¿Está mi hijo hablando con un pederasta mientras juega en Roblox?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Abellán Hernández, Profesora de Comunicación, Universidad de Murcia

La plataforma de videojuegos Roblox ha generado problemas de acoso sexual a menores. Roblox.

Las nuevas generaciones, especialmente los alfas –nacidos entre 2010 y 2024-2025–, socializan de manera diferente. Los videojuegos con un alto nivel de interacción son clave para las relaciones de estas generaciones digitales. Uno de los espacios con mayor interacción entre estos jóvenes es Roblox.

En este metaverso, aproximadamente el 60 % de los usuarios tienen entre 9 y 16 años. Y, con más de 80 millones de usuarios globales, solo en España, es el espacio digital preferido de los niños con edades comprendidas entre los 4 y 15 años. Esto lo convierte en un entorno especialmente sensible al acoso y la pederastia. En un momento de gran relevancia de las plataformas multijugador, ¿puede la inteligencia artificial garantizar interacciones saludables entre usuarios?

¿Qué es Roblox y qué problemas expone?

Roblox es una plataforma multijugador en que sus usuarios pueden crear objetos, construcciones, escenarios, personajes… Desde parkour a mazmorras, Roblox ofrece infinidad de posibilidades lúdicas amenizadas por interacciones entre pares. Sin embargo, esta plataforma ha sido noticia recientemente, por los peligros que acechan, más que por su posible valor para fomentar la diversidad y la creatividad.

Roblox es un “ecosistema online” donde los usuarios crean libremente experiencias en forma de minijuegos. Pero sus herramientas ofrecen también la posibilidad de crear entornos inseguros. Si no se regula adecuadamente, los contenidos inadecuados pueden ser consumidos por menores.

Por ejemplo, incluye juegos de condominio o condos, donde el contenido sexual se explicita mostrando avatares desnudos o simulando que practican sexo. Los condos consiguen eludir los sistemas de control de la plataforma porque son difundidos en otros espacios como Discord o TikTok. Además, habitualmente proponen entrar en casitas (condominio) con habitaciones y piscinas donde se esconde el alto contenido sexual.

Condos: el lado oscuro

El problema de los condos es que pueden ser espacios donde los depredadores sexuales acechen a los menores. Recientemente, el YouTuber Schelp –que ya había sido víctima de acoso en la plataforma– ha sido bloqueado en Roblox, a pesar de su lucha contra los depredadores sexuales en la plataforma.

El usuario de Roblox y YouTuber Schelp explica su batalla contra la pederastia en la plataforma.

Según Roblox, Schelp violó su política de privacidad al hacerse pasar por menor, invitando a los presuntos depredadores a otras plataformas. De esta manera, podía tener conversaciones sexualmente explícitas con ellos y dejarlos expuestos. Exactamente, la misma estrategia de interacción que estos emplean en Roblox.

El fenómeno del grooming

Allá donde haya jóvenes sin control aparente, pueden surgir riesgos de grooming o acoso online por parte de pederastas. La práctica del grooming consiste en que el adulto interactúa con el menor ganando su confianza. Entonces, le solicita imágenes, vídeos o interacciones sexuales que pueden llegar a encuentros físicos.

Aunque parece algo aislado, el fenómeno es más recurrente de lo que se piensa. Datos internacionales revelan que los acosadores (groomers) suelen ser personas socialmente adaptadas, con edad entre los 28 y 35 años. El impacto psicológico del grooming entre sus víctimas lo convierte en uno de los mayores riesgos que las plataformas encaran.

Control parental e inteligencia artificial

La mayoría de los juegos como Roblox tienen controles parentales que permiten limitar el chat con desconocidos. Pero esto no implica que se puede erradicar el riesgo al 100 %. Sin embargo, la empresa propietaria de la plataforma encuentra en estas fórmulas una manera de escabullir su responsabilidad. Es cierto que, si se siguen las recomendaciones de ciberseguridad, se puede disfrutar sin peligros. Más importante incluso es la alfabetización digital de menores y sus padres y educadores, para aprender a identificar y actuar ante los riesgos del grooming.

Otra herramienta que podría ser útil es la inteligencia artificial como aliada en la lucha contra el grooming. Ya existen aplicaciones con modelos de procesamiento del lenguaje y aprendizaje profundo que identifican expresiones de odio en redes sociales y en otros ámbitos digitales como medios de comunicación. En este sentido, destacan el proyecto HATEMEDIA, de la Universidad Internacional de La Rioja, y el trabajo del grupo SINAI, de la Universidad de Jaén, que se enfoca específicamente en expresiones ofensivas en X.

Bots vigilantes

Por otro lado, el avance en integración de modelos de aprendizaje automático en entornos de juego sugiere que los NPC –del inglés Non Player Character, personajes virtuales que actúan movidos por un sistema de inteligencia artificial– podrían servir para identificar prácticas inadecuadas. Esto ya ocurre en Alien: Isolation, donde el personaje del Xenomorfo “aprende” del comportamiento del jugador.

Por su parte, Meta anunció que incorporará su modelo de IA, Llama, a los NPC en su metaverso, Horizon Worlds. Y NVIDIA está trabajando en un desarrollo similar a partir del concepto de ‘Neo-NPC’. Esto nos llevará a hacernos nuevas preguntas: ¿cómo diferenciar si un avatar es una IA o un usuario humano? ¿Qué nivel de libre albedrío tendrán estos bots generativos en su integración con avatares virtuales? ¿Puede la IA integrada en bots y NPC ser una aliada para frenar el acoso en el mundo digital?

Mientras, Mo Gawdat, ex directivo de Google, vaticina que entramos en un período distópico que durará hasta 2027. Cuando la IA se haga con el control total de internet, las empresas desarrolladoras de estas plataformas estarán obligadas a un mayor grado de compromiso y responsabilidad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Está mi hijo hablando con un pederasta mientras juega en Roblox? – https://theconversation.com/esta-mi-hijo-hablando-con-un-pederasta-mientras-juega-en-roblox-264600

Pérdida de visión y audición: la ‘pinza’ que precipita el deterioro de la salud en la vejez

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Humberto Yévenes Briones, Profesor en la Facultad de Medicina. Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública y Microbiología., Universidad Autónoma de Madrid

La discapacidad visual y la pérdida de audición son las dos limitaciones sensoriales más comunes en el mundo. Se estima que más de 2 200 millones de personas presentan algún grado de de la primera, mientras que más de 1 300 millones viven con pérdida de audición discapacitante. Son cifras que además, según las proyecciones, seguirán aumentando en los próximos años.

Al impacto en la calidad de vida hay que sumar el enorme costo social y económico que acarrean, pues limitan la participación plena en la educación, el empleo y la vida comunitaria.

Pero más allá de las dificultades cotidianas que generan, tanto la pérdida de visión como de audición parecen tener un efecto profundo sobre la salud general. Así, un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en colaboración con la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Harvard, acabamos de demostrar que cuando ambas limitaciones sensoriales se combinan, el riesgo de sufrir el síndrome de fragilidad se duplica.

La lenta gestación de un síndrome debilitante

La fragilidad es un síndrome geriátrico caracterizado por una pérdida progresiva de energía, fuerza y capacidad de adaptación. Sus consecuencias son graves: hospitalizaciones más largas, mayor dependencia en las actividades diarias, riesgo de caídas y una mortalidad prematura. A todo ello se añaden importantes costes para las familias y el sistema sanitario.

