Razones y riesgos de la prohibición de la publicidad política en redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Valiente Martínez, profesor de Oratoria y Derecho Constitucional, Universidad Pontificia Comillas

Olemedia/iStock

Desde el pasado mes de octubre, Meta, empresa propietaria de redes sociales como Facebook, Instagram o Threads, y Alphabet, propietaria de Google y YouTube, han implementado restricciones muy significativas a la publicidad pagada sobre temas políticos, electorales y sociales en todo el territorio de la Unión Europea. Se unen así a X, quien ya había venido aplicando estas medidas desde años atrás, cuando aún era Twitter.

Esta decisión es la consecuencia directa de la entrada en vigor del Reglamento (UE) 2024/900 sobre transparencia y segmentación de la publicidad política —también conocido como TTPA, por sus siglas en inglés—, cuyo propósito es lograr la transparencia necesaria para propiciar un debate político y electoral abierto y justo, libre de la manipulación de la información y las injerencias ilícitas que tienen como fin alterar los procesos electorales en el territorio de la Unión.

Depurando responsabilidades

El origen del conflicto se encuentra en el deber de la Unión Europea de velar por la protección integral de sus procesos democráticos, obligación derivada de los artículos 2 y 10 del Tratado de la Unión Europea. Estos procesos se hallan desde hace años expuestos a riesgos significativos de manipulación.

En el corazón del problema están las campañas de desinformación, cuyo modus operandi dependía de la contratación de los servicios de publicidad de las redes sociales con el fin de adulterar el debate público. En este contexto, la mencionada norma obliga a los propietarios de dichas plataformas a asumir una responsabilidad específica en esta materia.

La primera pregunta que habría que hacerse es si existe una amenaza real de que los procesos democráticos se vean adulterados por la desinformación. La respuesta de las autoridades europeas es inequívoca: tal riesgo no sólo existe, sino que ya se ha materializado en procesos como el referéndum del Brexit en 2016 o en las elecciones presidenciales de Rumanía de 2024. Durante los mismos, la microsegmentación algorítmica y el uso masivo de bots publicitarios, entre otras técnicas, permitieron difundir noticias falsas, fomentar discusiones artificiales y desorientar a la opinión pública. Esto nos lleva a las redes sociales, pues fue en estas plataformas donde tales hechos se produjeron de forma generalizada.

Efectos de la microsegmentación algorítmica

Aquí surge la segunda pregunta: ¿qué relación guarda este riesgo con la propaganda política? Si es usted usuario de redes sociales, habrá notado cómo proliferan mensajes publicitarios automáticos, muchos de ellos personalizados gracias a procesos de big data. Estos anuncios son pagados por empresas o entidades, ya sea para aumentar sus ventas o para dar difusión a alguna cuestión.

A nadie escapa que la comunicación política no iba a ser un mercado ajeno a estas técnicas de marketing, pues, por una cantidad relativamente baja, es posible poner en marcha campañas considerablemente efectivas. Esto es lo que preocupa a la Unión Europea, que ahora impone a los propietarios de las redes sociales la obligación de evitar abusos, desinformación, difamaciones y manipulaciones que puedan afectar a la limpieza de los procesos electorales.

La propaganda política como negocio

¿Cuánta publicidad política hay? Según EDMO BELUX 2.0, centro multidisciplinar centrado en combatir la desinformación, durante los meses previos a las elecciones al Parlamento Europeo de 2024, sólo en Meta se publicaron más de 19 000 anuncios de carácter político, que generaron unos ingresos de casi 5,3 millones de euros. Una cantidad que resulta irrisoria comparada con los escalofriantes 164 501 millones de dólares que declaró la compañía en 2024.

Meta y Alphabet consideran que la inversión técnica y administrativa que imponen los estándares exigidos por el nuevo Reglamento —que incluyen la verificación de anunciantes, la revisión humana de contenidos, el registro de bases de datos y la realización de auditorías periódicas— no queda cubierta con los ingresos generados por este tipo de publicidad.

Además, alegan que todas estas medidas no garantizarían evitar elevadas multas si, pese a todo, algún contenido contrario al Reglamento escapase a estos filtros y fuese publicado. Por ello, han tomado una decisión draconiana: prohibir toda publicidad política. Les sale más barato.

Libertad de expresión en juego

Pero esta decisión no es meramente contable. Todo apunta a que estas corporaciones vetarán anuncios procedentes de partidos políticos, candidatos, instituciones públicas, ONG o entidades sociales –incluidas las universidades–, si versa sobre leyes, políticas públicas o abordan con sesgo político temas sensibles como inmigración, educación, minorías, economía, medio ambiente o seguridad. Y todo a juicio de lo que los responsables de estas corporaciones consideren “publicidad política”.

En otras palabras: los usuarios privados podrán seguir publicando sus opiniones si cumplen con las políticas de uso de las plataformas, pero se prohíben expresamente las campañas de publicidad política digital en toda la Unión Europea. Y no solo durante un periodo electoral, sino en general.

Si, para frenar la desinformación, se erradica toda publicidad política en redes sociales, es necesario estudiar esta problemática desde el prisma de los derechos fundamentales, en particular desde la libertad de expresión.

Desde esta perspectiva, surgen otras preguntas: ¿tienen derecho Meta o Alphabet a tomar esta decisión o estamos ante un intolerable ejercicio de censura? Si, como sentenció en 2017 el Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso Packingham v. North Carolina, las redes sociales son “la nueva plaza pública”, ¿puede su legítimo propietario convertirse en un guardia privado con potestades para decidir lo que se puede o no decir en materia política?

¿Abusos de poder?

No debemos olvidar que todo mensaje ilegal siempre estuvo prohibido y que el debate actual es mucho más difuso. En otras palabras, ¿tienen legitimidad las redes sociales para controlar los mensajes políticos de algunos de sus usuarios? La respuesta jurídica quizás cause asombro al lector, pero no debería ser así: a las redes se accede mediante contratos de adhesión, lo que significa que Meta, Alphabet, TikTok o LinkedIN imponen reglas de comportamiento que los usuarios sencillamente aceptamos –las llamadas “condiciones del servicio”–, al crearnos un perfil.

El caso de Meta es paradigmático, pues su cláusula 4.1 dice así: “si no aceptas nuestras condiciones actualizadas […] puedes eliminar tu cuenta en cualquier momento”, lo que significa que Meta no sólo establece las condiciones, sino que se reserva el derecho de modificarlas.

El 1 de julio de 2024, el Tribunal Supremo de Estados Unidos sentenció, al resolver el caso NetChoice, que los propietarios de las redes sociales pueden decidir qué contenido alojar y cómo moderarlo; no tienen un deber de neutralidad, pues lo único constitucionalmente protegido es el acceso a la gran plaza pública. Pero, a este lado del Atlántico, los poderes públicos consideran que un Estado no debe limitarse a no censurar, sino que ha de establecer normas que configuren una opinión pública plural y bien informada.

Ante esta radical decisión de las grandes propietarias de redes sociales, cuesta augurar si la Unión Europea mantendrá el pulso o buscará una solución intermedia. Sea como fuere, el debate sobre el control de la palabra en la era digital está muy lejos de cerrarse.


Una versión de este artículo se publicó en la revista Telos de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Francisco Valiente Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Razones y riesgos de la prohibición de la publicidad política en redes sociales – https://theconversation.com/razones-y-riesgos-de-la-prohibicion-de-la-publicidad-politica-en-redes-sociales-275348

Lo que el aliento puede decir de nuestra salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miriam Villa Díaz, Investigadora predoctoral en desarrollo de sensores y biosensores electroquímicos. Departamento de Química Física, Universidad de Castilla-La Mancha

Prueba de aliento para detectar la bacteria _Helicobacter pylori_. Maria Sbytova/Shutterstock

Imaginemos que vamos a una revisión médica, nos ponemos una simple mascarilla y que, tras unos instantes, el médico recibe información sobre un posible diagnóstico, la evolución de una infección, la eficacia de un tratamiento o incluso recomendaciones personalizadas para seguir una dieta.

Sin esperas, sin análisis de sangre, sin dolor. Esta se trata de una realidad cada vez más cercana gracias a la breatómica. Al igual que disciplinas ya consolidadas como la genómica estudian el conjunto de genes, esta nueva ciencia emergente analiza el conjunto de sustancias en el aire que exhalamos. Estas nos sirven como biomarcadores, pequeñas señales químicas que permiten detectar alteraciones en el organismo y seguir su evolución a lo largo del tiempo.

