Las dos almas de Irán: entre el islam y la memoria sasaní

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Martínez Carrasco, Profesor de Biblioteconomía y Documentación. Investigador en el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas, Universidad de Córdoba

‘Bizhan recibe una invitación a través de la nodriza de Manizha’, en el folio 300v del _Shahnama_ (Libro de los Reyes) de Shah Tahmasp. Metropolitan Museum of Art

El estallido de la guerra entre Irán y EE. UU. e Israel ha dado pie a todo tipo de comentarios en redes sociales y tertulias. Fruto de las prisas por la coyuntura y el desconocimiento sobre esta parte del mundo, se ha incluido a Irán en la nómina de los países árabes, mientras voces airadas reclaman que se le llame Persia, porque ese era el nombre del país antes de su islamización.

Decía Pierre Vilar que la Historia “debe enseñarnos, en primer lugar, a leer un periódico”. En este caso, merece la pena aprovechar el trágico contexto internacional para cuestionar las mitificaciones sobre este país islámico cuya existencia se remonta muchos siglos atrás.

Portada de _Samarcanda_ de Amin Maalouf.
Portada de Samarcanda de Amin Maalouf.
Alianza Editorial

En Samarcanda (1988), el escritor libanés Amin Maalouf se vale del manuscrito perdido de las Rubāˁiyyāt (‘Cuartetas’) de ˁUmar Jayyām (m. 1123) para hilar dos períodos de la historia de Irán. La primera parte narra la vida de este intelectual persomusulmán al servicio del visir Niẓām al-Muluk y los sultanes Alp Arslan y Malik Shāh. La segunda se centra en los intentos democratizadores del país asiático entre 1909 y 1911 a la sombra del Reino Unido y Rusia, las potencias que se habían dividido el país y no querían perder su influencia en él.

Mito y memoria de la Persia preislámica

Como otros antes que él, a finales del siglo XI Niẓām al-Muluk miró hacia el período sasaní (224-651) buscando crear una identidad propia en la que se mezclasen elementos islámicos y preislámicos. A ese movimiento de “iranización” del islam le debemos casi todo lo que sabemos sobre el imperio de los iranios. Llamado el Ērānshahr, hace referencia al territorio que ocupaban los actuales Irak e Irán antes de que los árabes musulmanes lo conquistaran entre los años 634 y 651.

No conservamos ningún texto literario original de época sasaní. Pero cuando los habitantes de Persia rechazaron lo árabe porque, comparado con la propia tradición, era visto como atrasado y sin valor alguno, los califas ˁabbasíes, la segunda dinastía del islam (750-1258), no dudaron en iranizarse. Así, decidieron imitar las formas cortesanas de los shāhānshāh, los “reyes de reyes”, quienes ocupaban el centro de la organización política gracias a una especie de gracia divina que se transmitía de padres a hijos y que solo poseían los gobernantes del imperio.

Comenzó entonces un proceso de traducción de textos de la antigua tradición al árabe que llevaron a cabo los persas islamizados, y que vertieron escritos creados en una lengua indoeuropea, el farsi, a una semítica: el árabe.

El valor que sigue teniendo para los iraníes el pasado preislámico lo indica que su poema nacional sea el Shānāmè (“Libro de los reyes”), compuesto en torno a 1010 en persa por Ferdosi. En sus versos repasa la historia del Ērānshahr, en los que se mezclan mito y realidad.

Los mitos originarios

Tras la llamada Guerra de los Doce Días (del 12 al 24 de junio de 2025), los ayatolás recurrieron a los bajorrelieves de Naqsh-e Rustam o al mítico Arash el Arquero como parte de su propaganda contra israelíes y estadounidenses.

Ambos elementos tienen una fuerte carga simbólica. En Naqsh-e Rustam está representado el momento en el que el emperador romano Valeriano reconoce la victoria del soberano sasaní Sapor I en el año 260.

Estatua a Arash el Arquero en Irán.
Estatua a Arash el Arquero, Saryazd, provincia de Yazd, Irán.
ninara/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Por su parte, el personaje de Arash el Arquero pertenece a la mitología persa. Cuenta la leyenda que Arash, el mejor arquero del ejército iraní, fue elegido para responder al reto planteado por el victorioso rey de Turan (eternos enemigos de Irán): lanzar una flecha para marcar la frontera allí donde se clavara. Desde la montaña sagrada Irivokht, Arash tensó el arco como jamás lo hiciera y el proyectil voló durante semanas, impulsado por el viento, incrustándose en el tronco del nogal más grande del mundo, a orillas del río Amu Darya. Cuando fueron a buscar a Arash, este había desaparecido; no quedaba ni rastro. El arquero se había sacrificado por su pueblo y su cuerpo era el territorio que les ofrecía a sus compatriotas.

Estos símbolos, como toda arma, tienen un doble filo, en este caso en forma de propaganda interna. Son iconos que, por un lado, rechaza el régimen teocrático, ya que representan unos valores propios de un tiempo que la tradición islámica considera “de la ignorancia”. Por otra parte, se trata de historias y personajes que forman parte de la cultura popular. Los ayatolás, cuestionados internamente, se valen de ellos para acercarse a una población que cada vez está más lejos del régimen.

Los manifestantes que se echaron a las calles entre diciembre de 2025 y enero de 2026 coreando vivas al sah son la prueba de su calado popular. En el imaginario colectivo se establece una línea de continuidad entre los tiempos míticos de Arash el Arquero y la monarquía, pasando por la época sasaní y el apogeo persomusulmán de la shuˁūbiyya (movimiento cultural de reivindicación de lo iranio frente a lo árabe). Reclamando la vuelta del rey y el fin de la república islámica se pretende regresar a una Arcadia feliz.

La nostalgia sigue en el mismo bando

Ahora, igual que en los siglos IX-XI, la nostalgia de una pretendida edad de oro pertenece a una clase que ocupa una posición subalterna. El período preislámico se convierte en un tiempo al que se quiere volver porque se asocia con el esplendor cultural, económico y político, cuando la influencia de lo iranio iba del Índico al Atlántico.

Entonces, el zoroastrismo era la religión oficial sasaní. A sus seguidores, junto a cristianos y judíos, se les permitió conservar sus creencias a cambio del pago de la yizia, la capitación. De hecho, el judaísmo, el cristianismo y el islam heredaron su carácter dualista (los principios del Bien y el Mal).

Relieve en Naqsh-e Rostam ubicado en Persépolis, Irán. Esta talla muestra una famosa escena en la cual el emperador romano, Valeriano se arrodilla ante Sapor I y solicita piedad.
Relieve en Naqsh-e Rostam ubicado en Persépolis, Irán. Esta talla muestra una famosa escena en la cual el emperador romano Valeriano se arrodilla ante Sapor I y solicita piedad.
Diego Delso, delso.photo, CC BY-SA

Los descendientes de la aristocracia sasaní vieron ese pago especial como una humillación. Por ello, las élites optaron por convertirse al islam para preservar su estatus. En su mayoría se inclinaron por el chiismo, la rama que defiende el legado de ˁAlī y sus hijos, al-Ḥasan y al-Ḥusayn, el yerno y los nietos del profeta Mahoma.

Sin embargo, de alguna forma los conquistadores árabes acabaron siendo conquistados por los derrotados iranios: el modo de vida persa resultaba mucho más atractivo por el boato de la corte sasaní. No fueron pocos los rigoristas que criticaron lo que consideraron un excesivo gusto por esta dolce vita.

