¿Puede la inteligencia artificial salvar a los menores del acoso sexual en las redes?

Source: The Conversation – France – By Marc Salat Paisal, Profesor Agregado Serra Húnter de Derecho Penal, Universitat de Lleida

Entre un 10 y un 20 % de los menores de edad en España ha sufrido ‘grooming’. SB Arts Media/Shutterstock

Cada año, más de 300 millones de niños, niñas y adolescentes –aproximadamente uno de cada doce menores de todo el planeta– sufren explotación o abuso sexual en internet. En el caso español los datos no son mejores. De hecho, las investigaciones científicas apuntan que este es un problema que afecta a entre un 10 y un 20 % de los menores de edad en España. El número de casos es alto y la policía no tiene herramientas suficientes para poder investigarlos todos.

La legislación actual permite a los investigadores rastrear las fuentes digitales abiertas, incluidas las redes sociales, para identificar indicios de delito relevantes. También admite incorporar en la investigación las pruebas obtenidas por particulares, como puede ser el registro de chats que posibles víctimas de grooming (acoso sexual a menores a través de las redes) puedan aportar.

La inteligencia artificial (IA) permite a la policía analizar grandes cantidades de datos en segundos, detectar patrones sospechosos y localizar posibles delincuentes con mayor rapidez. También facilita la revisión de miles de archivos en investigaciones complejas. Sin la IA, este trabajo sería casi imposible. No obstante, su uso plantea un dilema: ¿hasta qué punto estas herramientas pueden intervenir sin vulnerar derechos fundamentales como la privacidad?

El uso de la IA en España, de hecho, no es nuevo. La policía la utiliza, por ejemplo, para analizar el riesgo de reincidencia en casos de violencia de género.

Cuando la IA revisa conversaciones y busca imágenes

En algunos países, aunque no en España, se utilizan herramientas con IA para perseguir delitos sexuales contra menores en internet. Algunas revisan conversaciones y priorizan denuncias, y otras buscan imágenes ilegales en la web. En todos los casos, su objetivo es facilitar el trabajo de la policía.

La clave del debate es determinar si el uso de la IA en la investigación policial de delitos, especialmente en casos de grooming, se ajusta a la legalidad. Hasta hace poco, la normativa era fragmentaria y ofrecía pocas garantías sobre el uso de estas tecnologías.

En 2016 se aprobó una Directiva europea que prohibía basar las decisiones legales solo en el análisis automático de datos. Posteriormente, en 2021, el Parlamento Europeo permitió el uso de la IA, aunque con limitaciones. Entre ellas, que los algoritmos debían ser transparentes, comprensibles y verificables. Y, sobre todo, que las decisiones finales debían ser tomadas por personas, no por máquinas.

Recientemente, se ha aprobado el Reglamento Europeo sobre IA de 2024, que permite el uso de estas herramientas en la justicia penal. Sin embargo, el reglamento califica su uso de alto riesgo. Ello implica que, entre otras exigencias, estas herramientas deben ser seguras, transparentes y supervisadas por humanos. Por su parte, en España no existen normas específicas sobre el uso de la IA en la justicia penal, por lo que el marco normativo de referencia es el europeo.

Ante este panorama, el Estado español debe aprovechar el marco legal para desarrollar herramientas que faciliten la investigación de delitos sexuales contra menores en la red. Por ejemplo, para filtrar y priorizar el gran volumen de casos que llega a manos de la policía española. Más difícil sería admitir el uso de chatbots que se hiciesen pasar por menores de edad, a modo de potenciales víctimas, para “cazar” a agresores sexuales. Ello está expresamente prohibido por la legislación española.

Con todo, los expertos han alertado de los problemas que plantea el uso de la IA en el ámbito penal. Aunque esta es capaz de detectar patrones, no es infalible. Un algoritmo mal diseñado podría generar falsos positivos, señalando como sospechosos a usuarios que no han cometido ningún delito.

Análisis previo del fenómeno

Para evitar estos y otros problemas propios de las herramientas basadas en algoritmos o en IA, es muy importante realizar un análisis previo del fenómeno de la delincuencia sexual online. Además, los sistemas deben alimentarse con datos completos para garantizar que sus resultados superen los de un análisis humano.

Si se tiene en cuenta lo anterior, la implementación de IA puede ofrecer una oportunidad para identificar y corregir estos sesgos. De hecho, los prejuicios atribuidos a la IA provienen de los datos con que son alimentados por parte de los humanos.

Por eso, el Estado español debe acompañar la implementación de estas herramientas con un marco legal sólido que proteja los derechos fundamentales. También es clave entender que la IA debe complementar el trabajo humano, aportando análisis y datos para una toma de decisiones más informada y precisa.

En resumen, la IA puede transformar significativamente la gestión de los casos policiales de delitos de grooming. No obstante, debe usarse de manera complementaria, con una comprensión clara de sus limitaciones y riesgos para reforzar el papel de los agentes del sistema de justicia.

The Conversation

Marc Salat Paisal recibe fondos de del Ministerio de Ciencia, Innovacción y Universidades a través de los proyectos de investigación Derecho penal y comportamiento humano (MICINN-RTI2018-097838-B-100) y Ciberacoso sexual a menores: perfiles linguísticos para el desarrollo de herramientas digitales forenses para prevención, detección y priorización en España (PID2020-117964RB-I00).

ref. ¿Puede la inteligencia artificial salvar a los menores del acoso sexual en las redes? – https://theconversation.com/puede-la-inteligencia-artificial-salvar-a-los-menores-del-acoso-sexual-en-las-redes-252474

La luz que no podemos ver

Source: The Conversation – France – By Pedro Francisco Almaida Pagán, Investigador Ramón y Cajal, IMIB, CIBERFES, Universidad de Murcia

Sergey Nivens/Shutterstock

Seguro que algunos lectores habrán captado al vuelo la similitud del título de este artículo con el de la serie de Netflix La luz que no puedes ver, basada en la novela homónima de Anthony Doerr, premio Pulitzer 2015 de ficción. La historia transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, y en ella se alude a todas aquellas formas de luz que existen más allá de lo visible o de lo evidente.

Una de las protagonistas de la historia es Marie-Laure Leblanc, una chica francesa ciega que se refugia con su padre en Saint-Malo. A pesar de la ceguera, Marie-Laure percibe el mundo con una aguda sensibilidad. A través de su experiencia, la historia explora cómo la verdadera percepción no depende exclusivamente de la vista, y cómo existen formas de conocimiento y comprensión que trascienden lo visible. Ella misma es una encarnación de esa “luz” que no se ve, pero se siente, se intuye o se comprende por otros caminos.

Invidentes que perciben luz (pero no la “ven”)

No hemos venido aquí a hablar de series de televisión, pero no podíamos dejar pasar esta hermosa analogía a la hora de introducir el tema de la vía circadiana de la luz, cuya existencia, si bien había sido propuesta desde hacía décadas, no fue demostrada hasta hace unos veinte años. Fue entonces cuando unos investigadores de la Universidad de Brown, en Providence (Estados Unidos), descubrieron en la retina de mamíferos la existencia de un tipo de células ganglionares con fotosensibilidad propia. Sus axones conformaban un canal directo de información que conectaba la retina con una región del hipotálamo muy especializada: los núcleos supraquiasmáticos, el reloj central que pone en hora nuestros ritmos biológicos.

Aquello confirmaba que la sincronización de nuestros relojes internos no dependía únicamente de conos y bastones, es decir, de las células de la retina responsables de la vía visual de la luz. De hecho, ya en los noventa se había detectado que algunas personas que han perdido totalmente la visión (ceguera bilateral completa) pueden conservar la capacidad de sincronizar los ritmos con la luz. Existe, por tanto, un tipo de percepción de la luz que trasciende lo visible.