En los últimos años, la investigación ha mostrado que este deterioro no surge de un día para otro, sino que se va gestando a lo largo de la vida adulta. Por eso resulta clave identificar factores de riesgo tempranos.

De hecho, la fragilidad se asocia con múltiples desencadenantes, que abarcan dimensiones biológicas, sociales y de estilo de vida: la edad avanzada, el bajo índice de masa corporal, tener sexo femenino, la desnutrición, los niveles reducidos de vitamina D, la polifarmacia (el consumo de múltiples medicamentos simultáneamente), el tabaquismo, el consumo de alcohol, la inactividad física, la soledad… Pero, hasta el momento, los factores sensoriales no habían sido estudiados en detalle.

Lo que revela el estudio

Nuestro trabajo, publicado en la revista Aging and Disease, analizó datos de 105 406 personas de entre 39 y 72 años de la base de datos británica UK Biobank. La visión se evaluó con pruebas de agudeza visual, y la audición, mediante un test de reconocimiento de dígitos en ruido.

Los resultados fueron claros:

• La pérdida de visión aumentó en un 50 % la probabilidad de sufrir fragilidad.

• La pérdida auditiva elevó ese riesgo en un 30 % (para casos leves) y hasta un 80 % (para los más graves).

• Pero la combinación de ambas discapacidades sensoriales duplicó el riesgo frente a quienes no presentaban ninguna.

Más allá de los números: ¿por qué ocurre esto?

Mientras que la pérdida de visión limita la movilidad y aumenta el riesgo de caídas, la de audición dificulta la comunicación y puede favorecer la soledad. Ambas reducen la actividad física y la vida social, dos pilares fundamentales para un envejecimiento saludable.

Además, la relación apunta a posibles mecanismos biológicos comunes, como la inflamación crónica y la disfunción celular, procesos que también están detrás del envejecimiento acelerado.

¿Qué podemos hacer?

La evaluación de la visión y la audición puede ser una herramienta clave para detectar a las personas con mayor riesgo de fragilidad antes de que esta se manifieste clínicamente.

El mensaje es claro: no debemos resignarnos a la pérdida sensorial como un destino inevitable. Revisiones periódicas, el uso de gafas o audífonos cuando son necesarios y el fomento de la actividad física y social pueden marcar la diferencia.

Se necesitan más estudios longitudinales y ensayos clínicos para confirmar esta relación y diseñar intervenciones preventivas, pero lo que ya sabemos invita a replantear la forma de abordar el envejecimiento: no basta con tratar enfermedades, hay que cuidar también de nuestros sentidos.

Por ello, es necesario impulsar investigaciones poblacionales de mayor calidad que incorporen medidas objetivas tanto de audición como de visión. Asimismo, resulta clave incluir la participación de especialistas en epidemiología, salud pública y políticas públicas. Como sociedad, debemos fortalecer la investigación y la defensa de políticas que mejoren el acceso y la equidad en la atención, especialmente en el ámbito de la discapacidad visual y auditiva.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Pérdida de visión y audición: la ‘pinza’ que precipita el deterioro de la salud en la vejez – https://theconversation.com/perdida-de-vision-y-audicion-la-pinza-que-precipita-el-deterioro-de-la-salud-en-la-vejez-265000

El uso consciente de la tecnología nos abre las puertas del aprendizaje y la creatividad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Mar Grandío Pérez, Profesora Titular de Universidad, Universidad de Murcia

En un contexto social donde la tecnología corre más rápido que nosotros, es importante saber qué hacer con ella para sacarle el máximo partido en nuestras vidas. Los últimos datos de consumo digital recabados por el Instituto Nacional de Estadística confirman el uso intensivo y generalizado de la tecnología por parte de la población española, consolidando su presencia en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana, tanto a nivel personal en el hogar como a nivel social como herramienta comunicativa.

Datos recientes de nuestro estudio sobre bienestar digital con la Universidad Europea del Bienestar (EUNIWELL) corroboran esta tendencia de consumo intensivo también en Europa.

La tecnología facilita la vida de la población adulta europea en muchas facetas, tanto en el trabajo (con una percepción de mayor productividad y facilidad para la conciliación personal) como en el ámbito de las relaciones sociales. Sin embargo, también hemos observado efectos adversos como fatiga tecnológica, dificultad de desconexión o desconfianza hacia ciertos contenidos digitales, entre ellos los producidos por inteligencia artificial generativa.

Tecnología para desplegar la mejor versión de nosotros mismos

Utilizar la tecnología con un propósito consciente nos permite aprovecharla para nuestro desarrollo personal e integral. No se trata sólo de estar o no conectado, sino de que esa conexión, cuando sea necesaria, sea consciente y significativa para nosotros. De esta manera, cuidamos nuestro equilibrio personal, nuestras relaciones laborales y educativas o nuestras relaciones sociales. Utilizada de este modo, la tecnología nos ayuda a aprender, a cuidarnos y, por qué no, a desplegar la mejor versión de nosotros mismos.

Por ejemplo, realizar una videollamada con nuestros seres queridos o leer la prensa digital por la mañana puede considerarse un uso consciente y saludable de la tecnología, ya que nos permite afianzar lazos familiares o estar bien informados.

En contraste, un consumo no consciente se manifiesta cuando tomamos el móvil sin un motivo claro, como un tic inconsciente o por miedo a perdernos algo, fenómeno conocido como FOMO (por las siglas en inglés de Fear Of Missing Out: miedo a perderse algo).




Leer más:
Tecnoestrés, fatiga informática y el derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral


Este tipo de comportamiento está relacionado con las interrupciones tecnológicas diarias, que son distracciones frecuentes en nuestras acciones diarias provocadas por el uso constante de dispositivos digitales a lo largo del día. Estas interrupciones pueden afectar negativamente nuestra productividad, concentración, comunicación, bienestar general e incluso las relaciones sociales.

De esta manera, cuando nuestras conexiones tienen un momento y un propósito claro, dejamos de consumir de manera automática. Recuperamos las riendas de nuestro consumo tecnológico, nuestra consciencia deja de estar en “piloto automático” y estamos menos expuestos a la fatiga o la desconfianza. Podemos, así, sacar el máximo partido de la tecnología para nuestra autorrealización.




Leer más:
Cada vez más personas buscan formarse durante toda la vida


En esta línea, las tecnologías pueden apoyar un aprendizaje formal en instituciones educativas y a través de cursos online. Pero resultan especialmente interesantes para aquellos que, aún no formando parte de una comunidad educativa reglada, las quieren utilizar de manera autodidacta para mejorar su formación personal. Rompiendo barreras geográficas y dejándose llevar por la cultura de la curiosidad, el autodidacta busca, practica y aprende.

El primer ejemplo de autoaprendizaje tecnológico lo vemos en el movimiento fandom. Los fans fueron los primeros en crear productos artísticos y culturales a partir de libros o películas, pero observamos ahora cómo esta práctica está muy extendida. Los booktubers y booktokers, por ejemplo, aprenden a hablar en público y a realizar análisis literarios de sus libros favoritos mientras manejan las redes sociales.

En YouTube también podemos ver ensayos audiovisuales o remezclas donde de manera autodidacta –jóvenes y no tan jóvenes– editan vídeos al mismo tiempo que ofrecen una aproximación crítica a la cultura popular.

