Tres claves para cuidar la microbiota… y dormir mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Uceda Gutiérrez, Profesora de Psicobiología, Universidad Nebrija

La alimentación contribuye a tener una microbiota equilibrada y, en consecuencia, a mejorar la calidad del sueño. Oleksandra Naumenko/Shutterstock

Un tercio de nuestra vida transcurre durmiendo, y no es casualidad: el sueño sostiene buena parte de nuestra salud. Incluso ciertos animales a los que esa fase diaria de descanso parece “complicarles la vida”, como algunos mamíferos acuáticos que necesitan salir a respirar o aves que pueden pasar hasta 10 días sin pisar tierra firme, duermen con adaptaciones sorprendentes.

Mientras dormimos, las decenas de billones de microorganismos que nos habitan, conocidos como microbiota, siguen sus propios ritmos. Para que nos hagamos una idea, esta colonia microcoscópica, compuesta principalmente de bacterias, puede alcanzar un peso de medio kilo. Junto con su hospedador, forma la unidad biológica que llamamos holobionte.

La microbiota no es, pues, un simple pasajero, sino que constituye con cada persona una unidad funcional que influye en procesos clave como la digestión, la inmunidad y, como veremos, el sueño.

Nuestra relación con los microorganismos que albergamos es profundamente interdependiente. No solo les ofrecemos un lugar donde vivir, sino que también dependemos de ellos para mantener numerosas funciones biológicas. Este delicado equilibrio se asocia cada vez más con la salud, el bienestar y, posiblemente, con la longevidad.

Una relación en ambos sentidos

Como ocurre con muchos procesos fisiológicos, la relación entre microbiota y sueño es bidireccional. Es decir, nuestra composición microbiana puede influir en cómo dormimos, pero el descanso nocturno también es necesario para mantener una microbiota diversa y equilibrada.

Cuando esta es saludable produce, entre otras sustancias, ácidos grasos de cadena corta como el butirato. Sus moléculas se asocian con una menor inflamación y con un mejor funcionamiento de distintas vías neuroendocrinas, incluido el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, que regula la respuesta al estrés. Un buen desempeño de este sistema puede contribuir a reducir los niveles nocturnos de cortisol, favoreciendo un sueño más profundo y menos despertares durante la noche.




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Además, la microbiota está vinculada a la producción de neurotransmisores como la serotonina, relacionada con los estados de ánimo positivo.

Hábitos para conciliar mejor el sueño

Es esencial recordar que no existe una microbiota perfecta, ya que cada persona tiene un ecosistema microbiano propio. Lo importante es mantener un equilibrio funcional y, de existir una alteración, recordar que las mejoras suelen consolidarse mediante cambios graduales en el estilo de vida. Para ello, a continuación proporcionamos tres consejos que ayudan a mejorar la relación entre sueño y microbiota:

1. Llene el plato de fibra. Un factor determinante es la alimentación: una microbiota bien nutrida favorece un organismo menos inflamado y un descanso de mayor calidad. Verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y alimentos fermentados como yogur, kéfir o col fermentada alimentan a las bacterias beneficiosas del intestino.

En este sentido, la dieta mediterránea, uno de nuestros grandes patrimonios culturales y gastronómicos, constituye un patrón alimentario especialmente favorable para la diversidad microbiana. Y hay que tener en cuenta que reducir el consumo de alimentos ultraprocesados también contribuye a mantener ese equilibrio.

2. Respete sus horarios. La exposición a la luz natural, especialmente por la mañana, es otro factor clave. La luz actúa como una señal fundamental para sincronizar nuestro ritmo circadiano. Reducir la exposición a luz artificial intensa por la noche puede mejorar la calidad del sueño y ayudar a mantener estos ritmos biológicos en equilibrio.

Dormir lo suficiente y con buena calidad no es solo una forma de descansar, es también una manera de mantener en armonía el ecosistema microscópico que nos acompaña toda la vida. Y ese equilibrio puede tener un impacto profundo en nuestra salud física y mental.

La restricción de sueño durante solo unos pocos días puede alterar la composición de la microbiota, aumentar los marcadores inflamatorios y favorecer un aumento de la permeabilidad intestinal. Incluso puede modificar la respuesta del organismo a la glucosa al día siguiente o la capacidad cognitiva del individuo.

3. Muévase cada día y gestione su estrés El ejercicio regular se asocia con mayor diversidad microbiana y con un sueño más reparador. No hace falta entrenar intensamente: caminar, montar en bici o nadar ya suma beneficios.

Y, por último, aunque quizá sea lo más difícil en nuestras sociedades actuales, es importante gestionar adecuadamente el estrés. Prácticas como la respiración consciente, el yoga, la meditación o el mindfulness pueden contribuir a reducirlo. También lo hacen actividades tan sencillas como mantener relaciones sociales de calidad o dar un paseo en contacto con la naturaleza.

Reducir el estrés no solo beneficia a nuestra salud mental, sino también a la salud de la microbiota y, por consiguiente, a la calidad de nuestro descanso.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Tres claves para cuidar la microbiota… y dormir mejor – https://theconversation.com/tres-claves-para-cuidar-la-microbiota-y-dormir-mejor-276191

Cuántos (buenos) amigos tenemos influye en cómo percibimos nuestro cuerpo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amar D’Adamo, PhD Candidate, Universidad Carlos III

La satisfacción con el propio cuerpo podría estar relacionada con la solidez de nuestro círculo de amistades. Priscilla du Preez / Unsplash., CC BY-SA

Muy posiblemente, usted sabe cuánto mide, cuánto pesa, su talla o cómo se mueve. Sin embargo, numerosos experimentos muestran que esta percepción no es siempre igual. De hecho, se ha demostrado que se puede cambiar a través de estímulos externos. En la conocida ilusión de la mano de goma, por ejemplo, una persona puede llegar a sentir como propia una mano artificial, si ve que la acarician al mismo tiempo que se acaricia su mano real (que permanece oculta).

Estas ilusiones corporales no son simples curiosidades. Nos ayudan a entender cómo el cerebro combina señales visuales, táctiles, auditivas y motoras para construir una representación del cuerpo. Lo que muestran es que esa representación no está grabada de una vez para siempre: se actualiza continuamente a partir de la información sensorial disponible.

Cómo nos afecta el sonido de nuestros pasos

En este contexto, en nuestro grupo hemos trabajado mucho con la llamada “ilusión de los pasos”.

El experimento muestra cómo el sonido de nuestros pasos influye en cómo nos sentimos.

Se trata de un experimento con un planteamiento sencillo: los participantes caminan mientras escuchan en tiempo real el sonido de sus propios pasos, pero ese sonido se modifica. Si se refuerzan las frecuencias bajas, los pasos suenan más graves y se asocian con un cuerpo más pesado. Si se refuerzan las frecuencias altas, los pasos suenan más ligeros.

A continuación, se pregunta a las personas sobre cómo perciben su cuerpo y si observan cambios en cómo sienten su peso corporal, su tamaño y su forma de caminar. También se les pregunta por algunos aspectos emocionales asociados al movimiento.

Desde un punto de vista práctico, estos experimentos involucran la combinación de varias tecnologías, tanto de tratamiento de las señales acústicas como sensores y electrónica de recogida de datos. Estas nos permiten manipular los sonidos, así como recoger medidas de la marcha y de la actividad muscular, que se complementan con una serie de cuestionarios. También medimos con sensores señales relacionadas con nuestras respuestas emocionales y fisiológicas –como, por ejemplo, las del corazón–.

Sandalias que llevan los participantes en el estudio para el experimento de sus datos, que permiten enviar el sonido de sus pasos para ser modificado y reenviado al sujeto así como registrar otros datos fisiológicos.
i_mBODY Lab.

Cómo influye el tamaño de nuestra red social

Como dato adicional, en nuestro estudio nos preguntamos si era posible que la respuesta de los sujetos a los estímulos dependiera de su red de apoyo social. Para ello, incluimos en nuestra recogida de datos un cuestionario estándar con el que caracterizamos también la red de apoyo social de cada uno de los 105 participantes en el experimento.

