Más allá de las neuronas: cómo los astrocitos dan forma a nuestros recuerdos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Roselló Jiménez, Doctora en Psicobiología. Personal vinculado a la investigación en el Área de Psicobiología, Universitat Jaume I, Universitat Jaume I

La memoria es una función esencial para nuestra supervivencia, aunque solemos apreciar su importancia solo cuando falla. ¿Qué ocurriría si un día no recordáramos dónde hemos aparcado el coche o no supiéramos cuáles son las llaves de nuestra casa? Entender cómo funciona el recuerdo es fundamental para comprender qué sucede cuando olvidamos.

No es una función única: existen distintos tipos de memoria, cada uno con mecanismos cerebrales específicos. Entre ellos, la memoria de reconocimiento (que permite reconocer que ya hemos visto ese estímulo en el pasado) resulta especialmente relevante. Sin que seamos conscientes, nos ayuda a orientarnos y a desenvolvernos en la vida cotidiana con extraordinaria eficacia. Curiosamente, la disfunción de este tipo de memoria puede ser uno de los primeros signos de deterioro cognitivo.

Detectar estas alteraciones a tiempo puede ser clave para identificar posibles problemas futuros y adoptar medidas preventivas que ayuden a preservar la salud mental.

De lo cotidiano a las células del cerebro: cómo se forma la memoria

Históricamente, el estudio de las bases biológicas de la memoria se ha centrado en las neuronas. Comprender cómo se comunican entre sí ha sido esencial para explicar cómo se forman los recuerdos. En los años cincuenta, el investigador canadiense Donald Hebb propuso que “las neuronas que se activan juntas, se conectan juntas”.

Pensemos, por ejemplo, en cuando aprendimos a montar en bicicleta. Mientras intentábamos mantener el equilibrio, un conjunto de neuronas se coordinaba para evitar caídas y memorizar los movimientos. A medida que mejoraban nuestras habilidades, esas conexiones se fortalecían, lo que facilitaba que cada nuevo intento fuera más eficaz.

Sin embargo, las neuronas no están solas: representan aproximadamente la mitad de las células del cerebro. El otro 50 % está formado por un conjunto diverso de células, entre las que destacan los astrocitos. Su nombre procede del griego astron (estrella) y kytos (célula), es decir, “células con forma de estrella”.

Durante mucho tiempo se pensó que los astrocitos desempeñaban un papel meramente doméstico: nutrir y dar soporte a las neuronas. Hoy sabemos que esta visión es incompleta. No solo apoyan, sino que participan activamente en los procesos de aprendizaje y memoria.

Estudios recientes han demostrado que los astrocitos son fundamentales para fortalecer las conexiones neuronales, un proceso clave para consolidar recuerdos. Gracias a esta colaboración entre neuronas y astrocitos podemos retener habilidades a lo largo del tiempo, desde montar en bicicleta hasta preparar una receta sin pensar en cada paso.

Astrocitos: piezas clave del puzle

Los astrocitos se sitúan muy cerca de las neuronas y envuelven sus conexiones como una red de apoyo. Nuestros protagonistas producen y liberan una sustancia clave: el lactato. Este compuesto se transfiere desde los astrocitos a las neuronas y actúa como una señal que favorece el fortalecimiento de sus conexiones. En otras palabras, el lactato ayuda a que las neuronas se comuniquen de forma más eficaz, facilitando la formación y consolidación de los recuerdos.

A su vez, los astrocitos reciben señales de las neuronas a través de neurotransmisores como la noradrenalina y responden produciendo más lactato. De hecho, se ha propuesto que existe una estrecha interacción entre los astrocitos y la noradrenalina que resulta fundamental para el buen funcionamiento de la memoria. No obstante, la investigación en este campo aún está en una fase temprana.

En nuestro laboratorio estudiamos cómo interactúan los astrocitos y la noradrenalina en procesos de memoria. Para ello utilizamos roedores en tareas de reconocimiento de objetos, en las que deben distinguir entre un objeto familiar y uno nuevo. Nuestros resultados muestran que la noradrenalina actúa efectivamente como un interruptor que activa a los astrocitos para producir lactato. Cuando sus niveles son elevados, aumenta la disponibilidad de lactato y mejora la memoria. Cuando disminuyen, se reduce su producción y el rendimiento empeora.

Además, hemos observado que la administración externa de lactato puede restaurar la memoria incluso cuando los niveles de noradrenalina son bajos. Por el contrario, si se bloquea el transporte de esa sustancia hacia las neuronas, la memoria se ve afectada incluso en presencia de niveles elevados de noradrenalina.

En conjunto, estos hallazgos indican que el efecto de la noradrenalina sobre la memoria depende en gran medida de su capacidad para activar la producción y transferencia de lactato desde los astrocitos hacia las neuronas.

El futuro tal vez esté en las estrellas

Del mismo modo que miramos a las estrellas para comprender mejor nuestro planeta, la neurociencia comienza a centrarse en estas células estrelladas. El objetivo es desentrañar los mecanismos que nos permiten almacenar y recuperar la información que define quiénes somos.

Desde la investigación básica hasta el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas, comprender el papel de los astrocitos y el lactato podría abrir nuevas vías para prevenir o tratar el deterioro cognitivo.

The Conversation

Lorena Roselló Jiménez recibe fondos del Pla de Promoció de la Investigació PREDOC (2022/31) de la Universitat Jaume I.

Laura Font Hurtado recibe fondos del Plan Nacional sobre Drogas (2023I069), Agencia Estatal de Investigación (PID2021-128852NB-I00), y Generalitat Valenciana (CIAICO/2024/42)

Raúl Pastor Medall recibe fondos del Plan Nacional sobre Drogas (2023I069), Agencia Estatal de Investigación (PID2021-128852NB-I00), y Generalitat Valenciana (CIAICO/2024/42).

ref. Más allá de las neuronas: cómo los astrocitos dan forma a nuestros recuerdos – https://theconversation.com/mas-alla-de-las-neuronas-como-los-astrocitos-dan-forma-a-nuestros-recuerdos-280405

De la selva amazónica al laboratorio: el potencial de la ayahuasca contra el párkinson

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José A. Morales García, Investigador Científico en enfermedades neurodegenerativas y Profesor Titular de la Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid

Talita Santana Campos/Shutterstock

En los últimos tiempos, estamos asistiendo a una auténtica revolución en psiquiatría gracias al uso terapéutico y controlado de sustancias psicodélicas. Suiza fue el pionero: desde 2014 permite autorizaciones individuales para administrar bajo supervisión psiquiátrica psilocibina (sustancia psicodélica extraída de hongos), MDMA (éxtasis) y LSD (sintetizada a partir del ácido lisérgico, compuesto que se extrae del hongo que crece en el cornezuelo del centeno).

Casi una década más tarde, Australia dio el primer paso regulatorio formal: desde julio de 2023, psiquiatras autorizados pueden prescribir MDMA para el estrés postraumático y psilocibina para la depresión resistente. Y en 2025, Alemania se convirtió en el primer país de la UE en aprobar el uso compasivo de la psilocibina para depresión resistente en dos centros piloto.

Un compuesto de uso ancestral

En este marco de la investigación terapéutica con psicodélicos se encuentra la N,N-dimetiltriptamina (o DMT), el compuesto psicoactivo principal de la ayahuasca, un té utilizado desde hace siglos por comunidades indígenas amazónicas con fines rituales y curativos.

La DMT es famosa por las visiones intensas que produce. Pero la ciencia lleva años descubriendo que esta molécula tiene otra cara, más discreta y, quizás, más relevante desde el punto de vista terapéutico. Ensayos clínicos recientes han explorado su uso en depresión mayor, donde actúa estimulando la neuroplasticidad: favorece el crecimiento de nuevas conexiones sinápticas que ayudan al cerebro a romper los patrones del pensamiento depresivo. También se investiga su papel en la recuperación tras un ictus, ya que protege a las neuronas del estrés celular y promueve la reparación del tejido dañado.

Tras haber demostrado, en modelos experimentales, que la DMT es capaz de estimular la neurogénesis (formación de nuevas neuronas), un nuevo estudio de nuestro equipo publicado en Experimental Neurology sugiere que podría tener un papel relevante en otra enfermedad hasta ahora sin cura: el párkinson.

Apagar el incendio cerebral

El párkinson se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, una región del cerebro implicada en el control del movimiento. Existen, además, otros síntomas no motores, menos conocidos pero igual de limitantes para los pacientes.

Junto a esa degeneración neuronal aparece un proceso silencioso que la acelera: la neuroinflamación crónica. La glía (conjunto de células encargadas de dar soporte, mantener y proteger al sistema nervioso) se vuelve hiperactiva y libera compuestos tóxicos que aumentan la muerte neuronal. A día de hoy, ningún fármaco logra detener ese proceso; solo se pueden aliviar los síntomas.

En nuestro estudio, al exponer las neuronas a las toxinas que replican los mecanismos de la enfermedad, se observó una pérdida celular masiva. Sin embargo, al tratarlas con DMT, la toxicidad se redujo significativamente y se logró preservar cerca del 40 % de las células que, de otro modo, habrían muerto. El compuesto también mostró un efecto regulador sobre la hiperactividad de la glía, reduciendo por tanto la producción de agentes inflamatorios.

La cerradura clave: el receptor sigma-1

Para activar los efectos psicodélicos en nuestro cerebro, la DMT funciona como una llave perfecta que encaja en una cerradura concreta de las neuronas: el receptor de serotonina 5-HT2A. Sin embargo, los investigadores sospechábamos que el efecto protector podría estar mediado por su unión a otro receptor distinto: el sigma-1. Para comprobarlo, bloqueamos ambos receptores por separado. Cuando inhabilitamos el 5-HT2A –responsable de las alucinaciones–, la DMT siguió protegiendo a las neuronas con la misma eficacia. En cambio, cuando bloqueamos el receptor sigma-1, el efecto terapéutico desapareció por completo.

Así, demostramos que el receptor sigma-1 tiene capacidad neuroprotectora, promueve la supervivencia celular y disminuye la inflamación. Este hallazgo tiene una implicación práctica enorme: es posible obtener el beneficio neuroprotector de la DMT de forma independiente a sus efectos psicodélicos.

Los resultados más alentadores llegaron con los modelos in vivo. Tras tres semanas de tratamiento con dosis moderadas de DMT, los ratones con párkinson mostraron una notable preservación de las neuronas dopaminérgicas y una reducción clara de la inflamación cerebral. Esa protección celular se tradujo en mejoras observables: mayor capacidad motora y mejor rendimiento en pruebas de memoria espacial y aprendizaje respecto al grupo no tratado.

