Inteligencia artificial y derechos digitales: ¿progreso o espejismo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nuria Oliver, Directora de la Fundación ELLIS Alicante y profesora honoraria de la Universidad de Alicante, Universidad de Alicante

La inteligencia artificial (IA) hoy está presente, de manera invisible, en prácticamente todos los ámbitos de nuestra sociedad. Su adopción, a escala masiva, no tiene precedentes y el potencial que nos brinda para tener impacto social positivo es inmenso. De hecho, necesitamos apoyarnos en la IA para abordar los grandes retos del siglo XXI, desde el cambio climático al envejecimiento de la población. Nos puede ayudar, por ejemplo, a detectar tumores antes de que sean visibles al ojo humano en pruebas radiológicas, a reducir el consumo energético de nuestras ciudades, hogares y empresas, o a encontrar patrones en datos científicos que a los humanos nos llevaría décadas descubrir.

Una de las aspiraciones es que la IA nos haga más humanos al liberarnos de tareas repetitivas, mecánicas y de poco valor. Dicha aspiración es posible, pero su consecución no está garantizada. De hecho, si dejamos que la IA tome decisiones por nosotros en exceso, corremos el riesgo de atrofiar nuestras propias habilidades: el pensamiento crítico, la empatía, la creatividad, la comprensión lectora, la capacidad de escribir… Esto puede conducirnos no solo a una dependencia silenciosa, sino a la pérdida de habilidades que nos definen como humanos, como nuestra capacidad para utilizar el lenguaje.

No es la solución para todo

Además, vivimos en un momento de cierto solucionismo tecnológico que nos empuja a recurrir a la IA incluso donde una solución más simple sería más eficaz, entendible y sostenible y también menos arriesgada. Por ejemplo, ¿realmente necesitamos un asistente inteligente para encender las luces de nuestra casa o un modelo complejo para organizar un calendario que podríamos gestionar con una sencilla aplicación? Innovar no es acumular tecnología, sino mejorar de verdad la vida de las personas. En muchos casos, un buen diseño de procesos o una interfaz clara vuelven innecesarios millones de parámetros entrenados con cantidades ingentes de datos y con un consumo energético inmenso.

Una pregunta que surge con frecuencia es si la IA es más inteligente que nosotros, los humanos. Sin duda, no lo es. Los sistemas de IA actuales son excelentes realizando tareas muy concretas como jugar al ajedrez, clasificar imágenes, traducir de un idioma a otro, predecir patrones y generar texto plausible. Probablemente, sean mejores que el mejor de los humanos, pero solo saben hacer dicha tarea: es lo que se conoce como “inteligencia artificial específica”.

Esos mismos sistemas que tanto nos impresionan carecen, entre otras cosas, de comprensión del contexto, de modelo del mundo, de sentido común, de emociones, de capacidad para aprender constantemente y adaptarse, de consciencia… Son programas de ordenador, sin cuerpo y sin experiencia vital en el mundo físico. Y aunque sintamos la necesidad de compararnos, y en algunos casos nos parezca que su inteligencia supera a la nuestra, es importante recordarnos que dicha comparación no tiene sentido. Un debate más productivo es preguntarnos cómo podemos aprovechar las innegables capacidades de la IA para que los humanos desarrollemos todo nuestro potencial.

Original, pero no creativa

El debate se intensifica con la irrupción de las técnicas de IA generativa, capaces de crear imágenes, vídeos, música, texto, código o incluso moléculas de manera automática y casi instantánea. ¿Puede ser la inteligencia artificial creativa? Ese contenido puede ser original y sorprendente, pero no nace de experiencias, emociones o intenciones propias. Es el resultado de procesar y recombinar patrones aprendidos de millones de obras previas. Un pintor humano puede decidir romper con todas sus influencias por una convicción íntima; un modelo de IA, por definición, no tiene convicciones. Eso no significa que no pueda ser útil en procesos creativos: puede inspirar, explorar variaciones y desbloquear ideas, pero su creatividad es instrumental.

La creatividad humana, en cambio, es vivencial: lleva consigo el peso de nuestras historias, ideas, emociones, deseos o miedos. No olvidemos que la expresión creativa humana es mucho más que la obra creativa, producto de dicha creación. La expresión creativa es también el proceso, el mensaje, la intencionalidad, el contexto… elementos fundamentales que no existen cuando un algoritmo de IA generativa produce un poema, una canción o un diseño gráfico, por muy sofisticados que sean.

El entusiasmo colectivo con el que hemos adoptado la inteligencia artificial en nuestra sociedad viene acompañado a menudo por una peligrosa idea: que la IA es siempre sinónimo de progreso, entendido como mejora de la calidad de vida de las personas (de todas, no solo de algunas), así como del resto de seres vivos del planeta y el planeta en sí mismo. Una IA que optimiza la logística de un almacén puede resultar útil, pero si para lograrlo recurre a una vigilancia excesiva, consume cantidades ingentes de agua potable y electricidad y precariza el trabajo humano, ¿podemos llamarlo progreso?

En última instancia, la IA debería evaluarse no por lo impresionante que pueda ser su rendimiento, sino por su impacto en la sociedad.

Además, los sistemas de inteligencia artificial no son perfectos. Adolecen de limitaciones importantes que, entre otras cosas, impactan directamente en los derechos fundamentales de las personas, como son la discriminación, los sesgos y la estereotipación algorítmica; la falta de transparencia, diversidad y veracidad; la violación de la privacidad; la excesiva huella de carbono; la manipulación subliminal de nuestro comportamiento; la difícil reproducibilidad; y las vulnerabilidades de seguridad.

Tomemos, como ejemplo, el reto de la discriminación. Los sistemas de IA actuales están basados en métodos de aprendizaje estadístico que necesitan ser entrenados con cantidades ingentes de datos, datos que en muchos casos reflejan nuestras desigualdades y prejuicios. Por tanto, si no corregimos los sesgos, estereotipos y patrones de discriminación existentes en la sociedad, los algoritmos de IA, entrenados con datos humanos, no solo los replicarán, sino que en muchos casos los amplificarán. Así darán lugar, por ejemplo, a sistemas de contratación que penalizan sin querer a mujeres o minorías, aplicaciones de reconocimiento facial que fallan más en personas con ciertos tonos de piel o sistemas de recomendación que nos encierran en burbujas de información y cámaras de resonancia que refuerzan nuestras propias creencias y prejuicios.

La discriminación automatizada no es más aceptable que la humana; de hecho, puede ser más peligrosa por su inmensa escalabilidad y su aparente –que no real– objetividad matemática. Además, las consecuencias negativas fruto del uso de la IA no solo son resultado de una negligencia o diseño deficiente, sino que también pueden ser intencionales, como cuando se usa la IA para manipular elecciones o vigilar masivamente a la población. Pero en todos los casos, el daño es real.

El código FATEN

El carácter transversal de la IA, es decir, su capacidad para ser aplicada prácticamente en todos los ámbitos y sectores de la sociedad, la dota de un inmenso poder, lo que nos obliga a preguntarnos cómo mitigar sus riesgos, invirtiendo en investigación en inteligencia artificial responsable, acompañando su despliegue en la sociedad con regulaciones sólidas, auditorías independientes y un compromiso ético firme e integrando los derechos digitales desde su concepción. Para recordar qué características debemos exigir a los sistemas de IA me gusta utilizar el acrónimo en inglés FATEN:

  1. F de fairness o justicia. Exigir garantías de no discriminación, sesgos o estereotipación fruto del uso de sistemas de IA.

  2. A de autonomy o autonomía. Según este valor central en la ética occidental, cada persona debería tener la capacidad de decidir sus propios pensamientos y acciones, asegurando por tanto la libre elección, la libertad de pensamiento y de acción. Sin embargo, hoy en día podemos construir modelos computacionales de nuestros deseos, necesidades, personalidad y comportamiento con la capacidad de influir en nuestras decisiones y acciones de manera subliminal, como ha quedado patente en los procesos electorales de Estados Unidos y el Reino Unido. Por ello, deberíamos garantizar que los sistemas inteligentes tomen las decisiones preservando siempre la autonomía y la dignidad humanas.

    La A también es de accountability o atribución de responsabilidad. Es decir, se trata de tener claridad a la hora de atribuir responsabilidad de las consecuencias de las decisiones algorítmicas. Y de augmentation o aumento, de manera que los sistemas de IA se utilicen para aumentar o complementar la inteligencia humana, no para reemplazarla.

  3. T de trust o confianza. La confianza es un pilar básico en las relaciones entre humanos e instituciones. La tecnología necesita un entorno de confianza con sus usuarios que cada vez delegan (delegamos) más nuestras vidas a servicios digitales. Para que exista confianza, han de cumplirse tres condiciones: (1) la competencia, es decir, la habilidad para realizar con solvencia la tarea comprometida; (2) la fiabilidad, es decir, la competencia sostenida en el tiempo; y (3) la honestidad y transparencia.

    Por ello, la T también es de transparency o transparencia. Hace referencia a la cualidad de poder entender un modelo o un proceso computacional. Estos serán transparentes si una persona puede observarlos y entenderlos con facilidad.

    Las decisiones algorítmicas pueden ser opacas por tres motivos: intencionalmente, para proteger la propiedad intelectual de los creadores de dichos algoritmos; debido a una falta de conocimiento por parte de los usuarios que les impida entender cómo funcionan los algoritmos y modelos computacionales construidos a partir de los datos; e intrínsecamente, dado que ciertos métodos de aprendizaje por ordenador (por ejemplo, modelos de deep learning o aprendizaje profundo) son extremadamente complejos.

    Asimismo, es imprescindible que los sistemas de inteligencia artificial sean transparentes no solo con relación a qué datos captan y analizan sobre el comportamiento humano y para qué propósitos, sino también respecto a en qué situaciones los humanos están interaccionando con sistemas artificiales (por ejemplo, chatbots) o con otros humanos.

