Existe una burbuja de la inteligencia artificial y esto es lo que podría pasar si estallase

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergi Basco, Profesor Agregado de Economia, Universitat de Barcelona

Koshiro K/Shutterstock

Los auges y las crisis son una característica recurrente de la economía moderna, pero cuando el valor de un activo se infla en exceso, un auge se convierte rápidamente en una burbuja.

Los dos episodios de este tipo más recientes fueron la burbuja puntocom en Estados Unidos (1996-2000) y las burbujas inmobiliarias que surgieron alrededor de 2006 en diferentes países. Ambas terminaron en recesión: la primera fue relativamente leve y la segunda, catastróficamente grave. Los recientes y vertiginosos aumentos en los precios de las acciones de las empresas relacionadas con la IA han llevado a muchos inversores a preguntarse: “¿Estamos presenciando otra burbuja de precios de activos?”.

Es importante situar el actual auge de la IA en su contexto. El precio de las acciones de Nvidia, que fabrica muchos de los chips informáticos que alimentan la industria de la IA, se ha multiplicado por 13 desde principios de 2023. Las acciones de otras empresas relacionadas con la IA, como Microsoft y Alphabet, la empresa matriz de Google, se han multiplicado por 2,1 y 3,2, respectivamente. En comparación, el índice S&P 500, que sigue la evolución de las acciones de las empresas más importantes de Estados Unidos, solo se ha multiplicado por 1,8 en el mismo periodo.

Es importante destacar que estas empresas relacionadas con la IA están incluidas en el S&P 500, lo que aumenta aún más la diferencia con las empresas no relacionadas con la IA. Por lo tanto, parece que existe una burbuja de IA, pero no tiene por qué acabar repitiéndose lo ocurrido en 2008.

Cómo se forma una burbuja

El precio de cualquier acción se puede desglosar en dos componentes: su valor fundamental y el valor inflado de la burbuja. Si el precio de la acción está por encima de su valor fundamental, existe una burbuja en su precio.

El valor fundamental de un activo es la suma descontada de sus dividendos futuros esperados. La palabra clave aquí es “esperados”. Dado que nadie, ni siquiera ChatGPT, puede predecir el futuro, el valor fundamental depende de las expectativas subjetivas de cada inversor. Pueden ser optimistas o pesimistas; con el tiempo, algunos tendrán razón y otros se equivocarán.

Los inversores optimistas esperan que la IA cambie el mundo y que los propietarios de esta tecnología obtengan beneficios (casi) infinitos. Al no saber qué empresa saldrá victoriosa, invierten en todas las empresas relacionadas con la IA.

Por el contrario, los inversores pesimistas piensan que la IA es solo un programa informático complejo, en lugar de una tecnología verdaderamente innovadora, y ven burbujas por todas partes.

Una tercera posibilidad son los inversores más sofisticados. Se trata de personas que piensan, o saben, que hay una burbuja, pero siguen invirtiendo con la esperanza de poder aprovechar la ola y salir antes de que sea demasiado tarde.

La última de estas posibilidades recuerda la infame cita del director ejecutivo de Citigroup, Chuck Prince, antes de que estallara la burbuja inmobiliaria de 2008: “Mientras suene la música, hay que levantarse y bailar”.

Como economista, puedo afirmar con seguridad que es imposible que todas las empresas relacionadas con la IA acaben dominando el mercado. Esto significa, sin lugar a dudas, que el valor de al menos algunas acciones relacionadas con la IA tiene un gran componente de burbuja.




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Escasez de activos

Las burbujas de los precios de los activos pueden ser la respuesta natural del mercado a la escasez de activos. En un momento en el que la demanda de activos supera la oferta (especialmente en el caso de activos seguros como los bonos del Estado), hay margen para que surjan otros activos más nuevos.

Este patrón explica la aparición, por ejemplo, de la burbuja puntocom de la década de 1990 y la posterior burbuja inmobiliaria de la década de 2000. En ese contexto, el papel cada vez más importante de China en los mercados financieros aumentó la demanda de activos en Occidente: el dinero se destinó primero a las empresas puntocom en la década de 1990 y, cuando estalló esa burbuja, a financiar la vivienda a través de valores respaldados por hipotecas.

En el contexto actual, una combinación de factores ha allanado el camino para la burbuja de la IA: el entusiasmo por las nuevas tecnologías, los bajos tipos de interés (otro indicio de la escasez de activos) y las enormes cantidades de efectivo que fluyen hacia las grandes empresas.




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El estallido de la burbuja: escenarios buenos, malos y feos

Como mínimo, parte del aumento vertiginoso del valor de las acciones relacionadas con la IA es una burbuja, y una burbuja no puede mantenerse inflada para siempre. Tiene que estallar por sí sola o, en el mejor de los casos, desinflarse cuidadosamente mediante medidas específicas del Gobierno o del Banco Central. La actual burbuja de la IA podría terminar en uno de estos tres escenarios: bueno, malo o feo.

El bueno: auge, no burbuja

Durante la burbuja puntocom, muchas empresas malas recibieron demasiado dinero; el ejemplo clásico fue Pets.com. Pero la burbuja también proporcionó financiación a empresas como Google, lo que (posiblemente) contribuyó a convertir internet en una tecnología que mejora la productividad.

Algo similar podría ocurrir con la IA, ya que la actual avalancha de inversiones podría, a largo plazo, crear algo bueno: una tecnología que beneficie a la humanidad y que, con el tiempo, genere un retorno de la inversión. Sin los niveles de flujo de caja propios de una burbuja, no se financiaría.

En este escenario optimista, la IA, aunque pueda desplazar algunos puestos de trabajo a corto plazo (como ocurre con la mayoría de las tecnologías), resultará positiva para los trabajadores. También supongo que, obviamente, no conducirá a la extinción de la humanidad. Para que esto sea así, los Gobiernos deben introducir regulaciones adecuadas y sólidas. También es importante destacar que no es necesario que los países inventen o inviertan en nuevas tecnologías, sino que deben adaptarlas y proporcionar aplicaciones para que sean útiles.

El malo: un estallido suave

Todas las burbujas acaban estallando. Tal y como están las cosas, no sabemos cuándo ocurrirá esto, ni el alcance de los posibles daños, pero probablemente se producirá una corrección del mercado cuando un número suficiente de inversores se dé cuenta de que muchas empresas están sobrevaloradas. Esta caída del mercado bursátil provocará inevitablemente una recesión.

Esperemos que sea de corta duración, como la recesión de 2001 que siguió al estallido de la burbuja puntocom. Aunque ninguna recesión es indolora, esta fue relativamente leve y duró menos de un año en Estados Unidos.

Sin embargo, el estallido de la burbuja de la IA puede ser más doloroso porque hay más hogares que participan (ya sea directamente o indirectamente a través de fondos de inversión) en el mercado de valores que hace 20 años.

Aunque la función de los bancos centrales no es controlar los precios de los activos, es posible que tengan que plantearse subir los tipos de interés para desinflar la burbuja antes de que crezca demasiado. Cuanto más repentino sea el colapso, más profunda y costosa será la recesión posterior.

