Todas las mujeres medievales que muestra la ‘Crónica de Castilla’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marija Blašković, Marie Curie Postdoctoral Fellow, Universitat Pompeu Fabra

Teresa de Portugal, centrada, y su hija Urraca Enríquez, a la derecha, en una iluminación del ‘Cartulario del monasterio cisterciense de los Santos Justo y Pastor de Toxos Outos’. ©MCD. Archivos Estatales (España)

La historia no la escribieron, como se dice, los vencedores. Antes que nada, la escribieron los hombres, por lo menos en la Edad Media. Incluso Alfonso X, famoso por sus iniciativas de gran resonancia política, científica y cultural, se mostró poco innovador a la hora de representar a mujeres en su Estoria de Espanna, más pendiente de insistir en la centralización regia que en explorar la representación femenina. Y este hecho no se debe a que hubiese una falta de modelos.

Por ejemplo, las crónicas del reinado de su padre, Fernando III, daban una imagen ejemplar de Berenguela I de Castilla. Ella experimentó tres modos de la reginalidad –consorte, regente y reinante– antes de facilitar la unión definitiva de los reinos de León y Castilla a través de su hijo Fernando III en 1230.

El molinismo y la Crónica de Castilla

De modo similar, otra mujer y madre destacó por su lucha por los derechos sucesorios. A fines del mismo siglo, María de Molina asumió el papel de reina regente cuando su marido Sancho IV, segundogénito de Alfonso X, murió en 1295, dejando atrás a un hijo menor.

Ese fue el contexto de la composición de la Crónica de Castilla, escrita hacia 1300 y patrocinada o inspirada por ella dentro del programa político-cultural mejor conocido como molinismo. Distanciada de la ideología alfonsí, esta obra presta más atención a las relaciones entre la corona y la nobleza. Además, recoge tradiciones épico-legendarias, en particular, las relacionadas con el Cid Campeador.

Dibujo de un rey y una reina.
Fernando II y su esposa la reina Urraca en el ‘Cartulario del monasterio cisterciense de los Santos Justo y Pastor de Toxos Outos’.
©MCD. Archivos Estatales (España)

No sorprende el énfasis puesto en el protagonismo regio en una obra que abarca un poco más de dos siglos de la historia castellano-leonesa, pero sobresale su reconocimiento de la influencia femenina. Así, cuenta que Fernando I, el primer rey representado, debe el territorio castellano a su madre Muniadona (nombrada “reina Elvira” en la obra) y el reinado leonés a los derechos dinásticos de su esposa Sancha.

El caso de su hija Urraca también es curioso, porque está entrelazado con la trayectoria del Cid, junto a quien creció. Esta constelación de personajes luego inspiraría romances sobre el lamento de una Urraca rechazada por el héroe.

Más allá de Castilla

Dibujo de una mujer pensativa sentada con la mano en la cabeza.
Dibujo de Zaida hecho para el libro Mugeres célebres de España y Portugal en el siglo XIX.
Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla

Pese al título (aplicado por nosotros y no por la sociedad en la que fue redactada), esta crónica no se limita al espacio castellano; otros reinos cristianos de la Península forman parte de la narración. También lo hacen figuras singulares como la condesa Aurembiaix, puesta en un contexto militar, o Zaida, musulmana noble cuyo relato del enamoramiento de Alfonso VI se asemeja más a las novelas de caballería que al discurso historiográfico.

Desde el punto de vista religioso, es bastante llamativo que el peor caso que se narra de una mujer poniendo en peligro el orden político sea el de una judía anónima. Durante siete años, Alfonso VIII se olvida de su esposa, del trono, y se “encierra” con ella. Sus vasallos deciden intervenir y la matan, según narra la Crónica. Sin embargo, la amante judía, luego denominada Raquel, sobrevive en la memoria cultural y literaria gracias a Lope de Vega, Antonio Mira de Amescua y Vicente García de la Huerta, sólo por nombrar algunos.

Por si fuera poco, la diversidad de las figuras femeninas en la Crónica se extiende más allá de la península ibérica y Europa. Cabe mencionar a Nugaymath Turquia, arquera negra seguida de doscientos guerreros, o a Zubaidah, dueña original de un sartal de piedras preciosas que llegó de Bagdad a Valencia. Finalmente, y pese a sus tendencias prorregias, la Crónica de Castilla cuenta con un panorama de mujeres de distintos grupos: campesinas, amas, cautivas, damas, santas de la época romana, etc.

Sin duda alguna, la condición femenina afectó a estas representaciones, no siempre capaces de escapar de la mirada androcéntrica en la Edad Media (¿acaso lo hemos conseguido ahora?). No obstante, la elevada presencia de mujeres en la crónica permite explorar sus destrezas políticas y diplomáticas, manifestadas en órdenes, consejos y ruegos, pero también expresadas a través de la resistencia y el silencio.

Otro punto de vista historiográfico

El desfile de mujeres en la Crónica de Castilla se nutrió de diversas tradiciones y leyendas, pero este hecho no invalida la obra como depósito de conocimientos valiosos. Todo lo contrario. Las obras historiográficas no eran meras reescrituras pasivas; sus contenidos se adaptaban a las necesidades y los intereses, a veces divergentes, de los círculos en los que se escribían. Y esta crónica, con 19 manuscritos preservados, es emblemática de la permeabilidad del discurso historiográfico.

Folio de un códice antiguo.
En este folio de la Crónica de Castilla se cuenta cómo Urraca actúa como señora de Zamora.
Bibliothèque nationale de France, CC BY

De hecho, por ser tan distintas, las mujeres de la Crónica de Castilla revelan más de los valores de aquella sociedad que las mujeres idealizadas de la poesía trovadoresca.

No obstante, teniendo en cuenta que no superan el 10 % de los personajes de la obra, su lectura digital puede facilitar el primer contacto. La plataforma FEMIber CrCast permite un recorrido interactivo y matizado por este pasado más femenino, desde los nombres (no) documentados hasta las instancias de violencia realizadas contra o por las mujeres.

Este procedimiento nos permite profundizar nuestros conocimientos sobre varios aspectos de sus vidas y reflexionar sobre las imágenes creadas en una obra tan importante para el imaginario cultural de la Península.


Este artículo surge de la colaboración con la Fundación Ignacio Larramendi, institución centrada en desarrollar proyectos relacionados con el pensamiento, la ciencia y la cultura en Iberoamérica con el objetivo de ponerlos a disposición de todo el público.

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The Conversation

The project FEMIber has received funding from the European Union’s Horizon 2020 research and innovation programme under the Marie Skłodowska-Curie grant agreement No 101064789.

ref. Todas las mujeres medievales que muestra la ‘Crónica de Castilla’ – https://theconversation.com/todas-las-mujeres-medievales-que-muestra-la-cronica-de-castilla-259297

Estados Unidos aplicará aranceles del 15  % y ese no es un buen acuerdo para Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan de Lucio, Investigador – profesor. Economista, Universidad de Alcalá

Tomas Ragina/Shutterstock

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha logrado una victoria pírrica con el acuerdo arancelario alcanzado con el presidente estadounidense Donald Trump, en un club de golf escocés el último domingo de julio de 2025. Aunque el pacto puede reforzar su posición interna, no representa un beneficio real para la Unión Europea y compromete su capacidad negociadora futura.

Es paradigmático y simbólico que el acuerdo se haya firmado en el Reino Unido, que hace cinco años dejó la UE y sigue sufriendo los efectos comerciales negativos de esta salida, lo que subraya la fragmentación geopolítica en curso.

