Silencio organizacional: que no haya quejas del jefe no siempre significa que sea un buen líder

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

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Sobre el papel, una empresa puede estar preparada para actuar cuando algún jefe cruza determinadas líneas, como discriminación, acoso, sobrecarga o vaciamiento de funciones: un canal ético, recursos humanos, protocolos de denuncia y sistemas de cumplimiento normativo (compliance).

Pero a veces pasa que, cuando alguien presenta una denuncia, el jefe permanece mientras que quien habló termina trasladado, aislado o, peor aún, fuera de la organización. ¿Qué ocurre en esos casos?

El coste de quejarse de un mal líder

Las investigaciones sobre este tema llevan años demostrando que hablar puede tener un coste muy alto para los trabajadores. En un estudio sobre casos de fraude en grandes empresas estadounidenses, el 82 % de los empleados denunciantes analizados fueron despedidos, abandonaron su empleo por las presiones recibidas o vieron modificadas sus responsabilidades.

Estos datos obligan a mirar los canales de denuncia de otra manera. Su existencia es importante, pero no está claro que funcionen. Además, el problema no termina en quien denuncia: los demás también observan.

Un estudio con 829 trabajadores encontró que quienes conocían experiencias en las que un supervisor había reprimido la voz de otros empleados luego percibían a ese supervisor como menos receptivo. Otra investigación reciente muestra que presenciar supervisión abusiva sobre compañeros puede generar miedo y, a través de él, silencio defensivo.

La enseñanza informal es poderosa: si hablar no cambia nada, callar puede convertirse en una respuesta comprensible.

Cuando el silencio parece una buena noticia

Supongamos que tras una denuncia disminuyen las quejas. La dirección podría interpretarlo como una señal de que el problema ya está resuelto.

Pero hay otra posibilidad. Quizá quien denunció se marchó. Es probable que algunos compañeros decidieran no involucrarse. Y también puede ser que otros hayan aprendido que hablar tiene demasiado coste y poca eficacia.

Las investigaciones sobre el llamado “employee silence” lleva más de dos décadas advirtiendo que el silencio no siempre significa conformidad. Puede surgir, precisamente, cuando los empleados creen que expresar problemas es inútil o peligroso. Así, el silencio organizacional funciona como una barrera colectiva que impide que la información problemática llegue a quienes toman decisiones.

Por eso, una caída en el número de denuncias puede significar dos cosas totalmente distintas: que el problema ha desaparecido o que ha desaparecido la voluntad de denunciarlo. Confundir ambas situaciones puede resultar muy costoso.

Verificar el mal liderazgo

Las experiencias de mal liderazgo rara vez llegan a los departamentos de recursos humanos en forma de un único episodio espectacular o llamativo. Suelen acumularse: humillaciones, exclusiones, amenazas implícitas, asignaciones arbitrarias, pérdida de oportunidades.

Cuando entran en un procedimiento formal, deben convertirse en hechos verificables: ¿hay pruebas?, ¿hay testigos?, ¿cada episodio incumple por sí solo la norma?

Aunque necesario, ese análisis puede fragmentar tanto la experiencia que el patrón de conducta termine desapareciendo. Entonces aparece una contradicción: el procedimiento puede funcionar administrativamente y fracasar desde el punto de vista organizativo.

Procedimiento cerrado, problema no solucionado

Cuando un expediente se cierra, el resultado puede parecer tranquilizador: el procedimiento terminó y las quejas disminuyeron. Pero esas dos señales no prueban que el problema esté resuelto.

Los sistemas de cumplimiento normativo pueden generar una falsa sensación de control. Tener canales, abrir expedientes y seguir protocolos demuestra que existe un procedimiento, pero no necesariamente ese procedimiento tiene la capacidad de poner límites a una persona poderosa.

La diferencia es fundamental: no es lo mismo obtener un resultado administrativo que corregir un problema de liderazgo.

¿Cómo saber si el sistema funciona?

El silencio no es siempre una buena noticia: a veces significa que el problema ha desaparecido, pero otras, que ha desaparecido la voluntad de contarlo.

Para entender la situación no basta con contar denuncias o expedientes cerrados. Hay que observar qué ocurre después: quién permanece, quién se marcha, si aparecen represalias informales, si distintas quejas describen patrones semejantes y si los empleados siguen confiando en que hablar merece la pena.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Silencio organizacional: que no haya quejas del jefe no siempre significa que sea un buen líder – https://theconversation.com/silencio-organizacional-que-no-haya-quejas-del-jefe-no-siempre-significa-que-sea-un-buen-lider-291404

En defensa de las clases presenciales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Fernández Vicente, Profesor de Teoría de la Comunicación, Universidad de Castilla-La Mancha

Denboma / Istock, CC BY

Viene siendo habitual que las aulas universitarias estén medio vacías o medio llenas, según se mire. Sin embargo, estar en el aula es valioso por sí mismo, aunque la clase sea un auténtico tostonazo o no sea obligatoria para superar la asignatura. Como es obvio, hablo del absentismo que no se debe a causas justificadas, sean laborales o médicas. Simplemente, se prefiere estar en otra parte, no imaginemos dónde.

¿Qué es lo que se pierde al no estar en clase?

1. Memoria compartida

El aula es un lugar, en el sentido de Marc Augé: un espacio común donde se comparten experiencias que forjarán una memoria colectiva. Es una fábrica de recuerdos que vincula a quienes también hayan estado ahí. Por el mero hecho de estar juntos, se crean relaciones que van más allá del contenido de cada clase en particular.

Lo que importa no es sólo el conocimiento que se pueda transmitir, sino la relación que se construye por el mero hecho de compartir con frecuencia un lugar. El aula es una espacio de comunicación, que etimológicamente proviene del latín communis: comunidad. Es algo más que una arquitectura funcional: es el espacio que procura la creación de vínculos sociales y afectivos.

2. Espacio de diversidad

En una clase confluyen personas que no han elegido expresamente con quién o no estar, como puede suceder en las redes y en lo que se viene a llamar burbuja del filtro. Estar en clase permite el encuentro con otras personas que, a buen seguro, viven y piensan de manera diferente a nosotros.

El aula es una reunión que sienta las bases, en el cara a cara, para un diálogo, para que el tú y el yo traten de conocerse, como explicaba Martin Buber. Porque es preciso sentirse sin la mediación de las pantallas y no esconderse tras mensajes de texto. Es el diálogo socrático, la conversación para la que ha de preparar la universidad.

Una clase presencial es la antítesis de esa vida espectral de la que habla Éric Sadin. Dejamos que la espontaneidad del lenguaje no verbal hable por sí sola. Esto es incómodo y preferimos un entorno seguro y previsible, donde no se nos contradiga en nuestras creencias más arraigadas. Al ir a clase, aprendemos a manejarnos en la incertidumbre.

3. El silencio

En el aula, resulta un placer que haya quien guarde silencio. Es una señal de respeto, además del tesoro de los humildes. En esta época de egocentrismo, donde todo el mundo parece obligado a la sobreexposición de su yo y nadie escucha, no contribuir al ruido es una feliz excepción.

Mantener la atención en lo que diga otra persona es la antítesis de esta era de la distracción.
Las tan denostadas clases magistrales, así como las conferencias, cuando quien toma la palabra sabe de lo que habla y se expresa con cuidada retórica, exigen un silencio que ya parece haber sido desterrado. Alguien que escucha: “¡todos mis respetos!”, decía Antonio Machado por boca de su alterego Juan de Mairena.

¿Y si quien toma la palabra no domina la retórica o resulta no ser más que un ignorante ilustrado?, ¿y si el auditorio no siente la más mínima curiosidad? Véase el siguiente apartado…

4. Aburrirse

Seamos realistas: en clase hay miles de momentos de aburrimiento. No hay duda de que la monotonía forma parte de la universidad, pero también de la vida corriente. ¿Cuál es el problema? Aprender a aburrirse forma parte del proceso de maduración.

Transformar la clase en una atracción de feria no es desde luego una solución plausible. ¿Por qué tendrían que ser las clases una burda imitación de la moda más viral en la red del momento?

Y además, al aburrirnos en clase, nos vemos obligados a buscar por nosotros mismos vías de escape. A veces imaginamos mundos imposibles mientras se padece una clase tediosa, inventamos historias o hacemos memoria de la vida. Nos podemos entretener con el vuelo de una mosca, sentir curiosidad por cualquier mínimo detalle de lo que nos rodea mientras fingimos un gesto de interés para no despertar recelo. ¿No es esto un juego maravilloso?

