Una cara oculta del acoso escolar: la violencia psicológica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Mariscal, Profesora del Área de Lingüística General y miembro del Instituto de Investigación en Lingüística Aplicada (ILA), Universidad de Cádiz

SpeedKingz/Shutterstock

Los padres de María acaban de cambiar de domicilio y ella ha sido escolarizada en un nuevo centro. Tiene 12 años y aún no conoce a nadie, pero viene con ganas de hacer nuevas amistades. Sin embargo, no le resulta fácil. El grupo de niñas de su clase está muy jerarquizado y aquellas que lo lideran parecen poco dispuestas a aceptarla.

Los comentarios jocosos, las miradas y los gestos desagradables hacen que María no se sienta integrada. No hay ningún ataque directo, pero las burlas y cuchicheos son frecuentes. Cuando en clase hay que hacer grupos, nadie se quiere poner con ella y, en el recreo, aunque sí la dejan participar, se cambian las reglas del juego para perjudicarla.

¿Cómo puede determinar su familia si se trata de una situación de acoso? A María no la han amenazado abiertamente; tampoco es fácil definir las actitudes de desprecio o exclusión que van minando su confianza día a día. La frontera entre una broma inocente y una situación sostenida en el tiempo con intención de aislar o hacer sufrir es, a veces, difícil de establecer desde fuera. Por eso, es importante determinar la constancia y el efecto psicológico en la víctima para poder tomar medidas.

¿Por qué lo llamamos acoso?

El verbo acosar procede del latín cursus, que significaba originariamente “carrera”, y este de la raíz indoeuropea kers- (“correr”). Aunque aún mantiene ese sentido inicial de “correr detrás de alguien”, ya que la RAE lo define como “perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona”, presenta actualmente otras connotaciones negativas adicionales, en el sentido de “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos”.

Más allá del acoso físico evidente, con el uso repetido de la violencia sobre alguien en situación vulnerable para dañarla o intimidarla, la dinámica entre acosadores y víctimas suele basarse en razones de “raza, color, nacionalidad, minusvalía, religión, orientación sexual o cualquier otra circunstancia” y en cualquier otro elemento que diferencie a la víctima del resto (en el caso concreto de María, ser nueva en el centro).

Para que exista acoso, este debe ser intencional y realizado de forma continuada por aquellos que se consideran superiores a la víctima. En otras palabras, al acosar los abusos se centran en un supuesto desequilibrio de poder.

Ataques por medio del lenguaje

A veces el acoso escolar no supone un acto de discriminación hacia las personas que son percibidas como diferentes, sino como un tipo de violencia psicológica que los acosadores dirigen hacia sus iguales.

Se trata de situaciones que no se limitan al uso de la fuerza o la violencia física, sino en las que se recurre al lenguaje para atacar, angustiar a la víctima y hacerla sentir inferior, y resultan mucho más difíciles de detectar que los golpes y moratones.

Esto puede llevar a la somatización, cuando la víctima anticipa que le va a ocurrir de nuevo y entra en un continuo estado de alerta y ansiedad. Por ejemplo, María ya acude al colegio nerviosa y preocupada, independientemente de si ese día recibe algún ataque. También a la rendición, cuando se siente incapaz de controlar la situación, deja de defenderse y adopta una actitud pasiva ante el acoso.

La violencia psicológica

El acoso infantil y juvenil llevado a cabo a través de las palabras, ya sean estas orales o escritas, consiste en el menosprecio y la denigración repetida de la víctima por medio de insultos, burlas, humillaciones, críticas destructivas y comentarios despectivos e hirientes.

Este tipo de acoso verbal puede conllevar también la difusión de mentiras, que sirven para difamar a la víctima o a su familia. Además, se acompañan con frecuencia de otros comportamientos no verbales que implican otras formas de violencia de carácter físico, psicológico (por ejemplo, por medio del silencio hostil y la privación de afecto) o social (mediante el aislamiento y la exclusión de la víctima): estas dos últimas serían aplicables al caso de María.

El chantaje emocional

Además de la descortesía efectuada a través del lenguaje, el acosador suele apelar al miedo para manipular a la víctima y someterla a su voluntad. Para ello, recurren a un tipo de chantaje emocional conocido como “castigador”, basado en amenazas: algunas explícitas y otras más implícitas.

Estas agresiones verbales malintencionadas suelen producirse de forma repetida, hasta que la víctima acaba desarrollando un estado de “vulnerabilidad aprendida”, caracterizada por la “pasividad, ansiedad y depresión que aparece cuando una persona piensa que no puede controlar su entorno, que está a merced de los acontecimientos o que sus acciones no producen los efectos esperados”.

Rechazo familiar y escolar

La Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar recomienda a las familias la creación de un clima de confianza, que permita a los hijos compartir sus problemas y preocupaciones. También recalca la importancia de la observación permanente “ante posibles señales que puedan alertarnos de que se está produciendo acoso: disminución del rendimiento escolar, pérdida o sustracción de material escolar, repentinos cambios de humor, temor a ir al colegio, insomnio o lesiones físicas”.




Leer más:
No todos los casos de acoso entre escolares son iguales: cómo distinguir y abordar los más complejos


Esta lacra social a veces se produce a escondidas del profesorado, de manera que puede pasar desapercibida en los centros educativos. Por eso, la prevención desde los primeros niveles de escolarización resulta fundamental para favorecer las relaciones simétricas y el respeto mutuo.

Se trata de construir un estilo de comunicación asertivo y empático entre los estudiantes, así como entre estos y sus docentes, para que el alumnado se sienta seguro al contar a sus profesores cualquier situación de violencia de la que sean testigos, ya sean verbales o no verbales, directas o más sutiles.




Leer más:
Valientes frente a acosadores: cómo fomentar un ambiente de respeto y solidaridad en escuelas e institutos


¿Qué hacer una vez detectado el acoso?

Si en el centro educativo se identifica un posible caso de acoso, se deben seguir estrictamente y de forma inmediata los correspondientes protocolos de actuación e intervención, en estrecha colaboración con las familias, para poner freno al acoso lo antes posible tanto dentro como fuera del aula.

Para que exista una educación de calidad, hemos de contrarrestar el acoso escolar —y los efectos psicológicos tan destructivos que produce en las personas que lo sufren— con valores que favorezcan la convivencia y luchar contra toda forma de violencia social, incluida la ejercida a través del lenguaje.

The Conversation

Alicia Mariscal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Una cara oculta del acoso escolar: la violencia psicológica – https://theconversation.com/una-cara-oculta-del-acoso-escolar-la-violencia-psicologica-267896

El mercado del CO₂ ayuda a reducir emisiones pero también afecta al valor de las empresas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Lozano Reina, Profesor del Departamento de Organización de Empresas y Finanzas, Universidad de Murcia

BOY ANTHONY/Shutterstock

Cuando hablamos del precio del CO₂ solemos pensar en medioambiente y cambio climático. Sin embargo, ese precio también se ha convertido en un auténtico termómetro financiero: sube o baja y, con ello, arrastra a empresas de sectores tan distintos como la energía, la aviación, la banca o la tecnología.

Dicho de otro modo: el coste de contaminar no solo afecta a la factura de la luz o al cemento con el que se construye una vivienda, sino también a la valoración bursátil de muchas compañías europeas.

¿Qué es el EU-ETS?

Desde 2005 funciona en Europa el EU Emissions Trading System (EU-ETS), el mayor mercado regulado de carbono del mundo. Se basa en una idea muy simple: poner un límite total a las emisiones de CO₂ y repartir permisos entre las empresas. Si una compañía logra contaminar menos de lo que le corresponde, puede vender su excedente a otras empresas que se pasen del cupo. Es un sistema de “pagar por contaminar” que busca que reducir emisiones sea rentable para las empresas.

En la práctica, esto ha convertido al CO₂ en un activo financiero con su propio precio, que sube y baja según la oferta de permisos, la demanda de energía, los cambios regulatorios o incluso las crisis geopolíticas.

CO₂, una ‘bola de billar’ financiera

En nuestro estudio, publicado en Journal of Commodity Markets, hemos analizado datos de varias empresas europeas entre los años 2013 y 2025, desde grandes contaminadores (como cementeras, siderúrgicas o empresas del sector de la construcción) hasta compañías de baja huella de carbono (como empresas de servicios o farmacéuticas). La pregunta era clara: ¿cómo afecta la volatilidad del CO₂ –es decir, sus subidas y bajadas repentinas– al valor que tienen en bolsa estas empresas?

Esto nos ha permitido ver cómo los golpes del precio del CO₂ se transmiten de manera distinta en cada contexto y qué sectores sufren más en el corto y en el largo plazo:

  1. El CO₂ sí mueve los mercados. Lo primero que comprobamos es que su precio no vive aislado: sus altibajos se transmiten con fuerza al valor en bolsa de las empresas. Es como una bola de billar que, al chocar, hace que otras piezas se muevan.

  2. Los golpes son rápidos. La mayor parte de estos efectos ocurren a corto plazo, en cuestión de días. Cuando la UE anuncia una reforma, cuando estalla una crisis energética o cuando un país se retira de un acuerdo climático, el precio del CO₂ sufre una sacudida y al instante los mercados reaccionan.

