¿Es la inmigración un fenómeno invasor o enriquecedor para la sociedad?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alexis Cloquell Lozano, Director Cátedra Caixa Popular para el estudio de los desafíos sociales y la vulnerabilidad, Universidad Católica de Valencia

DC Studio/Shutterstock

La portavoz de Emergencia Demográfica y Políticas Sociales de Vox, Rocío de Meer, defendió hace unos días la expulsión de ocho millones de inmigrantes y sus hijos, apelando al “derecho de los españoles a sobrevivir como pueblo”.

Otras declaraciones polémicas han sido las que realizó hace unos meses Carles Puigdemont con motivo del acuerdo entre el PSOE y su partido sobre la delegación de competencias en materia de inmigración a la Generalitat de Cataluña. El líder de Junts per Catalunya dijo en un discurso: “No podemos garantizar el futuro de nuestra identidad nacional basado en la lengua, basado en la cultura y basado en los valores propios de la catalanitat”.

Este acuerdo se plasmó en una proposición de ley que generó un gran debate en la esfera política y revuelo en los medios de comunicación, tachándola en algún caso de inconstitucional, racista y xenófoba.

La ley establece un nuevo contrato social que, aparte de proteger a las personas inmigrantes de la potencial vulneración de sus derechos, refuerza la cohesión de la sociedad de acogida, su lengua y su cultura.

No es de extrañar, como apuntaba Zymungt Bauman en su obra Extraños llamando a la puerta, que la afluencia de extranjeros en el contexto actual constituya una tentación a la que muy pocos políticos se pueden resistir. Tenemos también el ejemplo de la proclama Make America Great Again, que convierte a Donald Trump en el gran hombre defensor de la patria que condena a los inmigrantes y los identifica como una amenaza invasora.

¿Existen las fronteras étnicas?

Es fácil apreciar en todo ello postulados nativistas en los que la identidad nacional constituye la base fundamental de la noción de ciudadanía basada en el hecho de haber nacido en un país determinado.

En este marco, los Estados-nación se erigen como una fortaleza asediada por los extranjeros que establece, como señalan algunos autores, una frontera étnica entre nosotros y ellos, entre lo ilegal y lo legal, entre el no-ciudadano y el ciudadano, entre quien no tiene derechos y sí los tiene.

En consecuencia, cabe preguntarse, ya sea en términos de alcance nacional, regional, local, o incluso en el marco de la Unión Europea: ¿están en peligro nuestros valores, nuestra cultura, nuestra identidad? Y si así fuese, ¿es la inmigración la culpable de ello?

La respuesta a esto no está en el multiculturalismo o en la diversidad cultural, sino en el propio fenómeno de la globalización. Este proceso que impone un modelo económico neoliberal comporta una homogeneización cultural y pone en peligro los sistemas lingüísticos de las minorías culturales. De hecho, según la UNESCO, de las aproximadamente 7 000 lenguas en uso, 1 500 corren el riesgo de desaparecer.

La conectividad de la cultura a través de la red genera desterritorialización o, lo que es lo mismo, desconexión de la cultura con el lugar. Así pues, para muchos, sobre todo jóvenes, la comunidad ya no es el espacio en el que vivimos, sino internet (comunidad virtual), un nuevo espacio donde afirmar la identidad personal y un sentido de pertenencia.

La frase “sin integración no hay nación” plantea un viejo debate. Una integración que solo afecta a los de fuera (son ellos, los extranjeros, los que se tienen que adaptar a nosotros) y, por tanto, sigue una lógica asimilacionista. Esto dificulta que se pueda explicar de forma sencilla la integración cuando distinguimos entre ciudadanos nacionales/europeos y residentes/extranjeros.

La ciudadanía proporciona derechos y deberes a los individuos y está anclada a una nación. En este caso, solo los extranjeros pueden conseguir el estatus de ciudadano (derechos plenos) si adquieren la nacionalidad española y, con ello, han formalizado teóricamente su proceso de integración en la sociedad española, vasca, catalana…

Integración frente a raíces culturales

Y es aquí donde nos planteamos si un individuo sin plenos derechos, pero que cumple con sus deberes u obligaciones, como ocurre con la gran mayoría de extranjeros, puede estar integrado socialmente. Y si fuese que sí, que lo es, ¿es necesario que abandone sus raíces culturales o puede mantener su identidad cultural siempre y cuando no vayan en contra de los valores democráticos que sustentan nuestra sociedad? Y, por terminar, ¿un ciudadano nacido en España puede estar o sentirse no integrado en nuestra sociedad o por el hecho de haber nacido aquí ya debe estarlo?

En las sociedades multiculturales, donde aparecen identidades múltiples, híbridas, transnacionales (de varios países), fruto de los movimientos migratorios y de la globalización, debemos plantear el concepto de ciudadanía hacia un modelo inclusivo (no ligado a la nacionalidad sino en la condición de estar y por tanto ser). Este modelo, como plantea Adela Cortina en su obra Ética Cosmopolita, lleva a construir una sociedad cosmopolita en la que todos los seres humanos sean y se sientan ciudadanos. Es aquí donde reside uno de los grandes retos de nuestro tiempo.

The Conversation

Alexis Cloquell Lozano recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación en su convocatoria de proyectos de Generación del Conocimiento 2021.

ref. ¿Es la inmigración un fenómeno invasor o enriquecedor para la sociedad? – https://theconversation.com/es-la-inmigracion-un-fenomeno-invasor-o-enriquecedor-para-la-sociedad-251995

La paradoja mediterránea: un nuevo estudio explica cómo el mar parece haber estado lleno y vacío a la vez

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel García-Castellanos, Earth scientist, Instituto de Geociencias de Barcelona (Geo3Bcn – CSIC)

El Mediterráneo pasó por un periodo seco, donde solo sobrevivieron lagos someros y con baja salinidad, en sus zonas centrales. En la imagen, Cala Galdana (Menorca). Wikimedia Commons., CC BY

Una capa de sal de más de un kilómetro de espesor ocupa gran parte de las zonas profundas del Mediterráneo. Se acumuló en uno de los eventos medioambientales más extremos y mejor documentados que han tenido lugar en la Tierra, ocurrido hace entre 5,96 y 5,33 millones de años y conocido como la crisis de salinidad del periodo Messiniense (CSM).

Desde el descubrimiento de esta sal hace casi 60 años, persiste una intensa discusión entre científicos sobre si tal acumulación sucedió acompañada de una desecación casi total del Mediterráneo o si, por el contrario, tuvo lugar en un mar colmado de salmuera (agua saturada de sal).

Interpretación artística de la paleogeografía de los canales de comunicación entre el Atlántico y el Mediterráneo hace unos 6.5 millones de años, antes de la crisis salina del Messiniense. La presencia de varios corredores y su profundidad permitía mantener la salinidad del Mediterráneo a niveles normales como ocurre hoy en día.
Wikimedia Commons., CC BY

Especies llegadas de los lagos del este europeo

Las evidencias geológicas de ese periodo parecen contradictorias. El sedimento que se deposita tras la sal contiene numerosos fósiles de especies provenientes del este de Europa, de un gigantesco sistema lacustre ancestral que recibe el nombre de Paratetis (las actuales cuencas del Volga, el Danubio, el mar Negro, el mar Caspio, Aral, etcétera).

Esta fauna del Paratetis invadió un Mediterráneo que había perdido casi toda su vida marina, debido a la altísima salinidad que había alcanzado. Las nuevas especies, en cambio, estaban adaptadas a aguas muy poco profundas y poco saladas.

Esta baja salinidad del Mediterráneo posterior a la acumulación de sal concuerda con su aislamiento del océano y el hecho de que ya hubiera precipitado casi toda la sal de su salmuera. Y refleja la mezcla de los restos de la salmuera con el agua dulce de los ríos y de los lagos del Paratetis.

“Charcos” mediterráneos aislados

Más difícil de explicar es que en todas partes, a profundidades muy diversas, aparezcan esos fósiles de ostrácodos –clase de crustáceos de muy reducido tamaño– provenientes del este y típicos de aguas poco profundas.

Se les encuentra junto a la costa, sugiriendo que el mar estaba a un nivel parecido al actual, pero también se han hallado en sondeos marinos profundos, a más de 3 000 metros bajo el nivel del mar. Esto último sugiere que todo el Mediterráneo se había evaporado y que solo en sus zonas centrales permanecieron unos lagos someros donde se evaporaban las aguas aportadas por los ríos y donde los ostrácodos inmigrados podían proliferar.

Un mar vacío y lleno a la vez

Esta paradoja, la de un registro fósil que apunta a un Mediterráneo lleno y vacío en el mismo periodo, se refleja bien en el mismo nombre con el que nos referimos a la etapa de la crisis salina del Messiniense: el periodo Lago-Mare.

Para intentar resolver la aparente contradicción, en nuestro equipo de Geociencias Barcelona (GEO3BCN-CSIC), hemos simulado numéricamente la lluvia, la evaporación, la erosión y otros fenómenos que sabemos moldean el relieve terrestre. Las simulaciones parten de una reconstrucción de la geografía de la época –de hace 5,55 millones de años, cuando el Mediterráneo ya estaba completamente aislado– y terminan en el límite entre el Mioceno y el Plioceno, hace 5,33 millones de años, al final del periodo Messiniense y la CSM.

Así, hemos encontrado que hay dos mecanismos que pueden causar grandes oscilaciones de más de un kilómetro del nivel del Mediterráneo y explicar así la desconcertante ubicuidad de los ostrácodos del este que vivían en aguas de pocos metros de profundidad.

El primero ya había sido vislumbrado por el grupo neerlandés del profesor Wout Krijgsman: los cambios de la órbita terrestre (por ejemplo, la precesión de sus equinoccios, cambio lento y gradual en la orientación del eje de rotación de la Tierra) influyen en la lluvia en las cuencas mediterráneas y, por tanto, en el nivel de los lagos donde acababa el agua. Sin embargo, estas subidas y bajadas son insuficientes como única explicación: apenas pueden causar unas oscilaciones de unos 600 metros del nivel de los lagos.

Ríos que ya no desembocaban en el mar

El otro fenómeno que proponemos que contribuyó decisivamente a variar el nivel del Mediterráneo durante su aislamiento es la erosión a lo largo de los ríos entrantes que provenían de los lagos del Paratetis que lo rodeaban (por ejemplo: el mar Negro, el mar Caspio y el mar Panónico, hoy extinto). Al erosionar los desaguaderos de estos lagos, la erosión hizo bajar su nivel y la cantidad de agua en ellos evaporada. El exceso de agua fue gradualmente transferido hacia el Mediterráneo, haciendo subir su nivel, posiblemente más de un kilómetro.