No se trataba de contar conocidos o contactos en redes sociales, sino de identificar a las personas a las que acudirían en distintas situaciones de apoyo emocional o práctico. A partir de esa información, medimos cuántas personas formaban parte de esa red y en cuántos grupos o ámbitos sociales se organizaba.

Más amigos, mayor satisfacción corporal

Nuestros resultados mostraron claramente una relación entre apoyo social e imagen corporal. Las personas con redes de apoyo más grandes muestran mayor satisfacción con su imagen corporal y menos síntomas asociados a trastornos de la conducta alimentaria.

Esto no prueba que una red social amplia cause directamente una mejor imagen corporal, pero sí sugiere que el bienestar corporal no depende solo de factores individuales, sino también del contexto social.

Cuando analizamos la ilusión de los pasos, vimos que, en participantes con redes de apoyo más pequeñas, el efecto del sonido seguía el patrón esperado. Los pasos graves tendían a hacer que se sintieran más pesados y los pasos agudos tendían a hacer que se sintieran más ligeros.

En cambio, en personas con redes de apoyo más grandes o más diversificadas, este efecto se reducía o se modificaba.

Es decir, las personas con menos apoyo social eran más moldeables, cambiando más su percepción del peso corporal. Las personas con redes más amplias parecían menos susceptibles a esa manipulación.

Menos vulnerables al exterior

Una interpretación posible es que las relaciones sociales actúen como una especie de estabilizador de la imagen corporal. Una red de apoyo amplia puede ofrecer más experiencias de aceptación, más diversidad de referentes y más oportunidades de contrastar normas sociales sobre el cuerpo. Esto podría hacer que la representación corporal dependa menos de señales externas puntuales.

Esta interpretación es especialmente relevante porque el peso corporal no es una dimensión neutra. Está cargado de normas sociales, estigmas, expectativas de género y comparaciones. Por eso estudiar una ilusión relacionada con el peso permite conectar la percepción corporal con un terreno claramente social.

Nuestro estudio no demuestra que aumentar el apoyo social sea por sí solo una intervención contra los problemas de imagen corporal. Tampoco permite establecer una relación causal directa entre red social y percepción del cuerpo. Lo que sí plantea es que la percepción corporal no puede entenderse como un fenómeno puramente privado o individual.

El cuerpo que sentimos se construye con señales sensoriales, pero también en un entorno social. Nuestros vínculos, nuestras comparaciones, nuestras experiencias de aceptación y las normas culturales que nos rodean pueden influir en cómo interpretamos las señales que proceden del cuerpo.

Posibles aplicaciones prácticas

En este contexto, es importante notar que estos estudios se podrían aplicar en personas con distintos problemas, como es el caso de los trastornos alimentarios, por ejemplo, con el diseño de dispositivos electrónicos directamente relacionados con una percepción distorsionada del propio cuerpo.

Otra aplicación interesante es contrarrestar sensaciones de pesadez que se observan en diversas condiciones de salud, como la depresión, algo que estamos estudiando en el proyecto SENSEBEAT. También podrían ser útiles para actuar en casos de estigma asociado al peso.

En cualquier caso, tales intervenciones deben tener en cuenta el factor social. Como hemos visto, a la hora de juzgarnos a nosotros mismos ante el espejo, no es lo mismo que nuestra red social de apoyo sea raquítica o que esté bien alimentada.

The Conversation

Amar D’Adamo recibe fondos del Consejo Europeo de Investigación (ERC) bajo el programa de investigación e innovación Horizon 2020 de la Unión Europea (acuerdo de subvención n.º 101002711; proyecto BODYinTRANSIT).

Ana Tajadura Jiménez recibe fondos del Consejo Europeo de Investigación (ERC) bajo el programa de investigación e innovación Horizon 2020 de la Unión Europea (acuerdo de subvención n.º 101002711; proyecto BODYinTRANSIT).

Angel Sánchez Sánchez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigacion, Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y de la Fundacion BBVA. Es co-director del Laboratorio de Economía del Comportamiento de la Fundación COTEC.

Lize De Coster recibe fondos del programa CONEX-Plus (n.º 801538), financiado por la Universidad Carlos III de Madrid y la Comisión Europea a través de la Acción COFUND Marie Sklodowska-Curie (H2020-MSCA-COFUND-2017-GA801538).

– ref. Cuántos (buenos) amigos tenemos influye en cómo percibimos nuestro cuerpo – https://theconversation.com/cuantos-buenos-amigos-tenemos-influye-en-como-percibimos-nuestro-cuerpo-282874

¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Cuesta-Valiño, Catedrático de Marketing e Investigación de Mercados, Universidad de Alcalá

Dejan Sarec/Shutterstock

El comercio electrónico ya forma parte de nuestras rutinas y, para muchas personas, la compra online ha dejado de ser una alternativa para convertirse en su opción preferida de compra. La comodidad, la rapidez y el acceso inmediato a un catálogo casi infinito de prendas explican en gran medida este crecimiento. Pero, detrás de ese aparente “clic y listo”, hay algo más: ¿qué es lo que realmente nos empuja a querer comprar en una tienda de moda online?

En una investigación reciente, que hemos publicado en Journal of Consumer Behaviour, analizamos cómo la usabilidad del comercio electrónico, la satisfacción del usuario y la felicidad del consumidor son factores que explican por qué decidimos comprar moda online, y qué hace que queramos volver a hacerlo.

Una web que funcione y nos haga felices

Los resultados son claros: no compramos solo porque la web funcione bien. Compramos online porque eso nos hace sentir bien. Esta premisa cambia por completo la manera en que las marcas deben diseñar sus plataformas digitales: la experiencia digital ya no es solo funcional, también es emocional.

Al analizar el comercio electrónico, muchos estudios se centran en variables técnicas como la velocidad de carga, la facilidad de uso, la eficiencia en las búsquedas o la claridad en la información. Todos estos factores siguen siendo fundamentales, por supuesto. Pero nuestro estudio demuestra que no son suficientes para explicar por qué un consumidor decide, finalmente, comprar online un producto.

En otras palabras, que una web funcione bien no garantiza que queramos comprar en ella. Lo que sí lo hace es un componente menos evidente: la felicidad del consumidor. Este concepto no habla solo de estar “contento”, sino de dos formas distintas de bienestar.

  1. El placer inmediato: la satisfacción de encontrar una prenda que nos gusta, aprovechar una oferta o recibir el pedido en casa, que es lo que se conoce como felicidad hedónica.

  2. La felicidad eudaimónica: la sensación, más profunda y duradera, de satisfacción personal que aparece cuando compramos de acuerdo con nuestros valores y sentimos que estamos tomando decisiones acertadas y responsables.

Lo innovador de nuestro estudio es mostrar que ambos tipos de felicidad explican una parte muy importante de la intención de compra. Para las tiendas online, esto significa que deben preocuparse no solo por el funcionamiento de la web, sino por cómo hace sentir a los consumidores durante todo el proceso de compra.

La usabilidad importa por lo que genera

Los datos muestran que la usabilidad de la web no solo influye directamente en la intención de compra, sino también de forma indirecta al propiciar la satisfacción del usuario. Es decir, si la web es fácil de usar, intuitiva y rápida, la experiencia será fluida y esa fluidez genera satisfacción. La satisfacción es un primer paso hacia la felicidad del consumidor. Y la felicidad, a su vez, impulsa la intención de compra.

En otras palabras, la usabilidad actúa como una puerta de entrada a una experiencia más emocional. Cuando algo funciona bien no solo se evitan frustraciones a los usuarios sino que se sientan las bases para que el proceso sea agradable, incluso placentero.

¿Qué hace realmente feliz al consumidor online?

En nuestro estudio hicimos entrevistas para saber qué aspectos concretos del proceso de compra están detrás de esa felicidad del consumidor. Y dimos con cuatro elementos.

  1. El placer de encontrar algo perfecto: los entrevistados describieron la sensación de satisfacción inmediata que da descubrir una prenda ideal, un descuento inesperado o un artículo difícil de encontrar. Esos “pequeños momentos de alegría” impulsan la compra al generar felicidad hedónica.