  3. Las empresas más contaminantes son las más vulnerables. No sorprende que las compañías con grandes emisiones –petroleras, acereras, cementeras, eléctricas– sufran más. Para ellas, cada subida del CO₂ supone un aumento directo de costes. En nuestro análisis aparecen como “receptoras netas” de volatilidad: absorben más golpes de los que reparten.

  4. Las empresas de baja emisión tampoco se libran. Es curioso que compañías de sectores con pocas emisiones también sientan el impacto. ¿Por qué? Porque los mercados financieros reaccionan en bloque: los inversores interpretan las subidas del CO₂ como una señal de regulaciones más estrictas y esto afecta incluso a quienes no dependen directamente de combustibles fósiles. En algunos casos, estas empresas se comportan como transmisoras de volatilidad, arrastrando a otros valores.

  5. Los momentos clave dejan huella. En 2015, con el Acuerdo de París, se vieron picos de transmisión y el CO₂ se convirtió en referencia de la ambición climática.

Entre 2018 y 2020 –con la puesta en marcha de la reserva de estabilidad del mercado para intentar resolver los desequilibrios estructurales entre la oferta y la demanda, y la aparición de la pandemia–, la volatilidad se disparó y alcanzó tanto a empresas muy contaminantes como a las menos expuestas. Además, la reforma del sistema dentro del Objetivo 55 para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea, reforzó la ambición climática de la UE.

En 2022, la guerra de Ucrania provocó un desplome temporal de los precios del CO₂, pero después el mercado se recuperó y volvió a presionar a los sectores intensivos en energía.

¿Por qué debe importar a las empresas?

El mensaje es claro: el CO₂ ya no es solo un tema ambiental, sino un riesgo financiero de primera línea. Para una cementera o una eléctrica, los permisos de emisión son un coste que puede dispararse de un día para otro. Esto obliga a integrar el “riesgo carbono” en la estrategia: mejorar la eficiencia energética, invertir en tecnologías limpias o diseñar planes de cobertura financiera que amortigüen la volatilidad.

Para las empresas de baja emisión, como farmacéuticas o de servicios, la lección es distinta: aunque sus procesos no dependan del carbón o el petróleo, tampoco pueden ignorar el mercado de carbono. La reacción de los inversores ante subidas del CO₂ puede afectar a su valoración y a la percepción de su sostenibilidad.

¿Por qué debe importar a los inversores?

Cada vez más, los mercados leen el precio del CO₂ como una señal de futuro. Si sube, interpretan que habrá regulaciones más duras y costes mayores para ciertas industrias. Si baja, anticipan relajación o menor ambición climática. Esto influye en las decisiones de inversión, en las estrategias ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) y en la gestión de riesgos de fondos y carteras.

En la práctica, el CO₂ se ha convertido en un barómetro financiero que condiciona dónde fluye el capital: hacia empresas que muestran resiliencia y adaptación, lejos de aquellas que parecen vulnerables.

¿Por qué debe importar a los ciudadanos?

Aunque parezca lejano, todo esto nos afecta en la vida diaria. El precio del CO₂ influye en la factura de la luz, en el coste del transporte y en el precio del cemento con el que se construyen casas y carreteras.

Cuando una crisis dispara la volatilidad del CO₂, esa inestabilidad se transmite a la economía real. En 2018, por ejemplo, el alza del CO₂ fue uno de los factores que encareció el precio mayorista de la electricidad en varios países europeos, con impacto directo en la factura de los hogares.

CO₂, un actor financiero de primer orden

El mercado europeo de carbono nació como una herramienta para reducir emisiones al menor coste posible. Hoy, veinte años después, se ha convertido también en un actor financiero de primer orden: su volatilidad afecta al valor de las empresas, a las decisiones de inversión y, en última instancia, a la economía de todos.

Estos efectos son cada vez más intensos y, sobre todo, inmediatos. Además, si las empresas no se anticipan al riesgo climático, pueden ver comprometida su competitividad y su empleo. Por eso, comprender el papel del CO₂ no puede ser un asunto reservado a reguladores o especialistas en sostenibilidad: también importa a directivos, inversores y ciudadanos.

En el camino hacia una economía descarbonizada, el precio del carbono será tanto una señal de política climática como un indicador financiero clave. Y anticiparse a sus sacudidas puede marcar la diferencia entre perder competitividad o aprovechar la transición verde como una oportunidad.

The Conversation

Gabriel Lozano Reina recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

Diego Rodríguez-Linares Rey recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

J. Samuel Baixauli recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

Susana Alvarez Diez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

ref. El mercado del CO₂ ayuda a reducir emisiones pero también afecta al valor de las empresas – https://theconversation.com/el-mercado-del-co-ayuda-a-reducir-emisiones-pero-tambien-afecta-al-valor-de-las-empresas-264845

Más inteligentes pero también más vulnerables a los trastornos mentales: el precio de la evolución

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adriana Castro Zavala, Neurocientífica, Universidad de Málaga

Burdun Iliya/Shutterstock

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) se caracteriza por la distracción, la impulsividad o la dificultad para concentrarse. Sin embargo, algunos científicos creen que lo que actualmente entendemos como “trastorno” pudo haber sido una ventaja adaptativa para la supervivencia humana en el pasado.

Por ejemplo, rasgos asociados al TDAH como curiosidad, búsqueda de novedad y energía elevada, si lo pensamos bien, son cualidades que podrían mejorar la caza y la recolección. Es decir, lo que hoy genera dificultades en una oficina o aula, pudo haber sido una herramienta de supervivencia esencial hace miles de años.

Esto plantea una pregunta, ¿y si ciertos trastornos mentales fueran residuos evolutivos de rasgos que nos ayudaron a evolucionar? Pues es precisamente a lo que apuntan las conclusiones de un reciente estudio que ha escrutado minuciosamente el rastro genético de nuestros ancestros.

En busca de “fósiles invisibles”

La paleontología nos enseña que a medida que el cráneo crecía y se transformaba, también lo hacía el cerebro que contenía. Por ejemplo, Homo erectus, que vivió hace entre unos 2 millones y 120 000 años, tenía un cerebro de unos 900 cm³, mientras que Homo sapiens contaba con uno de 1.350 cm³. Pero esos números solo nos dicen cuándo creció el cerebro, no cómo empezó a pensar, sentir o imaginar.

Exposición de cráneos de distintas especies del género _Homo_ en el Museo de Historia Natural de Londres.
Exposición de cráneos de distintas especies del género Homo en el Museo de Historia Natural de Londres.
IR Stone/Shutterstock

Por esta razón, el foco de los científicos se ha desplazado de los huesos a las moléculas, y concretamente al genoma. El ADN puede entenderse como un archivo biológico que guarda las instrucciones para construir y mantener nuestro cuerpo, pero también funciona como una biblioteca de “fósiles invisibles”. Cada mutación es un registro del pasado, una pista sobre cómo la selección natural moldeó el cerebro, el cuerpo y la conducta.

Una de las herramientas más poderosas para descifrar esas huellas son los estudios de asociación del genoma completo, conocidos como GWAS (Genome-Wide Association Studies). Dichos análisis comparan el ADN de miles o millones de personas para identificar pequeñas variaciones, llamadas polimorfismos de un solo nucleótido o SNP.

Gracias a un GWAS podemos saber qué variantes genéticas están relacionadas con una mayor área de corteza prefrontal, con la memoria, con la inteligencia fluida o incluso con la probabilidad de desarrollar un trastorno mental.

Dos oleadas de evolución

Esa fue precisamente la técnica que aplicó un grupo de investigación para desvelar las variantes genéticas relacionadas con el cerebro humano: su anatomía, sus habilidades cognitivas y, algo menos esperado, su vulnerabilidad psiquiátrica. El estudio, publicado recientemente en la revista Cerebral Cortex, analizó el ADN de más de 200 000 generaciones humanas, en un lapso temporal que abarca desde hace más de cinco millones de años hasta apenas unas décadas.

Con este enfoque lograron crear una línea temporal de la evolución genética y descubrir no solo cuándo aparecieron los genes que moldearon el cerebro moderno, sino también los que aumentaron nuestra propensión a la creatividad o al sufrimiento mental.

Así detectaron dos grandes oleadas de evolución. La primera, entre tres millones y 300 000 años atrás, coincidió con la diversificación de los primeros Homo, como Homo habilis y Homo erectus, especies que fabricaban herramientas, dominaban el fuego y mostraban un aumento progresivo del cerebro.

La segunda ocurrió entre 300 000 y 2 000 años atrás, con un punto culminante hace unos 55 000 años, cuando Homo sapiens se expandió fuera de África. Esta etapa estaba relacionada con cambios más acelerados en el cerebro, la cognición y el comportamiento, ya que muchas de las habilidades o conductas que definen a nuestra especie como el lenguaje, la planificación o la imaginación, surgieron en esa etapa de transformación. Es decir, bastante tarde en nuestra historia como seres humanos.

