Protestas educativas: un análisis experto de problemas y soluciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Marhuenda Fluixá, Catedrático de Didáctica y Organización Escolar, Universitat de València

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Los docentes han salido a la calle tanto en la Comunidad Valenciana como en Cataluña. Reclaman más personal, aumento de sueldos, menos burocracia… Más allá de las peticiones concretas, ¿qué diagnóstico hace la investigación reciente de la situación real del día a día de profesores y profesoras y de su repercusión sobre el aprendizaje del alumnado? ¿Y qué soluciones puede proponer la academia, con los datos en la mano resultantes de la investigación?


Fernando Marhuenda

Didáctica y Organización Escolar, Universitat de València

Ya en 2010 señalaba el sociólogo francés Françóis Dubet que la institución escolar, como otras instituciones propias de la modernidad, hijas de la Ilustración, se encuentra en declive: ha dejado de ser un espacio admirado o sagrado (las películas sobre maestros de la República son un claro testimonio de lo que significaba la escuela y la figura del maestro entonces). También ha dejado de ser un espacio uniforme. Hoy en día se le exige atender a la diversidad de manera inclusiva y no segregadora. Además, ha perdido el monopolio de la transmisión cultural que una vez tuvo.

Durante la pandemia de covid-19 se vio que la institución escolar era prescindible. El oficio de enseñar no era una de las ocupaciones consideradas como esenciales. Quedaba así demostrado que la función tradicional de custodia tenía un peso tan importante como el de la transmisión de conocimiento. Y el debate más importante para familias y administraciones fue, en cualquier caso, ajustar y adaptar los sistemas de evaluación más que empeñarse en mantener los estándares de aprendizaje.

Al profesorado se le exige hoy en día trabajar en unas condiciones para las que no basta la vocación. La organización escolar apenas se ha modificado en las últimas décadas, pero se le reclama desempeñar funciones que parecen desplazar a la principal. El aparente bienestar del alumnado parece ser más importante que el valor del saber.

Una institución cuestionada y una profesión desprestigiada no se solucionan solo con cambios en la formación del profesorado (ni en primaria, donde llegó a haber dos propuestas muy distintas y divergentes), ni en secundaria, cuyo máster tiene una oferta deficiente en muchas universidades públicas, y supone una oportunidad de negocio para las privadas).

No es fácil el trabajo docente en la actualidad, y el margen de mejora es amplio, tanto en la formación inicial como en la organización escolar. En esta última, urge incorporar nuevas figuras a los centros escolares para acometer funciones propias de la educación social, el trabajo social o la enfermería, por mencionar tres cada vez más evidentes.


Òscar Flores i Alarcia

Didáctica y Organización Escolar, Universitat de Lleida

El malestar docente que hoy se expresa en forma de protestas no puede reducirse a una reivindicación salarial. Responde a una tensión más profunda: la sociedad pide a la escuela que sea más inclusiva, personalice el aprendizaje, acompañe emocionalmente al alumnado y responda a realidades sociales cada vez más complejas. Pero estas exigencias no siempre han ido acompañadas de las condiciones necesarias, especialmente de más recursos humanos en los centros.

La investigación ayuda a entenderlo. Los estudios muestran que la sociedad valora positivamente a los docentes, pero este reconocimiento no siempre se traduce en prestigio, salario, autonomía o un apoyo efectivo. Según el informe más reciente sobre el bienestar y situación de los docentes, TALIS 2024, el estrés docente deriva de la combinación de una elevada carga de trabajo, una gestión compleja del aula, condiciones laborales desajustadas y cambios constantes.

Por ello, para lograr una inclusión efectiva, esta debe dejar de depender del esfuerzo individual y convertirse en una responsabilidad compartida del sistema. Hace falta formación específica en diversidad, sí, pero también más maestros, especialistas, profesionales de apoyo y tiempo de coordinación en las aulas.

En este sentido, la codocencia puede ser una buena solución: permite compartir la responsabilidad educativa, atender mejor a la diversidad, reducir el aislamiento docente y generar respuestas más ajustadas a las necesidades del alumnado.


Jessica Cabezas

Educación y Societat, Universitat de Barcelona

En educación llevamos años pidiendo a los docentes que hagan más cosas y, además, que las hagan mejor: que personalicen el aprendizaje, que atiendan a la diversidad, que integren la tecnología, que mejoren la convivencia, que den respuesta al malestar emocional del alumnado, sin olvidar coordinarse con las familias. El problema es que la investigación lleva tiempo señalando que no se puede ampliar indefinidamente la misión de la escuela sin revisar las condiciones reales del trabajo docente.

En España, el problema se agrava por un desajuste concreto entre lo que se pide a la escuela y la preparación con la que termina una parte del profesorado. Según los últimos informes, solo el 35 % de los docentes en España se considera formado para enseñar en aulas con distintos niveles de capacidad durante su formación inicial. Y aún menos, el 28 % se consideraba preparado para hacerlo al finalizar sus estudios.

En el uso pedagógico de las tecnologías de la información y la comunicación, solo el 36 % se sentía preparado. En primaria, un 23 % de las direcciones informaba de que la calidad de la enseñanza se veía obstaculizada por la falta de profesorado con competencias para enseñar a estudiantes con necesidades específicas. Esto nos indica que estamos exigiendo inclusión, atención a la diversidad y adaptación curricular sin haber reforzado suficientemente la formación profesional para sostener estas competencias que se demandan.

Si, además, la investigación nos dice que el profesorado llega poco preparado para enseñar en contextos heterogéneos, la formación inicial no puede seguir organizándose como si la diversidad fuera un tema lateral.

La atención a la diversidad, el trabajo con grupos de distinta composición, la evaluación formativa, la enseñanza colaborativa y la toma de decisiones pedagógicas en contextos complejos deberían formar parte del núcleo de la formación docente. En este sentido, la universidad no solo puede diagnosticar el problema: también tiene la responsabilidad de revisar qué tipo de profesional está contribuyendo a formar.


Gerard Ferrer-Esteban

Psicología y Ciencias de la Educación, Universitat Oberta de Catalunya

La burocracia es una de las causas del malestar docente que atraviesa todas las movilizaciones del personal en Cataluña y la Comunidad Valenciana. El exceso de trámites afecta al tiempo, a las prioridades y al propio sentido de la tarea educativa. Pero el problema no es tanto la existencia de procedimientos administrativos, que son necesarios para garantizar derechos, transparencia y equidad, sino su acumulación, fragmentación y escasa utilidad pedagógica.

A lo largo del tiempo se acumulan formularios, planes, memorias, solicitudes e informes que eclipsan las tareas que dan sentido al oficio docente: preparar las clases, coordinarse pedagógicamente y acompañar al alumnado. Esto es también lo que denuncian muchas direcciones cuando señalan que esta carga les impide dedicar suficiente tiempo al liderazgo pedagógico, al apoyo al profesorado y a la mejora de los aprendizajes.

Esta tensión se hace todavía más evidente en los centros que se encuentran en entornos de mayor vulnerabilidad social. Los centros de elevada complejidad afrontan una mayor rotación docente, más dificultades para consolidar proyectos pedagógicos y una mayor necesidad de apoyo y coordinación.

En estos contextos de claustros inestables y necesidades del alumnado más exigentes, la burocracia no es solo una carga añadida, sino un factor que debilita aún más la capacidad del centro para dar respuesta a la complejidad. Los trámites para justificar, registrar o rellenar solicitudes no solo consumen tiempo, sino que compiten con tareas de atención a la diversidad, seguimiento del alumnado más vulnerable, coordinación con servicios externos y comunicación con las familias.

Esta es, sin duda, una de las claves para entender las movilizaciones del profesorado. Cuando los docentes reclaman menos burocracia, no piden una escuela sin planificación o sin evaluación. Piden que los instrumentos tengan un sentido profesional.

Lo que se cuestiona en estas movilizaciones es la confusión entre mejora y registro, entre acompañamiento y control, o entre evidencia y acumulación documental. El riesgo es precisamente que se produzca este desacoplamiento: instrumentos pensados para mejorar el sistema pueden acabar alimentando prácticas burocráticas si no se diseñan con tiempo, apoyo y sentido profesional.

En este contexto, el Plan de desburocratización de los centros educativos 2026-2028 del gobierno catalán podría ser una oportunidad. Pero solo si se entiende como una política de cambio organizativo y no únicamente como una apuesta por la digitalización. Centralizar aplicaciones, automatizar trámites, mejorar la interoperabilidad de datos, simplificar documentos y ordenar la comunicación con los centros son medidas necesarias.

Ahora bien, su eficacia dependerá de que liberen tiempo real para la docencia, la coordinación y el liderazgo pedagógico. Esto implica medir el impacto del plan en horas de trabajo recuperadas, reforzar el apoyo administrativo a los centros, evitar que cada nueva herramienta digital añada una nueva capa de trabajo y orientar la inspección hacia el acompañamiento y la reflexión pedagógica, más que hacia el control documental.


Aleix Olondriz

Ciencias de la Educación, Universitat de Lleida

El malestar docente también tiene que ver con una sensación creciente de desorientación pedagógica. En los últimos años, la escuela ha acumulado reformas, cambios curriculares y nuevas metodologías que, a menudo, se han implementado con prisas, con poco debate profesional y sin las condiciones necesarias para que el profesorado pueda incorporarlas con sentido. Esto ha generado la percepción de que muchas decisiones educativas llegan más desde la lógica política o administrativa que desde la evidencia pedagógica o la realidad de los centros.

La investigación hace tiempo que alerta de este riesgo. Los estudios sobre cambio educativo muestran que las reformas solo tienen impacto cuando el profesorado participa activamente en su construcción y dispone de tiempo, estabilidad y apoyo para desarrollarlas. Cuando los cambios se encadenan sin consolidarse, el resultado suele ser cansancio, fragmentación y una sensación de inseguridad profesional. Cabe decir que esta “fatiga” no es exclusiva de nuestro país. Otros estudios han evidenciado este cansancio ante el cambio continuo y la necesidad de “innovar por innovar”.

En este contexto, muchas de las movilizaciones actuales expresan también la necesidad de recuperar espacios de confianza y autonomía docente. No se trata de rechazar la innovación o la transformación educativa, sino de evitar que estas se conviertan en una sucesión de consignas poco conectadas con las necesidades reales de las aulas.

Por ello, cualquier mejora del sistema educativo debería pasar por reforzar las condiciones que permiten construir proyectos pedagógicos sólidos y estables: equipos docentes cohesionados, tiempo para la reflexión compartida, liderazgos pedagógicos estables y una relación más estrecha entre investigación, administración y práctica educativa. Todo ello, sumado a solucionar la falta sistémica de reconocimiento de la tarea docente.