Cada vez que respiramos, expulsamos mucho más que dióxido de carbono. En el aliento viajan cientos de moléculas, desde las más simples, como vapor de agua u oxígeno, hasta compuestos orgánicos volátiles (COV) producidos en procesos metabólicos. Esta “huella química” cambia en función del estado fisiológico, la dieta o la presencia de enfermedades.




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¿Qué compuestos pueden delatar una enfermedad?

La acetona fue el primer compuesto del aliento utilizado como biomarcador. Cuando el organismo no es capaz de utilizar glucosa como fuente de energía, usa grasas, generando cetonas en el proceso. Esto se conoce como cetoacidosis, un signo de alarma en diabéticos.

Su detección a tiempo en aire exhalado podría prevenir complicaciones graves como arritmias, insuficiencia respiratoria e incluso pérdida de consciencia. En personas sanas, podría servir para realizar un seguimiento y garantizar la seguridad en dietas de pérdida de grasa.

Otros compuestos interesantes son los aldehídos, un compuesto orgánico que se forma como primer producto de la oxidación de ciertos alcoholes y que se utiliza en la industria y en laboratorios químicos por sus propiedades reductoras.
Las células tumorales, dado su rápido crecimiento, se encuentran en un estado de estrés oxidativo crónico. Este estado inflamatorio daña las membranas celulares en un proceso conocido como peroxidación lipídica, en el que se generan aldehídos.

Estos pasan a la sangre y, tras atravesar los pulmones, aparecen en el aire exhalado. Así, los aldehídos en aliento, además de indicarnos que estamos pasando por un proceso inflamatorio, pueden ser utilizados para hacer un diagnóstico precoz y no invasivo de ciertos tipos de cáncer, especialmente cáncer de pulmón.

Además, enfermedades neurodegenerativas tan conocidas como el alzhéimer, el párkinson o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) también están relacionadas con un alto estrés oxidativo a nivel cerebral y daño en membranas neuronales. Aunque todavía hay cierta incertidumbre, varios estudios revelan que niveles altos de aldehídos en aliento podrían indicar la presencia de estas enfermedades y servir para monitorizar su progresión.

Pero eso no es todo. Incluso ya es posible seguir el curso de una infección a través del amoníaco en nuestro aliento. Helicobacter pylori es una bacteria que coloniza el estómago, un ambiente extremadamente ácido. Para sobrevivir, utiliza una enzima llamada ureasa que descompone la urea generando amoníaco y CO₂.

Muchas personas conviven con esta infección sin siquiera saberlo hasta que aparecen complicaciones graves, como úlceras, hemorragia digestiva e incluso un mayor riesgo de cáncer gástrico. En la actualidad, el diagnóstico requiere que el paciente ingiera urea marcada para medir el CO₂ exhalado.

Sin embargo, esto solo permite “tomar una foto” del momento en que se realiza la prueba. Poder medir directamente amoníaco en aliento nos permitiría ir más allá del diagnóstico, pudiendo realizar un seguimiento en tiempo real del tratamiento antibiótico para evitar el fracaso terapéutico, recaídas y posibles resistencias.




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Mascarillas inteligentes: una revolución médica

Si la breatómica es tan prometedora, ¿por qué no forma parte todavía de las revisiones médicas rutinarias? Actualmente, el análisis del aliento requiere recoger muestras y transportarlas a un laboratorio, donde se analizan mediante técnicas como cromatografía de gases o espectrometría de masas. Aunque precisas, estas herramientas son muy costosas y complejas. Además, las muestras pueden degradarse durante el transporte, lo que añade incertidumbre a los resultados.

Diseño de mascarilla con sensor miniaturizado para detección de gases en aliento
Diseño de mascarilla con sensor miniaturizado para detección de gases en aliento.
Elaboración propia

En los últimos años ha crecido el interés por los sensores electroquímicos miniaturizados, dispositivos capaces de detectar gases concretos a concentraciones muy bajas. En muchos casos se desarrollan para monitorizar la calidad del aire, pero su versatilidad permite el salto hacia el ámbito médico.

Una de las ideas más innovadoras es adaptar estos sensores en mascarillas. Desde la pandemia por la covid-19, la población está muy habituada a su uso, lo que las convierte en un soporte ideal para el análisis del aliento en tiempo real. Podríamos incluso recibir alertas en nuestro móvil y saber si estamos ante una emergencia médica.

Investigadores de la Universidad Tor Vergata, en Roma, han evidenciado ya la funcionalidad de esta tecnología. A través de un experimento en el que cuatro personas tomaron café, vino, plátano o menta y respiraron después en una mascarilla que contenía sensores químicos, analizaron cómo cambiaba la resistencia eléctrica. Según observaron, se podía distinguir claramente qué alimento había tomado cada uno de ellos gracias a que el perfil de compuestos que aparecían en aliento era muy diferente.

La posibilidad de diseñar dispositivos que se comporten como una “nariz electrónica”, por muy descabellado que parezca, no es ciencia ficción. La breatómica abre la puerta a una nueva forma de ir al médico. En lugar de una prueba puntual, el aliento podría convertirse en una fuente invisible de información sobre nuestra salud. Tal vez, en un futuro, cuidarnos sea tan sencillo como respirar.

The Conversation

Miriam Villa Díaz es contratada con cargo al proyecto de la Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-La Mancha (INNOCAM, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha), nº SBPLY/23/180225/000194, co-financiado por la Unión Europea.

Edelmira Valero Ruiz recibe fondos de la Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-La Mancha (INNOCAM, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha), Proyecto nº SBPLY/23/180225/000194, co-financiado por la Unión Europea; Plan Propio de la Universidad de Castilla-La Mancha, Proyecto nº 2025-GRIN-38334, co-financiado por el Fondo Europeo para el Desarrollo Regional (FEDER); Agencia Estatal de Investigación (MCIN/AEI/10.13039/501100011033), Proyecto ELECTROBIONET (RED2022-134120-T).

Jhon Mauricio Aguirre Cortés es contratado postdoctoral con cargo al proyecto de la Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-La Mancha (INNOCAM, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha), nº SBPLY/23/180225/000194, co-financiado por la Unión Europea.

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El mito de los carbohidratos para hacer deporte: ¿cuántos hay que tomar realmente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

Un corredor lleva un gel de carbohidratos. Real Sports Photos/Shutterstock

Durante años, la nutrición deportiva se explicó con una metáfora sencilla: el músculo era un motor; el glucógeno (la forma en que el cuerpo almacena carbohidratos para usarlos como energía rápida), su gasolina; y la fatiga aparecía cuando el depósito se vaciaba. Bajo ese prisma, la estrategia parecía obvia: comer muchos carbohidratos, llenar los depósitos y, si era posible, seguir metiendo combustible durante el ejercicio. Más carbohidratos = mejor rendimiento.

Pero la fisiología del ejercicio rara vez es tan lineal. Una revisión publicada a finales del mes de enero, que integra más de 160 estudios sobre ingesta de carbohidratos, metabolismo y rendimiento, sugiere que el relato clásico se queda corto. El problema no es que los carbohidratos “no sirvan”, sino que su papel principal quizá no sea el que creíamos.

El dogma del músculo que se queda sin energía

El modelo tradicional se centra casi por completo en el músculo y descansa sobre tres supuestos:

  • El músculo trabaja gracias al glucógeno.

  • Cuando el glucógeno se agota, aparece la fatiga.

  • Por tanto, hay que maximizar reservas de glucógeno y aporte de carbohidratos.

Este enfoque tomó fuerza a partir de los años 60, cuando las biopsias musculares permitieron medir el glucógeno antes y después del ejercicio. Se observó que los atletas con más cantidad de este tipo de hidrato aguantaban más tiempo a intensidades moderadas-altas, y de ahí se derivó la recomendación de “carga de carbohidratos” como si fuera una ley universal.

Sin embargo, había un detalle que se contempló menos: qué ocurría con la glucosa en sangre y con el sistema nervioso central cuando esos deportistas se acercaban al agotamiento.

El giro de guion: la sangre, el hígado y el cerebro

La revisión actual pone el foco en algo mucho más pequeño que un músculo, pero muchísimo más crítico: la pequeña reserva de glucosa que circula en la sangre y el papel del hígado para mantenerla estable.

