De inmóviles, nada: estas son las plantas más veloces

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Acebes Arranz, Catedrático de Fisiología Vegetal, Universidad de León

Las veloces trampas de _Dionaea muscipula_. Tippitiwichet/Wikimedia Commons, CC BY-NC

“Ser vivo autótrofo y fotosintético, cuyas células poseen pared compuesta principalmente de celulosa y carece de capacidad locomotora”. Es la definición de planta que nos da la RAE. Quizá, esto podría llevarnos a pensar que están condenadas a no cambiar de lugar o posición. Pero nada más lejos de la realidad.

Hace ya casi siglo y medio (en 1880), Charles Darwin y su hijo Francis se interesaron por el tema y publicaron El poder del movimiento de las plantas. Hoy en día se reconocen numerosos movimientos en el mundo de las plantas, y muchos de ellos figuran en los libros de texto de Biología. Entre ellos, destacan el repliegue de los foliolos –hojuelas que forman parte de una hoja compuesta– de las mimosas, que se produce en el orden de un segundo, o el cierre de la trampa de la atrapamoscas –Dionaea muscipula–, que tarda en dispararse entre 0,1 y 0,3 segundos.

Humano provoca el cierre de los foliolos (cada una de las hojitas que forma una hoja compuesta) de la mimosa.
University of Oxford Botanic Garden and Arboretum, CC BY-NC
Drosera glanduligera o hierba del rocío, una de las plantas carnívoras más veloces.
Wikimedia Commons., CC BY

Más rápidos aún son los desplazamientos de los tentáculos de otra planta carnívora, la hierba del rocío o Drosera glanduligera, que vive en Australia y actúa en apenas 75 milisegundos.

Invisibles al ojo humano

Estos ejemplos, aun siendo tan rápidos, pueden ser percibidos sin dificultad por el ojo humano, capaz de detectar cambios en el entorno a partir de los 15 milisegundos (nuestra percepción se sitúa entre 30 y 60 fotogramas por segundo).

Sin embargo, hay ciertos movimientos vegetales que no podemos percibir en el momento exacto en el que se activan, ya que suceden por debajo de ese umbral de percepción humano: en menos de 10 milisegundos.

Un buen exponente es el lanzamiento de polen en especies como la morera (Morus alba) –la misma con la que alimentamos a los gusanos de seda–, que expulsa su polen en apenas 25 microsegundos. Esto supone una velocidad cercana a los 560 km/h.

También es extremadamente rápido el disparo del polen del cornejo canadiense (Cornus canadensis), un arbusto de Norteamérica y el este de Asia, que tiene lugar en menos de 5 milisegundos.

Lanzamiento de polen de Cornus canadensis. Alejandro Acosta, J. Edwards, Marta Laskowski and D. Whitaker.

Cazadoras veloces

También se accionan a una velocidad sorprendente las trampas de algunas plantas carnívoras acuáticas, con las que capturan pequeños animales del tipo de las pulgas de agua. Aquí se llevan la palma la Utricularia sp_, que se cierra en entre 300 y 700 microsegundos, y Aldrovanda vesiculosa, que solo necesita entre 10 y 20 milisegundos.

Además, se han descrito mecanismos explosivos de dispersión de semillas como los del pepinillo del diablo (Ecballium elaterium) y la balsamina del Himalaya (Impatiens glandulifera), que las disparan en apenas 2 milisegundos.

La defensa del tomate

Recientemente, científicos de la Universidad de Ámsterdam han descrito un movimiento más rápido aún, relacionado esta vez con la defensa frente a insectos. Lo han encontrado en una planta tan familiar como el tomate, en la que, cuando la miramos a contraluz, se aprecian multitud de pelos finos llamados tricomas. Algunos son muy largos e impiden el “aterrizaje” de muchos insectos, pero otros de tamaño mucho menor tienen funciones sorprendentes. Entre ellos, están los tricomas glandulares de tipo VI, que constan de un tallo, una célula del cuello y una cabeza glandular compuesta por cuatro células.

Epidermis del tallo de la planta de tomate (Solanum lycopersicum).
Lucía López López.
Una ninfa de trips rompe algunos tricomas tipo VI de la planta de tomate.
Jared Popowski, Lucas Warma, Alicia Abarca Cifuentes, Petra Bleeker, Maziyar Jalaal, Glandular trichome rupture in tomato plants is an ultra-fast and sensitive defense mechanism against insects, Journal of Experimental Botany, 2025.

Cuando esta cabeza pierde su integridad –por ejemplo, al ser tocada por un insecto diminuto–, libera el fluido que contiene en menos de un milisegundo. Este líquido es pegajoso y se adhiere al cuerpo del insecto, inmovilizándolo hasta provocar su muerte. Y es que, aunque no se desplacen, en las plantas la velocidad también puede ser cuestión de vida o muerte.

Los 10 movimientos más rápidos en plantas

Ranking de los movimientos más rápidos reportados en las plantas. En fondo amarillo aquellos movimientos que están por debajo del límite de detección del ojo humano.
Authors provided, CC BY-NC

Este artículo se benefició de la participación de Lucía López López en la aportación de la fotografía y en la búsqueda y revisión del texto y los materiales.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. De inmóviles, nada: estas son las plantas más veloces – https://theconversation.com/de-inmoviles-nada-estas-son-las-plantas-mas-veloces-262153

Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Jesús Navarrete Segado, Personal Docente Investigador, Universidad de Jaén

Baloncici/Shutterstock

De los smartphones a los vehículos eléctricos, las baterías de litio son componentes tecnológicos críticos para una transición energética sostenible.
Como parte de la estrategia europea para lograr la neutralidad climática para 2050, Europa está realizando una firme apuesta por su reciclaje, para contribuir a la economía circular y a la reducción de residuos. España, por su parte, tiene varias plantas y proyectos en marcha para recuperar materias primas con alto valor añadido, como litio, cobalto y níquel.

Contexto global: la demanda crece

La demanda global de baterías, con un crecimiento exponencial impulsado por la movilidad eléctrica y el almacenamiento de energías renovables, requerirá de una producción global equivalente a 2,7 teravatios-hora al año para 2030. Sin embargo, nos enfrentamos a un desafío crítico: la escasez inminente de litio. Porque, a pesar de que las reservas mundiales se estiman en 22 millones de toneladas (suficientes para producir casi 2 500 millones de baterías), la Agencia Internacional de la Energía prevé un desabastecimiento para 2025.

Este hecho se debe principalmente a la dificultad que tiene la industria para extraer litio y procesarlo a un ritmo suficientemente rápido: los nuevos proyectos mineros tardan más de una década en desarrollarse. Ante este desafío, el reciclaje de baterías se presenta como una solución clave, con el potencial de reducir la necesidad de nuevo litio en un 10 % para 2040.

Esto resulta especialmente relevante en Europa, cuya dependencia de la importación de materias primas críticas es muy elevada (100 % en el caso del litio y 98 % en el del grafito natural).

Reciclaje en España

España, aunque sin minas de litio en explotación comercial, demuestra su compromiso con la economía circular a través de iniciativas concretas. Por ejemplo, están las plantas de A.3 Aprofitament Assessorament Ambiental en Granollers (Barcelona) y Novolitio en León –con una capacidad de reciclaje estimada de hasta 25 000 toneladas anuales–, o la iniciativa BeeCycle en Navarra.

Por otro lado, el interés de gigantes en el sector, como la empresa china Tianneng, que tiene prevista la implantación de una planta local en Jaén, pone de manifiesto el gran potencial industrial y estratégico de España.

La reutilización de las baterías es otra solución estratégica, ya que darles una segunda aplicación al final de su vida útil puede reducir las emisiones de carbono en 56 millones de toneladas para 2050, según un estudio reciente liderado por la Universidad de Münster (Alemania).

China lleva la delantera

Según un artículo de 2023, solo un reducido número de países tiene empresas capaces de gestionar el ciclo completo del reciclaje, incluyendo recogida, desmontaje y procesado químico y mecánico.

Dos operarios supervisan una gran batería.
Mantenimiento de baterías.
Washburn HM/Shutterstock

Actualmente, China lidera el sector, mientras Europa y Estados Unidos invierten en la ampliación de infraestructuras. En Europa, se reciclan aproximadamente 50 000 toneladas de baterías usadas al año y se estima que, para 2030, alcance una capacidad de unas 420 000 toneladas anuales.

Retos por delante

El proceso de reciclaje presenta importantes desafíos, como las bajas tasas de recolección, los altos costos de transporte y los posibles problemas de seguridad. Este último aspecto se ha puesto de manifiesto por los incidentes ocurridos recientemente en las plantas de reciclado de baterías de Sant Julià de Llor (Girona), el pasado mes de abril, y Azuqueca de Henares (Guadalajara), en julio.

Otro desafío es la baja tasa de reciclaje: solo se da una segunda vida al 12 % de las baterías en el mundo. Esto se debe principalmente a tres factores: la complejidad química de las baterías, la falta de infraestructura y personal técnico cualificado y la ausencia de normativas claras sobre actores y responsabilidades en el reciclaje.

Además, el transporte de las baterías hasta las plantas de reciclaje impacta directamente en la viabilidad económica del proceso y puede suponer más de un 70 % del coste total.