The Conversation

Las investigaciones de Gerard Ferrer-Esteban se desarrollaron durante su etapa como investigador postdoctoral Marie Skłodowska-Curie en el proyecto Reformed, en la UAB, financiado por el European Research Council (ERC), y en el marco de un contrato financiado por la Fundación Bofill.

Aleix Olondriz Valverde, Fernando Marhuenda Fluixá, Jessica Cabezas Alarcón y Oscar Flores i Alarcia no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Protestas educativas: un análisis experto de problemas y soluciones – https://theconversation.com/protestas-educativas-un-analisis-experto-de-problemas-y-soluciones-283013

Au Danemark, les enfants prennent davantage de risques et ça pourrait contribuer à leur bien-être

Source: The Conversation – in French – By Marie Helweg-Larsen, Professor of Psychology, Dickinson College

Des enfants jouent dans le parc Superkilen à Copenhague. Au Danemark, les parents laissent généralement à leurs enfants une grande liberté pour explorer, utiliser des outils et tester leurs limites. Lorie Shaull/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Loin de la surveillance constante qui domine dans de nombreux pays, les parents danois laissent davantage leurs enfants expérimenter, se tromper et prendre des risques mesurés. Une philosophie éducative qui pourrait favoriser la confiance en soi et l’autonomie.


On a beaucoup écrit sur les scores élevés et constants du Danemark dans les classements mondiaux du bonheur, si bien qu’il n’est peut-être pas surprenant que le Danemark soit également considéré comme le meilleur pays pour élever des enfants, selon U.S. News and World Report. Le petit pays scandinave figure aussi parmi les mieux classés en matière de bien-être des enfants, un indicateur qui prend en compte la santé physique, la santé mentale, l’éducation et les relations sociales.

Des politiques publiques comme un congé parental généreux, de solides investissements publics dans l’éducation et un système de santé universel ont évidemment joué un rôle dans ces résultats. Les Danois affichent également un niveau élevé de confiance sociale : 74 % d’entre eux estiment que l’on peut faire confiance à la plupart des gens, contre seulement 37 % des Américains.

Mais un autre facteur pourrait contribuer au bien-être des enfants danois : ils sont souvent encouragés à participer à des jeux risqués et peu encadrés.

Cela peut sembler contradictoire avec le désir des parents de tout faire pour assurer la sécurité de leurs enfants. Pourtant, en tant que Danoise d’origine et psychologue, j’ai étudié la manière dont le style parental plus détaché pratiqué au Danemark pourrait être l’une des clés pour élever des enfants plus résilients et autonomes.

Les bienfaits du jeu libre

Les Danois utilisent deux mots distincts pour traduire le mot « jouer ». Le terme « leg » désigne le jeu libre et non structuré ; « spille », lui, renvoie aux jeux ou activités régis par des règles préétablies, comme jouer au football, aux échecs ou du violon.

Chaque forme de jeu a ses bénéfices. Mais des études ont montré que le jeu libre et spontané exige davantage de compromis et de créativité, car les enfants ont la liberté de modifier ou d’inventer les règles. Les enfants apprennent à attendre leur tour et à résoudre des problèmes – des compétences plus difficiles à développer lorsque les adultes interviennent ou lorsque les règles sont fixées à l’avance.

Il existe également ce qu’on appelle le jeu à risque, une forme de jeu non structuré fondée sur des activités excitantes pouvant entraîner des blessures physiques. Sur une aire de jeux, cela peut signifier grimper sur de hautes structures, descendre un toboggan la tête la première ou se bagarrer. En dehors des aires de jeux, cela peut consister à faire un feu, nager, faire du vélo ou utiliser des outils comme des scies, des marteaux ou des couteaux.

La chercheuse norvégienne en éducation de la petite enfance Ellen Beate Hansen Sandseter a été pionnière dans l’étude du jeu à risque. Elle s’est intéressée à ses fonctions évolutives, notamment à la manière dont il aide les enfants à devenir des adultes compétents et autonomes. D’autres chercheurs ont montré que le jeu à risque favorise la santé mentale en apprenant aux enfants à devenir plus résilients et à mieux gérer leurs émotions.

Risques positifs et risques négatifs

Lorsqu’il est question de jeu à risque, il est utile de distinguer les risques positifs des risques négatifs.

Sur une aire de jeux, un risque positif correspond à un défi qu’un enfant est capable d’identifier et qu’il choisit de relever. Il peut évaluer s’il veut essayer une tyrolienne, ou décider lui-même du moment où il atteint sa limite en grimpant pour la première fois sur un filet d’escalade. L’objectif est que l’enfant explore ses propres limites et apprenne à gérer des émotions comme la peur ou l’anxiété. Bien sûr, il existe un risque d’éraflures ou de bosses. Mais la réussite peut renforcer la confiance en soi.

À l’inverse, un risque négatif correspond à un danger que l’enfant n’a ni l’expérience ni les connaissances nécessaires pour anticiper. Utiliser des équipements de jeu dont le bois est pourri, manier un outil comme une perceuse sans instruction adaptée ou nager dans des rapides peut entraîner des accidents graves sans apporter de bénéfice en matière d’apprentissage.

De nombreuses aires de jeux au Danemark sont conçues pour encourager les risques positifs. Le pays est notamment connu pour ses « junk playgrounds », ou terrains d’aventure, dont le premier a été créé pendant la Seconde Guerre mondiale. Ces espaces de jeu sont aménagés avec des pneus usagés, des planches et des cordes plutôt qu’avec des équipements fixes. Les enfants ont souvent accès à des outils afin de construire des structures et transformer eux-mêmes l’espace selon leurs envies.

L’objectif n’est évidemment pas de mettre les enfants en danger. Il s’agit plutôt de leur permettre d’explorer par eux-mêmes, de tester leurs limites et d’essayer de nouvelles choses.

L’enfant naturellement compétent

Bien sûr, aucun parent n’a envie de voir son enfant se blesser. Mais les recherches suggèrent que les parents danois et les parents américains ont des perceptions du risque différentes – ainsi que des seuils distincts pour déterminer ce qu’ils considèrent comme dangereux.

Une étude a ainsi comparé les réactions de mères américaines et danoises face à des images montrant un enfant engagé dans 30 types de jeux différents : faire de la luge, du vélo, utiliser une scie pour couper du bois ou grimper dans un grand arbre, par exemple. Elle a montré que les mères danoises étaient, en moyenne, plus nombreuses à se dire à l’aise avec l’idée que leur propre enfant se trouve dans ces situations. Lors des entretiens menés par la suite, les mères danoises étaient également plus enclines à expliquer qu’elles initiaient leurs enfants à certaines activités à risque, par exemple en leur apprenant à utiliser des outils. L’une d’elles racontait ainsi avoir montré à son enfant de 5 ans comment manier une hache pour couper du bois.

Au Danemark, les crèches et jardins d’enfants apprennent même souvent aux enfants à utiliser un couteau aiguisé, certains remettant un « diplôme du couteau » une fois cette compétence acquise. L’apprentissage du vélo, lui, peut se faire dans ce qu’on appelle des « aires de circulation », équipées de rues à taille d’enfant, de pistes cyclables, de feux de signalisation et de panneaux.

Cette différence dans la tolérance au risque pourrait s’expliquer par des approches éducatives distinctes. Les parents danois considèrent leurs enfants comme naturellement compétents, ce qui signifie qu’ils leur font confiance pour affronter les risques et les difficultés. Les adultes cherchent alors à créer des environnements permettant à ces compétences naturelles de s’épanouir ; ils privilégient l’encouragement à la coopération plutôt que le contrôle.

À l’inverse, les parents américains ont davantage tendance à considérer les enfants comme vulnérables et ayant besoin d’être protégés. La santé mentale constitue une préoccupation majeure : selon une enquête du Pew Research Center menée en 2023, 40 % des parents américains se disent extrêmement ou très inquiets à l’idée que leur enfant souffre un jour d’anxiété ou de dépression. Ironiquement, les enfants qui disposent de moins d’autonomie sont aussi davantage susceptibles de rencontrer des difficultés psychologiques.

Un jardin d’enfants danois où les journées se passent à explorer la forêt.

Quand la permissivité va trop loin

Laisser les enfants prendre l’initiative peut très bien fonctionner, mais il arrive aussi qu’ils ne soient pas capables de percevoir ou d’anticiper certains risques.

Les jeunes Danois, par exemple, consomment davantage d’alcool que leurs homologues européens. Une enquête récente a montré que près de sept élèves danois de troisième sur dix avaient bu de l’alcool au cours du dernier mois, et qu’un sur trois avait été ivre durant cette même période. Une étude a révélé que les parents danois plus stricts concernant la consommation d’alcool étaient moins susceptibles d’avoir des adolescents buvant fréquemment. Mais, dans l’ensemble, la culture danoise entretient un rapport très permissif à l’alcool, si bien que ces parents restent rares.

Par ailleurs, les enfants danois de 10 ans figurent parmi ceux qui possèdent le plus souvent un smartphone dans le monde, alors même que des études ont montré que la possession d’un smartphone chez les enfants est associée à des niveaux plus élevés de dépression, de stress et d’anxiété, ainsi qu’à un sommeil de moins bonne qualité.

Mais ces statistiques ne concernent pas le jeu à risque, que même des médecins et infirmiers urgentistes défendent. Elles montrent plutôt que les styles parentaux permissifs peuvent également avoir des effets négatifs.

Les bénéfices du jeu à risque – apprendre à tolérer l’échec, la détresse et l’incertitude – ne sont pas seulement importants dans l’enfance. Ils sont au cœur de ce qui fait de nous des êtres humains.

The Conversation

Marie Helweg-Larsen a reçu des financements des National Institutes of Health.

ref. Au Danemark, les enfants prennent davantage de risques et ça pourrait contribuer à leur bien-être – https://theconversation.com/au-danemark-les-enfants-prennent-davantage-de-risques-et-ca-pourrait-contribuer-a-leur-bien-etre-282759

Aux États-Unis, le harcèlement est plus fréquent dans les classes agitées et peu structurées

Source: The Conversation – in French – By Qingqing Yang, Research Scientist of Education, University at Albany, State University of New York

Pourquoi certaines classes connaissent-elles davantage de harcèlement que d’autres ? Selon une étude américaine, les environnements scolaires les plus agités augmentent légèrement mais durablement le risque de violences entre élèves.


Aux États-Unis, environ un élève du primaire sur quatre déclare avoir été victime de harcèlement au moins une fois au cours d’une année scolaire.

Les enfants fréquemment harcelés ont davantage de risques de rencontrer des difficultés scolaires, de souffrir d’une moins bonne santé physique et de développer, en grandissant, des troubles comme la dépression, l’anxiété ou des addictions. Ces conséquences peuvent persister à l’âge adulte et contribuer à des situations de chômage et de précarité financière.

