Baja menstrual: el estigma y la incertidumbre hacen que estas medidas se utilicen poco en todo el mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia de la Iglesia Aza, Professor of Labour Law and Social Security, Universidade de Santiago de Compostela

Antonio Guillem/Shutterstock

Los síntomas menstruales pueden afectar gravemente a la vida laboral de una persona. Para combatir esto, ha surgido la idea de la baja menstrual. Esta medida legal permite a las trabajadoras tomarse un tiempo libre cuando los síntomas de la menstruación son demasiado difíciles de manejar en el trabajo.

Se enmarca dentro de la salud menstrual, un concepto relativamente nuevo y amplio que considera la menstruación no solo como un proceso biológico, sino también como una cuestión que afecta a la vida cotidiana, el bienestar y los derechos fundamentales de las personas.

Varios países cuentan con políticas de baja menstrual, pero las abordan de diferentes maneras. En la Unión Europea (UE), la mayoría de los países han hecho muy poco al respecto: en 2026, España es el único Estado miembro de la UE que cuenta con una normativa específica sobre la baja menstrual, introducida en 2023.

Japón fue el primer país en introducir la baja menstrual en 1947. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas mujeres se enfrentaban a duras condiciones de trabajo. Los baños inadecuados y la falta de productos sanitarios hacían imposible trabajar durante la menstruación, y la solución fue el derecho al seirikyuuka o “permiso fisiológico”, que reconoce la menstruación como una condición natural que los empleadores deben tener en cuenta.

Sin embargo, la legislación japonesa, al igual que sus homólogas más modernas, es deficiente. No especifica cuántos días se pueden tomar, no se garantiza el salario y los empleadores deciden si la baja es remunerada o no. En 2020, solo alrededor del 30 % de las empresas ofrecían el salario completo o parcial. En la práctica, menos del 1 % de las mujeres lo utilizan, y las que lo hacen a menudo se enfrentan a discriminación o acoso.

Estas dificultades son un tema recurrente en la aplicación de políticas similares en todo el mundo.




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La baja menstrual en todo el mundo

Más recientemente, otros países y regiones han introducido políticas de baja menstrual: Indonesia, Corea del Sur, Zambia, México, Taiwán, tres provincias chinas (Hubei, Shanxi y Ningxia), una provincia argentina (Federación) y dos provincias indias (Karnataka y Bihar) .

La Ley de Igualdad de Género en el Trabajo de Taiwán de 2002 estableció un día libre al mes para las mujeres, pero solo hasta un máximo de tres días al año. Estos días no se deducen de la baja por enfermedad, pero solo si se mantienen dentro de ese límite. Las mujeres reciben solo el 50 % de su salario durante la baja menstrual, lo que refleja las normas de la baja por enfermedad.

Indonesia introdujo el permiso menstrual en 2003, permitiendo hasta dos días de descanso remunerado al mes. La ley exige que las empleadas lo notifiquen con antelación a su empleador, y los acuerdos específicos (permiso a tiempo parcial, días consecutivos o discontinuos) se dejan a criterio de las partes implicadas.

Corea del Sur siguió su ejemplo con su propia normativa en 2007, concediendo a las mujeres un día de permiso no remunerado al mes. Los empleadores están legalmente obligados a respetar este derecho, y el incumplimiento de esta obligación puede dar lugar a multas elevadas.

Tanto Taiwán como Corea del Sur se enfrentan a retos similares, ya que muchos empleadores no aplican correctamente la normativa, se niegan a conceder la baja prometida o exigen pruebas intrusivas a las empleadas, lo que socava su dignidad en el proceso.




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En 2014, el municipio de Federación, en Argentina, introdujo una política que concedía a sus empleadas públicas un día libre remunerado al mes si no podían trabajar debido a su menstruación. A nivel local, esta iniciativa se conoció como el “día femenino”.

En Zambia, la baja menstrual se estableció en 2015, y las mujeres tienen derecho a un día libre al mes, sin necesidad de presentar un certificado médico ni siquiera de avisar previamente a su empleador. Esta política se conoce como “Día de la Madre”, lo que refleja el énfasis cultural en el papel que se atribuye a la mujer en la sociedad.

En el Estado de México, a las empleadas públicas se les ha concedido un permiso por dismenorrea (dolor menstrual) como política enmarcada en la defensa de los derechos laborales. Curiosamente, la política de México no se limita únicamente a la menstruación. Identifica tres grupos principales de beneficiarios: mujeres que sufren dismenorrea grave, mujeres en la mediana edad que padecen síntomas de la menopausia o la fase climáctica, y hombres en la mediana edad que sufren molestias relacionadas con la andropausia.

La normativa mexicana se describe mejor como baja fisiológica que como baja estrictamente menstrual, ya que amplía el apoyo a los trabajadores en diferentes etapas de la vida que tienen implicaciones para la salud.

La baja menstrual en España

La normativa sobre la baja menstrual en España entró en vigor el 1 de junio de 2023, tras un proyecto de ley presentado por el Gobierno de coalición del Partido Socialista y Podemos, su socio de izquierdas. La medida no fue aceptada de forma unánime: se aprobó con 185 votos a favor, 154 en contra y 3 abstenciones.

Desde el principio, la propuesta suscitó un acalorado debate. Su carácter innovador y ambicioso suscitó fuertes críticas por parte de varios partidos políticos, en particular del Partido Popular (PP), quien advirtió que la ley podría conducir a la marginación, la estigmatización e incluso a consecuencias negativas en el mercado laboral para las mujeres.

Sin embargo, la aprobación de la ley fue aclamada por grupos feministas y organizaciones de derechos laborales como un hito histórico. Para ellos, la baja menstrual representa un reconocimiento largamente esperado de las necesidades de las mujeres y un paso hacia una mayor igualdad en el empleo.

La ley introduce nuevos derechos para las mujeres en el marco de la Seguridad Social española, reflejando lo que algunos estudiosos han descrito como el “derecho a trabajar sin dolor”. Crea una nueva situación de incapacidad temporal relacionada con afecciones menstruales incapacitantes. Esto incluye la dismenorrea secundaria y afecciones relacionadas, como la endometriosis, los fibromas, la enfermedad inflamatoria pélvica, la adenomiosis, los pólipos endometriales, el síndrome de ovario poliquístico o cualquier dificultad en el flujo menstrual.

En estos casos, la Seguridad Social cubre la prestación desde el primer día de baja. Esto difiere de la baja por enfermedad general, en la que los pagos solo comienzan a partir del cuarto día. Además, las mujeres no necesitan haber cotizado previamente a la Seguridad Social para acceder a esta protección.




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Un sistema infrautilizado

El proyecto de ley original estimaba que alrededor del 1 % de los seis millones de mujeres de entre 16 y 50 años en España, aproximadamente 60 000 trabajadoras, podrían sufrir síntomas menstruales incapacitantes.

Según las propias cifras del Ministerio, entre el 1 de junio de 2023 y el 3 de febrero de 2025 solo 2 668 mujeres hicieron uso de la prestación, con una duración media de tres días por baja. Esta cifra es muy inferior a la estimación original, lo que significa que no se está utilizando tanto como debería.

Dada su reciente introducción y el reducido número de beneficiarias, aún no hay pruebas de que la baja menstrual haya tenido un impacto negativo en el empleo de las mujeres en España.

El problema de la baja menstrual

La menstruación se suele tratar como algo vergonzoso o incómodo. Este estigma dificulta que las mujeres expresen sus necesidades en el trabajo, lo que significa que gestionar la menstruación se convierte en una lucha privada, no reconocida en el lugar de trabajo.

El permiso menstrual es solo una posible solución a este problema. Otras políticas, como horarios flexibles, áreas de descanso bien equipadas, etc., también podrían ser muy beneficiosas.

La cuestión clave es si el permiso menstrual mejora realmente el bienestar de quienes lo necesitan o si, sin quererlo, refuerza la discriminación, los estereotipos negativos y el resentimiento hacia las empleadas que lo utilizan. El debate sigue abierto y subraya la importancia de diseñar leyes laborales que reconozcan las circunstancias biológicas de las trabajadoras.

Pero una cosa está clara: abordar la salud menstrual en el trabajo es de vital importancia. El punto de partida es reconocer que cada mes, alrededor de 2 000 millones de personas en todo el mundo experimentan la menstruación. Necesitan prácticas laborales justas y solidarias.

The Conversation

Lidia de la Iglesia Aza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Baja menstrual: el estigma y la incertidumbre hacen que estas medidas se utilicen poco en todo el mundo – https://theconversation.com/baja-menstrual-el-estigma-y-la-incertidumbre-hacen-que-estas-medidas-se-utilicen-poco-en-todo-el-mundo-274653

El pimpón más allá de ‘Marty Supreme’: un deporte y una forma de diplomacia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Félix Valdivieso, Chairman of IE China Observatory, IE University

Timothée Chalamet en un fotograma de _Marty Supreme_. A24

Las buenas películas cumplen muchas funciones: entretienen, hacen pensar y suelen dejar tras de sí el gusanillo de volver a verlas. Pero hay un paso más. Cuando una película, además de estar bien contada, despliega varias capas de sentido que admiten lecturas diversas deja de ser simplemente una buena película para convertirse en una obra de arte. Eso es, ni más ni menos, lo que ocurre con Marty Supreme.

