Cuando los subtítulos y el doblaje de una película no coinciden (ni tienen por qué)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta González Quevedo, Profesora de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

En _Cantando bajo la lluvia_ el personaje de Debbie Reynolds acaba teniendo que doblar a la protagonista de la película que están rodando. IMDB

La necesidad de traducir películas es tan antigua como el cine sonoro. Desde principios de los años 20 del siglo pasado se empezaron a escuchar, casi como si fuera magia, las voces de los personajes que se veían en la pantalla grande.

Sin embargo, con esa nueva tecnología, surgió también un nuevo problema: “¿qué estaban diciendo esos actores y actrices?”. En la mayoría de las películas se hablaba inglés, pues Hollywood era uno de los mayores exportadores de la época, por lo que, en nuestro caso, para aquellos que no conocían el idioma hacía falta “trasladarlo” al español.

Hay muchas formas (llamadas modalidades) de traducir un filme o una serie, pero las dos más conocidas son el doblaje y el subtitulado.

Diferencias entre modalidades

Cuando hablamos de doblaje, entendemos que, al ver el producto audiovisual, podemos escuchar las voces de los personajes en nuestro idioma tras haber sido traducidas y reinterpretadas por actores. Por el contrario, con los subtítulos escuchamos las voces originales y lo que dicen está escrito en pantalla, normalmente en el idioma del receptor, aunque puede ser también el mismo que se habla.

Muchas veces podemos elegir la modalidad que más nos guste en las salas de cine: en ocasiones preferimos disfrutar una película en nuestro idioma; en otras, queremos escuchar la actuación original. En casa, la mayor parte de las plataformas online ofrecen la posibilidad de elegir la versión que queramos.

Sin embargo, llegar hasta ese punto, hasta entender la película en un idioma diferente al que fue creada, es más difícil de lo que parece.

Los traductores audiovisuales no solo tienen que traducir lo que se dice, sino que deben ser muy cuidadosos con cómo se dice (el tono, el sentido, la ironía). Aunque importan mucho los diálogos, también lo hace la imagen, tanto los objetos que se ven en pantalla como los movimientos que hacen los actores u otros elementos. Por ejemplo, si un personaje asiente con la cabeza, no podemos traducir su frase en negativo. Tendremos que reformularla para expresarla en afirmativo, siempre dando la misma información que en el original.

¿Por qué a veces no coinciden?

Para complicarlo aún más, los elementos que hay que tener en cuenta no siempre coinciden en el doblaje y el subtitulado.

Cuando traducimos para doblaje, debemos analizar el movimiento de la boca de los actores, si ellos aparecen en pantalla o no, e incluso si hay una voz en off.

El subtitulado es algo diferente. Hay que tener en cuenta el espacio disponible en pantalla para escribir (¡no podemos llenarla de letras!) o la velocidad a la que aparecen y desaparecen las palabras, para que dé tiempo a leerlas bien. Entre otras cosas, se deben evitar las frases demasiado largas.




Leer más:
¿Cómo aprender y enseñar inglés a través de la traducción audiovisual?


A veces, las referencias culturales deben adaptarse al idioma del público y considerar si, en la escena que estamos traduciendo, hay algo en la imagen que requiera la atención del espectador.

Además, es necesario recordar que es imposible leer a la misma velocidad a la que hablamos. Por tanto, en un doblaje se puede dar mucha más información que en los subtítulos, que son escritos. ¿Eso significa que con ellos perderemos información importante? Definitivamente, no. Aunque los subtítulos deban resumir el contenido, los traductores profesionales saben cómo reescribir las frases para que no se pierda nada importante.

Por ejemplo, en inglés alguien comenta: “I’ll be right back” (que significa “Volveré enseguida”). En doblaje puede sonar “Ahora vuelvo” mientras que en los subtítulos puede poner “Vuelvo ya”. Todas las versiones dicen lo mismo, pero han sido adaptadas a cada formato.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


Preferencia personal

Sabiendo todo esto, ¿cuál es la forma “correcta” de ver un filme en un idioma diferente al nuestro? Pues no hay una respuesta acertada. O más bien, la respuesta es: “Ambas”.

Tanto la modalidad de doblaje como la de subtitulado, siempre que las lleven a cabo traductores profesionales, ofrecen la información y el cuidado necesarios. Además, cada una de ellas aporta beneficios diferentes. El doblaje es cómodo, y proporciona cercanía y naturalidad, ya que imita nuestra forma de hablar. El subtitulado permite ver las actuaciones reales de los actores, y puede mejorar nuestra lectura. ¡Incluso puede motivarnos a practicar un idioma!

La elección de una u otra no dependerá de cuál es mejor, sino de la voluntad del espectador y de la disponibilidad que exista. Incluso, en algunos casos, se pueden elegir ambas. Después de todo, el mundo audiovisual ofrece cada vez más posibilidades, ¿por qué no aprovecharlas todas?

The Conversation

Marta González Quevedo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando los subtítulos y el doblaje de una película no coinciden (ni tienen por qué) – https://theconversation.com/cuando-los-subtitulos-y-el-doblaje-de-una-pelicula-no-coinciden-ni-tienen-por-que-267771

Los parques no son solo para el verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Del Carmen Moreno Garcia, Profesora jubilada honorífica en el Área de Geografía Física, Universitat de Barcelona

Parque de la Ciutadella, en Barcelona. Nito/Shutterstock

Con las olas de calor del pasado verano en España, se ha hablado tanto sobre los refugios climáticos urbanos que incluso esa expresión se ha hecho ya popular entre los ciudadanos, oyéndose con frecuencia esos términos en cualquier conversación cotidiana.

Las redes de refugios climáticos existentes en algunas ciudades están integradas por diferentes espacios o equipamientos municipales, algunos interiores, como bibliotecas o centros cívicos, y otros exteriores, como parques, jardines o interiores de manzana. Es previsible que su número siga aumentando.

Es en este contexto cuando no está de más recordar las razones que explican por qué los parques y jardines urbanos siguen siendo el refugio climático natural por excelencia, el más sostenible. Tal como se ha comprobado para Barcelona, la mayoría de las personas adultas de más edad (54 %) prefieren utilizarlos de forma habitual para mitigar el calor. No obstante, también ofrecen en los meses más fríos otras ventajas socioambientales: mitigan el frío y el viento, mejoran la calidad del aire, atenúan el ruido y sirven de lugar de encuentro.

Árboles para el verano y árboles para el invierno

Los parques y espacios verdes desempeñan un importante papel en las ciudades, ya que amortiguan las oscilaciones de temperatura, aportan oxígeno a la atmósfera urbana, refrescan el aire y moderan las velocidades extremas de viento.

El diseño de la vegetación en los parques urbanos puede adecuarse para interceptar la radiación solar en situaciones de excesivo calor, o bien para no interferirla cuando lo que se desea es el efecto opuesto.

