que ambos núcleos salgan después del choque intactos. También pueden medir cuánto se desvía el núcleo más pequeño, helio-4, de su línea incidente. Eso implica medir un ángulo y la probabilidad para cada ángulo, lo que se conoce como dispersión elástica.

Dispersión elástica del helio-4 contra plomo-208. Se puede observar como el helio-4 se desvía de su linea incidente debido a la interacción nuclear.
CC BY-SA

Nosotros podemos acudir a la plataforma Reaction4Exp y clicar en elastic scattering. Escogemos nuestro proyectil, helio-4, nuestro blanco, plomo-208, la energía a la que lanzamos el proyectil, 40 MeV, y el tipo de interacción entre ellos. Tomemos primero sólo la interacción eléctrica y hacemos el cálculo. En unos segundos tenemos el resultado y, si colocamos juntos el cálculo y los datos experimentales, resulta que no casan.

Probabilidad de que el choque entre los núcleos elegidos sea elástica en función del ángulo en el que se desvía el núcleo proyectil. Panel izquierdo solo con interacción eléctrica. Panel derecho con interacciones eléctrica y nuclear.
Manuela Rodríguez.

Modelemos ahora una interacción atractiva y mucho más intensa que la eléctrica, solo cuando los núcleos estén cerca. Volvemos a calcular, ahora con la suma de estas dos interacciones y, ¡sorpresa!, experimento y cálculo coinciden. Podríamos decir que hemos hecho ciencia y hemos comprobado que existe una fuerza atractiva entre protones y neutrones que es más fuerte que la eléctrica.

La física nuclear hoy en día, como la mayoría de disciplinas científicas, se orienta hacia una ciencia abierta en la que todos los resultados y avances puedan ser consultados y reproducidos. En ese sentido, el desarrollo de plataformas de acceso virtual que faciliten información, cálculos y resultados está convirtiéndose en una puerta de entrada a un conocimiento más colaborativo y global.

The Conversation

Manuela Rodríguez Gallardo recibe o ha recibido fondos de la Junta de Andalucía, de la Agencia Estatal de Investigación y del Ministerio de Ciencia e Innovación de España así como de la Comisión Europea, para llevar a cabo sus investigaciones.

Carla Tatiana Muñoz Chimbo trabaja para la Fundación de la Investigación de la Universidad de Sevilla (FIUS) y recibe fondos del proyecto EURO-LABS, del Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Estatal de Investigación a través del proyecto PID2023-146401NB-I00.

ref. Cómo hacer cálculos avanzados de física nuclear sin ser un experto – https://theconversation.com/como-hacer-calculos-avanzados-de-fisica-nuclear-sin-ser-un-experto-263557

Europa avanza en IA, pero no todas sus regiones van al mismo ritmo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria R. Vicente, Profesora de Economía Aplicada, Universidad de Oviedo

gopixa/Shutterstock

La inteligencia artificial (IA) es uno de los grandes motores del cambio económico del mundo. Estados Unidos y China están a la cabeza. La Unión Europea también apuesta por la IA, especialmente con el Programa Década Digital 2030. Este plan busca que al menos el 75 % de las empresas usen estas tecnologías para 2030. Pero este objetivo tiene un problema: no todas las regiones europeas están avanzando al mismo ritmo.

¿Qué regiones están liderando la adopción empresarial de la IA? ¿Quiénes están atrás? ¿Hay relación con la conocida brecha digital?

Responder a estas preguntas es el objetivo de nuestra investigación académica, publicada en la revista Telecommunications Policy. Ahí estudiamos las diferencias que existen entre las distintas regiones europeas en cuanto al uso empresarial de la IA. Identificamos las regiones en cabeza y las rezagadas, y también analizamos los factores que podrían explicar esas diferencias. Para ello usamos datos regionales del año 2024, procedentes de Eurostat.

¿Existen diferencias regionales?

Los resultados muestran que las regiones danesas y belgas lideran el uso de IA. Destacan también Viena (Austria) y la región occidental de Eslovenia. En el extremo opuesto se encuentran la mayoría de las regiones rumanas, algunas búlgaras y Melilla (España).

Uso empresarial de IA en las regiones de la UE.
Fuente: elaboración propia

Pero también hay diferencias dentro de los países. Las naciones más avanzadas en IA presentan mayores desigualdades internas. Este es el caso de Dinamarca y Bélgica. En cambio, en Rumanía y Hungría las diferencias internas son menores. Esto se explica por el patrón de difusión en forma de S: en los países más rezagados, la adopción es lenta y no surgen grandes brechas entre sus regiones. Por el contrario, en los más avanzados, donde el proceso es más acelerado, algunas regiones despegan antes que otras. Y esto dar lugar a brechas internas.

¿Cómo se explican estas diferencias?

Estudiamos la relación entre el uso de la IA y los tres niveles de brecha digital (acceso, uso, y resultados). Para ello usamos modelos estadísticos tomando en cuenta las características de cada región y también las de las regiones vecinas.
Observamos, por una parte, que las empresas que ya usaban tecnologías digitales son las que emplean IA y, además, que su uso en regiones cercanas favorece una mayor adopción de la inteligencia artificial.

Sin embargo, parece existir cierta competencia por los recursos entre regiones. Cuando las vecinas están muy digitalizadas, una región parece usar menos IA.

En resumen, nuestros resultados muestran que es clave reforzar la base digital en las zonas que van más lentas. Se trataría de evitar así que la IA acabe ampliando aún más las desigualdades entre territorios.

También es importante aprovechar bien los recursos que ya existen, como la red europea de centros de innovación digital. Todo ello con el objetivo último de fomentar la colaboración y el intercambio de conocimientos entre regiones y empresas.


Carla Álvarez Rodríguez, investigadora contratada en el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo, es coautora de este artículo y ha recibido fondos del Programa Investigo del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (AYUD/2023/36906).


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Maria R. Vicente recibe fondos del Programa Investigo del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (AYUD/2023/36906).

Ana Suárez Álvarez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Europa avanza en IA, pero no todas sus regiones van al mismo ritmo – https://theconversation.com/europa-avanza-en-ia-pero-no-todas-sus-regiones-van-al-mismo-ritmo-262134

‘Fungi ficción’: por qué los hongos son los nuevos extraterrestres en la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Fuentes Antón, Profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Salamanca

La imagen de un alienígena con mandíbula retráctil es icónica, pero en varias películas contemporáneas la verdadera amenaza no es una criatura del espacio, sino un organismo híbrido: un hongo parasitario, una red biológica o una fuerza que se extiende silenciosa e impredecible.