En virtud del pacto, Estados Unidos mantiene aranceles del 15 % sobre la mayoría de las importaciones procedentes de la UE. A cambio, Europa renuncia a responder con represalias y consigue evitar la entrada en vigor de aranceles del 30 %, anunciados por Trump para el 1 de agosto.

Un pacto con un alto coste para la UE

Ambas partes intentarán rentabilizar políticamente este pacto que, en realidad, supone una pérdida de bienestar para los ciudadanos a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, el coste para Europa es doble: renuncia a ejercer su capacidad de respuesta frente a los ataques estadounidenses al comercio libre y el multilateralismo, y muestra su debilidad estratégica de cara a futuras negociaciones, que previsiblemente llegarán. Además, dar carta de naturaleza a la narrativa de Trump y acepta sin grandes contrapartidas un arancel del 50 % sobre las exportaciones europeas de acero y aluminio.

Desde una perspectiva puramente económica, la UE tenía margen para negociar en mejores términos. Las pérdidas de bienestar derivadas de los aranceles estadounidenses no son especialmente elevadas: diversos análisis estiman un impacto de apenas dos o tres décimas del PIB europeo. Una caída moderada, fácilmente compensable mediante el impulso de nuevos acuerdos comerciales ya en marcha con Australia, India o Mercosur.




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Las disputas continuarán, la UE debe prepararse con rapidez

Por el contrario, la Administración Trump puede presentar el pacto como una gran victoria estratégica. Refuerza su narrativa confrontacional y valida su política de fragmentación comercial global, que la UE parece haber asumido al firmar un acuerdo que socava sus principios.

Este acuerdo no implica el final de las disputas comerciales entre Estados Unidos y Europa. Habrá presiones adicionales en sectores concretos (aeronáutico, farmacéutico, semiconductores, defensa, energía, etc.). Más bien se acuerda el inicio de una nueva etapa, en la que se prescinde del multilateralismo y el libre comercio que había impulsado EE. UU. tras la Segunda Guerra Mundial, y la confrontación resulta políticamente beneficiosa para Trump.




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Otras áreas de enfrentamiento

En el plano financiero, el dólar está perdiendo peso como moneda de referencia internacional, lo que representa una oportunidad para que el euro refuerce su posición global.

En el ámbito tecnológico, la UE necesita repensar y reactivar su política industrial, aprovechando este impulso para regular el poder de las grandes plataformas tecnológicas y fomentar un uso de los datos y la información que realmente beneficie a los ciudadanos. Esto no siempre implica restringir su uso, sino garantizar que se utilicen con criterios de transparencia y de generación de valor para los ciudadanos.




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En el terreno fiscal, es fundamental avanzar en la imposición justa a las grandes corporaciones, establecer recursos propios a escala europea y consolidar instrumentos de financiación común. La estrategias de autonomía y seguridad en el ámbito internacional también deben revisarse.

La UE debe reforzar su capacidad negociadora para convertirse en un contrapeso global, guiado por valores democráticos, frente a la visión cortoplacista del comercio internacional que encarna la presidencia de Donald Trump.

Pero, por encima de todo, Europa debe ser optimista y proactiva en relación con su capacidad para afrontar los desafíos que plantea el nuevo contexto internacional.

The Conversation

Juan de Lucio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Estados Unidos aplicará aranceles del 15  % y ese no es un buen acuerdo para Europa – https://theconversation.com/estados-unidos-aplicara-aranceles-del-15-y-ese-no-es-un-buen-acuerdo-para-europa-262084

Nuevos hallazgos en Marruecos revelan sus conexiones prehistóricas con Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hamza Benattia, Prehistory, Universitat de Barcelona

Excavación del enterramiento en forma de cista, en Daroua Zaydan, cerca de la ciudad de Tánger. H. Benattia et al.

Al hablar de enterramientos antiguos en el norte de África, muchos piensan enseguida en las pirámides y monumentos de Egipto. Sin embargo, recientes descubrimientos revelan que el noroeste de África también cuenta con un pasado prehistórico rico y apasionante.

La península de Tánger, en Marruecos, resulta especialmente interesante. Se encuentra situada en el lugar donde el mar Mediterráneo se encuentra con el océano Atlántico. Separada por tan solo 14 kilómetros de España por el estrecho de Gibraltar, esta zona ha sido durante mucho tiempo una encrucijada entre continentes y culturas.

Hasta ahora, se asumía que la península de Tánger había sido una zona periférica y aislada durante la prehistoria reciente. Hasta que nos propusimos explorar si esto era cierto o si, por el contrario, la región simplemente había sido poco explorada por proyectos anteriores.

A través de dos proyectos arqueológicos, en Kach Kouch y en la zona del Tahadart (el presente estudio), investigamos tanto la fachada atlántica como la mediterránea de la península de Tánger.

Tánger, una caja de sorpresas para arqueólogos

El objetivo era estudiar la región con métodos y técnicas arqueológicas modernas, incluidas dataciones radiocarbónicas. Para entender cómo esta región pudo estar conectada con otras regiones, utilizamos Sistemas de Información Geográfica, que permiten modelar y calcular los posibles caminos y rutas de comunicación. También analizamos el terreno y el paisaje mediante imágenes satelitales y obtenidas con dron.

En una fase posterior, junto a un equipo de jóvenes arqueólogos del Instituto Nacional de arqueología y patrimonio de Marruecos (INSAP), realizamos prospecciones y excavaciones sobre el terreno.

Lo que descubrimos superó todas nuestras expectativas. Lejos de ser un lugar vacío y aislado, la península de Tánger está llena de evidencias de que allí vivieron y murieron personas, y celebraron ceremonias, durante miles de años.

Nuestra esperanza es que estos hallazgos contribuyan a replantear el papel del noroeste de África como un cruce cultural que ha conectado distintas regiones desde hace milenios. Esta región podría cambiar nuestra comprensión de la prehistoria reciente de las regiones bañadas por el Atlántico y el Mediterráneo.

Un paisaje prehistórico de rituales y enterramientos

Nuestro estudio, publicado en African Archaeological Review, presenta el descubrimiento de decenas de nuevos yacimientos arqueológicos, incluidos enterramientos prehistóricos, lugares con arte rupestre y menhires.

Hasta ahora, la investigación sobre el arte rupestre y los enterramientos en el norte de África se había centrado en zonas como el valle del Nilo, el Sáhara o las montañas del Atlas. Nuestros descubrimientos revelan que la costa noroccidental de Marruecos fue un importante centro cultural durante la Edad del Bronce, hace más de 4 000 años.

La diversidad de prácticas funerarias, los lugares rituales, el arte rupestre simbólico y los monumentos megalíticos únicos reflejan un rico patrimonio prehistórico que trasciende las fronteras geográficas, políticas y culturales actuales. También pone de relieve los intercambios y contactos de larga duración entre esta región y el Mediterráneo, el Atlántico y el Sáhara.

La tumba de Daroua Zaydan

Uno de los yacimientos más notables que excavamos se encuentra en Daroua Zaydan, cerca de la actual ciudad de Tánger. Allí descubrimos una pequeña cámara funeraria construida con cuatro losas verticales de piedra y cubierta por una losa mayor. Un conjunto de piedras en forma de media luna probablemente marcaba el acceso a la cámara.

Aunque la tumba había sido saqueada en el pasado, recuperamos varios restos óseos humanos fuera de la cista –enterramiento de piedra con forma de caja o ataúd–. Uno de ellos fue datado por radiocarbono entre 2118–1890 a. e. c. Esta fecha coincide con tradiciones funerarias similares al otro lado del estrecho de Gibraltar, en Iberia, y con actividad de asentamiento en la Edad de Bronce antiguo en Kach Kouch, a unos 65 km al sureste del yacimiento de Daroua Zaydan.