Los árboles, por ejemplo, interceptan cantidades de radiación solar directa que varían dependiendo de la densidad de su follaje, del tipo de copa y de si forman una capa o dosel suficientemente espeso. De la radiación que incide, una parte es reflejada (10-25%), mientras que entre un 15 y un 35 % queda absorbida por el árbol para utilizarla en los procesos de transpiración y fotosíntesis durante las horas de máxima insolación, dejando pasar, finalmente, entre un 30 y un 50 %.

Algunas especies de los géneros Acer y Quercus, como el arce y el roble, pueden llegar a absorber y reflejar en torno al 90 % de la radiación directa.

En los climas templados de latitudes medias, la necesidad de interceptar parte de la radiación solar directa varía según la época estacional. En los meses cálidos es deseable reducir al máximo la cantidad de radiación incidente que llega a la superficie. En cambio, en los meses fríos, será al contrario. Por esta razón son recomendables los grandes árboles de hoja caduca (plátano de sombra, almez, sófora, tipuana…), ya que se comportan como “persianas perfectas”: proporcionan sombra en verano y, en cambio, dejan pasar en mayor medida la radiación en invierno.

Plátanos de sombra.
Tiago Fioreze/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Efectos en la precipitación y el viento

El arbolado urbano también participa en el control de la precipitación, al interceptar una parte y, con ello, aminorar el impacto de las gotas en el suelo.

Los árboles y las plantas, debido al proceso de transpiración, desprenden vapor de agua a través de los estomas (poros) de las hojas, por lo que son indispensables para rehidratar el ambiente excesivamente seco del medio urbano.

Los árboles pueden reducir, asimismo, la velocidad del viento y crear áreas protegidas, interfiriendo en los procesos de enfriamiento del aire por la evaporación. Con ellos se puede controlar el viento ya sea por obstrucción, conducción, desviación o filtración. El efecto y el grado de control varían, en todo caso, con el tamaño de las especies, así como con su forma y densidad. Árboles de hoja perenne, como los cipreses, se emplean como cortavientos.

Amortiguación de la temperatura

La vegetación concentrada en los parques y jardines influye también directamente sobre la temperatura de la ciudad, amortiguando los valores elevados del verano y, en especial, disminuyendo la intensidad del efecto de la isla de calor urbano.

Mapa de temperaturas que muestra un color azul dentro del Parque de la Ciutadella por su temperatura más baja
Mapa de de temperaturas del Parque de la Ciutadella (Barcelona). El color azul indica temperaturas más frescas.
Moreno García y Baena (2019), CC BY-SA

Así, es frecuente que en los parques (sobre todo, si son de ciertas dimensiones) se observe una significativa disminución de la temperatura en comparación con los lugares edificados de alrededor. Este efecto queda reflejado en los mapas de temperaturas de algunas ciudades, donde los parques aparecen como islas, islotes o células de frescor, con una menor temperatura, una mayor humedad relativa y producción de oxígeno.

El efecto se deja sentir, sobre todo, con vientos débiles o en calma y en noches claras o despejadas, justo cuando la isla de calor urbana está bien desarrollada. En ocasiones, la diferencia térmica provoca ligeros flujos de aire fresco que se extienden por las calles próximas, llamados “brisas de parque”.

En las ciudades españolas este efecto microclimático se conoce particularmente bien en el caso de Madrid, con varios estudios sobre el Parque de El Retiro, la Casa de Campo y otros. En un parque característicamente urbano como El Retiro (120 hectáreas de extensión) es bastante frecuente la aparición de una célula fresca de varios grados de diferencia en relación con las temperaturas de los barrios limítrofes.




Leer más:
El Retiro de Madrid, un oasis urbano que actúa como climatizador frente al calor


De igual modo ocurre en el caso de Barcelona, con algunos de sus parques como el Turó Parc o el Parque de la Ciutadella. En este último, el más extenso de la ciudad (31 hectáreas), se ha llegado a medir a primeras horas de la noche una diferencia térmica de algo más de 5 °C entre un punto central del parque y las calles de su entorno.

Los parques urbanos son, por tanto, un elemento indispensable en el proceso de reverdecimiento de las ciudades. Un auténtico refugio climático natural que hay que seguir cuidando y fomentando.

The Conversation

María Del Carmen Moreno Garcia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los parques no son solo para el verano – https://theconversation.com/los-parques-no-son-solo-para-el-verano-268258

Reptiles, los grandes olvidados: cómo mejorar su bienestar ayuda a cambiar su mala imagen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Bartolomé, Investigadora Doctora en Etología y Bienestar Animal, Universitat de València

Una familia de escincos (_Egernia stokesii_) en el zoo de Londres. Alicia Bartolomé, CC BY-SA

Los reptiles tienen mala reputación. ¿Cuántas veces hemos visto a una serpiente como símbolo del mal u otro animal escamoso en el papel del villano? En Occidente solemos asociarlos con el pecado y la traición, imagen heredada de la tradición judeocristiana. Sin embargo, sería un error pensar que esta ha sido la visión predominante en todas las culturas. Cocodrilos, serpientes, tortugas… todos han sido dioses, guardianes o símbolos de transformación en distintos folclores.

A pesar de esta riqueza cultural, muchas creencias populares sobre reptiles siguen siendo negativas. Aunque el folclore haya influido en nuestra percepción, su impacto resulta difícil de precisar. De hecho, la aversión hacia los reptiles parece derivar de una combinación de factores evolutivos y socioculturales.

Estudios en primates sugieren que estamos predispuestos a temer ciertas características de las serpientes por su potencial peligrosidad. Por otro lado, la falta de expresiones faciales y su disimilitud con los humanos contribuyen a su percepción como animales extraños y poco inteligentes.

Por último, los reptiles son un grupo diverso del cual sabemos relativamente poco, algo que, junto a su mala imagen, puede influir en su trato.

Invisibles, pero presentes

Aunque suelen pasar desapercibidos frente a aves y mamíferos, los reptiles conviven con nosotros. En el último informe de la Unión Europea (2022) sobre animales utilizados en investigación, el 0,1 % fueron reptiles. Aunque parezca poco, implica a más de 4 500 individuos, un número que ha crecido casi un 200 % en cuatro años. Además, estos datos solo incluyen animales en procedimientos autorizados, excluyendo reptiles capturados temporalmente.

Este número indeterminado de animales es a menudo alojado en condiciones deficientes que no cubren sus necesidades básicas, un problema que no solo afecta a animales retenidos transitoriamente. Los reptiles mascota o que habitan en zoológicos suelen pasar toda su vida en cautividad. Aunque escasos, varios estudios indican que sus necesidades rara vez se satisfacen, derivando en problemas de salud o comportamentales, como la interacción repetitiva con los cristales del terrario, que puede provocar lesiones en el hocico.

Estrategias para mejorar su bienestar

El enriquecimiento ambiental surgió para paliar estas deficiencias y ofrecer a los animales algo que hacer en entornos apenas cambiantes. Hoy es un campo de estudio y una herramienta para mejorar su bienestar. Sus objetivos van más allá de paliar carencias: buscan que los animales prosperen.

En la práctica, implica añadir cambios en el entorno (juguetes, estructuras, estimulación sensorial o social) que promuevan comportamientos naturales. La clave no está solo en introducir cambios, sino en ajustarlos a las necesidades específicas de cada especie y comprobar que realmente mejoran su bienestar.