  4. E de education o educación. Es decir, invertir en educación a todos los niveles, empezando por la educación obligatoria. En el libro Los nativos digitales no existen. Cómo educar a tus hijos para un mundo digital (Deusto, 2017) escribí un capítulo llamado “Eruditos Digitales” donde enfatizo la necesidad de enseñar tanto pensamiento computacional desde primero de primaria, como de desarrollar el pensamiento crítico, la creatividad y habilidades de las inteligencias social y emocional.

    Hoy en día no estamos desarrollando estas facultades, pero cada vez van a resultar más importantes para nuestra salud mental y nuestra coexistencia pacífica y armoniosa tanto con la tecnología como con otros humanos y con nuestro planeta. La adopción masiva de herramientas de inteligencia artificial generativa de textos, música, audios o vídeos cuestiona los modelos tradicionales de enseñanza y evaluación, dado que cualquier estudiante puede, en cuestión de segundos, producir redacciones, comentarios, resúmenes o artículos –veraces o no– sobre prácticamente cualquier tema y en cualquier idioma.

    El nivel de competencia de estos sistemas nos ha sorprendido a todos y todas, expertos y legos en la materia. Su falta de rigor y veracidad hace, hoy más que nunca, relevante la necesidad de desarrollar el espíritu crítico y de validar y contrastar la información con fuentes reputadas y solventes.

    Sin duda, cada vez más a menudo, no podremos ni deberemos creer todo lo que leemos, escuchamos o vemos en el mundo digital. La educación también es necesaria para la ciudadanía, los profesionales –sobre todo a aquellos cuyas profesiones están siendo transformadas por la tecnología–, los trabajadores del sector público y nuestros representantes políticos. Una apuesta ambiciosa por la educación en competencias tecnológicas es vital para poder reducir la situación de asimetría en la que nos encontramos inmersos hoy en día: asimetría con respecto al acceso a los datos y, aún más importante, con respecto al acceso al conocimiento experto para saber qué hacer con dichos datos. Comparto las palabras de Marie Curie: “Nada en la vida debería temerse, sino entenderse. Ahora es momento de entender más para así temer menos”.

    La E también es de beneficence o beneficiencia, es decir, maximizar el impacto positivo del uso de la inteligencia artificial, con sostenibilidad, diversidad, honestidad y veracidad. Porque no olvidemos que no todo desarrollo tecnológico es progreso. Y a lo que deberíamos aspirar y en lo que deberíamos invertir es en el progreso, entendido como una mejora en la calidad de vida de las personas, del resto de seres vivos y de nuestro planeta.

    Y de equidad. El desarrollo y crecimiento de internet y de la World Wide Web durante la Tercera y Cuarta Revolución Industrial ha sido sin duda clave para la democratización del acceso al conocimiento. Sin embargo, los principios de universalización del conocimiento y democratización del acceso a la tecnología están siendo cuestionados hoy en día en gran parte por la situación de dominancia extrema de las grandes empresas tecnológicas americanas y chinas. Es el fenómeno llamado “winner takes all” (el ganador se lo lleva todo). Juntos, estos gigantes tecnológicos tienen un valor de mercado de más de 5 millones de millones (billones) de euros y unas cuotas de mercado en EE. UU. de más de un 90 % en las búsquedas de internet (Google), de un 70 % de las redes sociales (Facebook) o de un 50 % del comercio electrónico (Amazon).

    En consecuencia, un elevado porcentaje de los datos sobre el comportamiento humano existentes hoy en día son datos privados, captados, analizados y explotados por estas grandes empresas tecnológicas que conocen no solo nuestros hábitos, necesidades, intereses o relaciones sociales, sino también nuestra orientación sexual o política, nuestros niveles de felicidad, de educación o de salud mental. Por tanto, si queremos maximizar el impacto positivo del desarrollo tecnológico y, en particular, de la inteligencia artificial en la sociedad –dado que dicha inteligencia necesita datos para poder aprender– deberíamos plantearnos nuevos modelos de propiedad, gestión y regulación de los datos. Sin embargo, la complejidad en su aplicación práctica pone de manifiesto la dificultad para definir e implementar el concepto de “propiedad” cuando hablamos de un bien intangible, distribuido, variado, creciente, dinámico y replicable infinitas veces a coste prácticamente cero.

  5. N de non-maleficence o no maleficiencia. Se trata de minimizar el impacto negativo que pueda derivarse del uso de las decisiones algorítmicas. Para ello, es importante aplicar un principio de prudencia, así como garantizar la seguridad, fiabilidad y reproducibilidad de los sistemas, preservando siempre la privacidad de las personas.

Solo cuando respetemos estos requisitos seremos capaces de avanzar y conseguir una inteligencia artificial socialmente sostenible, por y para las personas, ayudándonos a desarrollar nuestro potencial y salvaguardando lo que no queremos perder. Porque el verdadero avance no será el que nos deslumbre con algoritmos más rápidos o modelos más grandes, sino el que nos permita vivir mejor, con más justicia, más libertad, prosperidad y, sobre todo, sin perder lo que nos define como seres humanos.

Precisamente, para contribuir a hacer realidad esa visión es para lo que hemos creado ELLIS Alicante. Les invito a unirse a nuestra causa, apoyando el trabajo de nuestra fundación.


La versión original de este artículo se ha publicado en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Nuria Oliver no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Inteligencia artificial y derechos digitales: ¿progreso o espejismo? – https://theconversation.com/inteligencia-artificial-y-derechos-digitales-progreso-o-espejismo-272967

El estilo pulcro e internacional de la ilustradora Luci Gutiérrez

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julia Sainz Cortés, Docente universitaria e investigadora, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Compendio de imágenes del Instagram de Luci Gutiérrez. Luci Gutiérrez/Instagram

Si usted abre una semana cualquiera la revista estadounidense The New Yorker, se encontrará con que la sección “Shouts and Murmurs” la ilustra habitualmente la española Luci Gutiérrez, Premio Nacional en 2023.

Su relación con la publicación neoyorquina se remonta a un viaje que hizo a esa ciudad, tras cursar estudios de ilustradora en la Escola Massana, con el objetivo de aprender inglés. Además de conseguirlo (al menos lo suficiente como para publicar un libro de gramática sobre el idioma), esta experiencia acabó convirtiéndose en una puerta de entrada a la prensa estadounidense. Así comenzó a colaborar con medios de gran prestigio como la revista ya citada, The New York Times y The Wall Street Journal

Gutiérrez, nacida en Barcelona en 1977, ha ilustrado asimismo numerosos libros –desde álbumes infantiles hasta títulos de contenido sexual– y obras más personales en las que explora su visión del mundo y sus propios temores. En varios de estos trabajos, la representación de la mujer y el género como sistema de opresión resultan ejes centrales.

Las ilustradoras en la España del siglo XX

Para contextualizar su lugar en la ilustración española conviene hacer un recorrido histórico.

La visibilidad profesional de las mujeres en ese ámbito se remonta a mediados del siglo XX. Hablamos de autoras nacidas a finales del XIX o principios del XX, como Carmen Barbará o Purita Campos, centradas mayoritariamente en la ilustración infantil o dirigida a público femenino. No obstante, algunas participaron también en trabajos de cartelería con contenido político.

En esta primera ola, encontramos la figura pionera de Núria Pompeia, nacida en 1931. Pompeia introdujo cambios significativos en el discurso icónico y textual y luchó explícitamente por sacar del silencio a las autoras, cuestionando el modelo machista que las había mantenido invisibles.

La situación de la mujer fue un tema transversal de su obra. Uno de sus logros más notables fue conectar con el público femenino, a quien el sector tradicionalmente había relegado a la prensa rosa o a los tebeos para chicas. Pompeia ofrecía representaciones reales de mujeres en cabeceras que hasta entonces no las habían tenido en cuenta.

Viñeta en la que una mujer se dispone a empezar una carrera de salto de vallas con un peso atado a la pierna.
Viñeta de Nuria Pompeia.
Instituto Quevedo de las Artes del Humor.

En este primer grupo se encuentran también ilustradoras autodidactas como Montse Clavé o Marika Vila, fuertemente vinculadas al activismo feminista.

En los años 80 surge una segunda ola de historietistas formadas en estudios artísticos reglados, como Isa Feu, Pilar Herrero, Laura Pérez Vernetti, Marta Guerrero y María Colino. Aunque se distancian de las reivindicaciones feministas explícitas, las mujeres y la sexualidad están fuertemente presentes en su obra.

Su producción destaca por la libertad creativa y estilística. Posiblemente, gracias a su tono erótico logran publicar en revistas de gran tirada y público mayoritariamente masculino como El Jueves o El Víbora. Este desplazamiento hacia la erótica y la pornografía coincide con un clima sociocultural marcado por el hedonismo y el individualismo de los años 80 y 90 en España. Estas décadas se consideran menos políticas y en ellas el feminismo se entendía con frecuencia como algo desfasado.

Llega Luci Gutiérrez

La situación actual de las mujeres en la ilustración ha cambiado sustancialmente, y hoy existe un número notable de ilustradoras de prestigio. Entre ellas se encuentra Luci Gutiérrez, con un estilo personal, clásico y despojado de artificios, centrado en la idea y el concepto.

Su trayectoria revela una preocupación clara por el género como sistema de dominación patriarcal. Esto se ve en la representación de mujeres diversas y, en ocasiones, poderosas o incluso violentas, en línea con su humor negro. Aunque debido a su flexibilidad profesional no puede considerarse una activista en sentido estricto, en sus proyectos personales emerge una mirada crítica hacia las desigualdades.

Esto se percibe, por ejemplo, en dos de sus libros ilustrados: English is not Easy y Las mujeres y los hombres.

Gramática en un libro ilustrado

English is not Easy surge de sus dificultades con el inglés durante su estancia neoyorquina. El libro funciona como un manual lingüístico atípico en el que entremezcla conceptos e ideas que rompen con las convenciones de un compendio de lecciones gramaticales. Su estilo visual se basa en la sencillez formal, el predominio de la línea y una paleta muy controlada. La obra utiliza únicamente el blanco, el negro y el rojo, un recurso cromático habitual en su trayectoria, que en ocasiones complementa con tonos vivos como el verde o el amarillo para enfatizar ciertos elementos.