¿Y las alucinaciones?

Es la pregunta inevitable. Puesto que los efectos neuroprotectores de la DMT son independientes del receptor alucinógeno, nuestro trabajo plantea tres alternativas. La primera es combinar la DMT con fármacos que bloqueen el receptor alucinógeno, 5-HT2A (uno de ellos, la pimavanserina, ya se receta para la psicosis en pacientes con párkinson). La segunda opción, dadas las bajas concentraciones de DMT utilizadas en el estudio, sería emplear microdosis que activen los mecanismos protectores sin llegar a alterar la percepción. La tercera, y quizás la más prometedora a largo plazo, pasa por diseñar moléculas similares a la DMT que encajen en el receptor sigma-1 pero ignoren por completo el 5-HT2A.

Cautela ante el entusiasmo

A pesar de las buenas noticias, conviene no correr demasiado. Hablamos de un estudio preclínico hecho en células y ratones. El salto hasta poder adquirir el tratamiento en una farmacia es largo, costoso y está lleno de fracasos; muchas moléculas que rozan la perfección en el laboratorio fallan al probarse en humanos. Somos conscientes de que este modelo experimental representa una fase muy concreta y localizada de la neurodegeneración. Aunque aporta datos valiosos, la naturaleza humana del párkinson destaca por una progresión temporal más lenta y compleja que la que la investigación básica realiza al ir replicando las características de la enfermedad por etapas.

Lo que sí queda claro es que el receptor sigma-1 emerge como una diana terapéutica prometedora, y que la DMT, o moléculas inspiradas en ella, merece una investigación más profunda.

A veces, las respuestas aparecen donde menos se esperan. Que una bebida ritual amazónica guarde una molécula con potencial terapéutico para una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es, como mínimo, una historia que merece seguir escribiéndose.

The Conversation

José A. Morales García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De la selva amazónica al laboratorio: el potencial de la ayahuasca contra el párkinson – https://theconversation.com/de-la-selva-amazonica-al-laboratorio-el-potencial-de-la-ayahuasca-contra-el-parkinson-283322

Una hoja de papel como herramienta de aprendizaje: origami y matemáticas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Martín-Cudero, Profesor del área de Didáctica de la Matemática, Universidad Rey Juan Carlos

Un “comecocos” de origami. banyat seesaed/Shutterstock

Las matemáticas suelen percibirse como una disciplina abstracta, llena de símbolos, fórmulas y reglas que, a menudo, parecen desconectadas de la realidad. Sin embargo, esa abstracción no aparece de forma espontánea: necesita apoyarse en experiencias concretas que permitan visualizar, explorar y experimentar.

Ahí es donde entran en juego los materiales manipulativos. Lejos de ser exclusivos de la educación infantil o primaria, siguen resultando esenciales en secundaria y bachillerato, donde los contenidos se vuelven más formales. Y es que, en muchos casos, la diferencia entre memorizar y comprender está en poder “ver” lo que se está aprendiendo.

¿Y si les dijera que una simple hoja de papel puede ayudar a construir esa comprensión?

Aprender matemáticas doblando papel

Imaginemos, por un momento, que estamos en una clase de matemáticas en la que, en lugar de escuchar fórmulas y reglas, aprendemos conceptos matemáticos simplemente doblando papel. Suena divertido, ¿verdad?

Esto puede parecer demasiado complejo o difícil de llevar a la práctica, pero no lo es. Lejos de ser una simple manualidad, el arte de doblar papel, más conocido como origami, puede convertirse en un auténtico taller de descubrimiento matemático.

Todos, en algún momento, hemos fabricado un avión o un barco de papel, una pajarita o el famoso comecocos. Pero ¿éramos realmente conscientes de que, mientras jugábamos y doblábamos el papel siguiendo nuestra intuición o unas sencillas instrucciones, estábamos haciendo matemáticas?

Comecocos y pajarita realizados por un estudiante del Grado en Educación Primaria de la Universidad Rey Juan Carlos.

Para quienes siempre se han sentido alejados de esta materia, probablemente no; asociar diversión con matemáticas no suele ser lo habitual. Sin embargo, la realidad es otra: cada pliegue de papel implica dividir superficies, crear ángulos o identificar simetrías, entre otras muchos conceptos matemáticos.

El papel deja entonces de ser un simple objeto y se convierte en una herramienta para pensar, experimentar y comprender las matemáticas de una forma más visual, tangible y, sobre todo, significativa.

Mucho más que geometría

Aunque el origami tiene una base claramente geométrica –hasta el punto de que existen sistemas formales de plegado con sus propios axiomas–, su potencial educativo va mucho más allá.

Con una hoja de papel también se pueden trabajar fracciones y proporciones, patrones numéricos y regularidades, representaciones de números reales, demostraciones de teoremas, resoluciones de ecuaciones e incluso conceptos sobre probabilidad.

Y no solo eso: el origami también se puede utilizar en contextos de ciencia, ingeniería y tecnología, contribuyendo así al desarrollo de la competencia STEAM (las siglas de Ciencias, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas en inglés). Por ejemplo, en educación, resulta útil para ilustrar fenómenos físicos, como el centro de gravedad o el funcionamiento de un muelle.




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¿Qué ocurre en el aula? Algunos ejemplos

Desde 2024, en la Universidad Rey Juan Carlos hemos organizado talleres de origami educativo con futuros docentes. En ellos, estudiantes del Grado en Educación Primaria y Máster de Profesorado en la especialidad de matemáticas descubren cómo una simple hoja de papel puede dar lugar a situaciones de aprendizaje significativas.

Estudiantes del Grado en Educación Primaria de la URJC haciendo un hexágono regular mediante origami. Semana de la cultura URJC 2024.

Veamos algunos ejemplos:

1. Fracciones, potencias… y mucho más

Partimos de un cuadrado de papel. Si lo doblamos por la mitad, obtenemos 2 partes iguales. Si volvemos a doblarlo en el mismo sentido, obtenemos 4. Y si repetimos el proceso una vez más, llegamos a 8 partes (rectángulos) iguales. Al desdoblar el papel, aparecen claramente marcadas esas divisiones.

Este sencillo proceso permite trabajar varios conceptos a la vez. Por un lado, las fracciones: representar, por ejemplo, 5/8 consiste simplemente en colorear tres de esas ocho partes. Pero también aparecen las potencias de 2: cada vez que doblamos, duplicamos el número de partes (2, 4, 8, 16…).

¿Cuántas veces se puede doblar una hoja de papel? La respuesta te sorprenderá.

Incluso podemos dar un paso más y usar uno de los lados del cuadrado como si fuera una “recta numérica”: un extremo representa el 0 y el otro el 1. Las marcas de los pliegues nos permiten situar fracciones directamente sobre esa “recta”.

El reto se vuelve más interesante cuando intentamos dividir el papel en un número que no es potencia de 2. Por ejemplo, ¿cómo dividirlo en 5 partes iguales? A primera vista parece difícil, pero ¿y si le digo que con solo trazar una línea sobre el papel se puede lograr?

Figura 1. Actividad realizada por un grupo de estudiantes del Grado en Educación Primaria de la URJC en la asignatura Matemáticas y su Didáctica II: procedimiento para dividir un cuadrado de papel en 5 rectángulos iguales mediante pliegues. Primero se divide el cuadrado en 8 rectángulos iguales (al ser la primera potencia de 2 superior a 5), después se une el vértice inferior izquierdo con el punto correspondiente a la quinta marca del lado superior contando desde la izquierda y se dobla el papel siguiendo esa línea. Este pliegue corta a los pliegues verticales iniciales en 4 puntos y, a partir de ellos, se realizan cuatro pliegues perpendiculares que permiten obtener las 5 partes iguales. En la última imagen se representa la fracción 2/5.

Si quisiéramos dividir el cuadrado de papel en 3 partes iguales, el procedimiento se simplifica porque solo tendríamos que dividirlo en 4 rectángulos iguales.

Figura 2. Procedimiento para dividir un cuadrado de papel en 3 rectángulos iguales mediante pliegues. Primero se divide el cuadrado en 4 rectángulos iguales (al ser la primera potencia de 2 superior a 3), después se une el vértice inferior izquierdo con el punto correspondiente a la tercera marca del lado superior contando desde la izquierda y se dobla el papel siguiendo esa línea. Este pliegue corta a los pliegues verticales iniciales en 2 puntos y, a partir de ellos, se realizan 2 pliegues perpendiculares que permiten obtener las 3 partes iguales. En la última imagen se representa la fracción 2/3.

Pero aún hay más. Si combinamos pliegues en dos direcciones (por ejemplo, 8 divisiones en vertical y 5 en horizontal), obtenemos una cuadrícula de 40 partes iguales (ver imagen 3 de la Figura 1). Así, representar una fracción como 15/40 deja de parecer imposible: basta con colorear 15 de estas pequeñas celdas.

Además, esta construcción permite visualizar algo que normalmente se enseña de forma abstracta: el producto de fracciones. Por ejemplo, 15/40 puede entenderse como el resultado de multiplicar 5/8 por 3/5. Al colorear ambas fracciones en direcciones distintas, las zonas que coinciden son exactamente 15 (Figura 3).

Figura 3. Actividad realizada por un grupo de estudiantes del Grado en Educación Primaria de la URJC (Semana de la cultura URJC 2024): representación del producto de fracciones 5/8 × 3/5 mediante origami. En la imagen de la izquierda, colorean las áreas correspondientes a ambas fracciones, obteniendo 15/40 como resultado sin simplificar. En la imagen de la derecha, observan que esas mismas 15 celdas equivalen a 3/8 del cuadrado total, ya que completan exactamente tres de los ocho rectángulos generados por los pliegues iniciales.

Lo que sobre el cuaderno es una operación, aquí se convierte en una experiencia visual.

2. Geometría escondida en un comecocos de papel

El clásico comecocos esconde más matemáticas de las que parece. Al construirlo y luego deshacer los pliegues, aparece una malla formada por 32 triángulos iguales (Figura 4). Esa estructura permite trabajar con fracciones (por ejemplo, para representar 7/32 bastaría con pintar 7 de los 32 triángulos), pero también con figuras geométricas. Siguiendo las líneas de los pliegues, el alumnado puede construir triángulos, rombos, romboides y trapecios.

