De la lista de la compra a un ‘whatsapp’ a los abuelos: cómo mejorar la escritura de los más pequeños en casa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Álvarez-Moreno, Personal docente e investigador en formación, Universidad de León

Gus Andrade/Shutterstock

Escribir no es solo una cuestión escolar o laboral, sino una herramienta de comunicación esencial en nuestro día a día. A partir del momento en que los niños desarrollan esta habilidad y empiezan a practicarla en la escuela, ¿cómo podemos ayudarlos a mejorar?

El colegio tiene un papel evidente, pero no actúa solo. Las leyes educativas insisten en algo clave: familia y escuela son un equipo. De hecho, gran parte del aprendizaje de la escritura ocurre en casa. Entonces, ¿se puede y se debe trabajar la escritura desde el hogar?

Para responder a estas preguntas, en un estudio de próxima publicación hemos revisado estudios científicos internacionales que analizan el papel de las familias en el aprendizaje de la escritura infantil.

¿Qué se puede escribir en casa?

En casa se escribe más de lo que imaginamos, y no solo cuando toca hacer deberes. Elaborar la lista de la compra, enviar un mensaje a los abuelos o escribir invitaciones de cumpleaños son prácticas informales de escritura que surgen de manera natural en los hogares y que, según la ciencia, contribuyen al aprendizaje escritor de los niños y las niñas.

Pero, además de esas actividades cotidianas de escritura, las familias, aunque no sean profesionales de la educación, también realizan con sus hijos tareas de escritura formal. Es frecuente que en las casas se practique la caligrafía y la ortografía. Cuando los niños empiezan el aprendizaje de la escritura, las familias les enseñan a sostener bien el lápiz, formar letras o escribir su nombre, insistiendo en la importancia de tener una “letra bonita”.

También intentan que el niño aprenda a escribir sin faltas de ortografía. ¿Cuántas veces les habremos dicho a nuestros hijos “delante de P y B, M pondré”? Pues bien, la ciencia dice que estas prácticas de escritura ayudan a que los niños tenga mejor letra y cometan menos faltas.

Ayudar con textos más complicados

Algunos estudios señalan que las familias pueden colaborar en tareas de escritura más complicadas, como la redacción de textos. Los familiares pueden ayudar a los peques a pensar qué escribir, organizar sus ideas o revisar su texto. La planificación, redacción y revisión textual son procesos escritores que implican una gran carga mental para los peques y que pueden resolver mejor con ayuda adulta.




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Cómo hacerlo

La evidencia científica revisada nos dice que no solo importa qué actividades de escritura hacemos en casa, sino cómo acompañamos a los peques durante ellas. Imaginemos que nuestra hija está escribiendo y hace una letra incompleta. En ese momento le decimos: “A esa letra le falta algo, ¿qué será? Fíjate como la hago yo”. Haciendo esto, estaríamos actuando como guía y modelo de escritura, ayudando al peque a pensar, revisar y a aprender el procedimiento escritor. Pues bien, eso es exactamente lo que definen los estudios como “apoyos procedimentales”, muy eficaces para ayudar a los niños en el aprendizaje de la escritura.

Pero ¿es necesario estar continuamente escribiendo en casa y ayudando al niño durante sus tareas de escritura? La investigación más reciente confirma que no. Con alguna actividad de escritura “casera” a la semana, los niños mejoran, aunque es importante que los familiares muestren interés por lo que ha escrito el niño, lo lean, lo expongan o lo feliciten. Estos sencillos gestos, identificados a nivel científico como apoyos motivacionales, animan al peque hacia la escritura y facilitan su aprendizaje.




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¿Puedo ayudar a escribir si no se me da bien?

No todos los adultos dominamos la escritura; ¿podemos aún así ayudar a los pequeños de la familia?

Algunos estudios revisados en un trabajo de próxima publicación analizan a familias de diferentes niveles socioeconómicos, con estructuras diversas y disponibilidad temporal variable y confirman que estos aspectos pueden facilitar o dificultar su implicación en la escritura infantil.

No obstante, un elemento clave son las creencias de los padres sobre la escritura. Si consideramos que es una habilidad importante para nuestros hijos, entonces tenemos la clave: ¡animémosles a escribir, escribamos juntos y escribámosles! Somos su mejor modelo.

The Conversation

Carmen Álvarez-Moreno recibe fondos de recibe fondos de MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE, para financiar el proyecto investigador PID2021-124011NB-I00 del que forma parte este trabajo

PATRICIA ROBLEDO RAMÓN recibe fondos de MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE, para financiar el proyecto investigador PID2021-124011NB-I00 del que forma parte este trabajo.

ref. De la lista de la compra a un ‘whatsapp’ a los abuelos: cómo mejorar la escritura de los más pequeños en casa – https://theconversation.com/de-la-lista-de-la-compra-a-un-whatsapp-a-los-abuelos-como-mejorar-la-escritura-de-los-mas-pequenos-en-casa-271961

El Gobierno español regula el ‘true crime’: ¿protección a las víctimas o recortes a los creadores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Sánchez Esparza, Periodista y docente, Universidad Rey Juan Carlos

Fotograma de la serie _Las cintas de Rosa Peral_. Netflix

El Gobierno de España ha aprobado en primera vuelta un anteproyecto de ley sobre derecho al honor y a la intimidad personal que, entre otras cuestiones, pretende regular los true crime para proteger a las víctimas.

Esta iniciativa presenta una doble cara. Por una parte, facilita que las personas que han sufrido un delito puedan actuar contra las series que atenten contra su honor o su intimidad. Por otra, ¿puede un gobierno controlar las historias que producen los medios? ¿Hasta qué punto puede limitar los derechos de creadores y productores de contenidos? ¿Dónde está el equilibrio?

Los derechos al honor, la intimidad y la propia imagen ya estaban protegidos en el artículo 18.1 de la Constitución española, y su ejercicio estaba articulado en el ámbito civil mediante la Ley orgánica 1/1982, que ahora será derogada por obsoleta.

El contexto digital ha generado situaciones inimaginables en la España de los años 80, como la aparición de imágenes generadas gracias a la inteligencia artificial generativa, la “resurrección” de personas gracias al clonado de sus voces o imágenes, los deepfakes o el consumo masivo de determinados contenidos a través de las plataformas.

La nueva norma, que afronta ahora el trámite de exposición pública, se propone proteger el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen de las personas, al igual que lo hacía la ley de mayo de 1982. Por ello detalla en su artículo 7.1 toda una lista de conductas que lesionarían estos derechos.

Obstáculos al lucro del delincuente

Entre esas conductas figura que alguien que ha sido condenado aproveche su delito de alguna manera a través del true crime para obtener lucro o notoriedad pública, dañando así de nuevo a la víctima. Es decir, la nueva ley quiere poner obstáculos firmes a la tendencia, cada vez más extendida, de dar voz al criminal para narrar las historias que alimentan el género, cuyo consumo se ha disparado en las últimas décadas.

El true crime se ha convertido en un fenómeno de masas, y también en un campo de experimentación para la construcción de versiones y relatos alternativos en torno a crímenes y escándalos, donde cada vez es más frecuente encontrarse con acusados y condenados que tratan de empatizar con la audiencia.

El Rey del Cachopo o Las cintas de Rosa Peral son ejemplos de producciones españolas donde dos personas enjuiciadas y condenadas por asesinatos atroces aparecen ante la cámara ofreciendo su propia versión y mostrando emociones y aspectos de su vida personal con el fin de cambiar la percepción social sobre lo acontecido.

