¿Por qué no es recomendable descargar la cisterna con la tapa del inodoro levantada?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca

Parkin Srihawong/Shutterstock

Todos hacemos caca es el incuestionable título de un clásico libro infantil escrito por el japonés Taro Gomi. Por desgracia, no todos los inodoros ofrecen una buena descarga para eliminar los restos fecales. Además, el vaciado del inodoro es una fuente potencial de transmisión de microorganismos infecciosos, porque puede generar grandes cantidades de aerosoles que contienen microbios. Ante esa realidad, ¿hay diferencia entre bajar la tapa del inodoro o dejarla levantada?

El dilema es relativamente nuevo. Hacia el año 315 (siglo IV), Roma tenía alrededor de 150 letrinas públicas, a menudo ubicadas cerca de baños públicos, y muchas de ellas contaban con largos bancos de mármol para uso comunitario. En aquel escenario, la socialización prevalecía ante la privacidad. Y continuo siendo de esa manera durante bastantes décadas.

Pasados unos cuantos siglos, la situación ha cambiado mucho, pero aún así, todavía hay más de 3 000 millones de personas en todo el mundo que no tienen acceso a baños seguros y limpios. ¡Más de un tercio de la población mundial! Los cientos de millones de personas que a estas alturas siguen sin disponer de inodoros se ven obligados a defecar en público o al aire libre, por ejemplo, en las cunetas de las calles, entre los arbustos o en aguas abiertas. Esto causa graves problemas de salud pública, al propagar patógenos fecales que contaminan el agua, el suelo y los alimentos, a la vez que genera sentimientos significativos de vulnerabilidad, vergüenza e impotencia, y provoca importantes problemas sociales, especialmente para mujeres y niñas, que se enfrentan a un mayor riesgo de violencia sexual y humillación.

En este contexto tiene sentido que “El retrete es un lugar para la paz y el progreso” fuese el lema del Día Mundial del Retrete en 2024, promovido por la ONU, para destacar el saneamiento seguro como un derecho humano fundamental.

La invención del inodoro con cisterna

Al parecer, el mérito de inventar el precursor del inodoro con cisterna recae en Sir John Harington, ahijado de Isabel I, quien en 1592 diseñó un aparato con una cisterna elevada y un pequeño tubo por el que el agua arrastraba los desechos. Sin embargo, el ingenio fue ignorado durante casi dos siglos. Resurgió con fuerza en 1775, cuando el relojero y mecánico escocés Alexander Cumming resolvió un problema clave, al desarrollar y patentar el tubo de desagüe con forma de “S” (o sifón) situado bajo el retrete, cuya función era crucial para sellar y eliminar de manera efectiva los malos olores.

Además de los malos olores, de los inodoros escapan también aerosoles cargados de microorganismos. Entre otros, diversas especies bacterianas de los géneros Aeromonas, Bacillus, Campylobacter, Clostridium, Escherichia, Klebsiella, Pseudomonas, Salmonella, Serratia, Shigella o Staphylococcus. De hecho, numerosos estudios han demostrado que la descarga del inodoro puede formar estos aerosoles debido al movimiento del agua: burbujeo, remolinos y salpicaduras, provocando la emisión de aerosoles que contienen microorganismos intestinales o urinarios.

El peligro de los baños públicos no ventilados

En 2015, un estudio confirmó la contaminación por Escherichia coli patógena y resistente a los antimicrobianos en 56 baños públicos del área metropolitana de Minneapolis-St. Paul en Minnesota (Estados Unidos).

Los baños públicos no ventilados, o con ventilación insuficiente, plantean un mayor riesgo de infección cruzada. De hecho, las áreas cercanas a todo tipo de inodoros y urinarios suelen presentar una contaminación alta, lo que indica que necesitan regímenes de limpieza estrictos.

La transmisión en estos casos no se previene evitando tocar el retrete o sentarse en él, como solemos pensar. Los microorganismos se pueden transmitir también por acumulación de patógenos en el cuerpo y en la ropa del usuario a través de la aerosolización durante la descarga del inodoro o el urinario, es decir, al tirar de la cisterna. También se puede transmitir por la inhalación directa de aerosoles o la transmisión indirecta tras la deposición de patógenos aerosolizados en diversas superficies del baño como toallas, pastillas de jabón contaminadas, la manija de la cisterna, los grifos o los propios pomos de las puertas.

Muchos patógenos entéricos se encuentran en alta concentración en las heces y, por lo tanto, en los inodoros después de la defecación, particularmente durante episodios de diarrea aguda. Por ejemplo, una persona infectada llega a eliminar hasta 100.000 millones de unidades formadoras de colonias (UFC) de Salmonella y Shigella por heces. Las personas infectadas con virus entéricos pueden eliminar 1 billón de virus por gramo de heces. Tras la descarga, las bacterias y los virus pueden dispersarse en las partes externas del inodoro y otras superficies del baño.

Bajar la tapa del inodoro reduce los aerosoles, pero no los elimina

Varios estudios informan de que bajar la tapa del inodoro reduce la cantidad de gotas visibles y pequeñas durante y después de la descarga entre un 30 % y un 60 %. Por esta razón, los especialistas médicos y de salud pública tradicionalmente han aconsejado cerrar la tapa del inodoro antes de tirar de la cadena. Sin embargo, un problema que a menudo se pasa por alto es que un porcentaje importante de los aerosoles se escapa a través del espacio de aire entre la taza y el asiento, incluso con la tapa cerrada.

Parece ser que son necesarios datos adicionales sobre el papel de la tapa del inodoro como una medida de control. De lo que no cabe ninguna duda es que la desinfección habitual de todas las superficies del baño es aconsejable para reducir la potencial contaminación viral y bacteriana.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué no es recomendable descargar la cisterna con la tapa del inodoro levantada? – https://theconversation.com/por-que-no-es-recomendable-descargar-la-cisterna-con-la-tapa-del-inodoro-levantada-271999

Healthy habits and the holiday season: Tips for families to navigate eating, physical activity and sleep

Source: The Conversation – Canada – By Holly Noelle Schaafsma, Postdoctoral Research Fellow, University of Guelph

The holiday season is a time of exciting activities, family get-togethers and a time away from the normal work and school routine. As a result, your family, like many others, may feel like your usual routines are lost in the holiday hustle. Possible disruptions that can affect well-being and cause household stress include irregular meals, more snacking and screen time and later bedtimes.

The good news is, integrating simple, healthy household habits over the holidays can help your family maintain healthy eating, sleep and activity behaviours to feel your best during this busy holiday season.

As registered dietitians and family health researchers, we have conducted studies on family health and learned a number of effective strategies that can help your family create healthy habits. Here are our three top tips to help your family maintain healthy eating, physical activity and sleep habits while still enjoying everything this special season has to offer.

1. Make meals a family affair

Hectic schedules during the holidays can make it feel almost impossible to find time to cook and sit down for a family meal. However, during the holiday season, when there are many chances to snack on cookies and candies, making time to sit down for at least one family meal a day is key. This simple habit helps your family maintain healthier eating patterns and gives everyone a valuable chance to connect.

Remember, the family meal doesn’t have to happen at dinner time. Work around your holiday schedule; if breakfast together works best, that’s great.

Involve the whole family, including young children, in food preparation. This can include holiday baking, cooking a family meal or making a dish for a holiday get-together. Involving children in meal preparation, such as stirring food, measuring ingredients or even helping with grocery shopping, can improve their likelihood of trying the food they create and may reduce picky eating.

For ideas on simple, family-friendly recipes with tips for involving kids, check out the series of free cookbooks developed by researchers at the Guelph Family Health Study.

2. Find moments to move, play and unplug

Get outside! Children who spend more time outside are more physically active. Spending time in nature also supports brain development and helps kids relax.

Plan a family hike, go skating and sledding; walk to nearby events and through your neighbourhood to enjoy holiday lights. These brief opportunities for movement add up!

When it’s time to come inside to warm up, have a plan for screen time. Children spend less time in front of screens when their parents set screen time limits. While this may sound like a tough feat during the school break, setting specific screen-time limits for the holiday season can help kids know what to expect, which may reduce day-to-day arguments about screens.

Keep meals screen-free. Turn off the TV and put phones and tablets in a designated place away from where you eat.

Setting screen limits doesn’t mean you can’t enjoy your favourite holiday movies. Purposeful, time-limited screen use has its benefits. In fact, co-viewing movies or TV together has been associated with many cognitive benefits for kids. Asking content-related “what if” and “why” questions can help develop vocabulary and critical thinking.

