La biología explica por qué nos hacemos mayores de repente a los 44 y a los 60 años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Bricolage/Shutterstock

Siempre hemos creído que el envejecimiento es un proceso lento y progresivo, casi como si los años nos fueran apagando poco a poco, de forma inexorable.

Así lo recogen manuales y revisiones médicas recientes, que siguen definiendo el envejecimiento biológico, en su modo más simple, como “alteraciones lentas y progresivas de la función física que empiezan en la madurez y concluyen con la muerte”.

Aunque esta imagen del tiempo –o la metáfora de un goteo constante de pérdidas– sigue dominando nuestra forma de entender la vejez, estudios recientes revelan que no envejecemos en línea recta, sino a saltos, con momentos precisos en los que, de pronto, todo cambia.

Esta hipótesis desafía décadas de modelos lineales y abre la puerta a una nueva manera de entender los cambios biológicos asociados al tiempo.

Lo que revela el laboratorio

La nueva visión del envejecimiento a saltos se apoya en un trabajo publicado en 2024 en la prestigiosa revista Nature Aging. Durante varios años, los investigadores siguieron de cerca la evolución molecular de más de un centenar de personas adultas, analizando hasta 135 000 moléculas distintas de cada voluntario. Se trata del mayor estudio longitudinal multiómico realizado hasta ahora sobre envejecimiento humano.

Lejos de encontrarse con un continuo suave de transformaciones, observaron un patrón interesante: casi todos los grandes cambios bioquímicos que acompañan al envejecimiento se concentran en dos momentos concretos de la vida adulta, aproximadamente a los 44 y a los 60 años.

En otras palabras, nuestras moléculas –y por tanto, nuestras células y órganos– parecen mantenerse estables hasta que, en condiciones normales, se producen transformaciones profundas y sincronizadas en muchos sistemas corporales.

Lo notable es que estos picos no se deben a un único tipo de molécula, sino que afectan a proteínas, metabolitos, lípidos, citoquinas, factores hormonales e incluso patrones epigenéticos, todos a la vez.

Esto da respaldo biológico a la sensación tan extendida de que, en ciertos momentos, uno “se hace mayor de repente” y nota un bajón físico o mental de golpe.

Hacerse mayor de repente

Esta idea no es completamente nueva. En 2019, ya se había publicado en Nature Medicine un extenso análisis de proteínas en sangre que señalaba tres grandes “picos” de envejecimiento fisiológico: a los 34, los 60 y los 78 años.

Sin embargo, el nuevo estudio realizado en 2024 es más completo al analizar otros tipos de moléculas, además de proteínas. Con ello se ha logrado precisar los dos saltos más intensos que ya se habían señalado anteriormente: uno en la mitad de la vida adulta, alrededor de los 44 años, y otro posterior, en torno a los 60.

Al analizar muchas más moléculas y tipos diferentes, este trabajo se centra en los dos saltos donde los cambios son más globales en el organismo, aunque no descarta que pueda haber otros más adelante.

¿Qué ocurre en estos saltos?

En el primer salto, que suele llegar antes de los cincuenta, se desencadena una cascada de cambios en el metabolismo de grasas, se alteran las vías de procesamiento del alcohol y la cafeína, y se modifican proteínas fundamentales para el corazón, los músculos y la piel.

Cuando llega el segundo, cerca de los 60 años, se acelera el deterioro de funciones inmunitarias y renales, se altera el metabolismo de la glucosa y aumentan los procesos celulares vinculados al envejecimiento y al riesgo de enfermedades crónicas.

Por eso, muchas personas notan que de pronto les cuesta más recuperarse tras un esfuerzo, o que aumentan las “pequeñas molestias” de un año para otro.

Estos saltos no distinguen entre hombres y mujeres, ni dependen del contexto reproductivo, como la menopausia. Aunque se observa cierta variabilidad entre individuos en el momento y la intensidad de los cambios, los patrones generales parecen responder a mecanismos comunes de la biología humana.

Las causas moleculares

Si bien aún no se conoce con exactitud el porqué de los saltos, sí se han detectado algunos de los mecanismos implicados. Una de las hipótesis más estudiadas propone que, al alcanzar cierto umbral de células envejecidas, podría desencadenarse una reacción en cadena que acelere el deterioro de los tejidos.

Además, la epigenética –las “marcas” que regulan a los genes– también sufre reconfiguraciones masivas en esos periodos, lo que provoca la activación o inactivación de cientos de genes de golpe.

Por último, en esos momentos críticos se detectan alteraciones coordinadas en moléculas clave del metabolismo energético, como NAD⁺, carnitinas y ácidos grasos. Estos cambios sugieren una posible disfunción mitocondrial, ya que las mitocondrias son los orgánulos encargados de producir la mayor parte de la energía celular y participan en múltiples procesos de envejecimiento.

Todo esto, que puede sonar abstracto o lejano, tiene implicaciones muy concretas en nuestra vida diaria.

Implicaciones prácticas

El impacto práctico es enorme. Por un lado, ofrece una explicación convincente a esa sensación que tantos expresamos que “de repente me siento mayor”.

Por otro, señala que esos momentos críticos pueden ser ventanas de oportunidad para intervenir y prevenir. Si sabemos que nuestros sistemas biológicos van a someterse pronto a un gran cambio, podríamos anticiparnos cuidando más la salud metabólica, cardiovascular o inmunitaria justo antes y durante esos periodos clave.

Mirando al futuro

Aunque aún quedan muchas cuestiones abiertas, como si será posible identificar las causas y mecanismos detallados del tercer salto alrededor de los 78 años que sugería el estudio de 2019, lo cierto es que el conocimiento de estos patrones nos permite mirar el envejecimiento con otros ojos.

A medida que se amplíen los estudios longitudinales y se integren más capas de análisis molecular, podríamos incluso anticipar con precisión cuándo está a punto de producirse un salto biológico individual.

Con todo, ya sabemos que nuestra vida no es solo una lenta cuesta abajo, sino una serie de etapas estables, interrumpidas por momentos de cambio profundo. Así, el secreto de envejecer mejor podría estar en prepararse para saltar cuando llegue el momento de hacerlo.

Y es que, como cantan Celtas Cortos, “a veces llega un momento en que te haces viejo de repente”.

The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación de la Universidad de Jaén (PAIUJA-EI_CTS02_2023), de la Junta de Andalucía (BIO-302), y está parcialmente financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID2021-122991NB-C21.

ref. La biología explica por qué nos hacemos mayores de repente a los 44 y a los 60 años – https://theconversation.com/la-biologia-explica-por-que-nos-hacemos-mayores-de-repente-a-los-44-y-a-los-60-anos-262399

C’est normal de ne pas comprendre une expo d’art contemporain ?

Source: The Conversation – in French – By Antonio Félix Vico Prieto, Profesor Educación Musical, Universidad de Jaén, Universidad de Jaén

Le public connaît des œuvres d’art contemporain sans toujours les « comprendre », mais est-ce indispensable pour être sensible à leur contemplation ? Think A./Shutterstock

L’art contemporain exclut-il le spectateur ? Entre provocation, élitisme et discours abstraits, une réflexion sur la place du public dans la création artistique.


Dans le livre Du spirituel dans l’art, Vassily Kandinsky affirmait que la période matérialiste avait façonné, dans la vie comme dans l’art, un type de spectateur incapable de se confronter simplement à l’œuvre. Le spectateur d’aujourd’hui, assure Kandinsky, cherche et analyse tout : chromatisme, composition, coup de pinceau, etc. – sauf la vie intérieure du tableau et l’effet sur sa sensibilité.

Art excluant : tout cela ne serait-il qu’une imposture ?

De fait, aujourd’hui encore, l’art contemporain demeure souvent une expérience non assimilée.

Visuels de la Biennale de Liverpool dessinés par Yoko Ono (2004).
David Lambert-Rod Tidnam/Liverpool Biennial

Le critique britannique John Carey racontait, dans What Good Are the Arts? (2006), que, pour promouvoir la Biennale de Liverpool en 2004, des affiches et badges montrant une poitrine féminine nue et un pubis avec poils pubiens, dessinés par Yoko Ono, avaient été distribués dans la ville.

Cela avait profondément choqué le public britannique. Pour John Carey, les organisateurs étaient convaincus que les citoyens qui s’étaient plaints vivaient à un niveau de sophistication bien inférieur au leur. Ils avaient une posture délibérément excluante, notamment à l’égard des couches de population aux niveaux d’éducation plus faibles que le leur et souvent, aussi, moins favorisées économiquement : le cliché selon lequel il faut « être trop ignorant pour ne pas comprendre cela ». De toute évidence, la Biennale de Liverpool ne cherchait pas à transmettre des idées à un large public. Tout son matériel explicatif visait à exclure le citoyen ordinaire.

Le plus ironique est que ce sentiment d’ignorance concerne sans doute le public dans son ensemble (moi, y compris), et ne découle pas d’un manque d’intelligence ni de curiosité culturelle.

Les visiteurs des expositions d’art contemporain ont souvent le douloureux soupçon que tout ce qui est exposé n’est qu’une supercherie. Un large public connaît par exemple l’œuvre de Marcel Duchamp ou Carl André sans pour autant la comprendre.

De la vision objective de l’art à la provocation

En résumé, on peut dire que le concept d’art a évolué depuis l’Antiquité classique, où il reposait sur une vision objective fondée sur l’idée de beauté et des règles artistiques, vers la pensée esthétique de notre époque. Celle-ci repose sur une vision subjective de l’art, qui ne réside pas dans une caractéristique particulière de l’objet, mais dans la capacité réceptive du sujet. Ce concept a permis l’émergence des formes d’art contemporain que nous connaissons aujourd’hui.

