La “flota fantasma” rusa incrementa su operación en puertos españoles para burlar el bloqueo de la UE

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio García-Amate, Lecturer in Finance, Universidad Pública de Navarra

Buque Kairos de la “flota fantasma” rusa, sancionado por la Unión Europea, el Reino Unido y Suiza por el tráfico ilegal de petróleo. Todor Stoyanov-Raveo/Shutterstock

Las cifras extraídas de la base de datos LSEG (London Stock Exchange Group) indican un incremento significativo en el tránsito de petróleo ruso por aguas españolas. Antes de las sanciones que la Unión Europea (UE) impuso a Rusia con motivo de la invasión de Ucrania, el puerto de Ceuta ocupaba la posición 90.ª en el ranking europeo de descargas de petróleo ruso. Hoy, está en la 11.ª posición.

Mientras Bruselas trata de bloquear este tráfico, la “flota fantasma” rusa utiliza puertos españoles para exportar crudo a Europa. El objetivo es eludir las sanciones impuestas por la UE. Las consecuencias son económicas y geopolíticas, pero también medioambientales.

El sur de Europa como vía de entrada

Las sanciones a Rusia han redefinido el mapa de flujos de petróleo y gas rusos hacia la UE. La normativa vigente prohíbe la entrada de los barcos de la “flota fantasma” en puertos europeos. Sin embargo, la realidad es otra. Aunque en diciembre de 2025 el número de buques sancionados ascendía a casi 600, la lentitud en trasponer la Directiva UE 2024/1226 y en aplicar de forma efectiva las restricciones aprobadas por la UE genera una laguna jurídica que es aprovechada por la flota rusa.

Así, se han detectado violaciones de las sanciones europeas por entradas de buques sancionados en países como Chipre, España, Estonia, Grecia, Malta y Países Bajos.

Al cerrarse el norte de Europa, la flota rusa ha encontrado una vía alternativa de entrada en los países del sur. Entre 2022 y 2025, los países con más descargas de buques con petróleo de origen ruso fueron Italia, Grecia y España. La mayoría de estos buques han sido sancionados en algún momento posterior a su atraque en puertos europeos.

Pese a las prohibiciones, el crudo ruso sigue llegando a la UE, a menudo haciendo escalas en otros países. Los cargamentos provienen principalmente de Rusia, pero también de Egipto y Turquía, que actúan como intermediarios.

Esta infraestructura operativa no surgió de la noche a la mañana. La Unión Europea no empezó a sancionar oficialmente a buques de la “flota fantasma” hasta junio de 2024. Ese retraso hizo que Rusia tuviera tiempo suficiente para reorganizar su estrategia logística para exportar petróleo a la UE.

En el sur se han dado cada vez más casos de traspase de petróleo de un barco a otro en alta mar, con los daños medioambientales que esto pueda ocasionar. Eligen el sur porque necesitan aguas tranquilas y una ubicación estratégica para conectar con Asia, algo que el mar del Norte no ofrece.

Así actúa la “flota fantasma”

Las implicaciones de la operación de la “flota fantasma” van más allá de cuestiones económicas o geopolíticas. Estos buques generan riesgos físicos y medioambientales significativos. Se trata de una flota con barcos de gran edad y una operación insegura y precaria. Los petroleros con una antigüedad de entre 16 y 22 años son los más sancionados. Según el KSE Institute ucraniano, a partir de los 15 años decae el mantenimiento y las aseguradoras de primer nivel retiran su cobertura.

Para operar sorteando las restricciones legales, los buques suelen cambiar su bandera, su nombre o el armador. Las cinco banderas más sancionadas son las de Rusia, Gambia, Sierra Leona, Camerún y Omán. Los buques más antiguos, con máximo riesgo físico y medioambiental, utilizan principalmente la bandera rusa, seguida por la de países con regulación laxa como Curazao, Benín, Comoras, Guyana y Omán.

Además, la propiedad del buque se esconde para evitar posibles sanciones: las tres compañías con el mayor número de buques sancionados tienen su sede en UAE (Emiratos Árabes Unidos).




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España como centro logístico

España ha pasado a ser un enclave protagonista en la red de flujos del petróleo ruso. Entre los 20 puertos de la UE donde se han producido más atraques de buques posteriormente sancionados se encuentran Ceuta (11.º), Huelva (17.º) y Cartagena (20.º).

Un gráfico que muestra las principales rutas de buques sancionados con líneas de colores
Principales rutas de buques sancionados (2022-2025). A la izquierda, el país de carga, a la derecha, el país de destino.
Los autores, CC BY-SA

El riesgo físico y medioambiental en estos puertos derivado de la operación de la “flota fantasma” es elevado. Los buques sancionados por dos jurisdicciones (por ejemplo, UE y EE. UU.) tienen entre 15 y 30 años de antigüedad, con banderas de países variados. Por otro lado, la flota de buques sancionados por tres jurisdicciones destaca por su alto volumen de comercialización y la utilización de la bandera rusa.

Gráfico que muestra con colores la antigüedad y la bandera de los buques atracados en puertos españoles entre 2022-2025
Perfil de riesgo que suponen los buques en puertos españoles (2022-2025) según su antigüedad, con cada color indicando una procedencia.
Los autores, CC BY-SA

El caso de Ceuta presenta el escenario más preocupante desde el punto de vista medioambiental. Se trata de un puerto con un alto volumen de descargas, la mayoría desde buques posteriormente sancionados por hasta dos y tres jurisdicciones, con antigüedad de entre 15 y 28 años y banderas como las de Sierra Leona, Camerún y Panamá. Estos buques operan con estándares de seguridad poco estrictos.

Gráfico que muestra con colores la antigüedad y la bandera de los buques atracados en Ceuta entre 2022-2025
Perfil de riesgo en el puerto de Ceuta (2022-2025) según la antigüedad de los buques, con cada color indicando el país de la bandera.
Los autores, CC BY-SA

Un problema creciente

Los datos revelan un caso flagrante. Se trata de un buque con bandera de Camerún, sancionado el 25 de febrero de 2025 por la UE, que descargó en Ceuta casi 900 000 barriles de crudo el 12 de septiembre de 2025. Este barco provenía del puerto de Murmansk (Rusia).

Además, la “flota fantasma” rusa busca nuevas entradas a la UE. Puertos como los de El Hierro, Motril y Vilagarcía de Arousa, que no habían recibido cargamentos antes de las sanciones a Rusia, sí lo han hecho tras el estallido de la guerra. En 2023, por ejemplo, fueron descargados en ellos más de 1 800 000 barriles por buques provenientes de Rusia con una antigüedad de entre 15 y 23 años.

El volumen de operaciones de la “flota fantasma” rusa en aguas españolas está aumentando. España importa millones de barriles de petróleo ruso transportados en buques antiguos e inseguros. Esto no solo contraviene la normativa europea sobre las sanciones a Rusia, sino que genera riesgos medioambientales y físicos que no pueden ignorarse.

La solución a este problema implica no solo aplicar las sanciones vigentes a los buques de la “flota fantasma” rusa, sino también buscar vías para impedir el atraque y las operaciones de trasvase de buques sospechosos. Si no se actúa ya, la próxima noticia podría ser una catástrofe ecológica como la ocurrida a finales de 2002 frente las costas de Galicia.

The Conversation

Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad se financia en parte a través de convenios de investigación sobre temas diversos relacionados con energía y medioambiente firmados con el Ente Vasco de la Energía, Iberdrola, Petronor e Ihobe-Agencia Vasca del Medioambiente.

Antonio García-Amate no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La “flota fantasma” rusa incrementa su operación en puertos españoles para burlar el bloqueo de la UE – https://theconversation.com/la-flota-fantasma-rusa-incrementa-su-operacion-en-puertos-espanoles-para-burlar-el-bloqueo-de-la-ue-273250

Men are embracing beauty culture — many of them just refuse to call it that

Source: The Conversation – Canada – By Jordan Foster, Assistant Professor, Sociology, MacEwan University

Just weeks after the premiere of popular gay hockey romance series Heated Rivalry, star Hudson Williams’ extensive skincare routine has gone viral. In a now-viral video for The Cut, the 24-year-old walks viewers through his “five-step Korean beauty routine.”

His multi-step regimen includes a close shave, a cleanse, pore-minimizing treatments, a “super-glowing” toner and serums targeted toward “rejuvenating” the young star’s face and body.

The nearly 20-minute routine, replete with self-deprecating humour and an ironic bent against vanity, has amassed some 500,000 views (and counting), almost 2,000 comments and 36,000 likes on YouTube alone.

Williams’ routine, and its public broadcast online, is emblematic of a wider shift in our highly visual and virtual culture among men. From style guides and intensive workout routines to recommendations for skin and hair, men are investing in their appearance.

But, in a curious contortion, they’ve called their work on the face and body anything (and everything) but beauty.

Understanding beauty’s cultural force

As a researcher studying the cultural force of beauty and its various presentations online, I take questions related to appearance and attractiveness seriously.

I look to taken-for-granted trends online — images and advertisements as well as viral video clips — and their reception among audiences to understand how young people engage with and respond to beauty, and the various privileges and penalties it commands.

Beauty’s cultural force has long weighed upon women, who have been invited to modify their appearances in step with challenging, often contradictory, beauty norms. But in a recent and curious shift, beauty norms and appearance pressures have intensified among men.

‘Heated Rivalry’ star Hudson Williams breaks down his skincare routine for ‘The Cut’

The rise of men’s beauty habits

Men’s bodies are increasingly visible in product advertisements and mainstream campaigns, with a surfeit of cosmetics targeted toward men.

Mundane investments in skincare and grooming are not uncommon, with young men especially doubling down on their efforts to refine the face and body through multi-step routines not unlike Williams’.

Driven at least in part by social media influencers and the rise of platformed figures who dialogue around the importance of looking good, “freshening up” and keeping sharp, men are investing in their appearance as women long have.

Alongside these investments, boys and men are enjoined to bulk up to achieve a muscled and well-defined look. Widely followed influencers and celebrities alike echo the call, endorsing a range of compound exercises to improve one’s physique and “science based” changes to boost growth.