Esto es del todo diferente a que los remedios al aburrimiento provengan de las pantallas del teléfono móvil. ¡Qué saturación! Y a que todo se encuentre aburrido porque las plataformas corporativas de la red y sus algoritmos nos han acostumbrado a una sorpresa infinita, como observa Jonathan Crary.

5. Un paréntesis a la vulgaridad

El aula debería ser un espacio apartado del parloteo incesante, de los discursos de odio y las polarizaciones banales. Es, o al menos debería ser un mundo aparte, y al cruzar ese umbral es de esperar que sea un lugar contrario a la barbarie y a la mediocridad.

El aula no es un lugar como otros: hay un dentro y un afuera, como lo hay cuando entramos a una sala de cine o al teatro. Quizás sea una idealización, pero me gusta pensar que en el aula desaparecen, como por arte de magia, las estupideces varias y las trivialidades soeces que tanto han degradado la conversación pública.

En clase hay que cuidar las formas, no sólo lo que se dice: elegir las mejores palabras y cómo se profieren. Es, o debería ser al menos, un lugar donde no entran las frivolidades y sandeces de lo que Vargas Llosa describió en Civilización del espectáculo.

6. Ser persona

Una universidad de clases casi vacías podrá expedir títulos e incluso transmitir conocimientos. Sin embargo, perderá una de sus funciones principales. La universidad no sólo forma profesionales, forma personas frente a la deshumanización y la despersonalización de nuestra época. Y sostenía María Zambrano que tenemos la obligación de convertirnos en personas si queremos vivir en una sociedad verdaderamente democrática: “Siendo la persona humana nuestra íntima, única verdad, podemos dejarla inerte, como yacente y dormida; se requiere la decisión de invocarla y una vez despierta, vivir desde ella”.

Encontrarse cara a cara en un lugar común despierta el reconocimiento de los demás y la reciprocidad, que son el embrión de la persona humana. ¿Es una pérdida de tiempo ir a clase?


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.


The Conversation

Antonio Fernández Vicente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. En defensa de las clases presenciales – https://theconversation.com/en-defensa-de-las-clases-presenciales-290963

¿Qué ocurre cuando nuestra pareja está diseñada para complacernos? El auge de las relaciones con inteligencias artificiales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Vargas Guerrero, Director y Docente del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, Universidad Europea

Frame Stock Footage/Shutterstock

Imagine una pareja que siempre está disponible cuando necesita hablar. Recuerda lo que le contó hace semanas, se interesa por cómo se siente, responde con atención y rara vez parece cansarse de escucharle. No se enfada porque haya tardado demasiado en contestar, no tiene un mal día cuando usted necesita apoyo y puede adaptar progresivamente sus conversaciones a sus gustos, necesidades y preferencias. Algunas personas ya encuentran parte de todo esto en una inteligencia artificial.

La IA generativa ha hecho que los chatbots dejen de utilizarse únicamente para resolver dudas o realizar tareas. Algunas personas también recurren a ellos para buscar compañía, apoyo emocional e incluso establecer relaciones románticas o mantener interacciones de carácter sexual, como conversaciones eróticas, intercambio de fantasías o juegos de rol eróticos.

Como ejemplo de hasta donde pueden llegar esos vínculos afectivos, la artista española Alicia Framis celebró, en 2024, una ceremonia simbólica de matrimonio con Ailex, un holograma creado mediante inteligencia artificial.

Esto plantea una pregunta que trasciende la ciencia ficción: ¿puede una inteligencia artificial convertirse realmente en nuestra pareja?

Cuando una conversación empieza a parecer una relación

Las personas tenemos una extraordinaria capacidad para atribuir características humanas a entidades que no lo son, un fenómeno conocido como antropomorfización.

Las nuevas inteligencias artificiales añaden algo especialmente poderoso: conversan con nosotros, recuerdan información, emplean nuestro nombre y generan respuestas que podemos percibir como empáticas. Esto puede favorecer la llamada autorrevelación y hacer menos clara la frontera entre utilizar una herramienta y relacionarnos con ella.

Una IA no experimenta enamoramiento porque diga “te quiero”, ni preocupación porque pregunte cómo nos encontramos. Pero eso no convierte en ficticia la experiencia de quien interactúa con ella. La investigación comienza a documentar vínculos que sus usuarios y usuarias describen como emocionalmente significativos e incluso reacciones de tristeza, miedo o ira cuando el agente artificial cambia o desaparece.

El atractivo (y la paradoja) de una pareja diseñada para el ser humano

Compartir algo íntimo con otra persona de carne y hueso implica cierto riesgo: puede no comprendernos, responder de manera diferente a la esperada o no estar disponible cuando la necesitamos. Algunas personas valoran precisamente de los chatbots la ausencia de juicio, la posibilidad de expresarse sin sentir que cargan emocionalmente a otra persona y su disponibilidad.

Una pareja humana, en cambio, tiene necesidades propias: puede querer hablar cuando nosotros no, necesitar espacio cuando buscamos cercanía o establecer límites. Esa alteridad –la existencia de otra persona con deseos y necesidades independientes de los nuestros– forma parte inevitablemente de cualquier relación interpersonal. El desafío consiste en qué hacemos cuando aquello que necesita o desea la otra persona no coincide con lo que necesitamos o deseamos nosotros.

Los compañeros artificiales introducen una lógica diferente. No solo pueden aprender nuestras preferencias y ajustar sus respuestas, sino que algunos sistemas permiten que el usuario o la usuaria participe en la configuración de características del agente, como su apariencia, personalidad o el tipo de relación que se desea mantener con el modelo de IA. Detrás de esa interacción no existe otra persona con deseos, necesidades y límites propios cuyo bienestar tengamos que considerar del mismo modo.

Ahí aparece una paradoja importante: cuanto más capaz sea una IA de adaptarse a nuestras preferencias, más atractiva puede resultar como compañera y, al mismo tiempo, más diferente puede ser de una relación basada en la reciprocidad entre dos personas.

¿Puede existir intimidad sin reciprocidad?

La intimidad no consiste únicamente en sentirnos escuchados, comprendidos, aceptados o deseados. También implica comprender y responder a otra persona, reconociendo que sus sentimientos, decisiones y límites importan incluso cuando no coinciden con los nuestros.

Esta diferencia resulta especialmente visible en la sexualidad. En una pareja, el deseo no siempre aparece al mismo tiempo, con la misma intensidad ni se dirige hacia las mismas prácticas. Por eso, comunicar lo que deseamos, establecer límites y respetar el consentimiento forman parte de cualquier encuentro sexual compartido.

Una pareja artificial diseñada para adaptarse a nuestras preferencias introduce una lógica distinta: reduce la necesidad de negociar con un deseo independiente del nuestro. Compartir la sexualidad implica, en cambio, encontrarnos también con lo que la otra persona desea —o no desea—, no únicamente con lo que deseamos nosotros.

¿Compañía o sustitución?

Conversar con una IA o recibir apoyo puntual no implica necesariamente abandonar las relaciones humanas. La cuestión es qué ocurre cuando comienza a ocupar un espacio creciente en nuestra vida afectiva.

La relación entre aislamiento y compañía artificial parece compleja. Sentirse socialmente desconectado puede favorecer el uso posterior de esos sistemas, mientras que una utilización más intensa también se ha relacionado con mayor dependencia emocional, uso problemático o aislamiento. Sin embargo, estos resultados no permiten establecer relaciones causales claras y probablemente dependan del contexto y de cómo se utilicen.

Por eso resulta tan precipitado afirmar que las inteligencias artificiales destruirán nuestras relaciones como asumir que resolverán el problema de la soledad. Quizá lo relevante sea qué lugar terminan ocupando dentro de nuestra vida afectiva.

Cuando la intimidad también pertenece a una empresa

Existe otra diferencia menos evidente. Cuando contamos una fantasía, una inseguridad, un conflicto de pareja o una experiencia sexual a un chatbot, esa intimidad ocurre también dentro de una infraestructura tecnológica gestionada por una organización. Algunas personas pueden llegar a percibir al sistema como un confidente mientras revelan información especialmente sensible.

Además, aquello que el sistema recuerda sobre nosotros puede convertirse en parte de la historia compartida que sostiene la sensación de continuidad del vínculo. Nuestros recuerdos y conversaciones íntimas quedan así condicionados por servidores, actualizaciones, políticas empresariales o decisiones sobre el funcionamiento de un producto.

Entonces, ¿puede una IA sustituir a nuestra pareja?

La investigación sobre estas relaciones es todavía reciente y no permite responder con certeza a esa pregunta.