De este modo, diversos estudios ponen de manifiesto que la viabilidad económica se alcanza en aquellos supuestos donde el punto de recolección de las baterías y las plantas de reciclado se encuentran dentro del mismo país.

El reciclaje incluye desde la recogida y desmontaje hasta la separación de materiales críticos.
Pedro Jesús Navarrete.

Hacia una economía circular avanzada

Para superar estos retos, Europa está impulsando activamente la innovación y una sólida política regulatoria. El Reglamento de Baterías de la UE (2023) fija los objetivos de reciclaje y exige un contenido mínimo de componentes reciclados en las baterías.

La tecnología también está evolucionando, con investigaciones centradas en el reciclaje directo, que permite preservar la estructura de la batería a la vez que reduce el coste energético y la complejidad del proceso. Además, la robotización minimiza riesgos y dependencia del trabajo manual.

Otra innovación clave es el pasaporte digital de baterías, que permitirá rastrear cada una con datos de composición, origen e historial. Esto facilitará enormemente los procesos de reutilización y reciclaje al final de su vida útil.

Manos a la obra

Proyectos europeos como BeyondBattRec, RESTORE y RECYCALYSE, buscan desarrollar procesos de reciclaje más sostenibles y rentables.

Así, BeyondBattRec, con la participación de socios españoles como la Universidad de Jaén y Andaltec, aspira a recuperar hasta un 95 % de materiales críticos y a reducir las emisiones de CO₂ del proceso en un 50 %.

Por su parte, RESTORE –liderado por la fundación LEITAT, con participación de las empresas españolas Toratecnica SLU, Indumental Recycling SA y Dlyte Chemicals– tiene como objetivo revolucionar la gestión de los residuos procedentes de baterías al final de su vida útil.

Complementando este esfuerzo, el proyecto RECYCALYSE se enfoca en perfeccionar un sistema de circuito completamente cerrado que recupere y reutilice los materiales directamente, con la empresa española Sustainable Innovations como socio.

Aunque afronta retos significativos, el reciclaje de baterías es clave para la autonomía tecnológica de Europa y España. Con iniciativas locales, regulación ambiciosa y nuevas tecnologías, el desafío se convierte en oportunidad: no basta con extraer, hay que recuperar y reutilizar lo ya consumido para garantizar una transición energética y un futuro más sostenibles.

The Conversation

Pedro J. Navarrete desarrolla su labor como investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión.

Antonio Peñas Sanjuán es investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión

ref. Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular – https://theconversation.com/solo-una-de-cada-diez-se-recicla-el-reto-de-introducir-las-baterias-de-litio-en-la-economia-circular-264506

Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

Login/Shutterstock

“¿Cómo pensamos?”. Aunque parece una pregunta sencilla, en realidad es una de las más profundas que una persona puede plantearse.

La educación puede ayudar a responderla, pero no mediante soluciones prefabricadas sino enseñando a las personas a pensar por sí mismas, a cultivar su autonomía y a convertirse en seres reflexivos y capaces de dirigir su propio aprendizaje. Pensar no es memorizar: requiere de métodos que afinen el juicio y amplíen la mirada.

  • El método socrático, por ejemplo, obliga a justificar las propuestas con argumentos razonables y convincentes.

  • La técnica del juego del rol invita a ponerse en la piel del otro, a asumir sus valores e intereses para comprender cómo toma sus decisiones.

  • El estudio comparado, por su parte, reconoce que la cultura y el idioma moldean el conocimiento: personas de distintas geografías pueden razonar de manera muy distinta, y reconocer esas diferencias enriquece nuestra propia vida intelectual.

En conjunto, todas estas metodologías muestran que existen múltiples maneras de pensar, cada una de las cuales configura la forma en que deliberamos, decidimos y actuamos.

En psicología cognitiva, el análisis de este proceso se denomina metacognición. Practicar la metacognición significa tomar conciencia de nuestros procesos mentales, detectar los patrones que los guían y dar un paso atrás para preguntarnos:

  • ¿Qué problema intento resolver?

  • ¿Cómo lo estoy abordando?

  • ¿Acepto esta respuesta demasiado deprisa?

En educación, la metacognición es lo que permite a los estudiantes planificar sus estrategias, supervisar su aprendizaje y ajustar sus métodos. Pero estas habilidades no surgen de manera espontánea, sino que deben cultivarse de forma deliberada.

Intuición versus análisis

Un avance decisivo en la comprensión de la metacognición llegó de la mano de Daniel Kahneman, Nobel de Economía en 2002, quien sintetizó décadas de investigación en psicología en su libro Pensar rápido, pensar despacio. Kahneman mostró que la mente no funciona como un único motor racional, sino a través de dos sistemas complementarios.

  1. El sistema 1, rápido, intuitivo y automático, permite reconocer al instante el rostro de un amigo, terminar la frase de otra persona o frenar bruscamente antes de que el peligro llegue siquiera a registrarse conscientemente. Es eficaz, pero propenso al error, porque se basa en atajos mentales construidos a partir de la experiencia.

  2. El sistema 2, en cambio, es lento, deliberado y analítico y se activa cuando resolvemos un problema complejo, hacemos una evaluación detallada o cuestionamos nuestras primeras impresiones. Es más preciso, pero también más exigente, razón por la cual solemos evitarlo.

Kahneman y su coautor Amos Tversky demostraron que muchos de nuestros errores de juicio provienen de confiar en exceso en el sistema 1 y no activar el sistema 2 cuando la exactitud resulta crucial.

En este sentido, Kahneman prolonga una tradición filosófica que se extiende de Platón y Aristóteles a Hume, Locke y Wittgenstein: la búsqueda de marcos conceptuales para comprender cómo razonamos, decidimos y actuamos.

Alimentar la experiencia

La llegada de la inteligencia artificial ha alterado el equilibrio. Si se delega demasiado en las máquinas la resolución de problemas, el riesgo no es solo que el sistema 2 quede infrautilizado, sino que el sistema 1 también se debilite. La intuición no surge de la nada: se entrena y se alimenta con el trabajo paciente de la razón.

Cada vez que nos enfrentamos a un problema, probamos soluciones y refinamos nuestros juicios, estamos nutriendo al sistema 1 con la experiencia que necesita para, en el futuro, elaborar evaluaciones rápidas y certeras. Si la IA hace esos pasos en nuestro lugar, el depósito de experiencias se reduce. El sistema 1 seguirá funcionando, pero su biblioteca de experiencias será más pobre y menos fiable.

El reto es claro: si se usa de manera acrítica, la herramienta que promete liberar nuestra energía mental puede dejarnos con menor capacidad tanto para el análisis profundo como para la intuición rápida. Y dado que la IA no solo refleja sino que puede amplificar los sesgos humanos –y, además, es capaz de generar sus propias alucinaciones–, el ejercicio disciplinado del sistema 2 se vuelve más necesario que nunca.

Sin embargo, usada con criterio, la IA puede ayudar a estructurar el pensamiento, ofrecer perspectivas alternativas y estimular la reflexión. Pero esto exige diseñar experiencias de aprendizaje en las que los usuarios comparen, cuestionen y vuelvan a comparar y cuestionar los resultados que ofrece la máquina.

En cambio, usada sin cuidado la IA se convierte en una muleta cognitiva, una manera de evitar el esfuerzo reflexivo y de conformarse con respuestas fáciles.

La cuestión es el cómo

Un estudio reciente en China ilustra bien esta tensión. En un curso de inglés académico, los estudiantes llevaban diarios reflexivos y participaban en entrevistas. Aplicando la teoría del aprendizaje experiencial –según el cual, el aprendizaje se produce en un ciclo de acción, reflexión, conceptualización y experimentación– los investigadores observaron que los estudiantes que reflexionaban sobre el uso de la IA desarrollaban un conocimiento más profundo e integrado sobre cuándo, por qué y cómo utilizarla. Otros, en cambio, la trataban como un atajo y temían que debilitara sus competencias lingüísticas.

Los autores concluyeron que el uso excesivo de la IA con fines instrumentales puede minar el desarrollo del lenguaje, lo que subraya la necesidad de una utilización reflexiva más que solo funcional. La enseñanza es clara: lo decisivo no es si se usa la inteligencia artificial sino cómo.

¿Por qué?

El método de gestión los cinco porqués de Toyota es una herramienta simple y poderosa para llegar a la raíz de un problema. El principio es directo: al preguntar repetidamente, y al menos cinco veces, “¿por qué?” ante cada explicación, quedan atrás las respuestas superficiales y se llega a sus causas profundas. Este método es un recurso de gestión pero también una forma de metacognición: obliga a ir más allá de la primera respuesta, a interrogar las propias suposiciones y a dirigir de manera consciente el pensamiento.

En un mundo donde la IA puede generar en segundos una respuesta a casi cualquier cuestión, la verdadera ventaja pertenece a quienes saben interrogar esas respuestas, rastrear su propio razonamiento y elegir deliberadamente cómo proceder. La IA puede ser una compañera en ese proceso, pero solo si seguimos siendo los autores de nuestro pensamiento.

Por ello es fundamental adoptar estrategias prácticas que impidan que la IA erosione ese músculo intelectual tan esencial que es la metacognición. Algunas recomendaciones útiles son:

  • Delimitar el problema antes de consultar a la IA: definir el propósito, la pregunta central y la conclusión que se espera alcanzar.

  • Verificar las fuentes que ofrece la IA, seleccionar las más creíbles y leerlas con espíritu crítico.