Portada de English is not easy.

Luci Gutiérrez

En este libro combina ilustraciones inocentes con viñetas de humor negro o gran carga crítica. Un ejemplo destacado es la ilustración dedicada a los posesivos, donde aborda los asesinatos machistas y la percepción de algunas mujeres como propiedad.

El libro incluye numerosas escenas sobre las relaciones entre mujeres y hombres desde ópticas diversas, y destaca la variedad de cuerpos, edades y roles entre los personajes femeninos. Sus figuras apenas incorporan detalles accesorios y carecen de fondos, lo que refuerza la claridad del mensaje mediante poses y gestos expresivos.

Otra constante en su estilo es la combinación entre lo cotidiano y lo monstruoso o fantástico, mediante juegos de escala, hibridaciones y manipulaciones visuales vinculadas al texto. En muchos dibujos aparecen mujeres explorando su sexualidad o retratadas con sus caracteres sexuales expuestos, mientras que el cuerpo masculino se presta con frecuencia al sarcasmo al asociarlo a tópicos de la masculinidad. La temática se aborda con naturalidad y libertad.

Imagen de un hombre vestido y otro desnudo para enseñar el vocabulario en inglés.
Imagen de English Is Not Easy de Luci Gutierrez.
Luci Gutiérrez

En relación con el género como sistema de opresión, Gutiérrez manifiesta una preocupación recurrente por las limitaciones impuestas a los modales femeninos, ya sea representando personajes que se ajustan a los mandatos sociales o mostrando figuras femeninas que realizan acciones consideradas censurables o contrarias a los estereotipos.

Los 70 y el siglo XXI

Las mujeres y los hombres es un tomo diferente, de autoría ajena. Concebido originalmente en los años 1977 y 1978, el libro aborda el machismo y las desigualdades de género para un público infantil y juvenil. Media Vaca lo reeditó en 2015 dentro de la colección “Libros para mañana” considerando que el texto todavía estaba vigente.

Como ilustradora, Gutiérrez incorpora aquí, además del blanco, el negro y el rojo, un tono verde complementario, pero evita adjudicar cada color a un sexo concreto. El texto es directo y didáctico, y su aportación gráfica resulta especialmente significativa por las metáforas visuales que amplifican y contextualizan el mensaje. Una de las ilustraciones más potentes muestra simultáneamente la resistencia de la mujer frente al sistema que la oprime y el mandato de género como una carga para los propios hombres.

Un par de las imágenes de Las mujeres y los hombres.
Ilustración de Las mujeres y los hombres.
Media Vaca

El libro trata también la desigual participación de las mujeres en la toma de decisiones globales mediante una escena en la que cuatro líderes masculinos se pasan una pelota que simboliza el poder, mientras una mujer apenas logra acercarse. En el ámbito laboral, presenta a cuatro mujeres sosteniendo literalmente una mesa sobre la que descansa un directivo varón, metáfora del trabajo invisible que posibilita el éxito masculino.

Gran parte del contenido se centra en la educación diferenciada, los roles, los juegos y la diferente conducta de los adultos hacia niñas y niños, aspectos que la artista representa con gran precisión expresiva.

Como vemos, la inteligencia, humor e ingenio para traducir ideas en imágenes de Luci Gutiérrez explican el amplio reconocimiento alcanzado.

The Conversation

Este trabajo pertenece al proyecto “Mujeres + diseño (RED-Diseña) / Women + design” (INC-UDIT-2025-PRO20), un proyecto de investigación competitivo interno de UDIT; proyecto liderado por el Grupo de Investigación UDIT de Diseño, Cultura visual y Género (Grupo Genius), perteneciente a la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) de Madrid (España).

ref. El estilo pulcro e internacional de la ilustradora Luci Gutiérrez – https://theconversation.com/el-estilo-pulcro-e-internacional-de-la-ilustradora-luci-gutierrez-269543

Organized labour continues to make gains in Canada’s most anti-union province

Source: The Conversation – Canada – By Andrew Stevens, Associate Professor, Faculty of Business Administration, University of Regina

In October 2025, Alberta Premier Danielle Smith invoked back-to-work legislation to end a strike by tens of thousands of the province’s teachers who had walked off the job over disputes around wages, class sizes and working conditions.

The legislation, known as the Back to School Act, forced the 51,000 striking teachers back to work and legislated a collective agreement that had been previously rejected by teachers during bargaining.

Smith also invoked the notwithstanding clause of the Charter of Rights and Freedoms. The clause is a constitutional provision that allows legislatures to override certain Charter protections, including the right to the freedom of association, which underlies the ability to strike.

This move was the latest in a long history of anti-union legislation in Alberta. The election of the United Conservative Party (UCP), led by former Premier Jason Kenney in 2019, heralded a return to anti-labour policies under the guise of “restoring balance” to what Conservatives perceived to be the NDP’s excessively pro-labour and pro-union reforms.

Both Kenney and, later, Smith reversed several changes introduced by Rachel Notley’s NDP government. Under the NDP, basic workplace rights were extended to non-family farm workers, first contract arbitration was introduced, remedial certification measures enacted and the right to strike and bargaining collectively was formally extended to the post-secondary sector.

The UCP reversed these gains.

Despite these obstacles, organized labour continues to make important gains in Alberta, Canada’s most anti-union province. Our new report draws on Statistics Canada data to examine the economic impact of unionization in Alberta.

Why unions matter

The benefits of unionization are well established. Unions can decrease income inequality and push for policy changes that benefit all workers and people with a stake in their work and service environments, as in the case of teachers advocating for smaller class sizes.

Organized labour also contributes to the fabric of democratic societies in many ways, including by advancing sustainable development.

This role is particularly critical now, in a period defined by affordability crises and accusations of authoritarianism south of the border. Unions provide one of the few mechanisms through which workers can push back and secure fair treatment in the workplace.

Unionization also provides stronger outcomes for women, immigrant workers and young workers. While unionized men in Alberta earned four per cent more than their non-unionized counterparts, unionized women earn 19 per cent more than their non-unionized counterparts.

Collective bargaining stalls or even reverses gendered and immigration status-based pay inequities. Unionization helps shrink the gender wage gap from 19 to eight per cent, and the usual pay gap between Canadian-born workers and immigrants is either eliminated or reversed in some industries.

The material impact of unionization

Even in provinces like Alberta, where union density rates are relatively low, unions can deliver economic justice.

Our analysis of an unpublished dataset shows that unionized workers in Alberta earn $3.40 an hour more than non-unionized workers ($37.88 per hour compared to $34.48 an hour). This difference is slightly higher than the national average across Canada.

The average unionized worker earns $1,404 a week, compared with $1,296 for non-unionized colleagues working a similar number of hours. Unionized workers are also more likely to have supplementary benefits, which is especially important in lower-wage sectors like food services.

Outcomes, however, are mixed. Part-time unionized workers gain the most, earning 29 per cent more than non-unionized ($32.57 an hour compared to $22.91). Unionized full-time workers, on the other hand, only earn five per cent more — $38.83 an hour versus $36.86 an hour.

Considering that some 20 per cent of workers in Alberta are employed part-time, these differences represent a substantial economic boost for a significant portion of workers.

Variation by sector

Unionized workers in Alberta earn, on average, more than their non-unionized counterparts, but results are mixed across industries and sub-sectors. Take retail, for example. In that industry, unionized workers may appear to earn less on average, largely because a higher proportion of them work part time, which pulls down overall wages.

In Alberta’s oil and gas sector, there is near parity between unionized and non-unionized workers when it comes to wages.

Even in health care and education, where many workers are unionized, collective bargaining can yield different outcomes within sectors.

In construction, some sub-sectors with fewer unionized workers actually show stronger wage gains than areas where unions are more established. These differences are shaped by a combination of industry-specific economic conditions, how wages are set by unions and how employers respond to union activity. Other variables, such as age, sex, education and tenure, also matter.

Political implications

For young workers, unions deliver the strongest wage advantages, even when accounting for other human capital variables like education levels and work experience. This is especially notable given that young workers are less likely to be unionized overall.

In both Canada and the United States, young workers demonstrate stronger positive opinions of unionization than their older co-workers, offering potential for unions seeking to grow their ranks provided they organize.

Alberta’s unions face significant political obstacles, but the evidence shows their resilience pays off for working people. That resilience should serve as an inspiration and call to action for union leaders everywhere.

The Conversation

Andrew Stevens receives funding from the Parkland Institute and the Government of Canada (Social Science and Humanities Research Council).

Angèle Poirier received funding from the Parkland Institute for work related to this article.

ref. Organized labour continues to make gains in Canada’s most anti-union province – https://theconversation.com/organized-labour-continues-to-make-gains-in-canadas-most-anti-union-province-273568

Accidente de Adamuz: los sistemas de señalización, claves en la gestión del tráfico de la alta velocidad en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Gutiérrez Hita, Profesor titular de Universidad. Economía industrial (transporte, energía, telecomunicaciones), Universidad Miguel Hernández

El trágico accidente en la línea de alta velocidad entre Andalucía y Madrid deja en evidencia la necesidad de actualizar el sistema ferroviario español.

Estos son los hechos: un convoy de la empresa Iryo colisionó con una unidad de Renfe a las 19.45 de la tarde del domingo 18 de enero en la aguja (desvío) de entrada a la estación de Adamuz, en Córdoba. El tren Iryo 6189, procedente de Málaga y con destino Madrid, se había inscrito en el cambio de vías, pero la información actual es que los tres últimos coches saltaron por encima de la aguja. El resultado es que descarrilaron e impactaron con el servicio Alvia 2384 de Renfe, que hacía el trayecto entre Madrid y Huelva en sentido contrario.

La apertura a la competencia

Aunque el mercado español de transporte ferroviario de personas se abrió a nuevos competidores en mayo de 2021, hasta principios de 2023 los únicos trenes que podían circular por el corredor Andalucía-Madrid eran los de la empresa estatal Renfe. La razón es que en esas vías no estaba actualizado el sistema de bloqueo y seguridad.