Estudiar a personas ciegas para entender el ritmo sueño/vigilia

Esto permite que, en personas ciegas, la producción de melatonina, la hormona del sueño, se inhiba durante la noche. Cuando el ritmo de melatonina de las personas ciegas no se sincroniza con el de sueño/vigilia, sufren alteraciones del sueño y desajustes que impactan muy negativamente su calidad de vida. Es por esto que esta población resulta especialmente interesante para los cronobiólogos: su estudio nos permite conocer mejor cómo funciona nuestro reloj biológico y, además, podemos contribuir de forma significativa a mejorar la calidad de vida y el sueño de una parte vulnerable de la sociedad.

Las estadísticas más recientes (2024) hablan de 71 444 personas con ceguera legal en España –esto es, con una agudeza visual igual o inferior a 0,1 en el mejor ojo con la mejor corrección óptica posible y/o un campo visual reducido a 10 grados o menos–, de las cuales 9 288 son ciegas totales. La cifra podría ir en aumento en los próximos años como consecuencia del envejecimiento de la población y por el aumento de la prevalencia de enfermedades como la diabetes.

La mayoría de estas personas presentan alteraciones de los ritmos circadianos, particularmente del sueño/vigilia. La Clasificación Internacional de Alteraciones del Sueño (ICSD-3) de la Academia Americana de Medicina del Sueño dice que un 50-80 % de las personas ciegas presentan dificultades para dormir, despertares nocturnos y somnolencia diurna, entre otras alteraciones.

En un proyecto recientemente concedido a nuestro laboratorio por la prestigiosa fundación VELUX Stiftung, que llevaremos a cabo durante los próximos cuatro años en colaboración con la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), nos hemos propuesto desarrollar un método ambulatorio y no invasivo basado en la utilización de dispositivos vestibles de monitorización circadiana desarrollados por nuestro grupo de investigación. Con ellos pretendemos medir la exposición y sensibilidad de las personas ciegas a la luz ambiental y el grado de conservación de la vía circadiana de la luz, así como el funcionamiento del sistema circadiano para establecer la propensión de cada sujeto a sufrir alteraciones de sus ritmos circadianos, incluido el sueño.

Conociendo esta información, será posible diseñar de forma personalizada estrategias para fortalecer los ritmos circadianos de las personas ciegas y, de ese modo, minimizar los efectos adversos de la ceguera en esta población.

The Conversation

Pedro Francisco Almaida Pagán recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innoación a través de los programas “Ramón y Cajal” (RYC2020-028642-I) y Proyectos de Generación de Conocimiento (projecto LIGHTyEAr, PID2022-136577OB-I00), el Ministerio de Economía y Competitividad y el Instituto de Salud Carlos III a través de CIBERFES (CB16/10/00239), la Universidad de Murcia a través del programa “Excelence-UM” (modalidad “Attract-RyC” 2021), la Fundación Robles Chillida y La VELUX STIFTUNG (proyecto LIGHTSPAN, nº2428), todos co-financiados con fondos FEDER de la Unión Europea. .

Jesús Vicente Martínez recibe fondos de la Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia (Fundación Séneca), gracias a una ayuda “21610/FPI/21. Fundación Séneca. Región de Murcia (Spain)”.

María de los Ángeles Rol de Lama recibe fondos del Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación (PID2022-136577OB-I00), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033, FEDER, UEy por “ERDF A way of making Europe”, por European Union NextGenerationEU/PRTR”, y del Ministerio de Economía y Competitividad, mediante el Instituto de Salud Carlos III (CIBERFES, CB16/10/00239), todos ellos cofinanciados con Fondos FEDER, así como de la VELUX STIFTUNG (proyecto LightSpan). Es socia fundadora de Kronohealth SL (2017), empresa de base tecnológica participada por la Universidad de Murcia (spin-off) .

Pedro González Romero recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través de la convocatoria Generación de Conocimiento (proyecto PID2022-136577OB-I00, MCIN /AEI /10.13039/501100011033 / FEDER, UE) y su contrato predoctoral (FPU22/03854). Su investigación está también financiada por el Ministerio de Economía y Competitividad y el Instituto de Salud Carlos III a tráves de CIBERFES (CB16/10/00239), todos ellos cofinanciados por FEDER.

ref. La luz que no podemos ver – https://theconversation.com/la-luz-que-no-podemos-ver-258938

¿Qué se hace con los residuos radioactivos de hospitales o centrales nucleares?

Source: The Conversation – France – By Luis Montenegro Pérez, CICA. Profesor Titular Universidad – Docencia en Ingeniería de la Energía e Ingeniería Energética., Universidade da Coruña

Mark_Kostich/Shutterstock

A mi abuelo Xoel le acaban de dar su primera sesión de radioterapia contra un cáncer de huesos. Le han irradiado con estroncio-89 (Sr-89), que es un isótopo radiactivo del estroncio que emite radiación beta, con gran capacidad de penetración en el cuerpo humano. Fantástico para aplicar en un tumor maligno, pero muy peligroso en cualquier otra parte del organismo de un ser vivo.

Después de unos dos meses de ser usado en el hospital, el Sr-89 tiene que ser sustituido y pasa a ser un desecho. Pero no es como los que nosotros generamos en nuestra casa: es radiactivo y necesita un tratamiento adecuado. ¿Cómo?

Primero, se almacena en el propio hospital hasta que es recogido por Enresa, que es la empresa que se encarga en España de la gestión de esta clase de residuos. Este isótopo, junto a otros desechos radiactivos generados en el hospital, se lleva por carretera en un transporte especial al centro de almacenamiento de El Cabril, en Córdoba.

Bajo toneladas de hormigón

En esta instalación, reciben un tratamiento y acondicionamiento específico. Luego, se guardan en bidones metálicos de 220 litros de capacidad, en los que un tercio son residuos y los dos tercios restantes hormigón. Estos bidones se meten en unos contenedores de hormigón, se les inyecta cemento para obtener un bloque compacto y se cubren con una tapa de hormigón.

Finalmente los contenedores –de unas 24 toneladas– se introducen en las celdas de almacenamiento, que una vez llenas con 320 contenedores se cubren también con una tapa de hormigón.

En este centro, que funciona desde 1992, no solo se almacenan restos radiactivos que provienen de hospitales, sino también de otros sectores: industria, investigación, eléctrico, alimentación, minería, hidrología, arte o medio ambiente. Todos tienen una emisión de radiación baja, no generan calor y su actividad radioactiva disminuirá a la mitad en menos de 30 años. Para entendernos mejor, son todos los residuos radiactivos que no provienen del combustible que se utiliza en las centrales nucleares. Tanto en España como en otros países del mundo, se utiliza esta solución para su gestión definitiva desde hace más de 40 años.

Vista aérea de las instalaciones de Enresa en El Cabril, 2020.
Enresa.

Los de las centrales nucleares, más peligrosos

En España tenemos cinco centrales nucleares con siete reactores. Y cada 18 a 24 meses es necesario cambiar parte del combustible, que son unas barras metálicas rellenas de pastillas de dióxido de uranio. Aquí, en estas pastillas, se producen cientos de isótopos radiactivos que emiten dosis de radiación muy elevadas, generan muchísimo calor y seguirán siendo radiactivos cientos de miles de años después. Y no, no se pueden llevar a El Cabril.

¿Qué se hace entonces? El combustible gastado en España se almacena de forma temporal en las piscinas que existen dentro de los reactores nucleares. El agua de estas piscinas sirve para refrigerar y proteger contra la radiación. El objetivo es que, después de unos 50 años, el combustible se pueda manejar con mayor seguridad.

