Las nuevas cuentas del Real Madrid: ingresos récord, pero también una deuda financiera sin precedentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Martín Magdalena, PhD in Economic and Business Sciences / Associate Lecturer in Universidad Pontificia Comillas-ICADE, Universidad Pontificia Comillas

Vista panorámica del estadio Santiago Bernabéu, con su cubierta retráctil extendida. David Benito/Shutterstock

La Junta Directiva del Real Madrid presentó el domingo 23 de noviembre a sus socios representantes las cuentas de la temporada 2024/2025 durante su Asamblea General Ordinaria.

En la temporada pasada, el club blanco alcanzó un volumen de negocio récord impulsado por el nuevo estadio Santiago Bernabéu. Sin embargo, las cuentas también muestran el creciente riesgo financiero en que incurre el club al alcanzar una deuda financiera sin precedentes.

El dato más contundente es el volumen de ingresos. La cifra de negocios del club ascendió a casi 1 200 millones de euros, consolidando el crecimiento de los últimos años. Este crecimiento se explica, en parte, por la remodelación del estadio pues la temporada 2024/2025 ha sido la primera en la que ha estado completamente operativo tras las obras realizadas.




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Costes de plantilla controlados

El gasto de personal está por debajo del 50 % de los ingresos (un 44 %) cuando cuatro temporadas atrás se situaba en el 73 %. Este nivel está muy por debajo del umbral máximo del 70 % que imponen las reglas de control económico de la UEFA y LaLiga.




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Beneficios mejorados

La buena evolución de los ingresos y gastos ha llevado al club a conseguir un beneficio operativo bruto (EBITDA) de más de 240 millones de euros y un beneficio operativo neto de 75 millones de euros. Esto es un crecimiento de casi el 250 % respecto al año anterior, cuando fue de 21 millones de euros.

El beneficio operativo bruto muestra, básicamente, la capacidad inicial que una empresa tiene para generar caja con sus actividades. El EBITDA es lo que le queda al club tras deducir de todos sus ingresos (por derechos televisivos, venta de entradas, ingresos comerciales y por la gestión del estadio) los costes directos e indirectos (como salarios, servicios, mantenimiento, equipaciones, material de oficina, etc.), pero antes del pago de impuestos, intereses de deuda, depreciaciones y amortizaciones.

Estos resultados muestran cómo se va notando el efecto positivo de la actividad del nuevo Bernabéu, aunque todavía no esté funcionando a plena capacidad.

La deuda: el gran riesgo a futuro

El Madrid tiene una deuda de casi 1 600 millones de euros por la remodelación de su estadio. Esto, unido a otros importes pendientes de pago, ha elevado la deuda total del club por encima de los 2 200 millones de euros, que equivalen a casi un 80 % del total de sus activos.

En paralelo, tiene un total de 542 millones de euros en cuentas por cobrar (dinero que le deben entidades externas por la venta a crédito de productos o servicios, como por ejemplo importes pendientes de cobro por derechos de retransmisión, patrocinios, o por traspaso de jugadores) y en tesorería (la liquidez que necesita para asumir sus operaciones mensuales de pagos por facturas, salarios, intereses, impuestos, etc.).

El pago de intereses ha subido hasta 44 millones de euros. Este aumento era previsible porque, terminadas las obras principales del estadio, el club dejó de capitalizar intereses (en las cuentas presentadas durante las obras no los registró como gastos sino que los añadió al coste total del nuevo estadio) y empezó a apuntar en su contabilidad el gasto por los intereses de la deuda y la amortización del estadio (reflejando la depreciación de su valor durante el periodo 2024/2025).

Tras restar los gastos financieros y los impuestos, el club cerró la temporada con un beneficio neto de 24 millones de euros, con lo que duplica el beneficio que tuvo hace cuatro temporadas. Este resultado ha permitido al club aumentar su patrimonio neto hasta casi 600 millones de euros.

Sin embargo, el fondo de maniobra (el indicador financiero que muestra la capacidad de una empresa para cumplir con sus pagos y obligaciones a corto plazo) y la tesorería se han reducido como consecuencia de que, en las temporadas anteriores, el club tenía la liquidez de los préstamos aún sin utilizar para los pagos de las obras.

El fondo de maniobra ha sido negativo en casi 360 millones de euros y el dinero en la caja se redujo hasta los 176 millones de euros a 30 de junio de 2025.

Rentabilidad y endeudamiento

Para acabar el análisis de estas cuentas anuales es necesario explicar algunas ratios que se usan para examinar a las empresas:

  1. La deuda financiera sobre el resultado operativo bruto (deuda/EBITDA) del Real Madrid alcanza las 6,4 veces. Aunque es elevada, se ha reducido desde 7,7 veces la temporada anterior. Esta ratio mide la capacidad del club para pagar su deuda y esa cifra implica que necesitaría durante de seis años todo su resultado operativo bruto para liquidar dicha deuda.

  2. La rentabilidad sobre ventas (ROS) ha subido hasta el 6,5 %, casi el doble que la que tenía hace cuatro temporadas. El ROS mide qué porcentaje de los ingresos por ventas se convierte en beneficio y muestra su eficiencia para generar ganancias a partir de su actividad. Esto significa que el Real Madrid en esta temporada ha sido capaz de generar un resultado operativo neto (antes de intereses e impuestos, como hemos visto anteriormente) de 6,5 euros por cada 100 euros de ventas realizadas.

  3. La rentabilidad financiera (ROE) ha subido hasta el 4 %, pero aún se encuentra por debajo de la de la temporada 2021/2022. El ROE, que mide la rentabilidad obtenida con el dinero de los accionistas, se calcula dividiendo el beneficio neto entre los fondos propios (capital social, reservas y beneficios retenidos). Este indicador muestra cuánto beneficio obtiene el club por cada euro invertido por los socios y permite valorar si la entidad está aprovechando bien esos recursos.

En conjunto, estos indicadores muestran que el primer año completo del nuevo Bernabéu ha permitido al Real Madrid compensar, al menos en parte, el riesgo asumido con la deuda necesaria para financiar la obra. El fuerte aumento de los ingresos y el control del gasto han mejorado la rentabilidad del club. El desafío ahora es mantener esta tendencia para asegurar la estabilidad económica en las próximas temporadas, en un contexto competitivo cada vez más exigente.

Presupuesto y estrategia a futuro

Para la temporada 2025/2026 el club ha presupuestado unos ingresos cercanos a los 1 250 millones de euros y un beneficio neto de 10 millones de euros (14 millones menos que en 2024/2025). Esta reducción se debe, entre otras variaciones de gastos, al incremento de los gastos financieros hasta casi 50 millones de euros.

La estrategia del Real Madrid pasa por financiar sus cuentas con deuda a largo plazo, confiando en que el crecimiento operativo del nuevo Bernabéu permita sostener este modelo de financiación.

El Real Madrid prevé continuar explotando los nuevos negocios del estadio (conciertos y festivales de música, eventos especiales como el reciente partido de la NFL, etc.) que todavía no están a pleno rendimiento.

Dos factores a considerar

El Real Madrid ha apostado por una estrategia basada en un ambicioso plan de inversión financiado con deuda a largo plazo, con la confianza de que el crecimiento operativo del nuevo Bernabéu sostenga este modelo de crecimiento.

Por otra parte, el contexto del fútbol europeo es cada vez más exigente. Por ejemplo, la Premier League duplica los ingresos de LaLiga, y sus grandes clubes cuentan con el respaldo financiero adicional de inversores internacionales.

Estas dos cuestiones plantean una duda clave: ¿bastará el plan actual para mantener el liderazgo deportivo y económico del Madrid o deberá explorar nuevas vías de financiación que podrían transformar su propia estructura?




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Jorge Martín Magdalena no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las nuevas cuentas del Real Madrid: ingresos récord, pero también una deuda financiera sin precedentes – https://theconversation.com/las-nuevas-cuentas-del-real-madrid-ingresos-record-pero-tambien-una-deuda-financiera-sin-precedentes-270045

De Mallorca a LIGO: descifrando el lenguaje del universo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan-René Mérou, Physics PhD Student, Universitat de les Illes Balears

Recreación de la fusión de dos agujeros negros generando ondas gravitacionales. Jurik Peter/Shutterstock

Cuando cae la noche sobre Mallorca y el viento sopla suavemente entre los robles, el silencio parece hablar un idioma que solo entienden aquellos que se detienen a escuchar. Desde una duna en la playa de Es Trenc, con el horizonte inmóvil, o desde la cima de Teix, donde el aire es tan fino que parece tejer hilos invisibles con el cielo, uno se pregunta qué esconden las estrellas, qué misterio sostiene su constante centelleo.