En Alien: Covenant (2017), los neomorfos, organismos derivados de los que aparecen en Alien: El octavo pasajero (1979) brotan de esporas mutadas. En la serie Star Trek: Discovery, que se empezó a emitir en 2017, los viajes intergalácticos dependen de una red micelial, formada por filamentos muy delgados de hongos que conecta a las plantas y a los miembros del reino fungi en un ecosistema.

Incluso en la olvidada versión cinematográfica de Super Mario Bros. de 1993, el reino distópico está definido por un hongo inteligente que ha colonizado la ciudad.

Y es que la biología real de los hongos –sus capacidades de parasitar, conectar ecosistemas y adaptarse a entornos extremos– ha inspirado algunas de las metáforas extraterrestres más impactantes del cine y la televisión.

Esporas mutantes

En Alien: Covenant, los protagonistas aterrizan en un planeta aparentemente hospitalario, solo para descubrir un ecosistema mutado, debido a los eventos sucedidos tras Alien: Prometheus (2012). En ese entorno selvático, un organismo desata una oleada de sucesos trágicos para los habitantes de la nave Covenant. Un hongo, similar a los del género Lycoperdon, suelta esporas que, al ser inhaladas por los humanos, desatan un proceso biológico letal que da vida a los neomorfos.

Dichas esporas parecen originarse por contaminación con un fluido negro mutagénico, liberado en la película previa, sugiriendo que algo tan habitual como un hongo inofensivo podría convertirse en un arma biológica devastadora.

Curiosa pero erróneamente, la descripción del hongo que causa todo ese desastre se parece a la de Clostridium tetani, el organismo responsable de la enfermedad del tétanos, que en la realidad es una bacteria, no un hongo.

Diferencias aparte, existen hongos patógenos que puede causar problemas en la salud humana por inhalación, responsables de enfermedades como la aspergilosis o la histoplasmosis.




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Redes intergalácticas: Star Trek: Discovery

En Star Trek: Discovery, la nave USS Discovery navega el universo mediante el “motor de esporas”, una tecnología que utiliza la red micelial como sustento para el viaje instantáneo. Este sistema conecta galaxias en una vasta red de filamentos vivos, de manera asombrosamente biológica.

Inspirada en el libro Mycelium Running (2005) del micólogo Paul Stamets, la serie concibe esta red como el tejido vital de la galaxia.

Aunque pueda parecer difícil de creer o imaginar, el micelio es una estructura existente en la Tierra, el aparato vegetativo de los hongos. Su funcionamiento es similar al de las raíces de los árboles y puede extenderse a kilómetros de distancia, como una autentica red de comunicación entre el organismo y su entorno.

Otra curiosidad que ensalza la importancia de los hongos en la ciencia ficción es que, en esta serie de televisión, el personaje del teniente y astromicólogo inventor del motor de esporas lleva el nombre del propio Paul Stamets, una de las figuras más sobresalientes del mundo de la micología y el estudio de los hongos.

Tal ha sido la contribución de Stamets al conocimiento fúngico que incluso existe una especie nombrada en su honor: Psilocybe stametsii.




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Hongos en clave pop: Super Mario Bros.

La película de acción Super Mario Bros. (1993), considerada un fracaso taquillero, introdujo un concepto sorprendentemente visual: el reino distópico de Dinohattan está corrompido por una especie de hongo inteligente.

El antiguo rey, convertido en un ente fúngico, ejerce su control mediante una forma simbiótica que abarca toda la ciudad.

Tráiler de la película Super Mario Bros. (1993)

En este caso, esa relación simbiótica entre el hongo y la urbe vuelve a recordarnos fenómenos muy comunes en el desarrollo de los hongos como micorrizas y líquenes: dos estrategias que permiten interrelacionarse de forma simbiótica a los hongos con plantas y con algas respectivamente. Y generando importantes beneficios para todos ellos.

Mientras que las micorrizas, asociación subterránea entre el micelio del hongo y ciertos vegetales, son importantes para que los árboles puedan obtener nutrientes y extender sus raíces en profundidad y longitud, los líquenes pueden colonizar ambientes extremos donde ninguno de los organismos que lo conforman podría existir por sí mismo.

Los líquenes son colonizadores primigenios de entornos yermos como rocas. En estos medios sin apenas nutrientes, solo esta asociación puede sobrevivir: mientras que el alga aporta alimento al hongo gracias a la fotosíntesis (proceso que el hongo no puede realizar), el alga obtiene protección frente a la desecación y obtiene agua gracias a las hifas del hongo, las cuales pueden entrar en cualquier grieta o fisura, por minúscula que sea.

Aunque la película no obtuviera el éxito deseado, podemos ver esa asociación simbiótica entre el hongo y la ciudad, ayudando a los personajes principales, los hermanos Luigi y Mario, a devolver el orden a Dinohattan.




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¿Qué nos dicen estos hongos-alienígenas?

Ya sea por su poder de contagio biológico, la habilidad para conectar entornos o transformar lo doméstico, estos relatos nos presentan lo familiar como inquietante.

Los hongos que nos rodean en la vida real poseen el mismo potencial para parasitar, crear redes de comunicación entre ecosistemas y resistir condiciones extremas. Pero cuando la ficción toma esas propiedades biológicas y las magnifica, surge un tipo de extraterrestre plausible, inquietante y, en cierto modo, aterrador.

Estas historias nos invitan a ver la micología con nuevos ojos: no como simple temática ecológica o gastronómica, sino como imaginación vibrante que puede restituir nuestro sentido de lo asombroso.

En cada espora o micelio ficticio hay una oportunidad para comprender mejor nuestra relación con lo no humano y el potencial oculto que yace debajo del suelo y, quizá, más allá del cielo.

The Conversation

Sergio Fuentes Antón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Fungi ficción’: por qué los hongos son los nuevos extraterrestres en la ciencia – https://theconversation.com/fungi-ficcion-por-que-los-hongos-son-los-nuevos-extraterrestres-en-la-ciencia-262910

Así podemos producir combustibles a partir de los residuos de matadero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juana Fernández-Rodríguez, Profesora Titular-Departamento Tecnologías del Medio Ambiente-IVAGRO-Universidad de Cádiz, Universidad de Cádiz

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El incremento de la población mundial ha provocado un aumento de la producción de carne. Y eso, a gran escala, contribuye de manera importante al cambio climático a nivel global.

Pero ¿por qué? ¿Qué tiene que ver el consumo de carne con el medio ambiente? Para empezar, la deforestación para ampliar las áreas de pastoreo y la producción de cultivos forrajeros perjudica al medio ambiente. Además, el sistema digestivo del ganado genera emisiones de metano, un potente gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento global mucho mayor que el dióxido de carbono.

A esto se le suma la generación de residuos derivados del sector cárnico, compuestos principalmente por grasas animales, sangre, restos de órganos y aguas de lavado de las instalaciones.