  2. La sensación de control: elegir, comparar, personalizar y decidir genera la percepción de estar haciendo una compra inteligente, bien pensada. Esa satisfacción refuerza la fidelidad.

  3. La reducción de la incertidumbre: servicios como probadores virtuales, guías de tallas coherentes o una atención al cliente personalizada generan seguridad, lo que incrementa la satisfacción y la intención de compra.

  4. La alineación con valores personales: la coherencia entre la compra y los valores del consumidor –por ejemplo, sostenibilidad, transparencia o responsabilidad social– refuerza la conexión emocional con la marca y genera felicidad eudaimónica.

Satisfacción: el puente entre la técnica y la emoción

Los datos demuestran que la satisfacción del consumidor actúa como un eslabón clave: una web usable aumenta la satisfacción, una mayor satisfacción incrementa la felicidad, y la felicidad mejora la intención de compra.

En este sentido, la satisfacción deja de ser un simple indicador de “experiencia positiva” y se convierte en un elemento estructural en el proceso emocional del consumidor.

No se compran productos, sino experiencias que generan felicidad

El estudio ofrece varias conclusiones prácticas que deberían transformar la estrategia digital de las empresas de moda.

Por un lado, que la usabilidad no es un lujo, sino una necesidad. Los consumidores abandonan rápidamente una web lenta, confusa o poco intuitiva. Pero, además, una mala usabilidad rompe la cadena emocional que lleva a la compra.

En segundo lugar, la felicidad es un objetivo de negocio. Las marcas deben diseñar experiencias que generen placer inmediato y, al mismo tiempo, fomentar sensaciones de realización personal.

Por otra parte, la personalización es tecnología pero también empatía. Los consumidores valoran que la web les entienda, lo que incluye recomendaciones adaptadas, mensajes útiles, información relevante y procesos claros.

La sostenibilidad importa y mucho. Muchos compradores buscan coherencia entre sus valores y su comportamiento de consumo. Iniciativas de reducción de impacto ambiental se relacionan con mayores niveles de satisfacción y felicidad.

Por último, la confianza digital es un requisito emocional. La transparencia, la calidad de la información y la seguridad durante la compra fortalecen la intención de volver a comprar.

Un futuro más humano para el comercio electrónico

Si las empresas quieren competir en un entorno saturado, no basta con invertir en tecnología. Deben comprender cómo se sienten las personas cuando compran. Y eso implica repensar el diseño, la comunicación, la narrativa de marca y la propia experiencia de usuario.

Entender esto no solo ayuda a las empresas a vender más. También nos ayuda, como consumidores, a ser más conscientes de por qué compramos. Y de si realmente queremos hacerlo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad – https://theconversation.com/cuantas-veces-hacemos-compras-online-innecesarias-es-que-no-compramos-ropa-compramos-felicidad-281959

Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Aguacates en una plantación en Vélez-Málaga, Málaga, España. Anarociogf/Shutterstock

Como ocurre con otros alimentos rodeados de un aura casi milagrosa, la fiebre por el aguacate parece imparable. Son innegables sus propiedades nutritivas y su asociación con la categoría de los llamados “superalimentos”, definidos por la RAE como aquellos “a los que se les suponen propiedades beneficiosas para la salud añadidas a su valor nutritivo”.

Los denominados “superalimentos” –un término más publicitario que científico–, caracterizados por su elevado contenido en antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales, no solo se consumen por sus supuestos beneficios para la salud. Además, suelen percibirse como productos “naturales”, asociados a prácticas de manejo tradicionales desarrolladas y perfeccionadas por comunidades indígenas a lo largo de siglos o, al menos, sostenibles. Pero esto no siempre es así.

Incentivos que se traducen en la intensificación del cultivo

Las modas alimentarias generan nuevas demandas de consumo que, en un mundo tan conectado y tecnificado, se traducen rápidamente en la expansión de los cultivos más demandados. En España, la superficie dedicada al aguacate ha aumentado un 62 % en la última década, superando ya las 24 000 hectáreas. Además, este cultivo ha desbordado su ámbito tradicional –la Costa Tropical granadina y la Costa del Sol malagueña, donde aún se concentra el núcleo principal con unas 16 500 hectáreas– para extenderse hacia nuevos territorios.

Las Islas Canarias, pioneras y especialmente aptas para este cultivo, albergan alrededor de 1 400 hectáreas. A ellas se suman otras provincias andaluzas, como Cádiz (1 800 hectáreas), y la Comunidad Valenciana (4 200 hectáreas), donde el aguacate está sustituyendo progresivamente a los cítricos, hoy menos rentables pese a sus conocidas propiedades. Allí encuentra condiciones favorables, como la proximidad al mar –que reduce el riesgo de heladas– y determinadas áreas montañosas.

El crecimiento del consumo en España es igualmente notable: según el Panel de Consumo Alimentario en los hogares, pasó de 0,66 en 2010 a 2 kg en 2024 por habitante y año. Para satisfacer esta demanda, el mercado español depende en gran medida de las importaciones, que alcanzaron las 262 000 toneladas en 2024, de acuerdo con DATACOMEX.

Ello no impide que una parte importante de la producción nacional se destine a la exportación. Como ocurre con frecuencia en el mercado agroalimentario global, resulta perfectamente compatible –según la lógica de los mercados– exportar cerca de 140 000 toneladas de aguacate y, al mismo tiempo, importar producto procedente de lugares tan lejanos como Perú, origen del 66 % de los aguacates importados por España.




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Otros alimentos nutritivos, incluidos los de origen animal

Más allá de estos alimentos de corte exótico, lo cierto es que en el ámbito mediterráneo tenemos la suerte de contar con diversos alimentos con destacadas propiedades nutricionales, como el innegociable aceite de oliva o las humildes almendras. Como vemos, parece que este tipo de alimentos han de ser necesariamente vegetales, dado que muchas corrientes nutricionales y ambientales han proscrito la proteína animal.

En este sentido es necesario reivindicar uno de los alimentos más completos: el huevo. Su perfecto equilibrio proteico es utilizado como el estándar de referencia para evaluar la calidad de las proteínas de otros alimentos debido a su alto valor biológico y perfil completo de aminoácidos. Además, es una fuente de colina, crucial para el desarrollo cognitivo y la salud cerebral y tiene un alto poder saciante, con solo 70-80 kcal por unidad. Hay otros “superalimentos” de origen animal. El yogur, por ejemplo, es un aliado para mantener en forma nuestra microbiota, pieza fundamental de nuestra salud.

Aunque el consumo de carne en exceso está desaconsejado, lo cierto es que la proteína animal fue clave en nuestra evolución como especie. La inteligencia se sustenta en un cerebro que demanda mucha energía y requiere alimentos con alta densidad de nutrientes, como la carne. Esta fue la que permitió a nuestra especie acortar la longitud del intestino, reducir el tamaño de las mandíbulas y dedicar tiempo y energía a algo más que masticar y digerir fibras vegetales. Aún hoy sigue siendo un componente esencial de la alimentación humana. Un estudio reciente señala que la mayoría de los alimentos más ricos en micronutrientes esenciales –como hierro, zinc, ácido fólico, vitamina A, calcio y vitamina B12, cuyas deficiencias siguen siendo muy frecuentes a escala global– son de origen animal.

La cara B de productos que no son tan naturales

La realidad de los alimentos de moda –una lista cada vez más extensa y cambiante que que se actualiza constantemente– dista mucho de ser tan atractiva como sugiere la publicidad. Muchos de los beneficios para la salud que se les atribuyen carecen de un respaldo científico sólido, especialmente cuando se analizan a partir de ensayos controlados de intervención en humanos.

Desde el punto de vista ambiental, su expansión fuera de sus dominios naturales está generando impactos considerables. Cuando un cultivo como el aguacate abandona los ambientes tropicales, caracterizados por lluvias abundantes y relativamente regulares, para implantarse en regiones áridas, surgen elevadas necesidades de riego que ponen en riesgo el equilibrio hídrico de esos territorios.

El deterioro y descenso de las masas de agua subterránea en muchas de estas zonas productoras constituye una clara evidencia de ello. A este agotamiento del recurso hídrico se suman otros procesos de degradación, como la salinización de los suelos y la erosión derivada de la transformación de laderas abruptas, desprovistas de su cubierta vegetal para albergar nuevas plantaciones.




