¿A qué edad empezamos a ser personas maduras? Cómo la longevidad está cambiando el mapa vital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Roman Samborskyi/Shutterstock

La vida, entendida como reparto de tiempos, decisiones y expectativas, ya no se parece a lo que fue. Durante décadas dimos por sentado que la vida avanzaba siguiendo un mapa fijo: estudiar, formarse, trabajar, formar una familia, jubilarse. Una secuencia lineal, ordenada y relativamente predecible. Sin embargo, en los últimos años ese mapa ha empezado a desdibujarse. La longevidad crece, la natalidad cae, el trabajo se transforma, las familias se retrasan y la neurociencia revela que maduramos más tarde de lo que creíamos. Con ello, la etapas de la vida ya no duran lo mismo ni significan lo mismo.

Hoy vivimos más y también vivimos distinto. Durante toda nuestra vida el cerebro humano pasa por fases diferentes. Estos ciclos se dan gracias a los hitos conseguidos durante los años y que se acompañan de unas experiencias concretas. Cada hito y etapa se puede identificar por conocimientos específicos adquiridos a través de vivencias determinadas. Así, podemos ver que estos cambios no responden a patrones unifomes, se dan cuando la persona experimenta acontecimientos específicos que son significativos. Ejemplos de estos hitos pueden ser: terminar los estudios, independizarse, formar una familia, la compra de la casa o el coche, entre otros.

Hasta hace unas décadas se podía observar que el paso por estas etapas se daba de manera generalizada en rangos específicos de edad. Hoy en día, la situación socioecónomica y demográfica no es la misma y esto ha cambiado. Pero ¿cómo influye esta realidad en nuestra biología?

Más vida, menos prisa

Gracias a los avances médicos, nutricionales y tecnológicos, las personas no solo vivimos más, sino mejor. La esperanza de vida supera en muchos países los 85 años y la llamada “vida útil” se estira: seguimos física y cognitivamente activos mucho más tiempo que generaciones anteriores. Este fenómeno, que algunos expertos denominan paso de una sociedad envejecida a una sociedad de longevidad, implica que las fronteras entre juventud, madurez y vejez se vuelven más difusas.

La ciencia del cerebro refuerza este cambio. Investigaciones recientes muestran que la corteza prefrontal, responsable del juicio y de la planificación, termina de madurar entre los 25 y los 30 años, mucho después de lo que se pensaba. Por eso algunos estudios hablan ya de una “adolescencia extendida”, que no terminaría a los 18, sino más cerca de los 30. En otras palabras: no solo vivimos más años, sino más etapas dentro de esos años.

Menos nacimientos, más decisiones aplazadas

A este alargamiento vital se suma otra tendencia: la natalidad desciende en casi todos los países desarrollados. Las familias se forman más tarde, si es que se forman. La edad media del primer hijo no deja de aumentar. El resultado es una pirámide poblacional transformada: menos niños, más adultos mayores, y una población con más longevidad que juventud.

Este aplazamiento generalizado de decisiones (tener hijos, emanciparse, estabilizarse laboralmente), alarga la juventud, complica la entrada en la adultez y hace que las transiciones vitales ya no ocurran al mismo tiempo para todas las personas. La norma hoy es la diversidad de ritmos.

Trabajo, reinvención y trayectorias no lineales

La prolongación de la vida activa también está redibujando el mercado laboral. La fórmula clásica (estudiar 20 años, trabajar 40 y jubilarse a los 65) se ha roto. Ya no encaja en un mundo en el que la longevidad aumenta, la tecnología desplaza empleos y la reinvención profesional se vuelve imprescindeble.

Cada vez más personas cambian de ocupación a los 40 o 50 años, continúan formándose, emprenden, se reinventan. Para muchos, la llamada “segunda juventud profesional” es una realidad: un tramo vital de descubrimiento y oportunidad que antes no existía.

En paralelo, la jubilación deja de ser un punto final. Se convierte en una transición flexible: algunas personas trabajan más allá de los 67, otras emprenden proyectos, otras alternan descanso y actividad. Donde antes había un cierre definitivo, hoy hay múltiples caminos.

La unidad tradicional de etapas (infancia, juventud, adultez y vejez) ha dado paso a una constelación de microfases:

  • Infancia más estimulada, pero no necesariamente más larga.

  • Juventud extendida casi hasta los 30.

  • Adultez que empieza más tarde y se vuelve más diversa.

  • Envejecimiento dividido entre una vejez activa (65-80) y una vejez avanzada (80+).

Las decisiones vitales ya no están ordenadas cronológicamente. Algunas personas estudian con 50, otras emprenden con 60, otras se reinventan con 35 y otras deciden no seguir un camino convencional. La flexibilidad amplía las oportunidades, pero también multiplica las dudas.

El desafío social: adaptar las instituciones a vidas más largas

¿Cuando empieza la edad adulta? ¿En qué momento se espera estabilizarse? ¿Qué significa “envejecer” cuando a los 70 se sigue activo? Si la vida cambia, también deben cambiar nuestras instituciones. La escuela, la universidad, las empresas, el sistema de pensiones, la sanidad, la vivienda… todos fueron diseñados para una vida más corta y lineal. Hoy deben enfrentarse a nuevas preguntas:

  • ¿Cómo organizar el trabajo cuando tres generaciones conviven en el mismo equipo?

  • ¿Cómo sostener un sistema de pensiones en sociedades con menos nacimientos?

  • ¿Cómo adaptar la educación para que forme a personas que necesitan reciclarse cada 10 años?

  • ¿Cómo garantizar un envejecimiento activo y digno en poblaciones cada vez más longevas?

El futuro no será de quién viva más, sino de quienes sepan rediseñar la vida en función de estos cambios.

El alargamiento de la vida no es solo un dato demográfico: es un cambio en la civilización. Nos obliga a reconsiderar qué significa ser joven, adulto o mayor. A entender que la vida ya no es una línea recta, sino un viaje flexible, con etapas reversibles, decisiones aplazadas y oportunidades múltiples.

Vivir más debería ser sinónimo de vivir mejor: con más aprendizaje, más relaciones, más proyectos y más libertad para elegir. Y para que eso sea posible, nuestras instituciones, nuestra cultura y nuestras propias expectativas deben actualizarse.

Porque vivir más años no es el reto. El reto es reimaginar la vida que queremos vivir dentro de esos años.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿A qué edad empezamos a ser personas maduras? Cómo la longevidad está cambiando el mapa vital – https://theconversation.com/a-que-edad-empezamos-a-ser-personas-maduras-como-la-longevidad-esta-cambiando-el-mapa-vital-271169

Cuando la inteligencia artificial se convierte en confidente: riesgos y oportunidades para la salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pere Castellvi Obiols, Profesor lector del Área de salud pública del Departamento de Medicina, Universitat Internacional de Catalunya

Visual Generation/Shutterstock

Un informe de la ONG Plan Internacional revela que una de cada cuatro jóvenes españolas entre 17 y 21 años utiliza un sistema de inteligencia artificial (IA) como confidente. Las razones son comprensibles: la IA siempre responde, no juzga y ofrece un tipo de atención que muchas personas no encuentran en su entorno inmediato.

Este fenómeno, que de entrada podría parecer inofensivo o incluso positivo, abre interrogantes profundos sobre el futuro de la salud mental y la ética tecnológica. Los sistemas conversacionales actuales, como ChatGPT o Replika, son capaces de reconocer patrones de lenguaje asociados a estados emocionales. Por ejemplo, si detectan tristeza, ansiedad o desesperanza, responden con mensajes de consuelo o apoyo.

En términos técnicos, estos modelos aprenden a predecir la siguiente palabra en función del contexto, pero su efecto psicológico es muy real. Nuestro cerebro responde a las interacciones con una IA de forma parecida a como lo haría ante otro ser humano: la voz digital o el texto empático activan los mismos circuitos neuronales de apego y recompensa.

Pero lo cierto es que estos sistemas no sienten: solo simulan sentir, y esa simulación puede provocar una ilusión de comprensión que confunde. En contextos de especial vulnerabilidad como la soledad no deseada o el sufrimiento emocional, esa ilusión puede aliviar… o crear dependencia.

Los nuevos riesgos de una mente digital

La IA aplicada a la salud mental encierra una paradoja: cuanto más humana parece, más fácil es que olvidemos que no lo es. De esa confusión derivan tres grandes riesgos.

El primero de ellos es la dependencia emocional. Algunos usuarios establecen vínculos afectivos con máquinas que de ningún modo pueden corresponder. La interacción habitual con una IA puede sustituir gradualmente el contacto humano y empobrecer la capacidad de empatía y autorregulación emocional.

Además, es posible desarrollar ansiedad tecnológica https://doi.org/10.2147/PRBM.S440889. Vivir bajo la influencia constante de sistemas que nos recomiendan cómo sentir o qué pensar puede generar una pérdida de autonomía y una sensación de control disminuido sobre la propia vida emocional.

Finalmente, corremos el riesgo de deuda cognitiva DOI:10.48550/arXiv.2506.08872. Al delegar el pensamiento o la introspección a la máquina, perdemos el hábito de reflexionar y elaborar nuestras emociones. Del mismo modo que el GPS debilita nuestra memoria espacial, la IA puede debilitar nuestra memoria emocional.

A todo ello se suman los sesgos algorítmicos. Las IA aprenden de datos reales, pero estas bases de datos reproducen a menudo las mismas desigualdades de género, raza y cultura. Sin un mecanismo correctivo, esto puede provocar que una respuesta aparentemente neutral refuerce estereotipos o trivialice experiencias de dolor psicológico.




