‘Apuntes para John’: ¿deberían haberse publicado las observaciones privadas que Joan Didion escribió a su marido?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Nisbet, Lecturer in Professional Writing and Publishing, Curtin University

Joan Didion falleció en 2021, a los 87 años. Cuando se anunció la publicación de un nuevo volumen de sus diarios, la expectación era enorme: sus obras de no ficción personal constituyen la base de su formidable legado literario. Sin embargo, a medida que se conocieron los detalles, los lectores comenzaron a cuestionar la ética de su publicación.

Anunciada como una obra que ofrece “sorprendentes” revelaciones, Apuntes para John relata las conversaciones que Didion mantuvo con su psiquiatra entre diciembre de 1999 y enero de 2003. Se basa en una serie de cartas dirigidas a su marido, el también escritor y colaborador habitual John Gregory Dunne.

Portada de Apuntes para John

Penguin Libros

Y no solo se revelan en las páginas del libro las vidas de Didion y Dunne, sino también la de su única hija. De hecho, Didion había comenzado sus sesiones de terapia a instancias de su hija Quintana, que entonces tenía treinta y tantos años, atravesaba una grave crisis de salud mental y luchaba contra la adicción al alcohol.

Como se señala en la breve introducción, el libro se basa en “una colección de unas 150 páginas sin numerar […] encontradas en un pequeño archivador portátil” cerca del escritorio de la autora tras su muerte. (Otros contenidos incluían “una lista de invitados a las fiestas de Navidad” y “contraseñas de ordenador”).

Este material pasó a formar parte del archivo Didion/Dunne de la Biblioteca Pública de Nueva York, con “acceso sin restricciones”. Sin embargo, se ha informado de que Didion no dejó instrucciones específicas sobre cómo debía gestionarse. Los administradores del patrimonio literario de Didion, la editora literaria Lynn Nesbit y dos de sus editoras de toda la vida, Shelley Wanger y Sharon DeLano, tomaron la decisión de publicarlo.

Al menos algunas personas cercanas a ella han expresado posteriormente su inquietud por la publicación. Numerosos críticos han confesado sentirse “incómodos” y como voyeurs al leerlo.

¿Habría querido Didion que leyéramos este libro? Y si no, ¿debería haberse publicado?

La ética de la publicación póstuma

La publicación póstuma ha sido durante mucho tiempo motivo de controversia literaria. No faltan ejemplos de obras publicadas en contra de la voluntad del autor tras su muerte.

El autor de Lolita, Vladimir Nabokov, el premio Nobel Gabriel García Márquez, la poeta del siglo XIX Emily Dickinson y, quizás el caso más famoso, el novelista Franz Kafka se encuentran entre los escritores más destacados que dejaron instrucciones explícitas para que sus obras inéditas fueran destruidas tras su muerte, pero que posteriormente fueron publicadas.

Portada de Ve y pon un centinela

Harper Collins

A veces, estas cuestiones se plantean incluso cuando el autor aún vive. La publicación en 2015 de Ve y pon un centinela, de Harper Lee, comercializada como secuela de su única otra novela publicada, el clásico de 1960 Matar a un ruiseñor, desató la preocupación de que la entonces anciana Lee hubiera sido coaccionada para cambiar su postura de toda la vida de no volver a publicar nunca más.

La controversia se intensificó por el hecho de que Ve y pon un centinela recibió críticas decididamente mixtas. A ojos de algunos lectores, su publicación empañó tanto el legado literario de Lee como la reputación del heroico abogado de Matar a un ruiseñor, Atticus Finch, que es descrito como menos que justo en Ve y pon un centinela.

Esto sugiere la forma en la que a menudo se sopesan estos debates en términos de opinión pública. Como la propia Didion observó en una ocasión:

“La cuestión de qué hacer con lo que un escritor deja inacabado se remonta a, y se responde convencionalmente con, obras que podríamos haber perdido si se hubieran respetado los últimos deseos de sus autores”.

Por lo tanto, quizá seamos más receptivos a las publicaciones póstumas potencialmente no autorizadas si el resultado es una obra maestra literaria. Es posible que nos mostremos menos indulgentes cuando la calidad de la obra es menos segura.

El papel del escritor

Didion publicó sus propias opiniones sobre este tema. Devota de Ernest Hemingway durante casi toda su vida, criticó la publicación póstuma de obras que quedaron inconclusas cuando él murió en 1961.

En un artículo de 1998 publicado en The New Yorker, señaló el desdén de Hemingway por tales prácticas, citando una carta que él había escrito en 1952 a un autor que estaba trabajando en un libro sobre sus inicios:

“Lo que yo escribo y no deseo publicar tú no tienes derecho a publicarlo. No te haría algo así, como no engañaría a un hombre en el juego, ni registraría su escritorio o su papelera, ni leería sus cartas personales”.

Didion también vio en el famoso estilo preciso de Hemingway una prueba más de lo erróneo de tales esfuerzos. Hemingway era un escritor para quien los detalles aparentemente insignificantes de la gramática, la sintaxis y la puntuación tenían una gran importancia. Como escribió Didion:

“Era un hombre para quien las palabras importaban. Trabajaba con ellas, las entendía, se adentraba en ellas”.

Según ella, el poder de su escritura surgía de su control exigente sobre su oficio: sobre lo que incluía, pero también sobre lo que dejaba fuera. Tomar decisiones sobre estos asuntos sin la opinión del autor era, según ella, nada menos que “una negación de la idea de que el papel del escritor en su obra es crearla”.

Una cuestión de estilo

Al igual que Hemingway, Didion era una maestra del estilo, conocida por la elegancia cristalina de su prosa y su interés por las cuestiones relacionadas con el arte de la escritura. Puede existir una tendencia errónea a pensar que la escritura autobiográfica es una confesión directa, como abrir una vena en la página, pero ese nunca fue el estilo de Didion.

Incluso cuando su escritura parecía emocionalmente cruda y reveladora, siempre estaba finamente trabajada, inspirada en las lecciones de Hemingway sobre el poder de la omisión deliberada. Al fin y al cabo, se trataba de una mujer tan reservada que mantuvo en secreto durante años su tratamiento contra el cáncer de mama, excepto a Dunne.

Muchos de los rasgos distintivos del estilo literario de Didion están presentes en Apuntes para John: el carácter fragmentario, la claridad de su prosa, incluso las serpientes como imagen recurrente. Pero al relatar este tema tan cargado de emociones con poco tiempo de distancia, se vuelve directa hasta el punto de la franqueza.

En un momento dado, por ejemplo, el psiquiatra de Didion elogia su “extraordinaria percepción” de la relación con su propia madre. Ella responde:

“Extraordinaria o no […] no me ayuda mucho a seguir adelante con mi vida. Es incluso contraproducente, teniendo en cuenta que mi madre tiene ahora 89 años. No es que vayamos a resolver nada enfrentándonos a ello”.

Por supuesto, pronto se hace evidente que la relación de Didion con su madre es muy relevante para la forma en que ha criado a su hija. Si, como dice una de las frases más citadas de Didion, escribió para “descubrir lo que pienso, lo que miro, lo que veo y lo que significa”, en Apuntes para John, ese proceso parece estar muy en curso.

Todo ello contribuye a la sensación de estar leyendo algo que no estaba destinado a publicarse en su forma actual y que, por lo tanto, aún no alcanza la categoría de obra maestra. Didion seguiría escribiendo sobre al menos algunos de estos temas en libros posteriores, en particular en Noches azules, de 2011, que narra su dolor tras la muerte de Quintana en 2005, menos de dos años después del fallecimiento de Dunne. Pero la forma en que se trata el material en esta obra es notablemente diferente.

Portada de Noches azules.

Penguin Libros

Mientras que Apuntes para John avanza de forma cronológica a través del tiempo, Noches azules imita el funcionamiento de la memoria con su naturaleza no lineal. La primera, desde un punto de vista formal, es exactamente eso: una serie de apuntes o entradas de diario que abarcan un periodo de tiempo concreto. La segunda, sin embargo, aprovecha las amplias posibilidades híbridas del ensayo para ampliar su alcance y contar una historia más completa sobre el amor, los padres y los hijos, la culpa y el dolor.

Cabe destacar que, en Noches azules, Didion sí habla del diagnóstico de Quintana, que incluía trastorno límite de la personalidad, pero omite en gran medida la naturaleza específica de su adicción. En Apuntes para John, se aborda de frente y se analiza en detalle.

Didion era una escritora conocida por aproximarse al objeto de su escritura de forma oblicua, por su dominio de lo que el escritor irlandés Brian Dillon denomina la “mirada de reojo” del ensayista, es decir, una forma de iluminar temas difíciles abordándolos de forma indirecta.

La franqueza de Apuntes para John contrasta así con la clásica obra de no ficción de Didion. En ella, sus narraciones suelen seguir una lógica de asociación, pidiendo a los lectores que establezcan conexiones a través de metáforas y que rellenen los huecos para ver cómo “esto” se relaciona con “aquello”.

En el espacio de un solo capítulo de Noches azules, por ejemplo, Didion pasa de relatar el día de la boda de Quintana a recordar la casa de la familia en los suburbios de Los Ángeles y a reflexionar sobre el proceso de obtención del carné de conducir de Nueva York cuando se mudaron al este.

