La estrategia defensiva iraní: así está dictando la nueva Guardia Revolucionaria el curso de la guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Moises Garduño García, Profesor de Estudios sobre Oriente Medio, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Anelo/Shuttesrtock

La agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán expone un error de cálculo fundamental por parte de quienes pensaban que “dos o tres días de bombardeos eran suficientes para ganar una guerra”. Por una parte, el ataque subestimó la capacidad de respuesta de las fuerzas armadas iraníes y, por la otra, sobrestimó el poderío aéreo de Washington y Tel Aviv como elemento clave del conflicto.

Error de cálculo

El error más grave hasta el momento ha consistido en infravalorar la resiliencia del adversario y su capacidad de adaptación operativa. Irán, consciente de su vulnerabilidad a los ataques de “decapitación”, implementó una versión de la “doctrina mosaico”. A través de ella no sólo descentraliza el mando y control, sino que garantiza la circulación de élites de la segunda generación de la Guardia Revolucionaria. Una estrategia que tiene como objetivo garantizar la supervivencia de su capacidad ofensiva para alargar el conflicto

Creer que el poder aéreo por sí solo es decisivo, significa ignorar las lecciones de la historia y de la teoría clásica estratégica que demuestran que el bombardeo táctico rara vez quiebra la voluntad de un enemigo. Además, en el caso de un país con una enorme profundidad estratégica como lo es Irán, la única forma de tomar el control real del Estado es a través de una invasión terrestre bien planeada y organizada que, en este punto del conflicto, es la más grande y riesgosa de las apuestas militares.

En efecto, los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel fueron un éxito táctico. De acuerdo con el Armed Conflict Location and Event Data Project, a diez días de iniciar el conflicto, “al menos el 30 % de los más de 900 ataques estadounidenses e israelíes golpearon éxitosamente el sistema de control interno de la República Islámica”.

Sin embargo, cuando Irán extendió sus objetivos hacia los países árabes del Golfo, obligó a sus enemigos a confrontar los límites de su poder impulsando el alza de precios de los energéticos y manipulando el comportamiento de los mercados financieros. Sin duda, la estrategia de Irán no era un enfrentamiento convencional, sino un plan de desgaste descentralizado y de presión económica.

2 000 millones de dólares al día

Aunque Estados Unidos e Israel pueden dominar el espacio aéreo iraní en ciertos momentos, no han podido impedir por ahora que Irán condicione el acceso al estrecho de Ormuz, lance misiles y drones desde plataformas móviles o utilice a sus aliados en Líbano e Irak.

Ante la extensión de la campaña militar por más de un mes, Estados Unidos ha comenzado a buscar salidas precipitadas para guardar las apariencias. Los costos de las operaciones han sido cifradas en 2 000 millones de dólares al día, la misma cantidad que Washington dijo recuperar con su política de aranceles recíprocos. Todo ello sin dejar de mencionar la muerte de 13 soldados estadounidenses.

En el caso israelí, Tel Aviv también busca invadir el sur de Líbano y adentrarse en territorios más allá del Río Litani para ampliar sus fronteras bajo la excusa de producir “nuevas zonas de amortiguamiento” contra Hezbollah y sus fuerzas especiales.

Al mismo tiempo, tanto Washington como Tel Aviv acuden al control de medios para informar todos los días que “van ganando la guerra”. Buscan satisfacer el consumo interno de sus bases sociales y fabricar una imagen. Esta no coincide con la realidad en el campo de operaciones, donde sus ataques no obtienen resultados políticos concretos. El mensaje oficial del presidente Trump el pasado 1 de abril de 2026 es una evidencia para este argumento.

La doctrina defensiva

La nueva generación de la Guardia Revolucionaria no sólo está mejor entrenada, sino que también es la heredera del emporio económico fundado por sus predecesores en calidad de veteranos de la guerra Irán-Irak. Las nuevas élites lucharon contra el Estado Islámico o Daesh y ganaron experiencia en Siria, apoyando en su momento a Bashar Al Assad. También se han fajado entrenando milicias en Líbano, Palestina e Irak.

Además, la condición de herederos de la primera generación les obliga a enmarcar este conflicto como una guerra existencial. Al igual que otras fuerzas armadas en el mundo, libran esta batalla mediante una economía de guerra que fortalece a sus empresas productoras de drones y misiles y a sus redes energéticas. Esto determina, por ejemplo, el acceso selectivo al estrecho de Ormuz para que la Marina del enemigo pueda sentirse obligada a actuar ante la presión económica global.

A diferencia del Artesh (el ejército regular), la Guardia Revolucionaria integra un fuerte vínculo con la sociedad iraní, ofreciendo un trato financiero preferente a las personas provenientes de sectores de bajos ingresos. El servicio en los “Guardianes” puede ser visto como un trampolín para una carrera exitosa y como una credencial valiosa.

Los salarios proporcionan un estímulo material sustancial entre los representantes de la clase campesina y urbana popular. Estas constituyen la fuente mayoritaria de reclutamiento de los Basiji, la red de voluntarios movilizados que conforman el cuerpo de infantería asimétrica del Estado. La organización paramilitar cuenta con nueve millones de miembros y está encabezada por el general de la Guardia Revolucionaria.

También cabe mencionar que las fuerzas Basiji tienen batallones de mujeres en su estructura, a diferencia del Ejército Regular, donde su papel es más limitado. Teniendo en cuenta a los familiares y la tradición cultural oriental del parentesco extenso, el número total de personas que se benefician de una u otra manera de la asociación con los “Guardianes” es amplia y, en contexto bélico, suele crecer aún más.

La labor de la segunda generación de la Guardia Revolucionaria no sólo se hace en términos militares, sino también con trabajo y dirección diplomática y operativa. Esto ocurre a través del envío de petróleo iraní a países como China, India y Pakistán, mientras el conflicto entra en la sexta semana de combate.

Independientemente de la oferta temporal por 400 millones de barriles de crudo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), parece factible que los precios internacionales del petróleo no se hayan disparado al máximo debido a que Irán sigue exportando petróleo y no tanto por las declaraciones del presidente Trump, cuyas contradicciones ofrecen todo menos certeza económica.

El fenómeno anterior se relaciona con la información de inteligencia más reciente divulgada en Washington en la que se predice que “no sólo no habrá grietas en el régimen iraní, sino que éste permanecerá intacto y posiblemente incluso se fortalecerá, al creer que se enfrentó a Trump y sobrevivió”.

Al mismo tiempo, el poder económico y político de la Guardia Revolucionaria se extiende hacia Irak con empresas como Mohandis General, de las Fuerzas de Movilización Popular. Estas han seguido el modelo de Khatam al-Anbiya, la empresa estatal más poderosa del Estado iraní, que es uno de los bastiones más sólidos de la Guardia Revolucionaria.

Lo que resta del conflicto

Sin duda alguna, Irán está dictando el curso de la guerra al obligar al eje Washington-Tel Aviv a dotar más recursos para una operación mayor en términos de combustible, armas de precisión, equipos de mantenimiento e interceptores. Incluso, con tropas en el terreno, para mantener una presencia fuerte en el teatro de operaciones. Aunque hay un consenso entre especialistas de que el volumen de lanzamientos de misiles iraníes hacia Israel ha disminuido, también es cierto que su precisión ha aumentado al golpear centros neurálgicos de Tel Aviv, Haifa o Arad. Algo nunca antes visto en la historia.

De seguir el mismo ritmo de combate diseñado para explotar las vulnerabilidades económicas y políticas de sus enemigos, Irán aspira a que sus adversarios carezcan de una salida política óptima. Al momento, ningún país europeo ha tomado la decisión de entrar en una guerra ilegal e ilegítima, que solo es apoyada por la opinión pública israelí. Eso sí, con un respaldo de hasta el 80 %.

Los aliados árabes de Estados Unidos en el golfo Pérsico están enojados y alarmados porque se sienten “aliados de segunda” cuando Trump jerarquiza la defensa de Israel sobre ellos. Así lo apunta Abdulaziz al-Anjeri, fundador del think tank o laboratorio de ideas Reconnaissance Research.