Una IA puede reproducir algunas de las experiencias que asociamos a la intimidad: escucharnos, recordar lo que contamos, mostrarse disponible, responder con aparente empatía o adaptarse a nuestras preferencias. Y las emociones que esas interacciones despiertan en una persona pueden ser auténticas.

Sin embargo, una relación humana contiene un elemento difícil de reproducir: la existencia de otro sujeto que no ha sido diseñado para nosotros. Alguien con deseos propios, límites, contradicciones y necesidades que pueden no coincidir con las nuestras. Alguien a quien no solo queremos que nos comprenda, sino a quien también debemos intentar comprender.

Esa diferencia nos obliga a negociar, cuidar, ceder en ocasiones y afrontar conflictos y frustraciones. No son necesariamente imperfecciones de una relación: forman parte de relacionarnos con alguien que existe independientemente de nuestros deseos.

Quizá el verdadero desafío de las parejas artificiales no sea averiguar si algún día conseguirán parecerse suficientemente a las personas, sino qué podría ocurrir si nos acostumbramos a relaciones cada vez mejor adaptadas a nuestras preferencias y luego tenemos que relacionarnos con personas que no lo están.

Antes deberíamos preguntarnos qué esperamos exactamente de una relación para que alguien diseñado para nosotros pueda parecernos una alternativa a alguien que no lo está.

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Alberto Vargas Guerrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué ocurre cuando nuestra pareja está diseñada para complacernos? El auge de las relaciones con inteligencias artificiales – https://theconversation.com/que-ocurre-cuando-nuestra-pareja-esta-disenada-para-complacernos-el-auge-de-las-relaciones-con-inteligencias-artificiales-291787

“Ni una Maricarmen más” o “Solo el pueblo salva al pueblo”: cuando la batalla política se libra en unas pocas palabras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M. Dolores Porto Requejo, Lingüista. Profesora Titular de Filología Inglesa, Universidad de Alcalá

Protesta contra el desahucio de Maricarmen el pasado 24 de septiembre. OSCAR GONZALEZ FUENTES/Shutterstock

Hay frases que parecen demasiado pequeñas para explicar un problema grande. Cinco palabras en una pancarta. Cuatro en una publicación de redes sociales. Un nombre propio convertido en consigna. Y, sin embargo, esas pocas palabras pueden hacer algo mucho más importante que describir una realidad: pueden decirnos cómo debemos mirarla.

En las recientes concentraciones y manifestaciones sobre el problema de la vivienda en España hemos oído frases como: “Los españoles primero”, “Primero los de casa”, “Ni una Maricarmen más” o
“Derecho a techo”

Los eslóganes son una herramienta comunicativa de enorme impacto y con un enorme poder de persuasión. Los vemos durante unos segundos en televisión. Aparecen en una fotografía en redes sociales. Se convierten en un titular. Alguien los transforma en un meme. Y así, una frase de pocas palabras empieza a circular.

Son fáciles de recordar, condensan mucha información en poco espacio y, sobre todo, van directos al corazón. Con muy pocas palabras, y ayudados, a menudo, por una rima fuerte y sonora (“Muchas razones para okupar mansiones”), una composición rítmica (“Pedro, rey, haz un decreto ley”), o juegos de palabras humorísticos (“El ático no hace al monje”), los mejores eslóganes tienen fuertes resonancias lingüísticas, además de emocionales y parecen grabarse en nuestra memoria para siempre, despertando tanto sentimientos positivos de solidaridad y resiliencia, como negativos de rabia o frustración ante las injusticias.

Historias condensadas

Los grandes discursos políticos pueden necesitar veinte minutos para explicar una idea y, sin embargo, los eslóganes en pocas palabras construyen verdaderas historias que nos cuentan quiénes somos, quiénes son los otros, cuál es el peligro y cuál es la solución, o qué merece nuestra atención.

Por ejemplo, “Primero los de casa” plantea una pregunta implícita: ¿quién debe tener prioridad en el acceso a la vivienda? “Ni una Maricarmen más” propone una pregunta completamente diferente: ¿qué tenemos que hacer para que nadie vuelva a encontrarse en una situación semejante?

No son solo eslóganes distintos. Son dos maneras diferentes de definir el problema y, por tanto, de orientar la conversación pública. En el primer caso, la cuestión se organiza alrededor de la pertenencia: nosotros y los otros. El acceso a determinados recursos se presenta como una cuestión de prioridad entre grupos: quién merece estar primero, quién debe ser atendido antes, quién pertenece al “nosotros” y quién queda fuera de él.

En el segundo, el foco cambia. La cuestión ya no es quién tiene más derecho a estar primero, sino qué condiciones sociales están haciendo posible que personas concretas no puedan acceder a una vivienda o corran el riesgo de perderla. El problema deja de construirse en términos de pertenencia y pasa a plantearse en términos de experiencia social, derechos y condiciones de vida.

Y este desplazamiento es importante porque la manera en que definimos un problema condiciona las soluciones que somos capaces de imaginar. Si el problema se formula como una competición entre grupos, las respuestas tenderán a plantearse en términos de exclusión y prioridad de “los nuestros” frente a “los otros”.

Si se formula como un problema de acceso a la vivienda, precariedad y vulnerabilidad, aparecen otras cuestiones: qué políticas de vivienda son necesarias, qué mecanismos de protección funcionan, qué responsabilidades corresponden a las administraciones, qué implicaciones morales conllevan los desahucios y cómo evitar que una persona termine perdiendo su hogar.

Eslóganes reciclables

Tendemos a pensar que cada protesta tiene su eslogan, pero los mejores son, en realidad, reciclables. Los significados de algunos de ellos pueden adaptarse a distintos contextos, reutilizarse en distintas protestas e incluso modificar su orientación ideológica dependiendo de quién se apropie de ellos y en qué entornos se difundan, todo ello sin perder ni un átomo de su fuerza movilizadora.

A veces sufren ligeras variaciones: “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” es un eco de “Lo público no se vende, lo público se defiende”, una consigna que reaparece en cada manifestación por la sanidad o la educación públicas.

“Ayuso culpable, gobierno responsable” tiene diversas variaciones, como “Rentistas culpables/Urbagestión culpable, gobierno responsable”. Y el citado “Ni una Maricarmen más”, el grito que más se está escuchando en las últimas reivindicaciones contra los desahucios, nos remite a “Ni una menos (Vivas nos queremos)” que clama contra la violencia de género.

Pero también es posible reutilizar un eslogan sin modificarlo, es decir, apropiarse de él y darle un significado radicalmente diferente, como es el caso de “Solo el pueblo salva al pueblo”, un ejemplo paradigmático y bien conocido de cambio ideológico en un eslogan.

Así, “el pueblo” lo constituían, durante la dana de Valencia, los vecinos o los voluntarios frente a las instituciones políticas que reaccionaron tarde; en los incendios del pasado verano, fueron los habitantes de los pueblos amenazados por el fuego, frente a la escasez de recursos en las administraciones públicas para apagarlos; en las protestas contra el genocidio en Gaza, son los ciudadanos que lo denuncian, frente a los gobiernos que callan; pero también, cuando se utiliza en contextos antiinmigración, “el pueblo” son los españoles que exigen una “prioridad nacional” frente a los inmigrantes.

¿De izquierdas o de derechas?

El desplazamiento ideológico que se puede observar en el uso de este eslogan, en particular, ha condicionado su uso en las últimas protestas contra el desahucio, con grupos que defienden su “recuperación” para los movimientos de izquierda y otros que rechazan su utilización por considerarlo “de extrema derecha” y prefieren volver al clásico “el pueblo unido jamás será vencido”.

Buena parte del poder de los eslóganes es hacer que algunas preguntas parezcan más importantes que otras. Porque, al final, la política no solo consiste en intentar convencernos de una respuesta sino, sobre todo, en conseguir que miremos la realidad desde un determinado lugar. Por eso, la batalla por los eslóganes es en realidad la lucha por definir el marco con el que interpretar los acontecimientos desde un determinado punto de vista.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. “Ni una Maricarmen más” o “Solo el pueblo salva al pueblo”: cuando la batalla política se libra en unas pocas palabras – https://theconversation.com/ni-una-maricarmen-mas-o-solo-el-pueblo-salva-al-pueblo-cuando-la-batalla-politica-se-libra-en-unas-pocas-palabras-292752

Morir de invisibilidad: por qué la indiferencia ajena destroza nuestra salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Juan Rivero Pérez, Profesor universitario: Intervención psicología de la salud, habilidades del terapeuta en psicología de la salud, experto en psicología positiva, Universidad Europea

Prostock-studio/Shutterstock

Podríamos pensar que lo contrario del amor es el odio, pero este es pasional y requiere que la otra persona nos importe lo suficiente como para despertar nuestra rabia. Desde el punto de vista psicológico existe algo mucho más dañino: la indiferencia. En ella no hay gritos ni insultos, al contrario, es el vacío absoluto. Es ese mensaje que se queda en visto para siempre o el silencio cortante de una pareja. La indiferencia le dice al cerebro algo mucho más cruel que un ataque directo: “Para mí, ni siquiera existes”.