Se habla de un texto psiquiátrico sobre el suicidio de la década de 1930, se cita al dramaturgo griego Eurípides y se evoca la imagen de Quintana en 2003, “en coma inducido, respirando solo con un respirador” durante “la primera de una cascada de crisis médicas que terminarían veinte meses después con su muerte”.

Este modo de narrar es la esencia misma de Didion. Puede dar lugar a acusaciones de ambigüedad o evasividad, cargos que se han vertido sobre su obra en más de una ocasión. Pero también tiene el potencial de proteger al autor y a las personas que le rodean cuando comparten intimidades, manteniéndoles firmemente en control de lo que se revela y lo que no.

Secretos matrimoniales

Apuntes para John también se ve afectado por una cuestión relacionada con el público al que va dirigido. Una de las personas responsables de su publicación, Lynn Nesbit, agente de Didion y también una de sus albaceas literarias, ha reconocido que este material “no fue escrito para ser publicado”. Su título deja claro que fue escrito para un único destinatario: Dunne.

Esto también es evidente en el estilo, en la narración en segunda persona dirigida a un “tú” tan familiar con las personas y los acontecimientos que menciona que Didion no necesita explicar referencias pasajeras a “la narrativa de Nick” o a alguien llamado Marian. Se han insertado notas al pie para aclarar que lo primero se refiere a la tensa relación de Dunne con su hermano mayor, mientras que lo segundo era el jefe de Quintana en una revista. Su presencia enfatiza que estamos escuchando a escondidas conversaciones íntimas.

El retrato de Didion que emerge es, por tanto, sorprendentemente vulnerable: vemos sus debilidades, ansiedades y dudas –especialmente en lo que respecta a la crianza de Quintana, a quien Dunne y ella adoptaron cuando era un bebé– de una forma mucho más directa que en sus otros escritos publicados.

Quizás esto tenga algún valor: otra de las guardianas literarias de Didion, su editora de toda la vida, Shelley Wanger, ha dicho que esperaba que el carácter sincero del libro sirviera para corregir la imagen pública algo fría de Didion.

También entiendo que la franqueza de Didion pueda servir de consuelo a lectores que se enfrentan a dificultades similares. Apuntes para John contiene muchas reflexiones sinceras y conmovedoras sobre la depresión, la ansiedad, la adicción y las duras dificultades de apoyar a un ser querido en momentos tan difíciles.

“Tú y tu marido estáis pasando por un infierno”, le dice el psiquiatra de Didion durante una conversación sobre “un fin de semana difícil” en el que ella y Dunne se habían preocupado por la seguridad de Quintana. “Solo puedes quererla”, le dice el médico, “no puedes salvarla”.

Responsabilidades éticas

Me inclino menos a estar de acuerdo con aquellos que sugieren que las ramificaciones éticas de publicar este material son menos relevantes porque Didion, Dunne y su hija ya no están vivos para sufrir el dolor o la vergüenza de la exposición.

El estudioso de la literatura autobiográfica G. Thomas Couser ha argumentado que, aunque la muerte podría “parecer sugerir una invulnerabilidad total al daño” cuando se trata de escribir sobre ella, en realidad puede ser “el estado de máxima vulnerabilidad y dependencia”, dado que el difunto no puede ofrecer ni su consentimiento ni defenderse.

Desde esta perspectiva, la descripción que se hace de Quintana en Apuntes para John resulta especialmente inquietante. Los lectores obtienen una visión íntima de lo que debieron de ser algunos de sus momentos más vulnerables, mientras luchaba contra la adicción y la enfermedad mental.

Vemos, a través de los ojos de su madre amorosa, inquieta y quizás sobreprotectora, cómo Quintana da pasos en falso, recae y, en ocasiones, dice cosas a sus padres de las que probablemente se arrepentirá toda su vida.

Vemos la extrema cercanía entre madre e hija, quizás incluso una codependencia (“Tú y Quintana habéis sido durante demasiado tiempo dos personas en la misma piel”, observa el médico).

También vemos la culpa de Didion por lo que considera su responsabilidad en la incapacidad de su hija para afrontar la vida, en parte por la forma en que le ha proyectado sus propias ansiedades, a veces debilitantes. “Siempre había tenido miedo de perderla”, admite Didion.

Todo esto hace que la lectura sea a menudo devastadora. Pero también da la clara sensación de que Didion reconocía a su hija como lo que Couser denomina “un sujeto vulnerable”, y por eso se esforzaba por protegerla, tanto en sus escritos publicados como en su vida.

Congelada en el tiempo

Apuntes para John se interrumpe en enero de 2003, tras el relato de Didion sobre una conflictiva sesión en el psiquiatra junto a Quintana.

Como lectores, sabemos cómo terminarán las cosas: con una mujer que llora la muerte de su marido y su hija, y que recurre a la escritura para intentar, como siempre ha hecho, darle sentido a todo. Sin embargo, en las páginas de estos diarios, ella está congelada en el tiempo: “Intentaba mantenerla viva”, dice de Quintana, “porque se estaba matando día a día”.

¿Debería haberse publicado Apuntes para John? ¿O debería haberse dejado en el relativo anonimato del archivo, donde lo habrían leído los estudiosos de Didion, sus biógrafos y sus fans más acérrimos, en lugar de un público potencial de millones de personas?

Desde un punto de vista ético, creo que la segunda opción habría sido más defendible. Pero también es cierto que este pequeño libro revelador, crudo y a menudo inquietante y conmovedor permanecerá conmigo, en gran parte por el complejo retrato que revela de la culpa y la devoción de Didion hacia su hija.

The Conversation

Gemma Nisbet ha recibido anteriormente financiación del Programa de Formación en Investigación del Gobierno de Australia.

ref. ‘Apuntes para John’: ¿deberían haberse publicado las observaciones privadas que Joan Didion escribió a su marido? – https://theconversation.com/apuntes-para-john-deberian-haberse-publicado-las-observaciones-privadas-que-joan-didion-escribio-a-su-marido-261143

¿Por qué se olvidan los contenidos académicos durante las vacaciones de verano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel García-Gómez, Neuropsicóloga e investigadora en neuroeducación y desarrollo, Universidad Villanueva

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¿Sabía que durante los dos meses y medio de vacaciones escolares un alumno puede olvidar hasta un 30 % de lo aprendido en el curso? Este fenómeno, conocido como “pérdida veraniega”, afecta especialmente a contenidos que no se repasan ni se aplican en el día a día. Y, aunque las vacaciones son un periodo necesario de descanso y desconexión, ¿qué ocurre con lo aprendido si se deja completamente en pausa durante tanto tiempo?

Desde que el término de “pérdida veraniega” (summer loss) fuera acuñado por el experto estadounidense James M. Pedersen en su libro El verano contra la escuela, varias investigaciones han detectado que algunas habilidades y conocimientos académicos disminuyen o incluso se pierden durante las vacaciones de verano si no se practican.

Propuestas alternativas al calendario agrícola

Por eso, algunos expertos como el propio Pedersen plantean un modelo de escuela continua que combata la pérdida estival, transformando así el sistema educativo diseñado para una sociedad agrícola con grandes pausas en verano.

Una de las propuestas más extendidas es el calendario académico conocido como balanced calendar o calendario continuo, que propone 45 días lectivos seguidos de 15 días de descanso. Aunque no está consolidado en ningún país a nivel nacional, sí se emplea en algunas zonas académicas de Francia, Alemania y Países Bajos.

Redes neuronales y uso

Si bien una breve pausa de dos o tres semanas no suele tener efectos significativos, periodos más prolongados, como el verano, sí pueden provocar pérdida de conocimientos si no se da una mínima estimulación.

Desde el punto de vista neurobiológico, el aprendizaje construye redes neuronales que se refuerzan cuanto más se utilizan. Si dejamos de activarlas, estas conexiones se debilitan. Es como un sendero en el bosque: cuanto más se recorre, más claro se mantiene; si nadie lo pisa durante semanas, se cubre de vegetación y se borra el rastro

Para entender cómo y por qué se produce el olvido es importante conocer el papel de la memoria en el proceso de aprendizaje. El aprendizaje es la capacidad mediante la cual adquirimos nuevos conocimientos o destrezas; y la memoria es la capacidad de almacenar, retener y recuperar información.




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Los distintos tipos de memoria y su papel en el aprendizaje


Aprendizaje implícito y explícito

No todo lo que aprendemos se almacena del mismo modo. El aprendizaje implícito se adquiere a través de la práctica y suele mantenerse a largo plazo sin demasiado esfuerzo. Ejemplos claros son montar en bici o conducir. Este tipo de aprendizaje no depende directamente de la memoria episódica ni semántica, sino de sistemas más automáticos del cerebro, como el sistema procedural.

En cambio, el aprendizaje explícito requiere atención y esfuerzo consciente. Se almacena en la memoria semántica, que guarda conocimientos como las tablas de multiplicar, los ríos de España o las reglas gramaticales. Aprender a multiplicar, por ejemplo, es un aprendizaje explícito, y sí: se puede olvidar si no se practica.




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¿Por qué olvidamos lo que estudiamos?