Tras la presión de los nuevos operadores OUIGO (de la empresa estatal francesa SNCF) e Iryo (propiedad de Trenitalia, AirNostrum y Globalia), que ya estaban presentes en los corredores Madrid-Barcelona y Madrid-Levante, el corredor andaluz se abrió a la competencia. Esto incrementó la frecuencia de paso y amplió la capacidad de elección de los usuarios.

La línea de alta velocidad de Madrid a Andalucía es la más antigua de España (1992). Pese a que se ha mejorado y actualizado en varios puntos, sus sistemas de seguridad necesitan una renovación inmediata.




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Los sistemas de bloqueo

En los casi 227 000 km de red ferroviaria de la UE conviven mas de 25 lenguajes ferroviarios diferentes y no operables entre sí. Estos sistemas (el LZB aleman, el Crocodrile francés, el BACC italiano, el Asra español, etc.) son los que controlan y hacen posible la circulación segura de los trenes.

En el corredor ferroviario Andalucía-Madrid permanece en activo el sistema alemán de bloqueo LZB, Linienzugbeeinflussung, instalado para la línea de alta velocidad. Aunque eficiente, este sistema es superado por el ERTMS, European Rail Traffic Management System, el método europeo de gestión del tráfico ferroviario que ya está instalado en las líneas más modernas.

Las especificaciones del ERTMS provienen de la Directiva del Consejo de la Unión Europea 96/48/EC. El objetivo es que este sistema sustituya por completo a los sistemas nacionales y que esté plenamente desplegado en todo el territorio de la UE en 2050. El objetivo intermedio es que en 2030 se utilice en los 51 000 km de los nueve corredores principales de la red básica de transporte ferroviario de Europa.

En la actualidad, en España coexiste el nuevo sistema ERTMS con el antiguo sistema LZB, que los trenes modernos leen con una trampa técnica, mediante el uso de módulos STM (Specific Transmission Module).

Posibles causas del accidente

Las causas del accidente aún no están claras, pero es poco probable que sea un fallo del convoy por varias razones: los trenes siniestrados son modernos y nuevos, con poco desgaste, y la última inspección técnica del tren Iryo 6189 se había realizado 4 días antes. Entre otras muchas cosas, se revisa el estado de las pestañas de las ruedas, posibles roturas por estrés, los distintos tipos de freno, etc.

Hasta donde sabemos, también es nueva la infraestructura en ese punto, por lo que la geometría de la vía (curvas, rectas, pendientes, rampas) debe estar en perfectas condiciones. Queda entonces la posibilidad de que la aguja del desvío no haya hecho bien su función.

En todas las estaciones intermedias que no son de gran capacidad (esto excluye a estaciones como Albacete-Los Llanos, que es intermedia pero de gran capacidad, con muchas vías de estacionamiento y múltiples cambios de vía) existen vías de sobrepaso o apartaderos para que los trenes se estacionen y dejen pasar a otros que puedan venir por detrás y sin parada en esa estación.

La unidad de tren Iryo estaba cambiando de vía para estacionarse. Una hipótesis abierta es que el mecanismo de desvío actuó bien en un principio por la señal que manda el sistema STM de lectura del LZB, pero que, por alguna razón, la aguja del desvío se movió a posición “recta” antes de tiempo. Esto habría hecho chocar la rueda derecha de la unidad Iryo, saltando por encima hacia la vía contigua por la fuerza centrífuga y la velocidad, en dirección contraria al desvío, hacia la unidad de Renfe. Esta unidad Alvia se desplazaba en sentido contrario, siendo arrollada desde la cabina y hasta un número indeterminado de coches.

Otra posibilidad es que hubiese un objeto en la vía, pero entonces el tren habría descarrilado desde el principio.

Una insignia de fiabilidad y puntualidad en entredicho

Lo cierto es que la alta velocidad en España es un estandarte de fiabilidad, modernidad y visión de futuro que se ha ido deteriorando poco a poco. Los retrasos han pasado de ser inexistentes a ser de muchos minutos, lo que ha llevado a Renfe a retirar el compromiso de tiempo y devolución del coste del billete.

Los continuos incidentes en la infraestructura gestionada por la empresa estatal ADIF con las catenarias, frenos y enganches (como en el túnel que une Atocha con Chamartín) han menoscabado la confianza del usuario.




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La red ferroviaria española necesita inversiones en mantenimiento y no tanto que se construyan nuevas líneas


Por último, los vaivenes políticos han impedido el desarrollo de un plan de viabilidad, modernización y estructura de la red único y consensuado, que proporcione un medio de transporte seguro y acorde con la creciente demanda de servicios ferroviarios, en detrimento del avión para distancias de hasta 800-1 000 kilómetros.

La realidad es que el accidente de Adamuz ha provocado al menos 39 muertos, decenas de heridos y una imagen de deterioro del sistema ferroviario español. Los responsables políticos y técnicos deberán asumir responsabilidades, al margen de idearios y estrategias de supervivencia. Está en juego un transporte usado por un número creciente de usuarios en los sectores de negocios y turismo, y que constituye un aporte importante a la vertebración del país.

The Conversation

Carlos Gutiérrez Hita recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo de la Generalitat Valenciana.

ref. Accidente de Adamuz: los sistemas de señalización, claves en la gestión del tráfico de la alta velocidad en España – https://theconversation.com/accidente-de-adamuz-los-sistemas-de-senalizacion-claves-en-la-gestion-del-trafico-de-la-alta-velocidad-en-espana-273821

Why we need to talk about the root causes of food insecurity

Source: The Conversation – Canada – By Jennifer Black, Associate Professor of Food, Nutrition and Health, University of British Columbia

While it’s true that many Canadians would benefit from more exercise and from improving the quality of their diet, research shows that society often blames nutrition problems and food insecurity on personal choices like lack of willpower and imperfect parenting.

However, this thinking largely ignores the well-established social and political factors that shape food choices, nutrition-related chronic disease and Canada’s declining ranking in life expectancy.

Food insecurity in Canada worsened for the third year in a row in 2024, setting another national record, with more than 25 per cent of the population living in households with inadequate access to food due to financial constraints.

We are contributors to the Hungry Stories Project, a growing team of scholars, dietitians and artists who are fighting for the elimination of food insecurity by sharing what it takes to collectively care for each other’s food needs. We are advocating for more comprehensive, accurate and engaging information about the root causes of nutrition inequalities.

Why food banks can’t solve hunger

Food insecurity is a structural issue that is primarily a problem of insufficient income.

Decades of research evidence confirm that food insecurity cannot be solved by providing food through charities such as food banks and soup kitchens. At best, these non-governmental mechanisms may temporarily alleviate hunger for some people. For many reasons, most people living with food insecurity do not access food banks at all.

Research shows that when more people have adequate incomes, food insecurity declines, and that policy changes are essential to ensure that wages, social assistance and pension rates provide a livable income and greater income equality.

In The Case for Basic Income, Jamie Swift and Elaine Power share personal stories of Canadians who participated in the 2017–19 Ontario Basic Income Pilot and unpack the history behind the movement for basic income. They explain why wealth should be built by society, not individuals, and why everyone should have an unconditional right to a fair share.

This thoughtful book helps us consider whether a basic income guarantee could be the way forward to intervene where the market economy and social programs fail.




Read more:
Dear politicians: To solve our food bank crisis, curb corporate greed and implement a basic income


Teaching kids about the causes of food insecurity

This reality doesn’t affect only adults. How children come to understand the issue is shaped by how we talk about it as a society.

Based on a detailed analysis of children’s books for middle-grade readers, we noticed that most children’s fiction suggests individual choices or life circumstances are to blame for food insecurity and that charity, kind strangers and luck are the solutions. Children seldom see realistic portrayals of the structural causes, consequences or experiences of food insecurity.

This gives them, at best, an incomplete understanding of the social and political issues that produce the problem. Young readers need opportunities to learn about the experiences and belief systems of others.

In an effort to rectify the gaps in available materials for children, Dian Day and Amanda White, two of the artist-scholars in the Hungry Stories Project, teamed up to create the graphic novel Shy Cat and the Stuff-the-Bus Challenge slated to be published by Second Story Press on March 3, 2026.

This is the first book catalyzed by the collective, offering a fresh and relatable story about friendship, neighbourhood cats and growing up, while also creating space for hard conversations with kids about why people go hungry in the first place. It offers ideas for reflection and collective action, without providing easy or simplistic answers.

Through quirky Shy Cat comics, the main character Mila imagines many creative solutions to food insecurity, but reality is more complicated: The food bank is only open one day a week, the community garden plots are all spoken for, people are protesting in front of City Hall — and Mila’s friend Kit is still hungry.

It’s important to show children that they have agency in sparking collective change, that they can grapple with complex questions and consider structural solutions.

The transformational potential of school food programs

In 2025, the federal government announced its plan to make Canada’s emerging National School Food Program permanent. The choices being made now will shape whether these programs reduce inequality or reproduce it.

Most Canadian children now rely on lunches packed from home (or go without) on school days, and Canada has been ranked among the worst performing affluent countries in terms of investments in children’s well-being and nutrition.

For school food programs to reach their full potential to serve as a form of community care and a tool for advancing health, education, justice, food sovereignty and sustainability, schools, parents and communities will need ideas and resources to help envision and build the future of school food.

The 2024 book Transforming School Food Politics around the World provides examples of how people from a diverse range of global contexts have successfully challenged and changed programs that fall short of these ideals.

It spotlights the potential of school food systems, and how change depends on valuing the gendered labour that goes into caring for, feeding and educating children. In the Canadian chapter, Jennifer Black teamed up with scholars and school food practitioners to describe valuable ways to think more broadly about health and nutrition in school food programs to actively address issues of justice and equity.

But if we are to galvanize a positive change, we must also pay attention to diverse voices and lived experiences.