El feo: colapso y caída

El estallido de la burbuja de la IA sería grave si compartiera más características de las que imaginamos con la burbuja inmobiliaria de la década de 2000. En el lado positivo, las acciones de IA no son viviendas. Esto es bueno porque, cuando estallan las burbujas inmobiliarias, los efectos sobre la economía son mayores y más duraderos que con otros activos.

La burbuja inmobiliaria no solo causó la crisis financiera de 2008: también provocó el colapso del sistema financiero mundial. Otra razón para ser optimistas es que el papel de los bancos comerciales en las finanzas de la IA es mucho menor que en la vivienda, ya que una gran cantidad del dinero de cada banco está perpetuamente inmovilizado en hipotecas.

Sin embargo, una advertencia importante es que no sabemos cómo reaccionará el sistema financiero si estas grandes empresas de IA incumplen el pago de su deuda. Resulta alarmante que esta parezca ser la forma en que están financiando actualmente nuevas inversiones: un análisis reciente del Bank of America advirtió que las grandes empresas tecnológicas dependen en gran medida de la deuda para construir nuevos centros de datos, muchos de los cuales están destinados a cubrir una demanda que aún no existe.

The Conversation

Sergi Basco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Existe una burbuja de la inteligencia artificial y esto es lo que podría pasar si estallase – https://theconversation.com/existe-una-burbuja-de-la-inteligencia-artificial-y-esto-es-lo-que-podria-pasar-si-estallase-269731

Hombres y mujeres que votan a la derecha radical populista: ¿les mueven las mismas preocupaciones?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonia María Ruiz Jiménez, Associate Professor (Sociology Department), Universidad Pablo de Olavide

Mitin de Santiago Abascal, líder de Vox, en Valencia el 13 de julio de 2023. Aitor Serra Martin/Shutterstock

El fortalecimiento de la democracia europea exige comprender por qué amplios sectores de la población han dejado de sentirse representados por los partidos tradicionales.

El proyecto UNTWIST, financiado por la Unión Europea, ha estudiado este fenómeno desde una perspectiva de género, revelando que la falta de respuesta a las necesidades reales de hombres y mujeres ha contribuido al auge de las formaciones de derecha radical populista en Europa.

Su informe Fortalecer la democracia mejorando la representación de género sintetiza los resultados de 18 grupos de discusión desarrollados en seis países –España, Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Hungría y Suiza– con personas que habían votado previamente a partidos tradicionales y que en las últimas elecciones optaron por partidos de derecha radical populista.

Los hallazgos muestran que la mayoría de estos electores no rechazan la igualdad ni los valores democráticos, sino que expresan una profunda desafección hacia los partidos tradicionales, a quienes culpan de su situación.

Ignorados por un sistema que no responde a las preocupaciones cotidianas

Lo que une a estos votantes no es una ideología extremista: es más bien la percepción de haber sido ignorados por un sistema que no responde a sus preocupaciones cotidianas.

El estudio de UNTWIST plantea que la crisis de representación no es un simple cambio de preferencias electorales, sino un reto de fondo para la calidad de la democracia.

Cuando los partidos tradicionales dejan de reflejar las preocupaciones de los sectores más vulnerables, se debilitan los principios de equidad, legitimidad e inclusión sobre los que se asienta el sistema democrático.

Esta falta de conexión genera un terreno fértil para los discursos populistas, que prometen dar voz a quienes se sienten ignorados. Sin embargo, la representación que ofrecen está distorsionada por una ideología antiliberal que tiende a instrumentalizar las demandas sociales y de género, reinterpretándolas desde valores conservadores y nacionalistas.

Allí donde estas fuerzas políticas han alcanzado poder, se observan retrocesos en derechos de las mujeres y en libertades individuales, lo que confirma el carácter regresivo de su propuesta.

Frente a ello, el proyecto UNTWIST subraya la necesidad de reconstruir la representación democrática a partir de un conocimiento más preciso de las necesidades y experiencias de los distintos grupos sociales, reconociendo las diferencias entre hombres y mujeres y atendiendo a las condiciones materiales que estructuran sus vidas.

Motivaciones de los nuevos votantes

Los grupos de discusión realizados en los seis países muestran que los votantes que cambian su apoyo hacia partidos de derecha radical populista suelen ser personas que buscan expresar su frustración con las opciones políticas tradicionales. No esperan necesariamente soluciones concretas por parte de los nuevos partidos, pero utilizan el voto como medio de protesta.

En España, el análisis de los grupos revela que el ámbito familiar ocupa un lugar central en los discursos de hombres y mujeres, independientemente de la clase social.

Sin embargo, existen diferencias significativas en la forma de expresar el malestar. Los hombres, especialmente los de clase media, emplean un lenguaje más abstracto y político, mientras que las mujeres, sobre todo de clase trabajadora, articulan sus preocupaciones desde la experiencia cotidiana, vinculándolas con la conciliación, el cuidado y la precariedad laboral.

El estudio también identifica una sensación compartida de fatiga social y emocional, descrita como “fatiga de emancipación”: la percepción de que, a pesar de los avances formales en igualdad, las condiciones materiales no garantizan una vida digna ni equilibrada. Este sentimiento es más pronunciado entre las mujeres, que combinan el trabajo remunerado con una carga desigual de tareas domésticas y de cuidado.

Los datos obtenidos muestran que las preocupaciones económicas son el principal motor del voto hacia los partidos populistas. Para los hombres, la atención se centra en la legislación laboral y en la sensación de desigualdad percibida en políticas de empleo o cuotas. Las mujeres, por su parte, destacan la dificultad de equilibrar trabajo y familia y reclaman condiciones laborales que les permitan atender sus responsabilidades de cuidado, que reivindican como propias, sin perder autonomía económica.

El Estado del bienestar es otro ámbito de preocupación. Hombres y mujeres comparten una visión crítica del uso político de las ayudas sociales y expresan la sensación de que ciertos colectivos reciben apoyo inmerecido.

En el terreno educativo, los hombres tienden a preocuparse por la pérdida de referentes culturales, mientras que las mujeres subrayan la falta de oportunidades laborales para sus hijos, incluso con estudios superiores.

En la esfera familiar, los discursos muestran tensiones entre los roles tradicionales y las nuevas realidades económicas. Los hombres, especialmente los de clase trabajadora, lamentan no poder sostener el hogar con un solo salario, mientras que las mujeres reclaman más apoyo institucional y una corresponsabilidad efectiva en los cuidados.

Hacia políticas sensibles al género

A partir de estos resultados, UNTWIST propone repensar la acción política desde una sensibilidad de género que supere la retórica y se traduzca en medidas concretas. El objetivo no es reforzar una agenda identitaria, sino desarrollar políticas que reconozcan las diferencias en las experiencias de hombres y mujeres y que beneficien a la ciudadanía en su conjunto.

Este enfoque implica priorizar la seguridad económica, la conciliación y la educación pública como pilares de una democracia inclusiva. Las políticas de igualdad, señala el informe, deben presentarse como instrumentos de cohesión social y no como campos de confrontación ideológica.

