Observar y comprender el comportamiento de las personas ayuda a transformar los negocios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Profesor Investigador, Universidad de Guadalajara

Yossakorn Kaewwannarat/Shutterstock

En un mercado saturado de productos y servicios que compiten por la atención del consumidor, las empresas más exitosas no son necesariamente aquellas que tienen un mejor producto, sino las que comprenden mejor a los usuarios.

Para alcanzar este conocimiento, la etnografía se incorpora al mundo empresarial convertida en un recurso esencial para la innovación.

¿Qué es la etnografía y por qué usarla en los negocios?

Tradicionalmente asociada a la antropología, la etnografía es la observación de las personas en su entorno cotidiano para entender sus comportamientos, valores, creencias y emociones.

En lugar de estudiar comunidades remotas, ahora los etnógrafos investigan en supermercados, cafeterías, oficinas, redes sociales e incluso sesiones de videojuegos. Esta mirada profunda permite descubrir patrones que se hacen invisibles a los métodos cuantitativos de investigación.

Por ejemplo, mientras una encuesta puede determinar que a los consumidores les gusta el café artesanal, la etnografía revela por qué: ¿por el ritual?, ¿por la sensación de comunidad?, ¿por una búsqueda de autenticidad? Esa diferencia es clave para diseñar experiencias y estrategias centradas en el cliente.

Etnografía e ideas de negocio

Cuando hablamos de empresas solemos pensar en modelos de negocio, validación de ideas y tecnología. Sin embargo, la comprensión etnográfica puede ser el primer paso para detectar necesidades reales y resolver problemas que aún no han sido abordados por el mercado. Es decir, la etnografía no solo ayuda a vender mejor, sino a emprender mejor.

Un buen ejemplo es la reinvención de los cepillos de dientes infantiles. En 1996, una consultora de innovación llevó a cabo investigaciones de campo para la compañía de cuidado bucal Oral-B. El objetivo era determinar por qué a los niños no les gustaba cepillarse los dientes. La observación in situ les permitió ver que, debido a su escasa destreza manual, los niños sostenían el cepillo con el puño y no entre los dedos, por lo que los mangos delgados eran incómodos de agarrar para sus pequeñas manos, algo que ninguna encuesta había identificado.

Gracias a este hallazgo la empresa desarrolló el Squish Gripper, un cepillo infantil con un mango ancho y de textura blanda. El producto fue un éxito de ventas durante 18 meses y transformó el estándar de los cepillos infantiles

El consumidor como sujeto, no como objeto

Uno de los errores más comunes en el diseño de productos es tratar a los consumidores como estadísticas. La etnografía propone lo contrario: convertirlos en protagonistas. Esta perspectiva permite cocrear soluciones junto con los usuarios, no solo para ellos. De ahí su enorme potencial para el marketing y el desarrollo de productos.

Estas son algunas formas prácticas de llevar la etnografía al terreno emprendedor:

  • Observación participante: pasar tiempo en el entorno de los usuarios, sin intervenir, solo observando cómo interactúan con un determinado producto o servicio.

  • Diarios de usuario: pedir a las personas que registren durante unos días sus experiencias, frustraciones o emociones respecto a una necesidad específica.

  • Entrevistas etnográficas: conversaciones abiertas en espacios cotidianos, sin guiones rígidos, para permitir que surjan necesidades o deseos inesperados.

  • Mapeo de experiencias: crear recorridos visuales del cliente desde que detecta una necesidad hasta que interactúa con el producto.

Etnografía digital

Los estudios etnográficos en el espacio digital permiten analizar cómo son las relaciones en línea. Por ejemplo, el área de marketing de una empresa puede analizar cómo los consumidores utilizan las plataformas digitales para compartir experiencias y expresar inquietudes. A través de la etnografía digital (o netnografía) se pueden observar las conversaciones, los hashtag y los memes que circulan en las redes para identificar temas recurrentes y tendencias de mercado.

Esta metodología permite captar no solo lo que los usuarios dicen explícitamente, sino también los significados implícitos y las dinámicas sociales que influyen en su comportamiento. Con esta información, las empresas pueden diseñar programas de apoyo más adecuados y promover una comunicación más efectiva con su comunidad.




Leer más:
Las redes sociales mejoran la comunicación con el cliente y pueden hacer que la empresa ingrese más


La empatía como motor de innovación

En un mundo obsesionado con la disrupción tecnológica, la etnografía nos recuerda que la disrupción más poderosa puede venir de algo profundamente humano: comprender al otro.

En lugar de adivinar qué necesita el cliente, la etnografía invita, primero, a escuchar y observar, para luego desarrollar propuestas innovadoras desde la empatía y la comprensión.

The Conversation

Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Observar y comprender el comportamiento de las personas ayuda a transformar los negocios – https://theconversation.com/observar-y-comprender-el-comportamiento-de-las-personas-ayuda-a-transformar-los-negocios-262086

Del 11-S a 2025: cómo se han reinventado el terrorismo y el miedo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Luis Manfredi, Prince of Asturias Distinguished Professor @Georgetown, Universidad de Castilla-La Mancha

Varios bomberos en las inmediaciones de las Torres Gemelas de Nueva York tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Mike Goad/Wikimedia Commons, CC BY

Mis alumnos nacieron después del 11-S. Como ellos mismos dirían, son nacidos en “07” o “06”. Hablarles de los atentados de 2001 les suena, literalmente, a otro planeta. Y tienen razón. Aquel era otro planeta.

En 2001, aún vivíamos en un mundo feliz de libre comercio, dividendos de la paz, olas democratizadoras y prosperidad económica. China se integraba en la Organización Mundial del Comercio y el presidente Bush Jr. quería concentrar sus esfuerzos en la política doméstica.

Europa acaba de aprobar el Tratado de Niza, antesala de la gran ampliación de 2004.

¡Quién no recuerda lo felices que éramos!

Entonces llegaron aquellas conexiones en directo con las Torres Gemelas. El terrorismo global cambió el mundo que conocíamos.

Hoy, el terrorismo persiste, pero su forma ha mutado. Veamos cómo.

Al Qaeda en pleno auge

En 2001, Al Qaeda abre la puerta a una estructura terrorista global, con una ambición y una jerarquía clara. Los atentados se suceden y marcan una década de relaciones internacionales tras la invasión de Afganistán. Tras el 11-S, 11-M en Madrid y 7-J en Londres, el terrorismo islámico se convierte en el primer enemigo del orden internacional. Su marca representa la multinacional del terrorismo.

Al declive de Al Qaeda le sucedió un proyecto de Estado que protagonizó la guerra de Siria. El Estado Islámico (Daesh) se estructura con un modelo distinto: redes descentralizadas de franquicias armadas que se conectan al liderazgo global. Del Sahel al Sudeste asiático, grupos armados se identifican como parte de la red, aunque su conexión jerárquica es nula. Cada filial actúa con libertad.

El final abrupto de la guerra en Siria nos abre un interrogante sobre las nuevas formas de terrorismo. Hoy los atentados no son tan espectaculares, pero su recurrencia (atropellos, ataques en mercadillos, apuñalamientos) persigue el mismo objetivo: el miedo es soberano. Las estructuras no son rígidas, sino que son células pequeñas conectadas a través de las redes y los medios digitales.