El acceso al conocimiento experto se ha democratizado

Además, la tecnología nos puede ofrecer un aprendizaje para toda una vida, lleno de significado, que podamos compartir con aquellos que coinciden en nuestra pasión o motivación particular, aunque estén al otro lado del planeta, o especialmente por eso.

El acceso al conocimiento experto se ha democratizado: existen vídeos, pódcasts o newsletters que nos permiten ahondar en nuestros intereses y hobbies, en aquello que queremos aprender. De hecho, muchas grandes universidades como Harvard o el MIT ofrecen cursos gratuitos sobre multitud de temas. Es importante aquí saber elegir bien las fuentes, que sean autorizadas en cada materia. No guiarnos tanto por influencers, sino por personas que han logrado el reconocimiento de una comunidad y después un seguimiento masivo, y no al revés.




Leer más:
Jóvenes y adolescentes en redes sociales: ¿consumidores o creadores?


La inteligencia artificial generativa también ofrece interesantes posibilidades de autoaprendizaje, así como de creación de contenido. A través de numerosas plataformas podemos resolver dudas al instante sobre cualquier cuestión. La IA nos permite, además, generar contenido digital como música o vídeos, o aprender un idioma con programas que simulan diálogos naturales y que nos ofrecen feedback instantáneo.

A diferencia de un buscador tradicional, que ofrece una lista de enlaces cuando se le hace una pregunta, la IA elabora una respuesta concreta con toda la información que encuentra disponible en internet indicando las fuentes de la información utilizadas. Esta transparencia en cuanto a las fuentes no garantiza la fiabilidad total de la información; por ejemplo, que esté actualizada. Sigue siendo fundamental desarrollar un pensamiento crítico al interpretar los contenidos generados por la IA.

Los niños tienen una actitud más crítica hacia la IA que los adultos

El fuerte impulso que la inteligencia artificial está dando a la educación autodidacta plantea también un gran reto: comprender su impacto en los procesos cognitivos y en la creatividad humana. En este sentido, recientes datos de The Alan Turing Institute revelan cómo los niños entre 9 y 12 años presentan una aproximación crítica más aguda hacia la IA que los adultos, incluyendo la consciencia sobre la posibilidad de errores y los sesgos en las decisiones algorítmicas.

Este dato sugiere que, cuando los niños entran en contacto con la inteligencia artificial desde edades tempranas, la pueden incorporar de forma natural en su manera de aproximarse al mundo y, en lugar de aceptarla pasivamente, tienden a cuestionar los resultados que les ofrecen. Esta actitud crítica es menor en adultos, que al mostrar una mayor confianza en la tecnología pueden ver reducida su capacidad para detectar errores o limitaciones.

De ahí la importancia de una educación específica en inteligencia artificial, lo que hoy se conoce como IA Literacy, tanto en edades tempranas como en adultos. Quienes aprendan a comprender, utilizar y relacionarse de forma crítica con la IA aprovecharán mejor sus posibilidades para el aprendizaje autónomo y el desarrollo integral como personas.

Sería interesante, por tanto, en aras del fomento del autoaprendizaje y el uso tecnológico hacia el bienestar, no acotar las posibilidades de los más jóvenes contando las horas que utilizan pantallas, sino centrarnos principalmente en que las usen de forma consciente y con un propósito claro para su autoconocimiento y crecimiento personal.

Tal vez así pongamos fin a muchos de los problemas que tiene la tecnología utilizada en modo automático.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

María del Mar Grandío Pérez colabora con TELOS, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. El uso consciente de la tecnología nos abre las puertas del aprendizaje y la creatividad – https://theconversation.com/el-uso-consciente-de-la-tecnologia-nos-abre-las-puertas-del-aprendizaje-y-la-creatividad-264802

Cinco trucos basados en la ciencia para mantener los propósitos de comienzo de curso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Melendo Viñado, Personal Docente e Investigador en Educación, Universidad Camilo José Cela

shutterstock nicimbikije/Shutterstock

Para muchos, la vuelta de las vacaciones de verano, en septiembre en el hemisferio norte y en marzo en el sur, es el verdadero momento de “año nuevo”. Más que una simple vuelta al calendario, representa el regreso a la rutina tras una etapa de desconexión.

Durante el verano, las ciudades se vacían, cambian el ritmo y durante unos meses todo se vive de otra manera. Por eso, cuando llega la vuelta a las tareas habituales, nuestro cerebro hace clic. Con este clic nos referimos a una reactivación de la planificación, la organización, toma de decisiones y autocontrol, funciones ejecutivas clave en nuestro cerebro que se activan en momentos así.

¿Cómo se exterioriza esta activación? Con la necesidad de hacer listas de propósitos, apuntarnos a nuevas aventuras, descubrir nuevos hobbies, retomar la relación de amor-odio por el gimnasio, poner el despertador más pronto para tener esos diez minutos de meditación que dicen que van tan bien, y un largo etc. ¿Suena familiar? Muy parecido a los propósitos que hacemos 31 de diciembre y que tanto cuesta mantener.




Leer más:
Por qué nos cuesta tanto cumplir los buenos propósitos de Año Nuevo


En este artículo explico cinco claves con base psicológica para aprovechar esa activación del cerebro para retomar o dar comienzo a nuevas rutinas.

1. Anclaje de hábitos

El anclaje de hábitos es una de las técnicas más efectivas para materializar nuestras buenas intenciones de forma sencilla y sostenible. Como propone el escritor James Clear en su libro Hábitos atómicos, se trata de vincular un nuevo hábito a uno que ya existe en nuestro día a día.

Veamos un ejemplo práctico: después de servirnos un café cada mañana, escribimos una lista con todas las tareas que queremos realizar durante el día, organizándolas por orden de prioridad. Aprovechamos la red neuronal ya existente de hábitos automáticos (como es ese café o te tan necesario cada mañana) para estructurar mentalmente la jornada y priorizar las tareas del día. Asociando una acción a la otra, reducimos la resistencia natural que nuestro cerebro presenta frente a los cambios.

2. Exigencia o compromiso público o social

Lo que los angloparlantes llaman “accountability” es una manera de obligarnos a rendir cuentas de lo que hemos prometido hacer. Hacer público un objetivo o compartirlo con otra persona aumenta significativamente la probabilidad de cumplirlo.

Veamos un ejemplo práctico: dos amigas deciden apuntarse a una media maratón. Ninguna de las dos tiene experiencia previa corriendo largas distancias, así que comienzan de cero. Su exigencia o compromiso social será compartir cada día la distancia recorrida, una captura de pantalla de la aplicación de running o una foto tras la carrera con un café y una tostada. Este compromiso compartido hace menos probable el abandono del proyecto.

3. Condicionamiento operante

También conocido como refuerzo positivo, el condicionamiento operante está basado en las teorías del psicólogo Burrhus Frederic Skinner. Es una técnica de modificación de la conducta que consiste en añadir una recompensa inmediata y significativa después de un comportamiento deseado. De esta manera, nos aseguramos de que el comportamiento se repita.

Veamos un ejemplo práctico: nos apuntamos a clases de inglés porque nos lo exige la empresa, pero la realidad es que detestamos el inglés: nos aburre, nos frustra y no nos motiva en absoluto. Pero, justo al salir de clase se publica un nuevo episodio del podcast de las Kardashian (y obvio que usan frases que acabamos de aprender en clase).

El episodio dura exactamente lo mismo que el trayecto a casa andando, así que la vuelta a casa se hace más llevadera y cada vez entendemos más el contexto, “you know…” Es decir, reforzamos el comportamiento deseado con una recompensa inmediata.