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Incluso en sus regiones de origen, donde estos cultivos están mejor adaptados a las condiciones ambientales, los impactos ecológicos son muy significativos al sobrepasar la disponibilidad de espacio y recursos.

Así, cuando la rentabilidad a corto plazo se convierte en el principal criterio de producción, tienden a imponerse el monocultivo –con la consiguiente pérdida de diversidad genética–, el uso intensivo de agroquímicos, la degradación progresiva del suelo y la tala indiscriminada de bosques para ampliar la superficie cultivada.

Una dieta variada y no basada en los alimentos de moda

Cada cierto tiempo surgen alimentos presentados casi como soluciones milagrosas capaces de resolver todos nuestros problemas de salud. Incorporarlos a la dieta puede ser positivo y enriquecedor, pero convertirlos en el eje exclusivo de la alimentación resulta contraproducente. Un enfoque nutricional más equilibrado pasa por mantener una dieta variada –tanto en el día a día como a lo largo de las estaciones–, basada en productos frescos y de temporada, evitando los ultraprocesados.

Desde el punto de vista ambiental, más importante que el producto en sí es comprender –aunque a menudo no resulte sencillo– cómo se produce ese alimento. No es comparable la carne procedente de macrogranjas con la obtenida de rebaños móviles que aprovechan distintos recursos pastables. Del mismo modo, no es equivalente consumir un aguacate cultivado en una pequeña explotación familiar con riego de apoyo que otro procedente de grandes monocultivos implantados sobre áreas previamente deforestadas.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales – https://theconversation.com/asi-se-esta-extendiendo-el-cultivo-del-aguacate-por-espana-a-pesar-de-sus-consecuencias-ambientales-280939

Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Durante años, la alfabetización mediática ha sido considerada una competencia esencial para desenvolverse en entornos digitales. Consiste en aprender a identificar fuentes fiables, a contrastar información o detectar contenidos engañosos.

Sin embargo, en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial en los procesos de acceso, producción y circulación del conocimiento, el ecosistema informativo se ha transformado y las competencias citadas no son suficientes.

Tradicionalmente, los usuarios interactuaban con contenidos relativamente identificables, producidos por emisores reconocibles y bajo lógicas editoriales más o menos transparentes. Hoy, esa relación ha cambiado de forma sustancial. Cada vez con mayor frecuencia, los usuarios no acceden a información que deben interpretar, sino que interactúan con sistemas que la sintetizan, reorganizan y generan en tiempo real.

¿Por qué responde ChatGPT lo que responde?

Por ejemplo, hace algunos años una persona que quería informarse sobre vacunas, salud mental o alimentación saludable podía leer noticias en distintos medios digitales, consultar artículos científicos o comparar la opinión de expertos. El pensamiento crítico consistía en evaluar quién producía la información, desde qué medio se difundía y con qué intención.

Hoy, ese mismo usuario puede preguntarle directamente a ChatGPT o a otro sistema de inteligencia artificial: “¿Las vacunas son seguras?”, “¿Cómo sé si tengo ansiedad?” o “¿Qué dieta es mejor para mí?”. En pocos segundos recibe una respuesta clara, estructurada y aparentemente fiable. Sin embargo, muchas veces desconoce qué fuentes utilizó el sistema, qué información priorizó, qué datos omitió o qué sesgos pueden influir en la respuesta generada.

La diferencia es profunda: antes, el pensamiento crítico se dirigía principalmente al contenido; ahora también debe dirigirse al sistema que produce y organiza el conocimiento. De hecho, investigaciones recientes advierten que la creciente dependencia de sistemas de inteligencia artificial puede modificar la forma en que las personas evalúan información y toman decisiones, especialmente en ámbitos sensibles como la salud y el bienestar.

Un uso acrítico de la IA

Sabemos que el uso de la IA mejora la eficiencia en la producción de contenidos, pero también tiende a desplazar el juicio crítico hacia la confianza en el sistema, especialmente cuando los resultados se presentan de forma coherente y verosímil.

Este fenómeno se extiende más allá del ámbito educativo: la rápida adopción de estas tecnologías está transformando las dinámicas de acceso a la información, generando nuevos desafíos en términos de transparencia, equidad y gobernanza del conocimiento.

Entender la mediación algorítmica

La inteligencia artificial no solo facilita el acceso a la información, sino que interviene activamente en su construcción. Este cambio no es menor. Supone el paso de un modelo basado en la interpretación de contenidos a otro en el que la mediación algorítmica ocupa un lugar central. En este contexto, la fuente puede volverse más difusa, la autoría menos visible y la lógica de producción del conocimiento más opaca para los usuarios.

Por eso, la comprensión de los sistemas algorítmicos resulta tan relevante como la evaluación de los contenidos, y la alfabetización digital y mediática debe incluir la alfabetización en inteligencia artificial, un campo emergente que integra dimensiones técnicas, críticas y éticas.

¿Qué es la alfabetización en inteligencia artificial?

Dicha alfabetización va más allá de saber utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot. No se trata únicamente de aprender a escribir mejores instrucciones o de obtener respuestas más rápidas, sino de comprender cómo estos sistemas producen información, qué límites tienen y qué implicaciones sociales, éticas y cognitivas pueden generar.

En términos prácticos, una persona alfabetizada en IA debería ser capaz de comprender, al menos de forma básica, cómo funcionan los sistemas algorítmicos, qué papel desempeñan los datos en la generación de respuestas, por qué pueden aparecer sesgos o errores y cómo la automatización influye en la manera en que interpretamos la realidad y tomamos decisiones.




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Nuevas competencias críticas

Esto implica desarrollar nuevas competencias críticas: cuestionar la aparente neutralidad de las respuestas generadas por IA, identificar cuándo una respuesta requiere verificación adicional, reconocer los riesgos de delegar excesivamente el pensamiento en sistemas automatizados y comprender que estas tecnologías no “piensan”, sino que producen resultados a partir de patrones y probabilidades.

Ahora mismo existe una brecha entre estas transformaciones y las prácticas educativas. Mientras se persigue que los estudiantes sean capaces de analizar contenidos y desarrollar competencias de alfabetización mediática e informacional, tal y como promueven organismos como la UNESCO y marcos educativos vinculados a la competencia digital, no siempre se les está proporcionando herramientas para comprender los procesos mediante los cuales esos contenidos son generados.




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Cómo se construye el conocimiento

Lo que está en juego ya no es únicamente una competencia digital, sino la capacidad de las sociedades para comprender quién organiza, prioriza y legitima el conocimiento en entornos cada vez más automatizados.

Los individuos pueden creer que toman decisiones plenamente informadas cuando, en realidad, dependen de sistemas cuya lógica interna no conocen. Esto no solo afecta la forma en que consumimos información, sino también la capacidad de las sociedades para participar críticamente en ámbitos como la salud, la política o la comunicación pública.




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Para que los ciudadanos alcancen esta alfabetización en IA, el aprendizaje debería comenzar progresivamente desde la escuela e integrarse de manera transversal en distintas etapas educativas y programas de formación ciudadana, no solo desde áreas tecnológicas, sino también desde materias vinculadas a la comunicación, la ética, las ciencias sociales y la ciudadanía digital.

La población adulta también necesita espacios de formación y divulgación que permitan comprender críticamente el funcionamiento de estas tecnologías, especialmente en ámbitos sensibles como la salud, la información política o la educación.

La responsabilidad no recae únicamente en los sistemas educativos. Gobiernos, universidades, medios de comunicación, plataformas tecnológicas y organismos internacionales también tienen un papel clave en el desarrollo de una ciudadanía capaz de interactuar críticamente con la inteligencia artificial. En un contexto donde los algoritmos participan cada vez más en la organización de aquello que vemos, pensamos y creemos saber, entender cómo funcionan deja de ser una competencia especializada para convertirse en una necesidad democrática.