La guerra, lejos de reforzar la hegemonía estadounidense, puede estar acelerando su contracción. En el tablero de Oriente Medio, la fuerza bruta sin una estrategia coherente no solo es inútil, sino contraproducente.

Pase lo que pase, la región ya no será la misma tras la guerra porque se detonarán cambios profundos en toda la arquitectura de seguridad. Desde la asignación de gastos estratégicos hasta una nueva carrera armamentista que debe estarse gestando ya entre otros actores regionales, como Turquía, Egipto o Pakistán. Estos, al tiempo que invierten en los primeros esfuerzos serios de mediación, también observan con preocupación la ejecución sin freno de la política maximalista israelí en todo Oriente Medio.

The Conversation

Este artículo es financiado por el proyecto PAPIIT de la DGAPA-UNAM IN300226 “La reconfiguración del Medio Oriente tras la crisis de Gaza de 2023”.

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¿Quién protege jurídicamente a las personas que inspiran una autoficción?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Cantos Martínez, Profesora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad de Castilla-La Mancha

En _Amarga Navidad_, los personajes de Aitana Sánchez-Gijón y Leonardo Sbaraglia mantienen un diálogo profundo acerca de la autoficción. El Deseo

El 20 de marzo de 2026 se estrenó Amarga Navidad, la última película de Pedro Almodóvar, en la que un director se apropia del dolor ajeno para alimentar su guión. En una entrevista, el cineasta admitió que contiene personajes inspirados en personas reales y se definió a sí mismo como un autor capaz de hacer daño con su trabajo. La película funciona como un espejo incómodo: un creador que se juzga a sí mismo por instrumentalizar la vida de quienes le rodean.

El fenómeno no es nuevo. En 1928, Federico García Lorca leyó en el diario ABC la noticia del nupcial crimen en Níjar (Almería): una novia que huyó con su primo antes de la boda, un asesinato y una familia destrozada. De aquel suceso nació la tragedia Bodas de sangre. La protagonista real, Francisca Cañadas, fue repudiada por los suyos y vivió marcada por un luto impuesto, sin que nadie le preguntase si quería convertirse en materia literaria.

Portada del libro Yoga de Emmanuel Carrère.
La versión publicada de Yoga omite partes de la narración que la exmujer del autor prohibió incluir.
Anagrama

En Francia, el escritor Emmanuel Carrère, maestro de la autoficción, aceptó durante su divorcio en 2020 una cláusula contractual que le prohibía mencionar a su exmujer, la periodista Hélène Devynck, en cualquiera de sus obras sin consentimiento previo. Devynck denunció públicamente en Vanity Fair que Carrère había vulnerado ese compromiso en los primeros borradores de Yoga.

Y un caso todavía más extremo es el de la editora y escritora Vanessa Springora, quien publicó El consentimiento para denunciar que el escritor Gabriel Matzneff la había convertido en personaje de sus libros cuando ella era menor de edad mientras se ganaba su confianza con el fin de manipularla y conseguir mantener relaciones sexuales con la víctima. Springora invirtió los roles en su obra: la persona real se hizo autora para denunciar al creador que la había ficcionado sin permiso durante décadas.

¿Qué protege la propiedad intelectual?

La propiedad intelectual en España tiene una larga historia: desde las Reales Órdenes de Carlos III en 1762 y años posteriores, hasta el vigente Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual. Su lógica es clara: proteger a quien crea. La ley reconoce derechos al autor, incluso a los artistas e intérpretes, a los productores y a las entidades de radiodifusión. Pero no contempla en ningún momento a las personas que sirven de materia prima involuntaria para la creación artística.

Es un sistema cerrado de sujetos protegidos. La ley ampara la expresión formal de la obra, pero no las ideas, los hechos ni las experiencias vitales que la inspiran. Quien se ve reflejado en una novela o una película no tiene ningún derecho reconocido en esta normativa. Resulta llamativo que incluso el reciente Manual de Derecho del Arte, coordinado por Yolanda Bergel Sainz de Baranda –primera obra de referencia en español sobre esta disciplina, que aborda desde la compraventa de obras hasta los delitos contra el patrimonio cultural–, no trate esta cuestión. No es un descuido: es el reflejo de la zona de penumbra.

Entonces, ¿dónde buscar protección?

La persona que se reconoce en una obra ajena puede acudir a otra rama del Derecho: los derechos fundamentales. El artículo 18 de la Constitución española garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. La Ley Orgánica 1/1982 desarrolla su protección por la vía civil: considera intromisión ilegítima, entre otras conductas, la divulgación de hechos relativos a la vida privada que afecten a la reputación de una persona.

Pero al mismo tiempo, el artículo 20 de la Constitución protege la libertad de creación artística. Y su apartado 4 establece que esa libertad tiene como límite especial, precisamente, los derechos al honor, la intimidad y la propia imagen.

Los derechos fundamentales solo pueden ceder ante los límites que la Constitución imponga o ante los justificados por la necesidad de preservar otros derechos. Y cualquier restricción debe ser proporcionada y respetuosa con el contenido esencial del derecho afectado.

No profundizaremos en la protección penal, pero sí destacar que también podría ser una conducta subsumible dentro de los delitos de carácter privado que se recogen en nuestro CP, con la misma problemática sobre cómo desgajar la ficción de la realidad, ex art. 208 y ss CP, cuyo bien jurídico protegido es el mismo que vamos a analizar en el presente artículo.

Honor e intimidad frente a libertad de creación: la ponderación

Cuando una persona es lesionada por una obra artística, los tribunales deben resolver un conflicto entre derechos fundamentales de igual rango constitucional. Para ello recurren a la técnica de la ponderación: sopesar las circunstancias concretas del caso para decidir qué derecho prevalece. El Tribunal Constitucional aplica esta técnica dentro del principio de proporcionalidad, valorando la idoneidad, la necesidad y la proporcionalidad en sentido estricto de la restricción de cada derecho.

Lo relevante es que el Tribunal Constitucional ha construido un régimen propio para la creación artística, distinto del que aplica a la libertad de información. En los conflictos entre honor e información, los tribunales aplican tres requisitos acumulativos: interés público, veracidad y proporcionalidad expresiva. Pero cuando el conflicto es con la creación artística, la veracidad no es exigible –la ficción, por definición, transforma la realidad– y el interés público tampoco opera como condición previa.

Dos mujeres y un hombre sentados sobre unas camillas de piscina mientras hay un equipo de rodaje alrededor.
Almodóvar dirige a Bárbara Lennie y Victoria Luengo en una escena de Amarga Navidad en la que una cineasta vuelve a sentirse inspirada por la vida de su amiga.
El Deseo

La reciente Sentencia del Tribunal Constitucional 1/2025, de 13 de enero, ha fijado un criterio clarificador: antes de ponderar, hay que verificar si las personas reales son reconocibles en la obra. Si no lo son, la creación artística prevalece sin necesidad de mayor análisis. Solo cuando hay identificación clara y, además, contenido vejatorio o denigrante, procede el juicio de ponderación propiamente dicho. Es decir: cuanto más se aleje la ficción de la realidad reconocible, mayor protección merece el creador.

La serie Fariña recibió una denuncia de vulneración del derecho a la intimidad por parte de uno de los personajes retratados en ella. La Sentencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra amparó las transformaciones narrativas, pero declaró vulneración del honor por una escena sexual considerada innecesaria para la historia.

Sin embargo, posteriormente el Tribunal Supremo, en Pleno, casó esa resolución: la recreación verosímil de la vida íntima de una persona identificable en una obra de ficción solo constituye intromisión ilegítima cuando, ponderadas las circunstancias del caso –intensidad de la escena, función narrativa, duración y, sobre todo, percepción del espectador medio–, la afectación de la intimidad reviste la gravedad necesaria para prevalecer sobre la libertad de creación artística. En el caso concreto, unas escenas breves, no explícitas y naturalmente integradas en el relato no superaban ese umbral. El listón, por tanto, es alto.