Y entonces recuerdas que estamos aquí, personas pequeñas en una isla pequeña dentro de un planeta pequeño, y sin embargo capaces de escuchar el susurro más suave del universo. Imaginemos dos agujeros negros, en algún lugar remoto, girando uno alrededor del otro hasta fusionarse en un grito silencioso. Este grito viaja por el cosmos como un temblor del espacio-tiempo, una onda que viaja durante miles de millones de años hasta llegar a la Tierra, para hacer vibrar ligeramente los espejos del detector LIGO.

Gracias a detectores extraordinarios como LIGO, podemos “oír” estas vibraciones, lo que nos permite observar fenómenos invisibles para los telescopios convencionales y comprender mejor las leyes de la naturaleza. Estas ondas fueron predichas por Einstein hace más de cien años, cuando redefinió la gravedad no como una fuerza, sino como un efecto de la geometría del espacio-tiempo sobre la materia.

Pequeñas perturbaciones cargadas de información

Las ondas gravitacionales son perturbaciones en el espacio-tiempo causadas por cualquier masa que acelere. Incluso un gesto cotidiano como un aplauso las genera, aunque entonces son tan débiles que resultan imposibles de detectar. Solo los acontecimientos más violentos del universo, como la fusión de dos agujeros negros, dos estrellas de neutrones o un agujero negro con una estrella de neutrones, producen ondas lo suficientemente intensas como para que podamos “cazarlas” en la Tierra.

Estas ondas viajan a la velocidad de la luz y deforman el espacio-tiempo por el que pasan, llevando consigo información única sobre los eventos que las generan. Gracias a ellas, podemos obtener información directa sobre las propiedades y el comportamiento de objetos tan extremos como los agujeros negros y las estrellas de neutrones. Nos permiten estudiar su masa, giro, distancia y dinámica de fusión, así como la física en condiciones extremas de gravedad, densidad y energía que no se pueden reproducir en ningún laboratorio de la Tierra.

Así funciona LIGO

No fue hasta el 14 de septiembre de 2015 cuando pudimos escuchar estas vibraciones cósmicas por primera vez. Ese día, un mallorquín, Miquel Oliver, trabajaba en el observatorio LIGO Hanford, en Estados Unidos, colaborando directamente con el equipo científico. Allí, dentro de esos túneles silenciosos, la humanidad abrió una nueva ventana al cosmos, confirmando una predicción centenaria y marcando el comienzo de una nueva era de la astronomía de ondas gravitacionales.

LIGO es un extraordinario detector interferométrico. Consiste en dos inmensos brazos en forma de L, cada uno de cuatro kilómetros de longitud, situados en Estados Unidos: uno en Hanford (Washington) y otro en Livingston (Luisiana). Su funcionamiento se basa en el envío de un rayo láser que se divide en dos; cada uno recorre uno de los brazos y realiza miles de viajes reflejándose en espejos suspendidos.

Instalaciones del Observatorio Ligo en Hanford (Washington, Estados Unidos).
Caltech/MIT/LIGO Lab

Si no pasa ninguna onda gravitacional, los láseres se recombinan, produciendo una interferencia destructiva. Pero si una de esas perturbaciones atraviesa el detector, deforma el espacio-tiempo estirando y comprimiendo los brazos, cambiando su longitud relativa. Esto hace que los rayos se recombinen con un ligero cambio de fase, lo cual genera una interferencia constructiva y produce una señal detectable.




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Esta diferencia es tan pequeña que corresponde a deformaciones del espacio-tiempo de una milésima parte del ancho de un protón. Para detectarlas, se requiere un entorno extremadamente silencioso, libre de cualquier ruido. El silencio en LIGO es tan profundo que puede detectar todo, desde el sonido cuántico más sutil hasta un terremoto lejano. Pero lo que buscan es aún más sutil: un susurro de la propia gravedad. Para ello, existe un equipo de caracterización de detectores, encargado de identificar y eliminar todas estas fuentes de ruido, garantizando la fiabilidad de las señales registradas.

Con acento mallorquín

Investigadores de la Universitat de les Illes Balears (UIB) han sido parte esencial de este esfuerzo científico. En 2015, cuando la primera señal hizo temblar los detectores, Miquel Oliver se encontraba en Hanford. Posteriormente, Pep Covas, que mejoró la calidad de los datos, y Rodrigo Tenorio viajaron allí. Rafel Jaume Amengual y Joan-René Mérou pasaron una temporada en Livingston. Rafel trabajó en la sincronización temporal y la calibración de las señales astrofísicas, mientras que Joan-René identificó las fuentes de ruido.

Este año, 2025, coincidiendo con el décimo aniversario de aquella primera detección, otros dos estudiantes de doctorado, Alicia Calafat y Joan-René Mérou, volverán a LIGO Hanford para aprender a leer estas señales del cosmos y contribuir a futuros descubrimientos que ampliarán nuestro conocimiento del universo.

¿Por qué es fundamental este trabajo? Porque nos ayuda a comprender la gravedad, uno de los grandes misterios que aún siguen sin resolverse. Las ondas gravitacionales contienen secretos sobre la creación de los agujeros negros, sobre la materia más densa del universo, sobre los límites mismos de nuestro entendimiento. Cada detección es un paso más hacia una teoría unificada de las fuerzas de la naturaleza, un paso más hacia la comprensión de quiénes somos y de dónde venimos.

Retorno a las raíces

Y mientras los detectores escuchan el universo desde los bosques de Luisiana y los desiertos de Washington, aquí en Mallorca podemos subir al Teix y mirar al cielo con los ojos llenos de preguntas. El conocimiento científico no consiste solo en un conjunto de datos y fórmulas: es un retorno a nuestras raíces más profundas, a ese momento primordial en el que la humanidad contempló la bóveda celeste y soñó con comprenderla.

Los investigadores de la UIB, cuando viajan a LIGO, no solo llevan consigo el conocimiento, sino también la mirada de quienes saben escuchar el silencio del cosmos. Porque el silencio habla, si sabemos leerlo. Porque, en el fondo, mirar al cielo, escucharlo y querer comprender su lenguaje es también querer comprendernos a nosotros mismos. Y mientras el universo vibra con misterios ancestrales, aquí, en Mallorca, seguimos escuchando.


Este artículo resultó ganador del VI Concurs de Divulgació Científica de la Universitat de les Illes Balears en la categoría General.


The Conversation

Joan-René Mérou recibe fondos de la Universitat de les Illes Balears (UIB); los proyectos de la Agencia Estatal de Investigación PID2022-138626NB-I00, RED2024-153978-E, RED2024-153735-E, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por el FEDER/UE; y por la Comunitat Autònoma de les Illes Balears a través de la Conselleria d’Educació i Universitats con fondos de la Unión Europea – NextGenerationEU/PRTR-C17.I1 (SINCO2022/6719) y de la Unión Europea – Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) (SINCO2022/18146) y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través de la ayuda Formación de Profesorado Universitario 2022 FPU22/01187. 

Alicia Calafat recibe fondos de la Universitat de les Illes Balears (UIB); los proyectos de la Agencia Estatal de Investigación PID2022-138626NB-I00, RED2024-153978-E, RED2024-153735-E, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por el FEDER/UE; y por la Comunitat Autònoma de les Illes Balears a través de la Conselleria d’Educació i Universitats con fondos de la Unión Europea – NextGenerationEU/PRTR-C17.I1 (SINCO2022/6719) y de la Unión Europea – Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) (SINCO2022/18146).

ref. De Mallorca a LIGO: descifrando el lenguaje del universo – https://theconversation.com/de-mallorca-a-ligo-descifrando-el-lenguaje-del-universo-269946

Anatomía de una mente absorta: ‘flow’, hiperfoco y neurodiversidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iratxe Antonio-Agirre, Associate Professor in the Department of Developmental and Educational Psychology, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Gaukhar Yerk/Shutterstock

¿Qué tienen en común un programador que escribe líneas de código durante horas sin pestañear, un niño superdotado que se olvida de comer por estar resolviendo acertijos, un atleta de élite en plena competición y una artista que siente cómo su cuerpo desaparece mientras pinta? Todos han entrado en un estado mental poco frecuente pero intensamente poderoso: un enfoque tan absoluto que el tiempo, el entorno y el yo desaparecen.