También se puede trabajar el concepto de área. Durante la construcción del comecocos se generan cuadrados sucesivos, cada vez más pequeños. Al compararlos, se observa que el segundo tiene la mitad del área del primero, y el tercero, la cuarta parte del primero y la mitad del área del segundo. Para demostrarlo basta con ver la fracción que representa cada uno de estos cuadrados contando triángulos en la malla final (Figuras 4 y 5).

Figura 4. Pliegues obtenidos tras la construcción del comecocos.

Figura 5. Pliegues obtenidos tras la construcción del comecocos reproducidos con GeoGebra. En la primera iteración, el cuadrado formado está compuesto por 16 de los 32 triángulos totales (la mitad). En la segunda iteración, el cuadrado contiene 8 triángulos, lo que corresponde a una cuarta parte del total y a la mitad de los triángulos del cuadrado anterior.

3. Del plano al espacio

El origami también permite ir más allá del plano. Con distintas técnicas se pueden construir polígonos y poliedros regulares (Figura 6).

Figura 6. Actividades realizadas por un grupo de estudiantes del Grado en Educación Infantil de la URJC en la asignatura Desarrollo del pensamiento matemático: de izquierda a derecha, pentágonos regulares, hexágonos regulares y cubos elaborados mediante origami a partir de un cuadrado de papel.

En algunos casos, se utilizan pequeños módulos de papel que luego se ensamblan para formar estructuras tridimensionales más complejas. Esta técnica se conoce como origami modular.

Cubo Sonobe elaborado mediante origami modular.
Dodecaedro elaborado mediante origami modular.

El valor del origami en el aula

El origami favorece habilidades como la concentración, la memoria, la visualización espacial o el razonamiento lógico y secuencial, permitiendo a los estudiantes explorar y comprender conceptos de forma práctica y entretenida.

Incorporarlo en la enseñanza de las matemáticas no significa renunciar al rigor ni sustituir el lenguaje simbólico: significa ampliarlo y enriquecerlo.




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Su accesibilidad lo hace especialmente valioso, ya que no se requieren materiales complejos ni tecnología avanzada, lo que permite implementarlo en cualquier aula. Pero la verdadera transformación no reside en el papel, sino en la manera de enseñar; en entender que las matemáticas no son solo cálculos y fórmulas, sino también algo que se puede construir con las manos.

Por eso, para que esta innovación tenga un impacto real, debe formar parte de la formación inicial del profesorado. Es importante que los docentes comprendan el sentido y la fundamentación didáctica de estas estrategias, así como su capacidad para generar un aprendizaje activo y duradero.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Una hoja de papel como herramienta de aprendizaje: origami y matemáticas – https://theconversation.com/una-hoja-de-papel-como-herramienta-de-aprendizaje-origami-y-matematicas-271769

El cambio climático aumenta la vulnerabilidad de América Latina a grandes apagones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Felipe Celeita Rodríguez, Profesor Asociado, Director de Proyección y Relacionamiento, Facultad de Ingeniería, Universidad de La Sabana

Vista aérea de la presa hidroeléctrica de Itaipu en el río Paraná, en la frontera entre Paraguay y Brasil, una de las más grandes del mundo. Jose Luis Stephens/Shutterstock

América Latina nunca había tenido el panorama tan claro para la integración de nuevas fuentes, la digitalización y la interconexión de sus sistemas eléctricos. Las redes inteligentes (smart grids), las subestaciones digitales –infraestructuras modernizadas con equipos inteligentes para monitorizar y controlar la red en tiempo real– y la integración de energías renovables están transformando la forma en que se genera, transporta y consume electricidad en la región.

Sin embargo, y al mismo tiempo, su territorio no había enfrentado simultáneamente tantos factores de riesgo climático y operativo. Y la posibilidad de un nuevo fenómeno de El Niño de gran intensidad vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿pueden las redes modernas evitar grandes apagones en escenarios climáticos extremos?

Apagones recurrentes en diferentes países

Los cortes masivos de energía sufridos el año pasado muestran que incluso sistemas altamente modernizados siguen siendo vulnerables. En febrero de 2025, Chile sufrió uno de los mayores apagones de su historia reciente, afectando más del 90 % de los usuarios del país y paralizando temporalmente sectores estratégicos como la minería. Mientras, Puerto Rico continúa enfrentando interrupciones recurrentes tras años de fragilidad acumulada en su infraestructura eléctrica.

Centroamérica también ha experimentado apagones regionales provocados por fallas en líneas de transmisión interconectadas. Incluso Europa, con algunas de las redes más robustas del mundo, ha enfrentado episodios de inestabilidad asociados a múltiples causas como olas de calor, alta penetración renovable y estrés operativo.




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La paradoja es que los sistemas eléctricos modernos son más inteligentes, pero también más complejos y sensibles a perturbaciones en cascada. La transición energética y las redes inteligentes no eliminan el riesgo de apagones; en algunos escenarios climáticos extremos podrían incluso aumentar la complejidad y vulnerabilidad del sistema. En una región donde países como Colombia dependen fuertemente de la hidroelectricidad y del gas natural, la combinación entre sequías severas, eventos climáticos extremos y sistemas cada vez más interconectados podría redefinir el concepto de seguridad energética en las próximas décadas.

A corto plazo, la combinación entre una menor disponibilidad de energía firme –la electricidad que el sistema puede garantizar de forma continua y segura incluso durante sequías o condiciones climáticas adversas–, el aumento de la demanda y la vulnerabilidad climática vuelven a traer sobre Colombia una sombra que parecía lejana desde el apagón de 1992. Y que tendrá en vilo a la nación en los próximos meses ante el riesgo de desabastecimiento, como ha reconocido el Ministerio de Minas y Energía.

El cambio climático está redefiniendo el riesgo de un apagón

América Latina posee una de las matrices eléctricas más renovables del mundo y lidera globalmente la integración de energías limpias en el sector eléctrico. La hidroelectricidad, que actualmente representa cerca del 40 % de la generación regional, ha sido históricamente la columna vertebral del sistema energético latinoamericano y continuará desempeñando un papel clave en la transición energética de la región.

En países andinos y amazónicos, grandes embalses han sostenido durante décadas el crecimiento energético regional y permitido reducir la dependencia de combustibles fósiles. Sin embargo, esta ventaja también ha creado una vulnerabilidad estructural: cuando las lluvias disminuyen y los embalses pierden capacidad aunque la demanda sigue creciendo, buena parte del sistema eléctrico entra en tensión.

Estudios recientes advierten que el cambio climático está alterando los patrones de precipitación y aumentando la frecuencia e intensidad de eventos extremos asociados a sequías prolongadas, registrando picos de temperatura de más de 44 °C en el 2025 en Brasil y Paraguay.

Producción de energía eléctrica por fuente en Colombia medida en teravatios-hora.
Producción de energía eléctrica por fuente en Colombia medida en teravatios-hora.
Our World in Data, CC BY

Colombia es uno de los ejemplos más representativos de esta dependencia, ubicado en el top 3 de países en la región. Cerca de dos tercios de su generación provienen de centrales hidroeléctricas, altamente sensibles a fenómenos climáticos como El Niño, de ahí la urgencia en la diversificación. El país ya experimentó una crisis energética en 1992 y volvió a enfrentar una situación crítica durante la sequía de 2015–2016, cuando la caída de los niveles de los embalses coincidió con problemas operativos en plantas térmicas de respaldo. Centrales que generan electricidad utilizando combustibles como gas, carbón o diésel y que se activan cuando las fuentes hidráulicas no son suficientes.

Resulta una ironía que sean estos combustibles fósiles los que muchas veces terminan evitando racionamientos y apagones durante las temporadas secas.




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Las consecuencias de fenómenos cada vez más extremos

La preocupación es que estas condiciones podrían intensificarse en las próximas décadas. El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación en embalses y acelera el estrés hídrico en regiones ya vulnerables, como el Caribe colombiano, Chile central, Venezuela y el nordeste brasileño. Investigaciones climáticas recientes muestran que la combinación entre sequías más severas, cambios en los patrones de lluvia y eventos extremos más frecuentes podría reducir la confiabilidad de la generación hidroeléctrica en varios países sudamericanos.

Pero el problema ya no es únicamente de los embalses. Cuando disminuye la generación hidroeléctrica, los países deben recurrir con mayor intensidad a las plantas térmicas de respaldo, especialmente las que dependen de gas natural. En el caso colombiano, esto ocurre en un contexto de creciente presión sobre la disponibilidad de gas, pasando de productores a dependientes de importación de gas con altos costos internacionales y limitaciones en infraestructura de importación y regasificación.

Generación hidroeléctrica en Suramérica y países seleccionados
Generación hidroeléctrica en Suramérica y países seleccionados.
Our World in Data, CC BY

El desafío de la transición energética no es solo generar energía limpia, sino garantizar energía firme y resiliente bajo condiciones climáticas extremas ante una demanda que no se detiene. Chile, Brasil, Argentina y México lideran la integración de fuentes solares y eólicas en su matriz. Sin embargo Colombia y Venezuela, altamente dependiente de las plantas hidroeléctricas, han tenido un ritmo notablemente menor en la aceleración e implementación de estos proyectos.

Participación de energía solar y eólica en la generación eléctrica en Suramérica y países seleccionados
Participación de energía solar y eólica en la generación eléctrica en Suramérica y países seleccionados.
Our World In Data, CC BY

Las redes inteligentes también pueden ser frágiles

Durante años, la modernización de los sistemas eléctricos se ha asociado con una mayor capacidad de respuesta y confiabilidad. Además, la integración de energías renovables, almacenamiento y generación distribuida está cambiando la arquitectura tradicional de los sistemas eléctricos en todo el mundo.




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Esta transformación también está aumentando la complejidad operativa. Las redes modernas deben coordinar múltiples fuentes intermitentes, responder rápidamente a cambios en la demanda y mantener estabilidad en escenarios cada vez más dinámicos. Incluso pequeñas perturbaciones pueden propagarse rápidamente a través de sistemas altamente interconectados y desencadenar fallas en cascada.

Esto ya ha ocurrido en varios países. El apagón regional de Argentina, Uruguay y Paraguay en 2019 mostró cómo una combinación de fallas operativas y problemas de coordinación puede desconectar millones de usuarios en cuestión de segundos. Algo similar ocurrió en Centroamérica, donde fallas en líneas de transmisión interconectadas provocaron apagones simultáneos en varios países.