3. Balance festivities with family sleep routines

A good night’s sleep can help everyone, parents included, make the most of the holiday season. Children with sufficient sleep report less stress and hyperactivity, and better physical and mental health. Depending on their age, children and adolescents need between eight and 17 hours of sleep per day, while adults need seven to nine hours of sleep. Research shows that one in four children are not getting enough sleep.

Between festivities, keeping a consistent bedtime routine can help your children get enough sleep. Make time to unwind from a busy day with calm, screen-free activities such as reading a book before going to bed.

Maintaining a consistent bedtime routine can also help children fall asleep when sleeping away from home. Giving children a “few-minutes warning” can help them navigate their emotions when it’s time to stop a fun activity to get ready for bed. Children who are more sensitive to change may need extra closeness with their parents to feel safe and fall asleep in a new environment.

We hope these simple routines can help your family connect, slow down and find joy even during the busiest days of the holidays.

The Conversation

Jess Haines receives funding from Canadian Institutes of Health Research, National Institutes of Health, Danone Institute International, Protein Industries Canada, Health Canada, and Canadian Foundation for Dietetic Research.

Kathryn Walton receives funding from the Canadian Foundation for Innovation, the New Frontiers in Research Fund and the Canadian Institutes of Health Research.

Raphaëlle Jacob received funding from the Canadian Institutes of Health Research.

Holly Noelle Schaafsma does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Healthy habits and the holiday season: Tips for families to navigate eating, physical activity and sleep – https://theconversation.com/healthy-habits-and-the-holiday-season-tips-for-families-to-navigate-eating-physical-activity-and-sleep-271723

Karoline Leavitt’s White House briefing doublethink is straight out of Orwell’s ‘1984’

Source: The Conversation – USA – By Laura Beers, Professor of History, American University

White House press secretary Karoline Leavitt speaks during the daily press briefing on Nov. 4, 2025. Andrew Harnik/Getty Images

During a press conference on Dec. 11, 2025, White House press secretary Karoline Leavitt announced there was good news on the state of the economy.

“Inflation as measured by the overall CPI has slowed to an average 2.5% pace,” she said, referring to the consumer price index. “Real wages are increasing roughly $1,200 dollars for the average worker.”

When CNN political correspondent Kaitlan Collins attempted to ask a follow-up question, Leavitt pivoted to an attack. Not on Collins, a frequent target of White House ire, but on Leavitt’s predecessor in the Biden White House, Democrat Jen Psaki.

Psaki, claimed Leavitt, stood at the same lectern a year before and told “utter lies.” In contrast, Leavitt insisted, “Everything I’m telling you is the truth backed by real, factual data, and you just don’t want to report on it ’cause you want to push untrue narratives about the president.”

The “real, factual data” that underpinned Leavitt’s statement was specious at best. The actual inflation rate for September was 3%, not the 2.5% figure cherry-picked from economic data. The rise in real wages? CNN business editor David Goldman writes that in the past year, U.S. workers have experienced “the lowest annual paycheck growth that Americans have had since May 2021.”

White House press secretary Karoline Leavitt speaks to the media on Dec. 11, 2025.

I’m a historian who has written about the enduring legacy of George Orwell’s ideas about truth and freedom. Listening to Leavitt assert a “truth” so obviously discordant with people’s lives, I was reminded of the repeated pronouncements from the Ministry of Plenty in Orwell’s “1984.”

“The fabulous statistics continued to pour out of the telescreen,” Orwell wrote. “As compared with last year there was more food, more clothes, more houses, more furniture, more cooking-pots, more fuel, more ships, more helicopters, more books, more babies — more of everything except disease, crime, and insanity. Year by year and minute by minute, everybody and everything was whizzing rapidly upwards.”

The novel’s doomed hero, Winston Smith, works in the Records Department that produces these fraudulent statistics – figures that are so far divorced from reality that they “had no connection with anything in the real world, not even the kind of connection that is contained in a direct lie.”

In the world of “1984,” not only are statistics invented, they are continually reinvented to serve the needs of Big Brother’s regime at any given moment: “All history was a palimpsest, scraped clean and reinscribed exactly as often as was necessary.”

Transparency as doublespeak

The lack of transparency depicted in “1984” has an uncanny echo in our current political moment, despite Leavitt’s repeated assertions that President Donald Trump is the “most transparent president in history.”

Leavitt has made that claim countless times, including in her public defense of Trump’s “Quiet, Piggy!” dismissal of Bloomberg News journalist Catherine Lucey last month.

In Leavitt’s usage, “transparency” has become a form of Orwellian “doublespeak,” a word or phrase which through the process of “doublethink” had come to encompass its exact opposite meaning.

Doublethink,” in Orwell’s writing, was the mechanism of thought manipulation that allowed someone “to know and not to know, to be conscious of complete truthfulness while telling carefully constructed lies, to hold simultaneously two opinions which cancelled out, knowing them to be contradictory and believing in both of them.”

Doublethink was the mechanism that enabled the citizens of Oceania, the Anglo-American superstate governed by Big Brother’s authoritarian regime, to accept that “WAR IS PEACE; FREEDOM IS SLAVERY; IGNORANCE IS STRENGTH.”

And it is the mechanism that allowed Leavitt to proclaim, in defending Trump’s unwillingness to release the Epstein files, “This administration has done more with respect to transparency when it comes to Jeffrey Epstein than any administration ever.” That claim was pronounced “fabulously audacious” by The Guardian’s Washington bureau chief, David Smith, in a story headlined “Nothing to see here: Trump press chief in full denial mode over Epstein.”

President Ronald Reagan records a radio address on foreign policy on Sept. 24, 1988, in which he discussed “our philosophy of peace through strength.”

Making ‘lies sound truthful and murder respectable’

In his famous essay “Politics and the English Language,” Orwell wrote that “political language is designed to make lies sound truthful and murder respectable, and to give an appearance of solidity to pure wind.”

Over the past 10 months, Leavitt has, among other things, claimed that the now dismantled U.S. Agency for International Development – USAID – provided a grant of $32,000 for a “transgender comic book” in Peru. Not true. She has misrepresented the “One Big Beautiful Bill” as fully eliminating taxes on tips, overtime and Social Security. In reality, deductions for these are capped. She claimed that Trump coined the motto “peace through strength.” He didn’t. The phrase has been in circulation for decades, used most prominently by Ronald Reagan during his presidency.

And she recently sought to delegitimize U.S. Sen. Mark Kelly and colleagues’ plea to servicemen and women not to obey illegal orders by suggesting tautologically that “all lawful orders are presumed to be legal by our servicemembers,” and hence Kelly’s plea could only serve to provoke “disorder and chaos.”

All governments lie. But Leavitt has become a master of the art of political language, wielded to aggrandize her boss, belittle his opponents and deflect attention from administration scandals.

The Conversation

Laura Beers does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Karoline Leavitt’s White House briefing doublethink is straight out of Orwell’s ‘1984’ – https://theconversation.com/karoline-leavitts-white-house-briefing-doublethink-is-straight-out-of-orwells-1984-270675

Bien-être animal : ce que l’opacité des abattoirs canadiens nous empêche de voir

Source: The Conversation – in French – By Sarah Berger Richardson, Associate professor, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Acheter de la viande locale pour le temps des Fêtes est souvent perçu comme un choix plus éthique. Pourtant, entre 2017 et 2022, près de 800 cas d’irrégularités liées au traitement des animaux ont été recensés dans des abattoirs sous inspection fédérale au Canada. Que révèlent réellement ces chiffres sur le bien-être animal ?

Cette année, en raison du climat politique avec les États-Unis, beaucoup privilégieront l’achat de produits locaux pour leur tablée. Dans un contexte où le bien-être animal est une préoccupation importante pour la population, la question se pose à savoir si l’achat de viande locale constitue également un bon geste en ce sens. Très peu de personnes savent comment les animaux sont transformés en viande, un angle mort largement entretenu par le malaise que suscite cette réalité.

Respectivement professeure et doctorante à la Faculté de droit de l’Université d’Ottawa, spécialisées en droit agro-alimentaire et animalier, c’est ce sur quoi nous souhaitions mettre la lumière dans un récent projet de recherche.




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Le contexte législatif canadien

Au Canada, environ 95 % des animaux destinés à la consommation sont abattus dans des établissements agréés par le gouvernement fédéral. Ces abattoirs sont encadrés par la Loi sur la salubrité des aliments au Canada et à la Loi sur la santé des animaux, ainsi que par les règlements qui en découlent. Leurs activités sont surveillées par des inspecteurs et des vétérinaires de l’Agence canadienne d’inspection des aliments (ACIA).