Série de blocs empilés sur le sol en forme de rectangle
Équivalent VIII, de Carl André.
Tate Gallery

Cette vision subjective a ouvert la voie à un dernier élan : l’art comme provocation. Ainsi, dès le XXe siècle, les artistes ont développé la liberté de défendre leurs idées en dehors des cadres de la beauté, des règles et du bon goût Les artistes contemporains pensent que l’art doit provoquer des expériences artistiques, même si elles ne sont pas liées à la beauté. Il s’agit, dans la plupart des cas, d’expériences déroutantes et audacieuses.

Nous assistons donc à l’avènement de la « dé-définition » de l’art. Dans le concept actuel, si quelqu’un affirme qu’un objet donné est une œuvre d’art, nous devons le considérer comme tel.

Si tout est art, il faut bien l’expliquer

Mais évidemment, si soudain tout peut être considéré comme de l’art, un discours esthétique devient nécessaire pour expliquer cet objet artistique que personne ne comprend. Ce discours apparaît toujours a posteriori. C’est précisément à ce moment-là, avec l’apparition du langage comme support, que nous assistons à la naissance de l’art conceptuel.

À ce sujet, le grand historien espagnol José García Leal pose une question perfide, mais pertinente : nous admirons des œuvres hermétiques dans leur signification, mais aurions-nous le même intérêt pour elles si elles n’étaient pas revêtues du manteau révérencieux de l’art, si leurs auteurs ne se revendiquaient pas comme artistes, si ces objets n’étaient pas exposés dans des galeries ? La réponse est, probablement, non.

C’est là que réside le cœur du problème : une idée artistique est (ou devrait être) inséparable du sensible, car seul ce qui relève du domaine du sensible possède un caractère artistique. L’œuvre appartient aux émotions, à la condition humaine.

La cuisine de l’art

Quiconque a eu l’occasion de goûter à ce qu’on appelle la nouvelle cuisine a sans doute perçu le puissant discours esthétique qui sous-tend ses recettes – et en tirer une conclusion bien plus importante qu’on ne le pense : le cuisinier (contemporain) peut élaborer un concept complexe derrière sa recette, mais il ne perd jamais de vue le convive.

Dessert de nouvelle cuisine
Esthétique, conceptuel… et délicieux.
Bambo/Shutterstock

Poursuivons cette analogie avec la dérive actuelle des relations entre l’art contemporain et le public. Dans la nouvelle cuisine, le discours est extrêmement développé – bien qu’il convienne de rappeler qu’il s’agit d’un discours créé a priori. Mais sur un point, les cuisiniers et chefs de la nouvelle cuisine surpassent de loin les artistes : la cuisine est redevable envers celui qui la mange.

Il n’y a ni stratégie ni subterfuge pour échapper à l’épreuve finale de leurs créations. Si un groupe de personnes rejette une recette, c’est que, tout simplement, elle ne fonctionne pas. Aucun discours a posteriori ne peut rattraper ce que le palais rejette.

L’art appartient à la condition humaine

En suivant cette voie, nous disposons peut-être d’un outil précieux et efficace pour aborder l’œuvre d’art de façon claire et profonde.

On accorderait alors de la valeur au discours élaboré en amont, presque toujours rattaché à une réalité étrange où tout doit être guidé par l’intellect – la plupart du temps, celui des élites. Mais on prendrait aussi conscience de la nécessité de revenir au sensible, à la dimension humaine de l’œuvre d’art.

En abordant ainsi l’œuvre, le discours a posteriori, tel qu’il est proposé par une certaine forme d’art contemporain, deviendrait inutile et inopérant.

The Conversation

Antonio Félix Vico Prieto ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. C’est normal de ne pas comprendre une expo d’art contemporain ? – https://theconversation.com/cest-normal-de-ne-pas-comprendre-une-expo-dart-contemporain-258248

Centenaire de Patrice Lumumba : la jeunesse dessine l’avenir du panafricanisme

Source: The Conversation – in French – By Christophe Premat, Professor, Canadian and Cultural Studies, Stockholm University

Patrice Lumumba, héros de l’indépendance congolaise, demeure une source d’inspiration pour la jeunesse Wikimedia Commons, CC BY-SA

Du 30 juin au 2 juillet 2025 s’est tenu à Kinshasa un événement majeur pour les dynamiques politiques et culturelles africaines : le Congrès panafricain des jeunes pour un éveil patriotique. Organisé à l’initiative de la Représentation des étudiants du Congo (REC) et du Centre culturel de l’Afrique centrale. Ce rassemblement a réuni des acteurs engagés autour de grandes causes panafricaines.

Il s’est inscrit dans une double temporalité marquante : les violences persistantes dans l’est de la RDC et le centenaire de la naissance de Patrice Lumumba. Ce dernier reste une figure tutélaire du panafricanisme, invoquée comme symbole de résistance et de souveraineté.

Lumumba est né en juillet 1925 au Congo belge (actuelle RD Congo), et mort en 1961 au Katanga. Il fut dirigeant du Mouvement national congolais (MNC) et premier Premier ministre du Congo indépendant en 1960. Il incarnait le nationalisme africain et le panafricanisme, menant la lutte contre la colonisation belge pour transformer le Congo en république souveraine.

Soupçonné d’alignement à gauche dans le contexte de la guerre froide, il fut renversé, arrêté puis assassiné en janvier 1961 avec la complicité de dirigeants congolais et de puissances étrangères, y compris la Belgique et les États‑Unis.

Plusieurs décennies après sa mort, il reste une figure majeure de la mémoire collective africaine, célébrée pour son courage, sa vision d’une Afrique libre et sa dénonciation des dominations néocoloniales.

En tant que spécialiste des théories postcoloniales, il me semble essentiel de comprendre que la figure de Patrice Lumumba ne se limite pas à une mémoire strictement héroïque. Elle devient un levier actif pour repenser les enjeux contemporains de souveraineté, d’éducation et de diplomatie culturelle en Afrique.

Ce contexte a offert un espace inédit d’expression à une nouvelle génération de penseurs, militants, croyants et étudiants africains, porteurs d’un discours panafricaniste renouvelé, pluraliste et de plus en plus structuré.

Lumumba comme catalyseur

Le choix des dates n’a rien de fortuit. Lumumba reste une figure emblématique de la souveraineté africaine, de la lutte contre l’impérialisme et de l’indépendance des esprits. La RDC a marqué son centenaire par une série d’événements commémoratifs, avec le soutien de plusieurs pays, dont la Russie.

À Kinshasa, un dépôt de gerbe a été organisé devant la stèle du héros national et un programme d’expositions et de conférences est prévu jusqu’en juillet 2026.

Le Congrès panafricain s’inscrivait pleinement dans ce contexte mémoriel. Loin de se contenter de célébrer une icône, les participants ont cherché à réactiver la pensée de Lumumba à travers des revendications concrètes, tournées vers l’avenir. Parmi elles, la proposition de créer un institut panafricaniste Patrice-Émery Lumumba, destiné à structurer l’enseignement et la diffusion des idéaux panafricains auprès des jeunesses africaines.

Une parole étudiante plurielle et offensive

L’un des traits les plus marquants du congrès a été la centralité de la jeunesse dans les interventions. Le congrès est ainsi apparu comme une plateforme d’affirmation politique où les étudiants ont pris acte de leur responsabilité civique.

Au-delà du contexte congolais, le congrès a permis de faire émerger une parole collective qui interroge les modèles éducatifs africains, la marginalisation des figures historiques locales et la persistance d’une domination culturelle.

Panafricanisme spirituel et souverainetés multiples

Un autre aspect novateur du congrès a résidé dans la place accordée aux dimensions religieuses et spirituelles spécifiquement africaines. Des représentants de la spiritualité Vuvamu, issue de traditions africaines anciennes, ont souligné la nécessité d’une décolonisation intégrale, incluant la pensée religieuse.

L’idée selon laquelle l’Afrique ne peut être politiquement souveraine sans être d’abord culturellement et spirituellement indépendante a traversé plusieurs prises de parole.

Longtemps marginalisé dans les discours panafricanistes classiques, ce registre tend aujourd’hui à s’imposer comme un axe fort de mobilisation. Il implique à la fois la réappropriation des références culturelles endogènes et l’autonomie des institutions religieuses face aux tutelles extérieures, qu’elles soient ecclésiastiques, missionnaires ou issues de puissances étrangères.

Cette pluralité des approches — politique, éducative, mémorielle, spirituelle — témoigne de la vitalité d’un néopanafricanisme qui refuse la simplification idéologique. Il ne s’agit plus seulement de dénoncer l’impérialisme ou d’appeler à l’unité africaine de manière incantatoire. Il s’agit désormais de proposer des instruments, des espaces et des méthodes pour construire une souveraineté active et plurielle.

Vers un soft power panafricain ?

La proposition d’un institut panafricain Patrice-Émery Lumumba, portée par des figures comme Kemi Seba, marque un tournant important : le passage d’un discours contestataire à une volonté d’institutionnalisation. Ce projet, pensé comme un levier de formation, de diffusion culturelle et de diplomatie populaire, participe à l’émergence d’un véritable soft power panafricain.

Ce nouveau pouvoir d’influence s’appuie sur les mémoires locales, les récits de résistance, la mobilisation des jeunesses, les langues africaines, les spiritualités endogènes et la critique active des héritages coloniaux. Il ne s’exerce pas du haut vers le bas, mais depuis les marges, dans une logique ascendante, souvent à contre-courant des canaux institutionnels traditionnels.

Le centenaire de Lumumba agit ici comme un déclencheur. En rendant hommage à celui qui a incarné le refus de la soumission politique, les acteurs du congrès réactivent une mémoire vivante et performative. La figure de Lumumba ne sert pas uniquement à construire une identité nationale, mais bien à fédérer des projets transnationaux, à l’échelle continentale.