En sistemas altamente digitalizados, con integración de sistemas HVDC producto de la conexión de grandes fuentes renovables, la velocidad de operación, protección y automatización se debe estudiar en detalle con suficientes escenarios. Esto es así porque los efectos también pueden amplificar ciertos eventos antes de que los operadores humanos logren reaccionar completamente, particularmente en grandes líneas de transmisión así se cuente con la tecnología más reciente para su teleprotección o esquemas avanzados con ondas viajeras.

Las redes eléctricas modernas son más inteligentes, pero también más sensibles a condiciones extremas y eventos simultáneos. La creciente penetración de generación renovable, además del aumento de la electrificación y la dependencia de sistemas digitales, hacen que la resiliencia ya no dependa únicamente de generar suficiente energía. Ahora también está sujeta a la capacidad del sistema para anticipar perturbaciones, adaptarse rápidamente y evitar que pequeñas fallas se conviertan en apagones masivos.




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El desafío ya no es solo generar energía

Nada de lo anterior significa que la transición energética deba frenarse, todo lo contrario, bajo un marco claro de regulación debería motivar su rápida adopción. América Latina necesita acelerar la incorporación de energías renovables para diversificar su matriz energética y disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados. Además, tecnologías como el almacenamiento energético, la digitalización y las redes inteligentes pueden mejorar significativamente la eficiencia y flexibilidad del sistema eléctrico.

Sin embargo, la discusión energética ya no puede centrarse únicamente en cuántos megavatios nuevos se instalan. El verdadero desafío es construir sistemas capaces de operar de forma segura bajo escenarios climáticos extremos, incertidumbre hidrológica y condiciones operativas cada vez más complejas. Esto implica fortalecer la transmisión, diversificar fuentes de respaldo, expandir la infraestructura de gas y almacenamiento, e incorporar herramientas avanzadas de monitoreo y análisis predictivo.

Retos y habilitadores de redes inteligentes bajo escenarios climáticos extremos.
Elaboración propia

Los sistemas eléctricos del futuro deberán ser capaces no solo de producir energía limpia, sino también de recuperarse rápidamente ante eventos extremos y mantener estabilidad en medio de condiciones cambiantes. La pregunta ya no es si ocurrirán nuevos apagones, sino qué tan preparados estarán los sistemas eléctricos para anticiparlos, contenerlos y recuperarse rápidamente cuando ocurran.

The Conversation

David Felipe Celeita Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El cambio climático aumenta la vulnerabilidad de América Latina a grandes apagones – https://theconversation.com/el-cambio-climatico-aumenta-la-vulnerabilidad-de-america-latina-a-grandes-apagones-259429

Cuando la sospecha se vuelve costumbre: anatomía de la desconfianza social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Consuelo Martínez Priego, Profesora y codirectora del Centre for Character and Human Growth, Universidad Villanueva

Hasta ahora, la vida en sociedad se ha basado en la confianza que nos profesamos mutuamente. Dutch_Photos/Shutterstock

Todos hemos notado que el ambiente ha cambiado en la calle y en la sociedad durante las últimas décadas. No es tan común que los niños vayan solos al colegio –ni que todo el vecindario esté pendiente de su recorrido–, que la gente se relacione de forma cercana con quienes habitan su mismo edificio o que hablemos de forma cándida con un desconocido. De forma orgánica parecemos estar más a la defensiva.

El siglo XXI comenzó con una llamada de atención del sociólogo Zygmunt Bauman: las relaciones interpersonales se han vuelto líquidas. Eso significa que nos cuesta comprometernos, conservar nuestros vínculos personales o ser plenamente generosos en ellos. Y además, en 2026, el mundo parece haberse vuelto más ideológico y polarizado (al estilo de los totalitarismos del siglo XX). En el ámbito social, e incluso familiar, la premisa es, en numerosas ocasiones, la “desconfianza”.

El tránsito del escepticismo a la sospecha horizontal

Tradicionalmente, la teoría social distinguía entre la confianza institucional y la interpersonal. La primera se quiebra cuando percibimos que las estructuras de poder actúan sin integridad, permitiendo que la corrupción permee las esferas públicas. Por ejemplo, en Europa vivimos una realidad que peligrosamente se aproxima a ese rechazo a las instituciones, pero todavía estamos lejos de la desconfianza que pueden provocar algunos regímenes autoritarios que basan sus interacciones con los ciudadanos en un intercambio de intereses por necesidades (como se ve, por ejemplo, en el Brasil de la dictadura retratado en la película El agente secreto).

Sin embargo, el fenómeno contemporáneo más alarmante es que este recelo se haya desplazado hacia el plano horizontal. La dinámica social ha hecho que la desconfianza exceda hoy el ámbito político (cuyo máximo exponente es la dinámica de partidos) y mediático (la prevalencia de las fake news) para recaer directamente sobre el “otro”, que aparece como amenaza latente.

Este deterioro de la disposición a cooperar con desconocidos, o a interpretar al discrepante con buena fe, dificulta los vínculos sociales básicos, la amistad cívica y, en definitiva, la cohesión social. Varios análisis e investigaciones han documentado precisamente cómo la “vida en la mentira” y la delación obligatoria destruyen la psique colectiva.

En la actualidad, aunque en la mayoría de los países de Occidente no vivimos bajo sistemas totalitarios, la polarización afectiva genera una dinámica de vigilancia en la que el odio y el miedo predominan sobre el reconocimiento mutuo.

La simplificación algorítmica y el refugio en el grupo

La desconfianza social es un fenómeno cultural y afectivo alimentado por las redes sociales. La investigación sociológica reciente indica que la identidad grupal y los afectos partidistas distorsionan nuestra percepción de los hechos. Los algoritmos de recomendación refuerzan la pertenencia al grupo propio y favorecen la circulación de contenidos engañosos que validan nuestros sesgos y prejuicios.

Desde una perspectiva psicológica, la desconfianza primero y la polarización extrema después se apoyan en narrativas binarias nosotros/ellos que simplifican la complejidad social. Esta clasificación de las personas nos previene ante quien no comparte nuestras etiquetas, un fenómeno que ha penetrado incluso en el ámbito familiar, donde las diferencias obligan al silencio o rompen vínculos primarios.

La trampa de la ingenuidad y el valor de la vulnerabilidad

Por otro lado, cuando sustituimos la pregunta sobre la identidad (“¿quién eres?”) por la pregunta del bando (“¿de qué lado estás?”), la vida común se empobrece drásticamente. El otro queda “cosificado”, lo encajonamos en derecha o izquierda, conservador o progresista, ecologista o maltratador, pacifista o beligerante.

Confiar es una forma de reconocer al otro como persona y no como un mero portador de intereses o etiquetas. No conviene, sin embargo, confundir confianza con ingenuidad. Confiar requiere pensar, analizar y contrastar las ideas con la realidad. Usar la razón es ser capaz de distinguir.

Es cierto también que la confianza interpersonal implica correr riesgos y aceptar una dosis de vulnerabilidad; es decir, exponerse a que el otro no responda según nuestras expectativas. Sin embargo, esta exposición es necesaria para el crecimiento personal, pues la soledad radical es incompatible con la condición humana.

Propuestas para una recomposición ética

El proceso de la desconfianza interpersonal no es irreversible, aunque las soluciones no son de índole técnica, sino profundamente éticas. La recomposición del tejido social debe abordarse, al menos, desde tres lugares complementarios:

  1. Las instituciones: es necesario contar con reglas estables, rendición de cuentas y una efectiva separación de poderes que garanticen el funcionamiento predecible del sistema.

  2. El entorno cultural: debemos ir hacia un modelo que priorice la libertad de expresión y de conciencia evitando que la sospecha sea la norma de juicio previa a cualquier diálogo.

  3. La educación: esta es la vía más eficaz y, a menudo, la más descuidada. Se trata de formar personas con disposición a colaborar siendo ellas mismas confiables, es decir, con virtudes. Educar en la virtud significa enseñar a gobernar una reacción impulsiva, a no tomar por absoluta la primera impresión y a sostener conversaciones exigentes sin que degeneren en enemistad.

Así, podremos comprender que nadie tiene la verdad absoluta, pero que todos podemos compartir “verdades” que son universales. La virtud educa los sentimientos, confirmando que una vida buena es posible a través del respeto y la justicia. Reconocer al otro como “otro yo” es base de la confianza y la amistad cívica.

The Conversation

Consuelo Martínez Priego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la sospecha se vuelve costumbre: anatomía de la desconfianza social – https://theconversation.com/cuando-la-sospecha-se-vuelve-costumbre-anatomia-de-la-desconfianza-social-279053

El extraño descubrimiento que podría cambiar lo que sabemos sobre exoplanetas oceánicos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Imagen artística de un exoplaneta. Bhautik Patel (@bhautik_patel3), CC BY

Durante años, algunos de los exoplanetas más intrigantes descubiertos por los astrónomos parecían auténticos mundos cubiertos por océanos globales. Eran más grandes que la Tierra pero menos densos que los planetas rocosos conocidos, una combinación que muchos investigadores interpretaron como señal de enormes cantidades de agua bajo atmósferas densas.

Ahora, un nuevo estudio propone una idea sorprendente: muchos de esos supuestos “mundos oceánicos” podrían no estar dominados por agua, sino por materiales ricos en carbono, similares al hollín o a los compuestos orgánicos presentes en algunos cometas. Esta nueva hipótesis podría obligar a replantear parte de lo que creemos saber sobre la diversidad de planetas de nuestra galaxia.

Imagen artística de un mundo oceánico.
Pablo Carlos Budassi, CC BY

¿Qué es un “planeta de hollín”?

El término puede sonar extraño, pero no se refiere a planetas cubiertos de ceniza negra. En astronomía, el hollín describe materiales orgánicos sólidos ricos en carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno (los llamados compuestos CHON), presentes también en meteoritos primitivos y en algunos cuerpos helados del Sistema Solar.

Según el nuevo modelo, estos materiales podrían acumularse masivamente durante la formación de ciertos planetas. El resultado serían mundos relativamente ligeros y poco densos, muy parecidos –al menos desde la distancia– a los planetas ricos en agua que los astrónomos creían haber encontrado.