El problema es que la capacidad de las piscinas en España se ha agotado, por lo que se ha recurrido también a un almacenamiento temporal en contenedores especiales colocados en el exterior de las centrales nucleares, como se hace también en muchos otros países.

Otra solución temporal es almacenar el combustible gastado de todas las centrales en una instalación centralizada. En España, se intentó en Villar de Cañas (Cuenca), pero por diferentes motivos está opción no salió adelante. En otros países, como en Holanda, una instalación de este tipo en superficie funciona desde hace años en un polígono industrial de Nieuwdorp.

Hacia una solución definitiva

Todas estas soluciones para el combustible gastado son temporales. Entonces, ¿qué se hace para su gestión definitiva? La solución adoptada a nivel internacional es el almacenamiento profundo en una formación geológica adecuada (granitos o arcillas). Esto ha requerido muchos años de investigación y de financiación en todo el mundo.

La idea es muy sencilla y está basada en la naturaleza. Se trata de interponer diferentes barreras entre los residuos y nosotros, como se hace en las matrioshkas, las muñecas rusas tradicionales.

Hoy en día, no funciona todavía ninguna de estas instalaciones, pero algunos países como Finlandia, Suecia o Francia ya han decidido dónde construirán estos almacenamientos en profundidad. Pero en España no: llevamos un poco de retraso.

En 2073, debería estar en funcionamiento en España una instalación de este tipo. ¿Por qué tan tarde? El problema es que se trata de un tema político muy delicado que no es nada rentable en términos electorales a corto plazo. Ya lo harán otros. Lo más complicado es encontrar un lugar que cumpla con todos los requisitos técnicos y de seguridad, que son muchos, para su construcción. Y, sobre todo, que exista la aceptación de la ciudadanía.

En ocasiones se nos olvida que, durante los últimos 20 años, la generación de electricidad de origen nuclear en España ha sido del 20-25 %. Con esta electricidad, además de la generada con otro tipo de energías renovables o no renovables, hemos cargado la batería de nuestros móviles, hemos encendido las luces o la lavadora en nuestra casa, y se ha fabricado el coche que conducimos. Y sea cual sea la decisión que se tome sobre la utilización de las centrales nucleares, sus residuos habrá que recogerlos y gestionarlos adecuadamente. ¿O le vamos a dejar este problema a nuestros hijos y nietos?

Por cierto, gracias al Sr-89, que ahora debe de estar en El Cabril, mi abuelo Xoel está curado y disfrutando de la vida.

The Conversation

Luis Montenegro Pérez, como parte de un grupo de investigación del Centro Interdisciplinar de Química y Biología de la Universidade da Coruña, ha recibido financiación para su trabajo en temas relacionados con la gestión de los residuos radioativos. Se trata de convocatorias de proyectos de investigación nacionales e internacionales, así como de contratos a través de la normativa de la UDC.

ref. ¿Qué se hace con los residuos radioactivos de hospitales o centrales nucleares? – https://theconversation.com/que-se-hace-con-los-residuos-radioactivos-de-hospitales-o-centrales-nucleares-257990

‘Blokecore’: vestir una camiseta de fútbol como manifiesto cultural

Source: The Conversation – France – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

De izquierda a derecha, la ‘influencer’ Sofia Coelho, la marca 3.PARADIS, el futbolista australiano Jackson Irvine y Kim Kardashian también se han apuntado a la estética ‘blokecore’. Collage creado a partir de imágenes de Instagram.

En las últimas temporadas, no deja de repetirse una escena: jóvenes que pasean por las ciudades con camisetas del Real Madrid de los 2000, del Betis noventero o incluso del Deportivo de la Coruña cuando ganaba ligas. No van al estadio. No es día de partido. Pero llevan la camiseta como si fuera una declaración personal. Y lo es.

Lo que estamos viendo no es solo una moda, sino un fenómeno sociocultural: el auge del blokecore, un estilo que fusiona camisetas de fútbol vintage, moda urbana y nostalgia generacional. Esta tendencia ha ganado protagonismo especialmente entre la generación Z, una cohorte que está redefiniendo el consumo, la estética y los códigos de identidad.

Aunque hoy nos parezca novedosa, la relación entre fútbol y moda no es nueva. En los años 70, figuras como Johan Cruyff no solo transformaron el juego en el terreno de juego, sino también fuera de él. Su estilo sobrio, moderno y europeo marcó una nueva forma de entender al futbolista como figura pública con estética propia. En España, Cruyff fue icono de una elegancia alternativa: una mezcla de deportividad, inteligencia y carisma que conectaba con una juventud en busca de referentes diferentes.

Lo que cambia con el blokecore es el sentido. Ya no se trata de demostrar fidelidad a un club, sino de construir una estética personal a través de símbolos futboleros. Para muchos jóvenes, la camiseta del Barça de 1998 o del Atlético de Madrid con publicidad de Marbella no representa solo un equipo, sino una era, una emoción, un relato visual.

El estudio: fútbol, moda y valores juveniles

El profesor Jorge del Río, de la Universidad de Navarra , y yo llevamos a cabo una investigación –recientemente presentada en el congreso FACTUM25 y de próxima publicación– con más de 150 jóvenes españoles entre 14 y 30 años para entender mejor este fenómeno. Analizamos cómo variables como el interés por el fútbol, la importancia de la moda como expresión personal, el uso de redes sociales y la nostalgia influyen en la adopción del blokecore.

Los resultados son reveladores: más del 60 % de los encuestados asocian estas camisetas a recuerdos (propios o imaginados), y más del 50 % valora especialmente las colaboraciones entre clubes y marcas de moda por su autenticidad. Además, se confirma una correlación clara entre el uso intensivo de plataformas como TikTok o Instagram y el interés por este estilo.

Lo que emerge es un patrón claro: el blokecore no es un simple revival estético, sino un código cultural que permite a la juventud expresar quién es, qué valores tiene y cómo quiere ser vista.

De la grada a la pasarela (y viceversa)

En los últimos años, varios clubes han sabido aprovechar este cruce entre fútbol y moda. El París Saint-Germain fue pionero al aliarse con la marca Jordan y equipos como el Manchester United lo han hecho con Balenciaga, pero también ha llegado a los campos españoles: Yohji Yamamoto ha diseñado equipaciones para el Real Madrid, la Real Sociedad hizo lo propio con Loreak Mendian, el Sevilla colabora con Scalpers y el Barça ha coqueteado con diseñadores como Thom Browne.

Estas estrategias buscan algo más que vender camisetas: quieren construir marca, conectar con públicos más jóvenes y expandirse fuera del campo. La camiseta ya no es solo merchandising, sino símbolo de pertenencia, estilo y cultura pop.

Blockcore: una respuesta a la identidad líquida

Desde la sociología, el blokecore puede entenderse como una respuesta estética a una identidad fragmentada. En un mundo acelerado, hiperconectado y plagado de estímulos, las camisetas de fútbol ofrecen algo sólido: una historia, un escudo, un símbolo colectivo. Vestir una camiseta retro permite anclarse a algo, aunque sea de forma irónica o estilizada.

No hablamos solo de moda, sino de una forma de estar en el mundo. La camiseta de fútbol actúa como lo que Pierre Bourdieu llamaría un “signo distintivo”, pero también como un refugio emocional. En este contexto, el fútbol se transforma: ya no es solo deporte, sino lenguaje simbólico.

¿Moda pasajera o fenómeno duradero?

Todo apunta a que el blokecore no es un simple capricho estético. Su arraigo en valores clave para la generación Z –como la autenticidad, la autoexpresión y la sostenibilidad– lo convierte en un fenómeno con recorrido. Las marcas y los clubes que lo entiendan conectarán con una audiencia que ya no responde solo a goles y títulos, sino también a relatos y emociones.

