¿Por qué somos hipócritas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Moreno Ríos, Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Granada

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Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Victoria, de 14 años, del IES Giner de los Ríos (Motril)


Imagina que alguien defiende públicamente que es importante cuidar del medio ambiente y no derrochar el agua, pero en su casa dedica más del tiempo necesario a ducharse. Pues en eso consiste ser un hipócrita: en fingir que tenemos valores y creencias que los demás consideran positivos y comportarnos en privado de forma contraria a ellos.

Coherencia entre lo que decimos y hacemos

Al vivir en sociedad nos relacionamos con mucha gente. Gracias a que compartimos normas éticas, morales y cívicas podemos anticipar cómo se comportarán los demás y cómo debemos actuar nosotros. Así, esperamos que se cumplan las promesas, que no se hagan daño unas personas a otras, que los demás traten de ser justos…

Pero para ello es necesario que lo que decimos sea coherente con lo que luego hacemos. Ahora imagina que en tu clase anunciaran “mañana nos vamos de excursión”, y cuando llegaras al día siguiente no hubiera nadie. Para vivir en sociedad necesitamos confiar en esa coherencia y mostrar que nosotros también somos fiables.

Esto es tan importante para la subsistencia de los seres humanos que premiamos o castigamos a nuestros congéneres según sean o no coherentes.

Hipócrita para siempre

Si una persona comete un acto de hipocresía, su reputación queda marcada con esa etiqueta y la próxima vez que la veamos, desconfiaremos de ella. Es un atajo que usa la mente para evitar llevar la cuenta de cada una de las relaciones que hemos tenido durante todo el tiempo con todas y cada una de las personas que conocemos.

Es el modo preferido de funcionar de nuestro cerebro: usa caminos cortos y rápidos y agrupa lo que es parecido. Esto funciona muchas veces, aunque otras nos lleva a ser injustos (caemos en el estereotipo). Por ejemplo, si alguien solo ha cometido un desliz puntual, puede ser clasificado como “hipócrita” para siempre.

De hecho, un grupo de investigadores demostró que cuando alguien ha prometido comportarse de un modo pero actúa de otro (por ejemplo, un político en campaña promete algo que luego no cumple), consideraremos como hipócrita a quien incumplió su palabra aunque estemos de acuerdo con que en ese caso había que actuar de modo diferente.

La lucha entre lo que deseo y cómo quiero ser

Para sentirnos aceptados e integrados en nuestros grupos (amigos, compañeros de clase, la familia…) necesitamos tener una imagen moral positiva y coherente de nosotros mismos.

Sin embargo, a veces no es posible mantener esa coherencia: en la ducha estoy muy a gusto; si copio en el examen “un poco” sacaré más nota; o si me río cuando insultan a un compañero poco popular y no me ven otros, no se darán cuenta de que voy en contra de mi imagen de persona “respetuosa” y, a la vez, me ganaré el aplauso de los agresores.

De hecho, saltarse las normas puede acarrearnos ventajas. Pero ¿cómo lo hacemos sin que se dañe nuestra propia imagen y nuestra reputación ante los otros?

La resolución del conflicto

Reflexiona sobre esta situación: una joven sabe que el tabaco es perjudicial para la salud (norma social) e incluso ha defendido en clase el daño que hace a quien fuma y a quienes están cerca. Sin embargo, ella fuma a escondidas (transgresión), por lo que la consideramos una hipócrita.

El psicólogo estadounidense Leo Festinger utilizó el término de “disonancia cognitiva” para referirse a ese malestar psicológico por mantener dos ideas o actitudes contradictorias, o cuando el comportamiento no encaja con los valores. Entonces, para resolver el malestar, nuestra mente trata de buscar el equilibrio justificando la conducta (ha sido una sola vez, el cigarrillo tenía filtro, no lo he fumado entero…). Otras formas de solucionarlo es cambiar las creencias (fumar no es tan malo) o modificar el comportamiento (dejar de fumar).

Lo curioso es que se puede cambiar la conducta mediante esa disonancia cognitiva. Es lo que demostraron el psicólogo también estadounidense Elliot Aronson y sus colaboradores en 1991. Seleccionaron a un grupo de adolescentes que no usaban protección en sus relaciones sexuales aunque afirmaban conocer los riesgos de estas prácticas. Después, les pidieron que grabaran mensajes de vídeo animando a utilizar preservativo a otros adolescentes. Pues bien, la tensión psicológica entre “predicar” y “no practicar” ayudó a reducir las conductas de riesgo en mayor medida que otras estrategias preventivas.

Hipócrita peor que deshonesto

Según algunos estudios, consideramos peor ser hipócrita que deshonesto. Este último engaña para obtener beneficio, pero no trata de aparentar ser buena persona.

Aunque los dos se saltan las normas, cuando Luis dice “es inaceptable que Juana haya tomado pastillas para correr la maratón”, está lanzando una señal de su propia virtud a los demás. Si luego se descubre que Luis también tomó pastillas, no solo ha mentido: además ha conseguido “venderse” persona justa y honesta, y eso precisamente es lo que los demás detectan como despreciable.

¿Pero qué ocurre si Luis confiesa que había hecho trampa? Entonces evita la señal falsa de su virtud. Se muestra ante el resto como alguien que comete errores y su imagen se recupera. Vuelve a ser una persona fiable.

¿Todos somos hipócritas?

Todos estamos sometidos continuamente a tentaciones con las que obtener beneficio “haciendo pequeñas trampas”. Por ejemplo, es casi imposible mantener el equilibrio entre lo que pensamos y lo que hacemos sobre beber alcohol o copiar en los exámenes cuando estamos con nuestros padres frente a cuando estamos con nuestros compañeros de clase.

Es verdad: mentimos, cometemos actos de deshonestidad y somos hipócritas, pero la mayoría de las personas lo hacen muy poco. La razón no es tanto el miedo a que nos pillen, sino seguir viéndonos a nosotros mismos como personas justas y confiables. Las “pequeñas hipocresías” permiten que resolvamos los conflictos y preservemos nuestra imagen.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Sergio Moreno Ríos recibe fondos de la Junta de Andalucía -Conserjería de
Universidad, investigación e innovación – Proyecto P21_00073.

ref. ¿Por qué somos hipócritas? – https://theconversation.com/por-que-somos-hipocritas-266601

Educación musical en la infancia: un entrenamiento invisible para el cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma Bravo-Fuentes, Profesora ayudante doctora del área de Didáctica de la Expresión Musical, Universidad de Málaga

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Aprender música en la infancia no solo despierta la sensibilidad artística: también entrena el cerebro. Diversos estudios en neurociencia han demostrado que la práctica musical mejora la atención, la memoria y la capacidad de planificar, habilidades esenciales para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños y de las niñas.

Eso sí, los beneficios no aparecen por igual en todos los casos: dependen del tipo de aprendizaje, de su duración y de la calidad de la enseñanza. Por eso, cuando se vive como una experiencia educativa estructurada, la música se convierte en una gran aliada para que el alumnado escolar crezca con más creatividad, confianza y capacidad cognitiva.

Control, memoria y flexibilidad

A continuación, enumero lo que se sabe sobre el impacto del aprendizaje musical en el cerebro infantil, con datos recientes:

  1. Control inhibitorio: se han identificado numerosas mejoras en nuestra capacidad de frenar impulsos automáticos o respuestas inapropiadas.

  2. Memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva: la memoria de trabajo es la capacidad de mantener y manipular información de manera temporal para realizar una tarea. Por ejemplo, recordar un número mientras lo anotamos. La flexibilidad cognitiva sin embargo, se refiere a la habilidad de cambiar de estrategia, perspectiva o foco de atención según lo requiera la situación. Permite adaptarse a nuevas reglas, resolver problemas de diferentes maneras o ser capaz de alternar entre tareas. Ambas son fundamentales en la etapa preescolar, ya que sostienen el aprendizaje y la capacidad de adaptación ante nuevas tareas. Estudios recientes con población infantil confirman que la educación musical puede favorecer estas habilidades.

  3. Lenguaje y lectura: La relación entre música y lenguaje se ha ido probando más consistentemente en los últimos años, mostrando cómo ciertos componentes del aprendizaje musical pueden transferirse a las habilidades lectoras. En particular, la alfabetización musical y el entrenamiento rítmico favorecen la conciencia fonológica y la fluidez lectora, al reforzar la percepción de patrones sonoros y la sincronización temporal.