El vertido de estos residuos en corrientes naturales de agua puede contaminar las aguas superficiales y subterráneas con nutrientes como el nitrógeno y el fósforo, lo que provocaría su eutrofización (presencia de un exceso de nutrientes). Para colmo, su depósito en vertederos provoca la contaminación de los suelos y la degradación anaeróbica de estos residuos libera también metano, contribuyendo aún más al efecto invernadero.

El mecanismo para obtener biohidrógeno

Ante esta realidad, resulta evidente el valor que tendría disponer de una tecnología que disminuya el riesgo ambiental de estos residuos a la vez que recupera subproductos de valor añadido.

La naturaleza orgánica de los residuos los convierte en un sustrato ideal para que los microorganismos puedan descomponerlos en ausencia de oxígeno en un proceso conocido como digestión anaerobia, que genera como productos diferentes tipos de gases. Esta técnica se podría aplicar en los mataderos o integrar en las depuradoras.

Por otro lado, la codigestión anaerobia permite procesar varios tipos de residuos simultáneamente, optimizando la producción de biogás (rico en biohidrógeno y biometano) y mejorando la eficiencia y estabilizando el proceso.

Uno de los subproductos gaseosos generados mediante esta técnica es el biohidrógeno (hidrógeno de origen biológico), que puede usarse como fuente de energía limpia en industrias o medios de transporte, lo que reduce la dependencia de combustibles fósiles. Además, el digestato –material orgánico residual– resultante del proceso puede aplicarse como fertilizante, promoviendo una agricultura sostenible.

Por ello, la optimización de la codigestión anaerobia de los residuos de matadero para maximizar la producción de biohidrógeno se plantea como un elemento clave en la transición hacia una economía neutra en carbono.

Cómo optimizar el proceso

Sin embargo, es necesario optimizar las condiciones de operación, como el pH, la temperatura y la proporción de residuos, para maximizar la producción de hidrógeno a partir de residuos de matadero.

En un reciente estudio, aún en proceso de publicación científica, utilizamos residuos de matadero –tanto aguas de lavado como restos orgánicos de animales como sangre, vísceras, plumas y huesos, entre otros– como sustratos para generar biohidrógeno a través de la codigestión anaerobia. Se prepararon diferentes inóculos (bacterias) aclimatados a diferentes temperaturas: mesofílica (35°C), termofílica (55°C) e hipertermofílica (70°C) en reactores a escala de laboratorio.

Encontramos que los factores más influyentes en la generación de biohidrógeno fueron el pH, la temperatura y el tipo de sustrato. Así, identificamos las condiciones óptimas para maximizar la producción de hidrógeno: un pH de 6 y una temperatura de 70°C. Bajo estas condiciones, se alcanzó un rendimiento de producción de hidrógeno de 21,78 mililitros por cada gramo de sustrato procedente de los residuos orgánicos.

Nuestros resultados demuestran que la codigestión anaeróbica de residuos de matadero, y otros del sector agroalimentario, es una estrategia prometedora para la producción de biohidrógeno. Esta tecnología contribuye a la mitigación del cambio climático y a la protección de los recursos naturales, a la vez que fomenta la creación de empleos verdes y estimula el desarrollo de economías industriales más sostenibles. No obstante, su implantación es todavía limitada porque aún se están sopesando sus ventajas e inconvenientes y su instalación requiere una inversión inicial importante.

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Juana Fernández-Rodríguez recibe fondos de de la convocatoria MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por los Fondos FEDER/EU, con el proyecto de investigación PID2021-123174OB-I00.

ref. Así podemos producir combustibles a partir de los residuos de matadero – https://theconversation.com/asi-podemos-producir-combustibles-a-partir-de-los-residuos-de-matadero-250959

Voces ucranianas (II): cuando la solidaridad de Polonia comenzó a agrietarse

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Léna Georgeault, Directora del Grado en Relaciones Internacionales, Universidad Villanueva

Con la mirada perdida, Artem parece ajeno a la amplia sala que nos rodea, donde coloridas guirnaldas de papel adornan un escenario que acoge, desde hace más de una década, eventos que tejen puentes entre ucranianos y polacos. “Las actividades de integración ya no son suficientes para ayudar a los ucranianos hoy”, sentencia el presidente de Fundación Ucrania. “Hace falta un cambio mayor. La situación en Polonia está yendo en una mala dirección”.

Pero no siempre fue así. Al principio, la solidaridad era espontánea, “casi un reflejo”, recuerda Jacek*, funcionario de la administración polaca. Oleg, miembro de la asociación Nomada, evoca aquellos días en los que personas sin ninguna vinculación previa con el activismo o la ayuda humanitaria se volcaron con los recién llegados. Su compañera polaca, Kinga, lo confirma: “Al principio, todo el mundo fue muy amable con los ucranianos”. Y añade: “Los polacos les invitaban a sus casas. Era un auténtico movimiento: te sentías inspirado por los demás, con la sensación de estar viviendo un momento histórico”.

La acogida de refugiados fue “más una evolución que una revolución”, en palabras de Jacek. “Solíamos vivir en el mismo país”, explica. Desde hace más de cinco siglos, las trayectorias de Ucrania y Polonia se entrelazan, marcadas por anexiones, particiones y fronteras móviles que unieron y separaron a ambos pueblos, hasta que el siglo XX los situó del mismo lado del Telón de Acero: Ucrania como parte de la URSS, y Polonia en su órbita.

En particular, la región de Breslavia ya tenía una presencia ucraniana significativa, desplazada forzosamente en 1947 por el régimen comunista para desarticular la insurgencia nacionalista.

De ese trasfondo compartido se derivan afinidades culturales. Ivan*, refugiado ucraniano, recuerda que, en su juventud, leía los mismos libros que los polacos –los únicos autorizados por el Partido Comunista– y escuchaba las mismas canciones: “Sintonizaba la radio polaca porque no estaba interferida; allí descubrí a ABBA y a Boney M”. “Polonia me parecía hermosa, idílica”, rememora con una sonrisa.

La incomodidad polaca

Con el tiempo, la solidaridad inicial dio paso al desgaste. “Muchos polacos que abrieron sus casas no estaban preparados para enfrentarse al trauma ajeno”, señala Kinga. “Esperaban más gratitud”. Los efectos tangibles de la hospitalidad se notan también en el acceso a servicios y recursos.

“La realidad cotidiana ha cambiado en Polonia”, admite Artem: más colas en los ambulatorios, menos plazas en las guarderías. “Los polacos sienten incomodidad; no les gusta ver que algunos ucranianos viven mejor que ellos. Por ejemplo, puedes trabajar aquí, sí, pero no toleran que tengas un puesto de responsable”.