Leer más:
La inteligencia artificial refleja los prejuicios y desigualdades sociales: así podemos mejorarla


El espejo emocional de la IA

Recientemente, el Instituto para la Ética en Inteligencia Artificial de la Universidad Técnica de Múnich publicó un artículo informando de que los chatbots de IA necesitan salvaguardas emocionales. En él, los autores advierten que las interacciones prolongadas con IA pueden alterar la regulación emocional de los usuarios, e incluso inducir estados de dependencia o idealización del sistema.

Proponen introducir “salvaguardas emocionales obligatorias”, como la identificación clara de la IA como no humana, la inclusión automática de recursos de ayuda psicológica en situaciones de riesgo o la auditoría ética de los datos emocionales que estos sistemas recopilan.

El mensaje es claro: la inteligencia artificial no es neutral. Refleja las intenciones, valores y sesgos de quienes la diseñan. En el ámbito de la salud mental, donde las emociones son frágiles y el sufrimiento real, esto adquiere una relevancia ética decisiva.

De la amenaza al potencial

Pese a estos riesgos, la IA puede ser una gran aliada si se usa bien. Puede detectar precozmente signos de depresión o ansiedad analizando el lenguaje natural gracias a análisis de datos de una magnitud que va mucho más allá del alcance de la mente humana. También puede facilitar el acceso a atención psicológica en zonas rurales o con pocos recursos; además de servir como herramienta educativa para mejorar la metacognición, es decir, la capacidad de pensar sobre el propio pensamiento y gestionar mejor las emociones.

Paralelamente puede liberar a los profesionales de tareas repetitivas, ayudándolos a concentrarse en la relación terapéutica. No se trata de sustituir la empatía humana, sino de potenciarla mediante datos y análisis. Cuando la IA está al servicio del juicio clínico y no al revés, puede contribuir a un modelo de atención más humano, no menos.

Pero para ello necesitamos un marco regulatorio ético y científico sólido. La nueva Ley de IA europea, que entrará en vigor en febrero de 2026, es un paso adelante: exige transparencia, trazabilidad y supervisión humana en los sistemas de alto impacto.

En el ámbito de la salud mental, considerado de alto riesgo, esto debe traducirse en protocolos de seguridad emocional para estos sistemas, auditorías de sesgos y formación ética para los desarrolladores y clínicos.

En conclusión, la inteligencia artificial se han convertido en un espejo emocional de nuestra sociedad. Refleja nuestras fortalezas, pero también nuestras soledades. Puede acompañarnos, pero nunca reemplazarnos.

El desafío no es hacer que las máquinas sean más humanas, sino asegurar que los humanos no perdamos nuestra humanidad al hablar con ellas.

The Conversation

Pere Castellvi Obiols recibe fondos de Fundació La Caixa.

– ref. Cuando la inteligencia artificial se convierte en confidente: riesgos y oportunidades para la salud mental – https://theconversation.com/cuando-la-inteligencia-artificial-se-convierte-en-confidente-riesgos-y-oportunidades-para-la-salud-mental-268495

¿Por qué el universo no deja de crecer?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jon Urrestilla Urizabal, Catedrático de Universidad, Departamento de Física, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

3d_kot/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 2º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Miguel de Unamuno, en Gasteiz (Álava)


Esta pregunta ha fascinado a físicos y astrónomos durante décadas. Pero al intentar responderla, el universo nos tenía preparada una sorpresa inesperada: cuando estudiamos su crecimiento con más detalle, descubrimos un misterio aún más profundo. Uno que nos ha obligado a admitir que sabemos mucho menos sobre el cosmos de lo que creíamos.

El espacio se estira

Las galaxias se alejan de nosotros.
YouTube/Eleboración del autor

Desde hace más de un siglo, los astrónomos observan que casi todas las galaxias se alejan de nosotros. Además, cuanto más lejos está una galaxia, más rápido se aleja. Esta relación se conoce como ley de Hubble y nos dice que el propio espacio se está estirando.

Esta expansión se entiende bastante bien si miramos al pasado: el universo comenzó con el Big Bang, una enorme expansión inicial. Desde entonces, el espacio ha seguido creciendo, como un globo que empezó a inflarse hace miles de millones de años y nunca ha dejado de hacerlo.

El universo está lleno de materia: estrellas, planetas, gas, polvo… y la fuerza de la gravedad atrae entre sí a toda esa materia. Por eso, durante mucho tiempo, los cosmólogos pensaron que la expansión del universo debía ir frenándose poco a poco.

Dependiendo de cuánta materia hubiera, el cosmos podría acabar colapsando, expandiéndose para siempre pero cada vez más lentamente, o situarse justo en el límite entre ambos casos. Durante décadas, no sabíamos cuál de estas posibilidades era la correcta.

Una gran sorpresa

Ilustración de una supernova.
NASA / CXC / M. Weiss

Todo cambió a finales de los años noventa, cuando los astrónomos empezaron a estudiar con gran precisión ciertas explosiones estelares llamadas supernovas de tipo Ia. Estas supernovas son especialmente útiles porque todas brillan casi igual, lo que permite usarlas como “faros” para medir distancias en el cosmos.

Al observar supernovas muy lejanas, los científicos descubrieron algo totalmente inesperado: estaban más lejos de lo que deberían estar si la expansión se estuviera frenando. La única explicación posible era sorprendente: el universo no solo se expande, sino que lo hace cada vez más rápido. Fue un descubrimiento tan revolucionario que sus autores recibieron el Premio Nobel de Física en 2011.

El universo se expande cada vez más rápido, lo que contradice la ley de gravedad postulada por Newton.
Elaboración del autor

Este resultado tan extraño puede explicarse con una imagen casi absurda: es como si la gravedad, a escalas enormes, funcionara al revés. O sea, como si la manzana de Newton, en lugar de caer del árbol, saliera impulsada hacia arriba. Algo en el universo está empujando el espacio, no frenándolo.

No significa que la gravedad haya cambiado de signo, sino que existe un efecto que, a gran escala, vence a la atracción gravitatoria de toda la materia.

Pero ¿qué está pasando?

Para entender esta aceleración, la física se enfrenta a dos posibilidades profundas: o bien la teoría de la gravedad de Einstein –que ha funcionado de manera extraordinaria en todos los contextos en los que ha sido puesta a prueba– falla a distancias enormes (cosmológicas); o bien el universo contiene un tipo de energía o materia que no se parece a nada de lo que conocemos.

La opción más aceptada hoy es la segunda. Para explicar la aceleración, los científicos han introducido la idea de la energía oscura, una forma de energía misteriosa que llena todo el espacio y actúa como una especie de antigravedad cósmica.

Una de las posibles explicaciones es la llamada constante cosmológica, término que aparece de forma natural en las ecuaciones de Einstein y que estas permiten –e incluso predicen–. Pero, aunque encaje bien con las observaciones, tampoco sabemos realmente qué es ni por qué existe.

No tenemos ni idea

En resumidas cuentas, ignoramos qué es la energía oscura; tener un nombre no significa entenderla. Sabemos algunas de las propiedades que debería presentar, pero estamos muy lejos de saber de qué está hecha o cuál es su origen.

La pregunta realmente interesante ya no es “¿por qué el universo se expande?”, sino “¿por qué su expansión se acelera?”. Resolver este enigma podría obligarnos a cambiar nuestra comprensión de la gravedad, del espacio y del contenido del universo.

El cosmos sigue creciendo, cada vez más rápido, y no sabemos exactamente por qué. Pero esa ignorancia no es un fracaso: es una invitación a seguir investigando. Esperemos que en el futuro, quizá alguien que es un adolescente ahora mismo descubra la respuesta… o abra la puerta a otro enigma aún mayor.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Jon Urrestilla Urizabal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué el universo no deja de crecer? – https://theconversation.com/por-que-el-universo-no-deja-de-crecer-271648

François Ozon traslada a la gran pantalla el monólogo interior de ‘El extranjero’, de Albert Camus

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Soto, Profesora de Filología Francesa, Universidad Autónoma de Madrid

Fotograma de _El extranjero_, la adaptación de François Ozon. BTeam Pictures

“Hoy murió mamá. O quizás ayer, no lo sé”.

Con estas palabras constituía el escritor Albert Camus, nacido en la Argelia francesa, uno de los inicios más reconocidos y recordados de la literatura dando vida a El extranjero. El éxito de esta novela se hizo sentir desde su primera publicación en 1942 en la editorial Gallimard con la venta 360 000 ejemplares. En la actualidad, sigue figurando entre los tres libros de bolsillo más vendidos en Francia y ha sido traducido a más de cuarenta de idiomas. En español, la versión más reciente es la realizada en 2025 por María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego para la editorial Random House.

Tal y como recuerda la experta en literatura francesa Alice Kaplan en su libro Enquête de l’Étranger, la fascinación que provoca esta novela se basa en la complejidad de un razonamiento poliédrico que abarca desde la alegoría colonial y la filosofía del absurdo hasta el cuestionamiento de la moral tradicional, la desconexión personal o la pena de muerte.

Más allá de su indiscutible valor literario, su resonancia cultural y su actualidad han propiciado una adaptación cinematográfica por uno de los cineastas franceses más aclamados del siglo XXI: François Ozon. Es la segunda versión en la gran pantalla de una novela cuya complejidad técnica radica en la esencia misma de la narración: ¿cómo trasladar al cine la subjetividad intrínseca al monólogo interior de un personaje caracterizado por la indiferencia?