Learning to listen to diverse voices about food experiences

Left of Dial Media, the creators of the newly released Tubby podcast, recently published the Essential Listening Poll, a helpful guide gathered by 300 scholars, audio creators, podcast hosts and writers from around the world. However, it’s a challenge finding Canadian podcasts that look beyond individual behaviour changes and address the wider food systems that shape these choices.

To fill this gap, in 2025, the editors of the journal Canadian Food Studies launched Digesting Food Studies, a podcast that helps break down research on food systems into manageable portions. Episodes tackle topics ranging from food justice and sustainability to infant food insecurity, Indigenous food sovereignty and school food.
Meaningful improvements in health will require shifts in public policy. To get there, now more than ever, we need more evidence-based stories that mobilize the public to envision and advocate for better solutions to food insecurity.

The Conversation

Jennifer Black receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada, the Canadian Institutes of Health Research, and Michael Smith Health Research BC among other financial supports from the University of British Columbia.

Jennifer is also the little sister of Alan Black, the founder of Left of Dial media mentioned in this article.

Amanda White receives funding from The Social Sciences and Humanities Research Council of Canada, The Canada Research Chairs program, and The Canada Foundation for Innovation.

Elaine Power receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council.

ref. Why we need to talk about the root causes of food insecurity – https://theconversation.com/why-we-need-to-talk-about-the-root-causes-of-food-insecurity-272796

Apprendre de ses erreurs : comment former les étudiants à rebondir après un échec

Source: The Conversation – France (in French) – By Odile Paulus, Maître de conférences en gestion publiant (EM Strasbourg), Université de Strasbourg

On ne peut progresser sans se tromper. Comment dès lors inviter les étudiants à ne plus craindre l’erreur mais à la voir comme une opportunité d’acquérir de nouvelles compétences ? Exemple à travers un dispositif d’apprentissage par l’action.


Dans un système classique de cours magistraux, l’enseignant est considéré comme dépositaire d’un savoir à transmettre, et le résultat de cette transmission est évalué par des contrôles de connaissances réguliers. L’erreur y est encore souvent appréhendée par les élèves comme un échec plutôt que comme un tremplin vers l’apprentissage.

Or on ne peut progresser sans se tromper. Se pose alors la question de proposer aux étudiants des cadres les incitant à prendre des risques, à oser agir, se tromper et en tirer des apprentissages.

Nous avons pu observer la mise en œuvre de ce type de démarche dans un dispositif pédagogique expérientiel à l’EM Strasbourg, au sein de l’Université de Strasbourg, au fil de 4 promotions successives. Au total, 40 étudiants s’y sont engagés durant leurs trois années de bachelor en conduisant des projets entrepreneuriaux ou des missions pour des organisations.

C’est en se retrouvant ainsi mis en situation, sur le terrain, qu’ils se rendent compte de leur manque de compétences et vont lire, rencontrer des experts et partager leurs apprentissages avec d’autres étudiants pour être capables de surmonter les défis qui se présentent à eux.

Les compétences ainsi développées leur permettent d’alimenter le portfolio nécessaire à leur diplomation sans suivre de cours et en apprenant de leurs actions. Cette pédagogie « Team Academy » a été créée il y a plus de vingt-cinq ans à l’Université des sciences appliquées de Jyväskylä en Finlande.

Apprendre à prendre ses responsabilités

Tout au long de leur formation, les apprenants sont encadrés par une équipe d’enseignants coachs formés à cette pédagogie et chargés de garantir un cadre bienveillant et sécurisant. Les étudiants sont invités à vivre ainsi dans une boucle d’apprentissage où alternent l’action et la réflexivité permettant de lier les actions, les lectures et les rencontres d’experts.

Dans cette dynamique, nier sa responsabilité au moment d’expliquer une erreur, en invoquant des causes externes ou non contrôlables (comme « C’est la faute des autres » ou « L’environnement n’est pas favorable »), peut engendrer des comportements indésirables, alors que reconnaître sa responsabilité favorise des postures permettant d’atteindre un résultat concret et d’apprendre. C’est ce que nous avons constaté : lorsque les étudiants parlent de leurs erreurs, ils le font en disant « je » ou « nous » : s’attribuer une part de la responsabilité apparaît comme un préalable pour apprendre.

Cependant, les étudiants relèvent le caractère douloureux de l’erreur qui « fait mal au cœur » et « peut rapidement faire peur ». Une fois comprise et acceptée, celle-ci semble prendre une coloration plus « positive » et constructive. Ils la perçoivent comme un « challenge » à relever. Le concept d’erreur devient à leurs yeux inhérent à l’action, à mesure que les trois ans de formation se déroulent.

Ainsi, plongés dans une culture de valorisation de l’erreur, les étudiants relatent :

« Il n’y a pas eu d’erreurs, il n’y a eu que des apprentissages [et des] occasions de progresser. »

En partant de leurs erreurs, les étudiants considèrent avoir acquis des compétences tant au niveau des « soft skills » (persévérance pour mener à bien un projet entrepreneurial ; régulation des émotions (pour « passer outre et avancer ») que des « hard skills » (meilleure maîtrise de « la gestion de projet »).

La culture de l’erreur apprenante vécue dans leur formation les conduit aussi à revisiter leur conception de la réussite entrepreneuriale de façon plus réaliste :

« Un entrepreneur qui réussit aujourd’hui dans son business, c’est un entrepreneur qui a osé se planter, qui a osé arrêter […] pour moi, c’est vraiment inspirant […] [de] savoir quelles sont les erreurs qu’ils ont faites, pour ne pas les refaire. »

Déconstruire la culture de la performance

Pour leur emploi après leur formation, certains étudiants rêvent d’un environnement de travail valorisant une culture similaire, mais ils s’interrogent sur le décalage possible entre leur univers d’études et le monde professionnel : « Ce n’est pas la réalité. On est tellement dans une bulle. On est dans notre monde… l’erreur est acceptée. Dans d’autres boîtes, l’erreur… Il faut quand même faire attention. »

Les étudiants se sont appuyés sur les deux rôles qu’un apprenant engagé dans un dispositif d’apprentissage par l’expérience peut investir :

  • dans leur rôle d’apprenants, ils choisissent d’interpréter l’erreur comme une opportunité d’apprendre. Les étudiants cherchent à développer des compétences personnelles en dédramatisant l’objectif de réussite du projet ;

  • dans leur rôle d’acteurs, ils parviennent à interpréter l’erreur comme un défi à relever.

Ces deux stratégies permettent de diminuer l’intensité émotionnelle associée aux erreurs pour, dans le premier rôle, se focaliser sur l’acquisition de compétences nouvelles et, dans le second, rechercher des solutions au problème.

Cette forme d’apprentissage par l’erreur exige un travail de déconstruction de la culture de la réussite et de la performance, dont le résultat est en grande partie dépendant de l’intensité des efforts consentis par les étudiants.

Pour les pédagogues souhaitant introduire un apprentissage par l’erreur, notre recherche met en lumière la nécessité d’organiser un espace résolument bienveillant pour partager les questionnements, les difficultés et les erreurs, et de l’inscrire dans un temps suffisamment long pour modifier les représentations et les comportements.


Olga Bourachnikova, chercheuse et entrepreneuse, a participé à la rédaction de cet article avec Odile Paulus, maîtresse de conférences en gestion à l’EM Strasbourg, Sonia Boussaguet, professeure associée à la Neoma Business School, Julien de Freyman, professeur associé à la South Champagne Business School et Caroline Merdinger-Rumpler, maîtresse de conférences en management des organisations de santé à l’EM Strasbourg.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Apprendre de ses erreurs : comment former les étudiants à rebondir après un échec – https://theconversation.com/apprendre-de-ses-erreurs-comment-former-les-etudiants-a-rebondir-apres-un-echec-271552

« J’accepte les chiens, mais… » : l’offre touristique pas tout à fait « pet-friendly »

Source: The Conversation – in French – By Magali Trelohan, Enseignante-chercheuse, comportements de consommations, sociaux et environnementaux, EM Normandie

Comme ce chien attendant patiemment de fermer sa valise, de nombreux animaux de compagnie prennent part aux vacances de leurs propriétaires. NewAfrica/Shutterstock

Près de la moitié des Européens et des Européennes sont propriétaires d’un animal de compagnie. Logiquement, des offres touristiques pet-friendly émergent partout sur le Vieux Continent. Mais en quoi consistent ces nouvelles offres ? Que disent-elles de nos sociétés ? Réponse avec les témoignages de propriétaires voyageant avec leurs chiens.


En Europe en 2022, 46 % des habitants, soit 91 millions des foyers, possèdent au moins un animal. Et voyager avec son chien n’est plus une exception. Pour de nombreux propriétaires, l’animal fait partie intégrante de la famille, y compris pendant les vacances. Cette évolution a favorisé l’essor d’une offre touristique dite pet-friendly, particulièrement visible dans l’hôtellerie et les locations de courte durée.

Derrière ces offres séduisantes se cache une réalité bien plus contrastée : il existe des décalages forts entre discours marketing et expériences vécues par les clients. Accepter les animaux ne signifie pas nécessairement répondre aux attentes de leurs maîtres, ni aux besoins de l’animal lui-même. C’est ce que nous soulignons dans l’étude menée auprès de propriétaires de chiens, conduite par Axelle Boulet, étudiante à l’EM Normandie.

Le chien, un membre de la famille

Nos entretiens révèlent une relation très investie émotionnellement entre les maîtres et leur chien. Cette centralité de l’animal dans la sphère familiale est bien documentée. Ces études scientifiques soulignent que les chiens sont de plus en plus perçus comme des membres à part entière du foyer, influençant directement les décisions de loisirs et de vacances, mais aussi les attentes vis-à-vis des services touristiques.

« On le considère comme un membre de la famille. Concrètement, nous allons chez des amis, on prend le chien et on prépare son sac ! », explique Emma, l’une des personnes interviewée.

Cette relation structure le choix des vacances. Une recherche en marketing souligne que voyager avec son animal répond à la fois à un attachement affectif et à la volonté d’éviter la culpabilité ou l’inconfort liés à la séparation.