  4. Cambios cerebrales: La práctica musical no solo influye en el comportamiento, sino que también produce modificaciones observables en el cerebro. Estudios de seguimiento longitudinal muestran que una formación musical continuada induce cambios tanto microestructurales como macroestructurales en regiones implicadas en el procesamiento auditivo y en el control motor. La práctica musical se asocia con un aumento de la integridad de la sustancia blanca y modificaciones volumétricas en áreas auditivas primarias y en circuitos motores, evidenciando la plasticidad cerebral derivada de la educación musical.




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Cómo interpretar estos resultados

Las ventajas citadas provienen de estudios muy variados, con metodología y objetivos diversos. Esto quiere decir que no pueden asumirse como aplicables a todas las circunstancias y a todas las personas. La pedagogía empleada, la formación del profesorado, la duración de las intervenciones y la fidelidad con la que se implementan son factores que influyen en cuánto y cómo podemos beneficiarnos de estudiar música.

Por ello, trasladar estos hallazgos al aula de primaria exige diseñar propuestas musicales que estén estructuradas, que sean intencionales y que no estén encaminadas únicamente al aprendizaje musical en sí, sino a un desarrollo integral del alumnado. de esta manera, algunas propuestas sencillas podrían ser:

  1. Semáforo rítmico (para trabajar el control inhibitorio). Favorece la capacidad de frenar impulsos automáticos. El alumnado sigue un patrón rítmico concreto cuando la luz está en verde y debe detenerse en rojo, usando percusión corporal o instrumentos sencillos.

    A diferencia de otros juegos como el “escondite inglés”, en el que también hay que parar de repente, la clave de este recurso está en el papel del ritmo. Este introduce una estructura temporal que guía la atención y el movimiento: los niños y niñas no actúan de manera libre, sino que deben ajustarse a una secuencia repetida de tiempos. En otras palabras, el ritmo genera un automatismo motor y atencional que resulta más difícil de frenar que un simple movimiento libre. Al tener que parar justo en un momento concreto, el alumnado ejercita mayor control sobre sus impulsos y mejora la sincronización entre atención, percepción auditiva y acción motora. Además, se activa la dimensión musical y expresiva, lo que hace la actividad más atractiva y motivadora.

  2. Eco en capas (para trabajar la memoria de trabajo). El profesorado propone secuencias rítmicas o melódicas que el alumnado debe repetir y acumular. Cada secuencia exige mantener y manipular información de manera temporal.

    Al repetir y encadenar secuencias, el alumnado desarrolla el oído musical, ya que aprende a reconocer patrones sonoros y a diferenciarlos entre sí. También mejora la precisión rítmica y melódica, porque no basta con recordar la secuencia: hay que reproducirla con fidelidad. A medida que las se acumulan, los niños y niñas ejercitan la anticipación (saber qué viene después), la coordinación (responder a tiempo) y la creatividad musical (al explorar combinaciones nuevas).

  3. Ritmo-sílaba-letra (para fortalecer el aprendizaje de la lectura). Se asocian patrones rítmicos con sílabas y palabras para reforzar la conciencia fonológica. ¿Cómo se hace? El profesorado propone un pulso estable con palmas, instrumentos o incluso marcando el compás con el pie. Sobre ese pulso, el alumnado va “encajando” las sílabas de una palabra o frase. Por ejemplo, la palabra “ca-sa” se dice en dos golpes, una sílaba por cada pulso. Después se pueden construir frases enteras, distribuyendo las sílabas en el ritmo.

    De este modo, el ritmo funciona como soporte para organizar el lenguaje: cada sílaba tiene su lugar, lo que refuerza la conciencia fonológica (darse cuenta de que las palabras se componen de partes más pequeñas). Además, al practicar con frases más largas, el alumnado gana fluidez lectora, porque no solo descifra las letras, sino que coordina voz, ritmo y comprensión de manera integrada.

  4. Percusión corporal con reglas cambiantes (para fomentar la flexibilidad cognitiva). Se inician patrones de percusión corporal que cambian según una señal. El alumnado debe adaptarse rápidamente a la nueva regla.

    Un patrón de percusión corporal es una secuencia rítmica repetida con el cuerpo (por ejemplo: palma–muslo–palma–chasquido). El grupo sigue un patrón y, cuando el profesorado da una señal, debe cambiar rápidamente a otro. Este ejercicio obliga a romper la rutina y adaptarse a nuevas reglas, entrenando la flexibilidad cognitiva mientras se trabaja de forma musical y divertida.

Uso intencional de la música

En definitiva, la música no es solo una materia artística con la que se enseña a tocar un instrumento o a leer partituras. También es una herramienta pedagógica poderosa cuando es utilizada de forma intencionada. Los ejemplos añadidos (juegos rítmicos, ecos melódicos, percusión corporal…) muestran cómo las dinámicas musicales pueden ayudar a entrenar la atención y la memoria, además de reforzar la lectura, entre otros beneficios.

La clave está en que dichos beneficios no aparecen por sí solos con cualquier clase de música: surgen cuando el profesorado diseña propuestas específicas que combinan el disfrute estético y musical con objetivos cognitivos claros. Dicho de otro modo: no se trata solo de “aprender música”, sino de usar la música como un puente para aprender mejor.

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Paloma Bravo-Fuentes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Educación musical en la infancia: un entrenamiento invisible para el cerebro – https://theconversation.com/educacion-musical-en-la-infancia-un-entrenamiento-invisible-para-el-cerebro-264319

Atraídos por la oscuridad: ¿por qué nos encantan los villanos de la ficción?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joaquín Mateu Mollá, Doctor en Psicología Clínica. Director del Máster en Gerontología y Atención Centrada en la Persona (Universidad Internacional de Valencia), Universidad Internacional de Valencia

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En nuestra infancia, los adultos nos relataban historias inspiradoras sobre héroes. Eran cuentos con intención moralizante que buscaban enseñarnos cómo lidiar con problemas, cómo enfrentar nuestros miedos o cómo relacionarnos con otros. A menudo seguimos evocando estas historias, oídas en el regazo de nuestros padres o abuelos, con cierta aura nostálgica.

Ya de mayores, el cine y la literatura toman el relevo de nuestros allegados para avivar la épica de la que disfrutamos en la niñez. Muchas veces, por qué no decirlo, de forma algo maniquea y con propósitos interesados. La idea, al fin y al cabo, es enervar los afectos para vender ideas o incluso productos.

Y aquí es, precisamente, donde ocurre algo realmente curioso y bien documentado en psicología: los villanos ejercen en nosotros un poder realmente seductor. A veces, incluso mayor que el de los héroes. Casi como si, con esta respuesta, nos opusiéramos rabiosamente a lo establecido.

Héroes y villanos en la ficción

Héroes y villanos tienen papeles muy diferenciados; hasta podría decirse que antagónicos. Se trata de dos arquetipos que representan nuestras filias y fobias, diseñados para profundizar en los complejos conceptos de la bondad y la maldad que moldean los consensos sociales.

En la ficción, los héroes son representados de forma invariablemente amable. Se les confiere un arco narrativo a través del cual se ilustra la epopeya de su previsible victoria: el conocido “viaje del héroe”. Este viaje no es más que una estructura literaria rígida que permite organizar las acciones cronológicamente de una forma un tanto forzada.

Concretamente, los héroes suelen proceder de lugares ordinarios y vivir existencias desapasionadas, hasta que un día cualquiera ocurre algo inesperado que los llama a la aventura. Aunque puedan intentar desoírlo, siempre acaba irrumpiendo alguna circunstancia extraordinaria que los empuja a enfrentarse definitivamente a lo desconocido.

En su odisea encuentran amigos entrañables y antagonistas que ostentan un poder mayor al suyo, con aviesas intenciones. En el ardor de estas tensiones opuestas se orquestan los hechos requeridos para alcanzar el clímax emocional, el cual sumerge al héroe (y al mundo por extensión) en una profunda desesperanza.

Es en este momento de debilidad cuando florecen sus cualidades humanas, que le sirven para alcanzar la victoria y regresar a la cotidianidad atesorando una experiencia transformadora. Esta forzosa humanidad pretende apelar a la audiencia para convencerla de que todos nosotros atesoramos la fuerza necesaria para trascender nuestras propias limitaciones.

Asociamos la belleza a la bondad

Quienes relatan estas historias, según las opciones que les brinde el formato, añaden además una constelación de rasgos físicos deseables a los héroes (hermosos, fuertes, etc.). Con ello aprovechan el popular sesgo perceptivo beauty-is-good, muy estudiado en psicología. A través de él atribuimos automáticamente cualidades positivas a quienes se ajustan al estándar estético predominante, aunque no exista conexión lógica.