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Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer – https://theconversation.com/por-que-entender-la-ia-sera-tan-importante-como-aprender-a-leer-281933

Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Miguel Nepote González, Coordinador de Proyectos Especiales del Museo de Ciencias Ambientales, Universidad de Guadalajara

Mariano Bárcena (1842-1899), principal gestor de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Wikimedia Commons, CC BY

En la historia compartida entre España y México existe un episodio que hemos olvidado casi por completo, pero que ilustra lo que pensaba el escritor serbio Milorad Pavic: “el pasado siempre está a punto de ocurrir”. En la Ciudad de México se inauguró, a finales de 1894, la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su principal gestor, Mariano Bárcena, aseguró que con ese proyecto se establecía un “lazo de recíproca amistad científica” entre España y México.

España y México: conversación intermitente

En febrero de 2019, el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió una carta al rey de España, Felipe VI, donde proponía:

“que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común, a fin de iniciar en nuestras relaciones una nueva etapa”.

A partir de entonces, la comunicación oficial entre ambos países se mantuvo en una especie de pausa. Hasta inicios de 2026, cuando la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, envió una nueva misiva al monarca para invitarlo a viajar a México durante la Copa Mundial de Fútbol. Finalmente, Felipe VI aceptó asistir al partido de España contra Uruguay, que tendrá lugar a finales de junio en la ciudad de Guadalajara.

Un pasado común por descubrir

Es posible localizar un ejemplo tangible de esos “vínculos” en el surgimiento de una institución fundada en Madrid, por real decreto, el 25 de febrero de 1847. Se trata de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España, que reunió a buena parte de los personajes de mayor talento intelectual de aquella nación: Cipriano Segundo Montesino y Estrada, pionero de la ingeniería industrial en España; el matemático, dramaturgo y político José Echegaray y Eizaguirre, primer español en ganar un Premio Nobel; el fascinante físico experimental Blas Cabrera y Felipe, quien fue amigo de Albert Einstein; o el incombustible Santiago Ramón y Cajal, quien fue elegido como miembro a finales de 1895 y tomó posesión el 5 de diciembre de 1897.

Ocurrió justamente en la época en que miembros de dicha Academia, como el ingeniero en minas Daniel Francisco de Paula Cortázar y Larrubia y el matemático y astrónomo Miguel Merino y Melchor, establecieron una amistad con un personaje nacido en México y que había llegado a Madrid hacia 1886: Vicente Riva Palacio. Este general militar, abogado, poeta, historiador, cuentista, político y novelista entonces iniciaba la carrera de diplomático, luego de haber sido nombrado “enviado extraordinario y ministro plenitpotenciario” de México en Madrid, para construir puentes que unieran a estas dos naciones.

“Lazo de recíproca amistad científica”

En el México del siglo XIX, Riva Palacio había sido el artífice de la creación de sus instituciones científicas de mayor importancia: el Observatorio Meteorológico Central (1876) y el Observatorio Astronómico Nacional (1878). En ambas había contado con la inteligencia de los ingenieros Mariano Bárcena y Ángel Anguiano.

En Madrid, Riva Palacio participó en una reunión con representantes de los pueblos hispanoamericanos para la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América. En el transcurso de este evento, el enviado propuso la fundación, en México, de una extensión de la Real Academia de Ciencias Exactas española.

El proyecto se lo encargó a Mariano Bárcena, quien habría de recordar en su discurso durante la inauguración de la Academia, que así fue como “surgió la idea de establecer en América algunos centros científicos, que puestos en relación constante con los de España, produjesen bienes recíprocos y cooperasen al adelanto de los pueblos que reconocían el mismo origen”.

En el Archivo histórico de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola es posible encontrar huellas de la historia olvidada de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Se inauguró el 24 de noviembre de 1894 con una ceremonia donde Mariano Bárcena reconoció y agradeció “la grandeza de España”, identificando que:

“las ciencias son fuentes perennes de bienestar y los lazos más indisolubles de fraternidad entre las naciones que las cultivan. En efecto, nada puede ser dirigido con acierto sin el auxilio de las ciencias exactas; porque los números tienen que ordenarlo todo, y son la base indispensable de cualquier problema, aun social o económico”.

Ciencia hispanoamericana, olvidado pasado compartido

Sus socios se reunían cada quince días para organizar conferencias públicas. Seguían un estricto turno de lectura y desarrollaron un amplio espectro de asuntos, desde las patentes de invención o la importancia del cálculo de probabilidades, hasta el levantamiento exacto de la Carta de la República Mexicana.

Esta olvidada Academia sobrevivió poco más de diez años y mantuvo un par de publicaciones periódicas: Anuario y Anales. En ellas se publicaron mas de cincuenta investigaciones de distintos ámbitos, desde los estudios geográficos hasta la medicina, pasando por la astronomía, geología, química, física y múltiples ingenierías.

Y entre la fantástica miscelánea de asuntos, hay uno que merece destacarse. En la charla pública del 7 de septiembre de 1896, el ingeniero Manuel Fernández propuso la creación de la Universidad de México. El objetivo no era otro que procurar los conocimientos científicos que se necesitaban en el país para modificar su dependencia exterior en materia científica.

Una dependencia compartida con España, en opinión del físico e historiador José Manuel Sánchez Ron, quien en su libro El país de los sueños perdidos, dedicado a la historia de la ciencia en España, afirma: “en Hispanoamérica somos, sobre todo, consumidores-importadores de ciencia y tecnología, pero no creadores”.

La innovadora idea de fundar una gran universidad mexicana tardaría aún más de 10 años en materializarse. Concretamente, hasta que el filósofo, abogado y escritor Justo Sierra presentó la Ley Constitutiva de la Escuela Nacional de Altos Estudios. Y, poco después, el proyecto para fundar la Universidad Nacional, precedente inmediato de la actual Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Recordar la olvidada existencia de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales es una invitación a no borrar la historia de colaboración científica que ha unido a España y México. Sus resultados, como asegura Sánchez Ron en su colosal obra, nos permiten descubrir que “lo mejor de la contribución española a la ciencia universal se hizo en América”.

The Conversation

Juan Miguel Nepote González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México – https://theconversation.com/mas-alla-del-debate-sobre-la-conquista-una-olvidada-reciproca-amistad-cientifica-entre-espana-y-mexico-241542

Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

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No cabe duda de que viajar nos supone un esfuerzo y un cambio considerable en nuestra rutina diaria, con el desorden que conlleva. Pero es curiosa esa sensación tan agradable de llegar a casa así, como descansados, después de un viaje de ocio, y sentir que venimos con las pilas cargadas.

Cuando hacemos turismo, regresamos con más energía, dormimos mejor y tenemos la impresión de que algo en nosotros se ha “reordenado”, en lugar de desordenarse. Pero ¿es solo una sensación o viajar puede influir realmente en nuestra salud?

Un grupo de investigación australiano ha propuesto que las experiencias agradables que vivimos cuando viajamos contribuyen a un envejecimiento más saludable, ya que ayudan al organismo a mantener un estado fisiológico más equilibrado. Curiosamente, lo justifican recurriendo a un concepto cuando menos llamativo: la entropía.

¿Entropía y salud?

En física, la entropía describe la tendencia natural de los sistemas al desorden. Trasladando la idea a nuestro cuerpo, los investigadores australianos plantean que la salud corresponde a un estado “ordenado”, mientras que el envejecimiento y la enfermedad reflejan una pérdida progresiva de organización.

Según esta propuesta, las experiencias positivas como viajar, caminar, interactuar con otras personas o exponerse a entornos nuevos podrían ayudar al organismo a mantener su equilibrio interno. La hipótesis es sugerente y conecta con algo que bien sabemos y es que el envejecimiento saludable no sólo depende de nuestra genética, sino también de los hábitos cotidianos y de los cambios que introduzcamos en nuestra rutina.

Viajar y envejecimiento saludable

Más allá de la entropía, la evidencia científica sí muestra que determinadas formas de viajar pueden aportar beneficios reales, especialmente en personas mayores.

Tras analizar 66 estudios diferentes, una revisión sistemática publicada hace unos meses concluía que el turismo puede favorecer el bienestar, la satisfacción vital y la calidad de vida de las personas mayores. Los efectos positivos aparecen asociados a la actividad física, la interacción social, la estimulación cognitiva, el contacto con la naturaleza y la ruptura de la rutina.