« On l’emmène, car, pour l’instant, on n’est pas prêts à partir sans elle », confie Chantal, propriétaire d’un chien.

Attentes des propriétaires de chien

Les discours des propriétaires d’animaux font ressortir plusieurs niveaux d’exigences comme la sécurité, le confort et le prix.

La sécurité avant tout

Les propriétaires recherchent avant tout un espace qui permette au chien d’évoluer sans danger. L’absence de clôture peut transformer un séjour en source de stress, voire de déception. Nelly, propriétaire de deux chiens, raconte :

« Il y avait 15 000 m2 de terrain, mais la clôture n’était pas bien fermée. On a dû garder les chiens en laisse. Ça a été une grosse déception. »

La sécurité est pensée à la fois pour l’animal et pour les autres : éviter les fugues, les accidents, les conflits de voisinage. Sans cet élément, l’hébergement est tout simplement disqualifié.

Confort du chien

Les propriétaires apprécient les attentions matérielles – paniers, gamelles, plaids – mais celles-ci restent secondaires. Beaucoup préfèrent apporter leurs propres équipements afin que le chien conserve ses repères. Chantal explique :

« La gamelle, non. J’emmène ses affaires à elle. Quand on arrive quelque part et qu’on met son panier par terre, tout de suite elle se couche là. »

Pouvoir laisser son chien seul dans le logement, circuler librement, ne pas avoir à constamment négocier sa présence sont autant d’éléments qui conditionnent l’expérience globale du séjour.

Suppléments financiers

Les suppléments financiers cristallisent les tensions, surtout lorsqu’ils ne correspondent à aucun service concret. Chantal résume :

« On annonce un prix, plus la caution pour animal, plus le ménage pour animal… Donnez-moi un prix total et puis on n’en parle plus. »

De nombreux participants dénoncent l’écart entre l’étiquette pet-friendly et les conditions réelles d’accueil. Louise, propriétaire d’un chien, témoigne :

« Il y a beaucoup d’endroits où on me dit OK, mais sous la table, on ne veut pas le voir. Tu vois dans leur regard qu’il ne faut pas qu’il dérange. »

Le terme pet-friendly recouvre des réalités très hétérogènes, allant de la simple tolérance de l’animal à une véritable intégration de sa présence dans l’expérience touristique. Alors, à quoi ressemblerait un pet-friendly idéal ?

Un chien réellement bienvenu

Au-delà des compromis imposés par l’offre existante, les entretiens proposent une représentation très claire de ce que serait un accueil pleinement assumé.

Dans l’idéal, le chien n’est ni toléré ni suspect, il est accueilli comme un hôte légitime. Samira indique : « Un hôtel pet-friendly, c’est un hôtel où le chien a accès au lit et au canapé. » Les expériences vécues à l’étranger servent souvent de point de comparaison. Mireille, propriétaire de trois chiens, raconte :

« En Italie, les chiens sont admis dans les restaurants, dans les salons de thé, dans les transports. C’est fantastique. »

Certaines personnes interviewées évoquent des infrastructures spécifiques, comme les piscines pour chiens, les espaces de toilettage ou les zones de baignade. Ces dispositifs restent rares, mais incarnent un pet-friendly pensé pour le bien-être animal.

Dans cette représentation idéale, le séjour n’est plus une succession de contraintes à gérer, il devient une expérience partagée. Les propriétaires sont conscients que cet idéal est encore marginal. Mais il constitue une référence implicite pour évaluer l’offre existante. Une propriétaire interviewée, Mireille, imagine son idéal :

« Je ferais une garderie pour chiens, comme une garderie d’enfants, pour que les maîtres puissent aller visiter tranquillement. »

Cohabitation avec les non-propriétaires d’animaux

À travers la question du pet-friendly, c’est une transformation plus large du tourisme qui s’opère. Le voyage est de plus en plus pensé pour un binôme humain-animal, aux besoins étroitement liés. Dans ce contexte, accepter les chiens ne peut plus se limiter à une simple mention dans une annonce. C’est la cohérence entre discours, pratiques et conditions d’accueil qui fait la différence.

Cette évolution pose la question de la cohabitation avec les voyageurs qui ne souhaitent pas partager les espaces touristiques avec des animaux. Pour les professionnels, l’enjeu est particulièrement délicat : composer avec des attentes parfois divergentes, sans dégrader ni l’expérience des propriétaires d’animaux ni celle des autres clients.


Cet article a été co-rédigé avec Axelle Boulet dans le cadre de son mémoire de fin d’études à l’EM Normandie.

The Conversation

Magali Trelohan ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. « J’accepte les chiens, mais… » : l’offre touristique pas tout à fait « pet-friendly » – https://theconversation.com/jaccepte-les-chiens-mais-loffre-touristique-pas-tout-a-fait-pet-friendly-273117

L’« enshittification » en cinq étapes des publications scientifiques

Source: The Conversation – in French – By Martina Linnenluecke, Professor at UTS Business School; Centre for Climate Risk and Resilience, University of Technology Sydney

Dans un contexte de très forte croissance du nombre d’articles scientifiques produits, le secteur de l’édition académique a prospéré et affichent aujourd’hui des marches bénéficiaires comparables à celles de géants de la tech. Rhot Tandon/Unsplash, CC BY

Devenue une industrie de plusieurs milliards de dollars, l’édition académique adopte des mécanismes proches de ceux des géants du numérique. Revues commerciales, frais de publication et indicateurs de performance redessinent en profondeur le paysage de la recherche.


Lorsque l’écrivain Cory Doctorow a introduit le terme « enshittification » ou « merdification » en bon français en 2023, il a mis des mots sur un phénomène que de nombreux utilisateurs avaient déjà constaté dans leur vie quotidienne. Les plateformes de réseaux sociaux, les sites de commerce en ligne et les moteurs de recherche qu’ils utilisaient s’étaient visiblement dégradés en qualité. Beaucoup de ces sites se mettaient à privilégier les contenus provenant des annonceurs et d’autres tiers. Le profit était devenu l’objectif principal.

Doctorow décrit ce déclin comme une spirale mortelle : les plateformes en ligne offrent d’abord de la valeur à leurs utilisateurs, avant de déplacer progressivement leur attention vers l’extraction de valeur, sans grand souci des conséquences.

Mais nos recherches récentes, publiées dans Organization, montrent que l’enshittification ne se limite pas au monde en ligne. Elle est désormais visible dans l’édition académique et se déploie en cinq étapes. Les mêmes forces qui vident les plateformes numériques de leur substance façonnent la manière dont une grande partie de la recherche est produite, évaluée et publiée.

Le grand business de l’édition académique commerciale

L’édition académique a connu une croissance importante ces dernières années. Entre 2016 et 2022, le nombre d’articles indexés dans les principales bases de données est passé de 1,92 million à 2,82 millions. Le secteur aurait généré plus de 16 milliards d’euros par an.

À ce titre, l’édition académique rivalise avec les industries de la musique et du cinéma. Certains éditeurs affichent des marges bénéficiaires comparables à celles de géants de la tech, comme Microsoft et Google.

Cette expansion s’est accompagnée de signes d’enshittification. L’essor des grandes revues en libre accès et des revues prédatrices privilégie le profit au détriment de l’intégrité scientifique. Cela a entraîné une explosion des publications de faible qualité. Nombre d’entre elles se présentent comme des contributions à des « numéros spéciaux ».

Ces tendances font écho à la dégradation observée sur les plateformes en ligne, où la valeur pour les utilisateurs est sacrifiée au profit du gain financier. Ces parallèles nous ont conduits à enquêter sur les forces qui transforment la communication scientifique.

La recherche comme marchandise commerciale

Depuis les années 1980, l’édition académique a connu une marchandisation progressive. Elle est désormais façonnée par la rentabilité, la concurrence et les indicateurs de performance. Les universités ont adopté des pratiques de gestion inspirées du marché et s’appuient de plus en plus sur des indicateurs de performance pour évaluer leur personnel.

La science s’achète et se vend. Elle se trouve de plus en plus modelée par les financements venus du privé et par une logique managériale. Les chercheurs ont qualifié ce tournant – illustré par l’édition académique commerciale – de « capitalisme académique ». Il influence les recherches menées, leur évaluation et l’évolution des carrières.

Le mouvement « open access » visait à l’origine à rendre le savoir plus largement accessible. Cependant, de grands éditeurs, dont Wiley, Elsevier et Springer Nature, y ont vu un moyen de faire peser leurs coûts de production sur les auteurs – tout en générant des revenus supplémentaires.

Les éditeurs ont instauré des frais de traitement des articles, élargi leurs services et lancé de nouveaux titres afin de capter des parts de marché. Lorsque la revue très prestigieuse Nature a annoncé son option « open access » en 2021, celle-ci s’accompagnait de frais pouvant atteindre 9 500 euros par article pour les auteurs.

Le passage aux « frais de traitement des articles » a suscité des inquiétudes quant au déclin de la qualité et de l’intégrité de la recherche. À l’autre extrémité du spectre, on trouve des revues prédatrices qui imitent les véritables revues en libre accès, mais facturent des frais sans proposer ni évaluation par les pairs ni encadrement éditorial.

Ces plateformes prédatrices publient des travaux de faible qualité et utilisent souvent des appellations trompeuses pour paraître crédibles. Avec environ 15 000 revues de ce type en activité, l’édition prédatrice est devenue une industrie majeure et contribue à l’enshittification de l’édition académique.

Ces dynamiques renforcent – et sont renforcées par – la culture bien ancrée du « publish or perish » dans le monde académique.

La « merdification » académique

À partir de ces tendances, nous avons identifié une spirale descendante en cinq étapes dans l’enshittification de l’édition académique.

  1. La marchandisation de la recherche déplace la valeur du mérite intellectuel vers la commercialisation.

  2. La prolifération des revues en modèle « Pay-to-Publish » (« payer pour publier ») s’étend et touche aussi bien les revues d’élite que les revues prédatrices.