Nuestra sangre contiene solo unos pocos gramos de glucosa en cada momento; no es un depósito, solo un “charco” pequeño pero vital. Y el cerebro depende de ese flujo continuo. Cuando un esfuerzo prolongado hace descender la glucosa sanguínea y el hígado no es capaz de producir suficiente, el organismo interpreta una amenaza: si sigue cayendo, hay riesgo de daño cerebral por hipoglucemia.

¿La respuesta del sistema nervioso? Pisar el freno. El cerebro reduce el reclutamiento de unidades motoras, baja la potencia y nos obliga a aflojar o a parar, incluso aunque el músculo aún tuviera capacidad de seguir contrayéndose.
Desde esta perspectiva, la fatiga no es tanto un “motor que se queda sin gasolina” como un sistema de protección que limita el rendimiento para evitar un accidente mayor.

El “muro”: ¿crisis energética o mecanismo de protección?

Quien haya corrido un maratón o hecho una carrera muy larga conoce la sensación de “chocar contra el muro”. Tradicionalmente, se atribuyó a una crisis energética pura: se acabó el glucógeno, se acabó todo.

La visión moderna matiza ese relato. La mayoría de los estudios que analizan la mejora del rendimiento con la ingesta de carbohidratos repiten un patrón: en el grupo que no los toma, la glucosa en sangre cae progresivamente hasta niveles bajos; mientras que en el grupo que sí los consume, esa caída se atenúa o desaparece, y el rendimiento se mantiene más tiempo.

El beneficio, por tanto, parece estar menos en “alimentar al músculo” y más en mantener la glucosa sanguínea en una zona segura, protegiendo la función del sistema nervioso. El muro sería, en buena medida, la activación de ese freno de seguridad.

Hay un argumento potente a favor de esta interpretación: cuando un músculo se queda realmente sin la molécula ATP (una especie de “moneda energética” que permite las funciones vitales de las células), lo que aparece es una rigidez extrema, similar al rigor mortis. Eso no es lo que se observa en el deportista fatigado: lo que se ve es una caída gradual del rendimiento, no un bloqueo mecánico total.

¿Cuántos carbohidratos hacen falta de verdad?

Si la misión principal de los carbohidratos durante el ejercicio es mantener la glucosa estable y evitar la hipoglucemia, la pregunta deja de ser “cuánto más puedo meter” y pasa a ser “cuál es la dosis mínima efectiva para este contexto”.

Aquí aparece un dato que cuestiona muchas recomendaciones, ya que se planteaba para esfuerzos prolongados suelen sugerir ingestas altas: 60-90 g de carbohidratos por hora (o incluso superiores). Esos rangos pueden ser útiles en contextos muy específicos, como competiciones muy largas y deporte de élite.




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Pero la evidencia actual muestra algo inesperado: en muchas situaciones, cantidades mucho más bajas producen efectos similares. De hecho, el nuevo estudio indica que ingerir 15-30 g/h durante ejercicio prolongado puede aportar beneficios de rendimiento comparables a dosis mucho mayores. La diferencia clave no está tanto en la cantidad absoluta, sino en evitar la caída peligrosa de glucosa en sangre. Una vez que se cumple esa misión, subir la dosis no siempre suma.

Esto cambia por completo la estrategia: en lugar de perseguir dosis cada vez más altas (lo que puede llevar a molestias gastrointestinales, dependencia psicológica del “gel” de carbohidratos y un gasto innecesario), el enfoque práctico se vuelve más fino: encontrar el punto mínimo donde la glucosa se estabiliza y el rendimiento se sostiene.

Además, aumentar la dosis por encima de ciertos rangos puede tener efectos paradójicos: reduce la oxidación de grasa, eleva la insulina y, en algunos estudios, acelera el vaciado del glucógeno muscular en lugar de ahorrarlo. Justo lo contrario de lo que muchos deportistas buscan.

En suma, los carbohidratos actúan como un amortiguador de glucosa, no como un combustible ilimitado. Si ya hemos frenado la caída, añadir más no garantiza un beneficio proporcional.

Atletas “low-carb” y la idea de flexibilidad metabólica

Otra pieza que cuestiona el dogma de “carbohidratos obligatorios” son los atletas adaptados a dietas bajas en estos macronutrientes. En ellos se han medido tasas de oxidación de grasa muy altas, manteniéndose elevadas incluso a intensidades importantes (por encima del 85 % de consumo máximo de oxígeno o VO₂max), con rendimientos similares a los de atletas con dietas ricas en carbohidratos en determinados contextos.

Esto no significa que “la grasa sea mejor siempre”. Significa que el organismo puede adaptarse y usar más grasa como combustible incluso cuando el esfuerzo es intenso. El viejo mantra de que “a alta intensidad solo se tira de carbohidratos” no parece ser tan universal como se pensaba.

El concepto que vertebra esta nueva lectura es la flexibilidad metabólica: la capacidad de cambiar de un combustible a otro según la demanda y la disponibilidad. Una dieta crónicamente muy alta en carbohidratos, sin periodización, podría reducir las señales para usar grasa, favorecer la sensación de dependencia del gel y hacer el metabolismo más rígido.

La alternativa no es un “cero carbohidratos”, sino aprender a periodizar: entrenamientos donde se fuerza al cuerpo a utilizar más grasa y momentos donde se usan carbohidratos como herramienta estratégica.

De la religión del carbohidrato a la dosis mínima efectiva

¿Qué implicaciones prácticas tiene todo esto para quien entrena o compite?

Primero, desmitificar: los carbohidratos no son ni enemigos ni dioses. Son una herramienta. En lugar de pensar “cuánto más, mejor”, conviene preguntarse:

  • ¿Cuál es el objetivo prioritario hoy: rendimiento máximo inmediato o mejorar la flexibilidad metabólica a medio plazo?

  • ¿Cómo responde mi cuerpo? Hambre, bajones, “pájara”, molestias digestivas, sensación de dependencia… son señales valiosas.

Segundo, entender que el límite del rendimiento no se decide solo en las fibras musculares. El cerebro, a través de su vigilancia constante de la glucosa y de otros combustibles, actúa como regulador superior. Cuando percibe que el equilibrio está en riesgo, baja la potencia. Los carbohidratos bien usados ayudan a que ese freno se active más tarde, principalmente manteniendo la glucosa estable, no rellenando sin fin un depósito muscular.

Y tercero, recordar que las recomendaciones generales son solo un punto de partida. Personas con diabetes, tendencia a hipoglucemias o que toman medicación necesitan una individualización cuidadosa, idealmente supervisada por un profesional.

El futuro de la nutrición deportiva no pasa por una dependencia creciente del azúcar, sino por favorecer una maquinaria metabólica flexible, capaz de usar lo que toque en cada momento. Los carbohidratos seguirán teniendo un papel importante, pero cada vez más como dosis mínima eficaz al servicio del cerebro, no como dogma incuestionable al servicio del mito del músculo vacío.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El mito de los carbohidratos para hacer deporte: ¿cuántos hay que tomar realmente? – https://theconversation.com/el-mito-de-los-carbohidratos-para-hacer-deporte-cuantos-hay-que-tomar-realmente-274549

¿Una errata tipográfica? Será culpa del diablillo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia Hurtado González, Profesora del Departamento de Lengua Española de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid

_San Juan en Patmos_ de El Bosco, con Titivillus abajo a la derecha tratando de arrebatar la pluma de escritura al santo. Gemäldegalerie Berlin

Decía el escritor Antonio Muñoz Molina que el corrector es una figura que “sabe hacer de verdad lo que parece evidente, que sabe mirar un texto palabra por palabra, con la atención muy afilada, con el lápiz igual de afilado y disponible, con una mezcla de proximidad y de distancia, de amor por la palabra exacta y lucidez clínica para percibir errores”.

Pues bien, los correctores tienen un santo “laico”. La Fundación Litterae (emblema de los correctores argentinos) propuso a Erasmo de Róterdam, quien nació el 27 de octubre de 1466, como patrón de los correctores. Este humanista ha pasado a la historia por sus libros, tratados y ensayos, pero también llegó a ejercer durante un tiempo la labor de corrector. En realidad, su preocupación por el lenguaje fue una constante en su vida. Actualmente, el Día Internacional de la Corrección coincide con su fecha de nacimiento.