  • No permitir que la IA dicte las conclusiones; anticiparlas uno mismo.

  • Trabajar en varias iteraciones, idealmente cinco o más, afinando el razonamiento en cada intercambio.

  • Añadir experiencias personales y reflexiones propias para hacer el texto original e inconfundible.

  • Al terminar, reflexionar explícitamente sobre lo que se ha aprendido en el proceso; cada reflexión refuerza la metacognición.

En definitiva, la metacognición no consiste en demorarse ni en dudar por dudar. Consiste en asumir la autoría consciente de nuestros procesos mentales. En una era en la que la IA puede ofrecer una respuesta instantánea a casi cualquier pregunta, la verdadera inteligencia no pertenece a quien responde más rápido, sino a quien es capaz de cuestionar esa respuesta, repensarla y decidir conscientemente cómo avanzar.


Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.

The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA – https://theconversation.com/piense-en-como-piensa-antes-de-preguntarle-nada-a-la-ia-265817

¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Olga Cruz Moya, Profesora titular de universidad, área de Lengua española, Universidad Pablo de Olavide

Gazatíes desplazados a las escuelas de UNRWA de Khan Yunis desde Ciudad de Gaza, siguiendo las órdenes del ejército israelí en preparación para una operación y ocupación terrestre, el 7 de septiembre de 2025. Anas-Mohammed/Shutterstock

El pasado 1 de septiembre, la ONG Reporteros sin Fronteras publicó un informe que comenzaba con una frase estremecedora: “Si el Ejército israelí sigue asesinando periodistas a este ritmo, pronto no quedará ninguno en Gaza para informarte”.

Declaración de Reporteros sin Fronteras (1 de septiembre de 2025).
Declaración de la ONG Reporteros sin Fronteras del 1 de septiembre de 2025.
Reporteros sin Fronteras

Días después, la Franja sufrió un corte de comunicaciones que la mantuvo aislada durante más de 24 horas. De no haberse restablecido, desde fuera nos hubiésemos quedado sin imágenes de lo que sucede dentro (Israel prohíbe el acceso a periodistas internacionales; los únicos que están sobre el terreno son los gazatíes).

Y ¿qué consecuencias tiene que dejemos de recibir noticias sobre acontecimientos que implican la pérdida violenta de vidas humanas, como guerras, catástrofes humanitarias o masacres genocidas como la actual?

En la era de la información global, que un conflicto lejano como el de Gaza tenga relevancia en la agenda informativa depende de una compleja cadena de decisiones editoriales. Desde la perspectiva de análisis crítico del discurso, poder-decir es una forma de poder simbólico que se manifiesta en la capacidad de definir la realidad que se expone en el espacio público, lo que influye directamente en la conformación de la opinión pública o el consenso social.

Los medios son nuestras ventanas al mundo

El papel de los medios resulta crucial en todo aquello que queda más allá de la experiencia directa de las personas. Seleccionar lo que se considera noticia implica, necesariamente, silenciar otros hechos. Los criterios de publicación suelen priorizar la imprevisibilidad, lo inusual, la “convulsión informativa” y las situaciones de urgencia.

Este sesgo favorece una cobertura intensiva y circunstancial, pero efímera: las crisis humanitarias irrumpen con fuerza en la agenda mediática durante sus momentos más dramáticos, pero rara vez se sostienen en el tiempo. La atención inicial contrasta con el olvido posterior, lo que debilita la comprensión de las consecuencias a largo plazo.

En el caso de un conflicto prolongado, como el palestino-israelí, cobra especial relevancia el recuerdo mediático, entendido como el proceso mediante el cual la prensa reactualiza episodios pasados, construyendo una memoria compartida que legitima actores y orienta la percepción pública. Así, los medios no solo registran hechos: también sedimentan visiones que configuran el imaginario colectivo.

La importancia de la imagen y el riesgo de saturación

Las imágenes transmitidas desde zonas en conflicto permiten dimensionar la destrucción y el sufrimiento humano, despertando empatía, reacción ciudadana e incluso presión política sobre los gobiernos. Sin embargo, en muchos casos, los medios privilegian el impacto visual por encima de la explicación o el análisis. La televisión, en particular, tiende a conmover antes que a contextualizar, movilizando emociones inmediatas más que comprensión crítica.

En lugar de explicar, informar, educar o analizar, a menudo se busca sacudir al espectador por motivos fundamentalmente humanos y psicológicos, pero también de mero espectáculo. Así sucedió con la retransmisión de la primera guerra de Irak. La prensa puede dar margen a la reflexión y la profundidad, pero la televisión establece el puente hacia los sentimientos, la emoción y la subjetividad.

Imagen de diferentes mujeres con bebés en brazos.
Mujeres con niños con desnutrición en la clínica ambulatoria del Hospital Nasser en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, el 13 de septiembre de 2025.
Anas-Mohammed/Shutterstock

Como señaló el filósofo francés Roland Barthes, la imagen funciona como un anclaje semiótico que otorga prueba y densidad al discurso. En España, diversos estudios muestran que la violencia televisada intensifica la implicación moral cuando las víctimas se presentan como cercanas y humanizadas. Pero la abundancia de imágenes puede tener el efecto contrario: la llamada “fatiga compasiva” transforma la tragedia en un espectáculo rutinario, incapaz ya de conmover ni movilizar.

El peso del relato

La manera en la que se describen las crisis no es casual. La información se elabora según una estructura en torno a un “molde” o marco interpretativo (framing) preestablecido que condiciona la interpretación de los hechos.

En los picos de atención mediática, el énfasis suele recaer en el despliegue armamentístico y el sufrimiento de los civiles, mientras se silencian las raíces de los conflictos, de carácter político y económico. Las estrategias discursivas importan: las representaciones personalizadas y humanizadas favorecen la empatía, mientras que las metáforas deshumanizadoras o expresiones connotadas negativamente refuerzan estereotipos y limitan la compasión.

En el caso palestino-israelí, la prensa española ha mostrado una atención intermitente en estos últimos setenta años, recurriendo a denominaciones que fluctúan entre la amplificación y la minimización de estos episodios: “conflicto”, “oleada de ataques”, “espiral de violencia”, “escalada de tensión”, “terrorismo”, “intifada”. Cada elección léxica moldea la forma en que el público percibe la magnitud y legitimidad de los hechos.

Un hombre camina por una calle llena de escombros.
Destrucción en Hamad City, en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza.
Mohammad Abu Elsebah/Shutterstock

Matar al mensajero: censura, bloqueo y desinformación

La información en contextos de guerra es también un campo de disputa política. Gobiernos y actores en conflicto buscan controlar el flujo de imágenes o manipular narrativas para justificar sus acciones o evitar el descrédito internacional. Esto queda claramente ejemplificado en el hecho de que los periodistas internacionales no puedan acceder a Gaza. La censura y la desinformación niegan a la ciudadanía la posibilidad de formarse una opinión crítica, debilitando los pilares democráticos y desmovilizando la solidaridad internacional.

En el ecosistema digital, además, la lógica algorítmica y la circulación acrítica de fuentes multiplican la fragmentación y la distorsión de los hechos. La verificación periodística y la autorregulación profesional se vuelven, por ello, herramientas imprescindibles para contrarrestar la manipulación interesada y la polarización.

Ojos que no ven…

Dejar de recibir imágenes de Gaza no implica únicamente ignorar lo que ocurre: supone perder los marcos discursivos que sostienen la memoria social y la empatía ciudadana. Cortar las comunicaciones es cortar narrativas, y sin narrativas se debilitan tanto la solidaridad como la rendición de cuentas en la esfera internacional. Y también significa darles la espalda a los periodistas que han muerto para que el mundo pueda ver lo que allí sucede.

The Conversation

Olga Cruz Moya no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza? – https://theconversation.com/que-pasaria-si-dejasemos-de-recibir-imagenes-de-gaza-265721

People with schizophrenia were hit hard by B.C.’s deadly 2021 heat dome

Source: The Conversation – Canada – By Liv Yoon, Assistant Professor, School of Kinesiology, University of British Columbia

In June 2021, British Columbia experienced an extreme climate event. A heat dome trapped hot air over the province, pushing temperatures to record highs for several days, killing more than 600 people.

A closer look at the numbers revealed something even more startling: people with schizophrenia — just one per cent of the population — made up 15.7 per cent of the deaths. This statistic underscores a troubling truth: climate change does not affect everyone equally.

Research by the BC Centre for Disease Control found that during the heat dome, people with schizophrenia had roughly three times the risk of dying compared to those without schizophrenia, more than any other chronic condition. Even before introducing housing or other critical social determinants of health, this diagnosis alone carried a much higher mortality risk.

Without targeted action, the most marginalized will continue to face the greatest risks. The heat dome revealed how schizophrenia combined with poverty, precarious and poor-quality housing, medication effects, stigma and social isolation led to a uniquely lethal risk.

As heatwaves grow more frequent and intense with climate change, public health and housing policy must shift from expecting people to cope on their own toward ensuring people are able to stay cool enough.

How schizophrenia increases heat risks

In a recent study, we interviewed 35 people with schizophrenia who lived through the 2021 heat dome for a more granular look at what it took to survive. Participants described suffering the physical effects (fainting, heat rash, exhaustion) and worsening symptoms like hallucinations, disrupted sleep and emotional distress.

