Siete razones por las que la geología es imprescindible en la transición energética

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Alonso-Zarza, Catedrática de Petrología y Geoquímica. Facultad de CC. Geológicas, Universidad Complutense de Madrid

Sin el conocimiento geológico, ni la tecnología que usamos a diario, ni las energías renovables ni los materiales de construcción serían posibles. Newsshooterguy/Shutterstock

“¿Qué han hecho los romanos por nosotros?”, la célebre pregunta irónica de la película La vida de Brian evoca la obra pública clásica: carreteras, acueductos y cimentaciones que sostuvieron imperios. De la misma manera, con motivo del Día Mundial de la Tierra, celebrado el 22 de abril, podemos preguntarnos: ¿qué ha hecho la geología por nosotros? Y, de cara al futuro, ¿qué puede hacer?

El crecimiento de la población y el aumento del consumo están acercando a nuestra especie a los límites planetarios de sostenibilidad: mayor demanda de agua, energía y materias primas, junto a emisiones de gases de efecto invernadero que aceleran el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Todo ello obliga a una transición energética justa en la que la geología tiene mucho que decir. No se trata solo de una ciencia básica, sino que aporta el conocimiento imprescindible para conocer y gestionar los recursos de forma sostenible, anticipar y mitigar riesgos y diseñar políticas de descarbonización eficaces para que nuestra especie tenga un futuro sostenible en nuestro planeta.

Son muchas las razones por las que la geología es una ciencia imprescindible para la transición ecológica, pero estas son algunas de las más significativas.

1. Mapas geológicos para conocer el subsuelo

Los mapas geológicos son la radiografía del subsuelo: muestran la disposición de las rocas y las estructuras y los recursos geológicos, entre otros. Es una herramienta para la investigación de recursos minerales y del agua y permite decidir dónde y cómo ubicar infraestructuras o minimizar los riesgos naturales.

2. Agua subterránea: el recurso que condiciona todo

Los recursos hídricos no solo son los ríos, lagos o casquetes de hielo. Bajo la superficie terrestre, los acuíferos (agua subterránea) alimentan ciudades, cultivos, industrias, ecosistemas, etc.

La geología identifica dónde están los acuíferos, cómo se recargan y qué volúmenes son sostenibles, y permite diseñar medidas de protección y recarga artificial.




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3. Extracción de minerales y materias primas

El teléfono móvil puede contener hasta unas cincuenta materias primas distintas. Sin el conocimiento geológico, la tecnología que necesitamos a diario, las energías limpias o los materiales de construcción no serían posibles.

Sin embargo, hay una hipocresía ambiental evidente: se reclama energía renovable y tecnología avanzada, pero se rechaza la minería necesaria para obtener los minerales críticos por sus impactos. Superar esa paradoja pasa por reconocer nuestra dependencia de esos recursos y exigir, al mismo tiempo, prácticas extractivas sostenibles, transparentes y socialmente responsables.




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Una enorme mina a cielo abierto
Chuquicamata (Chile) es una de las minas a cielo abierto más grandes del mundo. En ella se extrae cobre, oro y molibdeno.
Diego Delso/Wikimedia Commons, CC BY-SA

4. Obtención, almacenamiento y recuperación de energía

Son muchos los aspectos en los que la geología contribuye al abastecimiento seguro y sostenible de energía. Nos referiremos a tres de ellos.

Los combustibles fósiles siguen suministrando una parte importante de la energía global. Su explotación sostenible exige experiencia geológica para caracterizar y modelizar yacimientos, estimar su vida útil y diseñar métodos de extracción que minimicen impactos.

La energía geotérmica aprovecha el calor interno de la Tierra y es inagotable. Incluye desde soluciones de baja entalpía (bombas de calor y climatización eficiente mediante el subsuelo somero) hasta recursos de alta entalpía para generación eléctrica en zonas geológicamente activas.

Los conocimientos geológicos son la salvaguarda de cualquier proyecto de almacenamiento subterráneo de hidrógeno, gas natural o CO₂. Estos almacenes son seguros si las características geológicas son adecuadas.




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5. El potencial del geoturismo

La geodiversidad (rocas, minerales, fósiles, suelos y formas del relieve) es el archivo de la historia de la Tierra y una fuente clave de información para anticipar cambios ambientales y gestionar recursos.

Programas como los Geoparques Mundiales de la UNESCO demuestran que el patrimonio geológico es un motor local de desarrollo: actúan como aulas vivas donde las comunidades vinculan su economía al territorio mediante geoturismo, rutas educativas y productos locales, revitalizando zonas rurales.




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6. Anticipar y mitigar riesgos en desastres naturales

Los peligros naturales (terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, deslizamientos, subsidencia, oleajes extremos y otros fenómenos impulsados por el clima) forman parte de la dinámica terrestre y pueden causar daños severos cuando afectan a ciudades e infraestructuras. Ya lo vimos con la dana valenciana en 2024, entre otros desastres.

La geología ofrece la base científica para comprender estos procesos, anticipar sus impactos y mitigar los riesgos: combinando conocimiento geológico profundo con tecnologías avanzadas se pueden diseñar medidas de prevención y planificación territorial que hacen a las comunidades más seguras y resilientes.

7. Planificación territorial informada

Una planificación del territorio que incorpora el conocimiento del subsuelo optimiza líneas de transporte, abastecimiento de aguas, ubicación de viviendas e infraestructuras; compatibiliza usos productivos y de conservación y contribuye a mitigar los riesgos.

¿Por qué todo esto importa ahora?

La geología, a menudo invisible en las decisiones políticas y de planificación, está en todas partes: condiciona el terreno donde construimos, el agua que bebemos y los riesgos que nos pueden afectar.

El conocimiento geológico es un bien público esencial para la toma de decisiones informadas y el desarrollo sostenible. La diferencia es decisiva: sin geología, el desarrollo se asienta sobre terreno frágil. Con ella, se construye resiliencia, equidad y un futuro sostenible.

En definitiva, solo conociendo nuestro planeta podremos conseguir que las consecuencias de nuestro sistema de vida sean los mínimos y que la Tierra siga siendo habitable para nuestra especie.

The Conversation

Ana María Alonso-Zarza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Siete razones por las que la geología es imprescindible en la transición energética – https://theconversation.com/siete-razones-por-las-que-la-geologia-es-imprescindible-en-la-transicion-energetica-280925

¿Por qué la mitad de una bolsa de patatas fritas es aire?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge E. Olmos Cornejo, Profesor de Ingeniería Agroindustrial, Universidad de Guadalajara

¿Qué secretos oculta una bolsa de patatas fritas? Bermix Studio / Unsplash. , CC BY-SA

Esa sensación de decepción al abrir una bolsa de patatas fritas y encontrarla a medias es una experiencia que une a consumidores de todo el mundo. Sin embargo, ese espacio vacío no es una estafa comercial, sino una precisa solución de ingeniería que garantiza que el producto llegue crujiente a su boca.

No es aire, es el “guardaespaldas” de su aperitivo

Aunque lo llamamos aire, las bolsas se inflan con nitrógeno. El aire común tiene mucho oxígeno y eso daña la comida, pues oxida las grasas de las patatas en pocos días.

El resultado de esa oxidación es un sabor rancio. Además, las patatas pierden su textura crujiente y se ablandan. Por eso, el nitrógeno, un gas inerte y que no reacciona con el alimento, es la solución perfecta. Su función principal no solo reside en desplazar al oxígeno, manteniendo el sabor original fresco durante meses, sino que también impide que crezcan microbios que necesitan aire para vivir.

El escudo invisible contra los golpes

Además de conservar el sabor, ese gas tiene una misión física vital: funciona como un cojín que protege el contenido durante el transporte. Las patatas fritas son extremadamente frágiles y se rompen con facilidad.

Piense en el viaje que realiza una bolsa, que pasa por camiones, almacenes, cajas y estantes de supermercado. Sin ese colchón de gas a presión, la bolsa se aplastaría, y en lugar de patatas enteras, usted recibiría un montón de migas y polvo.