Tráiler de la nueva versión de El extranjero.

Las imágenes y la voz en off

En la adaptación de 1967, dirigida por Luchino Visconti y protagonizada por Marcello Mastroianni, predominaba la voz en off para expresar la introspección del protagonista. Ozon, sin embargo, opta por una puesta en escena minimalista marcada por el silencio y la música clásica para enfatizar la neutralidad emocional del personaje.

Así, utiliza el principio narrativo de “mostrar, no contar” para sustituir la psicología verbal por una visual que expresa la indiferencia del protagonista, Mersault, y la reacción social ante la misma. Al mismo tiempo refuerza la mirada desnuda de un observador que funciona como metáfora de la filosofía del absurdo. La apatía de Meursault revela una reflexión profunda sobre el vacío ontológico de la condición humana ante un mundo desprovisto de sentido. Esto resulta especialmente interesante porque la imagen expone al espectador al propio vacío del personaje. Se da entonces un lenguaje híbrido entre la literatura y el cine que despierta la voz en off en la mente de la audiencia.

La elección estética del blanco y negro en el filme resulta también interesante, dado que privilegia la ambivalencia existente entre la luz y la sombra, la claridad y la oscuridad, el calor y el frío. Las sensaciones se convierten así en el motor de la narrativa audiovisual.

De igual modo, la opción cromática enfatiza la sensación de atemporalidad de la película y nos transporta, según el propio cineasta, a las imágenes de archivo que tenemos de la Argelia francesa, respondiendo así a su adscripción en el imaginario colectivo. De hecho, en la película existe una introducción a la Argelia de los años 30 que contextualiza el pasado colonial francés en ese espacio en el que coexistían dos comunidades –la francesa y la árabe– sin llegar a convivir. Así lo recuerda el propio Ozon cuando explica la falta de interacción entre los unos y los otros, a la vez que enfatiza la mirada consciente del propio Camus sobre estas tensiones.

Un continuo flashback

La perspectiva tomada por el cineasta también importa. Lejos de reproducir la cronología literaria, levanta el telón de la representación con Benjamin Voisin, el actor que interpreta a Mersault, afirmando en una celda colectiva: “He matado a un árabe”. La mirada del conjunto de reclusos, árabes en su aparente totalidad, se fija en él, reina el silencio y se hace la noche.

El sueño representa una estructura simbólica que traduce visualmente el flashback de la intrahistoria. La atmósfera onírica se encuentra, además, potenciada por dos referencias intertextuales que se suceden en sendos planos consecutivos. En primer lugar, una rata recorre la celda haciendo un guiño a La peste, otra de las novelas que elevaron la figura de Camus al Premio Nobel de Literatura en 1957. Seguidamente, Meursault ve una cucaracha al mirarse la mano, lo que supone otra licencia del director que, más allá de la simbología repulsiva de este insecto socialmente despreciado, evoca la representación simbólica del icono kafkiano por excelencia: el insecto en el que Gregorio Samsa se transforma en La metamorfosis. Ambas alusiones enfatizan la deshumanización, la otredad, la alienación y el absurdo.

Un hombre joven y una mujer tumbados en un entorno veraniego con bañadores.
Fotograma de El extranjero, la adaptación de François Ozon.
BTeam Pictures

El papel de los indígenas

Otra de las licencias cinematográficas es la nominalización de los personajes árabes que articulan el relato. El árabe asesinado y su hermana se llaman Moussa Hamdani y Dejmila, respectivamente. Son nombres cargados de significado, dado que Moussa es la forma árabe de Moisés –profeta del exilio– y Djemila evoca a Djamila Bouhired, activista del Frente de Liberación Nacional e icónica figura de la resistencia argelina.

Ozon otorga, además, un patronímico a estos dos personajes, marcando así la pertenencia a un linaje culturalmente reconocible. Con ello, se subraya la dimensión humana de estos indígenas, excluidos de la consideración de ciudadanos franceses según el Decreto Crémieux (1870). Además, se inscribe en una reflexión cultural y política planteada desde la crítica poscolonial. El nombre de Djémila también evoca la intertextualidad literaria, dado que en la antigua ciudad romana del mismo nombre se desarrolla el segundo relato de Bodas, la primera publicación de Camus.

Se trata, en resumen, de una adaptación que sublima en la imagen la sensibilidad filosófica y estética de Camus a la vez que introduce una lectura crítica que dialoga con las interpretaciones contemporáneas. Ozon asume así el desafío de trasladar al lenguaje audiovisual una novela que ya existe en la imaginación de millones de lectores para subrayar la vigencia de un texto que se interesa por lo íntimo y lo cotidiano, por las tensiones profundas de las dinámicas personales y que cuestiona las normas sociales.

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Ana Belén Soto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. François Ozon traslada a la gran pantalla el monólogo interior de ‘El extranjero’, de Albert Camus – https://theconversation.com/francois-ozon-traslada-a-la-gran-pantalla-el-monologo-interior-de-el-extranjero-de-albert-camus-270240

Moverse sí ayuda a adelgazar: la ciencia reabre el debate sobre cómo usamos la energía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Permanente Laboral. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo., Universidad de Alcalá

Durante años se pensó que el cuerpo se adapta y compensa el esfuerzo físico reduciendo otros gastos. Como consecuencia, el ejercicio tendría un efecto limitado a la hora de adelgazar porque por eficiencia aumentaría el gasto energético menos de lo esperado. Sin embargo, nuevas evidencias sugieren lo contrario: movernos más sí aumenta el gasto total de energía.

¿Más ejercicio o más ahorro?

Hay una idea que siempre nos ha intrigado: si hacemos más ejercicio, ¿el cuerpo gasta más energía o solo se ajusta para mantener el mismo total diario, como un contable que equilibra las cuentas? ¿El gasto energético es una balanza que siempre busca el equilibrio?

Esta cuestión divide a los investigadores en dos grandes teorías enfrentadas.

Por un lado, está el modelo aditivo, el que aprendimos desde pequeños. Es decir: cuanto más nos movemos, más calorías gastamos.

Por otro lado, existe una hipótesis más reciente y provocadora. Se trata del modelo de gasto energético constreñido, que sugiere que el cuerpo humano tiene un presupuesto fijo de energía. Si gasta más moviéndose, recorta en otras funciones –como el metabolismo, las hormonas o el sistema inmune– para mantener el total estable.

Aquí es donde entra en juego un nuevo estudio publicado en la revista PNAS, que ha vuelto a agitar el debate. Los datos parecen inclinar la balanza en favor del modelo aditivo.

El estudio que desafía la teoría del tope energético

Los investigadores analizaron a personas con niveles de actividad muy distintos, desde quienes pasan la mayor parte del día sentados hasta corredores de ultramaratón.

Usando mediciones precisas del gasto energético total y la actividad física, observaron algo claro. A mayor movimiento, mayor gasto energético. Esto era así incluso al ajustar por masa corporal magra, es decir, la suma de músculos, huesos, órganos y agua corporal.

No solo eso: no encontraron señales de compensación.
Los biomarcadores de función inmunitaria, tiroidea y reproductiva se mantuvieron estables incluso en los participantes más activos.

Los resultados sugieren que el cuerpo no ahorra energía por otro lado. La actividad física se suma directamente al gasto total.

¿Cómo funciona el gasto energético diario?

Para entender por qué este hallazgo es importante vale la pena repasar cómo se distribuye nuestra energía a lo largo del día:

  1. Metabolismo basal (entre un 60 y un 70 %). Esto es lo que el cuerpo gasta solo por existir: respirar, bombear sangre, mantener la temperatura corporal y pensar.

  2. Efecto térmico de los alimentos (entre un 5 y un 10 %). La energía necesaria para digerir y procesar lo que comemos.

  3. Actividad física (alrededor de un 15 y un 25%). Todo movimiento cuenta, desde caminar y limpiar hasta entrenar y bailar.

El modelo aditivo propone que si aumentamos la actividad física, el gasto energético total también aumenta. Mientras que por contra, el modelo de gasto constreñido sostiene que el cuerpo lo compensa reduciendo los otros dos.

El nuevo estudio sugiere que esa compensación no ocurre, al menos en la mayoría de los niveles de actividad humana. Así, cuando personas activas o atletas incrementan su gasto asociado a la actividad física (que puede llegar a representar hasta el 50 % del gasto energético total), lo que disminuye es el peso porcentual del metabolismo basal. Esta reducción es solo relativa, el cuerpo no gasta menos energía en reposo, sino que el gasto energético total aumenta.

Otras evidencias

No se trata de un único estudio aislado. Cada vez más investigaciones apuntan en la misma dirección. Todo indica que cuando nos movemos más, realmente gastamos más energía. El cuerpo no roba de otro lado para compensar.

Por ejemplo, un estudio en adultos mayores mostró que cada minuto extra de actividad moderada o intensa, como caminar rápido, subir escaleras o pedalear, se traduce en unas 16 kilocalorías adicionales gastadas al día. Puede parecer poco, pero si se hace diariamente, en una semana equivale a casi una comida completa.

En otro estudio se siguió a cientos de personas durante años. Esto mostró que las diferencias en el gasto energético entre individuos se explican, sobre todo, por cuánto se mueven y no por su metabolismo natural, ni por la energía que gastan en reposo.

En otras palabras, el estilo de vida pesa más que la genética en esta ecuación. Esto elimina cualquier excusa: cualquier mínimo de actividad será mejor que el sedentarismo, con independencia de la capacidad de hacer ejercicio o la edad.