Symptoms such as paranoia caused many to avoid news coverage, government warnings or even caretakers. This means many never received — or trusted — urgent alerts issued during the heat dome, and knowledge gaps were common.

For many, public cooling centres felt unsafe or unwelcoming due to previous experiences being stigmatized and feared because of their schizophrenia diagnosis. The stigma around schizophrenia also discouraged many individuals from seeking medical care or other public supports.

Homelessness or poor housing quality was another significant factor that compounded vulnerability. Many interviewees lived in older apartments without air conditioning. Others were unhoused and had to cope without shade, water or safe places to rest. For these reasons, staying cool indoors was not an option for many.

The result was a tragic overlap: people with the fewest resources to cope with extreme heat were also the least able to access help.

Why individual advice isn’t enough

Public health advice for heatwaves often focuses on individual actions: seek shade, buy a fan or check in on neighbours. While important, these messages assume equal access to information and resources — but evidence shows that many people with schizophrenia experience significant barriers to accessing them.

This way of thinking reflects a broader societal tendency to treat health as a matter of personal responsibility: that in the heat, each of us is on our own to prepare. But the disproportionate number of deaths among people with schizophrenia illustrates the flaw in this approach.

Our interviews revealed that many indeed internalized their struggles during the heat dome as personal shortcomings, when in reality, the problem was systemic: inadequate housing, limited access to care, widespread and debilitating social stigma and the lack of tailored public health strategies.

A different approach

To prevent the tragedies of 2021 from happening again, policymakers and experts need to view access to cool, safe spaces as a basic right. This means moving beyond a one-size-fits-all approach for advice, to one addressing the realities faced by those most at risk.

To be clear, this rights-based approach does not mean abandoning practical individual measures that save lives, such as opening public cooling centres or reminding people to drink water. These remain essential in the short term. But on their own, they are not enough.

To truly protect people with schizophrenia and others at high risk, these responses must unfold within a broader vision that treats access to safe temperatures as a basic right.

That means investing in affordable, climate-resilient housing and ensuring cooling centres are welcoming and accessible for all. It also means addressing stigma around mental health challenges, tailoring health advice to account for anti-psychotic medications and supporting outreach through trusted community networks.

We need both immediate interventions that provide relief during a heatwave and structural changes that address the root causes of vulnerability. Without this dual approach, responses to heatwaves will leave the same people exposed when the next extreme event arrives. Our goal should not be fewer deaths; we should aim for no deaths.

Structural solutions needed

The 2021 heat dome was tragic — more so because deaths were not inevitable. They were the result of overlapping vulnerabilities that our current housing and welfare systems fail to address. People with schizophrenia are not inherently more vulnerable to heat; they are made more vulnerable by the obstacles that shape their lives.

This means that solutions must also be structural. We need to change how we think about extreme heat; it is not just a natural hazard. It is a reflection of how social systems are failing people, especially those on the sharp edges of inequality.

Viewing cooling as a right means investing in societies that are more resilient to heat. This means governments investing in safer and more accessible housing for all, building welcoming public spaces, fostering a society where neighbours know and care for each other and allowing people with lived experience to play a central role in shaping future heat-health planning.

The Conversation

Liv Yoon received funding from Health Canada’s Climate Change and Health Office for the study that informs this article.

Samantha Mew does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. People with schizophrenia were hit hard by B.C.’s deadly 2021 heat dome – https://theconversation.com/people-with-schizophrenia-were-hit-hard-by-b-c-s-deadly-2021-heat-dome-265173

Así sería vivir con un gemelo digital al lado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jon Andoni Duñabeitia, Director del Centro de Investigación Nebrija en Cognición (CINC) y Director de la International Chair in Cognitive Health (ICCH) en la Universidad Nebrija, Universidad Nebrija

metamorworks/Shutterstock

Cuando escuchamos la palabra gemelos, pensamos en dos personas idénticas que comparten rasgos físicos y, en ocasiones, hasta ciertas manías. Pero en el mundo de la tecnología ha nacido otro tipo de gemelos, tan revolucionarios como desconocidos: los gemelos digitales.

Un gemelo digital es una réplica virtual de un sistema real. Se trata de un modelo dinámico que, alimentado por datos en tiempo real, imita el comportamiento de aquello que representa. Es como tener un espejo inteligente que no solo refleja nuestro estado, sino que aprende de cada movimiento para anticipar el siguiente.

En diferentes sectores ya se utilizan desde hace años. Gracias a ellos se predicen fallos en aviones antes de que ocurran, se optimizan fábricas enteras o se diseñan coches que han aprendido de los datos de conducción de miles de usuarios. Más recientemente, su aplicación en contextos del sector de la agricultura está suponiendo un avance significativo en la predicción del impacto del clima y los cambios debidos a situaciones naturales sobre las cosechas, por ejemplo.

En el ámbito médico, los gemelos digitales están marcando un antes y un después. Existen, por ejemplo, propuestas basadas en gemelos cardiacos digitales orientadas a simular el funcionamiento del corazón de cada paciente con un nivel de detalle asombroso. Gracias a ellos, los médicos podrán anticipar cómo responderá un corazón concreto ante una arritmia o un tratamiento específico, sin necesidad de arriesgar al paciente real.

Esta combinación de modelado virtual y datos clínicos abre la puerta a una medicina más predictiva, personalizada y segura, en la que las decisiones terapéuticas se basan no solo en la experiencia médica, sino también en la simulación de lo que ocurrirá en nuestro doble digital.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando esta idea se traslada al terreno del cerebro humano?

De la fábrica al cerebro: una revolución en marcha

La salud cognitiva y la salud mental son pilares de nuestro bienestar, pero también son frágiles. El deterioro asociado a la edad, la depresión, la ansiedad o los trastornos neurodegenerativos siguen siendo grandes retos para la medicina.

Aquí es donde la inteligencia artificial abre una ventana de esperanza. Al integrar y analizar grandes volúmenes de datos, la IA puede ayudar a detectar antes la enfermedad, seleccionar mejor a los pacientes para ensayos clínicos y hasta simular la evolución de cada individuo mediante gemelos digitales. En otras palabras, la IA nos ofrece la posibilidad de adelantarnos al deterioro, diseñar intervenciones a medida y acelerar la llegada de terapias más eficaces y seguras.

Recientemente, un equipo de científicos de la Universidad Duke, la Universidad de Columbia, la Universidad Nebrija y CogniFit han desarrollado un nuevo marco de trabajo para abordar la salud mental y cognitiva de las personas basado en los gemelos cognitivos digitales. Se trata de representaciones virtuales que integran datos de nuestra actividad cerebral y conductual, nuestros hábitos diarios y nuestras respuestas emocionales. Gracias a la IA, estos modelos dinámicos pueden aprender y actualizarse con cada nueva interacción.

Imaginemos que cada persona pudiera tener su “doble digital” cognitivo, que predice cómo va a evolucionar su memoria o su atención, y que propone actividades personalizadas para entrenar la mente antes de que aparezca un problema grave. ¿Asombroso, verdad?

Los aliados invisibles: ‘wearables’ e inteligencia artificial

La clave de esta revolución está en la integración con los dispositivos que ya llevamos encima. Los relojes inteligentes, las pulseras de actividad o los sensores de sueño proporcionan información continua sobre nuestro cuerpo. Los datos asociados al ritmo cardíaco, a la calidad del descanso, al nivel de actividad o al estrés podría ya estar nutriendo en tiempo real a nuestro “doble digital”, que aprende de esas señales y adapta las recomendaciones o entrenamientos cognitivos a nuestro estado físico y mental de cada momento.

La IA actúa como el director de orquesta que coordina todos estos datos, integrándolos en un sistema que no solo reacciona, sino que se adelanta a nuestras necesidades.

Mucho más que un videojuego para el cerebro

Hasta ahora, los entrenamientos cognitivos digitales han sido percibidos como juegos más o menos entretenidos, con beneficios limitados. La diferencia con los gemelos cognitivos es enorme: no hablamos de ejercicios genéricos, sino de un ecosistema dinámico, ajustado en tiempo real a cada persona, supervisado por profesionales de la salud y apoyado en evidencia científica. Este cambio de paradigma supone pasar de un enfoque de “café para todos” a una medicina verdaderamente personalizada y preventiva.

Por supuesto, no todo son promesas. Los gemelos digitales en este campo deben superar desafíos cruciales que garanticen la privacidad de los datos. Además, es necesario evitar la brecha digital que podría excluir a las personas mayores o con menos acceso tecnológico, y asegurar que las decisiones que tomen los algoritmos sean transparentes y éticas. En este punto, no debemos olvidar que los estudios más recientes indican que el uso de la tecnología ayuda a prevenir y retrasar el deterioro cognitivo, tanto normal como patológico.

Los gemelos digitales están llamados a ser una de las grandes revoluciones de la medicina y la ciencia cognitiva de este siglo. Igual que hace décadas nos parecía ciencia ficción hablar de llevar un ordenador en el bolsillo, en pocos años resultará natural tener un gemelo cognitivo que nos acompañe y nos cuide. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que nuestro propio doble digital para ayudarnos a entendernos, anticiparnos y cuidarnos?