Al desecarse el Mar Mediterráneo, este ya no podía retener a los ríos en sus desembocaduras, y debido a ello, estos comenzaron a excavar profundos cañones. Esta erosión fluvial se propagó aguas arriba (fenómeno de erosión remontante), hasta alcanzar los desaguaderos de los lagos. Esto causó el descenso de su nivel y un mayor aporte de agua a los lagos del Mediterráneo desecado. De esta forma, a las oscilaciones causadas por la precesión orbital se sumaría un progresivo llenado del Mediterráneo, a medida que los lagos vecinos reducían su tamaño.

Simulación numérica de los cambios producidos en el Mediterráneo durante la CSM.

Mar aislado y expuesto

Los resultados de esta investigación acaban de ser publicados en Science Advances y complementan otro reciente artículo del grupo del profesor Giovanni Aloisi, del Institut de Physique du Globe de París, que encuentra de forma independiente pruebas de una desecación de hasta 2,1 km bajo el nivel actual.

En conjunto, estos resultados parecen reducir el número de escenarios plausibles para la CSM y demuestran que, efectivamente, se produjo un aislamiento y una desecación casi totales al principio de la crisis, exponiendo a la atmósfera gran parte del fondo del Mediterráneo.

Juego de poblaciones

Nuestro modelo permite explicar también el impacto sin precedentes que tuvo este periodo sobre los ecosistemas mediterráneos, donde, al menos, el 89 % de las especies marinas no soportaron la alta salinidad.

El impacto biológico marino de la salinización del Mediterráneo.

Primero, la desecación extinguió la casi totalidad de las especies endémicas mediterráneas, que fueron remplazadas por especies de los lagos del Paratetis durante el periodo Lago-Mare.

Sin embargo, sin apenas tiempo para adaptarse, un nuevo cambio medioambiental volvió a reiniciar la vida en el Mediterráneo, cuando se restauró la conexión con el Atlántico, repoblándolo esta vez con especies atlánticas.

En definitiva, estos avances proporcionan un marco para entender otras “crisis de salinidad” frecuentes en el pasado de la Tierra, la formación de estos gigantescos depósitos salinos, su impacto en la evolución biológica y geológica y la resiliencia del medio ambiente ante cambios abruptos de tan gran escala.

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Daniel García-Castellanos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La paradoja mediterránea: un nuevo estudio explica cómo el mar parece haber estado lleno y vacío a la vez – https://theconversation.com/la-paradoja-mediterranea-un-nuevo-estudio-explica-como-el-mar-parece-haber-estado-lleno-y-vacio-a-la-vez-260067

Inventan cerveza instantánea para hacer en casa, con nuevos sabores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fabian Leonardo Moreno Moreno, Director Doctorado en Ingeniería, Universidad de La Sabana

Cápsulas de cerveza instantánea desarrollada por la Universidad de La Sabana (Colombia) y la Universidad Politécnica de Cataluña. CC BY-NC

Primero, el chasquido de la chapa al abrirse. Después, burbujas que ascienden lentamente. Luego viene el brindis, el primer sorbo, el juego de sabores, algunas veces más amargo, otras más dulce. Sea dorada, ámbar u oscura, detrás de cada cerveza hay una historia que, normalmente, implica desarrollos que nacen en un laboratorio y recorren un largo camino hasta llegar al paladar del consumidor, que es quien finalmente elige qué cerveza bebe, cómo, dónde y con quién.

Según las estimaciones de la empresa de investigación de mercado Mordor Intelligence, el volumen de negocio de la cerveza alcanzará los 914 210 millones de dólares en 2029. De ahí que las apuestas por el sector no cesen y que esa bebida ancestral que ya conocían los egipcios en la antigüedad continúe su evolución para ofrecer a millones de consumidores variaciones de presentación, sabor y experiencia.

## Innovación en forma de cápsulas

Un ejemplo de innovación son las patentes obtenidas por la Universidad de La Sabana (Colombia) y la Universidad Politécnica de Cataluña. Los investigadores Ruth Yolanda Ruiz, Manuel Osorio, Eduard Hernandéz (UPC), y quien firma este artículo hemos inventado una nueva modalidad de cerveza.

Las investigaciones han dado como resultado un producto que los consumidores pueden preparar en casa, de forma casi instantánea. Además, encontramos una técnica de concentración que permite potenciar los sabores.

Se trata de separar el agua de la cerveza mediante un proceso de crioconcentración, es decir, enfriándola para formar cristales de hielo y luego separarlos. Así conseguimos una cerveza reconstituible. Es decir, una bebida alcohólica instantánea, líquida, densa y concentrada disponible en una presentación pequeña, como las cápsulas de café.

Es decir, la cerveza llegará al consumidor en una pequeña cápsula con líquido. Al mezclar dicho líquido con agua fría y gasificarlo en una maquina gasificadora casera se obtiene la cerveza original sin perder la concentración, guardando las mismas propiedades de una cerveza no instantánea.

Este nuevo desarrollo de producto ofrece ventajas como la reducción en costes de trasporte, que resultará más sencillo al no tener que contar con el peso del líquido total y la botella de vidrio o lata. En cuanto a conservación, el asunto también se simplifica, pues al ocupar menor espacio en el refrigerador es posible considerar un ahorro energético.

Más concentración y nuevos sabores

La segunda patente que ha resultado del trabajo de investigación ha sido la mejora de la calidad de la cerveza, aumentando su concentración. Lo hemos conseguido aplicando procesos en frío.

¿Y por qué frío? La mejor manera de comprenderlo es pensar en una sopa. Cuando necesitamos que sea más espesa, podemos calentarla por más tiempo hasta lograr la densidad deseada. Pero la situación cambia cuando se trata de hacerlo con un zumo de naranja: al someter este al calor, el sabor cambia significativamente y los aromas se pierden. Con nuestra tecnología es posible retirar el agua que está dentro de la cerveza, dejando un líquido que queda más concentrado.

Inicialmente, uno de los grandes desafíos consistía en lograr conservar el alcohol en el proceso. Para ello, se recurrió a pruebas en los laboratorios del Doctorado en Ingeniería de la Universidad de La Sabana y en el laboratorio de la Universidad Politécnica de Cataluña a través de proyectos de investigación a nivel de Doctorado y Maestría.

Tras analizar los resultados, tomamos la decisión de explorar nuevas posibilidades en la cerveza industrial. El objetivo era claro: aumentar la concentración para intensificar los sabores y descubrir nuevos matices.

La idea detrás del proceso es sencilla. Al reducir parcialmente el agua, los sólidos que aportan sabor, los compuestos volátiles y el alcohol se concentran más. Como resultado, la cerveza adquiere un perfil sensorial más intenso, con aromas y sabores más definidos.

Pero la investigación no se detuvo ahí, pues optamos por aplicarla en la cerveza artesanal, un producto con menos procesos de filtración. Así se abrió la puerta a nuevas formas de realzar sus cualidades, logrando que tanto la cerveza industrial como la artesanal puedan ofrecer experiencias más profundas y atractivas para todo tipo de consumidores.

Impacto en la industria

En definitiva, hemos desarrollado una línea de investigación poco estudiada a nivel mundial: la innovación en la crioconcentración. Aplicada al campo de la industria cervecera, permite mejorar procesos y diversificar productos. De este modo se abren nuevas oportunidades de negocio, promoviendo la generación de empleo y ofreciendo a los consumidores la posibilidad de disfrutar de una nueva experiencia en la que pueden descubrir los sabores de una cerveza bien fría.

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Fabian Leonardo Moreno Moreno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Aprender en chanclas: cómo evitar que el verano borre lo que vimos en clase

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carolina Rodríguez Llorente, Contratada posdoctoral Xunta de Galicia. Departamento de Psicología (Facultad de Ciencias de la Educación), Universidade da Coruña. Grupo de Investigación en Psicología Educativa (GIPED), Universidade da Coruña

En España, el alumnado de primaria y secundaria cuenta con alrededor de 80 días de descanso en verano. Esto representa una diferencia importante respecto al resto de los países europeos: entre las seis semanas que tienen los niños en Dinamarca u Holanda, a las 14 semanas en algunas regiones italianas, la media de los países de nuestro entorno es de unas 10 semanas. Cada verano, por ello, nos planteamos si las vacaciones veraniegas suponen muchos días de “asueto” o, por el contrario, un descanso necesario.

La evidencia científica respalda la idea de que disfrutar de casi dos meses y medio de vacaciones podría tener un impacto no necesariamente positivo en los aprendizajes adquiridos por niños y niñas en estas etapas educativas. Incluso en periodos vacacionales más cortos, algunos estudios han observado pequeñas pero significativas pérdidas en áreas como la ortografía y la lectura.

Conocimientos procedimentales y práctica

Esto resulta lógico, pues las lectura, la escritura y las matemáticas son destrezas que, como todo conocimientos procedimentales, se aprenden y refuerzan con la práctica. Si no vamos a clase, las oportunidades para el desarrollo de estas competencias en el hogar son escasas.

Por eso, el conocimiento adquirido en la escuela puede perderse (lo que se conoce en la jerga educativa como “la pérdida de aprendizaje del verano”). De todos modos este desgaste, según varios expertos en el tema, no afecta a todo el alumnado por igual. Los niños y niñas procedentes de entornos con un nivel socioeconómico bajo o con un rendimiento académico inicial más bajo correrían un mayor riesgo. Pero el fenómeno es complejo y no se limita a estos grupos.

Fácil de revertir

Aun así, parece que esta pérdida es susceptible de revertirse al comienzo de curso. Tras el verano, se pueden dedicar unos días a acomodar los conocimientos y habilidades perdidos antes de progresar en el temario.

Las vacaciones permiten a las niñas y niños recargar energía y les ofrecen más oportunidades para ejercer su autonomía y tomar decisiones: todo esto es también necesario. Pero en el caso de las largas épocas veraniegas, también se pueden aprovechar para afianzar lo aprendido y facilitar su recuperación. En este sentido, el repaso o la práctica repetida y espaciada son claves. Obviamente, revisar por completo el currículo correspondiente al curso recién acabado resulta inviable, no solo por las limitaciones temporales y de recursos, sino también porque ese no es el propósito de las vacaciones.

Entonces, ¿cómo podemos reducir el olvido de los aprendizajes escolares al tiempo que garantizamos el descanso de los niños y adolescentes durante las vacaciones de verano?




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Mantener los aprendizajes sin renunciar al descanso

El periodo vacacional ofrece un entorno idóneo para el aprendizaje no formal basado en experiencias reales, alejadas del formato académico. En este sentido, los niños, niñas y adolescentes pueden:

  • Leer con libertad (explorando todo tipo de textos fuera del ámbito escolar).