Puede haber cierta adaptación en atletas de élite o en condiciones extremas, como corredores de ultradistancia y expediciones prolongadas. Sin embargo, en la vida cotidiana la respuesta del cuerpo es aditiva: moverse más implica gastar más.

Dicho más simple: el “tope energético” podría existir, pero solo en situaciones muy concretas o extremas, no en la vida real. Para la mayoría de nosotros cada paseo, cada entrenamiento y cada pequeña decisión de movimiento cuenta. No hay un presupuesto fijo que se agote, sino un cuerpo que responde y suma.

¿Y qué significa esto para nosotros?

Si creía que su cuerpo se acostumbra y deja de gastar energía cuando hace ejercicio, puede relajarse. Su organismo no le está saboteando.

Cada paseo, cada escalera, cada entrenamiento cuenta. Por lo tanto, podemos dar unos pocos consejos basados en la evidencia:

  • Camine más. Esos diez minutos extra al día suman al gasto total.

  • Rompa el sedentarismo. Levantarse cada hora también gasta energía.

  • Muévase en sus desplazamientos. Use la bici, desplácese andando o baje una parada antes.

  • Lo cotidiano también cuenta. Limpiar, cocinar o cuidar a los hijos son así mismo formas de movimiento.

No hace falta correr una maratón. Incluso pequeñas dosis de actividad física aumentan de forma medible el gasto energético total.

¿Por qué esta discusión importa?

Porque cambia la forma en que entendemos nuestro cuerpo.

Si creemos en la teoría del tope energético, hacer más ejercicio resultaría inútil. El cuerpo, simplemente, se adaptaría.

Si la realidad es aditiva, entonces cada pequeño movimiento tiene un impacto real en nuestra energía, metabolismo y salud.

Más aún: esto refuerza políticas de salud pública basadas en el movimiento cotidiano, dirigidas a reducir el sedentarismo, como herramientas efectivas, no simbólicas.

Conclusión: el cuerpo no es una calculadora cerrada

La nueva evidencia vuelve a poner las cosas en su sitio. El cuerpo humano no es un sistema cerrado que compensa hasta el último movimiento. No somos máquinas que ahorran energía automáticamente, sino organismos adaptables que responden al entorno con más gasto cuando nos movemos más.

Así que la próxima vez que escuche que hacer más ejercicio no sirve, porque el cuerpo se acostumbra y gasta menos energía, recuerde: la ciencia actual demuestra que no hay trampa ni ahorro. Cada paso, cada gesto y cada minuto de movimiento suman energía gastada, salud y bienestar.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Moverse sí ayuda a adelgazar: la ciencia reabre el debate sobre cómo usamos la energía – https://theconversation.com/moverse-si-ayuda-a-adelgazar-la-ciencia-reabre-el-debate-sobre-como-usamos-la-energia-271693

Engaños de la IA: cuando aporta fuentes reales pero inventa su contenido

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis González-Geraldo, Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades. Coordinador del Grupo de aprendizaje en Inteligencia Artificial (GaIA). Departamento de Pedagogía. Teoría e Historia de la Educación. UCLM., Universidad de Castilla-La Mancha

“Alucinar” no es un concepto muy exacto cuando se aplica a la inteligencia artificial; puede provocar controversias, tanto por su innecesaria antropomorfización como por su engañosa concreción. Por eso, quizá sería más correcto llamarlas “falsificaciones de información” o simples “confabulaciones”. Sin embargo, esta terminología ha calado para identificar aquellas generaciones de texto que, tras comprobarse, se demuestran erróneas.

Asumiendo una postura ecléctica en la que es más adecuado adoptar las tecnologías que adaptar(se) a ellas, desde el Grupo de aprendizaje en Inteligencia Artificial de la Universidad de Castilla-La Mancha (GaIA), hemos supervisado desde hace años lo que la inteligencia artificial generativa nos ofrece, sobre todo, dentro del ámbito educativo. Y, en especial, en el universitario.

Dentro de este terreno, nos encontramos con el problema de las citadas “alucinaciones” de la IA. Y un claro ejemplo que aterra al profesorado es la invención de fuentes bibliográficas, muy pertinentes y ciertamente bien referenciadas, pero completamente inexistentes.

¿Fraude involuntario?

Vaya por delante que el fraude por alucinación de IA no cae dentro de la categoría de plagio tradicional, sin entrar a debatir que, en efecto, el plagio engloba prácticas más complejas que el rudimentario corta-pega. El punto central de este asunto radica en admitir que la persona que usa la IA y comete fraude por alucinación no solo no es responsable de la autoría del texto generado, sino que ni siquiera ha supervisado y verificado su contenido.

Por desidia o inexperiencia, la IA ha pasado su filtro. Un filtro que, de haber sido constante y competente, no habría tenido problemas para detectar estas “alucinaciones”, pues son fácilmente identificables por un humano atento y experto.

Alucinaciones de segundo orden

Sin embargo, la cosa se complica cuando uno de esos chatbots no se inventa la fuente, sino que la usa de manera inadecuada. Es decir, cuando argumenta que en ella se afirma algo que no es cierto, el problema pasa a mayores. En este caso, las hemos bautizado como “alucinaciones de segundo orden”.

Así, nos encontramos con argumentos verosímiles que se encuentran respaldados por fuentes existentes –clásicas o recientes– perfectamente bien referenciadas. Nada, sobre todo desde el punto de vista estructural, nos hará dudar de ellas, a no ser que seamos verdaderos expertos en el tema en cuestión y, por supuesto, prestemos atención.

Este suceso no solo ha sido constatado en nuestros cursos de formación en IA, sino también experimentado en primera persona. No hace mucho recibí un artículo para revisar sobre IA en educación. Durante la revisión comprobé que la literatura utilizada era existente y relevante. Incluso me agradó encontrar un párrafo donde se citaba uno de nuestros trabajos.

Malos tiempos para revisores

Sin embargo, la alegría se tornó amarga sorpresa cuando señalaban aspectos específicos que no recordaba haber incluido. Confieso que, confuso, revisité nuestro propio artículo para confirmar lo que ya era más que una intuición: en efecto, estaba viviendo en primera persona las consecuencias de una de esas curiosas alucinaciones de segundo orden.

Llegados a ese punto, ¿quién me aseguraba que esto mismo no había pasado con otras referencias utilizadas? Huelga comentar el rechazo que emití en mi condición de revisor, evidentemente por fraude.

La conclusión es meridianamente clara, y también extrapolable: corren malos tiempos para los revisores –lo que incluye profesores, maestros y educadores de cualquier nivel y categoría– que no sean expertos en todas y cada una de las referencias de los artículos o de los trabajos que revisen y evalúen. Malos tiempos, en definitiva, para todas las personas, colectivos e instituciones que nos dedicamos a supervisar procesos académicos y de aprendizaje.

Nada nuevo bajo el sol, pues el fraude académico siempre ha existido, pero quizá nunca ha sido tan fácil y, hasta cierto, punto involuntario cometerlo. En manos de los autores queda hacer un uso responsable, humano y experto, siempre supervisado, de las herramientas que la tecnología –y la IA en especial– ponen a nuestro alcance. Nuestro progreso y nuestra credibilidad están en juego.

The Conversation

Coordinador principal del Grupo de Innovación Docente GaIA.

– ref. Engaños de la IA: cuando aporta fuentes reales pero inventa su contenido – https://theconversation.com/enganos-de-la-ia-cuando-aporta-fuentes-reales-pero-inventa-su-contenido-268507

La detención de Maduro redefine el futuro de Cuba y su fuente de sustento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Beatriz Fernández, Profesora de Comunicación Política en la UNAV, el IESA y Pforzheim, Universidad de Navarra

Raúl Castro (izquierda) y Nicolás Maduro durante una cumbre sobre el ébola en La Habana en 2014. Cubadebate / Flickr, CC BY

Y cuando despertó, el petróleo todavía estaba allí…

Se dice que uno muy parecido a este es el cuento más corto del mundo. Escrito por el guatemalteco Augusto Monterroso se refiere, probablemente, a los dinosaurios del poder, a alguno de tantos persistentes dictadores centroamericanos y a los fantasmas que sobreviven a los cambios aparentes.

En nuestra adaptación el dinosaurio no es solo el autoritarismo, las ideologías y las consignas de los años sesenta, sino el petróleo como factor estructural que ha condicionado decisiones políticas, alianzas ideológicas y modelos de supervivencia estatal de Cuba y Venezuela.

La relación entre ambas naciones ha sido un nodo estructural de la política latinoamericana durante más de seis décadas y ha estado permanentemente marcada por el petróleo. La reciente detención de Nicolás Maduro en Venezuela estrena un punto de inflexión geopolítico con consecuencias profundas para La Habana, cuyos vínculos energéticos, estratégicos y políticos con Caracas sostenían buena parte de su supervivencia como estado.

“Cuba está a punto de caer” ha asegurado Donald Trump. Y es que la historia de Venezuela y Cuba en el siglo XX puede entenderse como la historia de dos trayectorias paralelas que arrancan en 1958.

Ese año marca el inicio de la democracia venezolana con la caída de Marcos Pérez Jiménez y, al mismo tiempo, el triunfo de la Revolución cubana que culminará en 1959 con la llegada de Fidel Castro al poder. Dos proyectos políticos nacidos en simultáneo, pero destinados a recorrer senderos radicalmente distintos.