Los sabios de la ley islámica también pasaron por alto que la construcción del califa como autoridad política y religiosa había sido un calco de la posición del shāhānshāh, el “rey de reyes”. Esto hizo que el islam se convirtiera en una copia del zoroastrismo con carácter de religión estatal de un imperio. Se establecería un sistema confesional, persiguiendo las ideas consideradas contrarias a la línea oficial. La noción de pureza e impureza en el islam surge de la influencia de los conversos zoroastras, aquellos sacerdotes que conservaron su peso en la sociedad aun cuando hubieran abandonado su antigua fe dos siglos después de la conquista.

El pasado preislámico se integra en la identidad de los iraníes actuales como una de sus dos almas. Dos almas que, a veces, se hallan en contraposición, pero que no se entienden aisladas. El islam no es un bloque homogéneo y en cada territorio adopta unas formas propias. Fiestas como el Noruz perviven porque fueron asumidas por el islam, en este caso iranio, que les da carta de naturaleza.

En resumen, la llama del Ērānshahr no se ha apagado.


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Carlos Martínez Carrasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El examen oral, actualizado: una alternativa de evaluación en tiempos de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Angela Patricia Vargas González, Docente Facultad de Educación – Educación inicial, Universidad de La Sabana

PeopleImages.com/Shutterstock

Evaluar los conocimientos de los estudiantes no es el objetivo final de una asignatura, sino una parte fundamental del propio proceso de aprendizaje. Es la única manera de entender, tanto para aprendices como para enseñantes, cómo progresan, cuáles son las fortalezas y oportunidades de mejora que existen y cuál es el aporte práctico de lo que se está aprendiendo, entre otros aspectos.

Hoy que tenemos acceso a internet y a la inteligencia artificial, evaluar de manera oral es una alternativa interesante con múltiples beneficios.




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¿Cuál es el sentido de la evaluación oral?

Bien diseñadas, las pruebas habladas en lugar de escritas permiten a los chicos y chicas, en cualquier etapa y asignatura, desarrollar habilidades de diálogo, reflexión, pensamiento crítico y transformación personal, fundamentales para encontrar sentido a lo aprendido.

Hablamos de pruebas habladas, que no se reducen únicamente al examen oral tradicional (el profesor o profesora pregunta y el estudiante responde), sino que incluyen el debate, las disertaciones individuales y grupales, los círculos de palabra y la creación de pódcasts o vídeos.

Las principales ventajas de estas pruebas orales son el intercambio de puntos de vista y comprensiones disciplinares, el fortalecimiento de la escucha, la familiarización con el trabajo colectivo y la posibilidad de retroalimentación constante sobre lo que cada quien está proponiendo.

Ventajas de la evaluación oral

Las pruebas orales permiten superar la lógica tradicional de la transmisión de conocimiento, modificando el papel del docente, que pasa a escuchar o dialogar, y el del aprendiz, que pasa a explicar y argumentar.

Para ello, es importante plantear preguntas sin una única respuesta o una repuesta predeterminada. Este tipo de cuestiones invitan a estar atentos a los argumentos, para dialogar con ellos, más que a la aparición de conceptos preestablecidos en la mente del profesor.

Otra condición básica es la documentación previa por parte de los chicos y las chicas para ampliar sus comprensiones sobre los contenidos que están trabajando, de tal manera que al exponer sus puntos de vista se apoyen en las fuentes consultadas y las expliciten. En este caso, las tecnologías y la IA son utilizadas como recursos para ampliar las consultas e indagaciones, pues no es suficiente con replicar lo que estas arrojen.




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Por supuesto, dar a conocer las propias conclusiones es imprescindible en un proceso de evaluación oral, pues es en ese acto de seleccionar los elementos centrales de los argumentos presentados que se reafirma lo que se aprendió.

Motivación y capacidad

El desafío que plantea una prueba hablada ayuda especialmente a los estudiantes a percibirse con mayor capacidad y motivación, en la medida que reconocen que consolidar argumentos propios es un proceso que requiere preparación, consulta de diversas fuentes, comparación de perspectivas y diálogo con otros.

En ese marco, generar rúbricas de evaluación, en las que los docentes expliciten anticipadamente cuáles son los criterios que van a tener en cuenta, es un buen recurso para disminuir la ansiedad ante la prueba oral y para ir estableciendo un hábito de preparación cuando se habla en un escenario académico.

Posible en todos los escenarios educativos

Evaluar de manera oral no tiene por qué ser convertir el examen escrito en una prueba hablada, ni consistir exclusivamente en dar cuenta de contenidos que fueron abordados en un determinado periodo de tiempo.

Se trata más bien de generar espacios para que los estudiantes justifiquen sus propuestas de trabajo, expliquen los procesos y procedimientos que les permitieron llegar a los resultados obtenidos, compartan sus inquietudes e identifiquen sus errores, al tiempo que proponen posibles soluciones para subsanarlos.

Por ejemplo, ante una cuestión teórica que se esté trabajando en una signatura, el docente puede proponer a sus estudiantes el desarrollo de un círculo de palabra, para que allí, de manera colectiva, cada uno presente a sus compañeros su propia perspectiva. Posteriormente, los alumnos se organizarán en subgrupos para plantear posibles soluciones, que deberán compartir y justificar nuevamente ante el colectivo.

En este círculo de palabra el docente está atento a lo que sus estudiantes exponen, hace preguntas para pedir aclaraciones o profundizaciones, solicita reelaborar una idea cuando no es clara y determina la transformación de pensamiento que se dio en los chicos y las chicas, junto con la adecuación de sus discursos a la rúbrica de evaluación ya establecida.

La educación de la pregunta

Con estudios de casos, talleres o dinámicas de juego en el aula se puede experimentar una manera de aprender que vaya más allá reiterar lo que se leyó en un texto o respondió un chatbot.

Las evaluaciones orales, de esta manera, permiten potenciar la educación de la pregunta, en lugar de la educación de la respuesta, y entender los espacios educativos como lugares no solo para la instrucción, sino para el estudio, el debate y la reflexión.

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Angela Patricia Vargas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Las ondas cerebrales pueden ayudar a identificar a los niños con altas capacidades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eloy García Pérez, Investigador postdoctoral en Ingeniería Electrónica Industrial, Universidad de Castilla-La Mancha

Identificar a los estudiantes con altas capacidades sigue siendo uno de los retos del sistema educativo. Aunque existen pruebas de inteligencia y evaluaciones del profesorado, muchos alumnos con gran potencial intelectual no son detectados o lo son demasiado tarde. Cuando esto ocurre, es frecuente que no reciban la adaptación educativa que necesitan.

Durante décadas la identificación se ha basado sobre todo en el rendimiento académico o en test psicométricos. Sin embargo, estas herramientas miden el resultado final del aprendizaje y no explican cómo funciona el cerebro mientras el estudiante piensa o presta atención. Además, la ausencia de protocolos claros y homogéneos hace que el proceso varíe mucho entre centros educativos.

En los últimos años, la neurociencia ha empezado a abordar esta cuestión desde otra perspectiva. En lugar de observar solo el rendimiento, analiza cómo se comporta el cerebro durante tareas cognitivas.

¿Qué mide realmente la electroencefalografía?

Una de las técnicas más utilizadas para estudiar la actividad cerebral es la electroencefalografía, conocida como EEG. Este método registra la actividad eléctrica del cerebro mediante sensores colocados sobre el cuero cabelludo. El cerebro está formado por miles de millones de neuronas. Cuando muchas de ellas se activan al mismo tiempo generan pequeñas corrientes eléctricas que pueden detectarse desde la superficie de la cabeza.