Abran paso

A primera vista –y eso es parte del truco– es la historia de un granuja judío neoyorquino que se quiere abrir paso en la vida exprimiendo su talento con el tenis de mesa, del que quiere ser campeón del mundo.

El director Josh Safdie abre el telón en una zapatería familiar del Lower East Side con su protagonista, Marty Mauser (Timothée Chalamet), intentando encajar un pie en un zapato que no es de su talla. Esto parece ser ya una metáfora de su propia vida: la de un futuro de pequeño burgués que no se corresponde con el tamaño de su esperanza.

A partir de aquí se pone la bola en juego y asistimos al ir y venir de Marty con la misma rapidez que va y vuelve una pelota de pimpón. Roba, embaraza a su antigua novia (ya casada), juega y apuesta. Todo, con el único propósito de reunir dinero para viajar a Londres, donde pretende enfrentarse al campeón mundial de tenis de mesa, el japonés Koto Endo.

Sueños nacionales

Hasta aquí, uno puede pensar que está viendo una película sobre un deporte en el que se va a batir épicamente un récord. Se baten récords, sí, pero no son los deportivos los más interesantes. En el campeonato londinense, Marty, aparte de verse las caras con el mejor jugador del mundo, seduce a una rica exestrella de cine. Si alguien está buscando consuelo moral o amoroso, que se olvide. La película es cruda, como la vida misma.

Por una décima de segundo, el espectador podría engañarse y pensar que lo que mueve a Marty es algún ideal amoroso o una versión más o menos bastarda del sueño americano, ese que preconiza que a través del trabajo duro, la determinación y la iniciativa propia, cualquier persona, sin importar su origen, puede alcanzar el éxito, la prosperidad y una mejor calidad de vida.

Pero el propio Marty se encarga pronto de desmentirlo. Lo que realmente le interesa es el dinero. Tal vez sea esta versión descarnada y sin épica del sueño americano, que luce músculo antiemigrante y poder bruto (como ocurre en estos días), lo que haya conectado con el público contemporáneo estadounidense, especialmente el menor de 35 años.

Esta lectura del sueño americano tiene su eco y antítesis en otro relato aspiracional: el sueño chino, que sustituye el ascenso individual por la eficiencia, la disciplina y el éxito colectivo.

En cualquier caso, lo que sabemos es que pocas cosas exaltan más que los colores nacionales en el deporte, aunque el deporte en cuestión sea uno menor, como el tenis de mesa. Así que tendremos varios sueños proyectados, incluso fuera de las pantallas.

Sueños, poder y deporte

Todos los sueños políticos, y el americano y el chino lo son, necesitan de campeones que los encarnen. Por eso los políticos siempre han hecho suyos a los deportistas, y no pierden oportunidad de sacarse una foto con ellos en cuanto baten cualquier récord. Se sabe que el récord encarna la nación, y toda nación es la encarnación de un sueño.

Durante décadas, el éxito olímpico de China no ha sido fruto solo del azar o del talento individual, sino de una estrategia deportiva claramente planificada. Desde los años noventa, el sistema chino ha priorizado disciplinas con “alta rentabilidad olímpica”: deportes que concentran muchas pruebas, exigen una elevada especialización técnica, son muy compatibles con un sistema de detección temprana de talento y entrenamientos centralizados, y con un muy limitado número de países realmente competitivos.

El objetivo no ha sido tanto dominar los deportes más populares a escala global como maximizar el número de medallas dentro del marco olímpico.

Pimpón, paradigma deportivo

El ejemplo más evidente es el tenis de mesa, donde China ha alcanzado un dominio casi absoluto. En los Juegos de Pekín 2008, el país ganó las cuatro medallas de oro posibles y, en algunas pruebas, ocupó la totalidad del podio. Algo similar ha ocurrido con los saltos de trampolín, considerados durante años una auténtica “fábrica de oros”: en Atenas 2004 y Pekín 2008, China se llevó seis y siete de las ocho medallas de oro disponibles.

Dos jugadores chinos sostienen una bandera roja con estrellas amarillas en una esquina.
En Río 2016, Ma Long consiguió la medalla de oro en tenis de mesa individual tras batirse en la final con su compatriota Zhang Jike, uno de los múltiples ejemplos en los últimos años del dominio chino en este deporte.
Celso Pupo/Shutterstock

Otros deportes menos visibles para el gran público han sido igualmente clave. En halterofilia, gracias a la multiplicación de categorías por peso y al fuerte desarrollo del deporte femenino, China ha conseguido resultados extraordinarios con equipos relativamente pequeños. En tiro deportivo, un deporte silencioso y poco mediático, llegó a obtener ocho oros en Atenas 2004. El bádminton representa otro caso extremo: en Londres 2012, el país asiático ganó los cinco oros en juego, hasta el punto de que el COI tuvo que intervenir por la falta de competitividad real en algunas pruebas.

Lógica imperial

Esta lógica estratégica se hizo explícita con Project 119, un programa lanzado para los Juegos de Pekín 2008 con el fin de sumar medallas en deportes donde China no había destacado tradicionalmente, como la natación, el remo o la vela. Aunque no logró transformar disciplinas como el atletismo, sí permitió ampliar el medallero (hasta 122, tres por encima del objetivo inicial) y consolidar el liderazgo chino como país anfitrión.

Es revelador el contraste con deportes globales como el fútbol, el baloncesto o el atletismo, disciplinas con enorme competencia internacional, menos pruebas y resultados mucho más imprevisibles. Desde una lógica puramente instrumental, resultan menos eficientes para el sistema chino, que mide el éxito en términos de medallas.

Más que una apuesta por “deportes menores”, lo que revela el caso chino es una visión pragmática del deporte como herramienta de prestigio nacional, donde la planificación, la eficiencia y el control del riesgo pesan más que la popularidad o el espectáculo. Una estrategia discutible desde algunos puntos de vista, pero innegablemente eficaz dentro del sistema olímpico.

La diplomacia blanda

Volviendo a nuestro filme, aunque el archirrival de Marty es japonés, uno no puede dejar de pensar en que las relaciones sino-americanas, en su forma contemporánea, nacieron bajo el signo amable de la “diplomacia del pimpón”, una modalidad más de poder blando aplicado por China en tiempos de la Guerra Fría.

El episodio fundacional tuvo lugar en 1971, durante el Campeonato Mundial de Tenis de Mesa celebrado en Nagoya (Japón), cuando un gesto aparentemente trivial desencadenó un cambio histórico.

El jugador estadounidense Glenn Cowan, tras perder el autobús de su equipo, fue invitado a subir al vehículo de la delegación china. Allí, Zhuang Zedong, triple campeón del mundo y figura legendaria del deporte chino, se acercó a saludarlo y le regaló un retrato en seda de las montañas Huangshan. El intercambio fue captado por fotógrafos japoneses y difundido al mundo entero.

Bienvenidos a China

En el enrarecido clima ideológico de los tiempos de la Guerra Fría y la Revolución Cultural, aquella imagen de cordialidad entre un atleta chino y uno estadounidense resultó explosiva. De aquel encuentro casual, amplificado por los medios, surgió una invitación oficial al equipo estadounidense para visitar China.

El pimpón, convertido en lenguaje diplomático, abrió así una grieta por la que pronto se colarían el presidente estadounidense Richard Nixon, su secretario de Estado, Henry Kissinger, y el deshielo estratégico entre dos potencias hasta entonces irreconciliables. Esa grieta de diplomacia deportiva parece que la quieren explotar ahora los países árabes, entre otros.




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Aquel gesto no sería solo un accidente feliz ni una anécdota sentimental de la Guerra Fría. El pimpón finalmente operó como un dispositivo geoestratégico de poder blando, esa “capacidad de moldear preferencias ajenas sin recurrir a la coerción” sobre la que en 1990 teorizaría el politólogo estadounidense Joseph Nye.

China ensayaba entonces una fase diplomática basada en la desdramatización del conflicto, en el intercambio reglado y simbólicamente igualitario: pasarse la pelota como metáfora de una relación no competitiva (en apariencia), paciente, reversible y cuidadosamente coreografiada. Esa fase conviviría más tarde con otras estrategias de seducción estatal, como la diplomacia del panda, orientada a construir una imagen de benignidad cultural y excepcionalismo civilizatorio.