Este fenómeno se conoce como estado de flow, que en español puede traducirse como “flujo”. El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi ya lo describió hace medio siglo como una experiencia óptima de conciencia. Se trata de un momento en el que mente y cuerpo se alinean con lo que estamos haciendo, sin esfuerzo aparente, en una danza perfecta entre desafío y habilidad.

El flow no es simple concentración. Es una absorción tan profunda que el sentido del tiempo se distorsiona y la acción parece fluir por sí sola. En sus estudios, Csíkszentmihályi y sus colegas observaron este fenómeno en atletas, músicos y científicos.

De la ejecución de habilidades al aprendizaje

Sin embargo, no todos lo viven igual. Los atletas y músicos suelen experimentar este estado mental durante la ejecución de habilidades que ya dominan, mientras que los investigadores lo viven en el proceso mismo de aprendizaje y descubrimiento. En este último caso, el flow está estrechamente ligado al aprendizaje autodirigido: la capacidad de explorar y aprender sin una guía externa, impulsado por la curiosidad y la motivación interna.

Otro estudio con más de 450 músicos y atletas de élite mostró que ambos grupos experimentaban flow con frecuencia, especialmente en contextos grupales, y que el equilibrio entre desafío y habilidad era el mejor predictor de bienestar y satisfacción vital. No se trata de trabajar más, sino de encontrar el punto exacto en el que la dificultad nos reta sin desbordarnos.

Flujo versus hiperfoco

Pero hay otro estado mental que, a primera vista, se le parece: el hiperfoco. También implica una atención extrema, distorsión del tiempo y una desconexión del entorno, pero su origen y su control son distintos. Mientras que el flujo es un estado voluntario y regulado, el hiperfoco es más automático y compulsivo. El cerebro se engancha profundamente con algo que despierta su interés (a veces útil, a veces no tanto) y resulta casi imposible soltarlo. Se olvida el mundo… y también comer, dormir o responder un mensaje.

La diferencia clave es el control. El flujo se cultiva; el hiperfoco te atrapa.

Imaginemos un estudiante que dedica una tarde entera a un proyecto de clase especialmente estimulante, avanzando más en unas horas que en días de estudio convencional; en cambio, ese mismo estudiante podría quedar atrapado durante horas perfeccionando un detalle menor de otro proyecto, ignorando plazos y prioridades más urgentes. Mientras que en la primera situación el hiperfoco potencia su rendimiento, en la segunda la intensidad de la concentración desplaza tareas esenciales y genera estrés.

El placer de concentrarse (a veces hasta el agotamiento)

Aunque muy diferentes entre sí, las personas en el espectro autista, con TDAH, altas capacidades o alta sensibilidad comparten una notable predisposición a sumergirse profundamente en aquello que les interesa. En todos estos casos puede aparecer una concentración tan intensa que el tiempo y el entorno parecen desdibujarse.

Sin embargo, el modo en que se manifiesta esa atención varía. En el espectro autista o el TDAH (de forma episódica y discontinua) es más común el hiperfoco, un estado absorbente y a menudo difícil de interrumpir, ligado a intereses específicos.

Las personas con altas capacidades o alta sensibilidad, aunque dependiendo de su perfil cognitivo y emocional, suelen acceder con mayor facilidad y más profundamente al estado de flujo, caracterizado por un equilibrio entre desafío y habilidad, disfrute y sensación de control. Pero también necesitan aprender a regular la intensidad. Es decir, saber cuándo frenar, cómo descansar, y qué condiciones facilitan (o sabotean) su bienestar mental.

Una intensidad mental poco común

Ese es, precisamente, otro aspecto que tienen en común estos perfiles: una mente que procesa el mundo con una intensidad poco común. Esa profundidad cognitiva y sensorial puede ser una fuente de creatividad y lucidez, pero también un terreno fértil para la saturación cuando los estímulos o las emociones se acumulan.

En las personas que están en el espectro autista o aquellas altamente sensibles, esa sobrecarga puede desembocar en un colapso sensorial, una especie de apagón interno que obliga al cuerpo y a la mente a desconectarse. En el TDAH, la consecuencia se manifiesta más como agotamiento atencional o emocional, mientras que en las altas capacidades adopta la forma de fatiga mental, fruto de una sobreestimulación constante.

En esta línea, investigaciones recientes introducen el concepto de “variabilidad de flujo” que es la oscilación entre días de altísima concentración y días de bloqueo o dispersión. Las personas con gran variabilidad de flujo tiende a mostrar menos creatividad y más fatiga mental, precisamente porque no logran mantener una estabilidad emocional y cognitiva en su rendimiento. El estado mental de flujo es frágil, depende de multiples factores como el contexto, la motivación, la energía, las emociones… y fluctúa fácilmente. Por eso, aprender a mantenerlo estable puede ser tan importante como aprender a alcanzarlo.

El entorno importa

A diferencia del mito del genio solitario o del talento que brilla sin ayuda, lo que permite que el flujo se vuelva una práctica sostenida para cualquier persona, y no solo un accidente feliz, es el diseño consciente del entorno y del propio ritmo de vida.

Los factores externos son decisivos: espacios silenciosos, tiempos sin interrupciones, objetivos bien definidos y una atmósfera que transmita propósito y claridad. Estos elementos no solo reducen la distracción, sino que crean las condiciones necesarias para que la mente pueda concentrarse con profundidad y fluidez.

No se trata de eliminar el ruido del mundo, sino de configurar un contexto que lo haga irrelevante. Diseñar rutinas que incluyan pausas reales, desconexión sensorial y descansos mentales no implica trabajar menos, sino trabajar mejor: dar espacio a la mente para que recupere su capacidad natural de enfoque y creatividad.

Reconciliar intensidad con equilibrio

Si el entorno es el escenario, la mente es el instrumento. El flujo surge cuando ambos se sincronizan. Sin embargo, para quienes poseen una mente especialmente intensa, ya sea por sensibilidad, talento o neurodivergencia, esa armonía exige un trabajo interno de autorregulación y autoconciencia.

Los factores internos que sostienen el flujo incluyen la motivación intrínseca, el sentido de propósito y un equilibrio adecuado entre desafío y habilidad. Pero también requieren la capacidad de reconocer cuándo la concentración profunda empieza a transformarse en sobreexcitación o hiperfoco, estados que pueden agotar más que nutrir.

Aprender a modular la propia intensidad no significa apagarla, sino dirigirla con precisión. La verdadera maestría consiste en mantener la energía sin perder el equilibrio. Es decier, fluir plenamente sin quemarse en el intento. Entre la estructura del entorno y la gestión del mundo interno se encuentra el arte de trabajar y vivir con profundidad.

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Iratxe Antonio-Agirre no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Anatomía de una mente absorta: ‘flow’, hiperfoco y neurodiversidad – https://theconversation.com/anatomia-de-una-mente-absorta-flow-hiperfoco-y-neurodiversidad-267702

Más allá del silicio: alternativas para mejorar el rendimiento de las celdas solares

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miquel Solà Puig, Catedrático de Química Física, Universitat de Girona

Actualmente, la mayoría de las celdas solares se fabrican con silicio, que requiere un alto consumo eléctrico. fuyu liu/Shutterstock

Aunque la Tierra recibe solo una milmillonésima parte de la colosal producción de energía del Sol, incluso esa pequeña fracción representa 120 000 billones de vatios. Y, para satisfacer la energía que se consume en el planeta, tan solo necesitaríamos recolectar menos del 0,02 %. Como un ejemplo entre la oferta y demanda energética actual, en solo 6 horas, los desiertos de todo el mundo reciben más energía solar que la que consumimos los humanos en un año.




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Además de ser una fuente inagotable, la energía solar presenta al menos otra ventaja clave sobre otras renovables (biomasa, mareomotriz, geotérmica, hidráulica y eólica): la distribución global de la luz solar permite ubicar las instalaciones de producción de energía más cerca del lugar de consumo.

Desventajas del silicio

La energía del Sol se puede captar mediante celdas solares, pero la mayoría de ellas están basadas en silicio, que son costosas y pesadas. Su producción requiere, pues, un gran consumo energético, lo que genera una alta contaminación ambiental.