The Conversation

Antonia María Ruiz Jiménez es la Coordinadora Científica del proyecto UNTWIST.

Este proyecto ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte Europa de la Unión Europea en virtud del acuerdo de subvención n.º 101060836. El consorcio del Reino Unido está financiado por UK Research and Innovation (UKRI) en virtud de la garantía de financiación Horizonte Europa del Gobierno del Reino Unido (número de subvención n.º 10066730). El consorcio suizo está financiado por la Secretaría de Estado de Educación, Investigación e Innovación (SERI) de Suiza (acuerdo de subvención n.º 22.00615).

Financiado por la Unión Europea, UK Research and Innovation y la Secretaría de Estado suiza para la Educación, la Investigación y la Innovación. No obstante, las opiniones y puntos de vista expresados son exclusivamente los de los autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea, la Agencia Ejecutiva de Investigación Europea (REA) ni los demás financiadores. Ni la Unión Europea, ni la autoridad concedente, ni los demás financiadores pueden ser considerados responsables de ellos.

ref. Hombres y mujeres que votan a la derecha radical populista: ¿les mueven las mismas preocupaciones? – https://theconversation.com/hombres-y-mujeres-que-votan-a-la-derecha-radical-populista-les-mueven-las-mismas-preocupaciones-266935

El coste psicológico del acoso digital que sufren las deportistas en las redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Erika Borrajo Mena, Doctora en Ciencias Sociales/Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, Universidad de Deusto

Con cada victoria, las deportistas ganan seguidores, pero también detractores que las observan desde la trinchera del anonimato. La tenista británica Katie Boulter, número uno del circuito en su país, lo vivió tras un torneo internacional: mensajes anónimos en redes le desearon la muerte a ella y a su familia.

Aunque pueda parecerlo, no es un caso aislado. En España, la campeona olímpica de waterpolo Paula Leitón tuvo que enfrentarse a una oleada de insultos por su físico, justo después de ganar el oro en París 2024. Tal y como contó en RTVE, en lugar de celebraciones tuvo que leer mensajes como “¿se valen focas?” o “¿no se vació la piscina?”.

Sus testimonios reflejan una realidad cada vez más presente en el deporte: el acoso digital que muchas mujeres reciben en redes y que afecta a su bienestar personal y profesional. En otras palabras, una forma contemporánea de violencia simbólica que se disfraza de opinión.

Visibilidad + algoritmos = exposición

La visibilidad trae consigo logros y reconocimiento, pero también exposición.
Una investigación de World Athletics reveló que, en recientes campeonatos internacionales, el 59 % de los abusos en redes se dirigieron a deportistas mujeres, y un 36 % tenían carácter sexual.

En redes sociales, la visibilidad no se mide por mérito, sino por reacción. Plataformas como Instagram, X o TikTok premian lo que genera debate, sin distinguir si es apoyo u odio. Un comentario ofensivo o una imagen viral pueden alcanzar miles de personas en segundos. En ese juego de algoritmos, las deportistas quedan doblemente expuestas: por lo que hacen y por cómo se ven.

Sexualización

La raíz del problema no se encuentra en la tecnología, sino en el hecho social. Es la versión 2.0 del sexismo que ha existido históricamente en el deporte. Las redes sociales se han convertido en un espacio donde se repiten las mismas lógicas de sexualización que antes se daban en otros medios.

A ellas se las juzga no solo por su rendimiento, sino por su aspecto, su ropa o su forma de expresarse. El anonimato refuerza la impunidad: decir en línea lo que no se diría cara a cara. Y la falta de estructuras de apoyo –protocolos, recursos, acompañamiento psicológico– deja a muchas deportistas enfrentándose solas a un problema que es colectivo.

Consecuencias psicológicas, sociales y profesionales

Recibir insultos o críticas constantes no es algo “normal” ni debería asumirse como parte del juego. El acoso digital deja huellas invisibles que van más allá de la pantalla: ansiedad, inseguridad, insomnio o aislamiento son algunas de sus consecuencias más comunes. El abuso y el acoso en línea están entre los factores que más dañan la salud mental y el bienestar de las mujeres deportistas. Muchas optan por reducir su presencia en redes o delegar su gestión a otras personas para protegerse, aunque eso implique perder visibilidad u oportunidades profesionales. Todo esto sabiendo que el rendimiento mediático pesa casi tanto como el deportivo, y que desconectarse también tiene coste.

Hacia entornos digitales seguros

El acoso digital a las deportistas no es una cuestión de sensibilidad, sino de responsabilidad colectiva. No basta con denunciar los ataques: hacen falta medidas estructurales que garanticen entornos digitales seguros.

Algunos torneos internacionales ya están dando pasos en esa dirección. Uno de los más destacados es el sistema Threat Matrix, creado por la empresa británica Signify Group y adoptado por Wimbledon y la Asociación de Tenis Femenino (WTA), entre otros. Esta tecnología analiza en tiempo real miles de mensajes en redes sociales para detectar amenazas, insultos o comentarios sexistas en más de treinta idiomas. Cuando identifica contenido abusivo, alerta a un equipo humano que decide si debe avisar a las plataformas o a las autoridades competentes.

De forma parecida, el torneo de Roland Garros utiliza Bodyguard, un software que filtra automáticamente los mensajes de odio antes de que lleguen a las deportistas. Si bien es cierto que estas herramientas no eliminan el problema, intentan prevenirlo. Y, sobre todo, buscan proteger la salud mental de quienes compiten fomentando una cultura digital más segura y respetuosa.

Los clubes, las federaciones y los medios de comunicación deben dejar de mirar hacia otro lado. Las plataformas tecnológicas también tienen una responsabilidad: actuar con la misma rapidez para detener el odio que cuando impulsan una polémica. Y el público debe recordar que, detrás de cada mensaje, hay una persona que lo lee, lo siente y lo sufre.

Conquista del respeto

Cuando las deportistas ganan visibilidad, inspiran a miles de niñas que las miran como referentes. Esta inspiración solo tiene sentido si el entorno digital es un espacio seguro, donde puedan mostrarse sin miedo al juicio o al insulto. Es curioso hablar de ello cuando el deporte femenino ha conquistado por fin su espacio en los estadios. Ahora le toca conquistar también su espacio en las redes: libre de miedo, de insultos y de juicios sobre cuerpos o voces. Porque, al fin y al cabo, ¿de qué sirve ganar una medalla si después hay que seguir luchando para ser respetadas?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El coste psicológico del acoso digital que sufren las deportistas en las redes sociales – https://theconversation.com/el-coste-psicologico-del-acoso-digital-que-sufren-las-deportistas-en-las-redes-sociales-267952

Dormir bien y moverse más: las 24 horas mágicas para niños sanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Mª Alonso Martínez, Vicedecana Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte / Profesora Titular área de Educación Física y Deportiva Facultad Ciencias de la Salud, Universidad Pública de Navarra

alexkoral/Shutterstock

Si alguna vez han visto a una niña de cinco años lanzar un balón con la intensidad de una final del Mundial, ya conocen la magia de las habilidades motrices básicas. Correr, saltar, lanzar o atrapar objetos no son simples juegos, sino los cimientos de la confianza en el parque, del gusto por el movimiento y la actividad física y uno de los factores más decisivos para mantenerse activos al crecer.