The Conversation

Jon Andoni Duñabeitia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así sería vivir con un gemelo digital al lado – https://theconversation.com/asi-seria-vivir-con-un-gemelo-digital-al-lado-265320

Cesser sa profession : le rôle de la mémoire dans la fin de la vie professionnelle

Source: The Conversation – in French – By Ricardo Azambuja, Professeur associé en management, EDHEC Business School

La fin de l’activité professionnelle est un moment clé dans une vie. Comment se déroule le passage à la retraite quand on est cadre supérieur au Japon ou aux États-Unis ? La façon dont est vécue cette rupture dépend en grande partie des contextes culturels et de la manière dont les personnes sont accompagnées. Des progrès pourraient être réalisés dans ce domaine.


Dans « Unbecoming a Professional : The Role of Memory during Field Transitions in Japan and the US », nous examinons comment des associés partenaires retraités des cabinets d’audit au Japon et aux États-Unis envisagent leur vie personnelle à l’issue de leur carrière. Ces cabinets sont des environnements hautement structurés où les individus développent des liens profonds avec leur travail, leurs compétences et leurs routines. En nous appuyant sur des entretiens menés avec 48 partenaires retraités dans ces deux pays, nous avons étudié la façon dont les individus « cessent d’être des professionnels » après des décennies passées dans une carrière.

L’étude souligne que, bien que les contextes culturels et sociétaux influencent la manière dont les ex-partenaires vivent cette transition, la nostalgie et les souvenirs de leur passé professionnel jouent également un rôle important dans leur adaptation.

Pour comprendre ce moment de sortie de la vie professionnelle, nous nous appuyons sur des concepts sociologiques clés issus des travaux de Pierre Bourdieu, notamment l’habitus, le capital, l’effet d’hystérésis et les transitions de champ. Au fil du temps, les professionnels développent des habitudes, des compétences et des façons de penser profondément ancrées, en accord avec les normes et les attentes de l’environnement des cabinets d’audit.

Le travail, une question d’habitus

L’habitus formulé influence la manière dont les partenaires se comportent et naviguent dans leur monde professionnel. En outre, tout au long de leur carrière, les professionnels accumulent différents types de ressources ou de formes de « capital » qu’il s’agisse de capital culturel (compétences, savoirs), social (relations, réseaux) ou encore économique (richesse). Ces formes de capital sont grandement valorisées durant les années de travail des individus. Mais quand arrive la retraite, leur signification peut changer.

Pour expliquer plus généralement ce décalage entre l’habitus et les nouvelles circonstances, Bourdieu a avancé le concept d’effet d’hystérésis : l’inadaptation de l’habitus vis-à-vis des nouvelles circonstances. À divers degrés, certaines des compétences professionnelles, connaissances, manières sociales et réseaux développés au cours de leur longue carrière ne correspondent plus aux circonstances de leur retraite.

La retraite comme une remise de diplôme, au Japon

« Ces titres – associés des Quatre Grands et le titre de CPA (certified public accountant) – sont mon passeport pour la prochaine étape de ma carrière comme conseil d’administration des sociétés cotées en bourse. »

Nos principales conclusions suggèrent que les valeurs culturelles influencent profondément la manière dont ces partenaires vivent et s’adaptent après s’être détachés d’un cabinet d’audit. Les ex-partenaires japonais considèrent souvent la retraite comme une « remise de diplôme » (graduation) ou « sotsugyou ». Soit une transition vers une nouvelle phase plutôt qu’une fin complète de leur vie professionnelle.

En ce qui concerne le capital économique, de nombreux ex-partenaires japonais continuent à travailler dans des conseils d’administration et conservent leurs qualifications professionnelles, exploitant leurs connaissances, compétences et le réseau social qu’ils ont acquis. Ce phénomène reflète le concept d’« ikigai » : avoir un but dans la vie, qui inclut souvent un travail continu et une contribution active à la société.

Du point de vue du capital social, les relations professionnelles solides et la loyauté envers d’anciens collègues perdurent pour les ex-partenaires japonais à la retraite. Ils continuent d’interagir avec leur réseau professionnel, ce qui les aide à trouver des rôles post-retraite et à maintenir un sentiment d’appartenance. Notre étude souligne que ce travail continu s’aligne avec les attentes de la société japonaise et des structures familiales, qui valorisent la contribution continue au foyer comme faisant partie d’un objectif de vie légitime et louable.




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La retraite comme une récompense bien méritée, aux États-Unis

À l’inverse, les ex-partenaires états-uniens ont tendance à voir la retraite comme une période faite pour se détacher complètement de la vie professionnelle et investir d’autres sphères de la vie. Pour beaucoup, la retraite est perçue comme une récompense pour des décennies de travail, en accord avec l’idéal de l’« American Dream » ou la promesse d’atteindre le succès et la prospérité grâce au travail acharné.

Concernant le capital économique, les ex-partenaires réorientent leur attention vers les loisirs, la famille et les intérêts personnels. Pour eux, la retraite est moins axée sur le maintien des liens avec leur passé professionnel et davantage sur une vie de confort et de plaisir, décrivant souvent leur retraite comme le fruit « mérité » de leur vie professionnelle. Relativement au capital social, les relations professionnelles diminuent souvent après la retraite ; ils doivent relever le défi de construire de nouveaux réseaux sociaux en dehors du travail, bien qu’ils maintiennent des liens étroits avec certains anciens collègues.

« Nous avons tous voyagé, et c’était aussi une activité que nous faisions au travail, mais c’était… un ou deux voyages par an. Maintenant, on peut partir en voyage tous les mois, ou tous les week-ends, et planifier de grands voyages, de longs séjours ailleurs. »

Adaptations différentes d’un pays à l’autre

Les ex-partenaires japonais et états-uniens font tous l’expérience de l’« hystérésis », un décalage entre leur rôle professionnel de longue date et leur situation de vie actuelle. Les ex-partenaires japonais, par exemple, constatent que, bien que leurs compétences et titres professionnels aient une valeur sociale, ils ne se traduisent pas toujours aisément dans leurs nouveaux rôles au sein des conseils d’administration. Ils y sont confrontés à des attentes et des normes professionnelles distinctes. Ce décalage peut engendrer un sentiment de désorientation, car ils s’efforcent de réutiliser leur expérience professionnelle pour s’adapter à de nouvelles responsabilités.

En revanche, pour les ex-partenaires des États-Unis, l’hystérésis prend la forme d’une rupture soudaine avec les réseaux professionnels et les environnements structurés auxquels ils étaient intégrés. Il est souvent plus difficile pour eux de se constituer de nouveaux cercles sociaux en dehors du travail, étant donné que leurs relations antérieures – transactionnelles – étaient principalement axées sur la carrière.

Le rôle de la nostalgie

Notre étude montre également le rôle de la nostalgie en tant qu’« outil » utilisé par les ex-partenaires pour combler l’écart entre leurs activités professionnelles passées et présentes en fonction du changement de contexte (de la vie active à la période de retraite) qu’ils connaissent. Les partenaires japonais ressentent souvent de la nostalgie pour leur rôle au sein des cabinets d’audit, valorisant les liens sociaux et le prestige que leur position leur apportait.

Beaucoup continuent d’associer leur estime personnelle à leur rôle professionnel, ce qui les incite à rester impliqués dans des activités professionnelles. La nostalgie les aide à adapter leur capital culturel et social accumulé à de nouvelles positions, telles que les rôles qu’ils occupent au sein de conseils d’administration, préservant ainsi un sentiment de continuité avec leur ancienne vie au sein des cabinets d’audit.

France 24, 2018.

En revanche, les ex-partenaires aux États-Unis ont tendance à canaliser leur nostalgie vers l’appréciation des fruits de leur labeur, valorisant la liberté que leur apporte la retraite après des décennies d’engagement dans les cabinets d’audit. Bien qu’ils expriment de la nostalgie pour la camaraderie et la vie professionnelle qu’ils ont laissées derrière eux, ils envisagent généralement la retraite comme une occasion de se redéfinir. Bien qu’ils puissent être nostalgiques de leurs succès professionnels et leurs liens sociaux, ils cherchent surtout à s’épanouir à travers des activités familiales, des voyages et de nouveaux passe-temps, plutôt que de continuer à consacrer du temps à des activités liées à leur vie professionnelle.

Comprendre les dynamiques vécues par les associés partis à la retraite peut aider les organisations et la société à mieux soutenir les professionnels dans leur transition vers la retraite, en prenant en compte à la fois les facteurs psychologiques et culturels. Bien que nos participants mentionnent le soutien des programmes de retraite visant à faciliter la transition des retraités, ces programmes tendent à se concentrer uniquement sur les aspects financiers. Au-delà de la planification financière, les particularités liées à la culture nationale, à la profession et à la situation individuelle (ex. statut familial, ambitions, etc.) doivent être prises en considération.

Dans la mesure où les professionnels en viennent généralement à considérer leur l’entreprise et de leur métier comme un système de soutien global, non seulement pour accomplir leurs ambitions financières et professionnelles, mais aussi pour répondre à leurs besoins sociaux et psychologiques, nos conclusions soulignent que d’autres aspects de la retraite pourraient être pris en considération, dont, plus particulièrement, l’intégration d’un soutien social et psychologique adapté aux réalités de chaque contexte culturel.