El entrenamiento se considera una forma de enriquecimiento. En la imagen, un cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus) está siendo entrenado para esperar a escuchar un silbato antes de lanzarse a por la comida.
Alicia Bartolomé, CC BY-SA

En un estudio derivado de mi tesis doctoral abordamos la escasa atención que los reptiles han recibido en este campo. Primero, contactamos con zoológicos europeos para evaluar cómo aplican el enriquecimiento. Aunque la mayoría lo llevaban a cabo, muchas de las prácticas llamadas de “enriquecimiento” no iban más allá de cubrir necesidades básicas, como mantener un gradiente térmico adecuado.

A continuación, diseñamos y evaluamos propuestas de enriquecimiento para dos especies de lagartijas del género Podarcis. Uno consistió en introducir en los terrarios olores (en trozos de papel) de otros individuos, estímulos naturales que estas lagartijas exploran diariamente en el campo. Otro consistió en un tocón de madera con agujeros que las lagartijas debían trepar y explorar para encontrar comida. Por último, incrementamos la complejidad estructural y térmica del terrario, añadiendo plataformas a diferentes alturas.

Para evaluar los efectos del enriquecimiento sobre el bienestar de las lagartijas, observamos su comportamiento. Cuando el terrario estaba enriquecido, se rozaban menos contra el cristal, reduciendo el riesgo de lesiones. También dedicaban más tiempo a moverse y sacar la lengua, comportamientos que reflejan un aumento de la exploración en respuesta a nuevos estímulos. Los animales tenemos una motivación innata por investigar y obtener información, y esa exploración puede resultar gratificante por sí misma.

Además, también medimos la corticosterona, una hormona del estrés (como el cortisol) que puede analizarse en heces de forma no invasiva. Vimos que sus niveles aumentaban con el tiempo en cautividad, excepto durante las fases de enriquecimiento, lo que sugiere que este atenúa la respuesta al estrés. Aunque preliminares, los datos apuntan a un impacto fisiológico positivo del enriquecimiento en estas lagartijas.

Un macho de lagartija roquera (Podarcis muralis) en el laboratorio, subido al tocón nutricional, uno de los enriquecimientos evaluados.
Alicia Bartolomé, CC BY-SA

Un largo camino por recorrer

Los hallazgos pueden contribuir a mostrar lo errónea que es la imagen estereotipada de los reptiles. La evidencia indica que son animales con capacidades cognitivas y vidas sociales complejas –exhibiendo incluso conductas de juego– y que tienen más necesidades de las que les reconocemos.

Aunque quede mucho por hacer, los reptiles y otros animales tradicionalmente ignorados despiertan cada vez más interés. La situación actual así lo exige. La mayoría de reptiles cautivos provienen del comercio de especies, un negocio rentable para algunos, pero que se cobra muchas vidas.

Hasta un 36 % de las especies de reptiles son comercializadas, a menudo de manera ilegal. De muchas, apenas conocemos nada de su biología y comportamientos, y sin embargo comerciamos con ellas como si fuesen objetos de colección. Su sufrimiento queda en segundo plano: antes de su venta, los ejemplares son mantenidos en condiciones insalubres, sin considerar requerimientos de espacio, nutrición, temperatura o humedad.

Tras su venta, la tasa de muerte prematura supera el 70 %. Además de los problemas de bienestar, el comercio de animales exóticos también produce perjuicios ecológicos, como la sobreexplotación o la introducción de especies invasoras.

En este contexto, el enriquecimiento ambiental es una oportunidad para educar y concienciar, ayudando a comprender mejor el comportamiento, capacidades y necesidades de animales a menudo ignorados. Mientras sigamos manteniendo animales en cautividad, garantizar su bienestar será nuestra obligación moral.


Artículo ganador del I Premio de Comunicación Científica de la Universitat de València en la modalidad de Ciencias Básicas


The Conversation

Alicia Bartolomé ha recibido fondos del Ministerio de Universidades (contrato predoctoral).

ref. Reptiles, los grandes olvidados: cómo mejorar su bienestar ayuda a cambiar su mala imagen – https://theconversation.com/reptiles-los-grandes-olvidados-como-mejorar-su-bienestar-ayuda-a-cambiar-su-mala-imagen-268312

Si me ‘baiteas’ te ‘bursteo’: cómo puede influir el léxico de los videojuegos en el idioma español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iván Ramírez Sánchez, Profesor de Lengua española, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

La industria del videojuego ha experimentado en las últimas décadas un crecimiento exponencial. En España, en 2023 el sector facturó más de 152 000 millones de euros contando las transacciones en tres plataformas: consolas, móviles y ordenador. A nivel global, son 3 422 millones de personas las que dedican parte de su ocio a estas actividades, un 4,5 % de la población mundial. Si agrupamos los habitantes de Estados Unidos, China y la India todavía nos faltarían 200 millones de personas para acercarnos a esa cifra.

La lengua es un reflejo de la sociedad y también de los cambios en tendencias, gustos y hábitos de los hablantes. En la vigesimosegunda edición del Diccionario de la lengua española, de 2001, se añadió la palabra videoconsola con el sentido de ‘consola para videojuegos’.

En la actual edición se incorporaron, en el año 2022, la palabra videojugador y la variante videojugadora con el sentido de ‘persona que juega a videojuegos, especialmente de forma habitual’. Son pequeñas muestras de que el léxico vinculado a este sector va permeando poco a poco en el español general.

Los híbridos ortográficos

Desde el año 2020, se publica anualmente la Crónica de la lengua española. En estas obras las academias de la lengua tanto de España como de los países Hispanoamericanos tratan, entre otros asuntos, cuestiones actuales sobre la lengua y la literatura españolas. En la primera edición, el académico Salvador Gutiérrez Ordóñez dedica un capítulo a los híbridos ortográficos, es decir, palabras que tienen elementos de lenguas distintas y que, en ocasiones, presentan peculiaridades con respecto a su ortografía.

Dentro de este capítulo, Gutiérrez Ordóñez estudia el léxico de los jugadores de videojuegos y señala que, de manera regular, emplean híbridos ortográficos para referirse a procesos que ocurren dentro de la propia actividad. Lejos de lo que podría pensarse, esta práctica “no se trata de un fenómeno esporádico, sino de una técnica de formación muy común y generalizada”.

En inglés, es habitual que algunos sustantivos y verbos presenten la terminación –ing, como camping, footing u overbooking. Tal es el rendimiento de este sufijo que la lengua española, en ocasiones, permite crear híbridos que pasan por anglicismos camuflados, como puenting o, más recientemente, balconing. Lo que ocurre en ambos casos es que existe una base léxica española (puente y balcón, respectivamente), a la que se añade un sufijo de una lengua extranjera, –ing. Tenemos lo que Gutiérrez Ordóñez llama un híbrido ortográfico.

El caso de los videojuegos

La fórmula que emplean los gamers es inversa: se toma una base inglesa y se le añade un sufijo español que, sistemáticamente, parece ser –ear.