Memoria y recuerdos

¿Pero cómo se crea un recuerdo? Necesitamos que se den tres procesos: codificación, almacenaje y recuperación. Para la codificación de una información es esencial la participación de la atención, ya que aquello a lo que no prestemos atención no es percibido por el sistema. La codificación de la información se produce reforzando redes de conexiones cerebrales. Estas conexiones se establecen en regiones del lóbulo temporal, principalmente en el hipocampo.

Cuando repasamos o practicamos algo que hemos aprendido, se refuerzan las conexiones de la red, y se establecen nuevas conexiones con regiones del lóbulo prefrontal, lo que hace esos recuerdos más permanentes. La ausencia de práctica o repaso a lo largo del tiempo supone el olvido de ese aprendizaje. Generalmente, lo que olvidamos no se borra de las redes cerebrales, sino que queda en un estado de latencia, del que se puede recuperar.

El repaso veraniego, sin dramas

De la misma manera que existen métodos para almacenar determinado nombre o dato y recuperarlo más fácilmente (técnicas mnemónicas), hay estrategias que nos pueden ayudar a que los efectos del paso del tiempo en ausencia de práctica académica no sean devastadores. En el caso de las vacaciones de verano, aunque no sea un periodo lectivo, podemos encontrar técnicas de repaso.

Según el nivel educativo, se pueden plantear actividades como calcular de memoria la cuenta de la compra, o dividir el reparto de trozos entre el total de comensales, leer una novela, analizar juntos una película, jugar juegos de mesa o analizar fenómenos naturales en el destino vacacional que nos encontremos. De esta forma podemos convertir las vacaciones en un periodo de descanso en el que seguir aprendiendo y estimulando la curiosidad.

The Conversation

Raquel García-Gómez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué se olvidan los contenidos académicos durante las vacaciones de verano? – https://theconversation.com/por-que-se-olvidan-los-contenidos-academicos-durante-las-vacaciones-de-verano-259108

¿El móvil mató al juego al aire libre?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga

“En los parques ya no hay niños, internet los atrapó en sus redes”.

Con este verso de la canción Chico problemático, el rapero español Nach evidenció en 2003 la reducción del juego y las interacciones sociales entre los menores debido al abuso de las nuevas tecnologías. Más de 20 años después, la cantidad de horas que la población infantil y adolescente dedica al juego libre sigue reduciéndose, generando una preocupación significativa en las familias de muchos países.

Según datos obtenidos en 2024 por el Instituto Nacional de Estadística, el uso de productos digitales en menores de 10 a 15 años aumentó con respecto al año anterior y más de un 75 % de preadolescentes de 12 años tienen un teléfono móvil propio, porcentaje que aumenta significativamente en edades más avanzadas.

Los niños, niñas y adolescentes de la actualidad (en los contextos globalizados) pertenecen a las llamadas generaciones “nativas digitales”, las primeras en la historia de la humanidad que han nacido rodeadas de productos inteligentes: televisiones, móviles, tabletas, ordenadores… incluso relojes.




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Por ello, existe una brecha significativa entre su experiencia y la de sus padres, madres e incluso profesionales de la educación. Es decir, quienes se encargan de su cuidado y educación no cuentan con modelos previos de crianza adaptados a la era digital, lo que dificulta establecer límites adecuados.

Una buena educación digital no solo debe centrarse en enseñar a menores a buscar vídeos en YouTube o a descargarse juegos, sino también en desarrollar un uso crítico, equilibrado y saludable de los productos inteligentes. Un uso equilibrado supone que estos no sustituyan otras experiencias esenciales para el desarrollo cerebral. La tecnología ofrece multitud de beneficios (incluso, es muy útil para mejorar capacidades cognitivas tras un daño cerebral), pero el uso excesivo en menores de edad tiene consecuencias en el neurodesarrollo, especialmente cuando reemplaza actividades fundamentales como el juego entre iguales.

Por tanto, en este artículo se explicará la importancia que tiene el juego (en sus muchas variedades) en el desarrollo neuropsicológico y por qué la sustitución de las interacciones sociales e interpersonales por el abuso (o incluso el simple uso) de dispositivos tecnológicos puede tener un impacto negativo en la cognición social, las funciones ejecutivas, la memoria y la atención.

Pantallas como sonajeros

En la actualidad, es muy común observar en restaurantes, transportes y otros espacios públicos a bebés con la mirada fija en una pantalla. Muchos padres y madres recurren a dispositivos electrónicos como teléfonos móviles o tabletas para calmar el llanto y evitar que “molesten” en situaciones sociales. Esta práctica, cada vez más extendida, se percibe como una solución rápida y efectiva en momentos de incomodidad. Sin embargo, aunque pueda parecer inofensiva, plantea serias preocupaciones, como expone María Couso en su libro Cerebros y pantallas:

“Dar un móvil para anestesiar a tu hijo o hija no le enseña a regularse, ni a tolerar la frustración, solo crea analfabetismo emocional”.

Antes de la proliferación de dispositivos electrónicos, los padres y madres (sobre todo, las madres) utilizaban diversas estrategias muy positivas para calmar y entretener a sus bebés. Estas incluían actividades como cantar nanas, mecerlos, ofrecer juguetes adecuados para su edad y, fundamentalmente, interactuar directamente con el bebé a través del habla, las sonrisas, el contacto visual y el contacto físico. Estas prácticas fomentan la tranquilidad y el desarrollo emocional y fortalecen el vínculo afectivo.

La exposición a pantallas electrónicas en menores de dos años se ha vinculado con un menor desarrollo en etapas posteriores del crecimiento. Una de las hipótesis propuestas para explicar estos efectos es la reducción en la interacción entre el niño o la niña y las personas encargadas de su cuidado.




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Al estar prestando atención a teléfonos, tabletas o a la televisión, se limitan las oportunidades de aprendizaje a través del lenguaje y la interacción social. Por esta razón, desde la Asociación Española de Pediatría se ha advertido que es fundamental evitar la exposición a cualquier pantalla antes de los dos años para facilitar un desarrollo neuropsicológico adecuado.

También se ha señalado que los efectos negativos pueden ser más pronunciados en hogares con menor nivel socioeconómico. En estos casos, el uso de pantallas puede estar vinculado a la falta de acceso a otros recursos educativos y a una mayor carga laboral de las personas cuidadoras, lo que reduce el tiempo de interacción cara a cara.

Los primeros años de vida resultan cruciales para el desarrollo cerebral y la adquisición de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Durante esta etapa, el cerebro crece rápidamente y se forman muchas conexiones neuronales, lo que facilita el aprendizaje y la adaptación al entorno. Durante este periodo de alta plasticidad cerebral se establecen las bases del desarrollo futuro.

La importancia del juego en edad preescolar

El juego entre iguales desempeña un papel esencial en este proceso. Para Piaget, uno de los psicólogos más influyentes sobre desarrollo cognitivo infantil, el juego era una forma de asimilación, es decir, una manera con la que niñas y niños incorporaban la realidad a su propio esquema de conocimiento. A diferencia de Piaget, Lev Vygotsky, psicólogo autor de la teoría sociocultural, consideraba que el juego no solo refleja el desarrollo, sino que lo impulsa activamente.

Según él, el juego permite desempeñar roles y llevar a cabo acciones más avanzadas de lo que podrían hacer en su vida cotidiana, lo que favorece su crecimiento cognitivo y social. Vygotsky introdujo el concepto “zona de desarrollo próximo” para describir la diferencia entre lo que un niño o niña pueden aprender por su cuenta y lo que puede lograr con la ayuda de otros niños y niñas con más experiencia.




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A través del juego, aprenden a interactuar socialmente, desarrollan empatía y comprenden las normas sociales. Además, el juego promueve el desarrollo de funciones ejecutivas, como la planificación, la inhibición y la memoria de trabajo, habilidades fundamentales para el éxito académico y social.

La interacción social durante el juego también contribuye al desarrollo emocional: les permite expresar y regular sus emociones, aprender a resolver conflictos y desarrollar habilidades de cooperación. Estas experiencias son cruciales para construir relaciones saludables y adaptarse a diferentes contextos sociales.

Por ejemplo, el juego simbólico (donde quienes participan asumen roles y crean narrativas) les permite experimentar con el lenguaje en contextos diversos, facilitando la adquisición de nuevas palabras y estructuras gramaticales y enriqueciendo su competencia lingüística. Actividades como cantar canciones, recitar rimas y jugar con sonidos ayudan a reconocer patrones fonológicos, una habilidad esencial para la lectura.

Asimismo, los juegos que implican la manipulación de letras o palabras, como rompecabezas de palabras o juegos de rimas, fomentan la familiarización con la estructura del lenguaje escrito. La sustitución de estos juegos por el uso de dispositivos móviles en preescolares puede tener consecuencias significativas para su cerebro, ya que podría afectar a las estructuras que sustentan el lenguaje y las habilidades de alfabetización.

Edad escolar: pantallas sí, pero limitadas

Con relación a la población en edad escolar, las investigaciones más recientes apuntan a que el uso de dispositivos móviles en menores de 6 a 12 años puede tener efectos positivos en el aprendizaje cuando se emplean con fines educativos. Sin embargo, un uso excesivo, especialmente sin supervisión o con fines no educativos, puede comprometer su salud física, emocional y social. Por ello, resulta crucial encontrar un equilibrio entre el tiempo de pantalla y otras actividades esenciales para el desarrollo, como el juego, la lectura y la interacción social.