El ciclo ha mutado y el registro ha cambiado: la pedagogía del gesto ha sido sustituida por la afirmación explícita de intereses, y la actual diplomacia de los lobos guerreros marca el paso de un poder insinuado a un poder verbalmente agresivo, menos interesado en atraer que en delimitar. La mesa de pimpón ya no está en el centro: el juego continúa, pero en otro tablero, con otras reglas y en un tono radicalmente distinto.

Marty Supreme invita a pensar sobre todo esto y muchas cosas más (antisemitismo, antihéroes…).

The Conversation

Félix Valdivieso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El pimpón más allá de ‘Marty Supreme’: un deporte y una forma de diplomacia – https://theconversation.com/el-pimpon-mas-alla-de-marty-supreme-un-deporte-y-una-forma-de-diplomacia-274442

Cómo la inteligencia artificial está transformando los videojuegos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Fernández Rafael, Investigador Predoctoral en Ocio, Cultura y Comunicación, Universidad de Deusto

Una imagen del juego _Retail Mage_. Jam and Tea Studio

Imagine entrar en su videojuego favorito y que cada personaje no jugable (NPC) le ofrezca una conversación única e improvisada a su medida. O que el juego ajuste la dificultad en tiempo real según detecte su frustración, calma o modo de jugar.

Escenarios así están dejando de ser ciencia ficción: gracias a los avances tecnológicos, la forma en la que jugamos se está transformando radicalmente. Casi uno de cada cinco juegos nuevos publicados en la plataforma Steam durante 2025 utiliza ya alguna forma de IA generativa.

De NPC predecibles a personajes que improvisan

La IA en videojuegos ha existido durante décadas para controlar el comportamiento de enemigos o aliados, pero seguía guiones rígidos o programas muy definidos. Ahora, con modelos generativos de lenguaje –similares a ChatGPT– los personajes no jugables pueden hablar e interactuar de forma mucho más libre y natural.

Un ejemplo reciente es Retail Mage (2024), un videojuego de rol (RPG) en el que se atiende una tienda mágica cuyos clientes son NPC impulsados por IA generativa. En lugar de limitarse a frases predefinidas, el jugador puede teclear cualquier consulta o respuesta y el personaje no jugable improvisa un diálogo coherente en tiempo real. Esto permite conversaciones insospechadas y situaciones cómicas o creativas: los desarrolladores reportan que las posibilidades y la experiencia se multiplican al no haber “líneas de diálogo” agotables o que puedan repetirse fácilmente.

Otro caso es Mecha BREAK (2025), un videojuego de disparos multijugador (shooter). En la gran feria del videojuego europea, la Gamescom de 2024, se mostró una versión piloto con un personaje no jugable que hablaba e interactuaba gracias a la IA. El jugador podía preguntarle libremente sobre la próxima misión y este respondía con consejos tácticos generados en ese mismo momento.

Mundos creados sobre la marcha

La IA generativa no solo da voz improvisada a personajes, también puede inventar historias, misiones y mundos enteros conforme jugamos.

AI Roguelite (2023) es un caso llamativo: se presenta como “el primer videojuego de rol de texto en el que la inteligencia artificial determina al 100 % cada ubicación, enemigo, objeto y mecánica”. En cada partida, el juego genera descripciones, escenarios, eventos e incluso imágenes y música diferentes usando modelos de IA. Los jugadores destacan la flexibilidad casi infinita de este enfoque: es posible vivir desde la épica clásica de caballeros contra dragones hasta disparatadas aventuras surrealistas, todo dependiendo de las entradas del usuario y la creatividad del modelo.

También hay proyectos híbridos que combinan contenido artesanal con generación por IA. Por ejemplo, Nyric permite crear mundos sandbox en 3D (entornos virtuales en los que el jugador tiene libertad para explorar, construir y modificar sin una línea argumental predefinida) a partir de simples descripciones de texto, usando la IA para rellenarlos y adaptarlos sobre la marcha. Imagine escribir “un bosque encantado bajo una noche estrellada” y ver cómo el juego construye un paisaje inmersivo que puede explorar.

Del mismo modo, inZOI utiliza IA para generar texturas y objetos únicos según indicaciones del usuario, y emplea pequeños modelos de lenguaje integrados para dotar de mayor “profundidad psicológica” a sus personajes no jugables. Es decir, estos no solo tienen diálogos diferentes en cada partida, sino que “piensan” y actúan con cierta autonomía simulando motivaciones más complejas.

Estos ejemplos muestran cómo la IA puede servir de director creativo auxiliar, produciendo narrativas y contenido que antes requerían mucho trabajo manual. Algunos estudios en 2016 ya auguraban esta posibilidad, señalando que los juegos con adaptación basada en el afecto podían modificar sus características “de forma dinámica para mejorar la inmersión y el desafío del jugador”. Ahora, con las herramientas generativas modernas, esa adaptabilidad se extiende a la creación de tramas y escenarios enteros en tiempo real.

Juegos que sienten

Otra faceta revolucionaria es la IA afectiva, aquella que mide y responde a las emociones del jugador. La premisa es sencilla: si jugar es una experiencia emocional, ¿por qué no hacer que el juego reaccione a cómo nos sentimos?

Un pionero en este campo ha sido Nevermind (2015), un juego de terror psicológico que utiliza biofeedback. Mediante un sensor de frecuencia cardíaca o la cámara, el sistema detecta el estrés y el miedo del jugador. Si nota que está demasiado tranquilo, incrementa la dificultad y los sustos para inducirle presión, y si detecta pánico puede aliviar la intensidad. En otras palabras, el juego nos observa y adapta la experiencia para mantenernos en esa franja óptima entre el aburrimiento y la ansiedad conocida como flow.

Imagen de un árbol desnudo en medio de dos edificios que se doblan hacia él.
Captura de pantalla del juego Nevermind.
Nevermind/Flying Mollusk

Imaginemos títulos futuros que integren un lazo afectivo completo y logren involucrar emocionalmente al usuario. Por ejemplo, juegos de terror que calibren dinámicamente su atmósfera según nuestro miedo real, o aventuras narrativas que cambien la música, los diálogos o incluso el desenlace según detecten tristeza, frustración o euforia en el jugador.

Investigaciones recientes han demostrado que esto es viable. Así, se ha logrado clasificar el nivel de experiencia y compromiso de un jugador midiendo sus ondas cerebrales (EEG) con algoritmos de machine learning.

El jugador en el centro: dificultad y experiencias a medida

Más allá de las emociones, la IA está permitiendo adaptar juegos a las preferencias y estilo de cada jugador de formas inéditas. Durante años hemos visto sistemas básicos de ajuste de dificultad: desde elegir modo fácil/difícil hasta el “AI Director” de Left 4 Dead que modulaba la intensidad de los enemigos según nuestro desempeño.

La nueva generación de IA lleva esto mucho más lejos. Por ejemplo, MIR5, un videojuego de rol de acción de próximo lanzamiento, anunció que contará con “jefes finales” controlados por IA. Los jefes finales son los enemigos principales de un nivel o de la propia narrativa del juego. Estos personajes están diseñados para suponer un gran reto y suelen marcar momentos clave de la historia. En este caso, y gracias a la IA, aprenderán y se adaptarán a las tácticas del jugador, de forma que cada enfrentamiento sea personalizado y siempre constituya un desafío.

La personalización de contenidos es otra área en crecimiento. Si un jugador tiende a explorar mucho y hablar con todos los personajes, la IA podría detectar ese patrón y generarle más misiones narrativas; si otro prefiere la acción rápida, el juego podría ofrecerle combates adicionales u omitir diálogos extensos. De cierta manera, se podrá “perfilar” al jugador y presentar la versión de la historia más acorde a los gustos y comportamiento del usuario.

Diversos estudios académicos llevan tiempo trabajando en el modelado de los jugadores (player modeling) para identificar estas preferencias y estados óptimos de compromiso e interacción. La diferencia ahora es que el motor del juego podría reconfigurarse sobre la marcha gracias a la IA generativa.

Así, en el futuro se podrá ajustar a un modelo del jugador y no permanecer estático o enfocado en un número determinado de perfiles.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo la inteligencia artificial está transformando los videojuegos – https://theconversation.com/como-la-inteligencia-artificial-esta-transformando-los-videojuegos-266198

¿Contribuye tener mascota al bienestar emocional en la infancia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Llúcia González Safont, Investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red en Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y miembro de la Unidad Mixta de Investigación en Epidemiología, Ambiente y Salud FISABIO-Universitat Jaume I -Universitat de València, Fisabio

New Africa/Shutterstock

“¿Deberíamos tener un animal de compañía?, “¿va a beneficiar a la salud mental de nuestro hijo o nuestra hija?” Estas y otras preguntas son habituales en muchas familias, y de lo más pertinentes: más de la mitad de hogares españoles cuenta hoy con uno o más animales de compañía, de acuerdo con la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía.