Ces lois visent avant tout la salubrité et la qualité des aliments, mais elles prévoient aussi des mesures pour assurer le bien-être des animaux, les malades ou blessés nuisant généralement à la sécurité sanitaire. L’idée générale est de ne pas leur infliger de souffrances ou de blessures évitables. Par exemple, au moment de l’abattage, l’animal doit être rendu inconscient avant d’être suspendu, saigné et découpé.

De plus, dans un virage de l’ACIA vers une approche qui confie davantage de responsabilités aux abattoirs eux-mêmes, ceux-ci doivent élaborer et appliquer un plan de contrôle préventif (PCP) écrit, un document interne qui précise les mesures prévues pour assurer le bien-être des animaux.

Presque 800 irrégularités

Dans le cadre de ce projet, nous avons analysé 796 rapports d’événement décrivant des non-conformités en matière de traitement des animaux survenues entre 2017 et 2022 dans l’ensemble des abattoirs sous inspection fédérale au Canada. Les trois problèmes les plus récurrents concernent le débarquement des animaux à l’abattoir, l’étourdissement et le retour à la sensibilité des animaux au moment de leur mise à mort ainsi qu’une mauvaise manipulation des animaux.

Les irrégularités observées à la réception signifient qu’il y a eu un problème lors du déchargement des animaux du camion ou pendant l’attente avant leur entrée sur la chaîne d’abattage. À leur arrivée, de nombreux animaux sont retrouvés morts dans les camions, surtout lorsque les températures atteignent des extrêmes en été et en hiver. De plus, les employés ne prennent pas toujours les mesures appropriées pour manipuler avec soin les bêtes blessées.

Au moment de l’étourdissement, les différentes méthodes (mécanique, électrique ou au gaz) démontrent des défaillances diverses, faisant en sorte que plusieurs animaux ne sont pas insensibilisés ou reprennent connaissance ultérieurement, ce qui cause évidemment des souffrances évitables.

Pour la mauvaise manipulation par les employés, cela était un problème particulièrement saillant chez les oiseaux, lesquels se retrouvent souvent à des endroits où ils ne devraient pas être : dans des lave-vaisselle industriels, dans des poubelles destinées aux animaux morts, écrasés sous les roues d’un camion ou entre deux cages de transports.

Ces rapports de non-conformité ont été obtenus par une demande d’accès à l’information. Leur contenu ne surprendra guère les organisations qui dénoncent la maltraitance des animaux depuis des années, comme Humane Canada ou la SPCA de Montréal. La négligence observée s’inscrit aussi dans un contexte de conditions de travail précaires et de pressions exercées sur les employés pour maintenir la cadence et la rentabilité, souvent au détriment du bien-être animal.




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Une réalité difficile à documenter

Considérant que plus de 800 millions d’animaux sont abattus pour l’alimentation au Canada chaque année, quelles conclusions tirer des quelques 800 incidents survenus entre 2017 et 2022 ?

Afin de mieux contextualiser les données quantitatives, nous souhaitions mener des entretiens auprès de l’Agence canadienne d’inspection des aliments et de son inspectorat. Malgré des demandes répétées, aucune réponse officielle de l’agence n’a jamais été reçue. Le syndicat représentant le personnel de l’ACIA a refusé de participer à l’étude sans l’autorisation officielle de l’agence et plusieurs inspecteurs ont décliné notre invitation à une entrevue, estimant que cela contreviendrait à leur code de déontologie.

Néanmoins, nous avons réussi à mener quelques entretiens auprès de vétérinaires inspecteurs de l’agence fédérale et d’employés d’abattoirs. Sans être représentatifs, ces échanges, cumulés à l’analyse des rapports, nous permettent de croire que beaucoup de non-conformités seraient non documentées et que les chiffres sont plus élevés en réalité.

Une première explication, également présente dans la littérature, réside dans la marge de manœuvre laissée aux inspecteurs. L’application des règlements est variable. Par exemple, certaines personnes pourraient émettre davantage d’avertissements oraux avant de sévir, d’autres pourraient éviter les endroits les plus problématiques de l’abattoir afin de faciliter leur travail.

D’ailleurs, il nous a été rapporté que certains inspecteurs ont subi ou subissent de la pression indue de l’industrie afin de ne pas ralentir ou arrêter la ligne d’abattage en cas de non-conformités ou encore sont accusés de nuire aux activités en effectuant dûment leur travail.

Une autre explication : les 796 rapports ne représentaient pas un seul animal ni même une seule situation problématique. Certains rapports faisaient état de plusieurs événements similaires s’étant produits sur une certaine période. D’autres concernaient plusieurs animaux, par exemple, dans le cas du retour à la sensibilité d’un lot d’oiseaux.


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Une réglementation qui brouille le portrait

Nous craignons que le manque de données et l’opacité institutionnelle ne s’accentuent, vu le virage vers la réglementation axée sur les résultats et la responsabilisation de l’industrie qu’a pris l’Agence canadienne d’inspection des aliments avec la nouvelle Loi sur la salubrité des aliments au Canada,

L’obligation pour les abattoirs de tenir leur propre plan de contrôle préventif signifie que les inspecteurs ne constateront une non-conformité que si les employés ne respectent pas ces mesures internes. Autrement dit, un incident lié au bien-être animal ne sera pas considéré comme une infraction s’il est réglé en interne. Par conséquent, les dossiers de l’ACIA accessibles par demande d’accès à l’information ne refléteront qu’une partie de la réalité, rendant le portrait global du transport et de l’abattage des animaux au Canada encore plus difficile à brosser.

Dans un contexte où le bien-être animal est une préoccupation grandissante pour la population et où la perte de confiance envers les institutions gouvernementales est en croissance, la posture opaque adoptée par l’Agence canadienne d’inspection des aliments est discutable. Elle contribue à maintenir la population dans l’ignorance, incapable de savoir si l’achat de viande canadienne en cette période des fêtes répond réellement à des normes plus éthiques en matière de traitement des animaux.

La Conversation Canada

Sarah Berger Richardson a obtenu une subvention Développement Savoir du Conseil de recherches en sciences humaines du Canada pour ses recherches sur la règlementation des abattoirs canadiens.

Daphnée B. Ménard a reçu du financement du Conseil de recherches en sciences humaines du Canada (CRSH) pour son projet doctoral.

ref. Bien-être animal : ce que l’opacité des abattoirs canadiens nous empêche de voir – https://theconversation.com/bien-etre-animal-ce-que-lopacite-des-abattoirs-canadiens-nous-empeche-de-voir-270609

« Achetez maintenant, payez plus tard » : voici comment éviter de vous réveiller des fêtes endetté jusqu’au cou

Source: The Conversation – in French – By Vivek Astvansh, Associate Professor of Quantitative Marketing and Analytics, McGill University

Quand arrive le temps des fêtes, on assiste à une hausse prévisible des dépenses, mais la façon dont les consommateurs les financent est en pleine évolution. Si les cartes de crédit dominaient autrefois les paiements en ligne, la popularité croissante des solutions « achetez maintenant, payez plus tard » (AMPPT) transforme la manière de gérer les dépenses à court terme.

AMPPT désigne un mode de paiement à court terme proposé par les détaillants au moment de l’achat. Le modèle le plus courant est le « payez en quatre versements » : au lieu de payer la totalité du montant, le client règle 25 % immédiatement, puis les 75 % restants en trois versements égaux, généralement prélevés automatiquement toutes les deux semaines.

Cette structure rend ce modèle relativement simple et peut donner l’illusion au consommateur de faire une bonne affaire.

En 2024, le modèle AMPPT représentait 5 % des transactions de commerce électronique, une proportion qui devrait augmenter de 58 % d’ici 2030. En comparaison, les cartes de crédit représentaient 20 % des transactions de commerce électronique en 2024, et cette part ne devrait augmenter que de 3 % d’ici 2030. [JG1]

Sachant que la moitié des consommateurs prévoit d’utiliser un plan AMPPT pour leurs achats de fin d’année, il est essentiel de bien comprendre de quoi il s’agit.

Au moment où les ménages se préparent à une nouvelle saison de dépenses liées aux fêtes, « Achetez maintenant, payez plus tard » apparaît sur de nombreuses pages de règlement, offrant commodité et flexibilité. Cependant, avant de choisir cette option, on doit avoir conscience de ses conséquences financières.