Por eso, la bolsa suele verse tan inflada. No es para aparentar que hay más producto, sino para crear una cámara de seguridad. Ese espacio vacío permite que las bolsas se apilen sin que las patatas sufran daños.

Una bolsa de patatas posee delgadas capas superpuestas, cada una con una misión para proteger el contenido de la oxidación y la humedad.
Carmen Leticia Orozco López y Jorge Eduardo Olmos Cornejo.

Más que una simple bolsa de plástico

El envase también es una pieza clave de tecnología. No se trata de una bolsa de plástico común como las que usamos para la basura: en realidad, se trata de una estructura formada por varias capas delgadísimas.

Cada capa tiene una función específica. Mientras que una impide que entre la humedad del ambiente para que las patatas no se ablanden, otra bloquea la luz del sol, evitando que las grasas se degraden por la iluminación.

La capa metálica brillante que vemos al abrir la bolsa suele ser aluminio, material que actúa como una barrera total contra el exterior. Gracias a esta ingeniería de materiales, el “guardaespaldas” de nitrógeno puede cumplir su misión durante meses.

Aprenda a leer la etiqueta: el peso es lo que cuenta

Es importante que el consumidor no se sienta engañado por el tamaño del envase. La ley obliga a los fabricantes a indicar claramente el contenido neto en la bolsa, un dato que representa el peso real del alimento que usted va a consumir.

El volumen extra de gas es un servicio de protección; no influye en el precio final del producto, que se calcula por gramos. Por eso, dos bolsas de diferentes marcas pueden parecer de distinto tamaño pero contener la misma cantidad.

Así que la próxima vez que vaya al supermercado, compare el peso neto de los envases. Verá que la cantidad de producto suele ser justa con lo que marca la etiqueta. El “aire” que tanto nos molesta es solo ingeniería trabajando para nosotros.

El peso de una bolsa de patatas –y no su tamaño– es lo que debemos mirar para saber qué cantidad de producto estamos comprando.
Carmen Leticia Orozco López y Jorge Eduardo Olmos Cornejo.

El misterio de las bolsas que “explotan” en el avión

Quizás haya notado algo extraño al viajar en avión o al subir a una montaña con una bolsa de patatas: el envase parece estar a punto de reventar. Este fenómeno es una prueba física de la presión del gas en su interior.

A gran altura, la presión del aire exterior disminuye, mientras que la presión del nitrógeno dentro de la bolsa se mantiene igual. Esto hace que el envase se infle todavía más, como si fuera un globo.

Los ingenieros agroindustriales deben prever estos cambios de presión durante el diseño. Si la bolsa no fuera lo suficientemente resistente, se abriría durante el transporte en zonas altas. Es otra capa de ciencia invisible que garantiza que su snack llegue intacto.

El reto de reciclar un sándwich de materiales

Tanta tecnología tiene un precio para el medio ambiente. Como hemos visto, estas bolsas no son de un solo material, sino que conforman un sándwich de diferentes capas de plásticos y metales unidas entre sí.

Esta estructura multicapa dificulta mucho su reciclaje. Al estar los materiales tan pegados, las plantas de tratamiento comunes no pueden separarlos fácilmente.

Por eso, el siguiente gran reto de la ingeniería agroindustrial es diseñar envases más sostenibles. Se está trabajando en materiales que protejan igual de bien, pero que sean biodegradables o más sencillos de reciclar. Por otro lado, como consumidores, nuestra tarea es depositar siempre estos envases en el contenedor amarillo para fomentar su correcto tratamiento.

Ciencia invisible en su despensa

Como ingenieros, nuestro trabajo es garantizar que los alimentos no solo sean seguros, sino que mantengan su calidad desde la fábrica hasta su mesa. La agroindustria utiliza estas herramientas invisibles para que un producto tan frágil pueda disfrutarse en cualquier lugar y momento.

Así, detrás de cada bocado crujiente hay años de investigación en química de gases, física de materiales y logística industrial.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué la mitad de una bolsa de patatas fritas es aire? – https://theconversation.com/por-que-la-mitad-de-una-bolsa-de-patatas-fritas-es-aire-279994

¿Por qué en español es ‘Ormuz’ y no ‘Hormuz’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María-Teresa Cáceres-Lorenzo, Profesora e investigadora de la ULPGC, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

AustralianCamera/Shuttesrtock

En estos días en que vivimos pendientes del cierre o apertura del estrecho de Ormuz, por lo que afecta a nuestro bolsillo y al futuro y presente de miles de vidas humanas, el que más y el que menos habrá buscado en la red dónde está ese dichoso estrecho. Entonces, quizá se haya percatado de que mientras en español se escribe “Ormuz”, en inglés lleva hache.

Este mínimo detalle no es una cuestión exclusivamente ortográfica, y está relacionado con cientos de años de historia, estudios toponímicos y lingüísticos, por lo que vale la pena bucear un poco en la historia y en la lingüística para comprender el porqué.

Origen farsi o persa

Su nombre original es persa o farsi, هرمز (Hormoz), y se empleaba sobre todo para denominar a una isla y a un reino entero situado en el golfo Pérsico. El reino de Ormuz fue creado por los príncipes árabes sobre el siglo X, más tarde pasó a poder de Persia, y a principio del siglo XVI los portugueses tomaron la plaza y la mantuvieron hasta 1622. Ese año, ya bajo soberanía del rey Felipe IV de España, los persas –ayudados por los ingleses– retomaron el control del reino y de todo el estrecho.

Mapa de Ormuz del siglo XVI, de la obra Civitates Orbis Terrarum, un atlas con mapas y dibujos de 546 ciudades editada por Georg Braun y Frans Hogenberg.
Braun e Hogenberg. Civitates Orbis Terrarum, 1572, CC BY

Durante todo ese periodo, las noticias que llegaban a la Península desde esta zona del mundo las traían los lusitanos y castellanos que integraban la Monarquía Hispánica (1580-1640). Los mapas y los escritos de la época emplearon con más frecuencia la forma sin hache, “Ormuz”, y desde entonces es tradición que, en español, portugués, catalán o francés, se utilice esta forma, aunque en los dos últimos idiomas se acepta como apropiada también la grafía Hormuz.

En cambio, en los idiomas germánicos, inglés, alemán, sueco, noruego, neerlandés, etc., la forma recomendada es con hache. Aunque en mapas antiguos ingleses es corriente encontrarlo escrito sin esa letra.

Detalle de un mapa de Persia del año 1892, donde se ve el topónimo sin hache.
George Courzon. The Royal Geographical Society (con el Institute of British Geographers), CC BY

En el Diccionario Panhispánico de Dudas aparece cómo se tiene que utilizar este topónimo en español panhispánico:

“Forma tradicional española del nombre de este estrecho situado en el golfo Pérsico. No debe usarse en español la grafía ‘Hormuz’, empleada en otras lenguas como el inglés”.

Topónimos: más que palabras

Los nombres que identifican los territorios son palabras cargadas de información extralingüística. Establecer las normas sobre el uso de estos nombres de lugares es necesario debido a la cambiante realidad geopolítica, la influencia de los medios de comunicación y la globalización.

Sus cambios constantes harían muy complicada la comunicación, por eso las academias de la lengua española (ASALE, formada por 23 corporaciones de América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial) establecen criterios para la hispanización de los topónimos que no estén escritos en español, con su traducción y adaptación, de acuerdo con las normas ortográficas de nuestro idioma.

Por ejemplo, se recomienda usar en español nombres como Ciudad del Cabo (en lugar de Cape Town), o Nueva York (en lugar de New York). En cambio se aceptan algunas grafías no adaptadas pero asentadas en el uso (Washington, Copenhague). Se reconocen los cambios oficiales, sin renunciar a las formas tradicionales si existen, que siempre tendrán preferencia (Calcuta, no Kolkata, Moldavia, no Moldova).

Si se produce un verdadero cambio de nombre y no una reividicación de las formas locales de este, es decir, si el cambio de nombre no representa únicamente reforzar el mismo término con grafía vernácula, se recomienda el uso del nuevo topónimo (Burkina Faso, que sustituye al antiguo Alto Volta, Sri Lanka en lugar de Ceilán).