Por otro lado, aunque las celdas solares de silicio han alcanzado eficiencias de conversión de energía superiores al 26 %, la mejora adicional se limita a eficiencias de alrededor del 30 % debido al llamado límite de Shockley-Queisser Este límite marca la eficiencia teórica máxima de una celda solar de silicio en el 32 %, debido a pérdidas por recombinación radiativa en la celda.

Se calcula que para captar la energía que consume la población mundial necesitaríamos 51 000 millones de celdas solares de silicio, lo que supone
unas 6 o 7 por habitante del planeta. Un número que podríamos reducir si consiguiéramos mejorar su eficiencia. Si además fuéramos capaces de disminuir los costes de producción, sería más viable llegar a instalar el número necesario para satisfacer las necesidades energéticas de la humanidad.

Para abordar estos problemas, se están investigando dos alternativas principales: las celdas solares de perovskita y las celdas solares orgánicas.

Celdas solares de perovskita

En el primer caso, el material que transforma la luz en electricidad es un mineral descubierto por Gustav Rose en 1839 en los montes Urales (Rusia). Los compuestos de perovskita son relativamente fáciles y baratos de producir y tienen una gran capacidad de absorber la luz solar. Con estas celdas se han conseguido eficiencias del 27 % cuando solo las conforman perovskitas y del 30 % combinadas con silicio.

El principal problema que presentan es su escasa estabilidad. Debido a que la perovskita reacciona con oxígeno y agua, este material se degrada en un tiempo inferior a un año. El otro inconveniente es la existencia de defectos en su cristal, los cuales frenan la conducción eléctrica.

En la actualidad, existen numerosos grupos de investigación y empresas buscando soluciones que permitan en un futuro no lejano comercializar celdas solares de perovskita. Una de las propuestas consiste en añadir una capa de fullerenos en la superficie del material para que mejore su estabilidad frente al agua y, como consecuencia, también la conducción eléctrica.

La revolución de las moléculas orgánicas

Por otro lado, se están estudiando las celdas solares orgánicas, otra tecnología prometedora que utiliza moléculas orgánicas π-conjugadas, es decir, moléculas con enlaces simples y múltiples alternados (como, por ejemplo, H₂C=CH-CH=CH-CH=CH₂).

La energía fotovoltaica orgánica ofrece varias ventajas: las celdas solares son ligeras, económicas de fabricar, flexibles, transparentes y su síntesis tiene un bajo impacto ambiental. No obstante, su principal problema es la baja eficiencia que presentan, aunque se han publicado eficiencias de celdas solares fabricadas con materiales orgánicos que llegan al 19 %.

Existen empresas que ya fabrican celdas fotovoltaicas orgánicas y, según la consultora india Versha Vijay de Kings Research, se estima que el mercado de celdas solares orgánicas crecerá de 130,2 millones de dólares en 2023 a 326,6 millones en 2031.

Las celdas solares orgánicas pueden estar compuestas por materiales dadores y aceptores de electrones mezclados o por un solo material que contenga un grupo dador (D) y un grupo aceptor (A) en la misma molécula (D-A). Ambos grupos están enlazados por un enlace covalente.

La absorción de un fotón de la luz solar produce un estado de transferencia de carga D⁺-A⁻ que puede evolucionar para generar un excitón. Este dará lugar a una separación de las cargas positiva y negativa que viajan hacía el ánodo y el cátodo cerrando el circuito, con lo que se consigue generar electricidad a partir de la luz.

Una de las líneas de investigación que se siguen es la que involucra moléculas orgánicas que presentan fisión de singlete. En estas moléculas, por cada fotón absorbido se pueden generar dos excitones que a su vez generan dos pares electrón-agujero.

La principal diferencia respecto a las celdas orgánicas tradicionales es que éstas pueden generar como máximo un electrón por cada fotón, mientras que las celdas orgánicas con materiales que tienen fisión de singlete pueden generar dos electrones por cada fotón, con lo que se puede potencialmente doblar la eficiencia de la celda solar orgánica.

En el proceso de fisión de singlete un fotón puede llegar a generar dos excitones que a su vez pueden generar dos pares de electrón-agujero, potencialmente doblando la eficiencia de la celda solar orgánica.

Aunque todavía no se han alcanzado resultados comercializables, se está realizando mucha investigación en esta dirección. Esperamos que en un período de cinco a diez años podamos adquirir las revolucionarias celdas solares orgánicas.

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Miquel Solà Puig recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (proyecto PID2023-147424NB-I00) y la Generalitat de Catalunya (proyecto 2021SGR623 e ICREA Academia 2024).

ref. Más allá del silicio: alternativas para mejorar el rendimiento de las celdas solares – https://theconversation.com/mas-alla-del-silicio-alternativas-para-mejorar-el-rendimiento-de-las-celdas-solares-255180

¿Qué efecto tiene decidir a quién se retrata (y a quién no)?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar Díaz Chica, Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Europea Miguel de Cervantes

Fotografía de Dorothea Lange en la que se muestra a una familia originaria de Oklahoma, residente en ese momento en el campamento de trabajadores migrantes de la Administración de Seguridad Agrícola (FSA) en California, durante la Gran Depresión. Library of Congress’s Prints and Photographs division
Imagen de edificios en blanco y negro.
‘Vista desde la ventana en Le Gras’ de Joseph Nicéphore Niépce es la fotografía más antigua que se conserva.
Harry Ransom Center/Wikimedia Commons

Desde que en el año 1826 Joseph Nicéphore Niépce tomara la que se considera como imagen fotográfica más antigua conservada, la fotografía ha experimentado una gran expansión. Ya no solo porque gran parte de la población tenga constantemente una cámara a mano gracias al móvil, o porque las redes sociales hayan impulsado el protagonismo de la actual cultura de la imagen –sea estática o en movimiento–, sino también porque esta técnica se ha convertido en un elemento artístico con gran proyección.

Hablar hoy de fotos es mencionar un gesto cotidiano. Fotos que ya no suelen revelarse de forma analógica sino de manera digital. Para ello se utilizan programas informáticos con objeto de ajustar parámetros como, entre otros, el brillo, el contraste, la saturación y la nitidez.

Por contra, cuando el revelado es analógico se usan películas sensibles a la luz que capturan imágenes a través del objetivo de las cámaras. Se trata de exposiciones que quedan grabadas en el film y que posteriormente, a través de reacciones químicas, generan las fotografías en papel. Es lo que coloquialmente se denomina “revelar un carrete”, porque todas las exposiciones a la luz de una película quedan almacenadas en un carrete opaco de plástico que posteriormente se trata en un laboratorio.

El caso de las tarjetas Shirley

Las capturas fotográficas no siempre reflejan la realidad de manera fiel, lo que puede generar algún tipo de perjuicio. Un caso paradigmático se evidenció con las denominadas “Shirley Cards” o tarjetas Shirley de la marca Kodak.

Estas películas fotográficas calibraban sus ajustes de color e iluminación a través de una modelo blanca (conocida como “Shirley”), utilizada como estándar internacional. Como consecuencia, los tonos de piel más oscuros quedaban sobre o subexpuestos. El problema, que se presentó a mediados del siglo XX, no fue subsanado hasta que unas compañías de muebles y chocolates se quejaron a Kodak de la mala exposición de sus productos en las fotos.

Es decir, lo que generó el cambio no fue que la gente negra apareciera desfigurada en las fotografías, sino las necesidades de los clientes de piel blanca, que eran quienes dominaban el mercado. El problema se solucionó con el equivalente moderno de las tarjetas Shirley que, junto a los parches de color o la escala de grises, contemplaba la existencia de diferentes tonos de piel.

Dignidad y fotografía

La capacidad para ofrecer diferentes lecturas de la fotografía de una persona se ha explorado desde la semiótica. A fin de cuentas, las fotos no dejan de ser construcciones del lenguaje que permiten nombrar con corrección (o no) aquello que designan. Cuando la fotografía no representa con fidelidad la propia imagen puede llegar a generar problemas psicológicos y afectar a la dignidad e identidad personal.

En este sentido, la representación fotográfica supone una llamada a la responsabilidad social del fotógrafo. Un ejemplo de esta disposición sería el caso de la humanista Dorothea Lange, quien trató de sensibilizar a la opinión pública sobre las condiciones de vida de los más desfavorecidos.

