¿Por qué solo cabe un número determinado de canciones en un vinilo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Przemek Klos/Shutterstock

Los vinilos han vuelto. No es un gesto nostálgico aislado. Podemos considerarlo un objeto cultural que hoy convive sin complejos con Spotify, TikTok y algoritmos que recomiendan música mejor que cualquiera de nuestros amigos más culturetas.

El ritual para utilizarlo es sencillo: sacar el disco de la funda, colocarlo con cuidado en el tocadiscos, bajar la aguja y… aceptar algo que hemos dejado de asumir en la era digital, que la música tiene límites físicos.

La pregunta es tan sencilla que casi parece ingenua: ¿por qué en un vinilo solo caben un número determinado de canciones? ¿Por qué no podemos grabar horas y horas de música, como hacemos en una memoria USB?

La música escrita en surcos

Un disco de vinilo no “almacena” música como lo hace un archivo digital. No hay bits, ni ceros y unos, ni compresión MP3. La información sonora está grabada físicamente en forma de surco en espiral que va desde el borde exterior hasta el centro del disco.

Ese surco no es decorativo. Sus variaciones microscópicas reproducen directamente las vibraciones del sonido original de forma que, cuando la aguja del tocadiscos recorre el surco, esas irregularidades se transforman en movimiento mecánico, luego en señal eléctrica y finalmente en sonido. Es un proceso elegantemente simple y brutalmente dependiente de las leyes de la física.

Partes del surco de un disco de vinilo vistas con un microscopio.
Partes del surco de un disco de vinilo vistas con un microscopio.
Alexander Klepnev/Wikimedia Commons, CC BY

¿Sencillo de entender cómo funciona? Pues aquí aparece la primera limitación fundamental: el espacio. Un vinilo tiene un diámetro finito y, por tanto, una longitud máxima de surco. Para meter más música solo hay tres opciones posibles:

● Hacer el surco más largo (imposible sin aumentar el tamaño del disco).

● Hacer que el surco sea más estrecho y esté más cerca del anterior.

● Reducir la información que se graba en cada instante.

Las dos últimas opciones tienen consecuencias.

Más minutos, menos calidad

Si los surcos se colocan más juntos, la aguja tiene menos margen para moverse sin interferir con el surco vecino. Eso obliga a reducir la amplitud de las variaciones (o dicho de otra manera, a grabar un sonido más “plano”). Menos volumen, menos rango dinámico, menos graves. El resultado son más minutos por cara, sí, pero a costa de perder calidad sonora.

Por eso los discos de 12 pulgadas suelen girar a 33 revoluciones por minuto y ofrecen unos 18–22 minutos por cara con buena calidad, mientras que los singles de 7 pulgadas a 45 rpm apenas duran unos minutos, pero suenan más “potentes”. No es una decisión estética. Es ingeniería pura.

¿Por qué? Porque, en el fondo, cada vinilo es un compromiso entre duración y fidelidad.

Imagen de una aguja sobre un vinilo.

crispyphoto/Shutterstock

La física no negocia

Estas limitaciones no son arbitrarias ni fruto de una mala decisión de diseño. No es que alguien decidiera fastidiarnos y limitar el número de canciones por disco. Es que la materia, la energía y el espacio imponen reglas.

Son las mismas reglas que impiden que cualquier dispositivo pueda, por ejemplo, soportar la inteligencia artificial. Aunque la idea de que todo proceso industrial deba incorporar IA sea seductora, hay una realidad física y computacional que no se puede ignorar.

Un modelo de inteligencia artificial necesita recursos: potencia de cálculo, memoria, almacenamiento, energía y capacidad de disipar calor. Un sensor IoT alimentado por batería no está diseñado para ejecutar redes neuronales complejas, igual que un surco de vinilo no puede vibrar indefinidamente sin perder información.

En ingeniería, el contexto lo es todo.


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Lo que los vinilos nos siguen enseñando

El regreso del vinilo no es solo una moda hipster ni una nostalgia romántica. Es, también, un recordatorio físico de algo que a veces olvidamos en la era digital: la tecnología siempre está limitada por el soporte.

Hoy almacenamos música en la nube y damos por hecho (erróneamente) que el espacio es infinito. Pero no lo es. Solo está escondido en centros de datos que consumen enormes cantidades de energía y recursos. Igual que la IA “gratuita” no es gratuita y en realidad se apoya en infraestructuras muy costosas.

El vinilo nos obliga a ver el límite. A aceptar que no todo cabe. A elegir. Y esa es, quizá, la lección más interesante para la tecnología actual: no todo dispositivo necesita IA, no todo proceso debe ser inteligente, y no todo sistema mejora por añadir complejidad.

A veces, como en un buen disco, menos es más.

The Conversation

Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, este trabajo fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”.

ref. ¿Por qué solo cabe un número determinado de canciones en un vinilo? – https://theconversation.com/por-que-solo-cabe-un-numero-determinado-de-canciones-en-un-vinilo-274787

La literatura infantil no necesita espacios seguros, sino espacios ‘valientes’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Garcia-Castillo, PhD candidate, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Cristina Zafra

Imaginemos que un libro infantil es una casa. Dentro, hay espejos donde niños y niñas se reconocen, ventanas que muestran otras vidas y puertas que invitan a mundos distintos. Pero no todas las habitaciones son cómodas. Hay espejos que devuelven imágenes distorsionadas, ventanas que muestran situaciones injustas y puertas que conducen a realidades difíciles.

¿Qué hacemos cuando la lectura incomoda? ¿Apartamos a la infancia de esas historias, o la acompañamos a leerlas con mirada crítica?

Estas son algunas de las preguntas que plantea Zoom Out, un proyecto Erasmus+ que aborda desigualdades en las escuelas mediante la literatura infantil.

En el trabajo con las escuelas hemos observado que, al igual que en algunos libros, en las aulas existen desigualdades. Retirar esos libros no hace que desaparezcan. En cambio, conversar alrededor de ellos y crear espacios donde el alumnado pueda pensar, nombrar y cuestionar puede servir para hacer visibles desigualdades presentes y pensarlas colectivamente.

Lo que no se puede decir en clase

Muchos niños y niñas no tienen el lenguaje ni el espacio para hablar de las desigualdades que les atraviesan. Esto se hizo evidente durante uno de los talleres.

Al pedir al alumnado que se dibujara durante una adaptación de la actividad El mapa de quién soy, un niño empezó a decir “Soy negro…” y se tapó la boca. Miró a la tallerista y corrigió: “Perdón, no se puede decir negro; cogeré el color marrón”.

En la escuela había aprendido que “negro” era un insulto. Su incomodidad surgía de la dificultad para nombrar parte de su experiencia sin miedo a usar una palabra incorrecta y racista. Lo que estaba en juego no era el dibujo, sino los límites del lenguaje socialmente aceptado en la escuela para nombrarse.

¿Cerrar el libro o abrir el debate?

Situaciones como esta plantean una cuestión recurrente en las aulas: ¿qué hacemos con libros que muestran racismo, como Tintín en el Congo, sexismo, como La Cenicienta, o colonialismo, como Robinson Crusoe? En muchos casos, estos textos se dejan de lado por considerarse problemáticos, desactualizados o difíciles de trabajar en clase.

En ese marco aparece con frecuencia la idea de “protección”, entendida como la necesidad de evitar determinados contenidos o conversaciones. Pero, como se pregunta la escritora Laure Murat: ¿qué sabemos realmente sobre la fragilidad de los niños?

Espacios seguros, ¿espacios limitantes?

Estas reflexiones han aparecido en las escuelas que han participado en Zoom Out. El concepto de “espacio seguro” nos ayuda a situar estas tensiones. Este nació en movimientos sociales que buscaban lugares libres de hostilidad para poder hablar, “autodefinirse” y trabajar por la justicia social. En educación se utiliza para describir entornos donde el alumnado se siente aceptado y emocionalmente protegido.

Estos espacios son imprescindibles, pero pueden resultar limitantes si la seguridad se entiende como ausencia de conflicto. En la práctica educativa, todo aprendizaje requiere riesgo: hacer preguntas difíciles, descubrir algo incómodo o confrontar sesgos propios. Cuando evitar ese riesgo se convierte en norma, puede generarse un falso sentido de seguridad que impida abordar temas complejos o cuestionar sistemas de poder.

De espacios seguros a espacios “valientes”

Frente a estos límites, desde la pedagogía, Brian Arao y Kristi Clemens proponen el concepto de “espacios valientes”. Es decir, entornos donde el conflicto es generativo, el error no se penaliza y la incomodidad es una condición necesaria para aprender.

