El precio oculto del cambio climático: los riesgos para el sector agrícola del sur de Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Castro Castro, Profesor Titular de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de León

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Cada vez que vemos imágenes de campos arrasados por el fuego o cultivos inundados, pensamos en las pérdidas inmediatas que supone. Pero hay un efecto menos visible y cada vez más preocupante: la quiebra de las empresas agrícolas que sostienen esos cultivos.

Los fenómenos meteorológicos extremos no solo afectan a la producción, sino que también comprometen la supervivencia económica de las explotaciones agrícolas en el sur de Europa.

Un sector en primera línea

El sur de Europa es una de las regiones más expuestas al cambio climático. Sequías prolongadas, lluvias torrenciales y olas de calor extremas se combinan con incendios forestales cada vez más frecuentes, sobre todo en zonas rurales. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte de que estas tendencias se intensificarán en las próximas décadas.

Estos fenómenos no solo dañan cultivos, suelos o infraestructuras: también tienen un efecto directo en la viabilidad financiera de las empresas. Buscar agua y materias primas alternativas, reparar daños o reinvertir en maquinaria supone costes adicionales que muchas explotaciones no pueden asumir. En los casos más graves, esto desemboca en insolvencias y quiebras.

Lo que revelan los datos

Hay un patrón claro: las quiebras agrícolas están estrechamente vinculadas a fenómenos climáticos extremos. Eso incluye olas de calor, que reducen la productividad, secan los suelos y aumentan los costes operativos. Pero también lluvias extremas, inundaciones y sequías, ya que tanto la escasez como el exceso de agua afectan negativamente a las explotaciones agrícolas y pueden comprometer los ingresos.

El impacto de los incendios forestales es especialmente grave. Además, el índice de “clima propenso a incendios” –sequía, calor y viento– multiplica el riesgo de insolvencia.

En conjunto, la evidencia indica que el cambio climático no es una amenaza futura: ya está afectando a la resiliencia y supervivencia de miles de empresas agrícolas mediterráneas.

Más allá del campo

El cambio climático, por tanto, no es solo un desafío ambiental, sino que se trata también de un riesgo económico y social de primer orden, pues la quiebra de empresas agrícolas provoca efectos en cadena. Concretamente efectos económicos (pérdida de empleo y tejido empresarial en zonas rurales), alimentarios (menor producción local y posible encarecimiento de precios) y financieros (más riesgo para bancos y aseguradoras, lo que puede dificultar el acceso a crédito en el sector).

Según el Banco Europeo de Inversiones (EIB), los riesgos climáticos figuran entre los principales factores de vulnerabilidad financiera en Europa.

Una advertencia necesaria

La investigación sobre los riesgos financieros del cambio climático se había centrado fuera de Europa analizando, sobre todo, los efectos de huracanes y tormentas. Con nuestra investigación, aportamos evidencias de que fenómenos como incendios forestales o anomalías de temperatura en el Mediterráneo deben incorporarse en la gestión financiera y de políticas agrícolas.

Iniciativas como el Natural Capital Protocol –que permite a las empresas identificar, medir y valorar sus impactos directos e indirectos y sus dependencias del capital natural– o las estrategias impulsadas por Agencia Internacional de Energías Renovables, IRENA –aumentar la inversión en infraestructuras, fomentar la innovación tecnológica, incentivar la adopción de energías renovables y la eficiencia energética–, ya insisten en la necesidad de integrar el capital natural y la resiliencia climática en la toma de decisiones económicas. Esto exige que:

  • Los responsables políticos diseñen apoyos específicos frente a riesgos climáticos.

  • Las entidades financieras incluyan variables climáticas en la evaluación de crédito.

  • La sociedad reconozca que la sostenibilidad agrícola depende también de adaptaciones estructurales al nuevo clima.

Un futuro en juego

La agricultura mediterránea no es solo un motor económico: es parte de la cultura y la alimentación en Europa. Pero el cambio climático amenaza su viabilidad de forma tangible. Ignorar este vínculo entre clima y quiebra empresarial pondría en riesgo no solo a miles de agricultores, sino también la estabilidad económica y alimentaria de toda la región.

La pregunta ya no es si Europa debe adaptarse sino cómo hacerlo y con qué rapidez.

The Conversation

Paula Castro Castro recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación

María Teresa Tascón Fernández recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Borja Amor Tapia y Iván Pastor Sanz no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. El precio oculto del cambio climático: los riesgos para el sector agrícola del sur de Europa – https://theconversation.com/el-precio-oculto-del-cambio-climatico-los-riesgos-para-el-sector-agricola-del-sur-de-europa-266931

Ni galletas “enriquecidas” ni zumos: las claves de un desayuno o una merienda saludable

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

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Que las chucherías no son recomendables para los niños no es ninguna sorpresa. Pero la bollería, las galletas y la mayoría de los cereales, habituales en desayunos y meriendas, no son mejores.

¿Qué nos piden los niños? La respuesta es sencilla: si pueden, eligen alimentos que les atraen, ya sea por su sabor, la forma de presentación o la publicidad. Algunos de ellos son galletas en forma de animales, cereales con silueta de estrellitas, batidos con dibujos o los “pastelitos”, que resisten imperturbables el paso de las décadas.

Muchos de estos productos presumen incluso de llevar vitaminas y minerales añadidos. Pero no nos dejemos engañar, porque su objetivo no es otro que el de convencernos a los papás y las mamás de que son buenos para nuestros retoños.

La importancia de pararle los pies a la publicidad

Hace unos años, desde el equipo BADALI de la Universidad Miguel Hernández analizamos la calidad nutricional de más de 500 alimentos con publicidad dirigida a niños o adolescentes. La friolera del 97 % de todos ellos no eran saludables.

En ese estudio incluimos una gran variedad de productos que suelen gustar a los pequeños de la casa: galletas, cereales de desayuno, bollería, lácteos, barritas, zumos y bebidas de frutas, snacks y dulces. Encontrar el 3 % saludable puede ser como buscar una aguja en un pajar.

Esto hace imperativo poner coto a la publicidad de alimentos no saludables dirigidos a la población infantil y adolescente, como ya sucede en varios países desde hace más de una década. En este sentido, el Ministerio de Consumo elaboró un borrador de Real Decreto en 2022, que ha retomado recientemente. Esperemos que esta vez sí sea una realidad.

El engañoso reclamo de “con vitaminas añadidas”

En cuanto a lo de “tapar” que un alimento no es saludable añadiéndole vitaminas y minerales, también tenemos datos. Por resumir lo más importante, solo uno de cada siete de todos estos productos se puede considerar saludable.

Si miramos con detenimiento, vemos que la población infantil es la destinataria principal de, por ejemplo, las galletas. Dos de cada tres de las que se anuncian como “enriquecidas” llevan dibujos. Ni qué decir tiene que ninguna de estas galletas es saludable, pero tampoco lo es el resto.

En cuanto a los cereales de desayuno enriquecidos, sí los hay que son saludables; sin embargo, no están dirigidos a niños. Y en lo que respecta a las bebidas de frutas, por mucho que las anuncien con toda una colección de vitaminas, ninguna de ellas es recomendable.

Es preferible un desayuno breve que uno no saludable

Entonces, ¿cómo deben ser los desayunos, almuerzos y meriendas? Seguro que, en muchas familias, desayunar bien antes del ir al cole o al instituto es aún una asignatura pendiente. Además, es posible que el apetito de los niños sea muy peculiar y dependa mucho de lo que haya sobre la mesa.