Cuestión de apego

Se llama apego a los lazos emocionales que se crean entre un bebé y su figura cuidadora como parte de su desarrollo, aportando seguridad y consuelo. Este vínculo puede formarse en cierto grado también con los animales, que, según las evidencias, pueden ejercer efectos beneficiosos de diferentes formas:

Pero, más allá de estas virtudes, ¿cómo afecta realmente a la salud mental de los más pequeños la convivencia con animales en casa? Nos referimos de manera específica a la mayor o menor presencia de problemas categorizados como internalizantes (síntomas de depresión, ansiedad, somatización…) y externalizantes (los que se relacionan con la conducta y pueden incomodar al entorno del menor, como la agresividad o la ruptura de normas).

Estudio dentro del Proyecto INMA

Cohortes INMA incluídas en el análisis (cuadro rojo). Número de participantes (mujeres embarazadas) en el periodo del reclutamiento para el estudio.
Llúcia González, CC BY

Para averiguarlo, analizamos los datos que proporciona el Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente). Se trata de un estudio de cohortes, o sea, un seguimiento periódico de los participantes –en este caso, desde el embarazo hasta los 6-7 años– a través de cuestionarios, mediciones ambientales y pruebas clínicas.

Gráfico descriptivo de animales en las familias.

Concretamente, nuestro trabajo incluía unas 1 900 familias de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell (Barcelona) y Valencia. De ellas, el 52,3 % tenía o tuvo uno o más animales de compañía; un 19,1 % convivió con perros; un 8,7 %, con gatos; un 14,8 %, con pájaros; y un 28,6 %, con otros animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces.

Cuando evaluamos la relación entre la presencia de animales y la salud mental, observamos que los niños y las niñas que nunca habían tenido mascota manifestaban las puntuaciones más positivas. Según algunas tendencias, aunque no pueden considerarse significativas, quienes siempre convivieron con alguna mostraban resultados ligeramente más negativos. Por su parte, quienes solo habían tenido animales puntualmente presentaban riesgos más altos de experimentar problemas. No obstante, hay que aclarar que este patrón solo fue significativo para el caso de los gatos.

Relación entre tenencia de mascotas y salud mental infantil.

Para considerar otros factores que podrían estar influyendo en esta relación, realizamos análisis múltiples que nos permitieron ajustar los resultados en función de la clase social, el sexo, la edad o la cohorte, entre otros. Así pudimos observar que no había diferencias entre quienes nunca habían convivido con animales y quienes los habían tenido siempre o solo puntualmente. Esto se aplicaba a la variable que estudiaba cualquier tipo de mascota, así como las específicas que evaluaban la relación con perros y pájaros.

Lo más curioso es que tener un gato a los 4-5 años edad sí se podía asociar con más problemas de salud mental, mientras que contar con otro tipo de animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces de forma consistente a lo largo de la primera infancia parecía ejercer un efecto protector en los niños y las niñas.

Explicaciones para estos hallazgos

En los primeros años de vida, los lazos afectivos pueden no estar totalmente formados. Por eso, es posible que la presencia de perros o pájaros no afecte mucho la salud mental. Además, otras variables no incluidas en nuestro estudio podrían haber influido en los resultados.

En el caso de los gatos, su forma de interactuar con las personas podría explicar los efectos observados. Son más independientes, lo que limita el vínculo emocional. Adicionalmente, puede influir que algunas familias que eligen este animal como mascota tengan hijos o hijas con necesidades emocionales.

Además, la toxoplasmosis es más común en gatos que en otros animales. Esta infección, provocada por el parásito Toxoplasma gondii y que puede transmitirse a humanos, se relaciona con problemas de comportamiento y está vinculado a trastornos mentales graves como el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Por último, tener peces, tortugas y hámsteres de manera constante sí parece proteger a los niños y niñas frente a problemas de salud mental. Estas mascotas no solo procuran un contacto estable y fácil, sino que también ayudan a aprender responsabilidad, empatía y autocontrol.

El impacto real de tener una mascota

En conclusión, nuestro estudio no asoció claramente la presencia de algunos animales de compañía, como perros y pájaros, con beneficios o perjuicios en la salud mental infantil. Esto podría deberse a que el trabajo está centrado en una exposición muy temprana del menor y, por tanto, se requerirían estudios centrados en edades más avanzadas.

Además, los menores que convivieron con animales como hámsteres, conejos, peces o tortugas de forma constante obtuvieron mejores resultados que los que solo las tuvieron de manera puntual. Esto sugiere que la continuidad del vínculo puede ser más beneficiosa que la exposición esporádica. Y aunque vivir con una mascota puede fomentar la responsabilidad, empatía y autorregulación emocional, su impacto real depende de factores como el tipo de vínculo, la edad y el estilo de crianza.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Contribuye tener mascota al bienestar emocional en la infancia? – https://theconversation.com/contribuye-tener-mascota-al-bienestar-emocional-en-la-infancia-266958

Los fondos de inversión españoles sostenibles y su huella de carbono

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel López García, Profesora Titular de Universidad, Departamento de Análisis Económico y Finanzas, Universidad de Castilla-La Mancha

Midnight Studio TH/Shutterstock

Las decisiones financieras que tomamos día a día tienen implicaciones en el cambio climático. Las acciones, los títulos de deuda pública o privada o los fondos en los que invertimos tienen asociados, cada uno, una huella de carbono distinta.

Esa huella se deriva de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por las actividades de las empresas. Cuando colocamos nuestro dinero en activos con una baja huella de carbono estamos financiando actividades menos perjudiciales para el cambio climático.

En 2017 se creó un grupo de trabajo para establecer qué métricas deben usar los bancos o las gestoras de fondos para medir la huella de carbono de sus carteras de préstamos o de inversión. Sin embargo, esto sólo se está aplicando de forma parcial y con carácter experimental.

¿Es un dato público y disponible?

En el caso de los fondos de inversión, ¿qué información tienen los inversores particulares comprometidos con el cambio climático para seleccionar unos u otros?

Los proveedores globales de información sobre fondos no ofrecen datos de manera gratuita sobre la huella de carbono que dejan. Por otra parte, existen ratings de sostenibilidad para este tipo de herramienta de inversión. Sin embargo, se basan en factores ASG, relativos al impacto de las empresas que forman parte de los fondos en los ámbitos medioambiental, social y de gobernanza, por lo que el enfoque es mucho más amplio que el de la huella de carbono. Además, los criterios de aplicación pueden estar sesgados o ser poco transparentes.

Un informe de Bloomberg mostró que, en 2020, MSCI, una compañía propiedad de Morgan Stanley que analiza la sostenibilidad de las empresas, elevó el rating de sostenibilidad de McDonald’s (a más sostenible) aunque sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) habían aumentado un 7 % en los cuatro años previos.

Calculando la huella de carbono

En España ha ido creciendo el porcentaje de hogares que invierten en fondos de inversión. En 2022 fue el 9,56 %, cuando 20 años atrás era el 6,85 %. Además, el peso de dichos fondos en la cartera de activos financieros de los hogares pasó del 9,4 % en 2002 al 12 % en 2022.

Pese a este crecimiento, tampoco las gestoras de fondos de inversión españolas publican la huella de carbono de los fondos que manejan. La información suministrada sólo permite conocer si promueven acciones a favor del medioambiente o del desarrollo social, o si tienen objetivos de inversión sostenible. De este modo, cumplen con los artículos 8 y 9 de la normativa europea en materia de divulgación de información relativa a la sostenibilidad.

Intentando paliar esta falta de información, hemos calculado la huella de carbono de 45 fondos de inversión que invierten en acciones de empresas cotizadas españolas. Para ello, utilizamos los datos sobre emisiones de GEI que proporcionan en sus memorias de sostenibilidad las empresas incluidas en los fondos. Siguiendo los criterios del Greenhouse Gas Protocol, el estándar internacional más utilizado para que organizaciones y gobiernos midan, gestionen y reporten sus emisiones de gases de efecto invernadero, consideramos emisiones directas (de alcance 1) e indirectas (de alcance 2 y 3).

Un ranking de fondos sostenibles

De este análisis obtuvimos que, por cada 1 000 euros invertidos en los fondos de inversión españoles, en 2022 se emitieron a la atmósfera, de media, 497 kilos de CO₂ equivalente (los gases de efecto invernadero distintos del CO₂, como metano, óxido nitroso o hidrofluorocarburos, son convertidos a su valor equivalente en CO₂). Este resultado es muy similar al que tendríamos si hubiéramos recorrido 3 075 kilómetros (casi como viajar de Madrid a Estocolmo) con un coche diésel que consumiera 6,5 litros cada 100 kilómetros (gastando 350 euros si el litro de diésel costara 1,5 €).

A partir de ahí podemos establecer un ranking de fondos de inversión, según su huella de carbono por euro invertido. Encontramos una gran variabilidad en los resultados. Los 5 fondos más sostenibles financian actividades que emiten a la atmósfera, de media, 281 kilos de CO₂ equivalente por cada mil euros de inversión. Mientras, los 5 fondos menos sostenibles emiten, de media, 842.