Las necrópolis de cistas ya habían sido documentadas anteriormente en la región, pero la mayoría fueron excavadas entre principios y mediados del siglo XX. En aquella época, los arqueólogos no contaban con los métodos actuales que permiten conocer detalles importantes como su cronología y forma de construcción. Daroua Zaydan constituye la primera cista datada por radiocarbono en el noroeste de África.




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Monumentos, depósitos rituales y conexiones atlánticas

Nuestros hallazgos apuntan a la existencia de un paisaje ritual prehistórico complejo en la península de Tánger. Probablemente, estaba conectado con otras regiones atlánticas y mediterráneas a través de un “lenguaje” ritual y simbólico compartido.

Una de las pistas nos la da una espada de la Edad de Bronce hallada en los años 1920 en el río Loukkos. Se piensa que fue fabricada en Gran Bretaña o Irlanda y pudo haber llegado al norte de África a través de redes de intercambio atlántico. Lo más probable es que fuera arrojada deliberadamente al río –una práctica ritual documentada en ríos de la Europa atlántica–. Esto sugiere que las comunidades del norte de Marruecos formaban parte de un mundo cultural y simbólico más amplio, conectado a la prehistoria atlántica.

Otro ejemplo es el círculo de piedras de Mzoura, compuesto por 176 menhires. Este yacimiento, excavado en los años 1930, es único en el norte de África, pero guarda un gran parecido con otros círculos megalíticos de la Europa atlántica, como Stonehenge. Durante nuestro trabajo de campo, también descubrimos nuevos menhires y arte rupestre, situados a lo largo de rutas de comunicación prehistóricas. Esto sugiere que pudieron funcionar como marcadores territoriales o lugares rituales.

Antes de nuestra investigación, solo se conocía un abrigo con arte rupestre pintado en el noroeste de Marruecos: el de Magara Sanar. Ahora hemos documentado 17 abrigos con pinturas y 5 con grabados.
La variedad de símbolos y escenas incluye patrones de puntos, líneas geométricas y figuras humanas. Todo ello sugiere la existencia de vínculos con el arte prehistórico de la península ibérica, el atlántico y el Sáhara.

Por qué esto es importante

Nuestra investigación no solo llena un vacío en el mapa arqueológico: también abre nuevas vías para la exploración científica en la región. La península de Tánger alberga un patrimonio prehistórico reciente rico y en gran parte no documentado. Merece más atención por parte de investigadores, responsables de patrimonio y del público en general.

Es necesario aplicar medidas de protección más firmes, ya que la zona está experimentando un rápido desarrollo urbano. El turismo está en auge y el saqueo continúa siendO generalizado. Esperamos que nuestro trabajo impulse nuevas investigaciones arqueológicas, con excavaciones y dataciones por radiocarbono en yacimientos clave.

The Conversation

Hamza Benattia director del Tahadart Archaeological Project recibe fondos del National Institute of Archaeology and Heritage of Morocco (INSAP), the Prehistoric Society Research Fund, the Stevan B. Dana Grant of the American Society of Overseas Research, the Mediterranean Archaeological Trust Grant, the Barakat Trust Early Career Award, the Centre Jacques Berque Research Grant, the Institute of Ceutan Studies Research Fund and the University of Castilla La Mancha.

ref. Nuevos hallazgos en Marruecos revelan sus conexiones prehistóricas con Europa – https://theconversation.com/nuevos-hallazgos-en-marruecos-revelan-sus-conexiones-prehistoricas-con-europa-260226

El sufrimiento mudo e invisible de los peces

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Bermejo Poza, Profesor Ayudante Doctor en el Departamento de Producción Animal UCM, Universidad Complutense de Madrid

Adnan Buyuk/Shutterstock

Cada año, más de mil millones de peces son capturados o criados en Europa para el consumo humano. Son parte esencial de la alimentación, de las mesas, supermercados y recetas tradicionales. Sin embargo, a diferencia de otros animales de granja como las vacas, cerdos o gallinas, su bienestar sigue siendo una asignatura pendiente. Y no por falta de consumo, sino por una larga historia de ignorancia y desinterés.

Lo que la ciencia dice sobre la conciencia en peces

Durante mucho tiempo, se pensó que sentir dolor requería tener una corteza cerebral, como la que tienen los mamíferos. Y como los peces no la tienen, se asumió que no podían sufrir. Pero esta visión ha empezado a cambiar gracias a nuevas investigaciones en neurociencia y comportamiento animal. Hoy sabemos que los peces tienen cerebros distintos, pero no menos complejos. Muchas especies poseen estructuras que, aunque diferentes en forma, cumplen funciones similares a las de los vertebrados superiores. Pero más allá de lo que tienen dentro del cráneo, lo realmente revelador es cómo se comportan.




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Por ejemplo, los estudios de la investigadora británica Lynne Sneddon y su equipo han mostrado que truchas arcoíris a las que se les inyecta ácido acético en los labios desarrollan respuestas conductuales duraderas, como frotarse contra superficies duras, pérdida de apetito, inmovilidad y cambios en su comportamiento exploratorio. Sin embargo, lo más revelador es que dichas reacciones disminuyen o desaparecen si se administra un analgésico, lo que sugiere una experiencia modulada de dolor, y no una mera respuesta refleja. Es decir, no solo sentían, sino que esa molestia podía aliviarse.

Además, estudios en peces cebra, tilapias, doradas o cíclidos han demostrado capacidades cognitivas avanzadas. Se ha documentado en ellos aprendizaje por observación, memoria espacial, reconocimiento individual y toma de decisiones estratégicas. Observaciones que apuntan a una vida mental más rica y sensible de lo que tradicionalmente se ha asumido.

En 2011, un equipo de investigadores brasileños expuso peces cebra a distintos tipos de estímulos estresantes para ellos. ¿Qué ocurrió? Los peces comenzaron a evitar zonas abiertas, permanecían inmóviles más tiempo y reducían su actividad. Son cambios de comportamiento similares a los observados en mamíferos con síntomas de ansiedad. Y lo más interesante: esos cambios se mantenían en el tiempo y variaban según la historia individual de cada individuo.




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Incluso se ha observado que algunos peces muestran lo que se llama “fiebre emocional”, también conocida como fiebre psicógena o hipertermia, donde aumenta la temperatura corporal debido al estrés emocional y no por una infección o enfermedad. Investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona observaron que peces cebra sometidos a un estrés previo preferían situarse en aguas más cálidas que aquellos sin ese estímulo estresante.

Puede haber conciencia sin corteza

La idea de que la conciencia depende exclusivamente de la corteza cerebral ha sido cuestionada por muchos neurocientíficos en la última década. Se ha demostrado que la conciencia no depende de una estructura específica, sino de redes funcionales que pueden estar presentes en cerebros muy distintos al nuestro. La Declaración de Cambridge sobre la Conciencia, firmada en 2012 por un grupo internacional de neurocientíficos, afirma que muchos animales no humanos, incluidos los peces, probablemente poseen los sustratos neurológicos necesarios para tener experiencias conscientes.

Esto no significa que los peces piensen como nosotros, o que su dolor sea idéntico al dolor humano. Pero sí implica que pueden experimentar sufrimiento de forma significativa para ellos, y por tanto, merecen consideración moral. La conciencia no es un fenómeno exclusivo de primates ni de mamíferos; es una propiedad evolutiva que puede surgir de múltiples formas en la naturaleza.

Si aceptamos esta posibilidad, o si no la descartamos, la pregunta que sigue es inevitable: ¿no deberíamos actuar con cautela y proteger a estos animales como lo hacemos con otros vertebrados?




