¿Qué sentimos al comer? En busca de los secretos moleculares del gusto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rocío Romero Zaliz, Personal docente e investigador area de ciencia de la computación e inteligencia artificial, Universidad de Granada

ViDI Studio/Shutterstock

¿Se ha preguntado alguna vez por qué ciertos sabores nos resultan irresistibles mientras que otros nos generan rechazo? Más allá de nuestras papilas gustativas, depende de una intrincada red de señales dentro de nuestro cuerpo. Esta red influye no solo en nuestros gustos, sino en nuestra salud y hasta en cómo nos sentimos.

Un estudio reciente, publicado en la revista npj Science of Food de la editorial Nature, ha dado un paso importante para comprender el sentido del gusto. Gracias al uso de herramientas de inteligencia artificial y a técnicas de simulación molecular, los científicos que hemos participado en la investigación logramos identificar por primera vez el conjunto completo de interacciones de los receptores del gusto humano.

El gusto: una experiencia multidimensional

Los receptores del gusto son proteínas que detectan los compuestos químicos de los alimentos. Luego, convierten esa información en señales que el cerebro interpreta como dulce, salado, amargo, ácido o umami.

Pero estas proteínas no trabajan solas. Dentro de nuestras células, se relacionan con muchas otras. Juntas forman una red de interacciones que, hasta ahora, era poco conocida.

Comprender cómo se conectan dichas proteínas puede ayudarnos a mejorar la alimentación. También puede servir para tratar trastornos relacionados con el apetito o el sabor. Incluso puede guiar el desarrollo de alimentos más saludables y, a la vez, sabrosos.

Inteligencia artificial al servicio del paladar

El estudio fue realizado por un consorcio europeo con participación de investigadores de la Universidad de Granada. Estos investigadores utilizaron modelos de inteligencia artificial para predecir cómo se relacionan los receptores del gusto con otras proteínas del cuerpo humano.

Para ello, se entrenaron modelos de inteligencia artificial con más de 2,5 millones de datos experimentales que incluían información genética, estructural y funcional sobre proteínas humanas. Los investigadores utilizaron 61 características distintas para describir cada par de proteínas (siendo una de ella un receptor del gusto), como su similitud funcional, su presencia en otras especies, su nivel de expresión conjunta o su compatibilidad estructural. Esta información permitió construir modelos capaces de predecir, con alta precisión, si dos proteínas interactúan entre sí o no.

Pero no solo se trataba de saber si existía una interacción, sino también de estimar cuán fuerte era. Para ello, se desarrolló un modelo adicional que permite calcular la afinidad entre proteínas, es decir, la intensidad con la que se unen. Esta información resultó clave para priorizar las interacciones más relevantes desde el punto de vista biológico.

Una vez identificadas las interacciones más prometedoras, los investigadores recurrieron a simulaciones de dinámica molecular, que permiten observar cómo se comportan las proteínas en un entorno virtual imitando el interior de una célula. Gracias a esta técnica, pudieron analizar con detalle el modo en que se unen las proteínas, qué regiones están implicadas en el contacto y cómo cambia su forma durante la interacción.

Así, lograron validar algunas de las predicciones más destacadas del modelo, aunque poner a prueba todas es un proceso complejo que aún llevará tiempo.

Descubrimiento revolucionario

El descubrimiento más llamativo de este estudio es la interacción entre el receptor amargo TAS2R41 y la proteína CHMP4A. Esta última participa en funciones celulares esenciales, como la reparación de membranas dañadas. Aunque hasta ahora no se había relacionado con el sentido del gusto, las simulaciones moleculares revelaron que puede unirse de forma estable al receptor TAS2R41, lo que podría alterar su comportamiento.

En concreto, los investigadores observaron que esta interacción modifica la flexibilidad de una región clave del receptor, lo que podría facilitar la entrada de compuestos amargos y, por tanto, aumentar su sensibilidad. Este hallazgo sugiere que la proteína CHMP4A podría actuar como un modulador del gusto, influyendo en cómo percibimos ciertos sabores sin necesidad de que haya un estímulo externo, como un alimento.

Además, abre una nueva línea de investigación: la posibilidad de que los receptores del gusto tengan funciones más allá de la lengua. Esto plantea la hipótesis de que podrían participar en otros procesos como la regulación del apetito o la respuesta a ciertos medicamentos.

¿Y estos avances para qué nos sirven?

Nuestro trabajo puede ayudar a entender mejor cómo se relaciona el sentido gusto con la salud. Por ejemplo, podría explicar por qué algunas personas tienen más apetito que otras, o por qué ciertos alimentos resultan más atractivos para unos que para otros. Estas diferencias no siempre se deben a la cultura o a la costumbre: también pueden tener una base biológica, relacionada con cómo interactúan las proteínas en nuestro cuerpo.

Así sería posible diseñar alimentos que se adapten mejor a las preferencias individuales sin comprometer su valor nutricional. Esto podría facilitar que más personas adopten dietas equilibradas, especialmente aquellas que encuentran difícil seguir recomendaciones alimentarias tradicionales.

Además, los hallazgos podrían aplicarse en el tratamiento de personas con problemas de apetito o alteraciones en la percepción del sabor. Estas dificultades son comunes en pacientes con enfermedades crónicas, en personas mayores o en quienes reciben tratamientos como la quimioterapia.

En un mundo donde comer bien es un reto constante, por razones económicas, culturales o de salud, entender cómo funciona el gusto a nivel molecular puede convertirse en una herramienta poderosa. No solo para tomar mejores decisiones alimentarias, sino también para prevenir enfermedades, mejorar tratamientos y promover una relación más saludable con la comida.

The Conversation

Esta publicación es parte del Proyecto “Inteligencia Artificial Ética, Responsable y de Propósito General: Aplicaciones En Escenarios De Riesgo. (IAFER) Exp.: TSI-100927-2023-1 financiado a través de la Creación de cátedras universidad-empresa (Cátedras Enia), destinadas a la investigación y desarrollo de la inteligencia artificial, para su difusión y la formación en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Europeo, financiado por la Unión Europea-Next Generation EU.

Vanessa M. Martos Núñez recibe fondos de:
Proyecto VIRTUOUS-MSCA-RISE-Research and Innovation Staff Exchange, del Programa Horizon 2020 de la Comisión Europea. GA: 872181
https://virtuoush2020.com/project/

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¿Intervención antidrogas o estrategia geopolítica? El conflicto entre EE. UU. y Venezuela en aguas del Caribe

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Cvitanic, Docente de Relaciones Internacionales, Universidad de La Sabana

Imagen del segundo ataque de Estados Unidos a una presunta narcolancha venezolana difundida por el gobierno estadounidense.

Se mantienen las tensiones entre Venezuela y Estados Unidos. Tras el despliegue de varios buques de guerra y los entrenamientos del Comando Sur de los Estados Unidos en aguas del Caribe, Venezuela también dio inicio a los ejercicios militares en la isla La Orchila y continúa la expectativa.

Estados Unidos ha sido claro en su intención de luchar contra las drogas. El mensaje, desde el día uno del despliegue de barcos, helicópteros, tanques y soldados, y los ataques contra tres embarcaciones que dejaron un saldo de 14 personas fallecidas, no puede ser más contundente: “Deje de enviar droga”, fue el mensaje lanzado por Trump desde Inglaterra a Nicolás Maduro.

El gobierno de Venezuela, por su parte, insiste en que todo obedece al interés del país norteamericano de derrocarlo, y presentó ante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) las correspondientes denuncias, sin dejar de lado las acusaciones por violación del derecho internacional al bombardear embarcaciones que supuestamente llevaban cargamentos de drogas.

Lo cierto es que, más allá de los hechos y las acusaciones, en la actual coyuntura internacional, las actuaciones de Estados Unidos parecen responder a una estrategia de poder: golpea en su patio trasero para mejorar su posición en el escenario global.