Durante esa segunda oleada, el cerebro humano se reorganizó. La corteza cerebral, la capa externa relacionada con el pensamiento abstracto, la memoria y el lenguaje, se expandió, sobre todo en regiones como el área de Broca, involucrada en el lenguaje y la cognición simbólica.

Los genes más jóvenes, surgidos hace entre 50 000 y 5 000 años, se expresan con más fuerza en esas zonas y muestran mayor actividad durante el desarrollo prenatal, cuando el cerebro empieza a formar sus circuitos básicos.

El precio de una mente compleja

Sin embargo, las mismas variantes genéticas que potenciaron nuestra inteligencia, creatividad y empatía parecen haber traído consigo una mayor vulnerabilidad a los trastornos mentales.

Según el estudio de Cerebral Cortex, dichas variantes se asocian a depresión, ansiedad y TDAH y son, en promedio, mucho más jóvenes que las relacionadas con la inteligencia o el tamaño del cerebro. Además, se concentran precisamente en las áreas vinculadas al lenguaje, la imaginación y la empatía. Los investigadores proponen que, a medida que el cerebro se volvió más complejo y flexible, también aumentó su susceptibilidad a la desregulación emocional. La evolución, en cierto modo, habría intercambiado estabilidad por creatividad.

El origen del TDAH

Algo similar sugieren otros trabajos. Uno de los genes más estudiados en relación con el TDAH es el DRD4, que codifica un receptor del neurotransmisor dopamina vinculado a la atención y la búsqueda de recompensas. Su variante 7R, asociada a rasgos como la impulsividad y la búsqueda de novedad, se ha relacionado con una mayor probabilidad de TDAH en entornos modernos. Sin embargo, investigaciones con poblaciones nómadas, como los ariaal de Kenia, muestran que los hombres portadores de 7R tenían mejor estado nutricional que los no portadores, mientras que ocurría lo contrario en los grupos asentados.

En otras palabras, los rasgos que hoy consideramos problemáticos pudieron ser subproductos adaptativos de una mente en expansión. Por ejemplo, la ansiedad ayudaba a anticipar peligros, la impulsividad a explorar nuevos territorios y la hipersensibilidad emocional a fortalecer los vínculos sociales.

Así, los mismos genes que nos dieron una mente flexible y adaptable, y que alguna vez garantizaron nuestra supervivencia, son también los que podrían influir en nuestra fragilidad emocional.

The Conversation

Adriana Castro Zavala no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más inteligentes pero también más vulnerables a los trastornos mentales: el precio de la evolución – https://theconversation.com/mas-inteligentes-pero-tambien-mas-vulnerables-a-los-trastornos-mentales-el-precio-de-la-evolucion-268401

La señal más nítida de la fusión de dos agujeros negros: LIGO confirma una predicción de Stephen Hawking

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar del Barco Novillo, Profesor asociado. Departamento de Física (área de Óptica)., Universidad de Murcia

Recreación artística de la colisión de dos agujeros negros y la intensa emisión de ondas gravitacionales asociadas a su inminente fusión. Créditos: LIGO Caltech, Maggie Chiang for Simons Foundation. CC BY

El 14 de enero de 2025, los instrumentos del observatorio de ondas gravitacionales LIGO, en Estados Unidos, detectaron una nítida señal asociada a uno de los eventos más violentos del universo: dos agujeros negros situados a unos 1 300 millones de años luz habían colisionado, dejando un rastro inequívoco de su posterior fusión.

Denominada GW250114 (en referencia a la fecha de su observación), esta señal de ondas gravitacionales ha permitido conocer con mayor precisión las masas y velocidades de rotación de los agujeros negros iniciales y el resultante de su fusión. Además, se ha logrado confirmar una de las más importantes predicciones de Stephen Hawking sobre el área de los agujeros negros. Es, hasta el momento, la señal más nítida de la fusión de dos colosos cósmicos.

Los resultados del sensacional hallazgo han sido publicados en la revista Physical Review Letters, en cuya redacción han participado más de 1 700 autores pertenecientes a 318 centros de investigación y universidades de todo el mundo.

Pero ¿qué señal se ha detectado? ¿Qué son las ondas gravitacionales y cómo se originan estas perturbaciones en el cosmos?

Oscilaciones inferiores al tamaño de un átomo

Cuando un astro masivo –como los agujeros negros que se han detectado– presenta un movimiento de aceleración, se generan unas perturbaciones características que viajan por el universo a la velocidad de la luz, comprimiendo y estirando el espacio a su paso. El efecto sería similar al de arrojar una piedra a un estanque, donde las ondas se propagan desde el punto de impacto hacia el exterior.

Estas ondas gravitacionales son consecuencia natural de la teoría de la relatividad general, aunque el mismo Einstein no creía que fuera factible detectarlas debido a la extrema debilidad de estas ondulaciones.

Incluso en eventos cósmicos tan violentos como la colisión de dos agujeros negros o estrellas de neutrones, la amplitud de las perturbaciones que alcanzarían la Tierra sería mil veces menor que el tamaño de un protón.

Recreación artística de la producción de ondas gravitacionales al colisionar dos estrellas de neutrones. Créditos: NASA, R. Hurt/Caltech-JPL.
CC BY

Habría que esperar 100 años desde la predicción de Einstein para descubrir estos nuevos mensajeros en el cosmos, abriendo una nueva era en la observación del universo.

Interferometría óptica por láser

No era tarea fácil el hallazgo de estas ínfimas perturbaciones del espacio-tiempo, ya que los investigadores necesitaban instrumentos capaces de detectar oscilaciones del tamaño del attómetro o de una trillonésima parte del metro.

¿Y cómo se consiguió semejante hazaña tecnológica, tan impensable en los años posteriores al desarrollo de la teoría de la relatividad general?

La respuesta está en la interferometría óptica por láser, una técnica de medición ultraprecisa consistente en hacer superponer dos o más haces de luz para crear un patrón típico de máximos y mínimos. El análisis detallado de este patrón interferencial permite determinar tamaños inferiores al de un átomo.

Patrón anular resultante de las interferencias entre dos haces luminosos. Un cambio en esta configuración de máximos y mínimos permitirá a los investigadores conocer si una onda gravitacional ha estirado y/o comprimido el espacio por el que viaja cada haz láser. Elaborado por el autor.
CC BY

El fundamento teórico de la interferencia óptica es fácil de entender. Cuando las crestas de las ondas de un haz luminoso coinciden perfectamente con los valles del otro haz, se produce una interferencia destructiva total o mínimo. Por el contrario, cuando las crestas de un haz coinciden perfectamente con las del otro, se produce una interferencia constructiva total o máximo.

Interferencias constructivas o máximos (izquierda) y destructivas o mínimos (derecha) como resultado de las interferencias entre dos ondas. Crédito: Caltech-JPL.
CC BY

A medida que las ondas se desplazan la una sobre la otra se genera un amplio abanico de interferencias, lo que se traduce en diferentes intensidades o brillos en el patrón interferencial, desde los mínimos destructivos hasta los máximos constructivos.

Detectores de ondas gravitacionales

En base a este principio básico interferencial operan los detectores de ondas gravitacionales del mundo, entre los que destacan LIGO en Estados Unidos (con dos instrumentos idénticos separados unos 3 000 kilómetros), VIRGO en Italia y KAGRA en Japón. Estos tres observatorios trabajan de forma conjunta (el consorcio LVK) y ha logrado identificar hasta la fecha unas 300 fusiones de agujeros negros.

Están construidos siguiendo el diseño de un interferómetro de Michelson, donde cada haz láser recorre una determinada distancia o brazo antes de interferir y producir el correspondiente patrón de máximos y mínimos. En el caso de LIGO, cada brazo tiene una longitud de unos 4 kilómetros.

Ilustración esquemática del detector de ondas gravitacionales LIGO basado en un interferómetro de Michelson. Cuando un haz láser (1) incide sobre un espejo orientado a 45º (2), éste se divide en otros dos haces, cada uno de los cuáles recorre un camino o brazo de longitud diferente. Una vez que cada haz es reflejado en su último espejo (3), regresan al espejo orientado (2), interfieren y generan el patrón interferencial de máximos y mínimos en el fotodetector (4). Créditos: Caltech/MIT/LIGO Lab.
CC BY

Cuando una onda gravitacional incide desde la parte superior del interferómetro, los brazos del dispositivo se estiran y contraen a su paso, produciendo variaciones del patrón interferencial de máximos y mínimos. Estas ínfimas perturbaciones permiten el estudio de las señales de ondas gravitacionales, así como de los eventos cósmicos que las originan.

GW250114, la señal más potente

Diez años después de la detección de la primera señal de ondas gravitacionales GW150914, la instrumentación mejorada de LIGO (incluyendo avances en ingeniería cuántica de precisión) ha permitido aumentar la sensibilidad del interferómetro, reduciendo considerablemente el ruido de la señal.

En este sentido, la relación señal-ruido (o SNR por su siglas en inglés) de GW250114 es hasta tres veces mayor que la de GW150914, constituyendo la señal de onda gravitacional más potente detectada hasta la fecha.