The drive toward muscularity is demanding, with many recommendations touting the importance of rigorous diets and intensive exercise regimes.

In the name of beauty

While some recommendations are innocuous enough, men have entertained more extreme, sometimes dangerous practices to modify and refine the appearance of their face and body.

Sometimes called “looksmaxxing,” a term capturing efforts that enhance men’s appearance, practices like “mewing” and the far more dangerous exercise of “bone-smashing” are often endorsed to promote facial harmony and a stronger jawline.

The preponderance and popularity of these appearance-focused practices online have produced what medical researcher Daniel Konig and his colleagues describe as an “almost pathological obsession” with attractiveness, with significant consequences for boys and men.

Public reporting on men’s relationship to their appearance indicates that a growing number of men are suffering from body insecurity and lower esteem, manifesting in the rise of muscle dysmorphia, a body-image disorder focused on a perceived lack of physical size or strength.




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Muscle dysmorphia: why are so many young men suffering this serious mental health condition?


In a similar vein, the United Kingdom’s Sexualization of Young People report indicates that online, boys are increasingly under pressure to “display their bodies in a hyper-masculine way showing off muscles and posturing as powerful and dominant.”

Why men resist calling it beauty

In my ongoing research with young people enrolled at the University of Toronto and MacEwan University, I am documenting a similar set of pressures.

The young people I’ve spoken with insist that while appearance weighs heavily on everyone, men are increasingly subject to the demands of a culture preoccupied with looking good.

For the boys and men I speak with, social media platforms, and the celebrities and influencers who populate them, are a particularly thorny topic. They invite an intense sense of comparison between men and their physiques and, for many, a feeling of not quite being good enough.

Still, few describe these pressures in terms related to beauty per se. As a historically feminized domain, beauty has been derided as frivolous and unimportant. But as many men are coming to find, the truth is far more complex. Beauty returns rewards to those who are thought to possess it or, perhaps, to those who are willing to pay for it.

Selling beauty to the masses

Men represent a growing and lucrative ground on which to sell products and services designed to optimize their appearance.

This previously untapped market segment is ripe for commercial exploitation, with an increasing number of men making spending on beauty products and services.

In 2024, market researcher Mintel reported that more than half of men use facial skincare products, with members of Gen Z accounting for the greatest share of growth in skincare products — especially “high-end” and “clean” products.

It’s estimated that the global market for men’s beauty products, including skincare and grooming, will exceed US$5 billion by 2027, adding to the industry’s already striking US$450 billion evaluation.

Men’s interest in more costly and intensive beauty treatments is also on the rise. The American Academy of Plastic Surgeons reports that a growing number of men are pursuing body augmentation and cosmetic surgery, as well as non-invasive procedures like dermal filler injections and facial neurotoxins like Botox.

Under both knife and needle, beauty’s cultural force is sure to be felt.

The Conversation

Jordan Foster receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Men are embracing beauty culture — many of them just refuse to call it that – https://theconversation.com/men-are-embracing-beauty-culture-many-of-them-just-refuse-to-call-it-that-274181

How Canada and Sweden are redefining northern security and co-operation

Source: The Conversation – Canada – By Christophe Premat, Professor, Canadian and Cultural Studies, Stockholm University

For many years, co-operation between Canada and Sweden was often viewed through a narrow lens — defence procurement. Discussions about fighter aircraft, technical specifications and military benefits tended to dominate attention.

Yet focusing only on defence equipment obscures a deeper shift now under way. What began as a technical defence relationship has gradually evolved into broader strategic convergence rooted in shared geopolitical interests, mutual economic benefits and a common understanding of the North.

As a researcher in Canadian studies, I am particularly interested in Swedish–Canadian relations as both countries seek to to strengthen the resilience of their political and economic systems.

This evolution in the relationship hasn’t happened overnight. It’s developed incrementally through political dialogue, institutional trust and shared security concerns.

It also comes after Canada signed a contract in January 2023 to acquire 88 Lockheed Martin F-35A Lightning II fighters from the United States and has committed funds for 16 of them.

The Canadian government is reconsidering the remaining portion of the planned purchase amid ongoing tensions with the U.S., but American officials have warned that cancelling the deal could require changes in bilateral air defence co-operation and lead the U.S. to assume a greater operational role.

But at the same time, Ottawa is examining a Swedish offer of 72 Saab Gripen jets and six GlobalEye aircraft.

Political alignment

Recent developments suggest that Canada–Sweden co-operation is no longer best understood as a transactional arrangement. Instead, it reflects a sustained effort by two northern democracies to strengthen long-term co-ordination in an increasingly unstable global environment.

The foundations of Canada–Sweden defence co-operation lie in longstanding exchanges on military aviation, joint exercises and technological collaboration. Although fighter aircraft discussions, including on the Gripens, are a visible part of this relationship, collaboration has increasingly extended beyond procurement.

Joint training in Arctic and cold-weather operations and interoperability in air operations and command-and-control systems now play a growing role in the Euro-Atlantic and northern European security landscape.

Sweden’s accession to NATO in 2024 has reinforced these dynamics, creating new opportunities for co-ordination between Canada and Sweden within the organization’s planning, exercises and capability development.

Canada’s lack of a Swedish aircraft purchase hasn’t curtailed defence co-operation, but redirected it toward political alignment on shared threats, Arctic and Baltic security and the institutional frameworks required among allies in northern environments.

High-level engagement

In 2023, Canada and Sweden marked 80 years of diplomatic relations. This anniversary highlighted the depth and continuity of the bilateral relationship and served as a reminder that present day co-operation builds on decades of political trust.

High-level political contacts in recent years have further elevated the relationship.

Interactions among ministers responsible for foreign affairs, defence, industry and energy have framed co-operation around defence-related industries, technological sovereignty, innovation ecosystems and Arctic governance. This points to a maturing partnership in which security, industry and research policy are increasingly connected.

What stands out is that discussions have focused less on single contracts and more on long-term reliability, institutional compatibility and shared priorities.

These include security in the High North, collective defence within NATO and closer industrial and technological ties among advanced democracies with similar economic systems.

State visit

This broader relationship took on new political weight during the Swedish state visit to Canada in November 2025.

King Carl XVI Gustaf and Queen Silvia led the visit and were accompanied by senior Swedish cabinet ministers, including Ebba Busch, deputy prime minister and industry minister, and Defence Minister Pål Jonson.

The three-day visit combined ceremonial diplomacy with strategic and economic dialogue. Several Swedish companies participated in business and innovation events.

During the visit, Canada and Sweden formalized a strategic partnership framework covering security and defence co-operation, Arctic affairs, trade, innovation and the green and digital transitions.

The visit, which included meetings in Ottawa and engagements with research and technology experts, underscored that bilateral relations were no longer limited to defence but were expanding into long-term political co-ordination.

The Rodinia metaphor

Busch has on several occasions used an unusual metaphor to describe relations between Canada and the Nordic region: Rodinia, the ancient super-continent that once linked what are now parts of North America and northern Europe.

Although geological in origin, the reference serves a political purpose. It frames present co-operation as a reconnection rather than something new. It situates Canada–Nordic relations within a longer narrative shaped by comparable northern environments, natural resources and innovation systems influenced by climate and geography.

Such historical imagery helps place industrial and strategic co-operation within a broader sense of continuity. In this perspective, partnership does not depend on a single defence decision but on structural similarities and long-term shared interests across the North Atlantic and Arctic regions.




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Changing economic and security landscape

Canadian leaders are increasingly emphasizing co-operation with like-minded middle and advanced economies, as Prime Minister Mark Carney did in his recent widely acclaimed speech in Davos.




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These economies include Nordic countries in areas like clean energy, critical minerals, digital innovation and security. The argument is that countries with compatible institutions, technological capacity and a commitment to rules-based international co-operation can enhance their influence by acting together.

Seen in this light, Canada and the Nordic states are not peripheral powers but form part of a northern cluster with expertise that is highly relevant to global challenges.

Energy transition in cold climates, Arctic infrastructure, resilience in sparsely populated regions and defence in harsh environments are areas where their experience carries weight.

Northern resilience in an unstable world

Taken together, these developments point to a redefinition of Canada–Sweden relations. Defence co-operation is still important, but it’s being increasingly embedded in a wider framework that includes industrial collaboration, Arctic research, academic exchange and political co-ordination.

This reflects a broader shift in how strategic partnerships are built. Trust, institutional compatibility and shared outlooks now matter as much as contractual outcomes.

What started as talks about fighter jets has become a broader discussion about northern resilience and how democracies on the edges of great power competition can improve their security and prosperity by working together instead of relying on others.

Canada and Sweden are not simply discussing equipment. They are shaping a model of partnership based on long-term alignment, one that could prove more enduring than any single procurement decision.

The Conversation

Christophe Premat is director of the Centre for Canadian Studies and a professor of Francophone cultural studies at Stockholm University. He acknowledges having taken part in events organized by the Embassy of Canada in Sweden at which representatives of the Swedish Armed Forces were present. He received funding from the Nordic and Baltic Cooperation through the Nordplus educational grant for the years 2020–2022. With the support of this grant, he created an introductory online course in Canadian Studies (https://doi.org/10.17045/sthlmuni.15329100.v1) which is given each summer. He has recently participated in interviews commenting on the political situation in Canada.

ref. How Canada and Sweden are redefining northern security and co-operation – https://theconversation.com/how-canada-and-sweden-are-redefining-northern-security-and-co-operation-274296

Mesure des impacts environnementaux: les entreprises polluent souvent plus qu’elles ne le disent

Source: The Conversation – in French – By Mādālina Solcánu, PhD, CPA, Professeure en comptabilité, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Les entreprises canadiennes font face à une pression croissante afin de divulguer leurs impacts environnementaux. Elles peinent pourtant à produire des données fiables.

Une recherche menée auprès de 48 professionnels révèle un processus sous tensions, marqué par des ressources insuffisantes et des choix qui ne permettent pas de rendre compte de l’ensemble des impacts.

La crise climatique actuelle a pour conséquence que les entreprises sont de plus en plus sollicitées pour fournir des informations fiables sur les risques et les opportunités liés aux changements climatiques et au développement durable.