La sombra del pasado

Dos ejemplos de los últimos años de la Guerra Fría: en 1983, un conjunto de fuerzas militares de algunos países del Caribe en alianza con Estados Unidos invadió Granada para deponer el gobierno prosoviético que controlaba la isla, En 1989, durante el primer año de George Bush padre en la Casa Blanca, el ejército estadounidense invadió Panamá para capturar al dictador Manuel Antonio Noriega. En cambio, la estrategia de Estados Unidos en los últimos tiempos ha sido menos dogmática y se ha basado en el poder blando: la influencia económica, diplomática y tecnológica. Además, en estas últimas décadas, y con excepciones como Venezuela, Nicaragua o Cuba, la democracia se ha ido asentando en los países latinoamericanos.

Han quedado atrás los tiempos de la política del garrote con la que los gobiernos estadounidenses presionaban a los países latinoamericanos, con intervenciones armadas, y la lucha perdida contra el tráfico de drogas ha obligado a dar un giro e intentar nuevas estrategias.




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Gasolina y drogas

Las preocupaciones de Washington respecto a Venezuela se concentran en dos cuestiones: las reservas de petróleo y la actividad delictiva del Cartel de los Soles (tráfico de cocaína, contrabando de combustible y minería ilegal entre otros).

Por su parte, las grandes compañías energéticas estadounidenses verían con buenos ojos la salida de Maduro y que se recuperase la normalidad en la industria petrolera venezolana. Venezuela tiene demasiado crudo para ignorarlo y el mercado energético global sigue siendo clave en la economía mundial.

En Washington se están evaluando las posibilidades para hacer intervenciones marítimas y terrestres en América Latina –hay un proyecto de ley redactado por Cory Mills, miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos– para dar una solución, al menos a mediano plazo, al narcotráfico en la región.

Explosiones descontroladas

Lo cierto es que hacer explotar embarcaciones parece estar teniendo consecuencias. “Vemos que no hay barcos. Cuando fuimos la primera vez, había cientos de barcos. Ahora no hay ninguno”, explicó Trump, quizás para precisar que probablemente esto se debe a que la presencia de los barcos estadounidenses es ya un obstáculo para los narcotraficantes.

Esta estrategia podría hacer tambalear a Nicolás Maduro, buscado por sus supuestos nexos con el Cartel de los Soles y por quien ya EE. UU. ofrece una recompensa de 50 millones de dólares, mayor que la que se prometió en 2001 por Osama Bin Laden (25 millones de dólares).

De ahí que el temor de Maduro no sea gratuito. En medio de esta incertidumbre, la Asamblea Nacional venezolana acaba de aprobar un proyecto de asociación estratégica y cooperación con el Kremlin mientras su otro aliado, China, manteniendo su política de no intervención, no se ha pronunciado al respecto.

El problema no es de la región

Lo que ocurre entre Estados Unidos y Venezuela no puede verse como un enfrentamiento regional: se trata de un capítulo más en la disputa por la narrativa de poder en el sistema internacional. Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump, mide costos y beneficios con el mismo pragmatismo con el que antes respaldó a dictadores amigos o castigó a adversarios ideológicos.

La incógnita no es si a Washington le preocupa la democracia en Caracas sino cuánto está dispuesto a frenar el narcotráfico y mantener su hegemonía en un continente que, aunque relegado, sigue siendo su patio trasero y en donde China, su mayor adversario, va ganando terreno.

The Conversation

Fernando Cvitanic no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Intervención antidrogas o estrategia geopolítica? El conflicto entre EE. UU. y Venezuela en aguas del Caribe – https://theconversation.com/intervencion-antidrogas-o-estrategia-geopolitica-el-conflicto-entre-ee-uu-y-venezuela-en-aguas-del-caribe-264571

Los estornudos de los cerdos nos ayudan a entender cómo actúa la gripe

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estanislao Nistal Villán, Virólogo y profesor de Microbiología de la Facultad de Farmacia, Universidad CEU San Pablo

Los cerdos son un buen modelo animal para estudiar la gripe txking/Shutterstock

Entre 290 000 y 650 000 personas mueren al año por enfermedades asociadas a la gripe causada por los virus de la influenza, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero, lejos de ser un problema exclusivamente humano, estos virus también infectan a numerosas especies animales. Las aves acuáticas, que son su principal reservorio, pueden transmitir el virus a cerdos y a humanos, entre otros.

En los cerdos, la gripe provoca una enfermedad respiratoria similar a la humana, con problemáticas comparables, lo que los convierte en un modelo valioso para el estudio de la infección y sus complicaciones. La principal complicación que presentan las infecciones gripales son las infecciones bacterianas secundarias, como las del neumococo (Streptococcus pneumoniae) en el caso de los humanos, o el Streptococcus suis en el caso del cerdo. Esto implica que cuando los pacientes están defendiéndose del virus, algunas bacterias aprovechan la situación para producir su propia infección.

Cuando Robert Koch (1843-1910), considerado uno de los padres de la microbiología moderna, identificó a los agentes que causaban enfermedades mortales como la tuberculosis o el cólera, cambió por completo la manera de abordar las enfermedades infecciosas. Las infecciones pasaron de ser meras especulaciones a convertirse en objeto de estudio experimental, donde el diagnóstico y el tratamiento podían orientarse con precisión frente a un microorganismo concreto. Eso sí, uno solo, porque Koch abanderaba el concepto de “un patógeno, una enfermedad”.

En este caso, el tiempo no le ha dado del todo la razón: no siempre hay un único patógeno detrás de una enfermedad. Sin ir más lejos, en muchos de los casos de muerte por gripe, las complicaciones se asocian a infecciones oportunistas en las que podrían intervenir, además del virus, una o varias bacterias a la vez. Lo que aún se desconoce es de qué manera interactúan con el virus y entre ellas, y cómo contribuyen a que se agrave la enfermedad.

Los pulmones no son estériles

Para entender de dónde surgen esas bacterias, hay que tener en cuenta que los pulmones no son estériles ni asépticos, hay microbiota también en el tracto respiratorio. Y en un contexto de infección viral, entre las propias comunidades microbianas del pulmón pueden emerger una o varias bacterias oportunistas que agraven la enfermedad.

Hoy en día, la mayoría de las infecciones respiratorias que reciben atención médica no tienen una etiología o causa definida.

La microbiota es como una gran orquesta

La microbiota es el conjunto de microorganismos (bacterias, virus, hongos y arqueas) que habita en un espacio concreto del cuerpo humano como la piel, el sistema digestivo o el tracto respiratorio. Su equilibrio es crucial para mantener la salud, dado que participa en el mantenimiento de condiciones que evitan enfermedades.

Podríamos concebir la microbiota como una gran orquesta en la que los músicos de cada grupo de instrumentos tocan al compás y son escuchados por una audiencia pacífica, que aprecia la armonía del momento. Este concierto ocurre en perfecto equilibrio hasta que un agente disruptor (en este caso, la gripe) perturba la armonía. La gripe introduce elementos disonantes que pueden despertar reacciones en otros músicos, y también en los críticos espectadores, que pueden empezar a enfadarse, silbar, lanzar tomates o algo peor: volverse tan violentos que acaben destruyendo la sala de conciertos.

La mejor manera de identificar a los “músicos” de la sala de conciertos de nuestros pulmones sanos, y de entender lo que les pasa cuando hay una infección, es utilizando tecnologías de secuenciación. Así es como hemos podido identificar las bacterias presentes en los pulmones de cerdos que sufrían gripe. Los resultados revelan que hay más cantidad de bacterias en los pulmones de animales infectados con influenza, así como una mayor diversidad tanto de bacterias comúnmente asociadas a neumonías como de otras menos prevalentes.