  • Realizar actividades cotidianas (sobre todo, del ámbito doméstico como cocinar, donde toman decisiones, leen recetas y aplican cálculos matemáticos de forma práctica).

  • Practicar actividades deportivas (promoviendo tanto la actividad física como hábitos saludables).

  • Acudir a talleres de temáticas específicas de su elección (favoreciendo su autonomía y dando la oportunidad de aprender más allá de los contenidos escolares; por ejemplo, robótica).

  • Asistir a campamentos de verano (supone convivir con otros “iguales” y desarrollar habilidades sociales, además de fomentar la autonomía).

  • Jugar (combina la interacción social con el manejo de información, de manera que se trabajan la atención y la memoria).

  • Visitar museos (supone una manera de enriquecer el aprendizaje durante el curso escolar con experiencias reales, además de fomentar la curiosidad, entre otros aspectos).

  • Participar en programas educativos (especialmente para el alumnado con dificultades de aprendizaje o socialmente desfavorecido y dirigidos a reforzar áreas esenciales como la lectoescritura).




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Potenciar el aprendizaje en verano

Si bien las vacaciones estivales son lo suficientemente largas para dedicar parte de ellas a continuar aprendiendo, no debemos olvidar que los periodos de descanso también son fundamentales para afianzar los aprendizajes. Estos meses pueden tomarse como una oportunidad para buscar un equilibrio entre periodos de reposo y la realización de actividades estimulantes para los más pequeños.

También es una ocasión ideal para dejar que los niños y adolescentes tomen la iniciativa y tengan la autonomía necesaria para seleccionar las actividades en las que quieran participar y organizar su horario durante estos meses.

El verano supone un entorno menos estructurado que el escolar, sin horarios rígidos ni planificación estricta de actividades. La sensación de tener demasiado tiempo en nuestras manos puede llevar a prácticas ociosas poco beneficiosas, como el abuso de pantallas o la disminución de la actividad física.

Dar opciones a los hijos e hijas para que sean partícipes de la gestión de su tiempo y preferencias es fundamental para garantizar que los resultados de las tareas de aprendizaje que se acuerden con ellos sean positivos. No es cuestión de hacer del hogar una segunda escuela, sino de adaptar las posibilidades de aprendizaje a las particularidades de la estación, dejando que las niñas y niños aprendan mientras se divierten. De esta manera, pueden disponer de más oportunidades reales para ejercer su autonomía.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Aprender en chanclas: cómo evitar que el verano borre lo que vimos en clase – https://theconversation.com/aprender-en-chanclas-como-evitar-que-el-verano-borre-lo-que-vimos-en-clase-259192

Dietas de un solo alimento: ¿eficaces, inútiles o peligrosas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Montero Bravo, Profesora Titular. Grupo USP-CEU de Excelencia “Nutrición para la vida (Nutrition for life)”, ref: E02/0720, Departamento de Ciencias Farmacéuticas y de la Salud, Facultad de Farmacia, Universidad San Pablo-CEU, CEU Universities, Universidad CEU San Pablo

Una monodieta popular en verano es la de la sandía. Brent Hofacker/Shutterstock

Cuando llega el verano aparecen por todos lados supuestas “dietas milagro”, soluciones perfectas para perder esos kilos que nos sobran y nos impiden lucir un cuerpo perfecto. Y entre ellas encontramos las llamadas monodietas, regímenes restrictivos que consisten en consumir exclusivamente un solo tipo de alimento (o un grupo muy limitado de alimentos) durante un periodo determinado. El objetivo es perder peso rápidamente o “desintoxicar” el organismo.

Ejemplos populares son las dietas de la piña, de la manzana, de la sandía, del melocotón, de la alcachofa, algunas que incluyen cereales como la dieta del arroz, e incluso regímenes basados en la ingesta de alimentos proteicos como el atún o la leche. Su aparente simplicidad y la promesa de obtener resultados rápidos explican su éxito.

Una pérdida de peso efímera

Al tratarse de dietas que generan una drástica reducción calórica, se produce una pérdida de peso a corto plazo. Sin embargo, consumir una ingesta tan baja de calorías da lugar a una disminución de los niveles de glucosa en sangre, lo que activa mecanismos compensatorios para mantener el suministro de energía.

Inicialmente, el organismo utiliza el glucógeno hepático, principal fuente de reserva de glucosa que se encarga de mantener los niveles adecuados de este azúcar en sangre, especialmente entre comidas o durante el ayuno. Sin embargo, al agotarse ese depósito, el organismo comienza a movilizar masa muscular para obtener aminoácidos que, a través de otras rutas metabólicas, permiten la síntesis de glucosa. Este proceso, sostenido en el tiempo, puede llevar a una pérdida significativa de masa muscular y otras alteraciones metabólicas.

Por tanto, buena parte de la bajada de peso corresponde a una pérdida de agua y masa muscular, más que a grasa corporal, por lo que esos resultados tienden a ser temporales. Al finalizar este tipo de dietas, es común que el individuo recupere rápidamente el peso perdido cuando recupera su alimentación habitual, lo que se conoce como “efecto rebote”.

En suma, las monodietas pueden resultar atractivas por la obtención de resultados rápidos, pero no promueven una pérdida de peso mantenida en el tiempo ni educan en hábitos alimentarios saludables.

Pero ¿tienen algún beneficio real?

Más allá de la citada pérdida de peso inicial, las evidencias científicas que respalden beneficios reales y duraderos de las monodietas son prácticamente inexistentes. Algunos individuos reportan una “sensación de ligereza” o mejor digestión, pero estos efectos pueden deberse más a la eliminación de alimentos procesados que al régimen en sí.

También puede producirse el llamado “efecto placebo”: al creer que están siguiendo una dieta detox y están “limpiando” su cuerpo, las personas se sienten mejor, aunque no haya cambios fisiológicos demostrados.

¿Son peligrosas?

Sí, las monodietas pueden llegar a ser peligrosas, especialmente si se prolongan en el tiempo. Su principal riesgo es la deficiencia de nutrientes esenciales. Al consumir solo un tipo de alimento, dejamos de ingerir proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales necesarios para el correcto funcionamiento del organismo. Además, pueden dar lugar a problemas digestivos, trastornos metabólicos, problemas osteomusculares, alteraciones hormonales y desequilibrios electrolíticos, especialmente en personas con una situación de salud previa vulnerable.




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Otro peligro importante es el de generar una relación poco saludable con la comida, marcada por la restricción y la culpa, que en casos extremos pueden desencadenar trastornos alimentarios como la ortorexia o la anorexia nerviosa.

Adicionalmente, esta limitación radical de nutrientes puede afectar el equilibrio de neurotransmisores a nivel cerebral, contribuyendo a una situación de irritabilidad y fatiga, afectando negativamente al bienestar emocional.

¿Por qué siguen siendo populares?

A pesar de los riesgos citados, las monodietas siguen teniendo éxito, especialmente en redes sociales y medios de comunicación. Su atractivo radica en la simplicidad y la promesa de resultados rápidos sin demasiado esfuerzo. Además, muchas de estas dietas son promovidas por celebridades o influencers, lo que les otorga una falsa credibilidad. La desinformación, la presión estética y la falta de educación nutricional en la sociedad también contribuyen a su seguimiento.

Debemos hacer hincapié en que las dietas de un solo alimento pueden ser eficaces para perder peso de forma rápida y temporal, pero no son efectivas a largo plazo y resultan peligrosas si el seguimiento de las mismas es prolongado. No aportan beneficios reales para la salud y pueden ocasionar deficiencias nutricionales e importantes problemas de salud.

Por estas razones, no son recomendables ni deben ser promovidas como métodos adecuados de control de peso o mejora de la salud. La mejor estrategia para lograr y mantener un peso saludable sigue siendo una alimentación equilibrada, variada y sostenida en el tiempo, acompañada de actividad física regular y hábitos de vida saludables.

The Conversation

Ana Montero Bravo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dietas de un solo alimento: ¿eficaces, inútiles o peligrosas? – https://theconversation.com/dietas-de-un-solo-alimento-eficaces-inutiles-o-peligrosas-260888

Seclusion rooms don’t make schools safe, and Ontario needs a policy

Source: The Conversation – Canada – By Hunter Knight, Assistant Professor of Childhood and Youth Studies, Western University

A recent report entitled Crisis in the Classroom: Exclusion, Seclusion and Restraint of Students with Disabilities in Ontario Schools shares accounts of the frightening use of seclusion rooms in schools. It makes recommendations towards improving inclusion, belonging and educational achievement for disabled students.

The report is from Community Living Ontario, a non-profit organization that advocates for people who have an intellectual disability. It analyzes the results from a survey of 541 caregivers of students with disabilities about their experiences in Ontario schools.

Seclusion rooms are spaces where students can be kept in isolation and are not permitted to leave. Respondents to the Crisis in the Classroom report detailed incidents such as a student being secluded in a padded room, and a student being isolated in a small, closet-sized room.




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While some school boards have developed guidance independently, there is currently no provincial policy on the use of seclusion rooms in Ontario. The Crisis in the Classroom report calls for clear and enforceable provincial regulations and policy around seclusion and restraint.

As an assistant professor of childhood and youth studies whose work examines constructions of the “problem child” and everyday injustices against disabled and racialized children, I believe it is critical for Ontario residents and policymakers to take stock of the negative effects of seclusion rooms and commit to alternatives.

I am unaffiliated with this report, but earlier in my career, I worked as as a one-on-one educational aide for students who attended a special education school that used seclusion.

Defining seclusion rooms

As education researchers Nadine Alice Bartlett and Taylor Floyd Ellis show, there is inconsistent terminology used to describe seclusion in schools, meaning that “the conditions under which such practices may be used in some instances are subjective,” and this “may contribute to a broad interpretation of what is deemed acceptable … in schools.”

As opposed to sensory rooms, which students can usually leave at will and are often designed with sensory tools available for self-regulation (like weighted toys), seclusion rooms serve to isolate or contain students.

Across North America, there are reports of seclusion rooms being built into schools or constructed in classroom corners.

In the Crisis in the Classroom report, 155 survey respondents said seclusion was used on their child in the 2022-23 school year, where seclusion means having a locked/blocked door (83 respondents) or being physically prevented from leaving (25 respondents).

Regular, sustained seclusion

Crisis in the Classroom notes that almost half of the students who had experienced seclusion were secluded on a regular basis, and more than 10 per cent were secluded for longer than three hours.

Research shows that seclusion is often discriminatory along lines of race, class and ability. Reflecting these patterns identified in larger research, the report flags that students had a higher risk for being secluded if they came from households with lower parental education and income levels, and if they were labelled with a behavioural identification or a mild intellectual disability.