Los casos de Lorca, Carrère, Springora y Almodóvar muestran que la tensión entre quien crea y quien inspira no tiene una solución única. El derecho español deja la respuesta fuera de la propiedad intelectual –no puede ser de otra manera– y la confía a una ponderación judicial caso por caso. Es una solución flexible, sí, pero que exige a la persona afectada asumir el peso de acudir a los tribunales para defender lo que no deja de ser un aspecto esencial de su dignidad: el control sobre cómo se cuenta su propia vida.


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The Conversation

Andrea Cantos Martínez es socia de ENATIC (abogacía digital) e integrante de WLW (asociación para el impulso del talento femenino en el sector jurídico).

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La ansiedad antes de una cirugía aumenta el dolor y retrasa la recuperación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Velázquez Saornil, Profesor en Fisioterapia, Universidad Pontificia de Salamanca

Cirugía en el pie Peter Porrini/Shutterstock

La ansiedad preoperatoria es ese estado de nerviosismo, temor o preocupación intensa que aparece cuando el paciente anticipa la cirugía, la anestesia y la recuperación. No es un detalle menor: se asocia con más dolor tras la cirugía, más consumo de analgésicos, peor recuperación funcional e incluso más complicaciones. Como consecuencia, podríamos pensar que se trata de un fenómeno previsto por los sanitarios. Sin embargo, en muchas ocasiones este malestar pasa desapercibido.

Los profesionales sanitarios se centran en aspectos técnicos como el tipo de anestesia, el riesgo quirúrgico y las pruebas preoperatorias, mientras el componente emocional queda en un segundo plano. Sin embargo, la evidencia científica muestra que ese componente puede influir de forma determinante en la recuperación. La mente y el cuerpo no se desconectan en el quirófano, y es algo que deberíamos tener en cuenta.

La ansiedad antes de una operación de juanetes

En cirugías menores o mínimamente invasivas, este impacto también existe. Un paciente muy ansioso suele tener más dolor, peor experiencia global y más dificultades para seguir las recomendaciones de rehabilitación. Además, tiende a interpretar cualquier molestia como una señal de alarma, lo que genera un círculo vicioso de preocupación y tensión física. Detectar esa ansiedad permite intervenir a tiempo con información, apoyo y, cuando es necesario, tratamiento psicológico o farmacológico.

Un estudio reciente sobre cirugía mínimamente invasiva de hallux valgus (comúnmente llamado juanete) evaluó la ansiedad en la consulta preoperatoria de 80 pacientes. Encontró que el 36 % presentaba ansiedad antes de la operación, una cifra nada despreciable para una cirugía considerada rutinaria.

El trabajo observó que los pacientes sometidos a cirugía mínimamente invasiva tenían niveles de ansiedad más bajos que quienes iban a cirugía convencional. Curiosamente, un 81 % pidió más información sobre el procedimiento y, quienes lo hicieron, tenían 5 veces más probabilidades de presentar ansiedad. Por el contrario, conocer al cirujano o haber pasado por cirugías previas actuó como factor protector.

¿Por qué sentimos ansiedad antes de la cirugía?

Los estudios de diferentes operaciones coinciden en que la ansiedad antes de la intervención no responde a una única causa. Los factores más importantes son:

  • Características de la propia intervención. Un mayor grado de severidad en la propia cirugía, duración prevista o miedo a las secuelas aumentan la ansiedad. Las técnicas mínimamente invasivas suelen asociarse a menos preocupación.

  • Dolor y experiencia anterior. Los pacientes con dolor intenso o malas experiencias anteriores tienden a estar más ansiosos.

  • Perfil psicológico y rasgos individuales. Una tendencia general a la preocupación y una menor tolerancia a la incertidumbre hacen que aumente el riesgo de ansiedad.

  • Información y comunicación. La necesidad de saber exactamente “qué me van a hacer” es muy frecuente. Cuando no se gestiona bien, puede aumentar la ansiedad en vez de reducirla.

  • Relación con el equipo sanitario. Conocer al cirujano, confiar en el equipo y sentir que hay tiempo para preguntar se asocia a menor ansiedad.

Este hallazgo refleja una paradoja habitual: a veces, cuanto más se busca información sin un acompañamiento adecuado, más crecen las dudas. Internet, las redes sociales y los foros pueden ofrecer experiencias subjetivas –y muchas veces negativas– que amplifican el temor del paciente en lugar de calmarlo.

La clave no está en dar más información, sino en ofrecerla de manera clara, comprensible y personalizada.

La ansiedad es normal: el problema es su intensidad

A pesar de su relevancia, la ansiedad preoperatoria sigue sin ocupar un lugar destacado en los protocolos de valoración quirúrgica. Los tiempos ajustados, la presión asistencial y la priorización de aspectos clínicos objetivos hacen que las emociones queden relegadas a un segundo plano. Sin embargo, atenderlas no solo mejora el bienestar del paciente: también puede optimizar los resultados quirúrgicos y reducir costes sanitarios.

No debemos obviar que entre un 85 % y un 93 % de los pacientes presenta algún grado de ansiedad antes de una cirugía. El reto está en identificar a quienes tienen más intensidad de ansiedad.

La buena noticia es que la ansiedad antes de la operación se puede evaluar de forma sencilla y actuar sobre ella. Las medidas pasan por ofrecer información clara, evitando tecnicismos y aclarando dudas sobre anestesia, el dolor esperado y la recuperación. También es importante identificar los perfiles de mayor riesgo y derivarlos a apoyo psicológico. Por último, favorecer que el paciente conozca a su cirujano y tenga un referente claro para plantear sus temores.

En el contexto de la cirugía, estos pasos son sencillos y de bajo coste que podrían traducirse en menos dolor, estancias hospitalarias más cortas y una experiencia quirúrgica más satisfactoria para el paciente.

En los últimos años, algunas especialidades como la cirugía ortopédica y la anestesiología, han comenzado a integrar programas de educación preoperatoria y prehabilitación emocional. Estos espacios permiten a los pacientes conocer las fases del proceso, expresar sus temores y aprender estrategias de afrontamiento, como técnicas de respiración o manejo cognitivo de la preocupación. Los resultados iniciales son prometedores.

Reconocer que la ansiedad existe, incluso en la cirugía de un simple juanete, es el primer paso para abordarla con la misma seriedad que el resto de variables clínicas.

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Jorge Velázquez Saornil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Autonomía o dependencia: lo que está en juego en el derecho a reparar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lloveras, Investigador "Ramón y Cajal", Universidade de Vigo

sasirin pamai/Shutterstock

Pantallas de teléfonos móviles cuyos costes de reparación se acercan al valor de un terminal nuevo. Software diseñado para bloquear funcionalidades o inhabilitar el dispositivo cuando identifica piezas de repuesto no genuinas. Tejidos que, tras pocos lavados, pierden su forma y color haciendo inviable cualquier arreglo. Auriculares inalámbricos sellados con pegamento, en los que un simple cambio de batería supone arriesgarse a dañar el producto. Son historias cotidianas que llevan asociadas una pregunta recurrente: ¿reparamos el producto o compramos uno nuevo?

A veces, cuando las cosas se rompen es cuando descubrimos quién es realmente su dueño. Hoy por hoy, el poder de prolongar su vida útil o decretar su obsolescencia suele estar en manos del fabricante.

La propiedad de las cosas

Durante la pandemia de covid-19, muchos hospitales y técnicos biomédicos se encontraron con barreras inesperadas para mantener equipos críticos en funcionamiento. Desde manuales de servicio difíciles de conseguir o software de diagnóstico restringidos, hasta presiones legales contra quienes compartían documentación técnica. No era solo un fallo técnico: era una arquitectura de control sobre la reparación.

Disputar la propiedad real de los objetos implica definir democráticamente el derecho a reparar y sus límites. Este derecho no es una abstracción. Se traduce en demandas muy concretas: acceso a manuales de servicio, disponibilidad de piezas de recambio a un precio razonable, posibilidad de usar herramientas de diagnóstico genéricas y el fin de bloqueos informáticos que penalizan o dificultan la intervención fuera de la red autorizada de servicio.