Las madres y los padres nos preocupamos y tendemos a aferrarnos a un “da igual lo que coman, con tal de que coman”. Sin embargo, la mejor decisión que podemos tomar es adoptar esta otra máxima: es preferible un desayuno breve que uno no saludable.

No hay alimentos saludables que estén prohibidos en un desayuno, almuerzo o merienda. Sin embargo, la combinación ideal es un lácteo, un cereal y una fruta. Eso sí, deben cumplir el mismo requisito: que sean saludables.

No es necesario que la leche esté enriquecida, basta con una normal y mejor si es entera. No hay ninguna razón para desterrar la leche entera de la mesa de los niños. Para los adultos ya es otra historia, pero los niños deben tomar dos vasos de leche al día, dado que supone un aporte insustituible de calcio para su crecimiento.

Los batidos lácteos no son una buena alternativa porque llevan azúcar o edulcorantes añadidos y ninguno de los dos es saludable.

En cuanto a los yogures sin estos ingredientes, son muy buena elección, aunque solemos rechazar su sabor ácido. Podemos mezclarlos con trozos de fruta o añadirles apenas un poco de azúcar, lo justo para neutralizar esa acidez. Además, debemos tener en cuenta que un vaso de leche equivale a dos yogures.

Los cereales de desayuno sin otros ingredientes que los propios cereales son una opción con la que acompañar al lácteo. De la bollería y las galletas, ni hablamos: aunque sean de horno tradicional o caseras, es preferible evitarlas.

En España es habitual decantarse por el pan, que solemos acompañar con aceite de oliva virgen y tomate. Esta es una buena elección, aunque con dos matices: una es que el pan debería ser integral y la otra es no añadir más sal. La sal del propio pan ya supone el 20 % de toda la que tomamos al día y que deberíamos reducir a la mitad. La mantequilla, margarina o mermelada no son buenas opciones para acompañar el pan.

Esa rebanada de pan se suele convertir en bocadillo cuando se trata del almuerzo o la merienda. Aunque acusado injustamente de engordar, en un bocadillo, lo más importante es el pan. Debemos reducir el tamaño de las capas de embutido que suelen acompañarle, porque ponen en riesgo nuestra salud.

Mejor cambiar el zumo de naranja por fruta

El zumo de naranja exprimido en casa ha gozado de buena fama durante mucho tiempo. Es cierto que es preferible a cualquier otro zumo comercial, bebida de frutas o refresco. Sin embargo, solo aporta azúcares libres, que aumentan el riesgo de enfermedades, obesidad y, por supuesto, provocan caries. Así que ni siquiera esta bebida es un buen sustituto para la fruta.

El desayuno, el almuerzo y la merienda son oportunidades para tomar los nutrientes fundamentales que nuestros hijos necesitan para crecer sanos. Merece la pena el esfuerzo porque es la mejor inversión para su futuro que podemos hacer.

The Conversation

Ana Belén Ropero Lara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ni galletas “enriquecidas” ni zumos: las claves de un desayuno o una merienda saludable – https://theconversation.com/ni-galletas-enriquecidas-ni-zumos-las-claves-de-un-desayuno-o-una-merienda-saludable-267035

La sostenibilidad no se consigue en solitario: así se tejen las redes verdes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia García García, Profesora de Economía Aplicada, Universidad Complutense de Madrid

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En plena transición ecológica, las empresas saben que deben reducir emisiones, ahorrar materiales o usar energías limpias. Pero innovar de forma sostenible no es fácil. Requiere tiempo, dinero y asumir riesgos. No basta con la voluntad: hace falta aliados adecuados.

¿Cómo conseguir ser innovador y sostenible?

La pregunta es clara: ¿cómo pueden las empresas ser innovadoras y sostenibles a la vez? La respuesta está en las redes de colaboración.

En la práctica, las empresas no trabajan solas. Dependen de proveedores que suministran materias primas, de clientes que marcan tendencias, de universidades que generan conocimiento, de centros de investigación que aportan tecnología y de consultoras que aportan servicios especializados. Incluso los competidores, a veces, participan en ese ecosistema.

La clave está en tejer estas relaciones con inteligencia. No todos los socios aportan igual, ni en todo momento. Una buena colaboración acelera la innovación. Una mala elección la frena y aumenta costes.




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Colaborar para ‘ecoinnovar’: ¿con quién?

Nuestro estudio de 3 500 empresas españolas publicado en la revista Business Strategy and the Environment responde a esta pregunta. Muestra las colaboraciones que impulsan las innovaciones verdes diferenciando entre dos medidas clave: ahorrar materiales o reducir energía.

La mayoría de investigaciones se centraban en un solo socio. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando una empresa colabora solo con universidades?. O ¿qué ocurre si la relación es solo con clientes? Pero la realidad es más compleja, ya que las empresas trabajan con varios socios a la vez.

Para estudiarlo, usamos una técnica que identifica combinaciones de éxito. Los datos de la Encuesta de Innovación del INE del 2020 nos dieron una visión clara: las redes no son iguales para todas las metas. Según el objetivo de la ecoinnovación, las alianzas cambian. No se sigue el mismo camino cuando se busca ahorrar materiales que cuando se quiere reducir energía.




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Imagine que debe cruzar un bosque lleno de obstáculos. ¿A quién escogería como compañero? No elegiría a cualquier persona. Si el reto es orientarse, buscaría a alguien con buen sentido de la dirección. Si se trata de sobrevivir sin comida, preferiría a quien conozca las plantas comestibles. Cada reto exige habilidades distintas. Lo mismo pasa en las empresas. No basta con tener la meta clara: lo que importa es escoger bien a los socios.

Materiales y energía: distintas rutas, distintas alianzas

En innovaciones para ahorrar materiales o sustituirlos por otros más sostenibles, la ciencia es esencial. Universidades y centros de investigación son los aliados más fiables. Sin su conocimiento, es difícil encontrar alternativas, rediseñar procesos o crear nuevos productos.

Clientes y proveedores ayudan en algunos casos, pero suelen tener menos peso. Los competidores, en este ámbito, no suelen ser buenos compañeros de viaje. Competir y compartir información suele ser más un riesgo que una oportunidad.

El ahorro energético es todavía más exigente. Reducir el consumo eléctrico o cambiar la fuente de energía obliga a rediseñar procesos, invertir y cumplir normas estrictas. En este contexto, colaborar con competidores directos casi nunca funciona. Cada empresa protege su conocimiento, defiende sus intereses y evita compartir información que pueda restarle ventaja en el mercado.

En este ámbito los aliados más útiles son los proveedores y los servicios especializados. Aportan soluciones técnicas avanzadas y facilitan la integración de nuevas tecnologías. También los clientes y las universidades pueden ayudar en casos concretos, pero no siempre son el centro de la red, sino un apoyo.

La clave del éxito

Hay un hallazgo de nuestro estudio que se repite en ambos campos. Intentar colaborar a la vez con clientes, universidades y competidores suele ser una mala estrategia. Demasiados intereses enfrentados generan ruido y frenan los resultados. Es como una orquesta desafinada: cada músico toca su propia partitura, pero nadie escucha al director.

Así que la lección es clara: más no siempre significa mejor. No conviene trabajar con todos al mismo tiempo, ni tampoco limitarse a un único socio. El secreto está en el equilibrio: elegir a los adecuados para cada objetivo.