Le Conseil canadien des normes d’information sur la durabilité (CCNID), chargé de la production des normes dans ce domaine, a ainsi récemment promulgué de nouvelles normes qui marquent une étape essentielle vers des informations en matière de durabilité plus cohérentes et comparables pour les entreprises canadiennes.

De nombreuses organisations ont souligné les coûts et les difficultés liés à la mise en place d’une divulgation environnementale. Pourtant, on sait aujourd’hui peu de choses sur ce processus. En effet, si de nombreuses études se penchent sur la divulgation externe des données environnementales, peu de travaux s’intéressent aux difficultés rencontrées par les entreprises pour produire ces rapports.

En tant que professeurs universitaires spécialisés en comptabilité et données environnementales, nous avons voulu ouvrir la « boîte noire » de la production de ces informations afin de mieux comprendre les enjeux. Nous avons ainsi mené une recherche fondée sur des données recueillies auprès de 48 personnes impliquées dans la production et l’utilisation des données environnementales dans des secteurs d’activité à fort impact environnemental (exploitation des ressources naturelles, industrie manufacturière, transport, etc.).

Cette recherche permet de montrer que la production des données environnementales est un processus sous tension, ce qui soulève des questions sur la fiabilité des données environnementales publiées.




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Une divulgation environnementale souvent limitée au minimum légal

En termes de collecte d’informations environnementales, notre recherche montre que la plupart des entreprises se limitent à ce que la loi exige. De ce fait, dans de nombreuses entreprises, certaines formes de pollution ou d’impacts environnementaux ne sont pas divulguées, puisque non visées par la conformité environnementale.

Certaines entreprises choisissent toutefois d’aller au-delà de ce périmètre légal. Elles se concentrent alors sur les enjeux jugés les plus pertinents, en s’appuyant sur les concepts de matérialité simple ou double.

Le concept de matérialité simple, aussi appelé matérialité financière, est celui qui a été retenu par l’International Sustainability Standards Board (ISSB), chargé d’établir un cadre mondial de normes d’information financière liées à la durabilité. Il stipule que les entreprises doivent divulguer les impacts environnementaux susceptibles d’avoir un effet significatif sur les résultats financiers, et par conséquent, sur les décisions des investisseurs.

D’autres référentiels de divulgation environnementale, comme la Global Reporting Initiative, vont plus loin. Ils exigent que les entreprises rendent compte non seulement des impacts financiers, mais aussi des impacts significatifs sur l’environnement et la société, ce qu’on appelle la matérialité d’impact ou la double matérialité.

Certaines entreprises choisissent donc de publier des informations environnementales qui dépassent les exigences légales. Si certaines d’entre elles cherchent à offrir un portrait global de leur empreinte environnementale en adoptant la double matérialité (financière et d’impact), la plupart se limitent à la matérialité financière.

Des formes de pollution peuvent ainsi rester dans l’ombre, même lorsqu’elles génèrent les plus importants impacts environnementaux d’une entreprise. Par exemple, les données que nous avons collectées montrent que les effets environnementaux liés à la fin de vie des produits, ou à la restauration des écosystèmes dégradés sont rarement évalués ou divulgués, faute de connaissances scientifiques suffisantes, de moyens financiers, ou d’obligation légale.




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Le périmètre d’analyse des impacts environnementaux est donc souvent limité par des choix internes, des lacunes réglementaires, ou des contraintes pratiques. Cela mène à une divulgation partielle, parfois ambiguë, des véritables impacts environnementaux des entreprises.

Une collecte et un traitement complexes

Afin de mesurer et d’analyser les impacts environnementaux retenus, les entreprises doivent déterminer les indicateurs de mesure appropriés et collecter des données.

Or, les indicateurs qui doivent être retenus pour mesurer les impacts environnementaux ne sont pas normalisés. Par exemple, les indicateurs d’émission de GES retenus au niveau fédéral et provincial peuvent utiliser des méthodes de calculs différentes. Ainsi, pour un même impact environnemental, il peut exister plusieurs mesures.

De plus, les outils employés pour la collecte des données environnementales sont généralement rudimentaires. Quelques entreprises utilisent des logiciels spécialisés à cet effet. Cependant, la majorité des entreprises que nous avons analysées procède à une collecte essentiellement manuelle. Cette collecte est souvent inefficace du fait de la complexité et du volume des données.


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Notre recherche souligne également que le manque de collaboration interne des autres départements pose aussi souvent problème aux équipes responsables de la collecte et de l’analyse des données environnementales, même quand la protection de l’environnement est déclarée comme étant une valeur fondamentale de l’entreprise.

Enfin, certaines données sont externes, puisque les entreprises ont besoin des données brutes de leurs fournisseurs ou sous-traitants afin de compléter leur portrait environnemental. Ces données peuvent présenter des lacunes importantes : les fournisseurs peuvent exagérer des chiffres qui leur sont favorables (par exemple, pour la production « responsable »), ou fournir des données incomplètes. Ces lacunes se reflètent dans la qualité des données de l’entreprise.

Des ressources insuffisantes

Les données que nous avons recueillies montrent que, dans beaucoup d’entreprises, le service responsable de l’environnement ou du développement durable est très réduit, particulièrement dans le domaine de la production d’informations. Même dans les grandes entreprises, cette équipe est souvent trop petite par rapport aux tâches à accomplir. En effet, produire des informations environnementales est vu comme une dépense, qui a au mieux des effets bénéfiques sur la réputation, et non comme une source de profits.

Les équipes font le nécessaire pour respecter les exigences légales de divulgation environnementale. Néanmoins, pour d’autres activités importantes comme l’analyse approfondie des indicateurs environnementaux et leur utilisation stratégique afin d’améliorer la performance environnementale de l’entreprise, elles manquent de moyens. Ces activités sont donc accomplies partiellement, selon les ressources disponibles.

Les trois tensions mises en évidence en ouvrant la boîte noire de la production d’informations environnementales – concernant le périmètre, la collecte et le traitement, et les ressources allouées – soulèvent des questions sur la fiabilité des données publiées.

Mesurer les impacts des entreprises sur la nature est un processus complexe, en raison de contraintes scientifiques, techniques et économiques. La portée des exigences législatives environnementales reste limitée et certainement insuffisante pour traduire de manière fiable les impacts environnementaux des entreprises et faire face à l’urgence climatique.

La Conversation Canada

Mādālina Solcánu, PhD, CPA a reçu une bourse doctorale de l’Ordre des Comptables Professionnels du Québec. Elle est membre de cette organisation.

Samuel Sponem ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Mesure des impacts environnementaux: les entreprises polluent souvent plus qu’elles ne le disent – https://theconversation.com/mesure-des-impacts-environnementaux-les-entreprises-polluent-souvent-plus-quelles-ne-le-disent-267481

Chiffrer l’immigration ou écouter les personnes ? Le pouvoir des récits de vie

Source: The Conversation – in French – By Consuelo Vasquez, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Les débats sur l’immigration qui défraient les manchettes québécoises et internationales abordent fréquemment le sujet à travers les chiffres. Comme tout dossier politique, l’immigration soulève bien entendu des défis logistiques, mais aussi des réalités humaines. Considérant la prévalence d’une approche technique de la question migratoire, nous déplorons le peu de place accordée collectivement aux humains derrière les indices numériques, à leurs parcours, à leurs histoires.

Derrière ces chiffres se trouvent des trajectoires particulières, faites d’espoirs, de ruptures et d’ajustements. C’est ce que nous cherchons à mettre en lumière dans le projet de recherche Entraide dans les marges, à l’Université du Québec à Montréal, qui documente les formes d’entraide émergentes dans des contextes de précarité, comme celui associé à l’immigration.

Pour réintroduire l’humain dans un débat largement dominé par des considérations quantitatives et objectives, nous nous appuyons notamment sur la notion d’escrevivência, qui désigne un acte d’auto-narration politique permettant aux personnes marginalisées de raconter elles-mêmes leur expérience depuis les marges, et ainsi de se réinscrire dans l’histoire.

L’escrevivência se distingue à cet égard de l’autobiographie classique en ce qu’elle porte explicitement une visée politique et collective : elle émane toujours de personnes subalternisées, dont la prise de parole vise à transformer le regard social envers leurs communautés et à revendiquer une place dans l’espace public.

Escrevivência : réhumaniser par l’auto-narration

L’escrevivência, concept forgé par la romancière brésilienne Conceição Evaristo en 1996, désigne l’acte d’« écrire-vivre » : une écriture où la vie devient affirmation politique et production de savoirs. Ancrée dans les traditions afrodiasporiques, elle souligne la mémoire collective, la réappropriation des racines et l’identité communautaire.

Écrire, ici, c’est résister à la « désmémoire » que les récits de ceux en situation de pouvoir imposent lorsqu’ils parlent en notre nom, nous instrumentalisent, ou tout simplement ne parlent jamais de nous. L’écriture vient dans ce contexte transformer la douleur en force créatrice, l’oubli en volonté de se faire entendre.

Née dans les marges, l’escrevivência permet aux sujets historiquement réduits au silence – notamment les femmes noires – de passer de l’objectité à la subjectivité. Par l’auto-narration, elle reconstitue le lien entre corps, mémoire et parole, redonnant humanité à celles et ceux que l’histoire a souvent effacés ou condamnés.

L’écrivaine afro-brésilienne Conceição Evaristo est une figure importante de l’escrevivência. Dans son conte « O espelho opaco de Seni », écrit en portugais et publié en 2022, Evaristo relate l’histoire de Seni, une femme noire incapable d’apercevoir son reflet dans le miroir. Au terme du récit, devant les miroirs dorés de sa petite-fille, elle parvient enfin à se reconnaître avec une clarté ancestrale. En saisissant son propre reflet – celui d’une lignée de femmes noires longtemps déniées – elle transforme l’image en mémoire vivante. Ce geste d’auto-reconnaissance, partagé par sa petite-fille et toutes leurs ascendantes, reconstitue le lien entre corps, temps et parole : un passage de l’objectivité imposée à la subjectivité réaffirmée.