D’où vient l’attrait pour le mode AMPPT ?

Deux facteurs expliquent l’attrait des paiements différés. Premièrement, la valeur temporelle de l’argent donne à penser que les fonds disponibles maintenant ont plus de valeur que le même montant dans le futur. En réduisant les dépenses immédiates, on a l’impression d’avoir une plus grande marge de manœuvre.

De nombreux consommateurs croient que ce type de plan est toujours sans intérêt. Si c’est habituellement le cas pour le modèle en quatre versements, les plans de paiements mensuels en comportent souvent, et ceux-ci peuvent atteindre 35,99 %. Le taux annuel effectif global le plus élevé comparable pour les cartes de crédit est de 26 %.

Deuxièmement, les sociétés de prêt AMPPT, telles que Klarna, Affirm et Afterpay, effectuent généralement une simple vérification de solvabilité qui n’a aucune incidence sur la cote de crédit de l’emprunteur. Cette pratique a contribué à répandre l’idée que l’AMPPT s’adresse principalement aux personnes ayant un accès limité au crédit.

Or, dans la pratique, des consommateurs de tous les niveaux de revenus y ont recours. Ainsi, au Canada, 40 % des utilisateurs de plans AMPPT déclarent avoir des revenus élevés.

Un emploi aussi étendu n’est toutefois pas sans risques.

Quels sont les risques d’acheter maintenant et de payer plus tard ?

Ce modèle de paiement facile modifie la façon dont les gens évaluent leurs achats. Ses effets psychologiques peuvent encourager des dépenses excessives et entraîner des difficultés financières à long terme.

AMPPT peut inciter les consommateurs à considérer la gratification immédiate plutôt que la douleur différée du paiement, ce que j’appelle une mentalité « achetez maintenant, regrettez plus tard ».

Des études ont montré que le recours au modèle AMPPT augmentait la fréquence et le montant des achats. Cet effet est plus marqué chez les personnes sensibles à la publicité, à faible revenu et chez les jeunes.

Plus inquiétant encore, les utilisateurs du paiement différé s’exposent à des frais de découvert, à des intérêts sur leur carte de crédit et à des pénalités de retard plus élevés que les non-utilisateurs. Les risques de dépenses excessives augmentent pendant la période des fêtes, mais les revenus ne suivent pas, ce qui peut entraîner un endettement.

Cinq points à retenir

Avant d’opter pour le paiement différé, les consommateurs devraient s’assurer de réfléchir à ce qu’ils acceptent. Voici cinq points à prendre en compte pour utiliser ces services en toute sécurité et éviter les pièges courants.

1. Les modes de paiement par versements portent différents noms. Il n’est pas toujours écrit « Achetez maintenant, payez plus tard ». Lisez attentivement les conditions générales pour ne pas vous laisser induire en erreur par la terminologie marketing.

2. Le modèle AMPPT peut entraîner une superposition de prêts. Lorsque les paiements sont prélevés sur une carte de crédit, vous empruntez en réalité deux fois et vous vous exposez à un double risque. Si un prélèvement automatique échoue, les frais de retard peuvent être importants. Ne vous laissez pas tromper par l’affirmation « vous ne paierez jamais d’intérêts ni de frais de retard ».

3. Les gouvernements demandent de plus en plus aux sociétés qui ont recours au paiement différé d’effectuer une enquête de solvabilité et de signaler les mauvais payeurs aux autres institutions financières et aux gouvernements. Par conséquent, l’affirmation « votre cote de crédit ne sera pas affectée » n’est peut-être plus valable.

4. La protection des consommateurs est inégale. On ignore quelle agence gouvernementale (quand il y en a une) supervise les plaintes relatives au paiement différé. Tant que la réglementation n’aura pas été entièrement élaborée et appliquée de manière cohérente, vous êtes seul responsable de votre sécurité financière.

5. Le modèle AMPPT augmente le nombre d’entreprises qui manipulent vos données. Avec les cartes de crédit, une seule institution financière gère la transaction. Avec le paiement différé, les consommateurs peuvent faire leurs achats chez de nombreux détaillants en passant par différents fournisseurs d’AMPPT. Il peut être difficile de savoir quel fournisseur a traité quel achat, ce qui complique la gestion des litiges liés aux frais de carte de crédit non reconnus.

Trois questions à vous poser avant d’accepter un plan AMPPT

Le modèle AMPPT peut être utile, mais ne convient pas à tout le monde ni à tous les achats. Posez-vous les questions suivantes pour déterminer si ce type de paiement correspond à vos habitudes financières et à vos objectifs à long terme :

  1. Qui offre le prêt ? Consultez la foire aux questions et les politiques de paiement du fournisseur. Comparez les entreprises telles que PayPal, Affirm, Afterpay et Klarna. Des réponses floues et peu claires sont le signe d’un manque de transparence et vous devriez éviter d’avoir recours à une telle entreprise.

  2. Achetez-vous des produits de manière impulsive et avez-vous une faible discipline financière ? Si c’est le cas, soyez conscient des risques liés au paiement différé, qui peut accentuer l’impulsivité.

  3. Le renforcement de vos connaissances financières améliorerait-il votre prise de décision ? Si oui, envisagez de vous abonner à des ressources fiables en matière d’éducation financière avant d’utiliser de façon régulière le paiement différé.

Le modèle AMPTT est une innovation technologique financière. Si on y a recours de manière responsable, il peut aider à maintenir des liquidités. Cependant, si on l’adopte sans réfléchir, il peut conduire à un surendettement. À l’approche des fêtes, une démarche éclairée vous permettra de profiter de ses avantages tout en évitant ses risques.

La Conversation Canada

Vivek Astvansh ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. « Achetez maintenant, payez plus tard » : voici comment éviter de vous réveiller des fêtes endetté jusqu’au cou – https://theconversation.com/achetez-maintenant-payez-plus-tard-voici-comment-eviter-de-vous-reveiller-des-fetes-endette-jusquau-cou-272012

Mieux vieillir grâce à son assiette : une nouvelle étude le confirme

Source: The Conversation – in French – By Adrián Carballo Casla, Postdoctoral Researcher in Geriatric Epidemiology, Karolinska Institutet

Une étude sur 15 ans montre que les adultes âgés avec une alimentation saine vieillissent mieux et développent moins vite de maladies que les autres. (Studio Romantic/Shutterstock)

Imaginez deux personnes de plus de 70 ans, actives et indépendantes, qui profitent pleinement de la vie. Sur les 15 années suivantes, l’une développe plusieurs maladies chroniques (cardiaque, diabète, dépression), tandis que l’autre reste en bonne santé. Qu’est-ce qui a fait la différence ?

Selon nos nouvelles recherches, l’alimentation pourrait être un élément clé de la réponse.

Dans notre nouvelle étude, notre groupe du Centre de recherche sur le vieillissement de l’Institut Karolinska, en Suède, a suivi plus de 2400 personnes âgées suédoises pendant 15 ans.

Quels régimes protègent le mieux ?

Nous avons constaté que les personnes qui suivaient systématiquement un régime alimentaire sain développaient des maladies chroniques plus lentement. En revanche, celles dont le régime était riche en viandes transformées, céréales raffinées et boissons sucrées, des aliments connus pour favoriser une inflammation chronique de faible intensité, voyaient leurs maladies apparaître plus rapidement.

C’est important, car la présence de plusieurs maladies simultanées complique la santé des personnes âgées. Cela augmente le risque d’invalidité, d’hospitalisation et de décès prématuré. Cela fait également peser un lourd fardeau sur le système de santé. Mais si l’on sait depuis longtemps que l’alimentation peut aider à prévenir certaines maladies, notre étude montre qu’elle peut également influencer le rythme global du vieillissement biologique.


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.


Nous avons examiné quatre régimes alimentaires bien connus. Trois d’entre eux – le régime Mind (axé sur la santé du cerveau), l’indice alternatif d’alimentation saine (lié à un risque moindre de maladie) et le régime méditerranéen – étaient associés à une progression plus lente des maladies. Le quatrième, un régime riche en aliments inflammatoires, montrait l’effet inverse.

Les liens les plus marqués concernaient les maladies cardiovasculaires et psychiatriques. Ainsi, les personnes qui mangeaient mieux étaient moins susceptibles de développer des maladies telles que l’insuffisance cardiaque, les accidents vasculaires cérébraux, la dépression ou la démence. Nous n’avons toutefois pas trouvé de lien clair entre l’alimentation et les maladies musculo-squelettiques telles que l’arthrite ou l’ostéoporose.