En esta sociedad hiperconectada, pero profundamente desconectada del otro, la indiferencia se ha convertido en una epidemia silenciosa. Es un problema de salud mental de primer orden. No estamos hablando de que la persona tiene “una mala racha” o “un problema de comunicación”.

Lo que sucede al cerebro cuando nos ignoran

En una especie tan social como la nuestra, la expulsión del grupo podía significar la muerte. De ahí que nuestro cerebro evolucionara para interpretar la exclusión como una amenaza.

Por ejemplo, las resonancias magnéticas muestran que cuando recibimos indiferencia de alguien que nos importa se enciende la “corteza cingulada anterior” del cerebro. Es la misma región que se activa si recibimos un golpe en el pie, nos rompemos el brazo o sufrimos una quemadura. Para nuestro sistema nervioso, el dolor social y el dolor se manifiestan de la misma manera.

La diferencia es que un brazo roto tiene tratamiento, pero ¿qué podemos hacer ante el vacío de la indiferencia?

Las tres caras de la indiferencia moderna

Hoy en día la indiferencia ha encontrado nuevas formas de manifestarse. Se ha sofisticado a través de las pantallas y de dinámicas relacionales que hemos normalizado.

1. La indiferencia digital

El ghosting –desaparecer de la vida de alguien sin dar explicaciones– y el desprecio digital no son herramientas de gestión emocional. Son actos de cobardía afectiva que dejan a la víctima en un bucle obsesivo. Al no haber un cierre claro en la relacion, la mente se ve obligada a inventar los motivos por lo que sucede esto: “¿Habré dicho algo incorrecto? ¿Ya no le gusto? ¿Qué hay de malo en mí?”.

2. La indiferencia relacional

En muchas parejas y familias, el silencio se utiliza como un arma de control pasivoagresiva. Hay quienes, ante un conflicto, en lugar de hablar y expresar su malestar, deciden retirar el habla. Dejan de mirar, responden con monosílabos o actúan como si la otra persona fuera un mueble de la casa.

Esto no es poner límites, es manipulación. La ley del hielo destruye la seguridad del apego. Convierte nuestro hogar en un campo de minas psicológico donde la víctima aprende a caminar de puntillas, asustada, mendigando una mirada o una palabra que le confirme que vuelve a ser digna de existir para el otro.

3. La indiferencia social

Esta situación se suele dar mucho en los trabajos donde pasamos alrededor de ocho horas al día sin que nadie sea capaz de darnos las gracias, de validar y reforzar el esfuerzo o, al menos, de mirarnos a los ojos para saludar cada mañana.

Esta desconexión genera el fenómeno de desgaste profesional y una profunda crisis de identidad personal y profesional que afecta a nuestra autoestima. “Si lo que hago no importa, si yo no importo, ¿para qué estoy aquí?”

¿Cómo destroza la indiferencia nuestra salud mental?

Cuando la indiferencia se convierte en rutina sus efectos en nuestra psique son devastadores. No son heridas abiertas, sino un desgaste sordo que erosiona la estructura de la personalidad.

Por una parte nos encontramos con “la destrucción del autoconcepto”. Las personas construimos nuestra identidad, en gran parte, a través del espejo de los demás. Si ese espejo siempre devuelve el silencio o el vacío las consecuencia son destructivas: “Si nadie me mira, es porque no valgo la pena”.

Además, podríamos hablar de la “indefensión aprendida”. Cuando alguien nos discute existe la oportunidad de argumentar. En la indiferencia esta respuesta es inviable: el resultado es la nada. Esto lleva a un estado de parálisis psicológica donde la persona siente que ha perdido por completo el control sobre su vida y sus relaciones.

Por último nos encontramos con la “ansiedad crónica” y la consecuente rumiación, ya que esto genera incertidumbre y nuestra mente la odia. Ante el silencio del otro, el cerebro activa un sistema de alerta máxima. Se empiezan a repasar conversaciones de hace meses, a analizar comas en los mensajes y a buscar errores en nuestro comportamiento. Esa hipervigilancia agota el sistema nervioso y dispara los niveles de cortisol.

Salir del desierto emocional: cómo protegernos de la nada

El primer paso es entender que la indiferencia sistemática es una forma de maltrato psicológico. Entonces, ¿qué podemos hacer para protegernos?

1. Dejar de buscar agua en pozos secos

Uno de los errores más comunes es intentar esforzarse más para llamar la atención de quien nos ignora. Mandamos más mensajes, somos más amables, intentamos agradar. Esto es un error, ya que eso solo alimenta el sesgo de autorresponsabilidad. Si alguien ha decidido no mirarnos el problema no es de nuestra falta de brillo, sino de su ceguera o su incapacidad emocional.

2. Romper el bucle de convertirte en adivino

No hay que intentar descifrar qué hay detrás de esos silencios. Si preguntas qué pasa y la respuesta sigue siendo el vacío o el “no pasa nada”, acompañado de una actitud fría, debemos poner la responsabilidad donde toca. Es importante expresar lo que sentimos con claridad.

3. Elegir el conflicto saludable antes que la paz ficticia

Mucha gente calla para “no crear problemas”, soportando la indiferencia en silencio. Pero esa paz es ficticia y se paga con tu salud mental. Una discusión a tiempo, con respeto y enfoque en la solución, siempre será mil veces más saludable que un mes de silencios compartidos.

4. Retirar la energía de donde no hay respuesta

La atención y el tiempo son recursos valiosos. No debemos regalarlos alegremente a quien los trata como si no valieran nada. A veces, la mayor muestra de amor propio no es ganar una discusión, sino recoger la dignidad, dar media vuelta y marcharnos de donde te obligan a ser invisible.

El derecho a ser vistos

Vinimos a este mundo para ser vistos, escuchados y validados. La salud no solo se cuida comiendo bien, haciendo ejercicio o yendo a terapia. Se cuida, sobre todo, eligiendo bien los entornos humanos en los que echamos raíces.

No debemos conformarnos con migajas de atención. Tampoco justificar a quien nos congela con su silencio. La próxima vez que alguien aplique la indiferencia, recordemos que no hay que demostrar a nadie que existimos. Nuestra existencia ya es valiosa por sí misma, y merecemos estar en lugares donde nuestra presencia se celebre, no donde nuestra ausencia pase desapercibida.

The Conversation

Jose Juan Rivero Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Morir de invisibilidad: por qué la indiferencia ajena destroza nuestra salud mental – https://theconversation.com/morir-de-invisibilidad-por-que-la-indiferencia-ajena-destroza-nuestra-salud-mental-289113

Para abordar las crisis y emergencias de hoy, necesitamos estar preparados para lo impensable

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marc Homedes, Jefe de prensa, Direcció General de Protecció Civil i TF 112 de Catalunya, Generalitat de Catalunya; UOC – Universitat Oberta de Catalunya; Universitat Pompeu Fabra

Consecuencias de la dana de 2024 en Alfafar, Valencia. Vicente Sargues/Shutterstock

En la sociedad del riesgo, ¿cómo podemos prepararnos mejor ante una emergencia? La respuesta pasa por aunar conocimiento científico, decisiones públicas fundamentadas y una comunicación clara y efectiva.

En la serie de artículos que comienza con este, especialistas de distintas disciplinas comparten su saber experto para ayudarnos a comprender los riesgos, fomentar una cultura de la prevención que contribuya a construir comunidades más seguras y resilientes, y gestionar las emergencias de manera eficaz.

Se trata de un proyecto de The Conversation, impulsado por la Cátedra UB-DIBA de Comunicación Clara aplicada a las Administraciones Públicas, que trabaja por una comunicación más clara, amable y útil entre las administraciones y la ciudadanía.


A diferencia de épocas pasadas, especialmente las posteriores a la II Guerra Mundial y hasta el inicio del siglo XXI, en que la política de bloques, primero, y los consensos multilaterales, después, generaron una aparente previsibilidad en el futuro, el momento actual se caracteriza por lo inesperado e impensado. Como explica de forma contundente el experto en prevención y gestión de crisis Patrick Lagadec, vivimos una época de “erosión de la resiliencia, de disolución de las seguridades y pérdida de confianza” que otorgan a las crisis “un potencial de destrucción global”.