Une diplomatie alternative est-elle en train d’émerger ?

À travers ce congrès, ce sont aussi les limites des institutions francophones classiques qui se trouvent indirectement interrogées. Ni l’Organisation internationale de la Francophonie (OIF), ni l’Union africaine, ni les grands bailleurs multilatéraux ne figuraient parmi les partenaires ou intervenants de l’événement. Cette absence n’a pas empêché la tenue d’un rassemblement structuré, mobilisateur, et à haute portée symbolique. Bien au contraire : elle a renforcé l’idée qu’une autre diplomatie africaine, moins verticale, plus enracinée dans la société civile et les réseaux associatifs, peut exister et rayonner.

Début juin, l’OIF a mené une mission en RDC pour évaluer la situation politique et les violences dans l’est du pays. En parallèle, un congrès organisé à Kinshasa par des étudiants et acteurs culturels a mis en lumière des enjeux négligés. Parmi eux : l’éducation souveraine, la mémoire historique, la spiritualité africaine et le rôle central de la jeunesse dans l’avenir du continent.

Ces thématiques s’inscrivent dans une diplomatie alternative qui mobilise les récits, les corps, les rituels, les affects — autant de ressources d’un soft power panafricain en formation.

Kinshasa 2025 pourrait ainsi rester dans l’histoire non seulement comme un élan générationnel, mais aussi comme un jalon vers un modèle d’action géopolitique et culturelle post-institutionnelle, porté par les jeunesses africaines, et non plus simplement au nom d’elles.

Le Congrès panafricain de Kinshasa a mis en lumière une recomposition profonde du discours panafricaniste en Afrique francophone. Loin des nostalgies ou des rhétoriques figées, ce rassemblement a montré que les jeunesses africaines entendent proposer leurs propres modèles de souveraineté, de mémoire et de diplomatie.

En convoquant Lumumba à l’aube de son centenaire, les participants n’ont pas seulement rendu hommage à une figure historique. Ils ont affirmé la nécessité de penser un avenir panafricain qui ne soit pas dicté par les anciens centres du pouvoir, mais qui prenne racine dans les dynamiques populaires, éducatives et culturelles du continent. Ce moment constitue peut-être l’amorce d’un nouvel âge du panafricanisme : plus horizontal, plus pragmatique, mais tout aussi ambitieux.

The Conversation

Christophe Premat est actuellement membre de la CISE (Confédération Internationale Solidaire Écologiste), une association des Français de l’étranger créée en 2018.

ref. Centenaire de Patrice Lumumba : la jeunesse dessine l’avenir du panafricanisme – https://theconversation.com/centenaire-de-patrice-lumumba-la-jeunesse-dessine-lavenir-du-panafricanisme-261118

Do elephants make deliberate gestures to ask for things? Our study says yes

Source: The Conversation – Africa (2) – By Vesta Eleuteri, PhD candidate, Universität Wien

Elephants are known for their intelligence, strong social bonds, and good memories. But do they communicate to show real intention? A new study suggests they do. The research showed that elephants gestured to ask for food when a person was around and that they kept gesturing when they didn’t receive all the food. These are signs that the elephants are trying to communicate with intention.

We spoke to lead author Vesta Eleuteri, a PhD candidate, to learn more about what this means and why it matters.


Why did you study how elephants use gestures to communicate?

Most of the research on elephant communication is on their calls and chemical signals, likely because of their extraordinary hearing and smell. How elephants communicate with gestures is comparatively less studied. But there are descriptions of elephants using many different body movements and displays in different contexts, which suggests a key role of gestures in elephant communication.

But whether elephants gesture intentionally to others to communicate goals in mind has not been systematically explored before. My colleagues and I study the cognition and communication of animals to understand how complex cognitive skills evolved, which is what this article is based on.

In our study led by the University of Vienna and in collaboration with the University of St Andrews, the University of Portsmouth and City University of New York, we show that semi-captive elephants use many different gestures intentionally to ask a human to give them apples (their goal).

We found that the elephants used 38 different gesture types intentionally. The elephants kept gesturing when they only got half the apples (only partially reached their goal), while they changed gestures when they got no apples (did not reach their goal), both key behaviours to establish intentional use.

Why is it important to know whether their communication is intentional?

The ability to intentionally communicate goals in mind using a variety of gestures might help elephants navigate their complex social lives. By showing that semi-captive elephants gesture intentionally to humans using many different gesture types, our study builds on the evidence that this ability is not unique to primates, but that it has repeatedly emerged during evolution.

Here we consider intentionality as “goal-directed intentionality”, which is the ability to communicate goals we have in mind to others. This was in the past considered to be a unique human skill. Today we know that all the other apes and even some other primates (although in a less flexible way) communicate intentionally using over 70 different gesture types to communicate many different goals in mind. Some examples include gesturing for things like “come here”; “give me that”; “groom me”.




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In non-primates, this intentionality was shown only in a few animals, from guppy fish to Arabian babblers. But typically this was done with one or two gestures and for specific goals, like “follow me”.

Elephants are distantly related to humans in evolution. We last shared a common ancestor with them over 100 million years ago. But, like apes, they are highly intelligent and live in complex societies where they have many different types of relationships (from kin to allies, friends and strangers). Also, there are descriptions of elephants using many different body movements and displays during many different contexts. These include when they greet, affiliate, play with each other or even when they travel together.




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What gestures did the elephants use, and how do you know they were on purpose?

The elephants in semi-captivity often reached their trunks or swung them back and forth towards the human or the tray with apples. This made it clear they were communicating that they wanted the apples.

Elephant gestures.

To know whether the elephants were using their gestures intentionally, we applied the behavioural criteria first created to study the development of intentional communication in human infants. These are: audience directedness, persistence and elaboration.

Signallers should use gestures when there is a recipient and appropriately according to whether he/she is looking or not (audience directedness). For example, if the recipient is not looking at them, they should use tactile gestures instead of visual gestures that the recipient would not see.

After gesturing, signallers should wait for the recipient to react and, if the recipient does not react as they wanted, they should keep gesturing (persistence) or change gestures (elaboration) to clarify what they wanted.

I can make an example. If I want to ask you to pass me the salt (my goal), I first should consider whether you are looking at me and, if you are, I may reach my hand towards the salt (audience directedness). If you don’t react or pass me the wrong thing, like the pepper, I should keep gesturing (persistence) or should change gesture by, for example, pointing towards the salt to clarify I wanted the salt from you (elaboration).

You worked with semi-captive elephants; do wild elephants act the same?

We and many other elephant experts have observed wild elephants gesturing apparently intentionally to each other (and even to us!) many times in the field. Nonetheless, we cannot confirm their ability to gesture intentionally merely from our observations. Science is there to systematically test with data the intuitions or feelings we get from observations.

Whether wild elephants use the same gestures we observed in this semi-captive group is an interesting question that needs to be explored. The same goes for assessing if different elephant groups or populations use different gestures. Based on previous descriptions, wild elephants should use, intentionally, a few of the gestures we found (trunk reaches or swings) but maybe they don’t use some of the “more creative” ones like the “blow leaf in the air” our elephant Pfumo had fun using.




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What’s next for your research?

We want to systematically test whether wild elephants gesture intentionally to each other, describe the repertoire of their intentional gestures and the goals (meanings) they use these gestures for (they may say to each other: “travel with me”, “move away”, “stop that”). We have thousands of videos collected in two elephant populations in South Africa that I am video coding for gestures and their intentional use.

It will take time to define the repertoire and meanings of elephant intentional gestures. But we hope to someday do this and to compare the gestures of different populations to understand if elephants may have different “gestural languages”.




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Studying animal communication offers “a window” into our own language, into our minds, because it allows us to understand what, if anything, makes language unique. Showing that animals have so much in common with us makes people empathise more with them and care more about them, which is important for their conservation.




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Most importantly, studying animal communication is crucial because we can understand animals better and, if we know them better, we can take better measures to safeguard them.

The Conversation

Vesta Eleuteri is affiliated to the University of Vienna and receives funding from the Austrian Science Fund (FWF) under the grant “DK Cognition and Communication 2”: W1262-B29 (10.55776/W1262).

ref. Do elephants make deliberate gestures to ask for things? Our study says yes – https://theconversation.com/do-elephants-make-deliberate-gestures-to-ask-for-things-our-study-says-yes-261782

Ce qui conduit à la guerre : les leçons de l’historien Thucydide

Source: The Conversation – France in French (3) – By Andrew Latham, Professor of Political Science, Macalester College

Retraite des Athéniens de Syracuse lors d’une des batailles de la guerre du Péloponnèse, tirée de l’_Histoire universelle_, publiée en 1888 par la maison d’édition londonienne Cassel and Company. Ken Welsh/Design Pics/Universal Images Group/Getty Images

Depuis plusieurs années, des spécialistes des relations internationales se fondent sur l’œuvre de l’auteur grec ancien Thucydide pour affirmer que les conflits entre nouvelles et anciennes puissances sont inévitables. Appliquée à notre temps, cette idée conduit à penser que les États-Unis et la Chine marchent vers la guerre. Mais est-ce bien là ce qu’affirme Thucydide ?


Le supposé piège de Thucydide est devenu un classique du vocabulaire de la politique étrangère depuis une dizaine d’années, régulièrement invoqué pour expliquer la rivalité grandissante entre les États-Unis et la Chine.