More than half of the caregivers surveyed had never given permission for their children to be secluded, and the report includes quotes from caregivers who were never told it was happening.

Response to perceived source of school violence

Seclusion rooms are commonly justified as necessary tools to keep teachers and (other) students safe.

This justification ignores the evidenced success of schools that have reduced seclusion or eliminated it entirely through adequate staff support and trauma-informed training that draws from research-proven de-escalation strategies.

I argue that turning to these alternatives, as the report recommends, is of dire importance. Investigations elsewhere repeatedly find that seclusion rooms are most frequently used for discipline or punishment — not for safety.

Children in a classroom close to a teacher reading a book.
With adequate staffing and trauma-informed training, some schools have reduced or eliminated seclusion.
(CDC/Unsplash)

Outside Ontario, where policy requires tracking the reasons why children are sent into seclusion, seclusion has followed incidents like spilling milk or asking for more food at lunch.

Seclusion rooms act primarily as a disciplinary tool that targets the most vulnerable students in our schools.

Ineffective, dangerous tools

Seclusion is an ineffective educational and therapeutic practice and highly dangerous: research shows that seclusion rooms increase injury and violence in schools.

This appears in the physical harm (for students and staff) that can occur in the physical restraints often required to force a student into a seclusion room. It also appears in the trauma that can ensue from seclusion (for students and staff) that increases the likelihood of future physical confrontations.

Placing students, often in high distress, into a locked space where they cannot be closely supervised can and has resulted in their deaths.

Seclusion without regulation

As the Crisis in the Classroom report and repeated exposés illustrate, a lack of policy does not mean seclusion isn’t happening in Ontario. It means seclusion is happening without provincial policy to regulate things like:

  • Which students can or cannot be secluded, for how long and how often;
  • What rooms for seclusion must look like and essential safety features;
  • What data staff must collect about why seclusion rooms are used;
  • When caregivers must be notified.

Without these guidelines, sometimes no one knows that seclusion is happening — much less in what spaces, for which students and why — beyond the students and school staff who may be traumatized by this practice.

Reports of violence in schools

Crisis in the Classroom notes that teachers’ unions have reported there’s been an increase in violence by students against teachers, often presented in a way that suggests that disabled students are a primary source of this violence. The report acknowledges that the Elementary Teachers’ Federation of Ontario has said that students with special education needs have been “chronically under-served by the government.”

News media coverage, the report suggests, “often takes the side of educational staff, and has an unfortunate habit of conflating disability with aggressive behaviour.”

Unfortunately, the faulty perspective that disabled students are a source of school violence depends on an ableist logic that has worked historically to subject disabled people to over-incarceration. It effaces the fact that disabled children are actually more likely to be subjected to violence than their peers.




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The report points to the dire need to eliminate seclusion and turn towards possibilities that do not increase violence in schools and target disabled students.

The report’s recommendations echo calls from teachers’ unions for appropriate, adequate staffing in schools and increased professional development, especially trauma-informed training, that would support teachers’ work delivering supportive and inclusive education that keeps everyone safe.

And these recommendations make an urgent call for strong and clear policy on seclusion and restraint in Ontario that would severely limit it or eliminate it entirely — and at least track when it’s occurring.

Safer and more humane schools

This devastating report illustrates that we need policy on seclusion in Ontario now to protect everyone in our schools.

I know first-hand that teaching, especially for educators working with students with disabilities, is underpaid and underappreciated work.

More humane practices will keep schools safer for everyone, including teachers and all students, especially students who are still being subjected to seclusion today.

The Conversation

Hunter Knight receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council.

ref. Seclusion rooms don’t make schools safe, and Ontario needs a policy – https://theconversation.com/seclusion-rooms-dont-make-schools-safe-and-ontario-needs-a-policy-259010

Ukraine : la guerre cognitive russe

Source: The Conversation – in French – By Christine Dugoin-Clément, Analyste en géopolitique, membre associé au Laboratoire de Recherche IAE Paris – Sorbonne Business School, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, chaire « normes et risques », IAE Paris – Sorbonne Business School

Au-delà de la confrontation militaire, la guerre en Ukraine se déploie dans le domaine numérique et dans l’espace informationnel. Une véritable guerre cognitive est en cours.


Le 10 mai 2025, suite à la mise en place de la « coalition des volontaires », Emmanuel Macron, Keir Starmer et Friedrich Merz se sont rendus à Kiev en empruntant un train de nuit depuis la Pologne. Les images issues de ce voyage nocturne ont été l’occasion pour la Russie de lancer une nouvelle campagne de désinformation visant la France : le président Macron y était présenté comme un cocaïnomane, car on l’y voyait en train de ranger un mouchoir – un mouchoir que les initiateurs de cette fake news, reprise notamment par Maria Zakharova, porte-parole du ministère des affaires étrangères, présentaient comme étant en réalité un sachet de cocaïne. Cette attaque, loin d’être la première du genre, a contraint l’Élysée à publier un démenti cinglant sur son compte X.

Dans le même temps, la Russie ne néglige pas le théâtre national : le premier adjoint du chef de l’administration présidentielle, Sergueï Kirienko, a mis en place le projet dit des « Architectes sociaux », qui lui permet de disposer d’un réseau de technologues politiques à travers toute la Fédération de Russie.

Au niveau international, l’ingérence russe est un outil de conflictualité qui, parce qu’elle cible les prises de décision et les perceptions humaines, est mobilisée au travers de la guerre cognitive qui sert ici les objectifs de guerre russes. L’importance de la guerre cognitive est telle que les Occidentaux qui travaillent à définir des doctrines sur ce sujet.

Si l’on analyse beaucoup les mouvements sur la ligne de front, on souligne moins le fait que, par sa résistance à Moscou, l’Ukraine montre au reste du monde qu’il est possible de s’opposer avec vigueur aux visées du Kremlin, ce qui nuit à l’image d’invincibilité que le Kremlin cherche à projeter. Cette résistance pourrait se résumer en un mot ukrainien : « воля » (volia) qui a le double sens de « volonté » et de « liberté ».

Les attaques informationnelles russes : formater la pensée et bloquer la capacité de décision

En matière informationnelle, la Fédération de Russie peut s’appuyer sur le long héritage des « mesures actives » soviétiques. Ces mesures, après la chute de l’URSS, ont fait l’objet de diverses évolutions ; l’invasion massive de l’Ukraine entamée en février 2022 a été l’occasion d’une mise à jour des approches, mais aussi des processus et des modes de gouvernance de cet aspect de la confrontation avec l’Occident.

On a ainsi pu voir la Russie s’adapter à différentes plates-formes et, notamment, suivre les internautes des unes vers les autres, notamment lors de la migration de nombreux utilisateurs de X vers Bluesky. Les spécialistes russes ont aussi su adopter les nouvelles techniques permises par l’IA, notamment en produisant des deepfakes (ou hypertrucages) très réalistes, ainsi que de nombreux textes destinés à être relayés sur les réseaux sociaux, y compris des contrefaçons d’articles parus sur des sites occidentaux.

Les IA génératives ont également été infiltrées et peuvent, suite à une massification des contenus de désinformation russes incorporés à leurs bases de données, diffuser de la désinformation.

Cette débauche de moyens, dont le coût financier a singulièrement baissé avec le développement de la technologie, a plusieurs finalités qui se regroupent en un objectif général : d’une part, déployer une stratégie du chaos impactant directement le libre arbitre en général ; et, d’autre part, influencer la perception des décideurs afin, selon les cas, qu’ils hésitent à s’opposer aux objectifs du Kremlin ou qu’ils soient confortés dans leur volonté de les soutenir.

Dès lors, ce qui pourra permettre un maintien du libre arbitre et sa manifestation lors des processus électoraux par des votes ne s’alignant pas avec les candidats favorables à Moscou sera un obstacle à la finalité d’influence poursuivie par la Russie. Ce type de tentative d’ingérence a pu être observée à de multiples reprises, même si cela ne doit pas cacher l’existence de votants sensibles aux programmes portés par des partis radicaux pouvant être alignés avec l’approche idéologique du Kremlin.

La stratégie russe ne se contente pas de faire passer des contenus partiellement ou totalement faux pour vrais ; elle instrumentalise également des informations avérées de façon à les présenter sous un jour favorable aux intérêts russes, avant de noyer ses cibles sous une masse d’informations dont il devient difficile de trier le vrai du faux. Résultat : on a pu passer d’une étape visant à faire croire du vrai à une seconde visant à pousser les cibles à ne plus croire en rien.

L’approche informationnelle russe se déploie également sur plusieurs lignes temporelles : elle peut être extrêmement opportuniste et se saisir d’un événement sensible ou clivant pour un groupe social donné, faisant de la Russie un sujet de préoccupation constant pour les services de renseignement, notamment intérieurs. Par ailleurs, en usant d’agents jetables, la Fédération continue de semer le trouble par exemple en participant à faire croire à une montée de dégradations de véhicules commises par des militants écologistes pour attiser le sentiment anti-Verts en Allemagne, mais elle peut aussi travailler sur le temps long pour influencer en profondeur les perceptions du monde des individus et des groupes.

Maintenir la pression sur les élections

Les séquences électorales font l’objet d’une attention particulière de la machine informationnelle russe, qu’il s’agisse de truquer directement les résultats ou de procéder, durant les campagnes, à des ingérences visant à influencer les votes. Ces pratiques sont bien connues, même si elles ne sont pas toujours contrecarrées.

Mais d’autres approches sont aussi mises en place, qui visent à dégrader la légitimité des structures d’observation. La Russie déploie ainsi de fausses missions d’observation des élections, parallèles à celles menées par les organismes traditionnels. À cette occasion, de faux observateurs, ou des observateurs partiaux, rendent des avis conformes aux récits souhaités par le Kremlin.

Ces « pseudo-observateurs » sont recrutés dans différents pays, y compris des États membres de l’UE. En ce sens, ils profitent de la légitimité accordée par le grand public à ces missions d’observation électorale souvent mal connues. Ces organisations de fausses observations électorales ont notamment pu être observées en Géorgie pendant les législatives de 2024.

« Volia » : un concept à l’opposé de l’influence russe

C’est ici que l’Ukraine prend une importance capitale dans la guerre informationnelle. Le pays a fait le choix d’adhérer à un modèle de société européen, dépeint par Moscou comme « décadent » en comparaison du sien – lequel est supposé protéger les « valeurs traditionnelles », mais aussi incarner l’ordre, à l’opposé du chaos qui serait la marque de fabrique des Européens. L’Ukraine paie le prix du sang, depuis maintenant plus de trois ans, pour avoir refusé d’adhérer au monde russe « Russkyi Mir », concept polymorphe qui se décline en des dimensions géopolitique, idéologique et sociétale.