Así, los más contaminantes tienen un impacto hasta 5,8 veces mayor, en términos de huella de carbono, que los más sostenibles.

¿Cuáles son las empresas españolas que más contribuyen a la huella de carbono de los fondos de inversión? Por orden, son: Gestamp, Iberdrola, Acerinox, IAG y Repsol. Estas 5 forman parte de las 10 compañías (de 85 incluidas en los fondos de inversión) que generaron más emisiones de carbono en 2022.

La huella de carbono de Gestamp, Iberdrola y Acerinox se relaciona fundamentalmente con las emisiones indirectas de alcance 3 (por ejemplo, las asociadas con los metales que utilizan Gestamp o Acerinox como materia prima). Por su parte, las emisiones de carbono de IAG y Repsol son principalmente emisiones directas (de alcance 1), o sea, producidas directamente por el uso de combustibles fósiles, como el queroseno utilizado por IAG en sus aviones.

La figura de abajo ofrece una clasificación de los fondos en cuatro niveles de riesgo de carbono según las emisiones consideradas (alcance 1, 2 o 3 aguas arriba). Fondos de riesgo bajo (por debajo del percentil 25), riesgo medio-bajo (del percentil 25 al 50), riesgo medio-alto (del percentil 50 al 75) y riesgo alto (por encima del percentil 75). Al comparar las columnas 1 y 3, se observa que, de los 45 fondos de inversión, 19 cambian de color y que la identificación de la sostenibilidad de los fondos depende del tipo de emisiones consideradas. Se concluye que ignorar las emisiones de alcance 3 conduce a una identificación incorrecta de los fondos de riesgo bajo y medio-bajo, ya que son estos los que presentan un aumento más notable en sus emisiones.

En conclusión

Tanto los ciudadanos como los inversores profesionales requieren contar con información veraz y comprensible para la toma de decisiones de inversión. Establecer un sistema de medida de la calidad de la huella de carbono de las distintas alternativas de inversión, como Nutri-Score mide la calidad de los alimentos, facilitaría la identificación de aquellas más sostenibles.

La falta de información, o su complejidad, abre la posibilidad de que las empresas apliquen estrategias de ecopostureo o de greenwashing, y dificulta a los ciudadanos comprometidos con la lucha contra el cambio climático contribuir al proceso de descarbonización a través de sus inversiones.

The Conversation

Raquel López García es investigadora colaboradora de un proyecto financiado por el MInisterio de Ciencia, Innovación y Universidades

Luis Antonio López Santiago recibe fondos del Programa Horizon Europe, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de la Universidad de Castilla-La Mancha.

ref. Los fondos de inversión españoles sostenibles y su huella de carbono – https://theconversation.com/los-fondos-de-inversion-espanoles-sostenibles-y-su-huella-de-carbono-267242

¿Qué clima nos espera en los próximos meses? Esto dicen las predicciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrés Navarro, Profesor ayudante doctor. Física aplicada, Universidad de León

Nieve en las azoteas de Madrid el 28 de enero de 2026. Fer99/Shutterstock

Las predicciones estacionales de los grandes centros internacionales, como el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF, por sus siglas en inglés), los Centros Nacionales de Predicción Ambiental estadounidenses (NCEP) y el Servicio Meteorológico Nacional británico (Met Office) proporcionan un marco de referencia fundamental para comprender el comportamiento de variables meteorológicas clave.

Si bien no ofrecen certezas inmutables, estas herramientas dibujan escenarios probabilísticos sobre precipitaciones y temperaturas que permiten identificar tendencias y riesgos con varios meses de antelación.

¿Qué son las predicciones estacionales?

Las predicciones estacionales se fundamentan en la inercia térmica de los océanos –su capacidad para absorber, almacenar y liberar calor lentamente– y su acoplamiento con la atmósfera. Gracias a esta inercia, la temperatura superficial del mar evoluciona mucho más lentamente que la atmósfera, actuando como una señal persistente que permite estimar las tendencias meteorológicas a largo plazo.

Sin embargo, como la atmósfera es un sistema caótico, los meteorólogos necesitan ejecutar múltiples simulaciones con ligeras variaciones para evaluar el grado de certeza que podemos asignar a los resultados. Este proceso despliega un abanico de escenarios posibles, lo que permite cuantificar la incertidumbre: si la mayoría de las ejecuciones coinciden, la predicción es más fiable; de lo contrario, la incertidumbre es alta.

Para visualizar este consenso, la mayoría de los centros utilizan mapas de probabilidad. En lugar de ofrecer un dato único, dividen el clima en tres categorías o terciles: inferior a lo normal, normal y superior a lo normal. El mapa final nos dice dónde han caído la mayoría de las simulaciones de ese abanico.

Así, un color intenso no indica necesariamente una lluvia torrencial, sino una alta confianza (muchos miembros del modelo coincidiendo) en que la estación será más húmeda o seca de lo habitual. Otros productos más específicos, como los del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), ofrecen mapas de anomalías medias que cuantifican la diferencia entre las condiciones previstas respecto a una climatología de referencia.




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Por qué las predicciones meteorológicas aciertan cada vez más (aunque no lo parezca)


Despedimos a La Niña

El final de año estuvo marcado por un enfriamiento anormal de las aguas del Pacífico ecuatorial, un fenómeno que se conoce como La Niña. Este forma parte de un ciclo global del clima conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO, por su acrónimo en inglés) que cambia irregularmente cada 2-7 años entre fases cálidas (El Niño), frías (La Niña) y neutras.

Aunque 2026 arranca todavía bajo la influencia de La Niña, los informes más recientes del Centro de Predicción Climática de la NOAA apuntan a un cambio de ciclo: existe una alta probabilidad de que el sistema evolucione hacia una fase ENSO-neutral en los próximos meses.

Esto implica que, al desaparecer un patrón climático dominante, los pronósticos estacionales pierden fiabilidad y los factores locales ganan peso en la dinámica atmosférica. Esto da lugar a un escenario meteorológico mucho más volátil y complejo de anticipar. Además, si la transición hacia una fase positiva (El Niño) se produce de manera rápida, podríamos asistir a una reorganización de los patrones globales de precipitación y temperatura para la segunda mitad de 2026.




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La señal unívoca de los modelos para la temperatura

Si hay una variable donde los modelos muestran una señal especialmente consistente en la primera mitad de 2026, esa es la temperatura, tanto oceánica como atmosférica. Lejos de ser un resultado excepcional, los mapas refuerzan la tendencia ya observada en los últimos años: el pulso entre la variabilidad natural asociada al Pacífico y el calentamiento global, pulso que sigue decantándose a favor de este último.

Mapa que muestra las anomalías en la temperatura del océano, donde predomina el color rojo
Anomalías de la temperatura de la superficie del mar según el modelo del ECMWF para el período marzo-abril-mayo del 2026. El mapa destaca las regiones con una probabilidad mayor del 40% de situarse en el tercil cálido (rojo) o frío (azul) respecto a la climatología.
Climate Change Service, Copernicus, CC BY-SA

Los datos indican que la capacidad de enfriamiento de la fase fría del Pacífico (La Niña) ya no es suficiente para generar anomalías frías persistentes a escala global. Su influencia se limita a mantener la región ecuatorial en valores cercanos al promedio, mientras que en la mayor parte del planeta domina la probabilidad de temperaturas superiores a lo normal.

Los mapas capturan, además, otra señal característica del cambio climático: la presencia de una temperatura anormalmente fría al sur de Groenlandia, conocida como warming hole o agujero de calentamiento, una región donde el calentamiento se ha ralentizado en comparación con el promedio global y que suele asociarse a cambios en la circulación oceánica del Atlántico Norte.

La precipitación, una variable esquiva al consenso

La señal que ofrecen los diferentes centros de predicción sobre el comportamiento de la precipitación para los próximos meses diverge notablemente según la región de interés. No es casualidad: la precipitación es el principal talón de Aquiles de los modelos, especialmente en latitudes medias, donde cualquier pequeño error en la simulación de vientos o temperatura se multiplica al estimar la lluvia.

En este sentido, nos enfrentamos a una clara disparidad en el grado de consenso. Si observamos el pronóstico del sistema C3S de Copernicus –que unifica y promedia la visión de los modelos de distintas instituciones–, la diferencia de nitidez entre la franja tropical y el continente europeo es palpable.

Para las regiones tropicales y América existe un mayor grado de acuerdo: la inercia de La Niña sigue dominando, proyectando precipitaciones por debajo de lo normal en el sur de EE. UU. y anomalías húmedas en el norte de Sudamérica.

De forma paralela, en el Sudeste Asiático los modelos también convergen. Proyectan condiciones más secas en Sumatra y Borneo, un comportamiento que podría interpretarse como consecuencia de la transición hacia una fase ENSO-neutral. Esta señal seca sugiere que el mecanismo de vientos alisios, que habitualmente intensifica las lluvias en el archipiélago malayo durante La Niña, estaría perdiendo intensidad.