El caso de Daniel Sancho, condenado a prisión en Tailandia por el asesinato de un cirujano, o el de Ana Julia Quedaza, en prisión por el asesinato del pequeño Gabriel Cruz en Almería, revelan que el riesgo de que asesinos convictos se lucren gracias a sus crímenes es algo completamente real.

En EE. UU., un caso parecido lo protagonizó O.J. Simpson, cuando trató de publicar If I Did It, un relato sobre cómo habrían sido los asesinatos si él los hubiera cometido. La justicia paralizó inicialmente el libro y sentenció que los beneficios de la obra fuesen a parar a las víctimas.

En un artículo anterior expusimos los resultados de una investigación sobre cómo la presencia de acusados en el true crime en calidad de narradores altera por completo el enfoque judicial o policial previo y blanquea significativamente la actuación del criminal. Como se ha señalado con acierto, “la historia de Caperucita cambia por completo cuando el narrador es el lobo”.

Y esto es lo que está empezando a pasar en el true crime, con un notable daño sobrevenido a las víctimas. Para evitar esta nueva revictimización de las personas afectadas surge precisamente este intento de regular estas producciones audiovisuales.

Entre los dilemas éticos que suscita el género del true crime, el más grave es sin duda que el criminal se beneficie económica o reputacionalmente de la explotación mediática de su historia, que obtenga un lucro y que el mal se convierta de algún modo en un activo rentable.

Así se regula en EE.UU. y en Reino Unido

De nuevo en Estados Unidos, para hacer frente a ese dilema se aprobaron las Son of Sam Laws –Leyes del Hijo de Sam–, leyes que impiden que el criminal obtenga beneficios de su crimen. Y en el Reino Unido, en 2022 se aprobaron los Proceeds of Crime Act (POCA), que permiten la confiscación de cualquier ganancia obtenida como consecuencia de un delito, aplicando la filosofía de “el crimen no paga”.

En este marco, el Gobierno español sigue la estela de otros países en los que se ha determinado que quienes deben ser compensadas por el daño son las víctimas, y no los delincuentes.

Sin embargo, la nueva ley habilita a cualquier persona que se sienta afectada o lesionada por el relato de una historia a reclamar ante la justicia, colocando a los creadores en una posición de vulnerabilidad. ¿Es posible coartar la libertad de expresión y creación de las productoras con este instrumento legal que puede limitar o condicionar su trabajo? Regular un comportamiento lesivo no debe servir para asfixiar el derecho a la información.

En este sentido, el anteproyecto permite a quienes reclaman la vulneración de su derecho al honor y a la intimidad moverse en una zona de ambigüedad que podría fácilmente derivar en autocensura o, peor aún, atar las manos a los profesionales que se dedican a estas producciones.

Habrá que ver si, finalmente, la nueva ley completa su recorrido parlamentario y entra en vigor tal y como está redactada. Habrá que observar cómo se aplica en los órganos judiciales. La necesaria tutela y protección a las víctimas debería servir para potenciar un true crime ético y responsable, pero nunca para cercenar el interés público.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El Gobierno español regula el ‘true crime’: ¿protección a las víctimas o recortes a los creadores? – https://theconversation.com/el-gobierno-espanol-regula-el-true-crime-proteccion-a-las-victimas-o-recortes-a-los-creadores-273544

Neurocosas: por qué el prefijo ‘neuro’ no convierte cualquier idea en ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ingrid Mosquera Gende, Profesora Titular de Universidad en la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades. Investigadora Principal del Grupo TEKINDI, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

En las últimas décadas, el prefijo neuro- se ha convertido en una suerte de sello de calidad intelectual y científico. Solo hay que darse una vuelta por las redes sociales, canales de divulgación, y lo que es peor, por artículos académicos, para encontrarse con términos como neuromarketing, neuroderecho, neuroliderazgo o neurocoaching. Basta con añadir cinco letras a una palabra para que parezca mas profunda, innovadora y, sobre todo, más científica.

El prefijo neuro- proviene del griego neûron (νεῦρον) y significa “nervio” o, por extensión, “sistema nervioso”. Se comenzó empleando para la formación de términos científicos y médicos relacionados con este órgano pero se ha extendido a otros ámbitos, no siempre con acierto. Y es que no es neuro todo lo que reluce.

Uso legítimo frente a abuso terminológico

El prefijo neuro- debería reservarse para aquello que tiene una relación demostrable con el sistema nervioso; no basta con mencionar el cerebro. Hablar con propiedad de neurociencia implica apoyarse en datos obtenidos mediante técnicas propias de esta disciplina, como la neuroimagen, la electrofisiología o el estudio molecular, celular y tisular del tejido nervioso.

Sin embargo, en los últimos años el término se ha popularizado en ámbitos como el marketing, la gestión empresarial o el coaching, a menudo sin que exista una conexión real con mecanismos cerebrales medibles. Esta expansión no es irrelevante desde el punto de vista cognitivo: numerosos estudios muestran que las explicaciones que incluyen referencias al cerebro resultan más persuasivas, incluso cuando esa información es irrelevante o superficial.

Este fenómeno, conocido como neurohype o “neuroesencialismo”, ha sido ampliamente criticado por inflar el valor explicativo de lo “neural” y por contribuir a una comprensión simplificada –y a veces errónea– de cómo funciona realmente el sistema nervioso. Desde esta perspectiva, el problema no es que otras disciplinas estudien el comportamiento humano –algo perfectamente legítimo–, sino que adopten el prefijo neuro- sin aportar evidencia neurobiológica directa.

Esto no significa que el diálogo entre neurociencia y otras áreas del conocimiento sea ilegítimo. Al contrario: es deseable y necesario. Pero la conversación interdisciplinar no se logra añadiendo un prefijo, sino integrando datos, teorías y métodos de forma rigurosa. Cuando términos como neuromarketing, neurocoaching o neuroliderazgo, entre otros muchos, se aplican a intervenciones que no generan ni utilizan datos neurobiológicos, el prefijo neuro- funciona, principalmente, como un reclamo publicitario.

Como advierten Sally Satel y Scott Lilienfeld, este uso indebido del lenguaje neurocientífico puede desplazar la atención desde preguntas realmente importantes –qué funciona, para quién y en qué contexto– hacia una explicación reduccionista centrada en el cerebro. No todo estudio sobre la mente necesita ser neuro para ser riguroso, y forzar ese lenguaje puede crear más confusión que conocimiento.

Neurosíntomas que nos pueden hacer desconfiar

En redes sociales, tanto influencers como empresas se apoyan en este prefijo para captar la atención y dotar de una aparente rigurosidad científica a un producto, un curso o una idea.

Acciones como acudir al perfil de la red social de la persona que publica, revisar qué formación tiene, observar si tiene aportaciones del mismo tema o si comenta temáticas muy diversas y sin relación aparente, nos pueden ayudar a averiguar con qué nivel de especialización cuenta.

En este mismo sentido, aunque ponga “experto” en su perfil o tenga una foto con una bata blanca, investiguemos un poco más. Si es necesario, puede resultar conveniente salir de la red social y buscar en otras fuentes.

Por otro lado, la mayoría de perfiles científicos y académicos que se dedican a la divulgación lo intentan hacer de un modo cercano y con un lenguaje que pueda resultar mínimamente comprensible para el público no especializado. Así que, si nos encontramos un reel o una publicación con un lenguaje excesivamente técnico, no demos por hecho que estamos ante una persona experta.

Y, si no lo tenemos claro, no compartamos, ni comentemos, ni citemos. No demos protagonismo a este tipo de cuentas porque, sin darnos cuenta, estaremos contribuyendo a su viralización, que no deja de ser lo que buscan.