En esta etapa del crecimiento se amplían y diversifican las actividades lúdicas: comienzan a incluirse juegos de mesa y deportes organizados que requieren seguir normas establecidas.




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Los juegos de mesa avanzados (como el ajedrez) y los deportes en equipo (como el fútbol y el baloncesto) fomentan la planificación estratégica, el pensamiento lógico, la toma de decisiones y la adherencia a normas establecidas, habilidades cruciales para el desarrollo de las funciones ejecutivas.

También mejoran la capacidad de atención, la memoria de trabajo y las habilidades sociales al enseñarles a turnarse, cooperar y manejar la competitividad. Incluso, participar en obras de teatro escolares les permite explorar diferentes perspectivas y mejorar sus habilidades comunicativas.

El juego físico también es decisivo para el desarrollo motor y la salud en general. La exposición excesiva a pantallas puede conducir a comportamientos sedentarios, aumentando el riesgo de sobrepeso y la obesidad infantil. Además, la falta de actividad física puede afectar negativamente el desarrollo de habilidades motoras y la salud cardiovascular.

Cerebro adolescente

El juego no es una actividad exclusiva de la infancia, sino que también desempeña un papel fundamental en la adolescencia. Durante esta etapa, también se produce una significativa remodelación cerebral, caracterizada especialmente por la eliminación de las conexiones cerebrales inservibles (proceso llamado “poda sináptica”) y la maduración de la corteza prefrontal, responsable de funciones ejecutivas (toma de decisiones, autocontrol…) y el razonamiento.

En este periodo vital, el juego puede adoptar una nueva forma: los videojuegos. Pero es necesario continuar con los deportes de equipo y los juegos de mesa. Además, el juego entre iguales en esta etapa tiene un impacto significativo en la salud emocional, ya que ayuda a reducir el estrés, fortalecer la autoestima y mejorar la capacidad de adaptación a situaciones nuevas o desafiantes.

El aspecto social también es crucial. Juegos que implican interacción con iguales promueven el desarrollo de la empatía, los vínculos, la cooperación y la comprensión de normas sociales. Estas habilidades son fundamentales para la construcción de relaciones saludables y para la transición hacia la adultez.

Son precisamente estas habilidades (y las que hemos consolidado en etapas previas del crecimiento a través de las interacciones sociales y el juego) las que protegen del uso problemático de los dispositivos móviles y las redes sociales.

Los estudios indican que contar con apoyo familiar y del grupo de iguales (es decir, tener relaciones familiares y de amistad sanas) previenen el uso excesivo o la dependencia, y que el miedo irracional a estar sin el móvil (nomofobia) se relaciona con puntuaciones bajas en varias dimensiones de la inteligencia emocional, así como con altos niveles de estrés, ansiedad y depresión.

Mencionamos los videojuegos de contenido colaborativo como una actividad positiva, pero es importante, al llegar a estas edades, entender que no todos los videojuegos son iguales: los de recompensa inmediata y sin componente social, por ejemplo, son la puerta a conductas adictivas y pueden afectar a la capacidad de atención, la regulación emocional y las habilidades sociales.

Un resumen para los cerebros adultos

Es esencial tomar medidas para equilibrar el uso de la tecnología con actividades que promuevan el desarrollo integral de las nuevas generaciones. Establecer límites claros, fomentar el juego físico, las interacciones sociales y educar sobre el uso responsable de la tecnología son pasos fundamentales para garantizar el bienestar y el desarrollo saludable de niños, niñas y adolescentes en la era digital.

Que los dispositivos sean una parte de su entretenimiento, pero nunca sustituyan completamente al ocio en la vida real y las relaciones cara a cara. Es el cerebro el que está en juego.


Este artículo se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.


The Conversation

Jorge Romero-Castillo colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. ¿El móvil mató al juego al aire libre? – https://theconversation.com/el-movil-mato-al-juego-al-aire-libre-261115

Triunfos, seguidores, ingresos… ¿Cómo se calcula el verdadero valor de un equipo de fútbol?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Benito Pérez-González, Profesor e Investigador en Marketing y Economía del Deporte, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Gorodenkoff/Shutterstock

Con dos días de diferencia, la revista Forbes y la consultora Football Benchmark publicaron sus rankings de clubes de fútbol más valiosos. Forbes lo publica desde 2011 y el de Football Benchmark celebra en 2025 su décima edición, ya como entidad independiente de la compañía KPMG pero conservando equipo y metodología de trabajo.

Ambos análisis han generado valoraciones diferentes. Aunque parten del hecho común de aplicar un multiplicador a los ingresos, difieren en los elementos que ponderan a ese multiplicador: mientras parece que Forbes da prioridad a la valoración basada en el valor de marca, el impacto comercial y el valor mediático, Football Benchmark tiene un enfoque más fundamental, basado en información contable y financiera.

Este artículo se centra en el análisis de las valoraciones de los quince primeros clubes europeos de ambas listas y los compara con sus ingresos (publicados por Deloitte). También analizamos el peso que Forbes otorga al componente marca y buscamos la relación entre el éxito deportivo y la valoración dada a los clubes por ambos modelos.

¿Cómo saber cuánto vale?

Calcular el valor de entidades grandes y complejas sin aplicar modelos rigurosos como el descuento de flujos de caja (que calcula el valor económico de una empresa estimando su capacidad futura de que los ingresos superen a las salidas de efectivo), sin conocer indicadores bursátiles –sólo el Manchester United, el Borussia Dortmund y la Juve cotizan en los mercados– y sin existir muchas operaciones de compraventa recientes que ofrezcan indicios sobre precios, equivale a operar en terreno especulativo.

Por tanto, ambas valoraciones son más simplistas de lo deseable. Además, las metodologías aplicadas no son lo suficientemente transparentes como para poder replicar los cálculos, algo que resulta indispensable en la investigación científica. No obstante, se trata de cifras con amplia difusión mediática y citadas en artículos académicos de finanzas del deporte.

Valoración de Forbes y Football Benchmarck de los 15 clubes de fútbol con más ingresos de Europa.
Fuente: elaboración propia a partir de datos de los informes para 2025 de Forbes y Football Benchmarck

Convergencia madridista

Aunque los dos rankings están encabezados por el Real Madrid, hay diferencias notables. Si Forbes da al Arsenal un valor un 30 % menor que Football Benchmark, también valora al Manchester United y a la Juventus un 16 % por encima. En cambio, en el caso del Real Madrid sólo hay un 2 % de diferencia, lo que sugiere una convergencia entre su rendimiento financiero, deportivo y de marca.

En las estimaciones de Forbes es posible identificar patrones. Equipos como Manchester United, FC Barcelona, Bayern Múnich y Liverpool tienen un valor que supone entre 6,1 y 7,8 veces sus ingresos, mientras que los de Borussia Dortmund, AC Milan, Arsenal, Atlético de Madrid e Inter están por debajo, con multiplicadores de ingreso que van de 2,7 a 4,3. Esto podría explicarse por el atractivo global de algunas marcas con grandes expectativas, pero también podría deberse a un sesgo metodológico que privilegia el potencial frente a los datos verificados.

Valor de marca

Los éxitos deportivos recientes no explican por sí solos estas valoraciones. El Manchester City ha sido campeón de la Premier y de Europa, y, aun así, Forbes lo valora menos que al Manchester United, que sigue siendo líder en seguidores en la Commonwealth.

El PSG cae en ambas listas, reflejando quizás la marcha de estrellas como Messi o Mbappé, aunque, paradójicamente, ganaron su primera Champions League al día siguiente de la publicación del informe.

Mientras, el FC Barcelona recibe una valoración significativamente más alta en Forbes –que valora el potencial del nuevo estadio, del equipo y de sus millones de seguidores– que en Football Benchmark, que toma en cuenta, sobre todo, valores contables. Esta divergencia es lógica conociendo los problemas financieros de los culés.

Todo esto apunta a que el valor de un club no depende sólo de sus cuentas ni de sus trofeos. Hay un componente intangible: la percepción. Lo que los demás creen de los equipos.

Una cuestión de método

Los clubes de fútbol europeos han seguido aumentando sus ingresos incluso en contextos económicos adversos. Esto es tenido en cuenta por ambas fuentes, que en sus valoraciones utilizan el análisis fundamental por múltiplos comparables, un método de análisis que busca valorar empresas similares utilizando las mismas métricas financieras.

¿Las diferencias? El enfoque metodológico que aplica Football Benchmarck se acerca más que el de Forbes al de un analista financiero o un fondo institucional. Para estimar el valor de las empresas pondera el multiplicador de ingresos teniendo en cuenta los activos (como la propiedad del estadio), el valor de la plantilla, el número de seguidores en redes sociales o la rentabilidad operativa.

En cambio, Forbes basa su valoración en cada fuente de ingresos: ingresos en el estadio el día de partido (matchday), derechos televisivos, patrocinios y derechos comerciales. Y a todo esto le suma un componente adicional: el valor de marca, que fija entre el 14 y el 18 % del valor total. Forbes pondera principalmente el atractivo global, la visibilidad mediática y el potencial comercial. Como Football Benchmarck, también toma en cuenta el número de seguidores en las redes sociales.