El EEG registra estas señales en tiempo real, lo que permite observar cómo cambia la actividad cerebral mientras una persona piensa, presta atención o realiza una tarea. A diferencia de otras técnicas de neuroimagen, el EEG es relativamente económico, es portátil y permite registrar procesos mentales muy rápidos. Por esta razón se utiliza con frecuencia para estudiar funciones como la atención o la memoria de trabajo.

Otra ventaja importante es que puede utilizarse fuera del laboratorio. Esto permite estudiar el cerebro en contextos educativos reales.




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Las ondas cerebrales y la atención

La actividad registrada por el EEG aparece en forma de oscilaciones eléctricas bautizadas como ondas cerebrales, que los neurocientíficos agrupan según su frecuencia. Cada grupo de ellas se ha relacionado con diferentes procesos mentales.

Por ejemplo, las ondas theta suelen asociarse con el esfuerzo mental y la memoria de trabajo. Las ondas alpha se vinculan con la regulación de la atención. En cuanto a las ondas beta, aparecen con frecuencia cuando el cerebro se prepara para actuar o resolver una tarea.

Estudiar estas señales permite analizar cómo el cerebro organiza sus recursos cuando realiza tareas cognitivas. Algunas investigaciones sugieren que las personas con mayor capacidad cognitiva podrían mostrar una organización cerebral más eficiente, una idea conocida como hipótesis de la eficiencia neural. Esta hipótesis sostiene que un cerebro muy eficiente podría necesitar menos activación para resolver determinadas tareas.

Del laboratorio al aula

Gran parte de la investigación en neurociencia se ha realizado en laboratorios controlados. Sin embargo, el aprendizaje ocurre en contextos mucho más complejos, como las aulas. En una investigación reciente que realizamos en centros educativos analizamos si era posible registrar actividad cerebral mediante EEG directamente en el entorno escolar.

Para ello diseñamos un protocolo breve que pudiera realizarse durante el horario escolar. Los estudiantes participaron en dos situaciones diferentes. En la primera se registró la actividad cerebral en reposo para observar los patrones básicos de funcionamiento del cerebro. En la segunda, realizaron una tarea de atención sostenida, en concreto una prueba de vigilancia psicomotora. En este tipo de ejercicios, los estudiantes deben esperar a que aparezca un estímulo en la pantalla y responder lo más rápido posible. Es una tarea sencilla pero enormemente útil para medir cómo se mantiene la atención durante varios minutos.




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El papel del análisis de datos

Trabajar con señales EEG requiere varios pasos de procesamiento, porque son muy sensibles al ruido. Movimientos, parpadeos o interferencias eléctricas pueden alterar el registro. Por esta razón, una parte importante del trabajo consiste en limpiar las señales y extraer la información relevante. A partir de ahí es posible aplicar métodos estadísticos y modelos de aprendizaje automático para analizar grandes cantidades de datos, que permiten detectar patrones en la actividad cerebral.

En nuestro estudio aplicamos modelos de machine learning, tanto a la actividad cerebral en reposo como a la registrada durante la tarea de atención. Los resultados revelarpn que es posible clasificar a los estudiantes a partir de su señal EEG en ambas condiciones.

En concreto, las diferencias más claras aparecieron en algunas bandas de frecuencia del EEG, especialmente en las ondas alpha y delta durante la tarea. Las ondas alpha suelen relacionarse con los mecanismos de atención e inhibición, mientras que las delta pueden reflejar cambios en el esfuerzo cognitivo durante la tarea. Este tipo de análisis puede aportar información útil como apoyo en los procesos de identificación.

La actividad cerebral permite observar aspectos del funcionamiento cognitivo que no siempre se reflejan en las pruebas académicas. Por eso, estas herramientas pueden complementar la información obtenida con los métodos educativos habituales.




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Comprender mejor la diversidad cognitiva

La inteligencia y el talento dependen de muchos factores. El entorno educativo, las emociones y el contexto social influyen de forma importante en el desarrollo de cada estudiante. Estudiar la actividad cerebral permite observar cómo funcionan procesos como la atención o el esfuerzo mental durante el aprendizaje. Este conocimiento puede contribuir a mejorar los sistemas de identificación de altas capacidades.

Comprender mejor cómo aprende el cerebro permite aprovechar mejor el potencial intelectual presente en las aulas y diseñar estrategias educativas más adaptadas a la diversidad del alumnado.

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Esta investigación pertenece al proyecto nacional PID2022-137397NB-I00. Financiado por MCIN/AEI/10.13039/ 501100011033/ y por FEDER, UE

Alejandro Lucas Borja y Juan Carlos Pastor Vicedo no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Las ondas cerebrales pueden ayudar a identificar a los niños con altas capacidades – https://theconversation.com/las-ondas-cerebrales-pueden-ayudar-a-identificar-a-los-ninos-con-altas-capacidades-278149

Artemis II: el prólogo de una alianza entre humanos y robots en la Luna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Rodríguez Martínez, Investigador y Profesor Beatriz Galindo, Laboratorio de Robótica Espacial, Universidad de Málaga

El astronauta Frank Rubio (izquierda) y la ingeniera de trajes espaciales Zach Tejral (derecha) en el vehículo lunar diseñado por la empresa Astrolab para el programa Artemis de la NASA. NASA/James Blair, CC BY-SA

Desde que el 14 de diciembre de 1972 el astronauta Eugene Cernan dejara la última huella humana en la Luna, esta ha permanecido en un silencio únicamente perturbado por la llegada puntual de naves no tripuladas. Hoy, sin embargo, nos encontramos a unos pocos días del lanzamiento de Artemis II, actualmente programado (después de varios retrasos) para el 1 de abril. Esta nueva misión de la NASA enviará por primera vez en más de medio siglo a un grupo de cuatro astronautas a orbitar nuestro satélite natural.

Más allá de la nostalgia que pueda producir el retorno del ser humano a la Luna, y a pesar de su naturaleza experimental, Artemis II no es una misión más. Con ella se inaugura una era sin precedentes: la de la convivencia entre humanos y robots en los entornos más hostiles de nuestro sistema solar.

Una nave espacial y un cohete en una plataforma de lanzamiento por la noche con la Luna a la izquierda de la imagen
El cohete Artemis II SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) de la NASA y la nave espacial Orión, en el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, el domingo 1 de febrero de 2026.
NASA/Ben Smegelsky

En busca de un nuevo récord

De la mano del comandante Reid Weisment, el piloto Victor Glover y los especialistas de misión Chirstina Koch y Jeremy Hansen, Artemis II realizará una trayectoria de retorno libre desde la Luna a bordo de la cápsula espacial Orión. Aunque no habrá alunizaje, la tripulación viajará más allá de la cara oculta de la Luna, en un viaje de ida y vuelta de diez días.

Una nave espacial en una nave de trabajo de la NASA con operarios que la observan
Cápsula Orión de la misión Artemis II.
NASA/Flickr, CC BY-NC-ND

Durante ese tiempo se realizarán comprobaciones clave de los sistemas de soporte vital, de navegación autónoma y de gestión de recursos, poniendo a prueba a la Orión en un entorno característico del espacio profundo. Se prevé que Artemis II bata un nuevo récord: el de la misión que más lejos ha llevado a humanos de la historia, superando los 400 171 kilómetros del Apolo 13.

Aunque igualmente motivado por la amenaza de agentes externos, el programa Artemis, a diferencia de las misiones Apolo, nace con una vocación de permanencia. De materializarse, la hoja de ruta trazada por este y otros programas subyacentes de la NASA, como el Commercial Lunar Payload Services (Servicios Comerciales de Carga Útil Lunar), formará parte de uno de los experimentos más ambiciosos jamás emprendidos para comprobar si somos capaces de habitar de manera sostenible más allá de la órbita baja terrestre.