Estos cimientos en ocasiones no se establecen con la solidez necesaria, por causas diversas, como demasiado sedentarismo en la escuela, poco tiempo para jugar al aire libre, dificultades de acceso a zonas adecuadas… Por eso es tan importante pensar de manera global en las 24 horas de un día de un niño o niña: cuánto se mueve, cuánto está sentado o cómo duerme, tanto en casa como en la escuela.

Recientemente hemos investigado cómo es posible mejorar las destrezas motrices en conjunción con buenas rutinas de sueño y hábitos que combaten el sedentarismo. Nuestras conclusiones apuntan a beneficios consistentes en las funciones ejecutivas y en la regulación emocional. Es decir, con este enfoque global los niños y las niñas se desarrollan con mayores habilidades físicas, pero también intelectuales y emocionales.

¿Qué nos dice la evidencia?

El análisis de doce estudios con casi 5 000 niños y niñas de entre 4 y 6 años en entornos de educación infantil muestra que los programas que combinan juegos motrices, retos cognitivos sencillos y mensajes para organizar las 24 horas –es decir, más movimiento, menos sedentarismo y sueño de calidad–, producen mejoras sólidas en competencia motriz, especialmente en las destrezas de control de objetos, como lanzar y atrapar una pelota o botar un balón sin que se escape.

En cambio, los avances en resistencia, fuerza o velocidad son más discretos, porque para mejorar la condición física se necesita repetición y progresión a lo largo del tiempo.

Nuestros resultados muestran que para favorecer el desarrollo infantil es clave variar los juegos y actividades, evitando la rutina. Por ejemplo, alternar juegos de cooperación, equilibrio y lanzamiento con nuevas consignas o materiales mantiene la motivación. En cambio, repetir los mismos ejercicios o circuitos durante meses limita el interés y el progreso. Por eso, no es la duración, sino la variedad y calidad de las experiencias lo que impulsa un desarrollo motor y cognitivo real.




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De la habilidad a la confianza y la participación

Las habilidades con objetos son mucho más que simples ejercicios. Abren la puerta a juegos con pelota como “balón prisionero” o “bomba” y también a la participación en deportes de equipo como el balonmano o el waterpolo. Son clave en espacios donde niños y niñas aprenden no sólo a moverse sino también a compartir, cooperar, competir y disfrutar de la actividad física en grupo.

Cuando un niño se siente motrizmente competente, ocurre algo especial: participa más, se divierte más y busca nuevas oportunidades para repetir esa experiencia positiva. Se crea así un pequeño círculo virtuoso que refuerza la confianza y la motivación: “Sé hacerlo, me gusta, lo repito”. Y lo más importante es que este ciclo puede mantenerse en el tiempo, siempre que la escuela y la familia ofrezcan espacios adecuados para la práctica y el juego.

Movimiento, cognición y las emociones

Desarrollar la competencia motriz va mucho más allá del simple movimiento: implica pensar. No es casualidad que actividades como coordinar el cuerpo, ajustar la fuerza necesaria, esperar turnos o seguir las reglas de un juego requieren discurrir, decidir y autocontrolarse y se vinculan con la mejora de funciones ejecutivas fundamentales como la atención, la memoria de trabajo y el control inhibitorio. Los programas con reglas variables o consignas que obligan a replantear decisiones muestran mejoras visibles en el procesamiento ejecutivo y en el comportamiento en el aula.

En el ámbito emocional sucede algo similar. El juego activo con reglas claras, tiempos de espera y retroalimentación inmediata favorece la autorregulación tanto en la conducta, como en las emociones. Por ejemplo, un niño que aprende a “parar, mirar y tirar” en un juego suele también aprender a “parar, pensar y actuar” en otras situaciones de su vida diaria.

Este vínculo entre desarrollo motriz, cognición y emoción refuerza la importancia de programas integrales que estimulen no solo el movimiento físico, sino también el desarrollo cognitivo y el control emocional desde edades tempranas.




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Sueño, movimiento y alimentación: pilares del desarrollo

Las guías de comportamiento que abarcan las 24 horas del día insisten en abordar la actividad física, el sedentarismo y el sueño como un sistema integrado. ¿Por qué el sueño, con horarios regulares y de calidad, resulta clave para un desarrollo físico, cognitivo y socioemocional óptimo en niños y niñas de 4 a 6 años?

Un descanso adecuado y reparador mejora el rendimiento ejecutivo, mientras que el sueño corto o irregular dificulta la concentración y la regulación emocional, afectando el desarrollo infantil. Y, en general, las intervenciones que combinan actividad física con desafío mental reducen el sedentarismo y regulan los tiempos de sueño favoreciendo la atención, la memoria y la gestión emocional durante la infancia.

El camino hacia la mejora

Las siguientes pautas nos servirán para aplicar en casa este enfoque:

• Permitir a los niños correr, saltar, lanzar, girar… Dejar que la condición física emerja de forma natural con la práctica continua.

• Integrar retos mentales sencillos durante el juego (cambiar reglas, contar, nombrar, enumerar).

• Multiplicar los momentos activos durante el día. Todo movimiento suma.

• Promover que jueguen sin pantallas. El juego es el momento de conectar de verdad.

• Fomentar rutinas de sueño. A los 3-4 años se necesitan 10-13 horas diarias, incluyendo siestas, con horarios fijos.

• Ser ejemplo: los niños imitan lo que ven. Si los adultos evitamos pantallas y nos movemos, harán lo mismo.

Familias, docentes y comunidades deberían implicarse en promover hábitos saludables con este enfoque global, en especial mejorando espacios en el entorno urbano para que los niños tengan lugares protegidos de juego.

Para crear un cambio sostenible, será fundamental que la opción saludable, como moverse más, dormir bien y reducir el sedentarismo, sea la más accesible, sencilla y natural para todos los niños y niñas y sus familias.

The Conversation

Alicia Mª Alonso Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dormir bien y moverse más: las 24 horas mágicas para niños sanos – https://theconversation.com/dormir-bien-y-moverse-mas-las-24-horas-magicas-para-ninos-sanos-268111

Pautas para seguir una verdadera dieta mediterránea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

El pescado, las frutas y las hortalizas constituyen una parte esencial de la dieta mediterránea. monticello/Shutterstock

Inscrita en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2013, la dieta mediterránea es una parte esencial de nuestra cultura que, además, produce efectos beneficiosos en la salud. Pero su poder protector no reside en los hábitos alimentarios actuales o en los productos manufacturados en la región mediterránea. En realidad, proviene del patrón dietético clásico cuyos efectos han sido validados por decenas de estudios científicos con la participación de miles de personas.

Entonces, ¿a qué podemos llamar dieta mediterránea?