En definitiva, la camiseta de fútbol se ha convertido en mucho más que un uniforme. Es una prenda que condensa memoria, estética y pertenencia; una forma de tejer comunidad y narrarse en un presente inestable. En un tiempo marcado por la aceleración, la hiperconectividad y la fragmentación de la identidad, recuperar una camiseta del pasado no es solo un acto de estilo: es una forma de anclarse, de reclamar una narrativa propia, de sostenerse en algo que aún nos emociona.

Porque quizá lo verdaderamente importante no sea a qué equipo pertenece esa camiseta, sino qué historia queremos contar cuando decidimos llevarla.


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Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Blokecore’: vestir una camiseta de fútbol como manifiesto cultural – https://theconversation.com/blokecore-vestir-una-camiseta-de-futbol-como-manifiesto-cultural-258343

Aumentar el gasto en defensa pone en riesgo la inversión pública en salud

Source: The Conversation – France – By Samuel López López, Profesor de Gestión de Servicios de Salud, Universidad de Castilla-La Mancha

Sala de espera de un hospital. DC Studio/Shutterstock

El contexto histórico influye en las prioridades de quienes toman las decisiones de políticas públicas, y una de las circunstancias que determinan la toma de este tipo de decisiones son las tensiones belicistas. Las contiendas armadas hacen cambiar las preferencias de quienes deciden a qué dedicar los recursos económicos de los países.

Estos cambios atienden al criterio, básico en la gestión pública, de coste-oportunidad: si un recurso se utiliza en una cuestión determinada no puede ser utilizado para resolver otra.

Antecedentes

Ya ha sido estudiada la relación entre el aumento del gasto militar en época de conflictos bélicos y el gasto público en salud. En 2023, los investigadores Masako Ikegami y Zijian Wang analizaron el “efecto desplazamiento” (crowding-out) del gasto público en salud en 116 países, con especial atención en países en desarrollo, debido al incremento en los gastos de defensa. Esta investigación muestra que el gasto militar tiene una relación negativa y significativa con el gasto sanitario público.

Asimismo, en 2024, los profesores Nikolaos Grigorakis y Giorgos Galyfianakis evaluaron cómo afectó, entre los años 2000 y 2021, el gasto militar a los llamados pagos de bolsillo (aquellos que el paciente realiza en el momento de la atención médica, incluyendo los copagos de los seguros) en los países de la OTAN.

Los autores –que investigan el efecto de la militarización en contextos de seguridad creciente sobre la equidad y accesibilidad de los sistemas de salud– determinaron que el gasto militar se asocia con un incremento en ese tipo de pagos. El rearme genera un desplazamiento financiero que repercute en mayor carga económica sobre los ciudadanos, lo que compromete la equidad del acceso sanitario.

Los resultados de otro estudio, este de 2017, muestran que, en términos de producto interior bruto (PIB), por cada punto porcentual que sube el gasto militar, el gasto en salud pública cae de media un 0,62 %, oscilando en una horquilla de entre el 0,96 % de descenso en países de renta media-baja y un 0,56 % en países de renta media-alta.

Los datos para España

Dado que España se encuentra en la encrucijada y el debate público de si alcanzar el 5 % del PIB en gasto militar que se le pide como miembro de la OTAN, sería interesante estimar qué consecuencias tendría dicho aumento para la salud de sus ciudadanos.

Según los últimos datos oficiales disponibles, en 2023 el gasto sanitario público ascendió a 94 694 millones de euros, suponiendo el 71,7 % del gasto sanitario total (131 984 millones de euros). Esta cifra representa el 7,8 % del PIB español.

Para tratar de medir las posibles consecuencias del desplazamiento financiero de salud a defensa hemos hecho un cálculo aproximado de la reducción de las capacidades de inversión del sistema público español de salud, a partir de la referencia previa de que los países de rentas medias y altas reducen su gasto en salud en un 0,56 % del PIB por cada 1 % de aumento del gasto militar.

Entre 2020 y 2024, el gasto español en defensa ha ido aumentando progresivamente, pasando de representar de menos del 1 % del PIB en 2020 a más del 2 % para 2025 (gasto pendiente de ejecutar y cuantificar en millones de euros).

Poniendo el foco ahora en el gasto público en salud, vemos que el máximo se alcanzó en 2020, año de inicio de la pandemia.

Desplazamiento del gasto: de sanidad a defensa

Teniendo en cuenta que España ya ha manifestado su voluntad de llevar su aportación al 2,1 % del PIB, si finalmente la incrementa hasta el 5 % que exige el gobierno estadounidense a sus compañeros de alianza, el porcentaje del PIB español dedicado a la atención sanitaria se vería reducido en un 1,61 %, pasando del 7,8 % –si tomamos como referencia 2023– al 6,18 %.

Estos son 1 527 millones de euros menos de inversión pública en sanidad se traducirían en una reducción de las prestaciones y servicios y un mayor gasto de bolsillo de los ciudadanos.

Otro escenario sería el aumento de los gastos de bolsillo de los ciudadanos para acceder a los servicios de salud. Según datos de 2023, los españoles destinaron una media de 499 euros anuales a dichos gastos. Si a esa suma se le agrega la caída de la inversión pública en salud (1 526,84 millones de euros) y ese monto total tuviera que ser asumido por los ciudadanos (a 1 de enero de 2024, la población española era de 48 619 695 habitantes), esto supondría una cantidad aproximada de 31,40 € por habitante de subida del gasto de bolsillo en salud, lo que representaría un incremento del 6,29 % respecto a 2023.

Garantizar derechos

Los recursos públicos son limitados y, por ello, un incremento en la inversión en un área determinada comporta una reducción posterior del gasto público en otras. De acuerdo a las investigaciones reseñadas en el texto, el incremento del gasto en defensa afecta a los gastos del área pública de salud.

¿Las consecuencias para los ciudadanos? Posiblemente un empeoramiento de la oferta sanitaria pública y la necesidad de afrontar de manera privada los gastos en salud, en forma de pagos de bolsillo.

El debate sobre inversión pública, contexto geopolítico y gasto en defensa debe contar con datos respaldados en la investigación y un análisis profundo de sus efectos en otras áreas del gasto público para garantizar el cumplimiento de los derechos constitucionales de los ciudadanos.

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Samuel López López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Aumentar el gasto en defensa pone en riesgo la inversión pública en salud – https://theconversation.com/aumentar-el-gasto-en-defensa-pone-en-riesgo-la-inversion-publica-en-salud-259972

Mundial de Clubes: ¿debe seguir el espectáculo aunque peligre la salud mental de los jugadores?

Source: The Conversation – France – By Cristina De Francisco, Profesora de Psicología de la Actividad física y el Deporte. Miembro del grupo de investigación "Psicología del Deporte: About Smocks And Jocks" (Universidad de Sevilla), Universidad de Sevilla

El pasado 8 de junio, Cristiano Ronaldo levantaba al cielo de Múnich la copa de la Nations League después de que Portugal derrotara a España en la tanda de penaltis. Mientras el entrenador español y sus seleccionados permanecían en el terreno de juego rindiendo tributo al campeón, una figura enfilaba el túnel de vestuarios tras jugar un partido gris y ser sustituido en la prórroga. Era Lamine Yamal, la nueva estrella del fútbol mundial de solo 17 años.

Una competición más, un descanso menos

Lamine ya está de vacaciones, como el resto de la plantilla del Barcelona. Pero no así muchos integrantes de otros equipos. Apenas han pasado algo más de dos semanas desde que terminó la Nations League y el nuevo Mundial de Clubes 2025 comienza con problemas. Los jugadores y entrenadores alzan la voz para señalar que no hay tiempo de descanso. Además, jugar con tanto calor aumenta el riesgo de problemas físicos y emocionales. El burnout (síndrome del trabajador quemado o del desgaste profesional) aparece como un enemigo silencioso en cada partido.