Titivillus el que trastea

Pero, además de tener un protector, los correctores cuentan con dos demonios.

Representación de Titivillus en una miniatura del siglo XIV.
Representación de Titivillus en una miniatura del siglo XIV.
Wikimedia Commons

El trabajo de los escribas y los copistas era muy importante en la Edad Media. Cuando todavía no existía la imprenta, los libros debían ser copiados a mano, una ardua tarea, ya que estos amanuenses se veían obligados a pasar muchas horas trabajando en ambientes cerrados, con la única iluminación de la luz de las velas o las lámparas de aceite. Esto, unido al tedio y al cansancio, les hacía cometer múltiples errores que se consideraban una falta grave, especialmente si se trataba de textos religiosos. Sin embargo, inventaron la excusa perfecta: un demonio llamado Titivillus.

La primera mención a este demonio aparece en el Tractatus de penitentia, de Johannes Galensis, publicado hacia 1285: “Titivillus recoge los fragmentos de estas palabras con lo que llena su saco mil veces al día”. De hecho, se le representa portando un fardel con las sílabas y letras que los copistas se olvidaban de escribir.

La errata más famosa es la de la Biblia del pecador, del rey inglés Carlos I, en 1631. Según esta versión, el séptimo mandamiento proponía “cometer adulterio” porque al corrector se le olvidó anteponer el “no”. Esta equivocación condenó a todos los ejemplares de esas Biblias a la hoguera, aunque algunos consiguieron sobrevivir.

Titivillus siguió haciendo de las suyas cuando se inventó la imprenta. Así, en la novela de Eva Díaz Pérez El sueño del gramático, Francisca, hija de Antonio de Nebrija (1444-1522), narra la aventura humanística de su padre, a quien le tocó vivir la revolución que supuso la aparición del invento de Gutenberg.

La mención a Titivillus en este relato es una muestra de la popularidad alcanzada por este diablillo, a quien se define como “el demonio que habitaba en todas las casas de moldes y que anotaba los errores de cajistas de las imprentas como había hecho antes con los monjes escribanos en los monasterios”. Más adelante encontramos que también “visitaba todos los talleres de impresoras y que cargaba en su saco los gazapos acumulados durante el día en el trabajo de los oficiales. Ese saco que llevaba al infierno y que padre decía que iba cargado de errores, porque eran muchos los despistes de sus correctores”.

Bibliofas

Poco se ha hablado de otro diablo tipógrafo que aparece mencionado en Diabolicón, un catálogo de diablos de todo tipo elaborado por Jorge Ordaz Gargallo. Es Bibliofas quien, “desde los tiempos de Gutenberg, anda enredando entre prensas, linotipias y minervas, cambiando letras y trastocando palabras”.

Como ejemplo de sus travesuras, Ordaz Gargallo alude a las erratas aparecidas en un texto piadoso del mercedario Maximino de Uclés, titulado Rosa Mystica, o primaveral jardín de femeniles flores en loor de la Santísima Virgen María. En él, en vez de “mujeres puras que podían a veces, púdicamente…”, se leía “mujeres putas que jodían a peces, públicamente…”. Cuando se dieron cuenta, ya era tarde y se habían vendido unos cuantos ejemplares. Los que quedaban en depósito, como es fácil suponer, fueron destruidos.


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Demonios 2.0.

Estos demonios se han adaptado a los nuevos tiempos y campan a sus anchas por las pantallas de los ordenadores (y los móviles). Por lo tanto, sigue vigente la observación de Juan Caramuel (1606-1682) en su Syntagma de arte typographica, reproducida en La mano invisible. Confesiones de un corrector iconoclasta (2019), de Antonio Martínez Fernández: “Por más diligencia que se ponga, por más cuidadosa que sea la corrección, no es posible librar de este defecto a los libros”.

De ahí que, como explica Caramuel, surgiera “esa leyenda de que el inventor de la tipografía había condenado a muerte al primero que publicase un libro sin errores”. Añade él: “con todo, los componedores seguían felices, seguros de que ninguno habría de temer jamás el rigor de aquella ley”.

The Conversation

Silvia Hurtado González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Una errata tipográfica? Será culpa del diablillo – https://theconversation.com/una-errata-tipografica-sera-culpa-del-diablillo-267890

Las diminutas criaturas marinas que pueden amplificar los efectos del cambio climático en los océanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Inma Herrera, Investigadora posdoctoral en el Grupo de Investigación sobre Biodiversidad y Conservación del Instituto Universitario ECOAQUA (Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Choksawatdikorn/Zhutterstock

Cuando pensamos en los efectos del cambio climático en el mar, solemos imaginar corales blanqueados, especies de peces desplazándose hacia aguas más frías o el aumento del nivel del mar. Sin embargo, uno de los cambios más profundos está ocurriendo a una escala casi invisible: en el zooplancton, un conjunto de pequeños organismos que flotan en la columna de agua y sostienen buena parte de la vida marina.

Aunque apenas se perciban a simple vista, estos seres reaccionan con rapidez a las variaciones ambientales. Por ello, funcionan como indicadores especialmente sensibles del estado de los ecosistemas marinos y de los efectos del calentamiento global. De hecho, las comunidades planctónicas ya están mostrando respuestas detectables a eventos extremos como las olas de calor marinas, con consecuencias potenciales para toda la red trófica oceánica.

La base invisible de la red trófica marina

El zooplancton ocupa una posición clave en los océanos: conecta la producción primaria del fitoplancton –diminutos seres vivos fotosintéticos– con niveles tróficos superiores como peces, aves y mamíferos marinos. Por su abundancia, destacan unos pequeños crustáceos, los copépodos, que dominan gran parte de las comunidades planctónicas marinas y reflejan con gran sensibilidad las condiciones ambientales.

En un estudio realizado en el Atlántico subtropical y en aguas canarias se evidenció que la diversidad y la estructura de las comunidades de copépodos varían de forma significativa en función de las condiciones oceanográficas locales, incluso dentro de áreas marinas protegidas. De manera concordante, se han descrito resultados similares en sistemas costeros de reciente formación, como los deltas lávicos, donde la dinámica del zooplancton responde rápidamente a cambios físicos y ambientales.

Además, trabajos recientes muestran que la variabilidad temporal del zooplancton puede estar modulada por patrones naturales como el ciclo lunar, lo que refuerza su utilidad como indicador integrador del funcionamiento del ecosistema.




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El zooplancton como indicador del cambio climático

El aumento de la temperatura del océano, la acidificación y las alteraciones en la circulación marina están modificando la composición y la distribución del zooplancton a escala global, tal y como recoge la tercera Evaluación Mundial de los Océanos de Naciones Unidas. Muchas especies sobreviven en rangos térmicos estrechos, por lo que el calentamiento del agua afecta directamente a su supervivencia y a sus ciclos reproductivos.

En regiones como Canarias, los cambios observados en la estructura de las comunidades planctónicas sugieren que las especies más sensibles están siendo progresivamente sustituidas por otras más tolerantes al calor. Esto supone, además, una posible reducción de la diversidad del ecosistema.

Fotos de organismos del zooplancton
Ejemplos de organismos del zooplancton.
Mélisande Payet, CC BY-SA

Olas de calor marinas y respuestas biológicas

Las olas de calor marinas no solo afectan al zooplancton. Episodios prolongados de temperaturas anómalamente altas pueden alterar el comportamiento, la fisiología y la distribución de numerosos organismos marinos, amplificando los efectos del cambio climático en los ecosistemas costeros.

En el Atlántico oriental, se ha observado que el cangrejo azul responde de forma especialmente sensible a estos eventos térmicos extremos. Estudios recientes muestran que el desarrollo embrionario de esta especie presenta límites térmicos superiores claros, que podrían verse superados bajo escenarios de calentamiento futuro.

Otro trabajo indica que la tolerancia fisiológica de este animal a factores ambientales como la salinidad contribuye a su capacidad de adaptación y expansión en nuevos ambientes.

Estos resultados confirman que las olas de calor marinas actúan como factores de estrés agudos, capaces de modificar rápidamente las poblaciones de crustáceos y de favorecer especies más tolerantes al calor frente a otras menos resilientes.