La erosión del apoyo se cristalizó en junio con la victoria de Karol Nawrocki, candidato conservador y nacionalista, en las elecciones presidenciales. En su discurso, la acogida de los ucranianos dejó de presentarse como un gesto humanitario para enmarcarse como respuesta a la crisis demográfica.

“No les interesa la integración, les interesa la asimilación”, analiza Oleg. Se buscan perfiles productivos: niños escolarizados en programas polacos y adultos jóvenes en edad de trabajar y de formar familias. “Pero los mayores, las personas con discapacidad, las madres solteras… nadie los necesita, porque no pueden aportar nada ni a la economía de Polonia ni a la de Ucrania”.

“Los polacos culpan a los ucranianos de su declive económico”, explica Artem. “Pero estos refugiados aportan un 2,7 % al PIB polaco”, rebate, citando un informe conjunto de ACNUR y Deloitte publicado en 2024. Para los sectores más extremos del espectro político, las causas de las dificultades de Polonia entrelazan la guerra entre Rusia y Ucrania con la Unión Europea y, detrás de ella, Berlín. “Para algunos, Bruselas es casi tan enemiga como Rusia”, observa Artem con sorna.

Los ucranianos del este, en el punto de mira

Jacek es uno de los polacos que se adhieren a esa narrativa. Comentando casos documentados de ciudadanos rusos que se han hecho con pasaportes ucranianos para infiltrarse en Europa, asegura: “Están financiados por Rusia y Alemania”. “Es una política profesional de desestabilización”, añade, convencido de que ambos países buscan debilitar a Polonia y Ucrania para apropiarse de sus recursos y su tecnología.

La sospecha se agudiza especialmente contra los ucranianos del este, rusoparlantes. “Los ucranianos que hablan ruso están luchando contra Ucrania”, afirma. “Son una quinta columna. Por eso ahora se revisa a fondo el pasado de cada uno. Nos mantenemos vigilantes”. Theodor, estudiante ucraniano en Breslavia, y Oleg, ambos bilingües en ruso y ucraniano, rechazan esa visión. “Hay ucranianos rusoparlantes matando a soldados rusos en el frente ahora mismo, mientras hablamos”, recalca el primero.

Para alimentar esta desconfianza, Nawrocki moviliza un relato nacional con raíces históricas profundas. El recuerdo de la masacre de Volinia –la matanza de decenas de miles de polacos a manos de nacionalistas ucranianos en 1943– ha cobrado nueva vida. Un gesto oportunista, según Artem, que denuncia que esa memoria sólo se activa en periodos electorales. “En el discurso polaco, la masacre ocurrió simplemente porque los ucranianos son malas personas. No los nacionalistas, no los extremistas: los ucranianos”, lamenta. Y advierte: “Polonia quiere cerrar ese capítulo ahora, pero Ucrania necesita unidad, héroes y mitos. No es un gesto amistoso exigirlo en este momento”.

La hostilidad se palpa. “Cada ucraniano tiene al menos una historia de esas que contar”, me confía Oleg. Para Ivan, que nunca se sintió extranjero porque su madre es polaca, fue el día en que le gritaron a su mujer en la calle que se volviera a Ucrania, mientras ella cargaba bolsas del supermercado. Theodor y su novia ya no hablan ucraniano en voz alta por la calle. “Es difícil de definir”, dice. “Se nota en el aire”.

Para Artem, que ha dedicado su vida a fomentar la convivencia entre polacos y ucranianos, la situación es desgarradora. Su mirada vaga por la sala como si buscara algo que ya no está. “Arruinaron en una campaña electoral el trabajo de diez años”, dice en voz baja, como si hablara para sí.


Los nombres marcados con asterisco han sido modificados para proteger la identidad de las personas entrevistadas.


The Conversation

Léna Georgeault no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Voces ucranianas (II): cuando la solidaridad de Polonia comenzó a agrietarse – https://theconversation.com/voces-ucranianas-ii-cuando-la-solidaridad-de-polonia-comenzo-a-agrietarse-259345

Dar más de 12 000 pasos diarios durante el año escolar para reducir la obesidad infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Rodríguez Gutiérrez, Investigador Postdoctoral, Universidad de Castilla-La Mancha

Niño caminando en la naturaleza MNStudio/Shutterstock

La obesidad infantil sigue siendo una emergencia de salud pública a nivel internacional. En España, cerca del 40 % de los niños y niñas tienen sobrepeso u obesidad, una situación que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 o trastornos mentales desde edades tempranas.
En Europa, uno de cada tres menores tiene sobrepeso y en América Latina y el Caribe más de 4 millones de niños y niñas menores de cinco años lo sufren.

Sabemos que uno de los factores principales se debe a a la escasa actividad física en la infancia. Pero ¿cuánto deben moverse los niños para estar realmente sanos?

¿Cuántos pasos se deben dar en la infancia para mejorar la salud?

Un reciente estudio desarrollado por nuestro grupo del Centro de Estudios Sociosanitarios de la Universidad de Castilla-La Mancha monitorizó, durante 30 semanas del año escolar, los pasos diarios de escolares de 4º a 6º de primaria de la provincia de Cuenca mediante una pulsera de actividad física. Y los resultados de este trabajo, llevado a cabo en colaboración con la Universidad de Linköping, ofrecen una pista esperanzadora y además muy sencilla.

Las recomendaciones internacionales indican que, mientras los niños deben dar entre 13 000 y 15 000 pasos diarios, para las niñas es suficiente entre 11 000 y 12 000. Sin embargo, nuestros datos muestran que alcanzar un umbral de 12 000 pasos al día ya se asocia con beneficios claros en la salud infantil: menor grasa corporal, menor índice de masa corporal y un perímetro de cintura más reducido.

Esta relación resultó más evidente los días lectivos, y especialmente en los niños, siendo aún más clara cuando se alcanzaba este nivel de actividad al menos el 40 % de los días del curso.




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Pero cuántos pasos dan realmente los escolares?

El problema es que la mayoría de las escolares están lejos de estas cifras. En promedio, solo alcanzaron las recomendaciones internacionales un 32 % de los días del curso escolar. También observamos una diferencia importante entre los días laborables y el fin de semana: la actividad física disminuye notablemente los sábados y domingos.

Una de las fortalezas de este estudio es su duración. Mientras que la mayoría de las investigaciones previas solo analizaban una o dos semanas, nuestro seguimiento de la actividad física durante el curso escolar ofrece una representación más completa y precisa de los patrones de actividad física.

Una herramienta simple y eficaz

El número de pasos diarios es una métrica fácil de entender, objetiva, accesible para la mayoría de las familias y útil tanto en casa como en el colegio. La clave del planteamiento no reside en hacer deporte competitivo, sino en moverse más cada día. Promover la actividad física cotidiana desde edades tempranas es una de las mejores inversiones en salud pública.