Lo mismo ocurre si nos damos el premio de ver un episodio de nuestra serie favorita cada vez que completamos un tema de examen. Aumentan las ganas de repetir ese hábito productivo.

4. Implementación de intenciones

La psicóloga alemana Gabriele Oettingen y su colega Peter Gollwitzer han impulsado y desarrollado este concepto. Consiste en especificar con precisión cuándo, dónde y cómo realizaremos una actividad concreta.

Supongamos que queremos comenzar a meditar como rutina diaria, pero no sabemos cómo hacerlo ni cuándo. Aplicando la técnica de implementación de intenciones establecemos que cada mañana, justo después de tomarnos el café, nos sentaremos junto a la ventana y meditaremos cinco minutos usando una app de meditación guiada los primeros días, hasta que sea un hábito. Así establecemos cuándo –después del café por la mañana–, dónde –en la silla junto a la ventana– y cómo –con una app de meditación guiada. La planificación de la actividad transforma la idea vaga en un plan específico y concreto.

5. Monitoreo y autorregistro

Esta técnica consiste en hacer un seguimiento consciente de un comportamiento. Viene de la psicología conductual y cognitivo-conductual cuyos impulsores, B. F. Skinner y Donald Meichenbaum, defienden que la conducta puede ser modificada eficazmente usando refuerzos positivos o negativos.

Sabemos que la mayoría de los días, entre el trabajo, el cansancio, otros hobbies y compromisos, no nos da tiempo de caminar tanto como quisierámos. Nos proponemos una meta diaria de 12 000 pasos y realizamos un autoregistro para automotivarnos. Entonces, podemos comenzar poniendo una alarma un poco más temprano por las mañanas, para salir de casa antes y caminar hasta una parada de autobús más lejana o ir parcialmente andando al trabajo.

Como siguiente paso, podemos fijar un recordatorio en el móvil para caminar después de cenar, tan solo 15 minutos diarios (cifra que podremos ir aumentando). Utilizando una app para registrar el número de pasos diarios, podemos incluso recibir una notificación cuando lleguemos a la meta deseada. Este seguimiento ayuda a concienciarnos y motivarnos generar conciencia y motivación.

De intención a hábito

Septiembre no es solo el regreso a la rutina, sino una oportunidad perfecta para reactivar nuestra planificación, compromiso y motivación. Ya sea con la lista de tareas después del café, compartiendo el selfie postcarrera, aficionándonos a las series en versión original, haciendo yoga o andando 12 000 pasos al día.

Tenemos a nuestro alcance herramientas científicamente respaldadas para construir la vida que deseamos. Lo importante es empezar, porque el cambio comienza con un pequeño paso y tu cerebro está listo para acompañarte en el camino.

The Conversation

Ana María Melendo Viñado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cinco trucos basados en la ciencia para mantener los propósitos de comienzo de curso – https://theconversation.com/cinco-trucos-basados-en-la-ciencia-para-mantener-los-propositos-de-comienzo-de-curso-264819

Los grandes desafíos de la gestión forestal en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Díaz Balteiro, Catedrático de Ordenación de Montes y Valoración Agraria, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Monte del Pinar de Almorox (Toledo). Luis Díaz Balteiro

Las trágicas noticias sobre los incendios que han asolado España en este verano han traído multitud de reflexiones y comentarios. En muchos de ellos se señalaba a la gestión forestal sostenible como un potencial freno a esta lacra. Pero ¿se conocen realmente los fundamentos y el contexto de lo que constituye la gestión forestal?

Desde los albores de la humanidad, hemos gestionado los bosques de acuerdo con sus objetivos y necesidades. Y tras muchos siglos y civilizaciones, esto nos ha llevado a la situación actual, donde tenemos en España unos montes que, en su inmensa mayoría, han sufrido la constante acción del hombre.

Entender primero cómo funcionan los sistemas forestales

Los sistemas forestales se caracterizan por ser un medio complejo, frágil, con ciclos vegetativos amplios. Además, proporcionan un amplio número de servicios ecosistémicos a la sociedad (beneficios que los ecosistemas nos ofrecen de forma gratuita), aunque con una rentabilidad comercial escasa.

Por otro lado, con independencia del caso considerado, ya sea un bosque, un cambio de uso de la tierra o la situación después de un incendio, los sistemas forestales necesitan planificar las actuaciones a realizar tanto en el tiempo (los horizontes pueden superar fácilmente la vida humana) como en el espacio. Y, como cualquier proyecto de ingeniería, están sujetas a una componente económica.




Leer más:
Incendios en España: ¿por qué ahora? ¿Por qué allí?


En España sólo el 23,6 % de la superficie forestal presenta un plan de gestión, con diferencias apreciables entre las distintas comunidades autónomas. Sin embargo, es preciso recordar que más del 70 % de dicha superficie es privada y que, en muchas ocasiones, estas extensiones no alcanzan unas dimensiones mínimas que justifiquen un documento de planificación.

¿Qué define y caracteriza a la gestión forestal?

Forest Management, un libro norteamericano que es referente sobre el tema, menciona que “la gestión forestal implica el uso de los bosques para cumplir los objetivos del propietario y de la sociedad”. Este uso debe cumplir una condición básica: la persistencia del sistema forestal. Es decir, la planificación debe asegurar que la superficie forestal que se está explotando en la actualidad permanezca cubierta de árboles en el futuro.

La definición anterior engloba el término “sostenible”, ya que, aunque mucha gente lo desconoce, este concepto fue definido por primera vez en 1713 en un contexto forestal. Es decir, la gestión se plantea siempre como sostenible, atendiendo a los tres pilares clásicos del concepto: ecológico, económico y social, así como a los distintos servicios ecosistémicos ofertados por cada monte.

Requisitos administrativos para la ordenación de montes

La gestión forestal u ordenación de montes se manifiesta en España a través de un documento técnico donde se plantean decisiones a corto, medio y plazo. Esta planificación a nivel monte la realizan los técnicos forestales según diferentes normativas autonómicas, y los requisitos de cada documento de gestión varían según ciertas características, como el tamaño de la propiedad.

Con el fin de lograr resultados, se debe asegurar que se implemente lo planificado y que exista una supervisión en el futuro, con ciertas revisiones periódicas que permitan corregir situaciones no previstas o, simplemente, cambios en los objetivos iniciales de la gestión.

En este plan se proponen los trabajos a seguir en los próximos años, como pueden ser las intervenciones que se van a ejecutar con el fin, por ejemplo, de repoblar alguna zona o definir el momento en que se va a cortar la masa, lo que se conoce como el turno forestal. También se incluye el método de ordenación propuesto, y todas estas decisiones deben estar justificadas desde el punto de vista técnico y sujetas a revisiones constantes.

Por otro lado, existe una figura específica que aborda la gestión a un nivel más agregado que el de la propiedad, que es el comarcal. Se trata de los Planes de Ordenación de Recursos Forestales, con un éxito dispar desde su implantación entre provincias, y que podrían marcar pautas para promover una gestión a nivel de paisaje.




Leer más:
Estrategias de gestión forestal para adaptar el paisaje a un mundo más cálido y proclive a los incendios


Factores que una buena gestión forestal no debe pasar por alto

Además de la importancia de la selvicultura, el arte del cuidado de los bosques
con el fin de obtener una diversidad de bienes y servicios, conviene resaltar la necesidad de disponer de valoraciones de los diferentes servicios ecosistémicos presentes en cada monte.