Ser conscientes de estas técnicas podrá hacernos usuarios y usuarias de redes sociales más neurocríticos y menos neuroinfluenciables, sin caer en el clickbait que busca que pinchemos en determinadas publicaciones con títulos y neuropalabras sin sentido, como las que estamos empleando en este párrafo.

Propuestas para mejorar el rigor en la comunicación científica

Desde la perspectiva de la práctica investigadora, distintos trabajos en comunicación científica y neuroética sugieren que una forma eficaz de mejorar el rigor –y evitar el abuso del término neuro– es aplicar criterios más estrictos de precisión conceptual. El prefijo debería usarse únicamente cuando el estudio incorpora datos, métodos o medidas directamente relacionadas con la actividad del sistema nervioso, y no como un recurso retórico destinado a reforzar explicaciones psicológicas o conductuales ya bien establecidas por otras vías.

En el ámbito editorial, diversos análisis recomiendan evaluar de forma crítica si la referencia al sistema nervioso aporta un valor explicativo real o si, por el contrario, introduce ambigüedad conceptual (el citado neuroesencialismo) sin mejorar la inferencia científica.

Finalmente, los estudios experimentales en psicología cognitiva muestran que el uso de lenguaje neurocientífico puede aumentar la percepción de credibilidad de una explicación sin mejorar su calidad ni su comprensión. Este efecto refuerza la necesidad de que divulgadores y comunicadores científicos prioricen la claridad, el contexto y los límites interpretativos por encima del atractivo del discurso “neuro”.

En conjunto, estas prácticas reducen el riesgo de neurohype y favorecen una comunicación científica más precisa y honesta. Como recordaba Santiago Ramón y Cajal, “todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”; pero ninguna palabra, por muy neuro que suene, puede esculpir por sí sola conocimiento donde no hay rigor.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Neurocosas: por qué el prefijo ‘neuro’ no convierte cualquier idea en ciencia – https://theconversation.com/neurocosas-por-que-el-prefijo-neuro-no-convierte-cualquier-idea-en-ciencia-274233

Plantas amantes del yeso: una posible clave para la agricultura en Marte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel de Luis López, Honorary Research Professor. Department of Life Sciences, Universidad de Alcalá

Alones/Shutterstock

Marte ha despertado la curiosidad humana desde hace siglos. Esa fascinación creció cuando descubrimos que es un mundo que guarda cierto parecido con el nuestro. Desde la década de 1960 lo exploramos mediante sondas automáticas y robots; ya hemos cartografiado su superficie y analizado su atmósfera. Y ahora, las principales agencias espaciales se preparan para dar el siguiente gran paso: enviar misiones tripuladas al planeta rojo.

Sin embargo, Marte es extremadamente hostil. Las temperaturas medias rondan los –60 °C, la atmósfera es irrespirable —muy enrarecida y formada mayoritariamente por dióxido de carbono—, la radiación, intensa y el agua líquida, casi inexistente. No es un Edén a la espera de ser habitado. Si se decide enviar astronautas, habrá que valorar los costes y los beneficios de esta empresa. Y deberemos considerar seriamente si merece la pena asumir ese riesgo.

Producir alimentos y oxígeno en el propio planeta mejoraría significativamente la vida y la autonomía de las tripulaciones. Las plantas pueden hacer ambas cosas, por lo que diversas líneas de investigación se centran en el desarrollo de sistemas agrícolas adaptados a Marte. Si lo lográramos, contaríamos con comida, oxígeno, compuestos útiles —incluso fármacos— y beneficios psicológicos para quienes pasarían meses lejos de la Tierra. La idea es sencilla; llevarla a la práctica, no tanto.




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El problema de los percloratos

Novelas y películas han imaginado la agricultura en Marte como algo trivial: basta con mezclar suelo marciano con materia orgánica —no entraremos en detalles— y sembrar en ese sustrato las hortalizas que deseemos. La realidad es más complicada. El suelo del planeta es, a escala global, químicamente hostil tanto para las plantas como para los humanos.

Diversas misiones espaciales —desde Viking hasta Phoenix, Curiosity o Perseverance— han detectado percloratos en gran parte del regolito, material que recubre el lecho rocoso sólido de planetas, satélites y asteroides

Los percloratos son sales incoloras y altamente solubles en agua cuya presencia parece ser global y su dispersión está favorecida por las inmensas tempestades de polvo de Marte. Y tienen diversos efectos: dificultan la germinación, alteran el metabolismo vegetal y pueden afectar seriamente la salud humana.

En experimentos con suelos simulados que contienen percloratos, muchas plantas ni siquiera brotan. Eliminar estas sales sería posible, pero costoso: probablemente requeriría agua, tratamientos químicos o microorganismos, recursos limitados en otro planeta. Aun así, la geología de Marte podría ser nuestro as en la manga y ofrecer una alternativa inesperada.

Un misterioso campo de dunas

La superficie marciana es rica en sulfatos, especialmente en yeso (sulfato de calcio dihidratado), identificado por sondas orbitales y rovers, vehículos robóticos diseñados para la exploración espacial.

El mayor afloramiento de yesos en territorio marciano, las dunas de Olympia Undae, se encuentra cerca del Polo Norte. Los vientos polares podrían haberlo mantenido relativamente aislado del transporte global de polvo. Las crestas de estas dunas presentan un alto contenido de yeso, posiblemente porque el viento selecciona los granos según su tamaño y densidad. Esto abre la posibilidad de que, localmente, existan áreas de terreno con yeso y con pocas o ninguna traza de percloratos. Si se confirmara, esos materiales podrían proporcionar un sustrato más seguro para ensayar cultivos. Pero surge una pregunta: ¿qué tienen que ver las plantas con el yeso?

Plantas especialistas en sobrevivir

En la Tierra existen especies que no solo toleran estos suelos, sino que dependen de ellos. Son las plantas gipsófilas, adaptadas a terrenos ricos en sulfato cálcico, pobres en nutrientes y con escasez de agua.

Para sobrevivir, almacenan iones tóxicos en compartimentos celulares, optimizan el uso del agua y resisten altas concentraciones salinas y el estrés térmico. Algunas incluso aprovechan el agua contenida en los cristales de yeso. En cierto modo, están preadaptadas a suelos como los marcianos, aunque no al clima extremo.

Su historia evolutiva podría haber constituido una especie de “entrenamiento” que las preparara para sobrevivir en otro planeta; en un invernadero con temperatura y atmósfera controladas podrían cultivarse con éxito.




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Gipsófilas intrépidas

La flora de los yesos presenta un notable interés ecológico y evolutivo. Entre estas plantas destaca Gypsophila struthium, la auténtica campeona de los yesos de la península ibérica. Tolera sequías prolongadas, germina rápidamente con humedad y coloniza suelos desnudos con facilidad. Además, sus semillas mantienen su viabilidad durante el tiempo suficiente para soportar el viaje a Marte. Otra planta de interés es Ononis tridentata, una leguminosa capaz de fijar nitrógeno atmosférico gracias a su simbiosis con bacterias, lo que podría enriquecer nuestro sustrato.

Ejemplar florecido de Gypsophila struthium.
Ejemplar florecido de Gypsophila struthium.
Wikimedia Commons, CC BY

Estas plantas no serían cultivos alimentarios directos, pero sí producen algunas sustancias de interés farmacológico como las saponinas y los flavonoides. Además, podrían actuar como pioneras y preparar el camino para las especies comestibles. Sus adaptaciones podrían transferirse a cultivos mediante herramientas de edición genética como CRISPR, incorporando tolerancia a sales o mayor eficiencia hídrica en tomates, cereales u hortalizas.

¿Un huerto en el planeta rojo?