The Conversation

Ricardo Azambuja ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Cesser sa profession : le rôle de la mémoire dans la fin de la vie professionnelle – https://theconversation.com/cesser-sa-profession-le-role-de-la-memoire-dans-la-fin-de-la-vie-professionnelle-245702

Faut-il s’attendre à des gadgets dopés à l’IA dans le prochain James Bond ?

Source: The Conversation – in French – By Christopher Holliday, Senior Lecturer in Liberal Arts and Visual Cultures Education, Department of Interdisciplinary Humanities, King’s College London

Le prochain opus de la saga James Bond, en développement chez Amazon Studios, sera écrit par Steven Knight (Peaky Blinders) et réalisé par Denis Villeneuve. Pour l’heure, Knight a seulement évoqué son envie de créer « quelque chose d’identique mais différent », tandis que Villeneuve a promis d’« honorer la tradition » de la saga. Une déclaration énigmatique, tant cette tradition a pu se révéler changeante au fil des ans, en particulier dans le rapport que le héros entretient avec les technologies de pointe.


Depuis les années 1960, la panoplie de gadgets fait partie intégrante de l’univers James Bond. Leur présence ou leur absence a souvent marqué les tournants de la saga, reflétant à la fois le contexte mondial et l’influence d’autres franchises à succès.

Aujourd’hui, avec l’essor de l’IA, le James Bond nouveau pourrait explorer de nouveaux thèmes liés à la technologie. Mais chaque nouvelle version, surtout associée à l’arrivée d’un nouvel acteur, une approche plus réaliste, façon « retour aux sources ».

Bond et ses gadgets

Les premiers James Bond, avec Sean Connery – Dr No (1962), Bons baisers de Russie et Goldfinger (1964) – introduit déjà quelques gadgets. Dans On ne vit que deux fois (1967), le scénario est plus spectaculaire, avec le détournement d’une capsule spatiale en pleine course à l’espace entre les États-Unis et l’URSS, avec le repaire du méchant niché dans un volcan.

Le film suivant, Au service secret de Sa Majesté (1969), adopte un ton très différent. L’intrigue se concentre sur la romance entre Bond (George Lazenby) et Tracy di Vicenzo (Diana Rigg) jusqu’à leur mariage, privilégiant une dimension émotionnelle inédite. Le rôle secondaire accordé à la technologie coïncide avec l’arrivée d’un nouvel acteur — une tendance qui se répétera régulièrement. Ce changement de ton était d’ailleurs prévisible pour d’autres raisons.

Goldfinger : Q présente à Bond son Aston Martin.

En effet, Ian Fleming, l’auteur de James Bond, écrit Au service secret de Sa Majesté dans sa maison de vacances jamaïcaine, Goldeneye, alors que Dr No était tourné à proximité. Publié le 1er avril 1963, le roman sort le jour où débute le tournage de Bons baisers de Russie. L’approche plus sobre en gadgets peut être vue comme la critique de Fleming envers ce qu’il considérait comme une dépendance excessive des films Bond aux technologies de pointe. Dans l’histoire de la saga, chaque excès technologique est presque toujours suivi d’un recentrage sur des choix plus minimalistes, et une plus grande place accordée aux personnages.

Après Au service secret de Sa Majesté, Sean Connery revient dans Les diamants sont éternels (1971), qui, comme On ne vit que deux fois, s’inscrit dans une intrigue spatiale. Puis vient Vivre et laisser mourir (1973), premier film avec Roger Moore dans le rôle de Bond, plus ancré dans le réel et marqué par l’absence de Q, le célèbre maître des gadgets (appelé Major Boothroyd dans Dr No).

Les films des années 1970, avec Roger Moore, montrent une dépendance croissante à la technologie, culminant avec Moonraker (1979), fortement influencé par Star Wars (1977), dans lequel Bond part dans l’espace.

Le film suivant, Rien que pour vos yeux (1981), fut décrit par le réalisateur John Glen comme un retour « aux sources de Bond ». La récession mondiale de 1980-1982 a probablement favorisé ce recentrage. Avec un budget inférieur à celui de Moonraker, les réalisateurs ont dû faire preuve d’ingéniosité : on le voit avec ce Bond escaladant une paroi rocheuse, en Grèce, à l’aide de simples lacets.

Une relation ambivalente avec la technologie

Les derniers films avec Moore illustrent la relation ambivalente entre Bond et la technologie, notamment avec l’intrigue sur les micropuces dans Dangereusement vôtre (1985). Mais dès Tuer n’est pas jouer (1987), Timothy Dalton incarne un Bond plus réaliste, fidèle à l’esprit des romans, privilégiant les techniques d’espionnage classiques. Après une ouverture à Gibraltar, l’action se déplace à Bratislava, où Bond aide un général du KGB à passer à l’Ouest. Dalton quitte la saga après Permis de tuer (1989), influencé par le cinéma d’action hollywoodien des années 1980.

Après une pause de six ans, Bond revient avec GoldenEye (1995), incarné par Pierce Brosnan, et entre dans l’ère de l’information. L’intrigue cyberterroriste du film s’inspire des sous-cultures émergentes sur Internet.

Scène d’ouverture de Tuer n’est pas jouer (YouTube officiel de 007).

Meurs un autre jour (2002), dernier film avec Pierce Brosnan dans le rôle-titre, pousse la technologie à l’extrême avec une Aston Martin invisible, jugée excessive par le public et la critique. Dans un contexte post-11 septembre, marqué par la quête de réalisme et de sécurité nationale – incarnée par la saga Jason Bourne – ces effets spéciaux spectaculaires paraissaient décalés.

C’est alors qu’arrive le Bond incarné par Daniel Craig, accompagné d’une déclaration forte : désormais, Bond ferait les choses pour de vrai, pour reprendre le titre d’un documentaire sur l’acteur tournée à l’occasion de son premier film dans le rôle (Casino Royale, 2006). Cette déclaration d’intention marque non seulement une distanciation par rapport aux images de synthèse mais aussi l’abandon de bizarreries technologiques extravagantes qui avaient marqué les épisodes précédents.

L’absence de Q, une première depuis Vivre et laisser mourir, confirme ce retour aux sources. Lorsque Q revient dans Skyfall (2012), désormais incarné par Ben Whishaw, il lance à Bond : « Vous vous attendiez à un stylo explosif ? Nous ne faisons plus vraiment ce genre de choses. »

Avec un nouveau reboot en préparation, la question se pose : le film s’inspirera-t-il des technologies contemporaines ou privilégiera-t-il un Bond plus réaliste ? Denis Villeneuve, fort de son expérience en science-fiction (Arrival, Blade Runner 2049, Dune), pourrait aller dans le sens de l’innovation. Mais, dans un contexte culturel marqué par la crainte de l’intelligence artificielle, la saga pourrait également s’éloigner de la technologie pour se démarquer. Quoi qu’il en soit, les cinéastes pourront toujours affirmer rester fidèles à la tradition !

The Conversation

Christopher Holliday ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Faut-il s’attendre à des gadgets dopés à l’IA dans le prochain James Bond ? – https://theconversation.com/faut-il-sattendre-a-des-gadgets-dopes-a-lia-dans-le-prochain-james-bond-262634

Pourquoi l’insuline, cruciale face au diabète, reste inaccessible à des millions de patients

Source: The Conversation – France in French (3) – By Stéphane Besançon, Associate Professor in Global Health at the Conservatoire National des Arts et Métiers (CNAM) / CEO NGO Santé Diabète, Conservatoire national des arts et métiers (CNAM)

Découverte au début du XXe siècle, l’insuline a révolutionné la prise en charge du diabète, transformant une maladie mortelle en maladie chronique. Mais un très grand nombre de patients n’a toujours pas accès à ce médicament essentiel. Pour changer les choses, les gouvernements doivent agir.


La découverte de l’insuline, en 1921, a révolutionné la prise en charge du diabète. De maladie mortelle, cette affection, qui se caractérise par un excès de sucre dans le sang, est devenue une maladie chronique que l’on pouvait désormais traiter.

Pour assurer l’accès à ce médicament vital au plus grand nombre, les découvreurs de l’insuline en ont cédé les droits à leur université pour un dollar symbolique. Pourtant, un siècle plus tard, une partie importante des patients atteints de diabète ne peut toujours pas se procurer cette molécule essentielle.

En 2021, l’Assemblée mondiale de la santé a souligné l’importance de l’accès à l’insuline dans sa résolution visant à renforcer la prévention et le contrôle du diabète. Pourtant, depuis, la situation a peu évolué au niveau mondial.

À la veille du 4e Sommet de haut niveau sur les maladies non transmissibles qui se tiendra à New York le 25 septembre, il est important de rappeler que l’action des gouvernements est cruciale pour garantir que toutes les personnes qui ont besoin d’insuline soient effectivement en capacité de s’en procurer.

Nous avons analysé le rôle que les gouvernements doivent jouer pour y parvenir. Voici ce qu’il faut retenir de nos travaux, dont les conclusions dépassent le cadre de l’accès à l’insuline.

Un médicament vital, mais toujours hors de portée

Découverte il y a plus d’un siècle, en 1921, et utilisée pour la première fois en contexte clinique en 1922 pour traiter un enfant, l’insuline a transformé le destin de millions de personnes atteintes de diabète.