Una firma bacteriana inconfundible

Las bacterias presentes en el pulmón durante una infección gripal pueden asociarse entre sí, dando lugar a lo que se conoce como firmas bacterianas que, adaptando el concepto de Koch, podrían traducirse como “un patrón bacteriano, una enfermedad”.

Estos patrones podrían ser utilizados en un futuro para predecir el comportamiento y las complicaciones que ciertos pacientes pueden presentar durante una gripe para poder tratarles a tiempo, manteniendo tanto a la orquesta como al público en perfecta armonía.

The Conversation

Estanislao Nistal Villán recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación PID2023-150116OB-I00.

Javier Arranz Herrero y Sara Izpura Luis no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Los estornudos de los cerdos nos ayudan a entender cómo actúa la gripe – https://theconversation.com/los-estornudos-de-los-cerdos-nos-ayudan-a-entender-como-actua-la-gripe-266008

Cómo frenar el abandono docente con redes de acompañamiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Thomas André Prola, Profesor e investigador en Educación, Tecnologías y Vulnerabilidades digitales – Universidad Europea del Atlántico, Universidad de Barcelona, Universitat de Barcelona

El abandono docente es un desafío global: según la UNESCO, al llegar 2030 y de mantenerse las tendencias actuales, faltarán unos 44 millones de maestros y profesores en todo el mundo. En ciertas zonas, como en África, hay escasez de personas formadas en esta labor en comparación con el crecimiento de la población. En contraste, el problema en muchos países desarrollados, como los europeos, es una alta tasa de abandono.

En algunos países de Europa, uno de cada tres docentes deja la profesión antes de cumplir cinco años ejerciéndola. Esto impacta directamente la vida de millones de niños y jóvenes: aulas sin profesores, programas sin continuidad y estudiantes que pierden oportunidades de aprendizaje.

¿Por qué dejan de ser docentes estos profesionales que han invertido años, recursos y energías para poder ejercer la enseñanza? Las razones son múltiples: soledad profesional, dificultades de comunicación con las familias de los alumnos, diferencias con la cultura escolar, problemas con la disciplina y gestión del aula, carencia de recursos o la sensación de no estar preparados para los desafíos de las aulas actuales.

La soledad profesional del docente

Fijémonos en un caso particular. Paco es un joven docente vocacional: siempre soñó con ser profesor. Pero cuando entró por primera vez en un aula, la impresión de soledad y las dudas le hicieron plantearse si estaba a la altura. Esperaba orientación, pero encontró silencio: “Uno piensa que este mundo de la educación es bastante cooperativo… y no siempre es así”, nos contó en el marco de nuestro proyecto para fomentar el acompañamiento docente.

Y es que se aprende a ser docente también en el día a día del centro educativo donde se trabaja. Como afirman los expertos, “los maestros se forman en las escuelas en que trabajan”. El intercambio con colegas juega un rol fundamental en el aprendizaje del modo de hacer docente.




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La identidad docente se va construyendo a medida que se experimenta, discute y resuelve. Pero jóvenes docentes como Paco no encuentran siempre oportunidades de compartir sus dudas con colegas más experimentados, muchas veces por falta de confianza o de tiempo.

Redes europeas de cuidado

Una de las conclusiones más importantes de nuestra investigación es, precisamente, que los profesores jóvenes necesitan sentirse acompañados. El apoyo de un mentor, el respaldo de sus pares y la posibilidad de reflexionar sobre su propia práctica marcan la diferencia entre abandonar o quedarse. En otras palabras, el futuro de la educación también pasa por construir redes de cuidado y aprendizaje compartido.

El proyecto busca conocer los principales desafíos y los apoyos de los profesores noveles (con menos de 5 años de experiencia) para desarrollar un entorno digital que evite su abandono.

Presentación del proyecto Digital TA en vídeo.

Digitalta.eu: una comunidad virtual

Con esta visión nació DigitalTA, una plataforma europea que ya reúne a más de 1 200 docentes de distintos países. Su objetivo es crear una comunidad que acompañe a profesores en sus primeros años para que no se enfrenten solos a los retos de la profesión. También funciona para profesores experimentados que quieran dar apoyo, intercambiar recursos y reflexiones o actualizarse con nuevos recursos.

¿Cómo funciona? Los docentes pueden acceder en la plataforma a formación específica, tutorías personalizadas y, sobre todo, a un espacio de intercambio donde compartir experiencias y buscar soluciones colectivas. Allí, un profesor novel de España puede aprender de la experiencia de un mentor en Irlanda, o una maestra de primaria en Bélgica puede encontrar apoyo en un grupo de pares que atraviesan las mismas dificultades.




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Lo más valioso de esta red es que pone en el centro a los docentes, reconociendo que son ellos quienes tienen la experiencia y la capacidad para transformar el sistema desde adentro. DigitalTA no impone recetas: ofrece un espacio para dialogar, experimentar y crecer juntos.

Siete desafíos a tener en cuenta

En nuestro estudio preliminar para detectar las necesidades de los docentes noveles, pudimos definir siete áreas de preocupación: las tecnologías digitales, la gestión del aula, la comunicación y las relaciones con las familias, la diversidad e inclusión, la colaboración profesional, la cultura escolar, la planificación y el desarrollo curricular. La colaboración profesional y la cultura escolar tienen que ver directamente con esta necesidad de acompañamiento que intentamos cubrir con la plataforma, pero en todas las demás áreas la posibilidad de compartir experiencias puede contribuir también a una mejor experiencia.

Paola, maestra desde hace 3 años, nos comenta: “Esta herramienta logró interpelarme, desafiarme y comprometerme con lo que estaba sucediendo. Muchos problemas son comunes, y otras situaciones que uno cree que son cotidianas en cambio no lo son en todos los lugares del mundo”.

El bienestar docente: pilar del futuro

En octubre de 2025 lanzaremos un programa específico para trabajar el bienestar docente, con encuentros mensuales en los que se abordarán necesidades detectadas por la propia comunidad: desde la gestión emocional hasta estrategias para mejorar la convivencia en el aula.

Un joven docente que, hace unos años, habría abandonado la profesión por falta de acompañamiento, hoy puede encontrar una red que le escucha, le orienta y le ayuda a seguir adelante. Ese cambio no solo beneficia a los profesores: también impacta directamente en los estudiantes. Un docente motivado y con recursos emocionales y pedagógicos puede crear entornos de aprendizaje más sólidos, más inclusivos y más innovadores.

Fomentar el apoyo y la colaboración

No puede haber educación de calidad si los docentes no se encuentran anímica y psicológicamente bien. Cuidar a quienes enseñan es la base para construir escuelas donde el aprendizaje y el crecimiento personal sean posibles.

Entender el abandono docente es una oportunidad para construir sistemas educativos más humanos y sostenibles, con docentes que tienen tiempo para darse apoyo mutuo y que comparten lo que saben. El futuro de la educación depende, en buena medida, de que esos esfuerzos colectivos sigan creciendo.

The Conversation

Thomas André Prola recibe fondos de la Unión Europea (European Education and Culture Executive Agency- EACEA).

ref. Cómo frenar el abandono docente con redes de acompañamiento – https://theconversation.com/como-frenar-el-abandono-docente-con-redes-de-acompanamiento-263648

¿Cómo diseñar ciudades y edificios para afrontar el exceso de calor?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Cuerdo Vilches, Dra. Arquitecta. Investigadora, Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc – CSIC)

El pasado agosto asistimos en España al mes estival con récord histórico en cuanto a olas de calor, siendo la última la más intensa desde que hay registros, superando a todas las anteriores.

En los últimos años esto se ha convertido en un mantra: cada vez son más frecuentes, duraderas e intensas. Este escenario genera un sinfín de reacciones sociales, mediáticas y políticas. Surge entonces una pregunta recurrente: ¿puede una ciudad prepararse para una ola de calor?