Certains des bienfaits d’une alimentation saine étaient plus prononcés chez les femmes et les participants les plus âgés, c’est-à-dire ceux âgés de 78 ans et plus. Cela suggère qu’il n’est jamais trop tard pour changer. Même à un âge très avancé, l’alimentation est importante.

Pourquoi l’alimentation a-t-elle un tel potentiel ? L’une des raisons pourrait être l’inflammation. Avec l’âge, beaucoup de personnes développent une inflammation chronique de faible intensité, parfois appelée « inflammaging », qui est liée à un large éventail de maladies. Les régimes riches en légumes, fruits, céréales complètes et graisses saines ont tendance à réduire l’inflammation. Les régimes riches en aliments hautement transformés et en sucre ont l’effet inverse.

Une autre raison est que les régimes alimentaires sains améliorent la résistance de l’organisme. Ils fournissent des nutriments essentiels qui aident à maintenir la fonction immunitaire, la masse musculaire et la santé cognitive. Cela peut faire une grande différence dans le vieillissement.

Notre étude est l’une des plus longues et des plus complètes du genre. Nous avons utilisé des évaluations alimentaires répétées et suivi plus de 60 maladies chroniques. Nous avons également testé nos conclusions à l’aide de différentes méthodes analytiques afin de nous assurer de leur validité.

Bien sûr, l’alimentation n’est qu’une pièce du casse-tête. L’activité physique, les relations sociales et l’accès aux soins de santé jouent tous un rôle important dans le vieillissement en bonne santé. Mais améliorer la qualité de l’alimentation est un moyen relativement simple et accessible d’aider les personnes âgées à vivre plus longtemps et en meilleure santé.

Recommandations pratiques pour les personnes âgées

Alors, que devraient manger les personnes âgées ? Le message est clair : mangez beaucoup de légumes, de fruits, de légumineuses, de noix et de céréales complètes. Choisissez des graisses saines comme l’huile de canola et le poisson. Limitez votre consommation de viande rouge et transformée, de boissons sucrées et de graisses solides.


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Ces éléments clés des régimes étudiés ont été liés à un vieillissement plus lent, une meilleure santé cérébrale et une diminution des maladies chroniques, selon cette étude et d’autres travaux.

Le vieillissement est inévitable, mais nous pouvons en influencer le cours. Nos conclusions montrent que de simples changements dans l’alimentation peuvent réellement influencer la manière dont on vieillit, à tout âge.

La Conversation Canada

Adrián Carballo Casla reçoit des fonds de la Fondation pour les maladies gériatriques du Karolinska Institutet (projets nos 2023:0007 et 2024:0011), des subventions de la Fondation de recherche du Karolinska Institutet (projet no 2024:0017), de la fondation David et Astrid Hagelén (projet no 2024:0005) ainsi que du Conseil suédois de la recherche pour la santé, le travail et le bien-être (projet no STY-2024/0005).

Amaia Calderón-Larrañaga reçoit des financements du Conseil suédois de la recherche (projet no 2021-06398), du Conseil suédois de la recherche pour la santé, le travail et le bien-être (projets nos 2024-01830 et 2021-00256), de la Zone de recherche stratégique en épidémiologie et biostatistique du Karolinska Institutet, SFOepi (subvention consolidator bridging, 2023), ainsi que de l’Alzheimerfonden (AF-1010573, 2024).

David Abbad Gomez reçoit un financement de l’Institut de recherche de l’Hospital del Mar en tant qu’assistant de recherche.

ref. Mieux vieillir grâce à son assiette : une nouvelle étude le confirme – https://theconversation.com/mieux-vieillir-grace-a-son-assiette-une-nouvelle-etude-le-confirme-262162

What happens when managers don’t act? New research reveals the consequences can be severe

Source: The Conversation – Canada – By Christine C. Hwang, Postdoctoral scholar in the Department of Management, Lang School of Business and Economics, University of Guelph, University of Guelph

Most people recognize that we shouldn’t actively harm others at work. Yet people tend to assume that failing to act is relatively benign or inconsequential.

Imagine witnessing an employee being belittled by a coworker. As a manager, should you step in or could staying on the sidelines give employees room to resolve conflict themselves?

Our new research demonstrates that “perceived managerial inaction” — the belief that a manager has failed to act in response to a negative experience — can have devastating consequences in the workplace. We examined how employees react when they believe their manager has failed to respond to a harmful or disrespectful incident.

Across an experiment and surveys involving hundreds of employees, we measured whether people felt their manager had a duty to intervene, whether they believed that duty was violated and how this shaped their trust, well-being and behaviour.

What is perceived managerial inaction?

Because of their formal position of authority, managers have the obligation to protect their employees from harm and maintain a safe and ethical work environment.

We use the term perceived employee-directed managerial inaction to describe situations in which employees believe their managers have not acted to prevent or address potential harm to them. Three conditions need to be present for employees to perceive managerial inaction:

  1. There was a potential for harm to the employee;

  2. The manager was aware of this potential for harm, and

  3. The manager violated perceived managerial responsibilities or obligations by failing to act in response to this potential for harm.

When these conditions are met, employees interpret the absence of a response as a meaningful choice.

Why it matters for individuals and organizations

Perceived managerial inaction has real, measurable effects on employees’ well-being and their relationship with the manager.

Our research reveals that even a single instance of perceived managerial inaction can result in profound consequences. Employees can lose trust in their manager, even if there was a pre-existing positive relationship and their manager had demonstrated positive leadership behaviours.

Perceived managerial inaction can also undermine managers’ effectiveness. Our studies indicated that it can motivate employees to protect themselves from the manager by withdrawing support, engaging in negative gossiping and resisting work-related requests.

Organizations also face risks, as there is increasing momentum to hold them accountable for managers’ inaction. As high-profile cases show — such as the California lawsuit alleging that Activision Blizzard managers failed to “take reasonable steps” to protect employees from discrimination — inaction can escalate from an interpersonal issue to a legal and reputational one.

Addressing common misconceptions

Many managers underestimate the impact of doing nothing. Our research highlights four misconceptions that often keep leaders from acting and the reality behind them.

Misconception #1: Inaction is benign, and employees won’t notice or negatively react to managerial inaction.

Reality: Employees can be highly attuned to inaction because it has significant implications for how they perceive their manager and navigate their work environment.

Misconception #2: Inaction can empower employees or help them grow.

Reality: Even if managers withheld action with positive intentions, employees experience inaction as a violation of managerial responsibilities.

Misconception #3: The negative effect of managerial inaction is short-lived.

Reality: Managerial inaction can cause short- and long-term damage to employees’ well-being, managerial effectiveness and organizations at large.

Misconception #4: The negative effect is limited to the employee who perceived that the manager failed to act.

Reality: By failing to address harmful experiences, managers may inadvertently signal that mistreatment will be tolerated, which can normalize mistreatment within the workplace and increase its frequency.

Practical recommendations for managers

Managers are not only responsible for their actions, but also for failing to act to protect employees from harm. If inaction occurs or is perceived to have occurred, managers can take steps to repair trust and prevent harm:

1. Talk to the affected employee about inaction and address the source of the harm.

Listen to and support employees, including acknowledging their experience and any harm that occurred. Provide a clear explanation for why you did not act, without being defensive. Be honest if you were not sure what was happening at the time or if you did not know how to act. Take appropriate steps to remedy the situation: apologize, acknowledge responsibility and clearly communicate the steps you will take to repair harm and prevent future occurrences.

2. Recognize that the impact of the situation may include coworkers and the team.

Those who witnessed or heard about the incident may need support or benefit from debriefing the incident. If the negative experience involved employee mistreatment, reinforce that any mistreatment is against organizational norms will not be tolerated and consistently apply negative consequences.

3. Set an appropriate tone for the team to mitigate the negative impact of inaction.

Set clear expectations for appropriate organizational conduct and encourage employees to voice unpleasant work experiences while also addressing employees’ concerns.

Managers must recognize that “with great power comes great responsibility.” Fulfilling managerial obligations is critical to support employees as well as avoid negative implications for managers and organizations. Action, even if it is not perfect, can enable managers to fulfil their responsibilities and help create workplaces where people feel safe and valued.

The Conversation

Christine C. Hwang receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Laurie J. Barclay receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Daniel L. Brady and Robert J. Bies do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What happens when managers don’t act? New research reveals the consequences can be severe – https://theconversation.com/what-happens-when-managers-dont-act-new-research-reveals-the-consequences-can-be-severe-271477

Who benefits from ‘nation-building’ projects like Ksi Lisims?