Formulée par le politologue Graham Allison – d’abord dans un article de 2012 du Financial Times, puis développée dans son livre de 2017 Destined For War (Destinés à la guerre, en français) – l’expression renvoie à une phrase de l’historien grec Thucydide (Ve-IVeavant notre ère), qui écrivit dans son Histoire de la guerre du Péloponnèse :

« Ce fut la montée en puissance d’Athènes et la peur qu’elle inspira à Sparte qui rendirent la guerre inévitable. »

À première vue, l’analogie est séduisante : l’émergence de nouvelles puissances inquiète les puissances établies, menant inévitablement au conflit. Dans le contexte actuel, l’implication semble claire : la montée en puissance de la Chine provoquera un jour où l’autre un affrontement militaire avec les États-Unis, tout comme celle d’Athènes en déclencha un avec Sparte.

Cette lecture risque cependant de ne pas rendre honneur à la complexité de l’œuvre de Thucydide et d’en déformer le message philosophique profond. L’objectif de Thucydide n’était pas, en effet, de formuler une loi déterministe de la géopolitique, mais d’écrire une tragédie.

Un auteur imprégné de l’imaginaire de la tragédie grecque

Thucydide a combattu durant la guerre du Péloponnèse (431-404 av. n. è.) du côté athénien. Son univers mental était imprégné des codes de la tragédie grecque et son récit historique porte la trace de ces codes du début à la fin.

Son œuvre n’est pas un traité sur l’inévitabilité structurelle de la guerre, mais une exploration de la manière dont la faiblesse humaine, l’erreur politique et la décadence morale sont susceptibles de se combiner pour provoquer une catastrophe.

Ce goût du tragique chez Thucydide est essentiel. Là où les analystes contemporains cherchent des schémas prédictifs et des explications systémiques, lui attire l’attention du lecteur sur le rôle des choix, des perceptions et des émotions des acteurs individuels. Son récit est rempli des réactions délétères que suscite la peur, des attraits de l’ambition, des échecs des dirigeants et, finalement, du naufrage tragique de la raison. C’est une étude sur l’hubris et la némésis – la folie de la démesure et la vengeance obsessionnelle – et non pas sur le déterminisme structurel des relations entre États.

Une grande partie de cette complexité est perdue lorsque le « piège de Thucydide » est élevé au rang de quasi-loi des relations internationales. Elle devient une justification pour plaider l’inévitabilité : une puissance monte, les autres ont peur, la guerre suivra.

Mais Thucydide s’intéressait davantage aux raisons pour lesquelles la peur s’empare des esprits, à la façon dont l’ambition corrompt le jugement et à la manière dont les dirigeants – piégés face à des options toutes plus mauvaises les unes que les autres – se convainquent que la guerre est la seule voie possible. Son récit montre que les conflits surgissent souvent non par nécessité, mais par erreur d’analyse de la situation, mêlée à des passions détachées de la raison.

Les utilisations fautives de l’« Histoire de la guerre du Péloponnèse »

Il convient de rendre justice à Graham Allison, l’auteur de Destined For War : lui-même n’a jamais prétendu que le « piège » était inévitable. Le cœur de sa pensée est que la guerre est probable, mais non certaine, lorsqu’une puissance montante défie une puissance dominante. En réalité, une grande partie de ses écrits est supposée servir d’avertissement pour sortir de ce schéma destructeur, non pour s’y résigner.

Malgré tout, le « piège de Thucydide » a été bien mal utilisé, aussi bien par les commentateurs que par les décideurs politiques. Certains y voient une confirmation que la guerre est structurellement liée aux transitions de pouvoir – une excuse, par exemple, pour augmenter les budgets de la défense ou pour tenir un discours musclé face à Pékin – quand ce concept devrait plutôt nous pousser à la réflexion et à la retenue.

Lire attentivement Thucydide, c’est en effet comprendre que la guerre du Péloponnèse ne portait pas uniquement sur un rééquilibrage des puissances régionales. Il y était surtout question de fierté, d’appréciations fautives et de gouvernements insuffisamment sages.

Examinons cette remarque célèbre, tirée de l’Histoire de la guerre du Péloponnèse :

« L’ignorance est audacieuse, et la connaissance prudente. »

Ce n’est pas une analyse structurelle, mais une vérité humaine. Elle s’adresse directement à ceux qui prennent leurs pulsions pour une stratégie, et la fanfaronnade pour de la force.

Ou encore cette formule glaçante :

« Le fort fait ce qu’il veut, et le faible supporte ce qu’il doit. »

Il ne s’agit pas d’une adhésion au réalisme politique, mais d’une lamentation tragique sur ce qui se produit lorsque le pouvoir du fort devient incontrôlé et que la justice est abandonnée.

Dans cette optique, la véritable leçon de Thucydide n’est pas que la guerre est déterminée à l’avance, mais qu’elle devient plus probable quand les nations laissent la peur obscurcir leur raison, quand les dirigeants délaissent la prudence au profit de postures et quand les décisions stratégiques sont guidées par la peur plutôt que par la lucidité.

Thucydide nous rappelle à quel point la perception peut facilement devenir trompeuse – et combien il est dangereux que des dirigeants, convaincus de leur vertu ou de leur caractère indispensable, cessent d’écouter les voix dissidentes.

Les vraies leçons de Thucydide

Dans le contexte actuel, invoquer le « piège de Thucydide » pour justifier une confrontation des États-Unis avec la Chine pourrait faire plus de mal que de bien. En effet, ce raisonnement renforce l’idée selon laquelle le conflit est déjà en marche, et qu’il n’est plus question de l’arrêter.

S’il y a une leçon à tirer de l’Histoire de la guerre du Péloponnèse, ce n’est pourtant pas que la guerre est inévitable, mais qu’elle devient probable quand la place réservée à la prudence et à la réflexion s’effondre face à la peur et à l’orgueil. Thucydide ne nous offre pas une théorie des relations internationales, mais un avertissement, un rappel aux dirigeants qui, obsédés par leur propre place dans l’histoire, précipitent leur nation vers l’abîme.

Éviter ce destin demande un jugement avisé. Cela demande surtout l’humilité de reconnaître que l’avenir ne dépend pas uniquement de déterminismes structurels, mais aussi des choix que les femmes et les hommes font.

The Conversation

Andrew Latham ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Ce qui conduit à la guerre : les leçons de l’historien Thucydide – https://theconversation.com/ce-qui-conduit-a-la-guerre-les-lecons-de-lhistorien-thucydide-260274

Le projet iCRIME : Recréer virtuellement une scène de crime pour aider les enquêteurs et les magistrats à établir la vérité

Source: The Conversation – France in French (2) – By David Brutin, Enseignant-chercheur, Aix-Marseille Université (AMU)

Dans les enquêtes criminelles, chaque détail compte. Une trace de sang, l’angle d’un impact, la position d’un corps : tous ces éléments peuvent changer la compréhension d’une scène de crime. Pourtant, malgré les avancées technologiques en matière de criminalistique, les enquêteurs, les magistrats ou les jurés restent encore trop souvent confrontés à des difficultés majeures (difficile représentation d’une scène 3D pour les jurés, scène de crime originelle altérée, impossibilité de reconstitution) lorsqu’il s’agit de reconstituer des faits sanglants, par nature complexes.

C’est ce constat qui a conduit à la naissance du projet iCRIME, que je porte, un programme de recherche pluridisciplinaire financé par l’Agence nationale de la recherche (ANR), visant à transformer notre manière d’aborder les scènes de crime sanglantes grâce aux outils de la simulation numérique et de la réalité virtuelle.


Dans le cadre d’une enquête judiciaire, la scène de crime joue un rôle fondamental. C’est là que débute la construction du récit des événements. Mais cette scène, par nature éphémère, est rapidement figée, nettoyée, voire détruite. La fixation de la scène, quand cela est considéré comme nécessaire par le magistrat, est réalisée par la prise de photographies éventuellement complétées par un nuage de points dans l’espace captés par une technologie de télédétection qui utilise un laser.

Lors des procès, les magistrats doivent alors se baser sur des plans en deux dimensions, des photos ou des témoignages, souvent incomplets, pour comprendre ce qui s’est passé. Ce manque de lisibilité nuit parfois à l’analyse objective des faits, en particulier dans les affaires complexes où plusieurs versions s’opposent.

De plus, les reconstitutions judiciaires sont coûteuses, difficiles à organiser et peuvent être biaisées par l’environnement dans lequel elles se déroulent (lieux différents, conditions lumineuses éloignées de la réalité, impossibilité de reproduire des gestes avec précision, etc.). Ces limites sont connues de longue date par les acteurs de la justice.

Mais comment faire évoluer les pratiques tout en garantissant la rigueur scientifique et le respect du droit ? C’est à cette question qu’a voulu répondre iCRIME.

Pouvoir évoluer virtuellement dans une scène de crime

Notre projet est né d’une collaboration entre chercheurs, magistrats et acteurs des forces de sécurité intérieure. L’objectif est simple : mettre au service de la justice des outils immersifs et interactifs permettant de mieux comprendre les scènes de crime et les dynamiques d’événements.

iCRIME repose sur le traitement automatisé de quantités de données massives issues de l’archivage des scènes de crimes puis de leur restitution en réalité virtuelle. La simulation physique et dynamique des scènes de crimes est également ajoutée à iCRIME, c’est-à-dire la modélisation des comportements des corps, des projectiles, des fluides et des interactions entre objets dans un espace 3D réaliste.

D’ores et déjà, iCRIME propose de s’immerger dans un environnement virtuel en présence d’un avatar qu’il est possible de poignarder. La trajectoire des gouttes de sang résultantes est visualisée en direct et les impacts de gouttes de sang sur le sol ou sur les murs sont fidèles aux équations de la mécanique des fluides. Notre outil permet également d’effectuer le calcul inverse du point d’origine sur la base de taches de sang permettant ainsi de confronter différentes hypothèses sur la position de l’avatar.