Aún quedan incógnitas sobre cuán posible es hacer crecer plantas en Marte. Será necesario analizar muestras reales de yeso marciano para confirmar la ausencia de percloratos y conocer sus propiedades físicas y químicas. También habrá que estudiar cómo influyen la menor gravedad y la radiación en la germinación, el crecimiento y la floración.

En un estudio reciente publicado en Life Sciences in Space Research proponemos esta estrategia: evaluar depósitos de yeso marciano como sustrato y usar plantas gipsófilas terrestres como modelo para diseñar sistemas agrícolas adaptados al planeta rojo. Además, consideramos que lograr un sistema agrícola en Marte debería ser un paso previo a la exploración humana. Esto reduciría los riesgos y mejoraría la calidad de vida de los primeros exploradores de aquel planeta.

Los primeros terrícolas en Marte podríamos no ser nosotros, sino estas intrépidas plantas que sobreviven donde casi nada más podría hacerlo.

The Conversation

Miguel de Luis López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Plantas amantes del yeso: una posible clave para la agricultura en Marte – https://theconversation.com/plantas-amantes-del-yeso-una-posible-clave-para-la-agricultura-en-marte-274822

El virus de la peste porcina africana no se ‘escapó’ del laboratorio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

Alfredo Maiquez/Shutterstock

El pasado 28 de noviembre de 2025 se confirmó la detección de un brote de peste porcina africana en Cataluña, lo que supuso la primera notificación del virus en España desde noviembre de 1994. Como consecuencia, España ha perdido temporalmente el estatus de país libre de la enfermedad que mantenía desde hace treinta años.

Acaba de publicarse el informe inicial sobre los pormenores del brote, realizado por el Comité Científico Asesor del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. En él se analizan las posibles causas de la entrada del virus, su evolución y las medidas a adoptar para su contención.

Dicho informe es preliminar y no permite conocer con certeza el origen del patógeno, pero sí documenta la caracterización molecular y sugiere algunas conclusiones que permiten responder a preguntas tan interesantes como si el virus de la peste porcina africana (VPPA) detectado en noviembre se originó por una liberación accidental desde un centro de investigación.

Caracterización genética del virus

En el informe se describe la caracterización genética del virus detectado en jabalíes en Cataluña en noviembre 2025. Como su genoma es de gran tamaño (alrededor de 170 genes) y presenta una alta homogeneidad, se aplicó el esquema de caracterización de la Unión Europea. Este consiste en un análisis escalonado (distintos niveles) que permite aumentar progresivamente la resolución genética para responder a preguntas epidemiológicas complejas.

La primera pregunta es a qué genotipo corresponde el virus (nivel 1). La clasificación global se basa en el análisis parcial de un gen concreto: el B646L, que codifica para la proteína p72. Con esta técnica se han descrito hasta 24 genotipos distintos del VPPA.

Pues bien, el virus que ha llegado a España fue clasificado dentro del genotipo II, el mismo que lleva años circulando por Europa desde que salió de Georgia en 2007. Esto no sorprendió a los investigadores porque es el único presente en la actualidad en el continente. Pero ese dato no es suficiente para dilucidar si procede de Italia, Europa del Este o de otro lugar. Es como saber que alguien pertenece a una familia muy grande, pero ignorar exactamente de qué rama familiar es.

Para afinar más, se realizó un segundo análisis de seis pequeñas regiones genéticas distintas (nivel 2) buscando pequeñas diferencias (mutaciones). Esto permite distinguir hasta 28 subgrupos dentro del genotipo II. El virus español tenía casi el mismo perfil que la cepa de referencia Georgia 2007/1 salvo por una pequeña mutación nunca antes descrita en la región intergénica 9R/10R. Por eso, el aislamiento español corresponde a un nuevo subgrupo genético del genotipo II: el grupo 29.

Para alcanzar la máxima resolución genética, el siguiente paso (nivel 3) supone ya la secuenciación completa del genoma del virus, como si se leyera el libro completo y no solo algunos capítulos. Al compararlo con la cepa de referencia, el genoma del virus español era más corto, presentaba una gran deleción (de unos 10 000 nucleótidos, las “letras” del código genético) en la región izquierda del genoma, entre las posiciones 10 264–20 087.

En otras palabras, el genoma del virus español ha perdido un fragmento grande de su ADN que implica la supresión de al menos 21 genes. Esos genes no son imprescindibles para que el virus se multiplique, pero sí podrían influir en cómo interactúa con el sistema inmune y en su comportamiento biológico.

Además, se identificaron 18 mutaciones puntuales o SNP (siglas de Single Nucleotide Polymorphism) y 13 inserciones y deleciones cortas distribuidas a lo largo de todo el genoma. Esto sugiere que este virus presenta una firma genómica propia y es una variante genéticamente diferenciada del resto de VPPA conocidos hasta ahora.

Comparación con las cepas de laboratorio

Por último, se comparó la secuencia del genoma del virus español con 81 muestras (12 aislados virales históricos de las cepas Georgia 2007 y Armenia 2007 y 69 muestras clínicas procedentes de infecciones experimentales) del laboratorio de investigación IRTA-CREsA, cercano al lugar donde se detectó el brote de la enfermedad en jabalíes en noviembre de 2025.

Los análisis realizados por organismos independientes y mediante metodologías complementarias demostraron que ninguna de las muestras analizadas presentaba la gran deleción de unos 10 000 nucleótidos observada en el virus de campo. Además, tampoco compartían el conjunto de mutaciones distintivas del aislado español.

En todas las muestras, las secuencias obtenidas eran iguales a las cepas de referencia (Georgia 2007 o Armenia 2007) y no presentaban evidencia de haber adquirido ninguna de las deleciones o mutaciones encontradas en la firma genómica del virus detectado en Cataluña en noviembre de 2025.

Según el informe, estos resultados demuestran que el virus causante del brote de peste porcina africana en Cataluña es genéticamente diferente de los virus en el laboratorio del IRTA-CREsA y, por tanto, no se originó por una liberación accidental desde el centro de investigación.

No toda Europa está igual de bien vigilada genéticamente

Hasta 2025 se ha notificado la presencia del VPPA en 25 países europeos y solo Bélgica y Suecia han conseguido erradicar el virus de su territorio. Uno de los mayores problemas que existe para los estudios epidemiológicos es que en muchos países del continente no constan datos de la caracterización genética del VPPA, lo que limita mucho la interpretación de su distribución real.

Por ejemplo, en países como Hungría, Serbia, Ucrania, Rusia, Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Lituania o Polonia no hay datos relevantes o son muy limitados de la circulación, dispersión y caracterización el VPPA. Por tanto, el patógeno aislado en Cataluña en noviembre de 2025 podría ser realmente nuevo… o podría existir en algún país donde no se hayan secuenciado suficientes virus.

Entonces, ¿cuál es su origen?

En pocas palabras: no se sabe. Aunque en el informe se discuten varias posibilidades (introducción deliberada del virus desde focos activos europeos o que fuera transportado por actividades humanas), la hipótesis más probable sigue siendo la llegada accidental mediante residuos o restos de alimentos contaminados, la llamada “hipótesis del bocadillo”. El virus es muy resistente en materia orgánica y a bajas temperaturas, y así ha entrado en Europa en otras ocasiones.

El informe es preliminar y demuestra que es necesario continuar con la vigilancia epidemiológica, la caracterización molecular y la gestión integrada de la fauna silvestre para proteger las explotaciones porcinas y minimizar el impacto sanitario y socioeconómico.


La versión original de este artículo fue publicada en el blog del autor, microBIO.