Estos conflictos no son teóricos ni excepcionales. Es lo que denuncia, por ejemplo, el agricultor cuando su maquinaria queda condicionada a herramientas y autorizaciones disponibles solo a través del canal oficial. O lo que vive quien cambia la batería de su teléfono y el sistema muestra un aviso indicando que no puede verificar que la batería sea genuina, limitando además información como el estado de salud de la batería.

Hágalo usted mismo

Frente a esta lógica ha surgido el movimiento por el derecho a reparar, que reúne a consumidores, talleres independientes, colectivos hacedores o makers (una versión tecnológica de la cultura del “hágalo usted mismo”), agricultores, activistas de los repair cafés (lugares de encuentro donde voluntarios expertos ayudan a otros a reparar sus objetos) y organizaciones ecologistas.

Estos grupos parten de posiciones ideológicas, motivaciones e intereses muy diversos. Lo interesante es que todos llegan al mismo punto por caminos distintos y hacen las mismas demandas técnicas: acceso a manuales, piezas, diagnósticos y herramientas.

El movimiento por el derecho a reparar organiza esa diversidad a través de cuatro marcos interpretativos:

  1. Los derechos sobre el consumo y la propiedad, es decir, de libertad de elección en un mercado competitivo.

  2. Un imperativo medioambiental, la base de una economía circular real.

  3. Un acto comunitario de recuperación de saberes en talleres locales.

  4. Una condición para la innovación abierta: sin acceso a información y herramientas, se bloquea la capacidad de comprender y mejorar las tecnologías.

Una batalla por la hegemonía

ATTRACT, un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través de la Agencia Estatal de Investigación, y liderado por investigadores de la Universidade de Vigo, busca comprender mejor el derecho a reparar y sus controversias en el contexto europeo.

Los resultados preliminares muestran que el conflicto es, más que una suma de demandas particulares, una batalla por la hegemonía. Por eso, los avances legislativos en la Unión Europea son pasos cruciales pero frágiles. El riesgo es que se ofrezcan soluciones formales, como kits de reparación a precios prohibitivos o documentación deliberadamente críptica, que cumplan la ley mientras mantienen el control sobre las cosas.

Entender esta batalla en toda su complejidad es esencial. No se discute solo sobre tornillos y manuales. Se discute sobre quién tiene la llave del futuro material. Cuando algo se rompa la pregunta no será solo si sabe arreglarlo: será también si el modelo económico vigente garantiza el derecho a intentarlo sin el control y los precios fijados por el fabricante. En esa respuesta se define el mundo que estamos construyendo: si uno de autonomía tecnológica distribuida o de dependencia tecnológica administrada.

The Conversation

Javier Lloveras recibe fondos del proyecto ATTRACT (PID2023-147058NA-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER/UE, así como del programa Ramón y Cajal (RYC2021-034823-I) financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por los fondos NextGenerationEU/PRTR de la Unión Europea.

Júlio J. Conde recibe fondos del proyecto ATTRACT (PID2023-147058NA-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER/UE.

Mario Pansera recibe fondos de ERC y Plan Nacional

ref. Autonomía o dependencia: lo que está en juego en el derecho a reparar – https://theconversation.com/autonomia-o-dependencia-lo-que-esta-en-juego-en-el-derecho-a-reparar-271186

Une simple prise de sang pour traquer le cancer

Source: The Conversation – in French – By Alexandre Pellan Cheng, Professeur agrégé, departement de genie des systèmes, École de technologie supérieure (ÉTS)

Une simple prise de sang pour détecter un cancer avant même l’apparition des symptômes : c’est la promesse de la biopsie liquide, une technologie en plein essor qui pourrait bouleverser le diagnostic, le suivi et la personnalisation des traitements oncologiques.


Le cancer est aujourd’hui la première cause de décès au Canada. Deux Canadiens sur cinq développeront un cancer au cours de leur vie, et un sur quatre en mourra. Chaque jour, près de 700 personnes reçoivent un diagnostic de cancer au pays. Selon la Société canadienne du cancer, les cancers les plus fréquemment diagnostiqués sont ceux du poumon, du sein, de la prostate et le cancer colorectal.

Ces chiffres masquent une réalité essentielle : la survie varie fortement selon le type de cancer et, surtout, selon le stade au moment du diagnostic. Les données statistiques montrent clairement que les chances de survie diminuent à mesure que le cancer est détecté à un stade plus avancé. Ces données soulignent l’urgence de mieux détecter la maladie, et surtout de la détecter plus tôt.

Une prise de sang plutôt qu’un bistouri

C’est dans ce contexte que s’inscrivent mes recherches. En tant que professeur de génie des systèmes à l’ÉTS Montréal et chercheur principal à l’axe cancer au Centre de recherche du CHUM, je travaille sur la biopsie liquide, une approche qui vise à détecter le cancer à partir d’une simple prise de sang, en analysant l’ADN libéré dans la circulation sanguine par les cellules tumorales.

Contrairement aux biopsies classiques, qui nécessitent le prélèvement d’un fragment de tissu de la tumeur, la biopsie liquide repose sur un geste simple et peu invasif : une prise de sang suffit. Les avantages de cette approche sont une réduction de la douleur, des risques pour le patient et de la lourdeur logistique associée aux procédures hospitalières. De plus, la simplicité du test permettrait de répéter les analyses plus fréquemment. Enfin, contrairement à de nombreuses procédures diagnostiques, le prélèvement sanguin ne requiert pas d’installations spécialisées et peut être réalisé dans n’importe quel contexte de soins, qu’il s’agisse d’une clinique de proximité ou d’une CSLC.

En médecine, on parle souvent de biomarqueurs pour désigner des indicateurs mesurables capables de renseigner sur l’état de santé d’une personne. Le dosage du PSA (antigène prostatique spécifique), utilisé depuis des décennies pour le suivi du cancer de la prostate, en est un exemple bien connu. Une élévation du PSA dans le sang peut signaler la présence d’un cancer, sa progression ou une rechute après traitement.

Mais ce biomarqueur illustre aussi les limites de l’approche : le PSA n’est pas spécifique au cancer et peut augmenter pour d’autres raisons, ce qui complique l’interprétation des résultats.




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Détecter l’invisible, avant qu’il ne devienne incurable

La biopsie liquide s’inscrit dans cette même logique, mais à un autre niveau de précision. Plutôt que de mesurer une protéine indirectement liée à la maladie, elle vise à détecter directement les traces génétiques laissées par les cellules tumorales elles-mêmes. En ce sens, l’ADN tumoral circulant peut être vu comme un biomarqueur beaucoup plus spécifique, porteur d’informations sur la nature du cancer et son évolution.




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Plus une tumeur est petite, moins elle libère d’ADN dans le sang. Pourtant, c’est précisément à ces stades très précoces que le diagnostic a le plus d’impact sur les chances de survie. Mon objectif est de détecter ces signaux extrêmement faibles, parfois bien avant l’apparition de symptômes cliniques, ou encore après un traitement, lorsque le cancer semble avoir disparu, mais peut subsister à l’état résiduel.

Adapter les traitements à chaque tumeur

La biopsie liquide permet aussi d’adapter les traitements à chaque patient. En identifiant les mutations spécifiques d’une tumeur, il devient possible de choisir des thérapies ciblées, mieux adaptées au profil génétique du cancer. Cette approche ouvre la voie à une médecine plus précise, qui tient compte des caractéristiques biologiques propres à chaque maladie.

Un autre avantage majeur est la possibilité de suivre l’évolution du cancer dans le temps. Si l’on répète des biopsies liquides avant, pendant et après un traitement, il est possible d’observer si les niveaux d’ADN tumoral diminuent ou augmentent. Ces informations peuvent aider à déterminer rapidement si une thérapie est efficace ou s’il faut l’ajuster, évitant ainsi des traitements inutiles et leurs effets secondaires.


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Quand le signal se perd dans le bruit

Si la biopsie liquide offre des perspectives prometteuses, elle pose aussi des défis importants sur les plans technologique et méthodologique.