En una pequeña investigación que no pretende ser exhaustiva, Gutiérrez Ordóñez cita hasta diecinueve palabras formadas con este esquema: baitear (de bait ‘cebo’), banear (de ban ‘prohibir’), bindear (de bind ‘ligar’), bugeado (de bugs ‘errores’), burstear (de burst, ‘ráfaga’), carrear (de carry ‘arrastrar’), charmear (de charme ‘encanto, encantar’), chasear (de chase ‘perseguir’), craftear (de craft ‘elaborar’), dropear (de drop ‘soltar, dejar caer’), dupear (de dup ‘engañar’), farmear (de farming ‘cultivar’), feedear (de feed ‘alimentar’), ghostear (de ghost ‘fantasma’), grindear (de grind ‘moler’), junglear (de jungle ‘jungla’), kitear (de kite ‘cometa’), levelear (de level ‘nivel’), mainear (de main ‘principal’).

Pero hay que hacer algunos matices a su selección. La mayoría de estas palabras tienen un significado muy próximo al de la base inglesa, que de forma consistente se une al sufijo –ear para designar una práctica o acción. Por ejemplo, la palabra burstear se refiere a la acción de ‘causar una gran cantidad de daño en muy poco tiempo’. Es razonable pensar que la acepción de burst que se aplica en este contexto no sería sin embargo la que señala Gutiérrez Ordóñez, ‘ráfaga’, sino ‘reventar’, que suele ser lo que le ocurre al jugador o a un enemigo cuando le burstean.

Por otro lado, la palabra ghostear, que en la jerga juvenil y en el contexto de las relaciones sentimentales se suele entender –bajo la forma ghosting– como ‘cortar la comunicación con una persona sin explicación’, no se emplea con este sentido en el mundo que nos ocupa.

Es frecuente que los jugadores de videojuegos en línea profesionales sean también consumidores de streaming, por ejemplo en Twitch. Algunos de los mejores emiten sus partidas en directo, aunque estén compitiendo con otros. Y entre los espectadores, aficionados al videojuego o seguidores del streamer, pueden encontrarse precisamente los rivales, que aprovechan esta circunstancia para verlos al mismo tiempo que juegan contra ellos en directo, con el fin de aprovechar la ventaja que esto aporta. Esta práctica se conoce como ghostear o snipear (de sniper ‘francotirador’).

Las que ya se admiten

Desde luego, ni ghosting ni ghostear forman parte, de momento, del español general, pero hay otras candidatas que podrían dar el salto de categoría.

Banear significa ‘restringir a alguien el acceso a una plataforma o servicio’, de forma general, aunque también se aplica al contexto de los videojuegos. En un primer caso, banear alude a la restricción que se aplica a un jugador que emplea herramientas ilícitas en juegos en línea (lo que se conoce como cheats o hacks). Un segundo sentido se emplea en el contexto de un enfrentamiento entre jugadores que pueden usar varios personajes, y mutuamente banean a uno de esos individuos especialmente poderoso.

Ya hay ejemplos de palabras vinculadas a la tecnología formadas a partir de este mecanismo y recientemente añadidas al DLE. Son los casos de hackear (hack y –ear), textear (text y –ear), tipear (type y –ear), trolear (troll y –ear) o vapear (vape y –ear). En el Diccionario de términos de videojuegos recogemos 52 híbridos ortográficos con base inglesa y sufijo –ear. Serán los hablantes quienes juzguen si alguna de estas palabras merece formar parte del español general a través del medio más democrático que tiene la lengua: el uso.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Iván Ramírez Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Si me ‘baiteas’ te ‘bursteo’: cómo puede influir el léxico de los videojuegos en el idioma español – https://theconversation.com/si-me-baiteas-te-bursteo-como-puede-influir-el-lexico-de-los-videojuegos-en-el-idioma-espanol-266954

La selección: metáforas que nos confunden

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

HAKINMHAN/Shutterstock

Me van a decir que siempre hablo de inteligencia artificial y tienen razón. Lo hago sin querer, como una especie de exorcismo inconsciente, como si de tanto desgastar el término pudiera pulir y limpiar de todo eso que tiene que nos confunde. Empezando por la palabra “inteligencia” misma. ¿Qué ganamos y qué perdemos cuando la IA deja de ser un mero artefacto para convertirse, lingüísticamente, en un alter ego humano: un ente que “piensa”, “siente” e, incluso, “cuida” de las personas?

La ciencia (y eso incluye a la filosofía, que sería algo así como la ciencia del amor al conocimiento) se ha volcado en los últimos cinco años en analizar las complejas implicaciones que tienen las nuevas herramientas digitales en nuestras vidas. Pueden servir para algo tan bello como hacer poesía, pero también para fines perversos, como facilitar la pederastia en plataformas de videojuegos online. Tenemos que alertar sobre los riesgos, no para asustar a nadie, sino para dar la oportunidad a la gente de prevenirlos. Seguramente, en eso pensaba Günter Anders, conocido por sus colegas como “sembrador del pánico” y firme defensor de que la tecnología jamás será neutral.

Y es que la realidad, a veces, resulta incómoda, sobre todo cuando la producción de conocimiento está moldeada por intereses geopolíticos, desigualdades estructurales y presiones económicas. O cuando desafía mantras generalizados, como la falsa creencia de que tecnología es siempre equivalente a progreso. También tiene su cara oculta: puede emplear mano de obra barata en condiciones infrahumanas –los nuevos esclavos digitales–, tener un gran impacto medioambiental o trastocar la salud mental de jóvenes y adolescentes.

¿Pero quién es el responsable de hacer que los beneficios de la tecnología sean accesibles para todos y, al mismo tiempo, de protegernos de sus riesgos? Podemos empezar por hacer algunas cosas en nuestra esfera individual, sí. Pero el grueso de la tarea cae en los reguladores y, antes de eso, en todos estos investigadores que se lanzan a estudiar y producir evidencia sobre riesgos, consecuencias, novedades que los avances tecnológicos traen la sociedad. Necesitamos, sin duda, científicos más comprometidos y gobernantes mejor informados.

The Conversation

ref. La selección: metáforas que nos confunden – https://theconversation.com/la-seleccion-metaforas-que-nos-confunden-268736

¿Seguimos emigrando? Una fotografía del reciente éxodo español a Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iria Vázquez Silva, Profesora Ayudante doctora de Sociología, especialista en Estudios de Género, Universidade de Vigo

oatawa/Shutterstock

Han pasado 17 años desde el estallido de la gran crisis de 2008 que provocó, junto a una precariedad laboral galopante, la reciente ola de emigración de jóvenes (y no tan jóvenes) españoles hacia destinos europeos como Francia, Reino Unido o Alemania. Este éxodo difícil de cuantificar quedó retratado en el documental En tierra extraña (2014), de Icíar Bollaín, en el que una generación de españoles puede verse retratada.

Casi dos décadas después nos preguntamos: ¿seguimos emigrando?, ¿adónde?, ¿cuáles son los principales motivos de esta emigración?