Los meteoritos ricos en compuestos orgánicos, como el célebre Murchinson (foto), muestran vetas oscuras ricas en compuestos orgánicos y minerales primitivos. Son, probablemente, la mejor analogía visual del hollín planetario.
user/Basilicofresco, CC BY

El problema es que, en la mayoría de los casos, los investigadores solo pueden medir dos propiedades fundamentales de un exoplaneta: su masa y su tamaño. A partir de esos datos calculan su densidad media e intentan inferir de qué está hecho. Esto se traduce en que distintos materiales pueden producir densidades similares, de manera que un planeta con enormes cantidades de agua y otro dominado por compuestos carbonosos podrían parecer prácticamente idénticos en las observaciones actuales.

El origen de la idea: la “línea de hollín”

La hipótesis no apareció de la nada. Ya en 2023 varios investigadores habían propuesto que, además de la famosa “línea de nieve” (frost line) –es decir, la región del disco protoplanetario (disco de gas y polvo alrededor de una estrella joven del que se forman planetas) donde el agua puede congelarse– debía existir también una “línea de hollín” (soot line).

Dentro de esa frontera, las altas temperaturas destruyen los compuestos orgánicos sólidos. Más allá, estos materiales sobreviven y pueden incorporarse masivamente a los planetas en formación. Según los modelos recientes, muchos subneptunos (planetas más grandes que la Tierra y más pequeños que Neptuno) podrían haberse formado precisamente en esa región intermedia: demasiado cálida para acumular grandes cantidades de hielo, pero perfecta para retener carbono sólido.

Esquema de un disco protoplanetario alrededor de una estrella en formación.
NASA/JPL-Caltech, InvaderXan

Eso tendría consecuencias enormes. Significaría que buena parte de los mundos clasificados hasta ahora como “oceánicos” podrían ser, en realidad, planetas ricos en carbono.

El papel del telescopio James Webb

La discusión ha cobrado fuerza gracias al telescopio espacial James Webb, que está revolucionando el estudio de atmósferas planetarias.

Cuando un exoplaneta pasa delante de su estrella, parte de la luz estelar atraviesa su atmósfera antes de llegar a nosotros. Analizando esa luz, los astrónomos pueden identificar moléculas concretas a partir de sus firmas espectrales.




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En los últimos años, el Webb ha detectado metano, dióxido de carbono y otros compuestos en varios exoplanetas considerados candidatos a “mundos oceánicos”. Uno de los casos más famosos es K2-18b, situado a unos 120 años luz de la Tierra. Sus observaciones llevaron a algunos investigadores a proponer que podría tratarse de un planeta cubierto por océanos bajo una atmósfera rica en hidrógeno.

Telescopio James Webb.
ESA

Sin embargo, el nuevo estudio plantea otra interpretación. Una atmósfera rica en metano y carbono también podría ser coherente con un planeta formado mayoritariamente por compuestos orgánicos sólidos, no necesariamente por agua.

Además, los investigadores creen que estos mundos podrían generar densas neblinas fotoquímicas, similares a las de Titán, la luna de Saturno. De hecho, algunos estudios recientes sugieren que muchos espectros “planos” observados por el Webb podrían deberse precisamente a este tipo de atmósferas cargadas de hidrocarburos.

Mundos de grafito… y quizá diamantes

Las implicaciones geológicas también son fascinantes. Bajo enormes presiones, el carbono acumulado en el interior de estos planetas podría transformarse en grafito o incluso en diamante. Algunos modelos plantean mantos parcialmente compuestos por materiales carbonosos capaces de alterar radicalmente la conductividad térmica y la dinámica interna del planeta.

Eso podría afectar incluso a la existencia de campos magnéticos o a la actividad volcánica. En 2026, el descubrimiento de exoplanetas con atmósferas extremadamente ricas en azufre y océanos globales de magma ha reforzado la idea de que la diversidad planetaria es mucho mayor de lo que se pensaba hace apenas una década.

¿Qué implica para la búsqueda de vida?

El hallazgo también afecta a una de las grandes preguntas de la astronomía moderna: cuántos planetas potencialmente habitables existen en la galaxia.

Hasta ahora, detectar indicios relacionados con agua convertía automáticamente a un exoplaneta en un objetivo prioritario para la astrobiología. Pero si parte de esas señales pueden explicarse también mediante mundos ricos en carbono, será necesario reinterpretar algunos resultados recientes.

Eso no significa necesariamente que estos planetas sean estériles. Al contrario: podrían poseer químicas orgánicas extraordinariamente complejas, ricas en hidrocarburos y moléculas prebióticas.

Por ahora, la hipótesis sigue abierta. Harán falta observaciones más precisas y futuros telescopios capaces de estudiar atmósferas exoplanetarias con mucho más detalle.

Pero el mensaje ya es claro: cuanto más aprendemos sobre los planetas fuera del Sistema Solar, más evidente resulta que la galaxia contiene mundos mucho más extraños y diversos de lo que habíamos imaginado.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El extraño descubrimiento que podría cambiar lo que sabemos sobre exoplanetas oceánicos – https://theconversation.com/el-extrano-descubrimiento-que-podria-cambiar-lo-que-sabemos-sobre-exoplanetas-oceanicos-283615

Ebola : comment expliquer cette nouvelle flambée, malgré les vaccins qui ont amélioré la lutte contre les épidémies

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jean-Daniel Lelièvre, PU-PH Professeur d’immunologie, directeur du département clinique du VRI – Expert vaccin HAS, OMS, EMA, Université Paris-Est Créteil Val de Marne (UPEC)

Une épidémie préoccupante du virus Ebola sévit depuis avril 2026 en République démocratique du Congo et en Ouganda. Alors qu’il existe aujourd’hui un vaccin recommandé par l’Organisation mondiale de la santé en cas d’épidémie, comment expliquer cette nouvelle flambée ? On fait le point.


L’épidémie actuelle d’Ebola rappelle à quel point le virus responsable de cette infection reste une menace sanitaire majeure. Ainsi, une nouvelle flambée majeure liée au virus Ebola Bundibugyo (BDBV) est en cours depuis avril 2026 dans l’est de la République démocratique du Congo et en Ouganda.

Selon les derniers chiffres disponibles au 19 mai 2026, plus de 500 cas suspects ont été recensés et au moins 131 décès rapportés.

Une flambée favorisée par plusieurs facteurs

Un retard initial au diagnostic semble avoir joué un rôle important dans la flambée actuelle. Les premières techniques utilisées – qui procèdent par séquençage du matériel génétique du virus (techniques PCR) – sont optimisées pour la détection du virus Ebola Zaïre (EBOV), historiquement responsable de la majorité des grandes épidémies, et se révèlent moins performantes pour identifier rapidement l’espèce BDBV responsable de cette nouvelle épidémie. Ce délai diagnostique a probablement favorisé une circulation silencieuse du virus pendant plusieurs semaines avant la confirmation officielle des premiers cas.

La maîtrise de l’épidémie est également rendue compliquée par le contexte sécuritaire extrêmement dégradé dans l’est de la République démocratique du Congo. Les provinces concernées sont marquées depuis plusieurs années par des conflits armés impliquant de nombreux groupes rebelles, des déplacements massifs de populations, une forte défiance envers les autorités et les acteurs internationaux, ainsi qu’un accès limité aux structures de soins.




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Cette situation n’est pas nouvelle et rappelle les importantes difficultés rencontrées lors des précédentes épidémies d’Ebola dans les régions du Nord-Kivu et de l’Ituri, entre 2018 et 2020, où les violences armées avaient considérablement entravé les efforts de contrôle de l’épidémie.

Depuis la découverte du virus en 1976 au Zaïre, Ebola reste associé à des images d’épidémies fulgurantes, d’isolement des patients et de mortalité très élevée. Il existe pourtant plusieurs vaccins contre le virus Ebola et il semblerait licite de penser que la vaccination pourrait contrôler ces épidémies. La réalité est plus complexe…

Plusieurs virus Ebola avec des impacts différents

Il est important tout d’abord de rappeler qu’il n’existe pas « un » virus Ebola, mais plusieurs espèces différentes, dont la gravité et la capacité à provoquer des épidémies humaines varient fortement, comme l’indique le Tableau 1 ci-dessous « Épidémiologie et mortalité des virus Ebola chez l’humain »).

Les filovirus responsables d’Ebola comprennent ainsi cinq espèces : Ebola Zaïre (EBOV), Sudan (SUDV), Bundibugyo (BDBV), Taï Forest (TAFV) et Reston (RESTV). Ces différentes espèces sont capables d’infecter l’humain. Toutefois, seules trois d’entre elles – EBOV, SUDV et BDBV – ont été responsables d’épidémies plus ou moins importantes.

Si la transmission interhumaine de ces trois espèces est globalement identique, leur létalité, qui reste élevée dans tous les cas, peut varier considérablement (Tableau 1).

Le virus Reston représente un cas particulier. Il a d’abord été identifié chez des singes macaques puis chez des personnes exposées à ces animaux, mais sans provoquer chez l’humain de fièvre hémorragique ni de maladie sévère documentée.

Enfin, le virus Bombali, récemment identifié chez des chauves-souris en Afrique, n’a à ce jour été associé à aucun cas humain, même si son potentiel zoonotique fait l’objet d’une surveillance attentive.

L’épidémie de 2013-2016, un accélérateur du développement vaccinal

Avant 2014, plusieurs vaccins anti-Ebola existaient déjà en laboratoire, mais aucun n’avait été développé à grande échelle. La violence de l’épidémie en Afrique de l’Ouest de 2013-2016, liée à l’espèce Zaïre du virus d’Ebola, avec 28 000 cas et plus de 11 000 décès a profondément modifié la situation.

Les recherches menées chez l’animal et chez l’humain ont montré que les anticorps dirigés contre une protéine située à la surface du virus (la glycoprotéine d’enveloppe) jouent un rôle central dans la protection contre Ebola. Plus le taux d’anticorps neutralisants est élevé, plus la probabilité de survie augmente dans les modèles expérimentaux. Ces anticorps empêchent le virus d’entrer dans les cellules. C’est sur cette base qu’a été développée le vaccin Erbevo.

Le vaccin qui a finalement transformé la lutte contre Ebola est le rVSV-ZEBOV, Ervebo, qui est un vecteur viral qui a été modifié pour exprimer la glycoprotéine de surface du virus Ebola Zaïre (cf. Tableau 2 « Principaux vaccins et candidats vaccins contre les virus Ebola »). (Un vaccin à vecteur viral utilise un virus non pathogène pour déclencher la réponse immunitaire qui permet à l’organisme de se défendre contre la maladie ciblée par le vaccin, ndlr).