O sea, ni todos, ni uno solo.




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Resultado: ciencia y colaboración para un futuro sostenible

La ciencia importa. Es la brújula que guía a las empresas hacia un futuro más verde. Universidades y centros de investigación son aliados estratégicos. Elegir bien a los socios y mantener redes equilibradas es la mejor forma de innovar y ser sostenibles.

La política pública también tiene un papel, que es el de reforzar la conexión cientifico-empresarial y apoyar a proveedores y consultoras verdes.

Para la ciudadanía, el mensaje es claro: cuando pedimos a las empresas que sean más sostenibles, no se trata solo de dinero o tecnología. Es una estrategia que trata de saber crear redes inteligentes que cambien los procesos desde dentro.

Conclusión: el poder de elegir bien a tus aliados

La ecoinnovación no depende solo de recursos sino de elegir bien a los compañeros de viaje. Las empresas españolas que mejor lo hacen confían en la ciencia y se apoyan en socios clave cuando lo necesitan. En la transición ecológica, como en la vida, rodearse de las personas adecuadas marca la diferencia entre quedarse atrás o abrir camino hacia un futuro más sostenible.

The Conversation

Celia Torrecillas Bautista recibe fondos de Proyecto PID2020-112984GB- C21.

Sara Fernández López recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (Proyecto PID2020-112984GB-
C21)

Claudia García García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La sostenibilidad no se consigue en solitario: así se tejen las redes verdes – https://theconversation.com/la-sostenibilidad-no-se-consigue-en-solitario-asi-se-tejen-las-redes-verdes-265358

La IA no mejora las notas y aumenta la brecha entre buenos y malos estudiantes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Luisa Fanjul Fernández, Profesora en el grado de Marketing y el Máster de Emprendimiento Digital, Universidad Europea

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La inteligencia artificial (IA) tiene el potencial, nos dicen sus defensores, de democratizar el conocimiento y personalizar el aprendizaje. Con itinerarios diseñados específicamente para cada estudiante en función de sus objetivos y necesidades, esta herramienta, bien utilizada, puede resultar revolucionaria.

Pero ¿cuál es su impacto actual? ¿Está ayudando a los estudiantes a mejorar en su rendimiento académico? Pues según nuestro reciente estudio entre más de 200 universitarios, la respuesta apunta a que, de momento, no es así. La inteligencia artificial ha transformado la forma en que los jóvenes se preparan y aprenden, pero su impacto en el rendimiento académico es limitado y no necesariamente positivo.

La IA como compañera de estudio

La mayoría de los universitarios utiliza herramientas de IA para resolver dudas, resumir textos o generar ideas. Pero lo hacen de maneras muy distintas.

El estudio detecta tres perfiles de uso:

  • Perfil estratégico y funcional. Utiliza la IA como herramienta para optimizar el estudio, gestionar mejor el tiempo, acceder a más información y mejorar su productividad, aunque no esperan necesariamente un impacto directo en las calificaciones. Supone el 41,18 % del total.

  • Perfil instrumental y resolutivo. Refleja un uso claramente utilitarista, centrado en reducir el esfuerzo. Quienes forman parte de este grupo valoran la rapidez y la comodidad que ofrece la IA, pero suelen mostrar una comprensión más superficial de su potencial educativo. Son el 23,53 %

  • Perfil cognitivo y explorador. Comprende a los estudiantes que emplean la IA con una orientación al aprendizaje. Usan estas herramientas para profundizar en los contenidos, mejorar su comprensión y desarrollar nuevas competencias. No buscan ahorrar tiempo, sino aprender mejor: son el 35,29 %.

Esta segmentación muestra que la IA amplifica diferencias entre los estudiantes: quienes ya tienen buenos hábitos de estudio la utilizan para aprender más, mientras que quienes no los tienen tienden a emplearla para reducir su carga de trabajo.

Aprender más rápido no es aprender mejor

El 70 % de los estudiantes encuestados afirman que la IA les ayuda a “estudiar más rápido”. Sin embargo, ese ahorro de tiempo no se traduce en una comprensión más profunda de los conceptos.

Las respuestas son inmediatas, pero también favorecen un aprendizaje mucho más superficial. Los estudiantes nos cuentan que su uso más habitual es “entender el tema sin leerlo todo” o “resumir lo importante en pocas líneas”. En otras palabras, las herramientas de inteligencia artificial acortan el camino, pero también el proceso que da sentido al aprendizaje.




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La brecha digital dentro del aula

De esta manera, lejos de igualar oportunidades, esta herramienta puede ampliar la brecha educativa. Por ejemplo, hemos visto que entre los estudiantes con mejor rendimiento, el 72 % asegura revisar o contrastar siempre la información generada por la IA. Entre los de peor rendimiento, solo el 28 % lo hace.

El resultado es un sistema de aprendizaje desigual: los más críticos convierten la IA en una aliada, mientras que los menos preparados la usan como un atajo.

Una nueva cultura del esfuerzo

La relación emocional con el aprendizaje también está cambiando. Algunos estudiantes afirman que “ya no merece la pena romperse la cabeza si la IA te lo explica mejor”.

A esta afirmación se suman respuestas como “te lo da hecho” o “ahorra pensar”. Esta percepción, especialmente presente en el grupo instrumental y resolutivo formado por el 23,53 % de los estudiantes encuestados, muestra que el esfuerzo ya no se identifica necesariamente como parte del proceso formativo. En este contexto, enfrentarse a la dificultad, equivocarse o intentarlo varias veces empieza a verse como un obstáculo prescindible en un entorno cada vez más automatizado.

Así, la inteligencia artificial reduce la frustración, pero también el valor del error en el aprendizaje. En este sentido, el desafío para la educación superior ya no es solo enseñar contenidos, sino preservar el sentido del esfuerzo frente al de la inmediatez.




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Qué puede hacer el profesorado

Prohibir la utilización de herramientas de inteligencia artificial no es una opción realista. El reto en el aula consiste en guiar a los estudiantes hacia un uso crítico, ético y responsable de estas herramientas. La alfabetización digital no consiste solo en manejar herramientas, sino en saber preguntar, contrastar y evaluar la fiabilidad de las respuestas.

También será necesario repensar la forma de evaluar. Si la IA puede redactar un texto o resolver un caso práctico, habrá que diseñar actividades que pongan en valor cuestiones como la reflexión, la creatividad y la aplicación del conocimiento más allá del contenido.

Un aprendizaje más humano

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse, pero su integración en la educación superior debería ser pedagógica y consciente. Es recomendable plantear actividades que inviten a contrastar las respuestas generadas por la IA con otras fuentes de información y a detectar errores o inconsistencias en sus explicaciones.




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Esto no solo refuerza competencias clave como la capacidad de argumentar, sino que fomenta pensamiento crítico frente a la tecnología. Aprender a identificar sesgos o respuestas incorrectas y ser capaces de corregirlos será tan importante como saber formular una buena pregunta.

El valor de la inteligencia artificial dependerá, por tanto, de cómo se utilice: como sustituto del pensamiento o como acelerador de nuevas formas de aprendizaje. Puede facilitar el acceso al conocimiento, pero solo la inteligencia humana transforma la información en comprensión.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La IA no mejora las notas y aumenta la brecha entre buenos y malos estudiantes – https://theconversation.com/la-ia-no-mejora-las-notas-y-aumenta-la-brecha-entre-buenos-y-malos-estudiantes-266074

How to ensure youth, parents, educators and tech companies are on the same page on AI

Source: The Conversation – Canada – By Ajay Kumar Shrestha, Professor, Computer Science, Vancouver Island University

Artificial intelligence is now part of everyday life. It’s in our phones, schools and homes. For young people, AI shapes how they learn, connect and express themselves. But it also raises real concerns about privacy, fairness and control.