L’un des principaux obstacles est la détection de l’ADN tumoral au milieu d’un immense bruit de fond d’ADN normal. Les mutations recherchées sont parfois à la limite de la précision des machines de séquençage. Dans mon laboratoire, nous travaillons à réduire les erreurs techniques et à développer des algorithmes capables de faire la différence entre une véritable mutation cancéreuse et un faux signal généré par les technologies de séquençage, notamment grâce à des approches d’intelligence artificielle.

Une seule prise de sang peut générer des téraoctets de données. Pour chaque patient, ce sont des milliards de fragments d’ADN à analyser, filtrer et comparer. La gestion et l’analyse de ces données massives exigent des outils bio-informatiques robustes, capables de traiter l’information avec rapidité et précision.




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La qualité de l’analyse dépend aussi de la préparation des échantillons. L’ADN circulant est souvent fragmenté et dégradé. Il faut le purifier, corriger les biais expérimentaux et le rendre exploitable par les technologies de séquençage avant même l’étape d’analyse informatique.

Une révolution en construction

Pour moi, la biopsie liquide représente bien plus qu’un outil technologique : c’est une occasion de transformer la façon dont nous détectons et suivons le cancer. En combinant des méthodes moins invasives, une détection plus précoce et une médecine plus personnalisée, elle pourrait améliorer à la fois la qualité de vie des patients et leurs chances de survie.

Avant de devenir une pratique courante, ces approches devront toutefois démontrer leur efficacité dans des études cliniques rigoureuses. Mais à mesure que les technologies de séquençage progressent, ce qui relevait hier de la science-fiction devient progressivement une réalité. Je suis convaincu qu’un jour, une simple fiole de sang pourrait jouer un rôle central dans la lutte contre le cancer.

La Conversation Canada

Alexandre Pellan Cheng a reçu des financements de l’École de technologie supérieure, du Centre de recherche du CHUM, de l’Institut de Cancer de Montréal, de la Fondation Mirella et Lino Saputo, de Génome Québec, de la fondation Mitacs, pour des projets de recherche en biopsie liquide. Il est membre de l’Institut de Cancer de Montréal et chercheur au Centre de recherche du CHUM. Il est désigné comme inventeur sur des brevets, dont certains ont été licenciés pour commercialisation par Eurofins-Viracor.

ref. Une simple prise de sang pour traquer le cancer – https://theconversation.com/une-simple-prise-de-sang-pour-traquer-le-cancer-279644

Réseaux sociaux : les neurosciences expliquent la vulnérabilité des adolescents

Source: The Conversation – in French – By Salima Kerai, Research Fellow, Centre for Global Child Health, The Hospital for Sick Children; Adjunct Faculty, Dalla Lana School of Public Health, University of Toronto

Dans une décision historique, un jury de Los Angeles a conclu que la société de réseaux sociaux Meta et le service de diffusion en continu YouTube avaient causé un préjudice à une jeune utilisatrice.

Le procès lancé par la Commission fédérale du commerce a établi que leurs plates-formes créaient délibérément la dépendance, entraînant des troubles de santé mentale, dont la dysmorphie corporelle, la dépression et les idées suicidaires.

Alors que d’autres tribunaux doivent se prononcer, ce verdict n’est pas sans rappeler les grands procès ayant mis à genoux les grands cigarettiers. Partout, les appels en faveur d’une meilleure réglementation des réseaux sociaux s’intensifient.

L’Australie, la France et l’Espagne ont déjà institué des restrictions quant à l’âge des utilisateurs. Mais le Canada, lui, n’a toujours pas légiféré sur les préjudices en ligne.

Mais dans toute cette bataille, une question est souvent négligée : qu’est-ce qui rend les ados si vulnérables aux plates-formes ?

Pics de dopamine et cerveaux immatures

Imaginez Sara, 14 ans, retrouvée inconsciente après une tentative de suicide. Épanouie, soutenue par sa famille, elle réussissait pourtant à l’école et vivait au sein d’une communauté dynamique. Mais derrière sa porte close, elle luttait en secret contre un mal qui s’est installé lentement : le sentiment de ne pas être à la hauteur.

Sara passait des heures à faire défiler les messages, à afficher les siens, à courir les « j’aime »… jusqu’à ce que la reconnaissance cesse d’affluer. Sans aucun confident, malgré ses 150 abonnés en ligne, elle en est venue à croire qu’elle était complètement seule.

Le personnage fictif de Sara s’inspire d’expériences cliniques et de recherches, mais l’histoire est courante.

Comme tant d’ados, Sara s’est tournée vers les réseaux sociaux pour s’exprimer, créer des liens et se trouver une appartenance. Au début, c’était bon. Chaque petite dose de dopamine la ramenait vers ces réseaux. Puis l’habitude est devenue difficile à contrôler.

Selon la recherche portant sur le cerveau en développement des adolescents, l’utilisation intensive des réseaux sociaux peut surstimuler les circuits de récompense de la même manière que le jeu et autres comportements addictifs.

Le système immature des ados les rend particulièrement sensibles aux réactions sociales et moins aptes à faire face au rejet. Cela les rend vulnérables aux aléas des interactions en ligne. Les commentaires négatifs rapides et répétés, notamment, peuvent intensifier le stress émotionnel.

Le cerveau d’un adolescent est comme une autoroute en construction, avec des voies rapides ouvertes (le système limbique, siège des émotions) et d’autres en construction (le cortex préfrontal, qui contrôle les impulsions et le jugement).

Ce déséquilibre signifie que le flux d’émotions arrive trop vite pour le centre de contrôle. Il s’en suit des embouteillages côté jugement. Les ados, qui ont alors du mal à prendre un temps d’arrêt pour réfléchir et évaluer la situation, cèdent aux impulsions.

Le piège de la comparaison

La comparaison sociale aggrave encore cette tension. Devant le défilement d’images de vies apparemment parfaites, Sara se sent inadéquate. L’envie, l’insécurité et la crainte de rater quelque chose minent sa confiance. Encouragée par les réseaux sociaux à s’autoévaluer en permanence, elle surveille ses « j’aime », ses commentaires et son apparence en ligne.

Des recherches établissent un lien entre cette focalisation sur soi et la hausse de l’anxiété, particulièrement chez les adolescents, déjà sous pression.

La puberté en rajoute, car elle rend le cerveau plus sensible aux signaux sociaux et émotionnels. Comme la puberté survient souvent plus tôt et plus intensément chez les filles, l’anxiété et la dépression induite par les réseaux sociaux les touchent de manière disproportionnée.

Christine Birak, de la CBC, vulgarise les recherches expliquant comment l’utilisation des réseaux sociaux modifie le comportement des enfants.

Connectés et déconnectés

Le gros du temps passé sur les réseaux sociaux n’est ni actif ni social, mais passif. À peine 7 % du temps sur Instagram et 17 % sur Facebook concernent les interactions entre amis, a-t-on appris lors du procès. Le reste : un défilement de contenu à regarder, qui crée l’illusion d’un lien tout en renforçant le sentiment d’isolement.

De vastes études établissent toutes un lien entre l’utilisation intensive des plates-formes et la détérioration de la santé physique (privation de sommeil, obésité).

Un autre risque découle de la solitude. Le besoin fondamental de se sentir vu et compris n’étant pas satisfait, le corps interprète ce manque comme du stress. L’impact sur la santé de cette solitude chronique équivaut à la consommation de 10 cigarettes par jour.

Au Canada, les ados se décrivent comme constamment connectés en ligne, mais paradoxalement toujours plus déconnectés dans la vie réelle. Ils sont constamment incités à présenter une version idéalisée d’eux-mêmes sans pouvoir décrocher. Or, disent-ils, il est facile de mal interpréter la communication en ligne, ce qui fragilise les relations et aggrave l’isolement. Ils sont tiraillés – entre leur attraction pour la connexion et une connexion qui ne fait qu’empirer les choses.