Al contrario, los villanos son representados con rasgos físicos imperfectos para estimular un juicio negativo, explotando nuestra tendencia a percibir las desviaciones de la belleza como indicios de maldad (sesgo anomalous-is-bad). Es algo bastante manido en obras que ya forman parte de la cultura pop, con personajes tales como Freddie Krueger, Voldemort o Scar.

Además, los villanos personifican cualidades que las sociedades juzgan como reprobables: la violencia, el egoísmo, el ansia de poder y la falsedad. Siendo esto así, cabe preguntarnos entonces: ¿por qué nos atraen tanto?

La paradoja de la atracción por la maldad

Mucho se ha escrito sobre este asunto y, ciertamente, sigue siendo un misterio que ocurra frecuentemente lo contrario de lo previsto: nos atrae más el villano que el héroe. Basta con echar un vistazo al merchandising de las grandes producciones para darnos cuenta de que Úrsula, Maléfica o Joker arrasan frente a otros muchos personajes bondadosos.

Una de las posibles razones es la complejidad que albergan estos personajes: mientras los héroes están encorsetados, los villanos explotan una constelación mayor de motivaciones. De hecho, cuando no ejercen la maldad por simple afición, sino que enfrentan dualidades y contradicciones, resultan todavía más atractivos para la audiencia.

Otra potencial explicación es el rol de rebeldía y de oposición a las normas que ostentan los malvados. Los villanos suelen ser odiados por consenso y, aunque pueda parecer contraintuitivo, los espectadores tendemos a empatizar con quienes enfrentan el desprecio generalizado (efecto underdog). Esto se exacerba si se ha dotado al némesis de un contraste suficiente entre su historia, sus convicciones y sus acciones.

La oscuridad de los villanos nos recuerda nuestras imperfecciones

Por supuesto, la oscuridad de la que se revisten los villanos también facilita que nos asomemos por un momento al abismo de nuestras propias imperfecciones. La gran mayoría de los seres humanos albergamos la certeza de ser falibles, de poseer algún rasgo indeseable. Esto facilita que nos sintamos identificados con quienes no solo no lo ocultan, sino que lo elevan como una parte cardinal de sus personalidades.

Además de esto, los villanos suelen representarse con otras dos cualidades que se valoran positivamente: la capacidad directiva de promover los sucesos que sirven como resortes para la acción y, al menos en las producciones modernas, el ingenio o el humor. Esto diluye los roles protagónicos de los héroes y abre un espacio notable para que el “malo” pueda lucirse.

Para acabar, los villanos pueden lograr algo importante que el héroe convencional no: la redención. Mientras que los “buenos” suelen presentarse a menudo como recipientes sin mácula alguna, los malvados pueden resarcirse de sus fechorías y compensar al resto de personajes o a la humanidad en su conjunto. La mera posibilidad de que esto suceda es un detonante emocional clave que los convierte en personajes trascendentes y memorables.

The Conversation

Joaquín Mateu Mollá no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Atraídos por la oscuridad: ¿por qué nos encantan los villanos de la ficción? – https://theconversation.com/atraidos-por-la-oscuridad-por-que-nos-encantan-los-villanos-de-la-ficcion-205055

‘Los domingos’: ¿por qué el cine de Alauda Ruiz de Azúa atrae tanto consenso?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía López Hernández, Profesor de Comunicación Audiovisual. Crítico de cine, Universidad Villanueva

Fotograma de _Los domingos_. BTEAM Pictures

El Jurado de la Sección Oficial del pasado Festival de Cine de San Sebastián otorgó su gran premio, la Concha de Oro, a Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa. La directora y guionista comentó, al recibir también el Premio Feroz Zinemaldia –que concede la AICE (Asociación de Informadores Cinematográficos de España)– del certamen, que “tenía mucho vértigo de que la propuesta no se entendiera” porque se trataba de algo arriesgado. Pero se entendió. Consiguió su objetivo: no solo que gustara, sino que se hablara de ella.

Los domingos narra la historia de Ainara, una chica de 17 años que debe decidir su futuro. Su familia le pregunta qué carrera elegirá. Pero la noticia de que su verdadera inquietud es ser monja de clausura les pilla por sorpresa, y esto provoca una crisis familiar.

La recepción ha sido buena por parte de personas que toman diferentes posiciones ante la vida, en este caso, creyentes y no creyentes. Y no solo le ha sucedido con Los domingos. La filmografía de Alauda Ruiz de Azúa lo confirma. Interpeló y gustó su ópera prima, Cinco lobitos (que ganó tres Premios Goya), y el año pasado la serie Querer también triunfó en los premios televisivos y entre la audiencia. Sus historias parecen llegar a todo el mundo, independientemente de sus posiciones ideológicas.

Un enfoque diferente

El éxito radica en el modo de hacer cine de Ruiz de Azua, en los temas que selecciona y, sobre todo, la forma en la que los trata, el estilo. La realizadora vasca elige asuntos cotidianos que, por su complejidad, plantean miradas poliédricas, bien sean las sombras y luces de una madre primeriza, las incomprensiones que recibe una víctima de violencia de género por parte de su familia o las diferentes posiciones vitales de la gente ante una adolescente que quiere ser monja.

En el caso que nos ocupa, arriesga un paso más. Los domingos es un espécimen verdaderamente excepcional en el panorama cinematográfico. Y no es que no haya en el cine español actual películas sobre temas religiosos, que las hay. Pero lo inusual es la seriedad, el rigor y la delicadeza del enfoque que da una realizadora que no tiene fe.

Ruiz de Azúa, en una entrevista hecha durante del Festival de Cine de San Sebastián 2025, me comentó que:

“Es una historia que escuché en la juventud, una chica que tenía vocación religiosa. Me llamó mucho la atención. Tenía curiosidad, fascinación. Me era algo muy ajeno. Después de rodar ‘Cinco Lobitos’, vi que lo podría contar desde el prisma de la familia. Y ahí sí encontré esa pregunta más compleja: ¿cómo la acompaña la familia? ¿O no la acompaña? ¿Cómo se posiciona aquí?”

Una chica vestida de uniforme atiende a algo fuera de campo mientras una mujer que sujeta muchos papeles a su lado la mira.
La actriz Blanca Soroa junto a la directora Alauda Ruiz de Azúa en el rodaje de Los domingos.
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No se trata solo de dar con la tecla, con el tema adecuado, sino también con el enfoque. A Ruiz de Azúa le atrae comenzar los procesos creativos para explorar escenarios que plantean dilemas difíciles de resolver, a ver qué se encuentra. Y lo hace con mucho respeto. Observa, investiga, pregunta, sopesa. Es meticulosa y cuidadosa con los pequeños detalles:

“Cuando me meto en universos desconocidos, intento ser muy rigurosa y muy analítica… casi como un poco antropóloga; me gusta esa perspectiva. Y luego trabajo con las sensaciones y el imaginario que eso me genera. Pero sí, el rigor me parece importante. En el amor al detalle, a lo meticuloso… sacas muchas cosas que hablan de nosotros”.

Así consigue mostrar la complejidad de las posibles miradas sin caer en el maniqueísmo. En Los domingos se plasman las diferentes posturas ante una vocación religiosa: la de la fe de Ainara contrapuesta a la ausencia de fe de su querida tía Maite. El público se puede identificar con la una o con la otra sin sentirse maltratado o ridiculizado.

“Lo que me ha enganchado del cine desde pequeña era intentar entender a otras personas. Ese era el mecanismo que activaba en mí”.

Las trascendencia del día a día

Ruiz de Azúa es gran admiradora del director de cine japonés Yasujirō Ozu, de quien bebe y con quien se identifica por una mirada austera y sutil:

“Intento que lo cotidiano de alguna manera trascienda (…). Supongo que para mí viene de un cine que me ha gustado siempre, de Ozu, las películas a las que se las denomina trascendentes, no tanto en el sentido religioso sino porque, como caen en lo cotidiano, lo elevan a un sitio un poco más profundo. Y me interesa; me parece muy difícil, pero me interesa. Creo que es una sensación que el cine puede evocar muy bien; combina elementos y de repente construye eso”.

Como Ozu, su tema fetiche es la familia. Y plasma lo de cada día; en el caso de su última película: los rituales, las comidas de los domingos, la asistencia al coro del conservatorio o las reuniones de las monjas para rezar varias veces al día. Lo hace mediante una planificación sobria y centrada en los personajes que juega con paralelismos narrativos y con el sentido del humor y la ironía. Las miradas entre los personajes y las conversaciones que mantienen ayudan a experimentar sentimientos que dan qué pensar al espectador.