Ahí radica la gran transformación del terrorismo global. En 2001, internet almacenaba propaganda, pero los terroristas se prestaban a entrevistas en medios internacionales. Hasta tres veces vimos a Osama Bin Laden en las grandes cadenas de televisión con entrevistas largas allá en su cueva.

Hoy, la transformación digital ha afectado a los modos y usos del terrorismo. En materia de propaganda, esta se crea y se consume en redes, videojuegos, canales de streaming o foros. Es comunicación nativa digital que conecta con las nuevas generaciones y se salta la mediación de periodistas, canales de televisión o comunicados.

La nueva propaganda tiene efectos en el reclutamiento, ya que los jóvenes quedan atrapados en redes de conexión, acceso y formación exprés para la comisión de atentados. Asimismo, la financiación ha cambiado. El dinero digital vuela y apenas deja rastro. Los pagos en criptomonedas son una pesadilla más para el contraterrorismo.

Nuevos objetivos y nuevas amenazas

Además de los ataques recurrentes, el terrorismo ha incorporado nuevos objetivos. Las infraestructuras críticas, de las redes de transporte a la energía, aparecen como elementos desestabilizadores. Y el caos, en democracia, alimenta las teorías conspirativas.

La amenaza, así, ha mutado, pero no tenemos una respuesta política sólida y unificada. Tampoco está claro que hayamos aprendido de nuestros errores.

En 2001, la respuesta fue una guerra global contra el terror con dudoso resultado (900 000 muertos directos, 38 millones de desplazados y un coste aproximado de 8 billones de dólares).

En 2025, el terrorismo mira a casa: prevención de la radicalización, control de fronteras, cooperación judicial y contraterrorismo. Avanzar en estas políticas muestra las contradicciones de los países democráticos. ¿Cuánta seguridad queremos a costar de nuestra libertad? No, no hay una única respuesta correcta y sí, hay que marcar los límites a la vigilancia, el control, el seguimiento de las finanzas y muchas otras cuestiones que afectan a nuestra intimidad. Por eso, no hay una solución estándar y universal.

La única certeza consiste en que el terrorismo global forma parte de eso que llamamos “amenazas asimétricas” y está lejos de desaparecer. Al terrorismo se le han sumado nuevos “apellidos”: extrema derecha, supremacismo o conspiranoicos. El reciente asesinato de Charlie Kirk confirma la espiral de violencia política con nuevas formas, pero igual resultado. Es el peor de los caminos.

Usemos, pues, esta fecha para recordar y aprender de los estragos del terrorismo en las sociedades abiertas. Porque no va a cesar.

The Conversation

Juan Luis Manfredi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Del 11-S a 2025: cómo se han reinventado el terrorismo y el miedo – https://theconversation.com/del-11-s-a-2025-como-se-han-reinventado-el-terrorismo-y-el-miedo-265133

Opacidad, aforamientos y déficit de disciplina policial: por qué España no pasa la ‘ITV’ anticorrupción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan José Guardia Hernández, Profesor agregado de Derecho administrativo, Universitat Internacional de Catalunya

Sede del Ministerio de Justicia de España, en Madrid. Luis García/Wikimedia Commons, CC BY

España sigue sin pasar su “ITV” anticorrupción. El último informe del Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO), publicado en agosto de 2025, concluye que de las 19 recomendaciones anticorrupción formuladas en la quinta ronda de evaluación, 16 están solo parcialmente implementadas y 3 permanecen incumplidas.

El GRECO es el órgano del Consejo de Europa que supervisa las políticas anticorrupción de sus 48 Estados miembros. Desde su creación en 1999, formula recomendaciones en rondas temáticas de evaluación y seguimiento.

La cuarta ronda se centró en la corrupción entre parlamentarios, jueces y fiscales. La quinta ronda, iniciada en 2017, se centra en los altos cargos del poder ejecutivo central y en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en particular la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Una inspección periódica con calificaciones

El GRECO controla el grado de cumplimiento de sus recomendaciones con revisiones periódicas, como si se tratara de una “ITV” institucional. Cada recomendación se califica como implementada, parcialmente implementada o no implementada.

En el caso de España, la evaluación inicial de 2019 formuló 19 recomendaciones. El primer informe de cumplimiento, adoptado en 2021, dejó un panorama desalentador: ninguna plenamente cumplida y la mayoría aún pendientes.

La segunda evaluación, publicada en abril de 2025, constató algunos avances, pero insuficientes: 13 recomendaciones parcialmente implementadas y 6 sin cumplir.

Ante este balance, el GRECO activó en 2024 el procedimiento de incumplimiento.

La revisión de 2025 muestra una ligera mejora: 16 recomendaciones parcialmente puestas en marcha y 3 sin hacerlo, pero todavía ninguna completamente satisfecha.

¿Qué fallos se repiten?

Las tres recomendaciones aún no implementadas en 2025 ponen de relieve déficits persistentes.

La primera se refiere a los asesores gubernamentales. El GRECO exige que su régimen de transparencia e integridad se equipare al de los altos cargos. En la práctica, no se publican sus nombres, retribuciones, funciones ni trayectorias, lo que genera opacidad y episodios polémicos conocidos únicamente a través de la prensa.

Esta ausencia de publicidad impide el escrutinio público de posibles conflictos de intereses –personales, familiares, con empresas, partidos políticos, medios de comunicación u otras organizaciones sociales–. El resultado, según el GRECO, es claro: “La recomendación sigue sin implementarse”.

La segunda recomendación pendiente se refiere al aforamiento. El GRECO reclama su revisión para evitar que obstaculice los procesos penales por corrupción. El aforamiento es una figura jurídica que altera las reglas de competencia penal en beneficio de determinadas autoridades, al reconocerles el derecho a ser juzgadas por tribunales previamente designados, como el Tribunal Supremo o los Tribunales Superiores de Justicia.


Elaboración propia con datos de Europa Press.

Esta institución puede servir para evitar denuncias frívolas y, bien aplicado, también para salvaguardar la independencia judicial, al evitar que jueces de instancia inferior –y, por tanto, más vulnerables– sufran presiones de las autoridades investigadas.

Ahora bien, su alcance en España es excepcional: según datos del Consejo General del Poder Judicial, hay cerca de 250 000 personas aforadas, una cifra muy superior a la de otros países europeos.

La tercera recomendación se refiere al régimen disciplinario de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. El GRECO reclama una mayor transparencia y objetividad en la imposición de sanciones a sus miembros. La recomendación continúa “no implementada”.

Con todo, la reserva de los asuntos internos protege la reputación de los agentes cuando no procede sanción y, además, evita que una difusión masiva afecte a la percepción de seguridad ciudadana.

¿Dónde hay avances?

En materia de regulación de los lobbies, España acumula a nivel nacional más de una década de retraso: no existe todavía un registro obligatorio ni un régimen sancionador, y tampoco se impone la publicación de la agenda de reuniones de los altos cargos.