Cangrejo azul en el agua
El cangrejo azul (Callinectes sapidus), también conocido como jaiba azul o jaiba, es una especie nativa del Atlántico occidental y del golfo de México.
Jarek Tuszyński/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Canarias: un laboratorio natural para estudiar estos cambios

Las islas Canarias están influenciadas por la corriente de Canarias, de aguas frías, y los procesos de afloramiento o surgimiento de aguas profundas que aportan nutrientes y sostienen una elevada productividad biológica. Durante décadas, las comunidades de zooplancton se han adaptado a este equilibrio oceanográfico, caracterizado por una marcada variabilidad espacial y estacional.

Sin embargo, el aumento de la temperatura del mar y la mayor frecuencia de olas de calor marinas están alterando estos patrones. Estudios recientes muestran que la composición y abundancia del zooplancton pueden cambiar incluso en espacios protegidos, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de estos ecosistemas frente al cambio climático.

Además de los fenómenos climáticos, eventos geológicos recientes también pueden modificar de forma significativa la dinámica del zooplancton. Tras la erupción del volcán submarino Tagoro en la isla de El Hierro, se observa que las comunidades planctónicas experimentaron cambios detectables en sus fuentes de carbono y en la estructura trófica, identificados mediante el uso de isótopos estables.

Mapa geográfico de las islas Canarias
Mapa de las islas Canarias.
EMODnet, CC BY-SA

Cambios en la base de la cadena alimentaria

Las alteraciones del zooplancton tienen efectos en cascada sobre el ecosistema marino. Una reducción en su abundancia o en su calidad nutricional afecta directamente a peces y otros organismos que dependen de él, especialmente durante sus primeras fases de vida.

Además del cambio climático, al zooplancton le afectan otras presiones humanas emergentes. Un estudio reciente ha demostrado que el copépodo Pontella mediterranea puede ingerir y retener microplásticos, actuando como vector de transferencia de estos contaminantes dentro de las redes tróficas marinas.

En este contexto, la última Evaluación Mundial de los Océanos advierte que las alteraciones en el plancton, incluido el zooplancton, pueden amplificar los efectos del cambio climático sobre la productividad marina y la seguridad alimentaria, especialmente en regiones costeras y sistemas insulares. La falta de series temporales largas en muchas zonas, como el Atlántico oriental, refuerza la necesidad de programas de seguimiento continuado que integren observaciones locales en evaluaciones globales.

Proyectos de seguimiento y gestión costera

Iniciativas como el proyecto IMPLACOST, para abordar los efectos del cambio climático en Macaronesia y zonas costeras de África, proporcionan un marco clave para relacionar cambios fisicoquímicos del medio marino con respuestas biológicas, facilitando la integración de datos ambientales con indicadores ecológicos como el zooplancton.

La combinación de seguimiento ambiental y estudios biológicos desarrollados en el ámbito canario permite mejorar la detección temprana de impactos climáticos y apoyar una gestión más sostenible de los ecosistemas marinos y costeros.

El zooplancton actúa como un auténtico termómetro biológico del océano. Su rápida respuesta a las alteraciones ambientales ofrece información clave para anticipar cambios profundos en los ecosistemas marinos.


Mélisande Payet, estudiante ERASMUS+ del Máster en Ciencias Marinas de la Université de Toulon, ha participado en la elaboración de este artículo.


The Conversation

Inma Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las diminutas criaturas marinas que pueden amplificar los efectos del cambio climático en los océanos – https://theconversation.com/las-diminutas-criaturas-marinas-que-pueden-amplificar-los-efectos-del-cambio-climatico-en-los-oceanos-272627

En 2005 España ya regularizó a más de medio millón de inmigrantes indocumentados, ¿qué pasó luego?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Monras, Labor Economics, IESE Business School (Universidad de Navarra)

Trabajadores de la construcción en Pontevedra. Pilar Picas/Shutterstock

Con la apertura de un nuevo proceso de regularización de inmigrantes, del que se beneficiarán cerca de medio millón de trabajadores extranjeros indocumentados, España está trazando su propio camino en materia de política migratoria, al tiempo que refuerza su dependencia de los migrantes para impulsar el crecimiento económico.

“Estamos fortaleciendo un modelo migratorio basado en los derechos humanos, la integración y la convivencia, y compatible con el crecimiento económico y la cohesión social”, afirmó Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, al anunciar las medidas, a finales de enero.

El Gobierno tiene previsto recibir las solicitudes para la regularización entre abril y junio, aunque las fechas y los detalles definitivos se darán a conocer este mes de febrero.

Hasta ahora, el Gobierno ha dicho que los inmigrantes que no tengan antecedentes penales y puedan demostrar que han vivido en España durante cinco meses (con fecha límite de entrada 31 de diciembre de 2025), podrán solicitar un permiso de residencia y trabajo de un año. Las personas que solicitaron asilo antes de esa fecha también pueden optar a él. Los migrantes también podrán legalizar a sus hijos menores de edad, a los que se les concederá un permiso de residencia de cinco años.

La regularización masiva de 2005

Para comprender el potencial impacto económico de esta medida podemos fijarnos en la última regularización, en 2005, que legalizó a unos 600 000 trabajadores indocumentados. Nuestra investigación ha analizado una serie de indicadores: flujos migratorios, gastos en educación y salud, nóminas e impuestos sobre la renta, y el mercado laboral.

Los resultados son, en muchos sentidos, tan notables por lo que ocurrió como por lo que no ocurrió.

Los temores de que hubiese un aumento de los inmigrantes ilegales que entraban en España resultaron infundados. Sin embargo, los controles fronterizos se hicieron más estrictos y hubo una campaña contra el empleo informal que podría haber frenado el efecto llamada.

También analizamos las admisiones hospitalarias y la demanda de educación y, de nuevo, no observamos grandes cambios. En España, los inmigrantes indocumentados tienen acceso a la atención de urgencia, y son los españoles de más edad, y no los jóvenes inmigrantes, los que más demandan los servicios del sistema sanitario.

Acceso más fácil a mejores puestos de trabajo

A medida que los trabajadores entraban en el mercado laboral formal, las cotizaciones salariales aumentaron en unos 4 000 euros por inmigrante legalizado al año. En cuanto al impuesto sobre la renta, observamos muy pocos cambios: muchos inmigrantes ganan el salario mínimo y pagan pocos o ningún impuesto sobre la renta.

Se plantearon temores sobre la competencia por los puestos de trabajo entre inmigrantes y nativos. Sin embargo, el mercado formal absorbió a los nuevos trabajadores sin que ello tuviera repercusión alguna en el empleo o los salarios de los nativos. De hecho, el mercado laboral informal se redujo incluso para los trabajadores nativos, probablemente debido a la campaña del Gobierno contra este tipo de trabajo.

Quizás lo más importante es que la regularización pareció actuar como catalizador para conseguir mejores trabajos. Al observar el sistema de seguridad social a lo largo del tiempo, se observó una movilidad ascendente entre los migrantes a medida que cambiaban de un trabajo a otro.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer en este ámbito. Una investigación reciente sobre nueve países receptores de inmigrantes reveló que los inmigrantes en España ganan de media un 29 % menos que los trabajadores nativos, la mayor diferencia salarial entre los países estudiados. Esto se debe, en gran medida, a que les cuesta acceder a puestos de trabajo mejor remunerados.

Absorción de nuevos trabajadores

No hay motivos para esperar que esta vez el impacto sea muy diferente al de hace 20 años. Se estima que hay 800 000 inmigrantes indocumentados en España, de los que unos 500 000 podrían optar a la regularización.

La economía española creció un 2,8 % en 2025 y el desempleo ha caído por debajo del 10 % (9,93 % en el cuarto trimestre de 2025) por primera vez desde la crisis financiera de 2008. En 2025 se crearon más de 600 000 nuevos puestos de trabajo, siendo los sectores de los servicios y la agricultura los que experimentaron un mayor crecimiento.

Existe una demanda suficiente y continua de trabajadores en los sectores hacia los que se inclinan los inmigrantes –hostelería, cuidados, construcción, agricultura, etc.– como para que la economía pueda absorberlos.

Además, muchos inmigrantes proceden de Latinoamérica, con lo que comparten un idioma y una afinidad cultural que probablemente facilitarán su integración en la población activa española.

¿Un país de inmigrantes?