Estados Unidos acoge este nuevo Mundial de Clubes de la FIFA. Participan 32 equipos y se jugará cada cuatro años. La cita reúne, entre otros, a los clubes campeones de cada una de las seis confederaciones que rigen el fútbol a nivel mundial. A simple vista, puede parecer una fiesta del fútbol global. Pero de acuerdo con las declaraciones, la mayoría de los futbolistas lo percibe como una carga añadida.

Al comienzo de la temporada 24/25, diversos medios se hacían eco de la posibilidad de que los jugadores de la élite del fútbol europeo fueran a la huelga por la sobrecarga de partidos que conlleva el nuevo formato de la Champions League y la creación del Mundial de Clubes.

A la nueva competición mundial, hay que sumar los partidos de sus equipos, los de las selecciones y los torneos de cada continente, que en el caso de Europa incluyen más encuentros debido al nuevo formato con liguilla. Los deportistas no cuentan con tiempo suficiente para recuperarse y, además, muchos de ellos deben asumir un inicio de la pretemporada especialmente intenso.

Un rival más sobre el césped: el calor

Los organizadores del torneo priorizan los ingresos. Pero tanto jugadores como entrenadores califican la situación como insostenible.

El fuerte calor del verano en Estados Unidos no solo cansa el cuerpo. También puede afectar a la mente. Cuando hace mucho calor, las personas se sienten de mal humor y les cuesta más pensar con claridad. Si hay muchos partidos, viajes y presión, el calor lo empeora todo. El cuerpo necesita gastar fuerzas para no calentarse demasiado, lo que deja menos capacidad para concentrarse o controlar las emociones. Por eso, resulta más fácil que los jugadores puedan sufrir el síndrome de burnout, que les lleva a estar, casi literalmente, “quemados”.

¿Qué es el burnout en el deporte?

El burnout es más que estar cansado. En el ámbito deportivo, se trata de un síndrome psicológico que combina agotamiento físico y emocional, devaluación de la práctica deportiva (actitudes negativas hacia el deporte) y una sensación de fracaso o baja realización personal.




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Diversos autores lo han analizado desde distintos enfoques. Aunque todos coinciden en que es un problema complejo, cada uno ha destacado aspectos diferentes, que ayudan a entender cómo y por qué aparece.

  • Ronald E. Smith, de la Universidad de Washington, lo explica como un estrés crónico mal manejado, que surge cuando hay muchas demandas y pocos recursos para afrontarlas. A los futbolistas profesionales les pasa esto: muchos partidos, estar siempre bajo las cámaras, la presión, las lesiones y cada vez menos tiempo para descansar.

  • John M. Silva, de la Universidad de Carolina del Norte, lo enfoca desde la fisiología: un sobreentrenamiento que lleva al agotamiento, bajada del rendimiento y síntomas de malestar psicológico. Si no hay descanso, el cuerpo se fatiga. Pero si tampoco hay espacios para desconectar, es la mente la que se quiebra.

  • Jay Coakley, de la Universidad de Colorado, ofrece una mirada aún más crítica. El burnout aparece cuando el deportista pierde el sentido de autonomía y no puede desarrollar su identidad más allá del rendimiento. Cuando el deporte se convierte en una jaula que lo define todo, cualquier bajón se convierte en crisis. En los últimos años, varios jugadores han sido ejemplo de la sobreexplotación del talento joven.
    Ejemplo de ello es lo sucedido con Lamine Yamal tras la final de la Nations League que enfrentó a España y Portugal.

  • Greg W. Schmidt, de la Universidad Estatal de Middle Tennessee, y Gary L. Stein, de la Universidad de Oregón, ponen de manifiesto que algunos deportistas siguen compitiendo, aunque estén quemados. No se retiran porque no ven otras opciones o se sienten comprometidos. En el fútbol, muchos jugadores se mantiene en activo aunque estén muy cansados física y mentalmente. Piensan que ya han invertido mucho tiempo y recursos, que no saben hacer otra cosa o que defraudarían a los demás si se detienen. Esta obligación de seguir empeora el burnout, porque siguen sufriendo sin poder descansar o cambiar.

Una cultura que ignora a la persona

Lo preocupante es que, a menudo, el entorno responde con más presión. Titulares y testimonios enfatizan una versión unívoca: “rendirse no es una opción”, “hay que ser fuerte”, “el fútbol es así”, “otros querrían estar en tu lugar”.

Esta cultura del rendimiento perpetúa el silencio, el estigma y el colapso emocional. El burnout se desarrolla en sistemas que no protegen al deportista. Los clubes, federaciones y organismos internacionales priorizan el espectáculo y el beneficio económico, olvidando que los cuerpos tienen límites y las mentes también.

Mientras el negocio del fútbol crece, la salud de sus protagonistas se erosiona. No basta con servicios médicos o psicólogos de plantilla si no se reducen las causas estructurales: exceso de competiciones, falta de descansos y ausencia de políticas reales de cuidado.




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¿De los clubes de fútbol a las empresas de fútbol? Cinco claves para entenderlo


El fútbol necesita repensarse: no solo en términos de justicia económica, sino también en cuanto a sostenibilidad humana. Si no se detiene esta espiral, el Mundial de Clubes será solo una muesca más en el calendario y una grieta más en la salud psicológica de los jugadores.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Mundial de Clubes: ¿debe seguir el espectáculo aunque peligre la salud mental de los jugadores? – https://theconversation.com/mundial-de-clubes-debe-seguir-el-espectaculo-aunque-peligre-la-salud-mental-de-los-jugadores-259648

El gasto en defensa de España y sus diferencias con EE. UU.

Source: The Conversation – France – By Silvia Vicente-Oliva, Profesora de Gestión de la Innovación, Universidad de Zaragoza

gopixa/Shutterstock

España decidió pertenecer a la alianza atlántica, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en 1981, pero no sin voces discordantes dentro del país. De hecho, cuatro años después, el 12 de marzo de 1986, se celebraría un referéndum para decidir la permanencia de España en la Alianza.

En aquel momento el orden mundial enfrentaba al mundo en dos bloques liderados, de un lado, por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y del otro, por Estados Unidos. España se decantó por la propuesta atlantista y el proceso contribuyó a su modernización, a la vez que España aportaba su granito de arena a la defensa colectiva de Occidente.

La defensa colectiva

El Tratado del Atlántico Norte recoge los acuerdos establecidos entre los países que participan en la organización. De todos, el principio de defensa colectiva (Art. 5) es el más relevante: un ataque armado contra un miembro la OTAN se considera un ataque contra todos los miembros de la alianza.

Esta respuesta conjunta proporciona un efecto de disuasión frente a potenciales enemigos. La defensa colectiva solo ha sido invocada una vez, en 2001, como respuesta a los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos.

Las naciones que integran la OTAN representan el 70 % de la riqueza mundial y son, además, los países con una trayectoria más larga de estabilidad democrática.

Invertir en defensa

Para poder contribuir a la defensa colectiva, los países aliados deben hacer el esfuerzo de generar y mantener capacidades que les permitan enfrentar no solo las amenazas actuales, sino también las previstas como consecuencia del desarrollo tecnológico.

Aunque este esfuerzo –desigual entre los miembros de la Alianza– se puede medir de diferentes maneras, quizás la más conocida es calcular qué porcentaje del producto interior bruto (PIB) destina cada país al gasto en defensa.

Tanques
El porcentaje del producto interior bruto (PIB) destina cada país al gasto en defensa es desigual.