D’autres vecteurs viraux ont reçus également des autorisations. Le vaccin Zabdeno est le deuxième vaccin homologué par l’OMS contre le virus Ebola. Toutefois, son autorisation de mise sur le marché repose sur une utilisation combinée avec un autre vaccin – Mvabea. Cette stratégie qui repose sur l’utilisation de deux vaccins administrés de manière séquentielle (56 jours d’écart). A noter que cette combinaison vaccinale est dirigée contre différentes espèce de virus Ebola (Zaïre, Soudan et Thaï Forest) ainsi que celles d’un virus proche, celui de Marburg (le tableau ci-dessous n’indique que sa protection contre le virus Zaïre d’Ebola, ndlr).

Un vaccin recommandé pour réagir vite en cas d’épidémie

Pour pouvoir être utilisés lors d’une épidémie, ces candidats vaccins devaient répondre à des critères contenus dans des documents appelés « Preferred Product Characteristics » (PPC) and « Target Product Profiles » (TPP).

Ceux-ci incluent notamment :

  1. le délai d’obtention d’une réponse qui dans le cas d’Ebola doit être idéalement de moins de 7 jours et en tout cas inférieur à quatorze jours ;

  2. un régime vaccinal ne comportant qu’une seule dose de vaccin.

L’efficacité du vaccin Erbevo, qui répond à ces critères, a été démontrée avec l’essai « Ebola, Ça Suffit », mené en Guinée, comportant une stratégie dite de « vaccination en anneau » : lorsqu’un cas était diagnostiqué, les contacts du patient et les contacts des contacts étaient vaccinés rapidement afin de bloquer la transmission. L’utilisation de ce vaccin a contribué au contrôle des flambées épidémiques survenues ultérieurement en RDC. La combinaison Zabedno/Mvabea, elle, ne peut être utilisée dans ce contexte.

Il est important ici de signaler qu’il existe des différences génétiques importantes entre les différentes espèces de virus Ebola. Ces différences expliquent qu’un vaccin dirigé contre les souches Zaïre protège mal contre les souches Soudan ou Bundibugyo. C’est pourquoi les mêmes types de plateformes ont été utilisés pour développer des vaccins espèces spécifiques (Tableau 2). Le niveau de développement de ces derniers n’est toutefois pas aussi avancé que celui des vaccins contre la souche Zaïre (Tableau 2).

Ainsi, si des stocks internationaux de plusieurs centaines de milliers de doses d’Ervebo existent aujourd’hui sous coordination internationale, avec un stockage centralisé pour permettre un déploiement rapide lors des épidémies. Aucun vaccin homologué n’est actuellement disponible contre les souches Soudan d’Ebola SUDV – même si plusieurs candidats vaccinaux (rVSV-SUDV ou cAd3-SUDV) existent sous forme de lots cliniques potentiellement mobilisables dans un contexte épidémique sous coordination de l’OMS. Quant aux vaccins contre BDBV, ils n’ont pas dépassé le stade de la recherche chez l’animal.

Les vaccins contre Ebola : un défi politique plutôt que scientifique ?

Mais le principal défi des vaccins contre Ebola n’est probablement plus aujourd’hui scientifique mais politique et stratégique. Les vaccins actuellement disponibles contre l’espèce Ebola Zaïre ont démontré leur efficacité, y compris en situation d’épidémie active. Le vaccin recombinant Ervebo induit rapidement une protection après une seule injection, ce qui le rend particulièrement adapté aux stratégies de vaccination en anneau.

L’étude PREVAC a par ailleurs montré des réponses immunitaires détectables dès J14 (quatorze jours après la vaccination) et maintenu au moins jusqu’à douze mois, avec des données suggérant une protection au long cours (mémoire immunitaire cellulaire persistante) notamment chez l’enfant, que ce soit avec le vaccin Ervebo ou la combinaison Zabdeno + Mvabea.

La principale limite de ces vaccins reste logistique. Le vaccin Ervebo nécessite une conservation entre – 80 °C et – 60 °C, ce qui impose une chaîne du froid complexe dans des régions souvent caractérisées par des infrastructures sanitaires fragiles. La combinaison vaccinale Zabdeno + Mvabea présente des contraintes un peu moins importantes, mais reste également difficile à déployer à grande échelle dans certaines zones rurales.

L’histoire récente d’Ebola souligne surtout le retard des investissements internationaux. Alors que les premières épidémies ont été décrites dès 1976, il a fallu attendre la crise majeure de 2014–2016 pour accélérer le développement vaccinal. Pourtant, le candidat rVSV-ZEBOV existait déjà depuis le début des années 2000. Comme souvent pour les maladies émergentes, l’absence de marché stable et le caractère imprévisible des épidémies ont freiné les investissements avec des coûts de développement pouvant atteindre plusieurs centaines de millions de dollars, voire approcher le milliard.

Prévenir demain de nouvelles flambées

La question centrale est désormais celle de l’anticipation. Les vaccins disponibles ciblent les souches Zaïre d’Ebola (EBOV), alors que d’autres souches pathogènes comme les souches Soudan (SUDV) ou Bundibugyo (BDBV) continuent de provoquer des flambées sans vaccin homologué disponible. Il devient donc nécessaire de réfléchir au développement de vaccins couvrant l’ensemble des espèces pathogènes d’Ebolavirus, mais aussi de mettre en place une vaccination hors périodes épidémiques dans certaines zones d’endémie ou chez des populations particulièrement exposées, ce que permet a priori la durée de protection observable avec les vaccins actuels.

L’histoire récente d’Ebola montre néanmoins qu’une maladie longtemps considérée comme quasiment incontrôlable dispose désormais d’outils capables de modifier concrètement le cours des épidémies humaines.

Prévenir demain de nouvelles flambées majeures nécessitera une volonté politique durable, un engagement coordonné de la communauté internationale pour financer la recherche, produire et stocker des vaccins en quantité suffisante, mais également renforcer les systèmes de santé locaux, améliorer les capacités diagnostiques et maintenir une surveillance épidémiologique optimale avant de prévenir les épidémies ou les contrôler rapidement.


Le Pr Lelièvre a été co-investigateur coordonnateur d’un essai clinique visant à étudier les vaccins Ad26.ZEBOV/MVA-BN-Filo en Europe.

The Conversation

Le Pr Lelièvre a été co-investigateur coordonnateur d’un essai clinique visant à étudier les vaccins Ad26.ZEBOV/MVA-BN-Filo en Europe._

ref. Ebola : comment expliquer cette nouvelle flambée, malgré les vaccins qui ont amélioré la lutte contre les épidémies – https://theconversation.com/ebola-comment-expliquer-cette-nouvelle-flambee-malgre-les-vaccins-qui-ont-ameliore-la-lutte-contre-les-epidemies-283700

À la tête du Conseil d’État, Marc Guillaume saura-t-il protéger nos droits et libertés ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Antoine Vauchez, professeur, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne; Centre national de la recherche scientifique (CNRS)

Avant son départ de l’Élysée, Emmanuel Macron place aux plus hauts sommets de l’État ses fidèles soutiens. Parmi eux, Marc Guillaume, ancien préfet de Paris, parfois critiqué pour avoir mis en place des actions restrictives à l’encontre des libertés publiques, vient d’être nommé vice-président du Conseil d’État. Or ce poste est crucial dans l’architecture de notre État de droit, rappellent la juriste Stéphanie Hennette-Vauchez et le politiste Antoine Vauchez.


C’est là un des attributs les plus décisifs de notre régime hyperprésidentialiste que de donner au chef de l’État le pouvoir de nomination de tous les sommets militaires, administratifs, juridictionnels et politiques de l’État.

Parmi celles récemment prononcées ou proposées, au sein de cette longue liste, à la présidence du Conseil constitutionnel (Richard Ferrand) et de la Cour des comptes (Amélie de Montchalin) ou au poste de gouverneur de la Banque de France (Emmanuel Moulin), on serait tenté de distinguer celle du vice-président du Conseil d’État (qui dirige cette institution puisqu’il n’existe pas de président), qui vient d’échoir à Marc Guillaume, jusqu’ici préfet de Paris.

Étonnamment, de toutes ces nominations, c’est celle qui semble avoir le moins frappé les esprits : la presse et les commentaires politiques louent sans ciller un « serviteur de l’État et du droit » hors pair, qui aurait à de multiples reprises démontré ses capacités de « gouvernant » – depuis la mise en place de la réforme de la question prioritaire de constitutionnalité (QPC) à sa contribution à la réussite de la cérémonie d’ouverture des Jeux olympiques (impressionnant jusque dans sa capacité à calculer la vitesse de croisière des péniches naviguant sur la Seine pour le défilé) !

Un poste au carrefour de toutes les politiques publiques

Or, tout indique que la position de vice-président du Conseil d’État n’est comparable à aucune autre. Elle se situe au carrefour de toutes les politiques publiques – là où se joue l’équilibre toujours précaire entre efficacité de l’action administrative et gouvernementale et respect – voire, garantie – de nos droits et libertés individuels et collectifs.

Cette position en ce lieu géométrique si sensible pour notre État de droit, le vice-président du Conseil d’État la tient d’abord du fait que c’est lui qui préside l’Assemblée du contentieux du Conseil d’État, la formation de jugement la plus solennelle de cette cour suprême de l’ordre administratif, celle-là même où se décident les plus « grands arrêts », ceux qui donnent le la des principales orientations de la jurisprudence du Palais-Royal.

Mais, bien au-delà des grandes orientations de la justice administrative, cette centralité de la fonction vice-présidentielle se lit aussi dans le rôle clé du Conseil d’État comme conseil du gouvernement. À ce titre, son rôle est de rappeler l’action gouvernementale et administrative au respect de la légalité, des engagements européens et internationaux et de la Constitution, au moyen des avis nombreux qu’il rend lorsqu’il est (obligatoirement) saisi de tous les projets de lois et de nombreux décrets.

À cela, s’ajoute une fonction d’orientation qui tient au fait que, par son rapport annuel comme par des études et des rapports thématiques, il produit « le grand récit de l’État » où l’institution, sous l’autorité de son vice-président, analyse ou appelle de ses vœux les grandes mutations de l’action publique, ses points cardinaux, ses nouveaux horizons et raisons d’être.

Reste une dernière clé, essentielle : le pouvoir de nomination du vice-président, appelé à disséminer les membres du Conseil d’État aux quatre coins de l’État.

On pense d’abord aux autorités administratives et qui, comme l’Arcom, la Cnil, le ou la défenseure des droits où sont toujours désignés, pour siéger dans les conseils et collèges, par le vice-président, des membres du Conseil d’État, et qui ont directement la garde du pluralisme, de nos données privées, ou du respect des droits fondamentaux.