Desde las reflexiones en el marco de Zoom Out, entendemos un espacio valiente como aquel donde niños y niñas pueden nombrarse sin miedo, preguntar sin que se les juzgue, señalar una injusticia aunque no sepan resolverla, o cambiar de opinión.

Buscando estrategias

A partir del trabajo con escuelas, el proyecto ha permitido identificar prácticas sencillas (complementadas por una guía y un banco de recursos) que favorecen estos espacios de lectura valientes:

  • Utilizar espacios flexibles, que fomenten dinámicas no jerárquicas. Los círculos literarios son una gran fuente de inspiración.

  • Establecer reglas, enfatizar la responsabilidad en los diálogos, moldear las expectativas y usar técnicas de mediación para acompañar emociones. Permitir que algo moleste, sorprenda o enfade también forma parte de leer.

  • Contextualizar antes de leer, explicando el momento histórico y la autoría. Saber el conocimiento previo del alumnado es esencial para entender desde qué lente interpretarán el texto.

  • Crear oportunidades para el diálogo con preguntas abiertas. Por ejemplo, “¿Qué voces faltan? ¿Qué pasaría si lo contáramos diferente?”.

  • Identificar y llenar vacíos de representación con una colección de libros que refleje la diversidad del aula en cuanto a género, origen, etnia, etc.

En los talleres de Zoom Out hemos observado pequeños gestos. Entre ellos, alumnado que cuestiona estereotipos, relaciona historias con su entorno y formula preguntas. El objetivo no es dar respuestas cerradas, sino acompañar el desarrollo de una mirada propia, atenta y crítica a la desigualdad.

La valentía de no cerrar el libro

Abrir espacios valientes no garantiza conversaciones amables. En otro taller, un niño explicó por qué no le gustaban las personas sin hogar. Comentarios racistas, sexistas o excluyentes surgen cuando se crean espacios donde el alumnado puede hablar libremente. Aun así, la experiencia de los talleres apunta a que es preferible que estos comentarios aparezcan a que queden tapados pero latentes.

La casa de la literatura infantil debería ser un lugar donde sus lectores se reconozcan, pero también donde puedan ver las grietas de sus paredes. Desde Zoom Out argumentamos que no se trata de cerrar las puertas que llevan a habitaciones incómodas, sino de acompañarles cuando decidan abrirlas.

The Conversation

Marina Garcia-Castillo recibe fondos del programa predoctoral AGAUR-FI ajuts (2025 FI-3 00065) Joan Oró del Departament de Recerca i Universitats de la Generalitat de Catalunya y la cofinanciación del Fondo Europeo Social Plus.
Zoom Out (2023-1-ES01-KA220-SCH-) es un proyecto cofinanciado por Erasmus+.

Gerard Coll-Planas recibe fondos de la convocatoria Erasmus+ para el proyecto Zoom Out 2023-1-ES01-KA220-SCH-000155210

ref. La literatura infantil no necesita espacios seguros, sino espacios ‘valientes’ – https://theconversation.com/la-literatura-infantil-no-necesita-espacios-seguros-sino-espacios-valientes-271241

Ibiza bajo el agua: qué nos dicen los peces sobre el estado real de sus praderas marinas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esteban Morelle-Hungría, Associate professor, Universitat Jaume I

Ejemplar de boga (_Boops boops_), una de las especies halladas en los censos realizados en este estudio en Ibiza. Wikimedia Commons., CC BY

Las praderas de Posidonia oceanica son una de las comunidades biológicas de mayor importancia en el Mediterráneo. En algunos puntos del litoral de Ibiza, siguen siendo extensas y estructuralmente bien conservadas, gracias en gran parte a la intensa labor de divulgación durante las últimas décadas.

La mala noticia es que ese estado de buena conservación identificado en algunos puntos de la isla no siempre es un indicador de buen estado ecológico. Cuando se analizan las comunidades de peces asociadas a estas praderas, la realidad resulta más compleja y preocupante.

Pradera de Posidonia oceanica.
Frédéric Ducarme / Wikimedia Commons., CC BY

Censos de peces

Los censos visuales de peces que realizamos en el marco del proyecto MarPitius25 del Aula Ibiza Preservation de Criminología Azul de la Universitat Jaume I muestran que, incluso sobre praderas bien desarrolladas, las comunidades acuáticas pueden presentar una riqueza específica baja –número total de especies en un hábitat–. Además, su abundancia –número total de individuos de una especie particular presente en un área, comunidad o ecosistema determinado– y su biomasa –cantidad total de materia orgánica viva en un área– son inferiores a la esperable para este tipo de hábitat.

Este contraste entre la buena apariencia del hábitat y la respuesta biológica plantea interrogantes relevantes sobre el funcionamiento real de los ecosistemas costeros en Ibiza.

Los peces tienen mucho que decir

Nuestro proyecto de investigación partió de la realización de un censo de peces para el diagnóstico científico del impacto acumulativo sobre las aguas costeras de Ibiza.

Las praderas de Posidonia oceanica son hábitats prioritarios y especialmente sensibles a presiones antrópicas, como la salinidad, la turbidez, los efluentes urbanos y otras alteraciones asociadas al uso intensivo del litoral. Por ello, la fauna que puede albergar este hábitat prioritario constituye un indicador biológico directo del estado del ecosistema.

El trabajo de campo se llevó a cabo en junio de 2025, coincidiendo con un periodo de elevada presión sobre el litoral ibicenco. Seleccionamos tres zonas de estudio –Santa Eulària, Cala Sol d’en Serra y Talamanca–, por su relevancia ecológica y social, así como por su proximidad a emisarios –conducciones para el transporte de aguas residuales parcialmente tratadas hasta la zona de vertido, generalmente localizada mar adentro– y áreas que acumulan diferentes impactos antrópicos.

Los muestreos, llevados a cabo por el Laboratorio Marino de Dénia del Instituto Multidisciplinar del Medio “Ramón Margalef”, de la Universitat d’Alacant, se realizaron mediante censos visuales con buceo autónomo.

Los investigadores César Bordehore (izquierda) y John Dobson (derecha) durante la realización del proyecto en aguas de Ibiza.
Los investigadores César Bordehore (izquierda) y John Dobson, durante la realización del proyecto en aguas de Ibiza.
Eva Fonfría y Esteban Morelle-Hungría

Baja riqueza y biomasa

En total, se estimaron 3 243 individuos pertenecientes a 15 especies, además de una categoría registrada como “juveniles no identificados”. Por localidades, se detectaron 12 especies en Cala Sol d’en Serra, 12 en Talamanca y 11 en Santa Eulària.

Las comunidades estuvieron dominadas numéricamente por un grupo reducido de cinco especies, entre las que destacaron Chromis chromis, Oblada melanura, Sarpa salpa, Coris julis y Boops boops. Mientras, el resto de especies apareció con abundancias mucho menores.

Salema (Sarpa salpa).
Diego Delso / Wikimedia Commons., CC BY

A escala local, los valores medios estandarizados muestran diferencias espaciales, pero un patrón común de biomasa relativamente baja para praderas de Posidonia oceanica bien conservadas.

El propio informe subraya que algunas especies gregarias pueden aportar abundancia y biomasa, sin reflejar necesariamente una comunidad estructuralmente compleja, por lo que resulta imprescindible analizar el conjunto de su ensamblaje –subconjunto de especies taxonómicamente relacionadas que coexisten en un lugar y tiempo específicos–.

Predominio de tamaños pequeños

En todas las estaciones muestreadas, se observa un claro predominio de individuos de pequeño tamaño, acompañado de una presencia extremadamente reducida de ejemplares adultos.

Este patrón, que se repite de forma consistente en las tres zonas estudiadas, resulta especialmente llamativo por haberse registrado sobre praderas estructuralmente bien conservadas.

Desde el punto de vista ecológico, esta combinación puede sugerir que, aunque el hábitat mantiene su integridad física, no está funcionando como un espacio capaz de sostener poblaciones de peces con una estructura completa.

El informe de resultados plantea que la escasa presencia de ejemplares de mayor tamaño podría deberse a que estos individuos viajan a otras áreas o sobreviven fuera de las zonas muestreadas, en lugar de permanecer en ellas. En cualquier caso, la consecuencia observable es una comunidad dominada por tamaños pequeños y con una biomasa global reducida.

Contraste con otras zonas del Mediterráneo

Para contextualizar estos resultados, el estudio los compara con un muestreo equivalente realizado en el litoral de Dénia (Alicante). Aunque el propio informe advierte de que allí se realizaron más transectos y que las comparaciones directas deben interpretarse con cautela, el contraste general es claro.