La comparación es elocuente: cuando Fidel Castro muere en 2016, en su cama y como dictador vitalicio, Venezuela había tenido ya diez presidentes electos que se habían alternado en el poder. Esa diferencia define dos modelos de relación con el poder, con la sociedad y con la libertad.

El recelo de Castro hacia Venezuela

Desde muy temprano, Castro tuvo a Venezuela “entre ceja y ceja” por un cálculo estratégico vinculado a esa democracia petrolera en plena expansión, con recursos energéticos clave y un peso regional considerable.

Durante los primeros días del gobierno de Rómulo Betancourt, Castro fue recibido como un héroe global, el líder que había derrotado a la dictadura de Fulgencio Batista. Sin embargo, esa luna de miel duró poco. Castro solicitó apoyo financiero y político para su revolución, y Betancourt se negó de manera tajante. A partir de ese momento, la relación se convirtió en una enemistad abierta.

Las consecuencias no tardaron en llegar. Cuba promovió e intentó exportar la lucha armada a Venezuela, incluyendo el intento de invasión por el pueblo de Machurucuto en 1967, durante el gobierno de Raúl Leoni, cuando guerrilleros entrenados bajo el modelo de la Sierra Maestra intentaron replicar la experiencia cubana en suelo venezolano. Incluso circulan relatos novelescos, como el de una jeringa que contenía veneno de cobra que buscaba asesinar a Betancourt, que ilustran hasta qué punto el conflicto fue intenso.

Décadas después, el vínculo entre ambos países daría un giro decisivo con la irrupción de Hugo Chávez. Tras el intento de golpe de Estado de 1992 y su posterior amnistía bajo el gobierno de Rafael Caldera, Chávez fue invitado a Cuba y recibido por Fidel Castro con honores de jefe de Estado. Chávez quedó hondamente deslumbrado por Castro y por la épica revolucionaria cubana. A partir de allí se forjó una relación política y personal que tendría consecuencias estructurales para Venezuela.

La relación se estrecha con Chávez

Cuando Chávez llega al poder por la vía electoral en 1998, se formaliza rápidamente una amplia red de convenios de cooperación con Cuba en materia de salud, educación, deporte y asistencia social. Los médicos cubanos llegaron a zonas históricamente desatendidas y se construyó a partir de allí un discurso de solidaridad y justicia social.

Sin embargo, más allá de lo visible, existía otro intercambio menos explícito: la experiencia del régimen cubano en control político, inteligencia, espionaje, represión y supervivencia autoritaria. Ese intercambio estructural se materializó principalmente a través del petróleo: Venezuela suministró decenas de miles de barriles diarios de crudo, lo que alivió presiones sobre la economía cubana y contribuyó a sostener servicios básicos y exportaciones de profesionales sanitarios en redes fraternas en América Latina y África.

Ese fue, probablemente, el aporte más decisivo de Cuba al proyecto chavista. La isla había sobrevivido durante décadas enfrentada a Estados Unidos, primero gracias al subsidio soviético y, tras la caída de la URSS, atravesando un período de extrema precariedad hasta encontrar en Venezuela una nueva fuente de sostén.

A cambio del petróleo venezolano, Cuba exportó un modelo de control del poder probado y eficaz. Chávez no solo encontró en Castro un aliado, sino un maestro. Ese aprendizaje explica buena parte de la deriva autoritaria venezolana posterior. Lo que comenzó como un proyecto político con legitimidad electoral terminó adoptando prácticas propias de un régimen diseñado para no irse nunca del poder. En ese sentido, los caminos paralelos de Venezuela y Cuba volvieron a encontrarse décadas después en el autoritarismo.

Los oficiales de Maduro

Un elemento que subraya de forma contundente la subordinación de la soberanía venezolana al aparato de seguridad cubano es el hecho de que 32 oficiales cubanos murieron defendiendo a Nicolás Maduro durante la operación militar que culminó con su captura, en lo que el gobierno de La Habana calificó como “acciones combativas” en cumplimiento de misiones oficiales.

El despliegue de personal castrense cubano en la protección del presidente venezolano y su muerte en combate simbolizan, de manera explícita, la pérdida de control autónomo de la defensa de Venezuela por parte de sus propias fuerzas armadas y la existencia de una estructura de seguridad paralela dirigida por La Habana.

Esta presencia militar, hasta ahora oficialmente negada por ambas partes en diversas ocasiones, demuestra de forma contundente que el régimen chavista había delegado una función central de soberanía (la seguridad presidencial) en agentes del Estado cubano. Es un fenómeno sin precedentes en la historia contemporánea de la región.

La ausencia del petróleo y la debacle del turismo

La relación Cuba–Venezuela no puede entenderse sin reconocer al petróleo como su verdadero hilo conductor: primero como promesa estratégica, luego como salvavidas económico y político y hoy como vacío que redefine los márgenes de maniobra del régimen cubano en un contexto internacional crecientemente adverso.

Desde mediados del siglo XX ha sido el pivote silencioso de la relación entre La Habana y Caracas. Actualmente, México es también un suplidor energético importante para la isla. El petróleo ha sido el equivalente contemporáneo del dinosaurio de Monterroso: una presencia atemporal.

Además, un elemento clave para entender la encrucijada económica de Cuba es la debacle de su sector turístico, tradicionalmente una de las pocas fuentes significativas de divisas no vinculadas al petróleo.

Un análisis reciente de Global Affairs señala que la isla no ha logrado recuperar los niveles de turismo internacional previos a la pandemia: mientras que en 2019 recibió más de 4,2 millones de visitantes extranjeros, en 2023 llegó apenas a 2,4 millones y las cifras de 2024 y 2025 muestran una tendencia regresiva.

Sin Venezuela como proveedor energético y sin un turismo robusto que genere divisas estables, la economía cubana se enfrenta a un déficit crítico de recursos externos. La caída de ambas fuentes de ingreso expone la fragilidad de un modelo económico dependiente, incapaz de sostenerse por sí mismo en ausencia de condiciones externas favorables.

Marco Rubio, hijo de inmigantes cubanos

La crisis actual de Cuba se agudiza con el férreo control de las exportaciones petroleras venezolanas a las que aspira Trump, y lo convierte ya en punto de inflexión que tensiona la supervivencia del régimen.

Además, en este escenario la figura del secretario de Estado, Marco Rubio, emerge como un actor central en el que convergen su trayectoria personal (hijo de inmigrantes cubanos) y su visión política, que ha situado a Cuba como un eje de confrontación diplomática y estratégica en la política exterior estadounidense contemporánea.

El desenlace de este nuevo capítulo vendrá dado por la conjunción de sanciones, presiones internas y reconfiguraciones geopolíticas.

El petróleo sigue estando “allí”, ya no como sostén automático del régimen cubano, sino como ausencia crítica que expone sus fragilidades estructurales y que determinará a corto plazo el futuro de Cuba.

The Conversation

Carmen Beatriz Fernández es consultora de DatastrategIA

– ref. La detención de Maduro redefine el futuro de Cuba y su fuente de sustento – https://theconversation.com/la-detencion-de-maduro-redefine-el-futuro-de-cuba-y-su-fuente-de-sustento-272943

¿Por qué nos gusta tanto Mariana Enriquez (también a los académicos)?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Ferrari, Vicedecano de investigación de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Mariana Enríquez en la presentación en Madrid de su libro _Un lugar soleado para gente sombría_ en 2024. Casa de América, CC BY-NC-ND

Estos años la escritora argentina Mariana Enriquez (sin tilde) parece estar en todas partes: en las librerías, en los medios de comunicación, en la academia. No es lo habitual que, a un mismo tiempo, se lea y estudie tanto a una escritora que solo tiene 50 años.

Pero su éxito sorprende aún más porque escribe literatura de género, terror fantástico casi siempre, una temática que genera suspicacias en muchos y que ella defiende con uñas y dientes. Y la defiende por su interés personal (como lectora es un género que siempre le ha gustado), pero también como punta de lanza de una reflexión de más calado en torno a su misión en la literatura, que parece tener muy clara.

Por qué gusta a los lectores

Quienes leemos cuentos conocimos a Mariana Enriquez con Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016). Quienes no leen narraciones breves llegaron a ella con Nuestra parte de noche, Premio Herralde de Novela en 2019. En 2024 publicó los relatos Un lugar soleado para gente sombría y también ha escrito crónicas y ensayos, además de lanzar reediciones de sus novelas anteriores.

Nacida en Buenos Aires en 1973, es una de las autoras más leídas y valoradas de la narrativa contemporánea en español pero también tiene éxito en otros países, como Reino Unido o Estados Unidos. Entonces, ¿a qué viene este interés?

Masas de público haciendo cola para una presentación de Mariana Enriquez.
Masas de público haciendo cola para una presentación de Mariana Enriquez.
Casa de América, CC BY-SA

En primer lugar, a los lectores les gusta Mariana Enriquez por su destreza técnica para resolver las tramas, esquivando los lugares comunes, y también por su habilidad para construir personajes complejos.

Les atrae mucho su actualización del terror fantástico, en la que usa escrupulosamente los elementos del género para crear historias nuevas, no previsibles. Enriquez renueva cada tópico al hacerlo suyo.

Además, su uso de esas tramas ofrece un enfoque demoledor de los problemas sociales en la actualidad. Cada argumento es parte de un diagnóstico muy bien pensado, que remite siempre al miedo como una de las emociones más insistentes de nuestro tiempo. Se ha estudiado ya, por ejemplo, cómo trata la violencia machista, el maltrato a los niños, la aporofobia, la incomprensión social hacia las víctimas, la enfermedad o el trauma de la dictadura militar en Argentina.