L’écrivaine Conceição Evaristo parle au micro
L’écrivaine Conceição Evaristo lors d’un débat au Festival Latinidades en 2013.
(Wikimedia | Fora do Eixo), CC BY

Dans le contexte migratoire, cette pratique acquiert une portée universelle : raconter devient un acte de guérison et d’émancipation. Les auto-narrations se présentent comme des discours minoritaires assumés, mais revendiquant la possibilité de pouvoir « parler en retour » afin de réinscrire tant l’histoire subjective que collective.

L’escrevivência devient ainsi un geste collectif de reconstruction, un espace pour recréer le monde depuis les marges.


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« Je ne veux pas être traitée comme un numéro » – L’expérience de Cecilia

Parmi les récits oraux recueillis dans le cadre de notre projet Entraide dans les marges, celui de Cecilia (un pseudonyme), arrivée du Mexique il y a deux ans, illustre la portée de l’escrevivência dans le contexte migratoire.

Enseignante de mathématiques dans son pays, mère d’un jeune enfant, elle amorce au Québec une recherche d’emploi qui la confronte à de multiples obstacles linguistiques et administratifs. Elle raconte qu’un premier organisme d’aide lui aurait conseillé, allant à l’encontre des principes interculturalistes québécois, « d’oublier tout ce qu’elle savait », comme si son expérience, sa formation et son identité professionnelle n’avaient plus aucune valeur ici. « Une claque dans la figure », dira-t-elle plus tard

Heureusement, son parcours ne s’arrête pas à cette blessure. Une intervenante, elle-même migrante, puis un enseignant de français dans un centre communautaire – devenu depuis un ami proche – l’ont accueillie et soutenue. Lors de ces rencontres, dit-elle, j’ai été « traitée comme une personne, pas comme un numéro ». Peu à peu, elle reconstruit sa confiance et redéfinit sa trajectoire professionnelle. Aujourd’hui, elle travaille au sein d’un organisme communautaire, où elle accompagne des travailleurs internationaux temporaires en les informant de leurs droits et des ressources disponibles.

Pour Cecilia, raconter son histoire l’a amenée à réaliser que « le problème n’était pas en moi, mais en fait dans le regard des autres ». À son tour, elle souhaite soutenir d’autres femmes migrantes pour leur éviter, si possible, de traverser seules les mêmes épreuves.

Des initiatives inspirantes

D’autres initiatives s’inscrivent dans cette volonté de donner place aux autonarrations des personnes migrantes et réfugiées. C’est le cas de Jade Bédard et de Kristina Bastien, fondatrices de l’OBNL Histoires d’Espoir avec lequel nous collaborons dans le cadre du projet Entraide dans les marges. Par la diffusion de récits de personnes ayant immigré au Québec, elles offrent un espace d’expression où se croisent résilience, courage et espoir. Ces témoignages visent à rejoindre d’autres personnes ayant un vécu semblable tout en sensibilisant la société d’accueil à la pluralité des trajectoires.

De la même manière, Paul Tom, réalisateur du documentaire Bagages, avec qui nous collaborons aussi, explore le pouvoir de la narration collective à travers le récit de jeunes nouvellement arrivés au Québec. Provenant de pays aussi divers que le Brésil, la Chine, l’Ukraine, la Colombie, ces jeunes racontent leurs parcours migratoires et leur intégration via des ateliers d’art dramatique.

Ces deux initiatives, parmi tant d’autres, nous rappellent qu’au-delà des chiffres et des slogans, les histoires vécues, fragiles, puissantes et multiples, comptent également, et qu’elles ont le pouvoir de tisser des liens et de transformer les imaginaires.

La Conversation Canada

Le projet Entraide dans les marges est financé par le Conseil de recherche en sciences humaines du Canada (CRSH).

Camila Goytisolo De Sainz et Hoang Kham NGUYEN ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Chiffrer l’immigration ou écouter les personnes ? Le pouvoir des récits de vie – https://theconversation.com/chiffrer-limmigration-ou-ecouter-les-personnes-le-pouvoir-des-recits-de-vie-267697

Why Iran keeps turning off the internet during mass protests

Source: The Conversation – Canada – By Niloofar Hooman, PhD candidate, Communication Studies and Media Arts, McMaster University

What began on Dec. 28 in Iran as a revolt against economic hardship and the collapse of the national currency quickly spread across dozens of other Iranian cities and provinces. People from diverse socioeconomic, religious and ethnic backgrounds joined what has become the largest anti-regime protest since the 1979 revolution.

Chants of “death to the dictator” and “death to Khamenei” echoed far beyond Tehran’s Grand Bazaar. As a response, the government shut off all internet services, leaving roughly 92 million Iranians in a digital blackout since Jan. 8.

The protests are not an isolated eruption but the latest chapter in a continuous cycle of uprisings from the 1999 student movement, the Green movement of 2009, the protests of 2017 and the bloody November of 2019, the “uprising of the thirsty” in 2021 and the Woman, Life, Freedom uprising of 2022. Each was driven by different grievances but united by a deepening crisis of legitimacy and governance.

For authoritarian regimes, internet blackouts are a powerful political tool of repression that conceal state violence.

Violence justified for ‘security’

As the protests spread, the regime responded by unleashing lethal violence on the streets. Security forces fired live ammunition and pellet guns at demonstrators, deployed tear gas, carried out mass arrests and raided medical facilities where injured protesters were being treated, including hospitals in Illam and Tehran.

Arrests have surpassed 40,000, while estimates of the death toll vary widely, with reports suggesting that tens of thousands have been killed during the most intense days of repression. In cities such as Rasht, witnesses documented massacres as protesters attempted to flee security forces.

At the same time, state media outlets and senior political and judicial officials labelled protesters “terrorist agents” serving the United States and Israel, rhetoric that helped legitimize extreme violence in the name of national security.

The internet blackout as political strategy

Plunging millions of people into digital darkness was not a security precaution but a deliberate strategy used to disrupt collective action, prevent the documentation of state violence and control what both domestic and international audiences could see.

Mobile data, broadband connections and even phone lines were cut across the country, leaving families unable to contact loved ones, protesters cut off from one another and the outside world largely blind to events inside Iran. This was neither an unprecedented move nor a temporary security response. Iranian authorities have repeatedly restricted or disabled internet and telephone access during periods of sociopolitical unrest.

Under blackout conditions, the internet is not simply a space for expression, it is vital infrastructure that allows for information to flow.

By fragmenting connectivity, the state does not need to erase every image or silence every voice. It only needs to prevent a shared public record from forming. Violence becomes harder to document, deaths harder to count and accountability easier to evade.

Diaspora activism under blackout conditions

Outside Iran, this enforced silence prompted a wave of digital mobilization.

Iranians in the diaspora and their allies turned to platforms such as X and Instagram, circulating the hashtag #DigitalBlackoutIran to draw global attention to the shutdown and the escalating repression inside Iran. The hashtag became a way to make absence visible, revealing that the lack of images, videos and updates was itself the product of deliberate regime suppression and crackdown.

As the blackout continues, what’s at stake is not simply connectivity but the ability to bear witness. The struggle over internet access in Iran is therefore a deeply political one: it’s a struggle over who’s allowed to narrate, who’s allowed to be seen and whose suffering is allowed to register as real.

This use of #DigitalBlackoutIran didn’t emerge in vaccuum. It drew on previous movements and uprisings in Iran, where independent journalists are tightly restricted and repressed, public dissent is criminalized and uprisings are often followed by violent crackdowns and information blackouts.

When people cannot safely gather, publish or speak openly, and when documentation is actively disrupted, hashtags become a way of speaking out and of preserving what might otherwise disappear.

They allow dispersed users to find one another and construct a shared narrative of what’s happening. In this sense, hashtags function as a tool for mobilization and advocacy and as living archives of protest, keeping a record of repression and resistance alive when the state seeks to fragment, deny or erase it.

Yet the very visibility that gives hashtag activism its power also makes it vulnerable under authoritarian rule.




Read more:
What Iran’s latest protests tell us about power, memory and resistance


In Iran, the regime does not rely solely on blocking platforms or cutting access. It also actively manipulates online conversations from within. Alongside internet shutdowns, blocking social media platforms and filtering news websites, the state deploys co-ordinated networks of pro-regime accounts, often referred to as a “cyber army,” to disrupt protest hashtags.

These accounts flood hashtags with abusive and degrading language, disinformation and conspiracy narratives. The aim is to make participation emotionally, psychologically and socially costly.

This strategy reflects a broader shift in how autocratic regimes manage dissent online. Rather than silencing opposition, they increasingly seek to dominate digital spaces by overwhelming them, blurring truth with falsehood, intimidation with debate and visibility with noise.

The communications blackout and the disruption of online space point to the same reality in Iran: both operate as deliberate strategies of repression embedded in the regime’s broader architecture of control and discipline.

Under these conditions, the role of Iranians in the diaspora, along with sustained international media coverage, becomes critical not only in countering the silencing of dissent within Iran, but also in resisting the systematic erasure, distortion and fragmentation of the country’s ongoing history of defiance.

The Conversation

Niloofar Hooman does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Why Iran keeps turning off the internet during mass protests – https://theconversation.com/why-iran-keeps-turning-off-the-internet-during-mass-protests-273793

L’enlèvement de Maduro, illustration du fonctionnement du nouvel ordre mondial

Source: The Conversation – in French – By Virginie Tisserant, Enseignante-Chercheure Histoire de la Politique (laboratoire Telemme-CNRS), Aix-Marseille Université (AMU)

Cette image générée par IA a été publiée par Donald Trump sur son compte TruthSocial le représente en compagnie de plusieurs leaders européens devant une carte où le Canada, le Groenland et le Venezuela sont couverts du drapeau des États-Unis. Le message est clair : les alliés, ou supposés tels, sont placés devant le fait accompli et doivent s’incliner devant la force de Washington.
@realDonaldTrump/TruthSocial

L’opération qui a permis aux États-Unis de capturer Nicolas Maduro n’a, en soi, pas grand-chose de nouveau : fondamentalement, Washington considère l’Amérique latine comme sa chasse gardée depuis deux cents ans, et ne s’est pas privé d’y intervenir par la force tout au long de cette période, y compris à de multiples reprises au XXᵉ siècle. Ce qui constitue un vrai changement, c’est le fait que le prétexte démocratique n’est pratiquement plus invoqué, Donald Trump assumant ouvertement que l’objectif premier de son opération est la prise de contrôle du pétrole vénézuélien. Cet épisode est révélateur de l’époque actuelle, où les grandes puissances ne s’embarrassent plus guère de prétendre agir au nom de la liberté des peuples et ne cachent plus que leurs intérêts bien compris sont leur unique moteur.