Lange se unió a la Farm Security Administration (FSA) en la tercera década del siglo XX. Por entonces ese organismo, impulsor de un conjunto de reformas y subsidios para paliar los daños de la crisis económica de 1929 en Estados Unidos, reclutó a algunos de los mejores documentalistas de la época para crear un archivo fotográfico. Su objetivo era mostrar la dura realidad de las zonas rurales durante la Gran Depresión.

Imagen de Dorothea Lange en la que retrata a una familia con cinco niños caminando por la carretera
Imagen de Dorothea Lange en la que retrata a una familia con cinco niños caminando por la carretera, con destino a Krebs, Oklahoma (Estados Unidos). En 1936, el padre cultivaba tierras a cambio de una tercera y cuarta parte de la cosecha. Enfermó de neumonía y perdió la granja. No pudo conseguir trabajo en la Administración y le denegaron la ayuda del condado en el que había residido durante quince años debido a su residencia temporal en otro condado tras su enfermedad.
Library of Congress’s Prints and Photographs division

Para atender este cometido, Lange tuvo que documentar la pobreza y las difíciles condiciones de vida del colectivo rural norteamericano afectado por la crisis económica y social. En su realización se esforzó por captar la dignidad de las personas fotografiadas, así como provocar una respuesta emocional en el espectador. Su caso es particularmente interesante al ser una firme defensora de la fotografía directa, objetiva y carente de manipulación. Sus imágenes trataban de invitar a la reflexión, mostrar al ser humano y sus circunstancias sin alterar las situaciones.

Si me veo es que existo

Dentro de los múltiples usos de la fotografía se encuentra la inclusión social. Especialmente incentivada a través del lenguaje, también se ha estimulado mediante la incorporación en las fotos de determinadas personas o grupos sociales.

Así ocurre por ejemplo en el caso de algunas mujeres indígenas de Argentina a inicios del siglo XX. En relatos publicados de viajes de naturalistas a zonas periféricas de este país (como la Patagonia o Jujuy) aparecen fotografías que las retratan y reflejan sus condiciones de vida.

Es cierto que el montaje de algunas fotografías se orienta a reflejar las representaciones de temporalidad que los exploradores concebían respecto al mundo indígena. Aunque muchas respondían a esa mirada colonial, su posterior recuperación en archivos y museos ha permitido reconocerlas como parte de la historia visual del país y dar visibilidad a identidades antes marginadas.

Imagen en blanco y negro de unas mujeres indígenas.
Imagen tomada por Robert Lehmann-Nitsche en Latinoamérica a principios del siglo XX.
Instituto Ibero-Americano

Otras formas de revolución fotográfica

Incluso la lectura de fotografías ha facilitado la inclusión, como demuestra un estudio realizado con brasileños con discapacidad auditiva de 16 y 17 años.

La investigación se desarrolló a partir de la selección de fotografías de los principales periódicos de información generalista de Río de Janeiro. Las imágenes estaban relacionadas con el medio ambiente y con acontecimientos cercanos a los alumnos (como las ecobarreiras: barreras flotantes diseñadas para detener la basura antes de que llegara a bahías desbordadas después de fuertes lluvias). El lenguaje visual de la fotografía periodística ayudó a los alumnos a entender conceptos técnico-científicos de los investigadores y superar las barreras del lenguaje auditivo. Además, facilitó su comprensión de ideas ecológicas complejas y fomentó su inclusión en el debate ambiental.

Entre otros resultados puntuales destacados, se confirmó que la inclusión de metadatos (que describen el contenido, la calidad, la condición y otras características de la imagen) en las fotografías de medios de comunicación online facilita tres veces más la comprensión de estos jóvenes con discapacidad auditiva que las fotografías de medios impresos.

Por otra parte, también es posible estimular la inclusión al favorecer, por ejemplo, que grupos vulnerables con diversidad funcional se comuniquen con la sociedad gracias a sus capturas fotográficas.

Hasta la publicidad

Realmente, la fotografía no solo destaca por su capacidad para representar con fidelidad un fragmento de realidad, sino también por permitir que esa imagen pueda ser vista por otros. Este hecho de compartir una imagen es, en sí mismo, un acto de comunicación (etimológicamente vinculado a poner algo en común) que puede facilitar la integración de lo representado.

La fotografía de inclusión es un recurso que no solo tiene sentido en el ámbito del periodismo, la antropología o la documentación. Su potencial es realmente muy versátil y favorece que también sea valorado en otros campos como la publicidad.

Primeros planos de diferentes personas de diferentes procedencias y colores de piel.
Una de las campañas históricas de la marca United Colors of Benetton creada por Oliviero Toscani en 1998 apelaba al decimotercer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos para indicar que ‘todo el mundo tiene derecho a abandonar cualquier país, incluido el suyo, y a regresar a su país’.
United Colors of Benetton

En este ámbito se ha planteado como recurso tanto por su impacto emocional como por su capacidad para incluir minorías marginadas en los anuncios. Su mayor utilización también parece interesante en entornos como el digital, para contrarrestar en cierto modo alguno de los problemas asociados al uso de las redes sociales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué efecto tiene decidir a quién se retrata (y a quién no)? – https://theconversation.com/que-efecto-tiene-decidir-a-quien-se-retrata-y-a-quien-no-265920

¿Cómo enseñamos español de manera eficaz a la población migrante?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel Tejero López, Docente e investigador, Universidad Camilo José Cela

AnnaStills/Shutterstock

Cuando Keita llegó a España procedente de la República de Guinea apenas podía comunicarse. Hoy, siete años más tarde, está trabajando en Albacete.

La lengua es una herramienta fundamental para mejorar la integración de los migrantes no hispanohablantes, especialmente de quienes llegan en condiciones de vulnerabilidad. En España, el 13,4 % de la población tiene nacionalidad extranjera y el 18,2 % ha nacido fuera de España, según datos de 2024.

El desafío de la integración se incrementa cuando las procedencias no se corresponden con países hispanohablantes, como lo son muchas de las personas que solicitan protección internacional. No hablar la lengua del país de acogida impide que la población inmigrante tenga acceso a las mismas oportunidades.

El idioma como puerta de integración

La acogida es un reto económico, legislativo, político, sanitario, social y educativo. El idioma del país receptor se considera una llave de acceso a derechos básicos y a una consecuente vida más autónoma y digna.

Existen iniciativas que facilitan la integración lingüística a estos migrantes no hispanohablantes. Desde distintas universidades e instituciones europeas surgen iniciativas como INCLUDEED o REBUILD. Estos proyectos apuestan por facilitar la integración social y lingüística a través de la colaboración e innovación institucional. Nosotros también hemos diseñado una iniciativa pedagógica llamada ELIM con la que utilizar el conocimiento del idioma específicamente para superar situaciones de vulnerabilidad.

¿Qué sucede en el aula de español para inmigrantes?

Diría que ningún docente puede olvidar la experiencia de enseñar español por primera vez a inmigrantes. Los años de formación, la experiencia en la enseñanza de lenguas o los materiales y metodologías que siempre suelen funcionar apenas tienen importancia. Nadie nos prepara para un contexto lleno de tantas particularidades.

Estas aulas se caracterizan por una diversidad cultural y lingüística constante que obliga a replantear la forma de enseñar en cada momento. Es común tener estudiantes procedentes de países de habla árabe, como Marruecos, de Ucrania o Rusia, además de otras lenguas de países africanos: wolof, fulani o bambara, por ejemplo.

Los ritmos de aprendizaje son marcadamente heterogéneos. Por un lado, aparecen limitaciones de alfabetización y lectoescritura. Muchas personas nunca han ido a la escuela de manera regular. Por otra parte, hay personas con doctorados, que alcanzaron el máximo nivel académico o que eran profesionales asentados en sus países de origen.

A estos factores hay que añadir las experiencias traumáticas que vivieron antes de emigrar, durante el desplazamiento, o tras su reciente llegada a una nueva y diferente sociedad. Los testimonios no suelen ser sencillos de procesar. El duelo migratorio influye también en los estados anímicos, mentales y de motivación. Las habituales responsabilidades familiares, las limitaciones de salud o los trámites burocráticos suelen ser predominantes y afectan en el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lengua.

Posibles pautas de actuación

Por lo tanto, el reto va más allá de la enseñanza del idioma. Centros y profesorado deberían tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  1. Analizar las necesidades reales del alumnado. No solo tiene importancia el nivel de lengua o la capacidad de lectoescritura, sino otros elementos más subjetivos como las motivaciones de aprendizaje, las experiencias previas o la importancia del factor psicológico por el duelo migratorio.