AI systems often promise personalization and convenience. But behind the scenes, they collect vast amounts of personal data, make predictions and influence behaviour, without clear rules or consent.

This is especially troubling for youth, who are often left out of conversations about how AI systems are built and governed.

The author’s guide on how to protect youth privacy in an AI world.

Concerns about privacy

My research team conducted national research and heard from youth aged 16 to 19 who use AI daily – on social media, in classrooms and in online games.

They told us they want the benefits of AI, but not at the cost of their privacy. While they value tailored content and smart recommendations, they feel uneasy about what happens to their data.

Many expressed concern about who owns their information, how it is used and whether they can ever take it back. They are frustrated by long privacy policies, hidden settings and the sense that you need to be a tech expert just to protect yourself.

As one participant said:

“I am mainly concerned about what data is being taken and how it is used. We often aren’t informed clearly.”

Uncomfortable sharing their data

Young people were the most uncomfortable group when it came to sharing personal data with AI. Even when they got something in return, like convenience or customization, they didn’t trust what would happen next. Many worried about being watched, tracked or categorized in ways they can’t see.

This goes beyond technical risks. It’s about how it feels to be constantly analyzed and predicted by systems you can’t question or understand.

AI doesn’t just collect data, it draws conclusions, shapes online experiences, and influences choices. That can feel like manipulation.

Parents and teachers are concerned

Adults (educators and parents) in our study shared similar concerns. They want better safeguards and stronger rules.

But many admitted they struggle to keep up with how fast AI is moving. They often don’t feel confident helping youth make smart choices about data and privacy.

Some saw this as a gap in digital education. Others pointed to the need for plain-language explanations and more transparency from the tech companies that build and deploy AI systems.

Professionals focus on tools, not people

The study found AI professionals approach these challenges differently. They think about privacy in technical terms such as encryption, data minimization and compliance.

While these are important, they don’t always align with what youth and educators care about: trust, control and the right to understand what’s going on.

Companies often see privacy as a trade-off for innovation. They value efficiency and performance and tend to trust technical solutions over user input. That can leave out key concerns from the people most affected, especially young users.

Power and control lie elsewhere

AI professionals, parents and educators influence how AI is used. But the biggest decisions happen elsewhere. Powerful tech companies design most digital platforms and decide what data is collected, how systems work and what choices users see.

Even when professional push for safer practices, they work within systems they did not build. Weak privacy laws and limited enforcement mean that control over data and design stays with a few companies.

This makes transparency and holding platforms accountable even more difficult.

What’s missing? A shared understanding

Right now, youth, parents, educators and tech companies are not on the same page. Young people want control, parents want protection and professionals want scalability.

These goals often clash, and without a shared vision, privacy rules are inconsistent, hard to enforce or simply ignored.

Our research shows that ethical AI governance can’t be solved by one group alone. We need to bring youth, families, educators and experts together to shape the future of AI.

The PEA-AI model

To guide this process, we developed a framework called PEA-AI: Privacy–Ethics Alignment in Artificial Intelligence. It helps identify where values collide and how to move forward. The model highlights four key tensions:

1. Control versus trust: Youth want autonomy. Developers want reliability. We need systems that support both.

2. Transparency versus perception: What counts as “clear” to experts often feels confusing to users.

3. Parental oversight versus youth voice: Policies must balance protection with respect for youth agency.

4. Education versus awareness gaps: We can’t expect youth to make informed choices without better tools and support.

What can be done?

Our research points to six practical steps:

1. Simplify consent. Use short, visual, plain-language forms. Let youth update settings regularly.

2. Design for privacy. Minimize data collection. Make dashboards that show users what’s being stored.

3. Explain the systems. Provide clear, non-technical explanations of how AI works, especially when used in schools.

4. Hold systems accountable. Run audits, allow feedback and create ways for users to report harm.

5. Teach privacy. Bring AI literacy into classrooms. Train teachers and involve parents.

6. Share power. Include youth in tech policy decisions. Build systems with them, not just for them.

AI can be a powerful tool for learning and connection, but it must be built with care. Right now, our research suggests young people don’t feel in control of how AI sees them, uses their data or shapes their world.

Ethical AI starts with listening. If we want digital systems to be fair, safe and trusted, we must give youth a seat at the table and treat their voices as essential, not optional.

The Conversation

Ajay Shrestha receives funding from the Office of the Privacy Commissioner of Canada (OPC); the views expressed herein are those of the authors and do not necessarily reflect those of the OPC.

ref. How to ensure youth, parents, educators and tech companies are on the same page on AI – https://theconversation.com/how-to-ensure-youth-parents-educators-and-tech-companies-are-on-the-same-page-on-ai-248265

A flexible lens controlled by light-activated artificial muscles promises to let soft machines see

Source: The Conversation – USA – By Corey Zheng, PhD Student in Biomedical Engineering, Georgia Institute of Technology

This rubbery disc is an artificial eye that could give soft robots vision. Corey Zheng/Georgia Institute of Technology

Inspired by the human eye, our biomedical engineering lab at Georgia Tech has designed an adaptive lens made of soft, light-responsive, tissuelike materials.

Adjustable camera systems usually require a set of bulky, moving, solid lenses and a pupil in front of a camera chip to adjust focus and intensity. In contrast, human eyes perform these same functions using soft, flexible tissues in a highly compact form.

Our lens, called the photo-responsive hydrogel soft lens, or PHySL, replaces rigid components with soft polymers acting as artificial muscles. The polymers are composed of a hydrogel − a water-based polymer material. This hydrogel muscle changes the shape of a soft lens to alter the lens’s focal length, a mechanism analogous to the ciliary muscles in the human eye.

The hydrogel material contracts in response to light, allowing us to control the lens without touching it by projecting light onto its surface. This property also allows us to finely control the shape of the lens by selectively illuminating different parts of the hydrogel. By eliminating rigid optics and structures, our system is flexible and compliant, making it more durable and safer in contact with the body.

Why it matters

Artificial vision using cameras is commonplace in a variety of technological systems, including robots and medical tools. The optics needed to form a visual system are still typically restricted to rigid materials using electric power. This limitation presents a challenge for emerging fields, including soft robotics and biomedical tools that integrate soft materials into flexible, low-power and autonomous systems. Our soft lens is particularly suitable for this task.

Soft robots are machines made with compliant materials and structures, taking inspiration from animals. This additional flexibility makes them more durable and adaptive. Researchers are using the technology to develop surgical endoscopes, grippers for handling delicate objects and robots for navigating environments that are difficult for rigid robots.

The same principles apply to biomedical tools. Tissuelike materials can soften the interface between body and machine, making biomedical tools safer by making them move with the body. These include skinlike wearable sensors and hydrogel-coated implants.

three photos showing a rubbery disk held between two hands
This variable-focus soft lens, shown viewing a Rubik’s Cube, can flex and twist without being damaged.
Corey Zheng/Georgia Institute of Technology

What other research is being done in this field

This work merges concepts from tunable optics and soft “smart” materials. While these materials are often used to create soft actuators – parts of machines that move – such as grippers or propulsors, their application in optical systems has faced challenges.