La plupart des recherches sur le harcèlement se concentrent sur les caractéristiques individuelles des enfants, par exemple le fait qu’ils présentent des signes d’agressivité ou que leurs parents aient recours à des punitions physiques à la maison. Les enfants exposés à une éducation sévère ou punitive, même sans violences physiques, peuvent eux aussi être davantage susceptibles d’adopter des comportements de harcèlement.

Mais de manière générale, les taux de harcèlement varient fortement d’une classe à l’autre.

De nouvelles recherches que j’ai menées avec des collègues de l’Université d’Albany aux États-Unis et d’autres établissements montrent que l’environnement de la classe joue un rôle important dans le harcèlement scolaire. Les enfants présentent un risque légèrement plus élevé d’être harcelés lorsqu’ils évoluent dans des classes fréquemment perturbées par des problèmes de comportement ou marquées par un climat chaotique — même en tenant compte de facteurs individuels comme leur personnalité ou leur environnement familial.

Nos résultats montrent ainsi que le harcèlement ne dépend pas seulement de ce que sont les enfants, mais aussi des environnements auxquels ils sont exposés à l’école.

Évaluer le climat des classes

Nous avons analysé des enquêtes menées auprès d’enseignants et d’élèves par le National Center for Education Statistics du département américain de l’Éducation entre 2014 et 2016. Ces données, recueillies à l’échelle nationale, concernaient des enseignants et des enfants de 3e, 4e et 5e année (CE2, CM1 et CM2).

Les enseignants devaient évaluer le caractère perturbé ou non de leur classe en indiquant combien d’élèves avaient des difficultés à rester attentifs, à se comporter correctement ou à suivre les consignes. Ils attribuaient également une note globale au niveau de perturbation dans leur classe.

De leur côté, les élèves indiquaient à quelle fréquence ils étaient victimes de harcèlement, qu’il s’agisse de moqueries, d’insultes, d’exclusion volontaire des jeux ou encore de violences physiques comme des bousculades ou des coups.

Pour s’assurer que ces résultats reflétaient une véritable tendance et non une simple coïncidence, nous avons utilisé une méthode statistique permettant de vérifier si les mêmes élèves déclaraient davantage — ou au contraire moins — de situation de harcèlement selon qu’ils se trouvaient dans des classes plus ou moins perturbées ou chaotiques au fil des années scolaires.

Autrement dit, nous avons étudié la manière dont les changements dans l’environnement scolaire d’un enfant étaient associés à des variations dans sa propre expérience du harcèlement. Cette approche permet de distinguer l’effet du climat de la classe des différences liées aux caractéristiques personnelles des enfants ou à leur environnement familial.

Réduire le chahut dans les classes

Traditionnellement, les dispositifs de lutte contre le harcèlement se concentrent sur les comportements individuels des élèves ou sur les dynamiques familiales. Les interventions peuvent par exemple consister à enseigner des compétences sociales aux enfants ou à proposer davantage de soutien et de formation aux parents pour les aider à réagir aux comportements de leurs enfants.

Cependant, les programmes ciblant uniquement les harceleurs ou les victimes ne sont pas toujours efficaces pour prévenir le harcèlement.

Nos résultats suggèrent qu’agir sur le désordre et les perturbations en classe constitue une piste crédible pour réduire le harcèlement. Les effets observés sont modestes mais constants, ce qui signifie que cette tendance demeure visible même lorsqu’on applique des tests statistiques rigoureux. Selon nous, une meilleure prise de conscience de ce lien pourrait avoir un impact significatif à l’échelle de toute une classe.

Lorsque les enseignants décrivent une classe comme perturbée, cela reflète à la fois le comportement des élèves et les difficultés rencontrées pour encadrer une salle de classe remplie d’enfants. Ces difficultés incluent le fait de maintenir l’attention des élèves, d’encourager des comportements appropriés et de s’assurer qu’ils suivent les consignes.

Dans les classes les plus chaotiques, les élèves peuvent parler en même temps, se lever sans arrêt ou avoir du mal à rester concentrés sur leur travail. Cela crée un environnement où il devient plus difficile de maintenir l’ordre et peut provoquer un « effet de contagion » des comportements négatifs. L’agressivité peut alors devenir plus fréquente et même être renforcée au sein du groupe, augmentant le risque de harcèlement.

Gérer une classe chaotique peut également être particulièrement éprouvant émotionnellement pour les enseignants. Ceux-ci doivent consacrer davantage de temps à gérer les perturbations et à recentrer les élèves sur leur travail. Cela réduit non seulement le temps et l’énergie dont ils disposent pour prévenir ou traiter les situations de harcèlement, mais aussi leur capacité à les repérer dès le départ.

Dans le même temps, il est important de rappeler que les classes fortement perturbées reflètent souvent des problèmes plus larges, comme des effectifs trop élevés, un manque de financement des établissements ou encore des difficultés rencontrées par les élèves en dehors de l’école — pauvreté, instabilité du logement ou traumatismes.

Mieux accompagner les enseignants, notamment grâce à des formations professionnelles portant sur le soutien émotionnel aux élèves ou sur l’association entre règles et conséquences positives ou négatives, peut contribuer à réduire les comportements perturbateurs en classe.

L’impact du chahut en classe s’inscrit également dans un contexte plus large d’inégalités sociales.

De précédentes recherches montrent que les élèves issus de familles modestes, appartenant à des minorités raciales ou ethniques, ainsi que les élèves en situation de handicap courent davantage de risques d’être victimes de harcèlement. Notre étude aide à comprendre pourquoi : ces élèves sont plus souvent scolarisés dans des classes chaotiques.

Cela ne signifie pas qu’ils sont volontairement placés dans ce type d’environnement, mais plutôt qu’ils fréquentent davantage des établissements disposant de faibles moyens financiers, avec des classes plus chargées, moins d’enseignants expérimentés et moins de dispositifs spécialisés pour accompagner les élèves qui en ont besoin.

Les prochaines étapes

Le harcèlement est un problème grave, fréquent dès l’école primaire, ce qui fait de sa prévention une priorité. Nos résultats déplacent le regard des seules caractéristiques individuelles et familiales des élèves vers l’environnement plus global de la classe.

Nos travaux suggèrent également que réduire le chaos et les perturbations en classe pourrait constituer une piste prometteuse pour lutter contre le harcèlement. D’autres recherches seront toutefois nécessaires afin d’identifier d’autres facteurs liés au fonctionnement des classes et de mieux comprendre comment ces dynamiques contribuent au harcèlement.

The Conversation

Qingqing Yang a reçu des financements de la fondation Spencer.

ref. Aux États-Unis, le harcèlement est plus fréquent dans les classes agitées et peu structurées – https://theconversation.com/aux-etats-unis-le-harcelement-est-plus-frequent-dans-les-classes-agitees-et-peu-structurees-283086

À quoi a ressemblé la fin du monde provoquée par l’astéroïde qui a tué les dinosaures : le récit minute par minute

Source: The Conversation – in French – By Michael J. Benton, Professor of Vertebrate Palaeontology, University of Bristol

Il y a 66 millions d’années, un astéroïde de 10 kilomètres de diamètre frappait la Terre et provoquait l’extinction des dinosaures. serpeblu/Shutterstock

Que se serait-il passé si vous aviez assisté à l’impact de l’astéroïde qui a provoqué l’extinction des dinosaures ? En s’appuyant sur des décennies de recherches, deux scientifiques reconstituent minute par minute les heures qui ont suivi la collision ayant bouleversé la Terre il y a 66 millions d’années.


Une grande femelle Tyrannosaurus rex avance à travers les conifères de son territoire, humant l’air. Elle reconnaît l’odeur de la carcasse d’un dinosaure à cornes, un Triceratops, dont elle se nourrissait la veille. Elle s’approche et arrache encore quelques lambeaux de chair, mais l’odeur est infecte, même pour elle. Elle descend ensuite jusqu’au lac pour boire. De petits crocodiles et des tortues se précipitent dans l’eau à son approche, mais elle leur prête à peine attention. Ce qui l’intéresse davantage, c’est un dinosaure cuirassé, un Ankylosaurus, tapi non loin de là. Elle sait toutefois que cette proie ne se laissera pas abattre facilement et qu’elle n’a pas assez faim pour risquer un combat.

Ce qu’elle ignore, c’est qu’un danger bien plus grand approche. Elle lève la tête et aperçoit une lumière éclatante fonçant vers le sol, accompagnée de faibles crépitements et sifflements.

Notre T. rex possède une excellente audition pour les sons de basse fréquence et les vibrations qu’elle ressent l’inquiètent. Mais son trouble ne dure qu’un instant. En une fraction de seconde, elle est réduite en cendres et son monde bascule à jamais.

Tout cela se déroule il y a 66 millions d’années, lorsqu’un gigantesque astéroïde frappe la Terre dans la région de l’actuelle mer des Caraïbes. À la fin du Crétacé, le niveau des mers était alors de 100 à 200 mètres plus élevé qu’aujourd’hui, si bien que les rivages de la mer des Caraïbes s’étendaient loin à l’intérieur du continent américain, sur l’est du Mexique et le sud des États-Unis. L’impact s’est produit dans ces eaux.

L’événement provoqua des bouleversements immédiats de la planète et de son atmosphère, entraînant l’extinction des dinosaures ainsi que d’environ la moitié des autres espèces vivant sur Terre. Mais qu’aurait-on ressenti face à un impact d’une telle ampleur ? Qu’aurait-on vu, entendu ou senti ? Et comment serait-on mort — ou aurait-on survécu ? En tant que spécialistes, respectivement, des météorites et de la paléontologie, nous avons reconstitué une chronologie détaillée de cet événement à partir de décennies de recherches. Alors, remontons le temps jusqu’au tout dernier jour du Crétacé.

J-1 avant l’impact

Tout est calme et cette journée du Crétacé se déroule comme les autres. Dans ce qui deviendra bientôt le point d’impact, le climat est agréablement chaud, autour de 26 °C, et humide. Une situation fréquente à cette époque.

Depuis environ une semaine, l’astéroïde n’est visible que la nuit. Comme l’immense roche fonce droit vers la Terre, elle apparaît comme une étoile immobile dans le ciel. Pas de spectaculaire traînée lumineuse : il s’agit d’un astéroïde rocheux, et non d’une comète.

Illustration de dinosaures marchant dans une vallée.
La veille, rien ne laissait présager la catastrophe.
Orla/Shutterstock

Au cours des dernières 24 heures, le point lumineux devient visible en plein jour. Mais il ressemble toujours à une étoile ou à une planète, devenant simplement de plus en plus brillant dans les dernières heures précédant l’impact.