¿Qué pasó con la h de Ormuz?

Ormuz, al ser un vocablo tradicional y plenamente asentado en el uso por preferencia de los hablantes, se integra en el primer criterio y no debe variar su grafía histórica, que es sin hache.

Esta letra representaba originariamente en la lengua latina un fonema aspirado que pronto desapareció, aunque se mantuvo en nuestro sistema ortográfico sin sonido, con la excepción de la aspiración en determinadas voces de origen extranjero, como hámster o dírham, y que en algunas zonas españolas y americanas se registra como rasgo dialectal.

Curiosamente, aunque durante los siglos XVI y XVII su grafía era siempre sin hache, se alternaba Ormus con Ormuz. A lo largo de estas centurias la ortografía no se había fijado aún. Esto se regularizó más tarde aceptándose exclusivamente la forma actual.

Portada de la Relación de la batalla de Nuño Alvarez contra la Armada de Holanda y de Inglaterra en el estrecho de Ormuz de 1626.
Archivo Histórico Nacional.

Palabras de origen persa

Existen en el español otras palabras de origen persa perfectamente asentadas que han tenido historias diferentes. Algunas se conocen desde antiguo ya que fueron introducidas a través del árabe (“alfajor”, “alquequenje”, “auge”, “bazar”, “diván”, “espinaca”), o a partir de otras lenguas que lo tomaron del persa (por ejemplo, “farsi” y “pijama”, que llegaron al español a partir del inglés, y este las tomó del persa; o “lila”, procedente del francés, que lo adoptó de la misma lengua).

En el tránsito de algunos de estos vocablos desde su origen hasta su llegada al español, el persa fue en ocasiones un intermediario: por ejemplo, “naranja” procede el árabe hispánico naranga, y este del árabe, quien lo tomó del persa, que a su vez lo recogió del sánscrito.

Otros términos persas se han hecho populares en los últimos años, desde la mitad del siglo XX, y se han ido incorporando a los diccionarios progresivamente. Algunos ejemplos de estos son “ayatolá”, una de las más altas autoridades religiosas entre los chiítas islámicos, y “sah”, rey de Persia o del Irán, añadidos al diccionario de la lengua española en 1992. La voz “chador” (velo con que las mujeres musulmanas se cubren la cabeza y parte del rostro) se incluyó en 2001.

Términos persas de actualidad

Al igual que ocurre con Ormuz, la actualidad está haciendo que hablemos de otros topónimos persas. Muchos de ellos ya eran conocidos y tenían formas tradicionales, como “Isfahán”, conocida históricamente como “Ispahán”, pero que en los medios de comunicación aparece de manera más similar a la pronunciación persa de اصفهان (Esfahān). En este caso, la forma tradicional española está siendo desplazada por la primera, ambas con la aspiración etimológica de la h. En cambio, en otro topónimo persa, “Teherán”, no la aspiramos.

Como podemos ver, la evolución de los topónimos extranjeros depende de que exista una tradición creada por el uso continuado de una determinada forma en los textos. En el caso de Ormuz, los portugueses iniciaron esa costumbre de escribir el topónimo sin hache y se mantuvo durante siglos en español, de ahí su preferencia. En otros casos en que no existe una forma tradicional tan asentada, la aceptación de un topónimo depende en mayor medida de las coyunturas históricas y políticas.

La h del término persa Hormoz no ha sido adoptada en los mapas o textos desde el siglo XVI hasta la actualidad, como sí se incorporó en Teherán o Ispahán, aunque una se pronuncia aspirada y la otra sea muda. Pese a las excepciones, las normas ortográficas para los topónimos en el siglo XXI están claras y es importante emplearlas correctamente para la cohesión del español panhispánico.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué en español es ‘Ormuz’ y no ‘Hormuz’? – https://theconversation.com/por-que-en-espanol-es-ormuz-y-no-hormuz-280974

¿Por qué algunos animales pueden regenerar patas enteras y los mamíferos no?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Hay aspectos de nuestra biología que asumimos como inevitables. Por ejemplo, que si perdemos un brazo o una pierna, no volverán a crecer.

Sin embargo, no ocurre lo mismo en todo el reino animal. Hay gusanos capaces de regenerar su cuerpo completo, peces que reconstruyen sus aletas –e incluso órganos como el corazón– y anfibios, como las salamandras, en los que crecen patas enteras tras una amputación.

En cambio, los mamíferos apenas logramos cerrar una herida y, cuando lo hacemos, suele ser a costa de formar una cicatriz. Aunque existe cierta capacidad de regeneración en las extremidades de los mamíferos, incluidos los humanos, esta se limita prácticamente a la punta de los dedos, y solo cuando la lesión se produce en condiciones muy concretas.

Pero esta aparente limitación podría no ser tan definitiva. Dos trabajos publicados recientemente en Science, junto con una perspectiva que los integra, apuntan a que los mamíferos podrían conservar una capacidad regenerativa latente que está bloqueada por su entorno.

El tejido decide: cicatriz o regeneración

Durante mucho tiempo se ha pensado que la capacidad de regenerar estructuras complejas dependía fundamentalmente de los genes. Según esta idea, los mamíferos habríamos perdido, a lo largo de la evolución, los programas necesarios para reconstruir tejidos completos.

Sin embargo, los nuevos resultados obligan a replantear este enfoque. La regeneración no sería solo una propiedad genética, sino el resultado de la interacción entre las células y el entorno en el cual se encuentran. En otras palabras, el contexto tisular puede determinar si una herida cicatriza o si inicia un proceso regenerativo.

Uno de los estudios se centra en el modelo de la regeneración de la punta del dedo en un ratón. Los investigadores observaron que los tejidos que cicatrizan son rígidos y están dominados por colágeno, mientras que los tejidos capaces de regenerar presentan una matriz extracelular más laxa y rica en moléculas como el ácido hialurónico.

Estas diferencias biomecánicas no son triviales, dado que condicionan directamente el comportamiento celular y la activación de programas genéticos de reparación. De hecho, cuando los investigadores modificaron experimentalmente el entorno tisular para estabilizar la cantidad de ácido hialurónico, observaron una reducción de la fibrosis y una promoción de la regeneración, incluso en zonas donde normalmente no se produce.

Esto apunta a una idea clave: en determinados modelos experimentales, la cicatriz podría no ser el destino inevitable de una herida, sino una consecuencia del entorno en el que se repara.

El oxígeno como interruptor biológico

El segundo estudio aborda la regeneración desde otra perspectiva, pero llega a una conclusión complementaria. Dado que los renacuajos de rana viven en ambientes con menor disponibilidad de oxígeno que los mamíferos terrestres, los investigadores analizaron el papel de este factor en la regeneración.

Al comparar las extremidades en desarrollo de ambas especies, encontraron que los niveles de oxígeno actúan como un auténtico interruptor biológico. En condiciones de bajo oxígeno (hipoxia), se activa el factor HIF1A, lo que favorece la proliferación y migración celular y facilita la expresión de genes asociados a la regeneración.

Por el contrario, en condiciones normales de oxígeno, características de los mamíferos, estos procesos quedan bloqueados. Además, el oxígeno también influye en la estructura del ADN mediante cambios epigenéticos que determinan si los genes regenerativos están activos o silenciados.

En este contexto experimental, basado en extremidades embrionarias in vitro, los autores muestran que es posible activar respuestas tempranas asociadas a la regeneración en tejidos de mamífero, más que inducir una regeneración completa.

Ambos trabajos apuntan en la misma dirección: los mamíferos podrían no carecer completamente de los programas regenerativos. Más bien estos no se estarían activando en las condiciones habituales en las que viven, un entorno biológico que favorece la cicatrización frente a la regeneración.

Un nuevo paradigma en biología

El cambio conceptual que sugieren estos resultados es importante. La regeneración no sería una capacidad completamente ausente en los mamíferos, sino un estado dinámico que depende de factores como la rigidez del tejido, la composición de la matriz extracelular, la disponibilidad de oxígeno y la regulación epigenética.