Puesto que muchos viajes implican caminar más, orientarse por lugares desconocidos, conversar con personas nuevas y salir temporalmente de hábitos sedentarios, no es de extrañar que con ello se activen procesos físicos y mentales importantes para un envejecimiento saludable.

Como los propios autores indican en su trabajo, el concepto de envejecimiento saludable, promovido por la Organización Mundial de la Salud, pone el foco en mantener durante el mayor tiempo posible las capacidades físicas, cognitivas y sociales. En otras palabras, no se trata solo de vivir más años sino de mantener autonomía, relaciones sociales y calidad de vida.

El problema de la “entropía”

En relación con la entropía, conviene no exagerar las conclusiones. El principal problema del marco teórico basado en la entropía es que mezcla niveles físicos, biológicos, psicológicos y sociales bajo una misma idea de “desorden”, pero sin explicar claramente cómo se conecta ese concepto entre ellos.

En otras palabras: la idea funciona bien como metáfora, pero todavía no como teoría demostrada. Los propios autores reconocen que faltan estudios experimentales sólidos y que gran parte de la investigación actual se basa en encuestas o aproximaciones conceptuales y en una narrativa descriptiva.

Y, más aún, no existe, al menos por ahora, una medición objetiva que permita afirmar que viajar “reduce la entropía” del organismo en sentido científico. El riesgo es caer en una especie de pescadilla que se muerde la cola, en el sentido de que si algo mejora la salud, entonces se dice que “reduce la entropía”. Y si empeora, que la aumenta.

Beneficios y riesgos

Tal vez no necesitemos recurrir a conceptos grandilocuentes para entender por qué viajar puede hacernos bien, pues se sabe que envejecer de forma saludable depende en gran medida de mantener el cuerpo y la mente activos, reducir el aislamiento social, manejar el estrés y conservar la curiosidad por el entorno.

Sin lugar a dudas, muchos viajes, especialmente aquellos que combinan movimiento, descanso y conexión social, reúnen precisamente esos ingredientes. Pero también existen riesgos y eso no significa que cualquier escapada sea automáticamente terapéutica.

Estos mismos trabajos que nos hablan de los beneficios terapéuticos de viajar también nos recuerdan que viajar implica riesgos como infecciones, accidentes, agotamiento o experiencias negativas.

Viajar nos pone las pilas

La neurociencia reciente puede ayudarnos a entender cómo viajar nos pone las pilas. Una posible explicación es que los nuevos estímulos que recibimos durante el viaje activan el sistema de recompensa cerebral.

Un estudio, basado en la activación en nuestro cerebro del sistema de recompensa, nos dice que cuando algo es nuevo lo preferimos aunque ya conozcamos opciones más cómodas y familiares.

Por ejemplo, imagine que todos los días desayuna el mismo cereal, pero un día ve un cereal nuevo en la tienda y, aunque sabe que el suyo es bueno, es probable que sienta curiosidad y quiera probar el nuevo solo porque es diferente.

Cuando viajamos, nuestro cerebro experimenta esto constantemente. En lugar de ver solo nuestra casa y lo conocido, disfrutamos de espacios nuevos; en lugar de escuchar solo los sonidos de nuestro barrio, nos relacionamos en otros idiomas; en lugar de comer siempre lo mismo, probamos platos realmente nuevos y diferentes.

La novedad activa dos mecanismos cerebrales cruciales, que trabajan conjuntamente y que representan vías distintas que mejoran experiencias novedosas.

Por un lado, induce la liberación de dopamina en el hipocampo, lo que promueve la memoria. Esto significa que no solo recordamos mejor las experiencias de viaje, sino que el proceso mismo de crear estas memorias nos genera una sensación de vitalidad. Además, las neuronas noradrenérgicas de la región cerebral llamada locus cerúleo liberan noradrenalina en el hipocampo al mismo tiempo, potenciando aún más la retención.

Como escribió el viajero Ibn Battuta, “viajar te deja sin palabras y después te convierte en narrador de historias”. Visto así, cada escapada no detiene el paso del tiempo, pero puede ayudarnos a que ese tiempo merezca un poco más la pena.

The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

– ref. Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio – https://theconversation.com/viajando-envejecemos-mas-despacio-segun-un-nuevo-estudio-282206

Las embarazadas pueden (y deben) ir al dentista

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amparo Perez Silva, Odontopediatra, Universidad de Murcia

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Todas las mujeres embarazadas saben perfectamente que deben estar atentas a su salud y a la de su bebé mediante el control prenatal obstétrico. Acudir a las revisiones médicas, seguir las indicaciones del profesional sanitario y cuidar la alimentación son hábitos que la mayoría de las gestantes incorporan desde el inicio del embarazo. Sin embargo, muchas desconocen la importancia de complementar este seguimiento con un adecuado control prenatal odontológico, un aspecto clave que a menudo se pasa por alto.

Durante el embarazo se producen múltiples cambios fisiológicos que también afectan a la boca, aumentando la probabilidad de desarrollar problemas bucodentales. Estas alteraciones no solo influyen en el bienestar de las gestantes, sino que también pueden repercutir en el desarrollo del bebé.

Falsos mitos

Es frecuente escuchar que la gestación debilita los dientes, que estos pierden calcio para cedérselo al bebé o que no se pueden realizar tratamientos dentales mientras estamos embarazas. Ninguna de estas afirmaciones es correcta. Sin embargo, son creencias que hacen que muchas mujeres eviten acudir al dentista en una etapa en la que el cuidado odontológico es fundamental.

En general, las embarazadas reciben menos atención odontológica que las no gestantes. En España, un estudio reciente señala que solo el 15 % de las mujeres embarazadas acude a revisiones dentales durante el embarazo. A esto se suma, en ocasiones, el miedo o la falta de experiencia de algunos odontólogos a la hora de tratar a pacientes gestantes.

Es importante recordar que el embarazo no es una enfermedad, sino una etapa natural que requiere cuidados específicos. Los cambios hormonales, especialmente el aumento de estrógenos, modifican la saliva y los tejidos de la boca, favoreciendo el crecimiento de bacterias. Esto puede hacer que las encías se vuelvan más sensibles, que sangren con facilidad o se inflamen. Si a esto le añadimos un mayor consumo de azúcares o cambios en la alimentación, algo bastante habitual durante el embarazo, el riesgo de desarrollar caries se dispara.

Además, los vómitos frecuentes, especialmente durante el primer trimestre, pueden desgastar el esmalte dental debido a la acción de los ácidos gástricos.

Cambios hormonales que afectan a las encías

Entre un 60 % y un 70 % de las mujeres presentan encías inflamadas, enrojecidas o que sangran con facilidad durante la gestación. Esto se debe a los cambios hormonales propios del embarazo, que aumentan la respuesta inflamatoria de los tejidos gingivales.

La gingivitis debe ser tratada, pues existe el riesgo de que evolucione a periodontitis, una enfermedad más grave que afecta a los tejidos que sostienen los dientes. Algunos estudios han relacionado estos problemas con complicaciones como el parto prematuro, el bajo peso del bebé e incluso la preeclampsia, lo que refuerza la importancia de la prevención y el tratamiento precoz.

¿Acceso gratuito a la atención dental durante la gestación?

Organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Comisión Europea recomiendan integrar la salud bucodental en el seguimiento del embarazo. Esto implica fomentar revisiones dentales durante la gestación y promover la colaboración entre matronas, dentistas y ginecólogos. Sin embargo, en la práctica existen diferencias importantes en el acceso a estos servicios en función del país donde vivimos.

Si nos fijamos en Europa, en el Reino Unido la atención dental es gratuita durante el embarazo y hasta 12 meses después del parto, lo que facilita el acceso de las mujeres a estos cuidados. En Francia y Alemania se fomenta la prevención mediante revisiones, aunque con algunas limitaciones en los tratamientos. Italia cuenta con programas regionales con cobertura variable, mientras que los países nórdicos destacan por su enfoque educativo y preventivo. En Portugal, existen programas que permiten a las embarazadas acceder gratuitamente a determinados tratamientos odontológicos.