Estas valoraciones no se pueden ceñir sólo a la producción de madera, sino que disponer de estimaciones homogéneas de aspectos como el carbono, la conservación de la biodiversidad, recreo, etc. son de gran ayuda para una correcta toma de decisiones.

Existen muchos actores o grupos sociales que se van a ver influenciados por las medidas que se propongan, sobre todo en montes de titularidad pública. Por eso resulta muy recomendable que dichas medidas recojan, en la medida de lo posible, sus demandas. Sin embargo, conviene resaltar que no existe ningún método aceptado universalmente para agregar las preferencias de dichos grupos sociales.




Leer más:
Los propietarios de terrenos forestales, los grandes olvidados en los mercados de carbono


Grandes desafíos ante escenarios complejos

La planificación forestal se vuelve imprescindible si se piensa que la edad de los sistemas forestales puede exceder, con facilidad, la vida media humana. Y conlleva una visión multidisciplinar, desde abordar el mayor número de servicios ecosistémicos posibles hasta recopilar múltiples informaciones necesarias para una correcta toma de decisiones. Al mismo tiempo debe ser flexible para responder a escenarios cambiantes, como el cambio climático, plagas, etc.

Todo lo anterior acarrea grandes desafíos. Además de los ya mencionados, el técnico rara vez puede ver los resultados de las medidas propuestas, y, como resulta fácil suponer, los objetivos de la propiedad y de la sociedad se pueden modificar en el tiempo. Por eso, no existe un método universal de gestión forestal que se pueda aplicar a todos los montes de España.

Son los técnicos forestales quienes deben diseñar la planificación en cada caso, atendiendo, entre otras cuestiones, las características de cada monte en particular, tal como ejerce un médico su trabajo: no hay una praxis homogénea y universal para todos los pacientes.

The Conversation

Luis Díaz Balteiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los grandes desafíos de la gestión forestal en España – https://theconversation.com/los-grandes-desafios-de-la-gestion-forestal-en-espana-264099

Canada’s tariff wall on Chinese electric vehicles is deepening dependence on the U.S.

Source: The Conversation – Canada – By Addisu Lashitew, Assistant Professor, DeGroote School of Business, McMaster University

In October 2024, Canada imposed a 100 per cent tariff on all electric vehicle (EV) imports from China, effectively barring consumers from accessing some of the world’s most innovative, affordable models. These tariffs are deepening the country’s dependence on the United States and undermining its climate goals.

Canada’s unusually prohibitive tariff mirrored the strategy of the U.S., which imposed a 100 per cent duty on Chinese EVs in September 2024.

The government justified its “tariff fortress” by pointing to China’s extensive industrial policy, such as subsidies, that artificially lower production costs. The tariffs were claimed to protect domestic producers by offsetting the cost advantage enjoyed by Chinese EV manufacturers.

While this rationale has some basis, it is highly overstated. The European Union’s in-depth investigation into Chinese support for the EV industry revealed company-specific subsidy levels, ranging from 7.8 per cent for Tesla Shanghai to 35.3 per cent for the SAIC Group, which subsequently became the basis for imposing countervailing duties.

Agriculture Minister Heath MacDonald recently said the government is considering scrapping the tariffs — a recognition that the policy may now be outdated.

A year ago, co-ordinating with the U.S. against China’s growing EV industry might have seemed defensible, but today, it leaves Canada in a weakened position in its ongoing trade war with the U.S.

This policy is misaligned with Canada’s long-term interests. It weakens economic independence, slows decarbonization and forces Canadians to pay more for EVs.

Tariffs are distorting Canada’s EV market

In July 2025, Tesla sales in the EU fell by 40 per cent even as overall EV sales rose by 39 per cent. BYD, China’s biggest EV manufacturer and a rival to Tesla, tripled its sales and moved ahead of Tesla in market share.

In Canada, too, Tesla’s sales are falling. Its market share is now a fraction of what it used to be and General Motors has recently taken first place in Canadian EV sales.

Still, Canadians continue to buy thousands of Teslas each year, while plans to sell BYD and other Chinese EVs have come to a grinding halt.

The reason why BYD has risen to the top in the EU but American automakers dominate in Canada is an outcome of Canada’s trade policy toward China, which has had the unintended effect of propping up U.S. automakers.

Canada’s auto market is already heavily dependent on American manufacturers. Tariffs that deepen this dependence further narrow consumer choice and expose Canadian EV buyers to unpredictable policy shifts in the U.S. It’s clear Canada needs a new approach.

A more nuanced strategy

Canada should adopt a more nuanced strategy that safeguards national priorities without stifling competition or limiting consumer choice. Instead of erecting tariff walls that shut out rivals, Canada should gradually open its market to prepare for the inevitable competition from China and beyond.

At the same time, it should offer targeted incentives for top Chinese EV firms to set up plants locally, transfer advanced technology and share technical know-how.

Such a policy would help stabilize car prices for Canadians, who have been hit hard amid U.S.–Canada trade tensions.

Although Ottawa recently suspended most counter-tariffs ahead of trade talks, levies on autos, steel and aluminum remain in place, keeping costs elevated. These retaliatory measures, while necessary, have burdened Canadian households, for whom vehicle purchases are the third-largest expense.

A freer trade regime with China would substantially broaden the range of affordable EVs available to Canadians, who are currently limited to costly U.S. brands averaging more than US$55,000. By contrast, Chinese manufacturers offer numerous models priced near US$25,000, a factor that would likely spur a substantial increase in EV adoption.

Second, access to Chinese EVs would help Canada meet its ambitious target of 100 per cent zero-emission new vehicle sales by 2035. Since Canada’s electricity grid is largely powered by renewable hydro and nuclear power, a faster uptake of EVs would significantly reduce emissions.

Third, lowering the tariff would support Canada’s pursuit of greater economic autonomy from the U.S.

A moderate tariff, combined with targeted incentives to attract foreign investment from Chinese EV makers, could enhance the global competitiveness of Canada’s auto industry. This also aligns with the country’s long-term strategy of incentivizing leading foreign EV producers to set up local operations.

Canada cannot hope to lead in a vital global industry by shutting itself off from competition. It must dismantle tariff walls, welcome world-class rivals and attract new investment. Only by diversifying its EV supply chain and fostering innovation can Canada secure a key position in the emerging EV economy.

The Conversation

Addisu Lashitew has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada. He is a Nonresident Fellow at the Brookings Institution.

ref. Canada’s tariff wall on Chinese electric vehicles is deepening dependence on the U.S. – https://theconversation.com/canadas-tariff-wall-on-chinese-electric-vehicles-is-deepening-dependence-on-the-u-s-264868

Deinfluencing shapes how we think about shopping, and our economy

Source: The Conversation – Canada – By Aidan Moir, Sessional Instructor, University of Windsor

Valued at more than US$250 billion, the influencer industry is the centre of the digital economy.

Popular haul videos, where influencers display and discuss a recent collection of purchases, and unboxings — videos where content makers open, showcase and review new products — have long been promoting endless streams of consumer goods that can be purchased with an easy click.

But what happens to influencer culture and popular consumption practices when many are worried about their financial futures?

Social media feeds become full of content-makers encouraging us to save our money — influencers telling us not to buy trendy, perhaps unnecessary, goods, like tons of Halloween decor or luxury skincare products.

This comes as American tariffs wreak havoc on the global economy and youth unemployment soars, and points to growing economic uncertainty. Consumption, the social practice that becomes publicly and hotly debated during times of economic uncertainty, is back on our radars.