Partimos de que no todas las ciudades son iguales. Difieren en tamaño, distribución, población, densidad o tipología edificatoria. La historia también pesa: los tejidos viarios, las plazas, las calles estrechas o los edificios emblemáticos marcan un comportamiento distinto frente a fenómenos meteorológicos.

En España y en Europa, la ciudad consolidada estrecha el margen de cambio. Sus materiales, colores y morfología condicionan cómo absorben o reflejan la radiación solar, además de su respuesta a precipitaciones o al viento.

El cambio climático y la transformación urbana

A lo largo de la historia, las ciudades se han adaptado a cambios económicos y sociales. Sin embargo, a mediados del siglo XX, la posguerra, el éxodo rural y la industrialización provocaron un crecimiento urbanístico acelerado, con viviendas de baja calidad.

La crisis energética de los 70 introdujo normas de ahorro energético aún incipientes, y en las últimas décadas la globalización y el consumo han intensificado el cambio climático. Para colmo, el acceso masivo al transporte aéreo, el aire acondicionado y el vehículo privado agravan aún más el problema.

El impacto se amplifica más aún en las grandes urbes. Tráfico, contaminación, infraestructuras de hormigón y asfalto, así como la falta de sombra y vegetación, refuerzan la isla de calor urbana.

El cambio climático incrementa la frecuencia de fenómenos extremos (olas de calor, sequías, inundaciones, incendios o frío extremo), lo que, sumado a migraciones hacia áreas urbanas en busca de servicios y seguridad, tensiona aún más la capacidad de las ciudades para responder.

Cómo frenar la hostilidad climática urbana

Muchas urbes ofrecen hoy una respuesta hostil a los eventos extremos. Esta hostilidad convierte los espacios públicos en lugares poco habitables, llegando a ser “no lugares” en palabras del antropólogo francés Marc Augé. La ausencia de arbolado, la desconexión de fuentes de agua o parques infantiles inutilizables en verano son claros ejemplos.

Las soluciones no deben ser aisladas ni temporales, sino integrales, sostenibles y participativas. Propuestas como colocar un sombrajo ineficaz o mantener aulas escolares activas a más de 30°C ilustra lo poco que sirven respuestas parciales. La clave está en desarrollar estrategias coordinadas entre administraciones, titulares de edificios y ciudadanía.

Entre las soluciones que permiten adaptar las ciudades al calor destacan:

  • Rehabilitación y eficiencia energética: Dar prioridad al aislamiento de fachadas, cubiertas y ventanas, incorporando sombreados y colores claros que reduzcan la absorción solar, y aprovechando la energía gratuita. En climas continentales, estas medidas son esenciales para equilibrar frío y calor.

  • Uso responsable de la energía: Reducir el aire acondicionado y la calefacción, aunque provengan de renovables, siguiendo el principio de suficiencia energética: usar solo la energía necesaria. Eso sí, nunca a costa de la salud o el bienestar, priorizando siempre equipos más eficientes, y sin olvidar la calidad del aire interior.

  • Infraestructura verde: Cubiertas y muros vegetales, huertos urbanos, arbolado y parques con especies compatibles, gestionadas eficientemente pueden reducir la temperatura ambiental y mejorar la habitabilidad.

  • Infraestructura azul: Fuentes, estanques, cursos de agua o jardines de lluvia ayudan a refrescar la atmósfera urbana, especialmente en las horas centrales del día.

  • Transporte sostenible: Redes de transporte público eficientes, carriles bici y peatonalización reducen la contaminación y la generación de las islas de calor. Modelos como las supermanzanas de Barcelona o la ciudad de 15 minutos de París favorecen la proximidad y la habitabilidad.

¿Y qué hay de los refugios climáticos? Sin duda se han multiplicado en los últimos años como oasis urbanos. Sin embargo, cuando presentan temperaturas muy diferentes al resto de la ciudad, pueden generar estrés térmico en personas vulnerables. Se recomienda diseñar, además, espacios intermedios atemperantes que permitan una transición gradual.

No olvidar las olas de frío

La adaptación no debe centrarse solo en las altas temperaturas: los edificios también deben almacenar calor en invierno. Existen materiales termoópticos que cambian de color según la temperatura, así como materiales de cambio de fase (PCMs) que acumulan calor y modifican sus propiedades. Otras soluciones eficaces incluyen los jardines verticales caducos, los sistemas de sombreado móvil o los toldos urbanos desplegados en verano.

La biomimética, por su parte, ofrece innovaciones inspiradas en la naturaleza, capaces de adaptar fachadas y cubiertas dinámicamente. Aunque inicialmente costosas, abren el camino hacia ciudades resilientes.

Lo que parece indiscutible es que no existen recetas únicas. Es necesario pensar en la escala del edificio, el barrio y la ciudad antes de identificar la solución óptima. La orientación, los vientos predominantes, las proporciones de las calles y el mobiliario urbano influyen en la habitabilidad. Integrar estos factores de manera conjunta en el diseño urbano garantiza espacios más saludables y resilientes, siempre adaptados a las condiciones locales, sociales y climáticas.

Además de planes estructurales globales, en eventos concretos o temporadas críticas puede ser útil diseñar acciones estratégicas temporales. Sevilla, por ejemplo, reparte agua en la Feria de Abril. Y en Madrid, algunos comercios ofrecen agua gratuita en verano. Estas medidas no sustituyen a la planificación a largo plazo, pero alivian en momentos de riesgo, un apoyo adicional a Planes Estratégicos de Prevención y Alerta.

En cualquier caso, las adaptaciones de las urbes a las temperaturas deben garantizar continuidad más allá de los cambios de gobierno.

Gobernanza y participación ciudadana

La información es poder. Explicar a los ciudadanos cómo mejorar sus viviendas o barrios favorece el cambio estructural. Los gobiernos pueden canalizar ayudas y fondos europeos para rehabilitación y eficiencia energética, apoyándose en la participación de comunidades de vecinos y entidades locales.

Las oficinas de ventanilla única (OSS) son un buen ejemplo de recurso de información y asesoramiento que fomenta la implicación ciudadana.

Igual que el clima cambia, también debe hacerlo el tejido urbano. La adaptación de las ciudades al calor no es estática: debe revisarse y ajustarse continuamente. La ciudad debe entenderse como un sistema único en el que viviendas y espacios públicos actúen al unísono, con soluciones oportunas y sostenibles en el tiempo.

La adaptación debe ser dinámica, multiescalar y multidisciplinar, con la participación de gobiernos, sector privado, academia y ciudadanía. Y aunque las medidas no resulten baratas ni rápidas, han de garantizarse con condiciones de operación y mantenimiento viables, independientemente del actor que las impulse.

El éxito de las ciudades resilientes ha de ser compartido: un proyecto de todos y para todos.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

María Teresa Cuerdo Vilches colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

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La difícil movilidad urbana de las mujeres trabajadoras en Latinoamérica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Herrera, Directora Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería, Universidad Católica Andrés Bello

Congestión de tráfico en el centro de Caracas. testing/Shutterstock

A las 5 de la mañana, Juana sale apurada de su casa, en Petare (Caracas), uno de los sectores populares de viviendas autoconstruidas más grande de América Latina, que se extiende por más de 45 kilómetros cuadrados de terrenos empinados.

Camina con su nieto hasta la parada, donde espera un jeep (que vendrá lleno). Estos todoterrenos son el transporte público más habitual del barrio por lo particular de su orografía. Juana deja al niño en la escuela, hace unas compras y luego camina hasta la estación de metro para seguir rumbo a su trabajo. Su día no terminará hasta muchas horas y trasbordos después.

Vista aérea de aglomeración de casas sobre unas colinas
Vista aérea del barrio de chabolas de Petare, en Caracas.
Eddvlp/Shutterstock

Esta es la rutina real de miles de mujeres de Petare, de Caracas, de Venezuela y de América Latina.

¿Qué son los viajes poligonales?