Efectivamente, sabemos que la reanudación de la emigración desde España se produce de mano de la más reciente crisis económica entre 2008 y 2014, pero no se extingue en los años de bonanza. Así, tras la interrupción de la movilidad forzada por la pandemia, las salidas migratorias desde España se retoman con fuerza: más de medio millón de personas abandonan España en el año 2022 y unas 600 000 lo hacen en 2023.

Reemigrar para probar suerte

Muchas de estas personas emigrantes son, así mismo, inmigrantes que residían anteriormente en España, personas que reemigran y prueban suerte en un nuevo país europeo (una realidad menos conocida, pero muy relevante). Sin embargo, también hay muchas personas autóctonas españolas que emigran. Estas representan aproximadamente un 20 % del total de las salidas.

¿Y dónde van? Los destinos europeos son los preferidos. Y, dentro de estos, Francia, Reino Unido y Alemania despuntan, colocándose en las primeras posiciones, y representando un tercio de los movimientos.

En cuanto a la composición por sexo, los datos oficiales nos indican que emigran un poco más los hombres que las mujeres, pero no son diferencias de gran magnitud. Su edad media se sitúa en los 36 años, por lo que quizás no son tan jóvenes como se presume: las edades que predominan son las de personas adultas.

Pero ¿cuáles son sus planes? Nuestro trabajo Investigación y retorno de la “nueva emigración española” nos permite profundizar en los proyectos migratorios de la reciente emigración española postpandemia. En este sentido, se pueden detallar dos grupos claramente diferenciados: una parte de esta emigración ha retornado a España, aunque no necesariamente a sus localidades de origen, mientras que otra gran parte continúa anclada en Europa.

Qué ancla a los españoles en otros países

Y de ahí nuestras preguntas: ¿qué países aglutinan hoy esa emigración?, ¿qué explica que la nueva ola migratoria permanezca en Europa?, ¿qué variables de arraigo son fundamentales para comprender la permanencia en los países de destino?

Los motivos de ese anclaje en Europa pueden resumirse en tres tipos:

  • La consolidación de la carrera laboral y económica.

  • Las cuestiones vinculadas al ciclo de vida familiar (por ejemplo, tener pareja e hijos/as en destino).

  • Los motivos que, de un modo más bien involuntario, hacen imposible el regreso a España.

Así, algunas autoras como la socióloga Aleksandra Grzymala-Kazlowska han usado el concepto de “anclaje social” para referirse a cómo las personas emigrantes encuentran puntos de apoyo con el fin de restaurar su estabilidad socio-psicológica en los países de destino.

Su trabajo cuestiona ese perfil individualizado de adultos jóvenes “móviles” en Europa, señalando que esta reciente emigración busca experiencias vitales ancladas, ligadas a las condiciones materiales que moldean las vidas de los migrantes, preocupados principalmente por encontrar un buen empleo a largo plazo, seguridad financiera y estabilidad emocional.

Simplificando, podemos distinguir dos perfiles, aquellos que tienen motivos sólidos para permanecer en destino y los que más bien, a pesar de no tener anclaje en Europa, no encuentran motivos para retornar a España.

Es decir, por una parte encontramos aquellos emigrantes españoles satisfechos con su vida en Europa –a nivel laboral y personal– que han ido estableciéndose de modo permanente en Francia, Reino Unido y Alemania. Y, por otra, los que, aunque desearían regresar a España y no se sienten tan vinculados al país de destino europeo, no pueden materializar el retorno por diferentes razones.

Estas causas pueden ser pérdidas económicas o en derechos sociales, motivos familiares (descendencia y/o parejas mixtas), situaciones económicas vulnerables (por ejemplo, la necesidad de enviar remesas a España) o, por último, la certeza de una difícil integración laboral en España.

The Conversation

Antía Pérez-Caramés ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para la realización dos proyectos de I+D+I de cuyos resultados se inspira este artículo: “La nueva emigración desde España: perfiles, estrategias de movilidad y activismo político transnacional” (CSO2016-80158-R) y “Crisis, dinámicas migratorias y condiciones de vida de la población migrante en España. Análisis comparado de los efectos de la Gran Recesión y la Gran Pandemia” (PID2020-118716RB-I00).

Belén Fernández-Suárez recibe fondos para el proyecto “Digitalización del trabajo y movilidades en Europa: Migraciones de retorno y nomadismo digital (REMOTEWORK, PID2023-148842NB-I00) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Alberto Capote Lama y Iria Vázquez Silva no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Seguimos emigrando? Una fotografía del reciente éxodo español a Europa – https://theconversation.com/seguimos-emigrando-una-fotografia-del-reciente-exodo-espanol-a-europa-264651

Pantalla en modo claro o modo oscuro: ¿una cuestión estética o algo más profundo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ainhoa Apraiz Iriarte, Docente e investigadora en Innovación en Diseño Industrial, con especialización en Diseño de Interacción y Aceptación Tecnológica en Robótica., Mondragon Unibertsitatea, Mondragon Unibertsitatea

La interfaz de Spotify tiene el modo oscuro por defecto, lo que hace destacar los iconos y las carátulas. Kharis Ardi/Shutterstock

Instagram, WhatsApp, Gmail… todas las aplicaciones nos ofrecen la elección entre el modo claro o el modo oscuro. Puede parecer una simple cuestión de estética, incluso una moda pasajera, pero en realidad hay ciencia –y psicología– detrás de esta elección. ¿Qué nos lleva a preferir uno sobre otro? ¿Qué dice esta decisión sobre cómo percibimos la información?

En un mundo hiperconectado donde pasamos varias horas delante de las pantallas, la forma en la que vemos e interpretamos una interfaz es más importante de lo que parece. Y no solo por cuestiones de legibilidad, sino también por el impacto emocional, el esfuerzo visual y el contexto y el momento en el que interactuamos con cada dispositivo. Por eso, desde Mondragon Unibertsitatea decidimos investigar de forma experimental cómo reaccionan las personas ante estas dos opciones.

¿En qué consistió nuestro estudio?

Participaron 141 personas (77 mujeres, 62 hombres, una persona no binaria y una persona que prefirió no contestar), con edades comprendidas entre 18 y 61 años. A todas ellas se les mostraron imágenes reales de interfaces de uso diario (como Google, Word, Instagram, YouTube, etc.) en sus versiones en modo claro y modo oscuro.

Para analizar las preferencias, se utilizó el Test de Asociación Implícita (IAT), una herramienta de psicología social que permite detectar la fuerza de la asociación automática y no consciente de una persona, es decir, la opción que preferimos sin pensarlo demasiado.

¿Qué revelaron los datos?

Los resultados del experimento mostraron un pequeño efecto a favor del modo claro: las personas tendían a asociarlo más rápidamente con conceptos positivos como “profesional”, “ordenado” o “seguro”. Este patrón fue ligeramente más pronunciado en mujeres, aunque no se encontraron diferencias significativas entre géneros.

