Las olas de calor llegan a los glaciares alpinos, y estas son las consecuencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lillo Ramos, Colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

El glaciar Findel, en el macizo del Monte Rosa, en los Alpes peninos. YueStock/Shutterstock

Desde la segunda quincena de mayo, Europa está siendo afectada por intensas olas de calor, caracterizadas por periodos prolongados de varios días excepcionalmente cálidos. La ola acontecida a finales de junio fue de gran intensidad y duración, registrándose temperaturas extraordinariamente altas en diferentes zonas, entre las que se incluye el arco alpino.

La primera quincena de julio ha seguido la misma tendencia de temperaturas inusualmente altas debido al bloqueo de un domo de calor –una especie de “tapadera” que atrapa una masa de aire caliente sobre la superficie terrestre– estabilizado sobre el Viejo Continente.

Seis imágenes de satélite que muestran la evolución de la temperatura de la superficie terrestre
Evolución de la temperatura de la superficie terrestre registrada por el radiómetro de los satélites Sentinel-3 para el periodo del 29 de junio al 3 de julio.
European Union, Copernicus Sentinel-3, CC BY

El deshielo se adelanta y se acelera

La ocurrencia de estas olas de calor está teniendo dramáticos efectos en los glaciares de los Alpes, donde se están produciendo elevadas tasas de fusión. El servicio de monitorización glaciar suizo (Glacier Monitoring in Switzerland, GLAMOS) ha advertido que el pasado 29 de junio fue el día de pérdida glaciar (Glacier Loss Day, GLD) en los glaciares suizos.

El GLD marca el punto de inflexión anual en el que el glaciar pierde toda la masa de nieve y hielo acumulados durante el invierno, y a partir de ese momento entra en pérdida neta irreversible hasta la siguiente temporada invernal. Según GLAMOS, la fecha en 2026 supone un adelanto de dos a tres meses en el ciclo anual de deshielo, durante los cuales se estará produciendo la fusión del hielo glaciar. En otras palabras, en este año se va a acelerar la tasa anual de pérdida de masa glaciar, ya de por sí elevada como consecuencia del cambio climático global.

Gráfico que indica un adelanto del momento del año en que comienza la pérdida de hielo glaciar desde 2013
Tendencias en el balance de masa glaciar en glaciares suizos en el periodo 2010-2026.
GLAMOS, CC BY

La tendencia del balance de las masas glaciares es similar a la observada en 2022, cuando en las montañas alpinas ocurrieron tres olas de calor de mayo a junio que marcaron en los glaciares suizos un adelanto significativo del GLD al 26 de junio. Una trágica consecuencia de estas condiciones climáticas excepcionales en los Alpes fue la gran avalancha ocurrida el 3 de julio de 2022 en el glaciar de la Marmolada.

Evolución de las temperaturas atmósfericas a 2 m. del terreno en las localidades de Chamonix (macizo del Mont Blanc, Francia), Zermatt (Cervino y macizo del Monte Rosa, Suiza) y Gressoney-La Trinité (macizo del Monte Rosa, Italia) en los meses de mayo y junio para los últimos 5 años. Nótese la intensa ola de calor de la segunda quincena de mayo en las tres localidades.
Javier Lillo, a partir de datos de ECMWF – Copernicus Climate Change Service (C3S)-Unión Europea, CC BY-SA

En 2026 parece que nuevamente se han conjugado varias causas para el adelanto del GLD, añadidas a las olas de calor de mayo y junio marcadas por la continuidad de días con elevadas temperaturas: en abril, la capa de nieve alcanzó mínimos históricos en algunos lugares o, en el mejor de los casos, alcanzó la media en unos pocos glaciares. En marzo, se depositó polvo del Sáhara, que redujo el albedo de los glaciares, aumentando con ello la absorción de la radiación solar sobre su superficie.

Aunque en mayo y junio de 2025 también se alcanzaron temperaturas altas en los Alpes, no se llegó al adelanto del GLD que se ha observado este año de 2026. Aparte de la incidencia de otros factores como las nevadas invernales, posiblemente una de las razones de mayor peso para tal adelanto sea la recurrencia de olas de calor.

El 29 de junio la isoterma –línea imaginaria que conecta puntos de la misma temperatura– de 0 ºC en el valle de Aosta (valle alpino que conecta el macizo del Mont Blanc y el Cervino por el sur) se situó a 4 600 metros sobre el nivel del mar, superando así la altitud del Cervino (4478 m) y aproximándose a la del macizo del Monte Rosa (Punta Doufur, 4634 m). Esto implica que, al menos en la superficie de la mayoría de los glaciares, las condiciones eran de fusión ese día.

Corrientes y acumulaciones de agua en el glaciar

El aumento de la fusión glaciar tendría que verse reflejado en un incremento significativo del caudal de los cursos de agua en la cabecera de la cuenca hidrográfica, como consecuencia del aporte del agua de fusión. Sin embargo, no siempre ocurre así, siendo posible que parte del agua de fusión permanezca en el glaciar.

Una mayor cantidad de agua de fusión genera un mayor desarrollo del sistema hidrológico del glaciar. La circulación y el almacenamiento del agua líquida están controlados por los huecos generados tanto por la propia dinámica del flujo glaciar (grietas y rimayas), como por los huecos producidos por la fusión del hielo (lagunas, canales, sumideros, conductos, cuevas).

El hielo actúa, desde el punto de vista hidrológico, como un material impermeable pero que es susceptible de fundirse y, por tanto, de generar huecos por donde el agua circule o se acumule. Este comportamiento dual da lugar a corrientes y acumulaciones sobre la superficie del glaciar (arroyos y lagunas supraglaciares), en su interior (conductos y bolsas endoglaciares) o en la base (corrientes y lagunas subglaciares).

Sistema hidrológico de un glaciar alpino de circo con elevada tasa de fusión
Sistema hidrológico de un glaciar alpino de circo con elevada tasa de fusión. A) Sumidero. B) Laguna supraglaciar. C) Grieta glaciar con agua de fusión intraglaciar. D) Corrientes supraglaciares de agua fusión. F) Afloramiento de agua subglaciar.
Javier Lillo, CC BY-SA

El taponamiento de conductos y cavidades intraglaciares puede ocasionar la acumulación de volúmenes importantes de agua de fusión, quedando así almacenada en el interior de la masa glaciar, sin que sea aportada a lagos o corrientes fluviales. En esas cavidades, el potencial hidráulico (generado por la presión hidrostática o bien por el propio peso del hielo) puede ser muy alto, alcanzándose condiciones de sobrepresión que pueden generar una situación de peligro por la rotura o deslizamiento súbito del hielo glaciar.




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Los riesgos para la población

Unos de los casos más representativos de la peligrosidad de estas acumulaciones intraglaciares de agua de fusión es el del glaciar del Tête Rousse (Alpes franceses), donde en el 11 de julio de 1892 tuvo lugar el reventón y brusco desagüe de una bolsa intraglaciar que causó una gran riada que devastó la población francesa de SaintGervais–Le Fayet con la pérdida de 175 vidas humanas.

El glaciar de Tête Rousse es un pequeño glaciar colgado en la ladera del Mont Blanc. Desde entonces ha sido objeto de monitorización continuada y sometido a actuaciones de drenaje en varias ocasiones al haberse observado acumulaciones o sobrepresiones excesivas en cavidades intraglaciares.




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El adelanto del GLD genera un incremento de la peligrosidad derivada de la acumulación del agua de fusión en estas masas de hielo. Por ello, es fundamental que en los glaciares alpinos se lleve a cabo la vigilancia continua mediante observación satelital, técnicas geofísicas y trabajo de campo con el fin de evaluar el grado de peligrosidad y poder implementar las medidas oportunas para reducirla.

The Conversation

Javier Lillo Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las olas de calor llegan a los glaciares alpinos, y estas son las consecuencias – https://theconversation.com/las-olas-de-calor-llegan-a-los-glaciares-alpinos-y-estas-son-las-consecuencias-288210

Habituación, agresividad y falta de empatía: cómo afecta a los jóvenes la violencia audiovisual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Milton Merizalde Torres, Psiquiatra de adicciones, experto en TDAH adulto, Universidad Europea Miguel de Cervantes

AYO Production/Shutterstock

Hace apenas unas décadas, la mayoría de las personas conocíamos las guerras a través de los periódicos o de los informativos de televisión. Las imágenes llegaban seleccionadas por periodistas y editores, por lo que el acceso a escenas especialmente crudas era limitado. Hoy, en cambio, cualquiera de nosotros puede acceder a las redes para contemplar, en cuestión de segundos, conflictos armados, atentados o agresiones procedentes de diversas partes del mundo.

Es la primera vez en nuestra historia que una generación crece expuesta, desde la infancia y de forma prácticamente ininterrumpida, a sufrimiento humano en forma de material audiovisual. En algunos casos, estas imágenes provienen de zonas de conflicto y son difundidas por medios informativos o los propios testigos. En otros, muestran agresiones o situaciones de maltrato grabadas por sus propios protagonistas para deliberadamente exponerlo en redes sociales.

Ante esta situación, padres, docentes e investigadores compartimos la preocupación de que la exposición masiva a violencia audiovisual conduzca finalmente a su trivialización.

¿Nos estamos habituando al dolor ajeno?

Una actitud de desapego o indiferencia hacia el sufrimiento del otro puede estar asociada a varios factores. Uno de ellos es lo que en psicología se conoce como “habituación”. Este es un proceso mediante el cual una persona responde paulatinamente menos a un estímulo reiterado debido a que va perdiendo trascendencia.




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Se trata de una estrategia involuntaria y evolutivamente útil que nos ayuda a convivir con estímulos que no tienen importancia en la supervivencia, por lo que no requieren nuestra atención. Por ejemplo, la habituación es lo que nos permite no hacer caso al zumbido de la nevera o al ruido del tráfico mientras trabajamos. Aunque su utilidad biológica es innegable, existe evidencia que sugiere que la exposición repetida a escenarios violentos podría modificar, al menos temporalmente, la respuesta emocional ante el sufrimiento ajeno.