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Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El virus de la peste porcina africana no se ‘escapó’ del laboratorio – https://theconversation.com/el-virus-de-la-peste-porcina-africana-no-se-escapo-del-laboratorio-275838

Las doce razones por las que no funciona el reciclaje de plástico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Diaz Marcos, Profesor departamento materiales y microscopista , Universitat de Barcelona

PhotoByToR/Shutterstock

Como buenos ciudadanos, vamos llenando con disciplina el recipiente amarillo que nos proporciona nuestra ciudad con envases, bandejas, botellas, films… Cada semana parece llenarse más rápido. Y, tarde o temprano, aparece la duda incómoda: ¿sirve realmente de algo todo este esfuerzo?

Seguramente hasta muchos nos hayamos respondido con una mezcla de escepticismo y resignación “que seguramente no”. Esta sensación es cada vez más común, y los datos no ayudan a disiparla. En Europa apenas se recicla alrededor del 15 % de los plásticos, y en Estados Unidos la cifra cae hasta el 9 %. El resto acaba incinerado, enterrado o, en el peor de los casos, disperso en el medio ambiente.

La pregunta, por tanto, no es si el reciclaje del plástico tiene problemas sino por qué está fallando un sistema en el que llevamos décadas confiando.

El problema empieza antes de tirar el envase

Para entender qué falla, conviene retroceder un paso y observar cómo usamos el plástico. Aproximadamente la mitad de todos los plásticos se destina a productos de un solo uso: envases, embalajes, bolsas o películas agrícolas. Entre un 20 % y un 25 % se emplea en aplicaciones de larga duración —tuberías, cables, materiales de construcción—, y el resto corresponde a bienes de consumo con una vida útil intermedia, como vehículos, muebles o aparatos electrónicos.

En la Unión Europea, los residuos plásticos posconsumo alcanzaron ya 24,6 millones de toneladas en 2007, y la cifra no ha dejado de crecer. El embalaje sigue siendo la principal fuente, pero otras corrientes —como los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos o los vehículos fuera de uso— ganan peso a gran velocidad.

Con este contexto, el reciclaje no falla por una única razón. Falla por muchas. Y casi todas están conectadas.




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¿Qué hacemos con los plásticos?


Doce razones por las que el reciclaje del plástico falla

1. Plantas de reciclaje poco eficientes

Durante procesos clave, como el lavado, se pierden fragmentos de plástico en forma de microplásticos. El propio sistema genera residuos. Repensar el diseño y funcionamiento de estas plantas es urgente.

2. El plástico reciclado es caro
Actualmente, producir plástico virgen suele ser más barato que reciclarlo. Sin incentivos fiscales, impuestos al material virgen o compras públicas verdes, el mercado seguirá eligiendo la opción más barata.

3. Calidad insuficiente del material reciclado
La degradación del polímero limita su reutilización. Invertir en nuevas tecnologías de clasificación, lavado y regranulado es clave para cerrar el círculo.

4. Sistemas de recogida ineficientes
Las pérdidas y la contaminación comienzan en el origen. Optimizar la recogida —contenedores, logística, incentivos— es tan importante como la tecnología industrial.

5. Falta de profesionalización del sector
La recogida y clasificación de residuos sigue siendo, en muchos lugares, un trabajo precario e invisible. Formación, estabilidad laboral y reconocimiento no son solo una cuestión social, sino también de eficiencia.

6. Exposición de los trabajadores a contaminantes
Quienes trabajan con residuos plásticos están demasiado expuestos a sustancias nocivas. Resolverlo no es opcional: es una cuestión de salud pública.

7. Exportar el problema no lo hace desaparecer
Durante años, los países ricos han enviado residuos a países con menor capacidad de gestión ambiental. Además de injusto, es miope: los impactos ambientales no conocen fronteras.

8. Mala gestión de los distintos tipos de plástico
Mezclar polímeros incompatibles reduce drásticamente la calidad del reciclado. La separación precisa es un cuello de botella crítico.

9. Políticas demasiado genéricas
No existen soluciones universales. Las políticas de reciclaje deben adaptarse a contextos locales, infraestructuras y hábitos de consumo.

10. Productos diseñados para no reciclarse
Las multicapas, mezclas de polímeros, adhesivos complejos o el plástico negro son algunos ejemplos. Aunque existen siete grandes familias de plásticos, en la práctica solo el PET y el HDPE se reciclan de forma habitual. El resto acaba, en su mayoría, incinerado o en vertedero.

11. El papel del ciudadano importa, pero no basta
Separar bien, limpiar envases y entender los símbolos de reciclaje ayuda, pero no puede ser la única estrategia. Cargar toda la responsabilidad sobre el consumidor es injusto e ineficaz.

12. No todo lo que entra en la planta puede reciclarse
Impurezas como restos de comida, humedad, papel, textiles, metales o mezclas de polímeros reducen drásticamente el rendimiento. La cantidad que entra siempre supera a la que sale convertida en nuevo material. Un símil doméstico lo explica bien: hacer una tortilla de patatas implica residuos inevitables, como pieles o cáscaras. En el reciclaje ocurre lo mismo, solo que a escala industrial.




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¿Por qué no se reciclan más plásticos? Una cuestión de rentabilidad


Un reto colectivo, no una solución mágica

No existe una varita mágica para eliminar todo el plástico del planeta. Pero sí existe conocimiento suficiente para hacerlo mucho mejor de lo que lo hacemos hoy. El reciclaje no es una panacea. Es una pieza —importante, pero incompleta— dentro de un enfoque más amplio que incluye reducción, reutilización, ecodiseño y economía circular. La pregunta ya no es si sabemos qué hacer sino por qué seguimos sin hacerlo.

La tecnología avanza. Los diagnósticos están claros. Lo que falta, quizá, no es innovación, sino decisión colectiva para pasar de las palabras a la acción.

The Conversation

Jordi Diaz Marcos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las doce razones por las que no funciona el reciclaje de plástico – https://theconversation.com/las-doce-razones-por-las-que-no-funciona-el-reciclaje-de-plastico-274730

No es amor, es emprendimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pau Sendra Pons, Profesor de Contabilidad, Universitat de València

Emprender despierta a menudo emociones intensas, similares a las del enamoramiento: ilusión desbordante, futuro idealizado y sensación de que todo es posible. Pero, como en el amor, dejarse llevar solo por la pasión puede nublar la visión: no todos los proyectos están destinados a despegar y no todo éxito depende únicamente del entusiasmo.

En ocasiones, el proyecto fracasa y, sin serlo, asociamos ese fracaso profesional a un fracaso personal, del mismo modo que interpretamos una ruptura amorosa como algo que pone en duda nuestra valía personal. Ni el amor todo lo puede ni, por mucho que uno se esfuerce, un proyecto emprendedor tiene garantizado su éxito.

A medida que la sociedad reconoce la importancia de la inteligencia emocional y de la construcción de relaciones verdaderamente sanas, nuestra relación con el emprendimiento también debería serlo.




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Por qué algunos proyectos de emprendimiento no prosperan y cómo evitarlo


La ‘química’ importa, pero no lo es todo

En el emprendimiento, la química importa, pero no es un flechazo instantáneo. Aunque en ocasiones existan factores difícilmente explicables que hacen que un proyecto funcione mejor que otros, la preparación previa sigue siendo la mejor garantía de éxito.

Tomar la iniciativa, hacer frente a la incertidumbre, detectar oportunidades, emplear la creatividad, perseverar o movilizar recursos son competencias necesarias para emprender.

También lo son el autoconocimiento y la autoeficacia, que implican detenerse a analizar qué se quiere lograr con el proyecto y hasta dónde se pretende llegar, identificar con claridad sus fortalezas y debilidades y mantener la convicción de que, incluso en contextos inciertos, es posible influir en el rumbo de los acontecimientos. Por ejemplo, aprendiendo de los errores.