Rassembler tous les acteurs de l’enquête dans une même scène

À terme, iCRIME proposera une immersion en réalité virtuelle dans des scènes de crime ensanglantées fidèlement modélisées. Grâce à un casque de réalité virtuelle, les utilisateurs peuvent déjà se déplacer librement dans un environnement numérique qui reproduit les lieux à l’identique. Cette immersion permettra une exploration intuitive, une meilleure appropriation de l’espace et une interaction directe avec les éléments de preuve. iCRIME ne se contentera pas de montrer une scène figée : il permettra d’analyser les hypothèses, de comparer plusieurs versions des faits et d’en débattre dans un espace partagé, que l’on soit enquêteur, expert, avocat ou magistrat. iCRIME permettra de « faire parler » la scène de crime.

Notre apport majeur réside dans notre capacité à simuler numériquement les événements via des modèles physiques élaborés par des chercheurs. Qu’il s’agisse d’un mouvement de corps ou de la dispersion de gouttelettes de sang, iCRIME repose sur des modèles physiques issus de la recherche expérimentale. Ces modèles validés, par des protocoles expérimentaux, permettront de confronter les différentes versions des faits par une analyse objective. Concrètement, cela signifie que l’on peut déjà reproduire une projection de sang depuis un point donné, analyser la trajectoire de la goutte, sa vitesse, son interaction avec des obstacles ou des surfaces.

Quand iCRIME sera certifié, il sera ainsi possible de vérifier si une version des faits est compatible avec les traces observées.

Améliorer la transparence et la contradiction

Cette approche ne se substitue pas à l’enquête, mais elle enrichit l’analyse en objectivant certaines hypothèses. La robustesse scientifique est au cœur du projet. Chaque simulation peut être paramétrée, rejouée, comparée, et surtout, elle laisse une trace : on peut documenter ce qui a été testé, selon quelles hypothèses, et avec quels résultats. C’est un outil au service de la transparence et de la contradiction, deux piliers du procès équitable.

iCRIME est certes encore en cours de développement, mais plusieurs usages sont d’ores et déjà envisagés. Par exemple, son utilisation dans ce que l’on appelle les « Cold Case » pour immerger un témoin, un suspect ou un mis en cause dans une scène de crime ancienne qui existerait toujours et qui serait reconstituée fidèlement en réalité virtuelle. iCRIME permettra ainsi de plonger une personne dans l’environnement pour lui faire évoquer des souvenirs ou des ressentis. Des images ou des sons pourront être joués pour favoriser la remontée de souvenirs afin d’aider à faire avancer une ancienne enquête. Les magistrats et les professionnels du droit voient clairement dans ces outils un levier pour renforcer la compréhension des affaires complexes.

Mais l’introduction de ces technologies dans la justice ne va pas sans débats : quel statut juridique accorder à une simulation même ouverte au contradictoire ? Comment éviter l’effet de persuasion que peut produire une scène immersive ? Quelle formation pour les magistrats, les avocats et les jurés ?

Autant de questions auxquelles notre projet tente de répondre. Son ambition n’est pas de trancher à la place du juge, mais de donner des clés de lecture plus fiables et rigoureuses. En cela, iCRIME s’inscrit dans une démarche de justice augmentée : une justice qui utilise les technologies non pour impressionner, mais pour éclairer.


David Brutin est le coordinateur d’un projet de recherche sur les technologies immersives au service des acteurs de la justice pénale, iCrime, soutenu par l’Agence nationale de la recherche ANR. Il a présenté ce projet au workshop interdisciplinaire pour la sécurité globale qui s’est déroulé les 26 et 27 mars 2025 à Paris-Saclay.

The Conversation

David Brutin a reçu des financements de l’ANR.

ref. Le projet iCRIME : Recréer virtuellement une scène de crime pour aider les enquêteurs et les magistrats à établir la vérité – https://theconversation.com/le-projet-icrime-recreer-virtuellement-une-scene-de-crime-pour-aider-les-enqueteurs-et-les-magistrats-a-etablir-la-verite-256612

Sudan’s rebel force has declared a parallel government: what this means for the war

Source: The Conversation – Africa (2) – By Samir Ramzy, Researcher, Helwan University

Sudan’s south-western city of Nyala in Darfur recently became the centre of a significant political development.

After more than two years of fighting Sudan’s army, an alliance of armed and political groups backed by the paramilitary Rapid Support Forces announced the formation of a parallel government on 20 July 2025.

The new administration, dubbed the Government of Peace and Unity, is a coalition of armed movements from Darfur in Sudan’s western region, and Kordofan in the central region. Together, these regions account for about 46% of Sudan’s total land area.

The coalition has made Nyala its base. The city is a transit hub, with an airport and railway terminus. It is also a trading centre for gum arabic, one of Sudan’s largest exports and a key ingredient in making food, drinks and medicines.

The coalition’s stated aim is to establish a more representative governing structure for Sudan’s peripheral regions. It has 24 member groups.

In my view, however, the creation of a parallel government reflects the reality that neither the Rapid Support Forces nor its rival Sudanese army is close to victory. This view is informed by my research on Sudan’s political developments and its conflict dynamics for close to a decade.

The creation of a parallel government appears to be about entrenching the paramilitary group’s control in its western strongholds as the conflict continues. It risks cementing a permanent division of the country.

Why form a parallel government?

The Rapid Support Forces emerged from the Janjaweed militias that fought in Darfur, western Sudan, in the 2000s. Once allied with the state, the group grew into a powerful governmental paramilitary force, competing with the Sudanese Armed Forces for control of Sudan’s politics and economy.

When full-scale war broke out in April 2023, the Rapid Support Forces quickly seized much of western Sudan, particularly the Darfur region. It is country’s largest region, home to around 10 million people and spanning 500,000 square kilometres.

Darfur shares borders with Libya, Chad and the Central African Republic. It is also the Rapid Support Forces’ leadership’s home territory. It contains vast reserves of gold, fertile farmland and major production zones for gum arabic.

With little chance of outright military victory and its image in tatters, the paramilitary group has sought to reinvent itself politically. The group’s reputation has been devastated by reports of ethnic cleansing, sexual violence and atrocities against civilians.

The new Government of Peace and Unity is its attempt to gain favour. By forging alliances with other armed movements and community groups, the group is trying to position itself as the voice of Sudan’s marginalised peripheries.

Coalition partners include the Sudan People’s Liberation Movement-North (SPLM-N), the largest non-state armed group in Sudan. The group controls territory in Kordofan and advocates for the establishment of a secular state.

The new coalition’s founding charter calls for:

  • a decentralised political system

  • granting Sudan’s regions significant autonomy over local governance and resources.

This resonates with communities such as the Fur who have suffered decades of exclusion by Sudan’s political elite. Most of these leaders come from the country’s northern and central regions.




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Sudan’s civil war is rooted in its historical favouritism of Arab and Islamic identity


The timing of the announcement reflects both political and military calculations.

The Rapid Support Forces and its allies control large areas in western Sudan but have faced challenges expanding further east, where the Sudanese army remains entrenched.

Establishing a formal administration allows the coalition to strengthen its influence in the territories it already holds, and build alliances with local communities. It also helps create political structures that can engage with external actors.

Broadening the political base

Key figures from influential political groups have taken senior positions within the parallel government.

The Rapid Support Forces commander Mohamed Hamdan Dagalo (also known as Hemedti) has assumed the role of president of the presidential council. Abdelaziz al-Hilu, the leader of SPLM-N, was appointed as vice-president.

Fadlallah Burma, head of a faction of the Umma Party, the former ruling party, took the position of speaker of the legislative council. Mohamed al-Ta’ayshi, a politician from the Arab Ta’aisha tribe, was appointed prime minister.

Leaders from African-origin communities such as the Fur have also taken positions within the administration. Many of these groups have faced Sudanese army airstrikes and have historical grievances against the central state.

However, legitimacy at home is not enough. The Rapid Support Forces also hopes to use foreign alliances to force international recognition.

Kenya hosted the coalition’s launch conference. The group has also cultivated ties with actors in Chad, the Central African Republic, South Sudan and eastern Libya. These relationships have already helped the group consolidate control over key border areas, particularly in Libya, which spans a 382km border.

Serious challenges remain

The Rapid Support Forces-led project faces major obstacles.

Internal rivalries over power sharing have delayed the announcement of a full cabinet. Key ministries, including defence, foreign affairs and finance, remain unassigned.

Militarily, the Rapid Support Forces cannot claim uncontested authority even in its western strongholds. Sudanese army-allied forces still control El-Fasher, the capital of North Darfur. The army also maintains an overwhelming advantage in the air, making it impossible for the parallel government to project control beyond its core zones.

Internationally, the initiative has been widely condemned by the African Union and the Arab League.

The risks ahead

The failure of international mediation has left Sudan’s conflict at an impasse.

Tensions between Egypt and the United Arab Emirates – both key players in an international mediation effort that also includes the US and Saudi Arabia – have further complicated the search for a political solution.

Their tensions led to the postponement of a peace meeting in Washington in July 2025. The meeting was called off after Egypt, which supports the army, rejected the UAE’s proposal to exclude the two major warring parties from Sudan’s transitional government.

In this context, the Rapid Support Forces’ bid for legitimacy may fuel a more intense struggle with the army rather than a push towards compromise.

Three battlegrounds are likely to escalate.

  • The battle for El Fasher: Military confrontations are likely to escalate in El Fasher, the capital of North Darfur, as it remains the only major area in the region not under the control of the Rapid Support Forces.

  • The air war: The paramilitary group may try to procure advanced weapons to counter the army’s air dominance.

  • The humanitarian front: The parallel government could use aid routes to gain recognition. The UN has shown flexibility in engaging with de facto authorities in Sudan, prompting the army to block such efforts by controlling border crossings and routes as much as possible.