Source: The Conversation – Canada – By Sibo Chen, Associate Professor, School of Professional Communication, Toronto Metropolitan University

When the Canadian government added the proposed Ksi Lisims LNG terminal on Nisg̱a’a territory in northwest British Columbia to its new list of fast-tracked “nation-building” projects this fall, it resurrected an idea many British Columbians thought had quietly faded away: that liquefied natural gas (LNG) exports are central to the economic future of both B.C. and Canada.

A decade ago, then-B.C. premier Christy Clark promised up to 20 LNG export plants, 100,000 jobs and a sovereign-wealth “prosperity fund,” turning B.C. LNG into one of the most polarizing issues in the province between 2011 and 2018.

My research on this period reveals how competing coalitions of industry, governments and environmental groups struggled over whether B.C. LNG represented a climate solution or a risky fossil-fuel lock-in.

In reality, most of those projects were shelved; only one major export terminal in Kitimat has now entered its first phase of operation.

In recent years, public debate over LNG has largely slipped from view. Media analysis of Canadian climate coverage during the COVID-19 pandemic, for example, shows a sharp drop in climate stories in 2020 compared to 2019 as COVID-19 dominated the news agenda. Ksi Lisims brings those debates back with a twist. It is promoted as an Indigenous-led project and as a pillar of a more “diversified,” resilient Canadian economy.

However, the rhetoric around Ksi Lisims as a “nation-building” project masks unresolved questions about who actually benefits, who bears the risks and how such projects fit within a rapidly changing global LNG market.

Ksi Lisims LNG is frequently described as an Indigenous-led project proposed “in partnership” by the Nisg̱a’a Nation, Rockies LNG and Western LNG and an example of what reconciliation can look like. Those aspirations deserve to be taken seriously. Yet, public documents tell a more complex story about who ultimately controls the project and where profits will flow.

What is resource nationalism?

As American political geographers Natalie Koch and Tom Perreault describe, resource nationalism is when “the people of a given country, rather than private corporations or foreign entities, should benefit from the resources of a territorially defined state.”

Scholars have used the related concept of petro-nationalism to describe how fossil fuel industries and their allies frame oil, gas and bitumen extraction as a national public good, casting critics as “anti-Canadian” or “foreign to the body politic.”

A key tactic in this tactic is what Canadian communications scholar Shane Gunster and his colleagues call “symbolic nationalization:” a “thoroughly capitalist enterprise organized to profit private corporations and shareholders” is presented as if it were a public enterprise serving citizens and the common good.

The language surrounding Ksi Lisims LNG fits this pattern. In a September news release announcing the project’s environmental certificate, the B.C. government called Ksi Lisims “Indigenous-led.” Premier David Eby emphasized that there has “never been a more critical time to diversify our economy and reduce reliance on the U.S.,” framing the project as part of “the next chapter of a stronger, more resilient Canada.”

Federal messaging has similarly bundled Ksi Lisims into a package of “nation-building” megaprojects intended to reshape Canada’s economy and trade patterns. Such narratives are classic markers of resource nationalism: the project is cast as serving the people and the national interest, even as its ownership and risk profile are far more complicated.

Who owns and controls Ksi Lisims?

The Nisg̱a’a leadership has framed the project as a vehicle for “sustainable economic self-determination” and as an example of what reconciliation can look like: “a modern Treaty Nation moving from the sidelines of our economy” to leading a major project.

Filings from B.C.’s Environmental Assessment Office show that Ksi Lisims LNG is a “wholly owned” subsidiary of Texas-based company Western LNG.

Under the partnership agreement, the Nisg̱a’a Nation and Calgary-based company Rockies LNG sit on a steering committee until construction begins; only then do they become limited partners with specified governance rights. In other words, the project’s governance structure grants Nisg̱a’a important influence and potential revenues, but it does not resemble a nationalized public utility.

Moreover, Indigenous support is not unanimous. Along the route of the planned Prince Rupert Gas Transmission pipeline that would supply Ksi Lisims, several First Nations — including the Gitanyow — have opposed the project and launched legal challenges. This raises a crucial question for any “nation-building” story: which nation, and whose consent, are we talking about?

A crowded global LNG market

The economic case for Ksi Lisims is being made at a moment when the global LNG market is undergoing rapid change — and not in ways that favour new, high-cost projects in British Columbia.

The International Energy Agency (IEA) forecasts that over 300 billion cubic metres of additional annual export capacity will become operational between 2025 and 2030 from projects currently under construction, primarily led by the United States and Qatar.

A 2024 study by the think tank Carbon Tracker, commissioned by the Pembina Institute and the David Suzuki Foundation, stated that B.C. is a late entrant to an LNG market “dominated by lower-cost competitors.”

The study found that all four B.C. terminals still awaiting final investment decisions — including Ksi Lisims — sit high on the global cost curve. B.C. projects are, on average, about 26 per cent more expensive than competing projects in countries like Qatar, the United States and Mozambique.

Carbon Tracker also notes that the world’s existing LNG capacity is sufficient to meet projected demand under all three of the IEA’s main scenarios, with no new LNG export projects needed to satisfy demand through 2040.

This fragile economic base for Ksi Lisims complicates the notion that LNG expansion is a reliable source of public revenue. It highlights that long-term LNG export contracts — often touted as a way to lock in stable prices — cannot fully shield against global market fluctuations.

Rethinking “nation-building”

Ksi Lisims LNG has been presented as a reconciliation project for the Nisg̱a’a Nation, a diversification tool for Canada’s economy and a clean fuel solution for Asian buyers. But the project’s ownership structure concentrates control and profits in foreign-backed corporate hands, even as its public branding emphasizes Indigenous leadership.

Regional First Nations remain divided, highlighting an unresolved debate over consent and the meaning of “the people” in resource nationalist narratives. B.C. is entering a crowded, increasingly risky LNG market late and at a cost disadvantage.

If we take climate commitments and economic justice seriously, nation-building in the 2020s should mean something different: investing in infrastructure and industries that reduce emissions rather than lock them in, and supporting Indigenous and local communities in ways that do not depend on highly volatile fossil fuel markets.

Public discussions about the Ksi Lisims LNG project offer an opportunity to question whether the government’s approach to “nation-building” still makes sense in a warming and changing world.

The Conversation

Sibo Chen receives funding from Toronto Metropolitan University and the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada. He is affiliated with International Environmental Communication Association and the Environment, Science, and Risk Communication Section of International Association for Media and Communication Research.

ref. Who benefits from ‘nation-building’ projects like Ksi Lisims? – https://theconversation.com/who-benefits-from-nation-building-projects-like-ksi-lisims-271272

The MAGA International: Trump’s 2025 National Security Strategy as an ideological manifesto

Source: The Conversation – France – By Jérôme Viala-Gaudefroy, Spécialiste de la politique américaine, Sciences Po

On December 4, 2025, the Trump administration released its new National Security Strategy. Far from being a dry technocratic document, it reads like a blistering broadside against Europe, a reaffirmation of American exceptionalism, and a self-portrait of the president as a heroic defender of Western civilization against mortal threats. It is less a set of policy guidelines than a full-blown ideological proclamation.

In theory, the National Security Strategy (NSS) is a technocratic, non-binding document that every US president must submit to Congress during their time in office to provide an overall framework for the country’s foreign policy.

The version published by the Trump administration in 2025, however, looks far less like a “state paper” than a MAGA (Make America Great Again) manifesto. It panders to Trump’s political base as much as the rest of the world – beginning with Washington’s European allies, accused of betraying “true” democracy. For the first time, compared with the 2017 NSS, national security is framed almost entirely through Trumpian obsessions: immigration, culture wars, and nationalism.

Three main narrative arcs

The 2025 NSS marks a clear break with the liberal tradition of constitutional democracy – fundamental rights, the rule of law, and political pluralism. It also rejects its international counterpart: the promotion of democracy through a multilateral, rules-based order. It rewrites the history of the post-Cold War era, stitches together a composite enemy (immigration, “globalist” elites, Europe), and hijacks the language of freedom and democracy for an ethno-populist vision of American exceptionalism.

The document unfolds as a grand narrative in three acts.

Act I: The betrayal of the elites

First comes the story of the failure of US policies since 1991, blamed on the hubris of elites who allegedly sought global hegemony. They are said to have waged “endless wars” and embraced “so-called free trade”. They also subjected the country to supranational institutions, at the expense of US industry, the middle class, national sovereignty, and cultural cohesion. This first act also highlights the lack of any credible new national narrative after the end of the Cold War. Trump builds his own story on that narrative vacuum.