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Ilustración que muestra las principales etapas de la misión Artemis II.
Resumen de la misión Artemis II.
NASA

Primeros pasos hacia una base lunar

Desde que a comienzos del siglo 20 el autor de ciencia ficción polaco Jerzy Żuławski publicara su Trilogía Lunar, pasando por las propuestas de los científicos y escritores Arthur C. Clarke (autor de 2001: Una odisea del espacio) y Wernher von Braun, hemos fantaseado con la idea de establecer una presencia permanente en el objeto celeste más próximo a la Tierra. El verdadero salto cualitativo de Artemis II es que dará los primeros pasos para lograrlo: establecerá los primeros protocolos para una presencia humana continuada, comenzando por el trabajo en órbita.

Los que llevamos ya un tiempo siendo testigos de diversos planes para la explotación del espacio, la minería de asteroides o la fabricación a gran escala en órbita, sabemos que muchas hojas de ruta acaban siendo más aspiracionales que reales. Aun así, mantenemos la ilusión casi infantil por que Artemis no sea un programa más destinado (únicamente) a plantar una bandera.




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Robots: la clave en esta nueva era del espacio

Para llegar a tener esa base sostenible y permanente a casi 400 000 km de la Tierra, los humanos vamos a tener que depender de robots e inteligencias artificiales encargadas de todas aquellas tareas que serían ineficientes o extremadamente peligrosas para un ser humano.

Con Artemis II y, más significativamente, en las misiones subsiguientes, pasamos a un modelo de colaboración estrecha, en el que humanos y máquinas compartan responsabilidades críticas. Los robots deberán actuar, en muchos casos, como extensiones del cuerpo y mente de los astronautas.

Hablamos de robots capaces de excavar, transportar y transformar el regolito lunar, así como de construir y mantener infraestructuras vitales. Veremos flotas de vehículos autónomos explorar los cráteres en sombra permanente de los polos lunares en busca de compuestos volátiles y otros recursos, operando de forma independiente durante semanas.

Los robots dejarán de ser meros exploradores científicos para convertirse en operadores y compañeros de trabajo. La Luna se transforma así en un banco de pruebas para la logística autónoma a gran escala.

Una persona con traje espacial manipula un artilugio en un rover espacial
El astronauta Joe Acaba despliega el panel solar del vehículo lunar Eagle de Lunar Outpost, diseñado para el programa Artemis, durante las pruebas realizadas en el Centro Espacial Johnson de la NASA.
NASA/Robert Markowitz, CC BY-SA

Un laboratorio espacial para aplicaciones terrestres

Pero quizás el impacto más profundo de esta alianza no se produzca en la Luna, sino en la Tierra. La automatización y la robótica ya forman parte de muchas tareas cotidianas, pero el programa Artemis llevará esta convivencia a un nivel de exigencia y dependencia sin precedentes. Si logramos que humanos y robots colaboren con éxito para reparar un sistema de producción eléctrica en la oscuridad lunar o para desplegar flotas de robots en una misión de rescate, habremos perfeccionado tecnologías que tienen una aplicación directa e inmediata en la Tierra, y cada vez más necesaria.

Este aprendizaje acelerará la integración de robots en entornos terrestres complejos: desde operaciones de rescate tras desastres naturales o conflictos armados hasta la gestión de infraestructuras críticas en entornos marinos, polares o desérticos. Además, las exigencias del espacio –eficiencia extrema, autonomía prolongada, capacidad de autodiagnóstico y autorreparación– impulsarán una robótica terrestre más sostenible y resiliente.

La Luna se revela así como el gran laboratorio natural para ensayar una cooperación humano-robot que será imprescindible no solo para la exploración espacial, sino también para un futuro terrestre cada vez más dependiente de sistemas autónomos capaces de operar en entornos complejos, remotos y hostiles. El futuro no es de los humanos contra las máquinas, ni de las máquinas sin los humanos, sino de una alianza que comenzará a forjarse con el lanzamiento de Artemis II, a miles de kilómetros de casa.

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David Rodríguez Martínez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Agencia Espacial Europea.

ref. Artemis II: el prólogo de una alianza entre humanos y robots en la Luna – https://theconversation.com/artemis-ii-el-prologo-de-una-alianza-entre-humanos-y-robots-en-la-luna-275338

Luz en la oscuridad: en busca de terapias para la ceguera hereditaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Marfany Nadal, Profesora Catedrática de Genética, Universitat de Barcelona

Francesco Sgura/Shutterstock

Una noche, Tomás se dio cuenta que algo fallaba. Había salido incontables veces con sus amigos a dar una vuelta por los caminos fuera del pueblo, un pueblo demasiado pequeño como para que sus voces alegres pasaran desapercibidas en la quietud nocturna.

En aquellos caminos no había farolas: solo la luz de la luna les alumbraba. Hasta entonces esto no le había supuesto ningún problema. Pero de repente se dio cuenta de que no podía distinguir bien los bordes del camino. Se paró, dudando y tratando de encontrar referencias, pero eran borrosas en los lados de su visión. Sin saberlo, Tomás acababa de detectar los primeros síntomas de una retinosis pigmentaria: la pérdida de visión en luz tenue, también llamada ceguera nocturna.

Una de cada 4 000 personas en todo el mundo sufre retinosis pigmentaria. Y si añadimos el resto de enfermedades genéticas raras que afectan a la visión, la prevalencia puede llegar hasta 1 de cada 2 000 personas.

Cómo vemos colores y luces

La retina es el tejido neurosensorial que tapiza el fondo de nuestro ojo. Se forma durante el desarrollo como un saliente del sistema nervioso central, que se abre en forma de copa hacia el exterior para diferenciarse en distintas capas neuronales perfectamente distribuidas y conectadas entre ellas.

La capa neuronal retiniana más alejada de la entrada de luz es la capa de células fotorreceptoras, conos y bastones, que pueden excitarse con el impacto de un único fotón. Estas células son las encargadas de recibir el estímulo luminoso y transformarlo en estímulo químico, primero, y en eléctrico, después.

En total, la retina humana posee alrededor de 120 millones de bastones y unos 7 millones de conos.

Los bastones son las células fotorreceptoras encargadas de la visión en luz tenue, porque se estimulan con fotones (partículas) de luz de baja intensidad. Concretamente estos fotones excitan a la rodopsina, la molécula sensible a la luz.

Los bastones no pueden percibir el color: solo ven en blanco y negro. Todo lo contrario que los conos, que expresan opsinas que responden a fotones de alta intensidad. Eso los convierte en responsables de la visión en color.

Imagen de un ojo humano en tonos oscuros, como lo veríamos con poca luz ambiental y con una fuente de luz lejana reflejada en la pupila. En circunstancias de baja intensidad lumínica, solo los bastones –pero no los conos– pueden excitarse y por ello de noche, o a oscuras, solo podemos ver en blanco y negro.
Sakurra/Shutterstock

Una distribución desigual

Los bastones están repartidos por toda la retina, mientras que los conos se acumulan sobre todo en la mácula, en la zona central de la retina (fóvea). Esa alta densidad de conos proporciona agudeza visual, o lo que es lo mismo, una extrema sensibilidad al contraste.

De noche, con luz tenue, solo pueden activarse los bastones. Por eso cuando oscurece vemos en blanco y negro y no podemos leer, aunque tenemos buena visión periférica.