No obstante, conviene ser cautos. En estos estudios no se ha logrado la regeneración completa de extremidades en mamíferos. Los trabajos se centran en modelos experimentales –como la regeneración de la punta del dedo o de tejidos cultivados en laboratorio– y analizan principalmente las fases iniciales del proceso.

Implicaciones médicas

Aun con estas limitaciones, las implicaciones son relevantes. Si el entorno tisular puede modificarse de forma controlada, podrían abrirse nuevas vías en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización evitando la fibrosis, favorecer la regeneración ósea o tratar enfermedades asociadas a alteraciones en la reparación de tejidos, como ocurre en la diabetes.

En definitiva, el problema quizá no sea que los mamíferos no podamos regenerar, sino que aún no sabemos cómo crear las condiciones para hacerlo. Como recordaba el médico y ensayista Lewis Thomas, “somos profundamente ignorantes sobre la naturaleza”. Tal vez estemos empezando a entender que algunas de nuestras aparentes limitaciones biológicas no son tan definitivas como creíamos.

The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

Oscar H. Ocaña Terraza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué algunos animales pueden regenerar patas enteras y los mamíferos no? – https://theconversation.com/por-que-algunos-animales-pueden-regenerar-patas-enteras-y-los-mamiferos-no-280920

La importancia de las asociaciones de pacientes con enfermedades raras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep Solves, Profesor, Universidad CEU Cardenal Herrera

Tener una enfermedad poco frecuente o cuidar de una persona con una de estas patologías es un reto enorme. Porque, a los desafíos y el sufrimiento habituales de toda enfermedad, se unen el desconocimiento, la incertidumbre y, con demasiada frecuencia, el estigma social de estas enfermedades, tan distintas, la mayoría de las veces, a las dolencias comunes. Son necesarios mucho coraje y compromiso para afrontarlas y toda ayuda es siempre poca.

Probablemente, la necesidad de afrontar todos esos retos junto con otras personas y familias que viven una situación similar, la necesidad de luchar juntos para ser más fuertes, explica que las asociaciones de pacientes con enfermedades raras jueguen desde hace tiempo un papel clave. De hecho, el movimiento asociativo de las personas con enfermedades raras se ha convertido, posiblemente, en su apoyo más eficaz y constante. Sin esas asociaciones, sin ese movimiento social, la vida de los pacientes y sus familias hubiera sido, y sería ahora, mucho peor.

No olvidemos que no es ni mucho menos un colectivo marginal: 3 millones de personas en España, 30 en Europa y 300 en el mundo sufren enfermedades raras.

En un contexto en el que las administraciones y las empresas farmacéuticas han atendido solo en parte las necesidades de este colectivo, únicamente las asociaciones han sido capaces de acompañar, informar, apoyar y consolar con la proximidad y la empatía suficientes a los pacientes y sus familias.

En parte, es lógico, porque las forman los propios pacientes y sus familias, unidos en la lucha común, real y apegada al terreno de lo cotidiano, contra la enfermedad y todo lo que ella implica.

Información de primera mano y “papeleo”

Las asociaciones de pacientes con enfermedades poco frecuentes no solo entran en escena cuando existe un diagnóstico. A veces aparecen cuando ese diagnóstico no es sino una aspiración perentoria y su búsqueda desesperada se alarga mucho más de lo soportable. En España, por ejemplo, existe desde hace muchos años una asociación de personas que todavía no saben qué enfermedad tienen.

En un primer momento, son las asociaciones las que se acercan a los pacientes y a las familias para darles la primera información y asesoramiento sobre sus derechos y para ayudarles a realizar –cuando no para gestionar ellas mismas–, los trámites que se han de seguir para hacerlos efectivos. Y, en la mayoría de los casos, son las que atienden su malestar psicológico y emocional.

Necesidades administrativas y estigma

Además, en ocasiones proporcionan servicios que las administraciones no cubren suficientemente, como la fisioterapia y la rehabilitación. Lo que es más, hay casos en los que han ayudado económicamente a las familias a enfrentarse al enorme gasto que estas enfermedades suelen implicar.

Así las cosas, estas asociaciones llevan décadas reivindicando que las administraciones cubran las enormes y muy complejas necesidades que conllevan las patologías poco frecuentes y se atiendan sus derechos. Además, reivindican que se conozcan mejor socialmente para evitar así el estigma de su “rareza” y el riesgo de exclusión social que conlleva.

Apoyo insustituible de la investigación

Las asociaciones también han sido, y son, un acicate incuestionable para que las enfermedades minoritarias se investiguen más y mejor desde las ciencias biomédicas y sociales. Estos colectivos se han acercado a los investigadores y han cambiado por completo la percepción que estos tenían de las enfermedades y de sus pacientes porque les han ayudado a comprender que su trabajo diario puede curar o mejorar la calidad de vida de personas reales, con nombres y rostros concretos.

Incluso ellas mismas se han implicado mucho en la consecución de fondos con los que se han desarrollado no pocas de las investigaciones de los últimos años en este ámbito.

En parte gracias a su fortaleza, en España contamos hoy con investigadores y con centros y consorcios de investigación, como el CIBERER o la red RER-CSIC, de primer nivel.

En Europa, entidades como EURORDIS –que reúne a más de 1 000 organizaciones de pacientes en 77 países en Europa, pero también en otros continentes–, FEDER en España –que representa a más de 400 entidades– o ALIBER –con 700 organizaciones de 19 países de Iberoamérica– se han convertido en redes empoderadas de reivindicación y defensa, soporte, información, intermediación y refuerzo de las familias, las administraciones, la sociedad y la ciencia.

Estas iniciativas son la demostración tangible de que el trabajo conjunto, el esfuerzo colectivo y la solidaridad pueden mejorar sustancialmente la calidad de vida de las personas.

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Josep Solves es vicepresidente de ALBA, Asociación para la Ayuda a Personas con Albinismo

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. La importancia de las asociaciones de pacientes con enfermedades raras – https://theconversation.com/la-importancia-de-las-asociaciones-de-pacientes-con-enfermedades-raras-280160

Fondos Next Generation Europa: una oportunidad de oro para consolidar el sector industrial en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Lozano Reina, Profesor del Departamento de Organización de Empresas y Finanzas, Universidad de Murcia

Un cartel anuncia los fondos Next Generation de la UE en la sede de la Comisión Europea en Bruselas. Artem Avetisyan/Shutterstock

Cuando la Unión Europea aprobó los fondos Next Generation EU (NGEU), en 2020, muchos los interpretaron como una respuesta excepcional a la crisis provocada por la pandemia. Sin embargo, su alcance ha ido mucho más allá de una política de emergencia. En realidad, los NGEU representan el mayor experimento de política industrial coordinada en Europa en décadas, orientada a transformar las economías nacionales a largo plazo.

Su objetivo no es solo recuperar lo perdido, sino redefinir el modelo productivo europeo, priorizando la transición ecológica, la digitalización y la autonomía estratégica. España se ha convertido en uno de los principales laboratorios de esta nueva estrategia, como pone de manifiesto nuestro reciente estudio, publicado en la revista Structural Change and Economic Dynamics.

De la recuperación a la transformación productiva

España canaliza los fondos NGEU a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Su diseño deja claro que no se trata de gastar rápido sino de orientar la inversión hacia sectores considerados clave para la competitividad futura.

Una parte sustancial de los recursos se dirige a la industria, con especial énfasis en la energía, la movilidad sostenible, la digitalización de procesos productivos y la reducción de emisiones. A diferencia de crisis anteriores, en las que la política económica se centró sobre todo en estimular la demanda, el enfoque actual busca mejorar la estructura productiva.

Los sectores vinculados a la energía concentran una proporción muy elevada de los fondos. Actividades como el hidrógeno verde, las energías renovables, la electrificación del transporte o la descarbonización industrial absorben una parte sustancial de los recursos movilizados. Este patrón no es casual: la transición energética se ha convertido en uno de los ejes centrales de la nueva política industrial europea, tanto por razones climáticas como por su impacto sobre la competitividad y la seguridad económica.