En materia de puertas giratorias, el GRECO valora la propuesta de extender a todos los altos cargos la prohibición de trabajar en el sector privado durante dos años tras dejar el cargo, pero advierte de la ausencia de un régimen de incompatibilidades integral supervisado por un órgano independiente.

La Oficina de Conflictos de Intereses, creada en 2006, depende en la actualidad del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública y no tiene presupuesto propio. Aunque controla declaraciones e incompatibilidades, el GRECO critica que carezca de autonomía real.

Por último, el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno dispone de un presupuesto reducido que condiciona su funcionamiento. Su reciente aumento, sin embargo, no evita que continúe adscrito al Gobierno y sin potestad sancionadora, de modo que su grado de independencia sigue siendo limitado.

Los indicadores internacionales no reflejan una mejoría: el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional 2024 otorgó a España 56 puntos sobre 100 en 2024, situándola en el puesto 46 de 180 países, cuando en 2018 alcanzaba 58 puntos y la posición 41.

Menos de un año para mejorar

Al mismo tiempo, los avances parciales reconocidos por el GRECO demuestran que las recomendaciones externas pueden servir de catalizador de políticas públicas. El calendario es estrecho: España dispone de menos de un año, hasta junio de 2026, para acreditar mejoras sustanciales.

Seguir bajo el procedimiento de incumplimiento del GRECO no es una simple etiqueta, sino una situación con consecuencias concretas. El organismo ha decidido mantener a España bajo supervisión intensificada. Además, ha invitado al Secretario General del Consejo de Europa, Alain Berset, a remitir una carta oficial al Ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, advirtiendo del incumplimiento y reclamando “medidas decididas” para lograr avances tangibles.

Aunque el GRECO no dispone de poder sancionador directo, el procedimiento de incumplimiento genera presión política y reputacional. Si España no reacciona, el organismo podría intensificar sus actuaciones: desde enviar una misión de evaluación in situ hasta elevar el asunto a instancias superiores del Consejo de Europa.

Volviendo a la metáfora de la ITV institucional, España encara la decisión de corregir los defectos señalados antes de la próxima revisión. Sigue pendiente la recomendación de la cuarta ronda: que los jueces elijan directamente a una parte importante de los vocales del CGPJ sin intervención alguna del poder político, lo que aún no se ha cumplido.

Por otra parte, el GRECO detecta en la quinta ronda nuevas averías: opacidad en los asesores, abuso de aforamientos, controles internos débiles… La cuestión es si será posible aprobar la próxima ITV anticorrupción con menos suspensos. Todo dependerá de que las reformas anunciadas se conviertan en realidades verificables.

The Conversation

Soy miembro del proyecto de investigación titulado “La Persona como pilar jurídico y humanista del desarrollo sostenible en la Agenda 2030” financiado por la Universitat Internacional de Catalunya a través de las Ayudas a proyectos de investigación básica y aplicada 2024 (UIC Aid). Su duración se extiende desde el 1 de septiembre de 2024 hasta el 28 de febrero de 2026.

– ref. Opacidad, aforamientos y déficit de disciplina policial: por qué España no pasa la ‘ITV’ anticorrupción – https://theconversation.com/opacidad-aforamientos-y-deficit-de-disciplina-policial-por-que-espana-no-pasa-la-itv-anticorrupcion-264719

¿Vivimos en una simulación?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emilio José García Gómez-Caro, Responsable Unidad de Cultura Científica, Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC)

IR Stone/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Ismael de la Rosa, de 14 años. IES Giner de los Ríos (Motril, Granada)


Imagina que eres un personaje de Minecraft y que pasas el tiempo recogiendo recursos, apilando cubos o luchando contra algún monstruo. De repente, un buen día, sin saber cómo ni por qué, adquieres conciencia de ti mismo y sospechas que ese mundo cúbico que habitas no es más que un juego creado por seres que viven fuera de él. Incluso sientes que no eres más que el avatar de un jugador que podría aburrirse de ti y borrar tu existencia con un clic.

En definitiva, te preguntas si no estarás viviendo en una simulación, si no serás parte de ella.

¿Y si la realidad no es más que una ilusión?

No hace falta ser un personaje de videojuego autoconsciente para preguntarse por la naturaleza de lo “real”. Mucho antes de que existieran videojuegos, computadoras o la propia palabra “simulación”, filósofos como Parménides, Platón, Descartes, Zhuang Zhou o Bertrand Russell ya habían puesto en duda si la realidad no es más que una ilusión, e incluso si habría alguna manera de confirmar que vivimos en un sueño.

En 2003, el filósofo de la Universidad de Oxford Nick Bostrom publicó un artículo con un título directo: ¿Estás viviendo en una simulación?. Allí planteaba la hipótesis de que seamos el NPC –las siglas en inglés de non playable character o “personaje no jugable” en un videojuego– de un universo creado por una especie tecnológicamente superior (humana, máquina, extraterrestre o deidad).

Es más, planteaba si esa especie no sería, a su vez, otra realidad simulada, y nosotros, como la serie de dibujos animados que ven los Simpson: una ficción dentro de otra ficción. Y así hasta quién sabe cuántos niveles de realidades anidadas. Algunos estudios posteriores incluso calcularon que la probabilidad de que seamos una simulación es solo un poco menor del 50 %.

Pero ¿por qué íbamos a vivir en una simulación? ¿Cuáles son las bases para creerlo? El argumento de Bostrom es relativamente sencillo. Imagina una civilización “posthumana”, con un desarrollo tecnológico y una capacidad de computación tan enormes que pueden simular universos con leyes bien definidas y habitantes autoconscientes. Llamemos a esa sociedad la “realidad base”.

Imagina ahora que no solo tienen la capacidad, sino también la voluntad de hacerlo, y que comienzan a generar simulaciones de todo tipo, algunas con capacidad para crear a su vez nuevas simulaciones. Si estas dos premisas se cumplen, para Bostrom resulta casi inevitable que seamos una de esas simulaciones.

Es pura estadística: de la infinidad de mundos posibles, solo existe una “realidad base”, el resto son simulaciones de simulaciones. Lo lógico es pensar que nosotros seamos una de ellas y no la realidad original. Lo paradójico es que Bostrom y su artículo también serían fruto de una simulación.

En busca del “fallo en la Matrix”

Para muchos, esto no pasa de ser un juego lógico-filosófico, casi una conversación divertida entre colegas. Para otros, es un tema de mayor calado, sobre todo cuando surge la pregunta de si habría alguna manera de demostrar, mediante la observación del mundo que nos rodea, si realmente vivimos en una simulación o no. O, dicho de otro modo: ¿puede la ciencia ayudarnos a encontrar un “fallo en la Matrix”? Pues tal vez sí.

Antes que nada, Houman Owhadi, experto en matemáticas computacionales del Instituto Tecnológico de California, nos advierte: “Si la simulación tuviera una potencia de cálculo infinita, no habría forma de saber si vivimos en ella, porque podría simularse con todo el realismo que se quisiera”. Es decir, en ese caso sería imposible ver las costuras del juego.