For the past year, social media users have declared almost everything and anything as “recession indicators.” Influencer Kate O’Brien’s viral TikTok, for example, showing users how to squeeze out the remaining beauty product from its packaging to not waste anything, is one of many examples.

As talk of a recession continues to build, social media trends like deinfluencing help us understand how popular culture navigates economic downturns.

The rise of the recessionista

Economic recessions have always had a major impact on popular culture. The jobs lost during the 2007-08 global financial crisis helped pave the way for today’s influencer industry. Fashion bloggers grew in popularity during this time.

Unemployed media workers and younger creatives wanting to break into the industry turned to web blogging — and eventually, new social media platforms like YouTube and Instagram — to post fashion, beauty and lifestyle content.

Early 2000s pop culture was defined by excess, with shoppers spending on goods like designer “it bags.” When the recession hit, shoppers were blamed for bringing about the economic downturn, mainly for spending beyond their means. In order to pay for these purchases, consumers were taking on more household and mortgage debt, which became contributing factors.

The “recessionista” emerged as a popular trope in fashion blogs. Recessionistas were savvy, mainly female consumers who spent hours shopping at discount chains like TJ Maxx to find good deals on fashionable purchases.

They taught their online followers how to spend money efficiently and avoid overpriced designer goods. Recessionistas became coded as productive consumers. Almost 20 years later, the recessionista has re-emerged, this time as the deinfluencer on TikTok.

Deinfluencing content goes viral

In January 2023, deinfluencing — where social media users encourage their followers to purchase cheaper products rather than more expensive alternatives — became a popular TikTok trend. It quickly went viral, collecting more than one billion views on TikTok.

Deinfluencing content on TikTok was first made buzzworthy within the platform’s beauty community. The trend has since expanded to include other niche areas like fall seasonal shopping and Amazon Prime Days.

Like the recessionista, deinfluencing gained attention during a unique cultural moment. The cost-of-living crisis dominated news headlines. Watching online videos by influencers displaying lavish PR hauls became difficult for people who were struggling to afford basics, like groceries.

Mascaragate and authenticity

In addition to financial anxiety, people’s search for authenticity was a catalyst for deinfluencing content. Enter: Mascaragate, the TikTok scandal surrounding the infamous sponsored TikTok video by beauty influencer Mikayla Nogueira. Nogueira was promoting L’Oréal’s new Telescopic Lift Mascara, but TikTok users noticed that she was wearing false eyelashes.

Early deinfluencing videos condemned Nogueira for unethically promoting mindless consumption. In this way, Nogueira was framed as the same wasteful female consumer of the early 2000s, and the deinfluencer as the more ethical recessionista.

Critics, however, argue that deinfluencing is meaningless because, as a trend, it still encourages users to shop. Whether you promote a $50 foundation from a high-end beauty brand or a cheaper drugstore alternative, you’re still promoting consumption.

But that’s the whole point of the viral trend. Deinfluencing informs social media users how to keep the consumer cycle going by still shopping, only now more efficiently. It’s a trend where social media users are rebranding consumption into an efficient, productive activity for today’s turbulent economy.

What’s ahead for consumer trends?

Deinfluencing certainly makes social media users think harder about how they’re spending their money. And we might all need a little bit of that.

But deinfluencing can also have the unintended effect of making it seem consumers are solely responsible for navigating financial crises. What recession-era consumption trends like deinfluencing can sometimes do is shift focus from the institutional figures responsible for economic stability to individual shoppers.

And it’s frequently purchases made by female consumers, like designer bags and beauty products, that are judged as wasteful or unnecessary. Consumer culture and the influencer industry are both historically female domains. Gendered tropes like the excessive consumer or unethical influencer often get blamed for economic crises, and then recessionistas and deinfluencers — oftentimes women — are then tasked to help address the issue.

As the economy struggles, influencers will continue to post deinfluencing content. Just like the recessionistas before them, they are set on teaching their followers just how to spend their money despite an economy reeling from tariffs — whether it’s their job or not.

The Conversation

Aidan Moir previously received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Deinfluencing shapes how we think about shopping, and our economy – https://theconversation.com/deinfluencing-shapes-how-we-think-about-shopping-and-our-economy-264454

The world on the brink: Why governments must invest in peace, not just arms

Source: The Conversation – Canada – By Jenna Sapiano, Research Fellow, Peace Studies, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Global security indicators suggest a significant deterioration in peace and stability. By most accounts, the world is now more violent and more dangerous than at any point in recent history.

In 2024, the number of state-based conflicts worldwide reached its highest level since 1946. Military expenditures have risen for 10 consecutive years, surpassing $2.7 trillion annually.

A record number of children have been victims of armed conflict, and gains in women’s rights hang in the balance around the world amid record levels of conflict.

The world is confronting converging crises. In September 2024, the United Nations convened the Summit for the Future, an initiative by the UN secretary-general aimed at addressing the collapse of the post-Cold War multilateral system, as well as the increasing number of conflicts and humanitarian emergencies. All of this is occurring in the climate change era.

These crises are interlinked, as violence becomes more likely as a consequence of rising temperatures and drought conditions. Militaries are also responsible for high levels of greenhouse gas emissions and environmental destruction from war amounting, in some cases, to the crime of ecocide.

Increased military spending

The overwhelming response to rising global violence and insecurity has been to boost military funding.

In Europe, this is partly driven by a justified fear of Russian aggression following its invasion of Ukraine in 2022. The risk of Russia dragging NATO into a conflict remains a constant concern, which was evident when Russia recently sent drones over Polish and Romanian airspace.

At the 2025 NATO summit, under pressure from the Americans, members pledged to allocate five per cent of their GDP annually to core defence needs and defence and security-related expenses by 2035. Most European countries had already increased their military budgets in 2024; so has Russia.

China’s military spending has consistently increased over the past 30 years. The United States, the world’s largest military spender, also boosted spending in 2024 as it continues to send vast amounts of military aid to Israel amid allegations it’s committing genocide against the Palestinians.




Read more:
Is Israel committing genocide in Gaza? International court will take years to decide, but states have a duty to act now


The cost of neglect

Meanwhile, organizations invested in peacemaking and peacebuilding continue to face funding shortages. The sector has been described as “being stripped and downsized.”

This was on display when Donald Trump’s administration defunded and shut down the United States Institute of Peace, a congressionally established institution, within months of taking office.

Nevertheless, peace organizations have struggled with funding cuts for some time, experiencing reduced support for core costs and a shift towards more project-based funding, which has increased competition and pressure from donors.




Read more:
Kenya’s peacebuilding efforts hold valuable lessons for the rest of the world, but gaps remain


The consequences of underfunding peace are not abstract.

American funding cuts and a global backlash against women’s rights have pushed gender equality off the agenda. Women-led peace initiatives, in particular, face a lack of funding, even as this year marking the 25th anniversary of the United Nations’ Women, Peace, and Security agenda, which highlights the important role of women in the prevention and resolution of conflicts.

Nonetheless, violence against women and girls remains severe in places like Afghanistan, where the Taliban has created a system of gender apartheid, and Palestine, where the Reem Alsalem, UN Special Rapporteur on Violence Against Women and Girls, has called Israel’s deliberate killings of Palestinian women and girls a femi-genocide.