Las palabras definen, moldean y crean realidades. Permacrisis, policrisis, crisis en cascada, crisis sistémicas, entornos VICA (por volátiles, inciertos, complejos y ambiguos) o la más reciente conceptualización de entornos BANI (se podría traducir por entornos frágiles, ansiosos, no lineales e incomprensibles) son conceptos que pretenden describir el entorno al que se enfrentan las sociedades modernas, sus organizaciones y ciudadanos.

La coyuntura geopolítica actual es bruscamente cambiante, como demuestran las manifestaciones crecientes de guerra híbrida por parte de Rusia, así como la puesta en duda de paradigmas que parecían sólidos, como la alianza entre Estados Unidos y la Unión Europea. Los mapas y la cartografía heredada de las décadas previas no sirven. Tampoco la planificación y gestión de crisis clásica responden correctamente a este nuevo mundo.

Inestabilidad permanente

Los costes de esta inestabilidad constante son importantes. Por ejemplo, en 2024, año de la dana de Valencia, los desastres naturales tuvieron un impacto estimado en España superior a los 11 000 millones de euros, según datos de la Asociación Clúster Catástrofes. Es obligatorio pues, reflexionar y actuar en consecuencia. Más, cuando el horizonte, con la inteligencia artificial (IA) y sus aplicaciones en todos los ámbitos avanzando a un ritmo frenético, invita a ser proactivos en la adaptación en todos los ámbitos de la sociedad. También, y sobre todo, en los de la comunicación.

En España especialmente, la emergencia climática y la dependencia tecnológica hacen necesario un replanteamiento de la aproximación comunicativa de las organizaciones, como han demostrado ejemplos recientes en la memoria como la mencionada dana de Valencia o el apagón del 28 de abril de 2025.

Y si alzamos la mirada alrededor, la invasión de Ucrania y la guerra en Irán, o al mirar por el retrovisor, la pandemia de covid-19 y la falta global de suministros que la siguió, confirman que la sensación de vértigo es global y real.

Por todo esto la comunicación de crisis ha dejado de ser la herramienta para que empresas y Administración enfrenten los hechos disruptivos potencialmente desastrosos, y ha pasado a ser un protocolo y una actitud necesaria para el día a día de la comunicación. Pero esta comunicación necesita, ahora más que nunca, ser repensada y puesta al día.




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Sin planes de comunicación de emergencias

Hasta ahora, ha sido común valorar la utilidad y necesidad de disponer de mecanismos de prevención y gestión comunicativa ante un incidente o emergencia, pero su desarrollo se ha pospuesto o descartado directamente. Incluso en Estados Unidos, donde nace la teorización y la aplicación de la comunicación de crisis, esta negligencia en la preparación ha sido común.

Un estudio de la compañía Capterra indica que más de la mitad de los negocios estadounidenses no disponía en 2023 de un plan de comunicación de crisis elaborado y a punto de ser utilizado. La parte positiva del mismo trabajo es que el 98 % de los directivos que han padecido una crisis y disponían de un plan de comunicación específico manifestaron que fue efectivo.

En España, informes como el del Observatorio de Riesgos para Empresas en España del Institut Cerdà demuestran que la necesidad de detectar los riesgos, la exposición a los mismos y la planificación de la gestión de incidentes incluyendo simulacros es considerada muy relevante por el sector empresarial.

Por ejemplo, miles de empresas aprendieron súbitamente lo necesaria que es la planificación con el apagón del 28 de abril de 2025. Ese día, las crisis dejaron de ser aquello que les pasa a los otros y obligó a plantearse la urgencia de disponer de mapas de riesgos, planes de comunicación de crisis completos y actualizados y personal técnico formado.




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Capacidad de reaccionar ante lo impensable

Pero la dependencia tecnológica y la emergencia climática han alterado los mapas de riesgos: los han ampliado y extremado. Más que nunca, el escenario actual obliga a actuar contraintuitivamente. Si tal como decíamos, la cartografía existente deja de ser útil, conviene desarrollar y trabajar la actitud más que la herramienta.

El plan de comunicación de crisis es útil y necesario. Sin embargo, ya no resulta suficiente. Es básico que los responsables de comunicación, individualmente y como equipo integrado en la organización, trabajen las habilidades que permiten reaccionar ante lo que ni tan sólo habíamos pensado sin caer en la parálisis.

Lagadec destaca que hace falta “liberarse de la tiranía de lo conocido y de lo convencional” y “adoptar la disposición mental necesaria para enfrentar lo sorpresivo y lo insólito”. Según el autor francés, se trata de situarse en un plano de invención creativa, de elasticidad mental que facilite aplicar lo planificado, pero, sobre todo, adaptarlo y modificarlo ante riesgos no previstos en todo o en parte.

Planificar sirve para ordenar mentalmente: ordenar los riesgos, graduarlos y establecer respuestas. No obstante, si los riesgos cambian, una planificación rígida es una cadena al pie. Tenemos respuestas para preguntas que no son las que nos están planteando. Por tanto, debemos cultivar la agilidad y la capacidad de desaprender, de desechar lo previsto y buscar creativamente alternativas en una improvisación reglada.

No se trata de rechazar la planificación, al contrario. Los planes de comunicación de riesgo son básicos, necesarios y útiles, pero deben adaptarse a esta realidad sorpresiva. Tomando los planes como la base de nuestra actuación, debemos entrenar nuestra capacidad de responder a lo que no hayamos previsto y planificado. La actitud debe centrarse en trabajar en ejercicios y simulacros sobre lo impensable.

Este ejercicio, y cuánto más grave y sorpresiva la crisis aún más, requiere extremar la coordinación en las organizaciones, especialmente en la comunicación interna. Un documento que, aun con años a las espaldas, enmarca perfectamente cómo debe enfrentarse una crisis, es el manual de recomendaciones diseñado para gestionar la comunicación institucional durante y después de un atentado terrorista del proyecto europeo SafeComms. Insiste en realizar la comunicación interna de la forma más simultánea posible a la externa, limitando al máximo las “asincronías que causan serios problemas”.

Volviendo a las capacidades que debe tener o cultivar un líder del Gobierno, la Administración o de cualquier empresa ante la incertidumbre omnipresente que fomenta la sensación de vulnerabilidad, es fundamental tener un plus además de las habilidades técnicas de un buen portavoz que aplica un buen manual de gestión. Para que en tiempos de crisis un relato sea efectivo debe partir de un liderazgo que encarne “los temores y esperanzas de la sociedad y ofrecer mensajes que alejen la incertidumbre”. Cuanto mayor es la incertidumbre, más empatía deben contener esos mensajes.

The Conversation

Marc Homedes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Para abordar las crisis y emergencias de hoy, necesitamos estar preparados para lo impensable – https://theconversation.com/para-abordar-las-crisis-y-emergencias-de-hoy-necesitamos-estar-preparados-para-lo-impensable-292632

Las medidas de los ‘Decretos Maricarmen’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Urrestarazu Capellán, Profesor Asociado de Política Económica, Universidad de Málaga

Vista panorámica de la ciudad de Madrid en un día nublado desde una azotea Sonia Bonet / Shutterstock.com

La novela gráfica de Isaac Rosa y Cristina Bueno “Aquí vivió. Historia de un desahucio” (2016) cuenta los sentimientos de miedo, vergüenza e incertidumbre de una familia desahuciada por el impago de su hipoteca en los años de la Gran Recesión.

Hoy, la mayor parte de los desahucios se producen por impagos de las rentas de alquiler, pero los sentimientos que provocan en las personas son los mismos. El que sufrió Maricarmen Abascal hace pocos días en Madrid ha despertado una ola de indignación que va más allá de este caso particular.

Convalidación ‘exprés’

La dificultad de acceso a una vivienda digna y asequible, uno de los mayores problemas sociales en todo el mundo, produce exclusión social, desigualdad y pobreza. Ser propietario se está convirtiendo en un factor de diferenciación social: cada vez menos personas acumulan más propiedades, mientras otras no pueden acceder a una sola, digna y asequible.

El debate social generado por el desahucio de Maricarmen Abascal ha hecho que las dos fuerzas políticas del Gobierno (PSOE y Sumar), hayan aprobado hoy en Consejo de Ministros dos reales decretos con medidas para evitar nuevos casos de desahucios y contener la espiral de precios del alquiler. Esta misma semana, el viernes 2 de octubre, se llevarán estas normas a votación en el Congreso para intentar mantener su vigencia de estas normas.

¿Por qué mediante Real Decreto Ley?