Por qué gusta a los académicos

Con todo, Enriquez no solo tiene éxito entre los lectores. Google Scholar devuelve más de 3 200 resultados con su búsqueda. Scopus y Web of Science recogen ya más de 70 artículos sobre ella (los dos últimos Premios Cervantes, juntos, no llegan a cinco).

¿Qué es lo que ve el mundo académico en su literatura?

Portada de Nuestra parte de noche, premio Herralde de Novela

Anagrama

Valora su poética, su teoría literaria, que es desacomplejada, renovadora, retadora, audaz. También su reconstrucción de su propia genealogía literaria; su propuesta de renovación del canon literario, sin deudas sobrevenidas. Nuestra parte de noche, por ejemplo, es un verso de Emily Dickinson, traducido por la escritora argentina Silvina Ocampo, mientras que “Las cosas que perdimos en el fuego” es el título de una canción de Bastille, la banda indie británica.

Destaca también su papel prescriptor. Enriquez ejerce de introductora y guía de otros autores que le son cercanos o que le gustan, fundamentalmente iberoamericanos y mucho más desconocidos que ella, en un ejercicio que es de proselitismo (por qué no) pero también de crítica literaria y de literatura comparada, aunque sea en primera persona. Es una lectora abrumadora, certera y entusiasta.

Fantasmas de la sociedad

No hemos pasado por alto ni los lectores ni los académicos la ambición de su escritura. Su escritura pretende dar una explicación compleja de la realidad, sobre todo a partir de su comprensión de algo tan difícil de analizar como el miedo como emoción primaria del sujeto al enfrentarse al mundo.

Por ejemplo, muchos de sus cuentos fantásticos, casi todos, son historias de fantasmas. De estos, aproximadamente la mitad narran cómo los personajes son poseídos por espectros que controlan su voluntad, obligándolos a agredirse a sí mismos. En el plano técnico, esto le permite construir la historia con dos niveles –el real y el fantástico– y sostener una ambigüedad bien consistente que habilita ambas lecturas: pensar que el personaje padece un trastorno mental o que realmente está poseído.

Una mujer de melena blanca habla con un micrófono.
Mariana Enríquez en París durante la presentación de su obra Los peligros de fumar en la cama en su edición en francés.
Guillermo Ramos Flamerich/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Pero, al mismo tiempo, abre la posibilidad de plantear un tratamiento más complejo de la víctima, centrado en cómo la perciben y atienden los otros personajes. Al confundirse víctima y agresor en un mismo cuerpo, se vuelve más difícil solidarizarse con el poseído: para los testigos solo hay un individuo haciéndose daño. Así, el personaje inicialmente agredido por el fantasma recibe una segunda agresión por la falta de comprensión y el abandono de su entorno, que lo identifica con el atacante. La víctima no es reconocida como tal; incluso se presenta ante los demás como una amenaza.

El terror como marcador social

Lo que hay detrás de estas posesiones es la incomprensión hacia quien sufre, un tema central en su narrativa. En su último libro de cuentos le da otra vuelta de tuerca a esta tesis al proponer también que los fantasmas son sujetos necesitados de cuidado, demandantes de cariño: ellos mismos son víctimas de una estructura social incapaz de ocuparse de los más vulnerables.

Sin embargo, que muchos de sus protagonistas sean espectros no encajona la narrativa de Mariana Enriquez en la literatura fantástica. Ella ha dicho que lo que le interesa es narrar el miedo, en cualquiera de sus formas. Y lo hace con una narrativa decididamente liminar: en la frontera de los géneros, esas zonas tan prometedoras, colmadas de posibilidades pero también de desasosiego; en esa franja de tierra de nadie que queda entre los puestos de control (con la fórmula que toma del escritor inglés de ciencia ficción J. G. Ballard). Eso es lo que nos gusta de su literatura: su capacidad para desquiciar la realidad y mostrárnosla más desprevenida.

The Conversation

Enrique Ferrari no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué nos gusta tanto Mariana Enriquez (también a los académicos)? – https://theconversation.com/por-que-nos-gusta-tanto-mariana-enriquez-tambien-a-los-academicos-269539

Así podemos activar el “modo antienvejecimiento” para resistir el paso de los años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Fernando Murillo Cancho, Profesor Asociado, Universidad de Almería

Halfpoint/Shutterstock

¿Por qué se “cuelga el sistema” de nuestro organismo a veces? Envejecer no es otra cosa que acumular pequeños fallos en las células. A medida que pasan los años, se dañan los genes y se acortan los extremos de los cromosomas. Las “centrales de energía” (mitocondrias) de nuestras células se agotan y aparecen errores en cadena. Si no limpiamos esos fallos y reparamos con rapidez, llegan antes las enfermedades.

Limite la corriente: comer menos y practicar ayuno intermitente

Bajar moderadamente las calorías ayuda al ahorro interno y mejora la reparación de piezas gastadas. Esto no implica hacer dietas extremas, sino reducir un poco la energía total o acotar las horas en las que comemos.

Varios estudios en humanos, incluido el ensayo clínico CALERIE, han demostrado que una reducción calórica moderada mejora los marcadores de inflamación, reduce la resistencia a la insulina y favorece un metabolismo más eficiente en adultos sanos. Estas mejoras aparecieron sin necesidad de llegar a un ayuno estricto.

Dejar transcurrir 14 a 16 horas entre cena y desayuno también ayuda. Es lo que se conoce como ayuno intermitente. En este enfoque no se come menos volumen total, sino que se concentra la ingesta en una franja del día de 8 o 10 horas, alargando el tiempo nocturno sin comer. Los estudios en personas con exceso de peso o síndrome metabólico han identificado descensos de glucosa, presión arterial y grasa abdominal, junto con una mejor regulación del apetito, simplemente cambiando el “cuándo” más que el “qué” se come.

¿Por qué? Al parecer, el cuerpo interpreta esa pausa como un reinicio suave. Si la cena es especialmente ligera, el efecto se potencia, ya que una cena temprana y menos copiosa se asocia con mejor control de la glucosa en ayunas y menor acidez nocturna, y favorece que el descanso nocturno se use para reparar tejidos en vez de seguir digiriendo comida pesada.

Actualizar el firmware moviéndonos cada día

El ejercicio funciona como una especie de taller de mantenimiento. Renueva piezas, recicla proteínas y mejora el azúcar en sangre. Además, el músculo activo envía señales antiinflamatorias.

No es preciso correr una maratón: basta con constancia y un plan sencillo. Tres días de fuerza y caminar la mayoría de días ya ayuda. Tanto en adultos de mediana edad como en personas mayores, programas sencillos de fuerza dos o tres veces por semana han conseguido aumentar la masa y la función muscular, reducir la grasa visceral y mejorar el control de la glucosa. La regularidad es el verdadero secreto.

Limpiar la caché: dormir mejor y a horas regulares

Dormir poco equivale a apagar mal el ordenador de nuestro cuerpo: quedan tareas críticas a medias y se acumula basura. El sueño profundo, por el contrario, activa la limpieza interna y la reparación.

Durante el sueño profundo se activa el sistema linfático, un mecanismo que drena desechos del cerebro, incluidos metabolitos asociados al deterioro cognitivo. Asimismo, dormir en horarios regulares ayuda a estabilizar hormonas como la melatonina y el cortisol, que rigen procesos de reparación nocturna, regulación de energía e incluso el estado de ánimo.

Además de fijar horarios, conviene evitar pantallas por la noche, oscurecer el dormitorio y cuidar el silencio. Acostarse y levantarse a la misma hora cada día es gratis y rejuvenece.

El equivalente a instalar un buen antivirus es cuidar la microbiota. El intestino alberga billones de microbios aliados, una comunidad que pierde diversidad con la edad. Si se empobrece, aumenta la inflamación de bajo grado y se debilita la barrera intestinal, lo que provoca que el sistema inmune no pare de trabajar sin encontrar al culpable lo que afecta negativamente a la energía, al estado de ánimo y al metabolismo.

Una microbiota diversa se asocia a longevidad en poblaciones centenarias, mejor digestión, menor inflamación y un perfil metabólico más estable. Esta diversidad mejora en cuestión de semanas cuando se consumen alimentos reales (verdura, fruta, legumbres, frutos secos…), especialmente si son ricos en fibra fermentable, porque alimentan a bacterias beneficiosas como Faecalibacterium prausnitzii o Akkermansia muciniphila. Este patrón alimentario se asocia a mejor salud metabólica en numerosas cohortes modernas. Expulsa el malware: silencia las “células zombi”.

La importancia de eliminar a las “células zombi”

Algunas células viejas (senescentes) no mueren, funcionan mal, consumen recursos y generan ruido inflamatorio. Este consiste en enviar señales inflamatorias al resto del organismo como si fueran un programa defectuoso generando errores en segundo plano.

Los polifenoles de frutas y verduras –compuestos naturales de acción antioxidante– pueden disminuir parte de esa señal inflamatoria según varios estudios celulares y humanos ENLACE. Frutas rojas, cebolla, manzana y té verde aportan estos compuestos y se han asociado a mejores marcadores de inflamación en distintos ensayos nutricionales.

Viendo los avances actuales de la ciencia, podemos pronosticar que pronto sabremos qué palanca necesita accionar cada persona para vivir más gozando de mejor salud. Mientras tanto, la mejor receta es aplicar lo que funciona: comer mejor y en horarios razonables, movernos y dormir bien. Empecemos hoy: cada pequeño cambio, cuenta.