A heavily armed soldier stands guard over a row of women in blue niqabs
A Taliban fighter stands guard as women wait to receive food rations distributed by a humanitarian aid group in Kabul, Afghanistan, in May 2023.
(AP Photo/Ebrahim Noroozi, File)

A global crisis of violence

In this more globally fragmented world, international peace architecture is crumbling amid growing tensions between powerful states, and humanitarian needs continue to rise largely due to violent conflicts. So why do governments persist in spending more on their militaries and arms, while investing very little in peacebuilding and peacemaking?

This trend is only making the world more dangerous for everyone. As Chris Coulter, executive director of the Berlin-based Berghof Foundation, a non-governmental and non-profit organization supporting people in conflict,
reminds us: “A truly secure world needs dialogue and peacebuilding, not just defence budgets.”

Many others in the peace community have made similar appeals.

The world is still learning how to build sustainable peace. Many of the peace agreements signed over the past few decades have fallen apart, and parties have resumed fighting. Even in places where agreements have held, structural and everyday violence remains widespread, especially for women.

Deal-making rather than solutions

We are also witnessing a concerning shift from peacemaking to deal-making, along with the abandonment of liberal peacemaking norms, such as inclusivity and impartiality.

Further evidence of the failure of peacemaking is the move towards short “tactical pauses” in fighting rather than the negotiation of more sustainable solutions to conflicts.

Unless states rebalance their investments towards peacebuilding, the current trajectory points to escalating insecurity, further undermining international norms, human rights and security. Disproportionately relying on military spending for security purposes fails to prevent conflict and has a detrimental impact on gender equality, human rights and peacemaking.

States must resist the urge to continually increase their military budgets to the excessive levels they are now approaching; instead, they must also invest in peace research, mediation efforts and peacebuilding organizations.

The Conversation

Jenna Sapiano does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The world on the brink: Why governments must invest in peace, not just arms – https://theconversation.com/the-world-on-the-brink-why-governments-must-invest-in-peace-not-just-arms-264543

Canadian cities can prepare for climate change by building with nature

Source: The Conversation – Canada – By Adam Skoyles, PhD Candidate, School of Planning, University of Waterloo

A tree-lined street in downtown Vancouver providing shade to pedestrians. (Adam Skoyles), CC BY

The housing affordability crisis is top of mind for many around the world, including Canadians. Between 2019 and 2024, house prices in Toronto and Montréal had an average annual increase of 6.7 per cent and 10.2 per cent, respectively.

Prices throughout the country are expected to continue increasing over the next decade and as a result, the pressure is intense to rapidly increase residential development.

Yet, municipal governments must balance this pressure with other tasks, like preparing for the effects of climate change. Some of the most pressing challenges for cities include meeting their housing and climate change goals without massive changes in land use to maintain green spaces and the benefits they provide to people.

Natural spaces like parks and woodlands provides many diverse benefits to city residents, from helping to cool off surrounding neighbourhoods to providing recreational areas.

The advantage these spaces have over grey infrastructure is that they can simultaneously help combat multiple challenges faced by cities, including poor air quality, heatwaves and flooding. When nature is intentionally used to combat these types of challenges, it is referred to as nature-based solutions.

Nonetheless, nature-based solutions are still rarely implemented in developments. Therefore, it’s important to identify and use key opportunities that can help communities balance their competing goals by increasing the use of nature-based solutions.

By highlighting these opportunities, we can inform municipal governments, developers and residents about how communities can be built to successfully combat climate change and other challenges.

In our recent study, we interviewed planners and developers throughout Ontario to identify these opportunities.

Nature in development

A high-rise building with trees on the roof
A green roof at the Woodward’s 43 building in downtown Vancouver. The trees provide habitat for birds, store carbon, absorb rainwater and cool surrounding areas.
(Adam Skoyles), CC BY

Municipal planners and private land developers across Ontario are obliged by provincial policy to consider nature in their decisions about the planning and development of neighbourhoods.

However, this largely happens because they are required by law to protect municipal natural heritage systems (large woodlots or wetlands, for example), and not because they understand or support the benefits from nature, such as flood prevention.

Natural features that fall outside the natural heritage system, such as smaller woodlots or individual trees, are not protected by provincial policy. Instead, they can be protected by municipal policy or bylaws. However, these policies and bylaws vary, and some municipalities do a better job than others in protecting nature for their residents.

Developers often see protected nature as a barrier to development, but some of them also understand that it provides benefits to residents. Some try to make use of nature in innovative ways, like building natural pathways or naturalized creeks through a subdivision.

Unfortunately, municipalities sometimes push back against these innovations because of concerns over maintenance costs and worries about possible interference with infrastructure.




Read more:
Bringing forests to the city: 10 ways planting trees improves health in urban centres


Nature and climate change

Overall, the planners and developers we interviewed recognized that nature can help communities fight the effects of climate change.

They stated that planning policies and bylaws are also starting to change in ways that can address these concerns. For example, many municipalities have established tree canopy targets or introduced more restrictive stormwater management requirements.

But climate change is rarely stated as the reason for a change to policy and bylaws. For example, a city might recognize tree cover is important for the city environment and introduce a tree protection bylaw, but that does not mean the bylaw addresses climate change.

Similarly, developers might plant trees to beautify a neighbourhood and make it more desirable for home buyers, but they might not do this to reduce climate change impacts. Addressing climate change only implicitly or as a side effect makes it much harder to co-ordinate different actions and can limit their overall effectiveness.

A main reason why the climate change benefits of nature are considered only implicitly is that planners and developers are uncertain about how reliable the information is for quantifying these benefits.

Another problem is that municipalities differ in how they address these issues, which creates highly variable regulatory conditions. Having province- or nation-wide standards would help fix this issue.

Though they are not yet widely implemented across Canada, some municipalities use green development standards as a key mechanism for introducing benefits of nature in developments. These standards work, for example, by mandating a minimum percentage of green landscaping on a development site. Unfortunately, Ontario’s recently passed Bill-17 has created uncertainty around these standards.

Ways to support nature-based solutions

There are key opportunities to support building more sustainable and climate-ready communities through increased use of nature-based solutions in developments. These opportunities largely come through policy, tools and people:

  1. Provincial and municipal policy changes that consider the climate change benefits of nature-based solutions could help increase its use in development. This could be done by strengthening and expanding green development standards, like those currently implemented in some cities.

  2. Developing and using tools that can rigorously quantify the climate change benefits of nature-based solutions could also have substantial impact. These tools could clarify the benefits of nature-based solutions and provide a solid argument for their increased use.

  3. Collaboration between the public and private sectors is crucial to encourage increased use of nature-based solutions. Whether it is working together to craft realistic policy goals or to incorporate new tools, both sectors are key to ensuring changes are effective and efficient.

The Conversation

Adam Skoyles has received funding from Environment and Climate Change Canada.

Michael Drescher receives or has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada, Environment and Climate Change Canada, the Ontario Ministry of Agriculture, Food and Agribusiness, and the Natural Assets Initiative. Michael Drescher has had a volunteer position for Carolinian Canada and has worked with the Ontario Land Trust Association.

ref. Canadian cities can prepare for climate change by building with nature – https://theconversation.com/canadian-cities-can-prepare-for-climate-change-by-building-with-nature-263608

Écouter de la musique en français : des attachements bien particuliers

Source: The Conversation – France (in French) – By Jean-Samuel Beuscart, Professeur de sociologie, Sciences Po

De la variété aux refrains de soirée en passant par le punk, la musique francophone garde une place singulière dans nos vies. Gallery 73/Shutterstock

On n’écoute pas de la musique en français comme on écoute de la musique en langue étrangère : souvenirs, émotions, proximité liée à une compréhension instantanée des paroles… Tour d’horizon des spécificités et des contextes d’écoute de notre chère (ou parfois boudée) musique francophone.