  2. Priorizar el aprendizaje funcional y promover un enfoque comunicativo extremo. Es conveniente contextualizar los contenidos y diseñar actividades adaptadas a las realidades sociales y culturales de inmersión. No sería propio tratar temas como las vacaciones de verano cuando muchos migrantes jamás han tenido unas. En cambio, los trámites burocráticos, las gestiones administrativas, la búsqueda de empleo o vivienda y el acceso a servicios básicos son elementos clave en su día día.

  3. Diseñar materiales y actividades adaptados a las realidades. Son escasos los manuales y materiales disponibles para la enseñanza de español a migrantes. Los centros y docentes hacen un gran trabajo de diseño y creación que desafortunadamente no suele compartirse con la comunidad.

  4. Tener en consideración la dimensión afectiva e intercultural, abrazar la alfabetización como un componente más y relegar la evaluación a un segundo plano.

Colaboración y apoyo institucional

No existe un marco estructurado de colaboraciones y apoyos institucionales con relación a la integración sociolingüística de los migrantes.

El primer paso sería estrechar lazos entre profesorado de español para inmigrantes. Asimismo, es de vital importancia fomentar la cooperación interinstitucional, involucrando no solo a oenegés y asociaciones, sino también alianzas con organismos públicos, universidades o el propio Instituto Cervantes. Solo así se comenzarán a combatir las barreras burocráticas y económicas, garantizando que estos elementos no limiten el acceso a la educación lingüística.

El reconocimiento de la profesión por parte de todos los organismos competentes es fundamental. La enseñanza de español a inmigrantes es mucho más que enseñar un idioma. Se trata de abrir puertas hacia la construcción de un futuro con más oportunidades y menos desigualdades.

En palabras de Keita: “Aprender español me ayudó muchísimo. Cuando llegué aquí no sabía ni decir ‘hola’, no podía comunicarme con la gente y así es imposible trabajar. Ahora soy maquinista y cada vez que lo pienso me siento muy feliz”.

The Conversation

José Ángel Tejero López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo enseñamos español de manera eficaz a la población migrante? – https://theconversation.com/como-ensenamos-espanol-de-manera-eficaz-a-la-poblacion-migrante-266192

Reality check: The Supreme Court actually did the right thing in its child pornography ruling

Source: The Conversation – Canada – By Meg D. Lonergan, Contract Instructor and Doctoral Candidate, Legal Studies, Carleton University

The Supreme Court of Canada’s decision in the Attorney General of Québec v. Senneville struck down one-year mandatory minimum sentences for accessing or possessing child pornography. Immediately, politicians and commentators denounced the ruling.

Conservative Leader Pierre Poilievre, Ontario Premier Doug Ford and Alberta Premier Danielle Smith have urged Ottawa to invoke Section 33, also known as the notwithstanding clause, of the Charter of Rights and Freedoms. The clause allows Parliament or provincial legislatures to override certain Charter rights for five years.

Their alarm fits a broader pattern of constitutional populism in which politicians move to sidestep court rulings and Charter protections whenever they obstruct political objectives — whether that’s targeting the unhoused, trans rights, labour rights or now criminal sentencing.

One media commentator accused the Supreme Court of trying to “help” sex offenders, while Manitoba Premier Wab Kinew declared offenders should be “buried underneath prisons.” His reaction echoes last year’s episode in which he apologized for his caucus’s move to expel Mark Wasyliw — a criminal defence lawyer and NDP member of provincial parliament — after Wasyliw’s colleague, Gerri Wiebe, represented convicted sex offender Peter Nygard.

What the court actually did

In her seminal 1984 essay “Thinking Sex,” queer theorist and scholar Gayle Rubin observed that few political tactics are as effective at generating moral panic as invoking the need to “protect children.”

That remains true today, in part because voices across the political spectrum are vulnerable to the same knee-jerk, sensationalized responses whenever sexual harm involving children is at issue.

While the furious response to Senneville shows Canada in the grip of a new moral panic, the Supreme Court’s decision to strike down mandatory minimums for child pornography offences reflects constitutional fidelity — not leniency.

The Canadian Charter of Rights and Freedoms must apply to everyone if it’s to have any meaning at all. Section 12 of the Charter, in fact, guarantees that everyone has the right not to be subjected to cruel or unusual punishment.

Generally, mandatory minimums are constitutionally suspect, since they remove judicial discretion in sentencing based on the evidence and the specific situation at hand, and infringe upon the legal doctrine of stare decisis that requires precedence be followed.

In Senneville, the court held that mandatory minimums violate Section 12 Charter rights because they prevent judges from imposing proportionate, individualized sentences based on the facts of the case. The court also noted that Section 12 acknowledges innate human dignity and the inherent worth of individuals.

Proportionality, the Supreme Court emphasized, is a constitutional limit on state punishment, not a discretionary preference. At no point did the court diminish the gravity of child exploitation; on the contrary, it devoted an entire section in its ruling to detailing the profound harm caused by these offences.

This is consistent with the similar R. v. Friesen ruling in 2020, when the Supreme Court reaffirmed that the seriousness of child pornography does not erase the need for principled, proportionate sentencing. To cast this careful reasoning as “helping” sex offenders is not only wrong, it distorts the role of sentencing in a constitutional democracy and diminishes justice and rehabilitation in favour of punishment for its own sake.

A ‘flimsy’ hypothetical isn’t flimsy at all

An overlooked part of the majority decision in Senneville is that the appellants (the Attorney General of Québec) did not argue that, if the mandatory minimums were found to infringe the Charter’s Section 12, those minimums could be saved by Section 1.

Section 1 of the Charter guarantees that rights and freedoms are protected, but allows for “reasonable limits” that can be demonstrably justified in a free and democratic society.

This section gives governments the power to override Charter rights and freedoms when they can justify limiting them — most often in the name of protecting the rights and freedoms of others. Historically, this is what has made obscenity and hate speech laws constitutionally valid.

Many commentators claimed the Supreme Court relied on a “flimsy” and “far-fetched” hypothetical of an 18-year-old who receives an intimate image of a 17-year-old girl from a friend as one example of why the mandatory minimum sentences violate Section 12 of the Charter.

But there is nothing flimsy about this scenario. Canadian criminal justice scholars ranging from Alexa Dodge to Lara Karaian and Dillon Brady have shown that peer-based image-sharing among youth is common, and that criminal law routinely miscasts such behaviour through the lens of child porn, casting ordinary sexual expression as exploitation.

Karaian, in particular, shows how moral panic over “sexting” has long cast teenagers — especially girls — as simultaneously lacking agency and being responsible. This framing has helped create a legal landscape in which consensual, near-age image sharing is reinterpreted as criminal behaviour.

Familiar outrage

Since their introduction in 1993, Canada’s child-pornography laws have been criticized as overly broad.

One of the first tests came in the Eli Langer case, when police raided a Toronto art gallery and seized works — an early alarm bell about the law’s sweeping reach and capacity to criminalize artistic expression unconnected to exploitation.

The Supreme Court confronted these issues directly in the 2001 case R. v. Sharpe _[2001], ruling that existing child-pornography laws ensnared materials that posed no realistic risk of harm, including fictional writings and drawings. The court also carved out narrow exceptions to prevent criminalizing constitutionally protected expression.




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Canadian law professor Brenda Cossman observed that moral panic around child pornography shields the law “from any and all criticism” to the point that: “Nothing can be said. And if it is, the speaker is denounced as a pedophile.”

The Senneville case reflects the realities of life, not some abstraction — and definitely not the carceral mindset that sees harsh punishment as moral and treats empathy as a weakness.

To normalize overriding Charter rights using the notwithstanding clause erodes not only public trust in judicial independence, but also the very rights and freedoms it enshrines.

The outrage of Poilievre, Smith, Ford and Kinew serves to assert their own moral authority and to repeat a familiar message: only incarceration protects the innocent. But if Canada is serious about keeping children safe, it must also invest in the social services, education and community supports that prevent harm.

As the Supreme Court itself reminded us in its ruling: “Criminal justice responses alone cannot solve the problem of sexual violence against children.”