Un appel à l’action

Une étude dans huit pays auprès de 9 000 adolescents a établi le lien étroit entre une utilisation intense des réseaux sociaux et des taux élevés de dépression et d’anxiété.

Qui laisserait un ado de 14 ans partir en voiture sans formation sur les règles et la sécurité ? Pourtant, nous leur laissons un accès illimité à des plates-formes conçues pour capter leur attention et maximiser leur engagement – alors que les effets sur la santé physique et mentale sont connus.


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Au Canada, le suicide est la deuxième cause de décès chez les 15 à 24 ans. Les maladies mentales coûtent déjà 51 milliards de dollars par an, et 70 % des personnes touchées présentent des symptômes dès l’adolescence.

Il est essentiel de réglementer les réseaux sociaux. À l’instar de la sécurité routière, il faudra une approche multiniveau.

Les plates-formes doivent être conçues de manière plus responsable. Les limites d’âge doivent être strictement définies et appliquées. Et l’éducation aux technologies numériques doit aider les jeunes à comprendre et gérer ce qui s’y passe.

La question n’est plus de savoir si des mesures sont nécessaires, mais si elles seront prises à temps pour endiguer l’épidémie de maladies mentales qui menace la prochaine génération.

La Conversation Canada

Salima Kerai ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Réseaux sociaux : les neurosciences expliquent la vulnérabilité des adolescents – https://theconversation.com/reseaux-sociaux-les-neurosciences-expliquent-la-vulnerabilite-des-adolescents-279924

Kenya’s counties get budgets to undo inequality – how it’s helped households

Source: The Conversation – Africa – By Frederick Kibon Changwony, Lecturer in Accounting & Finance, University of Stirling

Kenya devolved power and public spending to 47 counties in 2013. This was in line with a global trend in which governments were pushing power and resources down to local levels in the hope that decisions made closer to people would lead to better outcomes.

The logic was straightforward: local governments should be better placed to understand and respond to local needs.

Kenya’s version of this – set out in its 2010 constitution and implemented three years later – was particularly ambitious. It guaranteed counties a share of national revenue and directed extra funds to 14 historically marginalised counties through an equity-based formula and an “equalisation fund”.

Before devolution, the differences between marginalised counties and the 33 others were large. For example, households in marginalised counties spent about half as much as those in the rest of the country – Sh3,250 (US$25) vs Sh6,149 (US$47) before the reform – on total consumption. This made addressing regional inequality a priority.

The constitution’s aim was to bring basic services, such as water, roads, electricity and healthcare, closer to national standards in areas that had long lagged behind.

Kenya counties classified by marginalisation

So did the extra county shillings change everyday life? Did households actually become better off?

I study public finance, regional inequality and behavioural finance, with a focus on how fiscal reforms and behaviour shape household financial decisions and everyday welfare. To answer these questions, I analysed four waves of Kenya’s nationally representative FinAccess Household Survey. This covered the period before the constitutional changes (2009, 2013) and after devolution (2015, 2018).

I compared trends in the 14 marginalised counties with those in the other 33 counties. I used a “before‑after, here‑there” method that evaluates how outcomes change over time between two groups. This approach helped isolate the effects of devolution from other changes happening in the economy.

The overall picture suggests that households in marginalised regions are now better off. Total household consumption more than doubled after devolution, rising from Sh3,250 (US$25) before 2013 to Sh7,549 (US$58) afterwards. By contrast, other counties saw a much smaller increase – from Sh6,149 (US$47) to Sh8,526 (US$66).

Spending on education increased by roughly 37%, and medical spending by about 43%. Rent went up by around 39%, while spending on utilities – such as electricity, water and cooking fuel – rose by about 29%. Even everyday expenses like mobile airtime increased by around 16%.

In effect, households in marginalised regions went from spending just over half of what better-off counties spent before 2013 to almost catching up afterwards. This before-and-after shift shows how much ground marginalised counties gained once devolution took effect.

However, the gains were not evenly distributed. Poorer households saw the biggest proportional increases in overall consumption. Better-off households, meanwhile, increased spending largely on education and healthcare.

Nevertheless, the changes shown in my research point to a meaningful improvement in households’ living standards over a relatively short period.

This shows Kenya’s devolution did not just move money between levels of government. It changed what households can afford, ranging from school fees to healthcare, housing, utilities and everyday connectivity.

The devolution debate and spending power

Public debate about devolution in Kenya often focuses on who gets what: whether funds are shared fairly, whether counties misuse money, or whether bigger budgets lead to better services.

These are important questions. But they tend to focus on inputs (how much money is allocated) or visible outputs (such as new roads or clinics).

For households, progress shows up in something more immediate: spending power. Can families put food on the table? Pay school fees? Afford medicine? Stay connected?

By looking at what households actually spent, my research showed that Kenya’s equity-focused devolution did more than shift budget lines. It translated into tangible improvements in everyday life in places that had long been left behind.

The results were clear. Households in marginalised counties saw large and broad-based increases in spending compared with households in the 33 other counties.

Total household consumption rose by about 43% in marginalised counties. Education spending in marginalised counties rose sharply, too, from Sh1,140 (US$9) before the reform to Sh4,017 (US$31) afterwards. Medical spending increased from Sh459 (US$4)to Sh1,094 (US$8).

Two main factors explain most of the increases in spending.

First, marginalised counties spent much more on services after 2013. On average, they spent roughly twice as much per person on county operations and development projects. This reflects both the higher transfers they received and the speed with which they converted funds into actual services.

Second, household incomes rose partly because devolution created local jobs and business opportunities through public contracts.

There were, however, important nuances.

Rising spending on utilities, for example, can reflect both progress and pressure. New connections to electricity and water improve quality of life, but they also bring monthly bills.

Kenya’s institutional design likely helped too.

Rules-based transfers (meaning money allocated according to a fixed, transparent formula rather than political negotiations) and the Equalisation Fund (a dedicated pot of money for areas with the greatest service gaps) reduced political discretion in how money was allocated. This resulted in more predictable funding for counties, less room for interference, and a clearer link between need and resources.

In addition, Kenya’s strong mobile money system made it easier for households to respond to new opportunities. People could move money quickly and safely, even in remote areas – allowing them to handle shocks, invest and take advantage of local economic activity generated by county spending. Evidence shows that mobile money transfer service M-Pesa, launched in 2007, has helped lift people out of poverty over time.

What should happen next?

The challenge now is to make those gains last.

First, the equity-based approach to sharing revenue should be protected and regularly updated. Allocation rules need to reflect current data so that funds continue to target real gaps.

The Equalisation Fund is due to expire in 2033. Unless it’s renewed, policymakers face a critical decision about whether, and how, to sustain support for historically marginalised areas.

Second, a small share of transfers could be linked to performance. Counties should be rewarded if they improve revenue collection without overburdening residents, publish timely financial reports, and strengthen transparency in procurement.

This would encourage better financial management while keeping equity at the centre.

Third, policymakers should pay attention to the cost of new services. As more households connect to electricity and water, temporary support, such as lifeline tariffs or targeted subsidies, can help ensure that poorer families are not priced out.

Finally, investment in county capacity and better data is essential. Strong local institutions are needed to plan, deliver and maintain services. Add to this a survey that follows the same households over time, like South Africa’s National Income Dynamics Study or the Indonesia Family Life Survey, so Kenya can track mobility and long‑run reform effects directly.

For other African countries considering decentralisation, Kenya’s experience suggests that design matters.

Predictable transfers, equity-focused allocation and local capacity can turn fiscal reforms into real gains in household welfare.

The Conversation

Frederick Kibon Changwony does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Kenya’s counties get budgets to undo inequality – how it’s helped households – https://theconversation.com/kenyas-counties-get-budgets-to-undo-inequality-how-its-helped-households-279369

How to eat an elephant: fossil find in Tanzania shows oldest signs of butchering these giant mammals

Source: The Conversation – Africa (2) – By Manuel Domínguez-Rodrigo, Professor of Anthropology, Rice University

Carcass of adult African elephant. By Geraldshields11 – Own work, CC BY-SA 4.0, , CC BY-SA

Imagine a creature nearly twice the size of a modern African elephant (which can weigh up to 6,000kg. This was Elephas (Paleoxodon) recki, a prehistoric titan that roamed the landscape of what is now Tanzania nearly two million years ago. Now, imagine a group of our ancestors standing over its carcass, then butchering it and eating it.