Este dato cobra especial importancia si consideramos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 10 % de los jóvenes realiza un uso problemático de redes sociales y que, tras la pandemia, los jóvenes consumen cerca de cuatro horas diarias de contenido digital. Esto es especialmente preocupante si se toma en cuenta que las bases de la inteligencia emocional, la empatía y la prosocialidad se cimentan durante la niñez y adolescencia.

Jóvenes agresivos y consumo de violencia audiovisual

Un estudio publicado recientemente muestra un efecto circular de retroalimentación en la relación entre violencia audiovisual y conductas agresivas. Sin embargo, este trabajo –al igual que otros de diseño y conclusiones similares– pone al descubierto otros factores. Por ejemplo, los jóvenes con tendencias agresivas consumen con mayor frecuencia y más temprano violencia audiovisual. Considerando la evidencia actualizada, no parece existir un efecto aislado, unívoco y directo de la exposición a la violencia sobre la conducta agresiva. Lo que existen son factores de riesgo y protección que hacen que se facilite o dificulte que esta exposición se traduzca en conductas violentas.

Desde la perspectiva de la intervención, es interesante reconocer el papel educativo y, en todo caso, correctivo de padres, profesores, sanitarios y de la sociedad en general. Aunque todavía no existen intervenciones específicas dirigidas a prevenir la habituación a violencia audiovisual y posterior conducta agresiva, las investigaciones disponibles respaldan programas que promueven el aprendizaje socioemocional, el entrenamiento en empatía, la alfabetización digital, la toma de perspectiva de las víctimas y la reducción del uso problemático de pantallas.




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Aunque la habituación sea un proceso natural e involuntario, ello no significa que sus posibles consecuencias sobre la conducta de los jóvenes deban aceptarse con resignación. La prioridad debería ser intervenir sobre aquellos predispuestos a la violencia. De este modo, será menos probable que el sufrimiento ajeno sea tan intrascendente como el zumbido de la nevera.

The Conversation

Milton Merizalde Torres no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Habituación, agresividad y falta de empatía: cómo afecta a los jóvenes la violencia audiovisual – https://theconversation.com/habituacion-agresividad-y-falta-de-empatia-como-afecta-a-los-jovenes-la-violencia-audiovisual-284811

Orgullo de Berlín: el ISIS sigue inspirando el terrorismo en Europa, pero ¿quiénes cometen estos atentados?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibrahim Al-Marashi, Adjunct Professor, IE University; California State University San Marcos

Vista de la Puerta de Brandeburgo tras el atentado terrorista perpetrado durante el Orgullo de Berlín el 25 de julio de 2026. Orator/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El domingo 26 de julio, la policía alemana abatió al presunto autor de un atropello durante la marcha del Orgullo de Berlín, que había dejado un fallecido y 20 heridos el día anterior. El sospechoso ya tenía antecedentes policiales por su anterior intento de unirse al Estado Islámico en Siria e Irak (ISIS).

En la década de 2010, el ISIS reivindicó múltiples atentados contra eventos culturales, en su mayoría conciertos. Algunos de sus atentados más mortíferos en suelo europeo fueron el atentado de 2015 en la sala Bataclan de París y el atentado con bomba de 2017 durante un concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena. Más recientemente, en el verano de 2024, se produjo un complot fallido inspirado por el ISIS para atacar un concierto de Taylor Swift en Viena.

También se han producido anteriormente atentados homófobos inspirados por el ISIS: el grupo también reivindicó la autoría del atentado de 2016 contra el Pulse, una discoteca gay de Orlando, Florida.

Desde el 2018, el ISIS ya no existe como Estado físico. Al carecer de una entidad política que inspire nuevos atentados en Europa, su violencia se ha reducido drásticamente durante la última década.

Sin embargo, la ideología tóxica del ISISismo –que busca resucitar un califato premoderno mediante medios modernos y occidentales, incluidas las redes sociales– ha seguido representando la forma definitiva de rebelión contrahegemónica para un determinado segmento de jóvenes musulmanes. Incluso despojado de su territorio físico, el Estado Islámico sigue desafiando y violando profundamente la soberanía y la seguridad de EE. UU. y Europa.

Muchas personas creían que el atentado frustrado de Viena en 2024 marcaba el fin de la ya menguante tendencia de los musulmanes nacidos en Europa a perpetrar atentados inspirados en el ISIS. Aunque desde entonces ha habido relativamente poca violencia islamista, el atentado de Berlín indica que la radicalización y la violencia ciertamente no son cosa del pasado.




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Los “nuevos yihadistas”

A principios de agosto de 2024, tres jóvenes austriacos presuntamente intentaron atacar a los swifties, los seguidores de la cantante estadounidense Taylor Swift, antes de su concierto en Viena a principios de agosto. Los conspiradores habían declarado específicamente su lealtad al ISIS.

Entre los autores del complot para atentar en el concierto de Swift se encontraban un austriaco originario de Macedonia del Norte y otro de origen turco, ambos musulmanes de segunda generación. El autor del atentado contra el desfile del Orgullo en Berlín tenía unos antecedentes similares: había nacido en Alemania de padres musulmanes libaneses.

Esta tendencia respalda un argumento expuesto por Olivier Roy en un artículo de The Guardian de 2017 titulado “¿Quiénes son los nuevos yihadistas?” Sostiene que hay dos grupos demográficos que suelen unirse al ISIS para llevar a cabo atentados en Occidente: los musulmanes europeos de segunda generación (que a menudo reclutan a sus hermanos y hermanas) y los europeos conversos.

Según Roy, los hijos de inmigrantes musulmanes nacidos en países europeos suelen llevar una vida laica. Crecen en hogares poco religiosos y pueden ir a discotecas y consumir alcohol y drogas. Los que proceden de entornos socioeconómicos más desfavorecidos pueden acabar involucrándose en delitos menores.

En algún momento –a menudo tras pasar por la cárcel– se convierten en musulmanes “renacidos”, abrazando no solo la fe, sino una versión más austera y radical que la de sus padres. Suelen reunirse en grupos religiosos más reducidos, en lugar de en las grandes mezquitas a las que acuden sus familias.

Hay que destacar que se trata de un pequeño segmento de los musulmanes europeos de segunda generación. Lo que refleja esta tendencia es que los hijos de familias inmigrantes pueden embarcarse en una “rebelión generacional” contra sus padres, con el objetivo de demostrar que son más devotos que ellos.

El ISIS tenía poco atractivo para los inmigrantes de primera generación, que por lo general lo sacrificaban todo para que sus hijos tuvieran una vida mejor en Europa. También hay muy pocos reclutas europeos de tercera generación, ya que, a estas alturas, o bien están bien integrados en su sociedad o bien han encontrado formas de conciliar ambas dimensiones de su identidad.




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Un punto álgido político

Los debates políticos en torno al atentado ya han comenzado, y el ministro alemán Alexander Dobrindt calificó el atentado de “terrorismo islámico” después de que saliera a la luz el pasado del atacante.

Su uso del término islámico en lugar de islamista puede resultar polémico. Islamista se refiere específicamente al islam político –que incluye las creencias de grupos extremistas como el ISIS–, mientras que islámico se refiere a la fe musulmana en su conjunto. Ya sea deliberado o no, el lenguaje utilizado por Dobrindt podría interpretarse como una sugerencia de que existe un vínculo entre el islam y la violencia terrorista.

Los partidos de derecha y las figuras públicas de toda Europa utilizarán sin duda el atentado contra el desfile del Orgullo en Berlín como otra razón para restringir la inmigración, incluso mientras ellos mismos trabajan para desmantelar y socavar activamente los derechos LGBTQIA+.

Pero los Estados Unidos y los miembros de la UE pueden hacer frente a los atentados terroristas extremistas. En lugar de dejarse arrastrar por acusaciones islamófobas, pueden tomar medidas para abordar las condiciones socioeconómicas que llevan a las personas hacia el terrorismo. La desesperación, la falta de esperanza y la ira son las razones por las que el atractivo del islamismo radical persiste aún una década después de la declaración del Estado Islámico.

Las comunidades marginadas y desesperadas constituyen un terreno fértil para que se propague la doctrina del ISIS y otras formas de extremismo violento en todo el espectro político.

The Conversation

Ibrahim Al-Marashi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Orgullo de Berlín: el ISIS sigue inspirando el terrorismo en Europa, pero ¿quiénes cometen estos atentados? – https://theconversation.com/orgullo-de-berlin-el-isis-sigue-inspirando-el-terrorismo-en-europa-pero-quienes-cometen-estos-atentados-288532

¿Merece la pena ver ‘La Odisea’ en IMAX? Lo que cambia (y lo que no) en cada pantalla de cine

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nadia McGowan, Vicerrectorado de Investigación y Transferencia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Matt Damon al frente del ejército en una escena de _La Odisea_. Universal Pictures

Rodar en celuloide es, para una gran parte de los profesionales del cine, un sueño. La gran mayoría del sector audiovisual dejó atrás ese material hace más de diez años y todo se realiza casi íntegramente en formatos digitales. Pero muchos directores siguen creyendo que así es como se filma el cine “de verdad”, el de Steven Spielberg, Alfred Hitchcock y Billy Wilder, el de imágenes bellas y orgánicas que se convierten en arte.

Aunque ya pocos trabajan con este soporte, el uso del celuloide sigue siendo un factor de prestigio. En los años de la transición entre formatos, entre el 2000 y 2015, un 83 % de las obras más taquilleras se rodaron en celuloide y no fue hasta 2012 cuando el número de películas digitales superó a las rodadas de manera tradicional.

Dentro de sus grandes defensores destaca, sin duda, Christopher Nolan. Además de abrazar ese material durante toda su carrera, en 2008, en El caballero oscuro, comenzó a filmar algunas secuencias en IMAX (acrónimo en inglés de Image MAXimum, ‘imagen máxima’), buscando una mayor inmersión en la historia. Este proceso le llevó a rodar Oppenheimer en 65 mm, alternando el color y el blanco y negro, y el formato IMAX con el de película de gran formato.

Con La Odisea va un paso más allá: es el primer filme narrativo rodado íntegramente en IMAX 70 mm. Para poder hacerlo, IMAX tuvo que rediseñar sus propias cámaras puesto que, en su estado normal, sonaban como máquinas de coser industriales y esto hacía imposible poder captar los diálogos de los actores.