En España no existe un programa nacional único dirigido específicamente a embarazadas. La atención bucodental durante la gestación depende de cada comunidad autónoma, lo que origina diferencias territoriales en el acceso a la prevención y a la educación en salud oral. Esta falta de homogeneidad puede dificultar la coordinación entre matronas, médicos de familia y ginecólogos, y limita en algunos casos la derivación sistemática al dentista durante el embarazo.

¿Las mujeres embarazadas pueden ir al dentista?

No solo pueden, sino que deben. El tratamiento dental durante el embarazo es seguro. El segundo trimestre suele ser el momento más adecuado para realizar tratamientos, ya que las náuseas suelen haber disminuido y resulta más cómodo permanecer en el sillón del dentista.

No obstante, si aparece dolor, infección o cualquier urgencia en otro momento del embarazo, las gestantes deben acudir al dentista de inmediato. Retrasar el tratamiento puede empeorar el problema y tener consecuencias mayores como dificultar la alimentación, algo fundamental en esta etapa. Una buena nutrición es clave para el correcto desarrollo del bebé, y cualquier problema que interfiera con ella debe ser resuelto cuanto antes.

The Conversation

Amparo Perez Silva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las embarazadas pueden (y deben) ir al dentista – https://theconversation.com/las-embarazadas-pueden-y-deben-ir-al-dentista-281549

More universities are disinviting commencement speakers who might challenge students’ ideas, unraveling an apolitical tradition

Source: The Conversation – USA (2) – By Austin Sarat, William Nelson Cromwell Professor of Jurisprudence and Political Science, Amherst College

College commencement ceremonies celebrate students’ achievements, but also have become occasionally fraught with politics. photosbyjim/iStock/Getty Images Plus

Delivering a university commencement address used to simply be a unique kind of honor. Speakers stand before a podium, wearing a traditional graduation cap and robe, and offer graduates life lessons and inspirational words as they enter the next phase of life.

But today, speaking at a university commencement ceremony carries considerable risk, as Morton Schapiro, former president of Northwestern University, recently found out. Schapiro was scheduled to speak at Georgetown University Law Center’s graduation on May 17, 2026, but announced on May 6 that he would no longer appear at the event.

Some Georgetown law students had protested and petitioned to have Schapiro’s invitation rescinded, citing what they said were Schapiro’s “controversial, Zionist, and harmful opinions.” The students pointed to an op-ed that Schapiro wrote expressing support for Israel and Jewish people a few days after the Hamas attacks on Oct. 7, 2023, which killed 1,200 people.

Schapiro is in good company. There’s a reason why the free speech advocacy group FIRE calls the lead-up to college commencements disinvitation season.

Over the past two decades, colleges and universities across the country have withdrawn invitations to various commencement speakers after students protested their scheduled appearance. Or, in some cases, invited speakers have said they will no longer participate after students spoke out against their upcoming speeches.

As a political scientist who has written about the First Amendment and free speech on college campuses, I think Schapiro’s ill-fated Georgetown commencement invitation – and other instances like this one – show that intolerance for dissenting viewpoints lasts until the last diploma is handed out at graduation.

Some students only want people who hold similar views to address them at their graduation. They exercise what free speech law experts call a “heckler’s veto,” meaning when an audience’s reaction, or anticipated response, stops someone from speaking. Free speech then takes a back seat, and a graduation becomes just a performative moment of political correctness.

Two men wear purple robes and smile in a crowd of people.
The comedian Seth Meyers, left, attends the Northwestern University graduation with Morton Schapiro, the school’s then-president, in June 2016 in Evanston, Ill.
Timothy Hiatt/Getty Images

It wasn’t always this way

The first university commencement in the U.S. took place in 1642, when Harvard College held a ceremony to honor its nine graduates. The students were joined by some of the Massachusetts Bay Colony’s most distinguished citizens, including Governor John Winthrop and his deputy, John Endicott, who observed the proceedings.

No one delivered a commencement address.

Instead, each graduate delivered an address and displayed the fruits of their classical education by speaking in Latin and English.

By the middle of the 19th century, university commencements drew well-known outsiders to college campuses to speak.

In 1837, for example, the poet and essayist Ralph Waldo Emerson addressed Harvard’s Phi Beta Kappa graduates and issued a stirring call for American students and scholars to end what he called “our long apprenticeship to the learning of other lands.”

In 1881, James Garfield became the first sitting American president to deliver a commencement address, when he spoke at the United States Naval Academy in Annapolis, Maryland.

Twenty-four years later, President Theodore Roosevelt spoke at the first graduation ceremony at Clark University, in Worcester, Massachusetts. He told his audience there, “I have always felt most strongly that it is true of a nation as of the individual that the greatest doer must also be a great dreamer.”

Since then, other presidents have used commencement speeches to announce major policy initiatives and agreements, including on foreign policy.

In 1963, President John F. Kennedy told the graduating seniors at American University that the U.S., the United Kingdom and the Soviet Union would start negotiations to ban the testing of nuclear weapons.

Two years later, President Lyndon Johnson announced at Howard University’s commencement that he would launch a major initiative to address socioeconomic disparities that disadvantaged Black people.

There was no controversy or protest about Kennedy, Johnson or other prominent speakers who delivered commencement addresses before a few decades ago.

A man stands at a podium that says 'president of the United States' in a black-and-white photo.
President John F. Kennedy delivers his commencement speech at American University in June 1963.
Bettmann/Contributor/Getty Images

The commencement speaker as a lightning rod

But that was then. Times have changed.

FIRE estimates that between 2000 and 2024, there were 345 attempts to disinvite commencement speakers. Many of the scheduled speakers who faced pressure to not appear at the ceremonies backed out.

Examples of commencement speaker disinvitations have happened at small, private liberal arts colleges, as well as big public universities. Being uninvited from speaking at a graduation is often precipitated by petitions and protests, from both conservative and progressive activists.

For example, in 2019, former Nebraska Senator Bob Kerrey, a Democrat, withdrew as the scheduled commencement speaker at Creighton University. This followed the Nebraska Republican Party objecting to Kerry’s pro-abortion rights voting record.

In 2024, Dickinson College rescinded a commencement invitation for Michael Smerconish, an author and television commentator who focuses on politics. This decision came after a student wrote an opinion piece that showed that 20 years earlier, Smerconish said, “in order to keep America safe, the TSA should deliberately target Arabs and Muslims for searches because they look like the perpetrators of past terrorist attacks.”

“Does someone like Mike Smerconish in any way represent the achievements and ambitions of its students? If Dickinson truly loves and values its students, shouldn’t it honor them with someone who reflects that love?” the student asked in the opinion piece.

Protests ensued, and the college president gave in.

In 2025, the noted author Salman Rushdie withdrew as commencement speaker at Claremont McKenna College in Claremont, California, after members of its Muslim Student Association urged the school to revoke his invitation. They accused Rushdie, a self-described “hardline atheist,” of “disparaging a global religious community” in his writing and public appearances. In a 2015 commencement address at Emory University, he said: “I sometimes think we live in a very credulous age. People seem ready to believe almost anything. God, for example.”

Over the past few years, the Israel-Hamas war in the Gaza Strip has led to various commencement controversies and rescinded invitations, based on scheduled speakers’ politics around the conflict.

There have also been various commencement speakers who have delivered controversial addresses that some graduates – and outside observers – found offensive. Kansas City Chiefs kicker Harrison Butker, for example, spoke at Benedictine College’s commencement in 2024 and encouraged women to become homemakers.

A man stands at a wooden podium on a stage, surrounded by people in graduation attire and a crowd of people wearing black graduation caps.
The author Salman Rushdie delivers a commencement address at Emory University in Atlanta in May 2015.
Marcus Ingram/Getty Images

Commencement and free speech

That brings us back to Schapiro.

“I have presided over 28 commencements as a president and dean,” Schapiro wrote in a note to Georgetown’s law students, “and those ceremonies are about celebrating the graduates and their supporters. I was looking forward to giving a talk about humility and gratitude, but I don’t want my presence to distract from the day’s festivities.”