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Un gran vacío legal en Europa

Pese a esta creciente evidencia científica, la legislación europea sigue siendo ambigua y limitada en cuanto al bienestar de los peces. El artículo 13 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea reconoce a los animales como “seres sensibles” y establece que las políticas comunitarias deben tener en cuenta su bienestar. Sin embargo, este reconocimiento se aplica de forma desigual: existen directivas específicas y obligatorias para animales terrestres, pero no para peces.

En el caso de la acuicultura, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) ha emitido recomendaciones técnicas sobre buenas prácticas durante el transporte y el sacrificio de peces en los años 2009 o 2020, pero estas directrices no tienen carácter vinculante. En otras palabras, los Estados miembros no están obligados legalmente a seguirlas.

Muchos países de la Unión Europea permiten todavía métodos de sacrificio que la comunidad científica considera crueles. Por ejemplo, se sigue utilizando el desangrado sin aturdimiento, la asfixia fuera del agua y métodos mecánicos como el golpe en la cabeza (percussive stunning) que no siempre se aplican correctamente. En algunos casos, los peces pueden tardar minutos o incluso horas en morir, lo cual sería inaceptable en cualquier otro animal de granja.

Esta falta de regulación contrasta con los avances logrados en otros sectores ganaderos. Para cerdos, aves o vacas, existen normas claras y exigibles que prohíben causar sufrimiento innecesario y establecen estándares de manejo. ¿Por qué los peces siguen siendo una excepción?




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Un sufrimiento invisible pero real

Parte del problema radica en cómo percibimos a los peces. No emiten sonidos que podamos reconocer como gritos, no expresan emociones en su rostro y habitan un medio físico que nos resulta ajeno. Esta “distancia empática” ha facilitado que su sufrimiento permanezca invisible, tanto para los legisladores como para los consumidores.

Bajo el agua reina lo que podríamos llamar El sonido del silencio, parafraseando la icónica canción de Simon & Garfunkel: una ausencia de voces que defiendan su causa, una indiferencia social y política ante su posible sufrimiento. Pero el hecho de que no escuchemos su dolor no significa que no exista.

Desde un punto de vista biológico, muchas especies de peces poseen sistemas nerviosos complejos, con nociceptores (receptores del dolor), redes neuronales organizadas y capacidades cognitivas que van mucho más allá de la simple supervivencia. Algunos estudios incluso han documentado el uso de herramientas, el reconocimiento de sí mismos en espejos (en algunas especies como el lábrido limpiador) y vínculos sociales duraderos.

La forma en que se sacrifican actualmente muchos peces no resiste un análisis ético. La asfixia fuera del agua, por ejemplo, es uno de los métodos más utilizados, y puede implicar una lenta agonía. Otras prácticas, como el enfriamiento en hielo vivo o la exposición al CO₂, tampoco garantizan una pérdida de consciencia inmediata. Si aplicáramos estos métodos a otros animales de granja serían considerados inaceptables.




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Una llamada a la acción

La buena noticia es que no estamos obligados a seguir ignorando este problema. Hay soluciones técnicas disponibles para reducir el sufrimiento, como sistemas de aturdimiento eléctrico o mecánico adecuados, mejores prácticas en transporte y estándares de manejo más humanos. Solo falta voluntad política y presión social.

Ante esta situación, muchos expertos en ética animal, neurociencia y bienestar están reclamando un cambio legislativo urgente. Instituciones como el FishEthoGroup, eñ Eurogroup for Animals o Compassion in World Farming han lanzado campañas públicas para exigir a la Unión Europea que legisle sobre el bienestar de los peces.

Implementar estas medidas no solo es una cuestión de ética, sino también de sostenibilidad y salud pública. El sufrimiento previo al sacrificio influye en la calidad del producto final: un pez estresado libera más cortisol) lo que afecta la textura y el sabor de su carne. Además, los consumidores están cada vez más informados y preocupados por el origen ético de los alimentos.

La ciencia ya ha hecho su parte: ha demostrado que muchos peces son seres sintientes, con capacidades cognitivas y emocionales que no pueden ser ignoradas. Ahora le toca a la política responder. Mientras tanto, cada uno de nosotros, como ciudadanos y consumidores, también puede tomar decisiones más informadas: exigir transparencia, apoyar la investigación y elegir prácticas alimentarias más responsables. La pregunta fundamental no es si pueden sufrir sino por qué seguimos actuando como si no lo hicieran.

Es hora de que las leyes reflejen lo que la ciencia ya ha demostrado. Y también es hora de que, como ciudadanos y consumidores, empecemos a escuchar ese silencio bajo el agua.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El sufrimiento mudo e invisible de los peces – https://theconversation.com/el-sufrimiento-mudo-e-invisible-de-los-peces-261244

¿Tomamos las decisiones de forma libre?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diego Emilia Redolar Ripoll, Associate professor, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Si antes de tomar una decisión dedicamos un rato a pensar racionalmente, eso implica integrar y evaluar múltiples factores, unos externos a la persona y otros de naturaleza interna. Una de las primeras cosas que hacemos en estos casos es sopesar, es decir, comparar el valor de las diferentes opciones entre las que tenemos que elegir. Y a partir de ahí generamos una regla que nos permita seleccionar la alternativa más valiosa en nuestro caso.

Ciertas áreas de la corteza prefrontal, como la región dorsolateral y la corteza cingulada anterior, son críticas para escoger porque permiten sopesar el valor a largo plazo de cada opción en las decisiones que tomamos.

Imaginemos que nos piden que elijamos para desayunar entre un pastel de chocolate o un yogur con fruta. Sabemos que el lácteo es la alternativa más saludable, pero puede que el pastel nos atraiga más, dado que su sabor es más gratificante. ¿Gana lo sano o lo sabroso? En 2009, un estudio reveló que la actividad de la corteza prefrontal ventromedial estaba correlacionada con la preferencia por el gusto del alimento, sin importar si era saludable o no. Por el contrario, la actividad de la corteza prefrontal dorsolateral se disparaba cuando el sujeto descartaba un alimento que le resultaba especialmente apetecible, pero que, lamentablemente, no era sano.

Con los resultados de este estudio, podríamos afirmar que la región ventromedial es capaz de analizar el valor de las opciones a corto plazo, mientras que la zona dorsolateral nos ayudaría a incorporar en nuestra decisión consideraciones del valor a largo plazo de las dos opciones. En cierto modo, ambas actúan como si fueran un demonio y un ángel, hablándonos en uno y otro oído durante la toma de decisiones.

¿Y de qué depende que gane el ángel o el demonio? La neurociencia nos dice que hay diversos factores que pueden mover la balanza hacia un lado o el otro: desde las diferencias individuales (lo que tradicionalmente llamamos “fuerza de voluntad” de cada uno), hasta la magnitud del premio (no es lo mismo un pastel de chocolate que un viaje a Islandia, donde sopesamos el gasto que nos supone frente a lo bien que nos lo vamos a pasar), pasando por el estado físico (si estamos más cansados o con más sueño) o emocional (si nos sentimos más tristes o más alegres).

Damos prioridad a lo familiar

Las personas no siempre tomamos las decisiones basándonos en una evaluación racional que sopesa sus costes y beneficios a corto o largo plazo. Muchas se adoptan siguiendo reglas que nos permiten simplificar las situaciones más complejas o difíciles. A falta de más información, solemos decantarnos por la opción más familiar.

Esto nos permite tomar una decisión de una forma más rápida y sencilla, dado que lo familiar se relaciona con la popularidad y otras características positivas. En este sentido, se huye de la ambigüedad y de las situaciones en las que desconocemos las probabilidades de los posibles resultados.