Solo hay 41 salas en todo el mundo que pueden proyectar La Odisea en IMAX 70 mm a pantalla completa. El resto de los espectadores la verá en celuloide de 35 mm o 70 mm, IMAX digital o en digital estándar. ¿Cómo cambia esto la experiencia al sumergirnos en la película?

Un fotograma puede tener muchas formas

Imaginemos que fotografiamos una misma imagen con el móvil, pero primero lo hacemos en horizontal y luego en vertical. Lo que hay delante de la cámara no cambia, pero la ventana a través de la cual lo vemos es diferente. En el modo panorámico captamos más información a los lados y menos por arriba. En vertical, encaja mejor la figura humana pero nos perdemos el paisaje.

Esto es lo que en cine conocemos como “relación de aspecto”: la proporción entre el ancho y el alto del fotograma. Es un concepto distinto al del soporte (celuloide o digital) o de la resolución, aunque los tres suelen estar vinculados.

La televisión de casa tiene una proporción de 16:9. El formato IMAX tiene una proporción de 1.43:1, casi cuadrada. Se capta sobre una tira horizontal de película, donde cada fotograma ocupa 15 perforaciones. Este es el negativo más grande que existe hoy en día para cine comercial, lo que implica mayor nitidez, detalle y calidad, porque incluye más información.

Fotograma de 35 mm frente al de 70 mm IMAX.
Fotograma de 35mm frente al de 70 mm IMAX.
Carniolus/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El resto de versiones recortan este formato original. El IMAX digital la reduce a 1.90:1; el Dolby Cinema la presenta en 2.39:1 o 1.85:1 según la sala; y la copia en 35 mm anamórfico (la más habitual) se proyecta en un rectángulo mucho más panorámico, de 2.39:1. Hablamos, en todos estos casos, de la relación de aspecto. En el formato 70 mm sin IMAX (posibilidad que se ofrece en algunos cines) también se pierden detalles en las partes superior e inferior de la imagen, pero la copia mantiene la textura de la grabación original en celuloide.

Volviendo al tamaño, cuanto más se aleja del 1.43:1 original, más información se pierde por arriba y por abajo, hasta recortar un tercio de lo que captó originalmente la cámara. El ancho de la escena no cambia, el recorte sólo afecta al eje vertical. El lector que lo desee puede consultar la comparativa ofrecida por la propia página de la película.

Se pierde, sobre todo, información de la periferia de la imagen, como techos y cielos. Estos son los espacios por los que circulan los personajes y que nos permiten sentirnos inmersos en su mundo. Lo que normalmente no se pierde, si el director ha trabajado bien el encuadre, son los elementos narrativos centrales –los rostros, los gestos, la acción principal–, porque estos suelen situarse en la zona que sobrevive a cualquier recorte.

Comparación de formatos en la página de la película.
Comparación de formatos en la página de la película.
Odyssey Movie

La crítica especializada que ha comparado las distintas copias de La Odisea coincide en que la experiencia no cambia tanto como cabría esperar. La versión en 35 mm recorta la imagen y aumenta ligeramente su textura, pero el relato sigue llegando con la misma claridad en todos los formatos.

Esto puede deberse a que Nolan y su director de fotografía, Hoyte van Hoytema, han tenido en cuenta cómo se recortará la imagen en sus diferentes versiones para que ningún elemento fundamental quede fuera.

¿Para qué?

Sin embargo, esto a su vez plantea una nueva duda. Si el resultado final es tan parecido en cualquier sala: ¿por qué filmar en un formato mucho más caro que casi nadie podrá disfrutar al completo?

La respuesta procede, en parte, de la historia del cine y, en parte, de la estrategia del propio director.

Los grandes formatos han funcionado tradicionalmente como una marca de prestigio, de espectacularidad dentro de la industria, y actúan como reclamo de los espectadores. El fotograma más grande permite decir que se ha rodado con el mejor formato posible, un argumento que en el cine comercial reciente ha pesado tanto como cualquier razón puramente narrativa.

A ello se suma la justificación de la inmersión: cuanto más grande y más “cuadrado” sea el fotograma, menos distancia sentirá el espectador respecto a la pantalla, que ocupa casi completamente su campo de visión.

En este caso, Christopher Nolan, además, lo usa como seña de su identidad como autor. En un mundo digital, es de los pocos que todavía mantiene las raíces del celuloide.

La Odisea resume del deseo de muchos directores de aunar la teoría sobre la pureza del formato original con un razonamiento que impulse el beneficio económico. De hecho, es su expresión más extrema hasta la fecha: una película pensada para el 1.43:1 pero fabricada, fotograma a fotograma, para sobrevivir a todos los recortes que le esperan fuera de esas 41 salas.


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Nadia McGowan no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La venganza de acostarnos tarde: por qué robamos a propósito horas al sueño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Lysenko Andrii/Shutterstock

Son las once y media de la noche. Sabemos que deberíamos irnos a dormir. Mañana sonará el despertador y nos tendremos que enfrentar a trabajo, clases, cuidados, correos, reuniones o tareas pendientes.

Pero nos asalta una frase íntima, casi justificadora: “me merezco un rato para mí”. Ponemos una serie. Miramos el móvil. Encadenamos vídeos. Revisamos redes sociales. Leemos noticias que no necesitábamos leer. Contestamos mensajes. O, simplemente, seguimos despiertos, como si alargar la noche permitiera recuperar algo que el día nos ha quitado.

No es exactamente insomnio, porque no siempre existe una imposibilidad real de dormir. A veces hay cansancio, incluso mucho cansancio, pero también una resistencia extraña a cerrar la jornada. Es lo que popularmente se conoce como “venganza de acostarse tarde”. En psicología, el concepto más asentado es el de procrastinación del sueño: retrasar la hora de irse a la cama sin que exista una causa externa que lo impida.

No es que no queramos dormir: es que no queremos que acabe el día

La explicación fácil sería pensar que nos falta disciplina. Sin embargo, esta conducta suele tener una lógica psicológica más compleja. Muchas personas no retrasan el sueño porque ignoren su importancia, sino porque sienten que el día no les ha pertenecido.

Durante la jornada, el tiempo está lleno de obligaciones: producir, cuidar, responder, desplazarse, organizar, cumplir. La noche aparece entonces como un pequeño territorio de soberanía personal: nadie pide nada, nadie interrumpe, nadie evalúa. Por fin, aunque sea tarde, podemos elegir.

Ahí aparece la palabra “venganza”. No es una venganza contra el sueño, sino contra un día que no ha dejado espacio para uno mismo. El problema es que esa recuperación de libertad tiene un coste: se paga con tiempo de descanso.

Desde esta perspectiva, acostarse tarde no es solo un mal hábito. Puede ser una forma torpe de defender una necesidad legítima: autonomía, placer, silencio, intimidad, desconexión. La literatura científica sobre motivación ha mostrado que la satisfacción o frustración de necesidades psicológicas básicas, como la autonomía o la competencia, se relaciona con indicadores de bienestar y salud. Así lo plantean distintos trabajos inspirados en la teoría de la autodeterminación.

Procrastinar también es regular emociones

La procrastinación suele interpretarse como pereza, pero muchas veces funciona como una estrategia de regulación emocional. No aplazamos solo porque no sepamos organizarnos, sino porque queremos evitar una emoción incómoda ahora mismo. Los investigadores Fuschia Sirois y Timothy Pychyl lo formularon con claridad al explicar la procrastinación como una forma de reparación del estado de ánimo a corto plazo.

En la procrastinación del sueño ocurre algo parecido. Irse a la cama implica aceptar que el día termina, pero también que el día siguiente está cerca. Para algunas personas, dormir no se vive como descanso, sino como rendición: cerrar los ojos significa abandonar el único momento propio y entregarse de nuevo a la rueda de obligaciones.

Por eso el móvil, la serie o el libro no son solo entretenimiento: funcionan como anestesia, recompensa, compensación. Durante un rato, la persona no está cumpliendo expectativas ajenas. Está escapando, descansando a su manera, aplazando mentalmente el mañana. El problema es que el alivio inmediato puede producir malestar diferido. Hoy gano una hora de libertad; mañana pierdo energía, atención, paciencia y capacidad de autocontrol.

El móvil no lo explica todo, pero lo pone mucho más fácil

Sería injusto decir que la culpa es solo de las pantallas, ya que antes del smartphone se retrasaba la hora de dormir con la televisión, la lectura, las llamadas o simplemente dando vueltas a la cabeza. Sin embargo, el móvil ha cambiado la escala del fenómeno.

El teléfono ofrece tres ingredientes muy potentes: recompensa inmediata, variedad infinita y ausencia de punto final. Una serie termina, aunque la plataforma nos sugiera otra, y un libro tiene capítulos. Pero el scroll no acaba nunca. Siempre hay otro vídeo, otra noticia, otro mensaje, otra comparación, otro estímulo.




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Diversos trabajos han relacionado el uso del teléfono antes de dormir con peores indicadores de sueño. En adultos, se ha asociado con peor calidad del descanso, más síntomas de insomnio y más fatiga. Y en adolescentes, investigaciones recientes también han encontrado asociaciones entre uso problemático del teléfono, procrastinación del sueño y peor calidad del descanso.

Hay otro matiz importante: a veces ya no procrastinamos solo antes de acostarnos, sino dentro de la propia cama. Nos metemos bajo las sábanas, apagamos la luz física y encendemos otra jornada digital. La cama deja de ser un espacio asociado al sueño y se convierte en una extensión del salón, la oficina o la vida social.

El círculo: cuanto peor dormimos, más necesitamos evadirnos

La trampa de la venganza nocturna es que parece autocuidado, pero puede convertirse en autosabotaje. Si una persona termina agotada, se queda despierta para recuperar algo de vida personal y duerme poco, al día siguiente estará más cansada. Ese cansancio reducirá su capacidad para gestionar emociones, tomar decisiones, organizarse y tolerar frustraciones. Como consecuencia, llegará de nuevo a la noche con más necesidad de evasión.

Se forma así un círculo difícil de romper: día saturado, necesidad de compensación, retraso del sueño, peor descanso, más agotamiento, más necesidad de compensación. Además, la falta de sueño no afecta solo al cansancio físico. Revisiones sobre descanso nocturno y emoción muestran que dormir poco puede aumentar el estado de ánimo negativo y reducir el positivo.