Le jour J : l’impact

Si vous vous étiez trouvé à proximité, vous auriez d’abord assisté à un bref spectacle de lumière et de bruit. Quelques minutes, voire quelques secondes avant l’impact, vous auriez aperçu l’immense boule de feu, accompagnée de crépitements ou de sifflements. Ce bruit caractéristique résulte d’un effet photoacoustique : la lumière extrêmement intense de la boule de feu chauffe le sol, qui réchauffe ensuite l’air situé juste au-dessus, provoquant des ondes de pression — autrement dit, du son.

Vient ensuite un bang supersonique assourdissant, produit parce que l’astéroïde se déplace plus vite que la vitesse du son. Mais l’astéroïde est si gigantesque — probablement près de 10 kilomètres de diamètre — qu’il frappe la surface avant même que les êtres vivants proches de la zone d’impact aient le temps de chercher un abri.

L’énergie colossale de l’astéroïde creuse un cratère au terme d’une série de phénomènes qui, ensemble, ne durent que quelques secondes. Lorsque l’astéroïde percute la surface, son énergie cinétique — liée à sa vitesse — est instantanément transmise au sol sous forme d’énergie cinétique, thermique et sismique. Cela déclenche une série d’ondes de choc qui chauffent et compriment à la fois l’astéroïde et la zone frappée.

À mesure que ces ondes se propagent, les roches se fissurent, se fragmentent puis sont projetées dans les airs, formant une vaste dépression en forme de bol — appelée cavité transitoire — environ dix secondes après l’impact. Sous l’effet de la chaleur et de la compression, d’immenses quantités de matière fondent puis se vaporisent, y compris l’astéroïde lui-même, libérant une gigantesque colonne de vapeur incandescente atteignant plus de 10 000 kelvins (soit environ 9 727 °C).

Au cours des secondes suivantes, la cavité continue de s’agrandir jusqu’à atteindre plusieurs fois le diamètre initial de l’astéroïde. Des simulations suggèrent qu’environ 20 secondes après l’impact, cette cavité transitoire atteint au moins 30 kilomètres de profondeur — bien davantage que le point le plus profond actuellement connu sur Terre, le Challenger Deep, situé dans la fosse des Mariannes dans l’océan Pacifique, qui descend à environ 11 kilomètres. Les bords du cratère culminent alors à plus de 20 kilomètres de hauteur, soit plus du double des 8 900 mètres du mont Everest.

Mais cette structure gigantesque ne subsiste même pas une minute avant de commencer à s’effondrer. Moins de trois minutes après l’impact, le centre du cratère rebondit pour former un pic de plusieurs kilomètres de haut. Ce sommet éphémère ne dure qu’environ deux minutes avant de s’effondrer à son tour dans le cratère.

Que vous soyez un dinosaure ou un scarabée bousier, si vous vous étiez trouvé près de la cavité transitoire, vous auriez été instantanément incinéré par l’explosion. Mais même à une distance pouvant atteindre 2 000 kilomètres de l’épicentre, vous auriez probablement été rapidement tué par le rayonnement thermique et les vents supersoniques qui se propagent désormais depuis le site d’impact.

Instant t + 5 minutes

Cinq minutes après l’impact, les vents se sont « calmés » pour atteindre la puissance d’un ouragan de catégorie 5, rasant tout sur environ 1 500 kilomètres autour du site d’impact. Enfin, tout ce qui n’a pas déjà été consumé par les flammes.

Dans cette région, la température de l’atmosphère dépasse désormais les 500 kelvins (environ 227 °C). L’impression serait celle d’être enfermé dans un four, provoquant brûlures, coups de chaleur et mort rapide. Le bois et la végétation s’embrasent, déclenchant des incendies partout.

Comme l’astéroïde a frappé la mer, l’atmosphère est également saturée de vapeur d’eau surchauffée, rendant ces vents d’une violence extrême encore plus meurtriers.

Puis viennent les vagues géantes, provoquées par les quantités colossales de roche et d’eau déplacées par l’impact. Ces mégatsunamis de plus de 100 mètres de hauteur frappent d’abord les côtes de l’actuel golfe du Mexique, submergeant les terres avant de se retirer en laissant derrière eux d’immenses quantités de débris.

Les vagues du tsunami dépassaient les 100 mètres de hauteur.
FOTOKITA/Shutterstock

À ce stade, le cratère a presque atteint ses dimensions définitives : environ 180 kilomètres de diamètre et 20 kilomètres de profondeur. Mais l’impact n’a pas seulement creusé un trou gigantesque dans la croûte terrestre. Toute la roche et la vapeur déplacées lors de la collision doivent retomber quelque part. Plusieurs sites en Amérique du Nord montrent ainsi que des blocs de débris issus de l’impact, parfois de la taille d’un mètre, ont été projetés à des centaines de kilomètres.

Ainsi, si vous vous étiez trouvé entre 2 000 et 3 000 kilomètres de l’épicentre et aviez survécu aux premières secondes, vous seriez probablement mort ensuite de la chaleur extrême, des séismes, des ouragans, des incendies, des inondations provoquées par les tsunamis ou encore des retombées de matière en fusion.

Mais que se passe-t-il beaucoup plus loin du site d’impact ? Durant les cinq premières minutes suivant la collision, les dinosaures parcourant les forêts du Crétacé dans ce qui correspond aujourd’hui à la Chine ou à la Nouvelle-Zélande ne remarquent encore rien d’anormal.

Mais cela ne va pas durer.

Instant t + 1 heure

À ce stade, les ondes de choc sur terre comme en mer ne sont plus qu’un désagrément mineur comparé à l’incendie qui continue de pleuvoir depuis le ciel. Une partie de l’énergie de l’impact a été transférée dans l’atmosphère, chauffant l’air et les poussières jusqu’à les rendre incandescents.

Texture d’un gigantesque brasier en arrière-plan, au format HD.
Des incendies gigantesques partout.
fluke samed/Shutterstock

Une heure après l’impact, une ceinture de poussières a déjà fait le tour du globe. Des dépôts de gouttelettes de roche fondue solidifiées — appelées sphérules d’impact — ainsi que des grains minéraux ont été retrouvés dans de nombreux sites, de la Nouvelle-Zélande au sud jusqu’au Danemark au nord.

Dans ces régions éloignées, vous n’auriez pas eu conscience des tsunamis ravageant les Amériques ni des gigantesques incendies, mais le ciel aurait déjà commencé à s’assombrir.

Jour J+1

À présent, d’immenses tsunamis se déplacent vers l’est à travers l’Atlantique et vers l’ouest à travers le Pacifique, pénétrant dans l’océan Indien par les deux côtés.

Leurs vagues atteignent encore environ 50 mètres de hauteur, provoquant morts et destructions sur de nombreuses côtes du globe. À titre de comparaison, le tsunami du 26 décembre 2004 avait atteint jusqu’à 30 mètres de haut.

Ces tsunamis tuent poissons et animaux marins, projetés loin sur les rivages avant d’y être abandonnés, tout comme ils détruisent les forêts côtières et noient les animaux terrestres. Mais peu à peu, les vagues perdent de leur puissance et n’entraînent probablement pas, à elles seules, l’extinction complète d’espèces entières.

Les ouragans se sont eux aussi affaiblis, mais des vents comparables à ceux d’une tempête tropicale continuent de soulever des débris et d’alimenter le chaos dans les régions touchées par les tsunamis. Le ciel en feu déclenche également des incendies à travers toute la planète, lesquels projettent à leur tour toujours plus de suie dans l’atmosphère. La trace de ces gigantesques feux a été retrouvée sous forme de particules de carbone dans les sédiments de la limite K-Pg — cette fine couche d’argile vieille de 66 millions d’années marquant la séparation entre le Crétacé et le Paléogène.

Plus loin encore, dans ce qui correspond aujourd’hui à l’Europe et à l’Asie, le ciel continue de se charger de poussières et de suie, comme partout ailleurs sur Terre. Les températures commencent à chuter à mesure que la lumière du Soleil est bloquée. Les arbres et les plantes en général, y compris le phytoplancton, cessent progressivement leur activité comme en hiver, incapables de réaliser la photosynthèse. Quant aux animaux dépendant de températures chaudes, ils finissent par se terrer avant de mourir.

Jour J+1 semaine

Le monde devient de plus en plus sombre. Des simulations du rayonnement solaire atteignant la surface terrestre après l’impact montrent qu’au bout d’environ une semaine, le flux solaire — c’est-à-dire la quantité de chaleur et de lumière reçue sur une surface donnée — ne représente plus qu’un millième de son niveau d’avant la collision. Cette obscurité est provoquée par les immenses quantités de poussières et de suie présentes dans l’atmosphère.

Cette diminution continue de la lumière s’accompagne d’une baisse globale des températures d’au moins 5 °C à la surface de la Terre. La plupart des dinosaures ainsi que les grands reptiles volants et marins meurent probablement de froid au cours de cette première semaine. Les reptiles plus petits, dotés d’un métabolisme plus lent ou d’un régime alimentaire plus adaptable, peuvent toutefois survivre un peu plus longtemps.

Le refroidissement de l’atmosphère et l’épais couvert nuageux provoquent également des pluies. Mais pas des pluies ordinaires : des pluies acides s’abattent sur l’ensemble de la planète.

Deux mécanismes distincts sont à l’origine de ces pluies acides. Le premier est lié à la géologie de la région de l’impact. L’astéroïde a frappé une zone riche en sédiments contenant du soufre, lequel s’est vaporisé et a libéré des oxydes de soufre — des composés gazeux acides et irritants formés de soufre et d’oxygène — dans l’immense panache de plasma projeté dans l’atmosphère.

Le second mécanisme provient de l’énergie même de la collision, suffisamment puissante pour transformer l’azote et l’oxygène de l’air en oxydes d’azote, des gaz extrêmement réactifs qui peuvent former du smog.

Avec la baisse des températures, la vapeur d’eau finit par se condenser en gouttes, tandis que les oxydes de soufre et d’azote se dissolvent dans l’eau pour former de l’acide sulfurique et de l’acide nitrique. Ce phénomène suffit à provoquer une chute rapide du pH. Selon les premiers modèles, le pH de ces pluies aurait pu descendre jusqu’à 1 – une acidité comparable à celle de l’acide des batteries.

À ce stade, la Terre est devenue un endroit particulièrement hostile. La végétation en décomposition, la fumée étouffante et les aérosols soufrés se combinent pour donner à la planète une odeur pestilentielle. Les plantes et les animaux terrestres ou vivant dans les mers peu profondes qui avaient survécu à l’obscurité et au froid succombent désormais aux pluies acides corrosives et à l’acidification des océans.