Lo que dicen los datos

Según la información sobre el porcentaje del PIB destinado a defensa contenida en la base de datos de gastos militares del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), entre 1981 y 2024 España tuvo una diferencia media con respecto a EE. UU. del 2,61 %. No obstante, en cumplimiento de los compromisos adquiridos en los últimos años, desde 2020 la brecha de gasto se ha ido acortando para situarse, en 2023, en el 1,99 %.

Si hacemos la media de este indicador desde 1981 (el año en que España comenzó el proceso de adhesión a la OTAN) hasta 2024, Estados Unidos ha gastado un 4,38 % de su PIB en defensa, mientras que España ha gastado el 1,77 %.

En la década de los ochenta del siglo pasado –los primeros años de España en la OTAN– la diferencia media entre los dos países fue del 3,59 %. En los 90, esa media se redujo hasta el 2,19 % (algunos años, la distancia fue de apenas el 1,3 %). Posteriormente, entre 2000 y 2010, la diferencia creció hasta el 2,45 %.

A consecuencia de los recortes públicos provocados por la gran recesión (2008), entre 2010 y 2020 la brecha llegó a ampliarse hasta el 2,61 %. Desde 2020, la diferencia media en gasto en defensa entre EE. UU. (3,42 %) y España (1,39 %) se ha reducido al 2,02 %.

Otro factor que ha intervenido en el acortamiento de esta diferencia es que, en los últimos diez años, Estados Unidos no ha llegado ni al 3,5 % de gasto medio en defensa con respecto a su PIB cuando, en 1986, el porcentaje fue del 6,63.

A consecuencia de la invasión rusa a Ucrania, hay socios de la OTAN que en 2024 hicieron un esfuerzo de gasto similar, o incluso superior, al de EE. UU. (3,4 %). Es el caso de Polonia (4,2 %) y Estonia (3,4 %). Para España, en cambio, el porcentaje fue del 1,47 %. No en balde, en este indicador ocupa el último lugar entre los países de la Alianza.

¿En qué se gasta el presupuesto de la OTAN?

La estructura de gasto de cada país se suele ajustar a la forma de preparar sus presupuestos, pero la OTAN la divide en cuatro grandes categorías: equipamiento, personal, infraestructuras y otros gastos.

Las diferencias entre España y Estados Unidos son relevantes en el apartado de personal, en el que España gastaba el 43,9 % (datos estimados de 2024), mientras que Estados Unidos invertía solamente el 25,22 %.

En equipamiento –que incluye los gastos de investigación y desarrollo–, el compromiso adquirido en los últimos años ha llevado a España a invertir el 30,3 % de su presupuesto, frente al 29,88 % de Estados Unidos.

En cuanto a infraestructuras, mientras España destina el 2,65 %, Estados Unidos dedica un 1,74 %.

La gran diferencia se encuentra en la partida otros gastos: para España representan el 23,14 % y para Estados Unidos el 43,16 %. Estos gastos corresponden a otros ministerios, secretarías o departamentos, a fondos de contingencia, así como otros gastos que contribuyen a la seguridad y la defensa.

¿Se gastará más?

El acuerdo alcanzado en junio de 2025 por los países miembros de la OTAN reunidos en La Haya establece elevar los gastos de defensa hasta el 5 % del PIB nacional para el año 2035, con una revisión intermedia en 2029.

Dentro de esta cifra se ha establecido que al menos el 3,5 % se destinará a necesidades básicas de defensa y el 1,5 % restante se podrá dedicar a otros asuntos como ciberdefensa, resiliencia e infraestructuras críticas.

Aunque parece haber acuerdo entre los socios de la Alianza, España busca desmarcarse de la senda de gasto pautada, asegurando que con el 2,1 % es suficiente, a lo que el presidente estadounidense ha contestado con una amenaza arancelaria: “Les haremos pagar el doble”.

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Silvia Vicente-Oliva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El gasto en defensa de España y sus diferencias con EE. UU. – https://theconversation.com/el-gasto-en-defensa-de-espana-y-sus-diferencias-con-ee-uu-259922

‘La interpretación de los sueños’: el libro que cambió cómo nos conocemos

Source: The Conversation – France – By Fernando Díez Ruiz, Professor, Faculty of Education and Sport, Universidad de Deusto

Retrato de Sigmund Freud, autor de ‘La interpretación de los sueños’. ArtLage22/Shutterstock
Libros que cuentan

Este artículo pertenece a la sección ‘Libros que cuentan’, donde expertos y expertas de distintos ámbitos diseccionan los libros divulgativos que más están dando que hablar.


En 1900, mientras el siglo XX despertaba, Sigmund Freud publicó una obra que cambiaría la forma en que la humanidad se sueña a sí misma: La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung). Con este libro, inició una revolución en el campo de la psicología: la posibilidad de que los sueños tengan sentido y de que el inconsciente dirija gran parte de nuestra vida.

Más de un siglo después, las ideas de Freud sirven de base a gran parte del pensamiento contemporáneo, no sólo en el ámbito de la psicología, sino en la forma en que la humanidad se entiende a sí misma.

Un deseo reprimido

Durante siglos, los sueños fueron vistos como meras fantasías sin sentido o como presagios. La revolución freudiana consistió en afirmar que los sueños tienen un significado, y que descifrarlo nos permite asomarnos al inconsciente, ese territorio oculto donde se guardan nuestros deseos, miedos y conflictos más profundos.

Freud escribió: “El sueño es la realización (disfrazada) de un deseo reprimido”“. Esta idea, simple en apariencia, sacudió los cimientos de la psicología y la filosofía occidentales.

Acceder al inconsciente

La interpretación de los sueños no sólo introdujo el concepto de inconsciente como categoría científica, sino que también ofreció una metodología para acceder a él: el análisis de símbolos, la asociación libre, y el reconocimiento de que nuestros impulsos más íntimos se expresan a menudo de forma indirecta.

Este enfoque abrió caminos no sólo en el campo de la clínica psicoanalítica, sino también en la literatura, el arte, el cine y la crítica cultural.

Desafío a la racionalidad

El valor del libro no radica únicamente en su teoría, sino también en su coraje intelectual. Freud, médico de formación, se atrevió a desafiar los dogmas científicos de su tiempo, proponiendo que no somos seres plenamente racionales y conscientes, sino que estamos gobernados, en gran medida, por fuerzas invisibles. Hoy puede parecer obvio, pero en la Viena de finales del siglo XIX era una idea casi subversiva.

La interpretación de los sueños marca el punto de partida del psicoanálisis como disciplina y establece el método de exploración del inconsciente a través del contenido onírico.

Riqueza literaria

Además, es un texto que sorprende por su riqueza literaria. Freud no solo explica conceptos: narra, argumenta, se confiesa. Mezcla observaciones clínicas con sus propios sueños, incluyendo el famoso “sueño de la inyección de Irma”, inaugurando así un estilo de escritura que combina la precisión científica con la introspección humanista.

Su influencia fue inmediata en algunos círculos y resistida en muchos otros. Como suele ocurrir con los grandes innovadores, Freud fue ridiculizado, combatido y, finalmente, aceptado. Años después, sus ideas no sólo impregnaban la psicología, sino también la literatura de Kafka, el arte de Dalí o la arquitectura conceptual de las ciencias humanas.

Hoy, La interpretación de los sueños sigue siendo un libro que interroga, provoca y estimula. En un tiempo donde la velocidad y la superficialidad dominan, Freud nos recuerda que comprendernos requiere detenernos, escuchar nuestros propios relatos oníricos y aceptar que somos más complejos –y más fascinantes– de lo que parece.