En este contexto destacan los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), grandes iniciativas que reúnen a empresas, administraciones públicas y centros tecnológicos en torno a objetivos concretos. Proyectos ligados al vehículo eléctrico, al hidrógeno renovable o a los semiconductores buscan acelerar cambios estructurales en sectores estratégicos.

La lógica subyacente de estos proyectos es clara: el Estado deja de limitarse a corregir fallos de mercado y pasa a orientar la inversión hacia objetivos concretos, como la descarbonización o la autonomía tecnológica.

Un despliegue territorial desigual

Nuestro estudio pone de manifiesto que la ejecución de los fondos NGEU no es homogénea entre comunidades autónomas. Algunas regiones han logrado poner en marcha convocatorias y resolver proyectos con mayor rapidez mientras que otras muestran retrasos persistentes entre los fondos anunciados y los efectivamente ejecutados.

Comunidades como Aragón, Castilla-La Mancha o el País Vasco presentan tasas de resolución claramente superiores a la media. A modo de ejemplo, en Aragón destacan, por ejemplo, la gigafactoría de baterías de Stellantis, el proyecto de amoníaco verde Armonia Green para fertilizantes y la planta de Calvera Hydrogen para infraestructuras de hidrógeno. En Castilla-La Mancha sobresalen iniciativas como las líneas de cargadores eléctricos de Mahle, un gran hub de hidrógeno renovable para fertilizantes y los sistemas de hidrógeno para aeronaves solares desarrollados por Skydweller. En el País Vasco, la reorientación industrial se apoya en proyectos como la electrificación total de la planta de Mercedes-Benz, la planta de baterías de estado sólido de Basquevolt y grandes electrolizadores para hidrógeno verde y e-fuels.

En cambio, Cataluña, a pesar de concentrar uno de los mayores volúmenes absolutos de fondos concedidos, presenta tasas de ejecución sensiblemente más bajas. Este resultado no responde a la ausencia de proyectos estratégicos –como la electrificación de la plataforma industrial de SEAT, la planta de refinado de metales para baterías de BASF o los proyectos de hidrógeno industrial y eólica marina flotante asociados al clúster PLEMCAT–, sino que puede estar debido a la mayor complejidad administrativa derivada de un elevado número de iniciativas, a una estructura empresarial más fragmentada y a un mayor peso de proyectos intensivos en I+D, cuyos procesos de evaluación y ejecución son más prolongados.

Estas diferencias sugieren que la capacidad de ejecutar los fondos depende no solo del volumen asignado o del tejido productivo existente, sino también del tipo de proyectos promovidos, su grado de madurez y la capacidad administrativa para gestionarlos.

Distribución regional y tasas de resolución de los fondos Next Generation EU (en millones de euros)
Fuente: elaboración propia

Desigualdad entre empresas

Algo similar ocurre a nivel empresarial. Aunque las pymes tienen un alto grado de participación, los proyectos de mayor volumen económico se concentran en empresas grandes y capital-intensivas (que requieren de inversiones muy altas en maquinaria, fábricas e infraestructura), especialmente en sectores energéticos. Mientras la industria manufacturera agrupa a la mayoría de las empresas beneficiarias, actividades como la electricidad y el suministro energético, con un número reducido de compañías, concentran una parte muy significativa del volumen total de ayudas.

Distribución en España de los fondos Next Generation EU por tipo de beneficiario.
Fuente: elaboración propia

Territorialmente, Madrid destaca por concentrar una proporción muy elevada del importe total concedido a pesar de no ser la comunidad con mayor número de beneficiarios. En cambio, regiones como Cataluña o la Comunidad Valenciana presentan importes medios por empresa sensiblemente más bajos, lo que puede ser reflejo de una base productiva más fragmentada.

Una política contracíclica

Estos fondos europeos no se han dirigido exclusivamente a las empresas más rentables. En muchos casos, los recursos han llegado a compañías que sufrieron un mayor deterioro financiero durante la pandemia. Esto revela una lógica claramente contracíclica: sostener la inversión y evitar que la crisis frene procesos de modernización necesarios para el futuro.

Además, los primeros datos apuntan a mejoras posteriores en indicadores como productividad, rentabilidad y tamaño empresarial. Esto hace pensar que los fondos están reforzando la capacidad productiva de parte del tejido industrial. Sin embargo, la transformación estructural no es automática. Depende de que los proyectos generen aprendizaje, encadenamientos productivos y efectos de arrastre, y de que las administraciones sean capaces de evaluar resultados y corregir desviaciones.

Qué preocupa ahora

La experiencia acumulada apunta a una conclusión clara: el éxito de los fondos NGEU no depende solo del volumen de recursos movilizados, sino de cómo se gestionan y con qué criterios se asignan. Dicho de otro modo: si el volumen de recursos es importante, la forma de gestionarlos es decisiva.

Desde una perspectiva de política pública, el reto es doble:

  1. Reforzar la capacidad administrativa (con recursos humanos suficientes, personal cualificado y sistemas de información eficaces), especialmente en aquellas comunidades con mayores dificultades para diseñar, gestionar y ejecutar proyectos complejos. Sin este refuerzo, se mantiene el riesgo de que haya cuellos de botella en el aprovechamiento pleno de los fondos y las desigualdades territoriales se hagan más profundas.

  2. Mejorar el acceso de las pymes a las áreas más estratégicas no solo por el número de proyectos, sino también por su volumen y calidad. Esto exige simplificar los procedimientos, apoyar la cooperación empresarial y fortalecer los mecanismos de acompañamiento técnico.

Afianzar la política industrial española

Una política industrial orientada a objetivos solo será sostenible si incorpora evaluación, aprendizaje y corrección. Los fondos NGEU ofrecen una oportunidad histórica para modernizar la economía española, pero su legado dependerá de que se generen capacidades productivas duraderas y no se limiten a una expansión temporal de la inversión.

Habrá que ver si con estos recursos España es capaz de articular una política industrial de largo plazo, que permita construir una industria más competitiva, sostenible y territorialmente equilibrada, en un contexto geopolítico y geoeconómico cada vez más complejo e incierto.

The Conversation

Gabriel Lozano Reina recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

Gregorio Sánchez Marín recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (Proyecto PID2024-159036NA-I00).

J. Samuel Baixauli recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

ref. Fondos Next Generation Europa: una oportunidad de oro para consolidar el sector industrial en España – https://theconversation.com/fondos-next-generation-europa-una-oportunidad-de-oro-para-consolidar-el-sector-industrial-en-espana-273284

¿Por qué solo escuchamos a quien nos da la razón? El sesgo de confirmación tiene la respuesta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Vicente Conesa, Profesor en Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

Master1305/Shutterstock

Seguro que usted conoce –en su familia o grupo de amigos– a alguien que tiene una ideología muy opuesta a la suya. Piénselo un momento… ¿Cree que la culpa de que piense así es de que siempre consume los mismos medios de comunicación? ¿Puede que solo haga caso a información que concuerde con sus propias creencias? ¿Se enfada cuando le llevan la contraria?

Si ha respondido que sí a estas preguntas, es probable que dicha persona esté siendo víctima del sesgo de confirmación. Sin embargo, y aunque le pueda sorprender, tengo una mala noticia: usted también lo es.

El sesgo de confirmación es una tendencia a buscar, interpretar y recordar prioritariamente información que concuerda con nuestras creencias previas.

Los primeros estudios sobre el tema los llevó a cabo en los años 60 del siglo pasado el psicólogo cognitivo Peter Wason. Dichos estudios mostraron que, al enfrentarse al reto de comprobar la veracidad de una hipótesis, las personas tienden a seleccionar información que confirme su creencia inicial en lugar de intentar refutarla, lo que puede llevar a errores eventuales de razonamiento.

Esto, más que tratarse de un error puntual, se muestra en el ser humano como una especie de defecto de fábrica. Así que no tiene por qué sentirse mal: hasta profesionales entrenados para ser objetivos (como científicos y médicos) caen sistemáticamente este sesgo. Como ve, no es un problema de inteligencia, sino un error profundamente humano.