  3. Un déclin de la qualité et de l’intégrité s’ensuit, lorsque les revues, guidées par le profit, compromettent l’évaluation par les pairs et la supervision éditoriale.

  4. Le volume même des publications rend difficile l’identification des travaux faisant autorité. Des revues frauduleuses diffusent des articles canulars et des contenus piratés.

  5. L’enshittification s’installe. Le système académique est submergé par la quantité, déformé par des logiques de profit et dépouillé de sa finalité première : faire progresser le savoir.

Faire de l’édition académique un bien public

Nos recherches constituent un avertissement face à l’enshittification. Il s’agit d’un problème systémique qui menace la valeur et le développement de l’édition académique. Le monde universitaire est de plus en plus guidé par des indicateurs. En conséquence, la qualité de la recherche est jugée davantage à l’aune du lieu de publication qu’à celle de sa valeur intrinsèque.

Mais pourquoi les utilisateurs (et les universitaires) ne se détournent-ils pas tout simplement de cette expérience « enshittifiée » ? La réponse est la même que pour de nombreuses plateformes en ligne : l’absence d’alternatives crédibles rend le départ difficile, même lorsque la qualité se dégrade.

Enrayer cette tendance demande d’agir et de créer des alternatives. Celles-ci passent notamment par une réévaluation des critères d’évaluation, une moindre dépendance aux éditeurs commerciaux et une plus grande équité mondiale dans la recherche.

Certaines alternatives prometteuses existent déjà. Les modèles d’édition coopératifs, les archives institutionnelles et des initiatives politiques telles que la Coalition for Advancing Research Assessment plaident tous en faveur d’évaluations plus larges et plus pertinentes de l’impact scientifique.

Refaire de l’édition académique un bien public nécessitera un retour à des modèles à but non lucratif et à des systèmes de libre accès durables. La qualité, l’accessibilité et l’intégrité doivent primer sur le profit. Un changement est indispensable pour protéger la finalité essentielle de la recherche académique : faire progresser les connaissances dans l’intérêt public.

The Conversation

Martina Linnenluecke reçoit des financements de l’Australian Research Council (ARC) ainsi que de l’Australian Investment and Securities Commission (ASIC) pour le projet « Climate Related Financial Disclosure – External Capacity Building ».

Carl Rhodes ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. L’« enshittification » en cinq étapes des publications scientifiques – https://theconversation.com/l-enshittification-en-cinq-etapes-des-publications-scientifiques-273023

Fin de vie : ce que le débat parlementaire doit à la Convention citoyenne

Source: The Conversation – in French – By Sandrine Rui, Sociologue, Université de Bordeaux

Le Sénat débat à compter du 20 janvier des deux lois sur la fin de vie adoptées en mai dernier par l’Assemblée nationale. En première lecture, les députés avaient pu s’appuyer sur les conclusions de la Convention citoyenne instituée sur ce même sujet, de décembre 2022 à avril 2023, dont l’objectif était d’éclairer le législateur. Retour sur la plus-value de ce dispositif de démocratie participative.


Le Sénat s’apprête à examiner les textes sur la fin de vie adoptés en mai dernier par l’Assemblée nationale. En première lecture, les députés s’étaient alors prononcés pour renforcer les soins palliatifs et, de façon inédite, pour un droit à l’aide à mourir. Ils avaient globalement suivi les conclusions de la Convention citoyenne sur la fin de vie (CCFV) qui s’était déroulée de décembre 2022 à avril 2023 à la suite de la saisine de la première ministre Élisabeth Borne.

En tant que membre du comité de gouvernance de cette Convention citoyenne sur la fin de vie, sollicitée au titre de mes travaux sur la démocratie participative, je voudrais rappeler les caractéristiques de cette convention et insister sur ce qui a fait sa plus-value.

Des conventions citoyennes pour rendre un avis sur une question d’intérêt général

Les conventions citoyennes comptent parmi les dispositifs participatifs qui se sont installés en quelques décennies dans le paysage de la démocratie représentative. Elles sont constituées par un panel de citoyens tirés au sort pour représenter la diversité de la population. Ces derniers sont invités à délibérer et à rendre un avis sur une question d’intérêt général. Ces expériences se multiplient à différentes échelles dans de nombreux pays (Irlande, Belgique, Espagne, Chili, Islande…).

En France, la Convention citoyenne pour le climat (2019-2020) a été la première du genre à l’échelle nationale, suivi par la Convention citoyenne sur la fin de vie (2022-2023) et, plus récemment, la Convention citoyenne sur les temps de l’enfant (2025).




À lire aussi :
Comment rendre les Conventions citoyennes pour le climat encore plus démocratiques ?


Comme d’autres innovations démocratiques, les conventions citoyennes font l’objet de débats. Au regard favorable des uns – ces assemblées sont perçues comme une « bonne chose » par 67 % des Français – répond le scepticisme des autres : sont notamment incriminées la légitimité douteuse des citoyens tirés au sort, la possible instrumentalisation politique d’un dispositif sans garantie juridique ou encore la vanité d’un exercice coûteux sans portée décisionnelle.

Si la Convention citoyenne sur la fin de vie n’échappe pas pleinement à la règle, il reste qu’elle a été jugée « réussie », notamment par les évaluateurs du Centre de recherche pour l’étude et l’observation des conditions de vie (Crédoc), missionnés par le Conseil économique social et environnemental (Cese), comme par les quatre garants internationaux chargés de veiller à la qualité du processus délibératif. Et ce, alors même que le devenir de ses propositions était incertain.

Le mandat des 184

La CCFV s’est déroulée au fil de neuf week-ends, de décembre 2022 à avril 2023, à Paris, au siège du Conseil économique social et environnemental (Cese), qui en était l’organisateur.

Les 184 membres de la Convention tirés au sort et panélisés selon six critères (genre, âge, région, catégorie socio-professionnelle, niveau de diplômes, types d’unités urbaines) avaient pour mandat de contribuer au débat national en répondant à la question suivante :

« Le cadre d’accompagnement de la fin de vie est-il adapté à toutes les situations rencontrées ou des changements devraient-ils être introduits ? »

Le rôle des conventionnels n’était pas d’écrire la loi mais bien, le cas échéant, d’éclairer le législateur.




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L’un des défis pour les organisateurs est de « cadrer » la délibération « sans l’orienter ». Comme le souligne le chercheur Hervé Pourtois, il s’agit de trouver le bon équilibre entre l’exigence de régulation formelle et la préservation de l’autonomie citoyenne.

Dans ce cadre, les conventionnels se sont informés – par des lectures, des auditions, des visites d’unités de soins palliatifs… Ils ont travaillé en petits groupes ; ils ont délibéré en hémicycle ; ils ont voté. Tout du long, ils se sont appuyés sur les expertises et sur les témoignages de près de 70 intervenants. Parfois versés sous forme contradictoire, à l’instar du débat entre Claire Fourcade, présidente de la Société française d’accompagnement et de soins palliatifs (SFASP), et Jonathan Denis, président de l’Association pour le droit de mourir dans la dignité (ADMD), incarnant deux positions opposées et structurantes du débat public relatif à l’aide à mourir.

In fine, la Convention s’est prononcée à une quasi-unanimité en faveur du renforcement des « soins palliatifs pour toutes et tous et partout », et, pour une large majorité, en faveur de l’ouverture d’un droit à « l’aide active à mourir » (75,6 % des votants contre 23,2 %), proposant divers modèles – selon que l’euthanasie et le suicide assisté étaient défendus ensemble, au choix, ou de façon exclusive – assortis de critères et conditions.

Se construire une opinion éclairée

Sans faire du consensus un horizon obligé, la convention a été capable de travailler les dissensus. Certains ont pu entrer en délibération convaincus ; d’autres étaient tiraillés par des dilemmes moraux et éthiques. Interrogés par les chercheurs-observateurs sur leurs opinions préalables à l’égard d’une ouverture d’un droit à une aide à mourir, 69 % disaient y être favorables, 7,8 % y étaient défavorables, quand 23,3 % sont entrés dans la convention sans avis tranché ou sans y avoir jamais réfléchi.




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Mais tous ont travaillé à se construire une opinion éclairée. Au fil des sessions, celles et ceux qui n’avaient pas d’avis ont pu prendre position : à l’issue du processus, les répondants au questionnaire des chercheurs n’étaient plus que 4,5 % à ne pas savoir comment se prononcer, quand 63,5 % d’entre eux disaient avoir stabilisé leur avis après la phase de délibération. L’enquête des chercheurs comme l’évaluation du Crédoc révèlent que certains des participants disent avoir changé d’avis une fois (33 % et 24 %), parfois deux fois (13 et 11,5 %) et jusqu’à plus de deux fois pour 7 % ou 8 % d’entre eux.

Des débats exemplaires

En dépit de leurs différences et désaccords, les conventionnels se sont livrés à des débats exemplaires. L’universalité du sujet a favorisé l’engagement et l’inclusion des membres, comme leur sentiment de légitimité à se prononcer : parce que « nous mourrons tous », les citoyens ont pu, selon leurs mots, s’envisager comme également « concernés », « experts » et « légitimes ».

La fin de vie est aussi de ces rares enjeux de délibération publique qui permettent d’assumer tant l’expression de la raison que celle de l’émotion. Cette diversité des registres a facilité l’empathie et le respect mutuel, comme l’écoute et la « réceptivité » des conventionnels. Ces aptitudes, généralement moins valorisées que la capacité à prendre la parole, sont pourtant nécessaires à l’échange démocratique, comme le soulignent les politistes Pascale Devette et Jonathan Durand Falco.

Enfin, mêlant « l’intime et le collectif », le sujet a été exploré depuis des considérations personnelles, et selon ses dimensions sociales et politiques : l’enjeu de la délibération est bien de bâtir une position argumentée sur ce qui serait juste et utile pour la société.