Por eso no basta con decir “acuéstate antes”. Para muchas personas, esa recomendación suena casi insultante. Claro que saben que deberían dormir más: la cuestión es por qué sienten que no pueden permitirse terminar el día.

Recuperar la noche empieza durante el día

Salir de este patrón no consiste únicamente en fuerza de voluntad, ni en convertir el sueño en otra obligación más que cumplir perfectamente. La clave está en preguntarse qué necesidad estamos intentando satisfacer de madrugada.

Si la respuesta es “necesito silencio”, habrá que buscar pequeñas islas de calma antes. Si la contestación es “necesito ocio”, quizá el día está organizado de manera que no deja espacio para el placer. Y si nos respondemos “necesito sentir que decido algo”, el problema no es solo nocturno: nos enfrentamos a una falta de autonomía acumulada. Algunas medidas ayudan: poner una hora de cierre digital, sacar el móvil de la cama, elegir actividades nocturnas con final claro, reducir tareas pendientes antes de dormir o crear un ritual de transición.

Las investigaciones sobre procrastinación del sueño la han relacionado con procesos de autorregulación y descanso nocturno insuficiente, pero esa autorregulación no ocurre en el vacío: falla más cuando estamos saturados, cansados o emocionalmente sobrecargados.

Quizá la intervención más importante sea anterior: dejar de colocar todo el descanso, todo el placer y toda la vida personal al final del día.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La venganza de acostarnos tarde: por qué robamos a propósito horas al sueño – https://theconversation.com/la-venganza-de-acostarnos-tarde-por-que-robamos-a-proposito-horas-al-sueno-284889

Por qué los simios no podrán nunca hablar como los humanos: una cuestión de narices

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Umesh Jayasekara/Shutterstock

Nuestras narices no nos gustan. O eso es lo que parece desprenderse del informe de la SECPRE (Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética), según la cual la rinoplastia es la quinta intervención quirúrgica más realizada en el planeta, y no precisamente por motivos de salud. De hecho, llega a representar hasta el 10 % de las cirugías estéticas practicadas en Europa y EE. UU., ocupando España uno de los primeros puestos en este ranquin. Los más de 1,08 millones de remodelados nasales practicados en 2024 nos dicen, claramente, que las naricillas pequeñas y respingonas parecen constituir un bien estético de lo más codiciado.

Sin embargo, si supiéramos la cantidad de funciones que desempeña una buena y prominente nariz, muy posiblemente contemplaríamos nuestro apéndice nasal con unos ojos más benevolentes. Especialmente si conociésemos su importancia en la revolución cultural que conllevó la aparición de los humanos.

Para qué sirve la nariz

A priori, podríamos pensar que respirar debería ser perfectamente viable, simplemente, teniendo un orificio de contacto de las vías respiratorias con el exterior. Así, en principio, podríamos tanto oxigenarnos como oler, las dos funciones básicas en las que interviene la nariz. Sin embargo, este vistoso apéndice hace algo importantísimo con el aire: lo acondiciona en temperatura y humedad, antes de que llegue a la nasofaringe.

Si no fuese así, se nos podrían desecar las vías respiratorias en ambientes muy áridos o congelar los epitelios que revisten tráquea, bronquios y pulmones en lugares polares. En ambas circunstancias, moriríamos por imposibilidad de difusión del oxígeno en los epitelios alveolares hacia nuestra sangre. Sin llegar a situaciones tan drásticas, las vías respiratorias resecas disminuyen la función mucociliar, lo que aumenta el riesgo de infecciones respiratorias.

Pero la evolución de la nariz humana consiguió cosas mucho más sorprendentes.

Los primates tienen una nariz plana

¿Se ha preguntado alguna vez por qué nuestros “primos simiescos” lucen unas narices bastante chatas mientras nosotros paseamos en mitad de nuestros rostro un más que destacado promontorio nasal? En general, todos los primates suelen tener unas narices bastante planas y parece que les basta para realizar las funciones nasales. ¿No podríamos sobrevivir nosotros igualmente con narices más pequeñas?

En realidad, se trata de un trampantojo arquitectónico. No es que bonobos, chimpancés y gorilas apenas tengan nariz sino que su hocico prognato hace que ésta apenas sobresalga del plano. En otras palabras, gran parte de la nariz esta incluida en el morro.

La línea evolutiva que llevó a los humanos, que ya sabemos que revolucionó muchos aspectos anatómicos, también afectó a la forma de la nariz. Lo que en realidad ocurrió fue una revolución en la integración morfológica existente entre diferentes regiones del cráneo de nuestros ancestros (región nasal, maxilar, premaxilar, base del cráneo y mandíbula inferior). De hecho, esta integración desapareció y el maxilar se retrajo.

Como consecuencia de la drástica reducción del prognatismo, la apertura nasal quedó situada en un plano muy anterior de la cara. Los cartílagos laterales y el tabique nasal dejaron de estar embebidos en el perfil del tercio medio facial y terminaron quedándose “al aire”. Así, la nariz dejó de estar “escondida” y pasó a ocupar un indiscutible protagonismo en nuestra fisonomía facial.

Gracias a la nariz, nuestra voz es clara y profunda

Pero la aparición de una nariz novedosa como la nuestra supuso algo más que una cara nueva. Además de calentar, humidificar y filtrar el aire o servir de soporte al epitelio olfativo, aparecieron novedades funcionales inviables en nuestros antepasados “morrudos”.

Un artículo muy reciente revela que, en la cara de un Homo, se genera una interesantísima separación funcional entre la nariz y la laringe como consecuencia de un doble cambio anatómico. Por una parte, al quedar la cavidad nasal más verticalizada (más alta y estrecha), se establece una complejidad mayor en la vía aérea superior. Por otra, la nasofaringe se amplía y se acorta, lo que supone una separación entre la vía aérea y la oral no factible, por ejemplo, en chimpancés o gorilas.

Nuestro nuevo tracto, así configurado, es más “doble” que el rectilíneo de los simios. Esto no solo permite un flujo de aire más turbulento y eficiente para filtración y acondicionamiento, sino que posibilita más control de resonancias y mayor estabilidad acústica en la emisión de aire. En otras palabras, con esta carambola evolutiva se consiguió un sistema óptimo para modular sonidos complejos y contrastivos, entre ellos, el desarrollo de vocales claramente diferenciadas.

Pero la cosa no quedó aquí. La “independización” de nuestra nariz no solo contribuyó a resonar y modular elevando extraordinariamente nuestra potencialidad de generar sonidos variados, sino que el tracto nasal y los senos paranasales ayudaron a que nuestra voz fuese más clara y más profunda.

Hablamos por narices

Visto lo visto, El planeta de los simios es inviable. Por más que nos guste esta obra fantástica de la ciencia ficción (mucho mejor en su extraordinaria versión de Charlton Heston), la realidad es que orangutanes, chimpancés, gorilas y bonobos, por mucho que un supuesto desarrollo cerebral lo posibilitara, no podrían llegar a articular nunca los sonidos implicados en un lenguaje complejo como el nuestro.

Su nariz está integrada en un sistema facial adaptado a la masticación, no a la optimización acústica. Lo que se suponía antes algo anatómicamente monofactorial (que el habla humana fue resultado de la bajada evolutiva de la laringe), ha resultado ser una consecuencia de muchos elementos implicados. En realidad, fue una reorganización completa del cráneo que cambió las relaciones anatómicas entre tracto nasal, boca y faringe para crear un sistema acústico altamente modulable.

Nuestra protagonista, esta novedosa y protruyente nariz que tenemos, fue claramente trascendental en la adquisición de una fisiología vocal excepcionalmente flexible y acústicamente revolucionaria.

Recuérdelo antes de minusvalorar la estética de su apéndice nasal.

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A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué los simios no podrán nunca hablar como los humanos: una cuestión de narices – https://theconversation.com/por-que-los-simios-no-podran-nunca-hablar-como-los-humanos-una-cuestion-de-narices-282167

Mallorca se revuelve contra el turismo que despoja al habitante de su territorio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio Batle Lorente, Profesor Titular de Universidad, Universitat de les Illes Balears

Mistervlad/Shutterstock

El domingo 26 de julio de 2026 se celebró en la ciudad de Palma, capital de las Islas Baleares una protesta no contra los turistas, sino contra un modelo económico que ha empezado a tratar a sus habitantes como un obstáculo.

La manifestación, convocada por la plataforma Menys Turisme, Més Vida, reunió a unas 25 000 personas según la Policía, y a 70 000, según la organización. Pueden discutirse las cifras de asistencia a la protesta, pero resulta más difícil poner en entredicho la escena: salieron a la calle decenas de miles de personas reclamando el derecho a seguir viviendo en uno de los destinos más celebrados del planeta. No pedían que Mallorca dejara de recibir visitantes, no. Pedían que no haya que expulsar a su población para alojarlos.

Participaron vecinos, ecologistas, agricultores y numerosos trabajadores del propio sector turístico. Sus demandas no dejan mucho espacio para la interpretación: limitar las viviendas vacacionales, reducir las plazas de avión y los vuelos disponibles a las islas, y abandonar un monocultivo económico que consume territorio, vivienda y vida cotidiana.

Hubo cargas policiales y heridos, pero reducir la manifestación a esos incidentes sería una manera bastante eficaz de no escucharla. El conflicto de fondo no es entre residentes educados y turistas inocentes. Es entre dos derechos que han dejado de pesar lo mismo: el derecho temporal a disfrutar de un lugar y el derecho permanente a habitarlo.

Una destino turístico puede triunfar y desaparecer

Durante décadas, el éxito de los lugares turísticos se ha medido en términos de llegadas, pernoctaciones, ocupación y gasto. Cuando esas cifras aumentan se habla de una buena temporada. Pero una economía puede crecer mientras desmantela las condiciones que permiten vivir en ella.

Puede aumentar la rentabilidad de cada metro cuadrado y reducir simultáneamente su utilidad social. Puede producir más riqueza y hacer que una enfermera, un policía, un profesor o un camarero no encuentren vivienda. Puede ofrecer al visitante una libertad extraordinaria de movimiento mientras obliga al residente a marcharse. Ese es el dato que rara vez aparece en las estadísticas: un destino puede prosperar como producto y fracasar como sociedad.