Los trayectos de Juana rara vez siguen el esquema pendular casa–trabajo–casa. Se parecen más a lo que Inés Sánchez de Madariaga, experta en urbanismo de género, llama “viajes poligonales”:

“Respecto a la movilidad, las mujeres hacen más viajes, más viajes encadenados, con patrones de tipo más poligonal y menos viajes pendulares. Usan más el transporte público, abarcan distancias y ámbitos geográficos menores y más en el entorno de la vivienda, y se mueven por más motivos diferentes, con patrones de movilidad menos predecibles y más irregulares. Todo esto tiene que ver con la doble carga de trabajo que asumen las mujeres dentro y fuera del hogar”.

En estas cadenas de recorridos fragmentados, el cuidado y otras responsabilidades domésticas marcan el ritmo. Esta lógica multiplica tiempos, costos y riesgos para las mujeres, pero suele pasar desapercibida.

Más tiempo, más riesgos, menos oportunidades

La movilidad del cuidado visibiliza cómo las mujeres organizan sus desplazamientos a partir de tareas domésticas y comunitarias.

Un estudio del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) estima que las mujeres en América Latina invierten hasta un 30 % más de tiempo) en sus recorridos diarios que los hombres.

En Caracas, un trayecto de media hora puede convertirse, a la larga, en horas perdidas, abandono de estudios, menos acceso a empleos dignos y mayor fatiga. Los recorridos extensos y fragmentados también exponen con más frecuencia a las mujeres al acoso y la violencia en el espacio público.

Esto se agrava por la crisis de transporte público en Caracas: un metro colapsado e inseguro, pocos autobuses y “camioneticas” (y muchos en mal estado), tarifas altas para los pasajeros (pero insuficientes para mantener la calidad del servicio), embotellamientos y calles en mal estado, inseguridad y, en general, una red informal y precaria de transporte.

Calle de Caracas.
Calle de Caracas.
Angel Corrales/Shutterstock

Políticas públicas: experiencias internacionales

Aplicar principios de urbanismo feminista –mejorar la iluminación en las paradas, situar los portales al mismo nivel de las fachadas, el uso de ascensores transparentes o diseñar calles sin recovecos– hacen que las mujeres perciban las vías urbanas como más seguras.

Algunas ciudades latinoamericanas han empezado a responder. Medellín incorporó los viajes del cuidado en sus planes de movilidad, diseñando rutas y servicios según patrones femeninos. En Ciudad de México y Buenos Aires se aplican programas para combatir el acoso en buses y metro, y el Banco Mundial promueve rutas escolares seguras, subsidios para mujeres de bajos ingresos y empleo femenino en el sector.

¿Qué se puede hacer en Caracas?

Más allá de las limitaciones presupuestarias, un barrio con condiciones tan complicadas como Petare (difícil orografía, transporte público limitado, grandes distancias a pie para llegar a los puntos nodales de transporte hacia otras zonas de Caracas), necesita medidas para mejorar la seguridad y la movilidad urbana femenina. Esto se traduce en paradas con mejor iluminación y vigilancia comunitaria, regularización del transporte público informal, promoción de la intermodalidad, creando nodos de intercambio (metro-autobús, por ejemplo) eficientes para mejorar la accesibilidad urbana.

Una referencia pionera para recopilar datos y diseñar políticas de movilidad urbana con enfoque de género es el índice de caminabilidad sensible al género desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Este índice ofrece herramientas prácticas y criterios (estado de las aceras, conectividad, seguridad vial, fachadas y edificaciones, comodidad y mobiliario urbano, señalización) para evaluar la accesibilidad y seguridad urbana a partir de las experiencias de mujeres y niñas.

Quien habla de Petare, habla de muchos otros barrios y realidades similares en América Latina. Los viajes poligonales de las mujeres revelan desigualdades profundas. El transporte y la movilidad no son solo infraestructuras: define el derecho a habitar la ciudad. Ignorar cómo se mueven las mujeres es perpetuar una ciudad injusta y limitada.

Hablar de movilidad con perspectiva de género es, finalmente, hablar de democracia y derecho a la ciudad para todas las personas.

The Conversation

Celia Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La difícil movilidad urbana de las mujeres trabajadoras en Latinoamérica – https://theconversation.com/la-dificil-movilidad-urbana-de-las-mujeres-trabajadoras-en-latinoamerica-265806

How alcohol contributes to the epidemic of liver disease

Source: The Conversation – Canada – By Timothy Naimi, Director, Canadian Institute for Substance Use Research; Professor, School of Public Health and Social Policy, University of Victoria

Research has revealed a steep increase in liver disease in recent years. Meanwhile, there is growing evidence of health harms from alcohol, including drinking at levels that were previously considered “moderate.” These developments make a persuasive case for viewing alcohol consumption from a public health perspective.

As an internal medicine physician and alcohol epidemiologist, I’m interested in the overlap between liver disease and alcohol use among patients and in the general population. As it turns out, these topics are closely related, but maybe in surprising ways.

The liver is essential: humans need it to live. The liver contributes to metabolism and food storage, produces proteins that help with blood clotting and plays a vital role in the immune system.

At the cellular level, alcohol is a toxic substance that is metabolized (broken down) primarily in the liver. When the dose of alcohol is too high, liver cells become inflamed and damaged (liver inflammation is called hepatitis).

Over time, inflamed or damaged cells are replaced by fibrosis, which is the replacement of normal liver tissue with scar tissue, resulting in cirrhosis, or severe scarring and liver dysfunction. Cirrhosis can be fatal on its own and can also lead to liver cancer.

How does alcohol contribute to liver disease?

Liver disease caused by alcohol is referred to as alcohol-related liver disease or ALD, previously called alcoholic liver disease. The heaviest drinkers, often those who have alcohol use disorder (AUD), can develop cirrhosis and liver failure.

But alcohol-related liver disease does not only affect people with AUD/heavy drinking. A growing body of evidence suggests chronic alcohol use at lower levels may also impact liver function and lead to disease, particularly among those with other risk factors for liver disease.

Patterns of alcohol consumption are also important, including among those who may not consume high amounts of alcohol on average. For example, binge drinking (defined as men consuming five or more drinks or women consuming four or more drinks per occasion) is a pattern of consumption that is very damaging to the liver because it results in high blood alcohol concentrations.

Binge drinking can be harmful to the liver, even among people who don’t drink very much on average or don’t have an alcohol use disorder.

Why are deaths from liver disease increasing?

Deaths from liver disease have been increasing dramatically in Canada and the United States over the past two decades. A key factor is increased alcohol consumption during the same period, but this has been trending down over the past couple of years. Between 2016 and 2022, Canadian deaths from alcohol-caused liver disease increased by 22 per cent.

But alcohol isn’t the only key contributor to the rise in deaths from liver disease. Another is the rise of a condition called metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease, or MASLD.

Despite the complicated name, MASLD is a type of liver disease that is caused by the same metabolic disturbances that have accompanied the rise of overweight and obesity coupled with inadequate physical activity. This is the same set of risk factors that have led to the increase in diabetes. So one can conceive of MASLD as the liver equivalent of diabetes.

Hepatis C, which is a blood-borne viral infection that can be acquired through injection drug use and needle sharing, is another important contributor to liver disease and cirrhosis.

Even though medical terminology has historically differentiated between alcohol and non-alcohol-related liver diseases, alcohol contributes to the progression of supposedly non-alcoholic liver disease, including MASLD and hepatitis C.

My colleagues and I studied patients with MASLD from the U.S.-based Framingham Heart Study. We found that even among non-heavy drinkers, there was a dose-dependent relationship between the amount of alcohol use and the severity of both liver inflammation and fibrosis.

Similarly, even low levels of alcohol use can hasten the development of liver cirrhosis among those with hepatitis C. For example, research has shown that in patients with hepatitis C, there is an 11 per cent increase in risk of cirrhosis with each one-drink increase in average drinks per day.