Rappelons que cette hormone est fabriquée par certaines cellules spécialisées du pancréas (les cellules bêta des îlots de Langerhans). Elle permet de réguler la glycémie, autrement dit les taux de glucose dans le sang. L’insuline favorise en effet l’entrée de ce sucre dans les cellules, ce qui en diminue la concentration sanguine. Pour mémoire, il faut distinguer deux types de diabète, le diabète de type 1 (autrement dit, dû à une production insuffisante d’insuline) ou de type 2 (résultant d’une baisse de sensibilité des cellules à l’insuline).

Sur le long terme, les conséquences de l’hyperglycémie chronique, qui concernent principalement le cœur et les vaisseaux sanguins, sont catastrophiques. Elles aboutissent à une augmentation du risque d’athérosclérose, d’infarctus (risque multiplié de trois à cinq fois), d’accident vasculaire cérébral ou d’artérite (inflammation des artères) des membres inférieurs (pouvant mener à l’amputation), d’insuffisance rénale grave ou encore de cécité.

Les deux types de diabète peuvent nécessiter la prise d’insuline, mais pour le type 1 il s’agit d’une question de survie, car sans insuline, cette maladie constitue malheureusement une condamnation à mort. On comprend pourquoi la découverte du rôle de cette hormone, puis son utilisation en tant que médicament, a révolutionné la prise en charge de cette affection. Au point que, dès 1923, les scientifiques qui en ont été à l’origine (Frederick Banting, Charles Best, John Macleod et James Collip) se voyaient remettre le prix Nobel de physiologie (ou, médecine). Depuis lors, la prestigieuse récompense n’a plus jamais été attribuée si rapidement après une découverte…

En 2025, cependant, ce médicament essentiel à la survie des 9 millions de personnes vivant avec un diabète de type 1 et qui participe à une meilleure prise en charge de 63 millions de personnes vivant avec un diabète de type 2 reste inaccessible à une partie importante de la population mondiale.

Des conséquences importantes en matière de santé publique

On estime que, dans l’ensemble, une personne sur deux dans le monde n’a pas accès à l’insuline dont elle a besoin et en Afrique cette proportion est encore pire puisqu’elle est estimée à un patient sur sept.

Cette situation, qui concernait essentiellement les pays à revenus faibles et intermédiaires, touche aussi, depuis quelques années, les États-Unis. On estime que le prix très élevé de l’insuline dans ce pays oblige environ 16,5 % des personnes qui en ont besoin à rationner son utilisation (en retardant la prise ou en diminuant la dose, par exemple). Cela correspond à environ 1,3 million d’adultes.

Il est important de noter que cette problématique de l’accès à l’insuline ne concerne pas que le diabète de type 1, mais aussi le diabète de type 2, forme de la maladie qui est en très forte croissance dans le monde. En 2020, on estimait qu’environ 445 millions d’adultes âgés de 20-79 ans vivaient avec un diabète de type 2. Ils seront, selon les évaluations les plus optimistes, au minimum 730 millions dans ce cas en 2025, et 15,5 % d’entre eux devraient avoir besoin d’insuline.

Cette difficulté d’accès est principalement due au prix de l’insuline, mais aussi au manque de disponibilités de ce médicament dans de nombreux systèmes de santé. Or, déterminer les raisons pour lesquelles un médicament est disponible ou non n’est pas toujours simple, car l’accessibilité dépend d’une chaîne complexe dont chaque maillon peut faillir.

Pour y parvenir, l’Organisation mondiale de la santé (OMS) propose de retenir huit dimensions : la recherche et l’innovation, la production, la réglementation, la mise sur le marché et le remboursement, l’approvisionnement, la prescription, la dispensation et l’utilisation. Dans le cas de l’accessibilité de l’insuline, ce cadre d’analyse nous apprend notamment qu’à chaque étape, les gouvernements ont un rôle important à jouer.

Recherche et innovation : pour que le bien public ne bascule pas vers le marché

Au niveau mondial, les gouvernements investissent des sommes importantes dans la recherche. Ces financements, souvent destinés aux universités, favorisent la découverte de traitements innovants. L’histoire de l’insuline illustre bien l’importance de ce rôle. Son brevet fut cédé par ses découvreurs à l’université de Toronto, où ils officiaient, pour un dollar symbolique, afin d’en assurer un accès universel. L’un d’eux, Frederick Banting, aurait déclaré :

« L’insuline ne m’appartient pas, elle appartient au monde entier. » (« Insulin does not belong to me, it belongs to the world. »)

Toutefois, une fois entre les mains de l’industrie pharmaceutique, les prix se sont envolés, illustrant les tensions entre brevets, innovation et accessibilité. Aujourd’hui, la production d’insuline est dominée par trois fabricants (Sanofi, Eli Lilly et Novo Nordisk), qui contrôlent 90 % d’un marché estimé à 29,4 milliards de dollars en 2024.

Cette situation limite la concurrence et neutralise l’effet que pourrait avoir sur les prix l’introduction de « biosimilaires » de l’insuline (autrement dit, des « génériques » de cette molécule). Pour cette raison, les gouvernements doivent donc repenser leur soutien à l’innovation.

Il s’agit non seulement de financer la recherche pour de nouvelles technologies, d’envisager une production locale et une production publique, mais aussi de promouvoir des « innovations douces ». Ces solutions moins spectaculaires sont souvent négligées par le secteur privé, mais peuvent pourtant être bien adaptées aux besoins réels. On peut, par exemple, envisager la mise en place de nouvelles approches pour l’éducation thérapeutique des patients, s’appuyant sur les nouvelles technologies, ou l’emploi d’outils d’intelligence artificielle (IA) pour mieux utiliser les données générées par les systèmes de santé.

Régulation et mise sur le marché : harmoniser et simplifier

L’autorisation de mise sur le marché relève d’agences nationales ou régionales, comme l’EMA (Agence européenne du médicament, en anglais l’European Medicines Agency) en Europe ou la FDA (Food and Drug Administration) aux États-Unis. Ces institutions sont essentielles pour garantir la qualité et la sécurité des médicaments, mais leurs procédures restent complexes, notamment quand il s’agit d’introduire des biosimilaires.

Face à la faible action des gouvernements, l’OMS a lancé, en 2019, un programme de préqualification pour l’insuline, destiné à faciliter l’entrée de nouveaux producteurs sur le marché. Pourtant, à ce jour, peu de fabricants ont déposé un dossier. Pour accroître la concurrence, les gouvernements doivent encore harmoniser et simplifier les procédures, tout en soutenant l’entrée de nouveaux fabricants sur les marchés.

La question des prix est tout aussi cruciale. Dans certains pays, les tarifs sont fixés par comparaison internationale. Dans d’autres, cela se fait après des négociations entre l’État et les industriels. Néanmoins, dans la plupart des pays à revenu faible ou intermédiaire, ces politiques sont inexistantes.

Ce manque de transparence grève les capacités de négociation, et aboutit à une inflation des prix non seulement pour les patients, mais aussi pour le système de santé. Pour remédier au problème, les gouvernements doivent développer des mécanismes de fixation des prix d’achat. Ils doivent également garantir un prix abordable (ou, idéalement, la gratuité) pour leurs populations.

Approvisionnement et distribution : le défi logistique

Qu’un médicament soit fabriqué et bénéficie d’une autorisation de mise sur le marché ne suffit pas à assurer son accessibilité. Il faut également qu’il existe des chaînes logistiques permettant de le stocker correctement et de le transporter dans des conditions appropriées, notamment en respectant la chaîne du froid.

La chaîne d’approvisionnement doit également être efficiente et peu coûteuse, afin d’influer le moins possible sur le prix final du médicament. Or, dans de nombreux pays, des problèmes d’infrastructures ou des coûts logistiques élevés viennent gonfler le prix final payé par le patient.

Là encore, le rôle des gouvernements est central. Ces derniers doivent mettre en œuvre les investissements adéquats pour assurer l’efficience de l’infrastructure de leur chaîne d’approvisionnement. Ils doivent en parallèle garantir que sa structuration n’entraîne pas des coûts additionnels pour le système ou les patients.

Prescription et utilisation : renforcer les systèmes de santé

L’insuline ne sauve des vies que si elle est prescrite, dispensée et utilisée correctement.

Or, il arrive qu’en bout de chaîne, les patients atteints de diabète se retrouvent confrontés à des barrières à l’utilisation à cause de divers facteurs, tels que la faiblesse du système de santé, le manque de professionnels de santé ou une disponibilité aléatoire dans les pharmacies.

Les gouvernements doivent investir pour améliorer les systèmes de santé et garantir une prise en charge globale, holistique, du diabète.

Rééquilibrer le rapport de force avec le secteur privé

Pour reprendre la métaphore de l’économiste canadien Henry Mintzberg, la société est comme un tabouret à trois pieds, représentés par le gouvernement, la société civile et le secteur privé. Si les trois pieds ne sont pas au même niveau, l’équilibre est rompu. Or, c’est exactement ce qui se passe dans le cas de l’insuline. Le secteur privé impose souvent ses règles, au détriment de l’intérêt général.

Face à cela, les gouvernements doivent assumer pleinement leur rôle de contre-pouvoir. Ils ont entre leurs mains les leviers pour changer la donne. Ils doivent investir dans la recherche et l’innovation, réguler un marché trop concentré, financer des systèmes de santé solides et protéger les patients contre des prix abusifs.