El alquiler vacacional no explica por sí solo la crisis de vivienda. Influyen también la inversión internacional, la escasez de suelo, la compra especulativa, la falta de vivienda pública y unas políticas largamente insuficientes. Pero sería intelectualmente tramposo minimizar su papel.

Agustín Cócola-Gant ha descrito las viviendas turísticas como un nuevo frente de la gentrificación. Su investigación muestra que la llamada economía colaborativa encubre con frecuencia una oportunidad de acumulación para inversores y propietarios. En ese proceso, el residente de larga duración deja de ser el destinatario de la vivienda y pasa a convertirse en un impedimento para extraer de ella mayor rentabilidad.

La expulsión, además, no siempre tiene forma de desahucio. Puede ocurrir piso a piso. Una vivienda queda libre y no vuelve al mercado residencial. Desaparece una tienda cotidiana y aparece otra orientada al consumo fugaz. Se marchan los vecinos, cambia el idioma económico del barrio y quien permanece descubre que sigue teniendo domicilio, pero ya no un lugar.

Llamarlo ‘turismofobia’ no fomenta el debate

Mallorca forma parte de una revuelta territorial más amplia.

En Venecia, el movimiento contra los grandes cruceros convirtió aquellos barcos desproporcionados cruzando la laguna en la imagen de una industria cuya escala ya no guardaba relación con la ciudad.

En Canarias, decenas de miles de personas han marchado bajo una frase difícil de mejorar: “Aquí vive gente”.

En Barcelona, las pistolas de agua dirigidas contra algunas terrazas turísticas ocuparon más espacio informativo que los alquileres que motivaban la protesta.

La palabra turismofobia completa la operación. Convierte un conflicto sobre vivienda, salarios, movilidad, agua, suelo y democracia en una reacción emocional contra los extranjeros. Despolitiza el problema y, de paso, infantiliza a quien protesta.

Los expertos en sobreturismo Claudio Milano, Marina Novelli y Joseph Cheer han mostrado que la saturación no consiste solo en la presencia de demasiados visitantes. Aparece cuando el crecimiento altera de manera permanente la vida de los residentes, limita su acceso a servicios y espacios y deteriora su bienestar. Sus trabajos también relacionan las movilizaciones sociales con la impugnación de economías basadas en el monocultivo turístico y en la obligación aparentemente indiscutible de seguir creciendo.

Por tanto, la pregunta no es cuántas personas caben físicamente en una isla. La pregunta es qué debe sacrificar la población para que sigan cabiendo.

Del turismo responsable al turista situado

La academia ha construido conceptos útiles para comprender esta transformación.

El decrecimiento turístico, defendido por los profesores Robert Fletcher, Ivan Murray, Asunción Blanco-Romero y Macià Blázquez-Salom, plantea que algunos territorios no necesitan gestionar mejor el crecimiento, sino reducir materialmente la presión: menos plazas, menos vuelos, menos consumo de suelo y menor dependencia económica del turismo.

No debe confundirse con la fórmula “menos turistas que gasten más”. Puede que esa propuesta reduzca ciertas aglomeraciones, pero también convierte el territorio en un club para rentas altas. Aunque llegue con equipaje discreto, el turismo de lujo ocupa espacio, consume recursos y eleva precios.

La investigadora Freya Higgins-Desbiolles ha desplazado la atención desde la cantidad de riqueza producida hacia su distribución: quién recibe los beneficios, quién soporta los costes y qué derechos deben prevalecer cuando entran en conflicto el negocio turístico y la vida de las comunidades.

La justicia de la movilidad, formulada por Mimi Sheller, permite observar otra desigualdad: no todos los movimientos tienen el mismo poder. El visitante cruza Europa durante un fin de semana pero la camarera de piso debe recorrer cada día decenas de kilómetros porque ya no puede vivir cerca de su empleo. La movilidad fácil de unos puede producir la movilidad forzada de otros.

Y la soberanía turística, vinculada por Carter Hunt, María José Barragán-Paladines, Juan Carlos Izurieta y Andrés Ordóñez a las luchas comunitarias por el control de sus medios de vida, formula la pregunta decisiva: ¿quién tiene autoridad para determinar el futuro de un destino?

A partir de estas aportaciones propongo una figura adicional: el turista situado.

El turista situado reconoce que no llega a un decorado disponible, sino a un territorio ya habitado, atravesado por relaciones de poder y conflictos concretos. Entiende que su libertad de movimiento sucede dentro de la vida menos móvil de otros. Y acepta algo que el turismo responsable suele evitar: hay alojamientos, actividades e incluso destinos que pueden dejar de estar moralmente disponibles.

No se limita a reducir su huella. Está dispuesto a renunciar.

La conciencia empieza con un ‘no’

Un turista situado dejaría de elegir Mallorca para hacer cicloturismo. No porque pedalear sea inmoral ni porque cada ciclista constituya un problema. Lo haría porque una actividad deja de ser inocente cuando su concentración deteriora la movilidad cotidiana de quienes usan esas carreteras para trabajar, estudiar, cuidar o regresar a casa. Elegiría otro territorio menos saturado. Otra época. Otra actividad.

Y no usaría Airbnb –ni cualquier otra plataforma equivalente– en zonas gentrificadas, donde la vivienda turística contribuye a que los jóvenes nacidos allí deban marcharse porque no pueden pagarse una casa.

Podemos discutir la intensidad concreta de cada efecto, la regulación más eficaz o el peso relativo de las distintas causas. Pero cuando existe un proceso visible de expulsión residencial, utilizar una vivienda como alojamiento vacacional deja de ser una elección privada sin consecuencias.

La conciencia turística consiste en viajar sabiendo cuándo uno debe escoger otro destino.

El turista situado se hace una pregunta previa a todas las recomendaciones, certificaciones y listas de buenas prácticas:

“¿Debo estar aquí, haciendo esto?”.

A veces la respuesta será sí. Otras exigirá cambiar de temporada, alojamiento o actividad. En determinados lugares y momentos será sencillamente no.

El derecho a retirar un territorio del mercado

La soberanía turística significa que una comunidad puede decidir cuánto turismo quiere, dónde, cuándo y bajo qué condiciones.

Puede determinar que determinadas viviendas deben servir para vivir. Puede limitar cruceros, vehículos, plazas turísticas o vuelos. Puede cerrar un espacio saturado, retirar licencias y anteponer la continuidad de una comunidad al rendimiento máximo de sus activos.

No equivale a cerrar fronteras. La soberanía turística no es pureza identitaria sino capacidad democrática.

Venecia pertenece prioritariamente a su población, no a las navieras. Barcelona, a quienes la habitan, no a las plataformas turísticas. Mallorca, a quienes sostienen aquí una vida, no a una industria que comercializa su disponibilidad.

El visitante merece hospitalidad, no soberanía. Una población debe poder conservar el derecho a retirar partes de su territorio del mercado turístico, aunque exista demanda y aunque alguien esté dispuesto a pagar.

Turismo, un poder no elegido

El turismo no es ya únicamente una actividad económica. Ha adquirido capacidad para organizar el territorio, el empleo, la vivienda, las infraestructuras y el calendario político. Ha empezado a actuar como un poder constituyente sin haber sido elegido.

La cuestión no es ya si el turismo genera riqueza. La genera. La cuestión es qué clase de pobreza puede producir al hacerlo: pobreza de vivienda, de tiempo, de espacio público, de expectativas y de futuro.

Se empiezan a ver pintadas y carteles en los coches de los habitantes locales. Incluso yo he usado uno –una vez–, que escribí en alemán, harto ya de carreteras terciarias colapsadas por cicloturistas:

Es patético, sí. Es cutre, también. Y es delicado. Pero los turistas, e incluso los residentes extranjeros de los lugares que se han gentrificado, necesitan recibir urgentemente ciertos mensajes, respetuosos pero claros.

The Conversation

Julio Batle Lorente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mallorca se revuelve contra el turismo que despoja al habitante de su territorio – https://theconversation.com/mallorca-se-revuelve-contra-el-turismo-que-despoja-al-habitante-de-su-territorio-288566

Ce que les techniques de chasse des rapaces pourraient nous apprendre sur les dinosaures

Source: The Conversation – in French – By Myriam Amari, Doctorante sur le bien-être et la cognition des rapaces, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)

Cyrano, pygargue de Steller de la Forêt des Aigles (Espace Rambouillet). Audrey COSTES – tous droits réservés seules les republications intégrales de l’article sont autorisées., CC BY-NC-ND

L’ESSENTIEL

  • Une nouvelle étude a permis de classer les rapaces selon leurs techniques de chasse.

  • Observer les phalanges des rapaces permet de distinguer les oiseaux qui vont attraper leurs proies en vol de ceux qui vont les restreindre au sol ou des charognards.

  • Faire le lien entre les os et les techniques de chasse pourrait permettre de déduire les comportements d’oiseaux disparus, et même de certains dinosaures.


Comment les droméosaures, ces dinosaures « raptors », utilisaient leurs griffes en faux pour chasser ? Cette énigme anime les paléontologues depuis des années. Pendant longtemps, on les imaginait lacérer leurs proies en leur donnant un coup de pied, jambe tendue. Mais des modèles plus récents basés sur l’observation de rapaces comme l’aigle royal, et soutenus par des modélisations biomécaniques soutiennent une méthode de prédation au cours de laquelle Deinonychus, membre de la famille des droméosaures, se tenait accroupi au-dessus de sa proie, utilisant sa masse corporelle et tout son corps pour la restreindre au sol. Sa griffe en forme de faux aurait servi à hameçonner la chair qu’il déchirait alors avec sa mâchoire. C’est effectivement ce que l’on observe chez des oiseaux comme l’aigle royal quand il chasse le chevreuil. Les rapaces semblent ainsi s’avérer de bons modèles des « raptors » du passé.

Vue d’artiste de Deinonychus antirrhopus.
Fred Wierum/Wikipedia, CC BY

La recherche en morphologie fonctionnelle vise à comprendre le lien entre comportements, morphologie et adaptation. L’idée est que les adaptations morphologiques présentes répondent à des contraintes données, et que des espèces disparues les possédant répondaient peut-être aux mêmes contraintes, et avaient donc des comportements similaires. Mais comprendre les liens comportement-morphologie-contraintes fonctionnelles a également un intérêt pour mieux comprendre le rôle actuel des rapaces dans les écosystèmes, et donc pour favoriser leur conservation et leur protection.