Humility and gratitude are often missing in disinvitation season.

In 2017, Drew Gilpin Faust, then the president of Harvard University, seemed to understand this absence when she issued a free speech message to graduates in her commencement address. “Silencing ideas or basking in intellectual orthodoxy independent of facts and evidence impedes our access to new and better ideas, and it inhibits a full and considered rejection of bad ones,” Faust warned.

Commencement season puts Faust’s admonitions to the test. “Universities,” she said, “must model a commitment to the notion that truth cannot simply be claimed, but must be established – established through reasoned argument, assessment and even sometimes uncomfortable challenges that provide the foundation for truth.”

The Conversation

Austin Sarat does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. More universities are disinviting commencement speakers who might challenge students’ ideas, unraveling an apolitical tradition – https://theconversation.com/more-universities-are-disinviting-commencement-speakers-who-might-challenge-students-ideas-unraveling-an-apolitical-tradition-283131

When a president settles his own lawsuit to create a fund for allies, fundamental questions about justice arise

Source: The Conversation – USA – By Austin Sarat, William Nelson Cromwell Professor of Jurisprudence and Political Science, Amherst College

A banner featuring President Trump on the outside of the DOJ building in Washington, D.C. Andrew Harnik/Getty Images

Thomas Hobbes took a very dim view of rebels and insurrectionists. He believed that insurrectionists relinquish their status as citizens the moment they seek to overthrow the government and should never be rewarded for doing so.

Hobbes, one of the finest political theorists of his time, said this in his great political treatise, “Leviathan,” published in 1651 during a civil war in England and Scotland.

Hobbes would likely also take a dim view of a major development announced by the Trump administration on May 20, 2026.

The U.S. Department of Justice has established a US$1.776 billion “Anti-Weaponization Fund,” to be used, the AP reports, to “allow people who believe they were targeted for prosecution for political purposes, including by the Biden administration Justice Department, to apply for payouts.”

The fund, Acting Attorney General Todd Blanche said, offers “a lawful process for victims of lawfare and weaponization to be heard and seek redress.”

Critics immediately charged that it might be used to compensate people involved in – some even convicted for – the Jan. 6, 2021, attack on the Capitol. Blanche has not ruled out that possibility.

The establishment of the fund is part of a settlement agreement, in response to which President Donald Trump dropped his $10 billion lawsuit against the Internal Revenue Service for damages stemming from the leak of his tax returns. Those leaks, the lawsuit alleged, “caused Plaintiffs reputational and financial harm, public embarrassment, unfairly tarnished their business reputations, portrayed them in a false light, and negatively affected President Trump.”

A DOJ press release indicates the fund will provide “formal apologies and monetary relief” to those who file claims and will cease processing claims “no later than” Dec. 1, 2028. It will be run by a five-person board appointed by the attorney general, and the president will also have the power to remove board members.

Whether or not Jan. 6 participants benefit, some believe that this situation creates an unavoidable appearance of self-dealing and favoritism. As a student of American law and political morality, I think there are important moral and constitutional issues implicated by the president’s suit against the IRS and the creation of the Anti-Weaponization Fund.

Some of them are straightforward; others are less so.

A man talking at a table behind a name plate, gesturing with his fingers.
Acting U.S. Attorney General Todd Blanche testified about the compensation fund during a Senate Committee on May 19, 2026, in Washington, D.C.
Anna Moneymaker/Getty Images

A judge in their own cause

An obvious question is: Should taxpayer funds be given to Trump allies, in a settlement reached by the Trump-controlled DOJ as compensation for a Trump family lawsuit?

As far back as ancient Greece, philosophers like Aristotle have worried about what happens when people are called on to make judgments in cases where they are involved. Aristotle thought that the natural instinct for self-preservation meant that they would always favor themselves.

From that concern emerged what was then, and remains, an uncontroversial, bedrock moral principle.

In the Roman world, the Latin phrase “Nemo iudex in causa sua” meant “no one should be a judge in their own cause.” It recognized that anyone having a personal interest should not get to decide matters in which they are involved.

In the Englsh-speaking world, Hobbes himself reiterated that phrase as he explained some of the advantages of living in an organized society, which could supply impartial judges to resolve disputes. And in 1787, James Madison wrote, “No man is allowed to be a judge in his own cause, because his interest would certainly bias his judgment, and, not improbably, corrupt his integrity.”

Commentators reacting to the Justice Department’s decision to establish an Anti-Weaponization Fund to settle the president’s claims against the IRS have drawn on these longstanding principles to criticize it, including how the DOJ, which is part of the executive branch controlled by Trump, negotiated with him to reach this settlement.

The conservative lawyer and activist Ed Whelan said, “There is a glaring conflict of interest with Trump being on both sides of the claim.” Whelan added, “It is outrageous that he and those answering to him would be deciding how the government responds to these extravagant claims.”

In testimony on May 19, 2026, before the Senate Appropriations Committee, Blanche offered a different view. He said the settlement fund was not unprecedented and likened it to a different fund, established by the Obama administration, to settle discrimination claims brought by Native American and Black farmers.

“It’s not limited to Republicans. It’s not limited to Democrats,” Blanche added. “It’s not limited to January 6th defendants. It’s limited only by the term weaponization.” Blanche promised that payments from the fund will be publicly disclosed.

Negotiating with himself

In April, Kathleen Williams, the Florida federal judge who was presiding over Trump’s lawsuit, reframed the moral issue of self-dealing as a legal one. She questioned whether the case could go on, noting “President Trump’s own remarks about this matter acknowledge the unique dynamic of this litigation.”

The remarks she referenced occurred when the president talked about the lawsuit and the prospect of negotiating with himself. “And they do say that, you know, it’s never been a case like this. Donald Trump sues the United States of America. Donald Trump becomes president, and now Donald Trump has to settle the suit.”

Williams, the judge, wrote that “it is unclear to this Court whether the Parties are sufficiently adverse to each other so as to satisfy Article III’s case or controversy requirement.” That requirement means that a court can only rule when there is a real dispute before it.

That rule is designed to prevent so-called collusive lawsuits, in which “the parties are not actually in disagreement but are cooperating” to achieve a result. Judge Williams was scheduled to hear arguments on that question on May 20, 2026. But the settlement announcement was made two days before, and, in light of it, she dismissed the case.

Back to Hobbes

Beyond the case and controversy question, the Justice Department’s actions may implicate constitutional issues.

One is whether, under the constitutional separation of powers, the executive branch has the authority to create a victim compensation fund, or whether that authority rests with Congress.

Another is whether the fund violates the Constitution’s Emoluments Clause, which prohibits the president from receiving any “Emolument from the United States” other than his salary.

While the new fund may not make direct payments to Trump, he may benefit from payments to family members, business associates and others who will claim to have been victimized by the Biden administration, including people prosecuted and convicted of crimes committed on Jan. 6.

Democratic Congressman Jamie Raskin, a former professor of constitutional law, also contends that what the Justice Department has done violates Section 4 of the 14th Amendment, part of which states: “neither the United States nor any State shall assume or pay any debt or obligation incurred in aid of insurrection or rebellion against the United States.”

Referring to the president, Raskin argues hypothetically, “So, to the extent that he wants to give a million dollars to each of 1,600 pardoned rioters and insurrectionists, we think that that’s an unconstitutional use of money.”

That section of the 14th Amendment was designed to ensure that Confederate rebels would not receive compensation for the value of their emancipated slaves. However, in Perry v. United States, a 1935 case, the Supreme Court stated that Section 4’s “language indicates a broader connotation” beyond its Civil War context.

It seems clear that courts will soon be asked to decide whether Raskin and other legal critics are right in their assertions of a host of legal problems with the Anti-Weaponization Fund. How they will do so remains to be seen.

But, in a democracy, deciding whether the creation of the fund violates the moral maxim that no one can be a judge in his or her own cause ultimately will be up to the people.

The Conversation

Austin Sarat does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. When a president settles his own lawsuit to create a fund for allies, fundamental questions about justice arise – https://theconversation.com/when-a-president-settles-his-own-lawsuit-to-create-a-fund-for-allies-fundamental-questions-about-justice-arise-283345