Esta figura tiene una ventaja principal respecto a otros instrumentos legislativos: el Real Decreto Ley, aunque necesita convalidarse en el Congreso en los 30 días siguientes a su publicación en el BOE, entra en vigor al día siguiente de dicha publicación y sus medidas proporcionan cobertura legal inmediata a sus beneficiarios. En cambio, un Proyecto de Ley, por ejemplo, necesita de un largo procedimiento legislativo en las Cortes.

Además, en este momento, un Real Decreto Ley que regule los desahucios tiene más posibilidades de salir adelante por la presión social de la ciudadanía sobre los partidos políticos.

Las medidas contempladas en los reales decretos

Se aplica un tipo impositivo del 10 % al IVA de los pisos turísticos y el IVA superreducido del 4 % a la vivienda de promoción pública y a la vivienda protegida. También habrá bonificaciones fiscales tanto para los inquilinos como para aquellos propietarios que “se apeen del carro de la especulación”. Sin grandes detalles todavía, el Gobierno señala que se reordenará la fiscalidad de las sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria (socimi) para que orienten su inversión a la vivienda asequible y “no al uso de la inversión en el ámbito de la especulación”.

Se aprueba una financiación pública al 0 % de interés (plan Tu Casa) para hasta un 20 % del importe de la primera vivienda. El 80 % restante es lo que suelen financiar los bancos en forma de hipoteca.

Escudo social contra los desahucios

La protección ante los desahucios se refuerza hasta el 31 de diciembre de 2030, con garantías para las personas vulnerables sin alternativa habitacional. También se limitan las subidas de las rentas de alquiler, incluidas las contempladas en la renovación de contratos, y se aprueba una prórroga de dos años para los contratos en vigor que finalicen antes del 31 de diciembre de 2028.

Se van a regular también el alquiler de temporada y por habitaciones, conforme a los criterios establecidos para el alquiler residencial en la Ley del Derecho a la Vivienda de 2023.

¿Detendrá esto la subida de los precios de la vivienda?

La mayor parte de estas medidas van en la buena dirección. Por ejemplo, a través de aumentar los impuestos, se quita atractivo a la inversión en viviendas turísticas, que generan beneficios mayores y más rápidos a los inversores pero reducen el mercado de vivienda para las familias.

En cualquier caso, no hay soluciones mágicas. Las políticas públicas de vivienda más efectivas son las que combinan medidas a corto y medio plazo con otras de largo recorrido.

Se necesita un potente parque de viviendas asequibles, que pueden ser de propiedad pública, pública-privada o privada de lucro limitado. También hace falta la aplicación efectiva de medidas como: controlar los precios en las zonas tensionadas, limitar las licencias a las viviendas turísticas, o diseñar una política fiscal que recaude más en los agentes económicos que más beneficios y más riqueza en viviendas están acumulando para destinar esa recaudación a poner en el mercado más viviendas asequibles.

The Conversation

Ricardo Urrestarazu Capellán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las medidas de los ‘Decretos Maricarmen’ – https://theconversation.com/las-medidas-de-los-decretos-maricarmen-293067

Le succès d’Angine de Poitrine annonce-t-il le retour du « rock prog » ?

Source: The Conversation – in French – By Alexander Carpenter, Professor, Musicology, University of Alberta

Le groupe de « math rock » Angine de Poitrine est partout ces temps-ci : ce duo originaire du Saguenay, au Québec, a remporté deux prestigieux prix Polaris le 22 septembre dernier et s’est récemment produit au Tonight Show, aux États-Unis, ainsi que sur des scènes à l’étranger.


Le prix Polaris récompense les albums canadiens les plus marquants et est décerné par plus de 200 critiques et commissaires. Angine de Poitrine a remporté à la fois le prix de l’album et celui de la chanson. Ce dernier est décerné conjointement par Polaris et la Société canadienne des auteurs, compositeurs et éditeurs de musique.

Le groupe a connu un succès viral au début de l’année 2026 et a donné des spectacles à guichets fermés partout dans le monde.

Une grande partie de l’attention que le duo a suscitée est due à sa présence scénique excentrique et au fait qu’il se présente comme un « projet artistique anonyme ». Le guitariste « Khn » et le batteur « Klek » portent des tenues à pois et d’énormes têtes en papier mâché, et se font passer pour des vedettes rock extraterrestres.

Mais la musique du groupe, caractérisée par des mélodies microtonales, des textures denses et minutieusement construites ainsi que des rythmes décalés et complexes, a aussi captivé de nombreux mélomanes.

Au moment où le duo dominait les médias sociaux et les festivals d’été, Rush, trio emblématique du rock progressif canadien, a effectué une tournée mondiale de retour épique et très médiatisée, qui souligne près de 50 ans de présence dans l’industrie musicale. Leur popularité est-elle le signe, aussi improbable que cela puisse paraître, que nous assistons à une renaissance du rock progressif ?




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L’émergence du « rock prog »

À la fin des années 1960, influencé notamment par l’évolution du rock psychédélique, le rock progressif (ou « prog ») a vu le jour en réaction à la pop commerciale et au rock inspiré du blues. Il emprunte à d’autres traditions musicales — la musique savante, le jazz, la musique non occidentale — et met l’accent sur la virtuosité technique, les morceaux longs, l’expérimentation, les textures quasi symphoniques et les formes issues de la musique savante.

La popularité du prog a chuté brutalement au milieu des années 1970, et le genre — avec ses excès légendaires, notamment les solos interminables, les paroles abstruses et la grandiloquence — a été éclipsé par l’avènement du punk.

Rush a joué un rôle clé dans l’essor du prog. Fondé à Toronto en 1968, le groupe, qui a lancé son premier album en 1974, a su marier un hard rock aux accents de blues, dans la veine de Led Zeppelin, The Who et Cream, à la palette plus riche proposée par les groupes britanniques pionniers du rock progressif.

Les aspects progressifs de la musique de Rush comprenaient des textures de guitare atmosphériques, des lignes de basse mélodiques virtuoses, des parties de batterie techniquement exigeantes et l’utilisation de mesures asymétriques (qui regroupent les temps par cinq ou par sept, par exemple, plutôt que par quatre).

Dans les années 1980, cette approche a cédé la place à une musique plus radiophonique, ce qui a donné lieu à une succession de succès de Rush qui ont dominé les palmarès tout au long de la décennie.

Angine dans le spectre du rock progressif

Alors que Rush est issu de cette ère du rock progressif « classique », Angine de Poitrine occupe une place différente sur ce spectre.

La musique du groupe est généralement qualifiée de math rock, un sous-genre du rock progressif apparu au début des années 1990. L’auteur Jeff Gomez en a retracé l’histoire dans son récent ouvrage Math Rock, en remontant jusqu’au free jazz, au rock progressif et au thrash métal.

Bien qu’il n’y ait pas de consensus sur la signification ou la valeur de l’étiquette « math rock », on peut dire sans trop se tromper qu’il s’agit principalement de musique rock instrumentale caractérisée par un jeu virtuose et extrêmement précis, ainsi que par une grande complexité rythmique et métrique.

Non seulement cette musique recourt à des mesures asymétriques et à des phrases de longueur variable — courantes dans le prog classique —, mais elle peut aussi être polymétrique, ses lignes musicales simultanées regroupant les temps de façons différentes.

Angine de Poitrine se produit au gala du prix Polaris le 22 septembre 2026.

Parties musicales superposées et en boucle

Dans le cas d’Angine de Poitrine, le guitariste du groupe joue d’un instrument à double manche dont l’un est une basse. Les parties de guitare et de basse sont jouées en temps réel et mises en boucle. Autrement dit, elles sont enregistrées numériquement au fur et à mesure que Khn les joue, puis se répètent en boucles continues.

Les boucles se superposent les unes aux autres ; elles sont de durées variables et leurs temps sont regroupés de façons différentes. Le côté « mathématique » de cette musique réside dans la façon dont les boucles évoluent de manière cyclique et finissent par s’aligner.

L’effet est kaléidoscopique : de multiples lignes mélodiques rivalisent pour attirer l’attention de l’oreille et se déphasent les unes par rapport aux autres, ce qui crée sans cesse de nouvelles relations.

Cela nécessite une chorégraphie élaborée. La pédale de boucle et une série de pédales de volume, qui font entrer et sortir les boucles du mixage, sont posées au sol et contrôlées par les pieds du guitariste. Le batteur maintient un rythme régulier sous les parties polymétriques de guitare et de basse, tantôt en tension avec elles, tantôt en parfaite synchronisation lorsque les boucles s’alignent, ce qui donne des rythmes résolument funk.

Le nouveau Rush ?