Lo que ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años es que España se está convirtiendo en un país de inmigrantes. Mientras que en la historia reciente los españoles buscaban trabajo en el extranjero, eso cambió a principios de la década de 2000, cuando se produjo un aumento de la inmigración. Tras estabilizarse en la década posterior a la crisis financiera de 2008, la inmigración ha vuelto a aumentar desde 2018.

Flujo de población inmigrante entre 2008 y 2021.
INE, CC BY-SA

Las estimaciones oficiales indican que, si las tendencias demográficas actuales continúan, la población de España pasará de los 49,4 millones actuales a 54,6 millones en el año 2074, un aumento producido exclusivamente por la inmigración. Según estas estimaciones, el porcentaje de la población nacida fuera de España pasará del 18 % al 39 % en los próximos 50 años.

A tomar en cuenta

Ante este cambio demográfico masivo, el Gobierno hará bien al prestar atención a lo que denomino “puntos de congestión” económica: aquellos ámbitos, como los servicios públicos, en los que la migración ejerce una presión adicional que, si no se resuelve, puede reducir la calidad de vida en España.

El debate sobre la inmigración se ha entrelazado con otros debates cruciales para España, como la crisis de la vivienda y el exceso de turismo. Las tres cuestiones –inmigración, vivienda y turismo– tienden a ser especialmente acuciantes en grandes ciudades como Madrid y Barcelona.

Ahí es donde puede producirse la congestión. El crecimiento de la población impone nuevas exigencias a las infraestructuras y los servicios públicos, como el transporte. En pocas palabras, más personas necesitan más viviendas, más plazas en autobuses y trenes, más plazas escolares para sus hijos, etc. Por lo tanto, los inmigrantes deben tener acceso a toda la gama de puestos de trabajo, y ahí es donde realmente comienza el reto.

Al igual que no hay una solución sencilla para la crisis de la vivienda o el turismo excesivo, tampoco la hay para la migración, ni siquiera una regularización generosa.

The Conversation

Joan Monras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En 2005 España ya regularizó a más de medio millón de inmigrantes indocumentados, ¿qué pasó luego? – https://theconversation.com/en-2005-espana-ya-regularizo-a-mas-de-medio-millon-de-inmigrantes-indocumentados-que-paso-luego-275256

El Ártico y Groenlandia: nueva zona de interés para la economía de la defensa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia Vicente-Oliva, Profesora de Gestión de la Innovación. Departamento de Dirección y Organización de Empresas, Universidad de Zaragoza

Un patrullero militar danés se aproxima a Nuuk, capital de Groenlandia. Nigel Jarvis/Shutterstock

El Polo Norte, región inexpugnable por sus hielos perennes y escenario de las hazañas increíbles de los exploradores de hace un siglo, está cambiando: por el clima, la geopolítica o la ambición de explotar sus recursos. La unión de estos factores ha hecho que la región también cobre importancia respecto a la economía de la defensa.

Las fuerzas que moldean el mundo

En el Ártico, la población total no llega a los diez millones de personas y en Groenlandia son poco más de 56 000. El país se dedica tradicionalmente a la pesca (que constituye, junto con sus productos derivados, un 90 % de sus exportaciones). En los últimos años, el turismo ha cobrado importancia, pero el producto interior bruto groenlandés mantiene tasas modestas de participación.

Los recursos naturales por explotar y la globalización están generando altas expectativas a nivel internacional. Y, debido al creciente deshielo provocado por la subida de las temperaturas, hay previsión de utilizar el Ártico en rutas de transporte marítimo, y de explotar sus tierras raras para reducir la dependencia europea de las importaciones desde China.




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Por su parte, Estados Unidos ha manifestado su interés de hacerse con la isla. Y aunque estas pretensiones parecen estar alineadas con la militarización de la región, hay motivos económicos más allá de los defensivos para las ansias anexionistas estadounideneses.

La economía de la defensa y el futuro

Aunque la economía de la defensa trata sobre las cuestiones económicas
relacionadas con la defensa y la seguridad nacional, no se limita a las acciones bélicas. También contempla shocks geopolíticos, cambios tecnológicos (ciberseguridad, drones, robótica), crisis económicas, cambios en la configuración del orden internacional (la intervención de Trump en Venezuela), las prioridades estratégicas y la estructura industrial de defensa de los países.

No solo analiza ciclos e impactos (por ejemplo, la Guerra Fría, el 11-S, la invasión de Ucrania…) y mercados de defensa y cadenas de suministro, sino que también contempla la prevención de conflictos y la implantación de sistemas de alerta temprana que puedan avisar de la fragilidad, inestabilidad y riesgos de conflicto en una zona.




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Señales y alertas

Hay dos conceptos de prospectiva geopolítica clave en estos momentos para la región ártica:

  • Las señales débiles, anomalías sutiles que sugieren cambios futuros pero que todavía tienen poca probabilidad de ocurrencia y no son de conocimiento general.

  • Las señales de alerta temprana, que ya indican una inminente crisis o cambio significativo. Estas contribuyen a minimizar los riesgos, por lo que se utilizan en todo tipo de ejercicios de prospectiva y planeamiento.

Tradicionalmente, los modelos de predicción utilizados en economía de la defensa incluían variables macro y sectoriales, como el gasto público en defensa de un país, y su composición, así como su dependencia tecnológica en función de su base tecnológica e industrial. Sin embargo, cuando se trata de incluir señales tempranas y débiles, los modelos deben ampliarse para considerar otros eventos plausibles.

En este momento, el Ártico –y en particular Groenlandia– se ha convertido en una frontera emergente de la economía de la defensa. Allí convergen intereses relativos al transporte marítimo, los recursos críticos y la creciente militarización de la región.

Señales económicas

A continuación se enumeran una serie de posibles señales tempranas de índole económica (como muestra, ya que no hay un estudio detallado que las agrupe o que proporcione información en series completas).

Cambios en las rutas marítimas árticas:

  • Nuevos flujos comerciales: aunque entre 2013 y 2019 creció un 25 % el número de buques haciendo la ruta ártica, el consumo de combustible se disparó un 82 % y la distancia total recorrida aumentó un 75 %.

  • Nuevos actores comerciales e industriales: estos se concentran, sobre todo, en gas natural licuado, transporte marítimo de contenedores y servicios logísticos vinculados a la ruta marítima del norte. China y otros países de la OCDE financian grandes proyectos en esta área.

  • Diversificación de clientes: Groenlandia ha ampliado la cartera de países a los que destina sus exportaciones. Si en 2018 se enviaban a Dinamarca el 82,3 %, en 2023 el porcentaje había caído hasta un 45 %. Los bienes de consumo suponen aproximadamente la mitad de sus importaciones y Dinamarca sigue siguiendo su principal proveedor.

Acceso a recursos críticos:

La región ártica todavía no produce tierras raras, pero se estima que Groenlandia acoge dos de los yacimientos más grandes del mundo: Kvanefjeld y Tanbreez. Hasta la fecha, y por las dificultades climatológicas, no han sido objeto de extracción, aunque sí hay países que han manifestado su interés al respecto (Estados Unidos, China).

  1. Licencias y previsión de extracción de tierras raras: hay un proyecto paralizado (Kavanefjeld con entre 1,15 y 1,5 toneladas), uno en exploración (Tanbreez, previsto en el depósito de Fjord con entre 85 000 y 425 000 toneladas al año), y otro en negociación (SILA).

  2. Tecnologías que abaratan la localización y extracción:

Militarización de la región: años 2025 y 2026

Dinamarca, el país encargado de la defensa del territorio groenlandés, pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por tanto, en caso de agresión, se invocaría su artículo 5, que establece la defensa mutua de los países miembros. No obstante, si la agresión proviniese de un miembro de la Alianza, no estaría clara la línea de actuación. Estas son algunas señales recientes de militarización en la zona:

Atender a las señales

Algunas de estas señales tempranas se han empezado a producir recientemente, pero otras ya llevan algún tiempo en marcha. Las fronteras en el Ártico pueden alterarse por los factores considerados emergentes desde la economía de la defensa, por lo que los actores con intereses en la zona –y sus aliados– deberían preparar su respuesta a los posibles próximos acontecimientos.