Many existing soft lens designs depend on liquid-filled pouches or actuators requiring electronics. These factors can increase complexity or limit their use in delicate or untethered systems. Our light-activated design offers a simpler, electronics-free alternative.

What’s next

We aim to improve the performance of the system using advances in hydrogel materials. New research has yielded several types of stimuli-responsive hydrogels with faster and more powerful contraction abilities. We aim to incorporate the latest material developments to improve the physical capabilities of the photo-responsive hydrogel soft lens.

We also aim to show its practical use in new types of camera systems. In our current work, we developed a proof-of-concept, electronics-free camera using our soft lens and a custom light-activated, microfluidic chip. We plan to incorporate this system into a soft robot to give it electronics-free vision. This system would be a significant demonstration for the potential of our design to enable new types of soft visual sensing.

The Research Brief is a short take on interesting academic work.

The Conversation

Corey Zheng receives funding from the National Science Foundation.

Shu Jia receives funding from the National Science Foundation and the National Institutes of Health.

ref. A flexible lens controlled by light-activated artificial muscles promises to let soft machines see – https://theconversation.com/a-flexible-lens-controlled-by-light-activated-artificial-muscles-promises-to-let-soft-machines-see-268064

Through role-play learning, a neurodivergent student found work practicum success

Source: The Conversation – Canada – By Kealey Dube, Assistant Professor, The School of Social Work, MacEwan University

When students move from university course work to real-world applications like internships, practicums or clinical placements, it’s not just about what they know, but how they use what they know.

These experiences are often the first time students apply classroom learning in unpredictable, high-stakes environments.

For students with disabilities, that leap can be especially challenging. Structural barriers, inaccessible learning environments and past negative experiences can make these transitions harder.

Something that can help students overcome barriers is simulation-based learning — when, via role playing, students practise key skills, try out strategies and learn from mistakes without the real-world consequences. It’s an approach practised across fields like health care, business as well as social work education.

We decided to explore the use of simulations with students who experience disability-related barriers, drawing on research related to learning through simulations and students with disabilities in practicum learning.




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From participants to partners

We took a “students as partners” approach, which sees students as active collaborators in designing their own learning experiences.

In this case study, we sought to design simulations that were practical, empowering and suited to a neurodiverse, social work university student. We also wanted simulations that reflected his particular concerns and were grounded in his unique lived experiences.

The student had experienced barriers in a previous work-integrated learning placement. Before starting another, he needed a safer way to build confidence, practise communication and prepare for the professional environment.

A team approach

The project was collaborative. As faculty members, we worked with the social work student involved in the field education course and a theatre student hired as our partner to co-create the simulations. Other participants were from MacEwan’s access and disability resources and the Centre for Teaching and Learning.

Together, the group co-designed two tailored, realistic simulation experiences aimed at helping the social work student prepare for his upcoming practicum.

How it worked

The team met over a summer to co-design the personalized simulations:

  • A workplace conversation, where the student practised setting expectations with a supervisor.

  • A client-facing scenario, where he responded to a phone inquiry — something he was likely to encounter during his placement.

Each simulation followed a three-part process:

  • Briefing: The student reviewed the context and goals.

  • Role play: The theatre student played a realistic role based on the scenario.

  • Debrief: The student watched a video of the simulation, reflected on what worked, and received supportive feedback.

By repeating the simulations multiple times, the students could build skills gradually, adjust strategies and become more confident with each try.

The theatre student also gained valuable experience learning and practising how to respond authentically and adapt during unscripted moments — skills that carry over to his own performance training.

What changed

When determining learning goals for the simulation, we focused on aligning course learning outcomes with needs specific to the social work student, such as communication skills. With each role play rotation, we captured how long it took for the social work student to clearly communicate his question or reflection to the client (played by the theatre student).

The amount of time decreased each rotation. By the end, the social work student reported he felt more confident moving through the situations. He became quicker, more confident and more comfortable with professional communication.

Most importantly, he reported feeling included and respected throughout the process. He said:

“Being involved in everything helped me feel more prepared. I made mistakes in the simulation and learned from them — so I didn’t have to make those same mistakes in real life.”

The theatre student echoed this:

“I wasn’t just acting — I was helping someone grow. It made me realize how powerful theatre can be beyond performance.”

Beyond skill development, this was capacity-building, confidence-building and community-building — all made possible by student-centred design. A year later, the student with a disability has successfully completed two field practicums and has graduated.

Why it matters

When universities design learning experiences with students, not just for them — especially students who are often left out of the process, like students facing disability-related barriers — opportunties for student engagement and empowerment are strengthened.

Simulations give students a chance to:

  • Practise real-world scenarios without real-world risk.

  • Learn from feedback in a supportive environment.

  • Build self-advocacy and professional communication skills.

  • Develop strategies that work for their unique needs.

This kind of tailored preparation can be the difference between just getting through a placement and truly thriving in it.

Looking ahead

This project shows that personalized simulations, grounded in student experiences and supported by interdisciplinary collaboration, can pave the way for more equitable, empowering education.

It suggests how when students are treated as co-creators, not just consumers or recipients of education, the learning becomes deeper, more inclusive and more meaningful. It also points to the relevance of broader use of co-created simulations across disciplines. Future possibilities include:

  • Adapting simulations for group settings or online delivery.

  • Partnering across departments, like theatre and business or accessibility and STEM.

  • Designing for diverse learning needs from the start, using Universal Design for Learning principles.

The approach is flexible, scalable and most importantly, human-centred. Sometimes, the best way to prepare for real life is to practise it.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Through role-play learning, a neurodivergent student found work practicum success – https://theconversation.com/through-role-play-learning-a-neurodivergent-student-found-work-practicum-success-258329

La démocratie municipale n’a pas la couverture médiatique qu’elle mérite 

Source: The Conversation – in French – By Sandra Breux, Démocratie municipale, élections municipales, Institut national de la recherche scientifique (INRS)

De façon générale, les médias traditionnels réussissent difficilement, faute de moyens, à couvrir l’ensemble des enjeux et à les documenter en profondeur. La Conversation Canada, CC BY

La campagne électorale du 2 novembre, qui déterminera la composition de plus de 1 000 conseils municipaux, est l’occasion de nous rappeler que la démocratie municipale québécoise souffre d’un double déficit : un manque criant de couverture médiatique et un traitement systématiquement négatif qui occulte les dynamiques constructives au profit des dysfonctionnements.

Cette vision déséquilibrée décourage la participation électorale et l’engagement citoyen.

La démocratie municipale, c’est près de 12 000 candidats qui postulent aux quelques 8 000 postes à pourvoir. C’est aussi des élus qui sont, dans leur grande majorité, rémunérés à temps partiel et qui tentent de satisfaire les besoins de la population, de répondre aux exigences auxquelles ils et elles doivent se conformer et d’inciter les citoyens à participer au développement de leur municipalité.

La démocratie municipale, c’est aussi des électeurs qui exercent leurs droits de vote, qui proposent des projets audacieux, se mobilisent, participent à des consultations publiques, cherchent à comprendre le bien-fondé d’une décision, demandent des comptes à leurs élus et font du bénévolat. C’est aussi un ensemble d’organismes variés qui soutiennent l’action des municipalités dans différents domaines pour essayer d’améliorer leur cadre de vie et le bien-être général de la population.