En Dénia se registró un mayor número de especies, una mayor presencia de especies de interés comercial y una estructura de tamaños más equilibrada. Mientras que, en Ibiza, el 97,6 % de los individuos correspondieron a la categoría de tamaño pequeño, en Dénia este porcentaje fue notablemente menor. La biomasa y la diversidad fueron también superiores en el litoral continental.

Este contraste refuerza la interpretación de que el litoral ibicenco puede encontrarse en una situación más comprometida, coherente con la mayor intensidad y acumulación de presiones descritas en el marco de MarPitius25. Esta iniciativa interdisciplinar busca diagnosticar el impacto acumulativo de los vertidos de desaladoras, estaciones depuradoras de aguas residuales y otros contaminantes sobre las aguas costeras de Ibiza, desde una perspectiva científica, jurídica y ecológica.

Las conclusiones de este estudio no se limitan a describir un estado puntual, sino que apuntan a la necesidad de implantar una red de monitorización. El informe subraya que es necesario repetir los censos en diferentes estaciones y a lo largo de varios años para determinar la variabilidad temporal. De esta forma, permitirá confirmar si los patrones observados se mantienen y ayudará a comprender cómo evoluciona la estructura de las comunidades de peces.

Solo mediante un seguimiento continuado es posible identificar con precisión las zonas más adecuadas para la creación o delimitación de áreas marinas protegidas y, así, evaluar si las medidas de protección que se están implantando contribuyen eficazmente su recuperación.

Más allá de las apariencias

Los resultados ahora publicados muestran que la conservación estructural de las praderas de Posidonia oceanica no garantiza por sí sola el buen funcionamiento ecológico del sistema analizado.

Comunidades con baja riqueza, biomasa contenida y una presencia reducida de peces, en comparación con otras zonas, pueden representar una señal de alerta que no siempre es visible a simple vista.

En este escenario, incorporar indicadores biológicos como la composición, la estructura de tamaños y la biomasa de las comunidades de peces en la gestión del litoral nos permitirá detectar efectos antrópicos acumulativos antes de que el daño pueda llegar a ser irreversible.

Y es que conservar el mar no es solo mantener su apariencia: se debe asegurar que los ecosistemas funcionen de forma completa y sostenible a largo plazo.

The Conversation

Esteban Morelle-Hungría ha recibido financiación para el desarrollo de actividades de investigación a través de proyectos competitivos y contratos de transferencia, de ámbito nacional e internacional. En particular, ha sido investigador principal del proyecto CRIMICLIMA – Análisis criminológico de la eficacia de la política criminal medioambiental ante la emergencia climática (Universitat Jaume I, 2024–2026), y ha participado en el proyecto Ocean Crime Narratives: A polyhedral assessment of hegemonic discourse on environmental crime and harm at sea (ERC, 2022–2027), financiado por el European Research Council (ERC). Asimismo, ha recibido financiación institucional de la Universitat Jaume I, y financiación específica para actividades de investigación y transferencia a través del Aula de Criminalidad Azul – IbizaPreservation, financiada mediante la aportación de la Fundación IbizaPreservation. Ha participado en proyectos de ámbito nacional e internacional con financiación pública. También dentro de las funciones establecidas en la LOSU ha participado y realizado acciones incluidas dentro de artículo 60, de consultoría, formación para administraciones públicas, entidades privadas y fundaciones.

ref. Ibiza bajo el agua: qué nos dicen los peces sobre el estado real de sus praderas marinas – https://theconversation.com/ibiza-bajo-el-agua-que-nos-dicen-los-peces-sobre-el-estado-real-de-sus-praderas-marinas-273323

El padre de Alicia y las maravillas de la lengua griega

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Helena Rodríguez Somolinos, Investigadora Científica del Dpto. de Estudios Griegos y Latinos, Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (ILC – CSIC)

Visita a Christ Church de los Príncipes de Gales, futuros reyes Eduardo VII y Alexandra (1863). El decano Liddell esta sentado a la derecha. Lorina Liddell está sentada con su hija Rhoda en brazos. National Portrait Gallery x4336, licence 77103-2026, CC BY-NC-ND

El 9 de febrero se celebra el Día Mundial de la Lengua Griega. Es una fecha oportuna para recordar a una de las personas que más ha hecho por su conservación y estudio, y más ha ayudado a los estudiantes de griego desde 1843: Henry George Liddell. Infinitamente más conocida es su hija Alice Liddell, la niña que inspiró a Lewis Carroll la fantástica historia que su autor tituló Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas.

Retrato a carboncillo de un hombre joven.
Retrato de Henry George Liddell hecho por George Richmond en 1858.
Wikimedia Commons

Pero la gran hazaña de Henry George Liddell es mucho más desconocida. Años antes de convertirse en el padre de Alice, siendo un joven y brillante licenciado de Oxford, se comprometió a llevar a cabo una gigantesca empresa: la redacción del Greek English Lexicon de Oxford, cuya primera edición en la Oxford University Press es de 1843. Lo hizo junto a su compañero Robert Scott, los dos de 23 años, y sus nombres quedaron para siempre unidos a ese volumen.

Un arduo trabajo

Cuando recibieron el encargo en 1834, era un clamor en Oxford la necesidad de disponer de un diccionario de griego equivalente al Handwörterbuch der griechischen Sprache de Passow (Leipzig 1831). Este era el primero que utilizaba como lengua de salida una lengua moderna –el alemán– en vez del latín. También era el primer diccionario de autoridades que podríamos llamar “moderno”, por la voluntad de organizar las entradas más allá del orden cronológico.

Liddell y Scott se encerraron a trabajar, y pronto vieron que era necesario superar el modelo. En sólo nueve años consiguieron que viera la luz la primera edición, lo que, contemplado desde la perspectiva actual, supone una labor hercúlea. Además, cuando una lo conoce a fondo, no puede sino admirar el profundo conocimiento del griego que poseían, su intuición y madurez para establecer y definir los significados y la voluntad de ofrecer artículos estructurados, mucho antes de los inicios de la lingüística moderna.

Sección del diccionario que incluye la palabra más larga del griego, inventada por el cómico Aristófanes.
Sección del diccionario que incluye la palabra más larga del griego, inventada por el cómico Aristófanes.
H.R.

En algunas cartas Liddell deja traslucir el enorme esfuerzo y la dedicación constante que durante años le supuso la confección del diccionario. Desde las cinco de la mañana hasta las nueve y media de la noche, cuando se acostaba, sólo paraba para desayunar, comer, dar un pequeño paseo y cenar. A mediados de 1842 escribía a Scott: “Te alegrará saber que casi he terminado con Π (pi), ese monstruo de dos piernas, (…) que se ha estado burlando de mis visiones despierto y dormido durante muchos meses”.

El escritor inglés Thomas Hardy compuso un poema, en el que Liddell y Scott dialogan al terminar el diccionario en 1843 y que refleja en tono amable ese esfuerzo. Al parecer, el peso de las decisiones y del trabajo fue del primero, aunque se cuenta que una vez publicado, cuando alguien le señalaba un error o inexactitud en alguna entrada del diccionario, él continuaba caminando impertérrito mientras decía: “ese parágrafo lo escribió Scott”.

Puntos fuertes y puntos débiles

El diccionario presenta una maravillosa concisión en definiciones, traducciones y ejemplos, y ofrece un intento de clasificación semántica. Incluso contiene algunas discretas notas de fino humor británico, al parecer no siempre conscientes.

Pero, como diccionario que se sigue usando porque no hay ningún sustituto completo, adolece de enormes defectos para los usuarios actuales. Algunos se deben a sus planteamientos y otros a que, por su antigüedad, no registra muchos avances posteriores, decisivos en el conocimiento de la lengua griega. Tampoco abarca, lógicamente, el enorme volumen de textos que han aparecido, y siguen apareciendo, desde finales del XIX.

Porque esta es una de las más sorprendentes características del vocabulario griego: su carácter abierto e infinito, ya que los textos en ese idioma no constituyen un corpus cerrado. Se publican continuamente nuevos hallazgos, que con frecuencia transmiten palabras no documentadas antes u otro tipo de información léxica relevante. Ejemplos recientes son los 100 versos recuperados en un papiro con restos de dos tragedias perdidas de Eurípides o un escrito completo del médico Galeno que se sabía perdido, hallado hace unos años en una biblioteca de Tesalónica.