The Conversation

Silvia Vicente-Oliva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El Ártico y Groenlandia: nueva zona de interés para la economía de la defensa – https://theconversation.com/el-artico-y-groenlandia-nueva-zona-de-interes-para-la-economia-de-la-defensa-274497

How African principles of community are helping Black students in the UK into PhD study

Source: The Conversation – UK – By Ifedapo Francis Awolowo, Senior Lecturer in Accounting, Sheffield Hallam University

GaudiLab/Shutterstock

Across the UK, Black students remain significantly underrepresented in doctoral programmes. This is despite years of widening participation policies and a growing awareness that the pathways into a PhD are often far harder to navigate for some groups than others.

My research with colleagues shows that a different approach is possible: one that draws on long-standing African philosophies of community, character and collective care.

In 2021, I and colleagues launched the Accomplished Study Programme in Research Excellence (Aspire), an initiative led by Sheffield Hallam University in partnership with Manchester Metropolitan University and higher education charity Advance HE. The programme emerged from a national funding competition aimed at widening access and participation for Black, Asian and minority ethnic groups in postgraduate research.

Aspire provides personalised, culturally grounded mentorship that combines academic development and wellbeing support. The programme works with Black students in their final year of undergraduate and master’s degrees, as well as graduates who may have left university long ago, helping them find their way into doctoral study.

Aspire takes inspiration from two African philosophies. One is ubuntu, a concept from Southern Africa meaning: “I am because we are.” It emphasises community, mutual support and shared humanity.

The other is omoluabi, a Yoruba principle of “good character”. It values integrity, humility, respect and responsibility towards others.

These ideas may be centuries old, but they offer a powerful framework for modern mentorship. Students told us that mentoring based on these values felt different: more personal, more understanding and more connected to who they are. It gave them permission to see themselves not as outsiders in academia, but as people whose experiences and identities belong there.

Each participant is paired with a Black academic mentor who offers personalised guidance and support throughout the six month duration of the programme. Instead of presenting the doctoral process as a rigid checklist, mentors helps students understand the unwritten expectations of academia.

This includes how to approach potential supervisors, how funding works and how to build a research profile. The programme builds confidence and opens up the possibility of a PhD for people who may never have imagined doctoral study as an option for them.

The programme, and the research my colleagues and I have published on its methodology, offer the clearest evidence yet that culturally grounded mentorship is not simply beneficial; it is transformative.

Group of people sat looking at the camera
Aspire scholars.
ASPIRE, CC BY-NC-ND

Many students begin thinking about doctoral study years before they apply. But for Black students, this journey is often shaped by additional pressures. These include limited access to academic role models, navigating structural inequalities, and the experience of feeling out of place in academic spaces. Standard university support, such as one-off career talks or short mentoring schemes, rarely addresses these deeper issues.

Feeling seen and heard

A key element of the programme is the Talk About Race Forum, a structured but open discussion space where students can reflect on their experiences of university life. For many, this was the first time they could speak honestly about the challenges such as racial microaggressions or the fear of “not being good enough”.

These conversations were not counselling sessions, nor were they complaints forums. Instead, they became places of validation. Students heard others articulate struggles similar to their own. This helped them realise that these challenges were not personal failings but often the result of broader inequalities. Mentors and peers provided reassurance and practical advice rooted in lived experience.

This sense of recognition was central to students’ growth. Many described gaining a stronger sense of who they were academically, and beginning to picture themselves in doctoral settings they once assumed were “not for people like me”.

One of the strongest findings from the research is that culturally informed mentorship can create measurable impact.

Across three cohorts, the programme has supported 59 Black students. Of these, 15 scholars have progressed into fully funded PhD programmes in different UK universities. This 25% progression rate far exceeds typical sector patterns for Black students. These achievements stem not only from academic guidance but also from the emotional support students received and the reassurance that they belonged, that their ideas mattered, and that doctoral study was within reach.

Group of people in black and white photo
Aspire showcase event, 2024.
ASPIRE, CC BY-NC-ND

A model for the future

Universities often call for increased diversity in postgraduate research. However, many rely on surface-level initiatives that do little to address structural barriers. The Aspire approach suggests a realistic alternative.

It is about adopting principles that make mentorship meaningful. This includes seeing students as whole people, not problems to be “fixed”. The programme values cultural knowledge and lived experience and invests time in building trust. It provides personalised guidance rather than one-size-fits-all workshops.

For institutions, the benefits extend beyond individual student success. A more diverse doctoral community enriches research, expands perspectives and strengthens the university’s connection to the society it serves.

The under-representation of Black students in UK doctoral programmes is often seen as a long-standing, stubborn inequality. But our findings show it is neither mysterious nor impossible to address. When mentorship is rooted in compassion, culture and community, it becomes a powerful tool for change.

Culturally grounded approaches like ubuntu and omoluabi do more than help students navigate an unfamiliar system. They reshape students’ sense of possibility. They also challenge universities to rethink the kinds of support that truly foster inclusion.

The Conversation

Ifedapo Francis Awolowo receives funding from Office for Students and Research England

ref. How African principles of community are helping Black students in the UK into PhD study – https://theconversation.com/how-african-principles-of-community-are-helping-black-students-in-the-uk-into-phd-study-271357

Which countries are best-placed to see off state-supported cyber-attacks? A government advisor explains

Source: The Conversation – UK – By Gerald Mako, Research Affiliate, University of Cambridge

In April 2007, the Baltic nation of Estonia woke up to one of the world’s first major cyber-attacks on civil society carried out by a state. A series of massive “distributed denial of service” assaults – floods of fake traffic from networked computers – targeted government websites, banks, media outlets and online services for weeks, slowing or shutting them down.

These cyber-attacks followed Estonia’s decision to relocate a Soviet-era war memorial and war graves from the centre of the capital city, Tallinn, to a military cemetery.

Amplified by false reports in Russian media, this sparked nights of protest and rioting among Russian-speakers in Tallinn – and cyber chaos throughout the country. Though the cyber-attack was never officially sanctioned by the Kremlin, the “faceless perpetrators” were later shown to have Russian connections.

Estonia has since transformed itself, in part through voluntary initiatives such as the Cyber Defence Unit (a network of private-sector IT experts), into a leader in this field. It is home to Nato’s Cyber Defence Centre of Excellence, and ranks fifth in the International Telecommunication Union’s global cybersecurity index – alongside the UK.

The massive 2007 cyber-attack on Estonia explained. Video: Cybernews.

But in many ways, Estonia is far ahead of Britain in its cybersecurity planning. A 2025 government review found that nearly one-third of the UK’s public sector IT systems were “critically vulnerable” due to historical underinvestment – with some aspects of the police and NHS at particular risk.

International cyber-attacks on the UK increased by 50% last year. “Nationally significant” incidents rose from 89 to 204 – including, in September 2025, a major ransomware attack on Jaguar Land Rover that halted production for a month, causing losses of around £1.9 billion.

Amid these threats, the UK government recently launched its Cyber Action Plan and held the first ever cross-party international security briefing – co-chaired by the National Cyber Security Centre’s CEO, Richard Horne.

So can this more preemptive approach staunch the flow of cyber-attacks on the UK? In my experience of advising European and Asian governments on cybersecurity matters, the problem is that nothing is ever urgent – until everything is.

Cyber-attacks could shatter public trust

A key worry for British ministers is that an attack on government systems could shatter public trust. Imagine welfare benefits going unpaid, tax returns being ignored and health records frozen amid a major ransomware crisis.

The new plan prioritises central government digital services including tax, benefits, health records and identity verification. Pledging £210 million in additional funding, it promises to address the difficulty of attracting highly paid private-sector engineers, analysts and penetration (“pen”) testers to the public sector. Defence companies, specialist security firms and big tech typically pay 30-50% higher salaries.

While establishing a Government Cyber Unit is welcome, its phased rollout to 2029 feels too leisurely amid the level of threats the UK (and other countries) now face. Groups linked to Russia and China in particular are dramatically increasing the volume and sophistication of cyber-attacks. They combine state resources with criminal ecosystems to exploit the vulnerabilities of years of IT under-investment much faster than most cyber-defences can adapt.

Rapid developments in AI technology are also making the threat more severe – for example, through highly personalised phishing attacks and use of deepfakes. Defenders are struggling to keep up with the scale and constantly changing nature of these threats.

Interview with the UK’s National Cyber Security Centre CEO, Richard Horne. Video: McCrary Institute for Cyber and Critical Infrastructure Security, Auburn University.

Who leads the way on cyber-defence?