Parler de démocratie municipale, ce n’est pas que – certaines représentations sont tenaces – parler d’aqueducs, de déneigement et de collecte de poubelles. C’est discuter de la façon dont les ressources vont être allouées : faut-il vendre un terrain à un promoteur immobilier pour récupérer des fonds qui seront investis dans d’autres projets, ou le conserver pour créer un espace pour la population ?

Respectivement professeure à l’INRS en études urbaines, et professeure à l’Université d’Ottawa en sciences politiques, nous nous interrogeons sur le contexte médiatique et ses effets sur notre manière collective d’appréhender le palier de gouvernement municipal. Outre le déficit d’information qui le caractérise, le traitement médiatique dont il est l’objet pose certainement question à la veille du rendez-vous démocratique du 2 novembre prochain.

Sur le déficit informationnel

Plusieurs chercheurs et observateurs ont déjà souligné la faiblesse de la couverture médiatique dont fait l’objet la scène municipale. Si les médias provinciaux et régionaux couvrent les principaux pôles urbains, l’essentiel du territoire ne peut compter que sur les journaux locaux, dont le modèle d’affaire peine à en assurer la survie.




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La démocratie municipale est-elle en crise au Québec ? Enquête chez les élus des petites municipalités


De façon générale, les médias traditionnels réussissent difficilement, faute de moyens, à couvrir l’ensemble des enjeux et à les documenter en profondeur. Cette situation n’est pas spécifique au Québec. Plusieurs travaux en Amérique du Nord font l’hypothèse qu’il existe à l’échelle municipale une circulation plus faible de l’information politique en comparaison avec les autres niveaux de gouvernement.

L’absence d’une circulation suffisante et adéquate de l’information politique a des conséquences sur l’électorat : il est plus difficile de savoir qui se présente, quel est le programme de chaque candidat, mais aussi de saisir la réelle portée des enjeux qui sont discutés. Plus encore, une enquête menée en 2017 sur 3 200 électeurs au Québec a montré que plus un électeur connaît les programmes et les projets des candidats, plus il est susceptible de voter.

Sur le traitement médiatique

Lorsqu’elle existe, la couverture municipale met davantage l’accent sur les dysfonctionnements (faible participation, augmentation du nombre d’élections par acclamation, démissions d’élus, harcèlement des élus, climat tendu au sein du conseil, mécontentement des citoyens), que sur les dynamiques constructives (solutions locales, innovations de services, mobilisations citoyennes).

Ces éléments s’ajoutent aux nouveaux enjeux auxquels sont confrontées les municipalités : logement, mobilité, itinérance, ou gestion de l’eau. La complexité de ces problèmes empêche souvent les municipalités de trouver des solutions à court ou à moyen terme. Ils nourrissent alors un flot de nouvelles négatives qui surpasse de loin les informations valorisant les actions des élus et des citoyens.

Le problème n’est pas que ces sujets soient couverts – ils doivent l’être –, mais que l’écart avec les informations valorisant les actions et les solutions soit tel qu’il produit une image déséquilibrée et décourageante de la démocratie municipale.

La faible présence médiatique du municipal favorise par ailleurs la domination d’une seule grille de lecture qui met sans cesse en évidence les défaillances de cette démocratie. Ce cadrage unique ne favorise ni la participation électorale, ni l’engagement citoyen, ni le renouvellement des élus. Et si on peut penser que de façon générale, la couverture médiatique des affaires provinciales et fédérales peut aussi être négative, la diversité des médias et le volume des informations relayées rendent possibles plusieurs lectures.




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Les municipalités québécoises sont plus actives qu’on ne le pense en matière de développement durable


Le déséquilibre en exemples

Lire que 65 % des élus en 2021 l’ont été par acclamation laisse entendre que c’est un problème. On sait pourtant que ce fait mérite une lecture plus nuancée et qu’il cache une réalité bien différente. Cette situation peut s’expliquer par la difficulté à recruter, parfois par un choix volontaire pour éviter des frais de tenue d’élection, et d’autres fois encore par la volonté de ne pas s’opposer à quelqu’un que l’on connaît. Il convient par ailleurs de rappeler que le fait d’avoir quelque 8 000 élus est déjà une réalisation de taille.


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De même, mettre de l’avant que la population ne participe pas, notamment les jeunes, c’est occulter l’ensemble des actions que des bénévoles (Commission jeunesse etc.), des citoyens, des municipalités et des institutions mettent en place pour favoriser l’intérêt des citoyens. La moyenne provinciale de la participation électorale est par ailleurs plus élevée que celle que l’on rencontre dans d’autres provinces, notamment l’Ontario, même si elle demeure faible, à 38,7% de taux de participation.

Enfin, parler d’un climat politique tendu et des difficultés d’être élu, c’est oublier que certains élus se mobilisent et s’entraident pour parler d’une fonction qu’ils apprécient (que ce soit au sein de la FQM et de l’UMQ, ou dans de nouveaux lieux comme la nouvelle vague municipale, ou encore via une série de publications individuelles ou collectives.

La Conversation Canada

Sandra Breux a reçu des financements du CRSH, du FRQSC et du programme des Chaires de recherche du Canada

Anne Mevellec a reçu des financements du CRSH

ref. La démocratie municipale n’a pas la couverture médiatique qu’elle mérite  – https://theconversation.com/la-democratie-municipale-na-pas-la-couverture-mediatique-quelle-merite-266531

La hausse du coût de la vie modifie notre façon de faire des rencontres, de vivre et d’aimer

Source: The Conversation – in French – By Melise Panetta, Lecturer of Marketing in the Lazaridis School of Business and Economics, Wilfrid Laurier University

Les jeunes adultes âgés de 20 à 39 ans sont confrontés à un paysage social modifié où les réalités financières influencent leurs relations. (Rene Ranisch/Unsplash)

Les jeunes dans la vingtaine et la trentaine évoluent dans un nouveau contexte social où les réalités financières influencent leurs relations.

Si vous avez l’impression que l’inflation transforme votre vie amoureuse ou vos amitiés, vous ne rêvez pas. Partout dans le monde les contraintes économiques ont un véritable impact sur les relations humaines.


25-35 ans : vos enjeux, est une série produite par La Conversation/The Conversation.

Chacun vit sa vingtaine et sa trentaine à sa façon. Certains économisent pour contracter un prêt hypothécaire quand d’autres se démènent pour payer leur loyer. Certains passent tout leur temps sur les applications de rencontres quand d’autres essaient de comprendre comment élever un enfant. Notre série sur les 25-35 ans aborde vos défis et enjeux de tous les jours.

Qu’il s’agisse de tensions dans les couples ou d’étapes importantes de la vie que l’on repousse, l’incertitude financière affecte la manière dont les gens entrent en relation et communiquent, selon un récent sondage réalisé par la Banque Royale du Canada (RBC).

Les adultes dans la vingtaine et la trentaine, en particulier, évoluent dans un nouveau contexte social, où même les aspects les plus fondamentaux des relations sont influencés par la réalité financière.

Stress financier et tensions conjugales

L’argent est depuis longtemps l’une des principales sources de conflit dans les couples, mais le contexte économique actuel accentue encore davantage le stress financier.

Au Canada, 77 % des couples déclarent rencontrer des contraintes financières et 62 % affirment se disputer à propos de l’argent. L’augmentation du coût du loyer, de l’alimentation et des dépenses quotidiennes a en effet poussé de nombreux couples à prendre des décisions financières difficiles, parfois au détriment de leur relation, toujours selon le sondage RBC.