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Reality check: The Supreme Court actually did the right thing in its child pornography ruling – https://theconversation.com/reality-check-the-supreme-court-actually-did-the-right-thing-in-its-child-pornography-ruling-270014

Weak infrastructure leaves Jamaican schools devastated in the aftermath of Hurricane Melissa

Source: The Conversation – Canada – By Giselle Thompson, Assistant Professor, Faculty of Education, University of Alberta

The devastation in Jamaica caused by Hurricane Melissa exposed a harsh reality that’s been hidden in plain sight for decades — most schools were not structurally sound enough to sustain high winds, heavy rainfall and storm-surge flooding.

Almost 800 government schools were designated as community shelters before Hurricane Melissa descended. More than 600 were damaged when the hurricane hit. Roofs were blown off. Walls collapsed. Windows broke. Debris scattered everywhere.

Citizens found themselves in “shelters” that could not protect them from the elements and for this reason have had to find alternative living arrangements.

As education researchers based in the Jamaican diaspora whose combined work has examined the Jamaican education system, we are deeply concerned about the future of Jamaica’s schools and their ability to not only serve students and teachers — but to be safe havens in natural disasters.

These thoughts came to mind as we watched reels of footage of Hurricane Melissa’s destruction on social media with feelings of helplessness and regret.

Personal exchanges with friends, research collaborators and family members — who are fortunate to have electricity, cellular service or access to WiFi — told us about harrowing experiences on the ground, especially in communities in western and southern parishes such as Hanover, Westmoreland, St. James and St. Elizabeth.

Principals raise red flags

Previous research carried out by Giselle Thompson, the lead author of this story, has examined education spending in Jamaica and how members of the Jamaican diaspora in Canada support schools “back home” through formal and informal fundraising initiatives.

This research was undertaken in partnership with a primary school community, including the principal, teachers, students, families and neighbours in Hanover. They welcomed Giselle to work with them as a supply teacher, recess monitor and in other supportive roles they needed in 2018.

Being immersed in their everyday, under-resourced environment and having one-on-one conversations with them forged lasting personal and professional bonds that form the foundation of current research. It also offered insight into the structural inequities and related vulnerabilities inherent in the Jamaican school system.

At a media briefing before Hurricane Melissa struck, Jamaica’s minister of local government and community development criticized schools that were designated emergency shelters for electing not to open to the public.

But in June 2025, the Jamaica Gleaner reported that some principals raised concerns about the schools, saying they lacked adequate sanitation facilities, weren’t furnished with items that people would need in a shelter or were in need of repair.

These issues were recently echoed in a conversation with a Jamaican principal and research collaborator on Giselle’s current research project, funded by Social Sciences and Humanities Council of Canada and Killam Trusts. The study involves three public primary schools in Hanover and Westmoreland and examines Afro-Jamaican women teachers’ care work in these rural areas.

The principal noted her concerns were ignored when she brought them to the attention of personnel from the Office of Disaster Preparedness and Emergency Management (ODPEM) when her school was assessed and put on the emergency shelter list before the hurricane. Ninety per cent of ODPEM-designated shelters were schools, and close to 78 per cent of them were destroyed.

She also said the expectations of school staff during sheltering periods were unclear, and she was worried about the implications of leaving schools with scant resources unlocked without oversight.

Given the extensive and likely irreparable damages to her school, her decision to keep its doors closed may have been a life-saving move.

An account like this stands in contrast with the Ministry of Education, Skills, Youth and Information’s announcement that it had “taken deliberate and comprehensive steps to ensure the resilience of the education sector” and that the school “facilities are prepared for what is forecast to be an active hurricane season.”

Structural vulnerabilities

Approximately $5.5 million (J$628 million) was spent to prepare 204 schools for hurricane season in the 2025-26 academic year after Hurricane Beryl, a Category 4 storm, damaged 101 institutions in 2024.

This injection of capital was part of a more than $50 million (J$5 billion) government infrastructure preparation project for Hurricane Melissa’s descent.

Although not all schools were damaged in the hurricane, the high percentage of those impacted is a cause for concern. But the structural vulnerability of many Jamaican schools to the effects of climate change is nothing new.




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It is directly linked to decades of under-resourcing, particularly in the “era of structural adjustment” (1977 to present) as the state has had to adopt severe austerity measures imposed by the International Monetary Fund and other international financial institutions to reduce its spending on public goods such as education.

Such fiscal belt-tightening is meant to help Jamaica and other heavily indebted countries placate their debt to external creditors. But this economic growth formula is seldom associated with social development.

The cost of inflation and the forced devaluation of the Jamaican dollar — additional austerity measures required by international financial institutions — have reduced government capacity to adequately resource school infrastructure.

Jamaica Teachers’ Association advocacy

Since 1977, the year that structural adjustment programs took root in Jamaica, education spending has fluctuated between five and six per cent of the country’s GDP. However, many stakeholders, including the Jamaica Teachers’ Association (JTA), have been vocal about the negative implications of inadequate spending on education for several years.

In 2024, the JTA president said such low spending puts the nation “woefully” behind. Much needed physical infrastructure and maintenance (and, we might add, books and other learning materials, nutritional programs and transportation) have lagged as a result.

It’s therefore not difficult to comprehend why the scale of Hurricane Melissa’s assault on schools was so significant.

Casting a hopeful vision

Through our ongoing engagements in Jamaica as scholars, educators, activists and community members, we have borne witness to, and are involved in, ongoing efforts to support numerous aged, decrepit and crumbling school structures, which are the result of the state’s neglect and weather systems that are growing increasingly harsh.

We write with hope for the future, one that includes new ecologically resilient schools for teaching and learning and where community members can shelter safely when natural disasters hit. This is essential because Jamaica, and the wider Caribbean region, is susceptible not only to hurricanes, but also floods, landslides, earthquakes and other hazards.

Yet we are not optimistic that the state alone can effect necessary changes because of its heavily indebted status, and therefore, relatively weak capacity.




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Although not an explicit admission, the creation of the National Education Trust in 2010 to raise funds and resources for schools, demonstrates this. The state has already begun its official solicitation of support from the international community.

But as members of the Jamaican diaspora in Canada, we urge others in our communities who are interested in supporting the reconstruction of schools in Jamaica to engage with principals, teachers, students and local community members directly so they are able to convey their institutions’ immediate and long-term needs.

This will increase the efficacy of our support and strengthen our ability to work together as Jamaicans at home and abroad.

The Conversation

Giselle Thompson received funding from the Social Science and Humanities Research Council of Canada (SSHRC) and the Killam Trusts. She is affiliated with the not-for-profit organization, World Class Jamaica.

Meshia Brown does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Weak infrastructure leaves Jamaican schools devastated in the aftermath of Hurricane Melissa – https://theconversation.com/weak-infrastructure-leaves-jamaican-schools-devastated-in-the-aftermath-of-hurricane-melissa-269783

Motherhood changes how women spend, save and think about money

Source: The Conversation – Canada – By Oriane Couchoux, Assistant Professor of Accounting, Carleton University

Mothers aren’t just losing the income, promotions and career advancements that we’ve known about for quite some time. They’re also quietly spending their own money, absorbing more day-to-day costs and making financial sacrifices that place them at a long-term disadvantage.

We already knew about the impact of motherhood on women’s income. A 2015 study by Statistics Canada shows that mothers earn 85 cents for every dollar earned by fathers. Ten years after the birth of their first child, mothers’ earnings are still around 34.3 per cent lower than they would have been without children.

But our research also reveals that women’s relationship with money is rewired with motherhood and that having children changes their financial decisions and spending habits.

Study participants describe two competing narratives when discussing their personal finances. On the one hand, they view motherhood as a financial project they must manage independently, within the limits of budgets and cost-benefit considerations. On the other hand, they also see motherhood as a role that requires financial sacrifice, where children’s needs and well-being take priority over all financial considerations.

The true cost of motherhood

Motherhood comes with a price. Studies have shown that becoming a mother negatively affects women’s finances and career.

Some research suggests that among other changes, their colleagues might start to perceive their competence and commitment to their professional work less favourably. Mothers also face intensified work-life balance pressures, often leading to part-time employment.

Women are 19 times more likely than men to cite “caring for children” as the primary reason for working part-time.

But beyond the well-documented motherhood penalty — the name given by social scientists to this phenomenon of workplace disadvantages — and the impact of motherhood on women’s income, our qualitative study reveals that motherhood alters the relationship women have with money.

We interviewed mothers living in the Canadian province of Québec to better understand how they manage their finances after having children, and found that motherhood reshapes how mothers spend and think about money.

When asked about how they manage expenses related to their children, participants in our study said they feel they must navigate competing societal expectations that drive them to juggle two narratives — seeing the financial aspect of motherhood as, one, a project to manage, and, two, as a sacrifice to make for their children.