Preventing and reducing alcohol-caused harms to the liver

Beyond providing medical care for individual patients with known liver disease, steps need to be taken upstream within the health system. These include screening around alcohol use in primary care, counselling interventions for those with risky drinking habits and treatment for those with alcohol use disorders. To do this effectively, there needs to be more resources available for all of these interventions.

However, treating individuals does not address the larger public health issue: measures are needed to lower alcohol consumption at the population level.

This is a cornerstone of preventing and reducing liver disease and its resulting disability, hospitalizations and death. And the most effective way to reduce alcohol consumption is through alcohol control policies that:

  • Make alcohol more expensive (for example, alcohol taxes and minimum prices);
  • Less available (such as restrictions on hours of sale, or the number of locations that sell alcohol), or
  • Less desirable socially (such as limits on advertising and marketing or sports sponsorships).

In previous research, we found that states with 10 per cent stronger or more restrictive alcohol policies had lower ALD mortality rates. Furthermore, states that increased restrictiveness by even five per cent showed subsequent reductions in ALD.

Liver harm caused by alcohol is a public health problem. Collectively, we need to take better care of our livers by taking steps to reduce alcohol consumption in the population.

The Conversation

Timothy Naimi does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How alcohol contributes to the epidemic of liver disease – https://theconversation.com/how-alcohol-contributes-to-the-epidemic-of-liver-disease-262902

Acting with one mind: Gwich’in lessons for truth and reconciliation

Source: The Conversation – Canada – By Crystal Gail Fraser, Associate Professor, Dept. of History, Classics, & Religion and the Faculty of Native Studies, University of Alberta

In the early 1920s, on the banks of the Peel River next to the community of Fort McPherson in the Northwest Territories, Dinjii Zhuh (Gwich’in) families gathered in grief. Anglican missionaries were loading children, some as young as two, onto boats bound for the St. Peter’s Indian Residential School in Hay River, close to 2,000 kilometres away by water.

Teetł’it Gwich’in Elder Mary Effie Snowshoe recalled this moment as a “sad story” passed down from her parents. At the centre of it stood Chief Julius Salu. Having lost his daughter to the school earlier that year, Salu declared:

“No more. Nobody is to send their children away again. If anybody is threatened that they are going to go to court over their children, I’m going to be there. If anybody is going to go to jail for this, I’m taking it.”

This was not only an act of defiance but an expression of guut’àii — a Gwich’in principle often translated as “acting with one mind,” or collective strength. Guut’àii reflects the ethic of strength, protection and collective governance that guided our families through the residential school era.

Today, as residential school denialism grows louder in Canada — guut’àii offers lessons for how to resist.

The same strength that sustained our families a century ago can guide us in facing the current assault on truth.




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Truth before reconciliation: 8 ways to identify and confront Residential School denialism


Strength in a northern context

In my book, By Strength, We Are Still Here: Indigenous Peoples and Indian Residential Schooling in Inuvik, Northwest Territories, I argue that strength is an important way to understand northern experiences of residential schooling. Strength was not about individual toughness but about kinship, collective responsibility and ancestral knowledge. But this doesn’t mean the system was not genocidal, or that children didn’t endure violent, prison-like conditions.

The North complicates and sharpens this idea in the following ways:

  • Distance. Given the far reach of Inuvik’s residential schools — Grollier and Stringer Halls — many children travelled thousands of kilometres. Strength meant writing letters, protecting siblings and holding onto language under isolation.

  • A multi-nation student body. Dinjii Zhuh, Inuvialuit, Métis, Inuit, Sahtú, Dënesųłįne, and Tłı̨chǫ, Cree, and others lived together. They built solidarity that later fuelled pan-Indigenous political movements in the 1970s. There are a number of Survivor memoirs that outline these stories, including by Stephen Kakfwi, Antoine Mountain and Nick Sibbeston. I also document in By Strength, We Are Still Here how students’ cross-cultural alliances shaped the development of pan-northern activism.

  • Timing. While southern schools were closing, the North became a testing ground for new institutions into the 1950s and 60s, and until the closure of Grollier Hall in 1996.

Naming genocide

Residential schools were not well-intentioned mistakes. They were designed to destroy Indigenous families, governance structures and societies by targeting children. The United Nations definition of genocide includes “forcibly transferring children of the group to another group.” Canadian Indian residential schools fit this definition.




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Residential school system recognized as genocide in Canada’s House of Commons: A harbinger of change


Survivors’ testimony, collected by the Truth and Reconciliation Commission (TRC), is evidence of both harm and strength. As scholar Eve Tuck reminds us, research should not be “damage-centred,” but no damage does not mean no pain. To speak of strength is to hold both truths — genocide and survival — together.

Denialism today

Despite overwhelming historical evidence — the most important being Survivor experiences — as historian Sean Carleton and anthropology graduate student Benjamin Kucher recently wrote, residential schools denialism is increasingly visible in public debate. My contribution here is to show how Gwich’in teachings of strength (guut’àii) offer a framework for resisting it.

Denialists claim that schools weren’t that bad, that the number of missing children is exaggerated, or that Survivors are lying. Others minimize the past by saying times were different. These narratives are not neutral — they undermine Indigenous testimony and weaken public commitments to truth and reconciliation.

How strength resists denialism

Here is where Gwich’in teachings matter.

Strength reframes Survivors not as passive victims but as key advocates of governance and solidarity. Chief Salu’s declaration, mentioned above, is proof of refusal.

Agency under duress is not consent. Acts of solidarity inside institutions of genocide do not absolve those institutions — they indict them. Strength resists denialism by showing how Indigenous Peoples fought to hold communities together, even in the face of attempted destruction.

What’s at stake

Denialism affects how Canadians respond to families still searching for missing children. Demanding “proof” through exhumations ignores the overwhelming evidence already available and pressures communities to move at unsafe speeds.

Surveys show that while Canadians broadly support reconciliation, many still lack meaningful knowledge of residential schools. A 2024 Ipsos poll found that 75 per cent of Canadians believe governments should do more to recognize this legacy.

A 2023 Innovative Research survey found that while 73 per cent of Canadians report being familiar with residential schools, knowledge drops when specific questions are asked. Despite the TRC’s 94 Calls to Action, this knowledge gap creates fertile ground for denialist propaganda.

The good news is that readers do not have to look far for ways to learn and act. For example, the TRC Calls to Action continue as an ongoing initiative, as do the Calls for Justice from the National Inquiry into Missing and Murdered Indigenous Women and Girls.

Readers could also consult resources like 150 Acts of Reconciliation or the vast collection of online resources at the National Centre for Truth and Reconciliation.

Dinjii Zhuh strength as a guide forward

What would it mean to confront denialism with guut’àii — acting with one mind?

It would mean centring Survivors’ voices, supporting families with resources and time and refusing to separate stories of suffering from stories of collective strength. It would mean teaching Canadians Indigenous strength is not just survival but structural transformation.

Children who endured residential schools sometimes went on to live full lives and, by Canadian standards, have successful careers. This was despite the system, not because of it. This was because of Indigenous forms of strength, like guut’àii.

This ethic also shapes my forthcoming book with anthropologist Sara Komarnisky, Talk Treaty to Me: Understanding the Basics of Treaties and Land in Canada, which helps Canadians understand the treaties that continue to govern our shared lives. Treaties, like guut’àii, are about collective responsibility — commitments made “with one mind” that remain central to our future together.

Refusing isolation, insisting on truth

When Chief Salu promised to go to jail for his people, he modelled what it means to act with one mind. His words remind us that the history of residential schools is not only a history of harm, but also a history of strength and collective governance.

By standing with Survivors, supporting Indigenous-led truth-telling and rejecting denialism, we can ensure Canada’s future is built on honesty, justice and respect.