Ces préoccupations ne concernent pas uniquement les ménages canadiens. Une étude menée au Royaume-Uni a révélé que 38 % des personnes en couple admettent avoir un compte secret ou « de l’argent caché » dont leur partenaire ignore l’existence. Aux États-Unis, les couples interrogés ont déclaré avoir 58 disputes liées à l’argent par an.

Une femme est assise sur un canapé, la tête entre les mains, tandis qu’une autre personne, que l’on ne voit que du cou jusqu’aux pieds, est assise à côté d’elle, les bras croisés
L’argent est depuis longtemps l’une des principales sources de conflit dans les relations amoureuses.
(Shutterstock)

Plus inquiétant encore, l’instabilité financière a une incidence sur la durée des relations. Toujours selon le récent sondage de la RBC, 55 % des Canadiens estimaient devoir être en couple pour pouvoir se permettre leur style de vie.

Les obstacles économiques à l’indépendance sont particulièrement importants si l’on envisage une séparation ou un divorce. Traditionnellement, une rupture signifiait que l’un des partenaires quittait la maison, mais aujourd’hui, de plus en plus de couples divorcés ou séparés doivent cohabiter simplement parce qu’ils n’ont pas les moyens de vivre seuls.

Pour les couples, savoir entretenir une relation saine lorsqu’on rencontre des contraintes financières est essentiel pour traverser ces temps difficiles.

Reporter les décisions importantes de la vie

La crise du coût de la vie retarde également les étapes importantes de la vie des jeunes adultes dans le monde entier. Une enquête de Statistique Canada a révélé que 38 % d’entre eux estiment que leur capacité financière et l’accès à un logement adéquat pourraient constituer des obstacles à leur projet d’avoir un enfant.

Ce problème ne repousse pas seulement le passage à l’indépendance, il provoque même des retours en arrière. Au Royaume-Uni, par exemple, un jeune adulte sur cinq ayant quitté le domicile familial a dû y revenir en raison de la crise actuelle.

L’accessibilité au logement joue un rôle majeur dans ce contexte. Avec la flambée des prix de l’immobilier au Canada, aux États-Unis, au Royaume-Uni et ailleurs, l’accession à la propriété semble hors de portée pour beaucoup. Ainsi, 55 % des jeunes Canadiens déclarent que la crise du logement les incite à reporter le projet de fonder une famille.

Plusieurs panneaux « À vendre » visibles sur une pelouse
La crise du coût de la vie retarde les étapes importantes de la vie des jeunes adultes dans le monde entier. On peut voir ici des panneaux immobiliers à Calgary en mai 2023.
(Shutterstock)

Ces retards ont des répercussions en cascade sur les individus et les tendances sociétales plus larges, avec une baisse des taux de fécondité et une évolution vers des familles moins nombreuses.

Les rencontres amoureuses à l’ère des budgets serrés

Une des conséquences de la hausse du coût de la vie est que les couples emménagent ensemble plus tôt qu’ils ne l’auraient fait autrement, afin de partager les dépenses courantes. D’autres adoptent une approche pragmatique de l’amour et abordent des sujets tels que la stabilité financière, la sécurité de l’emploi et le logement beaucoup plus tôt dans leur relation.

Une tendance dans le monde de la recherche amoureuse, connue sous le nom de « future-proofing » (préparer son avenir) se répand également. Selon le rapport annuel de Bumble sur les tendances, 95 % des célibataires interrogés déclarent que leurs inquiétudes quant à l’avenir influencent leurs choix en matière de rencontres et leur approche des relations. Parmi leurs principales préoccupations figurent les finances, la sécurité de l’emploi, le logement et les changements climatiques.

Parallèlement, les difficultés financières incitent les gens à opter pour des sorties simples et bon marché. Plus de la moitié des Canadiens affirment que la hausse du coût de la vie a une incidence sur leur façon de faire des rencontres. Les gens privilégient les activités abordables, comme les rendez-vous dans un café, les pique-niques ou les repas faits maison, plutôt que les restaurants chics ou les escapades d’une fin de semaine.

Au Royaume-Uni, le tiers des jeunes célibataires se disent moins enclins à faire des rencontres à cause de l’inflation et des dépenses quotidiennes. Environ un quart d’entre eux affirment que cela les a rendus moins enclins à rechercher une relation amoureuse.

Deux personnes trinquent avec leurs verres de vin rouge à une table éclairée à la bougie
Les difficultés financières incitent les gens à faire moins de sorties coûteuses et luxueuses.
(Shutterstock)

Ces coûts obligent les célibataires américains à revoir leurs projets en matière de rencontres amoureuses. En effet, 44 % d’entre eux déclarent avoir modifié un rendez-vous pour des raisons financières et 27 % l’avoir carrément annulé. Il est clair que le coût de la vie transforme la façon dont les Américains font des rencontres.

De plus, 38 % des Canadiens qui cherchent l’amour affirment que les coûts liés aux rendez-vous ont un impact négatif sur leur capacité à atteindre leurs objectifs financiers, certains allant même jusqu’à renoncer complètement aux rencontres.

Le coût de l’amitié

Les amitiés en pâtissent également. L’époque où l’on pouvait aller au restaurant ou assister à un concert sans se poser de questions est révolue. Environ 40 % des Canadiens, 42 % des Britanniques et 37 % des Américains ont en effet réduit leurs sorties sociales pour des raisons financières.


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Le sacrifice peut sembler anodin, mais le déclin des interactions sociales a de graves conséquences. Une vie sociale régulière est essentielle pour la santé mentale, la résilience et la réussite professionnelle. L’augmentation de la solitude et de l’isolement, deux facteurs pouvant avoir un impact significatif sur le bien-être émotionnel, est proportionnelle à la réduction des activités sociales.

De nos jours, beaucoup de gens choisissent des activités abordables pour socialiser. Cependant, même avec des solutions créatives, les contraintes financières rendent difficile le maintien de liens solides.

Les relations changent

Si vous êtes dans la vingtaine ou la trentaine, vous avez probablement remarqué à quel point la réalité économique actuelle transforme les relations. L’inflation influence beaucoup de choses, notamment les choix de cohabitation, de sorties amoureuses ou encore le moment où l’on franchit des étapes importantes de la vie.

Vous avez peut-être emménagé avec votre conjoint plus tôt que prévu pour partager les frais de loyer, remplacé les sorties nocturnes par des activités moins coûteuses ou reporté des étapes importantes, comme fonder une famille. Vous n’êtes pas seul. Les contraintes financières redéfinissent la façon dont nous vivons les uns avec les autres.

Il est essentiel de trouver des moyens de maintenir des relations solides dans un contexte économique difficile. Des études montrent que le soutien émotionnel, l’utilisation de techniques positives de résolution de problèmes et une communication ouverte sont fondamentaux pour entretenir des relations de qualité.

La Conversation Canada

Melise Panetta ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La hausse du coût de la vie modifie notre façon de faire des rencontres, de vivre et d’aimer – https://theconversation.com/la-hausse-du-cout-de-la-vie-modifie-notre-facon-de-faire-des-rencontres-de-vivre-et-daimer-266133

Quand les menus travaux se transforment en obstacle au vieillir chez soi

Source: The Conversation – in French – By Marie-Michèle Lord, Professeure, département d’ergothérapie Université du Québec à Trois-Rivières; chercheuse régulière Centre de recherche et d’expertise en gérontologie sociale , Université du Québec à Trois-Rivières (UQTR)

Peindre un mur, déneiger, réparer… les menus travaux peuvent s’avérer difficiles à exécuter pour les personnes âgées. Il faut développer des services qui leur permettent de demeurer plus longtemps à domicile. (Unsplash), CC BY

La plupart des personnes âgées au Canada préfèrent vieillir chez elles et dans leur communauté.