Reducción del ruido de las señales de ondas gravitacionales en LIGO desde la primera detectada (GW150914, arriba) hasta la actual (GW250114, abajo). En ambos gráficos, la curva violeta representa los datos registrados por el dispositivo (combinando la señal de ondas gravitacionales y el ruido del detector), mientras que la curva verde muestra el mejor ajuste compatible con las predicciones de la relatividad general. Créditos: LIGO/J. Tissino (GSSI)/R. Hurt (Caltech-IPAC).
CC BY

¿Y qué información portaba esa nítida GW250114?

Como apuntábamos al principio, un análisis exhaustivo de la señal ha determinado que dos agujeros negros de entre 30 y 40 masas solares colisionaron a unos 1 300 millones de años luz de la Tierra. Este estudio previo a la fusión es de menor dificultad, ya que a medida que giran en espiral, los agujeros negros progenitores van perturbando el espacio-tiempo y generando ondas gravitacionales.

La verdadera dificultad radica una vez que se ha producido la fusión, pues la señal no es tan clara. Durante esta nueva fase, conocida como fase de relajación, el agujero negro resultante vibra como una campana golpeada, generando distintos modos de ondas gravitacionales.

En particular, los investigadores lograron identificar con seguridad dos modos de vibración, permitiendo calcular la velocidad de rotación y la masa del agujero negro final, la cual resultó ser de unas 63 masas solares.

Animación de una fusión de dos agujeros negros consistente con el evento de ondas gravitacionales GW250114. La primera parte del vídeo muestra la espiral y fusión de ambos agujeros negros, así como la posterior fase de relajación y los dos modos de vibración identificados con seguridad. Créditos: H. Pfeiffer, A. Buonanno (Max Planck Institute for Gravitational Physics), K. Mitman (Cornell University).

El área de los agujeros negros nunca decrece

Una vez conocidas las masas y velocidades de rotación de los agujeros negros, los investigadores son capaces de calcular el área de estos fascinantes objetos cósmicos.

En el caso de la señal GW250114, los análisis posteriores determinaron que
los agujeros negros iniciales tenían una superficie total de 240 000 kilómetros cuadrados (aproximadamente el tamaño del Reino Unido), mientras que la superficie del agujero negro resultante resultó ser de unos 400 000 kilómetros cuadrados (casi el tamaño de Suecia).

Estos resultados son compatibles con el denominado “teorema del área del agujero negro”, una idea propuesta por Stephen Hawking en 1971 que
afirma que la superficie total de los agujeros negros no puede disminuir.
Cuando los agujeros negros se fusionan, sus masas se combinan, aumentando su superficie.

Cuando dos agujeros negros se fusionan, el área del agujero negro final es mayor que la suma de las áreas de los agujeros negros progenitores. Créditos: Caltech/MIT/LIGO Lab., Lucy Reading-Ikkanda/Simons Foundation.
CC BY

En 2021 se realizó una comprobación inicial empleando los datos de la primera señal GW150914, con un nivel de confianza del 95 %. Tras el análisis de la nueva señal GW250114, dicho nivel ha alcanzado el 99,999 %, lo cual implica que ahora estamos mucho más seguros de que Stephen Hawking estaba en lo cierto.

Lamentablemente, el físico británico falleció en 2018, años antes de que su teorema del área de los agujeros negros fuera confirmado experimentalmente.

Detectores de ondas gravitacionales en el espacio

En un futuro próximo, la detección de ondas gravitacionales de baja frecuencia (inaccesibles para los interferómetros terrestres como LIGO) será una prioridad en astrofísica, pues permitirá descubrir sistemas binarios ultracompactos en nuestra galaxia o fusiones de agujeros negros supermasivos en los centros galácticos.

Para ello, las agencias espaciales NASA y ESA están llevando a cabo un proyecto conjunto para construir un interferómetro en el espacio. Se llamará LISA (Laser Interferometer Space Antenna) y constará de tres naves espaciales, orbitando a cinco millones de kilómetros entre sí y formando un triángulo equilátero.

LISA utilizará un interferómetro láser, similar en principio a los detectores terrestres como LIGO, pero con brazos mucho mas largos para lograr la sensibilidad necesaria que permita detectar las ondas gravitacionales de baja frecuencia.

Recreación artística del proyecto LISA, un gigantesco interferómetro en el espacio formado por tres naves espaciales separadas millones de kilómetros entre sí. Su sensibilidad será de tal magnitud que logrará identificar fusiones de agujeros negros supermasivos. Crédito: NASA.
CC BY

El 14 de septiembre de 2015 se abrió una nueva ventana a la observación del cosmos, y no cabe duda de que su futuro es muy prometedor.

The Conversation

Óscar del Barco Novillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La señal más nítida de la fusión de dos agujeros negros: LIGO confirma una predicción de Stephen Hawking – https://theconversation.com/la-senal-mas-nitida-de-la-fusion-de-dos-agujeros-negros-ligo-confirma-una-prediccion-de-stephen-hawking-268373

La rebeldía narrativa de Manuel Puig en ‘El beso de la mujer araña’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Martínez Català, Investigador en formación (personal PDI), Universitat de Lleida

Jennifer López en una escena de la última versión de _El beso de la mujer araña_. Roadside Attractions

Se ha estrenado en Estados Unidos y en algunos países de Hispanoamérica la nueva adaptación cinematográfica de la cuarta novela del escritor argentino Manuel Puig: El beso de la mujer araña (1976). Traducida a más de veinte idiomas, ha suscitado múltiples interpretaciones y revisiones artísticas.

Tan solo tres años después de su publicación, el director teatral italiano Marco Mattolini la llevó a los escenarios de su país y al año siguiente se representó la versión española, adaptada por el propio Puig y dirigida por José Luis García Sánchez. Pero fue sobre todo la repercusión de la propuesta de Mattolini –fervorosamente aplaudida por parte de críticos y espectadores– la que despertó en cine el interés por esta novela.

La primera (y, hasta hace unos meses, única) película inspirada en El beso de la mujer araña, dirigida por Héctor Babenco, llegó a las salas de cine en 1985, nueve años más tarde de la aparición del formato narrativo original. A estas relecturas les sucedió un musical (en el que se inspira el último filme), estrenado en 1992 en el West End de Londres y en 1993 en Broadway, así como otras versiones independientes.

Rompedora en forma y fondo

Esta afluencia de aproximaciones a la novela tiene su origen en el hecho de que en el momento de su publicación fue considerada revolucionaria. Y es que ya su confección formal es rompedora.

El beso de la mujer araña fue concebida casi en su totalidad mediante el empleo de diálogos directos entre los protagonistas de la obra: Luis Alberto Molina (un homosexual de 36 años condenado por corrupción de menores) y Valentín Arregui (un preso político de 26 años que cumple condena por su pertenencia a un grupo marxista). Ambos personajes conversan para matar el tiempo en la celda que comparten en una penitenciaría de Buenos Aires en el año 1975.

La década de 1970 en Argentina estuvo marcada por cambios políticos intensos, pues a mediados de la misma se instauró en el país la dictadura militar. Que los protagonistas fueran un homosexual y a un marxista convencido no podía menos que despertar, como ya había ocurrido con la anterior novela de Puig –The Buenos Aires Affair– la ira de los censores. Fueron especialmente sancionadas las afirmaciones de Molina, quien no solo abrazaba su exacerbada sensibilidad y su atracción por otros hombres, sino que no escondía su identidad femenina.

En apoyo al personaje, Puig incluyó nueve notas a pie de página, como si la novela se tratara en algunos puntos de un ensayo. Dichas notas, que pueden ser leídas u obviadas sin que ello afecte a la acción, son paráfrasis de discursos psicológicos reales que elucubran sobre el posible origen de la homosexualidad. La localización de estos datos no fue inocente, tal como declaró el autor en varias entrevistas:

“ese material científico pensaba filtrarlo en el texto de ficción, pero vi que era imposible. Luego pensé que toda esa información nos había sido violentamente escamoteada […]. Así que introduje todo ese material tal como nos había sido escamoteado, violentamente”.

En la última nota, y tras la máscara de la ficticia doctora A. Taube, se esconde la voz de Manuel Puig. Este perseguía, según varios investigadores de la obra, bien educar a un lector ignorante en cuanto a la homosexualidad, bien deslegitimar a aquellos que, como en el caso de ciertos sectores políticos argentinos de la época, expresaban opiniones negativas preconcebidas sobre la misma. Gracias a esas notas, pero especialmente a la última, el lector puede llegar a conocer también el punto de vista del autor.

Imagen de unas páginas de _El beso de la mujer araña_ en las que se pueden ver las amplias notas al pie.
Imagen de unas páginas de El beso de la mujer araña en las que se pueden ver las amplias notas al pie.
L.M.C.

Es precisamente la ignorancia la que posibilita la aparición de la primera nota, justo después de que Valentín le confiese a su compañero de celda: “yo de gente de tus inclinaciones sé muy poco”. El diálogo a tres entre Valentín, Molina y las notas desaparece cuando se produce un acercamiento real entre los dos personajes. A partir de entonces, ya no son necesarias.