The longer the stalemate lasts, the greater the risk that Sudan will fragment beyond repair, which is unlikely to benefit any party involved.

What needs to happen next

One immediate step the international community could take is to expand and strictly enforce the arms embargo on Sudan. This could reduce the flow of weapons to both sides and create pressure for a return to negotiations.

In addition, a new political process is urgently needed, one less vulnerable to regional rivalries than the four-nation initiative.

International actors must also find ways to deliver humanitarian aid directly, even if that means air drops into hard-to-reach areas. This will help reduce civilian suffering and prevent both sides from weaponising aid access.

Without such interventions, Sudan’s future could be defined by a protracted war that leaves the state hollowed out and communities further devastated.

The Conversation

Samir Ramzy does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Sudan’s rebel force has declared a parallel government: what this means for the war – https://theconversation.com/sudans-rebel-force-has-declared-a-parallel-government-what-this-means-for-the-war-262363

Kabylie-État algérien : une confrontation politique persistante (1)

Source: The Conversation – France in French (3) – By Salem Chaker, Professeur émérite à l’Université d’Aix-Marseille, Aix-Marseille Université (AMU)

De gauche à droite, les dirigeants du Front de libération nationale algérien, Ahmed Ben Bella, Mohamed Boudiaf, Hocine Aït Ahmed, Mostefa Lacheraf et Mohamed Khider, arrêtés par l’armée française après le détournement de leur avion reliant Rabat à Tunis, le 22 octobre 1956. Picryl, CC BY

La Kabylie reste le théâtre d’un face-à-face politique et idéologique avec Alger, enraciné dans les divisions du mouvement national algérien. Ce texte rassemble une série de constats et de réflexions nourris par plus d’un demi-siècle d’observation et d’engagement – une observation que l’on pourrait qualifier de participante – au sein de la principale région berbérophone d’Algérie : la Kabylie. Première partie.


À bien des égards, la Kabylie peut être vue comme un condensé de l’histoire politique de l’Algérie depuis son indépendance. Condensé caractérisé par la continuité des pratiques de répression et de neutralisation d’une région qui s’est trouvée maintes fois en opposition frontale avec le pouvoir central.

En 1982, à l’occasion du vingtième anniversaire de l’indépendance de l’Algérie, le chanteur kabyle Ferhat Mehenni du groupe Imaziɣen Imula composait et interprétait une chanson dont le refrain disait à peu près ceci :

« Vingt ans de dictature déjà,
Sans compter ce qui nous attend »

Le futur fondateur du Mouvement pour l’autonomie de la Kabylie (MAK, 2001) n’imaginait certainement pas que sa chanson, quarante ans plus tard, serait encore d’une tragique actualité. Quarante ans plus tard, le caractère autoritaire et répressif du régime algérien n’a fait que se renforcer et se généraliser et la Kabylie en a fait, et en fait, la cruelle et permanente expérience. Certes, cette situation concerne bien sûr l’ensemble de l’Algérie, mais elle se présente pour cette région sous une forme à la fois récurrente, quasiment systémique, et particulièrement diversifiée.

À ce sujet, on me permettra de mentionner ici un souvenir personnel. La première fois que j’ai rencontré, fin 1981 ou début 1982 à Paris, le grand historien algérien Mohamed Harbi, celui-ci, au cours de la conversation, constatant chez ses interlocuteurs une certaine naïveté et improvisation, nous déclara :

« Vous êtes des boy-scouts ! Ne savez-vous pas que les plans de mise en état d’alerte de l’armée algérienne sont fondés sur deux scénarios uniquement : une guerre sur la frontière algéro-marocaine et une insurrection armée en Kabylie ? »

Cette spécificité kabyle est déterminée par un ensemble de facteurs historiques, sociologiques, culturels bien connus : un particularisme linguistique et culturel marqué, une densité démographique élevée, le maintien d’une tradition communautaire villageoise forte, une scolarisation significative ancienne, une émigration précoce et massive vers la France et une politisation sensible des élites et de l’émigration ouvrière… On trouvera une présentation précise de ces paramètres dans mon dernier ouvrage Berbères aujourd’hui.
Kabyles et Berbères : luttes incertaines
(éditions L’Harmattan, 2022).

Continuité d’une répression multiforme

Depuis 1962, la Kabylie a connu à peu près toutes les formes de répression envisageables :

  • L’intervention militaire directe dès 1963 pour mater la rébellion armée du Front des forces socialistes (FFS) de Hocine Aït Ahmed (septembre 1963-juin 1965), qui tentait de s’opposer à la mise en place du système de parti unique et au régime autoritaire du tandem Ben Bella- Boumediene. Intervention qui se soldera par des centaines de morts et des centaines d’arrestations, de détentions arbitraires et de tortures sauvages.

  • La répression violente de manifestations pacifiques. On n’évoquera ici que les événements de grande ampleur, pour un historique détaillé, on se reportera à l’article de Chaker et Doumane (2006). Parmi ces événements, le printemps berbère de 1980 (entre mars et juin) ; les manifestations du printemps 1981 ; celles de juin 1998 à la suite de l’assassinat, dans des conditions suspectes, du chanteur Matoub Lounès ; et surtout celles du « printemps noir » de 2001-2002 qui seront sévèrement réprimées et se solderont par au moins 130 morts et des milliers de blessés.

  • La répression judiciaire récurrente aboutissant à des centaines d’arrestations et condamnations de manifestants et à de nombreuses condamnations des meneurs par la Cour de sûreté de l’État.

  • L’interdiction et la répression de toute tentative d’organisation légale notamment celle de la Ligue algérienne des droits de l’homme, créée autour de feu maître Abdennour Ali Yahia, dissoute en tant que « ligue berbériste » en 1985 (plus d’une dizaine de ses membres ont été arrêtés et sévèrement condamnés et maltraités).

  • Les assassinats ciblés d’opposants politiques, y compris à l’étranger : parmi les plus importants, on citera celui de Krim Belkacem (Francfort, 1970) et celui d’Ali Mecili (Paris, 1987).

  • Des manipulations par les services secrets contre de prétendus groupes terroristes ou armés : affaire des poseurs de bombes (1974), affaire de Cap Sigli (1978).

Le dernier épisode en date (printemps/été 2021) a consisté à classer comme « organisations terroristes » le MAK et le mouvement Rachad et à arrêter des centaines de leurs militants et d’opposants indépendants accusés d’appartenir à ces organisations. Ce dernier épisode n’est pas sans rappeler les pratiques de la Turquie d’Erdogan qui tendent à museler toute opposition en la qualifiant de « terroriste ».

Cette affaire s’est soldée en novembre 2022 par une parodie de justice à l’issue de laquelle ont été prononcés, en moins de trois jours, 102 lourdes condamnations. On vient donc d’atteindre un degré tout à fait inédit dans la répression, sans doute symptomatique d’une crise profonde au sein du régime et/ou d’une volonté de liquider en Algérie toutes les oppositions politiques significatives en les criminalisant.

Dans tous ces cas, la presse officielle s’est déchaînée contre « les ennemis de l’unité nationale, les agents de l’impérialisme et du néo-colonialisme, du Maroc, du sionisme, voire les agents des services secrets occidentaux ». Le but étant de démanteler des groupes ennemis de l’État et de la nation, et de ressouder le peuple autour de ses dirigeants.

Et bien sûr, une répression culturelle structurelle, pendant une trentaine d’années, inscrite officiellement dans les orientations idéologiques, les Constitutions et les lois de l’État algérien qui définissaient l’Algérie comme un pays exclusivement arabe et musulman (Ce n’est qu’en 2016 que le tamazight a accédé au statut de langue nationale et officielle). Le paramètre berbère étant considéré comme ayant disparu ou devant disparaître, car susceptible de porter atteinte à l’unité de la nation. C’était la position tout à fait officielle du FLN et notamment de sa commission culture, totalement investie par le courant arabiste.

Continuité d’une politique de neutralisation

Une autre permanence de la politique de l’État central par rapport à la région est la neutralisation de ses élites politiques et culturelles par intégration dans l’appareil d’État et ses structures satellites. Je ne parle évidemment pas du rôle considérable qu’ont joué les Kabyles au sein de l’appareil d’État, en particulier dans ses sphères technocratiques et sécuritaires, pendant les deux ou trois premières décennies qui ont suivi l’indépendance. Cette surreprésentation des Kabyles dans ces secteurs était une conséquence directe à la fois de leur implication forte dans la guerre de libération et de données socio-culturelles plus anciennes, notamment la formation d’élites locales assez nombreuses.

Je pense en fait surtout à ce que j’ai appelé ailleurs « la nouvelle politique berbère » qui se met progressivement en place à partir de la fin des années 1980/début 1990. En réalité, les premiers signes de cette évolution sont décelables dès 1985, après l’apparition des premières actions terroristes islamistes : certains milieux du pouvoir, son aile « moderniste », ont tenté dès cette époque une approche des milieux berbéristes.

Jusque-là, une grande partie des élites politiques, intellectuelles et culturelles kabyles était globalement dans une relation d’opposition au pouvoir central, du fait même de l’ostracisme prononcé contre le paramètre berbère. Exclue de l’espace institutionnel, la mouvance berbère s’est développée pendant deux à trois décennies en dehors et largement contre le système étatique algérien, particulièrement en émigration. Que ce soit dans le champ de la culture et de la langue ou dans le champ politique, ces deux courants se recoupant largement, en particulier autour du FFS de Hocine Aït Ahmed.

À partir de la fin des années 1980 et le début des années 1990 se dessine progressivement une nouvelle ligne politique officielle, plus tolérante à la berbérité et à ses élites représentatives politiques et culturelles.

Le contexte politique global de cette évolution est bien connu : il est clairement déterminé par la montée en puissance des islamistes qui deviennent pour le pouvoir le danger principal.