Una familia sentada alrededor de una mesa.
Fotograma de Los domingos y de una de sus comidas familiares.
BTEAM Pictures

Ruiz de Azúa busca la profundidad y el misterio también a través de la música. Los chicos escuchan temas de Quevedo y Bizarrap, pero cuando están bailando en la discoteca, de modo extradiegético, la audiencia solo oye música sacra. Especialmente relevante se torna el tema “Into my arms”, de Nick Cave, que explora la intersección entre la fe, el amor y la vulnerabilidad humana y que interpreta el coro del colegio. Ainara la canta a ratos, a solas.

En definitiva, el cine de Alauda Ruiz de Azúa respira trascendencia a través de lo cotidiano. Y, al ser tan respetuosa y abierta ante lo que plantea, “no muestra su visión personal. Se abstiene de una interpretación convencional de la realidad”, como diría el crítico y director de cine Paul Schrader.

Este es el secreto de que consiga la conexión con el espectador. Sus historias se quedan en el imaginario y se rumian interiormente; pero también se habla de ellas, se debate sobre lo que cuenta, sin generar combate. Es lo que pretende.

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Sofía López Hernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Los domingos’: ¿por qué el cine de Alauda Ruiz de Azúa atrae tanto consenso? – https://theconversation.com/los-domingos-por-que-el-cine-de-alauda-ruiz-de-azua-atrae-tanto-consenso-268144

¿Qué está pasando con el cáncer en la generación ‘millennial’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lydia Begoña Horndler Gil, Profesor en inmunología y biología del cáncer, Universidad San Jorge


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Si está leyendo estas líneas es posible que pertenezca a la generación millennial (como yo misma) y seguramente ha notado que cada vez hay más casos de amigos o conocidos con enfermedades que antes se asociaban a la adultez avanzada, como la hipertensión y la diabetes tipo 2. O, quizá, una que da más miedo nombrar: cáncer.

Los millennials (nacidos entre 1981 y 1995) forman parte de la primera generación con más riesgo de sufrir tumores que sus padres: entre 1990 y 2019, los casos de cáncer de inicio temprano entre menores de 50 aumentaron un 79 % en todo el mundo, y la mortalidad, un 28 %.

Lo cierto es que cerca del 80 % de los cánceres son “esporádicos”, es decir, no se deben a mutaciones hereditarias, sino a factores externos que dañan el ADN con el tiempo: lo que comemos, lo que respiramos, el nivel de actividad física que mantenemos, nuestro descanso, el estrés o la exposición a sustancias nocivas.

Factores de riesgo en la generación millennial.
Elaboración de la autora.

Dicho de otra forma, más que la genética que heredamos, lo que realmente marca la diferencia son los factores que nos rodean en nuestro día a día. Y está claro que el estilo de vida de nuestros padres o abuelos era diferente al nuestro.

La dieta y sus huellas en el cuerpo

Uno de los principales factores que explican esta “nueva epidemia” es la alimentación. La obesidad infantil comenzó a dispararse en los años 80. En 2022, más de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso, de los cuales 160 millones eran obesos, según la OMS.

Esta condición no es solo estética: se asocia a resistencia a la insulina, inflamación crónica de bajo grado y alteraciones hormonales que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, mama o endometrio.

Y lo más relevante es que esos efectos no desaparecen con la edad: la obesidad en la infancia puede dejar una huella a largo plazo. Según la Colon Cancer Foundation, un metaanálisis que incluía a más de 4,7 millones de personas mostró que quienes tenían un índice de masa corporal elevado en etapas tempranas de la vida presentan un mayor riesgo de cáncer colorrectal en la adultez: 39 % más en hombres y 19 % más en mujeres respecto a quienes tenían un IMC normal en la infancia.

Esos cambios en la alimentación también han modificado nuestra microbiota intestinal. Se ha visto que dietas ricas en ultraprocesados reducen la diversidad bacteriana y aumentan la proporción de cepas productoras de metabolitos proinflamatorios. Esto contribuye a enfermedades gastrointestinales como el síndrome de intestino irritable o el SIBO, que hoy parecen casi endémicas en mi generación millennial. Si en una cena de amigos preguntamos quién padece alguno de estos problemas, pocas manos quedarían sin levantarse.

El alcohol y sus efectos invisibles

El segundo gran responsable es el alcohol. Las reuniones millenials suelen girar en torno a una mesa con comida y bebida. Durante años se pensó que una copa de vino era “protectora”, pero hoy sabemos que no existe un nivel seguro de consumo de alcohol: la IARC lo clasifica como carcinógeno del grupo 1, al mismo nivel que el tabaco. El etanol se transforma en acetaldehído, un compuesto que daña el ADN.

Además, los patrones de consumo difieren entre generaciones: mientras que los baby boomers presentan mayor frecuencia de consumo diario, los millennials tienden a beber menos a diario pero con más episodios de binge drinking (atracones de alcohol para emborracharse en poco tiempo), un patrón que implica grandes riesgos. Así lo confirma la Encuesta EDADES 2024 del Ministerio de Sanidad de España, por ejemplo, que evidencia la distinta peligrosidad de los comportamientos entre generaciones.

Consumo de alcohol en los millennials.

Y, por si no fuera suficiente, un estudio reciente de Environmental Science & Technology detectó que muchas cervezas contienen sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), conocidas como “químicos eternos” y relacionadas con mayor incidencia de cáncer testicular y renal.

Dormir poco también deja cicatrices

Pero hay más. Dormimos menos y peor que las generaciones anteriores: encuestas recientes muestran que los millennials y la generación Z duermen en promedio entre 30 y 45 minutos menos por noche que los baby boomers, en gran parte por la exposición nocturna a pantallas y redes sociales. Esta luz artificial altera la secreción de melatonina, una hormona con propiedades antioxidantes y reguladora del ciclo celular.

La falta de sueño crónico no solo daña la reparación del ADN, sino que también reduce los efectos protectores de la melatonina frente al cáncer: niveles bajos de esta hormona se han vinculado a una menor capacidad para contrarrestar daño oxidativo del ADN y a una mayor proliferación celular.

Además, la disrupción del ritmo circadiano interfiere con la expresión de genes clave de reparación del ADN, acumulando mutaciones con el tiempo y aumentando el riesgo de procesos tumorales.

El peso invisible del estrés

Probablemente somos la generación con los niveles más altos de cortisol. Cuando la “hormona del estrés” se mantiene elevada durante mucho tiempo, no solo favorece la resistencia a la insulina y la hipertensión, sino que también debilita al sistema inmune.

Las investigaciones revelan que el estrés crónico aumenta la inflamación, dificulta que las defensas eliminen células anormales e incluso puede “despertar” células tumorales latentes. De hecho, estudios en población general han encontrado que las personas con más carga de estrés presentan hasta el doble de riesgo de morir por cáncer frente a quienes lo manejan mejor.




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El riesgo de la automedicación

Y, por último, las últimas generaciones también están recurriendo cada vez más a la automedicación que las anteriores, lo que plantea nuevos riesgos a corto y largo plazo.

Las cifras de la automedicación en España.
DGT

El uso frecuente de paracetamol se vincula a mayor daño hepático y posible aumento de cáncer de hígado. Los anticonceptivos orales, empleados durante periodos muy largos debido al retraso de la maternidad, elevan ligeramente el riesgo de cáncer de mama y cuello uterino, aunque protegen frente a ovario y endometrio. Además, el uso prolongado de antiácidos y de antibióticos se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer digestivo a través de mecanismos indirectos como compuestos carcinogénicos o disbiosis intestinal.

El futuro de los ‘millennials’

Las proyecciones son realmente preocupantes: se espera que los casos de cáncer podrían crecer desde unos 20 millones en 2022 hasta cerca de 35 millones en 2050, lo que representa un incremento global de casi el 77 %. La tendencia es particularmente marcada en tumores digestivos y ginecológicos, que están apareciendo cada vez con más frecuencia en adultos jóvenes.

Somos la generación de lo inmediato, de la ansiedad y de la pastilla como solución rápida. Pero no todo está perdido: muchos de los factores que hoy nos enferman podemos controlarlos, y adoptar hábitos más saludables puede marcar la diferencia para reducir riesgos y ganar calidad de vida en un futuro no tan lejano.