Sin embargo, cuando se preguntó de forma directa, la cosa cambió. En las respuestas conscientes, los hombres mostraron una mayor afinidad por el modo oscuro, mientras que las mujeres mantuvieron su preferencia por el claro. Las razones también fueron distintas. Quienes elegían la interfaz clara lo hacían, sobre todo, por motivos objetivos como la facilidad de lectura o la mejor visualización. En cambio, quienes elegían la oscura solían argumentar razones más subjetivas, como la estética, el estilo o una sensación más profesional.

En la respuesta directa, el 48,2 % prefirió el modo oscuro y el 43,3 %, el claro; por género, las mujeres mostraron mayor preferencia por este último (53,2 % frente a 41,6 %), mientras que los hombres se decantaron mayoritariamente por el oscuro (54,8 % frente a 32,3 %).

Estos resultados subrayan la importancia de diseñar opciones personalizables, es decir, probar temas en distintos contextos lumínicos, incluir ajustes rápidos (brillo, contraste) y parametrizaciones por usuario. Además, se recomienda analizar segmentos demográficos para evitar sesgos y favorecer la accesibilidad y el confort visual de toda la población usuaria.

¿Una moda pasajera o una preferencia real?

El auge del modo oscuro responde en parte a decisiones de diseño y contexto (contenido visual, baja iluminación), pero los datos indican que la preferencia no es homogénea: parte es tendencia y parte funcionalidad.

Cada vez más aplicaciones incluyen el modo oscuro por defecto, especialmente aquellas orientadas al ocio o al contenido visual. No es casualidad: apps como Spotify o Netflix apuestan por él porque mejora el contraste y hace que, por ejemplo, las carátulas o los vídeos destaquen más. Asimismo, al reducir el brillo, resulta más agradable en entornos con poca luz y contribuye a crear una atmósfera más inmersiva.

Algunos estudios también apuntan a que el modo oscuro podría alargar la batería en pantallas OLED y disminuir la fatiga ocular en condiciones de baja iluminación. Sin embargo, no siempre es la opción favorita de los usuarios. De hecho, muchas personas siguen utilizando el modo claro simplemente porque es el que viene activado por defecto.

Entonces, ¿cuál es mejor?

No existe un formato ideal para todas las personas ni para todas las aplicaciones. Y eso está bien. Depende del contexto de uso, del tipo de contenido y de lo que queremos que la interfaz transmita. Por ejemplo, en entornos profesionales como la banca, la salud o la educación, las interfaces claras siguen siendo mayoría: un fondo luminoso con texto oscuro evoca claridad, transparencia y familiaridad.

En cambio, en aplicaciones creativas, nocturnas o de consumo audiovisual, el modo oscuro ofrece una experiencia más envolvente y emocional. También puede tener un componente identitario: para algunas personas, significa estar “al día” o sentirse más cercanas a herramientas sofisticadas. Aquí, el diseño no solo informa: también comunica y expresa.

Por eso, más allá de las modas o de las preferencias individuales, lo importante es que el diseño se adapte a lo que realmente necesitamos. Y si la aplicación nos da la opción de elegir, mucho mejor.

Hoy en día, la mayoría de plataformas permiten cambiar fácilmente según la preferencia de la persona usuaria. Incluso, muchas detectan la configuración del sistema operativo para aplicar el tema de forma automática (por ejemplo, activando el modo oscuro al anochecer). Esta flexibilidad reconoce que no existe un “modo único” válido para todos los casos. La clave es que la app brinde una experiencia cómoda y consistente, ya sea “pasándose al lado oscuro” o permaneciendo en la interfaz clara tradicional, según lo que cada persona necesite.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Pantalla en modo claro o modo oscuro: ¿una cuestión estética o algo más profundo? – https://theconversation.com/pantalla-en-modo-claro-o-modo-oscuro-una-cuestion-estetica-o-algo-mas-profundo-264304

Dilemas del fútbol: los éxitos de los clubes frente a las Sociedades Anónimas Deportivas en la liga española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Torres-Pruñonosa, Profesor Titular de Universidad, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Afición del Osasuna, uno de los cuatro equipos españoles de fútbol que siguen manteniendo el estatus de club. Marta Fernandez Jimenez/Shutterstock

La industria deportiva en España no es solo pasión, estadios llenos y retransmisiones millonarias, también representa un 3,3 % del PIB nacional. Sin embargo, este sector vive atrapado en un dilema permanente: ¿priorizar la rentabilidad económica o los éxitos deportivos? La cuestión no es nueva. En 1990, la Ley 10/1990 del Deporte obligó a la mayoría de clubes a transformarse en sociedades anónimas deportivas (SAD) para combatir la elevada deuda que ponía en jaque la viabilidad de las competiciones. Solo cuatro instituciones –F.C. Barcelona, Real Madrid, Athletic Club y Osasuna–, y gracias a tener entonces sus cuentas saneadas, lograron mantener su modelo asociativo de club.




Leer más:
¿Necesita el Real Madrid cambiar su modelo de propiedad?


La intención de la ley era clara: imponer disciplina financiera y asegurar la sostenibilidad de un sector con deudas crecientes. La transformación en SAD pretendía conseguir un modelo de gestión donde la responsabilidad económica estuviera en primer plano.

¿Qué dicen los datos?

Hemos analizado el caso español para poner a prueba si el modelo de club es realmente menos eficiente que el de las SAD. Para ello, examinamos todos los equipos de LaLiga a lo largo de 11 temporadas, midiendo tres dimensiones:

  1. Eficiencia deportiva, relativa al rendimiento conseguido en el campo en relación con los recursos invertidos.

  2. Eficiencia económica, vinculada a la capacidad de generar ingresos y controlar gastos.

  3. Eficiencia social, que recoge el valor creado para diferentes grupos de interés (entre otros, sociedad, trabajadores o aficionados).

Los resultados del análisis muestran que, en el plano económico, no hay diferencias significativas entre clubes y SAD. Dicho de otra manera: convertirse en sociedad anónima deportiva no garantiza una mayor eficiencia financiera.

Esta conclusión resulta especialmente relevante porque uno de los objetivos centrales de la ley de 1990 era, precisamente, corregir la fragilidad económica de las entidades. Sin embargo, décadas después, las deudas han seguido acumulándose y el modelo SAD no ha logrado resolver los problemas estructurales que aquejan al fútbol profesional español.




Leer más:
¿Y si quebrase el Barça? Las implicaciones de ser una sociedad anónima deportiva


Dimensión deportiva y social

En cambio, al mirar más allá de lo puramente económico, las diferencias son claras. Los clubes resultan significativamente más eficientes en lo deportivo. Es decir, logran un mayor rendimiento en el campo con los recursos de los que disponen y, además, tienen niveles superiores de eficiencia social: crean más puestos de trabajo, aportan más recursos financieros a la sociedad en forma de impuestos, de entre otros factores.

En otras palabras, los clubes no sólo compiten con éxito en lo deportivo, sino que también demuestran que es posible mantener un modelo sostenible, competitivo y profundamente arraigado en su base social.