Les pluies acides détruisent également les forêts en lessivant les sols de nutriments essentiels comme le calcium, le magnésium et le potassium. Dans les mers peu profondes, coquillages, crustacés et coraux meurent eux aussi, l’eau acide dissolvant progressivement leurs structures calcaires.

Jour J+1 an

Les vents se sont calmés, les incendies se sont éteints et les océans ont retrouvé leur tranquillité. À première vue, la collision avec l’astéroïde pourrait ne sembler être qu’une immense cicatrice au fond de l’océan. Pourtant, ses effets continuent de ravager la planète.

L’atmosphère reste saturée de poussières et le Soleil n’a plus brillé depuis un an. Les températures ont continué à chuter : la température moyenne à la surface du globe est désormais inférieure d’environ 15 °C à celle d’avant l’impact. L’hiver s’est installé sur Terre.

Les dinosaures et reptiles marins qui auraient survécu à la première semaine de froid extrême meurent rapidement ensuite. Un an après l’impact, il ne reste plus de ces géants que des squelettes en décomposition. Çà et là, de petits animaux — comme des mammifères de la taille de rats ou des insectes — se cachent dans des fissures et des terriers, survivant péniblement grâce à leurs réserves et à quelques végétaux en décomposition.

En réalité, cette année a été catastrophique pour la vie sur Terre : plus de 50 % des plantes ont disparu, victimes du froid et du manque de lumière solaire. Des pertes comparables ont touché les animaux terrestres ainsi que les espèces vivant dans les eaux peu profondes acidifiées.

Vue d’un fossile d’ammonite pyritisé, révélant ses reflets métalliques et la structure complexe de cette coquille préhistorique.
Les ammonites disparaissent rapidement.
Domenichini Giuliano/Shutterstock

Si la plupart des groupes de plantes ainsi que de nombreux groupes modernes d’insectes, de poissons, de reptiles, d’oiseaux et de mammifères se rétablissent relativement rapidement, la situation est bien plus sombre pour d’autres espèces.

Les dinosaures et les ptérosaures terrestres ont disparu, tout comme de nombreux reptiles marins, les ammonites, les bélemnites et les rudistes dans les océans. Les ammonites et les bélemnites occupaient des positions élevées dans la chaîne alimentaire : elles souffrent donc non seulement du froid et de l’acidification des océans, mais aussi de l’effondrement de leurs ressources alimentaires, notamment des petits organismes marins dont elles dépendaient.

J+10 ans

La Terre reste prisonnière d’un hiver implacable. Même si la majeure partie du soufre est retombée de l’atmosphère sous forme de pluies acides, les poussières et les particules de suie persistent encore dans le ciel. La température moyenne à la surface du globe demeure environ 5 °C plus basse qu’avant l’impact.

Les grands océans ne sont pas gelés, mais les lacs et les rivières à l’intérieur des terres sont recouverts de glace partout dans le monde. Bien sûr, aucun être humain n’existait encore à cette époque — il n’y avait même pas de grands mammifères. Mais puisque seules les espèces capables de s’enfouir sous terre ou de vivre sous l’eau ont survécu, il est peu probable que vous auriez pu tenir jusque-là.

Les groupes de plantes et d’animaux ayant survécu — comme les tortues, les petits crocodiles, les lézards, les serpents, certains oiseaux vivant au sol et de petits mammifères — recommencent alors à coloniser la Terre. Mais ils restent confinés à quelques zones relativement préservées, très éloignées du site d’impact.

Dans ces régions, la lumière solaire redevient enfin suffisante pour permettre aux plantes et au phytoplancton de reprendre la photosynthèse. Comme les feuilles, graines et végétaux constituent la base des chaînes alimentaires terrestres et marines, la vie commence lentement à se reconstruire. Peu à peu, la vie réinvestit les paysages dévastés. Mais les écosystèmes ont profondément changé, et les dinosaures ont définitivement disparu.

J+66 millions d’années

Aujourd’hui, 66 millions d’années après l’impact, les cicatrices de la collision sont enfouies dans les couches géologiques — et les scientifiques commencent peu à peu à les déchiffrer. C’est en 1980 que des chercheurs ont ainsi, pour la première fois, mis au jour des preuves de cet impact. Dans leur article devenu classique, le physicien prix Nobel Luis Alvarez et ses coauteurs décrivent un enrichissement soudain en iridium dans une fine couche d’argile observée au Danemark et en Italie.

L’iridium est très rare dans les roches présentes à la surface de la Terre, car la majeure partie de cet élément a été piégée dans le noyau terrestre lors de la formation de la planète. En revanche, il est fréquent dans les météorites. Alvarez et ses collègues en ont conclu que la quantité d’iridium accumulée dans ces sédiments était si élevée qu’elle ne pouvait s’expliquer que par l’impact d’une météorite gigantesque.

Comme les scientifiques n’avaient observé ce pic d’iridium que dans deux sites, l’hypothèse de l’impact fut alors rejetée par de nombreux chercheurs. Mais au cours des années 1980, des pics d’iridium furent identifiés dans des couches d’argile sur un nombre croissant de sites — dans des sédiments déposés sur les continents, dans des lacs ou encore dans les océans.

L’hypothèse de l’impact gagna véritablement en crédibilité lorsqu’un cratère datant de la bonne période fut découvert en 1991. Ce cratère, enfoui sous des couches rocheuses plus récentes mais clairement visible grâce aux relevés géophysiques, se situe pour moitié sur la péninsule du Yucatán, au Mexique, et pour moitié sous la mer. Depuis les années 1990, les preuves de l’impact n’ont cessé de s’accumuler, notamment lorsque des chercheurs ont confirmé qu’un épisode brutal de refroidissement climatique s’était bien produit à la fin du Crétacé.

Possible empreinte de *T. rex* près d’Anasazi, à Philmont, en 2022.
Possible empreinte de T. rex près d’Anasazi, à Philmont, en 2022.
Wikipedia, CC BY-SA

Au total, on estime qu’environ la moitié des espèces végétales et animales vivant à la fin du Crétacé ont disparu.

On a longtemps pensé que certains groupes survivants — comme de nombreuses plantes, insectes, mollusques, lézards, oiseaux ou mammifères — avaient traversé la catastrophe sans trop de dommages. Mais des études détaillées montrent que ce n’est pas le cas : tous ont été durement touchés.

Par hasard ou par chance, suffisamment d’individus et d’espèces ont néanmoins réussi à survivre au froid et à la disparition des ressources alimentaires, ou se trouvaient dans des régions du monde moins sévèrement affectées. Lorsque les conditions sont redevenues plus favorables, ces survivants ont pu recoloniser rapidement leurs anciens milieux, mais aussi occuper les espaces laissés vacants par les groupes disparus.

L’une des conséquences majeures de l’extinction des dinosaures – qui dominaient alors les écosystèmes en tant que superprédateurs – fut ainsi l’essor et la diversification des mammifères.

Lorsque Luis Alvarez et ses collègues ont décrit pour la première fois la chute des températures provoquée par l’impact, ils ont parlé d’un « hiver nucléaire », reflet du contexte politique du début des années 1980. Aujourd’hui, nous serions sans doute davantage enclins à décrire ces effets comme une forme de dérèglement climatique mondial — des phénomènes comparables étant actuellement provoqués par l’augmentation du dioxyde de carbone dans l’atmosphère, avec son cortège d’inondations et de variations extrêmes des températures.

Il est frappant de penser que sans cette collision avec un astéroïde, les primates n’auraient peut-être jamais atteint le niveau d’évolution qui est le nôtre aujourd’hui. Mais il est tout aussi frappant de constater que les humains modernes provoquent désormais certaines des mêmes modifications atmosphériques que celles ayant conduit à la disparition de nos lointains ancêtres reptiles — et qui pourraient, un jour, entraîner notre propre perte.

The Conversation

Monica Grady a reçu des financements du Leverhulme Trust dans le cadre d’une Emeritus Fellowship ainsi que du STFC. Elle est affiliée à The Open University, à Liverpool Hope University et au Natural History Museum.

Michael J. Benton ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. À quoi a ressemblé la fin du monde provoquée par l’astéroïde qui a tué les dinosaures : le récit minute par minute – https://theconversation.com/a-quoi-a-ressemble-la-fin-du-monde-provoquee-par-lastero-de-qui-a-tue-les-dinosaures-le-recit-minute-par-minute-282791

Xi-Trump summit: reset for US-Chinese relations but tension over Taiwan remains

Source: The Conversation – UK – By Jonathan Este, Senior International Affairs Editor, Associate Editor, The Conversation

The initial top line emerging from the Trump-Xi summit in Beijing was that while the two leaders had talked trade, technology and the US war in Iran, the most potentially hazardous issue was Taiwan. The Chinese foreign ministry reported that the Chinese president, Xi Jinping, told the US president, Donald Trump, that “the Taiwan question is the most important issue in China-US relations”.

Handled properly, China’s statement said, relationship between China and the US will remain stable. “If handled poorly”, Xi told the US president, “the two countries will collide or even clash, putting the entire US-China relationship in an extremely dangerous situation.”

A White House statement didn’t mention Xi’s warning over Taiwan, instead focusing on the two leaders’ agreement that the Strait of Hormuz must be kept open and the importance of China buying US agricultural produce and curtailing the flow of fentanyl precursors into the US.

In other words, the two sides’ reports neatly reflected their respective priorities.

So, despite the warm words and bonhomie at the subsequent banquet at which the two leaders raised glasses to each other over lobster, beef ribs and Beijing roast duck, there is clearly the potential for a serious misunderstanding over Taiwan. Last week a The Trump administration bipartisan group of senators sent a letter to the US president urging him to sign off on a US$14 billion (£111 billion) package of arms to Taipei. If he proceed with this, it would seriously hamper any efforts the two leaders might make to stabilise relations between the two countries.

The problem, write international affairs specialists Nicholas Wheeler and Marcus Holmes, is that the two sides come at the issue from completely different directions. For the US, continuing to provide Taiwan with state-of-the-art US defence weaponry is about deterring Chinese aggression. For China, US arms sales to Taiwan are themselves an aggressive move.

The situation is fraught with possibilities for misunderstanding. But surely this is what summits are for, argue Wheeler and Holmes. They recall the crisis in 1983 sparked by a US military drill that the Soviet Union convinced themselves was a preparation for a real nuclear strike by the US. It was Ronald Reagan’s realisation that “maybe they are scared of us and think we are a threat” which led him to develop warm relations with the next Soviet leader, Mikhail Gorbachev, precipitating a new era in arms control.

Maybe this week’s summit could help the pair to – as Xi put it – “make 2026 a historic, landmark year that opens up a new chapter in China-US relations”.