Asumamos entonces que nuestros programadores tienen una capacidad de cálculo grande, pero limitada. Para diseñar un mundo tan complejo como el nuestro, necesitan tomar algunos “atajos computacionales”, igual que hacemos en videojuegos y simulaciones numéricas. Estos atajos podrían provocar paradojas o irregularidades que, según algunos autores, podrían detectarse con experimentos de física cuántica o con observaciones cosmológicas. Sería como si nuestro personaje de Minecraft encontrara un bug (error) en el juego.

Por ejemplo, uno de estos atajos podría ser la discretización del espacio y del tiempo. La física teórica actual empieza a asumir que quizás no sean continuos, sino que vayan “a saltos”. Es decir, están discretizados. Esta estrategia es muy habitual en las simulaciones numéricas que hacemos en ordenadores para ahorrar recursos. Bajo la hipótesis de la simulación, demostrar que nuestro espacio-tiempo es discreto podría ser como “ver las tripas” del programa.

Un mundo solo para tu mente

Otros autores defienden que, si los programadores viven en un universo como el nuestro, simular nuestras leyes físicas exigiría una cantidad de energía y de potencia informática de tal calibre que sus propias leyes lo impedirían. Una alternativa en este caso es no recrear toda la realidad, sino únicamente la que tú –quien lees estas líneas– percibes. Así, los programadores solo tendrían que encargarse de simular un universo en tu mente, algo mucho menos costoso desde el punto de vista computacional.

En ese escenario, este artículo y yo mismo no seríamos más que parte de la ficción diseñada para ti.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Emilio José García Gómez-Caro recibe fondos de CSIC/FECYT

– ref. ¿Vivimos en una simulación? – https://theconversation.com/vivimos-en-una-simulacion-262176

Miguel de Cervantes en la pantalla: las aventuras del inventor de la novela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Úrbez Fernández, Profesor de Comunicación Audiovisual y Humanidades, Universidad Villanueva

Alejandro Amenábar y Julio Peña durante el rodaje de _El cautivo_. Disney

Alejandro Amenábar estrena el 12 de septiembre una película biográfica sobre Miguel de Cervantes, titulada El cautivo, cuya trama describe el encarcelamiento del escritor en Argel, entre 1575 y 1580, tras la batalla de Lepanto.

Como la mayoría de producciones cinematográficas acerca de personajes históricos (más incluso cuando son tan conocidos), la cinta de Amenábar no escapa de la lupa de los historiadores, preocupados por dilucidar el grado de exactitud del argumento con lo verdaderamente acontecido según las fuentes.

Esta curiosidad, sin embargo, no provendrá solo de los historiadores. Después de todo, el espectador medio ha conformado en su mente una imagen del escritor de El Quijote como fruto de la educación recibida, de sus lecturas y de cuanto nos han informado los medios de comunicación.

A raíz de este estreno, merece la pena reflexionar sobre por qué al espectador le puede interesar visionar un relato de ficción con Cervantes como protagonista. Y, lo que aún es más relevante, qué faceta del escritor ha atraído más a Amenábar y a su equipo, por qué han deseado contar esta historia y qué valor han descubierto en ella para desear transmitírselo al público.

Porque, de hecho, no es la primera vez que el medio audiovisual se aproxima a Miguel de Cervantes. Atender a las obras cinematográficas que narran su biografía puede decirnos mucho sobre la sensibilidad de cada momento histórico.

Una buena lección moral

Durante la posguerra española, en un momento álgido de producción de películas sobre personajes históricos patrios, se presentó a la Dirección General de Cinematografía un proyecto titulado En un lugar de la Mancha.

Portada de una revista de 1945 en donde se lee En un lugar de la Mancha: resumen de un guion cinematográfico, por Ernesto Giménez Caballero.
La revista Fantasía. semanario de la invención literaria se hizo eco del trabajo que se estaba haciendo en el proyecto En un lugar de la mancha publicando un resumen del guion del largometraje.
TodoColección

Según consta en los expedientes del Archivo General de la Administración, firmaba el guion Ernesto Giménez Caballero y dirigiría la película José Luis Saénz de Heredia. La censura juzgó favorablemente el proyecto, un relato completo de la vida de Cervantes, centrado especialmente en sus desventuras.

De alguna manera (así lo entendió la censura), la tesis de fondo sería: “las amarguras de Cervantes constituyen una buena lección moral”, identificándose la vida del escritor con la propia vida de don Quijote.

Por tanto, se valoraba la capacidad del medio audiovisual para transmitir virtudes a los espectadores, en tanto que narraba una vida considerada virtuosa. La única preocupación radicaba en que el resultado final de la película “no estuviera a la altura del tema tratado”. El proyecto obtuvo el beneplácito de la administración, pero con el paso de los meses no comenzó el rodaje y por razones desconocidas (posiblemente económicas) se canceló.

El Cervantes aventurero

Fue en 1967 cuando se estrenó la primera película sobre el escritor: Cervantes, una coproducción europea dirigida por el estadounidense Vincent Sherman.

Suponía la adaptación de una novela publicada por el escritor alemán Bruno Frank en 1934, titulada Un hombre llamado Cervantes. En unos años caracterizados por la crisis del cine frente a la televisión y la consecuente búsqueda de la épica y la espectacularidad, Cervantes se concibió como un filme de aventuras en torno a los años vividos por el escritor en Italia, la batalla de Lepanto y el cautiverio en Argel.

Cervantes aparecía como un pícaro y un buscavidas de esmerada inteligencia, un idealista, a ratos ingenuo, en continua búsqueda de la verdad. Así, no había asomo de exaltación de la Hispanidad ni tampoco del catolicismo, en un tono incluso respetuoso hacia el islam. A pesar de la escasa popularidad de esta cinta, queda como testimonio del interés de una época hacia esta faceta del escritor.

Cartel de una película en la que sale un hombre empuñando una espada y una mujer detrás.
Cervantes espadachín y Gina Lollobrigida en las aventuras del escritor según Vincent Sherman.
IMDB

El Cervantes didáctico

En 1981, RTVE emitió una miniserie de 9 episodios también titulada Cervantes. Fue la primera de las miniseries de carácter biográfico producidas por RTVE durante la democracia, a la cual siguieron Ramón y Cajal (1982), Teresa de Jesús (1984) y Goya (1985), entre otras.

La serie suponía una aproximación completa a la vida del escritor, narrada a través de continuos flashbacks desde 1616, momento en el que un joven licenciado visita a un Cervantes moribundo. Sus conversaciones e investigaciones al tratar con diferentes personajes son lo que permite elaborar el relato de la vida del escritor.

Así, hay en la miniserie cierta finalidad didáctica, dado el interés de la televisión pública por educar a los espectadores de la naciente democracia española. El licenciado se erigía como espejo del ciudadano democrático español, preocupado por profundizar en la cosmovisión cervantina, clave de bóveda de los valores democráticos en su condena de la corrupción, su concepción del hispanismo y su defensa de la libertad.

El Cervantes sombrío

Ahora, Alejandro Amenábar estrena El cautivo. A excepción de unos escasos datos históricos acerca del cautiverio en Argel (presentes en la película), casi todo cuanto digamos acerca de cómo Cervantes afrontó esos años es mera especulación, nadie lo sabe.