Taking on the role of financial strategist

Mothers, on one hand, strive to be autonomous financial managers capable of developing financial strategies and making decisions considered economically responsible for their families.

As a study participant described:

“Everything goes through my account, I manage everything. I like it that way too. I’m a very meticulous person […] I like to be in control of the budget.”

This leads them to create “baby budgets,” tracking and comparing the prices of different diaper brands in spreadsheets, or setting up savings strategies for their children’s potential future education.

This vision of themselves as independent financial managers, coupled with their desire to fully take on the financial responsibilities of having children, sometimes leads participants in our study to shoulder certain child-related expenses on their own without sharing full details with their co-parent or asking the co-parent to contribute to everyday costs such as food, clothing or family activities.

Another person in the study explained:

“I know that I buy more things for the children. I put them on my card so I know that there are more expenses that I incur as extras … But, at the same time, that’s what I like. I love shopping for them. It’s a gift for me too. But sometimes, I find it a little annoying. I really devote myself a lot to the family, buying things for the house, the family.”

The cultural script of maternal self-sacrifice

Mothers also see themselves as the primary caregivers responsible for making financial sacrifices for their children.

Within this narrative, participants in our study tend to believe that being a good mother means putting their children first, doing everything possible to ensure their happiness and well-being and not tracking the time and money they devote.

As another shared:

“That’s what being a good mom is all about […] you can’t count that. You don’t count the time, being present, taking care of them, the activities, the clothes, everything. You don’t count the expenses, you’re the person they go to.”

This can lead mothers, for example, to put their children’s future ahead of their own, prioritizing education savings or splurging on non-essential items they believe will make their children happy over their own retirement.

This view of motherhood that normalizes financial sacrifice also appears in mothers’ reluctance to calculate the full cost of raising their children and the overall impact of these expenses on their own financial situation, as if determining the amount of money spent on a child were somehow incompatible with the maternal ideal of selfless devotion.

Gender inequality’s long-term financial fallout

This shift in women’s financial perspective highlights some factors behind the persistent gaps between women’s and men’s personal finances. In Canada, the gender pension gap is at about 17 per cent, meaning that “for every dollar of retirement income men receive, women get only 83 cents”.

The additional mental load carried by mothers doesn’t just cost them time and energy, it takes a real toll on their budgets too.

In fact, financial burdens can fall unevenly within couples and between co-parents. Many participants said that they focus on shouldering the financial responsibilities of motherhood independently, no matter the impact on their finances or the contribution from the other parent.

Over time, all of this can contribute to reduced savings and lowered retirement security for mothers, reinforcing the disparities in wealth accumulation and the gender pension between men and women.

Our findings highlight that the true cost of motherhood goes beyond what meets the eye and the need for a broader recognition of the financial labour that mothers bear. We, as a society, must better support them.

The Conversation

Oriane Couchoux received funding from the Canadian Social Sciences and Humanities Research Council and the Centre for Research on Inclusion at Work (CRIW) at the Sprott School of Business, Carleton University, Canada.

Gabrielle Patry-Beaudoin received funding from the Canadian Social Sciences and Humanities Research Council and the Centre for Research on Inclusion at Work (CRIW) at the Sprott School of Business, Carleton University, Canada.

ref. Motherhood changes how women spend, save and think about money – https://theconversation.com/motherhood-changes-how-women-spend-save-and-think-about-money-268737

Worker honey bees can sense infections in their queen, leading to revolt

Source: The Conversation – Canada – By Alison McAfee, Postdoctoral Fellow, Applied Ecology, University of British Columbia; North Carolina State University

A queen honey bee (marked blue) surrounded by her workers. A typical queen bee lays thousands of eggs a day to keep the hive going. (Abigail Chapman)

When the results of the Canada’s national honey bee colony loss survey were published in July 2025, they came as no surprise. According to the Canadian Association of Professional Apiculturists, an estimated 36 per cent of Canada’s 830,000 honey bee colonies had perished over the winter.

These figures used to make headlines. But after almost two decades of the same story ― colonies dying in the winter, beekeepers struggling to rebuild, somewhat succeeding, rinse and repeat ― the sad statistics are no longer news, and we are still working out why the cycle persists.

Now, we might be having a light-bulb moment. My colleague Abigail Chapman and I recently found that queen honey bees are infected with viruses that compromise their fertility and may get them ousted from their colonies. And that’s meaningful, because “poor queens” is the top-ranked cause of colony losses reported by Canadian beekeepers.

The life of a queen

A typical honey bee colony has a single queen at the helm, and she is solely responsible for laying thousands of eggs per day ― more than her own body weight ― to grow and replenish the colony’s population for years.

A healthy, productive queen also secretes pheromones that, like a chemical bouquet, signal her quality to the workers (sterile females who make up most of the colony’s population).

The queen cannot afford to get sick. She already barely has time to sleep, and the colony depends on her to remain reproductive. But she may indeed become sick.

Queen “autopsies” point to viruses

Our surveys of queens from members of the British Columbia Bee Breeders’ Association showed that “failing” (poor quality, unproductive) queens had a higher viral burden than their healthy counterparts. That is, they were either infected with more viruses, had more intense infections, or both. The failing queens also had smaller ovaries, a sign they could be less fertile.

But this doesn’t necessarily mean that viruses were the culprit or that queens were sick, per se. They could have been failing for other reasons that also made them more susceptible to infection.

So, Chapman designed an experiment to take a closer look. She infected queens with two common honey bee viruses, then measured the queens’ egg-laying activity and the mass of their ovaries.

Not only did the infected queens lay fewer eggs per day, they were less likely to lay eggs at all when compared with controls, at least during the monitoring period, despite all queens laying normally before the experiment. When we saw that the infected queens also had shrunken ovaries, just like the queens supplied by B.C. beekeepers, we knew we were onto something.

In the apiary, too, infected queens had problems. The worse a queen’s infection was, the more likely her workers were to begin rearing a replacement ― a process known as “supersedure.” If the upcoming replacement queen reaches adulthood, she will normally duel any other queen to the death, mate and become the new conveyor of eggs.

The workers’ dilemma

Superseding colonies are over three times more likely to perish when compared with healthy colonies, in part because there is no guarantee that the new queen will successfully mate. But from the workers’ perspective, supersedure is a necessary risk. If the old queen is compromised, producing a new one is the colony’s best chance at survival.

Normally, the queen produces and secretes a retinue pheromone — a blend of at least nine different chemical components — that, among other functions, inhibits workers from replacing her if all is well. But if one or more of those cues is disrupted by a viral infection, that could act like a red flag, we reasoned, signalling to the workers that the queen can’t lay her weight.

Our new data shows that this is the very process underlying the workers’ drive to replace infected queens. The infections caused a deficiency in methyl oleate ― one flower in the queen’s bouquet. This change encourages the workers to begin raising a new queen.

bees moving along a hive
Normally, the queen produces and secretes a retinue pheromone that inhibits workers from replacing her, but a viral infection can disrupt those cues.
(Unsplash/Boba Jaglicic)

From beekeeper to queenkeeper

This validates beekeepers’ reports of having “queen issues” when infection levels are high and supports murmurs of queens not lasting as long as they used to. There are many other reasons why a queen may sputter, including pesticide exposure, extreme temperatures, poor mating and more. But viruses are a universal problem, and we did not previously understand the extent to which they could compromise queens.

Now that we do, colonies can be managed differently to better support the queen. There are currently no treatment options for honey bee viruses and there is a real need for commercial products, but luckily, there is still a way to act. Viruses are spread and sometimes amplified by varroa, a parasitic mite that can thankfully be controlled.




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Varroa treatments ― which must be conducted two to three times per year to keep colonies alive ― already keep beekeepers up at night. Some may want to surrender at the thought of needing to be even more diligent.

But until an antiviral is developed and brought to market, stepping up varroa control is likely the best defence for keeping queens healthy and bringing down colony losses. Pollination of our fruits, nuts and seeds will depend on it.

The Conversation

Alison McAfee receives funding from Project Apis m. She is affiliated with the Canadian Association of Professional Apiculturists and the British Columbia Honey Producers’ Association.

ref. Worker honey bees can sense infections in their queen, leading to revolt – https://theconversation.com/worker-honey-bees-can-sense-infections-in-their-queen-leading-to-revolt-269054