Una vida en Oxford

Liddell no se casó hasta 1846, una vez terminado su opus magnum, con Lorina Reeve, con quien tuvo 10 hijos. Alice, nacida en 1852, fue la cuarta. Su vida estuvo siempre ligada a Oxford, primero en la Westminster School, y desde 1855 como decano del Christ Church College, cargo que conservó durante treinta y seis años. Él mismo se convirtió en una verdadera institución, y acometió una serie de reformas liberales para hacer el College más abierto y moderno, por las que es justamente reconocido.

Fotografía de un hombre mayor con pelo cano.
Retrato de Henry George Liddell alrededor de 1870.
Natinal Portrait Gallery/Wikimedia Commons

No sólo trabajó incansablemente para la primera edición; pasó su vida entera recogiendo documentación para las posteriores. Vivió hasta los 87 años y murió meses antes de que apareciera la octava, en 1898, once años después de Scott.

La novena y última (1941) se sigue utilizando en la enseñanza universitaria y la investigación en todo el mundo, en papel o en sus versiones electrónicas. Aunque se intentó corregir sus errores y añadir materiales en dos suplementos (1968 y 1996), el mundo académico británico es consciente de que habría que rehacerlo por completo. Pero no es fácil decidirse a emprender semejante tarea, como sabemos muy bien los redactores del Diccionario Griego-Español en curso de elaboración en el CSIC, que mejora y amplía el diccionario inglés, y es a día de hoy su único sustituto para las partes publicadas.

Para entender en qué consiste esta tarea, incluso disponiendo de financiación estable, basta con releer el prólogo a la primera edición de 1843. Allí Liddell y Scott se permitieron un pequeño desahogo para reivindicar la labor del lexicógrafo, citando unas célebres palabras de Samuel Johnson, autor del diccionario de inglés más utilizado hasta finales del siglo XIX:

“Entre estos desdichados mortales (los que se afanan en los oficios más humildes, que no reciben aplausos por sus aciertos, pero sí deshonra y castigo por sus errores), se encuentra el escritor de diccionarios; a quien la humanidad ha considerado, no como el alumno, sino como el esclavo de la ciencia, el pionero de la literatura, condenado únicamente a eliminar los desperdicios y despejar los obstáculos de los caminos por los que el saber y el genio avanzan hacia la conquista y la gloria, sin dedicar una sonrisa al humilde trabajador que facilita su progreso. (…) el lexicógrafo solo puede esperar escapar del reproche, e incluso esta negativa recompensa se ha concedido hasta ahora a muy pocos”.

El Liddell-Scott es más que un mero diccionario, es un monumento cultural. Sirvió de modelo a otros diccionarios posteriores de lenguas antiguas y modernas, y muy en particular al Oxford English Dicionary. Así se ve en la película Entre la razón y la locura, sobre la creación de este último, donde el personaje del decano Liddell interviene brevemente.

Tras su muerte, Henry George Liddell recibió merecidos homenajes por sus grandes contribuciones a la universidad de Oxford y por su incansable labor lexicográfica. Su cuerpo descansa, junto a los de Lorina y su hija Edith, en la Christ Church Cathedral, cuya restauración él mismo impulsó. Y su estatua preside una de las entradas al gran patio del Christ Church College.


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The Conversation

Helena Rodríguez Somolinos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El padre de Alicia y las maravillas de la lengua griega – https://theconversation.com/el-padre-de-alicia-y-las-maravillas-de-la-lengua-griega-274450

Con la digitalización, más hogares reciben más remesas (pero no más dinero)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Larramona, Profesora de Economía, Universidad de Zaragoza

Guillermo Spelucin R/Shutterstock

En 2024, nueve países recibieron remesas que superaban el 20 % de su Producto Interior Bruto (PIB). El Salvador fue uno de ellos: recibió 8 480 millones de dólares, una cifra que equivale al 24 % de su producción nacional. Estos recursos son esenciales para millones de familias pues les permiten cubrir gastos básicos, pagar educación y mantener pequeños negocios.

Pero ¿todas las familias en situación de recibir remesas pueden acceder a ellas en igualdad de condiciones? Analizamos el tema y los resultados indican que no: la digitalización del hogar aumenta la probabilidad de recibirlas, aunque no eleva la cantidad que le llega. Es decir, más familias obtienen ayuda, pero eso no implica que los envíos sean más cuantiosos.

Este estudio se centra en El Salvador por tres motivos:

  1. El país depende en gran medida de las remesas.

  2. La digitalización es desigual, depende de la zona del país en que se encuentra la familia.

  3. Existe una base de datos con información detallada sobre hogares y tecnología.

Los resultados, no obstante, pueden servir para países con características similares, como Nicaragua u Honduras.

Nuestro estudio muestra cómo mejorar la infraestructura digital y el acceso a los servicios financieros digitales podría reducir las desigualdades entre las familias a través de las remesas recibidas. También podría ampliar los beneficios que generan las remesas y apoyar el desarrollo económico local.

Las características del hogar importan

No todos los hogares tienen la misma situación respecto a las remesas. En 2016, el 24,5 % de los hogares salvadoreños recibió dinero del exterior. Aun así, las diferencias entre ellos eran notables.

Las necesidades del hogar influyen. Una renta baja aumentaba en 8 % la probabilidad de recibir remesas. Vivir en una vivienda alquilada, que genera pagos mensuales, aumentaba dicha probabilidad en un 3 %. Además, la edad del jefe de hogar también importaba, cada año adicional incrementaba en 0,1 % por ciento la posibilidad de percibir estos ingresos.

El vínculo familiar con los emigrantes es otro factor relevante. Cuantos más miembros de la familia vivían fuera, mayor era la probabilidad de que enviaran dinero. Si quienes emigraban eran los padres, la probabilidad aumentaba un 13 %. En estos casos, la cantidad recibida también crecía de forma notable, lo que demuestra la fuerza de los lazos familiares.

¿Más dinero o más acceso?

Las familias rurales han sido, históricamente, las que hacen frente a más barreras. Aunque la digitalización les ha permitido mejorar el acceso a las remesas, recibían un 20,26 % menos dinero que los hogares urbanos.

El acceso a la tecnología también ha cambiado la forma en que estas familias operan. Las plataformas digitales, las transferencias a través del teléfono móvil y el acceso a internet permiten enviar y recibir dinero sin trasladarse a bancos o agencias. En El Salvador, un aumento del 1 % en el uso de internet elevaba en un 0,13 % la probabilidad de recibir remesas.

La formación del jefe de hogar no parece influir. Aunque un mayor nivel educativo podría reducir la recepción de remesas, en línea con el efecto asociado al ingreso, este efecto se compensaba porque la educación ayuda al hogar a aprovechar mejor las oportunidades que ofrece la digitalización.

Si bien la digitalización facilita que más familias reciban remesas, no aumenta la cantidad recibida. Su principal contribución está en ampliar el acceso. En países con alta dependencia de estos ingresos, este efecto es relevante: más hogares pueden mejorar su bienestar, aunque no reciban más dinero por envío.

La cantidad de dinero recibida depende, además de las propias limitaciones económicas de los inmigrantes, de las todavía elevadas comisiones por el envío de remesas. Los objetivos de desarrollo sostenible contemplan la reducción de esos gastos al 3 % antes de 2030. Lograr este objetivo permitiría que una mayor parte del esfuerzo de los emigrantes llegue a los hogares. La digitalización también ayuda a abaratar estas comisiones y hacer el proceso más accesible.

Conclusiones

Aunque la digitalización no incrementa la cantidad enviada a través de remesas, sí incrementa el número de hogares que las reciben. Este hallazgo sugiere que los países en desarrollo deberían invertir en conectividad y formación digital, mejoras que facilitan la inclusión financiera y social. La tecnología impulsa la eficiencia, pero también la equidad. Invertir en infraestructura digital es invertir en bienestar, igualdad y resiliencia para millones de familias.

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Gemma Larramona recibe fondos de gobierno de Aragón

Manuel Salvador Figueras y Patricia Gascón Salillas no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Con la digitalización, más hogares reciben más remesas (pero no más dinero) – https://theconversation.com/con-la-digitalizacion-mas-hogares-reciben-mas-remesas-pero-no-mas-dinero-269538

CRISPR: las tijeras genéticas que están transformando la biología moderna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Cuatrecasas Estévez, Profesor universitario y divulgador científico, histórico y cultural en Caixaforum, Universitat de Girona

Valentina Kruchinina/istock

Imagine poder corregir un error en el ADN como quien pasa el corrector automático de un texto. Ahora, piensa en aplicar ese mismo principio para tratar enfermedades, mejorar cultivos o estudiar cómo funciona la vida. Esa es la promesa de CRISPR, una técnica reciente que ha transformado la forma en que comprendemos y manipulamos el material genético.