Aux yeux de Moscou, remettre l’Ukraine au pas permettrait de prouver la supériorité du modèle russe. La russification opérée dans les territoires occupés a pour finalité de donner l’impression que ces populations sont heureuses de faire partie de la Russie et donc d’adhérer à ce même modèle. Ce supposé engouement serait la preuve de l’attrait du modèle social russe et soutiendrait la proposition selon laquelle Moscou peut représenter une alternative crédible au modèle occidental dans son ensemble. Devenir une alternative crédible permet à Moscou de prendre du poids au niveau international et de remettre en cause les règles de droit international qu’elle ne respecte pas et qu’elle aimerait voir changer, notamment au sein des instances internationales.

L’Ukraine pose un problème de nature ontologique, si l’on s’attache à une approche conceptuelle de l’ingérence russe. Ce problème se résume en un petit mot, « volia ». En ukrainien, ce mot à un double sens. Il signifie tout à la fois « volonté » et « liberté », la volonté ne pouvant s’entendre que comme libre, ne nécessitant pas de le préciser comme dans la notion de libre arbitre. Ce concept vient en opposition à la volonté de maîtrise et d’influence russe sur l’Ukraine.

La volonté russe de nier l’existence de l’Ukraine répond donc à des considérations multiples : imposer un choix de société que l’on présentera aux opinions des pays africains mais aussi du Moyen-Orient comme étant plus séduisant que le modèle occidental et européen ; participer à changer les règles du droit international ; et réaliser une projection de puissance en s’appuyant sur la force militaire, ce qui permettra de faire oublier que la Russie aura buté sur l’invasion de l’Ukraine pendant – au moins – plus de trois ans.

Une guerre cognitive

Le terme de « guerre hybride », bien que faisant débat dans la communauté académique, a été largement utilisé depuis le début de la guerre dans le Donbass en 2014. Ce concept s’appuie notamment sur des écrits de Franck Hoffman, datant de 2007, qui décrivaient alors les méthodes employées par Israël lors de la guerre du Liban en 2006.

Plus récemment, la notion de « guerre cognitive » a refait surface pour décrire les nouvelles modalités de la conflictualité moderne, mêlant guerre traditionnelle et actions informationnelles mais aussi économiques visant à affaiblir un adversaire pendant, et même avant le déclenchement de l’affrontement cinétique – ce qui ne va pas sans rappeler le fameux Art de la guerre, de Sun Tzu, qui affirmait qu’il était possible de gagner le combat avant même de le mener.

Là encore, le concept de guerre cognitive a fait l’objet de multiples débats. Au cours des années, il a été employé pour désigner divers types d’actions, incluant aussi bien les opérations psychologiques, ou PsyOps renommées Military Information Support Operations (MISO) à l’Ouest, quand on parlait plus volontiers de mesures actives à l’Est, ces dernières s’appuyant sur la fameuse Maskirovka, c’est-à-dire l’art de la duperie russe, puis sur les théories du contrôle réflexif.

In fine, on parle en Russie de « guerre non linéaire » qui consiste à mêler moyens miliaires et non militaires pour atteindre les objectifs. Lors d’un discours prononcé devant l’Académie des sciences militaires en 2019, Sergueï Choïgou, alors ministre de la défense, affirmera même la primauté des mesures non militaires sur la puissance militaire.

La guerre cognitive reste un concept flou pour les Occidentaux, qui le définissent, au sein de l’Otan, comme « des activités menées en synchronisation avec d’autres instruments de puissance, afin d’influer sur les attitudes et les comportements, en influençant, en protégeant ou en perturbant la cognition d’un individu, d’un groupe ou d’une population, afin d’obtenir un avantage sur un adversaire ».

La Russie semble le comprendre de manière encore globale et ontologique : ses opérations informationnelles visent différents niveaux de la société (allant de l’individu aux différents types de groupes), mais également différents niveaux d’activité humaine (économiques, politiques, sociétaux, culturels, etc.).

L’exemple des étoiles de David peintes sur les murs de Paris peu après les attaques du 7 octobre 2023 par des ressortissants moldaves engagés par les services russes en fournit une bonne illustration. Ces agents sont qualifiés de « jetables » car ils sont recrutés et payés pour l’occasion afin de réaliser des actions simples dans le monde physique en n’ayant que peu, voire pas, d’attache avec le Kremlin. Cette action était ensuite facile à utiliser dans la sphère informationnelle et à amplifier numériquement. De plus, des personnes de bonne foi pouvaient observer ces graffitis, bien réels, ce qui donnait une crédibilité et une existence à une action pourtant créée de toutes pièces afin de déstabiliser la société française.

La guerre cognitive est aujourd’hui un concept encore en cours de définition. Si elle implique l’usage de stratégies destinées à mener des attaques sur les cognitions humaines, elle ne peut cependant se limiter à cette approche. Elle doit être pensée dans une perspective plus vaste, d’ordre ontologique. Cela suppose de prendre en compte les domaines dans lesquels ses actions peuvent se déployer, et les fondements sur lesquels elle s’appuie. L’objectif de ces actions est de perturber, de détourner, voire de tordre la prise de décision – un processus qui, par essence, devrait rester libre, comme le suggère le terme « volia ».


Cet article a été co-écrit avec Dmitro Zolotukhin.

The Conversation

Christine Dugoin-Clément ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Ukraine : la guerre cognitive russe – https://theconversation.com/ukraine-la-guerre-cognitive-russe-258506

Polanyi, pour mieux comprendre ce qui nous arrive

Source: The Conversation – in French – By Nicolas Postel, Professeur de Sciences Economiques- Titualire chaire Socioeconomie des communs, Université de Lille

Pour Karl Polanyi, le marché n’est pas une structure abstraite, il est encastré dans la société. (_Le Marché et la fontaine des Innocents en 1855_, de Fédor Hoffbauer [1839-1922]). Fédor Hoffbauer/Wikimedia Commons, CC BY

Économiste, sociologue, mais aussi philosophe, Karl Polanyi est un penseur critique des excès du capitalisme des années 1920. Dans la Grande Transformation (1944), il décrypte le lien entre un capitalisme sans limite et les totalitarismes. Une œuvre à redécouvrir d’urgence, alors que l’on peut craindre que les mêmes causes produisent les mêmes effets.


Que nous arrive-t-il ? Pour de nombreux citoyens et chercheurs en sciences sociales, le début de l’année 2025 a été le temps d’une sidération, souvent refoulée. Les premiers mois du mandat de Donald Trump nous secouent d’autant plus que, dans le même, temps, jour après jour, les informations les plus alarmantes se succèdent sur l’accélération des effets du réchauffement climatique et de l’effondrement de la biodiversité. L’analyse que propose Karl Polanyi peut nous aider à sortir de cette sidération, en nous donnant des clés de lecture de la situation que nous vivons et des voies permettant de sortir de l’ornière.

Karl Polanyi (1886-1964) est un analyste extrêmement précieux des rapports problématiques qu’entretient notre système économique avec la société et la biosphère. Dans la Grande Transformation, son ouvrage majeur (1944), il propose à la fois une histoire du capitalisme et une mise en évidence de sa singularité à l’échelle du temps long de l’humanité.

Le capitalisme constitue en effet une réponse très singulière à la question économique – question dont aucune société ne peut s’affranchir et que Polanyi définit comme : un « procès institutionnalisé d’interaction entre l’homme et son environnement qui se traduit par la fourniture continue des moyens matériels permettant la satisfaction des besoins ».

Trois bouleversements

À première vue, cette définition peut sembler banale. Mais si on confronte cette définition à notre impensé économique, c’est bouleversant pour trois raisons :

(1) L’économie est un process institutionnalisé, cela nous dit clairement que la réponse que donne toute société à la question de la satisfaction des besoins (aux conditions de sa reproduction) est d’abord collective, sociale, politique. Il n’y a pas d’économie « avant » les institutions collectives. Exit donc, nos illusions sur l’économie comme étant le lieu d’une émancipation par l’égoïsme rationnel ! Il n’y a, à l’origine, ni Homo œconomicus, ni concurrence libre et non faussée, ni loi de marché. L’économie est d’abord et toujours une question d’institutions et donc de choix collectifs et politiques. Là se joue la liberté des acteurs : participer à la construction des institutions qui forment une réponse collective à la question de la vie matérielle.




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(2) Un process « entre l’homme et son environnement » : cette définition pose ici immédiatement la question de l’insertion de la communauté humaine dans la nature, dans la biosphère, dans son lieu de vie. Seconde surprise, donc : la question écologique n’est donc pas « nouvelle »… C’est même la question fondatrice de l’économie pour Polanyi.

(3) Il s’agit de satisfaire « des besoins » et non pas des désirs insatiables d’accumulation… Là encore, cette dimension substantive de l’économique nous est devenue invisible, enfouie sous un principe d’accumulation illimitée qui nous a fait oublier la question de « ce dont nous avons vraiment besoin », au point paradoxalement de conduire nos sociétés contemporaines à assurer le superflu mais plus le nécessaire. Nous sommes, de fait (c’est ce que nous indique le franchissement des « limites environnementales »), sortis d’une trajectoire de reproductibilité des conditions de vie authentiquement humaine sur terre, alors même que nous accumulons des biens et services inutiles.

Marché autorégulateur

Cette sortie de route est un effet pervers du déploiement, depuis la révolution industrielle, d’un système de marché autorégulateur qui sert de base au mode de production capitaliste. C’est le second apport de Polanyi. Pendant des millénaires, la communauté humaine est parvenue à se reproduire de manière résiliente en pratiquant des formes d’économie socialement encastrées et cohérentes avec notre milieu de vie.

Polanyi repère ces formes sociales d’économie : l’économie domestique (autarcique) du clan ; la réciprocité entre les différentes entités progressivement mises en relation et pratiquant de manière ritualisée du don contre don ; la redistribution qui se met en place à un stade plus avancé de communautés humaines organisées autour d’un centre puissant et légitime, habilité à prélever des ressources et à les repartir, selon des critères considérés comme justes, entre les différents membres de la communauté… et le commerce, ou marché-rencontre, aux marges de la société (le mot donnera marché) dans lequel les acteurs diversifient leur consommation et négocient de gré à gré, en dehors de toute logique concurrentielle, le « juste prix ».

Ces formes économiques insérées, mises au service de la société, sont balayées par le capitalisme. Lorsque le phénomène industriel émerge et, avec lui, la promesse de l’abondance, il apparaît très clairement nécessaire de plier la société aux besoins de l’industrie. Il faut alimenter la machine productive en flux continu de travail, de matière première, et de financement permettant l’investissement. Pour que cette dynamique capitaliste fonctionne, il devient donc « nécessaire » de traiter le travail (la vie humaine), la terre (la biosphère) et la monnaie de crédit (indispensable à l’investissement) comme s’ils étaient des marchandises « produites pour être vendues ». C’est nécessaire, mais c’est faux, évidemment.