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Trump-Xi summit: in a high-stakes meeting the two leaders can’t afford to misread each other


Where would this new era leave Taipei? Distinctly nervous, you’d have to think. As Trump prepared to leave for Beijing, he commented that he was planning to discuss US arms sales with Xi – which, as Andrew Gawthorpe notes – breaches one of the Six Assurances that has been part of America’s policy towards Taiwan since the 1980s.

Gawthorpe, an expert in US foreign policy at the University of Leiden, cautions that the Trump administration breaking one of these promises could embolden Xi to press Trump on the other five, which include a US commitment on Taiwanese sovereignty.

The fact is, Gawthorpe concludes, if US arms sales to Taiwan are on the table now, they a likely to stay there, which could prove perilous for Taiwan if the US wants any major concessions, say on China’s support for Iran.




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Trump-Xi summit: US president says he will discuss arms sales to Taiwan – breaking decades of US policy


Xi talked about his hope that the summit could work towards “a new paradigm of major-country relations”. The importance of this bilateral relationship was a theme the Chinese president returned to several times in the meeting, at one point referencing what he called the “Thucydides trap”, which refers to the stresses that occur when a rising power challenges an established one. (You may recall Canadian prime minister Mark Carney made reference to the revered Greek historian in his widely praised Davos speech in February.)

But where was Russia in all this? Stefan Wolff, professor of international security at the University of Birmingham, observes that any stabilising of relations between Washington and Beijing is likely to come at Moscow’s expense and will certainly be a blow to Vladimir Putin’s aspiration to restore his country to great power status.

So as not to be left out, Kremlin spokesman Dmitry Peskov announced as Xi and Trump toured the Temple of Heaven in Beijing (an honour that has yet to be afforded to Putin) that preparations are underway for the Russian president to visit China “very soon”.

That’s not to say that Putin’s “no-limits friendship” with Xi is at threat, writes Wolff. But he observes that “the Xi-Trump summit is a party to which Putin was not invited”, which “indicates that his efforts to make his presence felt have largely failed”.




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Why Putin will have been watching the Trump-Xi summit nervously


Damp squib for Putin

It hasn’t been a great week for the Russian president, all things considered. On May 9, what has traditionally been a red letter day for Vladmir Putin – Russia’s Victory Day celebration – proved to be something of a damp squib.

Ukraine’s recent successes in long-range drone attacks, one of which successfully struck a luxury high-rise apartment block less than ten miles from Red Square, prompted Putin to scale back the parade. What is usually a showcase of Russia’s military might, parading tanks, ballistic missile launchers and an array of other state-of-the-art weaponry in front of invited world leaders, was reduced to a march past with a couple of Putin allies and assorted second world war veterans.

Russia-watcher Jennifer Mathers of Aberystwyth University has examined the Victory Day parades since the Ukraine war begin in 2022 and believes they reflect Russian national morale. This year’s, she says, saw Russia looks “fearful, diminished and isolated”.




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Fearful, diminished and isolated: what this year’s Victory Day parade in Moscow tells us about Russia’s war against Ukraine


Caspian Sea

With all the attention – understandably – on the Strait of Hormuz in recent weeks, little has been written about the Caspian Sea. But the world’s largest landlocked body of water has played an important role in both the Iran and Ukraine wars.

During the Ukraine war, Iran used it to supply Russia with Shahed drones, now Russia is returning the compliment. The two countries have also found it useful in avoiding western sanctions on trade in all manner of other goods.

Here’s a piece from maritime security expert Basil Germond, of Lancaster University on just how significant the Caspian Sea has become.




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Why the Caspian Sea has become so important in both the Ukraine and Iran wars


The Conversation

ref. Xi-Trump summit: reset for US-Chinese relations but tension over Taiwan remains – https://theconversation.com/xi-trump-summit-reset-for-us-chinese-relations-but-tension-over-taiwan-remains-282992

La découverte d’une liste de survivants de la peste noire éclaire la façon dont on guérissait de la maladie au Moyen-Âge

Source: The Conversation – in French – By Alex Brown, Associate Professor of Medieval History, Durham University

« La Danse macabre » de Jean de Kastav (1490). National Gallery of Slovenia

Qui survivait à la peste noire, et combien de temps fallait-il pour guérir ? Un document exceptionnel retrouvé dans les archives d’une abbaye anglaise révèle les noms de paysans touchés par la maladie, la durée de leur absence et l’ampleur du choc provoqué par l’épidémie dans les campagnes médiévales.


Dans le cadre de nos recherches dans les collections médiévales de la British Library, nous avons identifié un document jusqu’ici passé inaperçu, qui apporte un éclairage inédit sur les survivants de l’épidémie de peste noire (1346-1353).

Ce document — un fragment de parchemin inséré dans un registre comptable de l’abbaye de Ramsey concernant le manoir de Warboys, dans le Huntingdonshire au centre-est de l’Angleterre — indique combien de temps des paysans étaient absents de leur travail lorsqu’ils étaient frappés par la peste. Il révèle également les noms de ceux qui ont survécu ainsi que la durée de convalescence estimée par leurs employeurs.

Dans notre récent article écrit avec Barney Sloane, nous apportons un nouvel éclairage sur un groupe de 22 paysans du domaine qui ont probablement contracté la peste, sont restés alités pendant plusieurs semaines, avant de finalement guérir.

Considérée comme l’une des pandémies les plus meurtrières de l’histoire, la peste noire aurait provoqué la mort d’entre un tiers et deux tiers de la population de l’Europe médiévale.

Le tableau « Le Triomphe de la mort » de Pieter Bruegel l’Ancien (1562).
« Le Triomphe de la mort » de Pieter Bruegel l’Ancien (1562) illustre les bouleversements sociaux provoqués par la peste.
Museo del Prado

Face à l’ampleur de la catastrophe, les historiens se sont surtout attachés à retrouver des traces des victimes. Mais cette approche a largement laissé dans l’ombre l’histoire de ceux qui ont contracté la maladie puis en ont réchappé.

Malgré la mortalité extrêmement élevée de l’épidémie, il était possible de survivre à la peste, et les chroniqueurs médiévaux évoquent cette éventualité — aussi improbable soit-elle. Ainsi, Geoffrey le Baker, clerc de Swinbrook dans l’Oxfordshire au centre de l’Angleterre, écrivait dans la décennie suivante que les chances de guérison dépendaient, selon lui, des symptômes présentés par les malades :

« Des personnes qui, un jour, étaient pleines de joie étaient retrouvées mortes le lendemain. Certaines étaient tourmentées par des bubons apparaissant soudainement sur différentes parties du corps, si durs et secs que lorsqu’on les perçait, presque aucun liquide n’en sortait. Beaucoup de ces personnes survécurent, soit grâce à l’incision des bubons, soit après de longues souffrances. D’autres victimes présentaient de petites pustules noires disséminées sur toute la peau du corps. Parmi elles, très peu – pour ainsi dire aucune – retrouvèrent la vie et la santé. »

Mais qui survivait réellement ? Pourquoi tant de personnes succombaient-elles à la maladie alors que d’autres y réchappaient ? Et combien de temps duraient exactement ces « longues souffrances » ? Malheureusement, les preuves documentaires sont extrêmement rares, car la plupart des sources médiévales consignent des informations sur la mortalité plutôt que sur la maladie elle-même.

Une liste unique de survivants de la peste

Un élément inédit figurant dans les comptes du manoir de Warboys détaille le cas d’un groupe de personnes tombées malades entre la fin du mois d’avril et le début du mois d’août 1349. Les moines de l’abbaye de Ramsey y ont dressé une liste de leurs paysans suffisamment malades pour ne plus pouvoir travailler sur les terres du seigneur, en précisant la durée de leur absence.

L’expérience de la peste variait manifestement fortement d’une personne à l’autre.

Le rétablissement le plus rapide fut celui d’Henry Broun, qui ne manqua qu’une seule semaine de travail. À l’inverse, John Derworth et Agnes Mold souffrirent de formes bien plus longues de la maladie et furent absents pendant neuf semaines.

En moyenne, la maladie durait entre trois et quatre semaines, les trois quarts des personnes reprenant le travail en moins d’un mois. La rapidité de ces guérisons est d’autant plus surprenante que ces travailleurs avaient droit à jusqu’à un an et un jour d’arrêt maladie.

Cette liste de survivants comprend une proportion importante de paysans qui bénéficiaient des tenures les plus importantes du domaine. Les historiens et les archéologues débattent depuis longtemps de la question de savoir si la peste frappait indistinctement, sans considération de statut social, de sexe ou d’âge, ou si les populations les plus pauvres et les plus âgées étaient davantage vulnérables.

Le fait qu’un si grand nombre de paysans relativement aisés aient survécu pourrait indiquer que leurs meilleures conditions de vie facilitaient leur rétablissement par rapport à leurs voisins plus pauvres, peut-être parce qu’ils résistaient mieux aux infections secondaires et aux complications.

Il ne faut par ailleurs pas accorder trop d’importance au fait que 19 des 22 survivants étaient des hommes : cela reflète le biais de genre propre à la répartition des terres dans les seigneuries médiévales plutôt qu’une quelconque différence de vulnérabilité à la peste selon le sexe.

Ce chiffre de 22 personnes peut sembler peu élevé mais, en temps normal, au cours des années 1340, seules deux ou trois absences étaient enregistrées pendant les mois d’été. Cela représente donc une multiplication par dix du nombre habituel de maladies sur le domaine.

Autrement dit, ces paysans malades ont cumulé à eux seuls 91 semaines de travail perdues sur une période de seulement 13 semaines.

Des paysans récoltant du blé
Des paysans récoltant du blé (vers 1310).
Le Psautier de la reine Marie (Ms. Royal 2. B. VII).

Notre compréhension des conséquences de la peste noire a longtemps été façonnée par l’ampleur effroyable de la mortalité. Pourtant, ce n’est qu’en réintégrant dans le tableau ceux qui sont tombés malades puis ont survécu que l’on peut réellement mesurer le choc colossal que la pandémie a provoqué dans la société. Dans les villages comme dans les villes d’Europe, les morts, les mourants et les malades devaient largement dépasser en nombre les personnes encore en bonne santé.

Les conséquences apparaissent clairement dans les récits et chroniques médiévaux. L’un d’eux rapporte qu’« il y avait une telle pénurie de serviteurs et de travailleurs que plus personne ne savait ce qu’il fallait faire ». Sous l’effet combiné de cette mortalité massive, d’une vague de maladies sans précédent et de conditions météorologiques désastreuses, les récoltes de 1349 et 1350 ont été décrites comme les pires qu’ait connues l’Angleterre médiévale, pires encore que celles ayant provoqué la grande famine de 1315-1317.