L’enlèvement du président vénézuélien Nicolas Maduro par les États-Unis, le 3 janvier 2025, et la réaction de la communauté internationale à cet événement illustrent un phénomène en cours depuis plusieurs années : le passage brutal de l’ordre mondial libéral vers un ordre réaliste, c’est-à-dire reposant avant tout sur la loi du plus fort.

Tout au long du XXᵉ siècle, l’ingérence historique et le rôle messianique des États-Unis en Amérique latine et ailleurs dans le monde ont permis d’asseoir l’hégémonie internationale de Washington. Cette hégémonie, devenue totale avec la chute du bloc soviétique à la fin des années 1980, est fortement remise en cause depuis les attentats de 2001. Des spécialistes comme Fareed Zakaria ou Hubert Védrine ont théorisé un monde « post-américain » : au XXIᵉ siècle, face à la montée des BRICS et la désoccidentalisation du monde, les États-Unis ne seraient plus leaders mais pivot des relations internationales.

Dans la Stratégie de sécurité nationale publiée en novembre 2025, l’administration Trump réaffirme la volonté des États-Unis de demeurer une puissance structurante de l’ordre international tout en dénonçant « la vision destructrice du mondialisme et du libre-échange » ainsi que la responsabilité des élites qui « ont lié la politique américaine à un réseau d’institutions internationales, dont certaines sont animées par un anti-américanisme pur et simple et beaucoup par un transnationalisme qui cherche explicitement à dissoudre la souveraineté des États individuels ». Le document s’en prend également à la Chine qui a su utiliser « l’ordre international fondé sur des règles » pour s’implanter en Amérique latine reléguée, dans le document, au rang de part de l’« hémisphère » destiné à être dominé par Washington.

Une brève histoire de la politique extérieure des États-Unis en Amérique latine

Dès le 2 décembre 1823, l’interventionnisme des États-Unis en Amérique latine est institutionnalisé par la doctrine Monroe qui affirme que « toute intervention dans les affaires du continent américain serait considérée comme une menace pour leur sécurité et pour la paix ».

En 1904, dans le « corollaire Roosevelt à la doctrine Monroe », le président Theodore Roosevelt déclare :

« L’injustice chronique ou l’impuissance qui résulte d’un relâchement général des règles de la société civilisée peut exiger, en fin de compte, en Amérique ou ailleurs, l’intervention d’une nation civilisée et, dans l’hémisphère occidental, l’adhésion des États-Unis à la doctrine de Monroe peut forcer les États-Unis, à contrecœur cependant, dans des cas flagrants d’injustice et d’impuissance, à exercer un pouvoir de police international. »

Les États-Unis s’autorisent ainsi le droit d’intervenir s’ils jugent que leurs intérêts commerciaux et politiques sont menacés. Tout au long du XXe siècle, sous couvert de moderniser les économies latino-américaines, ils mettent en place des chefs d’État compatibles avec leurs intérêts politiques et commerciaux.

L’implantation de la culture de la banane dans les Caraïbes permet à l’United Fruit Company (UFCO) de servir directement ses intérêts. Au Guatemala, en réaction aux réformes agraires qui auraient directement porté préjudice aux intérêts de la firme internationale, la CIA organise en 1954 un coup d’État contre le président Jacobo Arbenz.

Au Venezuela, la première loi nationale d’hydrocarbures est promulguée en 1920. Dès 1921-1922, des juristes états-uniens font pression pour la modifier. Les États-Unis maintiennent d’excellents rapports avec le dictateur en place, Juan Vicente Gomez, président du Venezuela de 1908 à 1913, de 1922 à 1929 puis de 1931 à 1935. Ils investissent alors massivement dans le pétrole vénézuélien, dont l’Europe a d’ailleurs également bien besoin. Et jusqu’en 1938, il n’y a ainsi pas de trace de comptabilité.

Par la suite, ça sera sous couvert de la défense du continent contre le communisme que Washington interviendra en Amérique latine en formant les militaires, par exemple au Chili en 1973, en contribuant au renversement du président socialiste Salvador Allende et à son remplacement par le dictateur Augusto Pinochet. On peut également mentionner la formation idéologique des élites latino-américaines à la pensée nord-américaine à travers la doctrine de Milton Friedman : les « Chicago Boys » vont mettre cette vision en pratique dans plusieurs pays du continent.

La structuration de l’ordre mondial libéral

Au début du XXᵉ siècle, la création des organisations internationales repose sur l’élaboration d’un ordre mondial qui assoit, par les institutions, un projet de société libéral. Le rôle prépondérant des normes et de la coopération permettent de pacifier les relations internationales mais également de défendre, par les institutions, les intérêts des grands industriels américains. L’objectif pour les États-Unis et leurs grands industriels est de pouvoir influencer l’élaboration des normes. C’est ce qu’il se passe avec la Société des Nations (1920-1946) : le gouvernement américain envoie des experts dans les différentes commissions.

Le phénomène d’ouverture des économies nationales sur le marché mondial entraîne une interdépendance croissante des pays entre eux qui évitent ainsi de se faire la guerre. Cette interdépendance permet également d’asseoir l’universalisation des enjeux et des cultures dans l’ordre mondial libéral et de solder la « brutalisation » de l’Histoire que représentent les deux guerres mondiales par la libéralisation des sociétés.

Dès lors, la paix repose sur la construction de réseaux de coopération et sur le libre-échange, s’inspirant du modèle porté par Montesquieu ou sur la diffusion du modèle politique démocratique développé par Kant. La liberté politique coïncide avec la liberté économique et le degré d’ouverture des sociétés. Les États libéralisés ont donc intérêt à développer le commerce pour renforcer le lien social entre les individus et assurer la protection des libertés individuelles, ce qui régule les excès de pouvoir. Entre 1945 et 1989, le conflit se déplace dans l’usage des institutions internationales. La guerre d’influence que se livrent les deux blocs antagonistes se manifeste par l’usage massif du droit de veto au Conseil de sécurité de l’ONU.

Alors que la construction de réseaux forts et durables a permis aux États-Unis de demeurer la superpuissance dominante et structurante dans l’ordre mondial du XXᵉ siècle, l’effondrement du mur de Berlin et l’éclatement de l’URSS consacrent le triomphe des valeurs libérales. Mais le nouveau siècle s’ouvre avec une remise en question profonde de l’hégémonie américaine, qui se matérialise par les attentats du 11 septembre 2001 et la large contestation ultérieure de l’intervention en Irak à partir de 2003. On se souvient à ce titre de la prise de parole d’Hugo Chavez à l’ONU en 2006 : à propos d’une intervention la veille de George W. Bush, il déclare : « Hier le diable était présent, dans ce lieu même, ça sent toujours le soufre. » Cette remise en cause prend également une dimension économique avec l’entrée de la Chine au sein de l’OMC en 2001 et la constitution des BRICS une dizaine d’années plus tard.

Une réécriture de la mondialisation et de l’universalisation des enjeux

Ce basculement de l’ordre mondial libéral vers un ordre mondial relatif sert la volonté des BRICS+. Le groupe, désormais composé d’une dizaine d’États, est dominé par le couple sino-russe, qui dans une déclaration commune publique du 4 février 2022 proclame que :

« […] La nature universelle des droits humains doit être vue à travers le prisme de la situation réelle de chaque pays particulier, et les droits humains doivent être protégés en fonction de la situation spécifique de chaque pays et des besoins de sa population. Selon cette perspective, les principes du droit international comme l’universalisme des droits humains doivent désormais être envisagés selon une définition relative aux critères de développement des États. »

Dans la Stratégie de sécurité nationale de l’administration Trump, l’usage de la notion d’« hémisphère » pour qualifier le continent hispanique réactive pleinement la doctrine Monroe :

« Nous affirmerons et appliquerons un “corollaire Trump” à la doctrine Monroe. »

Le texte pose ainsi un nouveau cadre diplomatique international qui envisage la paix à partir de la menace du recours à la force, faisant basculer la coopération à une relation d’obligés : le bandwagoning. C’est d’ailleurs ce que fait ouvertement Donald Trump lorsqu’il menace de surtaxer huit nations européennes, dont la France, si elles s’opposent à sa volonté d’annexer le Groenland. Cette perspective est d’ailleurs reconnue par Emmanuel Macron qui, dans ses vœux aux Français pour 2026, constate que « la loi du plus fort tente de s’imposer dans les affaires du monde ».

Cette évolution traduit à la fois une nouvelle phase de la mondialisation, un retour des empires dans les normes et un basculement des valeurs vers le relativisme qui consacre la régionalisation du monde envisagé désormais en sphères. Cette fin du monde de Yalta permet à trois blocs et zones d’influence de s’affirmer : la Chine, la Russie et l’Amérique. Mais au-delà des normes et des valeurs, au XXIᵉ siècle, comme dans l’histoire de l’humanité et des conflits, leur compétition demeurera principalement sur les ressources.

The Conversation

Virginie Tisserant ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. L’enlèvement de Maduro, illustration du fonctionnement du nouvel ordre mondial – https://theconversation.com/lenlevement-de-maduro-illustration-du-fonctionnement-du-nouvel-ordre-mondial-273197

Pourquoi les jeux de société sont-ils plus populaires que jamais ?

Source: The Conversation – in French – By Heike Baldauf-Quilliatre, analyse interactionnelles, interaction en situation de jeux, interaction avec des robots sociaux, interaction à travers des dispositifs technologiques, Université Lumière Lyon 2

Lors d’une banale partie de *Skyjo*, il se dit et se fait beaucoup de choses au prétexte du jeu. Isabel Colón de Carvajal, Fourni par l’auteur

Si l’on veut comprendre le jeu et sa place dans nos sociétés, il faut s’intéresser aux joueurs et à leurs interactions. Filmer les situations de jeu offre une lecture renouvelée qui en dévoile le potentiel d’expérimentation sociale.