Strength is not just survival. It is how Indigenous Peoples have always transformed oppression into collective action, and how we will face denialism today.

The Conversation

Crystal Gail Fraser receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Acting with one mind: Gwich’in lessons for truth and reconciliation – https://theconversation.com/acting-with-one-mind-gwichin-lessons-for-truth-and-reconciliation-262826

Generative AI might end up being worthless — and that could be a good thing

Source: The Conversation – Canada – By Fenwick McKelvey, Associate Professor in Information and Communication Technology Policy, Concordia University

In the rush to cash in on the generative artificial intelligence gold rush, one possible outcome of AI’s future rarely gets discussed: what if the technology never works well enough to replace your co-workers, companies fail to use AI well or most AI startups simply fail?

Current estimates suggest big AI firms face a US$800 billion dollar revenue shortfall.

So far, genAI’s productivity gains are minimal and mostly for programmers and copywriters. GenAI does some neat, helpful things, but it’s not yet the engine of a new economy.

It’s not a bad future, but it’s different from the one currently driving news headlines. And it’s a future that doesn’t fit the narrative AI firms want to tell. Hype fuels new rounds of investment promising massive future profits.

Maybe genAI will turn out to be worthless, and maybe that’s fine.

Indispensable or indefensible?

Free genAI services, and cheap subscription services like ChatGPT and Gemini, cost a lot of money to run. Right now, however, there are growing questions about just how AI firms are going to make any money.

OpenAI CEO Sam Altman has been candid about how much money his firm spends, once quipping that every time ChatGPT says “please” or “thank you,” it costs the firms millions. Exactly how much OpenAI loses per chat is anyone’s guess, but Altman has also said even paid pro accounts lose money because of the high computing costs that come with each query.

Like many startups, genAI firms have followed the classic playbook: burn through money to attract and lock-in users with a killer product they can’t afford to miss out on. But most tech giants have not succeeded by creating high-cost products, but rather by making low-cost products users can’t quit, largely funded by advertising.

When companies try to find new value, the result is what journalist and author Cory Doctorow coined “enshittification,” or the gradual decline of platforms over time. In this case, enshittification means the number of ads increase to make up the loss of offering the free service.




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OpenAI is considering bringing ads to ChatGPT, though the company says it is being “very thoughtful and tasteful” about how this is done.

It’s too soon to tell whether this playbook will work for genAI. There is a possibility that advertising might not generate enough revenue to justify the massive spending needed to power it. That is because genAI is becoming something of a liability.

The hidden costs of AI models

Another looming problem for genAI is copyright. Most AI firms are either being sued for using content without permission or entering costly contracts to licences content.

GenAI has “learned” in a lot of dubious ways, including reading copyrighted books and scraping nearly anything said online. One model can recall “from memory” 42 per cent of the first Harry Potter novel.




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Firms face a big financial headache of lobbying to exempt themselves from copyright woes and paying off publishers and creators to protect their models, which might end up a liability no matter what.

American AI startup Anthrophic tried to pay authors around US$3,000 dollars per book to train its models, adding up to proposed settlement that added up to US$1.5 billion dollars. But it was quickly thrown out by the courts for being too simple. Anthrophic’s current valuation of US$183 billion might get eaten up pretty quick in lawsuits.

The end result of all this is that AI is just too expensive to be owned, and is becoming something like a toxic asset: something that is useful but not valuable in and of itself.

Cheap or free genAI

Meta, perhaps strategically, has released its genAI model, Llama, as open source. Whether this was meant to upset its competitors or signal a different ethical stance, it means anyone with a decent computer can run their own local version of Llama for free.

Open AI models are another corporate strategy to lock in market share, with curious side effects. They are not as advanced as Gemini or ChatGPT, but they are good enough, and they are free (or at least cheaper than commercial models).

Open models upset the high valuations being placed on AI firms. Chinese firm DeepSeek momentarily tanked AI stocks when it released an open model that performed as well as the commercial models. DeepSeek’s motives are murky, but it’s success contributes to growing doubts about whether genAI is as valuable as assumed.




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Open models — these by-products of industrial competition — are ubiquitous and getting easier to access. With enough success, commercial AI firms might be hard pressed to sell their services against free alternatives.

Investors could also become more skeptical of commercial AI, which could potentially dry up the taps of seed money. Even if open access models also end up being sued into oblivion, it will be much harder to remove them from the internet.

Can AI ever be owned?

The idea of genAI being worthless might recognize knowledge is intangibly valuable. The best genAI models are trained off the world’s knowledge — so much information that the true price may be impossible to calculate.

Ironically, these efforts by AI firms to capture and commercialize the world’s knowledge might be the thing damning their products; a resource so valuable a price cannot be attached. These systems may be so indebted to collective intellectual labour such that their outputs cannot truly be owned.

If genAI can’t generate sustainable profits, the consequences will likely be mixed. Creators pursuing deals with AI firms may be out of luck; there will be no big cheques from OpenAI, Anthropic or Google if their models are liabilities.

Progress on genAI could stall, too, leaving consumers with “good enough” tools that are free to use. In that scenario, AI firms may become less important, the technology a little less powerful — and that might be perfectly OK. Users would still benefit from accessible, functional tools while being spared from another round of overhyped pitches doomed to fail.

The threat of AI being worth less than anticipated might be the best defence against the growing power of big tech today. If the business case for generative AI proves unsustainable, what better place for such an empire to crumble than on the balance sheets?

The Conversation

Fenwick McKelvey receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada and the Fonds de Recherche du Québec.

ref. Generative AI might end up being worthless — and that could be a good thing – https://theconversation.com/generative-ai-might-end-up-being-worthless-and-that-could-be-a-good-thing-266046

Le désir de maternité des jeunes chercheuses face à la précarité : se lancer, reporter ou avorter ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Marie Janot Caminade, Docteure en science politique, chercheuse à l’Institut des sciences sociales du politique (ISP), Université Paris Nanterre – Université Paris Lumières

Louise Bourgoin interprète le rôle d’une doctorante en philo face aux défis de la maternité dans le film _Un heureux événement_ (2011), de Rémi Bezançon . Mandarin Cinéma/Gaumont/France 2 Cinéma/Scope Pictures/RTBF/Allociné

Comment concilier le désir de réussir une carrière scientifique avec un projet de maternité ? Alors que l’accès à un poste stable dans le domaine de la recherche ressemble à un parcours d’obstacles, ce dilemme expose les jeunes docteures à des souffrances qui témoignent d’une forme de violence symbolique. Explications à partir d’une enquête de terrain.


En 2024, Emmanuel Macron a affirmé la nécessité d’un « réarmement démographique » pour contrer la baisse de la natalité en France. En réaction, les associations féministes ont dénoncé – à juste titre – une tentative de réappropriation du corps des femmes par le pouvoir politique. Elles rappellent ainsi un slogan féministe des années 1970 : « Mon corps, mon choix. »

En plus de correspondre à un retour en arrière dangereux pour les droits des femmes, la déclaration du président nie l’existence de réalités socioéconomiques et professionnelles particulières. C’est ce que montre l’enquête que j’ai menée auprès d’une quinzaine de chercheuses non titulaires de l’enseignement supérieur et de la recherche (ESR) à propos de leur désir d’enfant.

Nos entretiens révèlent à quel point la précarité économique, l’instabilité professionnelle, l’incertitude de la titularisation, le surmenage et l’anxiété que ces jeunes femmes peuvent vivre sont des obstacles à leur projet de maternité et, par conséquent, à leur pleine liberté de disposer de leurs corps.

Une femme et une chercheuse totales

En tant que femmes, la société incite les doctorantes et jeunes docteures à être performantes à tous les niveaux. Elles doivent être des « femmes totales », à savoir des professionnelles efficaces, des conjointes attentives et des mères dévouées. Dans cet idéal, la maternité est effectivement présentée comme une condition de l’épanouissement des femmes.