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Autoconfianza y educación financiera: la combinación ganadora para el emprendimiento


Ni amar ni emprender entienden de edad

Si bien el emprendimiento entre los jóvenes de 18 a 24 años registró un notable crecimiento en 2024, pasando del 4 % al 9 %, en España, el perfil es de mayor edad que en otros países de referencia: el 40 % de los emprendedores emergentes tiene 45 años o más. Esta proporción se eleva al 63 % en el caso de los proyectos de emprendimiento ya consolidados (aquellos que han pagado salarios durante un periodo superior a los 3,5 años). Así lo constata el informe Global Entrepreneurship Monitor España de 2024-2025.

En cuanto a la relación entre edad y abandono de iniciativas emprendedoras, el mayor número de cierres y traspasos –casi 4 de cada 10– se produce entre los 45 y 54 años. Esta cifra contrasta con el abandono entre los emprendedores de 18 a 24, que apenas alcanza a 1 de cada 10.

Personas emprendedoras por edad y abandono del emprendimiento.
Fuente: Global Entrepreneurship Monitor (GEM) España 2024-2025.



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¿Cuál es la mejor edad para emprender?


¿Qué nos enamora de emprender?

Existen diversas motivaciones que impulsan a las personas a emprender. En España, la principal sigue siendo la necesidad de ganarse la vida ante la inestabilidad en el empleo, aunque ha descendido notablemente: pasó de ser la opción elegida por el 72 % de los emprendedores emergentes en 2021 al 52 % en 2024.

La motivación de contribuir a un cambio positivo en el mundo se mantiene en torno al 40 % entre los emprendedores emergentes y al 32 % entre los consolidados. Mantener una tradición familiar impulsa al 18 % de los primeros y al 26 % de los segundos, mientras que generar riqueza o una renta elevada motiva al 39 % de los emergentes y al 32 % de los consolidados.

Motivaciones para los emprendedores emergentes (2021-2024).
Fuente: Global Entrepreneurship Monitor (GEM) España 2024-2025.

A escala mundial, las motivaciones más frecuentes son de carácter material: ganarse la vida cuando el trabajo escasea y generar riqueza o rentas elevadas. Esto es especialmente visible en países como Tailandia o Jordania, donde los ingresos son más bajos y el nivel de desarrollo más limitado.

No obstante, los emprendedores rara vez se mueven por una sola motivación. A pesar de que la intención de generar un impacto positivo en el mundo cuenta con menos consenso y varía mucho entre países, en lugares como Guatemala o India constituye una de las principales motivaciones para cerca del 80 % de los emprendedores emergentes.




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Emprender, ¿para qué?


El duelo ante el fracaso emprendedor

Alejarse de un proyecto al que se han dedicado tantos recursos, tal como hacemos al romper una relación amorosa, exige elaborar un duelo que no siempre se reconoce ni se acompaña socialmente. Surgen pensamientos como “sin este proyecto no soy nadie”, “no me esforcé lo suficiente” o “nadie me apoyó”, y emociones como la tristeza, el miedo, la vergüenza, la culpa o la ira.

No sorprende que el miedo al fracaso sea uno de los grandes obstáculos para los emprendedores. En 2022, este temor afectaba al 43 % de ellos. Dos años después, en 2024, solo un 33 % afirmaba que el miedo a fracasar le impedía lanzarse a emprender, un porcentaje notablemente mayor que entre las personas no emprendedoras, donde alcanzaba el 55 %.

Entre hombres y mujeres, estas últimas percibían el miedo al fracaso con algo más de intensidad (un 4 % más que los hombres). Ahora bien, aunque cada vez menos personas perciben ese temor como un obstáculo, sigue siendo necesario un cambio social capaz de abrazar el error como una oportunidad de aprendizaje.




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Aprender a fracasar será imprescindible después de la crisis


No es amor, es emprendimiento

Poner en marcha una idea de negocio tiene algunas similitudes con iniciar una relación sentimental. Pero no se trata de amor, es emprendimiento. Reconocerlo nos ayuda a mantener cierta distancia emocional respecto a la idea, gestionar el miedo al fracaso y conservar la perspectiva necesaria para aprender de los errores sin perder la motivación ni poner en riesgo nuestro bienestar.

The Conversation

Pau Sendra Pons no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No es amor, es emprendimiento – https://theconversation.com/no-es-amor-es-emprendimiento-275466

Pensar en la tecnología para que no nos domine en la calle… ni en la oficina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ismael Sánchez-Herrera Bautista-Cámara, Profesor de Universidad Nebrija, Consultor de Cultura Preventiva en Vítaly, Universidad Nebrija

Pasajeros en el metro de Barcelona. Yevheniia Kozhenkova/Shutterstock

El sol de verano en Viena iluminaba el reloj Anker mientras una multitud, absorta, levantaba sus móviles. La obsesión no era vivir el instante, sino fotografiarlo, capturarlo en un gesto digital que prometía inmortalizar un presente fugaz.

Un reloj y muchas personas con los móviles en alto mirando para él.
Los turistas a punto de grabar el reloj Anker.
Alexey Smyshlyaev

Aquella escena, repetida en cada rincón de mi viaje por Austria, fue el inicio de una reflexión. Los veranos, como decía el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, despiertan al etnólogo que todos llevamos dentro. Pero en un mundo atravesado por la digitalización, el etnólogo ya no solo observa tribus lejanas: observa la nuestra, en la calle y, por extensión, en la oficina.

Aquel viaje se convirtió en un laboratorio social a cielo abierto. Empecé a ver las dinámicas que moldean nuestras organizaciones en los gestos más cotidianos: en la forma en que consultamos el móvil, en las modas que seguimos, en nuestros rituales urbanos. Comprendí que para entender la cultura de una empresa hoy, primero hay que entender la cultura de la calle.

El mapa roto de Geertz

Nuestra primera brújula en este viaje es el también antropólogo estadounidense Clifford Geertz. En su obra magna, La interpretación de las culturas, nos enseñó que la cultura es el mapa colectivo que nos permite orientarnos en el mundo. Pero ¿qué ocurre cuando el territorio cambia más rápido que el mapa? La tecnología digital ha creado un nuevo continente para el que nuestras viejas cartas de navegación cultural no siempre sirven.

Las plataformas digitales, con sus diseños persuasivos, explotan nuestro sistema de recompensas cerebrales. Cada notificación es un estímulo dopaminérgico; cada scroll infinito, un hábito compulsivo. Nuestra capacidad de concentración se deteriora. La cultura, ese gran mecanismo de adaptación colectiva, parece desbordada por artefactos diseñados para capturar nuestra atención. Lo vemos en la calle, con gente absorta en sus pantallas, y lo vemos en la oficina, con profesionales incapaces de realizar una tarea profunda sin ser interrumpidos por un torrente de alertas.

El ‘habitus’ digital de Bourdieu en el metro

El viaje termina, pero la reflexión no. De vuelta a casa, un email me invita a un focus group sobre cómo la digitalización laboral afecta a nuestra salud. Mientras viajo en el metro hacia la reunión, la imagen de la multitud de Viena se superpone a la de los pasajeros a mi alrededor, cada uno en su propia burbuja digital. Es aquí donde la figura del sociólogo francés Pierre Bourdieu se me aparece con una claridad meridiana.

Bourdieu nos habló del habitus: ese sistema de disposiciones, gestos y hábitos aprendidos, que moldea nuestra forma de actuar sin que seamos conscientes de ello. La digitalización ha creado un nuevo habitus organizacional. Contestar un email al instante, reaccionar con un emoji no son solo acciones; son gestos que configuran nuestra identidad profesional. Quien domina este nuevo lenguaje corporal digital acumula capital simbólico e influencia.