Ce document exhumé des archives permet de réintégrer l’histoire de la maladie et de la guérison dans celle de la peste noire, en montrant qu’il était possible de survivre à l’une des pires pandémies de l’histoire.

Ces nouvelles preuves révèlent aussi l’extraordinaire résilience des paysans médiévaux. Beaucoup sont restés alités pendant des semaines, couverts de bubons — ces ganglions enflammés, gonflés et douloureux au niveau de l’aine ou du cou, caractéristiques de la peste noire —, vomissant du sang et ravagés par la fièvre. Pourtant, nombre d’entre eux ont survécu et repris le travail après seulement quelques semaines.

The Conversation

Les recherches ayant permis la rédaction de cet article ont été menées grâce au financement d’un projet de recherche soutenu par le Leverhulme Trust, intitulé « Modelling the Black Death and Social Connectivity in Medieval England ».

Grace Owen est chercheuse postdoctorale associée au projet « Modelling the Black Death and Social Connectivity in Medieval England », financé par le Leverhulme Trust.

ref. La découverte d’une liste de survivants de la peste noire éclaire la façon dont on guérissait de la maladie au Moyen-Âge – https://theconversation.com/la-decouverte-dune-liste-de-survivants-de-la-peste-noire-eclaire-la-facon-dont-on-guerissait-de-la-maladie-au-moyen-age-283077

Museums have always been entangled with European imperialism. Will the world’s first ‘AI art’ museum be any different?

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Kylie Message, Professor of Public Humanities and Director of the ANU Humanities Research Centre, Australian National University

Dataland will open at the Frank Gehry designed The Grand LA. RDNE Stock project/Pexels

The “world first museum of AI arts” is scheduled to open next month in a 35,000 square feet purpose-built facility in downtown Los Angeles.

Dataland is the brainchild of Refik Anadol and Efsun Erkiliç, artists known for using artificial intelligence and vast datasets to create large-scale immersive art projects.

The “living museum” will present a continuously evolving immersive, audiovisual experience based on millions of images, sounds and scents from nature. As an indication of what it will be like, Dataland’s website presents phantasmagorical images of ecological wonder and awe.

Anadol says he wants Dataland to

develop a new paradigm of what a museum can be, by fusing human imagination with machine intelligence and the most advanced technologies available.

But behind its futuristic facade and the fleeting cultural landscapes hosted inside, the museum has much deeper historical roots.

The birth of the museum

A clear connection exists between the aspirations and dreams of Dataland’s founders and the 19th century fascination with emerging technologies. Large-scale exhibitions promised new forms of public spectacle and commercialised entertainment.

The Crystal Palace exhibition was held in London in 1851. Its purpose-built glass and iron building was considered a technological marvel.

Sepia photograph – a great hall with interesting machines.
The Great Exhibition at Crystal Palace, featuring the hall of works of industry of all nations.
Attributed to Ferrier & F. von Martens, C.M., 1851/Rijksmuseum

Visited by over six million people, it was designed to promote Britain as an industrial power.

It showcased more than 100,000 objects from around the globe. These included locomotives, hydraulic presses, agricultural products and musical instruments. Its most famous item was the world’s largest-known diamond, acquired from India two years earlier for Queen Victoria.

The “midway” at the 1893 Chicago World’s Fair was famous for its exhilarating amusements and living exhibits.

Premier attractions were the world’s first Ferris wheel and the world’s first commercial movie theatre. It also featured human display villages, or “human zoos”, that reinforced racist colonial hierarchies.

Colour illustration.
The world’s first Ferris wheel – designed by George Ferris – at the Chicago World Fair.
Field Museum

This era kicked off the modern public museum movement in Europe and the United States. Early museums were rooted in Enlightenment ideals of industrial and technological progress, civic education and national identity.

Museums including the South Kensington Museum (1857) and the Smithsonian’s Graphic Arts Department (1897) extended visitor fascination with new technologies such as cinema and railway travel, and sold mass-produced souvenirs of exotic and intriguing cultures.

Just as we today express conflicted views about AI-generated art, 19th-century audiences needed to learn how to respond to new cultural forms. Entertainment was key.

They quickly learnt viewing motion pictures was a social and public activity, improved if they suspended disbelief and expressed individual reactions.

The most well-known (albeit exaggerated) account describes an 1895 screening of a Lumière Brothers film. As the moving image of a train seemingly hurtled toward the audience, viewers are said to have screamed and ducked under seats.

Global exploitation

There is a darker side to the 19th-century precursors of Dataland.

The project’s dataset is a large nature model (LNM) – an open-source model trained on half a billion images sourced “ethically” from partner institutions including the Smithsonian in Washington, DC, and London’s Natural History Museum.

These images are complemented by data gathered by Anadol’s team from 16 rainforests “from Chile to Indonesia to Australia”.

Dataland’s website does not provide provenance information about partner institution’s source collections. But we know they would likely include 19th century specimens.

Natural history collecting was a lucrative industry in the 19th century. The increasing ease with which people and commodities were able to travel the world expanded supply chains and the global industry of specimen transfer.

Black and white photo: sharks suspended over display cases.
London’s Natural History Museum, photographed in 1881.
Courtauld, CC BY-NC-SA

Museum collecting was deeply entangled with the violent, systemic processes of European imperialism, colonial expansion and scientific exploitation.

Dataland promotes its “permission-based” approach to using data from institutions. It cites contemporary collaboration with the Yawanawá people of the Amazon as “radically responsible”.

It also insists it manages the environmental impact of the museum’s consumption of natural resources.

But Dataland does not appear to apply its own ethical standards for producing collections from rainforests to the vast historical resources it sources from its partner museums.

It is silent on the obligations it may have to contemporary descendants of communities from which specimens and knowledge were extracted. It provides no guardrails about appropriate cultural protocols or safeguards for anyone wanting to access or learn more about any of its collections.

This approach is out of step with the United Nations Declaration on the Rights of Indigenous Peoples. The declaration enshrines the rights of Indigenous peoples to self-determination over their data. This includes traditional knowledge and ownership over natural resources.

Many of the kinds of institutions Dataland has partnered with are now seeking to repair the loss of Indigenous knowledge, cultural heritage and authority caused by colonial collecting.

The Natural Sciences Collections Association UK explains this reparative work is

proactive in telling hidden truths however difficult, about how we got our collections – [we must] acknowledge we have them, but at what cost?

The lack of transparency and self-awareness regarding the large nature model’s use of historical collection materials is a significant oversight. It echoes criticism that AI art does not adequately seek human consent or offer credit or compensation for contemporary art.

Dataland is a museum of the future. But it cannot outrun the historical and very human legacies of the form it has chosen to align itself with – the museum.

The Conversation

Kylie Message does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Museums have always been entangled with European imperialism. Will the world’s first ‘AI art’ museum be any different? – https://theconversation.com/museums-have-always-been-entangled-with-european-imperialism-will-the-worlds-first-ai-art-museum-be-any-different-281871

Iran is threatening undersea cables. The world’s ‘digital chokepoints’ have never been more vulnerable

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Meredith Primrose Jones, Researcher, Oceania Cyber Security Centre, RMIT University

imaginima / Getty Images

Early this week, Iranian state-linked media floated a plan to charge the operators of undersea internet cables in the Strait of Hormuz for access to what they say is Iran’s offshore territory.

The suggestion comes after Iranian warnings that several important cables in the strait were a vulnerable point for economies in the Middle East.

Iran’s comments expose an invisible foundation of the internet and globalisation itself: the web of more than 500 undersea cables that carries more than 95% of international data traffic.

We may think the internet lives in a kind of virtual cloud. But its physical underpinnings are vulnerable – and that vulnerability is becoming a very real geopolitical concern.

Gulfs, straits and cables

Several of the world’s most critical submarine cable routes run through the Middle East. Narrow sealanes through the Red Sea, Bab el-Mandeb Strait, Suez Canal, and the Strait of Hormuz also function as “digital chokepoints”.

These maritime corridors connect major economic centres in Europe, Asia and Africa. In 2024, submarine cable incidents in the Red Sea disrupted around 25% of the internet traffic between Europe and Asia.

The strategic importance of submarine cables is not lost on Iran. Damage to these cables, whether accidental or deliberate, would have significant consequences.

In the bigger picture, the message is unmistakable. Digital infrastructure can give states strategic leverage, but it’s also a potential target.

Digital infrastructure

Critical infrastructure used to mean oil pipelines, ports, or power grids. But data infrastructure has become just as important for national and economic security.

The core problem of undersea cables lies in the concentration of infrastructure. Many of the cables are bundled together along the same seabed routes and funnelled through a small number of maritime chokepoints.

This creates dangerous single points of failure. A cable cut – whether deliberate or accidental – can degrade connectivity across multiple regions simultaneously.

While cable breaks are not uncommon, repairs are difficult – especially in contested or militarised waters. Repair vessels require safe access, international coordination, and time.

Fragmentation and disruption

A serious submarine cable disruption could have profound consequences. One immediate effect would be the fragmentation of global connectivity. The ability to communicate with anyone anywhere that we now take for granted could take a significant hit.

Regions which depend heavily on vulnerable cable routes might experience degraded internet performance, communications blackouts, or financial instability. Countries with little backup infrastructure, particularly developing states across parts of Africa, the Middle East, and South Asia, would be disproportionately affected.

Financial markets too are vulnerable. Extremely fast and reliable data flows underpin high-frequency trading systems, global payment networks, and international banking transactions.

Even brief disruptions can make markets fluctuate rapidly, delay transactions, and make investors uncertain. Because so much of the global economy is so thoroughly interconnected, digital instability in one region can rapidly create worldwide financial shockwaves.

If cable disruptions coincided with conflict or instability along major maritime trade routes such as the Strait of Hormuz or the Suez Canal, insurance markets, shipping industries, and energy supply chains would also face increased uncertainty.

The military domain

The military and strategic consequences of cable disruption may prove even more serious. Armed forces rely on secure long-range communications and real-time coordination.

When you get down to it, everything from command-and-control systems to drone operations and logistics planning relies on undersea cables. Damage to these networks would make forces less effective, make it harder to coordinate with allies, and make miscalculations more likely.

Cable sabotage is not as clear-cut a provocation as a conventional attack on a military target. It’s hard to work out who did it – in cases such as cable breakages in the Baltic Sea often attributed to Russian action – and the legal situation is ambiguous. This ambiguity creates a risk that conflict will escalate, as states may struggle to determine whether disruptions are accidental, criminal, or acts of war.

The digital world has physical foundations

The US–Iran conflict has already delayed construction of new undersea cables. It also highlights a broader reality: the foundations of the digital world are real and concrete, and they are not invulnerable.