The Conversation

Lydia Begoña Horndler Gil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué está pasando con el cáncer en la generación ‘millennial’? – https://theconversation.com/que-esta-pasando-con-el-cancer-en-la-generacion-millennial-266167

Ancient antelope teeth offer surprise insights into how early humans lived

Source: The Conversation – Africa (2) – By Megan Malherbe, Research Assistant Scientific Collection Institute of Evolutionary Medicine Faculty of Science, University of Zurich

Understanding what the environment looked like millions of years ago is essential for piecing together how our earliest ancestors lived and survived. Habitat shapes everything, from what food was available, to where water could be found, to how predators and prey interacted.

For decades, scientists studying South Africa’s Cradle of Humankind have tried to reconstruct the landscape in which species like Australopithecus sediba, Paranthropus robustus and Homo naledi once lived. These were hominins that inhabited the region between roughly 2.5 million and 0.25 million years ago. The Cradle of Humankind is a Unesco world heritage site that has remained the single richest source of early human fossils for over 90 years.

A long-standing idea has been that the Cradle experienced a dramatic environmental change around 1.7 million years ago: a shift from woodlands to open grasslands. This shift likely happened as global climates became cooler and drier, with stronger seasonal patterns. These broader changes, linked to the expansion of polar ice sheets and shifts in atmospheric circulation, reduced the availability of year-round rainfall in southern Africa.

Trees and shrubs, which depend on consistent moisture, gave way to hardy grasses better suited to long dry seasons and intense sunlight. In the woodlands, dense trees and shrubs had once provided leafy vegetation for browsing animals. As the landscape opened up, short grasses became dominant, supporting grazing animals.

This supposed sudden transformation was thought to have reshaped the setting in which early humans evolved, possibly influencing their diets, mobility and survival strategies.

But was there really such a sudden switch?

I’m a palaeoecologist who’s part of a team that specialises in reconstructing ancient environments by studying fossil animals. We set out to test the “sudden switch” idea, using a large dataset of fossil antelope teeth. Antelopes (bovids) are particularly useful for reconstructing past environments in Africa: they are abundant in the fossil record, they occupy a wide range of habitats today as well as in the past, and their teeth preserve clear signals of what they ate.

We examined more than 600 fossil teeth from seven well-dated sites in the Cradle, covering a broad time span from 3.2 million to 1.3 million years ago.

The results of our study were striking. Across all seven sites, spanning nearly two million years, the antelopes show consistently strong grazing signals. Grass-eating was dominant throughout the period, challenging the old model of a sudden woodland-to-grassland shift 1.7 million years ago. Instead, the evidence points to a more stable but varied landscape: a mosaic environment. Some fossil species even showed different feeding strategies from their modern relatives, highlighting that ancient antelopes adapted to past conditions in distinct ways.

This tells us more about the world early humans evolved in – but it also reminds us to be cautious. Fossil animals didn’t always behave like their modern relatives, so drawing direct parallels risks oversimplifying the past.

Dating the sites

To interpret the fossils in context, we needed to be sure of when each site formed. Previous work often relied on broad age estimates based on the types of animals found in each sediment layer – a method called biochronology – which could only give a rough idea of when different species lived. This made it difficult to line up fossils from the many cave sites in the Cradle on a reliable timeline. Thanks to recent improvements in radiometric dating, a method that finds the precise age of rocks by measuring how radioactive elements change into other elements over time, the chronology of the Cradle has been refined.

The layers of calcite deposited in caves (known as flowstones) were recently shown by geochronologists to have formed at the same time across multiple sites, providing a regional framework for the whole area. This means researchers can now compare fossils from different caves knowing they represent the same windows of time. It’s a huge step forward in testing whether environmental shifts were truly regional events.

Reading diets from teeth

The method used in this study is called dental mesowear analysis. It records the long-term impact of diet on the tooth surfaces of herbivores throughout their life. In simple terms, different diets wear teeth in different ways:

  • browsers (like kudu or giraffes), which eat leaves and twigs, usually have sharper cusps, because their food causes less wear on the teeth

  • grazers (like wildebeest or zebra), which feed mostly on grasses rich in silica and often covered in grit, develop blunter cusps from heavy tooth grinding

  • mixed feeders show intermediate wear, reflecting generalist behaviour and a diet that shifts with seasons or local vegetation.

By scoring cusp shape and relief on each fossil tooth, we assessed whether past populations leaned more towards browsing or grazing.

The results showed there was a mix of different habitats in this environment at that time: open grassy areas mixed with patches of trees and shrubs. This would have created a patchwork of ecological niches, offering early humans a diverse range of resources.

Some sites – including the famous Sterkfontein Caves, home to one of the most complete early hominin skulls ever found, “Mrs Ples” – showed a bimodal pattern in tooth wear, meaning that even within the same community, some antelopes were grazing while others were browsing. This suggests that vegetation structure shifted locally or seasonally, and that animals adapted their diets accordingly. They switched between food sources as conditions changed.




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Elephant teeth: how they evolved to cope with climate change-driven dietary shifts


Lessons from antelope diets

One of the most important findings is that some fossil antelopes fed very differently than their modern relatives. For example, certain groups that today are almost exclusively browsers were much more grass-focused in the Cradle fossil record. Others showed unexpected flexibility, with individuals of the same tribe in the same site adopting different strategies.

This has two key implications.

We cannot always rely on modern analogies. Assuming extinct animals behaved like their living relatives can be misleading, since the fossil record shows surprising shifts in diet. This means reconstructions based only on which species were present may give the wrong impression or oversimplify the reality.

Flexibility was crucial. The fact that antelopes could switch between grazing and browsing indicates that the Cradle’s environment was dynamic, and that survival often depended on adaptability. This echoes what we know about early humans, who also seem to have thrived by exploiting a wide range of resources.

The Conversation

Megan Malherbe is affiliated with the Institute of Evolutionary Medicine at the University of Zurich, and the Human Evolution Research Institute at the University of Cape Town.

ref. Ancient antelope teeth offer surprise insights into how early humans lived – https://theconversation.com/ancient-antelope-teeth-offer-surprise-insights-into-how-early-humans-lived-267169

Japan’s sumo association turns 100 – but the sport’s rituals have a much older role shaping ideas about the country

Source: The Conversation – USA (3) – By Jessamyn R. Abel, Professor of Asian Studies and History, Penn State

Sumo wrestlers Daieisho and Roga compete in a Grand Sumo Tournament bout at the Royal Albert Hall in London on Oct. 19, 2025. AP Photo/Frank Augstein

A visitor to Japan who wanders into a sumo tournament might be forgiven for thinking they had intruded upon a religious ceremony.

Tournaments begin with a line of burly men wearing little more than elaborately decorated aprons walking in a line onto a raised earthen stage. Their names are called as they circle around a ring made of partially buried bales of rice straw. Turning toward the center, they clap, lift their aprons, raise their arms upward, and then exit without a word.

Then two of those men face each other, crouching, clapping their hands together and stomping on the ground. They pause repeatedly to rinse their mouths with water and toss salt into the ring.

Overseeing their movements is a man outfitted in a colorful kimono and a black hat resembling that of a Shinto priest and holding a tasseled fan. After a subtle gesture with his fan, they finally grapple – and only then would the uninformed observer realize that the performance was an athletic event.

Every sport has its rituals, from the All Blacks rugby team’s pregame haka to the polite handshake between victor and vanquished over the tennis court net. Some, like many sumo rituals, have roots in religious practices. A few hundred years ago, competitions were frequently held at temples and shrines as part of festivals.

Two men in white robes bow, standing on the side of a dirt ring, as another man in white robes sits between them.
Sumo referees perform the Shinto ritual to purify and bless the ring ahead of a tournament at the Royal Albert Hall in London on Oct. 15, 2025.
AP Photo/Frank Augstein

Today, sumo is a modern sport with records, rules and a governing institution that celebrated its 100th anniversary in October 2025. But those religious roots are still visible. The salt the wrestlers throw, for example, is a purifying element. The clapping is a way of drawing the attention of the gods.

As a historian of modern Japan and a scholar of sports and diplomacy, I have seen many ways in which sports are much more than “just a game.” Sport rituals are an important part of those wider meanings. In fact, sumo and its rituals have helped shape foreign perceptions of Japan for at least 170 years.

First impressions

The first sumo tournament known to have been observed by American spectators was held in March 1854, in honor of a treaty establishing diplomatic relations between the United States and Japan. Described in the personal journal kept by Commodore Matthew Perry, the leader of the mission to Japan, the exhibition before gawking American sailors seemed designed to impress.