Invités par les chercheurs à indiquer sur une échelle de 0 à 10 le point de vue qu’ils avaient privilégié pour prendre position, près d’un répondant sur deux (48,7 %) a affecté le plus haut score à « ce que la société doit aux personnes en fin de vie de façon générale » (25,5 % privilégiant ce qu’ils souhaiteraient que l’on fasse pour leurs proches, 19,3 % pour eux-mêmes).

De la portée de la Convention citoyenne sur la fin de vie

Les participants de toute convention citoyenne appréhendent, comme le dit l’un d’eux, que le « travail collectif ne débouche sur rien et n’ait qu’une fonction d’affichage de participation citoyenne ».

La portée de la Convention citoyenne sur la fin de vie semble d’emblée assez visible, même s’il convient de s’armer de patience. En mars 2024, un projet de loi a été présenté par l’exécutif aux 184 lors d’une séance dite de redevabilité, avant qu’il ne soit soumis au débat parlementaire.

Sans être le strict calque de la position majoritaire de la Convention citoyenne sur la fin de vie, les lois adoptées par les députés en mai peuvent être envisagées, en suivant la juriste Marie Sissoko Noblot comme « une greffe réussie ». Tant la position très consensuelle en faveur du renforcement des soins palliatifs que l’aspiration à l’ouverture d’un droit à l’aide à mourir, dans des conditions strictement définies, ont été retenues par l’Assemblée nationale.

Cet exemple illustre le fait qu’une convention citoyenne peut s’articuler aux mécanismes parlementaires et jouer un rôle pré-législatif, ce que défendent Jean-Michel Fourniau et Hélène Landemore, spécialistes de la démocratie participative.

Pour mesurer la portée définitive de cette Convention citoyenne, il faudra cependant attendre l’issue du processus parlementaire. Si le renforcement des soins palliatifs fait consensus, on sait déjà que l’aide à mourir suscite d’importantes réticences au Sénat. Les parlementaires se montreront-ils à la hauteur des débats de la Convention citoyenne ?

The Conversation

Sandrine Rui a été membre du comité de gouvernance de la Convention citoyenne
sur la fin de vie, et plus récemment garante de la Convention citoyenne sur les temps de l’enfant.

ref. Fin de vie : ce que le débat parlementaire doit à la Convention citoyenne – https://theconversation.com/fin-de-vie-ce-que-le-debat-parlementaire-doit-a-la-convention-citoyenne-267475

Comment « Bluey » s’appuie sur des paraboles religieuses pour donner des leçons de vie aux enfants

Source: The Conversation – France (in French) – By Sarah Lawson, PhD Candidate in Ancient Linguistics, School of Theology, Faculty of Arts and Education, Charles Sturt University

La série *Bluey* connaît un succès mondial, devenant même en 2024 le programme le plus streamé aux États-Unis. Ludo Studios

Derrière ses histoires pleines d’humour et de tendresse, la série australienne Bluey cache des références culturelles et philosophiques bien plus profondes qu’il n’y paraît. En s’inspirant de récits bouddhistes, chrétiens ou taoïstes, certains épisodes proposent aux enfants – et à leurs parents – une manière accessible de réfléchir à la souffrance, à l’attente, à la perte ou à l’acceptation.


Bluey est une série intelligente qui puise dans toutes sortes d’inspirations pour ses histoires pleines de charme, y compris religieuses. Ma recherche récemment publiée examine ce que la série dit de la religion, et de la religion du jeu, qui sert de principe directeur à leur vie (NDLT : Bluey raconte la vie d’une famille de chiens anthropomorphes qui explorent le monde par le jeu.)

Trois épisodes en particulier montrent la diversité des religions dans l’Australie contemporaine et nous aident à réfléchir à la diversité et à la profondeur de la culture de ce pays.

Ces épisodes transmettent, de manière accessible et réfléchie, aux enfants et aux parents des leçons concises issues de religions bien réelles. Ils récompensent la curiosité et un regard réflexif sur les histoires, en encourageant les parents à s’investir plus profondément dans les programmes préférés de leurs enfants.

Voici donc ce que trois épisodes de Bluey disent de la religion, et les leçons qu’ils offrent aux enfants de toutes les religions, comme à ceux qui n’en ont aucune.

La parabole bouddhiste

L’épisode « Bumpy et le vieux lévrier sage » est une reprise à peine voilée de la parabole bouddhiste de Kisa Gotami et des graines de moutarde (mais avec les fameuses graines de moutarde remplacées par des sous-vêtements violets !).

Dans l’épisode, Bluey et Bandit réalisent une vidéo racontant une histoire pour remonter le moral de Bingo, hospitalisée. Dans cette histoire, une femme (Barnicus) a un chiot appelé Bumpy, qui tombe gravement malade. Elle l’emmène voir le vieux lévrier sage pour demander de l’aide. Celui-ci est représenté assis en position du lotus, vêtu d’une robe faite de serviettes et coiffé d’une couronne de fleurs.

Une référence claire à la parabole bouddhiste de Kisa Gotami
Kisa Gotami avec son enfant mort ; Bluey dans « Bumpy et le vieux lévrier sage ».
Dharma/Wikimedia, Ludo Studios, CC BY

Le vieux lévrier sage lui demande une paire de sous-vêtements violets provenant de quelqu’un qui n’a jamais été malade. Comme Barnicus ne trouve personne qui n’ait jamais été malade, elle comprend que le sage cherchait à lui apprendre que tout le monde tombe malade un jour ou l’autre. La maladie fait simplement partie de la vie, et Bingo se sent réconfortée de ne pas être seule.

Dans la parabole originale des graines de moutarde, qui remonte au Ve siècle avant notre ère, Kisa Gotami est une mère dont le fils unique meurt. Lorsqu’elle se tourne vers le Bouddha pour obtenir de l’aide, celui-ci lui demande de récupérer des graines de moutarde auprès de familles où il n’y a jamais eu de décès. En cherchant à accomplir cette tâche impossible, Kisa Gotami comprend que la mort et la souffrance sont inévitables.

En réinterprétant ce récit religieux avec une touche d’humour et des enjeux atténués, l’épisode permet aux enfants d’apprendre un enseignement fondamental du bouddhisme. La maladie et la souffrance sont terribles, mais le fait de savoir que tout le monde y est confronté un jour peut nous réconforter et nous aider à relâcher notre attachement, ou notre besoin d’un bonheur et d’un bien-être permanents.

Pâques chrétiennes

L’épisode « Pâques » fait écho à certains thèmes du récit chrétien associé à cette fête. Bluey et Bingo craignent que le lapin de Pâques les ait oubliées. Chilli et Bandit leur rappellent la promesse de ce dernier : il reviendra à coup sûr le dimanche de Pâques.

Mais ne trouvant pas les œufs en chocolat, elles s’inquiètent, en particulier quand le jeu exige du courage ou une forme de souffrance (mettre les pieds dans les toilettes de Papa). Elles se demandent alors si elles ne risquent pas d’être oubliées.

Les Trois Marie au tombeau, de William-Adolphe Bouguereau, 1890 ; et l’épisode Pâques de Bluey
Les Trois Marie au tombeau, de William Bouguereau, 1890 ; et l’épisode « Pâques » de Bluey.
Ludo Studios/Wikimedia

On peut y voir un parallèle avec la manière dont la Bible donne à voir la crainte des disciples de Jésus au lendemain de sa mort, pensant que Dieu les avait oubliés malgré la promesse qu’il leur avait déjà faite de revenir après trois jours. Cet enseignement reflète l’inquiétude que beaucoup de personnes ressentent : celle d’être peut-être trop insignifiantes ou trop pécheresses pour que Dieu se soucie d’elles.

L’épisode se termine lorsque Bluey et Bingo font rouler un ballon de gymnastique (la pierre) pour dégager une cavité sous le bureau (le tombeau) et découvrent que le lapin de Pâques ne les a pas oubliées : il a pensé à elles, s’est soucié de leur sort et est bien revenu pour leur offrir de beaux œufs en chocolat (la vie éternelle).

À travers cette relecture décalée d’un récit religieux, les enfants sont encouragés à penser qu’ils sont aimés et à faire confiance aux promesses qui leur sont faites, même lorsqu’ils ont l’impression d’être petits, oubliables ou désobéissants.

La fable taoïste

Dans « Le panneau », la maîtresse de Bluey, Calypso, lit une fable issue à l’origine du texte taoïste Huainanzi, datant du IIe siècle avant notre ère. En français, cette fable est souvent appelée « Le paysan et le cheval blanc ».

Le récit enchaîne une série d’événements qui arrivent à un vieil homme, et, après chacun d’eux, ses voisins commentent les faits, estimant qu’il s’agit de chance ou de malchance. Le vieil homme répond toujours « On verra », dans l’attitude du wú wéi.). Dans la conception taoïste du wú wéi appliquée à la fortune, toutes choses se valent, et ce n’est que le jugement humain (ou, en l’occurrence, canin) qui qualifie un événement de bon ou de mauvais. Ainsi, la seule réponse appropriée face à un événement marquant est le « non-agir » ou la sérénité, jusqu’à ce que le passage du temps en révèle le véritable sens.

Old Chinese painting and a still from Bluey. Each show a man and a horse
Cheval et Palefrenier, de Zhao Yong 趙雍 (1291–1361) ; et l’épisode « Le panneau » de Bluey.
National Museum of Asian Art, Ludo Studios

Au départ, Bluey comprend mal le message et pense que Calypso veut dire que tout finira forcément par s’arranger. Mais à la fin de l’épisode, elle apprend à adopter l’attitude du wú wéi de manière positive. Elle reste calme, voire sereine, face à la perspective de quitter son quartier bien-aimé.

À travers ce récit religieux, les enfants apprennent qu’une approche douce et fluide de la vie, qui n’impose pas ses propres désirs au monde, permet d’éviter des souffrances inutiles et de trouver la paix et l’acceptation.

The Conversation

Sarah Lawson ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Comment « Bluey » s’appuie sur des paraboles religieuses pour donner des leçons de vie aux enfants – https://theconversation.com/comment-bluey-sappuie-sur-des-paraboles-religieuses-pour-donner-des-lecons-de-vie-aux-enfants-273255