For decades, archaeologists have debated when the hominin ancestors of humans first started eating megafauna – animals weighing more than 1,000kg.

In a new study, our team of archaeologists studying the evolution of the earliest humans in Africa has identified one of the earliest cases of elephant butchery.

This was at Olduvai Gorge in Tanzania, a site famous for containing some of the oldest and best preserved remains of our human ancestors. Dating back to 1.80 million years ago, this discovery at the site known as EAK reveals that our ancestors were engaging with megafauna substantially earlier than previously thought (about 1.5 million years ago was the previous estimate at Olduvai), and in a more sophisticated way.

This finding suggests that hominins (most likely, Homo erectus) may have been living in large social groups at this period, probably because their brains were developing and demanding higher-calorie diets rich in fatty acids.

‘Smoking guns’

Part of the reason our ancient diet has been debated is that it is not easy to find evidence of how much animal food early humans were eating and how they were acquiring it.

In traditional archaeology, the “smoking gun” for butchery (cutting up carcasses) is a cut mark left on a bone by a stone tool. However, when dealing with big animals like elephants, these marks are difficult to find. An elephant’s skin is several centimetres thick, and its muscle mass is so vast that a butcher’s tool might never touch the bone. Furthermore, millions of years of burial can weather the bone surface, erasing any subtle traces. And if a bone is deposited in an abrasive sediment, trampling by other animals may generate marks on bones that look like cut marks.

At the EAK site, we found the partial skeleton of a single Elephas recki individual in the same place as Oldowan stone tools. But to prove that this wasn’t just a natural death or the work of scavengers, we couldn’t rely on bone marks. Instead, we turned to a new kind of detective work: spatial taphonomy. This is the study of how stone artefacts and bones occur spatially on the same site. We also turned to more direct evidence: bones from those fossilised elephants that had been splintered while they were fresh (“green breaks”).

The geometry of a carcass

To solve this 1.8-million-year-old mystery, we analysed the way the bones were scattered across the site. Every agent that interacts with a carcass – whether it’s a pride of lions, a group of hyenas, or a band of humans – leaves a unique “spatial fingerprint”. Lions and hyenas tend to drag bones away, scattering them in predictable patterns based on their weight and the amount of attached meat. Natural deaths, like an elephant dying in a swamp, result in a different, more localised skeletal “collapse”.

By using advanced spatial statistics, and later comparing the EAK site to several modern elephant carcasses that we studied in Botswana (not yet published), we found that the spatial configuration at EAK was unique. The clustering of the bones and the density of the stone tools among them did not match the “random” or “scavenger-driven” models. Instead, it reflected a focused, high-intensity processing event. The spatial signature was a match for hominin butchery, which has also been documented at Olduvai sites that are half a million years younger.

This was confirmed by the presence of green-broken long bones not just at EAK, but in several locations in the landscape where other elephant and hippopotamus carcasses were butchered. Today, only humans can break elephant long bone shafts; not even spotted hyenas, which have very powerful jaws, can do it.

Glimpses of this behaviour can be detected at other sites too. For example, a cut-marked bone fragment of a large animal (probably a hippopotamus) was documented at El-Kherba (Algeria) dated to 1.78 million years ago.

This intensive and repeated discovery of multiple elephant and hippopotamus carcasses butchered at different landscape locations indicates that humans were butchering the remains of large animals, whether hunted or scavenged.

Why does an elephant meal matter?

This discovery isn’t just about a prehistoric menu; it’s about the evolution of the human brain and social structure. There is a long-standing theory in paleoanthropology called the “expensive tissue hypothesis”. It suggests that as our ancestors’ brains grew larger, they required a massive increase in high-quality calories, specifically fat and protein. Large mammals like elephants are essentially giant “packages” of these calories. Processing even a single elephant provides a caloric windfall that could sustain a group for weeks.

Butchering an elephant is a monumental task, however. It requires sharp stone tools and, most importantly, social cooperation. Our ancestors had to work together to defend the carcass from predators like sabre-toothed cats and giant hyenas, while others worked to extract the meat and marrow.

This suggests that even 1.8 million years ago, our ancestors already possessed a level of social organisation and environmental awareness that was truly “human”.

The discovery also has another dimension. Humans at that time, like modern carnivores, consumed animals whose size was related to their own group size. Small prides of lions eat wildebeests; larger prides eat buffalo and in some places even juvenile elephants. The evidence that those early humans were exploiting large animals comes in parallel with evidence that they were living in much larger sites than before, probably reflecting bigger group sizes.

Why early humans started living in large groups at that time remains to be explained, but this indicates that they certainly needed more food.

A shift in the ecosystem

The EAK site also tells us about the environment. By analysing the tiny fossils of plants and microscopic animals found in the same soil layers, we reconstructed a landscape that was transitioning from a lush, wooded lake margin to a more open, grassy savanna. Our ancestors were already eating smaller game. There is evidence that two million years ago, they were hunting small and medium-sized animals (like gazelles and waterbucks). A little earlier, they began using technology (stone tools) to bypass their biological limitations.




Read more:
Large mammals shaped the evolution of humans: here’s why it happened in Africa


The evidence from Olduvai Gorge shows that our ancestors were remarkably adaptable, capable of thriving in changing climates by developing new behaviours.

As we look at the spatial layout of these ancient remains, we aren’t just looking at the bones of an extinct elephant. We are looking at the traces of a pivotal moment in our own history – when a small group of hominins looked at a giant and saw not just a threat, but a key to their survival.

The Conversation

Manuel Domínguez-Rodrigo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How to eat an elephant: fossil find in Tanzania shows oldest signs of butchering these giant mammals – https://theconversation.com/how-to-eat-an-elephant-fossil-find-in-tanzania-shows-oldest-signs-of-butchering-these-giant-mammals-276907

Teenagers and younger kids are learning coded predator phrases like ‘MAP’ online, long before their parents have even heard of it

Source: The Conversation – USA (2) – By Sharlette A. Kellum, Associate Professor of Criminal Justice, Texas Southern University

Teenagers and children may encounter terms like MAP in memes, comments or other ways online. Catherine Falls Commercial

When I checked my 10-year-old daughter’s TikTok messages in early February 2026, I expected to find the usual mix of dance challenges, school jokes and anime clips. Instead, I saw a stranger ask her, “Do you like children?” She responded to the stranger: “I’m not a MAP.”

I had never heard the term before. When I asked her what “MAP” meant, she simply answered that it stands for minor-attracted person. In that moment, I realized something unsettling but important: Children are encountering coded language online long before many parents even know it exists.

Why I’m writing about this

In my broader research on online harms to children and teens, I examine how the design and governance of websites and apps influence real‑world safety outcomes.

My forthcoming research explores how social media platforms, messaging apps and gaming communities succeed and fail at protecting young people from grooming attempts, unwanted contact and other forms of online exploitation.

That’s why my daughter’s response stopped me cold.

Despite months of research on how major digital platforms like TikTok, Instagram and YouTube shape online safety, I had never encountered the term MAP. However, after only two months of chatting on TikTok, she had.

The terms parents should know

MAP is a term that appears in some academic literature related to child protection policy and sexual exploitation prevention, and in online spaces such as forums, Reddit communities and niche social media groups. But it remains unfamiliar to many parents and caregivers.

Fact-checking organizations like Snopes have addressed the term MAP repeatedly because of how often it surfaces without explanation.

MAP exists within a wider ecosystem of euphemisms and coded references. Being able to recognize these terms early can help parents identify potentially dangerous interactions and understand when someone online may be attempting to mask harmful intent. Awareness of this language gives adults a clearer sense of when to step in and support their children’s safety on social media.