Según la definición de la UNESCO, “comprende un conjunto de conocimientos, competencias prácticas, rituales, tradiciones y símbolos relacionados con los cultivos y cosechas agrícolas, la pesca y la cría de animales, y también con la forma de conservar, transformar, cocinar, compartir y consumir los alimentos”. Por lo tanto, constituye también un patrón social.

De todos modos, el componente fundamental de este patrimonio cultural es, como su nombre indica, la dieta propiamente dicha. Para saber cómo de mediterránea es nuestra alimentación, debemos tener en cuenta 14 puntos. A mayor puntuación, más se le parece.

En primer lugar, los alimentos recomendados que suman puntos son:

  • El aceite de oliva.

  • Las verduras y hortalizas.

  • Las frutas.

  • Las legumbres.

  • El pescado y el marisco.

  • Los frutos secos.

  • La carne blanca (pollo, pavo, conejo).

  • El tradicional sofrito para acompañar platos principales.

Y los productos a evitar, los que nos alejan de la dieta mediterránea, son:

  • Las carnes rojas y procesadas.

  • La mantequilla, margarina o nata.

  • Las bebidas carbonatadas, ya sean azucaradas o no.

  • La repostería comercial.

Beneficios probados para la salud

El primer estudio sobre la dieta mediterránea se publicó en 1970, pero tuvieron que pasar aún más de 20 años para que volviera a despertar interés. Desde entonces ha sido foco de intensa investigación en nutrición.

Uno de los principales trabajos es español y en él participaron más de 90 investigadores. Se trata del estudio PREDIMED, diseñado para evaluar los efectos de este patrón alimentario en personas mayores con alto riesgo de enfermedad cardiovascular. Las conclusiones fueron inapelables: la incidencia de eventos cardiovasculares era claramente menor en los grupos de dieta mediterránea.

Ahora, después de décadas de investigaciones, los resultados no dejan lugar a dudas: la dieta mediterránea es una firme aliada para nuestra salud. Seguirla reduce el riesgo de mortalidad y de sufrir tres de las enfermedades más frecuentes de nuestro tiempo: las dolencias cardiovasculares, el cáncer y la diabetes tipo 2. Además, también protege contra el deterioro cognitivo, la demencia y el alzhéimer.

Menús poco mediterráneos

A pesar de todas estas evidencias, la realidad es que nuestra alimentación actual se parece poco o nada a la dieta mediterránea. Además, solemos creer erróneamente que alimentos muy consumidos, como el cerdo, el jamón o el queso, forman parte de ella.

Si echamos un vistazo a los 14 puntos mencionados en el estudio PREDIMED, leemos que uno de ellos es: “¿consume usted preferentemente carne de pollo, pavo o conejo en vez de ternera, cerdo, hamburguesas o salchichas?”. Para obtener un punto, la respuesta debe ser sí. Además, una de las recomendaciones adicionales es no tomar más de una ración de jamón curado o de carne roja a la semana.

La principal razón para esta restricción es que tanto el jamón curado como cualquier otro embutido son carnes procesadas, y estas aumentan las probabilidades de sufrir cáncer colorrectal, el segundo cáncer más mortal del mundo. Otra razón es su alto contenido de sal, que incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares y renales.

Además, en términos de salud, el cerdo se clasifica como carne roja, un riesgo adicional para contraer el citado cáncer colorrectal. Por si fuera poco, tomar mucha carne roja y procesada también aumenta las posibilidades de morir por problemas cardiovasculares.

En lo que se refiere a los quesos, los bajos en grasa no tienen límites estrictos en la dieta mediterránea, mientras que los curados o grasos (la gran mayoría) están restringidos a un máximo de una ración semanal. Esto se debe a su elevado contenido de sal y a que predominan las grasas saturadas, dos riesgos considerables para la salud.

¿Vino sí o vino no?

Uno de los aspectos más controvertidos de la dieta mediterránea es el vino. Aunque puntúa positivamente en el estudio PREDIMED, no se fomenta su consumo, sino que se limita la cantidad a quienes ya son consumidores habituales.

El vino, particularmente el tinto, goza de buena fama por la presencia de polifenoles procedentes de la uva. De hecho, en el propio estudio PREDIMED se observó que tomar más polifenoles puede disminuir el riesgo de mortalidad. Sin embargo, estos compuestos naturales también se encuentran en alimentos muy consumidos, como el aceite de oliva virgen, los frutos secos, las frutas y las verduras.

Además, el vino no deja de ser una bebida alcohólica y la conclusión de la Organización Mundial de la Salud al respecto es que beber alcohol puede causar más de 200 problemas de salud. De hecho, esta institución considera que no hay un nivel que no suponga un riesgo, por bajo que sea.




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Lo positivo es que siempre estamos a tiempo de mejorar nuestra salud. No importa la edad a la que lo hagamos: cualquier momento es bueno para acercar nuestra alimentación a los 14 puntos de la dieta mediterránea. Cada paso que demos hacia un mayor cumplimiento de este patrón alimentario, por pequeño que sea, supone un beneficio en la prevención de enfermedades.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Pautas para seguir una verdadera dieta mediterránea – https://theconversation.com/pautas-para-seguir-una-verdadera-dieta-mediterranea-266678

¿Cómo podemos conocer la historia de la Tierra?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Damas Mollá, Investigadora en Geología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Formaciones con estratos bien visibles en Zumaia (Gipuzkoa, España). Guillermo Guerao Serra/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 2º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Miguel de Unamuno, en Gasteiz (Álava)


Nuestro planeta es mucho, muchísimo más antiguo que cualquier civilización humana. Sus 4 500 millones de años de historia han dejado numerosas huellas en las rocas, y la geología es la ciencia que se encarga de descifrarlas para que podamos leer los diferentes capítulos del “libro de la Tierra”, con tramas que se entrelazan.

Hablan los sedimentos

Antes que nada, recordemos que las rocas tienen varios orígenes: a través de magma o lava se forman las ígneas y por transformación de otras rocas, las metamórficas. Pero aquí las que más nos interesan, de momento, son las del tercer grupo: las sedimentarias.

Las rocas sedimentarias nacen al acumularse partículas, más o menos finas, generadas por la descomposición y erosión de rocas que afloran en relieves elevados como montañas. Estas partículas son transportadas por distintas vías (ríos, viento, glaciares…) hacia las zonas de acumulación. Así, los sedimentos se van depositando, capa a capa, en niveles más o menos horizontales: los estratos.

Estratos de roca en Muskiz (Bizkaia, España).
Laura Damas Mollá

Según la llamada ley de horizontalidad de los estratos, establecida por el científico danés Nicolás Steno en el siglo XVII, el estrato inferior es el más antiguo. El problema es que no nos los encontramos siempre así.