The US is in a league of its own when it comes to cyber-defence. The federal government alone spends an annual US$25 billion (£18 billion) on defending its IT systems, compared with the UK’s £2-2.6 billion.

Australia’s budget – A$6.2 billion (£3.2 billion) – also exceeds the UK’s, despite its much smaller population. It enforces strict rules such as 12-hour critical incident reporting and, most importantly, has prioritised investing in new technologies.

Countries that are ahead of the cybersecurity curve show the same ingredients work: mandatory rapid reporting of incidents, serious investment in AI-powered monitoring, real-time sharing of information between government and private sectors, and strong international partnerships.

What came as a shock to Estonia in 2007 has been hitting European institutions and infrastructure for years now. Since Russia launched its full-scale invasion of Ukraine four years ago, it has woven cyber operations much more closely into its hybrid warfare playbook. In 2022, there were more than 650 documented attacks by pro-Russian groups, of which only 5% targeted Ukraine – the rest focused on Nato and other EU countries.

In contrast, China has tended to prioritise stealthy, long-term espionage, including the UK Ministry of Defence payroll breach in 2024. Iran has focused on aggressive disruption, and North Korea on seizing funds through cyber heists – the most successful of which stole US$1.5 billion in cryptocurrency by hacking into the Bybit crypto exchange.

To keep pace, the UK needs to lean harder into its alliances, including with Nato and the EU. It should insist on compulsory AI-threat training across government and key industries, and show more willingness to expose attackers publicly. A timely but measured response should at least raise the risk (and cost) of the next cyber-attack for its state-sponsored perpetrators.

The Conversation

Gerald Mako does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Which countries are best-placed to see off state-supported cyber-attacks? A government advisor explains – https://theconversation.com/which-countries-are-best-placed-to-see-off-state-supported-cyber-attacks-a-government-advisor-explains-275447

Bridgerton: three true tales of love at first sight at Regency masquerade balls

Source: The Conversation – UK – By Meg Kobza, Visiting Fellow, School of History, Classics and Archaeology, Newcastle University

Countless love stories throughout the ages hinge on the idea of love at first sight. Immediate, unwavering infatuation the moment eyes meet. Two people finding each other across a crowded, glittering ballroom or perhaps bumping into each other accidentally. But what if your true love is hidden behind a disguise? And flees before you have a chance to learn their name?

Such is the challenge facing Benedict Bridgerton (Luke Thompson) in the most recent season of Bridgerton. The first episode of season four centres around a truly spectacular masquerade ball at Bridgerton House and sets up a re-imagining of the Cinderella story, with Regency flare.

Sparkling in silver from head to toe, servant Sophie Baek (Yerin Ha) manages to sneak into the lavish elite entertainment unnoticed. It is there she finds herself in the company of Benedict, one of the most sought-after bachelors in London and a notorious rake. Sparks fly as their gazes lock and the world fades away into a night of enchantment until the resounding chimes of the midnight hour cause Sophie to flee, leaving Benedict with no more than a fast farewell and sole silver glove.

Even without the concealment of a mask, Prince Charming had a hard enough time finding Cinderella – so what chance would mere mortals have had at finding missed connections, let alone true love at the masquerade?

The trailer for Bridgerton season four.

In the case of real Regency woman Elizabeth Chudleigh, it was more like lust at first sight. Chudleigh, whose clandestine marriage was falling apart before her eyes, was an ageing maid of honour in the court of the Princess of Wales. One whisper of her despair, about her marriage or her age, would endanger her post in court, for, as attendants to the princess, maids of honour were expected to be young, unmarried ladies of repute.

As Chudleigh biographer Catherine Ostler explains, she needed to do something to grab the attention of eligible elite bachelors and the masquerade was the perfect place to do so. The masquerade offered the fashionable elite an exclusive space where they could flaunt their status, wealth, and taste through character, comic, or fancy dress.

A drawing of Chudleigh with her breasts exposed
A contemporary illustration of Chudleigh as Iphigenia.
Wiki Commons

Wearing a bold and breathtaking costume that exposed her breasts – or at the very least gave the illusion of nudity – Chudleigh took an enormous risk when she arrived at the King’s Theatre in 1749. Disguised as the mythical character Iphigenia, this daring decision boldly put Chudleigh’s sexuality, charms and body on display for all to see.

The author and politician Horace Walpole, who witnessed the dress, recalled in his correspondence that she was “so naked that you would have taken her for Andromeda”.

Luckily for Chudleigh, she became an overnight sensation and managed to catch the eye of one of the most powerful men in the country: His Royal Majesty, King George II. The king was besotted. Walpole himself saw George II fall head over heels, writing “our gracious Monarch has a mind to believe himself in love” with Chudleigh, which was most clearly made evident when he kissed her in front of his advisors.

Depictions of Chudleigh’s scandalous dress, or rather, undress, appeared in print shop windows across the country while reports of the risque costume circulated through correspondence and newspapers, such as the General Advertiser, across the country. Chudleigh herself appeared regularly at the king’s side. Though her position as mistress to His Majesty was relatively short-lived, lasting no more than a few years, her gamble at the masquerade not only aided her in climbing the social ladder and expanding her social circles, it inextricably linked her to the masquerade and transformed her from a maid of honour into a cultural phenomenon.

Smitten at first sight

James Hamilton, the sixth duke of Hamilton, had not imagined he would find himself utterly and completely intoxicated at the evening’s masquerade from anything other than copious amounts of wine, as was his tendency. He was 28 and still unmarried, despite his wealth and not unattractive features.

Portrait of Elizabeth Gunning with her pet dog
Portrait of Elizabeth Gunning, then Duchess of Hamilton by Gavin Hamilton (1752).
Scottish National Portrait Gallery

As he moved among the domino cloaks, harlequins and fancy dresses he spotted her, the rumoured beauty from Ireland, Elizabeth Gunning. She was striking. He was smitten – and he must marry her.

The thought, though impulsive, was not uncharacteristic of Hamilton who was known to follow his fancies – not unlike Benedict Bridgerton. The duke could not keep Gunning from his thoughts. Their paths crossed two weeks later at Lord Chesterfield’s where Hamilton was distracted beyond repair, making “violent love [with his attentions] at one end of the room while he was playing at pharaoh (cards) at the other end”. He subsequently lost £1,000.

In early February their met once again at a masquerade. Hamilton could no longer restrain himself and proposed that evening. Dressed as a demure Quaker, the flattered, and likely overwhelmed, Gunning accepted. Without a dowry to her name, Gunning had to rely on beauty, behaviour and a little luck to break the barriers of rank and marry significantly above her station.

The pair married in secret at a chapel two nights later, on Valentine’s Day nonetheless, before Hamilton’s family could interfere in this inferior match. The clandestine union was sealed at midnight with a bed-curtain ring, for Hamilton had forgotten to bring the proper one. The marriage, though rushed, was a small sort of happily ever after for Gunning, now the Duchess of Hamilton, who became a fashionable leading lady of the Georgian elite.

Painting of dancers as a masquerade ball
Masquerade, Argyll Rooms by T Lane (1826).
The Trustees of the British Museum, CC BY-NC-SA

Not all Regency encounters had fairy tale, or even fanciful endings. Newspapers occasionally advertised missed connections at masquerades with clues including costume descriptions, initials and conversation topics.

In 1778, one eager gentleman addressed his note in The Morning Post to “A Lady in a light blue dress, and mask of the same colour, who was at the Pantheon Masquerade, and danced two or three dances” with him. She claimed she knew the gentleman she was keeping company with, having seen “him almost every day walking in Bond-street, or St. James’s-street, but would not tell who she was”. He requests that she “send a line to Stewart’s Coffee-house, Broad-street, informing him where is to be met with, it will be the means of quieting an anxious mind”.

Unlike Bridgerton’s Cinderella story, it is impossible to know whether or not this real pair found each other beyond the walls of the ball. One thing is for certain, however. True love at first sight–or true lust–is not the stuff of fairytales alone, though it may be harder to find when its wearing a mask.


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The Conversation

Meg Kobza has a forthcoming book on the Georgian masquerade that will be published with Yale University Press in May 2026.

ref. Bridgerton: three true tales of love at first sight at Regency masquerade balls – https://theconversation.com/bridgerton-three-true-tales-of-love-at-first-sight-at-regency-masquerade-balls-275143