Dans une enquête réalisée en 2020, 96 % des Canadiens âgés de 65 ans et plus ont déclaré qu’ils feraient tout ce qui est en leur pouvoir afin d’éviter d’entrer dans un établissement de soins de longue durée. De plus, une étude menée en 2024 révèle que la majorité des personnes aînées (61 %) souhaite rester à la maison jusqu’à leur fin de vie, mais, pas à n’importe quel prix.

Vivre dans un endroit sécuritaire et adéquat est essentiel dans la perspective d’un maintien à domicile. La qualité du milieu de vie d’une personne est un déterminant de sa santé.

Ainsi, plusieurs facteurs associés au logement ont une influence sur la santé et le bien-être, selon une étude publiée en 2024 par l’Institut national de santé publique du Québec en 2024. On compte des facteurs physiques et environnementaux, comme la qualité de l’air ou la température, des facteurs sociaux et psychologiques, tels que le sentiment de sécurité, ou encore des facteurs ergonomiques et fonctionnels, comme le fait d’avoir un espace suffisant, un aménagement adapté, et un accès facile à son lieu de vie.

Or, tout logement demande de l’entretien. Qu’arrive-t-il lorsqu’une personne n’arrive plus à prendre soin de son milieu de vie ? Quand déneiger l’entrée devient une tâche insurmontable ? Ou vider ses gouttières ? Avec l’avancée en âge, il peut devenir de plus en plus pénible d’entretenir sa maison seule. Certaines tâches peuvent être difficiles à accomplir en raison d’un manque d’énergie, ou de capacités diminuées.

Notre équipe de recherche réalise, en partenariat avec l’organisme Développement social Lanaudière, un projet de recherche pour mieux comprendre les besoins des personnes aînées en matière de menus travaux, ainsi que les facteurs qui entravent le déploiement de services à large échelle au Québec. Nous souhaitons développer un modèle de prestation de ce type de service qui tient compte des réalités territoriales diverses du Québec (régions rurales, semi-urbaines et urbaines).


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.


Les services de menus travaux : l’angle mort du maintien à domicile

Les services de menus travaux sont l’ensemble du soutien et de l’aide pour les tâches d’entretien, de réparation, d’installation et de remisage qui demandent un peu de force ou une énergie soutenue.

Les menus travaux comprennent la réalisation de tâches qui sont en hauteur ou qui exigent de la souplesse ou de la force, qui nécessitent des connaissances particulières et des habiletés manuelles et qui ne sont pas visées par les métiers qui exigent des cartes de compétences. Des services pourraient permettre aux personnes qui en ont besoin, dont les aînées, de disposer d’aide pour entretenir leur domicile et en assurer la salubrité et la sécurité.

Un homme en train de pelleter de la neige
Pelleter son entrée l’hiver demande de la force et une bonne forme physique, qui manquent parfois aux personnes âgées.
(Unsplash), CC BY

Malgré le fait que les besoins de services de menus travaux devraient croitre de manière corollaire à l’évolution du vieillissement de la population, il est étonnant de constater qu’au Québec ils n’ont pas fait l’objet d’une mise en place structurée et ne sont pas offerts dans toutes les régions.

Actuellement, les rares initiatives locales de menus travaux qui existent sont principalement mises sur pied par des acteurs du secteur communautaire ou du secteur privé (par exemple des coopératives ou des entreprises d’économie sociale en aide à domicile). Elles desservent un petit bassin de personnes aînées, sans déploiement à large échelle.


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Les quelques initiatives existantes ne sont pas suffisantes pour répondre aux besoins de la population vieillissante d’aujourd’hui et encore moins dans les années à venir. Le gouvernement n’inclut toujours pas les menus travaux dans les services offerts au soutien à domicile.

Il n’a pas non plus bonifié le Programme d’exonération financière pour les services d’aide domestique (PEFSAD). Il pourrait pourtant offrir une réduction des coûts associés au recours à des services provenant du secteur privé pour les aînés selon leur niveau de revenus.

Quatre difficultés auxquelles se heurtent les aînés

Il devient prioritaire de se pencher sur les conditions gagnantes pour développer un modèle de services de menus travaux offert à grande échelle au Québec et favorable au maintien à domicile des personnes aînées.

Le projet de recherche que nous poursuivons a permis à ce jour de créer des espaces de parole pour que les personnes aînées elles-mêmes nomment leurs enjeux et besoins face aux services de menus travaux.

Une femme âgée en train d’arroser des plantes dans un jardin
Les personnes âgées doivent s’engager dans de longues recherches pour obtenir de l’aide pour leurs tâches domestiques.
(Unsplash), CC BY-SA

Ce qui en ressort, c’est qu’elles doivent s’engager dans des recherches interminables d’un prestataire de service lorsqu’elles désirent obtenir des services de réparation ou d’entretien de leur domicile — elles désirent donc un service facile à trouver.

Puis, elles ont de la difficulté à trouver des personnes en qui elles ont confiance pour réaliser les travaux et entrer dans leur « intimité », dans leur chez-soi — elles désirent donc un service qui est offert par une organisation de confiance (un CLSC ou une entreprise d’économie sociale de leur région), qui dispose de moyens financiers suffisants pour retenir une main-d’œuvre qualifiée, fiable et stable.

Finalement, il leur est difficile de comprendre les mécanismes de remboursement des services de menus travaux. En effet, il existe certains programmes gouvernementaux pour couvrir une partie des frais reliés aux services de menus travaux, mais ces programmes sont peu connus, ne remboursent qu’une portion des frais encourus et sont difficilement accessibles — elles aimeraient donc avoir accès à des processus de remboursement ou de couverture simple, accessible et suffisant.

Le soutien à domicile doit aller au-delà des soins de santé

Un service de menus travaux accessible, stable, de proximité et bien financé semble être une avenue à prioriser. Il n’est pas encore clair qui devrait être le « porteur de ballon » de ce service. Est-ce que ces services doivent être offerts par le secteur de la santé et des services sociaux ? Est-ce que le gouvernement devrait bonifier le Programme d’exonération financière pour y inclure une meilleure couverture des services afin que le déploiement à large échelle de ce service par les entreprises d’économie sociale en aide à domicile soit possible (c’est-à-dire rentable) ? Cela reste à déterminer.

Une chose est certaine, demeurer chez soi en vieillissant ne devrait pas être la seule responsabilité des personnes aînées, mais bien celle des gouvernements et des organisations qui pourraient et devraient mieux les soutenir. Pour ce faire, une vision globale des facteurs qui influencent la santé est nécessaire.

Nous ne pouvons retreindre le soutien à domicile au seul aspect médical et aux soins offerts. Nous devons mettre en place des services pour que le maintien à domicile soit fait dans des domiciles sécuritaires et satisfaisants pour ceux qui y demeurent.

La Conversation Canada

Marie-Michèle Lord a reçu des financements des Fonds de recherche du Québec

ref. Quand les menus travaux se transforment en obstacle au vieillir chez soi – https://theconversation.com/quand-les-menus-travaux-se-transforment-en-obstacle-au-vieillir-chez-soi-246954