Además, Forbes ajusta sus estimaciones con las operaciones reales de mercado. La última relevante fue en 2024: la familia propietaria del Manchester United, valorado en 6 500 millones de dólares, vendió el 25 % por 1 360 millones. En 2022, el Chelsea fue vendido por 3 200 millones, un valor similar al que le daba Forbes entonces.

¿Valores tangibles o narrativas poderosas?

En la novela El bar de las grandes esperanzas, su joven protagonista se pregunta si estudiar en Harvard o en Yale. A esta disyuntiva le responden entre risas: “Harvard, ¿qué quieres ser? ¿Contable?”.

Después de once años como auditor en una de las Big Four sé bien que los contables, los de Harvard, buscamos valores con base sólida: activos, ingresos, flujos de caja. Más cercanos, aunque con las limitaciones descritas, al enfoque de Football Benchmark. Pero hay también quien valora como los de Yale, de acuerdo a símbolos, prestigio y narrativas poderosas. Ese sería el terreno de Forbes.

A pesar de las limitaciones planteadas, las listas –como las de Forbes, Football Benchmark, Sportico o 2Playbookresultan valiosas: permiten ordenar el caos, establecer jerarquías y comparar magnitudes que, de otro modo, serían inabarcables.

The Conversation

Benito Pérez González es socio abonado del Club Atlético de Madrid.

Jose Torres-Pruñonosa es socio del Futbol Club Barcelona.

Raúl Gómez Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Triunfos, seguidores, ingresos… ¿Cómo se calcula el verdadero valor de un equipo de fútbol? – https://theconversation.com/triunfos-seguidores-ingresos-como-se-calcula-el-verdadero-valor-de-un-equipo-de-futbol-258546

Nuevas reglas para fomentar la captura de carbono y alcanzar el objetivo de cero emisiones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando G. Brun Murillo, Catedrático de Ecología, Universidad de Cádiz

petrmalinak/Shutterstock

El reto de combatir el cambio climático ha evidenciado la necesidad de promover diversas medidas para alcanzar la neutralidad climática, es decir, que las emisiones netas de gases de efecto invernadero sean cero.

En los últimos meses, tanto en España como en Europa se han aprobado distintas normativas encaminadas a fomentar la certificación de absorciones obtenidas a través de proyectos de captura de carbono en una amplia diversidad de ecosistemas. Esto ha abierto un arcoíris de colores para el carbono en función del lugar donde es capturado: verde en ecosistemas terrestres; azul en ecosistemas marinos; verdeazulado en humedales de agua dulce; púrpura a través de captura directa del aire o en industrias; y blanco y rosa según si es capturado en salinas o en ecosistemas de algas calcáreas.

Sin embargo, ¿qué requisitos deberían cumplir esos estándares de certificación que fomentan la venta de absorciones en el llamado mercado voluntario de carbono para ser realmente útiles y evitar el “ecopostureo. Este mercado voluntario permite a promotores privados y públicos compensar sus emisiones de dióxido de carbono (su huella de carbono) con la compra de créditos de carbono generados a través de proyectos de absorción certificados.




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¿Cómo afrontamos el cambio climático?

La reducción drástica a nivel global en las emisiones de gases de efecto invernadero debe ser la principal medida si queremos mantener el incremento en la temperatura por debajo de los niveles fijado desde el Acuerdo de París. Aunque aún estamos lejos de dicho objetivo, Europa ha liderado en los últimos años el camino a través de diversas normativas dirigidas a lograr la neutralidad climática para el año 2050.

Sin embargo, como advierten desde la Unión Europea y desde el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), para poder obtener cero emisiones netas de CO₂ será necesario incrementar de forma significativa las absorciones de CO₂ de la atmósfera en reservorios a largo plazo. El objetivo es contrarrestar tanto las emisiones difusas, aquellas liberadas a la atmósfera desde fuentes que no están concentradas en un solo punto, como chimeneas, sino que se dispersan en un área más amplia; como las residuales, que persisten incluso después de implementar las mejores tecnologías y prácticas disponibles para reducir la contaminación.

¿Cómo lograr la neutralidad climática?

Para lograrlo, cualquier empresa o administración pública debería poder medir su huella de carbono a través de protocolos estandarizados. Posteriormente, debería diseñar planes de reducción de dichas emisiones tanto a corto como a medio plazo.

Una vez reducidas al mínimo, el siguiente paso es compensar las mismas a través del fomento de actividades que conlleven una captura de gases de efecto invernadero a largo plazo. Estas suelen expresarse en forma de capturas en toneladas de CO₂-equivalente, tras la conversión del poder calorífico en la atmósfera de los distintos gases de efecto invernadero a unidades de CO₂.

A nivel europeo, la tipología de proyectos y actividades que se podían incluir dependía de la normativa de cada país, ya que, hasta la reciente aprobación del Reglamento (UE) 2024/3012, no existía un marco regulatorio común. Este documento recoge proyectos y actividades que mejoran el almacenamiento de CO₂ a largo plazo en depósitos geológicos, terrestres y marinos.

Integra, además, aquellas actividades que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, como las derivadas del cambio en el uso del suelo, gestión de turberas o mejoras en las prácticas agrícolas. También incluye actividades que fomenten la captura de CO₂ en productos con una vida larga.

Marco o estándar de certificación de absorciones de carbono

Para que cualquiera de estas actividades sea considerada, debe someterse a un marco de certificación o a un estándar que defina de forma clara su tipología. También debe determinar los actores que intervienen en el proceso, los plazos y documentación requeridos en los distintos procedimientos, las metodologías utilizadas para estimar y verificar las capturas obtenidas, dónde quedarán registradas esas absorciones y cómo pueden utilizarse, etcétera.

Al fin y al cabo, un estándar no es más que un conjunto de reglas que pretende dar una garantía y seguridad jurídica tanto a quien promueve la actividad, como a quien adquiere esas absorciones para compensar sus emisiones. Además, también debe generar seguridad y confianza a los ciudadanos que toman decisiones en función de las políticas de responsabilidad ambiental de las empresas.




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¿Cómo se evalúa la responsabilidad social y ambiental de las empresas?


Entre los puntos más importantes que deben incorporar estos estándares destacan el establecimiento de los criterios que aseguren la adicionalidad de la actividad. Es decir, deben asegurar que el proyecto genera un incremento neto en capturas de carbono, que no se desarrolla por una obligación legal y que sin la financiación proveniente de los créditos de carbono generados no se llevaría a cabo el mismo.

También es importante que definan claramente el periodo durante el cual las absorciones de CO₂ atmosférico son atribuibles al proyecto (periodo de crédito) y el tiempo en el que el promotor del proyecto se compromete a velar por la integridad de las absorciones de carbono capturadas (periodo de permanencia). Además, deben incluir las metodologías necesarias para llevar a cabo la verificación y certificación de las absorciones conseguidas, así como su seguimiento, y evitar la doble contabilidad de las absorciones certificadas.

Sin un establecimiento claro de estos aspectos podrían desarrollarse actividades que generaran absorciones fantasmas o con nula utilidad climática. Es decir, proyectos de absorción donde no existe adicionalidad, y por lo tanto, no se logra una reducción neta de las emisiones y/o se certifican absorciones inexistentes.

Las novedades del reglamento europeo

La mayoría de estos aspectos son tratados en el nuevo Reglamento (UE) 2024/3012 del Parlamento Europeo. No obstante, existen muchas incertidumbres sobre distintos aspectos que deberán irse solventando en próximas fechas. A pesar de ello, esta nueva normativa tiene aspectos novedosos al incluir por primera vez a nivel europeo las capturas producidas en ecosistemas marinos y costeros, responsables de más del 50 % del enterramiento de carbono a nivel global. Algo que, replicado recientemente a nivel nacional a través del Real Decreto 214/2025, ya fue abordado de un modo pionero por la Junta de Andalucía hace algo más de dos años, con la publicación del Estándar andaluz de carbono para la certificación de créditos de carbono azul. Esta iniciativa ha permitido poner en marcha el primer proyecto de absorción de carbono azul en Europa certificado por una administración pública.




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Sin perder de vista un objetivo: la sostenibilidad

El reglamento europeo incluye, además, una salvaguarda para evitar el ecoposturero y fomenta la obtención de beneficios secundarios en la ejecución de este tipo de actividades en relación con los objetivos de sostenibilidad. Por ejemplo, se fomenta que los proyectos incrementen los beneficios directos e indirectos que recibe el ser humano de los ecosistemas (las funciones y servicios ecosistémicos), así como la obtención de mejoras tangibles en las comunidades locales donde se desarrolle el proyecto.

Tengamos en cuenta que el foco de atención está actualmente en el carbono, y debe utilizarse como paraguas para mejorar la gestión y conservación de nuestros ecosistemas, permitiendo una entrada de financiación privada para desarrollar conservación pública. Sin embargo, hay que evitar que se convierta en una herramienta vacía o especulativa porque, como ya decía el refrán, “no es carbono todo lo que reluce”.