Les rapaces sont des oiseaux impressionnants au régime carnivore, au bec crochu et aux griffes recourbées. Ces griffes dangereuses s’appellent des serres. Aussi impressionnantes soient-elles, les serres ne font pas tout chez un rapace. De même qu’un coup de poing ne vient pas du poing, mais de la hanche, ou qu’un coup de pied engage aussi la hanche et le haut du corps, les rapaces n’utilisent pas seulement leurs serres pour mettre à mort leur proie : ils utilisent l’intégralité de leurs membres inférieurs ainsi que leur bec.

Les secrets de la chasse se cachaient dans les phalanges

Leurs membres inférieurs sont impliqués dans la locomotion, le transport de matériaux ou de nourriture, les conflits et, bien sûr, la capture et la mise à mort de leurs proies. Mais le secret de leurs stratégies de chasse réside davantage dans leurs phalanges que dans leurs serres. C’est ce que nous avons montré dans une récente étude publiée dans The Zoological Journal of the Linnean Society. Nous avons défini 11 catégories d’interactions entre prédateurs et proies, depuis la capture jusqu’à la consommation, et avons mesuré 148 paramètres sur les os du membre postérieur, du fémur jusqu’à la pointe des griffes. Nous avons mis en évidence que l’ensemble de ces paramètres permettait de bien distinguer ces catégories chez les rapaces. En particulier, les phalanges jouent un rôle clé, notamment celles du troisième et du quatrième doigt. Elles permettent de distinguer les oiseaux qui attrapent leurs proies en vol de ceux qui les restreignent au sol, ou encore de les distinguer des charognards.

Les différentes techniques de chasse de rapaces en fonction de leur anatomie (½).
Myriam Amari — Licence CC BY-NC-ND, Fourni par l’auteur
Les différentes techniques de chasse de rapaces en fonction de leur anatomie (2/2).
Myriam Amari — Licence CC BY-NC-ND, Fourni par l’auteur

Jusqu’à présent, la plupart des études s’étaient concentrées sur la morphologie et la courbure des serres, sur quelques doigts, ou sur les os longs des jambes. Mais aucune n’avait pris en compte l’intégralité du membre. Or, en fouillant dans les collections du Muséum national d’histoire naturelle de Paris à la recherche de spécimens exploitables pour notre étude, il était clair que les phalanges jouaient un rôle sous-estimé. La science, c’est d’abord l’observation, comme le disait l’un de mes professeurs de classe préparatoire. Une grande variabilité dans la morphologie des phalanges (en particulier des troisième et quatrième doigts) était visible entre les espèces. Certaines espèces possédaient de toutes petites phalanges sur le quatrième doigt, toutes frêles par rapport à celles des deux premiers doigts, énormes. C’est le cas de la harpie féroce ou de l’aigle couronné d’Afrique, deux aigles massifs capables de s’attaquer à des proies conséquentes dans la canopée ou au sol. La harpie féroce peut, par exemple, prendre des paresseux, et l’aigle couronné d’Afrique des antilopes de 20 kg, voire exceptionnellement de 30 à 50 kg. D’autres possédaient des phalanges très allongées aux extrémités des doigts, comme les faucons, les autours des palombes ou les éperviers, ou encore un troisième doigt long et large comme chez certains vautours.

Relier la variabilité des phalanges aux différentes catégories d’interactions entre proies et prédateurs

Nous avons donc étudié la morphologie des os du fémur jusqu’au bout des doigts. Mais, nuance, nous n’avons pas étudié l’enveloppe kératineuse, c’est-à-dire l’ongle de la griffe. En effet, celle-ci a une forme différente de celle de l’os qui se trouve en dessous et témoigne davantage des contraintes liées aux surfaces : le sol ou même la proie. Par exemple, la forme des os des serres d’un aigle royal et d’un pygargue à tête blanche est similaire, mais l’enveloppe kératineuse d’un pygargue est beaucoup plus recourbée, lui permettant d’agripper des proies glissantes comme les poissons. On retrouve cette propriété chez le balbuzard pêcheur.

Paco, pygargue à tête blanche de la Forêt des Aigles (Espace Rambouillet), en pêche.
Audrey COSTES — tous droits réservés seules les republications intégrales de l’article sont autorisées, CC BY-NC-ND

Un petit détail technique avant de poursuivre, mais pas des moindres : il fallait identifier et ordonner ces phalanges, sans guide… et c’était un vrai défi. Ensuite, nous avons mesuré de nombreux paramètres pour caractériser la forme des os et des griffes et la force exercée par les doigts et les griffes. Nous avons découvert que la deuxième phalange du quatrième doigt variait le moins en proportion chez les rapaces. Elle pouvait donc servir d’échelle de comparaison.

Pour poursuivre, nous avons analysé et visualisé la répartition de chaque espèce dans un espace morphologique obtenu à partir des mesures des os. Les différentes familles de rapaces se distinguaient selon les 11 catégories innovantes d’interactions avec les proies que nous avions définies. Ainsi, nous avons montré que des espèces phylogénétiquement éloignées comme les membres du genre Accipiter (autour des palombes, épervier) et les faucons (faucon pèlerin, faucon sacre, faucon lannier) se retrouvaient dans un même espace morphologique. Ceci traduit leurs adaptations communes à une technique de capture de proies en vol, dans laquelle leurs longs doigts viennent englober la proie (voire la frapper). Des doigts allongés et, en particulier, les dernières phalanges de chaque doigt permettent une fermeture rapide (au prix d’une force moindre) sur un oiseau ou un insecte dans le cas de la bondrée apivore. Les faucons et les membres du genre Accipiter, diffèrent entre eux par le fait que ceux-ci restreignent la proie au sol pour la déchirer, alors que les faucons endommagent le système nerveux de leur proie en sectionnant la nuque à l’aide de leur dent tomiale.

Sky, faucon lannier de la Forêt des Aigles (Espace Rambouillet).
Audrey COSTES — tous droits réservés seules les republications intégrales de l’article sont autorisées, CC BY-NC-ND

Les aigles, les buses et autres rapaces tirant profit de leur masse pour restreindre leur proie au sol depuis une position à l’affût ou en vol (l’aigle royal, la buse variable, l’aigle couronné d’Afrique ou la harpie féroce. Ces oiseaux possèdent les deux premiers doigts massifs avec de très grandes premières et deuxièmes serres, et des phalanges larges et robustes. En comparaison, les deux autres doigts paraissent tout petits.

Les rapaces nocturnes, eux, se tenaient à part. Adaptés à la capture de proies souvent assez petites pour les tenir dans leurs serres, ils les suffoquent à l’aide de phalanges et de serres de longueurs à peu près homogènes, offrant une bonne force de levier, ainsi que la capacité à opposer le premier et le quatrième doigt aux deux autres (zygodactylie), ce qui facilite la préhension de la proie. Cette adaptation est pertinente quand on pense qu’ils chassent souvent dans le noir, avec une faible vision de près. Il faut s’assurer que les proies ne leur échappent pas !

Les vautours du Nouveau Monde et de l’Ancien Monde sont également réunis, en lien avec leur comportement de charognage et de marche. Leur troisième doigt, supportant leur poids, est souvent très allongé et large. Leurs capacités de préhension peuvent toutefois varier, comme chez le gypaète barbu capable de transporter des os pour les lâcher en vol, les briser et se repaître de leur moelle. Le condor des Andes, avec ses jambes très allongées et adepte de la marche, se retrouve proche des autres vautours. Cas particulier, le caracara huppé, se trouve à mi-chemin entre les rapaces qui attrapent leurs proies en vol et les rapaces charognards. Et en effet, cela correspond bien à son mode de prédation puisque c’est un grand marcheur capable de retourner des objets et des proies sur son chemin, mais aussi capable de les attraper, de les restreindre et de les déchiqueter.

Ruru, vautour de Rüppel de la Forêt des Aigles (Espace Rambouillet).
Audrey COSTES — tous droits réservés seules les republications intégrales de l’article sont autorisées, CC BY-NC-ND

Le messager sagittaire, lui, demeure seul dans sa famille et dans l’espace morphologique défini par nos données. Il se caractérise par un fémur extrêmement court et des métatarses très allongés lui permettant de développer une force de frappe impressionnante pour mettre à mort des serpents, tels que les cobras. On parle, par exemple, de 195 N en 15 ms de contact ! Cela correspond à 5 à 6 fois son propre poids, concentré dans une patte à une vitesse fulgurante.

Swahili, messager sagittaire de la Forêt des Aigles (Espace Rambouillet).
Audrey COSTES. Tous droits réservés seules les republications intégrales de l’article sont autorisées, CC BY-NC-ND

Une fenêtre ouverte sur le passé

Cette étude nous permet donc de mieux comprendre le lien entre la morphologie des membres des rapaces et leur mode de chasse, et d’appréhender leurs rôles complémentaires dans les écosystèmes. Cette étude pourrait également ouvrir une fenêtre sur le passé en permettant d’émettre des hypothèses sur les comportements de dinosaures non aviens ou d’oiseaux disparus, notamment en choisissant les os et paramètres essentiels mis en évidence par notre étude. En effet, si l’on retrouvait demain un fossile avec quelques phalanges du pied, peut-être pourrions-nous essayer de le réintroduire dans l’espace morphologique de notre étude afin de le comparer aux catégories que nous avons caractérisées ici.

Pour gagner en puissance, il faudrait inclure d’autres spécimens qui enrichissent la diversité de fonctions des membres, comme le vautour palmiste, un vautour capable de pêcher, de chasser et consommer des fruits du palmier – ou encore augmenter le nombre de spécimens dans certaines catégories, et surtout inclure le cariama huppé, un oiseau coureur qui porte une griffe suspendue aux allures de celles des droméosaures mais à l’orientation plus proche de celle des troodons. Et effectivement, des découvertes ont montré que des microraptors possédaient des coussinets proches de ceux des rapaces actuels, ou encore des capacités probables de planer et de s’attaquer à des oiseaux.

Notre étude ouvre donc la voie à de nouvelles approches pour mieux connaître notre passé sans perdre de vue les merveilles du présent.