On pense aussi aux nominations, nombreuses, dans tout cet espace d’autorités qui ont pour mission essentielle de « raisonner la raison d’État » : la Commission d’accès aux documents administratifs, la Commission nationale de contrôle des techniques de renseignement, la Commission du secret de la défense nationale, le référent national sur le traitement de données à caractère personnel…

On pense enfin à ces instances garantes du bon fonctionnement de notre démocratie, qu’il s’agisse de la probité de nos élus et des hauts fonctionnaires (Haute autorité pour la transparence de la vie publique, Agence française anticorruption) ou de la sincérité et de l’égalité des chances électorales (Commission des campagnes de campagne, Commission des sondages). Autant d’institutions et de commissions qui sont à l’origine de notre capacité à être et à demeurer une démocratie libérale (droits des usagers face à l’État, droits et libertés, sincérité des processus démocratiques).

Le caractère sensible de la position de vice-président du Conseil d’État se situe donc au point névralgique de l’État où se joue l’efficacité de toute l’action publique tout autant que la solidité et le niveau de protection de nos droits et des libertés.

Marc Guillaume, un parcours qui ressemble à celui de ses prédécesseurs

On pourra dire que le parcours du vice-président choisi par Emmanuel Macron ne dépareille en rien de ses prédécesseurs. Comme eux, il n’a en définitive qu’une très courte expérience de juge administratif de trois courtes années. Comme eux, il est avant tout un légiste d’État doté d’une solide expérience de la production de normes et de la sécurisation par le droit de la « force de gouverner ». Comme eux, il a épousé les grands moments de la vie administrative et politique de l’État au fil des deux décennies qui ont précédé sa nomination.

Pendant ses six années comme préfet de Paris, Marc Guillaume a ainsi assuré le suivi des Jeux olympiques et paralympiques de 2024, placés sous le signe du déploiement sans précédent des technologies de surveillance et des restrictions inédites à la liberté de circulation et au droit de manifester (loi du 13 mai 2023). Comme secrétaire général du gouvernement, entre 2015 et 2020, il aura accompagné la mise en œuvre de l’état d’urgence antiterroriste et la loi de sécurité intérieure et de lutte contre le terrorisme du 30 octobre 2017, prenant ainsi sa part à une dilatation inédite des pouvoirs de police administrative. Il aurait également soutenu l’hypothèse de la constitutionnalisation de la déchéance de nationalité qui a largement déstabilisé la présidence Hollande.

Au-delà de cette culture d’État à laquelle Marc Guillaume a été étroitement associé, il y a aussi un certain rapport à l’exercice du pouvoir d’un homme du sérail dont les comportements sont apparus problématiques. On mentionnera notamment la répétition de propos misogynes et sexistes dans ses fonctions de secrétaire général, qui a été pointée en 2018 par l’ensemble des conseillères de l’Élysée dans un courrier au secrétaire général de l’Élysée.

D’autres choix étaient-ils possibles ?

L’histoire longue des hommes ayant été nommés au poste de vice-président du Conseil d’État révèle que l’expérience de l’État compte parmi les critères essentiels de nomination. Mais cette expérience est plurielle, et celle de Marc Guillaume ne saurait être tenue pour la seule possible ou disponible. Le corps des conseillers d’État (environ 300 membres) est riche et divers ; et nombre d’entre eux ont ajouté à leur expérience de juge administratif suprême celle, souvent répétée, de diverses fonctions dans l’État.

À cet égard, il est possible de soulever la question des parcours alternatifs. On pense notamment à l’expérience de cet « État des droits » (Défenseur des droits, Commission information et libertés, etc.) chargé de faire vivre et de garantir l’effectivité des droits individuels et collectifs et d’une manière générale la qualité de notre État de droit.

Par ailleurs, il aurait certainement été possible de nommer une femme alors que la fonction de vice-président du Conseil d’État n’a jamais été confiée à une femme. Or, parmi les membres du Conseil d’État, plusieurs femmes pouvaient légitimement prétendre – en matière d’avancement dans la carrière, d’expérience et de responsabilités exercées – à une telle nomination.

En somme, ce n’est pas faire injure aux compétences de Marc Guillaume que de relever que son parcours est marqué par une capacité à faire marcher droit l’État plutôt que de jouer les contre-pouvoirs par un programme fort de garantie de nos droits et libertés ; ou encore d’incarner les nouveaux modèles d’exemplarité désormais attendus aux sommets de l’État.

Dans un contexte où nos droits et libertés sont particulièrement fragilisés, et alors même que se profile le risque d’une présidence Rassemblement national dont tout indique qu’elle s’appuiera à plein et amplifiera les pouvoirs de direction d’un exécutif déjà hypertrophié, on peut s’interroger sur les garanties et les risques que comporte le choix à ce point hypersensible de notre État de droit d’un conseiller d’État plus pétri de culture de gouvernement que de culture des droits.


La version longue de cet article est disponible sur le blog de Stéphanie Hennette-Vauchez et Antoine Vauchez.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. À la tête du Conseil d’État, Marc Guillaume saura-t-il protéger nos droits et libertés ? – https://theconversation.com/a-la-tete-du-conseil-detat-marc-guillaume-saura-t-il-proteger-nos-droits-et-libertes-283668

Quand Donald Trump tente sans succès d’associer de nouveaux États aux accords d’Abraham

Source: The Conversation – France in French (3) – By Michelle Burgis-Kasthala, Professor of International Law, La Trobe University

L’exigence du président américain, qui lie tout accord avec l’Iran à une normalisation avec Israël, s’est heurtée au silence des pays sollicité. Signe que l’influence américaine dans la région n’est plus ce qu’elle était.


Alors que les États-Unis et l’Iran tentent de s’entendre sur un accord de paix pour mettre un terme à leur conflit, le président Trump a ajouté une condition inattendue ce 25 mai : que de nombreux pays musulmans (il cite nommément l’Arabie saoudite, le Qatar, le Pakistan, la Turquie, l’Égypte et la Jordanie) adhèrent aux accords d’Abraham, ce qui signifierait qu’ils normalisent leurs relations avec Israël.

Cette exigence s’explique par le contexte actuel. Les États-Unis et Israël sont aujourd’hui plus vulnérables, sur les plans militaire comme économique, qu’avant leur offensive conjointe lancée contre Téhéran fin février. Leurs alliances minutieusement élaborées avec les monarchies du Golfe ont été mises à mal par les frappes iraniennes, car elles n’ont pas empêché ces pays d’être frappés par Téhéran. Et l’Iran, bien que décapité de plusieurs de ses dirigeants et ayant subi des mois d’attaques dévastatrices, semble paradoxalement plus puissant qu’auparavant.

En outre, Donald Trump et Benyamin Nétanyahou se préparent l’un comme l’autre à des élections qu’ils pourraient très bien perdre (les midterms pour le premier, les législatives pour le second). Ils ont donc besoin d’une victoire symbolique dont ils pourront se prévaloir auprès de leurs électorats respectifs.

Cette préoccupation est sans doute, au moins en partie, la raison pour laquelle Trump tente de redynamiser les accords d’Abraham, dont il affirme depuis longtemps qu’ils ont été l’un des « plus grands succès de sa politique étrangère au cours de son premier mandat ».

Dans un échange téléphonique avec les dirigeants des pays cités ci-dessus, il a insisté sur le fait que s’ils souhaitaient être partie prenante d’un accord de paix avec l’Iran, ils devaient au préalable adhérer à ces accords, et donc procéder à la reconnaissance diplomatique d’Israël.

Que sont les accords d’Abraham ?

Les accords d’Abraham s’inscrivent dans une série d’initiatives diplomatiques supervisées par Jared Kushner, le gendre de Trump, au cours du premier mandat de ce dernier. Ils visaient à une normalisation générale entre Israël et les pays arabes, dont devait couler l’instauration de la paix entre Israël et la Palestine.

Depuis la première guerre israélo-arabe et la proclamation de l’État d’Israël à la fin des années 1940, la question palestinienne tourmente le monde arabe. Elle constitue aujourd’hui encore la préoccupation politique majeure de l’opinion publique dans les pays arabes, malgré le désintérêt croissant de bon nombre de dirigeants de ces pays.

Avec l’aide des États-Unis, Israël a, au fil des décennies, lentement érodé l’opposition collective du monde arabe à sa présence illégale dans les territoires palestiniens occupés. Ce processus a débuté avec les accords de paix conclus avec l’Égypte en 1979 et la Jordanie en 1994, et s’est poursuivi avec les accords d’Abraham.

Avant la signature des accords en 2020, l’administration Trump avait transféré l’ambassade américaine de Tel-Aviv à Jérusalem, fermé le bureau de l’Organisation de libération de la Palestine à Washington et déclaré que les États-Unis ne considéraient plus les colonies israéliennes de Cisjordanie comme illégales.

Puis, en janvier 2020, Trump et Nétanyahou ont lancé le plan « Paix pour la prospérité ». Alors que les efforts de paix passés avaient tous, dans une certaine mesure, affiché le souhait que les Palestiniens en soient partie prenante, celui-ci promettait le développement économique au détriment de la création d’un État palestinien.

Les Émirats arabes unis et Bahreïn ont signé les accords d’Abraham en septembre 2020, suivis par le Maroc en décembre 2020, le Soudan en janvier 2021, puis le Kazakhstan en novembre 2025.

De nombreuses incitations ont été proposées à ces pays en échange de la reconnaissance d’Israël, principalement sous forme d’accords économiques, militaires et diplomatiques. Par exemple, les Émirats arabes unis ont obtenu des armes de pointe et des technologies militaires des États-Unis. Et la souveraineté du Maroc sur le Sahara occidental a été reconnue par les États-Unis et Israël.

De nouveaux pays pourraient-ils s’ajouter à la liste aujourd’hui ?

Le joyau de la couronne, cependant, a toujours été l’Arabie saoudite. Prévenir l’adhésion du royaume aux accords d’Abraham aurait d’ailleurs été un facteur déterminant du timing de l’attaque du Hamas contre Israël le 7 octobre 2023 : le groupe était prêt à tout pour faire échouer les pourparlers de normalisation entre Riyad et Tel-Aviv.

Depuis le début de la guerre de représailles dévastatrice menée par Israël contre Gaza, l’Arabie saoudite s’est posée en fervente défenseure de la création d’un État palestinien. Elle a publiquement refusé de signer les accords sans garanties fermes quant à l’autodétermination palestinienne.