Pero si en medio de la oscuridad encendemos una linterna, con un haz intenso de luz, o nos colocamos bajo una farola, los fotones de alta intensidad activan a los conos. Y empezamos a percibir colores y detalles como en pleno día.

Es el cerebro el que interpreta qué vemos

En la retinosis pigmentaria, debido a mutaciones en genes importantes para la función de los bastones, estas células se alteran, dejan de funcionar y acaban “suicidándose”: es lo que se conoce como muerte celular programada. Como consecuencia, se inicia y una pérdida de bastones que progresa paulatinamente, de fuera hacia dentro.

En la retina de Tomás, el protagonista de nuestra historia inicial, la enfermedad estaba avanzando sin que él lo supiera hasta que se traspasó un umbral en que la pérdida de bastones ya afectó a la percepción visual. La visión nocturna quedó afectada. Y empezó a experimentar lo que se conoce como visión en túnel: le costaba localizar los objetos circundantes pero aún podía leer y percibir detalles porque en la mácula los conos seguían siendo funcionales.

A largo plazo, la progresión de la enfermedad acaba afectando también a los conos, provocando una ceguera total.

Los primeros síntomas aparecen en la adolescencia tardía

Los pacientes con retinosis pigmentaria suelen empezar a notar los síntomas en la adolescencia tardía o en la etapa adulta. Pero cuando hay mutaciones que afectan a genes estructurales de los fotorreceptores o durante el desarrollo, la enfermedad puede aparecer durante la infancia, como sucede en la amaurosis congénita de Leber. Otra enfermedad congénita, la acromatopsia, se caracteriza porque los afectados solo pueden ver en blanco y negro. El mundo se percibe en tonos de gris, literalmente.

En otras patologías raras de la retina, como es el caso de la enfermedad de Stargardt, las mutaciones afectan genes relevantes para los conos o la mácula, que son los primeros que mueren. Eso permite que los pacientes vean con poca luz, pero sin embargo sean incapaces de leer los detalles de un rostro humano.

En busca de tratamientos

Actualmente, no existen tratamientos aprobados que detengan la degeneración de la retinosis por completo.

Para el diseño y aplicación de terapias avanzadas específicas, es imprescindible llevar a cabo investigación básica de los procesos genéticos, bioquímicos y celulares que se alteran cuando aparecen mutaciones en genes de la retina.

Aquí es donde entra en juego la biotecnología, que permite analizar modelos de la enfermedad, bien sea generando ratones avatar (con la dolencia) o mediante organoides humanos de retina, lo más parecido a una retina humana pero en una placa de Petri.

Partiendo de ahí podremos desarrollar tratamientos de medicina de precisión dirigida a enfermedades causadas por genes o mutaciones concretas –como Luxturna, para mutaciones del genRPE65–. Pero también terapias en las que el objetivo es la supervivencia de los fotorreceptores, sin focalizarse en un gen o mutaciones concretos: es lo que se conoce como terapias “agnósticas”.

Dos caminos para tratar y, quizás, incluso curar a Tomás y otros pacientes que, como él, tienen enfermedades raras hereditarias de la retina.

The Conversation

Gemma Marfany Nadal recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para financiar investigación básica. Soy jefa de la unidad U-718 del CIBERER-ISCIII (Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras). Soy miembro de la Comissió Nacional de Bioètica d’Andorra.

ref. Luz en la oscuridad: en busca de terapias para la ceguera hereditaria – https://theconversation.com/luz-en-la-oscuridad-en-busca-de-terapias-para-la-ceguera-hereditaria-278580

La teoría económica detrás de las crisis

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Morán Álvarez, Director del departamento de Economía Aplicada III, Universidad de Sevilla

Los economistas somos capaces de convertir en necesidad aquellos problemas que no somos capaces de solucionar. Por ello, durante muchos años compartía la idea, absurda, de que las crisis económicas eran necesarias e inevitables. Pero todo problema tiene solución, si bien exige un esfuerzo de entendimiento (no siempre fácil), una propuesta seria y una ejecución que normalmente deben llevar a cabo las personas implicadas o, en su caso, los responsables políticos.




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Las crisis económicas nacionales pueden evitarse, pero, para acertar, lo primero que debemos mostrar es el origen de estas. Para ello nos centraremos en la autoridad monetaria de la zona euro, el Banco Central Europeo (BCE). Pero en otros países desarrollados o en desarrollo, la situación que vamos a explicar es similar, aunque con matices.

Para comenzar

Vamos a considerar el dinero como una herramienta esencial en la dinamización de los intercambios económicos (los facilita al servir como medio de pago). En el eurosistema hay un quebranto continuo de la cantidad de dinero existente, debido a tres factores:

  1. La pérdida de poder adquisitivo por la subida de los precios.

  2. La fuga de liquidez hacia otros países cuando la moneda es admitida como medio de pago internacional.

  3. Los cambios en las preferencias de ahorro.

Estos factores obligan al BCE a fabricar dinero nuevo, adicional al existente. De este modo, además de mantener la capacidad de intercambio, potencia un mayor crecimiento de la renta. Así, semana a semana y de forma creciente, el BCE inyecta nueva liquidez al sistema. Debe hacerlo en el nivel adecuado para que se produzca el crecimiento económico de la eurozona, sin generar tensiones inflacionistas o desinflacionistas. El objetivo del BCE para la eurozona es mantener la tasa de inflación en torno al 2 %.

La política monetaria del Banco Central Europeo busca un crecimiento económico “necesario y suficiente”. Así, el BCE inyecta toda la liquidez capaz de ser absorbida al generarse mayores dinamismos económicos territoriales, sectoriales y personales gracias a ese mayor intercambio.

Es decir, inyecta dinero nuevo al sistema económico de forma creciente, y lo hace mediante préstamos a las entidades financieras. La institución trata de forma continua de generar liquidez suficiente para compensar la devolución de los anteriores préstamos, más la liquidez adicional necesaria para garantizar el crecimiento económico. Luego, el sistema financiero traslada al mercado ese dinero a través de préstamos a familias, empresas y administraciones que también son crecientes.

¡Más liquidez!

Este modelo de crecimiento económico se basa en una sucesiva y creciente creación de liquidez que provoca un incremento continuado del endeudamiento de las familias, las empresas o las administraciones con la intención de generar más renta, riqueza y empleo.

El elemento negativo es que un proceso de endeudamiento creciente de los agentes económicos y sociales del sistema (familias, empresas, administraciones) va debilitando poco a poco las expectativas de futuro. Con un alto nivel de deuda, cualquier hecho o fenómeno imprevisto puede hacer implosionar el modelo, haciendo que familias, empresas y sector público decidan dejar de endeudarse.

En el momento en que el endeudamiento se frena y disminuye, o al menos no crece lo suficiente, lo hace también la forma de hacer nuevo dinero, que deja de llegar al sistema. Mientras el endeudamiento crece también lo hacen la renta, la riqueza y el empleo, y cuando deja de hacerlo, la crisis económica está servida.

The Conversation

Juan Carlos Morán Álvarez es afiliado reciente en el PSOE, si bien no participo de forma activa en política ni colaboro con el partido.

ref. La teoría económica detrás de las crisis – https://theconversation.com/la-teoria-economica-detras-de-las-crisis-265047

Del hedonismo a la felicidad con propósito: ¿influye el ‘marketing’ en nuestro bienestar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía Blanco Moreno, Profesor ayudante doctor, Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León

GaudiLab/Shutterstock

Pasamos varias horas al día expuestos a contenido de marca: publicaciones en Instagram, historias, vídeos, blogs o newsletters que nos acompañan mientras descansamos, buscamos inspiración o simplemente hacemos scroll. Pero ¿qué efecto tiene realmente todo ese contenido en nuestro bienestar? ¿Nos hace sentir mejor o solo nos empuja a consumir más?