La magia del séptimo arte

Para que los protagonistas pudieran entablar una relación sincera, Puig necesitaba un canal que los uniera, pues eran demasiado distintos entre sí. Este canal no fue otro que el cine.

Cartel de una película clásica con una mujer caminando.
Cartel de la versión cinematográfica de El beso de la mujer araña de 1985.
FilmAffinity

A las ocho de la tarde se apagan las luces de la penitenciaría y se hace la oscuridad. El gran amante del cine que es Molina comienza, como todos los días, a contarle una película a Valentín. Son estas narraciones las que hacen que emerjan los temas más trascendentes de la obra. Molina habla de su madre, quien le ama sin condiciones a pesar de ser un “amoral”, según reza su informe policial; y del mesero de quien está enamorado, así como de su convicción sobre la posición inferior de la mujer respecto al hombre. Valentín exterioriza el sufrimiento que le causa cumplir con el desapego emocional que le exige la lucha política, así como la añoranza de una mujer que no es su novia y que, además, es de clase alta. También aborda temas como la represión sexual, las torturas policiales y las misiones que ha llevado a cabo con su grupo marxista. Pero, sobre todo, cuestiona a Molina, a quien trata de inculcar que ni mujeres ni hombres homosexuales deben “dejarse basurear”.

Y ambos discuten sobre temas tan controvertidos como la política (Molina opina, por ejemplo, que “todos los políticos son iguales”, mientras que Valentín afirma que “los maquis fueron verdaderos héroes”), la religión (Valentín la niega, pero termina deseando que exista Dios), el sexo (heterosexual y homosexual), etc. Las películas, por tanto, trascienden la celda y les empujan a evolucionar juntos. En palabras del preso político: “Sí, fuera de la celda están nuestros opresores, pero adentro no. Aquí nadie oprime a nadie”.

Este espacio, que es símbolo de falta de libertad, se proyecta sobre los personajes: no solo están presos físicamente, sino que también lo estaban internamente. En este rincón de una inhumana penitenciaría de la que no pueden salir se sienten, por primera vez, realmente libres. Los veintidós días que han compartido les han otorgado, a cada uno de manera distinta, un sentimiento cercano a la felicidad. La violencia real y simbólica que castigaba a Valentín y Molina (y, por extensión, a la sociedad) por no ceñirse a un orden establecido, que les constreñía dentro y fuera de los muros de la cárcel, no puede derrocar la dignidad que Manuel Puig les confiere. Al final, ganan ellos.

Una novela como esta, que quiebra esquemas, desafía discursos intransigentes y nos sacude el alma tan suave como dolorosamente, ¿cómo podría dejar de ser revisitada?

The Conversation

Laura Martínez Català recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación como beneficiaria de una beca predoctoral sujeta a un proyecto de investigación

ref. La rebeldía narrativa de Manuel Puig en ‘El beso de la mujer araña’ – https://theconversation.com/la-rebeldia-narrativa-de-manuel-puig-en-el-beso-de-la-mujer-arana-266514

From nerve-racking to welcome: How mindfulness helps people engage with feedback to improve

Source: The Conversation – Canada – By Erin Isings, Assistant Professor, Faculty of Information & Media Studies, Western University

Imagine you’re awaiting important feedback. For professionals, this could be a performance appraisal from your boss. For students, it could be written comments and a grade on an important paper.

For many people, this waiting period involves dread, anxiety, stress and other negative emotions. And once the much-anticipated feedback arrives, its reception may be clouded in emotions that result in a disengagement with the feedback process: shock, rejection or confusion. It’s an emotional blow that can really affect the feedback recipient’s well-being and sense of self.

Although feedback can sometimes feel painful, it might be the best gift to help our learning and growth.

Receiving feedback helps us to gain an accurate awareness of our actual performance in relation to the expected or needed outcome — whether that’s on the job or in school.

Feedback helps us understand how to close that gap between where we are versus where we need to be and improve our skills. Without the guidance that comes from feedback, we’re fumbling in the dark.

Feedback literacy

With proper feedback, we can clearly see our strengths and our opportunities for learning. Yet feedback literacy — the process of engaging with feedback and using it to improve — is a skill that is rarely taught in school.

Feedback literacy typically involves four phases:

  1. Accepting feedback: Having an open mind and recognizing that feedback is valuable and we can grow from it.

  2. Reflecting upon feedback: Considering how the feedback shows gaps in performance and can act as guidance to bring us closer to the desired outcome.

  3. Engaging with the feedback: Making sense of the feedback, including asking clarifying questions. It’s at this phase that emotional reactions can derail the feedback literacy process.

  4. Applying feedback: Using feedback to make changes to subsequent performance.

Benefits for lower stress

As university educators who teach students in communications, dentistry and undergraduate medical sciences, our previous research on feedback literacy showed that students who have higher levels of feedback literacy also have higher levels of mindfulness and lower levels of overall stress.

From this, we wanted to look at whether students would benefit from learning more feedback literacy skills — and at the same time, have their well-being and emotions supported through mindfulness.

We developed a program to teach students how to become more literate with feedback, while managing their stress responses to that feedback.

Teaching feedback literacy

To support managing feedback-induced stress, we thought that perhaps mindfulness, or focusing on the present moment without judgment, would help minimize the negative emotions around receiving feedback. Without being distracted by the emotion, students could focus on the feedback and improve their learning.

Working with a multidisciplinary team, we designed a “co-curricular course” — an online module that could be completed by students in different disciplines to support core curriculum. This entails six 30-minute lessons that apply mindfulness to feedback literacy, made available through Western University’s online learning management system.

We then met with students who went through the lessons to ask them about their experiences. While we had hoped to hear that they were able to see past the negative emotions when receiving feedback, and develop an appreciation for it, we found some unexpected results.

Students reframing their outlook on feedback

Beyond students no longer focusing on the negative emotions around feedback, they went as far to report that skills from the course helped them reframe their views on the whole feedback process.

Instead of feedback being a painful and nerve-racking experience, students reported that they began to welcome and seek out feedback. One student reported looking forward to receiving it and asking her supervisor at a clinical placement to give her as much feedback as possible.

Another student who had previously avoided speaking to professors out of fear of being seen as a “problem student” began to ask for clarification to decode assignment feedback. Students reported they began to eagerly ask questions to deepen their understanding of the feedback they received and consequently improve their learning.

Another focus group participant, a dental student, reported using the mindfulness techniques to help her stay calm while performing a dental procedure on a patient, recognizing that she needed to stay focused to avoid upsetting the patient and to complete the tooth procedure.

How students used mindfulness

A further surprise was that students reported applying the mindfulness techniques to minimize stress and increase their well-being in scenarios such as:

  • Navigating transitions (from post-secondary school to their first professional job)

  • Using mindful eating practices to notice what foods they’re consuming

  • Slowing down to enjoy a morning cup of tea

  • Realizing that post-secondary years are the “best years” and the need to enjoy the time

  • Managing emotions such as anxiety when returning to their hometown

  • Using mindfulness to notice their physical surroundings (houses and stores on their street)

Overall, focus group participants reported increased well-being due to stronger coping mechanisms for stress in academic work and in other life aspects.

This research contributes to understanding short- and potentially longer-term benefits of learning about feedback literacy or mindfulness as a complementary part of academic study or professional training.

Feedback literacy tips

Whether you’re walking into a performance appraisal, or your child is anticipating a grade return, here are some things to remember:

Feedback is not a personal attack. It’s a gift to help improve your performance.

Accept each feedback moment as an opportunity for personal growth.

If feedback is disappointing, try to put the emotions aside to see where there is actionable guidance.

Seek feedback whenever possible. The more you ask for — and receive — feedback in everyday situations, the easier it is to welcome it.

Take time to celebrate the wins. Reflect on what worked for you and how you can build on that momentum.

The Conversation

Erin Isings receives funding from SSHRC.

Cecilia S. Dong receives funding from SSHRC.

Christine Bell receives funding from SSHRC.

ref. From nerve-racking to welcome: How mindfulness helps people engage with feedback to improve – https://theconversation.com/from-nerve-racking-to-welcome-how-mindfulness-helps-people-engage-with-feedback-to-improve-261826

The problem with ‘mega-COPs’: can a 50,000-person conference still tackle climate change?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Dr Hayley Walker, Assistant Professor of International Negotiation, IÉSEG School of Management

Governments from around the world will soon descend upon Belém, Brazil for the 30th Conference of the Parties (COP30) to the United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC), and with them, many actors from industry and business, civil society, research institutions, youth organisations and Indigenous Peoples’ groups, to name but a few. Since the adoption of the Paris agreement on climate change in 2015, COP participation numbers have ballooned. COP28 in Dubai was attended by 83,884 participants – a record – and while numbers fell to 54,148 at COP29 in Baku last year, they remained well above those at COP21 in Paris.

These events, which have been described as “mega-COPs”, have come under criticism for the enormous carbon footprint they generate. Research I conducted with Lisanne Groen of Open Universiteit on the participation of non-state actors identifies two further problems. First, the quantity of participants is undermining the quality of participation, as large numbers of non-state actors have to compete for a limited number of meeting rooms, side event slots, opportunities to speak publicly, and chances to engage in dialogue with decision makers. Second, the “mega-COP” trend is driving a widening gap between these actors’ expectations of participation and the realities of the process.