Esta claridad de respuesta se desvanece al mirar hacia el norte. En Europa, donde no existe una influencia oceánica tan directa, el consenso desaparece. Mientras algunos modelos individuales apuntan a una primavera más húmeda en ciertas regiones, el promedio multimodelo apenas muestra una señal definida, lo que pone de relieve la dificultad de identificar un patrón común en este continente.

En definitiva, y según los datos de los que disponemos, el arranque de 2026 muestra una señal clara para las temperaturas, que serán más cálidas de lo normal, pero mantiene la incertidumbre sobre las lluvias. Es fundamental recordar que las predicciones estacionales no están diseñadas para anticipar eventos meteorológicos concretos –como una dana o una ola de frío puntual–, sino para definir las condiciones de fondo que favorecen o inhiben este tipo de fenómenos. Por ello, la estrategia más inteligente será tomar estas tendencias como guía general y complementarlas siempre con la predicción meteorológica a corto plazo.

The Conversation

Andrés Navarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué clima nos espera en los próximos meses? Esto dicen las predicciones – https://theconversation.com/que-clima-nos-espera-en-los-proximos-meses-esto-dicen-las-predicciones-273845

Recordar para seguir adelante: por qué idealizamos el pasado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tatiana Romero Arias, Facultad de Ciencias de la Salud. Dpto. de Psicología, Universidad Europea

En redes sociales se multiplican estos días las imágenes comparativas. Una foto de 2016 aparece junto a otra de 2026. Diversos textos las acompañan: “Así éramos entonces”, “cuando todo era más sencillo”, “antes de que el mundo se torciera”. Contemplamos rostros más jóvenes, sonrisas despreocupadas. Una vida que, vista desde hoy, parece más ligera.

No es solo una moda visual. Detrás de estas comparaciones late una idea cada vez más extendida: que 2016 fue el “último año bueno”. Un tiempo previo a la pandemia, a las crisis encadenadas y a la sensación de incertidumbre permanente que define el presente. Pero ¿es correcta esta percepción?

Llega un momento en la vida en que el pasado empieza a parecer más amable. No importa si hablamos de la infancia, de la juventud o de cuando trabajábamos. Algo cambia y, de pronto, los recuerdos se llenan de veranos interminables, conversaciones sin prisas y problemas que hoy parecen pequeños. Entonces surge la frase: “Antes se vivía mejor”.

Pero ¿realmente vivíamos mejor entonces? ¿O estamos mirando ese pasado a través del filtro de la nostalgia? ¿Y si lo que ha cambiado no es tanto lo que vivimos, sino la forma en que lo recordamos?

Para entender por qué tendemos a idealizar determinados momentos de nuestra vida y por qué lo hacemos con tanta fuerza cuando el presente se vuelve incierto, conviene fijarse menos en lo que ocurrió en 2016 y en cómo funciona nuestra memoria.

Recordar no es volver atrás

Solemos pensar que la memoria funciona como una especie de archivo: guardamos experiencias y, cuando queremos, las sacamos intactas. Sin embargo, la memoria no reproduce el pasado: lo reconstruye. Cada recuerdo es una versión actualizada de lo que vivimos, filtrada por lo que somos hoy.

Cada vez que recordamos, el recuerdo se activa, se reordena y se guarda de nuevo. Por eso el pasado no permanece fijo. Cambia con nosotros. Recordar es, en cierto modo, reinterpretar.

Esto explica algunas experiencias que todos hemos vivido alguna vez. Por ejemplo, cómo un mismo episodio puede parecernos distinto con los años. O cómo dos personas recuerdan de forma muy diferente una historia compartida.

La memoria no guarda todo, ni lo guarda igual

Nuestra memoria no es neutral. No almacena cada detalle ni trata todos los recuerdos por igual. Algunos permanecen accesibles durante décadas; otros se van difuminando sin que sepamos muy bien cuándo.

Las emociones tienen mucho que ver con esto. Los recuerdos cargados de emoción se consolidan mejor que los neutros, pero con el tiempo ocurre algo curioso: muchas experiencias negativas pierden fuerza, mientras que las positivas se mantienen más vivas. No porque las primeras desaparezcan, sino porque se vuelven menos accesibles.

Olvidar, en este sentido, no es un fallo: es una forma de protección.

Cuando el pasado se vuelve más bonito

Esto da lugar a lo que la psicología llama “sesgo de positividad”: la tendencia a recordar nuestra vida como mejor de lo que fue en realidad. No es que inventemos recuerdos felices, sino que los negativos ocupan cada vez menos espacio cuando miramos atrás.

Este sesgo se intensifica con la edad y se vuelve especialmente visible a partir de los 60 años. En ese momento el recuerdo del pasado empieza a cumplir otra función. Ya no sirve tanto para aprender o planificar, sino para dar sentido, reafirmar quiénes somos y sentirnos bien con la vida vivida.

La jubilación: cuando cambia la forma de mirar atrás

La jubilación suele marcar un antes y un después. No solo porque cambie la rutina, sino porque cambia la manera en que percibimos el tiempo. El futuro deja de ser un espacio infinito y se vuelve más concreto. Y cuando eso ocurre, nuestras prioridades psicológicas se reorganizan.

En esta etapa muchas personas se vuelven más hábiles regulando sus emociones. Aprenden, a veces sin darse cuenta, a no recrearse tanto en lo negativo y a rescatar con más facilidad los recuerdos que aportan calma, orgullo y afecto. La memoria autobiográfica se convierte en una aliada para mantener el equilibrio emocional en un momento de grandes cambios.

Por eso, al mirar atrás, la vida parece más amable. No porque lo fuera más, sino porque ahora necesitamos que lo sea.

Nostalgia: no es debilidad, es adaptación

La nostalgia suele verse como una forma de vivir anclados en el pasado. Sin embargo, desde la psicología sabemos que cumple una función importante. Recordar “los buenos tiempos” refuerza nuestra identidad, nos recuerda de dónde venimos y nos ayuda a afrontar el presente con más serenidad.

La nostalgia no nos aleja de la realidad, sino que nos permite habitarla con más sentido. Solo se vuelve problemática cuando impide vivir el presente. En la mayoría de los casos, recordar con cariño es una forma sana de seguir adelante.

Entonces, ¿antes todo era mejor?

Probablemente no, pero nuestra memoria no está diseñada para ser justa con el pasado, sino útil para el presente. Al seleccionar, suavizar y reconstruir lo vivido, la memoria nos ayuda a mantener una historia personal coherente y emocionalmente sostenible.

Quizá, cuando decimos que antes todo era mejor, no estamos hablando del pasado. Estamos hablando de una memoria que hace lo que siempre ha hecho: cuidarnos.

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Tatiana Romero Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Recordar para seguir adelante: por qué idealizamos el pasado – https://theconversation.com/recordar-para-seguir-adelante-por-que-idealizamos-el-pasado-274157

Un asno que viene y va: el reiterado error de Cervantes en el ‘Quijote’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Fresno Chamorro, Doctorando en Literatura Española, Universidad de Jaén

_El encuentro del rucio_, de José Moreno Carbonero. Museo del Prado/Wikimedia Commons

En 1604 Juan de la Cuesta finalizó la impresión (con fecha de 1605) de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, primera parte de la obra más relevante de nuestra literatura. Eran 46 capítulos en los que se narraba el inicio de las aventuras de Alonso Quijano y su fiel escudero Sancho.

Al imaginar al lector de entonces, sacudido por esas páginas, le veo pensando:

“Sancho, pobre y desdichado Sancho, fiel reflejo del hombre común, acostumbrado a perder cosas sin siquiera ser consciente de ello. Por Sierra Morena andabas en el capítulo 25, al pie de una alta montaña, cerca de un arroyuelo que recorría un verde prado, entre árboles silvestres y dulces flores. ‘Este es el lugar, ¡oh cielos!, que diputo y escojo para llorar la desventura en que vosotros mesmos me habéis puesto’, gritó sin juicio tu señor don Quijote, desdichado amante el de la Triste Figura que había decidido hacer allí penitencia de amor por su Dulcinea.

A pie de esta montaña llegaste, Sancho, a lomos de tu rucio, pero ahora, sin comerlo ni beberlo, se ha perdido o lo han robado. ¿Cómo lo explicas? ¿Cómo no lloras, Sancho? ¿Cómo no te lamentas hasta la desesperación? ¿O es que acaso ya lo has hecho y nosotros no lo sabemos? Caso extraño que, igual que desaparece, vuelve a aparecer en el capítulo 46 cuando tu señor te pide que ensilles a Rocinante y aparejes tu jumento”.