Además, nunca antes había sido tan fácil conocer nuestros niveles de actividad física gracias a las pulseras de actividad, cuyo uso ha crecido exponencialmente en los últimos años. La evidencia indica que el uso de esta tecnología para la monitorización de los pasos diarios, junto con el establecimiento de objetivos, aumenta la actividad física en niños y adultos.

Si en casi todos los hogares hay una báscula, ¿por qué no normalizar también una pulsera de actividad física como herramienta básica de salud? Quizá así, alcanzar los 12 000 pasos dejaría de ser una excepción para convertirse en un hábito.




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Medidas para una infancia activa

Desde las familias, así como desde escuelas e instituciones públicas, se pueden aplicar medidas para concienciar y motivar a los niños y niñas a alcanzar los pasos recomendados:

• Evitar el transporte en coche, promoviendo el desplazamiento activo: caminar al colegio, a las actividades extraescolares o al supermercado, siempre que sea posible.

• Fomentar los recreos dinámicos.

• Organizar actividades físicas familiares los fines de semana, como excursiones en la naturaleza.

• Limitar el tiempo de pantallas y sustituirlo por juego al aire libre.

• Hacer pausas activas en clase: levantarse y moverse.

• Señalizar en pueblos y barrios las rutas escolares con el número aproximado de pasos.




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Cada paso cuenta

La obesidad infantil es uno principales problemas de salud pública del siglo XXI, una epidemia silenciosa. Incorporar objetivos sencillos, como incrementar el número de pasos diarios, puede ser un primer paso para revertir esta preocupante tendencia.

Después de todo, cada paso cuenta. Incluso pequeños incrementos en el número de pasos diarios se asocian con mejoras en la salud, al reducir los niveles de adiposidad. Y esto no solo tiene beneficios durante la infancia, sino que puede tener efectos positivos en la vida adulta. No se trata de formar atletas, sino de fomentar hábitos cotidianos que les hagan crecer más sanos y, en consecuencia, más felices. Paso a paso.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Dar más de 12 000 pasos diarios durante el año escolar para reducir la obesidad infantil – https://theconversation.com/dar-mas-de-12-000-pasos-diarios-durante-el-ano-escolar-para-reducir-la-obesidad-infantil-261920

Trump reversed policies supporting electric vehicles − it will affect the road to clean electricity, too

Source: The Conversation – USA (2) – By Jeremy J. Michalek, Professor of Engineering & Public Policy, Professor of Mechanical Engineering, Carnegie Mellon University

When Congress passed the Inflation Reduction Act in 2022, it was the largest climate bill in U.S. history, with major incentives for electric vehicle production and adoption. In its wake, investment in the U.S. electric vehicle industry accelerated. But in 2025, President Donald Trump’s so-called One Big Beautiful Bill Act eliminated most of the incentives, and U.S. investment collapsed.

Hitting the brakes on electric vehicles will clearly mean less progress in reducing transportation emissions and less strategic U.S. leadership in a key technology of the future. But in a new study, my colleagues at Carnegie Mellon University and I find that fewer electric vehicles will also mean less investment to clean up the electricity sector.

How we got here

U.S. electric vehicle adoption lags behind the rest of the worldespecially China, which has invested heavily and strategically to dominate electric vehicle markets and supply chains and to leapfrog the historical dominance of American, European and Japanese manufacturers of vehicles powered by internal combustion engines.

Electric vehicles are much simpler to engineer, and this opened a window for China to bet big on EVs with investment, incentives and experimentation. As battery prices dropped dramatically, electric cars became real competition for gasoline cars – especially for the massive Chinese market, where buyers don’t have strong prior preferences for gasoline. China now dominates the supply chain for battery materials, such as lithium, nickel, cobalt and manganese, as well as the rare earth minerals used in electric motors.

In 2022, the U.S. took action to change this trend when Congress passed the Inflation Reduction Act. The law encouraged EV adoption by lowering costs to manufacturers and consumers. But it also encouraged automakers to find ways to build EVs without Chinese materials by making the largest incentives conditional on avoiding China entirely.

After the law passed, investment soared across hundreds of new battery manufacturing and material processing facilities in the U.S.

But in 2025, Congress passed and Trump signed the One Big Beautiful Bill Act, which eliminated most of the incentives. U.S. investment in EV-related production has collapsed.

Electric vehicles are cleaner

As a scholar of electric vehicle technology, economics, environment and policy, I have conducted numerous peer-reviewed scientific studies characterizing benefits and costs of electric vehicles over their life cycle, from production through use and end of life. When charged with clean electricity, electric vehicles are one of the few technologies in existence that can provide transportation with near-zero emissions.

With today’s electricity grid, EV emissions can vary, depending on the mix of electricity generators used in the region where they are charged, driving conditions such as weather or traffic, the specific vehicles being compared, and even the timing of charging. But EVs are generally better for the climate over their life cycle today than most gasoline vehicles, even if the most efficient gas-electric hybrids are still cleaner in some locations. EVs become cleaner as the electricity grid becomes cleaner, and, importantly, it turns out that EVs can even help make the electricity grid cleaner.

This matters because transportation and electricity together make up the majority of U.S. greenhouse gas emissions, and the passenger cars and light trucks that we all drive produce the majority of our transportation emissions.

In its efforts to prevent the government from regulating greenhouse gas emissions, the Trump administration is now claiming that emissions from cars and trucks are “not meaningful” contributors to climate change. But in reality, a technology that cleans up both transportation and electricity at the same time is a big deal.

A map of the U.S. with regions and states colored by the type of power plant that will increase generation the most in response to rising energy demand.
Across most of the U.S., adding electricity demand, such as from increasing the use of electric vehicles, would spark development of clean-energy power plants to meet that rising need.
Michalek et al.

An opportunity for cleaner electricity

Our research has found that turning away from electric vehicles does more than miss a chance to curb transportation emissions – it also misses an opportunity to make the nation’s electricity supply cleaner.

In our paper, my co-authors Lily Hanig, Corey Harper and Destenie Nock and I looked at potential scenarios for electric vehicle adoption across the U.S. from now until 2050. We considered situations ranging from cases with no government policies supporting electric vehicles to cases with enough electric vehicle adoption to be on track with road maps targeting overall net-zero greenhouse gas emissions by 2050.

In each of these scenarios, we calculated how the nation’s power grid and electricity generators would respond to electric vehicle charging load.

We found that when there are more electric vehicles charging, more power plants would need to be built – and because of cost competitiveness, most of those new power plants would be solar, wind, battery storage and natural gas plants, depending on the region.