The Conversation

Myriam Amari ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Ce que les techniques de chasse des rapaces pourraient nous apprendre sur les dinosaures – https://theconversation.com/ce-que-les-techniques-de-chasse-des-rapaces-pourraient-nous-apprendre-sur-les-dinosaures-287616

Les feux de forêt menacent-ils les installations gazières ?

Source: The Conversation – in French – By Dylan BERNARD, Doctorant en feux de forêt et risques industriels, IMT Mines Alès – Institut Mines-Télécom

L’essentiel

  • Sous l’effet du changement climatique, de l’évolution de l’occupation des sols et des activités humaines, les incendies deviennent de plus en plus intenses et difficiles à maîtriser.
  • Les incendies de végétation ne menacent pas seulement les forêts et les habitations. Ils peuvent mettre également en danger des infrastructures, comme les établissements Seveso ou les infrastructures gazières, qui peuvent comporter des risques supplémentaires.
  • Pour mieux les protéger, le débroussaillage reste la première des solutions. Les chercheurs, pompiers et industriels explorent également d’autres stratégies pour les installations en surface, directement exposées aux flammes.

Début juillet 2026, un incendie de forêt dans le Cher s’est approché d’un établissement classé Seveso avant d’être fixé.

Si, à ce jour, en France, les établissements Seveso ou les installations gazières n’ont subi aucun dommage majeur lié à un incendie de végétation, les conséquences d’une perte d’intégrité restent préoccupantes. L’accident survenu en 2025 à Saint-Martin-de-Crau, dans les Bouches-du-Rhône, a rappelé qu’une rupture de canalisation souterraine de gaz naturel peut conduire à une explosion de faible intensité mais une flamme de plus de 150 m de hauteur générant des effets thermiques importants.

Aujourd’hui, la première ligne de défense consiste à limiter la quantité de combustible végétal au voisinage de toute installation. Cette stratégie repose sur la prévention, avec notamment le respect des obligations légales de débroussaillement (OLD), imposées dans les zones les plus exposées au risque incendie, parmi lesquelles figurent les infrastructures à risques.

Le risque d’incendie en France métropolitaine évolue

Le territoire français est marqué par des incendies extrêmes.

Fait méconnu, la surface annuelle brûlée en France métropolitaine est globalement en diminution depuis 1973, date de la première base de données nationale des incendies de forêt.

Cette diminution a été possible grâce à la mise en œuvre de nombreuses mesures de prévention et au renforcement des moyens de lutte depuis le début des années 1990, en particulier dans la zone méditerranéenne, historiquement la plus exposée aux incendies de forêt.

histogramme
La surface brûlée en France depuis 1976, en distinguant les régions méditerranéennes et le reste de la France.
Dylan Bernard, avec les données de, Fourni par l’auteur

Toutefois, cette amélioration ne signifie pas que le risque d’incendie diminue.

Aujourd’hui, la combinaison entre les effets du changement climatique, l’augmentation de la biomasse et l’urbanisation dans un milieu arboré pourrait progressivement remettre en cause cette tendance en favorisant le développement des incendies extrêmes. Cette évolution s’illustre notamment avec le troisième plus vaste incendie enregistré en France depuis 1973 qui a eu lieu en août 2025 dans le massif des Corbières, dans l’Aude. Il a parcouru plus de 11 000 hectares, causant un décès, vingt-cinq blessés et la destruction de nombreuses habitations.

À l’horizon 2050, les projections prévoient une extension géographique et temporelle de l’aléa d’incendie de forêt, exposant progressivement de nouveaux territoires et des infrastructures jusqu’alors épargnées par ce risque. Les conditions exceptionnelles observées en 2022 illustraient déjà cette évolution.

Le réseau de gaz en France et les points faibles face aux incendies

Le réseau français de transport et de stockage de gaz naturel, constitué de plus de 36 000 km de canalisations souterraines et de milliers d’installations en surface, traverse de nombreuses zones boisées et est donc directement exposé à ce risque.

carte
La carte du réseau gazier et des stations de stockage en France métropolitaine.
Dylan Bernard, avec les données IGN et ODRÉ, Fourni par l’auteur

La question est alors de savoir comment évaluer ce risque, qualifié de « NaTech », c’est-à-dire un accident technologique déclenché par un aléa naturel.

Les premiers travaux montrent que les canalisations enterrées sont naturellement bien protégées par le sol, qui constitue un excellent isolant thermique.

Les principales interrogations concernent désormais les équipements en surface, directement exposés aux flammes et au rayonnement thermique.

Mécanismes de propagation des flammes et identification des vulnérabilités

Depuis des décennies, une partie de la recherche liée aux incendies de végétation est consacrée aux zones dites d’interface forêt-habitat. En France, des cartographies permettent de classifier ces zones en fonction de la densité d’habitation pour une meilleure compréhension et gestion des incendies de forêt.

Les études post-incendie dans ces zones ont notamment permis de définir trois mécanismes de propagation des flammes dans ces zones : le contact direct des flammes, le rayonnement thermique des flammes et le contact avec les brandons (débris enflammés) transportés par le vent.

Parmi ces études, l’identification des éléments constructifs vulnérables a permis de mettre en évidence des points critiques comme la toiture (tuiles cassées, accumulation de végétaux dans les gouttières), des ouvrants (entrée des brandons, flammes) ou encore les éléments extérieurs (mobilier de jardin, tas de bois, terrasse en bois, etc.).

De plus, la végétation ornementale (arbres, haies, plantes de jardin) sert de continuité horizontale pour la propagation des flammes et constitue une source importante d’exposition thermique. Une classification des espèces selon leur combustibilité permet de choisir judicieusement quelle espèce implanter à proximité de son habitation pour diminuer la propagation de l’incendie. Cette classification est basée sur les proportions des parties les plus fines des espèces végétales, comme les feuilles et les petites tiges qui brûlent plus facilement que les parties plus épaisses, ainsi que sur la proportion d’éléments morts et leur teneur en eau.

La spécificité des installations gazières

Les structures énergétiques constituent toutefois des enjeux spécifiques. Pour évaluer leur exposition, on estime la quantité de chaleur reçue par les équipements gaziers, qu’ils soient enterrés ou présents sur les installations en surface.

Celle-ci dépend de la végétation, de la puissance de l’incendie et de la distance qui les sépare du front de flamme représentant la zone où les flammes progressent dans la végétation.

Les approches classiques reposent sur la méthode de la flamme solide permettant de représenter un front de flamme par un objet rayonnant de manière uniforme sur l’ensemble de sa surface. Cette méthode ne permet cependant pas de prendre en compte la chaleur liée aux mouvements des gaz chauds (les effets convectifs), ni la conduction thermique en cas de contact direct avec un combustible tel qu’un tronc d’arbre ou un brandon.

Pour aller au-delà des modèles simplifiés, on utilise aujourd’hui des simulations numériques capables de reproduire la propagation des flammes et les transferts de chaleur autour des installations. Ces modèles sont confrontés à des campagnes expérimentales afin d’estimer au mieux la puissance thermique dégagée et reçue par différentes cibles, comme des fenêtres ou des murs de maisons, et ainsi améliorer la fiabilité des simulations.

Une fois cette exposition à la chaleur connue, il devient possible d’évaluer la vulnérabilité des équipements essentiels au fonctionnement du réseau, comme les canalisations, les vannes ou les brides (dispositif de raccordement entre deux sections de canalisation), susceptibles d’être à l’origine d’une fuite de gaz en cas de défaillance causée par un incendie.

À l’échelle du laboratoire, des panneaux radiants électriques composés de lampes halogènes émettant dans l’infrarouge, reproduisent les flux thermiques générés par un incendie afin d’étudier le comportement des canalisations souterraines et des équipements aériens soumis à de telles expositions.

Les premières mesures effectuées sur différents types de sols composant le territoire confirment que les canalisations souterraines bénéficient, grâce à leur profondeur d’enfouissement et à l’isolation assurée par le sol, d’une protection thermique efficace, y compris lors de scénarios sévères définis par un flux thermique incident et un temps d’exposition important. Les bandes de servitude, maintenues sans végétation au-dessus des ouvrages, renforcent encore cette protection.

Les équipements en surface restent en revanche plus sensibles. Leur comportement dépend non seulement de l’intensité de l’incendie et des conditions météorologiques mais aussi de la circulation du gaz dans les canalisations. En effet, un gaz en circulation emporte une partie de la chaleur vers l’aval, ce qui peut limiter l’échauffement des parois. À l’inverse, interrompre l’écoulement diminue les conséquences en cas de fuite mais prive la canalisation de ce refroidissement.

Faut-il interrompre l’écoulement par mesure de sécurité ou, au contraire, le maintenir afin d’évacuer une partie de la chaleur ? Cette question, déjà soulevée lors des incendies de Gironde en 2022, fait aujourd’hui l’objet de débats entre les pompiers et les industriels, afin de mieux protéger ces infrastructures face à des incendies appelés à devenir plus impactants.

Comme pour les habitations, la réduction de la végétation constitue la première ligne de défense des installations gazières face aux incendies. L’enjeu est de définir des distances de débroussaillement conciliant sécurité des infrastructures et préservation des nombreux milieux naturels traversés par le réseau. À mesure que les incendies deviennent plus intenses, ces travaux contribueront à adapter les méthodes d’évaluation des réseaux énergétiques face à ce risque appelé à croître dans les prochaines décennies.

The Conversation

Dylan BERNARD a reçu des financements de NaTran, Storengy et Téréga.

ref. Les feux de forêt menacent-ils les installations gazières ? – https://theconversation.com/les-feux-de-foret-menacent-ils-les-installations-gazieres-287402

Incendies en Gironde : la logistique au cœur de l’évacuation massive d’une population

Source: The Conversation – in French – By Gilles Paché, Professeur des Universités en Sciences de Gestion, Aix-Marseille Université (AMU)


L’ESSENTIEL

  • Les mégafeux observés actuellement en Gironde ne mettent pas seulement les services d’incendie et de secours à l’épreuve.

  • La lutte contre l’incendie passe aussi par la mise au point d’une logistique efficiente pour évacuer un vaste territoire sans le paralyser.

  • De précédentes catastrophes ont montré le rôle central joué par la logistique qui, plus qu’un simple soutien aux secours, se présente comme un élément clé de leur efficacité.