Act II: Decline

In the Trump administration’s telling, America’s decline is economic, moral, geopolitical, and demographic all at once. It is manifested in deindustrialization, failed wars, and the crisis on the Mexican border. It echoes the “American carnage” denounced by Trump in his first inaugural address in 2017. The enemy is presented as both internal and external. Immigration is cast as an “invasion” tied to the cartels, while international institutions and foreign-policy elites – American and European alike – are portrayed as accomplices. All are folded into a single confrontational framework – that of a global war the Trump administration says it is prepared to wage against anyone who threatens US sovereignty, culture, and prosperity.

Act III: The Saviour

The NSS then casts the occupant of the White House as a providential leader, “The President of Peace,” correcting the betrayal of the elites. Trump appears as a heroic fixer – or anti-hero – who has supposedly “settled eight violent conflicts” in less than a year. He embodies a nation restored and ready to enter a “new golden age”.

This is a textbook American narrative pattern, rooted in the religious tradition of the jeremiad: a sermon that begins by denouncing sin and decadence, then calls for a return to founding principles to “save” the community. Historian Sacvan Bercovitch has shown how this jeremiad structure lies at the heart of the American national myth. A text that should have been technocratic and bureaucratic is thus refashioned into a story of fall and redemption.

American exceptionalism, Trump-style

Read closely, the 2025 NSS teems with tropes drawn from the grand myths of the United States. The aim is to “mythologize” the break with decades of foreign policy by presenting Trump’s course as a return to the nation’s origins.

The text invokes “God-given natural rights” as the foundation of sovereignty, freedom, the traditional family, and even the closing of borders. It calls on the Declaration of Independence and the “Founding Fathers” to justify selective non-interventionism. It claims the “America’s pioneering spirit” as “a key pillar” of “continued economic dominance and military superiority”.

The word exceptionalism never appears (nor does the phrase “indispensable nation”). Yet the strategy is saturated with formulations that present the United States as a unique nation with a special mission in the world – what scholars call American exceptionalism. It piles superlatives onto America’s economic and military power and casts the country as the central hub of the global monetary, technological, and strategic order.

This is foremost an exceptionalism of power. The text details at length the economic, energy, military, and financial dominance of the United States, then infers from it a moral superiority. If America is “the greatest and most successful nation in human history” and “the home of freedom on earth”, it is primarily because it is the most powerful. Virtue is no longer an ethical standard that might restrain power. Power itself is treated as evidence of virtue.

Within this framework, elites – including European elites – are portrayed as weakening America’s capacity in areas such as energy, industry, and border control. They are not just making strategic mistakes; they are accused of committing moral wrongs. In this view, exceptionalism is no longer the classic liberal idea of spreading democracy abroad. It becomes a “sovereignty-first” moral exceptionalism, with America cast as the chief guardian of “true” freedom – not only against its adversaries, but, when necessary, against some of its allies as well.

Where previous strategies stressed the defence of a “liberal international order,” the 2025 NSS casts the US primarily as a victim – exploited by its allies and shackled by hostile institutions. Exceptionalism becomes the story of a besieged superpower rather than a model of democracy.

Behind the rhetoric of “greatness”, the document often reads like a business plan designed to advance the interests of major industries – and, not incidentally, Trump’s own businesses. In this logic, profit is no longer constrained by morality; morality is re-engineered to serve profit.

A trumpist rewriting of the Monroe Doctrine

The NSS also offers a mythologized version of the Monroe Doctrine (1823), describing its approach as “a common sense and potent restoration of the historic vocation” of the United States – namely, to protect the Western Hemisphere from external interference. In reality, this appeal to the past serves to build a new doctrine – a “Trump Corollary,” echoing Theodore Roosevelt’s corollary. America is no longer merely defending the political independence of its neighbours; it is turning the region into a geo-economic and migratory preserve, a direct extension of its southern border and a showcase for US industrial power.

Under the guise of “restoring” Monroe, the text legitimizes a Trumpist version of regional leadership. It makes control over flows of capital, infrastructure, and people the very core of America’s mission. A quasi-imperial project is thus presented not as a break with the past, but as the natural continuation of American tradition.

The 2025 NSS, by contrast, openly embraces political interference in Europe. It promises to fight what it calls “undemocratic restrictions” imposed by European elites. In Washington’s view, these include regulations on US social-media platforms, limits on freedom of expression, and rules targeting nationalist or sovereigntist parties. The NSS also vows to weigh in on Europe’s energy, migration, and security choices.

In other words, Washington invokes Monroe to turn its own hemisphere into a protected sanctuary while claiming the right to intervene in European political and regulatory life – effectively granting itself what the doctrine denies to others.

Europe as the central battlefield

Europe is omnipresent in the 2025 NSS – mentioned around fifty times, roughly twice as often as China and five times more than Russia. It is described as the central theatre of a crisis that is at once political, demographic, and civilizational. The text systematically pits European “elites” against their own peoples. It accuses those elites of using regulations to impose deeper European integration and more open migration policies. Such policies are portrayed as a form of “civilizational erasure” that poses an existential threat to Europe. Without saying so, the document echoes the logic of French writer Renaud Camus’s “Great Replacement” theory, a well-documented far-right conspiracy narrative.

The Trump administration claims for itself an unprecedented right to ideological interference. It pledges to defend Europeans’ “real” freedoms against Brussels, the courts, and national governments, while implicitly backing ethno-nationalist far-right parties that present themselves as the voice of “betrayed peoples”. The European Union is portrayed as a suffocating norm-producing machine whose climate, economic, and social rules allegedly sap national sovereignty and demographic vitality.

In the process, the very meaning of “democracy” and “freedom” is turned on its head. These values are no longer guaranteed by liberal institutions and treaties but by their contestation in the name of a supposedly homogeneous and threatened people that Washington now claims to protect – even on European soil.

Russia, for its part, appears less as an existential foe than as a disruptive power, whose war in Ukraine mainly serves to hasten Europe’s decline. The 2025 NSS insists on the need for a swift end to hostilities and for a new strategic balance. China is the only true systemic rival, above all economically and technologically. Military rivalry (over Taiwan or the South China Sea) is acknowledged but is always framed through the key concern: preventing Beijing from turning its industrial might into regional and global hegemony.

The Middle East is no longer central. Thanks to energy independence, Washington seeks to offload the security burden onto regional allies, reserving for itself the role of dealmaker vis-à-vis a weakened Iran. Africa is considered as a geo-economic battleground with China, where the United States favours commercial and energy partnerships with a handful of “select countries” rather than aid programs or heavy-footprint interventions.

A doctrine that fails to command consensus

Despite the apparent coherence and the highly assertive tone of the strategy, the MAGA camp remains deeply divided over foreign policy. On one side stand “America First” isolationists, hostile to any costly projection of power; on the other, hawks who still want to use US military superiority to impose favourable power balances.

Above all, opinion polls (here, here, and here) suggest that while part of the Republican electorate embraces the language of toughness (on borders, China, and “the elites”), the American public as a whole remains broadly attached to liberal democracy, checks and balances, and traditional alliances. Americans may want fewer endless wars, but they are not clamouring for an illiberal retreat, nor for a frontal assault on the institutions that have underpinned the international order since 1945.

The Conversation

Jérôme Viala-Gaudefroy ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. The MAGA International: Trump’s 2025 National Security Strategy as an ideological manifesto – https://theconversation.com/the-maga-international-trumps-2025-national-security-strategy-as-an-ideological-manifesto-272094

Timides, audacieux, anxieux… les poissons, aussi, ont une personnalité

Source: The Conversation – in French – By Marie-Laure Bégout, Chercheuse, Ifremer

Si vous pensiez que ce qui ressemble le plus à un bar est un autre bar, détrompez-vous, chaque individu a sa propre personnalité, et la recherche décortique ces traits pour mieux les comprendre et pour améliorer le bien-être des animaux.


Depuis des années, voire des siècles, la personnalité a été étudiée chez l’humain. En 1990, cinq tempéraments (ouverture, conscienciosité, extraversion, agréabilité et névrotisme) ont été définis et sont désormais utilisés pour décrire la personnalité humaine. Ces traits ont également été identifiés chez de nombreux animaux terrestres, notamment dans des environnements d’élevage comme les fermes bovines ou porcines afin de disposer d’indicateurs de performances ou de bien-être des animaux.