Este habitus reconfigura el poder. En empresas digitales, un ingeniero joven que documenta su trabajo con precisión en un repositorio público puede ganar más prestigio que un directivo veterano menos hábil en la comunicación asíncrona. La autoridad ya no emana solo del cargo, sino de la capacidad de generar valor en los nuevos “campos” digitales.

Las nuevas tribus de Lévi-Strauss

Si Bourdieu nos ayuda a entender los gestos, Lévi-Strauss nos permite descifrar la gramática subyacente. Él nos recordó que las culturas se estructuran en oposiciones binarias. La era digital ha creado las suyas propias: síncrono frente a asíncrono, canal público frente a mensaje privado, cámara encendida frente a apagada.

De estas tensiones nacen los nuevos rituales que dan cohesión a las tribus organizacionales. Revisión matutina de redes, y sus correspondientes me gusta, rondas virtuales de estado de ánimo o las celebraciones con GIFs son los tótems y ceremonias de nuestro tiempo. Son gestos mínimos que, en un entorno de trabajo distribuido, refuerzan la pertenencia colectiva y nos recuerdan que, a pesar de la distancia, formamos parte de algo compartido.

La disonancia de Schein y el fantasma de Han

El relato podría terminar aquí, en una visión optimista de la adaptación cultural. Pero entonces al escribir el artículo se me aparece el psicólogo estadounidense Edgar Schein, quien nos advierte que la cultura opera en tres niveles: los artefactos (lo que vemos), los valores (lo que decimos) y los supuestos básicos (lo que realmente creemos). Y es aquí donde surge el conflicto.

Nuestros artefactos son las plataformas colaborativas y las métricas de rendimiento. Nuestros valores declarados hablan de agilidad, bienestar y desconexión digital. Sin embargo, el supuesto básico no ha cambiado: seguimos premiando la disponibilidad constante y la hiperconexión. Esta disonancia es la receta para el cinismo y el agotamiento.

Y es entonces cuando el fantasma de Byung-Chul Han, reciente Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, recorre las oficinas. En La sociedad del cansancio, el filósofo coreano-alemán lanza una advertencia brutal: el sujeto de rendimiento del siglo XXI ya no necesita un jefe que lo explote; se explota a sí mismo. La digitalización es el amplificador perfecto de esta dinámica. Cada notificación nos recuerda que siempre podríamos –y deberíamos– estar haciendo más. Lo que se nos vende como autonomía se convierte en una jaula de autoexigencia que conduce a la fatiga, la ansiedad y la pérdida de sentido.

Liderar es diseñar la cultura

El viaje que empezó en Austria termina con una revelación. La transformación digital no es un proyecto tecnológico; es un profundo desafío cultural. La ansiedad de los turistas por capturar un instante es la misma que la del empleado por responder un email fuera de horario.

Liderar hoy ya no consiste solo en gestionar recursos o implantar herramientas. La verdadera tarea del liderazgo es convertirse en un diseñador de cultura. Significa leer los símbolos que emergen, cuidar los rituales que unen y, sobre todo, proteger el tiempo y la salud de las personas. Implica alinear los artefactos, los valores y los supuestos para que la tecnología se convierta en un lenguaje de confianza y pertenencia, y no en un dispositivo de cansancio permanente. Porque, como nos recuerdan los filósofos, solo tenemos salud y tiempo. Olvidarlo es el verdadero riesgo en la actualidad.


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The Conversation

Ismael Sánchez-Herrera Bautista-Cámara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Pensar en la tecnología para que no nos domine en la calle… ni en la oficina – https://theconversation.com/pensar-en-la-tecnologia-para-que-no-nos-domine-en-la-calle-ni-en-la-oficina-265925

FDA rejects Moderna’s mRNA flu vaccine application – for reasons with no basis in the law

Source: The Conversation – USA (3) – By Ana Santos Rutschman, Professor of Law, Villanova University

In December 2025, Moderna submitted an application to the FDA to approve the first mRNA-based flu vaccine. Catherine Falls Commercial/Moment via Getty Images

The Food and Drug Administration has refused to review an application from the biotech company Moderna to approve its mRNA-based flu vaccine.

The agency’s decision, which Moderna announced in a press release on Feb. 10, 2026, is the latest step in efforts by federal health officials under Health and Human Services Secretary Robert F. Kennedy Jr. to disrupt longstanding public health practices relating to vaccine access and approval, as well as to reshape the public’s perception of vaccine safety.

Vaccines based on mRNA came to the forefront in the early days of the COVID-19 pandemic, but researchers are now using the technology to create other vaccines, as well as treatments for diseases such as cancer and autoimmune disorders. The Nobel Prize-winning technology may be especially promising for flu because vaccines can be developed rapidly each season to match mutating influenza strains.

However, Kennedy and other federal health officials, including at the FDA, have expressed particular skepticism toward mRNA-based vaccines, raising safety concerns while providing no credible data on their health risks, and defunding research on their development.

The Conversation asked Ana Santos Rutschman, a Villanova University law professor and vaccine policy expert, to explain the significance of the FDA’s decision and how it fits into the rapidly changing landscape of public health policy.

What exactly did the FDA do, and why is it unusual?

In December 2025, Moderna submitted an application to the FDA to approve an mRNA flu vaccine for adults age 50 and older. The vaccine had been tested in clinical trials including more than 40,000 people. In response to the application, the agency sent Moderna a “refusal-to-file” letter, dated Feb. 3, 2026. This is a type of notice the regulator sends to companies when it deems a new drug or vaccine’s application to be incomplete.

Because companies developing new products meet with the FDA early in the process to agree on requirements for approval, it’s rare for the agency to take this action. What’s more, there have been very few occasions in which the FDA has diverged significantly from other major drug regulators around the world. But in this case, drug regulators in Canada, Europe and Australia accepted Moderna’s application for review.

Especially concerning is that several FDA scientists and other staff have confirmed that they expected to review Moderna’s application. The director of the FDA’s Office of Vaccines Research and Review, David Kaslow, wrote a memo recommending it be reviewed. But Vinay Prasad, who directs the center that oversees the vaccine research office, overruled the decision.

Directors rarely overrule agency scientists, especially regarding vaccines. But this is at least the fourth time Prasad has done so since being appointed to the FDA in 2025.

What reasons did the FDA give for its decision?

Moderna took the unusual step of announcing the FDA’s refusal and releasing the agency’s letter. The letter states that Moderna did not conduct an “adequate and well-controlled” study because it had not compared patients receiving its vaccine to patients receiving what the agency claimed to be “the best-available standard of care.”

An older woman sneezing into a tissue
Moderna’s flu vaccine would be the first one using mRNA technology, but Robert F. Kennedy Jr. and other federal health officials have been skeptical about the safety of mRNA based vaccines.
PixelVista/E+ via Getty Images

In the U.S., standard-dose flu vaccines are approved for everyone over 6 months of age, but health authorities recommend that adults over 65 receive a more potent dose. Moderna’s announcement quoted the language the FDA used when approving the company’s clinical trial protocol in 2024. The agency had originally suggested that for people age 65 and older, the company compare the efficacy of its vaccine to the more potent dose. But after reviewing Moderna’s protocol, the FDA deemed the standard vaccine “acceptable.”

Besides the fact that the FDA agreed to the trials Moderna conducted, I believe the agency’s claim that the company didn’t use “the best-available standard of care” is problematic because it does not reflect the legal requirements for vaccine approval. Although this phrase sounds official, it is nowhere to be found in FDA law or guidance for companies developing vaccines.

Instead, FDA law requires a company to provide data from “adequate and well controlled studies” and using standard dose flu vaccines aligns with the requirement because they are widely used across age groups.