Sans une action déterminée, les inégalités continueront de se creuser. L’insuline est un symbole. Elle incarne à la fois les promesses de la médecine moderne et les inégalités criantes dans l’accès aux soins. Garantir son accessibilité n’est pas seulement une question de santé publique : c’est un enjeu de justice sociale et de droits humains.

Plus d’un siècle après sa découverte, il est temps que l’insuline devienne enfin ce qu’elle aurait toujours dû être : un bien public mondial, accessible à toutes et à tous.

The Conversation

Stéphane Besançon est directeur de l’ONG Santé diabète qui a reçu des financements de l’Agence Française de Développemen pour le développement des projets de l’ONG Santé Diabète. Il fait parti du NCDs WHO civil society working group de l’Organisation Mondiale de la Santé (OMS)

David Beran a reçu des financements de la Direction du Développement et de la Coopération du gouvernement suisse; World Diabetes Foundation; Breakthrough T1D et via le projet “Addressing the Challenge and Constraints for Insulin Sources and Supply” gérer par Health Action International un financement de The Leona M and Harry B Helmsley Charitable Trust. Il fait aussi partie du Technical Advisory Group for Diabetes de l’Organisation Mondiale de la Santé.

ref. Pourquoi l’insuline, cruciale face au diabète, reste inaccessible à des millions de patients – https://theconversation.com/pourquoi-linsuline-cruciale-face-au-diabete-reste-inaccessible-a-des-millions-de-patients-265623

Penser le monde d’après : l’utopie de la « République de l’Économie sociale et solidaire »

Source: The Conversation – France in French (3) – By Alexandrine Lapoutte, Maître de conférence en sciences de gestion, Université Lumière Lyon 2

Lancée en 2020, la « République de l’ESS » a pour objectif de créer une dynamique collective de citoyens autour d’un projet politique commun, fondé sur une vision du monde. JormSangsorn/Shutterstock

Depuis 2020, la « République de l’Économie sociale et solidaire » a pour ambition de construire un projet politique porteur d’une vision du monde. Laquelle ? Fondée sur quels imaginaires ? Quels mythes ?


Alors que les dystopies prolifèrent, alimentant à coup de zombies un imaginaire de l’effondrement, et que les entrepreneurs de la Silicon Valley rêvent de technosolutionnisme, l’économie sociale et solidaire (ESS) trace sa voie.

L’ESS, définie par une loi en 2014, regroupe des mutuelles, coopératives, associations, fondations et certaines sociétés commerciales qui respectent trois conditions cumulatives : un but poursuivi autre que le seul partage des bénéfices (utilité sociale), une gouvernance démocratique (le pouvoir est attaché à la personne plutôt qu’à l’argent) et un emploi des bénéfices au développement de l’activité (non lucrativité ou lucrativité limitée, réserves impartageables).

Mais quels imaginaires l’ESS propose-t-elle au monde aujourd’hui ? C’est ce que nous avons cherché à comprendre avec l’analyse de récits liés à la « République de l’Économie sociale et solidaire ».

Lancé en 2020, ce mouvement a pour objectif de créer une dynamique collective de citoyens autour d’un projet politique commun, fondé sur une vision du monde et des « raisons d’agir ».

Imaginaires utopiques

Un temps mise au ban pour avoir conduit au pire, la pandémie de Covid-19 a suscité un retour en grâce de la notion d’utopie autour de la transition écologique. Elle questionne le monde d’après comme l’atteste l’historien Gregory Claeys dans Utopianism for a Dying Planet : Life after Consumerism.

Selon le philosophe Paul Ricœur, les imaginaires sociaux sont constitués de deux pôles en tension. L’un idéologique, visant la normalisation et la reproduction, porte le risque du totalitarisme, tout en garantissant un certain ordre. L’autre utopique, aux fonctions subversives et créatrices, porte le risque de fuite dans la pensée magique, tout en se projetant dans un avenir différent.

« De ce non-lieu, une lueur extérieure est jetée sur notre propre réalité, qui devient soudain étrange, plus rien n’étant désormais établi. Le champ des possibles s’ouvre largement au-delà de l’existant et permet d’envisager des manières de vivre radicalement autres », rappelle Paul Ricœur.

Utopie rêvée et pratiquée

Les imaginaires de l’économie sociale et solidaire s’inscrivent historiquement dans le pôle utopique. L’ESS est considérée par le sociologue Henri Desroche comme un passage de l’utopie rêvée à l’utopie pratiquée.




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Une brève histoire de l’utopie


Selon Henri Desroche, l’utopie est une force, « le mirage qui fait démarrer les caravanes ». Ces utopies incarnées sont parfois appelées utopies réelles, désirables, faisables et viables, en tant qu’expériences vécues renforçant le pouvoir d’agir social, ou utopies locales, soulignant leur réalisation à l’échelle des territoires.

Cinq récits imaginaires positifs

Des récits de futurs désirables ont été produits en ateliers de co-écriture menés avec les membres de la Chambre régionale de l’ESS Auvergne-Rhône-Alpes et animés par le collectif Futurs Proches.

« Nous sommes en 2027, depuis cinq ans la France vit sous une “République de l’Économie sociale et solidaire” grâce au travail de plaidoyer qui avait été fait par le mouvement de l’ESS lors de la campagne présidentielle de 2021-2022. Un certain nombre de mesures fortes ont été prises ces cinq dernières années. »

À partir de cette consigne, cinq récits imaginaires positifs ont été écrits :

  • Le goût de vivre : tous les citoyens, quelles que soient leurs ressources, ont accès à une alimentation saine provenant de circuits courts.

  • Le fabuleux bug de l’an 2029, les ordinateurs en compote : tous les salariés participent à la gouvernance et aux décisions de leurs entreprises.

  • Ma campagne contre la République de l’ESS : un revenu garanti est attribué à tous les citoyens, leur permettant de satisfaire à tous les besoins fondamentaux (alimentation, transport, logement, culture, socialisation…).

  • Tiré au sort : les Gafam (Google, Apple, Facebook, Amazon et Microsoft) sont devenus des entreprises de l’économie sociale et solidaire.

  • Du rififi au camping zéro déchet : le peu de déchets encore générés est transformé en ressources.

Mythes et rituels

L’imaginaire social sous-jacent peut être abordé en termes de mythes, rituels magiques et métaphores, selon trois dimensions retenues par la littérature scientifique.

Les histoires écrites par les participants véhiculent des mythes de références que seraient : l’organisation démocratique, horizontale, autogérée, avec des citoyens au conseil d’administration ; le local avec le voisinage, les circuits courts, la vie de quartier, la région ; l’économie circulaire avec le réemploi des ressources, l’autonomie énergétique et la sobriété au « camping zéro déchet » ; enfin une technologie et intelligence artificielle au service des humains, qui ne les contrôle pas, comme avec les logiciels libres, l’abandon des cookies et publicités ou se passer des ordinateurs ponctuellement.

Les rituels dits magiques, relevant de la superstition plutôt que de la science, servent à maintenir la cohésion et la cohérence de la société. Ils peuvent apparaître de deux façons : dans les mécanismes de gouvernance collective, par exemple le conseil des campeurs au camping zéro déchet, et via la convivialité, avec la création d’un festival d’art dans la nature réunissant les salariés tous les trois ans.

Goût de vivre

Les récits créés par les participants évoquent plusieurs métaphores. Ils parlent de « goût de vivre », métaphore sensorielle soulignant le caractère subjectif et qualitatif de l’expérience de la vie : « Il apprend à son grand-père à jardiner, mais surtout, il lui fait découvrir une autre forme de plaisir : le goût de vivre ».

Ils mentionnent l’image combattante de « la bataille » : « La bataille pour la primauté des logiciels libres est sur le point d’être gagnée » ou « la bataille n’est pas finie, prévient Grishka, le conseil d’administration demain risque d’être long et houleux ! »

Une autre métaphore est la notion de bug et de mise en péril : « Nous souhaitons instituer des bugs réguliers, formaliser une “mise en péril” volontaire de l’organisation, afin que nous puissions nous remettre en cause avec autant de créativité et d’enthousiasme qu’aujourd’hui ».

Une utopie de l’action

Avec ses mythes, rituels et métaphores, la République de l’ESS propose un imaginaire utopique compatible avec la transition socio-écologique. Ses éléments de symbolisme s’opposent de manière évidente aux imaginaires dominants dans les systèmes économiques, ceux de l’expansion illimitée et de la domination technique, qui caractérisent le capitalisme selon le philosophe Cornelius Castoriadis.

Un point particulièrement intéressant dans la République de l’ESS est la dimension habilitante de son symbolisme, qui enjoint à l’action. L’être humain est capable d’agir librement, de faire des choix collectifs en tenant compte des impacts sociaux et environnementaux, de s’auto-limiter. Autant de facultés dont l’exercice, au vu des actuelles inégalités sociales et limites planétaires dépassées, peut aider à aller vers le monde d’après.

Terminons par ces mots de Cornelius Castoriadis :

« Une société vraiment libre, une société autonome, doit savoir s’auto-limiter, savoir qu’il y a des choses qu’on ne peut pas faire ou qu’il ne faut même pas essayer de faire ou qu’il ne faut pas désirer. ».

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Alexandrine Lapoutte ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Penser le monde d’après : l’utopie de la « République de l’Économie sociale et solidaire » – https://theconversation.com/penser-le-monde-dapres-lutopie-de-la-republique-de-leconomie-sociale-et-solidaire-261619