Angine de Poitrine est-il vraiment « le nouveau Rush », comme l’ont affirmé certains fans sur les médias sociaux ?

Peut-on comparer ces deux groupes et, si oui, que nous dit cette comparaison sur l’état actuel de la musique « progressive » ?

Pendant leur tournée, les membres de Rush ont fait l’éloge d’Angine de Poitrine, y voyant certaines affinités avec leur propre tradition esthétique.

La complexité de Rush et d’Angine de Poitrine séduit particulièrement les musiciens, qui mesurent la difficulté de composer ce genre de musique et de coordonner les parties sur scène.

Mais chez Rush, l’héritage progressif est désormais éclipsé par une forte dose de nostalgie et par une série de succès radiophoniques devenus des classiques du rock.

Angine de Poitrine est indéniablement impressionnant, et le groupe est assurément passionnant à écouter et à voir en spectacle, mais les costumes, le concept de « vedettes rock extraterrestres » et l’absence de chant pourraient laisser présager une carrière de courte durée.

La création de textures musicales complexes n’a plus rien de nouveau : la technologie des boucles existe depuis une trentaine d’années, et des groupes de math rock — comme le duo post-rock de San Francisco Giraffes ? Giraffes ! — produisent une musique tout aussi excentrique et axée sur les boucles depuis le début des années 2000.


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L’essor continu de la musique moins commerciale

Peut-être n’avons-nous donc pas assisté à une véritable renaissance du rock progressif en 2026. Mais d’une certaine manière, le prog n’a jamais vraiment disparu. Non seulement des groupes comme Rush ont perduré (pendant près de 50 ans, aux côtés d’autres « dinosaures » du prog toujours actifs comme Styx et Yes), mais le penchant du rock progressif pour une musique moins commerciale, à la composition plus élaborée et aux morceaux longs, a évolué.

On le retrouve encore dans la musique de groupes prog plus récents comme Dream Theater, Porcupine Tree, Big Big Train et Wobbler, mais aussi dans celle d’artistes plus grand public comme Radiohead, Tool et Primus.

Grâce aux médias sociaux et à la diffusion en continu, la radio commerciale ne dicte plus les formes de production musicale.

Le succès de groupes comme Angine de Poitrine montre au moins que la musique rock peut bousculer nos oreilles et qu’elle n’a pas besoin d’être simplifiée à outrance ou « tiktokisée » pour trouver un public nombreux et enthousiaste.

La Conversation Canada

Alexander Carpenter ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le succès d’Angine de Poitrine annonce-t-il le retour du « rock prog » ? – https://theconversation.com/le-succes-dangine-de-poitrine-annonce-t-il-le-retour-du-rock-prog-292937

Où est passée la gauche, quand ses idées sont partout ?

Source: The Conversation – in French – By Thomas Saïas, Professeur de psychologie, Université du Québec à Montréal (UQAM)

À moins de deux semaines du scrutin du 5 octobre, la campagne électorale québécoise s’organise autour du coût de la vie, du logement, de la santé et de l’immigration. Mais derrière ces enjeux familiers se dessine une question plus vaste, largement absente du débat : pourquoi une société dotée d’un dense réseau communautaire et de solides traditions de solidarité peine-t-elle à traduire cette gauche sociale en projet politique collectif ?


Cette élection est, comme tant d’autres dans les démocraties occidentales, l’occasion de questionner la manière dont on débat de ces sujets. La santé devient une question d’accès aux soins, l’éducation de ressources humaines, le logement d’offre locative, les inégalités sociales de pouvoir d’achat. Une grande partie de la discussion porte sur la manière d’administrer des difficultés dont les racines sont rarement questionnées.

On cherche à améliorer, corriger, rendre performant ou flexible bien davantage qu’à discuter des choix collectifs qui déterminent en amont la répartition des ressources, des protections et des risques.

Les structures sociales de l’itinérance

Sur la question de l’itinérance, par exemple, si l’objectif de diminution est partagé par tous et que les partis en lice évoquent des investissements budgétaires visant à reloger en urgence les personnes itinérantes, seuls quelques partis (Parti Québécois, Québec solidaire) ont une approche dite « préventive » ou centrée sur l’accès prioritaire au logement.

Mais aucun ne questionne les structures sociales productrices d’itinérance.

Le Parti libéral du Québec évoque par exemple la possibilité d’accompagner les enfants placés à leur sortie des dispositifs de protection de l’enfance pour éviter les situations d’itinérance. Sans toutefois questionner la qualité des services de protection responsables de l’itinérance d’un tiers des enfants devenus adultes qui leur ont été confiés, ou les structures sociales qui préviendraient la transmission intergénérationnelle de la pauvreté.




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Des mesures qui oublient les fondements

En 2026, près de 4 000 élèves québécois ont connu une interruption ou une réduction de leur scolarité pour des troubles du comportement, contre environ 1 500 en 2021. Si l’on peut discuter des ressources humaines à ajouter, on peut aussi demander comment un système scolaire en arrive à ne plus pouvoir accueillir certains enfants.

Sur la question des inégalités d’accès au logement – thème social central en contexte urbain au Québec –, le Parti libéral promet de construire à terme 100 000 logements par an, tandis que le Parti québécois propose des aides fiscales pour faciliter l’accès à la propriété. Pourtant, malgré une remontée du taux de logements vacants, les loyers moyens ont augmenté de près de 30 % entre 2022 et 2025, selon une coalition de 130 organismes qui réclame notamment un véritable contrôle des loyers et le développement du logement social.

Au-delà du nombre de logements construits, c’est donc aussi la régulation du marché immobilier qui est en jeu. Mais comment parler de régulation du marché sans parler de l’acceptation muette du marché comme socle social commun ?

La pensée politique de gauche

La logique déployée relève presque en tout temps de la pensée gestionnaire et technocratique. La bonne administration des dispositifs relaie au second plan les structures responsables des problèmes que nous rencontrons. On cesse, dans ces conditions, d’interroger les rapports de pouvoir, la distribution des ressources et notre capacité collective à transformer les conditions qui produisent les inégalités.

C’est sur ce terrain que la pensée politique de gauche s’est historiquement constituée. Or, cette interrogation structurelle paraît peu présente en 2026. L’organisation capitaliste de nos sociétés constitue la trame de fond du débat électoral, sans jamais être remise en question. On discute de productivité, d’investissements ou de fiscalité, mais beaucoup moins de la manière dont l’organisation du travail, de la propriété ou du marché contribue elle-même à produire certaines difficultés auxquelles l’action publique tente ensuite de répondre.

D’où le paradoxe : où est passée la gauche politique, alors que ses idées – et plus encore ses pratiques – semblent partout ?

L’infrastructure communautaire du Québec

Le Québec compte un peu plus de neuf millions d’habitants et son réseau communautaire est considérable : environ 10 300 organismes d’action communautaire, 137 000 personnes salariées et près de 459 000 bénévoles recensés en 2023. Pour appartenir à l’action communautaire autonome, un organisme doit être issu de la communauté, avoir une vie démocratique propre, être indépendant du réseau public et poursuivre une mission favorisant explicitement la transformation sociale.

L’action communautaire constitue un espace « politique », autonome par rapport à l’administration de l’État, dans lequel des citoyennes et citoyens définissent collectivement des problèmes auxquels ils tentent de répondre. Ce décalage est saisissant : l’infrastructure communautaire (comprendre « de gauche ») existe partout au Québec, sans traduction électorale. Le seul parti se réclamant de la gauche radicale, Québec solidaire, recueille actuellement autour de 10 % des intentions de vote (contre 15 % en 2022).

Le communautaire et la technocratie

Pourquoi cette gauche sociale, communautaire, si présente ne parvient pas à se convertir en mouvement politique crédible ?

Une première hypothèse tient à la technicisation du débat. Des choix explicitement politiques – redistribution, périmètre des services publics, organisation du travail, répartition de la richesse – sont de plus en plus présentés comme des contraintes de gestion. La pensée technocratique est ainsi parvenue à s’imposer comme inéluctable, comme unique option.




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Une seconde hypothèse tient à la fragmentation. Les mouvements féministes, écologistes, antiracistes, ou syndicaux produisent des pratiques radicales, pertinentes, mais disposent de peu d’espace politique capable de les rassembler et de constituer, à partir d’eux, un projet politique. Le Québec a pourtant connu une telle convergence au début des années 2000 : le mouvement féministe et communautaire, notamment à travers « D’abord solidaires » (2002), puis « Option citoyenne » (2004), s’est rapproché de l’Union des forces progressistes pour donner naissance à Québec solidaire en 2006. Mais il semble désormais difficile de surmonter les arguments gestionnaires, fondés sur le statu quo des institutions.