Por ejemplo, imagine que lo único que conocemos del polo es que se trata de un deporte donde dos equipos con cuatro jugadores cada uno, montados a caballo, intentan llevar una pequeña pelota hacia la portería del rival. Resulta que acudimos a un experimento en la universidad y nos piden que apostemos una cantidad nada despreciable de dinero por uno de los equipos que se enfrenta en un partido de polo. ¿Cómo escogemos?

En situaciones de ambigüedad como esta, en la que debemos tomar una decisión casi sin datos, se activan la corteza orbitofrontal (porción que queda por encima de los ojos) y regiones laterales de la corteza prefrontal. La primera se enciende, seguramente, debido a que vivimos la situación como algo aversivo, que no nos gusta y nos desconcierta. En el caso de las regiones laterales de la corteza prefrontal, su activación refleja la necesidad de plantearnos las probabilidades para construir una regla de decisión: no se tiene información, pero, aun así, se buscan posibles indicios sobre los que sustentar la elección.

Pulsar botones del cerebro para entender la generación de ideas

Existen técnicas que, de forma no invasiva, nos permiten activar o inactivar regiones corticales durante unos minutos para hacer pruebas cognitivas y analizar cómo afecta el aumento o la disminución de la excitabilidad de las neuronas de esas regiones. Son las denominadas “técnicas de estimulación cerebral no invasiva”.

Imaginemos que tenemos la hipótesis de que determinada región de la corteza cerebral es crítica para el cálculo aritmético. La podemos inhibir con este tipo de técnicas y, a continuación, hacer pruebas en las que el participante tenga que demostrar sus habilidades de cálculo. Si la región es cardinal para esa función, el voluntario lo hará peor que cuando realice estas tareas sin estimulación (de hecho, este experimento lo llevamos a cabo en nuestro laboratorio, pero ahora esta historia no viene al caso).

Pues bien, la investigación sobre estimulación cerebral no invasiva ha empezado a examinar de forma empírica los efectos del razonamiento sobre la creatividad, algo importante en la toma de decisiones. En este sentido, algunos estudios han demostrado que la inhibición de diferentes regiones laterales de la corteza prefrontal disminuye los mecanismos de control cognitivo, lo que facilita la generación de ideas creativas. Es decir, si se inhibe el funcionamiento de determinadas regiones cerebrales, podemos aumentar la creatividad de esas personas.

En 2021, un equipo de investigadores llevó a cabo un estudio en el que incrementaban la excitabilidad de las neuronas de la corteza prefrontal con el objetivo de analizar cómo afectaba a la generación de ideas novedosas en función de las demandas de la tarea. Los participantes tenían que leer frases a las que les faltaba la última palabra, y se les pedía que la completaran con un final poco común pero apropiado. Se observó que cuando se activaba la corteza prefrontal, aumentaba la adecuación y disminuía la novedad (y, por lo tanto, la creatividad) de las respuestas de los participantes.

Ese mismo año, llevamos a cabo un experimento en nuestro laboratorio para analizar cómo la inhibición de determinadas regiones de la corteza prefrontal modificaba la toma de decisiones de riesgo. Propusimos a los participantes que hinchasen un globo. Cada vez que soplaban iban ganando dinero que después se llevarían a casa. No obstante, cada globo estaba programado de forma aleatoria para explotar con un determinado número de insuflaciones.

Así vimos que inhibir zonas dorsolaterales de la corteza prefrontal hacía que los participantes se arriesgaran más, pero los resultados parecían depender de su personalidad. Es decir, no todos nos comportamos igual cuando tomamos decisiones en circunstancias de riesgo. En parte, esto se explica por el funcionamiento de regiones implicadas en el control cognitivo (que incluye todas las funciones ejecutivas superiores, incluido el razonamiento), pero también por la personalidad de cada uno.

La razón sin emoción es como un general sin ejército

Por último, las emociones también pueden influir en las decisiones que tomamos, cómo esbozamos el futuro o a qué prestamos atención y, después, recordamos. ¿Qué pinta, entonces, la razón? Emoción y razón han de ir de la mano, deben estar en equilibrio. La razón puede ayudar a generar nuevas respuestas emocionales que sean capaces de sustituir los sentimientos que ya tenemos, potenciándolos o añadiendo argumentos que los modifiquen y adapten a la situación que vivimos o al contexto social y normativo en el que nos encontramos. En los pacientes que presentan lesiones en regiones cerebrales críticas para las emociones, los procesos racionales se ven menoscabados a medida que el procesamiento de la información emocional no es correcto.

En palabras de Ignacio Morgado, “la razón sin emoción es como un general sin ejército; la emoción sin razón es como un coche sin frenos”.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

José A. Morales García colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. ¿Tomamos las decisiones de forma libre? – https://theconversation.com/tomamos-las-decisiones-de-forma-libre-262074

All women — not just mothers — could benefit from more workplace flexibility

Source: The Conversation – Canada – By Anja Krstic, Assistant Professor of Human Resource Management, York University, Canada

Despite progress toward gender equity, many women continue to take on the majority of unpaid labour within their households, including housework and child care.

On average, women spend twice as much time as men per week on housework (12.6 hours compared to 5.7) and child care (12 hours compared to 6.7).

Unpaid labour also includes cognitive labour — the mental work of anticipating household needs, identifying and weighing options to fulfil them and monitoring whether those needs have been met.

Cognitive labour underpins many physical household and child-care tasks. For example, cooking or shopping for the household requires planning meals around preferences, anticipating various needs, finding alternatives if needed and keeping track of satisfaction with meals and products.

Cognitive labour is often called the “third shift” because it’s largely mental and invisible in nature. This work is often done in the background and is dispersed throughout the day, and women in heterosexual couples tend to shoulder most of it.

As experts in organizational behaviour, we recently conducted a study that found this form of invisible labour also significantly impacts women’s workplace experiences and career outcomes, which ultimately undermines gender equity.

The hidden cost of cognitive labour

For our study, we surveyed 263 employed women and men in heterosexual relationships with employed partners across the United States and Canada. Over seven weeks from April to May 2020, participants reported weekly on the division of cognitive, household, paid and child care labour between them and their partner. They also shared their level of emotional exhaustion, turnover intentions and career resilience.

It’s worth noting that our sample was predominantly white, highly educated and included only those in heterosexual relationships, which may limit how widely these findings apply.

Our results reveal that women take on more cognitive labour than men, even when accounting for the distribution of household and paid labour. This imbalance was linked to greater emotional exhaustion, which, in turn, was associated with a higher likelihood of wanting to leave one’s job and a reduced ability to cope with workplace changes.

In addition, nearly half the participants had at least one child under the age of 18 living with them. This is notable because school and daycare closures during the early days of the COVID-19 pandemic significantly increased child care demands, which women took the brunt of.

We found mothers shouldered a disproportionate amount of child care compared to fathers. Child care — not cognitive labour — was the key predictor of emotional exhaustion, which again resulted in a reduced capacity to cope with their work environment.

In other words, women experienced higher amounts of emotional exhaustion and undermined work outcomes, but the driver varied. For women without children, it was an unequal division of cognitive labour. For mothers, it was unequal child-care responsibilities.

Unpaid labour doesn’t just affect mothers

Much of the research and discourse on unpaid labour tends to conflate it with child care. Yet our findings highlight that unpaid labour affects the careers of both women with and without children.

Work-life balance research and policies often focus on mothers, overlooking the fact that women without children also disproportionately experience burdens at home that can impact their careers.

Our work also contributes to a growing body of research on the work experiences of women without children, who are often rendered invisible in literature. Past research has found that mothers are more likely than their child-free peers to be granted access to flexible work arrangements. Such differences were not found for men with and without children.