Des rayons pleins, des ludothèques et magasins spécialisés, des associations, un festival international des jeux annuel en France, des revues scientifiques (Sciences du jeu, Board Games Studies Journal) et même un dictionnaire qui leur est consacré – les jeux sont loin d’être un simple passe-temps d’enfant. Et celui qui pense uniquement aux jeux vidéo ou aux jeux télévisés ou encore aux jeux d’argent, lorsqu’il est question des adultes, se trompe. Les jeux de société aussi occupent une place importante pour ces derniers.

Dans un article paru en 2021, Vincent Berry, sociologue et spécialiste du jeu, remarque une hausse continue du chiffre d’affaires dans ce secteur, un développement constant de nouveaux jeux et une hausse du temps consacré aux jeux en tant qu’activité de loisir. Mais que peut-on trouver dans cette activité pour qu’elle gagne autant en popularité ? Pourquoi des personnes de différents âges se réunissent-elles autour des jeux de société ?

Penser le jeu au cœur de la vie sociale

Un élément de réponse se trouve déjà dans cette dernière question. Le jeu est une activité sociale qui réunit des personnes, à travers les âges, autour d’une même activité. Cela ne va pas de soi, pour plusieurs raisons. D’une part, parce que le jeu n’est pas systématiquement lié à une activité ludique. Lorsqu’on est dans une situation de confrontation, ou en train de perdre, le jeu n’est pas principalement un plaisir. Le côté ludique est construit, par les joueurs et joueuses, pendant et à travers le jeu. Évidemment, le cadre du jeu favorise ce côté ludique, mais il ne l’implique pas obligatoirement.

D’autre part, le jeu n’existe pas en dehors de tout autre cadre ou activité sociale : on joue à la maison, dans un bar, au travail, en famille, entre collègues, avec des inconnus. Et, pendant qu’on joue, on boit, on mange, on répond au téléphone, on parle avec des gens qui passent, etc.

Enregistrer les situations de jeu

Si l’on veut comprendre le jeu et sa place dans nos sociétés, il faut donc s’intéresser au jeu en tant que tel, mais également aux joueurs et à ce qu’ils font dans une situation et à un moment précis. C’est sur ce point que débutent nos recherches.

Dans notre approche, on porte l’attention aux pratiques des joueurs et joueuses et on essaye de comprendre comment ils et elles construisent cette activité dans une situation sociale donnée. Pour cela, nous filmons et enregistrons des situations de jeu, dans leur cadre naturel. Les personnes qui jouent acceptent d’être filmées pendant des sessions de jeu de société, sans instruction particulière, dans des situations de jeu qui se seraient déroulées même sans l’enregistrement. Le tout sur la base d’un appel à une participation volontaire au projet de recherche.

Nous transcrivons par la suite tout ce que nous entendons et voyons, et analysons ces situations en prêtant attention à tous les détails (parole, gestes, mimique, manipulation d’objets). Nous nous appuyons sur la méthodologie de l’analyse conversationnelle, dont le but est de décrire comment nous organisons et construisons nos sociétés à travers les interactions.

Nous ne nous intéressons pas tant à ce que disent les personnes, mais plutôt à la manière dont elles agissent ensemble, les pratiques par lesquelles elles construisent leur activité. On peut ainsi observer comment les joueurs et joueuses construisent ensemble des (ou leurs) visions du monde, comment ils intègrent le jeu dans leurs pratiques du quotidien, comment ils (s’)expérimentent en transgressant des règles, en créant ou inversant des catégories. Nos différentes analyses apportent des briques d’éléments de réponse à la grande question : pourquoi les gens jouent-ils aux jeux de société ?

Apprendre, s’organiser et s’amuser

Différentes activités sociales sont associées au jeu. Autrement dit, que font les personnes lorsqu’elles jouent ? Dans nos données, qui contiennent essentiellement des jeux en famille et entre amis à la maison, ou bien entre collègues au travail, nous avons observé trois grands types d’activités : apprendre, s’organiser et s’amuser.

L’apprentissage dans un sens très large n’est pas limité aux jeux éducatifs ou aux enfants. En jouant, on se confronte à différentes visions du monde et on se construit en tant qu’individu et comme groupe, à travers des règles et des normes morales. Cela va de l’apprentissage de ce qui est accepté, souhaité ou recommandé dans un jeu particulier à la connaissance et aux pratiques sociétales de manière générale.

Dans l’extrait en ligne d’une famille jouant à Timeline Inventions, l’année de naissance de la mère a permis de construire des repères pour situer l’invention dans la ligne temporelle du jeu.

D’une part, les échanges autour de tout et de n’importe quoi permettent de découvrir d’autres façons de voir les choses, d’autres préoccupations, et ainsi d’élargir nos horizons. D’autre part, ces échanges participent à la construction discursive du groupe en tant que tel et, dans une perspective plus large, de nos sociétés. Pour donner un exemple, Emilie Hofstetter et Jessica Robles ont montré dans un article sur la manipulation stratégique dans le jeu, que les types de manipulation autorisés (jusqu’où peut-on aller pour gagner ?) sont constamment et négociés pendant le jeu sur la base de certaines valeurs d’équité et de moralité.

L’aspect organisationnel concerne la régulation du jeu, c’est-à-dire l’alternance des tours de jeu, le respect des règles, mais aussi la vie sociale qui se poursuit autour. Car, lorsqu’on joue, le monde ne s’arrête pas de tourner. Il y a des personnes et des activités autour des joueurs qui existent en dehors du jeu : d’autres personnes dans la même pièce, un téléphone qui sonne, des conversations entre certains joueurs, des activités parallèles comme manger et boire. L’analyse conversationnelle parle ici de multiactivité qui est gérée de différentes manières. Cependant, ce n’est pas la multiactivité en soi qui est recherchée dans le jeu, mais plutôt les possibilités qu’ouvre cette implication dans différentes activités :on ne joue pas pour pouvoir faire plusieurs activités en même temps, mais on utilise les opportunités qui s’offrent grâce à cela.

Ainsi, des activités parallèles permettent de gagner du temps dans le jeu ou bien, à l’inverse, le jeu permet d’adoucir une discussion sérieuse, un reproche ou une transgression des règles sociales du groupe. Par exemple, les pleurs d’une fille ouvrent pour les parents un moment éducatif tout en gardant le focus principal sur le jeu (et donc sur le plaisir partagé).

L’expérimentation de pratiques sociales peu appréciées, sans craindre de sanctions

Enfin, l’amusement paraît certainement le type d’activité le plus évident lorsqu’on parle du jeu. Nos données et nos analyses montrent de manière plus détaillée en quoi consiste cet amusement. Le jeu permet par exemple d’expérimenter des catégorisations sociales, bien évidemment en adossant des identités dans le jeu, mais également en jouant avec les ambiguïtés entre le monde du jeu et le monde des joueurs : être la princesse et donc solliciter l’aide des autres pour ranger ses cartes, être pauvre dans le jeu et dans la vie et demander de l’aide aux autres, être sérieux dans son rôle du jeu ou, au contraire, ne pas le prendre au sérieux et donc brouiller les pistes pour les autres.

Dans cet extrait en ligne, qui montre une partie du jeu Catane entre trois amis, Romain rappelle Marie à l’ordre pour ranger ses cartes. Elle refuse en se référant à ses cartes et en indiquant qu’une princesse a bien le droit de déléguer ces tâches.

Il permet aussi d’inverser les rôles entre parents et enfants (les enfants expliquent et applaudissent les parents), ou bien de jouer avec la compétition (renforcer le caractère compétitif ou bien collaboratif d’un jeu, indépendamment du type de jeu). Il permet d’expérimenter des pratiques sociales peu appréciées ou peu communes, sans la crainte d’une sanction sociale : dans le jeu, on peut se moquer des autres, on peut apprécier les attaques, et on peut même explicitement « détester » une personne présente, comme dans cet extrait en ligne, dans une partie de Splendor.

Cela ne situe pas le jeu en dehors du cadre social, comme on le pensait au début des études sur le jeu, mais comme un espace de la vie où l’on peut expérimenter.

Et si l’on n’aime pas le jeu ? Ce n’est évidemment pas bien grave. On le répète, le côté ludique n’est pas directement lié au jeu, on peut le trouver, le construire partout dans ses activités sociales. Faire du sport et même travailler peut également avoir des moments ludiques, autant que le jeu n’est pas ludique en soi. D’où notre intérêt pour les interactions qui permettent d’observer comment les joueurs et joueuses construisent ce côté ludique dans des situations concrètes.

The Conversation

Heike Baldauf-Quilliatre a reçu des financements de l’ENS de Lyon et du LabEx ASLAN (ANR).

Isabel Colon de Carvajal a reçu des financements de l’ENS de Lyon et du LabEx ASLAN (ANR).

ref. Pourquoi les jeux de société sont-ils plus populaires que jamais ? – https://theconversation.com/pourquoi-les-jeux-de-societe-sont-ils-plus-populaires-que-jamais-272919

Rien ne dit que les ressources naturelles du Groenland se transformeront en superprofits

Source: The Conversation – in French – By Lukas Slothuus, Postdoctoral Research Fellow, School of Global Studies, University of Sussex

Le sous-sol du Groenland est riche. Mais peut-il être exploité dans de bonnes conditions économiques ? Sur la photo, une mine abandonnée. Dave Primov/Shutterstock

Le sous-sol du Groenland regorge de richesses, qui expliquent en partie la convoitise des États-Unis. Rien ne dit pourtant qu’il est possible pour le moment de les extraire, de les exploiter, puis de les exporter dans des conditions économiques satisfaisantes.