Descubierta en bacterias casi por casualidad –una de esas afortunadas coincidencias a las que los científicos llaman serendipias–, la técnica conocida como CRISPR-Cas9 utiliza una proteína llamada Cas9 para localizar y cortar fragmentos del ADN.

Su sencillez y eficacia la han convertido en una de las revoluciones biotecnológicas más importantes de las últimas décadas. Para muchos investigadores, es un logro comparable a la secuenciación del genoma humano, la creación de la reacción en cadena de la polimerasa y el desarrollo de la terapia génica.

Pero más allá de su éxito científico, CRISPR nos recuerda que todo avance conlleva una gran responsabilidad. La posibilidad de mejorar la genética plantea preguntas sobre sus límites y consecuencias, y revive antiguos fantasmas, como el de la eugenesia. Entre la esperanza de curar enfermedades y el miedo a manipular la naturaleza, la edición genética afronta uno de los mayores dilemas éticos y sociales de nuestro tiempo.

Un mecanismo ancestral al servicio de nuestras necesidades

Para comprender el interés que ha despertado esta herramienta, conviene detenerse brevemente en su funcionamiento. Su primera descripción se atribuye al investigador español Francisco Martínez-Mojica, quien, al estudiar bacterias halófilas, descubrió que el sistema CRISPR constituye un mecanismo natural de defensa empleado por algunos microorganismos frente a los virus. En esencia, actúa como una forma de memoria genética capaz de reconocer y neutralizar amenazas previamente encontradas.

Cuando una bacteria sobrevive a una infección viral, incorpora un fragmento del ADN del virus en su propio genoma. Esta información, que será heredada por su descendencia, constituye una memoria inmunológica. De este modo, si el virus vuelve a atacar, la bacteria puede reconocerlo y eliminarlo de forma específica.

Los científicos comprendieron que este mecanismo ancestral podía ponerse al servicio de nuestras propias necesidades. Aprendieron a programar el sistema CRISPR para actuar sobre cualquier fragmento de ADN que quisieran modificar. En esta herramienta, el elemento clave es una proteína llamada Cas9, que actúa como una tijera molecular capaz de cortar el ADN en el punto exacto indicado por una guía de ARN. Esa guía funciona como un GPS genético que conduce a Cas9 hasta su destino, como demostró el equipo de Jennifer A. Doudna y Emmanuelle Charpentier.

Una vez realizado el corte, la célula intenta reparar el ADN de manera natural. En ese proceso, a veces introduce pequeños cambios que pueden desactivar el gen afectado. Los científicos aprovechan este mecanismo para dirigir la reparación según su propósito: inactivar un gen, corregirlo, eliminar un inhibidor para que el gen se exprese más o incluso añadir nuevo material genético con características específicas.

Un bajo coste y precisión que parecían inalcanzables

La elegancia de este proceso radica en su sencillez. Frente a métodos anteriores, lentos y costosos, CRISPR no solo ofrece rapidez, sino también un bajo coste y una precisión que hasta la fecha parecía inalcanzable. En este sentido, no es de extrañar que sus descubridoras, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, recibieran el Premio Nobel de Química en 2020 por desarrollar —como ellas mismas indican— una herramienta que ha cambiado la forma en que la ciencia puede modificar la vida
(NobelPrize.org).

Ese reconocimiento no solo celebró una hazaña científica, sino que abrió la puerta a una nueva etapa: la de aplicar esta herramienta a campos cada vez más diversos. Comprender cómo funciona CRISPR permite apreciar la magnitud de este avance biotecnológico. Sin embargo, su verdadero impacto se revela en sus múltiples líneas de investigación:

  1. En medicina, la técnica ha dado resultados prometedores al corregir mutaciones responsables de enfermedades hereditarias, como la anemia falciforme o una forma de ceguera infantil. En este último caso, un ensayo clínico temprano liderado por investigadores de Massachusetts Eye and Ear mostró mejoras visuales en pacientes en 2024.

  2. En agricultura, CRISPR podría abrir la posibilidad de crear cultivos más resistentes a plagas y sequías, modificando el genoma de las plantas sin añadir genes externos.

  3. En el ámbito ecológico y de la conservación, los investigadores exploran su uso para controlar especies invasoras o recuperar la diversidad genética de poblaciones amenazadas.

Sin embargo, la promesa de CRISPR no está exenta de controversias. Modificar el código genético, especialmente en humanos, plantea preguntas profundas sobre los límites de la ciencia. ¿Hasta dónde deberíamos intervenir? ¿Quién decide dónde está la frontera ética? ¿Podemos garantizar que esta tecnología se use en beneficio de todos y no solo de unos pocos?

En 2018, el anuncio del nacimiento de dos gemelas chinas editadas genéticamente con CRISPR marcó un punto de inflexión. Por primera vez, la ciencia había cruzado un límite que hasta entonces parecía intocable, como relató la revista Nature. Este episodio puso de relieve la urgencia de establecer una regulación clara y estricta para la aplicación de esta técnica.

En Europa, la regulación del uso de esta tecnología en alimentos ha sido un proceso largo y complejo. Durante años, el debate se ha desarrollado en el ámbito de la Unión Europea —que tiene la competencia regulatoria— con la participación de científicos y representantes políticos. A finales de 2025, las instituciones europeas alcanzaron un acuerdo provisional, todavía restrictivo, que abre la puerta a un marco regulatorio para la aplicación de esta tecnología. Este paso podría acercar a Europa a otros países donde ya existen alimentos desarrollados mediante CRISPR y autorizados para el consumo humano.

Pese a los dilemas que plantea, CRISPR representa una de las mayores hazañas científicas de nuestro tiempo. Ahora la responsabilidad está en nuestras manos: la sociedad, la comunidad científica, los educadores y los responsables políticos. Todos debemos asegurar que su uso se guíe por la ética, la prudencia y la humanidad. Solo así esta revolución podrá traducirse en un verdadero progreso y contribuir a hacer del nuestro un lugar más justo y mejor.


La versión original de este artículo se ha publicado en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

José Miguel Mulet recibe fondos de la agencia española de investigación, la Generalitat Valenciana y la UPV.

Jordi Cuatrecasas Estévez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. CRISPR: las tijeras genéticas que están transformando la biología moderna – https://theconversation.com/crispr-las-tijeras-geneticas-que-estan-transformando-la-biologia-moderna-268180

Cómo enseñar matemáticas para desarrollar un pensamiento flexible y creativo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Martín-Cudero, Profesor del área de Didáctica de la Matemática, Universidad Rey Juan Carlos

Jose Luis Carrascosa/Shutterstock

Durante generaciones, aprender matemáticas ha significado seguir reglas estrictas, memorizar fórmulas y buscar la única respuesta correcta. Esta forma de enseñanza, aunque útil para ciertos contextos, puede hacer que las matemáticas resulten poco accesibles e incluso intimidantes para muchas personas.

Pero existe otra manera de mirar las matemáticas: como un espacio de exploración, donde se pueden probar caminos distintos, hacer suposiciones, estimar y pensar de forma flexible. Esta forma de abordar los problemas es la base de la “flexibilidad matemática”.

¿Qué es la flexibilidad matemática?

La flexibilidad matemática es, pues, la habilidad de conocer diferentes maneras de resolver un mismo problema y de elegir la más adecuada según el contexto. Más allá de si una respuesta es correcta o incorrecta, lo fundamental es comprender el proceso que lleva a la solución final.

No se trata solo de saber muchos métodos, sino de saber cuándo, cómo y por qué aplicar uno u otro. Esto permite un aprendizaje más profundo y reconoce las múltiples formas de pensar que existen en matemáticas.

Este tipo de razonamiento es hoy una pieza clave en la competencia matemática y está estrechamente ligado al desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones.

¿Cómo se enseña?

Una forma eficaz de desarrollar la flexibilidad matemática es incentivando la estimación y el cálculo mental. Estas prácticas invitan a los estudiantes a pensar con agilidad, tomar decisiones rápidas, razonar con cantidades aproximadas y encontrar soluciones prácticas sin depender siempre de algoritmos o fórmulas conocidas.

También es esencial enseñar a cambiar de estrategia cuando la primera no funciona. Imaginemos que estamos tratando de resolver un rompecabezas, y empezamos por armar los bordes. Si vemos que no avanzamos, podemos cambiar de método y agrupar piezas del mismo color para formar una parte concreta del dibujo.