Once wind and solar plants are built, they are cheaper to operate than fossil fuel plants, because utilities don’t need to buy more fuel to burn to make more electricity. That cost advantage means wind and solar energy gets used first, so it can displace fossil-fuel generation even when EVs aren’t charging.

A virtuous – or vicious – cycle

Our analysis reveals that what’s good for climate in the transportation sector – eliminating emissions from vehicle tailpipes – is also good for climate in the power sector, supporting more investment in clean power and displacing more fossil fuel-powered generation.

As a result, encouraging electric vehicle adoption is even better for the climate than many people expected because EV charging can actually cause lower-emitting power plants to be built.

Gasoline vehicles can’t last forever. The cheap oil will eventually run out. And EV batteries have gotten so cheap, with ranges now comparable to gas cars, that the global transition is already well underway. Even in the U.S., consumers are adopting more EVs as the technology improves and offers consumers more for less. The U.S. government can’t single-handedly stop this transition – it can only decide how much to lead, lag or resist. Rolling back electric vehicle incentives now means higher emissions, less clean energy investment and weaker U.S. competitiveness in a crucial industry of the future.

Our findings show that slowing electric vehicle adoption doesn’t just affect emissions from transportation. It also misses opportunities to help build a cleaner power sector, potentially locking the U.S. into higher emissions from its top two highest-emitting sectors – power generation and transportation – while the window to avoid the worst effects of climate change is closing.

The Conversation

Jeremy J. Michalek currently receives funding from Toyota Research Institute and the National Renewable Energy Laboratory to study electric vehicle battery recycling and reuse and from the Technology Competitiveness and Industrial Policy Center to study global supply of critical battery materials. He has received funding from a diverse group of sources in the past, such as the National Science Foundation, the Department of Energy, the Department of Transportation, the Environmental Protection Agency, the National Bureau of Economic Research, the Alfred P. Sloan Foundation, the Electric Power Research Institute, Ford Motor Company, Toyota Motor Corporation, the Center for Applied Environmental Law and Policy, and other organizations. He has consulted for the US Environmental Protection Agency. The views expressed here are his own.

ref. Trump reversed policies supporting electric vehicles − it will affect the road to clean electricity, too – https://theconversation.com/trump-reversed-policies-supporting-electric-vehicles-it-will-affect-the-road-to-clean-electricity-too-264721

Smart textiles may soon be able to control devices or monitor health

Source: The Conversation – Canada – By Sara Nabil, Assistant Professor of Human-Centered Computing, Queen’s University, Ontario

Imagine adjusting the temperature of the air conditioning or skipping a song in your car, not by fiddling with a screen or voice command, but simply by swiping your hand across the fabric of your seatbelt.

It sounds futuristic, but this is the direction automotive design could be shifting towards — away from screens and buttons, and towards multi-touch textiles that sense your gestures and respond to them.




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Interior design of the future will seem like magic


I am an interaction design professor and director of a research lab that develops smart textile technology. These textiles can transform how people interact with everyday objects and materials, including car interiors, by embedding touch-sensing stitches directly onto fabric elements.

These fabric-based interfaces can sense gestures like swipes, taps and presses, offering a safer and more intuitive alternative to touchscreen systems.

Touch screens and textiles

Advances in technology have led to the proliferation of screens for control and feedback in cars. In luxury cars, these screens are progressively becoming more advanced. Elon Musk’s Tesla, for example, has famously moved most vehicle controls onto a central touchscreen.

the inside of a car showing the steering wheel and touch screen
The interior of a Tesla Model 3.
(Shutterstock)

While this makes for a sleek interior, it’s not necessarily safer or easier to use.

My colleagues and I conducted a user study that showed how interacting with touchscreens while driving can significantly increase distraction and lane deviations. You have to take your eyes off the road, locate the button (while the car is moving and vibrating) and confirm the change, diverting your attention from what really matters.

As a multidisciplinary team of researchers — from electrical engineering and computing to art and design — who study human-computer interaction, we explored 3D-embroidery technology and computational design of e-textile sensors.

Inspired by traditional crafts, smart materials can be used to incorporate interaction as part of the process itself. In this way, we are able to digitally design multi-touch embroidered sensors (stitched using conductive thread into automotive materials like leather) to support wireless gesture-based control.

Technologies like 3D printing and laser-cutting help manufacture and prototype new products. Similarly, we have developed new fabrication methods in smart textile design, from e-sewing and e-serging to WovenCircuits.

These novel techniques support the integration of electronic threads while machine sewing, serging and overlocking, or weaving with little to no need for post-fabrication assembly of sensors or other parts.

A video showing how the smart seatbelt works.

Touch control

Voice input is a popular method for controlling devices and machines, but in vehicles, it’s neither reliable nor safe. Voice recognition technology has come a long way, but is still considered by scholars as an “unfulfilled promise.” For voice input to perform well, the user needs to be a native English speaker, in quiet surroundings and have a clear voice.

While voice input may work well during the software development and testing of those systems, real-world scenarios are different. Think of a user with loud children in the back seat, people with different accents, or what happens when driving through a loud construction zone.

Rather than using voice, screens or other inputs, our lab researched whether a car’s interior could become the interface. We digitally embroidered e-textile sensors onto faux leather seat and steering wheel covers and seatbelt pads.

For proof-of-concept, we designed three prototypes that control media while driving, with touch-sensing stitches that could play or pause audio, skip to the next track and adjust the volume. Our design was wire-free, relying solely on conductive thread, connected via Bluetooth and fully customizable to any vehicle.

Future applications

Our research lab develops touch-responsive interactions with everyday objects as part of a larger push towards designing interactive interior spaces. This is also known as “interioraction” and near-future “decoraction”.

A video showing how digital weaving can help make smart home furniture like a rug that detects when people step on it or a seat cover that corrects posture.

From stained-glass animation that act as information displays to interactive garments that support people with physical disabilities, some of these designs go beyond aesthetics and functionality. They open up new ways to think about usability, accessibility, and the way we design future tech.

E-textiles have applications that range from delivering health care to transforming any kind of object into a smart one. Circuits can be sewn into pre-existing textiles or rugs can be woven to detect accidental falls and send signals. Seat covers can detect pressure to subtly correct posture.

In these ways, smart textile designers are making future technologies less intrusive and more accessible and fun to interact with.

The Conversation

Dr. Sara Nabil receives funding from the Canada Foundation for Innovation (CFI), Queen’s University Research Initiation Grant, and The Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada (NSERC).

ref. Smart textiles may soon be able to control devices or monitor health – https://theconversation.com/smart-textiles-may-soon-be-able-to-control-devices-or-monitor-health-252495

Today more than ever, biodiversity needs single-species conservation

Source: The Conversation – Canada – By Chris Johnson, Professor of Wildlife and Conservation Ecology, University of Northern British Columbia

Focused conservation efforts are essential for the protection and recovery of many species at risk, such as the monarch butterfly. (Chris Johnson), CC BY

Through the federal Building Canada Act, “projects of national interest” are being fast-tracked while hundreds of major resource projects are already under construction or planned in the next decade.