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Un grupo de investigadoras de la Universidad de León nos planteamos una pregunta poco habitual en marketing: ¿puede el contenido que publican las marcas contribuir a la felicidad de las personas, en particular de las mujeres? La respuesta no es tan simple como un “Sí” o un “No”, pero los resultados muestran algo claro: el marketing no solo influye en lo que compramos, sino también en cómo nos sentimos y en cómo nos relacionamos con las marcas y con nuestro entorno.

Dos formas de felicidad: sentir placer y encontrar sentido

Cuando hablamos de felicidad solemos pensar en emociones positivas inmediatas: disfrutar, pasarlo bien, sentir alegría. Esta es la llamada felicidad hedónica, ligada al placer, al entretenimiento y a las emociones agradables del momento.

Pero existe otra forma de bienestar menos visible y más profunda: la felicidad eudaimónica, relacionada con el sentido de la vida, el crecimiento personal, los valores y la sensación de estar haciendo “lo correcto” o de pertenecer a algo significativo.

Ambas dimensiones forman parte del bienestar humano, pero no funcionan igual ni producen los mismos efectos. Y aquí es donde entra en juego el contenido que crean las marcas.

Qué tipo de contenido nos hace sentir bien y por qué

El estudio, basado en una encuesta a mujeres consumidoras, analiza cómo el contenido de marcas –especialmente marcas locales– influye en estas dos formas de felicidad.

Por un lado, el contenido hedónico es aquel que entretiene, emociona o genera disfrute: imágenes atractivas, historias cercanas, experiencias agradables de compra, mensajes que transmiten cercanía o diversión. Este tipo de contenido hace que “nos apetezca” una marca, que nos resulte atractiva, que nos genere deseo.

Por otro lado, el contenido eudaimónico apela a valores más profundos: apoyar el comercio local, sentirse orgullosa de consumir productos de proximidad, identificarse con la historia de una marca, percibir que ese consumo encaja con la propia identidad y forma de vivir. Este contenido no solo gusta sino que inspira, compromete y moviliza.

La clave está en que cada tipo de felicidad activa comportamientos distintos.

El contenido de marca no solo informa o entretiene: también influye en el bienestar emocional y en las acciones reales de consumo.
Fuente: elaboración propia

Desear no es lo mismo que actuar

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es la diferencia entre desear una marca y actuar en consecuencia. Aunque solemos pensar que ambas cosas van de la mano, no siempre es así.

La felicidad hedónica –el disfrute, la emoción positiva– está más relacionada con el deseo: “Me gusta esta marca, me apetece, me atrae”. Es el tipo de bienestar que nos hace seguir una cuenta en redes sociales o sentir simpatía por una marca.

Sin embargo, la felicidad eudaimónica –el sentido, los valores compartidos– es la que impulsa a la acción: visitar una tienda, comprar de forma recurrente, recomendar el negocio, implicarse con la marca. Es lo que transforma el interés en compromiso.

Dicho de otro modo: el placer despierta el deseo, pero el sentido impulsa la acción.




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El papel de las marcas locales y el orgullo de lo cercano

Este efecto es especialmente relevante en el caso de las marcas locales. Frente a las grandes marcas globales, los negocios de proximidad suelen conectar más fácilmente con valores como la identidad, la comunidad o el apoyo al entorno cercano.




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Para muchas mujeres, consumir marcas locales no es solo una decisión económica, sino también emocional y ética: sentirse parte de una comunidad, apoyar el desarrollo local o reforzar un estilo de vida alineado con sus valores personales.

Cuando el contenido de estas marcas transmite inspiración, orgullo o sentido de pertenencia, no solo mejora la percepción de la marca, sino que también contribuye al bienestar de las consumidoras.

El consumo local no es solo una decisión económica: también tiene un impacto emocional y social en el bienestar de las consumidoras.
Fuente: elaboración propia

‘Marketing’, bienestar y perspectiva de género

El estudio aporta además una perspectiva de género relevante. Las mujeres consumen más contenido de marketing digital, dedican más tiempo a informarse y comparar marcas, y muestran una mayor sensibilidad hacia los valores que estas transmiten.

En un contexto en el que la salud mental y el bienestar emocional son temas centrales del debate social, resulta especialmente importante analizar cómo el marketing afecta –positiva o negativamente– a estos aspectos. El contenido de marca no es neutro: puede generar presión, comparación constante o frustración, pero también puede fomentar emociones positivas, autoestima y conexión social.




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¿Qué pueden aprender las marcas y los consumidores?

Los resultados invitan a repensar el papel del marketing. No todo el contenido tiene que centrarse en vender de forma directa. Las marcas que aspiran a generar relaciones duraderas deberían preguntarse:

  • ¿Queremos despertar deseo o fomentar compromiso?

  • ¿Estamos ofreciendo solo placer inmediato o también sentido y valores?

  • ¿Nuestro contenido contribuye al bienestar o solo a la saturación informativa?

Para los consumidores, entender estos mecanismos también es clave. Nos ayuda a ser más conscientes de por qué nos atraen ciertas marcas y de cómo nuestras emociones influyen en nuestras decisiones diarias.

Más allá del consumo

En definitiva, el marketing puede hacer algo más que vender productos: puede influir en cómo nos sentimos, en cómo actuamos y en cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Cuando el contenido conecta con valores, identidad y propósito, puede convertirse en una fuente de bienestar, especialmente para las mujeres y en el contexto del consumo local.

La pregunta ya no es solo qué compramos, sino cómo y por qué lo hacemos. Y ahí, el contenido de marca tiene mucho que decir.

The Conversation

Sofía Blanco Moreno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Del hedonismo a la felicidad con propósito: ¿influye el ‘marketing’ en nuestro bienestar? – https://theconversation.com/del-hedonismo-a-la-felicidad-con-proposito-influye-el-marketing-en-nuestro-bienestar-274496

Tres cosas que ‘Más que rivales’ muestra sobre la masculinidad en el deporte profesional

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antoni Aguiló Bonet, Investigador postdoctoral en filosofía contemporánea, Universitat de les Illes Balears

Un fotograma de _Más que rivales_. Warner Bros. Discovery

En una serie sobre hockey de élite se espera velocidad, golpes y épica de vestuario. Más que rivales tiene todo eso. Pero la escena que mejor explica por qué importa no ocurre durante un partido, sino en la intimidad: preguntas sencillas –“¿qué quieres hacer?”, “¿así está bien?”, “¿tienes miedo?”– dichas con naturalidad durante un encuentro sexual.

Este detalle abre un interrogante: ¿qué modelos de masculinidad produce el deporte profesional, también en la intimidad entre hombres? ¿Y qué cambia cuando el consentimiento deja de ser un supuesto y se convierte en conversación? Más allá de la trama, la serie permite observar tres cuestiones relevantes sobre consentimiento, masculinidad y cultura deportiva.

1. El consentimiento verbal cuestiona ciertas masculinidades

El deporte profesional sigue siendo, en muchos contextos, un espacio donde la masculinidad se organiza en torno a tres imperativos: resistir, rendir y no mostrar fisuras. Desde hace décadas, la sociología del deporte describe este entorno como un laboratorio de dureza, disciplina y control emocional. Los trabajos de Michael Messner muestran cómo estos espacios premian el dominio y la fortaleza, mientras que la vulnerabilidad a menudo se percibe como un riesgo para el prestigio.