Dibujo de un hombre robando un burro.
El galeote Ginés de Pasamonte roba el asno de Sancho.
Cervantes Virtual/Gonzalo Bilbao Martínez para la edición 1905-1908, Madrid, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (R. L. Cabrera)

Así es. El asno de Sancho desaparece en el capítulo 25 y reaparece ya en el 46, sin explicación ni motivo patente. La anomalía no podía ser sino un error del autor, y esto lleva a Cervantes a publicar, ese mismo año de 1605, una segunda edición. En ella interpola dos pasajes, uno en el capítulo 23, en el que se narra el robo del rucio a manos de uno de los galeotes liberados por don Quijote anteriormente, y otro en el capítulo 30, donde Sancho cuenta cómo recupera su burro.

Sin embargo, esta tentativa de enmienda resultaría poco efectiva, pues la narración del robo se inserta dos capítulos antes de que el pollino aparezca referido por última vez.

Lectores, chistes y una tercera edición de 1608

El error doble (primero olvidar y después fallar en la enmienda) le iba a costar a Cervantes más de una burla por parte de sus contemporáneos. Lope de Vega, fiel rival del alcalaíno, le dedicaría incluso unos versos al asunto en su comedia Amar sin saber a quién:

“Decidnos della, que hay hombre

que hasta de una mula parda

saber el suceso aguarda,

la color, el talle y nombre,

o si no dirán que fue

olvido del escritor”.

La obra se representó por primera vez en 1627 y es bastante posterior a la publicación tanto de la primera parte del Quijote (1605) como de la segunda (1615). Eso indica que el chisme y las mofas debieron extenderse como la pólvora entre los lectores. No sorprende, pues, que Cervantes optara por volver a intentar subsanar el error en una tercera y última impresión de Juan de la Cuesta (1608).

Esta, tal y como ya había hecho de forma acertada la edición de Bruselas de 1607, mantiene la interpolación del robo erróneamente situada en el capítulo 23, pero elimina las alusiones posteriores que generaban inconsistencias.

Tengamos en cuenta entonces que, en cuestión de tres años, los lectores del Quijote pudieron leer tres “versiones” diferentes de la primera parte. La confusión, a pesar de lo baladí que pueda parecer al lector de hoy, no debió ser para nada intrascendente para Cervantes. En la escritura de una segunda parte, el autor tuvo que responder a lectores de una misma y, a la vez, distinta obra.

El Quijote de 1615 y una nueva forma de exculpación

La precipitada segunda parte del Quijote (Cervantes debía replicar con rapidez al malintencionado Quijote apócrifo de Avellaneda publicado en 1614) sale de la imprenta de Juan de la Cuesta en 1615.

Dibujo de un hombre arrodillado ante otro, mientras uno más les mira.
El bachiller Sansón Carrasco con Don Quijote y Sancho Panza.
Jonh Vanderbank /Cervantes Virtual

No tuvo que esperar mucho el lector para encontrarse con la aclaración (siempre jocosa) del asunto del burro por el propio autor. El capítulo 3 sitúa en conversación al bachiller Sansón Carrasco con don Quijote y Sancho. Carrasco cuenta cómo sus aventuras, tras haber sido dadas a la estampa, son ahora conocidas en todo el mundo, y menciona algunos de los errores que sus más fervientes lectores le achacan. Entre ellos, evidentemente, está el del robo del rucio.

Así, en el capítulo siguiente, Cervantes, a través de Sancho, relata de nuevo la historia del robo y su rescate, achacando el error a un engaño del autor ficticio Cide Hamete Benengeli o, con clara intencionalidad de quitarse de encima la responsabilidad, a un descuido del impresor.

Genialidad en el equívoco

En fin, lo que está claro es que el error de Cervantes, doble o triple, es manifiesto e influyó tanto en la recepción como en la propia composición de la obra. De no haber habido faltas (si ello fuese posible) el grandioso Quijote de 1615 habría sido una obra diferente. La novela debe parte de su magnitud a los equívocos, desatenciones, celeridades, disputas y enemistades que implicaban a su autor y que Cervantes quiso subsanar rápidamente en la escritura de la segunda parte.

En este sentido, son muchos los estudiosos de Cervantes que defienden el carácter voluntario de sus descuidos, unas veces a modo de imitación (de Homero, por ejemplo) y otras con un patente tono paródico. Parece claro que el robo del rucio no pertenece a ninguno de estos casos, pero debemos admitir que ha acabado por integrarse en la técnica narrativa de Cervantes como elemento metatextual que influye positivamente en sus creaciones.

¿Qué tendrán los genios, verdad? Que hasta sus yerros terminan por ser brillantes.

The Conversation

Pedro Fresno Chamorro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Un asno que viene y va: el reiterado error de Cervantes en el ‘Quijote’ – https://theconversation.com/un-asno-que-viene-y-va-el-reiterado-error-de-cervantes-en-el-quijote-244228

Corrientes de resaca: saber cómo y cuándo se forman puede salvarnos la vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Deva Menéndez Teleña, Profesora del Departamento de Ciencia y Tecnología Náutica, Universidad de Oviedo

Fotografía de la playa de Salinas, escenario de la investigación llevada a cabo por la Universidad de Oviedo sobre su sistema de corrientes de resaca. En la imagen se distingue una depresión en la zona intermareal, causada por la acción de una de estas corrientes. Aitor Marqués Alonso.

Cada verano, miles de personas disfrutan del mar sin saber que bajo sus pies se esconde una fuerza peligrosa: las corrientes de resaca. Estas corrientes son responsables de más de mil muertes al año en todo el mundo. No se trata de olas gigantes, sino de flujos de agua que pueden empujar mar adentro a quien se cruza en su camino.

Cuando una persona intenta nadar de frente hacia la costa, se fatiga rápidamente. La corriente sigue tirando y el pánico hace el resto. Por eso, comprender cómo y cuándo se forman estas corrientes puede marcar la diferencia entre un baño seguro y una tragedia.

Todo empieza con las olas

Las corrientes de resaca se originan en la zona donde rompen las olas. El oleaje empuja grandes volúmenes de agua hacia la orilla y genera una sobrepresión en la costa. El agua busca, entonces, una vía de escape y regresa al mar formando canales estrechos y veloces que avanzan perpendicularmente a la línea de playa.

Esquema de una corriente de resaca.
Aitor Marqués, adaptado MacMahan et al 2006 doi.org/10.1016/j.coastaleng.2005.10.009

Durante décadas, se pensó que todas las corrientes de resaca eran similares: flujos rectos y concentrados, como se describió en 1941. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que cada playa tiene su propio sistema de corrientes. Su forma, intensidad y duración dependen del tipo de arena, la pendiente del fondo, las mareas y las condiciones del oleaje. En otras palabras, no hay dos playas iguales.

Cada playa tiene sus resacas

En la Universidad de Oviedo estamos desarrollando el primer experimento en España para analizar y categorizar el sistema de corrientes de resaca de la playa de Salinas-El Espartal, en Asturias. El objetivo es comprender cómo se forman, qué extensión alcanzan y en qué momentos de la condición de marea representan un mayor riesgo para los bañistas.

Playa de Espartal-Salinas, en Asturias.
Wikimedia Commons., CC BY

El reto no es pequeño: estudiar el movimiento del agua requiere tecnología precisa y equipo adecuado. Para hacerlo más accesible, hemos diseñado una metodología de bajo coste que combina tres herramientas. Primero, un drifter GNSS-RTK, un dispositivo flotante que registra su posición cada segundo con un margen de error de menos de un centímetro. También usamos tintes biodegradables (a base del colorante uranina) que permiten visualizar la trayectoria exacta de la corriente sin dañar el ecosistema; y drones, que capturan desde el aire la evolución de la mancha de color y del movimiento del drifter.

Con esta combinación, obtenemos un mapa detallado de la velocidad, dirección y forma de las corrientes bajo distintas condiciones de marea, viento y oleaje.

Equipo del muestreo de las corrientes. A) socorrista con el drifter en el agua; B) maniquí para hacer de victima en el agua; C) bolsa de tinta; y D) dron para tomar las imágenes de la tinta.
Aitor Marqués.

Mejor seguridad para bañistas

Este estudio no solo amplía nuestro conocimiento sobre la dinámica costera, sino que también ofrece una base para mejorar la seguridad en las playas. Con datos precisos, podremos diseñar sistemas de alerta temprana, señalizaciones más efectivas y estrategias de rescate adaptadas a cada playa.

Ejemplo de como las corrientes de resaca son marcadas por la tinta y se toman las imágenes desde el dron.
Aitor Marqués.

Pero comprender las corrientes de resaca no solo sirve para prevenir accidentes. También ayuda a entender mejor el papel que desempeñan en el ecosistema: distribuyen nutrientes, modifican la morfología del litoral y afectan a la vida marina en la zona intermareal.

Cómo reconocerlas

No estamos hablando de monstruos marinos que engullen bañistas, sino fenómenos naturales tan comunes como las olas. Saber reconocer las corrientes y reaccionar adecuadamente puede salvar vidas.