Freud y la neurociencia moderna

A pesar de las críticas que ha recibido desde algunos sectores científicos, especialmente por la falta de verificación empírica de muchas de sus tesis, Freud no ha sido del todo desacreditado por la neurociencia moderna. Si bien es cierto que hoy se reconoce que los sueños no son exclusivamente realizaciones de deseos reprimidos, estudios recientes han confirmado que durante el sueño REM –fase donde los sueños son más vívidos– se activan áreas del cerebro relacionadas con la emoción, la memoria y el procesamiento simbólico.

Investigadores como Mark Solms, pionero en el campo de la neuropsicoanálisis, han defendido que ciertas intuiciones freudianas –como la existencia de conflictos inconscientes o la función emocional del soñar– tienen correlatos en la neurobiología. Así, aunque muchas teorías han evolucionado o sido reformuladas, la idea de que el sueño revela aspectos profundos de la mente humana sigue vigente, ahora en diálogo con la ciencia del cerebro.

Nuestro yo oculto

La trascendencia de La interpretación de los sueños no reside únicamente en su ambición de descifrar el significado de los sueños, sino en algo mucho más profundo: fue el primer gran texto que se atrevió a postular, con argumentos clínicos y teóricos, la existencia de una dimensión psíquica no racional, invisible y poderosa.

Freud no sólo interpretó sueños, sino que abrió una puerta a lo que hasta entonces se ignoraba: que dentro de nosotros actúan fuerzas inconscientes que influyen en nuestra conducta, nuestras decisiones y hasta en nuestras enfermedades.

El mérito del libro fue convertir esa hipótesis en un corpus articulado, capaz de poner sobre la mesa la complejidad del alma humana más allá de la razón, invitando a prestar atención a lo que no decimos, a lo que reprimimos y a lo que se escapa de nuestra voluntad.

Más de un siglo después, Freud nos recuerda que cada sueño es un recuerdo inacabado de lo que somos… y también una promesa de lo que podríamos llegar a ser.

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Fernando Díez Ruiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘La interpretación de los sueños’: el libro que cambió cómo nos conocemos – https://theconversation.com/la-interpretacion-de-los-suenos-el-libro-que-cambio-como-nos-conocemos-256243

Algoritmos en los juzgados, ¿una ayuda o un peligro?

Source: The Conversation – France – By Gema Marcilla Córdoba, Profesora Titular de Filosofía del Derecho, Universidad de Castilla-La Mancha

Alexander Limbach/Shutterstock

¿Y si la próxima sentencia que decida nuestro futuro la escribiera un programa tan complejo que ni sus creadores saben explicar del todo cómo razona?

El derecho ha ido siempre de la mano de la tecnología. Muchos hitos jurídicos han sido posibles debido a previos hitos tecnológicos: la escritura hizo posible la publicidad normativa; la imprenta multiplicó el acceso a las fuentes jurídicas; la informatización y digitalización han marcado a las profesiones jurídicas desde finales del siglo pasado. Y hoy en día, la inteligencia artificial –sobre todo, los grandes modelos de lenguaje– se sienta en el estrado.

Esta nueva “colaboradora” es poderosa: resume miles de folios en segundos e identifica patrones de decisión en la legislación, ka jurisprudencia y la doctrina con un celo y rapidez extraordinarios. También puede revisar las pruebas; por ejemplo, las grabaciones de testimonios, encontrando matices que pasan desapercibidos al humano.

Pero su entrada en la sala de vistas no es inocua.

La jurisdicción es, junto al legislador, un órgano vital del Estado de derecho. Su legitimidad descansa en resolver los casos particulares sobre la base exclusiva de normas jurídicas (normas preestablecidas). “El juez es la boca que pronuncia las palabras de la ley; seres inanimados que no pueden moderar ni la fuerza ni el rigor de las leyes”, escribía Montesquieu en 1748, en su obra El espíritu de las leyes.

La inevitable subjetividad humana

Pese al ideal de juez neutral, el juez real inevitablemente adolece de subjetividad. No hablamos aquí ni de politización de la justicia, ni mucho menos de prevaricación. Por más virtuoso que sea, interpretará la realidad jurídica desde sus esquemas cognitivos.

Los juristas, teóricos y prácticos, se han esforzado por preservar el principio de legalidad, es decir, por salvaguardar la imparcialidad y la independencia de los jueces. Aunque este objetivo sea inalcanzable al cien por cien debido a la irremediable subjetividad humana.

Resulta por ello paradójico que ahora, que gracias a la IA estamos cada vez más cerca de que un ser verdaderamente inanimado e impasible (un algoritmo) pueda hacer justicia, la Unión Europea no dude en calificar de “alto riesgo” a cualquier sistema de IA que ayude a los jueces y magistrados a interpretar hechos o normas (según recoge el artículo 6 del Reglamento 2024/1689 de Inteligencia Artificial).

El mensaje es contundente: la tecnología puede asistir, jamás sustituir a la decisión de un juez humano.

Sistemas de alto riesgo

La IA genera tanto entusiasmo como inquietudes y dudas. Ya en 2014, el filósofo sueco Nick Bostrom resaltaba que la automatización del aprendizaje, aspecto clave en la IA, puede conducir a una “explosión de inteligencia”.

La “superinteligencia artificial” implicaría no solo nuevos esquemas conceptuales incomprensibles para el humano, sino algoritmos libres, desvinculados de nuestros valores, de manera que las máquinas pudieran dirigir toda su actuación a objetivos absurdos o perjudiciales para la humanidad.

Sin necesidad de plantear un escenario a largo plazo o futurista como el que indica Bostrom, los riesgos presentes son palpables. En lo que respecta a la IA jurisdiccional, los modelos, a menudo, “alucinan”, llegando a inventar resoluciones de tribunales inexistentes. Asimismo, operan como “cajas negras”, sin trazabilidad ni explicabilidad de sus respuestas. E interactúan con quien los usa sin dejar rastro del legal prompting –preguntas introducidas, aplicando el procesamiento del lenguaje natural– que haya tenido lugar.

Además, heredan sesgos ideológicos de los datos con los que fueron entrenados. Es decir, conforman sus respuestas sobre la base del aprendizaje de premisas o patrones infundados en relación con la raza, el género, las tendencias sexuales, la capacidad adquisitiva, el nivel de endeudamiento, etc.

Junto con los problemas que suponen estos sesgos, es consustancial a la IA el sesgo estadístico, entendiendo por tal la prevalencia de los datos que estadísticamente tienen más peso. En lo que respecta al derecho, ello puede suponer una suerte de “clonación” del pasado jurisprudencial, congelando la evolución en la interpretación de las normas.

La última palabra para el juez

¿La solución? Diseño consciente y responsable de tales problemas y supervisión humana. Para ello resulta esencial un marco de trabajo pluridisciplinar, de estrecha colaboración entre expertos en sistemas de IA y expertos en derecho.

El Reglamento de IA exige documentación técnica exhaustiva, auditorías de sesgo y la posibilidad de recrear cada paso del razonamiento jurídico algorítmico. La Carta de la Comisión Europea por la Eficacia en la Justicia (CEPEJ), de 2018, o el Dictamen XXIV de la Comisión Iberoamericana de Ética Judicial recuerdan que toda recomendación generada por un sistema automático debe ser revisada críticamente por el juez, quien conserva la última palabra y la carga de motivar su decisión.

Nada de esto significa demonizar la tecnología. Bien gobernada, la inteligencia artificial libera tiempo, tan necesario para que la tutela judicial sea verdaderamente efectiva. Pero si se despliega sin salvaguardas, la promesa de efectividad puede mutar en una justicia algorítmica “mecanicista” en el peor de los sentidos, pues no por ser una máquina sería objetiva, sino aleatoria y opaca en la elección de las normas que aplica.