En este marco cultural, preguntar o confirmar no es solo una práctica interpersonal de cuidado. También es un gesto que altera la lógica habitual de la masculinidad dominante. La pregunta “¿te va bien?” desplaza el centro de gravedad de la escena: el deseo ya no aparece como una conquista individual, sino como una coordinación entre dos personas.

Dos hombres se miran en una ducha.
Connor Storrie y Hudson Williams en una escena de Más que rivales.
Warner Bros. Discovery

No es lo mismo entender el consentimiento como un momento puntual –un sí inicial– que concebirlo como un proceso que puede matizarse o interrumpirse. Esta segunda opción exige habilidades que muchas formas de socialización masculina han entrenado poco: nombrar lo que ocurre, escuchar o ajustarse al otro sin interpretarlo como un fracaso.

La serie sugiere así una idea a menudo ignorada: la masculinidad también se aprende en la intimidad. En contextos donde “no desentonar” sigue siendo una norma viril, formular una pregunta puede resultar culturalmente más disruptivo de lo que parece.

2. El armario no es solo privado

Una de las aportaciones clásicas de la teoría queer fue mostrar que el “armario” no es solo una experiencia psicológica individual. También es una estructura social que regula quién puede ser visible, cuándo y a qué precio. Esta idea quedó formulada en Epistemology of the Closet, de Eve Kosofsky Sedgwick.

En el deporte profesional, esta regulación tiene consecuencias concretas: puede afectar a la reputación, los patrocinios, la relación con el vestuario, el trato mediático o incluso la continuidad de una carrera deportiva.

Más que rivales sugiere que la aceptación simbólica no elimina necesariamente estos costes. La visibilidad sigue distribuida de manera desigual: hay trayectorias que pueden sostenerla con mayor facilidad que otras, y contextos en los que hablar todavía implica riesgos.

Esta estructura también influye en la cultura del consentimiento. No porque el armario lo sustituya, sino porque condiciona los marcos comunicativos en los que se produce. Si hablar abiertamente en la vida pública tiene costes, parte de esa economía del silencio puede trasladarse a la intimidad: evitar preguntas para no complicar la situación o recurrir a ambigüedades.

La serie muestra que incluso bajo esta presión se puede construir una intimidad que no dependa ni del control ni del silencio.

3. Entre hombres tampoco hay un único guión sexual

En el debate público, el consentimiento se presenta a menudo como una fórmula universal aplicable a cualquier encuentro sexual. Sin embargo, la investigación sobre relaciones entre hombres gais, bisexuales y queer muestra una realidad más compleja: existen códigos sexuales situados que varían según los espacios y las formas de socialización sexual.

Dos hombres jóvenes en una rueda de prensa.
Los dos protagonistas de Más que rivales.
Warner Bros. Discovery

Una revisión reciente de varios investigadores señala que entrar en determinados ambientes sin conocer estos códigos puede aumentar la vulnerabilidad y que normas asociadas a la masculinidad hegemónica –como el control o la evitación emocional– siguen operando en el sexo entre hombres.

Esto no implica que la comunicación no verbal sea problemática en sí misma. En muchos encuentros funciona perfectamente. El problema aparece cuando se da por supuesta en contextos marcados por el alcohol, la presión social, la desigualdad de poder o el miedo a perder estatus.

Por ello, algunos estudios han señalado que parte de las políticas de “consentimiento afirmativo” se diseñaron pensando sobre todo en un guion heterosexual predominante. Ya en un trabajo pionero, Melanie Beres mostraba que la comunicación del consentimiento en relaciones del mismo sexo puede adoptar formas diversas y contextuales.

Más allá de la pantalla

La serie sugiere también un límite importante. La impugnación de la masculinidad tradicional aparece mediada por el prestigio: cuerpos entrenados, fama y capital simbólico, que facilitan la aceptación social, pero también restringen qué vidas pueden ser visibles.

Si en un vestuario de élite una pregunta tan simple como “¿estás bien?” puede resultar extraña, el problema no es la pregunta, sino la cultura patriarcal que aún organiza qué se puede decir, sentir y ser.

Porque, al fin y al cabo, lo que está en juego no es solo quién puede aparecer representado en la pantalla, sino qué tipo de masculinidad seguimos considerando normal dentro –y fuera– del deporte profesional.

The Conversation

Antoni Aguiló Bonet es miembro de Homes Transitant, asociación sin ánimo de lucro dedicada a la reflexión sobre masculinidades.

ref. Tres cosas que ‘Más que rivales’ muestra sobre la masculinidad en el deporte profesional – https://theconversation.com/tres-cosas-que-mas-que-rivales-muestra-sobre-la-masculinidad-en-el-deporte-profesional-279139

Canada’s new TikTok compromise fails to resolve questions of ownership and national security

Source: The Conversation – Canada – By Philip Mai, Co-director and Senior Researcher, Social Media Lab, Toronto Metropolitan University

The Canadian government has reached an agreement with the social media platform TikTok after years of debate over the app’s data practices, particularly those affecting young users. The deal allows TikTok to continue operating in Canada under tighter oversight rather than facing a shutdown.

As social media researchers at the Social Media Lab at Toronto Metropolitan University, we’ve always paid close attention to the state of social media in Canada. We have followed the TikTok ban saga closely since early 2020, when United States President Donald Trump first tried to ban the platform, long before he later came out in favour of keeping it.

While the new agreement does move towards greater oversight of TikTok, major concerns remain. TikTok’s parent company, ByteDance, is based in China and Chinese national security laws can compel companies to co-operate with state authorities. This underlying risk sits beyond the reach of Canada’s safeguards.

The agreement follows a new national security review that reversed an earlier conclusion pointing toward closure of TikTok’s Canadian operations. Instead of a ban, the federal government has chosen a regulatory approach, one that keeps the app available while imposing legally binding conditions. The deal reduces some risks, but it does not resolve deeper questions about ownership, data flows and national security.

So what has TikTok agreed to? And what will the millions of Canadian users, creators, advertisers and cultural groups that rely on the platform notice?

Stronger protections for youth and minors

Under the new rules, TikTok must strengthen its protection of Canadian user data. This includes creating a security “gateway” to control access to that data, adopting privacy-enhancing technologies and allowing independent third-party monitoring to verify how data is handled.

TikTok also committed to stronger protections for minors and youth, a key concern driving the government’s review.




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For everyday users, the focus on youth protection is likely to be the most visible change. Stricter age limits could affect livestreaming. Gift features may be more restricted for younger users. Content involving minors is likely to face stricter moderation.

Canadian creators will also feel the impact. Those with audiences largely made up of teenagers may face tighter moderation or additional eligibility checks for certain features and monetization tools. Sponsors may also ask more detailed questions about audience demographics as brands become more cautious about youth-focused content.

Many changes will happen behind the scenes. As TikTok Canada adjusts to the new requirements, its verification processes, advertising tools and moderation systems are expected to become more demanding.

As the government now requires stronger protection of Canadian user data, people who earn money on the platform may encounter extra steps. These may include stricter identity checks, added requirements for business accounts or ad payments and clearer information about where Canadian user data is stored.




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Does this make TikTok safer? Compared to what existed before, the agreement does move toward greater oversight. Independent monitoring, if carried out properly, gives the government some visibility into TikTok’s data practices and the commitments are legally binding rather than voluntary.