Clean water, climate stability, economic health and cultural heritage all depend on biodiversity. Yet this foundation is hardly mentioned as the government seeks to shore up Canada’s economic future amid a shifting global order.

The pressure to expedite approvals to dig, drill, cut and pipe has the potential to further weaken already fragile biodiversity protections. This is particularly the case for species at risk — those on the front lines of biodiversity loss that have never been adequately safeguarded under Canada’s existing policies.

Dedicated laws to protect individual species began to emerge in the 1970s, creating some of the best known and tested tools for preventing extinction. Yet in Canada, implementation has consistently fallen short: the federal Species at Risk Act has been the subject of sustained criticism over the past 20 years.

Academic researchers and civil society groups have shown that implementation has been inefficient and inconsistent. The evidence is clear that single-species conservation is taking too long, failing to recognize all endangered or potentially threatened species and their habitats and suffering from biases that favour economic priorities over protection.

In their race toward deregulation, some Canadian governments are using critiques of existing single-species laws to argue that they’re defunct or of relatively little value. The British Columbia government appears to have walked away from long-standing commitments to develop a provincial statute focused on the needs of individual species. The Ontario government recently repealed and replaced one of the strongest species-at-risk acts in the country.




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a group of caribou
Endangered mountain caribou benefit from supplemental feeding, a single-species conservation effort.
(Chris Johnson)

Individual species need protection

In our recent study, we argue that these legislative tools are essential for assessing and protecting individual species. While current single-species conservation is costly, inefficient and biased, weak implementation doesn’t mean there’s no need for legislation. Deregulation in the name of economic expedience is not reform; it’s erosion of essential protections for biodiversity.

Species such as the swift fox and the whooping crane have been pulled back from the edge of extinction through intensive, costly and invasive conservation actions. Species-at-risk legislation is intended to enable this kind of dedicated attention through measures like captive breeding, translocation, veterinary care or active management of people, predators and ecological competitors.

Despite those successes, Canada lacks a coherent approach to halting biodiversity loss. Even commitments for more protected and conserved areas, while important and overdue, have not been designed to prioritize the needs of at-risk species.

two large white birds with long beaks in a green marshland
Species like the whooping crane have been pulled back from the edge of extinction through dedicated conservation efforts.
(Unsplash/Josie Weiss)

What the evidence says

We used publicly available conservation data to count the number of species that were threatened because there were only a few individuals, or that were found across a very small area in the wild. These are species that need help now. We also quantified threats to at-risk species, identifying those threats that need to be addressed directly by tailored actions, not simply more protected land and water.

Of the 550 wildlife species in Canada that were assessed as threatened or endangered by the Committee on the Status of Endangered Wildlife in Canada, more than 20 per cent were classified as at risk because they were a small population or had a very restricted distribution and were at risk of becoming extinct over a short time. For example, 97 endangered species had less than 250 mature individuals.

Data from the International Union for Conservation of Nature (ICUN) revealed that the most prominent threats facing at-risk species were from consumptive use including deliberate and unintentional harvesting, followed by pollution and the effects of climate change. These threats are not easily addressed by only focusing on increasing protected areas.

What’s at stake

Conservation success stories tell us that focused actions, such as captive breeding, are sometimes the only way to maintain small and range-restricted populations. Equally important are efforts to manage ecosystems on a large enough scale through protected areas, and by addressing pressures from human development and cumulative impacts that steadily erode habitats.

These broader measures can deliver long-term benefits for biodiversity as a whole, but they cannot substitute for processes that assess the status of individual species and empower targeted recovery actions. Weakening or abandoning species-specific policies is not just a policy shift; it is the loss of a crucial set of conservation tools.

Critiques of single-species approaches must not come at the expense of their continued implementation, whether through species at risk legislation or sector-specific natural resource regulation.

a sign featuring silhouettes of caribous and reading: caribou maternity pen ahead
Species-at-risk legislation facilitates focused recovery actions, such as maternity pens that reduce mortality for caribou calves.
(Chris Johnson)

These conservation tools can mobilize public and political will by drawing on the emotional power of threatened species and generating essential information about ecosystem change. They can also provide mechanisms to begin the process of rebuilding populations.

Although species-focused efforts have played an essential role in conservation, a fundamental shift is needed to move beyond crisis-driven, reactive measures and toward proactive, preventative strategies.

Addressing biodiversity loss at its roots requires mitigating systemic drivers of decline and adopting policies that prioritize long-term ecosystem resilience. To forsake species protections is not to move forward. It is to close the door on recovery before the story is over.

The Conversation

Chris Johnson receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada, Mitacs, and the British Columbia Habitat Conservation Trust Foundation.

Justina C. Ray is President and Senior Scientist of the Wildlife Conservation Society (WCS) Canada. Funding sources to WCS Canada can be viewed through annual reports available at: https://www.wcscanada.org/About-Us/Annual-Reports.aspx.

ref. Today more than ever, biodiversity needs single-species conservation – https://theconversation.com/today-more-than-ever-biodiversity-needs-single-species-conservation-263023

Recherche en science biomédicale : le modèle actuel privilégie la quantité plutôt que l’utilité réelle

Source: The Conversation – in French – By Pierre D. Sarr, Postdoctoral Research Fellow in Cancer Biology, McMaster University

Nous vivons à l’ère d’une recherche biomédicale frénétique. Chaque semaine, des revues prestigieuses annoncent la découverte de nouveaux biomarqueurs pour comprendre la genèse et l’évolution de certaines maladies.

Les publications se multiplient, illustrées par des schémas sophistiqués de réseaux moléculaires complexes et des pistes d’applications prometteuses. Et aux canaux de vulgarisation scientifique de nous annoncer à grands titres, presque à la chaîne, des « avancées majeures » qui, mises bout à bout, devraient avancer notre lutte contre telle ou telle pathologie. Des décennies pourtant peuvent s’écouler avant que ces avancées n’atteignent les patients qui en ont désespérément besoin.

Pourquoi donc ce décalage ? Tant d’efforts de recherche, financés à coups de ressources publiques, ont souvent cette destinée commune d’être confinés dans des tiroirs ou des bases de données numériques, parfois voués à l’oubli, ou sans être immédiatement traduits en pratique clinique.

Un modèle qui privilégie la quantité plutôt que l’utilité réelle

Le principal goulet d’étranglement est structurel. La recherche académique valorise davantage le nombre de publications plutôt que l’utilité concrète des travaux. Le prestige de la revue prime parfois sur l’impact réel des résultats et cette logique exerce une pression sur les chercheurs qui n’ont d’autre choix que de produire, publier pour exister.