La société au service de l’économie ou l’inverse

Là est le mythe fondateur de nos sociétés qui se comprend assez vite dans les expressions désormais courantes : « ressources humaines », « ressources naturelles », « ressources monétaires ». Mais ressources pour qui ? pour quoi ? Pour la production de richesse ! Voilà ce qui constitue une inversion remarquable : la société et son environnement naturel se voient artificiellement « mises au service » de l’économie… et non l’inverse. La biosphère et la société doivent se soumettre, enfin, à « la loi » de l’économie !

Ce mythe – souligne Polanyi – travaille et détruit la société si l’on ne prend pas garde de « protéger » la vie humaine, la nature et le monnaie de cette logique concurrentielle. C’est ce que vécut Polanyi : l’effondrement de la société viennoise de l’entre-deux-guerres et de sa vie intellectuelle brillante (Einstein, Freud, Wittgenstein, Hayek, Popper… sans parler d’écrivains comme Zweig ou Schnitzler) qui s’abîma en quelques mois, dans le nazisme.

Karl Polanyi, juif, dut fuir en Angleterre. Il passera sa vie à saisir les causes de cet effondrement. Il perçoit alors que le fascisme révèle au fond « la réalité d’une société de marché » : c’est le produit d’un libéralisme économique débridé. L’échec des contre-mouvements qui, au long du XIXe siècle, cherchèrent à limiter l’emprise du marché sur la société (les paysans attachés aux communaux, les artisans attachés au travail libre, puis les prolétaires à celle d’un respect des droits humains, les nations attachées à l’étalon-or…) se traduit par une crise sociale majeure.

Une réaction sociale convulsive

Dans cette société dominée par la concurrence de tous contre tous, chaque individu est renvoyé à son intérêt propre, désocialisé.
L’espace commun de délibération se réduit, s’étiole, disparaît. Mais la société ne disparaît pas : elle se régénère maladivement, de manière dysfonctionnelle non plus par la raison et l’existence d’un dessein commun, mais par le sang, la « race », et l’homme providentiel. Le totalitarisme, c’est cette réaction sociale, presque convulsive, maladive et qui est le symptôme d’une société disloquée sous l’effet du libéralisme.


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Polanyi pense, lorsqu’il présente cette analyse dans l’immédiat après-guerre, que cet effondrement appartient au passé. Les sociétés occidentales vont se reconstruire en pleine connaissance de cause. C’est le sens de la « grande transformation » (le titre de son livre) qui s’opère avec, notamment, les accords de Philadelphie (fondateurs, en 1944, de l’Organisation internationale du travail) qui actent la nécessité de « protéger » le travail contre la logique concurrentielle, et ceux de Bretton Wood qui actent la constitution d’un système monétaire international réduisant le rôle des marchés et plaçant la question du financement dans la main des États.

Les institutions collectives, politiques, reprennent la main sur l’économique et lui assignent des règles qui, partiellement, « dé-marchandisent » le rapport à la monnaie et au travail (mais pas à la nature). Le monde occidental connaît alors un cycle long de prospérité et de paix. Les Occidentaux voient leur qualité de vie augmenter au fur et à mesure que la production se déploie, grâce à la redistribution des gains de productivité, au point que hausse du PIB et hausse du bonheur finissent par se confondre dans l’esprit public… au détriment des rentiers qui voient leur avoir diminuer.

Réencastrement partiel

Mais ce réencastrement de l’économie dans la société est partiel. La sphère domestique continue d’être niée, la nature d’être pillée, le travail d’être aliéné dans son contenu (c’est la période taylorienne).

Au début des années soixante-dix, les détenteurs de patrimoine financier, lésés par l’État social, sonnent l’heure de la révolte, et parviennent à démanteler le système monétaire international et à réactiver la puissance des marchés financiers. Ceci tandis que les populations mondiales dénoncent l’épouvantable exploitation des ressources mondiales au seul profit de l’Occident et que les salariés dénoncent le taylorisme. Le compromis de l’après-guerre ainsi mis en critique s’étiole et laisse la place à une phase dite néolibérale. C’est cette phase de remarchandisation très rapide qui, aujourd’hui, nous amène au bord du gouffre.

Le néolibéralisme a débuté sa révolution par la remarchandisation de la monnaie et la redynamisation du pouvoir des marchés et des actionnaires, la seconde phase se traduit par la remarchandisation du travail (le droit du travail est allégé, les protections sociales affaiblies), et de la nature (marché de l’énergie, marché carbone, brevetabilité du vivant, accaparement foncier…). Cette remarchandisation, qui oublie totalement les leçons de l’histoire, nous conduit au bord d’un précipice écologique et social.

Monétairement, socialement, politiquement, écologiquement, tout notre système se fissure. Ces failles structurelles entraînent un immense désarroi social et… la résurgence de mouvements néo-fascistes, néonazis, nationalistes autoritaires… Selon une mécanique extrêmement proche de celle que décrit Polanyi. La crise politique de nos démocraties est donc d’abord une crise de notre économie, ou, plus précisément, de la pression qu’exerce l’économique (dans sa version marchande) sur le social et la biosphère.

BFM Business.

Retour aux sagesses anciennes ?

Au-delà du diagnostic, Polanyi nous donne des ressources pour agir. Il nous permet de percevoir la résilience des structures de « l’ancien monde » dans nos vies et nos économies. Les sagesses anciennes n’ont pas disparu : nous pratiquons à très grande échelle la redistribution, une large part de nos échanges sociaux est fondée sur la réciprocité (et notamment au sein de l’économie sociale et solidaire), et chacun sait l’importance vitale de notre foyer familial.

Nous vivons, des temps polanyiens, et ils ont leur part de noirceur. Mais, si l’on suit Polanyi, la liberté – celle qui consiste à choisir ensemble un horizon commun – est devant nous. Notre extraordinaire capacité de production – héritage indéniable du capitalisme – doit nous permettre de nous poser sereinement la question de nos besoins, et cela nous amènera à consommer moins !

Moins de nourriture, moins de psychotropes, moins de déplacements professionnels, et plus de temps libre : ce ne serait tout de même pas triste ! Polanyi ne nous propose pas de solutions clés en main, mais montre un chemin : retrouver le goût de la délibération collective et la défendre contre l’établissement d’un principe de concurrence généralisée – celui de la gouvernance actionnariale – qui détruit la société, nourrit le totalitarisme et se heurte violemment aux limites planétaires.

The Conversation

Nicolas Postel ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Polanyi, pour mieux comprendre ce qui nous arrive – https://theconversation.com/polanyi-pour-mieux-comprendre-ce-qui-nous-arrive-257393

Virus « exotiques » dans l’Hexagone : que faut-il savoir du chikungunya ?

Source: The Conversation – in French – By Yannick Simonin, Virologiste spécialiste en surveillance et étude des maladies virales émergentes. Professeur des Universités, Université de Montpellier

Représentation en trois dimensions et fausses couleurs de particules virales similaires au virus chikungunya. National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID)

Depuis le début de l’été, un nombre record de cas autochtones d’infections par le virus chikungunya a été recensé dans l’Hexagone. Voici ce qu’il faut savoir de ce virus, propagé par les moustiques appartenant au genre Aedes, comme le moustique tigre Aedes albopictus.


Le virus chikungunya a été décrit pour la première fois en 1952 en Tanzanie, sur le plateau du Makonde. Son nom dérive du mot signifiant « se déformer » en langue kimakonde, parlée notamment dans le sud-est de la Tanzanie. Il décrit la façon dont la posture des malades, perclus de graves douleurs articulaires, se transforme durant la maladie.

Si la plupart des patients finissent par se rétablir complètement, ce virus est particulièrement dangereux pour les nouveau-nés et les personnes âgées. Dans un grand nombre de cas, il peut aussi être à l’origine de lourdes séquelles, notamment des douleurs articulaires ou une fatigue chronique. Ces dernières peuvent perdurer pendant plusieurs mois, voire plusieurs années, dégradant la qualité de vie des personnes concernées.

Biologie et transmission

Le virus chikungunya (CHIKV) est un arbovirus, autrement dit un virus transmis par les arthropodes (« ARthropod-BOrne VIRUS, en anglais). Il s’agit d’un virus enveloppé avec comme génome de l’ARN.

Il est propagé par les femelles de différentes espèces de moustiques appartenant au genre Aedes. Les espèces d’Aedes le plus souvent responsables de sa transmission sont Aedes aegypti et Aedes albopictus, le tristement célèbre moustique tigre. Dans les régions rurales du continent africain, Aedes furcifer et Aedes africanus sont aussi impliqués, ainsi que plusieurs autres espèces d’Aedes.

Sur le continent africain, divers réservoirs animaux ont été identifiés (primates, rongeurs, oiseaux…), impliqués dans le cycle du virus. Le virus peut donc se transmettre de l’animal à l’être humain, ce qui en fait une zoonose.

Le bétail peut aussi être un réservoir, mais son rôle dans la transmission n’est pas clairement déterminé.

Une femelle de moustique tigre en train de prendre un repas de sang.
C’est lors du repas de sang des femelles moustique (ici une femelle moustique tigre) que le virus chikungunya est transmis.
CDC/ James D. Gathany

Si les moustiques du genre Aedes piquent toute la journée durant, ils sont toutefois plus agressifs en milieu de matinée et en milieu d’après-midi. Les risques de transmission de la maladie sont donc plus importants pendant cette période.

Lorsqu’une femelle moustique se nourrit sur un individu dont le sang contient le virus, ce dernier se multiplie dans l’organisme de l’insecte pendant une dizaine de jours, notamment dans son système digestif et ses glandes salivaires. Quand le moustique infecté pique une nouvelle cible, il lui injecte systématiquement sa salive, principalement pour empêcher la coagulation du sang et ainsi faciliter le repas sanguin. C’est de cette façon qu’il transmet le virus.

Une fois dans le sang de son nouvel hôte, le virus se multiplie à nouveau en quelques jours. Les moustiques qui piqueront l’individu nouvellement contaminé seront à leur tour infectés, poursuivant le cycle de transmission du virus… C’est ainsi qu’apparaissent des foyers de cas autochtones, voire des épidémies.

Lors des flambées humaines, c’est donc la transmission du virus d’une personne à une autre qui entretient l’épidémie. Une personne porteuse du virus peut le transmettre durant la phase « virémique » (lorsqu’il est présent dans le sang), soit un à deux jours avant le début des symptômes et jusqu’à sept jours après.