A fair way to downsize

When it comes to the first problem, the obvious solution is to downsize the COPs, but this is not so easy in practice. The decision to hold COP30 in the Amazonian city of Belém – difficult to access and with only 18,000 hotel beds – was thought to be an attempt to move beyond “peak COP”. With tens of thousands of people predicted to attend, some participants appear undeterred by the remote location, but the limited supply of beds has caused prices to surge, raising concerns about costs and their potential effect on the “legitimacy and quality of negotiations”, as reported by Reuters.

As the COPs have grown in size, they have generated more and more political and media attention, so that they are now seen as “the place to be”. This creates pressure on nongovernmental organisations and other non-state actors to attend. Just as the gravitational force of large bodies of mass attracts other objects to them, the mass of “mega-COPs” attracts increasing numbers of participants, in a self-reinforcing cycle that is difficult to break.

The fairest way to downsize the COPs, we argue, is by shining a spotlight on the little-known “overflow” category of participants. This category once allowed governments to add delegates to the events without their names appearing on participant lists, but these names have been publicly reported since the introduction of new transparency measures in 2023. At COP28, there were 23,740 “overflow” participants. These are not government negotiators, but often researchers or industry representatives who have close connections with governments.

COPs are intergovernmental processes: they are created by governments, for governments. Consequently, priority goes to government requests for access badges. Only once all government requests have been met can remaining badges be allocated to admitted non-state actors, which are known as “observers”. Overflow participants are therefore benefiting at the expense of these observer organisations. Pressuring governments to either limit or remove the overflow category could free up many more badges for observers while still reducing the overall number of COP participants in a more equitable manner.

An ‘expectation gap’

The second problem – the expectation gap – relates to a growing misconception of the role of non-state actors in the climate policy negotiation process. Sovereign states are the only actors with the legitimacy to negotiate and adopt international law. The role of non-state actors is to inform and advocate, not to negotiate. Yet, recent years have seen increasing calls among certain groups of non-state actors for “a seat at the table” and the expectation that they will be able to participate on an equal footing with governments. This framing is reproduced online, including via social media, and inevitably leads to frustration and disappointment when they are confronted with the realities of the intergovernmental negotiations.

We see these misaligned expectations particularly in non-state actors who are newcomers to the process. The “mega-COPs” attract more and more first-time participants, who may not have the resources, including know-how and contacts, to effectively reach policymakers. These participants’ growing disillusionment undermines the legitimacy of the COPs – a precious commodity at a geopolitical moment when they are facing challenges from the new US administration – but also risks wasting the valuable ideas and enthusiasm that the newcomers bring.

Focusing on implementation

We see two solutions. First, capacity-building initiatives can build awareness around the intergovernmental nature of the negotiations, and help new participants to engage effectively. One such initiative is the UNFCCC’s “Observer Handbook”. Many organisations and individuals produce their own resources to help first-time participants understand how the process works and how to get involved. Second, and more fundamentally, we need to channel the political, media and public attention away from the negotiations and toward the vital work of climate policy implementation.

COPs are much more than just negotiations – they are also a forum for bringing together the many actors that implement climate action on the ground to learn from each other and drive momentum. These activities, which take place in a dedicated zone of the COP called the “Action Agenda”, are of the utmost importance now that the negotiations on the Paris agreement have concluded and a new chapter focused on implementation begins. Whereas the role for non-state actors in the intergovernmental negotiations is rather limited, when it comes to implementation, their role is central. The actions of cities, regions, businesses, civil society groups and other NSAs can help bridge the gap between emissions-reduction targets in government pledges and the cuts that will be necessary to reach them.

The key issue, therefore, is to divert energy and attention toward the Action Agenda and policy implementation, to make them big enough to exert their own gravitational pull and set in motion positive, self-reinforcing dynamics for climate action. We are heartened to see the Brazilian presidency labelling COP30 as “the COP of implementation” and calling for “Mutirão”, a collective sense of engagement and on-the-ground action that does not require a physical presence in Belém. This addresses both problems with the “mega-COPs” and offers exciting encouragement to channel the groundswell of energy to where it is most needed.


A weekly e-mail in English featuring expertise from scholars and researchers. It provides an introduction to the diversity of research coming out of the continent and considers some of the key issues facing European countries. Get the newsletter!


The Conversation

Dr Hayley Walker ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. The problem with ‘mega-COPs’: can a 50,000-person conference still tackle climate change? – https://theconversation.com/the-problem-with-mega-cops-can-a-50-000-person-conference-still-tackle-climate-change-268944

The Conversation France obtient la certification Journalism Trust Initiative (JTI)

Source: The Conversation – in French – By Caroline Nourry, Directrice générale, The Conversation

The Conversation obtient la certification JTI Shutterstock

The Conversation France est fier d’annoncer sa certification Journalism Trust Initiative (JTI). Ce label reconnaît notre engagement pour un journalisme de confiance, indépendant, transparent et rigoureux.


Vous êtes, chaque mois, des millions de lecteurs à nous lire et à nous faire confiance pour vous éclairer sur les enjeux complexes de notre époque.
Dans un contexte où la désinformation se propage et où la confiance dans les médias est de plus en plus fragilisée, nous sommes particulièrement heureux de vous faire part de notre certification “Journalism Trust Initiative”.

Ce label international, créé par Reporters Sans Frontières, et élaboré par un comité de 130 experts des médias, de la régulation et des technologies, récompense les rédactions respectant les plus hauts standards d’éthique, d’indépendance et de transparence.

Pour obtenir cette certification, nos équipes ont mené un travail de fond : examiner et renforcer nos pratiques éditoriales, nos processus de vérification de l’information, notre gouvernance et notre transparence.

Cette démarche a permis de confirmer que notre journalisme est :

  • Indépendant, libre de toute influence publicitaire ou politique ;
  • Transparent, avec des partenariats et soutiens financiers rendus publics ;
  • Fiable, grâce à la rigueur scientifique de nos auteurs, au travail de nos journalistes, et à la supervision de notre comité éditorial.

Cette certification JTI n’est pas seulement un label : elle reflète notre engagement à fournir une information indépendante, rigoureuse, basée sur les faits et accessible à tous. Notre rapport de transparence est disponible ici.

Merci pour votre fidélité et votre soutien, qui permettent à ce travail en coulisses de prendre vie chaque jour. Grâce à vous, The Conversation peut continuer à nourrir le débat public et à mieux répondre aux enjeux démocratiques de fiabilité et d’indépendance de l’information.

The Conversation

ref. The Conversation France obtient la certification Journalism Trust Initiative (JTI) – https://theconversation.com/the-conversation-france-obtient-la-certification-journalism-trust-initiative-jti-267758

Le Tour de France à Singapour : quand la Grande Boucle fait étape dans la cité-État

Source: The Conversation – in French – By Paco Milhiet, Visiting fellow au sein de la Rajaratnam School of International Studies ( NTU-Singapour), chercheur associé à l’Institut catholique de Paris, Institut catholique de Paris (ICP)

Le Tour de France, course cycliste la plus prestigieuse au monde, est devenu un puissant instrument de soft power. L’instauration régulière à Singapour d’un critérium urbain labellisé « Tour de France » renforce la présence et l’attrait de l’épreuve en Asie du Sud-Est. Dans le sillage des bonnes relations franco-singapouriennes, la cité-État fait désormais partie intégrante de la route du Tour.


L’image a de quoi surprendre. Cœur historique de Singapour, Marina Bay est la vitrine de l’extraordinaire réussite de la cité-État depuis son indépendance il y a soixante ans : architectures futuristes, jardins suspendus, hôtels de luxe, casinos, circuit de Formule 1… C’est dans ce décor improbable que s’est déroulée, le samedi 1er novembre 2025, une étape de la Grande Boucle… ou presque. Pour la quatrième année consécutive, Singapour accueille une course estampillée « Tour de France », le temps d’un critérium urbain (60 kilomètres de course en ligne, effectuée en 25 tours d’un circuit de 2,4 km). Événement promotionnel par nature, à forte dimension marketing, il n’en demeure pas moins un rendez-vous d’intérêt pour les passionnés de vélo.

L’édition 2025 s’est déroulée dans des conditions compliquées sous une pluie diluvienne, ajoutant encore de la dramaturgie à une étape singapourienne qui attire chaque année des stars et fait vibrer les fans. Ainsi, en 2024, Marc Cavendish, recordman de victoires d’étapes sur le Tour (35 fois), avait choisi la cité-État pour mettre un terme à sa carrière – avec une dernière victoire au sprint. Cette année, malgré la présence de cadors comme le Slovène Primoz Roglic, ce sont encore les sprinteurs qui se sont disputé la victoire. Le podium, sous les yeux enthousiastes de Mark Cavendish, désormais ambassadeur du critérium, avait fière allure : on y retrouvait tout simplement les trois derniers vainqueurs du maillot vert (soit les meilleurs sprinteurs au classement par points) du Tour de France, à savoir l’Italien Jonathan Milan, l’Érythréen Biniam Girmay et le Belge Jasper Philipsen.