Les États-Unis renouent avec une rhétorique martiale concernant le Groenland. Les richesses naturelles de ce vaste territoire refont surface dans le débat, un an après que Michael Waltz, alors conseiller américain à la sécurité nationale, avait résumé l’enjeu ainsi : « Il est question de minéraux critiques. Il est question de ressources naturelles. »

Car l’île est dotée à la fois de combustibles fossiles et de matières premières essentielles. Elle possède au moins 25 des 34 matières premières considérées comme telles par l’Union européenne.

La loi européenne 2024 sur les matières premières critiques vise à améliorer la sécurité de l’approvisionnement européen pour ces matériaux. Le président des États-Unis, Donald Trump, comme l’UE souhaitent affaiblir la domination chinoise dans ce commerce. Parallèlement, d’immenses réserves de pétrole se trouvent au large dans l’est et l’ouest du Groenland. La valeur de ces ressources est difficile à estimer, car les prix du pétrole et des matières premières essentielles fluctuent énormément.




À lire aussi :
Donald Trump ou pas, le Groenland, futur pivot logistique arctique


Comme pour le pétrole vénézuélien, il faudra beaucoup d’argent pour construire les infrastructures nécessaires à l’exploitation des ressources naturelles au Groenland. Les projets miniers et de combustibles fossiles sont très consommateurs de capital, nécessitant d’importants investissements initiaux avec de longs délais avant que les projets ne génèrent des bénéfices.

Un manque de logistique portuaire

En dehors de sa capitale, Nuuk, le Groenland dispose de très peu d’infrastructures routières et de ports en eau profonde capables d’accueillir de grands pétroliers et des porte-conteneurs.

À travers le monde, les entreprises privées des secteurs minier et des énergies fossiles peuvent s’appuyer sur des infrastructures publiques – routes, ports, production d’électricité, logements et main-d’œuvre spécialisée – pour rendre leurs activités rentables.

Au Groenland, en revanche, d’énormes investissements en capital seraient nécessaires pour extraire la toute première cargaison de minerais et le premier baril de pétrole. Dans ce contexte, le gouvernement est confronté à un dilemme classique : laisser des multinationales privées exploiter les ressources au risque de perdre l’essentiel des revenus, ou bien imposer une propriété étatique tout en peinant à réunir les capitaux et les capacités publiques nécessaires pour lancer l’extraction.

Mines passées et présentes

La richesse minérale du Groenland est connue depuis longtemps. En avril 2025, le radiodiffuseur public danois DR a diffusé un documentaire montrant comment le Danemark avait, historiquement, capté les profits d’une mine de cryolite au Groenland. Cette émission avait provoqué une importante crise politique et médiatique, certains estimant qu’elle remettait en cause l’idée selon laquelle le Groenland serait financièrement dépendant du Danemark.

Les minerais constituent un enjeu majeur, mais aussi sensible, dans les relations du Groenland avec le reste du monde. Depuis des décennies, des entreprises étrangères tentent d’y développer une industrie minière viable… sans résultats probants. En réalité, contrairement aux affirmations du président américain Donald Trump, les entreprises américaines ont depuis longtemps la possibilité d’entrer sur le marché minier groenlandais. L’ampleur des investissements requis, conjuguée à des conditions climatiques extrêmement rigoureuses, a jusqu’à présent empêché toute entreprise de lancer une exploitation minière commerciale.

Dépendance à la pêche

La ministre groenlandaise des ressources naturelles Naaja Nathanielsen déclarait en 2025 souhaiter que l’exploitation minière devienne un « très bon complément stable » à la dépendance écrasante du pays à l’industrie de la pêche. Pourtant, en 2021, le nouveau gouvernement Inuit Ataqatigiit (d’orientation socialiste) groenlandais a interdit l’extraction de l’uranium pour des raisons environnementales. En 2023, l’entreprise australienne Energy Transitions Minerals (ETM) a poursuivi le Groenland et le Danemark pour un montant de 76 milliards de couronnes (environ 10 milliards d’euros), soit près de quatre fois le PIB du Groenland.

L’entreprise minière a affirmé avoir été privée de profits futurs après l’abandon de son projet d’uranium à Kuannersuit/Kvanefjeld. Les tribunaux danois ont rejeté la plupart des recours d’ETM, les jugeant infondés, et des inquiétudes ont été exprimées quant à la possibilité qu’ETM se déclare en faillite, ce qui lui permettrait potentiellement d’éviter le paiement de lourds frais de justice.

Dans un communiqué, ETM a affirmé que sa filiale GM avait « travaillé de bonne foi pendant plus d’une décennie, en étroite coopération avec les gouvernements groenlandais et danois ». L’entreprise a ajouté que ces deux gouvernements avaient utilisé GM pour promouvoir le Groenland comme une destination sûre pour les investisseurs miniers. Mais des travaux de recherche publiés en 2025 ont qualifié ce type de comportement de « victimisation feinte ». Il s’agit généralement de situations dans lesquelles des entreprises se perçoivent – ou se présentent – comme des victimes de procédures injustes, plutôt que comme des acteurs puissants avant tout soucieux de leurs profits.

Partage des profits

Forer dans le sous-sol groenlandais aurait des répercussions jusqu’à Copenhague, le Groenland ayant conclu avec le Danemark un accord de partage des profits miniers. Dans le cadre du transfert progressif de compétences du Danemark vers le Groenland, ce dernier détient désormais la propriété de ses ressources naturelles.

Toutefois, le Danemark verse chaque année une dotation globale de 3,9 milliards de couronnes (un peu plus de 500 millions d’euros) – soit environ la moitié du budget de l’État groenlandais – afin de soutenir l’économie intérieure, largement dominée par le secteur de la pêche.

Cette dotation est réduite à hauteur de 50 % des bénéfices miniers, ce qui signifie que, jusqu’à concurrence du montant de la subvention, les profits de l’exploitation minière sont en pratique partagés à parts égales entre le Groenland et le Danemark.

Récemment, le groupe australo-américain Critical Metals a obtenu l’autorisation de construire un bureau permanent pour son projet Tanbreez, destiné à fournir des terres rares – y compris des terres rares lourdes – dans le sud du Groenland.

Le lendemain, la société minière Amaroq a annoncé que les États-Unis envisageaient d’investir dans ses projets miniers dans le sud du Groenland par l’intermédiaire de l’EXIM, la banque américaine d’export-import. Si ce prêt public est approuvé, il s’agirait du premier financement accordé par l’administration Trump à un projet minier à l’étranger.

France 24, février 2025.

Cinq milliards de dollars

Un récent décret présidentiel de Donald Trump a par ailleurs réservé 5 milliards de dollars (4,2 milliards d’euros) au soutien de projets miniers jugés essentiels à la sécurité nationale. Cela illustre l’étroite imbrication entre les industries extractives et les enjeux militaires.

La production d’énergies fossiles, en revanche, a peu de chances de voir le jour à court terme. En 2021, pour des raisons environnementales, le gouvernement groenlandais a interdit l’exploration et l’exploitation des hydrocarbures. Une majorité parlementaire continue de soutenir cette interdiction.

Compte tenu de la volatilité des prix du pétrole et du gaz, et des mêmes contraintes climatiques et d’infrastructures que pour les autres ressources naturelles, une production d’hydrocarbures au Groenland paraît peu plausible, même en cas de prise de contrôle totale par les États-Unis.

Les raisons pour lesquelles l’administration Trump pourrait chercher à renforcer sa domination dans l’Arctique sont nombreuses, notamment pour accroître son avantage stratégique face à la Russie et à la Chine. Mais l’extraction des ressources naturelles est peu susceptible d’y jouer un rôle central.

D’autant plus que les États-Unis disposent déjà de bases militaires au Groenland, en vertu d’un accord de défense conclu avec le Danemark. Les initiatives états-uniennes récentes semblent ainsi s’inscrire dans un nouvel épisode du retour de leurs ambitions impérialistes.

The Conversation

Lukas Slothuus a reçu des financements de l’Engineering and Physical Sciences Research Council.

ref. Rien ne dit que les ressources naturelles du Groenland se transformeront en superprofits – https://theconversation.com/rien-ne-dit-que-les-ressources-naturelles-du-groenland-se-transformeront-en-superprofits-273908

Face aux aléas climatiques, les îles du Pacifique mobilisent les savoirs locaux

Source: The Conversation – in French – By Maya Leclercq, Postdoctorante en anthropologie, Institut de recherche pour le développement (IRD)

Parcelle cultivée d’un maraîcher de Tautira, en Polynésie française. Maya Leclercq, Fourni par l’auteur

Les îles du Pacifique sont parmi les plus exposées aux aléas climatiques. Leur histoire les rend aussi particulièrement dépendantes des importations pour se nourrir. Mobiliser les savoirs locaux pour renforcer la souveraineté alimentaire et la résilience des territoires insulaires face au changement climatique est donc crucial.


« Depuis deux ans, peut-être, on ressent quand même qu’il y a un changement au niveau climatique, au niveau de la pluie. Avant, c’était assez fixe. On sait que juillet, c’est [la] saison fraîche […]. Mais l’année dernière, on était en sécheresse depuis juin jusqu’à novembre », constate un homme sur la presqu’île de Taravao, en Polynésie.

Sur l’île de Moorea, à 70 km de là, une femme renchérit.

« C’est vrai qu’on a remarqué les changements climatiques, quand on était plus petit, tu voyais bien les saisons […]. Maintenant, même sur les abeilles, on le voit. Normalement, là, ça y est, on est en période d’hiver austral, de juin jusqu’à septembre, on n’a plus de [miel]. Là, elles continuent encore à produire. Même les abeilles, elles sentent qu’il y a eu un changement. »

Les îles du Pacifique ont régulièrement été confrontées à des événements météorologiques parfois violents : fortes chaleurs, sécheresses, cyclones… L’une des premières conséquences du changement climatique est l’augmentation de la fréquence et/ou de l’intensité de ces évènements, auxquels sont particulièrement exposées les îles du Pacifique.

En effet, de par leur nature insulaire, ces phénomènes affectent l’intégralité des terres, qui sont également plus sensibles à la montée du niveau des océans.