Shortly after Moderna announced the refusal, the health news outlet STAT quoted an unnamed FDA official stating that if Moderna were to “show some humility,” the agency might still review the application, but only for people under 65. Imposing this restriction after refusing to review the application has no basis in the law because FDA approves clinical trial parameters early on, in consultation with companies.

From a legal perspective, the FDA’s decision could potentially meet what’s called the “arbitrary and capricious” standard, because the agency seems to have altered its position without a valid reason for that change. If a court makes such a determination, it could invalidate the FDA’s decision. That process, however, would take time.

Does the FDA’s decision reflect a change in vaccine policy?

This is the first time that the FDA has tried to preclude the review of a vaccine for reasons that do not have to do with safety or efficacy. The move, which ties into a broader strategy by federal health officials under Kennedy, signals an escalation in the agency’s efforts to intervene in established procedures for testing vaccines.

In April 2025, Kennedy announced that new vaccines would require additional clinical trials. In November 2025, Prasad released an internal FDA memo claiming that mRNA-based COVID-19 vaccines had killed children. Although he provided no evidence, he said that in response to the alleged deaths, large-scale changes to requirements for vaccine approval were coming.

The FDA’s refusal of Moderna’s application appears to be Prasad’s policy in action.

What might this mean for vaccines going forward?

On a practical level, the fact that the FDA is now articulating requirements that are nowhere to be found in the law creates major uncertainty for companies with pending or upcoming vaccine applications. That’s because manufacturers now have reason to worry that they might invest resources in the lengthy process of developing a vaccine, only to receive similarly unpredictable refusals.

More broadly, with so many areas in vaccine law and policy in turmoil, incentives for vaccine manufacturers to bring vaccines to market are shrinking. In January 2026, even before the flu vaccine refusal, Moderna’s chief executive officer said the company was scaling back on vaccine development .

Finally, the FDA’s move risks fueling further mistrust in vaccines, aligning with a wider push from federal health officials to question long-settled science.

The Conversation

Ana Santos Rutschman does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. FDA rejects Moderna’s mRNA flu vaccine application – for reasons with no basis in the law – https://theconversation.com/fda-rejects-modernas-mrna-flu-vaccine-application-for-reasons-with-no-basis-in-the-law-275771

How Indigenous athletes challenge simple ideas of national unity at the Olympics

Source: The Conversation – Canada – By Taylor McKee, Assistant Professor, Sport Management, Brock University

As the 2026 Winter Olympics in Milan Cortina unfold, the world is once again turning its gaze to the podium. But for most nations, the importance of the Olympics extends well beyond medals.

The Games are a place where nations tell stories about themselves: who belongs, who represents them and how secure that nation feels in the world. National sporting events offer a way to make abstract ideas like sovereignty and belonging visible.

As humanities scholar Homi K. Bhabha argues in his book on nationhood, nations are not fixed entities, but are continually retold, like stories. The Olympics provide one of the most visible stages for nations to shape narratives about themselves.

At a time when Canada and other countries are feeling pressure about their sovereignty, the Olympic Games are taking on heightened symbolic meaning.

But Indigenous athletes, in particular, reveal the limits of using sport to perform national unity, and show how multiple sovereignties continue to exist within “Team Canada.”

Forging a nation through sport

One of the earliest Canadian sports stories ever told was explicitly about forging something new under the weight of empire. In 1867, days after Confederation, a working-class crew from Saint John, New Brunswick, competed in rowing at the Paris Exhibition, a world’s fair held in France.

Black and white photo of four men rowing in a row boat across a body of water
An 1871 photo of the Paris Crew.
(National Archives of Canada)

The “Paris Crew” quickly became a national symbol, not just because they won, but because the victory felt like a young country holding its own against an older imperial world. It became a story of Canadians carving out space on an international stage that was not designed with them in mind.

Over time, what it meant to see Canada represented in sport started to change. By the early 2000s, a familiar insecurity lingered.

This sentiment did not survive Canada’s exceptional performance at Vancouver 2010 when the country won a historic 14 gold medals.

In the lead-up to those Olympics, the federal government invested heavily in a high-performance system built to deliver medals. Even the name of the initiative — Own the Podium — put it plainly. Excellence was no longer a wish for Canada, but the standard, and the resources followed.

When sovereignty feels unsettled again

Today, the ground feels less stable again. Canada’s relationship with its closest ally, the United States, is under intense strain due to ongoing tariff disputes and repeated threats to Canadian sovereignty from the American president.

Canadians are testing their mettle by discerning whether they have the skills and endurance to publicly defend and perform sovereignty on the national stage.

Sport is an ideal forum for this because it’s already built as a competition among national units, even when lived reality is far more regional and local.

This renewed attention to sovereignty can feel like a throwback to the Paris Crew moment, when defeating bigger powers looked like a form of self-determination.

Dual narratives

The effort to balance the complexities of national pride and sovereignty under a colonial shadow takes on even more complexity through the participation of Indigenous athletes.

Following Alwyn Morris and Hugh Fisher’s 1000-metre sprint kayak gold medal at the 1984 Summer Olympics, Morris gave an eagle feather salute to his grandfather. This moment is widely remembered as a positive example of Indigenous resurgence through sport, and a reclaiming of cultural space.

At the same time, as Morris himself has explained, the gesture was a reminder that Indigenous identity does not dissolve into “Team Canada,” even during moments many Canadians want to read as uncomplicated unity.

That is why Morris’s salute still matters. It shows how representation can hold two truths at once. Morris was awarded gold while wearing red and white, but he claimed his win as one for “the other part of who [he] is,” showing how Indigenous sport stories cannot be reduced to a single national storyline.

Indigenous resistance through sport

Perhaps the longest-running example of Indigenous resistance through sport is the Haudenosaunee Nationals lacrosse team, which competes internationally as a sovereign nation.

Contemporary lacrosse reflects a version of the sport that is much different than what Haudenosaunee People have traditionally revered as a “medicine game.” In the late 1800s, when “The Creator’s Game” was colonized and rebranded as “Canada’s National Game,” Indigenous peoples were barred from competition.

Today, the Haudenosaunee Nationals are the only sports organization in the world to compete in international competitions while representing an Indigenous confederacy as a sovereign nation.

Representing the Haudenosaunee, the Nationals embody Indigenous reclamation and resurgence. With lacrosse returning to the 2028 Summer Olympics, the Haudenosaunee’s claim for sovereignty is once again on the line.

Canada’s national story

For most Canadians, international sport is the easiest place to feel the nation in real time. A flag goes up. An anthem plays. A medal table is refreshed. In a few minutes of speed, grace and accuracy, complicated questions about history, economy and belonging collapse into a simple narrative.

Through these articulations of Indigenous sovereignty, representation and resurgence, Indigenous athletes have reminded “Team Canada” why this narrative isn’t as simple as it feels. For Indigenous Canadian athletes, participation is about representing the communities that came together to believe in them.

It’s about celebrating family strength, healing inter-generational trauma and leading a new path. It’s about resisting threats to sovereignty and reclaiming what was taken away.

That is exactly why sport becomes so charged when Canadians feel our sovereignty is under pressure, whether that pressure is literal, symbolic or both. In sport, athletes are asked to do more than win medals — they are asked to stand in for Canada itself and to reassure audiences that the country is coherent, respected and capable of protecting what is considered ours.

The Conversation

Taylor McKee receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada

Janelle Joseph receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council.

Lucas Rotondo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How Indigenous athletes challenge simple ideas of national unity at the Olympics – https://theconversation.com/how-indigenous-athletes-challenge-simple-ideas-of-national-unity-at-the-olympics-274408