Épreuve sportive internationale majeure, le Tour de France revêt également une dimension géopolitique, mêlant prestige national et stratégies d’influence commerciale aux retombées économiques mutuelles. L’organisation sous sa bannière d’une course régulière à Singapour en constitue un exemple intéressant.

Le Tour, un outil de soft power français… et international

Créé en 1903, le Tour de France est une compétition cycliste masculine (jusqu’en 1984, ndlr) à étapes – 21, dans son format actuel, pour près de 3 500 kilomètres – qui parcourt chaque été la France, avec parfois des incursions dans les pays voisins. Souvent cité comme le troisième événement sportif mondial en termes d’audimat après les Jeux olympiques et la Coupe du monde de football, il attire près de 12 millions de spectateurs sur ses routes et des centaines de millions de téléspectateurs à travers le monde. Le Tour est le plus ancien et le plus prestigieux des Grands Tours de l’Union cycliste internationale (avec le Giro d’Italia et la Vuelta a España). Il est universellement reconnu comme le sommet du cyclisme professionnel.

Au fil du temps, le Tour est devenu bien plus qu’un simple événement sportif. Malgré les scandales de dopage récurrents, il continue de captiver le public international. En sillonnant les routes de France, il reflète l’évolution historique de la société européenne et valorise un patrimoine touristique exceptionnel.

Diffusé dans plus de 130 pays, le Tour de France s’est progressivement mué en instrument d’influence pour la France, mais aussi pour d’autres acteurs internationaux. Depuis 1954, date du premier grand départ à l’étranger (à Amsterdam), 25 éditions ont débuté hors de France : en Espagne, en Italie, en Belgique, en Angleterre, en Irlande, au Danemark, ou encore en Allemagne. Formidable publicité, la qualité des images et la mise en valeur du patrimoine local ont encouragé des villes à forte ambition touristique – Londres, Florence, Dublin, Berlin – à se porter candidates pour accueillir le départ. En 2026, c’est depuis Barcelone (Espagne) que le Tour s’élancera.

Cette internationalisation du Tour n’est pas seulement motivée par des considérations économiques : elle fait souvent écho aux grandes dates qui ont marqué l’histoire du continent européen et offre aux pays hôtes une occasion de projeter une image positive au reste du monde. Du soft power à la géopolitique, il n’y a parfois qu’un pas.

Une Grande Boucle géopolitique

Depuis ses origines, le Tour de France porte une forte dimension géopolitique. Le choix de ses parcours reflète souvent une intention diplomatique liée à des événements historiques. En 1919, le Tour s’arrête à Strasbourg pour célébrer le retour de l’Alsace-Lorraine dans le giron national. Durant la guerre froide, le Tour fait face à la concurrence de la Course de la paix, organisée dans les pays communistes d’Europe de l’Est, symbole de la division du continent. En 1964, le Tour traverse pour la première fois l’Allemagne, quelques mois après la réconciliation officielle entre Paris et Bonn. Dix ans plus tard, la Grande Boucle passe par le Royaume-Uni, nouvellement intégré à la Communauté économique européenne (CEE). En 1994, les coureurs empruntent le tunnel sous la Manche, inauguré quelques semaines plus tôt.

Si les équipes ne représentent plus des nations, mais des sponsors privés, certaines sont directement financées par des États : Israël Premier Tech, Astana (Kazakhstan), UAE Team Emirates ou Bahrain Victorious. De quoi faire du Tour un outil de rayonnement, mais aussi une cible de choix. Les grands sujets de relations internationales s’invitent parfois dans le peloton et perturbent la course.

Dernier exemple en date, lors de l’édition 2025, des actions récurrentes de militants propalestiniens qui ont perturbé la course. Quelques semaines plus tard, la dernière étape de la Vuelta 2025, sous la pression de manifestations propalestiniennes, sera tout bonnement arrêtée.

Cap sur l’Asie-Pacifique

Course cycliste la plus prestigieuse au monde, le Tour de France a largement dépassé le cadre européen et cherche désormais à conquérir des territoires encore inexplorés.

Bien implanté en Europe, en Amérique (des athlètes états-uniens et colombiens ont remporté la compétition) et en Afrique (un cycliste africain, Binam Girmay, a remporté une étape du Tour pour la première fois en 2024), le Tour s’ouvre à présent à l’Asie, une région encore peu représentée dans le peloton. Le succès du Tour a ainsi inspiré la création de répliques dans la région : Tour du Qatar, Tour des Émirats, Tour du Timor, Tour de Pékin, Tour Down Under (Australie), Tour de Langkawi (Malaisie)…

Depuis les années 2010, des « critériums » – courses en boucle sur circuit fermé – labellisés Tour de France sont organisés au Japon et dans plusieurs villes chinoises (Shanghai, Pékin, Changsha). En 2022, Singapour est devenu le premier pays d’Asie du Sud-Est à accueillir le Tour de France. Soutenu par le Singapore Tourism Board et plusieurs partenaires privés, l’événement réunit plusieurs des meilleurs cyclistes mondiaux lors de chaque édition. Renouvelé chaque année depuis son instauration, l’événement fait désormais partie de l’agenda des grandes compétitions sportives organisées dans la cité-État.

« Singapour : les stars du Tour de France en opération séduction », France 24, 4 novembre 2022.

Pour Singapour, accueillir le Tour de France s’inscrit dans une stratégie de rayonnement international fondée sur la valorisation de grands événements sportifs, à l’image du Grand Prix de Formule 1 ou de l’étape du Rugby Sevens. Pour le Tour, la cité-État constitue une porte d’entrée stratégique vers l’Asie du Sud-Est, avec l’ambition, à terme, de multiplier les compétitions satellites dans les pays voisins.

Un événement symbole des excellentes relations franco-singapouriennes

Enfin, cet événement est emblématique des bonnes relations entre Paris et Singapour et de la bonne image générale dont la France bénéficie dans la cité-État.

Alors que les deux pays célèbrent en 2025 le soixantième anniversaire de l’établissement de leurs relations diplomatiques, leur coopération s’affirme dans de nombreux domaines : politique, avec la visite d’Emmanuel Macron en tant qu’invité d’honneur du Shangri-La Dialogue 2025, en juin dernier – une première pour un chef d’État européen ; militaire, avec l’escale du porte-avions Charles de Gaulle en mars ; économique, avec près de 1 000 filiales d’entreprises françaises implantées ; mais aussi culturelle, gastronomique et, désormais, sportive avec l’organisation du Tour de France à Singapour.

Ce succès pourrait en inspirer d’autres. Le football, sport roi à Singapour, reste aujourd’hui largement dominé par les clubs de Premier League anglaise, notamment Manchester United. Le Paris Saint-Germain, dont la popularité a fortement augmenté après sa victoire en Ligue des champions, a déjà effectué une tournée à Singapour en 2018 et ouvert un bureau local. D’autres clubs français de renom, notamment ceux évoluant en Ligue des champions comme l’Olympique de Marseille, pourraient à leur tour suivre cet exemple.

The Conversation

Paco Milhiet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le Tour de France à Singapour : quand la Grande Boucle fait étape dans la cité-État – https://theconversation.com/le-tour-de-france-a-singapour-quand-la-grande-boucle-fait-etape-dans-la-cite-etat-268406

L’urbanisme pervers de la « reconstruction » de Gaza

Source: The Conversation – in French – By Marco Cremaschi, Professeur d’urbanisme, Centre d’études européennes et École urbaine, Sciences Po

Le plan de « requalification urbaine » de Gaza, rédigé par des consultants américains et cité dans la proposition d’« accord de paix » de Donald Trump, dessine un avenir inquiétant pour la ville. Loin d’être une exception, il révèle une logique déjà à l’œuvre dans de nombreuses métropoles contemporaines. Comme toujours, le diable se cache dans les détails : l’urbanisme devient le langage du pouvoir économique dont la victime collatérale est l’idée même de la ville.


Dès le premier mandat de Donald Trump, son gendre Jared Kushner avait noué des relations d’affaires avec d’importants entrepreneurs saoudiens et qataris. Ces derniers avaient financé – et probablement sauvé de la faillite – une de ses entreprises immobilières à Manhattan, et soutenu ensuite la société qu’il a fondée après avoir quitté l’administration de son beau-père.

Aujourd’hui, Kushner ne représente plus le gouvernement américain : il n’est qu’un homme d’affaires, qui se trouve être proche au président. Son rôle diplomatique, aux côtés de l’envoyé spécial des États-Unis au Moyen-Orient, l’investisseur immobilier Steve Witkoff, est purement officieux, et il n’a naturellement aucun compte à rendre sur les conflits d’intérêts liés à ses activités économiques. Ce chevauchement complet entre réseaux diplomatiques et réseaux d’affaires illustre un enchevêtrement politico-économique dont la logique est au cœur même du projet pour Gaza.