Lo mismo ocurre en matemáticas. Si un alumno intenta resolver un problema aplicando una fórmula y el resultado que obtiene no tiene sentido o no se ajusta al contexto del problema, puede probar otras vías. Por ejemplo, representar el problema gráficamente, buscar un caso más simple, usar el ensayo y error, o descomponerlo en partes más manejables.

Esta capacidad de adaptarse permite a los estudiantes ver los errores como una oportunidad para fortalecer su comprensión matemática.

Por supuesto, conectar las matemáticas con situaciones reales del día a día es también especialmente valioso. Cuando los estudiantes pueden modelar problemas reales, comprenden mejor para qué sirve pensar con flexibilidad y perciben las matemáticas como algo útil y cercano. Esto hace que el aprendizaje sea más significativo, duradero y motivador.




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¿Por qué es importante enseñarla?

Promover la flexibilidad matemática en el aula no solo mejora el rendimiento académico, sino que también profundiza en la comprensión de los conceptos y desarrolla la capacidad de transferir ese conocimiento a contextos diversos.

Este enfoque rompe con la creencia de que solo hay una manera correcta de resolver un ejercicio, lo que reduce la frustración y la ansiedad asociadas a las matemáticas. También favorece que más personas se sientan capaces de participar, experimentar y aprender.

Desde una perspectiva más amplia, enseñar flexibilidad también contribuye a formar personas con capacidad para adaptarse a los cambios, evaluar situaciones con criterio y resolver problemas complejos.




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Un ejemplo con geometría

¿Cómo podemos enseñar a los futuros docentes a aprovechar esta flexibilidad de las matemáticas? Durante el curso académico 2024-2025, se propuso el siguiente ejercicio a estudiantes de la asignatura Matemáticas y su Didáctica III del Grado en Educación Primaria:

La zona pavimentada de la imagen 1 está formada por nueve losas, cada una de las cuales tiene en el centro una rejilla metálica. ¿Qué porcentaje del área total corresponde a rejillas?

Imagen 1: zona pavimentada compuesta por siete losas que contienen una rejilla metálica. Campus de Fuenlabrada de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

Al enfrentarse al problema, algunos estudiantes optaron por calcular el porcentaje utilizando únicamente las áreas de una sola losa y su correspondiente rejilla. Este enfoque se basa en una observación clave: todas las losas son idénticas en forma y tamaño, al igual que sus rejillas. Por tanto, calcular el porcentaje que ocupa la rejilla en una losa individual permite obtener directamente el porcentaje de área cubierta por rejillas en todo el conjunto. Se trata de una repetición exacta del mismo patrón.

Por ejemplo, si una rejilla mide 0,5 m × 0,5 m y la losa mide 1 m × 1 m, entonces la rejilla ocupa 0,25 m² y la losa 1 m², lo que implica que cada rejilla representa un 25 % del área de su losa. Como todas son iguales, ese mismo 25 % se mantiene constante en las nueve losas. Así, el porcentaje de área ocupada por las rejillas en todo el conjunto también será del 25 %.

Otros estudiantes, sin embargo, prefirieron calcular el porcentaje considerando el área total pavimentada y la suma del área de todas las rejillas. Esta estrategia es más laboriosa, ya que requiere sumar todas las áreas una a una, pero también aporta un mayor nivel de rigurosidad y verificación, al calcular el área total del conjunto de losas y compararla con el área total ocupada por las rejillas. Este método es especialmente útil en contextos en los que las piezas no son todas iguales o hay pequeñas variaciones.

Suponer que todas las losas son iguales y hacer los cálculos con una sola de ellas es, en este caso, la mejor estrategia para una estimación rápida: reduce significativamente el número de cálculos necesarios sin comprometer la precisión del resultado. Sin embargo, utilizar las áreas totales permite comprobar y justificar con mayor rigor los cálculos. Ambos enfoques son válidos, pero responden a distintas necesidades: uno prioriza la eficiencia y el otro la precisión del resultado.

Imagen 2: estudiantes midiendo el lado de una de las rejillas con una cinta métrica.

Se puede observar en las imágenes 2 y 3 cómo los estudiantes están midiendo los lados desde el interior en vez de hacerlo entre vértices contiguos. Este es un error común al tomar medidas en geometría, ya que puede dar como resultado una medida mayor a la real si la cinta métrica no se coloca completamente paralela al lado que se desea medir.

Este detalle no tiene por qué ser un problema si el objetivo es hacer una estimación, pero sí afecta cuando se busca un cálculo exacto. Reflexionar sobre este tipo de errores y sus consecuencias constituye una oportunidad didáctica para trabajar la flexibilidad matemática, adaptando las estrategias de medición al propósito concreto: estimar, comparar o calcular con rigor.

El poder de los problemas abiertos

Una de las formas más efectivas de enseñar flexibilidad matemática es a través de los llamados problemas abiertos. A diferencia de los problemas tradicionales, estos no tienen una única solución exacta ni un único procedimiento para resolverlos.

Dentro de esta categoría se encuentran los conocidos problemas de Fermi. Estos retos, inspirados en el físico italiano Enrico Fermi, invitan a estimar, asumir datos razonables y diseñar estrategias creativas para llegar a una solución aproximada.

Por ejemplo:

¿Cuántas pelotas de tenis caben en un aula?

Resolverlo implica estimar el volumen del aula, calcular el volumen de una pelota y suponer cómo se distribuirían dentro del espacio. Incluso hay que tomar decisiones: ¿rellenamos todo como si fuera un bloque sólido o consideramos los huecos entre pelotas? No importa tanto el resultado exacto como el razonamiento y las suposiciones que se hagan.

Otros ejemplos de este tipo pueden ser:

  1. ¿Cuántos granos de arroz caben en una taza?

  2. ¿Cuántos pasos das para ir de casa al colegio?

  3. ¿Cuántas personas cabrían en el patio del colegio si todos se colocaran de pie, uno al lado del otro?

Todos estos problemas obligan a estimar, justificar y simplificar. Por eso, tienen tanto valor en la enseñanza: ofrecen al alumnado un contexto en el que pueden comparar estrategias, explorar distintos caminos y descubrir que pensar de una forma diferente también es una forma válida y valiosa de hacer matemáticas.




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Más allá del aula

Promover la flexibilidad matemática no es únicamente una estrategia educativa: es una apuesta por formar personas más creativas, analíticas y adaptables. Personas que no se bloquean ante lo desconocido, que se atreven a probar diferentes caminos y que saben que equivocarse también es parte del proceso de aprender.

Cuando enseñamos a pensar en matemáticas y no solo a calcular, les damos a los estudiantes una herramienta poderosa para enfrentarse, además de a los ejercicios escolares, a los problemas del mundo real.

The Conversation

Daniel Martín-Cudero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Es el kéfir mejor que el yogur para nuestra salud intestinal?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Isabel Arellano García, Investigadora predoctoral del Grupo Nutrición y Obesidad del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

xamnesiacx84/Shutterstock

En los últimos años, los alimentos fermentados han ganado una gran popularidad, en especial el kéfir. Pero ¿sabemos realmente qué es y qué lo distingue del yogur tradicional?

Qué es un alimento fermentado y por qué es beneficioso

Empecemos por entender bien qué es un alimento fermentado. Los alimentos fermentados son aquellos que se obtienen por medio del crecimiento de microorganismos beneficiosos. Estos microorganismos se incluyen en una matriz alimentaria y utilizan distintos componentes de la misma para crecer. Por ejemplo, en el caso del yogur, la matriz sería la leche, y el azúcar (lactosa) constituiría uno de los componentes que utilizan los microorganismos para crecer.

Lejos de ser un “invento” de la industria actual, llevan con nosotros miles de años. Entre ellos se incluyen algunos alimentos en los que los microorganismos siguen vivos cuando son ingeridos (como yogur, kéfir o tempeh), y otros en los que han sido inactivados o retirados (pan, vegetales fermentados o salsa de soja).

Su ingesta ha demostrado tener numerosos beneficios para la salud: reducen los niveles de colesterol en sangre, aumentan la capacidad de respuesta inmune, protegen contra patógenos y reducen el riesgo de padecer obesidad, entre otros.

Estos beneficios parecen derivar de moléculas bioactivas secretadas por los microorganismos fermentadores en el proceso de producción. Además, dado que algunos de estos alimentos contienen microorganismos vivos, también poseen propiedades probióticas.