Cette nouvelle politique berbère va explicitement se mettre en place pendant la décennie 1990, avec Mohamed Boudiaf et, surtout, avec la prise de pouvoir par les généraux : des composantes significatives du courant berbère soutiendront le pouvoir militaire au nom de la lutte contre les islamistes. Cette politique va s’accentuer et s’accélérer pendant la période Bouteflika. Un des axes majeurs de cette nouvelle orientation, incarnée par la ministre de la culture Khalida Toumi Messaoudi à la longévité exceptionnelle (2002-2014), sera l’intégration systématique des élites culturelles kabyles et la prise en charge de la langue et de la culture berbères dans le cadre d’une politique de gestion patrimoniale et nationale. Le 10 avril 2002, une révision de la Constitution algérienne ajoute l’article 3bis, qui reconnaît le berbère comme langue nationale. Au fond, il s’agit d’une opération méthodique d’intégration d’un paramètre et d’une élite jusque-là hors système d’État.

On notera d’ailleurs qu’une politique similaire peut être observée au Maroc dans le cadre de ce que j’ai appelé « la makhzénisation » de la culture et des élites berbères marocaines. Dans ce pays, cette opération d’intégration a été cependant beaucoup plus aisée, car les élites politiques et intellectuelles berbères marocaines, à l’exception notable de celles du Rif, ont toujours été parties prenantes du système politique.

Dans les deux cas, il s’agit clairement d’une entreprise de neutralisation et de dépossession : la langue et la culture berbères ne sont pas l’apanage des régions berbérophones ou des berbérophones, mais celui de l’État, incarnation de la nation unie et indivisible. Le discours officiel et les réformes constitutionnelles de 2002 et de 2016 en Algérie (et celles de 2011 au Maroc) sont parfaitement explicites et adoptent des formulations strictement parallèles : la langue et la culture berbères font partie du patrimoine indivis de la nation.

Sur ce point précis, la filiation avec la tradition politique et juridique jacobine française est flagrante ; j’ai montré ailleurs (Chaker 2022, chapitre 7) que la République française avait développé exactement le même type d’approche à propos des langues régionales de France : les experts du gouvernement français ont ainsi affirmé, en 1999, que « le breton (le basque, etc.) n’appartient pas aux Bretons ou à la Bretagne, mais au patrimoine indivis de la nation française ».

Le but évident de cette affirmation, en contradiction manifeste avec la réalité historique et sociolinguistique, étant d’éviter de reconnaître des droits spécifiques à des minorités linguistiques, situation qui pourrait aisément dériver vers des revendications autonomistes ou fédéralistes.

The Conversation

Salem Chaker ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Kabylie-État algérien : une confrontation politique persistante (1) – https://theconversation.com/kabylie-etat-algerien-une-confrontation-politique-persistante-1-262078

Kabylie-État algérien : une confrontation politique persistante (½)

Source: The Conversation – France in French (3) – By Salem Chaker, Professeur émérite à l’Université d’Aix-Marseille, Aix-Marseille Université (AMU)

De gauche à droite, les dirigeants du Front de libération nationale algérien, Ahmed Ben Bella, Mohamed Boudiaf, Hocine Aït Ahmed, Mostefa Lacheraf et Mohamed Khider, arrêtés par l’armée française après le détournement de leur avion reliant Rabat à Tunis, le 22 octobre 1956. Picryl, CC BY

La Kabylie reste le théâtre d’un face-à-face politique et idéologique avec Alger, enraciné dans les divisions du mouvement national algérien. Ce texte rassemble une série de constats et de réflexions nourris par plus d’un demi-siècle d’observation et d’engagement – une observation que l’on pourrait qualifier de participante – au sein de la principale région berbérophone d’Algérie : la Kabylie. Première partie.


À bien des égards, la Kabylie peut être vue comme un condensé de l’histoire politique de l’Algérie depuis son indépendance. Condensé caractérisé par la continuité des pratiques de répression et de neutralisation d’une région qui s’est trouvée maintes fois en opposition frontale avec le pouvoir central.

En 1982, à l’occasion du vingtième anniversaire de l’indépendance de l’Algérie, le chanteur kabyle Ferhat Mehenni du groupe Imaziɣen Imula composait et interprétait une chanson dont le refrain disait à peu près ceci :

« Vingt ans de dictature déjà,
Sans compter ce qui nous attend »

Le futur fondateur du Mouvement pour l’autonomie de la Kabylie (MAK, 2001) n’imaginait certainement pas que sa chanson, quarante ans plus tard, serait encore d’une tragique actualité. Quarante ans plus tard, le caractère autoritaire et répressif du régime algérien n’a fait que se renforcer et se généraliser et la Kabylie en a fait, et en fait, la cruelle et permanente expérience. Certes, cette situation concerne bien sûr l’ensemble de l’Algérie, mais elle se présente pour cette région sous une forme à la fois récurrente, quasiment systémique, et particulièrement diversifiée.

À ce sujet, on me permettra de mentionner ici un souvenir personnel. La première fois que j’ai rencontré, fin 1981 ou début 1982 à Paris, le grand historien algérien Mohamed Harbi, celui-ci, au cours de la conversation, constatant chez ses interlocuteurs une certaine naïveté et improvisation, nous déclara :

« Vous êtes des boy-scouts ! Ne savez-vous pas que les plans de mise en état d’alerte de l’armée algérienne sont fondés sur deux scénarios uniquement : une guerre sur la frontière algéro-marocaine et une insurrection armée en Kabylie ? »

Cette spécificité kabyle est déterminée par un ensemble de facteurs historiques, sociologiques, culturels bien connus : un particularisme linguistique et culturel marqué, une densité démographique élevée, le maintien d’une tradition communautaire villageoise forte, une scolarisation significative ancienne, une émigration précoce et massive vers la France et une politisation sensible des élites et de l’émigration ouvrière… On trouvera une présentation précise de ces paramètres dans mon dernier ouvrage Berbères aujourd’hui.
Kabyles et Berbères : luttes incertaines
(éditions L’Harmattan, 2022).

Continuité d’une répression multiforme

Depuis 1962, la Kabylie a connu à peu près toutes les formes de répression envisageables :

  • L’intervention militaire directe dès 1963 pour mater la rébellion armée du Front des forces socialistes (FFS) de Hocine Aït Ahmed (septembre 1963-juin 1965), qui tentait de s’opposer à la mise en place du système de parti unique et au régime autoritaire du tandem Ben Bella- Boumediene. Intervention qui se soldera par des centaines de morts et des centaines d’arrestations, de détentions arbitraires et de tortures sauvages.

  • La répression violente de manifestations pacifiques. On n’évoquera ici que les événements de grande ampleur, pour un historique détaillé, on se reportera à l’article de Chaker et Doumane (2006). Parmi ces événements, le printemps berbère de 1980 (entre mars et juin) ; les manifestations du printemps 1981 ; celles de juin 1998 à la suite de l’assassinat, dans des conditions suspectes, du chanteur Matoub Lounès ; et surtout celles du « printemps noir » de 2001-2002 qui seront sévèrement réprimées et se solderont par au moins 130 morts et des milliers de blessés.

  • La répression judiciaire récurrente aboutissant à des centaines d’arrestations et condamnations de manifestants et à de nombreuses condamnations des meneurs par la Cour de sûreté de l’État.

  • L’interdiction et la répression de toute tentative d’organisation légale notamment celle de la Ligue algérienne des droits de l’homme, créée autour de feu maître Abdennour Ali Yahia, dissoute en tant que « ligue berbériste » en 1985 (plus d’une dizaine de ses membres ont été arrêtés et sévèrement condamnés et maltraités).

  • Les assassinats ciblés d’opposants politiques, y compris à l’étranger : parmi les plus importants, on citera celui de Krim Belkacem (Francfort, 1970) et celui d’Ali Mecili (Paris, 1987).

  • Des manipulations par les services secrets contre de prétendus groupes terroristes ou armés : affaire des poseurs de bombes (1974), affaire de Cap Sigli (1978).

Le dernier épisode en date (printemps/été 2021) a consisté à classer comme « organisations terroristes » le MAK et le mouvement Rachad et à arrêter des centaines de leurs militants et d’opposants indépendants accusés d’appartenir à ces organisations. Ce dernier épisode n’est pas sans rappeler les pratiques de la Turquie d’Erdogan qui tendent à museler toute opposition en la qualifiant de « terroriste ».

Cette affaire s’est soldée en novembre 2022 par une parodie de justice à l’issue de laquelle ont été prononcés, en moins de trois jours, 102 lourdes condamnations. On vient donc d’atteindre un degré tout à fait inédit dans la répression, sans doute symptomatique d’une crise profonde au sein du régime et/ou d’une volonté de liquider en Algérie toutes les oppositions politiques significatives en les criminalisant.

Dans tous ces cas, la presse officielle s’est déchaînée contre « les ennemis de l’unité nationale, les agents de l’impérialisme et du néo-colonialisme, du Maroc, du sionisme, voire les agents des services secrets occidentaux ». Le but étant de démanteler des groupes ennemis de l’État et de la nation, et de ressouder le peuple autour de ses dirigeants.

Et bien sûr, une répression culturelle structurelle, pendant une trentaine d’années, inscrite officiellement dans les orientations idéologiques, les Constitutions et les lois de l’État algérien qui définissaient l’Algérie comme un pays exclusivement arabe et musulman (Ce n’est qu’en 2016 que le tamazight a accédé au statut de langue nationale et officielle). Le paramètre berbère étant considéré comme ayant disparu ou devant disparaître, car susceptible de porter atteinte à l’unité de la nation. C’était la position tout à fait officielle du FLN et notamment de sa commission culture, totalement investie par le courant arabiste.