En France, tout le monde ou presque écoute de la musique en français : 79 % des personnes interrogées disent en écouter régulièrement. Selon la même étude d’Ipsos (2023), pour 27 % des Français, la « chanson ou variété française » est même le genre musical favori et, pour 67 % d’entre eux, il s’agit de l’un des cinq genres préférés. La pratique est assez uniformément répandue entre les sexes (83 % des femmes et 74 % des hommes) et les milieux sociaux (81 % des ouvriers, 85 % des employés, 77 % des cadres). En ce qui concerne les tranches d’âge, 77 % des 25-39 ans écoutent de la chanson ou variété française, contre 85 % des plus de 65 ans. Seuls les moins de 25 ans déclarent significativement moins en écouter, mais l’effet serait sans doute compensé par la prise en compte du rap français.

Les personnes que nous avons rencontrées dans notre enquête menée en 2024 reflètent ces ordres de grandeur. Elles déclarent, à parts à peu près égales, soit écouter principalement de la musique en français (le plus souvent, du rap français ou de la chanson française), ou alors écouter indifféremment de la musique en français ou en anglais, ou enfin écouter principalement de la musique internationale. Dans ce dernier cas, s’y ajoute souvent l’expression d’un rejet pour l’une des formes de la musique en français, rap ou variété.

Du point de vue des usages sur les plateformes de streaming musical, on ne constate guère de différence dans les façons de traiter les musiques francophones et internationales. Elles sont, de manière équivalente, recherchées et archivées dans des playlists, écoutées via les suggestions algorithmiques, explorées sur les pages d’artistes, etc. Mais il existe des attachements spécifiques à la musique francophone, qui donnent aux morceaux en français une place particulière dans l’expérience musicale.

Une bande-son de l’enfance ?

La musique en français occupe toujours une place spécifique dans l’expérience et l’histoire musicale des auditeurs et auditrices rencontrés durant l’enquête. Elle est décrite en premier lieu comme la musique de la prime enfance ou de l’adolescence, que l’on connaît encore par cœur, que l’on ré-écoute à l’occasion avec un plaisir plus ou moins assumé (selon l’âge des interviewés sont mentionnés Jenifer, Lorie, Les Négresses Vertes, Louise Attaque, Sexion d’Assaut…). C’est aussi la musique des parents ou des grands-parents (Patricia Kaas, Julien Clerc, Charles Aznavour, Jean-Jacques Goldman…), présentée comme repoussoir ou madeleine de Proust, selon les trajectoires biographiques. La musique francophone est enfin la musique environnante, celle des lieux publics, des radios musicales, de l’écoute collective au travail, des soirées, qu’on ne choisit pas mais qu’on apprécie souvent.

Émotions « augmentées » en VF

Qu’elle occupe ou non une place importante dans leurs goûts musicaux, auditrices et auditeurs font des usages spécifiques de la musique en français : de manière triviale, mais décisive, on en comprend facilement les paroles. Dans l’écoute en français, la compréhension du texte est plus immédiate et les mots sont une composante importante de l’expérience musicale : on « fait plus attention aux paroles », on « s’y retrouve », « quelques mots nous ont frappé », « des phrases sont touchantes », « on comprend donc c’est plus facile de bien aimer ».

Plusieurs amateurs ajoutent qu’il est plus aisé de ressentir une forme de proximité avec les artistes français, que les expériences qu’ils relatent dans leurs chansons sont plus proches de celles vécues :

« JuL, c’est quelqu’un qui me correspond, même si on a des vies différentes, j’imagine. »

Il est plus facile de se renseigner sur la vie des artistes français, de s’y comparer, mais aussi de les voir en concert, de les suivre tout au long de leur évolution, qu’il s’agisse de JuL, Téléphone ou Stupeflip. Les auditeurs et auditrices construisent des attachements spécifiques fondés sur la résonance de leurs expériences.

Enfin, qu’elle occupe ou non une place importante dans leurs écoutes quotidiennes, la musique en français est considérée comme plus propice à la production ou l’accompagnement d’émotions, les paroles jouant un rôle important dans la formulation et la canalisation des sentiments. Il s’agit d’accompagner des moments mélancoliques, « C’est mieux quand j’ai plus envie de ressentir des émotions fortes » ; d’une chanson d’Indochine dont quelques mots cristallisent les émotions ressenties pendant un deuil, ou encore de chansons de Serge Reggiani accompagnant la maladie d’un parent ; d’un « retour au punk français » pour exprimer la colère ressentie pendant le confinement ; plus généralement de musiques « qui vous portent pendant un moment ». Dans ces contextes, les paroles immédiatement compréhensibles jouent un rôle important dans la mise en mouvement des émotions. Il ne s’agit pas de dire que les musiques internationales ne jouent pas de tels rôles émotionnels ou identitaires ; mais, pour la majorité des auditeurs qui comprennent le français beaucoup mieux l’anglais ou d’autres langues, l’écoute de chansons en français rend possible des émotions spécifiques.

Chanter en conduisant

Les travaux sur la numérisation de la musique ont montré qu’elle favorise la « backgroundisation » de l’écoute, la musique étant susceptible d’accompagner la quasi-totalité des activités quotidiennes.

De ce point de vue, la musique francophone est considérée comme plus ou moins adaptée selon les contextes. Elle est jugée appropriée aux routines domestiques (ménage, cuisine…) auxquelles elle vient ajouter de l’entrain, en incitant à reconnaître ou fredonner les paroles. Elle est plébiscitée dans les situations de travail en col bleu, boulangerie, garage ou atelier, car susceptible d’être support d’échanges.

En revanche, elle est unanimement proscrite du travail en col blanc, du travail sur ordinateur ou des situations de travail scolaire (lectures, préparation d’examen) nécessitant une forme de concentration excluant le français : la reconnaissance des paroles perturberait alors l’activité en cours, faisant « sortir de la bulle » ou « décrocher ».

Inversement, la musique en français jouit d’une certaine préférence au volant, permettant tout à la fois de se concentrer sur la conduite que d’investir les paroles en les écoutant attentivement ou en les chantant, y compris « les répertoires plus kitch », « les goûts non-avoués ». Associée aux moments festifs, faite pour être chantée en chœur et participer à une liesse commune, elle est cependant moins mobilisée quand il s’agit de converser entre amis, celle-ci pouvant interférer, justement, de par sa compréhension trop immédiate, forçant l’oreille à se détourner de la conversation.

La musique en français bénéficie ainsi d’une place singulière dans l’oreille de la majeure partie des auditeurs et auditrices. Qu’elle soit appréciée ou non, elle est l’objet d’usages et d’affections spécifiques que les modes d’écoutes contemporains ne semblent pas avoir encore bousculés, tout du moins en France.

The Conversation

Jean-Samuel Beuscart a reçu des financements du Ministère de la Culture et de la Communication dans le cadre de cette recherche.

Romuald Jamet a reçu des financements de Ministère de la Culture et des communications du Québec dans le cadre de cette recherche.

ref. Écouter de la musique en français : des attachements bien particuliers – https://theconversation.com/ecouter-de-la-musique-en-francais-des-attachements-bien-particuliers-262453