The Conversation

Antonio Fernando Murillo Cancho no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Así podemos activar el “modo antienvejecimiento” para resistir el paso de los años – https://theconversation.com/asi-podemos-activar-el-modo-antienvejecimiento-para-resistir-el-paso-de-los-anos-267146

Michael Ignatieff: “El desafío de la libertad en una sociedad libre es pensar por uno mismo”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

“Mi trabajo como profesor es enseñar a los jóvenes a pensar por sí mismos”, nos dice Michael Ignatieff (Toronto, 1947). Con una trayectoria que abarca la academia, el ensayo y la política –fue líder del Partido Liberal de Canadá entre 2008 y 2011–, ha dedicado buena parte de su obra a reflexionar sobre la democracia, las libertades civiles, el nacionalismo y las tensiones que atraviesan nuestras sociedades. Conoce desde dentro la dureza de la política, pero también la calma de la reflexión intelectual. Esa doble mirada le permite hablar con rigor y franqueza sobre los dilemas de nuestro tiempo desde un punto de vista crítico, aunque siempre ofrece una luz al final del túnel.

En su ensayo Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política (Taurus, 2014), dice que “nada te puede causar más problemas en política que decir la verdad”. ¿Cuál es su definición de “verdad” en un mundo donde la tecnología ha amplificado las posibilidades de crear realidades artificiales?

No sé si puedo definir la verdad, pero creo que existe. Estoy en una habitación contigo, tiene suelo de mármol. Madrid está fuera. Tú eres mujer, yo soy hombre, tú llevas un vestido negro. Son ciertos hechos indiscutibles sobre nuestra situación con los que podemos estar de acuerdo. No creo que estemos en un mundo relativista donde lo que yo veo no es lo que tú ves; ahí residiría la locura. Pero es cierto que vivimos una especie de crisis epistemológica. Con la explosión de los medios de comunicación, tenemos un inmenso suministro de información a coste cero, que tampoco cuesta nada difundir. Nuestra respuesta frente a la proliferación de información ha sido encerrarnos en burbujas de filtrado, en las que cada uno obtiene distintas construcciones de la realidad. Pero no son los hechos ni lo que es verdad lo que está en duda. No creo que estemos perdidos en una especie de salón de los espejos, aunque es cierto que nuestra política está dividida por fuentes de información que compiten entre sí. Esto implica que, como ciudadanos, nosotros tenemos el deber de averiguar qué es verdad.

¿Cuál es el estado actual de la libertad de expresión en países democráticos como los europeos, Estados Unidos o Canadá?

Lo que yo suelo preguntarme es ¿pienso por mí mismo? Tengo libertad para decir lo que quiero, nadie intenta limitar mi derecho a la libertad de expresión. Pero cuando me pregunto si realmente pienso por mí mismo o si estoy reciclando lo que he leído de otra persona más inteligente que yo… no lo tengo tan claro. Ese es el desafío de la libertad en una sociedad libre: pensar por uno mismo.

Es cierto que hay presiones sustanciales en la libertad de expresión, pero la amenaza más acuciante es el poder de la opinión mayoritaria. En el siglo XIX, John Stuart Mill dijo que es nuestro instinto de conformarnos lo que pone en peligro la libertad de pensamiento y la libertad de opinión. No es tanto la tiranía de los poderosos como nuestro deseo de ser queridos, de recibir aprobación, de decir cosas socialmente aceptadas. Muy pocos tenemos el coraje de decir algo con lo que los otros no van a estar de acuerdo. Siento que me he pasado toda la vida tratando de pensar por mí mismo, pero honestamente me pregunto con qué frecuencia he tenido un pensamiento personal original y me he mantenido firme frente a la oposición. No a menudo.

Hay quien dice que los nuevos chatbots son casi humanos y que la inteligencia artificial es tan buena como una persona para crear arte o responder e-mails. ¿Cómo define esa humanidad que es exclusivamente nuestra y nos distingue de la máquina?

Uno de nuestros problemas es el uso mismo de la palabra “inteligencia” cuando hablamos de IA. Hemos confundido inteligencia y computación. Estas máquinas realizan operaciones extremadamente sofisticadas de computación mecánica, que no tienen nada que ver con la inteligencia humana. En este momento, mientras tú y yo hablamos, recibo un flujo de datos tuyos como persona, que algunos son verbales y otros no. Como cualquier ser humano, estamos continuamente evaluando la situación, y eso es una muestra de inteligencia humana. Es algo que las personas hacemos sin esfuerzo. Ninguna máquina puede hacerlo. Me preocupa que, al reducir la inteligencia a computación y al decir que las máquinas ya tienen inteligencia humana, hayamos perdido el norte. Ello implicaría una amenaza para nuestra propia definición de lo que es ser humano.

¿Parte de lo que nos hace humanos es, entonces, nuestra interacción con el contexto?

Nuestra impresión del otro está moldeada por los hechos; no solo por lo que decimos, sino también por cómo nos presentamos en el mundo. Nos han entrenado durante milenios para ensamblar toda esa imagen del otro sin esfuerzo, sin siquiera pensarlo. Sin embargo, las máquinas no están encarnadas en un organismo vivo. Además, las máquinas no tienen una personalidad singular: son como cualquier otra máquina construida de la misma manera. Al contrario, una persona es una representación irrepetible de un ser humano.

Parecemos todos muy ocupados en alabar los logros de los sistemas de IA. De alguna manera, ¿estamos olvidando las fascinantes capacidades del cerebro humano? Usted es un gran amante del Museo del Prado; se me ocurre, por ejemplo, pensar en artistas que hicieron historia, pero también científicos, inventores…

Hay algo singular en Cervantes, igual que hay algo en Velázquez que es irrepetible… Cuando me acerco a Las Meninas y observo el trabajo del pincel en la ropa de los personajes, me parece increíble. Sí, estamos perdiendo el respeto por lo que es singular en nuestra humanidad. Por otra parte, recordemos que los seres humanos no pueden secuenciar 400 000 tipos de proteínas e indicar cuál podría ser útil para un tratamiento. Usada adecuadamente, la inteligencia artificial puede hacer cosas que nosotros no podemos. Pero no es posible replicar la inteligencia humana, en mi opinión; no creo que se pueda nunca. No es solo una cuestión de que aún no tengamos suficiente poder computacional: creo que hay un límite lógico, porque no se va a materializar en un cuerpo físico como lo hacemos nosotros. Lo deseable es usar la inteligencia artificial, pero manteniéndola bajo control y conservando nuestro respeto por lo que es propiamente humano.

Nosotros, la gente normal, en nuestra relación con la tecnología, ¿somos usuarios o usados?

En la medida en que capturan datos sobre nosotros, estamos siendo utilizados. Recuerdo que tuve una joven estudiante en Harvard que consiguió un trabajo en Facebook y, cuando la felicité por ello, tomó mi smartphone y apagó la ubicación, el permiso del micrófono y todas esas cosas que le dan a Meta datos sobre mí. El mensaje es que es bueno tener estudiantes bien situados profesionalmente. (Ríe).

En Fuego y cenizas dice que una de las claves del buen político es lograr que la gente lo escuche y, para conseguir eso, hace falta entender a la gente, sus necesidades, sus deseos. Esto es lo que hacen los algoritmos de segmentación de audiencias y perfilado de la población: analizar los rincones más íntimos de nuestra intimidad a través de nuestro comportamiento online, ¿verdad? Parece que pueden ser buenos aliados de la política y temibles enemigos de la libertad de pensamiento…

Sí, eso creo. No son una herramienta neutral. Están siendo utilizados por todos los partidos políticos del mundo para averiguar las preferencias públicas. Se están volviendo cada vez más intrusivos, pero creo que llegará un momento en el que la gente se harte. No nos gusta que nos empujen, que nos manipulen. Así que tengo la esperanza de que la gente se resista y tome medidas para proteger más su privacidad. Anoche estuve hablando con una española que no permite a su hija adolescente tener un smartphone. Todos le deseamos buena suerte. Pero esa madre está defendiendo el derecho de su hija a tener interioridad y una vida emocional y psicológica libre de estas máquinas. Creo que no debemos subestimar nuestra capacidad de contraatacar.

Y, mientras los ciudadanos se defienden (o no), ¿qué opina sobre regular esta especie de salvaje Oeste digital? Además del Acta europea de IA, el Reglamento de Servicios Digitales y el Reglamento General de Protección de Datos, en España tenemos la Carta de Derechos Digitales y estamos esperando que se apruebe la Ley Orgánica de Protección de Menores en Entornos Digitales.

Proteger a los niños de los aspectos aterradores de internet es una necesidad urgente. Soy padre y no quiero que mis hijos accedan a ciertos contenidos. Creo que hay cosas que pueden dañar a un niño de por vida. También es importante proteger nuestros derechos de privacidad. Lo que pasa con la tecnología es que, en realidad, no sabemos qué son estas cosas que llevamos en el bolsillo (se toca el móvil). Son dispositivos enormemente poderosos. Quizá yo solo use el 5 % de sus capacidades. No tengo idea de lo que mi smartphone sabe sobre mí. Creo que es apropiado tener una legislación para proteger a los adultos mayores como yo, y también a los niños.