Continuité d’une politique de neutralisation

Une autre permanence de la politique de l’État central par rapport à la région est la neutralisation de ses élites politiques et culturelles par intégration dans l’appareil d’État et ses structures satellites. Je ne parle évidemment pas du rôle considérable qu’ont joué les Kabyles au sein de l’appareil d’État, en particulier dans ses sphères technocratiques et sécuritaires, pendant les deux ou trois premières décennies qui ont suivi l’indépendance. Cette surreprésentation des Kabyles dans ces secteurs était une conséquence directe à la fois de leur implication forte dans la guerre de libération et de données socio-culturelles plus anciennes, notamment la formation d’élites locales assez nombreuses.

Je pense en fait surtout à ce que j’ai appelé ailleurs « la nouvelle politique berbère » qui se met progressivement en place à partir de la fin des années 1980/début 1990. En réalité, les premiers signes de cette évolution sont décelables dès 1985, après l’apparition des premières actions terroristes islamistes : certains milieux du pouvoir, son aile « moderniste », ont tenté dès cette époque une approche des milieux berbéristes.

Jusque-là, une grande partie des élites politiques, intellectuelles et culturelles kabyles était globalement dans une relation d’opposition au pouvoir central, du fait même de l’ostracisme prononcé contre le paramètre berbère. Exclue de l’espace institutionnel, la mouvance berbère s’est développée pendant deux à trois décennies en dehors et largement contre le système étatique algérien, particulièrement en émigration. Que ce soit dans le champ de la culture et de la langue ou dans le champ politique, ces deux courants se recoupant largement, en particulier autour du FFS de Hocine Aït Ahmed.

À partir de la fin des années 1980 et le début des années 1990 se dessine progressivement une nouvelle ligne politique officielle, plus tolérante à la berbérité et à ses élites représentatives politiques et culturelles.

Le contexte politique global de cette évolution est bien connu : il est clairement déterminé par la montée en puissance des islamistes qui deviennent pour le pouvoir le danger principal.

Cette nouvelle politique berbère va explicitement se mettre en place pendant la décennie 1990, avec Mohamed Boudiaf et, surtout, avec la prise de pouvoir par les généraux : des composantes significatives du courant berbère soutiendront le pouvoir militaire au nom de la lutte contre les islamistes. Cette politique va s’accentuer et s’accélérer pendant la période Bouteflika. Un des axes majeurs de cette nouvelle orientation, incarnée par la ministre de la culture Khalida Toumi Messaoudi à la longévité exceptionnelle (2002-2014), sera l’intégration systématique des élites culturelles kabyles et la prise en charge de la langue et de la culture berbères dans le cadre d’une politique de gestion patrimoniale et nationale. Le 10 avril 2002, une révision de la Constitution algérienne ajoute l’article 3bis, qui reconnaît le berbère comme langue nationale. Au fond, il s’agit d’une opération méthodique d’intégration d’un paramètre et d’une élite jusque-là hors système d’État.

On notera d’ailleurs qu’une politique similaire peut être observée au Maroc dans le cadre de ce que j’ai appelé « la makhzénisation » de la culture et des élites berbères marocaines. Dans ce pays, cette opération d’intégration a été cependant beaucoup plus aisée, car les élites politiques et intellectuelles berbères marocaines, à l’exception notable de celles du Rif, ont toujours été parties prenantes du système politique.

Dans les deux cas, il s’agit clairement d’une entreprise de neutralisation et de dépossession : la langue et la culture berbères ne sont pas l’apanage des régions berbérophones ou des berbérophones, mais celui de l’État, incarnation de la nation unie et indivisible. Le discours officiel et les réformes constitutionnelles de 2002 et de 2016 en Algérie (et celles de 2011 au Maroc) sont parfaitement explicites et adoptent des formulations strictement parallèles : la langue et la culture berbères font partie du patrimoine indivis de la nation.

Sur ce point précis, la filiation avec la tradition politique et juridique jacobine française est flagrante ; j’ai montré ailleurs (Chaker 2022, chapitre 7) que la République française avait développé exactement le même type d’approche à propos des langues régionales de France : les experts du gouvernement français ont ainsi affirmé, en 1999, que « le breton (le basque, etc.) n’appartient pas aux Bretons ou à la Bretagne, mais au patrimoine indivis de la nation française ».

Le but évident de cette affirmation, en contradiction manifeste avec la réalité historique et sociolinguistique, étant d’éviter de reconnaître des droits spécifiques à des minorités linguistiques, situation qui pourrait aisément dériver vers des revendications autonomistes ou fédéralistes.

The Conversation

Salem Chaker ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Kabylie-État algérien : une confrontation politique persistante (½) – https://theconversation.com/kabylie-etat-algerien-une-confrontation-politique-persistante-1-2-262078

I write James Bond novels – here’s why Peaky Blinders creator Steven Knight will bring a crackling new intensity to 007

Source: The Conversation – UK – By Kim Sherwood, Lecturer in Creative Writing, University of Edinburgh

Our hero is on his way to confront danger, feign love and give away a little of his soul. As he takes a long plane journey over Europe into enemy territory, he reflects on what his younger self would make of him now: “Would he recognise himself beneath the surface of this man who was tarnished with years of treachery and ruthlessness and fear?”

You would be forgiven for imagining these as the thoughts of Thomas Shelby, screenwriter Steven Knight’s war hero-turned-Peaky Blinders gang leader. Or the meditations of Viggo Mortensen’s Russian mobster with a heart of gold in Knight’s 2007 film, Eastern Promises.

In fact, this is a passage from Ian Fleming’s fifth James Bond novel, From Russia With Love (1957) – a favourite read of another conflicted, powerful man, John F. Kennedy.

Like Bond, Knight’s protagonists are intelligent, charming, witty, courageous, withdrawn and ruthless – scarred by violence with a seam of cold anger. It is this crosscurrent that makes Knight such a strong pick as the scribe for Bond’s next cinematic incarnation, expected to be released in 2028.

Knight talks about his appointment.

If you’ve not read Fleming before, you might be surprised by Bond’s self-reflection and melancholy here – a strand throughout the books which we saw manifest most significantly on screen during Daniel Craig’s tenure. It’s something I am confident Knight will bring to the screen with crackling intensity, and which I have explored in my own Double O trilogy.

As a lifelong Bond fan, it was a dream come true when the Ian Fleming Estate commissioned me to write a trilogy of novels expanding the world of 007. My mission was to introduce new “Double O” agents.

In Double or Nothing (2022), Bond has gone missing and Moneypenny – now chief of the Double O Section, in the world’s most overdue promotion – doesn’t know if he’s been captured or even killed. In the sequel A Spy Like Me (2024), a rogue Johanna Harwood (003) infiltrates the lion’s den to rescue 007. In the final novel, Hurricane Room, out in May 2026, Bond returns as the Double O agents make their last stand.

The Hurricane Room title comes from the same chapter of From Russia With Love, as Bond’s plane experiences turbulence. As “lighting flung its hands across the windows”, Bond draws on the image of the hurricane room:

In the centre of Bond was a hurricane room, the kind of citadel found in old-fashioned houses in the tropics … To this cell the owner and his family retire if the storm threatens to destroy the house, and they stay there until the danger is past. Bond went to his hurricane room only when the situation was beyond his control, and no other possible action could be taken.

I read From Russia With Love aged 12. It was my first Bond novel and I fell in love with this hero whose inner resources keep him from ever giving up. This is also a quality that Knight unpacks beautifully with the dangerous but soulful Tommy Shelby – probably the only gangster to get a Rambert dance treatment (the series has been adapted into a ballet by the British dance company).

Creating icons

An icon is recognisable by eye. We know Bond by a series of images – the tuxedo, the martini, his Walther PPK pistol – just as we know Shelby by his extreme fade, club collar and peak lapels.

But if a character is as flat as a religious icon, they can’t grow or evolve. That’s not the case with Shelby, who we’ve seen grow with Cillian Murphy over a decade, or Bond, who has evolved with us for seven decades and as many actors. Knight can give us a Bond who is both iconic and human.

Another shared strand between Fleming and Knight is the deliberate use of national myth. Fleming set Bond up as a symbol of Britain. When the villains of From Russia With Love want a scandal that will destroy Britain, they look for a symbol: “Of course, most of their strength lies in myth – in the myth of Scotland Yard, of Sherlock Holmes, of the Secret Service… Myths are built on heroic deeds and heroic people. Have they no such men?” And the reply: “There is a man called Bond.”

With Tommy Shelby, Knight created a recognisable icon.

Fleming then spends the book destroying him. But Bond’s power as a symbol has endured, exemplified in the 2012 Olympic opening ceremony as Daniel Craig, using all the magic of the movies, parachuted in with the Queen.

In Peaky Blinders, Knight takes totemic images from our national consciousness, such as the trenches in the first world war, the Houses of Parliament and Birmingham’s industrial past. But he also gives us the wider picture, from working-class veterans with PTSD to Italian, Jewish and Black families, and women struggling for independence. It’s this refreshing look at our identity that promises Knight’s take on Bond as a symbol will be just as fascinating as Fleming’s.

When Fleming first sat down to write Bond, he told a friend: “I am going to write the spy story to end all spy stories.” He certainly revolutionised the genre, but it wasn’t the end, only the beginning.

It’s been my honour to write in this universe, and I can’t wait to see where Knight takes it next. James Bond Will Return.


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The Conversation

Kim Sherwood does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. I write James Bond novels – here’s why Peaky Blinders creator Steven Knight will bring a crackling new intensity to 007 – https://theconversation.com/i-write-james-bond-novels-heres-why-peaky-blinders-creator-steven-knight-will-bring-a-crackling-new-intensity-to-007-262547