Un hombre musulmán habla con un caucásico.
Julio Peña y Alessandro Borrghi en El cautivo.
Disney

Y sin embargo, frente a los cientos de Cervantes posibles que Amenábar podía imaginar, ha optado por presentarnos a uno cínico, un cobarde obsesionado por salvar su pellejo aún a costa de traicionar a los demás. La crudeza del cautiverio se muestra, en nombre del realismo, sin atisbo de esperanza ni de virtud. Solo cuenta sobrevivir, y como espectadores (propone el director) deberíamos compadecer a Cervantes y asumir que haríamos exactamente lo mismo si estuviésemos en su lugar, aunque nos cause tristeza.

Sin duda, una visión desmitificadora del autor que Amenábar es muy libre de ofrecer al espectador. Cabe preguntarse, así, si quizá esta visión sea reflejo de una época que rechaza la heroicidad, que cree no necesitar héroes ni modelo alguno. Una época que sospecha de cualquier atisbo de virtud, porque la virtud no se considera realista.

The Conversation

Pablo Úrbez Fernández es miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos y crítico de las revistas FilaSiete y Omnes

– ref. Miguel de Cervantes en la pantalla: las aventuras del inventor de la novela – https://theconversation.com/miguel-de-cervantes-en-la-pantalla-las-aventuras-del-inventor-de-la-novela-264630

Charlie Kirk was emblematic of a country polarised and imploding

Source: The Conversation – UK – By Melissa Butcher, Professor Emeritus, Social and Cultural Geography, Royal Holloway University of London

In December 2021, I was in an exhibition hall in Phoenix, Arizona, with 10,000 young people who had come to hear a lineup of “America first” speakers, from Tucker Carlson to Ted Cruz. This was AmericaFest, an annual rally led by Turning Point USA, a conservative youth organisation whose founder and CEO, Charlie Kirk, was murdered on September 10.

I have spent the past four years listening most days to Kirk’s view of the world while carrying out research for my upcoming book, The Trouble With Freedom. He was charismatic, combative and at times inflammatory. But he was also strategic and clever.

He loved the US, freedom, family and football, and possessed an immense drive to “save America” from what he felt was its decline from greatness. With a national radio show and speaking tours focused on university campuses, his platform reached millions. There were times when he disseminated disinformation, but there were also times when I found myself agreeing with him.

Kirk was emblematic of a country polarised and imploding. At AmericaFest, and across a constellation of organisations and commentators working to “save freedom, save America”, the US is divided into those who are “loved” and those who are “hated”. This division is mirrored in progressive or liberal spheres.

Retribution is threatened and others are blamed. Opposing sides, each struggling for “the soul of the nation”, define the other by emotional indicators such as “angry”, “bitter”, “miserable”, “destroying”, “vicious”, “menacing”, “thugs”, “extremists”, “resentful”, “weak” or “unhinged”.

These sentiments serve a purpose. As cultural theorist Sara Ahmed argued in her 2004 book, The Cultural Politics of Emotion, it is through intensifying emotions that an “other” takes shape.

But while sharing emotions – rage as well as love – creates bonds, it also drives us away from others. This was something I experienced at AmericaFest as presenters repeatedly told the 10,000 young people present that people like me – childless, unmarried, atheist academics – hated them for being conservatives.

As people arrange themselves – where they live and who they socialise with – on the basis of how they feel, the end result can be a form of “partisan segregation”. Democrats and Republicans now appear increasingly unlikely to live with those who hold different political views.

Faced with rapid and profound changes, the idea of America and what it represents – freedom and prosperity – is slipping out of reach for some. This is creating feelings of loss and anger. In discussions I held with people from across the political spectrum, in social clubs, shooting ranges, workplaces and homes, people named points of cultural rupture.

Conversations were haunted by a feeling that community is breaking down. The promise of an affluent future is disappearing in the face of environmental collapse and successive financial crises. Deindustrialisation and the shift to a digital economy brings with it precarity. And fractious governance oversees divisions along generational, gendered, class, racial, religious, and rural and urban lines.

How people live together, and how they remember, has changed. The result is an anxiety-inducing realisation that safety can be contingent, random, luck of birth or where you happen to sit on a bus. Cultural breakdown can be watched incessantly, on repeat and archived for future reference as we doom scroll on our phones.

Responses to this rupturing and reshaping of life that was once taken for granted can range from psychological discomfort to murderous rage, as the world has just seen with Kirk’s assassination.

The US president, Donald Trump, understands this response and exacerbates it. He focuses on law and order, dystopian cities and out of control borders. He talks of a third world war not being far away, increasing anxiety and the subsequent desire for firmer ground, or a strong leader, to hang on to.

“Liberal” criticism of nationalist or populist responses neglects the pain some feel in managing change and the fears of being unsafe that go with it. This entrenches divisions further. More than just “angry Trump supporters” suffering from the loss of conservative leadership, the 2024 US election results suggest there is a broad spectrum of people who felt uncomfortable with a changing America that Democrats were held responsible for.

This is what Kirk tapped into and is encapsulated by Ines, one of the gen Z participants in my research. She said “generations that are growing up now don’t know a world where there wasn’t a school shooting every week … we were born into disaster and like our world is literally dying. So it’s like our generation doesn’t know a time when things were safe and comfortable.”

These divisions – alongside increasing inequalities, the misinformation and disinformation spread on social media and paralysed political systems – appear to be sending us collectively backwards into violent autocracy.

Even if it doesn’t feel like it right now, we can find ways to handle change and the emotions that come with it. In every conversation I’ve had across the political spectrum in the US, people talk about wanting to be part of something bigger – to care about more than just themselves, or to feel safe again through community. There’s a longing to bring back a sense of connection and care.

Even at their most angry, conversations indicated a desire to live in meaningful, caring relationships. Without a doubt, too much love and the boundaries of community become hard and less adaptable to change. But connection can also hold the potential to work against feelings of loss, ambivalence, hate and subsequent violence.

The Conversation

Melissa Butcher has received funding from UKRI and the ECR. She is affiliated with Cumberland Lodge.

– ref. Charlie Kirk was emblematic of a country polarised and imploding – https://theconversation.com/charlie-kirk-was-emblematic-of-a-country-polarised-and-imploding-265094

Charlie Kirk: why the battle over his legacy will divide even his most ardent admirers

Source: The Conversation – UK – By Gordon Lynch, Professor of Religion, Society and Ethics, University of Edinburgh

Wherever you stand on his political views, Charlie Kirk’s murder is a tragedy on a personal level. He was just 31 and a husband and father of young children. But as a public figure his death represents a dangerous moment, as it threatens to deepen divides between conservatives and liberals in America and beyond.

Many commentaries on Kirk’s life will focus on his significance as a political activist and the important – some would say decisive – role he played in turning out the youth vote for Trump’s presidential election victory in 2024. But it is important to recognise how significant he had become as a public leader for what a growing number of scholars have referred to as white Christian nationalism.