Kéfir y yogur: dos fermentados parecidos, pero no iguales

El kéfir y el yogur suelen agruparse bajo la misma etiqueta de “lácteos fermentados”, y no es raro pensar que el kéfir es simplemente un yogur más líquido. Sin embargo, aunque comparten ciertas características, son productos distintos, tanto en su composición microbiana como en sus efectos sobre la salud.

La principal diferencia entre el yogur y el kéfir está en cómo se fermentan. El yogur es un producto obtenido mediante la fermentación láctica, llevada a cabo por las bacterias Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Estos microorganismos transforman la lactosa de la leche en ácido láctico, lo que da lugar a su textura espesa y a su sabor suave y ligeramente ácido.

El kéfir, en cambio, se produce mediante una fermentación mucho más compleja, conocida como lacto-alcohólica. En ella participan no solo bacterias lácticas, sino también levaduras. Por eso, además de ácido láctico, se generan pequeñas cantidades de dióxido de carbono y etanol, responsables de la presencia de burbujas y de un contenido alcohólico mínimo, normalmente inferior al 0,5 %.

Más diversidad de bacterias en el kéfir

Otra de las diferencias básicas es la diversidad de microorganismos que contiene cada producto. El yogur alberga un número reducido de cepas bacterianas, lo que lo convierten en producto muy estable y estandarizable, ideal para la producción industrial. La regulación legal del yogur exige que haya, al menos, 10⁷ unidades formadoras de colonias bacterianas viables por gramo o mililitro en el producto final.

Sin embargo, los gránulos de kéfir (producto de partida en la fermentación) presentan una comunidad microbiana más diversa y compleja, que varía entre 30 y 50 especies dependiendo del origen. Esto hace del kéfir un alimento más diverso microbiológicamente y menos uniforme.

En estudios recientes, se ha comprobado que la ingesta diaria tanto de yogur como de kéfir favorece un aumento en la abundancia relativa de bacterias de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, reconocidos como beneficiosos para la salud intestinal.

Sin embargo, es importante destacar que las modificaciones en la abundancia de bacterias beneficiosas son transitorias y dependen del consumo continuado y de que éste se acompañe de una dieta variada y rica en prebióticos.

El kéfir se digiere mejor

En cuanto a su digestión, ambos productos son más fáciles de digerir que la leche, ya que parte de la lactosa se consume durante la fermentación. No obstante, el kéfir suele contener aún menos lactosa residual, lo que hace que muchas personas con intolerancia a este nutriente lo toleren mejor que el yogur.

Finalmente, y, en relación con la composición en micronutrientes, no existen diferencias significativas en el contenido de calcio del yogur frente al del kéfir. Curiosamente, el contenido en vitaminas sí que puede variar, tanto en el yogur como en el kéfir, durante el proceso de fermentación. Por ejemplo, la cantidad de folato (vitamina B9) aumenta en el yogur debido a la síntesis bacteriana, mientras que la de cobalamina (vitamina B12) no varía.

Kéfir vs yogur: ¿es uno realmente mejor que el otro?

No se puede decir que uno sea mejor que el otro de forma tajante. Mientras que el yogur destaca por la estabilidad de su composición, suavidad y textura, el kéfir sobresale por su diversidad microbiana. Sin embargo, ambos aportan microorganismos beneficiosos que pueden contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal y a una buena salud digestiva.

Dado que los alimentos fermentados ofrecen una opción muy interesante a nivel nutricional, en lugar de elegir, quizás lo más recomendable sea consumir más variedad, lo que enriquecerá la composición de nuestra microbiota a la vez que disfrutamos de una dieta equilibrada y diversa.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es el kéfir mejor que el yogur para nuestra salud intestinal? – https://theconversation.com/es-el-kefir-mejor-que-el-yogur-para-nuestra-salud-intestinal-274214

En la Super Bowl de Bad Bunny se canta en español: de hito cultural a marcador político

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes Moreno Cazalla, Doctora en Comunicación. Autora del estudio para el Observatorio Nebrija del Español "El boom de la música urbana latina y la expansión del español a nivel global", Universidad Nebrija

Bad Bunny recibe el Grammy a Mejor Álbum del Año por _DeBÍ TiRAR MáS FOToS_. Courtesy of the Recording Academy® / Getty Images ©

“Lo que siento va más allá de mí mismo. Es por aquellos que vinieron antes que yo y recorrieron incontables yardas para que yo pudiera entrar y anotar un touchdown…”.

Con estas palabras, Bad Bunny confirmaba en septiembre de 2025 que sería el artista encargado del espectáculo del medio tiempo de la Super Bowl. La referencia a “quienes vinieron antes” no apunta a una carrera individual, sino a una historia compartida. A trayectorias acumuladas, a presencias previas que hicieron posible ese momento.

Y, sobre todo, a una lengua como el español, que durante décadas ha ocupado en Estados Unidos un lugar paradójico.

Estados Unidos es el quinto país con mayor número de hablantes en español del mundo. Sin embargo, es el único de esos cinco donde esta lengua es minoritaria frente al dominio del inglés. Es decir, aunque el español ha sido omnipresente en amplios contextos estadounidenses, como en el trabajo, la música o la vida cotidiana de muchas personas (más de 43 millones, según el censo de 2023), también ha sido una lengua cuidadosamente despolitizada en los espacios de representación nacional.

En Estados Unidos, una de cada cinco personas tiene origen hispano pero, por ejemplo, solo 6 de sus 100 senadores comparten esa procedencia. El español es audible, pero está contenido.

Un idioma escondido

Bad Bunny, puertorriqueño y, por tanto, estadounidense, ya ha avisado de que su concierto será íntegramente en español. Que la Super Bowl de este año suene en ese idioma no es un hecho cultural cualquiera. Este evento es uno de los rituales nacionales más relevantes de Estados Unidos, un escenario donde se representa y normaliza una determinada idea de país. En este contexto, que irrumpa ahí una lengua diferente al inglés no puede leerse como un gesto neutro.

¿Qué significado tiene entonces esto?

La respuesta no es simple, pero el hecho resulta poderoso y simbólico. Un 78 % de los estadounidenses de 5 años o más hablan solo inglés en casa, según un análisis realizado por el Centro de Datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (ACS) de 2023 de la Oficina del Censo. El porcentaje restante se divide entre quienes hablan muy bien inglés, pero no lo practican en casa (un 14 %) y quienes no hablan bien inglés.

Además, el español en EE. UU. es un idioma denominado “de herencia”, que se habla mayoritariamente en los hogares y que está supeditado a la lengua dominante. Así, en las casas hispanoparlantes, a medida que van naciendo más generaciones, la lengua de herencia se va diluyendo en favor del inglés.

En este contexto también hay que tener en cuenta que, desde marzo de 2025, tras una orden ejecutiva de Trump, el inglés ha sido declarado el idioma oficial de Estados Unidos, algo que no se había determinado en los casi 250 años de existencia del país.

Esa “oficialización” va acompañada de una reducción deliberada de servicios públicos, que elimina progresivamente la mayoría de la información que no esté en inglés y busca reinvertir ese dinero en programas para aprender a hablarlo. Los efectos ya están siendo visibles, como el cierre de la versión de la web de la Casa Blanca en español o el portal LEP.gov.


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El español ante el mundo

Mientras los canales oficiales del Estado restringen el uso del español, el deporte y la música le otorgan ahora una visibilidad que va más allá de las fronteras estadounidenses.

Las actuaciones del intermedio de la Super Bowl se han convertido en un acontecimiento cultural de gran proyección internacional. Así lo fueron para superestrellas como Michael Jackson, Madonna, Lady Gaga, Katy Perry y Usher. Este formato se ha consolidado como un espacio de celebración de identidades diversas, caracterizado por producciones de alto estándar técnico y colaboraciones estratégicas entre artistas musicales más allá del pop.

En la edición de 2025, Kendrick Lamar alcanzó el récord de 131,2 millones de espectadores, superando incluso la audiencia del propio encuentro deportivo.

Para Bad Bunny no será una conquista individual ni tampoco una experiencia inédita, puesto que ya participó como artista invitado en 2020 durante la actuación de Jennifer Lopez y Shakira en Miami. Precisamente, era la actuación más vista de la historia antes de Kendrick Lamar, y, según datos de YouTube, el vídeo oficial de aquel show es el halftime show más visto en la plataforma.

¿Qué impacto puede tener Bad Bunny?

Bad Bunny ha adquirido en la industria musical global un liderazgo que no puede considerarse coyuntural.