La contamination peut aussi se faire via une exposition au sang contaminé (transfusion, piqûre avec une aiguille contaminée, projection ou contact…). Par ailleurs, bien que rare, le virus peut aussi être transmis de la mère à l’enfant au cours de l’accouchement, avec de graves conséquences pour le nouveau-né.

Très fragile en dehors de son hôte, le virus chikungunya survit mal dans l’environnement. Il ne se transmet donc pas par des objets ou des surfaces contaminées, contrairement à bon nombre d’autres virus.

Symptômes

Selon les études, l’infection par le virus n’est asymptomatique que dans 5 à 40 % des cas. La majorité des personnes infectées développent donc des symptômes, contrairement à d’autres virus transmis par les moustiques comme la dengue ou le Zika.

Chez les personnes symptomatiques, les signes de la maladie débutent généralement d’un à douze jours après la piqûre d’un moustique infecté (en moyenne plutôt de deux à trois jours).

Atteinte de la main d’une jeune fille de 15 ans contaminée par le virus chikungunya, à Rome en 2017, en même temps que son frère de 21 ans.
Maria Laura Tini et Giovanni Rezza, « Morbilliform skin rash with prominent involvement of the palms in Chikungunya fever », IDcase Volume 13, 2018, e00421, CC BY

Cette fièvre s’accompagne de douleurs articulaires souvent sévères, qui touchent principalement les extrémités (mains et pieds, poignets, chevilles) ainsi que les genoux, et plus rarement les hanches ou les épaules. Ces douleurs sont principalement liées à l’inflammation consécutive à l’infection. Les patients présentent aussi souvent des maux de tête et des douleurs musculaires importantes (dans 70 % à 99 % des cas), ainsi qu’une éruption cutanée sur les membres et le tronc.

La plupart des malades se rétablissent complètement. La fièvre disparaît généralement en deux à sept jours, l’éruption cutanée en deux à trois jours et des douleurs articulaires en quelques semaines.

Cependant, chez certaines personnes, notamment les plus de 40 ans ou les personnes ayant des antécédents de maladies articulaires, une forme chronique de la maladie peut s’installer. Certains symptômes persistent alors. Les douleurs articulaires peuvent notamment perdurer jusqu’à plusieurs années après l’infection. Cette situation peut se révéler très invalidante au quotidien, d’autant plus qu’elle peut être associée à une fatigue chronique.

Certaines études évaluent qu’entre 30 % et 40 % des patients adultes symptomatiques présentent encore des douleurs articulaires persistantes au-delà de trois mois à six mois, tandis que 5 à 20 % des patients symptomatiques rapportaient encore ces symptômes deux ans après l’infection. Loin d’être anodines, ces atteintes chroniques peuvent donc représenter un très lourd fardeau sociétal, tant sur le plan sanitaire qu’économique…

Quelques cas occasionnels de complications oculaires, neurologiques (encéphalites, syndrome de Guillain-Barré) et cardiaques (myocardites) ont également été répertoriés.

Heureusement, les décès dus au chikungunya sont rares (entre 0,1 et 1 pour 1 000 cas symptomatiques). Ils concernent principalement des nouveau-nés, pour lesquels la maladie est très dangereuse, générant des problèmes neurologiques et cardiaques, ainsi que les personnes âgées ou souffrant de comorbidités (le virus aggravant les pathologies sous-jacentes).

À la suite de l’exposition au virus, notre organisme développe une immunité durable qui persiste généralement plusieurs années, voire plusieurs dizaines d’années. Dans de nombreux cas, la protection pourrait même durer toute la vie. Les cas décrits de réinfection sont très rares, ce qui suggère que cette immunité acquise est suffisante pour protéger la plupart des personnes exposées au virus.

Diagnostic et traitements

Les symptômes étant très proches de ceux d’autres virus, comme le virus de la dengue ou le virus Zika, le diagnostic peut s’avérer difficile à établir.

Le virus peut être détecté dans des échantillons sanguins par RT-PCR, durant la première semaine de la maladie. Ultérieurement (après le cinquième jour), l’infection peut aussi être confirmée par une recherche d’anticorps dirigés contre le virus.

Il n’existe pas de médicament antiviral contre le virus chikungunya. La prise en charge consiste à soulager les symptômes en administrant des antalgiques/antipyrétiques, comme le paracétamol, pour lutter contre les douleurs et les fièvres, ainsi que des anti-inflammatoires pour traiter les problèmes articulaires.

Micrographie électronique à transmission (TEM) représentant de nombreuses particules du virus chikungunya, composées d’un noyau central dense entouré d’une enveloppe virale. Chaque virion a un diamètre d’environ 50 nm.
Micrographie électronique à transmission (TEM) représentant de nombreuses particules du virus chikungunya, composées d’un noyau central dense entouré d’une enveloppe virale. Chaque virion a un diamètre d’environ 50 nm.
Cynthia Goldsmith/Centers for Disease Control and Prevention (CDC)/Wikimedia Commons

Depuis juin 2024, un vaccin contre le chikungunya, le vaccin Ixchiq du laboratoire Valneva, dispose d’une autorisation de mise sur le marché dans l’Union européenne. Il s’agit d’un vaccin vivant atténué : il contient une souche du virus chikungunya qui a été affaiblie en laboratoire et qui ne peut donc plus provoquer la maladie, mais qui peut stimuler le système immunitaire.

Mise en œuvre durant l’épidémie d’ampleur qui a touché La Réunion en 2025, la vaccination a été suspendue chez les sujets de 65 ans et plus, avec ou sans comorbidités. En effet, plusieurs cas d’effets indésirables graves ont été signalés dans cette tranche d’âge. Des investigations complémentaires sont en cours afin d’évaluer la balance bénéfice-risque chez les personnes âgées, et adapter les recommandations vaccinales en conséquence.

Épidémiologie

Le virus chikungunya a circulé pendant plusieurs décennies en Afrique, en Inde et en Asie, ainsi que dans l’océan Indien. C’est d’ailleurs l’épidémie qui a frappé La Réunion, de même que l’île Maurice, Mayotte et les Seychelles, en 2005-2006, touchant 38,2 % de la population réunionnaise, qui a participé à le faire connaître du public français.

Avant cette première grande épidémie, La Réunion n’était pas une zone de circulation du virus chikungunya, car Aedes aegypti, le moustique vecteur principal de ce virus n’y est pas implanté. Le moustique tigre Aedes albopictus y circulait en revanche, mais n’était pas connu pour transmettre le virus. On a découvert ensuite qu’une mutation lui avait permis de s’adapter à ce moustique, qui est devenu un nouveau vecteur. Désormais, plusieurs souches de virus chikungunya circulent, selon qu’elles sont adaptées à Aedes aegypti ou au moustique tigre. Depuis ce changement, l’aire du virus s’est considérablement modifiée.

Selon l’Organisation mondiale de la santé (OMS), depuis 2004, des flambées de chikungunya ont été signalées dans plus de 110 pays d’Asie, d’Afrique, d’Europe et des Amériques. Elles sont devenues plus fréquentes et plus étendues à mesure que les populations d’Aedes aegypti ou d’Aedes albopictus s’étendaient.

En outre, des adaptations permettant au virus d’être plus facilement transmis par le moustique tigre ont été détectées. Le fait que le virus ait été introduit dans des populations qui n’y avaient jamais été exposées (immunologiquement naïves) explique également l’augmentation de fréquence des flambées.

Situation en France

En France, le risque de transmission du virus chikungunya concerne à la fois les régions où Aedes aegypti est implanté, comme les Antilles (Guadeloupe, Martinique, Saint-Martin, Saint-Barthélemy) ou la Guyane, mais aussi dans celles où le moustique tigre (Aedes albopictus) circule, comme à La Réunion ou en France hexagonale. À Mayotte, qui abrite les deux espèces de moustiques, le risque est élevé, notamment en raison d’un climat tropical humide favorable.

On considère qu’environ 80 % des départements français rassemblent les conditions propices à l’émergence de la maladie, notamment en raison de l’expansion continue du moustique tigre dans l’Hexagone. Ce moustique y est bien établi : en janvier 2024, il était implanté dans 78 de ses 96 départements, non seulement dans le Sud, mais aussi en Île-de-France et jusque dans l’Est.

Des cas autochtones de chikungunya – liés à des infections sur le territoire et non à des voyageurs déjà infectés à leur arrivée – ont déjà été répertoriés par le passé en France hexagonale. Le tout premier cas autochtone de chikungunya dans l’Hexagone a été identifié à Fréjus, dans le Var, en septembre 2010. Depuis, plusieurs foyers sporadiques ont été signalés principalement dans le sud de la France, avec un foyer de 11 cas à Montpellier (Hérault) en 2014 ou encore de 17 cas dans le Var en 2017.

Le virus chikungunya s’était ensuite fait plus discret, mais, en 2024, un premier cas autochtone a été détecté en Île-de-France, où le moustique tigre s’est installé ces dernières années. L’année 2025 s’annonce comme une année record, portée par la circulation intense du virus à La Réunion, puis à Mayotte : début juillet, une trentaine de cas autochtones ont déjà été détectés dans l’Hexagone.

Conduite à tenir pour prévenir la maladie

À l’heure actuelle, le seul moyen de lutter contre la maladie est de se protéger des piqûres et de lutter contre les moustiques qui la propagent.

Pour éviter de se faire piquer, il faut porter des vêtements clairs (qui diminue l’attractivité visuelle et thermique pour les moustiques), amples et couvrants, utiliser des répulsifs cutanés et mettre en place des moustiquaires (autour de son lit, à ses fenêtres…).

Pour réduire le développement des larves de moustique, il est recommandé de vider tous les récipients d’eau stagnante, notamment les coupelles des pots de fleurs et les arrosoirs, et de couvrir les réceptacles d’eau de pluie, surtout en période de fortes précipitations.

Losqu’un cas d’infection est signalé, des opérations de démoustication sont menées à proximité des cas détectés, accompagnées d’actions de sensibilisation auprès du public et des professionnels de santé (collaboration entre les agences régionales de santé, Santé publique France et des agences de démoustication telles que Altopictus ou l’Entente interdépartementale de démoustication).

Des tests de contrôle des populations de moustiques vecteurs par des techniques comme celle de l’insecte stérile sont aussi en cours.

The Conversation

Yannick Simonin a reçu des financements de l’Université de Montpellier, de l’ANRS-MIE, de la région Occitanie et de l’Union européenne.

ref. Virus « exotiques » dans l’Hexagone : que faut-il savoir du chikungunya ? – https://theconversation.com/virus-exotiques-dans-lhexagone-que-faut-il-savoir-du-chikungunya-261034

PFAS et dépollution de l’eau : les pistes actuelles pour traiter ces « polluants éternels »

Source: The Conversation – in French – By Julie Mendret, Maître de conférences, HDR, Université de Montpellier

Les PFAS, ces substances per- et polyfluoroalkylées, souvent surnommées les « polluants éternels », représentent un défi environnemental majeur en raison de leur persistance et de leur toxicité.