The Conversation

Fernando G. Brun Murillo recibe fondos de Proyecto de investigación DAME (PDC2021-120792-100), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación y por la Unión Europea “NextGenerationEU” y proyecto FINOCAME (PCM_00104. C17 . I03.) Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Financiado por la Unión Europea NextGenerationEU.

ref. Nuevas reglas para fomentar la captura de carbono y alcanzar el objetivo de cero emisiones – https://theconversation.com/nuevas-reglas-para-fomentar-la-captura-de-carbono-y-alcanzar-el-objetivo-de-cero-emisiones-257701

¿Hasta qué punto conocemos la relación entre el cambio climático y las olas de calor?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo García-Herrera, Catedrático de Física de la Atmósfera. Expresidente de la Agencia Estatal de Meteorología, Universidad Complutense de Madrid

Lightspring/Shutterstock

Cada vez que ocurre una ola de calor, una inundación o una sequía, surge la misma pregunta: ¿es culpa del cambio climático? La ciencia de la atribución intenta responder esa pregunta, analizando cuánto ha influido el calentamiento global en un fenómeno específico. No se trata de afirmar que el cambio climático es el causante, sino de estimar cuánto más probable o más intenso se ha vuelto por las actividades humanas.

Para hacerlo, los científicos comparan el mundo real con cambio climático y un “mundo alternativo” con una menor influencia antropogénica. Por ejemplo, el núcleo de altas presiones y las temperaturas de una ola de calor que afectó a España en 2018 fueron más intensos de lo que hubieran sido en el pasado. Igualmente, si una ola de calor de 40 ºC en Madrid antes ocurría cada 20 años y ahora cada dos, se puede decir que el cambio climático la ha hecho diez veces más probable.

Atribución de la ola de calor de la península ibérica de 2018. Reconstrucción del evento (1-7 agosto 2018) en condiciones presentes (derecha; 1984-2017) y pasadas (izquierda; 1950-1983). Los contornos indican una altura geopotencial en 500 hPa (m) y el sombreado la temperatura potencial en 925–700-hPa (°C). Las líneas gruesas indican valores de referencia de la intrusión cálida.
Tomado de Barriopedro et al. (2020), CC BY-SA

Entre los fenómenos extremos, las olas de calor (y de frío) son los más fácilmente atribuibles al cambio climático porque contamos con buenos registros históricos, modelos capaces de simularlas y bases físicas para relacionarlas con el calentamiento global. En las últimas décadas, esta ciencia ha avanzado, y hoy podemos afirmar que algunas olas de calor recientes en Europa, Asia o Norteamérica habrían sido extremadamente improbables sin calentamiento global.

Retos actuales

Pese a estos avances, aún existen algunos desafíos importantes:

  • Disponibilidad de datos: en algunas zonas (por ejemplo, en regiones vulnerables del sur global), los registros son escasos o de baja calidad, lo que impide analizar extremos, validar modelos y estudiar procesos. Se necesitan redes de observación más densas y precisas y plataformas abiertas para compartir datos, junto con formación y recursos en países en desarrollo.

  • Modelos más realistas: algunos mecanismos relevantes para las olas de calor (por ejemplo, las interacciones suelo-atmósfera, los efectos urbanos o los procesos de pequeña escala, como la formación de nubes) no están bien representados en los modelos actuales, generando incertidumbres y sesgos. Se requieren modelos más realistas que integren escalas y establecer protocolos de evaluación basados en procesos.

  • Comprensión de procesos: la variabilidad natural del clima y los factores regionales (aerosoles, deforestación, etc.) y locales (urbanización) modulan los efectos del calentamiento global y dificultan la detección de señales antropogénicas. Además, los patrones atmosféricos que causan olas de calor (por ejemplo, las intrusiones cálidas saharianas) podrían estar cambiando. Los eventos compuestos (como olas de calor y sequías) y aquellos con causas no solo climáticas (por ejemplo, incendios forestales) son especialmente complejos y podrían requerir metodologías específicas.

  • Contexto y comunicación: cómo se define (región, duración) y analiza (cambios en frecuencia o intensidad) un fenómeno afecta a los resultados. Diferentes métodos pueden dar respuestas aparentemente contradictorias. Es esencial estandarizar los métodos de análisis y comunicar los resultados de manera clara y adaptada a diferentes usuarios, incluyendo información sobre incertidumbres.

¿Cómo podemos mejorar?

Hasta ahora, la atribución ha sido una herramienta para concienciar sobre cómo las actividades humanas están alterando el clima. Pero para que influya en la toma de decisiones –por ejemplo, distribuir fondos tras un desastre o prevenir futuros desastres–, debe evolucionar. Esto supone avanzar hacia una atribución operacional, rápida, estandarizada y global, que pueda informar a gobiernos, medios y agencias de emergencia.

El desarrollo de servicios climáticos (por ejemplo, la Plataforma Temática Interdisciplinar de Clima y Servicios Climáticos del CSIC) y las nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial (por ejemplo, el Proyecto H2020-CLINT) pueden ser clave.

Para lograrlo, es importante adoptar un enfoque que combine evidencias de distintas fuentes (observaciones, modelos) y formas de analizar cada fenómeno. Algunos métodos estiman cambios en probabilidad con modelos estadísticos, otros usan características del evento para calcular cambios en intensidad y otros simulan cómo sería sin emisiones humanas. Cada enfoque responde a distintas preguntas, y cuando se analizan en conjunto ofrecen una imagen más completa y robusta.

Por otra parte, es preciso ir más allá del fenómeno y analizar sus consecuencias. La atribución de impactos examina en qué medida los daños (muertes, pérdidas económicas) fueron agravados por el cambio climático. Una misma ola de calor puede causar muchas muertes en una ciudad y pasar desapercibida en otra mejor preparada. Por eso, es fundamental integrar datos climáticos con factores socioeconómicos, y desarrollar modelos interdisciplinares en colaboración con expertos y actores locales.

En resumen, el cambio climático está haciendo que las olas de calor sean más frecuentes, intensas y duraderas. Gracias a la ciencia de la atribución, sabemos que muchos fenómenos recientes no habrían ocurrido o no lo habrían hecho con la misma severidad o frecuencia sin el calentamiento global. Se trata de una poderosa herramienta para entender cómo el cambio climático está afectando nuestras vidas y ayudarnos a planificar el futuro con políticas de adaptación y resiliencia más efectivas.

Avanzar hacia nuevos sistemas de atribución integrales permitirá guiar la acción y justicia climática, el debate sobre pérdidas y daños atribuibles al cambio climático y la toma de decisiones frente a los impactos del calentamiento global.

The Conversation

Ricardo García-Herrera recibe fondos de la Comisión Europea, a través del proyecto CLINT (CLimate INTelligence: Extreme events detection, attribution and adaptation design using machine learning) No. 101003876 y del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MiTEco) a través del proyecto MALONE (MeteorologicAL drivers and uncertainties in climate projections of ground-level OzoNE episodes). Contrato no. PID2021-122252OB-I00

Bernat Jiménez Esteve recibe fondos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MiTEco), y del Plan de Recuperación y Resiliencia NextGeneration a través del proyecto “Desarrollo de Servicios Climáticos Operativos – IGEO” Ref. CSC2304000, de la PTI-Clima del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)”

David Barriopedro Cepero recibe fondos de la Comisión Europea, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MiTEco), y del Plan de Recuperación y Resiliencia NextGeneration a través del proyecto CLINT (CLimate INTelligence: Extreme events detection, attribution and adaptation design using machine learning) No. 101003876, y el proyecto “Desarrollo de Servicios Climáticos operativos” Ref. CSC2300000.

ref. ¿Hasta qué punto conocemos la relación entre el cambio climático y las olas de calor? – https://theconversation.com/hasta-que-punto-conocemos-la-relacion-entre-el-cambio-climatico-y-las-olas-de-calor-260726

How to give children the freedom to play all across the city – not just in playgrounds

Source: The Conversation – UK – By Michael Martin, Lecturer in Urban Design and Planning, University of Sheffield

Co-created play space with children and the community, Via Val Lagarina Milan. Milan municipality

Children play everywhere. Yet their right to play – protected by a UN convention – is constantly challenged by adults.

Play is crucial to support children’s holistic development in cognitive, emotional, physical and social skills. Likewise, we know children’s environments significantly influence their health and wellbeing, for better or worse.

But across cities, young people are let down by a built environment that fails to appropriately consider their needs.

Places where children commonly used to play, such as streets and local neighbourhoods, have been transformed into car-only spaces where traffic and parking take priority. Likewise, city spaces frequently “design out” children by prohibiting skateboarding, ball games and other kinds of play.

Over time, urban planning has confined children’s opportunities for play to dedicated playground spaces only.


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However, children don’t have equal access to these formal play spaces. In the largest study of playgrounds in England, my colleagues and I found substantial inequalities in access to play. Children in the most deprived areas needed to travel further to their nearest playground.

In new research, I’ve explored four international examples of how children and play can be promoted in less likely urban spaces. My findings show how play can be promoted in cities to support children’s right to play anywhere – but also that there is widespread hostility to children’s right to use urban spaces for play.

Power of play

In Sydney, a pedal park installation with temporary jumps, ramps and a pump track was set up in different car parks for the duration of the winter. In Paris, a play street was created in central Paris by closing road traffic on Friday afternoons in autumn and spring.

In Belfast, temporary play equipment and playful street furniture was set up in the Cathedral Gardens public space.