Cette productivité académique (qui n’en est pas forcément une) est devenue une fin en soi au détriment de l’impact sur les patients, les politiques sanitaires ou les inégalités d’accès. Ainsi, même les recherches les plus innovantes sont rarement pensées pour être appliquées en clinique. Des résultats prometteurs restent bloqués à l’état préliminaire, faute du suivi nécessaire pour franchir les étapes de validation fonctionnelle, d’essais cliniques ou de développement thérapeutique.

Il faut cependant l’admettre : toute recherche n’a pas vocation à être immédiatement appliquée en pratique. La recherche académique, fondamentale par essence, vise avant tout à créer de la connaissance et peut légitimement s’en tenir à ce rôle, dans un cadre théorique et exploratoire. Ce qui interroge en revanche, c’est que même dans la recherche translationnelle ou appliquée, les incitatifs académiques continuent de privilégier la reconnaissance entre pairs ou l’ascension professionnelle plutôt que l’impact réel sur les patients et les pratiques thérapeutiques.

Un biomarqueur à potentiel diagnostic ou thérapeutique peut ainsi faire l’objet d’un article dans la revue Nature et accroître la notoriété de son découvreur, sans jamais bénéficier des fonds ni partenariats nécessaires pour valider son utilité clinique. Il s’agit là du fameux valley of death : cette zone grise dans laquelle s’échouent tant de découvertes faute de modèle de développement translatif adapté.

Cette productivité quantitative, résumée par le mantra publish or perish, pousse à publier rapidement, souvent à outrance, dans une logique déconnectée de rentabilité académique.

Intérêts et logique de rentabilité

Aux côtés de la recherche académique coexiste une recherche industrielle (biotechnologique et/ou pharmaceutique) qui obéit à un autre objectif de rentabilité : celle du retour sur investissement. L’enjeu n’est pas tant de produire des connaissances que de breveter, sécuriser, et mettre sur le marché.

Cette dynamique peut certes stimuler l’innovation, mais en limite aussi l’accessibilité en excluant de fait les publics vulnérables. Les priorités vont souvent aux pathologies à fort potentiel économique, dont l’épidémiologie est largement répandue dans les pays du Nord.

Ce biais contribue à la persistance de maladies dites orphelines ou négligées, parfois qualifiées de manière réductrice d’exotiques ou de tropicales, non pas parce qu’elles sont rares dans l’absolu, mais parce qu’elles n’intéressent que marginalement les circuits classiques de financement faute de représenter un marché solvable. Ce déséquilibre géographique et économique creuse ainsi un fossé abyssal entre les priorités de la recherche mondiale et les besoins réels des populations concernées.

La pandémie de Covid-19 a démontré qu’il est possible de produire un vaccin en moins d’un an quand il y a un marché planétaire en jeu. En revanche, le paludisme continue de tuer des centaines de milliers de personnes chaque année en Afrique Subsaharienne, un marché visiblement trop peu rentable pour mobiliser une recherche et développement à grande échelle.

La nécessité d’un changement de système

Pour une recherche plus utile et plus équitable, il faudra revoir nos critères d’évaluation et de reconnaissance scientifiques. Ces critères façonnent des carrières, attribuent une notoriété à certains, et en privent d’autres qui le mériteraient tout autant, sinon davantage.

Notre culture de productivité quantitative, qui valorise le prolifisme académique ou l’intérêt mercantile plutôt que la portée réelle, n’est ni neutre ni anodine. Elle alimente une course en avant qui vide la recherche contemporaine de son sens.

La Déclaration de San Francisco sur l’évaluation de la recherche (DORA), dès 2012, a remis en question cette approche en appelant à ne plus confondre qualité scientifique et facteur d’impact — indicateurs souvent surévalués et potentiellement nuisibles à l’intégrité scientifique.

L’évaluation des chercheurs devrait intégrer des critères au-delà du nombre des publications : originalité méthodologique, contribution à la science ouverte et capacité à faire progresser l’équité globale.


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Plusieurs institutions ont dans leurs politiques internes adhéré à DORA, mais peu en ont réellement adopté les recommandations. Les financements continuent de bénéficier aux équipes qui publient vite, beaucoup, dans les revues les plus cotées. Le système, en l’état, favorise ceux qui maîtrisent le langage académique traditionnel et qui savent en reproduire les codes, encourageant la compétition plutôt que la collaboration, la précipitation plutôt que la lenteur réflexive.

À l’inverse, ceux qui prennent le temps de co-construire des projets, de rendre leurs résultats utiles et accessibles, ou qui travaillent à l’implémentation clinique d’une découverte — souvent dans des contextes à faibles ressources — sont rarement récompensés. Pire, ils sont parfois perçus comme moins productifs, alors même que leur impact est souvent bien plus transformateur.

Et si on repensait la finalité de la recherche ?

Il est primordial de changer de paradigme afin de réconcilier la recherche avec sa mission première : le progrès commun. Une recherche qui n’est ni appliquée, ni partagée, ni équitablement construite n’a qu’un effet marginal. À l’inverse, une recherche collaborative, pensée avec et pour les communautés, peut véritablement changer des vies.

La recherche biomédicale ne doit plus être un luxe désincarné, produit par quelques-uns pour quelques autres. Elle doit être moins élitiste et s’ouvrir aux personnes historiquement exclues : patients issus de milieux précaires ou souffrant de pathologies rares, chercheurs sans affiliation institutionnelle forte ou formés dans des pays à ressources limitées, tous ceux qui peinent à faire entendre leurs voix ou à publier leurs idées dans les circuits dominants.

Les patients ne peuvent plus attendre que les découvertes scientifiques franchissent lentement les murs des laboratoires, puis ceux des brevets, avant d’atteindre les hôpitaux, souvent trop tard. Il ne suffit plus de produire des connaissances : il faut en garantir l’accessibilité, l’applicabilité, l’équité.

Un autre modèle est possible : celui où excellence scientifique rime avec responsabilité sociétale, où l’impact se mesure non plus en nombre de citations, mais de vies améliorées.

L’excellence scientifique n’a de sens que si elle améliore concrètement la vie de ses destinataires — non plus considérés comme objets d’étude ou tremplins d’évolution professionnelle — mais comme partenaires de recherche à part entière.

La Conversation Canada

Pierre D. Sarr ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Recherche en science biomédicale : le modèle actuel privilégie la quantité plutôt que l’utilité réelle – https://theconversation.com/recherche-en-science-biomedicale-le-modele-actuel-privilegie-la-quantite-plutot-que-lutilite-reelle-262309