La nueva Ley 39/2022 del Deporte ha dado algunos pasos en esa dirección. Por un lado, ha reabierto la posibilidad de que más clubes puedan competir en el ámbito profesional sin estar obligados a ser SAD. Esto significa que podrán crearse nuevos clubes deportivos que, manteniendo la forma asociativa, puedan llegar a participar en las máximas divisiones. Por otro lado, la ley introduce tímidos mecanismos para incrementar la participación de los aficionados en los órganos de gobierno de las SAD. Estas medidas son más simbólicas que reales y resultan claramente insuficientes.

El futuro de la gobernanza deportiva

El futuro sólo puede entenderse avanzando hacia modelos híbridos de gobernanza, capaces de combinar eficiencia económica, logros deportivos y compromiso social. En ellos, los distintos grupos de interés –pero muy especialmente los aficionados– deberán tener un papel real y no meramente testimonial. Sólo así será posible afrontar los desafíos que marcan la agenda de la industria deportiva actual: la entrada de fondos de inversión y la multipropiedad, el riesgo de pérdida de identidad de los clubes históricos y las crecientes exigencias de sostenibilidad financiera que limitan la competitividad deportiva a nivel internacional.




Leer más:
¿Por qué surgió la Superliga y por qué fracasó en solo dos días?


Los clubes pueden ser igual o más eficientes que las SAD no sólo en lo deportivo sino también en su dimensión social. Lo importante no es la etiqueta jurídica, sino la capacidad de construir estructuras de gobernanza que integren sostenibilidad financiera, éxitos deportivos, legitimidad y compromiso comunitario. Ese es el gran reto: mantener viva la esencia social de los clubes, al tiempo que se asegure su competitividad en un mercado global cada vez más exigente.

The Conversation

Jose Torres-Pruñonosa es socio del Futbol Club Barcelona.

Socio abonado del Club Atlético de Madrid

Leire San-Jose no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dilemas del fútbol: los éxitos de los clubes frente a las Sociedades Anónimas Deportivas en la liga española – https://theconversation.com/dilemas-del-futbol-los-exitos-de-los-clubes-frente-a-las-sociedades-anonimas-deportivas-en-la-liga-espanola-265903

La captura ilegal de loros en Costa Rica nos enseña que crear áreas protegidas no basta para preservar la fauna silvestre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Romero Vidal, Investigador Biología de la Conservación, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Loro capturado en Costa Rica. Pedro Romero Vidal, CC BY-SA

A estas alturas, pocos dudan del profundo impacto que el ser humano está teniendo sobre el planeta. Basta con mirar a nuestro alrededor: encontrar un rincón no alterado por la acción humana resulta prácticamente imposible. Se estima que alrededor del 75 % de la superficie terrestre ha sido transformada por nuestras actividades, y no parece que nuestra especie esté pensando en bajar el ritmo.

Se habla con frecuencia del cambio climático, la pérdida de hábitats o la contaminación por plásticos, pero estos fenómenos son solo una parte de un problema mucho más amplio. Los impactos de las actividades humanas sobre los ecosistemas alcanzan hoy una magnitud comparable a las grandes crisis de biodiversidad que ha sufrido la Tierra a lo largo de su historia.

Comercio de fauna silvestre

El comercio de fauna silvestre representa una de las formas más perversas de sobreexplotación de la biodiversidad. Ya sea legal o ilegal, esta práctica tiene el potencial de provocar descensos drásticos en las poblaciones de numerosas especies. Y, a menudo, la frontera entre ambos tipos es difusa.

En lonjas de Cataluña, por ejemplo, se han detectado al menos cuatro especies de raya protegidas vendidas como si fueran legales, y la anguila europea –catalogada como en peligro crítico– continúa comercializándose con normalidad al amparo de la ley. En el caso del comercio ilegal, el reto es aún mayor: como cualquier otra actividad ilícita, es más difícil de controlar y extremadamente rentable.




Leer más:
La anguila: el animal más misterioso podría extinguirse antes de que logremos entenderlo


Al hablar de comercio ilegal de fauna, solemos pensar en elefantes abatidos por su marfil o en rinocerontes cazados por sus cuernos. Sin embargo, si atendemos al número de individuos traficados anualmente, cualquier mamífero se queda corto frente a los loros.

Captura y venta ilegal de loros

Loro de color verde con la frente roja sobre un alambre
Ejemplar de amazona frentirroja (Amazona autumnalis) en una casa.
Pedro Romero Vidal, CC BY-SA

Antes de la entrada en vigor de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que regula el comercio global de especies amenazadas, se exportaron legalmente millones de loros, muchos de los cuales están hoy al borde de la extinción.

Aunque actualmente la captura y comercio de loros de origen salvaje está prohibida en casi todo el mundo, cada año se siguen extrayendo ilegalmente millones de ejemplares para abastecer la demanda internacional o local de mascotas.

Solo en Bolivia, se estima que podrían capturarse entre 300 000 y 500 000 ejemplares anualmente. Si hablamos de América Latina, esta práctica tiene raíces profundas, anteriores a la llegada de los europeos, y sigue muy arraigada en la cultura local.




Leer más:
El comercio ilegal de loros es una amenaza mucho mayor de lo que pensábamos


Costa Rica: un ejemplo de conservación

Cuando se habla de países exitosos en la protección de la biodiversidad, Costa Rica suele aparecer en lo alto de la tabla. Este pequeño país centroamericano se considera un modelo a escala mundial: más del 26 % de su territorio está bajo alguna figura de protección.

Gracias a políticas pioneras de pago por servicios ambientales, a la creación de un amplio sistema nacional de áreas protegidas y a una firme apuesta por el ecoturismo, el país logró algo poco común en el trópico: detener la deforestación y, con el tiempo, invertir la tendencia. Hoy, los bosques cubren de nuevo una parte sustancial del territorio, convirtiendo a Costa Rica en un referente internacional en materia de gestión ambiental.

Aunque solemos pensar que basta con declarar un área protegida para garantizar la conservación de la biodiversidad que alberga, la realidad es muy distinta. Estos espacios, por más extensos que sean, no están aislados de lo que ocurre en su alrededor: la caza furtiva, la tala y el comercio ilegal siguen penetrando en ellos. Y en este aspecto, lamentablemente, Costa Rica no es una excepción.

Proteger los hábitats es necesario, pero insuficiente

En un estudio reciente realizado en Costa Rica, un equipo de investigadores de distintos centros y universidades españolas hemos analizado el estado de las poblaciones de loros nativos. Los resultados muestran que, pese a las políticas de conservación y la extensa red de áreas protegidas, el comercio ilegal de loros sigue muy presente.

Dos loros verdes en una jaula
Una catita churica (Brotogeris jugularis) y un perico frente naranja
(Eupsittula canicularis) capturados en una jaula.

Pedro Romero Vidal, CC BY-SA

A lo largo de casi 2 000 kilómetros de recorridos de censo, detectamos loros nativos mantenidos como mascotas en cerca del 90 % de las localidades visitadas. Y no se trata de casos aislados: en el 80 % de las viviendas encuestadas se habían tenido –o aún se tenían– ejemplares capturados ilegalmente. Muchos pertenecían a especies amenazadas, como guacamayos y amazonas, extraídos de la naturaleza muy por encima de su disponibilidad en el medio silvestre. Este patrón podría empujar a sus poblaciones hacia un punto de no retorno, como ya ocurrió con el guacamayo de Spix –la especie que inspiró la película Río–, desaparecido en estado salvaje en parte por la captura ilegal.