Acaba de ganar el Grammy a Mejor Álbum del Año por DeBÍ TiRAR MáS FOToS y en Spotify ha logrado ser en cuatro ocasiones Top Artista Global, con más de 27 millones de oyentes recurrentes. Las cifras le han convertido en el artista que más veces ha obtenido este reconocimiento, por delante de figuras como Drake o Taylor Swift.

El conjunto de su catálogo ya ha superado los 19 800 millones de reproducciones globales, lo que supone un promedio superior a 60 millones de streams diarios. Traducido en términos de escala temporal, escuchar de forma consecutiva todas las reproducciones generadas por el puertorriqueño en 12 meses requeriría más de 124 000 años, una magnitud que ilustra la distancia entre este tipo de fenómenos y los ciclos convencionales del éxito musical.

Imagen del álbum de Bad Bunny en Spotify en una pantalla de móvil.
El mundo ama a Bad Bunny en Spotify.
McSleepy/Shutterstock

La Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) no ignora estos números y, a pesar del rechazo que provoca el cantante en el Gobierno estadounidense, busca apelar a la audiencia latina gracias a su participación en la Super Bowl de este año. Pero la cuestión no es qué puede hacer Bad Bunny por la NLF, sino qué puede hacer la exposición del artista en este evento global por la lengua española.

Según datos de la plataforma de aprendizaje de idiomas en línea Preply, en las 24 horas posteriores al anuncio de que él encabezaría el show del intermedio de la Super Bowl las búsquedas de “clases de español” desde Estados Unidos aumentaron un 178 %. También se incrementaron en un 366 % las búsquedas de “letras de Bad Bunny en inglés”.

Estas cifras funcionan como indicador de un fenómeno que está reconfigurando la cultura latina y el idioma español y que no busca complacer los deseos políticos o institucionales. Y aquí la Super Bowl se ofrece como intermediario, actuando como un espejo.

The Conversation

Lourdes Moreno Cazalla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En la Super Bowl de Bad Bunny se canta en español: de hito cultural a marcador político – https://theconversation.com/en-la-super-bowl-de-bad-bunny-se-canta-en-espanol-de-hito-cultural-a-marcador-politico-274598

El duelo por la muerte de un hijo en ‘Hamnet’: de la novela a la gran pantalla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Auba Llompart Pons, Profesora doctora de Lengua y Cultura Inglesas, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Jessie Buckley como Agnes en la adaptación cinematográfica de _Hamnet_. Universal

Hamnet es la octava novela de Maggie O’Farrell y, posiblemente, la obra de su vida.

Ambientada en la época isabelina, recrea la breve vida y muerte de Hamnet, hijo de William Shakespeare, de quien solo sabemos que falleció a los once años. La trama se aleja de la figura del dramaturgo para centrarse en su esposa, Agnes (Anne Hathaway en la vida real), y en su proceso para asimilar la pérdida del niño. Por otro lado, O’Farrell conecta desde la ficción el fallecimiento del menor con la creación de la obra maestra de su padre, Hamlet.

Portada de la edición en español de _Hamnet_, de Maggie O'Farrell.
Portada de la edición en español de Hamnet, de Maggie O’Farrell.
Libros del Asteroide

Tal como señala la autora en el epígrafe de la novela, en los registros de Stratford-upon-Avon (ciudad natal de Shakespeare) de finales del siglo XVI y principios del XVII, ‘Hamnet’ y ‘Hamlet’ aparecen como dos formas intercambiables de escribir un mismo nombre. Así pues, ¿podría Hamlet en realidad ser un tributo al hijo fallecido del autor?

A partir de esta incógnita, O’Farrell teje un relato en el que arroja luz sobre estas tres figuras: Shakespeare, en sus desconocidas facetas de padre y esposo; Hamnet, el hijo que podría haber inspirado una de las grandes obras de la literatura inglesa y, sobre todo, Agnes, la madre que llora su muerte.

Premios, recepción y adaptación

Entre 2020 y 2021, Hamnet se consolidó como un fenómeno literario al recibir el Premio de Ficción Femenina y el Dalkey Literary Award, entre otros reconocimientos.

Su impacto hizo que en 2023 se estrenase su adaptación teatral en el emblemático Swan Theatre de Stratford, antes de llegar a Londres en 2024. Esta trayectoria ha culminado con su reciente versión cinematográfica, sobre un guion escrito por la propia O’Farrell junto a la oscarizada directora Chloé Zhao.

La película se ha convertido en una de las grandes protagonistas de la temporada, destacando en las nominaciones de los Premios de la Crítica Cinematográfica, los Globos de Oro y los Óscar. Hasta el momento, Hamnet ha sido galardonada con el Globo de Oro a la Mejor Película Dramática y a la Mejor Actriz en una película dramática.

El duelo de una madre

En Hamnet, O’Farrell rompe con el tabú de la muerte infantil y afronta la incomodidad cultural que la rodea. Mientras que la novela invita a caminar junto a Agnes, compartiendo sus pensamientos y sentimientos, la película busca que la audiencia sienta su dolor casi en primera persona.

La pérdida de un hijo es representada no solo como una tragedia que afecta a toda la familia, sino también como un proceso que redefine la psique materna. Agnes, en ambas versiones, se presenta como un espíritu libre que concilia su labor como curandera con las exigencias domésticas de su rol de esposa. Sin embargo, el fallecimiento de Hamnet por la peste fractura esa identidad y la sumerge en un duelo profundo y una tormenta de culpa alimentada por una sociedad que espera que las madres lo controlen todo.

La obra de O’Farrell recuerda que el sufrimiento materno se suele invisibilizar tras la idealización social que exige a las madres intuir y prevenir cualquier daño. También retrata con maestría cómo Agnes transita por las fases del duelo, tal como las definieron Elisabeth Kubler Ross y David Kessler –negación, ira, negociación, depresión y aceptación–, transformando una tragedia privada en una experiencia universal.

Una mujer observa una habitación vacía.
Agnes se queda sola.
Universal Pictures

Una cuestión de género

En la novela se distinguen claramente estas distintas fases, y O’Farrell retrata vívidamente cómo Agnes vive en una desconexión de la realidad, un limbo donde el tiempo se suspende y ella se consume. Sin embargo, la película no profundiza tanto en ese proceso ni en el dolor como fuerza alienante que fragmenta la identidad.

El libro destaca su soledad y su aislamiento: la vemos descuidar su apariencia, evitar el contacto social, refugiarse en una quietud cargada de tristeza y alejarse de su vida cotidiana, como si ya no perteneciera a su hogar ni habitara plenamente el mundo real.

En cambio, la adaptación cinematográfica hace especial hincapié en cómo la depresión de Agnes se agrava por la ausencia de su esposo. Este, incapaz de soportar el peso de Stratford, huye a Londres y se refugia en su trabajo como actor y dramaturgo.

Un hombre observa una representación entre bambalinas.
Paul Mescal interpreta a un padre que huye a Londres a enfrentarse a la muerte de su hijo a través del arte.
Universal Pictures

Es aquí donde O’Farrell, en ambas obras, muestra que en el duelo por la pérdida de un hijo también puede haber brecha de género. La madre soporta el grueso de la culpa y la carga emocional. El padre, mientras tanto, permanece ausente física y emocionalmente; tan ausente como su nombre, que no se desvela en toda la novela. O’Farrell justificó la decisión de no citar nunca a William Shakespeare aludiendo a su voluntad de centrarse en la figura de Agnes y de que sus lectores vieran a Shakespeare no como el famoso escritor que todos conocemos sino como un padre y un esposo.

Todo un acierto que la adaptación audiovisual mantiene en gran medida: el nombre del dramaturgo permanece en la sombra hasta los últimos quince minutos. Esto permite que, durante casi toda la película, los espectadores lo perciban como un progenitor ausente y a Agnes como el verdadero corazón de la historia.

Sin embargo, ambas versiones finalmente conectan el vacío que deja la muerte de Hamnet con el nacimiento de Hamlet, el puente que permite al autor alcanzar la aceptación de la muerte de su hijo y mostrar su manera de procesar el duelo a través del arte.

Así pues, el teatro es también el lugar en el que Agnes, al ver la representación de la obra de su esposo, llega a la fase de aceptación, comprende que su marido atravesó el mismo dolor que ella y, finalmente, se “reencuentra” con su hijo.


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The Conversation

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ref. El duelo por la muerte de un hijo en ‘Hamnet’: de la novela a la gran pantalla – https://theconversation.com/el-duelo-por-la-muerte-de-un-hijo-en-hamnet-de-la-novela-a-la-gran-pantalla-273554