En alguna ocasión, ha dicho que hay una brecha enorme entre las expectativas sociales y la capacidad recaudatoria de los estados liberales. Quizá, una posible solución a este dilema sea adormecer a la gente con tecnología para disminuir sus expectativas sociales…

Sí, de vez en cuando veo a veinteañeros que caminan por la calle mirando solo a sus teléfonos y pienso que van a chocarse contra una farola o que les va a atropellar un coche. Esta no es forma de vivir la vida. Sin embargo, las expectativas sociales son bastante obstinadas. El pasado 18 de septiembre, en París, había 800 000 personas manifestándose en la calle, diciendo “no aplasten mis esperanzas, quiero jubilarme a los 64 y quiero dos vacaciones pagadas adicionales”. Es una lucha enorme, precisamente porque reducir las expectativas sociales es casi imposible. Como expolítico, no me gusta reconocerlo; como ser humano, me gusta mucho.

Entonces, ¿quién se beneficia de que haya tantos jóvenes pegados a sus smartphones, con la disminución de la motivación, la fuerza de voluntad y las ganas de cambiar el mundo que esto implica? ¿Es intencional o es solo un efecto secundario de la tecnología?

No creo que sea intencional, principalmente porque creo que Elon Musk es inteligente, pero no tanto, ya sabes. (Sonríe). Pero tomemos un ejemplo dramático: el joven de 22 años acusado de disparar a Charlie Kirk aparentemente se pasaba la vida en chats y grupos privados donde utilizan una jerga extraña que grabó en los casquillos de las balas que usó. Esa es una vida miserable. Sin embargo, creo que el problema va más allá de la tecnología. Hay muchos hombres jóvenes, especialmente varones, pero también mujeres, que crecen sin esperanza, sin propósito, sin una dirección en la vida. La tecnología les ayuda a pasar el día, a entretenerse… pero el verdadero problema es que es muy difícil comenzar una vida familiar, es muy difícil pagar un piso, es muy difícil conseguir un buen trabajo.

Siempre ha sido difícil pasar de la adolescencia a la adultez joven, en todas las culturas y en todas las épocas. Hoy lo estamos haciendo aún más difícil y los jóvenes padecen una especie de epidemia de soledad. Por ejemplo, en los años 60, cuando yo tenía 21 años, lo único que queríamos era tener sexo. Hoy, las estadísticas muestran que los jóvenes tienen cada vez menos sexo. Bueno, eso es una muy mala señal. Necesitamos conexión humana, conexión entre los cuerpos. Desconozco los motivos, pero creo que van más allá de la tecnología.

¿Qué sucede con esas minorías que no interesan al poder? Usted conoce bien este problema: en Canadá, nativos como los innu se quejan de que su historia ha sido borrada de los libros de texto escolares y de los museos. La tecnología magnifica esos prejuicios e invisibiliza a esas minorías. ¿Es la inteligencia artificial la última colonización?

Hay investigaciones que demuestran que las lenguas de minorías no están representadas en las bases de datos de los motores de búsqueda, con un sesgo muy grande hacia el inglés. Sé que las comunidades aborígenes de Canadá no tienen buen acceso a internet, la incorporación de su idioma y su experiencia en nuestros buscadores no es buena… No hay duda de que existe el riesgo de que estemos creando nuevas formas de servidumbre, de discriminación y de injusticia, a medida que estas tecnologías se desarrollan. ¿Cuál es la solución? No se puede tener una democracia si un grupo entero de personas está en desventaja digital; es un problema que tenemos que solucionar. Las minorías deben hacer ruido, conseguir el apoyo de las personas que están de acuerdo en que necesitan estar representadas.

Entonces, ¿la pelota está en su tejado?

¡Sí! Pero siempre ha sido así. No debemos nunca subestimar la capacidad de las personas para responder a la injusticia que afecta sus intereses vitales. Cuando estos se ven afectados, la gente lucha. Eso es democracia y así es como se produce el progreso. Por eso, no soy pesimista sobre estas cosas: la gente luchará. ¡Bien por ellos!

¿Quién gobierna el mundo, los líderes elegidos democráticamente o los dueños de las cinco grandes tecnológicas cuyos productos usamos todos cada día?

Bueno, hay una batalla feroz sobre esa cuestión. Yo deseo fervientemente que ganen las democracias liberales porque solo así las personas podremos tener un poco de control sobre nuestras vidas. Ahora mismo, las grandes empresas tecnológicas van a Europa y dicen que no les gusta su impuesto a los servicios digitales. Van a Canadá, mi país, y dicen lo mismo. Están buscando intervenir un país tras otro para derribar decisiones tomadas democráticamente en un país tras otro. Son empresas que tienen un enorme poder sobre estas tecnologías y pueden infligir mucho daño a las democracias que les ponen límites. Pero, si queremos democracia, vamos a tener que defendernos y poner límites, no hay duda al respecto. Y el resultado de esta batalla es, en cierto sentido, tan importante para el futuro de la democracia como cualquier otra batalla que se esté librando actualmente.

Ha dicho alguna vez que los países deben prepararse por si hay una guerra. ¿Cuál es el riesgo de la tecnología dual, un teléfono móvil, por ejemplo, que sirve para chatear, pero también para dirigir un ciberataque contra una infraestructura crítica o drones que matan a gente real? Debemos recordar que la Ley de IA europea no se aplica a los fines militares.

Estas tecnologías son muy dinámicas, muy explosivas en sus posibilidades creativas. Jóvenes de 19 años están usando sus teléfonos de formas que ni siquiera puedo imaginar. Creo que es una fantasía pensar que podemos tenerlo todo controlado. Lidiaremos con los daños de ayer y no estaremos preparados para los de mañana. El uso dual es un gran problema. Por ejemplo, tenemos preocupaciones legítimas sobre la tecnología china: puede haber smartphones de fabricantes de ese país que transmiten señales a las autoridades de vigilancia del Estado chino. Los gobiernos, ejércitos y universidades del resto del mundo deberían tener mucho cuidado. Sería bueno que pudiéramos establecer acuerdos internacionales sobre el uso dual, sobre la vigilancia, sobre el desarrollo de la IA. China y Estados Unidos, superpotencias en IA, deberían tener interés en regularla, igual que regulamos las armas nucleares en la Guerra Fría. Pero, en este momento, no estamos teniendo ese diálogo.

¿Qué papel ha jugado la Declaración Universal de los Derechos Humanos en nuestra historia reciente? ¿Para qué sirve si no se respeta, como está ocurriendo en Gaza?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) es la expresión de la universalidad humana más influyente que existe. Pero la universalidad humana es un experimento mental, siempre es un deseo. Es una idea que choca con las diferencias que nos definen como individuos: blancos, negros, jóvenes, ancianos, mujeres, hombres, judíos, cristianos, musulmanes… Estas diferencias son enormemente importantes en la creación de nuestras identidades, nuestros apegos y nuestras lealtades. Creo que, en la práctica, los humanos no somos conscientes de lo que compartimos como especie, sino de las diferencias. Esa es la fuente del conflicto, es la fuente de la guerra, del odio, de lo que está pasando en Gaza.

Los derechos humanos siempre están luchando contra las fuerzas de la diferencia humana y las ventajas y el poder que genera. Estamos luchando por crear un mundo donde el hecho de que tú seas mujer y yo hombre, o que él sea negro y yo blanco, sea irrelevante. Donde no usemos esas diferencias en aras de la opresión, la crueldad y la violencia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa nuestro deseo de vivir en un mundo así. Pero no vivimos en un mundo así.

No me sorprende que los derechos humanos estén en crisis. El problema de Gaza se remonta a 1947: cometimos errores porque no dividimos la tierra entonces y aquí estamos en 2025 con brutalidad, violencia y horror. Ha habido momentos en la historia en que ambos lados se reconocieron como iguales y aceptaron el reclamo mutuo sobre la tierra. Eso ahora está roto. Estamos en una guerra salvaje e incesante, sin piedad ni misericordia. Es una catástrofe moral y un desastre para el derecho internacional.

Para mí, lo más horrible es que ha habido momentos en los que estuvieron a punto de alcanzar la reconciliación y la paz, pero fueron destruidos por fanáticos de ambos lados. Cuando los fanáticos matan a los pacificadores, entran en juego los hacedores de guerra, dispuestos a luchar a muerte. Es una catástrofe no solo para los palestinos, sino también para Israel, porque cada niño que pierde a su familia, cada joven que pierde a su madre, se convierte en un enemigo ferozmente hostil.

La masacre de inocentes ¿no es una tragedia para todos nosotros como seres humanos? Lo que está pasando en Gaza podría suceder en España o en cualquier otro sitio…

Así es. Tenemos que entender que, si las personas creen que están luchando por su supervivencia, harán casi cualquier cosa. Es un error pensar que los israelíes o los palestinos son otra raza de seres humanos. Nosotros, en situaciones similares de desesperación, bien podríamos hacer lo mismo. Cuando estuve en los Balcanes en los años 90, vi a europeos muy cultos y bien educados masacrándose; cuando estuve en Ruanda, vi a africanos que hablaban un francés perfecto matándose entre sí. He estado en Gaza, y he visto a estas personas luchando por sus vidas. No hay límite a la brutalidad humana. Es un pensamiento muy desagradable que tenemos que aplicarnos a nosotros mismos. Cuando pensamos “son ellos”, tenemos que darnos cuenta de que “podríamos ser nosotros”.


Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a los derechos digitales.


The Conversation

– ref. Michael Ignatieff: “El desafío de la libertad en una sociedad libre es pensar por uno mismo” – https://theconversation.com/michael-ignatieff-el-desafio-de-la-libertad-en-una-sociedad-libre-es-pensar-por-uno-mismo-272910