Acantilados del Eoceno (hace entre 56 y 33,9 millones de años) formados por una alternancia de dos tipos de rocas: areniscas y lutitas. Aquí, los estratos se disponen verticalmente. San Sebastián, Gipuzkoa.
Laura Damas Mollá

Al estudiar las rocas sedimentarias, el primer dato que debemos deducir es dónde se depositaron sus materiales, o sea, saber si se formaron en mares, ríos, lagos…. Los restos fósiles de seres vivos nos pueden proporcionar la solución del problema. Así, una roca caliza con fósiles de organismos marinos, como moluscos o corales, surgió en un ambiente tropical de aguas poco profundas, porque la fauna es similar a la actual. Si esos fósiles se encuentran enteros podemos incluso llegar a reconstruir los arrecifes.

Por otro lado, si nos encontramos los fósiles rotos y mezclados, supondremos que algún tipo de corriente los ha removido y desplazado de su hábitat. En otras ocasiones, como ocurre con las areniscas, presentan finas líneas o lineaciones que marcan la dirección e incluso el sentido de las corrientes que transportaban los sedimentos, igual que pasa actualmente en la playa.

Estas piezas del puzle de la historia terrestre se interpretan según el principio del “actualismo”. Acuñado por el geólogo británico Charles Lyell en 1830, indica que “el presente es la clave para entender el pasado”.

Sección longitudinal de molusco bivalvo (rudista) del Cretácico, hace entre 143 millones y 66 millones de años. Cantera de Andrabide (Gautegiz Arteaga, Bizkaia).
Laura Damas Mollá

Detalles que delatan la edad

Con estas pistas es posible interpretar el ambiente donde se depositaron las rocas sedimentarias, pero aún no sabemos su edad. Para averiguarla también existen varias técnicas.

En primer lugar, los minerales que forman esas rocas contienen isótopos radioactivos, componentes químicos cuyo análisis nos permite saber cuánto tiempo llevan en la Tierra. Este método se basa en la desintegración de un isótopo “padre” que se va transformando de forma progresiva a lo largo del tiempo en su “hijo”. Al conocer la proporción existente entre ellos en la muestra se puede obtener su edad.

En el caso de la célebre técnica del carbono-14 se necesitan muestras con un origen orgánico, por lo que no se puede aplicar en muchas rocas y minerales. Además, la “vida” de ese isótopo es de poco más de 60 000 años. Para rocas, minerales y fósiles utilizamos otras relaciones de isótopos radioactivos, como el uranio/torio o el uranio/plomo, que permiten dataciones de entre 500 000 años y varios miles de millones de años, más adecuadas para conocer la larga historia de la Tierra.

Y una curiosidad: ¿sabías que existe también una técnica para saber la edad de la última vez que ha visto la luz del sol un grano de cuarzo? Se llama luminiscencia ópticamente estimulada y se utiliza para estimar la antigüedad de muestras de entre 1 000 y 500 000 años.

Pero estas herramientas no sirven para todo tipo de rocas, así que también usamos otros métodos de datación. El más conocido consiste en examinar la variación del contenido fósil a lo largo del tiempo; es decir, la evolución. La vida de la Tierra se transforma a lo largo del tiempo, y encontrar determinadas asociaciones de fósiles nos permite establecer un rango de edad para los estratos. Aunque los más famosos son los grandes fósiles, como los dinosaurios, normalmente utilizamos microfósiles que se estudian con lupas.

Rocas sometidas a “torturas” geológicas

Pero la historia de las rocas está incompleta si solo averiguamos el ambiente donde se forjaron y su edad. Diferentes procesos geológicos hacen que rocas nacidas en fondos marinos, por ejemplo, formen parte de las montañas actuales. Porque desde que se produce el depósito de los materiales hasta la actualidad, las rocas sedimentarias sufren un proceso que se llama diagénesis: se calientan, se aplastan por enterramiento y experimentan diversos cambios en sus componentes (algunos se disuelven, otros se transforman, otros se fracturan…).

La mayor parte del tiempo, una roca sedimentaria está sometida a esas “torturas”, que podemos entender y ordenar cronológicamente. Para ello utilizados unos microscopios especiales, llamados petrográficos, y láminas de rocas de 0,3 mm de espesor.

Y por si esto fuera poco, los estratos no siempre se encuentran en posición horizontal, como las capas de una tarta. Igual que cuando empujamos un mantel con la mano, las fuerzas de las placas tectónicas pliegan los estratos rocosos. Los geólogos tenemos que “leer” también los capítulos protagonizados por las rocas ígneas, que nos cuentan la historia de las erupciones volcánicas del pasado, y las metamórficas, que nos hablan de transformaciones de unas rocas en otras.

Así, poco a poco, reconstruimos la biografía del planeta, desde las variaciones ambientales a la evolución de la vida. Comprender esa historia nos permite entender los cambios que están ocurriendo hoy en día y reflexionar sobre nuestro breve capítulo como homínidos, ya que la Tierra seguirá transformándose más allá de nuestra presencia en ella.

Si miras a tu alrededor y te pones las gafas de geólogo o geóloga, descubrirás qué historias conservan las rocas para saber hacia dónde vamos.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Laura Damas Mollá no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo podemos conocer la historia de la Tierra? – https://theconversation.com/como-podemos-conocer-la-historia-de-la-tierra-266404

How we move, gesture and use facial expressions could be as unique as a fingerprint

Source: Radio New Zealand

The way someone walks, talks, smiles, or gestures gives a clue to who they are. Whether through the flick of an eyebrow, the rhythm of our walk, or the tilt of a head, movement speaks volumes.

And my recent paper shows that people may have their own movement fingerprint. This is a style of movement that is characteristic of a person’s identity. So, someone who uses expressive facial gestures might also speak with animated hand movements or walk with a lively gait. These consistencies could form a motion fingerprint that is unique to the individual.

First, let’s explore how faces move and why this matters.

– Published by EveningReport.nz and AsiaPacificReport.nz, see: MIL OSI in partnership with Radio New Zealand

First subpoenas issued as Donald Trump’s ‘grand conspiracy’ theory begins to take shape

Source: The Conversation – UK – By Robert Dover, Professor of Intelligence and National Security & Dean of Faculty, University of Hull

In recent weeks, Donald Trump’s supporters have begun to align around the idea that a Democrat-led “grand conspiracy” – potentially involving former president Barack Obama – has been plotting against the US president since 2016. The narrative is that the 2016 Russia investigation, which resulted in the Mueller inquiry was part of this deep-state opposition to Trump, as was the investigation into the January 6 riot at the US Capitol.

The focus of the fightback by Trump’s supporters is in Miami, where a Trump-appointed US attorney, Jason A. Reding Quiñones, has begun to issue subpoenas to a wide range of former officials.

This has included former CIA director John Brennan, former FBI counterintelligence official Peter Strzok, former FBI attorney Lisa Page and former director of national intelligence James Clapper, all of whom were involved in the federal investigation into alleged links between Russian intelligence and Trump’s 2016 presidential campaign.

The way the so-called conspiracy is unfolding will feel familiar to anyone who has watched US politics closely in the past decade. There’s been a constant stream of allegations and counter-allegations. But the narrative from the Trump camp is that the powerful “deep state” forces have been arrayed against the president. The “two-tier” justice system that has persecuted Trump can only be rebalanced by pursuing those who investigated him in 2017 and 2021.