This lack of focus reinforces traditional gender stereotypes of women that equate womanhood with motherhood. Our work takes initial steps to address this gap by shedding light on the experiences and challenges that women without children face in managing work and home duties.

How organizations can support all women

Our findings show that women are overburdened by their domestic responsibilities, which can harm their career outcomes and undermine gender equity. But this is not just a personal issue, but an organizational one as well. Organizations have an important role to play in supporting and retaining women in the workplace. Here are several ways they can help.

1. Offer flexible work arrangements.

Organizations can promote a more equitable division of labour within households by offering work arrangements like flexible hours and remote work. Research has shown that such arrangements encourage men to increase their participation in housework and child care.

2. Design flexible work arrangements for all employees, not just parents.

Flexible work arrangements should not be designed with only parents in mind. Women without children also benefit from flexible work arrangements, as they can lessen the strain and resulting career outcomes of cognitive labour. Offering these arrangements to men without children may also encourage them to take on a greater proportion of cognitive labour in their household.

3. Recognize that flexible work arrangements may inadvertently and unfairly benefit men.

Given that women in general take on a greater share of unpaid labour than men, they are more likely to use flexible work arrangements. In contrast, men may use the same flexibility to focus on career advancement. Research has shown that men are more likely to to use parental leave to take on more work, develop human capital or build new skills. Organizations should ensure flexible work policies are used as intended and do not inadvertently advantage men.

4. Normalize the use of flexible work arrangements.

It is not enough for organizations to only offer flexible work arrangements; they must also normalize and encourage their use. Women tend to use them more often because some men fear being viewed negatively for using them. Managers should lessen such fears by communicating that these arrangements won’t lead to penalties, and they should act as role models by using such arrangements themselves.

To better support the challenges that women are facing and promote gender equity, structural changes both within the home and at work are necessary, and organizations play an important role in advancing these changes.

Christianne Varty, researcher and business strategist, co-authored this article.

The Conversation

Anja Krstic’s research has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC).

Ivona Hideg’s research has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC).

Janice Yue-Yan Lam’s research has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC), along with Ontario Graduate Scholarships.

Winny Shen’s research has received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC).

ref. All women — not just mothers — could benefit from more workplace flexibility – https://theconversation.com/all-women-not-just-mothers-could-benefit-from-more-workplace-flexibility-260889

To protect coral reefs, we must also protect the people who depend on them

Source: The Conversation – Canada – By Pedro C. González Espinosa, Postdoctoral Reserach Fellow, The School of Resource and Environmental Management, Simon Fraser University

Coral reefs are vital ecosystems that sustain millions of people, yet they face a growing crisis. Rising ocean temperatures are causing coral bleaching, a process where heat disrupts the relationship between corals and the microalgae living inside them. If the stress continues, the corals may die.

Since the 1980s, bleaching events have increased significantly, posing a major threat to reefs and the coastal communities that rely on them for food, income and protection.

white coral underwater
Prolonged coral bleaching events, caused by environmental stress, can cause coral reefs to die.
(Danielle.ihde/Wikimedia)

Scientists rely on data-monitoring tools to predict where and when bleaching is most likely to occur. These tools help inform conservation decisions made by the reef managers in charge of preserving the reefs, like temporarily pausing tourism or fishing to allow corals to recover.

But important questions are often overlooked in the process: Are these decisions fair? And who bears the cost of protecting coral reefs?

Managing reefs

Predicting bleaching events is crucial for managing reefs. The U.S. National Oceanic and Atmospheric Administration’s Coral Reef Watch uses satellite data to issue real-time bleaching alerts. These alerts guide managers to act before reefs reach dangerous thresholds.

However, the science isn’t perfect. Our research shows that about one-third of bleaching alerts worldwide are false alarms or missed events. If fishing or tourism sites are closed based on a false alarm, it can cause unnecessary economic hardship to local communities. On the other hand, failing to act when bleaching happens risks long-term ecological damage.

Not all reefs are affected equally. The challenges are especially severe in developing countries, where coastal communities depend heavily on reefs for their livelihoods. Many coastal communities do not have the money, government support or backup options they need to protect reefs or cope with the damage.

As a result, coastal communities in developing countries bear the greatest ecological and economic risks. This highlights the need for a rethink of how reef-protection strategies are designed and implemented.

Equity matters

Reef management must be fair, not just to the reefs but also to the people who depend on them. This is where equity comes in. Equity means not only sharing the benefits of healthy reefs, but also ensuring that the costs, such as fishing bans or tourism closures, do not disproportionately fall on those least able to handle them.

There are three key principles that help bring equity to the heart of coral-reef management and the fair sharing of reef resources:

  1. Recognizing equity: Different groups relate to the reef in different ways. For some, it is a source of food; for others, it has cultural or spiritual meaning. Understanding and respecting these different connections — whether scientific, economic or traditional — is essential.

  2. Fair decision-making: Managing the reef should be a collective undertaking. It is important that those who depend on it, like fishing communities, tourism operators and Indigenous groups, have a real say in how the reef is used, and not just more powerful or rich interest groups, like commercial fishers.

  3. Fair sharing of benefits and costs: The benefits of healthy reefs, like fish, tourism income or coastal protection, should be distributed fairly. Likewise, the costs, such as fishing bans or tourism restrictions, should not fall unfairly on those who can least afford it.

These ideas may sound like common sense, but they are often missing in practice. In developing countries, decisions made in the interest of reef conservation can unintentionally harm local communities.

Sustainable and local solutions

Without alternative sources of income or food, restricting fishing or access to reefs can worsen poverty, exacerbate gender inequity or push unsustainable practices to other areas.

In the Solomon Islands, for example, coral reefs are crucial for both food and economic well-being.

In some communities, the food and materials people harvest from reefs, like fish, shells and corals, are worth more than what they earn from other sources. But heavy reliance on reef resources, especially for cash income, has led to over-extraction in some areas, putting both the reefs and local livelihoods at risk.

A community-led planning project in the small island nation of Tuvalu has fostered support for low-impact tourism that balances conservation with livelihoods. Villages identified key sites to protect and developed visitor guidelines to support tourism in a socially responsible and environmentally sustainable manner, balancing reef conservation with local livelihoods.

These examples show that conservation solutions must be co-designed, flexible and tailored to each context. Decisions to close areas or create protected zones should consult with and include local communities.

Reuters reports on the world’s largest coral, discovered in the Solomon Islands.

Toward a just future

Strategies to protect coral reefs need to evolve to include impacted communities. This means reshaping decision-making processes, who is involved and how risks and benefits are shared. It also means addressing global imbalances in conservation leadership.

Many reef initiatives are still led by institutions from wealthy nations, even though the reefs most at risk are in developing countries. In many cases, local communities are invited to participate, but participation alone may not guarantee equity. True equity is about shifting power in leadership and making space for local communities and institutions, providing them with real authority to manage their own resources.

Integrating equity into every stage of coral-bleaching management — including warning systems, impact assessments, stress reduction and policy decisions — not only boosts conservation outcomes, but also ensures that efforts to save the reefs do not come at the expense of the people most dependent on them.

The Conversation

Pedro C. González Espinosa receives funding from the Nippon Foundation Ocean Nexus, School of Resource and Environmental Management (REM), Simon Fraser University (SFU).

ref. To protect coral reefs, we must also protect the people who depend on them – https://theconversation.com/to-protect-coral-reefs-we-must-also-protect-the-people-who-depend-on-them-252546

How the UK could reform the European convention on human rights

Source: The Conversation – UK – By Joelle Grogan, Senior Visiting Research Fellow, UCD Sutherland School of Law, University College Dublin

Whether the UK should leave the European Convention on Human Rights (ECHR) has been a debate in UK politics for years. Conservatives have long accused the convention of interfering with government policy on migration and criminal justice, and have debated repealing the Human Rights Act 1998 (which enshrines the convention in UK law).