En tant que non titulaires, les jeunes chercheuses vivent l’injonction à devenir des femmes totales dans un cadre professionnel particulièrement contraignant. Depuis les années 1980, les choix politiques opérés précarisent le personnel universitaire. Comme en témoigne Thomas Porcher dans le Vacataire (2025), ces décisions ont des conséquences très concrètes sur les jeunes chercheuses et chercheurs : elles les incitent à travailler beaucoup, souvent à titre gratuit. Dans l’espoir d’être un jour titularisés, ils et elles doivent produire une excellente thèse, participer à des événements scientifiques, écrire des articles, enchaîner les cours en vacation et développer leur réseau auprès des titulaires de l’ESR.

Si certaines et certains bénéficient de contrats à durée déterminée (doctoraux ou post-doctoraux), d’autres sont au chômage ou exercent un travail alimentaire à côté de leurs activités de recherche effectuées à titre gratuit.

Or, les doctorantes ou jeunes docteures ont-elles les mêmes possibilités que les hommes à devenir des chercheuses totales quand elles doivent en plus répondre à l’injonction à devenir des femmes totales ? Pour Maya, jeune docteure en sciences humaines et sociales (SHS), la réponse est claire :

« Il est évident que les processus de titularisation dans l’ESR (du moins en SHS) sont favorables aux hommes, alors même qu’il y a plus de femmes doctorantes dans ces matières. À mon sens, il faudrait comparer le temps moyen qu’une femme peut accorder à la recherche quand elle se tape chez elle la plupart des tâches domestiques, voire parentales quand elle est mère, et le temps dont dispose un homme. »

Si Maya verbalise les inégalités entre les hommes et les femmes non titulaires de l’ESR, les autres femmes qui ont un désir d’enfant semblent les avoir intériorisées sans y faire explicitement référence. Cela est particulièrement le cas des femmes en fin de thèse ou qui viennent de soutenir celle-ci en SHS ou en lettres. Selon un rapport du Sénat – un peu daté (2001) –, l’âge médian en fin de doctorat dans ces disciplines se situe autour de 29,9 ans. Cet âge s’approche de l’âge moyen des femmes au premier enfant en France, estimé à 29,1 ans.




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À cette étape de la carrière des doctorantes ou jeunes docteures, les injonctions à devenir une femme et une chercheuse totales entrent alors en contradiction. Celles qui ont un projet de maternité se retrouvent face à un dilemme, vécu généralement avec angoisse : doit-on attendre d’être titularisée pour avoir un enfant ou concrétiser ce projet avant la titularisation ?

Avoir un enfant : se lancer ou patienter

Certaines doctorantes et jeunes docteures, que je nomme les « patientes », choisissent de reporter leur projet de maternité jusqu’à la titularisation. Pour elles, la maternité pourrait être un frein à la productivité attendue dans le monde universitaire et scientifique. Leur raisonnement est stratégique : elles souhaitent d’abord obtenir une position professionnelle solide pour accueillir ensuite un enfant.

Néanmoins, cette patience peut devenir une véritable source de souffrance. Le témoignage de Jeanne, docteure en science politique depuis 2020, toujours en attente de sa titularisation, l’illustre bien. La jeune femme explique l’angoisse qu’elle ressent du fait des injonctions à devenir une femme et une chercheuse totales :

« Quand j’étais en thèse, j’avais ce désir d’enfant très très fort. J’étais en couple depuis quatre ans avec un homme qui voulait aussi un enfant. On en parlait sérieusement, mais je préférais attendre d’être recrutée. Maintenant, je vais avoir 36 ans, je suis sans mec, car nous nous sommes séparés il y a peu. Je suis toujours sans poste et sans garantie d’en avoir un, un jour. Ça me déprime, car j’ai l’impression d’avoir loupé le coche aussi bien dans ma vie professionnelle que personnelle. »

À l’inverse des « patientes », certaines jeunes chercheuses choisissent d’avoir un enfant en fin de thèse. Je les surnomme ici « celles qui se lancent ». Leur logique repose sur ce qu’elles qualifient de « lucidité » : leur carrière académique étant précaire et incertaine, elles pensent qu’il est illusoire d’attendre le bon moment pour avoir un enfant.

La maternité devient ainsi un projet qu’elles décident de ne plus différer. Dans certains cas, ce projet apparaît même comme un moyen de trouver une forme de stabilité que le monde universitaire ne leur garantit pas, à l’image de l’investissement accru des vacataires dans leurs relations de couple, décrit par Thomas Porcher. Doctorante en psychologie, Célia affirme :

« Depuis que je suis devenue mère, je me dis qu’il y a au moins un truc dans ma vie qui ne changera pas. »

Malgré cela, concrétiser son projet de maternité ne se fait pas sans crainte. Les femmes qui se lancent redoutent d’être perçues comme « moins investies » ou comme ayant « trahi » leur engagement scientifique. Ces angoisses sont alimentées par des récits ou des rumeurs bien connus dans l’ESR. Élodie me raconte ainsi :

« J’avais ultra peur d’annoncer ma grossesse à mon directeur de thèse. J’avais peur qu’il croie que je cherchais un prétexte pour gagner du temps. Dans mon labo, une fille avait été blacklistée parce qu’elle était enceinte. Il y a des gens qui disaient qu’elle avait fait exprès pour repousser sa soutenance. »

Violence symbolique et genrée

Enfin, un troisième groupe de jeunes chercheuses – que je qualifie d’« hésitantes » – se situe entre celles qui se lancent et les patientes. Leur hésitation se traduit dans leurs corps : certaines arrêtent la contraception, tombent enceintes puis choisissent d’avorter. Cela a été mon cas, mais aussi celui d’une doctorante que j’ai rencontrée. Celle-ci me confie avoir vécu trois interruptions volontaires de grossesse au cours de sa thèse :

« J’avais très envie d’un enfant. Dès que je tombais enceinte, j’étais heureuse comme tout. Mais mon entourage me dissuadait sans cesse : “Attends la fin de ta thèse, ce sera trop compliqué avec un enfant. Tu vas avoir trop de trucs à faire, c’est impossible”… À chaque fois, je me suis laissée convaincre que c’était en effet la meilleure des solutions et puis, au bout de la troisième fois, à 32 ans, j’ai dit “Stop”. Merde, j’ai le droit de faire ce que je veux de mon corps : dans les autres milieux pros, les femmes se sentent-elles aussi obligées d’avorter pour continuer à faire du travail gratos ? »

Le dilemme entre carrière scientifique et désir d’enfant ne se résout jamais facilement. Il témoigne d’une forme de violence symbolique et genrée que subissent les doctorantes et docteures non titulaires du fait des injonctions à devenir des chercheuses et des femmes totales. Ce dilemme se manifeste à travers ce qu’elles définissent dans tous les cas (désir d’enfant concrétisé, reporté ou avorté) comme des sacrifices « douloureux ».

Cet article n’a pas pour vocation de révéler les inégalités de genre que subissent les femmes de l’ESR qui sont ou qui aspirent à devenir mères. Il s’agit bien là de mettre au jour les obstacles que rencontre l’ensemble des femmes de l’ESR, peu importe si elles ont un désir d’enfant ou non.

En effet, pourquoi le projet de maternité est-il vécu par les femmes comme un potentiel obstacle à leur carrière académique, là où la paternité des jeunes chercheurs l’est moins ? Sans doute parce que les inégalités genrées qui sévissent dans la société se répercutent dans l’ESR, secteur déjà très fragilisé par la précarité.

The Conversation

Marie Janot Caminade ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le désir de maternité des jeunes chercheuses face à la précarité : se lancer, reporter ou avorter ? – https://theconversation.com/le-desir-de-maternite-des-jeunes-chercheuses-face-a-la-precarite-se-lancer-reporter-ou-avorter-261714