Les formations populistes de droite disposent, quant à elles, d’une grammaire immédiatement lisible : nation, identité, mérite… La gauche doit encore trouver comment faire de sa pluralité, un projet politique collectif.


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La troisième hypothèse expliquant l’atrophie de la gauche politique tient, il me semble, dans l’orchestration du débat. Discuter des solutions plutôt que de la définition du problème contribue, consciemment ou non, à reconduire le cadre existant. Il s’agit d’une stratégie active pour maintenir le statu quo. Si la question scolaire devient une question de ressources humaines, ou la question du système de santé celle du nombre de médecins, le champ des réponses est déjà tracé et les changements ne peuvent être que marginaux.

Interroger le problème lui-même permet d’envisager, au contraire, que ses causes puissent se trouver dans les structures que le débat politique tient habituellement pour acquises. Cela reviendrait à remettre en question les fondements des partis centristes qui tirent leur force de stratégies gestionnaires et bureaucrates.

Rediscuter collectivement des structures

Le paradoxe québécois rejoint ainsi une interrogation présente dans de nombreuses démocraties occidentales. La gauche n’a peut-être pas disparu des sociétés : elle demeure dans le milieu communautaire – associations citoyennes –, leurs mobilisations et les solidarités quotidiennes.

Ce qui, chez la gauche, semble aujourd’hui profondément affaibli est sa capacité à transformer ces expériences dispersées en une proposition politique : non plus seulement mieux administrer les conséquences des inégalités, mais rediscuter collectivement les structures qui les produisent.

La Conversation Canada

Thomas Saïas ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Où est passée la gauche, quand ses idées sont partout ? – https://theconversation.com/ou-est-passee-la-gauche-quand-ses-idees-sont-partout-292081

Sommet de la philanthropie à Montréal : l’urgence de passer à l’acte

Source: The Conversation – in French – By Jean-Marc Fontan, Professeur émérite, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Le monde fonce droit dans un mur, celui de l’effondrement des écosystèmes naturels. Il doit délaisser le modèle développemental extractiviste et s’attaquer aux causes profondes des inégalités, du racisme, des abus de pouvoir et de la dégradation des écosystèmes. Pour ce faire, la philanthropie peut devenir un formidable outil.


Quatre cents participantes et participants sont à Montréal cette semaine pour poursuivre une réflexion collective sur l’avenir de la philanthropie. Le WINGSForum réunit des professionnels, experts et scientifiques du milieu de la philanthropie évoluant dans des réseaux et des organisations du monde entier. Ils font le pont entre les univers du Nord et du Sud.

Le thème cette année est la nécessité du passage à l’acte, comme en font foi les libellés anglais et français du Forum : ACT (Activate, Collaborate, Transcend) et ACTE (Activer, Collaborer et Transcender Ensemble).

Les conversations font écho à une conjoncture marquée par l’accroissement des inégalités, la détérioration des milieux de vie, l’intensification des changements climatiques, l’érosion de la biodiversité, la montée du conservatisme et le retour en force des autoritarismes.




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Le moment présent se prête moins à des appels abstraits aux changements qu’à la mise sur pied d’initiatives concrètes — tant conservatrices que progressistes — visant à transformer en profondeur les organisations et les institutions.

La conjoncture oppose les promoteurs d’un développement hyperlibéral et extractiviste aux partisans d’une contre-hégémonie à visée émancipatrice. En toile de fond, un clin d’œil aux modes de vie des populations autochtones, présentés comme source d’inspiration pour repenser les nôtres.

Ayant développé depuis 2013 une expertise dans le champ de la philanthropie subventionnaire, et collaboré sur plusieurs projets avec l’organisation Wings dans le cadre des travaux du Réseau canadien de recherche partenariale sur la philanthropie (PhiLab), nous endossons pleinement le sentiment d’urgence d’agir identifié par le Forum Wings en vue de réduire les inégalités sociales et de mitiger les effets négatifs de nos actions sur l’environnement.

Trois grands axes de travail

L’organisme promoteur du Forum, WINGS, est une organisation non gouvernementale représentative de la société civile internationale. Depuis sa création en 2000, elle est financée par le secteur philanthropique.

Son activité phare est la tenue de forums internationaux. Celui de Montréal est le huitième d’une lignée qui l’a vue grandir, décliner et renaître de ses cendres. Forte d’un effectif de 250 organisations membres réparties dans 60 pays, WINGS soutient le milieu philanthropique dans ses efforts pour générer du changement transformateur. L’objectif est de voir émerger un monde plus juste, équitable et durable.

Pour ce faire, trois grands axes de travail sont déployés : le développement de l’intelligence collective, le renforcement des écosystèmes philanthropiques et l’exercice d’un plaidoyer pour des politiques publiques qui peuvent favoriser l’objectif de voir émerger un « Nouveau Monde ».

S’attaquer aux causes profondes des inégalités

Le Forum de Montréal s’inscrit en complémentarité avec les deux précédents. Celui de 2020, organisé en ligne en raison de la pandémie de Covid-19, visait à imaginer le futur. Le suivant, tenu à Nairobi, au Kenya, en 2023, avait pour objectif de transformer les pratiques et les institutions.

À Montréal, on entend explorer comment la philanthropie peut évoluer vers une action coordonnée, courageuse et pratique, en particulier en s’attaquant aux causes profondes des problèmes d’aujourd’hui et en changeant la façon dont le pouvoir et les ressources sont créés, détenus et partagés.




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Pour s’attaquer à cela, trois thèmes guideront les conversations.

Le premier concerne l’activation des mécanismes qui faciliteront les changements en profondeur. Le deuxième touche les conditions propices à des partenariats forts et à des collaborations soutenues. Le troisième a trait aux façons de mobiliser les ressources requises et, surtout, au rôle des organisations philanthropiques dans les transformations à enclencher.

Le statu quo n’est plus une option

Un tel Forum prend l’aspect d’un vaste remue-méninges à l’intérieur du système philanthropique international, permettant de prendre connaissance d’avancées concrètes, de se pencher sur les conditions favorables aux actions et, possiblement, sur les verrous qui les limitent. Des innovations émergeront peut-être, pour donner l’impulsion à de nouvelles pratiques et de nouveaux comportements. Les rencontres donneront sans doute aussi l’occasion de tisser des collaborations susceptibles de se traduire en partenariats.

Un constat émerge du milieu philanthropique : le statu quo développemental n’est plus une option. Il faut réaliser un saut qualitatif d’importance pour lancer des changements systémiques. Aussi ce Forum mettra-t-il en lumière des initiatives innovatrices et parfois subversives.

De l’extérieur, il peut paraître naïf de se demander comment la philanthropie subventionnaire, adossée à des fortunes privées issues justement de processus extractivistes et de dynamiques sociales fondées sur les inégalités et la concentration des pouvoirs et des ressources, peut collaborer avec la philanthropie des ONG et des organismes communautaires. Ces derniers, qui fonctionnent avec des pouvoirs restreints et des ressources limitées, sont à bout de souffle.

La majorité des fondations philanthropiques financent peu les actions qui s’attaquent aux causes de la marginalité, que ce soit pour lutter contre la pauvreté et la discrimination, préserver nos systèmes écologiques, renforcer des pratiques démocratiques ou encore soutenir et promouvoir le vivre ensemble.

Transcender le modèle extractiviste

Échanger des informations, partager de bonnes pratiques, cerner les conditions de réussite et mettre au jour les verrous en place : tout cela suffit-il ? Pour apporter, dans des systèmes allergiques aux changements, les transformations en profondeur qui s’imposent face aux grands maux de la question sociale mondiale, doit-on faire plus qu’échanger et palabrer ?


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Poser la question, bien sûr, n’est pas y répondre. Mais Montréal peut être l’occasion de transcender le modèle développemental extractiviste et de poser les fondements d’une approche permettant de centrer les réflexions et les analyses autour des causes profondes derrière les inégalités, le racisme, les abus de pouvoir et la dégradation des écosystèmes. Une approche qui s’inspire, d’ailleurs, de celle des populations autochtones dans leur façon d’aborder les écosystèmes et d’accorder autant d’importance aux considérations sociales qu’écologiques.

WINGSForum peut être l’occasion de transcender une modernité aux commandes de sociétés informatisées fonçant droit dans un mur : celui de l’effondrement des écosystèmes naturels.

La Conversation Canada

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Sommet de la philanthropie à Montréal : l’urgence de passer à l’acte – https://theconversation.com/sommet-de-la-philanthropie-a-montreal-lurgence-de-passer-a-lacte-292438