The Grand Conspiracy contains similarities with other prominent conspiracy theories and how they spread. The QAnon movement, whose most famous claim is of a global paedophile ring run out of a Washington pizza parlour involving senior Democrats, is one where disparate claims are sporadically and partially evidenced. The political potency of these claims does not sit in the individual pieces of evidence but in the overarching story.

The story is that hidden government and proxy networks manipulate the truth and judicial outcomes and that only through pressure from “truthers” (what many people in the US who believe conspiracy theories call themselves) will wrongdoers be brought to account. Once these ideas are popularised, they take on a momentum and a direction that is difficult to control.

Campaign of ‘lawfare’

Soon after his inauguration, Trump set up a “weaponization working group” within the Department of Justice. Its director, Ed Martin, said in May that he would expose and discredit people he believes to be guilty, even if the evidence wasn’t sufficient to charge them: “If they can be charged, we’ll charge them. But if they can’t be charged, we will name them. And we will name them, and in a culture that respects shame, they should be people that are ashamed.”

In the US the norm has been to “charge crimes, not people”, so this modification fundamentally changes the focus of prosecutors.

Former FBI director James Comey responds to his indictment by grand jury in September.

The recent subpoenas in Florida show this principle at work, effectively making legal process into the punishment. Even without full court hearings on specific charges, being forced to provide testimony or documents creates suspicion around those who are targeted. Criticism from legal officials that this is a “indict first, investigate second” method suggests that this is a break from historical norms.

Lawfare, defined as “legal action undertaken as part of a hostile campaign”, doesn’t require a successful prosecution. It merely requires enough investigative activity to solidify a narrative of suspected guilt and enough costs and pressure to seriously inconvenience those affected by it. In the new era of digital media, it’s enough to degrade the standing of a political opponent.

In that way, political retaliation has become a prosecuting objective. This is clear from what the US president has indicated in his frequent posts on his social media platforms for his enemies, such as former FBI director James Comey, who investigated his alleged links to Russia, or Adam Schiff, the senator who led his impeachment in 2019.

Hardball politics or authoritarianism?

Political scientists argue that authoritarianism is something that happens little by little. Some of these steps involve using state power to target political opponents, degrading checks and balances and making loyalty a legal requirement.

There are reasons to believe that the US seems to be tracking this trajectory currently, certainly when it comes to using the Justice Department to harass the president’s political enemies and pushing back against court judgments while attacking the judges that have issued them.

Further slides towards authoritarianism are possible because of the political potency of contemporary conspiracy movements. The right-wing QAnon movement, for example, has been exceptionally agile. It has offered its followers identity, community spaces and a logic that encourages active participation, exhorting believers to “do your own research”, for example.

In the wake of the near daily addition of material from the investigations into the allegations that the late financier, Jeffrey Epstein, ran a sex trafficking ring, involving some influential US citizens, many American citizens have concluded as a general truth that their elites do hide things. This makes it far simpler for broader conspiracies to gain traction and more difficult for politicians and journalists to work out what is conspiracy and what is evidence. This is creating a problematic feedback loop – hints of wrongdoing fuel public suspicion, and public suspicion fuels the idea of a further need for investigation.

But to suggest that anyone has control over this would be wrong. These movements can just as easily consume those seen as supporters as they do those seen as enemies. Marjorie Taylor-Greene’s determination to release the full and unredacted Epstein files could well produce negative outcomes for some Maga supporters, including prominent ones.

So, the transformation of legal process into public spectacle in America is suggestive of a drift towards authoritarianism. America’s famous “constitutional guardrails” of separation of powers, independent courts, juries and counsels will be pivotal in preventing this. They will need to stand firm.

The grand conspiracy theory might be more about seeking to isolate, and financially and emotionally exhaust opponents, while at the same time destroying America’s system of checks and balances. It might work.

The Conversation

Robert Dover does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. First subpoenas issued as Donald Trump’s ‘grand conspiracy’ theory begins to take shape – https://theconversation.com/first-subpoenas-issued-as-donald-trumps-grand-conspiracy-theory-begins-to-take-shape-269542

After resignations at the top, the BBC faces a defining test: what does impartiality mean now?

Source: The Conversation – UK – By Tom Felle, Associate Professor of Journalism, University of Galway

Taljat David/Shutterstock

The sudden departure of the BBC’s director general and head of news marks a moment of real consequence for British public service broadcasting.

Tim Davie and Deborah Turness’s resignations followed controversy over an inaccurately edited clip in a BBC Panorama documentary about Donald Trump. Opponents of the BBC seized on this as further evidence of widespread bias at the broadcaster. It has now become a flashpoint in the wider political and cultural battles surrounding the corporation.

The resignations come as the BBC enters a decisive period. The renewal of its royal charter in 2027 will define the corporation’s funding model and public purpose for the next decade. At the same time, the BBC faces a hostile political climate, sustained financial pressure and a rapidly fragmenting audience.

Recent controversies – from the Panorama edit to earlier disputes over social media conduct and political coverage – have reignited debate about the broadcaster’s duty of “impartiality”. Yet in today’s febrile information climate, it is fair to ask whether that duty remains fit for purpose.

Media regulator Ofcom defines impartiality as “not favouring one side over another”, but also as ensuring “due weight” is given to the evidence. That distinction matters: impartiality is not the same as neutrality. It demands that news be fair, accurate and proportionate – not that every claim be treated as equal.

Impartiality under pressure

The BBC’s crisis, as academic and commentator Adrian Monck observes, is not simply a matter of poor governance, but “the sinking of a ship of the twentieth century British state, dependent on conditions that no longer really exist”.

Impartiality as a professional norm took shape in the mid-20th century, when it became central to the BBC’s mission under its 1947 royal charter. It emerged in a period when there was still broad agreement on shared facts, and a civic space where citizens could reason together even when they disagreed.




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This era has broken down over the past 20 to 25 years, with the rise of digital platforms and populist politics that eroded traditional journalistic gatekeeping. Today’s information environment is shaped by technology companies, populist leaders, political strategists and partisan media outlets. All have strong incentives to create confusion and distrust. When political figures deny evidence, distort facts or lie as strategy, reporting their claims as equal to verified facts is not neutrality or impartiality, it is distortion.

Davie understood this tension. Under his leadership, the BBC tried to clarify the meaning of impartiality, strengthen editorial standards and reinforce trust in its reporting.

Yet the organisation, like many news outlets worldwide, is caught in a bind: accused of bias from both the left and the right – and while in the past this might suggest a fair balance, in today’s climate it is often weaponised.

As the sociologist Niklas Luhmann has noted, the function of news is to create a shared reality, a minimal consensus about what exists and what matters. When that consensus collapses, the public sphere itself begins to fragment and journalism loses the ground on which democratic discourse depends.

Younger audiences, who are more likely to access news mediated through influencers they perceive as authentic and relatable, are less engaged with traditional news brands. A Reuters Institute study found that young people increasingly turn to personalities rather than established outlets, or avoid news altogether because they see it as untrustworthy or biased.