Stories of foreign criminal deportations stopped over a child’s taste for chicken nuggets, or having a pet cat, have fuelled the debate. These stories (although debunked) give the impression that human rights law undermines border control on the most trivial grounds.

Suella Braverman, who as Conservative home secretary was one of the most vocal advocates for leaving, has laid out a 56-page plan to do so. Current Conservative leader Kemi Badenoch has commissioned a review into whether the UK should leave the ECHR and other international legal agreements.

But there are alternatives to leaving entirely. Labour justice secretary Shabana Mahmood has signalled plans for reform with a focus on foreign criminal deportations. On a visit to Strasbourg in June, Mahmood suggested that there is a perception that “the law too often protects those who break the rules, rather than those who follow them”.

Other signatories to the convention are concerned too – though none have called to leave it. In May 2025, nine countries led by Italy published an open letter calling on the European Court of Human Rights to “restore the right balance” between migration and the ECHR. They want states to have “more freedom” to tackle irregular migration and expel foreign national criminals.

How does the ECHR work?

It’s important to note that the ECHR has no right to asylum, nor a right to enter or remain in a country of which you are not a national. Deporting someone back to their country or to a safe third country does not violate the ECHR.

However, in exceptional cases, a person can challenge their removal on human rights grounds under the convention in UK courts or – very rarely – in Strasbourg. These are the cases that the UK is concerned about.

There are, generally speaking, two routes to this. A person may challenge their removal under Article 3 of the convention (prohibition of torture and other severe ill-treatment) if, for example, there is a serious risk that they may be tortured in the country to which they would be sent.

Or they can do so under Article 8 (the right to respect for private and family life). For example, if they have children who are entirely dependent on them and unable to leave with them.

Article 3 is an absolute right: nothing can justify the use of torture or allowing a person to be tortured. Article 8 is a qualified – not absolute – right. It can be limited where this is lawful, proportionate and necessary to protect the wider public interest. Deporting a foreign national who has committed a criminal offence could be such a case.

If a person believes their rights have been violated through being deported, they can make an application to the European Court of Human Rights, but only if they have exhausted every domestic route in their national courts. This is not an appeal, and the court cannot overturn a domestic judgment or invalidate national law. However, a negative judgment legally obliges the member state to stop the violation and ensure it does not happen again.

Judgments by the European Court of Human Rights against the UK are rare. Since 1980, there have been only four cases where the court ruled that the UK violated the right to family life in a deportation case.

Within the UK, while information on how many foreign national criminal deportations have been stopped on human rights grounds is scarce, the most recent available data suggests that only 2.5% of Article 8 appeals against deportation (or 645 cases over six years) were successful in UK courts. Some of these could have subsequently been overturned, but that information is not publicly available.

How could it be reformed?

As governments throughout Europe look for ways to manage migration, some states are looking at reforming the ECHR on a Europe-wide level.

The text of the convention can be amended with the unanimous consent of all 46 members of the Council of Europe. This would likely take years to negotiate and come into force.

Alternatively, member states can issue a joint declaration to try to influence how the court interprets the convention. This might, for example, call for greater deference to national decisions related to migration and the right to family life.

While it’s certain that many states have concerns regarding migration, they might not necessarily have the same view on what to do about it. Denmark led an effort on ECHR reform in 2018. But its initial draft declaration, which emphasised the primacy of states and the secondary role of the court, was roundly criticised by other member states, and ultimately a much watered-down version was passed.

Reform within the UK

Current immigration rules set by parliament establish the conditions for when Article 8 can be applied.

These rules allow courts to consider how long the foreign offender facing deportation has lived lawfully in the UK, along with how socially and culturally integrated they are, and whether there would be “very significant obstacles” for them to integrate into another country. The rules also allow an Article 8 exception where deportation would be “unduly harsh” for any dependent children.

For serious crimes, foreign offenders “must show very compelling circumstances over and above” these conditions.

The Ministry of Justice has indicated that legislation will be introduced domestically to clarify Article 8 rules and to “strengthen the public interest test” so that fewer cases are treated as “exceptional”.

The government could legislate to require the courts to heavily weight the risk of reoffending, and the threat posed to public safety by the crimes committed, in their decision. These are already implicit when courts balance the rights of the individual with the public interest, and so likely to influence cases only at the margins, but could serve the delicate politics at play without breaching international obligations.

Alternatively, parliament could legislate – as advocated by the Conservatives – to exclude all deportation decisions from the scope of the Human Rights Act. This would abandon the principle that human rights are for everyone, and in many cases, it would allow people to be sent back to conflict zones or unstable countries. Doing so would be tantamount to a departure not just from the ECHR, but from the UK’s commitment to human rights and the rule of law, risking serious political and legal consequences both domestically and to the UK’s international standing. Even then, as former home secretary James Cleverly points out, it would not be a “silver bullet” to removing the obstacles to deportations.

There are no reforms to the ECHR that would “fix” the challenges of irregular migration, the causes of which are largely unrelated to human rights guarantees.

What can be fixed, however, is the lack of accurate information about the extent to which the convention limits migration policy – particularly foreign criminal deportations. For this, review of the application of Article 8 is welcome. Without clarification of where the ECHR fits within the wider pattern of immigration, we’re left with tall tales about cats and chicken nuggets swaying migration policy.

The Conversation

Joelle Grogan does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How the UK could reform the European convention on human rights – https://theconversation.com/how-the-uk-could-reform-the-european-convention-on-human-rights-259466

BrewDog’s ‘Equity for Punks’ fuelled its rapid rise – but may have contributed to its struggles

Source: The Conversation – UK – By Ross Brown, Professor in Entrepreneurship and Small Business Finance, University of St Andrews

Graeme J Baty/Shutterstock

Craft brewer and pub chain BrewDog recently closed some of its pubs in a push to cut operating costs. Given it is partly owned by private equity firm TSG Consumer Partners, the loss-making firm is likely to face further organisational upheaval. After all, private equity firms generally specialise in cutting costs and selling assets.

This downsizing is indicative of the widespread demise of the on-trade beer market (that is, venues that sell beer for consumption on site). The sector is seeing six pubs close down in the UK each week.

It is also testament to the importance of a good finance mix and how this affects a firm’s evolution. Throughout BrewDog’s turbulent history the firm has rarely been out of the headlines, beginning when it launched its in-house equity crowdfunding model.

Labelled Equity for Punks, the scheme enabled non-professional investors to obtain small amounts of equity (that is, shares in BrewDog) in return for relatively small levels of investment (approximately £500). The firm says on its website that the scheme offered beer enthusiasts the chance to “own a slice of the brewery” and offered them “pretty awesome perks” including discounted beer.

From its launch in 2009 until the scheme closed in 2021, Equity for Punks raised £75 million and attracted more than 200,000 small-scale investors. This funding model had major upsides for the firm – generating tremendous growth and expansion over the past 15 years. This vast investment enabled BrewDog to open more than 100 bars and restaurants around the world, employing 3,000 staff.

But how does this funding model work – and who benefits?

First, it enables companies such as BrewDog to access substantial levels of funding from non-professional investors to grow the firm quickly. Second, it cements strong brand loyalty in its investor base. In return for relatively small levels of funding, individual investors obtained promotional benefits – access to new products and company events such as annual shareholder meetings.