Chez les animaux, la personnalité a été déclinée en cinq traits : timidité et audace (en réponse à des situations à haut risque), exploration (en réponse à de nouvelles situations), niveau d’activité, d’agressivité et de sociabilité. Ces traits sont souvent liés, on parle alors de typologies comportementales. Deux types de réponses extrêmes sont distinguées et les individus qui composent une population se distribuent entre ces deux extrêmes selon un continuum. Il y a les individus plutôt proactifs qui ont une réponse de combat ou de fuite et, à l’opposé du continuum, les individus principalement réactifs qui ont une réponse de type immobilité et qui montrent une forte timidité.

Tout d’abord démontrées chez les oiseaux ou les mammifères, ces types de réponses conduisent à observer par exemple qu’un cochon plutôt proactif explore son milieu de vie rapidement et forme des routines (il va toujours très vite dans le même couloir chercher sa nourriture) alors qu’un individu plutôt réactif aura une exploration minutieuse de son milieu, sera enclin à changer de direction plus souvent et trouvera plus rapidement sa nourriture si elle a changé de couloir dans un labyrinthe.

Ce poisson est-il timide ou audacieux ?

Pour ma part, je m’intéresse aux poissons depuis plus de trente ans et plus particulièrement à leurs réponses comportementales et à leurs capacités d’adaptation à divers environnements. Chez eux également des travaux menés en laboratoire ou dans l’environnement naturel depuis plus de deux décennies ont contribué à démontrer que, comme tous les animaux, les poissons sont doués de capacités cognitives complexes, d’apprentissage et de mémoire : compétences socles de leur intelligence.

Ces compétences leur permettent de résoudre les problèmes qui se posent à eux pour survivre dans leur environnement naturel et social et, comme tous les animaux, la manière dont ils résolvent ces problèmes sera différente selon leur personnalité, s’ils sont plutôt timides ou audacieux. L’existence des patrons comportementaux correspondants aux deux typologies proactive/réactive a été largement montrée chez les poissons que ce soit dans un contexte d’élevage ou dans un contexte écologique.

Un prérequis pour ces recherches dans l’ensemble, mais aussi pour celles que j’ai conduites, a été d’imaginer des dispositifs expérimentaux pour mesurer ces traits de personnalité adaptés aux animaux en général sociaux que sont les poissons, au milieu aquatique et aux méthodes disponibles. En particulier, il est important de bien concevoir le dispositif et la procédure du test pour éviter les situations d’ambiguïté.

Dans certains cas par exemple, on souhaite mesurer les patrons comportementaux ou le niveau d’anxiété en réponse à un facteur de stress et il existe des tests pour cela, par exemple en plaçant l’individu dans un environnement nouveau et en mesurant immédiatement sa réponse (activité de nage).

Labyrinthes et arènes pour observer les poissons

Dans d’autres cas, on veut mesurer une autre caractéristique que la réponse à un facteur de stress, la méthode la plus simple consiste alors en l’ajout d’une période d’acclimatation qui n’est pas utilisée pour mesurer le trait comportemental d’intérêt. Dans mon laboratoire nous avons divers dispositifs afin de mesurer les capacités comportementales des poissons (comme le médaka marin, le poisson zèbre ou le bar) lors de challenges ou suite à des expositions à des molécules chimiques ou des situations mimant des changements climatiques ou globaux. Il s’agit de labyrinthes, de dispositifs de préférence de place (le poisson peut choisir entre un fond clair ou sombre dans son aquarium), des arènes d’observation (grand aquarium adapté à des petits groupes de poissons) dans lesquelles nous filmons les poissons pour ensuite déterminer leurs déplacements à l’aide de logiciels spécifiques.

Ainsi pour caractériser les traits de personnalité, par définition des caractéristiques individuelles, les expériences ont d’abord été généralement réalisées en travaillant avec des individus testés isolément. En adaptant des tests élaborés pour les rongeurs, nous étudions par exemple l’exploration d’un labyrinthe en Z chez les poissons marins (médaka marin, bar) avec des enregistrements par vidéo des déplacements en 2D.

Un individu est placé dans une zone de départ ombragée, et après quelques minutes d’acclimatation, une porte est ouverte à distance et permet l’exploration de quatre couloirs continus sans obtenir de récompense particulière. Ce test permet d’évaluer à la fois l’audace à travers la prise de risque (sortir de la zone protégée) et l’exploration d’un nouvel environnement. Cela nous a permis par exemple de montrer que l’expérience de vie antérieure chez le bar (être nourri à heure fixe ou à heure imprévisible) avait une influence sur le niveau d’audace : être nourris à heure fixe rendait les individus moins audacieux. Dans un autre contexte, celui de l’écotoxicologie, cela nous a aussi permis de démontrer que les polluants pouvaient altérer l’audace, l’activité et les capacités exploratoires de poissons exposés à certains polluants ou de leur descendance.

Cependant les manipulations exercées sur chaque individu testé constituent une source de stress pouvant aussi bien révéler qu’altérer les réponses comportementales et les capacités cognitives des individus. Pour contourner cela, nous réalisons aussi des enregistrements de l’activité de nage en petits groupes de 6 à 10 individus, cela nous permet de mesurer la réponse comportementale des individus au sein du groupe. Au-delà de l’activité plus ou moins intense, les distances entre les poissons et l’utilisation de l’espace dans cet environnement nouveau sont indicatrices du stress et de l’anxiété des animaux. Avec cette approche, nous évaluons l’activité, la thigmotaxie (déplacements répétés d’un individu qui suit les parois et évite le centre de l’aquarium) et la cohésion des groupes. Dans ce test, la zone centrale est aussi une zone plus exposée qui est préférée par un poisson audacieux, évitée par un poisson timide ou anxieux.

Pour faire la différence entre plusieurs traits comportementaux à l’issue d’un test, il peut être nécessaire de faire plusieurs tests différents et de s’assurer de la convergence des réponses. Par exemple, une baisse d’oxygène disponible augmente la thigmotaxie tout en réduisant l’activité et la cohésion du groupe. Ces indicateurs, combinés à des mesures sanguines de marqueurs du stress tels que le cortisol, permettent de qualifier le niveau de bien-être des animaux.

Des connaissances indispensables pour le bien-être

Toujours dans des groupes, nous avons été parmi les premiers à mesurer l’audace et l’activité individuelle dans de très grands groupes de 500 à 1500 bars. Pour cela nous avons installé dans les bassins d’élevage de 5m3 un séparateur avec un passage circulaire de 10 cm de diamètre au milieu.

Bassin d’expérimentation et schéma de l’expérimentation.
Fourni par l’auteur

Chaque poisson équipé d’une puce électronique a son identité lue par une antenne lorsqu’il quitte le groupe des poissons en zone ombragée et prend le risque d’aller de l’autre côté du séparateur. En répétant le même test trois fois à plusieurs semaines d’intervalle, ces travaux ont démontré un apprentissage du test – une mémorisation, que les traits de personnalité étaient stables dans le temps et que les individus les plus timides avaient une meilleure croissance dans les conditions de notre élevage. Documenter ces traits de personnalité est important en pisciculture pour éviter la sélection par inadvertance de certains traits comportementaux (par exemple, l’agressivité) qui pourraient avoir des conséquences négatives sur la production et surtout compromettre le bien-être des animaux.

En effet le bien-être d’un animal est défini par l’Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation, de l’environnement et du travail (Anses) comme l’état mental et physique positif lié à la satisfaction de ses besoins physiologiques et comportementaux ainsi que de ses attentes. Cet état varie en fonction de la perception de la situation par l’animal.

Ces différents exemples montrent comment en développant des méthodes d’observation adaptées, la mesure des réponses comportementales permet de voir autrement les poissons, montrer et démontrer leurs besoins et attentes, leur sensibilité et leurs capacités cognitives, oublier « la mémoire de poisson rouge ». Penser la place des animaux et des poissons différemment dans nos sociétés est une des étapes essentielles pour comprendre et préserver les poissons dans toute leur biodiversité, y compris celle de leurs comportements dans un contexte de changement global avéré.


Un grand merci à tous les étudiants et collègues qui ont développé ces études à mes côtés.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 3 au 13 octobre 2025), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Intelligence(s) ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Marie-Laure Bégout a reçu des financements de l’ANR de l’Europe (FP7, H2020, Horizon).

ref. Timides, audacieux, anxieux… les poissons, aussi, ont une personnalité – https://theconversation.com/timides-audacieux-anxieux-les-poissons-aussi-ont-une-personnalite-271809