Para ello, lo primero es entrenar la vista. Antes de entrar en el agua, conviene observar durante unos minutos la línea del oleaje y el movimiento general de las olas. Hay varias señales que pueden delatar su presencia:

• Zonas sin rompiente. Es el indicio más evidente. Si en un tramo de la playa las olas no rompen, es muy probable que allí exista una corriente de resaca.

• Bandas de agua más oscura. Un color azul más profundo suele indicar un canal de mayor profundidad por donde el agua está regresando al mar. Estas zonas pueden albergar corrientes persistentes.

• Arena en suspensión. Algunas corrientes registran velocidades muy altas. Lo habitual es que alcancen entre 0,5 y 0,8 m/s con oleaje moderado, pero en ciertas condiciones pueden llegar hasta los 2 m/s. Esa fuerza es suficiente para arrancar arena del fondo y transportarla mar adentro, creando franjas de agua turbia que permiten identificarlas desde la orilla.

Y cómo actuar

Saber detectarlas es fundamental, pero también lo es actuar con calma, si alguna vez nos atrapa una. Lo más importante es no intentar nadar contra la corriente. Ese esfuerzo solo conduce al agotamiento.

Si la playa cuenta con servicio de salvamento, lo recomendable es dejarse llevar y pedir ayuda. Guardar fuerzas facilita que los socorristas puedan asistirle y que pueda colaborar durante el rescate.

Si no hay socorristas, mantenga la serenidad. Estas corrientes suelen perder intensidad una vez superan la zona de rompiente, por lo que lo más eficaz suele ser dejar que nos arrastre hasta que afloje. Una vez fuera de su influencia, podemos nadar en paralelo a la costa antes de dirigirnos de nuevo a la orilla.

Otra opción válida es nadar hacia zonas donde las olas rompen. Allí, el agua avanza hacia tierra y puede ayudarnos a regresar. En cualquier caso, la clave es evaluar la situación, conocer nuestras capacidades y escoger la estrategia más segura en cada momento.

Fomentar una cultura de seguridad, identificar las zonas de riesgo y entender cómo actúan estas corrientes son pasos esenciales para reducir los ahogamientos y disfrutar del mar con respeto y conocimiento.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Corrientes de resaca: saber cómo y cuándo se forman puede salvarnos la vida – https://theconversation.com/corrientes-de-resaca-saber-como-y-cuando-se-forman-puede-salvarnos-la-vida-269833

La violencia que aprendemos a mirar: series juveniles y responsabilidad social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Fotograma de la serie _Euphoria_ donde aparece Zendaya, su protagonista. HBO

Las series se han convertido en uno de los dispositivos culturales más influyentes de nuestro tiempo. No solo porque acumulan millones de visualizaciones, sino porque intervienen directamente en la manera en que la sociedad interpreta la violencia, el sufrimiento y la responsabilidad colectiva, como ocurre en el caso de Adolescencia. Ya no estamos únicamente ante productos de entretenimiento: estamos ante relatos con efectos sociales medibles.

Tráiler de la serie Adolescencia.

Desde la investigación académica en comunicación, ética y cultura digital se observa una tendencia significativa: muchas de estas narrativas construyen un marco estético y emocional en el que la violencia deja de ser un acontecimiento excepcional para integrarse en lo cotidiano.

No se muestra de forma explícita ni espectacular, sino envuelta en una estética cuidada, íntima e incluso amable. Esta combinación de visualidad pulida y contenido profundamente perturbador no es inocente. Un ejemplo de este marco estético aparece en secuencias cotidianas ambientadas en espacios domésticos o escolares, filmadas con luz suave, encuadres estáticos y un ritmo pausado.

En Adolescencia, escenas aparentemente triviales –una conversación en la cocina, un trayecto en autobús o un pasillo escolar en silencio– se convierten en el escenario donde se filtra el malestar, sin necesidad de mostrar la violencia de forma directa. La calma visual contrasta con la gravedad de lo que se sugiere, integrando el conflicto en la rutina diaria y naturalizando su presencia.

Belleza visual en consumo de drogas

Algo similar ocurre en Euphoria, donde situaciones de abuso, autolesión o consumo de drogas se integran en escenas de gran belleza visual, con una fotografía estilizada, colores saturados y una puesta en escena cuidadosamente coreografiada.

Tráiler de la tercera temporada de Euphoria

La violencia y el malestar no aparecen como rupturas excepcionales del relato, sino como parte del día a día de los personajes, envueltos en una estética que resulta emocionalmente atractiva para el espectador, incluso cuando representa experiencias profundamente perturbadoras.

Las evidencias científicas indican que estas producciones operan a través de una ambivalencia ética estructural: invitan al espectador a empatizar intensamente con el dolor, pero sin proporcionarle herramientas suficientes para interpretarlo críticamente ni para situarlo en un marco claro de responsabilidades sociales, institucionales o políticas. El resultado es una experiencia emocional intensa, pero moralmente abierta y ambigua.

En este tipo de narrativas, presentes en distintas series juveniles recientes, la violencia se desplaza hacia los silencios, los primeros planos de rostros devastados, la culpa que no encuentra causa ni solución y la impotencia de familias, escuelas y autoridades. Este patrón no se limita a un solo título, sino que se repite en producciones que integran el conflicto en la experiencia cotidiana de los personajes.

Conmoverse para seguir consumiendo

El espectador no es llamado a comprender las raíces del conflicto ni a cuestionar los sistemas que lo producen, sino a sentir, conmoverse y seguir mirando. El sufrimiento se transforma en un recurso narrativo eficaz, capaz de generar atención, conversación y consumo continuado.

Este modelo encaja con la lógica de las plataformas digitales, donde el impacto emocional sostenido, la ambigüedad y el debate maximizan la permanencia y la rentabilidad.

En este sentido, las plataformas no actúan únicamente como intermediarias culturales: funcionan como agentes de socialización, influyendo en la manera en que se normalizan la violencia, el malestar y la fragilidad institucional.

Un aspecto especialmente relevante del análisis, señalado por estudios recientes, es el modo en que estas narrativas desplazan la responsabilidad. En lugar de situar la violencia en causas estructurales claramente identificables, construyen una culpa difusa que recae simultáneamente sobre familias, escuelas e instituciones desbordadas. Este reparto emocional de la responsabilidad genera una sensación de impotencia colectiva que, lejos de activar el debate público, puede contribuir a la parálisis social.

Desde una perspectiva de política pública, el riesgo no está en mostrar realidades incómodas, sino en habituar a la ciudadanía, y especialmente a los jóvenes, a convivir con ellas sin claves de interpretación. Cuando la violencia se consume como experiencia estética, se debilita la frontera entre empatía y banalización. Y cuando esa frontera se erosiona, la capacidad crítica de la sociedad se resiente.

En el Reino Unido, este debate ya ha comenzado a trasladarse al ámbito educativo. Algunas series juveniles recientes como Adolescencia han sido recomendadas o utilizadas como material de apoyo en contextos escolares para abordar cuestiones como la violencia juvenil, la salud mental o la convivencia, bajo la premisa de que su impacto emocional puede favorecer la reflexión y el diálogo.

No obstante, diversos análisis advierten de que, sin una mediación pedagógica clara y objetivos formativos definidos, este tipo de iniciativas corre el riesgo de confundir la potencia emocional del relato con una intervención educativa eficaz, trasladando a la ficción responsabilidades que corresponden a las políticas públicas y a la acción institucional.

Por ello, la alfabetización mediática ya no puede seguir tratándose como una competencia secundaria o meramente técnica. Es necesario integrarla de forma explícita en las políticas públicas educativas: incorporar la ética audiovisual en los currículos, reforzar la formación del profesorado en lectura crítica de narrativas digitales y promover una mayor corresponsabilidad de las plataformas como actores culturales con impacto social. No se trata de censurar ni de prohibir, sino de formar ciudadanía crítica en un ecosistema mediático dominado por la emoción.

La responsabilidad de las plataformas

Junto a la alfabetización mediática, este debate interpela también a las propias plataformas. Como actores centrales en la circulación y promoción de contenidos, su responsabilidad no se limita a ofrecer acceso, sino que incluye decisiones editoriales, sistemas de recomendación y políticas de visibilidad que influyen directamente en qué narrativas se consumen y en qué condiciones. Incorporar criterios éticos en estos procesos forma parte del debate público pendiente sobre la gobernanza de la cultura digital.

En este sentido, trasladar el conocimiento generado por la investigación académica al debate público se vuelve fundamental para dotar a la ciudadanía de herramientas críticas frente a narrativas audiovisuales cada vez más influyentes.

Porque cuando la violencia se vuelve normal en las pantallas, el verdadero riesgo es que también lo haga en nuestra forma de entender el mundo.

The Conversation

Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La violencia que aprendemos a mirar: series juveniles y responsabilidad social – https://theconversation.com/la-violencia-que-aprendemos-a-mirar-series-juveniles-y-responsabilidad-social-273151