Aujourd’hui, outre mieux réguler leur utilisation, il faut de meilleures pistes pour traiter ces polluants, c’est-à-dire d’abord les extraire de l’environnement, puis les détruire. Un véritable défi puisque ces molécules sont à la fois très variées et très résistantes – ce qui fait leur succès.


Des mesures d’encadrement et d’interdiction des émissions de PFAS, indispensables pour limiter leur diffusion dans l’environnement, sont d’ores et déjà en route. Selon une loi adoptée en février 2025, la France doit tendre vers l’arrêt total des rejets industriels de PFAS dans un délai de cinq ans.




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Récemment, une enquête menée par le Monde et 29 médias partenaires a révélé que la décontamination des sols et des eaux contaminées par ces substances pourrait coûter de 95 milliards à 2 000 milliards d’euros sur une période de vingt ans.

Comme pour d’autres contaminants organiques, on distingue deux grandes familles de procédés de traitement.

Certaines technologies consistent à séparer et parfois concentrer les PFAS du milieu pollué pour permettre le rejet d’un effluent épuré, mais elles génèrent par conséquent des sous-produits à gérer qui contiennent toujours les polluants. D’autres technologies consistent à dégrader les PFAS. Ces procédés impliquent la destruction de la liaison C-F (carbone-fluor) qui est très stable avec souvent des besoins énergétiques associés élevés.

Dans cet article, nous recensons une partie des nombreux procédés qui sont actuellement testés à différentes échelles (laboratoire, pilote, voire à l’échelle réelle), depuis des matériaux innovants, qui peuvent parfois simultanément séparer et détruire les PFAS, jusqu’à l’utilisation d’organismes vivants, comme des champignons ou des microbes.




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Procédés de séparation et concentration des PFAS dans l’eau

Actuellement, les techniques mises en œuvre pour éliminer les PFAS dans l’eau sont essentiellement des procédés de séparation qui visent à extraire les PFAS de l’eau sans les décomposer, nécessitant une gestion ultérieure des solides saturés en PFAS ou des concentrâts (déchets concentrés en PFAS) liquides.

La technique la plus couramment mise en œuvre est l’« adsorption », qui repose sur l’affinité entre le solide et les molécules de PFAS qui se fixent sur la surface poreuse. L’adsorption est une technique de séparation efficace pour de nombreux contaminants incluant les PFAS. Elle est largement utilisée dans le traitement de l’eau, notamment en raison de son coût abordable et de sa facilité d’utilisation. La sélection de l’adsorbant est déterminée par sa capacité d’adsorption vis-à-vis du polluant ciblé. De nombreux matériaux adsorbants peuvent être utilisés (charbon actif, résine échangeuse d’ions, minéraux, résidus organiques, etc.).

Parmi eux, l’adsorption sur charbon actif est très efficace pour les PFAS à chaîne longue mais peu efficace pour ceux à chaîne moyenne ou courte. Après adsorption des PFAS, le charbon actif peut être réactivé par des procédés thermiques à haute température, ce qui entraîne un coût énergétique élevé et un transfert des PFAS en phase gazeuse à gérer.

Une première unité mobile de traitement des PFAS par charbon actif a récemment été déployée à Corbas, dans le Rhône, et permet de traiter 50 mètres cube d’eau à potabiliser par heure.




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Comme autre procédé d’adsorption, les résines échangeuses d’ions sont constituées de billes chargées positivement (anions) ou négativement (cations). Les PFAS, qui sont souvent chargés négativement en raison de leurs groupes fonctionnels carboxyliques ou sulfoniques, sont attirés et peuvent se fixer sur des résines échangeuses d’anions chargées positivement. Des différences d’efficacité ont aussi été observées selon la longueur de la chaîne des PFAS. Une fois saturées, les résines échangeuses d’ions peuvent être régénérées par des procédés chimiques, produisant des flux de déchets concentrés en PFAS qui doivent être traités. Il est à noter que les résines échangeuses d’ions n’ont pas d’agrément en France pour être utilisées sur une filière de production d’eau potable.


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La technique actuellement la plus efficace pour l’élimination d’une large gamme de PFAS – à chaînes courtes et longues – dans l’eau est la filtration par des membranes de nanofiltration ou d’osmose inverse. Malheureusement, cette technique est énergivore et génère des sous-produits de séparation, appelés « concentrâts ». Ces derniers présentent des concentrations élevées en PFAS qui induisent des difficultés de gestion (les concentrâts sont parfois rejetés dans l’environnement alors qu’ils nécessiteraient un traitement supplémentaire).

Enfin, la flottation par fractionnement de mousse exploite les propriétés des PFAS (tête hydrophile et queue hydrophobe) qui se placent à l’interface air/liquide dans des bulles de mousse et sont récupérés en surface. Des taux d’extraction de 99 % sont ainsi obtenus pour des PFAS à chaîne longue. Comme les précédentes, cette technique produit un concentrât qu’il faut éliminer ultérieurement.

Vers des technologies qui dégradent les PFAS

D’autres procédés cherchent à dégrader les contaminants présents dans les eaux afin d’offrir une solution plus durable. Il existe diverses technologies de destruction des polluants dans l’eau : les procédés d’oxydation avancée, la sonolyse, la technologie du plasma, etc. Ces procédés peuvent être déployés en complément ou en remplacement de certaines technologies de concentration.

La destruction d’un polluant est influencée par son potentiel de biodégradabilité et d’oxydation/réduction. La dégradation naturelle des PFAS est très difficile en raison de la stabilité de la liaison C-F qui présente un faible potentiel de biodégradation (c’est-à-dire qu’elle n’est pas facilement détruite par des processus à l’œuvre dans la nature, par exemple conduits par des bactéries ou enzymes).

Les procédés d’oxydation avancée sont des techniques qui utilisent des radicaux libres très réactifs et potentiellement efficaces pour briser les liaisons C–F. Elles incluent entre autres l’ozonation, les UV/peroxyde d’hydrogène ou encore les procédés électrochimiques.

Le traitement électrochimique des PFAS constitue une méthode innovante et efficace pour la dégradation de ces composés hautement persistants. Ce procédé repose sur l’application d’un courant électrique à travers des électrodes spécifiques, générant des radicaux oxydants puissants capables de rompre les liaisons carbone-fluor, parmi les plus stables en chimie organique.

Pour tous ces procédés d’oxydation avancée, un point de surveillance est indispensable : il faut éviter la production de PFAS à chaînes plus courtes que le produit initialement traité.

Récemment, une entreprise issue de l’École polytechnique fédérale de Zurich (Suisse) a développé une technologie innovante capable de détruire plus de 99 % des PFAS présents dans les eaux industrielles par catalyse piézoélectrique. Les PFAS sont d’abord séparés et concentrés par fractionnement de la mousse. Ensuite, la mousse concentrée est traitée dans deux modules de réacteurs où la technologie de catalyse piézoélectrique décompose et minéralise tous les PFAS à chaîne courte, moyenne et longue.

La dégradation sonochimique des PFAS est également une piste en cours d’étude. Lorsque des ondes ultrasonores à haute fréquence sont appliquées à un liquide, elles créent des bulles dites « de cavitation », à l’intérieur desquelles des réactions chimiques ont lieu. Ces bulles finissent par imploser, ce qui génère des températures et des pressions extrêmement élevées (plusieurs milliers de degrés et plusieurs centaines de bars), qui créent des espèces chimiques réactives. Le phénomène de cavitation est ainsi capable de rompre les liaisons carbone-fluor, permettant d’obtenir finalement des composants moins nocifs et plus facilement dégradables. Très prometteuse en laboratoire, elle reste difficile à appliquer à grande échelle, du fait de son coût énergétique et de sa complexité.

Ainsi, malgré ces récents progrès, plusieurs défis subsistent pour la commercialisation de ces technologies en raison notamment de leur coût élevé, de la génération de potentiels sous-produits toxiques qui nécessitent une gestion supplémentaire ou encore de la nécessité de la détermination des conditions opérationnelles optimales pour une application à grande échelle.

Quelles perspectives pour demain ?

Face aux limites des solutions actuelles, de nouvelles voies émergent.

Une première consiste à développer des traitements hybrides, c’est-à-dire combiner plusieurs technologies. Des chercheurs de l’Université de l’Illinois (États-Unis) ont par exemple développé un système innovant capable de capturer, concentrer et détruire des mélanges de PFAS, y compris les PFAS à chaîne ultra-courte, en un seul procédé. En couplant électrochimie et filtration membranaire, il est ainsi possible d’associer les performances des deux procédés en s’affranchissant du problème de la gestion des concentrâts.

Des matériaux innovants pour l’adsorption de PFAS sont également en cours d’étude. Des chercheurs travaillent sur l’impression 3D par stéréolithographie intégrée au processus de fabrication de matériaux adsorbants. Une résine liquide contenant des polymères et des macrocycles photosensibles est solidifiée couche par couche à l’aide d’une lumière UV pour former l’objet souhaité et optimiser les propriétés du matériau afin d’améliorer ses performances en termes d’adsorption. Ces matériaux adsorbants peuvent être couplés à de l’électroxydation.

Enfin, des recherches sont en cours sur le volet bioremédiation pour mobiliser des micro-organismes, notamment les bactéries et les champignons, capables de dégrader certains PFAS). Le principe consiste à utiliser les PFAS comme source de carbone pour permettre de défluorer ces composés, mais les temps de dégradation peuvent être longs. Ainsi ce type d’approche biologique, prometteuse, pourrait être couplée à d’autres techniques capables de rendre les molécules plus « accessibles » aux micro-organismes afin d’accélérer l’élimination des PFAS. Par exemple, une technologie développée par des chercheurs au Texas utilise un matériau à base de plantes qui adsorbe les PFAS, combiné à des champignons qui dégradent ces substances.

Néanmoins, malgré ces progrès techniques, il reste indispensable de mettre en place des réglementations et des mesures en amont de la pollution par les PFAS, pour limiter les dommages sur les écosystèmes et sur la santé humaine.

The Conversation

Julie Mendret a reçu des financements de l’Institut Universitaire de France (IUF).

Mathieu Gautier ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. PFAS et dépollution de l’eau : les pistes actuelles pour traiter ces « polluants éternels » – https://theconversation.com/pfas-et-depollution-de-leau-les-pistes-actuelles-pour-traiter-ces-polluants-eternels-259406