Before the matches began, the athletes put on a performance of strength, loading the American ships with a gift of some 200 bales of rice from the Japanese government. Perry describes how two dozen huge men, “naked with the exception of a narrow girdle around the loins,” paraded before the American crew before getting to work, each shouldering two 135-pound bales.

If the actual sumo competition was intended to inspire appreciation of Japanese culture, it backfired. Perry’s descriptions of the wrestlers were full of unflattering animal metaphors. He wrote that they resembled “stall-fed bulls” more than human beings and made noises like “dogs in combat.”

At the time, sports as we know them today were just emerging in England and the United States. Some of the earliest rules of soccer were recorded in the 1840s, and baseball’s growing popularity led to the development of professional leagues after the U.S. Civil War.

With this American idea of sports in Perry’s mind, the sumo tournament did not impress him. He called the bouts a “farce” and judged the wrestlers’ physique as one that “to our ideas of athletic qualities would seem to incapacitate him from any violent exercise.”

An illustration in muted colors shows two large men wrestling on a platform between red posts, as a large audience watches.
An illustration of an 1846 sumo tournament by Utagawa Kunisada.
Chunichi.co.jp/Wikimedia Commons

In the mid-19th century, Japan was relatively isolated from the Western world. Most Americans knew almost nothing about the country and considered it backward, even barbaric. The two cultures’ differing ideas of sports meant that sumo only added to American views of Japan as strange and uncivilized.

A competing sport

Sports diplomacy had a more positive impact on American views of Japan in the early 20th century, thanks to a different game: baseball.

After the fall of the shogunate in 1868, the new Japanese government – made up of oligarchs ruling in the name of the Meiji Emperor – employed Americans to help implement reforms. Some of them brought along America’s pastime, which became very popular within a few decades.

By the 1910s and ‘20s, Japanese college teams were regularly traveling to the U.S., where newspapers praised their skills and their sportsmanship.

A black and white photo shows two rows of men in suits posing outside a large white building.
The Osaka Mairuchi baseball team from Japan visits the U.S. White House in 1925.
National Photo Company Collection/Library of Congress/Wikimedia Commons

Some of the rituals in a Japanese baseball game, like a ceremonial first pitch, were familiar to American observers. Others, like a team bow toward the umpire, were quite a contrast, but struck them as superior to the rowdiness of American players and fans.

At the time, Japan’s Westernizing reforms and recent military victories over China and Russia had already improved Americans’ impressions of the country. Former baseball player Harry Kingman, writing about a game he watched during a 1927 stint coaching a Tokyo college team, explained the Japanese turn toward baseball as part of the nation’s modernization.

Sumo, however, continued to be the most popular sport in Japan until the 1990s, when baseball took that title. But the initial popularity of this American import caused some anxiety within the sumo world: A foreign game seemed to be taking over and stealing sumo’s fans.

Amid these changes, professional sumo’s governing institutions, which were divided into competing associations based in Tokyo and Osaka, joined forces. They officially unified in 1925 as the organization that would become today’s Japan Sumo Association.

Can sumo be cool?

Japanese popular culture now captivates people around the world. In 2002, journalist Douglas McGray wrote about the soft power conferred by what he called the nation’s “gross national cool.” But he noted sumo as an exception, blaming its leadership’s insular attitudes.

Perhaps sumo’s biggest hurdle to building an international fan base is its attitude toward foreigners. Immigration is controversial in Japan. The population is relatively homogeneous, and barriers to naturalization are high.

A man in a blue suit shakes hands with a much larger man in a gray suit.
Thomas Foley, then the U.S. ambassador to Japan, presents sumo grand champion Akebono with a letter of appreciation from Secretary of State Colin Powell in 2001.
AP Photo/Tsugufumi Matsumoto

In contrast to sports like baseball, soccer and rugby, where “imported” players abound, there are few foreign sumo wrestlers, and their success seems to rankle. In 1993, a Hawaiian named Akebono became the first foreigner to reach the top rank of “yokozuna,” sparking a temporary hold on recruiting sumo wrestlers from outside Japan.

Constraints were gradually softened, and the number of non-Japanese professional wrestlers has been rising. They still represent a small minority, but their success often sparks discussions about the place of foreigners in the sport.

Though sumo has gained some traction outside of Japan, its rituals still occasionally create negative impressions of Japanese culture. At a tournament in 2018, for example, a local official collapsed while giving a speech. Female medics who rushed to help him were told to leave the sumo ring, considered a sacred space polluted by a woman’s presence. The chairman of the Japan Sumo Association later apologized, but the incident brought criticism that the sumo world was clinging to anachronistic traditions.

Sumo continues to change. A 1926 Tokyo government ban on women’s sumo is no longer in force, and there are now some female wrestlers in amateur clubs. But women are still barred from professional competition.

Tournaments are certainly popular with tourists, but they generally go for a one-time experience. One might ask if sumo can change enough to play an effective role in Japan’s sports diplomacy. The answer depends on whether sumo leaders are more interested in maintaining the sport’s Japanese identity or building global connections.

The Conversation

Jessamyn R. Abel has received funding from the National Endowment for the Humanities, the Japan Foundation, the Northeast Asian Council of the Association for Asian Studies, and the McCourtney Institute for Democracy at Penn State University. She is currently a member of the Board of Directors of the Association for Asian Studies.

ref. Japan’s sumo association turns 100 – but the sport’s rituals have a much older role shaping ideas about the country – https://theconversation.com/japans-sumo-association-turns-100-but-the-sports-rituals-have-a-much-older-role-shaping-ideas-about-the-country-263093

Rift Valley fever: what it is, how it spreads and how to stop it

Source: The Conversation – Africa (2) – By Marc Souris, chercheur, Institut de recherche pour le développement (IRD)

Rift Valley Fever (RVF) is a viral disease transmitted by mosquitoes that mainly affects livestock. It can also infect humans. While most human cases remain mild, it can cause death. The disease causes heavy economic and health losses for livestock farmers.

As a researcher, I have contributed to several studies on this mosquito-borne virus.

So, what exactly is Rift Valley fever, how it is treated, and how it can be controlled?

What is Rift Valley fever?

Rift Valley fever is a zoonosis (a disease affecting animals that can be transmitted to humans). It is caused by the RVF virus, a phlebovirus from the Phenuiviridae family (order Bunyavirales). The disease primarily affects domestic animals, mainly cattle, sheep and goats, but also camelids and other small ruminants. It can occasionally infect humans.

In animals, the disease causes high morbidity: reduced milk production, high newborn mortality, mass abortions in pregnant females, and death in 10% to 20% of cases. This leads to serious economic losses for farmers.

Most people who get Rift Valley fever have no symptoms or just flu-like syndrome. But in a few people, it can become very serious, causing complications such as eye disorders, meningoencephalitis (inflammation of the brain), or hemorrhagic fever. The fatality rate among infected people is around 1%.

How it’s transmitted

In animals, the disease is mainly spread through bites from infected mosquitoes. At least 50 mosquito species can transmit the Rift Valley fever virus, including Aedes, Culex, Anopheles and Mansonia species. Mosquitoes become infected when they feed on animals carrying the virus in their blood, then transmit it to other animals through their bites. In Aedes mosquitoes, vertical transmission – from infected females to their eggs – is also possible, allowing the virus to survive in the environment.

For humans, the most common way to get infected is through direct contact with the blood or organs of an infected animal. This often happens during veterinary work, slaughtering, or butchering.

While it is also possible for human to get the virus from a mosquito bite, this is not common. No human-to-human transmission has been observed to date.

The origins and spread

A serious outbreak of Rift Valley fever began to be reported in Senegal in late September 2025. The west African country has been battling to control it.

The disease was first discovered in 1931 in the Rift Valley in Kenya in east Africa, during a human epidemic of 200 cases. The virus itself was isolated and identified in 1944 in neighbouring Uganda.

Since then, numerous outbreaks of the disease have been reported in Africa: in Egypt (1977), Madagascar (1990, 2021), Kenya (1997, 1998), in Somalia (1998), in Tanzania (1998), the Comoros (2007-2008) and Mayotte (2018-2019).

In west Africa, the main epidemics affected Mauritania (1987, 1993, 1998, 2003, 2010, 2012), Senegal (1987, 2013-2014) and Niger (2016).

Its spread into the Sahel and west African regions has been largely driven by the movement of livestock, and by environmental factors.

To date, around 30 countries have reported animal and/or human cases in the form of outbreaks or epidemics.