Une cultivatrice de Moorea (Polynésie française) qui vend le surplus de ses fruits en bord de route
Une cultivatrice de Moorea (Polynésie française) qui vend le surplus de ses fruits en bord de route.
Maya Leclercq, Fourni par l’auteur

L’agriculture est un secteur important pour ces îles. C’est à la fois une source de nourriture et de revenus pour les agriculteurs comme pour les personnes qui cultivent un jardin océanien. Ces jardins, qui regroupent une grande diversité d’espèces végétales (fruits, légumes, tubercules, plantes aromatiques et parfois médicinales), favorisant la biodiversité dans son ensemble, sont largement répandus dans les îles du Pacifique et particulièrement en Polynésie où ils constituent une part significative de l’identité polynésienne. Les surplus de productions sont régulièrement vendus au bord des routes.

Les impacts du changement climatique présents et à venir sur l’agriculture sont considérables et risquent d’affecter la sécurité alimentaire des îles du Pacifique, fragilisées entre autres par leur dépendance aux importations alimentaires. Les habitants s’y préparent déjà et ont déployé une culture du risque, nourrie de savoirs et de savoir-faire sans cesse renouvelés pour y faire face.

La place des savoirs autochtones et traditionnels dans l’agriculture en Polynésie française

Si les savoirs autochtones et locaux sont depuis longtemps identifiés par leurs détenteurs et par les chercheurs en sciences humaines et sociales pour leur potentiel d’adaptation à l’environnement, une attention particulière leur est portée depuis les accords de Paris en 2015. Ils sont depuis internationalement reconnus comme ressource pour comprendre le changement climatique et ses effets et également pour mettre au point des actions pertinentes pour l’adaptation.

Dans le cadre du projet CLIPSSA, notre équipe a mené des entretiens auprès des cultivateurs et cultivatrices des îles du Pacifique pour comprendre comment se construisent leurs cultures du risque, leurs savoirs et pratiques agricoles pour faire face aux effets du changement climatique.

Face aux fortes chaleurs ou aux fortes pluies qui comptent parmi les effets marquants du changement climatique dans la région, les cultivateurs du Pacifique combinent par exemple différentes techniques comme le paillage (protéger un sol avec de la paille, du fumier, ou de la bâche plastique), la diversification et l’adaptation des types de cultures et de plantations…

Ces différents savoirs et techniques sont parfois transmis par les aînés, parfois expérimentés par soi-même, parfois observés chez d’autres cultivateurs. À Tahiti et à Moorea, deux îles proches de l’archipel de la Société, en Polynésie française, les jardins océaniens (faaapu en tahitien) sont des lieux clés où ces savoirs circulent, s’échangent, s’expérimentent et s’hybrident.

Ces savoirs autochtones, locaux sont avant tout ancrés dans un territoire et adaptés à leur environnement et à ses changements : à ce titre, ils sont en constante évolution. Pourtant, on les désigne souvent comme des savoirs traditionnels ou ancestraux, ce qui peut sous-entendre qu’ils sont transmis à l’identique, de génération en génération. Mais comment ces savoirs ancestraux habitent et nourrissent les savoirs locaux aujourd’hui ?

La figure des Anciens (tupuna) est importante en Polynésie ; particulièrement en agriculture. En effet, le secteur agricole a connu d’importants changements dans les années 1970, avec l’arrivée du Centre d’expérimentation du Pacifique : la mise en œuvre des essais nucléaires a eu de nombreuses conséquences sanitaires, mais aussi économiques (tertiarisation de l’économie polynésienne), et agricoles (développement des importations, notamment alimentaires).

Si le secteur agricole n’a pas pour autant disparu, il a été marginalisé pendant cette période, créant ainsi une rupture dans la transmission des savoirs. Cette rupture a contribué à renforcer l’estime portée aux savoirs agricoles des Anciens qui ont commencé à cultiver avant cette période de changements et s’inscrit dans la continuité de la réappropriation culturelle de l’identité polynésienne, matérialisée, entre autres, par les liens et références à ses ancêtres.

Ainsi, la transmission des connaissances et pratiques des Anciens reste importante, dotée d’une valeur symbolique forte et largement citée par les Polynésiens ; au point où nous pouvons parler d’un socle de savoirs ancestraux.

Mais l’on ne cultive plus aujourd’hui en Polynésie comme l’on cultivait dans les années 1950 ; l’agriculture s’est modernisée, ouverte aux intrants et à de nouvelles cultures. Ce socle s’est donc enrichi de nombreuses influences (modernisation de l’enseignement agricole, tutoriels issus des réseaux sociaux…).

Observer la diversité des savoirs et les pratiques agricoles dans les jardins océaniens

Thierry nous montre une fleur qui annonce le changement de saison
Thierry nous montre une fleur qui annonce le changement de saison.
Maya Leclercq, Fourni par l’auteur

C’est ce que tâche de faire Thierry, qui s’occupe d’un faaapu depuis une quarantaine d’années sur la presqu’île de Tahiti. Cet habitant cultive sur quelques hectares plusieurs dizaines de variétés de bananes, tubercules, coco, agrumes, avocats, destinées à l’autoconsommation mais aussi à la vente.

Le socle de connaissances (savoirs et pratiques) principalement mobilisé par Thierry est celui des savoirs ancestraux, considérés comme une base de savoirs auxquels se référer. Par exemple, il mobilise des indicateurs environnementaux pour planifier ses activités, comme la floraison d’une Zingiberacée qui annonce une période d’abondance pour la pêche, signifiant aux agriculteurs qu’ils doivent se préparer à laisser leurs cultures quelques semaines pour se concentrer sur une activité complémentaire.

Sa parcelle est traversée par une rivière, principale source d’irrigation de ses cultures. Mais pour faire face aux périodes de fortes sécheresses qui peuvent assécher la rivière, ce qu’il observe depuis 2008, il utilise également des bidons en plastique dans lesquels il stocke de l’eau à proximité de ses cultures.

Le faaapu de Thierry : utilisation du paillage, de l’ombre des bananiers et de stockage d’eau en cas de forte sécheresse
Le faaapu de Thierry : utilisation du paillage, de l’ombre des bananiers et de stockage d’eau en cas de forte sécheresse.
Maya Leclercq, Fourni par l’auteur

Il utilise aussi le paillage, une technique de recouvrement des sols pour les protéger et garder l’humidité, en disposant des palmes de cocotiers, des troncs de bananiers qu’il complète avec des cartons depuis qu’il a constaté l’assèchement annuel de la rivière :

« Alors, moi, je ne vais pas aller par quatre chemins, nous raconte-t-il. Je vais mettre des cartons par autour. Je vais aller chez les commerçants, leur demander des cartons vides. Je vais mettre par autour parce que je n’ai pas envie de passer mon temps courbé. Après, tu lèves, tu retires. »

Plus globalement, d’une année sur l’autre, Thierry adapte ses cultures en fonction de l’évolution du climat qu’il ressent et décrit ; par exemple en plantant des tubercules, comme le taro, un tubercule tropical adapté au milieu humide.

« Avant, il n’y a jamais d’eau qui coulait ici. Jamais. Et depuis deux-trois ans… Avec cette pluie qui tombe à partir de février-mars, je veux planter des taros, là. Comme ça, je m’adapte, je tire pour le prix de cette eau qui tombe gratuitement. »

À travers l’exemple du faaapu de Thierry, nous pouvons observer que si les savoirs ancestraux restent le socle de références mobilisé pour cultiver, pour faire face aux aléas du changement climatique, il n’hésite pas à adapter ses pratiques, introduire des matériaux ou changer certaines de ses cultures.

Des « faisceaux de savoirs ordinaires » plutôt que des « savoirs ancestraux extra-ordinaires »

Évoquer les savoirs autochtones et locaux renvoie généralement aux notions de « savoirs traditionnels », de « savoirs ancestraux ». Ces savoirs peuvent effectivement avoir un ancrage temporel, beaucoup sont transmis depuis plusieurs générations par exemple. Mais il s’agit d’abord de savoirs ancrés localement, adaptés à leur environnement, qui, à ce titre, ont la capacité de se transformer, de s’hybrider avec d’autres types de savoirs mais aussi de se cumuler, comme nous avons pu le voir dans l’étude de cas présentée.

Face à l’urgence du changement climatique et de ses impacts en milieu insulaire, les politiques publiques locales, nationales ou globales recherchent souvent des solutions d’atténuation ou d’adaptation efficaces et radicales, en misant sur les innovations technologiques, l’ingénierie climatique, les énergies renouvelables…

Au-delà des changements importants et à grande échelle, qui peuvent aussi être complexes, longs et coûteux à mettre en place, les stratégies locales d’adaptation doivent également être envisagées comme des solutions. En revanche, ces solutions locales sont rarement des pratiques délimitées et liées à des savoirs « extraordinaires » (c’est-à-dire en dehors du cours ordinaire des règles et normes attendues). L’adaptation au changement climatique se fait plutôt par succession de petites adaptations, parfois invisibles, dont la configuration est presque unique à chaque agriculteur ou jardinier.

En Polynésie, c’est l’articulation d’un socle de savoirs ancestraux, combiné avec de nombreuses autres ressources, qui fait aujourd’hui la richesse des savoirs agricoles locaux et permet de s’adapter à certains effets du changement climatique. Ces savoirs sont une ressource précieuse à étudier et à mobiliser pour faire face aux risques systémiques du changement climatique qui pèsent sur les petits territoires du Pacifique et notamment sur l’agriculture et la souveraineté alimentaire.


Nous tenons à remercier à Alexi Payssan (anthropologue, Tahiti) pour les échanges inspirants concernant cet article.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a eu lieu du 3 au 13 octobre 2025), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Intelligence(s) ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Le postdoctorat de Maya Leclercq dans le cadre duquel cette recherche a été menée est financé par le projet CLIPSSA (dont les fonds proviennent de l’AFD, de l’IRD et de Météo-France).

Catherine Sabinot a reçu des financements de l’AFD pour réaliser le programme de recherche qui a permis de produire les résultats présentés dans l’article.

ref. Face aux aléas climatiques, les îles du Pacifique mobilisent les savoirs locaux – https://theconversation.com/face-aux-aleas-climatiques-les-iles-du-pacifique-mobilisent-les-savoirs-locaux-274306