Tandis qu’un incendie parcourait fin juillet 2026 plus de 42 000 hectares en Gironde, en menaçant les abords de la métropole bordelaise, l’histoire retiendra sans doute des évacuations massives de populations diffusées en boucle par les chaînes télévisées d’information continue. Des dizaines de communes vidées de leurs habitants, des files d’automobiles et de camping-cars sans fin, des norias de bateaux rejoignant Arcachon… et un parc des expositions à Bordeaux de 8 000 places transformé en immense hub d’accueil… Cette réalité vertigineuse traduit un changement d’échelle : les incendies ne menacent plus seulement des massifs forestiers mais le fonctionnement même de territoires, ses infrastructures de transport, ses équipements publics et la continuité de ses services essentiels.

Derrière l’ampleur du sinistre aquitain, quasi comparable à celui de l’été 1949 (52 000 hectares brûlés), se dessine une matérialité moins visible. Les images spectaculaires des flammes masquent une autre bataille, celle de l’organisation des flux. En parallèle de la lutte menée par les secours, il faut évacuer des centaines de milliers de personnes, maintenir les axes ouverts aux colonnes d’intervention, approvisionner les centres d’accueil et coordonner une multitude d’acteurs publics et privés. Les points de situation publiés quotidiennement par la préfecture de la Gironde ont d’ailleurs mis en lumière que les opérations mobilisent autant les capacités de coordination que les moyens de lutte contre l’incendie. À partir d’un certain seuil, largement franchi fin juillet 2026, la lutte contre tout mégafeu ne devient-elle pas d’abord un problème de logistique ?

Un changement de nature

En quelques heures, face à un incendie devenu incontrôlable, plus de 220 000 personnes ont été appelées à quitter leur domicile ou leur lieu de vacances en Gironde, des dizaines de communes ont été évacuées, des infrastructures routières, autoroutières et ferroviaires ont été fermées, tandis que des milliers de pompiers continuaient de combattre un incendie hors norme, qualifié lors d’une conférence de presse de véritable orage de feu par le directeur départemental des Services d’incendie et de secours (SDIS) de la Gironde, dont la progression dépendait du vent, de la sécheresse et de la topographie. Dans ce contexte, la lutte contre l’incendie pose une problématique majeure de circulation.




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Si le changement d’échelle est significatif, il reste encore méconnu. Tant que les flammes menacent quelques habitations, la priorité consiste à protéger les personnes et les biens, mais lorsque les évacuations concernent des dizaines de milliers d’individus, il faut piloter et coordonner simultanément des flux de véhicules, de personnes, d’informations, de secours, de carburant, de nourriture et de matériel. La crise change alors de nature. Elle ressemble moins à une opération de secours qu’à une immense chaîne logistique constituée dans l’urgence, et dont un large espace plus ou moins aisément accessible devient le « siège ».

L’incendie de Fort McMurray, dans l’Alberta (Canada), constitue l’un des exemples les plus spectaculaires du changement d’échelle. En mai 2016, près de 90 000 habitants quittent la ville en quelques heures. Le feu progresse si rapidement qu’une partie de la population doit d’abord être évacuée vers le nord, c’est-à-dire en direction des flammes (!), avant de pouvoir redescendre plus tard sous escorte. Les autorités ne gèrent plus seulement un incendie mais une réorganisation complète des flux sur plusieurs centaines de kilomètres. Les travaux consacrés à cette évacuation erratique indiquent que l’enjeu majeur résida alors dans le maintien de la fonctionnalité du réseau de transport, malgré l’évolution rapide du gigantesque front de feu.

Une chaîne logistique… inversée

Habituellement conçue pour acheminer des produits vers les consommateurs, une chaîne logistique suit un mouvement exactement inverse lors d’une évacuation, comme en Gironde. Il faut extraire une population d’un territoire qui devient progressivement inhabitable, tout en faisant converger vers ledit territoire les ressources destinées aux secours. Deux flux antagonistes coexistent donc. D’un côté, les habitants doivent impérativement sortir, et d’un autre côté, les pompiers, les véhicules, les citernes, les équipes médicales et les ravitaillements doivent entrer. Les deux utilisent les mêmes routes, les mêmes carrefours, en bref des structures logistiques communes.

Une telle situation explique pourquoi la décision d’évacuer ne peut être prise au dernier moment, lorsque les infrastructures de transport sont compromises par la progression du feu. Chaque véhicule qui quitte rapidement la zone menacée libère autant d’emprise spatiale pour les combattants du feu. L’évacuation ne constitue donc pas seulement une mesure de protection des populations ; elle devient une condition du déploiement efficace des secours. Aux États-Unis, le plan d’action de la Federal Emergency Management Agency préconise ainsi, selon une feuille de route précise, des évacuations planifiées afin de préserver simultanément les itinéraires de sortie et les voies d’accès des services d’urgence.

Une question de circulation des ressources plus que de quantité ?

Une telle logique ne concerne d’ailleurs pas uniquement les incendies de forêt. Après le passage de l’ouragan Katrina à La Nouvelle-Orléans, en août 2005, les travaux consacrés à la gestion de crise ont indiqué que la catastrophe avait surtout révélé une difficulté de synchronisation entre les différentes opérations : évacuation des habitants, acheminement des secours et rétablissement des services essentiels. L’enjeu n’était donc pas seulement de disposer de moyens supplémentaires, mais d’éviter que les infrastructures disponibles deviennent un facteur de blocage. Katrina a ainsi contribué à imposer une idée centrale en logistique humanitaire, à savoir que lors d’une catastrophe majeure, la performance dépend autant de la circulation des ressources que de leur quantité.




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Un principe classique de la gestion des systèmes complexes est que leur fonctionnement dépend moins d’une capacité globale que de la robustesse des éléments les plus contraints. Une infrastructure peut disposer de nombreux moyens tout en restant vulnérable si un point critique atteint sa limite. Une évacuation de grande ampleur obéit à ce principe : peu importe le nombre de gymnases disponibles si les routes qui y conduisent sont saturées… Les crises révèlent en fait les fragilités cachées des systèmes, en particulier leurs dépendances et leurs points de rupture, comme le note l’OCDE.

Identification des points critiques

Il est par conséquent naturel que les gestionnaires de crise raisonnent en permanence en référence à la présence de potentielles vulnérabilités : un échangeur autoroutier, un pont, une voie ferrée ou une commune dont toutes les routes convergent vers un même axe. Dans une situation d’évacuation massive, la robustesse d’un territoire dépend donc moins du nombre total d’infrastructures disponibles que de la capacité de quelques réseaux essentiels à rester fonctionnels et assurer la continuité des mobilités. Quelques points critiques deviennent dès l’instant des éléments déterminants à identifier dans le cadre de la préparation des territoires aux événements extrêmes.

Début novembre 2018, lors de l’incendie de Camp Fire qui ravagea la ville de Paradise, en Californie, plus de 50 000 habitants durent être évacués par un réseau routier particulièrement contraint. Les analyses conduites postérieurement par le National Institute of Standards & Technology démontrent que l’enjeu n’était pas seulement de faire sortir rapidement la population, mais d’adapter en temps réel l’organisation de la circulation à l’évolution du front de feu. Les autorités ont ainsi ouvert des contresens, modifié les itinéraires au coup par coup et créé des zones de refuge temporaires lorsque certaines routes devenaient impraticables. L’incendie de Paradise est aujourd’hui devenu un cas d’école d’une planification réussie des évacuations face aux mégafeux.

Des scènes de panique qui restent toutefois exceptionnelles

La comparaison avec une chaîne logistique traditionnelle trouve toutefois rapidement ses limites. Une population n’est pas un flux de marchandises car les habitants interprètent les consignes, hésitent, désobéissent parfois, s’entraident ou adaptent leur comportement à partir des informations dont ils disposent. Loin des représentations médiatiques, les recherches en psychologie des catastrophes soulignent que les scènes de panique généralisée demeurent exceptionnelles et que les solidarités spontanées jouent souvent un rôle déterminant dans la réussite d’une évacuation. John Drury et ses collègues invitent même à considérer que le véritable risque réside davantage dans les mythes entourant les comportements collectifs que dans les comportements eux-mêmes.

Sud-Ouest – Juillet 2026

Depuis l’accident nucléaire de Fukushima, en mars 2011, il est apparu que l’évacuation de certains groupes de personnes peut devenir un fort facteur de risque. Des enquêtes menées après la catastrophe ont montré que les évacuations précipitées de résidents d’hôpitaux et d’établissements pour personnes âgées avaient parfois entraîné des conséquences sanitaires graves. Depuis, les plans d’évacuation distinguent plus clairement les populations autonomes des populations dépendantes afin d’adapter les modalités de leur prise en charge. La protection des populations ne se résume donc jamais à déplacer le plus vite possible une masse indistincte d’individus.

Un enjeu majeur de sécurité civile

La protection civile s’est longtemps construite autour de la capacité à intervenir sur le sinistre. Avec la multiplication des événements climatiques extrêmes, déplacer au mieux une population tout en maintenant les fonctions essentielles du territoire concerné devient un enjeu tout aussi stratégique, imposant une planification préventive (long terme) associée à une agilité organisationnelle renforcée (très court terme). Une telle évolution rapproche les services de sécurité civile d’un domaine longtemps associé à l’industrie et au commerce, à savoir le management performant des chaînes logistiques complexes.

En bref, culture de la résilience, gestion capacitaire, redondance assumée et prise en compte des contraintes deviennent désormais des outils indispensables pour anticiper les évacuations de grande ampleur. Les incendies girondins de 2026 illustrent ainsi une réelle disruption révélant combien l’anticipation, la coordination interservices, et l’adaptation permanente des acteurs de terrain conditionnent la réussite des opérations de protection des populations confrontées à des phénomènes toujours plus imprévisibles. Face aux mégafeux, la logistique ne doit plus être réduite à un simple soutien aux secours, elle devient au contraire l’une des clés de leur efficacité.

The Conversation

Gilles Paché ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Incendies en Gironde : la logistique au cœur de l’évacuation massive d’une population – https://theconversation.com/incendies-en-gironde-la-logistique-au-coeur-de-levacuation-massive-dune-population-288440