While there is some variation in political views and theological beliefs among white Christian nationalists, a central, shared conviction is that the US was originally established as a Christian nation. For Christian nationalists, the idea of the separation of church and state is taken to refer only to not having an official state church. The complete separation of Christianity from public institutions is anathema and secular institutions such as public schools and universities are often regarded as hostile ground.

Given their view of America’s original religious calling, many Christian nationalists therefore believe that secular, liberal society is in terminal crisis. So America will only be put right when it returns to Christian laws or principles. This view of political disagreement is inherently binary. There are those who trust in God and support God’s work to transform society. Then there are those who oppose it. These people are mired in spiritual darkness.

Kirk’s Christian nationalist views and activism were not always comfortable watching. For example, along with others on the Christian right, Kirk publicly and vehemently challenged the place and legacy of Martin Luther King Jr, a hugely honoured figure in the US. In 2024, he chose the week in which the US celebrates a national holiday in honour of the murdered civil rights leader to label King “a serial adulterer, an alleged rapist, a reparations proponent, and a race Marxist”.

His organisation, Turning Point USA, also created Professor Watchlist. This online resource encouraged conservative students to name and shame college professors who had what were judged to be problematic views or activism linked to categories including “antifa”, “socialism” and “feminism”.

But while there is an element to white Christian nationalism which risks overturning basic democratic principles (as shown by the insurrection of January 6 2021), Kirk also had a better legacy. He became widely known on social media for his roadshows on college campuses which invited students to debate with him. He would put forward his views robustly, but also listened to his opponents.

These roadshows could be challenging for more liberally inclined students unused to having to defend their views. But at their best they provided surprising opportunities to find common ground. In one filmed discussion, for example, a feminist student had an engaged and respectful discussion with Kirk about his views about essential differences between men and women. They also agreed about the harmful effects of some forms of masculinity and the normalisation of pornography in youth culture. He maintained this commitment to these open public events despite the risks involved. It ultimately cost him his life.

Charlie Kirk debates a student.

Debate over Kirk’s legacy

This ambivalence between conflict and democratic engagement in Kirk’s work and the wider Christian nationalist movement is now finding expression in responses to his murder. On Fox News, as news of his death broke, shocked and distressed reaction nonetheless highlighted an interesting divide in the commentary. There were those who wanted to see this a turning point in the battle against the side of evil, the people who opposed his Christian mission. But others saw in his legacy a commitment to engagement and debate with those whom he disagreed with.

It remains to be seen which side of this legacy wins out. It should be observed, however, that much of Kirk’s following takes its cues from the current incumbent of the White House, whose instinct is usually to lean into division. And it was not different when the US president expressed his grief and anger at Kirk’s assassination, blaming the “radical left” for rising political violence in the US.

Most of the American people are neither ardent liberals nor committed Christian nationalists. But there is an ever-deepening political divide between those on the political left and right who no longer see each other as decent, trustworthy fellow citizens. As the political scientists Steven Levitsky and Daniel Ziblatt have argued, such polarisation is often a route to the death of true democracy.

At this moment of crisis, America – and the watching world – need to hope and work hard to ensure that Kirk’s legacy of democratic engagement and debate wins out. If this does not happen, the future for America is looking bleaker today.

The Conversation

Gordon Lynch does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Charlie Kirk: why the battle over his legacy will divide even his most ardent admirers – https://theconversation.com/charlie-kirk-why-the-battle-over-his-legacy-will-divide-even-his-most-ardent-admirers-265116

Charlie Kirk shooting: another grim milestone in America’s long and increasingly dangerous story of political violence

Source: The Conversation – UK – By Katie Pruszynski, PhD Candidate, Department of Politics and International Relations, University of Sheffield

Charlie Kirk, figurehead of the American far right, took a question at a 2023 event in Salt Lake City about the second amendment to the US constitution and gun-related deaths. He answered: “I think it’s worth to have a cost of, unfortunately, some gun deaths every single year, so that we can have the second amendment to protect our other God-given rights.”

Two years later, once again in Utah, Kirk was killed with a gun. His death comes against a backdrop of increased political violence in the US, driven by a new set of political, societal and technological factors, and its future trajectory will determine the health of American democracy.

Political violence is differentiated from other crimes and it is helpful to have clarity about its particular meaning. It is defined specifically as acts intended to achieve political goals or intimidate opponents through the use of physical force or threats to influence a political outcome or silence dissent. While most of these incidents come from the far right, violence is used by extremists on both sides.

Over the past decade there has been a dangerous escalation in political violence driven by rage and resentment without clearly defined goals by self-radicalised individuals rather than organised extremist groups. High profile incidents have dominated headlines. These include the insurrection of January 6 2021, the shooting at a baseball practice session of Republican members of Congress in 2018, the plot to kidnap Michigan governor, Gretchen Whitmer in 2020, the vicious attack on Paul Pelosi – the husband of the speaker of the House of Representatives – in 2022, the torching of Pennsylvania governor Josh Shapiro’s family home in April this year. And, of course, the assassination attempts on Donald Trump on the campaign trail in 2024.

But the threat has spread beyond the very visible faces of US democracy to targets such as judges, election officials, journalists and even private citizens based upon their perceived political affiliation.

It is shocking yet unsurprising, given the new factors fuelling rage in an already deeply divided society. These can be broadly summarised by three characteristics.

Hyper-partisanship at boiling point

The way politics is discussed today shows that division can’t be seen in merely partisan terms. Opponents have become enemies and those with different worldviews have become traitors. In many examples, pundits, politicians and their mouthpieces indulge in dehumanising rhetoric. Research has consistently found that dehumanisation contributes to a more ready justification of violence.

Indeed, Trump and other high-profile figures have incited violence, even when not actually issuing direct calls to action. This was most notably evident on January 6 2021, when Trump goaded supporters in Washington to march on the Capitol, telling them: “And we fight. We fight like hell. And if you don’t fight like hell, you’re not going to have a country anymore.”

Fight like hell: Donald Trump’s ‘Save America’ rally.

Digital echo chambers

These pressure cooker arguments play out on social media and online forums that help spread conspiracy theories, disinformation and violent content. Highly influential creators are able to conjure up “bespoke realities” for their followers, generating huge personal wealth from the fomenting of rage and hate. Citizens are consuming deeply flawed, incendiary political content in isolation. This fuels self-radicalisation when people become detached from reality of the world outside their bubble.

Indeed, immediately following the Kirk shooting, social media was already awash with disinformation about liberals celebrating his death and the motivations of the killer before the shooter had been found.

Erosion of trust in democracy

When faith in government, the justice system, and the electoral process erodes, citizens may come to believe that the established systems are rigged, unresponsive, or illegitimate. This makes traditional avenues for change seem futile. In this environment, violence can be rationalised as the only effective means to “correct” the broken system. The American right has long railed against a corrupt and malevolent “deep state” convincing some citizens that democratic norms no longer apply.

What next? There are three possible scenarios. The worst case is an escalation of violence in both its frequency and its organisation.

The far right has been pushing for strict limits on civil liberties, and the most extreme members may use Kirk’s assassination as an excuse for violent retaliation. Widespread civil unrest is a persistent threat, particularly approaching the 2026 midterm elections. Many fear that if Trump’s allies sense they can use escalating disorder to declare an emergency suspension of democratic processes, they will push him to do so.