Cathedral Gardens pop-up play space in Belfast meaningfully encourages children to use the city.
Park Hood Ltd.

In Milan, a community-led design involved children in creating a colourful grid, planters, growing beds and games in a school car park, which went on to inspire a new municipal programme of temporary school streets and piazzas.

These play spaces allowed children to play freely, play with objects, play pretend, play games with rules, and play physically – the core pillars of play. What’s more, they enabled children to develop new connections with their community by appropriating urban spaces to promote relaxation and fun. This was vital following the trauma of the global pandemic – all the projects were active during COVID-19 outside of lockdown.

Intergenerational encounters at the weekly play street in the 3rd District of Paris.
Rue’golotte

These short-term projects invited children to enjoy urban life in new ways. In fact, they bolstered civic access for people of all generations. In Sydney, the closure of the car park fostered a new sense of community. Caregivers, grandparents and residents were able to connect with each other in a whole different setting.

Children in Sydney play freely in a ‘pop-up pedal park’ created in a public car park.
Randwick City Council

Politics of play

But despite the positives, over time, the projects faced protest and tension. In Milan, fears from residents emerged on play being used as a tool to displace poorer communities. This was in response to the area having long been earmarked for regeneration. In Sydney, Paris and Belfast, people actively targeted and sabotaged the informal play spaces.

In Sydney, to park their cars, older citizens successfully lobbied local councillors to reduce the total amount of space for play, from the entire car park to one aisle of parking. In Paris, local businesses were exasperated by the presence of children. Collectively they threatened project initiators and staged a protest, claiming that “play streets kill local shops”. In Belfast, the pop-up play space was set on fire, multiple times. By summer 2022, much of the park had been destroyed.

Destruction and criminal damage of the Cathedral Gardens play space in Belfast.
Author

The outcomes demonstrate the politics that children, and their play, were exposed to. Because of a range of aggressive behaviour from adults, children’s use of streets and public spaces were consistently restricted. A common statement from dissenters was “children can go elsewhere”. The reality is they can’t.

In tracking informal play projects through the pandemic and subsequent years, two additional factors hampered their longer-term success. For the council projects in Sydney and Belfast, council officers hoped to direct more resources to urban play, but the lack of a specific local policy to support play was a significant constraint. By comparison, the community projects in Paris and Milan placed an unsustainable pressure on volunteers to ensure prolonged success.

Lessons from previous crises highlight how tensions and conflict can affect innovative uses of space, often diluting their progressive purpose. Ultimately, children’s play in recovery from the pandemic experienced a similar fate.

This is worrying because Unicef research has shown children’s wellbeing has continued to suffer after COVID-19.

Places that allow for children’s play can create dynamic neighbourhoods, intergenerational encounters, and meaningful participation in urban spaces – if only we let it happen.

The Conversation

Michael Martin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How to give children the freedom to play all across the city – not just in playgrounds – https://theconversation.com/how-to-give-children-the-freedom-to-play-all-across-the-city-not-just-in-playgrounds-260444

Why many Americans still think Darwin was wrong, yet the British don’t

Source: The Conversation – UK – By Edward White, PhD Candidate in Psychology, Kingston University

One hundred years after a Tennessee teacher named John Scopes started a legal battle over what the state’s schools can teach children, Americans are still divided over evolution.

Scopes was charged with violating Tennessee law by teaching evolution, in a highly publicised July 1925 trial that led to national debate over evolution and education. The trial tested whether a law introduced that year really could punish teachers over evolution lessons. It could and did: Scopes was fined US$100 (£74).

But here’s the weird part: while Americans remain deeply divided about whether humans evolved from earlier species, our British predecessors largely settled this question decades before the Scopes trial.

Black and white portrait of a man in a hat.
John Scopes one month before the Tennessee v. John T. Scopes Trial.
Smithsonian Institution/ Watson Davis

According to thinktank Pew Research Center data from 2020, only 64% of Americans accept that “humans and other living things have evolved over time”. Meanwhile, 73% of Brits are fine with the idea that they share a common ancestor with chimpanzees. That nine-percentage-point gap might not sound like much, but it represents millions of people who think Darwin was peddling fake news.

From 1985 to 2010, Americans were in what researchers call a statistical dead heat between acceptance and rejection of evolution — which is academic speak for people couldn’t decide if we were descended from apes or Adam and Eve.

Here’s where things get psychologically fascinating. Research into misinformation and cognitive biases suggests that fundamentalism operates on a principle known as motivated reasoning. This means selectively interpreting evidence to reach predetermined conclusions. And a 2018 review of social and computer science research also found that fake news seems to spread because it confirms what people already want to believe.

Evolution denial may work the same way. Religious fundamentalism is what researchers call “the strongest predictor” for rejection of evolution. A 2019 study of 900 participants found that belief in fake news headlines was associated with delusionality, dogmatism, religious fundamentalism and reduced analytic thinking.


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High personal religiosity, as seen in the US, reinforced by communities of like-minded believers, can create resistance to evolutionary science. This pattern is pronounced among Southern Baptists — the largest Protestant denomination in the US — where 61% believe the Bible is the literal word of God, compared to 31% of Americans overall. The persistence of this conflict is fuelled by organised creationist movements that reinforce religious scepticism.

Brain imaging studies
show that people with fundamentalist beliefs seem to have reduced activity in the dorsolateral prefrontal cortex — the brain region responsible for cognitive flexibility and analytical thinking. When this area is damaged or less active, people become more prone to accepting claims without sufficient evidence and show increased resistance to changing their beliefs when presented with contradictory information. Studies of brain-injured patients show damage to prefrontal networks that normally help us question information may lead to increased fundamentalist beliefs and reduced scepticism.

Fundamentalist psychology helps explain the US position in international evolution acceptance surveys. In a 2006 study, of over 33,00 people from 34 countries from 34 countries, only Turkey ranked lower than the US, with about 27% accepting evolution compared to America’s 40% at the time. Among the developed nations surveyed, the US consistently ranks near the bottom — a pattern that persists in more recent international comparisons.

Young boy against cosmic background.
Where did humans come from? Teaching children about evolution can be controversial, depending on where they live.
vovan/Shutterstuck

Research shows that political polarisation on evolution has historically been much stronger in the US than in Europe or Japan, where the issue rarely becomes a campaign talking point. In the US, anti-evolution bills are still being introduced in state legislatures.

In the UK, belief in evolution became accepted among respectable clergymen around 1896, according to church historian Owen Chadwick’s analysis of Victorian christianity. But why did British religious institutions embrace science while American ones declared war?

The answer lies in different approaches to intellectual challenges. British Anglicanism has a centuries-old tradition of seeking a “via media” — a middle way between extremes — that allowed church leaders to accommodate new ideas without abandoning core beliefs. Historian Peter documented how British religious leaders actively worked to reconcile science and religion, developing theological frameworks that embraced scientific discoveries as revealing God’s methods rather than contradicting divine authority.

Anglican bishops and scholars tended to treat evolution as God’s method of creation rather than a threat to faith itself. The Church of England’s hierarchical structure meant that when educated clergy accepted evolution, the institutional framework often followed suit. A 2024 paper argued that many UK church leaders still view science and religion as complementary rather than conflicting.

A different approach

The British experience proves it’s possible to reconcile science and faith. But changing American minds requires understanding that evolution acceptance isn’t really about biology — it’s about identity, belonging, and the fundamental question of who gets to define truth. People don’t reject evolution because they’ve carefully studied the evidence. They reject it because it threatens their identity. This creates a context where education alone can’t overcome deeply held convictions.

Misinformation intervention research suggests that inoculation strategies, such as highlighting the scientific consensus on climate change, work better than debunking individual articles. But evolution education needs to be sensitive. Consensus messaging helps, but only when it doesn’t threaten people’s core identities. For example, framing evolution as a function of “how” life develops, rather than “why it exists, allows for people to maintain religious belief while accepting the scientific evidence for natural selection.

People’s views can change. A review published in 2024, analysed data which followed the same Gen X people in the US over 33 years. It found that, as they grew up, people developed more acceptance of evolution, though typically because of factors such as education and obtaining university degrees. But people who were taught at a private school seem less likely to become more accepting of evolution as they aged.

As we face new waves of scientific misinformation, the century since the Scopes trial teaches us that evidence alone won’t necessarily change people’s minds. Understanding the psychology of belief might be our best hope for evolving past our own cognitive limitations.

The Conversation

Edward White is affiliated with Kingston University.

ref. Why many Americans still think Darwin was wrong, yet the British don’t – https://theconversation.com/why-many-americans-still-think-darwin-was-wrong-yet-the-british-dont-260709

Consolation, community, national identity: what is lost when pubs close – and how they can be saved

Source: The Conversation – UK – By Thomas Thurnell-Read, Reader in Sociology, Loughborough University

William Perugini/Shutterstock

Recent figures from the British Beer and Pub Association show that pubs will close at the rate of one a day in the UK during 2025. This is just the latest chapter in a familiar story – more than a quarter of British pubs have closed since 2000.

The cost of running a pub has risen dramatically. The ingredients used to brew beer all cost more, as do the business rates, rents, duties, utilities and wages required to operate a welcoming venue in which to serve it. Some publicans have reported utility bills doubling in a matter of months.