La conservación de la fauna silvestre no puede reducirse a trazar líneas en un mapa y declarar áreas protegidas. Proteger los hábitats es necesario, pero insuficiente si no se afrontan también las actividades humanas responsables de la pérdida de especies, como la captura y el comercio ilegal de fauna.

De hecho, muchas de las localidades donde se registraron mascotas ilegales se encontraban junto a áreas protegidas. En ellas, los vecinos se mostraban orgullosos de las políticas ambientales del país, incluso mientras mantenían en sus hogares ejemplares de especies nativas capturadas ilegalmente, a veces a escasos metros de carteles que advertían sobre este delito. Un recordatorio claro de que conservar la naturaleza no depende solo de leyes y reservas, sino también de educación ambiental y, en el caso de América Latina, de ofrecer alternativas a una costumbre tan profundamente arraigada como tener perros y gatos en Europa.

The Conversation

Pedro Romero Vidal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La captura ilegal de loros en Costa Rica nos enseña que crear áreas protegidas no basta para preservar la fauna silvestre – https://theconversation.com/la-captura-ilegal-de-loros-en-costa-rica-nos-ensena-que-crear-areas-protegidas-no-basta-para-preservar-la-fauna-silvestre-266689

La vida universitaria provoca menos ansiedad si tenemos autoestima y sentido de la coherencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Ángel Palomino Moral, Chair professor, Universidad de Jaén

Drazen Zigic/Shutterstock

En la etapa universitaria adquirimos nuevos conocimientos, forjamos amistades profundas, nos asomamos a las posibilidades profesionales… Pero también podemos ver tambalearse nuestra salud mental.

Diferentes investigaciones indican que entre el 30 y el 60 % de los estudiantes universitarios sufre ansiedad. Tiene sentido si consideramos que la vida universitaria representa un reto de adaptación y equilibrio, en la que se manifiestan diversos estresores que requieren atención y esfuerzo mantenido: clases, horarios, contenidos diversos según asignaturas, relaciones con compañeros y profesorado, retos económicos, nuevas responsabilidades… Además, la gestión adecuada y equilibrada del tiempo de estudio, ocio y descanso no suele ser sencilla, lo que puede afectar al bienestar y calidad de vida del estudiantado.

En un estudio que hemos desarrollado sobre una muestra representativa de 530 estudiantes andaluces –el 56,6 % mujeres, con una edad media de 20,11 años–, más del 60 % presentó niveles de ansiedad clínicamente relevantes, con puntuaciones más altas en las chicas. Los datos reflejaron que la ansiedad aumentaba cuando los estudiantes presentaban escasa autoestima y falta de sentido de la coherencia (SOC), definido como la capacidad que tienen las personas para percibir la vida como comprensible, manejable y significativa.

Cuando el estrés deja de ser adaptativo

Desde la perspectiva de los psicólogos Richard Lazarus y Susan Folkman, la ansiedad se entiende como una respuesta emocional derivada de la valoración cognitiva que la persona hace de su situación personal. Así, la vida universitaria puede ser estimulante, atractiva y desafiante para unos, o amenazante y excesiva para otros. Dicho de otro modo, no pesan tanto las demandas externas sino cómo la persona las interpreta, las evalúa y construye sus respuestas.

Si el estudiante considera que una demanda académica, social o personal supera sus capacidades, aparece la ansiedad como señal de desajuste. En este sentido, la ansiedad puede entenderse como un indicador de desequilibrio entre las exigencias del entorno y los recursos de afrontamiento disponibles, lo que hace necesario reforzar recursos protectores como el apoyo social, el sentido de coherencia, el afrontamiento funcional (basado en la solución de problemas, la aceptación y la reinterpretación positiva) o la autoestima.

El sentido de coherencia y la autoestima funcionan como escudos psicológicos

Analizando las trayectorias de los estudiantes que participaron en nuestro estudio, identificamos que hay dos elementos que nos protegen frente a la ansiedad: el SOC y la autoestima. En cualquier contexto, estos dos rasgos actúan como mecanismos psicológicos de integración, que nos protegen emocionalmente, amortiguan el impacto de los estresores y permiten una interpretación más comprensible, manejable y significativa de las exigencias y demandas externas.

Otra conclusión interesante es que tanto el SOC como la autoestima están más presentes cuanto mayor es el apoyo social y más positiva es la dinámica familiar positiva de los estudiantes.

Preparados para resistir a la sobrecarga académica y la presión social

La sobrecarga académica, la inadecuada planificación del proceso de estudio y aprendizaje, la presión social o las dificultades económicas pueden hacer a los estudiantes caer en la ansiedad si no están emocionalmente preparados.

Tradicionalmente, los enfoques de intervención sobre la ansiedad se han centrado en identificar el problema (una vez aparece) y los síntomas. Sin embargo, el llamado modelo salutogénico de Aaron Antonovsky ofrece una perspectiva alternativa: identificar los recursos que promueven la salud, el desarrollo humano, la capacidad de respuesta o la adaptación. Es decir, prevenir (dotando de herramientas psicológicas) mejor que curar, haciendo al estudiantado más resistente a las situaciones estresantes gracias al apoyo social, un funcionamiento familiar sano y buenas dosis de autoestima.

La autoeficacia y el optimismo también nos protegen

En la jerga se habla de Recursos Generalizados de Resistencia (GRR) para referirse a aquellos recursos internos y externos que permiten a los estudiantes comprender, manejar y dar sentido a las tensiones de la vida universitaria. Dos de los recursos internos más poderosos son el SOC y la autoestima, pero también se incluyen en la lista la autoeficacia (creencia en las propias capacidades), el optimismo, la resiliencia o las habilidades de afrontamiento activo del estrés y manejo de problemas.

En cuanto a los recursos externos, se refieren a aquellos relacionados con la red y el entorno del estudiante: el apoyo social, la red de ayuda de proximidad a partir de amigos y compañeros, las relaciones familiares funcionales, la pertenencia a grupos, las asociaciones, etc. Al aportar ayuda incondicional al estudiante, refuerzan su capacidad de manejar las demandas.

También las relaciones positivas con docentes y la mentoría pueden contribuir a evitar que la ansiedad aparezca. La propia institución universitaria puede contribuir a crear contextos académicos saludables, significativos y accesibles mediante los programas de tutorización, apoyo psicológico, orientación académica y mentoría.

Así se crea un ecosistema facilitador del bienestar emocional en el marco de una cultura participativa, orientada al desarrollo humano, que debe estar cimentada en valores compartidos de respecto, esfuerzo, equidad, solidaridad e inclusión donde la salud también es un valor conectado con la sostenibilidad y el desarrollo humano.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La vida universitaria provoca menos ansiedad si tenemos autoestima y sentido de la coherencia – https://theconversation.com/la-vida-universitaria-provoca-menos-ansiedad-si-tenemos-autoestima-y-sentido-de-la-coherencia-266694