More likely, but no less unsettling, is a stagnation in which political violence becomes a normalised feature of American political life without escalating to an existential crisis. This has potentially far-reaching consequences as more moderate politicians on both sides perceive the risks of being in public life to be too high and vacate their offices. This paves the way for more extreme candidates to fill the gaps. With the more moderate voices gone, it’s less likely the conversation will cool down.

But things could improve. It will require bipartisan condemnation of political violence and a reconnecting of politicians to their constituents. Both sides need to work together to drag a bigger portion of the political debate back into the real world. Meanwhile social media platforms and the legacy media alike must be held accountable for the tenor and veracity of the content they feed to the public.

And efforts must be made by political elites, the media and the public to rebuild civic trust. As the foundation stone of a healthy democracy, citizens’ trust in their government and in each other must be carefully pieced back together.

America does not need to accept violence as the norm, in fact, it must collectively and consistently reject it. The future of its democracy may depend on it.

The Conversation

Katie Pruszynski does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Charlie Kirk shooting: another grim milestone in America’s long and increasingly dangerous story of political violence – https://theconversation.com/charlie-kirk-shooting-another-grim-milestone-in-americas-long-and-increasingly-dangerous-story-of-political-violence-265115

Beyond lavender marriages: What queer unions and relationships can teach us about love and safety

Source: The Conversation – Canada – By Gio Dolcecore, Assistant Professor, Social Work, Mount Royal University

Lavender marriages, traditionally entered into by LGBT+ individuals to conceal their sexual orientation, are on the rise, according to several news sources, with some even calling them a “trend.”

Historically, lavender marriages refer to unions — often between two consenting LGBT+ individuals — formed as a way of concealing same-sex attraction in a society where being openly queer could mean social ostracism, career ruin or even criminalization.

Crucially, they were not loveless. On the contrary, they were bonds of protection and safety between two people navigating the reality of bias, prejudice and discrimination of society and politics.

Lavender marriages can be confused with mixed orientation marriages, but there is a difference: in mixed-orientation marriages, partners have different sexual orientations from one another. That doesn’t mean these relationships don’t make sense — plenty of couples do well without sharing the same orientation.

But are lavender marriages actually making a comeback? The answer is complicated. While social progress has made queer lives more visible, many still fear coming out because of social, religious, cultural and political pressures.


Dating today can feel like a mix of endless swipes, red flags and shifting expectations. From decoding mixed signals to balancing independence with intimacy, relationships in your 20s and 30s come with unique challenges. Love IRL is the latest series from Quarter Life that explores it all.

These research-backed articles break down the complexities of modern love to help you build meaningful connections, no matter your relationship status.


The roots of lavender marriages

Nowhere were lavender marriages more visible than during Hollywood’s Golden Age (1930-60s), when the Motion Picture Production Code — known as the Hays Code after the president of the Motion Picture Producers and Distributors of America from 1922 to 1945 — imposed restrictions on “immorality” and demanded that stars maintain a carefully constructed image.

For example, the 1933 film Queen Christina portrayed an androgynous queen who shared a kiss with another woman. If the film were released a year later than it was, the androgynous image and kiss would have had to be removed to comply with Hays Code.

Notable examples in Hollywood include actor Rock Hudson, whose studio reportedly orchestrated a marriage to shield his private life from public scrutiny, and stage actress Katharine Cornell, whose marriage to director Guthrie McClintic was widely regarded as a partnership of convenience that allowed both to live more authentically in private.

Earlier still, silent film idol Rudolph Valentino faced speculation about his sexuality, and was rumoured to have entered into marriages that offered him protection amid tabloid attacks.

For these celebrities, lavender marriages were not only about survival in a hostile era, but also a way of retaining access to their careers, audiences and cultural influence.

Queer censorship today

It is unsurprising that lavender marriages have returned to public discussion, given that similar concerns of queer censorship are currently happening.

Inside Out 2 (2024) was rumoured to remove a transgender character to avoid international backlash, while Elio (2025) was also rumoured to erase queer subtext from the movie’s final cut.

Censorship of queer culture is on the rise as political and social movements directly attack the LGBTQ+ community. Examples include book censorship policies, exclusion of queer art and rising violence against drag performances.




Read more:
We must all speak out to stop anti-LGBTQ legislation


These realities were poignantly illustrated in the 2022 Pakistani film Joyland, which captures the grief and danger of living inauthentically when family bonds, social safety and political punishment are at stake.

Trailer for the 2022 film ‘Joyland.’

Similar stories are surfacing in real life. In 2024, People profiled a 90-year-old grandmother who came out as bisexual after her husband’s death, revealing their 63-year union had been a lavender marriage of mutual protection.

Another People story followed a woman raised in a conservative Mormon community who married a man to conform, only to come out at 35 and reconnect with her first love.

Even today, couples negotiate these dynamics in new ways — Business Insider recently highlighted a gay man and straight woman who married not to hide but to redefine love on their own terms, while rejecting the label of “lavender marriage.”

The pressure to pass as heterosexual — whether by marrying, dating or travelling with opposite-sex friends — remains a strategy of safety for many queer people around the world.

Lavender and lesbians

Cover image of a magazine titled 'Lavender woman' with an image of Alice from Alice in Wonderland kissing a chess piece with the head of a woman
November 1971 issue of Lavender Woman, a lesbian periodical produced in Chicago, Illinois, from 1971 to 1976. The title comes from lavender’s association with lesbianism dating back to the 1950s and 60s.
(Women’s Caucus of Chicago Gay Alliance)

The symbolism of lavender itself has particular resonance in lesbian culture. Throughout the 20th century, the colour became a coded reference to women who loved women, at once stigmatizing and unifying.

During the “Lavender Scare” of the 1950s, the U.S. government dismissed and persecuted lesbians and gay men in federal employment under the guise of “security risks.”

Yet lavender was also reclaimed as a badge of solidarity and resistance. Early lesbian feminists incorporated lavender into marches, protest sashes and art, using it as a way of asserting presence and pride in a culture that demanded invisibility.

The impact of concealment

Academic research consistently shows that concealment of sexual orientation remains widespread. A 2019 global public health study from estimated that 83 per cent of lesbian, gay and bisexual people worldwide hide their orientation from most people in their lives.

Research in Hong Kong found that concealment increases loneliness and diminishes feelings of authenticity, directly impacting well-being.

In Canada, a 2022 study of LGBTQ+ health professionals revealed how concealing one’s identity shapes daily decisions about disclosure, often producing stress and internal conflict in professional settings. Bisexual individuals frequently report concealing their orientation to avoid stigma from both heterosexual and queer communities.




Read more:
Queerphobic hate is on the rise, and LGBTQ+ communities in Canada need more support


“Passing” as straight is often a survival strategy shaped by stigma, with lasting consequences for identity, relationships and health. Lavender marriages remind us that queer lives have always been shaped by the tension between resistance and survival. Visibility itself can be an act of defiance, whether on a movie screen, in a march or in daily life.