Any deliberate targeting or sabotage would not just be a local event. It would reverberate across global communications, economies, and security systems. The seabed has become a zone of geopolitical competition – and the consequences of disruption could affect the world’s stability for years to come.

The Conversation

Meredith Primrose Jones does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Iran is threatening undersea cables. The world’s ‘digital chokepoints’ have never been more vulnerable – https://theconversation.com/iran-is-threatening-undersea-cables-the-worlds-digital-chokepoints-have-never-been-more-vulnerable-282425

We proved these ‘forever chemicals’ can last longer than three decades

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Ian A. Wright, Associate Professor in Environmental Science, Western Sydney University

The fresh air, picturesque vistas and pristine bush of the Blue Mountains west of Sydney draw millions of visitors a year.

Unfortunately, the Blue Mountains are also the site of a controversial investigation into water contamination with “forever chemicals”, also called PFAS.

Our recent study investigated long-term PFAS contamination from two incidents, both involving petrol tanker crashes and fires. Both accidents occurred in drinking water catchments, and our study found contamination was present but undetected for 24 and 33 years, respectively. We have searched the international literature and could not find similar examples.

PFAS (Perfluoroalkyl and polyfluoroalkyl substances) are a broad category of thousands of synthetic chemicals used in numerous consumer and industry products. Exposure to PFAS is associated with a greater risk of several illnesses.

Our research shows how vulnerable drinking water supplies are to long-term PFAS contamination. It also shows how contamination can remain hidden due to an absence of PFAS monitoring.

Two historical accidents

The 1992 petrol tanker accident in the Blue Mountains at Medlow Bath caused PFAS contamination of the local drinking water supply. And 32 years later it forced the closure of two storage reservoirs.

Despite limited data, we identified the source of contamination as a type of foaming material used globally by firefighters to help extinguish burning fuel fires. This foaming substance was mixed with water using perfluorooctane sulfonate, a type of PFAS.

Firefighters used this substance to form a foam “blanket” and coat burning materials and extinguish liquid fires. The PFAS foams were used for decades before their harmful human health and environmental impacts were understood.

Nine years after the first petrol tanker accident, another fuel tanker crash and fire linked to PFAS contamination occurred in 2000, near Ourimbah on the NSW Central Coast. The fuel tanker was carrying 40,000 litres of fuel, and the crash and fire were triggered by a collision with a car. This resulted in the tragic death of two people.

Similar to the Medlow Bath accident, news footage showed water and foam were used to control the blaze. It also showed a foamy runoff draining from the accident.

Why are PFAS a problem?

PFAS, often called “forever chemicals”, are a broad category of thousands of synthetic chemicals. They are used in numerous products, such as non-stick cookware, stain-resistant fabrics, takeaway food packaging and even cosmetics.

PFAS molecules don’t easily break down, and readily accumulate in tissue of wildlife across the globe. Exposure to small amounts of PFAS sees the chemicals build up in the vital organs of animals and people. Analysis of human autopsy tissue revealed accumulation of PFAS in the brain, lungs, liver, kidney and bones.

In 2025, an Australian Bureau of Statistics report revealed nearly all Australians have PFAS chemicals accumulating in our bodies.

Should we be worried?

Exposure to PFAS is associated with a greater risk of several illnesses. These include decreased fertility, higher blood pressure, increased risk of cancer (particularly prostate, kidney and testicular cancers), liver disease, higher cholesterol and obesity.

One of the humans are likely to consume PFAS is through eating foods containing PFAS and in drinking water.

The Upper Blue Mountains water supply serves about 40,000 people, and operated by Sydney Water Corporation. It reported that one of the most hazardous forms of PFAS, PFOS, reached 16.4 nanograms per litre in the local drinking water on June 25 2024. This is double the safe amount, according to the recently revised Australian drinking water guidelines.

Discovery of PFAS triggered the closure of two drinking water reservoirs downstream of the Medlow Bath petrol tanker crash and fire. Although a lack of testing data creates uncertainty, it is likely PFAS contamination was undetected in the Blue Mountains drinking water supply for more than 30 years.

What our study showed

Our study showed contaminated creek water contained 2,000–2,400ng/L of PFOS in October 2025. This is 250–300 times the maximum safe concentration (less than 8ng/L) recommended by the Australian Drinking Water Guidelines.

The Blue Mountains contamination plume extended downstream into Greaves Creek, in the upper Blue Mountains. This creek is part of the UNESCO Blue Mountains World Heritage Area, where PFOS levels exceeded aquatic ecosystem guidelines by 100 times. The safe level of PFOS concentration for protection of freshwater species is 0.23ng/L.

As far as we know, the PFAS contamination identified in this study has not received any remediation to remove contaminated soil or water. Most PFAS contamination across Australia has occurred at sites where PFAS foam was used in repeated fire fighting training activities. Our work shows even single incidents involving PFAS can have long-lasting environmental impacts.

The Conversation

Ian A. Wright has received research funding from industry, local, NSW and Commonwealth Government. He has previously worked for the water industry (Sydney Water) as a scientist and catchment officer.

Amy-Marie Gilpin receives funding from the research and development corporation Hort Innovation.

Katherine Warwick receives funding from the water industry (Sydney Water), WIRES, local and state government bodies.

ref. We proved these ‘forever chemicals’ can last longer than three decades – https://theconversation.com/we-proved-these-forever-chemicals-can-last-longer-than-three-decades-278425

What the 2026 World Cup means for measles risk in Vancouver

Source: The Conversation – Canada – By Jamie Voyles, Professor of Biology, University of Nevada, Reno

With less than five weeks until kickoff, and hundreds of thousands of visitors expected, Vancouver is preparing for the FIFA World Cup 2026 following British Columbia’s worst measles outbreak in years. Unlike Ontario, where public health officials released a detailed Hazard Identification and Risk Assessment flagging measles and other infectious diseases as risks at mass gatherings, B.C. has not yet provided comparable guidance.

Public health experts say preparation is critical for mass gatherings, particularly for contagious diseases such as measles. Vaccination rates in many parts of B.C. have fallen below the approximately 95 per cent coverage needed to prevent sustained transmission of measles, and last year’s outbreaks have exposed pockets of vulnerability.

In crowded settings such as FIFA World Cup venues, where visitors arrive from other provinces and countries with varying vaccination coverage, even a single imported case can spread rapidly beyond stadiums. That risk is not theoretical; past sporting events in Vancouver have shown how quickly measles can take hold.

Lessons from past international sporting events

The 2010 Winter Olympics in B.C. provides precedent. Following the Games, imported measles cases spread after the crowds dispersed.

In preparation, public health surveillance systems were in place, including daily health watch reports.

“At the time, what seemed like the biggest potential threat was actually the pandemic influenza H1N1 virus,” said Jennifer Gardy, PhD, deputy director of disease modelling at the Gates Foundation, who was a lead investigator at the B.C. Centre for Disease Control in 2010, by email.

But measles proved difficult to track, with officials relying largely on clinical case detection. “You had tens of thousands of people congregating indoors at event venues and then mixing with each other out in the community,” Gardy said.

The outbreak was not confirmed until the virus had spread beyond Olympic venues, infecting 82 people across Greater Vancouver as well as in the interior and northern regions of B.C.

Measles is uniquely risky at mass gatherings

Mass gatherings act as biological mixing bowls. The measles virus, one of the most contagious human viruses, can easily spread among unvaccinated individuals. When infected individuals return to schools, day cares and offices, transmission can amplify.

An illustration showing spread of measles from an individual to large number of affected people
The exponential growth potential of measles based on its Basic Reproduction Number (R_0).
(Qurrat Ul Ain), CC BY

The measles virus survives in airborne droplets and only a tiny trace of the virus can start an infection. These characteristics give it a high basic reproduction number (R₀, or “R naught”), referring to the number of people infected after exposure.




Read more:
Measles is highly contagious, but vaccine-preventable: A primer on recent outbreaks, transmission, symptoms and complications, including ‘immune amnesia’


For measles, the R₀ ranges from 12 to 18 (whereas the common cold ranges from two to three). So even modest dips in vaccination rates for measles, mumps and rubella (MMR) — or uneven coverage across communities — means a single case can spread rapidly.

graph with red circles illustrating measles vaccine coverage and cases
MMR vaccine coverage and reported measles cases in British Columbia (2009–2026).
(Qurrat Ul Ain), CC BY

Outbreaks require both an introduction and low vaccination coverage, said Caroline Colijn, PhD, by email. Colijn is chair in mathematics for evolution, infection and public health at Simon Fraser University. She noted that some communities remain vulnerable even when overall coverage is high: “We may, in some communities, have low enough vaccination rates that there could be outbreaks.”

Is Vancouver prepared this time?

Sixteen years after the Winter Olympics, as the province prepares to welcome sports fans again, public health conditions have changed.

Immunization rates among B.C. school-age children have steadily fallen since at least 2016 and B.C. reported more than 400 measles cases in the past year, reflecting uneven vaccination coverage.

Yet the level of preparedness for the World Cup remains unclear.

The B.C. Centre for Disease Control has completed a provincial public health risk assessment with Vancouver Coastal Health and shared it with the host city, according to Dr. Mark Lysyshyn, deputy chief medical health officer for Vancouver Coastal Health, in email correspondence.

A spokesperson for the City of Vancouver Host Committee said a “Know Before You Go” campaign is planned, but the website does not currently include guidance on measles or other infectious diseases.

According to Dr. Lysyshyn, Vancouver Coastal Health will rely on current monitoring systems. It is unclear whether existing systems can detect threats quickly enough, and a recent assessment warns that Canada’s health-care system may lack the capacity to manage a surge in demand during the World Cup.

What ideal preparation looks like

Effective preparation embeds public health into event planning well before visitors arrive. The 2024 Paris Olympics reinforced medical networks, expanded multi-source surveillance and improved diagnostic testing capacity.

Preparation should also involve transparent risk communication and community engagement. Equally important is ongoing public communication and co-ordination to respond to emerging threats quickly and continuously after the event.

“Because measles can take from one to three weeks for symptoms to appear, the critical thing will be to continue monitoring cases well after the final Vancouver match,” said Gardy. “If an outbreak does occur, we might expect transmission to continue for weeks or even months after.”

The experience of the Vancouver 2010 Olympics suggests that even well-planned systems can miss early transmission, reminding us that pathogens do not respect closing ceremonies.

The Conversation

Jamie Voyles receives funding from U.S. National Science Foundation and National Institutes of Health.

Qurrat Ul Ain does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What the 2026 World Cup means for measles risk in Vancouver – https://theconversation.com/what-the-2026-world-cup-means-for-measles-risk-in-vancouver-280806