Many pubs occupy prime locations and high-value buildings, which, coupled with larger floor space, mean business rates can be high relative to turnover and profit.

Meanwhile, food offerings which had provided many pubs with a profitable alternative to a drinks-only model have also been hit by rapid increases in costs. Supermarkets and delivery platforms now provide food and drink directly to consumers at prices few licenced venues can compete with. Even pubs that are economically viable are often more profitable converted into residential or retail space.

These economic challenges accompany wider cultural trends, such as the continued prevalence of home working, changes in drinking habits and competition from alternative forms of in person and online leisure.

We’ve researched pub closures in England and Wales to learn what the loss of pubs means for the communities who drink and gather in them.

When pubs closed temporarily during COVID-19 lockdowns, many people realised that what they missed about pubs was not alcohol but the social contact pubs provided. Pubs have a clear social value. They offer a space for people to meet and interact and have been shown to help tackling loneliness and social isolation.

Our research participants relayed stories of pub closure in relation to their own lives and communities:

I’ve been consoled in there, I’ve consoled friends in there. We’ve chopped up family issues, work issues. We’ve drunk for the sake of drinking in there.

Pubs help people feel connected to a local place. When they close, they can become sites of mourning, a painful reminder of change and decline. One resident of a former colliery village in Nottinghamshire said of the pub she had once worked in – now derelict, fire damaged and vandalised as it awaits redevelopment – that despite her wish that it had remained open it was now better to “knock it down” to “put us out of our misery”.

For many, pubs are a sort of bellwether for wider anxiety about social and generational change. The loss of pubs speaks to where “we” might be heading as a nation or as a community. Our recent analysis of how the British press has reported on pub closures since 2000 shows that a sense of national identity under threat is a recurring theme.

Both local and national newspapers have made repeated use of the word “our” in this context, warning readers of the grave threat to “our pubs” and “our heritage”, often invoking an idyllic image of rural life. However, much of this coverage has also praised the pub as a great leveller, as a place where people come together as a community to socialise despite their differences.

Can pubs be saved?

The Campaign for Real Ale, the leading consumer group for beer drinkers and pub goers, suggests changing planning and licensing laws to protect pubs at local and national levels, and more support and publicity for pubs to cater to changing markets.

Others have more directly lobbied for duty cuts that give pubs a fighting chance against supermarkets benefiting from economies of scale, VAT exemptions and convenience.

A hot meal served in a pub incurs a standard 20% rate of VAT, while a supermarket ready meal to be heated at home does not. The rationale for a tax cut to support pubs would rest on the social benefits they offer to communities, in contrast to supermarket-bought alcohol typically consumed at home.

A woman walks past a boarded up pub called The Ship
A boarded-up pub in Bristol.
Thomas Turnell-Read

The Localism Act 2011 gave communities the right to bid to take pubs into community ownership, designating them as assets of community value. Yet while there are some terrific examples of community-owned pubs becoming both thriving businesses and a revived focal point for communities, residents in poorer areas lack the resources to sustain viable campaigns.

In one village in our study, a pub listed as a going concern at £500,000 in fact sold as a development plot for over £660,000. A viability study suggested that an investment of £225,000, plus working capital of at least £20,000, would be needed to reopen the pub. The residents we spoke to all conceded that a purchase was far beyond the modest resources of the local community.

While the loss of so many pubs is shocking, it obscures the fact that when other licensed venues, such as bars, restaurants and licensed cafes are factored in, the downward trend is flattened – and even reversed in some areas. This suggests a long-term diversification of the sector – the pub is no longer the only option when going out for a drink.

This may also reflect a feeling that other hospitality venues better cater to different people and groups who may feel less at home in traditional pubs. Some interviewees told us that they felt craft brewery taprooms were more welcoming and family friendly. Others found cafe-bars to have a more appealing mix of coffee, food and both alcoholic and non-alcoholic drinks.

There’s a long history of pubs adapting to serve new needs and markets. Pub is the Hub, for example, has supported rural pubs to incorporate everything from village shops and libraries to pizza ovens and IT skills hubs. There have been promising experiments with fitting pubs for co-working and meeting space. And micropubs can continue to offer the benefits of a convivial social space, in a back-to-basics approach that reduces the costs of running bigger venues. Pubs can and must evolve.

The Conversation

Thomas Thurnell-Read receives funding from The Leverhulme Trust.

Robert Deakin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Consolation, community, national identity: what is lost when pubs close – and how they can be saved – https://theconversation.com/consolation-community-national-identity-what-is-lost-when-pubs-close-and-how-they-can-be-saved-260774

Taurine could power your energy drink – and maybe cancer cells too. Here’s what you need to know

Source: The Conversation – UK – By Gulshanara (Rumy) Begum, Senior Lecturer in Nutrition & Exercise Science, University of Westminster

shutterstock New Africa/Shutterstock

Energy drinks are big business. Marketed as quick fixes for fatigue and performance dips, energy drinks are especially popular among young people, athletes, sports enthusiasts, and so-called “weekend warriors” – people who pack their workouts into the weekend instead of exercising regularly. Gamers are now a major target too.

But as the market grows, so do concerns about what’s actually in these drinks – and what these ingredients might be doing to our bodies.

Many energy drinks contain some combination of three familiar stimulants: caffeine, found naturally in coffee, tea and cacao; guarana, an Amazonian plant rich in caffeine; and taurine, a naturally occurring amino acid found in scallops, mussels, turkey and chicken.

Taurine, in particular, has drawn both hype and hope. It is credited with performance-enhancing properties and potential health benefits. But new research is raising important questions about how it behaves in the body – and when it might do more harm than good.

In May 2025, a study published in Nature sparked headlines and unease in equal measure. It found that taurine may fuel the progression of leukaemia, a group of blood cancers that begin in the bone marrow.

The study showed that while healthy bone marrow cells naturally produce taurine, leukaemia cells cannot. But they can absorb taurine from their surroundings and use it as a fuel source to grow and multiply. Research on mice and in human leukaemia cell samples demonstrated that taurine in the tumour microenvironment – the area around a tumour that includes blood vessels, immune cells and structural support – accelerated the progression of leukaemia.

Crucially, when researchers blocked taurine uptake by leukaemia cells (using genetic techniques), cancer progression slowed significantly. The authors suggest taurine supplements could potentially worsen outcomes in people with leukaemia and propose that developing targeted ways to block taurine uptake by cancer cells might offer a new treatment strategy.

Taurine: friend or foe?

Taurine is one of the most abundant free amino acids in the human body, found in especially high concentrations in the heart, muscles and brain. In healthy people, it’s mainly obtained through diet, but the body can also synthesise taurine from the amino acids methionine and cysteine, provided it has enough vitamin B6, which is found in foods such as salmon, tuna, chicken, bananas and milk.

Most people consuming a typical western diet take in 40mg–400mg of taurine a day from food alone. This figure refers only to taurine that is directly ingested, not including the additional amount the body can synthesise internally, which may vary depending on age, diet and health.

Fresh scallops and half a lemon
Scallops contain high levels of taurine.
barmalini/Shutterstock

Taurine is listed on the Food and Drug Administration’s (FDA’s) generally recognised as safe (GRAS) database, and according to the European Food Safety Authority (EFSA), it’s safe to consume up to six grams per day. By comparison, a serving of Red Bull or Monster contains around one gram – comfortably below that threshold.

Despite recent concerns about a possible link to blood cancer progression, taurine isn’t inherently harmful. In fact, some people may benefit from supplementation, especially those receiving long-term parenteral nutrition, where nutrients are delivered directly into the bloodstream because the gut isn’t working properly. People with chronic liver, kidney or heart failure may also have trouble producing or holding on to enough taurine, making supplementation helpful in specific clinical settings.

Ironically, some research suggests taurine may actually help reduce the side effects of chemotherapy in leukaemia patients – even as emerging studies raise concerns that it could also fuel the disease. This contradiction underscores how much context matters: the effects of taurine depend not just on dosage and delivery, but also on the patient’s underlying condition. What helps in one context, could harm in another.

But here’s the catch: taking taurine as a supplement for particular health reasons is very different from consuming large quantities through energy drinks, which often combine taurine with high levels of caffeine and sugar. This combination can put strain on the heart, interfere with sleep and increase the risk of side effects, particularly for people with underlying health conditions or those taking other stimulants.

The latest research raises important questions about whether taurine-heavy products could be harmful in some cases, especially for people with, or at risk of, blood cancers.

So, should you worry?

According to the current evidence, if you’re a healthy adult who occasionally sips an energy drink, there’s little cause for alarm. But moderation is key. Consuming multiple high-taurine drinks daily or taking taurine supplements (without prior professional consultation), on top of a taurine-rich diet might not be wise, especially if future research confirms links between taurine and cancer progression.

Until more is known, the safest approach would be to enjoy your energy boosts by consuming a nutritious diet rather than consuming energy drinks. If you have any underlying health conditions – or a family history of cancer – it’s always best to consult a healthcare professional before diving into taurine supplementation or consumption of energy drinks.

The Conversation

Gulshanara (Rumy) Begum does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Taurine could power your energy drink – and maybe cancer cells too. Here’s what you need to know – https://theconversation.com/taurine-could-power-your-energy-drink-and-maybe-cancer-cells-too-heres-what-you-need-to-know-256957