Las personas razonables también caen

Sin embargo, es muy tentador pensar que usted o yo, como personas razonables, no caemos en estos errores. Craso error. Si piensa que usted está exento de ser víctima de este sesgo, quizás debería plantearse los siguientes puntos:

  1. Busca siempre la información en fuentes similares. Aunque el sesgo de confirmación ha sido entendido como un proceso que incluye búsqueda de información, procesamiento de dicha información y recuerdo de la información procesada, reciente evidencia apunta a la búsqueda de información como el elemento clave para identificar el sesgo. Es decir, el sesgo no solo se encuentra en el cómo pensamos, sino dónde decidimos consultar en primer lugar y a qué fuente acudimos para hacerlo.

    Normalmente, acudimos primero a fuentes que confirman nuestras evidencias y evitamos aquellas que las cuestionan. ¿Acaso no confía siempre en los mismos medios de comunicación y descarta otros de forma automática?

  2. Evalúa de forma diferente la información según encaje con sus creencias. El sesgo de información no afecta solo a lo que buscamos, sino a cómo evaluamos la información que encontramos. La evidencia muestra que tendemos a aceptar con mucha más facilidad la información que encaja con nuestras creencias, mientras que sometemos a un escrutinio mucho más exhaustivo aquella información que nos contradice. En la práctica, lo que coincide con usted le parece razonable rápidamente, mientras que lo que no, le parece débil o poco fiable. Este fenómeno se ha descrito como razonamiento motivado: somos mucho más críticos con la información que no encaja con nuestras creencias previas, lo que nos motiva a buscar razones para descartar esa información.

  3. Siente incomodidad emocional cuando se plantean pruebas en contra de sus creencias. Cambiar de opinión no es un proceso estrictamente racional. Un estudio de neuroimagen sobre ideas políticas mostró que las estructuras cerebrales relacionadas con las emociones, especialmente las negativas, se activan cuando se presenta evidencia en contra de nuestras creencias. Es decir, parece que no evaluamos la información solo por lo que nos parece razonable, sino en función de lo que nos hace sentir.

    Seguramente merece la pena evaluar detenidamente si rechaza cierta información porque es incorrecta o porque, sencillamente, le incomoda.

¿Es consciente de que es víctima de este sesgo?

Evidencia reciente sugiere que las personas somos menos susceptibles a ser víctimas de este sesgo si somos conscientes de que podemos caer en él. Un estudio con más de 1 400 participantes mostró que aquellos que recibían una breve formación sobre el sesgo de confirmación fueron más capaces de distinguir entre noticias falsas y verdaderas que el grupo de control que no recibió la formación. Dicho de otro modo: algo tan sencillo como saber que podemos estar sesgados ayuda considerablemente a ser más críticos.

Por lo tanto, el objetivo no debería ser aprender a pensar sin sesgos –algo muy difícil de conseguir– sino aprender a identificar cuándo estamos cayendo en estos errores.

Quizás este texto pueda contribuir a ayudar al lector a reconocer las señales que indican que podría estar siendo víctima de este sesgo de razonamiento, es decir, confirmando lo que cree que sabe, en lugar de pensar: ¿y si me estoy equivocando?

The Conversation

Francisco Vicente Conesa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué solo escuchamos a quien nos da la razón? El sesgo de confirmación tiene la respuesta – https://theconversation.com/por-que-solo-escuchamos-a-quien-nos-da-la-razon-el-sesgo-de-confirmacion-tiene-la-respuesta-279683

Why the US military is stuck using $1 million missiles against Iran’s $20,000 drones

Source: The Conversation – USA – By Aaron Brynildson, Law Instructor, University of Mississippi

A drone is seen during a suspected drone strike targeting an oil warehouse near Erbil, the capital of Iraq’s Kurdistan Region, on April 1, 2026. Gailan Haji/Middle East Images/AFP via Getty Images

It may sound hard to believe, but the almost trillion-dollar U.S. military is struggling to fight cheap drones in its war with Iran.

Iran has built a simple drone, the Shahed, with a motorcycle-type engine, loaded it with explosives and successfully targeted its neighbors’ cities and power plants.

Iran has also hit U.S. military bases with these drones, including an early April 2026 attack on the U.S. Victory Base Complex in Baghdad.

The drones cost between US$20,000 and $50,000 to build. In response, the U.S. military sometimes fires missiles worth more than $1 million to shoot one down.

As a former U.S. Air Force officer and now national security scholar, I believe that math is a problem: The U.S. military for now has a $1 million answer to a $20,000 question. This math tells you almost everything you need to know about one of America’s biggest national security headaches.

And the frustrating part is that the U.S. military watched this happen in Ukraine for years. It knew the threat was coming.

The weapon that changed modern war

The Shahed isn’t impressive because it’s high-tech. It’s impressive because it isn’t.

Inspection of captured Shahed drones has found that many of their parts are made by ordinary commercial companies. That includes processors from a U.S. manufacturer, fuel pumps from a U.K. company and converters from China.

These military components aren’t hard to get. You could find similar parts in factories or farm machinery. That’s exactly what makes the Shahed so tough to deal with.

Russia, which also produces the drone, tolerates losing more than 75% of its Shahed stock because even at those loss rates, it’s winning the math battle against Ukraine. Russia or Iran don’t need every drone to hit its target. They just need to keep sending waves of them until their opponent runs out of expensive missiles to shoot back.

Ukraine, which had no choice but to learn fast, eventually figured out a better answer. Ukraine developed cheap interceptor drones that could slam into Shahed drones before they reached their targets. Each interceptor costs about $1,000 to $2,000, and Ukrainian manufacturers are producing thousands of them per month. That’s better math: a $2,000 interceptor against a $20,000 attacker.

A fragment of a drone rests on the ground.
This undated photograph released by the Ukrainian military’s Strategic Communications Directorate shows the wreckage of what Kyiv has described as an Iranian Shahed drone downed near Kupiansk, Ukraine.
Ukrainian military’s Strategic Communications Directorate via AP

Ukraine’s battlefield experience, as a result, has become one of the most valuable resources in the world, with American and allied forces asking Ukrainian drone experts to share their knowledge.

Why can’t the U.S. churn out a solution of its own? Because the U.S. military doesn’t have a technology problem but a bureaucracy problem.

The Pentagon’s three-legged slowdown

The U.S. Department of Defense typically can’t just buy things. It follows a long, complicated process that can take a decade or more to go from “we need something” to “here it is.” That process runs through three separate bureaucratic systems, each of which can cause years of delay.

First, someone must write a formal document, known as a requirement, that explains exactly what they need and why. A military service, such as the Air Force, for example, drafts up a requirement and routes it through an internal service review within only their branch.

Until recently, this service-vetted requirement went through a Pentagon review process, the Joint Capabilities Integration and Development System, where all joint services took a look. This process, which the Department of Defense ended in 2025, required approval from military officials.

Even though the joint requirements process was ended, implementation of a new system is far from complete, and the existing culture potentially remains. Under the old requirements process, it took over 800 days to get a requirement approved.

Second, any new program then needs money. This is handled through the planning, programming, budgeting and execution process, a budget cycle designed in 1961. Getting a new program into the budget typically takes more than two years after the requirement is approved, because the military must submit its budget request years in advance. By then, the threat has potentially already moved on.

Third, once a requirement is approved and money allocated, the program then must be developed and built. The average major defense acquisition program now takes almost 12 years from program start just to deliver an initial capability to troops in the field, according to a 2025 Government Accountability Office report.

Add it up and you get a system where the military sees a threat, begs for a solution, argues for money and waits a decade.

Why the system is built this way

The Shahed drone exposed a gap that defense experts have been warning about for years: The U.S. military is very good at building the most advanced, most expensive weapons in the world, but it struggles to build cheap, simple things fast. That is the opposite of what this new kind of warfare demands.

It would be easy, but inaccurate, to blame the military for the decade-long contract process. The real answer is more complicated.