The broader global trend is unmistakable. Public service broadcasters in the US, Australia, Canada and across Europe are facing declining audiences, reduced funding, politicised attacks and competition from platforms that prioritise outrage and identity performance. The BBC is not unique in this struggle, but because of its scale and cultural importance, the stakes are higher.

Public service media under siege

The BBC is imperfect. It suffers from institutional caution, uneven performance and a reluctance at times to confront its own errors. Yet it remains one of the few media organisations in the world still committed to verification rather than performance.

Its public service mandate, however strained, is one of the last structural defences against the current media culture: one dominated by outrage merchants and ideological broadcasters whose business model is provocation rather than truth.

Once a public sphere is shaped primarily by rumour and outrage, it becomes almost impossible to restore a shared sense of reality. The alternative is visible already in GB News, Fox and Breitbart, where conflict and grievance have displaced evidence.




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The question now is not whether the BBC should continue to defend impartiality, but which version of impartiality it intends to defend. If impartiality means placing all claims side by side regardless of evidential grounding, it becomes a mechanism for laundering falsehood into public discourse. But if it means rigorous truth-telling, proportionate scrutiny and transparency about what we know and how we know it, then it remains both viable and essential.

BBC chair Samir Shah has apologised for the Panorama edit, describing it as an “error of judgement”. But it has exposed how fragile impartiality has become as both a principle and a perception. In an environment where trust is brittle, even minor lapses are magnified into institutional political positions. Impartiality is now judged as much by perception as by practice.

The resignations at the top of the BBC make this moment all the more precarious. The next leadership will determine whether the BBC becomes a smaller, defensive organisation that avoids offence, or a confident public service broadcaster that accepts that truth-telling will sometimes be mistaken for taking sides. Only the latter approach offers any chance of sustaining public relevance.


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The Conversation

Tom Felle does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. After resignations at the top, the BBC faces a defining test: what does impartiality mean now? – https://theconversation.com/after-resignations-at-the-top-the-bbc-faces-a-defining-test-what-does-impartiality-mean-now-269575

Why musicians are leaving Spotify – and what it means for the music you love

Source: The Conversation – UK – By Andrew White, Senior Lecturer in the Department of Culture, Media & Creative Industries, King’s College London

Vera Harly/Shutterstock

Spotify is haemorrhaging artists. In the last few months alone a handful of indie bands have exited the streaming platform. If that includes some of your favourite musicians, you may be wondering how best to support them.

Among the artists leaving the platform is indie band Deerhoof. They reacted to the news that Spotify’s founder Daniel Ek had used his venture capital firm to lead a €600 million (£528 million) investment in Helsing, a German defence company specialising in AI. Their statement said: “We don’t want our music killing people.”

This sentiment chimes with the attitudes of the many listeners who cancelled their Spotify subscriptions after the platform ran recruitment ads for ICE, the US’s controversial Immigration and Customs Enforcement agency.

The exodus reflects a general concern that major tech companies are too cosy with the Trump administration. Spotify’s US$150,000 (£114,000) donation to Trump’s inauguration ceremony was cited by Canadian musician Chad VanGaalen as one of the reasons for his departure from the platform.

But these protests are as much driven by a recognition of ongoing structural problems with music streaming business models as they are with recent events. Music streaming platforms like Spotify, Amazon Music and Apple Music allocate revenue to artists on a pro-rata basis. This means that artists on each platform are entitled to a proportion of the overall revenue from streaming. This percentage is calculated by identifying the proportion of their streams that represent the total number of streams on the platform.


No one’s 20s and 30s look the same. You might be saving for a mortgage or just struggling to pay rent. You could be swiping dating apps, or trying to understand childcare. No matter your current challenges, our Quarter Life series has articles to share in the group chat, or just to remind you that you’re not alone.

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There is therefore no direct financial relationship between listeners and the artists that they listen to. This is an opaque structure that fuels musicians’ sense that they are not receiving fair remuneration.

The number of songs on Spotify and similar platforms has grown exponentially in recent years. By Spotify’s own admission, the growth in revenue from music streaming has resulted in a deluge of AI-generated content, with 75 million spam tracks being removed over 12 months in 2024-25.

Despite this success, it can be assumed that many such tracks remain undetected and that there are therefore significant amounts of money being given to fake musicians at the expense of real artists. Spotify’s openness to some AI content, exemplified by the continuing presence of the AI band Velvet Sundown in its catalogue, does not assuage artists’ concerns.

The bundling of different types of content can make the allocation of payments to musicians much more complicated. While Spotify’s music and podcast revenue streams are separate, its audiobooks have been bundled into its premium subscription. The effect of this change in 2024 has been to lower the royalty rate of the songwriters whose music appears on its platform. Around the same time the company decided to remove payments for songs that were streamed less than 1,000 times. This is likely to disproportionately affect artists struggling to get a foothold in the music industry.

Despite all this, overall revenue continues to grow. Spotify claims that the US$10 billion it paid to the music industry in 2024 was the largest ever annual payment by any retailer. Annual rises in the price point of its subscription in the last two years means that its growth will likely sustain. That its latest quarterly figures revealed an operating profit of US$680 million seem to bear this out. This improvement in Spotify’s finances exacerbates musicians’ feeling that they are not getting their fair share.

Where to go next

So where can you go if you decide to leave Spotify? Given that its main competitors also use the pro-rata payment model and offer the same menu of unlimited music, then probably not to them.

Some streamers have experimented with user-centric models of payment whereby listeners pay directly the artists of the songs they stream. This, though, has had limited success, with Deezer capping its scheme to 1,000 streams per person per month, while Tidal ended its own experiment after two years.

There are, though, smaller platforms which deploy user-centric models of payment. Sonstream was popular for a while with independent artists, but at the time of writing its website has only basic functionality.

Resonate is a cooperative with a pay-for-play user-centric model which gives artists and rights-holders 70% of revenue, with the remaining 30% being ploughed back into the business. But the one that appears to come closest to combining an “artists-first approach” with a critical mass of musicians and listeners is Bandcamp. Each time a user purchases something on the platform, 82% of that transaction goes to the artist and/or their label. These payments have amounted to US$1.6 billion to date for not only streamed music, but cassettes, CDs, vinyl records and t-shirts too.

This last observation reflects a wider trend within the music industry and among listeners. That is that the encroachment of algorithms and AI on the curation and listening of music has led many to ditch streaming platforms altogether. This has encouraged artists to be more innovative, with many experimenting with other means of distributing their music, including selling CDs and downloads directly, and setting up their own DIY digital platforms.

For Spotify and other streaming platforms there is then a wider existential question about the extent to which it is possible to construct an economically viable business model that satisfies listeners while ensuring that musicians receive fair remuneration for their creativity.


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The Conversation

Andrew White does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Why musicians are leaving Spotify – and what it means for the music you love – https://theconversation.com/why-musicians-are-leaving-spotify-and-what-it-means-for-the-music-you-love-269231