Why and how outbreaks occur

Rift Valley fever reemerges in cyclical patterns, with major outbreaks occurring in Africa every five to 15 years. The trigger for these outbreaks is closely linked to specific environmental conditions, like periods of heavy rainfall that create ideal breeding conditions for mosquitoes.

In east Africa, epidemics typically follow periods of exceptionally heavy rainfall or flooding in normally dry regions. For instance, the severe outbreaks of 1998-1999 were directly linked to intense rains caused by the El Niño climate phenomenon.




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In the Sahel region, the relationship with rainfall is less predictable. Outbreaks can appear in unexpected, poorly monitored areas, and genetic analysis of viruses in Mauritania suggests that new strains can be introduced directly from other regions.

A key mystery is how the virus persists in the environment between these major outbreaks. It is believed to survive in the environment within a “wild reservoir” of animals – such as certain antelopes, deer, and possibly even reptiles – though this reservoir has not yet been fully identified.

Once an initial outbreak occurs, the virus can spread to new areas. This happens through the movement of infected livestock, the accidental transport of infected mosquitoes (for example, in vehicles or cargo), and when environmental conditions are conducive.

Clinical symptoms and treatments

Adult cattle and sheep may show nasal discharge, excessive salivation, loss of appetite, weakness, diarrhoea.

In humans, after an incubation period of two to six days, most infections are asymptomatic or mild, with flu-like symptoms lasting four to seven days. People who recover from the infection typically gain natural immunity.




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However, in a small percentage of individuals, the disease can take a severe turn:

  • Eye lesions affect up to 10% of symptomatic cases. They appear one to three weeks after initial symptoms and can heal on their own or lead to permanent blindness.

  • Meningoencephalitis (inflammation of the brain and meninges) occurs in 2%-4% of symptomatic cases, one to four weeks after symptom onset. Mortality is low, but neurological after-effects are common.

  • Hemorrhagic fever (diseases that cause fever and bleeding due to damage to the blood vessels) occurs in less than 1% of symptomatic cases, usually two to four days after symptoms begin. About half of these patients die within three to six days.

There is no specific treatment for severe cases of Rift Valley fever in humans.

Surveillance, prevention and control

Veterinary surveillance with immediate reporting and monitoring of infection in animals is essential to control the disease. During outbreaks, controlled culling of infected animals and strict restrictions on the movement of livestock are the most effective ways to slow virus spread.




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As with all mosquito-borne viral diseases, controlling vector populations is an effective preventive measure, though it is challenging, especially in rural areas.

To prevent new outbreaks, animals in endemic regions can be vaccinated in advance. A modified live virus vaccine provides long-term immunity after a single dose, but it is not recommended for pregnant females because it can cause abortions. An inactivated virus vaccine is also available, it avoids these side effects, but it requires several doses to provide adequate protection.

Threat, vulnerabilities and health risks

People at highest risk of infection include livestock farmers, abattoir workers and veterinarians. An inactivated vaccine for human has been developed. But it is not licensed yet and has only been used experimentally.

Raising awareness of risk factors is the only effective way to reduce human infections during outbreaks. Key risk factors include:

  • handling sick animals or their tissues during farming and slaughter

  • consuming fresh blood, raw milk, or meat

  • mosquito bites.

It is important to follow basic health precautions when Rift Valley fever appears. Wash your hands regularly. Wear protective gear when handling animals or during slaughter. Always cook animal products such as blood, meat and milk thoroughly. Use mosquito nets or repellents consistently.

The Conversation

Marc Souris receives funding from ANR (Agence Nationale de la Recherche, France) and IRD (Institut de Recherche pour le développement).

ref. Rift Valley fever: what it is, how it spreads and how to stop it – https://theconversation.com/rift-valley-fever-what-it-is-how-it-spreads-and-how-to-stop-it-267309

Pourquoi les migrants sont-ils nécessaires aux économies américaine et européenne ?

Source: The Conversation – in French – By Deniz Torcu, Adjunct Professor of Globalization, Business and Media, IE University

Les données économiques contredisent frontalement les récits hostiles aux migrants. Loin des peurs et des clichés, la migration apparaît comme un atout stratégique pour l’avenir.


Face à la montée des discours anti-immigration en Europe et aux États-Unis, il est urgent de dépasser les peurs pour regarder les faits. La mobilité humaine n’est pas un fardeau : c’est un moteur de croissance, de résilience démographique et de vitalité culturelle. L’ignorer revient à commettre une erreur stratégique et à trahir les principes démocratiques que les sociétés modernes affirment défendre.

Crise ou continuité ? La mobilité comme norme historique

La migration n’a rien d’une anomalie du XXIe siècle. Des diasporas méditerranéennes de l’Antiquité aux grands mouvements du XXe siècle, l’histoire humaine s’est écrite dans la circulation des personnes, des langues, des savoirs et des marchandises. Considérer la mobilité comme une menace revient à renverser la logique : c’est l’isolement qui est l’exception historique.

Le discours politique qui présente les migrants comme des intrus – plutôt que comme des citoyens potentiels ou des acteurs économiques – représente une distorsion dangereuse, non seulement sur le plan moral, mais aussi sur le plan stratégique.

La contribution réelle des migrants au PIB et à la productivité

Une analyse du McKinsey Global Institute a révélé un fait frappant : en 2015, alors que les migrants ne représentaient que 3,3 % de la population mondiale, ils généraient 9,4 % du PIB mondial (environ 6 700 milliards de dollars). Aux États-Unis, leur contribution s’élevait à environ 2 000 milliards de dollars.

Des études plus récentes le confirment. Le Fonds monétaire international (FMI) a estimé qu’en 2024, les flux migratoires nets vers la zone euro entre 2020 et 2023, y compris les millions de réfugiés ukrainiens, pourraient augmenter le PIB potentiel de la région de 0,5 % supplémentaire d’ici à 2030. Cette croissance n’est pas marginale : elle représente environ la moitié de toute la croissance potentielle attendue. En d’autres termes, sans la migration, les perspectives économiques de l’Europe seraient considérablement plus limitées.

États-Unis : main-d’œuvre, innovation et expansion

Aux États-Unis, plus de 31 millions d’immigrants faisaient partie du marché du travail en 2023, soit 19 % du total, selon le think tank indépendant Council on Foreign Relations – et leur taux de participation (c’est-à-dire le pourcentage de la population en âge de travailler qui est active sur le marché du travail) était de 67 %, contre 62 % pour les personnes nées dans le pays. Cette différence n’est pas négligeable. Elle implique une contribution disproportionnée aux recettes fiscales, à la consommation intérieure et au dynamisme économique en général.

Taux de participation de la population active.
Council on Foreign Relations

Souvent, ils occupent des postes physiquement exigeants ou délaissés par les travailleurs locaux : un rôle complémentaire et non substitutif, d’autant plus crucial dans un contexte de plein emploi et de vieillissement démographique.

Travailleurs occupés âgés de 16 ans et plus, 2022.
Council on Foreign Relations

Migration et innovation : une relation sous-estimée

Les migrations ne se résument pas à de la main-d’œuvre : elles apportent aussi des idées. Le Forum économique mondial rappelle que les immigrés ont 80 % plus de chances de créer une entreprise que les natifs, et que plus de 40 % des firmes du Fortune 500 (_ classement des 500 premières entreprises états-uniennes, ndlr_) ont été fondées par des migrants ou leurs descendants.

Leur empreinte est visible dans la recherche et la technologie : une large part des demandes de brevets déposées aux États-Unis compte au moins un inventeur étranger. Les universités de pointe dépendent aussi des étudiants internationaux pour maintenir leurs filières en sciences, technologies et ingénierie. Fermer les frontières, c’est aussi fermer la porte à l’innovation.

Europe occidentale : une dépendance silencieuse

Dans l’Union européenne, l’impact n’est pas moindre. Selon le même rapport du FMI, entre 2019 et 2023, deux tiers des nouveaux emplois ont été occupés par des migrants non communautaires. Ces données contredisent l’idée selon laquelle les migrants « prennent les emplois » : au contraire, ils pourvoient des postes vacants structurels que ni l’automatisation ni le marché intérieur n’ont réussi à pourvoir.

L’OCDE a par ailleurs averti qu’à défaut d’intégrer davantage de femmes, de seniors et de migrants dans la vie active, le PIB par habitant des pays membres pourrait voir sa croissance annuelle passer de 1 % (2000–2020) à seulement 0,6 % d’ici 2060. À l’inverse, une politique migratoire inclusive pourrait ajouter au moins 0,1 point par an.