Equity crowdfunding models like this are often pursued by growth-orientated, consumer-focused firms that want to expand very quickly. By contrast, most small firms favour more modest levels of growth that are more sustainable in the longer term.

The vast majority of small firms rely on debt finance from banks. But a minority of high-tech firms seek investment from professional investors – business angels (wealthy individuals using their own money) or venture capital (or VC – usually provided by an investment firm). For high-tech firms that want to scale up rapidly, sizeable chunks of VC (£10 million-£40 million) is often the most likely funding route.

The Equity for Punks crowdfunding initiative effectively enabled BrewDog to act like a firm-specific, in-house stock market for small-scale investors. But while some of these investors may have been happy just to support a business they believed in, many will have had little knowledge or experience of equity investment and the risks associated with it.

In essence, this generated easy access to finance for BrewDog, with few strings attached. While venture capitalists and angel investors take an active role in the firms they fund, the equity crowdfunding model offers little active participation for these small-scale investors.

Cautionary tale

As such, the benefits for these investors are less evident. Due to the structure of the subsequent fundraising campaigns, the terms and conditions for investors became less favourable and diluted their original equity stakes in the firm.

Although these small-scale investors still own almost one-third of BrewDog, due to the private nature of the firm the shares cannot easily be traded and they derive very little benefit from their investments. This is especially true while the firm is not making profits.

Unless the firm is acquired, creating demand for the shares, there is little opportunity for the equity punks to realise the value of their original investments in BrewDog. In contrast, under the traditional model of equity investment, VCs and angels would push for strategic measures such as a trade sale of the firm to generate a return on their investment.

The experience of BrewDog is a cautionary one for small-scale equity investors. While hugely beneficial for the recipients of the investment, individual investors might lack knowledge about the true value of their investments.

exterior shot of flagship brewdog bar in aberdeen
This BrewDog has had its day. Billed as the flagship bar, in Gallowgate, Aberdeen, it has now closed its doors.
Diana Rebenciuc/Shutterstock

It is not just BrewDog that has provided small-scale equity investors with little return. In the UK, the main equity crowdfunding platforms have raised substantial capital for young businesses which has produced little return for investors.

Platforms like Crowdcube continue to expand rapidly and raise considerable sums for growth-orientated firms such as BrewDog. However, the benefits for investors are often illusory due to a lack of trade sales known as “exits”, which allow investors to sell their stake.

These platforms are of course legitimate means of raising funds and are regulated by the Financial Conduct Authority.

Some academic research suggests, however, that a lack of due diligence on the part of the platforms can lead to firms with limited track records gaining substantial sums of investment. This can open up the potential for fraudulent behaviour, which economists call the risk of moral hazard.

Investors are not a homogeneous group and have vastly different levels of knowledge surrounding the risks associated with equity investments.

The BrewDog story has become a ubiquitous and commonly used case study by business school academics. Rapid access to vast sums of capital allowed the firm to grow at breakneck speed but with little in the way of stakeholder guidance, supervision and stewardship from investors.

If BrewDog had undertaken more sustainable growth using conventional sources of finance, it’s possible that the firm would be in better shape than it is now. While growth is a policy mantra, the “rollercoaster” nature of rapid growth can entail considerable woes for the entrepreneurs and firms involved.

In a nutshell, small-scale investors were left exposed, with little in the way of concrete returns. For many of them, their beer dreams will have fallen flat. But nonetheless, the growth of equity crowdfunding in recent years has been huge. As such, there’s a case to be made for greater investor protection in this arena.

BrewDog and Crowdcube were approached about the claims made in this article but declined to comment.

The Conversation

Professor Ross Brown receives funding from the ESRC under grant number ES/W010259/1 for the project ” Understanding how constraints on access to finance and under-investment impact on productivity growth in smaller firms”.

ref. BrewDog’s ‘Equity for Punks’ fuelled its rapid rise – but may have contributed to its struggles – https://theconversation.com/brewdogs-equity-for-punks-fuelled-its-rapid-rise-but-may-have-contributed-to-its-struggles-261909

No clear answers on antidepressants in pregnancy

Source: The Conversation – UK – By Urban Wiesing, Professor of Ethics and History of Medicine, University of Tübingen

The US Food and Drug Administration recently convened a panel of experts to examine a sensitive and increasingly urgent question: should antidepressants be prescribed to women suffering from depression during pregnancy?

To the surprise of many in the American medical community, the panel included not only US-based experts but also three international voices known for their critical views on psychiatric medication. Their inclusion sparked immediate controversy and foreshadowed the disagreements to come.

At the heart of the debate is a long-standing assumption in American medical practice: while antidepressants may carry some risk to the unborn child, the dangers of leaving maternal depression untreated are usually greater. Yet this mainstream position was strongly challenged. A majority of the panel appeared unconvinced that the benefits of antidepressant use in pregnancy clearly outweigh the potential risks.

As the discussion unfolded, fundamental questions remained unresolved. What exactly are the risks to the unborn child? The panel offered different answers.

How substantial are the benefits to a pregnant woman? Some experts questioned whether antidepressants deliver meaningful help in these circumstances at all. And without clarity on these points, how can the the risk-benefit ratio be reliably assessed?

It’s a familiar scenario in science: experts looking at the same data but drawing different conclusions – not only about the facts, but how to interpret them. In this case, the division seemed to reflect deeper cultural and philosophical differences in how various countries approach mental health care during pregnancy.

The outcome of the panel’s deliberations reflected that divide, with no consensus reached.

To some extent, the conflict was embedded in the very design of the panel. When those with sharply opposing views are brought together without agreement on the evidence base, gridlock is a likely result. Still, the impasse underlines the need for more independent, high-quality research on the effects of antidepressants during pregnancy – research that can inform not only regulators but also doctors and patients.

Complicating matters further is the political climate. The current US health secretary – Robert F. Kennedy Jr. – has, critics argue, an uneasy relationship with scientific consensus, which makes trust in the process all the more fragile.

FDA expert panel discussion on antidepressants and pregnancy.

A warning label is not a substitute for a conversation

Still, the panel produced one tangible suggestion: a proposal from around half of its members to place a so-called “black box” warning on antidepressant packaging, alerting pregnant women to potential risks to the unborn child. Such warnings are typically reserved for the most serious medical concerns. But is this really the right approach?

A comparison often made is to cigarette packaging. But this analogy quickly breaks down. Cigarettes are freely bought; antidepressants are prescribed following a medical consultation. To issue a blunt warning on a medicine that has already been deemed appropriate by a doctor risks undermining the doctor–patient relationship.

If stronger warnings are needed, the real problem may lie in the consultation process itself, not in the packaging.

Pregnancy presents a unique ethical dilemma. The unborn child cannot give consent, and damage sustained in the womb can result in lifelong consequences. At the same time, untreated depression in a pregnant woman carries serious risks of its own – for both mother and child. This is a classic medical conflict, with no easy solution.

And while US law gives pregnant women the right to make such decisions – albeit with variation across states – it doesn’t solve the underlying uncertainty. That must be navigated through informed, respectful dialogue between doctor and patient, not by resorting to fear-inducing labels.

Ultimately, every case is personal. Every decision must take into account the individual’s mental health, support system, risk tolerance and values. What’s needed is thoughtful communication, prudent prescribing and careful balancing of benefit and harm. In short: good medicine.

What’s not needed is to heap more guilt on women already grappling with depression. If scientists and policymakers cannot agree, pregnant women should not bear the burden of that confusion. They deserve support, not stigma.

The Conversation

Urban Wiesing does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. No clear answers on antidepressants in pregnancy – https://theconversation.com/no-clear-answers-on-antidepressants-in-pregnancy-261724