Les autres puissances régionales, telles que le Pakistan, le Qatar et la Turquie, doivent tenir compte des sentiments de leurs citoyens, qui soutiennent massivement l’autodétermination palestinienne. Les États-Unis devraient exercer une pression considérable et proposer des incitations importantes pour convaincre l’un d’entre eux de changer de cap.

Le Pakistan, d’ailleurs, a déjà rejeté les exigences de Trump, et l’Arabie saoudite devrait suivre.

Ainsi, s’il peut sembler logique de lier les dossiers iranien et palestinien par le biais d’un accord de paix régional, les accords d’Abraham sont tout simplement trop toxiques dans leur forme actuelle pour que la plupart des pays puissent les envisager.

La région cherche ses propres solutions

Mais cela n’empêchera pas Trump et Nétanyahou de tenter de faire valoir leur point de vue.

Si Israël parvient à rallier d’autres nations à sa cause, Nétanyahou pourra construire un discours autour du renforcement des liens régionaux tout en poursuivant la destruction et l’occupation du Sud-Liban dans sa lutte contre le Hezbollah.

Ce serait tout de même une maigre récompense comparée à son objectif de longue date : éliminer complètement la menace iranienne. Et cela ne suffirait peut-être pas à atténuer la pression croissante à laquelle il est confronté de la part d’une armée de plus en plus surmenée.

Le resserrement des liens avec les pays arabes ne compenserait pas non plus la dégradation de l’image d’Israël auprès des opinions publiques des pays de la région, et d’ailleurs : même parmi la base MAGA de Trump, l’image d’Israël est en chute libre.

L’administration Trump a elle aussi besoin d’une victoire. À ce stade, ses stocks d’armes sont considérablement réduits, le choc énergétique mondial alimente le mécontentement intérieur, ses alliés du Golfe s’interrogent sur la solidité du parapluie de sécurité américain, et elle se heurte à la réticence d’Israël face à tout accord de paix avec l’Iran.

Mais dans une région en pleine reconfiguration stratégique, les accords d’Abraham sont de plus en plus perçus comme un cadre imposé par les États-Unis. Dès lors, certains pays tentent de redessiner la région d’une manière qui leur serait plus favorable.

Ainsi, l’Arabie saoudite aurait récemment proposé un pacte régional de non-agression (incluant l’Iran) sur le modèle des accords d’Helsinki, qui visaient en 1975 à apaiser les tensions de la guerre froide en Europe.

Il n’est pas impossible que Trump tente de redynamiser les accords d’Abraham précisément afin de contrer l’initiative saoudienne. Il cherche sans aucun doute également à apaiser Nétanyahou. Le silence qui a accueilli sa demande pourrait toutefois indiquer que la région n’est plus réceptive à la persuasion américaine, quelle que soit l’importance des incitations proposées.

The Conversation

Michelle Burgis-Kasthala ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Quand Donald Trump tente sans succès d’associer de nouveaux États aux accords d’Abraham – https://theconversation.com/quand-donald-trump-tente-sans-succes-dassocier-de-nouveaux-etats-aux-accords-dabraham-283919

Faut-il se fier aux accréditations et aux classements pour évaluer la qualité d’un établissement ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Laurent Mériade, Professeur des universités en sciences de gestion – Agrégé des facultés – IAE – CleRMa, Université Clermont Auvergne (UCA)

Avant de s’inscrire dans un établissement, les étudiants sont à l’affût d’indicateurs de qualité. Mais les labels, les accréditations ou les classements peuvent-ils renseigner sur les atouts pédagogiques d’un cursus ? Et en mesurant la conformité à des procédures, que disent-ils des performances réelles d’une école ou d’une université ?


Chaque année, des milliers de futurs étudiants scrutent les sites des grandes écoles et des universités à la recherche d’un sésame : le bon label, la bonne accréditation, la bonne place dans un classement. AACSB, EQUIS, classement de Shanghai, Times Higher Education – autant de sigles qui promettent l’excellence. Mais que mesurent-ils réellement ?

La réponse est moins rassurante qu’il n’y paraît. L’accréditation, c’est la reconnaissance officielle qu’un établissement respecte un ensemble de normes et de procédures définies par avance. La labellisation, c’est l’attestation de conformité à des critères de qualité dans des domaines précis (internationalisation, insertion professionnelle, innovation…).

Ces dispositifs évaluent donc avant tout le respect de règles, non la performance effective de l’établissement. Un glissement qui n’est pas anodin.

Le « paradoxe de la conformité »

Conforme et performant : ces deux qualificatifs ne sont pas synonymes. Un établissement peut afficher des résultats médiocres tout en respectant à la lettre toutes les procédures d’une accréditation ou d’un label – par exemple, à l’université, le label « HR Excellence in Research » (HSR4R) de la Commission européenne qui valorise les établissements signataires de la « Charte européenne des chercheurs » et du « Code de conduite de recrutement des chercheurs », ou encore le Label Développement durable et responsabilité sociale DD&RS, lancé en 2015 par un collectif coordonné par France Universités et la Conférence des grandes écoles.

À l’inverse, un établissement innovant peut s’éloigner des standards requis sans pour autant offrir un enseignement de moindre qualité ou un impact sociétal insatisfaisant.

La conformité déterminerait la performance : voilà le raccourci trompeur que nos recherches mettent en lumière.

Ce que nous appelons le « paradoxe de la conformité » désigne ce phénomène troublant : plus un établissement accumule les labels et les accréditations, moins sa performance réelle – mesurée par la réussite des étudiants, la qualité des enseignements ou l’impact de la recherche – tend à progresser.

Par exemple, les établissements accrédités AACSB optimisent leur conformité, pas forcément leurs services aux étudiants et à la société. Selon une étude portant sur plus de 2 300 étudiants dans vingt-quatre business school accrédités, 45 % des étudiants interrogés ne signalent aucune amélioration significative de leurs compétences clés – pensée critique, raisonnement complexe et rédaction – au cours de leurs deux premières années et 36 % après 4 ans.

Des risques d’uniformisation et de mésusages

Les classements universitaires – qu’il s’agisse du classement de Shanghai, du Times Higher Education ou du QS World University Rankings – amplifient ce paradoxe en lui ajoutant plusieurs risques spécifiques, que nous documentons dans une publication scientifique récente.

Premier risque : une hiérarchisation souvent infondée. Ces classements reposent sur un nombre limité d’indicateurs – nombre de publications scientifiques, réputation académique, ratio étudiants/enseignants – qui favorisent mécaniquement les grandes universités anglo-saxonnes, richement dotées. Les universités françaises, essentiellement financées par l’État et de taille régionale, s’y retrouvent structurellement pénalisées.

Paradoxalement, beaucoup d’entre elles continuent de prendre ces classements pour boussole, alors qu’elles n’ont objectivement que peu de chances dans cette compétition. Elles se retrouvent à courir une course dont les règles ont été écrites pour d’autres. La League of European Research Universities (LERU), qui regroupe les meilleures universités européennes, se positionne d’ailleurs clairement contre ces classements.

Deuxième risque : l’uniformisation. En imposant les mêmes critères à toutes les universités du monde, ces accréditations et classements poussent les établissements à se ressembler, au détriment de leurs spécificités. Ce phénomène conduit à l’émergence d’un « idéal unique d’université » qui ne correspond à la réalité que d’une poignée d’établissements mondiaux.

Les universités de proximité (nombreuses en France et dans le monde), investies dans la réussite étudiante et le développement régional, n’ont guère intérêt à sacrifier leurs missions fondamentales pour grimper quelques places dans un palmarès mondial ou obtenir une accréditation internationale.

Troisième risque : les déviances et les mésusages. Lorsqu’un indicateur devient un objectif stratégique, les comportements s’adaptent pour l’optimiser – pas toujours de manière éthique. Des organismes d’accréditation proposent des prestations de conseil aux établissements qu’ils évaluent, créant un conflit d’intérêts manifeste.

Aller au-delà des apparences de performance ?

Derrière la vitrine des accréditations et des classements, la réalité est souvent moins reluisante. Les évaluations scolaires et universitaires nationales et internationales – comme le programme PISA de l’OCDE ou les enquêtes du Haut Conseil de l’évaluation de la recherche et de l’enseignement supérieur (HCERES) suggèrent que la performance réelle des élèves ou étudiants stagne, voire recule dans des établissements pourtant couverts de distinctions.

Les accréditations produisent des « apparences de performance » : l’établissement semble performant parce qu’il est conforme, non parce que ses étudiants progressent davantage ou que sa recherche impacte la société. Cela correspond à un « découplage » entre conformité et performance souvent permis par le « cérémonialisme » des accréditations et classements.

Or, l’« effet établissement » sur les salaires à la sortie de l’université, voire des grandes écoles, se réduit sensiblement : c’est d’abord le profil individuel de l’étudiant et le contexte du marché du travail qui déterminent son insertion. La réputation de l’établissement, construite sur des classements, des accréditations et des labels, perd beaucoup de sa substance à ce niveau d’analyse.

Critiquer les classements ou les accréditations ne revient pas pourtant à plaider contre l’évaluation des universités. Bien au contraire : les organisations publiques se doivent de rendre compte de leurs activités à leurs parties prenantes. Des dispositifs comme le HCERES, l’ANR ou les accréditations institutionnelles participent déjà utilement à ces évaluations. Mais une évaluation pertinente devrait être spécifique aux objectifs de chaque établissement, et non uniformément appliquée à des organisations de nature, de taille et de missions très différentes.

Le « paradoxe de la conformité » décrit ici ne concerne d’ailleurs pas que l’enseignement supérieur. Dans de nombreuses organisations publiques – hôpitaux, lycées, collèges, administrations, collectivités locales – la multiplication des normes et des procédures d’accréditation ou de classement est devenue un objectif en soi, parfois au détriment de la qualité effective du service rendu. La leçon est simple mais essentielle : être conforme, ce n’est pas être nécessairement bon. Avant de choisir un établissement – ou de lui faire confiance – cela vaut la peine de regarder derrière l’arbre des accréditations et des classements pour observer la forêt de la réalité.

The Conversation

Laurent Mériade ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Faut-il se fier aux accréditations et aux classements pour évaluer la qualité d’un établissement ? – https://theconversation.com/faut-il-se-fier-aux-accreditations-et-aux-classements-pour-evaluer-la-qualite-dun-etablissement-282625