Indicateurs de pénurie de main-d’œuvre.
OCDE, mai 2024

Envois de fonds : impact économique transnational

Le rapport sur les migrations dans le monde 2024 confirme que les transferts de fonds mondiaux ont atteint 831 milliards de dollars américains en 2022, soit une croissance de plus de 650 % depuis 2000. Ce volume dépasse largement l’aide publique au développement et même, dans de nombreux cas, les investissements étrangers directs. Les transferts de fonds sont principalement investis dans la santé, l’éducation et le logement.

Ils constituent en effet une redistribution mondiale de la richesse qui ne passe pas par le système multilatéral, mais qui produit un effet stabilisateur et profondément humain.

Et si nous regardons vers l’avenir ?

Le problème dépasse l’économie. Adopter un discours d’exclusion, c’est renoncer à la capacité d’adaptation des sociétés. Les coûts sont triples :

  1. Économique, en renonçant à une source structurelle de croissance, d’innovation et de viabilité budgétaire.

  2. Social, en alimentant des stigmates qui fracturent la cohésion.

  3. Géopolitique, en perdant de l’influence dans un monde où la concurrence pour les talents et le capital humain s’intensifie.

Des solutions existent pourtant : reconnaissance plus rapide des diplômes, coopérations régionales, politiques inclusives. Le véritable enjeu est politique – et narratif. Il s’agit de construire un récit qui fasse de la mobilité humaine un élément constitutif du contrat social contemporain.

Comme le souligne le Forum économique mondial, la migration n’est pas un problème à résoudre, mais un atout stratégique à gérer avec intelligence et humanité. La sous-estimer revient à saper les fondements du développement mondial au XXIe siècle.

The Conversation

Deniz Torcu ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi les migrants sont-ils nécessaires aux économies américaine et européenne ? – https://theconversation.com/pourquoi-les-migrants-sont-ils-necessaires-aux-economies-americaine-et-europeenne-263701

Chez les paons, la taille compte… mais aussi la beauté et la vigueur

Source: The Conversation – in French – By Rama Shankar Singh, Professor (Emeritus) of Biology, McMaster University

En 1871, Charles Darwin a présenté sa théorie de la sélection sexuelle par le choix des femelles dans La Filiation de l’homme et la sélection liée au sexe. Il y avançait que les femelles d’une espèce manifestent une préférence pour la beauté et l’ornementation lors du choix de leurs partenaires, ce qui favoriserait la prévalence de ces traits.

Darwin affirmait que cela permettait d’expliquer l’évolution de la longue queue du paon. Plus de 150 ans plus tard, des recherches sur les paons remettent en question cette théorie.

Nos recherches sur la longue queue du paon ont révélé une règle de développement simple qui explique sa symétrie, sa complexité et sa beauté. Elle suggère que les paonnes choisissent leurs partenaires en fonction de leur taille, de leur vigueur et de leur beauté, et non pas uniquement en fonction de leur beauté, comme le pensait Darwin.

Les hypothèses de Darwin

Darwin considérait la queue excessivement longue du paon comme un trait inadapté ; elle était trop longue pour être expliquée par sa grande théorie de la sélection naturelle, selon laquelle les espèces ne développaient que les traits qui les aidaient à survivre.

Comme il l’écrivait à un collègue scientifique : « La vue d’une plume dans la queue d’un paon, chaque fois que je la regarde, me rend malade ! »

Darwin a fait deux hypothèses implicites qui, selon nos recherches, affaiblissent sa théorie de la sélection sexuelle. Premièrement, Darwin n’a pas compris que la mauvaise adaptation peut également être le résultat d’une adaptation, car les compromis entre les traits sont courants dans la nature.

Les queues de paon font ici référence aux longues plumes irisées qui pendent à l’arrière. Des queues plus longues (la hauteur des plumes une fois déployées) peuvent aider les mâles à attirer les femelles, mais elle présente aussi des inconvénients, par exemple en gênant la fuite face aux prédateurs.

un paon sans ses plumes voyantes
Après la saison des amours, les paons perdent leur longue queue.
(J.M.Garg/Wikimedia)

Deuxièmement, Darwin supposait que les paonnes admiraient la queue du paon « autant que nous » et que les oiseaux évaluaient leurs partenaires en fonction de leur attrait esthétique. Il affirmait que les oiseaux avaient le sens de la beauté. Plus tard, cette explication allait ouvrir la voie à des recherches visant à comprendre comment les femelles évaluent la beauté de leurs partenaires.

Les chercheurs se sont intéressés aux taches colorées en forme d’œil présentes sur la queue, mais de nombreuses études menées au cours des 30 dernières années n’ont pas confirmé de façon certaine que les femelles choisissaient leurs partenaires en fonction de ces motifs.

Complexité et vision

En tant que généticien spécialiste des mouches à fruits et intéressé par la variation et l’évolution des gènes liés au sexe et à la reproduction, je suis tombé par hasard sur l’évolution de la longue queue du paon. J’ai remarqué sa grande complexité et je me suis demandé si les paonnes voyaient ce que nous voyons.

J’ai examiné des spécimens de queues de paons conservés dans des musées et identifié deux découvertes majeures. La symétrie, la complexité et la beauté de la queue s’expliquent par une disposition en zigzag/alternée des follicules. Cette disposition, la forme d’empilement sphérique la plus dense connue, produit des effets remarquables lorsqu’elle se retrouve chez les êtres vivants.

gravure en noir et blanc d’un paon assis sur une branche
Illustration d’un paon publiée dans L’Origine de l’homme de Darwin.
(Wikimedia)

Deuxièmement, puisque plumes et ocelles appartiennent à la même structure, la taille de la traîne et le nombre d’ocelles sont corrélés sur le plan du développement. Les paonnes ne peuvent pas percevoir les ocelles et la taille de la queue comme des traits distincts, contrairement à nous ; elles réagissent uniquement à la couleur vert-bleu des ocelles, qui sont trop petites pour être visibles de loin. Les paonnes perçoivent donc la queue comme un trait complexe qui combine la taille de la traîne et certains aspects de la couleur des taches oculaires.


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Cela signifie que les femelles ne voient pas les taches oculaires sans percevoir d’abord la queue, ce qui suggère que la sélection porte directement sur la queue, et non indirectement sur les taches.

Puisque la sélection sexuelle et le choix du partenaire sont des éléments importants des processus évolutifs standard impliqués dans la sélection naturelle, il n’est pas nécessaire d’avoir une théorie distincte de la sélection sexuelle. Le naturaliste avait tort à cet égard.

Répondre aux croyances

À l’époque de Darwin, la théorie de la sélection sexuelle avait peu de soutien. Le naturaliste Alfred Russel Wallace, co-découvreur de la sélection naturelle, estimait que ce processus en relevait.

Mais Darwin avait d’autres raisons de défendre sa théorie de la sélection sexuelle. Il l’utilisait pour résoudre trois problèmes à la fois. Tout d’abord, bien sûr, pour expliquer l’évolution des traits sexuels secondaires et souvent exagérés, en particulier chez les oiseaux, notamment les paons.

Deuxièmement, il a utilisé sa théorie pour expliquer la formation des races chez les humains, en défendant l’idée de normes de beauté inhérentes à chacune d’entre elle, et qui servaient à les isoler les unes des autres.

À l’époque victorienne, on considérait les femmes comme faibles et incapables de choisir leurs partenaires de manière décisive. L’appréciation de la beauté était aussi vue comme un trait exclusivement humain, absent chez les autres animaux. Darwin en a conclu que, chez les oiseaux, ce sont les femelles qui choisissent selon la beauté, tandis que chez les humains, ce seraient les mâles.

Enfin, Darwin a utilisé les plumes du paon pour remettre en question l’ordre religieux et ouvrir la voie à l’appréciation esthétique du monde animal : la beauté, l’intelligence et la moralité, autrefois vues comme des dons divins.

Cette recherche montre pourquoi la théorie de la sélection sexuelle reste controversée, même après un siècle et demi. Le choix du partenaire par sélection sexuelle est indéniable, mais la théorie qui en découle est contestable.

La Conversation Canada

Rama Shankar Singh a reçu un financement du Conseil de recherches en sciences naturelles et en génie du Canada. Il est affilié au Centre d’études sur la paix de l’Université McMaster.

ref. Chez les paons, la taille compte… mais aussi la beauté et la vigueur – https://theconversation.com/chez-les-paons-la-taille-compte-mais-aussi-la-beaute-et-la-vigueur-263501