Parents and their children may see or hear these terms on popular apps and sites like TikTok, YouTube, Instagram, Discord and Reddit. These terms include:

NOMAP/Non-offending MAP and Anti contact MAP: Labels used by people who identify as minor attracted and claim they do not act on their attraction to children but still seek legitimacy or community.

764, or 7 6 4: A numerical code used in certain forums, including niche Reddit threads and specialized message boards, to signal attraction to minors without using explicit language.

Age of Attraction, or AOA: A term used by MAPs to relay their age preference – typically starting at 11 years old.

Adult-Minor Sexual Contact, or AMSC: A term used by people who believe children should have sexual autonomy and can decide whether they want to engage in sexual activity with an adult – a position widely rejected by child protection experts.

Adult Friend and Young Friend, or AF/YF: Identifies people that are in MAP relationships.

The outline of a teenage girl is seen in a dark room, as she looks at a phone in her hands.
One in five teenagers say they are on social media platforms like TikTok almost constantly.
Spencer Platt/Getty Images

Why kids encounter this language first

Children and teens spend substantial amounts of time online. A 2025 Pew Research Center survey found that roughly 1 in 5 U.S. teens say they are on platforms such as TikTok and YouTube almost constantly, with YouTube, TikTok, Instagram and Snapchat among the most widely used platforms.

Young people are remarkably good at picking up meaning from context. They notice tone, repetition and how others react. They may not fully understand where a term came from, but they understand how it functions socially, meaning what it signals, when it’s a joke and when it’s a warning.

Journalists and linguists describe this phenomenon as algospeak: language shaped by algorithmic moderation rather than clarity or transparency.

Adults, by contrast, often encounter these terms only after something alarming happens. By then, the language may already feel normalized to kids.

How harmful interactions slip past moderation

Most major social media platforms rely heavily on automated moderation systems. These systems are effective at catching explicit words or previously flagged phrases.

Research and reporting show that when moderation falls behind evolving terminology, harmful interactions – especially those involving adults initiating contact with children or teens – often follow a predictable progression:

The first step includes people using euphemisms instead of explicit terms. “MAP” is less likely to trigger moderation or be flagged for removal than the word “pedophile” it often replaces.

People also often use numbers or emojis to communicate their meaning indirectly. Codes like “764” or certain emoji combinations can signal meaning without using recognizable words.

Some people embed terms in memes, jokes or ironic commentary. This makes harmful language appear harmless or funny.

Other people use aesthetic camouflage, meaning anime avatars, pastel color schemes or cute usernames to appear harmless or youth-friendly.

Adults may also move conversations to private messages. Initial contact often happens in public comments, but the real conversation shifts to private direct messages, or DMs.

Finally, another warning sign is when people online create backup accounts. When one account is flagged, another appears quickly.

Proactive parental education

Most online safety advice is reactive: Adults are encouraged to respond after a term appears or after a child feels uncomfortable.

Research increasingly shows that effective protection often begins earlier, with parents helping children understand how digital environments work. Studies on youth digital literacy suggest that children benefit from understanding that algorithms reward attention, repetition and engagement rather than safety.

Knowing that the app thinks you like something if you stop and watch it helps young users see content as something pushed toward them, not something they sought out.

Some families introduce general conversations about coded language early during late elementary or early middle school. Discussing why people use euphemisms online prepares children to pause and ask questions when unfamiliar terms appear. Research on parental mediation also finds that rehearsed responses help children disengage from uncomfortable interactions. Simple scripts such as “I don’t want to talk about that,” “I’m blocking you” or “I’m logging off now” can help reduce hesitation.

Parents spending time with their kids as they interact with others on apps and websites – not to police them but to interpret what they are seeing – can also help children and teens learn how to analyze digital behavior the same way they analyze peer pressure offline.

Studies also show that children and teens who understand they don’t owe strangers politeness, personal details or continued conversation are less vulnerable to manipulation.

Awareness, not alarm, is a powerful tool for families navigating online spaces where harmful language and intent are often hidden in plain sight. When adults stay engaged and proactive, children are better equipped to recognize when something feels wrong and to talk about it with the people they trust.

The Conversation

Sharlette A. Kellum does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Teenagers and younger kids are learning coded predator phrases like ‘MAP’ online, long before their parents have even heard of it – https://theconversation.com/teenagers-and-younger-kids-are-learning-coded-predator-phrases-like-map-online-long-before-their-parents-have-even-heard-of-it-277460

What I learned from analyzing 789 ‘Shark Tank’ pitches: Narcissists get funding if they’re not arrogant or defensive

Source: The Conversation – USA (2) – By Paul Sanchez Ruiz, Professor of Management and Entrepreneurship, Iowa State University

On ‘Shark Tank,’ the ‘sharks,’ or investors, hear pitches from entrepreneurs to invest in their business. Courtesy of ABC

Entrepreneurs displaying narcissistic behavior are better able to convince investors to give them money when their grandiosity comes across as confidence as opposed to defensiveness or arrogance.

That’s what we learned from watching 12 seasons of the popular reality TV show “Shark Tank” to better understand how an entrepreneur’s psychological profile affects their ability to secure funding.

My research focuses on how entrepreneurs respond to challenges, including how personality affects their work. My colleagues and I based our study off the concept that there are two distinct “flavors” of narcissism: narcissistic admiration and narcissistic rivalry.

Narcissistic admiration means wanting others to like you and think highly of you, while its more contentious counterpart, narcissistic rivalry, refers to putting others down to feel better about yourself.

Our research, published in Organization Science last year, analyzed 789 pitches featured on “Shark Tank.” For each pitch in our sample, professional psychologists used a validated psychometric scale to score the founder-CEO’s admiration and rivalry behaviors. We then measured investors’ immediate reactions by analyzing the emotional tone of their response – how positive or negative their language was – and linked that sentiment to funding outcomes.

Narcissism was then measured for each CEO using our coding approach, producing continuous scores that range from lower to higher levels of narcissistic admiration and rivalry. Our analyses leverage this variation, particularly higher levels, but the sample itself was not constructed based on narcissism.

We concluded that founders who displayed narcissistic admiration were more likely to secure funding.

For example, in a pitch, it’s the charming founder weaving a compelling story about the company (“Let me impress you”) and the future (“I can lead us there”).

Meanwhile, founders displaying narcissistic rivalry were less likely to nail down a deal, even if their business plan was solid. Their defensive style can look like arrogance or hostility. In pitches we reviewed, this was the founder who bristled at questions (“Don’t challenge me”) or talked down to the investor.

In other words: Not all “confidence” plays the same in the pitch room.

Why it matters

Narcissism is common among leaders in executive roles, and it’s often treated as either a secret advantage or a dangerous flaw. Our findings suggest the more useful question is: Which version shows up when the pressure is on?

“Shark Tank” offers a rare window into the inner workings of early-stage investing. Entrepreneurs make short pitches to experienced investors, who weigh market trends and financial projections that may be only educated guesses. The products are sometimes still in the prototype stage.

The investors, or “sharks,” must rely on quick interpersonal cues about the founder, and the pitch itself captures the interaction they are reacting to in the moment. Then there is an observable outcome: deal or no deal, and the amount invested.

For entrepreneurs, confidence and bold vision can be assets, but only when paired with openness and composure. Investors seem to respond well to founders who can sell a big idea without turning challenging questions into showdowns.

And this isn’t just about reality television. Venture capital meetings, accelerator demo days and even corporate board presentations often hinge on short, high-stakes interactions where impressions of the leader quickly become impressions of the venture.

What’s next

Going forward, we want to test whether the same dynamics hold in less public settings, such as private venture capital meetings where the camera isn’t running.

We also want to understand whether rivalry-based behavior is ever rewarded (for example, in highly adversarial negotiations), and whether different investors interpret the same behavior differently.

The Research Brief is a short take on interesting academic work.

The Conversation

Paul Sanchez Ruiz does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What I learned from analyzing 789 ‘Shark Tank’ pitches: Narcissists get funding if they’re not arrogant or defensive – https://theconversation.com/what-i-learned-from-analyzing-789-shark-tank-pitches-narcissists-get-funding-if-theyre-not-arrogant-or-defensive-276803