Kushner en avait déjà formulé la ligne directrice il y a longtemps : la côte de Gaza constitue une opportunité immobilière. Pourtant, ses habitants doivent être relogés, par exemple quelque part dans le désert du Néguev. Pour en discuter, Trump a réuni à la Maison Blanche Witkoff, Kushner et l’ancien premier ministre britannique Tony Blair à la fin du mois d’août 2025. Selon certains analystes, la Gaza Humanitarian Foundation – dirigée par Johnnie Moore, un évangélique allié de la Maison Blanche – a alors élaboré le plan, ensuite publié par le Washington Post. Présenté comme un exercice technique sophistiqué, le plan est également cité dans le texte de l’accord de paix proposé.

Composé de quelque quarante diapositives riches en chiffres mais pauvres en images, ce document cherche à démontrer la « faisabilité » de la reconstruction tout en ignorant la tragédie humaine des habitants de Gaza et en effaçant la dimension politique. Son seul horizon est la rentabilité financière d’un vaste projet calqué sur le modèle de Dubaï.

Gaza, une approche immobilière

Ce document mérite l’attention non pour sa valeur morale – inexistante – mais parce qu’il illustre la manière dont le capitalisme financier dicte désormais la grammaire même de la vie sociale. Le « projet de paix » de Trump remplace le pacifisme marchand de la mondialisation par une pax imperialis d’inspiration romaine : d’abord l’anéantissement, ensuite le profit. Ce modèle, qui rappelle les affaires immobilières de Kushner dans le Golfe, conçoit Gaza comme un site de requalification géopolitique et urbaine, et non comme un espace habité. D’où l’accent mis sur les infrastructures et le design urbain : un développement fondé sur des tableaux Excel, des rendements attendus et les clichés du marketing d’entreprise.

Gaza n’est plus envisagée comme une ville ou un territoire, mais comme un nœud logistique reliant Israël, l’Arabie saoudite et la Méditerranée – un corridor global hors taxes. Le plan laisse entendre que le rapprochement saoudo-israélien est plus solide qu’on ne le croit, du moins vu de Washington. Le pétrole et les terres rares venant d’Arabie et de l’océan Indien atteindraient la Méditerranée sans passer par le canal de Suez, garantis par une alliance stratégique bâtie sur le dos des Palestiniens.

L’absence la plus grave

Dans la brochure du projet de « Riviera », les habitants de Gaza apparaissent uniquement comme une catégorie résiduelle, perçue comme un obstacle démographique ou un pion iranien. Deux millions de résidents sont effacés de l’histoire et remplacés par un récit où les « méchants de l’histoire » sont trop mauvais pour mériter des droits. Et le Hamas n’est mentionné que comme une organisation criminelle, sans aucune considération politique.

Le plan suppose qu’un quart de la population émigrera – davantage encore si des incitations économiques sont offertes. L’arithmétique est glaçante : chaque départ est évalué à un « gain » de 23 000 dollars (un peu plus de 20 000 euros). L’indemnisation des biens repose sur leur valeur actuelle, quasi nulle, tandis que les logements neufs sont estimés aux prix de Tel-Aviv, inaccessibles pour la quasi-totalité des Gazaouis.

Dans les visualisations générées par l’intelligence artificielle, les habitants ont disparu, remplacés par des investisseurs en robes blanches et keffiehs, sortant de luxueuses voitures Tesla.

Une terre dévastée

Les Romains étaient plus sincères. Comme l’écrivait Tacite à propos de la conquête de la Bretagne :

« Ils font un désert et ils appellent cela la paix. »

La même logique prévaut ici – sans même feindre d’écouter les voix des concernés.

Après deux années de destruction systématique, la matérialité de Gaza – son histoire, sa topographie et même son cadastre – a été effacée ; sur 365 km2 entre désert et mer, sa densité est 50 % supérieure à celle de Tel-Aviv. Les dégâts sont terrifiants : 61 millions de tonnes de décombres, 78 % des bâtiments détruits ou endommagés, la moitié des hôpitaux hors service, et seulement 1,5 % de terres encore cultivables pour deux millions d’habitants.

Le déblaiement nécessiterait environ 18 milliards de dollars (15,6 milliards d’euros), des milliers de machines, des dizaines de milliers de mois de travail, des unités mobiles de traitement et des décharges spécialisées.

Mais comment ? Disperser ces débris sur toute la bande reviendrait à en élever la surface de 30 centimètres. Les rejeter à la mer déplacerait simplement la catastrophe ailleurs – une solution sans doute envisagée par ces entrepreneurs rapaces qui rêvent d’un port et d’îles artificielles à la manière de Dubaï.

Ce processus effacerait également la topographie et le cadastre existants. Une opportunité pour ce plan qui propose de remplacer les registres fonciers par des droits de propriété « tokenisés », échangeables sur des marchés spéculatifs basés sur la blockchain – transformant les ruines de Gaza en loterie immobilière.

Le mirage économique

Plutôt que de répondre à la famine et à l’effondrement humanitaire, on évoque la promesse d’une « Riviera du Moyen-Orient » chère à Trump. Le plan ambitionne de porter la valeur immobilière de Gaza à 300 milliards de dollars (261 milliards d’euros) en dix ans, avec plus de 100 milliards (87 milliards d’euros) d’investissements. Le contrôle et la sécurité resteraient entre des mains militaires.

La Gaza Humanitarian Foundation deviendrait un trust chargé d’administrer le territoire « jusqu’à ce qu’une communauté palestinienne réformée et déradicalisée soit prête ». Ce trust détiendrait un tiers du territoire et acquerrait la majeure partie du reste, tandis que la population serait confinée dans des « logements temporaires » – un euphémisme pour des camps.

La Gaza du futur telle que présentée par le plan que promeut Donald Trump.
The Great Trust « From a Demolished Iranian Proxy to a Prosperous Abrahamic Ally », Gaza Reconstitution, Economic Acceleration and Transformation

La liste des investisseurs potentiels inclut de grands groupes de construction saoudiens et internationaux, la famille Ben Laden, Tesla, Ikea, Amazon ou Systra. Ces entreprises n’ont peut-être jamais été consultées, ou peut-être que si ; on le saura bientôt mais, en attendant, leurs logos figurent sur la brochure. Le récit de la « Riviera » masque le véritable objectif : spéculation foncière et monopole sur les infrastructures.

Le design comme instrument de contrôle

Le dessin urbain occupe une place centrale dans le plan. À l’image du Paris d’Haussmann, le projet vise à éradiquer l’insurrection par la réorganisation spatiale. Le présupposé est celui d’une tabula rasa totale – matérielle, topographique et juridique. La côte est envisagée comme une frontière extractive pour les plateformes gazières et pétrolières.

L’ordre spatial proposé est uniforme et inquiétant : sept ou huit villes de 200 000 habitants, chacune définie par une fonction économique ou un acteur privé – centres de données, logistique, tourisme – isolées et reliées par des corridors d’infrastructures et de surveillance. Des outils d’IA produisent des projets d’une précision trompeuse, dissimulant une absence totale d’empathie, d’expérience et d’échelle humaine.

À l’École urbaine de Sciences Po, j’ai demandé aux étudiants d’imaginer la ville la plus « maléfique » possible. Leurs réponses anticipaient cette vision : quartiers fermés, espaces publics artificiels, infrastructures-barrières, surveillance totale, monumentalité anonyme. Ils ont instinctivement compris que le contraire du bon urbanisme n’est pas le désordre, mais le contrôle – l’élimination calculée de la diversité, de la proximité et de la vie commune.

Un catalogue de l’urbanisme pervers

Le schéma proposé pour Gaza n’est pas un exercice académique. C’est l’application délibérée d’une logique urbaine perverse, conçue pour créer un environnement « sûr » pour le capital global. Une logique qui isole, clôture, marchandise toute ressource, détruit la nature, réprime la vie sociale, limite la mobilité et impose la surveillance et l’hostilité. Elle anéantit la capacité d’agir, la communauté et la dignité au nom de la sécurité et du profit.

Ce phénomène ne concerne pas seulement Gaza. Les mêmes principes sont déjà visibles du Golfe à l’Asie : espaces privatisés, paysages artificiels, enclaves surveillées, infrastructures de contrôle. La « ville perverse » n’est plus une fiction dystopique – elle est le modèle émergent de l’urbanisation contemporaine qui, après l’urbicide, prône tout simplement une nécrocité.

On pourrait conclure par une réflexion plus inquiétante encore : les États-Unis des suprémacistes réactionnaires, qui jurent d’anéantir l’ennemi intérieur, regardent Gaza comme un modèle. Les bombes pour détruire, le promoteur pour reconstruire. Que reconstruire, demanderez-vous ?

Le guerrier Pete Hegseth et le promoteur Donald Trump l’ont dit explicitement aux 800 généraux qu’ils ont récemment réunis à Quantico : l’ennemi est parmi nous, préparez-vous – vos prochaines zones de combat seront les villes des États-Unis.

The Conversation

Marco Cremaschi ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. L’urbanisme pervers de la « reconstruction » de Gaza – https://theconversation.com/lurbanisme-pervers-de-la-reconstruction-de-gaza-268855