However, visibility carries real risks: estrangement from family, discrimination or social backlash, political punishment or threats to personal safety. At the same time, concealment has often been a pragmatic choice to preserve dignity, livelihood and community.

Redefining marriage and partnership

These histories and contemporary examples reveal that marriage and partnership have never been one-size-fits-all.

For queer people, unions can be built around protection, friendship, parenting, finances or chosen kinship, just as much as romance or desire. To call them all “lavender marriages” risks oversimplifying the complex ways people craft love and survival.

Modern marriage is not bound by tradition alone; it is defined by the people who build it and by the choices they make to balance safety, authenticity and resistance in a world still learning to accept them.

This dual significance — lavender as both concealment and resistance — helps explain why the term continues to resonate today, as scholars, activists and communities revisit these marriages not simply as personal compromises, but as reflections of broader homophobia and gendered policing that continue to share queer history.

The Conversation

Gio Dolcecore does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Beyond lavender marriages: What queer unions and relationships can teach us about love and safety – https://theconversation.com/beyond-lavender-marriages-what-queer-unions-and-relationships-can-teach-us-about-love-and-safety-264179

L’assassinat de Charlie Kirk, le dernier acte de violence politique dans un pays sous tension

Source: The Conversation – in French – By Jared Mondschein, Director of Research, US Studies Centre, University of Sydney

Dans un nouvel acte choquant de violence politique aux États-Unis, Charlie Kirk a été abattu alors qu’il débattait avec des étudiants dans une université de l’Utah. Il s’était fait connaître en tant qu’influenceur conservateur et partisan de Donald Trump,

Âgé de 31 ans, il était devenu célèbre en confrontant ses idées avec tous ceux qui souhaitaient s’engager avec lui. Il était indéniablement la figure conservatrice la plus influente chez les jeunes.

L’annonce de son assassinat a immédiatement enflammé les réseaux sociaux, où les camps politiques opposés se sont mutuellement accusés d’alimenter le climat de tension actuel aux États-Unis. Elle a aussi ravivé les craintes d’une nouvelle escalade de violence.

Qui était Charlie Kirk ?

La modeste tente où Kirk s’installait sur les campus universitaires américains pour débattre avec les étudiants ne doit pas faire oublier l’ampleur de son influence.

Son organisation politique, Turning Point USA (TPUSA), avait un chiffre d’affaires de 78 000 dollars lorsqu’il l’a fondée en 2012. L’année dernière, ses revenus annuels avaient atteint 85 millions de dollars américains.

Son podcast, The Charlie Kirk Show, attirait entre 500 000 et 750 000 téléchargements par épisode, le plaçant parmi les 25 podcasts les plus populaires au monde. Le compte X de Kirk, avec ses sept millions d’abonnés, dépasse celui de MSNBC (cinq millions).

En dehors du monde virtuel, TPUSA est aujourd’hui présent dans plus de 3 500 écoles et campus universitaires, regroupant plus de 250 000 étudiants membres et plus de 450 employés à temps plein et à temps partiel. Mais le chiffre le plus révélateur est celui d’une enquête TikTok menée auprès de jeunes de moins de 30 ans : parmi les électeurs pro-Trump, Kirk jouissait d’une confiance supérieure à celle de toute autre personnalité.

Bien que Kirk ait suscité de nombreuses critiques, notamment pour ses positions sur les Noirs, les Juifs, les personnes transgenres et les immigrants, ainsi que pour sa lutte contre ce qu’il qualifiait de « propagande gauchiste » chez les professeurs, il restait prêt à débattre avec presque n’importe qui.

Que ce soit dans les amphithéâtres renommés d’Oxford ou sur des campus progressistes américains, Kirk participait à des débats politiques avec quiconque voulait s’exprimer, invitant souvent les étudiants à « prouver qu’il avait tort ». Les vidéos de ces échanges — souvent un étudiant progressiste posant une question à Kirk, qui lui répondait avec une argumentation vive — ont cumulé des centaines de millions de vues sur les réseaux sociaux.

Soutien à Trump

Kirk s’est d’abord fait connaître en défendant des politiciens républicains plus conventionnels, notamment le sénateur du Texas Ted Cruz et l’ancien gouverneur du Wisconsin Scott Walker. Mais il a fini par soutenir Trump en 2016, et il lui est resté fidèle depuis.

En effet, alors que beaucoup — en particulier au sein du parti républicain — cherchaient à se distancier de Trump après des incidents tels que les violences au Capitole américain, le 6 janvier 2021, Kirk a maintenu le cap.

Sa loyauté indéfectible envers Trump et sa popularité grandissante chez les jeunes électeurs lui ont permis de gagner en influence dans les cercles conservateurs. Grâce à ce pouvoir, son organisation a financé à hauteur de plusieurs millions de dollars différentes campagnes pro-Trump. TPUSA a aussi renforcé son soutien à Pete Hegseth, candidat controversé au poste de secrétaire à la Défense, et lancé des actions pour évincer Ronna McDaniel, ancienne présidente du Comité national républicain.

La victoire politique la plus marquante de Kirk reste peut-être d’avoir mobilisé un nombre record de jeunes électeurs pour Trump en 2024. Il était alors la plus jeune personne à avoir dirigé une campagne présidentielle républicaine.

Violence politique aux États-Unis

Certains pourraient voir dans cet épisode meurtrier de violence politique aux États-Unis un événement ponctuel et se demander s’il aura un impact durable. Pourtant, la naissance du pays même résulte d’un acte de violence politique — la guerre d’indépendance. Depuis, d’autres périodes marquées par des violences politiques ont jalonné son histoire, comme la guerre civile, la reconstruction et le mouvement des droits civiques, entre autres.

Cependant, même si l’histoire des États-Unis est truffée de tels incidents, on ne peut nier que la situation s’est aggravée, en particulier au cours des dernières années.

Plusieurs études ont montré que le nombre d’attaques et de complots visant élus, candidats, responsables de partis et militants politiques a considérablement augmenté ces dernières années. En examinant les données des trois dernières décennies, le Center for Strategic and International Studies (CSIS) a constaté que le nombre d’attaques et de complots au cours des cinq dernières années est près de trois fois supérieur à celui des 25 années précédentes combinées.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous aujourd’hui à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Mais au-delà des chiffres, de plus en plus de politiciens américains évoquent la menace de la violence comme l’une des raisons de leur retrait de la vie politique ou, plus inquiétant, comme un facteur ayant influencé leurs choix de vote.

Il ne fait guère de doute que les États-Unis continueront à souffrir de la violence politique. La question est plutôt de savoir dans quelle mesure et à quel prix.

La mort de Kirk aura des répercussions bien au-delà de ses proches, notamment sa veuve et ses deux jeunes enfants. Aujourd’hui, le mouvement conservateur américain perd l’une de ses voix les plus influentes.

La Conversation Canada

Jared Mondschein ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. L’assassinat de Charlie Kirk, le dernier acte de violence politique dans un pays sous tension – https://theconversation.com/lassassinat-de-charlie-kirk-le-dernier-acte-de-violence-politique-dans-un-pays-sous-tension-265135