A man in a suit stands next to a drone and speaks to a group of seated people.
House Speaker Mike Johnson speaks next to an Iranian Shahed-136 drone on May 8, 2025, at the U.S. Capitol in Washington.
Tom Brenner for The Washington Post via Getty Images

The Pentagon’s lengthy process was designed by the Department of Defense and Congress for a reason. Policymakers created the current system during the Cold War to combat excessive and redundant spending by the separate service branches. The system is built with checkpoints, reviews and approvals to make sure taxpayer money isn’t wasted.

Legacy military contractors also benefit from this dysfunctional process and resist change. They have the capital and know-how to wait out the predictable and stable existing contracts, while vying for new ones. These military contractors rarely need to worry about upstart contractors because they know small companies cannot survive waiting for a decade to secure funding for their prototypes.

The problem is that those rules were built for a world where the biggest threat was another superpower’s expensive jets and missiles. It wasn’t built to fight a flying bomb made from tractor parts. This type of threat requires fast innovation from lean companies, the exact companies that struggle in the current budget process.

What’s changing

There are signs of movement. In August 2025, the Pentagon killed its old requirements process entirely and replaced it with a faster, more flexible system.

However, killing the requirements process dealt with only one leg of the three-legged monster. The 1960s-era budget process that determines how money flows remains largely intact.

The most important reforms still need Congress to act, and Congress moves slowly, too. Congress has launched studies into reforming this system numerous times, with the answers being too politically difficult to implement.

Officials are expanding the use of flexible contracting tools, such as Other Transaction Authority, that let the military skip some traditional rules to get anti-drone technology faster. Yet these flexible contracting tools still represent a small slice of the Defense budget, and their effectiveness is unclear.

Ultimately, instead of using flexible contracting tools to quickly buy new prototypes, the bureaucratically easier solution could be to buy more of the expensive, already approved missiles.

This quick fix would reload the military’s stock of interceptors with existing weapons systems, which is the source of the bad math. The math would get worse and at the same time the operational imperative to find cheaper and better solutions might disappear.

So, as the Shahed keeps flying, the most powerful military in the world is still figuring out the paperwork and looking to other countries for help.

The Conversation

Aaron Brynildson served in the U.S. Air Force from 2016-2025.

ref. Why the US military is stuck using $1 million missiles against Iran’s $20,000 drones – https://theconversation.com/why-the-us-military-is-stuck-using-1-million-missiles-against-irans-20-000-drones-281089

When a spouse starts a business, the other partner pays a hidden price

Source: The Conversation – Canada – By Kanwal Bokhari, Assistant Professor (Teaching) Finance, University of Calgary

When an entrepreneur leaves a salaried job to pursue a venture, the conversation nearly always centres on them: the risk they’re taking, the opportunity they’re pursuing and the funding they need.

But for every entrepreneur who makes that leap, there’s often a spouse or partner who may not have chosen the startup life but is about to live it anyway.

These partners frequently lend savings, absorb extra housework and provide the emotional scaffolding that keeps the venture going. Despite this, they remain nearly invisible in both policy and research even though without them, many new businesses would never get off the ground.

Instead, governments typically pour resources like grants, accelerators and mentorship programs squarely at founders. These kinds of supports are usually designed for individual founders, and rarely acknowledge the wider household that is often sharing that risk in practice.

The costs borne by partners are real, and research like ours is only beginning to measure them.

The cost nobody is counting

More than 83,000 Canadian businesses were created in 2023 alone, according to Statistics Canada, and the vast majority of them were small, with four employees or fewer. For many of the entrepreneurs creating those businesses, there are families at home absorbing the consequences.

Scholars have paid close attention to how starting a business affects founders’ own mental health and happiness. What they have largely overlooked is the person standing next to the founder, even though work and family life are deeply intertwined, and stress in one domain often spills over into the other.

The scattered evidence that does exist is troubling. In Denmark, researchers found that spouses of new entrepreneurs were significantly more likely than spouses of non-entrepreneurs to be prescribed sleep aids and anti-anxiety medication in the two years after the business launched.

Similarly, in Australia, a recent study found measurable drops in psychological health among partners whose spouses entered self-employment.

These findings confirm that spousal strain is real, but they leave a crucial question unanswered: Why does it happen, and does the answer depend on what kind of business gets started and who starts it? Our recent study addressed exactly that question.

Three decades, 628 couples

We followed 628 British couples through three decades of life, drawing on two large national surveys that tracked the same households from 1991 to 2022. In every couple, one partner left a salaried job to start a business. Most went solo; around 20 per cent hired employees. About 58 per cent of the founders were men.

We also compared these households to similar couples where one partner changed jobs but stayed in paid employment. Partners of new entrepreneurs reported a meaningful drop in their own mental health compared to partners of people who simply switched employers.

We also found that this toll on well-being crossed over from the founder to their spouse along two specific routes: money and time.

New businesses typically earn less than the salaried job they replaced, especially in the early years. The mortgage, the school fees, the grocery bill — none of these shrink to match the new income. The financial squeeze manifests as constant low-grade worry.

Founders also work long hours, often nights and weekends, and those hours come directly out of a couple’s shared life. The partner left at home picks up the domestic tasks the founder used to handle, often without anyone explicitly agreeing to the new arrangement.

Both routes showed up clearly in our data. Which one mattered more depended on two things: the founder’s gender and the type of business.

How gender and business type change the picture

The money route hurt spouses across the board, regardless of whether the founder was a man or a woman. The time route was different. When men started businesses, their working hours shot up, and their partners paid the price through increased responsibilities at home.

When women started businesses, however, the same spike in hours did not appear, and their partners’ well-being was not affected through this route. Instead, women who launched ventures continued shouldering the bulk of the housework and child care alongside their businesses, rather than passing those responsibilities to their partners. They absorbed the time cost themselves.

This pattern reflects broader, persistent inequalities in how domestic labour is distributed within households.

The type of venture mattered, too. Founders who worked alone bore the brunt of the income hit, as they had no employees to generate revenue, so their own earnings dropped sharply — pulling household finances with them. For their partners, money was the main source of strain.

Founders who hired staff faced a different problem: managing employees meant longer hours spent on recruiting, training and oversight, even if the business was earning enough. For their partners, lost time together was the bigger issue.

Recognizing the family behind the founder

Our results suggest a one-size-fits-all support package for entrepreneurs will inevitably miss the mark. Different kinds of ventures create different pressures at home: Solo founders may need financial breathing room, employer-founders may need help reclaiming time.

Before launching a business, couples can benefit from conducting a “family-stress audit” — a conversation that involves mapping out the likely income hit and time demands for the specific type of business being planned.

For policymakers and support organizations, support should be matched to the type of strain. Entrepreneurship support organizations could expand to include partner-oriented resources, such as information sessions or planning tools, to support those who didn’t start the business but are living with its consequences every day.

Entrepreneurship is widely credited with creating jobs, driving innovation and economic growth. But it also imposes private costs on the partners who provide the hidden labour and emotional support that make new ventures possible.

Recognizing these patterns is the first step toward building startup ecosystems that sustain not just entrepreneurs and their ventures, but the families behind both.

The Conversation

Seok-Woo Kwon received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Jia Bao, Kanwal Bokhari, and Wei Yu do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. When a spouse starts a business, the other partner pays a hidden price – https://theconversation.com/when-a-spouse-starts-a-business-the-other-partner-pays-a-hidden-price-280414

Les maladies rénales sont en hausse en Afrique : le rôle des facteurs de risque génétiques

Source: The Conversation – in French – By Segun Fatumo, Professor and Chair of Genomic Diversity, Queen Mary University of London

À chaque minute, vos reins travaillent intensément. Ils filtrent environ 200 litres de sang, éliminent les déchets, équilibrent les sels et les fluides, et régulent la pression artérielle. Tout cela se fait sans aucun effort conscient de votre part.

Mais lorsque vos reins commencent à défaillir, les conséquences sont dévastatrices. Cela entraîne notamment la fatigue, l’accumulation de liquide et des complications cardiaques. Certaines personnes finissent par avoir besoin d’une dialyse ou d’une greffe pour rester en vie.