Canadian data can still leave Canada

Enforcement details are still unclear. The government has said it will appoint an independent monitor, but has not named the monitor, explained how audits will work or detailed what penalties TikTok would face for failing to comply. Without clear consequences, oversight could prove weaker in practice than it appears on paper.

The agreement also stops short of requiring full data localization. Canadian user data does not have to stay entirely within the country. Although technical controls may limit access, data can still move through systems outside Canada. This leaves some exposure to unauthorized access or foreign influence.

Another gap is research access. The deal does not require TikTok to share data with vetted Canadian public-interest researchers, like academics or journalists. Currently, researchers from Canada are not qualified for access to the TikTok application programming interface (API), while their counterparts in the European Union and U.S. are. This makes it harder for Canadian researchers to independently study the platform’s impact on Canadian users.

A cautious compromise

Overall, the agreement reflects a compromise. Canada avoided a disruptive ban; TikTok accepted tighter rules to keep operating in a key market. The deal reduces some risks, but it does not resolve deeper questions about ownership, data flows and national security.

Those tensions are likely to resurface as Canada continues to grapple with how to regulate global platforms that play an outsized role in everyday life.

The Conversation

Anatoliy Gruzd receives funding from the Canada Research Chair program (SSHRC).

Philip Mai does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada’s new TikTok compromise fails to resolve questions of ownership and national security – https://theconversation.com/canadas-new-tiktok-compromise-fails-to-resolve-questions-of-ownership-and-national-security-278182

My unsung hero of science: Buckminster Fuller, the architect who wanted to redesign the world (and inspired a nanosized one)

Source: The Conversation – UK – By Antonios Kelarakis, Reader in Polymers ad Nanomaterials, School of Pharmacy and Biomedical Sciences, University of Lancashire

On November 14 1985, a letter announcing the discovery of a superstable species of carbon appeared in the science journal Nature. Even the letter’s title, C₆₀: Buckminsterfullerene, caused a stir among the journal’s scholarly readers.

Molecules are usually named with sterile precision. This one was named after the American architect and futurist Richard Buckminster Fuller (Bucky to his friends), whose geodesic domes had become icons of modern design in the 1950s and 60s.

Fuller’s spherical domes were designed to be lightweight yet strong, with each triangular element distributing stress evenly across a curved framework. C₆₀ was the atomic analogue of these domes, built not from steel struts but carbon atoms – each joined by strong bonds with three of its neighbours to create a tiny spherical cage.

This new allotrope of carbon was so stable and symmetric that it redrew the map of molecular architecture. It kicked off a scientific sprint that led, barely a decade later, to the 1996 Nobel prize in chemistry for English scientist Harold Kroto and his American colleagues Robert Curl and Richard Smalley for their discovery.

Fullerenes (now nicknamed Buckyballs) had always existed on Earth – in candle soot, volcanic emissions and ancient minerals. But their scientific discovery emerged from an attempt to simulate the chemistry of carbon-rich red giant stars.

The discovery opened the era of nanotechnology – the manufacture and manipulation of materials at previously impossibly small scales. But this is not the only way Fuller’s name is remembered in science.

Buckminster Fuller holding a geodesic sphere
Buckminster Fuller holding a geodesic sphere, the structure he pioneered.
Wikimedia, CC BY-NC-ND

Who was Buckminster Fuller?

Few 20th-century figures are as hard to classify as Fuller. He was, at the least, an inventor, designer, engineer, writer, philosopher and futurist. Born in Massachusetts in 1895, his formal education was brief and rather turbulent – he was expelled twice from Harvard University. Yet this did not lessen his ambition to redesign the world.

Fuller could be eccentric and sometimes controversial. His early enterprises frequently failed, yet his charisma and boundless optimism made him a compelling public figure. The result was a remarkable portfolio of inventions and concepts, showcasing bold prototypes and radical ideas.

His earliest geodesic domes were built from lightweight materials, typically steel tubular struts connected in a triangular lattice and clad with acrylic panels. They capitalised on the structural advantage of symmetry: enclosing a vast space with relatively little material and remaining exceptionally strong.

Fuller patented the design in 1951. Despite initial scepticism from some in the architectural establishment, geodesic domes soon found practical applications. The US Marine Corps used them for rapidly deployable radar stations in Arctic conditions.

One of the most famous examples is the giant dome built for the Expo 67 international exposition in the Canadian city of Montreal. Known today as the Montreal Biosphere, the structure became one of the most recognisable symbols of futuristic architecture in the 1960s.

Video: Atlas Pictures.

Alongside his designs, Fuller spent much of his life developing Synergetics, a philosophical-geometric framework exploring how structures and energies interact in nature. At the heart of this work was “ephemeralisation” — a term Fuller coined to describe the process of achieving ever greater results with fewer materials and less energy.

In later life, he became a global intellectual celebrity, delivering thousands of lectures around the world. Fuller captivated audiences with a unique vision of design, technology and planetary stewardship — once delivering a marathon series of lectures entitled “Everything I know”. It ran for 42 hours.

The power of symmetry

Symmetry is among science’s most powerful unifying codes and one of its most versatile interpretive tools. It reveals surprising equivalences between forms that differ in size but not in structure.

In the 1960s, footballs adopted a similar geometry to Fuller’s geodesic dome: a combination of 12 pentagons and 20 hexagons stitched into a resilient mesh to absorb force and rolls with minimal deformation. Indeed, a diagram of a football was used to illustrate the announcement of C₆₀: Buckminsterfullerene.


Frank Malina beside a rocket

This series is dedicated to lesser-known, highly influential scientists who have had a powerful influence on the careers and research paths of many others, including the authors of these articles.


A growing family of atom-thin, superstrong materials has emerged since that 1985 Nature letter. These include the tiny-in-diameter but much longer carbon nanotubes in 1991, and the one-atom thick graphene in 2004 – both of which are now widely used in electronics, sensors, composites and energy devices.

When added to polymer composites or metal alloys, these tiny carbon cages strengthen and lighten materials, enhancing performance in everything from aircraft components and solar panels to medical tools including MRI scanners.

Doing more with less

The structure of fullerenes naturally realises Fuller’s principle of ephemeralisation – the ability to do more and more with less and less.

Fuller imagined technological progress as a path toward efficiency, elegance, sustainability and abundance. He applied ephemeralisation across his designs, harnessing science and geometry to achieve maximum performance with minimal resources.

Video: The Wall Street Journal.

Beyond geodesic domes, his innovations included the Dymaxion House – a prefabricated, environmentally efficient home designed for easy mass production and transport – and the Dymaxion Car. Patented in 1933, its streamlined aerodynamic bodywork was designed to carry more passengers while improving both fuel efficiency and top speed.

Fuller also imagined radical solutions for extreme environments. These included the Undersea Island – a submerged base anchored by crisscrossing cables to stay rock steady in storms – and the suspension building system, which inverted the idea of a suspension bridge into an arched dome that created vast interior space with minimal material.

Fuller died in 1983 after a lifetime spent redesigning the world – and reimagining how humanity might live. Two years later, chemistry paid him an unexpected tribute: a perfectly symmetrical carbon molecule was named after him, recognising his lifelong dedication to geometrical efficiency.

In the nanosized Buckyball, Fuller’s aspirational social ideas are encapsulated in a molecule that embodies minimalism, efficiency and intelligent design.

The Conversation

Antonios Kelarakis does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. My unsung hero of science: Buckminster Fuller, the architect who wanted to redesign the world (and inspired a nanosized one) – https://theconversation.com/my-unsung-hero-of-science-buckminster-fuller-the-architect-who-wanted-to-redesign-the-world-and-inspired-a-nanosized-one-278272