Un cerebro sintético que nunca se cansa no es preferible a un juez de carne y hueso –con la experiencia de las complejidades de la práctica jurídica–. Más bien el juez de nuestros días debe ser tanto un experto en el derecho como en el algoritmo que le ayuda a aplicarlo.

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Gema Marcilla Córdoba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Algoritmos en los juzgados, ¿una ayuda o un peligro? – https://theconversation.com/algoritmos-en-los-juzgados-una-ayuda-o-un-peligro-257746

En las redes sociales, los bulos sobre salud corren mucho más rápido que los hechos

Source: The Conversation – France – By Ivan Herrera Peco, Profesor e Investigador en Salud., Universidad Camilo José Cela

Los profesionales de la salud pueden contrarrestar la desinformación lanzando mensajes claros y cercanos. Nattakorn_Maneerat/Shutterstock

El conocimiento de la salud ha sufrido grandes cambios, pasando de la visión del médico como única fuente de información a la inmediatez del acceso a internet. Confiamos en la red para buscar una respuesta acorde a nuestras expectativas, ya sea en un vídeo corto, un tuit viral o una historia de Instagram.

Sin embargo, esta inmediatez tiene su lado oscuro –y a veces siniestro– cuando ayuda a difundir información no contrastada, o directamente mal intencionada. Tengamos en cuenta que los bulos corren mucho más rápido que los hechos.

Al hablar de desinformación en temas de salud, nos referimos a esos mensajes falsos, incompletos o engañosos que circulan por internet. A veces son intencionados, por intereses políticos o económicos, y otras nacen de malentendidos o bien se aprovechan de la falta de cultura digital de su público.

Graves consecuencias

Pero, en cualquier caso, pueden tener consecuencias muy graves: hay personas que dejan tratamientos, retrasan ir al médico, se automedican o prueban cosas peligrosas por lo que han visto en un vídeo.

Por ejemplo, en agosto de 2021, las llamadas por intoxicación con ivermectina a los centros de toxicología de EE. UU. aumentaron más del 200 % en solo cuatro semanas, tras viralizarse vídeos que la presentaban como un tratamiento definitivo contra el coronavirus.

La vacunación es precisamente un blanco favorito de la desinformación. Durante la pandemia se observó que más del 25 % de los vídeos más vistos sobre covid en YouTube contenían información falsa.

Y otro exponente ilustrativo son los vídeos sobre la llamada real food (comida real), que, como revela un estudio, llegan a proponer la dieta como única “cura”. En este caso también, la desinformación se propaga más rápido que los desmentidos.

La salud mental, en el punto de mira

Un capítulo aparte merece la salud mental. Aunque las redes funcionen como espacios de apoyo que facilitan el acceso a herramientas que permiten mejorar el autocuidado y el contacto con otras personas en un entorno seguro, también son caldo de cultivo para ideas erróneas y estigmas.

Es algo muy tangible en temas como la esquizofrenia. YouTube está plagado de testimonios que suenan convincentes, pero cuidado: un análisis de 100 vídeos en español revela que solo el 39 % cita estudios de verdad, y la nota media de fiabilidad apenas pasa del aprobado.

Y si revisamos TikTok o X, veremos que la mitad de los posts asocia esquizofrenia con “peligro”, dramatiza voces homicidas o se burla de las personas diagnosticadas de esquizofrenia.

Los algoritmos alimentan los bulos

De hecho, lo que se hace viral rara vez es lo más fiable, y muchas veces es justo lo contrario. Además, hay que añadir que los algoritmos de búsqueda están diseñados para mostrar contenidos con los que estamos más de acuerdo, obviando otros más auténticos.

En nuestras observaciones hemos visto que lo que arrasa en redes no es lo más riguroso, sino lo que más emociona, impacta o genera polémica. Por ejemplo, quienes difunden “zumos milagro” suelen esgrimir estudios preliminares sacados de contexto.

Muy significativo es el caso de un ensayo publicado en 2018 que circula de modo recurrente. Según sus conclusiones, 20 personas con diabetes tipo 2 que tomaron dos miligramos de zumo de noni por kilo de peso corporal al día durante ocho semanas lograron reducciones modestas pero significativas de glucemia. El propio artículo remarca que fue un estudio piloto, sin grupo placebo y con seguimiento breve. Insuficiente, por lo tanto, para afirmar que un zumo cure la diabetes.

Resulta complicado que se difundan este tipo de matizaciones. Un estudio reciente analizó cómo se habla de las dietas detox en internet y encontró que menos del 10 % de los mensajes intentan desmentir sus supuestos beneficios.

Muchos de esos contenidos echan mano de palabras como “toxinas” sin explicar bien a qué se refieren, lo que genera confusión. Mientras que quienes defienden estas prácticas la usan para justificar tratamientos sin evidencia, los expertos en salud lo critican por no tener base científica.

Esta mezcla de conceptos hace que muchas personas no sepan diferenciar entre información fiable y pseudociencia. Y mientras tanto, los vídeos y mensajes confusos o falsos tienen millones de visitas antes de que nadie lo desmienta. Para cuando los profesionales intentan corregir el error, el bulo ya ha echado raíces y su propagación es enorme y casi imparable.

Supuestos expertos sin formación

Además, mucho de este contenido no viene de expertos, sino de personas sin formación en salud.
Algunos solo buscan fama, y otros, dinero. ¿El resultado? Gente que confía en consejos peligrosos porque suenan fáciles y están bien presentados.

Los números lo dejan claro. Un análisis de 676 publicaciones de las cuentas de nutrición más influyentes de Australia detectó que el 44,7 % contenía errores y que las procedentes de marcas o “gurús” del fitness –sin formación sanitaria– lograban un 70 % más de interacciones pese a ser mucho menos rigurosas que las gestionadas por nutricionistas.

También ayuda la irresponsabilidad de algunas celebridades. Un estudio del año 2024 se centró en valorar como ciertos famosos pueden ayudar a la difusión de la desinformación “reinterpretando” los términos médicos o, incluso, a través de la ideología política.

En definitiva, existe una primacía de la rentabilidad y el aumento del tráfico sobre el rigor. De acuerdo con un revelador trabajo que revisó 22 experimentos, basta un lenguaje coloquial y una foto cuidada para que la audiencia otorgue credibilidad, incluso si el autor no tiene ningún tipo de formación o titulación relacionada con la salud.

La ciencia, en un segundo plano

Los profesionales del ámbito sanitario también están en las redes sociales, pero su voz no llega tan lejos. ¿Por qué? Porque no tienen formación en comunicación digital, ni el apoyo que necesitan de sus instituciones. Muchos hospitales aún no entienden cómo funcionan las redes ni qué tipo de contenido conecta con la gente.

Y claro, los mensajes médicos suelen ser largos, fríos o muy técnicos, mientras que los bulos se transmiten con una frase pegadiza, música de fondo y testimonios emotivos. No hace falta que haya evidencia científica real detrás porque apelan a las emociones o a discursos que suenan científicos pero no lo son.

No es que falte la verdad, es que falta saber cómo contarla.

La importancia de la educación y el pensamiento crítico

No podemos dejar que los bulos ocupen el hueco que la ciencia no ha sabido llenar. No se trata de competir con la mentira, sino de ofrecer una información mejor: clara, cercana y humana.

Es básico aprender a detectar esa información perjudicial. La educación en salud y el pensamiento crítico tienen que empezar desde pequeños. Y los profesionales, además de curar, deben estar preparados para informar.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. En las redes sociales, los bulos sobre salud corren mucho más rápido que los hechos – https://theconversation.com/en-las-redes-sociales-los-bulos-sobre-salud-corren-mucho-mas-rapido-que-los-hechos-255893