Les maladies rénales constituent l’une des causes de décès dont la prévalence augmente le plus rapidement dans le monde. Environ 850 millions de personnes vivent avec une forme ou une autre de maladie rénale, soit plus que le nombre cumulé de personnes touchées par le diabète et le cancer. La maladie rénale chronique – lorsque vos reins perdent lentement leur capacité à remplir leur fonction – est responsable d’environ 1,5 million de décès chaque année dans le monde, et ce chiffre est en hausse.

Mais la maladie rénale se développe silencieusement, avec peu de symptômes. Lorsque ces symptômes apparaissent, la maladie est déjà grave.

Et ce fardeau n’est pas réparti de manière égale. Les personnes d’ascendance africaine sont quatre fois plus susceptibles de développer la forme la plus grave d’insuffisance rénale que les personnes d’ascendance européenne. En Afrique subsaharienne, les taux d’hypertension artérielle et de diabète de type 2 sont également en hausse. Ces deux maladies sont les principales causes de lésions rénales. Environ 30 % des adultes en Afrique subsaharienne souffrent d’hypertension artérielle, et 25 millions (un adulte sur 20) sont atteints de diabète) – la plupart sans diagnostic ni traitement.

L’Afrique subsaharienne compte moins de néphrologues, d’établissements de dialyse et de services de transplantation par habitant que le reste du monde. L’Afrique dans son ensemble compte moins d’un néphrologue par million d’habitants. Dans certains pays africains, il n’y a aucun néphrologue. La moyenne mondiale est d’environ 10 pour un million. Dans les pays à revenu élevé, ce chiffre atteint 23 pour un million. Pour la plupart des Africains atteints d’insuffisance rénale, il n’existe tout simplement aucun traitement disponible.

Il est donc essentiel d’identifier les personnes à risque avant que leurs reins ne cessent de fonctionner.

Notre étude récemment publiée comble une lacune importante dans ce domaine. Nous sommes membres du consortium KidneyGenAfrica, un partenariat panafricain qui vise à atteindre l’excellence en matière de recherche et de formation dans le domaine de la génomique des maladies rénales.

Nous avons découvert de nouvelles variantes génétiques indiquant un risque de maladie rénale chez les populations africaines. Nous avons également mis en évidence des différences entre les risques génétiques auxquels sont exposées les personnes vivant en Afrique, d’une part, et les personnes d’origine africaine vivant en Amérique du Nord et en Europe, d’autre part.

Cela montre à quel point il est important que la médecine s’appuie sur des recherches adaptées aux personnes concernées.

Comprendre la maladie rénale

La maladie rénale n’apparaît pas soudainement. Elle se développe souvent progressivement, sous l’effet d’une combinaison de facteurs. Certaines personnes sont porteuses de variants génétiques, de petites différences dans leur ADN, qui rendent leurs reins plus vulnérables aux lésions.

D’autres sont confrontées à des risques environnementaux tels qu’une alimentation riche en sel, une hypertension artérielle non contrôlée ou des infections liées au diabète. L’utilisation de plantes médicinales, l’eau contaminée et les toxines environnementales constituent également des risques.

Dans la plupart des cas, c’est la combinaison de ces facteurs qui détermine qui tombe malade et à quelle vitesse. Mais jusqu’à récemment, les populations africaines étaient à peine présentes dans le débat scientifique sur ce sujet. L’Afrique, qui abrite les populations humaines les plus diversifiées génétiquement de la planète, n’était représentée que dans une infime partie de la recherche génomique mondiale. Cela commence à changer.

Grande étude génétique sur les Africains

Nous avons analysé les données génomiques d’environ 26 000 personnes issues d’Afrique orientale, occidentale et australe, ainsi que d’environ 81 000 personnes d’ascendance africaine vivant ailleurs. Il s’agit de la plus grande étude génétique jamais menée sur la fonction rénale chez les Africains du continent.

Notre étude apporte un nouvel éclairage sur la génétique des maladies rénales chroniques au sein de diverses populations africaines. Elle soutiendra également les travaux futurs visant à améliorer la prévention, le diagnostic et le traitement des maladies rénales au sein de ces populations et dans le monde entier.




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L’équipe a utilisé une méthode appelée « étude d’association pangénomique », qui analyse l’ensemble du code génétique humain afin d’identifier les variants liés à un trait ou à une maladie particulière. Ici, l’indicateur étudié était le débit de filtration glomérulaire estimé, un résultat de test sanguin standard qui mesure l’efficacité avec laquelle les reins filtrent les déchets. Un score plus faible indique une fonction rénale plus faible et un risque plus élevé de maladie.

En analysant uniquement les populations d’Afrique continentale, l’étude a identifié quatre emplacements génétiques pertinents, dont deux qui n’avaient jamais été signalés auparavant.

En incluant les populations d’ascendance africaine de la diaspora, ce nombre est passé à 19 sites, dont trois nouveaux. Quatre de ces sites génétiques ont été localisés avec une grande précision. Cela signifie que l’équipe a pu identifier la variante génétique spécifique la plus susceptible d’être à l’origine de l’effet, plutôt que de se contenter de signaler une région du génome où quelque chose de pertinent se produisait.

Chaque site nouvellement découvert constitue désormais une cible potentielle pour de futurs médicaments ou outils de diagnostic.

L’étude a également examiné les scores polygéniques, qui sont des outils permettant d’estimer le risque global d’une personne de développer une maladie. Une conclusion clé a été que les scores établis à partir de données provenant de populations africaines génétiquement similaires donnaient de meilleurs résultats que ceux dérivés d’ensembles de données plus vastes mais génétiquement éloignés.

Cela revêt une importance considérable pour la médecine en Afrique : la science ne fonctionne que si les données de référence correspondent à la population qu’elle est censée servir.

Un gène qui se comporte différemment de part et d’autre de l’Atlantique

Une découverte importante de l’étude concerne un gène appelé APOL1.
Deux variants du gène APOL1, connus sous les noms de G1 et G2, augmentent le risque de plusieurs formes graves de maladies rénales chez les Afro-Américains. On supposait généralement que ce même risque s’appliquait de la même manière aux personnes vivant sur le continent africain.

Cependant, les données suggèrent le contraire. En Afrique continentale, ces variants APOL1 à haut risque sont moins fréquents (et varient selon les régions d’Afrique). Leur association avec une fonction rénale réduite est nettement plus faible que dans la diaspora africaine.

Ce même gène semble se comporter différemment selon le lieu de résidence d’une personne et la population dont elle est issue.

Cette découverte est importante pour le développement de médicaments. Les essais cliniques sur les traitements des maladies rénales doivent inclure des personnes vivant en Afrique et pas seulement des personnes d’origine africaine vivant ailleurs.

Ce qui doit se passer maintenant

Plusieurs mesures doivent découler de cette recherche pour qu’elle profite à la santé des populations :

  • Les systèmes de santé africains doivent investir dans le dépistage précoce des maladies rénales. Des analyses de sang et d’urine simples et abordables permettent de détecter les lésions rénales à un stade où des changements de mode de vie et un traitement médicamenteux peuvent être efficaces. Les outils d’évaluation du risque génétique peuvent aider à identifier les personnes qui ont le plus besoin d’un dépistage.

  • Les laboratoires pharmaceutiques doivent inclure les populations du continent africain dans leurs essais cliniques.

  • La communauté scientifique mondiale doit continuer à investir dans les infrastructures génomiques africaines, notamment les cohortes de recherche et de grands groupes de participants consentants dont les données génétiques et de santé sont collectées et stockées à des fins d’analyse.

Cette étude démontre que les scientifiques africains, en collaboration avec les communautés africaines, peuvent générer des connaissances qui changent la donne à l’échelle mondiale. Elle a permis de mieux affiner La maîtrise de l’un des défis sanitaires les plus urgents.

The Conversation

Segun Fatumo bénéficie d’un financement du Medical Research Council (MRC), de Wellcome et des NIH.

ref. Les maladies rénales sont en hausse en Afrique : le rôle des facteurs de risque génétiques – https://theconversation.com/les-maladies-renales-sont-en-hausse-en-afrique-le-role-des-facteurs-de-risque-genetiques-280600